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Maestros, escuelas, cantinas y colonias en el Viejo Pamplona (1904-1977)

Prosigo la radiografía de la ciudad de Pamplona del pasado siglo y en esta ocasión y aprovechando la reciente publicación de la biografía de María Ana Sanz me detengo en la enseñanza para dar unas pinceladas de aquellas escuelas del Viejo Pamplona.  Empezaré, partiendo, como hiciera con el capítulo de la sanidad, de mis recuerdos personales para posteriormente realizar un breve repaso histórico de algunas escuelas y otras instituciones asistenciales-educativas entre los años 1904 y 1977. Comencé a ir a  las escuelas del Ave María a los cuatro años,  en septiembre de 1968. Recuerdo que el primer día de colegio solía ser bastante traumático para muchos pequeños, pues era el primer día que se abandonaba el cálido y confortable refugio del hogar pero yo no tengo un recuerdo especialmente duro de aquel día, no recuerdo lloros, eso sí,  siempre me recordaron mis padres, a lo largo de los años, mientras vivieron, una graciosa anécdota: en la primera hora de aquel primer día y en un descuido de la señorita, así las llamábamos entonces a las maestras, aprovechando una inesperada visita en el aula, me levanté del pupitre y me escapé de clase sin que nadie se percatase, presentándome  en casa, que estaba apenas a cincuenta metros de la escuela. Tan pronto como abrió la puerta mi madre   y después de una tremenda regañina me cogió de la mano y me volvió a llevar a la clase de la señorita Ramonita que a la sazón era aquel año la encargada de la clase de párvulos. En aquella clase que lindaba con la de D. Emilio Loitegui nos enseñaron las primeras letras, a leer y escribir. En 1º curso de Primaria, con Conchita Zaldo, comenzamos con los dictados, -la maestra, a veces, escribía el dictado en aquellas largas pizarras negras que cubrían todo el ancho de la clase-, las primeras lecturas, empezaban también a familiarizarnos con las primeras nociones de geografía y  las nociones más básicas de las matemáticas, las tablas de sumar y restar, más adelante vendrían las de multiplicar y dividir.

De aquellos primeros años recuerdo a D. Emilio Loitegui, en 2º de Primaria, amante de los métodos de la vieja escuela. Por aquel entonces abundaban los castigos físicos  como las tortas en la cara, el palmetazo con la regla de madera en la punta de los dedos, o colocar de rodillas o contra la pared durante largo rato al infractor y es que se decía entonces que “la letra con sangre entra”. Quien, en aquellos años no fue obligado en alguna ocasión a escribir durante el recreo decenas de veces, “no volveré a hablar en clase”, por ejemplo. De aquellos primeros años, recuerdo que al menos en 3º de primaria, en la escuela de las chicas, con la entonces ya anciana, Isabel Ancil, la clase era mixta, si bien las chicas ocupaban una tercera parte del espacio y estaban todas juntas y separadas de los chicos. Esta separación se mantendría que yo recuerde hasta BUP. Muchos son los recuerdos que guardo de aquella primera época de mi infancia en las escuelas del Ave María, por las cuales pasaron, como yo,  muchas generaciones de pamploneses. Me acuerdo de aquel edificio alargado de planta baja que estaba pegado  a las dependencias de la iglesia, con el salón de actos, al fondo,  y cuya apariencia era en septiembre de 1968 muy similar a la que tenía 18 años atrás, como se ve  en la foto de 1950, de J. Cia y un poco menos parecido que el de  52 años atrás,  de 1916, pues entonces tenía algunas aulas menos, justamente la mitad; Me acuerdo de sus largas y brillantes rampas de entrada, como la que se ve en la primera foto por la que nos deslizábamos, desgastando alguno de aquellos pantalones cortos que vestíamos entonces; del sonido del timbre de entrada y salida a clase o al recreo; de los grandes ventanales de unas enormes clases en los que estábamos unos 40 chavales  y que eran calentadas por una estufa de carbón y leña situada en una esquina de la estancia. El último año que permanecí en estas escuelas, antes de pasar a la Carbonilla fue  4º de primaria en  1972-73 con Don Germán Tabar, de profesor, que sería director de la escuela tras D. Daniel Pascual.

