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Cuando los militares estaban en el centro de Pamplona (1871-1971)

En tiempos pasados, no tan lejanos, el viejo Pamplona era una pequeña ciudad conservadora y de provincias en la que llamaba la atención, a quien visitara la ciudad, por primera vez, la nutrida presencia de religiosos y militares. De la presencia religiosa dí cumplida cuenta en una de las entradas de este blog. En esta me ocuparé de la presencia militar en la ciudad, entre finales del siglo XIX y finales del siglo XX. Por mi edad llegué a vislumbrar los últimos días del ejército en el centro de nuestra ciudad, allá por 1970-71, de la que se cumplirá pronto su 50º aniversario. En esta entrada repasaré viejas construcciones, edificios y dotaciones militares y de paso, desempolvaré antiguas fotografías, para darnos cuenta de cuanto ha cambiado nuestra ciudad en el último medio siglo en esta zona hasta el punto de parecer otra distinta. A finales del siglo XIX, Pamplona era una de las treinta ciudades españolas que mantenían su categoría de plaza fuerte, una ciudad amurallada, fuera de la cual estaba prohibido construir. Ya vimos en otra entrada el origen del Primer Ensanche o Ensanche Viejo, un intento insuficiente de superar las condiciones de superpoblación y hacinamiento que padecía la ciudad histórica, limitada a lo que hoy es el Casco Viejo. Y digo insuficiente porque ese primer ensanche se limitó a la construcción de seis manzanas un tanto dispares, quedando la mayor parte del espacio disponible para las necesidades militares. Recordemos que hasta finales del siglo XIX, los militares estaban ubicados en los antiguos conventos  de Carmen, Seminario, Compañía y Merced, como consecuencia, en buena medida, de la desamortización eclesiástica de 1836. La planificación del primer ensanche estuvo supeditado a las necesidades militares e incluso la distribución de manzanas y espacios fue marcada por la Comandancia de Ingenieros. Habrá que esperar hasta 1915, año en que se derriba la primera piedra para que la ciudad emprenda realmente su verdadero Ensanche, cuyas primeras construcciones son de los primeros años 20. En la planificación de ese primer ensanche, junto a las manzanas de edificación civil en el primer Ensanche, el Ministerio de la Guerra se reservaba dos grandes solares de trazado pentagonal para a construcción de los nuevos cuarteles militares que sustituyesen a los antiguos emplazamientos conventuales.

Así, se construyeron, entre abril de 1898 y julio de 1905,  dos cuarteles de infantería, uno de ellos orientado a la calle General Chinchilla, el Marqués del Duero y el otro a la calle Yanguas y Miranda, el General Moriones, de los cuales podemos ver en el encabezamiento de esta entrada una foto de 1898 del inicio de las obras de construcción y sendas fotopostales de Eusebio Rubio, de los años 1904 y 1905-10, respectivamente. Los cuarteles costaron poco más de millón y medio de pesetas, con un ahorro de 600.000 pts respecto al presupuesto inicial. Antes, en 1889 y años siguientes, se habían derribado los baluartes de San Antón y de la Victoria y el revellín de Santa Teresa y levantando el lienzo de la muralla que cerraría la ciudadela, hoy fachada del recinto a la avenida del Ejército. En 1899 se habían explanado algunos fosos cercanos y había desaparecido el revellín de Santa Lucia.  El 9 de agosto de 1905 el regimiento de Infantería de la Constitución nº 29 se trasladaba del cuartel de la Compañía al del General Moriones y, en 1912,  el regimiento de Infantería de América  nº 14 del cuartel de la Merced, (que vemos en la foto vertical de Julio Cia de 1933 que aparece junto a este párrafo) hacía lo propio con del General Marques del Duero. Setenta años más tarde se produciría un nuevo traslado. En diciembre de 1968 se trasladaría el regimiento de cazadores de montaña América 66 desde estos cuarteles en el centro de Pamplona a  los nuevos cuarteles de Aizoain, haciendo entrega las autoridades militares  de los terrenos liberados a la ciudad.  Además en 1916 se empezó a construir un edificio independiente para habitaciones de  jefes y oficiales, enfrente de la fachada principal del cuartel Marques del Duero, en la calle General Chinchilla, que se entregaría casi tres  años más tarde, en enero de 1919 y  que conoceríamos, a partir de los 70 como Comandancia o Gobierno Militar.En 1921  la guarnición militar de Pamplona contaba con 2.175 hombres, de los cuales 1.100 pertenecían al arma de  Infantería, 600 a Caballería, 400 a artillería, 40 a Intendencia y 35  a Sanidad. Esta dotación se mantuvo hasta 1925 que descendió  a 1.875 hombres y aun más a 1.475 efectivos en 1927. Posteriormente, en 1930,  se construiría, en un solar situado entre la Ciudadela y la calle Yanguas y Miranda, en terrenos del antiguo hipódromo  militar,  el cuartel nuevo de caballería, llamado Diego de León y en la manzana inmediata a los viejos cuarteles de caballería, el Cuartel de Intendencia.  Al nuevo edificio del cuartel Diego de León (que vemos en una foto de Eusebio Mina de 1966) se trasladaría el antiguo regimiento de cazadores de caballería   de Almansa nº 13, desde el viejo cuartel de finales del siglo XVIII (1787) de la calle Estella y plaza del Vinculo (o cuartel de San Nicolás, que vemos en la foto tomada desde los buzones del edificio de Correos) que se derribaría en 1934, al igual que la Comandancia de Ingenieros construida en 1882 y situada cerca de la basílica de San Ignacio que se derruiría en 1936 (de dichos derribos podemos ver junto al párrafo anterior sendas fotografías, la segunda de J. Cía). Posteriormente estuvo en el citado cuartel Diego de León una unidad de Ingenieros Zapadores (por ello durante varios años se le llamó Cuartel de Ingenieros) y más tarde pasaron por él varias unidades de infantería para acabar albergando finalmente un regimiento de Artillería que se trasladó en 1968 a  los cuarteles de Aizoain.

La Ciudadela había sido construida en 1571 por orden de Felipe II, a imitación de la de Amberes, y contaba con plvorín, parque y cuarteles de Artillería, fundamentalmente, aunque también tenía alguna unidad de infantería y caballería en su interior. Mantuvo su uso militar hasta 1964, siendo entregada al ayuntamiento en julio de 1966. Junto a este párrafo podemos ver una foto panorámica del interior de la Ciudadela de los primeros años 60 extraída de la Memoria histórico-descriptiva de Jose Luis Prieto (1965) y sendas fotos aéreas de 1953 y 1969 de Trabajos Aereos y Fotogramétricos). En 1970 comenzaron los derribos de la mayor parte de los 26 edificios interiores: pabellones, oficinas, almacenes, garajes, barracones, picadero, etc la mayoría sin un gran valor histórico o arquitectónico. Entre los edificios que se mantuvieron en pie y se restauraron, (cito entre paréntesis el año-s de restauración), estaban el del Cuerpo de Guardia (1970), el Horno y Almacén de Mixtos (1971-73) o el Polvorín y la Sala de Armas (1974-76). Estos edificios se dedicaron a salas de exposiciones y otras actividades culturales, tal y como estaba previsto en el decreto de cesión de 1964. En dicho decreto se contemplaba que el uso futuro de las instalaciones albergara un teatro al aire libre, pabellones de exposiciones, zonas deportivas y jardines públicos. Y daba un plazo de 5 años para tal destino, sino las instalaciones revertirían de nuevo al Estado. Una de las primeras actuaciones fue la reconstrucción del lienzo de muralla exterior anexo al Cuerpo de Guardia (1970), que tenía incrustado en su parte derecha unos cuarteles. Se reconstruyeron 140 metros de muralla utilizando para ello 4.500 toneladas de piedras de sillería procedentes del derribo de los baluartes de la Victoria y San Antón. Posteriormente se restauraron los puentes de la puerta de Socorro y otros edificios y baluartes, y se empezaron a realizar obras de saneamiento de los fosos. Todas estas obras se prolongaron a lo largo de 15 años, entre 1970 y 1985. Hay que recordar que tras la pérdida del uso militar, las zonas exteriores de la Ciudadela (fosos, revellines, etc) habían quedado abandonadas e invadidas por la vegetación. Con motivo de la construcción de la estación subterránea de autobuses se recuperaría el antiguo glacis de la Ciudadela y el revellín de Santa Lucia que se completaría con la restauración de los revellines de Santa Clara, Santa Isabel y Santa Ana entre 2009 y 2011.

A mediados de los años 40, en la trasera del  edificio deviviendas de jefes y oficiales, se fue configurando la Sociedad Deportiva MilitarMola que llegaba hasta la vuelta del Castillo. Contaba con piscina, tiro al plato, pista de atletismo y un enorme campo de fútbol que ya vimos al hablar del Primer Ensanche. Este complejo deportivo iría desapareciendo entre 1960 y 1965 concluyendo con la apertura de la avenida del Ejército, a comienzos de la siguiente década. En 1970 se inauguraría el nuevo centro recreativo que sustituiría al anterior, junto al parque de la Taconera, y del que ya hablamos cuando repasé las sociedades deportivas y recreativas de la ciudad. En cuanto al foso existente en las inmediaciones del antiguo portal de la Taconera, donde se encontraban parte de las instalaciones deportivas citadas anteriormente,  al principio se pensó en construir un puente para salvar el foso, pero se desechó la idea y se optó por rellenarlo de tierra, tal y como podemos comprobar hoy en día en las inmediaciones del Edificio Singular. También se pensó en hacer un paso elevado en la confluencia de la nueva avenida con la del Pío XII pero al final se desechó igualmente esa solución técnica. A finales de los años 40 (1949-50)  había comenzado, cerca de la calle Padre Moret, la construcción de la calle del Patronato, formada por pabellones militares de viviendas. Estas viviendas se desalojarían en  1973 y se derribarían en la primavera de 1980. Y es que 10 años antes, en 1963, se habían construido en la calle Sandoval y sus inmediaciones nuevas viviendas para los militares, por lo que aquellas viviendas para suboficiales de los años 40 habían perdido su utilidad. Al desaparecer, a finales de los 70, la tapia que la aislaba del campo de deportes la calle del Patronato se confundía con la de los Hermanos Imaz. Junto a este párrafo podemos ver una surtida colección de fotografías: la avenida del Ejército en junio de 1971 sin abrir todavía, a continuación una foto de Arazuri de diciembre de 1953 con el estadio General Mola y a la izquierda, la calle del Patronato, luego una foto de 1949 de Zubieta y Retegui en la que se ve la construcción de las primeras viviendas o pabellones militares, el derribo de la muralla y el foso que cerraba la futura avenida del Ejército, en septiembre de 1971 y dos fotografías, la primera de los años 40 y la segunda de los años 50, donde  podemos ver a un grupo de chicos haciendo el servicio militar y un desfile militar por la Avenida Carlos III, frente al Palacio de Diputación.

Desde 1876 y hasta los años 70, el Gobierno Militar estaba ubicado en el viejo Palacio de los Virreyes, en la cuesta del Palacio, también llamado Palacio de Capitanía, por ser sede de la Capitanía General entre 1841 y 1876. Podemos ver sendas fotos del Palacio del año 1933. En 1971 los militares presentaron un proyecto para demoler el edificio y erigir uno de nueva planta pero no fue, afortunadamente, aceptado por Príncipe de Viana. En 1972 el edificio fue abandonado por los militares que se trasladaron al edificio de la calle General Chinchilla siendo entregada su propiedad cuatro años más tarde por el ejército a la ciudad. El edificio fue objeto de un incomprensible abandono institucional durante largos años que provocó su expolio y destrucción. En 1983 hubo nada menos que 12 incendios provocados. Desaparecieron una gran cantidad de artesonados y parquets artísticos, y el edificio acabó reducido a su mínima expresión. Muy cerca, en la Cuesta de Santo Domingo, en el antiguo convento de los Dominicos, estaba el Hospital Militar, que podemos ver en la foto de la derecha, de 1905. El Hospital se estableció en el antiguo convento de Santiago en 1877, anteriormente el hospital militar, el primero de España para cuidado y asistencia de los soldados de la guarnición, fundado en el siglo XVI, estuvo ubicado frente a la iglesia de San Nicolás.

 

Fue en 1963 cuando el Gobierno de España autorizó la venta al Ayuntamiento de las propiedades militares ubicadas en el centro de Pamplona. Allí se encontraban en ese momento los cuarteles militares de infantería y artillería de la División de Montaña Navarra 62, los terrenos del Estadio Militar Mola, un foso contiguo el Centro Recreativo Militar, una pequeña zona libre de edificación en la zona de la vuelta del Castillo y los terrenos del glacis exterior de la Ciudadela. El convenio entre ambas administraciones se firmó en diciembre de 1964, tras un largo período de aspiraciones municipales por sacar fuera de la ciudad los cuarteles. La entrega de los edificios militares se hizo progresivamente, en diciembre de 1968 los cuarteles de infantería y en 1971 los de artillería. La primera foto que ilustra este párrafo, de Galle,  es de julio de 1966 y  en ella podemos ver la ceremonia de entrega de la Ciudadela por los militares a la ciudad de Pamplona. La segunda de 1955 es de J.J Arazuri y nos muestra la calle del General Chinchilla, el cuartel de Marques del Duero a la izquierda, el futuro gobierno militar, entonces un edificio de viviendas para la oficialidad a la derecha, al fondo la puerta principal de la Ciudadela. Entre 1969 y 1971 se habían derribado casi todas las instalaciones militares y se procedía a allanar y rellenar los fosos cercanos al revellín de Santa Ana. El último resquicio de aquellas instalaciones que llegó hasta nuestros días fue un frontón del año 1948 construido en el foso apoyándose en la contraescarpa que se derribó en el año 2010. La compra de estos terrenos supuso al Ayuntamiento un desembolso de 181 millones de pesetas. En 1964 se había diseñado un plan de urbanización de la zona de los cuarteles que contemplaba la creación de la Avenida del Ejercito, una vía rápida de 600 metros de larga y 40 de anchura que se inauguraría de forma simbólica en julio de 1966 y que se abrió, de forma definitiva, al tráfico el 16 de mayo de 1972.

Aunque sería tema para otra entrada de este blog, cabe señalar que tras el derribo se inició en el Ayuntamiento de Pamplona un intenso  debate sobre el futuro uso de esos terrenos: se barajó inicialmente su uso para viviendas pero esta idea se desechó pronto. Se redactó un plan parcial denominado del «centro comercial de la Avenida del Ejército» que se inició en 1969 y todavía en 1972-73 seguía perfilándose. Se hablaba de dedicar los terrenos del antiguo cuartel de artillería Diego de León y  de los cuarteles de infantería a la construcción de edificios de interés público. Se hablaba de un frontón cubierto, un auditorium en la zona de los cuarteles de infantería y una estación subterránea de autobuses en los de artillería, el traslado de la Audiencia al solar de Intendencia, tras el derribo del edificio existente que cerraba el Paseo de Sarasate, algunas de cuyas propuestas curiosamente se llevarían a la práctica 30 años más tarde, en los albores del nuevo siglo (por ejemplo, la construcción de la estación de autobuses y el Auditorio, no así el traslado de la Audiencia que se erigiría finalmente en el barrio de San Juan, tras unas cuantas  idas y venidas municipales en este asunto, y tampoco se construyó el frontón cubierto previsto que acabaría instalándose en la vecina localidad de Huarte). Todo ello aparece en planos y maquetas de la época. En dichas maquetas se incluían los grandes edificios de la Caja Municipal (construido entre 1975 y 1979) y el Edificio Singular (construido entre 1971 y 1976). En las fotos aéreas en color que ilustran este párrafo de «Paisajes Españoles» podemos ver, en la primera, la avenida del Ejército en julio de 1973, con los solares totalmente expeditos, bueno aun podemos ver alguna barraca sanferminera en el solar de la izquierda y en la segunda las obras de construcción del Edificio Singular, detrás los pabellones militares situados entre las calles del Padre Moret y Patronato derruidos en junio de 1980.Pese a los proyectos previstos para estos espacios, en 1976, el Ayuntamiento aprobaba destinar los solares de los cuarteles a sendos aparcamientos que comenzaron a funcionar el 2 de julio. Como hemos visto en otras entradas de este blog el proyecto de construcción de la estación de autobuses se retomaría en 1986, con el encargo de un estudio y, posteriormente, en 1989, con la convocatoria de un concurso, ganando la del equipo que a la sazón acabaría diseñando la estación, con las modificaciones oportunas fruto de los condicionantes de Príncipe de Viana. Las obras de la estación se iniciaron en 2005 y finalizaron en 2007. En cuanto al Auditorio el proyecto se recuperó en 1997, empezando las obras  en el año 2000 y finalizándose en el 2003. Y tras las idas y venidas municipales sobre la Audiencia, en los años 70, este asunto se encarrilaría finalmente en 1988 con el ofrecimiento municipal al Ministerio de Justicia de los antiguos terrenos del Matadero, mientras que en el viejo edificio del Paseo de Sarasate se instalaría el Parlamento de Navarra. En el solar de Intendencia se instalaría,por su parte, tras un segundo intento, -el primero fue en 1994-, El Corte Inglés, inaugurado en 2005. Así culminaba pues, el proceso de reordenación de los espacios antiguamente ocupados por los cuarteles militares.

Fotos por orden de aparición: Cuartel Marques del Duero. (1904). Fotopostal de Eusebio Rubio. Cuartel General Moriones (1905-1910). Fotopostal de Eusebio Rubio. Construcción cuartel Marques del Duero (1898). Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri. Antiguo cuartel de Caballería (1931-1932). Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Cuartel Diego de León (1966). Eusebio Mina.Convento de la Merced (1933). J. Cia. Derribo Comandancia de ingenieros (1936). Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri. Derribo antiguo cuartel de Caballería (1934). J.Cía. Foto panorámica interior Ciudadela. (1965). José Luis Prieto. Foto aérea Pamplona (1959). Trabajos Aereos y Fotogramétricos. AMP. Foto aérea Pamplona (1953). Trabajos Aereos y Fotogramétricos. AMP. Avenida del Ejército (1971). Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri. Estadio General Mola (1953). J.J. Arazuri. Construcción de casas para los militares en la calle del Patronato (1949). Zubieta y Retegui. Derribo de la muralla y foso. Avenida del Ejército (1971). Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri. Militares en Pamplona (Años 40). Sin filiar. Desfile militar por la avenida Carlos III (Años 50). Sin filiar. Palacio de Capitania visto desde la Rochapea. (1933). Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Entrada principal del Palacio de Capitania (1933). Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Hospital Militar (1905). Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Ceremonia de entrega de la Ciudadela a Pamplona. (1966). Galle. AMP. Calle General Chinchilla. (1955). J.J. Arazuri. Vista aérea solares cuarteles. (1973). Paisajes Españoles. Vista aérea construcción del Edificio Singular (1973). Paisajes Españoles.

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Mayor (1905-1955). Segunda parte

Tras la buena  acogida del anterior artículo sobre el primer tramo de la calle Mayor, prosigo  con el segundo tramo y empezaré allí donde me quedé en la última entrada: en el cruce de las calles Mayor y Eslava. Les recuerdo que la numeración de este tramo de la calle en el primer tercio de siglo XX  no tiene nada que ver con la del actual. Entonces la calle acababa, por este lado, en el nº 115, mientras ahora lo hace en el 89. Comenzando por el lado izquierdo, a primeros de siglo, encontrábamos en primer lugar, igual que ahora, la farmacia de Manuel Negrillos, bueno mejor dicho la droguería y farmacia de Negrillos, actividades que mantendría, ambas dos, y de manera continuada, al menos, hasta los años 30. A finales del siglo XIX se confunden, en cierto modo, los negocios de  droguería y farmacia, conocidas entonces, sobre todo, con el nombre de boticas. En este siglo además de vender las medicinas en las boticas también se preparaban, en muchos casos, en éstas, los compuestos medicinales, y estos procesos se realizaban en la rebotica y el obrador. En esta entrada podemos ver un anuncio de esta farmacia anunciando determinados preparados. La materia prima era suministrado a las boticas por los mercados y las droguerías. Estas últimas se dedicaban casi en exclusiva a la venta de materias primas, productos químicos y drogas simples, siendo con el tiempo desplazados, estos últimos compuestos, a las boticas o farmacias, quedándose las droguerías para la venta de multitud de productos químicos y sobre todo de pinturas, que es, probablemente, por el producto que más las conocemos. En los años 50, la droguería que daba  a la calle Mayor, -la farmacia hacía esquina con Eslava y Mayor-, estaba a nombre de Mariano Diaz. A continuación de la farmacia y droguería de  Negrillos estaba la tienda de camisolines y mangas de Angela Aya que continuó en los años 20 con ropa de niños y en los años 30 con confecciones en general. En los años 50 estaba ahí la carnicería de Zacarías Arrastia. A continuación, en los años 20, teníamos la cestería de Cipriano Garcia y las mercerías de Petra Beunza,  -que vendía además bisutería, quincalla se llamaba entonces, y que permaneció en el lugar durante varias décadas-, y la de las Hijas de Gorriz que  en los años 50 aún permanecía en el mismo lugar, (donde hoy se encuentra Skaner Shop), y la frutería de Vicente Orzanco. Por estos números, en el nº 57 de los años 50, hubo  una carbonería y un poco más adelante una tienda de alimentación. En el nº 71 de primeros del siglo, donde está hoy Almacenes Bidasoa, estaba Manuel Labiano, ebanista y tapicero, que en los años 30 se convertiría en tienda de muebles, bajo la dirección de Fidela Larraz primero y Pablo Lezcano, después, y  que además de muebles  vendía artículos de porcelana y loza, género al que se dedicaba también, un poco más adelante,  a primeros de siglo, Antonio Puertolas, (en el local donde hoy está la antigua tienda de chucherías de Ludiloj). Más adelante estaba la fábrica de tejidos de Vertiz, Verdá y compañía (en lo que sería el actual local de Pavana). A partir de los años 20 las Teresianas se instalaron en el Palacio de Ezpeleta (en el nº 81 de la calle, hoy 65),   con su célebre colegio de enseñanza.

