Las salas de juegos del viejo Pamplona (1974-1980)

En aquellos años fronterizos entre la niñez y la adolescencia pasábamos las tardes de los domingos a caballo entre las salas de juegos y los cines, los abundantes cines que había entonces, en la ciudad. Más adelante, cuando dejamos atrás la adolescencia, frecuentaríamos otros ambientes más adultos como las salas de fiesta y discotecas. De todos esos ambientes de la vieja Pamplona hablaré tanto en esta como en las siguientes entradas. Seguiré un criterio cronológico y empezaré por rememorar  aquellas salas de juego que había o al menos que recuerdo, -porque haber había creo que muchísimas más, seguro-, en la vieja Pamplona de los años 70.
Dos de las salas que con más frecuencia visitábamos en aquellos años fueron por este orden, la sala de juegos de la Estafeta y posteriormente la sala de juegos Carlos III en la calle Cortes de Navarra. La sala de juegos de la Estafeta que posteriormente se reconvertiría en un salón de máquinas tragaperras tenía, creo recordar, forma de L invertida. En su primer tramo y a ambos lados había infinidad de máquinas flipper que posteriormente irían dejando espacio a  las máquinas recreativas más modernas para aquel entonces: ping pong, mata marcianos, plataformas, etc. Al final de este tramo un juego de ping pong y  en el segundo tramo de la L un  billar y algunos futbolines. Solíamos acudir invariablemente a la sala de juegos  antes o después del cine, dependiendo de si acudíamos a la sesión del cine de las 17.00 o las 19.30. Allí pasábamos un par de horas, alternando los flippers con algún billar y futbolín, hasta que volvíamos a  casa al filo de las 10 de la noche.
La sala de juegos Carlos III estaba en un sótano, situado entre la iglesia de San Ignacio y la tienda del Salón del Visillo, frente al cine Carlos III. Se accedía  a la sala bajando un largo tramo de   escaleras que conducían a un primer tramo estrecho, donde estaban los flippers y recreativas y que giraba luego hacia la derecha para desembocar en una amplia sala de billares, con algunos recovecos. En esta sala había, al menos, media docena de billares y algún futbolín, su punto fuerte eran sin embargo los billares y en aquel tiempo era a lo que mayoritariamente solíamos jugar. Te cobraban por tiempo de juego. Solíamos jugar al billar francés o de carambolas. Había 3 bolas y el propósito del juego era impulsar tu bola con el taco, para tocar con ella las otras dos y hacer una carambola. Había un marcador manual, como un ábaco, que te permitía indicar la cantidad de carambolas que ibas realizando. Alguna vez jugábamos también al billar americano en el que había que meter las bolas en las troneras. Las recreativas, con el paso del tiempo, empezaron a compartir su espacio también con algunos simuladores, sobre todo de coches, con su volante y su embrague.
Otras dos salas de juego que recuerdo mucho más vagamente porque apenas fuimos un par de veces son dos que había en el Casco Antiguo,  una en la zona de Jarauta-Descalzos y otra en la Navarrería, creo que una de ellas se llamaba “El Trebol”. Fuera del Casco Antiguo recuerdo vagamente algunas otras salas a las que también fuimos muy esporádicamente y en época muy temprana, había una en la Plaza de la Cruz, otra cerca de ésta,  a caballo entre el Salón Champagnat y el Salón Loyola que se llamaba Caleidoscopio y otra, subterránea como la Carlos III en la zona de la plaza Príncipe de Viana más cercana a la avenida de  San Ignacio.
No era propiamente una sala de juegos sino una bolera, en efecto recuerdo a finales de los 70 la existencia de una bolera en la calle del Carmen, en el lado derecho de la calle, en el tramo comprendido entre el cruce con Dos de Mayo y el Portal de Francia. No fuimos muchas veces, pero alguna vez estuvimos y ahora me sorprendo al recordar la existencia de aquella dotación en pleno casco viejo. Creo que se llamaba Simon´s. Mucho ha cambiado el ocio de los jóvenes desde entonces, no en vano muchos de aquellos juegos de las recreativas, simuladores y demás alcanzarían un alto grado de desarrollo en los juegos de ordenador y consolas posteriores, dejando sin razón de ser aquel tipo de entretenimiento y  algunos espacios de ocio como los cines y las boleras se irían implantando con el paso de los años ya no en el centro de la ciudad sino en la periferia de esta, pero de los cines y otros espacios de ocio hablaré en otra ocasión.

El Paseo de Valencia (1956-2006)

El Paseo de Valencia, pues asi lo conocimos durante muchas décadas y todavía sigue vivo el nombre en la mente de muchos pamploneses, es otro de esos lugares vinculados a nuestra propia historia personal. No ha cambiado tanto como otras zonas de la ciudad en estos últimos 50 años pero si buceamos en las procelosas aguas de los recuerdos veremos que tampoco esta zona ha sido ajena a los avatares del tiempo y a los cambios y transformaciones que ha sufrido la ciudad en estos años.

Recuerdo haber visto, allá, a mediados de los 60, una pequeña construcción, una especie de casetilla en la zona más cercana a la vieja Audiencia Provincial. Por aquel entonces dicha zona estaba ocupada, además por un jardín y unos grandes y frondosos  arboles, de los que desgraciadamente en la década de los 80 no quedaría ni uno, sólo una fría, larga y embaldosada parada de villavesas. 

De aquellos años recuerdo, también al barquillero con su cilindro de metal de color granate y su tapa giratoria, tan bonita que me parecía una corona, y que se situaba casi siempre cerca del kiosko de prensa que había  a la altura  del paso de peatones del Paseo de Valencia  a la calle San Miguel. Recuerdo igualmente el trajín del Paseo en las fiestas de San Fermín: los vendedores ambulantes, los improvisados fotógrafos con sus cámaras de cortinilla y sus caballos de madera o de verdad, que de todo había. Y como no recordar, también asociado a las fiestas Donan Pher, el singular personaje vestido como el explorador Livingstone que nos vendía (desde 1944) con su inconfundible voz y letanía (y si no fuera suficiente…además) un juego completo de boligrafos, también cerca del citado kiosko de prensa hoy desaparecido.

También asociada al Paseo tengo que citar a  la Tómbola de Caritas, casi siempre tocaba algo  y  que se viene instalando de manera ininterrumpida en el lugar desde el año 1945. También asocio al Paseo las ferias del libro antiguo que se comenzaron a instalar en este lugar desde el comienzo de los 80 hasta finales de la pasada década, osea durante casi 30 años. El Paseo ha sido escenario de grandes concentraciones y manifestaciones, espacio para el descanso o la lectura, lugar de encuentro improvisado de chicos y chicas como lo fuera en tiempos más pretéritos el “tontodromo” de Carlos III. 

Como en todas las calles y plazas de nuestra ciudad no podemos hablar de un sitio sin hablar de los establecimientos y servicios ubicados en él. Así y recorriendo el Paseo desde Navas de Tolosa a Plaza del Castillo, y empezando por el lado del Casco teníamos la tienda de Chile, la Heladería Italiana, Viajes Marsans, Foto Mena, Radio Frias, la academia y copistería Politécnica, una tíenda de máquinas de coser, la Optica Javier Alforja y más allá de la iglesia de San Nicolás, un kiosko de chuches en la entrada al Rincón de san Nicolas, junto a la pared de la iglesia,  donde estuvo el Bankinter una heladería, una tienda de antiguedades, el famoso restaurante las Pocholas regentado por las hermanas Guerendiain,  viajes Iberia, una herboristería, la Heladería Nalia (1939), y la Pastelería Zucitola, entre otras. Por el otro lado del Paseo y empezando por la zona más cercana a Diputación cabría señalar el edificio del Banco de España obra de los arquitectos Astiz y Yarnoz, inaugurado en 1927, el edificio del Banco Hispano Americano y la Caja Municipal del año 1934, el edificio de Correos (de los años 20), la antigua Casa de Baños (en la fotografía siguiente de finales del 69, de Zubieta y Retegui), sustituida  a finales de los 60 por un moderno edificio de ocho o nueve plantas y para terminar una serie de edificios en la última manzana, de los cuales se conservan de la primera parte del pasado siglo tan solo el primero y el último, pues los otros son claramente posteriores en el tiempo. 

Popularmente conocido como Paseo de Valencia, el origen de su nombre no hay que buscarlo en algún tipo de relación con la ciudad levantina sino que debe su nombre a un famoso procurador de la ciudad llamado Don Prudencio Valencia, natural de Bargota que vivió en el lugar allá a mediados del siglo XIX. Como sabemos por otras entradas, algunos lugares de la ciudad deben su nombre a la persona o personas renombradas que habitaron en ellos. Y este es un caso paradigmático. Es a partir de 1853, cuando el Paseo deja de ser una parte de la Taconera y adquiere personalidad urbanística propia,  cuando oficialmente se le empieza a conocer como Paseo de Valencia. Si bien no hubo en aquellos años una decisión oficial, si que existía un informe municipal que avalaba la denominación popular y así se mantuvo tal denominación como “oficial”  hasta mayo de 1903, fecha en que se  cambia la denominación de la zona y se le conoce como  Boulevard de Sarasate hasta que en el año 1925 pasa a denominarse, por fin,  Paseo de Sarasate. Posteriormente, en 1974,   y durante apenas 5 meses, de mayo a  octubre, vuelve a llamarse Paseo de Valencia para volver a ser Paseo de Sarasate hasta nuestros días. Por cierto en la temprana fecha de 1885 se compraron seis estatuas sobrantes del Palacio Real de Madrid y se instalaron en el Paseo, siendo sustituidas algunas de ellas en diciembre de 1972 por figuras de reyes navarros.

