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Enseñanza media y superior en el Viejo Pamplona (1842-1989)

Después de hablar, hace seis meses, sobre las escuelas de primaria del Viejo Pamplona, me faltaba referirme a los grados medios y superior de la enseñanza general y hablar de otro tipo de enseñanzas especializadas para completar este capítulo de la Educación. En aquella entrada señalaba algunos colegios privados que impartían segunda enseñanza pero no hablé del centro de referencia de enseñanza media de carácter público que había en la ciudad, me refiero al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, situado en la calle Navarrería y cuya postal de Eusebio Rubio, de 1905, encabeza esta entrada. Erigido en 1842, inicialmente como centro privado y posteriormente como público, dependía de la Universidad de Zaragoza, y ostentaba el nombre de Instituto General y Técnico. El edificio del Instituto fue construido por encargo de la Diputación, en 1865, bajo la dirección del arquitecto Maximino Hijón y su coste fue de unas 625.000 pesetas. Tenía una gran entrada de cuyo fondo se elevaba una elegante cristalera encristalada que llegaba hasta el piso principal. En la planta baja tenía dos patios interiores y tres laterales pequeños y un jardín muy cuidado. El patio principal, convertido en jardín, estaba rodeado por dos galerías o claustros, uno bajo y otro alto, elegantemente decorados y sostenidos por columnas de hierro. El bajo daba paso a varias cátedras y a los gabinetes de Física, Química e Historia Natural. El alto, encristalado servía de paso al Salón de Grados, Secretaría, Biblioteca y habitaciones del director.

El segundo patio del edificio formaba el principal de esta escuela y tenía comunicación con el primero y entrada independiente por la plazuela de San José. En un principio esta parte de edificio estuvo destinada a colegio de internos del Instituto, quedando después para la Escuela Normal de Maestros. En la foto de la izquierda, publicada por José Joaquín Arazuri en su libro “Pamplona, calles y barrios” aparece el edificio de la Escuela Normal en 1935. En la postal  de la derecha, de algunos años antes aparece la parte del edificio que se seguiría dedicando a Instituto Provincial. El patio contaba con dobles arcadas, sobre las cuales había dos galerías que daban paso, con escaleras independientes a las distintas clases de maestros y maestras, habitaciones del director y directora, porteros y otras dependencias. La Biblioteca estaba surtida de obras antiguas y raras, procedentes de los  antiguos conventos de Pamplona. En 1924 la Biblioteca del Instituto contenía más de 30.000 volúmenes. A comienzos de los años 20  el Instituto contaba con 300 alumnos matriculados, duplicando esta cifra a finales de la década. En 1939, tras la guerra civil, la separación de sexos conllevó la división del Instituto Provincial de Segunda Enseñanza en dos centros: el masculino “Ximenez de Rada” y el femenino “Príncipe de Viana” que se trasladaron, a partir de  1944, a su actual ubicación en la plaza de la Cruz, bajo el rótulo de “Institutos de Navarra”. 

En este mismo edificio, como he dicho, en el colegio de internos del Instituto, estaría también, desde 1885, la Escuela Normal de Maestros y Maestras cuya directora, en los primeros años de siglo, fue  doña Mariana Sanz. La Escuela había comenzado a funcionar el 1 de mayo de 1840 en el antiguo convento de San Francisco. En 1843 se había creado la Escuela de Prácticas Aneja a la Normal que tenía su sede, igualmente,  en las Escuelas del Convento de San Francisco y que, después, estaría en las nuevas Escuelas de San Francisco. En la Normal dieron clase personalidades de la cultura de aquellos años como Leoncio Urabayen, Joaquín Maya, Ramón Bajo Ulibarri, Alberto Huarte, etc. En el curso 1922-23 había matriculados en la Normal 236 alumnas en la de Maestras, (300 en 1928), y 46 alumnos en la de Maestros, triplicando esta cifra a finales de la década. En los años 30 los estudios de Magisterio duraban tres años y en el período de prácticas se percibía un sueldo. En los años 40,  con el traslado de los institutos de enseñanza media a la plaza de la Cruz, en el edificio de la plaza de San José quedaron las dos escuelas, la de   maestros, “Huarte de San Juan” y la de maestras “Blanca de Navarra” que en 1967 se integrarían en una única Escuela Normal y, posteriormente, desde 1972, en la Universidad como Escuela Universitaria de Profesorado de Educación General Básica. En el curso 1987-88 cursaron sus estudios en la Escuela de Magisterio 870 alumnos.

El primer intento serio de montar una escuela de artes data de 1828, fecha en la que el Ayuntamiento de Pamplona pone en marcha una Escuela de Dibujo en el nº 80 de la calle Mayor que más tarde se traslada  al antiguo convento de San Francisco y la Diputación promueve, por su parte, la creación del Instituto General y Técnico de Pamplona donde se imparte también dibujo natural y lineal, pero no es hasta el año 1873 cuando, por acuerdo de la Diputación y Ayuntamiento, se refunden los estudios existentes en la Escuela de Dibujo y en el Instituto y se inaugura la Escuela de Artes y Oficios. Su primera sede estuvo en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza si bien en 1890 se trasladó al edificio de la Alhóndiga, situada inicialmente, desde 1850,  en el Paseo de Sarasate y que luego vendería, el solar,  al Banco de España para trasladarse a un gran caserón en la confluencia de las actuales calles Estella, Yanguas y Miranda y Alhóndiga. este viejo caserón se derribaría en 1965. En la foto de 1963, de J.J. Arazuri, podemos ver el edificio de la Alhóndiga poco tiempo antes de su desaparición. En 1908  dirigía la Escuela  Florencio Ansoleaga y contaba con 350 alumnos. En 1917 la Diputación dejó de tutelar la Escuela y pasó a ser enteramente municipal, creciendo el alumnado y obligando a ampliar el edificio existente. En la década de los 60 se trasladó la Escuela nuevamente a San Francisco, al derribarse el edificio de la calle Estella, si bien algunas clases se impartían también en la escuelas de Compañía.  En 1967 pasó a llamarse Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. En 1969 se empezó a construir el nuevo edificio que se inauguraría en 1972, en el nº 27 de la calle Amaya, ampliando a lo largo de los años sus disciplinas artísticas. Este centro quedaría como un centro de enseñanza reglada de formación profesional. Hoy en día depende del Gobierno de Navarra. En 2003 los llamados cursos monográficos, (enseñanzas no regladas pertenecientes a la antigua escuela municipal), se trasladaron a la Escuelas de José Vila, redenominando dicha escuela, en 2008, como Escuela de Artes y Oficios “Catalina de Oscariz”. Entre los profesores de la Escuela de Artes y Oficios  estuvieron, a lo largo de su larga historia, nombres como  Miguel Sanz y Benito, Eduardo Carceller y García, Millán Mendía Azpilicueta, Miguel Pérez Torres, Leocadio Muro Urriza, Enrique Zubiri Manezaundi, Gerardo Sacristán, José María Ascunce, Fernando Redón y Juan José Aquerreta.

