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Barrios de Pamplona: La Rochapea a lo largo del siglo XX. 2ª parte. (1950-2000)

Como  señalaba al final de la entrada anterior  sobre la historia de la Rochapea, el barrio que conocí desde mi infancia era un barrio compuesto por muchos barrios: El Salvador, formado por las casas de las dos fases de la cooperativa, en ambos lados de la avenida de Marcelo Celayeta, la Rochapea Vieja que era como llamábamos a la zona del barrio más cercana al río, las casas de San Pedro, -terminadas de construir en 1949-, las Casas de Oscoz, las Casas de Lainez, Cuatro Vientos-Santa Engracia y el Ave María, entre otros. Los ejes principales alrededor de los que se agrupaban la población y las industrias seguían siendo, Joaquín Beunza, Cuatro Vientos y el barrio de la Estación, el Camino de los Enamorados, la calle Errotazar perdía en su primer tramo la pujanza de otros tiempos y, en cambio, la cogía con mucha más fuerza, hasta eclipsar prácticamente a todas las demás zonas, la avenida de Marcelo Celayeta, en 1950 todavía avenida de Villava. El barrio crecía extraordinariamente y cambiaba su configuración hasta hacerse poco reconocible si mirábamos 50 años atrás. A lo largo de la segunda parte de los años 50 se construyeron  las diferentes fases de  la cooperativa de viviendas El Salvador. Se construyeron entre 1957 y 1960. La cooperativa se creó en 1957 y la 1ª fase se inauguró el 27 de septiembre de 1960. Antes de esta fecha, en torno a 1956, se habían construido las casas del Porrón y a comienzos de la  década de los 60 el edificio cercano a la calle Provincias que albergó durante décadas  en sus bajos una sucursal del Banco Popular. El barracón de los camineros de Diputación se construyó también en esa década de los 50. También a lo largo de los años 50 y especialmente a finales de esta década se construyeron buena parte de las casas situadas, a partir del cruce de la antigua vía del Plazaola con Joaquín Beunza, en su  lado izquierdo, según se viene del Casco Viejo.

También de los años 50, concretamente de 1955, son las Casas de Ozcoz, tal y como adelanté en la 1ª parte de esta entrada; de finales de los 50 (1957-59) las nuevas casas del Ave María (los números 7, 9, 10 y 13, en el paraje conocido como playa de Santa Engracia, alineados con el viejo ramal del Irati que venía de la Estación del Empalme; el nº 8 de dicha calle era de 1940, el 14 y el 15 de entre 1930 y 1940 y el resto de principios de siglo, 1910-1920), también de esa década eran diversos bloques situados a lo largo de Marcelo Celayeta, sobre todo en su lado derecho yendo hacia Capuchinos (frente a la Carbonilla, Aldaz Echarri, Matesa, etc), algunos bloques dispersos situados, por ejemplo,  de finales de la década como el nº 3 de la calle Errotazar (derribado en 2003 para erigir la nueva calle Rio Arga), o  en el nº 6 del  Camino de los Enamorados, y de comienzos de los 60 el bloque semicircular del inicio de la calle Abaurrea, muy cerca de este bloque quedaba todavía en pie el viejo edificio que albergaba la conocida  farmacia de Javier  Azqueta.

En 1951 se inauguraba en la avenida de Villava, que ese año pasaría a llamarse de Marcelo Celayeta, el cine Amaya; un año antes, en 1950 se había terminado de construir la clínica del Padre Menni. En 1959 se fundaba el colegio de la Compasión. Inicialmente comenzaron en un chalet situado en el nº 21 del Paseo de los Enamorados hasta que años más tarde pudieron erigir el primero de sus edificios. En 2003 fue adquirido por los Escolapios. Para 1957 ya se habían ampliado las escuelas del Ave María, con  nuevas aulas a continuación de las iniciales.   En 1964 se construía el nuevo colegio Cardenal Ilundain frente a las casas municipales de San Pedro, fruto del desarrollo urbanístico y poblacional del barrio, colegio que se ampliaría en los años 1974-75 y se derribaría por completo en el año 2002 para erigir uno de nueva planta. En 1970, se inauguraba la biblioteca de San Pedro.

Muy cerca de allí encontramos también el colegio de Capuchinos, (o más apropiadamente el Colegio de San Antonio que empezaría dando EGB y luego se ampliaría a grados superiores), abierto en el año 1964 y cerrado en el verano de 1992, en cuyo interior a finales de los 70 se abrió el cine Ekhiñe que junto al Donibane de San Juan y sus programaciones alternativas serían el germen de los cines Golem. Sería, pues,  a finales de los 50 y principios de los años 60 cuando el barrio empezó a dejar de ser un núcleo eminentemente rural, con una población y edificación dispersa a convertirse en el abigarrado barrio obrero-industrial que conocimos los que nacimos en el lugar. Pese al enorme crecimiento urbanístico de los años 50, serían los años 60 y 70  los de mayor boom. De mediados y  finales de los 60 serían buena parte de los pisos situados al final de la calle Errotazar y  del Camino de los Enamorados, las Casas de San Antonio, las de Gurbindo y las de Ibañez, y de finales de los 60 y primeros 70  el margen derecho de la Rochapea Vieja, esto es el más cercano al arco que formaba la vía del Plazaola y que agrupa hoy a un puñado de calles con nombres de pueblos de Roncal-Salazar y algunas construcciones de Marcelo Celayeta, desde la carretera Artica en adelante,  completando la nueva  trama urbana iniciada en los años 50 y continuada en los 60.

La construcción de viviendas se aceleraba a medida que se iban instalando nuevas industrias en el barrio  en una caótica, todo hay que decirlo planificación, de forma que se mezclaban usos industriales y residenciales que hoy serían incomprensibles. Quien haya tenido que soportar la presencia de industrias como Caceco o Ingranasa, cerca de sus viviendas,  lo entenderá. Pero es que además en un mismo bloque convivían usos industriales y residenciales. En mi bloque tenía debajo una fábrica de recauchutados y una de colamina. Pero repasemos al igual que he hecho con los grupos de viviendas las principales industrias que recuerdo. En Joaquín Beunza, además de Sancena encontrábamos la fábrica de frenos Urra, donde trabajó mi padre durante más de 30 años,  fundada en la década de los 50 por Manuel Ros y Alfredo Urra que se trasladaría en los años 60 a la Avenida de Guipúzcoa y se convertiría en 1966 en Bendibérica (cerró en 2009 bajo el nombre de Robert Bosch)  o  la de Icer, (materiales de fricción) ubicada cerca de la anterior en  1961. Cerca de Bendibérica en la avenida de Guipúzcoa estaba La Casera, de la que hablaré más extensamente cuando me refiera “a la industria y al comercio del bebercio”. En Santa Engracia se instaló, en 1953, la fábrica de Perfil en Frío, como podemos ver en la ortofoto de 1956, que contaba, en su accionariado, con Félix Huarte. Inicialmente y de la mano de Javier Vidal y José María Goyena había comenzado su actividad dentro de Imenasa hasta que se trasladó con apenas medio centenar de trabajadores a la Rochapea. La fábrica se derribó en el año  2003. Cerca de ella, estaba Talleres Iruña y a este lado de la vía, en los terrenos del antiguo campo del Gure Txokoa,  se instalaba en 1966 la fábrica de Piensos Caceco, que permaneció en el lugar hasta 1996. En el Camino de los Enamorados encontrábamos la serrería de Villegas, que  cerró en 1976 y volvió a abrir a primeros de los 80, no sin grandes problemas con el vecindario.

A continuación de la serrería se hallaba la  fábrica de curtidos de Calzados López, que se construyó en 1947, para suministrar de material a la fábrica de la calle Amaya (1926-1962). Cuando cesó la actividad de la factoría del Ensanche, la actividad se trasladó a las instalaciones del  Camino de los Enamorados hasta el año 1972 en que cerró definitivamente por suspensión de pagos. A partir de 1974, sus instalaciones fueron ocupadas por Frenelsa.