Los hitos urbanísticos más importantes del Paseo los podemos encontrar en la construcción de la Audiencia Provincial, terminada en el año 1898, obra de Julián Arteaga que la pasada década se convirtió en la sede del Parlamento de Navarra (en la foto vemos las obras de reforma), la construcción del Monumento a los Fueros, terminado  en 1903, sin inaugurar todavía y erigido después de la Gamazada del año 1893,  con fondos procedentes de una suscripción popular, la instalación de la estación de pasajeros del Irati en 1911, su supresión en 1930 (se trasladaría a la Zona de Taconera-Rincón de la Aduana), asi como de sus vías en 1946. Junto a estos hitos señalaríamos también la farola ornamental a la que aludíamos en la anterior entrada de la Plaza de la Argentina y que había estado antes en la zona más cercana a Diputación entre 1929 y 1958 asi como la reforma del Paseo de 1956, en la que se reubican las estatuas y se coloca el embaldosado que ha caracterizado al Paseo durante las últimas décadas. El Paseo ha sido, posteriormente,  objeto de diversas reparaciones, sustituciones del mobiliario y nuevas urbanizaciones y reurbanizaciones a lo largo de todas estas décadas, la última de ellas hace escasamente un par de años. La muerte de los viejos olmos centenarios del Paseo, en la década de los 80, (se talaron la mayoría en 1988), supuso una sensible pérdida para su imagen, si bien el tiempo ha ido curando esa imagen despoblada a medida que han ido creciendo las nuevas especies vegetales implantadas.

Otro aspecto que ha dibujado la historia del Paseo a lo largo del tiempo han sido sus edificios civiles. Entre los edificios que se derribaron en el período que abarca de manera preferente este blog (a partir de los años 50 y 60), destacamos el de la Casa Alzugaray,  que albergó a primeros de siglo el Gobierno Civil de Navarra. (Ver fotografía adjunta de Jose Gallo de 1965). Esta casa, situada al final del Paseo,  en la zona más cercana  a la Audiencia sería derribada y sustituida por el moderno edificio donde durante años estuvo el Banco Atlántico y ahora el Banco Sabadell. En 1968 se derribaba la casa de Navasal, (vease la fotografía posterior de Martin Sarobe de 1968) siendo sustituida por el moderno edificio en cuyos bajos comerciales está desde hace tiempo  la optica de Javier Alforja y hasta hace no demasiado tiempo la zapatería Venecia de la familia Erviti. 

Y en octubre de 1969 se ponía fin a un siglo largo de servicio a la ciudad de  la Vieja Casa de Baños, de la que hablaba en la última entrada del blog. En estos tres casos y sobre todo y especialmente en los de las casas de Navasal y Alzugaray resulta incomprensible, con los ojos de ahora, ver semejantes edificios, autenticas aberraciones urbanísticas,  que atentan contra el patrimonio visual y arquitectónico de la ciudad  pues nada tenían que ver con el estilo del conjunto histórico edificado. En los últimos 30 años se han sustituido algunos otros bloques de viviendas de la zona que linda con el Casco por otras nuevas construcciones, pero estas si que se han hecho con unos mínimos criterios de integración y coherencia con el entorno. 

Fotos:Casa de Baños de Zubieta y Retegui (1969), Casa Alzugaray de Jose Gallo (1965) y derribo de la Casa  Navasal de Martin Sarobe (1968), del libro Pamplona, Calles y Barrios, de J.J. Arazuri

La plaza de la Argentina y las villavesas (1965-1982)

En mi infancia la actual plaza del Vinculo se llamaba Plaza de la Argentina. Así se denominó a esta plaza oficialmente desde 1949 hasta 1974. A esta plaza tengo inevitablemente unidas algunas imagenes que seguro muchos pamploneses de cierta edad compartirán. En primer lugar para mi esta plaza era la plaza donde confluían todas las villavesas de la ciudad. En la plaza habría entre seis y nueve marquesinas en el tiempo en que esta plaza sirvió como estación central de los autobuses urbanos. En la foto de 1968, de Martín Sarobe, pueden divisarse seis marquesinas. Entraban por Sancho el Mayor o Tudela e iban aparcando junto a sus respectivas marquesinas. La de la Rocha, la villavesa que marcaba como destino San Pedro y tradicionalmente fue la línea 3, paraba junto a una de las marquesinas centrales, la más cercana a la Casa de Baños, para salir luego por la calle Alhondiga hacia Sarasate, calle Taconera y Avenida de Guipúzcoa.En Pamplona, llamamos a los autobuses urbanos villavesas. El origen de dicho nombre hay que buscarlo en la denominación de la 1ª sociedad destinada al transporte de pasajeros entre Pamplona y los pueblos de la Comarca que se llamaba “La Villavesa” y que había surgido en el año 1929  con sede en Villava. Esta sociedad, dirigida por Fermín Lizarraga Erdozain, se disolvió en 1969, año en que se hizo cargo del servicio la Cooperativa de Transporte Urbano de Pamplona, más conocida por sus siglas COTUP. La COTUP realizaba los viajes dentro de la ciudad mientras la Montañesa se hacía cargo del transporte de los viajeros a los pueblos cercanos: Burlada, Villava, Barañain, Huarte, Noain, Beriain, Berriozar, etc.  Esta empresa tenía una de sus paradas más importantes en la calle Arrieta cerca de la plaza de Toros y los Escolapios (las que iban al este de la Comarca) y otra en Yanguas y Miranda, junto al viejo solar de Intendencia, donde paraban las que iban al Norte, las que iban a Barañain paraban cerca de los Tres Reyes.

La plaza serviría de estación central de los autobuses urbanos desde mediados de los años 60, concretamente desde 1965, hasta casi mediados de los años 80, en que se sustituye el sistema radial, concentrado en un sólo punto por uno mucho más cercano al que tenemos, donde aun siendo el centro de Pamplona el foco principal de los viajes los puntos finales se diversifican y se descentralizan, creándose  nuevos itinerarios en una especie de malla igualmente radial. Es entonces cuando adquieren importancia algunos puntos como las plazas Príncipe de Viana y Merindades, Duque de Ahumada y Sarasate como paradas principales de las tradicionales villavesas.

En julio de 1999 se pone en marcha la nueva red de transporte urbano comarcal, siendo la Montañesa frente a COTUP, a la que absorbe, la que paradójicamente  se hace con el servicio. La Montañesa sería absorbida por el grupo Veolia y en noviembre de 2009 el transporte urbano lo explota la empresa catalana TCC, filial de Moventis. (En la foto adjunta vemos una villavesa aparcando en Duque de Ahumada)

De las villavesas se podría hablar largo y tendido, desde la apariencia y comodidad de sus vehículos, el color de los autobuses, verde casi siempre, al menos desde que yo lo recuerdo, hasta el amarillo, verde y blanco actual, el precio de sus billetes, quien se acuerda de aquellos pequeños tickets de 3 viajes, cuando los viajes costaban menos de 5 pesetas, o los bonobuses de cartón, a primeros de los 90, las tarjetas de pago son mucho más recientes, casi de primeros de los 2000, sistema que se sustituyó como quien dice hace dos días, en 2009 por el nuevo sistema de pago sin contacto.

De la plaza de la Argentina que a partir de 1974 se denomina plaza del Vinculo se pueden decir muchas más cosas. Recuerdo, en el lado que daba al Paseo de Sarasate, la Casa de Baños que aun aparece en pie en la fotografía (la Casa se construyó en 1852), y que sería derribada pocos años más tarde por un edificio moderno de ocho o nueve plantas que es el que hay, en ese lugar, en la actualidad. En aquel entonces las obras de construcción de los edificios duraba bastante más tiempo de lo que duran actualmente o al menos así me lo parecía. Recuerdo la enorme profundidad a la que estaban los nuevos cimientos de este nuevo edificio y los continuos problemas de embolsamiento de aguas que había en aquel enorme socavón.

 

Justo enfrente, en el otro extremo de la plaza, encontrábamos el antiguo cine Alcazar, en el que la verdad habré estado en apenas un par de ocasiones. Recuerdo que no era un cine muy moderno. El local tenía problemas de humedades. El cine Alcazar se inauguró en octubre de 1942, de mano de un industrial riojano, y se cerró en junio de 1978. Inicialmente contaba con butacas de sala y galería (el popular gallinero). La SAIDE se hizo cargo del cine en 1950, reformó el local en 1963 y eliminó el gallinero, sin embargo este no fue un cine afortunado por la visita del público, declinando mucho más rápida e intensamente que otros cines locales y cerrando sus puertas a finales de los años 70, como he dicho. El cine permaneció cerrado 10 años hasta que en 1988 fue ocupado parte de  su vestíbulo y sótano, por un comercio textil, Xania, creo recordar que se llamaba,  que  posteriormente desapareció   y ha sido sustituido por una Optica. El resto del edificio sigue cerrado, si bien hace algunos años se modificaron por parte del Ayuntamiento  los usos de este espacio de forma que pueda albergar en el futuro un uso comercial. En la fotografía adjunta de Arazuri de 1952 se divisan junto al cine Alcazar, en el extremo derecho de la foto, los cuarteles militares y más concretamente el de Intendencia.

En el lado de la calle del Vinculo encontrábamos el edificio de Correos y Telégrafos, construido en la década de los 20 del pasado siglo, en el solar que ocupase anteriormente el llamado edificio del Vinculo y seguidamente unas construcciones que por su estilo deben de ser de los finales del 40 o primeros 50. En sus bajos encontramos la cafetería Koppo. ¿Cuantos años tendrá?. Yo siempre la recuerdo ahí, probablemente esté ahí desde finales de los 60,  y más adelante, en dirección a la calle Estella durante más de 40 años estaba la Ferretería Larumbe, sustituida hace cinco o seis años por una marca de ropa.

 

En el lado de la calle Alhondiga estuvieron durante mucho tiempo las Escuelas de Artes y Oficios, Academia de Música, Alhondiga y Tránsito Municipal. En este edificio, derribado en octubre de 1965, estuvo provisionalmente el Ayuntamiento en el año 1952, mientras se reformaba el edificio de la plaza consistorial y desde ese edificio se lanzó ese año el chupinazo de las fiestas. De ese frente de la plaza tan solo queda en pie hoy en día el edificio de la antigua Casa de Socorro. El resto de edificios, a excepción del que hace esquina Alhondiga con Sarasate han sido sustituidos por nuevas construcciones en los años 60 y 70.

Por último, como curiosidad, cabe señalar que antes de que la plaza de la Argentina se convirtiese en la plaza de las villavesas había en el centro de la plaza  una hermosa farola ornamental que se había colocado en este lugar en  el año  1958,  después de haber estado durante mucho tiempo  en el Paseo de Sarasate,  frente a Diputación. La farola se suprimiría en 1965 para instalar las paradas de autobuses, guardándose durante treinta años en el almacén municipal, hasta que construido un parking vecinal en el subsuelo de la plaza, en el año 1995, la farola volvió a su sitio y a su pedestal. (En la foto de Arazuri, la plaza de la Argentina en el año 1963, con la farola ornamental en el centro, que hoy en día preside nuevamente la plaza).

