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Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Rocaforte (1911)

Recupero otro luctuoso suceso que conmocionó por la gravedad de los hechos, las circunstancias del caso y el número de personas encausadas a este pueblo de la merindad de Sangüesa. Se trata del asesinato del joven de 19 años, Nicolás Ochagavía, acaecido en la noche del 8 al 9 de febrero de 1911. Utilizo, como en las otras entradas de la Crónica Negra,  reseñas aparecidas en la prensa, las actas del juicio y otras informaciones dispersas que permiten reconstruir fielmente los hechos. Al parecer, el joven Nicolás, zapatero de profesión, había salido de su pueblo, Tabar, en la tarde del día 6 de Febrero, camino de Sangüesa, a la que llegó, después de haber echado un trago en la Venta de Lumbier, pasadas las seis de la tarde. Allí se encontró con un mozo de Rocaforte que le invitó a subir al pueblo a cenar, bailar y jugar a las cartas. Permaneció en el pueblo la noche del día 6 y los días 7 y 8, donde disfrutó de esos días de fiesta con otros mozos del pueblo y los alrededores. En la noche del día 8, tras la cena y el baile jugó a cartas con algunos paisanos del pueblo, comenzando a ganar,  (alguno de los encausados en el proceso dijeron en el juicio que Nicolás empezó a perder algunas partidas y que debía dinero a un joven del pueblo), y el ambiente se empezó a enrarecer, según todas las fuentes.

Eran  las tres de la mañana. El joven Nicolás comenzó a escuchar preocupantes amenazas a sus espaldas y decide huir del pueblo. Un compañero le insta a tranquilizarse y a quedarse  pero Nicolás muy nervioso aprovecha un descuido para echar a correr por el portillo que baja desde Rocaforte   a Sangüesa. Al llegar a un olivar es alcanzado por una pedrada lanzada  por uno de sus perseguidores. Cae al suelo y se le echan encima dos jóvenes del pueblo (V.A y E.P)  que le asestan, (concretamente V.A), por la espalda tres puñaladas, dos de ellas mortales de necesidad arrojando luego su cadáver a un barranco. A partir de este momento un manto de silencio se extiende por el pueblo. Hasta 22 personas aparecen implicadas en los hechos. Pero aquí no acaba lo peor. Tenían que hacer desaparecer el cuerpo, así es que lo desfiguraron, le partieron y doblaron las piernas y escaldaron el cuerpo en agua hirviendo.

El padre de Nicolás, Agapito Ochagavía denunciaba la desaparición de su hijo el día 9 de febrero y se  inician las pesquisas. La Guardia Civil tomó cartas en el asunto. Los implicados, conjurados, dieron pistas falsas para despistar a los guardias. Como quiera que el cadáver se descomponía lo trasladaron a la presa de Cáseda. El 3 de abril, el padre de Nicolás recibía un anónimo en el que le decían que el alcalde y mozos de Rocaforte sabían donde estaban el cadáver de su hijo, y que este se hallaba en el río. El día 25 de abril aparecía el cadáver en la Electra de Cáseda, completamente irreconocible.

El juicio que se celebró en la Audiencia de Pamplona fue concurridisimo y duró cinco días. El expediente judicial contenía más de 2.000 folios. Como he dicho anteriormente 22 personas fueron encausadas, bien como participantes en los hechos, bien como encubridores de los mismos, de los cuales  12 eran mozos de Rocaforte, cinco de Lumbier y uno de Gallipienzo además de algunos cargos públicos  de Rocaforte y  Liédena. Comenzó la vista  el 13 de noviembre de 1912 en sesiones de 10,15 a 13 y de 16 a 20 horas. Los testimonios de los encausados estuvieron repletos de contradicciones. Los de Rocaforte acusaban a los de Lumbier y   viceversa. En las conclusiones del juicio la lista de implicados se redujo de 22 a 8.  El 18 de diciembre de 1912 se dictó sentencia y al que se consideraba autor material de los hechos,  V.A,  se le condenó a cadena perpetua y a E.P a 2 meses de prisión correccional por tratarse de un menor. Tres encubridores directos de los hechos  fueron condenados a 2 años y uno a 4,  y dos encausados, absueltos por considerarlos autores tan solo de un delito de falso testimonio. Penas demasiado leves para tan execrable crimen. Se rumoreó que el que había ido a la cárcel no era el verdadero asesino sino  que por dinero se había hecho pasar por tal y que el verdadero asesino había huido a América y había confesado su crimen poco antes de morir, aunque no hay ninguna prueba de ello. El padre del asesinado,  Agapito Ochagavía recurrió la sentencia ante el Tribunal Supremo el 9 de enero de 1913. El proceso acabó en 1919, sin una sentencia justa, por falta de solvencia económica de D. Agapito para afrontar las costas del proceso,  acabando solo, sin un hijo de 19 años y  arruinado por el proceso judicial.

El crimen de Rocaforte ocupó las primeras páginas de los periódicos locales de aquellos años  y constituye una de las páginas más negras y vergonzosas de nuestra crónica negra provincial. Por implicar en mayor o menor medida a todo un pueblo, y a pesar de que han pasado 107 años desde entonces, y como quiera que sus descendientes no tienen culpa de nada de lo que hayan podido hacer o dejar de hacer sus ancestros,  he creído conveniente no citar los nombres de los implicados, aunque su filiación apareció de forma profusa en la prensa de la  época. Como era frecuente en muchos de los crímenes cometidos a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se llegó a  componer de este truculento suceso  un inolvidable romance de ciego que  apareció en el nº 14 de la revista Pregón (diciembre de 1947),  compuesto por Felipe Florez y  recogido por José María Iribarren.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Impresión de origen desconocido. Panorámica de Rocaforte. Años 30 o 40. Nº 2 y Nº 3: Fotos de Rocaforte. Panorámica general y Oratorio de San Bartolomé. Página web del Concejo de Rocaforte. rocaforte.es  Nº 4: El Eco de Navarra. 19 de noviembre de 1912.

La Banda de Música del Ave-María (1932)

Me ha llegado esta antigua foto, un poquitín deteriorada por el paso del tiempo, pero de un valor incalculable para los que valoramos la pequeña y entrañable historia íntima de nuestra ciudad y de nuestros barrios a la sección de “Participa en el blog” . Se trata de una foto de la banda de música de la Escuelas del Ave María fechada aproximadamente entre los años 1931 y 1933. Según su propietario, Casimiro Sendra Martí, es seguramente  del año 1932.  Por el apellido pienso y quiero creer que nuestro querido  colaborador es descendiente, nieto tal vez, de uno de aquellos tres  primeros profesores de la Banda, de apellido Sendra, quien  junto a los inolvidables Gregorio Alegría y Gurmensindo Bravo, músico  del Regimiento de la Constitución convirtieron a unos niños y adolescentes en un esforzados músicos, en una de las más interesantes experiencias educativo-musicales que hubo en aquella época en la ciudad. Parece ser que Marcelo Celayeta compró los instrumentos de la banda a una banda militar de Milán en el año 1922 si bien  los instrumentos  llegaron  a la Estación del Norte a comienzos del año 1923. La banda de pequeños músicos, de mano de sus profesores,  tocó en diferentes actos de la ciudad (procesiones, comuniones, funerales y otros eventos e invitaciones),  demostrando su oficio y sus bien asimiladas enseñanzas musicales. En 1925 la banda se desplazó a Lourdes con D. Marcelo Celayeta. En la ciudad, insisto,  acudía  a  diferentes  tipos de actos. En los años 30, Gregorio Alegría abandonaba la banda quedando al mando D. Gurmensindo Bravo, el popular maestro Bravo. Tras el fallecimiento de D. Marcelo Celayeta en 1931 se hizo cargo de la dirección de las escuelas y la parroquia  D. Marcelo Larrainzar. Entre los ex-alumnos de la banda figuraban algunos nombres como Elías Arizcuren, Jesús Ollaquíndia, Ricardo y Pedro María Tejedor, Serafín Argaiz, y otros muchos. Desde aquí animo a mis convecinos nos hagan llegar aquellas fotos que consideren oportuno compartir con todos y que  como ésta nos ayudan a recuperar nuestra memoria ciudadana.

Foto: Banda de la escuelas del Ave-María (1932). Foto cedida por Casimiro Sendra Martín

Compañías de seguros en el Viejo Pamplona (1900-2000)