 Y tras Calzados López estaba la fábrica de Ingranasa, fundada, en 1956 por José Luis Sarasa Musquíz  quien logró implicar en su proyecto empresarial a almacenistas de aceite de las provincias limítrofes y aun grupo de empresarios de la ciudad entre los que estaban Felix Huarte, Alberto Munarriz o Toribio López (el de Calzados López). En 1976, se fusionaba con Koipe. Ahí se fabricaban margarinas como Natacha, Artua, etc. Posteriormente diversas multinacionales se hicieron con el control del grupo. En junio de 1999, después de 43 años se derribaba la factoría. Enfrente estaba Industrias Gomariz que en los años 90 se fusionó con otra empresa del sector, Onena. Cerca de las casas de San Pedro, entre las calles Garde y Ansoain,  encontrábamos entre 1958 y 1993 la fábrica de Copeleche. De 1959 a 1989 entre la calle Cruz de Barcacio y la carretera Artica, la fábrica de pretensados Aedium en cuyos terrenos se inauguraría en 1991 el nuevo centro de salud.

Muy cerca de aquí, pero a caballo entre la avenida de Marcelo Celayeta y la carretera Artica estaba Matesa (Maquinaria Textil del Norte S.A). Fundada en 1957 por el industrial catalán Juan Vila Reyes. Algunos años antes, la familia Vila había abierto en nuestra ciudad un taller escuela que en 1946 se convertiría en Manufacturas Arga-Sedas.  Matesa fue conocida por el monumental fraude contra el estado en 1969, más de 10.000 millones de las antiguas pesetas. Fueron construidas sus instalaciones entre 1945 y 1956 y cesó sus actividades en el año 1981,  tras un espectacular incendio. En Marcelo Celayeta e inmediaciones estaban Chalmeta, Aldaz Echarri y otros negocios similares relacionados con la metalurgia: Aranguren, Asan, etc.  En 1959, Daniel Baines,  José Ibañez y Severino García habían comprado la nave de los Matossi en Marcelo Celayeta  y comenzaron a fabricar allí su famoso pacharán Baines. En el año 1998, al quedar la nave fuera de ordenación, Pacharan Baines se trasladó de su sede de Marcelo Celayeta  al polígono de Agustinos. En la Avenida de San Jorge se había abierto en 1956, la fábrica de penicilina, Penibérica. En la avenida de Guipúzcoa, pero cerca de la gasolinera de Discosa se hallaba la fábrica de chocolates Orbea fundada en 1952 por el empresario guipuzcoano Santiago Otegui, que cerró  en 1992.

En los años 50 se acomete una gran reforma en la Estación del Norte que le dió un nuevo aspecto mucho más moderno al que nos tenía acostumbrados. Aun se mantendría en pie hasta la década de los 80 aquella singular construcción semicircular que servia de almacén de las locomotoras. En esta década de los 50 desaparecen de nuestro barrio los viejos ferrocarriles del Irati y el Plazaola (Diciembre 1953 y 1955). Pese  a su desaparición en 1956 todavía era perfectamente visible el ramal del Irati que viniendo del Manicomio atravesaba el camino que iba junto al polígono industrial de Ansoain e iba a conectar con la vía del Plazaola a la altura de lo que después sería el depósito de la Compañía General de Carbones. De hecho las vías no se levantaron hasta 1959.  Aun quedaban buena parte de sus instalaciones: parachoques, andenes, almacenes, etc. La ciudad decía adiós a sus trenes de vía estrecha y abrazaba la creciente circulación de vehículos por sus calles escasamente urbanizadas. En las ortofotos de los años 60 se hace patente esa creciente presencia automovilística frente a décadas anteriores. Hubo riadas importantes en estos años que marcaron la historia del barrio, fundamentalmente  en los años 1952 y finales del 59 y principios de 1960 mayores en intensidad a las sufridas a  finales de 1980 y principios del 1981 y similar a una de las más importante, la  sufrida hace 5 años, el 9 de junio de 2013.

Pero ¿y que pasó con las fiestas de la Rochapea en estos años de industrialización y crecimiento demográfico de finales de los 50 y 60?. Pronto, con las nuevas construcciones, los actos festivos, especialmente los musicales, los bailables  se trasladaron, a finales de los 50,  a la plaza del Salvador, junto al antiguo Bar Rodríguez (luego Rápido y hoy Basajaun), y cerca del Bar Porrón. Se retomaron las pruebas ciclistas, como antaño, de manos del Rochapeano que tenía su sede ahora en las escuelas de la Carbonilla, así como otras pruebas deportivas: boxeo y pelota, en el frontón de Aldaz, como después de la guerra, actividades que seguirían programándose al año siguiente con algunas novedades: juegos infantiles, txistu en el frontón Aldaz y bailables en la plaza del Salvador y en la de la Estación, a  diferentes horas, aunque pronto se dejarían de programar actividades en esta ubicación. Pero lo que valía para un año no valía para el siguiente. Todo dependía del voluntarismo vecinal y de la implicación de bares y sociedades, dispar de un año a otro. Así es que pronto desaparecían la mayor parte de las pruebas deportivas pero,  eso sí,  se mantenía la verbena de tarde  y noche costeada por los bares de la zona del Salvador que se prolongaba hasta la una y media de la madrugada. Y así, con cierta escasez de actividades (cohetes, misa, dianas  y verbena) se prolongaría durante buena parte de los años 60. A veces alguna prueba deportiva enriquecía el programa, estas se harían más presentes con la implicación de las principales sociedades deportivas del barrio. Y es que años atrás había desaparecido el C.D Rochapeano si bien habían surgido otras sociedades deportivas como el Gure Txokoa o el Gaztedi que con el tiempo acabarían fusionándose creando la UDC Rochapea en 1971. Apenas un par de años antes,  1969, el barrio contaba nada menos que con 14.500 vecinos.

El antiguo campo del Gure Txokoa que aparece  en la fotografía  de la izquierda, ocupó hasta el año 1966 parte de los terrenos que después ocuparía la desaparecida fábrica de piensos compuestos Caceco y se extendía desde la vía del ferrocarril por el norte hasta la actual calle Carriquiri por el sur con el límite por su lado derecho en la tapia del campo o recinto de los camineros de Diputación. De hecho, en más de una ocasión, algún balón quedó incalado en nuestra terraza. El Gure Txokoa fue un destacado equipo de fútbol del barrio que cosechó grandes éxitos dentro del Trofeo Boscos. En él jugaron jóvenes promesas como Sanchez, Zabalza, Santamaría, algunas de las cuales recalarían posteriormente  en Osasuna. En 1971 el Gure se fusionó con otro equipo de fútbol del barrio, el Gaztedi, dando lugar a la UDC Rochapea. Como adelanté en la entrada de la travesía del Ave María, en esta calle, en un bajo del nº 10,  tuvo su sede la sociedad deportiva Gure Txokoa. Cabe señalar que tras la desaparición de su campo en 1966 y durante cerca de 30 años, hasta 1996, para la gente del barrio, tanto jóvenes como mayores  el pequeño campo que quedó entre la fábrica de Caceco y la tapia del campo de la Diputación y que se ve en una ortofoto de estos años  siguió siendo para nosotros el campo del Gure, así abreviado como lo cito. ¿Cuantos juegos infantiles, partidos de fútbol, paseos, y labores al sol habrá conocido ese pequeño trozo de campo a lo largo de aquellas décadas?. Por ser un barrio cercano a los campos, los chicos del barrio solíamos correr y jugar entre fincas y regachos, ir hasta el río o al prado  de Artica, -algunos cazaban cardelinas con liga y otros pájaros-, se bañaban en el río o en las cercanas piscinas de San Pedro, abiertas en 1944 y ampliadas en 1972, hasta la apertura de las de Aranzadi en el año 1978. A la pelota se jugaba en un pequeño frontón situado junto a las escuelas del Ave María, que pese a mis esfuerzos por recordar no acabo de localizar en esos años, en el frontón Aldaz de la calle Ferrocarril o en el de los Capuchinos de San Pedro. Había más frontones pero de ellos me ocuparé en otra entrada. Al fútbol se jugaba en el Gure Txokoa, en el pequeño Gure, en el campo del Ave María y luego en el de la UDC Rochapea, detrás del 2º grupo del Salvador.

