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Principales entidades musicales del Viejo Pamplona (1865-1946): El Orfeón, la Coral de Cámara, la Orquesta Santa Cecilia, Los Amigos del Arte, La Filarmónica y La Pamplonesa

Esta entrada viene a completar otras entradas del blog que han ido tratando el arte y la cultura en nuestra ciudad, centrándome, en esta ocasión,  sobre todo,  en las entidades musicales más destacadas de nuestra ciudad para terminar haciendo referencia a otro tipo de entidades públicas y privadas relacionadas, en este período, con la cultura. Y repasaré su historia empezando por las entidades más antiguas para acabar con las más recientes. A principios de siglo la sociedad artística más importante de la ciudad  era el Orfeón Pamplonés. El actual Orfeón nacido en 1892 tiene varios antecedentes. En 1865 se creó un primer orfeón por parte de once personas entre las que se encontraba D. Conrado García que tenía una tienda de pianos en el Paseo de Valencia, con el objetivo de “enseñar música gratuitamente a los artesanos que lo solicitasen y fuesen admitidos”. De este primer orfeón fue director D. Joaquín Maya y subdirector D. Mariano García y en él  llegó a participar un joven Julián Gayarre. Fueron nombrados socios honorarios de este primer orfeón personajes tan célebres en el ámbito musical como Joaquín Gaztambide, Emilio Arrieta, Hilarión Eslava, Juan Guelbenzu o Dámaso Zabalza. Este primer orfeón desapareció en 1873 por causas fundamentalmente económicas. El pequeño número de socios que tenía no permitía hacer frente a los gastos de una gran masa coral. El segundo orfeón nació el 6 de noviembre de 1881, bajo los auspicios de la élite cultural pamplonesa, -en él participaron personalidades como Julio Altadill, Juan Iturralde y Suit, Antonio Irazoqui, Serafín Mata y Oneca, Florencio Ansoleaga…-,   y seguía el modelo ateneista de otras ciudades. De hecho se llamaba  Ateneo Orfeón Pamplonés y combinaba las actividades musicales con las literarias y de otro tipo. Su director musical fue Fidel Maya y el literario Serafín Mata. En 1885 se suspendió por  falta de asistencia de los coralistas a los ensayos disolviéndose en 1887. Aun hubo un tercer intento más de crear un orfeón en 1890 que no llegó a fructificar. El actual Orfeón nació en 1892, si bien sus primeros pasos se habían dado en 1891. Fue su primer director Don Remigio Múgica que lo sería durante 56 años, desde 1891 hasta 1947. De su brillantez, como director, da la medida el hecho de que en los primeros 28 años del Orfeón, bajo su dirección,  conquistó nada menos que 24 primeros premios en concursos nacionales e internacionales.

Inicialmente el coro lo componían solo voces masculinas. En 1903  se creó el coro femenino, convirtiendo al Orfeón Pamplonés en uno de los primeros en incorporar a la mujer a las masas corales en España, de hecho en 1906 el coro se abrió a mujeres y niños, pudiendo acometer, de este modo, y con todos los timbres y voces unos repertorios musicales mucho más amplios y variados. El Orfeón participaba asiduamente en los conciertos matinales de San Fermín en los que se contaba con la presencia  de Pablo Sarasate. Ese año el Orfeón se iba a encargar de la parte musical en la boda del rey Alfonso XIII que se vio deslucida por el atentado que se produjo al término de la ceremonia. En 1908 presidía la sociedad, D. Antonio Millor. Hasta esa fecha habían presidido la entidad Miguel Echarri, Joaquín Zubiría, Jorge Fernández, Santiago Benito, Feliciano Ariz, Teodoro Navaz y Arturo Saravilla.   Tras Millor ocuparían la presidencia Nemesio Aramburu que lo había sido también en el momento de la fundación, Baldomero Zulategui, Javier Arraiza,  Mariano Arteaga, Jesús de Aranzadi, Hilario Etayo, Mariano Carlón, Joaquín del Olmo, Felix Huarte, Jesús Huarte, Javier Donezar, José Luis Zufia, Luis Morales, Fernando Benito, José Juan Noguera, Juan José Pérez Alfaro, Mercedes Irujo, Javier Orella, Joaquín Jabat  y Daniel Sánchez. En los años 20, se dice en el anuario de Saiz Calderón, que “el Orfeón fomentaba la cultura, sosteniendo clases de solfeo y de canto gratuitas y poseía una buena biblioteca para la instrucción y recreo de sus socios”. Tenía su sede en el nº 33 de la calle Ansoleaga, en el antiguo Palacio de Aguerre donde hoy está la trasera del Hotel Maisonnave. Tanto tiempo estuvo en esta ubicación el coro que al edificio se le conocía  por el nombre de La Casa del Orfeón. Posteriormente se trasladaría a su actual sede de Pozoblanco. Dirigía el coro D. Remigio Múgica, siendo subdirector Mariano Beunza. En 1920 el Orfeón contaba con 150 orfeonistas, más de 70 voces masculinas, 40 femeninas y una treintena de niños así como 200 socios protectores. En 1925, el número ascendía a 180 orfeonistas, 100 masculinas, 45 femeninas y 35 de niños. Fueron memorables sus éxitos en 1927 en Madrid con  el Orfeón y la Orquesta Sinfónica de Madrid de Arbós en el Monumental Cinema de Madrid,  participando en el Centenario de la Muerte de Beethoven o en 1928, en Pamplona, dirigidos por Maurice Ravel.