Fotos de Martin Sarobe (1968) y Arazuri (1952 y 1963), “Pamplona, calles y barrios”

La Avenida de Guipúzcoa. De Recoletas a Cuatro Vientos (1950-2012)

Si hay una vía que puede considerarse la conexión natural con el Casco Antiguo  desde el barrio de la Rochapea esa es la Avenida de Guipúzcoa. La calle Joaquín Beunza la dejábamos para cuando, con el buen tiempo, subíamos andando a Pamplona por la Cuesta de Santo Domingo. Es por ello que hoy me apetece revisitar esta vía cargada de historia y de historias, y lo haré bajando del Casco Antiguo a Cuatro Vientos. Iniciamos el recorrido en la plaza de Recoletas, popularmente conocida durante muchos años como la Plaza de los Ajos, por instalarse en esta plaza, durante decenas de sanfermines, la feria más importante de ajos de la ciudad, tal y como vemos en la foto inferior de Arazuri de 1962,  una feria que ha ido declinando, con el paso del tiempo, hasta quedar apenas un par de casetas en los últimos años. La plaza data del siglo XVII si bien la fuente que preside el centro de la plaza, (foto 3ª), obra de Luis Paret, como otras tantas del Casco, es de finales del XVIII. Todas ellas se inauguraron poco después de la traída de aguas a Pamplona desde Subiza. Hasta finales del XIX la fuente estuvo en la zona sudeste de la plaza. Quizás muchos ignoren que durante más de 30 años, concretamente entre los años 1940 y 1972, la plaza se llamó oficialmente Plaza del Cardenal Ilundain, si bien la gente, con buen criterio, siguió denominando a la plaza con el nombre de las monjas del cercano convento.

La plaza ha sufrido diversos cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Hasta el inicio de los 80 había un par de kioskos en el lado de la plaza más cercano a la calle Mayor. Además y en el ángulo noroeste, cercano a la pared del convento y a la llamada cuesta de la Estación hubo, hasta esos años, un tramo de escalones de piedra que comunicaban esa zona de la plaza con la acera de la avenida de Guipúzcoa. En tiempos ese tramo de la avenida se llamaba popularmente como Cuesta de la Estación. Se denominaba popularmente Cuesta de la Estación (las razones del nombre parecen obvias), un término hoy en desuso y nunca oficializado, al tramo comprendido entre la zona cercana a la iglesia de san Lorenzo y el cruce de la bajada con la cuesta de La Reina. El nombre de Avenida de Guipúzcoa se aprobó por el pleno municipal en el año 1931 y según dicha resolución se denominaba así al tramo comprendido entre el antiguo transformador del Irati, situado sobre el tunel del  Plazaola, que discurría bajo la Avenida, y el final del término municipal, más allá de las Hermanitas de los Pobres.

Por cierto, el Irati, ferrocarril eléctrico que se inauguró en 1911, tenía inicialmente una estación de mercancías y pasajeros en el Rincón de la Aduana y una  de pasajeros en Sarasate, que se suprimió en 1930 y circuló durante varias décadas por un lado de la Cuesta de la estación y de la Avenida de Guipuzcoa para conectar con los ferrocarriles nacionales de la Estación del Norte. El Irati tenía sus cocheras donde está actualmente el Ambulatorio San Martín, en la  avenida de la Baja Navarra. A partir de 1946 el Irati suprimió su trazado urbano y se creo un ramal que iba por detrás del Manicomio para conectar con la estación del Empalme de la Rochapea. Dicho desvio se hizo, al parecer, para descongestionar tanto la carretera de Beloso como la avenida de Guipuzcoa.



Pues bien bajando por la Avenida de Guipuzcoa, dejamos a la derecha el muro del convento de las Recoletas y a la izquierda el parque de la Taconera. Cerca del Portal Nuevo hay una fuente y una larga escalinata, muy poco transitada, que vemos en la  fotografía de la derecha, que conduce a la plaza de la Virgen de la O y al Paseo de Ronda, paseo que estuvo hasta los años 90 cerrado al público en varios de sus tramos. Durante décadas tuvimos que sortear una estrechísima acera bajo el Portal hasta que  a finales de los 90 se habilitó el portón cercano a la acera como pasadizo. Hay muchos que creen que el Portal es muy antiguo y se sorprende cuando descubren que el Portal data de 1950. El portal que vemos, en la fotografía que abre esta entrada, es obra de Victor Eusa, que utilizó un estilo historicista en su diseño y culminó el gran arco del Portal con  dos torres almenadas.


Justo, donde acababa la cuesta de la Estación nos encontramos a la derecha el puente del Plazaola sobre el Arga, el primer puente se lo llevó una riada en 1930, bajo nuestros pies el tunel del Plazaola, y a la izquierda, saliendo del tunel continuaba la vieja vía hoy camino de la Biurdana, hasta la zona de la A.D San Juan, como recordaba en la entrada sobre este viejo tren. Junto a ella y cerca de la gasolinera de Discosa hubo durante años una fábrica  de harinas, cuyas instalaciones abandonadas y su gran chimenea vemos en la fotografía adjunta de 1987. Muy cerca, en esta misma zona, a mediados de los 90, se construyeron unos corralillos que nunca se utilizaron y que solo sirvieron durante una pequeña temporada para almacenar algunos coches de la grua. Con la aprobación del nuevo plan urbanístico de la Rochapea (en el año 1999) se decidió mantener los Corralillos cerca de su ubicación habitual (los antiguos se derribaron en 2003) y estos corralillos pasaron a mejor vida.


Recuerdo la gasolinera de Discosa desde que tengo uso de razón y sobre todo recuerdo el curioso mural que había bajo el arco del primitivo edificio de la gasolinera, un mural en el que aparecían las distancias a diferentes ciudades españolas, ilustradas con motivos alegóricos de dichas ciudades. Hace pocos meses que ha sido derribado dicho edificio, como lo será en breve el resto de las instalaciones para ser trasladada la gasolinera cerca del nuevo parque de bomberos. El mural, que vemos en la siguiente fotografía, fue pintado en los años 50 y que parece ser que pudiera ser obra de Leocadio Muro Urriza, autor también de otros murales en la ciudad como el del hall de acceso a la vieja estación de autobuses o los murales del antiguo cine Alcazar. Después de Discosa y hasta la Residencia de las Oblatas, hoy una residencia geriatrica, había unas cuantas naves industriales, las primeras de las cuales, las más cercanas a la gasolinera correspondían a la antigua fabrica de chocolates Orbea.

Orbea nació en el barrio de la Rochapea en el año 1952. Pertenecía al empresario guipuzcoano Santiago Otegui Campos. Otegui montó en Pamplona una fabrica moderna para lo que era habitual entonces, con un amplia producción de distribución nacional. Se fabricaban 7.000 kilos diarios de chocolate y se distribuían por toda España.  En la anterior entrada del blog ya he señalado como la Compañia Navarra de Alimentación, propietaria de Orbea llegó a un acuerdo con la otra empresa navarra Pedro Mayo, especializada en chocolates a la taza, concretamente en 1977, de forma que Pedro Mayo cedió su marca a CNA y pasó a fabricarse en esta planta junto a la marca Orbea. En 1990 la compañía navarra fue comprada por Chocolates Asturianos que en poco tiempo y por una mala gestión la descapitalizó, cerrándose en el año 1992. Poco tiempo después  se derribarían las instalaciones de Orbea en la Avenida Guipúzcoa.

Más adelante de la planta de Orbea y separada de esta por un camino hacia Trinitarios podíamos encontrar varias naves industriales, por lo menos cinco naves, dos de ellas, las primeras, retranqueadas, más alejadas de la avenida, y luego dos o tres seguidas lindantes con esta. Todas estas naves fueron derribadas a lo largo del año 2009 para abrir la nueva vía de tráfico de la Biurdana. Algunas de ellas  si mi memoria no me falla albergaron  diferentes concesionarios de automoviles entre los que creo recordar el de Irusa Ford. En los últimos tiempos alguna de esas naves,  sirvió de deposito municipal de material de obras y también de almacenamiento para la sal, en época de nevadas. Finalizadas estas naves, había otro camino que se adentraba igualmente hacia Trinitarios. 

Junto a este camino se erigía y erige la Residencia de las Oblatas (del Santísimo Redentor) que  vemos en la fotografía adjunta. La Residencia de las Oblatas recogía muchachas con problemas, antes estuvieron en la calle Mayor (1912), más allá de Capuchinos (1912) y en Tejería (1928-1933), tras el que se trasladaron a su emplazamiento actual. El edificio de la actual residencia  fue construido por el arquitecto Eugenio Arraiza e inaugurado el 12 de junio de 1948, y posteriormente ampliada por el mismo arquitecto en 1953. Pertenece al mismo estilo monumental un tanto grandilocuente de los Caídos y la Delegación del Gobierno, propia de la época franquista. Sugiere formas palaciegas propias del siglo XVII, con sus grandes ventanales y donde se combinan el ladrillo rojo de las fachadas con la piedra y los tejados con formas redondeadas de pizarra. Pasada la residencia de Oblatas otro camino, este más urbanizado que los anteriores se adentraba en el ignoto y extenso espacio de Trinitarios. Junto a la avenida, en el nº 7,  un edificio de viviendas de baja más dos plantas abría el largo espacio ocupado hasta el río por los viveros de Villa Miranda. La empresa Viveros Villa Miranda se en 1916, siendo su actividad la del comercio al por mayor de cereales, tabaco en rama, simientes y alimentos para los animales. Los viveros fueron derruidos en el año 2009 y el edificio de viviendas y otras instalaciones algo más tarde.

Si pasamos al otro lado de la Avenida el primero de los hitos más importantes los tendríamos en el nuevo puente de Oblatas (en  la fotografía de la derecha). El proyecto de los arquitectos Luis Tabuenca y Manuel Blasco se presentó en 1991. Estaba inspirado en el puente de la Barqueta de Sevilla y tenía una altura de 16 metros en su punto más alto. su construcción no estuvo exenta de dificultades. Las riadas se llevaron sus pilares en octubre y nuevamente en diciembre de 1992. Por fin, en agosto de 1993 se logró alzar la estructura y en marzo de 1994 se hizó la correspondiente prueba de carga para comprobar sus resistencia. Tendrían que pasar tres años hasta que finalmente fue abierto al tráfico, concretamente en julio de 1997 si bien para derivar los coches hacia la avenida de Guipuzcoa, puesto que aun tendrían que pasar 12 años más, hasta diciembre de 2009, para que el vial de las Oblatas tuviese su continuación natural a través de Biurdana.

