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Plazas y calles de ayer y de hoy: la Avenida Marcelo Celayeta (1895-2005)

Repasamos en esta ocasión la evolución histórica de esta famosa avenida, principal eje del barrio de la Rochapea durante buena parte del siglo XX, a través de sus fotografías más representativas, al tiempo que vemos la evolución del barrio. En una de las fotos más antiguas que tenemos sobre el lugar, una foto de Julio Altadill de 1895, y que aparece junto al siguiente párrafo,  podemos ver lo que debió ser la avenida a finales de siglo XIX, tan solo un camino, el llamado Camino y luego Carretera a Villava, flanqueado por una larga hilera de arboles, al igual que vemos casi en paralelo el camino de los Enamorados. Por cierto acabo de ver hace unos días una de las fotos más antiguas que se conservan, del año 1860, tomada desde los corrales de Santo Domingo y en el que se puede ver parte de la vieja Rochapea. Tal y como nos recuerdan algunos historiadores locales la instalación de la estación del Norte en Pamplona, allá por el año 1860, provocó que junto a la tradicional actividad fábril de la histórica calle Errotazar surgiera un nucleo de actividad en torno a la Estación, sobre todo, al norte con la Tejería Mecánica y al sur con la azucarera de Carlos Eugui y otras industrias, de forma que esa Rochapea naciente de primeros del siglo XX empezó a crecer en torno al nucleo de Cuatro Vientos y de la Estación en convivencia con la vieja Rochapea más cercana al Arga. Ambas zonas, la de Errotazar y la de Cuatro vientos estaban comunicadas por otro eje fabril y poblacional importante como era la calle Joaquín Beunza. 
Las ortofotos de 1929 que he consultado y unas pocas fotografías de 1916 y  los años 20 nos permiten reconstruir como era la avenida de Marcelo Celayeta entonces. En los años 20, además de la iglesia del Salvador y de las cercanas escuelas del Ave María podíamos contemplar un nucleo de casas en el cruce de Cuatro Vientos, junto a él, la vieja calle de las Provincias, la calleja de casas junto a las escuelas del Ave María, enfrente, al otro lado de la avenida, algunas viejas construcciones de una sola planta, y algunos caserones sueltos tanto a un lado como a otro de la avenida ( casa de la Marichu, las Bodegas de Pacharan Baines, etc), luego las casas de la carbonilla, la vaquería de Larrayoz. En tiempos, la carretera estaba flanqueada por grandes arboles que irían desapareciendo a medida que el camino se convertía en avenida y se fue urbanizando con nuevas construcciones. Las fotos que encabezan la entrada muestran la iglesia del Salvador recien contruida (la foto de la izquierda, es de Aquilino Garcia Dean, data de 1916 y se conserva en el Archivo Municipal de Pamplona), con una calle, la carretera  a Villava, semiescondida entre arboles y postes de luz. Esa casa de piedra, que se observa un poco más adelante de la iglesia, se derribó a finales del siglo XX, tal vez un poco antes de la ola de derribos de 1996. La siguiente foto, de los años 20, que reproduje en la página de Facebook está tomada desde la torre de la iglesia y permite atisbar una inusual perspectiva de la carretera a Villava, el Paseo de los Enamorados y la calle Joaquín Beunza.

Entre las primeras construcciones, poco tiempo después  de la guerra, debieron estar algunos bloques de  las casas de Oscoz (hay un bloque interno bastante antiguo, que data de 1915 y  está hoy fuera de ordenación); en 1951 se inauguró junto a ellas el cine Amaya; un año antes, en 1950 se abría un poco más hacia atrás, hacia Cuatro Vientos, la clínica del Padre Menni; en 1959 se terminaban de construir los nuevos nuevos bloques del Ave Maria alineados con el viejo ramal del Irati que salía de la Estación del Empalme hacia la avenida Guipuzcoa y la Estación del Norte; en esos años también se construyeron las casas de la primera y segunda fase de la Cooperativa de Viviendas El Salvador (hubo una tercera fase más tardía de construcción de viviendas, en aquella zona, ya en los años 70, creo que no eran de la Cooperativa, cerca de las piscinas de la UDC Rochapea). La Avenida recibe el actual nombre de Marcelo Celayeta, por acuerdo de pleno,  desde el año 1951. Las fotos que acompañan este párrafo son del cruce de Bernardino Tirapu y Celayeta (el famoso cruce del Porrón) mirando hacia Pamplona, con las casas de la 1ª fase del Salvador a la derecha y el Colegio de la Compasión al fondo, a la izquierda de la foto. La segunda del mismo lugar (y de Manolo Hernández, está tomada desde Bernardino Tirapu pero en dirección opuesta hacia las casas de la Carbonilla y el viejo camino del Plazaola, en un frio día de invierno).

