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Imagenes del Ayer. Pamplona en el último siglo (1966-1998)

Finalizo esta serie de tres entradas con una selección de fotografías del período comprendido entre mediados de los 60 y finales de los 90. Y las presento por orden cronológico, de más antigua a más moderna. Abre este reportaje una instantánea de la plaza del Castillo, con dos mujeres posando ante el fotógrafo, apoyadas sobre un Renault Gordini y un Seat 600 respectivamente. Tras de ellas un par de autobuses de línea, en la zona del antiguo Café Suizo, para entonces ya una entidad bancaria y la librería Leoz. Por la marca de los coches y la apariencia de los autobuses, la dataríamos, sin dudarlo, entre 1963 y 1968. La fotografía de la derecha pertenece a la calle Comedias.  Se percibe con claridad el rótulo del Café Roch.  Un operario, ¿será el de la camioneta?,  vacïa un recipiente  en la rejilla del desagüe de la calle, ante la vista de una viandante pamplonesa. Delante de él circulan un Seat 600 y un Renault Gordini y delante de este último el camión de la basura, dejando ver por las puertas traseras entreabiertas su fea mercancía. Nada que ver con los modernos y compactos camiones de basura actuales y la calle, desde luego, muy diferente también a la actual, ordenada, peatonalizada y tranquila. Esta  foto podría estar datada entre 1965 y 1968.

Las tres fotografías que siguen pertenecen al archivo de José Castells. Dos de ellas nos muestran la Cuesta de la Estación, plagada de coches aparcados en ambos lados, cosa que recuerdo sucedía en nuestra ciudad tan solo en los días sanfermineros con más visitantes de fuera, generalmente los primeros días de las fiestas y  los fines de semana. El paisaje urbano de estas dos  fotografías, con el lógico cambio de modelos y matrículas, lo he seguido viendo yo, bajando por esta cuesta a mi barrio, La Rocha , en las fiestas de San Fermín,  durante muchas décadas más, desde luego, por lo menos hasta los años  90. Cambiaron los coches pero no cambió el lugar donde dejar de manera apresurada el vehículo. Entre los numerosos detalles que podemos ver, especialmente en la foto de la derecha, están las escalerillas que bajaban de Recoletas  a la Cuesta, junto al Convento, desaparecidas en los primeros años 80,  las casetas de los ajos y la animación humana que se percibe en la zona más cercana a la iglesia de San Lorenzo.

Entre los vehículos aparcados en la foto de la derecha podemos distinguir alguna furgoneta Citroen, el típico y popular 600, algunos Peugeot, más o menos modernos o elegantes, algún Simca, Renault 4 (el 4 latas), Citroen 2 CV,  y entre los vehículos circulando las antiguas villavesas de color verde oscuro y alguna furgoneta Volskwagen detrás. Similar parque automovilístico observamos en la foto de la izquierda; furgonetas Citroen, DKW, Gordini, Seat 600, Citroen 2 CV, Simcas, Renaults 8, etc. Por los tipos de coches, me atrevo a determinar que estas dos fotos deben ser  de finales de los 60. De la misma época intuyo que puede ser la foto sanferminera central donde una muchedumbre, en la que abunda la chiquillería,  parece esperar el desarrollo de algún acontecimiento festivo. En el lado derecho de la foto se puede percibir el mural turístico encargado por el Ayuntamiento para el medianil de la Casa Seminario realizado en el año 1963.En la foto de la derecha,  de la calle San Nicolás, que firma M.E, vemos un motocarro de aquellos que había para llevar el carbón por las casas.  La fecha se me antoja que puede ser posterior a las anteriores, tal vez de finales de los años 70. En la parte derecha de la tradicional calle con sabor hostelero, junto a  sus estrechas aceras se  observan  los rótulos de Pescadería Cipriano, Cuchillería Tellería y La Casa del Bacalao.

En la siguiente foto, la de la izquierda,  que aparece junto a este párrafo podemos ver la construcción del Instituto Padre Moret, «Irubide» en el barrio de la Chantrea. La vecina iglesia de Santiago se había inaugurada dos años antes en 1969, y la construcción del instituto que vemos en la fotografía había comenzado en 1970 terminando la obra en 1971. En la foto de la derecha, del Archivo Municipal, tal y como aparece en las marcas de agua,  datada en  1972 vemos la avenida del ejército abierta al tráfico, el muro exterior de la Ciudadela recién reconstruido, aún quedan bloques de piedra en su interior. Recordemos que en este lugar, donde ahora vemos este lienzo de muralla, había empotrados anteriormente otros edificios militares que habían sido derruidos  entre 1969 y 1971. Al final de la Avenida del Ejército, ya en la calle Conde Oliveto,  se puede distinguir el edificio de la estación del  tren Plazaola-Irati que sería derribado un año más tarde,  en 1973, donde hoy se ubica el edificio del Insalud y de la Seguridad Social.

En las postales anteriores vemos los  exteriores de los  hoteles Maisonnave y tres Reyes a finales de los años 60 así como  la plaza de San Francisco a comienzos de los años 70. Las cúpulas neumáticas de los Encuentros de 1972, en los terrenos de los antiguos cuarteles militares, -sobre los que hice una entrada específica en este blog-,  y el desfile de las majorettes de Tafalla por la calle Mercaderes en 1973 (foto Zubieta y Retegui), dentro de la celebración de los Sanfermines son otras de las estampas que nos acompañan junto a este párrafo. Una aclaración al hilo de esta segunda. Aunque hoy seguramente este espectáculo se consideraría sexista y fuera de lugar, entre 1968 y 1973, se convirtió en un elemento fijo del programa de las fiestas y además con gran seguimiento tanto por niños como mayores. En 1968, el Ayuntamiento contrató a las majorettes de Nimes. Tras su éxito, los días 10 y 11 de julio 1969 animaron las fiestas 59 mujeres de la agrupación de majorettes de Tarbes. En 1970 fueron las majorettes de de Toulouse y en 1971, las de Soud Ouest de Burdeos para acabar en 1973 con las mencionadas de Tafalla.

Las  fotos anteriores pertenecen todas a la década de los 70, el paso de las peña Anaitasuna por la calle Chapitela, camino de la plaza de Toros. Corría el año 1979, como se señala en la pancarta de la peña. De ese año también es la foto de construcción de la nueva Casa Seminario que alberga hoy en días las oficinas de la Sanidad Municipal. El mural político antinuclear, con los proyectos de centrales nucleares en  Lemoniz, Tudela etc  objeto de las protestas,  nos sitúa dentro del convulso escenario político y social de la época. La tercera de las fotos pertenece a una muestra de artesanía en la plaza de Recoletas, en el año  1981.