La Academia de Música fue fundada en 1858  por Mariano García Zalba, exalumno de la Capilla de la Catedral. A principios del siglo XX contaba con 550 alumnos. En ella enseñaron, entre otros, José Luna, Avelina Izco, Emiliana Zubeldia, Gurmensindo Bravo, Felipe Aramendia, etc. Dirigieron la Academia tras su fundador y hasta los años 50, su hijo Mauricio, Joaquín Maya, Santos Laspiur  y Miguel Echeveste. La Academia desapareció al fundarse el Conservatorio de Música Pablo Sarasate. El Conservatorio fue, en cierto sentido, heredero de la Escuela. Y es que en 1956 la Diputación había creado oficialmente el Conservatorio Navarro de Música Pablo Sarasate. El decreto de la creación fue una ampliación del decreto de 1951 que había convalidado la validez, con grado de conservatorio, de la Academia Municipal de Musica de Pamplona.   De hecho, el Conservatorio comenzó su primera etapa en la sede de la Escuela de Música que dirigía entonces Miguel Echeveste. Dirigió el Conservatorio entre 1957 y 1973 Fernando Remacha y tras él Pascual Aldave, Santiago Garay, Miguel Roa, Miguel Angel Navascues, Armida Luengo, Aurelio Sagaseta, Jose Ignacio Martínez Zabaleta, Máximo Oloriz, Fernando Sesma, Salud Bueno y Julio Escauriaza (hasta 2011).  En 1963 se inauguró su nueva sede de la calle Aoiz. 

Junto a la Escuela de Magisterio, en el edificio de la plaza de San José, se ubicaría en el curso 1944-45 la Escuela de Comercio que podía impartir todas las enseñanzas de Profesorado Mercantil. Desde 1972 se transformó, igualmente,  en Escuela Universitaria de Estudios Empresariales, con carácter de diplomatura, pudiendo accederse directamente a la Facultad de Económicas y a la de Empresariales. En el curso 1987-88 había 1.297 alumnos matriculados en la Escuela de Empesariales. A comienzos del siglo XX había algún otro centro de enseñanza especializada:  por ejemplo, la Escuela de Peritos Agrícolas de Navarra con origen en la granja escuela de Práctica de Agricultura de Villava, creada a iniciativa de la Diputación Foral de Navarra en 1914, si bien la Escuela nació como tal en septiembre de 1924 en las dependencias de la citada granja escuela. Junto a este párrafo podemos ver sendas fotos del edificio del Palacio del Congreso Nacional de Viticultura, obra del arquitecto José Yarnoz, inaugurado en julio de 1912 que serían la sede de la citada Escuela. En 1966 pasó a llamarse Escuela de Ingeniería Técnica Agrícola, transformándose en escuela universitaria en 1978, adscrita a la Universidad Politécnica de Madrid. En el curso 1987-88 contaba con 478 alumnos. La Escuela de Graduados Sociales se creó, por su parte, en el año 1959, en los locales de la antigua casa sindical, teniendo como origen los cursos que impartía el Servicio de Formación Sindical para formación laboral de trabajadores. En 1962 se trasladó a la calle Iturralde y Suit. En 1980 adquirió rango universitario, cursando sus estudios, a comienzos de los años 80, 560 alumnos.

También  habría que citar dentro de este apartado de la enseñanza media y superior la impartida en los seminarios: así el Seminario Conciliar, fundado en 1777, ubicado en la calle Dormitalería, tenía a finales del siglo XIX con 600 alumnos inscritos, 110 de ellos internos, el Seminario Episcopal de la calle Tejería, fundado como una sección del Conciliar,  con el nombre de Colegio de San Francisco Xavier,  contaba  60 alumnos (1881) (en la foto adjunta del Archivo Arazuri, publicada en “Pamplona, calles y barrios” podemos ver una foto de dicho seminario en 1936) y el Colegio de San Juan Bautista (1734), de la calle Santo Domingo, esquina cuesta del Palacio, contaba con 12 plazas internas. 

Un precedente histórico universitario en nuestra ciudad sería la Universidad de Santiago, dirigida por los Dominicos entre 1630 y 1771 que fue suprimida por el rey Carlos III. Otro intento de creación de un centro universitario, en este caso de medicina, fue  la creación en Pamplona del Real Colegio de Medicina, Cirugía y Farmacia del Reino de Navarra inaugurado en octubre de 1829, en el antiguo Hospital, hoy Museo de Navarra y que apenas tuvo 10 años de vida. Posteriormente hubo varios intentos desde la Diputación Foral todos ellos fracasados entre los que llama la atención la iniciativa de 1886 en la que la Diputación foral propuso a las de Guipúzcoa, Vizcaya y Alava formar un distrito universitario que tuvo buena acogida por varios ayuntamientos navarros pero que no tuvo finalmente aceptación por las provincias vecinas. Tuvo que pasar siglo y medio hasta que  Pamplona contase con otra Universidad, aunque como aquella o la de Irache,  de carácter privado y bajo el auspicio del Opus Dei.
En efecto, en  abril de 1952 nacía el Estudio General de Navarra, germen de la actual Universidad de Navarra, con la creación de una Escuela de Derecho. El curso con 48 alumnos y 8 profesores se inició en la Cámara de Comptos, como podemos ver en la foto adjunta de la izquierda. Dos años más tarde (1954) se crearon las escuelas de Medicina y Enfermería que tendrían su sede inicial en un pequeño edificio del Hospital de Navarra donde realizarían las prácticas; en 1955, nacía la Facultad de Filosofía y Letras, en la última planta del Museo de Navarra, en unas aulas cedidas por la Diputación foral. En 1958 se creaba el Instituto de Periodismo, convertido en Facultad de Ciencias de la Información en 1971. En 1960 el Estudio General se convirtió en Universidad y ese mismo año comenzó  a construirse, en el naciente campus, el primero de sus edificios universitarios, el Edificio Central (que vemos en una postal a color de Ediciones Vaquero de 1966, a la derecha de este párrafo),  a los que seguirían, en los años siguientes, otros que albergarían las diferentes escuelas y facultades universitarias.  En una foto de la izquierda de este párrafo, datada en 1960, vemos una foto bastante curiosa, el desfile de profesores con toga y birrete, por la cuesta del Museo.  En 1964 se creaban las Facultades de Ciencias (Biología), Farmacia y Arquitectura y en 1987 la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.  En 1987-88 la Universidad de Navarra contaba con 14.670 alumnos entre todos sus centros (tanto de Pamplona como de fuera).