Tras estas notas personales daré algunas pinceladas históricas de estas célebres escuelas. Inauguradas en abril de 1916, fueron dirigidas hasta su fallecimiento por el párroco de San Lorenzo D. Marcelo Celayeta, según el método empleado por Andres Manjón en el Albaicin de Granada para las clases más desfavorecidas (1898). Celayeta tuvo conocimiento de  estas escuelas del Ave Maria y del método de Manjón a través de un amigo de Aoiz, Vicente Diaz. Celayeta  visitó a Manjón y entusiasmado envió luego a Granada a los maestros Gervasio Villanueva y María Marillarena. La Rochapea carecía de escuela entonces, solo había una privada a cargo de una maestra en Errotazar, que precisamente era Maria, y el barrio estaba habitado por hortelanos, ferroviarios y otros oficios surgidos a orillas del Arga. Construida por el arquitecto Angel Goicoechea, la primera piedra de las escuelas se colocó el 21 de marzo de 1915 y se inauguraron el 2 de abril de 1916, junto a la iglesia. Estuvo financiada por aportaciones de particulares. Aparte de su función social, lo más destacable de estas escuelas era el método educativo que empleaba: un método centrado en el alumno en el que se aprendía a través del juego y el canto, una escuela al aire libre, en el que solo el mal tiempo hacía que las clases se dieran en las aulas; (en mis tiempos, en 3º de primaria, con Isabel Ancil (1971-72),  aun se daba  alguna que otra clase al aire libre). Era aquella una escuela activa en la que se escenificaban no solo los contenidos sino también las ideas abstractas. Hasta poco antes de su desaparición (del derribo del edificio de la vieja escuela), se podían observar en el suelo del patio, mapas hechos con ladrillos de colores, círculos, triángulos y pirámides para las clases de geometría y en las paredes exteriores, una larga pizarra negra, mapas y arboles genealógicos para el aprendizaje de la historia y carteles y silabarios para la lectura. En las fotos que encabezan la entrada y estos primeros párrafos, todas ellas de Roldán pueden contemplarse algunas imagenes de la escuela de aquellos primeros años, con las pizarras,  mapas, silabarios y arboles genealógicos mencionados. En las fotos posteriores de J. Cia se ven los edificios de las escuelas de los chicos y de las chicas en los años 50.

La música ocupaba también un papel importante en la actividad educativa del Ave María, contando desde sus inicios con un profesor de música, D. Gregorio Alegría. Pronto se  crearía la Banda de las Escuelas del Ave María. Se dice que Celayeta compró los instrumentos a una banda militar de Milán que se había disuelto en 1920. Pero no solo la música era importante en la actividad educativa. Junto a la música cabría recordar las funciones de teatro y las proyecciones de cine que se alternaban los domingos en la programación del salón de actos. Daban clase esos años en estas escuelas Fortunato Pérez, Luis Arbizu, Asunción Cano, Gabriel Larequi, Dolores Zuasti, Rosario Echague, María Yoldi, Soledad Garaicoechea y el conocido Gurmensindo Bravo (quien no se acuerda de aquellas veladas matinales suyas antes del encierro en los Sanfermines). Fallecido Celayeta, a partir de 1932 le sustituyó en la dirección Marcelo Larrainzar, sobrino de aquel. En 1935 la escuelas contaban ya con 11 aulas, 5 de niños y 5 de niñas y una mixta, la del párvulos, al frente de las cuales había 11 maestros más el maestro de música y la de corte y confección para las niñas. Las escuelas estaban dirigidas por un patronato del que formaba parte también el Ayuntamiento, junto a la administración educativa, el arzobispado y la parroquia. En 1957 se transformó en dos escuelas graduadas, una de niños y otra de niñas, con cuatro grados, de 1º a 4º de primaria más párvulos con tres secciones. En 1966 se convirtieron las escuelas en un centro público al crear la Escuela Graduada del Ave María con dirección y 11 unidades, cuatro de chicos y cuatro de chicas (las chicas estaban, como he comentado,  en un edificio aparte) cerca de la actual calle Carriquiri. Posteriormente, en 1977, se derribó el viejo e histórico edificio de las escuelas de los chicos, la de las chicas aun resistiría una década larga más, desapareciendo como tal el colegio en el año 2010, tras el traslado de su alumnado al Colegio Publico Rochapea en el Paseo de los Enamorados.