En la fotografía de la izquierda, del Archivo de José Castells, tenemos uno de los últimos vestigios, -si dejamos aparte a las casas de Iturrama Nuevo-, de las construcciones existentes en el antiguo barrio de Iturrama y que veíamos en una foto de una entrada anterior de esta serie de «Pamplona en el último siglo». En este caso se trata de la popular Casa Emeterio, situada entre la avenida Sancho el Fuerte y Fuente del Hierro,  derribada en 1989 por el Ayuntamiento de Pamplona para construir debajo un parking subterráneo.  Casa Emeterio, tenía dos pisos, en el superior estaba la vivienda y  en el bajo albergó, a lo largo de su historia, un ultramarinos, además de un pequeño bar y un estanco. De ello daban muestra algunos de sus rótulos descoloridos por el paso del tiempo.  Tenía también un teléfono público. Estaba regentado por dos hermanos, ya mayores, de Lakuntza, euskaldunes, Agustina y Emeterio. Tenía un banco entrando a la derecha y la barra enfrente. El edificio pequeño de la izquierda era un almacén que conservaba un letrero que decía «Despacho de carne». Recuerdo en los primeros 80 parar a la vuelta de la «Uni» para echar unos tragos, un tinto peleón y jugar al juego de las ranas. El repique de las fichas pugnando por entrar por la estrecha abertura de la boca de la rana es uno de los sonidos e  imagenes que asociaré, siempre, a este establecimiento un poco fuera de lugar, fuera del tiempo y del espacio, un anacronismo arquitéctónico, entre esas altas torres de pisos, que nos hablaba de otros tiempos, de otra ciudad que nunca conocimos pero que tenía su encanto, por su tipismo y sabor, por su cercana familiaridad, cuando nuestra ciudad y sus barrios tenían más de pueblo que de otra cosa. Acompaña al párrafo una segunda fotografía del barrio de Iturrama, también de archivo de José Castells, con las casas de Iturrama Nuevo, en primer plano y el Edificio Singular, sobresaliendo, al fondo.

Hasta los años 90, y concretamente hasta 1996, no se comenzó a urbanizar y peatonalizar el Casco Viejo de Pamplona. Primero se peatonalizaron las calles Chapitela, Mercaderes y plaza Consistorial y posteriormente le llegó el turno a la calle Estafeta, San Saturnino y la calle Mayor. Tras ellas vendrían Comedias, Pozoblanco y Zapatería y posteriormente San Nicolás,  San Gregorio y otras. Las fotos que nos anteceden son, casi todas, menos la primera, con el paseo de los municipales por Mercaderes camino de la calle Curia, que puede ser de los años 80, del período comprendido entre 1990 y 1998. En esa primera foto de los 80  la Farmacia Garate había perdido su fachada tradicional del primer tercio de siglo que recuperaría unos años más tarde, con Sagrario al frente y que es la que se mantiene en la actualidad. En las siguientes vemos la calle Chapitela, con la farmacia Gabas y la desaparecida tienda de La Madrileña;  una calle Mayor nocturna, con la desaparecida cafetería Delicias a la derecha (la foto es de Javier Muru); la plaza Consistorial atravesada por otro camión de basura, este de voluminoso; la calle Estafeta, con el paso nuevamente de la máquina baldeadora, esta vez a  la también desaparecida pastelería Salcedo.

Por último cuatro imagenes, algunas más modernas que otras, de diferentes zonas de la ciudad: de la calle Curia, de los años 90, de la cercana calle Salsipuedes, plagada de coches, en los años 70 o primeros 80, de la calle San Nicolás, de los años 70 y de la explanada de Yanguas y Miranda con las barracas sanfermineras en los años 80, ¿Quién no se acuerde la «barca vikinga», la tradicional noria, los autos de choque o otras atracciones articuladas de esa época?

Fotos referenciadas en el texto de la entrada (siempre que ha sido posible) y aquí mismo, por orden de aparición: Archivo José Castells:  Nº 3, 4, 5, 17, 18,  20 y 25. Archivo M.E:  Nº 6 y 22. Archivo Municipal: Nº 8 y 13 (esta última de Zubieta y Retegui), Javier Muru: Nº 21. Carmelo Buttini: Nº 23. Se agradecería colaboración para señalar la autoría del resto o cualquier otra información sobre ellas.

Imagenes del Ayer. Pamplona en el último siglo (1940-1965)

Segunda entrega de fotografías de la serie «Imagenes del Ayer. Pamplona en el último siglo (1898-1998)» y que en esta ocasión abarcan desde la posguerra hasta mediados de los años 60. A la izquierda una foto procedente de la colección Arazuri del Archivo Municipal de Pamplona que nos muestra la avenida de San Ignacio desde su confluencia con la calle Estella hasta la Plaza Circular (plaza de Príncipe de Viana). Esta datada entre 1940 y 1943.  La segunda  fotografía procedente del archivo histórico de la propia parroquia pertenece a  la construcción de la iglesia de San Antonio,  en 1940. El templo se erigió en poco más de uno año y se consagró el 29 de junio de ese año, día de San Pedro y San Pablo. Fue diseñada por el arquitecto D. Modesto López Otero, director de la Escuela de Arquitectura de Madrid y arquitecto-director del proyecto de la Ciudad Universitaria de esa capital. D. Félix Huarte fue el contratista responsable de la ejecución de la obra, bajo la dirección técnica del arquitecto D. Francisco Garraus. La fachada está construida con ladrillo y cemento y tiene unas dimensiones de 36 metros de larga por 20 de ancha y 22 de altura. Las obras en su interior no terminarían, en todos sus detalles, hasta dos años más tarde, cuando el pintor pamplonés Emilio Sánchez Cayuela  concluyó los frescos que adornan el altar mayor. Una estatua de San Antonio preside la fachada.

La siguiente instantánea, la de la izquierda, es de Rafael Bozano, y pertenece al Archivo Municipal de Pamplona. En ella vemos las antiguas cocheras del Irati en la entonces Avenida de Franco, en el año 1942, situadas justo donde se encuentra actualmente el ambulatorio San Martín, antiguo General Solchaga. Faltaban pocos años, apenas tres,  para que se inaugurara la nueva estación conjunta del Plazaola en Conde Oliveto, que también albergaría al Irati y unos pocos años más, cinco o seis, para que desaparecieran las vías de estos trenes a su paso por el centro de la ciudad. Entonces se consideraba esta sustitución en los medios de locomoción como parte del progreso. Los ferrocarriles de cercanía y vía estrecha se veían superadas por el pujante autobús de línea, más rápido y más moderno. En la segunda foto, perteneciente al fondo Urabayen de la UPNA, se nos muestra un Segundo Ensanche en plena construcción, concretamente del tramo de Carlos III, lado derecho subiendo hacia los Caídos, comprendido entre Gorriti y Mártires de la Patria, actual Castillo de Maya. En este tramo la avenida estaba entonces a medio hacer y se ve que se están erigiendo, al fondo, más edificios. La fecha aproximada debe estar entre 1943 y 1949, probablemente 1947 o 1948.

En las dos siguientes fotografías, también pertenecientes al fondo Urabayen de la UPNA, vemos el exterior e interior de la fábrica de Industrias Metálicas de Navarra (IMENASA) en lo que es hoy la zona de Yamaguchi, enfrente del Iruña Park y los cines Golem. La fábrica se comenzó a construir en 1943 y contaba con poco más de un centenar de trabajadores,  conociendo sucesivas ampliaciones en los años siguientes, pues hay un proyecto de construcción de naves para talleres de Huarte y Cia a cargo del Ingeniero Carlos Fernández Casado en 1948. En 1953 Félix Huarte  transformó la empresa en una sociedad anónima: Imenasa  (Industrias Metálicas de Navarra S.A), y empezaron a fabricar de todo. Para la fabricación de motos se asoció con Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey. Así se fabricaron las motos Husor, -por Huarte-Soriano, y luego las motos Iruña, motos potentes, según decían.  También se produjo un scooter y algún otro modelo. Imenasa llegó a contar, en sus años de esplendor, con 1.500 trabajadores y protagonizó el desarrollo industrial más importante de la Cuenca de Pamplona. De Imenasa surgieron numerosas empresas pues se fue transplantando cada línea de producción a una nueva fábrica que al final acabarían siendo compradas,  por multinacionales y alguna de ellas con el tiempo, posteriormente,  desmantelada.