Los años 70 son años de conflictividad social y política como he narrado en alguna de mis entradas, con huelgas obreras sonadas como la general de junio de 1973, encierros en la iglesia del Salvador (Torfinasa, Motor Ibérica, etc) y cargas policiales. El cruce de Cuatro Vientos, Marcelo Celayeta y la zona del Bar Porrón se convirtieron en lugares de referencia en la lucha antifranquista ya fuese por motivos laborales (Chalmeta, Industrias Esteban, Motor Ibérica), o  políticos, así como en nuestra convulsa transición como vimos en la entrada correspondiente del blog (Semana Pro-Amnistia de mayo de 1977, muerte de Gladys del Estal, en Junio 1979 o de Joseba Arregui en febrero de 1981). No todo fueron aperturas de industrias, en esos años que van de los 50 a los 70. En los primeros 70  desaparecieron algunas históricas factorías. Cerca de la Estación se cerraba en 1974 la fabrica  de material agricola de Múgica y Arellano. Apenas tres años antes, en 1971, había cerrado la azucarera de Eugui, que se desmantelaría en los años siguientes. Un año antes, en 1970,  había cerrado el cine Amaya, inaugurado apenas 19 años antes.

Antes de 1975 cambiaría la fisonomía del popular Cruce de Cuatro Vientos, como  pocos años antes (finales de los 60 y primeros 70) lo había hecho la parte inicial de Marcelo Celayeta, allá donde estuviesen una especie de construcciones de planta baja que vemos en la última  foto  de J.J Arazuri, del año 1967. Enfrente de la casa de Domingo Chiqui había y ya lo recordé en la entrada correspondiente,  una pequeña oficina del Banco Hispano Americano, la tienda de electrodomésticos de Ricardo Sora que se trasladaría en 1973 al nº 4 de Marcelo Celayeta, posteriormente la tienda de dulces, palomitas y chucherías de Eliseo,  y más adelante, desde junio de 1953, en el nº 6, la churrería de Clara Elizalde y Valentín San Juan. La tienda de Eliseo se había abierto   en el lugar después de la guerra y desaparecería de su tradicional emplazamiento con los derribos de   finales de los años 90. En efecto, algunos de estos negocios se trasladarían con los derribos de fin de siglo a  lugares cercanos en Marcelo Celayeta. En la zona de Cuatro Vientos había otros dos negocios más: una carnicería y una peluquería, de los que no recuerdo los nombres. En los años 70 se construyó un moderno edificio a la entrada de Santa Engracia pasado el puente del ferrocarril.

Volvamos con las fiestas, esta vez con los años 70. En 1971, la UDC Rochapea se erigía en uno de los principales agentes dinamizadores de las fiestas y organizaba el 1º Concurso de paellas que  se celebró en la arboleda existente en la trasera de al iglesia de El Salvador o como nosotros lo llamábamos entonces el patio de las chicas. Pero este año hubo muchas más novedades: se celebraron un buen número de actividades infantiles en el salón de actos de las Escuelas del Ave María (festivales, juegos, etc) y por supuesto no podían faltar los bailables que a partir de este año se celebraron  en el campo de fútbol del Ave María.  En 1972 el concurso de paellas se celebraría igualmente en la arboleda. También se organizó un concurso de poesía, pintura y fotografía, con exposición posterior en la Academia Cuatro Vientos y al igual que el año anterior diversas actividades infantiles. Guardo el programa de actos de aquel año. Me detendré en las fiestas de este año a las que ya he aludido en otra entrada del blog. Tendía yo, entonces, 9 años. Buena parte de los festejos y actividades se celebraban muy cerca de mi casa, en el Ave María. Ese año, tocaban en el campo de fútbol los Jaguars. Lo hicieron de 19.30 a 22 horas y de 23 a 1 de la madrugada. Las orquestas, que no orquestinas,  ya no actuaban encima de un carro, como una década atrás, lo hacían en un pequeño  escenario montado para la ocasión. El escenario recuerdo estaba situado en la trasera de las viejas escuelas, cerca de donde poco tiempo atrás, a finales de los 60, se había construido una larga columna de baños para la escuela que sustituiría al infecto servicio o excusado que compartía edificio con la leñera. Yo iba a empezar ese año  4º de primaria,  con D. Germán Tabar. Recuerdo la enorme polvareda que se levantaba en la verbena especialmente con las últimas jotas vascas de rigor. Y no se si entonces o algún año más tarde recuerdo que en el mismo campo se instalaban un par de atracciones de feria, tipo carrusel, caballitos o similar para la plebe infantil. Después de la cena tengo el recuerdo de mis padres bajando de casa en la cercana Travesía a oir la musica y bailar. El campo estaba a reventar de gente y no solo acudían vecinos de toda la Rochapea sino que bajaban incluso desde Pamplona.

En 1973 nacía la Asociación de Vecinos de la Rochapea Auzolan  que tomaba la iniciativa de organizar las fiestas del barrio. Una de sus primeras  sedes creo recordar estuvo en una parte de las que llamábamos las escuelas de las chicas, mientras que el grupo juvenil Auzoko ocupaba el antiguo Centro Parroquial.   Las paellas se trasladaron a las  terrenos  colindantes con las instalaciones de la UDC Rochapea que había terminado de construir sus instalaciones en julio de ese año. Por lo demás y al margen de las paellas se seguían celebrando una gran cantidad de actividades infantiles y las tradicionales verbenas, en los lugares de costumbre, osea en el campo de fútbol del Ave María, además de dianas, danzas, teatro, títeres. También recuerdo con nitidez las fiestas de este año: en el campo de fútbol del Ave María tocaba la orquesta Bahía, y dentro del festival musical de aquel 2 de agosto de 1974 escuché por primera vez al cantautor Fermín Valencia. Estábamos en los tiempos del agonizante tardofranquismo. Creo que las verbenas en el campo de fútbol del Ave María se prolongaron hasta 1975 o 1976. Se derribaron las viejas escuelas en 1977 y se construyó un nuevo edificio. En 1977 el grupo juvenil se trasladó al Barracón (un edificio alargado, junto a la antigua vía del Plazaola,  donde se almacenaba el material de los “camineros” de la Diputación).  La mayor parte de las actividades festivas se trasladaron ese año a la zona del Barracón y  la verbena se celebró en la campa anexa (la campa de la Diputación decíamos) con la Iruña Band. Ese año volvió a cantar Fermin Valencia en un festival musical celebrado en el nuevo recinto festivo. El programa se completaba con otras muchas actividades: dianas, pasacalles, danzas, pruebas deportivas, etc.

Esta tónica es la que tienen las fiestas de 1978, con actividades tanto en las proximidades del Barracón como de las escuelas del Ave María. Este año se celebró en el patio de las escuelas un festival musical de pago, había que apoquinar 20 duros, para escuchar a Urko, con su inolvidable “Maite, Maite, Maitia”. Es otro de esos recuerdos que como el de Fermin Valencia y sus canciones protesta y algunas de las  verbenas citadas se quedaron impresas en mi retina. La verbena se siguió celebrando este año  junto al Barracón. El chupinazo de las fiestas se lanzaba en la plazuela del Salvador aunque posteriormente se haría en el patio de las escuelas del Ave María. En 1979, las verbenas vuelven al patio de las escuelas del Ave María, donde también se celebran en 1980, fiestas de las que guardo  algún anecdotario en lo personal que no ha lugar a comentar en este momento. Se multiplicaron los días y  actividades festivas. La misma tónica continuó en 1981 y 1982 con un gran cantidad de actos tanto culturales, infantiles (incluyendo un toro de fuego) como deportivos y musicales, la inmensa mayoría de ellos en el patio de las Escuelas del Ave María, la verbena corrió a cargo de la orquesta Noche y Día en 1981 y de Elurra en 1982. Los bailables se prolongaron estos dos años, una hora más hasta las 3 de la madrugada. También seguía habiendo algunas  atracciones de feria. Algunos vecinos se quejaban de que la fiestas se concentraban siempre en Marcelo Celayeta y la Travesía del Ave María. Así es que en 1983  buena parte de los actos se trasladaron al Barracón como seis años atrás, pero en 1984 volvieron de nuevo al Ave María, donde se concentraron prácticamente todas las actividades festivas. En 1985 la Asociación de Vecinos dejaba de organizar la fiestas ante el poco apoyo o colaboración vecinal.

