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Los sanfermines de la postguerra (1940-1959)

Continuo con la serie de entradas dedicadas a repasar los sanfermines del pasado siglo, si bien aderezada por algunas notas historiográficas, si no políticas pues poca política podía haber en aquellos tiempos grises del franquismo,   si urbanísticas. Ilustro la entrada con abundante material gráfico, si bien 17 de las 26 fotografías pertenecen al fotógrafo tudelano afincado en San Sebastián, Pascual Marin, tal y como sucediera en la anterior entrada de la serie sanferminera. Tras la guerra civil, el nuevo régimen trajo a la ya de por sí muy conservadora Pamplona, un férreo control de la moral y “de las buenas costumbres” y a este nuevo orden y moral no fueron ajenos los sanfermines. En el bando de las fiestas de  1940, al igual que había sucedido en décadas anteriores se prohibía y cito textualmente “el uso de trajes o prendas que convirtiesen las fiestas en mascarada, …dar gritos o tocar instrumentos…. desde la una a las cinco y media de la madrugada o…circular abrazados por las calles y paseos personas de ambos sexos o hacerlo, en todo caso, en forma descompuesta”. En 1952 se añadía en el bando la prohibición del “acompañamiento o la incorporación del elemento femenino a las cuadrillas de mozos durante su recorrido por las calles”. Encabezan este párrafo sendas fotografías, la primera con el concejal de Fomento, Joaquín Ilundain prendiendo la mecha del chupinazo de 1943 y la segunda con los mozos en la plaza consistorial, en los sanfermines de 1946.

Pamplona era en aquellos años, al finalizar la guerra civil, una ciudad provinciana, que  continuaba creciendo hacia el sur con el desarrollo de la segunda fase del ensanche, la mayor parte de la zona existente más allá de la carretera de Francia estaba sin urbanizar, aunque los edificios que se construírían, salvo contadas excepciones, no tendrían ya el empaque y la calidad arquitectónica de antes de la guerra y es que la contienda civil trajo consigo una enorme carencia de recursos y materiales en todos los ordenes, también en el ámbito de la construcción. Eran los  años de la escasez y las  cartillas de racionamiento. Las manifestaciones religiosas que habían tenido cierta contención en la calle, al menos durante la República,  por el laicismo del régimen,  llenaban ahora un día si y otro también, por cualquier motivo, las calles, (misas de campaña, procesiones, homenajes y otros actos religiosos: en 1946 se celebraba un gran congreso eucarístico y se coronaba a Santa María La Real) e igualmente se sucedían con cierta frecuencia actividades de las diferentes secciones del régimen (del frente de juventudes o de la sección femenina) o incluso se producían algunos  acontecimientos  como la visita de Franco a Pamplona en 1952 para proceder a las inauguraciones  del Monumento a los Caidos (empezado a construir en 1948), la parroquia de San Francisco Javier (se conmemoraba ese año el IV centenario de la muerte de San Francisco Javier, recibiendo la ciudad las presuntas reliquias del santo) o  las nuevas construcciones del patronato que llevaba su nombre en el barrio de la Chantrea (iniciado en 1950). La presencia de los militares, que eran parte del paisaje de la ciudad como plaza fuerte, llegaba incluso a las fiestas con sus bandas de música, en el chupinazo y en otros momentos de la fiesta, yo recuerdo haberlos visto en la calle cuando era niño. El 6 de julio de 1954 se llegaron a concentrar  ocho bandas militares  que desfilaron por las calles y se concentraron luego, a las 10 de la noche, en la plaza del Castillo. Salvo la insólita huelga de 1951,  la Pamplona  de estos años poco tiene que ver con la que Pamplona conflictiva y reivindicativa que conoceríamos en los años 60 y 70. En estos casi 20 años, que van desde el fin de la guerra hasta 1960, fueron muchos los cambios que experimentó la ciudad y que modificaron radicalmente su fisonomía. El plan de industrialización promovido por el Ayuntamiento y la Diputación desde mediados de los años 50 trajeron consigo un aumento de la población, procedente tanto del agro navarro como desde otras comunidades,  y un irrefrenable  desarrollo urbanístico: se terminó la construcción del segundo ensanche,  nacieron o se desarrollaron nuevos núcleos poblacionales en la Chantrea o la Rochapea y se comenzó a diseñar el llamado tercer ensanche de Pamplona que incluía los nuevos barrios de San Juan e Iturrama. Acompañan a este párrafos sendas fotografías de los años 40, la primera de 1946, con el fotografo Paco Marí Blanco y otros compañeros en la plaza del Ayuntamiento, subidos a un vehículo y la segunda, de esta misma década, con los gigantes desfilando por la Cuesta de Labrit.

Pero empecemos a recordar algunas cosas de aquellos sanfermines de la postguerra. En el año 1940, el concejal Joaquín Ilundain lanzaba, por segundo año consecutivo,  el chupinazo en la plaza del castillo, aunque no tenía carácter de acto oficial y ni siquiera aparecía en el programa de fiestas. Generalmente el chupinazo lo lanzaba el primer teniente de alcalde, presidente de la Comisión de Fomento, luego de Festejos, salvo en un algún caso excepcional como cuando lo lanzó  el ministro de Información y Turismo Manuel Fraga, en el año 1964.  Las fiestas daban inicio con el repique de campanas y el disparo de cohetes desde distintos puntos de la ciudad. Será a partir de 1941 cuando Joaquín Ilundain, al grito de Viva San Fermin tire el chupinazo desde el balcón de la plaza consistorial,  una plaza consistorial que sufriría la primera de sus modificaciones al derribarse  ese año un edificio en el paso hacia la calle Nueva, una plaza que comenzaba a llenarse de público aunque desde luego no tan llena como lo estaría luego y desde luego muy lejos del abarrotamiento actual.  En 1943, año que plasma, la primera de las fotos que encabeza la entrada, se quiso incorporar al chupinazo la lectura de un pregón  pero esta costumbre duró apenas dos años pues ya en 1945 dejó de hacerse. Tras la lectura del pregón y  los vivas de rigor  a Pamplona y a San Fermin, se lanzaba el chupinazo, al que le seguía el  repique de campanas y el disparo de más cohetes tanto desde la plaza consistorial como desde la cercana plaza del castillo. La moda de descorchar botellas, sobre todo de champan, se iniciaría  a finales de los 50 y primeros 60  y fue  a partir de esta segunda fecha cuando se empezó a masificar de verdad el acto. Acompañan a este párrafo, a la izquierda, sendas fotografías de un encierro de 1946, obra de Pascual Marín y a la derecha una foto de la subida de los toros por el tramo final de Cuesta de Santo Domingo, en su desembocadura en la plaza consistorial, y datada entre 1945 y 1949.

La primera retransmisión radiofónica en directo del chupinazo  se produjo en el año  1947, de la mano de Radio Requeté, que era la única emisora que existía en la ciudad, -lo sería hasta la aparición de La Voz de Navarra en 1956-. Un año antes, en 1946 se había derribado el segundo edificio que cerraba la plaza consistorial hacia la calle Nueva y se habían desmontado las últimas vías del Irati que atravesaban el núcleo urbano. El Irati se trasladaría a comienzos de los 50 a la nueva estación de Conde Oliveto cambiando,  además, su recorrido desde Villava, por la vía del Plazaola,  hasta El Empalme. Tras el chupinazo salían diferentes bandas de música, los gaiteros y txistularis (la banda municipal de gaiteros y txistularis se inauguró en 1942), la Pamplonesa, bandas militares y la banda del maestro Bravo. Por la tarde el Riau Riau proseguía con su tradicional naturaleza, los mozos seguían haciendo lo posible para entorpecer el paso de la corporación, a pesar de las recriminaciones de la prensa de la época.  En este período Pamplona conocería lo siguientes  alcaldes: José Garrán (abril 1940-agosto 1941), Juan Echandi (agosto 1941-Octubre 1942), Antonio Archanco (octubre 1942-diciembre 1944), Daniel Nagore (diciembre 1944-noviembre 1946) y José Iruretagoyena (noviembre 1946-octubre 1947). Acompañan al párrafo fotos de 1946 (los gigantes enfrente de la iglesia de San Lorenzo) y del montón del 7 de julio de 1945.

Las actividades sanfermineras no habían variado demasiado, si las compramos con las que se celebraban antes de la guerra: el encierro se iniciaba a las 7 de la mañana  si bien en 1943 se modificó su horario retrasándose a las 8.   Y lo mismo paso con el horario de las corridas que pasaron de las  5,30  a las 6.30 en el año 1942. Aunque en 1947 parece que se volvió al horario anterior. Como antes de la guerra se seguían proyectando películas al aire libre en la plaza del Vinculo, (luego de la Argentina), se hizo desde 1936 a 1949, antes, hasta 1934  se proyectaban en la plaza del castillo. Tras la plaza del Vinculo el cine recorrería las plazas de Compañía (1950), Santo Domingo (1951) y San Francisco (1952-1959).  Las barracas seguían colocándose en las inmediaciones de la calle Madre Moret, en el Primer Ensanche de Pamplona y lo haría hasta 1945, año en que el inicio de la remodelación urbanística de esa zona (se empezaron a construir las casas de los militares y el estadio Mola) y que les obligó a trasladarse a la parte alta de Carlos III; en 1947 las barracas se instalarían en el Rincón de la Aduana; A pesar del cambio socio-político las fiestas seguían manteniendo su idiosincrasia: los gigantes y kilikis seguían atrayendo, como siempre, la atención de los más txikis, la música y la fiesta se vivía en la calle gracias a las diferentes bandas de música y a las emergentes peñas que poco a poco iban naciendo en la ciudad: Entre las peñas que salían a la calle durante los primeros años 40  estaban el Muthiko Alaiak (con locales  en la calle Mayor aunque luego se trasladarían a la calle San Francisco), La Unica, El Bullicio, La Jarana (nacía en 1940), Oberena (surgió en 1941, inicialmente con sede en el nº 40 de la calle Zapatería y más tarde en el nº 3 de San Antón, aunque en los sanfermines desde los años 50 utilizarían el frontón Labrit como sede social),  y otras menos conocidas como Los Iruñako (con sede en el nº 58 de la calle San Gregorio),  Amaikak bat, La chabola, El huevo (algunos dicen que fue el precedente de la Jarana) o El caldico. Se cantaban en aquellos años canciones como “Uno de enero”, “Nos han dejau solos” además del eterno sonsonete del Riau Riau. las fotos del encierro que acompañan  a este párrafo (de Mercaderes y Estafeta) son de la década de los 50.