En 1942, con motivo de su 50º aniversario, el Orfeón recibió la Cruz de Alfonso X el Sabio. A Remigio Múgica, con un impresionante legado artístico a sus espaldas, le seguirían en la dirección  el sacerdote Martín Lipúzcoa (1948-1956), Juan Eraso (1956-1960) con el que el Orfeón se abrió a los auditorios franceses, llegando hasta París. Pedro Pírfano dirigió al Orfeón en el período 1960-1967. Durante su dirección el Orfeón acudió a los grandes festivales musicales, nacionales e internacionales: Portugal, Francia, Granada, Holanda, etc. Con él,  el coro se abrió a la vanguardia, sin olvidarse tampoco  el folklore popular. A Pirfano le siguieron Carmelo Llorente (1968-1973) y José Antonio Huarte (1973-1992), con el que el  Orfeón participó en multitud de  festivales de verano europeos y en los más importantes auditorios de la península. Con motivo de su centenario en 1992 el Orfeón recibió  la Medalla de Plata al mérito en las Bellas Artes y  el Premio Príncipe de Viana de la Cultura. Tras José Antonio Huarte el Orfeón entró en un   proceso de redefinición, con varios directores musicales, algunos de ellos, con escasa duración en el cargo, como Juan Carlos Múgica (1992-1996), Koldo Pastor (1996-1997) o  Pascual Aldave (1997-1998). Alfonso Huarte,  director entre 1998 y 2005, fue el primer director en contar  con un equipo profesional de gerencia. Se produjo una renovación total de la entidad, tanto en su estructura como en el coro. El coro volvió  a los escenarios nacionales y europeos más importantes. Igor Ijurra es su  director desde el año 2005. Con él continua su excelente trayectoria histórica cantando junto a  orquestas sinfónicas tanto nacionales  como  extranjeras. Destacan entre  sus actuaciones la del Carnegie Hall en el año 2010, año en que recibe, además,  la Medalla de Oro de Navarra o la del Lincoln Center en el año 2012. Actualmente la Sociedad tiene 400 socios.

