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La música que oíamos en nuestra infancia (1962-1975)

No sería, muchas veces, la mejor música, pero era la más oída en las radios y transistores y en la naciente televisión en blanco y negro de aquellos años. Grandes éxitos, éxitos de verano, éxitos de discoteca, y de vez en cuando alguna buena canción que también llegaba a ser éxito. La música que escuchábamos entonces constituye la Banda Sonora Original de nuestras vidas, una banda sonora vinculada a muchos momentos felices y tal vez a alguno otro no tanto, música que oíamos en las fiestas del barrio, en los primeros días de agosto, o tal vez en alguna verbena de San Fermín, músicas que escuchamos en pubs, bares, salas de fiesta y discotecas, o en nuestras propias casas. Prepárense para adentrarse en el túnel del tiempo, recordando la música de aquellos años.

En aquellos primeros años 60, concretamente en 1962, no era extraño escuchar a Miguel Ríos, entonces Mike Ríos, o algún éxito de nuestra jovencísima Marisol como aquello de que «la vida era una tombola» o al Dúo Dinámico con sus inolvidables «Dime por que» o «Perdoname» «Esos ojitos negros«. Eran años de guateques donde la juventud se divertía como, cuando y donde podía, a pesar del gris y opresivo entorno que le había tocado vivir. Gilbert Becaud componía e interpretaba «Et maintenant» que popularizaría en nuestro país la cantante granadina Gelu, alcanzaba al nº 1 de las listas la canción de los hermanos Rigual «Cuando calienta el sol» y llegaban, allende de nuestras fronteras, éxitos de Elvis Presley, Paul Anka, el «Love me do» de Los Beatles o Lucho Gatica. Cliff Richards cantaba la inolvidable «The young ones» o Toni Renis «Desde cuando cuando cuando«, canciones como «The sinner men» o grupos como The Tokens y su «The lion sleeps tonight«. La música moderna se alternaba en las radios con la romántica (los boleros de Machin o alguna de Jorge Sepulveda como aquella de «Mirando al mar» ) o la más tradicional española que luego llamarían algunos «Camp» entre los que estaban viejas glorias de la copla como la Piquer o más modernas como Manolo Escobar y su «Porrompompero» y otras canciones como  «la de ese toro enamorado de la luna«. En aquellos primeros 60 comenzarían a instalarse las primeras emisoras FM, radioformulas con una programación enteramente musical. De fuera de nuestras fronteras nos llegaba  el «Hello Mary Lou» de Ricky Nelson o  la música orquestal de Ray Connif.
Eran años en los que triunfaban en nuestro país los cantantes y melodías francesas e italianas (Adriano Celentano, Gigliola Cinquetti, Salvatore Adamo y su «Cae la nieve» o su más conocida «Mis manos en tu cintura«, Rita Pavone y su «Cuore«),  Alan Barriere y su famosísima «Ma vie«, Francoise Hardy y «Touts les garcons et les filles» nº 1 en 1963, Silvie Vartan con «El ritmo de la lluvia«. Las cantantes francesas se nos aparecían en nuestra infancia como rubios ángeles cantarines, tan dulces ellas. En España seguía triunfando año tras año el  Dúo Dinámico. Los Beatles era un clamoroso fenómeno que traspasaba ya las fronteras de la música y se adentraba en el fenómeno sociológico, cosechando éxito tras éxito como el de «She loves you»  de este año 1963,  y convirtiéndose en un verdadero símbolo para toda una generación. En el cine se estrenaba «West Side Story» y su famosa «Maria, Maria«. En español se oían canciones que hoy como poco causarían cierto sonrojo como el «Di papa» de Jose Guardiola. Raimon cantaba por primera vez su famoso «Al vent» que se convertiría en todo un símbolo en los últimos años del tardo franquismo y primeros de la transición. De fuera nos llegaba la británica  Petula Clark con su «Chariot«, que yo recuerdo conoció una versión jocosa que empezaba diciendo «La piedra, la piedra, nos ha j… todo, sandías, melones y hasta melocotones…), (luego cantaría la tal Petula cantaría otra celebre canción llamada «Downtown«), también podíamos escuchar «The Little Eva» de «The Locomotion», con una cantante de color, el italiano Nico Fidenco cantando aquello de que llegaba «Un granello di sabbie«. Melodías intemporales eran el «Blue Velvet» de Bobby Vinton o el «Siboney» interpretado por la voz aterciopelada de Connie Francis. En aquellos primeros años sesenta también escuchamos al grupo de Madagascar «The Surfs» con «Tu Seras mi baby» o a Gino Paoli con su inolvidable «Sapore di Sale«.
Seguimos. En 1964, Richards Anthony cantaba aquello «Ahora te puedes marchar«. Y en este mismo año irrumpía el grupo instrumental «Los Pekenikes» con  «Los cuatro muleros«, cuya melodía, ahora que la vuelvo  a escuchar era la misma  de aquel viejo canto republicano de «Puente de los franceses», pues no en vano ese canto bélico estaba basado en la conocida copla popular de «Los muleros», luego llegarían la inolvidable «Hilo de seda» y tantas otras. «The Animals» cantaba «The house of rising sun», maravillosa canción traducida al castellano como «La casa del sol naciente». Esta canción fue nº 1 en 1964 en EEUU e Inglaterra. Ha conocida muchas versiones y se ha traducido  a muchos idiomas pero la versión de «The animals» es, sin duda,  la mejor, con sus inolvidables acordes del órgano electrónico tan característico en la música de aquellos años.
Los Beatles triunfaban en todo el mundo con «Yesterday» mientras en España irrumpían con un estilo similar  «Los Brincos» (Flamenco, Borracho, Mejor…). A estos les seguirían otros como «Los Sirex» (La escoba), «Los Mustang» (Conocerte mejor) y otros muchos  que emularían el estilo y en algunos casos el éxito, al menos a nivel doméstico, de los británicos. En el ámbito más melódico también hacía su aparición una cantante que conocería un enorme éxito esos años, Maribel Llaudes, más conocida por  Karina. Su primer éxito: «Me lo dijo Perez«… que estaba en Mallorca. Sonaban todavía melodías como «La Yenka«, «La chica ye-ye» de Conchita Velasco, las canciones de Luis Aguilé, Manolo Escobar o  Los tres sudamericanos.
Eurovisión no era lo que es ahora, entonces era un autentico acontecimiento musical seguido por millones de europeos. Cada éxito de Eurovisión se convertía automaticamente en un nº 1 en las listas. Y en 1965 la francesa France Gall ganaba el certamen en Luxemburgo con «Pouppe de Cire, Pouppe de Son«. Este año Pino Donaggio nos arrullaba en aquella melodía lenta, lentísima (por lo del baile) «Yo que no vivo sin ti» y Tom Jones hacia bailar a la juventud de la época al ritmo de «Its no unusual«. También en 1965 Sonny y la versatil actriz y cantante Cher cantaban «I got you baby«, que muchos recordamos por ser la canción que Bill Murray, escuchaba, una y otra vez, cada vez que se despertaba, en la película «Atrapado en el tiempo». De aquel año tan solo destacaría Jimmy Fontana y «El mundo» (nº 1), las melodías surferas, puro sonido de California, de los Beach Boys y el grupo «The Supremes», un ramillete de cantantes negras que decían aquello de «Stop in the name of love«.
En 1966 otro grupo español pero que cantaba en ingles, Los Bravos, comandado por Mike Kennedy triunfaba y alcanzaba el nº 1 con «Black is Black«. Raphael decía aquello de «Yo soy aquel» y en la Navidad nos cantaba aquello de «El pequeño tambolirero«. Hasta una radionovela creo recordar llevó su canción como melodía. Los incombustibles Rolling Stones seguían triunfando  con su mítica «Satisfaction» (1965) mientras Los Beatles hacían los propio con el «Submarino amarillo» y «Michelle» , Los Brincos «Un sorbito de champan«. Este año fue un año muy bueno en melodías memorables, de esas que no se olvidan. Frank Sinatra nos deleitaba con «Strangers in the night» (Extraños en la noche) mientras su hija Nancy triunfaba con «These boots are made forwalking» y Simon and Garfunkel hacían lo propio con sus «Sonidos del Silencio» y dos años después con «Mr Robinson«. Ese año triunfarían las melodías románticas francesas como «Aline» de Christophe o «Capri c´est fini» de Herve Villard. También de este año son «Monday, Monday» de The Mamas and the Papas. Las BSO de algunas películas también se convertían en pequeños o grandes éxitos como la BSO de «La Muerte tenía un precio«, «Un Hombre y una Mujer» o la de «Doctor Zhivago» (de Ennio Morricone, Francis Lai y Maurice Jarre, respectivamente).