Posteriormente tendríamos que hacer alusión al viejo puente de Santa Engracia. El puente de Santa Engracia que conectaba la avenida de Guipuzcoa y la calle Joaquín Beunza (hoy la calle discurre unos metros más allá y con quien conecta es con la calle Rio Arga) es el segundo más antiguo de la ciudad, después del de San Pedro, anterior al siglo XIII. Hasta la construcción del puente de Cuatro Vientos fue el que facilitaba la comunicación de la ciudad con el norte de Navarra. Al igual que en el puente de San Pedro, en la zona de la avenida existe una cruz de piedra. La presa que hay junto al puente se construyó en piedra también en torno al siglo XIII, con el fin de servir al molino harinero municipal. En 1888 el molino se transformó en una central eléctrica propiedad del Ayuntamiento, la llamada Electra Municipal, que fue subastada en junio de 1939.


Poco después se instalaría en el lugar, Industrias del Caucho, fundada oficialmente en el año 1942  por Bernardo Echamendi. La fábrica, que vemos en una fotografía de aquellos primeros años, se quemó en 1953 reconstruyéndose ese mismo año. En este lugar ha permanecido casi 70 años hasta su derribo en julio de 2009. Inicio su actividad con la producción de planchas para el calzado y piezas moldeadas de caucho. A partir de 1975 la empresa se especializa en la producción de mezclas y laminados del caucho. Actualmente está situada entre los lideres del mercado europeo en el sector de laminados y planchas de caucho de uso industrial. A finales del pasado año y como consecuencia de las obras de ampliación del parque fluvial del Arga se descubrieron bajo los pilares de Industrias del Caucho los cimientos y un canal del antiguo molino harinero municipal que se conservarán e integrarán en el entorno. Acabamos nuestro paseo en el nuevo puente de santa Engracia, conocido popularmente como puente de Cuatro Vientos. Construido en 1789, por Angel Ochadategui, ha sido objeto de varios ensanchamientos, el primero de ellos en 1932. Hace unos pocos meses, con el derribo de los cimientos de Industrias del Caucho se ha liberado uno de los ojos del puente parcialmente cegado durante décadas así como una isleta formada en el lado del río más cercano a los viveros de Villa Miranda. 

El Rincón del Caballo Blanco y la calle del Redín (1961-2001)

El Rincón del Caballo Blanco es uno de esos lugares encantadores y entrañables que me retrotraen a mi más tierna infancia. Era y sigue siendo uno de mis rincones preferidos. Me imagino que no seré el único al que le suceda esto. De aquel Rincón me queda el recuerdo de una especie de palacete medieval que era como veía entonces al Mesón, la existencia en aquellos años sesenta de unos curiosos catalejos en la zona del Baluarte del Redín  que funcionaban solo si les echabas algunas monedas  y que nos permitían disfrutar de una   inmejorable panorámica  y donde atisbábamos ya no los ataques de las huestes enemigas pugnando por escalar las murallas sino la creciente evolución de unos barrios, allende las orillas del río,  todavía con grandes espacios verdes, como el viejo barrio de la Rochapea, el meandro de Aranzadi o el barrio de la Magdalena con  el monte San Cristobal, de fondo. ¡Lo que ha cambiado el panorama que se puede observar desde este mirador desde aquellos años!. Poco tiene que ver la última foto de la entrada, que data  del año   1999 o 2000, con la que se podría haber tomado desde este lugar 30 o 40  años antes. En los años 70 recuerdo también la existencia de un minizoo en los fosos de este Baluarte que tuvo una corta existencia.
El Mesón del Caballo Blanco, en la  foto superior, se construyó en el año 1961, en el lugar que antes ocupase un humilde cuerpo de guardia (que podemos ver en la foto adjunta,  que data del año 1954), y se construyó precisamente con los restos del palacio medieval de Aguerre (también llamado popularmente, en el siglo XX, como Casa del Orfeón) que había sido derruido unos años antes entre las calles Nueva y Ansoleaga  para erigir en su lugar el Hotel Maisonnave. Junto al Mesón del Caballo Blanco se encontraba y se encuentra parte de la Cruz del Mentidero situada originalmente en la calle Mercaderes. El Mesón, local de propiedad municipal, es por su privilegiada ubicación un establecimiento hostelero de gran éxito en los meses de verano, habiendo conocido a lo largo de su historia muy diversos inquilinos o concesionarios entre los que cabe destacar, por su naturaleza a los comerciantes del Casco Antiguo, a primeros de los 80 (Asociación Burgo de la Navarrería),  y a la Universidad de Zaragoza, de la que dependían las escuelas universitarias de  Pamplona hasta 1987, un poco después. De aquellos primeros años 60 data también la colocación de tres cañones, en el tramo entre el baluarte y el portal de Francia, como vestigio de una época pasada de batallas y defensas que ya no volvería. Los cañones sufrieron un gran abandono a lo largo de las siguientes décadas, hasta que finalmente dos de ellos se trasladarían al interior de la Ciudadela, cerca de su puerta de entrada.

Bajo el baluarte del Redin se pueden observar diferentes estructuras defensivas, el baluarte bajo de Guadalupe,  el revellín de los Reyes, y a la izquierda el Portal de Francia, el baluarte del Abrevador y el baluarte bajo el Pilar. Después de la Ciudadela en esta zona se encuentra  la estructura defensiva más completa de la ciudad histórica. Además del Mesón del Caballo Blanco y el Mirador  llama la atención en el lugar, dándole el oportuno tono pintoresquista, el pasadizo elevado sobre la calleja del Redín que se observa desde la explanada cercana  al Mesón en las dos primeras fotos. El pasadizo elevado permitía conectar el convento de las Siervas de María con las casas del otro lado de la calle sin tener que romper el voto de clausura. En la explanada cercana al Mesón durante décadas trabajaron  los cordeleros de la ciudad, el último de los cuales, Juan Angel Elizari  se jubiló en octubre de 1968, tras 40 años de dedicación al oficio. En la  foto adjunta, que data de 1965, vemos a los cordeleros en plena faena, con la fabrica de chocolates de Pedro Mayo, de la que hablaremos a continuación, situada en la calle del Redin, al fondo, a la izquierda.
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En dirección al Portal de Francia por la calle del Redín podíamos ver a nuestra izquierda, los altos muros del  citado Convento de las Siervas de María, así como otros muros y edificaciones, tras los cuales estaban el antiguo Laboratorio Provincial, las traseras del convento de las Carmelitas Descalzas o  la antigua fabrica de chocolates Pedro Mayo. Nos detendremos un poco en esta histórica firma pamplonesa. En 1860 el joven de Ochagavía, Pedro Mayo Etulain comenzó a elaborar ceras y chocolates en el nº 10 de la calle Zapatería, siendo el verdadero impulsor y “alma mater” de la centenaria firma pamplonesa hasta su fallecimiento en el año 1913 y constituyendo uno de los principales industriales de la ciudad. Sus herederos tomaron el relevo y mantuvieron el prestigio de la marca trasladándose a finales de los años 20  a la calle Nueva y tras la guerra civil  a la calle del Redín, ampliando su producción a las pastas variadas y  turrones. Será en 1974, cuando se trasladan a Artica, cuando se centren exclusivamente en la fabricación de chocolate. La empresa comienza a atravesar graves dificultades y los Sucesores de Pedro Mayo se fusionan con la sociedad propietaria de Chocolates Orbea acuerdo que se mantuvo hasta 1990 año en que Orbea fue adquirida por Chocolates Asturianos y desmantelada poco después. En 1994, antiguos trabajadores impulsaron el proyecto Chocolates de Navarra que agrupa las marcas Pedro Mayo, Orbea y Leyre, en su sede de Aizoain. Al final de la calle del Redín se construyeron en los años 70 unas nuevas edificaciones que, la verdad sea dicha, desentonan bastante con el entorno monumental. En los bajos de este nuevo edificio hubo, en los años 70, una pequeña discoteca, el Xuberoa que quedó calcinada por un pavoroso incendio  allá por  el año 1980.Fotos Redin (1954) y cordeleros trabajando (1965) : J.J Arazuri, “Pamplona, calles y barrios” 

El Instituto Irubide (1977-1981)

