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Anuncios comerciales en el Pamplona de los años 60 (1961-1967). El valor de la marca local

En estos tiempos de la omnímoda globalización miro hacía atrás en el tiempo y descubro aquella ciudad, hoy desaparecida, en la que los pamploneses consumíamos mayoritariamente en nuestras tiendas de toda la vida y comprábamos muchos productos alimenticios que sabíamos se estaban elaborando en el obrador de al lado o, a lo sumo, en la moderna fábrica que se había construido, recientemente, en los barrios o pueblos periféricos cercanos, vamos que era, como se dice hoy en día, muy fácil fijar su trazabilidad. Hoy han desaparecido el 97% de las pequeñas tiendas de alimentación y se compra, mayoritariamente, en cuatro o cinco grandes grupos de distribución nacionales o multinacionales y las producciones no son ya no locales, ni siquiera a veces nacionales, sino internacionales. Por supuesto que seguimos teniendo productos y productores locales pero entonces el producto local era el rey y al citar aquí estos nombres, no lo hago porque fueran los únicos, -había muchísimos más-, o los mejores, solo lo hago porque la mayoría de ellos están vinculados a mis recuerdos personales y les recuerdo que este blog, en el fondo, sigue teniendo una importante faceta autobiográfica. Para empezar una jornada cualquiera desayunábamos con leche de la Copeleche-Kaiku,  -la tomábamos tanto en casa como en la escuela-, ¿quien no recuerda aquellas botellas y bolsas de leche de la Copeleche o aquellas botellitas de Kaiku que salían de la factoría del barrio de San Pedro?; almorzábamos y merendábamos pan, de Taberna, con chocolate Orbea, -estaba ahí al lado, junto a la avenida Guipúzcoa-,  o el chorizo Pamplonica, que tenía su fabrica en La Milagrosa. Había una gran variedad de chorizos, como el Argal y otros chorizos locales, pero el Pamplonica era el más extendido, el  fuagrás o foie gras más conocido era el de Mina, con fábrica en Huarte y la mejor mortadela de Larrasoaña, que había nacido en la calle Mayor; los domingos, degustábamos un chocolate a la taza Pedro Mayo o Subiza, con pan del día anterior cortado en rebanadas longitudinales, no todos los domingos se podían comer churros, ese exquisito manjar se dejaba para días señalados, o cuando a la madre en un magnánimo gesto se le ocurría. Las frutas y verduras procedían de las huertas de la Rochapea o la Magdalena y las carnes y pescados los comprábamos en la plaza, en el Mercado Viejo, el Mercado de Santo Domingo, que  bullía de actividad con la algarabía  de gentes que venía de los pueblos tanto a vender como a comprar.

En mi barrio, en el camino de los Enamorados, tenía su sede la factoría de Industrias Grasas de Navarra (Ingranasa) que producía el aceite Aitor y la margarina Natacha, y más adelante  la margarina Artua. Teníamos, además, la cerveza Cruz Azul, en la calle General Chinchilla,  y de gaseosas: Lusarreta, en la Estafeta, y sobre todo Odériz, que tras su primer local en la calle Estafeta se trasladaría al Ensanche para abrir en los años 60 la moderna planta de  la avenida de Guipuzcoa, vinos de Taberna Hermanos, o licores como el Anís Las Cadenas o el pacharán Baines, con sede en la Rochapea. Limpiábamos las manchas más rebeldes con lejía El Tigre, de la Droguería Ardanaz, sito en la calle Mayor. Nuestros electrodomésticos eran Superser, fundada por Ignacio Orbaiceta, las estufas  Agni de Estella y los frenos o servofenos de los coches, Urra, con fábrica en la Rocha, en la calle  Joaquín Beunza y luego en la avenida de Guipuzcoa, guardábamos nuestros dineros en la Caja, la Municipal, pero sobre todo en la de Navarra, y teníamos un par de bancos: el Crédito Navarro y la Vasconia, por citar algunos ejemplos de muestra, y aunque la cultura aseguradora no estaba muy extendida, si había que asegurar algo las opciones eran la Vasco Navarra o la Mutúa. En el ámbito comercial y hablaré mayormente de los desaparecidos, comprábamos la cubertería de casa en Sagarra o Bidasoa, el traje de primera comunión en el Comercio San Fermín, las zapatillas en la Mañueta o en la Zapatillera; en verano, los helados en el centro, en la Italiana o en Nalia y en el barrio, en Eliseo, los churros en la Mañueta o en la churrería de la Rocha, -la de la avenida de Guipúzcoa-, las pastas en Layana o en Marisol (en el Mercado), los libros y demás artículos de educación en la Casa del Maestro, las fotos en Ruíz y Mena, los relojes y joyas en Rubio o Alforja, los zapatos en Jauja y Gembero, los muebles en Rubio o Amat, las máquinas de escribir en Julián Echeverría, la radio en Radio Frías y la ropa en Ortega, las tres BBB, Viana, Casa Félix, El Barato, Las Madrileñas, Marpa, Unzu, Chile o Nuevas Galerías.

Al margen de esos recuerdos y reminiscencias más o menos autobiográficas, con las que he salpicado esta entrada, continuo, en este artículo, con el análisis de la publicidad local que inicié hace año y medio, allá por febrero de 2016, con los anuncios de principios del siglo. En esta entrada ofrezco nada menos que una cuarentena de anuncios, de marcas locales la mayoría, solo he metido algún anuncio de alguna marca nacional para mostrar cual era el estilo de la publicidad  que aparecía en aquellos años en la prensa y publicaciones locales. A pesar de los avances tipográficos, la calidad de las fotografías seguía siendo bastante deficiente y lo seguiría siendo hasta finales de los años 70. De ahí que aún  era mayoritaria en la prensa local  la presencia  de  anuncios basados únicamente  en ilustraciones o dibujos, otra cosa eran las revistas ilustradas nacionales, donde ahí sí, desde los años 40-50,  era mayoritaria la presencia de fotografías. La publicidad ya no se limitaba solamente a informar, como a comienzos del siglo; el eslogan se convertía en un elemento de casi obligada presencia en cualquier anuncio. He comenzado la entrada con dos anuncios, el primero de Gaseosas Odériz, con su botella inconfundible y su cierre mecánico de porcelana, cierre que, aunque se inventó a finales del XIX, se generalizó a partir de los años 50, para las botellas de gaseosa de un litro, cuando se implantó el consumo de esta bebida en el ámbito familiar. El eslogan es sencillo y, como he dicho, se pretendía que fuera una bebida de uso para toda la familia, “para el hogar gaseosas Odériz, la mejor”.

Junto al anterior párrafo vemos un anuncio de Kyns, marca de refrescos de Odériz y que tendría una feroz competencia en los años 60 y 70 con la vitoriana Kas, -yo tenía el depósito de esta marca en mi calle, muy cerca de casa-. La verdad, no es que sobrase imaginación en  estos anuncios, pues el lema o eslogan se parecía mucho al anterior: “Para nosotros es lo mejor…y los mismo para ustedes”. En esta ocasión, la ilustración sigue poniendo de manifiesto ese marcado carácter familiar, con la imagen de ese matrimonio y el niño, vamos que pretendían transmitir que el refresco Kyns era una bebida para todos. Lo que ya nos choca un poco más, con la perspectiva actual sobre la bebidas alcohólicas de alta graduación, es esa idílica imagen familiar, combinada con el segundo lema del anuncio que dice “Beba Kyns con ginebra”. Y es que por aquella época comenzaba la moda de los combinados a gran escala que popularizarían los establecimientos de hostelería. Odériz se fusionaría en 1968 con La Casera. De esta marca acompaño un anuncio, escueto, sin ilustraciones, tan solo la marca perfectamente reconocible y el lema “Sola o con vino, es única”. Por cierto, al redactar esta entrada me he acordado de otra marca de gaseosas nacional que no sé si les sonará, la gaseosa “Konga”, probablemente porque era de otras latitudes. Eran estos años 60, años pródigos en coñacs, desde el famosísimo “Soberano” conocido por aquel lema un tanto machista de “…es cosa de hombres” y del que  adjunto un anuncio al comienzo de esta entrada, un verdadero prodigio de dibujo a plumilla, donde no podía faltar, junto a la copa,  el cigarro o purito, a otros como Decano, Veterano, Fundador, etc.