En 1967 seguíamos escuchando los éxitos de los Beatles («All you need is love«, «Sargento Peppers«), de los Beach Boys, también sonidos «motown» y de San Francisco, en años de revoluciones hippies y de las otras (poco faltaba para el mayo del 68). En España nos encontrábamos con grupos pop como «Los Brincos» (Lola), «Los Bravos» (Los chicos con las chicas y La moto, y en 1968 «Bring a little lovin«). Juan y Junior formaron este año un dúo, triunfando con «La caza» y al año siguiente con «Anduriña«. Antes habían formado parte de «Los Pekenikes» y «Los Brincos». «Marionetas en la cuerda» de Sandie Shaw sería el tema ganador del Festival de Eurovisión de ese año y nº1 en las listas. Otras melodías famosas ese año fueron «La Felicidad» de Palito Ortega, «Con su blanca palidez» del grupo británico de rock Procol Harum, «Happy together» de The Turtles o «I´m a believer» de The Monkees o «Aranjuez, mon amour» interpretado por Richard Anthony. En 1968, Massiel ganaría Eurovisión con su «La, la, la» a pesar de que la favorita era «Congratulations» de Cliff Richards que finalmente quedaría en segundo lugar. Tom Jones interpretaba «Dalilah«, Los Beatles, «Hey Jude«, Los Canarios tocaban «Get on your knees«, Los Angeles «Mañana, Mañana«, Picnic o más bien Jeanette, solista del grupo «Callate niña«. Bee Gees, el grupo australiano que triunfaría sobre todo en los 70, cantaba su «Massachussets«, The Moddy Blues, su bellísima canción «Noches de blanco satén«, Patty Bravo «La bambola«, la prodigiosa voz de Aretha Franklin cantaba «I say a little pray» y Mary Hopkin nos hacía soñar con «Those were the days«, canción basada en la celebre melodía de origen ucraniano  cuyas estrofas  recordaríamos en castellano con aquel melancólico inicio de «Que tiempo tan feliz…». En España, «Los Mismos» popularizarían su canción veraniega «El Puente«, posiblemente el mayor éxito de su carrera que hablaba de un imaginario puente entre Valencia y Mallorca, y Cristina y Los Stop harían lo propio con sus «Tres cosas hay en la vida… Salud, dinero y amor«, ¡cuantas veces la habré escuchado en mi casa de niño, tarareada por mi madre!.


A partir de 1969 recuerdo especialmente aquellas celebres canciones de verano, ¡que recuerdos más bonitos!, posiblemente porque las asociábamos a las vacaciones, los juegos (se jugaba en la calle) y las fiestas del barrio. Aun recuerdo como nuestros hermanos mayores emulaban  a los grupos cuyas pegadizas canciones nos repetían, una y otra vez, por las radios de nuestras casas. En 1969, Los Payos popularizaron «Maria Isabel«, en el nº 1 de las listas, Karina sus «Flechas del amor«, Formula V, su «Cuentame» y «Tengo tu amor«, Georgie Dann su «Kasatchok«, Henry Stephen su «Limón, su limonero«, Palito Ortega su «Chevecha«, Nuestro pequeño mundo «Oh, sinner man«. En Eurovisión, Salome ganaba el festival de Eurovisión empatando con Francia, Holanda y Reino Unido. Veinte años antes que Tino Casal versionara su «Eloise» la cantaba Barry Ryan, concretamente  este año. El éxito de los Beatles, este año fue «Obladi, Oblada» y un niño francés que respondía al nombre de Jean Jacques cantaba su celebre «Mama, Mama«. The Archies tocaban su «Sugar, Sugar» y Mike Kennedy «La lluvia«. Entre las lentas estaba «Alguien cantó» de Matt Monro y la inolvidable, ¿como fue posible que pasase la censura con aquel orgasmo casi en directo? de Jane Birkin y su «Je t´aime moi non plus«. Entre los grupos pop españoles este año cabe citar Lone Star y «Mi calle«. Y comenzaban a proliferar los llamados cantautores: Serrat (Golpe a Golpe), Aute, Andres do Barro  y Victor Manuel con «El abuelo Vitor«.

En 1970, hacía irrupción Los Diablos y su «Rayo de Sol» (nº 1), Simon y Garfunkel cantaban su «Puente sobre aguas turbulentas«, los Beatles su «Let it be«; Miguel Rios, el «Himno a la Alegría«. Comenzaban los ritmos discotequeros con melodías como «Shocking Blue» de Venus. Karina abría «El baul de los recuerdos«, el grupo de rock sinfónico Los Modulos cantaban «Todo tiene su fin«, Mochi nos decía aquello de «Mami panchita»  y fuera de nuestras fronteras los grupos británicos Christie y Mungo Jerry  tocaban respectivamente  su «Yellow river» y «In the summertime«. Al rock de los Rollings se unían otras bandas más heavys como Led Zeppelin y su «Whole lotta love«. Mientras tanto el flamenco se convertía en flamenco pop con interpretaciones de Rosa Morena (Echale guindas al pavo) y Dolores Vargas (Achilipú).

En 1971, Tony Ronald nos animaba con su esforzado «Help» (Ayudame, nº 1), seguía Karina esta vez con «En un mundo nuevo«, Los Diablos («Fin de semana«) y formula V («Ahora se que me quieres«). Se hacía oir una prometedora cantautora:  Mari Trini, fallecida no hace demasiados años, con sus «Amores» y una voz potente, la de Nino Bravo,  tempranamente cortada en un accidente de tráfico con su «Te quiero«. Danny Daniel nos cantaba su «Vals de las Mariposas» y la rumba catalana tenía en Peret y su «Borriquito» su máximo exponente. Otro grupo español que cantaba en inglés y de apariencia foranea era Pop Tops (si aquellos que quisieron tirar a la piscina de los Tres Reyes unos sanfermines, unos pamplonicas «de pro» (es un decir) por sus escasas indumentarias). Este año triunfaron con  el «Mamy Blue«.  Ese año oimos también a Santana y Jose Feliciano (Que será). Y de fuera nos llegaron melodías superpegadizas e inolvidables como «Chirpy, Chirpy, Cheep, Cheep» de The Middle of the Road. Tras la separación de los integrantes de los Beatles, en diciembre de 1970, sus integrantes reemprenderían su camino en solitario: Paul Mac Cartney, George Harrison y posteriormente John Lennon con su «Imagine» (1972). Lynn Anderson nos trajo su «Jardin de Rosas«. Este año sonaron las canciones de varias películas:  la canción principal  de la película «Love Story» interpretada por Andy Williams (con música de Francis Lai) y la canción «The wandering star» de la película «La leyenda de la ciudad sin nombre», ésta interpretada por la voz aguardentosa de Lee Marvin.

En 1972, seguimos escuchando a los llamados cantautores: Serrat y Su «Mediterráneo«, Mari Trini y su «Yo no soy esa» a la que se sumaba Cecilia y su «Dama, dama» también como Nino Bravo («Un beso y una flor«) prematuramente desaparecida en accidente de tráfico. Al panorama nacional se sumaban Miky y su «Chico de la armónica«, un primerizo Julio Iglesias y su «Canto a Galicia» , Camilo Sexto y su «Algo de mi» y la francesa Jeanette con su «Soy rebelde«. El verano nos traería las siempre refrescantes melodías de Formula V («Vacaciones de verano» ) y Los diablos ( «Oh, oh, July«). También este año el cine nos traería melodías inolvidables: nada menos que la canción principal de la mítica «El Padrino, interpretada por Andy Williams (Estoy sintiendo tu perfume embriagador) o la de «El Violinista en el tejado» interpretada por Topol (Si yo fuera rico). Pero si hubo una melodía tremendamente popular este año fue la «Palomitas de Maiz», una melodía instrumental de sintetizador, una de las primeras que escuchábamos entonces. Fue compuesta por Gershon Kingsley en 1969 aunque fue Stan Free quien la grabó con el nombre de «Hot butter» en 1971 convirtiéndola en un gran éxito. Harry Nilson nos trajo una hermosa balada, «Without you«. Hubo otros cantantes como Cat Stevens, Neil Diamond o  Gilbert O´Sullivan que se dejaron también oir por las ondas radiofónicas. Pero este año hubo mucho más: «El soldadito» de la Pequeña Compañía, «I love you baby» de Tony Ronald y «When i am a kid» de Dennis Roussos.

En 1973 continúan, en buena parte, los cantantes y grupos españoles de años anteriores: Nino Bravo y su «Libre» y «América«, Camilo Sexto con su «Amor, amar», Mari Trini, etc. Mocedades queda en segundo puesto  en Eurovisión con su «Eres tú«. Emilio José estrena su «Soledad«, banda sonora de otra radionovela de la radio en aquellos años. En el verano, Formula V triunfaba con su «Eva Maria» y Los Diablos con «Mi talismán«, sin olvidar a «Los puntos» y sus canciones  «Cuando salga la luna» o «Goodbye, Goodbye«. El brasileño Roberto Carlos nos encandilaba con su bella melodía de «El gato que está triste y azul» y el grupo Santa Barbara decía aquello de «Le llamaban Charly«. De fuera nos llegaron melodías inolvidables como la de «Killing me softly» de Roberta Flack, las  canciones de Demis Roussos «Velvet mornings» (más conocida popularmente como el «triki, triki»), Lou Reed y su «Walking on the wild side«, Albert Hammond y «Nunca llueve en el sur de California«, Bobby Vinton y «Sealed with a kiss«, Elton John y la muy cañera Suzy Quatro con su «Can the can«. Y para acabar este año, citaré tan solo a Tony Orlando & Dawn con su inolvidable «Tie a Yellow Ribbon Round the Ole Oak Tree«.

En 1974, Mocedades cantaban «Tómame o déjame«, Danny Daniel «Por el amor de una mujer«, Roberto Carlos «La distancia» y Camilo Sexto «Ayúdadme«. De los nuevos  cabe destacar a Patxi Andión con su «Uno, dos y tres» y Juan Bau, con «La estrella de David» y una tal Dalida cantaba aquello de «Gigi el amoroso«. Juan Pardo había dejado a Junior en 1969 y seguía con su carrera en solitario, este año «Conversaciones conmigo mismo«. Y Las Grecas  con un estilo de flamenco rock llegaban al nº 1 cantando  aquello de «Te estoy amando locamente» mientras  Los Chichos cantaban aquello de «Ni más, ni menos» y Peret acudía a Eurovisión con «Canta y se feliz» quedando en un discretísimo lugar mientras ganaba Abba con «Waterloo«. En el verano, Los Diablos cantaban «Acalorado» y Formula V, «En la fiesta de Blas«, que en nuestra ciudad contaría a raíz de un encierro y posterior desalojo de la Catedral con una variante popular: «De la Santa Catedral todo el mundo salía con unas cuantas h…de más». Y tampoco olvidaré el otro grupo pop que nos acompañaba esos años, Los Puntos con «Llorando por Granada» y «Esa niña que me mira«.  De fuera nos llegaba «Angie» de los Rollings, así como nuevas canciones de Elton John, Paul Mac Cartney y George Mc Rae con «Rock me baby«. Mike Oldfield estrenaba su «Tubular bell«.

