Mostrando entradas con la etiqueta Etiqueta: Curiosidades. Mostrar todas las entradas

Hace 50 años se plantearon suprimir el encierrillo (1967)

El 15 de junio de 1967, en la sesión del pleno del Ayuntamiento de Pamplona de aquel día, se debatió una curiosa propuesta que, afortunadamente, no prosperó. El concejal Agustín Latorre defendió una propuesta para suprimir el encierrillo de los toros, que conduce a los toros desde los Corrales del Gas hasta los de Santo Domingo. En la votación posterior votaron a favor de la supresión del acto cinco concejales, a saber, además del mencionado Latorre, Huici, Ezponda, Muez y López Cristobal. Se hacían, así,  eco de las protestas de los vecinos de la Rochapea quienes argumentaban que se les impedía el paso y por lo tanto el acceso a la ciudad durante más de hora y media, además de aludir a los consiguientes problemas de tráfico, la seguridad de los vallados, el riesgo que corrían los toros en la carrera nocturna y el que, en definitiva,  no era un espectáculo. El asunto fue tema de corrillos y tertulias ese día y el siguiente y en esta ocasión triunfó la fuerza de la tradición sobre otro tipo de consideraciones.

El encierrillo forma parte fundamental de lo que para mí es uno de los ejes centrales de nuestras  fiestas, el toro y el Encierro, el gran acto por el que nuestras fiestas son  mundialmente conocidas y realmente diferentes a cualquier otra, -al margen de celebraciones religiosas tradicionales cada vez más masivas y populares como es el caso de  la procesión de San Fermín-. Es además, una de las última reliquias  históricas taurinas que nos habla de la forma en que se conducían, siglos atrás, los toros bravos a la plazas. Hasta el siglo XIX las reses que llegaban a los festejos taurinos de Pamplona lo hacían por la zona sur y pastaban en terrenos de los sotos del Sadar y Esquiroz. Al amanecer eran guiados hasta el prado de San Roque por la zona de Fuente del Hierro y la Vuelta del Castillo y desde allí hasta la zona del recorrido del Encierro. Es a partir de 1887 cuando la manada se empieza a guardar en el pequeño baluarte de la muralla, junto al desaparecido Portal de Rochapea, en el lugar hoy conocido como los corrales de Santo Domingo. Será un suceso acaecido el 10 de julio de 1898, que provocó la desbandada de toda la manada de los toros de Concha y Sierra, el hecho que haría al Ayuntamiento tomar la decisión de sustituir el Soto del Sadar por la antigua  fábrica de gas, regentada por una firma holandesa, que había cerrado  en 1888 por la llegada de la luz eléctrica a la ciudad. A partir de 1899 se comenzó a celebrar el encierrillo tal y como lo conocemos en la actualidad. Los corrales del Gas conocieron dos reformas importantes a lo largo de su historia, la primera en 1918, en la que se construyeron todas la infraestructuras necesarias para hacerles merecedores de ser considerados unos verdaderos corrales y en 1943,  fecha en que se derribaron los restos de la antigua fábrica de gas. Los pamploneses pudimos tener la posibilidad de ver un espectáculo inédito: unos  encierrillos bastante más largos en duración y extensión y de ver a los toros  corriendo sobre el río, sobre el puente del Plazaola, ya que en 1994 el Ayuntamiento decidió habilitar unos nuevos corrales junto a la antigua fabrica de levaduras,   cerca del túnel del antiguo ferrocarril de vía estrecha, pero esos corrales nunca entrarían en funcionamiento, por lo que ese curioso espectáculo nunca lo pudimos ver. A los viejos corrales les quedaba, todavía, una década de vida.

El encierrillo no tiene hora fija, se ha estado celebrando a lo largo del tiempo  entre las 22.00 y las 22.30 horas (Balduz llegó a retrasarlos, en 1989, a las 23.00 aunque de hecho tampoco se celebraron ese año a esa hora por coincidir con los cohetes). Se hace sin corredores y en silencio, sólo les acompañan los cabestros, mientras los pastores, posicionados a lo largo del recorrido, van detrás. El recorrido del encierrillo, desde los corrales del Gas hasta los de Santo Domingo ha tenido  durante la mayor de su historia 440 metros de distancia, si bien desde 2004, con el derribo de los antiguos corrales y la construcción de los nuevos se ha quedado en poco más de 300.   Cuenta, como en el Encierro,  con su correspondiente vallado en todo el recorrido. Es evidente que, con el cambio de corrales, aparte de perder metros también se perdió parte de su encanto ya que  la carrera comienza ahora en la antigua plaza del Arriasko,  al no existir  la antigua y estrecha Calleja de los Toros.  El acto, pese a todo,  mantiene todavía cierta mística, seguramente por ese oscuro silencio y la bella estampa de los toros corriendo bajo la luz de la luna y las farolas de la Cuesta, junto a las murallas del Paseo de Ronda. Dos toques de cornetín indican, el primero, que el corral de Santo Domingo está libre, el segundo, a cargo de un guardia en el puente de la Rochapea, que la subida a los corrales está despejada. El acto termina cuando un agente confirma que las reses han entrado en los corrales. Se facilitan pases para verlo por parte del Ayuntamiento aunque son muy escasos y difícil de conseguir. Está prohibido tomar fotos con flash o hacer ruido y su duración suele estar en torno al minuto. Según el historiador de las fiestas, Luis del Campo, hubo toros que se escaparon en el acto del encierrillo en los años 1917, 1922 y 1951. En los dos primeros casos (1917 y 1922) los toros saltaron el pretil de piedra y huyeron hacia la zona del Molino Viejo, siendo recuperados a las 6 de la mañana, a la hora del encierro, entonces, en el primer caso,  y a la 1 de la madrugada en el segundo. El tercero rompió un tramo del vallado de la antigua plaza del Matadero o Arriasko, sembrando el pánico entre el público asistente.