En los párrafos anteriores he incluido también dos anuncios, uno de Ingranasa que dice que “servía a los hogares españoles” con sus marcas de aceite, Aitor y de margarina Natacha así como de los batidos Kaiku, a los que me he referido anteriormente que, refiriéndose a sus batidos, recuerda que se vendían en toda España pero se fabricaban en Pamplona. Queda pues de manifiesto ese prurito de orgullo de estas empresas netamente locales que eran capaces de vender también sus productos fuera de nuestra tierra, por todo el país. Kaiku fue una marca, primero de Industrial Lechera Navarra S.A (INLENA) y luego de Copeleche, aunque hoy es la marca de un gran grupo alimentario multinacional. Kaiku, además, fue la marca del grupo formado por la fusión de las diferentes cooperativas del País Vasco y Navarra, Copeleche, Gurelesa y Beyena, a finales de los años 80.  Hace poco Maite Ilundáin me recordaba que otra marca de productos lácteos, Goshua, tuvo su origen en la lechería-mantequería Baserri, en el nº 21 de la calle San Antón. Junto a este párrafo adjunto sendos anuncios de cervezas, a la izquierda, un  escueto y austero anuncio de la cerveza pamplonica Cruz Azul, de Luis Ros, que tuvo su última sede en la calle General Chinchilla, donde hoy está la comisaria del Cuerpo Nacional de Policía y que cerró sus puertas en el año 1973. A la derecha, un anuncio también sencillo, sin ningún tipo de florituras,  de Cervezas El León que,  aunque era guipuzcoana, tenía un depósito en el nº 29 de la calle Estafeta, donde actualmente se encuentra el comercio Tejidos Rodrigo. En ese mismo lugar, su titular, Mariano Soto, tenía una fabrica de hielo. El lema del anuncio  se refiere a  las bondades del rubio elemento líquido: “La mejor bebida, la cerveza, la mejor cerveza, El león”.

A continuación analizo una serie de anuncios de diferentes establecimientos comerciales de la ciudad. En primer lugar, a la izquierda, un anuncio de Sagarra, con unas ilustraciones y tipografía perfectamente identificables, que aparecerían en buena parte de su publicidad, a lo largo del tiempo. Se resalta la fecha de su nacimiento,  el origen de Sagarra se remonta nada menos que a 1878, destacando el valor de la experiencia. El anuncio definía muy bien el tipo de productos que ofrecía: regalos, vajilla, lamparas, antigüedades, bisutería y por último  incorpora el obligado lema o eslogan: “Vende mucho, ganando poco”, un lema que resulta llamativo pues supone toda una declaración de política comercial contenida en apenas una sola frase:  el reducido margen comercial como política de la empresa que repercute en el precio y por lo tanto en el incremento de las ventas. El segundo anuncio, el de la derecha, soporta su mensaje fundamentalmente sobre la marca “cafés costa fría” y  el nombre el fundador, Carlos Moreno, probablemente como garantía de una sólida marca, un nombre que, según el propósito del anunciante, ofrecería al público garantía y credibilidad, la ilustración refleja una escena en la que una señorita degusta un exquisito café, como recuerda el lema que ocupa un espacio menor en la composición del anuncio, mientras el camarero aparece erguido con la bandeja, lo que denota la tradicional  imagen de servicio. No obstante la estética del anuncio parece un tanto anticuada incluso para la época. Entre los anuncios inferiores, el primer  anuncio se basa única y exclusivamente en los textos, con dos tipos de lemas, el que hace referencia a la marca: “El Barato, la casa de confianza” y al producto: “mantas mejores a precios mucho mejores”, vamos, calidad, confianza y precio. El segundo anuncia la próxima apertura de un nuevo establecimiento de Comercial Escudero, “El palacio del niño”, con ropa infantil y sección especial de señora. Los monigotes, de apariencia infantil, refuerzan el mensaje y centran el público objetivo al que va dirigido  este nuevo establecimiento comercial. El tercer anuncio, de  Caja Municipal,  utiliza una garita o cuerpo de guardia de la muralla pamplonesa como refuerzo gráfico a su lema central “El ahorro, vigila, defiende tu porvenir”. El cuarto anuncio, de Bodegas Ibañez,  es estrictamente informativo, destacando algunas marcas propias que yo desconocía: sidra Mirentxu, champán Valdizarbe, Kina San Fermín y su servicio a domicilio, lo mismo que el de Hotel Maisonnave que nos informa sobre las características de las nuevas dotaciones hoteleras inauguradas, hacía poco, en el nº 20 de la calle Nueva: 164 habitaciones, todas con baño o ducha y servicios y grandes salones para banquetes.

Los siguientes anuncios se refieren tanto a establecimientos, en el caso de Radio Frias, verdadero referente comercial  en el campo de los electrodomésticos de aquellos años, como de producto, en el caso de Lejía El Tigre. En el tercer caso lo destacable es la marca Superser, con una escueta enumeración de los productos que ofrecía (estufas, lavadoras, frigoríficos, cocinas), el primer frigorífico que hubo en mi casa era Superser y duró varias décadas. Y es que todavía no había llegado la era de la obsolescencia programada. Respecto a la lejía El Tigre yo  la recuerdo haber visto en mi casa, bajo la fregadera, junto al jabón Lagarto, envasada en unas botellas de plástico duro de color rosaceo y/o amarillo, con el tigre saltando grabado en el cuerpo de la botella. El anuncio respondía al viejo estilo informativo de los anuncios, aunque también incorpora un escueto eslogan: “Lo mejor para la ropa blanca”. La fabrica de lejías El Tigre creo que estuvo primero en la calle Mayor y luego se trasladó a la carretera de Esquiroz.

 

A continuación adjunto una serie de anuncios meramente informativos, aunque en algunos pocos casos   también incorporen lemas o esloganes de los siguientes establecimientos comerciales locales: Viajes Vincit, Muebles Elósegui, Restaurante Basaburua, Leder, Muebles Doel, Victor Bregaña, Casa Les, Tejidos Górriz, Teofilo Iriarte, Muebles Sagaseta, Sastrería Artazcoz y Bar Bilbao, muchos de los cuales nos recuerdan la clásica tarjeta de visita.

No eran marcas locales pero tuvieron una importante presencia en aquellos años, la Coca Cola, que basaba su mensaje en su reconocible logotipo y un lema bien claro “Refresca mejor”  o el Colchón Sema, con su inolvidable eslogan de “Dijo Sema y se durmió y como nuevo despertó” que algunos recordarán. Si no recuerdo mal,  la tienda de referencia de Colchones Sema, en aquellos años, en Pamplona, estaba en la calle Amaya. El anuncio de Almacenes Aldapa es el arquetipo de la austeridad gráfica, con un sentido estrictamente informativo, recordando la ubicación de  sus diferentes establecimientos y citando,  de un modo absolutamente detallado,  todos los productos que ofrecía.

Por último les ofrezco una última  tanda de anuncios de establecimientos locales donde se mezclan ilustraciones, -es el elemento fundamental del anuncio del Mesón del Caballo Blanco-,  que logra transmitir, con ese detallado dibujo,  el  aspecto medieval que ha  caracterizado este edificio a lo largo de su historia, aspecto medieval que ha confundido  a muchos, propios y extraños, pues la gente cree que el edificio es mucho más antiguo de lo que en realidad es (es del año 1961)-, logotipos  más o menos reconocibles, como en los casos de Thomas, Rocamador o Apesteguía  e información servicio útil: información sobre marcas, productos, servicios, si bien con escasez de recursos gráficos en algunos casos, como los de bar Montón y Agustín Beunza, que nos recuerdan, igualmente, en su economía de medios o recursos gráficos,  a la típica tarjeta de visita.