En una entrada anterior del blog hablé de las primeros bancos navarros y en otra me referí a las cajas. En esta ocasión y dentro de ese repaso exhaustivo de lo que fue Pamplona el pasado siglo  me detendré en el origen de las primeras y principales compañías de seguros de nuestra ciudad. Hoy en día la cultura aseguradora está ampliamente extendida entre todos los sectores de la población, pero no siempre fue así. Veremos en esta entrada como surgieron las primeras compañías y en que contexto lo hicieron. A comienzos de siglo, Pamplona estaba constreñida entre sus murallas que le impedían su crecimiento y desarrollo. La Plaza del Castillo tenía la apariencia, a finales del XIX,  que vemos en la  fotografía adjunta, con una desconocida avenida de San Ignacio desembocando en el Portal de San Nicolás. España acababa de perder sus últimas colonias: Cuba y Filipinas. Lejos estaba aquella Navarra y Pamplona de ser destino de la emigración industrial, al contrario, en muchas zonas, especialmente rurales y del norte, el único futuro, la única esperanza  que existía en aquellos se hallaba en la emigración a las Américas. Muchos “segundones” de las casas solariegas acababan bien en el seminario, bien en un barco camino de los antiguos territorios de ultramar. En nuestra ciudad subsistían aún buena parte de los viejos gremios de tradición medieval: cordeleros, basteros, zapateros, canteros, lampistas, tejedores y un largo etcétera. En 1900 se promulgaba la Ley sobre Accidentes Laborales de Eduardo Dato y se creaba el Instituto de Reformas Sociales. Eduardo Dato era, en esa época,  ministro de la Gobernación y había promulgado una ley sobre protección al trabajador que aunque no obligaba al patrono a contratar seguros para sus empleados si le hacía responsable de los accidentes que se produjesen en su centro de trabajo.
Esa ley animó en Pamplona a un grupo de personas de diferentes sectores a crear la primera compañía de seguros de accidentes de trabajo. Los navarros invitaron a otros grupos y personas de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya a participar en la nueva empresa, incluso desde un inicio su proyección pretendía ser nacional. Se creaba así la compañía de seguros a prima fija “La Vasco Navarra”. La primera junta de accionistas se celebró en marzo de 1900 y fue presidida por Vicente Galbete, con Miguel Ciganda en la vicepresidencia y Miguel Ochoa en la secretaría. Partían con 2 millones de pesetas de capital inicial, de los cuales millón y medio de ese capital correspondía a Navarra. Junto a este párrafo y en el anterior vemos sendas fotografías del edificio central de la compañía, obra de Víctor Eusa,  en la avenida de San Ignacio de Pamplona, la primera de  los años 20-30, la segunda de los años 50, tras la transformación de su cúspide en 1943, con la supresión de la escultura de Palas Atenea y la erección de una planta más. Inicialmente su primer domicilio estuvo en el nº 25 de la calle Navas de Tolosa. La compañía  expandiría posteriormente, a partir de los años 60, sus actividades inmobiliarias y de seguros  por otras comunidades españolas, como se puede comprobar en la bonita fotografía  de 1963, localizada en la esquina de la calle Atarazanas con Puerta del Mar, en Malaga. Posteriormente,  años más tarde entraría en su capital una entidad financiera: el Banco Central y en el año 1998 el grupo asegurador suizo Helvetia adquiría el 92% de su capital social. Un año más tarde se fusionaban las compañías Cervantes (fundada en 1930) y “La Vasco Navarra” dando origen a Helvetia CVN. En el 2000 abandonaba su histórica sede central y más tarde en 2004 nacía Helvetia Previsión tras la adquisición de La Previsión Española (fundada en 1883) por Helvetia. Hoy “La Vasco Navarra” es Helvetia Seguros.
En 1905 se acababa de derribar el portal de la Taconera. Ese año, el 29 de Enero,  nacía la “Mutua de Accidentes de Pamplona”, presidida por D. Martin Loydi Unsain. Nacía, tras unas conversaciones preparatorias en el Circulo Mercantil de Pamplona, situado en la plaza del Castillo, como un tímido ensayo de un grupo de industriales pamploneses, pertenecientes la mayoría de ellos al ámbito de la construcción que estimaban muy gravosas las primas exigidas por las compañías mercantiles para cubrir las responsabilidades patronales derivadas de la mencionada Ley Dato. Por esa razón decidieron crear “La Mutua”. Nacía como una Sociedad de Seguros Mutuos contra los Accidentes de trabajo de Industriales de Pamplona. Aportaban cuotas proporcionales al número de trabajadores de cada empresa para cubrir posibles accidentes laborables. Constituyó el capital inicial 2.350 pesetas. “La Mutua” tuvo su primer domicilio social en el nº 65 de la calle Estafeta (ver foto de la derecha). Luego pasó temporalmente al Crédito Navarro y desde 1907 hasta 1919 compartió con la Asociación de Patronos de Pamplona las casas nº 78, 80 y 82 de la calle Mayor, que vemos en la primera foto de la izquierda.  En 1919, “La Mutua” se instalaba en una buhardilla del nº 3 de la calle San Francisco (véase la segunda foto de la izquierda). Pagaban 42 pesetas de alquiler al mes por el local. En 1944, la junta presidida por Antonio Ayestarán, no sin algún recelo por parte de algunos mutualistas, tomó la decisión de trasladar la compañía a una nueva sede,  unas modernas instalaciones, en el cruce de Carlos III con Arrieta, traslado que se haría efectivo tras la construcción del nuevo edificio que se inauguró el 28 de noviembre de 1949. La entidad  entraba de lleno en el campo de los seguros libres y pasaba a denominarse “Mutua de Seguros de Pamplona”, ampliando su actividad aseguradora a los ramos de incendios y accidentes en general.
En 1954 “La Mutua” absorbía la Sociedad Mutua de Defensa de los Escaparates ampliando sus coberturas a los seguros por rotura de cristales. En 1955 conmemoraba su cincuentenario con diversos actos: concierto en el Labrit, misa en la Catedral, becerrada en la plaza de toros y la asistencia de nada menos que 1.500 mutualistas. En 1966, la nueva ley de bases de la Seguridad Social obligaba a separar el ramo de accidentes de trabajo (osea la Mutua Patronal de Accidentes de Trabajo)  del resto (osea de la Mutualidad de Seguros Libres), centrando su actividad en accidentes, incendios y cristales. Se desgajaba así lo que había sido el objeto principal de su actividad desde su fundación, quedando la primera como “Mutua Navarra Patronal de Accidentes de Trabajo y Enfermedad Profesional nº 21” conocida más coloquialmente como “Mutua Navarra” y la segunda como “Mutua de Seguros de Pamplona”. Junto a “Mutua Navarra” también tendremos a ASEPEYO (Asistencia Sanitario Económica para Empleados y Obreros, Mutualidad de Previsión Social) fundada en 1915 como mutualidad de previsión social que pasó a denominarse así  con el objetivo de gestionar el seguro obligatorio de enfermedad en todo el estado. En 1965 dejó de ser una entidad de previsión social para convertirse en Mutua Patronal de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales, de la Seguridad Social. Así aparece en su denominación, desde 1990. En 1996, comenzó a cubrir la prestación económica por incapacidad temporal. Hoy es considerada Mutua colaboradora con la Seguridad Social.
En los años 70, “La Mutua de Seguros de Pamplona” ampliaba sus coberturas de seguros: robo, responsabilidad civil, vida, etc cubriendo un total de 14 ramos. En 1975, la entidad estaba presidida por Ezequiel Lorca y entre los miembros de la Junta aparecían nombres, algunos de ellos tan conocidos como Javier Orbaiceta, Luis Felipe Sarasa, José León Taberna, Jose María Oscoz, Francisco Ripa o Juan José Gorriz. En los años 80 “La Mutua” inició su expansión geográfica con oficinas en Navarra, Logroño, Vitoria, Bilbao y San Sebastián y en 1994 se instaló en Madrid. Ese mismo año 1994 la aseguradora catalana “Mutua de Propietarios” y la aseguradora “Grupo Mutua de Pamplona” se asociaban  para constituir una nueva marca, “Mutuavenir”, con el fin de ampliar sus primas y  su  gama de sus productos, marca que se incorporó en 2008 a su denominación social que pasó a llamarse “Mutuavenir Mutua de Seguros y Reaseguros a Prima Fija de Pamplona”, con domicilio en el primer piso del nº 8 de la calle Arrieta. Hoy en día cuenta con 35.000 mutualistas y unos 60.000 clientes con especial implantación en nuestra comunidad, País Vasco, Rioja y Madrid. Por su parte Mutua Navarra crea en 2006 “Prevención Navarra” a causa de la legislación que obligaba a segregar las actividades de las Mutuas y de los Servicios de Prevención que venderá en 2014 al grupo Preving por la ley de Mutuas, como también le tocó hacer a ASEPEYO.
En 1908, además de “La Vasco Navarra” y “La Mutua” encontrábamos otras Compañías de Seguros como “La Agrícola” fundada en 1896 como aseguradora, de la que no me ocuparé ahora porque ya me referí a ella cuando analicé “Los primeros bancos navarros”; “La Actividad” domiciliada en Pamplona, concretamente en la calle José Alonso, de la que vemos un anuncio en color y una vieja postal con la imagen de su sede, ambas junto al párrafo anterior,   y delegaciones de compañías de seguros como  “La Urbana”, (con una delegación en el nº 20 de Navarrería, hoy en día hay un bar con el mismo nombre en la citada calle si bien en el nº 13, aunque más tarde esta compañía tendrá delegaciones en el Paseo de Sarasate y plaza de la Constitución),  delegaciones o representantes también de “La Catalana” y “La Unión y el Fénix”, ambas con domicilio en la plaza de la Constitución y de “La Unión Francesa”. Muchas de las grandes aseguradoras actuales veremos que tienen su origen en aquellas compañías que ya operaban en Pamplona.  Los orígenes de la actual “Catalana Occidente” se remontan a la citada sociedad “La Catalana” impulsada por Fernando de Delás y de Gelpi en 1864 y que en 1959 sería absorbida por la Sociedad “Occidente”. “Catalana Occidente” es hoy en día una de las mayores aseguradoras españolas y del mundo, habiendo adquirido a lo largo de los últimos años otras firmas como “Crédito y Caución”, “Seguros Bilbao”, “Lepanto”, “Plus Ultra”.
Por su parte “La Unión y el Fénix” fue una histórica firma aseguradora española. Fundada en 1879 por la unión de las aseguradoras “La Unión” (1856) y “El Fénix Español” (1864). Fue adquirida por el Banesto en 1988 quien la controló hasta diciembre de 1993 cuando ambas empresas fueron intervenidas. Un mes más tarde la adquirió la francesa AGF, desapareciendo en 1998 cuando Allianz compró AGF y las fusionó bajo la marca alemana si bien mantuvo la marca Fenix Directo como compañía de seguros para vehículos especializada en la venta directa y gestión a través de internet. “La Urbana” empezó a operar en 1848 en el País Vasco extendiéndose rápidamente por todo el país. En 1900 el mismo año en que nacía “La Vasco Navarra” comenzaba a operar también, esta vez  en Bilbao la compañía “Aurora”, como entidad bancaria y como sociedad aseguradora si bien en 1902 se separarían ambas líneas de negocio. Algunos años más tarde, en 1929,  el Banco de Bilbao entraría como accionista en “Aurora” y crearía “La Unión Española”. En los primeros años 70 se fusionaron “La Unión” y “La Urbana”, dando origen a UAP y en 1977 hicieron lo propio “Aurora” y “La Polar” creando “Aurora Polar”. Ambos grupos se integrarían en los años 80 en el grupo asegurador del BBVA para pasar a estar integrados a finales de los 90 bajo la marca AXA seguros, compañía de origen francés. AXA compraría en 2006 la compañía suiza  Winterthur, aunque la marca actual seguiría siendo AXA.
En los años 20, a las anteriores compañías de seguros se sumaba la presencia en Pamplona de nombres como “La Aurora”, a la que ya nos hemos referido al hablar de “La Urbana”, “La Estrella” (1901) integrada actualmente en el grupo Generali,  “La Equitativa” (1882), filial de la americana “The Equitable” (1762) que en 1995 será absorbida por Winterthur, y otras muchas como  las francesas “Le Nord”  y “Le Compagnie de  Assurances Generales”, “La Adriática”, “Numancia”, “La Victoria de Berlín”, “La Gresham”, “La Royal”,  “La Abeille”, “L´Union”, “La Baloise”, “Sun Insurance Office”, “Cantabria”, “La Assicuratrice Italiana”,  “El Día”, etc. A finales de la década y principios de los 30 encontramos, además,  otros nombres como “Hispania”,  “Covadonga”, “El Norte”, “El Sol”, “La Ibérica”, “Plus Ultra”, “El Porvenir de los Hijos”, “Caja de Previsión y Socorro”, “La Anónima de accidentes” y “Los Previsores del Porvenir”. Que yo recuerde, presencia destacada en Pamplona, además de “La Mutua” y “La Vasco Navarra” tuvo “La Aurora” con su edificio en el chaflán a caballo entre Bergamín y San Ignacio, “La Unión y el Fénix” y “Plus Ultra”, esta última en el Paseo de Sarasate. Al margen de estas compañías de seguros, no habría que olvidar la actual presencia  en Pamplona, de otras compañías como “MAPFRE”, fundada en 1933 como Mutualidad de Seguros de la Agrupación de Fincas Rusticas de España, -de ahí le viene el acrónimo-, que se especializará sobre todo en los seguros de automóvil hasta el punto de que hoy uno de cada cinco vehículos en España está asegurado con esta compañía y que cuenta con la mayor red de sucursales en España, siendo hoy por hoy la primera aseguradora española, (también “Pelayo” (1933) estaba muy vinculada al mundo del automóvil);  la zaragozana “Mutua General de Seguros” (1907) y otras compañías  internacionales aunque con presencia en España como la suiza “Zurich” fundada en 1872 que aterrizó en España en 1884 y que absorbería a la mencionada “Hispania” entre otras compañías; la compañía de seguros “Santa Lucia”, nacida en La Coruña (1922) en la calle del mismo nombre, ha estado asociada durante muchos años a los seguros de fallecimientos. Fue su único producto hasta los años 50, abriéndose después al de incendios y vida. Además de las compañías de seguros analizadas habría que citar en el ámbito de la salud los seguros médicos como el del Igualatorio Médico Quirúrgico, vinculado a la Clínica San Miguel; ACUNSA, vinculado a la Clínica Universidad de Navarra, Aegon, etc.
Fotos por orden de aparición: Nº 1: Plaza del Castillo (1882). Nº 2. Postal. Edificio de “La Vasco navarra”. Años 20-30. Nº 4: Postal. Edificio de “La Vasco navarra”. Años 50. Nº 5: Edificio propiedad de “La Vasco Navarra” en Málaga, en la esquina de la calle Atarazanas con Puerta del Mar. (1963). Archivo CTI-UMA. Nº6:  Domicilio social de “La Mutua” en la calle Mayor (1907)  Nº 7:  Domicilio social de “La Mutua” en la calle San Francisco (1909)  Nº8: Primer domicilio social de “La Mutua” en la calle Estafeta (1905). Nº 9: Domicilio Social “La Mutua” en la calle Carlos III, esquina Arrieta (1949-79). Nº 10: Interior de las oficinas de “La Mutua” (Años 70). Las fotos 6, 7, 8, 9 y 10 están extraídas de la Memoria de “La Mutua” elaborada con motivo de su 25º aniversario en el año 1975. Nº 12: Postal de la calle Padre Moret. (1900-1915). Vda de Rubio. Nº 17. Postal. Edificio de “La Aurora”. Años 50-60

Del Cine Rochapea al Cine Amaya: Así nació el mítico cine de la Rocha: 1949-1951

Gracias al reciente proyecto de recuperación documental y puesta al servicio de los ciudadanos de los documentos de Archivo Abierto del Gobierno de Navarra, podemos acceder a las memorias de la puesta en marcha de algunos cines. En esta entrada recupero el proyecto de construcción del Cine Amaya, inicialmente llamado en el proyecto Cine Rochapea, tal y como vemos en el primero  de los alzados.  La memoria está datada  el 3 de junio de 1949 y fue presentada por el gerente de la SAIDE, Félix Zozaya. En ella se ofrecen muchos datos interesantes. La SAIDE pretendía ubicar el cine en la avenida de Villava, entre el almacén de carbón Aza  y el de vinos Oscoz, pero no llegó a inaugurarse.  Proyectaban invertir en este cine unas 600.000 pesetas. Se recordaba que la sociedad era propietaria de cinco de los seis cines que existían en la ciudad, creo que todos menos el Alcazar,  y que deseaba ampliar sus actividades instalando un nuevo cine en la populosa barriada de la Rochapea, que contaba en ese momento con más de 12.000 habitantes, procurando así un rato de esparcimiento a los vecinos de la misma sin necesidad de que tuvieran que desplazarse a la capital, distante unos 2 kilómetros.

Se pretendía instalar un equipo doble de proyección así como diferentes elementos y accesorios valorados en 125.000 pesetas. Las primeras materias valoradas en unas 119.000 pts incluían el alquiler de un centenar de películas al año (100.000 pesetas, osea 1000 pesetas por película), 8.000 kilos de leña para la calefacción (1.600 pts), 500 parejas carbones proyectos (15.000 pts) (si tal como les digo) y billetajes y programas (2.400 pts). La energía eléctrica sería facilitada por las sociedades “El Irati” y “Electra Pamplona”. El cine contaría con una plantilla de 8 personas (un jefe de cabina, un operador, un portero, dos acomodadores, una taquillera, una extremadora y un conserje). Se proyectarían, como he dicho,  unas 100 películas al año, durante los días festivos principalmente con un metraje aproximado de 200.000 metros, calculándose una recaudación bruta  de 500.000 pts al año. Se calculaba su puesta en marcha en el plazo de 2 años desde el momento en que se recibiese la oportuna autorización.

El Cine Amaya, proyectado como Cine Rochapea por Victor Eusa sería en 1951 el primer cine de barrio de la ciudad en manos de la SAIDE. El proyecto inicial sirvió de modelo para levantar más tarde el Cine Amaya en el nº 16 de la ya entonces Avenida de Marcelo Celayeta, inaugurado el 1 de abril de 1951 con la película “Agustina de Aragón”. El cine Amaya era una gran nave a dos aguas con un gran patio de butacas, unas 400 plazas, sin anfiteatro, con un cuerpo lateral anexo  que alojaba el vestíbulo y los aseos. El interior era pobre en su mobiliario, como recordé en la primera de las entradas dedicadas  a este cine, tenía unas butacas chapeadas de madera que metían un incomodo ruido cada vez que uno se movía o se levantaba. El techo consistía en una retícula de paneles en relieve. La fachada era de estilo regionalista neovasco aunque  se modificó posteriormente añadiendo varios elementos clasicistas: un frontis e impostas molduradas. Estaba situado, desde que yo recuerdo entre la calderería Aranguren, una larga nave industrial   y un  edificio de viviendas, erigido a finales de los 50 o principios de los 60,  en cuyos bajos estuvo durante décadas una sucursal del Banco Central, asaltado en la década de los 70 por una célula de los GAC (Grupos de Acción Carlista). Las películas emitidas en el Cine Amaya  inicialmente fueron mayoritariamente en blanco y negro y posteriormente, avanzados  los años 60, lo fueron mayoritariamente  en color. En aquel  cine de barrio se proyectarón películas españolas como “Locura de Amor”, “Pedro I, el Cruel”, “Marcelino, Pan y Vino” o  las películas de Joselito y Marisol, y luego más tarde películas americanas de aventuras, de Tarzan o las típicas italianas peplum, de romanos, u otras de serie B, largas tardes de sesión continua, con sesiones desde las cuatro de la tarde hasta las  10 de la noche. El cine cerraría sus puertas el 19 de julio de 1970. No obstante el edificio aguantaría en pié 22 años más derribándose en septiembre de 1992.

