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Recuerdos de aquellas viejas escuelas (1968-1977)

Decía el poeta Rilke que la infancia es la verdadera patria del hombre (y la mujer).  Los recuerdos de la  infancia no sólo forman parte intrínseca de nuestras vidas, sino que articulan, en buena medida, nuestra personalidad. Los recuerdos infantiles son, además,  recuerdos recurrentes, vuelven una y otra vez, son lejanos, envueltos en la gasa del pasado y de la nostalgia, y a la vez cercanos e íntimos, casi siempre edulcorados por el paso del tiempo. Y entre los recuerdos infantiles la escuela ocupa un lugar importante, no en vano entre sus paredes pasamos buena parte de nuestros primeros años de vida. En este blog he hablado en repetidas ocasiones de la escuela y de otros centros educativos. Creo que lo he hecho en no menos de cuatro o cinco entradas. En  la presente entrada hablaré sobre recuerdos de  la escuela que no se reflejaron en las otras  entradas aunque seguro que volveré a repetir algunas fechas y nombres. En esta entrada incorporo, además, abundante material gráfico (libros, cuadernos, fotografías de las escuelas, dibujos de mi temprana infancia, libros de calificaciones, títulos y reconocimientos varios, entre otros) que ayudará a recordar aquellos lejanos tiempos de nuestro pasado.

En alguna otra entrada ya conté como fue mi primer día de clase en las escuelas del Ave María, allá por septiembre de 1968, aquella escapada al hogar que tenía muy cerca de las escuelas y que había sido el cálido refugio de mis primeros y tiernos tres o cuatro años de vida. Fue una fuga muy rápida con obligado viaje de vuelta, de la mano de la autoridad «maternal». En aquella clase de párvulos, recuerdo que la maestra se llamaba Ramonita, nos enseñaron las  primeras letras, con el viejo método de repetir las vocales y demás letras del abecedario. Las escribían en el encerado o pizarra y los infantes teníamos que repetir las vocales y consonantes. Luego había que escribirlas en el cuaderno. Así aprendimos a leer y a escribir nuestras primeras palabras y frases.  Del mismo modo, cantarín y repetitivo,  nos enseñaban las tablas de sumar y de restar.

En el siguiente curso, en el primer curso de Primaria con la maestra Conchita Zaldo aprendimos las tablas de multiplicar y dividir y nos enseñaron nuestras primeras nociones de Geografía, con un mapa de España que desplegaban en el lado izquierdo del encerado y que nos hablaba de montañas y del origen y recorrido de los ríos. De estas dos primeras maestras, Ramonita y Conchita,  tengo un buen recuerdo, pero  es un recuerdo un tanto vago y difuso. Creo recordar que la primera tenía el pelo muy negro mientras que la segunda tenía el pelo más largo, vestía maxifalda  y creo recordar que murió a los pocos años, a consecuencia de un cáncer. Me acordó de una anécdota que no he contado en este blog: Estando yo en los primeros cursos de Primaria, (tal vez en 1º) me recuerdo leyendo en casa algún libro de cuentos o fábulas de la Editorial Doncel, que nos había dejado la Escuela, -ese día no fuimos por la tarde a clase-, pues anunciaron por la radio la llegada de un huracán y el consejo de que cerrasen los ciudadanos ventanas y puertas. Posteriormente descubriríamos que en realidad Franco había expulsado a la familia Borbón-Parma de España y  que se temía que Carlos Hugo retornase al país. Se hablaba de que su avión había sobrevolado esos días la nación.

De los dos siguientes maestros, del primero  don Emilio Loitegui, con su bata negra, casi gris, de tantas lavadas,   guardo un recuerdo menos positivo, por su excesivo apego a las técnicas punitivas de la vieja escuela, tortazo en la cara, estirón de orejas y demás castigos físicos típicos de aquellos años:  de rodillas contra la pared, reglazo en las yemas de los dedos, o la prohibición de  salir al recreo copiando 100 veces «no volveré a hablar en clase». Para entrar en su clase  de segundo de Primaria  lo hacíamos por una puerta más chiquita que el resto,  que estaba muy cerca a lo que llamábamos las «puertas rojas», junto  a la Travesía del Ave María. De la segunda, Doña Isabel Ancil, que nos dió tercero de Primaria,  recuerdo que era ya muy viejecita, bastante enjuta y arrugada cuando nos daba clase o así al menos nos parecía. No aprendimos  mucho, ese año,  la verdad. Lo único que recuerdo destacable fue el hecho de ser el primer año en que la clase era mixta, eso sí, las chicas separadas de nosotros (así sería hasta el bachillerato), y que alguna tarde sacamos los pupitres y las sillas al patio, emulando el viejo método «manjoniano»  del  origen de las escuelas.