En aquel tiempo junto a las escuelas del Ave-María recuerdo en mi barrio otras escuelas como las de la Carbonilla, construida en los años 30, en plena República, en los terrenos que ocupara anteriormente la carpintería Artola, cerca del cruce de Bernardino Tirapu y Marcelo Celayeta y que vemos en la fotografía de los años 50 de J. Cia. Pretendían ser unas escuelas laicas frente a las religiosas del Ave María. Ahí estuve durante  el curso 1973-74, haciendo  5º de primaria con Don Gabino, que a su vez era hermano de Don Joaquín, maestro del Ave María. Recuerdo que ese  fue el primer año en que tuvimos las primeras  maestras en prácticas, jóvenes inexpertas que se
tenían que enfrentar a un alborotado y alborotador publico infantil; también recuerdo la escuela de Lavaderos, junto al Camino de los Enamorados (creo que era de primaria), el colegio de las Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión junto al cruce de Bernardino Tirapu y el camino de los Enamorados (femenino, regentado por religiosas y con un amplio ciclo educativo, de primaria hasta bachillerato), las Mercedarias de la Caridad de Joaquín Beunza (de párvulos y primaria), los Capuchinos de la Avenida de Villava (de primaria y secundaria, entonces llamada EGB), el Redin en el Vergel y el colegio Cardenal Ilundain, donde cursé entre 1974 y 1977, 6º, 7º y 8º de EGB. De aquel colegio recuerdo nombres de profesores como Jose María Gracia (en 6º),  Javier Donezar (en 7º), Navallas (en 8º), Doña Socorro, etc. Sería prolijo recordar  colegios de otros barrios aunque sin ánimo de exhaustividad podría citar, sin temor a equivocarme, os siguientes: en la Chantrea Federico Mayo, Mariana Sanz o los privados, algunos de ellos religiosos,  Esclavas del Sagrado Corazón en la Avenida de Villava, Colegio de María Auxiliadora, junto a la parroquia de San José o las Jesuitinas en un extremo del barrio, y junto a estas el Irabia, sin olvidar las escuelas municipales de la Magdalena, en la calle del mismo nombre;  en San Jorge recuerdo que había unas escuelas donde está actualmente un centro de Tasubinsa, cerca del río. En la Milagrosa recuerdo que estaban el colegio de Santa Catalina, Victor Pradera (inaugurado en 1952  que vemos en sendas fotos de Cía junto a este párrafo) y José Vila. De San Juan, he visto fotos de escuelas antiguas de los años 20 o 30, que reproduzco más adelante, aunque no logro ubicarlas, y  recuerdo también el colegio religioso de Nuestra Señora del Huerto (fundado en diciembre de 1951 por las religiosas argentinas Hijas de María Santísima del Huerto), el José María Huarte, casi enfrente del Instituto Ermitagaña o el Cardenal Larraona (1970) de la avenida Pio XII. De los colegios del centro de Pamplona (Casco y Ensanche) hablaré más adelante.

Cuando estaba en la escuelas del Ave María todavía se oía hablar de las cantinas escolares, aunque como tal, con la filosofía que nacieron en su momento, hacía años que habían desaparecido, siendo sustituidas  por los comedores escolares, aunque igualmente las llamásemos cantinas.  Las cantinas escolares fueron un tipo de institución benéfica financiada por el Ayuntamiento,  Diputación y particulares  que nació  a principios del siglo XX, concretamente  en las escuelas de San Francisco el 14 de marzo de 1908 extendiéndose luego  a otras escuelas y que tenía como objetivo paliar el hambre en los niños, proporcionando alimentos gratuitos a los niños necesitados a lo largo del curso escolar. Fue pionera en España siendo solo precedida por las de Madrid, León y San Sebastián. La principal promotora de esta iniciativa fue María Ana Sanz, directora de la Escuela Normal de Maestras, de la que he hablado en la anterior entrada. La comida de las cantinas consistía en un primer plato en el que se alternaban a lo largo de la semana legumbres, arroz y sopa y, de segundo, tocino, bacalao o patatas guisadas con carne. El número de niños asistidos que fue de 124 el primer año pasó  a 240 el segundo, llegando un momento en que no se podían cubrir todas las necesidades. Por ello,  la Junta Provincial de Instrucción impulsó, posteriormente,  la creación de una segunda cantina en las escuelas de la calle Compañía, teniendo que regular, además, las condiciones de admisión de los niños ya que había más demanda que oferta. Tenían preferencia para asistir a las cantinas los huérfanos,  hijos de viud@s sin recursos, o de matrimonios obreros de escaso jornal aunque también se tenía en cuenta la disposición del alumno: puntualidad, aplicación y buen comportamiento. En 1925 el coste de sostenimiento de ambas cantinas: la de San Francisco y Compañía ascendía a 10.000 pesetas y los ingresos no alcanzaban a cubrir los gastos, siendo necesaria la movilización de personas, colectivos e instituciones: becerradas por parte de las peñas, fiestas literarias por parte de antiguas alumnas de la Normal, rifas por parte de los niños, etc, actividades que se mantendrían durante largo tiempo. En las fotos que acompañan a este párrafo, vemos en la la 1ª,  la cantina del Asilo de la Sagrada Familia en la calle Dormitalería (durante los primeros años 50) y en la 2ª, de Galle, y publicada en los libros de Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”, se anuncia la rifa del cuto, en las inmediaciones del Mercado de Santo Domingo,   rifa que vemos también en otra foto de las escuelas de San Francisco de 1958.

