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Crónica gráfica del Viejo Pamplona a través de las pancartas de las peñas (1959-1969)

Continuo con la segunda entrega de la crónica gráfica del viejo Pamplona a través de las pancartas de las peñas. Nos habíamos quedado en 1959. Como en los años anteriores, salía a relucir con frecuencia la actualidad municipal y otros temas de la ciudad, pero también se reflejaban acontecimientos nacionales o lo que pasaba en el mundo. Pero la evolución de los temas de las pancartas es sobre todo fruto de la evolución de nuestra comunidad y de sus usos y costumbres sociales. Este año el Irrintzi se refería a la motorización de la ronda volante, “Ahora les ponen motos y a todos nos tienen locos”, esa ronda volante en bicicleta que veíamos en la pancarta del Bullicio de 1948 se había modernizado diez años más tarde y ahora corría de manera apresurada con sus motos,  persiguiendo a unos mozos vestidos de pamplonica, un poco “cocidos”. Un toro se subía a uno de aquellos primeros semáforos, mientras otro arreaba al agente desde la parte de atrás de la moto y un asustado edil ascendía  por el tronco de un árbol. El tema de la brigada volante también era objeto de atención por parte del Anaitasuna que detenía a un par de astados subidos en una vespa de aquel entonces mientras se vislumbraba una cierta critica a la creciente costumbre de arrojar  objetos al ruedo. La pancarta de Aldapa hablaba de la apertura de los primeros supermercados que coincidieron, casualidad, con el aumento de la contribución municipal. ¿Se acuerda alguno de aquellos supermercados Spar o Vegé que yo recuerdo de los primeros 60?. En la pancarta un recaudador municipal le pedía una contribución de 1.000 pesetas a una sufrida tendera bovina rodeada de “havas” (así con V),  cortas a 15 pts y largas a 45, “huevos rusos” y alpiste para cotorras, mientras, detrás, un par de ediles se carcajeaban subidos a un cofre lleno de monedas. Como era habitual en las pancartas el acertado o desacertado pareado, esta vez decía, “recauda el ayuntamiento y pal tendero el sufrimiento”.

Oberena se tomaba a broma la idea municipal de sacar una “cartilla ciudadana” en la que se daban normas a peatones, automovilistas, amas de casa, etc. Un estudioso astado sentado sobre unos libros de contabilidad leía un manual de impuestos y contribuciones mientras un edil montado sobre un carro tirado por un burro en una suerte de “biblioteca ambulante” iba repartiendo a un paisano ejemplares de la mentada “cartilla ciudadana”, que perplejo preguntaba “cartilla de ciudadanía pa ke?. En Alegría de Iruña se hablaba del problema de la vivienda, el precio de los pisos estaba no por las nubes sino en la luna que era a donde se dirigían, propulsados por un  cohete, un edil tras de la que estaba una novia que alertaba “que nos alcanza” . Se alquilaba por horas una caseta de perro. El Bullicio aludía en su dibujo a la necesidad de piscinas municipales. Unos ediles observaban tras de una tapia a unos sufridos pamploneses que se bañaban en unas modestas bañeras caseras aludiendo con humor al “baño (de) María” y al precio y condiciones de los baños domésticos. Armonía Chantreana criticaba el hacinamiento de los pamploneses en las villavesas. Ibamos como “sardinas en lata” recuerdo se decía a menudo en mi casa, hablando de las villavesas. Los del Bronce “saludaban a los fenómenos” mientras mandaban al cuerno a los malos toreros.

En 1960, la pancarta del Irrintzi criticaba la desaparición del estanque de los patos a causa de la construcción del Hotel Tres Reyes. Se podía ver un edil empuñando una cachiporra detrás de un muro en el que había una pintada que decía “fuera gansos”, mientras un astado sorprendido veía como una grúa de las obras del hotel enganchaba por la levita al concejal de turno. Completaba el cuadro un turista cargado de maletas que decía “Pampeline, nuevo hotel habitación nº 100”. Oberena  hacía también alusión a la desaparición de los patos del estanque de la Taconera: “los patos de los jardines venimos a Sanfermines”. Un cuenquero venía con su camioneta cargada de patos con el pañuelo rojo anudado al cuello, mientras uno de ellos afirmaba que venía de Arazuri. Un guardia conminaba a un toro con los cuernos enfundados a que circulase por la acera. Alegría de Iruña era mucho más duro en este tema: un grupo de concejales daba cumplida cuenta en un terreno vallado (el espacio donde se construía el hotel), de una barbacoa de patos  bajo un cartel que decía “nuevo hotel, platos exkisitos”. El Bullicio ponía de manifiesto la mala cosecha del año. “Poco trigo, poca paja, año de grandes rebajas”. Una pobre vaca soportaba el peso de un ciclista sobre el que a su vez cabalgaba un turista haciendo fotos. De la cola del bovino colgaba un cartel que decía “tour Pamplona Bayona”, imagino que haciendo alusión al hermanamiento de ambas ciudades. Aldapa se refería al reciente descenso de Osasuna a 2ª división, con un grupo de jugadores jugándose los dineros a las tabas, ante   un toro que hacía equilibrios con la pelota: “Ni a tavas”. En una tribuna un cartel rezaba “likidación por falta de medios”. Era muy habitual utilizar la k en vez de la q en muchas pancartas. Anaitasuna hacía referencia en su pancarta al plan de estabilización aprobado aquellos años. Un mozo daba una patada a un ricachón al que se le caían los billetes mientras un gráfico marcaba un record de beneficios.

Del minizoo que había en la zona del Redín desapareció este año 1961 un gamo lo que dió lugar a algunas malpensadas especulaciones. La pancarta del Aldapa se refería con fina ironía a este hecho: un par de concejales sentados en una mesa del Mesón del Penko Blanco  pedía gamo para comer. De los cañones colocados en la reciente urbanización del lugar salía un toro que decía “yo carne de cañón”. Parecido argumento ofrecía la pancarta del Irrintzi. Dos concejales avivaban el fuego de un calderete del que sobresalían un gamo y un jabalí. “Antes comimos los patos, ahora gamo y jabalí”. La acusación de que tanto los patos de la Taconera como el gamo ahora habían ido al estomago agradecido de algún concejal no tiene desperdicio. Un toro de pega bajo el que sobresalían dos mozos con la leyenda “todo tergal menos las patas” completaba el cuadro. Oberena salía al paso de la polémica municipal a propósito de la instalación de los cañones del Redín. “Los cañones del Redín arman guerra concejil”. Alegría de Iruña se centraba en los viajes tripulados a la Luna, con un toque muy español. El Anaitasuna dudaba de la utilidad de la flamante nueva Universidad de Navarra, si después no había trabajo. Un esforzado pamplonica pretendía mover una gigantesca calabaza mientras decía “pa septiembre me la como”, al tiempo que el tribunal académico amenazaba al pobre e ilustrado astado con “tenga cuidau que repite”. El Bullicio jugaba también con la ironía al tratar la campaña municipal “Por una Pamplona más limpia”. Fue entonces, creo recordar, cuando el consistorio sacó aquellas bolsas de papel marrón rotuladas con el lema de la campaña. Una ama de casa subida a lomos de un simpático astado miraba como limpiaban las calles los concejales mientras otra que estaba barriendo afirmaba “así da gusto limpiar, una a una con la autoridad”.  La Jarana saludaba a Burlandongo. En la tela aparecía un mozo a lomos de un toro con las astas enfundadas o manipuladas mientras un municipal dice “Kuliki cacu” ante unos sorprendidos hombres de color, uno de los cuales acompañaba a una señorita.

1962, El Bullicio se reía de una campaña institucional que provlamaba “Pamplona, ciudad de verano” y que pretendía vender la ciudad y atraer turismo a nuestras calles y piscinas. Un grupo de pamploneses en traje de baño no apartaba la mirada al paso de una estupenda turista que pasaba por el lugar. Todo muy tipical spanish. Mientras el imprescindible astado, -el toro es siempre el gran protagonista de la fiesta-, se bañaba feliz en la piscina. La Unica saludaba a la Unesco. Un mozo azuzaba a un toro con los cuernos afeitados que perseguía a un heterogéneo grupo de personas que entraba en un lugar donde había una leyenda que decía “duchas, barbería y decencia” y un cartel apoyado sobre una pared en la que se decía “se afeita por arriba y por abajo”. Lo que parecía el bonete de un cura sobrevolaba sobre el grupo de fugados. Oberena también hacía una cierta crítica social cuando mostraba a unos operarios que enterraban un cofre, el cofre de “las arcas municipales” en una zanja de “las obras de Tejería”. Un pamplonés repasaba la lista de precios de los alimentos de 1920 mientras comentaba socarrón “poco menos que ahora”. Un par de concejales aparecía buscando algún tesoro. Por ahí aparecía también un pedrusco que titulaban como la “la primera piedra” imagino que aludiendo a la fiebre de inauguraciones. Cambio de horarios, critica social, señalizaciones y circulación eran los temas de los que se ocupaba el Muthiko Alaiak. Armonía Chantreana criticaba a los jugadores de Osasuna que huían perseguidos por una manada de toros. “A españa” señala un cartel mientras un jugador corría, presuroso,  cargado con una bolsa de dinero. Un espectador comentaba “no dan una”, mientras el único jugador que no corría y que iba en dirección contraria al de los otros jugadores y a la manada comentaba que “a el no le dejaban correr en este encierro”. Aldapa, por último, presentaba a un toro leyendo un libraco, “el reglamento taurino”, mientras comentaba “caracoles, como pica”,  y es que en la pancarta aparecían además un gran televisor y un picador que picaba con denuedo a un caracol.

La pancarta de Oberena de 1963 tocaba, de nuevo, el tema de la construcción del nuevo hotel de los Tres Reyes. En el lienzo aparecía  tres reyes de la baraja de cartas española; el de copas, beodo, el de bastos y el de espadas subido a lomos del inevitable toro, de cuyo rabo tiraba un aldeano que con el naipe del rey de oros en la otra mano exclamaba: “ya tengo “dubles””. La construcción del hotel se ve que fue bastante polémica aunque dados los tiempos que corrían no llegó la sangre al rio. Anaitasuna mostraba a un vecino de la Cuenca montado en un “biscuter” de la época buscando aparcamiento. En aquellos años, a tenor de lo contestado por el edil al guardia vestido de gala, se podía aparcar en la plaza del Castillo. Aldapa reclamaba en su pancarta nuevamente piscinas municipales cubiertas. Por lo que se ve no existían en la ciudad muchas piscinas como sí existen hoy en día. La pancarta mostraba a tres concejales jugando y nadando en una improvisada piscina circular, mientras un mozo resbalaba sobre un toro, bajo el lema “agua pal vino”. Alegría de Iruña se hacía eco del viaje del capitán Etayo con su barco Niña II, mientras el Bullicio hacia lo propio con la política internacional en un tema como el desarme, en un dibujo de marcado carácter local: un negro, un chino, un indio y un pamplonica manteaban a un toro sobre una bandera de Pamplona que exhibía el lema “viva el desarme”. En la pancarta del Irrintzi aparecía, este año, un novillero de cierta fama entonces apodado “El bala” exclamando “misericordia, ke mieo tengo” al tiempo que un astado salía del cajón y saludaba a un mozo con el euskérico saludo de “ser modú” (zer moduz).

En 1964 parece que ya existía el problema de las multas impagadas. Un enfurecido edil asegura a un par de mozos que cargan  conun saco de multas que las van a pagar, multas “por malos aires”, “por silvar por detrás”, “por faltar al conde Coro” mientras un toro pedía en la taquilla de la plaza de toros entradas de “general” recibiendo una contrariada respuesta del taquillero de que “tiene de comandante”. La película de Paco Martínez Soria “La ciudad no es para mí” aparecía  reflejada en la pancarta del Bullicio: un aldeano veía como se le escapaban las gallinas ante el acelerado paso de un motocarro que acarreaba un par de astados y que era conducido de manera imprudente,  a una velocidad excesiva,  por un concejal de la Comisión Municipal de Transportes. El guardia municipal tocaba el silbato de manera reiterada sin demasiado éxito. La Armonía Chantreana volvía a sacar a colación el problema del transporte público, esta vez agravado por la presencia de socavones, un problema endémico en aquellos tiempos en la ciudad. Una atestada villavesa, “aun cave una pulga” vociferaba un pasajero,  estaba a punto de caer por un precipicio tras sortear baches de diferente naturaleza. Como siempre la ironía presente en la mayor parte de las pancartas. En la pancarta de Aldapa aparecía la consigna de la estación de autobuses. En tiempos pasados muchos productos de la cuenca pasaban por ella. La tela mostraba varias maletas abiertas por los que se escapaban patos y gallinas o dejaban a la vista docenas de huevos.  Algún cuenquero  acarreaba una desvencijada maleta por la que  sobresalían igualmente  algún pato o algunas gallinas.

Oberena se refería en su pancarta a la proliferación de carteles indicadores que se colocaron este año en la ciudad para orientar a los turistas y visitantes. Dos toros bastante cabreados preguntaban a un guardia “A la calle Estafeta, ¿por donde?” Los carteles indicativos hacían referencia a direcciones tan conocidas como “el chirrión”  o vertedero municipal, el Gas, Francia (sin portugueses, señalaban), o a la ciudad medieval (murallas, urinarios, etc), sin olvidar uno que marcaba el itinerario de los pobres toros: Plaza, Matadero, Supermercau. En la pancarta del Anaitasuna se criticaba la tasa o impuesto de uso y tenencia de televisores, una tasa foral, de unas 500 pts, impopular como todas las tasas e impuestos, y que casi nadie pagaba. En el dibujo el toro salía del televisor con cara de pocos amigos embistiendo a un concejal que gritaba  a otro  “enchufa mientras cobra”. El poste repetidor debía fallar entonces más que una escopeta de feria. Y creo que el Ayuntamiento también debía cobrar lo suyo, por lo menos y por lo que dice la pancarta 50 pesetas. La pancarta de Alegría de Iruña nos mostraba que ya entonces empezaba a ser problemático aparcar en la plaza del Castillo. Un concejal consiguió que se prohibiera aparcar frente al Iruña. Como recuerda el municipal en el dibujo a un aldeano que se está tomando algo en la terraza del Iruña, acompañado de su vaca “suiza”, “criada en Funes”: “ya lo dijo el concejal, si aparcas en el Iruña, denuncia municipal”.  Por lo que se ve hubo más de una discusión entre guardias y automovilistas a propósito de ello. Por último en la pancarta de la Peña San Fermín se hablaba de la subida del precio del pan y de sus presuntas manipulaciones, con un panadero echando agua al pan, un saco de harina del cupo del año anterior y un agricultor con un saco con la cosecha del 65 y en la otra mano un fajo de billetes verdes. Y es que las pancartas de las peñas no dejaban títere con cabeza.

En 1965, los temas tratados en las pancartas fueron igualmente muy variados. El Irrintzi trataba del futuro proyecto de pantano en Eugui pues era insuficiente el agua que nos llegaba de Arteta, ¡que fría estaba!. Entonces nadie se creía demasiado su construcción tal y como se deja ver en el dibujo: un concejal trae un mulo cargado de cantaros de agua procedentes del susodicho pantano, mientras proclama “a peseta el sorbete”. Un mozo da de beber a otro concejal montado en un toro de juguete que dice “hagan pantano o no hagan, sea en Eugui o Arteta, a mi los tragos de bota, todos me saben a teta”. La peña San Fermin hablaba del problema de la escasez de viviendas y su promoción de las más diversas formas, no siempre muy claras. Ya se criticaba entonces la especulación inmobiliaria, conchabada a veces con intereses concejiles. En el dibujo, un promotor inmobiliario huía con una bolsa de millones en una mano y el proyecto en la otra, donde decía “Polígono, compra y…revienta”. El famélico toro se erigía en verdadero símbolo del sufrido pamplonica “progreso municipal…con kiebra del animal” mientras los diversos barriles y macetas, estas  de diverso tamaño (“los grandes para los ricos, los pequeños para los pobres”), se constituían en  símbolos de los diferentes desarrollos urbanísticos (“polígono sin arte ni oficios: 900 millones”) (“polígono muguetajarrra, una robada y muchas manguadas”. Armonía Chantreana se cebaba en la campaña municipal de recogida de basuras. El pareado de la pancarta tan común en aquellos años decía: “No solo basta “figura” para ser buen concejal, hay que bajar la “basura” agarrándose al pozal”. Cada uno puede  buscar los dobles sentidos que quiera. La censura obligaba a hacer grandes esfuerzos imaginativos para decir mucho sin decir aparentemente nada  o jugar con los dobles sentidos. En este caso y acompañándose del dibujo, también se podía entender que había que dar ejemplo como hacía el concejal bajando la basura en los cubos de hierro identificados con el nº del piso  que había en aquel entonces. En la pancarta, un fotógrafo inmortalizaba la embestida del morlaco contra otro concejal que llevaba un cubo lleno de mierda (con el indicativo de Comisión de Higiene) del que sobresalía, nada más apropiado para la ocasión,  un rollo de papel higiénico.

El Bullicio trataba monográficamente el tema del turismo, bajo el lema de “turismo con curvas peligrosas”, con una óptica muy de aquellos años que hoy sería calificada, tanto en esta pancarta como en otras muchas de trasnochada,   machista o sexista. Una despampanante turista que llevaba un letrero que decía “turista de alta tensión” suscitaba miradas tanto en la torada como en unos fotógrafos  bañados en una cuba de vino (turistas de cuba, je, je), como en  un mozo que exclamaba como si de un Alfredo Landa se tratase en una de sus películas, viendo a la moza: “vaya plan…en desarrollo”. Aldapa criticaba la subida de los precios de las  localidades para las corridas de los toros, precios a los que no se llegaba ni con la ayuda de las horas extras, como mostraba el dibujo de la pancarta: a los mozos no les llegaba con las horas extras mientras que al concejal le daba igual: “que suben las entradas que suban…yo voy gratis”. Un tipo con pinta de tejano acaparaba todo tipo de entradas mientras se les escapaban los billetes de color verde, los dolares por todos lados. Oberena hacía alusión, este año, 1965, a cierto incidente que se produjo entre el Cordobés y otro compañero de terna, al tiempo que se criticaba su  melena, poco común aquellos años. Anaitasuna mostraba las proezas televisadas del aizkolari navarro Astibia y Alegría de Iruña se hacía eco del popular ritmo de la yenka. En su pancarta bailaban este ritmo un par de  concejales, un guardia en traje de gala (“alante, atrás, 1-2-3”) mientras el músico de la Pamplonesa marcaba el ritmo con un trombón subido a lomos del morlaco. El  pareado del dibujo decía esta vez: “Mientras la contribución aumenta, los del Ayunta bailan la yenka”

En 1966, colocaron en la calle Mercaderes una isleta para dividir las vías de circulación. En la pancarta del Irrintzi aparecía esa isleta como si fuese una especie de  piragua en la que remaban un par de astados, mientras el guardia les tocaba el silbato y un par de ancianos se reían de la escena. La frase o pareado decía: “Nos han plantao un jardín que parece una piragua, llegará otro San Fermín, y en Eugui no habrá agua”. La pancarta del Oberena hacía referencia a su 25º aniversario. Un mozo daba de beber de la bota al toro que sostenía con sus pezuñas un cartel con la siguiente coplilla: “Nació la peña Oberena con gaseosa y con sifón, la verdad es que no nos pena, pero lo bueno es el mol”, mientras una vaca nodriza daba de beber a un “baby “con la gaseosa de bolo mientras en la mesilla de noche, tal y como decía el pareado había una botella de sifón. La ciudad se llenó este año de señales de circulación: Stop, Ceda el Paso, Prohibido girar, Prohibido aparcar, etc. En la pancarta de Anaitasuna una pobre señora parecía perdida en este mar de señales: “Ulojia, en menudo lio tas metido con eso de la señalización”, le gritaban mientras el guardia le ponía una multa y un paisano circulaba en un descapotable acompañado de dos toretes. También la Jarana se centraba en este tema. Toros, mozos y otros personajes eran amonestados por el silbato del guardía entre un mar de señales.  Casi casi como ahora con la amabilización, que por cierto también ha sido objeto de numerosas menciones en las pancartas de las peñas de este año. Alegría de Iruña criticaba el proyecto del Plan Sur, una especie de gran globo, como aparecía en la pancarta que al final se pinchó y se quedó en nada. Junto a un espantapajaros había un cartel que decía: “Para ahuyentar a los pájaros que quieren comerse el grano”. En la pancarta de la peña San Fermín un mozo realizaba su paseo especial y espacial en su particular cohete con forma de cuba “Gemini X”, de la que sobresalía la cabeza de un toraco, la faja roja anudada al asta le servía de amarre al sorprendido pamplonica. La proliferación de viajes de rusos y americanos aparecía reflejada en la distribución de aparcamientos en la luna,  a través de la correspondiente señalización de tráfico.