Por último, llegamos a  1975. Este año fue un año pródigo en éxitos de solistas: Cecilia con su «Ramito de violetas«, Camilo Sexto y su «Melina«, la hija de Lola Flores, Lolita con «Amor«, Roberto Carlos «Un millón de amigos«, José Luis Perales «Y tu te vas«, Julio iglesias, «Manuela«, el italiano  Ricardo Cocciante, «Bella sin alma» (nº 1) y Manolo Otero, «Todo el tiempo del mundo«. Un desconocido José Augusto que nos recordaba a Roberto Carlos cantaba aquello de «Entre Candilejas«, todo un homenaje al universo chapliniano. Paco de Lucia hacía autenticas virguerías con la guitarra en aquella inolvidable pieza «Entre dos aguas«. El incombustible Georgie Dann cantaba ese verano «Bailemos el bimbó«. Desde fuera nos llegaba otro éxito discotequero, esta vez era Gloria Gaynor la que cantaba «Never can say goodbye«, George Baker cantaba «Una paloma blanca«, la canción era toda en inglés menos esa frase que era cantada en castellano, Morris Albert compuso su «Feelings» y Juan Carlos Calderon su pieza  instrumental «Bandolero«. Los Puntos sacaron su . Ese año triunfaba la película musical «Jesucristo Superstar» que en España interpretó en un musical de gran éxito Camilo Sexto en el papel de Jesucristo y Angela Carrasco en el de María Magdalena. A Eurovisión acudía el duo Sergio y Estibaliz con «Tu volverás«. Los Puntos sacaban «La feria«. Y en plan gamberrete, «Desmadre 75» cantaba, -es un decir-, aquello de «Saca el güisqui, cheli para el personal…».

NOTA: En la medida de mis posibilidades he optado casi siempre por versiones originales y en directo a pesar de que pueda haber versiones cantadas por otros autores o remasterizaciones posteriores. La entrada a pesar de ser bastante extensa no está cerrada y es susceptible de cambios, ampliaciones y modificaciones.

La Calleja de los Cutos (1950-1990)

La Calleja de los Cutos, conocida oficialmente como «Calle Provincias» es otra de las calles con historia de la antigua Rochapea. Debe su nombre a la cochiquera que había al principio de la calle, donde posteriormente se construyó, a finales de los 50, un  edificio de factura moderna en cuyos bajos estuvo durante varias décadas una sucursal del Banco Popular. Así lo recordaba el poeta, escritor e historiador Ricardo Ollaquindia que vivió en la Calleja durante dos períodos, entre 1935 y 1942 y entre 1955 y 1962. Decía «que la cochiquera estaba en el sótano de un barracón de madera, al principio de la calle.  Junto a la cochiquera estaba la trasera de la carrería de Guerrero con un barracón alargado que servía de almacén y un solar donde hacían los antiguos carros, con sus ruedas de madera y  llantas de hierro; En el lado derecho de la calle estaba la casa donde vivía Ricardo y dos casas más, de planta baja y tres pisos; después la huerta de Pedro Diez, ferroviario  y su casa; Y al fondo de la Calleja, en el centro, había una casa, colorada, y dos salidas a los lados,- por las que se iba a la vía del Irati,  y al puente sobre la vía del tren, al campo de fútbol del Rochapeano, ¿sería el que conocíamos como del Gure Txokoa? y al campo con hierba de Úriz». 

Esa casa que vemos en el extremo derecho de la  fotografía que encabeza la entrada, muy cerca de la avenida de Guipúzcoa también la recuerdo yo hasta prácticamente su derribo, a finales del pasado siglo, allá por el año 1999, fecha en la que está datada la fotografía de Manolo Hernandez, publicada en la Revista «Ezkaba» en julio de ese mismo año. Algunos años antes, en el año 1989, se habían comenzado  a derribar las casas del lado derecho de la calle, las más cercanas al parque y el barracón del que llamábamos «Centro» parroquial, por cierto, iniciativa de otro vecino de la calleja, el popular Txano y que vemos en la foto adjunta. También recuerdo que junto a Carriquirri, junto  a ese bloque de casas que encabeza la entrada, había algunos corrales, en tiempos con cutos y posteriormente creo recordar que con algunas gallinas. En esta calle vivían, cuando yo estudiaba en las escuelas del Ave María y aun después (Carbonilla, Cardenal Ilundain, Irubide), la familia Ceniceros que se dedicaba al secular negocio que había dado nombre popular a la calle. 


Detrás de la casa de Ricardo, entre su casa y la escuela del Ave María, también había gallineros, donde se criaban igualmente gallinas, pollos, conejos… Yo recuerdo perfectamente todos esos corrales tras la tapia del llamado patio de las chicas de las escuelas del Ave María, tal y como se puede ver en la fotografía adjunta. El campo de Uriz, fue, en cierta época, campo de batalla entre los chicos del barrio recordaba Ricardo hace algunos años. Había guerras a pedradas entre los chicos del Ave María y los de la Carbonilla. Si había heridos, les dejaban pasar a la farmacia Azqueta, para que les curaran. Yo no recuerdo el citado campo de Uriz pero si recuerdo que en aquellos lejanos años 60 aun se mantenían las peleas a pedradas entre los chicos de nuestra calle, del Ave María pero no con la Calleja de los Cutos sino con los de Santa Engracia, con las vías del tren como mudo testigo de aquellas vespertinas peleas. En este mismo blog, hemos podido ver una foto de aquella tapia y corrales en la entrada dedicada a las escuelas del Ave María de 1977, que vuelvo a reproducir. Ollaquindia recuerda personajes famosos de esta calle como los futbolistas Iparraguirre, Antonio (Sánchez), Santamaría… o artistas, como el escultor Rebolé … y otros peculiares personajes y tipos menos conocidos pero que ofrecían un cuadro entre pintoresco y costumbrista. En aquellos lejanos años 60 y primeros 70, en la Calleja de los Cutos como en el Ave María, los críos jugaban, como dice Ricardo Ollaquindia, y como yo lo viví, en medio de la calle, a la luz de una farola colgante.

Fotos: Manolo Hernandez (1999), Foto cedida (1986) y Foto Imagenes Rochapea (1984) publicadas, todas ellas, en la revista «Ezkaba».

Estampas de antaño: Recuerdo de mi Colegio (1967)

En la segunda entrada de este blog hablaba de las escuelas del Ave-María, apenas unas pinceladas sobre aquella temprana  etapa de mi vida. Vuelvo la vista atrás para recordar otros muchos detalles de aquellos años escolares. Y recuerdo como en el primer año que acudía  a la escuela, sería en el curso 1967-68, una lluviosa tarde de otoño o invierno, estando en la clase de la Ramonita me llamaron pues tenían que hacerme una fotografía. Nos llamaron a mi hermano y a mí, pues mi hermano estaba entonces en cuarto de primaria, con Don Germán Tabar. ¡Vete con tu hermano, que te van a hacer una foto!, me dijeron. Aquello era todo un acontecimiento. Aquella era una especie de foto-recuerdo del colegio, tradicional por otra parte en aquellos años de la escuela en el franquismo. Mi hermano tenía 9 o 10 años y yo cuatro cumplidos. Nos pusieron detrás una especie de lona impresa como escenario de fondo, arcaico photocall que diría uno ahora, donde aparecía una foto del papa Pablo VI, el mapa de España y otros motivos escolares alusivos, nuestras manos sobre un libro. Yo llevaba una bata de rayas, como era tradicional en aquellos años, el pelo cortado y peinado a lo romano, como se llevaba entonces y una mirada, la verdad, un poco asustadiza. ¿Quien iba  decir, entonces, lo que te depararía la vida, cuando apenas estabas descubriendo este mundo?.
Nuestro equipamiento escolar se componía, aparte de la bata, (debajo llevaba un jersey de lana tejido por mi madre y unos pantalones cortos), la cartera, la mía creo haberla vista hasta hace unos pocos años en casa, era de color verde y asas blancas con una ilustración escolar alusiva y colorista, los cuadernos de caligrafía de Rubio, con las tablas de sumar, restar, multiplicar y dividir en la contracubierta, los cuadernos de caligrafía donde modelar la letra, aquella letra redondeada que nos obligaban  a perfilar decenas de veces (¿donde quedaría aquella redondeada letra tras los apuntes de mi época en la  universidad?), el plumier con sus rotuladores Carioca, la goma de borrar Milan (algunas olían a nata) y el eterno sacapuntas para afilar el lápiz con rayas amarillas y negras de Cedro o las pinturas Alpino. Más tarde llegaría el boli Bic, «bic naranja, bic cristal, dos escrituras a elegir…bic naranja escribe fino, bic cristal escribe normal, bic, bic…» decía el anuncio que a partir de 1970 veríamos en casa, en aquella primera televisión en blanco y negro. Había otros momentos en la escuela en los que surgía, de pronto,  la ilusión en nuestros pequeños mundos infantiles. Era aquellas veces en los que un señor muy serio venía a la clase para regalar unos albumes de cromos que el maestro  sorteaba entre los alumnos. Por desgracia nunca me tocó uno de aquellos. A mi hermano sí, y aun lo recuerdo: era uno sobre el Antiguo Testamento. La verdad es que, como son las cosas, recuerdo más y aprendí más de la Historia Sagrada a través de aquellas coloristas ilustraciones del álbum de mi hermano que de la clase de Religión que nos daba el cura de turno.
De entre los libros de texto recuerdo especialmente la enciclopedia Alvarez, obra de Antonio Alvarez Pérez, un texto clásico, con abundantes ilustraciones y explicaciones sencillas, un compendio de temas y asignaturas: religión, historia, geografía, literatura, matemáticas, lengua. Era una especie de libro todo en uno, con dictados y problemas. De aquel libro y aquellos años recuerdo el típico dictado-lectura de Platero, la canción del Pirata de Espronceda o la del sabio que recogía lo que otros tiraban de Calderón pero sobre todo un poema muy gracioso que decía asi: «Un andaluz muy guasón hablando de ortografía, quiso dar una lección y dijo que se escribía con h melocotón. Dispense usted que le tache replicó un hombre de seso, para que pueda ser eso, ¿Donde se pone la h?. Que donde?. En er mismo hueso». Dictados, lecturas (cuanto se reían algunos de los más torpes leyendo), problemas de matemáticas y algunas lecciones de Geografía, con el mapa de España colgado junto al encerado negro, aun recuerdo los nombres de los ríos,  (la enseñanza era entonces toda memorística), constituían el grueso de nuestra enseñanza en aquellos lejanos cursos de Primaria en las escuelas del Ave María. Los castigos en la escuela que se alargaron hasta el final de la EGB básicamente se resumían en copiar 100 veces una frase alusiva a no hacer la presunta falta cometida, esto en las edades más tempranas, quitarte el recreo y pasar este tiempo dentro del aula, ponerte contra la pared, el típico reglazo en las yemas de los dedos o en la palma de la mano, el estirón de orejas o el bofetón en la cara. No recuerdo aunque se que en otros colegios se realizaban el castigo de sujetar pesados libros con los brazos en cruz. En casa, los castigos más socorridos eran el de «castigado sin salir a la calle», o el más habitual, el del zapatillazo en las nalgas o en el culo, cuan veloz se quitaba mi madre la zapatilla.