En 1954 se establecía el Servicio Escolar de Alimentación con el fin principal de establecer el complemento alimenticio en los centros escolares, además de impulsar los comedores escolares. Dicho complemento consistía en leche, mantequilla y queso, estos últimos de forma alterna. La cantidad diaria de leche por niño era de 250 cl. Se instauró experimentalmente en las escuelas de Víctor Pradera extendiéndose en marzo de 1955 al resto. En 1956 casi 40.000 niños se beneficiaban de este complemento. La mejora de las condiciones de vida de España hizo que estos complementos alimenticios desaparecieran pero imagino, no obstante, que aquella práctica de darnos un botellín de leche después de comer en las escuelas del Ave María fue un residuo de aquella  política asistencial del régimen. Como he comentado las cantinas que nacieron con una finalidad asistencial fueron evolucionando a lo largo del tiempo y respondiendo más a necesidades educativas o familiares que a otra cosa. Un servicio escolar que no llegué a conocer pero que existió desde los años 20 a los años 60 fue el ropero escolar, institución benéfica creada en las escuelas de primaria para facilitar ropa y calzado a los niños necesitados, especialmente en invierno. El primero se creo en 1925 por iniciativa también de María Ana Sanz. En la década de los años 50 había 72 roperos en centros públicos, de los cuales veremos en una fotografía posterior el de San Francisco y 25 privados. En 1960 descendieron a 56 los roperos escolares desapareciendo prácticamente a lo largo de esa década. Estos servicios se nutrieron en las primeras décadas del siglo por las llamadas mutualidades escolares, desapareciendo también casi por completo en los años 60.

También en aquellos años del Ave María oía hablar de las colonias, las colonias escolares de verano, aunque yo nunca estuve en ninguna, pues pasaba todos los veranos con los abuelos en su casa del pueblo. Las colonias escolares formaban parte de la obra social de Caja de Ahorros de Navarra. La colonia San Miguel Excelsis de Zudaire, abierta durante 4 meses al año,  empezó a funcionar en 1934 y estaba enclavada en la vertiente sur de la sierra de Urbasa. La colonia Blanca de Navarra de Fuenterrabía, estaba situada junto al mar, comenzó a funcionar en 1935 y permanecía abierta durante 5 meses al año. Entre  1934 y 1989 habían pasado por las colonias escolares de verano más de 60.000 niños navarros, de entre 8 y 13 años, a razón de entre 1.500 y 2.200 niños por año, 250 cada 25 días en sucesivas tandas, de junio a septiembre. Los niños debían tener residencia en Navarra y ser de “humilde condición”, es decir que careciesen de medios económicos para sufragarse unas reparadoras vacaciones veraniegas. Hacían excursiones, ejercicios gimnásticos, tomaban baños de mar en la playa o de agua dulce en la piscina, juegos, actividades infantiles, unido todo ello a una alimentación sana y abundante que les hacía ganar peso. Las colonias contaban con asistencia médica, maestras nacionales, capellán, etc. De ambas colonias dejo algunas fotografías, la de blanco y negro de los años 40 y las de color de los años 60. Hubo una tercera colonia asumida por la Caja entre 1961 y 1971 que tenía su sede en Biurrun-Olcoz, era la colonia escolar “Fundación Ondarra”, ubicado sobre el antiguo sanatorio tuberculoso infantil construido en 1944.