Tras terminar la EGB en junio del año  1977 y la obtención del Graduado Escolar, tocaba elegir. Los chavales (trece años), o en muchos casos los padres, elegían por nosotros: Bachillerato o Formación Profesional. Comenzaba la primera división de los viejos amigos de la infancia que más o menos te habían acompañado a lo largo de la educación primaría, luego llamada EGB. Inicié el Bachillerato, entonces llamado BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) en septiembre de 1977 en el Irubide, Instituto Nacional de Bachillerato Padre Moret, situado en el comienzo del barrio de la Chantrea, muy cerca del paraje donde el viejo Camino de la Magdalena se bifurcaba hacia el interior del barrio de la Chantrea por un lado y hacia Capuchinos, a través del Camino de los Alemanes, por otro. Nuevos compañeros y compañeras, nuevas amistades. Se abría una nueva etapa de la vida. El viaje al instituto, desde casa, lo hacíamos o compartíamos, generalmente, varios compañeros-as, desde Marcelo Celayeta, luego bajabamos por Cruz de Barcacio, atravesábamos el Puente de San Pedro y enfilábamos la larga calle del Vergel hasta la Magdalena. De aquellos cuatro años (1977-1981) que pasé en el Irubide he de decir que guardo un gratísimo recuerdo, especialmente de los dos últimos. 
De aquella época recuerdo, con agrado,  algunos profesores como Belen Osacar y Carmen Beperet que nos dieron Francés, Germán Gonzalez y Jose María Romera que nos dieron Lengua Española, Santiago Arellano que impartía Literatura, Carmen Olascoaga, Matematicas, Felipe Val, Latín, Merche Manero, María Antonia del Burgo y Mutiloa, Geografía e Historia, Juan Mari Guasch, Filosofia, Vicente Galbete, Dibujo, Ana Pueyo, Griego, y tantos otros que se pierden en la bruma de los recuerdos, recuerdos  de hace más de 30 años. Ahí es nada. Recuerdo las primeras excursiones en el primer curso: a Roncesvalles, Sanguesa, Zumaya, etc, las fiestas del instituto, sobre todo las de los últimos años con actividades culturales en el salón de actos: recuerdo un ciclo de cine clásico con películas como  “El acorazado Potemkin” o “Un perro andaluz.”o una conferencia de mi admirado J.J. Arazuri, a quien conocería muchos años más tarde, por motivos profesionales, recuerdo también actividades musicales o de teatro en dicho salón, algunos calderetes  en las inmediaciones de la  UDC Chantrea y en la campa detrás del instituto, conciertos de rock en los primeros 80, etc. Fueron años un tanto  convulsos pero apasionantes tanto en nuestras vidas como en la historia de nuestro país. Sin ir más lejos, la tarde del  golpe de estado del 23-F nos sorprendió en plena clase de Latín del profesor Val.
Entrabamos al instituto bien por la puerta trasera, después de atravesar la campa de Irubide (en aquellos años estaba muy lejos de ser el parque que es hoy) o bien por la delantera que daba a la zona de la Magdalena, entrando desde la calle Lumbier.El instituto contaba además de con un salón de actos, con un gimnasio, canchas de futbito y baloncesto, laboratorios, una pequeña cafetería, etc.  El frontón se empezó a construir a primeros de los 80 y se cubrió algo más tarde, como podemos comprobar en la foto. Recuerdo los largos pasillos, las diferentes aulas, los grandes ventanales. En aquellos años podía haber 8 aulas por cada curso. El instituto, de baja más dos alturas se había construido en 1972 (con la misma apariencia se construyó el  Ermitagaña, osea el Navarro Villoslada) y aunque estaba concebido para unos 850 alumnos, en los años en que estuve, llegó a contar con unos 1.200 alumnos, y excepto en COU,  en que estábamos unos 22 alumnos, en el resto de cursos estaríamos unos 30 alumnos por aula. A diferencia de los tiempos actuales la jornada en la mayoría de los cursos era de  jornada partida, por la mañana y por la tarde. Los tres primeros años componían el BUP, con el que obtenías el titulo de Bachiller, luego el último año era el COU (Curso de Orientación Universitaria) como anteriormente había sido el PREU. Tras el COU hacíamos las Pruebas de acceso a la Universidad, la entonces temida Selectividad que hicimos en los Institutos de la plaza de la Cruz. Anteriormente había lo que se llamaban las reválidas (cuarto y revalida y sexto y revalida). En el Plan anterior tras la enseñanza primaria venía el bachiller elemental (cuatro cursos) y el bachiller superior (dos cursos) además del PREU.

Además del Instituto, donde pasamos la mayor parte del tiempo nuestro radio de acción en los recreos llegaba hasta algunos bares como el Abuelo y el Luis en la plaza de la Chantrea o el Irubide, un viejo bar en la confluencia de Magdalena y el Camino de los Alemanes. Recuerdo que en el lado izquierdo de la calle de la Magdalena subiendo hacia la calle San Cristobal había una especie de guardería u hogar infantil, y un poco más adelante el centro de formación profesional Virgen del Camino. En el lado derecho había un denso núcleo de viviendas, todas ellas del llamado Patronato Francisco Franco, y más adelante el colegio Mariana Sanz. Cerca de éste, allá por el año 1972 recuerdo que se abrió el primer supermercado Eroski en Navarra alrededor de la llamada plaza de las Pirámides.

Siguiendo la via del tren y el viejo camino del Plazaola (1966-1996)

La vía del tren marca los lindes del barrio de la Rochapea por el noroeste, separándola del barrio o enclave de Santa Engracia. Hasta la construcción de los nuevos bloques de edificios de la nueva Rochapea desde mi ventana vi pasar a lo largo de más de tres décadas  diferentes trenes,  desde aquellas viejas locomotoras negras alimentadas por carbón hasta los más modernos convoyes. La instalación en el siglo XIX de la  Estación del Norte marcó, por su cercanía, el incipiente  desarrollo del barrio y posibilitó, en buena medida,   la importante industrialización experimentada ya desde finales del siglo XIX y sobre todo a lo largo del siglo XX. En la fotografía de la derecha vemos  la Estación del Norte en los años 20.  

A pesar de que ya en siglos anteriores había pequeñas industrias en la Rocha, de cera o de lana,  de las cuales quedan  todavía algunos  topónimos,  es a finales del siglo XIX cuando empiezan  a surgir algunas fundiciones como la de Sancena en Joaquin Beunza o la de Apolinar Arrieta en el Camino de los Enamorados, la fábrica de gas que daría nombre a los Corralillos, o empresas manufactureras de diverso tipo  a las que seguirían en los primeros años  del siglo XX, en las proximidades de la Estación del Norte, la azucarera de Carlos Eugui, o la de fundición de metal y maquinaria agrícola de Múgica y Arellano, en el edificio donde hoy está el instituto Cuatro Vientos (Este edificio  albergó anteriormente la fabrica de encurtidos de Calzados López). En los albores del siglo XX, las escasas edificaciones de la Rochapea se concentraban en las inmediaciones del puente de la Curtidores, la calle Errotazar, el puente y el cruce de Cuatro Vientos, la estación del tren y la entonces avenida de Villava, hoy Marcelo Celayeta.

La vieja Rochapea  hortelana y semirural que vivía   junto al río,  iría evolucionando y fusionándose, a lo largo del siglo XX, con  una Rochapea cada vez más industrializada y obrera que marcaría de forma indeleble la personalidad de este barrio de Pamplona, el primero, el más antiguo y con más solera, tras el Casco,  la ciudad histórica encerrada entre las murallas. A pesar de ser un barrio extramural y que a algunos todavía se nos escapa aquello de “subir a Pamplona”,  ser de la Rocha ha sido  durante mucho tiempo una autentica seña de identidad y motivo de orgullo para  muchos de sus habitantes.

En esta entrada realizaré un breve pero intenso recorrido desde la Estación y siguiendo la pronunciada curva de la vía (del famoso bucle) hasta su salida en paralelo al viejo camino del Plazaola llegaremos hasta Berriozar recordando lo que veíamos a uno y a otro lado de la vía del tren a lo largo de esas tres décadas.
La línea férrea actual se inauguró el 14 de septiembre de 1860, con la apertura del tramo Caparroso-Pamplona. En 1878, esta línea se fusionó con la compañía del Norte, de ahí el nombre de la estación. Posteriormente en la segunda década del siglo XX se pensó en enlazar Madrid con París por los Alduides atravesando lo que hoy es la avenida de Marcelo Celayeta pero esa idea se desechó y nuestra estación quedó como una estación de segundo orden en el ámbito nacional. En 1941 con la nacionalización del ferrocarril pasó a depender de Renfe. Hasta 1956, la Estación de Pamplona fue estación de empalme entre el ferrocarril de vía ancha nacional y el de vía estrecha Plazaola-Irati.

La Estación de Renfe de Pamplona  ha conocido diversas reformas a lo largo de su historia, una de las más importantes se produjo en los años 50, en el que se sustituyó el viejo anden que vemos en la 2ª fotografía de la entrada (de 1951) por una apariencia más moderna (como la de la 3ª  fotografía de la entrada,  de 1971).  De la vieja estación de Pamplona  recuerdo el gran reloj del anden, el  factor de la estación, el altavoz anunciando las próximas salidas y llegadas, el variopinto paisanaje, tanto local  que merodeaba la estación,  como el fugaz y viajero  que recalaba apenas unos minutos o unas horas en la estación.

Afortunadamente los tiempos cambian y aquellas viejas instalaciones se remozaron hace algunos años para comodidad del cada vez mayor número de viajeros que utilizan los modernos convoyes Alvia: los servicios…ughhh, la cafetería, la sala de espera con su gran mapa de España y el horario de salidas y llegadas, las ventanillas de venta de billete , etc . Todo un microcosmos. Como señalaba al principio de la entrada, a lo largo del último medio siglo he visto pasar y también, por que no, he viajado como tantos otros  en aquellos viejos trenes traqueteantes  impulsados por aquellas ruidosas locomotoras negras  de vapor alimentadas por carbón, -la línea todavía no estaba electrificada-,  posteriormente en aquellos trenes  movidos por unas macizas  locomotoras  eléctricas y diesel, he visto pasar trenes de apariencia más moderna como el automotor TAF de color plateado, y que aparece en la 4ª foto,  he visto y viajado en el automotor TER, de color azul, en los tranvías de cercanías, los conocidos  ferrobús,  que nos llevaban hasta Alsasua, primero de color claro y luego   de color rojo, para coger luego  los lentos y larguisimos convoyes como el Iberia Express, he viajado en los electrotrenes basculantes de color rojo y por último en los comodísimos Altaria y Alvia.

Saliendo de la Estación de Pamplona en dirección a Alsasua pasamos por debajo del puente de la Estación y  dejamos al lado izquierdo el barrio de santa Engracia (a la izquierda, en la foto), y al lado derecho unas instalaciones de la antigua azucarera de Eugui (en la foto ya desaparecidas), un poco más adelante la fabrica Perfil en Frío y a la derecha el viejo campo del Gure. Perfil en Frío se instala en la zona de Santa Engracia a finales de los años 50. Inicialmente y de la mano de Javier Vidal y José María Goyena comienza su actividad dentro de Imenasa hasta que se traslada con apenas medio centenar de trabajadores a la Rochapea. En sus mejores momentos la factoría de la Rochapea llegó a tener más de 400 trabajadores. Desde comienzos de los 70, la factoría fue adquirida de forma progresiva por Ensidesa hasta su total absorción en el año 1988. Conoció sucesivas fusiones con Laminaciones, CSI transformados y Aceralia. La factoría  comenzó fabricando perfiles y posteriormente tubos, paneles y estructuras espaciales. La fábrica se derribó en el año  2003.

