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Imagenes del ayer y hoy: A las puertas de Pamplona (1870-1915)

Les traigo, esta vez, una curiosa colección de fotografías, algunas de ellas bastante desconocidas, que tienen en común, la mayoría de ellas, el mostrarnos la ciudad de Pamplona, “fuerapuertas”, osea desde más allá de las murallas, en el período comprendido entre 1870 y 1915. Destacan las fotografías de la agencia Circa del año 1903, (hay algunas anteriores a esa fecha como las dos primeras), el resto son postales de Eusebio Rubio, Vda. de Rubio o Papelería Moderna de la primera década y media de siglo. Seguiré un orden cronológico: la primera foto, la de la izquierda es de 1870, y está tomada desde la subida de la Cuesta de la Estación. En ella podemos contemplar, con todo lujo de detalles, una bonita estampa que se ha repetido cientos de veces en postales y fotografías posteriores. De un análisis más detallado de la estampa sacamos las siguientes conclusiones: las casas que había junto al margen derecho del río constituían todo un barrio, el barrio de Curtidores, era nuestra particular Venecia. De aquellas construcciones apenas queda hoy en día una casa en ruinas que hace algún tiempo sufrió un pavoroso incendio. Se observa con nitidez la familiar cuesta de Santo Domingo, al final de la cual podemos ver el portal de la Rochapea que fue derribado en 1915. Llama la atención como parece que en el talud de la Muralla de Ronda se han plantado recientemente algunos árboles, cuando lo habitual era dejar los taludes libres de vegetación, por razones defensivas, como podemos comprobar cerca del baluarte de Parma y de la muralla cercana al Portal de Francia y al Redín, así como en otras muchas fotografías de la época. Seguimos con la vista la línea de la muralla y las casas de Descalzos hasta su conclusión en el enorme caserón del viejo hospital provincial, el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia. Enfrente, al otro lado de la cuesta, que se introduce en el Casco por el antiguo Portal,  se erige la familiar silueta del Palacio de Capitanía, hasta no hacía demasiado tiempo Palacio de los Virreyes de Navarra y hoy Archivo General de Navarra. Al revisar estas viejas instantáneas no puedo por menos que compadecerme como ciudadano de Pamplona al ver como, durante largas décadas edificios emblemáticos, que tanto supusieron en la historia de nuestro viejo reyno, fueron inexplicablemente abandonados por quienes tenían el deber de conservarlos y rehabilitarlos.

La segunda foto, la de la derecha del párrafo anterior, es de 1875 y nos muestra una panorámica de Pamplona desde la zona de la Cuesta de Beloso. A la izquierda de la foto puede descubrirse el viejo coso taurino, la vieja plaza de toros se había terminado de construir en 1852, a su derecha vemos el núcleo de casas del Casco Antiguo, entre las que descollan las torres de San Cernin, un núcleo de casas que entonces era prácticamente toda la ciudad,  encorsetada por esas  murallas; en esta instantánea, por la muralla del frente sur, la muralla de Tejería,  que la rodeaba  y cercaba  también la imponente silueta del conjunto catedralicio que sobresalía claramente sobre el entorno. Llama la atención como cerca del Baluarte de San Bartolome, en la Media Luna, había un gran desnivel, que poco tiene que ver con su configuración actual. Como sabemos, por otras entradas, esta zona fue rellenada y urbanizada a partir de la tercera década del siglo XX. Abajo discurre el cauce del río Arga y a la altura de la vertical de la catedral, junto al río, el viejo Molino de Caparroso.

En las fotos que preceden a este párrafo vemos la Pamplona de 1903 desde la Rochapea, concretamente desde distintos ángulos del citado barrio. La foto de la izquierda puede estar tomada desde las inmediaciones del camino de Errotazar, (se observa un murete de piedra justo en el borde izquierdo de la foto). Contemplamos buena parte del “skyline” del Casco Antiguo, las casas de descalzos y, en tono más oscuro, el caserón del Convento de los Carmelitas Descalzos, más allá, no se acaba de distinguir, estaba el antiguo portal de Santa Engracia o Portal Nuevo y a continuación la zona del parque de la Taconera conocida como Vistabella, antes del relleno del baluarte de Gonzaga. En primer término vemos, además, vastas extensiones cultivadas en la Rochapea y al final, al filo del horizonte, algunas construcciones en el Camino Viejo de Santa Engracia. En la foto de la derecha, tomada desde lo que podría ser el inicio del actual Paseo Anelier de la Rochapea, podemos contemplar la silueta de la Pamplona amurallada desde el baluarte del Redín hasta el convento de los Carmelitas, con algunas construcciones dispersas tanto en la zona de Errotazar como en la zona final de Camino Viejo de Santa Engracia. En las fotografías que acompañan este párrafo, preciosas, en mi opinión, vemos a la derecha el cauce del río Arga, a la altura de la muralla, bajo el Palacio de Capitanía. Desde esta difícil localización, lo digo porque esta zona del río no es muy accesible, hoy en día, que digamos, podemos ver enfrente el caserón del Hospital Provincial que a partir de los años 30 se convertiría en el Museo de Navarra. Bajo la muralla del Baluarte de Parma parece intuirse incluso una especie de desagüe de aguas que van a parar al río. La foto de la izquierda inmortaliza  la zona de la Muralla cercana al Portal de Francia y Baluarte del Redín en esa temprana fecha del pasado siglo. A lo lejos, en lontananza, se vislumbran las casitas dispersas del camino viejo de Santa Engracia antes de que se convirtiese, en 1937, en  la calle Joaquín Beunza.

Acabo esta bellísima colección de fotos de Circa del año 1903, con una última fotografía, (la de la izquierda), donde se puede observar la zona donde hoy se encuentra  el comienzo de la Ronda del Obispo Barbazan y el Mesón del Caballo Blanco. En la foto, en su lugar y en ese momento había una especie de cobertizo y otras construcciones. Si no fuera por la inconfundible silueta de la Catedral que nos ayuda a situar la escena, diría que en algunos aspectos me parece un tanto desconocida. Desde luego queda muy lejos de la idílica y romántica  imagen que adquirió la zona con las reformas de los años 50 y principios de los 60. La foto de la derecha corresponde al año 1914 o principios de 1915, justo un poco antes de que comiencen a derribarse las Murallas y creo que corresponde al antiguo Baluarte de la Reina. A la izquierda de la foto se divisa la trasera del Teatro Principal y a continuación ese gran caserón blanco, que hemos visto en otras fotos del blog y  que desaparecería en las primeras décadas de nuestro siglo. Quedaba al final de la calle Estafeta.

Las siguientes fotos son de postales y corresponden a algunos de los portales de la ciudad, a principios de siglo. En primer lugar me detendré en el Portal de San Nicolás de la que ofrezco un par de postales, la primera, la de la izquierda,  nos muestra el Portal antes de la reforma de 1906-1907 (la foto posiblemente sea de 1902-1905) reforma en la que se desmontó la fachada del Portal y se guardó hasta 1929, fecha en que se reconstruyó en los Jardines de la Taconera. Según dice J.J Arazuri las barandillas del puente que vemos en esta foto son las mismas que están actualmente en la calle de Labrit. Al fondo, a la derecha, se ven las ruedas de los cordeleros que hacían en este lugar su trabajo. En la postal de la derecha vemos la zona, con el Portal de San Nicolás ya desmontado, aunque se mantuvo el puente si bien dotándole de mayor amplitud. Una anécdota. Como podrán observar, la postal se positivó incorrectamente y he tenido que darle la vuelta (pueden ver que las letras están invertidas) para que la imagen se corresponda con la realidad. En el año 1921 desapareció todo vestigio de aquel Portal, del puente y de las murallas en la zona.

Por último en las dos últimas fotos que cierran la entrada podemos ver, a la izquierda el Portal de La Taconera  tras la reforma de  1905. Ese año se desmontó el portal, se ensanchó el puente sobre el foso y se instaron las torretas metálicas de adorno que vemos en la fotopostal de Eusebio Rubio. Y a la derecha podemos ver el baluarte de San Bartolome en el año 1911. Detrás de él, el Casco Antiguo, con las torres de las iglesias descollando sobre el resto de casas de vecindad: San Cernin, San Agustín y la Catedral de Pamplona, entre medias creo reconocer el enorme caserón de Seminario Episcopal.

Fotos por orden de aparición: Nº 1. Puente y barrio de Curtidores (1870), Nº 2: Panorámica de Pamplona desde Beloso (1875), Nº 3 y Nº 4: Pamplona vista desde La Rochapea (1903), Nº 5: Rio Arga y Baluarte de Parma (1903), Nº 6: Portal de Francia (1903) y Nº 7: Traseras de la Catedral, Ronda Obispo Barbazan y Redín (1903), todas ellas de Circa. Nº 8: Baluarte de la Reina (1914), Nº 9: Portal de San Nicolás. Fotopostal de Eusebio Rubio (1902-1905), Nº 10: Portal de San Nicolás. Fotopostal Vda. de Eusebio Rubio (1910-1915) , Nº 11. Portal de Taconera. Fotopostal de Eusebio Rubio (1907-1915), Nº 12. Baluarte de San Bartolome y Vista parcial de Pamplona (1911). Fotopostal de Papelería Moderna.

Comercios del Viejo Pamplona: Aquellas librerías de antaño (1905-1985)

Inicio una nueva serie de artículos dentro de la sección “Comercios del Viejo Pamplona” y es que además de repasar los comercios que podríamos encontrar en las calles del Pamplona antiguo también voy a ir revisando en varias entradas el devenir de diferentes gremios  y que mejor que empezar con un gremio como el de los libreros que tantos sueños, historias, ilusiones, emociones y conocimientos  nos han transmitido a los pamploneses a lo largo de la historia. Me es particularmente grato comenzar la serie de entradas con este gremio, porque mi temprana afición por los libros se la debo a estos establecimientos, de los que fuí  visitante asiduo durante muchos años y a los que guardo un especial cariño. A comienzos del siglo buena parte de las librerías existentes aparecían vinculadas a negocios como las imprentas, completando, además su oferta con la venta de productos de papelería y objetos de escritorio.

Imprentas, librerías y papelerías (1905-1935)

Este tipo de establecimientos imprimían diversos tipos de publicaciones: folletos, postales, libros,  vendían objetos de escritorio y material de papelería, (por ejemplo dietarios como el que vemos en la foto adjunta), y  también  algunos libros. Pero ojo, no todos ofrecían los mismos servicios, como veremos.  Entre aquellas primeras imprentas-librerías de primeros de siglo estaban la de Nemesio Aramburu ubicada en el nº 14 de la calle San Saturnino que luego, en los años 30,  se trasladaría al nº 16 de Carlos III, ya como Vda. de Aramburu, aunque aun continuaría con la librería de libros nuevos en San Saturnino, (en los años 20 había incorporado la papelería y una de sus imprentas aparecía domiciliada en Nueva, 10); Aramendía y Ónsalo, en el nº 2 de Héroes de Estella con papelería y objetos de escritorio, -donde luego en los años 20 se puso el Banesto- y que luego se trasladaría a San Saturnino, 4; T. Bescansa (luego Vda. de Bescansa)  en el nº 25 de Mercaderes también con papelería y venta de libros nuevos; Erice y García (luego Jesús García), con imprenta y librería, en el nº 31 de Estafeta; Goyeneche, en el nº 37 de Zapatería, con imprenta y librería de libros nuevos, antes de que se derribara el viejo  edificio y se erigiera el actual, donde hasta hace poco estuvo Euskal Piel y durante mucho tiempo Guibert; Hermanos Lizaso en el nº 19 de Mercaderes que, enseguida, desde los años 20, sería la  Imprenta-Papelería Castiella, también conocida como “Papelería Española” que no vendía libros sino únicamente papelería y objetos de escritorio. Otras imprentas que vendían papel y objetos de escritorio, -que no libros-, eran la de Nicolás Marcelino en Zapatería, 31; la de Patrocinio Remirez de Esparza en Mayor, 15 y Juan Sanz en Sarasate, 14 (que luego ocuparía Generoso Huarte y, tras la guerra, Blanca Huarte Zulaica,) y por último la  de Vda. de Velandia,  en San Nicolás, 15.

En el nº 17 de la plaza del Castillo, donde hasta hace algunas décadas había una barquillería aparecía la librería científica de Roldan Pérez y Cía, luego a partir de los años 30, Vda. de Roldán.  Aparecía con el rótulo de “Suscripciones. Libros y Revistas”. Pese a la similitud en el apellido nada tenía que ver con el fotógrafo José Roldán (que se asoció durante algún tiempo  con Félix Mena y que posteriormente lo haría con su hijo bajo la firma Roldán e Hijo). En esta misma plaza, pero en el nº 39, donde está el Banco de la Vasconia, estaba la papelería de Eusebio Rubio, luego Vda. de Rubio,  que les sonará a muchos de ustedes porque en este mismo blog habrán visto algunas de su postales. Fue una de las casas que más postales editó en su tiempo. En realidad el negocio que tenía Rubio a primeros de siglo era el de estanco,  aunque en el padrón industrial aparecía en la sección de papelería y objetos de escritorio. Había estancos y librerías que editaban postales como el mencionado Rubio, el de Faustino Urdaniz, el de Baldomero Zulategui, o el de Estanislao Espelosin o las editaban para ellos otras casas. Y es que había casas que hacían postales para establecimientos del ramo, yo he visto postales de la casa alemana Julius Nagelschmidt para Nemesio Aramburu o  Casildo Iriarte (librería-papelería con sede en General Moriones, 24 y luego, en los años 20, en Plaza del Castillo, 42 al que siguió luego Aniceto Urmiza que continuó  con imprenta-librería-papelería  bajo el nombre de El Secretariado Navarro). También editaba postales la Papelería Moderna del Paseo de Valencia, propiedad de Venancia Ciaurriz que figuraba como librería, papelería y objetos de escritorio. Se encontraba en el nº 8, donde hasta hace 17 años estuvo el restaurante Las  Pocholas. También en el Paseo Sarasate había otra papelería, en el nº 24, a nombre de Modesto Toledo.

En los años 20 y 30, a las anteriores imprentas cabría añadir la de Eduardo Albeniz (también era librería y papelería), con sede primero en el nº 27 de la calle Mayor que se trasladó en los años 30 al Ensanche; la de Higinio Coronas (también librería y papelería), localizada en el nº 12 de la plaza del Castillo; la de Serafín Argaiz en Mayor, 55 (imprenta y papelería); diversas imprentas en Curia (Miguel Mestre), Cuesta del Palacio (Sebastián Esparcia), Nueva (Sánchez Bueno) y Espoz y Mina (Torrent y Santa Cruz) a las que se sumaría posteriormente Ramón Bengaray (Mayor, 86) (tras la guerra Gráficas Iruña); Francisco Indave (Padre Moret, 8) y Unzue, Cristobal y cía (Santo Andía)  además de las librerías papelerías Vda. de Hijos de Alonso, en San Nicolás, 4; Hijas de Díaz en el nº 6 de la plaza del Castillo; Osteriz y Cía en San Nicolás, 20-22 y sobre todo la de Emilio García Enciso, ubicada inicialmente en el nº 1 de Mártires de Cirauqui (actual San Antón), que en los años 30 aparece con varias ubicaciones, como imprenta, Vda. de García Enciso  en el nº 15 de Sarasate y  Emilio García Enciso en San Ignacio 12 y  como librería, Emilio García Enciso en San Ignacio, 14. Algunos periódicos y entidades hacían también otros trabajos de impresión para terceros, al margen de sus propias publicaciones, como La Tradición Navarra (Estafeta, 33), El Pueblo Navarro (Curía, 17-19),  Diario de Navarra (Zapatería, 49) o la imprenta de la Federación Católico Social Navarra, germen de las cajas rurales en José Alonso, 2 que luego se trasladó a las calles San Antón y Ciudadela, la imprenta se llamaría luego La Acción Social; en la calle  José Alonso, 2, también se imprimía el Pensamiento Navarro.

La Casa del Maestro (1932-1998)

En 1932 se fundaba La Casa de Maestro, establecimiento histórico referencial del panorama librero pamplonés. Se abrió inicialmente en el nº 79 de la calle Capitán Mangado (actual calle Nueva) antes de su traslado a su tradicional ubicación en la calle San Miguel, nº 5. Fue fundada por Nolasco Pérez Ilzarbe  al que sucedió en la titularidad su viuda y luego el matrimonio formado por su hijo Francisco Pérez  Ilzarbe y su esposa Julia Ruiz. Cerró a finales de los 90, creo que en 1998. Se dedicó fundamentalmente a los libros de texto, yo recuerdo que buena parte de mis libros de texto los compraba mi madre en esta tienda, al igual que mi hermano que estudiaba en el Ximenez los compraba en la Librería Sánchez “Escudero”, de la plaza de la Cruz. Según me dicen los Pérez Ilzarbe abrieron también una librería en el barrio de San Juan, en la calle Martín Azpilicueta. También en los años 30 Antonio Leoz abrió sus primeras tiendas de Mayor 34 (que luego sería Mayor, 10)  y Espoz y Mina, 11; esta última se trasladaría, en los años los 50,  al nº 21 de  la plaza del Castillo. Desde hace décadas se encuentra en el nº 38.

Algunas  librerías  de  los años 40

El Bibliófilo

Si antes de la guerra asistimos al nacimiento de La Casa del Maestro, al término de ésta, en los años 40, echa a andar una de las mayores sagas de libreros que ha dado Pamplona, los Abarzuza, hoy 70  años más tarde y en su tercera generación al frente de diferentes librerías en la ciudad: Iratxe en la calle del Carmen, Abarzuza en Santo Domingo, Elkar (la antigua Xalbador) en la calle Comedias, etc. Y es que el amor por los libros, más allá del simple negocio ha sido una constante en este apellido que se ha ido transmitiendo a través de sus diferentes generaciones. Todo empieza con el abuelo, Andrés Abarzuza, a la sazón, conserje del Ayuntamiento (vivía en la última planta del viejo ayuntamiento) a quien vemos, al principio de esta entrada, en una feria del libro, de finales de los años 40 o primeros 50 en la plaza del Castillo. Al principio de los años 40, Andrés Abarzuza había abierto junto a su hijo Manuel la primera tienda de libros. La tienda estaba situada en el nº 3 de la Bajada de Carnicerías y se llamaba Librería Abarzuza-La Feria del Libro. Se dedicaba fundamentalmente a novelas de cambio. Posteriormente, a finales de la década de los 40,  Manuel y su esposa, Narcisa Apezarena abrirían su propia  librería en la avenida de Carlos III, enfrente de la iglesia de San Antonio, de los PP. Capuchinos. Se llamaba El Bibliófilo. Era una librería que funcionaba en parte como una biblioteca, con funciones de préstamo o alquiler de libros. Posteriormente se trasladaría justo al lado de la iglesia, donde hoy hay una tienda de chuches, Kiko´s.