Había  a primeros de siglo en el Casco Antiguo de Pamplona varios establecimientos municipales de  primaria repartidos por diferentes casas y calles, establecimientos que desaparecerían, en su mayor parte, cuando se terminó de construir  en 1905, el magnífico edificio de tres plantas de las Escuelas de San Francisco, con 17 aulas graduadas donde se agrupaban a los niños por edades y conocimientos similares. En estas escuelas, como hemos visto, se instituyó la primera cantina así como también el primer ropero escolar. También tenía su sede aquí el Servicio Medico Escolar como recordaba en la entrada de los galenos y boticas. Las escuelas tuvieron otros muchos usos además de los educativos a lo largo de su historia: sede de los danzaris, escuela de cantores, de artes y oficios,  exhibición de películas, sede del gabinete de censura de películas, talla de quintos, belenistas, censo electoral, asociación fotográfica, boy scouts, La Pamplonesa, examenes de conducir, euskera para adultos. A finales de los 70 tenía más de 800 alumnos reduciéndose a poco más de un centenar en los años siguientes. Hoy agrupa a más de 400 alumnos. En San Francisco también estaban, además, las Escuelas Anejas de las Escuelas de magisterio para la formación práctica y orientación de los nuevos maestros y maestras.

Estaban también en el centro de Pamplona los colegios privados, religiosos, de las Madres Dominicas (internado de primera enseñanza de la calle Jarauta) y  Ursulinas (1889) de la calle Sandoval, ambas para la instrucción de las niñas; de los Padres Escolapios (1892) situado en la casa del Paseo de Valencia que albergó anteriormente la Fonda Europa, con chicos de primera y segunda enseñanza, preparación para el Comercio y escuela gratuita de niños que en 1932 se trasladarían a la calle Olite, junto a la plaza de toros; los Hermanos Maristas, también en Sarasate, aunque antes estuvieron en Navarrería y Eslava que pasaran luego a Yanguas y Miranda (1908) y Navas de Tolosa (1916) (con internado de primera y segunda enseñanza y preparación para el Comercio) antes de pasar en 1952 a la avenida de Galicia;  o el colegio privado de los Hermanos Huarte fundado en 1847 en el nº 96 de la calle Mayor, con gran prestigio (el más antiguo y acreditado de la ciudad) e importante asistencia de alumnos de primera y segunda enseñanza. En los años 20, tenemos además las Teresianas de la calle Mayor (primera enseñanza e internado), las concepcionistas de Navas de Tolosa (párvulos), las Hijas de la Caridad de Dormitalería (párvulos de la Sagrada Familia en La Casita) y de Recoletas (párvulos del Asilo del Niño Jesús), Las Hijas de María Inmaculada del Servicio Domestico (en Tejería hasta pasar en 1927 a su edificio situado entre Amaya y Roncesvalles) o las Escuelas del Ave María (gratuitas de párvulos y primera enseñanza), a las que me he referido anteriormente.

En 1925 había dos grandes grupos escolares públicos en el centro de Pamplona: el de la plaza de San Francisco y el de Compañía, con escuelas de párvulos y de niños y de niñas. Había escuelas nocturnas de adultos en estos dos grupos escolares y en el del Ave María. Asistían a las escuelas públicas de Pamplona en estos años unos 2.077 alumnos de los cuales 797 eran niños y 1.280 niñas y párvulos. Aparecían dados de alta como colegios de enseñanza privados en estos años, aunque imagino que tenía más de academia que de colegio , los de Ezequiel Armendariz en Zapatería, Hermanas Ezquerro  y Romualdo Pejenaute en Estafeta y Concepción Oquendo en Rochapea. A partir de 1927 se inauguran las Escuelas Profesionales Salesianas de María Auxiliadora en la calle Aralar, gracias al apoyo de la familia Arostegui, con alumnos internos, externos y mediopensionistas. Enseñaban cerrajería artística, mecánica, carpintería, ebanistería, sastrería y zapatería. El 8 de enero de 1928 se inauguró en el barrio de la Magdalena el grupo escolar municipal a cargo de Maria del Camino Ijurra, que vemos en la fotografía adjunta previendose otra escuela municipal en el barrio del Mochuelo y posteriormente otra en San Juan (foto del párrafo anterior). En estos años se habilita una escuela especial para sirvientes y obreros en el convento de las Adoratrices y otra escuela nocturna en el colegio de la Ursulinas. La Asociación cultural “Los amigos del euskera” solicitaban al Ayuntamiento un local para establecer una escuela de lengua vasca. A lo largo de las siguientes décadas se instalaron otros centros religiosos como el del Santo Angel, en la calle  Media Luna, los Jesuitas (1946) primero en la calle Mayor, luego Arrieta, Media Luna hasta su actual sede en Bergamin desde 1951, Carmelitas de la Enseñanza en la calle San Fermín,  Carmelitas de la Caridad en Padre Calatayud, Padres Paules y Misioneras del Sagrado Corazón en La Milagrosa, etc.