El antiguo campo del Gure que aparece  en la fotografía  de la izquierda, ocupó hasta el año 1966 los terrenos de la desaparecida fabrica de piensos compuestos Caceco y ocupaba en toda su extensión desde el limite de las instalaciones de la azucarera de Eugui hasta la tapia del campo o recinto de los camineros de Diputación,  con el viejo barracón en el borde cercano a la vía del Plazaola. El Gure Txokoa fue un destacado equipo de fútbol del barrio que cosechó grandes éxitos dentro del Trofeo Boscos. En él jugaron jóvenes promesas como Sanchez, Zabalza, Santamaría , algunas de las cuales recalarían posteriormente  en Osasuna. En 1971 el Gure se fusionó con otro equipo de fútbol del barrio, el Gaztedi, dando lugar a la UDC Rochapea. Como adelanté en la entrada de la travesía del Ave María, en esta calle, en un bajo del nº 10,  tuvo su sede la sociedad deportiva Gure Txokoa. Cabe señalar que tras la desaparición de su campo en 1966 y durante cerca de 30 años, hasta 1996, para la gente del barrio, tanto jóvenes como mayores  el pequeño campo que quedó entre la fabrica de Caceco y la tapia del campo de la Diputación siguió siendo para nosotros el campo del Gure, así abreviado como lo cito. ¿Cuantos juegos infantiles, partidos de fútbol, paseos, labores al sol de muchas mujeres del Ave María habrá conocido ese pequeño campo a lo largo de aquellas décadas?.


Piensos Caceco se instaló en la Rochapea, concretamente entre la calle Nazario Carriquiri y las vías del tren en el año 1966. Formó parte de mi paisaje visual por 30 años y muchos vecinos de la zona sufrimos durante buena parte de ese tiempo los ruidos,  olores y otro tipo de emanaciones en tiempos en los que no había precisamente demasiada sensibilidad medioambiental que digamos y desde luego poco importaban lo que pudieran decir los vecinos. ¿Quien se imagina ahora una fábrica como esta,  a 20 metros escasos de unas escuelas o a 40 de unas casas, una fábrica de colamina o un taller de rechauchutado que quemaba el  caucho bajo unas viviendas por poner los ejemplos que más cercanos tenía. Eran tiempos en los que en la Rochapea, más que en ningún barrio de Pamplona, convivían decenas de fábricas algunas más molestas que otras y talleres de todo tipo  junto a las viviendas de los habitantes del barrio. En la fotografía de la derecha  vemos la fábrica de Piensos Caceco en pleno proceso de desmantelamiento en el año 1996 y  tras ella la factoria de Perfil o Perfrisa.

Siguiendo la vía del tren dejamos a un lado, como he dicho, el campo tapiado de camineros de la Diputación, el parachoques del tren al que aludí en la entrada autobiográfica “Aquellos cálidos veranos”, ¿cuantas cabañas habremos hecho de chicos en aquel rincón de nuestro barrio o en los regachos secos en verano  por los que circulaba luego el agua en las temporadas de lluvias? y al otro lado aun la enorme fábrica de Perfil que vemos en la foto de la izquierda. Recuerdo cuando las paredes de la fabrica eran de cemento antes de transformar toda su estructura a metal y como unas vías secundarias entraban en la factoría y transportaban luego las grandes bobinas de acero en tren a otros lugares de la península y también recuerdo algunas huerticas junto a la fábrica, casi pegadas a ella, al otro lado de las vías. Terminada la factoría había un camino que atravesaba la vía del tren y que permitía llegar, bajo el cerro del actual Parque de las Aromas, a una bifurcación, un camino conducía a Santa Engracia y el otro a un sendero, al final del cual había una casa solitaria y posteriormente una serrería.  En la foto que aparece a la izquierda y que data de 1985 se puede ver la fabrica de Perfil en Frio, y también en ella  podemos observar aun la tapia del campo de la Diputación y unos grandes tubos en el campo del Gure, junto a la  citada tapia  creo recordar que para canalizar las aguas que hasta entonces circulaban libres por los campos próximos.


Siguiendo la vía del tren dejamos a la izquierda  el cerro antes citado en cuya parte más próxima a las vías hubo en los años 70 una casa de dos plantas que se quemó (y que también  puede observarse  en la foto anterior) y a la derecha el cerro tajado en dos  para dejar paso por su hondonada al antiguo tren del Plazaola. Cuantas veces habremos ido por el camino de arriba, bajo una torre de alta tensión o por el camino de abajo, hollando los restos de las antiguas vías del ferrocarril de vía estrecha, tal y como se observa en las fotografías adjuntas. Como decía en la entrada del viejo Camino del Plazaola, al pasar este cerro nos encontrábamos entonces con la figura del familiar para nosotros Monte de San Cristobal. Al lado izquierdo podíamos divisar las traseras de la antigua fábrica de gasesoas Oderiz (La Casera), el edificio de ladrillos rojos de las Hermanitas de los Pobres y la factoría de la fábrica  Bendibérica (en la foto más pequeña), también referenciada en otra entrada (en la de la antigua calle Joaquín Beunza), todas ellas en la avenida de Guipúzcoa y  más adelante las primeras casas del pueblo nuevo de Berriozar. El pueblo viejo con su  lavandero y su fuente solía ser a menudo el final de nuestros paseos por el antiguo camino del Plazaola. Al lado derecho teníamos el Soto o Prado de Artica (en la foto, con el monte al fondo), y más allá  el polígono industrial de Artica. Más adelante  había en el camino del Plazaola un cruce que en dirección noreste nos subía por un camino hacia el pueblo de Artica, en los años 60 y 70 compuesto apenas  por unas pocas casas; a la mitad de este camino había una pequeña fuente hoy seca y escondida entre arbustos y tras esta  surgía un camino que nos llevaba  hacia un pinar del monte San Cristobal del que hablaré en otra entrada más adelante. Ese cruce en la dirección opuesta conducía tras un paso sin barrera a la avenida Guipúzcoa. Campos de labranza y más tardíamente en el tiempo un buen número de huertas flanqueaban a un lado y a otro el viejo camino del Plazaola, hasta el fin de nuestro paseo en Berriozar.

La Avenida de Marcelo Celayeta (1976-1996)

Después de un tiempo sin atender al blog, por circunstancias familiares, vuelvo a este pequeño diario personal de apuntes y recuerdos sobre la Rochapea y la Pamplona que he conocido desde mi infancia. Y vuelvo a esa calle que fue eje principal del barrio de la Rochapea durante la mayor parte de su reciente historia, la avenida de Marcelo Celayeta. La primera de las fotografías es de la zona más cercana a la iglesia del Salvador y a la Travesía del Ave María y data de la segunda mitad de los años setenta. De los establecimientos situados entre esta zona y el cruce del Porrón hemos hablado parcialmente en la entrada referida a la avenida en el año 1967 y en la entrada de los derribos de 1996. También ha habido referencias a los bares de la avenida en la entrada referida  a Cuatro Vientos. Ahora empezaré el recorrido de la avenida, donde lo dejamos, aproximadamente en el desaparecido cine  Amaya y continuaremos por esta acera hasta la zona del Porrón. Luego en función del interés pasaremos indistintamente a un lado o a otro de la avenida.
Junto al fenecido cine Amaya había una calderería, la calderería Aranguren,  hoy situada en la carretera Artica, más adelante estuvo durante buena parte de los años 80 y siguientes,  en esta misma acera la cafetería de la Coro. Donde ahora está la Cafetería la Rocha hubo en los años 70  uno de aquellos  primeros “night clubs” o barras americanas que proliferaron en los barrios de la vieja Pamplona en los albores de esa década, el Bar Caribe. Tras la ronda de los pisos que había en este tramo estaba la oficina de correos de la Rocha, un almacén  de Echeveste y Compañía, un poco más adelante la Bodega donde se fabricaba el pacharan Baines  y los pisos de la 1ª fase del Salvador inaugurados en noviembre de 1960, con alguno de los establecimientos más representativos del barrio, como Casa Feliciano (abierto  desde 1961 y de los pocos que aun permanecen en activo desde entonces), la mercería Isabel,  la droguería Redín, el bar la Senda,  la pescadería Sesma que regentaban los padres de Javier Sadaba y luego él mismo, la carnicería San Miguel que estuvo anteriormente al otro lado de la avenida, una  peluquería de caballeros, regentada por Pedro María Ganuza y la tienda de la Angelines que cerraba este tramo repleto  de comercios. 

Nos detendremos un momento para hablar de Baines. Casa Baines se instaló en la Rochapea en 1844, de la mano de unos emprendores suizo-italianos, los Matossi, dueños también del conocido “Cafe Suizo” de la plaza del Castillo dedicandose inicialmente a la fabricación de aguardientes y licores. Era famoso su “Licor de Chardon” a base de frambuesa. En 1959, tres personas vinculadas familiarmente, Daniel Baines,  José Ibañez y Severino García compraron la nave de los Matossi en Marcelo Celayeta  y comenzaron a fabricar sus licores, entre ellos,  su famoso pacharan. En el año 1998, al quedar la nave fuera de ordenación, Pacharan Baines se traslada de su sede de Marcelo Celayeta  al poligono de Agustinos.

Justo en el cruce de Celayeta y Tirapu  donde existe hoy una pequeña placita con dos arboles y una fuente que vemos en la fotografía teníamos el Bar Rodriguez, una nave de hierros, Asan (que hoy ocupa el Caprabo), y justo al lado donde hoy hay una frutería había una sucursal de la Caja de Ahorros de Navarra. Siguiendo desde el cruce por Bernardino Tirapu, a la vuelta del bar Rodriguez, en un pasaje entre los pisos, hubo durante algunos años un pequeño kiosko de chucherías y  cerca, en Tirapu recuerdo un pequeño dispensario médico donde, ¡oh, terror! nos ponían las inyecciones, de pequeños.