A continuación tenemos dos nuevas fotografías del fondo Urabayen de la UPNA, en la que vemos el exterior e interior del nuevo mercado del Ensanche. Con la construcción del Ensanche la zona necesitaba, entre otros servicios, de  un nuevo mercado de abastos. El edificio se empezó a construir en 1947 y fue terminado en 1948. En la actualidad, el edificio acoge 72 viviendas, 71 de propiedad municipal, además del mercado propiamente dicho, con 64 puestos. En 1984 se realizó una pequeña reforma del mercado y en 2004 se acometieron obras en el tejado de las viviendas. Por último, en 2008, el espacio ocupado inicialmente por los baños públicos y, posteriormente, por un supermercado pasó a ser el  restaurante, «El Merca´o» explotado por la familia Idoate (la del Hotel Restaurante Europa). Está prevista una nueva reforma del mercado por parte del Ayuntamiento que lleva bastante retraso, tras diferentes licitaciones.

En las tres imagenes que anteceden podemos observar un acto religioso durante la apertura del Año Mariano en 1946, a su paso por la calle Mercaderes, -entonces Blanca de Navarra-, una foto de la plaza del Castillo que bien podría estar datada entre 1948 y 1956 y por último una foto del Convento de las Oblatas en 1948, recién construido, con su estilo neoherreriano, tan utilizado  en muchos edificios del régimen, de la época.  En las fotos que acompañan a este párrafo, vemos en la de la izquierda,  a un par de mujeres de espaldas paseando  por la calle Tudela, con los cuarteles de Intendencia donde actualmente se encuentra el Corte Inglés y  al fondo la plaza de la Argentina, hoy del Vínculo. La fotografía es de J.J. Arazuri, concretamente de diciembre de 1952. La otra corresponde al paso del Irati por el puente del Plazaola en la Rochapea, probablemente fechada entre 1949 y 1954, ya que hasta 1949 el Irati no empezó a compartir parte del recorrido urbano de su homóloga.

Los pamploneses de aquellos años, como he dicho en alguna entrada del blog, solían acudir al cine, al fútbol de Osasuna, -en el campo de San Juan-,  o a ver algún partido de pelota en el Euskal o en el recién inaugurado Frontón Labrit. El Labrit, también conocido como La Bombonera, se inauguró el 24 de junio de 1952, con el fin de dar respuesta a la creciente demanda tanto por parte de los practicantes de este deporte como de los aficionados de la ciudad. Fue sede del Campeonato del Mundo de Pelota Vasca en 1962 y reformado en 1986. Albergó también las ceremonias de inauguración y clausura del Campeonato del Mundo de Pelota Vasca en 2002. Es gestionado por la Federación Navarra de Pelota. También se desarrollan en el mismo algunos programas deportivos municipales y, en determinadas fechas, algunas actividades culturales.

De esta misma década de los 50, (1952), son estas dos fotografías de las obras de demolición del antiguo edificio de la Casa Consistorial. En el de la izquierda,  tomada desde la plaza de Santiago, está en pie únicamente la fachada neoclásica que da  a la plaza consistorial. En primera línea vemos la tradicional  fuente de hierro que estaba en la citada plaza y que luego se trasladaría a la plaza de San José.  En primer plano vemos también el forjado del sotano y semisotano del nuevo edificio. A la izquierda de la foto vemos que aun queda en pie uno de los dos edificios de la bajada de Carnicerías. En la foto de la derecha, de J. J. Arazuri y tomada desde cierta altura,  desde algún punto de lo que quedaba de fachada neoclásica.  Se observa todo el solar derruido donde estaba el viejo edificio, el mercado de Santo Domingo a la derecha y al fondo, la calle Mercado con la iglesia de Santo Domingo enfrente y oculta por el edificio del Mercado  la mítica Casa Marceliano. Un año y medio más tarde la corporación que había trasladado su sede al edificio de la Escuela de Artes y Oficios, en la plaza del Vinculo, volvería al remozado edificio.

En la siguiente fotografía, de la segunda mitad de los 50, probablemente del año 1955, vemos  el tramo final de Carlos III todavía sin edificar. Aún no se habían terminado de construir los últimos edificios de la calle Amaya, de la plaza del Alcazar, -hoy Blanca de Navarra-, Iturralde Suit, final de las calles Olite y Aralar,   plaza Conde Rodezno, así como de la manzana entre González Tablas, Bergamín y Paulino Caballero. Tampoco  se había  inaugurado la Iglesia de la Inmaculada de los Jesuitas, -lo haría en 1959-, el salón de actos con su famoso cine se inauguraría  en 1962.   La primera fase del Colegio se había abierto en 1951, tras su paso por el nº 31 de la calle Mayor, en 1946,  y de la calle Media Luna, en 1949. La foto de la derecha es del ascenso de Osasuna a 1ª división en el campo de San Juan, en el año 1956.

En la foto de la izquierda podemos ver una vista de la Rochapea, a finales de los años 50, de Luis García Garrabella, y en la de la derecha,  del archivo de José Castells, vemos una panorámica del barrio de Iturrama, en la primera mitad de los años 60. Destaca, en el centro de la foto, el Frontón de López, al fondo se observa que ya está construído el edificio Central de la Universidad de Navarra y, más al fondo y a la derecha, se divisa la enorme chimenea de Industrias Químicas de Navarra (INQUINASA), en el barrio de Echavacoiz. El desarrollo de Iturrama tendría lugar fundamentalmente a lo largo de la década de los 70 y los 80, así como el barrio de San Juan, lo había hecho en su mayor parte a lo largo de los 60 y 70. Siempre quedarían, en ambos casos,  parcelas aisladas que tuvieron un desarrollo posterior.

Fotos referenciadas en el texto de la entrada.

Imagenes del ayer. Pamplona en el último siglo (1898-1939)

Inicio en esta entrada una breve serie de tres entregas fotográficas, con sus correspondientes notas y comentarios, sobre la Pamplona del último siglo, desde la guerra de Cuba, en 1898 hasta finales del siglo XX, en 1998. En esta primera entrega de fotografías, muchas de las cuales no son demasiado conocidas o divulgadas, abarcaré el período comprendido entre la guerra de Cuba (1898) y el final de la guerra civil (1939). Inicio la entrada con esta curiosa postal fotográfica, toda una rareza, con unas anotaciones caligráficas al margen,   del Paseo de Sarasate, que también aparece en el fondo de postales de Javier Soria en la que observamos el desfile de tropas que parten de Pamplona con destino a la guerra de Cuba. A la derecha tenemos una instantánea de la plaza del Ayuntamiento de esta misma época o tal vez un poco posterior (1898-1902) de Julio Altadill. Se observan, con bastante detalle,  todas las construcciones presentes en ese momento en la plaza, a la izquierda los edificios que estrechaban el acceso a la calle Nueva hasta 1890; también se observan los edificios de la bajada de Carnicerías, a la derecha de la casa Consistorial. En el primer plano de la foto un carro arrastrado por una mula.

La  fotografía de la izquierda que acompaña a este párrafo  nos muestra la fuente de Santa Cecilia,  en su primitiva ubicación,  en el cruce entre  las calles Navarrería, Curia, Mañueta y Calderería, la foto, de Aquilino García Dean, nos muestra una estampa tipicamente costumbrista con unas mujeres llenando y acarreando sus pozales de agua desde la fuente y que data, probablemente, del período comprendido entre 1902 y 1906. A la derecha una curiosa instantánea,  no demasiado conocida,  de los toros saliendo de los corrales de Santo Domingo, pasando bajo el antiguo Portal de la Rochapea. No hacía demasiados años que se había instaurado el encierrillo, concretamente se inició en el año  1899. Hasta entonces se traían los toros hasta los corralillos de Santo Domingo, desde las campas del Sario. La foto está datada en 1911. Faltaban muy pocos años para que se derribara el Portal, hoy se hubiera conservado, sin duda, porque la sensibilidad por la conservación del patrimonio es otra y hubiera contribuido a completar la imagen tradicional del frente norte de murallas, hasta entonces. El portal se empezó a derribar a finales de 1914 y se terminó su derribo  en marzo de 1915, derribo que ilustra la siguiente fotografía, ya en el siguiente párrafo, de Aquilino García Dean, perteneciente al Archivo Municipal de Pamplona. El escudo exterior que franqueaba el  Portal se trasladó, tras el derribo,  al murete contiguo a los corralillos hasta la inauguración del Portal Nuevo en el año 1950, año en que se trasladó a este lugar.