El aula de Doña Isabel estaba en el bloque de las escuelas de las chicas que aparecen en la fotografía adjunta de Julio Cía. Cuarto de Primaria nos dió Germán Tabar que fue posteriormente director de la Escuela, era alto, iba siempre muy erguido, casi echado para atrás, y era un impenitente fumador. Entonces los maestros fumaban en clase. Su clase estaba situada cerca de la Iglesia y el salón de actos y se entraba por la puerta que aparece en la foto del principio de la entrada, fotografía también de Julio Cía perteneciente como la mayoría de las fotos de esta entrada al Archivo Municipal de Pamplona. En la época en que estuve en las Escuelas el director era Daniel Pascual pero no me dió nunca clase ni tampoco Don Joaquín que creo que era hermano de Don Gabino que fue  maestro en 5º de Primaria, cuando estaba en la Carbonilla. El portero de las escuelas era el señor Francisco y  tenía muy malas pulgas. Todos los niños le teníamos bastante miedo. Por lo que me han dicho debió  ser antes de portero, guardia civil pero estaba retirado del servicio. Se encargaba de abrir las puertas exteriores de las aulas y de otros asuntos de intendencia, como traer el carbón y  leña que estaba apilada en una leñera junto a unos baños «infectos» (había que contener la respiración cuando entrabas)  cerca de las «puertas rojas» de entrada al recinto escolar. Estando todavía estudiando en las escuelas construyeron una columna de baños adosada al pasillo de comunicación entre las diferentes aulas, justo en la parte posterior de las aulas, en la zona que daba al viejo campo de fútbol.

Hasta hace muy pocos años  creo recordar que estaba por  casa aquella primera cartera escolar de párvulos, lo que daría por sacarle ahora una fotografía. Como ya he comentado en alguna otra ocasión dentro de la cartera escolar en aquellos primeros años de la escuela llevábamos los  cuadernos de Rubio, creo recordar que el de caligrafía era verde y los de matemáticas amarillos. Además llevábamos más de un cuaderno, uno para sucio, es decir podía estar lleno de tachones o borraduras  y otro para pasar  a limpio la tarea ya fuesen dictados, dibujos  o problemas matemáticos que de todo había. No podía faltar la Enciclopedia Alvarez, un compendio de materias en las que se daban nociones de la historia de España, la Historia Sagrada, Lengua Española, Matemáticas. Geometría, Geografía, Ciencias de la Naturaleza, etc. Se editó entre 1954 y 1966 aunque yo recuerdo que se utilizó algunos años más, pues seguíamos utilizando al filo de los  70, que es cuando empecé a  ir a la escuela. Mi hermano, cinco años mayor que yo  sí   la utilizó con profusión en buena parte  de su  época de  enseñanza primaria. Había enciclopedias Alvarez de primer, segundo y tercer grado. Editada por la editorial vallisoletana Miñon llegó a copar el 80% del mercado del libro de texto en aquellos años, vendiendo más de 22 millones de ejemplares en toda España, 34 millones si contamos otro material educativo (había un libro del maestro con sugerencias y ejercicios). Reproduzco a lo largo de esta entrada algunas páginas de aquella enciclopedia. Al ver algunos de sus dibujos se activan algunos de mis recuerdos más remotos:  dibujos que ilustraban diversos pasajes de  la historia sagrada o textos literarios, generalmente poesía. Más adelante, tanto en la primaria como en la EGB  tuvimos los primeros libros por materias que venían con sus fichas de trabajo, luego editaron los libros de  materias, por un lado, y por otro  los  libros delas  fichas de trabajo. Completaba nuestro equipamiento un plumier, el lapicero del 2, de marca Cedro, la goma Milán de nata, las pinturas Alpino y el catecismo escolar  (que había, como en la enciclopedia Alvarez,   de varios grados). Sin olvidar los rotuladores Carioca, las pinturas de cera Mancey, los bolis Bic, etc.