Más tarde llegaría la Carbonilla y los tres últimos cursos de la EGB en el Cardenal Ilundain. En el último curso en el Ave María y siguientes, a las asignaturas tradicionales: Lengua, Historia, Matemáticas etc se le sumaban entonces aquellas clases de Pretecnología también llamada en otros tiempos de Trabajos Manuales: plastilina, dibujos geométricos (utilizando compases, reglas y cartabones),  dibujos figurativos al carboncillo o paisajes con acuarelas temperas, trabajos de marquetería con aquella sierra de hilo (aun recuerdo aquel belen que estuvo un tiempo encima del armario de la cocina y que  hice cerca de unas navidades, no se si  de 1973 o 1974, con la ayuda de mi padre, siempre dispuesto a echarme una mano y que bien quedó). Recuerdo, una tarde como a un compañero, creo que estábamos en clase de Don Germán Tabar se le soltó bruscamente la sierra de hilo con tan mala fortuna que le atravesó la mano con gran susto para todos.

La antigua calle Errotazar (1950-2003)

La calle Errotazar, algunos de cuyos tramos vemos en las fotos adjuntas de J. Cia del año 1953, y que hoy han desaparecido, precisamente los correspondientes a su primera parte, sustituidos, desde comienzos de este siglo,  por la prolongación de la calle Rio Arga, es probablemente la más antigua de las calles de la Rochapea. La calle, antiguamente Camino de Errotazar, arrancaba en la Casa Gamarra, junto  al  puente de la Rochapea y llegaba hasta el convento de Capuchinos, en el cruce con la avenida de Marcelo Celayeta, donde está pasaba a llamarse avenida de Villava. El nombre de la calle esta documentado al menos desde el siglo XVII donde aparece como Errotachar. Durante muchos años y en su largo trayecto solo tenía un rótulo que decía Erota-zar. De cualquiera de las maneras parece claro su origen vasco: errota (molino), zar (viejo). Probablemente hiciera referencia a la casa de Errotachar o del molino viejo, en la zona de las posteriormente Casas de Mina cuyos restos (del molino) se debían de encontrar en la orilla  del antiguo canal que nacía en la presa de San Pedro, cerca del pequeño puente de Errotazar, junto a las antiguas piscinas infantiles de San Pedro, canal que corría paralelo al río y terminaba en el Arga, bajo el puente de la Rochapea.
Si recorríamos la calle justo desde el puente de la Rochapea, dejábamos a la izquierda los restos del antiguo Matadero Municipal de Carnes, hoy en su lugar  hay una construcción del Club de Remo,  la plaza del Arriasko, luego de Errotazar y hoy  aparcamiento en superficie de Corralillos, la casa de Gamarra (que vimos en la entrada de Joaquín Beunza). Pasado el inicio de esta calle había una casa de dos plantas y junto a ella un taller de coches, en donde antes  estuvo la antigua lavandería de Tabar. Más adelante había un solitario bloque de viviendas construidas a finales de los 50 o primeros 60 (Errotazar, 3) y que fue derribado en el inicio de este siglo (2003) para construir la actual calle Río Arga paralela al río. En esa zona estuvo desde hacía muchísimo tiempo el llamado patio de Navascues que vemos en la foto de la izquierda de J.Cia datada en 1955 y en donde, en tiempos, hubo fábricas de curtidos, velas y cerveza. Más adelante, conservada hasta el último tercio del pasado siglo, estaba la casa de la Cenona, junto a una serrería y más adelante una serie de huertas y fincas, más adelante de las cuales estaba el llamado Prado de la Cera que llegaba hasta la esquina de Errotazar con el camino de los Enamorados. En ese último tramo, se construirían en  los primeros años 60 numerosos edificios de viviendas, como se puede comprobar en la fotografía de Echegaray, precisamente de esa época, donde vemos tanto a la derecha como al fondo los nuevos bloques de viviendas. Pasado el camino de los Enamorados nos encontrábamos con la escuela de Errotazar también llamada de Lavaderos, hoy unidad de barrio del Ayuntamiento. En ese lugar hubo hasta 1961 una fuente con un abrevadero, al igual que también  hubo otra cerca del puente de Santa Engracia, en el comienzo de la antigua Joaquín Beunza y otras muchas desperdigadas por los diferentes barrios de la ciudad. 

Siguiendo el cauce del rio, atravesando la actual rotonda de Errotazar, en ese lado de la calle lo único destacable que encontrábamos hasta la construcción de las llamadas casas de Virgen del Río era el Monasterio Viejo de San Pedro, antiguamente Convento de San Pedro (el primer y más antiguo convento medieval de la ciudad, construido en el siglo XIII, habitado primero por los padres franciscanos y luego por unas monjas, las Petras, que estuvieron en él hasta 1969, año  en que el edificio quedó abandonado. El edificio en rápido proceso de deterioro  sirvió de albergue durante algunos años a  algunas familias gitanas, hasta que fue recuperado y rehabilitado por el Ayuntamiento). En la foto de la izquierda, de Arazuri, de 1967, vemos el Convento sin las viviendas nuevas que se construirían en la zona poco más tarde. Luego venían las casas municipales de San Pedro (construidas en el año 1949 por el consistorio) y que vemos en la foto de la derecha, de J.Cia,  datada en  1950. En esa zona hubo anteriormente  un lavadero, una fuente y un abrevadero.  Muy cerca de aquí estuvo, entre 1958 y 1993, la antigua fábrica de Copeleche, entre las calles Garde y Ansoain que vemos en la foto de Goñi, del parrafo siguiente. En sus terrenos se construiría años más tarde la nueva plaza circular  de viviendas de Iturriotzeaga. Un poco más hacia la izquierda,  entre la calle Cruz de Barcacio y la carretera de Artica hubo  desde 1959 hasta finales de los 80 otra fábrica,  la fábrica de pretensados Aedium que vemos en la foto de 1984 publicada en la revista Ezcaba en el año 2004. Yo creo haberla vista hasta el año 1989.

Regresamos al puente de la Rochapea y recorremos la calle, esta vez por su lado derecho. Junto al puente de la Rochapea había una zona verde en suave descenso hacia el río, poblada de arboles (con enormes plataneros de más de un siglo de vida pues fueron plantados por el consistorio en 1899) y que fue durante muchísimo tiempo el mayor lavadero de la Rochapea y uno de los mayores de la ciudad, aunque no el único. Hay  innumerables fotografías en las que podemos ver a las sufridas lavanderas afanándose con su labor junto a la orilla del rio. Tras esta zona estuvo durante muchos años, practicamente hasta el derribo de estas construcciones, a finales de siglo, una casa que albergó la antigua casa de fideos y pastas «La Navarra», tras esta la casa de la Parra, luego de la familia Lorda, más adelante la casa de Vergara,  casa del Obispo y más adelante las Casas de Mina, en la zona donde estaba el antiguo molino de Alzugaray (y antes el molino de la Polvora y fábrica de papel), detrás de la cual estaba el antiguo Prado de la Lana. Tras la casas de Mina estaba la huerta del Mochorro (del euskera «mozorro») que en tiempos albergó una de las primeras zonas de baños públicos de la ciudad. Tras las construcciones del lado derecho de la calle Errotazar hubo, hasta la nueva reordenación de la Rochapea, a finales del pasado siglo,  infinidad de huertas que suministraban al cercano Mercado de Santo Domingo, que recibían la denominación de sus dueños o inquilinos y que se extendían desde esta zona hasta las cercanías del Puente de Santa Engracia, desde 1999 todas desaparecidas, al ser sustituidas por el nuevo Parque Fluvial. Siguiendo la calle Errotazar más allá de su primer y más denso tramo, nos topábamos con el viejo puentecillo de Errotazar, la presa de San Pedro y bordeando el rio llegábamos hasta la iglesia de San Pedro, junto al convento de los Capuchinos. El convento data del siglo XVII y la iglesia del convento,  debidamente rehabilitada,  se abrió al culto de los feligreses en el año 1952. 

