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Incendios en el monte San Cristobal (1985-2010)

El primer incendio que recuerde asoló el monte San Cristobal data del verano de 1985 y se inició en la zona de monte más cercana al polígono de tiro de los militares, cerca de los pueblos de Aizoain, Berriosuso y Berrioplano. Fue bastante aparatoso, se inició a primera hora de la tarde y se prolongó hasta bien avanzada la madrugada, quemando una amplia zona de arbolado  situada sobre todo en su vertiente sur, en el tramo existente entre su vértice oeste y la vertical del cuartel de los militares en Aizoain. Me acuerdo de que aquella noche mi hermano se acercó a verlo junto a  unos amigos. Era la primera vez  en nuestra vida, que recordásemos, que nuestro querido monte era pasto de las llamas, de forma tan virulenta. Yo por mi parte, recuerdo de forma especial el olor a quemado que llegaba hasta el centro de la ciudad. Aquella tarde bajaba yo por la Cuesta de Santo Domingo, desde el Casco Viejo  a mi casa y una enorme tristeza se apoderaba de mi por lo que estaba sucediendo.
El segundo incendio que recuerdo se produjo el 25 de agosto del 2000. Es probablemente el segundo incendio más importante que ha sufrido el monte en el último siglo, el primero en afectación de masa forestal. Afectó a cerca de 100 hectáreas de bosque. El incendio que comenzó a las 17.45 horas, nuevamente en su ladera sur, cerca del polígono de tiro de los militares (se achaca su origen a un bote de humo)  se extendió con rapidez hacia la cima y la ladera norte y eso a pesar del gran número de efectivos que se desplegó en aquel operativo. Hasta cerca de las diez de la noche no lograron controlarse los dos frentes del incendio que avanzaban hacia Aizoain y Berriosuso. 

El tercer incendio se inició el 10 de septiembre de 2001, a las 11.30 de la mañana, en la ladera este y afectó a nueve hectáreas, apenas una de ellas de bosque. Fue causado de forma involuntaria por un vecino de Pamplona que rápidamente avisó a SOS Navarra de la propagación del fuego. El incendió se sofocó dos horas mas tarde, sin mayores problemas. Pero esta primera década del siglo fue pródiga en muchos más incendios, como veremos. En 2005, concretamente al mediodía del 4 de agosto, se produciría el incendio más importante en extensión total,  con una afectación de 145 hectáreas, 95 de ellas de masa forestal, asi pues también, el segundo más importante en afectación de bosque. El incendio se inició en una cuneta de la carretera de Unzu y rápidamente alcanzó amplias masas boscosas de la ladera norte, un área formada por encinares y pinares de gran valor ecológico Al margen de la foto de inicio de la entrada, el resto de fotos pertenecen todas a este gran incendio de 2005. El incendio no logró controlarse hasta las tres de la madrugada, quince horas más tarde y afectó a terrenos de Unzu, Cildoz, Orrio, Berriosuso, Aizoain y Berriozar y requirieron apoyo de medios y recursos de otras comunidades.

El 4 de agosto de 2007 se produjo un pequeño incendio que afectó al perímetro del Fuerte de San Cristobal. Se inició a las tres y media de la tarde y quedó extinguido por completo cerca de las siete de la tarde. Parece que el incendió se inició en el interior del Fuerte, y fue provocado (había nada menos que  tres focos de inicio del fuego) y se extendió a su cubierta vegetal que quedó completamente arrasada además de otras tres hectáreas de las inmediaciones. No llegó a afectar a la arboleda. El 5 de septiembre de 2008 se declaró otro incendio, esta vez en la carretera de acceso al Fuerte. Se inició a las seis y media de la tarde, afectó sobre todo a matorral y fue controlado enseguida. Por último el 30 de agosto de 2009, a las cuatro y veinte de la tarde,  un pirómano prendía fuego al monte, en la zona más cerca al pueblo de Arre, apenas una hectárea, siendo sofocado casi una hora más tarde. En resumen los mayores incendios de que tengo constancia y que han afectado al monte San Cristobal (Ezkaba) en los últimos 30 años son el de 1985, 2000 y 2005, y especialmente estos dos últimos que afectaron de forma muy importante a las laderas norte y oeste del monte. Esperemos que algún día no muy lejano, alguien se tome en serio que este monte es el gran parque y pulmón natural de Pamplona y que hay que poner todos los medios para protegerlo para que pueda seguir siendo disfrutado no solo por las actuales sino también por las futuras generaciones.

El monte San Cristobal (1965-2005)

El monte San Cristobal o Ezkaba, que por ambos nombres se le conoce ocupa un lugar especial en mi memoria. Durante más de 30 años podía contemplarlo sin obstáculos desde mi ventana, recortado en el cercano, muy cercano horizonte, pues en minutos me podía situar en la antigua vía del Plazaola, camino del monte. Lo veía desde mi ventana, oculto parcialmente en su extremo izquierdo, (la zona más cercana a Berriozar y Aizoain), por la antigua fábrica de Perfil en Frío. Ha sido testigo mudo, escenario de muchos años y estaciones de mi vida. Recuerdo muchos días neblinosos de otoño o de primavera, con las nubes agarradas al monte, o esos fríos días invernales de la infancia con su cima (el Fuerte) y laderas nevadas. Mi más lejano recuerdo lo tengo asociado, sin embargo, a alguna excursión familiar dominguera, con la comida preparada desde casa, (que ricas aquellas tortillas de patatas o aquellas ensaladillas rusas de la madre), subiendo por el camino más empinado, aquel que seguía los postes de la luz, desde el lado derecho del pinar cercano a Berriozar, directamente hasta el Fuerte, para luego bajar a trompicones, urgidos por una repentina tormenta veraniega hasta la fuente y lavadero de Berriozar.

 

Para muchos rochapeanos, San Cristobal era nuestro monte, al que tenemos asociados infinidad de paseos a lo largo de nuestras vidas, como, en mi caso,  el de ese recuerdo infantil citado, y otros en diferentes momentos de la vida. El paseo por el monte, en solitario o en compañía, te permitía a la vez que oxigenarte y hacer ejercicio, relajarte, ensimismarte en tus pensamientos, desconectar como si por un momento pudieses alejarte de tus preocupaciones cotidianas, cada vez más grandes y pesadas a medida que ibas atravesando las diferentes edades de la vida. En aquellos años, finales de los 60 y primeros 70, los pueblos que yacían en las laderas del monte, Berriozar, Artica y Ansoain eran mucho más pequeños que en la actualidad, sobre todo Artica que conocería un desmesurado desarrollado, con multitud de adosados y unifamiliares, ya desde los años 80. No existía todavía la variante norte. Esta se construiría mucho más tarde, bien entrados  los años 90, época a la que pertenece la foto que abre la entrada.

 

El Monte San Cristobal no es solo mudo testigo del devenir de nuestras vidas, lo es también de la ciudad, del Viejo Pamplona que es el objeto de este blog. Del San Cristobal de hace muchas décadas he ofrecido un par de fotografías, en el párrafo anterior. En la primera de ellas, de Julio Altadill y que data de 1895 se puede observar en toda su plenitud y desnudez el monte; en la parte inferior de la foto se pueden vislumbrar los caminos de los Enamorados y de Villava flanqueados por una larga hilera de arboles. La segunda foto es de 1932 y está tomada desde la Cuesta de la Estación, en el momento en que se derriba parte del antiguo Convento de Recoletas para ampliar la Cuesta. En ambas fotos se observan   las  canteras del monte,  canteras que se explotaron desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX. De ellas se extrajeron materiales de construcción para edificios como el Palacio de la Diputación de Navarra y el antiguo Archivo General de Navarra.

Había varios itinerarios o paseos que frecuentábamos, uno de los más recorridos eran el que partiendo del cruce del viejo camino del Plazaola con el camino a Artica, por debajo y un poco más adelante de la actual variante norte,  desde una fuente hoy abandonada, cogíamos un pedregoso camino que nos llevaba hasta un pinar, cercano al viejo pueblo de Berriozar. En tiempos había otro camino inferior entre grandes piedras, hoy desaparecido, bordeando un viñedo antes del citado pinar. Tras este pinar que vemos en la fotografía de la derecha, había un camino que conducía a Berriozar pueblo, que  vemos en una foto posterior de esta entrada y otra senda que conducía al cementerio del citado pueblo, que vemos también en una instantánea del siguiente párrafo. Los cementerios y sobre todo los cementerios de los pueblos, con aquellos oscuros y silenciosos cipreses nos provocaban en nuestra infancia una contradictoria sensación de interés y de reverencial temor.La fuente y lavadero de Berriozar que vemos en la foto izquierda del siguiente párrafo   era otro de esos lugares que nos atraía, seguramente por su imponente apariencia, su enorme vasija de piedra cubierta, donde se lavaba la ropa, cubierta por un gran tejado rojo  y aquellas viejas  inscripciones o grafías sobre el muro de  piedra del que salía el caño.  En la cima el Fuerte estuvo  controlado por los militares hasta 1985, siendo abandonado totalmente en 1991. El Fuerte aparece vinculado a uno e los episodios más tristes de la guerra española: la huida de más de 800 presos políticos en el año 1938 que fueron abatidos  o capturados en su mayor parte en el monte y valles próximos.