Tras el colegio de Teresianas había en 1905 varios negocios: una tienda de cereales al por menor y de abonos, fábrica de harina y panadería,  de Agustina Sarasibar primero y José Ilundain, después, así como otros negocios diferentes como la zapatería de Jacinto Erroz o la tienda de arreglos de relojes de Joaquín Erviti que más adelante en el tiempo, en los años 40-50 montaría una relojería en el nº 61 de la calle, donde estaba la mencionada tienda de chucherías Ludiloj. Posteriormente hallábamos la botería de Fructuoso Pérez y la juguetería, mercería y paquetería de Rogelio Lara, el pelotero Modesto Sainz, la cooperativa militar que era el típico ultramarinos pero orientado especifícamente a este sector profesional tan abundante entonces en la ciudad, la carpintería de José Lizarraga, la alpargatería de Pascual Ostiz, la zapatería de Ruperto Andueza, la carnicería de Vicente Redin, el broncista  Santos Garde, -que estuvo al menos desde los años 20 y hasta los años 50 en el lugar, si bien en el nº 85, en vez de en el 105, la cestería de Jose Nespereira (en los años 50 en el nº 77), la fontanería de José María Garde,  la tienda de frutas y verduras de Sebastian Subiza que permanecería en el lugar durante más de cuarenta años, etc. 

Es patente, todavía, la existencia, en este tramo final de la calle,  de un buen numero de  tiendas pequeñas y extremadamente estrechas tal y como debieron ser las tiendas instaladas en esta zona a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En los años 50, en el nº 73, donde hoy esta Samoa Outlet y anteriormente Grabonorte, estuvo la mercería de las hermanas Fernández y Pescados Caridad y a continuación la carnicería de Félix Senosiain. Y donde estuvo la pajarería Arga y hoy Yoigo la carnicería Garralda y la zapatería de Saturnino Bañales. Sigamos: Posteriormente, ya casi finalizando la calle, estaba la taberna de Candido Francia, que en los años 30 se convierte en una casa de comidas de mano de sus herederos y la alpargatería de Julian Eguaras; en los años 50 donde hoy está la administración de lotería, José Luis Etayo tenía una tienda de género de punto con máquina para coger puntos a las medias y terminando la calle aparecía la tienda de tocinos y embutidos de Aniceto Beloso, que en los años 20 se convertiría en una tienda de ultramarinos, inicialmente a primeros de siglo también vendía cereales y aceite al por mayor. En los años 30 el negocio pasaría a su hijo Luis. En la foto que encabeza la entrada de Julio Cia, datada en 1933,   podemos contemplar una bonita estampa del cruce entre las calles Mayor y San Francisco, con el  comercio de Beloso en primera línea. Muchos años después y durante mucho tiempo en esa misma esquina estuvo la cafetería Delicias. La foto postal de la izquierda, algo más antigua, nos muestra esa misma zona, pero tomada a pie de calle, con unas «paisanas» mirando claramente hacia el objetivo  del profesional de la fotografía.

Regresamos al cruce con Eslava y recorremos, en esta ocasión, la calle pero por su lado derecho, por los pares. No lo he podido confirmar pero en los años 30 la confitería y pastelería de Ubaldo Ataun figuraba en algunas guías publicitarias en el nº 60 y la fábrica de chocolate en el 64 de la calle. Tengo serias dudas de que así sea porque en ese mismo número aparecía en esa mismas fechas, los años 30,  una taberna de un tal Hijo de Eraso que creo podría corresponder al actual Bar García.  En los años 50 en un piso de esta zona  tenía su estudio el fotógrafo Juan Gómez y la tienda de material sanitario de Jeronimo Echeverría, probablemente donde años más tarde estaría la fontanería Eraso y Ripa.  Más adelante, en el nº 68,  estaba la carnicería de Casimiro Esain que en 1921 regentaba Antonio Zubeldia; junto a ella estaba la tienda de confección de Félix Tapiz del Castillo que también estuvo ubicada al otro lado de la calle, en el 49; luego  venía la tienda de tejidos de Sebastian Larreta, que años más tarde aparecería bajo la razón social de Hermanos Larreta y posteriormente de F. Larreta, la carpintería mecánica de Angel Zabalo y a continuación el bazar de los Hermanos Arraiza, que también vendían productos de perfumería y quincalla (hoy  en el lugar donde estuvieron un día  esos locales tenemos grandes bajeras ocupadas por las tiendas de antiguedades de Echarri). 

Seguidamente entre los números 78 y 82 estaba la panadería de Lazaro Taberna, aproximadamente donde hoy está el almacén de Almacenes Bidasoa, situado justo enfrente de ésta. Fue en el año 1905 cuando adquirió esos tres locales y los acondicionó como obrador y despacho de atención al público. Por aquel entonces no sólo  se dedicaba a la fabricación y venta de pan sino también a la producción de dulces, chocolates e incluso embutidos. Se anunciaba como Ultramarinos y Panadería. Lazaro Taberna, cuya imagen corporativa (que vemos en el siguiente párrafo) es antigua y muy conocida (un panadero con sus barras de pan debajo del brazo) había comenzado unos años antes, en 1897 cuando adquirió en traspaso una panadería de la calle Nueva. En 1946 fallecía Lázaro pasando la dirección de la empresa a sus hijos y produciéndose su progresiva expansión a diferentes barrios de la capital. En el siguiente párrafo se puede ver igualmente la imagen de un motocarro de reparto de Taberna de los años 50-60.  A continuación de Taberna hallábamos la imprenta de Ramón Bengaray. Anteriormente Ramón la había bierto en el nº 82 de la calle Nueva pero en 1928 la trasladó al 86 de esta calle. Como la mayoría de las imprentas también  encuadernaba y vendía objetos de escritorio. Significado hombre de izquierdas y  vinculado a la causa republicana, fue asesinado al poco de comenzar la guerra, en agosto de 1936. Tras la guerra se instalaría, allí, Gráficas Iruña que en los últimos años del pasado siglo conocimos solo como tienda de papelería y material de oficina, Grafos. Junto a la citada imprenta José Unanua vendía en los años 50, como ya he señalado, objetos de escritorio y artículos de librería. 

Posteriormente estaba la carbonería de Genaro Iraizoz, que además era herrador, negocio que continuaría posteriormente con herrería y cerrajería, en los años 50, Juan Blanco, una de las dos alpargaterías de Pascual Ostiz, -la otra estaba en el nº 99 de la calle-,  la tienda de tejidos Perez y Ederra, regentada, en los años 50,  por Anastasio Zalba (allí  estuvo, hace unos años, la tienda de ropa Muskaria y hoy el centro de actividades infantiles Hegan and Dream); el ebanista y tapicero Gabino Lezaun que luego ocuparía la mercería de las Hermanas Erviti y en los años 50 Maria Vidaurreta (nosotros lo conocimos como tienda de ropa de niños Andia), el colegio de los Hermanos Huarte, la tienda de coloniales, jamones y embutidos, Hijos de Urriza, (Josefa Urriza lo llevaría durante bastantes años),(luego sería Muebles Lacunza y hoy la tienda de instrumentos musicales Haizea), la mercería de Cristina Hernando que en los años 50 regentaba Jose María Duran Mestre, conocida como Mercería Duran y que hoy ocupa un «chino», la droguería de sucesores de Martinez, donde luego estaría durante muchos años la Farmacia Martinez y hoy la Farmacia Planas, la barbería de Fermín Esain, etc. En esta zona hubo un poco de todo: tienda de venta de costales y jergas, carbonería y en los años 30 una tienda de coloniales con especial atención a las frutas y verduras, regentada por la familia Erro, primero por Nicolás y luego por Vicente, una floristería de Vicente Huici que tenía los viveros en la Rochapea. En los años 50, donde luego estaría la tienda de belenes y venta de mascotas Erla había una tienda de alimentación regentada por los hermanos Asurmendi.  

La actual mercería La Fama no siempre  fue mercería. A primeros de siglo y regentada por José María Diaz  era una tienda de chocolate, confitería y pastelería luego, en los años 40,  con Fermín Diaz se convertiría en mercería.   A continuación en los años 50, donde después estuvo la tienda de ropa de niño Akara, Mana y hoy Mirage había otra tienda de comestibles y tocinería, la de Florentino Zabalza, para acabar con las barberías de Pedro Ruiz y Vicente Gambra, en el nº 120 de la calle. La peluquería-barbería aun estaría en funcionamiento hasta bien entrados los años 50. En los últimos tiempos conocimos allí una pequeña tienda de alimentación y revistas, bajo el nombre de Gambra. En esta última ubicación había en 1908 una tienda donde se vendía papel y sobres y que derivaría años después en estanco. Lo regentaba Mari Cruz Ibarrola. Bueno y así acabamos el repaso a los comercios, (probablemente no estén todos pero si los más destacados), que un día estuvieron en la calle Mayor, calle que aun sigue manteniendo una enorme actividad comercial, con más de 70 establecimientos en activo. En próximas entradas iré repasando los comercios de otras calles principales: Estafeta, Zapatería, incluso de algunas otras igualmente importantes pero menos transitadas, pero habrá que tener un poco de paciencia. No es una labor fácil la de reconstruir la fisonomía e historia comercial de las calles del Viejo Pamplona.


Foto: La segunda foto de la entrada es de J.Cia (1933)

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Mayor (1905-1955). Primera parte

Regreso a la serie Comercios del Viejo Pamplona, adentrándonos, en esta ocasión, en una de las calles más importantes del Casco, la calle Mayor de Pamplona, principal eje del viejo burgo de san Cernin. A comienzos del siglo XX esta calle, la segunda más larga del Casco, tras la calle Nueva, con sus 345 metros, albergaba una miríada de pequeños establecimientos, algunos de los cuales adquirirían gran notoriedad en la vida de la ciudad, trasladándose décadas más tarde, por necesidades de expansión a otros puntos de Pamplona. Si actualmente existen en la calle entorno a 89 números a comienzos del siglo XX había nada menos que 120, lo que parece indicar que o bien había muchos portales y se han fusionado edificios en una sola comunidad de vecinos o los locales eran más pequeños que los actuales y se fusionaron para crear locales comercios más grandes o ambas cosas. Había incluso algún comercio dentro de los portales. El hecho es que difícilmente se pueden comparar las numeraciones antiguas, de la primera mitad del siglo y las actuales, porque no se corresponden. Sí se corresponden, en cambio, las de los establecimientos de los años 50 con las de ahora. Dado el elevadísimo número de establecimientos instalados, intentaré destacar aquellos que se mantuvieron durante más años. Si pudiésemos viajar en el tiempo a comienzos del siglo XX, nos encontraríamos con una calle Mayor bastante parecida a la fotografía de la derecha, de Jesús Martínez Gorriz, datada en los años 40, que encabeza la entrada y muy diferente a la actual, una calle en la que junto a la Estafeta y la Zapatería se concentraba buena parte del comercio de toda la ciudad. En esta calle bullían todo tipo de actividades comerciales y oficios, muchos  de los cuales ya cité en una entrada anterior sobre los oficios desaparecidos del viejo Pamplona: droguerías, tiendas de alimentación o coloniales, ferreterías, alpargaterías, cordelerías, guarnicionerías, barberías, bodegones y figones, tiendas de muebles, zapaterías, cesterías, carpinterías, tapicerías, carbonerías, carnicerías, pequeños talleres y fabricas:  de embutidos, chocolates, lejías, harinas, hierros, panaderías, pastelerías, vendedores y blanqueadores de cera, herrerías, hojalaterías, colegios, mercerías y paqueterías, molduras y marcos, papeles pintados, estancos, tiendas de tejidos y sastrerías, tintorerías, abacerías, boterías, broncistas, aparatos radioeléctricos,  pastas para sopa, garaje, antiguedades, imprentas, floristerías, fotógrafos, etc. Al recorrer esta calle surgen nombres y empresas como Sancena,  Lazaro Taberna, los hermanos  Bernardo y Venancio Villanueva que crearon las empresas de embutidos El Pamplonica y Kiliki respectivamente, Casa Azagra, Ciganda, Sagaseta, Droguería Varela, Almacenes Oyarzun, Larreta, Víctor Bregaña, Huici, Salanueva Hermanos, Graficas Iruña, La Industrial Ferretera, Foto Mena, Foto Gómez y otros muchos.
Dada la extensión de la entrada, la dividiré en dos partes, correspondiendo cada parte a cada una de las mitades de la calle. Si nos situásemos, de pronto, en el año 1908 cerca del pozo de San Cernin y mirásemos hacia San Lorenzo nos encontraríamos a la izquierda con los siguientes establecimientos. En primer lugar la tienda de tejidos de Bonifacio Ortega, -entonces Ortega y del Valle-, que aun continua abierta después de 116 años; la droguería y tienda de papeles pintados de Pedro Zabalegui,-hoy esta ahí la droguería de Pedro Pomares-; la mercería y paquetería de Miguel Aragues, que luego continuaría Manuel Lecumberri durante los años 20 y 30 al menos; la zapatería de Manuel García con calzado a la medida y la abacería de Mamerta Ibarrola que en los años 20 daría paso al establecimiento de Medina y Compañía, inicialmente con camisería y ropa blanca, si bien enseguida introduciría otros productos como guantes, perfumes y medias, como reza el anuncio adjunto, etc, y que hoy es la lencería Medina. Hasta no hace demasiado tiempo, -15 años o algo más-, ocupaba solo uno de los locales del portal nº 5, el último establecimiento que recuerdo abierto a su lado era la tienda de alimentación La Sevillana; en los años 50 estaba, junto a Medina, una zapatería de calzado fino, -así se les llamaba para diferenciarlo del calzado ordinario-, de María Luisa Urrutia, Viuda de Larreta.  A continuación venía la zapatería de José Llorente,  que vemos en la fotopostal de la derecha junto a este párrafo y que facilitó a este blog José Castells. El local fue reformado en 1924 por el célebre arquitecto Víctor Eusa y tras un corto período en que el negocio estuvo a nombre de Ramón Izco,  en los años 30, paso  de nuevo a la familia Llorente y más concretamente a manos de Paula. Luego venía la tienda de embutidos de Fermín Santesteban que luego cogería Tomás Villanueva, que posteriormente se trasladaría a otro local del segundo tramo de la calle, y que ocuparían en diversos momentos Bernardo y Venancio Villanueva que fundarían  la fabrica de Chorizos El Pamplonica y la de El Kiliki respectivamente, al final de la avenida de Zaragoza y en Burlada respectivamente; En los años 50 Venancio Villanueva aun mantenía esta tienda en la calle Mayor que en los 90 albergaría la tocinería Urdaniz.   Más adelante estaba la mercería y paquetería de Francisco Oyarzun que luego abriría tienda en el Ensanche, aunque que yo sepa, hasta bien entrados los años 50, al menos,  mantendría la tienda de la calle Mayor, bajo la razón social de Oyarzun y Compañía. En el nº 15 de la calle había, a comienzos de siglo una imprenta, una de las muchas que ha tenido sede en esta rua pamplonesa. Pertenecía a Patrocinio Ramírez de Esparza. Posteriormente el local sería ocupado por una tienda de tejidos, o como se decía entonces una sastrería con surtido de géneros, especializada además en vestimenta militar, Zoilo de la Torre, de la que también dejo una fotografía, junto a este párrafo. El negocio continuaría al menos que yo sepa hasta la guerra, bajo la dirección de sus hijos. Tras ésta José García Catalán abría  La Zapatillera, que  vendía alpargatas, si bien el negocio es, al parecer, bastante más antiguo superando en la actualidad  el siglo de antiguedad. En los años 50 su hermano Manuel tenía otra zapatería en el nº 7 de la calle. También en esa época en el nº 11 José Gil abría La Huerta Valenciana que vemos en una foto de los años 50 junto al siguiente párrafo, que me facilitó hace algún tiempo mi buena amiga Marcela Abarzuza.
Otra tienda de tejidos, la de Máximino Muñoz, había más adelante en los años 30, en el nº 17 (se inauguró el 11 de abril de 1924). A continuación una herrería, una tienda de muebles, de Sixto Fernández y una barbería (la de Eustasio Irujo), si bien en los años 20, en algunos de estos locales Elías Goñi montó una tienda de material eléctrico y Jose Armisén su celebre ferretería y en los años 30, Pedro Escudero abría también  en uno de estos locales un bazar en el que se vendían, entre otros productos, juguetes que hacían las delicias de los niños. Posteriormente y en los años 30, encontrábamos la tienda de confección de Pedro Monasterio y la de camisería fina de Antonio Mendizabal. En los años 20, aparecía en el nº 25 un garaje de Florentino Murillo. Pero volvamos a comienzos de siglo. En esa época y a continuación, en el nº 27  Mauricio Guibert  vendía artículos de electricidad, metales, vidrios, cocinas económicas, inodoros, etc. Posteriormente el local lo ocuparía la imprenta de Eduardo Albeniz que como la mayoría de las de aquella época era también papelería y librería, algunas incluso vendían objetos de escritorio y a partir de los años 30, Pascual Larumbe trasladaría su alpargatería desde el nº 44 a este lugar donde permaneció Casa Larumbe hasta su cierre hace unos algunos años. En realidad  Larumbe fabricaba y vendía alpargatas como hacía Ramón Unzu Got (Sucesor de Cia) en esta misma calle. Más adelante encontramos en los años 20 una mercería y paquetería que vendía también quincalla, osea bisutería, incluso más adelante vendió artículos de droguería, regentada por Daniel Zariquiegui,  padre del famoso arbitro de fútbol y directivo de Osasuna, abuelo del actual titular, antes de que la tienda se especializara, con Daniel, en material deportivo. A continuación hubo varios negocios  a lo largo del tiempo, una cestería en 1908 que posteriormente daría paso a la tienda de José Arrizabalaga (grabador, venta de armas, etc), la hojalatería de Gravalos, una tienda de velocípedos y accesorios y más tarde Confecciones Mendizabal. En los años 50 junto a Deportes Zariquiegui había una zapatería de género ordinario, de Joaquín Villanueva. Y cerca de la Zapatillera, en el 13, donde después estuvo las 3 BBB había una tienda de tejidos, de Justo Martinez y donde hoy esta Mei había otra tienda de tejidos, de Gregorio Olza.
En el 35 de la calle Mayor había en 1908 una tienda que construía baúles y vendía o alquilaba muebles usados, negocio que cogería en los años 20 Inocencio Prieto. A continuación, Modesto Elizondo vendía vino por decalitros y en los años 20 y 30 Inés Prieto y Antonio Vazquez regentaron consecutivamente sendos negocios de muebles y Federico Standfuss, «La Alemana», una tienda de porcelana, loza y perfumería; José Sagues  que era carpintero ofrecía los servicios durante las primeras décadas del siglo, asimismo, de una agencia funeraria, está claro porque, aunque en los años 50 parece que montó allí una tienda de comestibles; una tienda de molduras y marcos y en los años 30 estuvo también   una tienda de productos eléctricos de los Hermanos Salanueva, y la ferretería de Enrique Sanz que con el cambio de numeración pasaría en los años 50 a ser del 45 al 35. Tras ella la hojalatería de Ramón Laforgue que estaba años atrás en el 53,  43, y pasó luego al 47. Pero volvamos un poquito  hacia atrás; en los años 50  en los bajos del antiguo Centro Mariano estaban Muebles Apesteguía  y una tienda de porcelana, loza y cristal de Pilar Carnicer. Tras la ferretería de Sanz, en los años 40 Petra Garcia Undiano abría donde antes estaba la tienda de saldos El 0,95 (el anuncio pertenece a otra ubicación anterior diferente en la misma calle) y anteriormente la hojalatería de Laforgue. A continuación venían la  tienda de alimentación que en los años 20 regentaba Nicasio Echauri y que en los 50 cogería Demetrio Arbeloa, donde hoy está Joyería Berna,  y que anteriormente a primeros de siglo albergó una tienda de alpargatas, costales y jergas, a continuación la mercería de Sucesores de Arocena yla tienda de antiguedades de Ignacio Eusa,   la abacería de Manuel Zabalza (que en 1954, -año de la primera foto de la entrada-,  regentaba Luis Ruiz y cuya apariencia permanece hoy  exactamente igual que hace 62 años) y por último y para acabar este lado de la calle la tienda de venta de vino por decalitros de Miguel Anocibar en 1908, que fue imprenta de Argaiz en los años 20 y una tienda de tejidos, Olaso y Pérez en los 30. En los 50 había, sin embargo una zapatería, la de Benito Ruiz.
Regresamos al pozo de San Cernin  y recorremos, esta vez, el lado derecho de la calle, los números pares. En el edificio del actual palacio del Condestable que en los últimos tiempos concentró grandes comercios (Almacenes Pamplona, Almacenes Aldapa, Muebles Elosegui) estaban asentados entonces, a primeros de siglo muchos más comercios. El primer local, en 1908, en este lado de la calle era la fabrica de chocolate y de pailas para velas de cera  de Viuda de Etulain, luego Lucas Zabalza, en el lugar que posteriormente en los años 20 ocuparía la tienda Tejidos Gorriz, de Pio Gorriz, pues antes estuvo en el nº 12; también en este lugar se asentaba la carnicería de Teofilo Leranoz y a continuación podíamos encontrar la tienda de calzado a la medida Campos y Elorz que algunos años después en 1920 ocuparía la carnicería de Juan Sagues y tras la guerra la tienda de comestibles de Ulpiano Aldaz. La tienda de Aldaz estuvo inicialmente en el nº 12 de la calle y posteriormente pasó a este emplazamiento. También en este primer edificio de la calle tras la guerra podía verse la mercería de Juan Antonio Cabasés que en los años 60 y 70 conoceríamos como Almacenes Aldapa.

Volvamos a 1908. En el nº 4 estaba la mercería de las hermanas Hernández  y tras la guerra la fabrica y tienda de Muebles Elosegui. Su propietaria era Esperanza de Miguel, Viuda de Elosegui. En las primeras décadas del siglo XX, en los números 6 y 8 estaban las ferreterías de Remigia Alzate y Joaquín Iturria así como el estanco de Ramón Gil, donde antes estuviese Manuel Lebrón; más adelante la carnicería de Corpus Arbizu, donde en en los años 30 estaba la zapatería Casa Briñol; la tienda de vinos de Patricio Taberna, y como he dicho la tienda de los hermanos Gorriz, luego de Pio Gorriz; el ebanista y tapicero Francisco Josué, luego Hijos de Josué que también vendían los muebles que fabricaba. A continuación la droguería Ardanaz, de Don Fructuoso Ardanaz que luego regentarían los hermanos Ardanaz y especialmente durante buena parte del siglo XX, Nicolás Ardanaz, el celebre fotógrafo. Como buena droguería, de las de antes, vendían de casi todo: todo tipo de productos químicos, abonos, pinturas, hasta cristales y como fotógrafo, incluso también aparatos fotográficos. No es el primer caso de droguero metido a fotógrafo o viceversa. Junto a la Droguería Ardanaz estaba la tienda de papeles pintados y pinturas, Hijos de Lipuzcoa que se mantuvo en el lugar, al menos hasta 1936. 

Luego venía la tienda de Ramón Unzu Got, Sucesores de Ramón Cia, bueno eso en los años 20, porque a principios de siglo los Herederos de Ramón Cia estaban en el nº 28 de la calle, no en el 20 (en el 6 con la nueva numeración en los años 50). Inicialmente la tienda era zapatería, alpargatería, cordelería, guarnicionería, vendía loza y vajilla ordinaria. Sus sucesores continuaron con los mismos productos aunque era más apropiadamente un bazar. En el 26 encontramos en los años 20 la ebanistería, sillería y tapicería de Mariano Gastón. A continuación la tienda de aparatos radioeléctricos de Víctor Bregaña (radiotelefonía, electrónica de automoviles, neveras industriales y objetos eléctricos en general)  que en los años 50 ocupaba el nº 8. Junto a él en los años 50 estaba la Industrial Ferretera. Desde los años 40 aquí estaba la librería de Antonio Leoz y a continuación la Tintorería Paris de Marcelo Deslandes. En esta zona estaba también la prestigiosa Casa Azagra, de Pedro Azagra que también tenía otro establecimiento en Zapatería, 26. (En el local que tenía en la calle Mayor hubo antes una tienda de guantes y pieles, la de Luis Leache). Aparecía como ultramarinos al detalle, aunque también vendía embutido fabricados por ellos. Conoció en la calle Mayor diferentes ubicaciones, primero en el 34, luego en el 30 y posteriormente en los años 50 en el nº 21, donde hoy en día está Clase Moda. Junto a Casa Azagra estaba la tienda de pastas para sopa de Isabel Legarrea, la zapatería de José María Aizcorbe y la tienda de frutas y verduras de Valentin Val. En los años 50 encontrabamos en este tramo la mercería Ferran que cogía también puntos a las medias. A continuación estaba la fundición de hierro y acero de Martín Sancena, (cuñado de Salvador Pinaquy), uno de los fundadores de la empresa) que fabricaba también material agrícola,  junto a su ferretería al por menor, ubicada en la calle Mayor desde 1890. En 1936 trasladaría parte de sus instalaciones a La Rochapea, concretamente los talleres de fundición, permaneciendo los talleres mecánicos y las oficinas en esta calle. Esta empresa era heredera de la sociedad Salvador Pinaquy y Compañía, fundada en 1850, que comenzó siendo un negocio de ferrería, fundición y construcción de máquinas, sobre todo agrícolas, afincada inicialmente en el Molino de Caparroso para irse dedicando,  a partir de 1924 a la fabricación de elementos de mobiliario urbano y saneamiento. En este tramo de calle hubo antes y después otras actividades: la hojalatería de Fermín Tellería, la tintorería de Ramon Coyné que luego regentaría Pedro Arques. Y sobre todo donde estaba Sancena hasta 1968, (fecha en la que se traslada por completo a la Rocha), se instaló poco después Muebles Apesteguía.

En el nº 46 estaba la fábrica y tienda de chocolate de Pedro Nagore, luego Hijos de Nagore confitería-pastelería, que como la mayoría de  las chocolaterías vendían además pailas para velas de cera y blanqueaban la cera. En los años 50 regentaba la chocolatería Fermina Sainz Aranguren.  A continuación primero Juan  y luego Agustín Sagaseta se dedicaban a  fabricar y vender muebles de lujo: Inicialmente eran ebanistas y tapiceros. El negocio se fundó en 1841. Hoy en ese local está Samoa Sport. Posteriormente, donde hoy está  el Taberna de la Calle Mayor estaba la Droguería de los hermanos Niceto y Juan Varela, fundada en 1898, que años más tarde abrirían tiendas en la avenida de San Ignacio y Franco (hoy de la Baja Navarra). Para hacernos una idea del cambio en la numeración de los locales y portales baste con señalar que el nº 50 de primeros de siglo era el nº 24 en los años 50. Tras esta estaba la carpintería Herederos de Roch que luego se convierte en la tornería de Benito Sanz y más tarde en una tienda de venta de bobinas, motores y dinamos (Andres Garijo) con tienda también en el nº 14 de Carlos III; En los años 50 tras la droguería Varela estaba la tienda de venta de aparatos de radio Jaime Thomas Naudin, el padre de Gonzalo, último propietario del negocio electrodomésticos Thomas hasta su reciente jubilación. En su último local, de más de 300 m2 estuvo desde primeros de siglo la tienda de muebles de Ramona Urzaiz de Ocon, (Muebles Ocon) primero empezó vendiendo camas de hierro  y luego todo tipo de muebles asi como la peluquería de Teodoro Esain, donde antes estuviese  la barbería de Trifón Arteaga y la zapatería de José Jorajuría. A continuación venía la tienda de tocinos y embutidos de  hijos de Estebán Arnedo que en los años 30 será Coloniales Giganda, de Andrés Ciganda, ( hoy Tejidos Anma) y  para acabar este primer tramo de la calle nos topábamos con una pequeña de tienda que vendía aceite, vinagre y jamón y años más tarde sería una pescadería y por último la tienda de chocolates de Ubaldo Ataun, todavía abierta y de la que nuestro alcalde, hace cuatro meses, escribía una larga reseña histórica, un negocio que hunde sus raíces en torno al año 1885, aunque los primeros datos documentales sobre su existencia son de 1898.

Fotos: J. Cia (1954). AMP. Jesús Martínez Gorriz (1945). AMP

Periódicos y publicaciones del Viejo Pamplona (1875-1950)

Hace año y medio hablaba de las publicaciones que podían encontrarse en Pamplona en las últimas décadas del franquismo y durante la transición, esto es desde los años 60 hasta los años 80 del siglo XX. En esta entrada haré un repaso, no exhaustivo,  de las publicaciones que podían leer los pamploneses de la primera mitad del siglo XX, con referencia, incluso, a algunas del XIX, entrada que completaré, con una  posterior sobre la política en Pamplona en el primer tercio del siglo XX y es que inevitablemente prensa y política estaban intimamente relacionadas en una ciudad en el que tenían voz y en ocasiones representación todo tipo de tendencias: liberal conservadores, liberal demócratas, republicanos, socialistas, nacionalistas, carlistas e integristas. Si, así eran las cosas en el viejo Pamplona. En aquellos tiempos de primeros del siglo, los periódicos costaban unos cinco céntimos y no tenían demasiadas páginas, no mucho más de 4, de media. En 1908, había en Pamplona nada menos que cinco periódicos, que citaré por orden cronológico:  El Eco de Navarra, publicación de inspiración liberal conservadora,  aunque no estaba vinculado a ningún grupo político concreto, que se autocalificaba como independiente, (inicialmente se definía en la mancheta como periódico liberal y defensor de los intereses de Navarra) y era moderadamente fuerista y anticarlista. Nació en noviembre de 1875 de la mano de Nicanor Espoz, que fue también su director,  y hasta el 5 de enero de 1876 se llamó El Eco de Pamplona. En abril de 1877 se convirtió  en diario, siendo el periódico más importante de la capital de finales del siglo XIX, con una tirada cercana a los 3.000 ejemplares. En 1895 Espoz cedía la propiedad  a Julián Felipe hombre de tendencia más liberal. Al periódico se le atacó por una supuesta falta de beligerancia ante la aparición de algunos movimientos obreros y sociales emergentes, lo que propició la aparición de otro periódico conservador (maurista),  el Diario de Navarra, con más medios económicos y técnicos. Ambos periódicos se disputaban el mismo espacio social y político y ganó el más fuerte. El Eco de Navarra desaparecería en 1913, ante el empuje del Diario de Navarra. En sus últimos años y tras José Lambert y Emiliano Los Arcos estuvo  dirigido por Julián Elizondo y entre sus redactores estaba  Raimundo García, el conocido Garcilaso, director del Diario durante 50 años, entre 1912 y 1962. Tenía sus oficinas (redacción, administración e imprenta en el nº 36 de Paseo de Sarasate, con entrada también por el 25 de San Gregorio. 
En segundo lugar, cronológicamente aparece La Tradición Navarra, periódico carlista nacido en 1893, pero de tendencia integrista, (se autocalificaba como «diario católico político») dirigido entonces  por Aquilino Garcia Dean, (del que hemos tomado prestada  alguna foto antigua suya en este blog), y luego por Hilario Olazarán  con oficinas en el nº 33 de la calle Estafeta, en los años 20. No tuvo gran difusión, no mucho más de los 1.000 ejemplares. Responsable de la publicación fue durante toda su existencia la Junta Regional del partido integrista de Navarra. Fue abierto defensor de la dictadura de Primo de Rivera. Sobrevivió hasta 1932 cuando fue cerrado tras el intento de golpe de estado del general Sanjurjo y se reunificaron los grupos tradicionalistas. En tercer lugar, nos encontramos con El Pensamiento Navarro fundado en octubre de 1897, también carlista, entonces se llamaban jaimistas,  que desapareció a finales del siglo XX (1981), dirigido en sus primeros 20 años de vida por Eustaquio Echave Sustaeta (1897-1917), más tarde por Jesús Etayo,  Miguel Esparza, Francisco Marquinez y Francisco  López Sanz (1933-1966); se imprimió en la imprenta Viuda de Idoate y luego en La Acción Social y Lizaso Hermanos (Jose Alonso, 2), en 1922 se trasladaría al nº 2-4 de Jarauta, luego en Casa Foronda (plaza de la Constitución 2 y Estafeta, 30), para terminar su andadura en los números 18-20 de calle Leyre (desde 1938); Tiene sus antecedentes en las publicaciones La Lealtad Navarra (1888-97) y El Tradicionalista (1886-1893), este fue más bien precedente de La Tradición Navarra. Como ya señalé en la entrada dedicada a la prensa durante el franquismo, la fundación del Pensamiento se hizo por medio de acciones de 25 pesetas y con un capital inicial de 13.000 pesetas, pasando a ser propiedad de la Junta Regional Carlista en 1910, hasta que en 1933 se trasvasó la propiedad a una sociedad mercantil la Editorial Tradicionalista S.L, que se convirtió en 1938 en Editorial Navarra S.A, consiguiendo eludir el decreto de unificación (de los medios de comunicación) promulgado por Franco. Entre los accionistas y consejeros de la empresa estaban el Conde de Rodezno que poseía un tercio de las acciones, Joaquín e Ignacio Baleztena, Blas Morte y otros como Induráin, Martinicorena, Barbarin, Martínez Berasáin, Mata, Beunza, Errea, Pérez Tafalla y Laborra. En 1936 tiraba 2.000 ejemplares. Entre las plumas del periódico figuraban Santhi de Andia, Barber, Pedro Martín, Larrambebere, Miguel Angel Astiz y los fotógrafos Zubieta y Mena. 
En cuarto lugar estaba el mencionado Diario de Navarra, con dos ediciones diarias, que ya casi desde sus inicios tenía conferencias telefónicas diarias a 5 ciudades para recabar información y que se convirtió enseguida en el de mayor circulación de la provincia. En su redacción estaban Candido Testaut, Mario Ozcoidi o Galo Maria Mangado, entre otros). Recupero lo que decía en la entrada de la prensa durante el franquismo: El «Diario de Navarra» salió a la calle el 25 de febrero de 1903 impulsado por un grupo de 56 personas, muchos de ellos relevantes empresarios y personas destacadas como Silvestre Goicoechea Atáun, Mauro Ibáñez Arlegui, Fermín Iñarra Echenique, Cecilio Azcárate Lana, Pedro Irurzun Arregui, Pedro Arraiza Baleztena, Serapio Huici Lazcano, Daniel Ciga Mayo, Francisco Galbete, Fidel y Zacarías Astiz, Jose Glaria, Francisco Iraizoz, Félix Amorena, Manuel Ubillos, Daniel Irujo Armendariz, Fermin Goñi Eseverri, (algunos de ellos tenían que ver con la sociedad obrera mixta catolica La conciliación y otros formarían parte de candidaturas politicas conservadoras) y familias notables de la comunidad como los Arraiza Baleztena, Garjon Marco, Irurzun Arregui, Maldonado Sagues, Jaurrieta Jimenez, Uranga Esnaola, Sagues Muguiro y un largo etcetera, siendo los siete primeros los que inscribieron, el 3 de enero, en el registro, la sociedad La Información S.A. De ellos surgió también el primer consejo de administración (lo componían Goicoechea, Iñarra, Jose Irurzun, Virgilio Sagues y Serapio Huici).

La primera sede del periódico estuvo en el nº 40 de la calle Zapatería, (donde hoy se encuentran unas oficinas municipales) y los talleres en el nº 41 de la calle Nueva. Fue su primer director Vicente Berazaluce. El primer ejemplar tuvo cuatro páginas y se tiraron 2.000 ejemplares, incrementando progreivamente su tirada. Su orientación política era  liberal conservadora, por diferenciarla de la ultraconservadora de «El Pensamiento» y ya desde sus orígenes queda clara en su línea editorial que le ha caracterizado a lo largo de su historia. En sus inicios tuvo algunos roces con el obispo que provocaron el cese de su primer director, Berezaluce, incluso del segundo. En efecto, tras Berazaluce dirigió el periódico Eustaquio Echauri, Fradue, antiguo sacerdote, que tuvo que abandonar la dirección tras ser condenado a destierro, asumiendo la dirección Mariano Ozcoidi que también se vió envuelto en otro proceso judicial. A Ozcoidi le sustituyó Raimundo Garcia, más conocido como Garcilaso, que dirigió el periódico durante 50 años, hasta 1962. Con Garcilaso el periódico mantendrá una postura de oposición frontal al nacionalismo vasco, especialmente patente en la oposición al estatuto de Estella de 1932.  Garcilaso tuvo, además,  una intervención importante en la preparación del golpe militar de 1936 pues en mayo de ese año intervino, como mediador, entre los carlistas navarros y Mola en la trama navarra del golpe, manteniendo, asimismo, reuniones conspiratorias con el general Sanjurjo. En 1921, el periódico unificó sus instalaciones en Zapatería, 49, donde permanece actualmente su razón social, si bien trasladó sus talleres a Cordovilla en 1966. 

Y en quinto lugar El Demócrata Navarro, «diario de la mañana», liberal demócrata, fundado en diciembre 1904,  por el recién constituido Partido Liberal Democrático, en el que se agrupaban los seguidores de Montero Ríos y Canalejas dirigido por Esteban Frauca y con Francisco Javier Arvizu en la redacción. Fue un periódico de partido. Tuvo una tirada corta: no llegaba ni a los 1000 ejemplares. Desaparecería en 1913. 


Junto con estos diarios estaban el semanario ilustrado católico La Avalancha (1895), dirigido también por Aquilino Garcia Dean, el semanario carlista «El cozcor» (semanario de rompe y rasga, asi se subtitulaba), el semanario jaimista «Radica» (de las juventudes carlistas, con sede en Jose Alonso, 2) y el semanario republicano  El Porvenir Navarro (1898) cuyo director era el ínclito republicano Basilio Lacort que acabo siendo excomulgado por las autoridades eclesiásticas, concretamente el 28 de noviembre de 1900 fue excomulgado por el obispo López Mendoza, Lacort y todos los que cooperasen con el medio: suscriptores, compradores y lectores; posteriormente el caso se fue amplificando y hubo una interpelación parlamentaria al gobierno en el Congreso por la actuación del gobernador civil de la provincia que decretó sus suspensión temporal. Tenía su sede en el nº 72 de la calle Mártires de Cirauqui (actual San Antón), domicilio de D. Basilio. (En una entrada del blog aparece una foto de los años 20 de una procesión haciendo el recorrido del tramo donde vía Lacort en coche). En 1908 tiraba 3.000 ejemplares. Lacort editó otro semanario «La nueva Navarra» que también fue condenada por el obispo.  
En 1916 se fundó otro diario de tendencia liberal monárquico y demócrata El Pueblo Navarro, dirigido por el mencionado Francisco Javier Arvizu y Aguado, antiguo director del Demócrata Navarro. Fue el más importante diario de esa tendencia del siglo XX y un abierto opositor de la dictadura de Primo de Rivera. Mantuvo una actitud menos cerrada ante el nacionalismo vasco que su predecesor, de hecho en 1919 hubo un intento de los nacionalistas por utilizarlo como plataforma de sus ideas. Nació gracias al impulso económico de un grupo liberal de Pamplona formado por el Conde del Vado, Joaquín María Gastón y Joaquín Iñarra, entre otros. Cuando nació tenía su sede en el nº 4 de la  calle Héroes de Estella (actual Chapitela). A partir de mayo de 1917 se hizo con talleres propios, teniendo que cambiar de domicilio, que fue hasta su desaparición el de Curia 17 y 19. Entre los periodistas de la redacción estaban Luis y Marcos Aizpun y Mariano Saez, antes de que este último se pasase a La Voz de Navarra y su administrador Guillermos Frías. Hasta la aparición de La Voz fue el 2º periódico más importante con unos 4.000 ejemplares de difusión. Desapareció con el advenimiento de la 2ª República el 15 de abril de 1931. 

Respecto a las publicaciones de orientación obrera estaban El Obrero Navarro (1901,  La Unión Productora (1903), órgano de la recién creada por entonces Federación Obrera de Pamplona que enseguida tuvo un contrincante en La Conciliación, de orientación católica (también de 1903). En 1912 salió La Verdad, en 1916 El Obrero Sindicalista, semanario del centro de sindicatos obreros católicos libres (mayor, 88), y Vida Ferroviaria ya en la república Trabajadores (1931) que desapareció con la guerra. El nacionalismo vasco, por su parte editó desde 1911, el semanario Napartarra  y desde marzo de  1923 el diario La Voz de Navarra. Este periódico que se definía como independiente tenía orientación nacionalista (ocupó un espacio político cercano al PNV) y estaba radicado en el nº 50 de la calle Zapatería. Nació como iniciativa de la Comunión Nacionalista Vasca entre los que se encontraban Manuel y Estanislao de Aranzadi, Javier y Joaquín San Julián,  Manuel Zarranz, Manuel de Irujo y Ollo o Serapio Esparza. Fue su primer director Eladio Esparza que poco tiempo después pasaría al Diario y entre sus redactores estaba Ángel Saiz Calderón o Joaquín Reta; posteriormente a Esparza le seguirían en la dirección José Lecaroz, Jesús Etayo, Jesús Aranzadi Alberto Lorenzo, Miguel Esparza y José Aguerre. Estaba respaldado por tres sociedades anónimas diferentes, la propietaria del edificio, Jaurquizar S.A, creada en 1912 para ubicar en Zapatería 50 el Centro Vasco; pero sobre todo Tipográfica Navarra S.A propietaria de los talleres y La Publicidad S.A editora del periódico. Contaba con delegaciones en Madrid y Barcelona y corresponsales en el extranjero además de corresponsales en pueblos. Dedicó especial atención al euskera. Fue objeto de diferentes multas y suspensiones durante la dictadura de Primo de Rivera. Se convirtió en los años 20 y hasta la guerra civil en el segundo periódico de la ciudad con una tirada de 5.500 ejemplares, en abierta confrontación con Diario de Navarra. Fue clausurado con el golpe militar del 18 de julio de 1936 e incautado por los falangistas. Durante la república se edito un semanario nacionalista más combativo llamado Amayur (1931). 