La Avenida de Guipúzcoa. De Cuatro Vientos a Berriozar (1963-2013)

En su momento hablamos de  de Cuatro Vientos, de San Jorge, de la avenida de Guipúzcoa. Hoy nos toca seguir con esta avenida, desde el puente sobre las vías del tren hasta el fin del término municipal, en la actual confluencia entre la avenida y la variante norte. De aquella entrada o salida de la ciudad, llena de viejas casas, talleres e industrias pegadas a una estrecha carretera de Guipuzcoa  no queda prácticamente nada. Por ello intentaré hacer una reconstrucción memorística lo más fiel posible ya que apenas quedan testimonios gráficos. Antes de subir por el viejo puente de la estación que vemos en la segunda  foto de la entrada procedente del Archivo Municipal, datada a principios de siglo, (el  actual puente de hormigón data de 1970) dejábamos, a mano izquierda, la antigua calle del Muelle (allá donde hasta los primeros 70 estaban las viejas fábricas de Eugui, Múgica y Arellano y Taberna Hermanos) y a la derecha la calle Carriquiri, unos depósitos de la Azucarera, y las traseras y cobertizos de algunas casas de la calleja de los Cutos, de la que seguramente hablaré en otra entrada.
Atravesando el puente sobre las vías nos encontrábamos, al lado izquierdo, con la calle Ferrocarril y a la derecha con el llamado barrio de Santa Engracia. La calle Ferrocarril (hoy barrio de Euntzetxiki) discurría y discurre paralela a las vías del tren y llegaba hasta la colina de Santa Lucia. En el lado izquierdo de la calle estaban parte de los muelles de los trenes de mercancías de la Estación de Renfe así como sus depósitos de máquinas y, un poco más adelante, los enormes depósitos de la Campsa. En su lado derecho había una gran hilera de casas baratas (por el material de construcción utilizado) de los años 40 y 50 de la que solo queda hoy en día un par de bloques, dos o tres portales, (recuerdo, cerca de la avenida, el Bar Villegas y alguna huerta y un frontón) y al final de estas casas la fábrica de Abonos Químicos o Inabonos que se instaló en el barrio a principios de siglo, concretamente en agosto de 1908. Cerca estaba también la serrería de Isturiz, la Gran Tejeria Mecánica, textiles Maser, etc. Detrás de estas casas, estaban las antiguas Escuelas de Unzutxiki, construidas en la postguerra.
El barrio de Santa Engracia, cuya foto encabeza esta entrada siempre ha estado en una especie de tierra de nadie, hoy a caballo de la naciente Buztintxuri, el vecino San Jorge y la vieja Rocha. Históricamente, parte de la Rochapea, sin embargo la vía del tren la ha separado del resto del barrio. El pequeño enclave esta compuesto por apenas cinco manzanas con cinco calles, de las que dos comparten denominación: la calle de Santa Engracia, que comenzaba en la avenida de Guipuzcoa y terminaba en la puerta principal de Perfil en Frío, a la izquierda,  las dos travesías de Santa Engracia y a la derecha las calles de las Viñas y la de los Campos que llegaban y llegan hasta las vías del tren. El nombre del lugar tiene su origen en el nombre del convento de las Clarisas, que existió en el lugar entre los siglos XIII a XVIII y ocupaba, según Arazuri,  la parte derecha de Cuatro Vientos, desde la orilla de Arga hasta la calle Carriquiri, comprendiendo la actual calle Provincias, el arranque de la avenida Marcelo Celayeta y el tramo final de la antigua Joaquín Beunza en su zona más cercana a Celayeta y el rio. Entonces no existía el puente de Cuatro Vientas y la única salida de la ciudad hacia el norte era la del puente de Santa Engracia, junto al antiguo molino de Mazón. El barrio de Santa Engracia ha estado condicionado, como he dicho,  además de por la cercanía de la estación del tren y la separación que suponía la presencia de  las vías,  por la presencia de diferentes empresas como Perfil en Frío, de la que ya hablé en otra entrada, hace meses, o de Talleres Iruña. En sus calles persisten aun unos pocos pequeños comercios con décadas de historia a sus espaldas: una lechería-panadería, una tienda de alimentación o la carnicería de Ochotorena, cerca del puente de Cuatro Vientos, además de dos o tres bares; el bar la Hiedra, el Manolo, etc. Aun recuerdo cuando se construyó el último edificio del barrio, el más alto, junto al puente de la estación allá por los inicios de los años 70.
En la avenida de Guipúzcoa, desde Santa Engracia y hasta el límite del término municipal, en su parte izquierda, encontrábamos un montón de casas, algunas de planta baja, otras de dos plantas y entresuelo con una escalera lateral para subir a los pisos superiores, a veces con sus pequeños huertos, la acera de la avenida era estrechísima. Más adelante nos encontrábamos con la residencia de las Hermanitas de los Pobres, la fábrica de Gaseosas Odériz, que  luego fue la Casera y la fábrica de Bendibérica, en su última epoca Robert Bosch y detrás de estas edificaciones, entre la avenida y el antiguo camino del Plazaola, algunos senderos y campos. Concretamente, detrás de Bendibérica recuerdo un sinuoso camino que desembocaba en un paso sin barrera junto a la pared norte de Perfil en Frío. En su primer tramo se podía encontrar  una solitaria casa de dos plantas y una antigua serrería, luego un tramo estrecho cerrado entre tapias, el cerro donde está hoy el Parque de los Aromas a la izquierda y por último  las vías del tren, frente a lo que es hoy la calle Juan de Ursua.

De todo eso nada queda ahora, salvo el nuevo edificio de las Hermanitas de los Pobres construido hace unos pocos años. En su lugar decenas de nuevos  bloques de viviendas, cientos de viviendas: Buztintxuri, Nuevo Artica (o Artiberri),  y unos cuantos supermercados: BM, Caprabo, Mercadona (en el lugar donde estuviera la fábrica de Bendibérica). Las Hermanitas llegaron a Pamplona en 1878  y se instalaron en la plaza de Recoletas. En 1887 se colocó la primera piedra del edificio. En 1898 se terminaron las alas laterales del asilo. La residencia, reconocible por el color rojo del ladrillo con que se construyó, se derribó en julio de 2007, inaugurandose el nuevo edificio en el año 2010. La mayor parte de las edificaciones de viviendas que he comentado en el párrafo anterior se derribaron en los primeros años de este siglo. En el año 2004 practicamente no quedaba casi ninguna y la avenida de Guipuzcoa había pasado de ser una estrecha y densa vía de tráfico en su entrada a Pamplona a una amplia avenida de cuatro carriles. En su parte derecha, desde la calle Ferrocarril hasta el límite del término municipal había también una larga hilera de viejas casas, edificios  y algunos talleres en su planta baja, entre campos y huertos y frente a la antigua Bendibérica  se instaló la división  de grúas de Imenasa que en 1990 adquirió el grupo alemán Liebherr. La fábrica se trasladó de este lugar al polígono de Agustinos en el año 1997, siendo reconvertidas sus instalaciones en el año 2010 en lo que es hoy el Recinto Ferial de Navarra (Refena).

Entrada en homenaje a mi padre, Antonino, fallecido hace poco más de un mes que tantas veces hizo este recorrido, por la Avenida de Guipúzcoa del trabajo a casa y de casa al trabajo en Bendibérica.

El Segundo Ensanche de Pamplona (1920-2013)

Tras más de dos meses de obligado silencio (me ha tocado vivir unas trágicas circunstancias familiares) vuelvo a retomar este entrañable cuaderno de memorias. Y en esta ocasión sigo recorriendo los diferentes barrios de la vieja Pamplona. Si en la última entrada me detenía en el Primer Ensanche o Ensanche Viejo, en esta ocasión me ocuparé del Segundo Ensanche o Nuevo Ensanche. Del Segundo Ensanche de Pamplona tengo algunos viejos recuerdos, vinculados fundamentalmente a mi infancia y adolescencia, plasmados muchos de ellos en las páginas de este blog: los cines, casi todos, hoy en día cerrados (Rex, Olite, Avenida, Alcazar, Mikael, Carlos III, Gayarre y los salones Loyola y Champagnat), las salas de juego (Caleidoscopio, Carlos III, Príncipe de Viana),  el ambulatorio General Solchaga, el único que había en los años 60 y 70 en la ciudad y al que teníamos que ir cuando nos poníamos enfermos, el Instituto de Higiene de la calle Leyre (donde te ponían, de vez en cuando, alguna vacuna), el parque de la Media Luna, los Institutos de la plaza de la Cruz, donde estudió el bachillerato mi hermano e  hice yo la selectividad, la vieja estación de autobuses, la avenida de la Baja Navarra, en aquellos años avenida del general  Franco, con sus dos plazas circulares (la del Príncipe de Viana o Circular y la de Mola), la vieja estación del Plazaola-Irati en cuyo solar se construiría mucho más tarde (estuvo muchos años el solar vacio) el actual edificio del Insalud y la Seguridad Social  y detrás sobre las antiguas vías se construyeron en los años 60 las nuevas  casas de Yanguas y Miranda, frente al antiguo solar de las barracas. Como en otros barrios haré un breve repaso de su nacimiento y desarrollo, con especial hincapié en los últimos cincuenta años (la mitad de las fotos pertenecen a este período).