En 1981, se habían instalado cuatro barracones prefabricados junto al antiguo barracón de los Camineros porque el edificio de las escuelas del Ave María se había quedado pequeño para absorber la demanda, especialmente de los más txikis. En 1986, después de algunos años de parón inmobiliario y escasas obras, algo se empezó a mover en la Rochapea. Se urbanizaron algunas calles como Carriquiri, introduciendo canalizaciones y saneamientos que recogerían las aguas que antiguamente circulaban libremente por campos y calles del barrio. Se construía el primer polideportivo del barrio junto a la citada calle Carriquiri en los terrenos del antiguo campo de la Diputación asi como un nuevo   campo de fútbol (el del Irati) y algunas viviendas de precio económico.  Parte de las instalaciones de los antiguos Corrales del Gas fueron derribados en los años 80 para ser sustituidos por un edificio multiusos primero y hostelero después, de escaso uso, quedando arrinconadas el resto de las instalaciones en la zona cercana al llamado Callejón de los Toros,  sufriendo la calle  durante década y media en este punto  una muy pronunciada  curva frente  a su histórico diseño más o menos rectilíneo. Toda esa histórica zona sería derribada entre finales del pasado siglo y los inicios del presente.

En 1989, se derribaban buena parte de las casas del lado derecho de la calle Provincias, popularmente conocida como “calleja de los cutos”, y se construían unas nuevas. Con su derribo desaparecerían algunas viejas corralizas y las antiguas cochiqueras que le daba al barrio un toque un tanto rural, como se lo daban los caballos de Goñi o las vacas de Larrayoz. En 1991, el barrio inauguraba su propio centro de salud en la calle Cruz de Barcacio, tras peregrinar sus vecinos primero a San Jorge y luego  a un bajo en la Travesía de San Blas. En 1992 se derribaba el antiguo Cine Amaya para dar paso a los nuevos viales de la Rochapea. Había estado cerrado desde 1971, pese a que hubo algún intento municipal por hacerse con él (junto al Chantrea y al Gayarre) al comenzar los años 80 para su uso público. En el año 1993 y 1994 se construirían los nuevos puentes de Vergel y Oblatas, dejando el viejo puente de San Pedro como peatonal, y en torno a 1996 y  siguientes años se derribaría buena parte del lado izquierdo de la Avenida Marcelo Celayeta, desde Cuatro Vientos hasta Capuchinos. Posteriormente, al final del siglo,  le llegaría la hora al cruce de Cuatro Vientos, con más derribos y un nuevo diseño del peligroso cruce. A lo largo de los 90 se irían construyendo buena parte de los bloques que cerrarían el futuro parque de los Enamorados. Aun quedaba lejos la crisis del ladrillo que estallaría con crudeza en torno a 2007-2008.

En 1986 la fiestas del barrio se trasladaban por primera vez de agosto a Septiembre y los actos se diseminaban por todo el barrio, más allá de los tradicionales puntos en los que se había concentrado los últimos años, de forma que los principales actos, como la verbena, se concentraron, esta vez,  en la zona de la Virgen del Rio,  (Monasterio Viejo de San Pedro), con actividades  en La Compasión, San Pedro o Gomariz (futuro centro socio cultural del barrio “Juslarrocha”) que adquiriría cada vez mayor importancia en las fiestas, siendo durante varios años el lugar desde donde se tiraba el chupinazo de fiestas. Las paellas  se trasladaron por su parte al mes de julio, en plenos sanfermines. Se rompía una tradición que había vinculado las fiestas a cierto patronazgo, ya fuese de San Lorenzo (en torno al 10 de agosto) o a El Salvador (en torno al 6). En 1987, hubo verbenas y/o actividades musicales en dos sitios, en la  Virgen del Rio y en la plaza del Porrón. En 1988 la verbena se ubicó en el cruce entre las calles Cruz de Barcacio y Jus La Rotxa, al igual que en el año siguiente. De 1990 a 1996 la verbena se celebraría en la calle Urzainqui.

En 1992, las fiestas cambiaron nuevamente de fecha, esta vez a Junio, aunque los escenarios festivos seguían siendo casi los mismos, aunque pivotando sobre todo en la zona de la Virgen del Río. En 1994 se derribaba el Barracón.  En 1995 se ocupaba la nave de IFA junto a las tiendas de las Amezqueta en Marcelo Celayeta, en cuyos locales se organizaron  algunas actividades festivas. En 1997, el chupinazo se tiró en la Carbonilla, al igual que  en los años siguientes, la verbena se celebró en Bernardino Tirapu, frente a la Compasión y los actos se distribuían  por los antiguos y nuevos espacios urbanos del barrio: San Blas, Virgen del Río, San Pedro, Corralillos, Santa Engracia, plaza de José Miguel de Barandiaran, parque de los Enamorados, etc.  Las relaciones con el Ayuntamiento eran cada vez más tensas, con recortes progresivos de las subvenciones y suspensión oficial de las fiestas en el año 2000, clima que se mantendría a lo largo de los años siguientes. El programa de actos era cada vez más nutrido, casi medio centenar de actos en casi una veintena de ubicaciones diferentes.  Las verbenas que yo recuerde estaban en la zona cercana a la Compasión y en  el parque de los Enamorados. Y solían tocar  grupos como  Trikidantz  o  Tximeleta.

Fotografías por orden de aparición: Nº 1. Ortofoto 1956 de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta Nº 2: Ortofoto 1966 de Joaquín Beunza. Nº 3: Ortofoto 1966 de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 4: Ortofoto 1966 de Marcelo Celayeta y San Pedro. Nº 5. Cine Amaya. (1965). Nº 6. Postal de la Rochapea (1966). Nº 7: Ortofoto 1966 del  último tramo del Camino de los Enamorados y fábricas existentes: Ingranasa y Calzados López. Nº 8: Ortofoto 1966 de Joaquín Beunza y Avenida de Guipúzcoa. Nº 9: Casa Sancena. Foto de José Castells. Sin datar. Nº 10: Fábrica de Icer en Joaquín Beunza (principio de los años 70). Nº 11: Calendario promocional de Frenos Urra. Sin datar pero probablemente de los años 60. Nº 12: Fábrica de Calzados López en el Camino de los Enamorados. 1970. Nº 13: Fábrica de Copeleche en el barrio de San Pedro. Mikel Goñi. Años 80. Nº 14. Fábrica de Pretensados Aedium, situada entre Cruz de Barcacio y la carretera de Artica. 1984. Revista Ezkaba 2004. Nº 15. Fábrica de Ingranasa. 1990. Nº 16. Postal de Rochapea. Años 50. Nº 17. Inundaciones en la Rochapea. Diciembre 1959-Enero 1960. Nº 18. Estación del Norte. 1970. AMP Autor. Nº 19: Cruce de Bernardino de Tirapu con Marcelo Celayeta, con la plaza del Salvador a la derecha de la foto. Años 80. Nº 20. Campo del Gure Txokoa. 1958-1963. Nº 21: Piscinas de San Pedro. Años 80. Nº 22: Edificio de Múgica y Arellano. Años 80. Nº 23: Avenida de Marcelo Celayeta. 1967. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 24: Barrios de Santa Engracia, Rochapea y San Jorge. 1972. Paisajes Españoles. Nº 25: Vista general de la Rochapea con la calle Bernardino Tirapu y el  Camino de los Enamorados.1976. Paisajes Españoles. Nº 26. Ortofoto 1982. Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 27. Calle Joaquin Beunza. Años 80-90. Nº 28. Avenida de Marcelo Celayeta. 1976. Nº 29: Avenida de Guipúzcoa. Manolo Hernández. Años 90. Nº 30: Vista de las casas de la calle Provincias desde las Escuelas del Ave María. Años 80. Imagenes Rochapea. Revista Ezkaba. Nº 31. Perfil en Frio. Obras de canalización en la zona. 1985-86. Archivo propio. Nº 32. CACECO en pleno desmantelamiento. 1996. Archivo propio. Nº 33: Ortofoto 1982. Vista general de la Rochapea. Nº 34. Carriquiri. 1984. Imagenes Rochapea. Revista Ezkaba. Nº 35. Casas en las inmediaciones del Bar Porrón. Años 90. Manolo Hernández. Nº 36: Vista aérea de la Calle Joaquín Beunza. Años 80. Archivo de Oscar Beorlegui. Nº 37: Casa Parroquial en Marcelo Celayeta. Años 1992-94. Nº 38. Cuatro Vientos. Años 90. Manolo Hernández.. Nº 39: Derribos en Marcelo Celayeta. 1996. Archivo propio. Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra.

