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La huelga general revolucionaria de agosto de 1917 en Pamplona

Hace un siglo, en tales días como los actuales, en agosto de 1917,  se producía en España una huelga general revolucionaria, convocada por la UGT y el PSOE y,  en algunos lugares,  apoyada por la CNT como consecuencia del deterioro de las condiciones de vida sufrida por los trabajadores,  en un momento en que,  a pesar de ser neutral España, una buena parte de la población  estaba sufriendo duramente  las consecuencias económicas derivadas de  la 1ª guerra mundial. El movimiento revolucionario había tenido  un precedente en la exitosa huelga de 24 horas del 18 de diciembre de 1916, convocada por los mencionados sindicatos socialista y anarquista que animó a los convocantes a promover una huelga indefinida que pretendía transformar las estructuras del estado, demandando la convocatoria de elecciones para unas cortes constituyentes. Otros hechos como la creación de las Juntas de Defensa por militares descontentos del Arma de Infantería o el movimiento político de la Asamblea de Parlamentarios de Barcelona colaboraron aún más en crear ese clima prerrevolucionario. El movimiento huelguístico se precipitó por la huelga, en julio,  de ferroviarios de Valencia que se extendió por todo el estado el 10 de agosto, comenzando la huelga general el día 13 de agosto. A la postre la precipitación en la convocatoria de la huelga provocaría su fracaso. Algunos historiadores sostienen que el gobierno tensó la situación para provocar una reacción intempestiva que asustara a la gente de orden y que le permitiera utilizar el ejército para acabar con los disturbios. Pese a que la huelga fue en general, salvo enclaves concretos,  bastante pacífica el gobierno la reprimió con extrema dureza.

Pero volvamos a  Pamplona. Un año antes, en enero de 1916 se había celebrado  en Pamplona una manifestación a favor del abaratamiento de los productos básicos que contó con el apoyo de la Sociedad Católica La Conciliación, varios centros políticos, la Cámara de Comercio y el propio Ayuntamiento que terminó ante el Gobierno Civil. No obstante, no puede decirse que en tierras navarras y mucho menos en Pamplona y, a diferencia de otras comunidades y ciudades españolas, prendiese la mecha revolucionaria, como veremos. En Pamplona, y a pesar de las limitaciones impuestas por la llamada censura previa, apareció una escueta noticia en el Diario de Navarra que hablaba, el día 12 de agosto, de una huelga general para el día siguiente, en solidaridad con los metalúrgicos y ferroviarios que ya se encontraban en huelga, aunque el periódico estimaba que no tendría seguimiento en el resto de actividades productivas. No obstante se advertía que las autoridades estaban sobre aviso y establecerían todas las medidas necesarias para evitar cualquier  alteración del orden público. El día 13, ante la situación de huelga de los ferroviarios y los metalúrgicos, el Gobierno declaró el Estado de Guerra en toda España. En Pamplona se reunieron en el Gobierno Civil, a las 5 de la tarde, una junta de autoridades que acordó entregar el mando a las autoridades militares, informando mediante un bando del acuerdo a la población. Por su parte, el gobernador militar, Gómez Barbé, anunció mediante otro  bando que se declaraba el estado de guerra en Navarra, por lo que todos los delitos contra el orden público y la seguridad del estado quedaban sujetas, a partir de ese momento,  a la jurisdicción militar.

La huelga se había preparado en la noche del día anterior, (día 12 de agosto), bajo la dirección del concejal socialista Angulo en una asamblea celebrada en la Rochapea, junto al Camino de los Enamorados, a la que asistieron cerca de un centenar de personas. En Pamplona y según el Diario de Navarra hicieron huelga algunos trabajadores de las fundiciones de Gamarra, donde secundaron la huelga la mitad de los trabajadores, Pinacqui, Arrieta,  Múgica y Arellano, etc, parando en torno a un 10-15% de los obreros pamploneses, sobre todo entre los sectores metalúrgico y de artes gráficas. Entre los ferroviarios pararon la mitad de los del Norte pero no los del Irati-Plazaola. Hubo una asamblea por la mañana, del día 13, con más de 60 huelguistas en el nº 4 de la calle Merced, siendo detenidos dos trabajadores cuando se dirigían a los concentrados por presunta incitación a la huelga. Al finalizar el día el número de detenidos ascendía ya a una docenaEl día 14 unidades del regimiento de caballería de Almansa patrullaban  las calles y entradas a la ciudad, las 24 horas del día  para evitar disturbios. Por precaución fueron recogidas las armas y municiones de las armerías de Puntos y Gorostiza. El día 15 de agosto la policía detuvo al concejal socialista Miguel Serdeño y a  Isidora Merlo, vecina de la calle Mayor y esposa del guarda de campo Izco que había desaparecido. Ambos ingresaron en la cárcel. También fueron arrestados el tipógrafo y recaudador de arbitrios municipales R. Jañez y un tal Barrado, residente en la Rochapea.

