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La Pamplona actual: Jardin de Eugui-Puente de Miluce (2015)

Recupero una serie que inicié hace dos años, de la que no había publicado más que cuatro entregas y que se centra en algunos paseos o itinerarios urbanos que cualquiera puede realizar cualquier día del año, preferiblemente y, para disfrutar del paseo y el contraste en la paleta de colores, con buen tiempo. En esta ocasión, vuelvo a un tramo del parque fluvial, el que se inicia cerca del puente de Cuatro Vientos y que recorre la antigua finca de recreo de Carlos Eugui y la finalizo unos metros más allá del puente de Miluce. Inicio mi paseo dejando  atrás el cruce de  Cuatro Vientos y descendiendo por unas largas escaleras hasta el antiguo jardín de Eugui ( una amplia finca de recreo que tiene en torno a 10.000 m2, hoy totalmente recuperados para uso y disfrute de la ciudadanía). Esta zona sufrió importantes modificaciones desde finales del pasado siglo cuando se ensanchó algo la avenida de san Jorge, al igual que el primer tramo de Marcelo Celayeta, con la incorporación de un imponente muro de contención sobre la orilla del río.

Antiguamente las escaleras de acceso al jardín de Eugui se encontraban más cerca del frontón y eran bastante más sinuosas que las actuales, hoy en una nueva ubicación y con la habilitación de las correspondientes rampas de acceso. Recuerdo haber jugado, no pocas veces, a la pelota, en este frontón, en los años 1977 o 78. En aquel tiempo esta zona estaba abandonada y tenía ese aspecto  asilvestrado que tiene, los parajes por los que deja de pasar durante mucho tiempo la gente. Hoy en día podemos disfrutar de un paseo adoquinado, sin riesgo de resbalar y caer al río como en aquel entonces. Y es que el  cauce del río se estrecha en este tramo, es más profundo y el agua adquiere mayor velocidad. El jardín se ha rehabilitado y a los caminos adoquinados se suma la recuperación del estanque existente y la consolidación del frontón que va cumpliendo nuevas décadas, para solaz de las nuevas generaciones. Junto a él muy cerca, permanece sin demasiados cambios, desde aquellos lejanos, años una vieja escuela reconvertida que alberga hoy creo una instalación educativa de la empresa  Tasubinsa.

Continuamos circulando junto al río, en un paisaje tranquilo y silencioso, bajo una tupida arboleda. Seguimos avanzando y encontramos la nueva y accesible  pasarela peatonal de los tubos. Esta pasarela-tubo fue construida en los años 40 y estaba atravesada por un conducto de gran capacidad, que canalizaba aguas de abastecimiento.  Más adelante hallamos, para mi gusto, un paisaje de gran belleza:  la presa y molino de la Biurdana. La presa tiene una longitud de 42 metros de anchura y 2´5 de altura. Su construcción se remonta a la época medieval. Durante muchos años sirvió al molino harinero cercano y hoy creo que genera energía hidroeléctrica. En el momento de tomar estas fotografías, el lecho del río aparecía lleno de aves acuáticas. Al otro lado del río, desde hace casi una década, podemos disfrutar del nuevo parque de Trinitarios, donde antes había algunas huertas y se encontraban los invernaderos de Villamiranda. Más al fondo podemos divisar  el barrio de San Juan.

El siguiente hito que encontramos en el paseo  es la nueva pasarela peatonal de San Jorge, muy cerca del antiguo patinódromo, construida hace unos meses (este paseo se hizo unos seis u ocho meses después de colocada esta  pasarela). Al otro lado encontramos el parque de la Biurdana, uno de los primeros parques exteriores que se construyeron en la ciudad,  en los primeros años 80 (1984),  donde antes había tan solo campos de cultivo. Tiene una amplia diversidad forestal: arces, fresnos, castaño de indias, almez, etc. La nueva pasarela viene a suplir la que se construyó hace ya mucho tiempo (data de los años 80) y que no cumplía con las debidas condiciones de accesibilidad y eliminación de barreras arquitectónicas. Junto a ambas pasarelas peatonales se erige el puente de San Jorge, construido en torno al año 1973 y que permitió comunicar los emergentes barrios de San Juan y San Jorge, a través de  la llamada entonces Variante Oeste, actual Avenida de Navarra. Posteriormente la variante oeste sería otra mucho más periférica.

Pasado el puente de San Jorge y siguiendo el curso del río nos encontramos con una nueva pasarela peatonal (construida en el año 2009) y enfrente,  en la margen izquierda, el cementerio de San José. Más allá encontramos el puente más occidental y alejado del casco urbano, el puente de Miluce, de origen medieval, aunque algunos dicen que podría remontarse  a la época romana. Fue objeto de una profunda reconstrucción en el siglo XIX. El origen de su denominación que con más insistencia ha llegado a nuestros días   se refiere al ahorcamiento, en abril de 1351,  de unos caballeros por el rey Carlos II el Malo, por haberle hecho frente, y que fueron colgados en los ojos del puente, dando, de este modo,  sus lenguas largas de ahorcados (mihi luze en euskera) nombre al puente. Otras explicaciones aluden, sin embargo, al topónimo vasco “amil luze” ( precipicio largo). En 2006 se sustituyó el asfalto de la calzada del puente  por adoquín, restringiéndose su uso al meramente  peatonal.

Plazas y calles de ayer y hoy: la plazuela de San Nicolás (1900-1962)

La conocida hoy como Plazuela de San Nicolás es el espacio urbano situado entre las calles San Nicolás y San Gregorio, junto a la iglesia de San Nicolás. La plaza carece de numeración propia, correspondiendo los números de sus casas a las vecinas calles de San Nicolás y San Miguel. Hasta 1808, año en que se inaugura el cementerio de San José en Berichitos, los pamploneses se enterraban en dos cementerios, el situado en el atrio de la Catedral y final de la calle Navarrería y el situado en el subsuelo de esta plaza. De la existencia de estos dos camposantos tuvimos muchos pamploneses plena constancia, ya no solo documental sino también visual, cuando se descubrieron decenas de restos, al excavarse  ambos espacios dentro del proceso de peatonalización del Casco Antiguo (1996-2011). En Junio de 1912 se instaló, en mitad de la plaza, una farola de arco voltaico, que se había trasladado desde la vecina plaza de San Francisco  para colocar la estatua de la Mari Blanca. La iglesia fortaleza de San Nicolás  data, nada menos, que del siglo XII. Ya existía en el año 1177. La creación de la Población de San Nicolás tiene su origen en una reacción episcopal para poner coto  a la creación y expansión del nuevo Burgo de San Cernin, fundado en 1129 por el rey Alfonso el Batallador, con población de origen franco. La Población de San Nicolás se construyó, probablemente, entre los años 1130 y 1170. Las  guerras entre  los diferentes  burgos escondían la secular lucha entre el poder real y el episcopal existente, en aquella época, en nuestra ciudad. La iglesia de San Nicolás  fue, en aquel tiempo, una autentica fortaleza que serviría de  bastión de defensa y ataque al enemigo burgo de San Cernin.

En el año 1222 la Población de San Nicolás fue arrasada y su iglesia-fortaleza incendiada. Las guerras entre los diferentes burgos  terminarían, finalmente,  cuando el rey Carlos III el Noble decretó el 8 de septiembre de 1423 el Privilegio de la Unión que dió lugar a la Pamplona unificada que conocemos. A finales del siglo XIX se realizaron diversas reformas en la iglesia que continuaron a lo largo de las primeras décadas del siglo XX. El nuevo atrio y la casa parroquial se comenzaron a construir en enero de 1884, terminándose en el año 1888. La nueva puerta al Paseo de Sarasate se inauguró en 1891. En los años 20 del pasado siglo se realizaron reformas en la base de de la antigua torre, adornándose ésta con dos almenas con matacanes. Hoy en día, la plazuela, que se halla a camino de dos calles con gran presencia hostelera, sigue teniendo el atractivo que le da fundamentalmente la orgullosa silueta de su imponente torre-fortaleza, la presencia de algunos comercios centenarios como la Vinoteca Murillo o la Ferretería Irigaray y de algún edificio y detalle como el del nº 72, de  estilo modernista, construido en 1899 por el arquitecto Manuel Martínez de Ubago, o el reloj  de sol, de 1779, que aparece en la fachada del nº 76. La plazuela, carece, sin embargo, de algún elemento o mobiliario, -que pena la retirada de aquella vieja farola decimonónica, que le hubiera seguido dando ese sabor, que podemos percibir en alguna de las fotopostales del lugar datadas entre los años 1900 y 1960. La plazuela es actualmente conocida, sobre todo, por ser la sede del popular mercadillo anual de pastas y roscos de San Blas, el día 3 de Febrero.

Fotopostales, por orden de aparición: Nº 1: A.de León (1900-1920), Nº2: Luis García Garrabella (Años 50), Nº 3: A. de León (1900-1920), Nº 4: Luis Roisin: 1914. Nº 5: Ediciones Sicilia (Años 40), Nº 6: Eusebio Rubio (1900-1910), Nº 7: Ediciones Arribas (Años 50), Nº 8: Ediciones Vaquero (Años 60).

      

Imagenes del ayer. Pamplona a vista de pájaro en los años 40 y 50 (1948-1958)

Esta entrada de la serie Pamplona a vista de pájaro no dispone de una solo foto principal aérea y panorámica sino de una colección de fotos, la mayoría de las cuales retratan el Ensanche en el año 1958. Para su mejor estudio empezaré por esas primeras fotografías de ese año que agruparé en esta primera parte de la entrada. En la primera foto que encabeza la entrada vemos un primer plano aéreo de la plaza Príncipe de Viana, que nos puede servir como referente visual. En el extremo superior izquierdo de la foto vemos los inconfundibles pabellones militares que colmatan esa parte del centro urbano. En la parte superior de la foto se atisba el Paseo de Sarasate, con la Casa Navasal todavía en pie y debajo del Paseo se puede ver el viejo edificio de la Casa de Baños. A su izquierda se divisa también el caserón municipal donde se alojaban las antiguas escuelas de Música y de Artes y Oficios. En la siguiente foto, que comparte parte del contenido con la anterior, podemos contemplar además la parte del Ensanche existente a la derecha de la Avenida de San Ignacio. Aun no se ha construido en la calle Cortes de Navarra el edificio residencia de los Padres Redentoristas, titulares de la cercana basílica. En el borde derecho de la foto se divisan los viejos chalets existentes en la confluencia entre la Avenida de Roncesvalles y Carlos III, donde 20 años más tarde se construiría el edificio central de la Caja de Ahorros de Navarra y que vemos con mucho más nivel de detalle en la foto inferior. En esta última instántanea de esta primera entrega fotográfica se observa, en la parte inferior, la torre y demás instalaciones del nuevo Parque de Bomberos de Pamplona, trasladadas, este mismo año, desde su vieja sede de la calle Eslava así como a su derecha el tejado del relativamente recién construido, -se había erigido seis años antes-, Frontón Labrit. El edificio del Servicio Doméstico en la calle Amaya aún no había realizado sus obras de  ampliación en altura.
Fuera del foco de esas primeras tomas aéreas se había quedado el edificio de la antigua estación del Plazaola-Irati, el Plazaola dejó de funcionar en  1954 y el Irati, un año más tarde en diciembre de 1955. Las vías se levantarían tres años más tarde, en 1958. Es por ello y pese a la escasa calidad de las fotos,  que no me he podido resistir a ofrecer estas dos instantaneas de la estación y de las vías de llegada, tomadas en esta misma época, la primera recoge también, en primer plano, buena parte de los pabellones militares existentes en el centro de Pamplona y la segunda está tomada en la vertical de la avenida de Zaragoza. Toda esa zona de la estación y las vías de llegada darían paso en los años 60 a la manzana existente entre las actuales calles Tudela y Yanguas y Miranda. La estación aguantaría algunos años más, hasta 1973 en que es derribada como ya relaté en otra entrada del blog, hoy ocupa su lugar la sede de Instituto Nacional de la Seguridad Social así como diversos servicios de Osasunbidea. 