Barrios de Pamplona: La Rochapea a lo largo del siglo XX. 1ª parte. (1900-1950)

Vuelvo al barrio que me vió nacer y aunque he hablado de mi barrio en infinidad de entradas, no he hecho una que haga una breve pero completa síntesis de su reciente historia, de sus cambios urbanísticos y de sus fiestas.  Sobre estas últimas hice alusión   en alguna de las primeras entradas de este blog, en aquellas de contenido más personal o autobiográfico, pero aquí las retomo con un criterio y orientación más historicista. Creo recordar que también hice alusión a estas fiestas, de pasada, cuando hablando de las fiestas de San Fermin Txikito me referí a las fiestas de algunos de los barrios extramuros. En esta entrada me centraré, además de citar algunos hitos urbanísticos destacados, en enumerar industrias, fechas y lugares destacables y por lo que se refiere a las fiestas, sobre todo en qué lugares del barrio se concentraban sus actos y cuales eran las principales actividades de estas a lo largo de la historia. Para ello he hecho un seguimiento de sus actividades a través de la prensa local. Este tema de las fiestas me es especialmente querido, no en vano, durante muchos años,  el corazón de las fiestas del barrio se ubicaba a escasos metros de mi casa, junto a las escuelas, en la Travesía del Ave María. Intentaré incorporar material gráfico nuevo aunque no es fácil, y   reconstruiré el paisaje urbano del barrio desde los años 20 hasta finales de siglo, como si de una máquina del tiempo se tratase. Me serviré especialmente  para ello de las ortofotos existentes de los años 1929, 1945-46, 1956-57, 1966-71 y 1982. Dada la extensión de la entrada la dividiré en dos partes. Intentaré seguir este mismo procedimiento de investigación y análisis con el resto de barrios de Pamplona, aunque no les puedo asegurar cuando.

Empecemos con unas notas historiográficas sobre el barrio. Entre los siglos XIII al XV se llamó al barrio Ius o Jus La Rocha que en occitano, hablado por los francos del burgo de San Cernin venía a significar “debajo de la rocha”. La Rocha era una de las  torres de defensa de este burgo que  debía estar  en la esquina de las murallas situadas cerca del actual Museo de Navarra y que probablemente tomaría su nombre por estar situada esta torre de defensa sobre alguna roca o promontorio. Posteriormente  el nombre se vasconizó y la zona de abajo pasó a conocerse como Rochapea (en euskera, bajo la Roca o Rocha). Hasta mediados del siglo XX, la Rochapea se extendía desde el Puente de Miluce a la zona del Convento de Capuchinos, incluyendo al barrio de San Jorge. Como ya he señalado en otras entradas hasta primeros de este siglo había una taxativa prohibición de construir más allá de las murallas y, de hacerse,  tenía que hacerse con determinados elementos y sin sobrepasar determinada altura. El Camino Viejo de la Rochapea, luego Joaquín Beunza, y la calle Errotazar eran sus principales vías. Como veremos más adelante en una fotografía, con indicaciones de lugares, de Julio Altadill, de 1895, al fondo de la foto podíamos descubrir dos caminos sembrados de arboles, el Camino, luego Carretera a Villava y el Camino de los Enamorados. Entre la ciudad  amurallada y estos caminos había  una vasta extensión de campos y huertas. La estructura y vertebración del  barrio ha estado condicionada por el paso del río y las diferentes vías de comunicación, tanto de carreteras como ferroviarias. De ambas vías y calles y de algunas otras hablé extensamente a lo largo de las más de 20 entradas que dediqué al barrio de la Rochapea por lo que me referiré más sucintamente a ellas en ésta.

Si entrasemos al barrio por la Avenida de Guipúzcoa, pasada la mitad del siglo XIX, allá por finales de la década de los 60, y al lado derecho de un puente de madera que permaneció hasta 1970 descubriríamos la solitaria y recién inaugurada Estación del Norte (14-9-1860); La instalación de la estación del Norte provocó que junto a la tradicional actividad fabril de la histórica calle Errotazar surgiera posteriormente un núcleo de actividad potente en torno a la Estación, sobre todo, al norte con la Gran Tejería Mecánica e Inabonos y al sur con la azucarera de  Eugui (1926-1971) que fabricaba azucar y licores y la fábrica de Calzados López (1910-1926) que luego ocuparía el taller de fabricación de material agrícola Mugica y Arellano (1926-1974). Pasado el puente sobre el ferrocarril y también a la derecha, justo antes de llegar al cruce de Cuatro Vientos descubrimos, en torno a 1865, la casa de Domingo Chiqui, o sea la casa de D. Domingo Eugui, padre del  industrial  Carlos Eugui y Barriola.  Al otro lado de las vías del tren, en lo que sería la actual zona de Euntzetxiki (calle Ferrocarril),  se ubicaba, como he dicho, a finales de siglo Abonos Químicos de Navarra (1893),   la mencionada Tejería Mecánica, la serrería de Isturiz y la de sacos y telas de textiles Maser, entre otras empresas. Detrás de la calle Ferrocarril, tras la postguerra, se construyeron las escuelas de Unzutxiki que yo recuerdo haber visto hasta finales del pasado siglo.

En el lado izquierdo de la avenida de Guipúzcoa  no hacía mucho tiempo,  -al filo del siglo XIX-,   que había desaparecido el Viejo Monasterio de Santa Engracia. Ocupaba el principio  de la actual calle Carriquiri, la Calle Provincias, la zona de Marcelo Celayeta más cercana a Cuatro Vientos  y el principio de Joaquín Beunza; Había permanecido en el lugar durante más de 500 años, hasta que las monjas clarisas se tuvieron que trasladar  a Olite, tras  la guerra de la convención de 1794. Y es que el monasterio que había sobrevivido a tantos siglos no pudo con la orden de derribo de todas aquellas construcciones fuerapuertas que estuviesen situadas a determinada distancia de la ciudad  y con determinadas condiciones constructivas, distancias y condiciones que evidentemente el Monasterio no cumplía.  En la esquina de Cuatro Vientos había una casa con bajo más dos alturas que permaneció, apenas sin cambios, prácticamente durante todo el siglo XX. En esa casa cuentan que estaba la famosa taberna, “La Gloria Navarra” regentada por Doña Eulogia, conocida por sus famosos callos. Pasando el puente de Cuatro Vientos  llamado entonces Nuevo de Santa Engracia, para diferenciarlo del Viejo, y que era bastante más estrecho que el actual, -se ensanchó en 1932-, al lado izquierdo hallábamos el molino municipal  que surtía de harina a los hornos del Vinculo. En 1888, el molino se transformó en una central eléctrica también municipal, -la Electra Municipal- que funcionó hasta 1939 en que fue subastada y comprada por Bernardo Echamendi que la transformaría posteriormente  en Industrias del Caucho. La primitiva fábrica de cueros y charoles de Echamendi estaba en el camino de los Enamorados y sufrió un pavoroso incendio en el año 1930. Casi enfrente, en la parte derecha de la avenida, estaba Villamiranda.

Si entrasemos al barrio por el puente de la Rochapea, dejaríamos a la izquierda las Casas de Curtidores. Allí estaban las fábricas de curtidos de Yoldi y Zarranz.  A principios del siglo hubo también en este lugar una sociedad llamada “La Veneciana” que alquilaba barcas para pasear;  Enseguida llegaríamos a la plaza del Arriasko, que en euskera significa “muchas piedras”, dejando a la izquierda al Matadero de Carnes, (en el lugar desde el siglo XVI hasta finales del XIX), el nuevo se construiría en San Juan, junto a la cárcel, al despuntar el siglo; a la derecha y junto al río se encontraba el mayor lavadero de la ciudad, donde las lavanderas bajaban a lavar la ropa a la orilla del Arga y colgaban las prendas en largos tendederos;  En ese lugar,  el Ayuntamiento, en 1899,  plantaría un montón de arboles plataneros para dar sombra a las sufridas lavanderas. El antiguo matadero de la ciudad, el más antiguo, estuvo situado hasta el siglo XVI pasado el puente Viejo de Santa Engracia, a mano derecha, en una casa que se derribó parcialmente poco después. En los años 80 del pasado siglo, no obstante, una parte de la vieja construcción original todavía estaba en pié.  En la plaza del Arriasko destacaba el edificio de la Casa de los Pastores. Hasta 1813 la mayoría de las casas de la plaza eran propiedad de las Agustinas Recoletas, luego fueron compradas por el Ramo de las Carnicerías  que construyó en el lugar unas corralizas para encerrar el ganado destinado al Matadero. En 1920 se instaló en la plaza la Guardia Civil, ubicación que no abandonaría hasta 1975. En esa parte del edificio del viejo matadero que se mantuvo en pie yo recuerdo de niño que estaba habitado por familias  gitanas, y creo que aun queda hoy en día algún resto edificatorio que sirve de sede al Club de Remo.