 

Anuncios comerciales en el Viejo Pamplona de principios del siglo XX (1900-1910)

Comienzo, con esta entrada, una serie de artículos sobre la publicidad local de principios del siglo XX en Pamplona, recuperando alguno de aquellos primitivos anuncios, hoy perdidos. En aquellos primeros años del siglo XX, la publicidad tenía un carácter fundamentalmente informativo. Lejos quedaban todavía los esloganes y mensajes extraordinariamente elaborados o rebuscados del marketing o mercadotecnia actuales. Raro era el anuncio que utilizaba fotografías. Predominaba sobre todo el dibujo, la ilustración y a veces se jugaba con diferentes  tipografías. Por ejemplo en el anuncio de la derecha, de Zapatería Reparaz se utilizan nada menos que 7 tipos de letra, cada línea de texto en una tipografía diferente. Cada tipo de letra transmitía una información diferente (la dirección, la ciudad, el nombre comercial, la clase de establecimiento, el lema “la buena” y el mensaje central: “solidez, elegancia, economía..” donde se desgranaban todos los valores o características de venta de la Casa y sus productos). En cuanto al componente gráfico llama la atención ese atardecer o tal vez amanecer un tanto bucólico y las botas, de caña alta, y botines que pretendían representar el tipo de género a la venta. En el anuncio de la derecha, más simple, con sólo cinco tipografías se publicitaban los servicios de la fábrica de calzado situados cerca, en la misma calle. Estos anuncios representan bastante bien el  estilo  de anuncios publicitarios que se diseñaban  en aquellas primeras décadas del siglo XX en nuestra ciudad. No obstante y pese a lo dicho, por lo general, la mayoría de los anuncios de finales del siglo XIX y comienzos del XX que aparecían en los periódicos eran mucho más pequeños y contenían sobre todo información textual. Paulatinamente los anunciantes se esforzaron por mejorar la calidad de los anuncios aprovechando las innovaciones tipográficas, utilizando diferentes tipos de letra, marcos e ilustraciones.
Hemos hablado de los periódicos de nuestra ciudad donde aparecían algunos de esos primeros anuncios. En aquel entonces había un buen número de periódicos en la ciudad: los autoproclamados independientes “Diario de Navarra”, dirigido por Mario Ozcoidi y con domicilio en el nº 40 de la calle Zapatería, “El Eco de Navarra”, dirigido por Julián Elizondo, con sede e imprenta en el paseo de Sarasate y calle San Gregorio,  el carlista “El Pensamiento Navarro”, dirigido por Eustaquio Echave de Sustaeta, con oficinas, entonces, en la calle Mayor, el integrista “La Tradición Navarra”, cuyo director era Aquilino Garcia Dean (del que hemos visto alguna foto en este blog), con redacción y administración en la calle Estafeta y “El Demócrata Navarro” dirigido por Esteban Frauca.  Además estaban los semanarios católico “La Avalancha”, también dirigido por Garcia Dean, que duraría hasta los años 50, y el republicano “El Porvenir Navarro”, dirigido por el célebre Basilio Lacort, pionero del republicanismo en nuestra ciudad, fallecido en 1908.

 

En los anteriores anuncios podemos ver un tipo de publicidad muy común, entonces, donde se ponía de manifiesto el componente esencialmente informativo de la publicidad de aquellos años. Así podemos verlo en los  anuncios de la Pastelería Arrasate de la calle Pozoblanco, entonces General Moriones,  (que luego sería  Vda de Arrasate), de la Pastelería Vda de Garicano, de la calle Mercaderes, de la tienda de Bonifacio Ortega de la calle Mayor que hacía muy poco tiempo, en 1900, acababa de abrir sus puertas y de la óptica de Estebán Rouzaut fundada en la Chapitela en 1864. La estructura de estos anuncios era muy similar: se presentaba la marca comercial, (en algún caso, con su lema, por ejemplo, “la perla pamplonesa” en el caso de Pastelería Vda de Garicano, con su dirección bien clara y a continuación se explicaba cuales eran los productos y la especialidad de la Casa, acompañado de algún elemento gráfico, en aquel tiempo muchos de ellos con una cierta inspiración modernista (abundaban las volutas y los floripondios) y un motivo alusivo, una taza humeante (en el caso de la chocolatería), unas gafas (en el caso de la óptica) u otro tipo de figura. Si recuerdan, en el primer articulo de la reciente serie “Comercios del Viejo Pamplona”, les hablé de que, ya a partir de principios del siglo XX, muchos establecimientos remarcaban aquello de “precio fijo” porque hasta entonces,  en el siglo anterior, la práctica habitual en el comercio era el regateo.

También se anunciaban, como podemos ver  sociedades mercantiles importantes en nuestra ciudad, crediticias y de otro tipo como El Crédito Navarro, La Agrícola, la Vasco Navarra, El Irati, etc,  de las cuales, de su origen, historia y evolución hablaré en una próxima entrada. En esos anuncios absolutamente cargados de texto,  se daba cuenta del capital social con el que contaban así como de otro tipo de características y servicios, datos importantes para generar confianza en los posibles inversores, cuentacorrentistas o asegurados.

 

En esta selección final de anuncios que presento podemos encontrar un poco de todo, a la farmacia Negrillos, que aparece líneas atrás, con todo el detalle de sus especialidades farmacéuticas, y al precio que se vendían, habría que añadir establecimientos hosteleros como la fonda que daría lugar al Hotel Quintana, en la plaza del Castillo, entonces plaza de la Constitución, establecimientos emblemáticos y ya con una docena de años de vida, también de la Plaza del Castillo como el Café Iruña o comercios como el de Cleto Iriarte que ya vimos en nuestro repaso de la calle Mercaderes, Mauricio Guibert y Pío Espluga en la calle Zapatería, la guarnicionería de Nagore antes de su traslado a la plaza consistorial, la Droguería Varela de la calle Mayor y la Pastelería Salcedo de la calle Estafeta. Escuetos resultan el anuncio del Iruña, con un elemento gráfico, el dibujo de un camarero sirviendo  una botella de champán y el nombre y la dirección del establecimiento, el de Guibert, apenas su nombre y dibujos alusivos al género de venta o el de Pío Esplugas, enumerando el género a la venta. El estilo de la mayoría de estos anuncios era muy parecido, conteniendo grandes similitudes, en los marcos, en  diferentes tipos de tipografía y un estilo discursivo que trataba de informar más que de convencer. En ocasiones, este tipo de anuncios, como el de la Farmacia Ondarra o la Pastelería de Julian Pomares entronca con otros soportes como el pasquín publicitario o la tarjeta comercial y de visita que conocemos. La publicidad impresa estaba dando todavía  sus primeros pasos y aun tendrían que pasar muchos años hasta que veamos anuncios verdaderamente elaborados. La aparición de la radio en los años 30 y luego de la televisión en los 50 obligaría a los anunciantes y a los medios  impresos a adaptarse y evolucionar, condicionados por otra parte, por los limitados medios técnicos y de impresión utilizados hasta entonces. Y es que no hay que olvidar que la instalación de enormes y modernas rotativas así como la introducción del color en los periódicos son hechos relativamente recientes.

Aquellos anuncios publicitarios (1940-1990). 2ª Parte.