Además de esta librería montaron la Distribuidora Pamplonesa de Publicaciones, con sede en la calle Amaya, donde luego se instalaría la Librería Andrómeda, con libros, revistas, periódicos, tebeos, etc. También llegaron a abrir en los años 50 otra librería en la calle Mayor, donde luego se pondría la Cafetería Delicias, aunque tuvo un corto recorrido. Se llamaba BibilioPamplona Apezarena y la regentaba doña Narcisa. En los años 60 alquilaron una bajera en la calle Monasterio de Irache, primero como almacén en sustitución del de la calle Amaya y donde trasladaron los libros antiguos. Hasta 1981-82,  El Bibliófilo contaba con dos locales, uno en Carlos III y otro en Monasterio de Irache. En esa fecha se vendió el local de Carlos III y el nombre, quedando la librería de San Juan como Librería Iratxe, especializada en el libro antiguo, que pasó a regentar uno de sus  hijos,  Kike. Iratxe llegó a tener durante algún tiempo, a finales de los 80, dos librerías abiertas, la de San Juan y otra en el nº 44 de Paulino Caballero, aunque esta segunda no  perduró mucho tiempo. Iratxe se trasladaría, posteriormente, en el año 2000 de San Juan al Casco Antiguo, a la Bajada de Javier y desde hace poco tiempo a la calle del Carmen, mientras que el nombre de El Bibliófilo lo recuperó su hermana, María, que abrió una tienda con ese nombre en la calle Mayor en los años 1995-1996. Posteriormente María se ha centrado en recorrer las ferias de libro antiguo, manteniendo el viejo nombre familiar.

Librería Abarzuza

Por su parte, tras el derribo del viejo caserón municipal que se produjo en 1952, el abuelo Andrés Abarzuza, junto a su hijo Víctor y su esposa Ceferina Fontellas (con la que se casa en 1957) y a quienes vemos en las fotos adjuntas (del año 1959, la de la izquierda y del año 1955-56, la de la derecha),   se trasladaron al nº 81 de la calle Nueva, con el mismo nombre comercial de la primera librería, Abarzuza-La Feria del Libro. Fueron años de censura, en el que estos libreros se arriesgaban vendiendo, a hurtadillas, libros entonces prohibidos por el régimen, ya fuera por razones políticas o morales, que ejercía un férreo control administrativo y policial.  Esos libros llegaban camuflados en las facturas, bajo otras inocentes denominaciones. Y se guardaban en trastiendas o sótanos, a espaldas de miradas inquisitivas o indiscretas.  En los escaparates, anaqueles y estanterías se amontonaban  libros de contenido religioso, añejas publicaciones, como la Enciclopedia Alvarez, o  los libros de la colección Austral, Espasa Calpe, Destino o la Editora Nacional. Más adelante la tienda de la calle Nueva se expandiría al contiguo nº 79 de la misma calle. Ceferina Fontellas quedó viuda muy joven, en el año 1967, teniendo que sacar adelante la librería en solitario y a sus cinco hijos de corta edad (la mayor tenía 8 años y el menor 6 meses). Abarzuza fue una de las primeras librerías en introducir publicaciones en euskera, no en vano, Ceferina, nacida en Pamplona aunque criada en Beuntza hablaba habitualmente en euskera. Además de librería tenían papelería y otros objetos de escritorio. La librería se mantendría abierta, con la ayuda de sus hijos,  hasta 1989 o 1990.

Marcela, uno de los cinco hijos de Ceferina había comenzado  a trabajar en la librería Xalbador que había abierto sus puertas en 1984. Allí trabajaba también su pareja, Rafa, y sus primo   Patxo, (también lo harían Pablo y María). Marcela permanecería en Xalbador hasta 1990 y posteriormente en Xalem (abierta por Xalbador y los cines Golem), dos años más.   El 23 de abril de 1993, inauguraba junto a su marido,  su propia librería, recuperando el nombre de Librería Abarzuza para este establecimiento que abría sus puertas en el nº 29 de la calle Santo Domingo. En el año 1997, Marcela y Rafa abrieron en la calle Mercaderes una librería de libros de ocasión pero la aventura  duró poco tiempo ya que el precio del alquiler la hizo inviable. Abarzuza sigue abierta, casi 25 años más tarde, especializada, como entonces, en temas de Navarra, euskera y Euskal Herria. El 23 de abril de 1947 algunos de estos libreros se atrevieron a sacar sus libros a la calle por primera vez en muchos años. Posteriormente la imagen se iría repitiendo año tras año, como vemos en las fotografías que les dejo a continuación, tras este párrafo, de la feria del libro de los años 1955 y 1958, en los que aparecen Victor Abarzuza y Ceferina Fontellas.  A la izquierda del párrafo vemos, por otro lado,  una foto de la tercera generación de la familia Abarzuza ( rama Abarzuza-Fontellas) en la  Feria del Libro de 1980. En 2007 el colectivo de libreros realizó un sentido homenaje a aquellos pioneros de los libros, a los cuales me estoy refiriendo en esta entrada.

    

Librería Gómez (1942-2017)

Iba a cumplir este año su 75º aniversario, sin embargo, el cierre de sus cuatro establecimientos ha supuesto un duro golpe en el panorama librero local. Acaba de desaparecer una de las librerías históricas de la ciudad: la librería Gómez fundada por Felipe Gómez Alonso en 1942. Felipe Gómez, nació en 1903 en la localidad salmantina de Armenteros. LLegó a Pamplona en 1932 y entró a trabajar en el Diario de Navarra como redactor y taquígrafo. El Diario estaba dirigido entonces por Raimundo García, “Garcilaso”, con Eladio Esparza en la subdirección y Galo María Mangado, Testaut, Ozcoidi y Goicoechea en la redacción. Fue corresponsal de la agencia Logos entre 1934 y 1940 y colaboraba en la edición de la Hoja de Lunes que editaba la Asociación de la Prensa. En el Diario permaneció hasta 1940, año en que abrió su Academia, inicialmente, de Mecanografía y Taquigrafía, amén de que fue academia preparatoria de otras y muy variadas disciplinas. Al poco tiempo montó su propia imprenta  en el nº 32 de la calle Gorriti que más tarde trasladaría a la calle Larrabide y creó su propia editorial. Entre 1942 y 1983 editó cerca de 200 títulos de los más variados temas y  especialidades. La librería fue la lógica y temprana culminación  a una carrera meteórica que convirtió a Gómez en uno de los referentes culturales de la ciudad. Y es que Gómez fue durante algunas décadas, todo en uno,  autor, editor, impresor, distribuidor, encuadernador y librero, en su tradicional ubicación de la plaza del Castillo. Confió en su hijo Felipe la apertura de nuevas tiendas pero su prematura muerte, así como la de su esposa truncó el futuro de una posible saga familiar. Además de la librería de la plaza del Castillo, abrió una librería médico-técnica en Castillo de Maya, una infantil, también en la misma zona, donde luego se pondría El Parnasillo y otra de Humanidades en San Juan. Hasta hace un mes la librería mantenía abiertas sus librerías de Plaza del Castillo, una en Castillo de Maya y  las dos de Pio XII. Adjunto fotografía de la librería de finales de los años 90.

La Casa del Libro (1943-…)

Recordamos algunas notas históricas de este emblemático establecimiento que hoy regenta la tercera generación personificada en los hermanos Carmelo y Fermín Buttini. Antes de la guerra, el abuelo, Benito Echarte Elia  tenía una tienda en la calle Eslava, donde vendía y alquilaba libros.  Tras la Guerra se trasladó a su actual ubicación, en el nº 36 de la calle Estafeta. En esta calle  llegó a tener dos tiendas, la actual, si bien era mucho más pequeña (se fue ampliando a lo largo de las últimas décadas, a costa de los locales contiguos)  y  otra al principio de la calle, a la altura de la actual tienda de Amado Mendoza. Vendían sobre todo novelas y tebeos. Éstos eran,  en buena medida,  una de las pocas posibilidades de evasión que ofrecía la España de aquellos años. Como Abarzuza y El Bibliófilo compraban, alquilaban  y vendían libros usados. Se alquilaban por 8 o 15 días. También se cambiaban tebeos. Resulta curioso pero había establecimientos que vendían lo que se llamaban libros rayados, por ejemplo María Azcarate, en la Estación de Autobuses, Teresa Marzo en San Miguel o María Patrocinio Viñes en el nº 35 de la plaza del Castillo. Al abuelo, Benito,  le sucedió en el negocio familiar su hija  Maribel, y a esta, sus hijos Carmelo y Fermín. Adjunto, junto a este párrafo sendas fotografías de la librería, la de la izquierda es de los años 50, la derecha del pasado año.

Imprentas, librerías y papelerías (1950-1965)

Al comenzar los años 50 encontramos algunas de las imprentas-papelerías y librerías históricas ya mencionadas (Albeniz, Aramburu, Bescansa (con Esperanza Bescansa, yo conocí la imprenta, mucho más tarde, en los años 80 cuando la regentaban Agustín de Carlos y Patxi Berrade), Castiella (con D. Hilario), García, Iruña (José Unanua) (en los 80 y 90 se llamaba Grafos 4 y era una papelería), Generoso Huarte, El Secretariado Navarro) y junto a ellas muchos nuevos nombres, entre las que cabe destacar sobre todo  Aranzadi (Tafalla, 19), o Castuera (con imprenta en Paulino Caballero, 15 y librería-papelería en Sangüesa, 10) junto a otras  en el Casco Antiguo y el Ensanche: Francisco Gurrea (Ansoleaga, 18), David Pérez Ilzarbe (con imprenta en Curía 7 y 9 que luego se traslada al Ensanche y librería-papelería en el nº 4 de Zapatería), Jesús Rodríguez Alonso (con imprenta en Avda. Franco, 13 y librería-papelería en el número siguiente, su hermano Carlos tenía otra librería en Carlos III, 57, a donde se trasladaría Gráficas Rodriguez años más tarde).

Respecto a las imprentas propiamente dichas cabe citar en estos años 50 y 60, en el Casco Antiguo,   Gráficas Irujo (Merced, 29 aunque luego se traslada al Ensanche), Inocencio Madoz (San Agustín, 30),  Pérez Ugalde (Compañía, 13), José Azurza (S. Agustín, 38, donde hoy está La Guillotine que conserva buena parte de su ambientación tipográfica), Areta (Campana, 16) que nada tenía que ver con los Aretas libreros, en la calle Mayor había también una libreria-imprenta-papeleria, la de Areta-Amondarain, Muguerza (Dormitalería, 30) y en el Ensanche, Fermín Garayoa (Paulino Caballero, 14), Sergio Lipúzcoa (Olite, 2), Luis Gutiérrez (Avda. Franco, 8), Joaquín Navarro (Amaya, 4), Máximo Bandrés, (Roncesvalles, 3), Juan García y Luis Muro (San Fermín)  y Zubillaga (en Conde Oliveto).

A las mencionadas librerías  históricas de La Casa del Maestro, La Casa del Libro, Abarzuza, El Bibliofilo o  Gómez habría que sumar   en esta época las librerías-papelerías, con venta de objetos de escritorio, en el Casco Antiguo   de José Aramendía (Plaza del Castillo, 4), Antonia Egozcue (San Nicolás, 31), Petra Serrano (San Nicolás, 20, antigua Osteriz), Mariano Sagaseta de Ilurdoz (Zapatería, 15), Julián Echeverría (Paseo Sarasate, 11) y en el Ensanche de Gerardo Armendariz (Navarro Villoslada, 4), la Librería de Sánchez Escudero en el chaflán de San Fermín ( nº 49) con Bergamín,  Gervasio Laínez (Leyre, 1), Tarsicio Ortiz (García Castañón, 19), Ramón Martínez (Carlos III, 11); Benigno Vaquero, con compraventa de libros usados y algunas de  cuyas postales han sido divulgadas en este blog, situado en el nº 16 de la calle San Fermín, ; Elías Beramendi (Bergamín, 26) y Valentín Sánchez (Amaya, 17). Cabe destacar el caso de  las Librerías del Norte de España (Amaya, 12) que abriría  la primera Librería Universitaria; fue a primeros de la década de los 60 cuando se instaló la primera Librería Universitaria en esa calle, luego se abrió la de la Avda. de Franco, 9 (hoy Baja Navarra) (a finales de los 80 se abriría la de Sancho El Fuerte y en 1997 la del campus universitario, hoy todas Librerías Troa); Jesús López (Hispania) en Paulino Caballero, 48, precedente de la Librería Antares, José Manuel Idoy en Olite, 22, Jesús María López Sanz en Arrieta, 29, José Antonio Sánchez en Avda. Franco, 1 y María Esperanza Sangalo en Sancho el Mayor, 11 (la conocida Librería Manantial).

Compraban y vendían libros usados establecimientos como los ya señalados: la Casa del Libro, El Bibliófilo, Abarzuza,  también Cecilia Aldaz en Tejería,  16, Fernando Areta en el nº 26 de la calle Calderería, su padre Gregorio Areta en la calle San Francisco, 34-36, María Ascensión Cerezo en Javier, 10, Javier Echarte (San Saturnino, 18), Ángel Delgado en Carmen, 29 o José María Idoate en San Agustín, 14 y en el Ensanche Francisco García (Estella, 3), Avelina Larrea (Paulino Caballero, 16), Juan Mauleón (Gorriti, 2) o Rosa Mª Montaño (Amaya, 15).  En los años 60 comenzarían a instalarse nuevas librerías en los barrios: Chantrea, Rochapea, Echavacoiz, etc. Los centros religiosos contaban también con sus propias librerías, así sucedía, por ejemplo,  con los Jesuitas, las Ursulinas, El Sagrado Corazón, etc.

Algunas librerías en el tardofranquismo y la transición (1973-1985)

El Parnasillo (1973-2014)

Hace tres años, en el año 2014, cerró por jubilación de sus principales promotores otra de las librerías referenciales de la ciudad: El Parnasillo. La librería se abrió en un local de Paulino Caballero en 1973, cerca del antiguo Bar Oslo. Cinco años más tarde, en octubre de 1978, se trasladaron a su conocida ubicación del nº 45 de  Castillo de Maya, donde antes estuviera la librería infantil de Gómez. Fueron sus fundadores Javier López de Muniain (que había trabajado anteriormente (en 1970) en la librería Andrómeda de la calle Amaya), Lola Aldave (que antes había regentado con su cuñado la librería Elur de la calle Chapitela), Antonio Sanz (que había tenido antes una  pequeña distribuidora de libros que estaba ubicada  en un cuarto del mismo local de la citada librería Elur); Santi Fresán y Patxi Irigoyen, si bien, estos dos últimos se desligaron al poco tiempo de esta ilusionante aventura empresarial. El Parnasillo fue objeto de diversas agresiones y atentados por parte de la extrema derecha en los años del tardofranquismo y la transición, el más grave se produjo el 12 de febrero de 1978, reivindicado por un autodenominado comando Adolf Hitler. El Parnasillo fue objeto de una especial persecución por la ultraderecha local (a la que no fueron ajenos otras librerías) probablemente porque en los convulsos estertores del franquismo y de la conflictiva transición política en nuestra tierra esta librería  fue una valiente atalaya de libertad, a través de los libros,  en una zona que entendían los ultras era “suya”. Adjunto marcapáginas de la librería del año 1978, justo en el momento en que abrían su nueva tienda en Castillo de Maya, entonces, Mártires de la Patria.

Auzolan (1977-…)

Auzolan abrió sus puertas el 27 de octubre de 1977, en el nº 3 de la calle San Gregorio donde antes estuviera la frutería Casa Goñi, fruto de la entusiasta iniciativa de cinco personas, cinco amigos (dos vizcainos, dos guipuzcoanos y un navarro) que habían estudiado en Barcelona, entre ellos Josu Múgica o Txema Aranaz (que luego fundaría la Editorial Pamiela, dejando el grupo fundador). Su nacimiento se enmarca en aquella efervescente época de la transición, en la que los libros en euskera o sobre el País Vasco tendrían un protagonismo destacado. En 1984 crearon su propia distribuidora, Yoar. En 1997 abrirían una tienda más grande en la calle Tudela, dejando la de San Gregorio como librería de libros de saldo y ocasión,  si bien hace unos años y fruto de los enormes cambios que sufre el mundo de las librerías volvieron  de nuevo, con todo el fondo editorial, al local que les vio nacer. Adjunto logotipo o imagen gráfica que aparecía en  los marcapáginas amarillos con que  obsequiaba la librería a quienes compraban sus libros.

Xalbador (Elkar ) (1984-…)

En 1984 donde antes estuviera la tienda de baños Salinas (Comedias, 14) un importante grupo cultural empresarial que tenía librerías en San Sebastián (Bilintx, germen del grupo) y otras localidades vascas, abría Xalbador. El inicio del grupo se remonta a 1976 que enseguida creó su propia distribuidora:  Zabaltzen al tiempo que la editorial Elkar comenzaba  a dar sus primeros pasos tanto en la producción bibliográfica como discográfica en torno a la cultura vasca. Hoy en día la cadena de librerías Elkar está formada por 18 librerías físicas además de la tienda on-line. Al principio trabajaban en Xalbador 4 personas aunque yo he llegado a ver trabajar más de 9. Como ya he señalado anteriormente en el blog en esta librería trabajaron durante algún tiempo diferentes miembros de la familia Abarzuza y donde actualmente trabajan Patxo y Pablo Abarzuza. Durante mucho tiempo cada librería del grupo mantenía su independencia, gestión e identidad pero desde hace ya bastantes años la tienda responde al nombre de Elkar Megadenda. Adjunto fotografía de la librería con la vieja denominación “Xalbador” a finales de los años 90.