Armonía Chantreana criticaba las numerosas obras y zanjas en la ciudad a las que se habían acostumbrado los pamploneses de entonces. El Bullicio hacía alusión a la entrega de los pañuelos de honor que se otorgaron esos años. En la pancarta el alcalde otorgaba el pañuelo de honor al toro manso, “por sus años de servicio”, al sereno, “por mártir de la serenidad” (para entonces ya había desaparecido de la ciudad) y a una vaca embolada (“por fura y revolvedora”). Aldapa ponía de manifiesto bajo el lema de “Año Iberduérico” como en los últimos años Pamplona había visto crecer de forma exponencial el número de farolas. Y parecía que nunca lloviese a gusto de todos. Un mozo beodo se agarraba a una farola mientras en un cartel se leía: “Mil farolas nos han puesto y más nos van a poner. Los chisporros y los perros que felices van a ser”. Y así parecía ser, al menos en el lienzo: un chucho orinaba sobre una farola mientras un guardia y un turista huían despavoridos ante la presencia de un toro con la “fuerza de 10.000 voltios”. “A”pagar” los bomberos”, decía el texto, mientras el bombero resbalaba sobre el lomo del astado. Los del Bronce hacían de la bomba nuclear  y el baño de Palomares el centro de su mofa, con el “tio Sam” y un jovencísimo Fraga pescando la citada bomba nuclear mientras un cartel prohibía bañarse. Un mozo les decía “están ustedes frescos”. Incluso aun había  tiempo para homenajear en la pancarta  a un ciclista de entonces, Patxi Gabicagogueascoa. La Unica hacía referencia en la pancarta a su traslado de la calle Amaya a Jarauta, tras años de multas y denuncias por ruidos y escándalo público. No en vano el lema que aparecía era “A la rue (a la calle), largo, por malos!. La pancarta mostraba a un sufrido miembro de la peña que musitaba  “con la música a otra parte” mientras sudaba la gota gorda porque   empujaba con gran esfuerzo un carro cargado con diversas pertenencias de la peña (la tele, la bombona de butano, etc). El mozo llevaba   el bombo a su espalda  que a su vez  era empujado  por un toro, mientras  un guardia le indicaba que debía ir en dirección contraria a la que iba. Unas vecinas de la calle comentaban desde su ventana: “Por fin los echan, ¡ya era hora!.

1967, Irrintzi se ocupaba de la instauración de la zona azul, con su correspondiente control horario y de la subida de los precios, un tema, por lo que se ve de preocupación permanente. El Bullicio criticaba la moda de las melenas masculinas. El dibujo no tenía desperdicio. Una peluquera minifaldera cortaba el pelo a un melenudo, mientras que otro mozo aparecía abrazado en simpática camaradería a un toro que mostraba un cartel con la leyenda “abajo la democracia piojeril”. Este mozo  se dirigía a otro melenudo que está esperando su turno preguntándole con un expeditivo “te corto arriba o abajo” mientras empuñaba  una navaja de afeitar. Alegría de Iruña trataba de nuevo el tema de las señales de tráfico. Un agente municipal  llamaba la atención con su silbato a un aldeano por amarrar su vaca a una señal de tráfico, mientras un guardia motorizado  expedía la consiguiente multa al incauto baserritarra, procedente, a tenor del letrero que exhibía la vaca, de la Ulzama. ¿Alguien se acuerda de los uniformes que llevaban entonces los distintos tipos de policías?. Anaitasuna volvía a sacar a colación el Plan Sur, criticando la indecisión municipal mientras los propietarios de los terrenos se negaban a facilitar dicho plan. En la pancarta de Armonía Chantreana se reían de los difíciles exámenes de una convocatoria para guardias urbanos y sus escasos emolumentos. Un guardia escribía en una pizarra: “Por muchas cuentas que “agamos” todas nos salen muy mal. Con el pan y la lejía se nos acaba el jornal”.

En la pancarta de Aldapa un par de toros que doblaban sus patas delanteras “babean” ante unas espectaculares señoritas, mientras el toro manso reflexionaba certeramente: “estos se caen o se echan con buena vista”. Tras el burladero de la plaza dos miembros de la cuadrilla torera exclamaban “vaya par…” “ole, que chicuelinas”. Oberena se refería en su pancarta a un tema de actualidad en ese año, el del Peñón de Gibraltar. En esta también aparecía el elemento femenino como objeto de atención del sector masculino. Y es que el cambio en la moda femenina, la creciente liberalización de la moda en el vestir (minifalda, etc) y otros cambios y evolución en los hábitos y costumbres sociales habían provocado un resurgir del asunto sexual, impensable hacía  unos pocos años. También aparecía el tema del peñón de Gibraltar en la pancarta del Bronce, junto al de la calidad en la leche. La Jarana transmutaba la Feria del Toro en Feria del Gato. La pancarta de La Unica parecía querer decir más de lo que realmente decía. En la tela aparecían diversos personajes que representaban al poder político y económico mientras el lema de la peña afirmaba “a las marionetas les desea felices fiestas”. Un guardia enfurecido farfullaba a un ricachón que iba  a  meter dinero en la Caja ¿grrr…es que no ve los semáforos?, mientras un toro embolado comentaba al ver a otro bien armado de pitones, “mucha presencia y poca resistencia, je, je”. La Peña San Fermín se quejaba de la subida del precio del tabaco y  finalmente el Muthiko Alaiak criticaba la proliferación de impuestos (circulación, radicación, plusvalía), la subida de las localidades para la corrida, el plan sur y los problemas en el suministro municipal de las aguas.

Anaitasuna hablaba en 1968, en su pancarta, de la subida del precio del vino y hacia una referencia al siempre polémico periodista Alfredo Amestoy (que yo recuerde tuvo algún contencioso aquellos años con nuestra ciudad o comunidad). Había terminado la venta al granel. Todo o casi todo se embotellaba. De este asunto trataba la pancarta del Bullicio. Entre los embotellamientos varios aparecía una corrida, un ensueño, una señora…enfajada y el embotellamiento corriente de tráfico, mientras un mozo iba  desembotellando su cargamento de botellas de vino. Alegría de Iruña se refería al torero Miguelín a quien contraponía con otros diestros de más tronío (El Cordobés, Palomo Linares etc). La frase del dibujo lo decía todo: “Pa torero, Miguelín, yo pa billetes de mil”, puesto en boca del popular diestro Manuel Benitez, que aparecía semienterrado entre un mar de almohadillas, jugando con toritos de juguete, mientras Miguelín se recostaba sobre un miura. Armonía Chantreana se mofaba del mal negocio que había hecho el Ayuntamiento al comprar un coche oficial, un dodge dart: “600.000 nos costó. Se vendió en 200.000. Con la ganancia que dió que se compren un patín”. Y, en efecto,  así aparecía el edil, montado sobre un patín mientras el dodge se quedaba sobre un pedestal en exposición. Asistía a la escena un mozo acompañado de su vaquita de la que el mozo decía : “tardonaaa pero segura”.

Aldapa ponía de manifiesto el déficit de las cuentas municipales que el chiste estimaba en unos 60 millones: la caja fuerte vacía, aunque de ella salía una rata, parece que ese año había una plaga de roedores en la ciudad, “ratas a montones, faltan los millones”. Irrintzi  criticaba el sistema de distribución de subvenciones entre las peñas, lo decían bien claro en la viñeta, “al repartir el dinero, justicia piden los mozos. Pa los de fuera lo mucho, pa los de casa lo poco”. Oberena aprovechaba el recurso de las bolsas de basura municipales marrones dentro de la campaña “Por una Pamplona más limpia”, -yo he conocido esas bolsas, enormes y gruesas como de papel de estraza- y las utilizaba para tirar a la basura algunas cosas: a los jugadores de Osasuna, por malos jugadores,  y a los melenudos de los conjuntos musicales de aquellos años, porque esas apariencias  no encajaban entonces en nuestra conservadora ciudad. Por lo que podemos ver con los ojos de hoy, de liberalismo na de na en algunas peñas. No hacía muchos años que las peñas habían colocado al Ministro Fraga el Pañuelo Rojo. Y no olvidemos  que hasta la transición, la mayoría de las peñas aun nombraban sus correspondientes madrinas.¡ Cuanto ha cambiado Pamplona, desde entonces!. La peña San Fermín hacía sangre en la nefasta trayectoria de Osasuna. Un mozo perseguía con un garrote a un grupo de jugadores de Osasuna que huían con los dineros. El pareado de la pancarta decía así: “El sufrido aficionado y el chico de la portera les desean felices fiestas y después, a la tercera”. un cartel prohibía la mendicidad, mientras un tipo a lo Groucho, parecía un concejal,  pasaba la bandeja pidiendo 18 millones, ¿sería un aval para el club, como en otro tiempo?. Recordemos que el año anterior Osasuna había inaugurado su nuevo estadio del Sadar.

Acabo esta segunda entrega con las pancartas de 1969. Alegría de Iruña se hacía eco de la desaparición de la isleta-jardín-piragua de la calle Mercaderes colocada seis años antes. El pareado no tiene desperdicio “Nos han “kitau” el jardín que era feo y solitario. Cuanto lo van a sentir todos los perros del barrio”. El Bullicio hablaba de nuevo de los viajes espaciales. No nos olvidemos que estamos en la época de los “apolos”.  Los trompicones de los toros a los mozos harían ver a más de uno las estrellas. Anaitasuna plasmaba la creciente popularidad de nuestros deportes rurales. Un levantador de piedras levantaba una de 1.000 kilos, “de mechero”, mientras pensaba  “si se pudiera levantar así la fiesta”. Una ama de casa preguntaba a un mozo cargado con unos carneros si iba a la plaza (el mercado municipal), a lo que respondía éste, “Si, a Sevilla”. Parece que ambos carneros tenían un claro destinatario pues en cada uno de ellos aparecía una etiqueta:  “Pa Manolo”, “Pa Palomo”, haciendo referencia a los diestros Manuel Benítez el Cordobés y a Palomo Linares. Irrintzi reflejaba en su pancarta algunos de los programas de televisión de aquellos años: “La casa de los Martínez”, “Un millón para el mejor”, “Galas del sábado”, etc. Aldapa reflejaba en su tela la negativa de algunas figuras del toreo a venir a la Feria de Pamplona. La escena dibujada en la pancarta no tiene desperdicio. Palomo Linares y El Cordobés aparecían sentados en el sillón de un barbero. Un peluquero pamplonica amenazaba al Cordobés. “Manolo, que te la corto”. La frase de la escena decía asï: “No se atreven a venir, por los toros, por las peñas y por algo que nos sobra aquí”. En el suelo un comedero con un rótulo que decía “pa pollos y gallinas” Oberena recordaba en su tela la reciente implantación de la grúa municipal. Un niño de papa era izado por la grúa municipal al tiempo que arrastraba su cochecito de juguete, un edil montaba una vaca “exenta de multas” al tiempo que jugaba al yo-yo y un mozo enarbolaba una pancarta que decía “Los que no pagan las multas por ser hijos de papa que los cuelguen de la grúa, pa que aprendan a pagar”. En la pancarta de Armonía Chantreana, los chantreanos habían ocupado la luna ante la sorpresa de astronauta americano a punto de alunizar. La Jarana emulando otros tiempos en que era muy común esta frase “saludaba a los superfenómenos”. La pancarta era una dura critica a algunas figuras del toreo, entre ellos a Manuel Benitez, El Cordobés. Un mozo pamplonés jugando con el nombre del popular programa de televisión, hablaba de “un millón para el peor”.

Fotos: pancartas de las peñas, aparecidas en el libro “Las pancartas de las Peñas” editado por la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona en 1981 y de que fueron autores José Luis Larrión Arguiñano y José María Rodrigo Jimenez. Para las fotos 10, 28  y 32 “Peñas de Pamplona, una historia viva”. Federación de Peñas de Pamplona. 2014.

Crónica gráfica del Viejo Pamplona a través de las pancartas de las peñas (1940-1958)

Como decía en la última entrada del blog las pancartas de las peñas pueden constituir una pequeña crónica gráfica, en clave de humor, de la Pamplona de la postguerra, el franquismo y la transición. En este primer post revisaré que tipo de hechos trataban las pancartas de las peñas entre 1948 y 1958. Pero antes daré unas breves pinceladas de lo que podía verse en estas telas sanfermineras, en la época de la postguerra. Lejos de la feroz crítica de los años de la democracia, las primeras pancartas de las peñas, las que se realizaban en los  años 30 y 40, eran bastante blancas, en realidad no dejaban de ser un simpático saludo de los mozos a los forasteros, con el encierro de los toros y el mozo pamplonica con la bota de vino como principal reclamo y protagonista. En algunas pancartas se criticaba abiertamente el gamberrismo de algún pata agarrando del rabo  al toro (en la de “La Unica” de  1940);  aparecían, asimismo, en varias pancartas algunos fotógrafos con sus viejos cachivaches,  aquellas cámaras de fuelle sobre trípode, o camarógrafos,  con sus cámaras de cine inmortalizando el encierro,  alertando sobre  uno de los grandes riesgos  con el que nos encontraríamos  claramente  años más tarde: la excesiva difusión de este acto puede llegar a ser contraproducente ya que hay mucha   gente que corre por aparecer en la foto, más por afán de protagonismo y de quedar inmortalizado para la posteridad que por  sentir la llamada de una hermosa tradición. Buena parte de las pancartas las comenzaba a hacer Balda, ya por estos años, y las seguiría pintando hasta bien entrada la transición democrática. En alguna de sus pancartas vemos algunos mozos beodos agarrándose a una monumental botella (Oberena 1943) mientras huyen de los toros o huyendo de una vaca escondiéndose en un barril de vino (Iruñako 43). Toros y personajes del mundo del toreo aparecían caricaturizados en las pancartas del Muthiko y Oberena, en 1945, obra esta última de Nicolás Ardanaz. En 1947, un mozo acompañaba a una vaca cantando aquello de “tengo una vaca lechera y una hermosa filosera. Yo temo tanto a los toros como a una vaca cualquiera” (La Jarana 1947), mientras Oberena hablaba de “intento y descamello” jugando con el doble sentido y aludiendo, imagino, al mal papel de algunos diestros o tal vez al fatal  destino de los caballos de la lidia, la verdad, no lo se.

En 1948, El Bullicio  hacía referencia a una cuestión municipal o local, la ronda volante; unos mozos corrían valientemente ante los agentes en bicicleta que componían la brigada “anti vicio”, mientras a otro mozo se le escapa o  deja escapar, a propósito,  de su bota un buen chorrete de vino mientras el  texto del cartel  rezaba así:  “Pamplonés, los de la ronda volante llevan todo por delante”. Ese año, la pancarta de Iruñako estaba protagonizada por su famoso caldico, que preparaban en su sede social de la calle San Gregorio, y una espectacular Gilda. Los mozos confraternizaban amigablemente con los toros, compartiendo el caldico o utilizándoles de montura como si de un  ordinario jumento se tratase. En la pancarta de La Unica se criticaba la reventa de las entradas de los toros, con los precios literalmente por las nubes, mientras un picador clavaba literalmente al suelo con la puya al pobre astado.  En 1949, un mozo tocado con una boina roja (¿sería carlista?) avisaba a una mujer que corría perseguida por un singular zezenzusko o zezenzuska (rotulado con un inentendible para hoy en día expresión de “autentica de Azcarate”)  tras el que se ocultaban unos mozos,    al grito de “Corre Romualda, que viene la pasma” (Anaitasuna 1949), mientras que el Muthiko Alaiak volvía  a cargar contra los picadores. Estas primeras pancartas eran fundamentalmente gráficas, con escasos textos, seguramente porque poco se podía decir o criticar en aquellos tiempos y en buena medida se ejercía  una cierta  autocensura, dados los tiempos que corrían. Esta tendencia irá cambiando con el paso de los años.

En 1950 La pancarta de La Jarana hacía referencia a los últimos avances en el ferrocarril. Un usuario del tren se refería a los “polvos de talgo”;  mientras volvía a aparecer el tema del bebercio y la cada vez mayor presencia de cámaras en la fiesta.  En la del Anaitasuna un fotógrafo disparaba unas fotos a unos mozos disfrazados, con una cámara fotográfica  de fuelle; uno de ellos  parecía querer torear al toro de fuego con un capote mientras un astado enfurecido miraba las posaderas del despistado fotógrafo. La pancarta un lema muy poco correcto pues  “saludaba a las feas y a las que comían poco”. La pancarta de Oberena tenía abundante texto. Los  textos  se referían al ascenso de Osasuna a 1ª división, al deseo de construir un auditorio en la ciudad y realizaban una dura crítica al estado de la estación de autobuses “mucha kaka y pocas luces”. Un toro aparecía  del bracete con  una moza, ¿vestida de roncalesa? y con la vara de la ciudad en la mano,  sin embargo aun tendría que pasar decenios para ver una concejala en el Ayuntamiento.

La pancarta del Anaitasuna de 1951 hacía referencia al afeitado de los toros, así como lo oyen, un toro  aparece sentado en el sillón del barbero leyendo una publicacion que tiene como título El Ruedo. En la del Bullicio se hacía referencia nuevamente al afeitado de los toros y en la tela aparecía un rótulo de Espumosos Arancha de Bodegas Ibañez. El Irrintzi mezclaba en su cartel el encierro y la prueba motociclista de los sanfermines y la de Iruñako, bajo el lema “El colmo del olmo”  tenía al olmo de la Taconera como protagonista. La actuación fue polémica. Se decía que se trataba de una puñalada en el corazón de la ciudad y así aparecía reflejada en la pancarta así como el hecho de que la leña sirviera para que se calentasen los pobres. El mismo tema lo trataba el Muthiko que presentaba al olmo huyendo del alcalde que le persigue hacha en ristre y a quien le grita “olmícida”. La pancarta de Oberena hacía alusión a las casetas de arbitrios municipales y a un par de motos de aquellos años,  la Soriano de corta vida y la Iruña, fabricada en Pamplona. En la tela de la Jarana otra vez el afeitado de los toros, el torero llamaba la atención al astado gritándole “Chisss, la barbería”. Las firmas comerciales locales debían patrocinar las pancartas porque en esta aparece la siguiente leyenda ” Desde Londres y Bilbao, vienen para San Fermín y se quedan asombrados ante Tejidos Martín”. La pancarta de La Unica aparecía plagada de paraguas y centrándose  en la climatología, hablaba de España como de un país de sol y pantanos.

La peña Anaitasuna criticaba en 1952 el bando de alcaldía de ese año que prohibía circular entrelazados a mozos y mozas. Un mozo arrastraba un toro de ruedas con ánimo de atropellar a la audaz pareja que estaba incumpliendo la citada norma, mientras otro mozo asistía risueño a la escena. El Bullicio  plasmaba en su pancarta la obligación de que las bicicletas llevasen una matricula verde colgada del sillín, algo que parece que no fue muy bien acogido entonces  y el dibujante  encasquetaba graciosamente  la matrícula en el “ipurdi” de la vaca, ante la atenta mirada del municipal. Un paisano huía sobre un pollino mientras decía, “A mi no me la ponen”. La pancarta de Iruñako hablaba de la glosopeda, una enfermedad que afectaba a las pezuñas de los toros, mientras Oberena aludía a un hongo que se presentaba como el remedio para  todo tipo de enfermedades. En la pancarta de La Jarana aparecían juntos varios temas, el hongo, la matrícula de las bicicletas, pero como rasgo diferencial se centraban, además,  en la polémica sobre el cartel de las fiestas de ese año. Un mozo sobre un toro se dirige a un enorme cucurucho de churros  a toda velocidad, y es que como dice toro y montura van con “propulsión  a churro”. Junto a Balda otros habituales de los dibujos de las peñas eran Labayen, Urrutia, etc. Toros y toreros solían ser frecuentes protagonistas de las pancartas como, este año, la del Muthiko.

En 1953, Osasuna bajaba de nuevo a 2ª división y además se producía un incendio que destruía su Tribuna Lateral, que era de madera. La pancarta del Irrintzi trataba de forma monográfica estos temas. Bajo el lema “Osasuna no a una y le queman la tribuna”, un bombero se aprestaba a sofocar el incendio de la tribuna del campo de San Juan mientras un jugador osasunista saltaba por los aires impulsado por un chorro de agua de la manguera y otro jugador pretendía sofocar el incendio del estadio con un fuelle. La Peña Alegría plasmaba las recientes prospecciones petrolíferas en Navarra, concretamente en Marcilla (Marcilla City), con una graciosa referencia al oeste americano, sheriff incluido. El  espatarrado astado murmuraba “Si se esto me marcho a Corea”, aludiendo a la reciente guerra en esa zona de Asia. También hacían referencia a las prospecciones petrolíferas en Navarra las pancartas del Muthiko que compartían protagonismo con la situación del Osasuna  y la del  Anaitasuna que no se olvidaba además  de reirse de la especial valentía de algunos diestros. Merece atención especial la pancarta de Oberena que después de dibujada y pasada la censura oficial fue autocensurada y repitieron la del año anterior. ¿Qué contenía?. Pues nada del otro jueves, unos miembros de la escolta de gala de la policía municipal montados sobre caballitos de madera  decían “o nos dan caballos o nos quitan las espuelas” ante la irritada mirada del primer edil municipal.