En 1973 se producía la primera oferta universitaria de carácter público al crearse el centro regional de Navarra de la UNED, con las secciones de Derecho y Filosofía y Letras, si bien el centro asociado había sido creado en 1971 gracias al impulso de la Diputación que había formalizado, incluso un convenio con la Universidad de Navarra para desarrollar el citado centro y creado un Patronato para su gestión. En 1988-89  la UNED contaba con 2.649 alumnos matriculados en Derecho, Geografía e Historia, Filología, Psicología, Ciencias de la Educación, Filosofía, Económicas y Empresariales, Ingeniería Industrial, Sociología, Ciencias Políticas, etc. 

En 1987, el Parlamento Foral aprobaba la creación de la Universidad Pública de Navarra que inició sus actividades docentes en el curso 1989-90, con cuatro titulaciones superiores y dos medias: Ingenieros Industriales, Ingenieros Agrónomos, Licenciados en Económicas y Empresariales y diplomados en Ingeniería Técnica Industrial y Graduado Social, dando cauce a una vieja aspiración histórica de la comunidad. La Universidad contaría inicialmente con los siguientes centros: la  Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, que impartirá los títulos de diplomado en Profesorado de EGB, Trabajo Social y Ciencias Políticas, y las licenciaturas de Traducción e Interpretación, Sociología y Ciencias Políticas; la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (con las diplomaturas de Estudios Empresariales, Graduado Social, Informática de Gestión y licenciatura en Ciencias Empresariales); la Escuela Universitaria de Estudios Sanitarios, con las diplomaturas de Enfermería, Fisioterapia, Logopedia, Podología y Dietética; la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicaciones, que impartirá primeros y segundos ciclos de ocho especialidades diferentes; la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos, con tres especialidades en los dos ciclos, y el Centro de Estudios de Planificación Territorial. El campus se construiría, finalmente en Arrosadía tras algún intento fallido de llevarla al centro histórico de la ciudad.


Fotos por orden de aparición: Instituto de Segunda Enseñanza (1905). Fotopostal de Eusebio Rubio; Escuela Normal de Maestros (1935). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Instituto de Segunda Enseñanza (1910). Fotopostal de Eusebio Rubio. Escuela de Artes y Oficios (1963). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Jóvenes en la plaza del Castillo (1955). Pachi Calleja. Escuela de Peritos Agricolas de Villava (1924). Archivo General de la Universidad de Navarra. Seminario Episcopal (1936). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Desfile inaugural del curso académico universitario (1960). Archivo General de la Universidad de Navarra.  Escuela de Derecho en la Cámara de Comptos. (1952). Archivo General de la Universidad de Navarra. Edificio Central de la Universidad de Navarra. (1966). Postal de Ediciones Vaquero. Archivo UNED (sin datar). Archivo Universidad Pública de Navarra (sin datar).

Imagenes del ayer: Las murallas. De la Media Luna a la Taconera (1911-1971)


Para los que nacimos y vivimos fuerapuertas de las murallas, allá abajo, en el barrio extramural de La Rochapea, las murallas tenían un encanto especial cuando eramos niños, soñábamos imaginarias aventuras al asalto de una fortaleza que podía esconder inimaginables secretos. Y es que  la ciudad amurallada aparecía rodeada, ante nuestros ojos infantiles,  de un increíble y maravilloso halo de misterio.  A ellas tengo asociados hermosos recuerdos, algunos de los cuales he dejado reflejados en las páginas de este blog; como aquellos, de mi infancia, narrados en la entrada dedicada al Baluarte del Redin y el Mesón del Caballo Blanco. Otros asociados a mi adolescencia y juventud, en entornos llenos de romanticismo como los parques de la Taconera y la Medialuna. Más tarde serían la curiosidad y el interés por la historia de mi ciudad los motivos por los que me ha seguido atrayendo   este tesoro de nuestra ciudad mantenido, con mayor o menor fortuna,  desde hace varias centurias como testigo mudo de nuestra historia. Si hay algo que creo,  que afortunadamente, ha concitado el apoyo de todos los grupos políticos municipales a lo largo de los últimos decenios ha sido la recuperación y restauración de nuestro recinto amurallado. Gracias a esa labor los pamploneses podemos disfrutar actualmente, y en su integridad, de un magnífico paseo desde la Taconera a la Medialuna, o desde la Medialuna a la Taconera, como se quiera, paseo que no siempre, como les contaré, estuvo abierto.

En mi niñez había zonas abiertas al público desde hacía muchísimo tiempo como los parques de la Taconera, -con su mirador, jardines, andenes y fosos- y la Medialuna, -con su mirador, fuentes y jardines así como el fortín de San Bartolome dominando, -con su recinto cerrado y oculto a los ojos curiosos-, el terreno, tal y como cuento en la entrada del blog dedicada a estos parques. Otras zonas acababan de ser restauradas unos pocos años antes de que yo naciera, como la ronda del Obispo Barbazán y la zona del Redín. La Ronda del Obispo Barbazán estuvo cerrada entre el Redín y la fachada lateral del Palacio Episcopal hasta 1959, abriéndose el paseo en 1961. Fue en esos años cuando se colocó, -en el rincón que hay junto al edificio capitular-, un altar de piedra con una imagen mariana. Sin embargo otras zonas permanecerían ocultas hasta fechas relativamente recientes como los tramos más cercanos al Palacio de Capitanía o el Paseo de Ronda, en la zona situada entre el Museo de Navarra y la plaza de la Virgen de la O. A lo largo de esta entrada, de contenido fundamentalmente fotográfico, podemos ver a través de  postales de Eusebio Rubio (luego Vda. de Rubio), L. Roisin, García Garrabella, A. de León, Arribas, Dominguez, Vaquero y Escudo de Oro y de fotos de Galle, Cía y Zubieta y Retegui, diferentes estampas de nuestro recinto amurallado, centradas sobre todo en el frente este y norte (Media Luna, Tejería, Redin y Portal de Francia), ya que del Portal Nuevo y Taconera ya ofrecí un extenso reportaje fotográfico en sus respectivas entradas. Al final de artículo, se repasan todas las fotos, la fecha aproximada en la que se tomaron y su autoría.