Un ferroviario resulto herido, ese día,  en una mano, por un disparo realizado por un soldado en la estación del Norte, al parecer dijo la versión oficial que  había insultado  a la tropa. Fue ingresado en el Hospital Militar. Por la noche un centinela de la cárcel realizó disparos contra elementos no identificados. El día 16 prosiguieron las detenciones fundamentalmente contra trabajadores ferroviarios. Al día siguiente, aunque la noticia no se confirmó oficialmente, la policía encontraba armas en el cementerio de San José: se hablaba de un número de  revólveres sin determinar. Para el día 18 se puede considerar finalizado el movimiento huelguístico que en Pamplona y en Navarra pasó bastante desapercibido, si atendemos a las informaciones oficiales y de prensa. La falta de implicación en la huelga del sindicalismo católico de gran influencia en la ciudad unido a las medidas de represión del movimiento, con la declaración del estado de guerra y las detenciones de los principales dirigentes de la huelga contribuyeron al fracaso del movimiento. A partir del día 22 se redujo considerablemente la vigilancia en las calles a cargo del ejército, fundamentalmente del arma de Caballería. El día 26, el Ayuntamiento encabezado por su alcalde, Demetrio Martínez de Azagra acudía al Gobierno Militar para rendir un homenaje al Ejército por su actuación durante la huelga revolucionaria. El estado de guerra se levantó el día 6 de octubre aunque siguieron suspendidas las garantías constitucionales y la censura previa de los periódicos.

¿Y que pasó en el resto de España?. Al comenzar la huelga se consiguieron paralizar las actividades en las grandes zonas industriales (Barcelona y Vizcaya), principales ciudades (Madrid, Valencia, Zaragoza, La Coruña) y cuencas mineras (León, Asturias, Jaen y Huelva) aunque durante unos pocos días. En el resto de ciudades, como ya hemos visto en Pamplona, y en el ámbito rural,  la huelga no tuvo apenas repercusión. Hubo lucha callejera y tiroteos en Barcelona, donde el movimiento lo lideraba la CNT. En Sabadell el ejército utilizó la artillería para acabar con la sede del movimiento revolucionario. Hubo enfrentamientos violentos y muertos, además de en Madrid y Barcelona en Valencia, Asturias, Guipúzcoa, Alicante y Zaragoza, restableciéndose la  normalidad el día 18, si bien en la cuenca asturiana se prolongó la huelga algunos días más. El balance oficial fue de 71 muertos, 37 de ellos en Cataluña, 200 heridos y 2.000 detenidos. El rey Alfonso XIII sustituyo al conservador Eduardo Dato por el liberal García Prieto en un gobierno de concentración nacional en el que también entró el catalanista Francesc Cambó. Los miembros del Comité de Huelga (Largo Caballero, Besteiro, Saborit y Anguiano) fueron condenados a cadena perpetua por el delito de sedición, si bien fueron amnistiados un año más tarde, al ser elegidos en la elecciones de febrero de 1918, junto a Pablo Iglesias e Indalecio Prieto dentro de la coalición Alianza de Izquierdas.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Calle de San Ignacio. 1917. A la izquierda el Vinculo y a la derecha el cuartel de caballería del Regimiento de  Almansa, en el que residían cuatro escuadrones, encargados junto a la guarda civil de sofocar la huelga esos días. Pamplona Antaño. José Joaquín Arazuri. Nº 2: Huelga de 1917 en Granada. En la imagen un coche volcado por los manifestantes durante las revueltas en la Gran Vía. Nº 3: Fotopostal de A. De León. 1910-1920. Imagen panorámica de la Pamplona de aquellos años. Nº 4: La futura avenida de San Ignacio antes del derribo de la basílica y la construcción de la nueva iglesia en los años 20. (Año 10 y 20). Y diversas reseñas de la huelga en la prensa nacional: El Imparcial, El Socialista, Mundo Gráfico, etc