No podemos, no obstante hablar de este periódico nacionalista sin haber repasado antes tres publicaciones fueristas que pueden considerarse, en cierto sentido precursoras del napartarrismo y el nacionalismo vasco en Navarra:  reclamaban la reintegración foral plena y una especie de confederación  política de Navarra y las Vascongadas. El Arga fue la primera publicación fuerista. Nació en 1879 vinculada a la Asociación Euskara y a finales de 1880 se convirtió en diario pero en 1881 desaparecía. Su espíritu lo recogió Lauburu, nacida en 1882, dirigida por Arturo Campión, con fuerte contenido religioso que buscaba la creación de un partido catolico fuerista vasco navarro. La reorganización del bando carlista aceleró su desaparición en septiembre de 1886. Sin embargo en 1894 nace El Aralar, fundado por Campión, antiliberal y anticarlista, fuerista en lo político e integrista en lo religioso. Colaboraron en él personajes como Iturralde y Suit, Herminio de Oloriz, Florencio Ansoleaga o Julio Altadill. Se tiraba en la imprenta de Erice y Garcia, en el nº 31  de la calle Estafeta. Cerró en agosto de 1897.

Los republicanos editaron el periódico diario La Democracia (1932) que no llegó ni al año de vida (duró del 6 de marzo al 1 de octubre de 1932) y que tiene su precedente en el semanario republicano «La Democracia» (1887). Estaba promovido por el Partido Republicano Autónomo Navarro que en 1934 se integraría en Izquierda Republicana (azañista). El diario alcanzo los 1.000 ejemplares en su segundo mes pero no fue suficiente. Su director fue Alberto Lorenzo, asesinado en Obanos durante la guerra. Se publicaba en el nº 86 de la calle Mayor (imprenta de Ramón Bengaray, luego Gráficas Iruña). En 1935 editarían el semanario Abril.

Completaban en aquellos primeros años, hasta 1924, el panorama editorial del Viejo Pamplona otras publicaciones sectoriales o especializadas como el semanario jurídico y de administración, El Secretariado Navarro (1899), con sede en la plaza del Castillo, junto al Pasadizo de la Jacoba (yo recuerdo haber visto una tienda con ese mismo nombre en ese lugar, tal y como puede comprobarse en la publicidad adjunta), la revista semanal católico-agrícola-social La Acción Social Navarra, órgano de la Federación de Cajas Rurales Católicas (que como el Pensamiento tenía su sede en José Alonso, 2) (1910), entre las deportivas el semanario  «Los Deportes», dirigido por D. Joaquín Ilundain y posteriormente «Navarra Deportiva» (1923);  entre las educativas,  El Magisterio Navarro, revista pedagógico-administrativa de la Asociación Provincial de Maestros (fundado en 1898 según unas fuentes, 1879 según otras) con sede en las escuelas de San Francisco, salía cada 10 días, y duró hasta bien avanzado el siglo XX;  «La Parroquia y la escuela», publicación quincenal, órgano de la parroquia de San Lorenzo y de las Escuelas del Ave María (1921), dirigido por Marcelo Celayeta,  o  el boletín de las antiguas alumnas de la Normal de Navarra (1922); entre las agrícolas,  El Viticultor Navarro, órgano mensual de la asociación de viticultores navarros (1912), entre las profesionales, la Revista Navarra de Medicina, Cirugía y Farmacia (1912), publicación mensual, órgano del Colegio de Médicos  que contaba con 60 páginas por número, El auxiliar de Farmacia (1904) y la Revista Navarra de medicina y cirugía, El Practicante Navarro (1919), órgano mensual  del colegio del ramo y su continuador El auxiliar médico del norte (1931), (también editaban boletines u otras publicaciones otros colectivos profesionals como  los notarios, los veterinarios,  y los abogados, etc).  

Entre las culturales, estaban el Boletín de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra que dirigía D. Julio Altadill (1895-1935), que era trimestral o la revista Cultura Navarra (1932-1936), órgano del Consejo de Cultura de Navarra  y que fue ofrecido como vehículo de comunicación y difusión al primer ateneo navarro; entre las económicas estaban el boletín de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana, la Revista Mercantil del Crédito Navarro (1864)  y el Boletín de la Cámara Oficial del Comercio y de la Industria de Navarra (1899);  entre las oficiales, el Boletín Oficial de la Provincia de Navarra y entre las religiosas,  el boletín eclesiástico del Obispado (1861), las revistas de los capuchinos «Zeruko Argia» y «Verdad y Caridad» (1924), así como  «La Unión Apostólica»  y «El Mensajero Eucarístico» (1920) editados inicialmente por el presbítero Cipriano Olaso y ambos mensuales, si bien después el segundo lo editó la Adoración Nocturna,  «La obra máxima de las misiones carmelitanas» y «El Carmen» (1931) de los padres carmelitas, «El terciario franciscano», «Los anales de la franciscanas misioneras de María» (bimestral) (1902) y su suplemento infantil «El correo misionero de los niños» (1920), la mensual «La institución salesiana de Navarra» (1929), el mensual «Javier» editado por el secretariado diocesano de Misiones (1928) etc. Hubo otras publicaciones de diversa naturaleza como Transportes (1933) o la revista Micrófono (1934). 

Al comenzar la guerra civil, la Falange incautó la rotativa de La Voz de Navarra y el 1 de agosto publicaba en sus talleres el periódico Arriba España. Aprovechando el carácter de retaguardia de Navarra para los alzados, el diario se publicó durante la guerra desde Pamplona para todo el territorio nacional. Con la guerra civil los diarios de Pamplona se vieron reducidos  a tres: Diario de Navarra, El Pensamiento Navarro y Arriba España, a los que habría que sumar la Hoja Oficial del Lunes editada por la Asociación de la Prensa desde el 7 de diciembre de 1936, panorama que se mantendría sin cambios hasta los años 60, época en que la Gaceta del Norte comienza a publicar unas paginas especiales de Navarra.

Por otra parte y respecto a otro tipo de publicaciones, en los años 40 nacen dos publicaciones gráficas: la revista trimestral Pregón (1943-1979) que trataba temas de arte, literatura y costumbres de Navarra y la revista mensual  Arga (1944-48) con contenidos similares a la anterior. Desde la Diputación Foral se impulsó la revista Principe de Viana dependiente de la institución que lleva su nombre (1940), y que puede considerarse, en cierto modo, continuadora del mencionado, anteriormente, Boletín de la Comisión de Monumentos.  

Por no repetir publicaciones ya mencionadas solo citaré las que aparecieron tras la guerra.  la revista mensual «Hogar» editada por la Confederación Nacional de Padres de familia (1944), la revista quincenal «El eco filatélico (1944), de difusión nacional, las publicaciones jurídicas mensuales y cuatrimestrales editadas por Estanislao de Aranzadi «Repertorio Cronológico de Jurisprudencia» e «Índice Progresivo de Jurisprudencia», la «Revista vasco-navarra de seguros» (1945), órgano de la sociedad de Seguros Vasco Navarra, El Boletín   de Educación, boletín mensual  editado por la Junta Superior de Educación de Navarra (1950); Entre las publicaciones religiosas citaré las siguientes: el mensual de los dominicos, «Cruzada Misionera»  (1944), la publicación de los hermanos capuchinos «San Antonio y los pobres» (1945),  «Oye» (1946) y «Vida», órganos de de las juventudes masculina y femenina, respectivamente, de Acción Católica de Navarra, etc.

    Peñas y sociedades gastronómicas en el Viejo Pamplona (1913-2003)

    Y lo prometido es deuda, tras las sociedades deportivas y de recreo voy a hablar del origen de  las actuales peñas, -algunas de ellas nacieron en el seno de las mencionadas sociedades deportivo recreativas- y de las sociedades gastronómicas. De estas últimas seguro que me dejo alguna, pero intentaré reseñar al menos las más importantes. Seguiré, en el caso de las peñas, un estricto orden cronológico. De las actuales peñas existentes la peña más antigua es La Unica.  Los primeros datos documentados sitúan su origen en  1913, aunque hay quien dice que los primeros intentos de ponerla en marcha se remontan a 1903. El origen de su nombre debió estar en su propia génesis, una única cuadrilla que se dedicaba a marchar de juerga por las calles de la vieja Iruña. Fueron entonces los primeros que incorporaron instrumentos de viento más ruidosos  que las guitarras y bandurrias de otras agrupaciones, vamos que fueron los primeros que sacaron lo que hoy llamaríamos  charangas o fanfarres.  Solían organizar  bailes para sufragar los gastos de  San Fermín. Posteriormente esta iniciativa seria imitada por otras peñas como el Bullicio o La Jarana. Visten pañuelo, faja y cintas de alpargatas verdes y blusón con cuadros pequeños blancos y azules. La segunda peña en antigüedad es El Bullicio Pamplonés que  se fundó en 1933 por iniciativa de una cuadrilla de amigos. La foto que encabeza la entrada es precisamente del año de su fundación. La siguiente pertenece a los años 50. Aparte de la fiesta iban al monte, jugaban al fútbol y también al mus y al dominó. En 1943 se trasladaron a un local en el nº 28 de la calle del Carmen. En 1953 dejaron el local por falta de recursos económicos, reuniéndose desde entonces en el Bar Cordovilla de la calle Navarrería. A mediados de los 70 adquirieron el local de la cafetería-bolera Simons en el nº 22 de Carmen que se convertirá en su sede definitiva. Visten de blanco con el escudo bordado en el pañuelo.
    En 1934 se creaba la tercera peña de Pamplona,  el  Muthiko Alaiak si bien su origen se remonta a 1931 pues surgió sobre la base de un grupo de danzas y teatro llamado Zaldiko Maldiko fundado por Ignacio Baleztena  que pretendía recuperar algunas danzas de la tierra antes de su previsible extinción. Su versión de la kalejira del ingurutxo de Leiza con la letra de «Uno de enero, dos de febrero» se hizo  mundialmente conocida así como su «Levantate, pamplonica». Con la creación de la peña se pretendía ampliar las actividades de Zaldiko, añadiendo además las de San Fermín. El grupo  de danzas y teatro  se reunía  inicialmente en los locales del Circulo Integrista en el nº 33 de la calle Estafeta. Luego utilizaron los locales de Turismo del Paseo de Sarasate y finalmente se instalaron en el último piso del Circulo Carlista en el nº 29 de la plaza del Castillo. Así que para 1934 el Muthiko Alaiak  tenía su sede en este lugar.  A nadie se le oculta el origen carlista de su principal impulsor, Baleztena, Premin de Iruña, y de muchos de sus integrantes en aquel entonces. Junto al Muthiko estaban entonces las citadas La Unica, La Veleta,   San Fermín, (estas dos últimas desaparecerían con la guerra) y el Bullicio. En los años 40 tuvo un gran impulso organizando la primera novillada de las peñas e inaugurando el aeropuerto de Barajas. En la foto que acompaña este párrafo vemos una foto de aquellos primeros danzaris del «Muthiko».
    Por cierto, el pasado año la nieta de uno de los integrantes de la Veleta tiró el chupinazo, ya que a la peña La Veleta, fundada en 1930, se le atribuye el impulso de la indumentaria blanca y roja como atuendo tipico de los sanfermines. Junto a este párrafo una foto de aquellos sanfermines de los años 30 de la peña. Compuesta mayoritariamente por obreros (fontaneros, albañiles, pintores, etc)  fue especialmente castigada por el golpe franquista. Varios miembros de la peña, seis o siete fueron fusilados, y otros igualmente perseguidos o represaliados por su compromiso político. Al termino de la guerra, en 1941 y 1942, quisieron seguir con el nombre pero el régimen no se lo permitió, obligó a dimitir a su junta que habían solicitado al legalización de La veleta al amparo de la nueva ley de asociaciones y tuvieron que cambiar el nombre por La Saeta en febrero de 1942. Su local ha seguido siendo el mismo en los dos casos: Jarauta, 33, aunque parece que en los inicios de la peña estuvo en el nº 79 de San Lorenzo y en el 65 de Descalzos.


    En 1945, siendo presidente del Muthiko Jaime Mondragón,  se produjeron unos incidentes con unos falangistas en la plaza del Castillo y el gobernador les cerró el local.  Comenzaron a utilizar varios bares como sede, primero La Fructuosa y luego el Bar García de la calle Mayor hasta que en 1950 arrendaron un local en el nº 89 de esta misma calle. El grupo de danzas que consiguió multitud de éxitos internacionales ensayaba, por aquel entonces en las escuelas de San Francisco. En 1954 tras una nuevas protestas carlistas el gobernador volvió  a clausurar el Muthiko. Posteriormente el Muthiko recaló en el nº 18 de la calle San Francisco donde permanecería durante 8 años hasta 1962, año en  que volvieron a la plaza del Castillo, concretamente al nº 38. En este nuevo emplazamiento permanecerían durante 12 años hasta 1974, fecha en  que se trasladan al tercer piso del nº 14   de la calle Comedias, donde permanecen nada menos que 25 años. Sí, en esta calle estuvieron hasta 1999, año en que se trasladaron a un nuevo local  (compuesto de bajo y primero) de la calle Estafeta, donde antes estuviese  el Self Service Estafeta. El Muthiko organiza desde 1962 conferencias culturales, clases de euskera, viajes,  creó una sección de montaña y otras de fútbol, balonmano y hasta de baloncesto femenino así como la fanfarre. En pelota jugaron por la peña, Retegi, Lajos y los hermanos Aldaz. De ellos es el mérito de recuperar los coros de Santa Agueda o de organizar el Rey de la Faba que vemos en la fotografía adjunta. Visten blusón de cuadros azules pequeños.

    La Jarana fue fundada oficialmente en 1940 por varias cuadrillas de pamplonicas de la calle del Carmen. Ya desde estos años salían a la calle por Sanfermin con música y pancarta ocupando su espacio en el tendido del coso pamplonés. En la foto de la izquierda vemos una foto de la peña de 1942. La otra foto, la de la derecha, de Inge Morah recoge una salida de la peña, probablemente de los años cincuenta, tal vez 1954. Otras fuentes sitúan como antecesora de La Jarana  a la Peña El Huevo aunque existen documentos gráficos de 1931 donde aparece una pancarta que dice «La Jarana saluda a Torón», un diestro navarro de la época. Su primera sede estuvo en la calle San Fermín en el Ensanche, para pasar más tarde a la calle Estafeta, trasladándose en 1982 al nº 16 de la calle Jarauta. Contaban con una sección de fútbol. Llevan pañuelo y faja azul con blusón a cuadros pequeños azules y blancos.Como ya comenté en la anterior entrada dedicado a las sociedades deportivo recreativas, en 1940 nacía el Club Deportivo Oberena. El 20 de enero de 1941 se creaba la peña sanferminera, saliendo por primera vez  a las calles el 7 de julio de ese año. Las fotos que acompañan este párrafo son de 1948, la de la derecha, al final de la calle Estafeta y de los años 50, la de la izquierda. Desde 1954 a 1987 el Labrit fue el lugar de encuentro o sede social de sus socios.  Luego pasarían a su local social de Sebastian Albero, en la Milagrosa si bien hace unos años, en febrero de 2010, se hicieron con un local social en el nº 82 de la calle Jarauta y hace poco tiempo se trasladaron al nº  31 de la calle San Lorenzo, en lo que fue el antiguo restaurante Lanzale. Tras la creación de la peña se crearían también los grupos de danzas, txistu, gaita, rondalla y coros. La peña ha tenido siempre una especial vinculación con el mundo taurino. Visten indumentaria blanca y negra con la insignia verde que procedía del verde de Acción Católica. La peña Aldapa nació en 1947 como club deportivo, constituyéndose la peña en 1958. Tomaron el nombre del bar Aldapa en el que se reunieron al principio. En los años 80 se asentaron en el nº 48 de la calle Jarauta. Tampoco llevan blusón, solo el escudo bordado en el pañuelo.

    En 1948 los componentes de los equipos de futbol que formaron el Club Anaitasuna junto con los nuevos socios y otros simpatizantes decidieron formar la Peña Anaitasuna para celebrar juntos los sanfermines. La peña nació como una sección autónoma dentro de la sociedad y se reunió  durante los San Fermines de 1948 en la tasca «La Perrera» de la calle Jarauta. Eran 40 socios. Tras casi un año de preparativos, en junio de 1949, las otras siete peñas que existían en Pamplona le dieron la bienvenida y el visto bueno. La foto que acompaño es de los sanfermines de 1951. En 1953 la peña ubicaba su sede en el 1º piso del nº 35 de la calle Mayor, aunque seguían saliendo desde La Perrera. Tenían unos singulares vecinos de los que hablaré más tarde, pues en la planta baja, con salida al portal de vecinos estaba  la Sociedad Gastronómica  Napardi. El único acto donde las mujeres tenían cierto protagonismo era la presentación de las madrinas de las peñas. Si, parece mentira ahora, que se habla de sanfermines en igualdad, pero hubo un tiempo en que las peñas elegían a sus madrinas. En 1971 la peña recibió un premio del Ministerio por su promoción de los sanfermines. En 1984 se llevó a cabo la reforma del local de la calle Jarauta y hace unos años se trasladaron al nº 14 de  la calle San Francisco, donde compraron el Bar Montón. Llevan el escudo de la peña en el bolsillo de la camisa y un San Fermín sobre el pañuelo rojo.La peña Los del Bronce podía haber sido la peña más antigua, pero nació realmente a mediados del siglo pasado. Al parecer hubo un intento de formar esta peña en 1900 por trabajadores del sector del metal (herreros, chatarreros, broncistas) sin embargo ese intento se difuminó en 1904. Tras los sanfermines de 1949 un grupo de varias cuadrillas decidió rescatar el nombre y crear la peña. Eligieron el blusón de cuadros blancos y azules por ser fácilmente reconocible y ser  la tela  más barata. Como la blusa tapaba la faja decidieron dejar de llevarla. Los blusones inicialmente los llevaban las cuadrillas a los toros pero los de esta peña decidieron llevarla durante todos los actos festivos. Las primeras sedes de la peña estuvieron en el bar Ginés y en el bar Olimpia (actual Nevada). A partir de 1953 la sede se trasladó al bar García de la calle Mayor y luego, entre 1960 y 1962, al Bar Tropical, en el nº 54 de la calle Jarauta. En estos años se constituyó como tal la sociedad deportivo recreativa y se arrendó por 3.500 pts el Bar Telefónicas como sede de la peña. Entre 1967 y 1968 volvieron a cambiar de locales, esta vez al nº 69 de la calle Jarauta. En las fotos vemos la pancarta de 1967 y una foto de dos «broncistas» bailando junto a la pancarta de la peña. En 1971 se creó un grupo de montaña y más tarde un equipo de balonmano que duró solo dos años, también un equipo de fútbol pista y una fanfarre, de la que saldría Jarauta 69, tomando el nombre de la dirección de la peña. En 1979 la peña se asentó definitivamente en el nº 54 de la calle Jarauta, donde ya estuvieran antes, al comienzo de los 60.  En los 80 nacía la sección de rugby y en los 90 acometieron las primeras grandes reformas.

    La peña Irrintzi de Iruña se fundó en 1950  de la fusión de dos clubes de fútbol, el Irrintzi y el Iruña. Desde el principio vistieron de negro. En 1953 se separaron el equipo de fútbol Iruña y la peña Irrintzi y se ubicaron en la calle San Agustín. En 1964 por falta de espacio, (y eso que tenían una bajera y dos pisos), se trasladaron al nº 23  de la calle Estafeta. Por problemas con  los vecinos se tuvieron que trasladar  al nº 8 de la calle del Carmen. El local incluía un bar que alquilaron para financiar la peña. Corría el año 1971. Pasaron de ser peña de club deportivo a sociedad cultural y deportiva. Además del fútbol la montaña era posiblemente una de sus actividades más destacables. En los años 90  reformaron el local que vemos en la fotografía. Visten blusón negro.La Peña Alegría de Iruña se fundó en 1952 en el Bar Moto Club por fusión de dos iniciativas juveniles, la peña Imoztarra, con sede en la calle Nueva, fundada en 1947,   y el equipo de fútbol Alegría que se reunía en el Bar Arrizabalaga de la calle San Agustín, si bien sus primeros sanfermines como peña  fueron los del 53. Hasta los años 60 la sede estaba en el bar Or Konpon que se trasladó a la calle Calderería para rebautizarse como Bar Alegría. En 1969 tomaron el nombre definitivo de Peña Alegría de Iruña. En 1973 se inauguró un nuevo local en el nº 8 de la calle Jarauta y tras un atentado con bomba, el 19 de julio de 1978  se trasladaron al nº 61 de la misma calle, donde permanecen actualmente. Su actividad aparte de la sanferminera  era fundamentalmente deportiva: salidas al monte, baloncesto, citas gastronómicas, cursos de cocina, danzas. Desde 1960 impulsan la Operación Patata destinada al asilo de las Hermanitas de los Pobres. Visten blusón verde con cuello, puños y bolsillos rojos. El pañuelo rojo con el escudo bordado y rematado a  lo largo del borde con una cinta verde.

    La primera peña de barrio, la más antigua de todas ellas es la Armonía Txantreana. Nació en 1956 e inicialmente se llamaban Alegría Chantreana. Tras cambiar el nombre se integraron en la Unión Deportivo Chantrea. En 1981 la peña se separó de la sociedad y adquirió el Bar Félix que les vió nacer. Además de las actividades sanfermineras, entre 1961 y 1993, tuvo una importante sección de montaña que formó su propio grupo autónomo. La foto que acompaña es de la peña en 1960. Visten totalmente de blanco, salvo el pañuelo bordado con el escudo de la peña. En 1977 nacía la Peña San Juan, por iniciativa de un grupo de jóvenes del barrio. En 1985 se convertían en Peña Donibane. Su primer local estaba en la calle Virgen de Codes (1979). Al crecer en el nº de socios, es una de las que más tiene, compran un local más grande en el nº 6 de la avenida de Barañain, en lo que fue el Burguer y el restaurante Los Kilikis. En el Casco Viejo tenían un local en la plaza Virgen de la O. Posteriormente se trasladaron al Bar 35 de la calle Jarauta (Galtzerdi) y este año han abierto un local en el nº 24 de la calle San Francisco. Desarrollan diversas actividades al margen de las típicamente sanfermineras. Visten de pamplonica con blusón azul claro y pañuelo con el escudo.