Si en los años 60, la publicidad que recuerdo era fundamentalmente radiofónica, en los 70 y parte de los 80 mis recuerdos de la publicidad van unidos sobre todo a la televisión en blanco y negro y más tarde en color; de hecho la mayor parte de los anuncios publicitarios están extraídos de este medio. Seguimos en la época dorada de la publicidad antigua, con lemas muy pegadizos, algunos de los cuales recordamos y han llegado casi hasta nuestros días en el acervo popular, convirtiéndose en verdaderos clásicos. Agruparé, como en la primera parte, los anuncios por bloques temáticos, con algunos de los anuncios más representativos de la época para acabar con una breve selección de spots publicitarios de la televisión de aquellos años, desde sus comienzos hasta los años 80 (1957-1980). Junto a esta introducción, destaco dos de los anuncios más famosos: el de los donuts (Anda los donuts, anda la cartera) y el de las muñecas de Famosa que se dirigen al Portal.




Años 70 y 80


Las casas seguían su imparable proceso de modernización: televisores, frigoríficos, lavadoras, menaje de cocina etc. ¿Quien no recuerda aquello de “No compre sin ton, ni son, compre un Thompson”, refiriéndose a los televisores de esta marca  o el  anuncio más reciente de “el que sabe, Saba” que presentaba el cómico británico Benny Hill y que vemos en la foto de la izquierda.  En los años 70 comenzamos a  no dormir en colchones de lana. Recuerda alguien cuando los colchones eran de lana (de oveja) y de vez en cuando había que  varear la lana de los colchones. Creo que recordar que había en los años 50 y 60 incluso alguna ordenanza municipal que regulaba el como y donde había que varear los colchones. Con la década de los 70 llegaron  los  modernos colchones de muelles. “A mi plin, yo duermo en Pikolin” o los colchones Flex y los más cercanos Sema (dijo Sema y se durmió que nosotros cambiabamos por el más prosaico de …y se murió), en esos años vimos la publicidad de los edredones de Reig Martí (Lorenzo Lamas, el rey de las camas), o de  las mantas VS, “calor que no pesa”, y de Mora “son de abrigo”. En menaje de cocina recuerdo Monix y el más moderno Tefal:  “que menox, que monix” y “¿Te falta Tefal?” o los pequeños electrodomésticos, de Braun, Solac (Lo que hacemos, lo hacemos bien), Moulinex (Un, dos, tres, picadora Moulinex) que ayudaban en las siempre ingratas labores de la cocina y el hogar.

En los años 70 seguían anunciándose con profusión, como no, las bebidas alcohólicas y como en la década anterior de forma preeminente los brandys. Recordáis lo de “¿Qué hora es? la hora 103”, por el brandy o aquel otro de los “dos amigos y Carlos, el tercero”, o los anuncios de aquella chica cabalgando sobre un caballo blanco, creo que era la actriz Patty Sephard en un anuncio de Centenario Terry, todo un clásico, o los spots de Soberano “el coñac extraordinario” y Licor 43 “el mejor licor de todos los tiempos”. Recuerdo también, de aquel entonces, una pegadiza cancioncilla que decía “Ten mi copa y llénala, vamos todos  a brindar, Malaga Virgen en tu copa, el sabor de la amistad”. Había, por cierto un sorprendente anuncio (para la mentalidad de nuestros días),   en el que un camionero entraba en un bar, un día de frío invierno, creo que estaba nevando, y decía: “no puedo bajar el puerto sin Las Cadenas” y se arreaba un lingotazo del conocido anís para después coger el camión, bien contento. Hoy habrían crucificado en la plaza pública tanto a la marca como a la agencia de publicidad que hicieron este anuncio. En aquellos años también se anunciaba el Ponche Caballero. 

Por cierto recordáis, por asociación de ideas, aquella receta casera de huevo batido, leche caliente y coñac que en casa le llamaban “ponche” y te lo daban de crío cuando estabas malo o tenías un catarro. ¡Que tiempos!. Y sin dejar estas “alcohólicas” recetas caseras, recuerdo a mi padre alguna vez merendando un “sopanvino” que consistía en una rebanada de pan untada en vino tinto y espolvoreada con abundante azucar. No se si lo hacían en algún otro hogar. En las navidades comenzaba a consumirse más el champán, bueno el cava pues el nivel de vida había crecido de forma considerable: “Mañana es fiesta, ¡que fiesta con Delapierre!”. También había anuncios de cervezas (El Aguila), Pilé 43, Martini (“Un Martini invita a vivir”, o “Su brillante sabor tiene vida y color, es Martini” otro clásico, con la chica con patines sirviendo el preciado producto y que vemos en la foto).  Alfredo Landa exclamaba aquello  de “Ay, ay, ay que me sabe a Calisay” en referencia a aquel famoso licor de origen monacal. En los año 80, conscientes del abuso del alcohol y de sus riesgos, Steve Wonder nos recordaba aquello de “Si bebes no conduzcas”.  Al igual que el alcohol se anunciaba el tabaco, las marcas españolas de tabaco negro iban dejando paso a las de rubio americano (Winston, el genuino sabor americano o Chesterfield, responde al reto del sabor).
Junto a las bebidas alcohólicas destacaremos la publicidad de las bebidas refrescantes,  me acuerdo, especialmente, de los anuncios de   La Casera (seguíamos yéndonos de los lugares si no había Casera o nos negábamos a  comer si no había Casera en el establecimiento), también me acuerdo  del anuncio de Zumosol que se ha convertido en un pequeño símbolo (Como llame a mi primo te vas a enterar, ¡y a mi que tu primo!, y en eso aparecía un cachas con cara de pocos amigos, marcando biceps y el rival se achantaba por completo), la tónica Schweppes (aprende a amar la tónica) o la inefable Coca Cola, con aquellas canciones llenas de buenos sentimientos “al mundo entero quiero dar un mensaje de amor…” que solía emitirse el día de año nuevo o sus lemas más conocidos de  “la chispa de la vida” o   “sensación de vivir”.
La publicidad dirigida a los niños ocupaba un espacio cada vez mayor en el medio televisivo: fundamentalmente golosinas y juguetes. Desde aquel mítico “Anda los donuts, anda la cartera” que encabeza la entrada, pasando por los Emanens (se derriten en tu boca, no en tu mano), Lacasitos (Toma Lacasitos), Bollycao (cuyo nombre ha pasado al acervo común con otro sentido), Conguitos (somos los conguitos y estamos requetebien, cubiertos de chocolate y con cuerpo de cacahué), Phoskitos (regalos y pastelitos), Tronquitos (Tronco va y tronquito viene), Sugus (caramelos Sugus, caramelos Sugus, caramelos Sugus, Sugus de Suchard), el superchicle Boomer. Y no nos podemos olvidar de las pipas Facundo con su añejo pareado (Y el toro dijo al morir, siento dejar este mundo, sin probar pipas Facundo) o las patatas fritas Matutano ( A que no puedes comer solo una). Cuando llegaban las Navidades la televisión se llenaba de anuncios de juguetes. De aquel enorme montón de anuncios de juguetes rescato sobre todo el de las “muñecas de Famosa se dirigen al Portal”, “Juguete completo, juguete Comansi”, “Echa el freno madaleno” de juguetes Rico,  los juguetes de la señorita Pepis, o aquel de “con estas manitas” de Trabajitos Feber, el cine Exin (“cine sin fin”) y “Jesmar, para jugar”, etc. Para los mayores teníamos juegos de mesa como el Scattergories y su famosa frase “aceptamos pulpo como animal de compañía” o aquel otro bastante similar de “aceptamos barco como animal acuático”.
En estos años empezábamos a comer cada vez más variado y mejor. Son infinidad los anuncios relacionados con productos alimenticios de aquellos tiempos, pero aquí dejo una pequeña selección: como no acordarse de aquel “Cuate, aquí hay tomate” del tomate frito Orlando, o “Del Caserio me fío” de los quesitos El Caserio, “Maggie te quiere ayudar”, “Hornimans, el sabor de una buena taza de te”, de Hornimans, aunque también recuerdo otro anuncio de la misma marca que decía “si a Lord Carrington se le incendiase su palacio, salvaría su sombrero, su reloj y…su taza de Hornimans”, o aquel langostino porteño que decía “Soy Rodolfo Langostino: lleváaame a casa”, el viejo anuncio de las  aceitunas “La Española” con “Es la Española una aceituna como ninguna…está rellena de rica anchoa…” o la muy conocida “Que bien, que bien, hoy comemos con Isabel”, “Nestlé, un gran vaso de leche en cada tableta”, Saimaza, “el cafe de los muy cafeteros”.  De anuncios de galletas, sobre todo: “Que buenas son las galletas Fontaneda” o “¿Que queréis de merendar?, Tosta Rica y nada más”. También se anunciaban productos como los de Oscar Mayer, La Masía, (estos cantando), Navidul (por cierto, por asociación de ideas, de Maret si que recuerdo un gracioso anuncio con unos cochinillos corriendo que decían, “corre, corre que viene Maret”), Danone, Yoplait (la flor del yogur), leche  Pascual, Batidos Puleva, Chamburcy,  Pavofrío (es todo sabor), Revilla (que maravilla), legumbres El hostal, y alguien hacía sonar la caja de garbanzos diciendo “le suena”.  “Pescanova, lo bueno sabe bien”, “Se nota que es Findus”, “Chup, chup, Avecrem” y el “Cueces o enriqueces” también de Avecrem, las sopas Gallina Blanca, los “Patés La Piara, más buenos que el pan”. Entre los anuncios no comentados con lemas he recogido también los de algunos productos a los que hecho mención en la primera parte de esta entrada sobre la publicidad de aquellos años como el Pralin y la Natacha.
Los anuncios de Calvo  fueron un caso aparte: los de las Conservas Calvo aprovecharon la fama de algunos de los calvos más famosos de la época como los actores  Jesús Puente y Juanjo Menendez y popularizaron la marca de una forma abrumadora pasando, en poco tiempo, de un 20% de reconocimiento antes de la campaña, a más de un 90% tras ella. ¿Recordáis?: “Este atún está muy bueno. Buenooooo. Y da mucho de si. Siiiiii…Y además es Calvo. Claro”. También habría que recordar el de “Natillas Danone, listas para gustar ¿repetimos?, o el de “ñaka, ñaka, la cigala”, Nescafé (tacita a tacita) o este mucho más reciente de “Eco!!, cuando arrivo a casa, Nescafé capuchino, cremoso, delicioso..”. En las navidades, los turrones eran los grandes protagonistas, como no acordarse del clásico y entrañable “Vuelve a casa por Navidad” de El Almendro, o 1880 (el turrón más caro del mundo), Jijonenca (Tu nombre sabe a turrón), Suchard (en estas navidades turrón de chocolate, en estas navidades turrón de Suchard) y El Lobo (que buen turrón). Entre los anuncios no comentados con lemas recojo también los del flan Royal y el Fuerzahor.