Saliendo de la plaza  hacia Errotazar,  pasada  la  fundición  de Gamarra, podríamos meternos por el Camino Viejo de la Rochapea hasta desembocar en  los caminos de Enamorados y Villava.  Los núcleos más densos de población de la Rochapea se instalaron a principios del siglo XX, al igual que las industrias,  junto al puente de la Rochapea, Errotazar, Joaquín Beunza (llamada así desde 1937 pues antes se llamó  de García Castañón (1931), Ramón y Cajal (1935) y Camino de la Rochapea de nuevo (en 1936)); Camino de los Enamorados, Avenida de Guipúzcoa y Marcelo Celayeta, avenida que,  a la postre y desde mediados del siglo XX se convertiría en la arteria principal del barrio. Al lado izquierdo del Camino de la Rochapea, luego calle de Joaquín Beunza,  nos toparíamos, desde 1936, con la fundición de Sancena, el vivero municipal  y  los restos de la fábrica de gas  inaugurada en 1861, con su alta chimenea, que había producido  gas para el alumbrado de la ciudad y en donde se ubicarían durante más de un siglo, desde finales del XIX hasta principios del XXI,  los corralillos de los toros.

La fábrica subía el gas por tuberías a la ciudad y  vendía también alquitrán, carbón de cok y agua amoniacal. La fábrica dejó de funcionar durante algunos años por el encarecimiento del carbón de hulla, debido al bloqueo de la ciudad por los carlistas (1872-76) y pocos años después (1888), con la instalación de la luz eléctrica en la ciudad, dejó de tener sentido su existencia. En 1898 la compró el Ayuntamiento dedicándola primero en albergue para pobres y más tarde, desde 1899,  para desencajonar los toros para San Fermín. En 1918 se adecentaron definitivamente para este fin. En 1943 se derribaron las viejas construcciones, habilitando los corrales tal y como los conocimos hasta el año 2004, año en que se derribaron por completo y se ubicaron en un lugar cercano. Yo creo recordar que por esta zona también había una perrera municipal. En esta calle encontrábamos, además, un  lugar de referencia como Casa Placido, con su taberna y su patio, tan frecuentados durante los sanfermines, al comienzo de la calle y Casa Típula en su tramo final. Otras industrias que estuvieron asentadas en esta calle, a lo largo del siglo XX,  fueron la fábrica de botones de Castells (donde  se ubicó luego el colegio de las Mercedarias, la fábrica de hielo y espumosos Arancha, la de palillos de Antuñano, la de cohetes “El Cohetero”, la de palos de escoba de Seminario, herramientas de corte de Isturiz, frenos de Alfredo Urra y Manuel Ros (en los años 50), la trapería de Estremera ya al final de la calle cerca de la confluencia con el Camino de los Enamorados. Aquí, en el camino de los Enamorados estuvo además de la fábrica de Bernardo Echamendi y también  la de órganos Roques que funcionó durante 10 años y se quemó en 1923, tal y como recoge la prensa de la época y en el término de Santa Engracia, enfrente de la Iglesia del Salvador,  la fundición de Apolinar Arrieta.

En la calle Errotazar se agrupaban, también a finales del siglo XIX y principios del XX, muchas casas e hitos urbanísticos  e industrias  del barrio, y las cito por orden de aparición, la lavandería o colandería de Tabar (donde se cocía la ropa con ceniza), la casa y fábrica de curtidos de Baldomero Navascués, que daría lugar al nombre del lugar, conocido como patio de Navascués, y que, además, era primo carnal de Pablo Sarasate);  En esta zona había también fábricas de cerveza, curtidos, de velas y sebo y una herrería, más adelante estaba la fábrica de fideos del señor Armendariz que se llamaba “La Navarra” y que poseía una tienda en la calle Mayor, enfrente una serrería y la casa de la Cenona, más adelante la Casa de la Parra (luego de la familia Lorda), la Casa de Vergara, la casa del Obispo y las casas de Mina y trás estas el Prado de la Lana (1736), donde se lavaba la lana, y el Molino de Alzugaray y muy cerca de allí, aprovechando el agua de la presa de San Pedro, el huertano Redin  organizó los primeros baños públicos de la ciudad,  a principios del siglo XX, por 0,10 pts el servicio, a Redin le llamaban “el mochorro”, de ahí que se conociese el paraje como “la huerta del Mochorro”.

Y al otro lado de la calle y hasta la esquina de Errotazar con el camino de Enamorados estaba  el Prado de la Cera donde se blanqueaba la cera y se extendía al sol cuya existencia parece que data del siglo XIV. Entre las huertas más conocidas que suministraban sus frescos productos al Mercado de Santo Domingo estaban las de Udobro, Beunza (el diputado), (luego Turrillas), Huici, Caparroso, Chancharrana, Zabalza, Elizalde, Berasain, el mencionado Vergara, Gervasio, etc. La zona de huertas llegaba desde Errotazar al puente de Santa Engracia y fueron eliminadas al filo del siglo XXI, por la construcción del nuevo parque fluvial.

En tiempos llegó a haber en la Rochapea viñedos al igual que los hubo en la falda del San Cristobal, para hacer txakolí y también cinco fuentes, tres de las cuales las tengo localizadas,   una de ellas pasado el viejo puente de Santa Engracia, a mano izquierda, que fue tapada en los años 60,  la otra estaba al final del camino de los Enamorados junto a las Escuelas de Lavaderos y la tercera en el margen izquierdo de la calle Errotazar, después de pasar el puente y la presa de San Pedro.  Siguiendo la calle Errotazar,  más allá de este primer y  denso tramo, nos topábamos con el viejo puentecillo de Errotazar, la presa de San Pedro y bordeando el rio, a mano izquierda dejábamos el Monasterio Viejo de San Pedro antiguamente Convento de San Pedro, el primer y más antiguo convento medieval de la ciudad, construido en el siglo XIII, habitado primero por los padres franciscanos y luego por  las Petras, religiosas que estuvieron en él hasta 1969, año  en que el edificio quedó abandonado. El edificio en rápido proceso de deterioro  sirvió de albergue durante algunos años a  algunas familias gitanas, hasta que fue recuperado y rehabilitado por el Ayuntamiento. Luego llegábamos hasta la iglesia de San Pedro, junto al convento de los Capuchinos. El convento data del siglo XVII y la iglesia del convento rehabilitada,  se abrió al culto de los feligreses en el año 1952.

Pero cambiemos de tercio y recordemos como vivían los rochapeanos sus fiestas a mediados del XIX, incluso antes. Se tienen noticias de que las fiestas de la Rochapea se celebraban en la plaza del Arriasko o de los Pastores, junto al Matadero Nuevo, al menos desde el siglo  XVI. En aquellos lejanos siglos y posteriores preocupaba a los poderes políticos y religiosos sobre todo  la llamada moral pública, siempre ha habido la natural tendencia de los poderes públicos por controlar a la población en sus comportamientos; los bailes  posibilitaban el contacto siquiera fugaz entre hombres y mujeres y  el alcohol desinhibía al personal. Lo demás se lo pueden imaginar. Según dichos poderes públicos este tipo de acontecimientos festivos  incitaba a las peleas o riñas  y al desenfreno carnal. Así que era relativamente frecuente la publicación de edictos decretando la contención o incluso la prohibición de determinados actos festivos. En cualquier caso era preceptiva la previa autorización para su celebración. Y esto sucede al menos en los siglos XVI, XVII y XVIII, incluso en el siglo XIX. Las primeras fiestas debieron estar bajo la advocación de Santa Engracia. A partir del XIX las fiestas estarían bajo el patronazgo de San Lorenzo, de cuya parroquia dependía el barrio, celebrándose los días 10 y 11 de agosto. En aquellas fiestas las actividades se reducían a comer, beber y danzar, al son de los  juglares y sus antiguos instrumentos. Entre las danzas de las que se tiene conocimiento se encuentra la llamada  karrikadantza o correcalles y más tarde el baile de la Era y entre los instrumentos musicales más frecuentes la txirula o la gaita, flauta y el tamboril; más adelante llegarían las charangas. La figura de los mayordomos se hace presente sobre todo desde el siglo XIX. También había cohetes, hogueras y se degustaba el tradicional relleno y los piperropiles.

