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Aquellas series de televisión de los años 80 (1983-1989)


Recupero una vieja serie de artículos del blog que hablaban de los espacios de televisión que veíamos en aquellos años de nuestra infancia y primera juventud. Finalicé la última entrada de la serie en el año 1982, año en que, con la subida del PSOE al poder, puede darse por terminada la llamada transición democrática. En el año 1983 se emitía, los domingos, después de comer, “Fama”, basada en la película del mismo nombre, serie en la que se narraban las peripecias de un grupo de jóvenes aspirantes a artistas. Aun recuerdo aquella frase de la profesora de baile que les decía a los chicos: “Buscáis la fama pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar, con sudor”. También recuerdo de aquel año una serie sobre unos médicos militares, “MASH” y en el  verano de aquel año,  en la sobremesa, una serie de sabor añejo, un tanto kitch, inspirada también en una película que seguía la estela del éxito de “La Guerra de las Galaxias” y que se llamaba “Galáctica, estrella de combate”, con el capitán Adama, al frente. Entre las series españolas me acuerdo de “Anillos de Oro”, con la recientemente fallecida Ana Diosdado e Imanol Arias en los papeles protagonistas, “La plaza del diamante”, con Silvia Munt en el papel de Colometa y algunas otras series  menos conocidas como “Las Picaras” o “El Mayorazgo de Labraz”. 
En 1984, son dos series españolas de fuerte contenido historicista las que recuerdo, “Mariana Pineda”, con una Pepa Flores, Marisol, muy alejada de los papeles de su infancia y primera juventud y “Crónica del Alba” que mas que una serie televisiva fue, en realidad, una trilogía de  películas basadas en la obra de Ramon J. Sender y que fueron emitidas por Televisión Española de forma consecutiva. Ese año emitieron una serie inglesa, “Retorno a Bridshead” con el estilo y calidad propios de aquellas series británicas de entonces. En la tarde del sábado, 2 de febrero de 1985,  se estrenó una serie que marcó toda una época. ¿Quien no recuerda a nuestra querida Diana, la capitana de la nave de los Visitantes, tragándose aquel enorme roedor?. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la serie “V”, de la que hace unos pocos años hicieron un remake que pasó sin pena ni gloria. Este año fue prolijo en series tanto españolas como extranjeras, fundamentalmente americanas. Entre las primeras, “La Huella del Crimen”, que se basaba en los espantosos crímenes de la crónica negra de nuestro país: el crimen del Jarabo, el crimen de Velate, el de la calle Fuencarral, etc, y también “Los pazos de Ulloa” basada en la novela del mismo título, de Emilia Pardo Bazán. En este país, de escasa lectura, muchos conocieron, en la época de la transición, la literatura española moderna y contemporánea gracias a las magníficas adaptaciones televisivas de algunas de sus grandes obras (como no acordarnos de títulos como “La barraca”, “Cañas y barros” o Los gozos y las sombras”), de igual manera que en el franquismo se habían difundido muchas de las grandes obras clásicas españolas y universales a través de espacios como “Estudio 1” y “Novela”. 





En Abril de 1985 comenzaron a emitirse las primeras películas de la madrugada, generalmente con un contenido no apto para otras franjas horarias. Por la mañana, y aunque nos parezca mentira ahora,  no había programación televisiva. Esta empezó en enero de 1986, con aquellas primeras telenovelas mexicanas de las que hablaré más tarde. Este año 1985, entre las series extranjeras destacaban la policíaca “Mike Hammer”(protagonizada por aquel bigotudo y machista detective interpretado por Stacy Keach y su famosa y chulesca frase de “Tomaré nota”); la mini serie “El pajaro espino” que narraba el amor prohibido de un sacerdote católico interpretado por Richard Chamberlain; las series de acción “El equipo A” y “El coche fantástico” con David Hasselhoff en el papel de Michael Knight que conducía un coche inteligente llamado KITT, la interesante “Crónicas de gánsteres”, que contaba la historia de Lucy Luciano y otros conocidos mafiosos como Joe Masseria, Vito Genovese, Salvatore Maranzano o Al Capone), la inquietante “El misterio de Salems Lot” basada en la obra homónima de Stephen King y una miniserie australiana llamada “Retorno a Eden” que narraba la venganza de una millonaria llamada Stephanie Powers, víctima de un complot a manos de su novio y su mejor amiga, que era arrojada a los cocodrilos y que reconstruía su vida y su cara desfigurada, bajo otra identidad. “Autopista hacia el cielo” con el Michael Landon de “La Casa de la Pradera” y “Hotel” completan las series de aquel año 1985. El domingo por la tarde, después de comer, emitían la serie de dibujos animados, de fantasía heroica, “Dragones y Mazmorras” con aquel doblaje latino que hoy nos sonaría  raro pero que entonces era norma común en muchas de las series que se emitían por la pequeña pantalla. Aun me acuerdo de su pegadiza sintonía: “Dragones y mazmorras, un mundo infernal, se oculta entre las sombras la fuerza del mal…”.