   

Entre los productos farmacéuticos, parafarmacéuticos y de cuidado personal estarían los siguientes el histórico analgésico Okal (Hola, que tal. Muy bien con Okal), el antitusígeno Iniston (Abuelo, ¿has visto el Iniston?), la loción antipiojos Filvit (Filvit champú, Filvit, mama, porque más vale Filvit que tenerse que arrascar), el reconstituyente Micebrina (una al día), o los caramelos contra la tos (había unos cuantos anuncios sobre este tipo de productos) como los Halls que “suavizaban la garganta y despejaban la nariz”,  los Praims de Vicks (con aquella famosa frase de ¡que cosas tiene mi novio!), los de Pectol (Gran Jefe garganta rota, necesitar Pectol, Gran Jefe garganta suave. Pectol ser bueno), los de Formula 44, todo un clásico, (en el que aparecía un cliente que se estaba afeitando en una barbería, y que temblaba de miedo ante la tos del barbero que le estaba afeitando la barba y el cuello a navaja y le decía: Formula 44), los pañales infantiles Dodot (ni gota, ni gota). Y siguiendo con el cuidado personal, en estos años tomaron un mayor protagonismo las colonias, muchos de cuyos anuncios se nos fijaron en la retinan o se convirtieron en frases hechas, todos estaban diseñados para atraer, de forma irresistible, al sexo opuesto.  Por ejemplo “Tenemos chica nueva en la oficina. Se llama Farala y es divina” o el  “Busco a Jacq´s”, “Si una chica te regala flores eso es Impulso”, “Brummel, para hombres que dejan huella” y “Mejor, cuanto más cerca” o “En las distancias cortas es donde un hombre se la juega” estos dos últimos, también de Brummel,  “Lulu. Oui. C´est moi”, “Colonia Alada, una gota, un beso”, “Otelo, vuelve el hombre”, “Vísteme” de Eau Jeune. Entre los desodorantes estaban Rexona, Fa y Tulipán Negro con “Rexona, no te abandona” o “Fa, el frescor salvaje de los limones del caribe” y  “Tulipán Neeeegro”.  En los dentríficos recuerdo lo de la “sonrisa Profidén” y  “Colgate, el mal aliento combate”. Y en papel higiénico “Scottex es mucho papel”. Entre los anuncios no comentados con lemas he recogido también los de la higiene intima femenina de Evax, la colonia y productos de baño Badedas y el jabón Palmolive.
Muchos eran los productos del hogar, la mayoría relacionados con la limpieza de la ropa, los platos, el suelo, los muebles: Colón nos decía: “Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo”, Ariel “lavaba más blanco”, Con Wipp Express “el frotar se va a acabar”, los niños se quejaban: “Rasca, mama” y el roce aspero se eliminaba con el suavizante Vernel. Y como no acordarse de aquel otro anuncio que decía: “¿Es nuevo?. No, lavado con Perlan”. O “Soy yo Mimosin”. Con Fairy, “una gota y adios a la grasa”.  El mayordomo de Tenn nos recordaba aquello de que “el algodón no engaña”, osea, de aquí viene la famosa prueba del algodón. Como véis muchas de los esloganes y frases publicitarias han pasado a formar parte de nuestro vocabulario y vida cotidiana, hasta tal punto ha tenido importancia la publicidad en nuestras vidas. Raid “mataba a las cucarachas bien muertas” y otro anuncio de insecticidas  decía que  “las cucarachas nacen, crecen, se reproducen y con Cucal aerosol mueren y desaparecen”, mientras la pilas de Duracell “duran y duran y duran”.
Entre el equipamiento personal  podíamos encontrar un poco de todo. Prendas especiales para el frío: “Frio yo?, Nunca” como las de Thermodactil, interiores para caballero: Abanderado (en el momento más señalado calzoncillos Abanderado) y para la señora: bragas Princesa, pantys (Marie Claire, Marie Claire, un panty para cada mujer), vaqueros como Lois (Si se mueve tu Lois déjalo bailar, que creo era una versión de una canción de Jayme Marques, “Sabor tropical”) o Cimarrón (los jeans que mejor se mueven). Entre el equipamiento personal situaríamos también los relojes (Maurice Lacroix, arte en pulsera, pero dicho así con g, con acento francés) (Seiko, algún día todos los relojes se fabricarán así). De los coches me acuerdo del Dyane 6, “para gente encantadora” y otro que decía “ese hombre lo ha perdido todo: el dinero, la casa, la novia…pero tiene un Golf”. Entre los anuncios no comentados con lemas he recogido también los de los interiores Jim, presentados por Cruyff, un anuncio  de Cortefiel donde vemos la moda y el estilo de aquellos años, un anuncio de las camisas Ike y por último un anuncio del Seat 127

En un pequeño cajón de sastre dejo esta selección de anuncios variados de los años 70 y 80: un anuncio de los cursos por correspondencia CCC, tan habituales en las revistas de la época, un anuncio de las cámaras fotográficas Kodak, otro de la editorial Sopena, el pegamento Imedio, un muy equivoco o inequívoco (según como se vea) anuncio de encendedores Match que hoy, desde luego no se publicaría y que sería muy polémico por muchas razones, televisores portátiles Telefunken, (el televisor al igual que había hecho la radio años antes se hacía móvil o portatil), los primeros casettes, nuevas bebidas como Finley Naranja, Bitter Cizano soda y por último uno de Bicicletas Orbea, que junto a Gac y BH era  una de las bicicletas  más compradas en la época.