En la zona del Porrón estaban, desde los años 30, las escuelas y el barrio de la Carbonilla, y un poco más adelante la vaquería de Larrayoz. Luego algunas casas unifamiliares dispersas, algún viejo bloque de viviendas y naves con talleres, aproximadamente desde los años 50. Sería a finales de esta década y principios de los años 60 cuando el barrio empezó a dejar de ser un nucleo eminentemente rural, con una población y edificación dispersa a convertirse en el abigarrado barrio obrero-industrial que conocimos los que nacimos en el lugar. Matesa se construyó a finales de los 50, el nuevo colegio del Cardenal Ilundain lo hizo en 1964, fruto del desarrollo del barrio aquellos años, La mayor parte de los edificios de la Avenida Marcelo Celayeta se construyeron, insisto, a finales de los 50 y primeros años 60. A finales de los 60 y primeros 70 se derribarían algunas de aquellas viejas construcciones más cercanas al tramo de Cuatro Vientos (que vemos en la fotografía adjunta de Arazuri, de 1967, cómparese con la foto moderna adjunta en donde solo se mantiene, como única referencia, la nave de la iglesia de la clínica de las Hermanas Hospitalarias) y algunas, en otras, en diferentes tramos de la avenida (sobre todo en los años 70 y  cerca del Cardenal Ilundain y de las casas del Bar Karpy) y en 1996 se produce la gran transformación de la avenida, desapareciendo buena parte de las construcciones más antiguas de aquellos primeros núcleos de la avenida de primeros de siglo, víctimas del progreso y la renovación urbanística y que vemos en las siguientes fotos (alguna foto de antes de los derribos, de los años 80 y primeros 90 (Casa Parroquial, cruce de Cuatro Vientos (foto de Manolo Hernández)) y otras de después, ya en pleno proceso de derribo y que ya han sido publicadas en diferentes entradas de este blog).

Conflictividad social y politica en la Rochapea de los años 70 (1970-1980)

La Rochapea, barrio emblemático de la ciudad de Pamplona, el primer enclave extramuros, el barrio, después del centro histórico, con más antigüedad e historia, fue protagonista importante de los avatares políticos y sociales de nuestra comunidad en  los últimos años del franquismo y los primeros años de la transición. Como señalo en alguna entrada, ya desde finales del siglo XIX y primeros años  del XX en el barrio comienzan a instalarse empresas y talleres, cuyo crecimiento se convertirá en exponencial desde mediados del pasado siglo. La instalación del la estación del ferrocarril será un elemento fundamental en el proceso de industrialización del barrio. Junto con la instalación de decenas de industrias se construirán miles de viviendas para los nuevos trabajadores, -procedentes del resto de Navarra y otras partes de España-, en una abigarrada y anárquica disposición sobre y en torno al meandro del Arga y teniendo a la avenida de Marcelo Celayeta como eje central del barrio. A los rochapeanos de toda la vida, vinculados a las huertas y los antiguos talleres artesanales,  se unía esta nueva y mayoritaria vecindad que daba una clara fisonomía obrera al barrio. No es extraño por lo tanto que algunas de las primeras huelgas y manifestaciones de reivindicación laboral o social y políticas de la ciudad de Pamplona tuvieran su escenario en las calles de este barrio. La iglesia del Salvador, el cruce de Cuatro Vientos o el Porrón son lugares indisolublemente vinculados a los conflictos sociales y políticos que se desarrollaron en Pamplona a  lo largo de la década de los 70. 

Los primeros conflictos laborales que recuerdo tuvieron algún tipo de muestra de solidaridad en el barrio, con manifestaciones e intervención de las entonces llamadas FOP (Fuerzas del Orden Público), fueron los de Industrias Esteban y Chalmeta. Corría el año 1970. Tenía apenas siete años. Era la vez que veía algo parecido: un numeroso grupo de obreros que desfilaba por Marcelo Celayeta, desde Cuatro Vientos al Porrón, de repente unos gritos  surgían de la multitud y al poco tiempo un grupo igualmente numeroso de policías, que marchaba por detrás, la Policía Armada, los “grises”, tal y como se les llamaba entonces, comenzaban a perseguir y a golpear con sus porras a la muchedumbre. Eran tiempos en las que los “grises” iban en sus  land-rovers grises con los cristales protegidos con una especie de rejillas. De vez en cuando se veía algún autobús con más efectivos policiales y  más tarde veríamos las famosas camionetas o “lecheras” que se pueden observar en la foto que encabeza la entrada, al fondo, tras los policías recorriendo Marcelo Celayeta con el quitanieves retirando las barricadas de la avenida, a la altura de Matesa. Nuestra inicial y natural curiosidad infantil, por la manifestación que por primera vez habíamos visto en nuestra vida, se tornaba en un miedo atroz por la presencia y la actuación de la policía, que nos empujaba a meternos rápidamente en un portal, el primero que encontrásemos, y correr como alma que lleva el diablo hasta el 4º piso. Aun estábamos lejos de entender el alcance y verdadero significado de lo que veíamos, pero aprenderíamos pronto y rápido, vaya si aprenderíamos.