Junto a este párrafo vemos, a la derecha, una foto aérea del barrio de la Chantrea, aun no se habían erigido las torres de Orvina (se construirían en los primeros años 60) y se observa la perfecta retícula de sus calles, con sus típicas viviendas de dos plantas, sus patios interiores y sus huertas, en primer plano el arco que formaban las viviendas de la calle Miravalles, a la derecha la avenida de Villava y el monte San Cristobal y al fondo los barrios de San Pedro, Rochapea y San Jorge. En el lado izquierdo del párrafo observamos sendas fotos de la zona de Conde de Rodezno, la primera foto es de 1955, y todavía no se habían terminado de construir los últimos edificios de la plaza, así como los existentes en la vecina calle González Tablas, plaza del Alcazar (hoy de Blanca de Navarra) y final de la calle Aralar.  

Para finalizar, lo haré con una poco conocida fotografía del Ensanche de año 1948. En el extremo inferior derecho de la fotografía se observa el inicio de la construcción del Monumento a los Caídos que se inauguraría por Franco en 1952. La construcción de la segunda parte del Ensanche está muy avanzada pero, como se puede comprobar en la fotografía,  aun tendrían que construirse un buen número de bloques en las partes más periféricas del Ensanche, a ambos lados de Carlos III, además de culminar su cierre con la plaza Conde de Rodezno, (hoy plaza de la Libertad) y del Monumento a los Caídos.


Fotos: la mayoría de las fotos pertenecen a una rara colección de tomas áreas de Ediciones Vaquero, alguna de ellas fueron recogidas además en una exposición que tenía por título “Fotografías áreas de Pamplona: 1959-1971”.

Entidades de beneficiencia en el Viejo Pamplona: La Meca y otras entidades (1900-1950)

Hoy en día el término de “beneficiencia”  no sería políticamente muy correcto, su espacio lo ocupan diversas entidades sociales religiosas y laicas, ONGs y otras organizaciones de la sociedad civil. Pero entonces, hace más de un siglo, los límites entre la asistencia y la beneficiencia eran un tanto difusos, respondían sobre todo al concepto de la caridad y además buena parte de las entidades que la impulsaban estaban regidas, o colaboraban en ellas, miembros de ordenes religiosas de la iglesia católica. En la entrada que dedique a la presencia religiosa en nuestra ciudad hice referencia a buena parte de su labor asistencial, tanto en centros sanitarios como benéficos. Cabe señalar que en los primeros años del siglo XX existía en la ciudad una Junta Provincial de Beneficiencia presidida por el Gobernador Civil que ejercía la inspección de más de 90 fundaciones benéficas creadas por particulares además de las impulsadas por instituciones públicas o semipúblicas. También había una Junta Municipal de Beneficiencia que era la que administraba la Casa de Misericordia. Al filo de los años 20, la Casa de Misericordia acogía a 250 residentes, desglosados en   150 ancianos, 70 niños y 30 adultos. La Junta de la Meca se encargaba de explotar, además, la nueva plaza de toros cuyos ingresos iban precisamente a financiar el citado asilo. Pero hablemos, un poco, del origen de la Casa de Misericordia, en la que centraré básicamente esta entrada.

El  origen de la Casa de Misericordia o como popularmente se le conoce abreviando, la Meca, se remonta a 1692, año en que por iniciativa del Ayuntamiento  se pretendía recoger a los mendigos y menesterosos que vagabundeaban por las calles. El primer edificio  se comenzó a construir en 1702 en un solar cedido por el Ayuntamiento  y se inauguró el 15 de agosto de 1706. Este gran caserón ocupaba el comienzo de la actual calle García Castañón hasta su cruce con Fernández Arenas, a la altura del nº 7 del Paseo de Sarasate, antiguo Cine Príncipe de Viana, antiguo edificio de Caja Municipal y casas nº 1 de Garcia Castañón y nº 4 de Fernández Arenas y que vemos en la foto de la derecha, encabezando la entrada. Sus comienzos no fueron fáciles, se nutría de donaciones y limosnas de los pamploneses, que no cubrían, ni de lejos, sus necesidades, hasta el  punto de que a finales del siglo XVIII se construyó  un frontón, explotado por la Casa, que la verdad  no daba apenas beneficios. El mismo propósito de ayudar a a financiar la institución estuvo en la idea de conceder a la Casa los terrenos en los que podría construir, a su costa y riesgo, la plaza de toros a la que se cedía además la organización de las corridas de toros. La plaza como ya dije, en otra entrada, se construyó en menos de un año (1922) y se financió con la emisión de obligaciones.

El 9 de septiembre de 1924 se produjo un pavoroso incendio en el caserón del Paseo de Sarasate que obligó al Ayuntamiento a trasladar a los residentes provisionalmente al Hospital de Barañain. El traslado se realizó una semana más tarde.  En 1925 ya se proyectaba construir un nuevo edificio, se hablaba de que tendría un coste de un millón y medio de pesetas. Se estimaba que la venta del solar del antiguo asilo y los materiales de este producirían unos ingresos de unas 500.000 pesetas y el resto se recaudaría de las instituciones y personas caritativas. La Casa de Misericordia  permanecería en  el Hospital de Barañain hasta el año 1932, con oficinas temporales primero en el Paseo de Sarasate y luego en la avenida de San Ignacio. El 27 de marzo de 1927 se puso la primera piedra de su actual sede en terrenos del término “Tras el Castillo” o como hoy conocemos la Vuelta del Castillo, en la proximidades de la Cruz Negra,  en terrenos cedidos por la Diputación Foral, asistiendo al acto de inauguración el nuncio de Su Santidad. El edificio constaría de dos plantas independientes, para niños y ancianos con cuartos de duchas y baños, salas de dibujo, música, biblioteca, área deportiva, zona de labores y peluquería, tal y como vemos en el reportaje fotográfico que adjunto de aquellos primeros años. Se construiría en hormigón armado, con un coste final de 2 millones de pesetas, bajo proyecto y dirección del vocal de la Junta de la Casa y arquitecto Víctor Eusa. Para la nueva casa se habían recibido entre otros los siguientes donativos, 50.000 pesetas la Junta y los marqueses de Vesolla, de 15.000 el Crédito Navarro, de 10.000 la Vasconia, Vasco Navarra, Aguas de Arteta, El Irati, Joaquín Garjón y Aniceto Muniain, de 5.000 la colonia pamplonesa de México y los herederos de Nicolás Martínez y de 1.000 la testamentaria de Gregoria Perurena. El nuevo edificio, que vemos en las fotos, de la izquierda, que encabezan la entrada, se inauguraría  el 19 de enero de 1932.

Inicialmente la Meca acogía tanto a mayores como a niños. Estos últimos eran escolarizados y su formación se completaba con una preparación profesional en talleres donde aprendían un oficio. El asilo fue objeto de reforma y de ampliación con nuevos bloque de habitaciones individuales y de matrimonio en 1976. En 1989 acogía a 585 residentes, aunque ya  desde 1982 no se ocupaba de los niños,  de hecho, desde al menos cinco años antes, desde 1977 no vivían en la Casa  sino en pisos, en pequeños grupos a cargo de un preceptor. Gobierna la Casa de Misericordia una junta presidida por el Alcalde de Pamplona, el vicepresidente lo nombran los restantes miembros de la Junta, el Ayuntamiento nombra a cuatro de los miembros, los responsables de asuntos ciudadanos y de cultura mas los dos concejales de más edad y la completan un número de vecinos que debe doblar al menos al de ediles (en este momento son muchos más, unos 16), elegidos por la propia junta, y que tengan las formación y experiencia necesarias para que puedan ser beneficiosas en el gobierno de la institución. Hoy en día la Casa de Misericordia  cuenta con 555 residentes de los que 359 son mujeres y 191 hombres, con una lista de espera de más de 200 ancianos. Dispone, además, de más de 300 trabajadores, más 14 religiosas, hijas de la Caridad y casi medio centenar de voluntarios.
Otro establecimiento benéfico histórico de nuestra ciudad era el Asilo de las Hermanitas de los Pobres, que se empezó a construir en 1887 en la avenida de Guipúzcoa. En 1889 se terminaron las obras de la primera parte del edificio  y se instalaron los primeros asilados. En agosto de 1891 se completó el resto del asilo. Las obras del edificio habían costado 138.900 pesetas, sin contar el coste del terreno, que ascendió a poco más de 4.640 pesetas. El Asilo se sostenía con subvenciones y donativos de la Diputación Foral y el Ayuntamiento y de particulares. Acogía a los ancianos, 140 en los años 40 y 50, que no tenían derechos adquiridos para poder ingresar en la Casa de Misericordia. La Casa de Misericordia estaba reservada para pamploneses de nacimiento o vecindad legal y que contasen con recursos económicos muy escasos. El viejo edificio de las Hermanitas de los Pobres se derribó en julio de 2007 inaugurándose el nuevo edificio en el año 2010. Había otros asilos benéficos en la ciudad como el del Niño Jesús, el de la Comunidad de las Adoratrices (se llamaba Asilo de las Esclavas del Santísimo y de la Caridad y a finales de los años 40 acogía a 70 asilados), Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, Oblatas (acogía en 1948 a 70 asilados), Siervas de María, Padres Capuchinos, Huérfanas de Hijas de San José o de las Madres Josefinas (atendía en 1950  a 200 asilados) y de las Monjas Blancas de las Religiosas Misioneras Franciscanas. La Casa de Huérfanos o Expósitos de Navarra, que estaba junto a la Maternidad, en la calle del Carmen, se trasladó en 1934 junto al Hospital de Barañain. En 1953 el número de huérfanos alojados en la Casa de Expósitos era de 450.
La Cruz Roja también desempeñaba una importante labor benéfico-asistencial en aquellos años. Había incluso una Asociación de Señoras de la Cruz Roja de Pamplona, presidida en 1920 por María Arraiza de Garjón, que contaba con un cuerpo de 50 enfermeras diplomadas, que algunos años más tarde llegaría hasta casi 100 entre señoras, señoritas y religiosas. A mediados de los años 20 se refundaron la Comisión Provincial de la Cruz Roja y la Sección de Señoras en la Asamblea Local de la Cruz Roja, con sede en el nº 9 de la calle Amaya. Más tarde se trasladarían al nº 8 de la calle Leyre. En 1948 La Cruz Roja de Pamplona había asistido a más de 3.000 enfermos  en el domicilio y había realizado casi 1.500 vacunaciones y revacunaciones. En otro orden de cosas, cabe señalar que, a comienzos de siglo, ya existían las colonias, concretamente había  colonias organizadas por el Ayuntamiento en el edificio que poseía éste en las Ventas de Arraiz, en el valle de la Ulzama, donde pasaban los niños un mes de veraneo; en 1923 se habían organizado tres  así como una colonia para niños enfermizos en el Sanatorio Marítimo  de Pedrosa (Santander) que duraba tres meses y  que la integraban escolares de familias socorridas por la beneficiencia municipal. Costeaban los gastos la corporación municipal y algunos particulares pudientes de la capital. A finales de los años 20, en 1927,  se creó el Patronato de Protección Escolar, organizador de las colonias, cantinas y ropero escolar, de los que ya he hablado con amplitud en otra entrada. Posteriormente, a partir de los años 30,  las colonias serían promovidas y financiadas por la Caja de Ahorros de Navarra.