Capitulo aparte merecen las que podríamos llamar campañas institucionales. Desde aquella muy antigua de “Mantenga limpia España”, pasando por otras como aquellas contra los incendios forestales de “Cuando un monte se quema, algo tuyo se quema” o “todos contra el fuego, tu lo puedes evitar”, o la campaña de fomento del deporte “Contamos contigo”, la del ahorro de energía: “Ahorre energía, aunque usted puede pagarla, España no puede”, la campaña contra el abandono de mascotas “El no lo haría”, la del fomento de compra de Letras del Tesoro “Si quieres más por tu dinero, llama, el Tesoro responde”, la campaña contra la pesca de prematuros: “pezqueñines, no gracias, debes dejarlos crecer”, la campaña de fomento del turismo “España, sin ir más lejos” o la del fomento del consumo del platano: “Todos los días un platano, por lo menos” o la muy reciente (de 1990) “Pontelo, ponselo”. Son miles los anuncios que habremos visto o escuchado y aquí tan solo he recopilado una pequeña selección de ellos. La publicidad sigue creando nuevos lemas e iconos, hay algunos que hasta se arrogan el poder de hacer llegar la primavera, como El Corte Inglés; la lotería no llega a nuestras casas si antes no llega de la mano de nuestro conocido “calvo de la Navidad”; muchos nos preguntamos donde está Curro; un hombre mayor de campo, alejado de la actualidad, pregunta si el Madrid es otra vez campeón de Europa y un niño nos recuerda que es Edu y nos desea Feliz Navidad. Y es que hay veces que al escuchar o ver estos anuncios parece que el tiempo no pasara…¿No creéis?.
 

Por último les dejo una breve selección de anuncios de televisión. Hay muchos más en Youtube. 

Anuncios publicitarios 1957-67

En la primera entrega les dejo una selección de anuncios de los primeros años de la televisión (de 1957 a 1967), con spots de Palotes, Flagolosina, campaña “Mantenga limpia España”, Philips, fomento del turismo, fomento del consumo de patatas, aceitunas La Española, alimentación infantil, tabacos, mujer, juguetes, farmacos, coca cola, Bimbo, Nestle, señorita Pepis, Mousell, Nancy, las muñecas de Famosa, Titanlux, Terry, Ponche Caballero, tio Pepe, Raid, cine Exin, Madelman, chicle Dunkin, cromos, Donuts, Filomatic, Seat 600, Siata, Seat 133 y otros.

Anuncios animados 50-70

En esta segunda entrega, buena parte de ellos son anuncios de dibujos animados  anunciando Licor 43, Aspirina, Starlux (muy gracioso), Font Vella, Bic, Renault 4 y cuchillas de afeitar Palmera.

Anuncios de los años 80 1ª parte

En esta tercera entrega podemos ver anuncios de pilas Ucar, Sony, Axe, Lotería Nacional, Inves, Freixenet, Tonica Schweppes, La Casera, cerveza Ambar, Huevos El Corral, Danone, Fuet d´Olot, Nido, Poliglas, Tetrabrik, Tess, Nenuco, Fixonia, Praims, Renault 11, Aceite Repsol, Renault Traffic, Pirelli, Renault Supercinco, Nissan Vanette, Volvo, seat Ibiza, Pegaso, Once, Rank Xerox, JVC, Sida, Cruz Roja, Crunch, Chococrispis, Coca Cola, Calvo, Zumosol, Elena, Bonito del Norte, Citroen AX, Petit Suisse, GiJoe, Mattel, Nintendo y Audi

Anuncios de los años 80. 2ª parte

En esta cuarta entrega, podemos ver anuncios de Nescafé, Pikolín,Yoplait, Scotch Brite, Fruco, Simago, Elbe, Curso Basic, Video Sanyo, Premios Planeta, Avecrem, Lee, Bru, Tarni shield, Philips K-30, Klaro, Seguros Finisterre, Teka, Samba, Ariel, Dormilón, Rociar y Lavar, Starlux, Calgonit, Caoflor, Deportivas Paredes, El Caserio, Video Philips, Renault Supercinco, Campofrio, Johnson, Dodot, Puntomatic, Opel Kadett, Danone, Ese, Citroen GS, Seat 131, Ahorro de energía, Ford Fiesta, Sanyo, Camel, Ausonia, Bonos ICO, Opel Corsa, Video Thomson, La Masía, El Corte Inglés y Peugeot 309.

Aquellos anuncios publicitarios (1940-1990). 1ª Parte.

Esta entrada sobre la publicidad es un buen complemento de aquella otra entrada que publiqué el pasado mes de agosto bajo el título de “Vivencias, usos y costumbres en el viejo Pamplona: electrodomésticos y otros recuerdos de aquellos antiguos hogares (1960-1975)”. En aquella entrada hablaba de algunas marcas y productos que fueron moneda común en mi infancia. En esta hablaré de los anuncios que publicitaban aquellas marcas y productos, marcas y productos que marcaron toda una época. Los anuncios de aquellos años nos retrotraen a una sociedad y a un país muy diferentes. Es muy probable que la mayoría de las imagenes que veamos, y que están sacados de las revistas y periódicos de aquellos años, o los esloganes que escuchábamos en los programas de radio, o los anuncios de televisión que veíamos en aquella televisión en blanco y negro nos resulten extraordinariamente chocantes. Poco o nada tiene que ver la sociedad actual con la de aquellos años, ni en pautas o productos de consumo ni en cuanto al papel de la mujer, en aquellos años relegada, en la mayoría de los casos, al papel de ama de casa y utilizada en los medios publicitarios como principal destinataria del mensaje, si bien también, a menudo,  como “simple jarrón decorativo” o como estimulante de las ventas en productos destinados al publico masculino. La incorporación de la mujer al mercado de trabajo y la lógica evolución de la sociedad española ha hecho que esa publicidad, en muchos casos, absolutamente sexista y trasnochada se quede, afortunadamente, en el baúl de los recuerdos. En cualquier caso resulta interesante recordar esos anuncios, pues forman parte de nuestros recuerdos y de la película de nuestras vidas.

