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Llegamos al millón. Avance de las próximas entradas

Hace un rato hemos superado una cifra que se puede considerar mágica: un millón de visitas, un millón de páginas visitadas, medio millón de ellas en los últimos doce meses, con una media de 40.000 páginas al mes. Aquel proyecto personal que comencé hace 5 años ha ido creciendo y consolidándose poco a poco, solo condicionada a veces en su periodicidad y regularidad por mi tiempo disponible. Es el momento, pues, de celebrar entre todos el haber llegado a ese millón de visitas. Todos los cronistas, escritores o periodistas aspiramos a que nuestras crónicas, textos o  artículos sean leídos por el mayor número de personas. Por ello solo me queda dar las gracias a esas personas, a esas 9 o 10.000  personas que  leen habitualmente cada mes mis artículos y a esas 3.000 personas que son seguidoras asiduas de la página de facebook y que siguen con curiosidad cada nueva publicación. Porque sin su existencia, seguimiento e interés no tendría mucho sentido mi labor. A todos ellos muchas gracias. Un millón de visitas, un millón de gracias.

Aunque mi mayor agradecimiento será el de seguir obsequiandoles con nuevas entregas en las que se vertirán datos, nombres,  imagenes, historias, crónicas, sucesos,  etc, muchos de ellos recordados y compartidos  para que  ustedes  los sigan leyendo y disfrutando. En las próximas entradas ofreceré un repaso  bastante pormenorizado de como era “la Pamplona de los años 40 y 50”; coincidiendo con el aniversario de los sanfermines del 78, reviviremos “los sanfermines de la transición”;  en Barrios de Pamplona, observaremos con detalle, al igual que hice con la Rochapea “la evolución del Ensanche”; seguiré con el resto de entregas por calles de “Comercios del Viejo Pamplona entre 1908 y 1963”; revisaremos las principales entidades culturales del viejo Pamplona; en gremios al igual que hice con los libreros repasaré “el comercio del bebercio” y el de “las chocolaterías”, les contaré algunas “Historias de la radio” y habrá  muchas entregas más: “Curiosidades”, “Pamplona año a año”, etc.

Curiosidades: Cuando Pamplona se planteó trasladar la estación del tren (1943)

Ahora que, desde hace algunos años, se plantea la eliminación del bucle ferroviario así como el traslado de la Estación de San Jorge a Echavacoiz, me viene a la memoria esta noticia que apareció en la prensa local en mayo de 1943. El 8 de mayo  de ese año el alcalde de Pamplona, Antonio Archanco, exponía a la prensa los planos de los dos proyectos que Ferrocarriles del Norte había enviado al Consistorio sobre la nueva ubicación de la estación dentro del casco urbano. El primer proyecto que se planteaba al Ayuntamiento era el menos caro: desviaba la línea que llegaba desde la zona sur de Navarra hasta la zona de Fuerte Príncipe, donde se construiría un apeadero para los viajeros de la ciudad. El tren pasaría por detrás del cementerio y del hospital y marcaría una paralela con la línea del Plazaola. El segundo proyecto que supondría el traslado total de la estación, se desviaría en las inmediaciones de la residencia de ancianos de las Hermanitas de los Pobres, iría por la falda de San Cristobal, por debajo de Artica, cruzaría la Magdalena, atravesaría el río por un puente y un túnel, desembocando cerca de las Monjas Blancas (Lezkairu). De aquel proyecto nunca más se supo. Otro proyecto que quedó en los planos como aquel otro que en los años 20 planteaba un ferrocarril por los Alduides que hubiera atravesado la carretera a Villava, luego Avenida Marcelo Celayeta.

Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Rocaforte (1911)

Recupero otro luctuoso suceso que conmocionó por la gravedad de los hechos, las circunstancias del caso y el número de personas encausadas a este pueblo de la merindad de Sangüesa. Se trata del asesinato del joven de 19 años, Nicolás Ochagavía, acaecido en la noche del 8 al 9 de febrero de 1911. Utilizo, como en las otras entradas de la Crónica Negra,  reseñas aparecidas en la prensa, las actas del juicio y otras informaciones dispersas que permiten reconstruir fielmente los hechos. Al parecer, el joven Nicolás, zapatero de profesión, había salido de su pueblo, Tabar, en la tarde del día 6 de Febrero, camino de Sangüesa, a la que llegó, después de haber echado un trago en la Venta de Lumbier, pasadas las seis de la tarde. Allí se encontró con un mozo de Rocaforte que le invitó a subir al pueblo a cenar, bailar y jugar a las cartas. Permaneció en el pueblo la noche del día 6 y los días 7 y 8, donde disfrutó de esos días de fiesta con otros mozos del pueblo y los alrededores. En la noche del día 8, tras la cena y el baile jugó a cartas con algunos paisanos del pueblo, comenzando a ganar,  (alguno de los encausados en el proceso dijeron en el juicio que Nicolás empezó a perder algunas partidas y que debía dinero a un joven del pueblo), y el ambiente se empezó a enrarecer, según todas las fuentes.