Los fuegos artificiales en la plaza del Castillo a las 10.30 de la noche, conciertos en la Taconera, obras de teatro en el Gayarre y en el Olimpia, fiestas privadas de sociedad en el Nuevo Casino, Casino Eslava, Larraina y Tenis, el ferial del ganado, competiciones deportivas como la Travesía del Arga (prueba de natación organizada por el SEU), pruebas hípicas, tiro al pichón  o la pelota en el Euskal Jai, algún festival folklórico, certámenes de pintura, fotografía o escaparates sanfermineros, exposiciones, marionetas en la plaza de San José  y la procesión de San Fermín completaban las actividades sanfermineras de esos años. Lejos quedaba todavía el boom turístico de los años 60 pero a tenor de las crónicas de la época, el turismo iba cada año en aumento, sobre todo procedente de las comunidades más próximas. A finales de la década de los 40 comenzaron a hacerse más visibles los turistas extranjeros. Fueron muchos los jerarcas del régimen (militares, ministros, subsecretarios, etc)  que visitaron las fiestas estos años, entre los que cabe destacar al teniente general Queipo de Llano en el año 1946, además de embajadores, sobre todo de países sudamericanos. Quisiera referirme a  un acto del que hasta ahora no había hablado: el Pobre de Mi. El origen del Pobre de mí   se remonta a los años 20 , cuando el pintor pamplonés Julian Valencia y unos amigos, haciendo una broma, aparecieron en la calle San Nicolás con velas encendidas en las manos y formando una comitiva procesional, recorrieron  las calles de la parte vieja entonando: “Pobre de mí, pobre de mí, que se han pasado las fiestas sin divertir”.  Durante la República  muchos mozos modificaron la letra y cantaban: “Pobre San Fermín, Pobre San Fermín hoy a media noche será tu fin” que dado el ambiente anticlerical de aquellos años daba lugar a diferentes lecturas o interpretaciones. En 1942 la prensa hacia un llamamiento para eliminar este acto que consideraban irreverente. Parece ser que la peña “Los de siempre”, algunos de cuyos integrantes vemos en la fotografía que acompaña este párrafo,  una peña formada por navarros residentes en San Sebastián,  habían mantenido durante los últimos años dicha tradición. Contrariamente a lo que se pueda pensar hoy en día en esta época y sobre todo a finales de los 50 y 60 pocos eran los que vestían de blanco, los miembros de las peñas y poco más.

En 1943 se recuperaba la tradición del toro de fuego,  orientado a un público infantil, que podía estar entre los 8 y los 12 años,  y que recorría el tradicional itinerario que conocí en mi niñez, empezaba en la Plaza Consistorial, recorría Blanca de Navarra, Estafeta, Espoz y Mina y terminaba en la Plaza del Castillo.También ese año, y más concretamente el 6 de julio, se inauguraba el nuevo kiosko de la plaza del Castillo que es el que conocemos hoy en día. Lo hemos visto en alguna foto de la plaza del Castillo, enfrente del Café Iruña se colocaba,  una semana antes  de las fiestas, una caseta donde se vendía el programa de fiestas y a partir del día 5 de julio las entradas de las corridas de la Feria. En 1945, promovida por el Secretariado Diocesano de la Caridad,  se instalaba por primera vez la Tómbola de Caritas, como ya señalé en la entrada monográfica dedicada a esta venerable institución. Entre los premios más importantes de aquellos años estuvo el sorteo de un  chalet en la Media Luna en el año 1948. En 1948  se inauguraban también el nuevo Mercado del Ensanche y los  baños públicos de la calle Tafalla. La Estación del Plazaola se trasladaba desde la carretera Zaragoza a la nueva estación de Conde Oliveto, construida en 1945. Durante el resto del año, los jóvenes pamploneses se divertían acudiendo al cine, a la media docena de salas de cine que había a finales de los 40 (Gayarre, Olimpia, Príncipe, Avenida, Novedades, y Alcazar…) o yendo ver al Osasuna en el campo de San Juan. A lo largo de los 50 y 60 se irían construyendo nuevos cines en los crecientes y populosos barrios del norte de la ciudad (Amaya (1951), Chantrea (1956), etc). Las fotos que acompañan a este párrafo son de 1942, la de la izquierda (en la plaza del Castillo) y de 1943, la de la derecha (encierro a su paso por la calle Mercaderes)

En 1950 Pamplona contaba con 71.000 habitantes. Los sanfermines de 1950 comenzaron con la inauguración del Monumento a Gayarre el día 5. Serían los primeros sanfermines que no contarían la presencia del gran charlatán y vendedor León Salvador, todo un personaje que había acudido ininterrumpidamente a las fiestas de Pamplona durante 60 años, concretamente desde 1891. Había fallecido a los 78 años cuando preparaba la feria de Bilbao. Este año el Ayuntamiento editó miles de tarjetas postales como la que vemos a la derecha de este párrafo y que el consistorio ofreció al comercio local para que lo utilizasen como reclamo  publicitario. Sin ir más lejos yo he visto esta misma tarjeta postal en algún archivo personal con la publicidad de Ayestarán. Los gigantes estrenaban trajes y a las peñas citadas anteriormente se habían sumado en  1948 la peña Anaitasuna y en 1949 la peña   Los del Bronce, que nada tenía con la que con el mismo nombre animó las calles durante algunos años (1900-1904)  al comienzo del siglo y en 1950 el Irrintzi. Así pues a mediados de la  década de los 50 eran diez las principales peñas sanfermineras: Oberena, Irrintzi, El Bullicio, La Jarana, Muthiko Alaiak, Anaitasuna, Los de Bronce, La Unica, Alegría de Iruña (1953) y La Saeta. En 1956 se uniría a estas peñas  la Armonía Chantreana y dos años más tarde la peña Aldapa.   En 1950 Pamplona inauguraba su Portal Nuevo, obra de Victor Eusa. Se construía el monumento a San Ignacio de Loyola y se realizaba la primera ordenación del transporte urbano de Pamplona. En 1951 se hacían obras en la fachada de la Diputación Foral,  incorporándose  el escudo de Navarra con la laureada entre dos figuras de apariencia clásica que hace poco tiempo que se han suprimido. Se derribaba el famoso olmo de la Taconera, el árbol del cuco,  junto a la iglesia de San Lorenzo.  En Mayo, se produjeron las famosas manifestaciones contra el alza de los precios. Protestaron un gran número de mujeres en la plaza del Mercado del Ensanche y les apoyaron sus maridos e hijos trabajadores. En noviembre de 1951 se comenzaba a derribar el viejo edificio de la Casa Consistorial.

1952 sería por ello  un año especial para las fiestas de Pamplona. El chupinazo se tuvo que realizar desde el edificio de la Escuela de Artes y Oficios, situada en la plaza de la Argentina pues en la plaza consistorial, del edificio del Ayuntamiento, salvo la fachada, ya nada quedaba, se había derribado todo lo demás. A falta de otra referencia para lanzar el cohete,  se utilizaron como referencia las campanadas de la Iglesia de San Nicolás. Ese año el Riau Riau recorrió las calles Vinculo, atravesó el Paseo de Sarasate y se adentró por la calle San Miguel y Eslava hasta la calle Mayor. El recorrido duró 45 minutos, ¡que diferencia con las 4 horas que yo llegué a conocer 30 años más tarde!. Se terminaba de construir el Frontón Labrit iniciado dos años antes y comenzaban los primeros estudios universitarios ne la sede de la Cámara de Comptos con el Estudio General de Navarra. En 1953, el chupinazo se realizaría desde la plaza consistorial, tal y como lo podemos comprobar en la foto de la izquierda que acompaña al párrafo anterior,  si bien la corporación no se trasladaría al nuevo edificio hasta el 9 de septiembre. Se retirarían ese año las bonitas farolas de época que estaban situadas junto a la puerta de entrada. Este año, en julio, se celebró en terrenos de Fuerte Príncipe  la I Feria de Muestras de Navarra organizada por la Cámara de Comercio y sobre todo, ya en plenos sanfermines, el 6º Congreso Internacional de Folklore y 2º Festival de Cantos y Danzas, que se celebró en la plaza de toros con presencia de los grupos en las calles como lo atestiguan tres de las cuatro fotos  que acompañan esta entrada. En la cuarta vemos la barrera de la guardia urbana en la Estafeta,  a la altura de la Bajada de Javier, frenando el empuje de los mozos,  en un encierro de este año. También en este año, 1953, regresaba Hemingway a Pamplona, después de 22 años de ausencia. Entre 1953 y 1955 desaparecerían de nuestra ciudad los románticos ferrocarriles de vía estrecha que he recordado hace un par de entradas en este mismo blog: el Plazaola y el Irati. En la década de los 50 Pamplona conocería los siguientes alcaldes: Miguel Gortari (mayo 1949-abril 1952), Javier Pueyo (abril 1952-febrero 1958) y Miguel Javier Urmeneta (febrero 1958- febrero 1964).

Desde 1951 y hasta 1964, las barracas se colocarían en la zona situada al principio de la avenida de Bayona, en el espacio que hay entre esta avenida, Antoniutti y la cuesta de la Reina  y el ferial de ganado en la arboleda  de Tejería, cerca del Portal de Zumalacarregui. 1954 fue famoso por tener la nevada más tardía, (en mayo), y por el número y celebridad de los personajes que acudieron a  nuestras fiestas atraídos por la cada vez mayor popularidad del encierro: Orson Welles, Anthony Quinn o Sadriddin Khan, hijo del entonces hombre más rico del mundo, Aga Khan. Ya empezaba a hablarse, entonces, de temas como la la masificación y la seguridad en el encierro y la presencia de los inevitables patas o gamberros,  etc.  En septiembre de 1954 se inauguraba el Monumento a la Inmaculada en el Rincón de la Aduana. A finales de 1954 y comienzos de 1955 se derribaban varias casas situadas entre la plaza consistorial y el Mercado de Santo Domingo, en la llamada Bajada de las Carnicerías para abrir la nueva plaza de los Burgos. En 1956 acudía a nuestra ciudad un equipo de la FOX, para tomar imagenes, dicen que para un documental sobre las fiestas, pero en realidad fueron utilizadas como insertos para la película de Henry King “Fiesta”. Las fotos que acompañan este párrafo corresponden a encierros de este año, la primera plasma la entrada de los toros a la calle de la Estafeta y la segunda, tomada desde la curva, recoge la entrada de los toros por Mercaderes. Ese mismo año se reformaba el Paseo de Sarasate tal y como comenté en una entrada anterior. En 1957 la ciudad estrenaba semáforos, se reformaba la plaza del Castillo (se instalaron bancos modernos, se pavimentó la plaza y se crearon nuevas plazas de aparcamiento) y se comenzaba a construir el nuevo parque de Bomberos en la calle Aralar, junto a la Media Luna. La plaza Conde de Rodezno todavía estaba sin terminar y había comenzado la construcción de la llamada Casa Periodistas. Salía, por primera vez el Olentzero a las calles de la ciudad, organizado por la Juventud de San Antonio. En 1959 regresaba a las fiestas Ernest Hemingway. Se homenajeaba a Sarasate en la Taconera, inaugurando un monumento en su honor el 26 de abril. Este monumento se trasladaría posteriormente, en 1963, al parque de la Media Luna, siendo ocupado el espacio de la Taconera por el monumento a otro músico: Hilarión Eslava. Moría este año el padre Carmelo, promotor de la institución Cunas, en plenos sanfermines, cuando estaba preparando un festival benéfico en la plaza de toros.

