¡A la Chipi!. Origen e historia del reformatorio de Olaz-Chipi (1923-1980)

De niño, recuerdo que,  en el barrio,  cuando algún chaval hacía algo que no estaba bien, que podía estar en el límite de la gamberrada, enseguida el resto le advertían: ¡A la Chipi!. ¡Vas a ir a la Chipi!. La Chipi era entonces una suerte de “hombre del saco” algo que atemorizaba y nadie había visto. La Chipi se nos antojaba como una feroz cárcel para menores, aunque la realidad seguramente no fuese  como la imaginábamos. Voy a bucear en esta entrada en el origen de esta singular institución,  que tanta prevención nos daba  cuando eramos pequeños y, aunque no estaba en Pamplona, para el caso como si estuviera. Forma parte de nuestros recuerdos. Fue en el año 1923 cuando el presidente de la Audiencia Territorial de Pamplona, Luis Ibarguen secundado por otras personalidades de la ciudad impulsaron el Tribunal Tutelar de Menores  así como la puesta en marcha del Reformatorio de Menores de Navarra. Se creó un Patronato formado por las siguientes personalidades: además de D. Luis Ibarguen, D. Pedro Uranga, D. Marcelo Celayeta (el parroco de San Lorenzo y fundador de las escuelas del Ave María), D. Francisco Javier Arraiza, D. Melchor Lacabe, D. Joaquin Viñas, D. Daniel Irujo (que había sido alcalde a principios de siglo), D. Domingo Elizondo y D. Toribio López (el dueño de Calzados López).  

A los gastos debían contribuir la Diputación Foral y los ayuntamientos en la forma y cuantía que se determinase posteriormente. La granja de Olaz Chipi situada en el término municipal de Huarte sería cedida por la Diputación. De la dirección del reformatorio se encargaría una congregación religiosa, la de  los Padres Terciarios Capuchinos   que,  por diversos medios educativos,  y utilizando trabajos de cultivos, artes y oficios  pretendían reconvertir a los,  y cito textualmente “pequeños delincuentes de hoy en hombres útiles y trabajadores de mañana”. Con el fin de constituir el capital inicial para el Tribunal y el Reformatorio, la mencionada Junta del Patronato abrió una suscripción, mediante la emisión de acciones de 100 pesetas cada una, que serían amortizadas a medida que las corporaciones encargadas de sus sostenimiento fuesen contribuyendo en la parte proporcional que les correspondiera a los gastos de las mismas. 

El reformatorio se llamaría Nuestra Señora del Camino y abrió sus puertas en 1923. Atendía a jóvenes carentes de asistencia benéfica, cariño y  protección familiar. La tarea era difícil ya que había interés por desligar a esta institución de las tradicionales de carácter punitivo y por integrarla dentro de la red de protección a la infancia. Predominaban los jóvenes de 13 a 15 años y de un total de 83 jóvenes, tan solo 18 presentaron un perfil mental normal, según el criterio de los religiosos encargados de la dirección del centro. Se disponía de un severo régimen basado en el trabajo, sobre todo en tareas agrícolas. Había, decían entonces, serias carencias para emprender escuelas talleres que formasen a los chicos en oficios tales como zapatería y carpintería. También se echaba en falta más colaboración económica de la sociedad, así como en la inserción posterior de los jóvenes, a tenor de lo manifestado por los miembros del Patronato. 
El Tribunal Tutelar de Menores se instalaría, en 1924, en  locales cedidos por el Ayuntamiento de Pamplona, en las escuelas de San Francisco, pero se trasladaría, en 1925, a otros locales, en el edificio de la panadería municipal El Vinculo. El Tribunal estaba formado por Pedro Uranga en la presidencia, Daniel Irujo en la Vicepresidencia y como vocales Mariana Sanz, Javier Arraiza, Toribio Lopez y Eladio García, entre otros. Hasta 1927 el Tribunal había incoado casi un millar de expedientes y le auxiliaban en su cometido además del Reformatorio Nuestra Señora del Camino, la Casa de Misericordia, el Asilo de la Sagrada Familia y las Madres Josefinas, Adoratrices, Oblatas y la Casa Maternidad. En ese año, 1927, se había creado una Junta Provincial de Protección a la Infancia presidida por el Gobernador Civil y entre los que figuraban el Obispo de la Diócesis, el Presidente de la Audiencia, el Vicepresidente de la Diputación, el Alcalde de Pamplona, el Subdelegado de Medicina, el Presidente de la Cámara de Comercio y otras personalidades de la ciudad. Adjunto plano de anteproyecto de reforma del centro del año 1949 en el que se pueden distinguir los diferentes pabellones destinados a niños, adolescentes y jóvenes.
A partir de 1954 serán los hermanos de la Salle los que se encarguen del reformatorio, hasta prácticamente junio del pasado año en que por decisión de la congregación se desvincularon del centro educativo. Entre 1954 y 1980 llegaban al reformatorio (que era totalmente masculino), jóvenes con penas privativas de libertad, sin embargo los hermanos La Salle hablaban siempre de “muchachos”. Había jóvenes acusados de hurtos o en riesgo de caer en la delincuencia. A veces se les internaba más como medida de prevención y protección que de corrección. La edad de los jóvenes estaba entre los 8 y los 16 años. Por orden ministerial del 19 de enero de 1963, se reconvirtió el reformatorio en centro no oficial de formación profesional industrial en el grado de iniciación profesional o pre-aprendizaje, dependiente de entidad privada. En el último período (1970-1980) durante la semana los chicos estaban internos y los sábados y domingos volvían con sus familias. En 1975 todavía no se había levantado ni el primer piso de los talleres ni el actual frontón. Los más pequeños hacían pequeños trabajos manuales y de jardinería y los mayores trabajo en talleres y huerta y cada día, antes de cenar,   hacían una evaluación personal y grupal. Adjunto foto en la que aparece el capellán de Olaz Chipi, D. Toribio acompañado por Alfredo Saéz y Moisés Arana. 

Sin embargo no será hasta 1980 cuando el centro deje de tener el carácter de reformatorio y se convierta, de verdad, en un centro de Formación Profesional, el IFP Huarte, en el último período especializado, en atención a la diversidad. Y es que llegaron otros tiempos, la escuela obligatoria finalizaba a los 14 años pero no se podía trabajar hasta los 16 y era necesario escolarizar a los jóvenes de esa edad. En 1980 se hicieron obras para ampliar los talleres y las clases, se quitaron las habitaciones y se preparó el edificio para albergar a 200 alumnos, con la apariencia que vemos en alguna de las fotografías de la entrada. A los chicos del Tribunal se les mandó a pisos en grupos más pequeños y con personal dedicado a ello. Así acababa, después de 57 años la historia de la Chipi, un centro que forma parte de nuestro imaginario colectivo. Hoy lo más parecido que existe a la Chipi puede ser el centro de cumplimiento de medidas judiciales para menores de Ilundain.


Fotos del Boletín Informativo del IES Huarte (diciembre 2004) y plano de remodelación de reformatorio (febrero 1949).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*