Es desde mediados del siglo XIX hasta la época de la guerra civil cuando experimentaron mayor auge las fiestas para ir posteriormente decayendo y resurgir más tarde, siendo muy habitual que los habitantes de intramuros acudiesen también a las fiestas extrabarriales como las de la Rochapea. Además de en la plaza del Arriasko,  a finales de siglo,  comienzan también a celebrarse algunos actos festivos en la explanada existente frente a la recientemente construida estación del ferrocarril del Norte, al hilo de la pujanza industrial y poblacional de este segundo enclave, si bien el grueso de los actos se seguiría celebrando en la plaza del Arriasko o en el Gas hasta décadas más tarde. El baile solía durar,  al filo del nuevo siglo,  hasta las 12 de la noche. Durante los primeros años del siglo XX y hasta 1918, las fiestas de San Lorenzo se celebraron por duplicado, o mejor dicho en dos escenarios diferentes, abajo, en la Rocha, en la plaza del Arriasko y arriba, en la ciudad, en la plaza de Recoletas, si bien el baile se solía celebrar en los jardines de la Taconera o en el Rincón de la Aduana.

En los primeros años de la segunda década del siglo XX el  baile se celebró en el patio y salas de la antigua fabrica del Gas. Al final de la segunda década del siglo se empiezan  a producir grandes cambios, los actos religiosos se celebran en la vecina parroquia del Salvador, inaugurada el 2 de abril de 1916, la 1ª piedra de la iglesia se había puesto  el 12 de abril de 1914.  En esta segunda década del siglo  comienzan a coger más auge las actividades festivas en el barrio de la Estación, perdiendo fuerza las del barrio hortelano, sin embargo durante un par de años hubo  dos bailes, uno frente a la Estación y otros en la zona del Gas, desapareciendo  durante una década  las actividades festivas de San Lorenzo en el Casco que se retomaron con fuerza mediados los años 20, con verbena en la Taconera y becerrada incluida. El motivo de la suspensión estuvo, al parecer, originada en las tasas que el ayuntamiento quería cobrarles por organizar las fiestas, Aunque dicha recuperación duraría poco tiempo ya que no hay actividades festivas en el Casco a  partir de 1927.

A finales de los años 20 se pensó en enlazar Madrid con Paris por Alduides y hubo un proyecto de  tirar una vía por Marcelo Celayeta. Se trajeron  materiales y vinieron ferroviarios de otras comunidades pero la idea se desechó y nuestra vieja estación se quedó en lo que es actualmente, en una estación de segunda categoría con escasas comunicaciones y servicios. En 1911 se había inaugurado el Irati, un ramal bajaba por el Portal Nuevo y la Cuesta de la Estación hasta la Estación del Norte, otro ramal iría desde 1914 por la actual calle Carriquiri, justo donde sigo viviendo desde mi infancia, para conectar con la Estación del Empalme del Plazaola. Y es que a partir de 1914 por el barrio comenzó a atravesar  otro ferrocarril de vía estrecha, el Plazaola, que tenía la estación del Empalme en la confluencia de las actuales calles  Carriquiri y de Bernardino Tirapu. Pero la relación del barrio con el tren no acaba aquí. Con la carbonilla del tren del Norte se hicieron en 1920 las casas 55 y 55 bis de Marcelo Celayeta, junto a las escuelas del mismo nombre, que fueron derruidas a partir del año 1996.  Las escuelas de la Carbonilla fueron impulsadas por el régimen republicano en los años 30  para hacer frente a la oferta educativa confesional de las escuelas del Ave María.

Las antiguas escuelas del Ave-Maria son una parte importante de la memoria personal de varias generaciones de pamploneses del barrio de la Rochapea. Se empezaron a construir el 21 de marzo de 1915, terminándose, junto a la  iglesia del Salvador,  el 2 de abril de 1916. Su fundador fue D. Marcelo Celayeta, párroco de San Lorenzo, que se inspiró en las escuelas del mismo nombre que impulsó en Granada el pedagogo Andrés Manjón. Fue dirigida por D. Marcelo Celayeta hasta su muerte el primero de mayo de 1931. Fueron sus primeros maestros, formados en el método manjoniano, Don Gervasio Villanueva y Doña Maria Marillarena. Los niños aprendían jugando con piedras, cintas de colores, piezas metálicas, etc. También se cuidaba la formación musical llegando a formarse una banda de 28 músicos. De dicha escuela y sus métodos hablé con más detenimiento en la entrada dedicada a las “escuelas, cantinas y colonias”, por lo que no me extenderé más aquí.

En las fiestas del barrio de la Estación se incorporaron dianas al programa, además de los clásicos bailables, con banda de música incluida y conciertos en la arboleda junto al río, también enfrente de la Estación, cerca de las antiguas escuelas, junto a la finca de Eugui. La banda del Ave María y Gurmensindo Bravo se convertirían en protagonistas fijos de algunas de las actividades durante algunos años. Las fiestas se celebraban inicialmente por cuestación popular entre los jóvenes del barrio, implicándose más tarde al tejido económico y comercial. Las actividades festivas en la zona del Gas desaparecerían  a finales de los años 20 al tiempo que cogían auge las de la zona de la estación. Atrás quedaba el chunchunero con la gaita y el tamboril, los piperropiles, los mayordomos y los bailes en el Gas. Bandas de música, charangas, guitarras, violines y bandurrias amenizaban las veladas musicales. En los años 30 se comenzó a organizar alguna prueba deportiva, como el Circuito de la Estación (1934), una carrera ciclista de aficionados. La guerra civil provocó la suspensión de las fiestas entre 1936 y 1938.  No fueron pocos los vecinos de este barrio represaliados por el movimiento golpista que acabó con el régimen republicano.

Pero ¿cómo era la Avenida de Marcelo Celayeta, entonces carretera de Villava en estas primeras décadas del siglo XX y en general el barrio?. Intentaré trazar una descripción lo más completa posible como si hubiera estado alli. La carretera a Villava estaba semiescondida entre arboles  y postes de luz que irían desapareciendo a medida que el camino se convertía en avenida y se fue urbanizando con nuevas construcciones y equipamientos.  Hasta 1916 no veremos la referencial silueta de la torre de la iglesia del Salvador.  En los años 29-30, además de la iglesia del Salvador y de las cercanas escuelas del Ave María, todavía sin la ampliación que conocí de niño, podemos contemplar en las fotos aéreas de la que se dispone un abigarrado núcleo de casas e industrias en torno al cruce de Cuatro Vientos que se haría más denso cuanto más avanzase el siglo; junto a él, la vieja calle de las Provincias, todavía no se había construido nada en su lado derecho, al margen de alguna construcción  a su izquierda. Como dice Ricardo Ollaquindía,  al fondo de la Calleja, en el centro, había una casa colorada, y dos salidas a los lados,- por las que se iba a la vía del Irati,  y al puente sobre la vía del tren, al que sería luego el campo de fútbol del Rochapeano (a la derecha) y al campo con hierba de Úriz (a la izquierda). Lo pueden observar en la ortofoto correspondiente.

En cuanto a las escuelas que estaban tal y como se inauguraron 14 años antes, una tapia cerraba la trasera dejando un campo de fútbol más reducido en su interior que el conociese 40 años más tarde y lo que parecía un frontón. La iglesia era más pequeña, no llegaba como luego hasta el  camino o carretera a Villava. Había, como he dicho arboles flanqueando ambos lados del camino y junto a la iglesia y escuelas había otras construcciones, situadas igualmente cerca de la carretera, me refiero a las casas que luego serían el nº 1, 2, 3, 4 y 5 del Ave María, estas casas construidas con piedra y  sin demasiado artificio, probablemente fueran de la primera o segunda década del siglo;   Enfrente, al otro lado había algunas viejas construcciones bajas de una o a lo sumo dos plantas, en muchas ocasiones con corraliza, un viejo bloque de viviendas de 1917 que aun se conserva, (es actualmente el edificio de viviendas más antiguo del barrio,  aunque está fuera de ordenación y se prevé su inminente derribo, encajonado entre las casas de Oscoz que se construirían por Severino Oscoz Barbería en 1955), y algunos caserones sueltos tanto a un lado como a otro de la carretera (probablemente de aquella época fuese la que llamábamos casa de la Marichu o  las Bodegas de los Matossi, que  fabricaba los licores del Café Suizo,  los Matossi, unos emprendedores suizo-italianos se habían instalado en la Rochapea en 1844 y eran   dueños del conocido “Café Suizo” de la plaza del Castillo dedicándose inicialmente a la fabricación de aguardientes y licores. Era famoso su “Licor de Chardon” a base de frambuesa.