Fotos: Jose Galle (1963). AMP. Planos (1949): Archivo Abierto. Salon Cinema. Gobierno de Navarra. Estos planos están bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España.

El teatro en el Viejo Pamplona (1930-1985)

El teatro nunca ha sido, en las últimas décadas, un espectáculo de masas en Pamplona sino más bien todo lo contrario, fue por lo general, salvo géneros menores,  un espectáculo  de élites o  minorías cultivadas,  acomodadas y más bien conservadoras en el último tramo del XIX  o de jóvenes inquietos culturalmente y progresistas, en el último tercio del siglo XX. Y es que la cultura, en su más amplia acepción,  y sus diferentes manifestaciones: cine,   literatura,  teatro…, han sido, con frecuencia, medios no solo de entretenimiento o diversión sino herramientas para remover las conciencias y cambiar el mundo o al menos para intentarlo. Desgraciadamente el mundo  no ha cambiado demasiado, en muchos aspectos, en los últimos tiempos, y  no lo ha hecho necesariamente siempre a mejor. De ahí que no sea casualidad que  la edad dorada y más fructífera del teatro en Pamplona se inicie precisamente en una época de falta de libertades: a caballo entre las postrimerías del franquismo y de nuestra agitada transición. Pero bueno, vayamos hacia atrás en el tiempo, hablando, siquiera brevemente, del origen del teatro en nuestra ciudad, representaciones que, en sus orígenes, se confundían, como lo hacían en el resto de España, con el teatro religioso, los conocidos autos sacramentales, que se celebraban en fechas como las del Corpus o en las festividades locales, con autores vinculados a las iglesias y actores aficionados procedentes del pueblo llano o de los Estudios de Gramática de la época. A partir del siglo XVI el teatro adquiere un carácter más comercial, con compañías profesionales que empiezan a hacer giras por pueblos y ciudades. Las representaciones comienzan a celebrarse en espacios destinados especialmente para ello, relevando parcialmente a las iglesias. En Pamplona, tenemos que referirnos necesariamente a la Casa y Patio de las Comedias de la que tenemos referencia al menos desde 1608, ubicada en la confluencia de las calles Lindachiquia y Comedias, en los actuales números, 12, 14 y 16 de la calle Comedias, y propiedad de la Institución de los Niños de la Doctrina Cristiana precedente, en su actividad benéfica, de la Casa de Misericordia. (La citada casa estaría situada aproximadamente donde el viejo caserón que aparece en la foto de la calle Comedias del año 1925).

En este teatro, como en todos los patios y corrales de comedias de la época, había una clara segregación social, incluso por sexos, cada clase ocupaba un espacio diferente y separado del resto, en función de su ubicación en el escalafón social. Había, además, rigurosas ordenanzas o directrices para mantener la moral y las buenas costumbres. Durante 9 años, los que van de 1720 a 1729 no se hicieron representaciones teatrales en Pamplona por un voto que hizo la ciudad para librarse de una epidemia de cólera, del cual el tuvo que eximir el mismo Papa. A lo largo del tiempo se fueron representando comedias, entremeses, sainetes, títeres y espectáculos de danza y desde finales del XVIII opera italiana y otros espectáculos musicales. Cada espectáculo solía atraer un determinado tipo de público. Este teatro seguiría en funcionamiento hasta 1840 fecha en la que se construye, en la plaza del Castillo, en uno de los solares de las Carmelitas Descalzas, el antiguo Teatro Principal, luego Gayarre (desde 1903), cuya imponente  fachada vemos en una de las fotos, de 1860,  que encabeza esta entrada. Se inauguró el teatro en 1841 con la comedia “Un vaso de agua” y permaneció en pie en su ubicación hasta el año 1931 en  que se trasladó a la naciente avenida Carlos III aunque manteniendo su fachada. Se inauguró con la misma función que lo cerró. El teatro sufrió una reforma importante en 1949 y una segunda en 1969 tras un pavoroso incendio que empeoró, dicen los expertos, su acústica. En las fotos que aparecen junto a este párrafo vemos el escenario y el patio de butacas original del Gayarre antes de la reforma del 49. Actualmente y tras 50 años de ser explotado por la SAIDE es un teatro totalmente municipalizado.

Ha habido otros espacios, al margen del Teatro Gayarre, que han servido para albergar representaciones teatrales. A finales del siglo XIX se instaló cerca de la antigua Audiencia el Teatro Circo Labarta, luego en 1891, el teatro se trasladó detrás de la plaza de toros vieja y más tarde se ubicó en el solar donde se construyó posteriormente  el edificio de Telefónica en Cortes de Navarra. Ofrecía funciones de teatro, circo y zarzuela. Contaba con 500 localidades y varios palcos. Fue alquilado, posteriormente, a un valenciano de apellido Belloch y desapareció en 1915 a causa de un incendio. El segundo gran teatro pamplonés fue el Coliseo Olimpia, situado en la esquina de San Ignacio con Cortes de Navarra. Como ya señalé en la entrada dedicada a los cines, el Coliseo Olimpia se inauguró el 6 de julio de 1923   por la compañía lírica “Zuffoli-Peña”, con la opereta vienesa “La noche azul”. En su escenario actuó la cantante de varietés Josefina Baker que protagonizó un sonoro escándalo para la época. El hecho se produjo, concretamente, el 8 de abril de 1930. Los periódicos conservadores de Pamplona calificaron el espectáculo de pornográfico con frases como las que siguen “ejecuta danzas lúbricas de salvajismo primitivo que excita los groseros instintos…haciendo ostentación de impudor cínico y desvergonzado…”.Hubo una misa de desagravio en la vecina iglesia de San Ignacio y el teatro recibió diversas amenazas. El Olimpia albergó espectáculos de revista, variedades y actuaciones folklóricas (como vemos en el programa de mano, a la izquierda del párrafo), ya que las cláusulas del contrato de arrendamiento del Gayarre, no permitían este tipo de espectáculos. El grupo de teatro “El Lebrel Blanco”, del que hablaré más adelante también tuvo un local teatral, fue el Pequeño Teatro de la calle Amaya, con capacidad para unos 300 espectadores, construido en 1976. La cesión del propietario, el constructor Huesa, terminó tras la colocación de una bomba en 1978 durante las representaciones de “Navarra sola o con leche” que destrozó la entrada y parte de la sala de butacas.

Otros locales pamploneses donde se representaron obras de teatro fueron los salones de Salesianos, Maristas, -cuya sala de butacas vemos en la foto de la izquierda-, Sagrado Corazón y por lo general muchos cines y locales parroquiales o de centros educativos. El cine Chantrea, desde 1982, y el Guelbenzu, reconvertido en una fallida aventura empresarial en el Teatro Mira albergaron actos teatrales. Me referiré brevemente a este último intento de crear un nuevo teatro en Pamplona. En julio del 2000, el antiguo Guelbenzu se reconvirtió en una sala de teatro de gestión privada con capacidad para 435 espectadores, aunque su actividad duró un mes. En noviembre de 2001 sus gestores realizaron un segundo intento que duró dos años. La falta de subvenciones públicas puso fin a la aventura, pese a que su director, como forma de protesta, hiciera una huelga de hambre durante 26 días. Actualmente el Zentral, aunque especializado sobre todo en música, ofrece de vez en cuando espectáculos de café teatro. Anteriormente tan solo se hicieron estos espectáculos de café teatro, de forma esporádica, en algunos bares o salas de fiestas,  con una clara vocación de contacto directo con el público. Hasta los años 20 y 30 del pasado siglo no podemos hablar propiamente de grupos de teatro navarros. Al margen de la comercial, había representaciones privadas en gente con alto poder económico o en colegios y entidades culturales. El Ateneo de 1932 formó el grupo teatral SALDO que en 1934 representó “El coloquio de las edades”. El Ateneo trajo este mismo año al teatro universitario “La barraca” con obras de los clásicos. En 1933 se formó en Pamplona un grupo de teatro, dentro de la Asociación de Estudiantes de Magisterio. El Circulo Carlista  montó su grupo de teatro de la mano de Ignacio Baleztena con obras de Benavente y otras  suyas propias, labor que seguiría impulsando el citado Baleztena dentro de la peña Muthiko Alaiak. Baleztena trabajó también mucho el teatro de títeres o “curriños de guiñol” con obras suyas, también de contenido político pro-carlista y representaciones por los pueblos. También hizo sus pinitos teatrales el sindicato UGT en los años anteriores a la guerra, los nacionalistas y diferentes instituciones católicas: Centro Mariano, Hijas de María, Servicio Doméstico, Salesianos, etc. Respecto a estos últimos, se trataba en la mayoría de los casos de dramas religiosos o clásicos, interpretados  por cuadros de actores formados por integrantes de un solo sexo.

Tras la guerra las actividades teatrales se extendieron a algunas parroquias y otros colegios religiosos como los Maristas con temas religiosos, clásicos, zarzuelas  o autores del régimen  como Pemán y Vallejos. Estos cuadros de actores ya mixtos comenzaron a menguar y desaparecer mediados los años 50 con la explosión del cine y la irrupción de la televisión, los últimos en hacerlo fueron los del Servicio Doméstico y Salesianos. En esta época merece destacarse la obra del padre Carmelo, (cuya foto vemos junto al anterior párrafo), fundador de la Institución Cunas,  que en 1949 creó la agrupación teatral “Tirso de Molina”. El grupo duró hasta la muerte de su fundador en 1959, habiendo representado, en este período ,más de una treintena de obras. El padre Carmelo solía hacer durante las navidades representaciones teatrales basadas en cuentos de Andersen o de los hermanos Grimm a beneficio de la institución Cunas. En las funciones, celebradas en el Teatro Gayarre y en el Coliseo Olimpia, se realizaba el reparto de las cunas que la Institución daba a los niños de familias necesitadas. En 1959 se constituyó el “Teatro Universitario” de Navarra perteneciente al SEU.  Más tarde, a principios de los años sesenta, se constituyó el “Club de Teatro del Estudio General de Navarra”. Con este grupo y otros  que fueron surgiendo posteriormente, se fundó en 1970 el “Grupo de Teatro” de la Universidad de Navarra.

En 1964 nacía el primer cuadro teatral independiente, al amparo de los Salesianos. Provenían muchos de sus integrantes de la agrupación “Tirso de Molina” y comenzaron llamándose “Amadís de Gaula”, para finalmente llamarse simplemente “Amadís”, tras su fusión con el grupo de teatro de Salesianos. Obtuvieron diversos premios. En 1976 parte del grupo se unió al naciente Lebrel Blanco. Representaron más de una treintena de obras entre ellas “El bardo de Izalzu”, con adaptación de Patxi Larrainzar. Vinculados a este grupo estaban Manuel Monje, Javier Escribano, Javier y José Garín entre otros. En 1967 nace el grupo “Valle Inclán” vinculado a Salesianos que empieza a estrenar obras de vanguardia, de autores como Camus, Becket, Bretch, Arrabal. Desapareció en 1969. Durante el franquismo, al margen de estas experiencias locales,  de vez en cuando arribaba a la ciudad alguna compañía nacional de repertorio, en el mejor de los casos, alguna obra seria, por ejemplo de Buero Vallejo,  en el peor zarzuelas, revistas o la clásica representación sanferminera de Pedro Osinaga o  Paco Martínez Soria, estas las recuerdo yo al menos en los años 70.

En 1971 nacía un grupo que hará historia en la ciudad. Me refiero a “El Lebrel Blanco”. En el había actores procedentes del grupo “Amadís”. Inicialmente hicieron obras infantiles y sus actuaciones se celebraban en el Gayarre los domingos por la mañana. Posteriormente se enfrentaron a obras más complejas como “Yerma”, “1789”, de la que ofrezco una foto junto a este párrafo  y otras representaciones recibiendo diferentes premios nacionales. Entre 1976 y 1978 El Lebrel Blanco acometió varias obras polémicas vinculadas a cuestiones políticas de candente actualidad, me refiero a “Carlismo y Música Celestial”, “Navarra sola o con leche” y “Utrimque Roditur”, todas ellas escritas por Patxi Larrainzar (el conocido sacerdote de la Iglesia del Salvador que vemos junto a este párrafo), con numerosas representaciones, abundante  público (nunca el teatro atrajo a tanta gente como entonces) y algunos premios en festivales nacionales. Dirigió el cuadro de actores de El Lebrel Blanco  en este período Valentín Redin,  realizando más de 40 montajes a lo largo de su historia. Del Lebrel Blanco, a finales de los 70 surgió la iniciativa de crear un Teatro Estable de Navarra, con tres partes, una escuela de teatro, cuya génesis inicial se remonta a 1979,  el grupo de teatro El Lebrel y una asociación de espectadores que nunca llegó a funcionar. La escuela se instalaría finalmente en el antiguo cine Arrieta de la calle San Agustín y  nació como tal en el curso académico 1985-86 a instancias de la Institución Príncipe de Viana y a partir de la demanda de los grupos de teatro y diversas personas vinculadas al ámbito teatral de Pamplona. Durante esta década y la siguiente se celebraron Semanas de Teatro a las que acudieron grupos como “Akelarre”, “Els Joglars” o “Dagoll Dagom”. Fue importante aunque no exenta de polémica la muestra teatral de 1984 en la Ciudadela, dentro de los Festivales de Navarra, con 14 grupos de teatro entre los que cabe citar “La fura dels baus”. En 1980  el TEN (Teatro Estable de Navarra) se escinde, El lebrel blanco siguió un camino y la Escuela de Teatro, transformada en grupo teatral, otro.