Fotos referenciadas en el texto de la entrada y pies de foto.

Biografías: Maria Ana Sanz (1869-1936)

Abro una nueva sección en el blog. Se trata de una sección de biografías en la que  intentaré recuperar  perfiles o semblanzas de personajes que protagonizaron la vida o la historia del Viejo Pamplona, en el último siglo y medio de nuestra ciudad; personajes, algunos de los cuales  están hoy casi olvidados o no son suficientemente reconocidos. Comienzo con una mujer adelantada a su tiempo pionera en la educación y la asistencia social, de la que apenas queda tan solo  su nombre como recuerdo en la denominación de un colegio público en la Chantrea. Me estoy refiriendo a María Ana Sanz Huarte. María Ana nació el 29 de abril de 1869 en Irañeta, valle de Arakil, falleciendo el 25 de Mayo de 1936 en Pamplona, a los 68 años de edad. Hija, quinta de siete hermanos,  del pintor y profesor de la Escuela Municipal de Dibujo de Pamplona, Mariano Sanz Tarazona y de Mercedes Huarte, cofundadora, junto a sus hermanos Francisco y José María del prestigioso Colegio Huarte de la calle Mayor. Por parte materna es clara  su ascendencia e influencia liberal: nieta de Juan Bautista de Huarte que lucho junto a Javier Mina, El Estudiante y luego con Francisco Espoz y Mina en la Guerra de la Independencia y de Josefa Callis. Estudió en el colegio de su madre de la que fue también profesora. Cursó estudios en los grados elemental, superior y normal de Magisterio con magníficas calificaciones. En Zaragoza y Madrid entró en contacto con movimientos renovadores en la educación como la Institución Libre de Enseñanza. En 1890, con 22 años, contrajo matrimonio con Teodoro Navaz, técnico de obras del Ayuntamiento de Pamplona, amante de la música y vinculado al Orfeón. En estos años se centra sobre todo en la familia, dando  a luz a sus primeros cinco hijos al tiempo que va preparando   sus oposiciones para profesora de la Normal. En 1901 fue nombrada profesora numeraria de la Sección de Letras de la Escuela Normal de Pamplona. En los primeros años del siglo compagina su vida laboral y familiar, dando a luz a sus otras cinco hijas. En 1906 se convierte en Directora de la Escuela Normal de Maestras y comienza a introducir cambios en consonancia con su formación liberal en métodos y asignaturas, cargo que mantendrá hasta poco después de la proclamación de la 2ª República, convirtiendo la Escuela Normal de Elemental en Superior y, además, en un centro innovador y promotor de la actividad cultural de Pamplona, con la celebración de diferentes conferencias y congresos. Llegó a promover la creación de una cátedra de euskera en la Escuela de Magisterio.

A partir de este momento comenzó a promover un buen número de proyectos educativos y asistenciales o benéficas como las famosas Cantinas Escolares (1908), las Colonias Escolares de Verano (1913), la Escuela Hogar para Mujeres Obreras (1920) de la que será presidenta honoraria, la escuela de Verano (1909-1931) y el Ropero Escolar (1925). Participó también, como vocal,  en el primer Tribunal del Menor (1924), preocupándose de la rehabilitación de los jóvenes con problemas. En 1931 fue confirmada en su puesto por las nuevas autoridades de la República pero al fusionarse las dos escuelas de magisterio cesó en la dirección que recaerá en Mariano Saez Morilla, si bien en 1934 fue nombrada subdirectora e la Escuela. Queda viuda en 1932. Miembro del Consejo Provincial de Primera Enseñanza, profesora de Pedagogía, miembro del Patronato de Honor del Ateneo Navarro desde su fundación en 1932 -junto con Arturo Campión- conferenciante y articulista, preside con cierta frecuencia tribunales de oposición y certámenes literarios. María Ana fue una lectora infatigable,  una incansable viajera a pesar de la limitación de los medios de la época;  Admiradora de Concepción Arenal, prestará a lo largo de su vida especial atención a los débiles y marginados y seguirá impulsando y manteniendo también  a lo largo de su vida aquellas obras asistenciales de apoyo al menor que promoviera en el primer tercio del siglo.   Murió como quien dice, al pie del cañón, unas pocas semanas antes del estallido de la guerra civil , pues  estuvo dando clase hasta unos días antes de su muerte y en la semanas anteriores a caer gravemente enferma incluso llegó a impartir diversas conferencias.

