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La plaza de la Argentina y las villavesas (1965-1982)

En mi infancia la actual plaza del Vinculo se llamaba Plaza de la Argentina. Así se denominó a esta plaza oficialmente desde 1949 hasta 1974. A esta plaza tengo inevitablemente unidas algunas imagenes que seguro muchos pamploneses de cierta edad compartirán. En primer lugar para mi esta plaza era la plaza donde confluían todas las villavesas de la ciudad. En la plaza habría entre seis y nueve marquesinas en el tiempo en que esta plaza sirvió como estación central de los autobuses urbanos. En la foto de 1968, de Martín Sarobe, pueden divisarse seis marquesinas. Entraban por Sancho el Mayor o Tudela e iban aparcando junto a sus respectivas marquesinas. La de la Rocha, la villavesa que marcaba como destino San Pedro y tradicionalmente fue la línea 3, paraba junto a una de las marquesinas centrales, la más cercana a la Casa de Baños, para salir luego por la calle Alhondiga hacia Sarasate, calle Taconera y Avenida de Guipúzcoa.En Pamplona, llamamos a los autobuses urbanos villavesas. El origen de dicho nombre hay que buscarlo en la denominación de la 1ª sociedad destinada al transporte de pasajeros entre Pamplona y los pueblos de la Comarca que se llamaba “La Villavesa” y que había surgido en el año 1929  con sede en Villava. Esta sociedad, dirigida por Fermín Lizarraga Erdozain, se disolvió en 1969, año en que se hizo cargo del servicio la Cooperativa de Transporte Urbano de Pamplona, más conocida por sus siglas COTUP. La COTUP realizaba los viajes dentro de la ciudad mientras la Montañesa se hacía cargo del transporte de los viajeros a los pueblos cercanos: Burlada, Villava, Barañain, Huarte, Noain, Beriain, Berriozar, etc.  Esta empresa tenía una de sus paradas más importantes en la calle Arrieta cerca de la plaza de Toros y los Escolapios (las que iban al este de la Comarca) y otra en Yanguas y Miranda, junto al viejo solar de Intendencia, donde paraban las que iban al Norte, las que iban a Barañain paraban cerca de los Tres Reyes.

La plaza serviría de estación central de los autobuses urbanos desde mediados de los años 60, concretamente desde 1965, hasta casi mediados de los años 80, en que se sustituye el sistema radial, concentrado en un sólo punto por uno mucho más cercano al que tenemos, donde aun siendo el centro de Pamplona el foco principal de los viajes los puntos finales se diversifican y se descentralizan, creándose  nuevos itinerarios en una especie de malla igualmente radial. Es entonces cuando adquieren importancia algunos puntos como las plazas Príncipe de Viana y Merindades, Duque de Ahumada y Sarasate como paradas principales de las tradicionales villavesas.

En julio de 1999 se pone en marcha la nueva red de transporte urbano comarcal, siendo la Montañesa frente a COTUP, a la que absorbe, la que paradójicamente  se hace con el servicio. La Montañesa sería absorbida por el grupo Veolia y en noviembre de 2009 el transporte urbano lo explota la empresa catalana TCC, filial de Moventis. (En la foto adjunta vemos una villavesa aparcando en Duque de Ahumada)

De las villavesas se podría hablar largo y tendido, desde la apariencia y comodidad de sus vehículos, el color de los autobuses, verde casi siempre, al menos desde que yo lo recuerdo, hasta el amarillo, verde y blanco actual, el precio de sus billetes, quien se acuerda de aquellos pequeños tickets de 3 viajes, cuando los viajes costaban menos de 5 pesetas, o los bonobuses de cartón, a primeros de los 90, las tarjetas de pago son mucho más recientes, casi de primeros de los 2000, sistema que se sustituyó como quien dice hace dos días, en 2009 por el nuevo sistema de pago sin contacto.

De la plaza de la Argentina que a partir de 1974 se denomina plaza del Vinculo se pueden decir muchas más cosas. Recuerdo, en el lado que daba al Paseo de Sarasate, la Casa de Baños que aun aparece en pie en la fotografía (la Casa se construyó en 1852), y que sería derribada pocos años más tarde por un edificio moderno de ocho o nueve plantas que es el que hay, en ese lugar, en la actualidad. En aquel entonces las obras de construcción de los edificios duraba bastante más tiempo de lo que duran actualmente o al menos así me lo parecía. Recuerdo la enorme profundidad a la que estaban los nuevos cimientos de este nuevo edificio y los continuos problemas de embolsamiento de aguas que había en aquel enorme socavón.

 

Justo enfrente, en el otro extremo de la plaza, encontrábamos el antiguo cine Alcazar, en el que la verdad habré estado en apenas un par de ocasiones. Recuerdo que no era un cine muy moderno. El local tenía problemas de humedades. El cine Alcazar se inauguró en octubre de 1942, de mano de un industrial riojano, y se cerró en junio de 1978. Inicialmente contaba con butacas de sala y galería (el popular gallinero). La SAIDE se hizo cargo del cine en 1950, reformó el local en 1963 y eliminó el gallinero, sin embargo este no fue un cine afortunado por la visita del público, declinando mucho más rápida e intensamente que otros cines locales y cerrando sus puertas a finales de los años 70, como he dicho. El cine permaneció cerrado 10 años hasta que en 1988 fue ocupado parte de  su vestíbulo y sótano, por un comercio textil, Xania, creo recordar que se llamaba,  que  posteriormente desapareció   y ha sido sustituido por una Optica. El resto del edificio sigue cerrado, si bien hace algunos años se modificaron por parte del Ayuntamiento  los usos de este espacio de forma que pueda albergar en el futuro un uso comercial. En la fotografía adjunta de Arazuri de 1952 se divisan junto al cine Alcazar, en el extremo derecho de la foto, los cuarteles militares y más concretamente el de Intendencia.