En los años 80, comenzaron a nacer grupos de teatro en los institutos. De Navarro Villoslada saldría “Esperpento”, nutrido por actores salidos de las experiencias teatrales de Ignacio Aranguren. De su teatro escolar, surgido en 1978,  surgirán en el futuro numerosos actores y gente del teatro. A la derecha vemos una foto de una representación del teatro del Instituto Navarro Villoslada, con la actriz Amaia Lasa en escena. Aranguren, recientemente galardonado con el premio Príncipe de Viana,  se atrevió con grandes textos y autores como Moliere, Bretch, Alarcón, Valle-Inclán o Buero Vallejo. La experiencia se reproduciría en los Institutos de la Plaza de la Cruz, de la mano de Mª Jose Goyache y en Irubide de la mano de Germán González. También ha habido grupos de teatro escolar en Salesianos, Maristas, Sagrado Corazón, Santo Angel y Jesuitas. Algunos grupos de esos años fueron Acuario, Xauli, Joko,  Pinpilipauxa y su teatro de calle, Txingurritegui, etc,  la mayoría de ellos especializados en montajes infantiles. En 1984 había 30 grupos teatrales en Navarra, la mayoría de corta e incierta andadura debido a la dependencia casi absoluta de subvenciones y contrataciones públicas. El teatro local de Pamplona no puede entenderse sin nombres como los de Valentín Redín, Ignacio Aranaz, Miguel Munarriz, Marta Juaniz, Jose Mari Asín, Ignacio Aranguren, Ana Goya, Aurora Moneo, Kollins, Grego Navarro, Angel Sagües   y tantos otros de los que aunque no los cite no me quisiera olvidar.

Mención aparte merece el teatro de títeres o guiñol, que solían formar parte de los espectáculos festivos de las fiestas de San Fermin, desde épocas tempranas y que atraía a gran cantidad de público y no solo infantil.  Además de Ignacio Baleztena,  en el cultivo o promoción de los títeres cabe señalar a Alejandro Martínez Erro que tenía una tienda de objetos religiosos en la bajada de Javier, el madrileño Maese Villarejo que colocaba su teatrillo en la plaza de San José o el Retablo de Figurillas de Juan Faro y Ana Bueno, el alemán Kurt Rahier o el grupo La Buena Estrella, etc. Teatro popular y representaciones religiosas aparecen diseminadas por la geografía foral, “El Misterio de Reyes” en Sangüesa o “El Misterio de Obanos” son buen ejemplo de ello. La radio ha servido también de vehículo para el teatro, Radio Pamplona, anteriormente Radio Requeté emitió desde 1945 a 1957 semanalmente obras de teatro, todos los sábados, a partir de las 22.30 con obras de Pemán, Benavente, Muñoz Seca, Quintero, etc. El cuadro de actores procedía del grupo de teatro de los Salesianos. Las emisiones acabarían cuando se impuso la programación en cadena en la radio.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Calle Comedias (1925) con el lugar aproximado donde se ubicó el primer teatro de la ciudad. Pamplona, calles y barrios. José Joaquín Arazuri. Nº 2: Plaza del Castillo, con el Teatro Principal cerrando la plaza por su actual salida hacia Carlos III (1860). AMP. Nº 3 y Nº 4: Sala de Butacas (1927) y escenario del Teatro Gayarre. Archivo SAIDE y Navarra.es. Nº 5: Programa de mano de una revista musical  en el Coliseo Olimpia (1944). Nº 6: Josephine Baker. Nº 7: Postal del Salón de actos de Maristas. Nº: 8: José Uranga Iraola conocido popularmente como el  Padre Carmelo. Nº9: Representación del Teatro Estable de Navarra. Nº 10. Representación de la obra “Utrimque Roditur”. Nº 11. representación de “1789” en el Pequeño teatro de la calle Amaya por el grupo Amadís. Nº 12: Francisco Javier Larrainzar. Escritor y dramaturgo. Nº 13. Cartel del Teatro Estable de Navarra. Nº 14. Ignacio Aranguren. Nº 15: Representación del teatro del Instituto Navarro Villoslada. Nº 16. Escuela Navarra de Teatro. (Años 90). Archivo Escuela Navarra de Teatro. Cartel de una representación de la Escuela Navarra de Teatro (1990).

Los Sanfermines de principios del siglo XX (1900-1930)

Comienzo cronológicamente esta serie de los sanfermines del siglo XX, con la apertura del nuevo siglo. Hemingway no la había dado a conocer internacionalmente pero la fama de sus fiestas y encierros se extendía a las provincias limítrofes, incluso al sudoeste francés. Ya entonces acudía al calor de la muchedumbre festiva una buena hornada de rateros y carteristas así como de mendigos procedentes de otros lares. También formaban parte de la fauna local de esos días charlatanes, vendedores ambulantes, organilleros, limpiabotas y un sinfín de curiosos personajes, Se acababa de inaugurar la nueva Audiencia Provincial y ese primer año del siglo se ponía la primera piedra de la nueva cárcel de Pamplona. La anterior prisión estaba situada en la actual plaza de San Francisco. Se iniciaban las fiestas de San Fermín con disparos de cohetes y repique de campanas. Los encierros se corrían a la temprana hora de las 6 de la mañana y las corridas se celebraban a la no menos temprana hora de las cuatro y media de la tarde. Recordemos que los encierros se corrían hasta 1843 por la Calle Chapitela y que desde 1856 comenzaron  a recorrer la Estafeta.

Los actos más destacados de las festividades eran la Procesión y el acto de las Vísperas, recordemos que aun no se había instaurado el famoso Riau Riau, sin olvidarnos de  los tradicionales fuegos artificiales, con todo tipo de aparataje pirotécnico en la plaza del Castillo, entonces de la Constitución, donde destacaban las bombas japonesas que lanzaban caramelos a los crios. También en la plaza se celebraban cucañas, el baile popular al son y acordes de los famosos chunchuneros. Las barracas se colocaban entonces en el primer ensanche con atracciones, todo hay que decirlo, bastante rudimentarias, detrás de la Calle Navas de Tolosa aunque también se colocaban casetas de feria en el lado izquierdo del Paseo de Sarasate, según se mira la Audiencia, mientras el ferial de Ganado se ubicaba junto al Portal de San Nicolás, en los glacis del lado izquierdo, saliendo de la ciudad. También solían organizarse kermeses o tómbolas benéficas, alguna de ellas en la zona de los jardines de la Taconera. Y lo que mayormente se bebía estos días era vino y cerveza. Las corridas de toros no se celebraban durante nueve días, como ahora, sino cinco, el programa oficial de las fiestas llegaba como mucho  hasta el día 11, luego se amplió al 12, si bien era tradicional que se prolongasen buena parte de actividades hasta el día 14, por ejemplo las barracas o el Ferial de Ganado y otras. No hacía demasiados años, concretamente en 1888, había llegado la luz eléctrica a la ciudad y en este primer año de siglo se colocaron unos focos eléctricos en la entonces llamada plaza de la Constitución, actual plaza del Castillo, que estaba engalanada, a la sazón, con abundancia de banderas y gallardetes.

Visitaba durante estos primeros años del siglo, la ciudad,  el insigne violinista pamplonés Pablo Sarasate que se solía hospedar, desde 1888, en el Hotel La Perla, ofreciendo sus célebres conciertos matinales.   En 1900 fue declarado  hijo predilecto de la villa. Don Pablo no faltaría a su tradicional cita festiva durante muchos años, concretamente hasta 1909. Y es que en septiembre de 1908 fallecía en su residencia de Biarritz. En aquellos primeros años del siglo el gentío acostumbraba a pasear por la calle Mayor y sobre todo por la calle Estafeta, verdadero escaparate social de la ciudad, en estos primeros años del siglo. En 1901, el encierro del día 7 se retrasaba media hora por la lluvia. Fueron alcaldes de Pamplona en esta primera década los señores Agustín Lazcano (1900), Javier Arvizu y Górriz (1901), Joaquín Viñas (1902-1903-1905-1906), Salvador Ferrer y Galbete (1904), Daniel Irujo (1904-1907-1908) y Juan Pedro Arraiza (1909). El 7 de julio de 1902 se tiene constancia de los dos primeros heridos por asta de toro. Los caballos en las corridas no tenían protección por lo que morían a mansalva. En 1903 se erigía el Monumento a los Fueros. El Teatro Principal pasaba a llamarse Gayarre y el Paseo de Valencia, Paseo de Sarasate. La iglesia de San Lorenzo estrenaba una nueva fachada muy diferente a la pétrea y con apariencia amurallada de la anterior. Tres años más tarde tapiaban la puerta de acceso al templo existente en la fachada de la calle Mayor, si bien en 1908 el párroco D. Marcelo Celayeta abría otra puerta por la calle San Francisco. En 1903 se colocaba en la plaza del Castillo, cerca del Iruña, un túnel luminoso que estuvo muy animado durante todas las fiestas. A mediados de la década de los 20 se comenzó a colocar una iluminación a base de bombillas perfilando el edificio de la Casa Consistorial, y se seguía iluminando con bombillas la plaza del Castillo.

El 10 de julio de 1904 se formó el primer montón a la entrada del coso, al parecer el último tramo estaba muy masificado por el entendible deseo de los mozos de entrar en la plaza de toros delante de los toros ante el gentío. Ese año, el día 8, hubo que hacer un segundo encierro con un solo toro que se había quedado rezagado en Santo Domingo. Recordemos que antes de la construcción de la actual plaza de toros, en el último tramo de la Estafeta se giraba hacia la derecha en vez de hacia la izquierda, por lo que hoy sería la calle Duque de Ahumada hasta la antigua plaza situada al comienzo de Carlos III, en las traseras del antiguo Gayarre. Dos notas extraordinarias de ese año fueron el terremoto que se sintió el día 13, de cierta  intensidad (hubo otro también en los sanfermines de 1923) y la calorina reinante que supero los 40 grados aunque en 1909 pasó todo lo contrario. Tuvimos unos de los sanfermines más desapacibles que se recuerdan. En 1905 se tiene noticia del primer paseo de autoridades previo al encierro. En 1906, la calle Pellejerías pasaba  a llamarse de Jarauta. La fama de las fiestas iba traspasando fronteras siendo cada vez más frecuente la presencia de extranjeros en nuestras fiestas, sobre todo franceses aunque también ingleses y de otras latitudes. Nuestras fiestas comenzaban a tener fama nacional. El 9 de julio de 1908 hubo dos encierros de tres toros cada uno. El motivo,  el de siempre, los toros se habían quedado en el corral. En la plaza del Castillo se habilitaba una caseta para la venta de billetes de las corridas que hasta entonces se dispensaban en diferentes lugares aunque no será hasta 1914 cuando realmente se centralice la venta de los diferentes tipos de billetes. Entre los diestros de esta primera década del siglo destacan nombres como los de Mazzantini, Lagartijillo, Machaquito, Lagartijo, Fuentes, Bombita, Quinito, etc.

Comenzamos la segunda década con otro montón en el encierro, justo en la puerta del plaza, el 7 de julio. Fueron  alcaldes de Pamplona, esta década, Joaquín Viñas (1910-1913), Alfonso Gaztelu (1914-1915), Manuel Negrillos (1916), Demetrio Martínez de Azagra (1917) y Francisco Javier Arraiza (1918-1919). Los actos festivos venían a ser prácticamente los mismos que durante la primera década: chupinazos y repique de campanas, vísperas, procesión, paseos, bailes, barracas con sus churrerías cercanas, cohetes artificiales (a cargo de Oroquieta y más tarde también de Caballer, entre otras pirotécnicas), bandas de música, teatro, toro de fuego, feria del ganado que luego se trasladaría a la zona de la Media Luna y desde 1922 a las cercanías del antiguo hipódromo y campo de deportes (donde hoy esta el Larrabide), teatro en el Gayarre, cine al aire libre en la plaza de la Constitución, conciertos matinales con el Orfeón y la Sociedad Santa Cecilia  en el Gayarre o los conciertos al aire libre en la Taconera, eventos deportivos (fútbol en el campo del hipódromo, pelota en el Euskal Jai, ciclismo, tenis en el Law Tennis Club, tiro al pichón, etc), paseo social por la Estafeta que luego se trasladaría al Bosquecillo, la comparsa de gigantes y cabezudos, en 1910 acompañadas por el celebre gargantúa vizcaino,  “varietés” criticadas por la moral bienpensante de la pacata y provinciana Pamplona de aquellos años y las casetas de venta de ajos en la plaza de Recoletas. También había cine en el Salón Novedades (también he oído hablar del Cinema Actualidades, Belloch (situado junto a la plaza de toros) y del cine de Rocamora y Montero)  así como el circo Feijoo.

En 1911 fallecía el célebre chunchunero Javier Echeverría, gitano para más señas,  que acompañó a la comparsa durante más de 60 años, prácticamente desde mediados del siglo XIX. Este año el encierro del día 8 duró más de una hora, al negarse un toro a entrar en el corral. Hago un inciso para referirme al Riau Riau. Es tradicional referirse a este año como el primero en el que Ignacio Baleztena junto a unos amigos  instauró el famoso riau-riau acompañando al vals de Astrain. El Vals que tiene por título “La alegria de San Fermin”  parece que ya se interpretaba en 1909 y según dicen las crónicas de la época probablemente tuviese bastantes años de antigüedad. De hecho Miguel Astrain lo compuso a finales del siglo XIX y con toda seguridad se interpretó al menos desde 1883. La letra es posterior, de 1928, y había sido escrita por María Isabel Hualde Redín. Y como muchas costumbres empezó de la manera más espontanea posible. Un grito festivo de aprobación por parte de Baleztena por lo bien que había tocado el vals el maestro Cervantes, (era costumbre en la montaña navarra acabar las canciones festivas con este grito),  tuvo su continuación en la repetición del grito al término de cada estrofa. Este comportamiento no fue bien visto por buena parte de la sociedad respetable pamplonesa y el propio ayuntamiento, durante unos cuantos años, como veremos.

Leon Salvador fue unos de los personajes más conocidos de aquellas primeras décadas, no solo en Pamplona sino en buena parte del norte de España. Su presencia en la ciudad se hacía notar. Era el rey de los charlatanes, capaz de vender lo que se propusiese. No había otro como él con tanta elocuencia y perseverancia. Formaría parte del paisaje festivo de nuestra ciudad hasta los años 50. En estas primeras décadas además puede considerársele un generoso benefactor pues  se prodigaba en regalos para la ciudad: música, cohetes  y otros actos festivos que pagaba de su bolsillo, y que posteriormente reemplazaría por generosos donativos a entidades benéficas locales. No obstante era un personaje que provocaba la ira de los comerciantes locales pues en sus deslenguados discursos de venta se metía con frecuencia con los comerciantes de la ciudad, hecho que llegó a provocar la advertencia municipal de retirarle su permiso de venta. En 1912 coincidieron en julio diferentes eventos junto a las fiestas: una semana social, otra relacionada con la aviación, el congreso de viticultura y el 7º centenario de la batalla de las Navas de Tolosa, con la presencia el 16 de julio del rey Alfonso XIII. Se incorporaron a la comparsa los kilikis Napoleón y Patata así como dos nuevos zaldikos. Se inauguraba la plaza de San Francisco, presidida por la Mari Blanca, hoy semiescondida en los jardines de la Taconera. En 1913 hubo que celebrar, otra vez,  dos encierros por un toro que se negó a salir de los corrales. A partir de 1911 y de 1914 llegaron a la ciudad, respectivamente los ferrocarriles Irati y Plazaola.

Con la masificación de las fiestas se incrementaron los hurtos hasta el punto de que en 1914 se enviaron refuerzos policiales desde Madrid, deteniendo a más de una treintena de carteristas procedentes de toda la geografía española. La 1ª guerra mundial se dejó sentir con la ausencia casi total de extranjeros. Pero busquemos notas de color y sabor de aquellos sanfermines de antaño. Ya hemos dicho que el recinto ferial estaba ubicado en el 1º ensanche: en 1915 encontrábamos un cine, dos circos (Feijoo y el Reina Victoria), columpios, toboganes, tiovivos y otros carruseles (las olas), barcas colgantes, fieras y animales domesticados, casetas de tiro, varias churrerías, photocalls, puestos de dulces  y casetas de bebidas. Chunchuneros en la plaza del Castillo, orquestas callejeras, vendedores ambulantes y un ejército de limpiabotas en alegre algarabía. Algún periódico local se quejaba del creciente gamberrismo y el cada vez mayor consumo del alcohol en las fiestas lo que provocaba la huida durante estos días  de algunos vecinos, ¿les suena? El 9 de julio de 1915 un toro caía a la orilla del río en el acto del encierrillo aunque sin mayores consecuencias. De vez en cuando se celebraba algún espectáculo diferente como la lucha grecorromana en el Euskal Jai,   con el conocido luchador navarro Javier Ochoa o funambulistas en la plaza del Castillo, eso sucedía en los sanfermines de 1916. Ese año nacían “Los amigos del Arte”.

Con Martínez de Azagra (1917) en la alcaldía comenzaron los bandos restrictivos de las conductas incívicas  lo que provocó cierto malestar fundamentalmente entre la gente joven. De esta oleada represiva no se libró ni el Riau Riau de este año ni del siguiente. Por su interés reproduzco algunos párrafos de dicho bando que se aplicó durante los años 1917 y 1918: 1º.- Que cuando el Excmo. Ayuntamiento se dirija a la iglesia de San Lorenzo la víspera de San Fermín, deberá el público, tanto a la ida como a la vuelta de la comitiva, dejar desembarazadas las calles del tránsito, absteniéndose de formar grupos que vayan tumultuosamente delante de la comitiva, así como corear la música. 2º.- Queda prohibido interrumpir los paseos públicos molestando a los paseantes con gritos, canciones y ademanes impropios de personas bien educadas. 3º.- Se prohíbe circular por las calles, sea aisladamente o en grupos, profiriendo gritos o tocando instrumentos que produzcan ruidos estrepitosos, llevando objetos sucios o extraños, o vestidos de un modo extravagante y carnavalesco. 4º.- Queda prohibido, desde las doce de la noche hasta las cinco de la mañana, cantar, gritar, tocar instrumentos músicos, y producir por las calles todo ruido de cualquier clase que sea, que pueda molestar al vecindario turbando su reposo. 5º.- Se prohíbe implorar la caridad pública en cualquier forma que sea. De la cordura, sensatez e ilustración de este vecindario espero que no dará lugar ni motivo de represión, pues de lo contrario me veré obligado, bien a mi pesar, a imponer el correctivo que corresponda, sin contemplaciones ni miramientos, quedando los agentes de mi autoridad encargados de que se cumplan puntualmente las disposiciones contenidas en este bando. En 1919 dejó de publicarse dicho bando.

En 1918, Pamplona homenajeaba a Sarasate con la colocación de la primera piedra de su monumento en los jardines de la Taconera. El encierro se retrasaba este año y el siguiente una hora, pasando a celebrarse a las 7 de la mañana y la corrida a las cinco y media, aunque en 1920 se volvería al horario habitual de las 6 y de las 4.30 las corridas y luego en 1924 se volverían retrasar a las 7 y cinco y media, para volver a adelantarlas en 1925 y retrasarlas en 1926 manteniéndose así durante los años siguientes. Ese año, 1918 hubo un montón en el encierro del día 10. En 1919 se hablaba de unos 7.000 turistas en fiestas, una cifra respetable si tenemos en cuenta que la ciudad tenía poco más de 30.000 habitantes. Seguramente la finalización de la 1ª guerra mundial que había sacudido a toda Europa había contribuido a ello. Entre los diestros que destacaron en esta segunda década se encontraban alguno de los años anteriores como Bombita y Machaquito y otros como Cocherito de Bilbao, Pepete, Vicente Pastor,  Rafael Gómez Gallo, Gallito, Chiquito de Begoña, Bienvenida, Vazquez, Rodolfo Gaona, Salieri,  Posada, Ballesteros,  Fuentes, Belmonte, Joselito y  Fortuna.

Llegaban los felices años 20 y con ellos quedaban atrás las prohibiciones municipales. El riau riau volvia a celebrarse sin cortapisas. En 1920 actuaba por primera vez, por encargo del Ayuntamiento  la banda de música “La Pamplonesa”, fundada el año anterior. Hasta entonces había tres bandas de música militares, la de lo regimientos Almansa, América y Constitución que animaban las fiestas. El director de la banda del regimiento América Silvanio Cervantes había formado en la década anterior una banda de música: la  Banda de Música de los Exploradores. Esta banda desapareció en torno a 1917 porque los ciudadanos de Pamplona no querían una banda dirigida por militares. En 1919 Silvanio  Cervantes junto a D. Manuel Zugarrondo y D. Vicente Sádaba creaban “La Pamplonesa”  formada inicialmente por 37 músicos. La primera actuación se produjo el once de octubre. La banda recorrió Pamplona con un pasodoble y una jota. Puesta en marcha la banda, el primer presidente de la Asociación promotora  D. Vicente Sádaba, presentó la dimisión. A partir de entonces el nuevo presidente de la Asociación  hasta 1942, año en que el Ayuntamiento se hizo cargo de “La Pamplonesa”, fue D. Manuel Zugarrondo. En sus primeros sanfermines de 1920 la banda participó en todos los actos organizados en la calle; el cohete, el Riau Riau, las dianas que eran a las 5 de la madrugada, la procesión… incluso se ofrecieron algunos conciertos en el bosquecillo de La Taconera. En 1987  “La Pamplonesa” se convirtió en Asociación Cultural, pues en origen fue  una Asociación Civil. Como Asociación Cultural la banda firmó un convenio con el Ayuntamiento de Pamplona con una duración de 30 años que regulaba las relaciones entre ambas partes. Por  ese convenio el Ayuntamiento se comprometía  a convocar, con carácter exclusivo, a “La Pamplonesa” para acompañar musicalmente a la corporación en cuantos actos oficiales de carácter corporativo se celebrasen. En esta tercera década del siglo fueron alcaldes de Pamplona, José María Landa (1920-1921), Tomas Mata (1922), Joaquín Iñarra (1923), Leandro Nagore (1924-1926), Joaquín Canalejo (1927), Jenaro Larache (1928), José Sagardia (1929) y Francisco Javier Arvizu (1930).

Como ya he señalado en otra entrada en estos años se plantea la construcción de una nueva plaza de toros, la construida en 1852 detrás del Teatro Principal, luego Gayarre, se había quedado pequeña. Se comenzó a construir la nueva a principios de 1921 quedando terminada para junio de 1922. El 10 de agosto de 1921 un incendio arrasaba el viejo coso taurino, incendio que todo el mundo entonces consideró que fue intencionado. En 1920, al término de los sanfermines se celebró el II Congreso de Estudios Vascos, cuya clausura corrió a cargo del propio rey Alfonso XIII. La nueva plaza se estrenó el día 7 de julio de 1922 con un montón  sin mayores consecuencias. En el encierrillo del día 10 se volvió a escapar un toro que fue localizado horas más tarde en el barrio de la Magdalena. Este año volvieron los bandos prohibitivos, orientados al Riau Riau, se prohibía corear la música y obstruir el paso de la corporación así como “circular abrazados por calles y paseos”. Incluso el alcalde Tomas Mata estuvo a punto de prohibir a la Pamplonesa que tocase en 1922 el vals de Astrain si bien en este toma y daca el consistorio cedió un poco en los años siguientes. Eso si, se prohibía enmascararse o disfrazarse  en fiestas y se intentó poner coto a la invasión de mendigos y limpiabotas. Las fiestas oficiales  recordemos acababan en la media noche del día 11, luego del 12 aunque muchas actividades se prolongaban hasta el día 14, incluso hasta el día 18.

Sería en 1922 cuando Ignacio Baleztena publicaría en el Pensamiento Navarro la famosa canción sanferminera de “Levantate Pamplonica” que hacía referencia al encierro y al horario de su celebración y que se  convertiría en un clásico de nuestras fiestas. En 1923 se inauguraba el Teatro Olimpia y el periodista americano Ernest Hemingway visitaba por primera vez nuestras fiestas. Se quedó prendado de nuestras fiestas  y se convertiría en su mayor divulgador mundial. Lo volvería a hacer en otras ocho  ocasiones: de 1924  a 1927, en 1929, 1931, 1953 y 1959. La lluvia suspendió la mayor parte de los actos del día 11 de julio. El 13 de julio de 1924 se producía la primera cogida mortal del encierro, la víctima el joven de Sanguesa, Estebán Domeño, lo que provocó un encendido debate sobre la celebración del encierro. También este año se quedó algún toro en los corrales que obligó a realizar un segundo encierro. La segunda cogida mortal se producía el 8 de julio de 1927, la víctima, el mozo pamplonés Santiago Martínez; este año hubo también algún pequeño montón y algún otro herido por asta de toro.   Desde este año se lanzan cuatro cohetes en el encierro para señalar la apertura de los corrales, la presencia de los toros en la calle, la llegada a la plaza de toros y la entrada en los corrales de la plaza. En 1924 las barracas se trasladaron junto a la plaza de toros, en los terrenos que ocupan hoy las calles Amaya, Roncesvalles y principios de Carlos III, aunque al año siguiente volvieron a su ubicación tradicional en Padre Moret y en 1928 el ferial del ganado a los glacis de la cuesta de la Reina. Las autoridades reconvenían a los hosteleros sobre los precios en estas fechas. La llegada de turistas iba en aumento. En 1925 a la corporación le costó 45 minutos llegar a San Lorenzo. Aun quedaban lejos las más de tres y  cuatro horas de los años 70 y 80.

En 1929 se inauguraban los actuales retretes subterráneos de la plaza del Castillo y se inauguraba el Monumento al general Sanjurjo. Al margen de las peñas que señalé en la entrada correspondiente (La Unica, La Veleta, etc), en estas primeras décadas del siglo había otras peñas y cuadrillas menos conocidas que conviene destacar como La Cuatrena, La Olada, La Marea, La Navarra, La Polar, La Ochena, La Cometa, Unión Pamplonés, Gente del Bronce (desde 1902), Los de ahora, Los de siempre; Peña Indarra, Peña San Fermin (nada que ver con la actual), La peña “La Benéfica”, Peña Aurrera, etc. Entre los diestros que destacaron en esta tercera década se encontraban Ignacio Sánchez Mejias, Manuel Varé Varelito, Rafael Gómez, Gallo, Domingo Gonzalez “Dominguin”, Diego Mazquiaran Fortuna, Juan Belmonte, Granero, Saleri, La Rosa, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Joselito Martin, Francisco Vega “Gitanillo de Triana”, Olmos, Antonio Marquez; José García “Algabeño”, Chicuelo, Manuel García, “El Maera”, Luis Fuentes Bejarano, Nacional, Cayetano Ordoñez “El niño de la Palma”, Martín Aguero, Rayito, Vicente Barrera, Armillita chico, Francisco Tamarit, Joaquín Rodríguez “Cagancho”,  Manolo Mejias Bienvenida, Victoriano Roger Valencia, Antonio Posada, Felix Rodríguez, Antonio de la Haba Zurito y el navarro Saturio Torón, que tomó la alternativa de manos de Marcial Lalanda.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 (1927),6 (1923),11 (1921),15,16 (Años 20) y 26 (1924). Luis Rouzaut. Nº 2 (1920. Ricardo Martin), 8 (años 20),17 (1925. Pascual Marin),23 (1930),24 (años 20) y 25 (1927. Pascual Marin). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marín. Nº 10 y 12 (1ª década del siglo XX), 18  y 20 (1918). Fotos extraídas de “Eternos Sanfermines” de José María Baroga. Nº 13 (13-7-1913), 22 (1930) y 28 (9-7-1923). Fotos extraídas de “Sanfermines” de José María Iribarren. Nº 3, 4, 9 y 14. Postales de primeros de siglo (1900-1930). Foto nº 5: Foto extraída de “Pamplona estrena siglo” de José Joaquín Arazuri (1900-1908). Foto nº 7. (1909-1920) Cesareo Castillo Moleda. Foto nº 19. Encierro de San Fermin de 1927. Foto nº 21. Revista “Blanco y Negro” (1923).

Curiosidades: A finales de los años 60 ya se hablaba de construir parkings subterráneos

Aunque el primer parking subterráneo de rotación de Pamplona se inauguró el 11 de diciembre de 1990, con bastante  retraso respecto a las  ciudades de su entorno, 23 años atrás, en noviembre de 1967 ya se hablaba de la construcción de parkings subterráneos en nuestra ciudad. El día 14 de noviembre de 1967 aparecía en la prensa una noticia que hablaba de asunto. Por acuerdo del Ayuntamiento de Pamplona salía a concurso público las obras de construcción y explotación de los parkings subterráneos de la plaza del Castillo, Paseo de Sarasate, Plaza de la Cruz y zona de la plaza de Toros situada entre las calles Arrieta y Amaya. El Ayuntamiento establecía un plazo de dos meses para la entrega de las propuestas técnicas y económicas, estando prevista la apertura de los pliegos para mediados el 14 de enero de  1968. El ayuntamiento cedía los terrenos y recibiría un canon por la explotación. El coste de la construcción del parking corría a cargo de la empresa concesionaria que explotase  el parking y que lo haría  por un período de 50 años.  Finalizado el plazo para presentar proposiciones  no se había presentado ninguna propuesta. La falta de interés de la constructoras fue un jarro de agua fría para aquella corporación. No obstante, algunos años más tarde serían los propios concejales los que no solo no los impulsaron sino que frenaron iniciativas para promoverlos. En unas declaraciones ofrecidas a la prensa  hace algunos años  por uno de los concejales sociales de aquella época, éste tenía a gala haber paralizado aquellos proyectos de parkings  subterráneos de aquel entonces. Y es que parecer que los parkings subterráneos han tenido históricamente unos furibundos opositores en unos sectores sociales y políticos muy concretos.

Tendrían que pasar nada menos que 14 años, hasta junio de 1981, cuando el Ayuntamiento aprobaba, en pleno, la construcción de los parkings de  la plaza de Toros, Plaza de San Francisco, Conde de Rodezno (bajo el estanque) e Iturrama (bulevar)  pero  todos ellos no dejarían de ser proyectos y aun se dejarían esperar un puñado de años más. El de Plaza de Toros se volvería  a plantear a finales de 1988 y en marzo de 1989 salia el concurso junto a los de Blanca de Navarra, Conde de Rodezno, inaugurado en 1991 y Hermanos Imaz. Hubo un proyecto de construcción de parking en altura  en diciembre de 1988 en la esquina de Leyre y Sanguesa que nunca llegó a  realizarse. En agosto de 1989  se sacaban adelante varios parkings vecinales en San Juan, Iturrama, Orvina y Casco Antiguo (el de la Plaza San Francisco). Los vecinos de Blanca de Navarra protestaron contra la construcción del parking aludiendo a los posibles riesgos que iban a sufrir sus casas, protestas que continuaron a lo largo de 1990. El 12 de febrero de 1992  comenzaban las obras del parking de la plaza de San Francisco, con algunos incidentes. Resulta paradójico comprobar como algunos  conocidos opositores tanto  a estos proyectos de parking (Blanca de Navarra, Plaza de San Francisco) como al de la plaza del Castillo, a la vuelta de poco tiempo, se harían con una plaza en estos mismos equipamientos que con tanto ardor denostaban. Curiosa y contradictoria incoherencia  En diciembre de este año  se aprobaba  el parking vecinal de la plaza del Vinculo que se adjudicaría en abril del año siguiente y se terminaría en junio de 1995.

El parking de Santo Domingo del que recientemente se ha vuelto a hablar al querer promoverlo nuevamente el actual cuatripartito municipal  es un proyecto antiguo con una complicada historia. En agosto de 1993  el Ayuntamiento encargaba el proyecto del parking de Santo Domingo a los arquitectos Redón y Tena, si bien en el año 1995  ninguna empresa se presentó al concurso para su construcción. El 29 de marzo de 1996  se aprobaba la convocatoria de un nuevo concurso para la construcción y concesión de este parking  al que solo se presentó una empresa pero que quedó desierto a finales de junio, pues dicha empresa no ofrecía ninguna plaza de rotación.  El concejal Pascal, del PSN hablaba, en aquellos tiempos,  de un pacto entre los constructores para no presentarse a los concursos de parkings hasta que no se impulsase el de la plaza del Castillo.

Tengo conocimiento de que en  la primera mitad de la década de los 90 hubo un proyecto de parking para Sarasate que contaba con el apoyo de los comerciantes de lo Viejo  y  el aval de Fernando Redón que también colaboraría en el proyecto de reurbanización del Casco pocos años más tarde, pero este proyecto nunca vió la luz. Entre 1991 y 1995 se habían construido en Pamplona 17 parkings subterráneos con 4.251 plazas. El 10 de mayo de 1996 se aprobaba promover un parking en el Rincón de la Aduana con 750 plazas, inaugurado en diciembre de 1998 con tan solo 432 plazas y un año más tarde, en 1997, se intentaba sacar adelante nuevamente el parking de Santo Domingo y el de Carlos III, aprobado en marzo de 1998. También este segundo vendría con polémica. Tras la construcción del parking se llegó a decir que había que peatonalizar la zona porque el parking no resistía el paso de vehículos. Hubo oposición de los comerciantes por las obras del parking y las dificultades en el acceso. Se plantearon nuevos parkings en Compañía (cuyas obras comenzaron en noviembre de 1999) y de Labrit si bien este último se desestimó, entre otras razones, porque según un informe de un arquitecto municipal su construcción podría dañar la estructura y cimentación de la plaza de Toros. En 1998 fracasaba nuevamente el concurso para el parking  de Santo Domingo.

A finales de diciembre de 2000 la alcaldesa Yolanda Barcina anunciaba la construcción de un parking subterráneo en la plaza del Castillo con 600 plazas y una inversión de 2.500 millones de pts. Fue el proyecto de parking más polémico que ha existido en la ciudad. Enseguida  se creó  se creó una plataforma para recoger firmas y detener su construcción. Se consiguieron, en poco más de un mes, más de 25.000 firmas. Al concurso  se presentaron siete ofertas, resultando ser la empresa EYSSA  la concesionaria con un presupuesto de 1.921 millones y 802 plazas de parking (aunque finalmente serían 939 plazas). En septiembre se celebró un referéndum popular con una participación de casi 20.000 personas. A lo largo de 2001 y 2002, la obra duró tres años,  aparecieron murallas, restos de termas romanas, enterramientos musulmanes, restos medievales, de castillos y de la época contemporánea. En Noviembre de 2002 se declaraba nula la adjudicación a EYSSA al haber adjudicado el Ayuntamiento las plazas por 75 años en vez de por 50, vulnerando la ley por lo que se tendría que volver a adjudicar. A lo largo de los primeros meses  de 2003 continuaron los fallos y recursos. En marzo se volvía a adjudicar el parking de la plaza del Castillo y también se volvieron a adjudicar de nuevo las plazas de parking. Al margen de los parkings citados a lo largo de todos estos años y los siguientes se construyeron también otros parkings bajo importantes equipamientos de la ciudad: con rotación en Baluarte, la nueva estación de Autobuses, la nueva Audiencia, el parking del Corte Inglés y solo para vecinos, en Roncesvalles o en calle Olite.

Los sanfermines del tardofranquismo (1960-1975)

Continuo con la serie dedicada a los sanfermines del pasado siglo, completada con algunas notas historiográficas, urbanísticas y de costumbres. Incorporo fotografías de muy diversa procedencia, algunas de ellas pertenecen, como en anteriores entregas de esta serie, al Fondo Marin de la Kutxateka. Comencemos sin más dilación. En 1960 era alcalde de Pamplona el carismático Miguel Javier Urmeneta. Los sanfermines concitaban cada año la llegada de un mayor número de extranjeros. A ello contribuyó tras el inicial impulso de Ernest Hemingway, fallecido poco antes de los sanfermines de 1961, la irrupción  de medios de comunicación audiovisuales  cada vez más globalizados: la radio, el cine y sobre todo  la televisión. La prensa europea se iba haciendo eco de la celebración de nuestras fiestas y cada año, actos como los del Chupinazo y otros eventos festivos se iban masificando cada vez más. Aquel año se habilitó un camping en el estadio Ruiz de Alda. Se hablaba  de unos 100.000 visitantes, casi tantos como pamploneses había en esa época. Empezaban a acudir primeras grandes estrellas del mundo del celuloide: Orson Welles y Deborah Kerr lo harían en 1961, el primero también en 1965 y 1966 para rodar una película, y la segunda también lo hizo en 1962, Charlton Heston  acudió en 1962 mientras Nicholas Ray y Darryl F. Zanuck lo hicieron en 1963.  Además recalaron en nuestra ciudad otros personajes famosos de la época, como gente de la realeza (los Borbon-Parma, Fabiola, etc) o de la farándula (Marisol, Torrebruno, Sara Montiel, Conchita Bautista, etc). Por lo demás, las fiestas se basaban en sus tradicionales actos: los encierros, las corridas, la comparsa de gigantes y cabezudos, las barracas, la tómbola, el ferial, las verbenas, la procesión, el riau-riau, etc. Este año, hubo un montón impresionante en la calle de la Estafeta, cerca del cruce con la bajada de Javier, (tal y como señalé en la primera parte de la entrada dedicada a los comercios de la Estafeta), aunque afortunadamente no hubo ningún muerto, no se puede decir lo mismo de 1961 en que falleció un corredor, Vicente Urrizola, por una cornada en la plaza Consistorial. En lo urbanístico los hechos más destacables del inicio de la década fueron la inauguración de la  Cuesta de la Chantrea y el nuevo puente sobre el rio Arga, el cierre del Cafe Kutz, la construcción del Hotel de los Tres Reyes y la colocación de la primera piedra del edificio central de la Universidad de Navarra.

Los encierros se seguían celebrando a las 7 de la mañana, lo harían hasta 1974, año  en que se retrasaron a las 8.  Las corridas se celebraban a las cinco y media de la tarde pero en 1974 se retrasaron  a las seis y media. Toreaban en la primera mitad de esta década diestros como Paco Camino, Antonio Ordoñez, Jaime Ostos, Curro Romero, El Viti, Diego Puerta, Curro Girón, Antonio Bienvenida, Palmeño, Andres Vazquez, Miguel Baez Litri   o Mondeño. También se estrenaría en estos años un novillero de enorme fama como El Cordobes, y aquí comenzaría su declive, fue sonada la bronca que le tributó el respetable pamplonés en el  año 1965. En 1961 salía por primera vez El Estruendo de Iruña, quienes hacían constar su falta de subvención, a diferencia de otras peñas. En 1962, por primera vez en la historia de las fiestas,  las corridas fueron retransmitidas por Televisión Española. En 1964  se retransmitió el encierro, por primera vez, en directo, por Eurovisión, siendo redifundido posteriormente en Estados Unidos. Fruto del hermanamiento con Baiona, firmado en 1960,  se instaurarían, en los sanfermines, diferentes actos festivos  de hermandad con la vecina ciudad lapurtarra. En 1963 se procedía a inaugurar, de forma simbólica, la avenida de Bayona. Las barracas se ubicaban al comienzo del barrio de San Juan y el ferial del ganado, ese año,  en el margen derecho del rio Arga, cerca de la Biurdana. Y hablando de las barracas cabría recordar que  estas se habían instalado, desde el año 1951 hasta 1966, en las proximidades de la avenida de Bayona, entre Antoniutti y la Cuesta de La Reina. A partir de 1966 y hasta 1971 lo harían en la zona de los glacis de la Vuelta del Castillo que daban a Pio XII.  En 1962 se cantó por primera vez el canto “A san Fermin pedimos”, inicialmente ante una figura del santo colocada en una ventana del Hospital Militar.  En 1963, en vísperas de las fiestas,  se ultimaba la nueva decoración del muro medianil de Casa Seminario, una autentica guía visual de los principales monumentos turísticos de la ciudad, obra de Pedro Lozano de Sotes que costó 42.000 pesetas pagadas, a partes iguales, por el Ayuntamiento y la Caja Municipal. Se cerraba el Coliseo Olimpia y comenzaba a construirse el nuevo Hotel Maisonnave en la calle Nueva. Tras 22 años desaparecía la clásica prueba deportiva sanferminera iniciada en 1941 por el SEU, Travesía del Arga.

Los sanfermines de 1964 pasaron a la historia porque el chupinazo lo disparó el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne. A Urmeneta le relevó en la alcaldía, en febrero de 1964,  Juan Miguel Arrieta, que conservó el cargo hasta enero de 1967 en que fue sustituido por Angel Goicoechea. El chupinazo de 1964 fue  el primero en que alguien ajeno al ayuntamiento inauguraba las fiestas. Las peñas le hicieron imposición a Fraga del pañuelo rojo. En 1971, el Ministerio de Información y Turismo les dió, no sabemos si por agradecimiento,  la placa de plata al Merito Turístico. ¡Quien  diría que las relaciones de las peñas con los jerarcas del régimen o sus representantes en la “provincia” iban a ser tan diferentes tan solo unos años después!.  Además de la concesión de la placa las fiestas fueron declaradas poco después  fiestas de interés turístico. La policía municipal estrenaba en 1964 nuevos uniformes blancos, rematados  por  un singular casco, lo que haría que muchos pamploneses empezasen a llamar a los agentes “calimeros”. La Ciudadela pasaba de la administración militar a la municipal, la entrega se haría en julio de 1966, casi al mismo tiempo que se inauguraba simbólicamente la avenida del Ejército.  En 1964 se ponía en marcha el Plan de Promoción Industrial, de la mano de Huarte y Urmeneta. En esos años, 1965-66, se  derribaba la Escuela de Artes y Oficios y la plaza de la Argentina se convertiría  en la estación central de las villavesas. En 1966 entraba en funcionamiento la fábrica de automóviles Authi. En 1965 hubo desavenencias entre el consistorio y la Meca y estuvo a punto de no haber corrida y encierro el último día pero al final no llegó la sangre al rio y hubo encierro también en la última jornada.

Desde 1966 y hasta 1971, el Ayuntamiento hizo imposición del galardón “Pañuelo de Honor” con el fin de distinguir a aquellas personas que se habían destacado por su labor durante las fiestas. Entre los premiados, a  lo largo de su corta historia,  cabe señalar, -algunos lo fueron a título póstumo-,  los nombres de Rafael García Serrano, Basilio Zoroquiáin, Ernest Hemingway, Manuel Turrillas, Gurmensindo Bravo, Carlos Juaristi, Ignacio Baleztena, El chico de Olite, los cuerpos médicos de los Hospitales Civil y Militar, José María Iribarren, José María Latorre, entre otros.  La verbena, la única que había entonces, se celebraba en la plaza del Castillo, entre las 10.30 y la 1.30 de la madrugada. Los autos de choque costaban 4 pesetas y 20 pesetas el abono de 6 viajes, los caballitos 3 pesetas. En octubre de 1965 la Comparsa había viajado a Estados Unidos en donde participaron en la clausura de la Feria Mundial de Nueva York. Antes y durante las fiestas de 1966 hubo conflictos con algunos medios de comunicación (TVE y ABC) a propósito de la contribución económica de Navarra al estado y de algunas  manifestaciones sobre la comunidad que molestaron a pamploneses y navarros y que transcendieron al entorno festivo, de hecho se produjo  una quema pública de ejemplares del rotativo madrileño en la plaza de toros, el día 12 de julio. Cada vez era más frecuente el rodaje de películas españolas durante los sanfermines. Las canciones que más se tararearon en los  sanfermines de 1966 fueron “Esperanza”, “El chachacha”, “Juanita Banana” y “Mustafá”.

En 1967, se estrenaba la ampliación de la plaza de toros, obra del arquitecto Rafael Moneo, pasando de tener el coso de 12.500  a 19.500 localidades, la segunda con mayor aforo de España.  “La manguera” fue la canción más oída durante estos  sanfermines, que duraron 10 días. Las peñas elegían por primera vez una madrina de honor para representarles en diferentes actos de las fiestas, cuatro años más tarde elegirían cada una de ellas, presidentas de honor. Constituidas en Comisión las peñas se comprometían en 1967 a salvaguardar el acto del riau-riau y a colaborar en la agilización de su recorrido para lo cual hicieron un llamamiento a asistir a la Marcha a Vísperas al mismo tiempo que pedían no se entorpeciese la marcha de la corporación. Tres años más tarde, en 1970, volvían a la carga sugiriendo la incorporación de la Comparsa, el grupo de danzas y los timbaleros, rogando al público  no  tirase agua a los mozos desde los balcones. En 1971, el acto duraba ya algo más de tres horas, tocando la banda de música más de 60 veces el vals de Astrain. En 1967 se celebró el primer Cross del Encierro, organizado por El Pensamiento Navarro en el que participaban la mayoría de las Peñas y algunos clubs deportivos y también el 1º Festival de las Peñas. También ese año se instauró la costumbre de la ofrenda floral al santo a su paso por el pozo de San Cernin. El 2 de septiembre de  1967, Osasuna estrenaba el nuevo estadio de El Sadar en sustitución del viejo campo de San Juan.  Continuaban  las obras del pantano de Eugui. Los taxis de Pamplona comenzaban a llevar en sus puertas una franja verde. Se inició la construcción de los cuarteles  de Aizoain, donde se trasladarían los militares asentados en los cuarteles del centro, mientras se empezaba a reformar la Ciudadela. El 6 de julio de 1968 se inauguraba el monumento  a Hemingway, con la presencia de su viuda, un busto de bronce sobre un bloque de granito de 8.000 kilos de peso y ese mismo día se inauguraba un Monumento al Encierro frente al también inaugurado Parador El Toro. A Angel Goicoechea le sustituyó en mayo de 1969, en la Alcaldía, D. Manuel Agreda que duró menos de un año en el cargo siendo relevado en diciembre por Joaquín Sagües que permaneció en el cargo hasta 1972, año en que fue alcalde accidental Javier Rouzaut. Entre 1973 y 1975 dos alcaldes ostentarán la vara de mando, José Javier Viñes (1973-1974) y José Arregui Gil (1974-75). En 1968 nacía la COTUP y en diciembre la ciudad se despedía de los cuarteles militares en el centro.

En 1969,  se produjo  un nuevo muerto en el encierro, un Guardiola mató a Hilario Pardo en la cuesta de Santo Domingo. Al Gayarre acudía regularmente la compañía de Paco Martinez Soria mientras que al Club Natación llegaban las estrellas pop del momento: Karina, Albano, Raphael, Julio Iglesias, Rumba Tres, Tony Landa, Patxi Andión, Juan Pardo, Formula V, Basilio, entre otros. Llegó ese año a Pamplona el Circo Ruso de Moscu y Urtain protagonizó un escándalo al ser vencido por K.O ante el holandés Van Duivenbode. Tras el incendió en el Gayarre, acaecido en Noviembre del año anterior,  se había reformado el teatro, -la reforma costó cerca de 15 millones de pesetas-,  se cambiaron las butacas y  el gallinero se sustituyó por un anfiteatro además de introducirse otras mejoras en sus instalaciones. A finales de 1969 comenzaba a derribarse el edificio de la Casa de Baños, en el Paseo de Sarasate. En Febrero de 1970 se inauguraba el Young Play  y en octubre la Biblioteca General se trasladaba al edificio de “La Agrícola”. Hasta entonces se encontraba en dependencias de la Diputación, en la avenida Carlos III.  Resulta cuando menos curiosa la recomendación de las peñas en 1970 pidiendo a las mozas no se incorporasen a la salida de las Peñas. La peña Anaitasuna organizaba el llamado Dimasu, el día del marido suelto, se dice que impulsado por Miguel Angel Falces, al que  conocí, era comerciante, a mediados de los 80. Hubo un día, ese año,  en que se retrasaron toro de fuego y fuegos artificiales ante la ruidosa protesta del público de Pamplona. En el Riau Riau de 1970 se acordó que no estuviera presente la Policía Armada en el recorrido, como era habitual hasta entonces, solo la Policía Municipal. En 1971 comenzaron a aparecer las matrículas de los coches con letras. Se comenzó a construir la  Avenida del Ejército, derribándose,  la muralla que conectaba la Taconera con la Ciudadela. Se trasladó la Casa de Socorro de Pamplona de la calle Alhóndiga, en donde estaba desde el año 1930,   al edificio de la antigua estación de Autobuses. Desaparecía el Cafe Torino de la plaza del Castillo que dos años más tarde se transformaría en  el Windsor.

El 7 de julio de 1972 se producía el primer encierro al revés de toda su historia llegando a recorrer los toros, de nuevo, toda la Estafeta hasta la calle Mercaderes, al encontrarse con un gran tapón en la plaza de toros. En 1972 las barracas se instalaron  en el solar  de los cuarteles de Infantería, en vez de en su tradicional ubicación en la Vuelta del Castillo. El 16 de mayo se abría al tráfico la avenida del Ejército. Se celebraron los Encuentros de 1972,  de los que hablé extensamente en otra entrada. En julio de 1972 se produjo una polémica por parte del cantante de origen cubano Luis Aguilé con la ciudad de Pamplona a propósito de unas declaraciones suyas sobre los sanfermines.  Los taxis comenzaron a cambiar de color, en vez de negros, blancos con una raya verde. Se iniciaron los vuelos regulares a Madrid con el aeropuerto de Noain recién inaugurado. Entre los toreros que acudieron a Pamplona, a partir de 1967 y hasta 1975 destacan además de los ya señalados Miguel Baez Litri, Antonio Ordoñez, Curro Girón, Diego Puerta, Mondeño, Paco Camino,  Curro Romero, Antoñete, Paquirri, Palomo Linares, Angel Teruel, Limeño, José Luis Parada, Miguel Marquez,  Miguelín, José Fuentes, Manolo Cortés, Marismeño, El Niño de la Capea, Manolo Rubio, Manolo de Los Reyes, Dámaso González, Curro Rivera, Raúl Aranda, Francisco Ruiz Miguel, José Mari Manzanares, José Luis Galloso, José Antonio Campuzano, Antonio José Galán, Julio Robles, Rafael de Paula, etc.

En los cinco últimos años del franquismo se hizo especialmente patente, durante las fiestas, la crispación social fruto de la conflictividad social, laboral y política de la época. El riau-riau duró en 1973 más  tres horas y el vals se interpretó 93 veces, duración que se mantendría al año siguiente y que se superaría en 1975, con tres horas y media. Estos últimos años hubo polémica entre los concejales sociales y el resto por el atuendo a lucir en el riau-riau y en otros actos sanfermineros. La mayor parte de la corporación participó vestida de frac, con chistera incluida, mientras los concejales sociales lo hacían de calle. En 1973 se cerró al tráfico, por primera vez, la plaza del Castillo, se abrió al tráfico la avenida de Bayona y  fue derribado el edificio del Plazaola-Irati en Conde Oliveto. Con este edificio desaparecía uno de los principales vestigios de los ferrocarriles Irati y Plazaola dentro de la ciudad. El 18 de enero de 1973  se producía el secuestro de Felipe Huarte, hijo de Don Félix Huarte, propietario de Imenasa. Unos días más tarde estallaba una bomba en el restaurante Iruñazarra, en la calle Blanca de Navarra, actual calle Mercaderes, propiedad de Ricardo Aparicio. Los daños ascendieron a un millón de pesetas de los de la época. Con la gran primera gran huelga general del franquismo reciente, con motivo del conflicto de Motor Ibérica, sus consecuencias se dejaron sentir en las fiestas de ese año: el  9 de julio de 1973, al acabar la corrida,  las peñas no bajaron al ruedo para iniciar el tradicional  desfile. Se quedaron sentados entonando canciones protesta y lanzando  consignas a favor de los detenidos y de apoyo a los despedidos de Motor Ibérica. La Policía Armada forzó el desalojo y las peñas salieron de la plaza en silencio por el callejón. Aquella Pamplona  conservadora, principal bastión de apoyo  al golpe militar del 36 empezaba a resquebrajarse y a quedar atrás. A finales de este año se acabaron de restaurar los  edificios de la Ciudadela que no habían sido derribados:  el Polvorín, el Almacén de Mixtos y la Sala de Armas.  Fueron  elegidos, este año,  como concejales, Erice, Martínez Alegría, Muez y Pérez Balda.  La muerte en atentado de Carrero y la postura de algunos de estos concejales de no acudir al funeral en la catedral provocó la suspensión cautelar en sus cargos por parte del Gobernador Civil, Ruiz de Gordoa.

En 1974 comenzó a construirse el Edificio Singular.  Empezamos a ver en las calles las primeras mujeres guardias de tráfico. La villavesa costaba 4 pesetas. El 28 de mayo, la plaza de la Argentina volvía a denominarse Plaza del Vínculo. Desde Junio de 1974 y tras la destitución de Viñes por las  palabras de recibimiento a los concejales represaliados se hizo cargo de la alcaldía, José Arregui Gil que permanecería en el cargo hasta 1976. Este año se quiso adelantar el encierro a las 7 de la mañana.  A mediados del año se comenzaba  a construir la plaza de los Fueros, finalizándose a primeros de 1975. Fue  definitivamente abandonado por los militares  el Palacio de Capitanía que hasta 1971 había albergado la Capitanía General, el Gobierno Militar. Aumentaron los conflictos laborales y la agitación estudiantil, social y política en Pamplona, con asambleas en Magistratura, huelgas en las fábricas (Authi, Super Ser), reuniones en los institutos (especialmente Irubide), homilías  en las iglesias, etc.  Ese año, 1974, se quemaba la factoría de Authi. El incendio se produjo en un momento delicado para la empresa. La fábrica tenía entonces 1.700 trabajadores. En septiembre se derribaba la casa de las Hiedras, en la plaza del General Mola, hoy plaza de las Merindades. Se hacía cada vez más patente la llegada del turismo mochilero y de otras gentes no siempre deseadas,  cuya llegada era propiciada por la enorme aglomeración humana y festiva. Cada año se ponía de moda un extraño cachivache que intentaban venderte por cualquier esquina. Comenzaba a verse de forma absolutamente excepcional alguna chica corriendo o más bien intentando correr en el encierro aunque entonces lo más habitual era su retirada por la fuerza pública. Eran otros tiempos. Los dos últimos años del período analizado fueron trágicos en los encierros. El día 12 de julio de 1974 moría Ignacio Eraso, en el tramo de Telefónica. El día 9 de julio de 1975 se producía uno de los encierros más trágicos de la historia con un muerto (Gregorio Gorriz) y más de 40 heridos, 14 de ellos de gravedad, a causa de un montón a la entrada de la plaza de toros. Corrian los toros de la ganadería Osborne.

En Enero de 1975 comenzaba a desaparecer la manzana de la Mutua, en el Segundo Ensanche, después de 50 años. En Febrero se demolía el viejo puente de San Juan, llamado  popularmente “el puente de los suicidas”.  En Marzo se demolían las casas del lado izquierdo de Cuatro Vientos. Dos  años antes, en 1973,  junto a estas casas se había terminado de desmontar la azucarera de Carlos Eugui y en años posteriores los almacenes de Múgica y Arellano, si bien parte de sus dependencias se aprovecharían para albergar el Instituto Politécnico Cuatro Vientos.  Este año se producía un largo conflicto en Potasas de Navarra. Desaparecía Authi, cuya planta de Landaben la compraría SEAT.  Desaparecían  aquellas locomotoras negras de vapor que nos habían acompañado durante tantos años.  El 15 de junio de 1975  se inauguraba la plaza de los Fueros, después de dos años y medio de obras. Ese año, en los sanfermines, hubo en esa plaza un multitudinario baile de la Era y actuaron también los “bolantes” de Valcarlos. Una “crecidita” Pippi Calzaslargas (Inger Nilsson) actuaba en la plaza de toros. A finales de este año y comienzos del siguiente se comenzaba a desalojar el Hospital Militar y se terminaba el Edificio Singular. En el chupinazo de 1975 se dieron gritos de Libertad, Libertad y empezaron a aparecer banderas rojas, con la hoz y el martillo,  símbolos duramente perseguidos  por el régimen.

Fotos por orden de aparición. descripción, fecha y en caso de conocerse, autoría: Nº 1: Orson Welles rodando en la plaza de la Navarrería, en plano Casco Antiguo Pamplonés. Foto Dalmas. 1966 ; Nº 2: El maestro Bravo, con su banda de música dando su tradicional paseillo, en los prolegómenos  del  encierro. Foto extraida del blog “Desolvidar” de Patxi Mendiburu, probablmente años 60-70; Nº 3: Los mozos cantando al santo cuando la figura estaba en un ventanal del Hospital Militar. 1963 ; Nº 4: Montón en el encierro del 7 de julio de 1960. ; Nº 5: fotopostal de los fuegos artificiales en la plaza del Castillo. 1963; Nº 6: la comparsa de gigantes en Nueva York. 12 de octubre de 1965 ; Nº 7: público durante los sanfermines en la bajada de la escalerillas de San Nicolás. Años 60 ; Nº 8,  Nº 9 y  Nº 10: fotos de los sanfermines de 1967, la nº 10, plasma el paseo del grupo de danzas Goizaldi de San Sebastián por la plaza del Castillo. CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA /Fondo Estudio Marin. Paco Marí ; Nº 11: Mozos bailando delante de un autobús en la calle Chapitela, un curioso precedente del encierro de la villavesa. Filmoteca Española. 1962; Nº 12: paisanos leyendo la prensa en la calle San Saturnino ; Nº 13: Fotopostal. Procesión de San Fermín. 1969; Nº 14: Fotopostal. Encierro en el tramo de Santo Domingo. finales de la década de los 60 ; Nº 15 : Fotopostal. Riau Riau. 1969 ; Nº 16: Riau Riau. Años 70. Los concejales sociales en traje de calle ; Nº 17: las barracas en la vuelta del castillo. 1971. ; Nº 18: Fotopostal. Público a la salida de las peñas. Años 60-70 ; Nº 19: Encierro, en el tramo de Telefónica. Foto Gómez. Agencia Cifra. 1967; Nº 20: Montón del trágico encierro del 9 de julio de 1975. Foto Gómez. Agencia Cifra.

El terremoto de Arette. 13 de Agosto 1967

Este año, el 10 de marzo, a las 8 menos cuarto de la mañana sufrimos un fuerte terremoto de 4,2 en la escala de Ritcher con epicentro en Oricain, uno de los más fuertes que hemos vivido en los últimos años; me acababa de levantar y estaba preparándome el desayuno antes de irme  a trabajar. Fue un movimiento corto pero muy intenso, la cristalería del mueble del cuarto de estar tintineaba;  en las horas y días siguientes se sucedieron las réplicas, aunque con menor intensidad. Para quien quiera saber más de los principales seismos sufridos en el siglo XX  pueden visitar mi entrada “Tembló Pamplona. Repaso a los principales movimientos sísmicos de la capital (1903-2013)”. En aquella entrada hacía alusión al terremoto de Arette que no viví directamente pues en aquellos días estaba de vacaciones en casa de los abuelos, a más de 300 km de Pamplona. Hoy  se cumple medio siglo de aquel seismo, uno de los más importantes que se  han sentido  en Pamplona a lo largo del siglo XX. Anteriormente, en 1903, se había producido un terremoto de grado 5 con epicentro en Pamplona, y desde entonces se han contabilizado tan solo dos o tres en Navarra de esa intensidad. Según dicen se sintió a las 23 horas 8 minutos y 30 segundos, con una intensidad de 5,7 en la escala de Ritcher. Fue muy largo, de 20 a 30 segundos y su epicentro profundo. Salvo el temblor sentido por el terremoto de Arette, en el valle de Baretous, la mayoría  de los terremotos que hemos sentido en Pamplona tienen como origen una falla local que atraviesa toda la cuenca. La otra falla importante, además de la de la Cuenca, es la norpirenaica. El terremoto de Arette tuvo un amplio radio de acción, más de 150.000 km2, llegándose a sentir con mayor o menor intensidad en  en todo el sur de Francia y en el norte de España. En España se propagó desde  Asturias por el oeste  hasta Cataluña por el este, y hacia el sur llegó a sentirse  hasta Valencia. Sólo hubo un muerto, una anciana de 80 años que se encontraba durmiendo, pero hubo centenares de heridos y 62 municipios fueron declarados zona catastrófica, con 2.300 edificios seriamente dañados, 350 de los cuales quedaron irreparables y hubieron de ser derribados. Arette quedó destruida en un 95%.

Fotos: Centre Pyrénéen des Risques Majeurs. 1967

La huelga general revolucionaria de agosto de 1917 en Pamplona

Hace un siglo, en tales días como los actuales, en agosto de 1917,  se producía en España una huelga general revolucionaria, convocada por la UGT y el PSOE y,  en algunos lugares,  apoyada por la CNT como consecuencia del deterioro de las condiciones de vida sufrida por los trabajadores,  en un momento en que,  a pesar de ser neutral España, una buena parte de la población  estaba sufriendo duramente  las consecuencias económicas derivadas de  la 1ª guerra mundial. El movimiento revolucionario había tenido  un precedente en la exitosa huelga de 24 horas del 18 de diciembre de 1916, convocada por los mencionados sindicatos socialista y anarquista que animó a los convocantes a promover una huelga indefinida que pretendía transformar las estructuras del estado, demandando la convocatoria de elecciones para unas cortes constituyentes. Otros hechos como la creación de las Juntas de Defensa por militares descontentos del Arma de Infantería o el movimiento político de la Asamblea de Parlamentarios de Barcelona colaboraron aún más en crear ese clima prerrevolucionario. El movimiento huelguístico se precipitó por la huelga, en julio,  de ferroviarios de Valencia que se extendió por todo el estado el 10 de agosto, comenzando la huelga general el día 13 de agosto. A la postre la precipitación en la convocatoria de la huelga provocaría su fracaso. Algunos historiadores sostienen que el gobierno tensó la situación para provocar una reacción intempestiva que asustara a la gente de orden y que le permitiera utilizar el ejército para acabar con los disturbios. Pese a que la huelga fue en general, salvo enclaves concretos,  bastante pacífica el gobierno la reprimió con extrema dureza.

Pero volvamos a  Pamplona. Un año antes, en enero de 1916 se había celebrado  en Pamplona una manifestación a favor del abaratamiento de los productos básicos que contó con el apoyo de la Sociedad Católica La Conciliación, varios centros políticos, la Cámara de Comercio y el propio Ayuntamiento que terminó ante el Gobierno Civil. No obstante, no puede decirse que en tierras navarras y mucho menos en Pamplona y, a diferencia de otras comunidades y ciudades españolas, prendiese la mecha revolucionaria, como veremos. En Pamplona, y a pesar de las limitaciones impuestas por la llamada censura previa, apareció una escueta noticia en el Diario de Navarra que hablaba, el día 12 de agosto, de una huelga general para el día siguiente, en solidaridad con los metalúrgicos y ferroviarios que ya se encontraban en huelga, aunque el periódico estimaba que no tendría seguimiento en el resto de actividades productivas. No obstante se advertía que las autoridades estaban sobre aviso y establecerían todas las medidas necesarias para evitar cualquier  alteración del orden público. El día 13, ante la situación de huelga de los ferroviarios y los metalúrgicos, el Gobierno declaró el Estado de Guerra en toda España. En Pamplona se reunieron en el Gobierno Civil, a las 5 de la tarde, una junta de autoridades que acordó entregar el mando a las autoridades militares, informando mediante un bando del acuerdo a la población. Por su parte, el gobernador militar, Gómez Barbé, anunció mediante otro  bando que se declaraba el estado de guerra en Navarra, por lo que todos los delitos contra el orden público y la seguridad del estado quedaban sujetas, a partir de ese momento,  a la jurisdicción militar.

La huelga se había preparado en la noche del día anterior, (día 12 de agosto), bajo la dirección del concejal socialista Angulo en una asamblea celebrada en la Rochapea, junto al Camino de los Enamorados, a la que asistieron cerca de un centenar de personas. En Pamplona y según el Diario de Navarra hicieron huelga algunos trabajadores de las fundiciones de Gamarra, donde secundaron la huelga la mitad de los trabajadores, Pinacqui, Arrieta,  Múgica y Arellano, etc, parando en torno a un 10-15% de los obreros pamploneses, sobre todo entre los sectores metalúrgico y de artes gráficas. Entre los ferroviarios pararon la mitad de los del Norte pero no los del Irati-Plazaola. Hubo una asamblea por la mañana, del día 13, con más de 60 huelguistas en el nº 4 de la calle Merced, siendo detenidos dos trabajadores cuando se dirigían a los concentrados por presunta incitación a la huelga. Al finalizar el día el número de detenidos ascendía ya a una docenaEl día 14 unidades del regimiento de caballería de Almansa patrullaban  las calles y entradas a la ciudad, las 24 horas del día  para evitar disturbios. Por precaución fueron recogidas las armas y municiones de las armerías de Puntos y Gorostiza. El día 15 de agosto la policía detuvo al concejal socialista Miguel Serdeño y a  Isidora Merlo, vecina de la calle Mayor y esposa del guarda de campo Izco que había desaparecido. Ambos ingresaron en la cárcel. También fueron arrestados el tipógrafo y recaudador de arbitrios municipales R. Jañez y un tal Barrado, residente en la Rochapea.

Un ferroviario resulto herido, ese día,  en una mano, por un disparo realizado por un soldado en la estación del Norte, al parecer dijo la versión oficial que  había insultado  a la tropa. Fue ingresado en el Hospital Militar. Por la noche un centinela de la cárcel realizó disparos contra elementos no identificados. El día 16 prosiguieron las detenciones fundamentalmente contra trabajadores ferroviarios. Al día siguiente, aunque la noticia no se confirmó oficialmente, la policía encontraba armas en el cementerio de San José: se hablaba de un número de  revólveres sin determinar. Para el día 18 se puede considerar finalizado el movimiento huelguístico que en Pamplona y en Navarra pasó bastante desapercibido, si atendemos a las informaciones oficiales y de prensa. La falta de implicación en la huelga del sindicalismo católico de gran influencia en la ciudad unido a las medidas de represión del movimiento, con la declaración del estado de guerra y las detenciones de los principales dirigentes de la huelga contribuyeron al fracaso del movimiento. A partir del día 22 se redujo considerablemente la vigilancia en las calles a cargo del ejército, fundamentalmente del arma de Caballería. El día 26, el Ayuntamiento encabezado por su alcalde, Demetrio Martínez de Azagra acudía al Gobierno Militar para rendir un homenaje al Ejército por su actuación durante la huelga revolucionaria. El estado de guerra se levantó el día 6 de octubre aunque siguieron suspendidas las garantías constitucionales y la censura previa de los periódicos.

¿Y que pasó en el resto de España?. Al comenzar la huelga se consiguieron paralizar las actividades en las grandes zonas industriales (Barcelona y Vizcaya), principales ciudades (Madrid, Valencia, Zaragoza, La Coruña) y cuencas mineras (León, Asturias, Jaen y Huelva) aunque durante unos pocos días. En el resto de ciudades, como ya hemos visto en Pamplona, y en el ámbito rural,  la huelga no tuvo apenas repercusión. Hubo lucha callejera y tiroteos en Barcelona, donde el movimiento lo lideraba la CNT. En Sabadell el ejército utilizó la artillería para acabar con la sede del movimiento revolucionario. Hubo enfrentamientos violentos y muertos, además de en Madrid y Barcelona en Valencia, Asturias, Guipúzcoa, Alicante y Zaragoza, restableciéndose la  normalidad el día 18, si bien en la cuenca asturiana se prolongó la huelga algunos días más. El balance oficial fue de 71 muertos, 37 de ellos en Cataluña, 200 heridos y 2.000 detenidos. El rey Alfonso XIII sustituyo al conservador Eduardo Dato por el liberal García Prieto en un gobierno de concentración nacional en el que también entró el catalanista Francesc Cambó. Los miembros del Comité de Huelga (Largo Caballero, Besteiro, Saborit y Anguiano) fueron condenados a cadena perpetua por el delito de sedición, si bien fueron amnistiados un año más tarde, al ser elegidos en la elecciones de febrero de 1918, junto a Pablo Iglesias e Indalecio Prieto dentro de la coalición Alianza de Izquierdas.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Calle de San Ignacio. 1917. A la izquierda el Vinculo y a la derecha el cuartel de caballería del Regimiento de  Almansa, en el que residían cuatro escuadrones, encargados junto a la guarda civil de sofocar la huelga esos días. Pamplona Antaño. José Joaquín Arazuri. Nº 2: Huelga de 1917 en Granada. En la imagen un coche volcado por los manifestantes durante las revueltas en la Gran Vía. Nº 3: Fotopostal de A. De León. 1910-1920. Imagen panorámica de la Pamplona de aquellos años. Nº 4: La futura avenida de San Ignacio antes del derribo de la basílica y la construcción de la nueva iglesia en los años 20. (Año 10 y 20). Y diversas reseñas de la huelga en la prensa nacional: El Imparcial, El Socialista, Mundo Gráfico, etc