En el otro lado de la avenida y tal como dije en la entrada de los derribos de 1996, tras el caserón de IFA, que en sus últimos años fue objeto de los okupas, estaba la que llamábamos la casa de la Maritxu, un pequeño descampado  al lado, cercado por una valla,  y las casas del Salvador, con el Bar Carcar y la ferretería La Oriental, la carnicería San Miguel, y cerrando este tramo la todavía existente farmacia de Oficialdegui, entre los establecimientos más destacables. A la vuelta, bajo un soportal una cabina telefónica y en la esquina de este rincón hubo primero un estanco y luego y durante los últimos años un pequeño kiosko de prensa y revistas que acaba de cerrar. En este rincón había un par de bancos  que venían muy bien para esperar al autobús cuando llovía.
Atravesamos Bernardino Tirapu y nos situamos justo en el Bar Porrón, en las casas de la Carbonilla, lugar emblemático como pocos de este barrio y que como Cuatro Vientos está lleno de resonancias de todo tipo en la historia de esta ciudad. Al lado de las Casas del Porrón teníamos la escuela de la Carbonilla ( en la foto de J. Cia) que conoció diversos usos a lo largo de su historia: escuela, dispensario médico, nuevamente escuela, sin uso  hasta su actual destino como centro municipal vecinal y de atención a la mujer. Según J.J. Arazuri, a partir de los años 30 se conocía como barrio de la “Carbonilla” a un grupo de casas situadas en el cruce de la entonces carretera de Villava y la vía del Plazaola. Su origen parece estar en que las viviendas fueron construidas con bloques elaborados con carbonilla recogida de los desechos de las calderas de las máquinas de vapor de la Estación del Norte. Durante años se podía comprobar la existencia de dichos bloques en los desconchones de la fachada de las citadas casas, tanto en la del Bar Porron, hasta su rehabilitación, como en la casa que flanqueaba las escuelas de la Carbonilla por su derecha.
Las Escuelas de la Carbonilla se construyeron igualmente durante los años 30, en plena República, en los terrenos ocupados anteriormente por la carpintería Artola. Pretendían ser unas escuelas laicas frente a las religiosas del Ave María. Recuerdo, tras haber terminado el 4º curso de la EGB, antes Enseñanza Primaria, en la escuelas del Ave María haber hecho el 5º curso en la Carbonilla, concretamente en el año 1973-74, antes de pasar a hacer los 3 últimos de la EGB en el Cardenal Ilundain, en las inmediaciones de las Casas de San Pedro. Las Escuelas de la Carbonilla en los tiempos que las conocí estaban practicamente como en la fotografía de J. Cia que data de los años 50: tenía un par de aulas, una en cada planta, en el patio había una especie de cobertizo donde jugamos a la pelota y había varios arboles, los que vemos en la foto y otros dos grandes cerca de la puerta del patio  que tenían un tipo de semilla volatil que llamabamos “pica pica”. De la Carbonilla que dependía del colegio Cardenal Ilundain recuerdo un aula muy amplia en la planta baja, a don  Gabino, a las primeras y jovenes maestras en prácticas, a la portera, una mujer mayor, rubia y sonriente, las primeras actividades extraescolares como las partidas de ajedrez, etc.

Siguiendo por la avenida, tras las escuelas de la Carbonilla había un pequeño descampado, luego un bloque de viviendas muy deterioradas, también de ese primer barrio de la  carbonilla, a continuación la vaquería de Larrayoz, donde yo he visto pastar  las vacas hasta los años 70 y primeros 80, la fabrica de hierros Aldaz Echarri, luego un camino que se introducía por uno de los extremos de las Casas de la 2ª fase del Salvador, un chalet, otro camino que bordeaba las citadas casas,  entre estas y la tapia de la gran fabrica de Matesa, que, por cierto,  pasaría a la historia de este país como uno de los grandes escándalos político económicos de la última etapa del franquismo.
Matesa (Maquinaria Textil del Norte S.A) fue fundada en 1957 por el industrial catalán Juan Vila Reyes. Algunos años antes, la familia Vila había abierto en nuestra ciudad un taller escuela que en 1946 se convertiría en Manufacturas Arga-Sedas.  La empresa, radicada en la Rochapea, se convirtió en una de las más prósperas de los años sesenta, al dedicarse a la exportación de una maquinaria textil sin lanzadera, un sistema revolucionario en la época y con patente francesa rebautizado por la empresa como Iwer. No obstante el escandalo estalló  el 23 de julio de 1969 cuando la Dirección de Aduanas denunció a Matesa por fraude contra el estado. Concretamente la empresa debía al Banco de Crédito Industrial, en el momento de descubrirse el fraude, 10.000 millones de las antiguas pesetas. Matesa había realizado operaciones de autocompra a través de empresas filiales con el fin de cobrar los créditos a la exportación a través del citado banco. Osea que en vez de vender por ejemplo 1.500 telares a la Argentina había vendido 120 quedandose con el crédito correspondiente a la venta de los 1.500 telares. En el escandalo aparecieron salpicados varios ministros del régimen y en aquellos años se habló de una dura pugna entre diferentes corrientes del régimen franquista. 

Matesa fue embargada si bien  la empresa continuó sus actividades industriales, bajo el control de un administrador judicial, hasta marzo de 1983, en que fue subastada por 66.000 pesetas y adjudicada a una sociedad laboral formado por antiguos empleados de la misma, siendo nombrado director general de esta nueva empresa su antiguo propietario Vílá Reyes. Dos años antes 21 de septiembre de 1981 un pavoroso incendio destruyó 900 de los 2.000 telares Iwer que Matesa tenía en sus almacenes, en parte al aire libre y en las traseras de sus edificios. Las pérdidas fueron estimadas en unos 300 millones de las antiguas pesetas. La empresa contaba en 1981 con 143 trabajadores.
  

Pasada Matesa, cruzamos la carretera Artica y nos encontramos con un bloque de naves industriales, entre las que estaba las de Industrias Chalmeta que fueron conocidas por un conflicto laboral que tuvo lugar en las postrimerías del franquismo. En estas naves ha habido diferentes usos:además de Chalmeta talleres textiles como los de Lopez Vicente, almacenes de chucherías como el de Dulce Guay, algún concesionario de automoviles, etc. Posteriormente y tras otro descampado llegamos a las Casas de Gurbindo y entre los hitos más conocidos de esta zona se encuentra otro bar, el conocido  Bar Karpy. Algunos  de los bares que he citado en este blog son como  como faros imperturbables  frente  a las mareas de los a veces profundos cambios urbanísticos, balizas a las que nos podemos asir de vez en cuando  en el neblinoso discurrir del tiempo. En aquella zona teníamos el centro de salud del barrio hasta 1991 en que se abriría el actual de Cruz de Barcacio, antes teníamos que acudir al de  San Jorge y anteriormente al Solchaga.  También en esta zona había un club de jubilados y la famosa biblioteca de San Pedro, abierta en 1970. Tras estas casas de Gurbindo llegamos a la carretera que iba  hacia el pueblo de Ansoain, un gran descampado, el colegio Cardenal Ilundain, otro descampado y por último llegabamos hasta el fin de la avenida con la famosa Casa Nuin que supuso el cese del alcalde Erice en octubre de 1976 por el  gobernador civil de Navarra.

En el colegio Cardenal Ilundain de cuyo primitivo edificio, construido en 1964, hoy no queda ni rastro (se derribó y remodeló por completo en el año 2002), cursé los tres últimos años de la EGB, 6º, 7º y 8º. Recuerdo especialmente a algunos profesores como Jose María   Gracia en 6º o  Javier Donezar en 7º, o una profesora, de la “vieja escuela”,  llamada Doña Socorro. Las escuelas que se ampliaron en su parte posterior precisamente en aquellos años (1974-1977) contaban con un campo de balonmano y futbito, un campo de baloncesto y en su parte trasera un campo de tierra. En 1981 contaba con 1.200 alumnos.
Retrocedemos hasta el cruce del Porrón, para recorrer la avenida por su lado derecho, (en dirección a Capuchinos). Mucho ha cambiado el cruce de Tirapu y Celayeta a tenor de lo que veíamos en la primera fotografía. A finales de los años 90 y primeros de la nueva década  se derribarían algunos viejos bloques de la histórica Rochapea, encajando entre los bloques de viviendas consolidadas las nuevas edificaciones. Partiendo de este punto y así, a vuela pluma en ese primer tramo de la derecha, desde el Porrón recuerdo una pequeña industria relacionada con materiales de construcción, una fabrica de palomitas, diferentes  talleres y negocios relacionados con el automovil, una tienda de piensos, etc.
Posteriormente nos encontramos con una de las primeras nuevas guarderías del barrio, en el cruce que permitía bajar hacia Juslarrocha o Cruz de Barcacio, y más adelante hubo durante muchos años un viejo transformador, como se ve en la foto de Manolo Hernández,  luego en la zona de Matesa las bajeras de Muebles Jakar, Julian Echeverría, los bares Otamendi y Olimpia, Confecciones Molinero, las nuevas edificaciones de los años 70, en cuyas amplias bajeras había entonces grandes tiendas de muebles, algunas oficinas bancarias,  las casas de San Pedro, luego remozadas con ladrillo, negocios de toda la vida como Ciclos Lasa, la tienda Alekine y otros negocios y tiendas, muy pocos de los cuales sobreviven hoy en día hasta llegar al colegio de Capuchinos ( más apropiadamente el Colegio San Antonio que empezaría dando EGB y luego ampliaría a grados superiores), abierto en el año 1964 y cerrado en el verano de 1992, en cuyo interior a finales de los 70 se abrió el cine Ekhiñe que junto al Donibane de San Juan y sus programaciones alternativas serían el germen de los cines Golem. La iglesia de Capuchinos, reformada en el año 1955, pone punto final a este rápido repaso de la Avenida de Marcelo Celayeta.

Fotos de la Carbonilla (1950) de J. Cia y Foto de Marcelo Celayeta (1993) de Manolo Hernández

La iglesia del Salvador (1914-1977)

La Iglesia del Salvador de la que hablamos en la entrada referida a las escuelas del Ave María  cumplirá muy pronto un siglo de vida. El 12 de abril de 1914, a las cuatro y media de la tarde se colocó la primera piedra de la iglesia,  y su inauguración se produjo el 2 de abril de 1916 conjuntamente con  la de las escuelas, cuya primera piedra se puso el 21 de marzo de 1915.  La iglesia, de estilo neogótico, fue construida por el arquitecto Angel Goicoechea, el mismo arquitecto que construyó la iglesia de Obanos y la basílica de Javier. Posteriormente, en 1945, el templo se amplió en su parte posterior y pila bautismal  tal y  como se observa si comparamos las  dos  fotografías de la presente entrada, una de las primeras décadas de vida del templo y la otra de la pasada década. (Vease el tercer ventanal añadido de  la iglesia asi como un tramo posterior, junto al frontal del templo  además de la construcción anexa de la pila bautismal en la fotografía más reciente) Ambas, iglesia y escuelas dependían, en el momento de su construcción,  del párroco de San Lorenzo, D. Marcelo Celayeta y esa dependencia se prolongó hasta el 8 de diciembre de 1937 en que se produjo la segregación de la iglesia del Salvador de la de San Lorenzo. Fue su primer párroco tras la segregación, D. Eusebio Balduz García, que había sido antes párroco de Valtierra. A Eusebio Balduz le siguieron Marcelo Larrainzar, tío del recordado escritor y sacerdote del barrio y de la iglesia (desde 1969 a 1991) Patxi Larrainzar, Felipe Jimenez (o Don Felipe como le llamábamos), Jose María Jimenez, que estuvo durante más de 30 años en la parroquia junto con Patxi, Alfonso Aizpun,  Abel Arrieta y finalmente Cesar González Purroy, quien dirige actualmente la parroquia, desde finales del pasado año 2014. 