Esta entrada, como todas las del blog, está abierta a poder ser comentada, ampliada, matizada o completada por los lectores, conocedores o interesados en este tema. Soy consciente de que en este artículo no están todas las librerías y papelerías del período indicado (Sin ir más lejos en los años 80 y 90 me estoy acordando, ahora, de alguna otra librería como Askobereta o TBO (especializada en tebeos), en el Casco Antiguo,  por ejemplo). Es evidente que faltan datos o informaciones más detalladas de algunos libreros y seguramente se echará en falta alguna librería importante, especialmente del período 1965-1985, por lo que será bienvenida cualquier aportación o colaboración en este sentido que complete esta entrada. Les recuerdo que este blog tiene vocación de ser un espacio compartido de recuerdos y experiencias. Agradezco de forma muy especial, en la elaboración de esta entrada, la colaboración de Marcela Abarzuza, de Librería Abarzuza, que ha tenido la enorme generosidad de facilitarme algunas fotos del archivo familiar para la ilustración de la entrada. Muchas Gracias, Marcela, Eskerrik Asko.

Fotos por orden de aparición: Nº1, Nº 3, Nº 4, Nº 5, Nº 6, Nº 7, Nº 8, Archivo familiar Abarzuza-Fontellas, datadas en el texto de la entrada. Nº 2 y Nº 12.  Todocolección.net. Nº 9, Nº 11 y Nº 13: Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona. La autora de la nº 11 es Laura Blázquez. Anuncios publicados en diferentes revistas, anuarios y publicaciones entre 1916 y 1986.

Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Beruete (1924)

A este crimen me referí brevemente cuando estaba repasando la pequeña historia local de la Pamplona de 1924 y también, por alusiones, cuando hice la entrada del crimen de Miranda de Arga. Con esta entrada que engrosa la serie “Crónica Negra del Viejo Pamplona” doy cumplida información de otro célebre crimen que suscitó un gran interés en aquellas primeras décadas del siglo XX. Utilizó para la reconstrucción del crimen y posterior proceso las actas del juicio sumarísimo así como diversas reseñas periodísticas recogidas por la prensa de la época. La presente crónica relata el asesinato en el monte de Santa Engracia, próxima a Huici del leñador Martín Aizcorbe a hachazos y robado por los hermanos y compañeros de trabajo Bernardo, Juan Martín y José Goñi. El cadáver tardó varios días en aparecer. Las actas describen con detalle los hechos: “El día 10 de septiembre de 1924, Bernardo Goñi que era capataz del tajo en que trabajaban sus hermanos Juan Martín y José y otro leñador llamado Martín Aizcorbe Fía, hizo con este liquidación del producto del trabajo, en virtud del cual debía pagarle a Martín 1.260 pesetas de las que solamente le entregó 600. Bernardo indujo, luego, a sus hermanos a que acompañaran a Martín y le dieran muerte para robarle las 600 pesetas entregadas, ofreciéndoles entregarles 100 pesetas más a cada uno de las que les correspondían por los beneficios del trabajo, haciéndole entrega a José de un hacha. Al día siguiente, 11, a las 4.30 de la mañana, salieron al monte, marchando en primer lugar, Juan, luego Martín y finalmente José, provisto del hacha y a una seña de su hermano, José descargo varios hachazos en la cabeza de Martín, provocándole la muerte. Tras robarle las 600 pesetas, ambos hermanos cargaron con el cadáver de Martín, arrojándolo a una sima situada a dos kilómetros de distancia del lugar del suceso”.

El día 21 de septiembre una bandada de cuervos se arremolinaba en torno a una profunda sima, lo que alertó a un pastor que pasaba por el lugar y que fue quien descubrió el cadáver de Martín. Como quiera que este había salido en compañía de Juan Martín y José Goñi, estos fueron inmediatamente detenidos. Sometidos los procesados al fuero de Guerra se constituyó el Consejo de Guerra en Pamplona el día 27 de septiembre, pidiendo el fiscal la pena de muerte para los tres procesados, para Bernardo como inductor y para Juan Martín  y José Goñi como autores materiales de los hechos. Los reos declararon por medio de un interprete, ya que no conocían el castellano, utilizando solo el euskera. El tribunal condenó en primera instancia a los encausados a cadena perpetua, no obstante, de este fallo disintieron el capitán general de la región y el auditor general, derivando, por ello la causa en el Supremo de Guerra y Marina, que celebró la vista el día 19 de enero de 1925, donde se volvió a pedir la pena de muerte para los tres encausados que se confirmaría al día siguiente. El día 31 de enero se recibían las correspondientes ordenes para levantar el patíbulo y ejecutar a los reos del crimen de Beruete en la cárcel de Pamplona. A la una de la tarde del día 1 de febrero entraron los reos en capilla, después de leérseles la sentencia. A tenor de lo que decían las crónicas, los tres reos se mostraron muy abatidos tras la lectura de la sentencia, dando pruebas de arrepentimiento por los hechos cometidos. El mayor, Bernardo, se confesó con el canónigo D. Alejo Fleta, el mediano, Juan Martín, con el párroco de San Lorenzo, D. Marcelo Celayeta y el menor, José, con el capellán de la cárcel, D. Alejandro Maistarrena. Como montañeses que eran se les facilitó un sacerdote vasco carmelita, el Padre Juan Tomás, que en  euskera les reconcilió y animó a confiar en la misericordia divina. En las primeras horas de la noche se acercó a la prisión el obispo de Pamplona, Mateo Múgica y Urrestarazu que les prodigó en euskera frases de cristiano consuelo. También les visitó el Alcalde de Pamplona, D. Leandro Nagore.

Los reos pasaron la noche llorando y rezando. A las cuatro de la madrugada oyeron misa y comulgaron, acompañándoles las monjas y hermanos de la Paz y la Caridad. Después oyeron otra misa, siendo este el único momento en que los reos estuvieron juntos. A las siete menos dos minutos fueron sacados al patio por orden de edades y a las siete comenzó la ejecución. Se habían levantado varios patíbulos pero no se utilizó más que uno, actuando solamente el verdugo de Burgos pues el de Madrid se limitó a ayudar a subir y colocar a los reos. Fueron ejecutados por orden de edad, primero Bernardo, segundo Juan Martín y tercero José. Al terminar la ejecución del primero se izó la bandera negra. A las ocho de la mañana se presentó en la cárcel el cabildo parroquial de San Lorenzo con cruz alzada el cual rezó un responso. Luego los cadáveres fueron trasladados al cementerio de San José. Ese día se suspendieron los espectáculos en la ciudad.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Iglesia y pueblo de Beruete. Xavier Cañas. CC BY-SA 4.0. Nº 2: Caserio en Beruete. Santi Usabiaga  Nº 3:Casas de Beruete. Pampluno.

Anuncios comerciales en el Pamplona de los años 60 (1961-1967). El valor de la marca local

En estos tiempos de la omnímoda globalización miro hacía atrás en el tiempo y descubro aquella ciudad, hoy desaparecida, en la que los pamploneses consumíamos mayoritariamente en nuestras tiendas de toda la vida y comprábamos muchos productos alimenticios que sabíamos se estaban elaborando en el obrador de al lado o, a lo sumo, en la moderna fábrica que se había construido, recientemente, en los barrios o pueblos periféricos cercanos, vamos que era, como se dice hoy en día, muy fácil fijar su trazabilidad. Hoy han desaparecido el 97% de las pequeñas tiendas de alimentación y se compra, mayoritariamente, en cuatro o cinco grandes grupos de distribución nacionales o multinacionales y las producciones no son ya no locales, ni siquiera a veces nacionales, sino internacionales. Por supuesto que seguimos teniendo productos y productores locales pero entonces el producto local era el rey y al citar aquí estos nombres, no lo hago porque fueran los únicos, -había muchísimos más-, o los mejores, solo lo hago porque la mayoría de ellos están vinculados a mis recuerdos personales y les recuerdo que este blog, en el fondo, sigue teniendo una importante faceta autobiográfica. Para empezar una jornada cualquiera desayunábamos con leche de la Copeleche-Kaiku,  -la tomábamos tanto en casa como en la escuela-, ¿quien no recuerda aquellas botellas y bolsas de leche de la Copeleche o aquellas botellitas de Kaiku que salían de la factoría del barrio de San Pedro?; almorzábamos y merendábamos pan, de Taberna, con chocolate Orbea, -estaba ahí al lado, junto a la avenida Guipúzcoa-,  o el chorizo Pamplonica, que tenía su fabrica en La Milagrosa. Había una gran variedad de chorizos, como el Argal y otros chorizos locales, pero el Pamplonica era el más extendido, el  fuagrás o foie gras más conocido era el de Mina, con fábrica en Huarte y la mejor mortadela de Larrasoaña, que había nacido en la calle Mayor; los domingos, degustábamos un chocolate a la taza Pedro Mayo o Subiza, con pan del día anterior cortado en rebanadas longitudinales, no todos los domingos se podían comer churros, ese exquisito manjar se dejaba para días señalados, o cuando a la madre en un magnánimo gesto se le ocurría. Las frutas y verduras procedían de las huertas de la Rochapea o la Magdalena y las carnes y pescados los comprábamos en la plaza, en el Mercado Viejo, el Mercado de Santo Domingo, que  bullía de actividad con la algarabía  de gentes que venía de los pueblos tanto a vender como a comprar.

En mi barrio, en el camino de los Enamorados, tenía su sede la factoría de Industrias Grasas de Navarra (Ingranasa) que producía el aceite Aitor y la margarina Natacha, y más adelante  la margarina Artua. Teníamos, además, la cerveza Cruz Azul, en la calle General Chinchilla,  y de gaseosas: Lusarreta, en la Estafeta, y sobre todo Odériz, que tras su primer local en la calle Estafeta se trasladaría al Ensanche para abrir en los años 60 la moderna planta de  la avenida de Guipuzcoa, vinos de Taberna Hermanos, o licores como el Anís Las Cadenas o el pacharán Baines, con sede en la Rochapea. Limpiábamos las manchas más rebeldes con lejía El Tigre, de la Droguería Ardanaz, sito en la calle Mayor. Nuestros electrodomésticos eran Superser, fundada por Ignacio Orbaiceta, las estufas  Agni de Estella y los frenos o servofenos de los coches, Urra, con fábrica en la Rocha, en la calle  Joaquín Beunza y luego en la avenida de Guipuzcoa, guardábamos nuestros dineros en la Caja, la Municipal, pero sobre todo en la de Navarra, y teníamos un par de bancos: el Crédito Navarro y la Vasconia, por citar algunos ejemplos de muestra, y aunque la cultura aseguradora no estaba muy extendida, si había que asegurar algo las opciones eran la Vasco Navarra o la Mutúa. En el ámbito comercial y hablaré mayormente de los desaparecidos, comprábamos la cubertería de casa en Sagarra o Bidasoa, el traje de primera comunión en el Comercio San Fermín, las zapatillas en la Mañueta o en la Zapatillera; en verano, los helados en el centro, en la Italiana o en Nalia y en el barrio, en Eliseo, los churros en la Mañueta o en la churrería de la Rocha, -la de la avenida de Guipúzcoa-, las pastas en Layana o en Marisol (en el Mercado), los libros y demás artículos de educación en la Casa del Maestro, las fotos en Ruíz y Mena, los relojes y joyas en Rubio o Alforja, los zapatos en Jauja y Gembero, los muebles en Rubio o Amat, las máquinas de escribir en Julián Echeverría, la radio en Radio Frías y la ropa en Ortega, las tres BBB, Viana, Casa Félix, El Barato, Las Madrileñas, Marpa, Unzu, Chile o Nuevas Galerías.

Al margen de esos recuerdos y reminiscencias más o menos autobiográficas, con las que he salpicado esta entrada, continuo, en este artículo, con el análisis de la publicidad local que inicié hace año y medio, allá por febrero de 2016, con los anuncios de principios del siglo. En esta entrada ofrezco nada menos que una cuarentena de anuncios, de marcas locales la mayoría, solo he metido algún anuncio de alguna marca nacional para mostrar cual era el estilo de la publicidad  que aparecía en aquellos años en la prensa y publicaciones locales. A pesar de los avances tipográficos, la calidad de las fotografías seguía siendo bastante deficiente y lo seguiría siendo hasta finales de los años 70. De ahí que aún  era mayoritaria en la prensa local  la presencia  de  anuncios basados únicamente  en ilustraciones o dibujos, otra cosa eran las revistas ilustradas nacionales, donde ahí sí, desde los años 40-50,  era mayoritaria la presencia de fotografías. La publicidad ya no se limitaba solamente a informar, como a comienzos del siglo; el eslogan se convertía en un elemento de casi obligada presencia en cualquier anuncio. He comenzado la entrada con dos anuncios, el primero de Gaseosas Odériz, con su botella inconfundible y su cierre mecánico de porcelana, cierre que, aunque se inventó a finales del XIX, se generalizó a partir de los años 50, para las botellas de gaseosa de un litro, cuando se implantó el consumo de esta bebida en el ámbito familiar. El eslogan es sencillo y, como he dicho, se pretendía que fuera una bebida de uso para toda la familia, “para el hogar gaseosas Odériz, la mejor”.

Junto al anterior párrafo vemos un anuncio de Kyns, marca de refrescos de Odériz y que tendría una feroz competencia en los años 60 y 70 con la vitoriana Kas, -yo tenía el depósito de esta marca en mi calle, muy cerca de casa-. La verdad, no es que sobrase imaginación en  estos anuncios, pues el lema o eslogan se parecía mucho al anterior: “Para nosotros es lo mejor…y los mismo para ustedes”. En esta ocasión, la ilustración sigue poniendo de manifiesto ese marcado carácter familiar, con la imagen de ese matrimonio y el niño, vamos que pretendían transmitir que el refresco Kyns era una bebida para todos. Lo que ya nos choca un poco más, con la perspectiva actual sobre la bebidas alcohólicas de alta graduación, es esa idílica imagen familiar, combinada con el segundo lema del anuncio que dice “Beba Kyns con ginebra”. Y es que por aquella época comenzaba la moda de los combinados a gran escala que popularizarían los establecimientos de hostelería. Odériz se fusionaría en 1968 con La Casera. De esta marca acompaño un anuncio, escueto, sin ilustraciones, tan solo la marca perfectamente reconocible y el lema “Sola o con vino, es única”. Por cierto, al redactar esta entrada me he acordado de otra marca de gaseosas nacional que no sé si les sonará, la gaseosa “Konga”, probablemente porque era de otras latitudes. Eran estos años 60, años pródigos en coñacs, desde el famosísimo “Soberano” conocido por aquel lema un tanto machista de “…es cosa de hombres” y del que  adjunto un anuncio al comienzo de esta entrada, un verdadero prodigio de dibujo a plumilla, donde no podía faltar, junto a la copa,  el cigarro o purito, a otros como Decano, Veterano, Fundador, etc.

En los párrafos anteriores he incluido también dos anuncios, uno de Ingranasa que dice que “servía a los hogares españoles” con sus marcas de aceite, Aitor y de margarina Natacha así como de los batidos Kaiku, a los que me he referido anteriormente que, refiriéndose a sus batidos, recuerda que se vendían en toda España pero se fabricaban en Pamplona. Queda pues de manifiesto ese prurito de orgullo de estas empresas netamente locales que eran capaces de vender también sus productos fuera de nuestra tierra, por todo el país. Kaiku fue una marca, primero de Industrial Lechera Navarra S.A (INLENA) y luego de Copeleche, aunque hoy es la marca de un gran grupo alimentario multinacional. Kaiku, además, fue la marca del grupo formado por la fusión de las diferentes cooperativas del País Vasco y Navarra, Copeleche, Gurelesa y Beyena, a finales de los años 80.  Hace poco Maite Ilundáin me recordaba que otra marca de productos lácteos, Goshua, tuvo su origen en la lechería-mantequería Baserri, en el nº 21 de la calle San Antón. Junto a este párrafo adjunto sendos anuncios de cervezas, a la izquierda, un  escueto y austero anuncio de la cerveza pamplonica Cruz Azul, de Luis Ros, que tuvo su última sede en la calle General Chinchilla, donde hoy está la comisaria del Cuerpo Nacional de Policía y que cerró sus puertas en el año 1973. A la derecha, un anuncio también sencillo, sin ningún tipo de florituras,  de Cervezas El León que,  aunque era guipuzcoana, tenía un depósito en el nº 29 de la calle Estafeta, donde actualmente se encuentra el comercio Tejidos Rodrigo. En ese mismo lugar, su titular, Mariano Soto, tenía una fabrica de hielo. El lema del anuncio  se refiere a  las bondades del rubio elemento líquido: “La mejor bebida, la cerveza, la mejor cerveza, El león”.

A continuación analizo una serie de anuncios de diferentes establecimientos comerciales de la ciudad. En primer lugar, a la izquierda, un anuncio de Sagarra, con unas ilustraciones y tipografía perfectamente identificables, que aparecerían en buena parte de su publicidad, a lo largo del tiempo. Se resalta la fecha de su nacimiento,  el origen de Sagarra se remonta nada menos que a 1878, destacando el valor de la experiencia. El anuncio definía muy bien el tipo de productos que ofrecía: regalos, vajilla, lamparas, antigüedades, bisutería y por último  incorpora el obligado lema o eslogan: “Vende mucho, ganando poco”, un lema que resulta llamativo pues supone toda una declaración de política comercial contenida en apenas una sola frase:  el reducido margen comercial como política de la empresa que repercute en el precio y por lo tanto en el incremento de las ventas. El segundo anuncio, el de la derecha, soporta su mensaje fundamentalmente sobre la marca “cafés costa fría” y  el nombre el fundador, Carlos Moreno, probablemente como garantía de una sólida marca, un nombre que, según el propósito del anunciante, ofrecería al público garantía y credibilidad, la ilustración refleja una escena en la que una señorita degusta un exquisito café, como recuerda el lema que ocupa un espacio menor en la composición del anuncio, mientras el camarero aparece erguido con la bandeja, lo que denota la tradicional  imagen de servicio. No obstante la estética del anuncio parece un tanto anticuada incluso para la época. Entre los anuncios inferiores, el primer  anuncio se basa única y exclusivamente en los textos, con dos tipos de lemas, el que hace referencia a la marca: “El Barato, la casa de confianza” y al producto: “mantas mejores a precios mucho mejores”, vamos, calidad, confianza y precio. El segundo anuncia la próxima apertura de un nuevo establecimiento de Comercial Escudero, “El palacio del niño”, con ropa infantil y sección especial de señora. Los monigotes, de apariencia infantil, refuerzan el mensaje y centran el público objetivo al que va dirigido  este nuevo establecimiento comercial. El tercer anuncio, de  Caja Municipal,  utiliza una garita o cuerpo de guardia de la muralla pamplonesa como refuerzo gráfico a su lema central “El ahorro, vigila, defiende tu porvenir”. El cuarto anuncio, de Bodegas Ibañez,  es estrictamente informativo, destacando algunas marcas propias que yo desconocía: sidra Mirentxu, champán Valdizarbe, Kina San Fermín y su servicio a domicilio, lo mismo que el de Hotel Maisonnave que nos informa sobre las características de las nuevas dotaciones hoteleras inauguradas, hacía poco, en el nº 20 de la calle Nueva: 164 habitaciones, todas con baño o ducha y servicios y grandes salones para banquetes.

Los siguientes anuncios se refieren tanto a establecimientos, en el caso de Radio Frias, verdadero referente comercial  en el campo de los electrodomésticos de aquellos años, como de producto, en el caso de Lejía El Tigre. En el tercer caso lo destacable es la marca Superser, con una escueta enumeración de los productos que ofrecía (estufas, lavadoras, frigoríficos, cocinas), el primer frigorífico que hubo en mi casa era Superser y duró varias décadas. Y es que todavía no había llegado la era de la obsolescencia programada. Respecto a la lejía El Tigre yo  la recuerdo haber visto en mi casa, bajo la fregadera, junto al jabón Lagarto, envasada en unas botellas de plástico duro de color rosaceo y/o amarillo, con el tigre saltando grabado en el cuerpo de la botella. El anuncio respondía al viejo estilo informativo de los anuncios, aunque también incorpora un escueto eslogan: “Lo mejor para la ropa blanca”. La fabrica de lejías El Tigre creo que estuvo primero en la calle Mayor y luego se trasladó a la carretera de Esquiroz.

 

A continuación adjunto una serie de anuncios meramente informativos, aunque en algunos pocos casos   también incorporen lemas o esloganes de los siguientes establecimientos comerciales locales: Viajes Vincit, Muebles Elósegui, Restaurante Basaburua, Leder, Muebles Doel, Victor Bregaña, Casa Les, Tejidos Górriz, Teofilo Iriarte, Muebles Sagaseta, Sastrería Artazcoz y Bar Bilbao, muchos de los cuales nos recuerdan la clásica tarjeta de visita.

No eran marcas locales pero tuvieron una importante presencia en aquellos años, la Coca Cola, que basaba su mensaje en su reconocible logotipo y un lema bien claro “Refresca mejor”  o el Colchón Sema, con su inolvidable eslogan de “Dijo Sema y se durmió y como nuevo despertó” que algunos recordarán. Si no recuerdo mal,  la tienda de referencia de Colchones Sema, en aquellos años, en Pamplona, estaba en la calle Amaya. El anuncio de Almacenes Aldapa es el arquetipo de la austeridad gráfica, con un sentido estrictamente informativo, recordando la ubicación de  sus diferentes establecimientos y citando,  de un modo absolutamente detallado,  todos los productos que ofrecía.

Por último les ofrezco una última  tanda de anuncios de establecimientos locales donde se mezclan ilustraciones, -es el elemento fundamental del anuncio del Mesón del Caballo Blanco-,  que logra transmitir, con ese detallado dibujo,  el  aspecto medieval que ha  caracterizado este edificio a lo largo de su historia, aspecto medieval que ha confundido  a muchos, propios y extraños, pues la gente cree que el edificio es mucho más antiguo de lo que en realidad es (es del año 1961)-, logotipos  más o menos reconocibles, como en los casos de Thomas, Rocamador o Apesteguía  e información servicio útil: información sobre marcas, productos, servicios, si bien con escasez de recursos gráficos en algunos casos, como los de bar Montón y Agustín Beunza, que nos recuerdan, igualmente, en su economía de medios o recursos gráficos,  a la típica tarjeta de visita.

 

Sobre las fiestas de San Fermín Chiquito y otros eventos festivos (1947-1967)

Si en una entrada anterior hablaba de las fiestas de San Fermín en los años de la postguerra, me voy a detener en esta ocasión en la celebración de las fiestas de San Fermín Chiquito, el 25 de septiembre. Para empezar conviene aclarar que San Fermín es el patrón de la diócesis de Pamplona y copatrón de Navarra junto a San Francisco Javier pero no lo es de la ciudad, patronato que recae en San Saturnino. La del 25 de septiembre es una de las tres fechas dedicadas en el calendario litúrgico local  a San Fermín, junto al 7 de julio y un domingo variable de enero en que se celebra la función de las Reliquias del Santo.  Por aclarar más aspectos relacionados con San Fermín: hasta el año 1590, las fiestas grandes de San Fermín tenían lugar el 10 de octubre, fecha en que se conmemoraba  la entrada del Santo en su sede de Amiens, hasta que un buen día el obispo de la Diócesis, Bernardo Rojas Sandoval, a instancia del Ayuntamiento, acordó trasladar las celebraciones a unas fechas climatológicamente más propicias aprovechando la coincidencia con la feria franca que se celebraba a finales de junio en Pamplona desde 1381,   y desde entonces, desde 1591, las fiestas vienen celebrándose en torno al día 7 de julio. El 25 de septiembre es, en cambio,  la fecha en la que se conmemora el Martirio, por decapitación,  de San Fermín, en Amiens, en el año 303, sin embargo la celebración de las fiestas de San Fermín Chiquito se trasladan normalmente al  fin de semana más próximo a esa fecha para facilitar la participación de la gente.

Se tienen noticias de que, ya en el siglo XVI, existía una basílica dedicada a San Fermín en la calle Aldapa, donde se cree, según la tradición, que estaba la casa de Firmus, padre de San Fermín. El templo que es el más antiguo y el único erigido en su honor, en Navarra, tiene no obstante reminiscencias románicas con sus tres puertas, sus serie de ventanales y sus modillones. En cierto tiempo lo ocuparon tres monjas mercedarias y en ese edificio se alojaron también los Trinitarios, cuando en 1608, vinieron a Pamplona para hacer una fundación. En el año 1883 se entregó este histórico templo, con el edificio contiguo, a los Padres Misioneros del Corazón de María para que atendieran su culto. Lo restauraron pues estaba casi en ruinas y emplearon en las obras casi 50.000 pesetas. En 1941 llegaron a Pamplona las últimas reliquias del santo mártir y dichas reliquias se guardan en una arqueta gótica dentro de la citada basílica.

Como quiera que a finales del siglo XVIII abundaba la celebración de las fiestas de los barrios, -eran considerados barrios muchas calles del Casco Antiguo y algún núcleo de población  extramuros-,  que  llegaban  a más de 20, el Ayuntamiento tuvo a bien regular su celebración mediante una  autorización previa. Ya en el siglo XVI  se habían publicado  las Ordenanzas de la ciudad y sus diferentes oficios en el que se hacían las siguientes consideraciones sobre los bailes y danzas: “teniendo en cuenta que en los bailes y danzas de los mozos y mozas de servicio se hacen con mucha descompostura y señales deshonestas como son abrazarse las manos con las mozas con ademanes de besarse y otras cosas de atrevimiento se ordenaba que los bailes debían de terminar cuatro horas antes de la cena y que de ninguna manera se practicasen en los zaguanes y entradas de casas aunque lloviera y advertían al juglar que apenas observase alguna deshonestidad dejase de tañer la música”. Las más animadas  mecetas o fiestas de los barrios eran las que celebraban los mozos de la Rochapea y San Juan.

Durante siglos la conmemoración del Martirio tuvo un gran seguimiento en la ciudad, de hecho es la más castiza y antigua festividad dedicada al santo moreno, y se celebró al menos hasta 1836, año en que los concejales dejaron oficialmente de participar en el acto (bueno volvieron a hacerlo en 1839, pero solo ese año). Poco a poco se fue olvidando la fecha del 25 de septiembre, de modo que  a principios del siglo XX las celebraciones tenían fundamentalmente un carácter religioso y consistían básicamente en funciones solemnes que se celebraban  en la basílica de San Fermín de Aldapa,   complementadas con algún festejo organizado por el Ayuntamiento, al estilo de las fiestas chiquitas que organizaban otros barrios del Casco y de la ciudad, que fueron creciendo en variedad con música, danza, toros, cohetes y comidas populares. En los años 20 las fiestas volvieron a decaer y se suspendieron durante 24 años, desde 1923 a 1947. En 1944, dice José María Pérez Salazar que se organizaron en la ciudad, con motivo de la conmemoración de San Fermín de Aldapa, tres corridas con sus correspondientes encierros, de las cuales tuvieron que suspenderse dos de ellas por intensas lluvias. Pero es en 1947 cuando de verdad se volvieron a recuperar las fiestas, tuvieron mucho que ver en ese propósito personajes del barrio como Castejón, Aristu o Pio Jimenez.  Resumo el programa de fiestas de los sanfermines chiquitos de 1948 que supusieron una nueva etapa en la recuperación de las fiestas de San Fermín Chiquito.

En 1948, las fiestas comenzaron el día 24, a las 12 del mediodía, con volteo de campanas y cohetes, y salida de Gigantes y Cabezudos. A las 7 de la tarde se celebraron las solemnes vísperas en la capilla de San Fermín de los Padres Corazonistas, que se vestían de gala, y a continuación se realizó la Novena (el novenario comenzaba una semana antes), mientras que  una charanga recorría las calles del barrio con alegres pasacalles. A las  10 de la noche, en la plazoleta de la Cuesta del Palacio, hubo música de baile y verbena. Al día siguiente a las 10 de la mañana salieron unos originales Gigantes y Cabezudos de su Palacio de la calle del Carmen, como aquellos antiguos Gigantes del Churrero, con sus originales collares de huevos  cocidos colgando, amen de otras extraordinarias delicias gastronómicas, (posteriormente saldrían los de Tafalla), por la tarde la charanga, en el local del Bullicio Pamplonés se entregaron los premios del Campeonato Navarro de Natación y terminó la jornada nuevamente con música de baile y verbena. El día 26, domingo, a las 10.30 se celebró por primera vez la procesión con la efigie del Santo que recorrió las calles Mañueta, Curia, Navarrería, Carmen y Dos de Mayo hasta la Basílica de San Fermín de Aldapa. La procesión  no tuvo demasiado éxito ya que en 1949 ya no salió. A continuación se ofició una misa solemne con la participación de una masa coral en la que destacó, este año, el tenor Julián Olaz y a las 13.30 se celebró una carrera pedestre infantil. Por la tarde  se anunciaba una gira a la arboleda del Portal de Francia actuando la charanga de 4 a 7, tocando luego pasacalles por el barrio hasta la Cuesta del Palacio donde seguiría hasta las 9 de la noche con música de baile. A las 10 se quemó un toro de fuego que salió de la plaza de San José por Navarrería, Carmen para terminar en Mercaderes, frente al Restaurante Blanca de Navarra. Luego, de nuevo música de baile. Durante estos tres días y hasta el día 30 de septiembre se instaló en la plazuela de la Cuesta del Palacio un carrusel infantil. También y además de la charanga amenizaban los festejos por la calle gaiteros y txistularis. Hablando del Bullicio, en 1948, esta sociedad anunció con motivo de las fiestas de San Fermín de Aldapa la celebración de sesiones de baile, de 11 a 2,30 de la madrugada, el día 25, de 6 a 10 y de 11 a 2,30 el día 26 y de 8 a 11.30 el día 27 de septiembre.

Damos un salto de una docena de años y revisamos el programa de fiestas del año 1961. Este año las fiestas se extendieron desde el sábado 23 al martes, 26 de septiembre. El chupinazo, desde la plazuela de los Padres Corazonistas, abrió la fiestas junto a un repique general de campanas. A las 7 de la tarde se celebraron las solemnes vísperas en la basílica de San Fermín de Aldapa. A las 8.30 recorrió las calles del barrio la comparsa de Gigantes y Cabezudos y la agrupación vasco-navarra de txistularis y de 10.30 a 1,30 hubo una gran verbena popular en la plaza de Santa Cecilia así como una actuación de la Rondalla de los Amigos del Arte. El día 24 hubo dianas a las 8 de la mañana, misa solemne a las 10, luego salió la comparsa de gigantes y cabezudos, se celebró la gran prueba atlética que organizaba  el C.D Aldapa desde el año 1950 y reparto de premios, juegos infantiles con premios (de carreras de sacos, rotura de pucheros, carreras de cintas en bicicleta, etc), festival folklórico organizado por la Real Sociedad de Amigos del País, txistularis, bailes regionales y verbena popular, como el día anterior, en la plazuela de Santa Cecilia. El C.D Aldapa se había encargado de organizar las fiestas desde el año 1956 en colaboración con algunos vecinos del barrio, como los antes mencionados. El día 25 se celebró la Fiesta de la Poesía 1961 y hubo comparsa de gigantes y cabezudos, toro de fuego y verbena para acabar el 26 con una misa y responso en sufragio de los difuntos del barrio. En 1962 hubo pregón el día 23 a las 11 de la noche por las emisoras locales y a las actividades anteriores se añadió un concurso de chocolatada y la participación del cuadro de danzaris del Muthiko. En  1963 las fiestas se extendieron del 27 al 29 de septiembre, con misa cantada el 25 y pregón anunciado por las emisoras locales el 26. A las actividades típicas de años anteriores (dianas, comparsa, verbenas, misa, prueba atlética, juegos infantiles, chocolatada, danzas,  toro de fuego, etc.)  habría que añadir una  competición de carreras sobre patines. En 1964  tuvo especial importancia en el programa un destacado espectáculo pirotécnico con bombas y cohetes en la explanada del Redín, el día 27 y estuvo presente el gargantúa de Bilbao. En los años siguientes se continuó con un programa de actividades similar.

En 1967 se anunciaba, en el programa de fiestas, que el día 16 de septiembre recorrerían las calles del barrio los componentes de la sociedad Euzko Basterra con los txistularis y vestidos a la usanza del País para hacer una colecta, hubo también novenario, del 17 al 25 de septiembre, y pregón por las radios locales el día 22. El día 23, a las 12, se lanzó el tradicional chupinazo y hubo repique de campanas y a la misma hora recorrido por las calles de una banda militar así como de un grupo de txistularis. A las 8 de la tarde desfile de cabalgata con txistularis, grupo de danzas, gigantes y cabezudos, acordeonistas por las calles del barrio hasta la basílica de San Fermín de Aldapa donde se celebró una para-liturgia. Tras el acto religioso los danzaris y un doble cuarteto vocal actuaron en la plaza de San José, para acabar la jornada con la tradicional verbena en la plaza de Santa Cecilia. En el día grande hubo dianas, misa cantada por el doble cuarteto vocal con ofrenda al santo a cargo de  la sociedad Euzko Basterra, gigantes y cabezudos, campeonato de sokatira y juegos populares en la plazuela de San José, por la tarde, a las 5, juegos infantiles y bailables regionales y de 7 a 10, música popular por una banda militar en la plaza de los Corazonistas, además de la tradicional verbena. Euzko Basterra era una asociación nacida del seno de la Real Sociedad de Amigos del País y se fundó a principios de esta década, como veremos, próximamente, en alguna  entrada de este blog.

En el año 1976 se hizo cargó de la organización de las fiestas de San Fermín de Aldapa   la comisión de fiestas de la Navarrería que recuperó nuevamente los festejos y paseó de nuevo al santo por las calles del barrio. Hubo además un gran alarde de txistularis txikis. Actualmente el comienzo de las fiestas tiene lugar el viernes con el lanzamiento del txupinazo. Previamente se ha  elegido al alcalde txiki que preside los actos festivos. Se mantienen actos tradicionales como el chupinazo, la procesión, el toro de fuego, las dianas, las verbenas,  charangas, danzas, etc. El Cross de los Carrozas es una de las actividades más veteranas:  va a cumplir 37 años. Su 1ª edición se celebró en 1980. También se hacen concursos de calderetes, chistorradas y chocolatadas, cenas y comidas populares, actuaciones de dantzaris,  desfile de los gigantes y kilikis del barrio, exhibiciones de deporte rural, campeonatos de mus y de pelota, encierros txikis y otras actividades infantiles, feria de artesanía y numerosos conciertos, etc. Entre todo este montón de actos la procesión que se celebra el domingo en honor de San Fermín de Aldapa es uno de los actos centrales de las fiestas y uno de los más multitudinarios. La comitiva suele estar acompañada por la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de la ciudad, la banda municipal (La Pamplonesa) y el grupo de danzas municipal Duguna. Entre el año 2008 y el año 2014 existió un programa de actos festivos que organizaba la Comisión de Fiestas del Casco Viejo y, otro, que promovía el Ayuntamiento de Pamplona. Ya no se celebran ni encierros en septiembre ni corridas, pero sí hubo un intento con cinco encierros en 1991 (día 22 de septiembre), 1992 (19 y 20 de septiembre) y 1993 (25 y 26 de septiembre).