Ya hablé con cierta extensión del parque de la Media Luna en su entrada. En ésta recordaré tan solo las principales fechas de su reciente historia. Entre 1923 y 1933 se realizaron las obras de adecentamiento de la Media Luna, sobre una zona tradicionalmente de paseo, situado entre cultivos de secano. En 1935 se construyó el muro de contención que serviría de base para el largo paseo que comunicaría  la ripa de Beloso y la zona del fortín de San Bartolome. El  fortín se rehabilitó en 1943, año en que también se ejecutaron el grueso de las obras del parque, bajo idea y dirección de Víctor Eusa. Alguna construcción de este parque sería posterior como la del conocido bar (1949) o el monumento a Sarasate (1959). En 1962 se instalarían en los fosos contiguos al Baluarte de San Bartolome  un tobogán y unos columpios, que yo recuerdo perfectamente de  mi infancia, momento, el de la instalación,  que recoge la foto de Galle.



En 1952 se había construido junto al Jito Alai, el Frontón Labrit, que vemos en la foto del párrafo anterior, de Zubieta y Retegui, (1950) perteneciente al año de comienzo de las obras.  Algunos  años antes, en 1946,  se había demolido muy cerca de allí una joya monumental cuyo derribo hoy sería impensable que sucediese, el Convento de la Merced del siglo XVI. En El Redin se mantenía un ruinoso cuerpo de guardia como los que existieron  junto a otros portales del recinto amurallado:  el de Santa Engracia, el de de Santo Domingo (que es el único que se conserva) o el de San Nicolás. Entre 1960 y 1961 se construyó el Mesón del Caballo Blanco, con los restos del Palacio de Aguerre o Casa del Orfeón de la calle Ansoleaga, donde poco tiempo después se erigiría el Hotel Maisonnave. De él se aprovecharon la bóveda gótica, las ventanas de arco lobulado y algunos otros elementos. En el exterior se instalarían  bancos y mesas de piedra y farolas de forja artesanal como las que vemos en las postales turísticas de aquellos años. Se elevarían muretes y parapetos, se pavimentaría el Paseo y en general todo el entorno próximo al Mesón, se instalaron tres piezas de artillería,  incluso se llevaron algunos ciervos y algunos otros animales a los fosos, como se había hecho anteriormente en la Taconera, y que yo he llegado a conocer. Allí se dejarían ver los últimos cordeleros de la ciudad, concretamente a Juan Angel Elizari que realizaría sus tareas hasta 1968. Junto a este párrafo podemos ver, en la primera foto de la izquierda, el desarrollo de las obras de mejora en el Redin (J. Cia, 1959) y en diferentes postales de los años 60 y 70, pertenecientes a Ediciones Vaquero y Dominguez como quedó la zona tras las obras.

En 1915, el Portal del Francia, o Portal del Abrevador, que data del año 1753, dejaría de cerrarse por la noche y su puente levadizo cesó su diaria actividad. En 1939, tras la guerra,  cambiaría su nombre pasando a llamarse Portal de Zumalacarregui. En 1951 se realizaron obras de restauración del citado Portal y de su entorno, como podemos ver en la foto de la derecha de J.Cia. Como he comentado líneas atrás, la zona de la muralla cercana al Palacio de Capitanía seguiría cerrada durante varias décadas, hasta hace muy pocos años. Ya he hablado de este Palacio en la entrada dedicada a la presencia militar en la Pamplona, hace unas pocas semanas, por lo que no voy a incidir nuevamente en ello. Será después de su total restauración para convertirlo en el Archivo de Navarra, algunos años después, cuando se abra  el Paseo en esta zona de la muralla, recuperando el pasadizo y el nevero que había en el lugar desde hace siglos. 

También en torno a 1914-15 se derribó el Portal de la Rochapea, cuyo escudo estuvo, durante décadas,  junto al machón de piedra cercano al corralillo de los toros hasta que se trasladó, probablemente a principios de los 60, a la columna izquierda del Portal Nuevo. A la derecha, podemos ver el portal antes de su derribo, en una fotopostal de Eusebio Rubio (1910). Durante mucho tiempo, entre el espacio existente entre el viejo Palacio de Capitanía y la cuesta de Santo Domingo, hubo algunas huertas y casitas bastante modestas. Luego,  desde el tramo bajo de la Ronda de Descalzos, cerca de un cuerpo de guardia y hasta las inmediaciones del Portal Nuevo, la zona estuvo vallada, bueno más que vallada tapiada durante mucho tiempo, o al menos de manera recurrente e intermitente. 

Como ya comenté en la entrada dedicada al parque de la Taconera, en 1906 se derribó el viejo portal de Santa Engracia, siendo sustituida su modesta apertura del siglo XVII, por una anodina pasarela con barandilla de hierro sobre unas columnas de fundiciónm  a la que seguiría, en 1950, el actual Portal Nuevo, de Víctor Eusa, con su gran arco y sus torres almenadas. En la postal adjunta de Edición Escudo de Oro podemos contemplar a unos dantzaris del Muthiko Alaiak bailar junto a las torres almenadas del Portal. Entre 1925 y 1930 se rellenaron los fosos del antiguo baluarte de Gonzaga, tomando ese lado de la Muralla su aspecto actual. Cerca del Mirador había un bar que yo no llegué a conocer, pero que se derribó en 1960 para levantar poco después, en 1963, la cafetería Vista Bella, lugar en el que se realizarían, a lo largo de su dilatada historia de casi 40 años, no pocos banquetes y bodas. Cerca, en el año 1934, se había instalado la arquería gótica que podemos contemplar todavía hoy junto a los fosos, arquería que procedía del Monasterio Viejo de Marcilla y que contaba inicialmente con la estatua sedente de Teobaldo I de Champaña, obra de Victoriano Juaristi. Como quiera que la estatua fue objeto de diversos ataques vandálicos en aquel tiempo, se decidió retirarla y ya no se repuso luego. En 1949 hubo un proyecto para convertir los fosos en un lago, sin que afortunadamente el proyecto prosperase. Algunos más años tarde, en 1954, se acometería la ampliación del Portal de la Taconera, cerca de la actual calle Navas de Tolosa. Del parque de la Taconera me quedan muchos recuerdos pero recuerdo sobre todo la caseta de bicicletas y el minizoo, con aquel mono tan gracioso al que llamaban Charly. Tras la Taconera venía la vuelta del Castillo en la que, por aquellos años, en 1960, aun podía verse algún rebaño de ovejas pastando. Así pues, el Paseo, que va desde la Media Luna a la Taconera, constituye seguramente unos de los más hermosos paseos de la ciudad, que recomiendo vivamente a cualquier pamplonés que quiera a su ciudad o a cualquiera que nos visite.

Fotos por orden de aparición, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Baluarte de San Bartolomé (1911). Foto Moya. Retal Revista. Portal de Francia (Años 20-30). L.Roisin. Baluarte de San Bartolomé (1919). Ediciones Arribas, Murallas de Redin (Años 30). Ediciones García Garrabella. Detalles del Portal de Francia (años 20-30). L. Roisin. Inicio de las obras del Frontón Labrit. (1950) Zubieta y Retegui. Pamplona, calles y barrios de J.J. Arazuri. Instalación del parque infantil en los fosos de la Medialuna. (1962). Galle. Archivo Municipal de Pamplona (AMP). Obras en la zona del Redín (1959). Galle. AMP. Ronda del Obispo Barbazán. (1969). Ediciones Vaquero. Zona del Redin (años 60). Ediciones Dominguez. Inmediaciones del Portal de Francia. (Años 20-30). Ediciones Arribas. Restauración del Portal de Francia (1951). J. Cía. AMP. Cañones del Redin (Años 60-70). Ediciones Dominguez. Portal de la Rochapea (1910). Postal de Eusebio Rubio. Portal Nuevo (Años 60). Ediciones Escudo de Oro. Portal de Francia (1971). Escudo de Oro. Ronda del Obispo Barbazán. Finales de los años 50. Ediciones García Garrabella. Parque de la Media Luna. Finales de los años 50. Ediciones García Garrabella. Portal de Francia. Años 30. L. Roisin. Inmediaciones del Portal de Francia (años 20). A. de León.

Imagenes del ayer. Selección: La plaza del Castillo, de día y de noche (1928-1931)

Buscando nuevas fotografías con que poder obsequiarles, he encontrado este par de originales de los archivos digitales históricos (Fondo Ruiz Vernacci) que tienen una excelente calidad, especialmente la diurna, y que nos ofrecen una poco conocida panorámica de la Plaza del Castillo, tomada desde el Hotel La Perla, donde podemos ver el Teatro Gayarre, (anteriormente conocido como Teatro Principal), cerrando lo que desde 1932 sería el comienzo de la Avenida de Carlos III, flanqueado por el Credito Navarro a la izquierda y el Palacio de Diputación a la derecha, el kiosko de la música, de madera, en mitad de la plaza, rodeada por un parterre, mucho antes de que fuera sustituido por el actual kiosko de cemento (que data de 1943), y sin rastros de los bancos, mosaicos o plataneros que constituirían la imagen tradicional de la plaza durante más de medio siglo.
Como curiosidad, si se fijan en las farolas, se darán cuenta de que al menos se ha recuperado el estilo de las luminarias, pues dichas farolas tipo báculo son las que actualmente lucen en la plaza. Para datar la fecha de realización de las fotos, me he basado en dos hechos que nos pueden acotar algo la cronología. Vemos que ya está construido el nuevo edificio del Banco de España en el Paseo de Sarasate (se terminó en agosto de 1927) y aun no se ha derribado el edificio del Teatro para trasladarlo a su actual ubicación en la avenida de Carlos III (se derribó en 1932), por lo tanto la fotografía tiene que ser forzosamente de ese período.  

En esos años, Pamplona vivía el desarrollo de la primera fase de su nuevo ensanche, -que se había iniciado al comienzo de la década-; la dictadura de Primo de Rivera caminaba hacia su recta final y se aproximaba la II República que terminaría trágica y abruptamente con la guerra civil, si bien en nuestra ciudad, en nuestra comunidad, no hubo frente de guerra. Estos años, finales de los 20 y comienzos de los 30,  fueron años convulsos en nuestra ciudad, en los que ya se comenzaba a gestar, tanto en los periódicos como en las calles, el abierto enfrentamiento entre el bloque conservador, con mucho poder y raigambre en nuestra tierra, sobre todo el componente carlista, el nacionalismo y el emergente bloque de izquierdas (fundamentalmente republicano-socialistas), como veremos en los capítulos que dedicaré a la política en nuestra ciudad durante el primer tercio del siglo XX. La plaza del Castillo, verdadera sala de estar de los pamploneses sería mudo testigo de dichos enfrentamientos y de los principales acontecimientos históricos y sociales que viviría nuestra ciudad y nuestra comunidad a lo largo del siglo XX. 

Origen de las cajas navarras en los albores del siglo (1872-1921)

Hace poco más de seis meses hablé en este mismo blog de los primeros bancos navarros, de los cuales a estas alturas de la historia ya no queda ninguno. En esta ocasión hablaré del origen de nuestras cajas, de las cuales ya sólo nos queda una  verdaderamente navarra, la Caja Rural. Sin embargo, no hace tanto tiempo, parece que fue ayer, las tres cajas de la tierra custodiaban más del 50% de nuestros ahorros. Seguiré un orden cronológico y empezaré por la más antigua de todas, la Caja Municipal. La Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Pamplona  se fundó el 14 de febrero de 1872 por acuerdo del Ayuntamiento de Pamplona, aunque parece que hubo un intento, en 1861, que no llegó a prosperar, abriendo su primera oficina como tal  el 24 de noviembre de ese año. El Ayuntamiento se comprometía, decía textualmente en su acuerdo de constitución:  “a que cuantas cantidades se ingresasen en la Caja serían, en todo tiempo, un depósito sagrado, y que siempre, y en todas épocas, la Corporación Municipal sería responsable de los fondos ingresados”. El Ayuntamiento que la creó estaba presidido por Rafael Gaztelu y Murga, marqués de Echandía y eran concejales en aquella corporación entre otros Vessolla, Mata, Mena, Arraiza, Ripalda, Olaso, Bescansa, Seminario, San Julián, etc y la corporación que la puso en marcha estaba presidido por José Javier de Colmenares y Vidarte y entre los que figuraban en ella estaban  los Galbete, Campion, Iraizoz, Ferrer, Mosso, etc.  La Caja fue creada y abierta con el apoyo de todos, sin distinción de ideología política. Tuvo su primera sede en el nº 47 de la calle Estafeta, en un edificio de su propiedad.  Posteriormente se trasladaría a la esquina de Mercaderes y Chapitela y que vemos en la foto del siguiente párrafo, donde hoy hay una sucursal de Caja Rural. En aquellos primeros años los ingresos en las Cajas tenían aun unos topes fijos (cinco céntimos) por lo que los balances finales no presentan entonces grandes cifras.Presidía la Junta de Gobierno de Caja Municipal de Pamplona en 1923, Angel Mocoroa siendo su administrador jefe  Eugenio Polit, que vemos en la foto de la derecha. Eran vocales los concejales que formaban parte de la Comisión de Hacienda del Ayuntamiento.  El activo y pasivo de la entidad ese año 1923 fue de 4,6 millones de pts y las imposiciones de 2,2, un año más tarde eran de 5,9 y las imposiciones de 3,1 millones de pts. Sus clientes no eran muy numerosos, pasando en poco más de 20 años, de 2.522 impositores en 1907 a  5.358  en 1927, más del 50% de ellos eran mujeres, con presencia también de comerciantes, artesanos y trabajadores. Se realizaban sorteos con el fin de fomentar el ahorro,  en 1924 regalaron 4.000 pesetas en premios. En sus primeros 57 años  la Caja se desenvolvió con dependencia directa del Municipio. Su crecimiento fue muy lento a lo largo de los primeros años de su historia, moviéndose entre los 6,1 millones de pesetas de 1927 y los 12,9 de 1940. No obstante y pese a esta situación, con sus préstamos a bajo interés ayudó a resolver todos los problemas importantes de la ciudad de aquellos años: la construcción de grupos escolares (como el  de San Francisco en 1907), de las Casas Baratas, de la cárcel provincial,  de la central telefónica municipal o del Nuevo Ensanche, entre otras, teniendo la mayor parte de su activo invertido en estas operaciones. También sirvió para mejorar la pavimentación de las calles de la ciudad, iniciar obras de saneamiento urbano, higiene y sanidad, alumbrado público, lavaderos públicos, financiación de líneas férreas, etc.