El Segundo Ensanche se empezó a construir tras el derribo de las murallas que constreñían  a la vieja ciudad histórica, en 1920. No fue un proceso fácil sino todo lo contrario,  muy largo y laborioso. Además de las murallas estaba la prohibición de edificar «fuerapuertas». Los militares solo dejaron construir la vieja carcel (derruida hace poco) dentro de lo que entonces se llamaban las zonas polémicas. El Hospital y el Manicomio se construyeron en los límites del término municipal. En 1905 se consiguió permiso para ensanchar los Portales de la ciudad, no obstante el permiso para construir el Ensanche se condicionaba a erigir otra muralla desde la Ciudadela por la Cruz Negra, Fuerte del Príncipe  hasta la zona de Beloso. La población seguía creciendo y la ciudad seguía sin poder crecer.  En 1914 llegó el permiso para el derribo de las murallas. El 25 de julio de 1915 se derribó la primera piedra, concretamente en el Baluarte de la Reina, que estaba aproximadamente en la actual Avenida de Carlos III, un poco más arriba de Cortes de Navarra. Tendrían que pasar aun cinco años más hasta que el 29 de noviembre de 1920 se colocó la primera piedra del Nuevo Ensanche, concretamente en el nuevo muro de contención de la bajada de Tejería sobre el que se construiría en 1922 la plaza de toros actual. El Segundo Ensanche se construyó según proyecto del arquitecto Serapio Esparza y siguiendo el modelo del ensanche barcelonés. Constaba de 96 manzanas y tenía una extensión de 890.000 m2.  El chalé de Martinicorena que vemos en la primera fotografía de la izquierda de este párrafo, terminado en junio de 1922, y situado en lo que después sería la calle Arrieta fue la primera casa construida en el nuevo Ensanche.



Tradicionalmente se distinguen dos fases en la construcción del  Segundo Ensanche. Una primera fase que se extiende desde 1920 hasta 1930, según otros hasta  el final de la guerra,  en que se construye  casi desde el límite  con la ciudad histórica y hasta la actual avenida de la Baja Navarra y una segunda fase que va desde 1940 hasta 1957 en  que se construye en la zona situada desde la citada avenida hasta su actual limite, en la zona de los Caídos, y que hasta los años 40 eran todavía campos de cultivo. La primera parte de este Ensanche ha sufrido muchos cambios pues inicialmente contaba con bellos chalets y  palacetes junto a algunos edificios de tres o a lo sumo cuatro plantas, como la Casa Galarreta (que encabeza esta entrada) o la Casa de Lopez (primera foto de la entrada a la derecha) construidas en la actual plaza de Príncipe de Viana (también conocida como plaza Circular). Con el tiempo esos viejos y ostentosos chalets y palacetes de los que hubo abundantes ejemplos en calles como Beragamin (2ª foto de la entrada a la derecha) Arrieta o Paulino Caballero fueron quedando aislados entre grandes edificios y sucumbieron a la piqueta en los años 60 y 70. La segunda parte de Ensanche con edificios más altos apenas ha sufrido cambios en estos años y se mantiene casi tal y como entonces. Derruidas las murallas por su flanco sur y descartado el proyecto de Ensanche de  Julian Arteaga que proyectaba mantener cerrada la plaza del Castillo, se derribó el viejo Teatro Principal que taponaba la comunicación de la plaza del Castillo y nació la avenida de Carlos III (que vemos en la 3ª foto de la entrada a la izquierda), debiendo resolver además las nuevas fachadas del Palacio de Diputación y del Crédito Navarro. De estos proyectos se encargaron en los años 1931-32 los hermanos Yarnoz, responsables también de la construcción del nuevo Teatro Gayarre. Carlos III sería la primera gran avenida de la ciudad y eje principal del nuevo ensanche junto a la entonces avenida de Francia. En la foto de la avenida que data de 1930, vemos ésta todavía sin el Monumento a los Caídos y a la derecha de la foto la conocida como Casa Doria que ocupaba toda la manzana existente entre Carlos III y Paulino Caballero y que fue una de las primeras en erigirse en esta zona del Ensanche, aproximadamente siete años antes. Otra de las casas más antiguas del Ensanche fue la Casa del Catedrático o Casa de Barasoain, en la esquina de Carlos III con Roncesvalles cerca de la plaza de Toros. En fotos posteriores a la de Carlos III vemos la confluencia de Paulino Caballero y Leyre, con el  bello edificio del Colegio Notarial  al fondo, la avenida de Roncesvalles (se percibe en su lado izquierdo el primitivo remate de la Vasco Navarra) y la muy poco transitada calle Paulino Caballero, todas ellas pertenecientes  a los años treinta. Junto a ellas, a la derecha abajo, contemplamos otra instantánea de esta misma calle pero del año 1952, de Arazuri en la que se percibe a su izquierda la trasera del Coliseo Olimpia y a su derecha restos, en ese tramo, de la primitiva Casa Doria que darían paso un año y pico más tarde a la oficina principal del Banesto en Pamplona.


En esa primera etapa se construyeron en el Ensanche aparte de edificios de viviendas, colegios, industrias, talleres, iglesias, parques y estaciones. Los colegios de los Escolapios y Salesianos (proyectados por Victor Eusa y Serapio Esparza respectivamente) datan de los años 20. De esa misma década data la fábrica de Calzados López situada en la manzana de la calle Amaya con Arrieta que vemos en la foto de la derecha del párrafo, de Javier Gallo, de 1965. En 1925, la compañía de seguros La Vasco Navarra (obra también de Eusa)   pasa de la calle Navas de Tolosa a la avenida de San Ignacio. El edificio sufriría una transformación y ampliación, en su cúspide, en el año 1943, a cargo del mismo arquitecto, suprimiendo la escultura de Palas Atenea y erigiendo una planta más. En 1979 colocaron el primer gran reloj-termometro electrónico de Pamplona. En el año 2000 la compañía de seguros dejaba el edificio. Muy cerca de La Vasco Navarra se empezó a construir también en los años 20 la actual Iglesia de San Ignacio (la 1ª foto de la izquierda de este párrafo). Igualmente de estos años es  el colegio del Servicio Doméstico que vemos en la citada foto de Javier Gallo, un poco antes del edificio de Calzados López, y que se había trasladado en 1927, de su ubicación original en la  calle Tejería, a la calle Amaya.  En el año 1932, la zona asilvestrada conocida como Media Luna, muy cerca del Fuerte de San Bartolome,  lleva camino de convertirse en parque urbano. En 1935 se construyó el actual muro de contención hacia el río y la ripa de Beloso y entre 1937 y 1946 se convirtió en el segundo gran parque de la ciudad, tras la Taconera. Cerca, donde hasta hace poco estaba el parque de bomberos (se instaló aquí en 1958), trasladado a Trinitarios hace unos pocos años, estaba la perrera, parque de desinfección y garaje de coches mortuorios municipal. Hace un par de años se derribó, para construir viviendas de lujo, la manzana Leyre-Amaya-Teobaldos-Olite, más conocida como las  Casas Baratas. Estas casas, que vemos en la 2ª foto de la izquierda del párrafo,  fueron construidas también  en esta época, concretamente en 1927, por Andrés Gorricho, fallecido en 1953 y responsable de la construcción del muro de contención de la actual plaza de Toros y de un buen número de casas unifamiliares de la Chantrea.

 

En 1934 se inauguró la vieja estación de autobuses que serviría a la ciudad hasta los primeros años del nuevo siglo. En una zona más periférica se construyeron en estos años los chalets de la Media Luna y junto al Seminario la Colonia Argaray que se alejaban de los estilos arquitectónicos de los chalets y palacetes del resto del Ensanche, con influencias de otros países para ofrecer una arquitectura mucho más local. Hay que destacar que buena parte de los edificios más emblemáticos del Ensanche o son obra de Victor Eusa, o de Jose Yarnoz o de Serapio Esparza. Del primero cabe señalar además de los citados anteriormente el Seminario Conciliar (1931), convertido durante la guerra civil en el hospital Alfonso Carlos, que atendería a más de 30.000 heridos en la contienda y que llegó a albergar en los años 60 a un millar de seminaristas, el colegio de los Maristas (1955) que se trasladó desde su primitiva ubicación en el primer ensanche a esta gran manzana de la avenida de Galicia o edificios como el de Seguros Aurora en la esquina de San Ignacio con Bergamin, el de la Cafetería Bahía en Garcia Castañón (que vemos a la izquierda junto a este párrafo) o diversos palacetes construidos en esta época. De Yarnoz son los institutos de la plaza de la Cruz (1944) o la iglesia de San Miguel (1954), esta en comandita con Eusa. El Gobierno Civil en la actual plaza de merindades se empezó a construir en 1934 si bien como consecuencia de la guerra no se finalizó hasta 1941 con la participación de un buen número de arquitectos, Alzugaray, Esparza, Eusa, etc. Esta plaza tuvo como otras calles y plazas del Ensanche diferentes nombres a lo largo de su historia: Plaza Primo de Rivera, Pablo Iglesias (1931), Mola (1937) y Merindades (1979). Del arquitecto Serapio Esparza son igualmente buen número de edificios de viviendas del Ensanche o colegios como el Vazquez de Mella, de la calle Teobaldos (1934).