En 1954 se instaló la actual fuente luminosa en la plaza Príncipe de Viana. Su coste fue objeto de críticas en varias pancartas como la del Anaitasuna, donde unos mozos llenaban la fuente de vino, mientras un agente municipal haciendo de cicerone señalaba “Voila le fontaine lumineuse”. También se criticaba el gasto  de la fuente  en la pancarta de Alegría de Iruña, “Nos levantan una fuente y así el gasto es permanente”, rezaba el lema de la pancarta mientra un sufrido contribuyente pamplonés montado en un burro acarreaba 2 millones de pesetas, un toro a los pies de la fuente, -“fuente de ingresos” señalaba el dibujante-, llevaba otra saca con medio millón de “cucas” y un mozo pamplonica descargaba un tercer saco lleno de billetes sobre la citada fuente. Sobre una pared de la fuente se indicaba una cifra: 36 millones de pesetas, no se si esta cifra sería cierta, mucho me parece a mí, incluso para aquellos años. En la pancarta de Oberena que tenía por lema ¡A lo loco! se ponía en solfa la fiebre municipal de obras, zanjas y alquitranados que asolaban la ciudad, incluida la mencionada obra de la plaza circular; en la pancarta aparecía una apisonadora, un martillo neumático, mientras un operario armado con un pico miraba a un turista,  con una cámara de fuelle, que sorteaba una enorme zanja; Al fondo una vieja caldera humeante a base de leña exclamaba ¡A mis años, que vere!. “A lo loco, a lo loco”, la canción de aquellos años, aparecía también en la pancarta de La Unica donde unas mulillas arrastraban al torero, en vez de al toro. En la pancarta del Irrintzi un cuenqueño se  confundía de “plaza” e instalaba su género y  bartulos en el coso taurino, mientras un mozo jugaba al mus con un toro y la  cuadrilla taurina se escondía del astado tras el burladero.  Parece ser que las actuales campañas de las asociaciones de comerciantes, con sus premios e incentivos, ya existían en Pamplona en los años 50. Así lo reflejaba la pancarta del Bullicio bajo el lema “el comercio a lo loco”. Premios, sellos y cupones expedidos por “agrupaciones comerciales” o “uniones mercantiles” mientras una sufrida compradora acarreaba un saco de cupones o un charlatán, al estilo de León Salvador, arengaba a un imaginario auditorio.

El ciclismo encontraba acomodo en la pancarta de Alegría de Iruña de 1955. Parece, por la viñeta, que no le debió ir muy bien, ese año, la Vuelta Ciclista  a los españoles, pues un mozo ofrece la bota de vino a un derrengado ciclista hispano sentado en el suelo, mientras un  turista, subido a los lomos de un toro, fotografía a un ciclista vestido con los colores del equipo galo. La pancarta del Irrintzi reflejaba la preocupación del Ayuntamiento por la calidad de la leche que se repartía a domicilio así como por los frecuentes reventones de tuberías en la vía pública. Una barquichuela con la vela indicando que pertenecía al Servicio Municipal de Aguas, ejercía labores de inspección surcando las aguas provocadas por los reventones, mientras un mozo, cargado de lecheras, se aprestaba a llevar la leche recién ordeñada  de la enfurruñada vaca al mencionado inspector. Parece, en realidad, que en más de una ocasión la leche de los cantaros acabó vertida en la vía pública. La mecanización del campo aparecía reflejada en la pancarta de Oberena: unas vacas contemplaban la llegada de un gran tractor y exclamaban “Reclamamos al sindicato”. En la pancarta del Anaitasuna curiosamente observamos a unos mozos bailando otra pancarta (pancarta dentro de pancarta) y donde se aludía nuevamente al manido tema de los toros y toreros. Un torero yacía inconsciente en el suelo mientras un mozo se apresuraba  a reanimarle con un buen trago de la bota de vino.

En 1956, se realizaban obras en el Paseo de Sarasate. Las estatuas del Paseo fueron sometidas a una minuciosa labor de limpieza, “Al Paseo de Valencia lo acikalan con Klemencia” decía la pancarta del Oberena. Un peluquero peinaba la cabellera y barba de una estatua mientras un mozo subido a un pedestal vacío ensuciaba con su bota de vino a la citada estatua  y otro se subía a una de las nuevas farolas del Paseo perseguido por una simpática vaca. La carestía de la vida preocupaba especialmente este año: “Todo sube” los impuestos, la contribución, el fútbol, la carne de vacuno. Así lo reflejaba la pancarta de Alegría de Iruña, con un jugador de Osasuna subido a un pedestal de las estatuas del Paseo, donde  un cartel  indicaba “general: 30 pts”, un funcionario de Arbitrios aparecía  subido a otro pedestal bajo el que se amontonaban sacas de dinero, con la recaudación de los impuestos y la contribución,  y  una vaca aparecía también subida a un tercer pedestal  con un cartel que señalaba “90 pts kilo”. Completaban la estampa una casita sobre  otro pedestal, bajo el que rezaba la indicación de “1000 pts” y un mozo surgía de un registro subterráneo del servicio telefónico, en plena expansión en la ciudad. Otro motivo de debate fue la construcción y traslado del Monumento a Sarasate. Así lo reflejaba la pancarta del Bullicio, bajo el lema de “Menos cuento y más monumento”. Osasuna y toros eran, por su parte, los temas tratados por la pancarta de Anaitasuna.

En 1957 fue la recogida de basuras y la obligación municipal de pintar  en los cubos, la identificación del piso al que pertenecían, uno de los temas estrellas de las pancartas de las peñas. Así lo hicieron la pancarta de Alegría de Iruña  y la del Bullicio. En la primera una corpulenta “etxekoandre” recriminaba, enarbolando un garrote, a un agente municipal vestido con el traje de gala que acarreaba dos cubos de basura, con un expeditivo “tienes que dar ejemplo”, mientras otra mujer se compadecía del sufrido servidor público. En la del Bullicio el alcalde hacía sonar un cornetín asustando a una sufrida ama de casa que caía aparatosamente  sobre un astado volcando el contenido del cubo sobre el animal que huía despavorido igualmente asustado por el ruido del cornetín.

Irrintzi indicaba en la pancarta “1957: año de mucha agua…leche de poca nata”, aludiendo al año especialmente lluvioso, la desaparición del reparto a domicilio de la leche y  la aparición de la leche embolsada y/o embotellada. Se criticaba la nueva calidad de la leche dejando caer que se echaba agua a la leche. Así vemos a una lozana vaca con una manguera enchufada al registro de las aguas vertiendo agua en las lecheras mientras un paisano decía “esta ya sabe lo que hace”. Entre sus cuernos había un cartel que decía “Se cogen puntos a los medias”, aludiendo al hábito de reparar las medias en aquellos años y que aparecían en numerosos escaparates de los comercios del viejo Pamplona. Oberena se hacía eco de la epidemia de gripe de ese año, con el lema “A falta de pan buena es la gripe”. Un esmirriado mozo yacía en la cama acompañado por un igualmente toro enfermizo y además embolado, el porrón en la mesita y  la bota en el orinal mientras el galeno hacía alusión a la epidemia de los precios: la carne en la luna, patatas con escarabajo a 3 duros el kilo, garbanzo siamés a 12 al duro, huevos “fritos” a 10 pts. La nueva peña Armonía Chantreana aludía en su pancarta, reflejada en otra pancarta (pancarta sobre pancarta nuevamente), al creciente tráfico que atravesaba el viejo puente de La Magdalena y a la duda sobre si harían o no el nuevo puente sobre el rio Arga para aliviar los padecimientos del medieval, pancarta bajo que  la que huían despavoridos una cuadrilla de mozos de los temibles astados. En la pancarta también se aludía a la cesta de la compra y a la gripe (¿jalea real?). Por último la del Anaitasuna equiparaba al mol con la jalea real, mientras un mozo se subía a una farola huyendo de un astado que había tropezado con la nueva farola  y otro mozo ordeñaba a una vaca con imperioso “quieta Ufemia”.

Por último, en 1958, ya había comenzado la carrera espacial con el lanzamiento del Sputnik tripulado por la perra Laika, hecho que recogía la pancarta del Irrintzi además de hacer alusión al vino bautizado. La campaña municipal de desratización de este año dió que hablar en varias pancartas. 1958 “año raticidico” decía la pancarta de Oberena. En ella se veía a un toro armado con una manguera desratizadora subido a un queso gigante del que salían huyendo decenas de roedores que seguían a un edil municipal, cual flautista de Hamelin. No faltaba la velada crítica en el texto que decía refiriéndose al mencionado edil “Alto y flaco con una pluma en la chistera y los impuestos al saco”. La campaña desratizadora también fue objeto de atención por parte de la pancarta de la peña Aldapa donde nuevamente aparecían nuestros guardias municipales, con su uniforme de gala, sus botas altas y espuelas, sobre un caballito infantil de madera persiguiendo a los temibles roedores, mientras uno de ellos gritaba, “Ratas, ratas, si provare con la flauta”. Y en la del Bullicio afirmaban en su lema “Reventones, ratas y pavimento divierten al Ayuntamiento”, con toros de improvisados trabajadores de las obras municipales, un edil viéndose sorprendido por un inoportuno reventón,  las famosas calderas para el asfaltado de las calles que provocaban una infernal  humareda  y los roedores buscando algo que  llevarse a la boca, digo al hocico. En muchas ocasiones habría que leer, tal vez, entre líneas. En Alegría de Iruña un roedor decía  a otro “Corre abuelita, que nos “votan” mientras que un toro, vestido con un saco, se detenía ante uno de los primeros semáforos de la ciudad y un municipal recriminaba a un turista, cada vez, con mayor presencia en nuestra ciudad. El turismo, los reventones y las nuevas conducciones de aguas eran objeto de atención en la pancarta de Anaitasuna mientras que la de la Armonía Chantreana se centraba sobre todo en el cambio en la distribución de la leche, con la aparición de la leche embotellada de Kaiku-Copeleche. Y concluyo con este año esta primera entrega de repaso de las pancartas de las peñas, en unos tiempos difíciles, donde no tenía cabida la crítica política y solo cabía una pequeña crítica a la gestión administrativa municipal.

Fotos: pancartas de las peñas, aparecidas en el libro “Las pancartas de las Peñas” editado por la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona en 1981 y de que fueron autores José Luis Larrión Arguiñano y José María Rodrigo Jimenez. Para las fotos 2, 5, 6, 8, 9 y 23, “Peñas de Pamplona, una historia viva”. Federación de Peñas de Pamplona. 2014.

Los Sanfermines de principios del siglo XX (1900-1930)

Comienzo cronológicamente esta serie de los sanfermines del siglo XX, con la apertura del nuevo siglo. Hemingway no la había dado a conocer internacionalmente pero la fama de sus fiestas y encierros se extendía a las provincias limítrofes, incluso al sudoeste francés. Ya entonces acudía al calor de la muchedumbre festiva una buena hornada de rateros y carteristas así como de mendigos procedentes de otros lares. También formaban parte de la fauna local de esos días charlatanes, vendedores ambulantes, organilleros, limpiabotas y un sinfín de curiosos personajes, Se acababa de inaugurar la nueva Audiencia Provincial y ese primer año del siglo se ponía la primera piedra de la nueva cárcel de Pamplona. La anterior prisión estaba situada en la actual plaza de San Francisco. Se iniciaban las fiestas de San Fermín con disparos de cohetes y repique de campanas. Los encierros se corrían a la temprana hora de las 6 de la mañana y las corridas se celebraban a la no menos temprana hora de las cuatro y media de la tarde. Recordemos que los encierros se corrían hasta 1843 por la Calle Chapitela y que desde 1856 comenzaron  a recorrer la Estafeta.

Los actos más destacados de las festividades eran la Procesión y el acto de las Vísperas, recordemos que aun no se había instaurado el famoso Riau Riau, sin olvidarnos de  los tradicionales fuegos artificiales, con todo tipo de aparataje pirotécnico en la plaza del Castillo, entonces de la Constitución, donde destacaban las bombas japonesas que lanzaban caramelos a los crios. También en la plaza se celebraban cucañas, el baile popular al son y acordes de los famosos chunchuneros. Las barracas se colocaban entonces en el primer ensanche con atracciones, todo hay que decirlo, bastante rudimentarias, detrás de la Calle Navas de Tolosa aunque también se colocaban casetas de feria en el lado izquierdo del Paseo de Sarasate, según se mira la Audiencia, mientras el ferial de Ganado se ubicaba junto al Portal de San Nicolás, en los glacis del lado izquierdo, saliendo de la ciudad. También solían organizarse kermeses o tómbolas benéficas, alguna de ellas en la zona de los jardines de la Taconera. Y lo que mayormente se bebía estos días era vino y cerveza. Las corridas de toros no se celebraban durante nueve días, como ahora, sino cinco, el programa oficial de las fiestas llegaba como mucho  hasta el día 11, luego se amplió al 12, si bien era tradicional que se prolongasen buena parte de actividades hasta el día 14, por ejemplo las barracas o el Ferial de Ganado y otras. No hacía demasiados años, concretamente en 1888, había llegado la luz eléctrica a la ciudad y en este primer año de siglo se colocaron unos focos eléctricos en la entonces llamada plaza de la Constitución, actual plaza del Castillo, que estaba engalanada, a la sazón, con abundancia de banderas y gallardetes.

Visitaba durante estos primeros años del siglo, la ciudad,  el insigne violinista pamplonés Pablo Sarasate que se solía hospedar, desde 1888, en el Hotel La Perla, ofreciendo sus célebres conciertos matinales.   En 1900 fue declarado  hijo predilecto de la villa. Don Pablo no faltaría a su tradicional cita festiva durante muchos años, concretamente hasta 1909. Y es que en septiembre de 1908 fallecía en su residencia de Biarritz. En aquellos primeros años del siglo el gentío acostumbraba a pasear por la calle Mayor y sobre todo por la calle Estafeta, verdadero escaparate social de la ciudad, en estos primeros años del siglo. En 1901, el encierro del día 7 se retrasaba media hora por la lluvia. Fueron alcaldes de Pamplona en esta primera década los señores Agustín Lazcano (1900), Javier Arvizu y Górriz (1901), Joaquín Viñas (1902-1903-1905-1906), Salvador Ferrer y Galbete (1904), Daniel Irujo (1904-1907-1908) y Juan Pedro Arraiza (1909). El 7 de julio de 1902 se tiene constancia de los dos primeros heridos por asta de toro. Los caballos en las corridas no tenían protección por lo que morían a mansalva. En 1903 se erigía el Monumento a los Fueros. El Teatro Principal pasaba a llamarse Gayarre y el Paseo de Valencia, Paseo de Sarasate. La iglesia de San Lorenzo estrenaba una nueva fachada muy diferente a la pétrea y con apariencia amurallada de la anterior. Tres años más tarde tapiaban la puerta de acceso al templo existente en la fachada de la calle Mayor, si bien en 1908 el párroco D. Marcelo Celayeta abría otra puerta por la calle San Francisco. En 1903 se colocaba en la plaza del Castillo, cerca del Iruña, un túnel luminoso que estuvo muy animado durante todas las fiestas. A mediados de la década de los 20 se comenzó a colocar una iluminación a base de bombillas perfilando el edificio de la Casa Consistorial, y se seguía iluminando con bombillas la plaza del Castillo.

El 10 de julio de 1904 se formó el primer montón a la entrada del coso, al parecer el último tramo estaba muy masificado por el entendible deseo de los mozos de entrar en la plaza de toros delante de los toros ante el gentío. Ese año, el día 8, hubo que hacer un segundo encierro con un solo toro que se había quedado rezagado en Santo Domingo. Recordemos que antes de la construcción de la actual plaza de toros, en el último tramo de la Estafeta se giraba hacia la derecha en vez de hacia la izquierda, por lo que hoy sería la calle Duque de Ahumada hasta la antigua plaza situada al comienzo de Carlos III, en las traseras del antiguo Gayarre. Dos notas extraordinarias de ese año fueron el terremoto que se sintió el día 13, de cierta  intensidad (hubo otro también en los sanfermines de 1923) y la calorina reinante que supero los 40 grados aunque en 1909 pasó todo lo contrario. Tuvimos unos de los sanfermines más desapacibles que se recuerdan. En 1905 se tiene noticia del primer paseo de autoridades previo al encierro. En 1906, la calle Pellejerías pasaba  a llamarse de Jarauta. La fama de las fiestas iba traspasando fronteras siendo cada vez más frecuente la presencia de extranjeros en nuestras fiestas, sobre todo franceses aunque también ingleses y de otras latitudes. Nuestras fiestas comenzaban a tener fama nacional. El 9 de julio de 1908 hubo dos encierros de tres toros cada uno. El motivo,  el de siempre, los toros se habían quedado en el corral. En la plaza del Castillo se habilitaba una caseta para la venta de billetes de las corridas que hasta entonces se dispensaban en diferentes lugares aunque no será hasta 1914 cuando realmente se centralice la venta de los diferentes tipos de billetes. Entre los diestros de esta primera década del siglo destacan nombres como los de Mazzantini, Lagartijillo, Machaquito, Lagartijo, Fuentes, Bombita, Quinito, etc.

Comenzamos la segunda década con otro montón en el encierro, justo en la puerta del plaza, el 7 de julio. Fueron  alcaldes de Pamplona, esta década, Joaquín Viñas (1910-1913), Alfonso Gaztelu (1914-1915), Manuel Negrillos (1916), Demetrio Martínez de Azagra (1917) y Francisco Javier Arraiza (1918-1919). Los actos festivos venían a ser prácticamente los mismos que durante la primera década: chupinazos y repique de campanas, vísperas, procesión, paseos, bailes, barracas con sus churrerías cercanas, cohetes artificiales (a cargo de Oroquieta y más tarde también de Caballer, entre otras pirotécnicas), bandas de música, teatro, toro de fuego, feria del ganado que luego se trasladaría a la zona de la Media Luna y desde 1922 a las cercanías del antiguo hipódromo y campo de deportes (donde hoy esta el Larrabide), teatro en el Gayarre, cine al aire libre en la plaza de la Constitución, conciertos matinales con el Orfeón y la Sociedad Santa Cecilia  en el Gayarre o los conciertos al aire libre en la Taconera, eventos deportivos (fútbol en el campo del hipódromo, pelota en el Euskal Jai, ciclismo, tenis en el Law Tennis Club, tiro al pichón, etc), paseo social por la Estafeta que luego se trasladaría al Bosquecillo, la comparsa de gigantes y cabezudos, en 1910 acompañadas por el celebre gargantúa vizcaino,  “varietés” criticadas por la moral bienpensante de la pacata y provinciana Pamplona de aquellos años y las casetas de venta de ajos en la plaza de Recoletas. También había cine en el Salón Novedades (también he oído hablar del Cinema Actualidades, Belloch (situado junto a la plaza de toros) y del cine de Rocamora y Montero)  así como el circo Feijoo.

En 1911 fallecía el célebre chunchunero Javier Echeverría, gitano para más señas,  que acompañó a la comparsa durante más de 60 años, prácticamente desde mediados del siglo XIX. Este año el encierro del día 8 duró más de una hora, al negarse un toro a entrar en el corral. Hago un inciso para referirme al Riau Riau. Es tradicional referirse a este año como el primero en el que Ignacio Baleztena junto a unos amigos  instauró el famoso riau-riau acompañando al vals de Astrain. El Vals que tiene por título “La alegria de San Fermin”  parece que ya se interpretaba en 1909 y según dicen las crónicas de la época probablemente tuviese bastantes años de antigüedad. De hecho Miguel Astrain lo compuso a finales del siglo XIX y con toda seguridad se interpretó al menos desde 1883. La letra es posterior, de 1928, y había sido escrita por María Isabel Hualde Redín. Y como muchas costumbres empezó de la manera más espontanea posible. Un grito festivo de aprobación por parte de Baleztena por lo bien que había tocado el vals el maestro Cervantes, (era costumbre en la montaña navarra acabar las canciones festivas con este grito),  tuvo su continuación en la repetición del grito al término de cada estrofa. Este comportamiento no fue bien visto por buena parte de la sociedad respetable pamplonesa y el propio ayuntamiento, durante unos cuantos años, como veremos.

Leon Salvador fue unos de los personajes más conocidos de aquellas primeras décadas, no solo en Pamplona sino en buena parte del norte de España. Su presencia en la ciudad se hacía notar. Era el rey de los charlatanes, capaz de vender lo que se propusiese. No había otro como él con tanta elocuencia y perseverancia. Formaría parte del paisaje festivo de nuestra ciudad hasta los años 50. En estas primeras décadas además puede considerársele un generoso benefactor pues  se prodigaba en regalos para la ciudad: música, cohetes  y otros actos festivos que pagaba de su bolsillo, y que posteriormente reemplazaría por generosos donativos a entidades benéficas locales. No obstante era un personaje que provocaba la ira de los comerciantes locales pues en sus deslenguados discursos de venta se metía con frecuencia con los comerciantes de la ciudad, hecho que llegó a provocar la advertencia municipal de retirarle su permiso de venta. En 1912 coincidieron en julio diferentes eventos junto a las fiestas: una semana social, otra relacionada con la aviación, el congreso de viticultura y el 7º centenario de la batalla de las Navas de Tolosa, con la presencia el 16 de julio del rey Alfonso XIII. Se incorporaron a la comparsa los kilikis Napoleón y Patata así como dos nuevos zaldikos. Se inauguraba la plaza de San Francisco, presidida por la Mari Blanca, hoy semiescondida en los jardines de la Taconera. En 1913 hubo que celebrar, otra vez,  dos encierros por un toro que se negó a salir de los corrales. A partir de 1911 y de 1914 llegaron a la ciudad, respectivamente los ferrocarriles Irati y Plazaola.