Otro itinerario que utilizábamos empezaba en la carretera de Artica, pasado el polígono industrial y ascendiendo por un promontorio y dejando a un lado la estatua del Corazón de Jesús subía junto a otro pinar de repoblación hasta un amplio camino interior  en el bosque. Siguiendo este camino en dirección este y atravesando el bosque en dirección norte llegábamos “al otro lado”, así tal y como lo escribo. Cruzar al otro lado suponía casi siempre recibir una profunda bocanada de aire fresco. Abajo podíamos descubrir de izquierda a derecha los pueblos de Cildoz, Orrio,  Eusa, Maquirriain, Garrués, Arre, Oricáin y Sorauren, los cuales componen junto a otros lugares y señoríos el valle de Ezcabarte. Enfrente se encontraban unos cuantos montes: Desde la Peña de Añezcar o monte del Toro que es como lo llamábamos de pequeños, por el toro de Osborne que había en su cima, pasando por Eltxumendi, Mendurro, Landakoa, Illarraga, Makirriamendi, Ortxikasko o Ostiasko, Txaraka, Iruntzu y más alla de Sorauren las Peñas de Antxoriz para acabar en la parte más al oeste con el Ezkaba Txiki y el Miravalles. Desde el lado norte del monte cogíamos un camino que nos conducía  a la cima, al Fuerte, y en su lado norte, cerca del Fuerte había una fuente con agua muy fresquita que nos reconfortaba de la caminata. En la foto de la izquierda del siguiente párrafo vemos el Monte San Cristobal, visto desde el Valle de Ezcabarte.

Había otros itinerarios menos frecuentados, como el que seguía la carretera del camino al Fuerte, excesivamente larga para mi gusto y otros muchos caminos y atajos que no describo por no cansar. Desde lo alto del monte  contemplaba la ciudad de Pamplona en toda su extensión y  su progresivo e irrefrenable crecimiento con el paso de los años. He citado una estatua del Corazón de Jesús. En efecto, esta enorme estatua, similar a la que hay que en otras ciudades de España y del mundo se colocó en el monte en 1982, por iniciativa del sacerdote Ambrosio Eransus. La estatua es  obra del escultor navarro Aureo Rebolé, autor de muchas obras de imaginería religiosa en diferentes parroquias de la ciudad y de Navarra, entre ellas la estatua del Salvador de la iglesia del mismo nombre, en la Rochapea barrio en el que vivió durante una parte de su vida.

Algunas de aquellas excursiones al monte San Cristobal se prolongaron en ocasiones mucho más de lo esperado, como una vez que después de subir al Fuerte bajamos por la vertiente noroeste hasta los pueblos de Unzu y Ollacarizqueta, atravesando el rio Juslapeña, en una improvisada aventura con amenazantes perros que nos flanqueaban a cada paso puentes y caminos y que nos hizo llegar a eso de las cuatro de la tarde  ante la preocupación de nuestros padres. Otra vez nos acercamos a las Peñas de Antxoriz pero equivocamos el camino e igualmente llegamos bastante tarde después de hacer una buena caminata de regreso por la carretera de Sorauren-Arre, camino a Pamplona. Cerca estaba la famosa playa de Oricain. Desde el valle de Ezcabarte, el monte San Cristobal se observaba como una imponente y tupida masa de arboles, arbolado que desgraciadamente quedaría bastante maltrecho en los periódicos incendios producidos entre 1985 y el año 2010 y de los que doy cumplida cuenta en la siguiente entrada del blog. Las  fotos de la iglesia de Artica y del pueblo viejo de Ansoain cierran esta entrada.

Fotos: Julio Altadill (1895), en el libro de José Javier Arazuri, “Pamplona, calles y barrios” y del Archivo Municipal de Pamplona en el libro “Pamplona antaño”  del mismo autor, José Javier Arazuri.

Los pubs del Viejo Pamplona (1970-1990)

Aparecieron a finales de los sesenta, junto a las llamadas boites y discotheques, como un establecimiento hostelero,  en los que se servían bebidas ( locales de copas), y se escuchaba música, música que ponía el camarero-pinchadiscos. A medio camino entre el bar con su sinfonola y la discoteca, el pub, al igual que los bares tenía tantos estilos como sus diferentes tipos de público. Había pubs tranquilos para parejas, disco-pubs para bailar y ligotear, pubs para charlar tranquilamente, para escuchar música en vivo, pubs para diferentes colectivos y con diferentes músicas. Todo un mundo. Comencé a visitar alguno de ellos alla por 1982. La mayoría de ellos estaban en San Juan. Creo que muchos  de ellos han desaparecido. Una de las zonas de moda en aquel entonces (años 80), especialmente entre el público universitario, entre el que me contaba,  era la zona conocida por la Trave (por la Travesía de Bayona). Allí estaban en aquel entonces el Papi, (Papillón), el Locos o el Glorys (este último todavía abierto), los dos primeros para bailar de madrugada, el Papi fue uno de los primeros en poner una pantalla gigante de video y en Monasterio de Cilveti, el Lio, el Wally y sobre todo  el Negro Zumbón, pequeño local pero que se llenaba hasta la bandera a última hora. 

En San Juan estaban clásicos como el Charlot regentado por Toñi (en pleno funcionamiento), tranquilos para la charleta sin estridencias, en el comienzo  de  la avenida Sancho el Fuerte o el Luces de la Ciudad, en la calle Monasterio de Urdax. Por ahí cerca andaban el elegante Golden en la Travesía Monasterio de la Oliva, con sus enormes butacones negros, el Katiuska, también en Monasterio de la Oliva, el Tio Enrique y el Valentinos en Monasterio de Velate y el Cole en la Avenida de Bayona. El Melibean en Virgen del Puy, era ideal, por su tranquilidad, público y ambientación  para parejas, como lo era también el Duques de Wellington, actual Welling, cerca de la Avenida de Barañain. Me acuerdo también del Aguacate en Obispo Irurita, especializado en zumos. También recuerdo el Rey Sancho en Sancho El Fuerte. En Monasterio de Aberín estaba el Villaconcepción, selecto local con decoración colonial que tenía fama de acoger lo más vip y “pijo” de la ciudad. Y para  públicos gays  estaban, en aquel entonces, el Conocerte es amarte o Lo que el viento…

En Iturrama estaban y están el Ensayo (en la calle Iñigo Arista) y el Boulevard Jazz (en la plaza Felix Huarte) donde se podía escuchar música en vivo, por cortesía  de su dueño, el músico Jokin Idoate y por aquella zona estaban también  el Sammy, la Champañería, el Claqué y tantos otros. También se podía escuchar música en vivo en aquellos años en el Cotton Club (en Monasterio de Cilveti) (luego Woodstock) con conciertos de jazz a cargo de Javier Garayalde, en el Carpanta de Barañain (luego Passos) y en  el Gardens,  cerca de la Medialuna, que contaba con un pianista y que le daba un toque muy selecto  al local, ya de por si muy elegante y que era uno de mis preferidos. En los primeros 80 recuerdo que había también una especie de pequeña discoteca o disco-pub, en los bajos de una de las tres torres existentes situadas entre la avenida Pio XII, la Avenida  Barañain y las Torres de Urbasa, aunque creo que tuvo una corta existencia, asi como creo que hubo algún otro disco-pub,  en las inmediaciones de las traseras de San Alberto Magno.

En el Casco, aparte de los bares señalados en una entrada reciente, de pubs, propiamente dichos, en los primeros años 80 tan solo me acuerdo del Pompelo, en la calle San Francisco, antes de que se convirtiera en una barra americana. Era un lugar amplio, espacioso,  decorado con un toque historicista, la piedra al descubierto en las paredes, algunas armaduras medievales, y una luz ambiental tenue. Por cierto en los finales de los 60 y primeros setenta, en las postrimerías del franquismo, en los barrios del cinturón industrial de Pamplona, comenzaron a proliferar  las llamadas barras americanas  con nombres tan exóticos como El Dragón Rojo, La Laguna Negra, Suzi Wong, Todosí, etc. En el Casco había también en aquellos años  algunos establecimientos que  fueron también pubs o al menos que funcionaban como tales, alejados de la tipica tasca o bar de lo Viejo: fueron el Corners en la calle del Carmen, el Disco Club 29 en la Curia, el Bearin en la plaza del Castillo, o el Viana de la calle Jarauta, etc. Algunos establecimientos de la Bajada de Labrit como el Cavash, Kabiya o el Katos tenían, además,  desde finales de los 70 la calificación de disco-pubs, con un espacio de baile y un horario equiparable al de las discotecas, alguno de ellos, como el Cavash,  incluso tuvo, en los finales de los años 60,  actuaciones en vivo de forma periódica.

Por las calles de lo viejo: Chapitela (1963-2013)

La Chapitela es una de las calles comerciales principales del Casco. Es la más ancha de todas las calles peatonalizadas. Desde Mercaderes asciende hasta la plaza del Castillo. Su nombre de Chapitel alude a la expresión vulgar del termino latino “capitolium” que en este caso se refería al Almudí o mercado de granos que había en el lugar. Hay referencias al Chapitel en los siglos XIII y XIV. En el siglo XVI hay referencias a una calle del Almudí Viejo. El nombre de calle de la Chapitela aparece a mediados del siglo XVIII y persiste hasta nuestros días, aunque hubo períodos en que ostentó otro nombre, como calle de los Héroes de Estella. Así se llamó entre 1873 y 1900 y 1903 y 1936. Aparte de por su intensa vida comercial, mantenida a lo largo de los años merece la pena recordar que por ella pasó el encierro de los toros durante 459 años, desde 1408 hasta 1867, en que comienzan a correr por la Estafeta.

Partiendo de la calle Mercaderes, por su lado derecho el primer local que encontramos es el del Banco Español del Crédito, recientemente cerrado. La crisis ha provocado, contrariamente a la proliferación de hace una década, el cierre de numerosas oficinas bancarias especialmente en el último año. Hay fotografías de primeros del siglo XX que ya atestiguan su presencia en el lugar como mudo testigo de la vida de la ciudad.  A continuación, en la esquina de Chapitela con Calceteros está, al menos hay fotografías que lo constatan, desde la década de los 50, la Optica, hoy Farmacia y Optica Castellot, saltando el siguiente local que ocupa Calzedonia desde hace 12 años, no recuerdo que es lo que había antes, estaba una de las dos tiendas de La Madrileña, de los Turullols, en esta primer local con claros resabios modernistas se instalaría más tarde Benetton y hoy desde hace poco más de un año, Slide. Luego a finales de los 80 estaba una tienda de Rodier. Después de Rodier estaría una de las muchas tiendas que Coqueta tenía en el Casco, durante un breve tiempo un franquicia de ropa, Torero y desde hace ya casi una década la tienda de juguetes didácticos Eureka. A continuación venía la joyería-relojería Casa Ezpeleta, desde hace siete años, Mikel Luzea. 

Más adelante estaba la celebre Pastelería Alfaro, hoy Kikos, a continuación Radio Ortega, que sería luego Electricidad Guerra, una tienda de jabones, la tienda de souvenirs Amalur y hoy Alberto Estudio Fotográfico. Tras este local estuvo durante mucho tiempo la segunda de la tiendas de La Madrileña, la más grande, que luego, a finales de los 90 compraría Unzu para instalar su tienda Unzu 2000 y que tras su desaparición pasaría a ser una oficina de Caja Navarra, otra más, hoy igualmente vacía. En la foto de 1965  que antecede este párrafo vemos que este local estaba ocupado, en su planta baja, por una ferretería: Casa Campión. También había una vivienda que desaparecería cuando se instaló La Madrileña. Más adelante donde desde hace bastantes años está la Farmacia Gabas estuvo la farmacia Boza y un local que también vemos en la citada foto de 1965, en la que pone Ayestarán.Y por último para acabar este tramo de la calle había en 1977, una tienda de ropa de niños, Bebelin, luego la perfumería Aladinos, y hoy Merkecartuchos. La esquina de Chapitela y plaza del Castillo donde antes estuviese la famosa tienda Archanco hay hoy un pequeño bar cafetería, Decastillo. En la calle estuvieron también hace cerca de 30 años, Calzados Orly y Pedro Huici.

Empezando por el lado izquierdo de la calle y tras la Caja Rural que está en la esquina de Mercaderes y Chapitela, nos encontramos con el establecimiento centenario, Elizburu, dedicado a la fabricación de rótulos y sellos de caucho que se fundó en 1900 y que hoy regenta la tercera generación. Luego donde hoy está la peluquería de Eduardo Aristu estuvo la lencería Galana y Galan. La peluquería que regentó la madre de Eduardo, Juany Arandia, estaba en el primer piso y se fundó en el año 1945, peluquería que dirigió hasta su fallecimiento en 1990. En el año 2005, la peluquería, de la mano de Eduardo se extendió a la planta baja. A continuación en un pequeño local hubo un estanco, Estanco Pilar, primero y  Urdaniz, más tarde. Tras el cambio de negocio, muchos han sido los tipos de negocios instalados aquí con bastante poca fortuna, todo hay que decirlo: lencerías, ropa, bisutería, etc hasta el actual negocio de Buenaceite. Contrariamente a alguna otra calle, tanto en esta como en la calle Mayor perviven un  importante número de establecimientos algunos históricos y otros con una dilatada trayectoria. En este último caso se encuentra el siguiente comercio, Maydobe, de ropa de señora, abierto en el lugar desde 1983 con tiendas también en Vitoria y Burgos. Tras éste estaba en los años 80, Perfumería Nieves que muy avanzados los 90 ocuparía la papelería Rekerte y desde hace seis o siete años La Vinoteca. 

A continuación nos encontramos con el mejor estilo modernista de la ciudad, el  mejor conservado en la Joyería Idoate, una joya artística y arquitectónica de la ciudad, fundada nada menos que en 1860 y que se conserva por fuera y por dentro con la misma elegancia y el estilo de hace más de un siglo. Luego durante bastantes años recuerdo haber visto una entidad financiera que fue objeto de algunas agresiones en los  tiempos más conflictivos de nuestra reciente historia, el Banco Exterior de España. Tras su cierre estuvo bastantes años cerrado el local hasta que en torno al año 2000 se instaló General Optica, que pervive todavía. A continuación estuvo una tienda que se llamaba Corsetería Jímenez hasta que se instaló hace veintipico años, procedente del Ensanche, la tienda de confección Irca que estaba en la avenida de Roncesvalles, desde 1939. Hoy su lugar lo ocupa una yogurtería. 

Luego estuvo durante décadas y décadas la peletería Dimas Ibañez, hoy ocupada por una tienda de audífonos, Ausor y por último terminando la calle nos encontramos con otro establecimiento histórico, Optica Rouzaut. Sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIX, cuando Esteban Rouzaut, nacido en Francia, compró una bajera en la calle Chapitela. En la tienda ofrecía al público gafas y lentes para toda clase de vistas, junto con otro tipo de objetos. En 1913, su hijo Luis, diplomado en Óptica, se hizo cargo del negocio y lo especializó en su rama profesional. Esteban, hijo a su vez de Luis, dejó el negocio a sus hijos que son los que regentan el negocio a la que sumaron una nueva tienda en 1980 en el barrio de San Juan.

Fotos: Fotos 1ª, 3ª y 4ª (1977) de José Luis Zuñiga, Foto 2ª (1965), sin filiar.

Los bares del Viejo Pamplona (1960-1990)

En nuestra tierra los bares se constituyen en los más importantes centros de encuentro y relación social. Imagino que todos tenemos asociados estos lugares a nuestra memoria, tan diferentes ellos a lo largo del tiempo como diferentes han sido las etapas de nuestras vidas. Mis recuerdos más tempranos, de la infancia, asociada a los bares, están vinculados a algunos establecimientos de lo Viejo (de la plaza del Castillo o de la calle Ciudadela) o de mi barrio, la Rochapea. Del Casco, tengo fugaces recuerdos, acompañando a mis padres allá por el año 1966 o 1967 y siguientes, de algunos establecimientos de la plaza del Castillo, como el Txoko, el Tropicana, el Casino o el Cafe Iruña, seguramente en algún encuentro con amigos y familiares, alguna bulliciosa y soleada tarde de domingo. En aquellos finales 60, recuerdo la presencia de abundantes rótulos luminosos sobre los tejados de los edificios como los que aparecen en la fotografía que encabeza esta entrada. También tengo un claro recuerdo del Anaitasuna, en la esquina de San Gregorio con Ciudadela y del Espejo, ya en esta última calle. En aquel tiempo,  y por lo que recuerdo también mucho más tarde,  el Anaita tenía un aspecto más de cafetín que de simple bar, con sus juegos y partidas de cartas en las mesas de marmol blanco sobre pies de hierro colado de color negro. En este lugar tuvo la Sociedad del mismo nombre algunas de sus primeras reuniones tras una fugaz etapa en Paulino Caballero. En cuanto a El Espejo nació como Sucursal de Aldaz Hermanos en las primeras décadas del pasado siglo.
Aunque citados en otras entradas vuelvo a referirme a ellos en esta su entrada natural. Me refiero a los bares de mi barrio: el bar Cuatro Vientos, La Cabaña,   Casa Feliciano, La Senda, El Rodriguez y sobre todo El Bar Porrón, de los cuales el único que sobrevive actualmente es Casa Feliciano, que vemos en la fotografía, viejo testigo de los muchos cambios que ha sufrido el barrio y la avenida de Marcelo Celayeta. Fueron muchos de aquellos bares de nuestra infancia, bares de flipper, futbolín y sinfonola, sinfonola como la que aparece en una de las fotografías siguientes. Más tarde aparecerían  también en algunos bares algunas recreativas que llamábamos de “matamarcianos”. Las sinfonolas comenzaron a proliferar desde finales de los 60 en muchos establecimientos hosteleros. Metías una o varias monedas y seleccionabas la canción o canciones de tu gusto. Así escuchábamos los éxitos de aquellos años y, según los bares podías encontrar un tipo de música más convencional o no. En aquellos bares, convivíamos pequeños, jóvenes y mayores, estos últimos generalmente jugando a la típica partida de cartas o de dominó. Y en aquellos bares de barrio  no podía faltar tampoco  la omnipresente televisión, primero en blanco y negro y desde finales de los 70, en color. Cada uno de aquellos bares del barrio tenía su propio ambiente y su personalidad: El Porrón y Feliciano eran más de mayores,  chiquiteo y comidas. Probablemente los que más frecuentábamos eran La Cabaña y el Cuatro Vientos, además del “Centro” (por el bar del centro parroquial de la iglesia El Salvador), sobre todo los domingos. 
Entrados en la adolescencia comenzábamos a subir a Pamplona, una Pamplona  de una época, la de los años 70 y primeros 80, de una desbordante agitación política y social. El Casco Viejo era y sigue siendo la zona de bares más importante de la ciudad. En lo Viejo (y en el resto de Pamplona), tanto antes como ahora,  había zonas y bares para diferentes y heterogéneos públicos, a menudo segmentados por edad, gustos musicales, ideología, u otro tipo de caracterización. Hasta una edad más avanzada no consumíamos alcohol. A lo sumo algún refresco para acompañar los juegos. Como dije en alguna otra entrada el cine ocupaba, entonces, la mayor parte de  nuestro tiempo de ocio. Más adelante, en el tiempo, vendrían los bares, las discotecas y “ennovietados” los pubs de los que hablaré en la siguiente entrada. En esta intentaré repasar algunos de los bares que frecuentábamos en aquellos años, muchos de ellos ya desaparecidos. 

Si entrabamos al Casco por el portal de Francia y seguíamos por la calle del Carmen encontrábamos en los finales de los 60, 70 y primeros 80 a la izquierda algunos bares como el Simon´s y su inolvidable bolera de competición, el Club Alpino Navarro, el Hauzokoa, y entre medias varias peñas (El Bullicio, el Irrintzi) para acabar en la esquina de la plaza de la Navarrería con el Barbacoa; por la otra acera nos topábamos con  el Corners (uno de los primeros pubs),que  luego sería el Pazo Monterrey, un bar estrecho, largo y profundo donde degustábamos a mediados y finales de los 80 buenas raciones de pulpo bien regadas de albariño y ribeiro.  A la vuelta, en la calle Aldapa estaba la Bodega San Martín, hoy La Bodeguita, con sus cazuelicas caseras, y enfrente pero en la esquina con la plaza, el Bar Aldapa, donde hicimos la cena de fin de curso de bachillerato y ya en la plaza de la Navarrería un buen puñado de bares, clásicos algunos de ellos, desaparecidos otros como el Mesón de La Ribera, cerrado desde hace mucho  tiempo, siguiendo la acera  el siempre bullicioso Mesón de la Navarrería, y enfrente, en la cuesta hacia la Catedral, en la acera derecha, y de arriba hacia abajo, El Aleman, con sus salchichas de Frankfurt, hoy Los Burgos de Iruña,  el Mesón de la Tortilla, La Mejillonera (ah, sus cachis de cerveza y sus  famosas patatas a la brava), el Tilo, el Cordovilla (con sus tigres y sus fritos de pimientos) o el Bar Vicente. A esos viejos nombres les sucedieron en el tiempo otros como el Oiat o el Ezkia. Subiendo por Curia nos encontrábamos y lo seguimos haciendo, a la izquierda con un clásico entre los clásicos, el Temple y sus famosos moscovitas (sin olvidar una de las mejores tortillas de patatas que se pueden degustar en un bar), y más arriba el Lancelot, el Tut y el 69. 

No cito, por no repetirme, algunas calles revisadas ya en el blog como Mercaderes, Estafeta o Comedias y dando un salto me situo en la calle San Gregorio, calle en tiempos de poteo, muy frecuentada. En la calle San Gregorio teníamos además del mencionado Anaita, el Museo con su famosos fritos de huevo (primos hermanos de los del Rio, no en vano lo regentaba el padre de Joaquin Barberena, fundador del Rio, y luego su hermano Cefereino, si bien el local se llamaba anteriormente Orbaiceta), La Kontxa, (desde el 2001, Kaixo), con su futbolín al fondo, el Arizona, siempre lleno hasta la bandera (con Josefina al frente y su inconfundible blusón negro) el Ganuza con sus patatas a la brava (hoy Entretantos), y los desaparecidos  Sanguesa (hace pocos días derribaron el edificio que compartía con la trasera del Spada), El Caserio (también sustituido por una nueva construcción), La Montañesa o el Garcia (luego reconvertido en un irlandés, El Harp),  también cerrado. Aun sobreviven, en esta calle,  El Norte, Ona y Gorriti. Dicen que a finales de los 60 había al final de la calle San Gregorio un café cantante, el  Euskalduna, como hasta el año 1963 lo hubo también en la calle San Nicolás en el lugar donde está hoy el Baserri, concretamente el Café Irañeta, con música en directo en el salón que estaba situado en el fondo del bar donde hoy esta el restaurante, del cual vemos una fotografía. 
La calle San Nicolás ha mantenido mejor su tejido hostelero que su calle hermana, a lo largo del tiempo. Salvo La Mandarra, de reciente creación, el resto, casi todos llevan muchas décadas de servicio a la ciudad y sus habitantes. Donde hoy esta el Iru estaba el Bearan, y cerca de él, el 84, como no acordarse de los huevos del Rio, (fundado por Joaquin Barberena en 1963 y que desde 1997 regentan los “Robertos”), del vino en porrón bien acompañado de una fritada de sardinas en el antiguo   Marrano que respondía entonces al nombre de Vinos El Cosechero. Otros históricos eran el Ulzama y sobre todo Casa Otano. Casa Otano fue fundado en 1912 por un vendedor de vinos de Larraga, un tal Lino Otano. El local cambió de dueños varias veces hasta que fue adquirido en 1929 por Felisa Galar e Isaac Juanco a quienes seguirían en la gestión del negocio sus hijos,  entre los que destacaría Andrés Juanco, quien en los años 50 conoce a Tere Goñi con la que se casa. En 1975 fallece Andrés y se hace cargo del negocio Tere, que es quien le da el gran impulso al negocio que incluye además del bar, el restaurante en el primer piso y la pensión. En los años 80 recuerdo que había un bar que se llamaba el san Miguel, más o menos donde hoy está el Hostal y cafetería Castillo de javier. Y desde la calle San Nicolás nos adentramos en la plaza del Castillo.

La plaza del Castillo, escenario de los principales acontecimientos de la vida de la ciudad a lo largo del pasado siglo, conoció hasta los años 60 y aun después algunos celebres cafés ya desaparecidos cuyos nombres nada dirán a las nuevas generaciones pero que estarán cargados de imagenes, recuerdos y resonancias para los más viejos del lugar. Entrando por el Pasadizo de la Jacoba, donde hoy está una sucursal del BBVA, estaba el Cafe Kutz que vemos en la fotografía (de la izquierda) de 1952,  de José Joaquín Arazuri. El Café fue fundado por el donostiarra Luis Kutz en el año 1912 donde antes estuviese el Café La Marina. Kutz  regentaba en San Sebastián  otro café Bar y una fabrica de cerveza, además de un cine. Tras el fallecimiento de Luis, en 1942, el Café pasó a manos de su esposa,  Elvira Muñagorri quien con la ayuda de sus hijos José Luis y María Luisa mantendría el Café abierto hasta el año 1961. Por cierto José Luis fundaría en 1947 la Cooperativa de Hosteleros de Navarra siendo su primer presidente y la única que funciona aun en el norte de España. 

El Cafe Torino, fundado en la primera década del siglo XX, estaba situado junto al Hotel La Perla, tal y como vemos en la fotografía superior derecha que precede este párrafo, obra   de Zubieta y Retegui de 1971, tomada en los días de su cierre Sus primeros propietarios fueron los señores Dihins, luego D. Melitón Ariz y más tarde D. Doroteo Cotelo, cuyos herederos fueron los últimos propietarios del bar. Hemingway lo definía en su libro Fiesta como “un local medio bar, medio cervecería, donde se podía comer algo y bailar en una habitación trasera”. El Torino ocupaba la sucursal de Caja Navarra de la plaza del Castillo y el actual Windsor Pub. El Café, como he dicho, cerró sus puertas en 1971, siendo sustituido por el Windsor Pub dos años más tarde,  en 1973. Del Cafe Suizo, fundado por los suizos Mattosi  en 1844 ya hablé en la entrada dedicada a la calle Pozoblanco. El mítico Cafe Iruña, cuyo interior reformado vemos en la fotografía de la izquierda, toda un institución en la ciudad, fue fundado el 6 de julio de 1888. Dicen que su apertura sirvió para inaugurar oficialmente la llegada de la luz eléctrica a la ciudad. En marzo de ese año se había creado, por iniciativa de Serafín Mata, la sociedad Iruña, impulsora del citado Café, con una amplia base de accionistas. Hoy en día sigue manteniendo, tras su desacertada etapa como bingo, de 1977 a 1998,  su aire y decoración estilo “belle epoque”, con sus mesas de mármol, sus abigarradas columnas, sus artesonados y sus grandes espejos. Lugar de obligada visita para los turistas, por él han desfilado las más importantes celebridades que nos han visitado y ha servido de escenario de todo tipo de reuniones. En este mismo edificio, en el primer piso, se instalaba en aquellos años  el actual Nuevo Casino Principal llamado anteriormente Casino Principal, Nuevo Casino (1856) e inicialmente Sociedad de los Doce Pares (1851). La decisión de fundarla nace de personas como Juan Jose Egozcue, Tadeo Gandiaga, Florencio Sagaseta, Patricio Sarasa y Mariano Martinez. De él recuerdo su trasnochada elegancia, sus grandes lamparas y sus artesonados decimonónicos, tal y como aparecen en la fotografía de la derecha.

En la otra esquina de la plaza te encontrabas con el Casino Eslava. Fundado por un centenar de pamploneses en julio de 1884, con sede en el nº 18 del Paseo de Sarasate, tuvo una fugaz existencia hasta que en 1898 se volvió a fundar, bajo el nombre de Nuevo Casino Eslava. El actual edificio del Casino Eslava, obra del arquitecto Victor Eusa,   se inauguró en 1932. Junto a él estuvo hasta 1936 el Hotel Quintana y en sus bajos,  durante los años 50 el Bar Brasil,  hasta que a finales de los 60 daría paso a la entonces moderna cervecería Tropicana y junto a  esta otro referente de la ciudad, el Txoko. Cuantas veces habremos escuchado aquello de “quedamos donde el Txoko”. De aquellos lejanos tiempos aun sobrevive en uno de los laterales de la plaza, el más cercano al Paseo de Sarasate, un viejo rótulo de un hotel desaparecido, quien sabe cuando, el Hotel El Cisne. Parece ser que este hotel se abrió a finales del siglo XIX. 
Y no podemos irnos de la plaza sin referirnos al hotel más antiguo de la ciudad, el tercero más antiguo de España: el Hotel La Perla que fue fundado por Miguel Erro y Teresa Graz en 1881, como Fonda La Perla y que fue objeto de una renovación total en el año  2007, convirtiéndose en el único hotel de cinco estrellas de la ciudad. En el se ha alojado reyes, artistas y todo tipo de celebridades. La Fonda contaba con su propio servicio de carruajes para recoger los viajeros desde la Estación. Tras la muerte de Miguel Erro dirigió el negocio su esposa Teresa que falleció en 1921. Tras ella se encargaría de dirigir el hotel su  hija Ignacia  junto a su marido Jose Moreno.  Actualmente lo hace Rafael Moreno, de la cuarta generación.  Hablando de hoteles, no podemos olvidarnos tampoco de otro de los hoteles históricos de la ciudad: el Hotel  Maisonnave  situado a principios de los años 20 en la calle Espoz y Mina, junto a la plaza del Castillo. Sus fundadores fueron Carlos Maisonnave y su esposa Francisca Echeverría que comenzaron con una fonda y coches de caballos en el año 1883. Para 1900 la fonda tenía calificación de 1ª categoría y hasta fines de los 20 vivió su epoca de mayor esplendor. En 1945 el hotel pasó a manos de su actuales propietarios, la familia Alemán,  que construyen, en 1966, el actual edificio del hotel en la calle Nueva que experimenta en los últimos años diferentes reformas y ampliaciones. Con la última remodelación del pasado año  se ha convertido en un hotel de cuatro estrellas. Y en cuanto a la faceta gastronómica no podemos olvidarnos tampoco de dos referencias culinarias del máximo nivel: la del restaurante Hostal del Rey Noble más conocido por Las Pocholas, fundado el 15 de abril de 1938 y que cerró en el año 2000, regentado por las hermanas Guerendiain y el   Hotel Restaurante Europa, cuyo origen  se remonta a la década de los 30 si bien es a partir de 1973, cuando se hacen cargo del negocio los hermanos Idoate y lo convierten en una de las principales referencias gastronómicas de la ciudad.
  
Otro salto y nos colocamos en la calle San Francisco. De esta calle recuerdo el bar Montón, antes de que se convirtiese en la sede de la Peña Anaitasuna, el Centro Riojano y a continuación el Monterrojo, y tras esta calle nos adentramos en la vecina calle de San Lorenzo, en otros tiempos, otra de las rutas típicas, con la Cepa, todo un referente, refugio de trasnochadores y amantes del Dios Baco, abriendo la calle y los restaurantes Erburu, Lanzale y Askartza, además de algún bar como el Piskolabis, alguno de ellos cerrado, como el Erburu (en la foto vemos el interior de su comedor, donde por cierto se comía bastante bien) y otros reconvertidos en sedes de peña o en otro tipo de bar o negocio, como el Lanzale y el Piskolabis, una lastima. En más de una ocasión cenamos en alguno de estos lugares. Enfilando la Jarauta, plagada de sedes de peñas, que visitábamos sobre todo en sanfermines destacaban, en aquellos años 70 y 80 el Urricelqui con su higados y riñones a la plancha, el Oreja con sus raciones de pulpo y otras exquisitices gallegas, el Montón y la Viña. 
Del resto de bares del Casco habría que que señalar alguno de Calderería como el Garazi o  del final de la Tejería como las Bodegas Riojanas, el Primi o el Malkoa, muy en boga a finales de los 80 y primeros 90, o los de la bajada del Labrit, algunos de ellos en otros tiempos disco-bares, y como establecimientos singulares fuera de rutas, Casa Paco, en el Rincón de San Nicolás y sus famosas albondigas, el bar Bilbao (en franco declive cuando lo conoci) o Casa Marceliano. Casa Marceliano era la típica tasca o bar de antaño, que popularizó Hemingway en sus escritos, hasta el punto de convertirla en un lugar de visita obligada para los muchos turistas que siguieron sus pasos (En la foto  vemos a Hemingway en una de sus visitas a Casa Marceliano). Una tasca donde se podía degustar acompañado de un vino recio de la tierra tan pronto una fritada de sardinas,  como en sanfermines  un estofado de toro, un buen ajoarriero o un cordero al chilindrón, con los dichos siempre singulares y a menudo cortantes, de fondo, del amigo Juantxo. Casa Marceliano cerró sus puertas hace 20 años, en 1993, cuando los hermanos Arraztoa vendieron el edificio, que reabrió el Ayuntamiento en el año 2001 como oficinas municipales. Una pena.
Fuera del Casco cabría recordar el bar de la Servicial Vinicola en la calle Navarro Villoslada. Cuantos estudiantes del cercano Instituto Ximenez de Rada  habrán recalado de forma habitual en este bar. Hay muchos otros bares y restaurantes en el Ensanche pero destacaría un clásico, el Niza, fundado en torno al año 1936, poco después de la construcción del Teatro, lugar de reuniones de escritores, artistas y demás gente de la farándula, El California (más conocido como El Cali), el Reta, el Candilejas, y en la zona más cercana  al Casco el Cinema, con un decorado que homenajeaba el séptimo arte,  no en vano, tenía cerca cuatro o cinco salas de cine,  el Palace, propiedad del empresario hostelero Javier Miranda. Y en San Juan el Agoizko, el Hip-Hop, el Trebol  o el Zapata, aunque en mi memoria personal este barrio sea para mi más de pubs que de bares. Para recenar había algún abierto allá por las cinco de la mañana como el Alesves de San Jorge.

Fotos: Foto Plaza del Castillo de Galle (sin datar, aprox. años 60), Archivo Bar Restaurante Baserri, Foto Cafe Kutz de J.J. Arazuri (1952), Cafe Torino de Zubieta y Retegui (1971) y Casa Marceliano, de Julio Ubiña (sin datar).

Un año de “Memorias del Viejo Pamplona”

Hace un año que comencé a escribir este pequeño blog, un pequeño cuaderno de apuntes personal sobre la ciudad, sobre la Pamplona que he conocido a lo largo de mi vida. En este pequeño cuaderno se vuelcan recuerdos y vivencias personales unidas a los numerosos cambios urbanísticos, sociales, de usos y de costumbres que me ha tocado, que nos ha tocado vivir a aquellos que nacimos a lo largo de la década de los 60. A lo largo de este año he escrito cerca de medio centenar de entradas, muchas menos de las que hubiera querido, pero a veces la vida se nos complica terriblemente y apenas, como me ha pasado a mi éste año, puedes sacar un minuto para sentarte ante la pantalla del ordenador y viajar mentalmente en el tiempo. En esas casi 50 entradas abundan las referidas a mi barrio, la Rochapea, pero no he querido quedarme ahí, el Casco Viejo también ha sido objeto de mi atención y recuerdo y en las últimas entradas me voy acercando siquiera brevemente al origen y cambios en los otros barrios. Juegos de antaño, recuerdos de la radio que escuchábamos o la televisión que veíamos, cines, salas de fiestas, sanfermines, han sido algunos otros de los asuntos tratados. Aun quedan cientos de temas, de experiencias, de recuerdos por plasmar. Sin ningún tipo de publicidad ni de difusión extra en las redes sociales más allá del que busca algo en la red y lo encuentra en este blog, este cuaderno personal ha recibido este año casi 16.000 visitas. No me queda nada más que agradecer a esas miles de personas por leer este pequeño blog. Si les ha servido para bucear, siquiera un momento, como dije en la entrada de presentación del blog, en sus propias experiencias y recuerdos, algunos de ellos seguramente compartidos, me doy por satisfecho.

El barrio de San Jorge (1965-1995)

El barrio de San Jorge se consideró durante mucho tiempo parte de la Rochapea. Fue a partir de los años 60 del pasado siglo cuando se comenzó a hablar del barrio de San Jorge como tal. Hasta entonces había distintos nucleos de población y viviendas, el primero cerca del puente de Cuatro Vientos y la Estación del Norte con una importante actividad fabril (con fábricas como la Azucarera de Eugui o Múgica y Arellano, etc), el segundo entre la avenida de san Jorge y el río, en torno a los parajes conocidos como Pasaje Lapoya y el Patio de Baraibar y el tercero cerca del actual cruce de la avenida de San Jorge y la Avenida de Navarra. También había diferentes construcciones diseminadas desde la zona de la Estación hasta el puente de Miluce. En la foto de Prince que encabeza la entrada vemos la avenida de san Jorge en 1968. La estación del tren marcó durante más de un siglo la identidad y fisonomía del barrio, su parte más antigua, hoy totalmente desaparecida,  la calle  Norte, la calle del Muelle, etc. En los años 60 el barrio comienza a crecer de una manera desmesurada, con grandes torres de viviendas en torno a la confluencia de las avenidas de san Jorge y futura avenida de Navarra, como las que se ven en la fotografía inferior de Eusebio Mina. Se empiezan a instalar fábricas como la de Penibérica, fabricante de penicilina y de otros productos químicos y farmaceuticos, Tabacalera, Carburos Metálicos, etc. El eje central del barrio era entonces (lo sigue siendo) la avenida de San Jorge que se convierte durante décadas en parte de uno de los ejes de comunicación más importantes de la ciudad, con un importantísimo tráfico de vehículos pesados que atravesaban desde Landaben, por San Jorge, la avenida de Marcelo Celayeta y la Avenida Villava, o sea toda la zona norte de la ciudad. El barrio adolecía, entonces, de graves problemas urbanísticos, fundamentalmente relacionadas con el tráfico y la falta de dotaciones. Aun recuerdo las movilizaciones habidas para conseguir el paso subterráneo que sigue existiendo en el centro del barrio. En 1975, la asociación de vecinos de la Rocha creo una filial que comenzó a trabajar de manera autónoma dos años más tarde. A finales del siglo comienzan a derribarse las viviendas más antiguas y degradadas, como las Casas de Múgica y se construyen nuevas construcciones, siguiendo la vía del tren, en torno a la Estación y en torno a los viejos núcleos de población e industriales cerca del rio.

De mis recuerdos personales sobre este barrio rescato algunas imagenes imborrables: en primer lugar la Estación del tren (para mi el barrio de San Jorge será siempre el barrio de la Estación, a la que asocio muchas vivencias personales: viajes, idas y venidas, recibimientos cargados de emotividad, etc), cuantos cambios ha sufrido ella y  su entorno (el derribo de la Azucarera y las casas de Cuatro Vientos, la reconversión de la antigua fábrica de Arellano en el actual instituto Cuatro Vientos, los viejos bloques de viviendas cercanos a la estación, hoy desaparecidos; en segundo lugar recuerdo  la finca y sobre todo el frontón de Eugui, donde jugué en aquellos lejanos veranos de finales de los 70 algún partido de pelota. También recuerdo que durante años, el centro de salud de la Rocha estaba ubicado en este barrio, antes de que se abriese el de las Casas de Gurbindo y por supuesto muchísimo antes de que se inaugurase el actual centro de salud del barrio entre las calles Cruz de Barcacio y Artica. En mi infancia no había centro de salud en los barrios. Todos teníamos que subir al Ambulatorio Solchaga, en la avenida de la Baja Navarra (entonces Avenida de Franco). Allí durante años creo recordar que nos atendía un médico bastante veterano, el doctor Aguinaga que también llegó a pasar consulta en el citado centro de salud de San Jorge.Para finalizar un par de apuntes sobre el mentado Pasaje Lapoya y el Patio de Baraibar. El pasaje Lapoya tenía su entrada por la avenida de San Jorge  y siguiendo un trayecto cercano al río comunicaba con la orilla derecha del río Arga y la pasarela de los Tubos por donde iban  las aguas de Arteta. En su irregular trayecto había de todo: almacenes de maderas y piensos, huertas, jardincillos vecinales, casetillas, casas de dos plantas y alguna vivienda de más pisos, un microcosmos con una atmósfera muy especial. El pasaje debe su nombre al industrial maderero Cayetano Lapoya Rubio que vivió entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Fue D. Cayetano quien construyó tanto estas construcciones como otras en el barrio de San Jorge, entre ellas un pequeño frontón en el otro lado de la avenida que fue destruido en el año 1921 por una explosión de un polvorín cercano causando varios muertos. Cabe destacar que el primer coche matriculado en Navarra fue un Peugeot de 10 caballos propiedad del señor Lapoya y que tenía como matricula PA-1 (el primer centenar de vehículos matriculados tuvieron la matricula PA de Pamplona, después vendrían la NA de Navarra). Con el mismo sabor y pintoresquismo, entre los números 15 a 17 de la avenida de San Jorge, nos encontrábamos hace más de 20 años con un patio de más de 100 metros de longitud, el patio de Baraibar, paralelo al Pasaje de Lapoya que terminaba en las proximidades del río y que contaba igualmente con casetas, huertas, almacenes y talleres.

Fotos: Prince (1968) y Eusebio Mina (1969)

Las escuelas del Ave Maria (1977-1985)

En la foto que ilustra esta entrada y que está tomada desde la torre de la iglesia del Salvador pueden observarse las nuevas escuelas del Ave María que sustituyeron a las viejas escuelas de planta baja que conocí  y a las que aludí en una de las primeras entradas de este blog. La fotografía tiene más de 20 años, pues calculo que esta está datada en torno a 1983. Esta imagen de la zona se mantuvo así hasta 1986. Después cambiaría bastante. Podemos observar en un primer plano el edificio de nueva planta y su amplio patio totalmente libre de las construcciones que se añadirían años más tarde en sucesivas fases, la travesía del Ave María, con todos sus edificios íntegros antes del derribo de parte de ellos una década más tarde, a la izquierda de la foto y pegada a las escuelas la fabrica de piensos Caceco y la calle Carriquiri sin urbanizar  y sobre ella en el ángulo superior izquierdo asoma la fábrica de Perfil en Frio. Frente a estas industrias se pueden observar campos hoy sustituidos por bloques de viviendas, el primero de ellos rodeado por una tapia corresponde a lo que llamábamos campo de la Diputación (de los camineros de Diputación). 

Al fondo de la foto y junto  a este campo se divisan un par de aulas prefabricadas (las escuelas del Ave María no daban abasto, tenían más de 600 alumnos, y durante algunos años, desde 1981, los niños de párvulos tuvieron que ir y venir de las aulas al patio de la escuela para hacer Gimnasia). También al fondo se divisa el almacén de la Compañía General de Carbones que vimos en la entrada dedicada al viejo camino del Plazaola y en el extremo derecho de la foto las casas de la Segunda Fase del Salvador. Como he dicho anteriormente tendrían que pasar al menos dos o  tres años para que esta imagen empezase a cambiar: la canalización de las aguas por los campos que cuando llovía se inundaban, la construcción del polideportivo y los frontones durante bastantes años descubiertos y de las primeras viviendas en torno a lo que hoy es el campo de fútbol del Irati, etc.

En la segunda foto que ilustra esta entrada  podemos ver el antiguo patio de las chicas, tomada antes de 1989 (probablemente desde las escaleras exteriores de emergencia del nuevo edifico). Ocupando la mayor parte de la foto y tras una tapia se observan  las viejas casas de la Calle de las Provincias (o la Calleja de los Cutos la llamábamos nosotros) y un viejo transformador que recuerdo allí desde siempre y a la derecha de la foto, el viejo edificio de las aulas de las chicas. En primer plano, una valla delimitaba el patio de las nuevas escuelas y del patio de las chicas.

Foto: 2ª foto: Foto Imagenes Rochapea publicada en la Revista Ezkaba.

El Tercer Ensanche de Pamplona (1960-2000)

Tras el derribo de las murallas del flanco sur que constreñían a la ciudad en su Casco Histórico (1915) vendría la construcción del Segundo Ensanche de Pamplona. El Primer Ensanche, lindante con el Casco se había construido a finales del XIX. El Segundo Ensanche se construiría en dos fases, la segunda de las cuales se terminaría en los últimos años de la década de los 50. En esa época y terminada la expansión de la ciudad hacia el sur, se planteó el desarrollo urbano hacia el Oeste en toda su amplitud. El instrumento urbanístico fue el Plan General de 1957 que planificaría la expansión urbana de Pamplona en los siguientes 15 años (1960-1975). Es lo que se dio en llamar entonces el Tercer Ensanche de Pamplona. Así nacerían los barrios de San Juan e Iturrama. También en esta época se comenzarían a construir los barrios de San Jorge y un poco más adelante, Ermitagaña, para proseguir bien avanzados los 80 y primeros 90 con la creación de nuevos barrios como Mendebaldea, Arrosadia y Azpilagaña. Me centraré en esta entrada en el Tercer Ensanche de Pamplona. Aunque el mayor número de vivencias y recuerdos los tengo asociados lógicamente a mi barrio, la Rochapea, como queda patente en este blog, y en segundo lugar a ese barrio que es de todos los pamploneses: el Casco Viejo, también tengo lejanos recuerdos de la construcción de estos dos grandes barrios de la ciudad: San Juan e Iturrama, asociados a mi niñez y adolescencia. Con ellos, la ciudad conoció su mayor periodo de expansión hasta entonces conocido.

En alguna otra entrada he comentado como la vía del Plazaola, que atravesaba la Rocha, seguía el camino de la Biurdana y llegando hasta lo que es hoy el puente sobre la avenida de Navarra, cerca de la Agrupación Deportiva San Juan, bajo el antiguo Puente de los Suicidas, giraba hacia el Sur y enfilaba por lo que popularmente  llamaban la Vaguada, una enorme hondonada que separaba San Juan de Ermitagaña, tal y  como vemos en la fotografía de 1965, de Zubieta y Retegui y que después se nivelaría cubriéndose de tierra frente al Instituto Navarro Villoslada y el colegio Jose María Huarte,  para proseguir por lo que es hoy la Avenida Sancho El Fuerte hasta la Avenida de Zaragoza. Hasta octubre de 1981 hubo algún hortelano, con sus huertas y casetas en la citada Vaguada. 

En 1972 se empezó a construir el llamado Puente de San Jorge que comunica hoy los barrios de San Juan y San Jorge. Las obras finalizaron en mayo de 1973 y tuvieron un presupuesto de 40 millones de las antiguas pesetas. Hasta entonces no había otro paso para cruzar el Arga desde Cuatro Vientos al Puente de Miluce, osea en un tramo de más de dos kilómetros. La Avenida de Navarra era conocida entonces como Variante Oeste, hoy una vía plenamente urbana pero entonces muy periférica. Las obras de la Variante comenzaron en 1974 y acabaron en su integridad en septiembre de 1978. Por su parte el viejo puente de los Suicidas que vemos en la fotografía, se derribó en 1975, siendo sustituido por otro que comunicaría la Agrupación Deportiva y el barrio de San Juan.

En aquellos años 60 en que se comenzó a construir el barrio de San Juan recuerdo haber oído hablar de las Casas de Eguaras o  las casas de San Alberto (por la cooperativa San Alberto Magno) en Martín Azpilicueta. Probablemente estas fuesen, junto a las primeras casas de Larraina algunas de las más antiguas del barrio, concretamente las de Larraina creo que son de 1958, y las de Eguaras y San Alberto de 1960  y 1961, respectivamente. En las fotografías adjuntas vemos alguna de esas primeras casas, a la derecha las de Larraina en 1963, y a la derecha las de Eguaras en el año 1972, diez años después de su construcción. El resto, tanto de San Juan como de Iturrama, tanto la zona de Iturrama Nuevo  como la de Iturrama Viejo estaba salpicado de decenas de chalets y pequeñas construcciones, nada que ver con el paisaje urbano que iríamos viendo  los años siguientes: a finales de los años 60 y de la  década de los 70, con el desarrollo de los nuevos San Juan e Iturrama. 

Al margen de esas viviendas unifamiliares en San Juan había dos grandes industrias en la zona: la de Imenasa, en la zona situada entre Pio XII, Sancho El Fuerte y la Avenida de Barañain, donde esta ahora la plaza y el parque de Yamaguchi y la fabrica  de hilados Goñi y Mayo, que contaba, creo recordar que con dos instalaciones, la fabrica principal,  entre la carretera de Barañain y la de la Longaniza y otras instalaciones en la parte trasera de la Residencia Virgen del Camino que recuerdo haber visto hasta su demolición a finales de los 80. La fábrica, de origen y trayectoria familiar fue dirigida   hasta su cierre en 1984 por el que fuera secretario general de la Confederación de Empresarios, José Luis Goñi. En las fotografías  adjuntas vemos, dos tomas  de junio de 1975, de la misma zona   aunque captadas desde diferentes ángulos, a la derecha,  las naves de Goñi y Mayo, y sobre ella la calle Monasterio de Urdax y en la foto de la izquierda la fábrica de Goñi y al fondo se divisa la fábrica de Imenasa.

Imenasa que vemos en la fotografía adjunta, antes de su derribo en marzo de 1989, pertenecía al Grupo Huarte, fundado por el que fuera conocido constructor y expresidente de la Diputación Foral, D. Felix Huarte y que luego dirigiría su hijo  Felipe Huarte. La fabrica, inicialmente un taller que hacia maquinaria para construcción (hormigoneras, tornos, etc)  se abrió en 1944 y contaba con poco más de un centenar de trabajadores. En 1953 Huarte la transformó en una sociedad anónima: Imenasa  (Industrias Metálicas de Navarra S.A), y empezaron a fabricar de todo: motos, metralletas, etc. Para la fabricación de motos se asoció con Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey. Así se fabricaron las motos Husor (por Huarte-Soriano) y luego las motos Iruña, motos potentes,  también se produjo un scooter y algún otro modelo  que serían con el tiempo desplazadas por la italiana Vespa.  

Imenasa  llegó a contar, en sus años de esplendor, con 1.500 trabajadores y protagonizo el desarrollo industrial más importante de la Cuenca de Pamplona. De Imenasa surgieron luego otras empresas pues fueron transplantado cada línea de producción a una nueva fábrica que al final acabarían compradas, todas salvo una (Miasa), por multinacionales: la de direcciones daría lugar a Torfinasa que luego compraría  la multinacional americana TRW, la de horquillas para cajas de cambio a Miasa, la de llantas a Mapsa, la de grúas, Imenasa Grúas,  sería comprada luego por los alemanes de  Liebherr y la de frenos por la multinacional británica  Lucas Girling. Huarte además participó en la creación de la Papelera de Sanguesa, Perfil en Frio, en la Rochapea o Inasa de Irurzun. La fábrica tenía su escuela de aprendices en las dependencias de la fábrica así como otras dotaciones para los empleados: campo de deportes, piscina, frontón, bar-comedor, etc. Tras el derribo de las naves de Imenasa, en su lugar se erigiría un bloque de viviendas en forma de U, diseñado por el arquitecto catalán Oriol Bohigas y junto a él, en 1997 el parque de inspiración japonesa de Yamaguchi.  Unos años antes, en junio de 1993, se había inaugurado en esta misma zona el Planetario y cerca del bloque U, en la campa anexa a los Golem, uno de los hoteles más importantes de la ciudad: el Iruña Park (1990).

En San Juan estuvo desde el año 1922 (dos años después de  la fundación del Club)   y hasta el final de la temporada 1966-1967 el viejo campo de Osasuna que como en los tiempos actuales tantas alegrías como sobre todo tristezas, por los resultados, dio a varias generaciones de pamploneses. El estadio que conoció una importante obra de ampliación allá por el año 1956, se encontraba entre la actual avenida de Barañain, hasta 1976, conocido como camino o carretera de Barañain y la avenida de Bayona o antiguo camino del cementerio.  El campo se comenzó a derribar a finales de 1968 tal y como atestigua la fotografía adjunta de 1969 para dejar paso a la construcción de la calle Monasterio de Urdax, y estaba situado unos metros más atrás de la parroquia de Nuestra Señora del Huerto en la citada avenida.

Partiendo del primer Ensanche y de la vuelta del Castillo y enfilando hacia los barrios de San Juan e Iturrama nos encontrábamos a finales de los años 60 de Noroeste a Suroeste con los siguientes caminos: la antigua carretera del Cementerio que sería luego la Avenida de Bayona y que giraría luego hacia la izquierda dejando la vía de la derecha como Calle Monasterio de la Oliva, la carretera o camino  de Barañain, la carretera a Estella que daría luego paso a la Avenida de Pio XII, la calle Fuente del Hierro, la carretera a Esquiroz y la avenida de Zaragoza. La Carretera de Circunvalación comenzaba en la Cuesta de la Reina y bordeando el lado derecho de la Prisión Provincial, atravesaba la carretera a Estella  y la vuelta del Castillo hasta la Avenida de Zaragoza. 
También y desde finales del XIX era popular la llamada carretera o vuelta de la Longaniza. Debía su nombre a la forma del camino o itinerario. Comenzaba en el cruce cercano al viejo campo de San Juan y de ahí iba por el antiguo Camino de Acella hasta la llamada Casa de los Pastores (hoy cruce de la Avenida Pio XII frente a la Clínica Universitaria), de ahí giraba a la derecha por Irunlarrea, pasando por delante de la casa del Conde  hasta el cruce del Camino de Barañain, en la trasera de la Residencia Virgen del Camino y por el camino de Barañain volvía al punto de partida. (La cuerda de la longaniza se iniciaba en la carretera de circunvalación y primer tramo del camino de Barañain). En la foto vemos el inicio de la carretera cerca del campo de fútbol de San Juan en el año 1967. Por cierto la residencia Virgen del Camino se construyó en 1963 y la citada casa del Conde se demolería en el año 1964.
En 1966 ya podía verse el alto edificio de viviendas coronado por el rotulo de la Caja Municipal, franqueando la segunda mitad de la que sería luego Avenida de Bayona. En 1972 aun existían unas construcciones cerrando la avenida, a la altura de la plaza Obispo Irurita e inmediaciones de la plaza monasterio de Azuelo, tal y como atestigua la fotografía de Zubieta y Retegui. La avenida se inauguraría oficialmente, un año más tarde, en julio de 1973 con la presencia del alcalde de  nuestra ciudad hermana, Jean Genet. Sirva como referencia visual a la izquierda de la foto el edificio de la Telefónica de San Juan. También en 1966 se avanzaba en la construcción de los bloques de viviendas del Monasterio de Velate y de la Oliva. En aquellos primeros años sesenta (1965-66) eran muy pocas las viviendas construidas en la cercana calle del Monasterio de Irache, tal y como lo certifican las fotografías adjuntas de la derecha (la superior derecha es de Eusebio Mina). Esta calle además aparecía cortada, como se ve en la foto inferior derecha de Prince, por la antigua carretera a la Granja Provincial en la Biurdana. Todavía no se había construido la parroquia de la Asunción. La mayoría de las calles y nuevas viviendas de San Juan, de los Monasterios, se irían construyendo entre finales de los 60 y la primera mitad de los 70 y las de Iturrama, donde abundan los pintores, sobre todo a lo largo de la década de los 70. 

En la primera mitad de los años 70 aun podían verse entre grandes bloques de viviendas las casas de dos plantas y unifamiliares con huertas de Iturrama Nuevo, situadas entre Pio XII, Circunvalación y Fuente del Hierro. Hasta no hace demasiado tiempo se mantenían en pie algunas de aquellas construcciones en lo que es ya hoy un aparcamiento de vehículos, en superficie, tal y como vemos en la fotografía de la derecha de 1974. Hasta los años 90 en Iturrama también recuerdo que sobrevivía rodeado de grandes edificios de viviendas, un rincón singular, Casa Emeterio. Aun recuerdo, a mediados de los años 80, como volviendo de la Universidad algún compañero jugaba a la rana mientras echaba un “vinillo” con los dueños del local. En aquellos años, primera mitad de los 80, la bajada  a la Universidad, la calle de la Fuente del Hierro no estaba urbanizada, tal y como muestra la fotografía de la izquierda. Tampoco lo estaba en la primera mitad de los años 70 la carretera a Esquiroz que conocería su urbanización y desarrollo algunos años más tarde, al igual que buena parte de Iturrama. 

En 1967 era patente el origen ferroviario de la hoy importante avenida de Sancho El Fuerte; en la foto de la derecha   se puede observar la caja de la antigua vía del Plazaola, que había pasado por el lugar tan solo 13 años antes y cuyos restos se dejan ver también  en la  foto de la izquierda,  de 1975, de Eusebio Mina,  que corresponde al cruce de Sancho El Fuerte y Pio XII con la casa del guardabarrera en primer término y al fondo el convento de las Carmelitas Misioneras. El convento se derribó en el año 1977, apenas 21 años después de su construcción en el año 1956. Aun en 1984, la zona inicial de Pio XII, entre esta vía y la avenida de Barañain  estaba sin urbanizar. Posteriormente y tras algunos litigios se construyeron grandes bloques de viviendas y un hogar para el jubilado en 1989 que nunca se inauguraría. En el 2001 se demolería y dos años más tarde se erigiría en esa zona el Civican.


Fotos: Fotos de Jose Joaquin Arazuri, Zubieta y Retegui, Prince y Eusebio Mina, datadas en el texto de la entrada y publicadas en el libro de Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”.