Las fiestas de San Fermin Txikito más recordadas fueron, no obstante, las de 1978, cuando se trasladaron a septiembre los encierros y corridas que habían quedado en Pamplona, tras la suspensión de la fiesta en julio. Ese año, después de varias reuniones de las peñas con el Ayuntamiento y la Casa de Misericordia, Pamplona recuperó parte de los sanfermines perdidos en julio los días 23, 24 y 25 de este mes, fechas que fueron declaradas por el Ayuntamiento de Pamplona, ese año, como fiestas menores. La Casa de Misericordia se comprometió a organizar las tres corridas, con sus correspondientes encierros, a pesar de que no se cumplieron las condiciones económicas que había impuesto en un principio. La Casa de Misericordia había pedido que le entregarán 13 millones de pesetas, con los que se comprometía a organizar el apartado taurino de las fiestas. A pesar de que con la venta de abonos sólo se obtuvieron poco más de  de 6 millones de pesetas el Ayuntamiento de Pamplona se comprometió  a avalar otros cuatro millones para que las fiestas se celebrasen con encierros. Por su parte las peñas llevaron a cabo una intensa campaña de venta de abonos para las corridas, apoyada por un cartel con el siguiente lema: San Fermín txikito, si tú quieres. Igualmente, el Ayuntamiento de Pamplona recuperó parte de los espectáculos populares que estaban previstos para los sanfermines de julio y que se tuvieron que suspender como consecuencia de los sucesos acaecidos el día 8. Se  confeccionó  un programa de fiestas para los días 23, 24 y 25 de este mes, similar al de los sanfermines de otros años, con un montón de actividades: verbenas, encierros, corridas, barracas, etc. Muchos recordamos aquellas fiestas como unos sanfermines grandes pero para los de casa, sin el agobio y los problemas derivados de la masificación que sigue atenazando nuestras fiestas mayores.

En 1966 y a semejanza del barrio de la Navarrería, en el burgo de San Cernin celebraron unos festejos en honor a San Saturnino, promovidos por la Sociedad Cultural Deportivo Recreativa Anaitasuna que a la sazón tenía su sede en el 1º piso del nº 35 de la calle Mayor. Lo hicieron con la colaboración de todas las sociedades y grupos deportivos del barrio: Napardi, Los Amigos del arte, Auroros, peñas como los Irunshemes, La Saeta, clubs deportivos como Aldapa, Venecia,  C.D Iruña, Judo Club de Pamplona, Federación Navarra de Pelota, el Centro Mariano, etc. Se celebraron entre el 26 y el 29 de noviembre. El cohete anunciador de las fiestas se disparó desde el balcón de la emisora Radio Popular situada en el convento de los Dominicos, seguido de repique de campanas de la Iglesia de San Saturnino y los conventos del barrio. Luego txistularis y acordeonistas recorrieron las calles. Por la tarde hubo visita a la guarderia infantil del barrio, música regional en la plaza de Santa Ana, el primer trofeo de Judo en el pabellón deportivo (¿Anaitasuna?) y de 22.30 a 1 horas, música bailable en la plaza de Santa Ana. Al día siguiente dianas con txistularis, visitas a los enfermos del barrio y Hospital Militar, exhibición motorista y exhibición de danzas en la plaza del Mercado, juegos infantiles en la plaza de Santa Ana, festival deportivo-folklórico en la plaza del Mercado y música bailable de 19 a 21.30 y de 23 a 1.00 horas, el lunes, 28 primer trofeo de Natación, música regional y bailable así como rondalla, por las calles, a cargo de Los Amigos del Arte. Y por último el día grande, el día 29, auroras, dianas, misa, partidos de pelota en el Labrit, procesión y misa solemne con la asistencia de las autoridades, exhibición del aizkolari Patxi Astibia y cuadro de danzas, almuerzo, festival deportivo-folklórico, música bailable y a las 22.00 retreta floreada por la banda militar del Regimiento de Infanterial en la plaza Consistorial, toro de fuego y música bailable. Además hubo baile de sociedad en la Asociación Los Amigos del Arte, los días 27 y 29  a las 7.30 y funciones cinematográficas en el Salón del Centro Mariano. Al año siguiente, en el programa de fiestas de 1967, el párroco de San Cernin criticaba la escasa participación de la juventud en los actos religiosos y la  excesiva prolongación de los bailables, concretamente hasta la una de la madrugada. El programa fue similar al del año anterior. El día grande tuvo como novedad una exhibición de lucha por los famosos carneros de Leiza. El resto de actividades fueron muy parecidas.

Fotos por orden de aparición (sin contar los programas festivos): Foto nº 1: Procesión de San Fermín Chiquito a su paso por la calle Mañueta (1948), Julio Cia. AMP;  Foto nº 2: Mercado de Santo Domingo. (1924). Foto postal de A. de León. Foto nº 3: Panorámica de la Cuesta del Palacio, Plazuela de los Padres Corazonistas, Capitanía General. Foto postal Vda de Rubio (Años 20-30). Foto nº 4: Portal de Francia. Años 20-30. Postal de Librería Aramburu.  Foto nº 5: Calle Navarrería. (1945). L. Roisin.  Foto nº 6: Plazuela de Santa Cecilia. Años 60-70. Ediciones Iruña. Foto nº 7: Ronda Obispo Barbazan. Finales de los años 50. Ediciones Garcia Garrabella. Foto nº 8: calle Blanca de Navarra, en su tramo final. Años 20-30. L. Roisin.  Foto nº 9: Casa de la Maternidad, tras su traslado al Hospital Provincial. (1935). Julio Cia. Foto nº 10: Fuente de Santa Cecilia antes de su traslado a la actual plaza (1903). Aquilino García Dean. Foto nº 11: Entrada principal del Palacio de Capitanía. (1933). Foto nº 12: Abside de la Catedral y Ronda del Obispo Barbazan. Años 30. L. Roisin

     

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Segunda parte.

Retomo la serie de los “comercios del Viejo Pamplona” con  la segunda parte de la calle Estafeta, recordando todos  los establecimientos que podíamos encontrar, en la primera mitad del siglo XX, en este segundo tramo de la calle, que comienza en el cruce con  la bajada de Javier y termina  en su cruce con las calles Juan de Labrit, a su izquierda, y Duque de Ahumada, a su derecha. Empezando por su lado izquierdo, donde sigue estando Casa Lange, había en torno a 1905 una tienda de chocolate que también  fabricaba, como era habitual en este tipo de establecimientos, pailas para velas de cera, y que figuraba a nombre de Herederos de Estanislao Larrosa. Más tarde en el nº 45 aparecía la firma Hidalgo y Ayestarán, con exposición y venta de automoviles, aunque ya pronto aparece por ahí Casa Lange. Tengo datada la ubicación de Casa Lange en este lugar al menos desde 1925.

Casa Lange fue fundada por Federico o Fritz Lange e inicialmente formó sociedad con Federico Standfuss al que ya nos hemos referido cuando hemos repasado los comercios de la calle Mayor (Y es que Standfuss, tras su separación de Lange, pondría un negocio  similar (de loza, porcelana y cristal y otros productos similares) en el nº 37 de la calle Mayor bajo el nombre de La Alemana. Casa Lange que ha vendido siempre un poco de todo (objetos de regalo, juguetería, bisutería, quincallería, etc), como si fuese una especie de bazar,  mantiene actualmente  buena parte de su fisonomía inicial de comercio de principios del pasado siglo, siendo regentado a partir de los años 40 por Margarita Zabala Uribe. Tanto Lange como Standfuss pertenecían al grupo de alemanes (de mas de 200) que llegó a Pamplona, procedente del Camerún en mayo de 1916. En los años 30, no obstante, en ese mismo número 45, aparece, también, una tienda de confección de señora,  la de Encarnación Alonso.

En el nº 47, donde  ha estado siempre  el centro de jubilados de la CAN estaba la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal. Esta fue su primera sede antes de que se trasladara a la esquina de Mercaderes con Chapitela en los años 20. En los años 50, en ese primer tramo, junto a Casa Lange, estaban la tienda de máquinas de coser de Ruperto Andueza, también era zapatero y la mercería de María Urriza que   vendía también géneros de punto. En los números 49 y 51 donde hoy está  el bar-restaurante-sidrería Chez Belagua estaba en los años 20, el bar y la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Fernando Lusarreta, socio en aquellos años de Serafín Oderiz, si bien en los años 30 se traslada al nº 61 de la calle donde hoy está la tienda de ropa Motufashion, ya bajo la dirección de su viuda y luego de sus hijos. El negocio perviviría hasta bien entrados los años 60. En ese lugar encontraremos a partir de esos años (años 30)  la casa de comida de Julián Indabere y desde los 40-50 la panadería-pastelería-confitería de D. Francisco Irujo Gonzalez Tablas, luego Irujo y Gascon, vamos, la Cafetería Belagua de toda la vida, aunque la propiedad de esa cafetería pastelería cambió en el año 1984, convirtiéndose en un establecimiento de hostelería. En el nº 51 estaba, en  los años 30, el pintor Sinforiano Goñi  y en los años 40 más adelante, donde está el asador Erretegia, nº 53,  estaba la churrería de Miguel Fernández Jimenez y la lechería de Pedro Ancizu Eguaras,  donde hoy está la tienda Globe Trotter (nº 55)  estaba en los años 20 la carpintería de madera para construcción de Remigio Zalba y en los 30,  en este mismo número se encontraba la cubería de  Hijos de Pezonaga y  la casa de huéspedes de Francisco Marquínez, mientras que  en los años 50 hacía lo propio el restaurante de Carlos Pascualena Gembero, regentado luego por los hermanos Elizalde.

En el nº 59 donde hoy esta la sala de juegos Estafeta teníamos en 1905 al vendedor de cal, yeso y ladrillo, Pedro Fernández, que sería relevado en los años 30 por el tonelero Isidro Pezonaga. En el nº 61, pero en un primer piso, hallábamos el celebre colegio de Gabina Ezquerro, luego de las hermanas Ezquerro, que permanecería en el lugar durante cerca de 50 años. Posteriormente, en el nº 63, donde se encuentra la carnicería Arbi  había en los años 30 una carpintería mecánica, posteriormente donde hoy hay una de las tiendas de Atanasio Echarri, estaba el tonelero Pedro Garbayo y décadas después la fontanería, hojalatería  y cristalería de Maria Cruz Archanco Udobro que vendía e instalaba además material sanitario y de calefacción.

En el nº 67, donde durante muchas décadas, al menos desde los años 60 y hasta bien entrado el siglo XXI, estuvo la tienda de Orbaiceta luego Millar Estafeta, estuvo en la primera década de siglo, la fábrica de electricidad Hidroeléctrica Franco-Española, sustituida en los años 30 por la fábrica de cupriol o sulfato básico de cobre, Sociedad Anonima de Cupriol. Desaparecida ésta, en este número encontramos, después de la guerra, la sede de Fuerzas Electricas de Navarra que producía electricidad, alquilaba los contadores de luz e instalaba, vendía y reparaba maquinaria y material eléctrico. En el nº 69, donde hoy está Chez Evaristo hallábamos, a primeros de siglo,  el bar El Moderno, regentado por Venancio Sánchez. Posteriormente aquí encontraríamos un café público con mesas de billar regentado por Macario Arguiñano Echeverría, “Los billares” hasta que el bueno de Evaristo Salinas abrió su bar Casa Evaristo a primeros de los años 60, que hace ya unos cuantos años compró José Luis Biurrun Olave cambiándole el nombre por Chez Evaristo.

En los años 20, donde se encuentra hoy el bar La Granja estaba la tienda de José Les, “La Oficina Americana” que vendía máquinas de escribir, aparatos multicopistas y accesorios; en el primer piso tenía una agencia o gestoría que se dedicaba a diversos negocios. También en este número, en los años 20,  tenía la razón social Alfredo Urra, industrial local, herrero, cerrajero, dueño de garajes, taller mecánico,  autobuses y taxis conocido porque uno de sus coches, un Clement  Bayard, es considerado como el primer coche que ejerció de taxi, como tal, en Pamplona. Fundó junto a Manuel Ros, en los años 50,  la fábrica de frenos Urra en la Rochapea. Posteriormente desde los años 30 lo podíamos encontrar en el nº 73. En los años 50 en este local del nº 71 encontrábamos ya un negocio hostelero, un café público, con mesas de billar, su dueño, Luis Desojo Sanz que lo regentó hasta finales de siglo.

En el nº 73 donde se encuentra la tienda de camisetas “Eh toro, eh” y en tiempos estuvo una de las dos tiendas del Supermercado del Cassette había en 1905 una herrería,  la de Joaquín Urricelqui, en los años 40, sin embargo encontramos aquí una tienda de alimentación, también vendía café al por mayor regentada por Joaquín Goicoechea Ichaso que permanece al menos hasta los años 60. En 1958, en el primer piso Alejando Elizari y Felisa Garcia fundaban el restaurante Josetxo que en 1985 se trasladaría a la plaza Principe de Viana. A continuación, donde hoy esta un Totos, en 1908 estaba la posada de Matilde Lazaro que en los años 20 regentó Librada Lopez. En los años 30 había una tienda de coloniales, con especialidad en jamones y chorizos dirigida por Julian Muniain que en los años 50 estaba a nombre de Eloy Ciganda Goñi, negocio familiar que continuaría años más tarde con Esteban Ciganda. En este mismo nº tuvo su razón social también en los años 30 el negocio de venta y alquiler de bicicletas de Vicente Gracia que vemos en la foto que acompaña al siguiente párrafo.

En el nº 77 donde estuvo durante los últimos años Moda Hogar Casal hubo, a primeros de siglo, una tienda que vendía aceite, vinagre y jabón al por menor, además de cereales y pupilages para caballerías, a nombre de Josefa Uriz. Posteriormente en este local ha habido un negocio de blanqueamiento de cera, en el primer piso, el taller de sastrería de Demetrio Baztán, y antes de Casal creo recordar que hubo una tienda de moda que se llamaba London. Luego venía la carbonería de Abdon Maestu Alustiza y la carnicería de Gregorio López. Yo en ese lugar he conocido la Pastelería Salcedo, en la última fase Pastelería Andueza. Para acabar este lado, antes de llegar al cruce con Tejería,  encontramos donde estuvo Casa Sixto, en el nº 81,  a lo largo de la historia, diferentes usos: a comienzos del siglo había lo que se llamaba un  bodegón, también era fábrica de gaseosa y vino, se vendía vino por decalitros, lo dirigía Miguel Goñi, luego en los años 30, Leocadio Urtasun montó un bar y casa de comidas. Recordemos que este hombre también tenía una tienda de alimentación al final del primer tramo de la calle. En los años 40-50 será Juan Artazcoz quien regente el negocio hostelero así  como  Apolonio Aquerreta lo hará en los 60.

A continuación, en el nº 83, encontramos  el reformado Casa Juanito, que en tiempos dirigía Juan Barberena y luego otro local que tanto la planta baja como la primera casi siempre tuvieron uso hostelero: y es que en el nº 85 hallamos en 1908, la posada de Cesareo Lezaun, que luego en los años 20 aparecía como La Roncalesa (Sucesor de Lezaun) con fonda y casa de huespedes. Felix Tirapu dirigíría posteriormente la fonda restaurante San Fermin en los años 40 y en los 50 lo haría Pablo Berastegui. En la primera planta en los años 60 y 70  estaba aquí el restaurante Ibarra regentado por Antonio Ibarra. Será en esos años cuando se hagan cargo del bar de la planta baja Miguel Flores y Joaquín Corral  que lo convertirán en el conocido Casa Flores, hoy El chupinazo. Posteriormente, a primeros de siglo, en el nº 87, estaban los constructores de carros y coches: Hijos de Bonifacio Labarta y Jose Bon, algunas décadas más tarde aquí aparecía Juan Sagües con venta de abonos minerales, harinas y cereales, para acabar este lado de la calle con la farmacia (también era óptica, droguería y perfumería) de Javier Navascués, en el lugar al menos desde los años 30 y posteriormente la peluquería y barbería de David Zoco.

Regresamos al cruce con la bajada de Javier, esta vez recorriendo la calle por su lado derecho. Hasta bien avanzado este lado del segundo tramo, no encontramos locales comerciales. En primer lugar se hallaba y se halla el Palacio de Goyeneche y más tarde una serie de locales desocupados, muchos de ellos almacenes de locales que daban a la plaza del Castillo y que se encontraban bajo la cota de la calle. En el nº 42, donde hoy se encuentra Regalos Olentzero, tenía su razón social, en 1905 Francisco Lorente, almacenista de carbón vegetal, en los años 50 y 60 en ese lugar estaba la carbonería de Abdón Echauri;  a continuación en un local hoy sin uso comercial encontrábamos a Rafael Zugarrondo, constructor de baules, si bien a partir de los años 20 se traslada al nº 38, donde durante mucho tiempo estuvo el Bar Las Vegas, hoy un kebab. En los  años 30, en el nº 46 estaba la sede del Pensamiento Navarro. En esos mismos años, en el nº 48, donde hoy está el Zanpa estaba la tienda de coloniales, tocinos y jamones de Jacinto Chocarro. Había que llegar hasta el nº 52, en los años 30, donde hoy está el Bodegón Sarria para encontrar otra carbonería, la de Manuel Eraso al que sucedió Eusebio Echarri. En el año 1959 se instalaría allí el bar Señorio de Sarria. En la actual Cervecería La Estafeta había en los años 50 y 60  otra carbonería, la de Vicente Goldaraz;  Donde hoy está el Hilarión  encontramos a  comienzos del siglo otro almacen de carbón, este de  Vda de Astrain si bien en los años 30 hallamos en este lugar la carpintería de Aurelio Biurrun, constructor de baúles. El actual Fitero, sito en el nº 58, ha tenido un uso hostelero desde por lo menos comienzos del siglo sino antes. En la primera década del siglo XX se encontraba allí la taberna de Felipe Oderiz, regentada posteriormente por Jacinto Chocarro, citado anteriormente, la misma taberna que años más tarde, al menos desde los años 40, regentaría Candido Ardanaz Imizcoz, bajo el nombre de Bar Prados hasta que en el año 1956 lo coge el matrimonio formado por Cesareo de Luis Diaz y Elvira Beorlegui Lacunza y lo convierten en el Bar Fitero

Acabamos este tramo y nos encontramos con la travesía Espoz y Mina. Donde hoy hay una tienda de Deportes Atanasio, en un edificio renovado de los años 60, estaba a primeros de siglo, la fonda de Carlos Maisonnave, ya Vda de Maisonnave que, posteriormente, desde los años 20 se convertiría en hotel, el Hotel Maisonnave, con entrada también por Espoz y Mina 1. Más adelante en los números 62 y 64, donde hoy está el hotel Europa hallábamos las fondas de Candido Múgica y Javier Esparza, respectivamente, si bien en los años 30 en el 64 había una tienda de alimentación, la de Francisco Alvarez que en los años 50 y 60 aparece a nombre de Carmen Saenz y más tarde la tienda de maquinas de escribir de A. Torio;  en el 66, donde hoy hay una pizzería, estaba la abacería de Silveria Larman, sustituida en los años 30 por la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Sixto San Román, que también vemos en una foto del encierro de aquellos primeros años del siglo, junto al siguiente párrafo.  De Sixto San Román  ya hablé en la entrada dedicada a los bares y tabernas de antaño. En el nº 68, donde hoy está Tecnogalery, desde finales de los 40 estaba Victor Irisarri con su tienda de confección que yo llegué a conocer hasta al menos los años 80. En el nº 70, donde hoy está LG complementos estaba desde los años 50 al menos la pescadería de Fermina Villanueva, también un establecimiento bastante longevo.

