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Por las calles de lo Viejo: Curia, Navarrería, Mañueta y Carmen (1983-2013)

Nos trasladamos en esta ocasión al corazón del corazón de la vieja Iruña, allá donde según los historiadores tuvo su asiento el viejo poblado vascón y posteriormente la primitiva ciudad romana, la ciudad de la Navarrería. Recorreremos estas calles, recordando los antiguos comercios que había en ellos en los años 80, los edificios más emblemáticos, ofreciendo algunas notas y pinceladas históricas así como un pequeño ramillete de fotografías de diferentes décadas del siglo XX. Empezamos por la calle Curia, una de las calles más típicas de la ciudad, con su empinada subida hacia la Catedral. La calle Curia debió ser también calle importante de la ciudad romana, a tenor de los mosaicos y otros restos arqueológicos recogidos en la calle y que se conservan en el Museo de Navarra. A partir del siglo XIV, fue conocida como Calle Mayor de la Navarrería, extendiéndose hasta la calle Calceteros, por un lado y Mercaderes, por otro. En 1423, fecha del Privilegio de la Unión, había tres calles mayores en cada uno de los burgos, situación que persistió hasta el siglo XVI. En este siglo la calle Mayor de la Navarrería se fragmentó en tres calles: Mercaderes, Calceteros y el tramo de Curia se empezó a llamar Subida de Nuestra Señora, en el XVII, Subida de la Seo. El nombre de Curia, también del siglo XVII, procede del hecho de que en el nº 29 de la calle estaba la llamada Torre del Obispo, las oficinas de la curia eclesiástica, en la parte alta de la calle (donde en los años 70 del pasado siglo estaba el Lancelot). Cabe recordar de esta calle algunas cosas más: en primer lugar la existencia de la basílica de Santa Cecilia (hubo una iglesia de Santa Cecilia desde el siglo X) en el cruce de Curia, Mañueta, Navarrería, Mercaderes y Calderería que perduró, con más o menos cambios hasta 1840 en que se cerró al culto, derribándose en 1853 para erigir el actual nº 1 de la calle. En segundo lugar, la existencia de una fuente o fuentes en ese mismo lugar, desde el S.XVI hasta 1913 en que la fuente construida por Paret, una de las cuatro que hizo con motivo de la traída de aguas de Subiza,  se trasladó a su actual emplazamiento, en la calle Navarrería. El Cristo de la Capilla de Santa Cecilia se trasladó a finales del siglo XIX al nº1 de la calle Mañueta. Encabezan esta entrada dos fotos, la de la izquierda, de J. Cia de 1933, muy bonita, y que corresponde al entronque de Navarrería y Mañueta (hay en esta entrada dos fotos más de esta misma zona)  y la de la derecha de Curia de 1983.

Iniciamos nuestro recorrido por los establecimientos de la  calle Curia, partiendo de la zona del “carrico de Lucio”, en dirección a la catedral. La segunda fotografía de la entrada, que corresponde a la calle Curia, data de 1983 y retrata el comienzo de la calle  en aquellos años. A mano izquierda, en el nº 1 había, a finales de los 80, una tienda de regalos, se llamaba Elbe. Posteriormente, y a lo largo del tiempo, hubo allí una tienda de souvenirs, Amalur 2, una pastelería artesanal, Gozategi, que abrió un chico de Elizondo y desde hace algunos años una tienda de tes, Especialité. Tras ella y en ese lado de la calle nos encontrábamos con el castizo establecimiento hostelero “Hostería del Temple”, en el lugar por lo menos desde principios de los 60,  una cestería, la tienda de Ana Coscolín, Amalur, tienda de ropa y artículos de souvenirs que estuvo abierta en la calle durante más de 20 años, ahora hay en su lugar un estudio de arquitectura o algo así, Dulces Atienza y más arriba, Epoca,  Lurra y Enmarcaciones Molmar. Empezando por el lado derecho, en la esquina estaba y está la Farmacia Garate (anteriormente estaba, allí,  Farmacia Beltrán), luego la Mercería María Jesús, en el mismo local que en los últimos años ha estado La Hormiga Atómica y hoy la Tetería La Luna, a continuación Carnicería Eguaras, Yorkal Sport, otra tienda de molduras y marcos, Bereziak (que luego bajaría a Mercaderes), y otras tiendas que apenas recuerdo. Junto a este párrafo podemos contemplar dos fotos, a la izquierda una vista de la calle Curia del año 1935 y a la derecha otra de la misma calle de 1999, antes de su peatonalización.

Si estas calles son el corazón de lo Viejo, la calle Navarrería es la zona, especialmente, en su parte más alta, más antigua de la ciudad ydel burgo. Es una calle irregular en su configuración que comienza en la confluencia con Mañueta y la zona del llamado “carrico de Lucio” y termina en la plaza de San José. Las primeras referencias (del siglo XIII) hablan de la calle o Rua de Santa Cecilia, hasta el siglo XVI en que se le comienza a llamar de la Navarrería si bien el segundo tramo (desde la plaza de Santa Cecilia a la de San José) se la conoció entre el siglo XIV y XVII como calle de la Pitancería primero y de la Ración, después. La conocida popularmente como plaza de la Navarrería se la ha conocido además con otros nombres como Plazuela de Santa Cecilia, (su nombre oficial desde 1913) o Plaza de Zugarrondo. En esta calle hay dos edificios emblemáticos que conviene recordar: el Palacio del Marques de Rozalejo, hoy en una situación de franco abandono, y la antigua Escuela de Magisterio, hoy sede del departamento de Comercio y Turismo que vemos en una de las fotos de esta entrada. El Palacio del Marques de Rozalejo data de la primera mitad del siglo XVIII. Fue el primer marques de Rozalejo, D. Fernando Daoiz y Guendica. La casa pertenecía a la familia desde un siglo antes. Por su parte la antigua Escuela de Magisterio y Empresariales data de mediados del siglo XIX. Se abrió como Instituto de 2ª Enseñanza en el año 1865 (la obras habían comenzado en 1861) y en 1944 se creó la Escuela de Comercio, que más tarde alojaría las enseñanzas de Magisterio y Empresariales, dependientes de la Universidad de Zaragoza. No puedo por menos que hacer siquiera una mención a la plazuela de San José, recoleto y tranquilo lugar donde los haya. Allí encontramos una fuente de hierro colado que hasta 1952 estuvo en la plaza de Santiago, detrás del Ayuntamiento y que había sustituido a otra en piedra que se había trasladado a Descalzos, obra del maestro de obras municipal José María Villanueva y el convento de las Siervas de María, obra de Florencio Ansoleaga que se inauguró en diciembre de 1910.
En Navarrería nos situamos justo en la esquina de esta calle con Mañueta. Junto a estos párrafos podemos ver el inicio de la calle a finales de los 70, en su confluencia con Mañueta y ese mismo punto en los años 90, con el nuevo edificio con metalistería verde que le pega a la zona como “a un santo, dos pistolas”.  En la esquina estaba la zapatería de José Adrian Goñi, traspasada a principios de la década pasada a María Eugenia Ugarte y que más tarde ocuparía la tienda Nuk y hoy en día la heladería “La Divina Comedia”. A continuación, una pastelería cafetería de Taberna, posteriormente la tienda de Carlos Andueza (donde hasta hace poco estaba Biona), Karmele (que aun permanece), la Pescadería Felipe, Ebano (que hoy está en Mercaderes, la peluquería de Pijuti (Juan Herce, todo un personaje en el barrio, fallecido no hace mucho), el Palacio del Marqués de Rozalejo, giramos hacia la Catedral y tras el Barbacoa y la actual Trastienda de la Navarrería, que se abrió en 1998, nos topábamos con una Librería (Técnica), la carpintería Tormo, Muebles Iñigo y al final de la calle Dag Decoración, regentada por Alberto Gonzalez y su mujer, Mari Carmen. Volvemos al inicio de la calle. En la zona del “carrico de Lucio” había un kiosko de prensa y revistas, tras él,  la joyería-relojería Valles, la mercería-lencería Surama, Potess y en el nº 20, pasados todos los bares (a los que aludo en la entrada de los bares del viejo Pamplona) la librería Mugan que luego se trasladaría al Ensanche. También en Navarrería, aunque a principios de los 80 estuvo aquí la boutique Hierba que luego se trasladaría a la plaza del Castillo. En las fotos adjuntas vemos dos fotos de la calle, una del comienzo de esta aunque con el objetivo dirigido  hacia la zona de Mercaderes y otra de la plaza en dirección a los establecimientos con el número impar (El Mesón, Ebano, etc). También líneas más arriba hay una panorámica de la zona tomada desde la Catedral y que corresponde al año 1983.
La Mañueta era una de las calles con más sabor, más casta y con más solera del Casco Viejo. A ello contribuía, de forma clara,  la presencia de un animado mercado como el de Santo Domingo y la idiosincrasia y el tipismo de muchos de sus establecimientos. En origen fue como la calle Santo Domingo un barranco que desaguaba en el Arga. Su primera denominación parece que pudo ser Rua de los Caños, luego Rua de los Baños (nombre que persistió hasta el siglo XVII) en el barrio de la Mulatería. Parece que del euskerico  Bañueta se derivó finalmente Mañueta, su nombre actual. Este nombre aparece por primera vez en el siglo XVIII. Aparte de sus típicos comercios a la calle se la conoce sobre todo por la existencia de un famoso frontón, cubierto por un tejado de zinc. Estaba a la altura del entonces nº 13 de la calle, hoy inexistente,  aunque en su lugar hay un moderno frontón bajo parte del suelo de la plaza de los Burgos. El viejo frontón lo abrió en el año 1911 un tal Gerardo Areta y se clausuró en 1954. Eran famosas las apuestas que se hacían en su cancha y que recogió el periodista pamplonés José Luis Larrión. Por aquella fecha se tiraron también las casas de la Bajada de Carnicerías y se construyó la plaza de los Burgos, en la zona ocupada por el antiguo frontón. Las fotos que acompañan este párrafo datan de ese  año.
Bajando por la calle, a la izquierda, a finales de los 80 había, en primer lugar, una tienda de pastas, a continuación venían La Selecta, Eden, Valero, Pilar Fernandez, Arco Iris, una de las dos tiendas de Marisol Arraiza, Punto Moda y Almacenes San Fernando, también conocidos como Calzados la Mañueta, entonces en su viejo local del edificio contiguo a la plaza de los Burgos donde estaban desde 1963 y que se derribó a finales de los 90. Esta empresa también contaba y cuenta con otra tienda en la misma calle, en el nº 4, el 2 lo ocupa o lo ocupaba hasta hace poco una inmobiliaria, a continuación de la zapatería de Adrian Goñi, en el nuevo edificio de la esquina que sustituyó al viejo y que hemos visto en las fotografías de esta entrada. Tras Almacenes San Fernando estaba Congelados Fernandez, Calzados Del Villar, Encurtidos y Aceitunas Valero, Mercería Ruiz, la otra tienda de Punto Moda, Ezpeleta, Herboristería Lezaun, Pescadería La Mañueta, Flores y Plantas San Fermín (anteriormente Flores Daniel Rol), Cuchillería Caneda (en el lugar desde 1938), Cafes La Mañueta, Alimentación Jose Maria Vidador (que luego regentaría Carlos Mógica) y ya en el Mercado y bajo el Zacatín la carnicería de Jesús Fernández. Sin olvidar por supuesto a la centenaria churrería de la Mañueta que en diciembre de 2012 cumplió 140 años. La fundó el abuelo de la actual propietaria, Paulina, Juan Fernández Calero, primero en la calle Curia y luego en la Mañueta. Solo abre 14 días al año, durante las fiestas, los cuatro domingos de octubre y el fin de semana anterior a las fiestas. Acompañan  a este párrafo dos fotos, la de la izquierda de 1954 nos da una panorámica de que como era la calle antes del derribo de todos esos edificios, parte de los cuales darían paso a la ampliación del Mercado con el supermercado que hubo en él durante muchos años asi como a la nueva plaza de los Burgos. La de la derecha, tomada desde la zona del Zacatín data de finales del pasado siglo, 1998 o 99.
La Calle del Carmen que comienza en la plaza de la Navarrería y se extiende hasta el Portal de Francia conoció otros nombres a lo largo de su historia: Calle de San Prudencio en el siglo XIII, Rua o Calle Mayor de los Peregrinos en el XIV, denominación que persistió hasta el siglo XVI, y que convivió con la de Gran Rua de la Navarrería. A partir del siglo XVII es cuando se la conoce como calle del Carmen. El origen del nombre procede del Convento de Santa María del Carmen Calzado que estuvo en el lugar, al final de la calle, en su lado derecho, durante cinco siglos y pico, desde el siglo XIV hasta mediados del siglo XIX. El conjunto lo componían un gran convento, iglesia y noviciado situados al final de la calle, en sus números pares, lindando con la calle del Redin que a mediados de siglo con la desamortización se destina a otros usos: cuartel, hospital, almacén hasta su progresivo deterioro y derribo. Podemos ver las dimensiones del citado convento en la foto del año 1880, cuyos autores fueron Roldan y Mena y que vemos unas líneas más abajo, a la derecha. 
El terreno ocupado por el convento lo compró el Ayuntamiento y luego lo vendió a varios particulares: a Lorenzo Martinicorena que construyó en 1912 tres naves para almacén de madera en la esquina entre Carmen y Redin. En la foto de la izquierda del párrafo anterior vemos una vista de la calle del Camen, tomada desde el Portal de Francia, con esas naves o almacenes, a la izquierda de la foto. En 1967, sobre su solar,  se levantó un moderno edificio de viviendas, con un restaurante en su bajo. Don Andrés Miquelez edificó otra nave, ya en la calle del Redin, para fabrica de alpargatas que luego fue garaje y que a partir de 1973 dió paso a otro moderno edificio en cuyos bajos estuvo la discoteca Xuberoa;  y en la parte de más arriba del solar del viejo convento,  en la misma calle del Redin, el terreno fue comprado por Goñi Hermanos para ubicar allí su fábrica de tejidos. Cuando ésta se trasladó a San Juan en su lugar se ubicó la fábrica de Chocolates de Pedro Mayo, de la que hablamos cuando nos referimos a la zona del Caballo Blanco y el Redin. En la calle del Carmen y hasta 1944 estuvo,  en los primeros números impares de la calle la fachada posterior de la Maternidad e Inclusa. Tras su derribo se abrió la actual calle Aldapa. En la foto del párrafo anterior (foto derecha) vemos una toma de J. Cia del año 1936, con la Maternidad en el lugar en que luego se abriría la calle Aldapa, calle que divisamos tras el contenedor de obras de la foto de la izquierda de este párrafo del año 1996. Es conocido el hecho de que el barandado de la escalera del nº 25 de la calle fue confeccionado con cañones de fusiles de la guerra carlista y se dice que de ella salió un día de octubre de 1833, Tomás de Zumalacarregui,  para unirse a las tropas carlistas. A finales de los 80 ya era patente la escasez de comercios en la calle del Carmen. Al margen de algún bar y/o sociedad gastronómica (que también rescato en la correspondiente entrada del blog) pocos son los comercios que puedo recordar de aquellos años: Alimentación Ventura, Encuadernaciones Alfaro (cuyo origen data de 1897), el estanco nº 3 y poco más, alguna carpintería: Ochotorena. Haciendo memoria recuerdo que en esta calle hubo durante mucho tiempo una iglesia evangélica, probablemente una de las primeras de la ciudad y en esta calle tenía su taller de restauración Fermín Arce.
Fotos, por orden de aparición: Confluencia de Navarrería y Mañueta de J. Cia (1933), Curia (1935) del libro “Pamplona calles y barrios” de J. J. Arazuri, Confluencia de Navarrería y Mañueta (1977 y 1993), de José Luis Zuñiga y Mikel Goñi respectivamente,  de Mañueta (1954) de la misma obra de J.J Arazuri, de la calle del Carmen, de la misma obra, de la calle del Carmen, de J. Cia (1936) y del convento del Carmen de Roldan y Mena de 1880.