En el lado de la calle del Vinculo encontrábamos el edificio de Correos y Telégrafos, construido en la década de los 20 del pasado siglo, en el solar que ocupase anteriormente el llamado edificio del Vinculo y seguidamente unas construcciones que por su estilo deben de ser de los finales del 40 o primeros 50. En sus bajos encontramos la cafetería Koppo. ¿Cuantos años tendrá?. Yo siempre la recuerdo ahí, probablemente esté ahí desde finales de los 60,  y más adelante, en dirección a la calle Estella durante más de 40 años estaba la Ferretería Larumbe, sustituida hace cinco o seis años por una marca de ropa.

 

En el lado de la calle Alhondiga estuvieron durante mucho tiempo las Escuelas de Artes y Oficios, Academia de Música, Alhondiga y Tránsito Municipal. En este edificio, derribado en octubre de 1965, estuvo provisionalmente el Ayuntamiento en el año 1952, mientras se reformaba el edificio de la plaza consistorial y desde ese edificio se lanzó ese año el chupinazo de las fiestas. De ese frente de la plaza tan solo queda en pie hoy en día el edificio de la antigua Casa de Socorro. El resto de edificios, a excepción del que hace esquina Alhondiga con Sarasate han sido sustituidos por nuevas construcciones en los años 60 y 70.

Por último, como curiosidad, cabe señalar que antes de que la plaza de la Argentina se convirtiese en la plaza de las villavesas había en el centro de la plaza  una hermosa farola ornamental que se había colocado en este lugar en  el año  1958,  después de haber estado durante mucho tiempo  en el Paseo de Sarasate,  frente a Diputación. La farola se suprimiría en 1965 para instalar las paradas de autobuses, guardándose durante treinta años en el almacén municipal, hasta que construido un parking vecinal en el subsuelo de la plaza, en el año 1995, la farola volvió a su sitio y a su pedestal. (En la foto de Arazuri, la plaza de la Argentina en el año 1963, con la farola ornamental en el centro, que hoy en día preside nuevamente la plaza).

Fotos de Martin Sarobe (1968) y Arazuri (1952 y 1963), “Pamplona, calles y barrios”

La Avenida de Guipúzcoa. De Recoletas a Cuatro Vientos (1950-2012)

Si hay una vía que puede considerarse la conexión natural con el Casco Antiguo  desde el barrio de la Rochapea esa es la Avenida de Guipúzcoa. La calle Joaquín Beunza la dejábamos para cuando, con el buen tiempo, subíamos andando a Pamplona por la Cuesta de Santo Domingo. Es por ello que hoy me apetece revisitar esta vía cargada de historia y de historias, y lo haré bajando del Casco Antiguo a Cuatro Vientos. Iniciamos el recorrido en la plaza de Recoletas, popularmente conocida durante muchos años como la Plaza de los Ajos, por instalarse en esta plaza, durante decenas de sanfermines, la feria más importante de ajos de la ciudad, tal y como vemos en la foto inferior de Arazuri de 1962,  una feria que ha ido declinando, con el paso del tiempo, hasta quedar apenas un par de casetas en los últimos años. La plaza data del siglo XVII si bien la fuente que preside el centro de la plaza, (foto 3ª), obra de Luis Paret, como otras tantas del Casco, es de finales del XVIII. Todas ellas se inauguraron poco después de la traída de aguas a Pamplona desde Subiza. Hasta finales del XIX la fuente estuvo en la zona sudeste de la plaza. Quizás muchos ignoren que durante más de 30 años, concretamente entre los años 1940 y 1972, la plaza se llamó oficialmente Plaza del Cardenal Ilundain, si bien la gente, con buen criterio, siguió denominando a la plaza con el nombre de las monjas del cercano convento.

La plaza ha sufrido diversos cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Hasta el inicio de los 80 había un par de kioskos en el lado de la plaza más cercano a la calle Mayor. Además y en el ángulo noroeste, cercano a la pared del convento y a la llamada cuesta de la Estación hubo, hasta esos años, un tramo de escalones de piedra que comunicaban esa zona de la plaza con la acera de la avenida de Guipúzcoa. En tiempos ese tramo de la avenida se llamaba popularmente como Cuesta de la Estación. Se denominaba popularmente Cuesta de la Estación (las razones del nombre parecen obvias), un término hoy en desuso y nunca oficializado, al tramo comprendido entre la zona cercana a la iglesia de san Lorenzo y el cruce de la bajada con la cuesta de La Reina. El nombre de Avenida de Guipúzcoa se aprobó por el pleno municipal en el año 1931 y según dicha resolución se denominaba así al tramo comprendido entre el antiguo transformador del Irati, situado sobre el tunel del  Plazaola, que discurría bajo la Avenida, y el final del término municipal, más allá de las Hermanitas de los Pobres.

Por cierto, el Irati, ferrocarril eléctrico que se inauguró en 1911, tenía inicialmente una estación de mercancías y pasajeros en el Rincón de la Aduana y una  de pasajeros en Sarasate, que se suprimió en 1930 y circuló durante varias décadas por un lado de la Cuesta de la estación y de la Avenida de Guipuzcoa para conectar con los ferrocarriles nacionales de la Estación del Norte. El Irati tenía sus cocheras donde está actualmente el Ambulatorio San Martín, en la  avenida de la Baja Navarra. A partir de 1946 el Irati suprimió su trazado urbano y se creo un ramal que iba por detrás del Manicomio para conectar con la estación del Empalme de la Rochapea. Dicho desvio se hizo, al parecer, para descongestionar tanto la carretera de Beloso como la avenida de Guipuzcoa.



Pues bien bajando por la Avenida de Guipuzcoa, dejamos a la derecha el muro del convento de las Recoletas y a la izquierda el parque de la Taconera. Cerca del Portal Nuevo hay una fuente y una larga escalinata, muy poco transitada, que vemos en la  fotografía de la derecha, que conduce a la plaza de la Virgen de la O y al Paseo de Ronda, paseo que estuvo hasta los años 90 cerrado al público en varios de sus tramos. Durante décadas tuvimos que sortear una estrechísima acera bajo el Portal hasta que  a finales de los 90 se habilitó el portón cercano a la acera como pasadizo. Hay muchos que creen que el Portal es muy antiguo y se sorprende cuando descubren que el Portal data de 1950. El portal que vemos, en la fotografía que abre esta entrada, es obra de Victor Eusa, que utilizó un estilo historicista en su diseño y culminó el gran arco del Portal con  dos torres almenadas.


Justo, donde acababa la cuesta de la Estación nos encontramos a la derecha el puente del Plazaola sobre el Arga, el primer puente se lo llevó una riada en 1930, bajo nuestros pies el tunel del Plazaola, y a la izquierda, saliendo del tunel continuaba la vieja vía hoy camino de la Biurdana, hasta la zona de la A.D San Juan, como recordaba en la entrada sobre este viejo tren. Junto a ella y cerca de la gasolinera de Discosa hubo durante años una fábrica  de harinas, cuyas instalaciones abandonadas y su gran chimenea vemos en la fotografía adjunta de 1987. Muy cerca, en esta misma zona, a mediados de los 90, se construyeron unos corralillos que nunca se utilizaron y que solo sirvieron durante una pequeña temporada para almacenar algunos coches de la grua. Con la aprobación del nuevo plan urbanístico de la Rochapea (en el año 1999) se decidió mantener los Corralillos cerca de su ubicación habitual (los antiguos se derribaron en 2003) y estos corralillos pasaron a mejor vida.


Recuerdo la gasolinera de Discosa desde que tengo uso de razón y sobre todo recuerdo el curioso mural que había bajo el arco del primitivo edificio de la gasolinera, un mural en el que aparecían las distancias a diferentes ciudades españolas, ilustradas con motivos alegóricos de dichas ciudades. Hace pocos meses que ha sido derribado dicho edificio, como lo será en breve el resto de las instalaciones para ser trasladada la gasolinera cerca del nuevo parque de bomberos. El mural, que vemos en la siguiente fotografía, fue pintado en los años 50 y que parece ser que pudiera ser obra de Leocadio Muro Urriza, autor también de otros murales en la ciudad como el del hall de acceso a la vieja estación de autobuses o los murales del antiguo cine Alcazar. Después de Discosa y hasta la Residencia de las Oblatas, hoy una residencia geriatrica, había unas cuantas naves industriales, las primeras de las cuales, las más cercanas a la gasolinera correspondían a la antigua fabrica de chocolates Orbea.

Orbea nació en el barrio de la Rochapea en el año 1952. Pertenecía al empresario guipuzcoano Santiago Otegui Campos. Otegui montó en Pamplona una fabrica moderna para lo que era habitual entonces, con un amplia producción de distribución nacional. Se fabricaban 7.000 kilos diarios de chocolate y se distribuían por toda España.  En la anterior entrada del blog ya he señalado como la Compañia Navarra de Alimentación, propietaria de Orbea llegó a un acuerdo con la otra empresa navarra Pedro Mayo, especializada en chocolates a la taza, concretamente en 1977, de forma que Pedro Mayo cedió su marca a CNA y pasó a fabricarse en esta planta junto a la marca Orbea. En 1990 la compañía navarra fue comprada por Chocolates Asturianos que en poco tiempo y por una mala gestión la descapitalizó, cerrándose en el año 1992. Poco tiempo después  se derribarían las instalaciones de Orbea en la Avenida Guipúzcoa.

Más adelante de la planta de Orbea y separada de esta por un camino hacia Trinitarios podíamos encontrar varias naves industriales, por lo menos cinco naves, dos de ellas, las primeras, retranqueadas, más alejadas de la avenida, y luego dos o tres seguidas lindantes con esta. Todas estas naves fueron derribadas a lo largo del año 2009 para abrir la nueva vía de tráfico de la Biurdana. Algunas de ellas  si mi memoria no me falla albergaron  diferentes concesionarios de automoviles entre los que creo recordar el de Irusa Ford. En los últimos tiempos alguna de esas naves,  sirvió de deposito municipal de material de obras y también de almacenamiento para la sal, en época de nevadas. Finalizadas estas naves, había otro camino que se adentraba igualmente hacia Trinitarios. 

Junto a este camino se erigía y erige la Residencia de las Oblatas (del Santísimo Redentor) que  vemos en la fotografía adjunta. La Residencia de las Oblatas recogía muchachas con problemas, antes estuvieron en la calle Mayor (1912), más allá de Capuchinos (1912) y en Tejería (1928-1933), tras el que se trasladaron a su emplazamiento actual. El edificio de la actual residencia  fue construido por el arquitecto Eugenio Arraiza e inaugurado el 12 de junio de 1948, y posteriormente ampliada por el mismo arquitecto en 1953. Pertenece al mismo estilo monumental un tanto grandilocuente de los Caídos y la Delegación del Gobierno, propia de la época franquista. Sugiere formas palaciegas propias del siglo XVII, con sus grandes ventanales y donde se combinan el ladrillo rojo de las fachadas con la piedra y los tejados con formas redondeadas de pizarra. Pasada la residencia de Oblatas otro camino, este más urbanizado que los anteriores se adentraba en el ignoto y extenso espacio de Trinitarios. Junto a la avenida, en el nº 7,  un edificio de viviendas de baja más dos plantas abría el largo espacio ocupado hasta el río por los viveros de Villa Miranda. La empresa Viveros Villa Miranda se en 1916, siendo su actividad la del comercio al por mayor de cereales, tabaco en rama, simientes y alimentos para los animales. Los viveros fueron derruidos en el año 2009 y el edificio de viviendas y otras instalaciones algo más tarde.

Si pasamos al otro lado de la Avenida el primero de los hitos más importantes los tendríamos en el nuevo puente de Oblatas (en  la fotografía de la derecha). El proyecto de los arquitectos Luis Tabuenca y Manuel Blasco se presentó en 1991. Estaba inspirado en el puente de la Barqueta de Sevilla y tenía una altura de 16 metros en su punto más alto. su construcción no estuvo exenta de dificultades. Las riadas se llevaron sus pilares en octubre y nuevamente en diciembre de 1992. Por fin, en agosto de 1993 se logró alzar la estructura y en marzo de 1994 se hizó la correspondiente prueba de carga para comprobar sus resistencia. Tendrían que pasar tres años hasta que finalmente fue abierto al tráfico, concretamente en julio de 1997 si bien para derivar los coches hacia la avenida de Guipuzcoa, puesto que aun tendrían que pasar 12 años más, hasta diciembre de 2009, para que el vial de las Oblatas tuviese su continuación natural a través de Biurdana.

Posteriormente tendríamos que hacer alusión al viejo puente de Santa Engracia. El puente de Santa Engracia que conectaba la avenida de Guipuzcoa y la calle Joaquín Beunza (hoy la calle discurre unos metros más allá y con quien conecta es con la calle Rio Arga) es el segundo más antiguo de la ciudad, después del de San Pedro, anterior al siglo XIII. Hasta la construcción del puente de Cuatro Vientos fue el que facilitaba la comunicación de la ciudad con el norte de Navarra. Al igual que en el puente de San Pedro, en la zona de la avenida existe una cruz de piedra. La presa que hay junto al puente se construyó en piedra también en torno al siglo XIII, con el fin de servir al molino harinero municipal. En 1888 el molino se transformó en una central eléctrica propiedad del Ayuntamiento, la llamada Electra Municipal, que fue subastada en junio de 1939.


Poco después se instalaría en el lugar, Industrias del Caucho, fundada oficialmente en el año 1942  por Bernardo Echamendi. La fábrica, que vemos en una fotografía de aquellos primeros años, se quemó en 1953 reconstruyéndose ese mismo año. En este lugar ha permanecido casi 70 años hasta su derribo en julio de 2009. Inicio su actividad con la producción de planchas para el calzado y piezas moldeadas de caucho. A partir de 1975 la empresa se especializa en la producción de mezclas y laminados del caucho. Actualmente está situada entre los lideres del mercado europeo en el sector de laminados y planchas de caucho de uso industrial. A finales del pasado año y como consecuencia de las obras de ampliación del parque fluvial del Arga se descubrieron bajo los pilares de Industrias del Caucho los cimientos y un canal del antiguo molino harinero municipal que se conservarán e integrarán en el entorno. Acabamos nuestro paseo en el nuevo puente de santa Engracia, conocido popularmente como puente de Cuatro Vientos. Construido en 1789, por Angel Ochadategui, ha sido objeto de varios ensanchamientos, el primero de ellos en 1932. Hace unos pocos meses, con el derribo de los cimientos de Industrias del Caucho se ha liberado uno de los ojos del puente parcialmente cegado durante décadas así como una isleta formada en el lado del río más cercano a los viveros de Villa Miranda. 

El Rincón del Caballo Blanco y la calle del Redín (1961-2001)

El Rincón del Caballo Blanco es uno de esos lugares encantadores y entrañables que me retrotraen a mi más tierna infancia. Era y sigue siendo uno de mis rincones preferidos. Me imagino que no seré el único al que le suceda esto. De aquel Rincón me queda el recuerdo de una especie de palacete medieval que era como veía entonces al Mesón, la existencia en aquellos años sesenta de unos curiosos catalejos en la zona del Baluarte del Redín  que funcionaban solo si les echabas algunas monedas  y que nos permitían disfrutar de una   inmejorable panorámica  y donde atisbábamos ya no los ataques de las huestes enemigas pugnando por escalar las murallas sino la creciente evolución de unos barrios, allende las orillas del río,  todavía con grandes espacios verdes, como el viejo barrio de la Rochapea, el meandro de Aranzadi o el barrio de la Magdalena con  el monte San Cristobal, de fondo. ¡Lo que ha cambiado el panorama que se puede observar desde este mirador desde aquellos años!. Poco tiene que ver la última foto de la entrada, que data  del año   1999 o 2000, con la que se podría haber tomado desde este lugar 30 o 40  años antes. En los años 70 recuerdo también la existencia de un minizoo en los fosos de este Baluarte que tuvo una corta existencia.
El Mesón del Caballo Blanco, en la  foto superior, se construyó en el año 1961, en el lugar que antes ocupase un humilde cuerpo de guardia (que podemos ver en la foto adjunta,  que data del año 1954), y se construyó precisamente con los restos del palacio medieval de Aguerre (también llamado popularmente, en el siglo XX, como Casa del Orfeón) que había sido derruido unos años antes entre las calles Nueva y Ansoleaga  para erigir en su lugar el Hotel Maisonnave. Junto al Mesón del Caballo Blanco se encontraba y se encuentra parte de la Cruz del Mentidero situada originalmente en la calle Mercaderes. El Mesón, local de propiedad municipal, es por su privilegiada ubicación un establecimiento hostelero de gran éxito en los meses de verano, habiendo conocido a lo largo de su historia muy diversos inquilinos o concesionarios entre los que cabe destacar, por su naturaleza a los comerciantes del Casco Antiguo, a primeros de los 80 (Asociación Burgo de la Navarrería),  y a la Universidad de Zaragoza, de la que dependían las escuelas universitarias de  Pamplona hasta 1987, un poco después. De aquellos primeros años 60 data también la colocación de tres cañones, en el tramo entre el baluarte y el portal de Francia, como vestigio de una época pasada de batallas y defensas que ya no volvería. Los cañones sufrieron un gran abandono a lo largo de las siguientes décadas, hasta que finalmente dos de ellos se trasladarían al interior de la Ciudadela, cerca de su puerta de entrada.