En el nº 72, donde hoy esta Friking y durante muchos años la tienda de venta de  máquinas de coser de Casimiro Santiago, estaba, desde los años 20,  la tienda de alpargatas de Juan Pérez, luego desde mediados o finales de los años 60 aparece en este lugar la tocinería de Carmelo Moreno. En el nº 74, donde  desde hace décadas se encuentra un Taberna había un barbero, Avelino se llamaba, para acabar con el último local de la calle, que hace esquina con Duque de Ahumada, el nº 76, donde desde hace ya bastantes años se encuentra la primera tienda que abrió Kukuxumusu. A primeros de siglo aquí estaba la ferretería de Angel Artola, luego Artola y Cía, con almacén de lana en los años 20, aros para cedazos y venta de herramientas, almacenista de madera y materiales para la construcción, desde los años 30. Y desde los años 40 se instaló aquí la Mercería Feli, de Felicisimo Echeverría Gomez que también recuerdo hasta finales de siglo. Un poco antes, también en el 76 aparecía la droguería-perfumería de Maura Sola.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Segundo tramo de la calle Estafeta (1927). Luis Rouzaut; Foto nº 2. Encierro del 12 de julio de 1941. Diario de Navarra;  Foto nº 3: Encierro en el segundo tramo de Estafeta. (años 30). Foto Ruperez; Foto nº 4:  Fotopostal del encierro por el 2º tramo de la Estafeta (1965). Ediciones Vaquero;  Foto nº 5:  Foto último tramo de la calle Estafeta (sin filiar);  Foto nº 6: Alpargatería de Juan Pérez, en el nº 72 de la calle Estafeta. (1954). J. Cia. AMP;  Foto nº 7: Foto postal del encierro del 8 de julio de 1914;   Foto nº 8: Foto de la peluquería Garralda. (Años 30). L. Roisin

Recuerdos sanfermineros: “Los Gigantes de Pamplona” de Fiacro Iraizoz

Hace ya algunos años, cuando hablaba de los gigantes, cité aquel poema popular que recordaba yo de mi niñez y que recordarán seguramente  los más viejos del lugar, “Los Gigantes de Pamplona”, un poema que era enfáticamente recitado año tras año, por  Don Goyo, desde los microfonos de Radio Requeté, en los programas especiales que se radiaban antes y durante las fiestas. Vista la letra hoy en día, cuarenta años después, en la época de lo politícamente correcto, algunas estrofas nos chocarían pues responden a prejuicios y visiones anticuadas  solo entendibles en su propio contexto y época, no en vano su autor, Fiacro Iraizoz Espinal, nació en Pamplona a mediados del siglo XIX, concretamente el 20 de marzo de 1860 y falleció en Madrid el 30 de enero de 1929. También choca, aunque en la dirección opuesta,  la precoz crítica política y social que se desprende de algunas de  sus estrofas, en relación a la monarquía u otros perfiles sociales y que ha ayudado en parte a que se mantenga, en cierto sentido,  a través de la tradición oral. El poemilla no tiene  gran valor literario y sólo por su raigambre en el imaginario colectivo y personal de muchos de mis convecinos, lo saco aquí a colación, en estas fechas presanfermineras.

Iraizoz vivió pocos años en su ciudad natal pasando la mayor parte de su vida en Madrid, donde destacó como autor teatral, si bien del llamado género chico pues escribió más de 40 libretos de zarzuela. De sus obras cabe recordar Cuestión de cuartos, Diente por diente (1886); Las propinas, Los molineros y La tertulia de Mateo (1887); Los callejeros y La beneficiada (1888); La corista, Madrid-Club y Los langostinos (1889); Selilla (1890); La boda del cojo (1891); La madre del cordero, El cascabel al gato, Los impresionistas y Pobres forasteros, estas dos en colaboración con Navarro Gonzalvo (1892); La mujer del molinero y Los voluntarios (1893); Viento en popa (1894); El señor corregidor, Los de Ubeda y La vuelta del vivero (1895); El barbero de Sevilla (1896); El mantón de Manila (1898); José Martín el tamborillero, La noche de la tempestad y Polvorilla (1900); Chispita o el barrio de Maravillas (1901); Patria nueva y El ramo de azahar (1903). Como libretista de zarzuela, destacan Luz verde (1899) y Lola Montes (1902), Patria nueva (1903) y Al cantar de la jota (1912), con música de Amadeo Vives, y La roncalesa, que firmó con el maestro Larregla* (1897). En 1885 fue premiado en el Certamen científico, literario y artístico de Pamplona por su poesía Un recuerdo para mi tierra. Sin embargo, su composición poética más conocida es la mencionado Los gigantes de Pamplona, dedicada a su hijo,  que publicó en Pamplona La Avalancha, en su nº 224, el 8 de julio de 1904, si bien fue firmada por primera vez el 6 de julio de 1896 y publicada en Madrid por la revista semanal de Artes y Letras “Instantaneas” en 1898. Fiacro Iraizoz fue también promotor del Monumento a los Fueros levantado en Pamplona (1903) como consecuencia de la Gamazada. De aquellos primeros años del siglo XX reproduzco, junto a este párrafo,  una bonita foto de Roldán e Hijo que data de 1912, donde vemos a nuestros veteranos gigantes bailando, como dice el poema, al son que les tocan,  acompañados del gentío.

Fotos: Nº 1: Fiacro Iraizoz Espinal. Fundación Juan March. Archivo de Carlos Fernández Shaw; Fotografía personal dedicada a Carlos Fernández Shaw. Fotos Nº 2 y 3: Reproducción del poema “Los gigantes de Pamplona” en el suplemento especial de la revista “Instantaneas”.  Revista Semanal de Artes y Letras (1898-1900). Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid. Foto nº 4. Los gigantes a su paso por la calle San Saturnino (1912). Roldán e Hijo.

Hace 50 años se plantearon suprimir el encierrillo (1967)

El 15 de junio de 1967, en la sesión del pleno del Ayuntamiento de Pamplona de aquel día, se debatió una curiosa propuesta que, afortunadamente, no prosperó. El concejal Agustín Latorre defendió una propuesta para suprimir el encierrillo de los toros, que conduce a los toros desde los Corrales del Gas hasta los de Santo Domingo. En la votación posterior votaron a favor de la supresión del acto cinco concejales, a saber, además del mencionado Latorre, Huici, Ezponda, Muez y López Cristobal. Se hacían, así,  eco de las protestas de los vecinos de la Rochapea quienes argumentaban que se les impedía el paso y por lo tanto el acceso a la ciudad durante más de hora y media, además de aludir a los consiguientes problemas de tráfico, la seguridad de los vallados, el riesgo que corrían los toros en la carrera nocturna y el que, en definitiva,  no era un espectáculo. El asunto fue tema de corrillos y tertulias ese día y el siguiente y en esta ocasión triunfó la fuerza de la tradición sobre otro tipo de consideraciones.

El encierrillo forma parte fundamental de lo que para mí es uno de los ejes centrales de nuestras  fiestas, el toro y el Encierro, el gran acto por el que nuestras fiestas son  mundialmente conocidas y realmente diferentes a cualquier otra, -al margen de celebraciones religiosas tradicionales cada vez más masivas y populares como es el caso de  la procesión de San Fermín-. Es además, una de las última reliquias  históricas taurinas que nos habla de la forma en que se conducían, siglos atrás, los toros bravos a la plazas. Hasta el siglo XIX las reses que llegaban a los festejos taurinos de Pamplona lo hacían por la zona sur y pastaban en terrenos de los sotos del Sadar y Esquiroz. Al amanecer eran guiados hasta el prado de San Roque por la zona de Fuente del Hierro y la Vuelta del Castillo y desde allí hasta la zona del recorrido del Encierro. Es a partir de 1887 cuando la manada se empieza a guardar en el pequeño baluarte de la muralla, junto al desaparecido Portal de Rochapea, en el lugar hoy conocido como los corrales de Santo Domingo. Será un suceso acaecido el 10 de julio de 1898, que provocó la desbandada de toda la manada de los toros de Concha y Sierra, el hecho que haría al Ayuntamiento tomar la decisión de sustituir el Soto del Sadar por la antigua  fábrica de gas, regentada por una firma holandesa, que había cerrado  en 1888 por la llegada de la luz eléctrica a la ciudad. A partir de 1899 se comenzó a celebrar el encierrillo tal y como lo conocemos en la actualidad. Los corrales del Gas conocieron dos reformas importantes a lo largo de su historia, la primera en 1918, en la que se construyeron todas la infraestructuras necesarias para hacerles merecedores de ser considerados unos verdaderos corrales y en 1943,  fecha en que se derribaron los restos de la antigua fábrica de gas. Los pamploneses pudimos tener la posibilidad de ver un espectáculo inédito: unos  encierrillos bastante más largos en duración y extensión y de ver a los toros  corriendo sobre el río, sobre el puente del Plazaola, ya que en 1994 el Ayuntamiento decidió habilitar unos nuevos corrales junto a la antigua fabrica de levaduras,   cerca del túnel del antiguo ferrocarril de vía estrecha, pero esos corrales nunca entrarían en funcionamiento, por lo que ese curioso espectáculo nunca lo pudimos ver. A los viejos corrales les quedaba, todavía, una década de vida.

El encierrillo no tiene hora fija, se ha estado celebrando a lo largo del tiempo  entre las 22.00 y las 22.30 horas (Balduz llegó a retrasarlos, en 1989, a las 23.00 aunque de hecho tampoco se celebraron ese año a esa hora por coincidir con los cohetes). Se hace sin corredores y en silencio, sólo les acompañan los cabestros, mientras los pastores, posicionados a lo largo del recorrido, van detrás. El recorrido del encierrillo, desde los corrales del Gas hasta los de Santo Domingo ha tenido  durante la mayor de su historia 440 metros de distancia, si bien desde 2004, con el derribo de los antiguos corrales y la construcción de los nuevos se ha quedado en poco más de 300.   Cuenta, como en el Encierro,  con su correspondiente vallado en todo el recorrido. Es evidente que, con el cambio de corrales, aparte de perder metros también se perdió parte de su encanto ya que  la carrera comienza ahora en la antigua plaza del Arriasko,  al no existir  la antigua y estrecha Calleja de los Toros.  El acto, pese a todo,  mantiene todavía cierta mística, seguramente por ese oscuro silencio y la bella estampa de los toros corriendo bajo la luz de la luna y las farolas de la Cuesta, junto a las murallas del Paseo de Ronda. Dos toques de cornetín indican, el primero, que el corral de Santo Domingo está libre, el segundo, a cargo de un guardia en el puente de la Rochapea, que la subida a los corrales está despejada. El acto termina cuando un agente confirma que las reses han entrado en los corrales. Se facilitan pases para verlo por parte del Ayuntamiento aunque son muy escasos y difícil de conseguir. Está prohibido tomar fotos con flash o hacer ruido y su duración suele estar en torno al minuto. Según el historiador de las fiestas, Luis del Campo, hubo toros que se escaparon en el acto del encierrillo en los años 1917, 1922 y 1951. En los dos primeros casos (1917 y 1922) los toros saltaron el pretil de piedra y huyeron hacia la zona del Molino Viejo, siendo recuperados a las 6 de la mañana, a la hora del encierro, entonces, en el primer caso,  y a la 1 de la madrugada en el segundo. El tercero rompió un tramo del vallado de la antigua plaza del Matadero o Arriasko, sembrando el pánico entre el público asistente.

Fotos: Nº 2: @Eltresjuncos.instagram, Nº3: sanfermin.espaciohemnigway.com

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Primera Parte.

Retomo una serie muy bien acogida por los lectores de este blog que es la de los “Comercios del Viejo Pamplona”. En esta ocasión me acerco a nuestra calle más internacional, la calle de la Estafeta que, dada su extensión, dividiré en dos partes, la primera parte llegará hasta el cruce con la bajada de Javier, una zona que siempre tuvo mayor  peso comercial que la segunda. En la segunda entrada, partiré de este cruce para llegar hasta su confluencia con Duque de Ahumada, donde encontramos un significativo número de establecimientos hosteleros, salpicados entre algunas pequeñas tiendas, aunque quizás no había entonces tantos bares  como  ahora.  La Estafeta es la tercera calle más larga del Casco, después de Nueva y Mayor, con  algo más de 300 metros de longitud, en los que encontraremos en torno a 89 establecimientos de diferente tipo. Como en entradas anteriores haremos retroceder la imaginaria moviola del tiempo y nos situaremos en las postrimerías del siglo XX, al principio de la calle. Si mirásemos a la izquierda de la calle, veríamos la fábrica y tienda de chocolate de Tiburcio Guerendiáin, que como el resto de este tipo de tiendas también hacían pailas  y blanqueaban la cera (de hecho  ahí tenía su sede la Sociedad de Cereros), si, ahí donde lo oyen, para mí ha sido una sorpresa, pues he identificado siempre el apellido Guerendiáin con otro tipo de actividades, si bien es cierto que ya para entonces también se dedicaba a la venta de materiales de construcción (cal, yeso, ladrillo, asfaltos, baldosas, azulejos, etc). El negocio de los chocolates no se prolongaría demasiado en el tiempo ya que para los años 20 Guerendiáin ya se había centrado única y exclusivamente en el negocio de los materiales para la construcción incorporando a su catálogo de productos aparatos sanitarios, venta de piedra artificial, tubería de gres, etc.

Es, al menos desde los primeros años 50, cuando aparece como titular Pio Guerendiáin Vitoria que se especializa, sobre todo, en la venta e instalación de material sanitario, aunque sin dejar la venta e instalación de materiales para la construcción, a continuación de Tiburcio  Guerendiáin había en los años 20 una tienda de frutas y verduras y, luego, desde finales de los 40, la tienda de Alimentación de Elía Hermanos, -yo la recuerdo por lo menos hasta los años 8-0, hasta que se hizo cargo de la tienda, -la cogió en traspaso-, Sulpicia Delgado que la convertiría en Alimentación Sulpi, hasta hace unos cuantos años, en que se jubiló. Hoy este y el anterior negocio se han convertido en un supermercado  Carrefour. A continuación estaba, a primeros de siglo, la barbería Mendivil que se mantendría en el lugar hasta  los años 40. Posteriormente se ubicaría aquí una tienda de frutas y verduras de Eustaquio Elizalde y tras la guerra la relojería de Jesús Redín Ladrón de Guevara y posteriormente de su hijo José Javier, bueno, sobre todo era un taller de relojería.  En 1965 coge el negocio Ignacio Ancín que lo convierte en Relojería Ancín, negocio que se mantendría en el lugar, regentada durante la última década y media por la segunda generación, encarnada por Sara Ancín que estaría en este lugar hasta diciembre de 2014 en que se traslada al nº 4 de la calle Zapatería. Es probable que la  numeración de entonces no coincida exactamente con la actual porque según mis fuentes en estos primeros números impares de la calle debió estar la mercería de Angeles Salcedo  durante los años 50 y 60 y la carnicería Arrastia.

Pero prosigamos, a continuación, en el nº 5, donde hoy está el Churrero de Lerín estaría, en los años 20, una tienda de frutas y verduras regentada por Josefa Ladrón de Guevara, ¿sería familia de Redín, el relojero antes citado, dada la coincidencia de apellidos?, que tras la guerra regenta  Evaristo Osteriz como tienda de alimentación. En los años 60 en este local estaba la zapatería (venta de calzado fino) de Jenara Companius,   yo ahí he conocido  Calzados Galdeano. Luego había, a primeros de siglo, una taberna regentada por Josefa Zabalza que, en los años 20, se convertiría, de la mano de Agustín Idoate,  en una tienda de venta de vinos y licores al por menor.   Más tarde en los  años 50  la carnicería de Narciso Iriguibel, donde hoy esta  Zaika y a su lado, a partir de 1938, Juan Zarranz Bermejo instalaría una mercería, más tarde  tienda de ropa mujer, que regentaría luego su hijo Miguel y hoy la tercera generación encarnada por Irene Zarranz, la foto de su local que acompaño, (la mayoría de las fotos son de encierros sanfermineros) es de finales de los 50 o primeros 60;  posteriormente a comienzos del siglo estaba la platería de Gregorio Carrasquilla, que también tenía taller de joyería, -en los años 50 todavía estaba en activo, con Jesús Carrasquilla de titular- y que también aparece en la foto. Posteriormente, en el nº 13 había a primeros de siglo un herrero y cerrajero de apellido Juango. Desde al menos los años 20, en los  nº 15-17, donde hoy esta Cuchillería Gomez y un chino estaba la tintorería de José Ferrer que permanece en el lugar hasta finales de los años 50 que la coge Gomez para poner ahí su tienda de souvenirs y regalos. Luego en los años 60 en el 17 estuvo la tienda textil de José Orte. En el nº 19, donde hoy está Foto Leache,  estaba en 1908 la abacería de Manuel Añezcar, al que seguiría en el negocio Segunda Landa, hasta que, a finales de los 20, se instaló  el establecimiento de cámaras frigoríficas “La Polar”, que dió paso a finales de los 40 a la lechería de Atanasio Ezcurra Oscoz.

A continuación, en el nº 21,  donde hoy se encuentra  Gurgur y en tiempos La casa del Bacalao estaba la tienda de coloniales de los Garayoa, primero de Luciano y luego de Esteban. Esta tienda sería una tienda de alimentación desde los años 30 a los 60, por lo menos. Posteriormente, donde hoy está Sabai y anteriormente Lanas Kuska, en 1908 había un vendedor de vinos por decalitros (Silvestre Sánchez), un par de décadas después la carpintería mecánica de Valentín Goicoechea y más tarde Leoncio y Cía que pintaba muebles y automoviles (antes estuvo en el nº 9). Donde hoy está Tejidos Rodrigo que ocupa los números 25, 27 y 29, a principios de siglo estaban el hojalatero Goicoechea, luego Sucesores de Goicoechea, -representante de Isaac Urzay-, que se dedicaba a la instalación de calefacciones  aunque también lo he visto como lampistería en el nº 11, antes de que llegase Juan Zarranz a la zona; en el 27 aparecía una platería a nombre de Aquilino Garcia Dean. Resulta sorprendente este hecho porque este personaje, del que hemos recogido alguna fotografía en este blog, era un fotógrafo no profesional, un autodidacta, que trabajaba en el Ayuntamiento, llegó a ser concejal y buena parte de su producción, (que va de 1885 a 1940), sobre las calles, rincones y barrios de la ciudad,  permanece extraviada o no documentada. Y en el nº 29, en lo años 20, estaba la barbería de Saturnino Aventino. Ya desde los años 30 está documentada la presencia en este lugar de la fabrica de hielo de Pilar Apart. Posteriormente aparece como titular Julio Soto Perez con la misma actividad, fabrica de hielo y también de cerveza, creo que era “Cervezas El León”, la actividad se mantendría con el y/o sus herederos hasta finales de los años 60. Junto a ella estaba la droguería Huarte. En 1971, se instala en estos números, como ya he señalado,  Tejidos Rodrigo.

En el lugar donde hasta hace un par de años estuvo Colecciones Iruña estuvo al comenzar el siglo XX, la imprenta de Erice y García. Como otras imprentas también era papelería, vendía libros y objetos de escritorio. Posteriormente la imprenta se quedaría en manos de Jesús García, mientras los Erice se centraban en una academia de enseñanza, en el 1º piso del nº 33 de la calle. Me acuerdo que mi hermano estudió tras el bachillerato en el Ximenez contabilidad en esta academia fundada por Candido Erice.  En los años 50 la imprenta García estaba a nombre de Pedro García Anoz. La actividad se mantendría, al menos, hasta finales de los 60 y primeros 70, también con la actividad de librería y venta de objetos de escritorio. En sus locales se imprimió   hasta su cierre, en 1932, el periódico,  La Tradición Navarra. En el primer piso y justo al lado,  en esos años estaba el Circulo Integrista, tal y como vemos en la foto adjunta, con unas dependencias similares a las del resto de sociedades y casinos de la época. En los años 50 estaba en el lugar la platería  de Esteban García que anteriormente, en los años 20, estuvo en el nº 27 de la calle. En el nº 35, también desde temprana fecha, final de la segunda década, encontrábamos la tintorería de Rafael Ferrer Galdeano, que permanece en el lugar hasta los años 60. A continuación venía un establecimiento muy conocido, todo un clásico, como es hoy el de las Pastas Beatriz en la calle, la pastelería y confitería de Sinforiano Salcedo, posteriormente Hijos de Salcedo, fueron muy famosas sus coronillas, cuya fachada vemos en una foto junto a este párrafo y que permaneció en el lugar hasta por lo menos finales de los 60 y primeros 70. Como quiera que a lo largo del tiempo ha habido baile de números, por segregación o anexión de locales, creo que no siempre fue el 37, yo he visto el local por dentro, cuando el propietario era el dueño de Windsor (lo utilizaba como almacén)  y se correspondía con el nº 35, al menos el obrador, donde hoy está la casa de apuestas deportivas Reta. A continuación, en el 39,   en 1908 estaba la barbería de los Moratel, por lo menos estuvo hasta los primeros años 50, primero con Benito, luego con Norberto y posteriormente desde los años 50 la bisutería y taller de joyería de José Luis Goñi, todavía en el lugar. En el 41 estaba y está, creo que data de primeros de siglo,- el Mesón Pirineo,  regentado a mediados de siglo por Antonio Zabaleta Monreal. Tras este bar y terminando este tramo de calle hubo durante buena parte del siglo diferentes tiendas de alimentación. En 1908 estaba Elias Gamazo, luego, desde los años 20, Matea Cenoz; en los años 50 aparecía como titular Leocadio Urtasun que a la sazón regentaba un establecimiento hostelero en el nº 81 de la calle donde luego estuvo  Casa Sixto,  actual Cocotte. La foto del encierro nos muestra el insólito montón formado junto a la tienda de Urtasun el 7 de julio de 1960, afortunadamente solo hubo heridos en este encierro protagonizado por los Pablo Romero.

Regresamos al principio de la calle, en su confluencia con Mercaderes. En el nº 2, donde hoy está el Come, Come estaba, a principio de siglo, la fabrica de corte y calzados, curtidos al por mayor y al por menor de Rufino Ayestarán. Al principio de los años 50 aparece como razón social Almacén de Curtidos de Alejandro Ayestarán si bien enseguida, en fotos de 1956, (vease la anterior entrada del blog), en su lugar puedo observar que estaban  Los Zamoranos y tras ellos, también en el nº 2,  estaba la relojería de José Antonio Olangua.  A continuación, en 1908,  estaba la tienda de cristal, loza y porcelana de Domingo Llorente, regentado luego por Blanca Llorente Aiciondo. También instalaban vendían y reparaban maquinaria y material eléctrico. Su  nombre comercial era, como vemos en el anuncio anexo, “El Buen Gusto” y vendía también objetos de regalo. En este primer tramo compruebo que hay una droguería, regentada por Saturnino Goñi, aparentemente en el nº 4, pero no logro ubicarla porque también aquí hay un baile de números. En 1908, en el nº 6  se ubicaba el tapicero Anastasio Martinez que, tras la guerra, reconvierte el negocio y empieza a dedicarse a la construcción y enmarcación de  cuadros, negocio que en 1960 traspasará  a Amado Mendoza, cuyos  herederos lo dirigen  en la actualidad. En el nº 8, que hoy ocupa también Amado Mendoza, había  en 1908  también un ebanista y tapicero, bajo el nombre de Herederos de Oñate, si bien, en los años 20, encontramos en ese lugar lugar a un tal Francisco Vicente que al oficio anterior de tapicero  sumaba  también  la construcción de cuadros. En los años 30  este hombre aparece en el nº 10 ya solo como constructor de cuadros, mientras que en el nº 8 hay una tienda de alimentación, siendo relevado en los años 50 por Eugenia Marco Zabaleta que continua su actividad en los años 60. Imagino que se corresponde con el negocio que conocemos como Cuadros Huici. Y seguimos con cuadros, por lo que se ve, estaban casi todos seguidos. En el nº 12 donde está actualmente Honestus y donde, desde 1979 estuvo la tienda de discos Digital figuraba el carpintero y ebanistero, más tarde constructor de cuadros,  Mauricio Arbizu Galdeano que mantuvo  la actividad desde principios de siglo hasta finales de los años 50. Lo sustituyó, en los años 60, la tienda de venta de aparatos eléctricos Ordex S.A. En los años 20, donde durante muchos años ha estado Cachito y luego una tienda de Desigual, estuvo la sillería de Manuel Ortiz que tendría una prolongada existencia,  hasta los años 60, luego venía la carnicería de Demetrio Aranguren (años 30) que en los años 60 sería la droguería de Maura Sola (Perfumería Remon). A continuación en el nº 18, donde desde 1943 y hasta 2000 estuvo la Gran Cuchillería Gomez que pasó ese año al nº 15 de la calle y que regenta actualmente la tercera generación, en el local donde hoy se encuentra una de las Heladerías Larramendi estuvo desde primeros de siglo el carpintero Angel Zabalo y posteriormente una hojalatería.

A continuación, donde hoy está Aromas y más. en 1908 estuvo la horchatería, chufería y alogeria de Victoriano Moreno. Posteriormente, después de la guerra  hubo allí una tienda de venta de loza, porcelana y cristal, Vda de L. Capitán, abierta hasta, al menos, finales de los años 60. Veamos ahora la historia del local donde está Pastas Beatriz. Desde comienzos del siglo hasta 1922 fue la carpintería de Esteban Osacar, luego desde esa fecha estuvo la fabrica y tienda de chocolate de José Larrea, también vendían velas de cera, después fue simplemente una tienda de ultramarinos, cuya propietaria se llamaba Regina González Vicente, hasta 1969,  en que  cogen el negocio Pablo Sarandi y su mujer Beatriz, convirtiéndola en una tienda de pastas. Al comenzar la década de los 90, dejan la tienda en manos de las hermanas Gómez Tellechea que son las que la regentan, y  con un enorme éxito, la tienda en la actualidad. Tras este establecimiento nos encontrábamos entonces con la pared trasera del hotel La Perla, -hoy está la entrada al restaurante La Cocina de Alex Múgica-, saltando, pues, la numeración desde el nº 22 hasta el nº 28 de la calle donde durante varias décadas, al menos desde los años 40, estuvo Bodegas Ibañez,  de Ibañez Hermanos, con venta de todo tipo de licores, almacenistas de vinos, etc. En el nº 32 donde hoy aparece Windsor Tavern estuvo el Navarro, un conocido bar de comienzos de siglo, regentado por  Nicomedes Paz. En este número también aparece, en los años 20, la dirección de Serafín Oderiz, el de Gaseosas Oderiz  que abrió su fábrica aquí antes de su traslado al Ensanche y más tarde a la avenida de Guipúzcoa, y  en los años 50 se encuentra en ese número el establecimiento Electri-Cinema de Julio Soto, el de Cervezas El León, con una tienda de aparatos de radio. A continuación en 1908, donde hoy está Elektra estaba la carnicería de Canuto Ochoa y, desde finales de los 40, la tienda de Carmelo Gortari, vendía aparatos de radio, y luego de televisión y otros electrodomésticos. Posteriormente, desde los años cincuenta, en el nº 36 encontrábamos  la relojería de José Antonio de Cia, seguida, desde 1943 por la librería de Benito Echarte, con compra y venta de libros usados y tras de ella, la zapatería de Alejandro Cavero Velasco.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Primer tramo de la calle Estafeta (1922). Luis Rouzaut, Foto nº 2: Encierro en la curva de la Estafeta. (años 40). Paco Mari. Fondo Marin. Kutxateka. Foto nº 3, Encierro sanferminero por la Estafeta. (1962). Sin filiar. Foto nº 4: encierro por la Estafeta. Paco Mari. 1961. Fondo Marin. Kutxateka, Foto nº 5: Pastelería Salcedo (1919). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 6: Paseo por la calle Estafeta (1917), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 7: Montón el 7 de julio de 1960 cerca del cruce con la bajada de Javier. Sin filiar , Foto nº 8: encierro sanferminero años 50 , Foto nº 9: Edificio que corresponde al nº 12 de la calle Estafeta. (1932). Galle. AMP, Foto nº 10: encierro sanferminero años 50.

Los sanfermines de la postguerra (1940-1959)

Continuo con la serie de entradas dedicadas a repasar los sanfermines del pasado siglo, si bien aderezada por algunas notas historiográficas, si no políticas pues poca política podía haber en aquellos tiempos grises del franquismo,   si urbanísticas. Ilustro la entrada con abundante material gráfico, si bien 17 de las 26 fotografías pertenecen al fotógrafo tudelano afincado en San Sebastián, Pascual Marin, tal y como sucediera en la anterior entrada de la serie sanferminera. Tras la guerra civil, el nuevo régimen trajo a la ya de por sí muy conservadora Pamplona, un férreo control de la moral y “de las buenas costumbres” y a este nuevo orden y moral no fueron ajenos los sanfermines. En el bando de las fiestas de  1940, al igual que había sucedido en décadas anteriores se prohibía y cito textualmente “el uso de trajes o prendas que convirtiesen las fiestas en mascarada, …dar gritos o tocar instrumentos…. desde la una a las cinco y media de la madrugada o…circular abrazados por las calles y paseos personas de ambos sexos o hacerlo, en todo caso, en forma descompuesta”. En 1952 se añadía en el bando la prohibición del “acompañamiento o la incorporación del elemento femenino a las cuadrillas de mozos durante su recorrido por las calles”. Encabezan este párrafo sendas fotografías, la primera con el concejal de Fomento, Joaquín Ilundain prendiendo la mecha del chupinazo de 1943 y la segunda con los mozos en la plaza consistorial, en los sanfermines de 1946.

Pamplona era en aquellos años, al finalizar la guerra civil, una ciudad provinciana, que  continuaba creciendo hacia el sur con el desarrollo de la segunda fase del ensanche, la mayor parte de la zona existente más allá de la carretera de Francia estaba sin urbanizar, aunque los edificios que se construírían, salvo contadas excepciones, no tendrían ya el empaque y la calidad arquitectónica de antes de la guerra y es que la contienda civil trajo consigo una enorme carencia de recursos y materiales en todos los ordenes, también en el ámbito de la construcción. Eran los  años de la escasez y las  cartillas de racionamiento. Las manifestaciones religiosas que habían tenido cierta contención en la calle, al menos durante la República,  por el laicismo del régimen,  llenaban ahora un día si y otro también, por cualquier motivo, las calles, (misas de campaña, procesiones, homenajes y otros actos religiosos: en 1946 se celebraba un gran congreso eucarístico y se coronaba a Santa María La Real) e igualmente se sucedían con cierta frecuencia actividades de las diferentes secciones del régimen (del frente de juventudes o de la sección femenina) o incluso se producían algunos  acontecimientos  como la visita de Franco a Pamplona en 1952 para proceder a las inauguraciones  del Monumento a los Caidos (empezado a construir en 1948), la parroquia de San Francisco Javier (se conmemoraba ese año el IV centenario de la muerte de San Francisco Javier, recibiendo la ciudad las presuntas reliquias del santo) o  las nuevas construcciones del patronato que llevaba su nombre en el barrio de la Chantrea (iniciado en 1950). La presencia de los militares, que eran parte del paisaje de la ciudad como plaza fuerte, llegaba incluso a las fiestas con sus bandas de música, en el chupinazo y en otros momentos de la fiesta, yo recuerdo haberlos visto en la calle cuando era niño. El 6 de julio de 1954 se llegaron a concentrar  ocho bandas militares  que desfilaron por las calles y se concentraron luego, a las 10 de la noche, en la plaza del Castillo. Salvo la insólita huelga de 1951,  la Pamplona  de estos años poco tiene que ver con la que Pamplona conflictiva y reivindicativa que conoceríamos en los años 60 y 70. En estos casi 20 años, que van desde el fin de la guerra hasta 1960, fueron muchos los cambios que experimentó la ciudad y que modificaron radicalmente su fisonomía. El plan de industrialización promovido por el Ayuntamiento y la Diputación desde mediados de los años 50 trajeron consigo un aumento de la población, procedente tanto del agro navarro como desde otras comunidades,  y un irrefrenable  desarrollo urbanístico: se terminó la construcción del segundo ensanche,  nacieron o se desarrollaron nuevos núcleos poblacionales en la Chantrea o la Rochapea y se comenzó a diseñar el llamado tercer ensanche de Pamplona que incluía los nuevos barrios de San Juan e Iturrama. Acompañan a este párrafos sendas fotografías de los años 40, la primera de 1946, con el fotografo Paco Marí Blanco y otros compañeros en la plaza del Ayuntamiento, subidos a un vehículo y la segunda, de esta misma década, con los gigantes desfilando por la Cuesta de Labrit.

Pero empecemos a recordar algunas cosas de aquellos sanfermines de la postguerra. En el año 1940, el concejal Joaquín Ilundain lanzaba, por segundo año consecutivo,  el chupinazo en la plaza del castillo, aunque no tenía carácter de acto oficial y ni siquiera aparecía en el programa de fiestas. Generalmente el chupinazo lo lanzaba el primer teniente de alcalde, presidente de la Comisión de Fomento, luego de Festejos, salvo en un algún caso excepcional como cuando lo lanzó  el ministro de Información y Turismo Manuel Fraga, en el año 1964.  Las fiestas daban inicio con el repique de campanas y el disparo de cohetes desde distintos puntos de la ciudad. Será a partir de 1941 cuando Joaquín Ilundain, al grito de Viva San Fermin tire el chupinazo desde el balcón de la plaza consistorial,  una plaza consistorial que sufriría la primera de sus modificaciones al derribarse  ese año un edificio en el paso hacia la calle Nueva, una plaza que comenzaba a llenarse de público aunque desde luego no tan llena como lo estaría luego y desde luego muy lejos del abarrotamiento actual.  En 1943, año que plasma, la primera de las fotos que encabeza la entrada, se quiso incorporar al chupinazo la lectura de un pregón  pero esta costumbre duró apenas dos años pues ya en 1945 dejó de hacerse. Tras la lectura del pregón y  los vivas de rigor  a Pamplona y a San Fermin, se lanzaba el chupinazo, al que le seguía el  repique de campanas y el disparo de más cohetes tanto desde la plaza consistorial como desde la cercana plaza del castillo. La moda de descorchar botellas, sobre todo de champan, se iniciaría  a finales de los 50 y primeros 60  y fue  a partir de esta segunda fecha cuando se empezó a masificar de verdad el acto. Acompañan a este párrafo, a la izquierda, sendas fotografías de un encierro de 1946, obra de Pascual Marín y a la derecha una foto de la subida de los toros por el tramo final de Cuesta de Santo Domingo, en su desembocadura en la plaza consistorial, y datada entre 1945 y 1949.

La primera retransmisión radiofónica en directo del chupinazo  se produjo en el año  1947, de la mano de Radio Requeté, que era la única emisora que existía en la ciudad, -lo sería hasta la aparición de La Voz de Navarra en 1956-. Un año antes, en 1946 se había derribado el segundo edificio que cerraba la plaza consistorial hacia la calle Nueva y se habían desmontado las últimas vías del Irati que atravesaban el núcleo urbano. El Irati se trasladaría a comienzos de los 50 a la nueva estación de Conde Oliveto cambiando,  además, su recorrido desde Villava, por la vía del Plazaola,  hasta El Empalme. Tras el chupinazo salían diferentes bandas de música, los gaiteros y txistularis (la banda municipal de gaiteros y txistularis se inauguró en 1942), la Pamplonesa, bandas militares y la banda del maestro Bravo. Por la tarde el Riau Riau proseguía con su tradicional naturaleza, los mozos seguían haciendo lo posible para entorpecer el paso de la corporación, a pesar de las recriminaciones de la prensa de la época.  En este período Pamplona conocería lo siguientes  alcaldes: José Garrán (abril 1940-agosto 1941), Juan Echandi (agosto 1941-Octubre 1942), Antonio Archanco (octubre 1942-diciembre 1944), Daniel Nagore (diciembre 1944-noviembre 1946) y José Iruretagoyena (noviembre 1946-octubre 1947). Acompañan al párrafo fotos de 1946 (los gigantes enfrente de la iglesia de San Lorenzo) y del montón del 7 de julio de 1945.

Las actividades sanfermineras no habían variado demasiado, si las compramos con las que se celebraban antes de la guerra: el encierro se iniciaba a las 7 de la mañana  si bien en 1943 se modificó su horario retrasándose a las 8.   Y lo mismo paso con el horario de las corridas que pasaron de las  5,30  a las 6.30 en el año 1942. Aunque en 1947 parece que se volvió al horario anterior. Como antes de la guerra se seguían proyectando películas al aire libre en la plaza del Vinculo, (luego de la Argentina), se hizo desde 1936 a 1949, antes, hasta 1934  se proyectaban en la plaza del castillo. Tras la plaza del Vinculo el cine recorrería las plazas de Compañía (1950), Santo Domingo (1951) y San Francisco (1952-1959).  Las barracas seguían colocándose en las inmediaciones de la calle Madre Moret, en el Primer Ensanche de Pamplona y lo haría hasta 1945, año en que el inicio de la remodelación urbanística de esa zona (se empezaron a construir las casas de los militares y el estadio Mola) y que les obligó a trasladarse a la parte alta de Carlos III; en 1947 las barracas se instalarían en el Rincón de la Aduana; A pesar del cambio socio-político las fiestas seguían manteniendo su idiosincrasia: los gigantes y kilikis seguían atrayendo, como siempre, la atención de los más txikis, la música y la fiesta se vivía en la calle gracias a las diferentes bandas de música y a las emergentes peñas que poco a poco iban naciendo en la ciudad: Entre las peñas que salían a la calle durante los primeros años 40  estaban el Muthiko Alaiak (con locales  en la calle Mayor aunque luego se trasladarían a la calle San Francisco), La Unica, El Bullicio, La Jarana (nacía en 1940), Oberena (surgió en 1941, inicialmente con sede en el nº 40 de la calle Zapatería y más tarde en el nº 3 de San Antón, aunque en los sanfermines desde los años 50 utilizarían el frontón Labrit como sede social),  y otras menos conocidas como Los Iruñako (con sede en el nº 58 de la calle San Gregorio),  Amaikak bat, La chabola, El huevo (algunos dicen que fue el precedente de la Jarana) o El caldico. Se cantaban en aquellos años canciones como “Uno de enero”, “Nos han dejau solos” además del eterno sonsonete del Riau Riau. las fotos del encierro que acompañan  a este párrafo (de Mercaderes y Estafeta) son de la década de los 50.

Los fuegos artificiales en la plaza del Castillo a las 10.30 de la noche, conciertos en la Taconera, obras de teatro en el Gayarre y en el Olimpia, fiestas privadas de sociedad en el Nuevo Casino, Casino Eslava, Larraina y Tenis, el ferial del ganado, competiciones deportivas como la Travesía del Arga (prueba de natación organizada por el SEU), pruebas hípicas, tiro al pichón  o la pelota en el Euskal Jai, algún festival folklórico, certámenes de pintura, fotografía o escaparates sanfermineros, exposiciones, marionetas en la plaza de San José  y la procesión de San Fermín completaban las actividades sanfermineras de esos años. Lejos quedaba todavía el boom turístico de los años 60 pero a tenor de las crónicas de la época, el turismo iba cada año en aumento, sobre todo procedente de las comunidades más próximas. A finales de la década de los 40 comenzaron a hacerse más visibles los turistas extranjeros. Fueron muchos los jerarcas del régimen (militares, ministros, subsecretarios, etc)  que visitaron las fiestas estos años, entre los que cabe destacar al teniente general Queipo de Llano en el año 1946, además de embajadores, sobre todo de países sudamericanos. Quisiera referirme a  un acto del que hasta ahora no había hablado: el Pobre de Mi. El origen del Pobre de mí   se remonta a los años 20 , cuando el pintor pamplonés Julian Valencia y unos amigos, haciendo una broma, aparecieron en la calle San Nicolás con velas encendidas en las manos y formando una comitiva procesional, recorrieron  las calles de la parte vieja entonando: “Pobre de mí, pobre de mí, que se han pasado las fiestas sin divertir”.  Durante la República  muchos mozos modificaron la letra y cantaban: “Pobre San Fermín, Pobre San Fermín hoy a media noche será tu fin” que dado el ambiente anticlerical de aquellos años daba lugar a diferentes lecturas o interpretaciones. En 1942 la prensa hacia un llamamiento para eliminar este acto que consideraban irreverente. Parece ser que la peña “Los de siempre”, algunos de cuyos integrantes vemos en la fotografía que acompaña este párrafo,  una peña formada por navarros residentes en San Sebastián,  habían mantenido durante los últimos años dicha tradición. Contrariamente a lo que se pueda pensar hoy en día en esta época y sobre todo a finales de los 50 y 60 pocos eran los que vestían de blanco, los miembros de las peñas y poco más.

En 1943 se recuperaba la tradición del toro de fuego,  orientado a un público infantil, que podía estar entre los 8 y los 12 años,  y que recorría el tradicional itinerario que conocí en mi niñez, empezaba en la Plaza Consistorial, recorría Blanca de Navarra, Estafeta, Espoz y Mina y terminaba en la Plaza del Castillo.También ese año, y más concretamente el 6 de julio, se inauguraba el nuevo kiosko de la plaza del Castillo que es el que conocemos hoy en día. Lo hemos visto en alguna foto de la plaza del Castillo, enfrente del Café Iruña se colocaba,  una semana antes  de las fiestas, una caseta donde se vendía el programa de fiestas y a partir del día 5 de julio las entradas de las corridas de la Feria. En 1945, promovida por el Secretariado Diocesano de la Caridad,  se instalaba por primera vez la Tómbola de Caritas, como ya señalé en la entrada monográfica dedicada a esta venerable institución. Entre los premios más importantes de aquellos años estuvo el sorteo de un  chalet en la Media Luna en el año 1948. En 1948  se inauguraban también el nuevo Mercado del Ensanche y los  baños públicos de la calle Tafalla. La Estación del Plazaola se trasladaba desde la carretera Zaragoza a la nueva estación de Conde Oliveto, construida en 1945. Durante el resto del año, los jóvenes pamploneses se divertían acudiendo al cine, a la media docena de salas de cine que había a finales de los 40 (Gayarre, Olimpia, Príncipe, Avenida, Novedades, y Alcazar…) o yendo ver al Osasuna en el campo de San Juan. A lo largo de los 50 y 60 se irían construyendo nuevos cines en los crecientes y populosos barrios del norte de la ciudad (Amaya (1951), Chantrea (1956), etc). Las fotos que acompañan a este párrafo son de 1942, la de la izquierda (en la plaza del Castillo) y de 1943, la de la derecha (encierro a su paso por la calle Mercaderes)

En 1950 Pamplona contaba con 71.000 habitantes. Los sanfermines de 1950 comenzaron con la inauguración del Monumento a Gayarre el día 5. Serían los primeros sanfermines que no contarían la presencia del gran charlatán y vendedor León Salvador, todo un personaje que había acudido ininterrumpidamente a las fiestas de Pamplona durante 60 años, concretamente desde 1891. Había fallecido a los 78 años cuando preparaba la feria de Bilbao. Este año el Ayuntamiento editó miles de tarjetas postales como la que vemos a la derecha de este párrafo y que el consistorio ofreció al comercio local para que lo utilizasen como reclamo  publicitario. Sin ir más lejos yo he visto esta misma tarjeta postal en algún archivo personal con la publicidad de Ayestarán. Los gigantes estrenaban trajes y a las peñas citadas anteriormente se habían sumado en  1948 la peña Anaitasuna y en 1949 la peña   Los del Bronce, que nada tenía con la que con el mismo nombre animó las calles durante algunos años (1900-1904)  al comienzo del siglo y en 1950 el Irrintzi. Así pues a mediados de la  década de los 50 eran diez las principales peñas sanfermineras: Oberena, Irrintzi, El Bullicio, La Jarana, Muthiko Alaiak, Anaitasuna, Los de Bronce, La Unica, Alegría de Iruña (1953) y La Saeta. En 1956 se uniría a estas peñas  la Armonía Chantreana y dos años más tarde la peña Aldapa.   En 1950 Pamplona inauguraba su Portal Nuevo, obra de Victor Eusa. Se construía el monumento a San Ignacio de Loyola y se realizaba la primera ordenación del transporte urbano de Pamplona. En 1951 se hacían obras en la fachada de la Diputación Foral,  incorporándose  el escudo de Navarra con la laureada entre dos figuras de apariencia clásica que hace poco tiempo que se han suprimido. Se derribaba el famoso olmo de la Taconera, el árbol del cuco,  junto a la iglesia de San Lorenzo.  En Mayo, se produjeron las famosas manifestaciones contra el alza de los precios. Protestaron un gran número de mujeres en la plaza del Mercado del Ensanche y les apoyaron sus maridos e hijos trabajadores. En noviembre de 1951 se comenzaba a derribar el viejo edificio de la Casa Consistorial.

1952 sería por ello  un año especial para las fiestas de Pamplona. El chupinazo se tuvo que realizar desde el edificio de la Escuela de Artes y Oficios, situada en la plaza de la Argentina pues en la plaza consistorial, del edificio del Ayuntamiento, salvo la fachada, ya nada quedaba, se había derribado todo lo demás. A falta de otra referencia para lanzar el cohete,  se utilizaron como referencia las campanadas de la Iglesia de San Nicolás. Ese año el Riau Riau recorrió las calles Vinculo, atravesó el Paseo de Sarasate y se adentró por la calle San Miguel y Eslava hasta la calle Mayor. El recorrido duró 45 minutos, ¡que diferencia con las 4 horas que yo llegué a conocer 30 años más tarde!. Se terminaba de construir el Frontón Labrit iniciado dos años antes y comenzaban los primeros estudios universitarios ne la sede de la Cámara de Comptos con el Estudio General de Navarra. En 1953, el chupinazo se realizaría desde la plaza consistorial, tal y como lo podemos comprobar en la foto de la izquierda que acompaña al párrafo anterior,  si bien la corporación no se trasladaría al nuevo edificio hasta el 9 de septiembre. Se retirarían ese año las bonitas farolas de época que estaban situadas junto a la puerta de entrada. Este año, en julio, se celebró en terrenos de Fuerte Príncipe  la I Feria de Muestras de Navarra organizada por la Cámara de Comercio y sobre todo, ya en plenos sanfermines, el 6º Congreso Internacional de Folklore y 2º Festival de Cantos y Danzas, que se celebró en la plaza de toros con presencia de los grupos en las calles como lo atestiguan tres de las cuatro fotos  que acompañan esta entrada. En la cuarta vemos la barrera de la guardia urbana en la Estafeta,  a la altura de la Bajada de Javier, frenando el empuje de los mozos,  en un encierro de este año. También en este año, 1953, regresaba Hemingway a Pamplona, después de 22 años de ausencia. Entre 1953 y 1955 desaparecerían de nuestra ciudad los románticos ferrocarriles de vía estrecha que he recordado hace un par de entradas en este mismo blog: el Plazaola y el Irati. En la década de los 50 Pamplona conocería los siguientes alcaldes: Miguel Gortari (mayo 1949-abril 1952), Javier Pueyo (abril 1952-febrero 1958) y Miguel Javier Urmeneta (febrero 1958- febrero 1964).

Desde 1951 y hasta 1964, las barracas se colocarían en la zona situada al principio de la avenida de Bayona, en el espacio que hay entre esta avenida, Antoniutti y la cuesta de la Reina  y el ferial de ganado en la arboleda  de Tejería, cerca del Portal de Zumalacarregui. 1954 fue famoso por tener la nevada más tardía, (en mayo), y por el número y celebridad de los personajes que acudieron a  nuestras fiestas atraídos por la cada vez mayor popularidad del encierro: Orson Welles, Anthony Quinn o Sadriddin Khan, hijo del entonces hombre más rico del mundo, Aga Khan. Ya empezaba a hablarse, entonces, de temas como la la masificación y la seguridad en el encierro y la presencia de los inevitables patas o gamberros,  etc.  En septiembre de 1954 se inauguraba el Monumento a la Inmaculada en el Rincón de la Aduana. A finales de 1954 y comienzos de 1955 se derribaban varias casas situadas entre la plaza consistorial y el Mercado de Santo Domingo, en la llamada Bajada de las Carnicerías para abrir la nueva plaza de los Burgos. En 1956 acudía a nuestra ciudad un equipo de la FOX, para tomar imagenes, dicen que para un documental sobre las fiestas, pero en realidad fueron utilizadas como insertos para la película de Henry King “Fiesta”. Las fotos que acompañan este párrafo corresponden a encierros de este año, la primera plasma la entrada de los toros a la calle de la Estafeta y la segunda, tomada desde la curva, recoge la entrada de los toros por Mercaderes. Ese mismo año se reformaba el Paseo de Sarasate tal y como comenté en una entrada anterior. En 1957 la ciudad estrenaba semáforos, se reformaba la plaza del Castillo (se instalaron bancos modernos, se pavimentó la plaza y se crearon nuevas plazas de aparcamiento) y se comenzaba a construir el nuevo parque de Bomberos en la calle Aralar, junto a la Media Luna. La plaza Conde de Rodezno todavía estaba sin terminar y había comenzado la construcción de la llamada Casa Periodistas. Salía, por primera vez el Olentzero a las calles de la ciudad, organizado por la Juventud de San Antonio. En 1959 regresaba a las fiestas Ernest Hemingway. Se homenajeaba a Sarasate en la Taconera, inaugurando un monumento en su honor el 26 de abril. Este monumento se trasladaría posteriormente, en 1963, al parque de la Media Luna, siendo ocupado el espacio de la Taconera por el monumento a otro músico: Hilarión Eslava. Moría este año el padre Carmelo, promotor de la institución Cunas, en plenos sanfermines, cuando estaba preparando un festival benéfico en la plaza de toros.

Entre los toreros que visitaron las corridas de toros de  Pamplona en este período 1940-1959, por cierto la feria era sensiblemente más corta, apenas cinco festejos, estuvieron el mítico Manolete fallecido el 28 de agosto de 1947 en la plaza de Linares a manos del toro Islero, Pepe Bienvenida, el diestro navarro Julián Marin que tomo la alternativa en 1943 y se cortó la coleta diez años más tarde en 1953, Marcial Lalanda, Pepe Luis Vazquez, Juan Belmonte hijo, Rafael Ortega Gallito, Francisco Martin Vazquez, Luis Miguel Dominguin, Manuel Alvarez, Agustín Parra, Rafael Albaicin, Gitanillo de Triana, Raul Ochoa, Miguel Baez Litri, Antonio Ordoñez, Isidro Marín, Julio Aparicio, Manolo Gonzalez, Paco Muñoz, Manolo Vazquez, Antonio Chenel Antoñete, Jaime Ostos, Angel Peralta, Paco Mendes, Joselito Huerta, Chicuelo, Curro Girón, Pepe Luis Vazquez, Chamaco, Diego Puerta, Miguelín, Solanito. Al termino de las fiestas, el 18 de julio solía realizarse la corrida de la Asociación de la Prensa con la presencia igualmente de grandes diestros. En  1957 se celebraron 7 corridas y una novillada. La Feria del Toro tal y como la conocemos comenzó en 1959. En cuanto a incidencias en el encierro cabe señalar que el 10 de julio de 1947 el toro Semillero mataba  a dos corredores, a Casimiro Heredia en la Estafeta y a Julián Zabalza cerca de la plaza de Toros. Tendrían que pasar 33 años para que se produjese una tragedia similar, sucedió el 13 de julio de 1980, cuando también se produjeron dos muertos en el encierro. También es destacable el montón, a la entrada de la plaza de toros, en el encierro del 7 de julio de 1945 que vemos en una foto de esta entrada. Las fotos que acompañan a este último párrafo son de los gigantes en la calle de la Estafeta y a la puerta de la iglesia de San Lorenzo (1959) y de la salida de la corporación en 1957, con Javier Pueyo como Alcalde de Pamplona.

Fotografías: Las fotografías recogen el ambiente de los sanfermines entre los años 1940  y 1959 y pertenecen buena parte, de ellas, 17 sobre 26  al Fondo de Fotografías Marín de la Kutxateca.  Fotografías por orden de aparición: Nº2: Mozos de peña ante la Casa Consistorial (1946), 3 Paco Marí Blanco y unos amigos en la plaza consistorial (1946) 5 y 7: encierros de 1946, 8: Gigantes cerca de San Lorenzo (1946), 12: Kilikis y cabezudos con los niños (Años 50), 13: Peña Los de Siempre (Años 40), 14: Visitantes en las terrazas de la plaza del Castillo (1942), 15: encierro por la calle Mercaceres (1943), 16: Chupinazo (1953), 18, 19 y  21: Festival internacional de Folkore (1953), 22: encierro por la calle Estafeta (1956) 23: encierro por la calle Mercaderes (1956), 24: Gigantes en la calle de la Estafeta (1959) y 26: la corporación saliendo del Ayuntamiento (1957): Su autor es en todos los casos, salvo la nº 22 y 23 que son de Paco Marí Blanco, del fotógrafo Pascual Marin: CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marin. Pascual Marin. Nº 1: chupinazo de los sanfermines de 1943 (Galle). Nº 4: gigantes desfilando por la calle Juan de Labrit, cerca de la plaza de Toros (Años 40), Nº 6: encierro por la calle Santo Domingo (1945-1949) (Ruperez),  Nº 9: Montón en el encierro del 7 de julio (1945), Nº 10: encierro en la calle Mercaderes (años 50), Nº 11: encierro en la calle Estafeta (años 50), Nº 17: postal municipal sanferminera circulada en 1950, Nº 20: barrera del encierro (1953) de sanfermin.espaciohemingway.com, Nº 25: la comparsa a la entrada de la iglesia de San Lorenzo (1959).