La Pamplona actual: el nuevo camino del Plazaola (2014)

Aun teniéndolo muy cerca de casa, hacía mucho tiempo, muchos años, que no había vuelto a pasear por el viejo camino del Plazaola. Entre el cuidado de mis ancianos  padres y el trabajo, la verdad, no había tenido demasiado tiempo para recorrer, de nuevo, esta vieja senda tan familiar y llena de recuerdos y de la que hablé en la entrada “Siguiendo la vía del tren y el viejo camino del Plazaola (1966-1996). Asi es que, aprovechando un día de estas pasadas vacaciones, cogí la cámara de fotos y me dispuse a plasmar la nueva cara del viejo camino del Pazaola que en esta entrada título “el nuevo camino del Plazaola.
Pasada la actual plaza y/o rotonda  del Virrey Armendariz (que vemos en la foto de la derecha) se iniciaba entonces el camino en otro tiempo lleno de piedras, recuerdo del viejo lecho de la vía del histórico ferrocarril del Plazaola. En la  parte derecha de la citada plaza, (ver foto izquierda de este párrafo), aun queda un viejo edificio que yo recuerdo estaba ahí desde mi niñez y que ha sido casi siempre habitado por familias de etnia gitana. Pero volvamos al camino.  Lo primero que recuerdo de este camino es que antiguamente uno de los dos cerros o mogotes estaba cortado por el lecho de la antigua vía y  hoy ese flanco izquierdo ya no existe. En su lugar tenemos los dos grandes cerros a ambos lados del actual trazado ferroviario, comunicados por un puente peatonal. Desde esta atalaya la panorámica es completa, tal y como vemos en las dos fotos que acompañan al primer párrafo de esta entrada. Mirando hacia atrás, dejamos la vieja y nueva Rochapea (la del Salvador, los pisos de Oscoz, el Ave María, etc asi como la nueva Rochapea, la de las construcciones iniciadas de  1986 en adelante). Mirando hacia adelante y hasta el limite del horizonte podemos ver el tramo de la antigua vía, hoy un  camino cementado, con unos bonitos faroles en sus bordes. Al lado izquierdo, allí donde estaba la fábrica de Perfil en Frío se encuentra, desde la avenida de Guipuzcoa hasta el limite con la actual vía ferroviaria,  las nuevas construcciones de Buztintxuri I lindantes con el viejo enclave de Santa Engracia. Hay una zona cercana a la vía en la que no se ha construido nada, se dice que porque, probablemente,  los terrenos puedan tener algún tipo de contaminación industrial.
Un poco más adelante, en el cerro de la izquierda, mirando hacia San Cristobal nos encontramos actualmente con el Parque de los Aromas. En otro tiempo estos cerros eran terrenos agrícolas al igual que los suelos colindantes. Pasados estos cerros y en dirección a Berriozar, nos encontramos hoy en día, en ese lado, el enclave conocido como Nuevo Artica, un nuevo núcleo de población situado en aquellas  explanadas vacías al final de las cuales, muy cerca de la Avenida Guipúzcoa, se encontraban hace años fábricas como la de La Casera, Bendibérica, el antiguo edificio de las Hermanitas de los Pobres, etc.

En el lado derecho del camino  cementado descubrimos la nueva Ciudad Deportiva Artica en la zona que antes conociéramos como Soto o Prado de Artica. A medio camino del camino, valga la redundancia,  nos encontramos con otro puente peatonal que comunica Nuevo Artica y la Ciudad Deportiva. Justo en el límite con la Variante Norte hallamos un pequeño hito o monumento en homenaje a la antigua vía del Plazaola, se trata de un pequeño tramo de vía con la imagen de un túnel sobre una placa de cemento al fondo, tal y como vemos en la foto adjunta. Tras la Variante Norte, que atravesamos por debajo,  nos encaminamos al antiguo cruce de caminos donde continua el viejo camino del Plazaola, esta vez sin urbanizar,  como lo conocimos durante décadas  hasta el límite con Berriozar, tal y como lo vemos en la segunda fotografía de este párrafo. Completan el reportaje fotográfico de esta entrada cuatro fotografías más: en primer lugar una foto del cerro que se encuentra frente al Parque de los Aromas, en segundo lugar una panorámica del puente que comunica Nuevo Artica y la Ciudad Deportiva y en tercer lugar  un detalle de la citada Ciudad Deportiva, tomada de regreso al barrio, de regreso a casa.

La Pamplona actual: La antigua Travesia del Ave Maria, hoy en día (2013)


Dentro de una semana, hará un año que paseaba por última vez, por esta zona, con mi padre, (hace cinco meses que murió), una zona, un escenario que ha sido y es todavía el escenario de mi propia vida. Al poco de iniciar el blog, este cuaderno de apuntes y recuerdos personales que es este blog, incluí entre las primeras entradas  una que se refería a la Travesía del Ave María, eso sí, la Travesía de 1996, en la que aun existía (faltaban, apenas unas semanas para que desapareciera) aquella vieja callejuela estrecha, con viejos edificios del primer tercio del siglo XX. La entrada se llamaba “La Travesía Ave María hasta los derribos de fines de los 90”. Aun quedaban en pie también los números 14 y 15, y el espacio que llamábamos la huerta del Platero, uno de los dos chalets, -el de estanco hacía no demasiado tiempo que se había derribado-. De aquellos derribos quedaron, después de 1996,  tan solo en pie los números 7,8,9,10 y 13 (que luego pasaría a ser 11, al prolongarse la Travesia hasta Bernardino Tirapu), la mayoría construidos a finales de los años 50, probablemente entre 1958 y 1959. 

En tres de los cinco portales (el 7, el 9 y el 10) hace muchos años que se instalaron ascensores y otras mejoras y se han ido sucediendo las obras de rehabilitación de sus fachadas. Ha pasado el tiempo, ya más de medio siglo, y la gente más mayor, esa gente que vivió y crió a sus hijos en este lugar, como fue el caso de mis padres, van poco a poco falleciendo, desapareciendo de este mundo. Es, tristemente,  la ley de la vida. En unos tiempos de intensa movilidad laboral y residencial a mí me resulta entrañable ver y conocer  a esos viejitos que en algunas zonas de la ciudad, especialmente en el Casco Antiguo, la Rochapea o los Ensanches han nacido, vivido y muerto en el mismo lugar, en su calle, en su casa, formando  casi parte del paisaje, que conocían a todo el mundo, convirtiéndose en privilegiados testigos de los cambios urbanísticos y sociales de su ciudad y de su historia. Ellos han hecho la intrahistoria de esta ciudad, esa historia hecha de pequeñas, anónimas pero valiosas historias personales, con tantos vivencias, recuerdos y anécdotas que habría como para escribir un libro, pero la mayoría de las cuales se perderán, si nadie las recoge, en la nada de la inexistencia.

En el reportaje fotográfico adjunto sobre la Travesía e inmediaciones, vemos por orden de aparición, en primer lugar y abriendo la entrada, a la izquierda, una toma de la antigua Travesía, desde la nueva prolongación de la nueva Joaquín Beunza, prolongación inexistente antes de 1996, asi como otras instantáneas de la Travesía tomadas desde la zona de las antiguas escuelas del Ave María (hoy Patxi Larrainzar), desde la zona más cercana a la avenida, junto a la cafetería Artea,  y del nº 8 de la calle, un edificio mucho más antiguo que el resto de la calle y que se salvó de la piqueta en los años 90, para finalizar con imagenes del entorno más próximo a la calle y que forman parte de este microuniverso de mi vida: la torre de la iglesia del Salvador tomada desde el parque Patxi Larrainzar, en la zona más cercana a la avenida, el pórtico de entrada a la iglesia, una foto de la prolongación de Joaquín Beunza hasta la calle Juan de Ursua, con los frontones del Polideportivo de Karriquiri a la derecha de la imagen, una foto del actual cruce de Cuatrovientos y una imagen tomada desde el boulevard cercano a la Travesía creado tras los cambios urbanísticos de los años 90.

Estampas de antaño: Recuerdos infantiles en el viejo Pamplona (1968-1974)

Me siguen asaltando los recuerdos casi olvidados de aquella infancia, que tal vez por contraste tan diferente me parece a la de los niños de hoy en día. En aquellos años de la infancia hacíamos la vida en la calle, sobre todo en el verano y las vacaciones. Disponíamos de muy poco dinero para nuestros caprichos, un duro, a lo sumo diez pesetas, poco dinero, incluso entonces, pero ¡cuanto cundían!. A veces, cuando venían los familiares, los tíos y sobre todo la abuela, caían cinco duros como cinco soles. ¿En que gastábamos aquella fortuna?: Algún polo, (duro como un demonio), o un polo-flash, (el polo de los pobres) en verano, una mantecada o una tortita de txantxigorri en “La Patxi” y de vez en cuando, y con el ahorro de alguna paga, algún libro de RTV Salvat o de Bruguera Libro Amigo, (costaban 25 pesetas los de Salvat y 40, 50 o 60 pesetas los de Bruguera). Eran tiempos de caramelos Sugus (que se te quedaban pegados al paladar), chicles Cheiw y  barras de regaliz rojo o negro, tiempos en los que se vendían unas calcomanías que, convenientemente colocadas, quedaban impresas en la piel aunque  por poco tiempo, tiempos de sobres sorpresa con pequeñas golosinas o soldados de plástico u otros juguetitos en su interior que ayudaban a colmar nuestras imaginarias aventuras infantiles.

Siguiendo la estela de las dos entradas anteriores tituladas “Los juegos del Viejo Pamplona (1966-1976)” y “Juegos y otras diversiones infantiles en el Viejo Pamplona”, sigo recordando los juegos y juguetes de aquellos años, algunos de ellos vinculados a las barracas en los sanfermines, recuerdo especialmente una cámara de fotos de plástico que al apretar el botón salía, como un resorte, una especie de monigote o payaso cilíndrico, un pajarito de plástico que se llenaba de agua y al soplar parecía que trinaba o unas ensordecedoras trompetillas (doradas con boquilla blanca), con las que dábamos la murga unos cuantos días (¡pobres padres!), hasta que nos cansábamos o acababa rota. Recuerdo que subía a las barracas con mi padre y nos ibamos cuando se acababa el dinero después de haber montado en los caballitos, comprar alguna golosina y haber comprado alguno de aquellos juguetes de feria. También, en aquella época, estaban de moda las armónicas y las lupas de bolsillo. Recuerdo una armónica chiquita, como la de la fotografía,  que iba incorporada a un llavero y que perdí en el campo del fútbol del Ave María. Y en cuanto a las lupas tenían los usos más variados, aparte de agrandar los textos o las cosas, también tenía algunos especialmente malvados, como  cuando el sol caía de plano sobre el cristal de la lupa y la piel de la mano del amigo o el pellejo de una lagartija se encontraba al otro lado de la lupa. Eran tiempos de caretas de cartón, de aros, (este era un juego de chicas que movían sinuosamente los aros por sus cuerpos aguantando el máximo tiempo posible para que no se cayesen al suelo) y de peonzas, yo-yos, chapas y bolas locas. En aquellos años aprendimos a andar en bici, tras algunos intentos frustrados y unos primeros pasos tambaleantes. Las bicis eran de BH o de GAC, las de chicas con redecilla de colores en la rueda trasera. Los chavales más atrevidos o gamberros compraban, en ocasiones,  petardos y/o bombas fétidas para hacer alguna de las suyas. ¡Qué olor a huevos podridos!. En el campo de los objetos de broma había también unos líquidos malolientes que se echaban sobre una silla y que daban primero calor y luego frío y arañas o tarántulas de pega pero que daban el pego, valga el juego de palabras. La trastada en la escuela, con alguna de estas bromas, o con la clásica cerbatana del boli bic se pagaba, como mínimo,  con un buen coscorrón, la expulsión de clase e incluso el aviso a la familia. En el día de los santos inocentes se colocaba, en la espalda del incauto, el típico monigote recortado de papel.

En aquellos años por no haber no había ni parques infantiles, el primero que recuerdo, el parque del Ave María se instaló bien avanzado los años 70. Como he comentado al principio se jugaba en la calle, llena de polvo, tierra o gravilla y a menudo llegaba uno a casa con el codo o las rodillas lastimadas. “Pareces la piedra del topo”, decía mi madre, debía ser una manera cariñosa de llamarme “cenizo” bien porque el topo se encontraba con la piedra y ya es difícil que, acostumbrado a hacer túneles bajo tierra, se encuentre este animal con un pedrusco o bien como el topo era una manera suave de llamarme cegato por mi indisimulada torpeza. El procedimiento de atención médica familiar era invariablemente el mismo: desinfección con abundante agua oxigenada, ¡cuanto escocía aquel condenado liquido burbujeando sobre la herida! y luego una buena untada de mercromina y a soplar para que se secase rápido y no se escurriese por la pantorilla. Eran tiempos de teléfonos de ruleta en las casas, en mi casa entró tardíamente, a finales de los 70, hasta entonces vivíamos tan felizmente sin él (quien lo diría ahora con teléfonos móviles por doquier), ¿para que estaban, si no, los timbres de las casas, bien de los amigos o de las vecinas?, El contacto era asi pues, entonces, absolutamente “personal e intransferible” y cuando hacía falta una llamada fuera, pedíamos el favor a la vecina o acudíamos a la cabina de teléfonos más cercana que solía ser la que estaba, y aun está (bueno el teléfono si, la cabina, no),  bajo los soportales de una de las Fases del Salvador, junto a la cafetería Haizea, muy cerca del Porrón.

Pero si había un evento, una fecha que se esperase como pocas y se fijase en la memoria de  aquellos lejanos años infantiles era la celebración  de la Primera Comunión. Los niños iban de almirante o marinero, las niñas como pequeñas novias, con sus trajes blancos inmaculados. Era típica la foto en las casas del niño con el traje de la primera comunión y el convite en un restaurante de postín. Yo, por lo que se ve, rompí la tradición pues, a diferencia de mi hermano, ni fui de marinero, ni conservo foto de aquel evento ni celebramos el día en ningún restaurante. Eso si, mi madre organizó, ayudado por mi tía, un gran convite en casa, en el entonces casi intocable cuarto de estar (en aquel entonces estaba solo para las visitas) al que asistieron un montón de familiares, incluso en algún momento del día se pasaron los vecinos más allegados. Fue el 8 de mayo de 1971, domingo. Aquel día, amaneció  nublado, lluvioso,  hicimos la primera comunión en la iglesia del Salvador una veintena de chiquillos. Y a mi, recuerdo que me toco leer la epístola. Quien iba a decirme, con lo tímido que era entonces, que aquel día haría gala de unos templados nervios de acero dejando, como quien dice, el pabellón de la familia bien alto. Era costumbre en aquella época que los padres regalasen al niño algo especial. Me acuerdo que fue entonces cuando me regalaron mi primer reloj de pulsera, además de un sello con mis iniciales que debe andar por ahí, por algún sitio de la casa.

Por las calles de lo viejo: Nueva, San Saturnino, Jarauta y San Lorenzo (1964-2004)

Después de bastantes entradas en que he desempolvado vivencias y recuerdos, canciones, hechos históricos, estadísticas climatológicas, volvemos al Casco Viejo, del cual nos quedan aún algunas calles por visitar. Vamos, en esta ocasión, a entrar por la calle Nueva y, tras recorrerla en toda su longitud, pasaremos también por las calles San Saturnino, Jarauta y San Lorenzo. La calle Nueva es la calle más larga del Viejo Pamplona y se extiende desde la calle San Saturnino hasta la calle Taconera. No pertenecía a ningún burgo. Desde la construcción del burgo de San Cernin en el siglo XII y luego el de San Nicolás, también llamado Nuevo Burgo y más tarde Población de San Nicolás,  y durante varios siglos, -hasta el siglo XVI-,  fue el foso que separaba ambos núcleos urbanos. Durante un largo tiempo aquel foso fue escenario de fricciones y disputas entre los dos burgos, y esto ocurrió hasta prácticamente el Privilegio de la Unión, en 1423,  y sobre todo fue un autentico estercolero, al que los vecinos arrojaban los desperdicios, la basura desde las casas próximas. Tendrían que pasar 114 años  hasta que en 1582 el entonces virrey de Navarra, marqués de Almazan,  ordenase derribar fosos y edificios y construir la calle Nueva, que se llamaría, a partir de entonces calle Nueva de Almazan.  En 1931 se cambió el nombre de calle Nueva por calle  de Don Higinio Mangado, un capitán de carabineros que luchó por la causa republicana y que murió en 1884, restableciéndose el nombre de calle Nueva en 1936, al poco de iniciada la guerra civil. Desde mediados del siglo XVI, el lugar donde hoy están las escuelas de San Francisco lo ocupó el viejo convento de los franciscanos. A mediados del XIX, en el lugar del convento se instaló el Almudí o Mercado de Granos.  Tras él estaban las escuelas municipales de dibujo, de niñas y de párvulos. En 1901 se derribaron estas dotaciones para erigir las escuelas municipales de San Francisco, obra del arquitecto Julián Arteaga.  En el nº 30 de la calle Nueva, muy cerca del final de la calle, estuvo la llamada  Casa de Baroja porque, al parecer,  el escritor guipuzcoano vivió en ella desde 1881 a 1886. La casa que se extendía hasta la calle San Francisco se derribó en agosto de 1974  y el edificio conserva en su parte reformada trasera, la que da a San Francisco,  una fachada noble de arcos ojivales y el escudo de los Cruzat. Adjunto una fotografía de la citada casa, datada en febrero de 1973 y cuyo autor es Rafael Bozano.


En esta calle, siguiendo el orden de los números podíamos encontrar hace 30 años los siguientes establecimientos: empezando por el lado izquierdo y en la esquina con la plaza consistorial, la antigua farmacia Alcalde fundada hace más de 150 años, regentada entre otros por  Jesús Pomares y  hoy por Laura Maeztu, luego casi  todo eran traseras de los edificios y comercios que daban a la calle Zapatería, como vemos en la foto adjunta, salvando algún pequeño taller hasta llegar a la plaza del Consejo en que, en las dos esquinas de esta plaza con Nueva, encontrábamos sendos locales del establecimiento Ferraz. Muy cerca del pasaje o belena de San Miguel hallábamos la tienda Telas El Peso, luego la entrada, desde 1969 a Textiles Blanco y, pasada la belena, una serie de pequeños locales: la antigua librería Abarzuza, la boutique Vicios y más adelante la asesoría Alfa. En este tramo, en los últimos años se han instalado varios establecimientos: una tienda de arreglos de ropa, Cosetodo, una tienda de guitarras eléctricas, El Infiernito Guitar Shop, una librería, Papyros, un pequeño estudio de arquitectura. A continuación había alguna trasera de locales de San Antón, el bar Malembe que en sus tiempos regentó un latinoamericano exiliado, chileno para más señas, y que hoy es un kebab, más traseras de locales de San Antón (de la Golosina, Lecar, Mendi Kirolak, Decoluz, etc) algunos bares de noche para gente joven como el Utopia y el Atxiki, estos ya avanzados los 90, para llegar hasta el final de la calle en la que recuerdo que estaba pasada la trasera de Decoluz (hoy Oraintxe), la galería de arte de Carlos Ciriza (hoy ocupado por el negocio del jugador de Osasuna Lacruz, Nainere) o la tienda de decoración textil Arqtex de Julián González que en el año 2002 se trasladaría a Paulino Caballero en el Ensanche, y donde hasta hace poco había una tienda de venta y reparación de instrumentos musicales: violines, chelos, etc. Pasado este local, en los bajos del antiguo consulado italiano encontramos el restaurante La Nuez.

 


Si volvemos al principio de la calle y seguimos esta vez por la izquierda encontrábamos  Almacenes Rocamador, ocupado luego por La Golosina y más tarde por una oficina bancaria de Caja Navarra, ahora Caixabank que se mantiene. A continuación sólo recuerdo en los últimos años, la agencia de viajes Libre Destino y recientemente, en su lugar, la tienda de diseño Fragment de Karlota Las Palas. Más adelante la tienda y taller de electricidad Aranai que lleva en el nº 8 de la calle desde 1982, una gran tienda de muebles de diseño de Andrés Las Palas que tuvo varias denominaciones y que luego fue sede de la empresa de espectáculos In Out, responsable de haber traído a Pamplona las estrellas más importantes de la música del ámbito nacional e internacional. A continuación había algún estudio de arquitectura y posteriormente, el hotel Maisonnave, del que ya hemos hablado en diferentes entradas y que aquí volvemos a mencionar. Fundado en 1883 en la calle Espoz y Mina, como fonda y coches de caballos, por Carlos Maisonnave y su esposa Francisca Echevarría, en 1945 pasaría a ser regentado por la familia Alemán, sus actuales propietarios, que erigieron en 1966 el actual edificio de la calle Nueva, sobre el solar que ocupase la Casa Escudero,  Casa del Orfeón o palacio medieval de Aguerre, que por todos esos nombres podemos referenciarla. Adjunto, junto a este párrafo,  una foto de la citada casa tomada desde la calle Ansoleaga. La casa fue derruida en 1958 y con las piedras y arcos apuntados y otros elementos arquitectónicos que se encontraron en el edificio, el Ayuntamiento erigió en 1961 el Mesón del Caballo Blanco. Pasado el hotel estaba entonces la carpintería Iruña, donde luego se instaló la tienda de indumentaria tradicional Nuevo Barroco, regentada por Jesús Pomares. Pasado este local hubo hace algún tiempo un centro de actividades de fugaz existencia, luego la Biblioteca General de Navarra, en el viejo edificio de La Agrícola, hoy una biblioteca de barrio, y pasadas las escuelas de San Franscisco, en donde estuvo la Casa de Baroja, Muebles Baztan, hoy sede del tribunal laboral,   para acabar en el Palacio del Marques de Vessolla junto al parking Rincón de la Aduana. Adjunto una fotografía de Galle, fechada en agosto de 1978, donde se puede observar la construcción del nuevo inmueble, que sustituyó a la Casa de Baroja y que albergo primero a Muebles Baztan y luego al Tribunal Laboral.

 


Volvamos nuestros pasos al comienzo de la calle y  dirijámonos esta vez hacia la otra parte del Burgo. La calle San Saturnino comienza a la altura de la plaza consistorial y termina en el inicio de la calle Mayor, junto al pocico de San Cernin. Hasta el siglo XIX se llamó calle de las Bolserías. Su origen data del siglo XVI, epoca en la que se rellenaron los fosos y murallas que separaban los burgos que había en el lugar. Su nombre  original procedía del agrupamiento de los guanteros y bolseros que había en la zona. A finales del siglo XIX, concretamente en 1890,  el ayuntamiento permitió el derribo de varias casas sobre cuyos terrenos se levantaron los edificios nº 2 de Nueva y 1 de San Saturnino, de gran presencia como se puede observar en la foto adjunta. El propietario de estos edificios era Francisco Seminario que costeó parte de los trabajos de ensanchamiento de la calle y que propuso en 1894 al consistorio el nuevo nombre de la calle, en honor al patrono de Pamplona, propuesta que fue aceptada por el ayuntamiento. La iglesia de San Cernin o San San Saturnino se construyó entre 1180 y 1200 por franceses afincados en esos terrenos. La iglesia actual se levantó entre 1277 y 1297, con una nave de 25 metros de altura. En el siglo XV se construyeron los claustros.  En el siglo XVIII se suprimió el almenado de su torres y para construir la capilla de la Virgen del Camino se derribo el claustro. En 1941 se derribó el nº2 de la calle  y cuatro años más tarde el nº4 para ensanchar la calle y el espacio que daba paso a la plaza Consistorial. En la foto de Cia, de la tercera década del siglo XX,  vemos a la derecha, los dos edificios citados que estrechaban el paso a la plaza consistorial.


En el nº 1 de San Saturnino y empezando desde el Pasaje de Francisco Seminario encontrábamos a finales de los 80, la tienda de calzado “La Infantil”,  una de las tiendas de calzado infantil más antiguas de España (casi 100 aÑOS), luego la corsetería Urdiain que cerró hace unos años y que ocupo una tienda de frutas y verduras y hoy una de chuches,  la tienda de bolsos, maletas y artículos de marroquinería Leder de Manolo Nagore, donde desde 2001 está la floristería Krabelin, Confecciones Maxi, luego Confecciones Goiba, y más tarde ocupada por diversos negocios (Orange, La Factoría de los Perfumes, etc), la Relojería Joyería Zaragueta, hoy ocupada por Echarte y, por último,  una de las primeras farmacias del viejo Pamplona, la Farmacia Sanchez Ostiz, fundada en 1845 que  ocupa, desde 1992, la parafarmacia del mismo nombre y que vemos en la foto que curiosamente ilustra este blog. En el lado derecho de la calle, junto a la antigua Casa Seminario, encontrábamos las Panadería Iruña que se mantiene, la boutique Hechizo, que luego fue Coqueta y hoy una perfumería de bajo coste,y junto a las escalerillas de San Saturnino, la Farmacia Sanchez Ostiz, que está en ese local desde 1930. En la fachada del edificio aparece dibujada la imagen de la diosa romana Diana, diosa de la caza, que pretende recordar probablemente  algún templo pagano que se alzaba en la zona precisamente frente al pocico de San Cernin, santo que bautizó en la fe cristiana a aquellos antiguos pamploneses. Junto a la farmacia estaba la tienda textil Bartos ocupada luego por Latina y en los últimos tiempos por Hunchha y hoy por Loops and Coffee. Más adelante estaba la Carnicería Leranoz, ocupada más tarde por la Pastelería Arrasate y en los últimos tiempos por el restaurante San Saturnino y hoy en día por el Bar Restaurante El Momento. A continuación estaba, estuvo,  durante muchas décadas la Librería  de Javier Echarte (promotor, entre otras cosas, de El Estruendo de Iruña) antes de que se trasladase al local de Zaragueta, la carnicería de Jesús Goñi, que continúa, la expendeduría nº4, El pocico, regentada por Alfonso Landivar y más adelante estuvo, entre 1963 y 1991, Calzados La Zapatillera (no confundir con la de la calle Mayor), antes de que los hijos de Ricardo Manero abriesen la zapatería en Pozoblanco, 12 con el nombre de Calzados Monaco. Tras la tienda de los Manero estuvo, en ese local, la tienda vaqueros Basic Jean y luego diversas tiendas de alimentación y bebidas. En las fotos adjuntas vemos una visión de los principales edificios de la calle y de sus comercios, en los años 70.

 

La calle Jarauta comienza en el mismo punto que la calle Mayor, en el pozo de San Cernin, al final de San Saturnino y termina en el nacimiento de la calle Santo Andia y Descalzos. La calle se llamó desde el siglo XVIII calle de las Pellejerías (anteriormente Peletería y Pelejería). Era el barrio de los pellejeros, aforradores y manguiteros. En los números 42 y 44 estaba la casa de Nuestra Señora Santa Ana, patrona del barrio, cuya hornacina vemos en la plaza (asi como la plaza misma), en un par de fotos de los párrafos siguientes. Durante siglos vivieron en esta calle y aledaños grandes mercaderes, comerciantes, notarios y familias ilustres, de los que queda como testimonio los arcos góticos de las bodegas de algunas casas palaciegas, sobre en todo en los números impares de la calle, sin embargo desde comienzos del XIX de aquellas familias apenas quedaba nadie y la población empezó a ser mayoritariamente modesta. Los vecinos y, sobre todo las vecinas jóvenes, comenzaban a estar molestas por el nombre de la calle, de forma que en 1886 solicitaron al Ayuntamiento lo cambiase por el de Santa Ana, sin resultado. No obstante en 1906 y atendiendo a las demandas vecinales el Ayuntamiento acordó sustitir el viejo y denigrante nombre de las Pellejerías (por el calificativo de pellejos y pellejas, todo un insulto especialmente para las mujeres) y darle a la calle el nombre de Joaquín Jarauta, magistrado y exalcalde de Pamplona en 1881. Hasta 1909 y 1923, respectivamente,  en esta calle, en la esquina de la calle con la plaza de Santa Ana  estuvieron  también el parque de desinfección y la perrera, en el lugar que después ocuparía el dispensario infantil municipal y posteriormente la Unidad de Barrio. Adjunto, junto a este párrafo, una foto de la calle, de 1964 en la que podemos observar una carrera pedestre atravesando la calzada.
Repasemos los establecimientos que había en la calle, en los años 80 del pasado siglo, o al menos los que yo recuerdo. Comenzando por el lado izquierdo desde San Saturnino y en las traseras del Palacio del Condestable estaba Muebles Rubio (recuerdo que mis padres compraron su dormitorio en 1966, en esta tienda), y cuya fotografia adjunta da fiel testimonio del mal estado en el que se encontraba el Palacio a finales del siglo pasado. A continuación estaba el llamado Rincón de la Pellejería. En ese espacio hubo unos años antes, a finales de los 70, un edificio que se encontraba en bastante mal estado y que, desgraciadamente,  acabó siendo derribado, (y digo desgraciadamente porque creo que  era el ejemplo de arquitectura civil, esto es de vecindario, más antiguo que se conservaba, databa del siglo XVI). En el párrafo anterior se adjunta una fotografía de José Luis Zuñiga datada en enero de 1977 de ese edificio. Más adelante estaba la tienda Antiguedades Jarauta, la carnicería Aznarez, Alimentación Mari Luz, Carnicería Munarriz (cuyo propietario se jubiló hace apenas un año), la tienda de discos Dientes Largos, la librería Papelería de Jesus Mari Miranda, la pastelería Gloria. En el lado derecho teníamos al principio de la calle,  Almacenes Lecar, donde desde el año 2001 está la sociedad gastronómica Napardi. El edificio albergó desde 1921 el Circulo Jaimista e iba a ser sede del diario El Pensamiento Navarro si bien con el paso del tiempo se adecuó para casa de vecinos. Posteriormente estuvo ocupado por la pollería Iriarte y como he dicho, tras él la fontanería Lecar de la calle San Antón que lo utilizó como almacén y exposición. Tras él había una tienda Aves y Caza Sacristán que años más tarde ocuparía  durante bastante tiempo la tienda de discos Indie Sound. En el nº 20 de la calle estaba la pescadería La Guipuzcoana. En el nº 36 a principios del XIX hubo una fábrica de cuerdas de guitarra y en los años que refiero un establecimiento que se llamaba Krak, un poco más adelante una frutería, Alimentación Jarauta, Lápidas Ardaiz, Gomi Tatto, Ukrania, Alimentación Juangaicoa. Hoy la mayoría de estos establecimientos y otros que no recuerdo bien han desaparecido. Entre los bares de ambos lados de la calle recuerdo (no sigo un orden concreto) el Bar Oreja, el Montón, Gallego, Goal, Urricelqui, Paris, Ongi Etorri, Deportivo, Jarauta, La Viña, el Viana, La Calle , El Pamplonica, el Bar Katu, Roncal, Giroa, El 84, Rocio, el aritza etc La mayoría de ellos siguen, más las peñas, Los del Bronce, Alegria de Iruña, La Jarana, Aldapa, La Unica,  San Fermin, Sanduzelai y alguna otra, que seguro que me dejo alguno… Sociedades, además del Napardi que se instala en la calle como he dicho en el 2001, estaban en los 80 las sociedades Gureleku, La Saeta, los Irunshemes, la sociedad gastronómica SGZ, etc.

 

Termino mi recorrido en la calle San Lorenzo, calle que arranca al final  de la calle Mayor y acaba junto a la de Jarauta y Descalzos. La población conocía esta calle como la Burullería pues en ella se concentraban los tejedores de paños. Su patrón era San Lorenzo cuya hornacina se conserva hoy en día. A partir de 1840 la calle cambia su nombre por el de San Lorenzo. Adjunto foto de los danzantes de San Lorenzo en el día de las fiestas de la calle, en agosto. De la cercana  iglesia cabe decir que se se empieza a construir en  el siglo XIII terminándose un siglo después. Tenía un torreón defensivo que accedía a la Taconera. En 1743 Juan Miguel de Goyeneta construye otra fachada que duró hasta 1901 en que se construye la actual, obra de Florencio de Ansoleaga y que se terminó el 6 de julio de 1903. La capilla de San Fermín empezó a construirse en 1696 y se inauguró el 7 de julio de 1717. El templete del santo se inaugura en 1819 y en 1975 con motivo de una reforma se le dota de un altar. Entre los establecimientos de la calle cabe recordar en el lado izquierdo el bar Kazuelicas,  la carnicería Bezunartea (luego Fulber y actualmente un locutorio, Dunia, creo), Autoservicio Jesusa, Bolsos Cebrian, abierta como guarnicionería desde 1909 y como tienda de bolsos, paraguas y otros productos de piel desde 1970, y más adelante el bar restaurante Erburu, el Oasis (antes Poliki), la tienda de antiguedades de Merche Muiño,  el Lanzale y al final de la calle el Askartza; en el otro lado el bar la Cepa, Droguería Venancia, la Pescadería Garayoa, el bar Piskolabis, Gotorleku, Alimentación Iruñako y la Bisutería Gooto Bazar.

Fotos de la Casa de Baroja de Rafael Bozano (1973), del final de la calle Nueva de Galle (1978), sin filiar (Casa del Orfeón)  (1932), de los números 2 y 4 de San Saturnino de  J. Cia (1933), de la carrera pedestre de Jarauta (1964), todas ellas aparecidas en Pamplona, Calles y Barrios asi como  de Jarauta nº 5 de Zuñiga (1977) y del Ayuntamiento de Pamplona (Plaza de Santa Ana)