En la foto pequeña de la derecha vemos una preciosa imagen de la plaza del Castillo en el año 1917. (Pinchar para agrandar). En la visión aérea de la ciudad que la acompaña, perteneciente al  archivo fotográfico  de José Castells,   vemos una interesante panorámica de la Pamplona de primeros de siglo. La foto puede datarse en torno al año 1919 o 1920  y argumentaré el por qué.  El estado de las obras en el solar de Correos es igual al de la foto aeronáutica militar de la entrada «Imagenes del Ayer: Pamplona a vista de pájaro (1919-1932)» y ya allí la daté en 1919 o 20, ya ha empezado el desmonte del talud de Tejería, lo vimos y lo narré en la entrada  «Pamplona año a año (1918)». Se conserva todavía el Portal de San Nicolás, reformado su acceso en la primera década del siglo,  y se conservan también las construcciones cercanas a la vieja plaza de Toros,  que se quemó en agosto de 1921. Aun no se había empezado a construir la nueva plaza de toros. Delante del antiguo coso taurino se encuentra el  Teatro Gayarre, hasta 1903, Teatro Principal.

Y siguiendo el orden cronológico les dejo, ahora que se aproxima el centenario de nuestro primer club de fútbol,  con una foto de los primeros tiempos osasunistas. El club se fundó en noviembre de 1920, con la fusión de los clubs Sportiva y New Club. El equipo titular lo formaban Rasero; Aizpún, Néstor; Azagra, Lusarreta, Meaurio; Gorráiz, Echarren, Moreno, Idoate y Gortari a quienes vemos en la foto de la izquierda. En la de la derecha una bonita fotografía  de la terraza del Café Iruña. No he podido encontrar la fecha, pero por  los sombreros de los caballeros y  señoras sentados en la terraza del Café la fotografía parece de  los años 20.

Y seguimos con escenas cotidianas de la Pamplona de antaño. En la siguiente fotografía de Gerardo Zaragüeta, perteneciente al fondo de la Institución Príncipe de Viana, aparecen unas jóvenes pamplonesas en la plaza del Castillo.  A sus espaldas, de izquierda a derecha,  el Café Suizo y el Café Kutz. Las chicas vestidas  a la usanza de la época,  en un lluvioso día de 1926. También de estos años o quizás un poco antes es la foto de los automóviles pasando por la plaza del Castillo en plenos sanfermines, con dos mujeres ataviadas con peinetas y mantillas.

La postal siguiente, de Estanislao Espelosín,  forma parte de una bonita panorámica que ya incluí en la entrada «La Rochapea a lo largo del siglo XX», si bien en esta aparece tan solo su parte izquierda, la ciudad al fondo, en primer plano el camino o carretera a Villava, con algunas construcciones bajas, en un segundo plano y casi paralela a la anterior el camino de los Enamorados. La fecha, entre 1919 y 1923. En la foto de la derecha podemos contemplar, en primer lugar,  el edificio de la Vasco Navarra, a punto de ser inaugurado y  al que se trasladó en 1925 la firma aseguradora desde su anterior ubicación en Navas de Tolosa. Detrás de él se divisa el edificio de dos plantas del Teatro Olimpia, inaugurado en 1923. Al fondo tenemos la iglesia de san Ignacio,  de los Padres Redentoristas,  todavía en construcción;  se acabaría en 1927, por lo que podemos concluir que la foto debe ser  de finales del año 1925.

Gerardo Zaragüeta, como antes su padre Agustín,  es uno de los fotógrafos que mejor reflejaron la vida cotidiana de la Pamplona del primer tercio de siglo. Haré una entrada sobre los fotógrafos más destacados de Pamplona en el siglo XX. Un buen ejemplo de ese buen hacer es  esta fotografía de un grupo de jóvenes pamploneses, ante un carrusel de las barracas,  en uno de los sanfermines de aquellos primeros años 30. A la derecha otra hermosa fotografía, ésta de la zona del Rincón de la Aduana,  también de los primeros años 30, donde se mantiene la estación de pasajeros y mercancías del Irati y además la zona se ha convertido en una improvisada estación de autobuses. En 1934 se inauguraría la nueva estación situada entre Conde Oliveto y Yanguas y Miranda.

En la foto de la izquierda,  del año 1931, podemos ver desfilando una compañía de soldados por la Bajada de Javier. La foto pertenece a la colección Arazuri y aparece en uno de los tomos de «Pamplona, calles y barrios».  En la de la derecha vemos el colegio de los Escolapios, en la calle Olite, recién construido en 1931. Anteriormente los Escolapios estaban localizados, desde 1892, en la casa del Paseo de Valencia que albergó anteriormente la Fonda Europa, con chicos de primera y segunda enseñanza así como de  preparación para la rama de Comercio y contaba, además,  con escuela gratuita para  niños.

En esta ocasión el párrafo se acompaña de dos escenas de contenido plenamente urbanístico. A la izquierda el rincón de la plaza del Castillo donde estaba y está el Casino Eslava, tras la compra del edificio en 1930  y su reforma a lo largo de los años 1931 y 32 bajo proyecto y supervisión técnica de  Víctor Eusa.  El  proyecto arquitectónico tenía  claras influencias del «art decó», en infinidad de de detalles decorativos, destacando su escalera de disposición helicoidal y  la fachada del bajo, cubierta con chapas de cobre con remaches. A la derecha, una imagen del Paseo de Sarasate del año 1933, también de la colección Arazuri, tomada desde la calle García Castañón. En primer plano podemos ver que están construyéndose los dos edificios que desde esta calle dan al Paseo, el de la derecha es el edificio que albergará la sede de la Caja Municipal de Pamplona, y cuya construcción finalizará en 1935, hasta entonces la central estaba en la esquina de las calles Chapitela y Mercaderes, donde hoy hay una tienda de FNAC y anteriormente una sucursal de la Rural.

El clima político se comenzaba a crispar, en los primeros años 30, en Pamplona, tras el advenimiento de la 2ª República, con algunos enfrentamientos entre grupos políticos de distinto signo. En la foto de la izquierda, de «El Pensamiento Navarro» vemos a grupos de izquierda intentando asaltar la famosa Casa Baleztena. Fue el 18 de abril de 1932 y se produjo un conato de incendio en el edificio.  En aquellos días hubo dos muertos en enfrentamientos a tiros entre socialistas y tradicionalistas, uno por cada bando. En la foto de la derecha, voluntarios navarros, entre los que estaba Ignacio Baleztena,  que formaron el Tercio «María de las Nieves» desfilan por la plaza del Castillo, cerca de la Casa Baleztena, el 23 de julio de 1936, pocos días después del pronunciamiento militar.

Para terminar, dos imagenes de nuestras calles en plena contienda civil, a la izquierda un desfile de mujeres falangistas por una calle del Ensanche de Pamplona, el 25 de agosto de 1936. La foto es del fondo documental de Central Press/ Getty Images. A la derecha podemos ver los efectos el bombardeo por la aviación republicana a la estación de autobuses de Pamplona el 11 de noviembre de 1937. Ese día,  12 aviones republicanos procedentes de Reus lanzaron 35 bombas contra diferentes objetivos de la capital: el Palacio de Diputación, la Estación de Autobuses, el Banco de España, etc, provocando 7 muertos. (La foto es de Sebastián Taberna).