Bajo el baluarte del Redin se pueden observar diferentes estructuras defensivas, el baluarte bajo de Guadalupe,  el revellín de los Reyes, y a la izquierda el Portal de Francia, el baluarte del Abrevador y el baluarte bajo el Pilar. Después de la Ciudadela en esta zona se encuentra  la estructura defensiva más completa de la ciudad histórica. Además del Mesón del Caballo Blanco y el Mirador  llama la atención en el lugar, dándole el oportuno tono pintoresquista, el pasadizo elevado sobre la calleja del Redín que se observa desde la explanada cercana  al Mesón en las dos primeras fotos. El pasadizo elevado permitía conectar el convento de las Siervas de María con las casas del otro lado de la calle sin tener que romper el voto de clausura. En la explanada cercana al Mesón durante décadas trabajaron  los cordeleros de la ciudad, el último de los cuales, Juan Angel Elizari  se jubiló en octubre de 1968, tras 40 años de dedicación al oficio. En la  foto adjunta, que data de 1965, vemos a los cordeleros en plena faena, con la fabrica de chocolates de Pedro Mayo, de la que hablaremos a continuación, situada en la calle del Redin, al fondo, a la izquierda.
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En dirección al Portal de Francia por la calle del Redín podíamos ver a nuestra izquierda, los altos muros del  citado Convento de las Siervas de María, así como otros muros y edificaciones, tras los cuales estaban el antiguo Laboratorio Provincial, las traseras del convento de las Carmelitas Descalzas o  la antigua fabrica de chocolates Pedro Mayo. Nos detendremos un poco en esta histórica firma pamplonesa. En 1860 el joven de Ochagavía, Pedro Mayo Etulain comenzó a elaborar ceras y chocolates en el nº 10 de la calle Zapatería, siendo el verdadero impulsor y “alma mater” de la centenaria firma pamplonesa hasta su fallecimiento en el año 1913 y constituyendo uno de los principales industriales de la ciudad. Sus herederos tomaron el relevo y mantuvieron el prestigio de la marca trasladándose a finales de los años 20  a la calle Nueva y tras la guerra civil  a la calle del Redín, ampliando su producción a las pastas variadas y  turrones. Será en 1974, cuando se trasladan a Artica, cuando se centren exclusivamente en la fabricación de chocolate. La empresa comienza a atravesar graves dificultades y los Sucesores de Pedro Mayo se fusionan con la sociedad propietaria de Chocolates Orbea acuerdo que se mantuvo hasta 1990 año en que Orbea fue adquirida por Chocolates Asturianos y desmantelada poco después. En 1994, antiguos trabajadores impulsaron el proyecto Chocolates de Navarra que agrupa las marcas Pedro Mayo, Orbea y Leyre, en su sede de Aizoain. Al final de la calle del Redín se construyeron en los años 70 unas nuevas edificaciones que, la verdad sea dicha, desentonan bastante con el entorno monumental. En los bajos de este nuevo edificio hubo, en los años 70, una pequeña discoteca, el Xuberoa que quedó calcinada por un pavoroso incendio  allá por  el año 1980.Fotos Redin (1954) y cordeleros trabajando (1965) : J.J Arazuri, “Pamplona, calles y barrios” 

El Instituto Irubide (1977-1981)

Tras terminar la EGB en junio del año  1977 y la obtención del Graduado Escolar, tocaba elegir. Los chavales (trece años), o en muchos casos los padres, elegían por nosotros: Bachillerato o Formación Profesional. Comenzaba la primera división de los viejos amigos de la infancia que más o menos te habían acompañado a lo largo de la educación primaría, luego llamada EGB. Inicié el Bachillerato, entonces llamado BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) en septiembre de 1977 en el Irubide, Instituto Nacional de Bachillerato Padre Moret, situado en el comienzo del barrio de la Chantrea, muy cerca del paraje donde el viejo Camino de la Magdalena se bifurcaba hacia el interior del barrio de la Chantrea por un lado y hacia Capuchinos, a través del Camino de los Alemanes, por otro. Nuevos compañeros y compañeras, nuevas amistades. Se abría una nueva etapa de la vida. El viaje al instituto, desde casa, lo hacíamos o compartíamos, generalmente, varios compañeros-as, desde Marcelo Celayeta, luego bajabamos por Cruz de Barcacio, atravesábamos el Puente de San Pedro y enfilábamos la larga calle del Vergel hasta la Magdalena. De aquellos cuatro años (1977-1981) que pasé en el Irubide he de decir que guardo un gratísimo recuerdo, especialmente de los dos últimos. 
De aquella época recuerdo, con agrado,  algunos profesores como Belen Osacar y Carmen Beperet que nos dieron Francés, Germán Gonzalez y Jose María Romera que nos dieron Lengua Española, Santiago Arellano que impartía Literatura, Carmen Olascoaga, Matematicas, Felipe Val, Latín, Merche Manero, María Antonia del Burgo y Mutiloa, Geografía e Historia, Juan Mari Guasch, Filosofia, Vicente Galbete, Dibujo, Ana Pueyo, Griego, y tantos otros que se pierden en la bruma de los recuerdos, recuerdos  de hace más de 30 años. Ahí es nada. Recuerdo las primeras excursiones en el primer curso: a Roncesvalles, Sanguesa, Zumaya, etc, las fiestas del instituto, sobre todo las de los últimos años con actividades culturales en el salón de actos: recuerdo un ciclo de cine clásico con películas como  “El acorazado Potemkin” o “Un perro andaluz.”o una conferencia de mi admirado J.J. Arazuri, a quien conocería muchos años más tarde, por motivos profesionales, recuerdo también actividades musicales o de teatro en dicho salón, algunos calderetes  en las inmediaciones de la  UDC Chantrea y en la campa detrás del instituto, conciertos de rock en los primeros 80, etc. Fueron años un tanto  convulsos pero apasionantes tanto en nuestras vidas como en la historia de nuestro país. Sin ir más lejos, la tarde del  golpe de estado del 23-F nos sorprendió en plena clase de Latín del profesor Val.
Entrabamos al instituto bien por la puerta trasera, después de atravesar la campa de Irubide (en aquellos años estaba muy lejos de ser el parque que es hoy) o bien por la delantera que daba a la zona de la Magdalena, entrando desde la calle Lumbier.El instituto contaba además de con un salón de actos, con un gimnasio, canchas de futbito y baloncesto, laboratorios, una pequeña cafetería, etc.  El frontón se empezó a construir a primeros de los 80 y se cubrió algo más tarde, como podemos comprobar en la foto. Recuerdo los largos pasillos, las diferentes aulas, los grandes ventanales. En aquellos años podía haber 8 aulas por cada curso. El instituto, de baja más dos alturas se había construido en 1972 (con la misma apariencia se construyó el  Ermitagaña, osea el Navarro Villoslada) y aunque estaba concebido para unos 850 alumnos, en los años en que estuve, llegó a contar con unos 1.200 alumnos, y excepto en COU,  en que estábamos unos 22 alumnos, en el resto de cursos estaríamos unos 30 alumnos por aula. A diferencia de los tiempos actuales la jornada en la mayoría de los cursos era de  jornada partida, por la mañana y por la tarde. Los tres primeros años componían el BUP, con el que obtenías el titulo de Bachiller, luego el último año era el COU (Curso de Orientación Universitaria) como anteriormente había sido el PREU. Tras el COU hacíamos las Pruebas de acceso a la Universidad, la entonces temida Selectividad que hicimos en los Institutos de la plaza de la Cruz. Anteriormente había lo que se llamaban las reválidas (cuarto y revalida y sexto y revalida). En el Plan anterior tras la enseñanza primaria venía el bachiller elemental (cuatro cursos) y el bachiller superior (dos cursos) además del PREU.

Además del Instituto, donde pasamos la mayor parte del tiempo nuestro radio de acción en los recreos llegaba hasta algunos bares como el Abuelo y el Luis en la plaza de la Chantrea o el Irubide, un viejo bar en la confluencia de Magdalena y el Camino de los Alemanes. Recuerdo que en el lado izquierdo de la calle de la Magdalena subiendo hacia la calle San Cristobal había una especie de guardería u hogar infantil, y un poco más adelante el centro de formación profesional Virgen del Camino. En el lado derecho había un denso núcleo de viviendas, todas ellas del llamado Patronato Francisco Franco, y más adelante el colegio Mariana Sanz. Cerca de éste, allá por el año 1972 recuerdo que se abrió el primer supermercado Eroski en Navarra alrededor de la llamada plaza de las Pirámides.

Siguiendo la via del tren y el viejo camino del Plazaola (1966-1996)

La vía del tren marca los lindes del barrio de la Rochapea por el noroeste, separándola del barrio o enclave de Santa Engracia. Hasta la construcción de los nuevos bloques de edificios de la nueva Rochapea desde mi ventana vi pasar a lo largo de más de tres décadas  diferentes trenes,  desde aquellas viejas locomotoras negras alimentadas por carbón hasta los más modernos convoyes. La instalación en el siglo XIX de la  Estación del Norte marcó, por su cercanía, el incipiente  desarrollo del barrio y posibilitó, en buena medida,   la importante industrialización experimentada ya desde finales del siglo XIX y sobre todo a lo largo del siglo XX. En la fotografía de la derecha vemos  la Estación del Norte en los años 20.  

A pesar de que ya en siglos anteriores había pequeñas industrias en la Rocha, de cera o de lana,  de las cuales quedan  todavía algunos  topónimos,  es a finales del siglo XIX cuando empiezan  a surgir algunas fundiciones como la de Sancena en Joaquin Beunza o la de Apolinar Arrieta en el Camino de los Enamorados, la fábrica de gas que daría nombre a los Corralillos, o empresas manufactureras de diverso tipo  a las que seguirían en los primeros años  del siglo XX, en las proximidades de la Estación del Norte, la azucarera de Carlos Eugui, o la de fundición de metal y maquinaria agrícola de Múgica y Arellano, en el edificio donde hoy está el instituto Cuatro Vientos (Este edificio  albergó anteriormente la fabrica de encurtidos de Calzados López). En los albores del siglo XX, las escasas edificaciones de la Rochapea se concentraban en las inmediaciones del puente de la Curtidores, la calle Errotazar, el puente y el cruce de Cuatro Vientos, la estación del tren y la entonces avenida de Villava, hoy Marcelo Celayeta.

