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Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Velate (1973)

Nueva sección del blog que va ampliando su temática para reflejar, desde el recuerdo de un pamplonés nacido en los 60, los hechos, historias y sucesos más destacables que han ido aconteciendo en estos últimos cincuenta años y que causaron un gran impacto en la opinión pública de la capital navarra, sin querer caer, por supuesto, nunca en el morbo ni en el sensacionalismo. El suceso que inicia la sección no acaeció en Pamplona pero recuerdo que, aquellos días, este luctuoso hecho hizo correr ríos de tinta en los periódicos de nuestra ciudad, por lo truculento del caso.
Inicialmente disfrazado bajo un presunto ataque por parte de unos asaltantes en el puerto de Velate, el hecho ocultaba el asesinato de María Pilar Cano Peralta, perteneciente a una adinerada familia de Zaragoza, por encargo de su marido, el industrial y exconcejal del ayuntamiento maño, Jaime Balet Herrero. El crimen se produjo en la madrugada del 30 de abril de 1973. El matrimonio venía del casino de Biarritz donde, al parecer, y en esta ocasión,  les había sonreído la suerte. Como Balet se sentía cansado decidieron detenerse en un camino del puerto de Velate para dormir. Allí, según el testimonio de Balet alguien desconocido les golpeó. Balet perdió el conocimiento. Cuando despertó se encontraba en otro lugar del monte. Su mujer estaba muerta, al parecer había sido golpeada por un instrumento de hierro. El dinero que llevaban había desaparecido. Asi pues, sucedidos los hechos, Balet dio una versión de los hechos en que tanto el como su mujer aparecían como víctimas de un asalto. En realidad, tal y como demostraron enseguida los investigadores, él había sido el organizador del asesinato, un asesinato absolutamente planificado y premeditado,  contra su esposa. Parece ser que Balet se había enamorado de otra mujer, Ana Alava, con la que se quería casar, a la que había enviado a Alemania y a la que visitaba con cierta frecuencia. Quiso separarse de su mujer, incluso pidió la nulidad, pero ante la negativa de esta a la separación empezó a urdir el crimen.
Balet contactó con su amigo Juan Midón Leyva en febrero de 1973 y le ofreció 7.000 dolares por el trabajo. Un mes después volvió a darle a Midon 10.000 dolares para que entre él y el alemán Hans Helmut Bacht fuesen preparando el crimen. Midon contactó, a su vez, con el alemán Peter Simeth, un personaje de muy baja catadura moral, que fue quien ejecutó finalmente el crimen. El asesinato se preparó entre febrero y abril de 1973. Parece probado que en los dos primeros fines de semana de abril de 1973, Balet y su mujer acudieron al casino de Biarritz y que ese mismo viaje lo realizaron Midon y los dos alemanes. Bacht parece que empezó a arrepentirse de su participación en la preparación del crimen y comenzó a alejarse de la trama dejándolo todo en manos de Midon y Simeth, quienes acordaron que el asesinato se realizase el día 29 de abril, domingo, a la vuelta de Balet y de su mujer de uno de sus rutinarios viajes al casino de Biarritz.

Ese día, Simeth, con un Morris propiedad de Midon, se dirigió desde Zaragoza hasta la zona del puerto de Velate en donde había de asesinar a la mujer de Balet, un lugar cercano a las Ventas de Arraiz. Parece ser que después de haberse tomado varias copas en un hostal cercano acudió al lugar de crimen con el fin de comprobar si había llegado Balet y se topó con un Seat 600 en cuyo interior se encontraba una pareja de novios que, al ser enfocados por su linterna, optaron por abandonar rápidamente el lugar. Sobre las 10.30 de la noche, Simeth volvió al lugar y se encontró con Balet y su, mujer, Pilar Cano, paseando junto a su coche. Con una barra de hierro le asestó varios golpes a Pilar, «contando con la pasividad de Jaime», que le ocasionaron la muerte en unos treinta minutos. Entre Balet y Simeth colocaron a la asesinada en el coche, descendieron dos kilómetros, en dirección a Pamplona, y volvieron a aparcarlo en un lugar apartado. Allí Simeth propinó unos leves golpes a Balet, como ya habían convenido, con un tubo de plomo forrado con gamuza, que le produjeron heridas de escasa importancia, y Balet simuló la pérdida de conocimiento. Cometido el crimen, Simeth huyó a Zaragoza llevándose el bolso de Pilar Cano, que contenía unas 180.000 pesetas. Tras la declaración inicial de Balet y comenzadas las investigaciones y comprobadas las incoherencias del relato, el Balet era detenido y el día 12 de mayo entraba en prisión.

Así se narraba el crimen en las conclusiones del tribunal que dictó sentencia cuatro años más tarde, el 1 de octubre de 1977. La Audiencia Territorial de Pamplona condenaba entonces a muerte a Jaime Balet a Juan Midón Leyva, así como al pago, conjunto y solidario, de un millón de pesetas a cada uno de los cuatro hijos de la asesinada y 250.000 pesetas, por el «pretium doloris», al padre y madre de Pilar Cano. Igualmente, Balet debía ampliar su fianza de 850.000 pesetas a cinco millones de pesetas para asegurar sus responsabilidades civiles. La pena capital no se pudo aplicar ya que los inculpados se beneficiaron de los indultos del 25 de noviembre de 1975 (que conmutaba la pena de muerte y les condenaba a 30 años de cárcel) y el 14 de marzo de 1977 que reducía en una cuarta parte la condena. La sentencia fue recurrida ante el Tribunal Supremo, pero éste la confirmó íntegramente el 17 de mayo de 1979. A comienzos de los años ochenta se conoció la noticia de que Jaime Balet gozaba del régimen de prisión abierta en un centro psiquiátrico penitenciario de Madrid. En 1980, precisamente, se supo también que en Alemania -país que había abierto un proceso penal por el mismo crimen de Velate- el Tribunal Superior de Munich condenó al principal acusado, el mecánico Peter Simeth, a la pena de cadena perpetua efectiva, como autor de un delito de asesinato, y al conserje Helmut Pacht, cómplice del primero, a seis años de prisión.
En 1985 Pedro Costa se basaba en el crimen de Velate para el capítulo “El caso del procurador enamorado” dentro de la serie “La Huella del Crimen”. Para evitar las quejas de personas que pudieran sentirse aludidas por el argumento, Costa había cambiado el guión inicial, eliminando cualquier alusión a nombres reales y modificando otros aspectos de la trama y de los protagonistas. El capítulo fue interpretado por Carlos Larrañaga, Ana Marzoa, Angela Torres, José Rubio y Alfredo Mayo.