Fotos referenciadas en el texto de la entrada.

Nazario Carriquiri (1805-1884)

Comenzaba este blog hace siete años, con una breve entrada de la calle Nazario Carriquiri, una calle que pasa por delante de mi casa desde que tengo recuerdos, antiguamente un camino de grava,  siguiendo el antiguo ramal del Irati que conectaba la estación del Empalme y la del Norte, atravesando el paraje denominado como playa de Santa Engracia. En esta entrada descubriremos que se esconde bajo el  nombre  de esa calle y que la mayoría de la gente asociará seguramente tan solo con el mundo del toreo, por aquello del trofeo Carriquiri. Nazario Carriquiri Ibarnegaray nació en Pamplona el 28 de julio de 1805. Era hijo del calderero y comerciante establecido en  Pamplona Pedro Carriquiry Etchecopar y de Dominga Ibarnegaray y Landutch, naturales de los pueblos vasco franceses de Idaux y San Juan de Pie de Port. Su nombre aparece vinculado  a los más variados e importantes acontecimientos de Navarra y nacionales bajo el reinado de Isabel II (1833-1868). Su participación en política se inició en 1834 en el Ayuntamiento de Pamplona y como oficial de las milicias nacionales en la ciudad. En la 1ª Guerra Carlista, (1833-1840), colaboró suministrando armas a  las fuerzas isabelinas. A partir de finales de la década de los 30 del siglo XIX ya está asentado en Madrid. Apoyó el pronunciamiento, tanto política como económicamente,    de 1841 contra el general regente  Baldomero Espartero, apoyado por la ex-regente en el exilio María Cristina de Borbón,  que tuvo uno de sus principales focos en Pamplona con la sublevación el 27 de septiembre del general O´Donnell. El general no consiguió el apoyo de la ciudad a pesar de que ordenó bombardearla, desde su Ciudadela. Junto con O´Donnell, Narvaez y Alcala Galiano fueron algunos de los principales generales implicados en la revuelta que contó con el apoyo de elementos carlistas y en los que se llegó a prometer la restauración de los antiguos fueros a los territorios vasco-navarros.

Fracasado el golpe de estado Nazario se vió obligado a exiliarse hasta la caída de Espartero en 1843. No obstante desde el exilio tomó parte en la Orden Militar Española, orden secreta creada en París por el general Narváez para defender la monarquía isabelina y con el mismo fin  financió el periódico «El Heraldo».  Fue diputado a Cortes por Navarra por el Partido Moderado, entre 1843 y 1854, y entre 1856 y 1864, senador vitalicio desde 1864 y en las Cortes de 1871-1873, para acabar volviendo a ser diputado entre 1876 y 1881.  Políticamente basculó desde un liberalismo moderado pasando, progresivamente,  a posiciones más conservadoras en las  filas del Partido Moderado, Dinástico o Isabelino para unirse, al final de sus días, a  las filas de Canovas durante  la Restauración. Aparte de su vertiente política destaca también por su intensa actividad económica y empresarial. No hay constancia de que cursara estudios superiores preparándose para las actividades comerciales y empresariales dentro del ámbito familiar. De hecho comenzó su andadura formando sociedad con su padre Pedro que tradicionalmente se le ha considerado calderero pero cuya ocupación no cuadra demasiado  por la enorme cantidad de  propiedades que legó a sus nietos: casi un centenar de terrenos rústicos en la Cuenca de Pamplona, varios de ellas en la zona de Capuchinos y de  las Esclavas del Sagrado Corazón (las famosas Casa Blanca y Casa Colorada),  además de los nº 8 y 10 de la calle Estafeta (actual números 16 y 18).

Por su parte Nazario y su familia  tenían  su casa de la plaza del Castillo, la que hoy se conoce como Casa Baleztena, que vendieron a los Baleztena en 1852. La casa había sido construida entre 1832 y 1840 por Martin Monaco, de Saldías y por Modesto Jaime, de Pamplona,  propietarios a partes iguales del inmueble que en 1840, recién acabado, vendieron a los Carriquiri. Formando sociedad con su padre,  Nazario comenzó a realizar suministros de todo tipo para el ejército cristino desde 1836 y se benefició de la compra de los bienes, producto de la desamortización eclesiástica de los años 40 y 50, de Mendizabal, Espartero y Madoz. De ahí podemos concluir en que surge buena parte  del origen de su fortuna. En 1846 se asoció con el ganadero tudelano Tadeo  Guendulain Masterrena  creando la sociedad Guendulain y Carriquiri. Sus toros, conocidos por su especial bravura, se lidiaron, por primera vez, en los sanfermines de 1852 y en Madrid, el 10 de julio de 1864. Abundaban en su casta los toros rojizos de movimientos poderosos, rápidos e imprevisibles, que saltaban con frecuencia la barrera en la plaza y mataban a decenas de caballos durante la faena, por lo que algunos diestros de la época se negaban a torearlos. En 1863, un toro de la ganadería recibió 53 varas y en 1878, otro astado 114. En 1883 Juan Mosso compró la parte de su tio Nazario en el negocio y  vendió  la ganadería a Bernabé Cobaleda que trasladó la camada de Navarra a Salamanca, perdiéndose progresivamente la casta navarra de Carriquiri al sustituir en 1925 los toros navarros por los del Conde de la Corte.

Carriquiri formó parte de numerosas sociedades anónimas de la época,  pertenecientes a los más variados sectores. Entre ellas cabe citar las sociedades de desarrollo agrícola la «Ceres» y «La Prosperidad», la del mundo editorial «La Ilustración», la de seguros «El Ancora», sociedades relacionadas con el transporte y los correos, la «Compañía de Minas de Cobre y Plomo de Linares», etc.  Fue accionista del Crédito Navarro, fundado en 1863, directivo del Banco de Isabel II, desde 1844 a 1847,  hasta su fusión con el Banco Español de San Fernando del que fue síndico en 1848, siendo también tesorero del Palacio Real. En 1830 se había casado  en Tafalla con Saturnina Mosso y Villanueva, cuyo hermano, Juan, había contraído nupcias con la Condesa de Espoz y Mina. Su cuñado Juan de Dios Mosso fue socio y apoderado de muchos de los  negocios que tuvo en Navarra,  como minas, ferrerías, como la de Artikutza,  y explotaciones forestales y madereras. También compartiría sociedades con el que fuera luego su suegro, en su segundo matrimonio,  Jaime Ceriola. Promovió, en 1847, con la Diputación Foral la carretera de Pamplona a Francia a su paso por Roncesvalles, que ayudó a financiar en un 54%. Participó en la creación de la redes ferroviarias  de España (Asturias, Madrid-Aranjuez, etc) e intervino en la construcción del muelle del Grao en Valencia. Nazario no tuvo hijos con Saturnina Mosso que falleció en París en 1859. Si tuvo, en cambio, una hija, Raimunda, en 1862, con Raimunda Ceriola, con la que se había casado al enviudar, ella como él, también viuda que tenía, además, dos hijos a su cargo. Nazario Carriquiri,  que constituye uno de los mejores ejemplos del surgimiento de la nueva burguesía decimonónica,  falleció el 12 de enero de 1884 dejando toda su herencia a su única hija así como su colección pictórica de más de 200 lienzos entre ellos algún Murillo.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Retrato de Nazario Carriquiri de  Antonio Mª Esquivel y Suarez de Urbina. Europeana Collections. Nº 2: Casa Baleztena. premindeiruna.blogspot.com Nº 3: Calle Nazario Carriquiri (1984). Imagenes Rotxapea. revista Ezkaba. Nº 4:  calle Nazario Carriquiri (2017). Nº 5: Toros Carriquiri, pastando en el Sario en el año 1909. Facebook.com/ganaderiacarriquiri. Nº 6: Escritura de Venta de la ganadería de los herederos de Don Nazario Carriquiri a Don Bernabé Cobaleda (1908).  Edición facsímil. Pamplona, Talleres Gráficos Estudiovaca, 2010. 