Fotos: Nº 2: @Eltresjuncos.instagram, Nº3: sanfermin.espaciohemnigway.com

Curiosidades: Pamplona estudiaba instalar un servicio de trolebús en los años 40

En 1942, cuando faltaban apenas cuatro años para que desapareciese el servicio de tranvía que ofrecía el Irati por algunas calles de Pamplona y se levantasen las vías a su paso por el núcleo urbano (del Rincón de la Aduana a la Estación del Norte y por la entonces carretera de Francia o Avenida de Franco, hasta sus cocheras), ya que por las más céntricas lo había hecho entre 1926 (por la plaza del Castillo) y 1930 (Paseo de Sarasate), el alcalde, entonces en funciones, Segundo Peralta,  informaba de que el Ministerio de Obras Públicas estaba estudiando el proyecto de instalación de trolebuses en Pamplona que se le había remitido desde la capital. Probablemente en la mente de aquellos gobernantes y de los pamploneses de aquella época pesaba aun la imagen y los  servicios prestados por el viejo tranvía del Irati,  en un momento en que todavía no se había desarrollado adecuadamente el servicio de transporte urbano en la ciudad. La Villavesa hacia unos pocos servicios, concretamente   a la estación del Norte, Villava, Capuchinos, Manicomio, Echavacoiz y Cizur Mayor. El trolebús era un omnibús eléctrico, alimentado por una catenaria de dos cables superiores de donde tomaba la energía eléctrica mediante dos astas o pértigas metálicas. El trolebús, a diferencia del tranvía eléctrico, no hacía uso de vías o carriles por lo que era un sistema más flexible y económico en su puesta en marcha y no hipotecaba tanto el espacio público. Contaba como cualquier autobús con ruedas de caucho, en vez de ruedas de acero encajadas en carriles, como los tranvías.

En aquellos años  unas cuantas ciudades españolas se plantearon también contar con este servicio, con la diferencia de que ellas sí lo llevaron a buen término. El primer trolebús que circuló por España lo hizo en Bilbao,  en 1940.  Un año más tarde lo haría en Barcelona. En esta década contaron con trolebús, además,  Pontevedra (1943), San Sebastián (en 1948, de cuya inauguración adjunto una fotografía) y La Coruña (1949). En los años 50 lo tendrían Madrid (1950), con 8 líneas (en la foto vemos la nº 1, en la Puerta del Sol), Cádiz, Santander, Valencia, Zaragoza (1951) y Reus-Tarragona (1952). En los 60 el trolebús  llegaría a Castellón (1962) y Mieres (1965), dejando, por contra, de funcionar, en esta década,  en Madrid. Lo dejó de hacer el 30 de abril de 1966. Tres años antes, en 1963 este modo de transporte había trasladado nada menos que a casi 45 milllones de pasajeros en la capital de España. La última ciudad que abandonó el trolebús fue Pontevedra, en 1989. No fue casualidad que el “trole” comenzase a desaparecer en los años 60, precisamente con el desarrollismo económico, en unos momentos en que el vehículo privado comenzaba a estar al alcance de buena parte de la población, con sus claras ventajas de libertad individual e independencia. El “trole” sigue teniendo sus defensores y detractores: es, desde luego, menos flexible que un autobús convencional aunque, por contra,  es más eficiente energéticamente, exige menos mantenimiento y su contaminación es nula. Desde entonces, tras más de 20 años, desde su desaparición en España, se  ha comenzado  a recuperar, concretamente hace 9 años  en Castellón. Hoy en día 40.000 trolebuses circulan por unas 370 ciudades del mundo, de todo tipo, en cerca de 50 países.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Inauguración de la línea de trolebuses de San Sebastián, el 18 de julio de 1948. CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013 / Fototeka Kutxa. Nº 2: Trolebús nº1 en la Puerta del Sol de Madrid. 1951. Del blog “Historias Matritenses”. CC BY-NC-ND-3.0 ES. 