     

    Durante los años 60 un grupo de personas del barrio de La Milagrosa fundó la peña San Fermín, ubicándose en la travesía de Guelbenzu, pero en el año 1974 se disolvió. En los sanfermines txikitos de 1978 se refundó de la mano de un grupo de jóvenes del barrio, algunos de ellos vinculados al colectivo juvenil Elkar-Artua, reuniéndose en el Bar Atalaya de la calle Tajonar. Posteriormente la peña creció en socios y actividades y se trasladaron al actual local de Manuel de Falla. Tienen otro local en el casco viejo, en el nº 50 de la calle Jarauta. Visten blusón de cuadros negros y blancos.  En los años 30 hubo otra Peña San Fermín, radicada en el Ensanche, con local en la calle Estella. En marzo de 1979 nace, por su parte, la Peña Rotxapea. Nació fruto de la necesidad de los jóvenes del barrio de contar con una peña propia, ya que hasta entonces  se tenían que afiliar a otras peñas del centro. La Unión Cultural y Deportiva Rotxapea  había empezado a preparar su constitución un año antes, en 1978, como una sección propia, sin embargo la peña quiso volar por libre y así lo hizo unos meses después. Su primera sede fue la de la antigua sociedad Gure Txokoa en la Travesía del Ave María, nº 10. La foto recoge una de sus primeras salidas, en los sanfermines de 1979. Desde 1982 están en el nº 1 de la calle Abaurrea Alta. Mantienen un local en el nº 73 de la calle Descalzos que utilizan en las fiestas. También en 1979 nacía la Peña San Jorge, si bien sus primeros sanfermines fueron los del 80. Cambió su nombre a Sanduzelai en 1996. Inicialmente la asociación de vecinos del barrio les cedió un local. Luego pasaron al local donde permanecen  actualmente en la calle Nicasio Landa. Disponen de otro local para sanfermines en la calle Jarauta. Visten blusón de cuadros blancos y negros.

    Estas 15 peñas junto a la única peña sanferminera que no es de Pamplona, El Charco constituyen la Federación de Peñas de Pamplona, que hunde sus raíces en la llamada Comisión de Peñas, cuya primera referencia aparece datada en un escrito del 26 de mayo de 1959. El Charco nació en 1974 en el bar Marín de la citada localidad. El 28 de noviembre de 1975 se aprobaron los primeros estatutos y se alquiló una bajera en el nº 8 de la calle Mendikale. Salieron por primera vez en las fiestas en 1977, año al que pertenece también la fotografía adjunta. Desarrollan un montón de actividades a lo largo del año. Visten de blanco con pañuelo y faja azul y blusón a rayas azules y blancas. Cuentan con un local en el nº 75 de la calle Jarauta. Fuera de la Federación de Peñas está la Peña Multizarra creada en 1992 por una cuadrilla de amigos a instancia de Joaquín Baleztena. Dicen que la crearon en el bar  El Marrano de San Nicolás. Tras unos inicios sin sede fija, en 1995 se trasladaron al nº 40 de la calle San Agustín. En el año 2005 inauguraron la sede de la calle Olite manteniendo el local de San Agustín para las fiestas. Actualmente su local se encuentra en el nº 3 de la calle Ciudadela, en lo que fue el bar Ciudadela, inaugurado en el año 2010, si bien este año han abierto otro local en el nº 36 de la calle San Gregorio. Han impulsado desde 1997 un riau riau alternativo en colaboración con las asociaciones de jubilados de Pamplona. Visten blusón de color rojo y pañuelo rojo bordado con el escudo de la peña.

     


    Tras repasar las diferentes peñas existentes, haré lo propio con las sociedades gastronómicas. Y si por alguna tengo que empezar  ineludiblemente ineludiblemente lo tengo que hacer por  la decana de las sociedades gastronómicas: el Napardi. Entre los promotores de esta sociedad estuvieron personas como Jose Maria Zamarbide, Nicolás Velasco, Germán Salas a los que habría que añadir otros nombres  como el de los arquitectos Francisco Garraus o Enrique Altarriba. El nombre de la sociedad se le ocurrió a Pepito Aramburu que trabajaba en Casa Baquedano, en la calle San Antón, el logo fue obra de Zamarbide, a la sazón decorador y buen dibujante.   Se inspiraron para su constitución y redacción de los estatutos en la sociedad Istingorrak de San Sebastian. Alquilaron el local, un local de unos 150 m2 en el nº 35 de la calle Mayor,  a D. Enrique Sanz por el que pagaban 550 pesetas al mes. La sociedad se constituyó el 11 de febrero de 1953, en los locales del Club Deportivo Navarra. Entre los miembros de aquella primera junta directiva estaba Miguel Erice como presidente, Luis Irurre como secretario y Alberto Munarriz como contador. A Erice le seguirían luego Germán Salas y Manuel Senosiain. La inauguración de la sede tuvo lugar el 18 de marzo de 1953 y a las 10 de la noche tuvieron la primera cena de confraternización. Las mujeres no podían acceder más que un día, aquel primer año el 25 de julio. Napardi aparte de sus actividades gastronómicas también desarrollaba otras actividades de esparcimiento para sus socios, hacía obras de caridad, especialmente para el asilo del Niño Jesús de la plaza de Recoletas pero también para la institución Cunas, la Casa de Misericordia, etc. Las fotos en blanco y negro recogen algunos de aquellos primeros años de la sociedad, sus actividades gastronómicas, benéficas y la primera vez que entraron las mujeres en la sociedad. Las fotos en color muestran el interior de la sociedad en los años 80 del pasado siglo.

     

    Para el aniversario de 1958 contrataron al juvenil del F.C. Barcelona pero el día del partido salió lluvioso y frio y en lugar de beneficios la jornada dió perdidas. En 1958 era presidente  el conocido comerciante de la plaza (concesionario de coches), Babil Oneca. En diciembre de 1960 se iniciaban las gestiones para la compra de los locales donde estaban arrendados, compra que harían realidad algunos años más tarde con un crédito personal de la Caja Municipal, y que quedó inscrita en el Registro en el año 1967. Napardi organizaba en aquellos años carreras, concursos, excursiones, exhibiciones de lucha libre, festivales folklóricos, partidos de fútbol (hubo uno de gordos contra flacos), campeonatos de mus, hizo una cena homenaje al equipo y directiva de Osasuna por su subida a  1ª división  en 1961.  En 1964, las mujeres podían acceder a la sociedad dos días al año, el 6 de enero y el 19 de marzo, aunque en ningún caso podían permanecer entre las 21 horas y las 9 de la mañana. En 1967 se les admitía los domingos y festivos por la tarde, de 7 de la tarde a  12 de la noche. En 1972, siendo presidente, Javier Garaicoechea Urriza compraron el primer piso a la Peña Anaitasuna por 425.000 pesetas que comunicaron con la planta de abajo por una escalera interior, pasando la cocina al fondo del local. Se aumentó el nº de socios a 150.


    En 1973, en sanfermines, Napardi recibía un homenaje por parte del Ayuntamiento y las peñas. En 1976 se produjeron varios actos de confraternización entre el Napardi y la Coral de Cámara. En 1978 se creaba la fundación benéfica Napardi. Contrariamente a lo que había sido habitual, presidencias cortas, entre los años 1985 y 2005, con un pequeño paréntesis, fue presidente Jesus Maria Astrain Fabo. En 1986 se instituyó el galardón Gallico de San Cernin, siendo el primer premiado Alfredo Landa y el segundo José Joaquín Arazuri, que aparece en una de las fotografías. Se volvía a plantear la adquisición de un nuevo local más grande barajándose la adquisición de otro en la calle Ansoleaga aunque la normativa municipal no lo permitía en aquel entonces (se había decretado una normativa de saturación hostelera). Las mujeres podían entrar a la sociedad viernes, sábados, domingos y días de fiesta a comer y cenar así como los vísperas de fiesta a cenar. Entre 1987 y 1989 se acometieron obras de mejora no solo en el local sino en todo el edificio dado su deterioro. Se plantearon cuestiones como el traspaso de los derechos de socio a los hijos. Se colaboró con otras entidades como el Ateneo Navarro y los Amigos del Camino de Santiago aunque se suscitó cierta polémica por el uso de los locales por personas o asociaciones ajenas a la entidad, sin que el tema fuese a más, dada realmente la excepcionalidad de aquellos casos. En 1992 se propuso formar un coro de voces. En 1999 se planteó de nuevo la cuestión del local, ya que no se cumplían las normativas MINP exigidas por el Ayuntamiento. En principio se pensó en un local en la misma calle Mayor, pero en marzo de 2000 se desechó su compra aunque la fortuna hizo que estuviera disponible un local de 400 m2 en dos plantas en el nº 2 de Jarauta con interés histórico y arquitectónico. La sociedad vendía en noviembre sus locales de la calle Mayor a la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo y en 2001 se trasladaban a Jarauta inaugurándolos el 19 de mayo, locales que también vemos en alguna de las fotografías de esta entrada. En 2003 cumplieron medio siglo de vida.

     





    Otra de las sociedades con más prestigio en la ciudad, tras el Napardi,  es la Sociedad Gastronómica Gazteluleku. Nació en  1980 de la mano de Enrique Salvador, Enrique Altarriba y Kino Sanchez al que se sumaron otros 37 amigos pamploneses. Inicialmente se instalaron en el 2 piso del nº 12 de la plaza del Castillo y que antiguamente fue el Restaurante Maitena y después un asador argentino, posteriormente se pasaron al primer piso. De ese época podemos ver tres fotografías, dos en blanco y negro y una en color,  junto al párrafo anterior. Tras finalizar el contrato de arrendamiento y ante la imposibilidad de renovarlo  tuvieron que cambiar de sede y se trasladaron   en el año 2010 al nº 1 de la calle San Francisco a un local de unos 300 m2. Es famoso su sorbete de limón con cava sanferminero y su participación en la semana del Pincho además de otras actividades gastronómicas y sociales: el concurso del toro más jugoso, la cena de nochebuena para el teléfono de la esperanza, charlas, cursos, visitas o exposiciones, etc. Otra sociedad con solera es la sociedad El Chanclazo, hoy Chanclazo 03. Nació el 16 de abril de 1971 en el frontón Labrit donde se reunieron tres cuadrillas y crearon la sociedad Chanclazo 03. La primera Junta Directiva la presidió don Ignacio Arregui  y fueron Vocales con él, los señores José Luis Oyarzun, Ramón Aguinaga, Luis Alfonso Garciarena, Valentín Gómez, Joaquín Lizarraga, Jesús Echalecu y Miguel Flamarique. La sociedad tuvo su primer domicilio en el nº 52 de la calle Jarauta hasta el año 2003 en que se trasladan al nº 38 de la calle Estafeta, inaugurando los nuevos locales el 28 de noviembre que vemos en la foto de la izquierda.

     

    La sociedad Gure Leku ubicada en la calle Jarauta, 12 nació un 29 de noviembre de 1975. Sus socios fundadores provenían del Anaitasuna y el Club Deportivo Navarra. En el momento de la compra el local era un almacén de plátanos. El acceso de las mujeres está permitido pero no en el ámbito de la cocina. Celebran la escalera de San Fermín. Destaca su bóveda de piedra con arcos de medio punto. También en Jarauta está la sociedad Zahategi, fundada en 1981 sobre el antiguo Bar Oyaga, en el nº 92 de la calle. Tiene un patio típico de las calles del casco viejo. En sus paredes cuelgan carteles sobre tauromaquia y motivos pelotazales, reflejando las aficiones de sus miembros. Reformaron el local en el año 2009. Otras sociedades ubicadas en la Jarauta son Jarauta, 79 en el sitio del mismo nombre, fundada en septiembre de 2010 y la sociedad de los Irunshemes, en el nº 74 de Jarauta, fundada en 1917, -su reglamento data de 1931-, y admiten mujeres hasta en la cocina. Esta peña  surgió de una cuadrilla de amigos que  se reunía en el bar Antonio, en la calle San Lorenzo, y antes, como dije al hablar de las sociedades, en la calle San Antón. Junto al párrafo anterior vemos una simpática salida festiva de este alegre grupo con el barril a cuestas y todo.  Poco a poco se les fue uniendo más gente y llegaron a ser 300 socios a finales de los 70. En Descalzos, 63 podemos encontrar la sociedad Biltoki, nacida en agosto de 1979, en lo que fue un redil de ovejas. En su origen primaba la afición por el fútbol, especialmente el seguimiento de los encuentros del Club Deportivo Pamplona.  Otras sociedades que tenemos en lo viejo son El pocico de San Cernin en la calle Nueva, fundada en 1987, todos viejos socios del Club Natación con una planta baja y una bóveda de piedra y ladrillo, donde está el comedor, siete metros bajo el nivel de la calle que vemos junto a este párrafo, en la de la izquierda a Ricardo Aicoa, comerciante de la plaza, Aranai cocinando y con el detalle de la bóveda en la foto de la derecha; El Troncho en la calle Campana; el Txoko Pelotazale fundada en 1978 por un grupo de amigos de la peña el Javi, casi todos pelotaris, de todas las modalidades, en la calle Merced, entre el frontón Labrit y el entonces Euskal Jai, que vemos en el siguiente párrafo; Sutondoa fundada en 2003 por un grupo de amigos que compró el restaurante Orio, en la esquina de Bajada de Javier y Dormitalería que vemos  junto al último párrafo de la entrada, Iruñarri fundada en 1996 en el nº 37 de la calle Tejería, en lo que fue anteriormente una tienda de comestibles.
    En el Ensanche tenemos la sociedad Don Saturnino, elegante, muy elegante y acogedora, fundada en 1982, con el impulso de los hermanos Andia en el nº 15 de la calle Navarro Villoslada, muy cerca de la plaza de la Cruz. Destaca su fachada de mármol y su llamador dorado en la puerta. Disponen de barra con camarero y cocinero propio, con menú a elegir pero cualquier socio puede cocinar sus platos. Cuenta con un comedor como el de cualquier restaurante de lujo, que vemos en la fotografía de la izquierda, salón de billar en la planta sótano y mesas para jugar a cartas y saloncito cultural. Parte de la decoración es obra del ex-socio Faustino Aizkorbe. En esta zona, el Ensanche también está la sociedad Aralar Berri, fundada en junio de 1985. Al principio se reunían en el bar Aralar para luego alquilar su propio local en el nº 47 de la calle Aralar, en el local de una antigua pescadería. Llegaron a tener un equipo de fútbol. El Angel de Aralar visita una vez al año la Sociedad.
    Otros barrios también tenían sus sociedades gastronómicas: la sociedad Erletoki en Iturrama (1995), en la calle Padre Barace, cuyo  primer presidente fue el joyero Javier Pelegrin; El Mojón en Azpilagaña (2001) en la calle Luis Morondo formado por una quincena de matrimonios; Gau Txori en San Juan (1977) en Mº de Irache; en la Chantrea  tenemos la sociedad Sarasate (1977), en la avenida de Villava en lo que fue sede de la peña Armonía Chantreana y luego el bar La Góndola, llegaron  a tener un equipo de futbito; la Sarteneko (1979) en la calle Santesteban,   y Kaskallueta  (1997), esta última de neto carácter euskaltzale. En Orvina estaba  Mendik Aldean (1983)   una sociedad muy familiar, en Mendillorri, la Sociedad Palacio de Mendillorri (2001) y en La Rochapea Lagun Onak (1978). La Milagrosa es uno de los barrios que junto al Casco Antiguo más sociedades gastronómicas  tiene. Así hace unos años podíamos encontrar, y por orden de aparición, en este barrio las sociedades Larregla (1976) Lagun Zaharrak (1977) impulsada por Pedro Arizaleta, Zabaldi (2001)  Reserva 1940 (1992), La Cabra (1994) y el Txoko del Carnicero (2000)  (en las calles Joaquín Larregla, Rio Urrobi, Manuel de Falla,  Rio Salado, Guelbenzu y Julián Gayarre respectivamente). Del Txoko del Carnicero vemos una instantánea junto  a este párrafo. Zabaldi ofrecía un montón de actividades y contaba con unas instalaciones deportivas muy completas; los de Reserva 1940 eran quintos del 40 y tenían su origen en una cuadrilla de Escolapios; En La cabra impulsada por José Zubillaga pasaron antes por dos bajeras de Berriozar antes de hacerse con el antiguo restaurante Merindad de Sanguesa.   El Txoko del carnicero está amparado por el gremio de carniceros.

    Fotos: Archivos de las Peñas Bullicio, Muthiko Alaiak, La Jarana, Ingeth Morah, Oberena,  Anaitasuna, Los de Bronce, Armonia Chantreana, Rochapea, El Charco, Sociedad Gastronómica Napardi, Gazteluleku, Chanclazo, Irunshemes, El pocico de San Cernin, Txoko Pelotazale, Don Saturnino, Sutondoa y El Txoko del carnicero. Las fechas están referenciadas en el texto de la entrada.

    Sociedades de recreo y deportivas del Viejo Pamplona (1856-2015)

    A principios del siglo XX, las sociedades de recreo más destacadas en la pequeña y provinciana Pamplona eran los Casinos:  el Nuevo Casino de Pamplona o Casino Principal y el Nuevo Casino Eslava.  Me detendré un poco en la historia de estas entidades. El Nuevo Casino de Pamplona nació en 1856 por iniciativa de un grupo de personas que pertenecían a otra sociedad anterior llamada «Los doce Pares». Conoció varios emplazamientos, antes de su ubicación actual: empezaron en un piso alquilado a D. Leonardo López junto al Teatro Principal para pasar a partir de 1876 a la llamada Casa del Toril, la casa del Café Suizo, y después de varios intentos de conseguir una sede se le alquiló en 1886 al banco Crédito Navarro  un edificio que la citada entidad construía en el nº 44 de la Plaza del Castillo, el edificio que vemos en la fotopostal adjunta de primeros de siglo y que conocemos también por estar ubicado en sus bajos, desde 1888, el emblemático Café Iruña. Al comenzar el siglo XX aparecía como Presidente del Nuevo Casino Manuel Jimeno, Pedro Uranga como vicepresidente,  Francisco Usechi como  secretario y Francisco Seminario como vicesecretario; Más tarde entrarían en la junta del Nuevo Casino Principal  Javier Sagaseta de Ilurdoz o Rafael Aizpun. En 1922 tenía casi medio millar de socios.

    El Casino Eslava se fundó, por su parte,  en el año 1884, estableciéndose inicialmente  en el primer piso del nº 18 del paseo de Sarasate, en cuyo planta baja se hallaba el Café Europa y muchos años más tarde la heladería La Vital. En 1895, tras atravesar graves dificultades económicas, se disolvió  resurgiendo como Nuevo Casino Eslava en el año 1898. Hasta la construcción de su sede social definitiva en el ángulo sureste de la plaza del Castillo, bajo proyecto Víctor Eusa, (en 1932), el Nuevo Casino Eslava estuvo en otro lugar de la plaza del Castillo, encima e la pastelería del Café Suizo,  con entrada también  por la calle General Moriones, actual Pozoblanco. Junto al anterior párrafo vemos una foto de los años 30 del Casino Eslava.  Fue presidente del Casino Eslava en aquellos primeros años Miguel Cía en la Presidencia  y más tarde Serapio Zozaya  y Martín Aldaz en la vicepresidencia.  También en la plaza del Castillo estaba el Circulo Mercantil, con gente como Pedro Echarri, Pio Gorriz, Cleto Iriarte, Odon Rouzaut en su junta directiva, esto es con algunos conocidos comerciantes de la ciudad, con tiendas en las calles Mayor, Mercaderes y Chapitela.

    En aquellos años se celebraban espectáculos públicos en el Teatro Gayarre, la plaza de Toros, el Circo Labarta, situado al final de la Estafeta, hasta su incendio en 1915 (del que vemos un anuncio de una actividad circense del Labarta), el Circo del Ensanche, o los juegos de pelota en la calle San Agustín (propiedad de Vicente Galbete), en la avenida de San Ignacio (en la empresa del Juego Nuevo) o el frontón de Juan Erroz en la Rochapea. Algunos años más tarde a los tradicionales casinos se unirían otras sociedades de recreo como la Peña Dena Ona y la Peña Navarra, ambas en la plaza del Castillo o el Centro Aragonés, con sede en el nº 37 de la calle Mayor, que organizaba fiestas en su salón teatro,  contratando compañías y artistas, realizando conciertos musicales así como bailes y tómbolas en las fechas sanfermineras. Tenía más de 400 socios al comenzar 1920. Más adelante surgirían la Peña Los Irunshemes con domicilio en el nº 24 de Mártires de Cirauqui, (la actual San Antón) y la Sociedad La Sirena, con sede primero en el nº 69 de la calle Jarauta, y luego en el nº 4 de San Agustín, que celebraban animados bailes y amenas veladas y conciertos  los días festivos, en el bar España, cercano a la Estación del Norte y que había sido fundada por un numeroso grupo de jóvenes artesanos pamploneses.

    En 1925 podíamos encontrar además el Club Super Tango en el barrio de la Rochapea con igual propósito que  la anterior, La Marea en el barrio de San Juan, dedicada a la danza juvenil, (estaba cerca del campo de deportes de Osasuna) que en 1925 se traslada a Mártires de Cirauqui, La Cuatrena en el mismo barrio extramural, camino de la Fuente del Hierro, el Club Náutico, en el nº 24 de la calle Descalzos, recreativa y gastronómica a la vez. Había peñas que eran sociedades recreativas como La Artística, Submarino, La Olada (del barrio de san Juan), La Cuatrena, La Ochena, La Sequía, La Cometa, Los del Bronce, Los de siempre, la Peña San Fermín y otras, aunque la historia de las peñas y otras sociedades (gastronómicas p.ej),  de las que hubo y de las que hay, las dejamos para otra ocasión. En esta entrada me centraré en las principales sociedades deportivo recreativas de la ciudad, que repasaré por riguroso orden cronológico.

    El 3 de enero de 1915 se fundaba en Pamplona la Asociación de Cazadores y Pescadores de Navarra,  que tenía su sede en el nº 38 de la plaza del Castillo. Contaba con un magnífico campo de tiro en las proximidades de las cocheras del Irati y organizaba anualmente concursos cinegéticos nacionales. Desde los años 50, al menos, tengo constancia de que  su sede estaba en el 1º piso del nº 33 de la calle Estafeta. Eran presidente y vicepresidente de la entidad, en sus inicios, D Pedro Mayo y D. Javier Sagaseta de Ilurdoz. En 1926 tenía 1.300 socios. Una de las primeras sociedades recreativo-deportivas de nuestra ciudad fue el Pamplona Lawn Tennis Club, actual club de Tenis, fundado en 1918 y cuyo primer presidente fue Jesús Jaurrieta Muzquiz.  Tenía su sede y cuatro pistas  en el campo de tiro de pichón y contaba estos años con cerca de 200 socios. La plaza de toros fue el escenario de los primeros encuentros de tenis. Tras un pequeño período en Carlos III, en 1934 se inauguraron sus instalaciones del Soto de Lezkairu, cuyos terrenos adquirió de forma definitiva en 1939. Cuenta actualmente con unos 17.000 socios.Otras sociedades deportivas, mayoritariamente futbolísticas,  a lo largo de los años 20, fueron  la Deportiva F.C con sede en el nº 51 de la calle Mayor, el Denak Bat Football Club con domicilio en el Café Kutz, el Club Atlético Lagun Artea de la Magdalena, El Club Atlético La Navarra y las sociedades futbolísticas Club Deportivo Vasconia, con reservado en la pastelería del Café Suizo, La Lucha, El Indarra de San Pedro (y sede en la calle Mayor 12-14), La Navarra FBC, el Club Deportivo Amaya ( no confundir con la Sociedad Deportiva que veremos más adelante) con sede en el nº 76 de la calle Mayor que tenía por objetivo cultivar el deporte sobre todo el fútbol y las excursiones, la Unión Velo Sport Navarro, dedicada al fomento del ciclismo, constituida en marzo de 1922 con sede en La Rochapea, el Club Atlético Aurora, cuyo campo estaba en el Nuevo Ensanche y con sede en el nº 24 de Mártires de Cirauqui, El Club Deportivo Español, el Pamplona F.C que participó en una Copa del Rey allá por 1910, y otras  como El Club Deportivo Iruña (con grupos de espatadantzaris y chistularis y sede en la Bajada de Javier),  La Unión Recreativa, La Estrella, el Deportivo Pamplonés, El Iberia y El Arga de la Magdalena, El Rapid de la Estación, El Europa, El Avión, Ostikoka, La Veloz, El Racing Club, El Avance, La Pirenaica, Miravalles, Recreación, La Flecha, El Deportivo Navarro, El Sporting Club Navarro (con sede en Sarasate, 11), el Infantil Lagun Artea, La Chispa, el Club Deportivo Euzkotarra (en Zapatería, 50), La Polar, Luchana, La Unión Sportiva, Unión Navarra F.C (Ciudadela, 13), entre otros.

    Pero evidentemente la más importante sociedad futbolística de la Pamplona de aquellos años (y también de estos) fue el Club Atlético Osasuna.  Osasuna  se fundó el 17 de noviembre de 1920, como consecuencia de la fusión de la Sociedad Sportiva y el New Club. La reunión definitiva se celebró en el Café Kutz. Allí se constituyó el nuevo club que recibió el nombre de Osasuna. En la primera junta estuvieron Joaquín Rasero, primer presidente, primer portero y primer entrenador del Club; Agustín Vizcarra, Felipe Esparza, Eduardo Aizpún, Francisco Altadill y Gerardo Arteaga. Osasuna jugó su primera temporada en el Campo del Ensanche y en el del Hipódromo. Tuvo  su sede social primero en el nº 2 de la calle Pascual Madoz y más tarde en el nº 89 de la calle Mayor, Heroes de Estella (Chapitela), 12 y plaza del Castillo, 3.  Con más de 800 socios en 1922 construyó  su campo de fútbol con 25.000 pesetas de capital en acciones de 100, 25 y 12,50 pesetas. El 21 de mayo de 1922 se inauguraba el campo de San Juan, que vemos a la izquierda,  con un partido ante el Arenas de Getxo, tal y como vemos en el anuncio adjunto. Jugaba entonces Osasuna en la Primera Categoría Regional. Resulta curioso recordar en que en la temporada 1924-25  se contrató como entrenador al alemán Walter Gerbart y que el 19 de abril de 1924 jugó contra el Boca Juniors perdiendo 1-0. En 1928-29 se creó la liga con las tres categorías que conocemos, debutando Osasuna en Tercera División. Osasuna tiene actualmente cerca de 14.000 socios.

     




    El 27 de agosto de 1931 se fundaba la sociedad deportiva Club Natación Pamplona que  cuenta en la actualidad con unos 8.000 socios. Fue su primer presidente Francisco Javier Frutos y se instaló a la altura del Molino de Caparroso,  en terrenos que pertenecían a la Sociedad Irati, y que adquirió de forma definitiva en 1950, a razón de 50 pesetas el m2. El Club evolucionó lentamente, al principio solo había una caseta, un columpio y un trampolín para saltar al agua. En 1932 se aprobaba crear una pista para el juego de las botxas. En 1934 se redactaron las normas de uso y disfrute de las instalaciones. En 1935 se aprobaba el ingreso, como socia, de la primera mujer en el club. En 1937 se declaraba reglamentario,  en el club,  el uso del bañador completo con tirantes,  a ser posible de color azul o negro. Hasta 1939 solo se celebraban pruebas de natación en el río. Tras la guerra se ampliaron sus instalaciones. En 1950 se aprobó la construcción de un embarcadero de cemento y una pista de tenis y se acordó ampliar el número de socios hasta 500 para sufragar la compra de los terrenos. Son celebres sus bailes sociales durante las fiestas de San Fermín que empezaron a organizar en 1951, precisamente como consecuencia de la mala situación económica que tenía el club por aquel entonces. En 1953 se construyó el frontón cubierto y el salón social por poco más de 800.000 pesetas. En 1959 se compraron los primeros terrenos a la familia Goñi al otro lado del río, (y en 1980 tras sucesivas ampliaciones se le comprarían 13.000 m2 más) construyéndose en 1962 el primer puente que comunica las dos orillas del río. En 2006 se renovaban parte de las viejas instalaciones y en 2011 se derribaba la escalera que unía el edificio principal con el parque de la Media Luna. Acompañan  a este párrafo fotos de «Club» (así le llamábamos habitualmente, los que lo frecuentamos en algún momento de nuestra vida) los años 30, 60 y 70.La historia del Larraina, sociedad deportivo recreativa,  comienza en 1931 con las primeras conversaciones de un grupo de pamploneses (Iturbe, Lizasoain, Sancena, Ilundain, Berraondo, Lampreave, Andia y San Julian) capitaneados por Nicanor Mendiluce verdadero  alma mater del proyecto que se reunen en el Café Iruña para crear un club deportivo y de ocio. Mendiluce, que fue además su primer presidente, quería crear un club exclusivo de hombres, a semejanza de algunos clubes ingleses de finales del XIX y principios el XX.  Entre los objetivos de sus primeros impulsores estaba el construir un campo de deportes y una piscina. Tan importante fue ésta y la natación en el club que muchos asocian al  Larraina con la piscina y muchos pamploneses se referían al club hablando de «la piscina» Larraina.Inicialmente barajaron unos terrenos cercanos al Seminario pero el coste del suelo y la cercanía del vertedero o chirrión municipal les hizo decantarse por un terreno situado en el sitio de Larraina o Trinitarios, cerca de una ermita  que rendía culto a San Roque. Tras la compra de la parcela siguieron reuniéndose, esta vez en el Katiuska, en los bajos del antiguo Olimpia para debatir diferentes aspectos de la obra. El proyecto arquitectónico fue de Joaquín Zarranz y contemplaba la constricción de una piscina, dos frontones, una pista de tenis y un pequeño edificio social en forma de barco, que ha sido su seña de identidad durante muchos años, ampliada posteriormente con gimnasio, vestuarios, pista para bicicletas y otras dotaciones. Construyó el club Rufino Martinicorena, con un presupuesto de 337.000 pesetas, quien había puesto como condición para ejecutar el proyecto que hubiese 300 socios que aportasen 10 pesetas cada uno al mes. El campo de deportes Larraina se constituyó en sociedad deportivo recreativa en 1932 y el 14 de junio de 1933 el proyecto de campo,  se hacía realidad, siendo la pelota, la natación y los saltos de trampolín lo deportes más practicados en el Club. En 1966  se obtuvo la cesión de un terreno colindante para ampliar las instalaciones y en los años 70 se modernizaron las instalaciones. Cuenta con poco más de un millar de socios y hasta el año pasado no se admitían mujeres como socias.

    En 1940 nacía dentro de Acción Católica, con el apoyo del obispo Marcelino Olaechea la Sociedad Deportiva Oberena.  ¿Cómo empezó aquella sociedad?. En el inicio de Oberena tuvo bastante que ver, al parecer, el sacerdote Santo Beguiristiain quien tuvo la feliz idea de unir a los jóvenes de Acción Católica, de las diferentes parroquias pamplonesas, para promover entre la juventud el cultivo del deporte y el folclore. Así, el 12 de diciembre de 1940 se reunían en la sede de Acción Católica de la calle Zapatería, 40 representantes parroquiales de las iglesias de San Saturnino, San Nicolás, San Agustín, San Lorenzo y San Francisco Javier quienes acordaron crear un equipo de fútbol cuyo nombre sería Club Deportivo Oberena. También se acordó crear una peña para salir en las fiestas de San Fermín de ese año. En 1946 se compraron más de 3.650 m2 en la zona del Plan Sur para construir las dos  piscinas que entrarían en funcionamiento entre 1954 y 1955 (y cuya foto de inauguración vemos en la fotografía adjunta). La sede social de la Peña Oberena estuvo, sin embargo,  entre 1954 y 1987 en el Frontón Labrit. En el año 1966 el plan sur detenía la expansión del club. No obstante,  se construyó una pista polideportiva y se dotó a las instalaciones de un bar. En 1984 se decidió ampliar las instalaciones, consiguiendo la cesión de 2.500 m2 por parte del Ayuntamiento pero en 1991 sus instalaciones se vieron afectadas por la construcción  de la calle Blas de la Serna en más de 3.000 m2. La compensación municipal fue para el Arzobispado, propietario de los terrenos, quien a su vez se los vendió al club en 1996. La sociedad cuenta, actualmente, con unos 6.000 socios.

    En agosto de 1946 nacía el Club Deportivo Anaitasuna, de la fusión de dos equipos de fútbol, el Hércules y el Club Academia Mosquera, siendo su primer presidente Antonio Mosquera, que ocupó el cargo desde 1949 a 1956, al que siguió Santiago Hermida, Antonio Aramendia, Jose María Flores, etc. Las primeras reuniones se celebraron en la calle Paulino Caballero aunque enseguida se pasaron al actual bar Anaitasuna de la calle San Gregorio. En 1949 se creaba la peña sanferminera que salía por primera vez a las fiestas. En 1952 el club deportivo y la peña crearon la actual Sociedad Deportivo Recreativa. En 1965 un grupo de socios adquirió el terreno para construir las instalaciones deportivas, poniéndose la primera piedra el 29 de noviembre de 1968, momento que recoge la fotografía de la izquierda, inaugurándose la piscina en 1970 y el actual pabellón el 20 de junio de 1970, momento que recoge también la fotografía, en este caso de la derecha. Las sociedades deportivas de Pamplona se fueron convirtiendo, con el paso del tiempo y sobre todo desde los años 70, en clubes de servicios y fueron ampliando sus instalaciones. Así lo hizo también  la Sociedad Anaitasuna que modernizó sus instalaciones a lo largo de las siguientes décadas. A primeros del siglo XXI compró el bar Montón de la calle San Francisco para alojar la Peña. Cuenta  actualmente con algo más de 8.000 socios.El 7 de agosto de 1952 ciento cincuenta vecinos del barrio de la Chantrea fundaban la Unión Deportivo Cultural Chantrea. Se instaló en terrenos cedidos por el Patronato Francisco Franco y contaba, inicialmente, con un frontón, un campo de fútbol y una piscina. La sociedad nacía dos años después del nacimiento del barrio, con un objetivo de promoción de la educación física, dentro de la política e ideario falangista propia del régimen franquista,  tal y como se decía en su momento en algún periódico de la época: “Estas instalaciones, además de servir de solaz para los beneficiarios de estas viviendas, serán el mejor medio para que sus hijos adquieran una perfecta educación física y se fortalezcan con una vida sana y deportiva”. En el año 2009 la sociedad pasó a denominarse UDC Txantrea KKE. Cuenta actualmente con cerca de 5.000 socios. La foto de la izquierda muestra la entrada al club en su 50ª aniversario, en el año 2002. Por otra parte, el 1 de agosto de 1962 se fundaba la Agrupación Deportiva San Juan, sin embargo su origen se remonta un año antes, con la creación de un centro social de vecinos. Fue impulsada por un grupo de vecinos de las llamadas Casas de Eguaras y se instaló al principio en el antiguo centro social San Vicente de Paul para adquirir luego los terrenos donde se ubicaría definitivamente en el extremo noroeste del barrio. La primera piedra se puso el 12 de octubre de 1965. El primer acto de la Agrupación fue un partido de fútbol entre el Eguaras y veteranos de Osasuna. La Agrupación pasó por momentos difíciles durante la década de los 70,  con obras como la de la Variante, y siguió un proceso similar al resto de clubes:  ampliación, modernización y expansión de los servicios. Cuenta con más de 10.000 socios.

    La Ciudad Deportiva Amaya nació en 1965, impulsada, un año antes, por Fernando Millor, socio de la peña Beti Gazte y por Joaquín Reta de la Peña Irrintzi, que fue su primer presidente. En el proyecto inicial contemplaban dos piscinas, una de ellas olímpica, un campo de fútbol, cña asa social, una pista de tenis, una de baile, una pista polideportiva y un parque infantil para unos 1.500-2.000 socios. Para los terrenos se pensó en un finca de 41.000 m2 propiedad del Colegio La Salle en el término de Beloso Bajo que compraron el 3 de junio de 1965. Las primeras gestiones las llevaron a cabo representantes de Beti Gazte e Irrintzi pero pretendían que se integrasen las 15 sociedades recreativas de Pamplona: a saber, Irrintzi, Iruña, Bullicio Pamplonés, Aldapa, Beti Onak, Muthiko Alaiak, La Jarana, Lagun Billera, Alegría de Iruña, Pamplona Club Deportivo, La Única, Los de Bronce, San Antonio, la Asociación de Cazadores y Pescadores y Anaitasuna. Se pretendía que cada sociedad estuviese al frente de una especialidad deportiva. El 11 de septiembre se colocaba la primera piedra de la Ciudad. En Noviembre se le daba el nombre de Amaya aunque previamente  se barajaron otros nombres: Ibaiondo, Denak bat, Iruñabe, Beti Gora, Ibai Eder, Ibar Jai, Josta toki, Toki Eder, Gure leku, Aixkolegi y Carlos III. En 1966 se inauguraba la piscina olímpica y en 1968, fecha en que esta datada la foto postal de la derecha, el estadio de fútbol que sería campo del Iruña y del Pamplona. Las instalaciones sufrirían a lo largo de su historia diferentes inundaciones que provocaron en algunas ocasiones importantes daños. En 1969 se inauguraba el salón social, que vemos en la foto de la izquierda de los años 70. En este salón tendría un gran protagonismo una orquesta, formada tras la inauguración de la Ciudad Deportiva y que sería su orquesta titular, tal y  como del Natación lo fue la Nueva Etapa. Me estoy refiriendo a Los Clan. Durante los años 70 el salón social fue una enorme pista de baile que acogía verbenas todos los fines de semana y festivos del año. Especial relevancia tuvieron las verbenas sanfermineras con estrellas nacionales e internacionales: Albano, Micky, los Bravos, etc. En los años siguientes el Amaya inauguraría nuevas dotaciones y experimentaría sucesivas ampliaciones, hasta prácticamente el día de hoy. Cuenta  actualmente con cerca de 9.000 socios.

    En 1967 se inauguraba el centro deportivo militar General Mola. Un decreto del 21 de mayo de 1964 ponía punto y final a la plaza fuerte militar que era el centro de Pamplona, y de la que hablaré con amplitud en una próxima entrada. Los terrenos militares pasaban a ser propiedad del Ayuntamiento. En la entrada dedicada al primer ensanche ya hablaba del Estadio General Mola, donde están ahora  las casas de los militares, el centro deportivo militar estaba ubicado hasta 1964 en los fosos de la Ciudadela, de hecho  hace cinco años se derribó el frontón de los fosos, vestigio  de aquellas instalaciones. Pues bien, desaparecidos los militares del centro urbano, se construía, en esos años, este club exclusivo para militares y sus familias que es conocido popularmente como las piscinas de los militares, de las cuales vemos dos fotografías. En mayo de 2010 cambiaba su nombre por la actual denominación de Sociedad Deportiva Ciudadela o más propiamente dicho Centro Deportivo Socio Cultural Militar La Ciudadela. No se conoce el número de socios.

    Aunque ya me he referido brevemente a ella al hablar de mi barrio, en algunas entradas del blog, vuelvo a hacerlo en esta. Voy a hablar de la Unión Deportivo Cultural Rochapea. La sociedad se fundó gracias a la iniciativa de la Caja Municipal de Pamplona que junto a los equipos de fútbol Gaztedi y Gure Txokoa hicieron posible el proyecto. En un principio se construyeron dos piscinas, el edificio social y un campo de fútbol, inaugurándola D. Jesús Moreno, su primer presidente,  en 1971. Junto a este párrafo adjunto dos fotos de las primitivas instalaciones, la primera piscina inaugurada junto al edificio social que yo recuerdo haber visto como se construía y la entrada al antiguo edificio social. En 1995 creció incorporando una piscina cubierta y unas pistas de tenis. En el año 2008 se hizo una ampliación de terrenos incorporando un polideportivo cubierto, un spa, unas pistas de squash y de padel, un gimnasio, asadores y un nuevo bar social. Una de las iniciativas más famosas y longevas de la Sociedad es el concurso de paellas que ha superado su 45 edición, pues comenzó igualmente al filo de la década de los 70. La Unión Deportivo Cultural Rochapea es una sociedad pequeña, de barrio y tiene actualmente algo más de 3.000 socios.

    La Sociedad Deportiva Cultural Echavacoiz surgió, por su parte,  como iniciativa de un grupo de jóvenes del barrio, impulsada por Elina Sacristán y Pablo Cristobal, en el Club Udaberri, en 1973. Desaparecido éste, en 1975 se iniciaron las gestiones para crear la nueva sociedad que en 1976 inauguraba sus instalaciones, que también vemos en fotografía adjunta. Tiene casi 4.000 socios. A pesar de ser verdaderas ciudades deportivas con magnificas instalaciones no he incluido en esta entrada las instalaciones deportivas municipales o dependientes del Gobierno de Navarra como son el Complejo Deportivo Aranzadi, la Ciudad Deportiva San Jorge, el Centro Recreativo Guelbenzu, Larrabide, Aquavox, Aquabide, etc.

    Fotos: Archivos Club Natación, Oberena, Anaitasuna, UDC Txantrea

    Maestros, escuelas, cantinas y colonias en el Viejo Pamplona (1904-1977)

    Prosigo la radiografía de la ciudad de Pamplona del pasado siglo y en esta ocasión y aprovechando la reciente publicación de la biografía de María Ana Sanz me detengo en la enseñanza para dar unas pinceladas de aquellas escuelas del Viejo Pamplona.  Empezaré, partiendo, como hiciera con el capítulo de la sanidad, de mis recuerdos personales para posteriormente realizar un breve repaso histórico de algunas escuelas y otras instituciones asistenciales-educativas entre los años 1904 y 1977. Comencé a ir a  las escuelas del Ave María a los cuatro años,  en septiembre de 1968. Recuerdo que el primer día de colegio solía ser bastante traumático para muchos pequeños, pues era el primer día que se abandonaba el cálido y confortable refugio del hogar pero yo no tengo un recuerdo especialmente duro de aquel día, no recuerdo lloros, eso sí,  siempre me recordaron mis padres, a lo largo de los años, mientras vivieron, una graciosa anécdota: en la primera hora de aquel primer día y en un descuido de la señorita, así las llamábamos entonces a las maestras, aprovechando una inesperada visita en el aula, me levanté del pupitre y me escapé de clase sin que nadie se percatase, presentándome  en casa, que estaba apenas a cincuenta metros de la escuela. Tan pronto como abrió la puerta mi madre   y después de una tremenda regañina me cogió de la mano y me volvió a llevar a la clase de la señorita Ramonita que a la sazón era aquel año la encargada de la clase de párvulos. En aquella clase que lindaba con la de D. Emilio Loitegui nos enseñaron las primeras letras, a leer y escribir. En 1º curso de Primaria, con Conchita Zaldo, comenzamos con los dictados, -la maestra, a veces, escribía el dictado en aquellas largas pizarras negras que cubrían todo el ancho de la clase-, las primeras lecturas, empezaban también a familiarizarnos con las primeras nociones de geografía y  las nociones más básicas de las matemáticas, las tablas de sumar y restar, más adelante vendrían las de multiplicar y dividir.