La publicidad va pareja al desarrollo de los medios de comunicación, de tal forma que prácticamente desde el principio de estos medios, podemos encontrar algún anuncio en los medios impresos o algún comercial en la radio, si bien es cierto que en el caso de los periódicos los anuncios empiezan siendo muy simples y poco a poco van incorporando ilustraciones y fotografías, en los periódicos, en blanco y negro y en las revistas, primero en blanco y negro y luego en color, mientras que en la radio antes de la grabación de la típica cuña que conocemos actualmente, en aquellos primeros años,  abundaban lo que se denominaban “comerciales”, en todas sus variantes: dramatizados, musicales, etc. La publicidad fue, desde el principio, principal fuente de ingresos de la radio. La programación radiofónica intercalaba en aquellos primeros años de su historia anuncios de productos como receptores de radio, insecticidas, hojas de afeitar o leche condensada, etc. En 1934, Publicidad Elso, fundada por Ceferino Elso publicaba en Pamplona la revista “Micrófono” que daba cuenta de la programación de la primitiva “Radio Navarra”.
Los anuncios tanto en la prensa como en la radio locales se limitaban, inicialmente, sobre todo  a publicitar  marcas, productos y comercios locales. Posteriormente, a medida que el medio radiofónico cambia y  el consumo crece  las marcas y productos de ámbito nacional se extenderán a todos  los medios impresos nacionales y regionales y  las emisoras locales integradas o asociadas  a redes nacionales, incorporan igualmente marcas, productos y negocios de ámbito nacional. En Pamplona se oía, en los primeros años de la historia de la radio,  publicidad de marcas o “casas” como Radio Les, Casa Risler, Tarsicio Ortiz, Hijos de Mariano Santesteban, Casa Arilla, Colchones Sema y más tarde, en los años 50 y 60 de otras “casas” como Maybe, Orbaiceta, Inda,  Alforja y un interminable etcetera. Los programas en cadena nacieron como consecuencia  del desarrollo tecnológico. En 1948 apareció la cinta magnetofónica y por lo tanto  la programación  ya no se  identificaba necesariamente con la emisión en directo. Había   necesidad de cubrir todas esas horas de emisión no solo con programas locales sino también nacionales y de diferenciar por lo tanto el tipo de publicidad: nacional y local. La vinculación de Radio Requeté  a la cadena SER se produjo  en 1958 y es, por lo tanto,  a partir de esta fecha,  cuando los pamploneses escuchan, junto a los anuncios y patrocinados de las “casas” locales, los mensajes publicitarios de las grandes marcas nacionales. 
En los años 50 y siguientes la programación radiofónica de ámbito nacional aparecía plagada de mensajes publicitarios: de Colacao, Okal, Avecrem, Gallina Blanca, Flan Chino Mandarin, Fundador, Zahor, Potax, Starlux, muchos de ellos repetidos de forma machacona. Además la publicidad patrocinaba casi todos los programas y todo tipo de espacios: femeninos (como el Consultorio de Doña Elena Francis), musicales, seriales, etc. Había un gran predominio de anuncios que promocionaban productos para el hogar o la mujer: cremas (Ponds, Nivea), jabones y detergentes (Norit, Gior (“y un poco de pasta basta, Gior”), Lagarto), productos de limpieza, etc. Mucho más tarde, en los años 80,  la publicidad machacona iría dejando paso a un sutil patrocino de grandes bloques programáticos, reduciéndose el número de anunciantes y mejorando la calidad y presentación de los mensajes. Les dejo aquí una selección de anuncios ordenada cronológicamente y debidamente comentados. Las marcas y productos que presento se publicitaban, en aquellos años, tanto en los medios impresos como radiofónicos. Dado el número de anuncios presentados (nada menos que 140) divido esta entrada en dos partes que se publican de forma consecutiva.
Años 40
La publicidad de los años 40 anunciaba aparatos de radio, como el que vemos, de  Telefunken,  y marcas de cremas como la del Visnú. En aquellos años 40 esta crema debió ser muy popular. La crema tenía la facultad de blanquear el cutis y a la vez hacer que desapareciesen todo tipo de granitos e imperfecciones. La crema Visnú se hacía en distintas versiones, para diferentes cutis y en diferentes tonalidades. En mi casa, mis padres, ya desaparecidos, recuerdo que utilizaban  la palabra “visnú”  casi como un sinónimo de una crema para la cara, en general. Posteriormente, en los años 50 se publicitarían  otras cremas  como Ponds o Nivea. El Ceregumil era un compuesto homeopático, de los más antiguos que recuerdo, que se publicitaba mucho, en aquellos años de la postguerra, en que tantos niños tenían problemas  nutricionales. También a finales de los 40 comenzaba a hacerse muy presente la publicidad de los caldos Gallina Blanca, en cubitos, que popularizaría, en los años 50, con el caldo Avecrem.

Años 50
En los años 50, una de las marcas más populares fue la del Cola Cao. Fue en 1955 cuando se creó la canción de “yo soy aquel negrito del africa tropical…”  que se convirtió en todo un clásico, luego llegaría  “Es el colacao desayuno y merienda ideal…” y “Cola Cao, tu fiel amigo”). La marca patrocinaba en aquellos años una radionovela en la Cadena SER. Otra de las marcas más afamadas por su constante martilleo publicitario era el de las tabletas Okal, uno de los analgésicos más vendidos durante décadas en España, “el mejor remedio contra el dolor”. Tanto de Okal como de Colacao dejo una muestra de su publicidad  en los primeros párrafos de la entrada. Eran años en los que se publicitaban detergentes como el Norit, “el del borreguito”, la cuchillas de afeitar Iberia o Palmera (estas últimas las recuerdo haber visto durante años en casa, luego llegarían las de Filomatic, “me afeito con Filomatic, da un gustirrinin”) o el Anís Castellana. Antes del Colon estaba el Persil. Persil ha sido, probablemente, una de las marcas más antiguas y conocidas de detergentes. Producido por los alemanes de Henkel y que hoy fabrican marcas como Dixan, Wipp, Perlan, Mi color, Vernel y Neutrex.




Otra marca importante era La Casera, hasta el punto de que hoy identificamos cualquier gaseosa con esta marca. (Es mítica su frase publicitaria de “Si no hay Casera, nos vamos”). Fundada en Madrid, en 1949 pronto conocerá una expansión importante, que se hará mayor en décadas posteriores. En cada lugar que se quería implantar, la Casera compraba la fábrica de gaseosas más fuerte o firmaba un acuerdo de colaboración. Así sucedió en Pamplona con Gaseosas Oderiz, de la Avenida Guipúzcoa. La leche condensada La Lechera tiene una larga historia. Nacida en Suiza en 1866, de la mano de Nestlé, llega a España en 1910 y conoce un período de fuerte expansión hasta la guerra. La contienda frenó su avance que no empezaría a recuperar hasta mediados de los cincuenta, época a la que pertenece el primer anuncio que se adjunta. Adjunto un segundo para ver la rápida evolución de la publicidad que se hace patente y extensible a la mayoría de las marcas. Hasta los años 50, la estética general de los anuncios era muy similar. Estaba basada sobre todo en dibujos e ilustraciones. Con los años 60, las ilustraciones dieron paso, de manera generalizada, a las fotografías. 

Años 60

Los años 60 son los años del despegue económico, el crecimiento demográfico (algunos somos hijos de ese baby-boom) y consecuentemente del incremento del consumo en el país. Se producen importantes cambios en todos los ámbitos. La gente abandona los pueblos, el campo, y se va a trabajar a la ciudad,  a las industrias. Crecen las ciudades, se construyen miles de viviendas que necesitan ser amuebladas. Los anuncios que veremos son fiel reflejo de esas necesidades, que necesitaban ser cubiertas, así como de  otros cambios y transformaciones en otros ordenes de la vida: moda, alimentación, belleza, motorización creciente de la población, etc. 


Así pues, en esta selección de anuncios de los años 60 vemos, en primer lugar, aquellas lavadoras de turbina (Bru) como la que describí en la entrada “Vivencias, usos y costumbres en el viejo Pamplona: electrodomésticos y otros recuerdos de aquellos antiguos hogares (1960-1975)”,  neveras (como las de Kelvinator, en nuestro caso sería la Super Ser, no en vano teníamos la factoría en Pamplona), las primeras placas eléctricas (Edesa), televisores en blanco y negro de mayor o menor tamaño (Kolster, Aspes, Askar, el mio era un Vanguard), máquinas de coser (Alfa, recordáis lo de “Pepe, la Alfa”, la mía era una Sigma), estufas cataliticas (Agni que por cierto era navarra, de Estella, con su famoso eslogan de “Moraleja: Compre un Agni y tire la vieja”. Otra muy famosa era la catalítica Buta Therm: (“Calienta pero no quema” ). También en el ámbito doméstico comenzarían a popularizarse los platos de Duralex y  las asadoras como las de la fotografía. Todos estos elementos han formado parte de nuestros hogares y nuestras vidas. 