Tal y como he comentado anteriormente, el 14 de enero de 1986 se iniciaba la programación matinal de Televisión Española, con el serial mejicano “Los ricos también lloran”, protagonizado por Verónica Castro, luego vendrían otros seriales también mejicanos y alguno brasileño: “La fuente de piedra”, “Gabriela”, “Lo imperdonable”, etc. Entre las series españolas destacaban otra creación de Ana Diosdado, “Segunda Enseñanza”, “Las aventuras de Pepe Carvalho”, con Eusebio Poncela interpretando al detective creado por Vazquez Montalbán, “Turno de oficio”, “Tristeza de Amor”, etc. Entre las extranjeras y al calor del éxito de “Dinastía” surgieron otras como  “Los Colby”, spin-off de la anterior y sobre todo “Falcon Crest”, con la inefable Angela Channing en el papel protagonista; en este año, pródigo en títulos, se emitieron la serie bélica británica “La fuga de Colditz”, las policíacas “Corrupción en Miami”, “Canción Triste de Hill Street”, “Hart y Hart”, “Luz de Luna” (con una curiosa y antitética pareja de detectives interpretados por Bruce Willis y Cybill Shepherd, “Se ha escrito un crimen” (su protagonista era la escritora Jessica Fletcher que protagonizaba Angela Landsbury), y la telecomedia “Las chicas de Oro”. Aquel año vimos a una joven Ana Obregón interpretar un papel en la serie italiana “La Vendetta” sobre la camorra napolitana. 

En 1987, Jesús Hermida conducía el programa matinal, y emitían la serie fantástica “Starman” en la sobremesa y el sábado por la tarde, “MacGiver” con sus mil y un trucos que le sacaban de las situaciones más desesperadas; Se emitieron series como la australiana “Parada de Postas”, “Muñecas de papel” (ambientada en el mundo de la moda y las modelos), “Capitolio” (ambientada en el mundo de la política americana), la comedia británica “Como el perro y el gato”,  y entre las españolas, “El Olivar de Atocha” y  la mini serie de Bardem, “Lorca, muerte de un poeta”. A las reemisiones y nuevas temporadas de series, algunas ya mencionadas anteriormente, habría que añadir, en 1988, otros productos: entre los seriales “Cuna de Lobos”, entre las miniseries  “La Hija del Mistral” o “Ana de las tejas verdes”, policíacas como “Spenser, detective privado”, de abogados extranjeras como “La ley de los Angeles” o españolas como “Juzgado de Guardia” e históricas como “Garibaldi”. Los seriales dramáticos americanos iban siendo sustituidos, cada vez, con más frecuencia, por un nuevo género: el de las telecomedias.