El 12 de abril de 1929 inició, por fin,  la Caja su vida autónoma, con unos nuevos estatutos, empezando a construir en 1931, un magnífico inmueble en el nº 5 de  Paseo de Sarasate que se inauguraría en 1935 (Junto a esta entrada vemos, a la izquierda,  la foto del solar tapiado (aparece en el libro de J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”) y a la derecha el edificio en plena construcción). Según su reglamento la caja se ofrecía a los vecinos de dentro y fuera de Pamplona lo que hace pensar que ya desde un primer momento se planeaban su extensión por el territorio foral, algo que no se llevaría a la práctica hasta muchos años después.  La Caja Municipal tendría también una importante vertiente benéfico-social, a lo largo de su historia. En ella residía el Patronato de las Cantinas Escolares, institución que  en los años 50 atendía a 1.400 niños que acudían a las escuelas gratuitas de la ciudad. Presidía en los años 50 la Junta de Gobierno de la entidad, D.Joaquín Asurmendi y entre los vocales estaban concejales como Arellano, Arraiza, Cojeces, Enderiz, Ibañez, Jadraque y Lacabe y vecinos como Pedro Alfaro, Juan Larrambebere, Luis Lorda Aguirre, Valeriano Zabalza, y Candido Zufiaurre. Fue director de la Caja, desde 1929 y hasta 1953, D. Ataulfo Urmeneta y Cidrian, padre del que sería después alcalde de Pamplona (1958-1964) y director también de la Caja, Miguel Javier Urmeneta (1953-1982), que vemos en la foto de la izquierda del siguiente párrafo. Con Urmeneta la Caja inició su etapa de crecimiento financiero y de modernización organizativa.


Tras la guerra, el crecimiento de la Caja había sido pequeño pero sostenido pasando de los 12,9 millones de pesetas de 1940,  a los 27,5 de 1945 y  a los 61,4 de 1953. A partir de los años 50 se produjo un notable incremento en los saldos y en  los prestamos  como consecuencia del inicio del período desarrollista (se pasa de 150 millones en 1958 a 1.500 millones una década más tarde, en 1968). La Caja Municipal no sería ajena  a la construcción de nuevas viviendas y barrios en la capital. Se seguían impulsando campañas de ahorro incluso entre los más pequeños como lo atestiguan algunos calendarios de la época que aparecen a lo largo de esta entrada, tanto al principio como al final (y que aparecen en el blog “calendariodebolsollo.blogspot.com”). En este período también crecería en el nº de sucursales, de 13 sucursales en 1960 se pasaría a 34 en 1968, 26 de ellas fuera de Pamplona.


Me detendré un momento en ese concepto, un tanto arcaico de “Monte de Piedad”, que acompañó durante muchos años al nombre de la Caja. El Monte de Piedad de la Caja comenzó su actividad el 2 de diciembre de 1872. Los Montes surgieron a mediados del siglo XV para luchar contra la usura, impulsados desde la iglesia y tenían un fin fundamentalmente benéfico-social, si bien para sobrevivir tuvieron que introducir los prestamos prendarios y cobrar un interés que garantizasen su futuro. Al principio el Monte de Piedad de la Caja llegó a admitir como garantía productos alimenticios pero posteriormente se limitó a ropas, colchones y alhajas, aceptando en los últimos años solo joyas y objetos de arte. Los prestamos no fueron muy grandes a lo largo de su historia: 47.325 en 1927, 162.538 en 1950 con 2.700 prestamos, bajando considerablemente en 1960 con un montante de 99.547 pts lo que parecía mostrar  una situación económica muy diferente.

En 1960 ya había comenzado su labor cultural (salas de exposiciones, centros culturales, premios literarios) y a finales de esta década costeaba los comedores de 10 grupos escolares, varias guarderías, centros de formación de la mujer, atención de personas con minusvalías, piscina cubierta, ayudas a la educación por medio de créditos y bolsas de estudio. En 1970 se inauguraba una Biblioteca en el barrio de San Pedro. La obra social perdería poco a poco su carácter benéfico y se orientaría en las últimas décadas a la cultura, el deporte, siendo sustituido la vertiente benéfica por una vertiente más asistencial adaptada a los nuevos tiempos, siendo, en este sentido muy frecuente la construcción de clubs de jubilados así como los viajes y excursiones, orientados especialmente a la tercera edad.  En 1979, inauguraba su nueva sede central en la Avenida del Ejercito. Poco tiempo después, en la década de los 80 empezaría la implantación de los primeros cajeros automáticos y tarjetas. A Urmeneta le seguiría en el cargo Fermín Ezcurra, el que fue presidente de Osasuna durante un largo período de su historia y a este le sustituiría López Merino, último director de la Caja Municipal (1984-2000). En enero 2000 desaparecía, después de más 125 años de historia,  al fusionarse (fue una fusión por absorción) con la Caja de Ahorros de Navarra, creando Caja Navarra. En el momento de su desaparición contaba con 104 sucursales bancarias.

La Caja Rural tiene, por su parte, su origen en julio de 1910 al crearse, -por iniciativa del obispo-,  la Federación Social Católica de Navarra, que tenía como objetivo coordinar los esfuerzos de las diferentes cajas rurales locales; aunque, como la federación de cada caja tenía bastante autonomía le costó salir adelante, sobre todo porque algunas de las cajas locales más saneadas tardaron en unirse a las demás. El fracaso en la creación de un banco agrícola en la provincia a instancias de Diputación fue probablemente el germen para que naciesen las cajas rurales, inicialmente con un ámbito estrictamente municipal. La primera caja rural navarra fue la de Tafalla (1902) fundada por Atanasio Mutuberria. Dos años después el cura rural, Victoriano Flamarique, (en la foto izquierda del siguiente párrafo),  creo la de Olite. Flamarique fue junto al sacerdote Antonio Yoldi, por encargo del obispo López Mendoza, el principal impulsar de este tipo de entidades. Entre 1907 y 1912 se produjo una gran expansión de esta fórmula cooperativista. En 1907 había 63 cajas rurales, en 1908, 132 y en 1912, 155. Estas cajas tenían como misión conceder créditos a bajo interés a los agricultores para la compra de semillas, aperos o mejora de su explotación, con la sola garantía de su palabra, dejando para la recogida de la cosecha el pago de los préstamos.

La Federación Católico Social de Navarra tenía en 1922 su edificio social en la calle Mártires de Cirauqui, 69 y Ciudadela, 5, que vemos en la foto del párrafo anterior. Estaba integrada por 158 cajas rurales con sus cooperativas de producción y consumo, sus mutuales diversas y sus círculos de recreo. En el año 1922 tenía tres secciones: la de Fomento, destinada a gestionar las compras y ventas colectivas de productos agrícolas que importaban 1,3 millones de pts, la de crédito para las operaciones de imposiciones y anticipos de todas las clases, sumando 3 millones de pesetas (que fue el embrión de lo que más tarde sería Caja Rural, en la foto del párrafo anterior vemos una acción de dicha sección federativa) y la de Secretariado Social, encargada de la propaganda oral y escrita, organización, relaciones institucionales, etc. Publicaba además en su propia imprenta la revista semanal, “La Acción Social Navarra”. El movimiento general de la contabilidad ascendía en 1922 a 53 millones de pesetas. El director del Secretariado Social era un canónigo, Don Alejo Eleta y actuaban como auxiliares los presbíteros Alejandro Maisterrena y Gervasio Villanueva. Las cajas rurales católicas de ahorros y préstamos contaban con edificios sociales, graneros, fábricas de harinas, pan y hielo, molinos de oliva, cooperativas de consumo, círculos de recreo, centros instructivos y ganaderías. También tenían establecidas algunas cajas rurales de esta federación mutuas de seguros contra incendios, campos y huertos, sociedades de socorros para enfermos, grandes saltos de agua, bodegas cooperativas, almacenes y talleres para la elaboración de esparto, fabricas de conserva, eléctricas, mataderos, etc. Los beneficios de la Federación excedían en 1922 de 110.000 pesetas y tenían un fondo de reserva de 300.000 pts. Contaba en 1925 además de un capital social de 600.000 pts  con un capital propio que sumaba 323.445 pts. En 1931 subsistían 124 cajas rurales en Navarra.

En su forma actual Caja Rural inició sus actividades el 23 de enero de 1946. La Caja Rural de Navarra puede trabajar en cualquier punto de España aunque a principios del siglo XXI actuaba en Navarra, País Vasco y La Rioja. Forma parte del grupo financiero Caja Rural fundado en 1989 que a comienzos del siglo XXI contaba con 77 cajas asociadas, siendo uno de los escasos grupos financieros que tras la crisis bancaria no ha sido obligado a integrarse en otros grupos más grandes. El grupo integra servicios (financieros a través del Banco Cooperativo Español, informáticos y de seguros), participa en diferentes empresas, si bien las inversiones crediticias ya no tienen al agro como sector preferente, pese a su origen, sino  a otros sectores (industrial y servicios, un 54%; y particulares: un 45%).

La Caja de Ahorros de Navarra fue creada por la Diputación Foral el 19 de agosto de 1921. Impulsaron la creación de la entidad los diputados forales, de la Comisión de Hacienda, Francisco Usechi, Ignacio Baleztena y Manuel Irujo. En la foto de la izquierda vemos a los diputados forales, fundadores de la Caja. El domicilio social estuvo en el Palacio de la Diputación hasta el 1 de enero de 1933 en que inauguró su propia sede, obra de Javier Yarnoz, donde actualmente se encuentra el edificio de Hacienda Foral (y que vemos en el encabezamiento de la entrada). En 1978 inauguraría su segunda y actual sede central (que vemos junto al último párrafo). Su objeto era, y cito textualmente, “recibir y hacer productivas las economías que se le confiasen, fomentando el ahorro, facilitando el crédito agrícola y corporativo y auxiliando al desarrollo de instituciones sociales de beneficencia y utilidad pública que pudiesen influir en la cultura y riqueza de la región”. Además, como colaboradora del Instituto Nacional de Previsión se encargaba de recaudar el Retiro Obrero Obligatorio, instaurado con carácter obligatorio el 24 de junio de 1921,  que fue la única función que realizó inicialmente hasta que no inauguró sus oficinas. También pagaba el subsidio a la maternidad, de hecho lo pagó entre 1922 y 1931, siendo sustituido a partir de ese año por el seguro de maternidad que atendió en su primer año a más de 1.800 mujeres.En 1923 el nº de obreros afiliados en Navarra al  seguro obrero obligatorio era de 22.752 con un total de 397 millones de pesetas, 28.078 en 1924  y 34.129 en 1926, si bien la afiliación en el ámbito rural, sector predominante en aquellos años fue muy reducida. En el ámbito de los seguros y la previsión la Caja puso en marcha también el seguro de accidentes de trabajo, el pago de subsidios a familias numerosas y a obreros en paro. Con los fondos del seguro obligatorio dedicó una parte a construir casas baratas entre 1926 y 1930. En 1942, tras la puesta en marcha del Seguro Obligatorio de Enfermedad (14-12-1942), el Instituto Nacional de Previsión informó a la Caja que iba a abrir sus propias delegaciones provinciales, terminando el régimen de colaboración con la Caja en este campo.

La administración de la entidad estaba a  cargo de un consejo compuesto por cinco diputados forales que representaban  a las cinco merindades y cuatro vecinos nombrados, todos ellos, por la Diputación. Sus cargos eran honoríficos y gratuitos. En el Consejo de Administración estaban Lorenzo Oroz, diputado por Aoiz, como presidente, (luego le sustituiría Gabriel Erro, vicepresidente de la Diputación) como vicepresidente, D. Francisco Usechi, diputado por Pamplona (que fue su primer presidente), Martin Mª de Guelbenzu, diputado por Tudela, Wenceslao Goizueta, diputado por Tafalla, Francisco Errea, diputado por Estella,  y entre los vocales estaban el abogado D. Pedro Uranga (que sería secretario), el reputado industrial,   D. Martin Solano,  el distinguido ingeniero y hombre de negocios D. Serapio Huici y D. Alejo Eleta, director del Secretariado de la Federación Católico Social de Navarra. Entre el personal de la caja se encontraba primero como subdirector y luego como director, desde el inicio en 1921 D. Ramón Bajo Ulibarri que aparece en una foto de la época, líneas atrás y que en 1950 sería sustituido por Juan Luis Frauca, que permanecería en el cargo hasta 1967 en que le releva en la dirección Juan Luis Uranga Santesteban, director de la entidad durante más de 20 años. Junto a este párrafo vemos a los miembros de la Diputación de 1971, Amadeo Marco a la cabeza, en la colonia escolar de Fuenterrabia, cuando la Caja cumplia su 50º aniversario.
En 1923 había ya abiertas casi 8.000 libretas ordinarias de ahorro, una cifra verdaderamente importante, en apenas un año de existencia, con un saldo de de 1,3 millones de pts. cifra que se duplicó al acabar 1924, con un saldo de 2,8 millones de pts, para pasar más tarde a 5,4 en 1925  y 7 millones en 1926. El saldo de imposiciones a plazo pasó de 2,6 a 5 millones de pts y en los años siguientes a 11,9 y 16,4 millones de pesetas en 1926. El Consejo decidió abrir  sucursales también en Tudela, Tafalla, Estella, Aoiz, Sanguesa, Elizondo e Irurzun (que fue la tercera en abrirse) que extendería a otros tantos pueblos un año más tarde, siendo 15 las oficinas abiertas hasta   1927 y 27 hasta 1930. Funcionaba también con gran éxito en la plaza del Mercado de Santo Domingo (Casa de Yoldi) una sucursal de las oficinas centrales de la Caja en la que se realizaban numerosas operaciones, procedentes en su mayoría de aldeanos que acudían al Mercado. Dos veces al año, en enero y junio, y al objeto de estimular el ahorro, la Caja otorgaba premios en metálico mediante publico sorteo entre todos los titulares de las libretas ordinarias. Los premios oscilaban ente las 25 y 1.000 pts, sorteándose gran numero de los primeros además de otros de 50, 100, 250 y 500 pts. Líneas atrás podemos ver uno de aquellos sellos que se pegaban, en tiempos, en las cartillas de ahorro infantiles de la Caja.
En los años 50 entre los vocales del consejo estaban como vecinos D. Pablo Goñi, D. Raimundo García, D. José María Garcia Mina, D. Javier Escudero y el Marques de la Real Defensa. Dentro de la obra social de la Caja, en los años 50 destacaban los Homenajes a la Vejez, el 29 de junio en el Bosquecillo de la Taconera, con la entrega, en 1950, de 90 pensiones vitalicias por valor de 296.544 pts, (estos homenajes se iniciaron en 1923 y al principio estaban dentro de la sección de Previsión de la Caja), las colonias escolares de Fuenterrabía (Blanca de Navarra) y Zudaire (San Miguel Excelsis), de junio a octubre, que en 1950 dieron cobijo vacacional a 2.200 niños pobres (desde 1935 asistieron a más de 60.000 niños), las ayudas a las Cantinas y Roperos, al Reformatorio de Menores de Olaz Chipi o la creación y  sostenimiento del Retiro Sacerdotal del Buen Pastor, que vemos en la foto en color adjunta. Además la Caja otorgaba importantes y numerosos donativos y subvenciones  para fines de asistencia a desvalidos, de caridad, enseñanza, etc, costeando en 1942 un magnífico aparato de rayos ultravioleta para el recién creado Instituto Provincial de Higiene. Posteriormente la Caja impulsaría salas de cultura y de exposiciones en diferentes poblaciones (en Pamplona las salas de  Carlos III, García Castañón y de Castillo de Maya que vemos en una foto anterior), centros de formación especial (Isterria), clubs de jubilados, guarderías infantiles, centros de asistencia a la mujer etc, además de otros proyectos de investigación, enseñanza, editorial y deporte que, como en el caso de la Municipal, iría perdiendo buena parte de su vertiente benéfica en favor de otros objetivos y sectores (construcción del Planetario, convenios con las Universidades), sin perder de vista, por ello, la obra cultural, asistencial y docente.
La Caja contaba en 1958 con 33 oficinas y los depósitos de los clientes llegaban a los 1.000 millones de pesetas, depósitos que llegarían a 10.000 millones en 1972 (con 85 oficinas), a 100.000 millones en 1983 (con 133 oficinas) y a 200.000 en 1989 con 141 oficinas. La Caja no sería ajena al proceso de desarrollo de la Comunidad, colaborando en su desarrollo agrícola y, junto a la Diputación Foral, en el Plan de Promoción Industrial (1964) así como participando en empresas y en las numerosas promociones de viviendas que se realizaron en las diferentes zonas de Navarra y en la capital, durante este período.

La primitiva Caja de Ahorros de Navarra desaparecería como tal en enero del año 2000 al  absorber a Caja Municipal para crear Caja Navarra. Pero aun habría más fusiones: Caja Navarra a pesar de formar parte, como la Municipal, de la Federación Vasco Navarra de Cajas de Ahorro, (fundada en 1924), se fusionaría en 2010 con otras cajas españolas  tan distantes y tan diversas como Caja de Burgos, Caja Canarias y Caja Sol, siendo finalmente  absorbida, en el año 2012, por Caixabank. ¡Quien lo diría!, la primera entidad financiera de Navarra, con más de un 35% del mercado bancario navarro, la que fuese considerada la tercera mejor caja del país, incluso “caja del año” a finales de los años 80 acabaría desapareciendo 20 años después.Fotos: las fotografías están referenciadas en el texto.