    De aquellos primeros años recuerdo a D. Emilio Loitegui, en 2º de Primaria, amante de los métodos de la vieja escuela. Por aquel entonces abundaban los castigos físicos  como las tortas en la cara, el palmetazo con la regla de madera en la punta de los dedos, o colocar de rodillas o contra la pared durante largo rato al infractor y es que se decía entonces que «la letra con sangre entra». Quien, en aquellos años no fue obligado en alguna ocasión a escribir durante el recreo decenas de veces, «no volveré a hablar en clase», por ejemplo. De aquellos primeros años, recuerdo que al menos en 3º de primaria, en la escuela de las chicas, con la entonces ya anciana, Isabel Ancil, la clase era mixta, si bien las chicas ocupaban una tercera parte del espacio y estaban todas juntas y separadas de los chicos. Esta separación se mantendría que yo recuerde hasta BUP. Muchos son los recuerdos que guardo de aquella primera época de mi infancia en las escuelas del Ave María, por las cuales pasaron, como yo,  muchas generaciones de pamploneses. Me acuerdo de aquel edificio alargado de planta baja que estaba pegado  a las dependencias de la iglesia, con el salón de actos, al fondo,  y cuya apariencia era en septiembre de 1968 muy similar a la que tenía 18 años atrás, como se ve  en la foto de 1950, de J. Cia y un poco menos parecido que el de  52 años atrás,  de 1916, pues entonces tenía algunas aulas menos, justamente la mitad; Me acuerdo de sus largas y brillantes rampas de entrada, como la que se ve en la primera foto por la que nos deslizábamos, desgastando alguno de aquellos pantalones cortos que vestíamos entonces; del sonido del timbre de entrada y salida a clase o al recreo; de los grandes ventanales de unas enormes clases en los que estábamos unos 40 chavales  y que eran calentadas por una estufa de carbón y leña situada en una esquina de la estancia. El último año que permanecí en estas escuelas, antes de pasar a la Carbonilla fue  4º de primaria en  1972-73 con Don Germán Tabar, de profesor, que sería director de la escuela tras D. Daniel Pascual.

    Tras estas notas personales daré algunas pinceladas históricas de estas célebres escuelas. Inauguradas en abril de 1916, fueron dirigidas hasta su fallecimiento por el párroco de San Lorenzo D. Marcelo Celayeta, según el método empleado por Andres Manjón en el Albaicin de Granada para las clases más desfavorecidas (1898). Celayeta tuvo conocimiento de  estas escuelas del Ave Maria y del método de Manjón a través de un amigo de Aoiz, Vicente Diaz. Celayeta  visitó a Manjón y entusiasmado envió luego a Granada a los maestros Gervasio Villanueva y María Marillarena. La Rochapea carecía de escuela entonces, solo había una privada a cargo de una maestra en Errotazar, que precisamente era Maria, y el barrio estaba habitado por hortelanos, ferroviarios y otros oficios surgidos a orillas del Arga. Construida por el arquitecto Angel Goicoechea, la primera piedra de las escuelas se colocó el 21 de marzo de 1915 y se inauguraron el 2 de abril de 1916, junto a la iglesia. Estuvo financiada por aportaciones de particulares. Aparte de su función social, lo más destacable de estas escuelas era el método educativo que empleaba: un método centrado en el alumno en el que se aprendía a través del juego y el canto, una escuela al aire libre, en el que solo el mal tiempo hacía que las clases se dieran en las aulas; (en mis tiempos, en 3º de primaria, con Isabel Ancil (1971-72),  aun se daba  alguna que otra clase al aire libre). Era aquella una escuela activa en la que se escenificaban no solo los contenidos sino también las ideas abstractas. Hasta poco antes de su desaparición (del derribo del edificio de la vieja escuela), se podían observar en el suelo del patio, mapas hechos con ladrillos de colores, círculos, triángulos y pirámides para las clases de geometría y en las paredes exteriores, una larga pizarra negra, mapas y arboles genealógicos para el aprendizaje de la historia y carteles y silabarios para la lectura. En las fotos que encabezan la entrada y estos primeros párrafos, todas ellas de Roldán pueden contemplarse algunas imagenes de la escuela de aquellos primeros años, con las pizarras,  mapas, silabarios y arboles genealógicos mencionados. En las fotos posteriores de J. Cia se ven los edificios de las escuelas de los chicos y de las chicas en los años 50.

    La música ocupaba también un papel importante en la actividad educativa del Ave María, contando desde sus inicios con un profesor de música, D. Gregorio Alegría. Pronto se  crearía la Banda de las Escuelas del Ave María. Se dice que Celayeta compró los instrumentos a una banda militar de Milán que se había disuelto en 1920. Pero no solo la música era importante en la actividad educativa. Junto a la música cabría recordar las funciones de teatro y las proyecciones de cine que se alternaban los domingos en la programación del salón de actos. Daban clase esos años en estas escuelas Fortunato Pérez, Luis Arbizu, Asunción Cano, Gabriel Larequi, Dolores Zuasti, Rosario Echague, María Yoldi, Soledad Garaicoechea y el conocido Gurmensindo Bravo (quien no se acuerda de aquellas veladas matinales suyas antes del encierro en los Sanfermines). Fallecido Celayeta, a partir de 1932 le sustituyó en la dirección Marcelo Larrainzar, sobrino de aquel. En 1935 la escuelas contaban ya con 11 aulas, 5 de niños y 5 de niñas y una mixta, la del párvulos, al frente de las cuales había 11 maestros más el maestro de música y la de corte y confección para las niñas. Las escuelas estaban dirigidas por un patronato del que formaba parte también el Ayuntamiento, junto a la administración educativa, el arzobispado y la parroquia. En 1957 se transformó en dos escuelas graduadas, una de niños y otra de niñas, con cuatro grados, de 1º a 4º de primaria más párvulos con tres secciones. En 1966 se convirtieron las escuelas en un centro público al crear la Escuela Graduada del Ave María con dirección y 11 unidades, cuatro de chicos y cuatro de chicas (las chicas estaban, como he comentado,  en un edificio aparte) cerca de la actual calle Carriquiri. Posteriormente, en 1977, se derribó el viejo e histórico edificio de las escuelas de los chicos, la de las chicas aun resistiría una década larga más, desapareciendo como tal el colegio en el año 2010, tras el traslado de su alumnado al Colegio Publico Rochapea en el Paseo de los Enamorados.

    En aquel tiempo junto a las escuelas del Ave-María recuerdo en mi barrio otras escuelas como las de la Carbonilla, construida en los años 30, en plena República, en los terrenos que ocupara anteriormente la carpintería Artola, cerca del cruce de Bernardino Tirapu y Marcelo Celayeta y que vemos en la fotografía de los años 50 de J. Cia. Pretendían ser unas escuelas laicas frente a las religiosas del Ave María. Ahí estuve durante  el curso 1973-74, haciendo  5º de primaria con Don Gabino, que a su vez era hermano de Don Joaquín, maestro del Ave María. Recuerdo que ese  fue el primer año en que tuvimos las primeras  maestras en prácticas, jóvenes inexpertas que se tenían que enfrentar a un alborotado y alborotador publico infantil; también recuerdo la escuela de Lavaderos, junto al Camino de los Enamorados (creo que era de primaria), el colegio de las Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión junto al cruce de Bernardino Tirapu y el camino de los Enamorados (femenino, regentado por religiosas y con un amplio ciclo educativo, de primaria hasta bachillerato), las Mercedarias de la Caridad de Joaquín Beunza (de párvulos y primaria), los Capuchinos de la Avenida de Villava (de primaria y secundaria, entonces llamada EGB), el Redin en el Vergel y el colegio Cardenal Ilundain, donde cursé entre 1974 y 1977, 6º, 7º y 8º de EGB. De aquel colegio recuerdo nombres de profesores como Jose María Gracia (en 6º),  Javier Donezar (en 7º), Navallas (en 8º), Doña Socorro, etc. Sería prolijo recordar  colegios de otros barrios aunque sin ánimo de exhaustividad podría citar, sin temor a equivocarme, os siguientes: en la Chantrea Federico Mayo, Mariana Sanz o los privados, algunos de ellos religiosos,  Esclavas del Sagrado Corazón en la Avenida de Villava, Colegio de María Auxiliadora, junto a la parroquia de San José o las Jesuitinas en un extremo del barrio, y junto a estas el Irabia, sin olvidar las escuelas municipales de la Magdalena, en la calle del mismo nombre;  en San Jorge recuerdo que había unas escuelas donde está actualmente un centro de Tasubinsa, cerca del río. En la Milagrosa recuerdo que estaban el colegio de Santa Catalina, Victor Pradera (inaugurado en 1952  que vemos en sendas fotos de Cía junto a este párrafo) y José Vila. De San Juan, he visto fotos de escuelas antiguas de los años 20 o 30, que reproduzco más adelante, aunque no logro ubicarlas, y  recuerdo también el colegio religioso de Nuestra Señora del Huerto (fundado en diciembre de 1951 por las religiosas argentinas Hijas de María Santísima del Huerto), el José María Huarte, casi enfrente del Instituto Ermitagaña o el Cardenal Larraona (1970) de la avenida Pio XII. De los colegios del centro de Pamplona (Casco y Ensanche) hablaré más adelante.

    Cuando estaba en la escuelas del Ave María todavía se oía hablar de las cantinas escolares, aunque como tal, con la filosofía que nacieron en su momento, hacía años que habían desaparecido, siendo sustituidas  por los comedores escolares, aunque igualmente las llamásemos cantinas.  Las cantinas escolares fueron un tipo de institución benéfica financiada por el Ayuntamiento,  Diputación y particulares  que nació  a principios del siglo XX, concretamente  en las escuelas de San Francisco el 14 de marzo de 1908 extendiéndose luego  a otras escuelas y que tenía como objetivo paliar el hambre en los niños, proporcionando alimentos gratuitos a los niños necesitados a lo largo del curso escolar. Fue pionera en España siendo solo precedida por las de Madrid, León y San Sebastián. La principal promotora de esta iniciativa fue María Ana Sanz, directora de la Escuela Normal de Maestras, de la que he hablado en la anterior entrada. La comida de las cantinas consistía en un primer plato en el que se alternaban a lo largo de la semana legumbres, arroz y sopa y, de segundo, tocino, bacalao o patatas guisadas con carne. El número de niños asistidos que fue de 124 el primer año pasó  a 240 el segundo, llegando un momento en que no se podían cubrir todas las necesidades. Por ello,  la Junta Provincial de Instrucción impulsó, posteriormente,  la creación de una segunda cantina en las escuelas de la calle Compañía, teniendo que regular, además, las condiciones de admisión de los niños ya que había más demanda que oferta. Tenían preferencia para asistir a las cantinas los huérfanos,  hijos de viud@s sin recursos, o de matrimonios obreros de escaso jornal aunque también se tenía en cuenta la disposición del alumno: puntualidad, aplicación y buen comportamiento. En 1925 el coste de sostenimiento de ambas cantinas: la de San Francisco y Compañía ascendía a 10.000 pesetas y los ingresos no alcanzaban a cubrir los gastos, siendo necesaria la movilización de personas, colectivos e instituciones: becerradas por parte de las peñas, fiestas literarias por parte de antiguas alumnas de la Normal, rifas por parte de los niños, etc, actividades que se mantendrían durante largo tiempo. En las fotos que acompañan a este párrafo, vemos en la la 1ª,  la cantina del Asilo de la Sagrada Familia en la calle Dormitalería (durante los primeros años 50) y en la 2ª, de Galle, y publicada en los libros de Arazuri, «Pamplona, calles y barrios», se anuncia la rifa del cuto, en las inmediaciones del Mercado de Santo Domingo,   rifa que vemos también en otra foto de las escuelas de San Francisco de 1958.

    En 1954 se establecía el Servicio Escolar de Alimentación con el fin principal de establecer el complemento alimenticio en los centros escolares, además de impulsar los comedores escolares. Dicho complemento consistía en leche, mantequilla y queso, estos últimos de forma alterna. La cantidad diaria de leche por niño era de 250 cl. Se instauró experimentalmente en las escuelas de Víctor Pradera extendiéndose en marzo de 1955 al resto. En 1956 casi 40.000 niños se beneficiaban de este complemento. La mejora de las condiciones de vida de España hizo que estos complementos alimenticios desaparecieran pero imagino, no obstante, que aquella práctica de darnos un botellín de leche después de comer en las escuelas del Ave María fue un residuo de aquella  política asistencial del régimen. Como he comentado las cantinas que nacieron con una finalidad asistencial fueron evolucionando a lo largo del tiempo y respondiendo más a necesidades educativas o familiares que a otra cosa. Un servicio escolar que no llegué a conocer pero que existió desde los años 20 a los años 60 fue el ropero escolar, institución benéfica creada en las escuelas de primaria para facilitar ropa y calzado a los niños necesitados, especialmente en invierno. El primero se creo en 1925 por iniciativa también de María Ana Sanz. En la década de los años 50 había 72 roperos en centros públicos, de los cuales veremos en una fotografía posterior el de San Francisco y 25 privados. En 1960 descendieron a 56 los roperos escolares desapareciendo prácticamente a lo largo de esa década. Estos servicios se nutrieron en las primeras décadas del siglo por las llamadas mutualidades escolares, desapareciendo también casi por completo en los años 60.

    También en aquellos años del Ave María oía hablar de las colonias, las colonias escolares de verano, aunque yo nunca estuve en ninguna, pues pasaba todos los veranos con los abuelos en su casa del pueblo. Las colonias escolares formaban parte de la obra social de Caja de Ahorros de Navarra. La colonia San Miguel Excelsis de Zudaire, abierta durante 4 meses al año,  empezó a funcionar en 1934 y estaba enclavada en la vertiente sur de la sierra de Urbasa. La colonia Blanca de Navarra de Fuenterrabía, estaba situada junto al mar, comenzó a funcionar en 1935 y permanecía abierta durante 5 meses al año. Entre  1934 y 1989 habían pasado por las colonias escolares de verano más de 60.000 niños navarros, de entre 8 y 13 años, a razón de entre 1.500 y 2.200 niños por año, 250 cada 25 días en sucesivas tandas, de junio a septiembre. Los niños debían tener residencia en Navarra y ser de «humilde condición», es decir que careciesen de medios económicos para sufragarse unas reparadoras vacaciones veraniegas. Hacían excursiones, ejercicios gimnásticos, tomaban baños de mar en la playa o de agua dulce en la piscina, juegos, actividades infantiles, unido todo ello a una alimentación sana y abundante que les hacía ganar peso. Las colonias contaban con asistencia médica, maestras nacionales, capellán, etc. De ambas colonias dejo algunas fotografías, la de blanco y negro de los años 40 y las de color de los años 60. Hubo una tercera colonia asumida por la Caja entre 1961 y 1971 que tenía su sede en Biurrun-Olcoz, era la colonia escolar «Fundación Ondarra», ubicado sobre el antiguo sanatorio tuberculoso infantil construido en 1944.

    Había  a primeros de siglo en el Casco Antiguo de Pamplona varios establecimientos municipales de  primaria repartidos por diferentes casas y calles, establecimientos que desaparecerían, en su mayor parte, cuando se terminó de construir  en 1905, el magnífico edificio de tres plantas de las Escuelas de San Francisco, con 17 aulas graduadas donde se agrupaban a los niños por edades y conocimientos similares. En estas escuelas, como hemos visto, se instituyó la primera cantina así como también el primer ropero escolar. También tenía su sede aquí el Servicio Medico Escolar como recordaba en la entrada de los galenos y boticas. Las escuelas tuvieron otros muchos usos además de los educativos a lo largo de su historia: sede de los danzaris, escuela de cantores, de artes y oficios,  exhibición de películas, sede del gabinete de censura de películas, talla de quintos, belenistas, censo electoral, asociación fotográfica, boy scouts, La Pamplonesa, examenes de conducir, euskera para adultos. A finales de los 70 tenía más de 800 alumnos reduciéndose a poco más de un centenar en los años siguientes. Hoy agrupa a más de 400 alumnos. En San Francisco también estaban, además, las Escuelas Anejas de las Escuelas de magisterio para la formación práctica y orientación de los nuevos maestros y maestras.

    Estaban también en el centro de Pamplona los colegios privados, religiosos, de las Madres Dominicas (internado de primera enseñanza de la calle Jarauta) y  Ursulinas (1889) de la calle Sandoval, ambas para la instrucción de las niñas; de los Padres Escolapios (1892) situado en la casa del Paseo de Valencia que albergó anteriormente la Fonda Europa, con chicos de primera y segunda enseñanza, preparación para el Comercio y escuela gratuita de niños que en 1932 se trasladarían a la calle Olite, junto a la plaza de toros; los Hermanos Maristas, también en Sarasate, aunque antes estuvieron en Navarrería y Eslava que pasaran luego a Yanguas y Miranda (1908) y Navas de Tolosa (1916) (con internado de primera y segunda enseñanza y preparación para el Comercio) antes de pasar en 1952 a la avenida de Galicia;  o el colegio privado de los Hermanos Huarte fundado en 1847 en el nº 96 de la calle Mayor, con gran prestigio (el más antiguo y acreditado de la ciudad) e importante asistencia de alumnos de primera y segunda enseñanza. En los años 20, tenemos además las Teresianas de la calle Mayor (primera enseñanza e internado), las concepcionistas de Navas de Tolosa (párvulos), las Hijas de la Caridad de Dormitalería (párvulos de la Sagrada Familia en La Casita) y de Recoletas (párvulos del Asilo del Niño Jesús), Las Hijas de María Inmaculada del Servicio Domestico (en Tejería hasta pasar en 1927 a su edificio situado entre Amaya y Roncesvalles) o las Escuelas del Ave María (gratuitas de párvulos y primera enseñanza), a las que me he referido anteriormente.

    En 1925 había dos grandes grupos escolares públicos en el centro de Pamplona: el de la plaza de San Francisco y el de Compañía, con escuelas de párvulos y de niños y de niñas. Había escuelas nocturnas de adultos en estos dos grupos escolares y en el del Ave María. Asistían a las escuelas públicas de Pamplona en estos años unos 2.077 alumnos de los cuales 797 eran niños y 1.280 niñas y párvulos. Aparecían dados de alta como colegios de enseñanza privados en estos años, aunque imagino que tenía más de academia que de colegio , los de Ezequiel Armendariz en Zapatería, Hermanas Ezquerro  y Romualdo Pejenaute en Estafeta y Concepción Oquendo en Rochapea. A partir de 1927 se inauguran las Escuelas Profesionales Salesianas de María Auxiliadora en la calle Aralar, gracias al apoyo de la familia Arostegui, con alumnos internos, externos y mediopensionistas. Enseñaban cerrajería artística, mecánica, carpintería, ebanistería, sastrería y zapatería. El 8 de enero de 1928 se inauguró en el barrio de la Magdalena el grupo escolar municipal a cargo de Maria del Camino Ijurra, que vemos en la fotografía adjunta previendose otra escuela municipal en el barrio del Mochuelo y posteriormente otra en San Juan (foto del párrafo anterior). En estos años se habilita una escuela especial para sirvientes y obreros en el convento de las Adoratrices y otra escuela nocturna en el colegio de la Ursulinas. La Asociación cultural «Los amigos del euskera» solicitaban al Ayuntamiento un local para establecer una escuela de lengua vasca. A lo largo de las siguientes décadas se instalaron otros centros religiosos como el del Santo Angel, en la calle  Media Luna, los Jesuitas (1946) primero en la calle Mayor, luego Arrieta, Media Luna hasta su actual sede en Bergamin desde 1951, Carmelitas de la Enseñanza en la calle San Fermín,  Carmelitas de la Caridad en Padre Calatayud, Padres Paules y Misioneras del Sagrado Corazón en La Milagrosa, etc.