Por último, 1989 fue un año bastante memorable por las series que se emitieron o estrenaron. El subgénero mafioso conoció una interesantísima aportación con la italiana “La Piovra” interpretada por Michel Placido; entre las series españolas destacaban este año “Juncal” protagonizada por un insuperable Paco Rabal en el papel de una vieja gloria del toreo en declive, que interpretaba de forma magistral, hasta el punto de confundirse actor y personaje, la policíaca y entretenida “Brigada Central”, de la que recuerdo que sus personajes, mayoritariamente policías, chillaban mucho en la que Imanol Arias interpretaba a un poli de etnia gitana, (un impagable Rafael Alvarez el Brujo le recriminaba el abandono de los suyos desde que se había vuelto “baranda de la pestañí”) y al que veíamos también en esta época interpretando al conocido personaje de  “El Lute”. Los seriales tendrían en la americana “Santa Barbara”, la brasileña “Doña Beija” y desde el 4 de diciembre, en la venezolana “Cristal” que constituiría todo un hito en la historia de la televisión, sus máximos exponentes. ¿Quien no se acuerda de aquella sintonía de “Cristal” que comenzaba diciendo “Mi vida eres tu y solamente tu…” interpretada por Rudy La Scala?. También recuerdo, en las tardes del sábado el programa “El cuentacuentos”, adaptación de famosos cuentos de la literatura universal e introducido por el actor británico John Hurt. Este año hubo de todo: policíacas como “Philip Marlowe”, telecomedias como “La Hora de Bill Cosby”, “Alf”, la sitcom o comedia de situación “Cheers”, el retrato generacional de “Treinta y tantos” o  fantásticas como “Misterios sin resolver” o “El Autoestopista”.

Imagenes del ayer. Selección: La Rochapea en los años 20

Inauguro dentro de esta sección de Imagenes del ayer, un apartado de fotografías seleccionadas por su interés, valor histórico-urbanístico-gráfico, y escaso conocimiento por parte de la ciudadanía. En esta magnífica fotografía de Luis Rouzaut, recogida en el magnífico libro de Saga Editorial, cuya búsqueda y compra recomiendo vivamente, se puede contemplar una panorámica de la Rochapea de los años 20, en primer plano el camino viejo de Santa Engracia antes de que se convirtiese en 1937, en la calle Joaquín Beunza. En la foto de una calidad excepcional para la época, tomada, probablemente, desde la muralla del Paseo de Ronda, en el tramo situado entre el Portal Nuevo y el puente de Curtidores aunque tampoco pudiera descartarse su toma desde un punto elevado más cercano, en la misma Rochapea (¿La Fábrica del Gas?) vemos un paisaje urbano irreconocible, en algunos tramos, si lo comparamos con su apariencia actual.
En esta foto podemos descubrir, a la izquierda, el puente de Santa Engracia, y sobre él, algunas casas cercanas a la actual rotonda de Cuatro Vientos y más hacia arriba, en la parte superior izquierda de la foto, el enorme caserón del Asilo de las Hermanitas de los Pobres. En el centro de la foto se puede observar el viejo camino de Santa Engracia, sin la mayoría de los referentes urbanísticos que muchos conocimos y que describí en la entrada dedicada a la calle Joaquín Beunza. Destaca sobre todo el núcleo de construcciones más cercano al puente de Santa Engracia y un grupo de casas en la parte inferior. Sobre este camino, en la parte superior, sobresale la recién construida Iglesia del Salvador (puesta la primera piedra en abril de 1914 y terminada de construir en abril de 1916) y la entonces llamada carretera a Villava, posteriormente llamada de Marcelo Celayeta. A lo largo de esta carretera se descubren algunas construcciones, que serían derribadas hace tan solo 20 años, en el año 1996. En paralelo a la carretera a Villava discurre el viejo Camino de los Enamorados, en cuyas inmediaciones se encontraba la casa y fabrica de curtidos y charoles de Bernardo Echamendi. Huertas en la vega del rio y campos de cultivo a lo largo y ancho de esta zona de la Rochapea completan esta bella fotografía de la Rochapea de hace un siglo.

Foto: Luis Rouzaut. Del Libro “Luis Rouzaut, Optico de profesión…y cronista de la vida navarra a principios del siglo XX. Saga Editorial. 2010. Pág. 14.