A las cremas señaladas en décadas anteriores (Ponds, Nivea…) habría que añadir Atrix, la pintura para las uñas Cutex, o los productos de cosmética de Avon, todo un símbolo para la época. Quien, que no tenga algunos años no se acuerda de aquello de “Avon llama a su puerta”. La venta a domicilio de todo tipo de productos era norma común en los años 60 y 70: cosmética, libros (recuerdo los famosos vendedores de enciclopedias que te intentaban colar un tocho de libros por un pastón, eso si pagadero en cómodos plazos y que a menudo venía tan solo a ocupar las estanterías vacías de algunos hogares). El rey de las enciclopedias era en aquel entonces Salvat. Una de las primeras enciclopedias que recuerdo fue la celebre “Monitor” de Salvat, la primera enciclopedia moderna con fascículos de kiosko. Se presentó en 1965 y era muy buena y completa para la época. Desgraciadamente el fomento de la cultura y la lectura entre los ciudadanos de este país no ha sido una de las preocupaciones de nuestros dirigentes  y esos sanos hábitos han tenido que surgir casi siempre como consecuencia de la inquietud individual de las personas. En este ámbito de la venta a domicilio habría que enmarcar la visita del representante del Circulo de Lectores. Te repartía una revista cada 3 o 4 meses con las novedades editoriales. Tenías que hacer un pedido de 3 o 4 libros en ese período. Abundaban los betsellers y las novedades. Recuerdo que estuvimos con el Circulo unos pocos años (1977-80). Un clásico de finales de los 60 y 70 eran los bolis Bic, ya lo he contado en la entrada dedicada a la escuela pero no puedo sustraerme a recordarla de nuevo: “Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe normal, dos escrituras a elegir, bic, bic, bic, bic”.

Frente a la actual prohibición de publicitar el tabaco y el alcohol, en aquellos años, la prensa, revistas y demás medios de comunicación aparecían plagados de anuncios de marcas de tabaco y de vinos y licores (abundaban los coñacs: Garvey, Soberano (“Es cosa de hombres”), Veterano, Fundador), Tio Pepe, Licor 43, algunos de ellos verdaderos iconos del “solar patrio”, como el Toro de Osborne, al lado de cualquier carretera o monte (quien no recuerda el toro de Osborne en un monte cercano a Pamplona) o el rótulo luminoso de Tío Pepe en la Puerta del sol. El champán no estaba al alcance de todos los bolsillos. Eran tiempos de sidra “El gaitero” (famosa en el mundo entero) y vinos achampañados. Y para los más pequeños vino dulce bien “Kina Santa Catalina” o “Kina San Clemente” (da unas ganas de comerrr…), que se vendían y promocionaban casi como bebidas medicinales y reconstituyentes. ¡Quien lo diría hoy en día!. Entre las bebidas refrescantes estaban la familiar Kas (tenía el depósito en mi calle)y Mirinda, sin olvidar la Pepsi y la Coca Cola (la chispa de la vida).
En casa merendábamos pan con chocolate: Orbea y Elgorriaga o un bocadillo de chorizo “El Pamplonica”, y alguna vez un bollo suizo. No comíamos pan de molde, siempre barra del día. Alguna vez, también, un bollo Bimbo. Aun recuerdo el inconfundible olor y sabor de aquellos bollos. No he vuelto a sentir ese olor desde entonces, Sería en los años 70 cuando se popularizaría la crema de chocolate Nocilla (“Leche, cacao, avellanas y azucar: Nocillla). ¡cuantos vasos de cristal coleccionamos en casa!; A mi madre le engañábamos, bueno medio le engañábamos porque ella   era consciente del juego,  diciendo que necesitábamos vasos y que mejor que decirle que nos tenía que comprar la Nocilla para hacernos con una nutrida colección. Posteriormente degustaríamos las tarrinas de Pralín (de Zahor), con aquel inconfundible sabor a bombón y unas tarrinas de una crema menos conocida, pero que he rescatado de mi memoria, al preparar esta entrada: se llamaba “Tulicrem”. Y de entre las margarinas destacaría la famosa Tulipán y nuestra querida Natacha, fabricada en la fabrica de Ingranasa, en el Paseo de  los Enamorados, en La Rochapea. Las galletas eran, sobre todo de María Fontaneda aunque fruto de la publicidad me acuerdo de aquellas galletas “que se comen por su número”, “222”  de Solsona. En las Navidades los turrones venían a sumarse a este mundo de dulces y golosinas.  En aquellos años, recuerdo sobre todo el turrón Antiu Xixona (Queremos turrón,turrón pero que sea Antiu Xixona) y como no y por asociación de ideas los juguetes de Congost.
De los coches de aquella época ya hemos hablado en una entrada reciente. En está década de los 60, la industria del automovil conoció, como el resto de sectores, un enorme desarrollo: como señalaba en la  entrada “Los vehículos de aquellos años (1960-1980)” fueron años en los que veríamos circular por nuestras calles  coches Authis (construidos en Pamplona), Seat (algunos de los cuales se construirían también en Pamplona), Simcas, etc. Y entre los ciclomotores, dejo un anuncio de la Vespino. De ellos les dejo una pequeña muestra.
Entre los productos farmacéuticos  a la tableta Okal habría que añadir la aspirina y la menos conocida Cafiaspirina, así como el Calmante Vitaminado de Perez Gimenez. Sin olvidarnos del popular Balsamo Bebe, inigualable producto para el cuidado y las escoceduras de los más pequeños. Al recordar el Bálsamo Bebe me acuerdo también de los polvos de Talco Calver. Y siguiendo con el cuidado personal, como no  acordarse de los jabones de Heno de Pravia (es el aroma de mi hogar) el  Moussel de Legrain (Moussel, Mousell para baño, Moussel, Mousell para todos…,  de Legrain, Paris) o el masaje Varon Dandy (para hombres curtidos) o el bronceador Ambre Solaire. Recuerdo también la loción para el afeitado Floid que se lleva vendiendo en el mercado desde el año 1932. 

Y por último en un pequeño cajón de sastre recordaré aquellas marcas y productos para el hogar. Al Norit “el del del borreguito” habría que sumar nuevos detergentes como Elena, Ajax o la gamuza de fibras limpiadora Scotch-Brite (Yo no puedo estar sin él). Por supuesto todavía se comercializaban y publicitaban productos añejos como el limpia metales Netol. En el ámbito de la alimentación al Avecrem se le sumaría el caldo de carne  Starlux y las sopas en  sobres con el contenido liofilizado de Knorr (también los sacaría Gallina Blanca). Y por último, otro símbolo de toda una época: el papel higiénico El Elefante. 

Desde mediados de los 50 y sobre todo en los años 60 se comenzaron a introducir en España las primeras fibras sintéticas en las ropas de vestir. El poliester servía tanto para hacer pantalones como otro tipo de prendas:  jerseys, trenkas, etc. Las conocíamos con los nombres de Tergal o Terlenka. En esos años llegarían también los pantalones de campana y los vaqueros, pero de eso,  de la moda de aquellos años hablaremos en  profundidad en otra entrada del blog. Dentro del equipamiento personal no he podido sustraerme al deseo de colocar aquí un anuncio de los relojes Certina, pues recuerdo que de esa marca eran los relojes que llevaban entonces mis padres y por lo tanto su apariencia me es muy familiar. De igual modo, recojo aquí un anuncio de unas maletas de skai o escay.  Muchas maletas y  sofás en aquellos hogares de los años 60 eran de ese material, un material sintético que imitaba el cuero.  En la segunda parte de la entrada analizaremos algunos  anuncios de los años 70 y 80, los esloganes más famosos de la historia de la publicidad en España y una pequeña selección de anuncios de la televisión de los años 60, 70 y 80. Que lo disfruten.