Estampas: Aquellas cartas de antaño…

Hubo un tiempo en que escribíamos cartas. No había ordenadores personales, ni tablets, ni móviles, ni sms, ni wasap. Sencillamente escribíamos en una hoja pautada o en una postal. La carta se destinaba a temas más largos y de más enjundia mientras que las postales eran mayoritariamente utilizadas para felicitar los cumpleaños. Había todo tipo de postales, aunque abundaban las de ciudades y pueblos (como una del pueblo de mis abuelos que reproduzco líneas más abajo), o como muchas de las postales de Pamplona que he utilizado a lo largo de este blog,  la mayoría en blanco y negro hasta los años 50 y en color desde los años 60 en adelante.  Postales de felicitación de los tíos y abuelos que recibías en tus primeros cumpleaños de vida (como la que reproduzco más adelante de hace nada menos que 41 años) o  postales que remitías a tus familiares que vivían en el pueblo. Te esforzabas por escribir con una letra legible, -para algo tenían que servir los ejercicios de caligrafía de la escuela-, pues era muy importante que los destinatarios, los tíos o los abuelos pudieran  entender todo lo que querías decir. Me acuerdo de aquellas frases hechas como aquellas que empezaban diciendo “Muchas felicidades te desea…que  mucho te quiere” o “Un millón de felicidades te desea en el día de tu cumpleaños…” como decían mi tía y abuela paterna en esa antigua felicitación. Los sobres del correo aéreo eran muy reconocibles pues se distinguían por unas franjas rojas y azules impresas en su contorno. Había sobres para transmitir pésames con el contorno negro y estampas con oraciones por el espíritu del difunto. De ambas reproduzco, en el siguiente párrafo, unas imagenes ilustrativas. Las invitaciones de boda se diferenciaban, por su parte, por su ostentosa apariencia.


En la Navidad llegaba la felicitación del cartero como la que adjunto junto a este párrafo, para pedir el aguinaldo navideño. Había gente que coleccionaba sellos, -todavía los hay-, aunque la imagen que recordamos tanto en los sellos como en la monedas de aquellos años, -la vimos durante demasiado tiempo-,  era la de Franco. Las cartas llegaban a menudo mucho más tarde de lo deseable lo que hacía que casi siempre mirásemos, al coger la carta,  la fecha del matasellos, para ver cuando había salido del origen. Los buzones del portal, hoy casi huérfanos de cartas manuscritas y casi hasta de facturas, -casi todas  han pasado al formato electrónico-, se convertían a menudo, y ante la falta de teléfono, en esa mágica puerta de entrada de mensajes y noticias de quienes tenías lejos. Eran tiempos en que los niños escribíamos con lápiz, por aquello de borrar si nos equivocábamos, -y claro que lo hacíamos-, y los mayores con bolis, plumas o estilográficas. ¡Cuantas historias se esconden en aquellas cartas de antaño!: cartas de amor, añoranza, separación o ruptura, cartas que anunciaban una feliz noticia, un nacimiento o un trabajo, cartas del hijo que estaba en la mili y escribía a la madre para que le mandara unos chorizos o más dinero o que se carteaba con la novia que había dejado en la capital o en el pueblo. Algunas hasta perfumaban las cartas como si quisieran transmitir parte de su esencia y presencia al  enamorado que estaba lejos. Y tras esta primera parte de recuerdos personales voy a dar unas cuantas pinceladas sobre el correo postal y el servicio de correos en el Viejo Pamplona