Terminaré la entrada refiriéndome a otras obras  asistenciales existentes a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Desde 1919 existía una Escuela del Hogar atendida por antiguas alumnas de la Escuela Normal, en el nº 2 de la calle Javier, que impartían enseñanza doméstica, cocina, costura y otro tipo de clases o asignaturas a las jóvenes sirvientes y obreras así como el Ropero de Concepción Arenal, impulsado por el mismo colectivo para facilitar mensualmente prendas a los reclusos de la Prisión Provincial. Otras obras sociales existentes en los años 1927-28 eran el Consultorio de Niños de Pecho y Gota de Leche, ubicado en la plaza de Santa Ana, la casa colegio de Santa Adelaida, en Salinas de Oro, para obreras católicas, el Hogar de Protección Infantil, establecido en la parroquia de San Lorenzo y creado por la Junta de Protección a la Infancia, que recogía y educaba a los niños abandonados, así como la cocina gratuita de esta misma parroquia y por último el Ropero de la Cofradía de la Beata Imelda para niños pobres, en la iglesia de Santo Domingo. Durante la guerra, los nacionales crearon sus propias organizaciones asistenciales, la más conocida de las cuales fue la del Auxilio Social que dependía de la Sección Femenina de la Falange y que tuvo una intensa actividad durante las primeras décadas del franquismo. Contaba en Pamplona con un hogar para niños y atendía también comedores infantiles y de transeúntes y extranjeros.

Fotos por orden de aparición. Casa de la Misericordia en el Paseo de Sarasate (1923). Historia, fotos y joyas de Pamplona. J. J. Arazuri. Archivo fotográfico Casa de Misericordia. Fotopostales de la Casa de Misericordia, sin datar ni filiar, aunque probablemente sean de los años 30. Asilo de las Hermanitas de los pobres (1971). Foto Gómez. Agencia Cifra. Asilo de las Hermanitas de los pobres (1959). Historia, fotos y joyas de Pamplona. J. J. Arazuri

 

Imagenes del ayer. Pamplona a vista de pájaro (1924)

Segunda entrada de esta subsección de Imagenes del Ayer que he dado en llamar “Pamplona a vista de pájaro”. Esta magnífica foto, también del Ministerio del Aire, que recoge prácticamente todo el Casco Antiguo y parte del Nuevo Ensanche de Pamplona la he datado creo que, con bastante precisión, a finales de 1924. Empezaré por las pistas que me han permitido datar la fotografía en ese año. Si nos fijamos en el lado derecho de la foto observamos varios hechos: ya está terminada la plaza de toros nueva, -se acabó en 1922-, y ha desaparecido la antigua; En su lugar se puede ver el solar de la futura manzana del teatro Gayarre y el dibujo de la naciente avenida de Carlos III. No se ha construido el edificio de Telefónica,  el solar está todavía vacío,   por lo tanto  la fotografía tiene que ser de antes de 1925, año en que comenzaron las obras de construcción de la central de teléfonos. Pero es que, además, ya se ha acabado de construir el nuevo edificio de Correos, cuyas obras finalizaron en 1923, así como las de la Casa Doria también acabadas a lo largo de ese año y que vemos en una foto del párrafo siguiente, de unos años más tarde. Se percibe un crecimiento acelerado en las nuevas construcciones del Ensanche sobre todo en el primer tramo de Carlos III, por lo que, afinando aun más, la fotografía bien podría ser de finales de 1924 o incluso de inicios del 25.

En el Ensanche se mantienen, como en la fotografía de la entrada anterior, -la de 1921-, la Comandancia de Ingenieros (estaba a la altura del actual Multicentro Avenida), los cuarteles de Caballería del Regimiento Almansa, el edificio de Intendencia y los cuarteles de  Infantería; Se ha construido el Coliseo Olimpia y la nueva Iglesia de San Ignacio, aunque las obras de la iglesia se prolongarán algunos años más ya que se cercenará parte de la estructura de la vieja basílica  para permitir la apertura, en toda su amplitud, de la naciente avenida de San Ignacio. Vemos junto  a este párrafo una foto de la construcción de la iglesia y otra con las obras ya terminadas. Se ha comenzado a construir  la nueva sede de la Vasco Navarra, el edificio del Servicio Domestico y la fábrica de Calzados López en la calle Amaya. Sin salir del Ensanche, cabe señalar que, este año, el edificio de la Casa de Misericordia del Paseo de Sarasate sufrió un grave incendio que puso fin a su larga existencia en el lugar, de más de 200 años desde que fuese fundada en 1706. A finales de 1931 se trasladarían los residentes al nuevo edificio de la Vuelta del Castillo. El siguiente edificio, el de la Casa de Socorro aun prestaría servicio algunos años más, hasta 1930, fecha en que se trasladó el servicio a la calle Alhóndiga. En 1922 ya se había demolido el antiguo edificio del Banco de España, el edificio de la antigua Alhóndiga Municipal también llamado “descargue” y en ese momento se estaba construyendo el nuevo edificio del Banco, -las obras de las cuales vemos, en el siguiente párrafo, una foto, parecen en la foto principal que encabeza la entrada bastante avanzadas-; Se inauguraría en el año 1927.  Pasarán entre 7 y 12 años hasta que la piqueta acabe con los viejos edificios de la antigua calle Estella,  y vaya dando paso a los actuales. Pese a todo me llama la atención, el edificio bajo anexo al Coliseo Olimpia, la diferente disposición de la antigua calle Estella en relación con  la actual, el enorme solar donde luego se construiría el nuevo edificio de la Caja de Ahorros de Navarra y  muchos detalles más que un avezado observador local, lupa en ristre,  seguramente descubriría.

En la trasera de la nueva plaza de Toros observamos el baluarte de San Bartolomé que sería rehabilitado en 1940 y delante de él unas construcciones que, si mal no recuerdo,  eran unas nuevas dependencias municipales, terminadas este mismo año, 1924: el parque de desinfección, la perrera municipal y el garaje de los coches mortuorios que vemos, de cerca, en una foto junto a este párrafo. Recordemos que hasta ese año la perrera municipal estaba en la plaza de Santa Ana. Si la comparamos con una foto actual,  de aquellas rampas peatonales de subida y de bajada que había junto a la plaza de toros en la foto principal, solo nos queda hoy en día una. No se si será un efecto óptico pero a diferencia de la actual bajada a la Chantrea, en la foto principal se percibe más una subida que una bajada en esa zona. Lo que está claro es que la apertura de esta conexión con la Chantrea supuso la amputación de una parte de la muralla cercana al  baluarte del Labrit, conectada como había estado la zona, unos  pocos años atrás, con el Baluarte de San Bartolomé (recordemos que las murallas del frente sur se habían derruido entre 1915 y 1921).

Cerca, en el Casco Antiguo, se puede divisar el gran caserón del Convento de la Merced, derribado algunos años más tarde donde luego se construiría el Palacio  Arzobispal y el Retiro Sacerdotal del Buen Pastor. En la calle San Agustín se divisa el largo tejado del frontón Euskal Jai y relativamente próxima,  a su izquierda, la nueva plaza de Compañía. Al pie del Palacio de Capitanía o de los Virreyes se divisan unas modestas casitas y una gran extensión de pequeñas huertas, donde hoy se encuentra el aparcamiento en superficie de las huertas de Santo Domingo, cercano al corralillo de los toros. Llama también la atención el gran caserón del Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, que vemos en la foto adjunta, donde hoy está el Museo de Navarra. Junto al tejado de zinc del Mercado de Santo Domingo, se divisa otro tejado de zinc, el del viejo frontón de la Mañueta. En el Burgo de San Cernín se observan algunos patios de vecindad con algún arbolado, en la trasera del Palacio del Condestable, en el Patio de Teresianas y más pequeños en la manzana Eslava-Jarauta-Mayor y alguno en la Población de San Nicolás, en la trasera del palacio de Guendulain. Arbolado frondoso  había también junto al antiguo Hospital Militar, la cuesta del Palacio, el palacio de Capitanía  y la iglesia de los Corazonistas. La calle del Redin poco tenía que ver con la que conocemos hoy en día. Cerca se observan los patios de los conventos de las monjas Carmelitas Descalzas y de las Siervas de María y en la plaza de san Francisco destaca el gran edificio de las escuelas mientras  la Mari Blanca preside todavía el lugar.

 

Fotos por orden de aparición: Vista aérea de Pamplona (1924). Ministerio del Aire. Construcción de la Iglesia de San Ignacio (1924-25): J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Avenida de Carlos III (1929). Fondo Arazuri. AMP. Avenida de San Ignacio (finales de los años 20), Ediciones Guilera. Parque de desinfección, perrera municipal y garaje de coches municipales (Años 30). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Construcción del edificio del Banco de España (1925), del Archivo Fotográfico de Construcciones San Martín. Cuesta de San Domingo (Años 20), sin filiar. Plaza del Ayuntamiento (años 30). Foto realizada por un alemán.

Comercios del Viejo Pamplona: la calle Santo Domingo (1908-1953)

La calle Santo Domingo es conocida, sobre todo, por protagonizar uno de los tramos más emocionantes de nuestros encierros sanfermineros, aquel en el que los toros, espoleados por el estallido del cohete mañanero, salen del corral y enfilan como una exhalación la cuesta, atropellando y superando a los mozos, en desigual carrera. Pero la calle ha estado muy vinculada, además, a la presencia en sus inmediaciones del Mercado Viejo, el Mercado de Santo Domingo, con sus hortelanos de la Rocha y la Magdalena que traían sus frutas y verduras a vender, o los aldeanos de la Cuenca que hacían lo propio con sus animales de granja. Puerta de entrada de los rochapeanos a la ciudad, a su Casco Viejo, -“subíamos a Pamplona” decíamos y seguimos diciendo los de la Rocha-. Calle con tipismo y con sabor, donde se entremezclaban viejos oficios (basteros, alpargateros, boteros, etc), tiendas de cacharros, pucheros de barro, barberías, tiendas de alimentación. Acompañenme, como en otras ocasiones, esta vez por la calle Santo Domingo, a lo largo y ancho de la primera parte del siglo XX. 