Con la masificación de las fiestas se incrementaron los hurtos hasta el punto de que en 1914 se enviaron refuerzos policiales desde Madrid, deteniendo a más de una treintena de carteristas procedentes de toda la geografía española. La 1ª guerra mundial se dejó sentir con la ausencia casi total de extranjeros. Pero busquemos notas de color y sabor de aquellos sanfermines de antaño. Ya hemos dicho que el recinto ferial estaba ubicado en el 1º ensanche: en 1915 encontrábamos un cine, dos circos (Feijoo y el Reina Victoria), columpios, toboganes, tiovivos y otros carruseles (las olas), barcas colgantes, fieras y animales domesticados, casetas de tiro, varias churrerías, photocalls, puestos de dulces  y casetas de bebidas. Chunchuneros en la plaza del Castillo, orquestas callejeras, vendedores ambulantes y un ejército de limpiabotas en alegre algarabía. Algún periódico local se quejaba del creciente gamberrismo y el cada vez mayor consumo del alcohol en las fiestas lo que provocaba la huida durante estos días  de algunos vecinos, ¿les suena? El 9 de julio de 1915 un toro caía a la orilla del río en el acto del encierrillo aunque sin mayores consecuencias. De vez en cuando se celebraba algún espectáculo diferente como la lucha grecorromana en el Euskal Jai,   con el conocido luchador navarro Javier Ochoa o funambulistas en la plaza del Castillo, eso sucedía en los sanfermines de 1916. Ese año nacían “Los amigos del Arte”.

Con Martínez de Azagra (1917) en la alcaldía comenzaron los bandos restrictivos de las conductas incívicas  lo que provocó cierto malestar fundamentalmente entre la gente joven. De esta oleada represiva no se libró ni el Riau Riau de este año ni del siguiente. Por su interés reproduzco algunos párrafos de dicho bando que se aplicó durante los años 1917 y 1918: 1º.- Que cuando el Excmo. Ayuntamiento se dirija a la iglesia de San Lorenzo la víspera de San Fermín, deberá el público, tanto a la ida como a la vuelta de la comitiva, dejar desembarazadas las calles del tránsito, absteniéndose de formar grupos que vayan tumultuosamente delante de la comitiva, así como corear la música. 2º.- Queda prohibido interrumpir los paseos públicos molestando a los paseantes con gritos, canciones y ademanes impropios de personas bien educadas. 3º.- Se prohíbe circular por las calles, sea aisladamente o en grupos, profiriendo gritos o tocando instrumentos que produzcan ruidos estrepitosos, llevando objetos sucios o extraños, o vestidos de un modo extravagante y carnavalesco. 4º.- Queda prohibido, desde las doce de la noche hasta las cinco de la mañana, cantar, gritar, tocar instrumentos músicos, y producir por las calles todo ruido de cualquier clase que sea, que pueda molestar al vecindario turbando su reposo. 5º.- Se prohíbe implorar la caridad pública en cualquier forma que sea. De la cordura, sensatez e ilustración de este vecindario espero que no dará lugar ni motivo de represión, pues de lo contrario me veré obligado, bien a mi pesar, a imponer el correctivo que corresponda, sin contemplaciones ni miramientos, quedando los agentes de mi autoridad encargados de que se cumplan puntualmente las disposiciones contenidas en este bando. En 1919 dejó de publicarse dicho bando.

En 1918, Pamplona homenajeaba a Sarasate con la colocación de la primera piedra de su monumento en los jardines de la Taconera. El encierro se retrasaba este año y el siguiente una hora, pasando a celebrarse a las 7 de la mañana y la corrida a las cinco y media, aunque en 1920 se volvería al horario habitual de las 6 y de las 4.30 las corridas y luego en 1924 se volverían retrasar a las 7 y cinco y media, para volver a adelantarlas en 1925 y retrasarlas en 1926 manteniéndose así durante los años siguientes. Ese año, 1918 hubo un montón en el encierro del día 10. En 1919 se hablaba de unos 7.000 turistas en fiestas, una cifra respetable si tenemos en cuenta que la ciudad tenía poco más de 30.000 habitantes. Seguramente la finalización de la 1ª guerra mundial que había sacudido a toda Europa había contribuido a ello. Entre los diestros que destacaron en esta segunda década se encontraban alguno de los años anteriores como Bombita y Machaquito y otros como Cocherito de Bilbao, Pepete, Vicente Pastor,  Rafael Gómez Gallo, Gallito, Chiquito de Begoña, Bienvenida, Vazquez, Rodolfo Gaona, Salieri,  Posada, Ballesteros,  Fuentes, Belmonte, Joselito y  Fortuna.

Llegaban los felices años 20 y con ellos quedaban atrás las prohibiciones municipales. El riau riau volvia a celebrarse sin cortapisas. En 1920 actuaba por primera vez, por encargo del Ayuntamiento  la banda de música “La Pamplonesa”, fundada el año anterior. Hasta entonces había tres bandas de música militares, la de lo regimientos Almansa, América y Constitución que animaban las fiestas. El director de la banda del regimiento América Silvanio Cervantes había formado en la década anterior una banda de música: la  Banda de Música de los Exploradores. Esta banda desapareció en torno a 1917 porque los ciudadanos de Pamplona no querían una banda dirigida por militares. En 1919 Silvanio  Cervantes junto a D. Manuel Zugarrondo y D. Vicente Sádaba creaban “La Pamplonesa”  formada inicialmente por 37 músicos. La primera actuación se produjo el once de octubre. La banda recorrió Pamplona con un pasodoble y una jota. Puesta en marcha la banda, el primer presidente de la Asociación promotora  D. Vicente Sádaba, presentó la dimisión. A partir de entonces el nuevo presidente de la Asociación  hasta 1942, año en que el Ayuntamiento se hizo cargo de “La Pamplonesa”, fue D. Manuel Zugarrondo. En sus primeros sanfermines de 1920 la banda participó en todos los actos organizados en la calle; el cohete, el Riau Riau, las dianas que eran a las 5 de la madrugada, la procesión… incluso se ofrecieron algunos conciertos en el bosquecillo de La Taconera. En 1987  “La Pamplonesa” se convirtió en Asociación Cultural, pues en origen fue  una Asociación Civil. Como Asociación Cultural la banda firmó un convenio con el Ayuntamiento de Pamplona con una duración de 30 años que regulaba las relaciones entre ambas partes. Por  ese convenio el Ayuntamiento se comprometía  a convocar, con carácter exclusivo, a “La Pamplonesa” para acompañar musicalmente a la corporación en cuantos actos oficiales de carácter corporativo se celebrasen. En esta tercera década del siglo fueron alcaldes de Pamplona, José María Landa (1920-1921), Tomas Mata (1922), Joaquín Iñarra (1923), Leandro Nagore (1924-1926), Joaquín Canalejo (1927), Jenaro Larache (1928), José Sagardia (1929) y Francisco Javier Arvizu (1930).

Como ya he señalado en otra entrada en estos años se plantea la construcción de una nueva plaza de toros, la construida en 1852 detrás del Teatro Principal, luego Gayarre, se había quedado pequeña. Se comenzó a construir la nueva a principios de 1921 quedando terminada para junio de 1922. El 10 de agosto de 1921 un incendio arrasaba el viejo coso taurino, incendio que todo el mundo entonces consideró que fue intencionado. En 1920, al término de los sanfermines se celebró el II Congreso de Estudios Vascos, cuya clausura corrió a cargo del propio rey Alfonso XIII. La nueva plaza se estrenó el día 7 de julio de 1922 con un montón  sin mayores consecuencias. En el encierrillo del día 10 se volvió a escapar un toro que fue localizado horas más tarde en el barrio de la Magdalena. Este año volvieron los bandos prohibitivos, orientados al Riau Riau, se prohibía corear la música y obstruir el paso de la corporación así como “circular abrazados por calles y paseos”. Incluso el alcalde Tomas Mata estuvo a punto de prohibir a la Pamplonesa que tocase en 1922 el vals de Astrain si bien en este toma y daca el consistorio cedió un poco en los años siguientes. Eso si, se prohibía enmascararse o disfrazarse  en fiestas y se intentó poner coto a la invasión de mendigos y limpiabotas. Las fiestas oficiales  recordemos acababan en la media noche del día 11, luego del 12 aunque muchas actividades se prolongaban hasta el día 14, incluso hasta el día 18.

Sería en 1922 cuando Ignacio Baleztena publicaría en el Pensamiento Navarro la famosa canción sanferminera de “Levantate Pamplonica” que hacía referencia al encierro y al horario de su celebración y que se  convertiría en un clásico de nuestras fiestas. En 1923 se inauguraba el Teatro Olimpia y el periodista americano Ernest Hemingway visitaba por primera vez nuestras fiestas. Se quedó prendado de nuestras fiestas  y se convertiría en su mayor divulgador mundial. Lo volvería a hacer en otras ocho  ocasiones: de 1924  a 1927, en 1929, 1931, 1953 y 1959. La lluvia suspendió la mayor parte de los actos del día 11 de julio. El 13 de julio de 1924 se producía la primera cogida mortal del encierro, la víctima el joven de Sanguesa, Estebán Domeño, lo que provocó un encendido debate sobre la celebración del encierro. También este año se quedó algún toro en los corrales que obligó a realizar un segundo encierro. La segunda cogida mortal se producía el 8 de julio de 1927, la víctima, el mozo pamplonés Santiago Martínez; este año hubo también algún pequeño montón y algún otro herido por asta de toro.   Desde este año se lanzan cuatro cohetes en el encierro para señalar la apertura de los corrales, la presencia de los toros en la calle, la llegada a la plaza de toros y la entrada en los corrales de la plaza. En 1924 las barracas se trasladaron junto a la plaza de toros, en los terrenos que ocupan hoy las calles Amaya, Roncesvalles y principios de Carlos III, aunque al año siguiente volvieron a su ubicación tradicional en Padre Moret y en 1928 el ferial del ganado a los glacis de la cuesta de la Reina. Las autoridades reconvenían a los hosteleros sobre los precios en estas fechas. La llegada de turistas iba en aumento. En 1925 a la corporación le costó 45 minutos llegar a San Lorenzo. Aun quedaban lejos las más de tres y  cuatro horas de los años 70 y 80.

En 1929 se inauguraban los actuales retretes subterráneos de la plaza del Castillo y se inauguraba el Monumento al general Sanjurjo. Al margen de las peñas que señalé en la entrada correspondiente (La Unica, La Veleta, etc), en estas primeras décadas del siglo había otras peñas y cuadrillas menos conocidas que conviene destacar como La Cuatrena, La Olada, La Marea, La Navarra, La Polar, La Ochena, La Cometa, Unión Pamplonés, Gente del Bronce (desde 1902), Los de ahora, Los de siempre; Peña Indarra, Peña San Fermin (nada que ver con la actual), La peña “La Benéfica”, Peña Aurrera, etc. Entre los diestros que destacaron en esta tercera década se encontraban Ignacio Sánchez Mejias, Manuel Varé Varelito, Rafael Gómez, Gallo, Domingo Gonzalez “Dominguin”, Diego Mazquiaran Fortuna, Juan Belmonte, Granero, Saleri, La Rosa, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Joselito Martin, Francisco Vega “Gitanillo de Triana”, Olmos, Antonio Marquez; José García “Algabeño”, Chicuelo, Manuel García, “El Maera”, Luis Fuentes Bejarano, Nacional, Cayetano Ordoñez “El niño de la Palma”, Martín Aguero, Rayito, Vicente Barrera, Armillita chico, Francisco Tamarit, Joaquín Rodríguez “Cagancho”,  Manolo Mejias Bienvenida, Victoriano Roger Valencia, Antonio Posada, Felix Rodríguez, Antonio de la Haba Zurito y el navarro Saturio Torón, que tomó la alternativa de manos de Marcial Lalanda.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 (1927),6 (1923),11 (1921),15,16 (Años 20) y 26 (1924). Luis Rouzaut. Nº 2 (1920. Ricardo Martin), 8 (años 20),17 (1925. Pascual Marin),23 (1930),24 (años 20) y 25 (1927. Pascual Marin). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marín. Nº 10 y 12 (1ª década del siglo XX), 18  y 20 (1918). Fotos extraídas de “Eternos Sanfermines” de José María Baroga. Nº 13 (13-7-1913), 22 (1930) y 28 (9-7-1923). Fotos extraídas de “Sanfermines” de José María Iribarren. Nº 3, 4, 9 y 14. Postales de primeros de siglo (1900-1930). Foto nº 5: Foto extraída de “Pamplona estrena siglo” de José Joaquín Arazuri (1900-1908). Foto nº 7. (1909-1920) Cesareo Castillo Moleda. Foto nº 19. Encierro de San Fermin de 1927. Foto nº 21. Revista “Blanco y Negro” (1923).

Los sanfermines del tardofranquismo (1960-1975)

Continuo con la serie dedicada a los sanfermines del pasado siglo, completada con algunas notas historiográficas, urbanísticas y de costumbres. Incorporo fotografías de muy diversa procedencia, algunas de ellas pertenecen, como en anteriores entregas de esta serie, al Fondo Marin de la Kutxateka. Comencemos sin más dilación. En 1960 era alcalde de Pamplona el carismático Miguel Javier Urmeneta. Los sanfermines concitaban cada año la llegada de un mayor número de extranjeros. A ello contribuyó tras el inicial impulso de Ernest Hemingway, fallecido poco antes de los sanfermines de 1961, la irrupción  de medios de comunicación audiovisuales  cada vez más globalizados: la radio, el cine y sobre todo  la televisión. La prensa europea se iba haciendo eco de la celebración de nuestras fiestas y cada año, actos como los del Chupinazo y otros eventos festivos se iban masificando cada vez más. Aquel año se habilitó un camping en el estadio Ruiz de Alda. Se hablaba  de unos 100.000 visitantes, casi tantos como pamploneses había en esa época. Empezaban a acudir primeras grandes estrellas del mundo del celuloide: Orson Welles y Deborah Kerr lo harían en 1961, el primero también en 1965 y 1966 para rodar una película, y la segunda también lo hizo en 1962, Charlton Heston  acudió en 1962 mientras Nicholas Ray y Darryl F. Zanuck lo hicieron en 1963.  Además recalaron en nuestra ciudad otros personajes famosos de la época, como gente de la realeza (los Borbon-Parma, Fabiola, etc) o de la farándula (Marisol, Torrebruno, Sara Montiel, Conchita Bautista, etc). Por lo demás, las fiestas se basaban en sus tradicionales actos: los encierros, las corridas, la comparsa de gigantes y cabezudos, las barracas, la tómbola, el ferial, las verbenas, la procesión, el riau-riau, etc. Este año, hubo un montón impresionante en la calle de la Estafeta, cerca del cruce con la bajada de Javier, (tal y como señalé en la primera parte de la entrada dedicada a los comercios de la Estafeta), aunque afortunadamente no hubo ningún muerto, no se puede decir lo mismo de 1961 en que falleció un corredor, Vicente Urrizola, por una cornada en la plaza Consistorial. En lo urbanístico los hechos más destacables del inicio de la década fueron la inauguración de la  Cuesta de la Chantrea y el nuevo puente sobre el rio Arga, el cierre del Cafe Kutz, la construcción del Hotel de los Tres Reyes y la colocación de la primera piedra del edificio central de la Universidad de Navarra.

Los encierros se seguían celebrando a las 7 de la mañana, lo harían hasta 1974, año  en que se retrasaron a las 8.  Las corridas se celebraban a las cinco y media de la tarde pero en 1974 se retrasaron  a las seis y media. Toreaban en la primera mitad de esta década diestros como Paco Camino, Antonio Ordoñez, Jaime Ostos, Curro Romero, El Viti, Diego Puerta, Curro Girón, Antonio Bienvenida, Palmeño, Andres Vazquez, Miguel Baez Litri   o Mondeño. También se estrenaría en estos años un novillero de enorme fama como El Cordobes, y aquí comenzaría su declive, fue sonada la bronca que le tributó el respetable pamplonés en el  año 1965. En 1961 salía por primera vez El Estruendo de Iruña, quienes hacían constar su falta de subvención, a diferencia de otras peñas. En 1962, por primera vez en la historia de las fiestas,  las corridas fueron retransmitidas por Televisión Española. En 1964  se retransmitió el encierro, por primera vez, en directo, por Eurovisión, siendo redifundido posteriormente en Estados Unidos. Fruto del hermanamiento con Baiona, firmado en 1960,  se instaurarían, en los sanfermines, diferentes actos festivos  de hermandad con la vecina ciudad lapurtarra. En 1963 se procedía a inaugurar, de forma simbólica, la avenida de Bayona. Las barracas se ubicaban al comienzo del barrio de San Juan y el ferial del ganado, ese año,  en el margen derecho del rio Arga, cerca de la Biurdana. Y hablando de las barracas cabría recordar que  estas se habían instalado, desde el año 1951 hasta 1966, en las proximidades de la avenida de Bayona, entre Antoniutti y la Cuesta de La Reina. A partir de 1966 y hasta 1971 lo harían en la zona de los glacis de la Vuelta del Castillo que daban a Pio XII.  En 1962 se cantó por primera vez el canto “A san Fermin pedimos”, inicialmente ante una figura del santo colocada en una ventana del Hospital Militar.  En 1963, en vísperas de las fiestas,  se ultimaba la nueva decoración del muro medianil de Casa Seminario, una autentica guía visual de los principales monumentos turísticos de la ciudad, obra de Pedro Lozano de Sotes que costó 42.000 pesetas pagadas, a partes iguales, por el Ayuntamiento y la Caja Municipal. Se cerraba el Coliseo Olimpia y comenzaba a construirse el nuevo Hotel Maisonnave en la calle Nueva. Tras 22 años desaparecía la clásica prueba deportiva sanferminera iniciada en 1941 por el SEU, Travesía del Arga.

Los sanfermines de 1964 pasaron a la historia porque el chupinazo lo disparó el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne. A Urmeneta le relevó en la alcaldía, en febrero de 1964,  Juan Miguel Arrieta, que conservó el cargo hasta enero de 1967 en que fue sustituido por Angel Goicoechea. El chupinazo de 1964 fue  el primero en que alguien ajeno al ayuntamiento inauguraba las fiestas. Las peñas le hicieron imposición a Fraga del pañuelo rojo. En 1971, el Ministerio de Información y Turismo les dió, no sabemos si por agradecimiento,  la placa de plata al Merito Turístico. ¡Quien  diría que las relaciones de las peñas con los jerarcas del régimen o sus representantes en la “provincia” iban a ser tan diferentes tan solo unos años después!.  Además de la concesión de la placa las fiestas fueron declaradas poco después  fiestas de interés turístico. La policía municipal estrenaba en 1964 nuevos uniformes blancos, rematados  por  un singular casco, lo que haría que muchos pamploneses empezasen a llamar a los agentes “calimeros”. La Ciudadela pasaba de la administración militar a la municipal, la entrega se haría en julio de 1966, casi al mismo tiempo que se inauguraba simbólicamente la avenida del Ejército.  En 1964 se ponía en marcha el Plan de Promoción Industrial, de la mano de Huarte y Urmeneta. En esos años, 1965-66, se  derribaba la Escuela de Artes y Oficios y la plaza de la Argentina se convertiría  en la estación central de las villavesas. En 1966 entraba en funcionamiento la fábrica de automóviles Authi. En 1965 hubo desavenencias entre el consistorio y la Meca y estuvo a punto de no haber corrida y encierro el último día pero al final no llegó la sangre al rio y hubo encierro también en la última jornada.

Desde 1966 y hasta 1971, el Ayuntamiento hizo imposición del galardón “Pañuelo de Honor” con el fin de distinguir a aquellas personas que se habían destacado por su labor durante las fiestas. Entre los premiados, a  lo largo de su corta historia,  cabe señalar, -algunos lo fueron a título póstumo-,  los nombres de Rafael García Serrano, Basilio Zoroquiáin, Ernest Hemingway, Manuel Turrillas, Gurmensindo Bravo, Carlos Juaristi, Ignacio Baleztena, El chico de Olite, los cuerpos médicos de los Hospitales Civil y Militar, José María Iribarren, José María Latorre, entre otros.  La verbena, la única que había entonces, se celebraba en la plaza del Castillo, entre las 10.30 y la 1.30 de la madrugada. Los autos de choque costaban 4 pesetas y 20 pesetas el abono de 6 viajes, los caballitos 3 pesetas. En octubre de 1965 la Comparsa había viajado a Estados Unidos en donde participaron en la clausura de la Feria Mundial de Nueva York. Antes y durante las fiestas de 1966 hubo conflictos con algunos medios de comunicación (TVE y ABC) a propósito de la contribución económica de Navarra al estado y de algunas  manifestaciones sobre la comunidad que molestaron a pamploneses y navarros y que transcendieron al entorno festivo, de hecho se produjo  una quema pública de ejemplares del rotativo madrileño en la plaza de toros, el día 12 de julio. Cada vez era más frecuente el rodaje de películas españolas durante los sanfermines. Las canciones que más se tararearon en los  sanfermines de 1966 fueron “Esperanza”, “El chachacha”, “Juanita Banana” y “Mustafá”.