La vieja Rochapea  hortelana y semirural que vivía   junto al río,  iría evolucionando y fusionándose, a lo largo del siglo XX, con  una Rochapea cada vez más industrializada y obrera que marcaría de forma indeleble la personalidad de este barrio de Pamplona, el primero, el más antiguo y con más solera, tras el Casco,  la ciudad histórica encerrada entre las murallas. A pesar de ser un barrio extramural y que a algunos todavía se nos escapa aquello de “subir a Pamplona”,  ser de la Rocha ha sido  durante mucho tiempo una autentica seña de identidad y motivo de orgullo para  muchos de sus habitantes.

En esta entrada realizaré un breve pero intenso recorrido desde la Estación y siguiendo la pronunciada curva de la vía (del famoso bucle) hasta su salida en paralelo al viejo camino del Plazaola llegaremos hasta Berriozar recordando lo que veíamos a uno y a otro lado de la vía del tren a lo largo de esas tres décadas.
La línea férrea actual se inauguró el 14 de septiembre de 1860, con la apertura del tramo Caparroso-Pamplona. En 1878, esta línea se fusionó con la compañía del Norte, de ahí el nombre de la estación. Posteriormente en la segunda década del siglo XX se pensó en enlazar Madrid con París por los Alduides atravesando lo que hoy es la avenida de Marcelo Celayeta pero esa idea se desechó y nuestra estación quedó como una estación de segundo orden en el ámbito nacional. En 1941 con la nacionalización del ferrocarril pasó a depender de Renfe. Hasta 1956, la Estación de Pamplona fue estación de empalme entre el ferrocarril de vía ancha nacional y el de vía estrecha Plazaola-Irati.

La Estación de Renfe de Pamplona  ha conocido diversas reformas a lo largo de su historia, una de las más importantes se produjo en los años 50, en el que se sustituyó el viejo anden que vemos en la 2ª fotografía de la entrada (de 1951) por una apariencia más moderna (como la de la 3ª  fotografía de la entrada,  de 1971).  De la vieja estación de Pamplona  recuerdo el gran reloj del anden, el  factor de la estación, el altavoz anunciando las próximas salidas y llegadas, el variopinto paisanaje, tanto local  que merodeaba la estación,  como el fugaz y viajero  que recalaba apenas unos minutos o unas horas en la estación.

Afortunadamente los tiempos cambian y aquellas viejas instalaciones se remozaron hace algunos años para comodidad del cada vez mayor número de viajeros que utilizan los modernos convoyes Alvia: los servicios…ughhh, la cafetería, la sala de espera con su gran mapa de España y el horario de salidas y llegadas, las ventanillas de venta de billete , etc . Todo un microcosmos. Como señalaba al principio de la entrada, a lo largo del último medio siglo he visto pasar y también, por que no, he viajado como tantos otros  en aquellos viejos trenes traqueteantes  impulsados por aquellas ruidosas locomotoras negras  de vapor alimentadas por carbón, -la línea todavía no estaba electrificada-,  posteriormente en aquellos trenes  movidos por unas macizas  locomotoras  eléctricas y diesel, he visto pasar trenes de apariencia más moderna como el automotor TAF de color plateado, y que aparece en la 4ª foto,  he visto y viajado en el automotor TER, de color azul, en los tranvías de cercanías, los conocidos  ferrobús,  que nos llevaban hasta Alsasua, primero de color claro y luego   de color rojo, para coger luego  los lentos y larguisimos convoyes como el Iberia Express, he viajado en los electrotrenes basculantes de color rojo y por último en los comodísimos Altaria y Alvia.

Saliendo de la Estación de Pamplona en dirección a Alsasua pasamos por debajo del puente de la Estación y  dejamos al lado izquierdo el barrio de santa Engracia (a la izquierda, en la foto), y al lado derecho unas instalaciones de la antigua azucarera de Eugui (en la foto ya desaparecidas), un poco más adelante la fabrica Perfil en Frío y a la derecha el viejo campo del Gure. Perfil en Frío se instala en la zona de Santa Engracia a finales de los años 50. Inicialmente y de la mano de Javier Vidal y José María Goyena comienza su actividad dentro de Imenasa hasta que se traslada con apenas medio centenar de trabajadores a la Rochapea. En sus mejores momentos la factoría de la Rochapea llegó a tener más de 400 trabajadores. Desde comienzos de los 70, la factoría fue adquirida de forma progresiva por Ensidesa hasta su total absorción en el año 1988. Conoció sucesivas fusiones con Laminaciones, CSI transformados y Aceralia. La factoría  comenzó fabricando perfiles y posteriormente tubos, paneles y estructuras espaciales. La fábrica se derribó en el año  2003.