En el año siguiente, 1971,  fueron célebres los conflictos laborales de Imenasa y Eaton, con huelgas de un mes y dos meses respectivamente, tras ellos vendrían los conflictos de Potasas y El Pamplonica, con duraciones algo más cortas. 1972 se inició con el conflicto de A.P Ibérica que duró 26 días y más tarde le tocaría el turno a Torfinasa, del grupo Huarte. Tras 48 días de huelga, los trabajadores de esta empresa se encerraron en la iglesia del Salvador, encierro que finalizó tras el secuestro de Felipe Huarte y la aceptación de sus reivindicaciones laborales. Hubo huelgas importantes también en Motor Ibérica, Imenasa (por solidaridad), Authi y Super Ser. Eran muy frecuentes, en aquellos años, aparte de las huelgas por motivos laborales, las huelgas por solidaridad con otras empresas, hasta el punto de que en los últimos años del franquismo estas superaron en número a las primeras.  1973 será  el  año más importante desde el punto de vista de la conflictividad social del tardofranquismo  por conocer la primera huelga general, el primer caso de todo el Estado,  de huelga general desde la guerra civil. Se produjo entre el 14 y el 22 de junio de 1973  y tuvo su origen en el conflicto laboral de Motor Ibérica. La huelga de esta fábrica comenzó el 8 de mayo y se inició por la negativa de la empresa a anular los expedientes y sanciones iniciados contra los trabajadores que habían hecho huelga algunos días antes. Posteriormente la empresa intentó llevarse piezas y maquinaria de la fábrica a otras factorías, lo que dio lugar a una corriente de solidaridad entre las principales industrias de la ciudad, con paros parciales, cortes de tráfico,  manifestaciones, en las que se lanzaron balas de goma y gases lacrimógenos, concretamente el día 8 de junio en Landaben.

El día 12 de junio, ante la salida de 14 camiones con máquinas y piezas, los trabajadores temieron por el desmantelamiento de la fábrica y decidieron encerrarse en la Iglesia del Salvador. Nuevamente la iglesia de nuestro barrio se convertía en el epicentro de la movilización obrera. La policía rodeó la iglesia, cortó la luz y el agua e impidió que les llegase comida o bebida. En la noche del día 13, los trabajadores hicieron un llamamiento a la solidaridad del resto de trabajadores que fue respondido al día siguiente,  día 14, con paros inmediatos, primero en Super Ser y Eaton y de ahí al resto de fábricas. La huelga se extendió como un reguero de pólvora. Los trabajadores de Super Ser pararon a sus compañeros más cercanos, los de Papelera Navarra y de ahi todos juntos fueron al polígono de Landaben donde ya habían cerrado Eaton, Torfinasa y Esteban. Cuatro mil trabajadores se dirigieron entonces a la Authi que consiguieron se sumase a la huelga. Miles de trabajadores fueron luego a Bendibérica, en la Avenida de Guipúzcoa, que también paró, y de ahí acudieron a Perfil en Frío y a Frenos Iruña que también secundaron la huelga y se sumaron a los huelguistas. Aun recuerdo ver desde mi ventana, el paso de miles de trabajadores en una interminable hilera desfilando por la parte trasera de Perfil en Frío y atravesar las vías del tren en dirección a los polígonos industriales de Artica y Ansoain. Posteriormente y a lo largo del día se cortó la avenida Villava y otros puntos de la capital, fundamentalmente de su cinturón obrero (Cuatro Vientos, Marcelo Celayeta, Avenida de San Jorge, etc) con barricadas y fuertes choques con la policía que utilizó abundante material antidisturbios.

A lo largo del día se fueron sumando más empresas a los paros: Potasas, Inquinasa y un sinfín, las más importantes de la comunidad  hasta el punto de que ese día se sumaron a la huelga más de 20.000 trabajadores. La huelga se extendió a otros sectores: comercio, servicios y al resto de Navarra durante la jornada siguiente alcanzándose los 40.000 trabajadores en paro. Los trabajadores de Motor Ibérica abandonaron su encierro en la iglesia del Salvador el día 15 de junio entre encendidas  muestras de apoyo y solidaridad de los vecinos del barrio, imagen que también conservo en mi retina. La huelga se extendió hasta el día 22 con una tensión creciente y cierres masivos que afectaron ya a todos los sectores ciudadanos. Hasta el arzobispo Jose Mendez Asensio llamó a la concordia y  a la justicia social en una homilía  en la que reconoció la ineficacia de los cauces legales. Llegaron “banderas” de refuerzos de la policía armada desde otros emplazamientos (fundamentalmente de Logroño y Zaragoza), controlando totalmente la ciudad, los polígonos, las fábricas, obligando a abrir los comercios. El día 16 los trabajadores de Navarra hicieron una llamamiento de solidaridad a los trabajadores del resto del Estado. Navarra se convertía, así,  en un problema de primer orden para el régimen franquista. Los empresarios, a través del Consejo de Empresarios, hicieron una propuesta conciliadora para la vuelta al trabajo. Tras varias rondas de negociaciones se llegó a un acuerdo finalizando la huelga el día 23.


La conflictividad se extendió, los meses siguientes a otros sectores: agricultores (pimiento), leche (Copeleche), pan (en 1974),  etc. Al margen de la huelga general citada los conflictos más importantes se produjeron este año, 1973,  en Torfinasa, Micromecanic, Potasas; Papelera Navarra, Onena. A finales de diciembre hubo una jornada de lucha y un paro los días 12 y 20 de diciembre con desigual respuesta. En 1974 se produjeron conflictos laborales en decenas de empresas entre las que destaca por su extensión Authi (un mes) o  Villanueva (que duró más de 3 meses). Más de 1.500 trabajadores de una docena de empresas importantes habían sido suspendidos de empleo y sueldo a finales de 1974, mientras en Potasas  tras dos meses de huelga, el día 7 de enero decidieron encerrarse en la mina, donde permanecieron hasta el día 21. Al finalizar 1974, se celebró otra jornada de lucha el 11 de diciembre, con 18.000 trabajadores en paro y una huelga general el 15 de enero de 1975, esta  en solidaridad con Potasas en la que participaron cerca de 20.000 trabajadores de las principales empresas de Pamplona. La conflictividad social ya creciente en 1974 fue en aumento durante el año 1975.  En los años 1973-74, Navarra ocupaba uno de los primeros puestos de España en conflictividad laboral, junto con Madrid, Barcelona, Vizcaya y Guipúzcoa.


Con el paso del tiempo, las huelgas adquirieron, al margen de su carácter laboral, cada vez más un carácter político de lucha contra el régimen franquista o como forma de protesta ante muertes producidas por la policía  en los primeros años de la Transición. Así se realizaron jornadas de lucha con motivo de los últimos fusilamientos del franquismo (en septiembre de 1975) o con motivo de  muertes producidas en los convulsos años de la transición, como los cinco  obreros muertos por disparos de la policía al salir de la iglesia de San Francisco de Asis, en el barrio vitoriano obrero de Zaramaga (el 3 marzo de 1976), o el joven pamplonés, José Luis Cano,  muerto por disparos de la policía en la semana pro-amnistía, en la calle Calderería (en mayo de 1977, a los que se refieren dos de las fotografías de la entrada), o la  ecologista, Gladys del Estal muerta en Tudela, igualmente por disparos de la Guardia Civil (en junio de 1979, cuyos incidentes quedan reflejados en la 1ª foto de la entrada), etc.

Recuerdo con nitidez, como en mayo de 1977 estaba yo en 8º de EGB en el Cardenal Ilundain y nos mandaron  a casa. Era imposible volver por la avenida de Marcelo Celayeta pues estaba llena de barricadas y eran frecuentes los choques entre manifestantes y policías y tuvimos que volver, corriendo por los campos cercanos al monte San Cristobal y los polígonos de Ansoain y Artica, entre disparos de fuego real de la Guardia Civil, mientras nuestras madres corrían nerviosas y presurosas al viejo camino del Plazaola para salvaguardar a sus retoños. Aquel fue uno de los conflictos más tensos y violentos que recuerdo. Tal fue el grado de enfrentamiento  que aquellos días se realizó en el barrio   un amplio  operativo policial denominado Operación Arga,  con centenares de efectivos policiales, uniformados y de paisano, procedentes de  destacamentos de otras provincias para sofocar los disturbios. Imagenes similares se volvieron a vivir en junio de 1979, con la muerte de una joven ecologista en Tudela,  en 1979, de forma que  la avenida de Marcelo Celayeta y otras muchas calles del barrio aparecieron nuevamente sembradas de barricadas, en esta ocasión,  la huelga me pilló terminando 2º de BUP en Irubide. Sirvan las fotos de aquellos años de Marcelo Celayeta, datada el 6 de junio de 1979 y la zona del Porrón, tomadas desde diferentes angulos en mayo de 1977 o de Cuatro Vientos (esta última, de Manolo Hernandez) de años posteriores,  publicadas, todas ellas en la revista Ezkaba hace más de una década, amen de alguna otra meramente ilustrativa de los lugares que se citan,  como una pequeña muestra de la Rochapea  que vivimos en  los años 70 del pasado siglo.

La Avenida de Marcelo Celayeta (1976-1996)

Después de un tiempo sin atender al blog, por circunstancias familiares, vuelvo a este pequeño diario personal de apuntes y recuerdos sobre la Rochapea y la Pamplona que he conocido desde mi infancia. Y vuelvo a esa calle que fue eje principal del barrio de la Rochapea durante la mayor parte de su reciente historia, la avenida de Marcelo Celayeta. La primera de las fotografías es de la zona más cercana a la iglesia del Salvador y a la Travesía del Ave María y data de la segunda mitad de los años setenta. De los establecimientos situados entre esta zona y el cruce del Porrón hemos hablado parcialmente en la entrada referida a la avenida en el año 1967 y en la entrada de los derribos de 1996. También ha habido referencias a los bares de la avenida en la entrada referida  a Cuatro Vientos. Ahora empezaré el recorrido de la avenida, donde lo dejamos, aproximadamente en el desaparecido cine  Amaya y continuaremos por esta acera hasta la zona del Porrón. Luego en función del interés pasaremos indistintamente a un lado o a otro de la avenida.
Junto al fenecido cine Amaya había una calderería, la calderería Aranguren,  hoy situada en la carretera Artica, más adelante estuvo durante buena parte de los años 80 y siguientes,  en esta misma acera la cafetería de la Coro. Donde ahora está la Cafetería la Rocha hubo en los años 70  uno de aquellos  primeros “night clubs” o barras americanas que proliferaron en los barrios de la vieja Pamplona en los albores de esa década, el Bar Caribe. Tras la ronda de los pisos que había en este tramo estaba la oficina de correos de la Rocha, un almacén  de Echeveste y Compañía, un poco más adelante la Bodega donde se fabricaba el pacharan Baines  y los pisos de la 1ª fase del Salvador inaugurados en noviembre de 1960, con alguno de los establecimientos más representativos del barrio, como Casa Feliciano (abierto  desde 1961 y de los pocos que aun permanecen en activo desde entonces), la mercería Isabel,  la droguería Redín, el bar la Senda,  la pescadería Sesma que regentaban los padres de Javier Sadaba y luego él mismo, la carnicería San Miguel que estuvo anteriormente al otro lado de la avenida, una  peluquería de caballeros, regentada por Pedro María Ganuza y la tienda de la Angelines que cerraba este tramo repleto  de comercios. 

Nos detendremos un momento para hablar de Baines. Casa Baines se instaló en la Rochapea en 1844, de la mano de unos emprendores suizo-italianos, los Matossi, dueños también del conocido “Cafe Suizo” de la plaza del Castillo dedicandose inicialmente a la fabricación de aguardientes y licores. Era famoso su “Licor de Chardon” a base de frambuesa. En 1959, tres personas vinculadas familiarmente, Daniel Baines,  José Ibañez y Severino García compraron la nave de los Matossi en Marcelo Celayeta  y comenzaron a fabricar sus licores, entre ellos,  su famoso pacharan. En el año 1998, al quedar la nave fuera de ordenación, Pacharan Baines se traslada de su sede de Marcelo Celayeta  al poligono de Agustinos.

Justo en el cruce de Celayeta y Tirapu  donde existe hoy una pequeña placita con dos arboles y una fuente que vemos en la fotografía teníamos el Bar Rodriguez, una nave de hierros, Asan (que hoy ocupa el Caprabo), y justo al lado donde hoy hay una frutería había una sucursal de la Caja de Ahorros de Navarra. Siguiendo desde el cruce por Bernardino Tirapu, a la vuelta del bar Rodriguez, en un pasaje entre los pisos, hubo durante algunos años un pequeño kiosko de chucherías y  cerca, en Tirapu recuerdo un pequeño dispensario médico donde, ¡oh, terror! nos ponían las inyecciones, de pequeños.

En el otro lado de la avenida y tal como dije en la entrada de los derribos de 1996, tras el caserón de IFA, que en sus últimos años fue objeto de los okupas, estaba la que llamábamos la casa de la Maritxu, un pequeño descampado  al lado, cercado por una valla,  y las casas del Salvador, con el Bar Carcar y la ferretería La Oriental, la carnicería San Miguel, y cerrando este tramo la todavía existente farmacia de Oficialdegui, entre los establecimientos más destacables. A la vuelta, bajo un soportal una cabina telefónica y en la esquina de este rincón hubo primero un estanco y luego y durante los últimos años un pequeño kiosko de prensa y revistas que acaba de cerrar. En este rincón había un par de bancos  que venían muy bien para esperar al autobús cuando llovía.
Atravesamos Bernardino Tirapu y nos situamos justo en el Bar Porrón, en las casas de la Carbonilla, lugar emblemático como pocos de este barrio y que como Cuatro Vientos está lleno de resonancias de todo tipo en la historia de esta ciudad. Al lado de las Casas del Porrón teníamos la escuela de la Carbonilla ( en la foto de J. Cia) que conoció diversos usos a lo largo de su historia: escuela, dispensario médico, nuevamente escuela, sin uso  hasta su actual destino como centro municipal vecinal y de atención a la mujer. Según J.J. Arazuri, a partir de los años 30 se conocía como barrio de la “Carbonilla” a un grupo de casas situadas en el cruce de la entonces carretera de Villava y la vía del Plazaola. Su origen parece estar en que las viviendas fueron construidas con bloques elaborados con carbonilla recogida de los desechos de las calderas de las máquinas de vapor de la Estación del Norte. Durante años se podía comprobar la existencia de dichos bloques en los desconchones de la fachada de las citadas casas, tanto en la del Bar Porron, hasta su rehabilitación, como en la casa que flanqueaba las escuelas de la Carbonilla por su derecha.
Las Escuelas de la Carbonilla se construyeron igualmente durante los años 30, en plena República, en los terrenos ocupados anteriormente por la carpintería Artola. Pretendían ser unas escuelas laicas frente a las religiosas del Ave María. Recuerdo, tras haber terminado el 4º curso de la EGB, antes Enseñanza Primaria, en la escuelas del Ave María haber hecho el 5º curso en la Carbonilla, concretamente en el año 1973-74, antes de pasar a hacer los 3 últimos de la EGB en el Cardenal Ilundain, en las inmediaciones de las Casas de San Pedro. Las Escuelas de la Carbonilla en los tiempos que las conocí estaban practicamente como en la fotografía de J. Cia que data de los años 50: tenía un par de aulas, una en cada planta, en el patio había una especie de cobertizo donde jugamos a la pelota y había varios arboles, los que vemos en la foto y otros dos grandes cerca de la puerta del patio  que tenían un tipo de semilla volatil que llamabamos “pica pica”. De la Carbonilla que dependía del colegio Cardenal Ilundain recuerdo un aula muy amplia en la planta baja, a don  Gabino, a las primeras y jovenes maestras en prácticas, a la portera, una mujer mayor, rubia y sonriente, las primeras actividades extraescolares como las partidas de ajedrez, etc.

Siguiendo por la avenida, tras las escuelas de la Carbonilla había un pequeño descampado, luego un bloque de viviendas muy deterioradas, también de ese primer barrio de la  carbonilla, a continuación la vaquería de Larrayoz, donde yo he visto pastar  las vacas hasta los años 70 y primeros 80, la fabrica de hierros Aldaz Echarri, luego un camino que se introducía por uno de los extremos de las Casas de la 2ª fase del Salvador, un chalet, otro camino que bordeaba las citadas casas,  entre estas y la tapia de la gran fabrica de Matesa, que, por cierto,  pasaría a la historia de este país como uno de los grandes escándalos político económicos de la última etapa del franquismo.
Matesa (Maquinaria Textil del Norte S.A) fue fundada en 1957 por el industrial catalán Juan Vila Reyes. Algunos años antes, la familia Vila había abierto en nuestra ciudad un taller escuela que en 1946 se convertiría en Manufacturas Arga-Sedas.  La empresa, radicada en la Rochapea, se convirtió en una de las más prósperas de los años sesenta, al dedicarse a la exportación de una maquinaria textil sin lanzadera, un sistema revolucionario en la época y con patente francesa rebautizado por la empresa como Iwer. No obstante el escandalo estalló  el 23 de julio de 1969 cuando la Dirección de Aduanas denunció a Matesa por fraude contra el estado. Concretamente la empresa debía al Banco de Crédito Industrial, en el momento de descubrirse el fraude, 10.000 millones de las antiguas pesetas. Matesa había realizado operaciones de autocompra a través de empresas filiales con el fin de cobrar los créditos a la exportación a través del citado banco. Osea que en vez de vender por ejemplo 1.500 telares a la Argentina había vendido 120 quedandose con el crédito correspondiente a la venta de los 1.500 telares. En el escandalo aparecieron salpicados varios ministros del régimen y en aquellos años se habló de una dura pugna entre diferentes corrientes del régimen franquista. 

Matesa fue embargada si bien  la empresa continuó sus actividades industriales, bajo el control de un administrador judicial, hasta marzo de 1983, en que fue subastada por 66.000 pesetas y adjudicada a una sociedad laboral formado por antiguos empleados de la misma, siendo nombrado director general de esta nueva empresa su antiguo propietario Vílá Reyes. Dos años antes 21 de septiembre de 1981 un pavoroso incendio destruyó 900 de los 2.000 telares Iwer que Matesa tenía en sus almacenes, en parte al aire libre y en las traseras de sus edificios. Las pérdidas fueron estimadas en unos 300 millones de las antiguas pesetas. La empresa contaba en 1981 con 143 trabajadores.
  

Pasada Matesa, cruzamos la carretera Artica y nos encontramos con un bloque de naves industriales, entre las que estaba las de Industrias Chalmeta que fueron conocidas por un conflicto laboral que tuvo lugar en las postrimerías del franquismo. En estas naves ha habido diferentes usos:además de Chalmeta talleres textiles como los de Lopez Vicente, almacenes de chucherías como el de Dulce Guay, algún concesionario de automoviles, etc. Posteriormente y tras otro descampado llegamos a las Casas de Gurbindo y entre los hitos más conocidos de esta zona se encuentra otro bar, el conocido  Bar Karpy. Algunos  de los bares que he citado en este blog son como  como faros imperturbables  frente  a las mareas de los a veces profundos cambios urbanísticos, balizas a las que nos podemos asir de vez en cuando  en el neblinoso discurrir del tiempo. En aquella zona teníamos el centro de salud del barrio hasta 1991 en que se abriría el actual de Cruz de Barcacio, antes teníamos que acudir al de  San Jorge y anteriormente al Solchaga.  También en esta zona había un club de jubilados y la famosa biblioteca de San Pedro, abierta en 1970. Tras estas casas de Gurbindo llegamos a la carretera que iba  hacia el pueblo de Ansoain, un gran descampado, el colegio Cardenal Ilundain, otro descampado y por último llegabamos hasta el fin de la avenida con la famosa Casa Nuin que supuso el cese del alcalde Erice en octubre de 1976 por el  gobernador civil de Navarra.

En el colegio Cardenal Ilundain de cuyo primitivo edificio, construido en 1964, hoy no queda ni rastro (se derribó y remodeló por completo en el año 2002), cursé los tres últimos años de la EGB, 6º, 7º y 8º. Recuerdo especialmente a algunos profesores como Jose María   Gracia en 6º o  Javier Donezar en 7º, o una profesora, de la “vieja escuela”,  llamada Doña Socorro. Las escuelas que se ampliaron en su parte posterior precisamente en aquellos años (1974-1977) contaban con un campo de balonmano y futbito, un campo de baloncesto y en su parte trasera un campo de tierra. En 1981 contaba con 1.200 alumnos.
Retrocedemos hasta el cruce del Porrón, para recorrer la avenida por su lado derecho, (en dirección a Capuchinos). Mucho ha cambiado el cruce de Tirapu y Celayeta a tenor de lo que veíamos en la primera fotografía. A finales de los años 90 y primeros de la nueva década  se derribarían algunos viejos bloques de la histórica Rochapea, encajando entre los bloques de viviendas consolidadas las nuevas edificaciones. Partiendo de este punto y así, a vuela pluma en ese primer tramo de la derecha, desde el Porrón recuerdo una pequeña industria relacionada con materiales de construcción, una fabrica de palomitas, diferentes  talleres y negocios relacionados con el automovil, una tienda de piensos, etc.
Posteriormente nos encontramos con una de las primeras nuevas guarderías del barrio, en el cruce que permitía bajar hacia Juslarrocha o Cruz de Barcacio, y más adelante hubo durante muchos años un viejo transformador, como se ve en la foto de Manolo Hernández,  luego en la zona de Matesa las bajeras de Muebles Jakar, Julian Echeverría, los bares Otamendi y Olimpia, Confecciones Molinero, las nuevas edificaciones de los años 70, en cuyas amplias bajeras había entonces grandes tiendas de muebles, algunas oficinas bancarias,  las casas de San Pedro, luego remozadas con ladrillo, negocios de toda la vida como Ciclos Lasa, la tienda Alekine y otros negocios y tiendas, muy pocos de los cuales sobreviven hoy en día hasta llegar al colegio de Capuchinos ( más apropiadamente el Colegio San Antonio que empezaría dando EGB y luego ampliaría a grados superiores), abierto en el año 1964 y cerrado en el verano de 1992, en cuyo interior a finales de los 70 se abrió el cine Ekhiñe que junto al Donibane de San Juan y sus programaciones alternativas serían el germen de los cines Golem. La iglesia de Capuchinos, reformada en el año 1955, pone punto final a este rápido repaso de la Avenida de Marcelo Celayeta.

Fotos de la Carbonilla (1950) de J. Cia y Foto de Marcelo Celayeta (1993) de Manolo Hernández

Derribos en la avenida Marcelo Celayeta en el año 1996

A partir de 1986, el barrio de la Rochapea empezó a cambiar. Junto al  viejo campo y el barracón de camineros de la Diputación situado a orillas del antiguo camino del Plazaola se empezaron a construir las primeras viviendas sociales. Posteriormente, en 1989,  se construiría junto al parque de la iglesia otro bloque de viviendas que acababa con las antiguas cochiqueras de la calle Provincias y unos cuantos edificios más,  la calleja de los Cutos, la llamábamos los del Ave-María a la calle Provincias, por haber en esta calle a lo largo del pasado siglo una cochiquera, negocio  que en los últimos tiempos creo recordar se encargaban  los Ceniceros. 
En 1992 se derribaba el antiguo Cine Amaya. En el año 1993 y 1994 se construirían los nuevos puentes de Vergel y Oblatas, dejando el viejo puente de San Pedro como peatonal, y en torno a 1996 y  siguientes años se derribaría buena parte del lado izquierdo de la Avenida Marcelo Celayeta, desde Cuatro Vientos hasta Capuchinos. Posteriormente le llegaría la hora al cruce de Cuatro Vientos, con más derribos y un nuevo diseño del cruce.  En esta primera entrega repasaremos los derribos de Marcelo Celayeta más cercanos  al cruce de Cuatro Vientos. 
En la foto superior, aun podemos ver las viejas construcciones que había en el lado izquierdo de Marcelo Celayeta desde el antiguo edificio-almacen de IFA (se ve parte de su tapia en el extremo derecho de la foto), el  edificio donde en su planta baja había una carnicería y la tienda de las Hermanas Amezqueta, antes del siguiente edificio de viviendas y aunque no se vea en la foto había una carbonería, luego otro edificio de viviendas con planta baja y tres alturas, la entrada a las antiguas cuadras de los Goñi (que tampoco se ve) y en el extremo izquierdo de la foto, uno de los primeros edificios de la entrada de la Travesía del Ave María, donde en tiempos hubo una tienda de alimentación, que conocíamos como la tienda de la Ester y una barbería.
En la foto de la izquierda, vemos parte de ese tramo de la avenida de Marcelo Celayeta, totalmente derruido,  (en la foto posterior contemporánea comprobamos que aun se mantiene en pie la tienda de las Amezqueta y que ha desaparecido buena parte del resto). Tan sólo quedan en pie algunos edificios, no todos,  del comienzo de la Travesía del Ave María y en la zona de la avenida, la casa de la señora Baldo, (en el barrio, llamabamos  a las casas por alguno de sus propietarios o inquilinos más preeminentes). 

En sus bajos había un taller y otra tienda de ultramarinos. En la fecha en que se había tomado la foto, ya se había derribado, como se puede comprobar, el edificio anexo a la casa de la señora Baldo donde estaba la Casa Parroquial de la Iglesia del Salvador, que se había trasladado ya al nuevo edificio construido junto al parque, al lado de la iglesia, y que he citado al comienzo de este artículo.

La Avenida de Marcelo Celayeta en 1967

La avenida de Marcelo Celayeta ha constituido el eje o columna vertebral del barrio de la Rochapea durante la mayor parte de su historia reciente, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. El viejo camino de Villava, luego avenida, que se extendía entre Cuatro Vientos y Capuchinos pasó a llamarse avenida de Marcelo Celayeta, fundador de las escuelas del Ave Maria y de la iglesia del Salvador, por acuerdo el pleno del 27 de julio de 1951.
Desde entonces, además de convertirse en una de las principales vías de tráfico de la zona norte de la ciudad se convirtió en escenario privilegiado de los primeros movimientos sociales y huelgas obreras de nuestra ciudad, en las postrimerías del franquismo: Chalmeta, Industrias Esteban, Motor Ibérica, la huelga general de 1973. El cruce de Cuatro Vientos, la iglesia del Salvador (donde con frecuencia se encerraban los comités de empresa en huelga, a veces con desalojo policial incluido) o la zona del Bar Porrón están indisolublemente unidos a la convulsa historia de nuestra ciudad, tanto en la epoca del tardofranquismo (1968-1975) como de la transición democrática (1976-1981).
La primera foto que ilustra esta entrada es del tramo más cercano a Cuatro Vientos, cerca del cruce con la calle Rio Arga. A la derecha, la carpintería de Garaicoechea, metida en el hueco que no se ve, la pescadería Galar, y en esa especie de barracones de planta baja diferentes establecimientos comerciales entre los que destaca la librería de la Pachi, uno de los más entrañables personajes del barrio, en nuestra más tierna infancia.En su librería compraríamos los primeros dulces y golosinas (ah, aquellas mantecadas y tortas de txantxigorri), los primeros albumes de cromos, los primeros libros…Estas viejas construcciones serían derribadas cuatro o cinco años más tarde, primero esa construcción  de planta baja y en torno al año 1972 o 1973  la carpintería y la pescadería citadas. Y aun la Pachi nos acompañaría durante 12 o 15 años más, hasta su jubilación en el nuevo edificio que ocupasen los viejos barracones.

Más adelante se observa uno de los pocos edificios que se conservan en la actualidad, la Iglesia de la Clínica Psiquiatrca  de las Hermanas Hospitalarias (Padre Menni), seguido del edificio del antiguo Banco Central (hoy en sus bajos hay una academia de baile) y que conocería un espectacular atraco en los primeros años 70, el cine Amaya, perteneciente  a la empresa Saide, cerrado en el año 1971 y derruido veinte años más tarde con las nuevas construcciones y viales del barrio, las llamadas Casas de Oscoz, con el Bar Feliciano y la Senda como algunos de los hitos más importantes (junto al bar Porron) para los andarines del barrio, (hubo tiempos en los que también se chiquiteaba en este barrio).

En la segunda e invernal foto  foto, de algunos años antes (febrero de 1963),  podemos ver, además de un curioso rebaño de ovejas que circula por una mal urbanizada avenida,  a la izquierda el grupo de Casas del Salvador, más adelante lo que conocíamos como la Casa de la Marichu, seguido del edificio donde durante décadas estaría la tienda de las Hermanas Amezqueta. Más adelante, la casa y cuadras de los Goñi, la Casa Parroquial y  al final de la foto se atisba en ese día brumoso la inconfundible torre de la Iglesia del Salvador. Las últimas construcciones que alcanzamos  a ver son un par de manzanas cercanas a Cuatro Vientos, uno de los edificios sigue actualmente en pié, allí donde estuvo el Bar la Cabaña y hoy es un kebab y al que se trasladó tras el derribo de las casas de Cuatro Vientos, Eliseo. En el otro estaba el antiguo bar Cuatro Vientos.(Fotos: J.J. Arazuri)