La Avenida de Francia, principal eje viario del Ensanche y uno de los más importantes de la ciudad era conocida oficialmente así  desde al menos 1923  y hasta 1927 año en que  vio cambiar su nombre, pasando a llamarse avenida de Alfonso XIII, en 1931 Galán y García Hernández  y desde 1937 y hasta 1979 avenida del general Franco. Este año estuvo a punto de llamarse Avenida de Ultrapuertos, -por la sexta merindad navarra-,  pero prevaleció la actual denominación. Al otro lado de esta avenida comenzaría construirse a partir de 1937-40, la segunda fase del Ensanche. Al igual que pasa con otros topónimos como el paseo Valencia o la plaza de la Argentina, a los más viejos del lugar es probable que se les pueda escapar, de vez en cuando,  eso de avenida de Francia. Donde actualmente está el ambulatorio San Martín antes General Solchaga proyectado en 1951 por Eduardo de Garay estaban las cocheras del Irati. Este tren se trasladaría en 1950 a la nueva estación del Plazaola de Conde Oliveto. La primera estación del Plazaola estaba aproximadamente donde está el edificio de Sindicatos de la Avenida de Zaragoza. En 1948 se inauguraba la flamante nueva estación, justo enfrente de la estación de autobuses. Poco tiempo disfrutaría este ferrocarril  del equipamiento ya que, como he señalado en la entrada dedicada al Plazaola, ésta dejaría de funcionar en 1954 (el Irati en 1955), levantándose sus vías en 1958. En junio de  1973 se derribaría la estación del Plazaola,  permaneciendo durante más de un década el solar vacío hasta la construcción del edificio de Osasunbidea. Ilustran este párrafo tres fotografías: la 1ª de la izquierda, de Rafael Bozano de 1973, con el edificio de la vieja estación derruyéndose, la 1ª de la derecha de Galle, de 1975, con el edificio ya derribado y el solar vacío tal y como estaría durante bastantes años, y por último la tercera, sin filiar, aunque probablemente de mediados o finales de los 60 (El edificio Plazaola 2 de Rafael Moneo es de 1968) en la que observamos la vieja estación del Plazaola, las nuevas construcciones de Yanguas y Miranda erigidas sobre las antiguas vías del ferrocarril  y al fondo de la foto uno de los cuarteles de los militares en la zona que ocuparían durante décadas las barracas de San Fermín.

Y es que hasta los años 70 la calle Conde Oliveto terminaba abruptamente en unas edificaciones militares situadas en la calle Yanguas y Miranda (tal y como podemos comprobar en la foto de la derecha del año 1966) y  a las que ya  he aludido tanto en el anterior párrafo como  en la última  entrada del blog centrada en el primer ensanche, unas edificaciones militares rodeadas por una tapia y que se extendían prácticamente desde la calle Estella y hasta las inmediaciones de la plaza de los Fueros (construida en 1974), ocupando también como he dicho  el espacio que serviría para ubicar durante muchos años las barracas. En el resto de fotos que ilustran este párrafo vemos a la izquierda en la foto de 1968, de Eusebio Mina, la entonces estrecha calle Yanguas y Miranda entre tapias, a la izquierda de la foto  la tapia de los Cuarteles Militares, y a la derecha de la foto la  tapia de las vías del Plazaola, y en  la derecha del párrafo podemos observar una foto de 1953, con las vías del viejo  tren en primer plano. Recordemos, por otra parte, que en 1966 se inauguraba siquiera simbolicamente la avenida del ejercito, avenida que se abriría al tráfico en 1971 al derribar el lienzo de muralla que lo cerraba en las proximidades del portal de la Taconera y que conectaría el Ensanche, el centro de Pamplona con San Juan.


He citado de pasada el ambulatorio General Solchaga (a la izquierda, su fachada principal). En efecto, recuerdo durante mi infancia haber acudido a la consulta del doctor Aguinaga. En este edificio estaban los médicos de familia y también los especialistas:  el doctor Gortari, Rebollo y tantos otros. Recuerdo aquellos largos pasillos pintados de colores claros: blanco, verde o marrón claro, atestados de gente, personas mayores, madres con sus hijos,  largas esperas en aquellos incómodos bancos de madera, las enfermeras entrando y sobre todo saliendo de los despachos médicos para llamar al siguiente y un  gran  temor. La verdad siempre tuve pavor a los médicos y a las enfermeras y sobre todo a las inyecciones. No se porque pero tenía  un reverencial temor al dolor y a la enfermedad a pesar de que en aquellos tempranos años de mi infancia  fuese acompañado de mis padres. Aquel lugar tenía además de una inquietante atmósfera un peculiar olor, imagino que a medicinas, alcohol o desinfectantes. Recuerdo con nitidez un desmayo que tuve frente al ambulatorio, acompañado por mi madre, después de una extracción de sangre en el centro allá por el año 1975 o 76.

Justo al lado del ambulatorio, dos años después de su construcción, en diciembre de 1952 se inauguraba la iglesia de San Francisco Javier (en la foto de 1951 vemos las obras de su construcción). En 1948 se habían inaugurado el segundo Mercado Municipal de la ciudad y los Aseos Públicos del Ensanche en la calle Tafalla. Y más al fondo, en ese mismo año, se había empezado a construir el Monumento a los Caídos, obra conjunta también de Yarnoz y Eusa, inaugurado por Franco en 1952. Los edificios más próximos de Conde de Rodezno, algunos de ellos obra de Luis Felipe Gaztelu, como el de la foto de la derecha (de Cia, 1948) que se encuentra en plena construcción se acabarían durante esos años. Eran edificios de estilo clasicista destinados a la alta burguesía de la ciudad. Aunque para 1950 ya estaba construido buena parte del parcelario de esta segunda fase del Ensanche, entre 1951 y 1958 había todavía manzanas sin cerrar: así la calle Aoiz (1952), Mártires de la Patria (hoy Castillo de Maya)  (1953), la plaza Conde de Rodezno o Gonzalez Tablas (1957) y algún otro edificio suelto como el Edificio Periodistas (1957). El conservatorio Pablo Sarasate situado en la calle Aoiz se construiría en  el año 1961.

A lo largo de los años 60, 70 y  80 les llegaría la hora a numerosos chalets  y edificios de la primera fase del Ensanche. En 1964 se derribaba el hermoso edificio del Colegio Notarial de la calle Leyre, al que hemos aludido anteriormente, en 1970 se demolía un edificio en la confluencia de la avenida de San Ignacio y Fernandez Arenas, en 1974 se dinamitaba el edificio de las Hiedras (de 1927)  en plena avenida de Franco (1ª foto a la izquierda del párrafo datada en 1966  y 1ª foto  de la derecha correspondiente al momento de la explosión), en 1975 le tocaba el turno a antiguo chalet de Muniain (construido en 1929) y a otras construcciones anexas (la clínica del doctor Alcalde, el chalet de Lasaga, etc), y en cuyos solares se inauguraría algunos años más tarde el moderno edificio de la CAN (1978) solar que podemos ver en la 2ª foto de la izquierda, luego le tocaría al vecino edificio de la Mutua de Pamplona  (1ª foto del siguiente párrafo,  de  de Zuñiga (1977) para igualarse con el moderno e impersonal estilo arquitectónico imperante de la cercana Caja de Ahorros de Navarra y así sucesivamente sobre todo en calles como Arrieta, Paulino Caballero y Leyre,  Carlos III, precisamente en aquellas vías en que más habían proliferado los viejos chalets y palacetes del inicial segundo ensanche de Pamplona. También se derribarían viejos edificios de 2 o 3 plantas, con talleres en sus bajos, como los de la 1ª foto de la derecha  del siguiente párrafo situado en el cruce de Paulino Caballero con Arrieta y que data de 1971. Era el irrefrenable signo de los tiempos que ponía fin a toda una época. En 1980 cerraba sus puertas la vieja gasolinera de Unsain, abierta en la plaza de Merindades desde 1934 y cuyo local sería ocupado por la nueva oficina central del Banco de Bilbao, instantánea que recogió Zuñiga ese mismo año.


A finales del pasado siglo se construyó un aparcamiento en la segunda parte de la avenida Carlos III, la que parte de Merindades y se extiende hasta Conde Rodezno. En el año 2000 se peatonalizaba ese mismo tramo, adquiriendo la zona un inusitado auge comercial. Dicha peatonalización se completaría en el año 2006 con la construcción de otro aparcamiento subterráneo (este solo para vecinos) en la zona de Roncesvalles y la posterior reurbanización del primer tramo de la Avenida. Nuevas peatonalizaciones y reurbanizaciones tendrían lugar en los años siguientes en otras calles del Ensanche, lo que ha contribuido, en muchos casos,  a mejorar su imagen y tránsito.

Fotos: Fotos de Jose Joaquin Arazuri, Javier Gallo, Rafael Bozano, Galle, Zuñiga, Cia y Eusebio Mina, datadas en el texto de la entrada y publicadas en los libros de Arazuri, «Pamplona, calles y barrios».