Entre los toreros que visitaron las corridas de toros de  Pamplona en este período 1940-1959, por cierto la feria era sensiblemente más corta, apenas cinco festejos, estuvieron el mítico Manolete fallecido el 28 de agosto de 1947 en la plaza de Linares a manos del toro Islero, Pepe Bienvenida, el diestro navarro Julián Marin que tomo la alternativa en 1943 y se cortó la coleta diez años más tarde en 1953, Marcial Lalanda, Pepe Luis Vazquez, Juan Belmonte hijo, Rafael Ortega Gallito, Francisco Martin Vazquez, Luis Miguel Dominguin, Manuel Alvarez, Agustín Parra, Rafael Albaicin, Gitanillo de Triana, Raul Ochoa, Miguel Baez Litri, Antonio Ordoñez, Isidro Marín, Julio Aparicio, Manolo Gonzalez, Paco Muñoz, Manolo Vazquez, Antonio Chenel Antoñete, Jaime Ostos, Angel Peralta, Paco Mendes, Joselito Huerta, Chicuelo, Curro Girón, Pepe Luis Vazquez, Chamaco, Diego Puerta, Miguelín, Solanito. Al termino de las fiestas, el 18 de julio solía realizarse la corrida de la Asociación de la Prensa con la presencia igualmente de grandes diestros. En  1957 se celebraron 7 corridas y una novillada. La Feria del Toro tal y como la conocemos comenzó en 1959. En cuanto a incidencias en el encierro cabe señalar que el 10 de julio de 1947 el toro Semillero mataba  a dos corredores, a Casimiro Heredia en la Estafeta y a Julián Zabalza cerca de la plaza de Toros. Tendrían que pasar 33 años para que se produjese una tragedia similar, sucedió el 13 de julio de 1980, cuando también se produjeron dos muertos en el encierro. También es destacable el montón, a la entrada de la plaza de toros, en el encierro del 7 de julio de 1945 que vemos en una foto de esta entrada. Las fotos que acompañan a este último párrafo son de los gigantes en la calle de la Estafeta y a la puerta de la iglesia de San Lorenzo (1959) y de la salida de la corporación en 1957, con Javier Pueyo como Alcalde de Pamplona.

Fotografías: Las fotografías recogen el ambiente de los sanfermines entre los años 1940  y 1959 y pertenecen buena parte, de ellas, 17 sobre 26  al Fondo de Fotografías Marín de la Kutxateca.  Fotografías por orden de aparición: Nº2: Mozos de peña ante la Casa Consistorial (1946), 3 Paco Marí Blanco y unos amigos en la plaza consistorial (1946) 5 y 7: encierros de 1946, 8: Gigantes cerca de San Lorenzo (1946), 12: Kilikis y cabezudos con los niños (Años 50), 13: Peña Los de Siempre (Años 40), 14: Visitantes en las terrazas de la plaza del Castillo (1942), 15: encierro por la calle Mercaceres (1943), 16: Chupinazo (1953), 18, 19 y  21: Festival internacional de Folkore (1953), 22: encierro por la calle Estafeta (1956) 23: encierro por la calle Mercaderes (1956), 24: Gigantes en la calle de la Estafeta (1959) y 26: la corporación saliendo del Ayuntamiento (1957): Su autor es en todos los casos, salvo la nº 22 y 23 que son de Paco Marí Blanco, del fotógrafo Pascual Marin: CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marin. Pascual Marin. Nº 1: chupinazo de los sanfermines de 1943 (Galle). Nº 4: gigantes desfilando por la calle Juan de Labrit, cerca de la plaza de Toros (Años 40), Nº 6: encierro por la calle Santo Domingo (1945-1949) (Ruperez),  Nº 9: Montón en el encierro del 7 de julio (1945), Nº 10: encierro en la calle Mercaderes (años 50), Nº 11: encierro en la calle Estafeta (años 50), Nº 17: postal municipal sanferminera circulada en 1950, Nº 20: barrera del encierro (1953) de sanfermin.espaciohemingway.com, Nº 25: la comparsa a la entrada de la iglesia de San Lorenzo (1959).

Los Sanfermines de los años 30 (1930-1939)

Con esta entrada inicio una nueva serie que revisará la evolución de los sanfermines a lo largo del siglo XX, ofreciendo algunas notas historiográficas y costumbristas de esas fechas pero sobre todo rescatando algunas fotografías bastante desconocidas de fondos como el del fotógrafo tudelano afincado en Donosti, Pascual Marín que son un magnífico documento gráfico donde se retratan una sociedad y una época.  Empezaré por los convulsos años 30. Las fiestas de San Fermin de los años 30 no fueron ajenos al revuelto clima político que vivía nuestra ciudad y nuestra comunidad. En 1931 era alcalde de Pamplona el republicano Mariano Ansó Zunzarren. Anuladas las elecciones del 12 de abril se habían convocado a finales de ese mes otras nuevas elecciones en las que  habían ganado los republicano-socialistas con 15 concejales frente a 14 de la derecha católico-fuerista (los nacionalistas y conservadores no participaron). En las elecciones a Cortes del 28 de junio, Navarra aparecía dividida electoralmente casi al 50%. Al término de los sanfermines se iba a debatir  un posible estatuto de autonomía vasco-navarro, debate que se produciría, sin embargo, finalmente, un año más tarde, en junio de 1932, con un cambio de postura de algunas fuerzas políticas, tanto de derechas como de  izquierdas, (fundamentalmente carlistas y socialistas), que haría que finalmente se posicionasen en contra del estatuto conjunto 123 ayuntamientos navarros, frente a 109 que lo hicieron  a favor. Pese a las dudas sobre la participación de las nuevos munícipes republicanos en los actos religiosos, la corporación participó ese primer año republicano, (1931), en las Vísperas, la Procesión y la Octava si bien en traje de calle. El día 6 de julio, los concejales republicanos se trasladaron a la plaza del Castillo para cambiar el nombre de Plaza de la Constitución por el de Plaza de la República. Entre las peñas y cuadrillas de aquellos años destacaban La Unica (1903), La Veleta (1930), El Bullicio (1933)  pero también se oía hablar de cuadrillas como la de Los Irunshemes (1917), Denak bat y otras menos conocidas  como La Polar, Gau-Txori o Arin Arin. El encierro se celebraba a las 7 de la mañana y las corridas a las 4,30 de la tarde.
Parece que nuestros actuales munícipes han puesto de moda, ahora, el laicismo en las fiestas de San Fermin y en otras celebraciones de marcado origen religioso. Sin embargo su comportamiento no llega, ni de lejos, al comportamiento de los concejales republicanos en el año 1932 y  años posteriores. En 1932, siendo alcalde el médico y político republicano Nicasio Garbayo, tras la marcha de Mariano Ansó a las Cortes Generales, el Ayuntamiento suprimió del programa de fiestas cualquier acto religioso: Vísperas, Procesión u Octava, no obstante buena parte de los pamploneses seguían acudiendo a un riau-riau de carácter espontáneo, acompañados por La Pamplonesa y asistiendo a las misas en honor a San Fermín el día 7 y el 14, de julio, oficios religiosos que se pudieron realizar ese año gracias a una colecta popular, colecta que se llevaría a cabo también en años posteriores. Por cierto, parece ser que el Riau-Riau, tal y como lo hemos conocido a lo largo del siglo XX, pues las Vísperas son mucho más antiguas, -datan del siglo XV-, tuvo su origen el 6 de julio de 1911 cuando un grupo de pamploneses, encabezados por Ignacio Baleztena, decidieron, de manera improvisada, acompañar, en el acto de la marcha de la Corporación  a las Visperas, el final de cada estrofa de “La Alegría de San Fermín”, -el conocido vals de Miguel Astrain-, con esa expresión con la que finalizaban algunas canciones festivas en la montaña navarra, una expresión que causó, entonces, el enfado de algunos circunspectos ciudadanos y la hilaridad de los más. Parece que carece de rigor histórico esa teoría que alude al deseo de un grupo de carlistas, entre los que se encontraba Baleztena, de bloquear o ralentizar el paso de la corporación liberal de la época a su paso por la calle Mayor, ya que ni todos los amigos de la cuadrilla de Baleztena eran carlistas ni toda la corporación de aquellos años era liberal. Las organizaciones tradicionalistas promovieron  en los sanfermines de 1932 campañas de solidaridad con los presos carlistas de la ciudad que se encontraban en la cárcel de Pamplona, entre ellos el conocido Jaime del Burgo Torres. Y es que el 17 de abril de ese año se había producido un enfrentamiento entre carlistas y socialistas con el resultado de 3 muertos: 2 ugetistas y 1 jaimista. Hubo una huelga general al término de la cual hubo un ataque a Casa Baleztena. Días más tarde se detuvo a un grupo carlista armado y entre las personas a las que la autoridad republicana había inculpado figuraba, al parecer, el citado Jaime del Burgo, que fue absuelto posteriormente por falta de pruebas.

 

En 1933 acudía a las fiestas el embajador de Estados Unidos, Claude Bowers. Comenzaba a ser cada vez más frecuente la presencia de extranjeros, dada la enorme popularidad que había cosechado la novela de Hemingway, publicada en 1926. En el ámbito político, las elecciones de noviembre del 33 habían dado el triunfo a las derechas, surgiendo en la ciudad los primeros grupos de Falange Española que contribuyeron a incrementar el clima de violencia en la ciudad y en la provincia.  A los sanfermines acudían compañías de teatro,  como la Compañía de Revistas del Teatro Maravillas, que actuó en el Gayarre o la compañía del Teatro Lara, que debutó en el Olimpia y en el que también actuaría, al final de las fiestas,   el tenor aragonés Miguel Fleta. La Feria de Ganado se celebró en 1933 en la Magdalena, luego se trasladaría a una zona cercana al puente de San Pedro, en la zona de Errotazar más próxima al Molino de Alzugaray, y los días 12 y 13 de julio se instaló una tómbola en los jardines de la Taconera a beneficio de la Casa de Misericordia. Las barracas, salvo el año 1924, que se instalaron enfrente de la plaza de toros,  se colocaban en los terrenos del antiguo Ensanche, en la calle Padre Moret, -lo hicieron, desde 1900 a 1944-, en los terrenos donde luego se construiría el estadio Mola. Constaban del tradicional circo, casetas de tiro, carruseles, tobogan, caballitos, aparatos de fuerza y puestos y casetas de caramelos, refrescos, churrerías, quincalla, etc. En la plaza de Recoletas, se instalaban las tradicionales casetas de venta de ajos así como puestos de  vasijería o cacharrería.
En 1935, el Gobierno Civil multaba a la Diputación y al Ayuntamiento por exhibir símbolos religiosos, dado que estas instituciones contaban con una mayoría política  confesional y hacían gala de ello. Se produjeron roces entre el Ayuntamiento conservador, presidido por el carlista Tomas Mata y algunas peñas y cuadrillas, por negarles la subvención a algunas de ellas, al considerar el consistorio que estas hacían alarde de indumentarias y comportamientos inadecuados. La Veleta no salió varios días protestando por la política municipal, en este sentido. Por contra se hizo muy presente la actividad en la calle de la peña Muthiko Alaiak, fundada por Ignacio Baleztena en 1934, donde abundaba el componente carlista, que acompañó los principales actos religiosos de las fiestas. La división política llegaba, pues,  al ámbito festivo. Como curiosidad, el día 14 se celebraba una corrida extraordinaria organizada por la Cámara de Comercio con toros de Pérez Tabernero. Entre las principales actividades festivas destacaban, además de las barracas en el antiguo Ensanche, los fuegos artificiales en la plaza del Castillo, los  Gigantes y Cabezudos por las calles, la salida de las peñas, la feria de ganado, las verbenas del Larraina, y otro tipo de eventos como las cucañas en la plaza del Castillo o proyecciones de cine al aire libre  en la plaza del Vinculo. Era tradicional encontrarse en las calles o plazas con el famoso vendedor y charlatán León Salvador que acudía a Pamplona todos los Sanfermines.