La televisión que vimos en los años de la transición (1977-1982)

Finalizo con esta entrada la serie que he dedicado a la televisión que veíamos aquellos años, en este caso en los años de la transición, y que en mi caso los vivía en el escenario de la vieja y convulsa Pamplona de esos años, en plena adolescencia y juventud. Fueron años en los que poco a poco se nos iban mostrando imágenes y argumentos no permitidos, de autores y de obras (a través de películas y series) hasta entonces proscritas y felizmente recuperadas. Por lo demás en algunos espacios continuaba la tendencia de los últimos años. En el año 1977, seguíamos viendo series japonesas en la sobremesa de los sábados. A “Heidi” le siguió “Marco“. Muchos recordarán aquella sintonía que comenzaba con “En un puerto italiano al pie de las montañas, vive nuestro amigo Marco…”. En efecto, Marco, como hiciera Heidi un año antes marcó toda una época, también en Pamplona, hasta el punto de que recuerdo que hasta era citado jocosamente en algunas manifestaciones reivindicativas: “Si Marco no encuentra a su mama, el lunes Huelga General” etc. La serie estaba basada en el relato largo de Edmundo de Amicis “De los Apeninos a los Andes” que tres años antes, cuando estudiaba en la Carbonilla, recuerdo haber leído y que aparecía recogido dentro del libro “Corazón” de la editorial Molino. Casualmente algunos años más tarde encontraría un ejemplar de este libro e editorial en muy buen estado en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Pamplona que acaba de cumplir este año su 33ª edición.
Aunque el color ya se iba introduciendo en los programas, (en 1978 todo se grababa en color), será después de este periodo cuando entre la televisión en color en nuestra casa. Así que las fotografías que ilustran esta entrada son en blanco y negro no solo porque sea la norma habitual en este blog sino porque así las veía yo en la televisión en aquellos años. Iñigo volvería en 1977 a la primera cadena de la televisión con otro programa de entrevistas y variedades “Esta noche, fiesta” y al año siguiente haría lo propio con “Fantastico”, siempre con un gran éxito. También volvería a la pantalla, los domingos, “La casa de la pradera” con sus melodramáticos episodios. En cuanto a series policiacas, en 1977 comenzaron a emitirse “Starsky y Hutch” (en la segunda foto de la izquierda, vemos a este curiosa pareja de policías) y “Los hombres de Harrelson”, incrementando el grado de acción de las series del género, que hasta entonces eran más dadas a la investigación pura y dura, tipo “Colombo”, “Ironside” o “MacMillan” que a la simple acción y persecución policial.  

 En 1978 nos encontraríamos con otro detective, de formas algo más rudas, que convivía con una cacatúa y que se llamaba “Baretta”. En abril o mayo de este año se empezó a emitir una serie americana de gran éxito, basada en un best-seller que muchos recordarán, “Hombre Rico, Hombre pobre”, la historia de la familia y los hermanos Jordache, Peter Strauss en el papel de hermano rico, y un jovencísimo Nick Nolte en el de hermano pobre, con Susan Blakely en el papel femenino principal, el de Julie Prescott. Había un malo, malote, creo recordar que se llamaba Falconetti, que lucía un parche en el ojo. La serie, cuyos protagonistas aparecen en la primera foto de esta entrada, estaba incluida dentro de un espacio que se llamaba “Grandes Relatos”, y que se emitía los domingos por la noche. En ese espacio se emitió la ya mencionada serie histórica, en otra entrada, “Las seis esposas de Enrique VIII” y se emitirían posteriormente, además de la ya citada “Hombre rico, Hombre pobre”, en 1978 “Capitanes y Reyes” (con Richard Jordan en el papel protagonista y que vemos en la tercera foto de la izquierda), la británica “Yo, Claudio” (con su tartamudeante protagonista, Derek Jacobi, en la segunda foto de la derecha) y “El aventurero Simplicissimus”, en 1979, “Raices” (quien no se acuerda de aquel ¿Como te llamas?: Kunta Kinte y de Massa Reynolds) y “Poldark” (ambas ´series aparecen también en las fotos que ilustran este parrafo), y en 1982, “Al este del Eden” o “Park Avenue 79”.

 Desde diciembre de 1976 y durante 1977 y 1978 se emitió una serie española de gran éxito, “Curro Jimenez” con Sancho Gracia comandando una partida de bandoleros buenos (El Estudiante, interpretado por José Sancho, con el que aparece Sancho Gracia en la foto o El Algarrobo, que interpretaba el actor Alvaro de Luna), bandoleros de esos que como Robin Hood, robaban a los ricos para dárselo a los pobres, todo un síntoma del cambio de los tiempos que nos tocaba vivir esos años. Había comenzado la época de la transición y como he dicho anteriormente, esto se traducía en historias que intentaban glosar de desigual manera valores como el de la libertad, la igualdad o que ponían de manifiesto también las pasiones humanas como en la primera de las novelas de Blasco Ibañez que vimos entonces: “Cañas y Barro” con José Bodalo y una de las musas de la transición, Victoria Vera, a los que vemos en la fotografía de la izquierda y que se emitiría en 1978. 

 Con esta serie se comenzarían a adaptar grandes novelas de autores españoles de los siglo XIX y XX y que tendría continuación con “La Barraca” (1979), “Fortunata y Jacinta” (1980) con unas inigualables Ana Belen en el papel de Fortunata y Maribel Martin, en el papel de Jacinta a quienes vemos en la fotografía de la derecha, “Los gozos y las sombras” (con un ramillete de actorazos como Eusebio Poncela, Charo López, Amparo Rivelles o Carlos Larrañaga en los principales papeles y que unió calidad y exito de audiencia. En la foto de arriba a la derecha, Eusebio Poncela y Charo López) “Ramón y Cajal” y “Juanita, la larga” (1982). También de 1977 era una miniserie británica de misterio que se llamaba “Tensión”, con episodios inquietantes y una sintonía minimalista que aun recuerdo, al igual que recuerdo otra serie británica de la Hammer que se emitió años más tarde, en los primeros ochenta, bajo el nombre de “Misterio”. De esta serie recuerdo en especial un capitulo que se llamaba “Juego de niños” en el que una familia parece encerrada en su propia casa y al final descubrimos que son personajes de una casa de muñecas.

 En 1978, la sobremesa del sábado nos traería otra serie nipona, pero no tan blandita como las precedentes sino de pura acción, uno de los primeros mangas japoneses con grandes monstruos y robots, “Mazinger Z”(en la fotografía de la izquierda), y posteriormente las andanzas de un joven blanco en Africa, “Orzowei” (en la foto de la derecha). Luego vendría “El quijote” en dibujos animados. En la sobremesa de los domingos emitían “Miguel Strogoff”, también este año se emitía, por enesima vez “la Abeja Maya”. La tarde de los sábados era del programa “Aplauso”, un espacio de música joven, con el formato de revista y que tendría numerosos presentadores a lo largo de su historia (el programa desaparecería en 1983). Abajo a la izquierda vemos a uno de los presentadores, José Luis Fradejas junto a dos compañeras. Incluía algunos concursos como “Los dobles de los famosos” o “La juventud baila”. Por el programa pasarían buena parte de los grupos y solistas más populares y comerciales de la época. También en 1978 se podía ver la serie inglesa “Un hombre en casa”, a la que posteriormente seguiría otra comedia británica de similar factura, “Los Roper” o la serie de época “Arriba y abajo”. El tradicional espacio “Novela” se volvería a emitir, durante algún tiempo, al mediodía. 

 En 1979 los sábados a la tarde emitían una serie de dibujos divulgativa que se llamaba “Erase una vez… el hombre” (En la foto de la izquierda vemos algunas viñetas). Enseñaba de forma muy divertida la historia de la humanidad y posteriormente también nos mostraría el funcionamiento del cuerpo humano. En la sobremesa de los sábados y antes de la película de Primera Sesión, en 1982, seguían echando series de dibujos animados, ese año, en concreto, “D´Artacan y los mosqueperros”. En años posteriores al período aquí analizado vendrían otras series de dibujos que muchos recordarán como “Dragones y mazmorras”, “El Inspector Gadget”, “David el gnomo”, etc. Otras series de ficción famosas en 1979 fueron “Los Angeles de Charlie”, “Vacaciones en el mar” o “El regreso del Santo” y en 1980 la pareja de detectives “Hart y Hart” o la española “Verano azul”. Quien no recuerda la muerte de Chanquete, interpretado por el gran Antonio Ferrandis.

 En 1980 comenzaría a emitirse uno de los primeros culebrones de lujo norteamericanos: “Dallas”, con el mítico JR (Larry Hagman, recientemente fallecido), que abriría el camino en años posteriores a otros folletines similares como “Dinastía”, “Falcon Crest” o “Los Colby”, etc. A finales de 1981 Chicho Ibañez Serrador, el creador del “Un dos tres”, nos obsequiaría durante 35 semanas con un magnífico ciclo de películas agrupadas bajo el nombre de “Mis terrores favoritos”. A este ciclo le seguiría otro bajo el título “Con h de humor”. Por último, en 1982 recuerdo que echaban en la sobremesa la serie de ciencia ficción “La fuga de Logan” (ya hace algún tiempo que habían desaparecido las novelas) y en la tarde de los sábados emitían la serie de periodistas “Lou Grant”. De estos años recuerdo también al cómico británico Benny Hill o series como “Las aventuras del sheriff Lobo” o “El increible Hulk”, esta última con el actor Bill Bixby de protagonista en las sobremesas de los domingos.

No puedo terminar la entrada, sin citar otra gran serie divulgativa, esta sobre el espacio interestelar, la extraordinaria serie “Cosmos” dirigida y presentada por el científico Carl Sagan. También en 1980, pero en el ámbito local, cabe recordar el nacimiento de Telenavarra, el centro regional de Televisión Española en Navarra, con las primeras retransmisiones de los encierros y las fiestas. Hasta entonces la información sobre la ciudad y la comunidad procedían del centro territorial de TVE en Bilbao. Aparte del entretenimiento, (series, películas y variedades), la televisión recogió, como no podía ser de otro modo, los principales eventos históricos de aquellos convulsos años, entre los que ocupa un lugar preeminente la retransmisión casi en directo del golpe del 23-F y que marcaría a toda una generación. Sin embargo, creo recordar que el canal habitual o medio preferido para enterarse de lo que sucedía en el país era la radio, no la televisión.