El Primer Ensanche de Pamplona (1950-2010)

Del Primer Ensanche de Pamplona, también conocido como Ensanche Viejo tengo algunos recuerdos de mi infancia: los derribos de los cuarteles de los militares en el año 1969, la construcción de la avenida del Ejército y el derribo de un lienzo de muralla que conectaba la zona de la Taconera con la Ciudadela en el año 1970 o 71, un espectáculo de Cinerama en los solares de los antiguos cuarteles en 1971, una gran carpa de los Encuentros del Arte en el año 1972. Posteriormente durante más de 30 años, los viejos solares de los cuarteles militares fueron ocupados por sendos parkings en superficie, hasta que se construyó el Palacio de Congresos Baluarte en el solar mayor y El Corte Inglés en el más pequeño, el más cercano a la vieja estación de autobuses.
El primer Ensanche comienza a gestarse a finales del siglo XIX. En aquel entonces la ciudad se hacinaba en su casco histórico: en él vivían más de 28.000 personas, en bloques de viviendas cada vez más altos, -no se podía edificar fuera de las murallas-, y lo hacían en condiciones cada vez más insalubres. La ciudad vivía encorsetada dentro de sus murallas. En 1887, el concejal Serafín Mata presentó en el Ayuntamiento un proyecto para ensanchar la ciudad a costa del recinto amurallado interior de la Ciudadela. El proyecto salió adelante. En 1891 se derribaron los baluartes de la Victoria y San Antón, parte de los cuales aparecieron en las excavaciones de construcción de Baluarte a comienzos de este siglo y se comienza a levantar el lienzo de la muralla que cerrará la ciudadela por la avenida del Ejército. La foto, sin filiar, de 1903 nos ofrece una magnífica panorámica de la calle General Chinchilla, con los actuales edificios de la Cámara de Comercio y la Escuela de Música Joaquín Maya, en primera línea de la foto.El Primer Ensanche se extendía desde la antigua plaza de la Argentina, hoy del Vínculo (calle Alhóndiga)  y comprendía Navas de Tolosa, Sandoval, José Alonso, Chinchilla, Marques de Rozalejo, Yanguas y Miranda y Padre Moret. Albergó en sus  primeros años a la gente más acomodada de la ciudad. Este ensanche no solucionó el problema del hacinamiento de la población antes mencionado y será tras el derribo del frente sur de las Murallas en 1915 cuando realmente la ciudad se libere de su corsé y se extienda hacia el sur con la construcción del Segundo Ensanche, construido en varias fases, desde 1915 hasta 1958 y del que hablaremos en otra entrada o entradas del blog, más adelante. En la foto, sin filiar, el Cinerama que estuvo instalado en los solares de los antiguos cuarteles entre junio y primeros de septiembre del año 1971. Aun se pueden distinguir al fondo de la foto los  restos de los cuarteles que todavía no se habían derribado por completo.

A lo largo de los últimos años del siglo XIX y primeros del XX se comienzan a construir las cinco manzanas del inicial Primer Ensanche, entre ellas el viejo palacio de Justicia o Audiencia Provincial que estaría en uso hasta 1996, obra del arquitecto municipal Julián Arteaga  (1891), hoy sede del Parlamento de Navarra (2002) o el elegante edificio de Florencio Ansoleaga, actual sede de la Cámara de Comercio,  o  el hermoso edificio, uno de los escasos exponentes de arquitectura modernista, que albergará durante años la Delegación de Hacienda del Estado en la calle General Chinchilla y que hoy alberga la escuela municipal de música Joaquín Maya. Este edificio  se construyó en 1900 y es obra de Manuel Martínez de Ubago que también proyectó el edificio nº 4 de José Alonso. El actual edificio sede de la Cámara de Comercio, fue, en principio, un edificio de carácter burgués con un gran jardín botánico en su parte trasera. Luego, en 1917, el edificio lo compraron las madres Concepcionistas para abrir allí un colegio de enseñanza superior, media, elemental y de párvulos que mantuvo su actividad hasta mediados de los años 90. En 1998, el edificio lo compró la Cámara, ubicada hasta entonces en una bajera de la calle Yanguas y Miranda, si bien el traslado se produjo, tras una larga reforma, en los primeros años del 2000. En la foto de Arazuri, de 1952, vemos la entrada al estadio militar General Mola, situado en las traseras del actual Gobierno Militar, fácilmente reconocible por esa escalinata de una de sus entradas laterales, con los cuarteles al fondo.

La actual sede de la Mancomunidad es otro de esos viejos edificios decimonónicos, concretamente de 1897, obra del arquitecto Ángel Goicoechea. Del último bloque, el más cercano a la plaza del Vinculo, cabe señalar que allí tuvieron sus sedes la Alhóndiga, la Escuela o Academia de Música Municipal, la Escuela de Artes y Oficios y el Tránsito municipal. Estos edificios serían derribados en torno al año 1965 y sustituidos por edificios modernos como se señala en la entrada dedicada a la plaza de la Argentina. De aquella gran manzana tan solo se conserva hoy en día en pie la antigua Casa de Socorro, también de propiedad municipal. En las fotos, las dos de Arazuri, vemos en la foto de la izquierda  la calle Padre Moret en 1953, a la izquierda ,la Audiencia, a la derecha, los cuarteles y en la foto de la derecha, la calle General Chinchilla en 1955, la Ciudadela al fondo, a la derecha los cuarteles, y a la izquierda el actual Gobierno Militar. Los cimientos de los primeros cuarteles se debieron construir en torno a 1898, pues he visto alguna foto de esa época tomada desde la zona de la Ciudadela, con la Audiencia ya construida y los cimientos de los cuarteles comenzando a ponerse.

No obstante parece ser que en 1919 se terminó de construir el primer grupo de pabellones militares destinados a viviendas de jefes y oficiales que más tarde se convertirá en oficinas de la Comandancia Militar y desde 1971-72 en sede del Gobierno Militar. Hasta ese año, el Gobierno Militar estuvo en el Palacio de Capitanía, en pleno corazón del Casco Viejo. Posteriormente se irían construyendo nuevos cuarteles,  los más conocidos fueron los cuarteles de Infantería e Intendencia, siguiendo la calle Padre Moret y calle Estella, por un lado  y Yanguas y Miranda, por otro y en la trasera del actual Gobierno Militar, se erigió  el   estadio militar  de futbol General Mola, del que ya hemos visto antes una fotografía. Los viejos cuarteles se cerraron a finales de 1968, comenzando su derribo poco después, aunque su derribó se prolongó en el tiempo y trasladándose la tropa a los nuevos acuartelamientos de Aizoain. El solar más grande y también el más pequeño (llamado de Intendencia por los cuarteles allí ubicados) se acondicionarían como aparcamientos desde mediados de los años 70 hasta el año 2000, año en que en el solar más grande comenzaron las obras de construcción del Palacio de Congresos Baluarte. En el segundo caso hasta el año 2003, año en que comenzaron las obras del Corte Inglés. Las obras de ambas dotaciones, cultural una, comercial otra, finalizarían en octubre de 2003 y en octubre de 2005 respectivamente. En las fotos, vemos a la izquierda los cuarteles de Intendencia que ocupaban en 1969 el solar del Corte Inglés, vistos desde la calle García Ximenez, y a la derecha el solar utilizado durante más de 30 años como aparcamiento. Sirva como referencia visual de ambas fotos el edificio de siete plantas con fachada a las calles Estella y Yanguas y Miranda.

Al principio he comentado que recuerdo la construcción de la Avenida del Ejército, pues bien, en 1971 se derribó uno de los cuarteles que se había construido sobre la propia muralla de la Ciudadela. Al derribarlo, una parte de la Muralla de la Ciudadela, situada  en el extremo, a la izquierda de la puerta principal quedó abierta, cerrándose poco tiempo después al reconstruir el muro. En el otro extremo el recinto amurallado se prolongaba desde Taconera a la Ciudadela, a la altura del Edificio Singular. Pues bien, ese lienzo de muralla fue derribado para que la nueva Avenida del Ejército pudiese conectar con la vieja carretera a Estella, luego avenida de Pio XII. Hasta el inicio de los 80 recuerdo que la Vuelta del Castillo y zonas colindantes presentaban un aspecto bastante silvestre nada que ver con el cuidado parque urbano que hoy conocemos. En 1975, en la confluencia de la citada avenida y Yanguas y Miranda se empieza a construir uno de los grandes edificios que albergaría  sedes centrales de las principales cajas de navarra, en este caso, de la Municipal de Pamplona. En los años 80, enfrente de los edificios de Ubago y Ansoleaga antes citados se construiría la Comisaría de Policía de Pamplona. Anteriormente, la llamada Policía Armada, luego Policía Nacional tenía su comisaría en la sede del Gobierno Civil, en la actual plaza de Merindades. En las fotos que ilustran este párrafo vemos, a la izquierda una visión de los cuarteles de infantería (Cuartel del General Moriones reza en la entrada) del año 1965, obra de Javier Gallo y a la derecha una imagen del solar de los cuarteles tras su derribo, utilizado como parking entre mediados de los 70 y el año 2000.


Con el paso del tiempo, en los años 70 y 80, algunas viejas construcciones de esta zona, tanto de Yanguas y Miranda como de Navas de Tolosa y otras calles, como la que vemos en la foto de la izquierda de 1965 de Navas de Tolosa, de Javier Gallo han sido sustituidas por nuevas y en ocasiones muy altas edificaciones, en la mayoría de lo casos nada afortunadas y que chocan o contrastan con el estilo decimonónico del resto. En la zona más cercana al Casco cabe señalar, como hito urbanístico más destacado, la construcción del Hotel de los Tres Reyes en el año 63 en terrenos del parque de la Taconera-Bosquecillo. A finales de los 90, en el filo del nuevo siglo, hubo una intervención en esta zona, para crear una rotonda de tráfico que hizo que parte de los jardines y el monumento a Navarro Villoslada  situados frente al Hotel quedasen a partir de entonces en medio de la rotonda. La última foto de la entrada recoge un momento de la evolución de estas obras. En el año 2002 se reconstruiría, flanqueando la entrada al parque Antoniutti el viejo Portal de la Taconera, así como en 1929 se hizo lo propio con el viejo portal de San Nicolás, este en la calle Bosquecillo a la entrada de uno de los andenes centrales del parque de la Taconera.Fotos: Jose Joaquin Arazuri y Javier Gallo referenciados dentro de texto y extraidos de la obra de J.J. Arazuri, «Pamplona, Calles y barrios».