A partir de tercero de Primaria  la estructura de las clases era la siguiente. Por las mañanas Calculo y Dictado, más tarde se incorporarían otras asignaturas. El maestro copiaba en la pizarra los ejercicios o problemas. En  el dictado, el maestro entonaba con voz cansina la lectura,  (recuerdo una de libro » Platero y yo» de Juan Ramón Jimenez que empezaba así:  «Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos…»). El dictado lo copiábamos en el cuaderno y más tarde nos tocaba leerlo en voz alta. La lectura de los más torpes a veces era objeto de mofa o burla. Y es que la escuela y la infancia puede ser muy cruel. La educación era fundamentalmente memorística. Por la tarde se programaban la gimnasia y los trabajos manuales, la gimnasia muy básica, no había polideportivo ni gimnasio, la hacíamos en el campo de fútbol, de tierra,  de las escuelas: alineamientos, estiramientos, ejercicios gimnásticos, carreras, etc. De los trabajos manuales recuerdo sobre todo los de marquetería que ya he comentado en otra entrada hace no hace  mucho. En las escuelas del Ave María, un único maestro en cada curso daba todas o casi todas  las asignaturas. La religión en las Escuelas si que en ocasiones nos la daban a veces  los curas de la cercana iglesia del Ave María  y  por supuesto, ellos se encargaban de  prepararnos para la primera comunión que celebré  a los 7 u 8 años.  En el EGB, en Cardenal Ilundain, y creo que también en la Carbonilla aunque menos, pasaríamos del maestro para todo a profesores para  cada materia, si bien en cada curso de la EGB teníamos un tutor, el de 6º  se llamaba Javier Gracia, el de 7º Javier Donezar y el de 8º Javier Navallas Rebolé, el que fuera posteriormente un alto cargo de Educación hasta hace unos años. La primera maestra en prácticas la vimos en 5º de Primaria en las Escuelas de la Carbonilla. Se llamaba Mari Carmen. Era joven y muy guapa o al menos a nosotros nos lo parecía y estaba, en su primer día, nerviosa, temblorosa,  como un flan. Tanto en la escuelas del Ave María como en las del Cardenal Ilundain  pasaba, al menos una vez al año por la clase el Inspector, un funcionario de Educación  que controlaba o revisaba la forma en que nos daban clases nuestros maestros.

La jornada lectiva comenzaba a las 9 de la mañana, los chicos nos arremolinábamos a  la entrada antes de esa hora, el recreo era a las once y por la tarde las clases eran de 3 a 5.  En los primeros cursos, (Párvulos, 1º y 2º)  llevábamos batas, una bata a rayas  como la que llevo en la foto de la entrada «Recuerdo de mi Colegio» de este mismo blog. Entrabamos a la clase, dejábamos nuestros abrigos colgados en el perchero y la metíamos la cartera escolar en el cajón o la dejabamos pegada junto al pupitre, pupitres que en el Ave María eran de material pizarroso ligeramente inclinados, con un agujero, imagino que para dejar, en otro tiempo, el tintero, y de color verde oscuro.  Había un registro de alumnos que llevaba el profesor cuya mesa y silla estaba ubicada sobre una tarima por encima del nivel del resto de la clase. Detrás de la tarima, estaba el encerado,  una larga pizarra negra que ocupaba casi toda la pared frontal. Sobre el encerado un crucifijo en el medio y a ambos lados las fotos de Franco y José Antonio, sin embargo y a pesar de este imagino que obligado elemento no recuerdo que, a diferencia de otras escuelas o colegios públicos y privados,  nos diesen lo que se llamaba entonces  formación patriótica o formación del espíritu nacional. Tampoco a diferencia de otras escuelas, al menos en los años en que estuve allí,   nunca se cantó el «cara al sol» ni  ningún otro himno o  acto parecido. El maestro pasaba lista. Algunas veces, se colocaba a los alumnos por orden alfabético, pero creo que en el Ave María no. Eso sí, era frecuente que te cambiasen de puesto, te separasen de tu compañero de pupitre si veían que hablabas mucho con él. A primera hora de la mañana se encendía la estufa, una estufa de carbón y leña de forma circular con un tubo que sacaba el humo, la combustión al tejado. Las escuelas del Ave María eran escuelas de una sola planta, con unos enormes ventanales, como se puede ver en las primeras fotografías de esta entrada. A lo largo del año recuerdo con bastante nitidez que había una serie de acontecimientos, los más notorios en el mes de Mayo, el «mes de María» y de las flores y  la fiesta del Domund (Domingo Mundial de las Misiones) con   sus huchas  para los «chinitos» en octubre. Visto ahora con más de 50 años de distancia y China como segunda casi primera potencia mundial parece increíble. A veces nos llevaban al cine a Pamplona, concretamente al Salón Mikael, donde vimos un documental de las Olimpiadas de Invierno de Sapporo o el documental «Navarra, cuatro estaciones».