El correo postal es tan antiguo como la escritura y ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la humanidad, adquiriendo mayor rapidez a medida que fueron mejorando los medios de locomoción. A partir del siglo XVIII es cuando el servicio de correos se convierte en responsabilidad del estado en España. En 1756 se creaba el oficio de cartero, y seis años más tarde se instalaban las primeras bocas de buzones. En 1850, que es un año decisivo, se dota el servicio de Correos de una flota propia de transporte y nace el sello como medio de franqueo o pago. En Francia se había adoptado dos años antes. En 1870 se instituía el reparto postal diario. La aparición del automóvil y luego del avión cambiaron las estructuras postales y aceleraron la entrega de la correspondencia. En 1899 se inauguró la primera conducción postal por carretera en Navarra. Entre 1905 y 1916 se establecieron servicios innovadores como la carta urgente (1905), los giros (1911) y los envíos contra reembolso, la Caja Postal y los paquetes postales (1916). En 1908 la Administración Central de Correos estaba en el nº 18 de Paseo de Sarasate, a la altura de donde hoy está el Bankinter. La de Telégrafos estaba en el nº 15,  donde hoy hay una sucursal del Banco de Santander. A partir de 1924 ambos servicios compartirían el nuevo edificio que hoy conocemos en el nº 9 del Paseo. El correo salía, bien por tren a las localidades más lejanas, o en carruaje  a los pueblos de la provincia. Había a principios de siglo 26 estafetas en la provincia y 86 carteros. La recogida de las cartas se hacía tanto en la Administración Principal del Paseo de  Sarasate como en los estancos, a las 12 y a las 19.30, en los estancos de la plaza Consistorial y del Castillo (estanco de la señora Viuda de Rubio) había además una recogida especial a las 3 de la mañana.
 En 1919 se creó el primer servicio aeropostal, -también había vapores correos marítimos-, aunque el tren, como el tren correo que vemos al lado, fue hasta 1993 el sistema más utilizado para el transporte postal. Las obras del nuevo edificio de Correos de Pamplona se iniciaron el 12 de octubre de 1923 en el solar donde estuviese la panadería municipal de El Vinculo, que había sido cedido por el Ayuntamiento al Estado unos años antes, en 1918. Las obras se realizaron bajo dirección del arquitecto Joaquín Plá, con un plazo de ejecución de catorce meses, si bien se tardó algo más de tiempo en amueblarlo e inaugurarse (1926). Encabezan la entrada una foto de la constructora Erroz y San Martín con el edificio recién terminado, además de un detalle de los famosos leones de Correos. Lo construyó, como he dicho la empresa Erroz y San Martín, por un presupuesto de 520.635 pesetas. En el proyecto se decía que el edificio constaría de planta baja y dos pisos y terraza. Las fachadas serían de piedra de sillería y ladrillo y la totalidad de los pisos así como el tejado de cemento armado. Se anunciaba en prensa que la nueva Casa de Correos sería completamente incombustible, pues no tenía ningún trabajo de carpintería. En 1925 se habilitó otro buzón de recogida de cartas en la zona de Cuatro Vientos que yo he conocido durante muchos años. En 1929 el franqueo para el envío provincial de una carta sencilla costaba unos 25 céntimos, cantidad que descendía a 15 céntimos si el envío era local. En 1953, el franqueo de una carta normal costaba 50 céntimos. 
El cartero vestía de gris claro en verano, con chaqueta-guerrera y pantalón, con raya roja a ambos lados y gorra de plato, y azul marino en invierno, (aunque yo me acuerdo solo del traje gris), la bolsa del cuero al hombro, tal y como vemos en la foto del párrafo anterior.  Era un oficio muy sacrificado tanto por las horas de trabajo como por las caminatas que tenían que hacer. La motorización del servicio con bicicletas o ciclomotores humanizaron un tanto el servicio. Hasta entonces el reparto era domiciliario, y había dos repartos diarios: el primero a las 9 de la mañana y el segundo  a las cuatro y cuarto de la tarde. Incluso había reparto los domingos, a las 10 de la mañana. En algunas zonas los carteros subían a los pisos y entregaban a mano las cartas pero lo habitual era el aviso con un toque  de silbato largo para dar a tiempo a que atendiera el  vecindario y se voceaban los nombres de los destinatarios que bajaban a recoger el envio.  Todo esto cambiaría a principios de los años 60 cuando  se instalaron los buzones domiciliarios.  En 1981 se instituía el famoso código postal así como otros servicios como el Postal Expres. En 1991, el Estado separaba la Caja Postal de las actividades exclusivamente postales de Correos y Telégrafos, para unirla a otras entidades bancarias públicas en la corporación bancaria Argentaria que se privatizaría unos años más tarde, con la fusión con el BBV, en 1999. A partir de este año y hasta hace dos meses Deutsche Bank sería  el socio bancario de la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos. Hoy Correos ya no ofrece servicios bancarios, solo permite el envío de dinero, a través de giros de la Western Union. Según las actuales leyes Correos garantizará la prestación de un servicio postal universal hasta el año 2025. El futuro augura una liberalización total del sector.