En 1967, se estrenaba la ampliación de la plaza de toros, obra del arquitecto Rafael Moneo, pasando de tener el coso de 12.500  a 19.500 localidades, la segunda con mayor aforo de España.  “La manguera” fue la canción más oída durante estos  sanfermines, que duraron 10 días. Las peñas elegían por primera vez una madrina de honor para representarles en diferentes actos de las fiestas, cuatro años más tarde elegirían cada una de ellas, presidentas de honor. Constituidas en Comisión las peñas se comprometían en 1967 a salvaguardar el acto del riau-riau y a colaborar en la agilización de su recorrido para lo cual hicieron un llamamiento a asistir a la Marcha a Vísperas al mismo tiempo que pedían no se entorpeciese la marcha de la corporación. Tres años más tarde, en 1970, volvían a la carga sugiriendo la incorporación de la Comparsa, el grupo de danzas y los timbaleros, rogando al público  no  tirase agua a los mozos desde los balcones. En 1971, el acto duraba ya algo más de tres horas, tocando la banda de música más de 60 veces el vals de Astrain. En 1967 se celebró el primer Cross del Encierro, organizado por El Pensamiento Navarro en el que participaban la mayoría de las Peñas y algunos clubs deportivos y también el 1º Festival de las Peñas. También ese año se instauró la costumbre de la ofrenda floral al santo a su paso por el pozo de San Cernin. El 2 de septiembre de  1967, Osasuna estrenaba el nuevo estadio de El Sadar en sustitución del viejo campo de San Juan.  Continuaban  las obras del pantano de Eugui. Los taxis de Pamplona comenzaban a llevar en sus puertas una franja verde. Se inició la construcción de los cuarteles  de Aizoain, donde se trasladarían los militares asentados en los cuarteles del centro, mientras se empezaba a reformar la Ciudadela. El 6 de julio de 1968 se inauguraba el monumento  a Hemingway, con la presencia de su viuda, un busto de bronce sobre un bloque de granito de 8.000 kilos de peso y ese mismo día se inauguraba un Monumento al Encierro frente al también inaugurado Parador El Toro. A Angel Goicoechea le sustituyó en mayo de 1969, en la Alcaldía, D. Manuel Agreda que duró menos de un año en el cargo siendo relevado en diciembre por Joaquín Sagües que permaneció en el cargo hasta 1972, año en que fue alcalde accidental Javier Rouzaut. Entre 1973 y 1975 dos alcaldes ostentarán la vara de mando, José Javier Viñes (1973-1974) y José Arregui Gil (1974-75). En 1968 nacía la COTUP y en diciembre la ciudad se despedía de los cuarteles militares en el centro.

En 1969,  se produjo  un nuevo muerto en el encierro, un Guardiola mató a Hilario Pardo en la cuesta de Santo Domingo. Al Gayarre acudía regularmente la compañía de Paco Martinez Soria mientras que al Club Natación llegaban las estrellas pop del momento: Karina, Albano, Raphael, Julio Iglesias, Rumba Tres, Tony Landa, Patxi Andión, Juan Pardo, Formula V, Basilio, entre otros. Llegó ese año a Pamplona el Circo Ruso de Moscu y Urtain protagonizó un escándalo al ser vencido por K.O ante el holandés Van Duivenbode. Tras el incendió en el Gayarre, acaecido en Noviembre del año anterior,  se había reformado el teatro, -la reforma costó cerca de 15 millones de pesetas-,  se cambiaron las butacas y  el gallinero se sustituyó por un anfiteatro además de introducirse otras mejoras en sus instalaciones. A finales de 1969 comenzaba a derribarse el edificio de la Casa de Baños, en el Paseo de Sarasate. En Febrero de 1970 se inauguraba el Young Play  y en octubre la Biblioteca General se trasladaba al edificio de “La Agrícola”. Hasta entonces se encontraba en dependencias de la Diputación, en la avenida Carlos III.  Resulta cuando menos curiosa la recomendación de las peñas en 1970 pidiendo a las mozas no se incorporasen a la salida de las Peñas. La peña Anaitasuna organizaba el llamado Dimasu, el día del marido suelto, se dice que impulsado por Miguel Angel Falces, al que  conocí, era comerciante, a mediados de los 80. Hubo un día, ese año,  en que se retrasaron toro de fuego y fuegos artificiales ante la ruidosa protesta del público de Pamplona. En el Riau Riau de 1970 se acordó que no estuviera presente la Policía Armada en el recorrido, como era habitual hasta entonces, solo la Policía Municipal. En 1971 comenzaron a aparecer las matrículas de los coches con letras. Se comenzó a construir la  Avenida del Ejército, derribándose,  la muralla que conectaba la Taconera con la Ciudadela. Se trasladó la Casa de Socorro de Pamplona de la calle Alhóndiga, en donde estaba desde el año 1930,   al edificio de la antigua estación de Autobuses. Desaparecía el Cafe Torino de la plaza del Castillo que dos años más tarde se transformaría en  el Windsor.

El 7 de julio de 1972 se producía el primer encierro al revés de toda su historia llegando a recorrer los toros, de nuevo, toda la Estafeta hasta la calle Mercaderes, al encontrarse con un gran tapón en la plaza de toros. En 1972 las barracas se instalaron  en el solar  de los cuarteles de Infantería, en vez de en su tradicional ubicación en la Vuelta del Castillo. El 16 de mayo se abría al tráfico la avenida del Ejército. Se celebraron los Encuentros de 1972,  de los que hablé extensamente en otra entrada. En julio de 1972 se produjo una polémica por parte del cantante de origen cubano Luis Aguilé con la ciudad de Pamplona a propósito de unas declaraciones suyas sobre los sanfermines.  Los taxis comenzaron a cambiar de color, en vez de negros, blancos con una raya verde. Se iniciaron los vuelos regulares a Madrid con el aeropuerto de Noain recién inaugurado. Entre los toreros que acudieron a Pamplona, a partir de 1967 y hasta 1975 destacan además de los ya señalados Miguel Baez Litri, Antonio Ordoñez, Curro Girón, Diego Puerta, Mondeño, Paco Camino,  Curro Romero, Antoñete, Paquirri, Palomo Linares, Angel Teruel, Limeño, José Luis Parada, Miguel Marquez,  Miguelín, José Fuentes, Manolo Cortés, Marismeño, El Niño de la Capea, Manolo Rubio, Manolo de Los Reyes, Dámaso González, Curro Rivera, Raúl Aranda, Francisco Ruiz Miguel, José Mari Manzanares, José Luis Galloso, José Antonio Campuzano, Antonio José Galán, Julio Robles, Rafael de Paula, etc.

En los cinco últimos años del franquismo se hizo especialmente patente, durante las fiestas, la crispación social fruto de la conflictividad social, laboral y política de la época. El riau-riau duró en 1973 más  tres horas y el vals se interpretó 93 veces, duración que se mantendría al año siguiente y que se superaría en 1975, con tres horas y media. Estos últimos años hubo polémica entre los concejales sociales y el resto por el atuendo a lucir en el riau-riau y en otros actos sanfermineros. La mayor parte de la corporación participó vestida de frac, con chistera incluida, mientras los concejales sociales lo hacían de calle. En 1973 se cerró al tráfico, por primera vez, la plaza del Castillo, se abrió al tráfico la avenida de Bayona y  fue derribado el edificio del Plazaola-Irati en Conde Oliveto. Con este edificio desaparecía uno de los principales vestigios de los ferrocarriles Irati y Plazaola dentro de la ciudad. El 18 de enero de 1973  se producía el secuestro de Felipe Huarte, hijo de Don Félix Huarte, propietario de Imenasa. Unos días más tarde estallaba una bomba en el restaurante Iruñazarra, en la calle Blanca de Navarra, actual calle Mercaderes, propiedad de Ricardo Aparicio. Los daños ascendieron a un millón de pesetas de los de la época. Con la gran primera gran huelga general del franquismo reciente, con motivo del conflicto de Motor Ibérica, sus consecuencias se dejaron sentir en las fiestas de ese año: el  9 de julio de 1973, al acabar la corrida,  las peñas no bajaron al ruedo para iniciar el tradicional  desfile. Se quedaron sentados entonando canciones protesta y lanzando  consignas a favor de los detenidos y de apoyo a los despedidos de Motor Ibérica. La Policía Armada forzó el desalojo y las peñas salieron de la plaza en silencio por el callejón. Aquella Pamplona  conservadora, principal bastión de apoyo  al golpe militar del 36 empezaba a resquebrajarse y a quedar atrás. A finales de este año se acabaron de restaurar los  edificios de la Ciudadela que no habían sido derribados:  el Polvorín, el Almacén de Mixtos y la Sala de Armas.  Fueron  elegidos, este año,  como concejales, Erice, Martínez Alegría, Muez y Pérez Balda.  La muerte en atentado de Carrero y la postura de algunos de estos concejales de no acudir al funeral en la catedral provocó la suspensión cautelar en sus cargos por parte del Gobernador Civil, Ruiz de Gordoa.

En 1974 comenzó a construirse el Edificio Singular.  Empezamos a ver en las calles las primeras mujeres guardias de tráfico. La villavesa costaba 4 pesetas. El 28 de mayo, la plaza de la Argentina volvía a denominarse Plaza del Vínculo. Desde Junio de 1974 y tras la destitución de Viñes por las  palabras de recibimiento a los concejales represaliados se hizo cargo de la alcaldía, José Arregui Gil que permanecería en el cargo hasta 1976. Este año se quiso adelantar el encierro a las 7 de la mañana.  A mediados del año se comenzaba  a construir la plaza de los Fueros, finalizándose a primeros de 1975. Fue  definitivamente abandonado por los militares  el Palacio de Capitanía que hasta 1971 había albergado la Capitanía General, el Gobierno Militar. Aumentaron los conflictos laborales y la agitación estudiantil, social y política en Pamplona, con asambleas en Magistratura, huelgas en las fábricas (Authi, Super Ser), reuniones en los institutos (especialmente Irubide), homilías  en las iglesias, etc.  Ese año, 1974, se quemaba la factoría de Authi. El incendio se produjo en un momento delicado para la empresa. La fábrica tenía entonces 1.700 trabajadores. En septiembre se derribaba la casa de las Hiedras, en la plaza del General Mola, hoy plaza de las Merindades. Se hacía cada vez más patente la llegada del turismo mochilero y de otras gentes no siempre deseadas,  cuya llegada era propiciada por la enorme aglomeración humana y festiva. Cada año se ponía de moda un extraño cachivache que intentaban venderte por cualquier esquina. Comenzaba a verse de forma absolutamente excepcional alguna chica corriendo o más bien intentando correr en el encierro aunque entonces lo más habitual era su retirada por la fuerza pública. Eran otros tiempos. Los dos últimos años del período analizado fueron trágicos en los encierros. El día 12 de julio de 1974 moría Ignacio Eraso, en el tramo de Telefónica. El día 9 de julio de 1975 se producía uno de los encierros más trágicos de la historia con un muerto (Gregorio Gorriz) y más de 40 heridos, 14 de ellos de gravedad, a causa de un montón a la entrada de la plaza de toros. Corrian los toros de la ganadería Osborne.

En Enero de 1975 comenzaba a desaparecer la manzana de la Mutua, en el Segundo Ensanche, después de 50 años. En Febrero se demolía el viejo puente de San Juan, llamado  popularmente “el puente de los suicidas”.  En Marzo se demolían las casas del lado izquierdo de Cuatro Vientos. Dos  años antes, en 1973,  junto a estas casas se había terminado de desmontar la azucarera de Carlos Eugui y en años posteriores los almacenes de Múgica y Arellano, si bien parte de sus dependencias se aprovecharían para albergar el Instituto Politécnico Cuatro Vientos.  Este año se producía un largo conflicto en Potasas de Navarra. Desaparecía Authi, cuya planta de Landaben la compraría SEAT.  Desaparecían  aquellas locomotoras negras de vapor que nos habían acompañado durante tantos años.  El 15 de junio de 1975  se inauguraba la plaza de los Fueros, después de dos años y medio de obras. Ese año, en los sanfermines, hubo en esa plaza un multitudinario baile de la Era y actuaron también los “bolantes” de Valcarlos. Una “crecidita” Pippi Calzaslargas (Inger Nilsson) actuaba en la plaza de toros. A finales de este año y comienzos del siguiente se comenzaba a desalojar el Hospital Militar y se terminaba el Edificio Singular. En el chupinazo de 1975 se dieron gritos de Libertad, Libertad y empezaron a aparecer banderas rojas, con la hoz y el martillo,  símbolos duramente perseguidos  por el régimen.

Fotos por orden de aparición. descripción, fecha y en caso de conocerse, autoría: Nº 1: Orson Welles rodando en la plaza de la Navarrería, en plano Casco Antiguo Pamplonés. Foto Dalmas. 1966 ; Nº 2: El maestro Bravo, con su banda de música dando su tradicional paseillo, en los prolegómenos  del  encierro. Foto extraida del blog “Desolvidar” de Patxi Mendiburu, probablmente años 60-70; Nº 3: Los mozos cantando al santo cuando la figura estaba en un ventanal del Hospital Militar. 1963 ; Nº 4: Montón en el encierro del 7 de julio de 1960. ; Nº 5: fotopostal de los fuegos artificiales en la plaza del Castillo. 1963; Nº 6: la comparsa de gigantes en Nueva York. 12 de octubre de 1965 ; Nº 7: público durante los sanfermines en la bajada de la escalerillas de San Nicolás. Años 60 ; Nº 8,  Nº 9 y  Nº 10: fotos de los sanfermines de 1967, la nº 10, plasma el paseo del grupo de danzas Goizaldi de San Sebastián por la plaza del Castillo. CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA /Fondo Estudio Marin. Paco Marí ; Nº 11: Mozos bailando delante de un autobús en la calle Chapitela, un curioso precedente del encierro de la villavesa. Filmoteca Española. 1962; Nº 12: paisanos leyendo la prensa en la calle San Saturnino ; Nº 13: Fotopostal. Procesión de San Fermín. 1969; Nº 14: Fotopostal. Encierro en el tramo de Santo Domingo. finales de la década de los 60 ; Nº 15 : Fotopostal. Riau Riau. 1969 ; Nº 16: Riau Riau. Años 70. Los concejales sociales en traje de calle ; Nº 17: las barracas en la vuelta del castillo. 1971. ; Nº 18: Fotopostal. Público a la salida de las peñas. Años 60-70 ; Nº 19: Encierro, en el tramo de Telefónica. Foto Gómez. Agencia Cifra. 1967; Nº 20: Montón del trágico encierro del 9 de julio de 1975. Foto Gómez. Agencia Cifra.

Sobre las fiestas de San Fermín Chiquito y otros eventos festivos (1947-1967)

Si en una entrada anterior hablaba de las fiestas de San Fermín en los años de la postguerra, me voy a detener en esta ocasión en la celebración de las fiestas de San Fermín Chiquito, el 25 de septiembre. Para empezar conviene aclarar que San Fermín es el patrón de la diócesis de Pamplona y copatrón de Navarra junto a San Francisco Javier pero no lo es de la ciudad, patronato que recae en San Saturnino. La del 25 de septiembre es una de las tres fechas dedicadas en el calendario litúrgico local  a San Fermín, junto al 7 de julio y un domingo variable de enero en que se celebra la función de las Reliquias del Santo.  Por aclarar más aspectos relacionados con San Fermín: hasta el año 1590, las fiestas grandes de San Fermín tenían lugar el 10 de octubre, fecha en que se conmemoraba  la entrada del Santo en su sede de Amiens, hasta que un buen día el obispo de la Diócesis, Bernardo Rojas Sandoval, a instancia del Ayuntamiento, acordó trasladar las celebraciones a unas fechas climatológicamente más propicias aprovechando la coincidencia con la feria franca que se celebraba a finales de junio en Pamplona desde 1381,   y desde entonces, desde 1591, las fiestas vienen celebrándose en torno al día 7 de julio. El 25 de septiembre es, en cambio,  la fecha en la que se conmemora el Martirio, por decapitación,  de San Fermín, en Amiens, en el año 303, sin embargo la celebración de las fiestas de San Fermín Chiquito se trasladan normalmente al  fin de semana más próximo a esa fecha para facilitar la participación de la gente.

Se tienen noticias de que, ya en el siglo XVI, existía una basílica dedicada a San Fermín en la calle Aldapa, donde se cree, según la tradición, que estaba la casa de Firmus, padre de San Fermín. El templo que es el más antiguo y el único erigido en su honor, en Navarra, tiene no obstante reminiscencias románicas con sus tres puertas, sus serie de ventanales y sus modillones. En cierto tiempo lo ocuparon tres monjas mercedarias y en ese edificio se alojaron también los Trinitarios, cuando en 1608, vinieron a Pamplona para hacer una fundación. En el año 1883 se entregó este histórico templo, con el edificio contiguo, a los Padres Misioneros del Corazón de María para que atendieran su culto. Lo restauraron pues estaba casi en ruinas y emplearon en las obras casi 50.000 pesetas. En 1941 llegaron a Pamplona las últimas reliquias del santo mártir y dichas reliquias se guardan en una arqueta gótica dentro de la citada basílica.

Como quiera que a finales del siglo XVIII abundaba la celebración de las fiestas de los barrios, -eran considerados barrios muchas calles del Casco Antiguo y algún núcleo de población  extramuros-,  que  llegaban  a más de 20, el Ayuntamiento tuvo a bien regular su celebración mediante una  autorización previa. Ya en el siglo XVI  se habían publicado  las Ordenanzas de la ciudad y sus diferentes oficios en el que se hacían las siguientes consideraciones sobre los bailes y danzas: “teniendo en cuenta que en los bailes y danzas de los mozos y mozas de servicio se hacen con mucha descompostura y señales deshonestas como son abrazarse las manos con las mozas con ademanes de besarse y otras cosas de atrevimiento se ordenaba que los bailes debían de terminar cuatro horas antes de la cena y que de ninguna manera se practicasen en los zaguanes y entradas de casas aunque lloviera y advertían al juglar que apenas observase alguna deshonestidad dejase de tañer la música”. Las más animadas  mecetas o fiestas de los barrios eran las que celebraban los mozos de la Rochapea y San Juan.

Durante siglos la conmemoración del Martirio tuvo un gran seguimiento en la ciudad, de hecho es la más castiza y antigua festividad dedicada al santo moreno, y se celebró al menos hasta 1836, año en que los concejales dejaron oficialmente de participar en el acto (bueno volvieron a hacerlo en 1839, pero solo ese año). Poco a poco se fue olvidando la fecha del 25 de septiembre, de modo que  a principios del siglo XX las celebraciones tenían fundamentalmente un carácter religioso y consistían básicamente en funciones solemnes que se celebraban  en la basílica de San Fermín de Aldapa,   complementadas con algún festejo organizado por el Ayuntamiento, al estilo de las fiestas chiquitas que organizaban otros barrios del Casco y de la ciudad, que fueron creciendo en variedad con música, danza, toros, cohetes y comidas populares. En los años 20 las fiestas volvieron a decaer y se suspendieron durante 24 años, desde 1923 a 1947. En 1944, dice José María Pérez Salazar que se organizaron en la ciudad, con motivo de la conmemoración de San Fermín de Aldapa, tres corridas con sus correspondientes encierros, de las cuales tuvieron que suspenderse dos de ellas por intensas lluvias. Pero es en 1947 cuando de verdad se volvieron a recuperar las fiestas, tuvieron mucho que ver en ese propósito personajes del barrio como Castejón, Aristu o Pio Jimenez.  Resumo el programa de fiestas de los sanfermines chiquitos de 1948 que supusieron una nueva etapa en la recuperación de las fiestas de San Fermín Chiquito.

En 1948, las fiestas comenzaron el día 24, a las 12 del mediodía, con volteo de campanas y cohetes, y salida de Gigantes y Cabezudos. A las 7 de la tarde se celebraron las solemnes vísperas en la capilla de San Fermín de los Padres Corazonistas, que se vestían de gala, y a continuación se realizó la Novena (el novenario comenzaba una semana antes), mientras que  una charanga recorría las calles del barrio con alegres pasacalles. A las  10 de la noche, en la plazoleta de la Cuesta del Palacio, hubo música de baile y verbena. Al día siguiente a las 10 de la mañana salieron unos originales Gigantes y Cabezudos de su Palacio de la calle del Carmen, como aquellos antiguos Gigantes del Churrero, con sus originales collares de huevos  cocidos colgando, amen de otras extraordinarias delicias gastronómicas, (posteriormente saldrían los de Tafalla), por la tarde la charanga, en el local del Bullicio Pamplonés se entregaron los premios del Campeonato Navarro de Natación y terminó la jornada nuevamente con música de baile y verbena. El día 26, domingo, a las 10.30 se celebró por primera vez la procesión con la efigie del Santo que recorrió las calles Mañueta, Curia, Navarrería, Carmen y Dos de Mayo hasta la Basílica de San Fermín de Aldapa. La procesión  no tuvo demasiado éxito ya que en 1949 ya no salió. A continuación se ofició una misa solemne con la participación de una masa coral en la que destacó, este año, el tenor Julián Olaz y a las 13.30 se celebró una carrera pedestre infantil. Por la tarde  se anunciaba una gira a la arboleda del Portal de Francia actuando la charanga de 4 a 7, tocando luego pasacalles por el barrio hasta la Cuesta del Palacio donde seguiría hasta las 9 de la noche con música de baile. A las 10 se quemó un toro de fuego que salió de la plaza de San José por Navarrería, Carmen para terminar en Mercaderes, frente al Restaurante Blanca de Navarra. Luego, de nuevo música de baile. Durante estos tres días y hasta el día 30 de septiembre se instaló en la plazuela de la Cuesta del Palacio un carrusel infantil. También y además de la charanga amenizaban los festejos por la calle gaiteros y txistularis. Hablando del Bullicio, en 1948, esta sociedad anunció con motivo de las fiestas de San Fermín de Aldapa la celebración de sesiones de baile, de 11 a 2,30 de la madrugada, el día 25, de 6 a 10 y de 11 a 2,30 el día 26 y de 8 a 11.30 el día 27 de septiembre.