Los sábados por la mañana también teníamos que ir a la escuela pero creo que eran actividades extraescolares. En 5º de primaria, en las escuelas de la Carbonilla por ejemplo, empezamos a jugar al ajedrez. Estas escuelas se habían construido en los años 30 por parte de la República con el fin de hacer frente, con una oferta laica, a la educación religiosa del Ave María. Se inauguraron sin embargo oficialmente el 22 de febrero de 1944 y en los años 70 acogía alumnado del Cardenal Ilundáin como fue mi caso. Si, porque acabado cuarto de Primaria, se nos trasladó del Ave María al colegio Cardenal Ilundáin. Lo he dicho en alguna entrada, en el tiempo que estuve en las escuelas de mi calle, entre 1968 y 1973, por la tarde, después de comer,  nos daban unos botellines de leche de 1/4 de Kaiku-Copeleche. El servicio, vinculado a la mejora de la alimentación de la infancia,  comenzó aplicarse en Pamplona en el año 1963. También he mencionado en otras entradas la existencia del Servicio de Medicina e Higiene Escolar, que entre los años 50 y 70 estuvo centralizado en las escuelas de San Francisco. El Servicio pesaba y tallaba a los niños, nos revisaba los dientes, controlaba nuestras  vacunaciones. Creo recordar que alguno de estas inspecciones se realizaban en el Instituto de Higiene de la calle Leyre. Adjunto alguno de aquellos certificados de vacunación.

Al término de la Primaria te daban  la cartilla de escolaridad, luego se llamaría libro de escolaridad de enseñanza primaria, con las notas de cada uno de los cursos y el certificado de estudios primarios. Antes de que apareciese la EGB, en el plan antiguo,  con motivo de la ley general de educación de 1970 tras los cursos de Primaria, eran 4 o 5,  además de párvulos venía el Bachiller Elemental (cuatro cursos que correspondería luego a algunos de la EGB), luego la Reválida y el Bachiller Superior (5º y 6º) y otra Reválida, además del PREU que luego se llamaría COU. Con la Ley de Educación de 1975, los colegios de Primaria pasaron a denominarse de EGB. Al acabar la EGB te daban el Graduado  Escolar. A mi me tocó estudiar Primaria y EGB, a mi hermano Primaria y el antiguo  plan de Bachillerato. En mi libro de escolaridad de enseñanza primaria aparecían tanto mis primeros cursos de Primaria como los de la EGB, Terminada ésta, a diferencia de mi hermano yo cursé el BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) que equivalía a algún curso final del bachiller elemental y a todos los del Superior más el COU y la Selectividad. Adjunto ejemplares de aquellas cartillas y libros de calificaciones. En la escuela, si sacabas buenas notas, el Ayuntamiento te hacía un reconocimiento público con la entrega de diplomas y matrículas de honor. Además del oportuno diploma, adjunto tan solo un par de ejemplos de las escuelas del Ave María y del Cardenal Ilundáin, te entregaban algún libro, caramelos y otros obsequios. El acto se celebraba un sábado del final del curso, a finales de junio, generalmente en el salón de actos, con la presencia de los responsables del colegio, algún representante municipal y por supuesto los padres de los alumnos reconocidos.

De mi estancia en el Cardenal Ilundáin, al margen de lo dicho, puedo destacar que evidentemente esta escuela o colegio nacional tenía muchas más dotaciones y equipamientos que la escuela de Primaria de mi calle. Disponía de un amplio campo de fútbol de tierra en la parte trasera, sendos campos de baloncesto y balonmano en la parte delantera y en un lateral, unas entradas a cubierto que utilizamos como improvisados frontones, laboratorio, proyectores de  diapositivas o filminas, -que decíamos entonces-, y un montón de aulas. Creo que en la época de más auge del baby boom, el colegio llegó a tener más de 1.000 alumnos. Estando yo en él (entre 1974 y 1977) se construyeron  más aulas en la parte trasera, imagino que por esa  demanda incesante de plazas.   A pesar de que en noviembre de 1975 moría Franco, estaba yo en 7º de EGB, aun continuaban, en ocasiones, los métodos de la vieja escuela, con algún que otro castigo corporal.  Durante el tiempo en que estuve en el colegio el  director del Cardenal Ilundáin, fue Luciano Lazaro Calvo.

Fotos por orden de aparición: Fotos 1, 13 y 19: Escuelas del Ave María y de la Carbonilla: J. Cia (1950), AMP. Fotos 3 y  4: Escuelas del Ave María (años 20). Foto Roldán e Hijo. AMP.  Fotos 2, 9, 10, 11, 15, 16, 17, 18, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 33, 34 y 35: Archivo Familiar