Eran  las tres de la mañana. El joven Nicolás comenzó a escuchar preocupantes amenazas a sus espaldas y decide huir del pueblo. Un compañero le insta a tranquilizarse y a quedarse  pero Nicolás muy nervioso aprovecha un descuido para echar a correr por el portillo que baja desde Rocaforte   a Sangüesa. Al llegar a un olivar es alcanzado por una pedrada lanzada  por uno de sus perseguidores. Cae al suelo y se le echan encima dos jóvenes del pueblo (V.A y E.P)  que le asestan, (concretamente V.A), por la espalda tres puñaladas, dos de ellas mortales de necesidad arrojando luego su cadáver a un barranco. A partir de este momento un manto de silencio se extiende por el pueblo. Hasta 22 personas aparecen implicadas en los hechos. Pero aquí no acaba lo peor. Tenían que hacer desaparecer el cuerpo, así es que lo desfiguraron, le partieron y doblaron las piernas y escaldaron el cuerpo en agua hirviendo.

El padre de Nicolás, Agapito Ochagavía denunciaba la desaparición de su hijo el día 9 de febrero y se  inician las pesquisas. La Guardia Civil tomó cartas en el asunto. Los implicados, conjurados, dieron pistas falsas para despistar a los guardias. Como quiera que el cadáver se descomponía lo trasladaron a la presa de Cáseda. El 3 de abril, el padre de Nicolás recibía un anónimo en el que le decían que el alcalde y mozos de Rocaforte sabían donde estaban el cadáver de su hijo, y que este se hallaba en el río. El día 25 de abril aparecía el cadáver en la Electra de Cáseda, completamente irreconocible.

El juicio que se celebró en la Audiencia de Pamplona fue concurridisimo y duró cinco días. El expediente judicial contenía más de 2.000 folios. Como he dicho anteriormente 22 personas fueron encausadas, bien como participantes en los hechos, bien como encubridores de los mismos, de los cuales  12 eran mozos de Rocaforte, cinco de Lumbier y uno de Gallipienzo además de algunos cargos públicos  de Rocaforte y  Liédena. Comenzó la vista  el 13 de noviembre de 1912 en sesiones de 10,15 a 13 y de 16 a 20 horas. Los testimonios de los encausados estuvieron repletos de contradicciones. Los de Rocaforte acusaban a los de Lumbier y   viceversa. En las conclusiones del juicio la lista de implicados se redujo de 22 a 8.  El 18 de diciembre de 1912 se dictó sentencia y al que se consideraba autor material de los hechos,  V.A,  se le condenó a cadena perpetua y a E.P a 2 meses de prisión correccional por tratarse de un menor. Tres encubridores directos de los hechos  fueron condenados a 2 años y uno a 4,  y dos encausados, absueltos por considerarlos autores tan solo de un delito de falso testimonio. Penas demasiado leves para tan execrable crimen. Se rumoreó que el que había ido a la cárcel no era el verdadero asesino sino  que por dinero se había hecho pasar por tal y que el verdadero asesino había huido a América y había confesado su crimen poco antes de morir, aunque no hay ninguna prueba de ello. El padre del asesinado,  Agapito Ochagavía recurrió la sentencia ante el Tribunal Supremo el 9 de enero de 1913. El proceso acabó en 1919, sin una sentencia justa, por falta de solvencia económica de D. Agapito para afrontar las costas del proceso,  acabando solo, sin un hijo de 19 años y  arruinado por el proceso judicial.

El crimen de Rocaforte ocupó las primeras páginas de los periódicos locales de aquellos años  y constituye una de las páginas más negras y vergonzosas de nuestra crónica negra provincial. Por implicar en mayor o menor medida a todo un pueblo, y a pesar de que han pasado 107 años desde entonces, y como quiera que sus descendientes no tienen culpa de nada de lo que hayan podido hacer o dejar de hacer sus ancestros,  he creído conveniente no citar los nombres de los implicados, aunque su filiación apareció de forma profusa en la prensa de la  época. Como era frecuente en muchos de los crímenes cometidos a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se llegó a  componer de este truculento suceso  un inolvidable romance de ciego que  apareció en el nº 14 de la revista Pregón (diciembre de 1947),  compuesto por Felipe Florez y  recogido por José María Iribarren.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Impresión de origen desconocido. Panorámica de Rocaforte. Años 30 o 40. Nº 2 y Nº 3: Fotos de Rocaforte. Panorámica general y Oratorio de San Bartolomé. Página web del Concejo de Rocaforte. rocaforte.es  Nº 4: El Eco de Navarra. 19 de noviembre de 1912.