Canciones infantiles de antaño (1933-1973)

Imagino que todos los niños, también los de ahora, tendrán sus canciones pero en esta entrada del blog voy a intentar recordar algunas de aquellas canciones infantiles de antaño, algunas las cantaban las chicas en sus juegos, otras están incrustados en mi memoria más lejana sin tener vinculado un recuerdo  en concreto, algunas  proceden de la tradición oral pues hay alguna que incluso se la oí a mis padres que las escucharon o cantaron, a su vez, de niños.
Vinculado, no sé por qué,  a la escuela, seguramente esperando algún gran chaparrón, cantábamos aquello de “Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que caigan un chaparrón, con azucar y turrón, (a partir de esta estrofa la canción aceptaba diferentes variantes)”. Recuerdo  a las chicas cantar “El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás, agachate y vuélvete a agachar que las agachaditas no saben bailar, h, i, j, k, l, m, n, a”. Esta era una canción de corro en la que las chicas giraban agarradas de la mano y se agachaban cuando la canción lo decía. También de corro era “El corro de la patata”. “El cocherito leré” era una canción que yo escuchaba  a las chicas de mi barrio cuando saltaban a la comba: “el cocherito leré, me dijo anoche leré que si quería leré montar en coche leré y yo le dije con gran salero leré, no quiero coche leré que me mareo leré”. Otra era  la del burro enfermo “A mi burro,  a mi burro le duele la cabeza, el médico le ha puesto una corbata negra” . Había canciones que se cantaban en las excursiones, como “Un elefante se balanceaba en la tela de una araña”  o “Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará, vamos a contar mentiras, por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas…”; otras que popularizaron los payasos de la tele, en el comienzo de los 70 eran “Hola Don Pepito, hola Don José, pasó usted por mi casa, por su casa yo pasé…”  el barquito chiquitito: “Había una vez un barquito chiquitito, que no sabía, que no podía navegar”, “En el auto de papa” o la del señor Don Gato “Estaba el señor Don Gato sentadito en su tejado marramiau, miau, miau”. Las niñas cantaban (era una canción de corro), también aquello de “Tengo una muñeca vestida de azul.” Por cierto alguna de estas canciones infantiles como la de “la muñeca vestida de azul” y la de “la vaca lechera” iban cambiando su letra a medida que nos hacíamos mayores con letras más procaces. Cosas de la edad.
Bastante más antiguas, pues creo que se las oí recitar a mi madre era la de “Al pasar la barca” (canción para saltar a la comba) y que seguía “me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero” y otra con resonancias de romance como la de la viudita del conde Laurel, también de corro, “Yo soy la viudita del conde Laurel que quiero casarme y no sé con quien..” o “Me casó mi madre chiquita y bonita…” canciones infantiles que hoy, como se puede ver, no saldrían muy bien paradas por el rol que se reservaba en aquel entonces a la mujer y que contraviene todos los principios actuales en pro de la igualdad de género. Por cierto me contaba mi madre que, en su infancia, en el pueblo, jugando a la comba cantaban una cancioncilla que comenzaba así “Puente de la Taconera, arboles junto al Castillo…”, Quien la diría que pasaría más de 50 años, hasta su fallecimiento, hace más de dos años, en esa ciudad de sus juegos infantiles. También y con mucha frecuencia cantaba aquella canción de “Quisiera ser tal alta como la luna” y me cantaba de pequeño sobre todo aquello de “Tengo, tengo, tengo tu no tienes nada, tengo tres ovejas en una cabaña…” . Aun más antigua era aquella canción de “Mambrú se fue a la guerra” que se deriva de una canción burlesca francesa del siglo XVIII dedicada al duque de Marlborough (nombre que acabó transformándose en Mambrú). Había una canción que se cantaba para jugar a las prendas que se llamaba “Antón Pirulero” y decía así: “Antón, Antón pirulero, cada cual que atienda su juego y el que no lo atienda pagará una prenda, Antón…”, estaba también la de la gallinita ciega. Y como olvidarse de “donde están las llaves, matarile, rile, rile”.

Cuentos, dichos, rimas y retahílas como “Pinto, pinto gorgorito”, “Caracol, col, col”, “Cinco lobitos tiene la loba”, “Cu cu cantaba la rana”, “Este puso un huevo, en referencia a los dedos de la mano”, “El que se fue a Sevilla, perdió su silla”, “La flauta de Bartolo”,  o una muy larga que comenzaba diciendo “En la ciudad de Pamplona hay una plaza, en la plaza hay una esquina, en la esquina una casa….”. No son todas las canciones que había en aquel entonces, ni muchísimo menos, pero son algunas de las que recuerdo de aquella lejana época.