Lo primero que nos llama la atención, al revisar las distintas actividades existentes en la calle, es que casi todas están en su lado izquierdo, según se baja, esto es, en el lado de los impares; por otra parte es lógico, dada la presencia en el lado derecho del edificio de la Casa Consistorial y de la plaza de Santiago, así es que en este lado apenas encontrábamos dos números,  pues el tercero corresponde al establecimiento que hace esquina con la calle del Mercado y aparece como Mercado, 1. A primeros de siglo tras esta esquina donde hasta no hace muchos años estaba la tienda de electrodomésticos Lafer, y tras la que se encontraba el café bar Orbela había una abacería, que recuerdo era una tienda que vendía aceite y vinagre, entre otros productos, regentada por un tal Urdaniz. El negocio, posteriormente lo cogería Esteban Borea y junto a él estaba la carbonería de Modesto Utray, que en los años 20 daría paso a la vasijería de Benito San Martín, negocio de larga trayectoria pues aun continuaba abierta pasados los años 50. A su lado, en los años 30, se instalaría la alpargatería de Juan Eseverri que, en los años 50, regentaría Marcela Elorz, con lo que entonces se llamaba calzado ordinario.

En el lado izquierdo de la calle, el primer número era y es el 15, donde hasta hace unos años estaba la tienda El Bolso, y el último número el 39, donde hoy está el Asador Zaldiko, aunque durante algún tiempo hubo comercios también en la cuesta del Museo. A principios de siglo, bajando la escalerillas de San Saturnino, a la vuelta se hallaba la tienda de loza entrefina de Bernabé Rivero, que posteriormente, en los años 20 regentó Eugenio Indurain, con cristal, loza, porcelana y cestería tal y como se observa en las fotos adjuntas de los años 40 y 50 que encabezan tanto la entrada como este párrafo y a continuación estaba la vasijería y hojalatería de Julio Salanueva. Yo he conocido allí, desde hace muchos años, Bazar Jimenez que, con el mismo negocio de cacharrería, venía de la calle Mañueta. En los años 30 también había en este primer tramo de la calle una mercería-paquetería, la de Nemesia Erviti y en los 50 una tienda de alimentación, la de Blanca Murillo Lorente. A continuación de Bernabé Rivero, en los primeros años de siglo estaba la barbería de Martín Ollo, negocio que desaparecería al poco tiempo para ampliar el negocio de los cacharros, aunque una década más tarde tras la tienda de cacharros, seguía habiendo una barbería, la de Pedro Biurrun que continua al menos hasta 1936.Tras la guerra en este lugar y durante bastante tiempo estuvo la peluquería de Andrés Arbea Echeverría, en el mismo lugar donde luego estaría la tienda de revistas del Portu. En los años 40, en el nº 21, donde hoy se encuentra la tienda de arreglos de ropa Descosidos se hallaba la zapatería de calzado ordinario de Sebastian García. 

Y en el nº 23-25 donde hasta hace poco estaba la inmobiliaria Casco Viejo, y la agencia de viajes Libre Destino, desde primeros de siglo encontrábamos al ebanista y tapicero Esteban Osacar al que siguió durante los años 40 y 50 el también tapicero Sebastián Osta. Algunos años atrás, a comienzos de siglo por allí estaban también la alpargatería de Valentín Erice que en los años 20 cogió Sebastian García y tras él, la barbería de Claudio García que en los años 20 regentaba Emilio Caballero que continuó con el negocio en los años 30 e incluso pasados los 50 si bien, desde los años 30, en el nº 25. Luego estaba en el nº 27 Vda de Martin Jauregui con un negocio de lana en rama y pieles del país sin curtir que en los años 20 aparecerá como Herederos de Jauregui, y que continua en los años 40-50 bajo la razón social de Juan Casanave y Cia, con el mismo objeto social y a la que sigue, en esos mismos años, un negocio de loza y porcelana, otro más de cacharrería dirigido esta vez por Martin Velaz. Cerca de aquí había una posada regentada por José Mauleón, hoy estos locales, de los números 27 y 27 bis, están cerrados, desde hace mucho tiempo.

Donde hoy se encuentra la Librería Abarzuza estuvieron la tienda de embutidos, tocinos y jamones de Antonio Oscoz al que siguió Florentino Velasco, en los años 30,  con el mismo  negocio  y la zapatería de Aniceto Yoldi. A partir de los años 40 allí estaba la tienda alimentación de Miguel Huarte Aldaz. A principios de siglo, donde hoy se encuentra la tienda de disfraces y petardos Halloween estaba el bastero  Juan Oderiz, que era fabricante o vendedor de bastos, género de aparejo o albarda que llevaban las caballerías de carga. El tal Oderiz regentaría unos años más tarde una posada en el mismo lugar, si bien en los años 30 en ese lugar descubrimos la botería de Valeriano San Martín. Esta zona tuvo más posadas y tabernas. Así, en 1908 encontramos una taberna regentada por Vicente Ardanaz, en el nº 35 de la calle, donde hoy está Alimentación Gloría, si bien en los años 20 aquí, en este local se radicó  Bernabé Gembero,  el de Calzados Gembero, y estuvo en este lugar al menos hasta la guerra, como bastero, antes de abrir la zapatería de la calle Eslava y en el nº 37, donde hoy se encuentra Informática San Fermín,  hubo una posada, la de Juan Leranoz que estuvo abierta al menos  en los años 30. Antes en ese local o en el de al lado, estuvo la abacería Herederos de Irurzun. La calle no acababa comercialmente como ahora, en el nº 39, pues desde los años 40 en ese último tramo de la subida al Museo hubo un par de fruterias, la de Cecilio González en el 41 y la de Juan Pérez en el 45, pero retrodezcamos a primeros de siglo: donde hoy se encuentra el Asador Zaldiko estaba Demetrio Cebrian, el  emprendedor bisabuelo de los actuales regidores de Bolsos Cebrian, de la calle San Lorenzo. También como otros tantos comerciantes de la calle era bastero, fabricaba y vendía aparejos para caballerías. Y en los años 40, en este lugar, encontramos al zapatero Serapio Vizcar Zubillaga. Termino esta entrada con sendas fotos de encierros de los años 60, donde podemos contemplar además de unas bellas estampas sanfermineras de esta parte del recorrido, sendas panorámicas generales de la calle, con algunos establecimientos como la barbería de Arbea, la alpargatería de Sebastián Garcia o la  zapatería de Esain.

Fotos, por orden de aparición: Santo Domingo (1950). J. Cia. AMP. Santo Domingo (1940). Zubieta y Retegui. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri.  Encierro de San Fermin en Santo Domingo (1967). Ediciones Galgo. Encierro de San Fermín en Santo Domingo (1969). Foto Gomez. Agencia Cifra.

Imagenes del ayer: Pamplona, a vista de pájaro (1921)

Dentro de la sección “Imagenes del ayer” ofreceré en las próximas entradas diferentes vistas aéreas, de diferentes épocas,  que nos permitirán ver la evolución de nuestra ciudad a lo largo del tiempo. La mayoría de las fotos han sido ya publicadas en el blog pero en esta ocasión, describiré con detalle la información gráfica que podemos contemplar. Para percibir con más detalle las fotos recomiendo su visionado en una pantalla grande, de ordenador o de tablet. En esta ocasión analizaré lo que podemos ver en esta foto de 1921, de Ministerio del Aire que me facilitó Javier Azqueta, para seguir en la siguiente entrada con otra foto aérea de 1924, una época, la de los primeros años 20 en la que la ciudad sufriría  importantes modificaciones urbanísticas. En esta foto principal, que ya vimos en la entrada dedicada a la plaza de toros (El año en que Pamplona tuvo dos plazas de toros), datada en el primer semestre de 1921, podemos ver de arriba abajo y de izquierda a derecha de la foto los siguientes aspectos destacables: En el ángulo superior izquierdo, se observan los cuarteles General Moriones y Diego de León, donde hoy estaría el Baluarte y su plaza, más abajo siguiendo la actual calle Estella, el Cuartel de Intendencia y desde el inicio de la actual calle Tudela hasta la avenida San Ignacio el cuartel de Caballería y la Comandancia de Ingenieros, al final de este tramo se encontraba la antigua basílica de San Ignacio, aun no se había construido la nueva que conocemos, ni tampoco se habían construido, por supuesto, por todo lo dicho los  actuales edificios de la calle Estella. En la plaza del Vinculo teníamos, mirando hacia Sarasate, a la izquierda, el caserón de la nueva Alhóndiga Municipal, sede de la Escuela de Artes y Oficios y de la Academia de Música, enfrente el edificio de la Casa de Baños y a la derecha un edificio de viviendas que sería derribado para construir el que existe actualmente en la plaza (donde estaba el antiguo Koppo). Todavía estaba sin construir el nuevo edificio de Correos (se inauguraría en 1925), pero ya se había derribado el edificio del Vinculo, pues parece vislumbrarse un hueco entre la Casa de Baños y el viejo Caserón de la Casa de Misericordia. Siguiendo por esta acera del Paseo de Sarasate, tras el Caserón de la antigua casa de Misericordia,  estaba la primera Casa de Socorro de la ciudad, en la antigua casa de los Pastores, antes de su traslado a la calle Alhóndiga en 1930, el colegio de los Escolapios y la primera sede del Banco de España,  antes de construir su nuevo edificio en 1927 (donde antes estuviera la primera Alhóndiga municipal hasta 1891)

Desde lo que luego sería la avenida San Ignacio hacia abajo podemos destacar los siguientes elementos. Todavía no se había construido nada o casi nada en el Ensanche, se estaban poniendo los cimientos del edificio que se construiría junto al Olimpia, el chalet de Martinicorena, en la calle Arrieta,  sería la primera nueva construcción del nuevo ensanche, en 1922; la Casa Doria, en la confluencia de Carlos III con Cortes de Navarra sería otra de las primeras construcciones, en 1923. No existía la avenida de Carlos III, ni el actual Teatro Gayarre. En su lugar, ocupando parte de la futura nueva avenida y del futuro nuevo teatro estaba la primera plaza de toros de Pamplona. El Teatro Gayarre, inicialmente llamado Teatro Principal, cerraba la plaza del Castillo, por donde hoy se abre a Carlos III. Aun se pueden observar con cierta nitidez en esta fotografía principal los restos de la muralla sur de la ciudad. Las murallas del frente sur se habían derribado entre 1915 y 1921. Este frente de muralla iba desde la Ciudadela, por la calle García Ximenez, atravesaba toda la avenida de Roncesvalles hasta llegar a la zona de Juan de Labrit. Podemos descubrir  en la foto restos del baluarte de la Reina, (antes llamado de Tejería), en la parte inferior de la foto así como restos del desmonte de terreno al derribar la muralla de la zona de Tejería. Hoy en día se puede ver en ese lugar un murete de piedra, al pie de la barandilla que hay en la Cuesta de Labrit, resto de aquella primitiva muralla.  Cerca del Baluarte de la Reina estaba el Portal de Tejería, a la altura del actual paso de peatones de Estafeta al Callejón de la plaza. Fue derruido en 1915, (lo vemos aun intacto en una de las fotos de la derecha de este párrafo) y los escudos de armas se pueden contemplar en el arco de la puerta de entrada a la Ciudadela. El otro baluarte de esta zona era el de San Nicolás. Su portal de entrada, reformado en 1906-7, estaba a la altura del edificio del antiguo cine Carlos III, desapareciendo tanto el portal como las murallas colindantes en 1921. Su frontis se trasladaría  en 1929 a los jardines de la Taconera. Si nos fijamos en la foto principal de la entrada, poco tienen que ver la actual fachada oeste de Diputación, donde estaba el edificio del antiguo Archivo, con la que se observa en la foto y lo mismo pasa  con las casas que estaban en la zona que hoy estaría entre Duque de Ahumada y Espoz y Mina, así como casi todo el frontal de las casas situadas cerca de la muralla de Tejería, con el gran edificio del Seminario Episcopal, descollando en el angulo inferior derecho de la foto. El edificio situado al final de la Estafeta, en su confluencia con Juan de Labrit tampoco es el mismo que podemos observar hoy en día aunque nos sirve como elemento de referencia en varias de las fotografías, tanto de la grande como de las pequeñas. Para ilustrar algunos de los cambios aquí comentados he acompañado este último párrafo con tres fotografías extraídas de los libros de J.J Arazuri. Pamplona, calles y barrios. De izquierda a derecha, derribo de las murallas en lo que hoy sería cruce de calle Tudela y Garcia Ximenez (terminado en 1921), del portal de Tejería poco antes de su desaparición (1915) y del inicio del derribo de las murallas de Tejería (julio 1918).

Fotos referenciadas en el texto de la entrada.

Plazas y calles de ayer y hoy: La Cuesta de La Estación (1879-2016)

Ahora que la llamada Cuesta de la Estación está sufriendo importantes cambios, con la ampliación de la acera y la habilitación de un carril bici que comunicará la zona de San Lorenzo con el parque de Trinitarios, parece un buen momento para recordar como ha ido evolucionando esta emblemática entrada de Pamplona a lo largo de la historia. Y es que a veces, por diferentes razones, la historia de los lugares va y viene, cambia y evoluciona para volver a parecerse, sorprendentemente, a tiempos pasados. Así, a finales del siglo XIX, concretamente en 1879-80, podíamos ver el  inicio de esta Cuesta, en su confluencia con la iglesia de San Lorenzo, mucho más estrecha que la que hemos conocido durante el mayor tiempo de nuestras vidas, con la plaza de Recoletas invadiendo la actual calzada y su famosa fuente ubicada en el extremo surooccidental de la plaza, tal y como se observa en la fotografía de la derecha, de Roldán (padre), que encabeza la entrada. Ahora esta estampa se nos antoja bastante extraña, sobre todo porque la Iglesia de San Lorenzo presentaba una enorme fachada pétrea de aspecto medieval con una bonita portada obra de Juan Miguel de Goyeneta. La fuente se trasladaría al centro de la plaza en 1884 y la fachada medieval de San Lorenzo se derribaría en Febrero de 1901. La nueva fachada, obra de Florencio de Ansoleaga, que  vemos en la foto de la izquierda, de Bozano, que encabeza también la entrada, se inauguraría, como no podía ser de otro modo,  el 6 de julio de 1903. Sin embargo, esta torre no ha llegado completa a nuestros días ya que en la primera mitad del pasado siglo perdió el pináculo, de forma piramidal, con la que culminaba la torre.


En 1932, imagino que por las necesidades derivadas de la creciente automoción, todavía muy incipiente, sumadas, además, a la ocupación de parte del vial  por el ferrocarril del Irati se decidió  ampliar  la anchura de la Cuesta de la Estación. Esta ampliación se hizo  a costa de la plaza y del Convento de Recoletas. Junto a estas líneas podemos ver, en varias fotografías de Bozano, de 1932, la estrechez de la calzada, sobre todo a partir de su mitad, antes del derribo del imponente muro conventual y de una buena franja de su huerta. El de la Cuesta de la Estación no es, de todos modos,  el título oficial de la vía. La empezaron a llamar así los pamploneses con motivo de la inauguración de la estación del tren, la estación del Norte, en 1860. Hasta entonces, y desde el siglo XVI,  se llamaba Cuesta del Portal Nuevo. En el pasado siglo se llamaba Avenida de Guipúzcoa al tramo de vía comprendido entre el cruce con la Cuesta de la Reina y el límite municipal, donde estaba la caseta de arbitrios, muy cerca de Berriozar. Hoy la Cuesta de la Estación, en su tramo urbano, aparece como Calle Taconera. Por aquí, cerca del Portal Nuevo, en el lado izquierdo de la Cuesta, en el muro de contención de los jardines de la Taconera, estaba la llamada Fuente del León, que fue tapiada en 1911 por presión de la Sociedad del Irati. La fuente se nutría, como la de la Taconera, de aguas de Iturrama.

Tras el Portal Nuevo, la Cuesta de la Estación también ha sufrido modificaciones, si atendemos a las fotografías de que dispongo. A principios de siglo, antes de  1905, había un alto muro de piedra bordeando la cuesta con troneras o aspilleras, como se puede comprobar en la fotografía de la izquierda, de Fidel Veramendi, publicada en el libro de J.J Arazuri, Pamplona, calles y barrios. Posteriormente el muro fue rebajado, como vemos en la pequeña foto de la derecha, de Luis Roisin, de 1913. Tras la inauguración del nuevo portal, obra de Victor Eusa, en los años 50, se modificó también  la apariencia de la bajada, sustituyendo el viejo murete de piedra por una barandilla de hierro engarzada mediante machones o pilares de piedra que son los que podemos ver todavía y que se observan en la foto postal de la derecha de Ruperez. Resulta curioso comprobar como,  a lo largo de los últimos decenios, el nivel de la acera en este tramo ha ido quedando muy por debajo del nivel de la calzada, cuando durante buena parte del siglo XX no fue así. Cuantas veces habré subido o bajado por esta Cuesta, desde que tengo uso de razón, bien andando o bien en villavesa. Para los que vivimos en la Rochapea ésta era junto a la de Joaquín Beunza una de las dos vías más importantes de conexión con el centro. En noviembre de 2014, el Ayuntamiento decidió ampliar la acera y habilitar un carril de bici con doble sentido, de subida y bajada, reduciendo los carriles para los vehículos a la mitad, de cuatro (dos de subida y dos de bajada) a dos (uno de subida y uno de bajada), si bien lo hizo con carácter provisional, sin obra, hasta que hace unas semanas se iniciaron las obras de acondicionamiento de las aceras y carriles, tal y como se observa en el reportaje fotográfico adjunto de hoy mismo.

Fotos referenciadas en la entrada, por orden de aparición: Iglesia de San Lorenzo (1903), Bozano. Iglesia de San Lorenzo (1879-80), Roldán padre. Cuesta de la estación antes de las obras de ampliación (1932), Bozano. Cuesta de la Estación (1900-1904),  Fidel Veramendi. Cuesta de la Estación (1913), Luis Roisin. Cuesta de la Estación. (Años 50),  Ruperez para Ediciones Vaquero. 

Enseñanza media y superior en el Viejo Pamplona (1842-1989)

Después de hablar, hace seis meses, sobre las escuelas de primaria del Viejo Pamplona, me faltaba referirme a los grados medios y superior de la enseñanza general y hablar de otro tipo de enseñanzas especializadas para completar este capítulo de la Educación. En aquella entrada señalaba algunos colegios privados que impartían segunda enseñanza pero no hablé del centro de referencia de enseñanza media de carácter público que había en la ciudad, me refiero al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, situado en la calle Navarrería y cuya postal de Eusebio Rubio, de 1905, encabeza esta entrada. Erigido en 1842, inicialmente como centro privado y posteriormente como público, dependía de la Universidad de Zaragoza, y ostentaba el nombre de Instituto General y Técnico. El edificio del Instituto fue construido por encargo de la Diputación, en 1865, bajo la dirección del arquitecto Maximino Hijón y su coste fue de unas 625.000 pesetas. Tenía una gran entrada de cuyo fondo se elevaba una elegante cristalera encristalada que llegaba hasta el piso principal. En la planta baja tenía dos patios interiores y tres laterales pequeños y un jardín muy cuidado. El patio principal, convertido en jardín, estaba rodeado por dos galerías o claustros, uno bajo y otro alto, elegantemente decorados y sostenidos por columnas de hierro. El bajo daba paso a varias cátedras y a los gabinetes de Física, Química e Historia Natural. El alto, encristalado servía de paso al Salón de Grados, Secretaría, Biblioteca y habitaciones del director.

El segundo patio del edificio formaba el principal de esta escuela y tenía comunicación con el primero y entrada independiente por la plazuela de San José. En un principio esta parte de edificio estuvo destinada a colegio de internos del Instituto, quedando después para la Escuela Normal de Maestros. En la foto de la izquierda, publicada por José Joaquín Arazuri en su libro “Pamplona, calles y barrios” aparece el edificio de la Escuela Normal en 1935. En la postal  de la derecha, de algunos años antes aparece la parte del edificio que se seguiría dedicando a Instituto Provincial. El patio contaba con dobles arcadas, sobre las cuales había dos galerías que daban paso, con escaleras independientes a las distintas clases de maestros y maestras, habitaciones del director y directora, porteros y otras dependencias. La Biblioteca estaba surtida de obras antiguas y raras, procedentes de los  antiguos conventos de Pamplona. En 1924 la Biblioteca del Instituto contenía más de 30.000 volúmenes. A comienzos de los años 20  el Instituto contaba con 300 alumnos matriculados, duplicando esta cifra a finales de la década. En 1939, tras la guerra civil, la separación de sexos conllevó la división del Instituto Provincial de Segunda Enseñanza en dos centros: el masculino “Ximenez de Rada” y el femenino “Príncipe de Viana” que se trasladaron, a partir de  1944, a su actual ubicación en la plaza de la Cruz, bajo el rótulo de “Institutos de Navarra”. 

En este mismo edificio, como he dicho, en el colegio de internos del Instituto, estaría también, desde 1885, la Escuela Normal de Maestros y Maestras cuya directora, en los primeros años de siglo, fue  doña Mariana Sanz. La Escuela había comenzado a funcionar el 1 de mayo de 1840 en el antiguo convento de San Francisco. En 1843 se había creado la Escuela de Prácticas Aneja a la Normal que tenía su sede, igualmente,  en las Escuelas del Convento de San Francisco y que, después, estaría en las nuevas Escuelas de San Francisco. En la Normal dieron clase personalidades de la cultura de aquellos años como Leoncio Urabayen, Joaquín Maya, Ramón Bajo Ulibarri, Alberto Huarte, etc. En el curso 1922-23 había matriculados en la Normal 236 alumnas en la de Maestras, (300 en 1928), y 46 alumnos en la de Maestros, triplicando esta cifra a finales de la década. En los años 30 los estudios de Magisterio duraban tres años y en el período de prácticas se percibía un sueldo. En los años 40,  con el traslado de los institutos de enseñanza media a la plaza de la Cruz, en el edificio de la plaza de San José quedaron las dos escuelas, la de   maestros, “Huarte de San Juan” y la de maestras “Blanca de Navarra” que en 1967 se integrarían en una única Escuela Normal y, posteriormente, desde 1972, en la Universidad como Escuela Universitaria de Profesorado de Educación General Básica. En el curso 1987-88 cursaron sus estudios en la Escuela de Magisterio 870 alumnos.

El primer intento serio de montar una escuela de artes data de 1828, fecha en la que el Ayuntamiento de Pamplona pone en marcha una Escuela de Dibujo en el nº 80 de la calle Mayor que más tarde se traslada  al antiguo convento de San Francisco y la Diputación promueve, por su parte, la creación del Instituto General y Técnico de Pamplona donde se imparte también dibujo natural y lineal, pero no es hasta el año 1873 cuando, por acuerdo de la Diputación y Ayuntamiento, se refunden los estudios existentes en la Escuela de Dibujo y en el Instituto y se inaugura la Escuela de Artes y Oficios. Su primera sede estuvo en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza si bien en 1890 se trasladó al edificio de la Alhóndiga, situada inicialmente, desde 1850,  en el Paseo de Sarasate y que luego vendería, el solar,  al Banco de España para trasladarse a un gran caserón en la confluencia de las actuales calles Estella, Yanguas y Miranda y Alhóndiga. este viejo caserón se derribaría en 1965. En la foto de 1963, de J.J. Arazuri, podemos ver el edificio de la Alhóndiga poco tiempo antes de su desaparición. En 1908  dirigía la Escuela  Florencio Ansoleaga y contaba con 350 alumnos. En 1917 la Diputación dejó de tutelar la Escuela y pasó a ser enteramente municipal, creciendo el alumnado y obligando a ampliar el edificio existente. En la década de los 60 se trasladó la Escuela nuevamente a San Francisco, al derribarse el edificio de la calle Estella, si bien algunas clases se impartían también en la escuelas de Compañía.  En 1967 pasó a llamarse Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. En 1969 se empezó a construir el nuevo edificio que se inauguraría en 1972, en el nº 27 de la calle Amaya, ampliando a lo largo de los años sus disciplinas artísticas. Este centro quedaría como un centro de enseñanza reglada de formación profesional. Hoy en día depende del Gobierno de Navarra. En 2003 los llamados cursos monográficos, (enseñanzas no regladas pertenecientes a la antigua escuela municipal), se trasladaron a la Escuelas de José Vila, redenominando dicha escuela, en 2008, como Escuela de Artes y Oficios “Catalina de Oscariz”. Entre los profesores de la Escuela de Artes y Oficios  estuvieron, a lo largo de su larga historia, nombres como  Miguel Sanz y Benito, Eduardo Carceller y García, Millán Mendía Azpilicueta, Miguel Pérez Torres, Leocadio Muro Urriza, Enrique Zubiri Manezaundi, Gerardo Sacristán, José María Ascunce, Fernando Redón y Juan José Aquerreta.

La Academia de Música fue fundada en 1858  por Mariano García Zalba, exalumno de la Capilla de la Catedral. A principios del siglo XX contaba con 550 alumnos. En ella enseñaron, entre otros, José Luna, Avelina Izco, Emiliana Zubeldia, Gurmensindo Bravo, Felipe Aramendia, etc. Dirigieron la Academia tras su fundador y hasta los años 50, su hijo Mauricio, Joaquín Maya, Santos Laspiur  y Miguel Echeveste. La Academia desapareció al fundarse el Conservatorio de Música Pablo Sarasate. El Conservatorio fue, en cierto sentido, heredero de la Escuela. Y es que en 1956 la Diputación había creado oficialmente el Conservatorio Navarro de Música Pablo Sarasate. El decreto de la creación fue una ampliación del decreto de 1951 que había convalidado la validez, con grado de conservatorio, de la Academia Municipal de Musica de Pamplona.   De hecho, el Conservatorio comenzó su primera etapa en la sede de la Escuela de Música que dirigía entonces Miguel Echeveste. Dirigió el Conservatorio entre 1957 y 1973 Fernando Remacha y tras él Pascual Aldave, Santiago Garay, Miguel Roa, Miguel Angel Navascues, Armida Luengo, Aurelio Sagaseta, Jose Ignacio Martínez Zabaleta, Máximo Oloriz, Fernando Sesma, Salud Bueno y Julio Escauriaza (hasta 2011).  En 1963 se inauguró su nueva sede de la calle Aoiz. 

Junto a la Escuela de Magisterio, en el edificio de la plaza de San José, se ubicaría en el curso 1944-45 la Escuela de Comercio que podía impartir todas las enseñanzas de Profesorado Mercantil. Desde 1972 se transformó, igualmente,  en Escuela Universitaria de Estudios Empresariales, con carácter de diplomatura, pudiendo accederse directamente a la Facultad de Económicas y a la de Empresariales. En el curso 1987-88 había 1.297 alumnos matriculados en la Escuela de Empesariales. A comienzos del siglo XX había algún otro centro de enseñanza especializada:  por ejemplo, la Escuela de Peritos Agrícolas de Navarra con origen en la granja escuela de Práctica de Agricultura de Villava, creada a iniciativa de la Diputación Foral de Navarra en 1914, si bien la Escuela nació como tal en septiembre de 1924 en las dependencias de la citada granja escuela. Junto a este párrafo podemos ver sendas fotos del edificio del Palacio del Congreso Nacional de Viticultura, obra del arquitecto José Yarnoz, inaugurado en julio de 1912 que serían la sede de la citada Escuela. En 1966 pasó a llamarse Escuela de Ingeniería Técnica Agrícola, transformándose en escuela universitaria en 1978, adscrita a la Universidad Politécnica de Madrid. En el curso 1987-88 contaba con 478 alumnos. La Escuela de Graduados Sociales se creó, por su parte, en el año 1959, en los locales de la antigua casa sindical, teniendo como origen los cursos que impartía el Servicio de Formación Sindical para formación laboral de trabajadores. En 1962 se trasladó a la calle Iturralde y Suit. En 1980 adquirió rango universitario, cursando sus estudios, a comienzos de los años 80, 560 alumnos.

También  habría que citar dentro de este apartado de la enseñanza media y superior la impartida en los seminarios: así el Seminario Conciliar, fundado en 1777, ubicado en la calle Dormitalería, tenía a finales del siglo XIX con 600 alumnos inscritos, 110 de ellos internos, el Seminario Episcopal de la calle Tejería, fundado como una sección del Conciliar,  con el nombre de Colegio de San Francisco Xavier,  contaba  60 alumnos (1881) (en la foto adjunta del Archivo Arazuri, publicada en “Pamplona, calles y barrios” podemos ver una foto de dicho seminario en 1936) y el Colegio de San Juan Bautista (1734), de la calle Santo Domingo, esquina cuesta del Palacio, contaba con 12 plazas internas. 

Un precedente histórico universitario en nuestra ciudad sería la Universidad de Santiago, dirigida por los Dominicos entre 1630 y 1771 que fue suprimida por el rey Carlos III. Otro intento de creación de un centro universitario, en este caso de medicina, fue  la creación en Pamplona del Real Colegio de Medicina, Cirugía y Farmacia del Reino de Navarra inaugurado en octubre de 1829, en el antiguo Hospital, hoy Museo de Navarra y que apenas tuvo 10 años de vida. Posteriormente hubo varios intentos desde la Diputación Foral todos ellos fracasados entre los que llama la atención la iniciativa de 1886 en la que la Diputación foral propuso a las de Guipúzcoa, Vizcaya y Alava formar un distrito universitario que tuvo buena acogida por varios ayuntamientos navarros pero que no tuvo finalmente aceptación por las provincias vecinas. Tuvo que pasar siglo y medio hasta que  Pamplona contase con otra Universidad, aunque como aquella o la de Irache,  de carácter privado y bajo el auspicio del Opus Dei.
En efecto, en  abril de 1952 nacía el Estudio General de Navarra, germen de la actual Universidad de Navarra, con la creación de una Escuela de Derecho. El curso con 48 alumnos y 8 profesores se inició en la Cámara de Comptos, como podemos ver en la foto adjunta de la izquierda. Dos años más tarde (1954) se crearon las escuelas de Medicina y Enfermería que tendrían su sede inicial en un pequeño edificio del Hospital de Navarra donde realizarían las prácticas; en 1955, nacía la Facultad de Filosofía y Letras, en la última planta del Museo de Navarra, en unas aulas cedidas por la Diputación foral. En 1958 se creaba el Instituto de Periodismo, convertido en Facultad de Ciencias de la Información en 1971. En 1960 el Estudio General se convirtió en Universidad y ese mismo año comenzó  a construirse, en el naciente campus, el primero de sus edificios universitarios, el Edificio Central (que vemos en una postal a color de Ediciones Vaquero de 1966, a la derecha de este párrafo),  a los que seguirían, en los años siguientes, otros que albergarían las diferentes escuelas y facultades universitarias.  En una foto de la izquierda de este párrafo, datada en 1960, vemos una foto bastante curiosa, el desfile de profesores con toga y birrete, por la cuesta del Museo.  En 1964 se creaban las Facultades de Ciencias (Biología), Farmacia y Arquitectura y en 1987 la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.  En 1987-88 la Universidad de Navarra contaba con 14.670 alumnos entre todos sus centros (tanto de Pamplona como de fuera).

En 1973 se producía la primera oferta universitaria de carácter público al crearse el centro regional de Navarra de la UNED, con las secciones de Derecho y Filosofía y Letras, si bien el centro asociado había sido creado en 1971 gracias al impulso de la Diputación que había formalizado, incluso un convenio con la Universidad de Navarra para desarrollar el citado centro y creado un Patronato para su gestión. En 1988-89  la UNED contaba con 2.649 alumnos matriculados en Derecho, Geografía e Historia, Filología, Psicología, Ciencias de la Educación, Filosofía, Económicas y Empresariales, Ingeniería Industrial, Sociología, Ciencias Políticas, etc. 

En 1987, el Parlamento Foral aprobaba la creación de la Universidad Pública de Navarra que inició sus actividades docentes en el curso 1989-90, con cuatro titulaciones superiores y dos medias: Ingenieros Industriales, Ingenieros Agrónomos, Licenciados en Económicas y Empresariales y diplomados en Ingeniería Técnica Industrial y Graduado Social, dando cauce a una vieja aspiración histórica de la comunidad. La Universidad contaría inicialmente con los siguientes centros: la  Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, que impartirá los títulos de diplomado en Profesorado de EGB, Trabajo Social y Ciencias Políticas, y las licenciaturas de Traducción e Interpretación, Sociología y Ciencias Políticas; la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (con las diplomaturas de Estudios Empresariales, Graduado Social, Informática de Gestión y licenciatura en Ciencias Empresariales); la Escuela Universitaria de Estudios Sanitarios, con las diplomaturas de Enfermería, Fisioterapia, Logopedia, Podología y Dietética; la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicaciones, que impartirá primeros y segundos ciclos de ocho especialidades diferentes; la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos, con tres especialidades en los dos ciclos, y el Centro de Estudios de Planificación Territorial. El campus se construiría, finalmente en Arrosadía tras algún intento fallido de llevarla al centro histórico de la ciudad.


Fotos por orden de aparición: Instituto de Segunda Enseñanza (1905). Fotopostal de Eusebio Rubio; Escuela Normal de Maestros (1935). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Instituto de Segunda Enseñanza (1910). Fotopostal de Eusebio Rubio. Escuela de Artes y Oficios (1963). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Jóvenes en la plaza del Castillo (1955). Pachi Calleja. Escuela de Peritos Agricolas de Villava (1924). Archivo General de la Universidad de Navarra. Seminario Episcopal (1936). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Desfile inaugural del curso académico universitario (1960). Archivo General de la Universidad de Navarra.  Escuela de Derecho en la Cámara de Comptos. (1952). Archivo General de la Universidad de Navarra. Edificio Central de la Universidad de Navarra. (1966). Postal de Ediciones Vaquero. Archivo UNED (sin datar). Archivo Universidad Pública de Navarra (sin datar).

Origen de las cajas navarras en los albores del siglo (1872-1921)

Hace poco más de seis meses hablé en este mismo blog de los primeros bancos navarros, de los cuales a estas alturas de la historia ya no queda ninguno. En esta ocasión hablaré del origen de nuestras cajas, de las cuales ya sólo nos queda una  verdaderamente navarra, la Caja Rural. Sin embargo, no hace tanto tiempo, parece que fue ayer, las tres cajas de la tierra custodiaban más del 50% de nuestros ahorros. Seguiré un orden cronológico y empezaré por la más antigua de todas, la Caja Municipal. La Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Pamplona  se fundó el 14 de febrero de 1872 por acuerdo del Ayuntamiento de Pamplona, aunque parece que hubo un intento, en 1861, que no llegó a prosperar, abriendo su primera oficina como tal  el 24 de noviembre de ese año. El Ayuntamiento se comprometía, decía textualmente en su acuerdo de constitución:  “a que cuantas cantidades se ingresasen en la Caja serían, en todo tiempo, un depósito sagrado, y que siempre, y en todas épocas, la Corporación Municipal sería responsable de los fondos ingresados”. El Ayuntamiento que la creó estaba presidido por Rafael Gaztelu y Murga, marqués de Echandía y eran concejales en aquella corporación entre otros Vessolla, Mata, Mena, Arraiza, Ripalda, Olaso, Bescansa, Seminario, San Julián, etc y la corporación que la puso en marcha estaba presidido por José Javier de Colmenares y Vidarte y entre los que figuraban en ella estaban  los Galbete, Campion, Iraizoz, Ferrer, Mosso, etc.  La Caja fue creada y abierta con el apoyo de todos, sin distinción de ideología política. Tuvo su primera sede en el nº 47 de la calle Estafeta, en un edificio de su propiedad.  Posteriormente se trasladaría a la esquina de Mercaderes y Chapitela y que vemos en la foto del siguiente párrafo, donde hoy hay una sucursal de Caja Rural. En aquellos primeros años los ingresos en las Cajas tenían aun unos topes fijos (cinco céntimos) por lo que los balances finales no presentan entonces grandes cifras.Presidía la Junta de Gobierno de Caja Municipal de Pamplona en 1923, Angel Mocoroa siendo su administrador jefe  Eugenio Polit, que vemos en la foto de la derecha. Eran vocales los concejales que formaban parte de la Comisión de Hacienda del Ayuntamiento.  El activo y pasivo de la entidad ese año 1923 fue de 4,6 millones de pts y las imposiciones de 2,2, un año más tarde eran de 5,9 y las imposiciones de 3,1 millones de pts. Sus clientes no eran muy numerosos, pasando en poco más de 20 años, de 2.522 impositores en 1907 a  5.358  en 1927, más del 50% de ellos eran mujeres, con presencia también de comerciantes, artesanos y trabajadores. Se realizaban sorteos con el fin de fomentar el ahorro,  en 1924 regalaron 4.000 pesetas en premios. En sus primeros 57 años  la Caja se desenvolvió con dependencia directa del Municipio. Su crecimiento fue muy lento a lo largo de los primeros años de su historia, moviéndose entre los 6,1 millones de pesetas de 1927 y los 12,9 de 1940. No obstante y pese a esta situación, con sus préstamos a bajo interés ayudó a resolver todos los problemas importantes de la ciudad de aquellos años: la construcción de grupos escolares (como el  de San Francisco en 1907), de las Casas Baratas, de la cárcel provincial,  de la central telefónica municipal o del Nuevo Ensanche, entre otras, teniendo la mayor parte de su activo invertido en estas operaciones. También sirvió para mejorar la pavimentación de las calles de la ciudad, iniciar obras de saneamiento urbano, higiene y sanidad, alumbrado público, lavaderos públicos, financiación de líneas férreas, etc.


El 12 de abril de 1929 inició, por fin,  la Caja su vida autónoma, con unos nuevos estatutos, empezando a construir en 1931, un magnífico inmueble en el nº 5 de  Paseo de Sarasate que se inauguraría en 1935 (Junto a esta entrada vemos, a la izquierda,  la foto del solar tapiado (aparece en el libro de J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”) y a la derecha el edificio en plena construcción). Según su reglamento la caja se ofrecía a los vecinos de dentro y fuera de Pamplona lo que hace pensar que ya desde un primer momento se planeaban su extensión por el territorio foral, algo que no se llevaría a la práctica hasta muchos años después.  La Caja Municipal tendría también una importante vertiente benéfico-social, a lo largo de su historia. En ella residía el Patronato de las Cantinas Escolares, institución que  en los años 50 atendía a 1.400 niños que acudían a las escuelas gratuitas de la ciudad. Presidía en los años 50 la Junta de Gobierno de la entidad, D.Joaquín Asurmendi y entre los vocales estaban concejales como Arellano, Arraiza, Cojeces, Enderiz, Ibañez, Jadraque y Lacabe y vecinos como Pedro Alfaro, Juan Larrambebere, Luis Lorda Aguirre, Valeriano Zabalza, y Candido Zufiaurre. Fue director de la Caja, desde 1929 y hasta 1953, D. Ataulfo Urmeneta y Cidrian, padre del que sería después alcalde de Pamplona (1958-1964) y director también de la Caja, Miguel Javier Urmeneta (1953-1982), que vemos en la foto de la izquierda del siguiente párrafo. Con Urmeneta la Caja inició su etapa de crecimiento financiero y de modernización organizativa.


Tras la guerra, el crecimiento de la Caja había sido pequeño pero sostenido pasando de los 12,9 millones de pesetas de 1940,  a los 27,5 de 1945 y  a los 61,4 de 1953. A partir de los años 50 se produjo un notable incremento en los saldos y en  los prestamos  como consecuencia del inicio del período desarrollista (se pasa de 150 millones en 1958 a 1.500 millones una década más tarde, en 1968). La Caja Municipal no sería ajena  a la construcción de nuevas viviendas y barrios en la capital. Se seguían impulsando campañas de ahorro incluso entre los más pequeños como lo atestiguan algunos calendarios de la época que aparecen a lo largo de esta entrada, tanto al principio como al final (y que aparecen en el blog “calendariodebolsollo.blogspot.com”). En este período también crecería en el nº de sucursales, de 13 sucursales en 1960 se pasaría a 34 en 1968, 26 de ellas fuera de Pamplona.


Me detendré un momento en ese concepto, un tanto arcaico de “Monte de Piedad”, que acompañó durante muchos años al nombre de la Caja. El Monte de Piedad de la Caja comenzó su actividad el 2 de diciembre de 1872. Los Montes surgieron a mediados del siglo XV para luchar contra la usura, impulsados desde la iglesia y tenían un fin fundamentalmente benéfico-social, si bien para sobrevivir tuvieron que introducir los prestamos prendarios y cobrar un interés que garantizasen su futuro. Al principio el Monte de Piedad de la Caja llegó a admitir como garantía productos alimenticios pero posteriormente se limitó a ropas, colchones y alhajas, aceptando en los últimos años solo joyas y objetos de arte. Los prestamos no fueron muy grandes a lo largo de su historia: 47.325 en 1927, 162.538 en 1950 con 2.700 prestamos, bajando considerablemente en 1960 con un montante de 99.547 pts lo que parecía mostrar  una situación económica muy diferente.

En 1960 ya había comenzado su labor cultural (salas de exposiciones, centros culturales, premios literarios) y a finales de esta década costeaba los comedores de 10 grupos escolares, varias guarderías, centros de formación de la mujer, atención de personas con minusvalías, piscina cubierta, ayudas a la educación por medio de créditos y bolsas de estudio. En 1970 se inauguraba una Biblioteca en el barrio de San Pedro. La obra social perdería poco a poco su carácter benéfico y se orientaría en las últimas décadas a la cultura, el deporte, siendo sustituido la vertiente benéfica por una vertiente más asistencial adaptada a los nuevos tiempos, siendo, en este sentido muy frecuente la construcción de clubs de jubilados así como los viajes y excursiones, orientados especialmente a la tercera edad.  En 1979, inauguraba su nueva sede central en la Avenida del Ejercito. Poco tiempo después, en la década de los 80 empezaría la implantación de los primeros cajeros automáticos y tarjetas. A Urmeneta le seguiría en el cargo Fermín Ezcurra, el que fue presidente de Osasuna durante un largo período de su historia y a este le sustituiría López Merino, último director de la Caja Municipal (1984-2000). En enero 2000 desaparecía, después de más 125 años de historia,  al fusionarse (fue una fusión por absorción) con la Caja de Ahorros de Navarra, creando Caja Navarra. En el momento de su desaparición contaba con 104 sucursales bancarias.

La Caja Rural tiene, por su parte, su origen en julio de 1910 al crearse, -por iniciativa del obispo-,  la Federación Social Católica de Navarra, que tenía como objetivo coordinar los esfuerzos de las diferentes cajas rurales locales; aunque, como la federación de cada caja tenía bastante autonomía le costó salir adelante, sobre todo porque algunas de las cajas locales más saneadas tardaron en unirse a las demás. El fracaso en la creación de un banco agrícola en la provincia a instancias de Diputación fue probablemente el germen para que naciesen las cajas rurales, inicialmente con un ámbito estrictamente municipal. La primera caja rural navarra fue la de Tafalla (1902) fundada por Atanasio Mutuberria. Dos años después el cura rural, Victoriano Flamarique, (en la foto izquierda del siguiente párrafo),  creo la de Olite. Flamarique fue junto al sacerdote Antonio Yoldi, por encargo del obispo López Mendoza, el principal impulsar de este tipo de entidades. Entre 1907 y 1912 se produjo una gran expansión de esta fórmula cooperativista. En 1907 había 63 cajas rurales, en 1908, 132 y en 1912, 155. Estas cajas tenían como misión conceder créditos a bajo interés a los agricultores para la compra de semillas, aperos o mejora de su explotación, con la sola garantía de su palabra, dejando para la recogida de la cosecha el pago de los préstamos.

La Federación Católico Social de Navarra tenía en 1922 su edificio social en la calle Mártires de Cirauqui, 69 y Ciudadela, 5, que vemos en la foto del párrafo anterior. Estaba integrada por 158 cajas rurales con sus cooperativas de producción y consumo, sus mutuales diversas y sus círculos de recreo. En el año 1922 tenía tres secciones: la de Fomento, destinada a gestionar las compras y ventas colectivas de productos agrícolas que importaban 1,3 millones de pts, la de crédito para las operaciones de imposiciones y anticipos de todas las clases, sumando 3 millones de pesetas (que fue el embrión de lo que más tarde sería Caja Rural, en la foto del párrafo anterior vemos una acción de dicha sección federativa) y la de Secretariado Social, encargada de la propaganda oral y escrita, organización, relaciones institucionales, etc. Publicaba además en su propia imprenta la revista semanal, “La Acción Social Navarra”. El movimiento general de la contabilidad ascendía en 1922 a 53 millones de pesetas. El director del Secretariado Social era un canónigo, Don Alejo Eleta y actuaban como auxiliares los presbíteros Alejandro Maisterrena y Gervasio Villanueva. Las cajas rurales católicas de ahorros y préstamos contaban con edificios sociales, graneros, fábricas de harinas, pan y hielo, molinos de oliva, cooperativas de consumo, círculos de recreo, centros instructivos y ganaderías. También tenían establecidas algunas cajas rurales de esta federación mutuas de seguros contra incendios, campos y huertos, sociedades de socorros para enfermos, grandes saltos de agua, bodegas cooperativas, almacenes y talleres para la elaboración de esparto, fabricas de conserva, eléctricas, mataderos, etc. Los beneficios de la Federación excedían en 1922 de 110.000 pesetas y tenían un fondo de reserva de 300.000 pts. Contaba en 1925 además de un capital social de 600.000 pts  con un capital propio que sumaba 323.445 pts. En 1931 subsistían 124 cajas rurales en Navarra.

En su forma actual Caja Rural inició sus actividades el 23 de enero de 1946. La Caja Rural de Navarra puede trabajar en cualquier punto de España aunque a principios del siglo XXI actuaba en Navarra, País Vasco y La Rioja. Forma parte del grupo financiero Caja Rural fundado en 1989 que a comienzos del siglo XXI contaba con 77 cajas asociadas, siendo uno de los escasos grupos financieros que tras la crisis bancaria no ha sido obligado a integrarse en otros grupos más grandes. El grupo integra servicios (financieros a través del Banco Cooperativo Español, informáticos y de seguros), participa en diferentes empresas, si bien las inversiones crediticias ya no tienen al agro como sector preferente, pese a su origen, sino  a otros sectores (industrial y servicios, un 54%; y particulares: un 45%).

La Caja de Ahorros de Navarra fue creada por la Diputación Foral el 19 de agosto de 1921. Impulsaron la creación de la entidad los diputados forales, de la Comisión de Hacienda, Francisco Usechi, Ignacio Baleztena y Manuel Irujo. En la foto de la izquierda vemos a los diputados forales, fundadores de la Caja. El domicilio social estuvo en el Palacio de la Diputación hasta el 1 de enero de 1933 en que inauguró su propia sede, obra de Javier Yarnoz, donde actualmente se encuentra el edificio de Hacienda Foral (y que vemos en el encabezamiento de la entrada). En 1978 inauguraría su segunda y actual sede central (que vemos junto al último párrafo). Su objeto era, y cito textualmente, “recibir y hacer productivas las economías que se le confiasen, fomentando el ahorro, facilitando el crédito agrícola y corporativo y auxiliando al desarrollo de instituciones sociales de beneficencia y utilidad pública que pudiesen influir en la cultura y riqueza de la región”. Además, como colaboradora del Instituto Nacional de Previsión se encargaba de recaudar el Retiro Obrero Obligatorio, instaurado con carácter obligatorio el 24 de junio de 1921,  que fue la única función que realizó inicialmente hasta que no inauguró sus oficinas. También pagaba el subsidio a la maternidad, de hecho lo pagó entre 1922 y 1931, siendo sustituido a partir de ese año por el seguro de maternidad que atendió en su primer año a más de 1.800 mujeres.En 1923 el nº de obreros afiliados en Navarra al  seguro obrero obligatorio era de 22.752 con un total de 397 millones de pesetas, 28.078 en 1924  y 34.129 en 1926, si bien la afiliación en el ámbito rural, sector predominante en aquellos años fue muy reducida. En el ámbito de los seguros y la previsión la Caja puso en marcha también el seguro de accidentes de trabajo, el pago de subsidios a familias numerosas y a obreros en paro. Con los fondos del seguro obligatorio dedicó una parte a construir casas baratas entre 1926 y 1930. En 1942, tras la puesta en marcha del Seguro Obligatorio de Enfermedad (14-12-1942), el Instituto Nacional de Previsión informó a la Caja que iba a abrir sus propias delegaciones provinciales, terminando el régimen de colaboración con la Caja en este campo.

La administración de la entidad estaba a  cargo de un consejo compuesto por cinco diputados forales que representaban  a las cinco merindades y cuatro vecinos nombrados, todos ellos, por la Diputación. Sus cargos eran honoríficos y gratuitos. En el Consejo de Administración estaban Lorenzo Oroz, diputado por Aoiz, como presidente, (luego le sustituiría Gabriel Erro, vicepresidente de la Diputación) como vicepresidente, D. Francisco Usechi, diputado por Pamplona (que fue su primer presidente), Martin Mª de Guelbenzu, diputado por Tudela, Wenceslao Goizueta, diputado por Tafalla, Francisco Errea, diputado por Estella,  y entre los vocales estaban el abogado D. Pedro Uranga (que sería secretario), el reputado industrial,   D. Martin Solano,  el distinguido ingeniero y hombre de negocios D. Serapio Huici y D. Alejo Eleta, director del Secretariado de la Federación Católico Social de Navarra. Entre el personal de la caja se encontraba primero como subdirector y luego como director, desde el inicio en 1921 D. Ramón Bajo Ulibarri que aparece en una foto de la época, líneas atrás y que en 1950 sería sustituido por Juan Luis Frauca, que permanecería en el cargo hasta 1967 en que le releva en la dirección Juan Luis Uranga Santesteban, director de la entidad durante más de 20 años. Junto a este párrafo vemos a los miembros de la Diputación de 1971, Amadeo Marco a la cabeza, en la colonia escolar de Fuenterrabia, cuando la Caja cumplia su 50º aniversario.
En 1923 había ya abiertas casi 8.000 libretas ordinarias de ahorro, una cifra verdaderamente importante, en apenas un año de existencia, con un saldo de de 1,3 millones de pts. cifra que se duplicó al acabar 1924, con un saldo de 2,8 millones de pts, para pasar más tarde a 5,4 en 1925  y 7 millones en 1926. El saldo de imposiciones a plazo pasó de 2,6 a 5 millones de pts y en los años siguientes a 11,9 y 16,4 millones de pesetas en 1926. El Consejo decidió abrir  sucursales también en Tudela, Tafalla, Estella, Aoiz, Sanguesa, Elizondo e Irurzun (que fue la tercera en abrirse) que extendería a otros tantos pueblos un año más tarde, siendo 15 las oficinas abiertas hasta   1927 y 27 hasta 1930. Funcionaba también con gran éxito en la plaza del Mercado de Santo Domingo (Casa de Yoldi) una sucursal de las oficinas centrales de la Caja en la que se realizaban numerosas operaciones, procedentes en su mayoría de aldeanos que acudían al Mercado. Dos veces al año, en enero y junio, y al objeto de estimular el ahorro, la Caja otorgaba premios en metálico mediante publico sorteo entre todos los titulares de las libretas ordinarias. Los premios oscilaban ente las 25 y 1.000 pts, sorteándose gran numero de los primeros además de otros de 50, 100, 250 y 500 pts. Líneas atrás podemos ver uno de aquellos sellos que se pegaban, en tiempos, en las cartillas de ahorro infantiles de la Caja.
En los años 50 entre los vocales del consejo estaban como vecinos D. Pablo Goñi, D. Raimundo García, D. José María Garcia Mina, D. Javier Escudero y el Marques de la Real Defensa. Dentro de la obra social de la Caja, en los años 50 destacaban los Homenajes a la Vejez, el 29 de junio en el Bosquecillo de la Taconera, con la entrega, en 1950, de 90 pensiones vitalicias por valor de 296.544 pts, (estos homenajes se iniciaron en 1923 y al principio estaban dentro de la sección de Previsión de la Caja), las colonias escolares de Fuenterrabía (Blanca de Navarra) y Zudaire (San Miguel Excelsis), de junio a octubre, que en 1950 dieron cobijo vacacional a 2.200 niños pobres (desde 1935 asistieron a más de 60.000 niños), las ayudas a las Cantinas y Roperos, al Reformatorio de Menores de Olaz Chipi o la creación y  sostenimiento del Retiro Sacerdotal del Buen Pastor, que vemos en la foto en color adjunta. Además la Caja otorgaba importantes y numerosos donativos y subvenciones  para fines de asistencia a desvalidos, de caridad, enseñanza, etc, costeando en 1942 un magnífico aparato de rayos ultravioleta para el recién creado Instituto Provincial de Higiene. Posteriormente la Caja impulsaría salas de cultura y de exposiciones en diferentes poblaciones (en Pamplona las salas de  Carlos III, García Castañón y de Castillo de Maya que vemos en una foto anterior), centros de formación especial (Isterria), clubs de jubilados, guarderías infantiles, centros de asistencia a la mujer etc, además de otros proyectos de investigación, enseñanza, editorial y deporte que, como en el caso de la Municipal, iría perdiendo buena parte de su vertiente benéfica en favor de otros objetivos y sectores (construcción del Planetario, convenios con las Universidades), sin perder de vista, por ello, la obra cultural, asistencial y docente.
La Caja contaba en 1958 con 33 oficinas y los depósitos de los clientes llegaban a los 1.000 millones de pesetas, depósitos que llegarían a 10.000 millones en 1972 (con 85 oficinas), a 100.000 millones en 1983 (con 133 oficinas) y a 200.000 en 1989 con 141 oficinas. La Caja no sería ajena al proceso de desarrollo de la Comunidad, colaborando en su desarrollo agrícola y, junto a la Diputación Foral, en el Plan de Promoción Industrial (1964) así como participando en empresas y en las numerosas promociones de viviendas que se realizaron en las diferentes zonas de Navarra y en la capital, durante este período.

La primitiva Caja de Ahorros de Navarra desaparecería como tal en enero del año 2000 al  absorber a Caja Municipal para crear Caja Navarra. Pero aun habría más fusiones: Caja Navarra a pesar de formar parte, como la Municipal, de la Federación Vasco Navarra de Cajas de Ahorro, (fundada en 1924), se fusionaría en 2010 con otras cajas españolas  tan distantes y tan diversas como Caja de Burgos, Caja Canarias y Caja Sol, siendo finalmente  absorbida, en el año 2012, por Caixabank. ¡Quien lo diría!, la primera entidad financiera de Navarra, con más de un 35% del mercado bancario navarro, la que fuese considerada la tercera mejor caja del país, incluso “caja del año” a finales de los años 80 acabaría desapareciendo 20 años después.Fotos: las fotografías están referenciadas en el texto.