Por cercanía a mi hogar recordaré que por la actual calle Carriquiri discurría el ramal que conectaba la Estación del Norte, el Irati y el Plazaola. Este ramal marcaba un pequeño arco en la zona más cercana a la actual calle Bernardino Tirapu, cerca de las Casas del Salvador, y conectaba con el Plazaola a través de ese arco. Atrás se podían ver la Estación del empalme y otras construcciones y muelles de descarga. La Rochapea era un inmenso paraje lleno de campos de labranza allí donde posteriormente 25 o 30 años se erigirían cientos de pisos y pisos. Pasado el cruce del Plazaola con la carretera a Villava encontrábamos el mencionado barrio de la Carbonilla. En esta época ya eran perceptibles los diferentes senderos y caminos del barrio que se convertirían años más tarde en carreteras y ejes principales: Cruz de Barcacio, camino  a Artica, camino a  Ansoain. Hasta los años 50, las calles Joaquín Beunza y Errotazar se componían de las casas y lugares mencionados anteriormente y algunos pocos más. Si revisáramos la entrada dedicada a la calle Joaquín Beunza veríamos que la mayor parte de los edificios señalados en ella, salvo  los bloques construidos en los años 50 a 70  ya aparecían a primeros de siglo, más cuanto más avanzase la centuria. Casas aisladas, campos y huertas que pueden verse en multitud de postales de la época. Resulta chocante ver, en cambio en la ortofoto, algunas construcciones en el tramo final de la calle Errotazar muy cerca de Capuchinos, que desaparecieron hace muchos años, Alli había un lavadero, una fuente y un abrevadero. El camino de los Enamorados estaba repleto de árboles a ambos lados. En la zona de Trinitarios no estaba construido el convento de las Oblatas pero si había una nave que yo recuerdo sobrevivió hasta hace pocos años, creo que fue en el 2009 si mal no recuerdo.

Finalizada la guerra, la Rochapea contaba con 4.300 vecinos. La Iglesia del Salvador se había independizado  de la de San Lorenzo.  Y comenzaron  a instalarse de forma progresiva más talleres e industrias.  En cuanto  a las fiestas se recuperarían las fiestas, adelantándolas algunos días, del 10 de agosto pasaron al 6 y de depender de la parroquia de San Lorenzo pasaron a hacerlo de la Iglesia del Salvador y a celebrarlas bajo su patronazgo. Se organizaron nuevamente competiciones deportivas; ciclistas y de partidos de pelota fundamentalmente, en el frontón de Ayerra, además que va teniendo un creciente peso  en el barrio el C.D Rochapeano fundado en tiempos de la República, si bien pasa por enormes dificultades hasta que se hace con un campo propio en 1955, en lo que yo conocí como el campo del Gure. Pero la recuperación sería fugaz. Las estrecheces económicas y la axfisiante rigidez moral harían que las fiestas, a excepción de los actos religiosos desapareciesen durante la mayor parte de la década de los 40. En cuanto al barrio, las escuelas del Ave María habían duplicado desde 1935 su oferta con 11 aulas,  5 de niños y 5 de niñas y una mixta, la del párvulos. En la ortofoto de 1945 se puede observar la existencia en la parte más cercana a Carriquiri de las que llamábamos escuelas de las chicas, aunque aun no se había ampliado la parte de los chicos que yo conocí de niño, las aulas que luego se dedicarían a párvulos, 1º y 2º.

En la ortofoto de 1946 aparecen nuevos edificios en el lado izquierdo de la carretera a Villava, en el tramo existente entre Cuatro Vientos y la Carbonilla, así como en la parte derecha de la calle de las Provincias. En el Ave María se habían construido los números 8 (1940), 14 y 15 y el chalet de las higueras que quedaría luego encajonado entre los números 9 y 13 de la calle. En 1945 se ampliaría la iglesia en un tercio de su volumen tal y como señalé en la entrada correspondiente del blog. En Joaquín Beunza a los tradicionales enclaves se había sumado alguna construcción más. Por lo demás y pese al incremento en el nº de construcciones, estas seguían estando un tanto dispersas y el parcelario mantenía unas características similares a las de décadas anteriores, casas de 2 o a lo sumo 3 alturas, fincas de ocio, como la de Elizari en el cruce de Enamorados y el Plazaola o casas de labranza con sus huertas, jardines o corralizas.  Ya no se blanqueaban las ceras en el Prado del mismo nombre, aunque seguían existiendo el lavadero, la fuente y el abrevadero de Errotazar y cerca del cruce de Enamorados y Errotazar se habían construido las escuelas de Lavaderos.

Será en 1949, año en que se acaban de terminar las casas municipales de Pedro cuando las fiestas conozcan un resurgimiento con multitud de pruebas deportivas: ciclismo, pelota, boxeo, baseball, aunque será  flor de un día, más bien de un año. Ese año hubo música, orquestina de baile,  en la llamada Rochapea Vieja (Errotazar) y música de orquestina y txistu en el barrio de la Estación. A mediados de los 50, la Rochapea contaba con 7.500 vecinos,  las actividades festivas vuelven a resurgir de mano fundamentalmente del C.D Rochapeano que promueve un pequeño campeonato de fútbol con los diferentes equipos de las diferentes zonas del barrio: Arsenal, Beunza, Celayeta, San Jorge, Salvador, etc. No olvidemos que la Rocha era y lo fue durante mucho tiempo un barrio de barrios, pero las fiestas vuelven a decaer, aparte de los actos religiosos, alguna diana, cohetes y una orquestina en el horario de tarde-noche.

Fotografías por orden de aparición: Nº1: Postal de la Rochapea. Años 20. Nº 2: Puente de Santa Engracia y molino municipal antes de convertirse en central eléctrica. Anterior a 1888. Roldán. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº3: Postal Vista General Pamplona desde la Rochapea. Posterior a 1914. Nº 4. Gran Tejería Mecánica. 1909. Aquilino García Dean.  Nº 5. Etiqueta de anisado de la fábrica de Carlos Eugui. Nº 6: Foto de Carlos Eugui Barriola. Nº 7: Puente de la estación. Anterior a 1950. AMP. Nº 8: Foto cruce de Cuatro Vientos. Principios de siglo. José Ayala. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 9: Anuncio de la fábrica de Bernardo Echamendi. Nº 10: Molino de Santa Engracia. 1903. José Ayala. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 11: Puente y Camino  de la Rochapea. 1895. Julio Altadill. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 12. Ortofoto 1929 de las calles Joaquin Beunza y Errotazar. Nº 13. Anuncio Casa Sancena. Nº 14: Casa Placido.  Nº 15: Factura Espumosos Arancha. Nº 16. Foto de la calle Errotazar anterior a 1870. Mauro Ibañez. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 17: Panorámica completa de la Rochapea. 1895. Julio Altadill. Pamplona, calles y barrios. J.J Arazuri. Nº 18: Ortofoto 1929 de la calle Errotazar. Nº 19. Prado de la Cera. 1935. Bozano. Nº 20. Fiestas de la Rochapea a principios del siglo XX. Plaza del Arriasko. Miguel Goicoechea. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 21. Fábrica de Gas. Año 1870. AMP. Nº 21: Ortofoto 1929 del barrio de la Estación. Nº 23: Factura de Calzados López. Nº 24: El Irati bajando por la Cuesta de la Estación. Años 20. Nº 25. Escuela de la Carbonilla. J. Cia. 1950. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 26. Iglesia del Salvador. 1917. Aquilino Garcia Dean. Nº 27. Ortofoto 1929 de la zona de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 28: Postal de la Rochapea. Zona de Joaquin Beunza. Años 20-30. Nº 29: Foto del Camino Viejo de la Rochapea. Años 20. Luis Rouzaut. Nº 30. Postal del Plazaola a punto de introducirse bajo el túnel. Años 20. Nº 31: Postal de la Rochapea. Años 20-30. Nº 32: Ortofoto 1945 de la zona de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 33. Ortofoto 1945 de Joaquín Beunza.  Nº 34: Ortofoto 1945 de la calle Errotazar. Nº 35. Casas de San Pedro recién construidas. 1950. J. Cía. Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra.