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Curiosidades: Pamplona estudiaba instalar un servicio de trolebús en los años 40

En 1942, cuando faltaban apenas cuatro años para que desapareciese el servicio de tranvía que ofrecía el Irati por algunas calles de Pamplona y se levantasen las vías a su paso por el núcleo urbano (del Rincón de la Aduana a la Estación del Norte y por la entonces carretera de Francia o Avenida de Franco, hasta sus cocheras), ya que por las más céntricas lo había hecho entre 1926 (por la plaza del Castillo) y 1930 (Paseo de Sarasate), el alcalde, entonces en funciones, Segundo Peralta,  informaba de que el Ministerio de Obras Públicas estaba estudiando el proyecto de instalación de trolebuses en Pamplona que se le había remitido desde la capital. Probablemente en la mente de aquellos gobernantes y de los pamploneses de aquella época pesaba aun la imagen y los  servicios prestados por el viejo tranvía del Irati,  en un momento en que todavía no se había desarrollado adecuadamente el servicio de transporte urbano en la ciudad. La Villavesa hacia unos pocos servicios, concretamente   a la estación del Norte, Villava, Capuchinos, Manicomio, Echavacoiz y Cizur Mayor. El trolebús era un omnibús eléctrico, alimentado por una catenaria de dos cables superiores de donde tomaba la energía eléctrica mediante dos astas o pértigas metálicas. El trolebús, a diferencia del tranvía eléctrico, no hacía uso de vías o carriles por lo que era un sistema más flexible y económico en su puesta en marcha y no hipotecaba tanto el espacio público. Contaba como cualquier autobús con ruedas de caucho, en vez de ruedas de acero encajadas en carriles, como los tranvías.

En aquellos años  unas cuantas ciudades españolas se plantearon también contar con este servicio, con la diferencia de que ellas sí lo llevaron a buen término. El primer trolebús que circuló por España lo hizo en Bilbao,  en 1940.  Un año más tarde lo haría en Barcelona. En esta década contaron con trolebús, además,  Pontevedra (1943), San Sebastián (en 1948, de cuya inauguración adjunto una fotografía) y La Coruña (1949). En los años 50 lo tendrían Madrid (1950), con 8 líneas (en la foto vemos la nº 1, en la Puerta del Sol), Cádiz, Santander, Valencia, Zaragoza (1951) y Reus-Tarragona (1952). En los 60 el trolebús  llegaría a Castellón (1962) y Mieres (1965), dejando, por contra, de funcionar, en esta década,  en Madrid. Lo dejó de hacer el 30 de abril de 1966. Tres años antes, en 1963 este modo de transporte había trasladado nada menos que a casi 45 milllones de pasajeros en la capital de España. La última ciudad que abandonó el trolebús fue Pontevedra, en 1989. No fue casualidad que el “trole” comenzase a desaparecer en los años 60, precisamente con el desarrollismo económico, en unos momentos en que el vehículo privado comenzaba a estar al alcance de buena parte de la población, con sus claras ventajas de libertad individual e independencia. El “trole” sigue teniendo sus defensores y detractores: es, desde luego, menos flexible que un autobús convencional aunque, por contra,  es más eficiente energéticamente, exige menos mantenimiento y su contaminación es nula. Desde entonces, tras más de 20 años, desde su desaparición en España, se  ha comenzado  a recuperar, concretamente hace 9 años  en Castellón. Hoy en día 40.000 trolebuses circulan por unas 370 ciudades del mundo, de todo tipo, en cerca de 50 países.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Inauguración de la línea de trolebuses de San Sebastián, el 18 de julio de 1948. CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013 / Fototeka Kutxa. Nº 2: Trolebús nº1 en la Puerta del Sol de Madrid. 1951. Del blog “Historias Matritenses”. CC BY-NC-ND-3.0 ES. 

Coches de línea y de punto. Los primeros taxis (1900-1950)

Como señalé en la primera de las entradas sobre los viajes de los pamploneses de hace un siglo, en aquellos lejanos años de principios del siglo XX, la gente viajaba, sobre todo en las medias distancias, en líneas regulares de diligencias. A primeros de siglo  había líneas regulares de diligencias a Burguete, Irún, Ulzama, Lecumberri, Estella, Sangüesa, Roncal, y Jaca, entre otros destinos. El desarrollo técnico del automóvil abrió una nueva fase en la historia del transporte. Las líneas regulares de diligencias  fueron sustituidas por los primeros autobuses de línea.  Prestaban servicios de autobús, en los años 20, las siguientes compañías, La Estellesa  (con salidas y llegadas  a y desde Estella y Logroño), -también la empresa “Urra” hacía viajes a Estella y Logroño-, La Baztanesa (a Elizondo y Errazu), La Unión (a Monreal e Idocin), La Montañesa (a Erro y Burguete que luego se extendería a la merindad de Ultrapuertos o Baja Navarra), El Arga (de Pamplona-Noáin a Artajona), germen de la futura CONDA, La Aurrera (Garraus y compañía) (de Pamplona por Villava a Santesteban), la empresa Pamplona-Lerín (antes El Ega) a Lerín, la Ulzamarra (A Ulzama y Ventas de Arraiz) y Denak Bat (a Olagüe y Lanz). Tenían sus oficinas en la plaza del Castillo casi todas las citadas compañías excepto la de Pamplona-Lerin con oficinas en Navas de Tolosa, La Ulzamarra con la administración en la calle Santo Domingo y Denak Bat con oficinas en la calle del Carmen. En 1923 se unían a las anteriores empresas, la compañía Kaiku con salidas a Elizondo y los señores Seminario e Irisarri, concesionarios de Ford en Navarra que establecieron dos servicios diarios al Balneario de Belascoáin.

Entre 1924 y 1928 surgieron La Tafallesa (Pamplona-Tafalla), Florentino Murillo (con viajes a San Sebastian), Pedro Izco (Pamplona-Lanz), Candido Catalán (Pamplona-Artajona), Santos Labiano (Pamplona-Arteta),  Andrés Carbonell (La Euguiarra) (Pamplona-Eugui), Izarra (Pamplona-Baztán-Bayona), La Unión Casedana (Pamplona-Caseda), La Protectora Navarra (con salidas a Estella y Logroño), La Veloz Sanguesina (Pamplona-Sanguesa), La Larraguesa (Andrés Pérez) (Pamplona-Larraga), La Burundesa (Pamplona-Alsasua), La Nueva Barranquesa (Pamplona-Alsasua), La Villavesa (con servicios de Pamplona a la estación del Norte, Villava, Capuchinos, Manicomio, Echavacoiz y Cizur Mayor), y otras muchas, -más de 40-,  con otros pueblos. Las nuevas empresas de transporte se seguían ubicando preferentemente en la plaza de la Constitución o plaza del Castillo, en el Casco Antiguo (calles San Nicolás, Carmen y Santo Domingo) o en las inmediaciones del Casco (en las calles San Ignacio yNavas de Tolosa). En los primeros años 30 surgieron nuevas líneas como La Nueva Roncalesa (de Pamplona a Roncal y San Sebastián) o La Tudelana (Pamplona-Tafalla-Tudela). En 1934 se inauguraba la Estación de Autobuses de Conde Oliveto, -donde se centralizarían las oficinas de expedición de las diferentes compañías, que vemos tanto por dentro como por fuera en las fotos que acompañan a este párrafo. A partir de los años 40, con la generalización del transporte por carretera el número de compañías se incrementó considerablemente: a las anteriores se sumaban La Berianesa, La Pamplonesa, Río Alhama, El Flecha, El Bidasoa, La Lumbierina, La Salacenca, La Izagaondarra, La Bidasotarra y hasta 40 destinos diferentes, todos ellos con sus respectivos autobuses de línea.

En los primeros años del siglo XX prestaban el servicio de carruajes de alquiler, con carruajes de lujo, ómnibus y coches de punto las casas Maisonnave y Frauca (con salida en el nº 13 del paseo de Sarasate y despacho central en el nº 1 de la plaza del Castillo) y Zaldi Onak (domiciliada en Espoz y Mina, 4) y más tarde también la compañía de Delfin y Estanislao. También realizaban servicios para bautizos, bodas y entierros y de coches de punto, con parada en la plaza del Castillo, entre el Café Suizo y la peña Dena Ona y los Hoteles La Perla y Vasco Navarro. Las tarifas para los coches de punto oscilaban entre 1,50 pesetas para un servicio para dos personas dentro de la población y 2,50 pesetas para cuatro personas. La carrera a la estación del Norte, oscilaba entre las 2 y las 3 pesetas dependiendo del nº de viajeros y el servicio de noche oscilaba entre las 3 y las 4 pesetas igualmente en función del nº de viajeros. Con los años, fueron desapareciendo los coches de tracción animal siendo sustituidos por los automóviles de alquiler. El nombre de “coche de punto” respondía a que sus servicios eran contratados en el lugar donde se encontraban situados los vehículos, que era el “punto” de referencia para establecer el precio de los desplazamientos contratados. Entre las primeras empresas que prestaron servicios de automóviles de alquiler o, como hoy los llamaríamos,  taxis estaban las del industrial Alfredo Urra (Estafeta, 73) a quien se le atribuye el disponer del primer coche con gasolina que hizo este servicio de taxi (fue en 1923, con un Clement Bayard conducido por Felipe Liras) y La Iruñesa (Plaza de San Francisco, 24, luego Espoz y Mina, 23), esta última, propiedad de Arratibel e Iragui con servicio de auto-ómnibus entre las estaciones ferroviarias y las casas particulares. La mayoría de los garajes también alquilaban automóviles: Doria, García y otros, pero sin conductor. En 1926 se hablaba de establecer taxímetros para los servicios con chofer. Iban a nacer, de verdad los primeros taxis de la ciudad.

En 1927 el punto de parada de los automoviles de punto estaba en la plaza de la Constitución (Plaza del Castillo), frente a los edificios de Diputación, Teatro Gayarre y Crédito Navarro. Había en torno a una veintena de taxis con matricula de Navarra en 1927, 24 en 1929, y media docena con matrícula de San Sebastián. Uno de los primeros servicios de taxis fue el de Jesús Martínez Gorraiz (con coches de punto y alquiler). Eran coches antiguos, modelos Peugeot, Renault y mucho más tarde Fiat (Seat). En esos años el servicio de taxis tenía diferentes tarifas en función si se prestaba dentro del Casco de la Población, incluido el Nuevo Ensanche, los barrios extramurales,  con precios entre 1,50 y 2 pesetas para una carrera con regreso y con un máximo de 4 personas; la estación del Norte y el Cementerio (entre 2,50 y 4 pesetas) o fuera del Casco de la ciudad, en un radio de 5 km (15 pesetas por hora y 0,60 pts el km, contándose el regreso). A la parada de la plaza del Castillo  le seguiría,  en los años 40,  otra en la calle Tudela, junto a la antigua estación de autobuses y en 1954 otra en Carlos III, 35, que se trasladaría luego a Teobaldos. Podemos ver las paradas de taxis de la plaza del Castillo y de la calle Tudela en sendas fotografías que aparecían junto a los párrafos anteriores. Más tarde vendrían las paradas de la calle Ciudadela, Plaza de la Cruz, Conde de Rodezno y Blanca de Navarra, Chantrea y la Estación. No había emisoras de radio ni servicio GPS como ahora. En las paradas había un poste con una señal de parada de taxis y un teléfono encerrado en una especie de armario a través del cual los taxistas atendían las llamadas. Y como conocimos hasta finales del siglo,  los automóviles eran negros, primero Peugeots y Renaults y luego en los años 60 y 70 Seat 1500. ¿Cuántos os acordáis de estos últimos?. También de dichos modelos podemos ver dos ejemplos en las fotografías.

Y para terminar una breve referencia al transporte aéreo aunque su verdadero arranque se produce fuera del período que estoy analizando. Fue en el año 1930 cuando surgió  la primera iniciativa, por parte del Ayuntamiento, para construir un aeropuerto. En febrero de ese año se aprobaba el proyecto de construcción de un aeródromo en unos terrenos situados a 6 kilómetros al sur de la ciudad, junto al pueblo de Noáin, en la carretera de Madrid a Pamplona. Durante la guerra civil, el aeródromo fue  utilizado esporádicamente por las tropas franquistas. Una vez concluida la guerra, las instalaciones fueron abandonadas. El proyecto de aeródromo se retomó  en 1968 cuando el Ministerio del Aire aprobó la construcción de una pista de vuelo de 500 metros de longitud. Las obras se iniciaron en 1969, inaugurándose el aeródromo ese mismo año. El 5 de julio de 1972 se abrió al tráfico aéreo civil nacional de pasajeros  quedando clasificado el aeropuerto como de tercera categoría. Al día siguiente, la compañía Aviaco inauguró una línea regular con Madrid que alcanzó los tres vuelos semanales en 1975. Las obras más importantes se realizarían en las décadas posteriores.

Fotos, por orden de aparición, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Nº1.Postal comercial. Carruajes ante la Estación del Norte. 1905. Nº 2: Autobús de La Roncalesa. Archivo La Roncalesa. Años 40. Nº 3. Estación de Autobuses de Pamplona y taxis en la calle Tudela. Años 50. Nº 4: Interior de la Estación de Autobuses de Pamplona. Años 50. Nº 5: Postal comercial de la plaza del Castillo con la parada de taxis. Años 50. Nº 6. Taxi años 50. Nº 7: Taxi años 70.

El Irati y el Plazaola (1911-1955)

Además del Ferrocarril del Norte, que hemos visto en la anterior entrada,  llegaban a Pamplona desde 1911 y 1914, respectivamente, el Ferrocarril Eléctrico del Irati y el Ferrocarril del Plazaola. En 1907 se había creado la Sociedad El Irati para explotar la riqueza forestal del monte del mismo nombre. La había creado el navarro, de Arive, emigrado a Argentina, Domingo Elizondo. En 1908 se le otorgó al Irati una concesión por 99 años para crear un ferrocarril de vía estrecha (con 1 m. de separación entre carriles), que uniría Pamplona con Sanguesa y Aoiz. El presupuesto para su puesta en marcha superó los 4,5 millones de pesetas. Fue uno de los proyectos pioneros en la tracción eléctrica en España. El Irati funcionaba con corriente alterna monofásica de 600 watios en los recorridos urbanos y 6.000 watios fuera de la poblaciones. Contaba con seis automotores grandes de cuatro ejes y cuatro más pequeños, de dos ejes, dos locomotoras de vapor,  una de ellas llamada “La Vascongada” además de material de remolque para pasajeros (15 coches) y mercancías (34 vagones cerrados y 38 vagones abiertos). Inició sus servicios el 22 de abril de 1911. El Irati salía diariamente del nº 30 del Paseo de Sarasate, donde estaba la estación de pasajeros,  a Sanguesa,  con dos servicios de salida y llegada,  en sus modalidades de mixto y correo. El viaje a Sanguesa costaba dos horas y cuarto. El Irati hacía además otros servicios: del Paseo de Sarasate a Huarte, con ocho servicios, prácticamente cada dos horas, también había servicios desde Villava y Burlada, por Beloso, carretera de Francia y falda de Miravalles  asi como del Paseo de Sarasate a la Estación del Norte, por la carretera de Guipuzcoa y Cuatro Vientos y viceversa con 13 servicios. En estos tramos y hasta 1946, en realidad hacía servicio de tren-tranvia, más de que de tren de media distancia. Recorría 59 km dentro de Navarra desde la estación del Norte a Sanguesa. En 1920  contaba con 177 trabajadores

En Pamplona El Irati disponía de la estaciones del Norte, Taconera  y Sarasate  y fuera de ella las estaciones de Burlada, Villava, Huarte, Egües, Ibiricu, Mendióroz, Lizoáin, Urroz, Liberri, Empalme de Aoiz, Aos, Murillo de Lónguida, Artajo, Artieda, Rípodas,  Lumbier, Liédena y Sangüesa. Además contaba con un ramal de Sangüesa a Aoiz, con 3 km de recorrido que atravesaban terrenos donde se hallaban instaladas otras propiedades de la Compañía. El billete  costaba 8,25 y el viaje duraba 2 horas 15 minutos. En 1922, El Irati transportó 804.837 viajeros y 45.513 toneladas de mercancías, en 1924, 869.840 viajeros y 52.580 toneladas. En 1926, el Irati dejaba de pasar por la plaza del Castillo, dicen que por su frecuentes salidas de vía en la curvas de sus vértices. Para  1930 ya había desaparecido  la estación de pasajeros del Paseo de Sarasate trasladándose esta a la estación del  Rincón de la Aduana o Taconera, donde estarían, además, de las taquillas el muelle de carga y el almacén de mercancías.  Entre 1941 y 1945 el Irati transportó una media anual de 243.154 viajeros  y 46.144 toneladas de mercancías. Era, pues,  evidente el enorme daño que le estaba haciendo las líneas regulares de autobús. En 1946 se desmantelaron sus vías y estaciones urbanas y su servicio de tranvía, quedando ubicada su estación y cocheras,  en enero de 1950, en el nº 1 de la calle Conde Oliveto, donde tenía su sede el ferrocarril del Plazaola que unía Pamplona con San Sebastián. Hasta entonces las cocheras del Irati estaban situadas en la carretera de Francia, hoy avenida de la Baja Navarra, donde poco después se construiría, proyectado por el arquitecto Eduardo de Garay, en 1951, el ambulatorio General Solchaga (hoy Ambulatorio San Martín).  Para liberar Beloso y la avenida de Franco del tráfico  ferroviario y también la avenida de Guipúzcoa fue preciso habilitar, a finales de los 40, un nuevo ramal desde Villava hasta la estación del Empalme  de la Rochapea, por detrás del Manicomio y el término municipal de Ansoáin. Pero el Irati, al igual que les sucedería a otros ferrocarriles de media distancia y vía estrecha,  no pudo hacer frente a la competencia del transporte por carretera, tanto urbano como interurbano, y el 31 de diciembre de 1955 cesaba sus servicios iniciándose poco después los trabajos de levantamiento de las vías.


El Plazaola, tren de vía estrecha con tracción de vapor, primero y luego a partir de 1929, con tracción  diesel, se inauguró el 19 de enero de 1914, abriéndose el servicio al público el 25 de enero.  Hacía el trayecto diario de Pamplona a San Sebastián, con dos salidas y llegadas al día  y una tercera con extensión a Bilbao, también salida y llegada. El cambio para la línea de Bilbao (Ferrocarriles Vascongados) se realizaba en Lasarte. Fue construido por la Sociedad Minero Guipuzcoana, domiciliada en Bilbao y de la que era consejero general en primero D. José María Ortiz y Muriel y más tarde D. Ruperto Ortiz  y Muriel, aunque luego, en 1926, tras la fusión de esta con las que explotaban el ferrocarril de San Sebastián a Irún y los tranvías de San Sebastián  a Hernani y de Irún a Fuenterrabía  se creo la Sociedad Explotadora de Ferrocarriles y Tranvías con sede en San Sebastián, que fue la concesionaria del servicio.  Era una línea estrecha, accidentada y montañosa con muchos puentes, túneles, viaductos y otras obras, atravesando parajes de una gran belleza. Cruzaba en todo su recorrido 67 túneles, 37 puentes y 3 viaductos además de abismos profundos, rampas, curvas y pendientes muy acentuadas. Tenía un recorrido de 93 km, de ellos 55 en Navarra atravesando las siguientes estaciones y lugares: partía de la modesta estación Pamplona-Ciudad, en la avenida de Zaragoza, demolida en 1948 y en cuyas cercanías,  se construyó en 1953 el edificio de Sindicatos, pasaba por la vuelta del Castillo, los actuales barrios de Iturrama y San Juan por el recorrido de la avenida Sancho El Fuerte, de hecho la avenida sigue la caja de la vía, hasta la actual avenida de Navarra, continuaba por el camino de la Biurdana, pasaba bajo el túnel de la avenida de Guipúzcoa y sobre el puente del Plazaola (de hecho estos hitos se conservan aunque el primer puente del Plazaola sobre el Arga se lo llevó la corriente en una crecida en 1930), continuaba por la actual calle Bernardino Tirapu y llegaba hasta la estación Pamplona-Empalme con el Ferrocarril del Norte (y desde 1931 también con el Irati, situada  en el cruce de las actuales calles de Nazario Carriquiri y Bernardino Tirapu, derribada en 1982), pasaba ante los pueblos de Artica y Berriozar, estación de Aizoáin, túneles de Berriosuso y Añezcar, estación de  Sarasa, viaducto y apeadero de Gulina (el viaducto tenía 190 m de longitud y 13 de altura), túnel de Aizcorbe (630 m), estación de Irurzun, túnel de Dos Hermanas, estación de Latasa, sobre varios puentes metálicos sobre el rio Larráun, túnel bajo la carretera de Basaburúa, puerto de San Migueltxo, estación de Lecumberri, nuevamente varios túneles, estación de Huici, túnel de la Divisoria,  de 2.650 m, en su momento el más largo de la vía estrecha española, nuevos túneles y curvas hasta la estación de Leitza.   Desde Leitza el paisaje se hacía todavía más agreste, entre barrancos, túneles y viaductos, pasando por los  apeaderos de Areso, Plazaola y  Ameraun, más puentes y túneles, barrancos y peñascos hasta el apeadero de Olloki y la estación de Andoáin. La siguiente estación, Lasarte enlazaba con la línea Bilbao-San Sebastián de los Ferrocarriles Vascongados que iba hasta Añorga y terminaba en la estación de Amara-San Sebastián. Todas las obras del recorrido, y como se puede comprobar había un montón,  se realizaron en apenas tres años,  entre finales de 1910 y finales de 1913.

El Plazaola contaba inicialmente con 7 locomotoras alemanas, Krauss y Maffei, 14 coches de pasajeros y 75 vagones de mercancías, abiertos y cerrados. Los convoyes solían llevar además de locomotora, un furgón mixto y entre dos y cuatro coches. Los coches de pasajeros disponían de aparatos de alarma, calefacción, retretes, lavabos y luz eléctrica. Los coches de 1ª estaban muy decorados, con suelo alfombrado en verde y tapicería del mismo color, cortinas y adornos. Disponían de butacas y mesitas plegables. Los de 2ª clase eran iguales pero con decoración más sencilla, mientras que
los de 3ª tenían asientos de madera, dispuestos unos frente a otros, de uno en uno a un lado del pasillo y de dos en dos al otro. El viaje de ida y vuelta costaba en 1914, 14,30 pts en 1ª, 10,75 en 2ª  y 7,10 en 3ª. El viaje duraba tres horas y media. En 1922 el Plazaola transportó 129.261 viajeros y más de 35.000 toneladas de mercancías. Contaba con 120 empleados fijos. En 1929 se compraron tres automotores diesel pero no fue suficiente para hacer de él un tren confortable y realmente competitivo. La lucha de precios, la dura competencia con el transporte de pasajeros por carretera y de mercancías por camión  así como la escasez de recursos económicos necesarios para renovar o mantener el material hizo que su trayectoria no fuese precisamente fácil. Y eso que entre 1944 y 1946 se construyó una nueva estación en Pamplona, inaugurada en 1948, que a partir de 1950 compartiría con el Irati (y que sería derribada en 1973, donde hoy está el edificio de Osasunbidea).En los primeros años 50 la compañía se encontraba en una complicada situación económica. Pese  a todo proyectaba modernizar sus equipos e infraestructuras, comprando nuevos automotores diesel, mejorando las vías y arreglando sus vagones de viajeros y mercancías. En los años 50 el Plazaola contaba con 8 locomotoras de vapor, 3 automores diesel, 16 coches de viajeros  y 90 vagones de mercancías. Se planteó su posible fusión con el Irati, pero dicho empeño  no llegó a ningún buen término. Las fuertes lluvias caídas entre el 14 y el 15 de octubre de 1953 destruyeron puentes, terraplenes y muros de contención quedando el trazado del Plazaola muy dañado, paralizándose  el servicio  al no contar con apoyo de ningún tipo para reparar los destrozos de las inundaciones. La estación del Plazaola-Irati aun prestaría sus servicios un par de años más, hasta el 31 de diciembre de 1955. En 1958 la compañía obtuvo permiso para levantar las vías y cerrar definitivamente la línea, labores de desmontaje que se prolongarían hasta 1959. La estación se mantuvo en pie década y media más. Entre 1967 y 1970 se comenzaron a edificar viviendas en los terrenos de las vías, cocheras y talleres y en junio de 1973 se derribaba el edificio de la estación.

De estos viejos ferrocarriles, guardo un puñado de recuerdos: en primer lugar  del Plazaola, ¡cuántas veces habré caminado a  lo largo de mi vida por aquella caja de su vía, prolongación de la actual Bernardino Tirapu, entre las proximidades de mi casa y Berriozar! Recuerdo la vieja estación de ladrillo del Empalme, en el cruce de Tirapu y Carriquiri, asi como esos  andenes y construcciones anexas que veáimos en la revista de 1914 y que en los años 60 y 70 sirvieron como depósito de Asfaltos Tenerife. Recuerdo la actual calle de Bernardino Tirapu, en otros tiempos un camino pedregoso durante la mayor parte de su recorrido, recuerdo de la vieja vía que atravesaba la Rochapea, haciendo un arco, en su último tramo, desde la zona del Porrón hasta la Rochapea Vieja, (el colegio de la Compasión entre medias), la caja de la vía en el hoy camino de la Biurdana, el “puente de los suicidas” sobre lo que sería luego la Avenida de Navarra, la vaguada entre las casas de San Juan y Ermitagaña, por cuya hondonada, siguiendo la actual avenida Sancho el Fuerte, circulaba, en aquellos tiempos, este ruidoso trenecillo, hasta la curva cercana a la Casa de Misericordia, en las inmediaciones de la Cruz Negra. Junto al edificio donde vivo desde que nací, pasaba el ramal que conectaba la Estación del Empalme con la del Norte y el Irati, desde 1914 y hasta finales de los 40, en que el Irati pasó a conectarse  con el Plazaola desde Villava. Cerca de Carriquiri, el campo de futbol de yerba artificial, inaugurado en los primeros años de este siglo, lleva el nombre del Irati y en las inmediaciones de la estación de Conde Oliveto hallamos la calle Plazaola, pequeña calle que comunica las calles Yanguas y Miranda y Tudela. Paralela a la calle del Muelle, en San Jorge, se encuentra la calle del Irati y algunos establecimientos cercanos de la calle Tudela recuerdan, en sus nombres,  estos antiguos ferrocarriles. Son los recuerdos de estos viejos trenes que han quedado en los nombres y en el urbanismo de esta ciudad.

Hubo otros trenes de vía estrecha en Navarra en esos años:  el Tarazonica que hacía el recorrido de Tudela a Tarazona, de 22 km, 15 de ellos en Navarra,  y el de Cortes a Borja, de 18 km, 3 de ellos en Navarra, construidos entre 1882 y 1887 y junto al Irati y el Plazaola, -entre 1910 y 1927-  también estaban  el Bidasoa, de Irún a Elizondo, con 52 km, 43 de ellos en Navarra,  y el Vasco Navarro,  que comunicaba Vergara y Estella, empezado a construir, en su tramo Vitoria-Estella, entre  1920 y  1927, con un recorrido de 72 km, 28 de ellos en nuestra comunidad. Se proyectó en esos años un ferrocarril de Pamplona a Estella y Logroño que finalmente nunca se llevó a cabo. Iba a tener 117 km y saldría de la estación del Plazaola de Pamplona. En los años 20 se debatían diferentes proyectos para conectar Madrid y París, pasando por Pamplona, pero ninguno de los tres proyectos, incluido el que apoyaba la Diputación, por Alduides, atravesando lo que hoy es la avenida de Marcelo Celayeta, del ingeniero americano Lewis, con 474 km de recorrido, 210 de nueva construcción, se llevaría a cabo. Este proyecto costaba 300 millones de pesetas y el viaje duraba, de Madrid a la frontera francesa, 5,25 horas. Fueron estos años, años de autentica fiebre ferroviaria. Se hablaba de proyectos ferroviarios como uno de Pamplona a la Regata del Bidasoa, otro de Pamplona a Elizondo, y otros de Allo a Marcilla,  de Marcilla a Mendigorría (El Arga), de Marcilla a Sanguesa (El Aragón), de Sangüesa a Jaca, de Castejón a Soría o el citado de Pamplona-Alduides, de los cuales ninguno de ellos salió adelante. Como curiosidad, cabe señalar que a finales del siglo XIX hubo en Pamplona, dos proyectos de tranvía que no llegaron a prosperar, un ferrocarril de vapor presentado por el ingeniero  Ramon Capdevila en 1876 y sobre todo el presentado por D. Esteban San Román en 1884, un curioso tranvía tirado por caballos, que recibió el visto bueno del Ayuntamiento pero que su impulsor fue incapaz de poner en marcha, a pesar de que incluso añadió, en la revisión del proyecto, en 1895,  a la tracción animal,  la tracción eléctrica. En 1897 el Ayuntamiento, ante la inoperancia del promotor, daba por caducada la concesión por cuarenta años que le había otorgado en 1885.

Fotos por orden de aparición, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Nº 1: El Plazaola en  el puente sobre el Arga en Rochapea. 1920. Fidel Veramendi. Colección Arazuri. AMP, Nº 2: El Irati a su paso por el Paseo de Sarasate. 1917. Tarjeta postal de Vda de Rubio, Nº 3, Estación del Irati en el Rincón de la Aduana. Colección Arazuri. AMP. Nº 4, El Irati en el puente sobre el Arga en Rochapea. J.Cia. AMP. Nº 5: El Irati en la estación conjunta de Conde Oliveto. 1955. Archivo Municipal de Pamplona (AMP), Nº 6, Locomotora “La vascongada” de El Irati en la estación de Conde Oliveto. Nº 7: Cocheras del Irati. 1938. J. Galle. AMP, Nº 8: Accidente del Irati, cerca de Cuatro Vientos. 1933. AMP, Nº 9: Tranvia del Irati en la Cuesta de la Estación. 1915. Filiación desconocida , Nº 10: Foto panorámica del  Plazaola en  el puente sobre el Arga en Rochapea. 1914. Fidel Veramendi. Colección Arazuri. AMP, , Nº 11: Estación de Pamplona-Ciudad. Años 20. Archivo Euskotren. Museo Vasco del Ferrocarril, Nº 12: Locomotora Maffei del Plazaola. 1920. Foto José Isard. Fondo Josep Miquel Solé, Nº 13: Estación del Empalme. 1914. Revista La Hormiga de Oro.  Nº 14: Estación del Plazaola en la avenida de Zaragoza, AMP. Nº 15: Tunel de Trinitarios. Colección Arazuri. AMP, Nº 16:Playa de vias de la estación de Conde Oliveto (1956). Colección Arazuri. AMP , Nº 17: Estación de Conde Oliveto. Colección Arazuri. AMP, Nº 18: Explanada de la estación de Conde Oliveto, ya sin las vías. Foto Galle. AMP, Nº 19: Playas de vías de la nueva estación de Conde Olveto. 1953, Nº 20. Construcción de viviendas en la explanada de vías de la estación de Conde Oliveto. 1967. Foto Eusebio Mina. Colección Arazuri. AMP.

La Estación del Norte (1867-1971)

En este propósito de ir reconstruyendo la memoria cotidiana de nuestra ciudad en el pasado siglo XX, en sus diferentes facetas, me voy a dedicar, en las próximas entradas, a recordar como viajaban nuestros  nuestros mayores en la primera mitad del siglo XX y dada la amplitud del tema lo haré en tres entradas consecutivas. Empezaré por el ferrocarril convencional y la Estación del Norte, seguiré con un repaso a los pintorescos y románticos ferrocarriles de vía estrecha: el Irati y el Plazaola y terminaré revisando la aparición de los primeros autobuses de línea y los coches de punto, antecedentes de nuestros actuales taxis.  En el primer tercio del siglo XX, la gente viajaba, si tenía suerte u oportunidad,  en líneas regulares de diligencias o en aquellos primeros coches de línea, o si pasaba cerca de su pueblo,  en ferrocarril, si bien mayoritariamente la comunicación entre los valles y los pueblos, -Navarra era una comunidad rural, agrícola-, se tenía que hacer a pie o en caballerías y si la distancia era algo más larga se efectuaba en carros o carretas. Las mercancías se trasladaban, desde luego,  en carretas hasta la aparición de los primeros camiones.

En España, como en casi toda Europa, el tendido de las líneas férreas fue promovido por empresas y capitales privados. Navarra no salió muy bien parada de ese primitivo desarrollo ferroviario que comenzó a  mediados del siglo XIX. Al desecharse la comunicación con Francia a través de Alduides y optar por Irun, Navarra se quedó en una situación un tanto marginal desde el punto de vista ferroviario, situación que aun, siglo y medio más tarde, heredamos y sufrimos. Sólo se construyó, entre 1856 y 1865, un ramal secundario que enlazaba Alsasua, Pamplona y Castejón. La estación de Pamplona se inauguró el 15 de septiembre de 1860, con la apertura del tramo Caparroso-Pamplona a cargo de la Compañía del Ferrocarril de Zaragoza a Pamplona. Esta se fusionó con la Compañía del Ferrocarril de Zaragoza a Barcelona dando lugar a la compañía de los ferrocarriles de Zaragoza a Pamplona y Barcelona. Adjunto, junto a estos primeros párrafos, una serie de  fotografías de José Martínez Sanchez, de esos primeros años de nuestra estación, concretamente de 1867, asi como una serie de postales datadas entre 1900 y 1920 de diferentes ángulos de la estación. El 1 de abril de 1878, esta línea se unía con la Compañía del Norte. De ahí le viene el nombre a nuestra estación, durante muchos años, de la Estación del Norte. Y es que hasta 1941 año en que aparece la RENFE, al nacionalizarse el servicio ferroviario, el servicio de trenes lo dará  la empresa Ferrocarriles del Norte.

En los años 20, salían de Pamplona diariamente trenes para Castejón y Zaragoza, también para Madrid, para San Sebastián, Irun y Hendaya y por último para Alsasua. Eran mixtos,  correos y mensajerías. Llegaban por su parte trenes de Barcelona, Zaragoza, Castejón, Madrid, Alsasua, también de la misma naturaleza. Durante el verano solían circular también los trenes rápidos Barcelona-Zaragoza-Irún-Hendaya y viceversa con parada en Pamplona que pasarían a finales de los años 20 a convertirse en trenes especiales diarios expresos, con la incorporación de trenes rápidos de lujo (con coches cama) tres días a la semana. También,  a finales de los 20, se instaurarían trenes tranvías diarios entre Pamplona y Tudela y Castejón Zaragoza y viceversa. A finales de los años 40, tanto en dirección a Alsasua como en dirección a Castejón, había los siguientes servicios: expreso y rápidos (tres días a la semana), mensajerías, tranvías, automotores, correos y omnibús (diarios), pasando a finales de los 50 a ser diarios también los expresos e incorporándose el entonces moderno automotor diesel TAF, al que me he referido en alguna otra entrada del blog y cuya fotografía vuelvo a reproducir junto al párrafo siguiente, entrando en nuestra estación, en los primeros años 50. No obstante bastante más tarde, en los últimos años 60 y  primeros  70 yo aun seguía viendo, de vez en cuando, alguna locomotora a vapor como la que aparece también en el siguiente párrafo de agosto de 1970 de Javier Cejuela.

La estación del Norte o de Renfe conoció diversas reformas a lo largo del tiempo pero tal vez la más importante se realizó en los años 50, época a la que pertenece la fotografía de la izquierda adjunta. En esos años  se sustituyó el viejo anden por una apariencia más moderna que es la que vemos en la foto de la derecha,  de los primeros años 70, que no se diferencia demasiado de la que conocemos hoy en día. Hasta 1955 la Estación del Norte fue estación de empalme con el Irati que accedía para combinar el transporte de viajeros y mercancías entre ambos ferrocarriles. El tramo de Pamplona a Alsasua  tenía 52 km, enlazando a partir de Alsasua con otras líneas provinciales y nacionales. Contaba con estaciones en Zuasti, Irurzun, Villanueva de Araquil, Huarte Araquil, Echarri y Bacaicoa. El tramo de Pamplona a Cortes tenía 128 km y estaciones en Cizur, Noain, Biurrun, Carrascal, Garinoain, Pueyo, Tafalla, Olite, Beire, Pitillas, Caparroso, Marcilla, Villafranca, Milagro, Castejón, Tudela, Ribaforada y Buñuel. El transporte de viajeros por tren descendió progresivamente entre los años 60 y 80 en favor del automóvil, debido a la incesante motorización de la población, si bien en los últimos años se ha convertido en uno de los medios de locomoción más utilizados, el año pasado más de 1,5 millones de viajeros, un 80% de los desplazamientos entre provincias frente al paulatino descenso del avión.

Fotos, por orden de aparición, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Nº1. Estación del Norte de Pamplona. 1900. Postal comercial. Filiación desconocida. Nº 2. Estación del Norte de Pamplona. 1867. José Martínez Sánchez. Fondo Ruiz Vernacci. Biblioteca Nacional de España (BNE). Nº 3. Estación del Norte de Pamplona. 1915. Postal comercial. Vda de Rubio. Nº 4. Depósito de locomotoras. Estación de Pamplona. 1944. Jordi Marqués. Nº 5. Estación del Norte de Pamplona. Foto panorámica. 1869. Jean Laurent. Fondo Ruiz Vernacci. Biblioteca Nacional de España (BNE). Nº 6. Estación del ten de Pamplona. 1951. J. Galle. Archivo Municipal de Pamplona (AMP). Nº 7. Automotor TAF en la Estación de Pamplona. 1952. Nº 8. Locomotora de vapor. Omnibus Alsasua-Castejón entrando en la estación de Pamplona 1970. Javier Cejuela. Ferrocarriles de España.

Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Miranda de Arga (1955). La última ejecución por garrote vil en Pamplona (1957)

En esta sección que  inauguré hace tiempo,  con el famoso Crimen de Velate, tendrán cabida aquellos sucesos de la abultada crónica negra de nuestra comunidad y que causaron una importante conmoción en la opinión pública de aquellos años. Al repasar el año 1924 ya hablé también de otro suceso: el crimen de Beruete que terminó  con el ajusticiamiento por garrote vil de los tres hermanos Goñi por el asesinato del carbonero Martin Aizcorbe. En esta ocasión les recordaré el tremendo crimen de Miranda de Arga acaecido el 7 de noviembre de 1955, por el cual los hermanos Celaya fueron ejecutados mediante el procedimiento del garrote vil por el brutal asesinato a golpes  de sus padres y hermano a causa de una herencia. Fue la última  de las ejecuciones por garrote vil que tuvo lugar en nuestra ciudad; de dicho suceso se va a cumplir nada menos que su 60º aniversario. Los hechos fueron recogidos brevemente por la prensa de la época, de ahí que la información proceda sobre todo del texto de la sentencia y algunos detalles del libro de Eladio Romero García “Garrote Vil”. Lo espeluznante del caso hizo que provocase un gran impacto en la opinión pública de entonces. En Octubre de 1955, José Celaya y Trinidad Pardo comunicaban a sus hijos, labradores de profesión que dejaban las tierras a uno de los hermanos, de 28 años de edad, Domingo. Los otros tres hermanos reaccionaron hostilmente contra la decisión paterna y uno de ellos, en una carta conminó a los otros dos  a hacer algo para cambiar dicha decisión: “A ver si hacemos algo entre todos, que yo creo que haremos si no es a las buenas a las otras” decía el texto de la misiva.

La tarde del día anterior al asesinato, el 6 de noviembre,   los hermanos homicidas, Cirilo y José María  se encontraban en un bar del pueblo “jugando y merendando con otros amigos”. El tercer hermano estaba haciendo la mili en Pamplona. En el bar se hallaba también  el hermano heredero, Domingo, pero no cruzaron una palabra con él. A la una y cuarto de la madrugada, Domingo  abandonaba el bar hacia casa de sus padres, donde dormía. Cuarenta minutos después, los dos hermanos homicidas  recorrieron el mismo camino que Domingo y fueron a la casa familiar. Accedieron a ella por la cuadra y cogieron “una barra de hierro y un palo o mango de azada”. Posteriormente, entraron en la habitación de su hermano. Tras encender la luz, uno de ellos descargó sobre él “un contundente golpe con la barra de hierro en la cabeza o en el cuello”. Los padres, al oír los ruidos, se presentaron en la habitación y se produjo un altercado, circunstancia que aprovechó el  herido para huir a la calle, perseguido por sus hermanos. Al no poder refugiarse en ninguna de las casas del barrio, lanzó una piedra a sus hermanos, alcanzando a uno de ellos. Domingo regresó a casa y se encerró con sus padres en la habitación. Los condenados volvieron, forzaron la puerta, y “acometieron” a golpes, primero con su padre, luego con su madre y finalmente con su hermano.

Tras cometer los crímenes, Cirilo y José María se entregaron a la Guardia Civil, aunque sin dar ninguna muestra de arrepentimiento. Y con un cinismo imponente enmascararon los hechos diciendo que se había tratado de una riña familiar y que había respondido a los golpes con golpes. también fue detenido el hermano que cumplía la mili en Pamplona. El juicio se celebró el  26 de mayo de 1956 en la vieja Audiencia Provincial en un clima de gran expectación. Acudieron unas 2.000 personas, según señala el abogado Joaquín Olcoz que fue abogado defensor de los tres hermanos encausados. El día 1 de junio de 1956, Cirilo y José María fueron sentenciados a tres penas de muerte por dos delitos de parricidio y otro de asesinato, mientras el tercer hermano, el que cumplía el servicio militar era absuelto por los los luctuosos hechos. De nada sirvió el recurso al Supremo que confirmaba la sentencia en julio de 1957. Inicialmente la ejecución se iba a llevar a cabo el día 9 de julio pero la celebración de las fiestas de San Fermín hizo que se retrasase hasta el día 23 de julio. Según otras versiones, el verdugo -cuyo nombre no trascendió- fue quien logró el aplazamiento. Pues parece que demás de verdugo, era feriante. De nada sirvieron tampoco las suplicas de la defensa al jefe del estado para que conmutará las penas de muerte por cadena perpetua. Esperaban un improbable telegrama desde el Pardo que nunca llegaría.