Damos un salto de una docena de años y revisamos el programa de fiestas del año 1961. Este año las fiestas se extendieron desde el sábado 23 al martes, 26 de septiembre. El chupinazo, desde la plazuela de los Padres Corazonistas, abrió la fiestas junto a un repique general de campanas. A las 7 de la tarde se celebraron las solemnes vísperas en la basílica de San Fermín de Aldapa. A las 8.30 recorrió las calles del barrio la comparsa de Gigantes y Cabezudos y la agrupación vasco-navarra de txistularis y de 10.30 a 1,30 hubo una gran verbena popular en la plaza de Santa Cecilia así como una actuación de la Rondalla de los Amigos del Arte. El día 24 hubo dianas a las 8 de la mañana, misa solemne a las 10, luego salió la comparsa de gigantes y cabezudos, se celebró la gran prueba atlética que organizaba  el C.D Aldapa desde el año 1950 y reparto de premios, juegos infantiles con premios (de carreras de sacos, rotura de pucheros, carreras de cintas en bicicleta, etc), festival folklórico organizado por la Real Sociedad de Amigos del País, txistularis, bailes regionales y verbena popular, como el día anterior, en la plazuela de Santa Cecilia. El C.D Aldapa se había encargado de organizar las fiestas desde el año 1956 en colaboración con algunos vecinos del barrio, como los antes mencionados. El día 25 se celebró la Fiesta de la Poesía 1961 y hubo comparsa de gigantes y cabezudos, toro de fuego y verbena para acabar el 26 con una misa y responso en sufragio de los difuntos del barrio. En 1962 hubo pregón el día 23 a las 11 de la noche por las emisoras locales y a las actividades anteriores se añadió un concurso de chocolatada y la participación del cuadro de danzaris del Muthiko. En  1963 las fiestas se extendieron del 27 al 29 de septiembre, con misa cantada el 25 y pregón anunciado por las emisoras locales el 26. A las actividades típicas de años anteriores (dianas, comparsa, verbenas, misa, prueba atlética, juegos infantiles, chocolatada, danzas,  toro de fuego, etc.)  habría que añadir una  competición de carreras sobre patines. En 1964  tuvo especial importancia en el programa un destacado espectáculo pirotécnico con bombas y cohetes en la explanada del Redín, el día 27 y estuvo presente el gargantúa de Bilbao. En los años siguientes se continuó con un programa de actividades similar.

En 1967 se anunciaba, en el programa de fiestas, que el día 16 de septiembre recorrerían las calles del barrio los componentes de la sociedad Euzko Basterra con los txistularis y vestidos a la usanza del País para hacer una colecta, hubo también novenario, del 17 al 25 de septiembre, y pregón por las radios locales el día 22. El día 23, a las 12, se lanzó el tradicional chupinazo y hubo repique de campanas y a la misma hora recorrido por las calles de una banda militar así como de un grupo de txistularis. A las 8 de la tarde desfile de cabalgata con txistularis, grupo de danzas, gigantes y cabezudos, acordeonistas por las calles del barrio hasta la basílica de San Fermín de Aldapa donde se celebró una para-liturgia. Tras el acto religioso los danzaris y un doble cuarteto vocal actuaron en la plaza de San José, para acabar la jornada con la tradicional verbena en la plaza de Santa Cecilia. En el día grande hubo dianas, misa cantada por el doble cuarteto vocal con ofrenda al santo a cargo de  la sociedad Euzko Basterra, gigantes y cabezudos, campeonato de sokatira y juegos populares en la plazuela de San José, por la tarde, a las 5, juegos infantiles y bailables regionales y de 7 a 10, música popular por una banda militar en la plaza de los Corazonistas, además de la tradicional verbena. Euzko Basterra era una asociación nacida del seno de la Real Sociedad de Amigos del País y se fundó a principios de esta década, como veremos, próximamente, en alguna  entrada de este blog.

En el año 1976 se hizo cargó de la organización de las fiestas de San Fermín de Aldapa   la comisión de fiestas de la Navarrería que recuperó nuevamente los festejos y paseó de nuevo al santo por las calles del barrio. Hubo además un gran alarde de txistularis txikis. Actualmente el comienzo de las fiestas tiene lugar el viernes con el lanzamiento del txupinazo. Previamente se ha  elegido al alcalde txiki que preside los actos festivos. Se mantienen actos tradicionales como el chupinazo, la procesión, el toro de fuego, las dianas, las verbenas,  charangas, danzas, etc. El Cross de los Carrozas es una de las actividades más veteranas:  va a cumplir 37 años. Su 1ª edición se celebró en 1980. También se hacen concursos de calderetes, chistorradas y chocolatadas, cenas y comidas populares, actuaciones de dantzaris,  desfile de los gigantes y kilikis del barrio, exhibiciones de deporte rural, campeonatos de mus y de pelota, encierros txikis y otras actividades infantiles, feria de artesanía y numerosos conciertos, etc. Entre todo este montón de actos la procesión que se celebra el domingo en honor de San Fermín de Aldapa es uno de los actos centrales de las fiestas y uno de los más multitudinarios. La comitiva suele estar acompañada por la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de la ciudad, la banda municipal (La Pamplonesa) y el grupo de danzas municipal Duguna. Entre el año 2008 y el año 2014 existió un programa de actos festivos que organizaba la Comisión de Fiestas del Casco Viejo y, otro, que promovía el Ayuntamiento de Pamplona. Ya no se celebran ni encierros en septiembre ni corridas, pero sí hubo un intento con cinco encierros en 1991 (día 22 de septiembre), 1992 (19 y 20 de septiembre) y 1993 (25 y 26 de septiembre).

Las fiestas de San Fermin Txikito más recordadas fueron, no obstante, las de 1978, cuando se trasladaron a septiembre los encierros y corridas que habían quedado en Pamplona, tras la suspensión de la fiesta en julio. Ese año, después de varias reuniones de las peñas con el Ayuntamiento y la Casa de Misericordia, Pamplona recuperó parte de los sanfermines perdidos en julio los días 23, 24 y 25 de este mes, fechas que fueron declaradas por el Ayuntamiento de Pamplona, ese año, como fiestas menores. La Casa de Misericordia se comprometió a organizar las tres corridas, con sus correspondientes encierros, a pesar de que no se cumplieron las condiciones económicas que había impuesto en un principio. La Casa de Misericordia había pedido que le entregarán 13 millones de pesetas, con los que se comprometía a organizar el apartado taurino de las fiestas. A pesar de que con la venta de abonos sólo se obtuvieron poco más de  de 6 millones de pesetas el Ayuntamiento de Pamplona se comprometió  a avalar otros cuatro millones para que las fiestas se celebrasen con encierros. Por su parte las peñas llevaron a cabo una intensa campaña de venta de abonos para las corridas, apoyada por un cartel con el siguiente lema: San Fermín txikito, si tú quieres. Igualmente, el Ayuntamiento de Pamplona recuperó parte de los espectáculos populares que estaban previstos para los sanfermines de julio y que se tuvieron que suspender como consecuencia de los sucesos acaecidos el día 8. Se  confeccionó  un programa de fiestas para los días 23, 24 y 25 de este mes, similar al de los sanfermines de otros años, con un montón de actividades: verbenas, encierros, corridas, barracas, etc. Muchos recordamos aquellas fiestas como unos sanfermines grandes pero para los de casa, sin el agobio y los problemas derivados de la masificación que sigue atenazando nuestras fiestas mayores.

En 1966 y a semejanza del barrio de la Navarrería, en el burgo de San Cernin celebraron unos festejos en honor a San Saturnino, promovidos por la Sociedad Cultural Deportivo Recreativa Anaitasuna que a la sazón tenía su sede en el 1º piso del nº 35 de la calle Mayor. Lo hicieron con la colaboración de todas las sociedades y grupos deportivos del barrio: Napardi, Los Amigos del arte, Auroros, peñas como los Irunshemes, La Saeta, clubs deportivos como Aldapa, Venecia,  C.D Iruña, Judo Club de Pamplona, Federación Navarra de Pelota, el Centro Mariano, etc. Se celebraron entre el 26 y el 29 de noviembre. El cohete anunciador de las fiestas se disparó desde el balcón de la emisora Radio Popular situada en el convento de los Dominicos, seguido de repique de campanas de la Iglesia de San Saturnino y los conventos del barrio. Luego txistularis y acordeonistas recorrieron las calles. Por la tarde hubo visita a la guarderia infantil del barrio, música regional en la plaza de Santa Ana, el primer trofeo de Judo en el pabellón deportivo (¿Anaitasuna?) y de 22.30 a 1 horas, música bailable en la plaza de Santa Ana. Al día siguiente dianas con txistularis, visitas a los enfermos del barrio y Hospital Militar, exhibición motorista y exhibición de danzas en la plaza del Mercado, juegos infantiles en la plaza de Santa Ana, festival deportivo-folklórico en la plaza del Mercado y música bailable de 19 a 21.30 y de 23 a 1.00 horas, el lunes, 28 primer trofeo de Natación, música regional y bailable así como rondalla, por las calles, a cargo de Los Amigos del Arte. Y por último el día grande, el día 29, auroras, dianas, misa, partidos de pelota en el Labrit, procesión y misa solemne con la asistencia de las autoridades, exhibición del aizkolari Patxi Astibia y cuadro de danzas, almuerzo, festival deportivo-folklórico, música bailable y a las 22.00 retreta floreada por la banda militar del Regimiento de Infanterial en la plaza Consistorial, toro de fuego y música bailable. Además hubo baile de sociedad en la Asociación Los Amigos del Arte, los días 27 y 29  a las 7.30 y funciones cinematográficas en el Salón del Centro Mariano. Al año siguiente, en el programa de fiestas de 1967, el párroco de San Cernin criticaba la escasa participación de la juventud en los actos religiosos y la  excesiva prolongación de los bailables, concretamente hasta la una de la madrugada. El programa fue similar al del año anterior. El día grande tuvo como novedad una exhibición de lucha por los famosos carneros de Leiza. El resto de actividades fueron muy parecidas.

Fotos por orden de aparición (sin contar los programas festivos): Foto nº 1: Procesión de San Fermín Chiquito a su paso por la calle Mañueta (1948), Julio Cia. AMP;  Foto nº 2: Mercado de Santo Domingo. (1924). Foto postal de A. de León. Foto nº 3: Panorámica de la Cuesta del Palacio, Plazuela de los Padres Corazonistas, Capitanía General. Foto postal Vda de Rubio (Años 20-30). Foto nº 4: Portal de Francia. Años 20-30. Postal de Librería Aramburu.  Foto nº 5: Calle Navarrería. (1945). L. Roisin.  Foto nº 6: Plazuela de Santa Cecilia. Años 60-70. Ediciones Iruña. Foto nº 7: Ronda Obispo Barbazan. Finales de los años 50. Ediciones Garcia Garrabella. Foto nº 8: calle Blanca de Navarra, en su tramo final. Años 20-30. L. Roisin.  Foto nº 9: Casa de la Maternidad, tras su traslado al Hospital Provincial. (1935). Julio Cia. Foto nº 10: Fuente de Santa Cecilia antes de su traslado a la actual plaza (1903). Aquilino García Dean. Foto nº 11: Entrada principal del Palacio de Capitanía. (1933). Foto nº 12: Abside de la Catedral y Ronda del Obispo Barbazan. Años 30. L. Roisin

     

Recuerdos sanfermineros: “Los Gigantes de Pamplona” de Fiacro Iraizoz

Hace ya algunos años, cuando hablaba de los gigantes, cité aquel poema popular que recordaba yo de mi niñez y que recordarán seguramente  los más viejos del lugar, “Los Gigantes de Pamplona”, un poema que era enfáticamente recitado año tras año, por  Don Goyo, desde los microfonos de Radio Requeté, en los programas especiales que se radiaban antes y durante las fiestas. Vista la letra hoy en día, cuarenta años después, en la época de lo politícamente correcto, algunas estrofas nos chocarían pues responden a prejuicios y visiones anticuadas  solo entendibles en su propio contexto y época, no en vano su autor, Fiacro Iraizoz Espinal, nació en Pamplona a mediados del siglo XIX, concretamente el 20 de marzo de 1860 y falleció en Madrid el 30 de enero de 1929. También choca, aunque en la dirección opuesta,  la precoz crítica política y social que se desprende de algunas de  sus estrofas, en relación a la monarquía u otros perfiles sociales y que ha ayudado en parte a que se mantenga, en cierto sentido,  a través de la tradición oral. El poemilla no tiene  gran valor literario y sólo por su raigambre en el imaginario colectivo y personal de muchos de mis convecinos, lo saco aquí a colación, en estas fechas presanfermineras.

Iraizoz vivió pocos años en su ciudad natal pasando la mayor parte de su vida en Madrid, donde destacó como autor teatral, si bien del llamado género chico pues escribió más de 40 libretos de zarzuela. De sus obras cabe recordar Cuestión de cuartos, Diente por diente (1886); Las propinas, Los molineros y La tertulia de Mateo (1887); Los callejeros y La beneficiada (1888); La corista, Madrid-Club y Los langostinos (1889); Selilla (1890); La boda del cojo (1891); La madre del cordero, El cascabel al gato, Los impresionistas y Pobres forasteros, estas dos en colaboración con Navarro Gonzalvo (1892); La mujer del molinero y Los voluntarios (1893); Viento en popa (1894); El señor corregidor, Los de Ubeda y La vuelta del vivero (1895); El barbero de Sevilla (1896); El mantón de Manila (1898); José Martín el tamborillero, La noche de la tempestad y Polvorilla (1900); Chispita o el barrio de Maravillas (1901); Patria nueva y El ramo de azahar (1903). Como libretista de zarzuela, destacan Luz verde (1899) y Lola Montes (1902), Patria nueva (1903) y Al cantar de la jota (1912), con música de Amadeo Vives, y La roncalesa, que firmó con el maestro Larregla* (1897). En 1885 fue premiado en el Certamen científico, literario y artístico de Pamplona por su poesía Un recuerdo para mi tierra. Sin embargo, su composición poética más conocida es la mencionado Los gigantes de Pamplona, dedicada a su hijo,  que publicó en Pamplona La Avalancha, en su nº 224, el 8 de julio de 1904, si bien fue firmada por primera vez el 6 de julio de 1896 y publicada en Madrid por la revista semanal de Artes y Letras “Instantaneas” en 1898. Fiacro Iraizoz fue también promotor del Monumento a los Fueros levantado en Pamplona (1903) como consecuencia de la Gamazada. De aquellos primeros años del siglo XX reproduzco, junto a este párrafo,  una bonita foto de Roldán e Hijo que data de 1912, donde vemos a nuestros veteranos gigantes bailando, como dice el poema, al son que les tocan,  acompañados del gentío.

Fotos: Nº 1: Fiacro Iraizoz Espinal. Fundación Juan March. Archivo de Carlos Fernández Shaw; Fotografía personal dedicada a Carlos Fernández Shaw. Fotos Nº 2 y 3: Reproducción del poema “Los gigantes de Pamplona” en el suplemento especial de la revista “Instantaneas”.  Revista Semanal de Artes y Letras (1898-1900). Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid. Foto nº 4. Los gigantes a su paso por la calle San Saturnino (1912). Roldán e Hijo.

Curiosidades: Hace 50 años se plantearon suprimir el encierrillo (1967)

El 15 de junio de 1967, en la sesión del pleno del Ayuntamiento de Pamplona de aquel día, se debatió una curiosa propuesta que, afortunadamente, no prosperó. El concejal Agustín Latorre defendió una propuesta para suprimir el encierrillo de los toros, que conduce a los toros desde los Corrales del Gas hasta los de Santo Domingo. En la votación posterior votaron a favor de la supresión del acto cinco concejales, a saber, además del mencionado Latorre, Huici, Ezponda, Muez y López Cristobal. Se hacían, así,  eco de las protestas de los vecinos de la Rochapea quienes argumentaban que se les impedía el paso y por lo tanto el acceso a la ciudad durante más de hora y media, además de aludir a los consiguientes problemas de tráfico, la seguridad de los vallados, el riesgo que corrían los toros en la carrera nocturna y el que, en definitiva,  no era un espectáculo. El asunto fue tema de corrillos y tertulias ese día y el siguiente y en esta ocasión triunfó la fuerza de la tradición sobre otro tipo de consideraciones.

El encierrillo forma parte fundamental de lo que para mí es uno de los ejes centrales de nuestras  fiestas, el toro y el Encierro, el gran acto por el que nuestras fiestas son  mundialmente conocidas y realmente diferentes a cualquier otra, -al margen de celebraciones religiosas tradicionales cada vez más masivas y populares como es el caso de  la procesión de San Fermín-. Es además, una de las última reliquias  históricas taurinas que nos habla de la forma en que se conducían, siglos atrás, los toros bravos a la plazas. Hasta el siglo XIX las reses que llegaban a los festejos taurinos de Pamplona lo hacían por la zona sur y pastaban en terrenos de los sotos del Sadar y Esquiroz. Al amanecer eran guiados hasta el prado de San Roque por la zona de Fuente del Hierro y la Vuelta del Castillo y desde allí hasta la zona del recorrido del Encierro. Es a partir de 1887 cuando la manada se empieza a guardar en el pequeño baluarte de la muralla, junto al desaparecido Portal de Rochapea, en el lugar hoy conocido como los corrales de Santo Domingo. Será un suceso acaecido el 10 de julio de 1898, que provocó la desbandada de toda la manada de los toros de Concha y Sierra, el hecho que haría al Ayuntamiento tomar la decisión de sustituir el Soto del Sadar por la antigua  fábrica de gas, regentada por una firma holandesa, que había cerrado  en 1888 por la llegada de la luz eléctrica a la ciudad. A partir de 1899 se comenzó a celebrar el encierrillo tal y como lo conocemos en la actualidad. Los corrales del Gas conocieron dos reformas importantes a lo largo de su historia, la primera en 1918, en la que se construyeron todas la infraestructuras necesarias para hacerles merecedores de ser considerados unos verdaderos corrales y en 1943,  fecha en que se derribaron los restos de la antigua fábrica de gas. Los pamploneses pudimos tener la posibilidad de ver un espectáculo inédito: unos  encierrillos bastante más largos en duración y extensión y de ver a los toros  corriendo sobre el río, sobre el puente del Plazaola, ya que en 1994 el Ayuntamiento decidió habilitar unos nuevos corrales junto a la antigua fabrica de levaduras,   cerca del túnel del antiguo ferrocarril de vía estrecha, pero esos corrales nunca entrarían en funcionamiento, por lo que ese curioso espectáculo nunca lo pudimos ver. A los viejos corrales les quedaba, todavía, una década de vida.

El encierrillo no tiene hora fija, se ha estado celebrando a lo largo del tiempo  entre las 22.00 y las 22.30 horas (Balduz llegó a retrasarlos, en 1989, a las 23.00 aunque de hecho tampoco se celebraron ese año a esa hora por coincidir con los cohetes). Se hace sin corredores y en silencio, sólo les acompañan los cabestros, mientras los pastores, posicionados a lo largo del recorrido, van detrás. El recorrido del encierrillo, desde los corrales del Gas hasta los de Santo Domingo ha tenido  durante la mayor de su historia 440 metros de distancia, si bien desde 2004, con el derribo de los antiguos corrales y la construcción de los nuevos se ha quedado en poco más de 300.   Cuenta, como en el Encierro,  con su correspondiente vallado en todo el recorrido. Es evidente que, con el cambio de corrales, aparte de perder metros también se perdió parte de su encanto ya que  la carrera comienza ahora en la antigua plaza del Arriasko,  al no existir  la antigua y estrecha Calleja de los Toros.  El acto, pese a todo,  mantiene todavía cierta mística, seguramente por ese oscuro silencio y la bella estampa de los toros corriendo bajo la luz de la luna y las farolas de la Cuesta, junto a las murallas del Paseo de Ronda. Dos toques de cornetín indican, el primero, que el corral de Santo Domingo está libre, el segundo, a cargo de un guardia en el puente de la Rochapea, que la subida a los corrales está despejada. El acto termina cuando un agente confirma que las reses han entrado en los corrales. Se facilitan pases para verlo por parte del Ayuntamiento aunque son muy escasos y difícil de conseguir. Está prohibido tomar fotos con flash o hacer ruido y su duración suele estar en torno al minuto. Según el historiador de las fiestas, Luis del Campo, hubo toros que se escaparon en el acto del encierrillo en los años 1917, 1922 y 1951. En los dos primeros casos (1917 y 1922) los toros saltaron el pretil de piedra y huyeron hacia la zona del Molino Viejo, siendo recuperados a las 6 de la mañana, a la hora del encierro, entonces, en el primer caso,  y a la 1 de la madrugada en el segundo. El tercero rompió un tramo del vallado de la antigua plaza del Matadero o Arriasko, sembrando el pánico entre el público asistente. Tengo datada además una caída hasta la orilla del rio, aunque sin mayores consecuencias el 9 de julio de 1915.

Fotos: Nº 2: @Eltresjuncos.instagram, Nº3: sanfermin.espaciohemnigway.com

Los sanfermines de la postguerra (1940-1959)

Continuo con la serie de entradas dedicadas a repasar los sanfermines del pasado siglo, si bien aderezada por algunas notas historiográficas, si no políticas pues poca política podía haber en aquellos tiempos grises del franquismo,   si urbanísticas. Ilustro la entrada con abundante material gráfico, si bien 17 de las 26 fotografías pertenecen al fotógrafo tudelano afincado en San Sebastián, Pascual Marin, tal y como sucediera en la anterior entrada de la serie sanferminera. Tras la guerra civil, el nuevo régimen trajo a la ya de por sí muy conservadora Pamplona, un férreo control de la moral y “de las buenas costumbres” y a este nuevo orden y moral no fueron ajenos los sanfermines. En el bando de las fiestas de  1940, al igual que había sucedido en décadas anteriores se prohibía y cito textualmente “el uso de trajes o prendas que convirtiesen las fiestas en mascarada, …dar gritos o tocar instrumentos…. desde la una a las cinco y media de la madrugada o…circular abrazados por las calles y paseos personas de ambos sexos o hacerlo, en todo caso, en forma descompuesta”. En 1952 se añadía en el bando la prohibición del “acompañamiento o la incorporación del elemento femenino a las cuadrillas de mozos durante su recorrido por las calles”. Encabezan este párrafo sendas fotografías, la primera con el concejal de Fomento, Joaquín Ilundain prendiendo la mecha del chupinazo de 1943 y la segunda con los mozos en la plaza consistorial, en los sanfermines de 1946.

Pamplona era en aquellos años, al finalizar la guerra civil, una ciudad provinciana, que  continuaba creciendo hacia el sur con el desarrollo de la segunda fase del ensanche, la mayor parte de la zona existente más allá de la carretera de Francia estaba sin urbanizar, aunque los edificios que se construírían, salvo contadas excepciones, no tendrían ya el empaque y la calidad arquitectónica de antes de la guerra y es que la contienda civil trajo consigo una enorme carencia de recursos y materiales en todos los ordenes, también en el ámbito de la construcción. Eran los  años de la escasez y las  cartillas de racionamiento. Las manifestaciones religiosas que habían tenido cierta contención en la calle, al menos durante la República,  por el laicismo del régimen,  llenaban ahora un día si y otro también, por cualquier motivo, las calles, (misas de campaña, procesiones, homenajes y otros actos religiosos: en 1946 se celebraba un gran congreso eucarístico y se coronaba a Santa María La Real) e igualmente se sucedían con cierta frecuencia actividades de las diferentes secciones del régimen (del frente de juventudes o de la sección femenina) o incluso se producían algunos  acontecimientos  como la visita de Franco a Pamplona en 1952 para proceder a las inauguraciones  del Monumento a los Caidos (empezado a construir en 1948), la parroquia de San Francisco Javier (se conmemoraba ese año el IV centenario de la muerte de San Francisco Javier, recibiendo la ciudad las presuntas reliquias del santo) o  las nuevas construcciones del patronato que llevaba su nombre en el barrio de la Chantrea (iniciado en 1950). La presencia de los militares, que eran parte del paisaje de la ciudad como plaza fuerte, llegaba incluso a las fiestas con sus bandas de música, en el chupinazo y en otros momentos de la fiesta, yo recuerdo haberlos visto en la calle cuando era niño. El 6 de julio de 1954 se llegaron a concentrar  ocho bandas militares  que desfilaron por las calles y se concentraron luego, a las 10 de la noche, en la plaza del Castillo. Salvo la insólita huelga de 1951,  la Pamplona  de estos años poco tiene que ver con la que Pamplona conflictiva y reivindicativa que conoceríamos en los años 60 y 70. En estos casi 20 años, que van desde el fin de la guerra hasta 1960, fueron muchos los cambios que experimentó la ciudad y que modificaron radicalmente su fisonomía. El plan de industrialización promovido por el Ayuntamiento y la Diputación desde mediados de los años 50 trajeron consigo un aumento de la población, procedente tanto del agro navarro como desde otras comunidades,  y un irrefrenable  desarrollo urbanístico: se terminó la construcción del segundo ensanche,  nacieron o se desarrollaron nuevos núcleos poblacionales en la Chantrea o la Rochapea y se comenzó a diseñar el llamado tercer ensanche de Pamplona que incluía los nuevos barrios de San Juan e Iturrama. Acompañan a este párrafos sendas fotografías de los años 40, la primera de 1946, con el fotografo Paco Marí Blanco y otros compañeros en la plaza del Ayuntamiento, subidos a un vehículo y la segunda, de esta misma década, con los gigantes desfilando por la Cuesta de Labrit.

Pero empecemos a recordar algunas cosas de aquellos sanfermines de la postguerra. En el año 1940, el concejal Joaquín Ilundain lanzaba, por segundo año consecutivo,  el chupinazo en la plaza del castillo, aunque no tenía carácter de acto oficial y ni siquiera aparecía en el programa de fiestas. Generalmente el chupinazo lo lanzaba el primer teniente de alcalde, presidente de la Comisión de Fomento, luego de Festejos, salvo en un algún caso excepcional como cuando lo lanzó  el ministro de Información y Turismo Manuel Fraga, en el año 1964.  Las fiestas daban inicio con el repique de campanas y el disparo de cohetes desde distintos puntos de la ciudad. Será a partir de 1941 cuando Joaquín Ilundain, al grito de Viva San Fermin tire el chupinazo desde el balcón de la plaza consistorial,  una plaza consistorial que sufriría la primera de sus modificaciones al derribarse  ese año un edificio en el paso hacia la calle Nueva, una plaza que comenzaba a llenarse de público aunque desde luego no tan llena como lo estaría luego y desde luego muy lejos del abarrotamiento actual.  En 1943, año que plasma, la primera de las fotos que encabeza la entrada, se quiso incorporar al chupinazo la lectura de un pregón  pero esta costumbre duró apenas dos años pues ya en 1945 dejó de hacerse. Tras la lectura del pregón y  los vivas de rigor  a Pamplona y a San Fermin, se lanzaba el chupinazo, al que le seguía el  repique de campanas y el disparo de más cohetes tanto desde la plaza consistorial como desde la cercana plaza del castillo. La moda de descorchar botellas, sobre todo de champan, se iniciaría  a finales de los 50 y primeros 60  y fue  a partir de esta segunda fecha cuando se empezó a masificar de verdad el acto. Acompañan a este párrafo, a la izquierda, sendas fotografías de un encierro de 1946, obra de Pascual Marín y a la derecha una foto de la subida de los toros por el tramo final de Cuesta de Santo Domingo, en su desembocadura en la plaza consistorial, y datada entre 1945 y 1949.

La primera retransmisión radiofónica en directo del chupinazo  se produjo en el año  1947, de la mano de Radio Requeté, que era la única emisora que existía en la ciudad, -lo sería hasta la aparición de La Voz de Navarra en 1956-. Un año antes, en 1946 se había derribado el segundo edificio que cerraba la plaza consistorial hacia la calle Nueva y se habían desmontado las últimas vías del Irati que atravesaban el núcleo urbano. El Irati se trasladaría a comienzos de los 50 a la nueva estación de Conde Oliveto cambiando,  además, su recorrido desde Villava, por la vía del Plazaola,  hasta El Empalme. Tras el chupinazo salían diferentes bandas de música, los gaiteros y txistularis (la banda municipal de gaiteros y txistularis se inauguró en 1942), la Pamplonesa, bandas militares y la banda del maestro Bravo. Por la tarde el Riau Riau proseguía con su tradicional naturaleza, los mozos seguían haciendo lo posible para entorpecer el paso de la corporación, a pesar de las recriminaciones de la prensa de la época.  En este período Pamplona conocería lo siguientes  alcaldes: José Garrán (abril 1940-agosto 1941), Juan Echandi (agosto 1941-Octubre 1942), Antonio Archanco (octubre 1942-diciembre 1944), Daniel Nagore (diciembre 1944-noviembre 1946) y José Iruretagoyena (noviembre 1946-octubre 1947). Acompañan al párrafo fotos de 1946 (los gigantes enfrente de la iglesia de San Lorenzo) y del montón del 7 de julio de 1945.

Las actividades sanfermineras no habían variado demasiado, si las compramos con las que se celebraban antes de la guerra: el encierro se iniciaba a las 7 de la mañana  si bien en 1943 se modificó su horario retrasándose a las 8.   Y lo mismo paso con el horario de las corridas que pasaron de las  5,30  a las 6.30 en el año 1942. Aunque en 1947 parece que se volvió al horario anterior. Como antes de la guerra se seguían proyectando películas al aire libre en la plaza del Vinculo, (luego de la Argentina), se hizo desde 1936 a 1949, antes, hasta 1934  se proyectaban en la plaza del castillo. Tras la plaza del Vinculo el cine recorrería las plazas de Compañía (1950), Santo Domingo (1951) y San Francisco (1952-1959).  Las barracas seguían colocándose en las inmediaciones de la calle Madre Moret, en el Primer Ensanche de Pamplona y lo haría hasta 1945, año en que el inicio de la remodelación urbanística de esa zona (se empezaron a construir las casas de los militares y el estadio Mola) y que les obligó a trasladarse a la parte alta de Carlos III; en 1947 las barracas se instalarían en el Rincón de la Aduana; A pesar del cambio socio-político las fiestas seguían manteniendo su idiosincrasia: los gigantes y kilikis seguían atrayendo, como siempre, la atención de los más txikis, la música y la fiesta se vivía en la calle gracias a las diferentes bandas de música y a las emergentes peñas que poco a poco iban naciendo en la ciudad: Entre las peñas que salían a la calle durante los primeros años 40  estaban el Muthiko Alaiak (con locales  en la calle Mayor aunque luego se trasladarían a la calle San Francisco), La Unica, El Bullicio, La Jarana (nacía en 1940), Oberena (surgió en 1941, inicialmente con sede en el nº 40 de la calle Zapatería y más tarde en el nº 3 de San Antón, aunque en los sanfermines desde los años 50 utilizarían el frontón Labrit como sede social),  y otras menos conocidas como Los Iruñako (con sede en el nº 58 de la calle San Gregorio),  Amaikak bat, La chabola, El huevo (algunos dicen que fue el precedente de la Jarana) o El caldico. Se cantaban en aquellos años canciones como “Uno de enero”, “Nos han dejau solos” además del eterno sonsonete del Riau Riau. las fotos del encierro que acompañan  a este párrafo (de Mercaderes y Estafeta) son de la década de los 50.

Los fuegos artificiales en la plaza del Castillo a las 10.30 de la noche, conciertos en la Taconera, obras de teatro en el Gayarre y en el Olimpia, fiestas privadas de sociedad en el Nuevo Casino, Casino Eslava, Larraina y Tenis, el ferial del ganado, competiciones deportivas como la Travesía del Arga (prueba de natación organizada por el SEU), pruebas hípicas, tiro al pichón  o la pelota en el Euskal Jai, algún festival folklórico, certámenes de pintura, fotografía o escaparates sanfermineros, exposiciones, marionetas en la plaza de San José  y la procesión de San Fermín completaban las actividades sanfermineras de esos años. Lejos quedaba todavía el boom turístico de los años 60 pero a tenor de las crónicas de la época, el turismo iba cada año en aumento, sobre todo procedente de las comunidades más próximas. A finales de la década de los 40 comenzaron a hacerse más visibles los turistas extranjeros. Fueron muchos los jerarcas del régimen (militares, ministros, subsecretarios, etc)  que visitaron las fiestas estos años, entre los que cabe destacar al teniente general Queipo de Llano en el año 1946, además de embajadores, sobre todo de países sudamericanos. Quisiera referirme a  un acto del que hasta ahora no había hablado: el Pobre de Mi. El origen del Pobre de mí   se remonta a los años 20 , cuando el pintor pamplonés Julian Valencia y unos amigos, haciendo una broma, aparecieron en la calle San Nicolás con velas encendidas en las manos y formando una comitiva procesional, recorrieron  las calles de la parte vieja entonando: “Pobre de mí, pobre de mí, que se han pasado las fiestas sin divertir”.  Durante la República  muchos mozos modificaron la letra y cantaban: “Pobre San Fermín, Pobre San Fermín hoy a media noche será tu fin” que dado el ambiente anticlerical de aquellos años daba lugar a diferentes lecturas o interpretaciones. En 1942 la prensa hacia un llamamiento para eliminar este acto que consideraban irreverente. Parece ser que la peña “Los de siempre”, algunos de cuyos integrantes vemos en la fotografía que acompaña este párrafo,  una peña formada por navarros residentes en San Sebastián,  habían mantenido durante los últimos años dicha tradición. Contrariamente a lo que se pueda pensar hoy en día en esta época y sobre todo a finales de los 50 y 60 pocos eran los que vestían de blanco, los miembros de las peñas y poco más.

En 1943 se recuperaba la tradición del toro de fuego,  orientado a un público infantil, que podía estar entre los 8 y los 12 años,  y que recorría el tradicional itinerario que conocí en mi niñez, empezaba en la Plaza Consistorial, recorría Blanca de Navarra, Estafeta, Espoz y Mina y terminaba en la Plaza del Castillo.También ese año, y más concretamente el 6 de julio, se inauguraba el nuevo kiosko de la plaza del Castillo que es el que conocemos hoy en día. Lo hemos visto en alguna foto de la plaza del Castillo, enfrente del Café Iruña se colocaba,  una semana antes  de las fiestas, una caseta donde se vendía el programa de fiestas y a partir del día 5 de julio las entradas de las corridas de la Feria. En 1945, promovida por el Secretariado Diocesano de la Caridad,  se instalaba por primera vez la Tómbola de Caritas, como ya señalé en la entrada monográfica dedicada a esta venerable institución. Entre los premios más importantes de aquellos años estuvo el sorteo de un  chalet en la Media Luna en el año 1948. En 1948  se inauguraban también el nuevo Mercado del Ensanche y los  baños públicos de la calle Tafalla. La Estación del Plazaola se trasladaba desde la carretera Zaragoza a la nueva estación de Conde Oliveto, construida en 1945. Durante el resto del año, los jóvenes pamploneses se divertían acudiendo al cine, a la media docena de salas de cine que había a finales de los 40 (Gayarre, Olimpia, Príncipe, Avenida, Novedades, y Alcazar…) o yendo ver al Osasuna en el campo de San Juan. A lo largo de los 50 y 60 se irían construyendo nuevos cines en los crecientes y populosos barrios del norte de la ciudad (Amaya (1951), Chantrea (1956), etc). Las fotos que acompañan a este párrafo son de 1942, la de la izquierda (en la plaza del Castillo) y de 1943, la de la derecha (encierro a su paso por la calle Mercaderes)

En 1950 Pamplona contaba con 71.000 habitantes. Los sanfermines de 1950 comenzaron con la inauguración del Monumento a Gayarre el día 5. Serían los primeros sanfermines que no contarían la presencia del gran charlatán y vendedor León Salvador, todo un personaje que había acudido ininterrumpidamente a las fiestas de Pamplona durante 60 años, concretamente desde 1891. Había fallecido a los 78 años cuando preparaba la feria de Bilbao. Este año el Ayuntamiento editó miles de tarjetas postales como la que vemos a la derecha de este párrafo y que el consistorio ofreció al comercio local para que lo utilizasen como reclamo  publicitario. Sin ir más lejos yo he visto esta misma tarjeta postal en algún archivo personal con la publicidad de Ayestarán. Los gigantes estrenaban trajes y a las peñas citadas anteriormente se habían sumado en  1948 la peña Anaitasuna y en 1949 la peña   Los del Bronce, que nada tenía con la que con el mismo nombre animó las calles durante algunos años (1900-1904)  al comienzo del siglo y en 1950 el Irrintzi. Así pues a mediados de la  década de los 50 eran diez las principales peñas sanfermineras: Oberena, Irrintzi, El Bullicio, La Jarana, Muthiko Alaiak, Anaitasuna, Los de Bronce, La Unica, Alegría de Iruña (1953) y La Saeta. En 1956 se uniría a estas peñas  la Armonía Chantreana y dos años más tarde la peña Aldapa.   En 1950 Pamplona inauguraba su Portal Nuevo, obra de Victor Eusa. Se construía el monumento a San Ignacio de Loyola y se realizaba la primera ordenación del transporte urbano de Pamplona. En 1951 se hacían obras en la fachada de la Diputación Foral,  incorporándose  el escudo de Navarra con la laureada entre dos figuras de apariencia clásica que hace poco tiempo que se han suprimido. Se derribaba el famoso olmo de la Taconera, el árbol del cuco,  junto a la iglesia de San Lorenzo.  En Mayo, se produjeron las famosas manifestaciones contra el alza de los precios. Protestaron un gran número de mujeres en la plaza del Mercado del Ensanche y les apoyaron sus maridos e hijos trabajadores. En noviembre de 1951 se comenzaba a derribar el viejo edificio de la Casa Consistorial.

1952 sería por ello  un año especial para las fiestas de Pamplona. El chupinazo se tuvo que realizar desde el edificio de la Escuela de Artes y Oficios, situada en la plaza de la Argentina pues en la plaza consistorial, del edificio del Ayuntamiento, salvo la fachada, ya nada quedaba, se había derribado todo lo demás. A falta de otra referencia para lanzar el cohete,  se utilizaron como referencia las campanadas de la Iglesia de San Nicolás. Ese año el Riau Riau recorrió las calles Vinculo, atravesó el Paseo de Sarasate y se adentró por la calle San Miguel y Eslava hasta la calle Mayor. El recorrido duró 45 minutos, ¡que diferencia con las 4 horas que yo llegué a conocer 30 años más tarde!. Se terminaba de construir el Frontón Labrit iniciado dos años antes y comenzaban los primeros estudios universitarios ne la sede de la Cámara de Comptos con el Estudio General de Navarra. En 1953, el chupinazo se realizaría desde la plaza consistorial, tal y como lo podemos comprobar en la foto de la izquierda que acompaña al párrafo anterior,  si bien la corporación no se trasladaría al nuevo edificio hasta el 9 de septiembre. Se retirarían ese año las bonitas farolas de época que estaban situadas junto a la puerta de entrada. Este año, en julio, se celebró en terrenos de Fuerte Príncipe  la I Feria de Muestras de Navarra organizada por la Cámara de Comercio y sobre todo, ya en plenos sanfermines, el 6º Congreso Internacional de Folklore y 2º Festival de Cantos y Danzas, que se celebró en la plaza de toros con presencia de los grupos en las calles como lo atestiguan tres de las cuatro fotos  que acompañan esta entrada. En la cuarta vemos la barrera de la guardia urbana en la Estafeta,  a la altura de la Bajada de Javier, frenando el empuje de los mozos,  en un encierro de este año. También en este año, 1953, regresaba Hemingway a Pamplona, después de 22 años de ausencia. Entre 1953 y 1955 desaparecerían de nuestra ciudad los románticos ferrocarriles de vía estrecha que he recordado hace un par de entradas en este mismo blog: el Plazaola y el Irati. En la década de los 50 Pamplona conocería los siguientes alcaldes: Miguel Gortari (mayo 1949-abril 1952), Javier Pueyo (abril 1952-febrero 1958) y Miguel Javier Urmeneta (febrero 1958- febrero 1964).

Desde 1951 y hasta 1964, las barracas se colocarían en la zona situada al principio de la avenida de Bayona, en el espacio que hay entre esta avenida, Antoniutti y la cuesta de la Reina  y el ferial de ganado en la arboleda  de Tejería, cerca del Portal de Zumalacarregui. 1954 fue famoso por tener la nevada más tardía, (en mayo), y por el número y celebridad de los personajes que acudieron a  nuestras fiestas atraídos por la cada vez mayor popularidad del encierro: Orson Welles, Anthony Quinn o Sadriddin Khan, hijo del entonces hombre más rico del mundo, Aga Khan. Ya empezaba a hablarse, entonces, de temas como la la masificación y la seguridad en el encierro y la presencia de los inevitables patas o gamberros,  etc.  En septiembre de 1954 se inauguraba el Monumento a la Inmaculada en el Rincón de la Aduana. A finales de 1954 y comienzos de 1955 se derribaban varias casas situadas entre la plaza consistorial y el Mercado de Santo Domingo, en la llamada Bajada de las Carnicerías para abrir la nueva plaza de los Burgos. En 1956 acudía a nuestra ciudad un equipo de la FOX, para tomar imagenes, dicen que para un documental sobre las fiestas, pero en realidad fueron utilizadas como insertos para la película de Henry King “Fiesta”. Las fotos que acompañan este párrafo corresponden a encierros de este año, la primera plasma la entrada de los toros a la calle de la Estafeta y la segunda, tomada desde la curva, recoge la entrada de los toros por Mercaderes. Ese mismo año se reformaba el Paseo de Sarasate tal y como comenté en una entrada anterior. En 1957 la ciudad estrenaba semáforos, se reformaba la plaza del Castillo (se instalaron bancos modernos, se pavimentó la plaza y se crearon nuevas plazas de aparcamiento) y se comenzaba a construir el nuevo parque de Bomberos en la calle Aralar, junto a la Media Luna. La plaza Conde de Rodezno todavía estaba sin terminar y había comenzado la construcción de la llamada Casa Periodistas. Salía, por primera vez el Olentzero a las calles de la ciudad, organizado por la Juventud de San Antonio. En 1959 regresaba a las fiestas Ernest Hemingway. Se homenajeaba a Sarasate en la Taconera, inaugurando un monumento en su honor el 26 de abril. Este monumento se trasladaría posteriormente, en 1963, al parque de la Media Luna, siendo ocupado el espacio de la Taconera por el monumento a otro músico: Hilarión Eslava. Moría este año el padre Carmelo, promotor de la institución Cunas, en plenos sanfermines, cuando estaba preparando un festival benéfico en la plaza de toros.

Entre los toreros que visitaron las corridas de toros de  Pamplona en este período 1940-1959, por cierto la feria era sensiblemente más corta, apenas cinco festejos, estuvieron el mítico Manolete fallecido el 28 de agosto de 1947 en la plaza de Linares a manos del toro Islero, Pepe Bienvenida, el diestro navarro Julián Marin que tomo la alternativa en 1943 y se cortó la coleta diez años más tarde en 1953, Marcial Lalanda, Pepe Luis Vazquez, Juan Belmonte hijo, Rafael Ortega Gallito, Francisco Martin Vazquez, Luis Miguel Dominguin, Manuel Alvarez, Agustín Parra, Rafael Albaicin, Gitanillo de Triana, Raul Ochoa, Miguel Baez Litri, Antonio Ordoñez, Isidro Marín, Julio Aparicio, Manolo Gonzalez, Paco Muñoz, Manolo Vazquez, Antonio Chenel Antoñete, Jaime Ostos, Angel Peralta, Paco Mendes, Joselito Huerta, Chicuelo, Curro Girón, Pepe Luis Vazquez, Chamaco, Diego Puerta, Miguelín, Solanito. Al termino de las fiestas, el 18 de julio solía realizarse la corrida de la Asociación de la Prensa con la presencia igualmente de grandes diestros. En  1957 se celebraron 7 corridas y una novillada. La Feria del Toro tal y como la conocemos comenzó en 1959. En cuanto a incidencias en el encierro cabe señalar que el 10 de julio de 1947 el toro Semillero mataba  a dos corredores, a Casimiro Heredia en la Estafeta y a Julián Zabalza cerca de la plaza de Toros. Tendrían que pasar 33 años para que se produjese una tragedia similar, sucedió el 13 de julio de 1980, cuando también se produjeron dos muertos en el encierro. También es destacable el montón, a la entrada de la plaza de toros, en el encierro del 7 de julio de 1945 que vemos en una foto de esta entrada. Las fotos que acompañan a este último párrafo son de los gigantes en la calle de la Estafeta y a la puerta de la iglesia de San Lorenzo (1959) y de la salida de la corporación en 1957, con Javier Pueyo como Alcalde de Pamplona.

Fotografías: Las fotografías recogen el ambiente de los sanfermines entre los años 1940  y 1959 y pertenecen buena parte, de ellas, 17 sobre 26  al Fondo de Fotografías Marín de la Kutxateca.  Fotografías por orden de aparición: Nº2: Mozos de peña ante la Casa Consistorial (1946), 3 Paco Marí Blanco y unos amigos en la plaza consistorial (1946) 5 y 7: encierros de 1946, 8: Gigantes cerca de San Lorenzo (1946), 12: Kilikis y cabezudos con los niños (Años 50), 13: Peña Los de Siempre (Años 40), 14: Visitantes en las terrazas de la plaza del Castillo (1942), 15: encierro por la calle Mercaceres (1943), 16: Chupinazo (1953), 18, 19 y  21: Festival internacional de Folkore (1953), 22: encierro por la calle Estafeta (1956) 23: encierro por la calle Mercaderes (1956), 24: Gigantes en la calle de la Estafeta (1959) y 26: la corporación saliendo del Ayuntamiento (1957): Su autor es en todos los casos, salvo la nº 22 y 23 que son de Paco Marí Blanco, del fotógrafo Pascual Marin: CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marin. Pascual Marin. Nº 1: chupinazo de los sanfermines de 1943 (Galle). Nº 4: gigantes desfilando por la calle Juan de Labrit, cerca de la plaza de Toros (Años 40), Nº 6: encierro por la calle Santo Domingo (1945-1949) (Ruperez),  Nº 9: Montón en el encierro del 7 de julio (1945), Nº 10: encierro en la calle Mercaderes (años 50), Nº 11: encierro en la calle Estafeta (años 50), Nº 17: postal municipal sanferminera circulada en 1950, Nº 20: barrera del encierro (1953) de sanfermin.espaciohemingway.com, Nº 25: la comparsa a la entrada de la iglesia de San Lorenzo (1959).

Los Sanfermines de los años 30 (1930-1939)

Con esta entrada inicio una nueva serie que revisará la evolución de los sanfermines a lo largo del siglo XX, ofreciendo algunas notas historiográficas y costumbristas de esas fechas pero sobre todo rescatando algunas fotografías bastante desconocidas de fondos como el del fotógrafo tudelano afincado en Donosti, Pascual Marín que son un magnífico documento gráfico donde se retratan una sociedad y una época.  Empezaré por los convulsos años 30. Las fiestas de San Fermin de los años 30 no fueron ajenos al revuelto clima político que vivía nuestra ciudad y nuestra comunidad. En 1931 era alcalde de Pamplona el republicano Mariano Ansó Zunzarren. Anuladas las elecciones del 12 de abril se habían convocado a finales de ese mes otras nuevas elecciones en las que  habían ganado los republicano-socialistas con 15 concejales frente a 14 de la derecha católico-fuerista (los nacionalistas y conservadores no participaron). En las elecciones a Cortes del 28 de junio, Navarra aparecía dividida electoralmente casi al 50%. Al término de los sanfermines se iba a debatir  un posible estatuto de autonomía vasco-navarro, debate que se produciría, sin embargo, finalmente, un año más tarde, en junio de 1932, con un cambio de postura de algunas fuerzas políticas, tanto de derechas como de  izquierdas, (fundamentalmente carlistas y socialistas), que haría que finalmente se posicionasen en contra del estatuto conjunto 123 ayuntamientos navarros, frente a 109 que lo hicieron  a favor. Pese a las dudas sobre la participación de las nuevos munícipes republicanos en los actos religiosos, la corporación participó ese primer año republicano, (1931), en las Vísperas, la Procesión y la Octava si bien en traje de calle. El día 6 de julio, los concejales republicanos se trasladaron a la plaza del Castillo para cambiar el nombre de Plaza de la Constitución por el de Plaza de la República. Entre las peñas y cuadrillas de aquellos años destacaban La Unica (1903), La Veleta (1930), El Bullicio (1933)  pero también se oía hablar de cuadrillas como la de Los Irunshemes (1917), Denak bat y otras menos conocidas  como La Polar, Gau-Txori o Arin Arin. El encierro se celebraba a las 7 de la mañana y las corridas a las 4,30 de la tarde.
Parece que nuestros actuales munícipes han puesto de moda, ahora, el laicismo en las fiestas de San Fermin y en otras celebraciones de marcado origen religioso. Sin embargo su comportamiento no llega, ni de lejos, al comportamiento de los concejales republicanos en el año 1932 y  años posteriores. En 1932, siendo alcalde el médico y político republicano Nicasio Garbayo, tras la marcha de Mariano Ansó a las Cortes Generales, el Ayuntamiento suprimió del programa de fiestas cualquier acto religioso: Vísperas, Procesión u Octava, no obstante buena parte de los pamploneses seguían acudiendo a un riau-riau de carácter espontáneo, acompañados por La Pamplonesa y asistiendo a las misas en honor a San Fermín el día 7 y el 14, de julio, oficios religiosos que se pudieron realizar ese año gracias a una colecta popular, colecta que se llevaría a cabo también en años posteriores. Por cierto, parece ser que el Riau-Riau, tal y como lo hemos conocido a lo largo del siglo XX, pues las Vísperas son mucho más antiguas, -datan del siglo XV-, tuvo su origen el 6 de julio de 1911 cuando un grupo de pamploneses, encabezados por Ignacio Baleztena, decidieron, de manera improvisada, acompañar, en el acto de la marcha de la Corporación  a las Visperas, el final de cada estrofa de “La Alegría de San Fermín”, -el conocido vals de Miguel Astrain-, con esa expresión con la que finalizaban algunas canciones festivas en la montaña navarra, una expresión que causó, entonces, el enfado de algunos circunspectos ciudadanos y la hilaridad de los más. Parece que carece de rigor histórico esa teoría que alude al deseo de un grupo de carlistas, entre los que se encontraba Baleztena, de bloquear o ralentizar el paso de la corporación liberal de la época a su paso por la calle Mayor, ya que ni todos los amigos de la cuadrilla de Baleztena eran carlistas ni toda la corporación de aquellos años era liberal. Las organizaciones tradicionalistas promovieron  en los sanfermines de 1932 campañas de solidaridad con los presos carlistas de la ciudad que se encontraban en la cárcel de Pamplona, entre ellos el conocido Jaime del Burgo Torres. Y es que el 17 de abril de ese año se había producido un enfrentamiento entre carlistas y socialistas con el resultado de 3 muertos: 2 ugetistas y 1 jaimista. Hubo una huelga general al término de la cual hubo un ataque a Casa Baleztena. Días más tarde se detuvo a un grupo carlista armado y entre las personas a las que la autoridad republicana había inculpado figuraba, al parecer, el citado Jaime del Burgo, que fue absuelto posteriormente por falta de pruebas.

 

En 1933 acudía a las fiestas el embajador de Estados Unidos, Claude Bowers. Comenzaba a ser cada vez más frecuente la presencia de extranjeros, dada la enorme popularidad que había cosechado la novela de Hemingway, publicada en 1926. En el ámbito político, las elecciones de noviembre del 33 habían dado el triunfo a las derechas, surgiendo en la ciudad los primeros grupos de Falange Española que contribuyeron a incrementar el clima de violencia en la ciudad y en la provincia.  A los sanfermines acudían compañías de teatro,  como la Compañía de Revistas del Teatro Maravillas, que actuó en el Gayarre o la compañía del Teatro Lara, que debutó en el Olimpia y en el que también actuaría, al final de las fiestas,   el tenor aragonés Miguel Fleta. La Feria de Ganado se celebró en 1933 en la Magdalena, luego se trasladaría a una zona cercana al puente de San Pedro, en la zona de Errotazar más próxima al Molino de Alzugaray, y los días 12 y 13 de julio se instaló una tómbola en los jardines de la Taconera a beneficio de la Casa de Misericordia. Las barracas, salvo el año 1924, que se instalaron enfrente de la plaza de toros,  se colocaban en los terrenos del antiguo Ensanche, en la calle Padre Moret, -lo hicieron, desde 1900 a 1944-, en los terrenos donde luego se construiría el estadio Mola. Constaban del tradicional circo, casetas de tiro, carruseles, tobogan, caballitos, aparatos de fuerza y puestos y casetas de caramelos, refrescos, churrerías, quincalla, etc. En la plaza de Recoletas, se instalaban las tradicionales casetas de venta de ajos así como puestos de  vasijería o cacharrería.
En 1935, el Gobierno Civil multaba a la Diputación y al Ayuntamiento por exhibir símbolos religiosos, dado que estas instituciones contaban con una mayoría política  confesional y hacían gala de ello. Se produjeron roces entre el Ayuntamiento conservador, presidido por el carlista Tomas Mata y algunas peñas y cuadrillas, por negarles la subvención a algunas de ellas, al considerar el consistorio que estas hacían alarde de indumentarias y comportamientos inadecuados. La Veleta no salió varios días protestando por la política municipal, en este sentido. Por contra se hizo muy presente la actividad en la calle de la peña Muthiko Alaiak, fundada por Ignacio Baleztena en 1934, donde abundaba el componente carlista, que acompañó los principales actos religiosos de las fiestas. La división política llegaba, pues,  al ámbito festivo. Como curiosidad, el día 14 se celebraba una corrida extraordinaria organizada por la Cámara de Comercio con toros de Pérez Tabernero. Entre las principales actividades festivas destacaban, además de las barracas en el antiguo Ensanche, los fuegos artificiales en la plaza del Castillo, los  Gigantes y Cabezudos por las calles, la salida de las peñas, la feria de ganado, las verbenas del Larraina, y otro tipo de eventos como las cucañas en la plaza del Castillo o proyecciones de cine al aire libre  en la plaza del Vinculo. Era tradicional encontrarse en las calles o plazas con el famoso vendedor y charlatán León Salvador que acudía a Pamplona todos los Sanfermines.

En 1936, se había incrementado la agitación social y política en la ciudad, ya patente a lo largo de 1934 y 1935, con abundancia de conflictos laborales de contenido reivindicativo y mejora de las condiciones laborales. Hasta los portadores de los gigantes y cabezudos amenazaban con no salir, ese año,  si no se producía un aumento de sueldo, aunque finalmente el conflicto no fue  a mayores. El día 6 de julio el silencio de las campanas de las parroquias de Pamplona, que habían permanecido mudas  los últimos años, en la hora del chupinazo,  fue roto por un atronador repiqueteo que desafiaba el laicismo oficial imperante. Ese año se celebró la primera exposición de pancartas de las peñas en la Oficina de Turismo que había en el Paseo de Sarasate. Y hablando de turismo, en 1936 se hablaba de que habían entrado a la ciudad más de 4.000 vehículos y 270 autobuses. Cinco días después del final de las fiestas, Pamplona se convertía en protagonista activo del golpe militar contra la República y el orden constituyente. La ciudad se quedaría sin sus fiestas patronales durante los dos años siguientes: 1937 y 1938.

Los sanfermines de 1939 estuvieron imbuidos por el clima eufórico del bando vencedor, en una ciudad, en una comunidad que nunca fue frente de batalla pero en la que se sintió, como en otros lugares de la zona nacional, las represalias sobre la gente de izquierdas, especialmente en los primeros días y semanas de la guerra, con más de 3.000 asesinados, más de 300 de ellos en Pamplona. A los sanfermines de ese año se acercaron militares de alta graduación e importantes cargos del Régimen, entre ellos varios ministros y otras personalidades. Seguía siendo alcalde de Pamplona el que lo fue en los años anteriores a la guerra, desde 1934, el carlista  Tomas Mata. Este fue el primer año que un concejal del Ayuntamiento, en este caso Joaquín Ilundain prendió el cohete que anunciaba las fiestas en la plaza del Castillo. Nacía oficialmente el chupinazo.  Hasta entonces, desde 1901, se lanzaban cohetes por parte de empleados de la empresa pirotécnica desde la plaza del Castillo pero el acto no tenía un valor especial  como tal. Fue en 1931 cuando un conocido republicano llamado Juan Echepare Aramendia, que tenía un estanco en la calle Mayor,  se encargó de encender la mecha del primer cohete. Lo hizo hasta los sanfermines de  1936. Echepare sería asesinado poco después, en los primeros días del golpe militar. A partir de 1941, el chupinazo se tiraría desde el balcón del Ayuntamiento. Este año fue famoso también por el suceso acaecido en el encierro del día 8 de julio cuando un toro de  Arturo Sánchez Cobaleda, de nombre “Liebrero” rompió el vallado, cerca del callejón de los toros provocando el pánico tal y como recogí en la entrada “Imagenes del Ayer. Estampas sanfermineras. Imagenes del encierro: 1914-1949” y en donde resultó herida la señora Doña Clara Herrera que estaba acompañada de su tres hijos. El toro fue abatido por el guardia civil Cipriano Huarte. A partir del año siguiente se puso un doble vallado en el recorrido del Encierro para evitar circunstancias como la comentada.
Fotografías: Las fotografías recogen el ambiente de los sanfermines entre los años 1931 y 1939 y pertenecen todas ellas al Fondo de Fotografías Marín de la Kutxateca. Su autor es en todos los casos el fotógrafo Pascual Marin: CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marin. Pascual Marin. Fotografías por orden de aparición: 1.-Salida de mozos de la plaza de toros (1932). 2.-Fotografía de un encierro sanferminero a la altura de la plaza Consistorial del año 1932.  3.-Público en la terraza del Cafe Kutz de la plaza del Castillo (1932). 4.-Procesión de San Fermin. Iglesia de San Lorenzo (1930). 5.-Jovenes y niños en la plaza del Castillo (1932). 6.-Entrada de las peñas a la plaza de Toros (1931). 7.-Comida sanferminera en el Restaurante Iruña (C/Mercaderes, 7) (1935). 8.-La comparsa a la salida de la Iglesia de San Lorenzo. Notese la presencia del componente músico-militar (1939). 9.-Dianas Sanfermineras en la plaza del Ayuntamiento (1932). 10.-Mozos dando cumplida cuenta de un almuerzo sanferminero en plena calle (1939). 11.-Ambiente sanferminero de una mañana en la calle Calceteros (1939).12. La plaza del Ayuntamiento. Ambiente festivo (1939).13. Paso de los Gigantes por la calle San Saturnino (1939). 

Imagenes del ayer. Selección: El Casco Antiguo (1954-1960)

Recupero una sección fotográfica con unos originales de altura. Nada menos que una cuidada selección de fotos de la fotógrafa de origen austriaco Inge Morath y del artista de la imagen fotográfica, Ramon Massats que nos acercan a las fiestas y las calles del Casco Antiguo en un período que podríamos acotar entre  1954 y 1960. Las primeras son de Inge Morath,  de los sanfermines del año 1954; las segundas, -el corte lo marca la preciosa fotografía en color de Morath-, son del fotógrafo Ramón Massats, datadas en los  sanfermines de 1957 a 1960. Las fotografías hablan por sí solas. Retratan una época, una Pamplona que los que tenemos cincuenta y pico años no conocimos, una ciudad dispuesta a sacudirse aquel carácter provinciano  que le había caracterizado durante buena parte de la primera mitad del siglo, una ciudad que empezaría estos años a ver crecer sus barrios y su población, que se industrializaría a marchas forzadas, con el Plan de Promoción Industrial, a fines de los 50 y principios de los 60 y que entraba, poco a poco, en los inicios de la modernidad y de una relativa mejora económica y un muy incipiente consumismo.
 

Aun quedaban en 1954 muchísimos retazos de aquella vieja ciudad en la que te cruzabas cada dos por tres con una monja o un militar, como en la primera foto de esta entrada y como ya hemos visto en este blog, con el paisano trasladando un ternero al hombro, en la esquina de Ortega, al principio de la calle Mayor, pero donde también te encontrabas con otro paisanaje lleno de autenticidad y sabor,  pues por ejemplo no era inusual ver a algún “aldeano” acarreando  su carrico, con su fresco producto cárnico, parado en mitad de la calle, como vemos en la segunda fotografía, concretamente en las escalerillas que bajan de la plaza del Castillo a San Nicolás, enfrente de la sastrería y camisería Palomeque (sí donde hoy está el Dom Lluis),  o  vendedores ambulantes como el que vemos en la tercera fotografía, -creo que es la calle San Saturnino-, con la Casa Hualde al fondo, que suscita la atención de un nutrido grupo de estudiantes de algún colegio religioso. En la última fotografía podemos disfrutar de una animada calle Mañueta, gente subiendo y bajando imaginamos que al Mercado de Santo Domingo con los comercios Droguería Ardanaz y El Triunfo, de la calle Mercaderes, al fondo.


Las dos primeras fotografías de esta segunda fila de fotos son, también,  de Inge Morath, la primera retrata el ambiente callejero nocturno sanferminero en el cruce de San Nicolás con Pozoblanco y Comedias. Volvemos a ver la sastrería Palomeque, de Martin Palomeque. De hecho la familia que abrió el Dom Lluis, fueron comerciantes antes que hosteleros y llegaron a tener también otra tienda textil en la calle Comedias, Marpa (abreviatura de Martin Palomeque). La segunda fotografía nos sitúa, en una luminosa mañana sanferminera, en la trasera del ayuntamiento, junto al Mercado, mirando hacia la antigua Bajada de Carnicerías, donde podemos ver como ya se han derribado algunos edificios, con el fin de construir poco tiempo después la nueva plaza de los Burgos. De nuevo el carrico, esta vez cargado de gallinas prestas a ser vendidas en la “Plaza”, como decía mi madre, plaza o mercado viejo, cuyo interior y ambiente, -así era el Mercado hasta 1986, sus columnas de hierro, aquellas luces colgando-, podemos ver en la foto de Ramón Massats. Acabamos esta pequeña selección fotográfica con dos fotos de ambiente sanferminero de este mismo autor catalán, la primera de la calle Chapitela, con la farmacia Boza y la ferretería Campion al fondo, la segunda de la chiquillería corriendo ante los cabezudos en plena calle Mayor, se divisa a la izquierda el letrero de la tintorería Coyné que descubrimos al hablar de los comercios de la calle Mayor. En los próximos meses abriré nuevas secciones en el blog e introduciré algunas mejoras. Espero que les guste.


Fotos: las cinco primeras fotografías son de Inge Morath y pertenecen a su libro  “Guerra a la tristeza” de 1955, nunca editado en nuestro país. En 1997, Lola Garrido editó con aquellas mismas fotografías de Inge, el libro “San Fermin. Años 50”, hoy agotado. El Ayuntamiento compró en esos años, entre 1997 y 1999, los 88 originales fotográficos de la fotógrafa estadounidense de aquellos sanfermines de 1954, un tesoro gráfico de incalculable valor que ha sido objeto de alguna exposición hace algunos años en el Palacio del Condestable. Las tres últimas fotos son de Ramon Massats y pertenecen a su libro Sanfermines. Pamplona 1957-1960.