El antiguo campo del Gure que aparece  en la fotografía  de la izquierda, ocupó hasta el año 1966 los terrenos de la desaparecida fabrica de piensos compuestos Caceco y ocupaba en toda su extensión desde el limite de las instalaciones de la azucarera de Eugui hasta la tapia del campo o recinto de los camineros de Diputación,  con el viejo barracón en el borde cercano a la vía del Plazaola. El Gure Txokoa fue un destacado equipo de fútbol del barrio que cosechó grandes éxitos dentro del Trofeo Boscos. En él jugaron jóvenes promesas como Sanchez, Zabalza, Santamaría , algunas de las cuales recalarían posteriormente  en Osasuna. En 1971 el Gure se fusionó con otro equipo de fútbol del barrio, el Gaztedi, dando lugar a la UDC Rochapea. Como adelanté en la entrada de la travesía del Ave María, en esta calle, en un bajo del nº 10,  tuvo su sede la sociedad deportiva Gure Txokoa. Cabe señalar que tras la desaparición de su campo en 1966 y durante cerca de 30 años, hasta 1996, para la gente del barrio, tanto jóvenes como mayores  el pequeño campo que quedó entre la fabrica de Caceco y la tapia del campo de la Diputación siguió siendo para nosotros el campo del Gure, así abreviado como lo cito. ¿Cuantos juegos infantiles, partidos de fútbol, paseos, labores al sol de muchas mujeres del Ave María habrá conocido ese pequeño campo a lo largo de aquellas décadas?.


Piensos Caceco se instaló en la Rochapea, concretamente entre la calle Nazario Carriquiri y las vías del tren en el año 1966. Formó parte de mi paisaje visual por 30 años y muchos vecinos de la zona sufrimos durante buena parte de ese tiempo los ruidos,  olores y otro tipo de emanaciones en tiempos en los que no había precisamente demasiada sensibilidad medioambiental que digamos y desde luego poco importaban lo que pudieran decir los vecinos. ¿Quien se imagina ahora una fábrica como esta,  a 20 metros escasos de unas escuelas o a 40 de unas casas, una fábrica de colamina o un taller de rechauchutado que quemaba el  caucho bajo unas viviendas por poner los ejemplos que más cercanos tenía. Eran tiempos en los que en la Rochapea, más que en ningún barrio de Pamplona, convivían decenas de fábricas algunas más molestas que otras y talleres de todo tipo  junto a las viviendas de los habitantes del barrio. En la fotografía de la derecha  vemos la fábrica de Piensos Caceco en pleno proceso de desmantelamiento en el año 1996 y  tras ella la factoria de Perfil o Perfrisa.

Siguiendo la vía del tren dejamos a un lado, como he dicho, el campo tapiado de camineros de la Diputación, el parachoques del tren al que aludí en la entrada autobiográfica “Aquellos cálidos veranos”, ¿cuantas cabañas habremos hecho de chicos en aquel rincón de nuestro barrio o en los regachos secos en verano  por los que circulaba luego el agua en las temporadas de lluvias? y al otro lado aun la enorme fábrica de Perfil que vemos en la foto de la izquierda. Recuerdo cuando las paredes de la fabrica eran de cemento antes de transformar toda su estructura a metal y como unas vías secundarias entraban en la factoría y transportaban luego las grandes bobinas de acero en tren a otros lugares de la península y también recuerdo algunas huerticas junto a la fábrica, casi pegadas a ella, al otro lado de las vías. Terminada la factoría había un camino que atravesaba la vía del tren y que permitía llegar, bajo el cerro del actual Parque de las Aromas, a una bifurcación, un camino conducía a Santa Engracia y el otro a un sendero, al final del cual había una casa solitaria y posteriormente una serrería.  En la foto que aparece a la izquierda y que data de 1985 se puede ver la fabrica de Perfil en Frio, y también en ella  podemos observar aun la tapia del campo de la Diputación y unos grandes tubos en el campo del Gure, junto a la  citada tapia  creo recordar que para canalizar las aguas que hasta entonces circulaban libres por los campos próximos.


Siguiendo la vía del tren dejamos a la izquierda  el cerro antes citado en cuya parte más próxima a las vías hubo en los años 70 una casa de dos plantas que se quemó (y que también  puede observarse  en la foto anterior) y a la derecha el cerro tajado en dos  para dejar paso por su hondonada al antiguo tren del Plazaola. Cuantas veces habremos ido por el camino de arriba, bajo una torre de alta tensión o por el camino de abajo, hollando los restos de las antiguas vías del ferrocarril de vía estrecha, tal y como se observa en las fotografías adjuntas. Como decía en la entrada del viejo Camino del Plazaola, al pasar este cerro nos encontrábamos entonces con la figura del familiar para nosotros Monte de San Cristobal. Al lado izquierdo podíamos divisar las traseras de la antigua fábrica de gasesoas Oderiz (La Casera), el edificio de ladrillos rojos de las Hermanitas de los Pobres y la factoría de la fábrica  Bendibérica (en la foto más pequeña), también referenciada en otra entrada (en la de la antigua calle Joaquín Beunza), todas ellas en la avenida de Guipúzcoa y  más adelante las primeras casas del pueblo nuevo de Berriozar. El pueblo viejo con su  lavandero y su fuente solía ser a menudo el final de nuestros paseos por el antiguo camino del Plazaola. Al lado derecho teníamos el Soto o Prado de Artica (en la foto, con el monte al fondo), y más allá  el polígono industrial de Artica. Más adelante  había en el camino del Plazaola un cruce que en dirección noreste nos subía por un camino hacia el pueblo de Artica, en los años 60 y 70 compuesto apenas  por unas pocas casas; a la mitad de este camino había una pequeña fuente hoy seca y escondida entre arbustos y tras esta  surgía un camino que nos llevaba  hacia un pinar del monte San Cristobal del que hablaré en otra entrada más adelante. Ese cruce en la dirección opuesta conducía tras un paso sin barrera a la avenida Guipúzcoa. Campos de labranza y más tardíamente en el tiempo un buen número de huertas flanqueaban a un lado y a otro el viejo camino del Plazaola, hasta el fin de nuestro paseo en Berriozar.