En 1936, se había incrementado la agitación social y política en la ciudad, ya patente a lo largo de 1934 y 1935, con abundancia de conflictos laborales de contenido reivindicativo y mejora de las condiciones laborales. Hasta los portadores de los gigantes y cabezudos amenazaban con no salir, ese año,  si no se producía un aumento de sueldo, aunque finalmente el conflicto no fue  a mayores. El día 6 de julio el silencio de las campanas de las parroquias de Pamplona, que habían permanecido mudas  los últimos años, en la hora del chupinazo,  fue roto por un atronador repiqueteo que desafiaba el laicismo oficial imperante. Ese año se celebró la primera exposición de pancartas de las peñas en la Oficina de Turismo que había en el Paseo de Sarasate. Y hablando de turismo, en 1936 se hablaba de que habían entrado a la ciudad más de 4.000 vehículos y 270 autobuses. Cinco días después del final de las fiestas, Pamplona se convertía en protagonista activo del golpe militar contra la República y el orden constituyente. La ciudad se quedaría sin sus fiestas patronales durante los dos años siguientes: 1937 y 1938.

Los sanfermines de 1939 estuvieron imbuidos por el clima eufórico del bando vencedor, en una ciudad, en una comunidad que nunca fue frente de batalla pero en la que se sintió, como en otros lugares de la zona nacional, las represalias sobre la gente de izquierdas, especialmente en los primeros días y semanas de la guerra, con más de 3.000 asesinados, más de 300 de ellos en Pamplona. A los sanfermines de ese año se acercaron militares de alta graduación e importantes cargos del Régimen, entre ellos varios ministros y otras personalidades. Seguía siendo alcalde de Pamplona el que lo fue en los años anteriores a la guerra, desde 1934, el carlista  Tomas Mata. Este fue el primer año que un concejal del Ayuntamiento, en este caso Joaquín Ilundain prendió el cohete que anunciaba las fiestas en la plaza del Castillo. Nacía oficialmente el chupinazo.  Hasta entonces, desde 1901, se lanzaban cohetes por parte de empleados de la empresa pirotécnica desde la plaza del Castillo pero el acto no tenía un valor especial  como tal. Fue en 1931 cuando un conocido republicano llamado Juan Echepare Aramendia, que tenía un estanco en la calle Mayor,  se encargó de encender la mecha del primer cohete. Lo hizo hasta los sanfermines de  1936. Echepare sería asesinado poco después, en los primeros días del golpe militar. A partir de 1941, el chupinazo se tiraría desde el balcón del Ayuntamiento. Este año fue famoso también por el suceso acaecido en el encierro del día 8 de julio cuando un toro de  Arturo Sánchez Cobaleda, de nombre “Liebrero” rompió el vallado, cerca del callejón de los toros provocando el pánico tal y como recogí en la entrada “Imagenes del Ayer. Estampas sanfermineras. Imagenes del encierro: 1914-1949” y en donde resultó herida la señora Doña Clara Herrera que estaba acompañada de su tres hijos. El toro fue abatido por el guardia civil Cipriano Huarte. A partir del año siguiente se puso un doble vallado en el recorrido del Encierro para evitar circunstancias como la comentada.
Fotografías: Las fotografías recogen el ambiente de los sanfermines entre los años 1931 y 1939 y pertenecen todas ellas al Fondo de Fotografías Marín de la Kutxateca. Su autor es en todos los casos el fotógrafo Pascual Marin: CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marin. Pascual Marin. Fotografías por orden de aparición: 1.-Salida de mozos de la plaza de toros (1932). 2.-Fotografía de un encierro sanferminero a la altura de la plaza Consistorial del año 1932.  3.-Público en la terraza del Cafe Kutz de la plaza del Castillo (1932). 4.-Procesión de San Fermin. Iglesia de San Lorenzo (1930). 5.-Jovenes y niños en la plaza del Castillo (1932). 6.-Entrada de las peñas a la plaza de Toros (1931). 7.-Comida sanferminera en el Restaurante Iruña (C/Mercaderes, 7) (1935). 8.-La comparsa a la salida de la Iglesia de San Lorenzo. Notese la presencia del componente músico-militar (1939). 9.-Dianas Sanfermineras en la plaza del Ayuntamiento (1932). 10.-Mozos dando cumplida cuenta de un almuerzo sanferminero en plena calle (1939). 11.-Ambiente sanferminero de una mañana en la calle Calceteros (1939).12. La plaza del Ayuntamiento. Ambiente festivo (1939).13. Paso de los Gigantes por la calle San Saturnino (1939). 

Imagenes del ayer. Selección: El Casco Antiguo (1954-1960)

Recupero una sección fotográfica con unos originales de altura. Nada menos que una cuidada selección de fotos de la fotógrafa de origen austriaco Inge Morath y del artista de la imagen fotográfica, Ramon Massats que nos acercan a las fiestas y las calles del Casco Antiguo en un período que podríamos acotar entre  1954 y 1960. Las primeras son de Inge Morath,  de los sanfermines del año 1954; las segundas, -el corte lo marca la preciosa fotografía en color de Morath-, son del fotógrafo Ramón Massats, datadas en los  sanfermines de 1957 a 1960. Las fotografías hablan por sí solas. Retratan una época, una Pamplona que los que tenemos cincuenta y pico años no conocimos, una ciudad dispuesta a sacudirse aquel carácter provinciano  que le había caracterizado durante buena parte de la primera mitad del siglo, una ciudad que empezaría estos años a ver crecer sus barrios y su población, que se industrializaría a marchas forzadas, con el Plan de Promoción Industrial, a fines de los 50 y principios de los 60 y que entraba, poco a poco, en los inicios de la modernidad y de una relativa mejora económica y un muy incipiente consumismo.
 

Aun quedaban en 1954 muchísimos retazos de aquella vieja ciudad en la que te cruzabas cada dos por tres con una monja o un militar, como en la primera foto de esta entrada y como ya hemos visto en este blog, con el paisano trasladando un ternero al hombro, en la esquina de Ortega, al principio de la calle Mayor, pero donde también te encontrabas con otro paisanaje lleno de autenticidad y sabor,  pues por ejemplo no era inusual ver a algún “aldeano” acarreando  su carrico, con su fresco producto cárnico, parado en mitad de la calle, como vemos en la segunda fotografía, concretamente en las escalerillas que bajan de la plaza del Castillo a San Nicolás, enfrente de la sastrería y camisería Palomeque (sí donde hoy está el Dom Lluis),  o  vendedores ambulantes como el que vemos en la tercera fotografía, -creo que es la calle San Saturnino-, con la Casa Hualde al fondo, que suscita la atención de un nutrido grupo de estudiantes de algún colegio religioso. En la última fotografía podemos disfrutar de una animada calle Mañueta, gente subiendo y bajando imaginamos que al Mercado de Santo Domingo con los comercios Droguería Ardanaz y El Triunfo, de la calle Mercaderes, al fondo.


Las dos primeras fotografías de esta segunda fila de fotos son, también,  de Inge Morath, la primera retrata el ambiente callejero nocturno sanferminero en el cruce de San Nicolás con Pozoblanco y Comedias. Volvemos a ver la sastrería Palomeque, de Martin Palomeque. De hecho la familia que abrió el Dom Lluis, fueron comerciantes antes que hosteleros y llegaron a tener también otra tienda textil en la calle Comedias, Marpa (abreviatura de Martin Palomeque). La segunda fotografía nos sitúa, en una luminosa mañana sanferminera, en la trasera del ayuntamiento, junto al Mercado, mirando hacia la antigua Bajada de Carnicerías, donde podemos ver como ya se han derribado algunos edificios, con el fin de construir poco tiempo después la nueva plaza de los Burgos. De nuevo el carrico, esta vez cargado de gallinas prestas a ser vendidas en la “Plaza”, como decía mi madre, plaza o mercado viejo, cuyo interior y ambiente, -así era el Mercado hasta 1986, sus columnas de hierro, aquellas luces colgando-, podemos ver en la foto de Ramón Massats. Acabamos esta pequeña selección fotográfica con dos fotos de ambiente sanferminero de este mismo autor catalán, la primera de la calle Chapitela, con la farmacia Boza y la ferretería Campion al fondo, la segunda de la chiquillería corriendo ante los cabezudos en plena calle Mayor, se divisa a la izquierda el letrero de la tintorería Coyné que descubrimos al hablar de los comercios de la calle Mayor. En los próximos meses abriré nuevas secciones en el blog e introduciré algunas mejoras. Espero que les guste.


Fotos: las cinco primeras fotografías son de Inge Morath y pertenecen a su libro  “Guerra a la tristeza” de 1955, nunca editado en nuestro país. En 1997, Lola Garrido editó con aquellas mismas fotografías de Inge, el libro “San Fermin. Años 50”, hoy agotado. El Ayuntamiento compró en esos años, entre 1997 y 1999, los 88 originales fotográficos de la fotógrafa estadounidense de aquellos sanfermines de 1954, un tesoro gráfico de incalculable valor que ha sido objeto de alguna exposición hace algunos años en el Palacio del Condestable. Las tres últimas fotos son de Ramon Massats y pertenecen a su libro Sanfermines. Pamplona 1957-1960.

Imagenes del ayer: Estampas sanfermineras de unos turistas americanos en los años 60

Recupero una vieja sección fotográfica, la de Imagenes del Ayer. En esta ocasión rescato casi una treintena de fotografías de unos turistas americanos a su paso por   el viejo  Pamplona y los Sanfermines de mediados de los años 60. Sus fotos nos dan mucha más información de lo que puede parecer en un principio. Las primeras fotografías están tomadas desde el Hotel de los Tres Reyes, establecimiento en el que probablemente se alojase nuestros desconocidos turistas. En ellas y en una secuencia de cuatro fotografías, con una visión consecutiva casi panorámica, podemos ver en el primero, desde la Rochapea al norte, en una luminosa y despejada amanecida, con el monte San Cristobal al fondo y la iglesia de San Lorenzo en primer término  y un poco más allá la plaza de Recoletas; en la segunda,  la parte central del Casco con el convento de las Salesas y el Palacio del Marqués de Vesolla en primer término y junto a ella la vieja casa donde vivió el escritor Pio Baroja, de niño,  y un poco más allá el gran edificio de las Escuelas de San Francisco, y a su derecha los arboles ubicados en las traseras del antiguo colegio de Teresianas; en la tercera el edificio del antiguo consulado italiano de la calle Taconera, la calle Ciudadela, y parte de Navas de Tolosa, Sarasate y el Ensanche para finalizar con la cuarta fotografía donde podemos contemplar la calle Navas de Tolosa en todo su esplendor y a la derecha algunas de las casas del primer ensanche. De esta primera tanda de fotos algunas cosas han cambiado: la plaza de Recoletas donde, entonces se podía aparcar, el Rincón de la Aduana con el monumento a la Inmaculada en el centro, las casas viejas derribadas al principio de la calle Nueva, entre ellas la ya citada casa donde vivió Baroja, el frontal del hotel de los Tres Reyes con la rotonda de Navas de Tolosa inexistente entonces y algunos edificios del primer Ensanche, como alguno situado en la calle General Chinchilla, concretamente el inmueble de Cervezas Cruz Azul y El Aguila que sería derribado para instalar allí en 1981, la Jefatura Superior de Policía.