Aquellas boticas de antaño (1863-1963)

La palabra farmacia se deriva del griego «pharmakon» (remedio). La palabra botica viene del griego «apotheka» que significa bodega, almacén, tienda (tienda donde se expenden y comercializan  productos medicinales y también el lugar donde se producen remedios o medicamentos). Curiosamente, del mismo término, se derivan las palabras «boutique» y «botiquín». Desde los orígenes de la humanidad siempre ha existido el natural deseo de curar las enfermedades y de evitar o retrasar la llegada de la muerte. Antes de la aparición de los actuales medicamentos, fruto de avanzados procesos industriales, se utilizaban los remedios que la naturaleza ofrecía; en los tiempos más primitivos combinados con ritos religiosos y mágicos. Posteriormente, en las civilizaciones antiguas, como la egipcia, se utilizaban con todo tipo de aplicaciones  y sistemas de administración (oral, colirio, rectal, etc). Galeno, un griego que vivió en la época romana hablaba de la importancia de la posología (cantidad), de la forma de administración y de la duración del tratamiento pues ningún fármaco o remedio, ya sea natural o sintético, es inocuo.

En el siglo XV, con la imprenta,  se editaron los primeros libros impresos, con todas las fórmulas curativas conocidas hasta entonces.  En el siglo XVII y XVIII se estudió  de forma especial y minuciosa la botánica, base de la farmacopea. En el siglo XIX se avanzó en el conocimiento de la química y se profundizó en el conocimiento de los principios activos de las plantas. Con el siglo XX se comenzaron a producir fármacos de origen sintético en un proceso de fabricación industrial. Y cuento todo esto para explicar cuan  diferente era el papel de los farmacéuticos a mediados o finales del siglo XIX y en la actualidad. Antaño casi todos elaboraban sus fórmulas magistrales y sus preparados en las farmacias, hoy la mayoría son, en este ámbito, únicamente dispensadores de medicamentos en la cadena de distribución farmacéutica, además, por supuesto de tocar otros muchos campos: dermoestética, higiene personal, etc. Eso, si, antes como ahora, sus valiosos consejos y el conocimiento de los productos que venden se me antoja fundamental para todos nosotros, potenciales clientes que somos  de las farmacias en muchos momentos de nuestra existencia diaria. Y es que quien, en un momento dado, no ha pedido consejo a su farmacéutico, por ejemplo, con algún catarro o una afección menor.

A lo largo de esta entrada podemos encontrar una amplísima selección de fotografías, donde vemos desde  algunos productos fabricados por nuestros antiguos boticarios, pasando por una vasta selección de antiguos medicamentos, casi todos pertenecientes  al período 1913-1953,  aunque también hay algunos de años anteriores, y que proceden, la mayoría, del banco de imagenes de la Real Academia Nacional de Medicina de España. Si analizamos detenidamente uno por uno los componentes de buena parte de muchos de esos antiguos medicamentos de la primera mitad del siglo XX,  nos llaman la atención dos aspectos:  que muchos de sus componentes eran extractos de plantas y que había un gran número de laboratorios locales o provinciales, frente a la casi exclusiva existencia actual de compuestos sintéticos y al monopolio de las grandes corporaciones farmacéuticas nacionales e internacionales. Hoy parece que desde la medicina oficial  se mira con desconfianza todo lo que aparece bajo la denominación de medicina natural. Sin embargo la historia farmacéutica nos enseña como no hace tanto tiempo,  la farmacopea  se basaba, en buena medida, en las plantas y la galénica era una disciplina  estudiada en la carrera farmacéutica y cultivada  por muchos de nuestros sabios y habilidosos boticarios. Ah, pero los tiempos cambian. De ello dan fé también las páginas de revistas y periódicos y los anuncios sobre aquellos antiguos remedios y medicamentos, algunos de los cuales vemos aquí, tan diferentes de los actuales.

En el año 1863, había en la ciudad de Pamplona media docena de boticas, algunas de ellas también eran droguerías. Entre esas primer boticas podíamos encontrar la de Javier Blasco, en el nº 22 de la calle Zapatería; la de Teodoro Inda en Estafeta, 18; la de Fernando Borra Tarazona, en Nueva, 2 (actual farmacia Maeztu); la de Manuel Esparza en Zapatería, 35; la señora Viuda de Jadraque en Bolserías, 18, (luego San Saturnino), donde hoy está la farmacia Sánchez Ostiz y  la de la señora Viuda de Landa en Chapitela, 15. La que sería posteriormente farmacia  Sánchez Azcona pasa no obstante por ser la más antigua de la ciudad, pues un rótulo en su interior indica que fue el año 1845 la fecha de su fundación. Además de farmacias  también eran droguerías las citadas de Viuda de Landa  y la de Manuel Esparza.

Era muy común, a principios del siglo XX,  ver juntas, en muchos establecimientos,  las actividades de Farmacia y Droguería.  Aquellas boticas de entonces eran una especie de colmados donde se vendía de todo y donde convivían, la parte vinculada a la elaboración artesanal  de fórmulas magistrales que curaban todo tipo de dolores y afecciones y la parte de droguería, que como su mismo nombre indica, aludía a la expedición o venta de drogas y de determinadas sustancias y productos químicos. Con el tiempo las boticas se especializaron en los preparados medicinales, mientras que las droguerías se especializaron en vender productos químicos, pinturas, cosmética y posteriormente productos de limpieza y perfumería.

En 1879 a Javier Blasco le había sustituido su hijo Agustín y continuaban Fernando Borra, -que ese año solicitaba al Ayuntamiento permiso para erigir la fachada actual- y Manuel Esparza, además de Ramón Aramburu, Juan Mª Cordoba, Rodrigo Erice, Manuel Lizarraga y Urrutia, (de los que intentaré descubrir donde tuvieron  sus despachos de farmacia; puede que en Chapitela y/o Estafeta). En Bolserías, 7 estaba Matías Colmenares, luego Valencia y Colmenares (hoy ahí está el establecimiento «10.000 pasos»); Manuel Mercader había abierto una farmacia en Mercaderes, 18, en 1873, antes de abrir la de la calle Curia (actual Farmacia Garate),  y en 1880 a las citadas se sumaba la de Negrillos en el nº 59 de la calle Mayor. En 1883, donde estaba la Viuda de Jadraque, en las escalerillas de San Saturnino,  estaba Nicasio Iribarren  y en 1888 se instalaron  Miguel Martínez de la Peña, en el nº 10 de Chapitela y Felipe Irurita,  en el nº 28 de la calle San Nicolás.

En 1894,  Abundio Irisarri abría una botica en Chapitela, 22 (actual Farmacia Gabas), al que seguiría, por largos años, desde 1913,  Manuel González Boza (esta farmacia ha estado, durante muchas décadas, vinculada a la misma familia); Joaquín Aguinaga, en 1888, abría su farmacia en el nº 25 de la calle Zapatería (también y salvo algún período de regencia, siempre, desde su fundación, ha estado en manos de la familia Aguinaga, desde el bisabuelo Joaquín al bisnieto Roberto pasando por Justo y Joaquín aunque inicialmente apareciera como Sucesores de Esparza); continuaban Nicasio Iribarren, Felipe Irurita,  Miguel Martínez de la Peña, Manuel Mercader, Manuel Negrillos y Javier Valencia. A Borra le había sustituido, a partir de 1888, Valentín Marquina que conduciría la farmacia hasta 1920. Eran también droguerías la de Agustín Blasco que, luego a partir de 1900, será Viuda de Blasco, Negrillos, Marquina  y Valencia y Colmenares, luego sólo Valencia. Como en otros muchos establecimientos comerciales del casco viejo, era muy común que el propio farmacéutico o boticario viviese encima de la tienda, generalmente en el primer piso, teniendo acceso directo a ella. Estos  fueron los casos de  Aguinaga, Mercader, Sánchez Azcona, que yo sepa, al menos. Cuatro han sido fundamentalmente los locales de farmacias que han mantenido su apariencia original: la antigua farmacia Borra (actual Maeztu), la antigua farmacia Blasco (actual pastelería Tentacelia), la farmacia Aguinaga, y la farmacia Sánchez Azcona (actual «10.000 pasos» que  fue farmacia hasta finales de los años 90 (1997)).

En el siglo XIX se había comenzado a regular la profesión, concretamente, en el año 1898 se obligó a la colegiación para la práctica de la medicina y la farmacia. Sin embargo, en 1904  la Instrucción General de Sanidad estableció que la colegiación fuera voluntaria y no fue hasta 1917 cuando se volvió a establecer la obligatoriedad de colegiarse. Anteriormente en Navarra había funcionado el Real Colegio de Medicina, Cirugía y Farmacia, creado por las Cortes de Navarra en 1828, que dejó de funcionar en 1840.  En 1845 se creaban las primeras facultades de Farmacia en España. El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Navarra se fundó el 8 de agosto de 1899, constituyéndose la primera junta directiva compuesta por Jacinto Baranguan Castejón en la presidencia, Nicasio Iribarren como tesorero, Fernando Palacios como secretario-contador y Luis Ferrandiz y Eduardo Labeaga como vocales. En esos primeros años y hasta 1926 aparecía vinculado al Colegio de Médicos, y tenía su sede en el 3º piso del nº 22 de la calle Chapitela. En 1971 el Colegio se trasladó a la calle Navas de Tolosa.

El primer colegiado fue D. Celedonio Oficialdegui, de Villava. Perteneció a la Junta de la Asociación en 1915, junto a Ángel Mocoroa y Joaquín Lambea, de Mañeru;  y la primera mujer colegiada  fue Dª Marina Cuevas, concretamente en los años 20. Hasta el siglo XIX no había título oficial de farmacéutico, el boticario, como en otros gremios,  adquiría sus conocimientos, como aprendiz, al lado de un profesional que llevase muchos años en el oficio. En 1915, el colegio de farmacéuticos estaba presidido por Manuel Negrillos, en la tesorería, Antonio Corti y en la secretaría González Boza. En 1921, el Colegio lo presidía Gonzalez Boza con Antonio Corti y Joaquín Arteaga como tesorero y secretario y un año más tarde Miguel Lino Ezcurra,   con Joaquín Blasco y Sebastián Iribarren en los principales puestos de la Junta, mientras que en 1924 la presidencia la ostentó Justo Aguinaga y en 1925 Gonzalez Boza.

A principios de siglo, en 1900, se instalaba Marcos Sola en el nº 4 de la plaza de la Constitución, y en 1901, Vicente Udobro en Chapitela, 15 y Froilán Landa en Zapatería, 22. A Nicasio Iribarren le sustituía en la farmacia de las escalerillas de San Saturnino, durante un corto período de tiempo, Elías Martínez para, posteriormente, volver a recuperar la titularidad. En el nº 32 del  paseo de Valencia se instalaba Santiago Arteaga, donde creo que, en la segunda mitad del siglo XX,  se instaló la Farmacia Cabiró y en el nº 42 de la plaza de la Constitución, desde 1902, Alberto Garbalena y más tarde Julio Villanueva. En 1903 Irurita intercambiaba su licencia de farmacia con José Martialay que desde ese año pasará  a ocupar su lugar en la farmacia de la calle San Nicolás.  Este dirigirá la farmacia hasta 1915 en que se hace cargo Gabriel Castiella y que regirá el negocio hasta mediados del siglo. A mediados de 1906 se inauguraba la farmacia modernista de los hermanos Ondarra en el nº 21 de Mercaderes, (más conocida como Farmacia Blasco), y en el nº 9 de Navas de Tolosa se  instalaba la farmacia de Félix García Larrache. En 1911 a Landa le sustituía Bautista Altolaguirre a quien en 1915 le encontramos en el nº 2 de la calle Santo Domingo.

Se cuenta  que, a principios del siglo XX, siendo propietario de la antigua farmacia Borra, Valentín Marquina, que debía ser por aquel entonces concejal del Ayuntamiento, y dado que el sistema de calefacción de la casa consistorial no siempre funcionaba bien, se llegaron a reunir los concejales, en  alguno de los días más fríos del año, en  la trastienda de la farmacia. En noviembre de 1920 Valentín Marquina comunicaba al Ayuntamiento el traspaso de su farmacia a los hermanos Ezcurra. Estos estuvieron al frente de la farmacia desde 1926 a 1931. Entre 1931 y 1956 estuvo regentada por Pío Ezcurra. La farmacia del nº 1 de la calle Nueva, tiene una imponente fachada exterior de color verde, con una figura religiosa, de la Virgen del Camino, en una vitrina situada  en la esquina de la fachada con la calle Nueva. Destaca su estrecha escalera de caracol de hierro que conduce a un sobrepiso lleno de botecillos y destilados, cuando la farmacia tenía mucho de alquimia; Su decoración tiene un estilo neomudéjar, con los arquillos de las estanterías policromados en rojo, ocre y azul y  su techo artesonado. Y dentro se puede contemplar  una bella estancia llena de azulejados y columnillas. Similar estilo, aunque menos refinado, presenta la antigua farmacia Sánchez Azcona, con su techo artesonado y sus muebles hoy pintados de blanco. Resultan igualmente destacables el magnífico estilo modernista de la farmacia Ondarra o Blasco, tanto en el interior como en el exterior, y los detalles neogóticos y de art decó de la farmacia Aguinaga.

A mediados de la segunda década del siglo se produjeron muchos cambios en el panorama de las boticas pamplonesas. Gabriel Castiella ya estaba instalado en 1915 en su nueva oficina de farmacia del nº 74 de la plaza de San Nicolás, donde hoy se encuentra la Farmacia Iragui. Antonio Corti había tomado el relevo de Mercader en su farmacia de Curia 2 (la actual Garate y Beltrán), en 1911. De la antigua farmacia de Abundio Irisarri en Chapitela se había hecho cargo en 1913 Manuel González Boza y de la botica de Javier Valencia en San Saturnino, 4, a partir de 1909, Julián Sánchez Azcona. Sánchez Azcona fue  el padre de Miguel Sánchez Ostiz, que regentaría la farmacia de las escalerillas de San Saturnino hasta mediados de los 80. A Joaquín Aguinaga le había sucedido su hijo Justo. Muchos de los citados farmacéuticos tendrán largas trayectorias en sus despachos de farmacia. En algunas farmacias de transmisión familiar, en tanto en cuanto los descendientes no pudiesen hacerse cargo del negocio, por no tener ni la edad ni la carrera, se permitía la existencia de un regente o encargado ajeno a la familia que llevase, mientras tanto,  las riendas de la farmacia.

En 1920 los hermanos Ondarra habían dejado la farmacia en manos de Don Joaquín Blasco, en cuya familia seguirá el despacho de farmacia hasta finales del siglo,  y como novedades encontrábamos la farmacia de Félix Velasco en la Rochapea y la de Juan Bornas en Sarasate. Tras el fallecimiento de Nicasio Iribarren,  la titularidad de la farmacia pasará a su hijo Sebastián que la mantendrá hasta mediados de los 50 en que se hace cargo Miguel Sánchez Ostiz, padre de la que hasta hace cuatro meses fue su  titular, María José Sánchez Ostiz,  que  ciertamente, ha sido una de las pocas farmacéuticas que ha mantenido, hasta hoy, la vieja tradición galénica de las fórmulas magistrales de las antiguas boticas.

A mediados de los años 20 se incorporan nuevos farmacéuticos y oficinas de farmacia: Miguel Ángel Martínez en el nº 110 de la calle Mayor (actual farmacia Planas). Poco después, desde 1931,  esta farmacia estará regida por José Gabriel Beunza y Mina que  permanecerá a cargo del establecimiento hasta 1933. Tras la guerra, y durante las décadas siguientes, el titular será Jesús Sagredo hasta que en 1963, se hace cargo del establecimiento Antonio Rodríguez Arbeloa que permanecerá igualmente durante varias décadas. La otra farmacia que aparece a mediados de los años 20 es la de Navascués y Sayans en el nº 89 de Estafeta y 1 de Juan de Labrit. Esta farmacia fue fundada curiosamente bajo el epígrafe municipal de «comercio de venta de artículos de cirugía, química, óptica y droguería». Posteriormente continuará como despacho de farmacia y droguería al por menor y finalmente solamente  como farmacia. Tras Javier Navascués la titularidad de la farmacia la heredará su hija Concepción.

Los problemas de los farmacéuticos de aquellas primeras décadas del siglo tenían su origen en el intrusismo de las droguerías en su ámbito, el precio de los medicamentos, los horarios de apertura, la limitación en las concesiones administrativas, el proceso de adaptación a la comercialización de los medicamentos industriales, -en oposición a los que se elaboraban en la oficina de farmacia-, los acuerdos con la beneficiencia municipal  para atender farmacéuticamente a las clases más desfavorecidas.  Los farmacéuticos vendían, además,  sus productos de forma muy variada, en primer lugar, libremente, de acuerdo a la tarifa; en segundo lugar, casi gratis, pues se pagaba una pequeña cantidad, a cambio de una asignación municipal que recibía el farmacéutico, pero previa presentación de las recetas de los médicos titulares; en tercer lugar a los pobres, a través de la beneficiencia municipal. También había servicios de igualas a través de un acuerdo   con las familias a través del cual se les servía medicamentos por una cantidad  anual pactada.

En 1931 se hizo cargo de la farmacia  Negrillos,  Marino Díaz Santesteban que la regentó  durante un largo período de tiempo, por lo menos hasta los años 60. Entre sus especialidades más famosas estaba «el agua milagrosa de los carmelitas» o el «vino tónico fosfatado». Su última titular, fue hasta hace unos meses,  Ana Díaz Fernández Gil. Surgieron nuevas farmacias en 1931 en el Ensanche y Rochapea: Ruiz Prados en la avenida de San Ignacio y Ramón Aldaz  en Rochapea, cuya farmacia,   al año siguiente cogerá Juan Azqueta. Los hermanos Ezcurra abrieron una segunda farmacia en la avenida de Carlos III. En el nº 4 de la calle Chapitela se inauguraba una nueva farmacia, la de Sabino Castellot que hoy continúa en el mismo lugar. Casi al final de la guerra, en 1938, se hacía cargo de la antigua Farmacia Corti, antes Mercader, Santiago Beltrán, suegro de la actual titular, Sagrario Garate.  Beltrán  elaboraba también específicos, bajo el nombre de Laboratorios Rono,  que  se distribuían incluso  por toda España. Aquellas producciones farmacéuticas  estaban muy alejadas de los actuales procesos industriales y tenían mucho de elaboración artesanal en la rebotica. En 1943, Joaquín Aguinaga recibía la titularidad de la farmacia de su padre Justo.

La guerra civil afectó a las farmacias, pues la mayoría de los medicamentos y productos de cura se desviaron a los frentes de guerra, con la consiguiente escasez entre la población. En 1944 entraba en vigor el Seguro Obligatorio de Enfermedad y aparecieron los inspectores farmacéuticos. Se establecieron conciertos en los que quedaban fijados qué medicamentos y a qué precios y con qué descuentos se ofertaban así como el pago de ellos por el Estado (Instituto Nacional de Previsión). Los primeros intentos por crear sociedades farmacéuticas de distribución de medicamentos para no depender de los drogueros son de finales del XIX y principios del XX. En 1959 se fundaba la cooperativa farmacéutica de Navarra NAFARCO,   en 1964 la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra y en 1969, uno de los mayores laboratorios farmacéuticos actuales del país, que tiene su sede en Navarra: CINFA.

Tras la guerra,  con  la culminación  del Ensanche y la expansión urbanística en el resto de  barrios, el número de farmacias se incrementará progresivamente. Al filo de los años 50,  había una treintena de farmacias en Pamplona y más de un centenar de farmacéuticos en otros tantos pueblos de Navarra, que se redujo  a 80  en 1963, mientras que en la capital, casi se duplicaba su número incrementándose hasta las 50. En Pamplona, al margen de los históricos boticarios mencionados en la entrada habría que señalar en 1953 a los hermanos Azqueta en la calle Ciudadela (Félix) y Rochapea (Juan), a Félix Aliaga, en Fernández Arenas que luego en los años 60 cogerá la farmacia de Pio Ezcurra en la plaza Consistorial, Jesús Basarte en Carlos III, María Cabodevilla en Conde Oliveto, María Jesús Ezquieta en la calle Tafalla, Esteban Indurain en la calle Gorriti, Leonardo Oficialdegui en la calle Sangüesa, Martín Oteiza  en la calle San Fermín, Melchor Ruiz en la avenida de Franco, José María San Juan en el Barrio de la Milagrosa y Félix Zorrilla  en la calle Dr. Huarte, entre otros.

En los años 60 (1963), y sin ánimo de ser exhaustivo a los ya citados cabría añadir a Cabiró en Paseo de Sarasate, Felisa Razquin en la bajada de Javier, -donde hoy está la farmacia Villanueva-, Ezequiel Lorca en la plaza del Castillo, -donde ahora está la farmacia Ruiz Bacaicoa-, Valerio Castiella sucedía a su padre en San Nicolás, 74, María Teresa Astiz en la avenida de Zaragoza, Francisco Garde en Echavacoiz, José María González, Francisco Bayona y Maria Victoria Santesteban  en el barrio de la Chantrea, Miguel Bengoechea y Mari Carmen Borda en el barrio de La Milagrosa, Manuel Goyena en Abejeras,  Maria Luisa Lorente en la Rocha, Antonio Liso en el barrio de San Pedro, Luis Martínez Barrio en San Juan, además de otra decena de farmacias en el Ensanche como las de Alcalde, Alfonso, Sagardía, Chocarro, Estebanez, Huarte, Lacalle, Vives, Yarnoz, Lorca, San Juan, etc.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: foto de frascos de farmacia extraída de medicablogs.diariomedico.com/. Números 2, 14, 16, 20, 21, 24 a 38, 43 a 45, 47 a 56: Medicamentos antiguos: 1913-1953. Banco de Imagenes de la Medicina Española. Real Academia Nacional de Medicina de España.