    Fotos por orden de aparición: Escuelas del Ave María. Foto Roldán e Hijo. Años 20. AMP. Escuelas del Ave María. Foto Roldán. Años 20. AMP. Escuelas del Ave María. Archivo Arazuri. AMP. Escuelas del Ave María. Foto Roldán. Años 20. AMP. Escuelas de los chicos del Ave María. 1950. J. Cia. AMP. Escuelas de las chicas del Ave María. Años 50. J. Cia. AMP. Escuela de la Carbonilla. 1950. J. Cia. AMP. Grupo Victor Pradera. 1952. J. Cia. AMP. Cantina escolar. Asilo de la Sagrada Familia. Años 50. Rifo del cuto para las cantinas escoalres. Foto Galle. Rifa del cuto. Escuelas de San Francisco. 1958. Escuelas de la Magdalena. Foto j. Cia. 1950. AMP. Escuela en el barrio de San Juan. J. Cia. 1950. AMP

    Biografías: Maria Ana Sanz (1869-1936)

    Abro una nueva sección en el blog. Se trata de una sección de biografías en la que  intentaré recuperar  perfiles o semblanzas de personajes que protagonizaron la vida o la historia del Viejo Pamplona, en el último siglo y medio de nuestra ciudad; personajes, algunos de los cuales  están hoy casi olvidados o no son suficientemente reconocidos. Comienzo con una mujer adelantada a su tiempo pionera en la educación y la asistencia social, de la que apenas queda tan solo  su nombre como recuerdo en la denominación de un colegio público en la Chantrea. Me estoy refiriendo a María Ana Sanz Huarte. María Ana nació el 29 de abril de 1869 en Irañeta, valle de Arakil, falleciendo el 25 de Mayo de 1936 en Pamplona, a los 68 años de edad. Hija, quinta de siete hermanos,  del pintor y profesor de la Escuela Municipal de Dibujo de Pamplona, Mariano Sanz Tarazona y de Mercedes Huarte, cofundadora, junto a sus hermanos Francisco y José María del prestigioso Colegio Huarte de la calle Mayor. Por parte materna es clara  su ascendencia e influencia liberal: nieta de Juan Bautista de Huarte que lucho junto a Javier Mina, El Estudiante y luego con Francisco Espoz y Mina en la Guerra de la Independencia y de Josefa Callis. Estudió en el colegio de su madre de la que fue también profesora. Cursó estudios en los grados elemental, superior y normal de Magisterio con magníficas calificaciones. En Zaragoza y Madrid entró en contacto con movimientos renovadores en la educación como la Institución Libre de Enseñanza. En 1890, con 22 años, contrajo matrimonio con Teodoro Navaz, técnico de obras del Ayuntamiento de Pamplona, amante de la música y vinculado al Orfeón. En estos años se centra sobre todo en la familia, dando  a luz a sus primeros cinco hijos al tiempo que va preparando   sus oposiciones para profesora de la Normal. En 1901 fue nombrada profesora numeraria de la Sección de Letras de la Escuela Normal de Pamplona. En los primeros años del siglo compagina su vida laboral y familiar, dando a luz a sus otras cinco hijas. En 1906 se convierte en Directora de la Escuela Normal de Maestras y comienza a introducir cambios en consonancia con su formación liberal en métodos y asignaturas, cargo que mantendrá hasta poco después de la proclamación de la 2ª República, convirtiendo la Escuela Normal de Elemental en Superior y, además, en un centro innovador y promotor de la actividad cultural de Pamplona, con la celebración de diferentes conferencias y congresos. Llegó a promover la creación de una cátedra de euskera en la Escuela de Magisterio.

    A partir de este momento comenzó a promover un buen número de proyectos educativos y asistenciales o benéficas como las famosas Cantinas Escolares (1908), las Colonias Escolares de Verano (1913), la Escuela Hogar para Mujeres Obreras (1920) de la que será presidenta honoraria, la escuela de Verano (1909-1931) y el Ropero Escolar (1925). Participó también, como vocal,  en el primer Tribunal del Menor (1924), preocupándose de la rehabilitación de los jóvenes con problemas. En 1931 fue confirmada en su puesto por las nuevas autoridades de la República pero al fusionarse las dos escuelas de magisterio cesó en la dirección que recaerá en Mariano Saez Morilla, si bien en 1934 fue nombrada subdirectora e la Escuela. Queda viuda en 1932. Miembro del Consejo Provincial de Primera Enseñanza, profesora de Pedagogía, miembro del Patronato de Honor del Ateneo Navarro desde su fundación en 1932 -junto con Arturo Campión- conferenciante y articulista, preside con cierta frecuencia tribunales de oposición y certámenes literarios. María Ana fue una lectora infatigable,  una incansable viajera a pesar de la limitación de los medios de la época;  Admiradora de Concepción Arenal, prestará a lo largo de su vida especial atención a los débiles y marginados y seguirá impulsando y manteniendo también  a lo largo de su vida aquellas obras asistenciales de apoyo al menor que promoviera en el primer tercio del siglo.   Murió como quien dice, al pie del cañón, unas pocas semanas antes del estallido de la guerra civil , pues  estuvo dando clase hasta unos días antes de su muerte y en la semanas anteriores a caer gravemente enferma incluso llegó a impartir diversas conferencias.

    Estampas: Aquellas cartas de antaño…

    Hubo un tiempo en que escribíamos cartas. No había ordenadores personales, ni tablets, ni móviles, ni sms, ni wasap. Sencillamente escribíamos en una hoja pautada o en una postal. La carta se destinaba a temas más largos y de más enjundia mientras que las postales eran mayoritariamente utilizadas para felicitar los cumpleaños. Había todo tipo de postales, aunque abundaban las de ciudades y pueblos (como una del pueblo de mis abuelos que reproduzco líneas más abajo), o como muchas de las postales de Pamplona que he utilizado a lo largo de este blog,  la mayoría en blanco y negro hasta los años 50 y en color desde los años 60 en adelante.  Postales de felicitación de los tíos y abuelos que recibías en tus primeros cumpleaños de vida (como la que reproduzco más adelante de hace nada menos que 41 años) o  postales que remitías a tus familiares que vivían en el pueblo. Te esforzabas por escribir con una letra legible, -para algo tenían que servir los ejercicios de caligrafía de la escuela-, pues era muy importante que los destinatarios, los tíos o los abuelos pudieran  entender todo lo que querías decir. Me acuerdo de aquellas frases hechas como aquellas que empezaban diciendo «Muchas felicidades te desea…que  mucho te quiere» o «Un millón de felicidades te desea en el día de tu cumpleaños…» como decían mi tía y abuela paterna en esa antigua felicitación. Los sobres del correo aéreo eran muy reconocibles pues se distinguían por unas franjas rojas y azules impresas en su contorno. Había sobres para transmitir pésames con el contorno negro y estampas con oraciones por el espíritu del difunto. De ambas reproduzco, en el siguiente párrafo, unas imagenes ilustrativas. Las invitaciones de boda se diferenciaban, por su parte, por su ostentosa apariencia.


    En la Navidad llegaba la felicitación del cartero como la que adjunto junto a este párrafo, para pedir el aguinaldo navideño. Había gente que coleccionaba sellos, -todavía los hay-, aunque la imagen que recordamos tanto en los sellos como en la monedas de aquellos años, -la vimos durante demasiado tiempo-,  era la de Franco. Las cartas llegaban a menudo mucho más tarde de lo deseable lo que hacía que casi siempre mirásemos, al coger la carta,  la fecha del matasellos, para ver cuando había salido del origen. Los buzones del portal, hoy casi huérfanos de cartas manuscritas y casi hasta de facturas, -casi todas  han pasado al formato electrónico-, se convertían a menudo, y ante la falta de teléfono, en esa mágica puerta de entrada de mensajes y noticias de quienes tenías lejos. Eran tiempos en que los niños escribíamos con lápiz, por aquello de borrar si nos equivocábamos, -y claro que lo hacíamos-, y los mayores con bolis, plumas o estilográficas. ¡Cuantas historias se esconden en aquellas cartas de antaño!: cartas de amor, añoranza, separación o ruptura, cartas que anunciaban una feliz noticia, un nacimiento o un trabajo, cartas del hijo que estaba en la mili y escribía a la madre para que le mandara unos chorizos o más dinero o que se carteaba con la novia que había dejado en la capital o en el pueblo. Algunas hasta perfumaban las cartas como si quisieran transmitir parte de su esencia y presencia al  enamorado que estaba lejos. Y tras esta primera parte de recuerdos personales voy a dar unas cuantas pinceladas sobre el correo postal y el servicio de correos en el Viejo Pamplona


    El correo postal es tan antiguo como la escritura y ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la humanidad, adquiriendo mayor rapidez a medida que fueron mejorando los medios de locomoción. A partir del siglo XVIII es cuando el servicio de correos se convierte en responsabilidad del estado en España. En 1756 se creaba el oficio de cartero, y seis años más tarde se instalaban las primeras bocas de buzones. En 1850, que es un año decisivo, se dota el servicio de Correos de una flota propia de transporte y nace el sello como medio de franqueo o pago. En Francia se había adoptado dos años antes. En 1870 se instituía el reparto postal diario. La aparición del automóvil y luego del avión cambiaron las estructuras postales y aceleraron la entrega de la correspondencia. En 1899 se inauguró la primera conducción postal por carretera en Navarra. Entre 1905 y 1916 se establecieron servicios innovadores como la carta urgente (1905), los giros (1911) y los envíos contra reembolso, la Caja Postal y los paquetes postales (1916). En 1908 la Administración Central de Correos estaba en el nº 18 de Paseo de Sarasate, a la altura de donde hoy está el Bankinter. La de Telégrafos estaba en el nº 15,  donde hoy hay una sucursal del Banco de Santander. A partir de 1924 ambos servicios compartirían el nuevo edificio que hoy conocemos en el nº 9 del Paseo. El correo salía, bien por tren a las localidades más lejanas, o en carruaje  a los pueblos de la provincia. Había a principios de siglo 26 estafetas en la provincia y 86 carteros. La recogida de las cartas se hacía tanto en la Administración Principal del Paseo de  Sarasate como en los estancos, a las 12 y a las 19.30, en los estancos de la plaza Consistorial y del Castillo (estanco de la señora Viuda de Rubio) había además una recogida especial a las 3 de la mañana.
     En 1919 se creó el primer servicio aeropostal, -también había vapores correos marítimos-, aunque el tren, como el tren correo que vemos al lado, fue hasta 1993 el sistema más utilizado para el transporte postal. Las obras del nuevo edificio de Correos de Pamplona se iniciaron el 12 de octubre de 1923 en el solar donde estuviese la panadería municipal de El Vinculo, que había sido cedido por el Ayuntamiento al Estado unos años antes, en 1918. Las obras se realizaron bajo dirección del arquitecto Joaquín Plá, con un plazo de ejecución de catorce meses, si bien se tardó algo más de tiempo en amueblarlo e inaugurarse (1926). Encabezan la entrada una foto de la constructora Erroz y San Martín con el edificio recién terminado, además de un detalle de los famosos leones de Correos. Lo construyó, como he dicho la empresa Erroz y San Martín, por un presupuesto de 520.635 pesetas. En el proyecto se decía que el edificio constaría de planta baja y dos pisos y terraza. Las fachadas serían de piedra de sillería y ladrillo y la totalidad de los pisos así como el tejado de cemento armado. Se anunciaba en prensa que la nueva Casa de Correos sería completamente incombustible, pues no tenía ningún trabajo de carpintería. En 1925 se habilitó otro buzón de recogida de cartas en la zona de Cuatro Vientos que yo he conocido durante muchos años. En 1929 el franqueo para el envío provincial de una carta sencilla costaba unos 25 céntimos, cantidad que descendía a 15 céntimos si el envío era local. En 1953, el franqueo de una carta normal costaba 50 céntimos. 
    El cartero vestía de gris claro en verano, con chaqueta-guerrera y pantalón, con raya roja a ambos lados y gorra de plato, y azul marino en invierno, (aunque yo me acuerdo solo del traje gris), la bolsa del cuero al hombro, tal y como vemos en la foto del párrafo anterior.  Era un oficio muy sacrificado tanto por las horas de trabajo como por las caminatas que tenían que hacer. La motorización del servicio con bicicletas o ciclomotores humanizaron un tanto el servicio. Hasta entonces el reparto era domiciliario, y había dos repartos diarios: el primero a las 9 de la mañana y el segundo  a las cuatro y cuarto de la tarde. Incluso había reparto los domingos, a las 10 de la mañana. En algunas zonas los carteros subían a los pisos y entregaban a mano las cartas pero lo habitual era el aviso con un toque  de silbato largo para dar a tiempo a que atendiera el  vecindario y se voceaban los nombres de los destinatarios que bajaban a recoger el envio.  Todo esto cambiaría a principios de los años 60 cuando  se instalaron los buzones domiciliarios.  En 1981 se instituía el famoso código postal así como otros servicios como el Postal Expres. En 1991, el Estado separaba la Caja Postal de las actividades exclusivamente postales de Correos y Telégrafos, para unirla a otras entidades bancarias públicas en la corporación bancaria Argentaria que se privatizaría unos años más tarde, con la fusión con el BBV, en 1999. A partir de este año y hasta hace dos meses Deutsche Bank sería  el socio bancario de la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos. Hoy Correos ya no ofrece servicios bancarios, solo permite el envío de dinero, a través de giros de la Western Union. Según las actuales leyes Correos garantizará la prestación de un servicio postal universal hasta el año 2025. El futuro augura una liberalización total del sector.

    El año en que Pamplona tuvo dos plazas de toros (1921)




    En el año 1921 podíamos contemplar, tal y como vemos en la segunda foto aérea de la izquierda, las dos plazas de toros de Pamplona, la vieja sin derribar todavía y la nueva construyéndose para llegar a tiempo a los siguientes sanfermines, los sanfermines de 1922. Las primeras corridas de toros celebradas en Pamplona lo hicieron siglos atrás en una plaza del Castillo muy distinta a la actual, en la que se montaba para la ocasión un improvisado ruedo con tablones y donde el público observaba el espectáculo taurino desde los balcones de los edificios de la plaza. En 1803, la Casa de Misericordia intentó construir la primera plaza de toros fija pero el proyecto no salió adelante por la negativa del rey Carlos IV. Desde el siglo XIV y hasta 1843, el encierro subía por la Chapitela para desembocar en la plaza del Castillo. Ese año se construía la primera plaza de toros fija, con capacidad para cerca de un millar de personas, al comienzo de la avenida Carlos III, dentro del perímetro de las murallas, pero la estructura de aquella plaza era tan débil que se se tuvo que reconstruir en 1849 finalizándose, tres años más tarde, en 1852. En esos años se utilizó una plaza de toros provisional habilitada en la plaza del Vinculo de la que no existen demasiados datos.

    La nueva plaza que llamaremos para diferenciarla de la actual, Plaza Vieja estaba situada en la parte inicial de la actual avenida Carlos III, aproximadamente a la altura de la calle Cortes de Navarra, detrás del antiguo Teatro Gayarre o Teatro Principal tal y como se puede observar en la primera fotografía que encabeza la entrada, del Ministerio del Aire, que me ha facilitado Javier Azqueta y en las fotos del Archivo Arazuri (la primera de 1909, la segunda de 1921, de Vicente Isturiz). La escasa capacidad de la plaza, su creciente deterioro y las exigencias urbanísticas derivadas de la construcción del Nuevo Ensanche promovieron la necesidad de construir una nueva plaza de toros. La idea de construir una nueva plaza se planteó en agosto de 1920 en el seno de la Casa de Misericordia pero la Meca no tenía dinero suficiente para acometer el proyecto y el Ayuntamiento parecía que no quería correr con los gastos de construcción del nuevo coso taurino. La Meca pidió al Ayuntamiento la cesión gratuita de los terrenos para la nueva plaza y la cesión gratuita de los materiales de la plaza vieja, corriendo el derribo a cuenta de la Casa, y los recursos económicos necesarios a través de un empréstito, mediante la emisión de obligaciones. En efecto el Ayuntamiento cedió poco después, a perpetuidad, 11.443 m2 de terrenos municipales de la explanada de la Media Luna para construir la plaza, reservándose el derecho de recuperar plaza y terrenos si la Casa dejaba de explotarlos y cedió también los materiales de la plaza vieja. En ese momento se creó también la Junta del Patronato de la Casa de Misericordia todavía hoy vigente. La nueva plaza se construiría a escasamente 150 metros de la vieja.

    El presupuesto total de las obras se elevó a 1.270.000 pesetas y se edificó mediante un empréstito de 1.300.000 pesetas en obligaciones al 5% de interés anual, como la que vemos en la foto de la izquierda. Aseguraron la emisión las tres entidades bancarias locales, el Crédito Navarro, La Vasconia y La Agrícola. La amortización de las obligaciones se realizaría en 40 anualidades, a partir de 1924. Las últimas obligaciones se abonarían en 1964. Fueron estas mismas entidades las que, además de avalar, suscribieron parte de las obligaciones quedando el resto en manos de particulares que renunciaron, en muchos casos,  a sus pagares rompiéndolos pues al final, no olvidemos que era, la Meca,  una institución con un marcado fin social, muy apreciada por los pamploneses, no en vano los beneficios que se obtuviesen de la explotación del circo taurino para la celebración de corridas de toros, festivales musicales y atléticos y otros espectáculos públicos  se destinarían íntegramente a las atenciones de la Santa Casa de Misericordia que llevaba más de dos siglos atendiendo a los más desfavorecidos. Así pues, desde 1922 la Casa de Misericordia se encargaría de organizar las corridas de toros y todo lo relacionado con el mundo  del toro a lo largo de los sanfermines: contratación de diestros y ganaderías, encierrillos, encierros, montaje y colocación de los vallados, etc.





    El coso taurino tendría una capacidad para 13.620 espectadores y se  construiría con cemento u hormigón armado y bajo un estilo renacimiento español.  Su cuerpo principal se resuelve con un gran arco de triunfo, con galería superior y crestería de inspiración plateresca y el renacimiento viene del estilo jónico empleado en el cuerpo principal y dórico alrededor del ruedo. Dirigiría las obras el arquitecto Don Francisco Urcola, autor también de la plaza de toros de San Sebastián y de la Monumental de Sevilla, encargándose de la contrata  lo que hoy llamaríamos una UTE formada por Casa Martinicorena y Antonio Mendizabal, de Pamplona y San Sebastián, respectivamente. De las obras de movimiento de tierras se encargaron los contratistas locales Asurmendi y Cia.Se proyectó en un tiempo record, un mes, y se construyó en otro tiempo record, incluso para los tiempos actuales: 14 meses, debiendo estar terminada para el 15 de abril de 1922, si bien se dieron por terminadas algo más tarde, el 9 de junio. Se inauguró el 7 de julio de ese año, con seis toros de la ganadería de los Herederos de Vicente Martínez, por las cuadrillas de Saleri, La Rosa y Marcial Lalanda. En las fiestas taurinas de ese año iban a tomar parte Belmonte, Varelito y Granero, pero el primero estaba fuera de España y los otros dos murieron en lances de su profesión. En las otras cuatro corridas de ese año estaba previsto que participaría también el célebre diestro Sánchez Mejias. Las obras se habían iniciado en febrero de 1921. La polémica sobre si la nueva plaza debía estar construida antes de derribar por completo la vieja terminó el 12 de agosto de 1921 cuando un sospechoso incendio acabó con el antiguo coso, tal y como vemos en una de las fotos de la derecha del párrafo anterior. La plaza debería haber tenido un aforo menor, Urcola preveía 12.240 localidades, con el mínimo de 50 cm por localidad previsto por el reglamento taurino de aquella época pero se redujo a 45 cm para tener una ocupación mayor. Por temor a que fracasará el cemento se combinó éste con grandes cantidades de hierro, tal y como se ha podido observar en obras de reforma posteriores dándole una extraordinaria solidez y consistencia. Junto a este párrafo vemos diversas fotos tanto de la plaza como del encierro, del período 1922-1932.

    La plaza de toros sufrió, tras su construcción, algunas reformas entre las que cabe destacar las siguientes:en 1942 la mayoría de palcos se convirtieron en galería corrida, cerrándose algunos vomitorios y suprimiéndose algunas puertas tanto en grada como en palcos para ganar casi 800 localidades más. Hoy con los aforos y las exigencias actuales de seguridad este hecho habría resultado impensable. En 1952 se suprimió el tabloncillo de todos los tendidos para ganar 558 plazas. En 1966-67 se realizó la gran reforma de ampliación, bajo proyecto de Rafael Moneo, y la colaboración del ingeniero Carlos Fernández Casado, ganando 5.799 plazas quedando el aforo fijado en 19.529 localidades. Se hizo crecer la plaza sobre si misma convirtiendo el antiguo graderío en una enorme andanada, ampliando la estructura existente de hormigón, aprovechando y respetando  el edificio existente, tal y como vemos en las fotos de la derecha de este párrafo.  En los primeros años 80 se cambió la cubierta de teja a chapa metálica, de color verde. En 2004-5 se produjo la última gran reforma, con la apertura de nuevos vomitorios en los tendidos, instalación de nuevas escaleras de evacuación para la andanada y otros cambios menores que redujeron un poco el diámetro el ruedo, produciéndose algún hallazgo arqueológico bajo el albero, como una fuente, un canal y un puente del siglo XVI y restos del desaparecido revellín de las murallas de Tejería. Actualmente la plaza cuenta con un aforo de 19.721 localidades lo que la convierte en una plaza de categoría especial, asimilable a plaza de primera, la cuarta mayor del mundo, tras México, Valencia (Venezuela) y Madrid.

    Fotos, por orden de aparición: Ministerio del Aire. 1920-1921. Archivo Arazuri. 1909. Vicente Isturiz, 1921. Obligaciones emitidas para la construcción de la plaza. 1921. Derribo de la plaza de toros antiguo. 1921. Incendio de la plaza de toros antigua. Agosto 1921. Nueva plaza de toros. 1922. (sin filiar). Plaza de toros nueva. 1932. Archivo Arazuri. Encierro de los sanfermines de 1922. Foto L. Rouzaut. Foto del encierro de los años 20 (sin filiar). Plaza de toros. Postal de Ediciones Vaquero. (Años 50). Reforma plaza de toros. (1966-67).