Curiosidades: Pamplona planteaba instaurar la zona azul a comienzos de los años 60

Si bien fue en el año 1999 cuando se empezó a implantar, de verdad, la zona azul en el centro de la ciudad, casco antiguo y ensanches y algunos años más tarde, en el año 2013 se extendió a otros barrios de la ciudad: San Juan; Ermitagaña, Mendebaldea, Azpilagaña, Milagrosa y Echavacoiz Norte, pocos recordarán que treinta y tantos años atrás teníamos en algunas zonas de la ciudad y concretamente en su centro urbano unos rudimentarios parquímetros, a los que me referí sucintamente en la serie “Pamplona año a año:1977-1978”; Yo recuerdo haberlos visto, con seguridad,  en la plaza del Castillo y Paseo de Sarasate, pero seguro que algún lector me recordará que también se colocaron en alguna otra plaza o vía principal del Casco o el Ensanche. Tal vez. Pero lo que aun menos personas recordarán  es que en 1966, el pleno aprobaba implantar la zona azul nada menos que en la Plaza de los Burgos, Consistorial y plaza del Castillo. 

Afectaba a 263 plazas de aparcamiento, de las cuales 210 correspondían a la plaza del Castillo, 36 a la plaza de los Burgos (que vemos en una foto de Vicente Galbete de 1965) y 17 a la plaza consistorial, si, en la misma plaza del Ayuntamiento se podía aparcar como podemos ver en alguna fotografía de la plaza de aquellos años (1962). En ese mismo pleno de octubre de 1966 se acordaba trasladar el aparcamiento de motos que había junto al pasadizo de la Jacoba a la Avenida Carlos III, frente a Diputación. La razón utilizada para implantar la zona azul, si bien a título de prueba, era la que se ha utilizado siempre: dado el elevado y creciente número de vehículos que empezaba a ver en la ciudad era necesario limitar el tiempo de estacionamiento, se hablaba de un tiempo máximo de una hora u hora y media. La plaza del Castillo llegaría a tener una década más tarde la apariencia caótica de coches y aparcamiento en doble fila que vemos en la foto en color adjunta de los años 70. Por lo que puedo recordar esa experiencia de prueba tuvo un corto recorrido y lo más parecido a la zona azul de ahora  que conocimos entonces fueron aquellos parquímetros de los 70 (que vemos en la fotografía de 1978),  que tampoco tuvieron mucho éxito por lo que recuerdo y decían medios y ciudadanos en aquellos años.

Foto nº 2. Plaza de los Burgos (1965). Vicente Galbete. AMP

Curiosidades: algunas viejas ordenanzas municipales: la limpieza del portal

El pasado año el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Pamplona actualizaba y agrupaba, en un solo texto, seis ordenanzas sanitarias que estaban en vigor desde 1976 y aun antes. Había más de 130 artículos totalmente en desuso  como el que prohibía varear lana en la entrada o en las escaleras de las viviendas. ¿quien tiene hoy un colchón de lana?. Yo si recuerdo un tiempo en que el colchón era de lana y había que varearla varias veces al año, pero lo hacíamos en casa, en una de las habitaciones. También había artículos referidos a la Policía Sanitaria Mortuoria, sustituida por la ordenanza del cementerio del año 2000, la limpieza viaria y de residuos que hoy dependen de Mancomunidad, referencias a taxis y villavesas, también hoy competencia de la Mancomunidad, normas de régimen interior de las comunidades de vecinos antes reguladas por el Ayuntamiento y hoy por normas de ámbito superior como la ley de propiedad horizontal, etc. 

Así, por ejemplo, el 27 de agosto de 1964 fue aprobada por el gobernador civil el artículo 27 de las ordenanzas de Higiene y Sanidad Municipales que se refería a la limpieza de los portales y escaleras de los edificios. Creo que era la Ordenanza nº 2, centrada casi exclusivamente en las viviendas. Según ese artículo de la ordenanza nº 2, todos los vecinos debían limpiar diariamente los tramos de la escalera de piso a piso que les correspondiese, además la entrada de cada casa la harían los usuarios de la misma  en turnos mensuales, los inquilinos establecerían asimismo el turno mensual de rotación para la limpieza del portal y si no hubiese acuerdo se haría siguiendo el orden de numeración de los pisos y las manos (izquierda y derecha) en que estuviese dividida la casa. Hoy la mayoría de las comunidades de vecinos han encargado esta tarea a empresas de limpieza. Sin embargo este asunto me trae a la memoria un recuerdo personal: aun recuerdo el cabreo monumental de mi madre, durante años, porque siempre había una vecina que nunca “hacía la escalera” y le tocaba hacerla a ella, en su lugar. Cosas del pasado. Cosas de otro tiempo. Resulta chocante, por otra parte, viéndolo con los ojos de nuestros días, que el Ayuntamiento indicase en uno de los capítulos de la ordenanza las horas de apertura y cierre de los portales según las estaciones, horarios vigentes, etc.