                

En esta segunda tanda de fotografías tomadas desde el edificio en cuyos bajos se encuentra actualmente Óptica Joaquín Alforja y Gutierrez podemos ver diferentes instantáneas del encierro, antes y tras el paso de los toros, en la plaza del Ayuntamiento y enfilando la calle Mercaderes. En la primera, se percibe la poca luz ambiental existente, justo en esa hora en que la noche deja paso al amanecer, con el recorrido repleto de público, en la segunda vemos a los corredores, sin toros  a la vista, pocos segundos antes de que llegue la manada, en esta se percibe con claridad el mural turístico que decoraba la medianera de la entonces todavía existente vieja Casa Seminario; en la tercera se ve la manada corriendo ordenada con un recorrido bastante despejado y en la cuarta y última vemos la manada a su paso por Mercaderes justo enfrente de los antiguos Almacenes Unzu desaparecidos hace casi una década que ya para entonces, incluso algunos años antes, ocupaban cuatro edificios consecutivos de la calle, a partir  del local inicial con el que comenzaron a finales del siglo XIX.

              

En esta tercera tanda de fotografías, vemos diferentes momentos de la fiesta, los gigantes en la zona del Rincón de la Aduana y principio de la calle Nueva, un grupo de improvisados acordeonistas a su paso por la calle Zapatería cerca del Palacio del Conde de Guendulain, tres de los cuatro turistas que presumiblemente componían nuestro grupo de turistas (formado por dos matrimonios o parejas) en la plaza de Recoletas, junto a las casetas de los ajos, una tarde en las terrazas de la plaza del Castillo, un partido de pelota en el Labrit, un grupo de turistas americanos en Casa Marceliano y sendas fotos de  animados bailes nocturnos que no he conseguido ubicar. En la primera unos jóvenes parece que bailan alguna danza vasca al son del txistu y el tamboril y por lo menos, en el extremo izquierdo de la foto se ve alguna chica. En la segunda fotografía aparece un nutrido grupo de muchachos, bailando aparentemente con la música de alguna de aquellas canciones pop de la década, pero  las chicas brillan por su ausencia lo que llama poderosamente la atención,  si  comparamos estas instantáneas de mediados de los 60 con unos pocos años más tarde donde las mujeres comenzaron a participar del mismo modo y con la misma intensidad que los hombres de la fiesta.

            

              

En esta cuarta tanda de fotos contemplamos diferentes imagenes de la ciudad, en la primera foto, vemos la plaza Príncipe de Viana, con algunos pocos automóviles de aquella época, entonces no había problema de trafico, al final de Conde Oliveto podemos divisar los cuarteles militares cerrando lo que luego a partir de 1971 sería el inicio de la avenida del Ejército y también al final de Conde Oliveto pero a la izquierda se puede vislumbrar la estación del Plazaola-Irati, aproximadamente una década después de su cierre; en la segunda foto vemos  la plaza del General Mola, con el edificio del Gobierno Civil a la izquierda y la casa de las Hiedras, a la derecha, ese edificio que, como hemos visto en otra entrada del blog, se demolería con dinamita en el año 1974. La tercera foto corresponde a la ronda del Obispo Barbazan, con parte del conjunto catedralicio a la vista, el palacio arzobispal al fondo, tomada desde la zona del baluarte del Redin o un lugar muy cercano al menos y la cuarta foto al baluarte bajo de Guadalupe, al fondo los barrios de Rochapea y Chantrea. En este lugar hubo en los años 70 un pequeño zoo, similar al de la Taconera, con algunos ciervos y jabalíes. En la quinta fotografía se puede ver a uno de los turistas fotografiado junto a la reina de color, un guardia urbana tras ellos, enfrente del Rincón de la Aduana, en la sexta se ve a tres de ellos paseando por la plaza del Castillo en dirección a Estafeta, en la septima observamos a un guardia regulando el tráfico en la confluencia de la Avenida de Franco con la calle Olite, justo donde está ubicada la iglesia de San Francisco Javier. Y en la octava, la  fotografía que cierra la entrada ofrece una panorámica de Navas de Tolosa, muy cerca del Monumento a Navarro Villoslada que estaba situado entonces en el jardincillo situado frente al Hotel Tres Reyes, por la calle vemos circulando una pequeña muestra de los coches de aquella época: un jeep Land Rover, un Seat 850, un Seat 1500, un Seat 600, etc.

           

        

Imagenes del Ayer. Estampas sanfermineras. Imagenes del encierro: 1914-1950

Tal y como prometí en la anterior publicación, en las siguientes entradas traigo una serie de fotos y postales del encierro, alguna de ellas poco conocida,  que con la ayuda de mi buen amigo Javier Manero, experto conocedor del encierro y los sanfermines he podido datar. Además de su valor como  reflejo de los sanfermines de antaño, esta selección de fotografías  me servirá además para hacer comentarios sobre algunos cambios en las calles, en los comercios, en las indumentarias de los corredores, en definitiva para captar el cambio de nuestra ciudad en las últimas décadas que es el constante y principal objetivo de este blog. En las siguientes fotos veremos instantáneas de los diferentes tramos de la carrera, desde los corrales de Santo Domingo a la plaza de Toros. Como aspectos interesantes a destacar cabe señalar que desde finales del siglo XIX se tira un cohete para indicar que los toros ya están en la calle, que, según afirman Javier Manero y Fermín Erbiti, en su libro “Encierros en blanco y negro”, el 10 de julio de 1958, un mozo de la Peña “Los del Bronce” cantó, por primera vez, el “A San Fermín Pedimos” y que años más tarde, como señalo en la entrada dedicada a la calle Santo Domingo,  concretamente desde 1962 se canta esa estrofa ante una imagen del santo, en un ventanal del Hospital Militar, imagen que casi veinte años más tarde, en 1981,  tendría su acomodo en una hornacina construida en el muro situado frente al Hospital Militar.La postal más antigua que les presento y que encabeza la entrada es del último tramo de la Estafeta, concretamente del 8 de julio de 1914, en vísperas de la primera guerra mundial. Incluso lleva, como se puede ver,  un franqueo de 10 céntimos, con un sello del rey Alfonso XIII. Se ve al fondo a la izquierda la casa de la Estafeta que sobresale, donde luego, en los años 50, se abriría el Bar Fitero. Los toros giran, en esta época, en vez de hacia la derecha, hacia la izquierda, para enfilar por la entonces calle de Espoz y Mina, que desde 1936 se llamaría Duque de Ahumada. Llama la atención los escasos corredores, la manada bien compacta y agrupada y el hombre, situado a la derecha de la foto, que mira  con cierta prevención a los toros, junto a un portal. También bastante antigua, de finales de la década de los 10 (1918 o 1919), es la foto del tramo final hacia la plaza de toros antigua que se derribó en 1922, con las casas de Espoz y Mina, a la derecha y que es la segunda foto que encabeza la entrada. De 1920 o 1921 es la primera foto de la calle Mercaderes que les presento junto a este párrafo, todavía no se había instalado el Banesto que ha permanecido en el lugar hasta hace pocos meses. En su lugar parece que había una Imprenta-Librería-Papelería con el nombre de José Aramburu (imagino que se trataría de la Editorial Aramburu), vendía material escolar y en el rótulo aparecía también el nombre de A.Gorricho. Bajo esta fotografía, en el siguiente párrafo, descubrimos otra foto bastante conocida de un encierro en el que corrían los toros de Miura, era el 10 de julio de 1922. A la derecha de la foto, en un primer piso, reza el rótulo Agencia de negocios “Euskaria”.

Posteriormente, para 1925, fecha de la postal que vemos a la derecha del párrafo anterior,  ya estaba la oficina del Banesto en el lugar de la imprenta-librería Aramburu. Los escasos corredores que aparecen en estas fotografías llevaban una indumentaria un tanto heterogénea: txapelas, alguna blusa de carnicero,  traje y  corbata, nada que ver con lo que ocurriría muchas décadas más tarde, con los corredores mayoritariamente vestidos de pamplonica. Las siguientes fotos que completan estos primeros años 20 corresponden, en primer lugar, al tramo medio de la Cuesta de Santo Domingo, cerca de la plaza de Santiago, con mucha gente viendo el encierro desde los balcones y también, al fondo, en la subida al Museo y escasos corredores en la calle y a una enorme distancia de la manada; la zona cercana a la plaza de toros entre los años 1922 y 1925, -nótese el hueco dejado por la antigua plaza de toros en cuyo solar se construiría, luego,  el futuro Teatro Gayarre-, los corredores que vemos en esta foto tienen una  apariencia bastante rural y parecen bastante “talluditos”; la curva de la Estafeta, tomada desde la propia calle, con la  farmacia  de estilo modernista de los hermanos Ondarra, luego Blasco, al fondo, y el corredor trajeado que no  sabe donde meterse ante la cercanía de los toros y por último los corrales de Santo Domingo, con el cuerpo de guardia al lado, que se salvó del derribo, tras la demolición del Portal de la Rochapea y que es el único que se conserva todavía, al fondo se observan algunas viejos caserones junto a la calle Errotazar, en la Rochapea.


Las siguientes fotografías son todas de los años 30. En primer lugar, a derecha e izquierda de este párrafo, podemos ver sendas fotografías de Galle de la plaza consistorial, con todos los edificios que cerraban la plaza por el lado de la calle Nueva intactos, como se puede comprobar en la foto de la izquierda, y en la que un grupo de corredores, algunos perfectamente trajeados (una indumentaria nada aconsejable para correr el encierro) enfilan, hacia la calle Mercaderes; En la segunda foto (la de la derecha) de 1930-36, aparece un corredor caído en el suelo, tras el paso de un morlaco mientras otro aparece desde la cuesta de Santo Domingo.

 

A la derecha del párrafo tenemos una foto de Ruperez de antes de la guerra del último tramo de Estafeta, donde descubrimos un cafetín que anunciaba desayunos en lo que luego sería el Bar Fitero. Seguimos viendo escasos corredores, vestidos mayoritariamente de calle. Unos días antes de estallar la guerra civil, el día 12 de julio, se corrían en Pamplona toros de Antonio Pérez de San Fernando. A este encierro corresponde la hermosa fotografía de los toros  apareciendo desde la cuesta Santo Domingo a la plaza Consistorial, con dos toros resbalando y cayéndose y uno de ellos haciendo amago de empitonar a un mozo, mientras otros intentan subir,  como pueden,  por las fachadas de los edificios de ese lado de la plaza, para huir de los astados. Esta foto de Ruperez  dió la vuelta al mundo al aparecer en la revista americana “Life”. Los toros entraban hasta 1931  en la plaza consistorial y se perdían un tanto ante la amplitud del lugar, tras la estrechez del último tramo, de ahí que a partir de ese año  se empieza a colocar otro vallado transversal para cortar la plaza y encaminar a toros y corredores hacia la calle Mercaderes.

El 8 de julio de 1939 corrían toros de Sánchez Cobaleda, cuando al final del callejón un toro de nombre “Liebrero” fue citado por un espectador, a la altura del callejón, de forma que el toro arremetió contra el vallado, rompiéndolo y salió fuera del recorrido, tras lo cual persiguió y empitonó al público, entre el que se encontraba una señora con sus tres hijos, Doña Clara Herrera que fue corneada, pasando más de un mes en el hospital. Las fotos que adjunto reflejan el momento en que la res supera el vallado y la segunda bastante conocida, por otra parte, refleja el terror, el pánico que debieron pasar aquellos conciudadanos y conciudadanas nuestras que huían despavoridos cerca de las taquillas de la plaza, ante la embestida del animal. El toro acabó, finalmente, abatido por disparos de la guardia civil. A partir de ese año se decidió colocar un doble vallado a lo largo del Recorrido.
Acompaña a este párrafo, en la foto de la derecha una toma de un encierro de la década de los 30 a su paso por la calle Mercaderes. En ese lado de la calle vemos un establecimiento que por otras fotos que veremos en próximas entregas durará  décadas: “Almacenes Azcarate” y junto a él una confitería, sin ningún otro dato que permita identificarla. En la siguiente foto, de la década de los 40, vemos una calle Mercaderes, mucho más llena de corredores que en décadas anteriores. Contrastan especialmente estas imagenes de los años 40 con la escasez de corredores de los años 20. Comienzan, además, a verse cada vez más corredores vestidos de blanco y rojo tal y como lo hicieran, por primera vez, los integrantes de la Peña La Veleta, a comienzos de la década de los 30, aunque por lo que se puede ver también continúan corriendo corredores con americana. La calle bulle, por otra parte, de renovada actividad comercial, como se puede comprobar al comparar las instantáneas de esta calle en diferentes épocas.

El 7 de julio de 1945 se producía un montón en la plaza de toros que refleja la foto adjunta de la derecha, no fue ni el primero, ni el último montón, el último importante fue tan solo hace dos años, afortunadamente sin consecuencias mortales. De finales de los 40 es la foto de toros y mozos por la plaza del Ayuntamiento con la fachada de la casa consistorial engalanada con unos reposteros de gala. Para esta época ya se habían derribado, como se puede ver, los dos edificios que estrechaban la salida de la plaza hacia la calle Nueva, uno se tiró en 1941 y el otro en 1946. Tan sólo quedaría en pie la Casa Seminario que se derribaría 30 años más tarde. Por último la foto que cierra esta entrada esta datada entre los años 1945 y 1949 y nos ofrece una bonita panorámica de los toros subiendo el último y estrecho tramo de la Cuesta de Santo Domingo, entre la fachada del viejo edificio del Ayuntamiento y la citada Casa Seminario. La Casa Consistorial se renovaría por completo, salvo su fachada principal, en 1952-53.

 

Imagenes del Ayer: Estampas sanfermineras de los años 60



Inicio una serie de artículos sobre los sanfermines de otros tiempos. En esta primera entrada ofrezco unas pocas instantáneas de diversos momentos de la fiesta: chupinazo, riau-riau, procesión, peñas, fuegos, etc. En las siguientes entradas ofreceré un breve repaso, a través de las diferentes décadas, del acto más importante de las fiestas, que, para mí, actos religiosos aparte, es el encierro de los toros, el hecho, por otra parte, por el que esta ciudad se hizo, un día, internacionalmente famosa. Empiezo este reportaje fotográfico con  la foto del chupinazo que vemos en la postal que encabeza la entrada, (de Ediciones Dominguez), y que corresponde  al 6 de julio de 1966. Llama la atención la presencia de militares y policía armada en la plaza, con la banda de música municipal presta, tras el chupinazo, a interpretar una pieza. 
También, de ese mismo año, es la foto de una peña en la plaza del castillo. En la pancarta aparece perfectamente claro el año: 1963 y lo que parece que pudiera ser una suave critica municipal (los tiempos no estaban para demasiadas licencias ni reivindicaciones políticas) por lo que se puede entrever del dibujo de la pancarta. He incluido también, sirva como imagen comparativa, una foto de una peña en la misma plaza del Castillo, una década antes (la foto es probablemente de los años 50). También de ese mismo año, 1963,  es la postal de los fuegos artificiales en la plaza del Castillo. Como ya dije en la entrada correspondiente, hasta 1967, los fuegos se disparaban desde la plaza del Castillo, a las diez y media de la noche en vez de las once como ahora, como atestigua esta fotografía. En la foto podemos ver que se disparaban en el cuadrante situado entre el kiosko de la música, la avenida Carlos III y el palacio de Diputación.


Las siguientes fotografías, del Riau-Riau y la procesión no son de 1963 sino de seis años más tarde, concretamente de 1969. En la primera de ellas, en la foto de la derecha, vemos el Riau-Riau a su paso por una calle San Saturnino atestada de gente, con la Pamplonesa en medio de la muchedumbre. Parece y es una simple anécdota sobre el original que ha llegado a mis manos que una mano infantil se hubiese entretenido pintando algunas de las cabezas que aparecen en primer termino pero la foto sigue siendo tremendamente útil pues nos da abundante información sobre la época. En la parte izquierda de la foto podemos ver la antigua Casa Seminario sin derribar. Se demolería en 1976. Al fondo de la foto se divisa una tienda de géneros de punto que debe ser la de las Hermanas Oronoz y junto a ella otro local y la antigua farmacia Alcalde. En la parte derecha de la foto se divisa parte de la relojería Zaragueta, que estuvo abierta hasta los primeros años de este siglo. De una sirga en la calle cuelgan las banderas que colgaban tradicionalmente en esos años del franquismo, en las calles, en San Fermín, la de Navarra, España y Pamplona.

Las otras fotografías, las fotos de la izquierda (de Ediciones Dominguez) nos ofrecen sendas instantáneas de la procesión: la foto superior izquierda muestra al Santo llevado a andas desde la iglesia de San Lorenzo para encaminarse por el Rincón de la Aduana hasta la calle Taconera y San Antón e iniciar el recorrido de la procesión. La foto inferior izquierda es concretamente del día 7 de julio de 1969, con el Santo a su paso por la calle Mayor, superado el Palacio de Ezpeleta, y encaminándose de regreso hacia su capilla en la iglesia de San Lorenzo. Desde luego parece por ambas fotografías, en principio, un acto menos multitudinario y más despejado que la procesión de nuestros días. Compárese, sin embargo, con una foto de la procesión de San Fermín, por ese mismo punto, la calle Mayor,  de muchas décadas atrás, exactamente de las primeras décadas del pasado siglo XX. Las diferencias entre ambas fotografías son notables, como se puede comprobar.

Fotos: en los casos que ha sido posible referenciada en la entrada.

Los Sanfermines del Viejo Pamplona: la Tómbola de Cáritas (1945-2015)

Forma parte de esa escenografía presanferminera desde hace nada menos que 70 años. Es antes del montaje del vallado del encierro el primer aviso de que ya falta menos. Pues bien esta parte de las fiestas también tiene su historia. Fue el 6 de julio de 1945 cuando el Secretariado de Caridad (que luego se llamaría Caritas Diocesana) organizó la primera tómbola, que fue inaugurada por el alcalde Daniel Nagore y otras autoridades tras la celebración del acto de las Vísperas de ese año. Bendijo la tómbola el vicario general de la diócesis, Luis Idoy Dominguez de Vidaurreta. Los boletos contenían premios directos, especiales, diarios y sorteos. Entre las personas que atendían la Tómbola  en aquellos primeros años, había muchas mujeres de Acción Católica que, portando cestas, vendían los boletos a lo largo del Paseo de Sarasate, tal y como vemos en la foto de 1948 que encabeza la entrada. El boleto costaba, entonces, 1 peseta y los regalos eran aportaciones altruistas  de comerciantes y particulares. Hoy el boleto cuesta 0,80 euros (132,80 pts) y todo lo que se entrega por la Tómbola está comprado a diferentes proveedores. El boleto especial que daba derecho a entrar en el sorteo del gran premio costaba un duro. En aquel primer año, 1945, fue un coche Citroen, con matrícula de San Sebastián. En sus primeras décadas se llegaron a sortear magníficos pisos, hoy impensables tras la desastrosa burbuja inmobiliaria que sufrimos en los últimos años. En 1946 se sorteó, por primera vez, un piso de 136 m2, en la avenida de Zaragoza. En 1948, no fue un piso, sino nada menos que un chalé en el paseo de la Media Luna. En 1962 los premios más importantes fueron media docena de Seat 600. Veinte años más tarde, en 1985 lo serían la media docena viajes a Canarias y los cuatro Peugeot 205 que se sortearon. 
Al principio había muchos más premios de sorteo. Con el paso de los años se introdujeron muchos más premios directos porque la gente quiere llevarse siempre algo, aunque sea una simple caja de galletas o una bolsa de caramelos.  Además de coches y pisos se han sorteado viajes, motos, cuberterías, baterías de cocina, televisores y un sinfín de premios. Los boletos también han cambiado a lo largo de estos años: desde los sobres pequeñitos con el número en su interior pasando por los triángulos grapados que muchos recordamos hace bastantes años o los boletos tal y como los conocemos hoy en día desde hace más de 20 años. La primera recaudación, en 1945 fue de 380.932 pesetas, el año pasado de 1,6 millones de euros, traducido a pesetas, 265 millones de pesetas, eso si con ese dinero se pagan también los gastos: las compras de regalos, boletos, etc. Este año se han impreso 2,2 millones de boletos (200.000 más que el año pasado) distribuidos en 330.000 premios directos, 550.000 de reuna y 1,3 millones de sorteos. El número de boletos ha disminuido con el paso de los años: entre 1985 y 1997 se llegaron a vender entre 3 y 5 millones de boletos. El resto de fotografías de la entrada están datadas en 1953, la 2ª y en 1976 las dos últimas.

Fotos: Archivo de Cáritas

Ilustres personajes que vivieron los Sanfermines del viejo Pamplona (1950-2010)

Terminadas las fiestas de San Fermin, me he acercado a la exposición que hay estos días en el palacio del Condestable, del fotógrafo alicantino, Francisco Cano, “Canito”, donde se recogen algunas  instantáneas de estrellas de Hollywood y los toros, así como fotos de algunos famosos a su paso por Pamplona. Me ha parecido interesante hacer un recorrido desde los años 50 hasta el filo del nuevo siglo y repasar que personajes de fama internacional han visitado la ciudad a lo largo de  este más de medio siglo durante nuestras fiestas, espero no dejarme ninguno. Si hay un nombre destacable por encima de todos que promueve el conocimiento internacional de nuestra ciudad y nuestras fiestas es el del premio nobel americano Ernest Hemingway. Vino por primera vez a Pamplona, a las fiestas, el 6 de julio de 1923 y lo volvería a hacer en otras ocho  ocasiones: de 1924  a 1927, en 1929, 1931, 1953 y 1959. La primera foto de esta entrada, con Hemingway en la plaza del Castillo, rodeado de paisanos y amigos es precisamente de este año, 1959, obra de Julio Ubiña para Paris Match. En 1956 y con el Premio Nobel en su poder (1954) estuvo unas horas en Pamplona, concretamente el 21 de septiembre y en el restaurante “Las Pocholas” en compañía de unos amigos de la capital. Cuatro días antes del comienzo de las fiestas de 1961, se pegaría un tiro con su escopeta en su casa de Ketchum (Idaho). La ciudad le tributaría un merecido homenaje con la inauguración el 6 de julio de 1968 de un monumento en su memoria en el paseo que lleva su nombre, junto a la plaza de toros. En 1984 visitaría las fiestas su nieta, la actriz Margaux Hemingway que tras una corta carrera cinematográfica seguiría la tradición familiar, el 1 de julio de 1996 se suicidaba ingiriendo  altas dosis de tranquilizantes.
Se dice en un blog del hotel La Perla que en el año 1956 vinieron a Pamplona Ava Gardner, Errol Flynn y Tyrone Power a rodar la película “Fiesta”, dirigida por Henry King basada en la novela homónima de Hemingway, sin embargo fuentes bien informadas señalan con rotundidad que ninguno de los citados actores recaló aquí. Lo cierto es que ese año sí que vino a los sanfermines un equipo de la Fox formado por unas 30 personas, dirigidas por Charles Clarke teóricamente para hacer un documental sobre los sanfermines aunque en realidad buscaron localizaciones y material de rodaje para la citada película, rodaje que no permitió el régimen imperante en aquellos años en España. Según otras fuentes el motivo de no rodar íntegramente la película aquí era otra: fue la propia Twenty Century Fox la que desistió de rodar en Pamplona por los altísimos costes que suponía rodar una película en el extranjero. Al margen de los breves insertos rodados en Pamplona, la película se rodó en Paris (unas pocas imagenes) y sobre todo en diferentes localizaciones de Mexico, concretamente de la ciudad de Morelia, además de en los estudios de Hollywood. En la fotografía adjunta vemos un fotograma de la película, con el elenco al completo.

Aunque no he encontrado ninguna foto de Ava Gardner en los Sanfermines ni ninguna información fehaciente sobre su estancia en nuestra ciudad, cabría pensar que en esos años en que la diva vivió de forma estable en España (1955-1967), o incluso antes (conoció España en 1951, con motivo del rodaje de “Pandora y el holandes errante”) se hubiese desplazado hasta nuestra ciudad tanto por su afición a los toros, su temperamento extremadamente vital y hedonista, su amistad con algunos  toreros como el diestro Luis Miguel Dominguin, (el diestro toreó en Pamplona en el año 1952 ) así como como por su conocida amistad con “papa” Hemingway, como familiarmente le llamaba, tan enamorado y proselitista de nuestras fiestas (varias de sus novelas se llevaron al cine, con Ava de protagonista y la actriz pertenecía a su circulo  de amistades: sabemos que Ava  recaló en más de una ocasión en la finca “La Vigía” que el premio nobel tenía en Cuba). En las fotos que acompaño aparecen, en la foto de la izquierda, Hemingway, de espaldas, y frente a el Luis Miguel Dominguin y Ava Gardner. En la foto de la derecha la Gardner con Hemingway y su mujer, ambas fotos sin filiar y sin datar, aunque cabe pensar que sean del año 1953 o 54.

En 1954 tres personajes recalaron en los sanfermines, el hijo del entonces hombre más rico del mundo, Sadruddin Han, hijo del Aga Khan, el actor Anthony Quinn y el actor y director Orson Welles. Welles al que vemos, en la foto adjunta, con un gran puro habano contemplando una corrida en la plaza de toros de Pamplona visitaría nuestras fiestas al menos en otras dos ocasiones, en 1961 y en 1966. En 1961 aprovecharía las fiestas para rodar algunas escenas de su Quijote junto al actor Akim Tamiroff. Ese mismo año, visitaría también nuestras fiestas la actriz Deborah Kerr junto a su marido Peter Vertel quienes volverían a  repetir visita a Pamplona en 1965. En 1962 sería Charlton Heston el que se acercaría  a nuestras fiestas, aprovechando el rodaje de la película “El Cid”  dirigida por Anthony Mann y producida por Samuel Bronston en España. Heston hizo lo mismo que otros famosos visitantes: ver el encierro, acudir a alguna corrida (en la foto de abajo, de Canito, le vemos saludando al diestro Paco Camino en la plaza de toros), incluso fue recibido en el Ayuntamiento. En 1963 nos visitó uno de los productores más conocidos de la edad de oro de Hollywood, el gran Darryl F. Zanuck, fundador de la Twenty Century Fox. Zanuck repitiría la visita el año siguiente acompañado de la actriz Irina Demick, protagonista femenina de “El día más largo”, enorme superproducción que narra el desembarco de Normandía. También ese año acudió a las fiestas el director de cine, Nicholas Ray, director de películas como “Jonny Guitar”, “Rebelde sin causa”, “Amarga victoria”, “Rey de Reyes” o “55 días en Pekín”.
En 1966 se rodaba en Pamplona, “Carnaval de ladrones” (cuyo cartel promocional original incluyo en este artículo) con Stephen Boyd (el Massala de “Ben Hur”) de protagonista, con una trama de cine negro sobre el fondo de las fiestas. Boyd corrió de verdad delante de los toros junto a otros miembros del equipo en la que algunos consideran una de las mejores películas sanfermineras. Nueve años más tarde, en 1975, se rodaría en Pamplona la película española “La trastienda” con el primer desnudo integral femenino del cine español a cargo de María José Cantudo y en el que se recogió el trágico encierro del 9 de julio, al que aludo en otra entrada de este blog. En 1990, vino  a nuestra ciudad el hijo de Charlton Heston, Fraser Heston como director de segunda unidad de la película “Cowboys de Ciudad”, una comedia de Billy Cristal en la que apenas aparecen unas imagenes de nuestras fiestas al principio de la película y que la verdad es como para olvidar. Dos años más tarde, en 1992, el director de color Spike Lee (director de “Malcom X”, “Fiebre Salvaje” o “Haz lo que debas”) rodaba durante las fiestas un anuncio para Levis.

Ya en este siglo, Hollywood volvería a rodar en Pamplona durante las fiestas. Concretamente, en el año 2003 se rodaría la película “Americano” del director Kevin Noland, protagonizada por el actor Joshua Jackson (famoso, sobre todo, por sus papeles protagonistas en series de televisión como “Dawson crece” o “Fringe” y que vemos en la foto adjunta) y que fue acompañado en el elenco por actores como Leonor Varela (Blade) y en papeles secundarios por estrellas de la talla de Dennis Hooper o Faye Dunaway. A diferencia de la película de Henry King “Fiesta”, esta película se rodó, en vivo,  durante las fiestas de San Fermín de 2003 y Jackson tuvo, incluso, los arrestos de correr delante de los astados en el encierro (y sin especialistas que le doblasen).
Pero no solo Hollywood fue atraída por las fiestas. Varios premios nobeles de literatura visitaron nuestra ciudad a  lo largo de las últimas décadas. En 1968 recalaba en los Sanfermines el escritor guatemalteco Miguel Angel Asturias que definía el encierro como “un relámpago de cornamentas que define la vida y la muerte”. Otros famosos escritores que visitarían Pamplona serían el peruano Alfredo Bryce Echenique, el dramaturgo norteamericano Arthur Miller acompañado de su mujer, la fotógrafa Inge Morath que fotografió magistralmente los sanfermines de 1954 y que en 1987 vinieron acompañados por el nobel antillano Derek Walcott, y en el año 2005 vendría a Pamplona el  nobel  Mario Vargas Llosa ( en la foto de la izquierda, degustando unos churros con chocolate).
No fueron ajenos a la atracción de las fiestas artistas nacionales como Marisol (1963) o Sara Montiel (1964) o muchos cantantes nacionales e internacionales, la mayoría de los cuales eran invitados a actuar en las galas sanfermineras de los diferentes Clubs Deportivos de la ciudad: Adamo (1969), Albano, Rafael, Julio Iglesias y Rita Pavone (1973), la entonces famosa Pippi Calzaslargas (Inger Nilsson) que cuando acudió a Pamplona en 1975 ya no era la niña coletuda y desgarbada que veíamos en la televisión,  así como otros muchos más artistas de todo tipo  y condición en años sucesivos.
El mundo de la política y los negocios norteamericanos no ha sido ajeno tampoco a la atracción de los sanfermines: así hay constancia  de las visitas de Edward Kennedy en 1962 (según foto privada de Carmentxu Ocariz publicada hace escasas fechas en un periódico local y que se adjunta) y de Caroline Kennedy (hija de John F. Kennedy) en 1972.  Se rumorea que hasta el ex-presidente Clinton se dejo caer en sus años jóvenes por los sanfermines, tal y como sucediera con otros muchos jóvenes americanos y cuyas experiencias tan bien describe el escritor James A Michener en “The drifters”, traducida al castellano como “Hijos de Torremolinos”. El magnate de la industria del automovil Henry Ford II, nieto del fundador de la compañía acudió a Pamplona en 1987, procedente de Houston  en su avión privado, nada menos que un Boeing 727.
Por último cabe recordar que hace apenas tres años, en el año 2010, la superproducción india “Solo se vive una vez”, convirtió en improvisado plato el recorrido del encierro. La película protagonizada por todas unas megaestrellas en su país, totalmente desconocidas para nosotros, fue todo un éxito en su país con más de 70 millones de espectadores.

Act: En los sanfermines del año 2014 ha visitado los sanfermines el actor norteamericano Charliee Sheen que llegó acompañado de su novia y se hospedó en el Hotel La Perla.

Fotos: Hemingway en los Sanfermines (1959) de Julio Ubiña para Paris Match, Charlton Heston saludando a Paco Camino (1962) de Francisco Cano, (más conocido como Canito) y Ted Kennedy (1962) de Carmentxu Ocariz.

Los Sanfermines del viejo Pamplona: gigantes, música, fuegos y otros actos (1965-1985)

Otra de las imagenes que con más fuerza asocio a las fiestas desde la niñez o especialmente en la niñez eran los gigantes y cabezudos, aquellos gigantes tan altos, tan señoriales, algunos tan pintorescos como los reyes asiáticos o africanos y como no acordarme de los cabezudos, o más apropiadamente de los llamdos kilikis tan rematadamente feos algunos como Caravinagre o Verrugón, dando vergazos a diestro y siniestro tanto a niños como no tan chicos. ¡Qué miedo nos daban en aquellos tempranos años infantiles, sin embargo eran una parte esencial de la fiesta. Recuerdo el baile de los gigantes al son del tambor y de la gaita y con que gracia y armonía los bailaban en aquellas azules y calurosas mañanas de julio por Mercaderes, Mayor o la Plaza Consistorial. Y cuando recuerdo, en estos momentos, a los gigantes y cabezudos no puedo, por menos, que acordarme también de aquella celebre poesía de Fiacro Iraizoz que escuché recitar a Don Goyo hace un montón de años en los micrófonos de Radio Requeté de Pamplona y que tenía por título “Los gigantes de Pamplona”. Iraizoz nació en marzo de 1860 en Pamplona, si bien solo vivió en nuestra ciudad los primeros años de su vida, trasladándose pronto a Madrid donde destacó como autor teatral. La poesía que no estaba exenta de cierta crítica política y social, bastante llamativa para la época, comenzaba así: ¿Oyes las notas vibrantes de esa gaita tan chillona?. Pues espera unos instantes, que vas a ver los gigantes…, los gigantes de Pamplona. Y hablaba de reyes y de vanas apariencias humanas, entre otras cosas. Parecer ser que en 1962 los Gigantes de Pamplona atravesaron “el charco” y desfilaron por la Quinta Avenida de Nueva York en un desfile de la Hispanidad.

Otro de los momentos que recuerdo, grato recuerdo, este en diferentes etapas de mi vida,  tanto de niño como de joven era el de la salida de las peñas. De muy chico con los padres, bailando detrás de las pancartas y la música, por diferentes calles de la ciudad y a medida que nos hicimos mayores solos, con los amigos,   yendo ya a su encuentro a la salida de la plaza de Toros. ¡Qué bonitos recuerdos, aquellas salidas de las Peñas, comienzo de tardes anochecidas y de noches sin fin!. Quisiera el destino que una discusión en la cuadrilla que formábamos en aquel tiempo, cuando tenía 14 años, nos librase de llegar a tiempo a la salida de las peñas y de entrar por el callejón de la plaza de toros con los txikis, como hacíamos todos los días, aquel día 8 de julio de 1978, fecha de infausta memoria para todos los pamploneses.

Los fuegos artificiales, uno de los últimos espectáculos festivos que veíamos de niños antes de bajar a casa, no se siempre se dispararon en Sanfermines desde la Ciudadela. Hasta el año 1967 y desde tiempos inmemoriales  se disparaban desde la plaza del Castillo. Se celebraban a las diez y media de la noche en vez de a las once. Ese año, 1967, también se lanzaron fuegos desde el Fortín de San Bartolome en la Media Luna, en el baluarte de Labrit y en el revellín de san Roque en la Taconera. El día 14, teóricamente el último día de las fiestas, teóricamente, porque ese año hubo 2 días más de fiesta, se lanzaron simultaneamente cohetes desde el baluarte del Labrit y el baluarte de San Bartolome. En el año 1970, al menos durante algún día de las fiestas los cohetes se lanzaron desde el barrio de San Juan y desde 1973 y hasta el día de hoy se lanzan desde el baluarte de Santa María en la Ciudadela, solo que ahora orientados hacia Yanguas y Miranda. Junto a los cohetes, había otros espectáculos pirotécnicos en los sanfermines como los toros de fuego, los recuerdo siempre en la calle Mercaderes, enfilando hacia la Estafeta, la traca de cohetes del Pobre de mi, desde la plaza de los Burgos, y como no el chupinazo que abría las fiestas aunque este lógicamente lo empezamos a vivir en vivo y en directo cuando ya eramos más mayores.
Y es que hasta los 14 o 15 años no vivímos a tope los sanfermines desde el primer día,  desde el momento del Chupinazo. Como mucho ibamos a las barracas por la tarde, bajábamos a cenar a casa y a eso de las 10, subíamos a la verbena de la plaza del Castillo donde nos quedábamos hasta las 3 de la madrugada y poco más. Probablemente fueron los del año 78 los primeros sanfermines en que vivímos, desde dentro, el Chupinazo. Recuerdo que fue en 1979 cuando se comenzó a utilizar por primera vez el euskera en el viva que da comienzo a las fiestas. Algunos piensan que todos los actos de los sanfermines son tradicionales cuando en la mayoría de los casos la tradición no tiene más de unas pocas décadas. Cantar al santo antes de la carrera del encierro que parecería un gesto atávico se remonta nada menos que al año 1962. El mismo acto del chupinazo como acto institucionalizado data tan solo del año 1941. De los chupinazos de aquellos años recuerdo especialmente el de 1982. En aquel año hacía tanto calor que se derretía hasta el asfalto. Creo que llegamos a los 41 o 42 grados de calor. Entonces en el chupinazo se echaba bastante agua desde los balcones, y entre la mocina como mucho vino o cava barato a las chicas pero estábamos muy lejos del desparrame de huevos, harina y colacao en el que degeneraría este acto algunos años después. No hizo falto echar agua en el chupinazo del 76, pues según me cuenta mi hermano ese año llovió bastante durante este concurrido acto. En aquellos años no existía la tradición de ir al chupinazo sin el pañuelo para anudarselo después del cohete. Esta tradición es relativamente reciente, probablemente sea a finales de los años 80 cuando se empieza a popularizar esa costumbre de agitar los pañuelos al cielo y ponerselo después del chupinazo. Algunas costumbres de dudoso gusto como el tirarse desde la fuente de Navarrería son también bastante recientes, data igualmente de mediados de los 80, al igual que el llamado encierro de la villavesa.
Del Pobre de mí curiosamente tengo más recuerdos de niño que de mayor ya que a ciertas edades y después de tantas jornadas de despendole, pocas reservas quedaban para ese triste día. Tengo un vago recuerdo  de encontrarme entre la zona de Mercaderes y plaza Consistorial y desde allí sentía como se mezclaban la cantinela de la canción con el olor de las velas quemándose y la  oscuridad que oscilaba al vaivén de las velas, para terminar sintiendo el olor de la traca de cohetes que se quemaba en la cercana plaza de los burgos para acabar el acto y todo ello bañado en una tristeza nostálgica porque todo había llegado  a su fin. Entre 1968 y 1974 el Pobre de Mí se celebraba a las 9 de la noche. Entre 1975 y 1979, a las 10 y solo desde 1980 se celebra a las 12 de la noche. Antes de 1980 incluso acudían las Peñas con pancartas y charangas. En aquellos años, la fiesta seguía incluso después del Pobre de mí con las verbenas de plaza del Castillo y Antoniutti. Luego el Pobre de mí se convertiría en el último acto festivo y a mediados o finales de los 80 nacería la tradición de quitarse el pañuelo y dejarlo colgado junto a la iglesia de San Lorenzo. Otro acto de gran importancia, desgraciadamente desaparecido, y que cumpliría el año que viene su siglo de existencia era el del Riau-Riau en el que apenas pude participar media docena de veces. Tenía su encanto y su razón de ser: hacer la puñeta por un día a la la corporación alargando todo lo posible su llegada a la Misa de Vísperas. Desgraciadamente y a pesar de vanos intentos y algunos sucedáneos no ha podido continuar.
De las verbenas que empezamos a frecuentar en nuestra adolescencia y juventud recuerdo con especial cariño la tradicional de la plaza del Castillo, que solía acabar a las 3 de la madrugada y luego la de Antoniutti con sus dos escenarios que finalizaba en torno a las 5, cercana la hora de la amanecida. No estaban urbanizados, como jardines o parque  todavía en aquellos primeros 80 ni la Vuelta del Castillo ni otros parajes próximos situados a ambos lados de Antoniutti. Otros ambientes nocturnos que frecuentábamos en los finales de los años 70 y primeros 80 eran los de las barracas políticas (comenzaron en 1979)  pues tenían precios de bocatas y bebidas muy populares. Estas barracas conocieron diferentes emplazamientos (Taconera, en las inmediaciones de Antoniutti, etc). También y en aquellos años recorrimos las diferentes zonas festivas del Casco, cada una con su particular ambiente  como las sedes de las peñas en la calle Jarauta, la zona de la Navarrería o los bares de San Gregorio y San Nicolás, la noche del Estruendo (nació en los sanfermines de 1961, de manera informal por parte de un grupo de amigos entre los que estaba Javier Echarte), los conciertos en la plaza de los fueros, etc. Y es que en aquel entonces, cada edad y cada sanfermín  se vivía de una manera diferente en función de las circunstancias personales que vivías en  cada momento. 

Los Sanfermines del viejo Pamplona: el encierro (1965-1985)

La llegada de los sanfermines era en nuestra infancia todo un gran acontecimiento. Algo especial sucedía o estaba a punto de suceder. Como un rito que inevitablemente se repitiera, unas semanas antes de las fiestas , se colocaba el vallado del encierro en el Recorrido y la tómbola de Caritas en el Paseo de Sarasate. La calle olía y se veía diferente. La gente inquieta llenaba las calles de lo viejo comprando para las fiestas, ya fuese indumentaria para las fiestas o comida para esos días tan especiales. El cielo parecía más azul que de costumbre y el calor apretaba en esos primeros días de julio. La ciudad se preparaba  para las fiestas. Subíamos por la cuesta de Santo Domingo, sobre la que hollarían las pezuñas de los toros  días más tarde en el silencioso y nocturno encierrillo desde los Corrales del Gas, hasta los corralillos de Santo Domingo. Allí comenzaba cada mañana, a las 7 de la mañana (hasta 1974), el Encierro, el acto más importante de las fiestas. Hasta 1924 el encierro empezaba a las 6 (acuerdense de aquel canto que decia: “levantate pamplonica, levantate y da un brinco, levanta que son las 5 y el encierro es  a las 6”), luego empezó a las 7 y desde 1974 a las 8. Por cierto el vestido de pamplonica (camisa y pantalón blanco con faja y pañuelo rojo) fue popularizada por la peña La Veleta en el año 1931, y su uso se generalizó entre la población en la década de los 60.

Si había un acto especial, diferente, numinoso, mágico, iniciatico en las fiestas ese algo era el encierro. No tengo un recuerdo temprano de este evento sanferminero. Se que mis padres solían levantarse temprano para ver la llegada del encierro a la plaza pero el primer recuerdo que tengo es de una fecha tan tardia como julio de 1975. Aun estaban muy lejos las retransmisiones televisivas que empezarían, creo en 1981 u 82. Solíamos levantarnos muy temprano, a eso de las 5 y aun era de noche cuando subíamos con una vecina y sus hijos de nuestra misma edad desde nuestra casa en la Rochapea hasta la plaza de Toros. Recuerdo que llegabamos temprano para coger un buen sitio y aun soñolientos escuchabamos al Maestro Bravo animarnos, ¡Venga que estáis dormidos!. Su banda  amenizó durante muchos años, por lo menos hasta 1981, aquellos amaneceres sanfermineros de la plaza de toros.  

El 9 de julio de 1975 yo estaba allí, en la parte derecha de los tendidos, entrando por el callejón. Fue un día trágico. Aquel día se formó un terrible montón, como consecuencia del cual hubo un muerto, Gregorio Gorriz y decenas de heridos (casi 100), un buen número de ellos por asta de toro. Pero no habían pasado ni dos años cuando fui testigo y esta vez mucho más cerca, pues estaba justo al lado del callejón, de otro trágico montón que provocaría igualmente un muerto por aplastamiento y decenas de heridos. La visión tan cercana de aquellos dos trágicos encierros me dejaron una profunda huella. Tras el montón de 1975  se construyeron en el callejón las famosas gateras que salvarían en años posteriores la vida de más de un corredor. Aquellos años fueron años de muchos fallecidos en el encierro y de records: a los muertos de 1975 y 1977 habría que añadir otro en 1974 y 2 más en 1980, en un sólo encierro, el del 13 de julio. En cuanto a  records, el más corto, de apenas un minuto y cincuenta segundos, el 7 de julio de 1975, el más largo, de 16 minutos, el 12 de julio de 1976.  La plaza de toros se había ampliado algunos años atrás, en  1967, pasando de tener un aforo de 12.500 localidades a uno de 19.500. En 1979 se iniciaría un acto de corta existencia, la de los encierros txikis ya que desaparecerían de las fiestas en el año 1988. Se corría despues del encierro grande desde el final de la bajada de Javier hasta la plaza de toros.