Desde 1986, la iglesia es presidida por un retablo del S.XV procedente de Villamayor de Monjardin. Y desde 1992, en su parte lateral, por otro de Orbaiz. En el año 2008 el templo fue sometido a una profunda rehabilitación que costó más de 700.000 euros y que afectó a la cubierta, suelo,  etc. En abril de 2013 se inauguró el nuevo organo cedido unos meses antes por la iglesia anglicana de St. Judes de Plymouth, en Inglaterra. Se puede considerar por antiguedad la quinta parroquia de Pamplona tras las de San Cernin, San Nicolás, San Lorenzo y San Agustín. Ha presidido la vieja Rochapea, con su estilizada torre, desde los albores del siglo XX, como lo atestiguan las decenas de fotografías históricas que se conservan de nuestro barrio fotografiado desde la Muralla o desde sus inmediaciones. 

La iglesia ha sido centro fundamental de la vida del barrio durante buena parte de su reciente historia. Además de la estrecha relación con las escuelas del Ave-María hasta su adscripción a la red pública, la iglesia ha sido escenario de la historia íntima de miles de rochapeanos. Miles de bautizos, confirmaciones, bodas y funerales han llenado el casi siglo de vida de este templo. Y en los años 70 fue epicentro de la convulsa vida del barrio y la ciudad. Escenario de asambleas y encierros de trabajadores, desalojados en más de una ocasión por la policía, la Iglesia del Salvador fue paradigma en nuestra ciudad, tanto en el tardofranquismo como en la transición de un sector eclesial muy comprometido con causas sociales y políticas. 
Junto al templo, en su lado izquierdo, habría que recordar el centro parroquial o como lo llamábamos entonces los chicos del barrio, simplemente “El Centro” situado en el actual parque de Patxi Larrainzar, en los tiempos en los que era una hermosa arboleda, con algunos enormes arboles que parecían querer competir en altura con la torre de la iglesia. “El Centro”, ocupaba una especie de barracón o construcción de planta baja en el que recuerdo haber visto la televisión en tiempos en los que la mayoría  no la teníamos en nuestras casas. Allí veríamos series míticas como “Viaje al fondo del mar” o jugábamos al ajedrez, al parchis o a las damas. Posteriormente, en los años 70, en la arboleda se instalarían unos juegos infantiles. Desde la arboleda y en dirección a las antiguas aulas de las chicas, a la izquierda había junto a la iglesia unos locales que nosotros los llamábamos de los “scouts” y que en realidad servían de lugar de reunión para  una asociación juvenil vinculada a la parroquia. Junto a estas dependencias había una fuente y junto a ella la puerta lateral del Salón de Actos de las Escuelas del Ave María. 

En el lado derecho, como comenté en la entrada del blog centrada en las Escuelas había otra fuente, la puerta de la sacristia, enfrente un patio de gravilla y en dirección a la avenida un patio arbolado con plataneros.  Esto fue así hasta el verano de 1977. También recuerdo que  la parroquia utilizaba unos locales anexos a la oficina de Caja Municipal que había justo enfrente de la iglesia, en la avenida de Marcelo Celayeta, para impartir los cursillos y catequesis previas a la comunión o a la confirmación. La Casa Parroquial, como señalé en la entrada dedicada a los derribos de la avenida, se encontraba cerca de la Travesía del Ave María, en el espacio hoy ocupado por el Colegio Patxi Larrainzar.

La antigua calle El Vergel (1968-1978)

Hay muchos lugares, casas, rincones, calles, puentes que surgen en mi memoria. Y uno de los que mejor recuerdo guardo es ese paseo que arrancaba del puente de San Pedro y acababa en el puente de la Chantrea y que conocemos como el camino o calle del Vergel. A ese camino tengo asociadas indisolublemente imagenes y recuerdos, algunas muy antiguas como aquellas lejanas visitas dominicales, siendo muy niño, a casa de la hermana de mi padre en el barrio de la Magdalena y otros posteriores en el tiempo como los diarios desplazamientos al instituto de bachillerato Padre Moret (Irubide). Recordar aquellas visitas supone rememorar un largo paseo desde casa, por el Camino de los Enamorados que seguía luego, por entre el camino lindante con las piscinas de San Pedro, hasta la arboleda que había al otro lado del camino, flanqueada por una cruz de piedra como la que hay cerca del puente de Santa Engracia, cerca de la avenida de Guipúzcoa, y luego subíamos el puente de San Pedro, un puente por el que entonces (hasta 1995) circulaban los coches y que a menudo por su estrechez te tenías que arrimar al pretil. Aun recuerdo los semáforos situados en los extremos del puente que permitían alternar el paso de vehículos de un lado a otro. Unicamente en verano se peatonalizaba por el inmenso gentio que acudía a las piscinas de San Pedro y Aranzadi.
El puente de San Pedro es probablemente el puente más antiguo de la ciudad. Su origen pudo ser romano pero fue transformado en la Edad Media y adquirió el aspecto que hoy conserva, con sus tres ojos de medio punto. Desde el puente, mirando hacia la derecha se observaba el perfil amurallado de la Vieja Pamplona. No se por qué, pero esas murallas de nuestra ciudad, para la mente de un niño tuvieron siempre un aire de castillo medieval que le retrotraía a imposibles lances y aventuras. Mirando a la izquierda se observaba  la llamada playa de San Pedro, donde los jóvenes acostumbraban a bañarse durante buena parte del pasado siglo. Más allá, al fondo, podíamos ver la presa de San Pedro, construida  durante la Edad Media y que se ha ido deteriorando  con el paso de los años. Desde la zona de la presa se abría el llamado Cauce Molinar sobre el que se levantaba el pequeño puente de Errotazar y que dió servició en siglos pretéritos a diferentes molinos existentes en la vieja Rochapea. Y aun más al fondo se divisaba  el Monasterio Viejo de San Pedro. 

Bajando el puente, a la derecha se intuía una frondosa arboleda con ejemplares de gran tamaño, allí donde, desde 1977, se abrirían  las piscinas municipales de Aranzadi. Justo enfrente del puente encontrábamos la finca Lore Etxea que se extendía hasta la primera vuelta de la calle del Vergel y que vemos en la foto adjunta de J.J. Arazuri del año 1963. Más adelante, y a lo largo del lado izquierdo de la calle, encontrábamos el Instituto Pedagógico para Discapacitados Psíquicos, fundado por Serafín Argaiz en 1948, cuyo edificio hoy abandonado se inauguro en 1957 y el colegio “El Redin”, fundado en 1963 (aunque inaugurado en 1965) por un grupo de personas vinculadas al Opus Dei, entre los que se encontraba Julio Eugui, Félix Azqueta y Miguel Sánchez Ostiz, luego algunas casas de vecinos, antes y después de estas edificaciones el camino que circunvala el meandro de Aranzadi y  más adelante y antes de la Residencia el Vergel hubo en aquellos lejanos años finales de la década de los 60  unos depósitos de  Cervezas El Aguila y la Coca Cola que quizás no muchos recuerden. Justo al comienzo de la  segunda curva de la calle se inauguró en 1973 la Residencia de Pensionistas de la Seguridad Social  “El Vergel”. Las instalaciones habían sido adquiridas dos años antes a los Maristas  que iban a destinar el complejo a residencia de estudiantes y de seminaristas. La residencia amplió sus instalaciones en 1974 dando cabida a 225 ancianos autónomos. En 1978 pasó  a depender del Inserso y en 1990 el centró se transfirió a la administración foral, denominándose simplemente Residencia “El Vergel”, dando cabida tanto a personas autónomas como asistidas, siendo actualmente uno de los centros públicos de referencia de asistencia al mayor. 

En esa recta de la calle El Vergel que desemboca en la Cuesta de la Chantrea encontramos un “aska” que permanece en el lugar desde tiempos inmemoriales, bueno, por lo menos lo puede atestiguar la Pamplona de los últimos 60 años, tal y como se puede comprobar en la fotografía de J.J. Arazuri, que encabeza la entrada y que data del año 1955. En este mismo tramo, cerrado por una larga valla estaban las amplias instalaciones del Colegio de Educación Especial El Molino, fundado en el año 1978 por la Fundación Ciganda Ferrer, sobre las instalaciones de un viejo molino harinero, conocido como molino de la Magdalena y luego Molino de Ciganda que después se convertiría en una pequeña central hidroeléctrica, aprovechando el pequeño salto de agua de una presa de piedra que daba servicio al molino. Termina mi recorrido virtual en dos puentes, uno nuevo, construido en el año 1960, el llamado Puente de la Chantrea y el otro, después del de San Pedro, el más antiguo y uno de los más bellos sobre el río Arga, el puente de la Magdalena, de origen románico, entrada principal a la ciudad antigua para los peregrinos del Camino de Santiago, que sufrió en 1963 unas profundas obras de reforma que le devolvieron a su aspecto original.
Como he señalado al principio, cuando hablaba del puente de San Pedro, en el lado derecho de la calle El Vergel podíamos y podemos disfrutar en toda su magnificiencia de los lienzos de la Muralla, en los tramos de los llamados frentes de Magdalena y Francia, restaurados en profundidad en la primera década del nuevo siglo. Cito como curiosidad que durante algunos años de la década de los 70, hubo en la zona cercana al Redin y lindante con la calle del Vergel y de la Magdalena un camping. ¿Quien lo diría?

Fotos: Fuente del Vergel (1955) y Lore Etxea (1963) : J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios