Ilustres personajes que vivieron los Sanfermines del viejo Pamplona (1950-2010)

Terminadas las fiestas de San Fermin, me he acercado a la exposición que hay estos días en el palacio del Condestable, del fotógrafo alicantino, Francisco Cano, “Canito”, donde se recogen algunas  instantáneas de estrellas de Hollywood y los toros, así como fotos de algunos famosos a su paso por Pamplona. Me ha parecido interesante hacer un recorrido desde los años 50 hasta el filo del nuevo siglo y repasar que personajes de fama internacional han visitado la ciudad a lo largo de  este más de medio siglo durante nuestras fiestas, espero no dejarme ninguno. Si hay un nombre destacable por encima de todos que promueve el conocimiento internacional de nuestra ciudad y nuestras fiestas es el del premio nobel americano Ernest Hemingway. Vino por primera vez a Pamplona, a las fiestas, el 6 de julio de 1923 y lo volvería a hacer en otras ocho  ocasiones: de 1924  a 1927, en 1929, 1931, 1953 y 1959. La primera foto de esta entrada, con Hemingway en la plaza del Castillo, rodeado de paisanos y amigos es precisamente de este año, 1959, obra de Julio Ubiña para Paris Match. En 1956 y con el Premio Nobel en su poder (1954) estuvo unas horas en Pamplona, concretamente el 21 de septiembre y en el restaurante “Las Pocholas” en compañía de unos amigos de la capital. Cuatro días antes del comienzo de las fiestas de 1961, se pegaría un tiro con su escopeta en su casa de Ketchum (Idaho). La ciudad le tributaría un merecido homenaje con la inauguración el 6 de julio de 1968 de un monumento en su memoria en el paseo que lleva su nombre, junto a la plaza de toros. En 1984 visitaría las fiestas su nieta, la actriz Margaux Hemingway que tras una corta carrera cinematográfica seguiría la tradición familiar, el 1 de julio de 1996 se suicidaba ingiriendo  altas dosis de tranquilizantes.
Se dice en un blog del hotel La Perla que en el año 1956 vinieron a Pamplona Ava Gardner, Errol Flynn y Tyrone Power a rodar la película “Fiesta”, dirigida por Henry King basada en la novela homónima de Hemingway, sin embargo fuentes bien informadas señalan con rotundidad que ninguno de los citados actores recaló aquí. Lo cierto es que ese año sí que vino a los sanfermines un equipo de la Fox formado por unas 30 personas, dirigidas por Charles Clarke teóricamente para hacer un documental sobre los sanfermines aunque en realidad buscaron localizaciones y material de rodaje para la citada película, rodaje que no permitió el régimen imperante en aquellos años en España. Según otras fuentes el motivo de no rodar íntegramente la película aquí era otra: fue la propia Twenty Century Fox la que desistió de rodar en Pamplona por los altísimos costes que suponía rodar una película en el extranjero. Al margen de los breves insertos rodados en Pamplona, la película se rodó en Paris (unas pocas imagenes) y sobre todo en diferentes localizaciones de Mexico, concretamente de la ciudad de Morelia, además de en los estudios de Hollywood. En la fotografía adjunta vemos un fotograma de la película, con el elenco al completo.

Aunque no he encontrado ninguna foto de Ava Gardner en los Sanfermines ni ninguna información fehaciente sobre su estancia en nuestra ciudad, cabría pensar que en esos años en que la diva vivió de forma estable en España (1955-1967), o incluso antes (conoció España en 1951, con motivo del rodaje de “Pandora y el holandes errante”) se hubiese desplazado hasta nuestra ciudad tanto por su afición a los toros, su temperamento extremadamente vital y hedonista, su amistad con algunos  toreros como el diestro Luis Miguel Dominguin, (el diestro toreó en Pamplona en el año 1952 ) así como como por su conocida amistad con “papa” Hemingway, como familiarmente le llamaba, tan enamorado y proselitista de nuestras fiestas (varias de sus novelas se llevaron al cine, con Ava de protagonista y la actriz pertenecía a su circulo  de amistades: sabemos que Ava  recaló en más de una ocasión en la finca “La Vigía” que el premio nobel tenía en Cuba). En las fotos que acompaño aparecen, en la foto de la izquierda, Hemingway, de espaldas, y frente a el Luis Miguel Dominguin y Ava Gardner. En la foto de la derecha la Gardner con Hemingway y su mujer, ambas fotos sin filiar y sin datar, aunque cabe pensar que sean del año 1953 o 54.

En 1954 tres personajes recalaron en los sanfermines, el hijo del entonces hombre más rico del mundo, Sadruddin Han, hijo del Aga Khan, el actor Anthony Quinn y el actor y director Orson Welles. Welles al que vemos, en la foto adjunta, con un gran puro habano contemplando una corrida en la plaza de toros de Pamplona visitaría nuestras fiestas al menos en otras dos ocasiones, en 1961 y en 1966. En 1961 aprovecharía las fiestas para rodar algunas escenas de su Quijote junto al actor Akim Tamiroff. Ese mismo año, visitaría también nuestras fiestas la actriz Deborah Kerr junto a su marido Peter Vertel quienes volverían a  repetir visita a Pamplona en 1965. En 1962 sería Charlton Heston el que se acercaría  a nuestras fiestas, aprovechando el rodaje de la película “El Cid”  dirigida por Anthony Mann y producida por Samuel Bronston en España. Heston hizo lo mismo que otros famosos visitantes: ver el encierro, acudir a alguna corrida (en la foto de abajo, de Canito, le vemos saludando al diestro Paco Camino en la plaza de toros), incluso fue recibido en el Ayuntamiento. En 1963 nos visitó uno de los productores más conocidos de la edad de oro de Hollywood, el gran Darryl F. Zanuck, fundador de la Twenty Century Fox. Zanuck repitiría la visita el año siguiente acompañado de la actriz Irina Demick, protagonista femenina de “El día más largo”, enorme superproducción que narra el desembarco de Normandía. También ese año acudió a las fiestas el director de cine, Nicholas Ray, director de películas como “Jonny Guitar”, “Rebelde sin causa”, “Amarga victoria”, “Rey de Reyes” o “55 días en Pekín”.
En 1966 se rodaba en Pamplona, “Carnaval de ladrones” (cuyo cartel promocional original incluyo en este artículo) con Stephen Boyd (el Massala de “Ben Hur”) de protagonista, con una trama de cine negro sobre el fondo de las fiestas. Boyd corrió de verdad delante de los toros junto a otros miembros del equipo en la que algunos consideran una de las mejores películas sanfermineras. Nueve años más tarde, en 1975, se rodaría en Pamplona la película española “La trastienda” con el primer desnudo integral femenino del cine español a cargo de María José Cantudo y en el que se recogió el trágico encierro del 9 de julio, al que aludo en otra entrada de este blog. En 1990, vino  a nuestra ciudad el hijo de Charlton Heston, Fraser Heston como director de segunda unidad de la película “Cowboys de Ciudad”, una comedia de Billy Cristal en la que apenas aparecen unas imagenes de nuestras fiestas al principio de la película y que la verdad es como para olvidar. Dos años más tarde, en 1992, el director de color Spike Lee (director de “Malcom X”, “Fiebre Salvaje” o “Haz lo que debas”) rodaba durante las fiestas un anuncio para Levis.

Ya en este siglo, Hollywood volvería a rodar en Pamplona durante las fiestas. Concretamente, en el año 2003 se rodaría la película “Americano” del director Kevin Noland, protagonizada por el actor Joshua Jackson (famoso, sobre todo, por sus papeles protagonistas en series de televisión como “Dawson crece” o “Fringe” y que vemos en la foto adjunta) y que fue acompañado en el elenco por actores como Leonor Varela (Blade) y en papeles secundarios por estrellas de la talla de Dennis Hooper o Faye Dunaway. A diferencia de la película de Henry King “Fiesta”, esta película se rodó, en vivo,  durante las fiestas de San Fermín de 2003 y Jackson tuvo, incluso, los arrestos de correr delante de los astados en el encierro (y sin especialistas que le doblasen).
Pero no solo Hollywood fue atraída por las fiestas. Varios premios nobeles de literatura visitaron nuestra ciudad a  lo largo de las últimas décadas. En 1968 recalaba en los Sanfermines el escritor guatemalteco Miguel Angel Asturias que definía el encierro como “un relámpago de cornamentas que define la vida y la muerte”. Otros famosos escritores que visitarían Pamplona serían el peruano Alfredo Bryce Echenique, el dramaturgo norteamericano Arthur Miller acompañado de su mujer, la fotógrafa Inge Morath que fotografió magistralmente los sanfermines de 1954 y que en 1987 vinieron acompañados por el nobel antillano Derek Walcott, y en el año 2005 vendría a Pamplona el  nobel  Mario Vargas Llosa ( en la foto de la izquierda, degustando unos churros con chocolate).
No fueron ajenos a la atracción de las fiestas artistas nacionales como Marisol (1963) o Sara Montiel (1964) o muchos cantantes nacionales e internacionales, la mayoría de los cuales eran invitados a actuar en las galas sanfermineras de los diferentes Clubs Deportivos de la ciudad: Adamo (1969), Albano, Rafael, Julio Iglesias y Rita Pavone (1973), la entonces famosa Pippi Calzaslargas (Inger Nilsson) que cuando acudió a Pamplona en 1975 ya no era la niña coletuda y desgarbada que veíamos en la televisión,  así como otros muchos más artistas de todo tipo  y condición en años sucesivos.
El mundo de la política y los negocios norteamericanos no ha sido ajeno tampoco a la atracción de los sanfermines: así hay constancia  de las visitas de Edward Kennedy en 1962 (según foto privada de Carmentxu Ocariz publicada hace escasas fechas en un periódico local y que se adjunta) y de Caroline Kennedy (hija de John F. Kennedy) en 1972.  Se rumorea que hasta el ex-presidente Clinton se dejo caer en sus años jóvenes por los sanfermines, tal y como sucediera con otros muchos jóvenes americanos y cuyas experiencias tan bien describe el escritor James A Michener en “The drifters”, traducida al castellano como “Hijos de Torremolinos”. El magnate de la industria del automovil Henry Ford II, nieto del fundador de la compañía acudió a Pamplona en 1987, procedente de Houston  en su avión privado, nada menos que un Boeing 727.
Por último cabe recordar que hace apenas tres años, en el año 2010, la superproducción india “Solo se vive una vez”, convirtió en improvisado plato el recorrido del encierro. La película protagonizada por todas unas megaestrellas en su país, totalmente desconocidas para nosotros, fue todo un éxito en su país con más de 70 millones de espectadores.

Act: En los sanfermines del año 2014 ha visitado los sanfermines el actor norteamericano Charliee Sheen que llegó acompañado de su novia y se hospedó en el Hotel La Perla.

Fotos: Hemingway en los Sanfermines (1959) de Julio Ubiña para Paris Match, Charlton Heston saludando a Paco Camino (1962) de Francisco Cano, (más conocido como Canito) y Ted Kennedy (1962) de Carmentxu Ocariz.

Por las calles de lo Viejo: calle Zapatería (1975-2010)

La calle Zapatería comienza en la parte alta derecha de la plaza Consistorial y continua hasta la plaza del Consejo, a partir de aquí se inicia la calle San Antón. Terminado su tramo más estrecho que se inicia en la plaza consistorial se comunica con el Pasadizo de la Jacoba y un poco más adelante, desde su lado izquierdo arranca la calle Pozoblanco. Durante la edad Media, Martinena la tiene documentada al menos desde 1223,  fue conocida como Calle Mayor de la Población, como ya hemos señalado en alguna entrada anterior. Dicha denominación se conservó hasta el siglo XVI en que la calle cambió su titulo por el de Zapatería, si bien cabe señalar que el tramo estrecho de la calle se llamó calle de la Salinería, desde el derribo de las murallas de los burgos hasta mediados del siglo XIX en que la Salinería y la Zapatería formaron una sola calle. En esta calle, como en la calle Mayor, tenemos algunos palacios que conviene destacar y que veremos a medida que vayamos recorriendo  la calle.

Comenzamos por la esquina de la calle con la plaza Consistorial. Por el lado izquierdo encontrábamos hace apenas tres años el centenario establecimiento de textil hogar  Joaquín Ciga. Fundado por Nicolasa Mayo en 1859, Nicolasa,  era hermana del chocolatero Pedro Mayo y se casó   con Joaquín Ciga, pasando luego el negocio familiar al hijo de ambos Marino Ciga Mayo. Este a su vez pasó el relevo a su sobrino, Joaquín Ciga Irurzun. El hijo de este y de Maritxu Unzu (de la saga familiar de los Almacenes Unzu), Joaquín Ciga Unzu, fue el  último Ciga que hace más de 3 años  puso fin    a este  centenario negocio al jubilarse  y no tener relevo generacional. Tras este establecimiento estaba Calzados Jauja, del que hablaremos cuando  lleguemos a Ayestarán, situado enfrente pero al otro lado de la calle, y que cerró a principios de este siglo, Casa Félix, cerrado hace más de 20 años sustituido luego por una bonita bisutería Blue Spirit, luego una platería y luego una franquicia Bottega Verde para acabar siendo hoy la tienda de abalorios de El Veneciano,  El Barato Echegoyen que dio paso a la cuentería Laku, Kitto (más tarde Marlen Jeans, Koima Outlet,  Loops and Coffee y hoy Life & Style), Casa Viana fundada en el año 1945 (luego Roxy y hoy Zergatik), Artieda y  Casa Manterola. 

El origen de Manterola se remonta al año 1810, cuando Cándido López inició su actividad confitera y cerera en este local. A mediados del siglo XX, Manterola fue adquiriendo la naturaleza de industria, aunque sin perder su vocación de atención personal al cliente ni sus locales de venta. Posteriomente perdió su carácter de producción industrial y diversificó su oferta, convirtiéndose en una pastelería. Tras Manterola venían otras tiendas en los años 90 como una tienda surfera, Tutua (que luego fue  tienda Pavana y hoy Kabala), Yves Rocher (hoy vacio), Don Manuel (luego Zanne y hoy Brigittte Bijoux), Casa Azagra, luego Oem, zapatería T&L y hoy Xocoa, Mestre (luego Arana y hoy Quicksilver), Tejidos Martin (luego Don-Azar y hoy perfumería Garbi), Calzados Felipe Cruz (hoy Ana Jeans), Zapatería Candido, (de Serbulo Basoco), La Creación (luego Juan Garcia y hoy ISSA), Fornax (luego Bernardo Eraso, de los mismos propietarios que el Comercio San Fermín que trasladaron el comercio desde la calle Eslava, y que tras su cierre alberga actualmente  la marca DcShoes), Maybe (luego Zapatodos y hoy Gett, en tiempos estuvo en este local Mauricio Guibert). En los bajos del Palacio de los Navarro Tafalla teníamos a su izquierda Cuadros Ibañez (abierta desde 1905 y que cerró  a principios de este año 2013, tras la jubilación de su titular,  albergando hoy a  la  tetería Artea), y en el otro local de la finca, el de lado derecho estuvo durante muchas décadas la celebre relojería Arrillaga y posteriormente la relojería Ajarnaute. Más adelante encontrábamos Calzados Basoco, Perfumería Val (hoy vacio), Venta Berri (más tarde Timbalada), Casa Arilla (fundada en 1907 y que durante muchos años ocupaba los dos locales de la finca, luego el local izquierdo  fue ocupado por un negocio textil,  Sayoa y actualmente  por  Perfumería Redin) y por último  ya en la esquina con la plaza del Consejo estaban los Almacenes Ferraz (hoy Billabong), frente a la otra tienda Ferraz que algunos trabajadores de la firma ocuparían luego con la tienda de ropa de caballero Devoré Moda Hombre.

Nos detendremos un momento en los dos palacios restaurados de este lado de la calle. En el nº 40 hallamos el antiguo palacio de los Mutiloa, un edificio barroco del siglo XVIII, ocupado en los años 80 por colectivos antisistema como Katakrak o Kokorock y que alberga hoy una sala de exposiciones y diversas dependencias municipales. En el numero 50 ya citado se encuentra  el antiguo palacio de los Navarro Tafalla, igualmente del siglo XVIII, mandado construir por Juan Francisco Navarro como símbolo de su riqueza amasada en América. Fue sede del periódico nacionalista “La Voz de Navarra”. Incautado tras la guerra civil se convirtió en sede del periódico falangista “Arriba España”, y entre 1985 y 1990 fue sede provisional del Ateneo Navarro hasta que  a principios de los 90 se rehabilitó para convertirse desde 1993 en sede del Partido Nacionalista Vasco.
Por el lado derecho de la calle y tras el establecimiento de Tejidos Ripa de la calle Calceteros encontrábamos, Calzados Ayestaran, sobre el que nos detendremos un momento. La historia de Calzados Ayestarán tal y como relatan ellos en su web site “se remonta a principios del siglo XIX, cuando Francisco Ayestaran trabajaba la piel confeccionando guantes para jugar a pelota en su taller de Beasain. Luego se trasladó a Pamplona donde sus hijos, Rufino y José abrieron una tienda especializada en artículos para zapateros quienes en aquel entonces confeccionaban todo su calzado artesanalmente. En 1902, los dos hermanos disolvieron la sociedad y Rufino instaló un comercio similar mientras que José levantó una fábrica de curtido y manipulación de pieles. Se incorporaron al negocio los hijos mayores de Jose, Antonio y Jose María Ayestaran y luego el hermano pequeño Manuel quienes en 1940 abrieron su primera zapatería, primero de caballero y luego de señora. Abrieron zapaterías en Pamplona, San Sebastian y Bilbao. Los tres hermanos Ayestarán volaron, con el tiempo,  cada uno por su cuenta. La rama del hermano mayor, Antonio se quedó con las tiendas de Bilbao y San Sebastián, Jose María mantuvo el almacen de curtido de pieles hasta que el negocio fue menguando, al desaparecer los zapateros de los pueblos, y adecuó el local de la calle para la venta de zapato barato bajo la marca de Jauja y el pequeño de los tres hermanos, Manuel y las generaciones posteriores se dedicaron a los comercios Ayestaran de Pamplona y Vitoria abierto en los años 80”.
A continuación de Ayestaran venía Corsetería Sarita (luego ocupado por El Rincón de Gretel y hoy por Impossible), Usoz (más tarde Slide y hoy Blai), Company (antes Moda Pantalón y hoy Futbolmanías), Hijas de Claudio Lozano (luego Tishana y hoy una tienda de manicura de uñas),  Este establecimiento fue fundado hacia 1886 por Claudio Lozano. En su casa elaboraba artesanalmente los caramelos de café con leche que más tarde decidió comercializar. Fue en 1912 cuando le puso el nombre de   pastillas de café con  leche Las Dos Cafeteras. En los años 90, la marca fue adquirida por Dulsa, situada en el polígono industrial de Landaben. Dulsa hunde sus raíces   en torno al año 1893 año en que la familia Unzue inicia su negocio en un obrador de pastelería y fabricación de caramelos, siendo los más conocidos los de café con leche La Cafetera. Años más tarde uno de los hijos amplió el negocio añadiendo la fabricación y venta de turrones y helados.  En 1985, Dulsa fue  adquirida por la multinacional Nutrexpa. Tras las Dos Cafeteras estaba La Exclusiva (luego Confecciones Gonzalez y hoy calzados Vas), una tienda de estilográficas Stylus y un estanco sustituidos luego por la tienda Nectar y la ampliación de Calzados Goñi. Calzados Pablo Goñi nació en 1883 cuando Pablo Goñi Repáraz montó un negocio de fabricación y venta de calzado en la calle Eslava, donde actualmente se encuentra la zapatería Reparaz. Durante la postguerra, la venta se convirtió en una actividad más rentable que la fabricación y en 1939 decidieron traspasar la fábrica de calzado. Posteriormente fueron abriendo nuevos establecimientos, la de Zapatería, concretamente, se abrió tras la guerra civil y, en la actualidad, la tercera y la cuarta generación de la familia comparten la gestión de las tres tiendas, una en el Ensanche y dos en el Casco Antiguo.  Por último y antes de llegar al cruce con Pozoblanco encontramos  La Perla Vascongada y  junto al Pasadizo de la Jacoba Eurocalzado (vacío desde hace tiempo). 

En la esquina de Zapatería con Pozoblanco descubrimos la Sombrerería Aznarez (hoy Mirate), El fundador de este establecimiento, que superó hace años el siglo  de antigüedad, fue Manuel Aznárez. Le sucedió su hijo Francisco, que lo siguió atendiendo hasta 1990. Luego fue regentado por su esposa, Margarita Saldías, y por su sobrina, Marta López de la Peña. En un principio era, además de sombrerería, camisería, y elaboraba ropa de caballero a medida, pijamas, zapato inglés… Tras Aznarez llegamos a la Farmacia Aguinaga,  fundada por Joaquin Aguinaga en torno al año  1888. En la actualidad regenta la farmacia su bisnieto Roberto Aguinaga Roustan. Tras la farmacia están  la lencería Silvia (anteriormente estuvo en su lugar la tienda de tejidos y novedades “La gran Ciudad de Londres “o simplemente “La Ciudad de Londres”, abierta desde al menos la segunda década del siglo XX y hasta bien entrados los años 70, la foto es de 1977) Calzados Reyes (luego Samoa), Flores Huici, fundado por Manuel Huici con muchas décadas de historia, y del  que hablamos sucintamente  en una entrada anterior,  la de la antigua calle Joaquín Beunza, Sagarra (fundada en 1878 y cerrada este mismo año en su último intento por salvar el negocio), Euskal Piel, Tejidos San Andrés, abierto desde 1941, Confecciones Madrileñas igualmente abierto desde 1941, Azul y Rosa (luego Lencería Olga y hoy MBT), Donezar, las oficinas comerciales del Diario de Navarra y la alpargatería Viuda de Juan García. Donezar fue fundado en 1853 por José Ochoa. A principios de siglo fue comprada por Justo Donézar, abuelo del actual propietario, Joaquín Donezar Desojo.  Inicialmente cerería, en la actualidad Donezar produce pastas, bombones y velas para procesiones.  

Tras el comercio Viuda de Juan García, en el numero 53 de la calle frente a la plaza de Consejo destaca la fachada del palacio de los Condes de Guendulain, como el resto de palacios de la calle, del siglo XVIII, con el blasón de su titulo coronando su puerta principal. En su interior se conservaba una preciosa carroza del siglo XVIII, que yo recuerdo haber visto realmente asombrado de pequeño (si, me parecía tan espectacular como esas carrozas de los cuentos de hadas). En 1845 el palacio fue residencia real, durante al menos quince días, de Isabel II que se alojó en el palacio con su séquito. Frente al palacio se encuentra otra de las fuentes de Luis Paret construida, como las otras,  con motivo de la traída de aguas de Subiza a Pamplona. Es la única de las cuatro que permanece en su ubicación original.

Fotos: Foto de Zapatería (junto al pozo y al Pasadizo de la Jacoba) de Mikel Goñi (1994) y foto del comercio “La ciudad de Londres” de José Luis Zuñiga (1977)

Inundaciones en la Rochapea (1952-2013)

El pasado 9 de junio se producía uno de los grandes desbordamientos del río Arga a su paso por Pamplona. No fue como dijo el Alcalde, Enrique Maya,  la mayor riada de la historia de Pamplona, pero si fue, como veremos una de las más importantes. Dejando a un lado la riada del 27 de noviembre de  1930 que se llevó por delante, en apenas dos horas, el puente del Plazaola, la primera riada de la que tengo conocimiento desde mediado el siglo pasado fue la de enero de 1952, que queda ilustrada por la  primera foto de este artículo. Se trata del puente de la Rochapea, con un grupo de paisanos y de guardias civiles al fondo de la imagen, el puente a punto de ser rebasado por las aguas y el resto del entorno (Plaza del Arriasko, calle Errotazar, etc) totalmente inundado. En diciembre de 1958 y 1959  también hubo inundaciones si bien menores.

Será a finales de 1959, concretamente en los días 30 y 31 de diciembre,  y primeros días de 1960 cuando se produzca una de las mayores inundaciones que ha conocido Pamplona a lo largo del siglo XX. Buena parte de la vieja Rochapea quedo anegada por las aguas. En la segunda fotografía, de Galle, que plasma esta inundación podemos ver  la zona de las huertas totalmente anegada, pero parece que el agua cubrió también buena parte de  la calle Joaquin Beunza en su larga extensión. Me cuentan que algunos vecinos tuvieron que trasladarse en barcas. No sé si será cierto pues yo todavía no había nacido pero he oído decir que el agua llegó casi hasta el comienzo de Marcelo Celayeta. Siempre he oido decir que “El agua llegó hasta el primer escalón de la vieja librería de la Pachi”. Me parece difícil que esto pudiera suceder teniendo en cuenta  el enorme desnivel que, hasta la construcción de la nueva Rochapea a finales del pasado siglo y comienzos de éste, había entre Marcelo Celayeta y el Camino de los Enamorados con el inicio de la antigua Joaquín Beunza. Que el agua llegase hasta Cuatro Vientos, cosa harto improbable,  sólo hubiese sido posible en el caso de que el puente de Santa Engracia y/o el de Cuatro Vientos hubiese quedado cegado por arboles y ramas  y por lo tanto se hubiese producido un efecto circunstancial de presa en aquella zona. En esa vieja foto de Galle  se observan a la izquierda algunas casas de Joaquin Beunza construidas en esos años, entre medias una nave de Frenos Urra, de la que desconocía su existencia y al fondo de la imagen, las otras naves de Urra junto al río y el puente de Santa Engracia de las que hablamos en la entrada de la antigua calle de Joaquín Beunza.

Tras estas históricas inundaciones vendrían otras menores en  enero de 1965, octubre de 1974 (esta como consecuencia de una gota fría), diciembre de 1978, octubre de 1979 y del 20 de diciembre de 1980. Recuerdo especialmente esta última, también las anteriores, porque en aquellos años yo acudía a estudiar el bachilletaro en el Irubide y literalmente, el grupo que ibamos juntos por  la zona del puente de San Pedro-Vergel “alucinabamos” con el tremendo poder y desparrame de la madre naturaleza. Las inundaciones de finales de 1980 y principios de 1981 (16 de enero) se produjeron como consecuencia del paso de un sistema frontal y del rápido  deshielo tras  unas importantes nevadas. Las fotografías de esta también histórica inundación, tan importante como la de junio de 2013, a tenor del m3 por segundo de una y otra corresponden nuevamente a la plaza del Arriasko o plaza de Errotazar y  a las casas y naves de la calle Joaquín Beunza más próximas al puente de Santa Engracia. Tras esta inundación vinieron otras menores en octubre de 1982, octubre de 1987, abril de 1988 y noviembre de 1991.
1992 fue pródigo en inundaciones. Ese año el río se desbordó en  varias ocasiones: en junio así como en octubre y  diciembre. En octubre las riadas se llevaron por delante, en dos ocasiones, el día 7 y el día 23, los pilares del futuro puente de las Oblatas como lo atestiguan la foto de Xabi Ventura. Al año siguiente, en diciembre de 1993, el río Arga volvería a salirse de madre, como se puede comprobar en la foto de Sesma, donde vemos inundado el último tramo de la antigua calle Joaquín Beunza. Una muy bonita foto con las viejas  casas de la calle reflejadas sobre las aguas. En este siglo, cabe destacar las inundaciones de febrero de  2003, de  2009 y sobre todo y especialmente las de este año 2013, en enero, sin mayor transcendencia y las históricas de junio de 2013, hace apenas tres semanas que llevaron las aguas como se puede ver hasta las nuevas calles de la  Rochapea, en la foto la calle Ochagavia, en su intersección con la nueva calle Joaquín Beunza.
En resumen, de las múltiples inundaciones acaecidas en la Rochapea podemos distinguir  tres tipos por su impacto: el nivel más bajo que corresponde cuando las aguas apenas inundan las huertas sin afectar a calles ni viviendas. Ha sido la inundación más frecuente. El segundo nivel o nivel intermedio  ha sido cuando las aguas han inundado las calles más próximas al cauce del río y el tercer nivel o nivel máximo ha sido  cuando el nivel de las aguas ha alcanzado calles interiores del barrio hasta cotas seguramente no alcanzadas más que en dos o tres ocasiones a lo largo de los últimos 100 años. Así pues, y según este breve estudio, las mayores inundaciones acaecidas en la Rochapea serían las de 1959-60, 1980-81 y 2013. También serían destacables las del 1992-93 y 2003. Las zonas habitualmente inundadas en La Rocha han sido  la zona de las antiguas piscinas de San Pedro, (ahora parque de la Runa), las del 80-81 no llegaron en este punto al nivel alcanzado en 2013 en esta misma zona, la zona de la plaza de Errotazar (hoy zona de los Corralillos), las huertas situadas entre el puente del Plazaola y Santa Engracia, hoy parque fluvial. Calles inundables eran el último tramo de Joaquín Beunza, y esta misma calle en general en un par de ocasiones aunque pocas veces se ha llegado al nivel de 2013 en esta calle, tal vez en 1959, pues creo que la inundación de 1980-81 fue más corta y menos importante.Fotos: 2ª foto: Galle (1960), 5ª foto: Sesma (1993), 6ª foto: Xabi Ventura (1992)

Por las calles de lo Viejo: calle Mercaderes (1965-2005)

La calle Mercaderes parte de la plaza Consistorial y llega hasta la antigua plaza de Santa Cecilia, en el sitio que popularmente se conociera como del Carrico de Lucio, confluencia de las calles Mañueta, Calderería, Curia y Navarrería. Inicialmente se denominó calle Mayor de la Navarrería, titulo que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XVI. Como había otras calles con el mismo nombre: la Mayor de San Cernin que acabamos de ver y la Mayor de San Nicolás (luego llamada Zapatería) la gente la empezó a llamar calle del Mentidero, denominación que se extiende hasta 1719, año en que empieza a llamarse calle de los Mercaderes. Con esta denominación llegó hasta 1916. Ese año el Ayuntamiento le cambió el nombre y durante casi 60 años la calle se llamó Blanca de Navarra, denominación que perduró hasta 1972 en que el consistorio restaura el nombre de calle Mercaderes. Esta es una calle comercialmente muy interesante.

Empezando por el lado izquierdo de la calle, hasta donde yo recuerdo había también una joyería, Alforja, en la esquina de Mercaderes y la plaza del Ayuntamiento, donde ahora está la joyería Alexander, luego venían los celebres Almacenes Unzu, toda una institución en la ciudad, epítome de la modernidad en el comercio de aquellos años. ¿Quien no recuerda asombrado cuando comenzaron a funcionar en los Almacenes  las primeras escaleras mecánicas en la ciudad?. Unzu nació en el año 1838 en Pamplona como un negocio textil familiar. Posteriormente iría ampliando sus líneas de negocio hasta convertirse en la primera empresa comercial local, con nuevas y amplias tiendas a lo largo y ancho de toda la ciudad. Unzu  fue creciendo en Mercaderes a lo largo de los años, primero en altura y luego ampliando su actividad a los edificios más próximos, o a nuevos edificios como el que se erigió a finales de los 50 en la plaza de los Burgos,  de ahí la estructura tremendamente irregular de su superficie comercial. En 1992, a la muerte de su principal propietario, Javier Luis Unzu Oroz, la empresa, Unzu S.A,  quedó en manos de la Fundación Laguntza que ostenta la mayoría del accionariado quedando una pequeña parte en manos de diferentes miembros de la familia Unzu. El 26 de  Mayo de 2007 y tras un convulso período lleno de rumores sobre su destino final, cerraban los Almacenes Unzu, poniendo punto final a 170 años de vida. El gran buque insignia del comercio local  no pudo competir con el desembarco,  favorecido desde las instituciones,  de otros grandes almacenes mucho más poderosos, los del Corte Inglés instalados desde noviembre de 2005 en los viejos solares de Intendencia.
Tras Unzu y en un local que después ocuparía una oficina bancaria de Caja Pamplona, estaba la perfumería Galle. En un primer piso estaban los estudios de Foto Galle, luego venía la cafetería Bardi, conocida más tarde con el nombre de El Mentidero, a continuación el restaurante Iruñazarra, abierto en los años 60 por el empresario hostelero local Ricardo Aparicio, propietario de otros míticos establecimientos como el Vista Bella, en la Taconera, inaugurado en 1963 o las cafeterías Iruñaberri en diferentes zonas de la ciudad. Alguno me cuenta que antes de abrirse el Iruñazarra estuvo en ese local el comercio Mestre que veremos más tarde en la calle Zapatería, otros que un economato. A continuación del Iruñazarra estaba Casa San Julián que luego ocuparía Almacenes Tudela, Cuadrado Urban y en un par de días un Burger King, la Papelería Castiella (luego Textura y hoy Almorunning), la modernista fachada de la antigua Farmacia Blasco (1921), inicialmente, desde 1906, farmacia Ondarra (en los años 80, Farmacia Palma; luego Boutique Tundra y hoy tienda de piedras y cristales), Tejidos Condearena, que  luego sería  la tienda de discos Liverpool y hoy La Curva de la Estafeta. Junto a esta durante décadas estuvo Graficas Bescansa. Aun recuerdo aquel local en los años 80, la imprenta al fondo, con Patxi Berrade al frente, y la papelería en la primera parte del local. Más tarde el local sería uno de aquellos comercios de todo a 100 que proliferaron a finales de los 90, Galerías Buen Precio creo que se llamaba, y desde hace ya 7 u 8 años, en este local se encuentra el veterano establecimiento Ebano. Siguiendo por este lado de la calle, encontrábamos entonces Calzados Cayol, una pequeña zapatería, regentada en tiempos por Pedro Garamendi y luego por su hijo Carlos, impulsor en los primeros 80 de la Asociación Burgo de la Navarrería, precedente de la actual Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo, de la que también fue presidente durante algunos años. En su lugar hoy está el establecimiento Xaboiak. A continuación estaba la Carnicería Itarte, hoy Echeve, la Dulce Venecia y Confecciones Chile (hoy un chino), cerca de la esquina con Mañueta.

Volvamos a la plaza del Ayuntamiento, para recorrer la calle, esta vez por su parte derecha. En   la esquina se encontraba (y se encuentra)  la tienda del Guti, Gutierrez, que existe aunque con otro nombre al menos desde 1840, sobre él, Foto Calleja,  luego estaba la lencería Chargui, Calzados Samoa (fundada en 1964 que continúa la segunda generación) y la tienda de Vale. Nos detendremos un momento en un par de establecimientos: Gutierrez y Vale. Gutierrez la funda Teodosio Goñi, tio abuelo de la madre del actual propietario Rafael Gutierrez. De hecho en fotos de los años 50 se puede ver el rótulo de Confecciones Goñi. Antes que en la plaza consistorial el negocio estuvo en la Mañueta. Rafa lleva trabajando en el negocio cerca de cuarenta años. La tienda de Vale nació en el año 1941 de la mano de D. Valeriano Zabalza y su esposa Mª Luisa Espelosin que aun vive. Surgió como una tienda especializada en medias y calcetines. A finales de los 70, la tienda de Mercaderes  arrinconó su producto estrella, las medias y dió paso a la ropa de caballero, quedando las medias en la otra tienda que la familia tenía en Carlos III. Hoy, tras la jubilación de la segunda generación ocupa su lugar “Viandas de Salamanca”. Tras Vale estaba  desde el año 1923 el Banco Español de Crédito, y en la esquina de Mercaderes con Chapitela, la tienda textil de Juan Garcia (luego Regalos El Zaguan de los hermanos Gortari y actualmente una oficina de Caja Rural), (por cierto en 1958 en dicha esquina estaba la tienda de Gortari, probablmente padre de los citados hermanos Gortari), la Joyería Montiel    (inaugurada en 1963 por Gonzalo Fernández Montiel y su  mujer Dory del Prado, trasladada en 1987 a su actual ubicación en Carlos III), Jitu, la Perfumería Sola, luego desde 1985 bisutería Ana y la tienda de chuches Gretel. Pasada la curva de la Estafeta estaban la vieja zapatería de Calzados Fernández, Bazar Echeve (desde 1978), la Carnicería Blanca de Navarra, Moda 18, una tienda de alimentación y la Droguería Ardanaz, ya en la esquina con Calderería. En 1966, en el  primer piso del número 16 de la calle (donde estaba la carnicería) había un restaurante, se llamaba Restaurante Blanca de Navarra. Lo recuerdo porque fue allí donde celebramos la primera comunión de mi hermano. 

Por las calles de lo Viejo: calle Mayor (1965-2005)

Inicio con esta entrada una nueva serie de artículos en los que iré recorriendo las calles de lo viejo, intentando recuperar nuestra memoria personal e histórica más reciente, la historia reciente de esas viejas calles y comercios que forman parte de nuestras vidas, muchos de ellos desgraciadamente desaparecidos en las últimas décadas así como de otros establecimientos, rincones y edificios de nuestro casco antiguo. Empezaré por una de las calles más emblemáticas del casco viejo, la calle Mayor:

La Calle Mayor nace al final de la calle San Saturnino y llega hasta la plaza de Recoletas e Iglesia de San Lorenzo. Fue la calle más larga de la ciudad hasta el siglo XVI, en que se crea la calle Nueva sobre el foso de división entre los burgos de San Cernín y San Nicolás. En el siglo XV, recuerda José Joaquín Arazuri en su libro “Pamplona, calles y barrios”,  había 3 calles que ostentaban el título de Mayor, la de Navarrería, la del Burgo de San Nicolás y que hoy se llama Zapatería y ésta del burgo de san Cernin. Será en el siglo XVI cuando ésta desplace a las otras. Hasta el siglo XIX, la calle Mayor está formada por dos tramos o barrios, la calle Mayor de los Cambios (desde la iglesia de San Cernin hasta Eslava) por existir en este tramo una casa de cambios, y la calle Mayor de la Corregería (de Eslava a San Lorenzo) por existir en este tramo guarnicioneros que fabricaban cinturones y correas. Es en 1936 cuando recibe oficialmente el nombre de Calle Mayor. La calle Mayor es vía última del Camino de Santiago a su paso por el Casco, lugar de algunos de los grandes palacios del centro histórico, sede de buena parte de los comercios de toda la vida de Pamplona del que aun afortunadamente quedan algunos magníficos y vivos ejemplos, y protagonista de algunos de los principales acontecimientos festivos de la ciudad: la procesión de san Fermín, el traslado de la Dolorosa o el añorado acto del Riau-Riau.

Iniciaré mi recorrido justo desde el pozo que hay señalado en la confluencia de San Saturnino, Mayor y Jarauta, el pocico de San Saturnino, donde según la tradición o la leyenda bautizó a los primeros cristinanos en esta ciudad. Atrás, a mis espaldas dejo la iglesia de San Cernín o San Saturnino que data del año 1107 y que todavía conserva su estructura de iglesia-fortaleza. En el arco de la entrada figuran dos esculturas que caracterizan a San Saturnino y a Santiago Peregrino, testimonio claro de la importancia del Camino. Enfrente a mi derecha,  podía ver el edificio del viejo palacio del Condestable. Durante siglos sometido a decenas de cambios: fue sede arzobispal entre los siglos XVII y XVIII y ayuntamiento de la ciudad algunos años del siglo XVIII. En los años 70 sus bajos estaban ocupados por diferentes locales comerciales. Asi, en esos años podíamos encontrar Casa Gorriz (donde luego en los años 80 se ubicaría Almacenes Pamplona), Aldapa, la tienda de alimentación de Ulpiano Aldaz (donde luego se ubicaría durante algún tiempo la tienda Ukrania) y Muebles Elosegui. A la vuelta, en la calle Jarauta, abría sus puertas Muebles Rubio. En este edificio tenía su sede un grupo de gran raigambre en la ciudad “Los amigos del Arte”, fundado en 1918 con la finalidad de promocionar la música en su diferentes manifestaciones. Fueron directores de la Asociación personas como Paulino Otamendi, Alfredo Lumbreras o Saturnino Sorbet. Entre los muchos actos en los que participaban destaca la Sampedrada, el 28 de junio. En el año 2000, los propietarios del edificio, a la sazón Jose Javier Gorriz Cabases y Maria Pilar Gorriz Unzu, vendieron al Ayuntamiento todo el edificio por poco más de 200 millones de las antiguas pesetas. El edificio se había deteriorado hasta el punto de declararse en ruina y obligando a un prospero negocio, entonces, Almacenes Pamplona, con 8 o 9 empleados a cerrar. Posteriormente el edificio se rehabilitaría eliminando todos los añadidos de los últimos siglos y recuperando su vieja fisonomía medieval, el chaflán fue sustituido por el pronunciado ángulo de la actual esquina. 

Enfrente del edificio del Condestable, en el nº 1 podemos encontrar el centenario comercio de Ortega. Fundado en 1900 por Bonifacio Ortega, soriano de nacimiento, que trabajó de aprendiz en Casa Gorriz. Mucha gente conocía popularmente a Ortega como Casa Boni. Posteriormente el fundador dejó el negocio a su hijo Pepito Ortega quien en 1965 cedería la tienda a sus dos dependientes: José Manuel Navarro y Daniel Cayuela. Con ellos Casa Ortega paso a denominarse Sucesores de Ortega, hoy Ortega a secas, con Eugenia Cayuela y José Manuel Navarro aun tras el mostrador. Siguiendo esta acera izquierda de la calle hasta Eslava podíamos (y aun podemos) encontrar la Droguería de Pedro Pomares, la sastrería Artazcoz fundada en 1910 por Epifanio Artazcoz, si bien estuvo inicialmente en un primer piso hasta que el padre y el tio del actual titular Alfonso se trasladaron en 1950 al local actual en el nº 5 de la calle, un local diseñado en 1924 por Victor Eusa y que albergó creo que anteriormente una zapatería (Calzados Llorente), la lencería Medina fundada en 1920, hoy en su tercera generación, un poco antes la tienda de encurtidos y alimentación La Sevillana, ya desaparecida y que también ocupa hoy Medina, la Tocinería Urdaniz (donde hoy está Maitagarri), La tienda de telas El Carrete (hoy la tienda del Camino), Deportes Zariquiegui (fundada a finales de los años 40), Bocel (en tiempos La Huerta Valenciana y hoy  sede de una asociación de jubilados), Las 3 BBB (hoy Fulber Shop), el Supermercado del Casette (hoy un chino), La Zapatillera (fundada por Jesús Garcia, “Mediaoreja”, con más de un siglo de historia), la imprenta Areta-Amondarain (hoy un pequeño almacén de un ciudadano oriental afincado desde hace tiempo en la ciudad), Clase Moda (anteriormente estuvo allí Casa Azagra), Calzados Larumbe (hoy Clarel), La Algodonera, con casi 100 años de antiguedad, Pincelada, fundada en 1985…. 

Un poco más adelante estaba el segundo palacio de la calle, el de Redin Cruzat restaurado a mediados del XVII y cuyo propietario, Martin Redin, fue capitán general de Galicia y de Sicilia. En los años 70 el edificio estaba en un estado bastante lamentable, como se puede ver en la fotografía de Zuñiga. En este edificio tenía su sede el Centro Mariano, del que ya hablé en la entrada dedicada a los cines parroquiales y el club de montaña Orimendi. El palacio sería objeto de una profunda rehabilitación a mediados de los años 80 (1984-85) siendo destinado a sede de la Escuela Municipal de Música “Joaquín Maya” que lo ha ocupado hasta hace un par de años. En sus bajos había como se puede comprobar en la foto un almacén de Muebles Apesteguía. Pasado este edificio nos encontrábamos con el edificio de Muebles Sagaseta, hoy también vacio. Sagaseta comenzó su actividad como fábrica de muebles y ebanistería en 1841 en la calle Mayor. Posteriormente pasó a ser tienda de muebles, actividad que siguió desarrollando en la calle hasta el año 2007 en que se trasladó al Ensanche. Luego venían la ferretería Sanz y García, dos de los establecimientos más antiguos de la calle. La Ferretería Sanz se instaló en su actual ubicación (en el nº 35) en 1922 (entonces era el nº 41).  El edificio era propiedad de D. Enrique Sanz. En él nació Javier Sanz, actual dueño de la ferretería y en él tuvo su sede la primera emisora de radio de Navarra, Radio Navarra, posteriormente Radio Requeté, origen de la actual Radio Pamplona.  También tuvo su sede en este edificio, desde el año 1954 y hasta el año 2000 la sociedad gastronómica Napardi. En noviembre de ese año  vendían sus locales a la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo y se  trasladaban al nº 2 de la calle Jarauta. 

Garcia fue fundada como mercería en 1942 por Petra García, donde antes estuviese la tienda de oportunidades El 0,95;  Una vez al año, la tienda de Petra en Reyes se convertía en juguetería. En 1964-65 se hizo cargo de la tienda una de sus hijas, Lourdes Pérez Garcia, quien  empezó especializándose en ropa de niño aunque durante algún tiempo vendió también ropa de mujer, para volver luego a vender solo ropa de niño hasta su jubilación; más adelante nos encontramos con la joyería Berna (abierta en marzo de 1976, donde antes estuviese Ultramarinos Armendariz), luego venía la frutería Cortázar, la carnicería Arrastia (hoy vacio), Muebles Andueza y Zozaya y Lanas Iris. La esquina de Mayor y Eslava la cerraba el Autoservicio Montserrat, uno de los primeros supermercados del Casco Antiguo y de la ciudad, fundado por los padres de Luis Fernandez Olaverri, propietario de la Vinoteca. Hoy en su lugar hay un Carrefour Express. 

Volviendo al principio de la calle, pero esta vez por su acera derecha y tras el Condestable encontrábamos en aquellos años 70 y hasta la calle Eslava, las siguientes tiendas: la droguería Ardanaz, fundada en 1900, donde se podía encontrar, al igual que en López, en el ámbito de la droguería, las cosas más insospechadas, y sobre todo que ha pasado a la memoria histórica de muchos pamploneses por esos entrañables belenes que año tras año en las navidades se podían ver en sus escaparates. Su propietario fue durante muchos años el celebre fotógrafo que inmortalizó tantas bonitas estampas de la vida pamplonesa, Nicolás Ardanaz. Más adelante estaba la vasijería de Cia, luego estaba  (y está) Calzados Yorkal con Angel Mari Segura al frente, la Industrial Ferretera luego Ferretería Agorreta, Record Sport, la Librería Leoz, una oficina de la CAN (en tiempos Tintorería Paris) , el singular establecimiento Ferran, Muebles Apesteguía (en este local estuvo Casa Sancena), Tintorería Koiné (donde hoy está Maitane y antes desde 1987, Maitagarri) Openis Boutique (antes Tranportes Amper y vinos Ibañez), Casa Nagore (antes la fábrica de lejias “El Tigre” y hoy sede de la Agencia Energetica), otro local de Muebles Sagaseta, Taberna (desde 1985, donde anteriormente estuvo la Droguería Varela), Electrodomésticos Thomas, fundado por el abuelo del actual propietario hace más de 60 años (en el actual espacio de Thomas estuvieron también Muebles Ocon y la peluquería Esain), y Tejidos Anma (anteriormente estuvo allí Colonial Ciganda) para terminar este tramo con Casa Ataun y sus riquisimas tortas de txantxigorri. Al lado estuvo la zapatería de José Jorajuria. 

Unas palabras sobre la mítica Casa Sancena fabricante de buena parte del mobiliario de la ciudad: bancos, tapas de registro, fuentes  y barandillas con el león. Con 165 años de antiguedad, el origen de Sancena se remonta al año 1848 cuando un curioso inventor y maquinista  natural de Bayona, Don Salvador Pinaquy Ducasse se estableció en Pamplona en sociedad con Sarvy y abrió una fábrica de fundición en el Molino de Caparroso. El bisabuelo de Miguel Nagore Sancena actual gerente de la empresa trabajó con él y pronto se inició la saga Sancena que ha dado nombre a la empresa. La industria se trasladó con  los años  a la calle Mayor (en el edificio donde actualmente se encuentra el comercio Muebles Apesteguía) y en 1936  se trasladó a la Rochapea, junto al río Arga, al lugar donde  durante más de siete décadas, hasta su derribo,  estuvo radicada. Hoy se encuentra en el  Polígono de Agustinos.

En su segundo tramo y empezando desde el cruce con Eslava, por el lado izquierdo y hasta el cruce con San Lorenzo encontrábamos la farmacia de Negrillos, el bar Olazti, la joyería Basilea (donde está desde 1996  Skaner), la Tocinería Larrasoaña (cerrada desde el año 2005 por jubilación de su encargada, tienda madre de la próspera industria Embutidos Larrasoaña), la boutique Coqueta (donde estaría al comienzo de los 2000 Decoralian), Almacenes Bidasoa, fundada a mediados del siglo XX y que sería regentada en el nuevo siglo por Pilar Montón, la Cristalería Eslava (donde se instalaría luego la tienda de chuches Ludiloj), Muebles Barrena, posteriormente Galerías Buen Precio, y a partir del 2000, la tienda de manualidades El Taller. Actualmente  ocupa este local la tienda de moda joven Pavana. El número 65 de la calle corresponde al tercer palacio de la calle, el Palacio de Ezpeleta construido en la primera mitad del XVIII, con una magnífica fachada barroca y cuyo propietario, José de Ezpeleta fue militar, virrey de Nueva Granada, Cataluña y Navarra. Señor de muchos sitios navarros, miembro del Consejo mayor de estado, caballero de la Orden de San Juan y abuelo del fundador de la Guardia Civil, el duque de Ahumada. El palacio albergó durante décadas el colegio de las Teresianas y posteriormente el Conservatorio Profesional Pablo Sarasate hasta su traslado a la Ciudad de la Música de Mendebaldea hace unos pocos años. Hoy, como el de Cruzat se encuentra sin uso. Pasado el Palacio estaba la tienda de antiguedades Carlos III, luego Deportes Dominguez (más tarde estuvo allí Grabonorte y actualmente Samoa Outlet), más adelante la Imprenta de la Acción Social, (cuando se cerró se instaló una elegante tienda de artículos de regalo y hoy está ocupada por unas oficinas de la Sección de Patrimonio y Museos del Gobierno de Navarra), la carnicería Senosíain, Tejidos Irekia, la pajarería Arga (donde hoy está la distribuidora de telefonía Yoigo y la perfumería Rosa (hoy Aika). La Aministración de Lotería nº1 y la Cafetería Delicias en la esquina de Mayor y San Francisco cerraban este tramo de la calle, tal y como se puede observar en la última foto de este artículo, de  Baltasar Soteras Elias.

En su segundo tramo, desde Eslava, pero esta vez por el lado derecho encontrábamos Iluminación Beunza, abierta a finales de los años 40, la fontanería Eraso y Ripa, Almacenes Ferraz posteriormente ocupado por Tejidos San Dennis (hoy perteneciente a Antiguedades Echarri), las Antiguedades Echarri, la enorme Papelería Grafos 4 (también de los Echarri), Muebles Doel (hoy vacío pero que durante años albergó una singular tienda de ropa joven “El Buho” con una estética de almacén neoyorkino, todo metal y un gran ventilador al fondo. Junto a él estuvo durante algún tiempo Calzados Gembero que se trasladó desde la calle Eslava a este amplio local y que albergó luego a la perfumería Keshna y hoy a Tiempo Moda y más adelante la Galería Arteclio, entremedias la boutique Andia. Anteriormente en ese grandísimo local que fue Arteclio hubo uno de los primeros gimnasios de la ciudad. El local así como todo el edificio era y es propiedad de la familia Huarte, concretamente y hasta su fallecimiento, hace dos años,  de Alberto Huarte Myers, uno de los integrantes del conocido grupo de música Los Iruñako. Este edificio albergó entre 1890 y 1938 el prestigioso colegio Huarte. 

Tras él estaban Muebles Lacunza (desde 1986 la tienda instrumentos musicales Haizea), la Mercería Duran (hoy un chino), la pajarería y tienda de mascotas Erla, abierta por los padres de la hasta hace poco propietaria Juana María Loitegui (su padre, Don Emilio Loitegui fue maestro de la escuelas del Ave María) y que durante décadas, ha sido otro de los principales referentes comerciales en el mundo de los belenes y belenistas, la Farmacia Rodriguez (hoy una rehabilitada Farmacia Planas), El Camerino desde 1983, la mercería La Fama, Tejidos Akara (hasta hace poco la tienda Mana), la floristería Lislore, el bar la Cepa, con entrada por la calle San Lorenzo y la Alimentación Gambra, ya al final de la calle, enfrente de la pared lateral de la iglesia de San Lorenzo. Me detendré un poco en La Fama. En sus comienzos, hace casi 120 años  había en ese local una pastelería. Desde 1940 la tienda se convirtió en mercería. Según sus propietarios, Fernando y Maite este fue el primer establecimiento en Pamplona en vender medias de seda y en traer labores de modista. Por último y acabando la calle nos encontramos a nuestra izquierda con la iglesia de San Lorenzo. La iglesia se empezó a construir en el siglo XIII terminándose en el siglo XIV. Tenía un torreón defensivo donde se abrió una puerta que más tarde se convertiría en la fachada de la iglesia. En 1793 se construyó una nueva fachada que se mantuvo hasta 1901 año en que se derribó y se construyó la actual.

Fotos del Palacio del Condestable y del Palacio Redín-Cruzat (1977): José Luis Zuñiga. Foto del final de la calle Mayor (años 70): Baltasar Soteras 

Los Sanfermines del viejo Pamplona: gigantes, música, fuegos y otros actos (1965-1985)

Otra de las imagenes que con más fuerza asocio a las fiestas desde la niñez o especialmente en la niñez eran los gigantes y cabezudos, aquellos gigantes tan altos, tan señoriales, algunos tan pintorescos como los reyes asiáticos o africanos y como no acordarme de los cabezudos, o más apropiadamente de los llamdos kilikis tan rematadamente feos algunos como Caravinagre o Verrugón, dando vergazos a diestro y siniestro tanto a niños como no tan chicos. ¡Qué miedo nos daban en aquellos tempranos años infantiles, sin embargo eran una parte esencial de la fiesta. Recuerdo el baile de los gigantes al son del tambor y de la gaita y con que gracia y armonía los bailaban en aquellas azules y calurosas mañanas de julio por Mercaderes, Mayor o la Plaza Consistorial. Y cuando recuerdo, en estos momentos, a los gigantes y cabezudos no puedo, por menos, que acordarme también de aquella celebre poesía de Fiacro Iraizoz que escuché recitar a Don Goyo hace un montón de años en los micrófonos de Radio Requeté de Pamplona y que tenía por título “Los gigantes de Pamplona”. Iraizoz nació en marzo de 1860 en Pamplona, si bien solo vivió en nuestra ciudad los primeros años de su vida, trasladándose pronto a Madrid donde destacó como autor teatral. La poesía que no estaba exenta de cierta crítica política y social, bastante llamativa para la época, comenzaba así: ¿Oyes las notas vibrantes de esa gaita tan chillona?. Pues espera unos instantes, que vas a ver los gigantes…, los gigantes de Pamplona. Y hablaba de reyes y de vanas apariencias humanas, entre otras cosas. Parecer ser que en 1962 los Gigantes de Pamplona atravesaron “el charco” y desfilaron por la Quinta Avenida de Nueva York en un desfile de la Hispanidad.

Otro de los momentos que recuerdo, grato recuerdo, este en diferentes etapas de mi vida,  tanto de niño como de joven era el de la salida de las peñas. De muy chico con los padres, bailando detrás de las pancartas y la música, por diferentes calles de la ciudad y a medida que nos hicimos mayores solos, con los amigos,   yendo ya a su encuentro a la salida de la plaza de Toros. ¡Qué bonitos recuerdos, aquellas salidas de las Peñas, comienzo de tardes anochecidas y de noches sin fin!. Quisiera el destino que una discusión en la cuadrilla que formábamos en aquel tiempo, cuando tenía 14 años, nos librase de llegar a tiempo a la salida de las peñas y de entrar por el callejón de la plaza de toros con los txikis, como hacíamos todos los días, aquel día 8 de julio de 1978, fecha de infausta memoria para todos los pamploneses.

Los fuegos artificiales, uno de los últimos espectáculos festivos que veíamos de niños antes de bajar a casa, no se siempre se dispararon en Sanfermines desde la Ciudadela. Hasta el año 1967 y desde tiempos inmemoriales  se disparaban desde la plaza del Castillo. Se celebraban a las diez y media de la noche en vez de a las once. Ese año, 1967, también se lanzaron fuegos desde el Fortín de San Bartolome en la Media Luna, en el baluarte de Labrit y en el revellín de san Roque en la Taconera. El día 14, teóricamente el último día de las fiestas, teóricamente, porque ese año hubo 2 días más de fiesta, se lanzaron simultaneamente cohetes desde el baluarte del Labrit y el baluarte de San Bartolome. En el año 1970, al menos durante algún día de las fiestas los cohetes se lanzaron desde el barrio de San Juan y desde 1973 y hasta el día de hoy se lanzan desde el baluarte de Santa María en la Ciudadela, solo que ahora orientados hacia Yanguas y Miranda. Junto a los cohetes, había otros espectáculos pirotécnicos en los sanfermines como los toros de fuego, los recuerdo siempre en la calle Mercaderes, enfilando hacia la Estafeta, la traca de cohetes del Pobre de mi, desde la plaza de los Burgos, y como no el chupinazo que abría las fiestas aunque este lógicamente lo empezamos a vivir en vivo y en directo cuando ya eramos más mayores.
Y es que hasta los 14 o 15 años no vivímos a tope los sanfermines desde el primer día,  desde el momento del Chupinazo. Como mucho ibamos a las barracas por la tarde, bajábamos a cenar a casa y a eso de las 10, subíamos a la verbena de la plaza del Castillo donde nos quedábamos hasta las 3 de la madrugada y poco más. Probablemente fueron los del año 78 los primeros sanfermines en que vivímos, desde dentro, el Chupinazo. Recuerdo que fue en 1979 cuando se comenzó a utilizar por primera vez el euskera en el viva que da comienzo a las fiestas. Algunos piensan que todos los actos de los sanfermines son tradicionales cuando en la mayoría de los casos la tradición no tiene más de unas pocas décadas. Cantar al santo antes de la carrera del encierro que parecería un gesto atávico se remonta nada menos que al año 1962. El mismo acto del chupinazo como acto institucionalizado data tan solo del año 1941. De los chupinazos de aquellos años recuerdo especialmente el de 1982. En aquel año hacía tanto calor que se derretía hasta el asfalto. Creo que llegamos a los 41 o 42 grados de calor. Entonces en el chupinazo se echaba bastante agua desde los balcones, y entre la mocina como mucho vino o cava barato a las chicas pero estábamos muy lejos del desparrame de huevos, harina y colacao en el que degeneraría este acto algunos años después. No hizo falto echar agua en el chupinazo del 76, pues según me cuenta mi hermano ese año llovió bastante durante este concurrido acto. En aquellos años no existía la tradición de ir al chupinazo sin el pañuelo para anudarselo después del cohete. Esta tradición es relativamente reciente, probablemente sea a finales de los años 80 cuando se empieza a popularizar esa costumbre de agitar los pañuelos al cielo y ponerselo después del chupinazo. Algunas costumbres de dudoso gusto como el tirarse desde la fuente de Navarrería son también bastante recientes, data igualmente de mediados de los 80, al igual que el llamado encierro de la villavesa.
Del Pobre de mí curiosamente tengo más recuerdos de niño que de mayor ya que a ciertas edades y después de tantas jornadas de despendole, pocas reservas quedaban para ese triste día. Tengo un vago recuerdo  de encontrarme entre la zona de Mercaderes y plaza Consistorial y desde allí sentía como se mezclaban la cantinela de la canción con el olor de las velas quemándose y la  oscuridad que oscilaba al vaivén de las velas, para terminar sintiendo el olor de la traca de cohetes que se quemaba en la cercana plaza de los burgos para acabar el acto y todo ello bañado en una tristeza nostálgica porque todo había llegado  a su fin. Entre 1968 y 1974 el Pobre de Mí se celebraba a las 9 de la noche. Entre 1975 y 1979, a las 10 y solo desde 1980 se celebra a las 12 de la noche. Antes de 1980 incluso acudían las Peñas con pancartas y charangas. En aquellos años, la fiesta seguía incluso después del Pobre de mí con las verbenas de plaza del Castillo y Antoniutti. Luego el Pobre de mí se convertiría en el último acto festivo y a mediados o finales de los 80 nacería la tradición de quitarse el pañuelo y dejarlo colgado junto a la iglesia de San Lorenzo. Otro acto de gran importancia, desgraciadamente desaparecido, y que cumpliría el año que viene su siglo de existencia era el del Riau-Riau en el que apenas pude participar media docena de veces. Tenía su encanto y su razón de ser: hacer la puñeta por un día a la la corporación alargando todo lo posible su llegada a la Misa de Vísperas. Desgraciadamente y a pesar de vanos intentos y algunos sucedáneos no ha podido continuar.
De las verbenas que empezamos a frecuentar en nuestra adolescencia y juventud recuerdo con especial cariño la tradicional de la plaza del Castillo, que solía acabar a las 3 de la madrugada y luego la de Antoniutti con sus dos escenarios que finalizaba en torno a las 5, cercana la hora de la amanecida. No estaban urbanizados, como jardines o parque  todavía en aquellos primeros 80 ni la Vuelta del Castillo ni otros parajes próximos situados a ambos lados de Antoniutti. Otros ambientes nocturnos que frecuentábamos en los finales de los años 70 y primeros 80 eran los de las barracas políticas (comenzaron en 1979)  pues tenían precios de bocatas y bebidas muy populares. Estas barracas conocieron diferentes emplazamientos (Taconera, en las inmediaciones de Antoniutti, etc). También y en aquellos años recorrimos las diferentes zonas festivas del Casco, cada una con su particular ambiente  como las sedes de las peñas en la calle Jarauta, la zona de la Navarrería o los bares de San Gregorio y San Nicolás, la noche del Estruendo (nació en los sanfermines de 1961, de manera informal por parte de un grupo de amigos entre los que estaba Javier Echarte), los conciertos en la plaza de los fueros, etc. Y es que en aquel entonces, cada edad y cada sanfermín  se vivía de una manera diferente en función de las circunstancias personales que vivías en  cada momento. 

Los Sanfermines del viejo Pamplona: el encierro (1965-1985)

La llegada de los sanfermines era en nuestra infancia todo un gran acontecimiento. Algo especial sucedía o estaba a punto de suceder. Como un rito que inevitablemente se repitiera, unas semanas antes de las fiestas , se colocaba el vallado del encierro en el Recorrido y la tómbola de Caritas en el Paseo de Sarasate. La calle olía y se veía diferente. La gente inquieta llenaba las calles de lo viejo comprando para las fiestas, ya fuese indumentaria para las fiestas o comida para esos días tan especiales. El cielo parecía más azul que de costumbre y el calor apretaba en esos primeros días de julio. La ciudad se preparaba  para las fiestas. Subíamos por la cuesta de Santo Domingo, sobre la que hollarían las pezuñas de los toros  días más tarde en el silencioso y nocturno encierrillo desde los Corrales del Gas, hasta los corralillos de Santo Domingo. Allí comenzaba cada mañana, a las 7 de la mañana (hasta 1974), el Encierro, el acto más importante de las fiestas. Hasta 1924 el encierro empezaba a las 6 (acuerdense de aquel canto que decia: “levantate pamplonica, levantate y da un brinco, levanta que son las 5 y el encierro es  a las 6”), luego empezó a las 7 y desde 1974 a las 8. Por cierto el vestido de pamplonica (camisa y pantalón blanco con faja y pañuelo rojo) fue popularizada por la peña La Veleta en el año 1931, y su uso se generalizó entre la población en la década de los 60.

Si había un acto especial, diferente, numinoso, mágico, iniciatico en las fiestas ese algo era el encierro. No tengo un recuerdo temprano de este evento sanferminero. Se que mis padres solían levantarse temprano para ver la llegada del encierro a la plaza pero el primer recuerdo que tengo es de una fecha tan tardia como julio de 1975. Aun estaban muy lejos las retransmisiones televisivas que empezarían, creo en 1981 u 82. Solíamos levantarnos muy temprano, a eso de las 5 y aun era de noche cuando subíamos con una vecina y sus hijos de nuestra misma edad desde nuestra casa en la Rochapea hasta la plaza de Toros. Recuerdo que llegabamos temprano para coger un buen sitio y aun soñolientos escuchabamos al Maestro Bravo animarnos, ¡Venga que estáis dormidos!. Su banda  amenizó durante muchos años, por lo menos hasta 1981, aquellos amaneceres sanfermineros de la plaza de toros.  

El 9 de julio de 1975 yo estaba allí, en la parte derecha de los tendidos, entrando por el callejón. Fue un día trágico. Aquel día se formó un terrible montón, como consecuencia del cual hubo un muerto, Gregorio Gorriz y decenas de heridos (casi 100), un buen número de ellos por asta de toro. Pero no habían pasado ni dos años cuando fui testigo y esta vez mucho más cerca, pues estaba justo al lado del callejón, de otro trágico montón que provocaría igualmente un muerto por aplastamiento y decenas de heridos. La visión tan cercana de aquellos dos trágicos encierros me dejaron una profunda huella. Tras el montón de 1975  se construyeron en el callejón las famosas gateras que salvarían en años posteriores la vida de más de un corredor. Aquellos años fueron años de muchos fallecidos en el encierro y de records: a los muertos de 1975 y 1977 habría que añadir otro en 1974 y 2 más en 1980, en un sólo encierro, el del 13 de julio. En cuanto a  records, el más corto, de apenas un minuto y cincuenta segundos, el 7 de julio de 1975, el más largo, de 16 minutos, el 12 de julio de 1976.  La plaza de toros se había ampliado algunos años atrás, en  1967, pasando de tener un aforo de 12.500 localidades a uno de 19.500. En 1979 se iniciaría un acto de corta existencia, la de los encierros txikis ya que desaparecerían de las fiestas en el año 1988. Se corría despues del encierro grande desde el final de la bajada de Javier hasta la plaza de toros. 


Los Sanfermines del viejo Pamplona: las barracas (1965-1985)

Buceo en mis recuerdos más tempranos para intentar recuperar algunas imagenes de mi ciudad y de sus fiestas a través de los ojos asombrados de un niño. Un niño que iba con sus padres a las barracas, a los fuegos artificiales, a la comparsa, a las peñas, al toro de fuego. En diferentes entradas iré rememorando diversos ambientes o escenarios de la fiesta vistos desde diferentes edades de nuestras vidas. Comenzaré por uno de los escenarios preferidos de nuestros años infantiles, que sería también visitado con frecuencia en edades más tardías: el ferial de atracciones o como popularmente conocíamos ese recinto, las barracas. 

Las barracas eran el lugar privilegiado de las fantasías y lo deseos de un niño en las fiestas. Un pequeño mundo lleno de color, olor, sabor y algarabía. Toda una sinfonía de sensaciones y experiencias. Ese microcosmos festivo ha conocido diferentes ubicaciones a lo largo de la reciente historia de nuestra ciudad. No hablaré de las más antiguas pues no las conocí, pero antes de su larga ubicación en Yanguas y Miranda hubo otras ubicaciones más recientes, alguna de las cuales si conocí. Así entre 1951 y 1964 las barracas se instalaron en la zona de la actual Cuesta La Reina y Antoniutti, de 1965 a 1971 se instalaron en la vuelta del Castillo, junto al inicio de la avenida de Pio XII, de 1972 a 1976 al final de la Calle Yanguas y Miranda y junto a la Casa de Misericordia y entre 1977 y el año 2005, el período más largo,  en la explanada situada entre la calle Yanguas y Miranda y la Ciudadela. Luego estuvo un par de años en terrenos anexos a la Casa de Misericordia y desde 2008 hasta el momento actual en el parque de la Runa, junto al rio, en el barrio de la Rochapea. Recuerdo la ubicación de las barracas en la vuelta del Castillo, sobre la tierra,  aun estaba lejos aquella zona de ser el gran parque urbano que sería muchos años después, y sobre todo recuerdo, pues ha sido la más longeva, asocio las barracas a su ubicación tradicional en Yanguas y Miranda, instaladas primero sobre un terreno de gravilla y más tarde sobre un terreno totalmente urbanizado en cemento y con todos los accesos y suministros de agua y luz preparados para la feria. El resto del año albergaban algunas pistas deportivas al aire libre.
De niños, a finales de los 60 y primeros años 70, disfrutábamos  las  barracas por la tarde. En aquel tiempo de nuestras vidas era imposible sustraerse a la vigilancia paterna: te dejaban subir a los caballitos, pasear, muchos paseos por el recinto festivo (el presupuesto era muy limitado), algún dulce (el típico algodón, las manzanas de caramelo…unos churritos, que pequeños que eran, nada que ver con los de la Mañueta o los de la Rocha), alguna trompetilla festiva (que matraca que dabamos con aquellas trompetas) y la esporádica tentativa a la suerte en la tombola de las barracas, aun resuena en mis oídos la voz grave y profunda del locutor de la tombola, con su micrófono en ristre y su referencia a la muñeca chochona. También nos acercábamos a ver las vueltas y los escobazos de la bruja en el tren chu-chu. 

Algunos años después, creo  recordar allá por el año 1976 la continua llamada a una de las atracciones de la feria resonando por todo el recinto, “el monstruooo de guatemaaala”, no llegué a verla pero por lo que me dijeron debía dar bastante grima,  por lo rudimentario del truco. No obstante aquella llamada por la megafonía se me ha quedado grabada de forma indeleble en mi memoria hasta nuestros días. En aquellos años hubo muchas atracciones parecidas, que si el hombre araña o  la mujer serpiente, etc. Si aquella megafonía del “monstruo de guatemala” machacó mis oídos en aquellos sanfermines del 76, recuerdo también en aquellos, ¿sería 1977? la fachada de una de aquellas casas del terror en la que un monstruo babeante de película de serie B, como el de la fotografía, sostenía entre sus garras, bamboleándose, el cuerpo inerte de una  chica. Esas casas del terror eran variantes para personas más adultas del tren de la bruja, con espectaculares sustos, juego de espejos, telarañas, y a medida que pasaron los años efectos cada vez más gores o truculentos. Sin ese toque terrorífico había otras atracciones destacables como las del laberinto de los espejos.

A medida que crecíamos íbamos liberándonos de los padres y probando libremente otras atracciones, especialmente los autos de choque, embistiendo en aquellos primeros años de adolescentes  los coches de las chicas, ¿cuantas fichas y duros habremos dejado en los autos?, todo un clásico de la feria, con sus grandes pistas y su multitud de coches chocando unos contra otros. Una peculiar sirena avisaba que había finalizado nuestro turno. Con los años nos atrevíamos a subirnos en las cada vez más sofisticadas atracciones articuladas o de movimiento, que desafiaban cada año un poco más la gravedad y  altura, como el Siroco, el Pulpo, la barca Vikinga y tantos y tantos  nombres y variantes de atracciones que había en aquellos años en la Feria.  La noria gigante se quedaría para tiempos más tranquilos y en compañía femenina. En 1983, el precio medio de las atracciones era de unas 50 pesetas. Las barracas tenían  otro color y sabor y se disfrutaban en aquellas edades de adolescencia tardía y primera juventud, sobre todo, por la noche. La noche se llenaba de luces multicolores, sirenas y mensajes entrecruzados de las diferentes atracciones, en un abigarrado espectáculo, siendo uno de los escenarios de obligada visita durante las fiestas.

Recuerdo otras atracciones (de tiro al pichón) en las que probábamos nuestra puntería con unas carabinas de perdigones con las que teníamos que acertar a unos palillos: un paquete de galletas o alguna botellita de vino moscatel eran algunos de los magros premios que te tocaban en suerte, tras muchos intentos fallidos. En otra caseta tenías que tirar con fuerza  unas bolas como de trapo contra  unos muñecos para llevarte el premio de rigor. En otras, como en la de la foto, tenías que acertar a unos globos con unos dardos. En la famosa caseta de Foto Retamosa tu puntería con la carabina se veía recompensada por una foto. En otra atracción había unas maquinas, las grúas creo que las llamábamos en las que teníamos que dirigir la grúa hacia uno de los muchos y atractivos premios que había en el fondo  de unas urnas de cristal. No recuerdo haberme llevado nunca ni uno de aquellos premios y ya lo creo que lo intentamos. 

Otras atracciones permitían probar la fuerza física: había una especie de “puching ball” en la que los más “macarrillas” solían probar su  testosterona o fuerza bruta. Estaban también  las casetas y/o mesones de comida, de salchichas frankfurt, de pollos asados (uno costaba allí en 1983, 600 pesetas), el olor y humo de las churrerías (la docena costaba entonces unas 75 pesetas), las maquinas de algodón, la tradicional barraca en la que aparecían dos baturros pisando uvas, menudo vino más fuerte aquel, y había otros espectáculos que se situaban en el recinto ferial pero algo más apartados del resto como los circos y los teatros de varietés. Entre los primeros recuerdo el Price, el de los Hermanos Tonetti, el circo Atlas, el circo Mundial, entre los teatros de feria de varietes  estaban el  Lido o  el teatro de Manolita Cheng con espectáculos picantes de varietés.

Las salas de fiesta y discotecas del viejo Pamplona (1960-1985)

Fue en los fines de los 60 y primeros setenta cuando comenzaron a proliferar las llamadas “boites” y “discotheques” en nuestra, hasta entonces, provinciana ciudad. Hasta el final de la década de los 60 se celebraban festivales de música para jóvenes en lugares como el Aitor, o el Gayarre, y en algunos otros espacios de la ciudad, como el Labrit. Locales  más pequeños que las discotecas donde se iba escuchar música y a bailar fueron, en tiempos, el Bearin que ya funcionaba como “boite” allá por 1970, la minidiscoteca “Disco Club 29” en la calle Navarrería con lo último en música, los Portales, el Viana, Lindachiquia, etc. De aquella época poco puedo hablar si no es por referencia de otras personas que la conocieron.Y es que fue a partir de los 16 años, cuando comenzamos a frecuentar con cierta regularidad las salas de fiestas y discotecas de nuestra ciudad. Algún año antes, allá por el año 1978 o 79, creo recordar, que hicimos alguna incursión en lo que se llamaba el Guacatxiki, una sala anexa al Guacamayo pero para público bastante más joven. Las sesiones eran de tarde en vez de noche. El Guacamayo, situado en la calle Abejeras, se inauguró en torno al año 1969. Fue una de las primeras discotecas de la ciudad. Además de la música comercial típica de las discotecas se destacaba por albergar de vez en cuando actuaciones en directo de grupos locales y nacionales. Fue la primera discoteca que puso go-gos y sus djs  tenían muchas horas de vuelo. Posteriormente el antiguo Guacamayo y locales anexos se conocerían con el nombre de Sector, ONB y By Bye.

Posteriormente, en torno al año 1980,  acudimos al Gure Kayola, en la cercana localidad de Sarasa. Creo que se había abierto dos o tres años antes. Ponían autobuses a partir de media tarde, a las seis o seis y media tarde; se cogían, creo, que en las paradas de autobuses de los Tres Reyes y te llevaban directamente a la discoteca. Volvías, igualmente, en autobús a Pamplona, y llegabas a casa no más tarde de las las diez. El limite razonable en aquellos años y para nuestras edades estaba en la última villavesa. Por supuesto había excepciones como las fiestas del barrio o los sanfermines en los que el horario se alargaba hasta las 2 o 3 de la mañana. En el Gure Kayola había un ambiente más rockero que en otras discotecas, mucha chupa de cuero, con música muy cañera, que era la que sonaba por aquel entonces en las radios. Te cobraban la entrada a la salida. Curioso procedimiento este el de cobrar a la salida, antes de regresar en el autobús.
Alguna vez fuimos a la Casa de la Juventud pero aquel ambiente no nos satisfizo en absoluto. Cansados un tanto de los viajes al Gure y tal vez de su ambiente, pues íbamos dejando atrás la  adolescencia y nos íbamos haciendo jóvenes “más maduros”  empezamos a frecuentar alguna sala de fiesta con un ambiente más relajado y tranquilo como era la del Club Natación. Por lo general íbamos al cine los sábados y a la sala de fiesta o discoteca, los domingos. Íbamos sobre las 7 de la tarde. Recuerdo que en el “Club” había tres espacios de baile, dos espacios flanqueando la zona de actuación de la orquesta y una sala amplia de forma rectangular al final de la cual se encontraba una de las barras. Se iniciaba la sesión con música disco del momento para dar paso luego a la orquesta titular de la sala, la Orquesta Nueva Etapa y su cantante Adelaida y posteriormente acabar nuevamente con música disco. Otros componentes de la orquesta en aquel tiempo eran Jesús Ustariz, al teclado, Jose Miguel Marín “Chivino”, batería, Pedro Tres, voz y guitarra, Jesús Mari Navarro “Pulmones” a la trompeta, Angel Urdaniz “Basiano”, etc. En 1981 costaba la entrada al Club unas 225 pesetas (lejos de las 35 pts de 1965 o de las 80 de 1968). Creo que la paga en mi caso era entonces de unas 1.000 pesetas. Similar ambiente aunque menos acogedor tenía el Club Deportivo Amaya, que yo no frecuenté. Tenía una sala cubierta enorme al final de la cual estaba el escenario y en el lado opuesto la zona de la barra. Creo que estuve una sola vez cuando celebramos la fiesta del instituto en marzo de 1981. La orquesta titular de la Ciudad Deportiva Amaya eran Los Clan. Algunos años antes los Clan (José Miguel Huarte “Pacha”,al teclado, Miguel Angel Echeverría “Bolo” al trombón, Ramón García, a la trompeta, etc) tocaban jazz  en el Cavas de la Bajada de Labrit.
También acudíamos en aquellos primeros años 80 al Young Play, en la calle Monasterio de Velate, una de las discotecas más famosas de la ciudad y que vemos en la fotografía adjunta. Recuerdo su fachada verde brillante y su interior también de tonos verdes, la pista circular en el centro, las sillas de madera, el suelo enmoquetado, sus columnas y sus espejos, tal y como vemos en la fotografía inferior. Se había inaugurado en febrero de 1970 y se cerraría con ese nombre en 1985 para dejar paso al Reverendos. Actualmente la discoteca se la conoce con el nombre de Ozone. Esporádicamente visitamos el Amazonas de la avenida de Bayona, luego conocida como Mas y Mas y actualmente como Vaiven. Otra discoteca de la ciudad era el Xuberoa en el calle del Redín, una discoteca de dos plantas que se cerró en 1980, tras un pavoroso incendio y que yo no llegué a frecuentar.
En aquellos finales 60 y años 70 y primeros 80, también eran famosas las discotecas y salas de fiestas de algunos pueblos de Navarra como la Amanecer de Zubiri, el Bordatxo de Santesteban, el Oasis y el Trovador de Estella, Geminis de Sanguesa, La Guesera de Tafalla, Malloak en los altos de Azpiroz, el Sonhar de Irurzun (antiguo Lennos), etc. Muchas de ellas ofrecían música disco con actuaciones en directo. De todas las citadas, situadas fuera de Pamplon,  acudí alguna vez al Sonhar de Irurzun, una discoteca sobre un pequeño alto o promontorio, con dos plantas, diferentes espacios y estilos de baile en cada planta o espacio: lento, disco. Las discotecas en general ponían mayoritariamente música disco y las salas de fiesta combinaban la música disco, las actuaciones en directo y la música romántica o lenta para bailar en pareja.
¿Qué música sonaba en aquellos años?: pues sin ánimo de ser exhaustivo Status Quo, David Bowie, Boney M, Tequila, Abba, Gloria Gaynor, Donna Summer, Bee Gees, los acordes inconfundibles de la guitarra de Carlos Alberto Santana y su Europa, Roberto Carlos, Jeanette, Mari Trini, Bonny Tyler, Baccara, Village Peope, Police, La Olivia y la ELO, Pink Floyd, OMD, The Comunnards, Alan Parsons, Mecano, Ricchi e Povere y tantos y tantos otros artistas y grupos que nos ayudaron a ser un poco más felices en aquellos días.

En Sanfermines eran famosas las galas en los Clubs Deportivos. A los citados Natación y Amaya, habría que sumar, en estas fechas, las verbenas y galas de la Agrupación Deportiva San Juan, el Larraina, el Tenis, etc. Al Natación acudían las estrellas nacionales del momento y contaba con pista y barra al aire libre. También tenía actuaciones estelares en las fiestas el Larraina. Fueron famosos el lanzamiento a la piscina del Larraina de los Pop Tops en los Sanfermines del año 1968 o el acoso o más bien “caza” a  los Pecos por más de 300 jovenes en 1980 que provocó la suspensión de su actuación. En los barrios, celebraban bailes y verbenas el fin de semana, durante todo el año,  la Unión Deportiva Chantrea. En aquella época, de los 60 a los 80, había muchas y buenas orquestas y grupos musicales en Pamplona y Navarra. De aquellos grupos y al margen de las dos orquestas míticas referenciadas, La Nueva Etapa y Los Clan recuerdo haber escuchado en los años 70,  allá por agosto, en las fiestas de mi barrio, en el antiguo campo de futbol del Ave María, a grupos locales como Los Jaguars. Eran tiempos en los que sonaban en la radio y durante aquellos calidos veranos los últimos éxitos de los Diablos: Oh, Oh, July o Roxana.Fotos: Young Play, extraidos de la web www.tocataeventos.com

Los cines del viejo Pamplona (1912-2005)

Los cines de nuestra ciudad, muchos de ellos desaparecidos, constituyen una parte de nuestros recuerdos y nuestras vidas. Allá por los años 70 y 80, constituía una de nuestras principales ocupaciones el fin de semana, la única junto a las salas de juego hasta los 14 o 15 años y compartida con las salas de fiesta y discotecas, a partir de los 16. De aquellos años en los que íbamos al cine vimos desaparecer a lo largo de los años 80 y 90 uno a uno el Arrieta, el Avenida, el Guelbenzu, Chantrea, Rex, Aitor, e Iturrama hasta llegar al último cierre, el de los Príncipe de Viana en el año 2005.

El inicio del cine fue más bien un espectáculo de feria que otra cosa. Será a partir de 1912 cuando se empiecen a exhibir de forma regular películas en el Teatro Gayarre. Aun tendrán que pasar unos cuantos años hasta que en 1930, un año antes de la promulgación de la 2ª República, se emita la primera pelicula sonora en el Gayarre, “Escandalos de Broadway”. ¡Cuanto ha llovido desde entonces!: del cine mudo al sonoro, del blanco y negro al color, la aparición del cinemascope que obligó a ampliar las dimensiones de las pantalla de los cines, las pruebas de otros formatos panorámicos, la mayoría con escaso éxito,  el cine en 3D y otros experimentos como aquellas peliculas con efecto “sensorround”, el cinerama, etc.

Hablar de cine en Pamplona es hasta 1982 hablar de la SAIDE (Sociedad Anónima Inmobiliaria de Espectáculos). La Sociedad, como tal se constituye en 1942 pero sus orígenes se remontan a través de las personas que la hicieron posible a algunas décadas antes. En 1922 se crea la empresa Euskalduna que inaugura al año siguiente y en la avenida de San Ignacio el Coliseo Olimpia (en la foto adjunta), un local emblemático que además de ofrecer cine, tenía una amplia sala (con gallinero) donde ofrecería otro tipo de espectáculos: teatro, espectáculos musicales, etc. El principal impulsor de esta sociedad fue el empresario textil Alvaro Galbete que tenía un telar en la calle San Agustín. En ese local de su propiedad se inauguraría en 1931 el primer cine construido específicamente para tal fin: el Proyecciones, de corta vida, pues se cerró en 1933.

Eran socios de la sociedad Euskalduna otros prohombres de la sociedad pamplonesa de aquella época como Ramón Bajo Ulibarri, Bonifacio Gurpegui, Eugenio Jimeno, Sagaseta de Ilurnoz, Pedro María Galbete y Serapio Zozaya que sería cofundador de la SAIDE. Por cierto esta sociedad también explotaba otros espectáculos como el frontón Euskal Jai de la calle San Agustín. En 1928, la sociedad Euskalduna vendió el Coliseo Olimpia a la Sociedad Anónima General de Espectáculos (SAGE) que contaba con salas por todo el estado. La SAGE explotó el Olimpia hasta 1936 en que lo subarrienda primero y lo vende luego, en 1940, a la empresa Erroz y San Martín empresa que tenía la concesión del Teatro Gayarre desde 1932, con derecho a explotar el Teatro, como cine, al menos durante los siguientes 50 años. El Gerente de Erroz y San Martín era, a la sazón, Serapio Zozaya que fundaría la SAIDE en 1942.

En 1935 Erroz y San Martin había comprado el Proyecciones, después de dos años de permanecer cerrado y lo había reabierto con el nombre de Novedades. En 1938 la empresa compraba un solar en la calle García Castañón y construía un nuevo cine que inauguraría en junio de 1940: el Cinema Príncipe de Viana, obra del arquitecto José Yarnoz. Así pues la SAIDE nacía en 1942 con dos cines propiamente dichos: el Novedades y el Príncipe, además del Gayarre y el Olimpia. El Príncipe de Viana era un cine elegante, la pantalla más grande de todas las existentes hasta entonces, un aforo amplio, de unas 700 personas en butaca de sala, 1.200 en total, contando las butacas de palco y el gallinero o anfiteatro que vemos en la fotografía. En las paredes junto a la pantalla, había dos pinturas murales, obra del pintor Eduardo Santonja Rosales, una de las cuales representa al Príncipe de Viana de cacería y otra un palacio con músicos y sus instrumentos, tal y como vemos en la siguiente foto.

En la década de los 40 se inaugurarían el Cine Alcazar (1942) en la plaza de la Argentina que lo explotaría la SAIDE desde 1950 y el Cine Avenida (1943), en la calle Estella, este último un cine pequeño, con poco más de 200 butacas pero muy bonito, diseñado, al parecer por Victor Eusa. En los años 50 la SAIDE comenzaría a abrir salas de cine en los barrios, el Amaya, en Marcelo Celayeta, en la Rochapea en 1951, el Chantrea, en la calle San Cristobal, en la Chantrea, en 1957 y en el comienzo de los 60, concretamente en 1963 el Guelbenzu, en la calle del mismo nombre, en la Milagrosa. Paralelamente no descuidaría el centro de la ciudad abriendo el Rex en 1957, en la calle Paulino Caballero, el Olite en 1961 y derribando el Olimpia a mediados de 1963 para abrir al año siguiente en su lugar el Cine Carlos III en un gran edificio de oficinas, donde tendría además su sede social la SAIDE. La SAIDE sería dirigida después de Serapio Zozaya por su hijo Félix y más tarde por su nieto Alberto. Este cine inaugurado a finales de 1964 sería a partir de este momento la joya de la corona, con la pantalla más grande, el mayor aforo, 1.500 butacas, y las mejores instalaciones de todos los cines de la ciudad. En la foto siguiente vemos la fachada del edificio tras su conversión en multicines y su nueva imagen corporativa.

A finales de los 60 comenzaría la primera gran crisis de los cines tras la aparición y extensión de la televisión y de otras formas de ocio. La SAIDE reformaría el Novedades mejorando su acústica y ampliando la pantalla, reabriendolo como Cine Arrieta en 1968, pero comenzaría a cerrar cines, el Amaya en 1970, del que ya he hablado en otra entrada del blog. Tal y como he comentado en la anterior entrada sobre los cines empecé a acudir al cine de manera regular allá por los años 74 o 75. Así algunas de mis primeras películas en la enorme pantalla de la Sala Carlos III fueron Karthum en 1975 y una entretenida versión de King Kong ( en 1976) con una jovencísima Jessica Lange, en los inicios de su carrera. También vi en esta enorme sala otras películas como “Suspiria”, “Abismo”, “Terremoto”, “El coloso en llamas”, “Tiburon”, “ET” o “Encuentros en la tercera fase”, entre otras.

En el Cine Avenida, situado frente al monumento de San Ignacio de Loyola, no ví demasiadas películas pero sí recuerdo alguna, como “La Tierra olvidada por el tiempo”, en abril de 1977, un serie B con sabor añejo, basada en las novelas del mundo prehistórico de Borroughs o la española “La guerra de papa”, un típico film de la transición que pretendía alejarnos de los oscuros fantasmas de nuestro pasado histórico. El cine se cerraría en mayo de 1985 para albergar un centro comercial, con formato de multicentro y forma hexagonal y que tendría una errática trayectoria, con espacio para unos 20 pequeños comercios y que ha tenido una gran rotación de aperturas y cierres a lo largo de los años.
En el Gayarre, tampoco vi muchas películas, recuerdo alguna como “El expreso de Chicago” o “Nueva York, año 2012”. A este espacio tengo también vinculadas otras imagenes como la ceremonia de entrega de juguetes en Reyes que organizaba la fabrica donde trabajaba mi padre para los hijos de sus empleados. Recuerdo que un año, creo que fue a finales de 1968, se quemó el Teatro Gayarre y  que los Reyes de 1969, tuvimos que celebrarlos en el Salón de los Jesuitas. A mediados de 1969 se reinauguraba, de nuevo y tras ese incendio el Teatro Gayarre.

 

En el Olite vi un buen número de películas, tanto cuando era una sola y espaciosa sala con unas butacas de color tostado, como cuando se convirtió en multicines: así ví en esta sala películas de terror como “Kung fu contra los siete vampiros de oro” de la fenecida Hammer, películas bélicas como “Alerta roja, neptuno hundido” o “Apocalipsis Now” o películas de ciencia ficción como “La guerra de las galaxias” o “Alien, el octavo pasajero.
En el Príncipe, todo un clásico, vi películas tanto cuando era una única sala como cuando se convirtió en multicines: allí ví “La piel dura” de Truffaut, “La naranja mecánica”, “Flash Gordon”, “El imperio contraataca”, “La mosca”, “El cartero siempre llama dos veces” o “En busca del fuego”, por citar algunas. Alguna vez acudíamos al gallinero o anfiteatro, algo más cómodo y de mejor vista que el del Gayarre. En el cine Arrieta de la calle San Agustín tan solo recuerdo haber visto en 1980 “El resplandor” de Stanley Kubrick. La sala se cerraría al año siguiente, en 1981. Hoy alberga la sede de la Escuela Navarra de Teatro. También en 1981 se cerraría el cine Guelbenzu, en la Milagrosa al que creo recordar haber acudido unas pocas veces, allá por los años 77 o 78, para ver alguna peli de Luis de Funes o algun serie B de aventuras.

De los cines que me quedan por comentar, al cine Rex, apenas acudí un par de veces. Se cerró en 1987. Era un cine amplio y me consta que en los años 60 y 70 se daban proyecciones matinales por parte del cine club universitario. Tras su cierre albergó las oficinas de una empresa inmobiliaria. Al Chantrea creo que acudí una sola vez. Era el típico cine de barrio, bastante austero en su decoración. Se cerró en 1988.

A pesar del cuasi monopolio en la distribución cinematográfica de la SAIDE hubo alguna otra iniciativa de menor éxito pero igualmente destacable que debo mencionar: Se trata de Carmelo Echavarren que gestionaría el cine parroquial de la iglesia de San Miguel, el Salón Mikael entre 1969 y 1986, en la calle Bergamín, a la altura de la plaza de la Cruz. De aquella sala tengo además de recuerdos vinculados al cine,  otro tipo de recuerdos muy antiguos, vinculados a las actividades extra-excolares de las escuelas del Ave María y de la Carbonilla. Recuerdo que en 1970 nos llevaron a ver un documental relacionado con las Olimpiadas Invernales de Sapporo, tras el cual sufrí un pequeño extravío al coger la villavesa en la plaza de la Argentina, -y es que tenía apenas 6 años y había subido muy pocas veces a Pamplona-,  y en 1973 o 74 nos llevaron a ver el documental de Caro Baroja, “Navarra, cuatro estaciones” que me causó una grata impresión.
En aquella sala, en el Salón Mikael recuerdo que vi, y las cito por orden cronológico, películas de aventuras como la versión de 1974 de “Los 3 mosqueteros”, clásicas como “¿Arde París?” o “Doce del patíbulo”, musicales como “Grease”, ciencia ficción como “Galáctica, estrella de combate”, polémicas películas, por la dureza de alguna de sus imagenes como “Soldado azul”, etc. Echavarren también impulsaría el cine Aitor en la calle Sangüesa, en la Milagrosa que se inauguró en mayo de 1964 y se cerraría en el año 1985. Echavarren también gestionaba en aquellos años el Juventud y el cine Eslava de Burlada. Resulta curioso, porque después no he encontrado más información al respecto, pero a mediados de 1975 apareció una noticia en la prensa: en 1976 se iba a construir un cine en una zona cercana a donde estaban las Madres Reparadoras, entre la Avenida del Ejercito-Hermanos Imaz y Sandoval, con unas 1.300 localidades de aforo. Lo promovía Carmelo Echavarren y su nombre iba a ser “Sandoval” o “Ciudadela”. De aquel proyecto nunca más se supo. Algunos años antes, en 1971, se instalaba durante algunas semanas un espectáculo cinematográfico, con el  espectacular sistema del “cinerama” en los terrenos anexos a los antiguos cuarteles que se derribarían por completo este mismo año. El cine volvía por unos días a su origen de atracción de barraca de feria. En 1972 triunfaba una película que se había convertida en aquel año en todo un fenómeno sociológico: “No desearas al vecino del 5º”, la película española más vista hasta entonces en las salas de cine y que no sería superada hasta 30 años más tarde con el estreno de “Torrente, Misión en Marbella”.

En 1974 todavía había una clasificación moral de las películas de cine que iba del 1 al 4 en el que el 1 significaba que la película era para todos los públicos, incluso niños hasta los 14 años, el 2, para jóvenes de 14 años cumplidos hasta los 21, el 3 para mayores de 21 años cumplidos en adelante, el 3-R: para mayores de 21 años aunque con reparos., pues se exigía una solida formación moral y la 4, por último,  estaba reservada para las películas que se consideraban gravemente peligrosas. Esta clasificación desaparecería en 1978. A partir de entonces aparecería aquello de “Mayores de 18 o menores acompañados”. Con la transición democrática llegaría un aluvión de cine erótico a las pantallas pamplonesas, al igual que sucedería en otras ciudades españolas. En 1978, de un total de 11 o 12 películas, más de una tercera parte eran, el fin de semana eróticas o incluso clasificadas S, concentradas en unas cuantas salas y en las que aparecía  aquella coletilla de “Se advierte al público que esta película puede herir la sensibilidad del espectador”, clasificación que también se aplicaba a aquellas películas de extrema violencia, como “Holocausto caníbal”.

Ir al cine tenía su ritual: comprabas la entrada en la taquilla, -había sesiones numeradas, generalmente cuando eran estrenos y sin numerar-, comprabas palomitas o chucherías, -en otros tiempos se estilaban las chufas,- en la tienda del cine, sonaban las llamadas para entrar, las luces se medio apagaban, soportabas el aburrido NODO en blanco y negro, que duraba unos 10 minutos, con su sintonía  tan reconocible que marco toda una época, -afortunadamente los de mi generación lo sufrimos durante pocos años-, y luego venían los comerciales, inconfundibles, realizados con un estilo especial y también los anuncios de Movierecord…hasta que se apagaban las luces por completo y comenzaba la película.
Por mucho que haya avanzado la tecnología del “home cinema”, ver algunas películas en pantalla grande sigue siendo una experiencia incomparable. La entrada al cine costaba en 1976 unas 24 pesetas, muy lejos de las 2 o 3 pesetas que costaba la entrada en el cine de mi barrio, el cine Amaya, en sus primeros años de existencia. Además de las taquilleras otro personal indispensable de las salas eran los acomodadores. Ellos te guiaban con su linterna hasta el sitio indicado cuando entrabas, apagadas las luces y empezada la película, o te llamaban la atención cuando metías demasiada bulla. Las sesiones de cine eran a las 17.00, 19.00 y 22.30. En tiempos pretéritos los cines de sesión continua, -como el Arrieta o el Alcazar, por poner tan solo dos casos,- contaban con otra sesión, las de las 15.30.
 

Tras la primera gran crisis de finales de los 60 y sobre todo de los 70 llegaría otro gran bajón en los años 80, con la aparición del vídeo doméstico. Las salas únicas dieron paso a los multicines. A finales de 1982, el histórico cine Príncipe de Viana daba paso a tres salas, una grande en el piso de arriba, de 500 butacas, que vemos en la foto adjunta,  y dos abajo, con casi 200, cada una. Con esta obra de reforma se suprimía el gallinero o anfiteatro, al que accedía, en otros tiempos, la gente con menos recursos. En tiempos contaban con gallinero casi todos los cines: el Gayarre, el Olimpia, el Príncipe, el Alcazar. ¡Que incómodos eran aquellos gallineros, sin apenas espacio para estirar las piernas y con aquellos ángulos de visión imposibles!. En aquellos dorados tiempos de la exhibición cinematográfica era también moneda común la entrega del llamado programa de mano, con información sobre la película, que yo, la verdad, no los conocí. En los años 40 y 50 había salas que estrenaban películas y otras que no, que se nutrían de reposiciones, entre las primeras se encontraban el Príncipe, el Gayarre, el Rex y el Olimpia que luego se convertiría en el Carlos III, entre las segundas el Avenida y el Alcazar, además de las de los barrios.

También en esos años 80, al que aludo en el anterior párrafo, se reconvertiría en multicines el cine Olite con la inauguración de 4 nuevas pantallas. Aparecía en el panorama de las salas rompiendo el cuasi monopolio de la SAIDE el complejo de cines Golem Baiona, con 5 nuevas pantallas en la ciudad. Años más tarde este mismo grupo abriría las salas Golem Yamaguchi orientadas a un cine más de autor, frente a las más comerciales del Baiona. Tuvieron, de inicio, un éxito arrollador. En aquel complejo de salas vi un montón de peliculas a lo largo de los 80, estrenos y reposiciones como  “Amarcord”, “Cuerno de cabra”, “El tambor de hojalata”, “Sacco y Vancetti”, “Perros de paja”, “El jovencito Frankenstein”, “La vida de Brian”, “Bajo el fuego”, “Las bicicletas son para el verano”, “Hellraiser”, “La selva esmeralda”, “Excalibur” o “Desafio total”. Y también en esos mismos años, 1981-82, y de la mano del empresario Cayo Escudero, se abrieron los cines Iturrama, situados en la calle Iñigo Arista, de corta existencia pues cerrarían en 1997. En estos cines recuerdo haber visto allá por el año 1987,  “Blade Runner”.

La tercera y más profunda crisis llegaría en los 90, con la aparición de las plataformas digitales de televisión que te llevaban directamente el cine a la pequeña pantalla de casa. Las salas pasaron de recibir más de 3 millones de visitantes al año en los 60 a 600.000 en los 90. En la primera década del nuevo siglo y a pesar de las mejoras introducidas, las reformas y modernizaciones (se volvió a reformar el Príncipe en el año 2000, abriendo una cuarta sala y renovando la decoración con un estilo de vanguardia (como si fuese una caja negra, tal y como vemos en la fotografía) y también se reformaron, de nuevo, los Olite, en 1999, así como el Carlos III que se convirtió en multicines, con cinco nuevas salas) y sobre todo y a pesar del notable incremento de pantallas disponibles, fundamentalmente por la implantación de centros comerciales, el nº de visitantes a las salas de cine no llegó a los 2 millones. En julio de 2005 llegaría uno de los cierres más sentidos, el del Príncipe de Viana que, cerrado en julio de 2005, daría lugar pocos meses después a un bloque de apartamentos.

Actualización 30-3-2014: Hace casi dos meses, en febrero de 2014 se cerraban silenciosamente, sin anuncio previo los multicines Olite. Asi acababa la trayectoria de un cine, reconvertido en multisalas, más de medio siglo después de su  apertura. Otra triste pérdida para el cine, los cinefilos y la ciudad.

Actualización 24-2-2016: Los cines Carlos III se cerrarán el próximo 3 de marzo, más de medio siglo después de su apertura. Con este cierre desaparece el último cine del centro de Pamplona y la SAIDE cesa como empresa exhibidora. Otra gran pérdida para el cine, los cinéfilos y la ciudad. Ahora, y dejando  a un lado a los cines Golem, quien desee ver cine en pantalla grande se tenga que trasladar a los centros comerciales. Qué pena.