Las últimas horas las pasaron los condenados con su abogado defensor, compartiendo, la tarde del día anterior, según dicen las crónicas una botella de coñac y unas chufas y caramelos en el salón del recinto donde se reúnen los detenidos con sus abogados. Pasadas las siete de la tarde se les había leido la sentencia que fue recibida con gritos e insultos por los reos. Luego vino el cura y los dos se confesaron.  Se interesaron por como iban a morir, si iban a ser fusilados. El abogado les respondió, sin citar el tétrico elemento de ejecución, “No, con el verdugo, es una muerte rápida”, haciéndose un incomodo silencio. La noche se hizo corta y larga al mismo tiempo, pasando sus últimas horas los reos charlando con su abogado en una dependencia de la Prisión. A  las 6.30 de la mañana del 23 de julio de 1957, los dos hermanos, Cirilo Javier y José María Celaya Pardo de 36 y 23 años respectivamente morían ejecutados a garrote vil en el patio de la Prisión Provincial en Pamplona, ante un grupo de unas 10 personas. José María tardó cuatro minutos en morir porque el verdugo no acertaba con la rosca del garrote vil. Cirilo Javier tuvo que esperar cinco minutos para que arreglaran el nefando instrumento.

Estampas de antaño: Las antiguas villavesas (1927-1997)

Recupero una vieja sección del blog en el que se mezclan recuerdos personales y algunos datos históricos. En esta ocasión me detendré en nuestras queridas villavesas. Algunas personas de fuera se suelen sorprender por éste, para ellos, desconocido término localista  nuestro: la villavesa. A través de esta entrada conoceremos el origen del término que hoy seguimos utilizando para referirnos a los autobuses urbanos así como otros interesantes datos sobre el origen y desarrollo de nuestro actual transporte comarcal. Tengo recuerdos muy nítidos de las villavesas a través de las diferentes etapas de mi vida, algunos de los  cuales ya he plasmado, en diferentes pinceladas, en algunas entradas de este blog. Muy cerca de mi casa, a la salida del mi calle, la Travesía del Ave-María, tuve, durante décadas, una parada de la villavesa, “para subir a Pamplona”, como decíamos y seguimos diciendo, estaba justo delante de la casa parroquial de la Iglesia del Ave María y casi enfrente, en el edificio donde estuviera una sucursal del Banco Central, al lado de la Clínica Menni estaba la otra parada, en la que me bajaba habitualmente. La villavesa  continuaba luego por la Avenida Marcelo Celayeta y Avenida de Villava. Era la línea 3, como ahora, si bien se corresponde con  la línea circular 3-21. Su denominación, no obstante,  sí que ha ido variando, a lo largo del tiempo, aunque su denominación más prolongada que yo recuerde fue la de San Pedro.

Aquellas antiguas villavesas eran unos autobuses bastante más pequeños que los actuales, pintados de blanco, en la parte superior y de verde oscuro en la parte inferior y bastante ruidosos; Cuando el autobús estaba semiparado, esperando en la parada, temblaba o vibraba todo el vehículo y los que estábamos dentro. Tenía unos empinados escalones de subida,  o al menos a mi me lo parecían, y unos asientos de madera  bastante austeros e incomodos si los comparamos con los estándares de comodidad actuales. Los conductores de entonces, que recuerdo vestían de azul marino, no creo que tuviesen necesidad de ir al gimnasio,  es broma, porque los pobres, ellos, tenían que mover, continuamente, a cada paso,   una palanca de cambios enorme. El motor del vehículo estaba en la parte delantera, como se puede ver en la foto de la derecha, que encabeza la entrada y su potencia no sobrepasaría seguramente los 125 caballos. La mayoría de los autobuses era de la marca Pegaso Comet. No había aire acondicionado como ahora, se podía fumar en el autobús, y a menudo era tal el número de personas que subíamos al vehículo que viajábamos como verdaderas sardinas en lata. Antes de los bonobuses de cartón estaba el billete ordinario. Y por la mañana, antes de las 9, creo recordar podías acceder al billete reducido, que te permitía utilizarlo también en el viaje de vuelta. En los años 70, recuerdo también un billete reducido para otros tres viajes, que tenías que separar y que el conductor te cortaba cada vez que subías. El billete reducido (para 2 y 4 viajes) se puso en marcha en agosto de 1969, tras la creación de la COTUP. Junto a este párrafo podemos ver, a la derecha un billete reducido de color amarillo de dos viajes, fechado el 30 de enero de 1971. A la izquierda dos billetes ordinarios, un billete ordinario de Autobuses Pamplona, de los primeros años 60 y debajo un billete ordinario de la COTUP, de 1976. De vez en cuando se veía en la villavesa algún inspector o revisor que vigilaba que nadie se montase sin pagar por la puerta de atrás.

En los años 50 la villavesa llegó a hacer algunos recorridos por el Casco Antiguo un tanto desconocidos: como aquella  línea que en 1954 se metía por la calle Nueva y salía por la calle Mayor. Si que recuerdo, en cambio, como hace unos pocos años  la línea  14 entraba por la calle Nueva y salía por Santo Domingo. Y por supuesto, y sobre todo, recuerdo la línea 6 que subía desde la Rochapea y atravesaba Santo Domingo (cerca del Ayuntamiento tenía una parada), la plaza Consistorial, la calle Chapitela hasta llegar a la plaza del Castillo, donde había otra parada.  ¿Quien no recuerda el encierro de la villavesa del día 15 de julio?. Según unas fuentes comenzó en 1985, yo creo que de manera más o menos organizada o premeditada sí debió ser en esa fecha, aunque hay fotografías como la que aparece junto  a este párrafo (de la Filmoteca Española) que nos muestran la villavesa interceptada por mozos en la calle Chapitela nada menos que en el año 1962. Todas las villavesas de Pamplona tuvieron, como recordarán muchos lectores, durante cerca de 20 años su estación central en la plaza de la Argentina (o plaza del Vinculo), tal y como señalé en la entrada correspondiente. En efecto, allí tuvieron su punto de partida y de  llegada final, desde 1965 a 1982  nueve autobuses que accedían, desde Sancho el Mayor, Tudela o Cortes de Navarra a tres andenes con dos marquesinas cada uno: no recuerdo todas pero si alguna: San Juan, Estación, Chantrea, imagino que también Milagrosa y el resto de barrios. En la foto de la izquierda (del archivo de La Montañesa) que encabeza la entrada podemos ver hasta 12 autobuses en la plaza. El de aquella época era un sistema totalmente radial frente al que se instauró en 1982, más diametral y con diferentes puntos de convergencia centrales donde se acumulan un montón de paradas: Príncipe de Viana, Merindades, Duque de Ahumada, (sustituido desde el año 2005 por Cortes de Navarra) y Sarasate.   En las primeras décadas del transporte urbano no había apenas marquesinas en la mayoría de las paradas. Estas llegarían, con la reorganización del servicio en 1982. El modelo del arquitecto Manuel Blasco ha estado presente hasta hace unos pocos años en la mayoría de las paradas hasta que se sustituyeron por el actual. Durante buena parte de los años 70 y 80 nos encontramos con un alto número de autobuses muy envejecidos. En 1990, la COTUP pedía al ayuntamiento 120 millones de pesetas y este instaba a la renovación de la flota, renovación que se fue acometiendo en su totalidad a lo largo de esta década  con nuevos autobuses más grandes y modernos, como los que podemos ver en buena parte de las fotos en color de esta entrada. Y aquel blanco y verde oscuro de su carrocería, de los años 60 y  70  dió paso a ese verde Pamplona que hemos visto durante los años 80 y 90, hasta el actual color corporativo de la Mancomunidad, instaurado la pasada década. ¿Qué costaba la villavesa entre los años 60 y 90?. Pues como podemos ver, el precio fue pasando de 1 peseta en los años 60 a 5 en el año 1976,  10 en 1979, 17 en 1981, 23 en 1983, 40 en 1987 y 50 en 1989.

Los autobuses que conectaban Pamplona con algunos pueblos de la Comarca (Burlada, Villava, Barañain, Huarte, Noain, Beriain, Berriozar,etc) pertenecían a La Montañesa y tenían una de sus paradas más importante en la calle Arrieta, donde Escolapios, donde partían las líneas  que iban a Burlada, Villava y Huarte, otra en Yanguas y Miranda, junto al solar de Intendencia, (las que iban a Berriozar) y otra en Navas de Tolosa, cerca del Hotel Tres Reyes (las que iban a Barañain). Alguna otra salía creo desde la vieja estación de autobuses (podían ser las de Noain y/o Beriain). El 15 de agosto de 1984 entraba en funcionamiento el bonobús de cartón de 10 viajes, uno de cuyos ejemplares adjunto a este párrafo. Como curiosidad cabe señalar que en marzo o abril  de 1997,  los comerciantes del Casco Antiguo de Pamplona,   sacaron en colaboración con COTUP, un curioso bonobús especial de 2 viajes, dentro de una campaña promocional  que tenía por título “Para andar por casa” y que también adjunto a este párrafo. Se repartieron más de 40.000 bonobuses de 2 viajes. Es la única iniciativa promocional del transporte público   que yo sepa se ha puesto en marcha por una entidad no institucional en Pamplona.  Luego, en enero de 1998 llegaría la tarjeta monedero o tarjeta chip, expedida por las diferentes cajas de ahorros y en 2009 la tarjeta sin contacto, hasta llegar al abono de 30 días que nace en junio de 2015. De aquellas 9 o 10 líneas de los años 70 o la docena  de los años 80 pasaríamos a las 22 o 23 actuales, extendiéndose el servicio a las nuevas urbanizaciones.

Toca ahora hacer un poco de historia, para hablar, en particular, del origen del término  “villavesa” y en general, del origen del actual transporte urbano comarcal. Hasta los primeros años del pasado siglo la gente viajaba en carretas tiradas por mulas o en coches tirados por caballos, si, como en las diligencias que vemos en las películas del Oeste. Es en 1915 cuando la Montañesa que hacía el recorrido desde Beloso, Burlada, Villava, Huarte por Zubiri hasta Roncesvalles, Erro, Valcarlos, Burguete y otros destinos del norte vende los animales de tiro y se hace con el primer vehículo a motor. La  matrícula del primer autobús de la Montañesa que vemos en la foto adjunta fue NA-101. Posteriormente surgieron otras empresas destinadas al transporte de viajeros entre Pamplona y los pueblos de la Comarca como La Villavesa S.A, empresa domiciliada en Pamplona cuyo origen se remonta a 1927 si bien las primeras concesiones administrativas son de 1929 y 1930 para las líneas a Burlada, Villava y Zizur, ampliando la de Burlada a Huarte en 1950. Fueron su promotores Nazario Unanua, Melchor Gascue y Eusebio Uriz. El primer autobús de la Villavesa fue de 1928 y tenía como matricula NA-1400, los siguientes se compraron en 1930 y a lo largo de 1932 y 1934, todos ellos, hasta siete,  la mayoría de la marca Unic y con una potencia de entre 12 y 17 caballos. En la foto de 1935, propiedad de Melchor Lizarraga, se ve la flota de vehículos de la Villavesa casi al completo frente al cuartel Diego de León. Eran vehículos muy rudimentarios, microbuses (o omnibuses que les llamaban entonces) montados sobre chasis de camioneta, pequeños autobuses. Llevaban, como se puede ver publicidad de algunos comercios locales de entonces como Casa Unzu o Almacenes Azcarate.

Tras la guerra, en los años 40-50, La Villavesa no solo se dedica a transportar viajeros a los pueblos de la Comarca sino que aspira a encargarse del servicio de  transporte urbano, que se adjudica finalmente a su filial Autobuses Pamplona en 1953. Los pamploneses, pese al cambio de nombre de la empresa, seguirían llamando villavesas a los nuevos autobuses de transporte urbano. Autobuses Pamplona hacía servicios a Villava, la Estación del Norte, el barrio de Capuchinos, el Manicomio, Echavacoiz y Zizur Mayor. La sociedad fue dirigida durante muchos años por Fermín Lizarraga Erdozain. En esos años de inicio del transporte urbano, a pesar de lo limitado de aquellos vehículos y de lo deficiente del firme en muchas vías de la ciudad, el tráfico era mucho más fluido, pues no había tantos coches como ahora, ni había tantos semáforos, de hecho, el primero se instaló en 1956, ni tampoco tantos pasos de cebra, por lo que se llegaba relativamente pronto a los destinos.   La ciudad crecía y las necesidades de transporte de viajeros de la capital también. Autobuses Pamplona entró en crisis y acabó desapareciendo en 1969, año en los trabajadores se hicieron  cargo de la empresa creando una cooperativa:  la   COTUP, que dependía, por lo que se refiere a las tarifas y otras cuestionadas relacionadas con el servicio, del Ayuntamiento de Pamplona.   En 1971 la sociedad La Villavesa S.A había transferido sus recorridos interurbanos a La Montañesa, que también se acabó convirtiendo en una cooperativa de los trabajadores. Esta sociedad, además del transporte interurbano en la Comarca, disponía de otras líneas de transporte discrecional. Pamplona se iba convirtiendo poco  a poco  en la cabecera de una gran área metropolitana, por lo que el panorama de las empresas y del servicio del transporte urbano no tardaría  en cambiar.

En julio de 1999 se puso en marcha la nueva red de transporte urbano comarcal, con una sola red, un sistema tarifario integrado, una única imagen y un único servicio,  siendo la Montañesa frente a COTUP, a la que terminaría absorbiendo, la que paradójicamente  se hizo con el servicio, tras ganar el correspondiente concurso en el año 2002. La Montañesa sería absorbida, posteriormente por el grupo Veolia y desde noviembre de 2009 el transporte urbano lo explota la empresa catalana TCC, filial de Moventis. El servicio no ha sido ajeno en este tiempo a los conflictos laborales. Las mayores huelgas del transporte urbano se produjeron en el año 2004, tras la absorción de los trabajadores de la COTUP por la Montañesa  y en diciembre de 2013. Hoy en día la flota de villavesas la integran 140 autobuses, de ellos 52 articulados de 18 metros y 85 convencionales de 12, además de los 3 autobuses de 9 metros que dan servicio  a la línea 14. De aquellas ruidosas y contaminantes villavesas nada queda. Hoy la mayoría son silenciosas, con aire acondicionado, de piso llano, con rampas para minusvalidos, sistemas de pago electrónicos, transbordos gratuitos  y van incorporando sistemas de repostaje más ecológicos como el biodiesel. Y en las paradas del transporte pantallas digitales nos ofrecen información en tiempo real de en cuanto tiempo llegará nuestro autobús. Y es que como se suele decir “los tiempos avanzan que es una barbaridad”.

Fotos: referenciadas en el texto de la entrada. Fuentes: Filmoteca de Navarra. Filmoteca Española. Archivo de La Montañesa. Archivo de la Asociación Casco Antiguo de Pamplona. Martin Sarobe (1968). Foto de Melchor Lizarraga (1935)

Pamplona, año a año: 1924

En el  año 1923 Pamplona tenía 33.281 habitantes. Habían nacido 883 nuevos pamploneses, fallecido 939 y se habían casado 335 parejas. Hacía poco tiempo que se habían comenzado a derribar las murallas del flanco sur, sin embargo la plaza del Castillo seguía cerrada hacia lo que hoy sería la avenida de Carlos III, con el Teatro Gayarre presidiendo nuestro cuarto de estar entre la sede del Crédito Navarro por un lado y la Diputación Foral por otro. El año 1924 había empezado con la liberación de varios redactores y el director del periódico nacionalista “La Voz de Navarra” por criticas a la guerra de Marruecos. Sería frecuente,  a lo largo de este año, la salida de destacamentos de soldados desde la guarnición de la capital al citado frente bélico. Hacía apenas cuatro meses, el 23 de septiembre de 1923, que el capitán general de Cataluña Miguel Primo de Rivera había dado un golpe de estado. El Directorio Militar había disuelto todas las diputaciones de España excepto las de Alava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya. La Diputación negociará en los meses siguientes con el directorio militar el mantenimiento de las condiciones del régimen económico. El 24 de marzo se reúnen en Pamplona los representantes de las diputaciones vascas con la corporación de Navarra, dando los comisionados de esta última cuenta de sus gestiones con el Directorio.
Los pamploneses se divertían acudiendo a los Casinos y Sociedades de la época, (Eslava, Principal, Centro Aragonés, bailes o verbenas incluidos), con los partidos de Osasuna en el campo de San Juan (contra el Luchana, Avion, Tarrasa, Tolosa, Real Unión, etc) las numerosas veladas teatrales en el Gayarre, comedias, zarzuelas (Los gavilanes, El celoso extremeño…) o en el Olimpia (zarzuelas y operetas: Doña Francisquita, El Duquesito…) y alguna que otra película como “Alma de Dios”, “Currito de la Cruz”, “Violetas imperiales”, conciertos de la Sociedad  Filarmónica, (con figuras como Arthur Rubinstein que actuó el 7 de abril y el 19 de noviembre o el Coro de Cosacos de Juban el 18 de marzo) o del Orfeón Pamplonés y, con el buen tiempo, alguna prueba pedestre o ciclista. El 11 de enero se se celebraba la primera reunión para la constitución del tribunal tutelar de menores. Fallecía estos primeros días de enero del 24 el conocido industrial Martin Sancena, en febrero Inocente Arrillaga expresidente de la Cámara y decano de de los relojeros de Pamplona y en junio Esteban Arrasate para acabar el año con la muerte de Simón Tejedor, copropietario de la Fonda de la Estación del Norte. El 16 de enero aparecía en la presa de Santa Engracia el cadáver de Tomasa Moreno, de 44 años, que había desaparecido de su casa días atrás. Si comparamos la crónica de sucesos de nuestros días con la de entonces, la de aquellos años era desde luego mucho más nutrida: atropellos (de carros e incipientes vehículos a motor) accidentes (en las cocheras del Irati, en el depósito de maquinas de la estación del Norte),  ahogamientos (en el Arga), intoxicaciones mortales, crímenes (como los de Beruete), etc.
Al obispo anterior López de Mendoza, fallecido en 1923,  le sucedería  el nuevo obispo Monseñor Mateo Múgica. El día 24 de enero se producía un fuerte temporal  de agua provocando averías telefónicas y telegráficas. El Gobernador Civil tenía abundantes potestades, recomendaba a los comerciantes pusiesen los precios de todos los artículos, exigía se usasen pesos y medidas del sistema métrico, multaba a quien infringía las disposiciones de Abastos, etc. La Junta Local de Reformas Sociales acordaba que las tabernas estuviesen abiertas de 9 de la mañana a 9 de la noche. El 22 y 23  de febrero se observaron ligeros temblores en la capital y algunos pueblos navarros. Unos días más tarde entre un frío helador comienzan a caer los primeros copos de nieve del año. La pobreza atenazaba a amplias capas de al población y eran muchas las iniciativas benéfico-asistenciales: Los Amigos del Arte daban conciertos públicos en beneficio de las cantinas escolares, había viáticos generales a los enfermos, la parroquia de San Lorenzo repartía en febrero 250 raciones entre los pobres. En marzo comienzan a construirse varias casas económicas en el barrio de la Rochapea. La Sociedad Aguas de Arteta publicaba un concurso para construir un nuevo acueducto de derivación desde el manantial de Arteta hasta la central de Eguillor, con 7 km de extensión. El 18 de marzo se anunciaba una conferencia de Largo Caballero en las escuelas de San Francisco que no llegó a celebrarse. El día 22 se produjo un importante incendio en el Café Iruña. El 2 de abril se derribaba el parque de desinfección para construir en sus terrenos la nueva iglesia de los Padres Redentoristas (San Ignacio), cuyas obras vemos en la foto de la izquierda que encabeza la entrada. Se elevaba el precio del pan a 57 cts el kilo. El 7 de abril se inauguraba en Pamplona la sucursal del Banco Español del Crédito. Se inauguraba la linea de automóviles públicos entre Pamplona y Alsasua. Como en todas la semanas santas se trasladó la imagen de la Soledad desde la iglesia de San Lorenzo a la Catedral y tras el segundo domingo de Pascua, se producía la entrada anual en Pamplona del Angel de Aralar.
Como ya he señalado en la entrada dedicada a las entidades benéficas, en estos años los niños pretuberculosos acudían al sanatorio marítimo de Pedrosa. El 2 de junio comenzó  la vista judicial por los sucesos del 28 de abril de 1921 en el barrio de la Rochapea, donde explotó un taller de carga de cartuchos y depósito de pólvora de Juan Martínez Goñi, propietario de Casa Puntos,  que ocasionó varias víctimas. El día 6 se dictó sentencia condenando a Martínez de Goñi a un año y 8 meses de prisión por homicidio por imprudencia temeraria y al pago de fuertes indemnizaciones. Ese mismo día se inauguraba en las proximidades de la plaza de toros el edificio destinado a depósito de corrección municipal, parque de desinfección y cochera de servicios fúnebres, como ya comenté en la entrada de Pamplona a vista de pájaro (1924)y que vemos nuevamente al principio de esta entrada, a la derecha. Serapio Esparza sería el arquitecto encargado del proyecto para la ampliación de la Basílica de San Ignacio, cuya primera piedra se colocaría el 12 de octubre. El día 8 de junio, se suicidaba una anciana,  vecina de la Rochapea, lanzándose al rio Arga. Se colocaba la primera piedra de la nueva capilla de las Madres Josefinas en el barrio de la Magdalena.
El 18 de junio se celebraba una sesión extraordinaria de la Comisión Permanente del Ayuntamiento para debatir sobre los colores de la bandera de Pamplona y sobre que bandera había de izarse en la Casa Consistorial y cual había de acompañar a la corporación en la procesión del Corpus. Había un cuerpo paramilitar llamado Somaten. En junio de este año se hizo la primera revista de este cuerpo en las escuelas de San Francisco. Explicaré un poco cual fue el origen de este cuerpo armado. Inicialmente fue  un cuerpo parapolicial catalán, separado del ejército para la defensa propia y de las tierras pero Primo de Rivera lo extendió  a toda España. En el fondo era un cuerpo armado, de gente de orden, la mayoría burgueses aunque también había obreros procedentes de los Sindicatos Libres, de origen carlista, que colaboraban con las fuerzas policiales en el mantenimiento del orden público, actuaban en contra de las huelgas de los sindicatos de clase y en ocasiones ejercía  de “policía de las buenas costumbres” persiguiendo la blasfemia y otros comportamientos considerados incívicos por las clases dirigentes. Fue disuelto al llegar la República, repuesto en 1936 hasta 1939 y reactivado por Franco en 1945 como apoyo a la guardía civil en la represión de los maquis y organizaciones obreras clandestinas.
La promoción del euskera no es de ahora. A finales de junio de 1924 vemos una noticia que hablaba de una excursión al Santuario de San Miguel de Aralar por parte de los alumnos de las clases de euskera que financiaba Diputación. El 29 de junio, día de San Pedro,  se celebraba el tradicional Homenaje a la Vejez en el Paseo de la Taconera, tal y como señalaba en la entrada dedicada a las cajas locales. El 2 de julio, el Ayuntamiento acordaba crear una Casa de Socorro de carácter municipal que se inauguraría el 17 de diciembre. La Junta Provincial de Sanidad nombraba a Joaquín Gortari como médico de Higiene Especial. El 6 de julio comenzaban los sanfermines con las solemnes Vísperas, un partido amistoso entre el Real Unión y Osasuna, fuegos artificiales y un concierto nocturno. Debutaba en el Gayarre la compañía de Gregorio Martínez Sierra y en el Olimpia la de Diaz Artigas. Además de los encierros, las corridas, los fuegos,  los pamploneses podían disfrutar de festivales deportivos (aizkolaris, etc) y musicales, tanto diurnos como nocturnos, asi como del Ferial, ubicado este año frente a la plaza de toros. Precisamente, el día 10 se producía un hundimiento en una de las atracciones del Ferial “la pista diabólica” con varias personas contusionadas. Las cuatro fotos que acompañan a este párrafo corresponden todas a las fiestas de este año. El día 11 nacía el diario vespertino El Tiempo, de escasa duración, apenas 8 días pues desapareció el día 19. El día 13 de julio fallecía en el encierro sanferminero de los Santa Coloma el joven sanguesino de 22 años, Esteban Domeño Laborra, a la sazón el primer muerto en el encierro. Este verano fue sonado el encendido debate en el seno de la Comisión de Monumentos a propósito de la colocación o no del escudo de España en el Monumento de Amayur. A primeros de agosto eran detenidos en el barrio extramural de San Juan dos guardias de campo por cohecho y resistencia. El día 30 de agosto el pleno del Ayuntamiento autorizaba la construcción en el Nuevo Ensanche de la fábrica de calzado de Hermanos López. En la noche del 9 de septiembre  se declaraba un importante incendio en el edificio de la Casa de Misericordia del Paseo de Sarasate, tal y como vimos en la entrada dedicada a esta venerable institución. El día 16 eran traslados los asilados a los pabellones de Barañain. El día 10 de septiembre se producía el famoso “crimen de Beruete”, del que hablaré con extensión, en su momento, en la serie de “Crónica de Sucesos”.  Solo señalar, como  resumen de este suceso,  que el leñador Martin Aizcorbe fue muerto a hachazos y robado por los hermanos y compañeros de trabajo Juan,  Martín y Jose Goñi, apareciendo su cadáver días después arrojado a una sima.
El 28 de octubre el Ayuntamiento acordaba ceder el teléfono urbano de Pamplona a la nueva Compañía Telefónica Nacional de España. El día 5 de noviembre  acordaba los nombres que habrían de llevar las calles del Nuevo Ensanche. El día 7 de noviembre se produjeron los graves sucesos revolucionarios de Vera de Bidasoa que conmocionaron a la opinión pública a fines de ese año. Un grupo de cuarenta y dos sindicalistas atravesó, ese día, la frontera, se toparon con la guardia civil y como consecuencia del encuentro resultaron primero muertos dos guardias civiles y posteriormente en la persecución del grupo sindicalista por guardias civiles, carabineros y somatenistas  cuatro sindicalistas y 27 heridos. Se celebró una semana más tarde un consejo de guerra   que absolvió por falta de pruebas a los acusados, siendo recurrido el auto por el Capitán General de Burgos que provocó un nuevo juicio en el Tribunal Supremo de Guerra y Marina que condenó a los encausados  a tres penas de muerte y una cadena perpetua y a los instructores del primer juicio a varios meses de arresto. Se realizaron infructuosas gestiones para conseguir el indulto de los condenados a muerte, entre ellas la del Obispo Mateo Múgica. Los industriales y obreros carpinteros de Pamplona se negaron a construir los patíbulos y se procedió a la detención de uno de los primeros al que se le obligó a ir al patio de la prisión para que dirigiese las obras de los cadalsos. Finalmente a las 7 de la mañana del día 6 de diciembre verdugos de Madrid y Burgos ejecutaron a los reos de Vera, Enrique Gil Galar y Julián Santillán, por el procedimiento del garrote vil. El tercer reo, Pablo Martin Sanchez, se suicidó al ser llevado al patíbulo, lanzándose desde la galería del segundo piso al patio de la cárcel y quedando muerto al instante.
El Ayuntamiento decidió el 12 de noviembre no derribar de momento el Teatro Gayarre y sacar a subasta su arriendo para los dos próximos años, sin embargo la subasta quedó desierta. Asimismo el Ayuntamiento aprobó el proyecto de formación de la plaza de Jarauta en terrenos del antiguo matadero de cerdos y exdepósito municipal. En diciembre acordó ceder todos los terrenos necesarios y costear la estación de Pamplona para el proyectado ferrocarril  Pamplona-Estella-Logroño que nunca se llevaría a cabo. Por su parte el gobernador ordenó el cierre de todas aquellas sociedades que se habían constituido, en tabernas, en Pamplona. El 20 de noviembre se anunciaba el traslado del general Damaso Berenguer desde el fuerte de Guadalupe de Fuenterrabía  al de San Cristobal para cumplir con los seis meses de arresto a los que había sido condenado. El día 28 de noviembre se inauguraban las cantinas escolares de los grupos de San Francisco y Compañía, con asistencia de 220 niños y de diversas autoridades y personalidades. A finales del año acudía al Gayarre la compañía Ladrón de Guevara-Rivelles con “Aires de fuera” y días más tarde se estrenaba el drama en verso en tres actos “El bandido de la sierra”. El 22 de diciembre el Ayuntamiento visitaba el primer grupo de casas económicas construidas en el Nuevo Ensanche por Andrés Gorricho, con entrada por Iturralde y Suit.
Fotos por orden de aparición: Construcción de la Iglesia de San Ignacio (1925). J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios.Fabrica de Calzados López. Esquina de calle Amaya con Arrieta (1924). Luis Rouzaut. Luis Rouzaut, óptico de profesión y cronista de la vida navarra a principios del siglo XX. Carteles de época de las películas mudas Currito de la Cruz y Violetas imperiales. Monseñor Mateo Múgica Urrestarazu. Parque de desinfección, perrera municipal y cochera de servicios fúnebres en la calle Aralar  (1934). J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Foto Procesión de San Fermín (1924). Roldan. Foto barracas junto a la plaza de toros (1924). Sin filiar. Desencajonamiento toros en los corrales del gas (1924). Sin filiar. Mozos al final de la corrida en la plaza de toros (1924). CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marin. Pascual Marin. Juicio a los encausados por lo sucesos revolucionarios de Vera de Bidasoa (1924). Mundo Gráfico. Biblioteca Nacional de España.Público en las inmediaciones de la cárcel de Pamplona el día de la ejecución de los reos por los sucesos de Vera (1924). Mundo Gráfico. Biblioteca Nacional de España. Casas baratas de Gorricho en la confluencia de las calles Amaya y  Leyre. (1951). J. Cía. Archivo Municipal de Pamplona.

Los Sanfermines de los años 30 (1930-1939)

Con esta entrada inicio una nueva serie que revisará la evolución de los sanfermines a lo largo del siglo XX, ofreciendo algunas notas historiográficas y costumbristas de esas fechas pero sobre todo rescatando algunas fotografías bastante desconocidas de fondos como el del fotógrafo tudelano afincado en Donosti, Pascual Marín que son un magnífico documento gráfico donde se retratan una sociedad y una época.  Empezaré por los convulsos años 30. Las fiestas de San Fermin de los años 30 no fueron ajenos al revuelto clima político que vivía nuestra ciudad y nuestra comunidad. En 1931 era alcalde de Pamplona el republicano Mariano Ansó Zunzarren. Anuladas las elecciones del 12 de abril se habían convocado a finales de ese mes otras nuevas elecciones en las que  habían ganado los republicano-socialistas con 15 concejales frente a 14 de la derecha católico-fuerista (los nacionalistas y conservadores no participaron). En las elecciones a Cortes del 28 de junio, Navarra aparecía dividida electoralmente casi al 50%. Al término de los sanfermines se iba a debatir  un posible estatuto de autonomía vasco-navarro, debate que se produciría, sin embargo, finalmente, un año más tarde, en junio de 1932, con un cambio de postura de algunas fuerzas políticas, tanto de derechas como de  izquierdas, (fundamentalmente carlistas y socialistas), que haría que finalmente se posicionasen en contra del estatuto conjunto 123 ayuntamientos navarros, frente a 109 que lo hicieron  a favor. Pese a las dudas sobre la participación de las nuevos munícipes republicanos en los actos religiosos, la corporación participó ese primer año republicano, (1931), en las Vísperas, la Procesión y la Octava si bien en traje de calle. El día 6 de julio, los concejales republicanos se trasladaron a la plaza del Castillo para cambiar el nombre de Plaza de la Constitución por el de Plaza de la República. Entre las peñas y cuadrillas de aquellos años destacaban La Unica (1903), La Veleta (1930), El Bullicio (1933)  pero también se oía hablar de cuadrillas como la de Los Irunshemes (1917), Denak bat y otras menos conocidas  como La Polar, Gau-Txori o Arin Arin. El encierro se celebraba a las 7 de la mañana y las corridas a las 4,30 de la tarde.
Parece que nuestros actuales munícipes han puesto de moda, ahora, el laicismo en las fiestas de San Fermin y en otras celebraciones de marcado origen religioso. Sin embargo su comportamiento no llega, ni de lejos, al comportamiento de los concejales republicanos en el año 1932 y  años posteriores. En 1932, siendo alcalde el médico y político republicano Nicasio Garbayo, tras la marcha de Mariano Ansó a las Cortes Generales, el Ayuntamiento suprimió del programa de fiestas cualquier acto religioso: Vísperas, Procesión u Octava, no obstante buena parte de los pamploneses seguían acudiendo a un riau-riau de carácter espontáneo, acompañados por La Pamplonesa y asistiendo a las misas en honor a San Fermín el día 7 y el 14, de julio, oficios religiosos que se pudieron realizar ese año gracias a una colecta popular, colecta que se llevaría a cabo también en años posteriores. Por cierto, parece ser que el Riau-Riau, tal y como lo hemos conocido a lo largo del siglo XX, pues las Vísperas son mucho más antiguas, -datan del siglo XV-, tuvo su origen el 6 de julio de 1911 cuando un grupo de pamploneses, encabezados por Ignacio Baleztena, decidieron, de manera improvisada, acompañar, en el acto de la marcha de la Corporación  a las Visperas, el final de cada estrofa de “La Alegría de San Fermín”, -el conocido vals de Miguel Astrain-, con esa expresión con la que finalizaban algunas canciones festivas en la montaña navarra, una expresión que causó, entonces, el enfado de algunos circunspectos ciudadanos y la hilaridad de los más. Parece que carece de rigor histórico esa teoría que alude al deseo de un grupo de carlistas, entre los que se encontraba Baleztena, de bloquear o ralentizar el paso de la corporación liberal de la época a su paso por la calle Mayor, ya que ni todos los amigos de la cuadrilla de Baleztena eran carlistas ni toda la corporación de aquellos años era liberal. Las organizaciones tradicionalistas promovieron  en los sanfermines de 1932 campañas de solidaridad con los presos carlistas de la ciudad que se encontraban en la cárcel de Pamplona, entre ellos el conocido Jaime del Burgo Torres. Y es que el 17 de abril de ese año se había producido un enfrentamiento entre carlistas y socialistas con el resultado de 3 muertos: 2 ugetistas y 1 jaimista. Hubo una huelga general al término de la cual hubo un ataque a Casa Baleztena. Días más tarde se detuvo a un grupo carlista armado y entre las personas a las que la autoridad republicana había inculpado figuraba, al parecer, el citado Jaime del Burgo, que fue absuelto posteriormente por falta de pruebas.

 

En 1933 acudía a las fiestas el embajador de Estados Unidos, Claude Bowers. Comenzaba a ser cada vez más frecuente la presencia de extranjeros, dada la enorme popularidad que había cosechado la novela de Hemingway, publicada en 1926. En el ámbito político, las elecciones de noviembre del 33 habían dado el triunfo a las derechas, surgiendo en la ciudad los primeros grupos de Falange Española que contribuyeron a incrementar el clima de violencia en la ciudad y en la provincia.  A los sanfermines acudían compañías de teatro,  como la Compañía de Revistas del Teatro Maravillas, que actuó en el Gayarre o la compañía del Teatro Lara, que debutó en el Olimpia y en el que también actuaría, al final de las fiestas,   el tenor aragonés Miguel Fleta. La Feria de Ganado se celebró en 1933 en la Magdalena, luego se trasladaría a una zona cercana al puente de San Pedro, en la zona de Errotazar más próxima al Molino de Alzugaray, y los días 12 y 13 de julio se instaló una tómbola en los jardines de la Taconera a beneficio de la Casa de Misericordia. Las barracas, salvo el año 1924, que se instalaron enfrente de la plaza de toros,  se colocaban en los terrenos del antiguo Ensanche, en la calle Padre Moret, -lo hicieron, desde 1900 a 1944-, en los terrenos donde luego se construiría el estadio Mola. Constaban del tradicional circo, casetas de tiro, carruseles, tobogan, caballitos, aparatos de fuerza y puestos y casetas de caramelos, refrescos, churrerías, quincalla, etc. En la plaza de Recoletas, se instalaban las tradicionales casetas de venta de ajos así como puestos de  vasijería o cacharrería.
En 1935, el Gobierno Civil multaba a la Diputación y al Ayuntamiento por exhibir símbolos religiosos, dado que estas instituciones contaban con una mayoría política  confesional y hacían gala de ello. Se produjeron roces entre el Ayuntamiento conservador, presidido por el carlista Tomas Mata y algunas peñas y cuadrillas, por negarles la subvención a algunas de ellas, al considerar el consistorio que estas hacían alarde de indumentarias y comportamientos inadecuados. La Veleta no salió varios días protestando por la política municipal, en este sentido. Por contra se hizo muy presente la actividad en la calle de la peña Muthiko Alaiak, fundada por Ignacio Baleztena en 1934, donde abundaba el componente carlista, que acompañó los principales actos religiosos de las fiestas. La división política llegaba, pues,  al ámbito festivo. Como curiosidad, el día 14 se celebraba una corrida extraordinaria organizada por la Cámara de Comercio con toros de Pérez Tabernero. Entre las principales actividades festivas destacaban, además de las barracas en el antiguo Ensanche, los fuegos artificiales en la plaza del Castillo, los  Gigantes y Cabezudos por las calles, la salida de las peñas, la feria de ganado, las verbenas del Larraina, y otro tipo de eventos como las cucañas en la plaza del Castillo o proyecciones de cine al aire libre  en la plaza del Vinculo. Era tradicional encontrarse en las calles o plazas con el famoso vendedor y charlatán León Salvador que acudía a Pamplona todos los Sanfermines.

En 1936, se había incrementado la agitación social y política en la ciudad, ya patente a lo largo de 1934 y 1935, con abundancia de conflictos laborales de contenido reivindicativo y mejora de las condiciones laborales. Hasta los portadores de los gigantes y cabezudos amenazaban con no salir, ese año,  si no se producía un aumento de sueldo, aunque finalmente el conflicto no fue  a mayores. El día 6 de julio el silencio de las campanas de las parroquias de Pamplona, que habían permanecido mudas  los últimos años, en la hora del chupinazo,  fue roto por un atronador repiqueteo que desafiaba el laicismo oficial imperante. Ese año se celebró la primera exposición de pancartas de las peñas en la Oficina de Turismo que había en el Paseo de Sarasate. Y hablando de turismo, en 1936 se hablaba de que habían entrado a la ciudad más de 4.000 vehículos y 270 autobuses. Cinco días después del final de las fiestas, Pamplona se convertía en protagonista activo del golpe militar contra la República y el orden constituyente. La ciudad se quedaría sin sus fiestas patronales durante los dos años siguientes: 1937 y 1938.

Los sanfermines de 1939 estuvieron imbuidos por el clima eufórico del bando vencedor, en una ciudad, en una comunidad que nunca fue frente de batalla pero en la que se sintió, como en otros lugares de la zona nacional, las represalias sobre la gente de izquierdas, especialmente en los primeros días y semanas de la guerra, con más de 3.000 asesinados, más de 300 de ellos en Pamplona. A los sanfermines de ese año se acercaron militares de alta graduación e importantes cargos del Régimen, entre ellos varios ministros y otras personalidades. Seguía siendo alcalde de Pamplona el que lo fue en los años anteriores a la guerra, desde 1934, el carlista  Tomas Mata. Este fue el primer año que un concejal del Ayuntamiento, en este caso Joaquín Ilundain prendió el cohete que anunciaba las fiestas en la plaza del Castillo. Nacía oficialmente el chupinazo.  Hasta entonces, desde 1901, se lanzaban cohetes por parte de empleados de la empresa pirotécnica desde la plaza del Castillo pero el acto no tenía un valor especial  como tal. Fue en 1931 cuando un conocido republicano llamado Juan Echepare Aramendia, que tenía un estanco en la calle Mayor,  se encargó de encender la mecha del primer cohete. Lo hizo hasta los sanfermines de  1936. Echepare sería asesinado poco después, en los primeros días del golpe militar. A partir de 1941, el chupinazo se tiraría desde el balcón del Ayuntamiento. Este año fue famoso también por el suceso acaecido en el encierro del día 8 de julio cuando un toro de  Arturo Sánchez Cobaleda, de nombre “Liebrero” rompió el vallado, cerca del callejón de los toros provocando el pánico tal y como recogí en la entrada “Imagenes del Ayer. Estampas sanfermineras. Imagenes del encierro: 1914-1949” y en donde resultó herida la señora Doña Clara Herrera que estaba acompañada de su tres hijos. El toro fue abatido por el guardia civil Cipriano Huarte. A partir del año siguiente se puso un doble vallado en el recorrido del Encierro para evitar circunstancias como la comentada.
Fotografías: Las fotografías recogen el ambiente de los sanfermines entre los años 1931 y 1939 y pertenecen todas ellas al Fondo de Fotografías Marín de la Kutxateca. Su autor es en todos los casos el fotógrafo Pascual Marin: CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marin. Pascual Marin. Fotografías por orden de aparición: 1.-Salida de mozos de la plaza de toros (1932). 2.-Fotografía de un encierro sanferminero a la altura de la plaza Consistorial del año 1932.  3.-Público en la terraza del Cafe Kutz de la plaza del Castillo (1932). 4.-Procesión de San Fermin. Iglesia de San Lorenzo (1930). 5.-Jovenes y niños en la plaza del Castillo (1932). 6.-Entrada de las peñas a la plaza de Toros (1931). 7.-Comida sanferminera en el Restaurante Iruña (C/Mercaderes, 7) (1935). 8.-La comparsa a la salida de la Iglesia de San Lorenzo. Notese la presencia del componente músico-militar (1939). 9.-Dianas Sanfermineras en la plaza del Ayuntamiento (1932). 10.-Mozos dando cumplida cuenta de un almuerzo sanferminero en plena calle (1939). 11.-Ambiente sanferminero de una mañana en la calle Calceteros (1939).12. La plaza del Ayuntamiento. Ambiente festivo (1939).13. Paso de los Gigantes por la calle San Saturnino (1939). 

Entidades de beneficiencia en el Viejo Pamplona: La Meca y otras entidades (1900-1950)

Hoy en día el término de “beneficiencia”  no sería políticamente muy correcto, su espacio lo ocupan diversas entidades sociales religiosas y laicas, ONGs y otras organizaciones de la sociedad civil. Pero entonces, hace más de un siglo, los límites entre la asistencia y la beneficiencia eran un tanto difusos, respondían sobre todo al concepto de la caridad y además buena parte de las entidades que la impulsaban estaban regidas, o colaboraban en ellas, miembros de ordenes religiosas de la iglesia católica. En la entrada que dedique a la presencia religiosa en nuestra ciudad hice referencia a buena parte de su labor asistencial, tanto en centros sanitarios como benéficos. Cabe señalar que en los primeros años del siglo XX existía en la ciudad una Junta Provincial de Beneficiencia presidida por el Gobernador Civil que ejercía la inspección de más de 90 fundaciones benéficas creadas por particulares además de las impulsadas por instituciones públicas o semipúblicas. También había una Junta Municipal de Beneficiencia que era la que administraba la Casa de Misericordia. Al filo de los años 20, la Casa de Misericordia acogía a 250 residentes, desglosados en   150 ancianos, 70 niños y 30 adultos. La Junta de la Meca se encargaba de explotar, además, la nueva plaza de toros cuyos ingresos iban precisamente a financiar el citado asilo. Pero hablemos, un poco, del origen de la Casa de Misericordia, en la que centraré básicamente esta entrada.

El  origen de la Casa de Misericordia o como popularmente se le conoce abreviando, la Meca, se remonta a 1692, año en que por iniciativa del Ayuntamiento  se pretendía recoger a los mendigos y menesterosos que vagabundeaban por las calles. El primer edificio  se comenzó a construir en 1702 en un solar cedido por el Ayuntamiento  y se inauguró el 15 de agosto de 1706. Este gran caserón ocupaba el comienzo de la actual calle García Castañón hasta su cruce con Fernández Arenas, a la altura del nº 7 del Paseo de Sarasate, antiguo Cine Príncipe de Viana, antiguo edificio de Caja Municipal y casas nº 1 de Garcia Castañón y nº 4 de Fernández Arenas y que vemos en la foto de la derecha, encabezando la entrada. Sus comienzos no fueron fáciles, se nutría de donaciones y limosnas de los pamploneses, que no cubrían, ni de lejos, sus necesidades, hasta el  punto de que a finales del siglo XVIII se construyó  un frontón, explotado por la Casa, que la verdad  no daba apenas beneficios. El mismo propósito de ayudar a a financiar la institución estuvo en la idea de conceder a la Casa los terrenos en los que podría construir, a su costa y riesgo, la plaza de toros a la que se cedía además la organización de las corridas de toros. La plaza como ya dije, en otra entrada, se construyó en menos de un año (1922) y se financió con la emisión de obligaciones.

El 9 de septiembre de 1924 se produjo un pavoroso incendio en el caserón del Paseo de Sarasate que obligó al Ayuntamiento a trasladar a los residentes provisionalmente al Hospital de Barañain. El traslado se realizó una semana más tarde.  En 1925 ya se proyectaba construir un nuevo edificio, se hablaba de que tendría un coste de un millón y medio de pesetas. Se estimaba que la venta del solar del antiguo asilo y los materiales de este producirían unos ingresos de unas 500.000 pesetas y el resto se recaudaría de las instituciones y personas caritativas. La Casa de Misericordia  permanecería en  el Hospital de Barañain hasta el año 1932, con oficinas temporales primero en el Paseo de Sarasate y luego en la avenida de San Ignacio. El 27 de marzo de 1927 se puso la primera piedra de su actual sede en terrenos del término “Tras el Castillo” o como hoy conocemos la Vuelta del Castillo, en la proximidades de la Cruz Negra,  en terrenos cedidos por la Diputación Foral, asistiendo al acto de inauguración el nuncio de Su Santidad. El edificio constaría de dos plantas independientes, para niños y ancianos con cuartos de duchas y baños, salas de dibujo, música, biblioteca, área deportiva, zona de labores y peluquería, tal y como vemos en el reportaje fotográfico que adjunto de aquellos primeros años. Se construiría en hormigón armado, con un coste final de 2 millones de pesetas, bajo proyecto y dirección del vocal de la Junta de la Casa y arquitecto Víctor Eusa. Para la nueva casa se habían recibido entre otros los siguientes donativos, 50.000 pesetas la Junta y los marqueses de Vesolla, de 15.000 el Crédito Navarro, de 10.000 la Vasconia, Vasco Navarra, Aguas de Arteta, El Irati, Joaquín Garjón y Aniceto Muniain, de 5.000 la colonia pamplonesa de México y los herederos de Nicolás Martínez y de 1.000 la testamentaria de Gregoria Perurena. El nuevo edificio, que vemos en las fotos, de la izquierda, que encabezan la entrada, se inauguraría  el 19 de enero de 1932.

Inicialmente la Meca acogía tanto a mayores como a niños. Estos últimos eran escolarizados y su formación se completaba con una preparación profesional en talleres donde aprendían un oficio. El asilo fue objeto de reforma y de ampliación con nuevos bloque de habitaciones individuales y de matrimonio en 1976. En 1989 acogía a 585 residentes, aunque ya  desde 1982 no se ocupaba de los niños,  de hecho, desde al menos cinco años antes, desde 1977 no vivían en la Casa  sino en pisos, en pequeños grupos a cargo de un preceptor. Gobierna la Casa de Misericordia una junta presidida por el Alcalde de Pamplona, el vicepresidente lo nombran los restantes miembros de la Junta, el Ayuntamiento nombra a cuatro de los miembros, los responsables de asuntos ciudadanos y de cultura mas los dos concejales de más edad y la completan un número de vecinos que debe doblar al menos al de ediles (en este momento son muchos más, unos 16), elegidos por la propia junta, y que tengan las formación y experiencia necesarias para que puedan ser beneficiosas en el gobierno de la institución. Hoy en día la Casa de Misericordia  cuenta con 555 residentes de los que 359 son mujeres y 191 hombres, con una lista de espera de más de 200 ancianos. Dispone, además, de más de 300 trabajadores, más 14 religiosas, hijas de la Caridad y casi medio centenar de voluntarios.
Otro establecimiento benéfico histórico de nuestra ciudad era el Asilo de las Hermanitas de los Pobres, que se empezó a construir en 1887 en la avenida de Guipúzcoa. En 1889 se terminaron las obras de la primera parte del edificio  y se instalaron los primeros asilados. En agosto de 1891 se completó el resto del asilo. Las obras del edificio habían costado 138.900 pesetas, sin contar el coste del terreno, que ascendió a poco más de 4.640 pesetas. El Asilo se sostenía con subvenciones y donativos de la Diputación Foral y el Ayuntamiento y de particulares. Acogía a los ancianos, 140 en los años 40 y 50, que no tenían derechos adquiridos para poder ingresar en la Casa de Misericordia. La Casa de Misericordia estaba reservada para pamploneses de nacimiento o vecindad legal y que contasen con recursos económicos muy escasos. El viejo edificio de las Hermanitas de los Pobres se derribó en julio de 2007 inaugurándose el nuevo edificio en el año 2010. Había otros asilos benéficos en la ciudad como el del Niño Jesús, el de la Comunidad de las Adoratrices (se llamaba Asilo de las Esclavas del Santísimo y de la Caridad y a finales de los años 40 acogía a 70 asilados), Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, Oblatas (acogía en 1948 a 70 asilados), Siervas de María, Padres Capuchinos, Huérfanas de Hijas de San José o de las Madres Josefinas (atendía en 1950  a 200 asilados) y de las Monjas Blancas de las Religiosas Misioneras Franciscanas. La Casa de Huérfanos o Expósitos de Navarra, que estaba junto a la Maternidad, en la calle del Carmen, se trasladó en 1934 junto al Hospital de Barañain. En 1953 el número de huérfanos alojados en la Casa de Expósitos era de 450.
La Cruz Roja también desempeñaba una importante labor benéfico-asistencial en aquellos años. Había incluso una Asociación de Señoras de la Cruz Roja de Pamplona, presidida en 1920 por María Arraiza de Garjón, que contaba con un cuerpo de 50 enfermeras diplomadas, que algunos años más tarde llegaría hasta casi 100 entre señoras, señoritas y religiosas. A mediados de los años 20 se refundaron la Comisión Provincial de la Cruz Roja y la Sección de Señoras en la Asamblea Local de la Cruz Roja, con sede en el nº 9 de la calle Amaya. Más tarde se trasladarían al nº 8 de la calle Leyre. En 1948 La Cruz Roja de Pamplona había asistido a más de 3.000 enfermos  en el domicilio y había realizado casi 1.500 vacunaciones y revacunaciones. En otro orden de cosas, cabe señalar que, a comienzos de siglo, ya existían las colonias, concretamente había  colonias organizadas por el Ayuntamiento en el edificio que poseía éste en las Ventas de Arraiz, en el valle de la Ulzama, donde pasaban los niños un mes de veraneo; en 1923 se habían organizado tres  así como una colonia para niños enfermizos en el Sanatorio Marítimo  de Pedrosa (Santander) que duraba tres meses y  que la integraban escolares de familias socorridas por la beneficiencia municipal. Costeaban los gastos la corporación municipal y algunos particulares pudientes de la capital. A finales de los años 20, en 1927,  se creó el Patronato de Protección Escolar, organizador de las colonias, cantinas y ropero escolar, de los que ya he hablado con amplitud en otra entrada. Posteriormente, a partir de los años 30,  las colonias serían promovidas y financiadas por la Caja de Ahorros de Navarra.

Terminaré la entrada refiriéndome a otras obras  asistenciales existentes a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Desde 1919 existía una Escuela del Hogar atendida por antiguas alumnas de la Escuela Normal, en el nº 2 de la calle Javier, que impartían enseñanza doméstica, cocina, costura y otro tipo de clases o asignaturas a las jóvenes sirvientes y obreras así como el Ropero de Concepción Arenal, impulsado por el mismo colectivo para facilitar mensualmente prendas a los reclusos de la Prisión Provincial. Otras obras sociales existentes en los años 1927-28 eran el Consultorio de Niños de Pecho y Gota de Leche, ubicado en la plaza de Santa Ana, la casa colegio de Santa Adelaida, en Salinas de Oro, para obreras católicas, el Hogar de Protección Infantil, establecido en la parroquia de San Lorenzo y creado por la Junta de Protección a la Infancia, que recogía y educaba a los niños abandonados, así como la cocina gratuita de esta misma parroquia y por último el Ropero de la Cofradía de la Beata Imelda para niños pobres, en la iglesia de Santo Domingo. Durante la guerra, los nacionales crearon sus propias organizaciones asistenciales, la más conocida de las cuales fue la del Auxilio Social que dependía de la Sección Femenina de la Falange y que tuvo una intensa actividad durante las primeras décadas del franquismo. Contaba en Pamplona con un hogar para niños y atendía también comedores infantiles y de transeúntes y extranjeros.

Fotos por orden de aparición. Casa de la Misericordia en el Paseo de Sarasate (1923). Historia, fotos y joyas de Pamplona. J. J. Arazuri. Archivo fotográfico Casa de Misericordia. Fotopostales de la Casa de Misericordia, sin datar ni filiar, aunque probablemente sean de los años 30. Asilo de las Hermanitas de los pobres (1971). Foto Gómez. Agencia Cifra. Asilo de las Hermanitas de los pobres (1959). Historia, fotos y joyas de Pamplona. J. J. Arazuri

 

Enseñanza media y superior en el Viejo Pamplona (1842-1989)

Después de hablar, hace seis meses, sobre las escuelas de primaria del Viejo Pamplona, me faltaba referirme a los grados medios y superior de la enseñanza general y hablar de otro tipo de enseñanzas especializadas para completar este capítulo de la Educación. En aquella entrada señalaba algunos colegios privados que impartían segunda enseñanza pero no hablé del centro de referencia de enseñanza media de carácter público que había en la ciudad, me refiero al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, situado en la calle Navarrería y cuya postal de Eusebio Rubio, de 1905, encabeza esta entrada. Erigido en 1842, inicialmente como centro privado y posteriormente como público, dependía de la Universidad de Zaragoza, y ostentaba el nombre de Instituto General y Técnico. El edificio del Instituto fue construido por encargo de la Diputación, en 1865, bajo la dirección del arquitecto Maximino Hijón y su coste fue de unas 625.000 pesetas. Tenía una gran entrada de cuyo fondo se elevaba una elegante cristalera encristalada que llegaba hasta el piso principal. En la planta baja tenía dos patios interiores y tres laterales pequeños y un jardín muy cuidado. El patio principal, convertido en jardín, estaba rodeado por dos galerías o claustros, uno bajo y otro alto, elegantemente decorados y sostenidos por columnas de hierro. El bajo daba paso a varias cátedras y a los gabinetes de Física, Química e Historia Natural. El alto, encristalado servía de paso al Salón de Grados, Secretaría, Biblioteca y habitaciones del director.

El segundo patio del edificio formaba el principal de esta escuela y tenía comunicación con el primero y entrada independiente por la plazuela de San José. En un principio esta parte de edificio estuvo destinada a colegio de internos del Instituto, quedando después para la Escuela Normal de Maestros. En la foto de la izquierda, publicada por José Joaquín Arazuri en su libro “Pamplona, calles y barrios” aparece el edificio de la Escuela Normal en 1935. En la postal  de la derecha, de algunos años antes aparece la parte del edificio que se seguiría dedicando a Instituto Provincial. El patio contaba con dobles arcadas, sobre las cuales había dos galerías que daban paso, con escaleras independientes a las distintas clases de maestros y maestras, habitaciones del director y directora, porteros y otras dependencias. La Biblioteca estaba surtida de obras antiguas y raras, procedentes de los  antiguos conventos de Pamplona. En 1924 la Biblioteca del Instituto contenía más de 30.000 volúmenes. A comienzos de los años 20  el Instituto contaba con 300 alumnos matriculados, duplicando esta cifra a finales de la década. En 1939, tras la guerra civil, la separación de sexos conllevó la división del Instituto Provincial de Segunda Enseñanza en dos centros: el masculino “Ximenez de Rada” y el femenino “Príncipe de Viana” que se trasladaron, a partir de  1944, a su actual ubicación en la plaza de la Cruz, bajo el rótulo de “Institutos de Navarra”. 

En este mismo edificio, como he dicho, en el colegio de internos del Instituto, estaría también, desde 1885, la Escuela Normal de Maestros y Maestras cuya directora, en los primeros años de siglo, fue  doña Mariana Sanz. La Escuela había comenzado a funcionar el 1 de mayo de 1840 en el antiguo convento de San Francisco. En 1843 se había creado la Escuela de Prácticas Aneja a la Normal que tenía su sede, igualmente,  en las Escuelas del Convento de San Francisco y que, después, estaría en las nuevas Escuelas de San Francisco. En la Normal dieron clase personalidades de la cultura de aquellos años como Leoncio Urabayen, Joaquín Maya, Ramón Bajo Ulibarri, Alberto Huarte, etc. En el curso 1922-23 había matriculados en la Normal 236 alumnas en la de Maestras, (300 en 1928), y 46 alumnos en la de Maestros, triplicando esta cifra a finales de la década. En los años 30 los estudios de Magisterio duraban tres años y en el período de prácticas se percibía un sueldo. En los años 40,  con el traslado de los institutos de enseñanza media a la plaza de la Cruz, en el edificio de la plaza de San José quedaron las dos escuelas, la de   maestros, “Huarte de San Juan” y la de maestras “Blanca de Navarra” que en 1967 se integrarían en una única Escuela Normal y, posteriormente, desde 1972, en la Universidad como Escuela Universitaria de Profesorado de Educación General Básica. En el curso 1987-88 cursaron sus estudios en la Escuela de Magisterio 870 alumnos.

El primer intento serio de montar una escuela de artes data de 1828, fecha en la que el Ayuntamiento de Pamplona pone en marcha una Escuela de Dibujo en el nº 80 de la calle Mayor que más tarde se traslada  al antiguo convento de San Francisco y la Diputación promueve, por su parte, la creación del Instituto General y Técnico de Pamplona donde se imparte también dibujo natural y lineal, pero no es hasta el año 1873 cuando, por acuerdo de la Diputación y Ayuntamiento, se refunden los estudios existentes en la Escuela de Dibujo y en el Instituto y se inaugura la Escuela de Artes y Oficios. Su primera sede estuvo en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza si bien en 1890 se trasladó al edificio de la Alhóndiga, situada inicialmente, desde 1850,  en el Paseo de Sarasate y que luego vendería, el solar,  al Banco de España para trasladarse a un gran caserón en la confluencia de las actuales calles Estella, Yanguas y Miranda y Alhóndiga. este viejo caserón se derribaría en 1965. En la foto de 1963, de J.J. Arazuri, podemos ver el edificio de la Alhóndiga poco tiempo antes de su desaparición. En 1908  dirigía la Escuela  Florencio Ansoleaga y contaba con 350 alumnos. En 1917 la Diputación dejó de tutelar la Escuela y pasó a ser enteramente municipal, creciendo el alumnado y obligando a ampliar el edificio existente. En la década de los 60 se trasladó la Escuela nuevamente a San Francisco, al derribarse el edificio de la calle Estella, si bien algunas clases se impartían también en la escuelas de Compañía.  En 1967 pasó a llamarse Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. En 1969 se empezó a construir el nuevo edificio que se inauguraría en 1972, en el nº 27 de la calle Amaya, ampliando a lo largo de los años sus disciplinas artísticas. Este centro quedaría como un centro de enseñanza reglada de formación profesional. Hoy en día depende del Gobierno de Navarra. En 2003 los llamados cursos monográficos, (enseñanzas no regladas pertenecientes a la antigua escuela municipal), se trasladaron a la Escuelas de José Vila, redenominando dicha escuela, en 2008, como Escuela de Artes y Oficios “Catalina de Oscariz”. Entre los profesores de la Escuela de Artes y Oficios  estuvieron, a lo largo de su larga historia, nombres como  Miguel Sanz y Benito, Eduardo Carceller y García, Millán Mendía Azpilicueta, Miguel Pérez Torres, Leocadio Muro Urriza, Enrique Zubiri Manezaundi, Gerardo Sacristán, José María Ascunce, Fernando Redón y Juan José Aquerreta.

La Academia de Música fue fundada en 1858  por Mariano García Zalba, exalumno de la Capilla de la Catedral. A principios del siglo XX contaba con 550 alumnos. En ella enseñaron, entre otros, José Luna, Avelina Izco, Emiliana Zubeldia, Gurmensindo Bravo, Felipe Aramendia, etc. Dirigieron la Academia tras su fundador y hasta los años 50, su hijo Mauricio, Joaquín Maya, Santos Laspiur  y Miguel Echeveste. La Academia desapareció al fundarse el Conservatorio de Música Pablo Sarasate. El Conservatorio fue, en cierto sentido, heredero de la Escuela. Y es que en 1956 la Diputación había creado oficialmente el Conservatorio Navarro de Música Pablo Sarasate. El decreto de la creación fue una ampliación del decreto de 1951 que había convalidado la validez, con grado de conservatorio, de la Academia Municipal de Musica de Pamplona.   De hecho, el Conservatorio comenzó su primera etapa en la sede de la Escuela de Música que dirigía entonces Miguel Echeveste. Dirigió el Conservatorio entre 1957 y 1973 Fernando Remacha y tras él Pascual Aldave, Santiago Garay, Miguel Roa, Miguel Angel Navascues, Armida Luengo, Aurelio Sagaseta, Jose Ignacio Martínez Zabaleta, Máximo Oloriz, Fernando Sesma, Salud Bueno y Julio Escauriaza (hasta 2011).  En 1963 se inauguró su nueva sede de la calle Aoiz. 

Junto a la Escuela de Magisterio, en el edificio de la plaza de San José, se ubicaría en el curso 1944-45 la Escuela de Comercio que podía impartir todas las enseñanzas de Profesorado Mercantil. Desde 1972 se transformó, igualmente,  en Escuela Universitaria de Estudios Empresariales, con carácter de diplomatura, pudiendo accederse directamente a la Facultad de Económicas y a la de Empresariales. En el curso 1987-88 había 1.297 alumnos matriculados en la Escuela de Empesariales. A comienzos del siglo XX había algún otro centro de enseñanza especializada:  por ejemplo, la Escuela de Peritos Agrícolas de Navarra con origen en la granja escuela de Práctica de Agricultura de Villava, creada a iniciativa de la Diputación Foral de Navarra en 1914, si bien la Escuela nació como tal en septiembre de 1924 en las dependencias de la citada granja escuela. Junto a este párrafo podemos ver sendas fotos del edificio del Palacio del Congreso Nacional de Viticultura, obra del arquitecto José Yarnoz, inaugurado en julio de 1912 que serían la sede de la citada Escuela. En 1966 pasó a llamarse Escuela de Ingeniería Técnica Agrícola, transformándose en escuela universitaria en 1978, adscrita a la Universidad Politécnica de Madrid. En el curso 1987-88 contaba con 478 alumnos. La Escuela de Graduados Sociales se creó, por su parte, en el año 1959, en los locales de la antigua casa sindical, teniendo como origen los cursos que impartía el Servicio de Formación Sindical para formación laboral de trabajadores. En 1962 se trasladó a la calle Iturralde y Suit. En 1980 adquirió rango universitario, cursando sus estudios, a comienzos de los años 80, 560 alumnos.

También  habría que citar dentro de este apartado de la enseñanza media y superior la impartida en los seminarios: así el Seminario Conciliar, fundado en 1777, ubicado en la calle Dormitalería, tenía a finales del siglo XIX con 600 alumnos inscritos, 110 de ellos internos, el Seminario Episcopal de la calle Tejería, fundado como una sección del Conciliar,  con el nombre de Colegio de San Francisco Xavier,  contaba  60 alumnos (1881) (en la foto adjunta del Archivo Arazuri, publicada en “Pamplona, calles y barrios” podemos ver una foto de dicho seminario en 1936) y el Colegio de San Juan Bautista (1734), de la calle Santo Domingo, esquina cuesta del Palacio, contaba con 12 plazas internas. 

Un precedente histórico universitario en nuestra ciudad sería la Universidad de Santiago, dirigida por los Dominicos entre 1630 y 1771 que fue suprimida por el rey Carlos III. Otro intento de creación de un centro universitario, en este caso de medicina, fue  la creación en Pamplona del Real Colegio de Medicina, Cirugía y Farmacia del Reino de Navarra inaugurado en octubre de 1829, en el antiguo Hospital, hoy Museo de Navarra y que apenas tuvo 10 años de vida. Posteriormente hubo varios intentos desde la Diputación Foral todos ellos fracasados entre los que llama la atención la iniciativa de 1886 en la que la Diputación foral propuso a las de Guipúzcoa, Vizcaya y Alava formar un distrito universitario que tuvo buena acogida por varios ayuntamientos navarros pero que no tuvo finalmente aceptación por las provincias vecinas. Tuvo que pasar siglo y medio hasta que  Pamplona contase con otra Universidad, aunque como aquella o la de Irache,  de carácter privado y bajo el auspicio del Opus Dei.
En efecto, en  abril de 1952 nacía el Estudio General de Navarra, germen de la actual Universidad de Navarra, con la creación de una Escuela de Derecho. El curso con 48 alumnos y 8 profesores se inició en la Cámara de Comptos, como podemos ver en la foto adjunta de la izquierda. Dos años más tarde (1954) se crearon las escuelas de Medicina y Enfermería que tendrían su sede inicial en un pequeño edificio del Hospital de Navarra donde realizarían las prácticas; en 1955, nacía la Facultad de Filosofía y Letras, en la última planta del Museo de Navarra, en unas aulas cedidas por la Diputación foral. En 1958 se creaba el Instituto de Periodismo, convertido en Facultad de Ciencias de la Información en 1971. En 1960 el Estudio General se convirtió en Universidad y ese mismo año comenzó  a construirse, en el naciente campus, el primero de sus edificios universitarios, el Edificio Central (que vemos en una postal a color de Ediciones Vaquero de 1966, a la derecha de este párrafo),  a los que seguirían, en los años siguientes, otros que albergarían las diferentes escuelas y facultades universitarias.  En una foto de la izquierda de este párrafo, datada en 1960, vemos una foto bastante curiosa, el desfile de profesores con toga y birrete, por la cuesta del Museo.  En 1964 se creaban las Facultades de Ciencias (Biología), Farmacia y Arquitectura y en 1987 la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.  En 1987-88 la Universidad de Navarra contaba con 14.670 alumnos entre todos sus centros (tanto de Pamplona como de fuera).

En 1973 se producía la primera oferta universitaria de carácter público al crearse el centro regional de Navarra de la UNED, con las secciones de Derecho y Filosofía y Letras, si bien el centro asociado había sido creado en 1971 gracias al impulso de la Diputación que había formalizado, incluso un convenio con la Universidad de Navarra para desarrollar el citado centro y creado un Patronato para su gestión. En 1988-89  la UNED contaba con 2.649 alumnos matriculados en Derecho, Geografía e Historia, Filología, Psicología, Ciencias de la Educación, Filosofía, Económicas y Empresariales, Ingeniería Industrial, Sociología, Ciencias Políticas, etc. 

En 1987, el Parlamento Foral aprobaba la creación de la Universidad Pública de Navarra que inició sus actividades docentes en el curso 1989-90, con cuatro titulaciones superiores y dos medias: Ingenieros Industriales, Ingenieros Agrónomos, Licenciados en Económicas y Empresariales y diplomados en Ingeniería Técnica Industrial y Graduado Social, dando cauce a una vieja aspiración histórica de la comunidad. La Universidad contaría inicialmente con los siguientes centros: la  Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, que impartirá los títulos de diplomado en Profesorado de EGB, Trabajo Social y Ciencias Políticas, y las licenciaturas de Traducción e Interpretación, Sociología y Ciencias Políticas; la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (con las diplomaturas de Estudios Empresariales, Graduado Social, Informática de Gestión y licenciatura en Ciencias Empresariales); la Escuela Universitaria de Estudios Sanitarios, con las diplomaturas de Enfermería, Fisioterapia, Logopedia, Podología y Dietética; la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicaciones, que impartirá primeros y segundos ciclos de ocho especialidades diferentes; la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos, con tres especialidades en los dos ciclos, y el Centro de Estudios de Planificación Territorial. El campus se construiría, finalmente en Arrosadía tras algún intento fallido de llevarla al centro histórico de la ciudad.


Fotos por orden de aparición: Instituto de Segunda Enseñanza (1905). Fotopostal de Eusebio Rubio; Escuela Normal de Maestros (1935). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Instituto de Segunda Enseñanza (1910). Fotopostal de Eusebio Rubio. Escuela de Artes y Oficios (1963). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Jóvenes en la plaza del Castillo (1955). Pachi Calleja. Escuela de Peritos Agricolas de Villava (1924). Archivo General de la Universidad de Navarra. Seminario Episcopal (1936). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Desfile inaugural del curso académico universitario (1960). Archivo General de la Universidad de Navarra.  Escuela de Derecho en la Cámara de Comptos. (1952). Archivo General de la Universidad de Navarra. Edificio Central de la Universidad de Navarra. (1966). Postal de Ediciones Vaquero. Archivo UNED (sin datar). Archivo Universidad Pública de Navarra (sin datar).