Junto al Orfeón estaba, a principios de siglo, la Sociedad Musical  y Orquesta Santa Cecilia, presidida por Alberto Huarte,   de hecho la sociedad tenía su sede en el colegio Huarte de la calle Mayor, con Santos Laspiur en la vicepresidencia, y con una cuarentena de afamados profesores en la plantilla  que acompañaban siempre a Sarasate en sus conciertos de San Fermín. No en vano, la iniciativa de fundar la orquesta se había llevado a cabo gracias al impulso de Sarasate y con la colaboración del mencionado Huarte y del director de la Academia Municipal de Música D. Baldomero Navascués. La Sociedad y la Orquesta habían sido promovidas en 1878  por el insigne violinista pamplonés con el fin, y cito textualmente,  “de elevar el nivel musical de la sociedad navarra”.  La orquesta se convierte así en la más antigua de las orquestas españolas.  Su primer concierto lo dio  en los primeros meses de 1879. La Orquesta acompañó  a  Sarasate en el concierto que dio en Pamplona en los Sanfermines de 1879. Tenía inicialmente  70 miembros si bien en 1882 se fijó su número en 65, cifra que permaneció estable hasta 1933. La Sociedad y el Orfeón Pamplonés dieron conciertos juntos en la década de los ochenta del siglo XIX, bajo la dirección de Joaquín Maya, director, entonces,  de ambas instituciones. Sarasate seguiría siendo su principal impulsor  asesorándoles, financiando la compra de las partituras e interviniendo, junto a ella, en sus  conciertos anuales sanfermineros hasta su muerte en 1908.  La Orquesta participaba en los principales actos festivos e institucionales de la ciudad. Gracias a Sarasate vinieron  a Pamplona figuras  de la música tan importantes  como Maurice Ravel, Camilo Saint Saéns (que la dirigió en alguna ocasión), Berta Marx o  Otto Neitzel. Maya fue sustituido en sus ausencias  por   Ricardo Villa, director de la Banda Municipal de Madrid. En esta primera época  dirigieron la orquesta también ocasionalmente Larregla y Saco del Valle.

A la muerte de Sarasate  la orquesta Santa Cecilia entró en una profunda crisis hasta prácticamente  casi desaparecer. En 1932 volvió  a resurgir con motivo del homenaje que se le tributó al profesor de la Academia Municipal de Música Felipe Aramendia.  Ese año se reunieron buena parte de los músicos de la ciudad para formar un conjunto que actuase en el  citado homenaje. Dirigió la orquesta Ricardo Villa.  A la vista del resultado algunos músicos como Alfredo Lumbreras, José María Ruiz, Julio Masset o Cristiano Medina proyectaron relanzar la orquesta “Santa Cecilia”. Se pensó como director estable en Joaquín Gasca, joven director músico militar que residía en Logroño. La plantilla  de la orquesta  incluía profesores como el mencionado Lumbreras, del Hoyo, Robustiano Setuáin, César Zaro, Arizcuren. El primer concierto lo dieron el 2 de febrero de 1933, posteriormente  darían otros  16 conciertos. La orquesta ofrecía un concierto mensual para “socios protectores”, a 2,50 pesetas la butaca de sala, y 1,50 pesetas el palco. La guerra interrumpió la vida de la orquesta, ya que Gasca quedó retenido en Madrid. Se hizo cargo del puesto el pamplonés Fermín Muruzábal, que pertenecía a la plantilla del Conservatorio de Vitoria. En 1942 asumió la dirección de la Orquesta, Luis Morondo, pero pese a sus esfuerzos no logró que la Orquesta remontase el vuelo.  La causa: el carácter no profesionalizado de los músicos que se veían obligados a dedicarse a otras tareas para sobrevivir. Al cesar Morondo, se inició otro período difícil,  con Bruno Muñoz en la dirección, que había sido también subdirector de la Orquesta Municipal de Bilbao, y que permaneció en su puesto hasta 1962.

En enero de 1962 se hizo cargo de la dirección Javier Bello Portu, que se mantendría en su puesto  hasta 1983. No fue una época fácil. A diferencia de los años 40 y 50 en los que los pamploneses acudían asiduamente a los conciertos, incluso se contaba  con  la presencia, de vez en cuando, de algún artista extranjero, la recepción, en los años 60, de los pamploneses a la orquesta y  a los conciertos fue bastante fría, en general,  hasta el punto de que en 1969, estuvieron a punto de autodisolverse. Fueron, en última instancia,  el  Ayuntamiento de Pamplona, la Diputación y las Cajas de Ahorros de Navarra y Municipal de Pamplona, quienes se encargaron de salvarla, subvencionándola. La orquesta volvió a su actividad, tanto de conciertos mensuales como participando en los actos más importantes de la Ciudad (festividad de Santa Cecilia, misas de San Saturnino y San Francisco Javier, vísperas de San fermín, responso a Sarasate el día de Todos los Santos en San Nicolás, etc.). En 1983 cesó Bello Portu y se hizo cargo de la dirección, Miguel Roa. Su primer concierto fue el del día 28 de octubre de 1983. Las autoridades navarras, en 1984, otorgaron  a la orquesta una subvención de 25 millones anuales. Roa se marchó  en enero de 1985. Este año el Parlamento de Navarra  aprobó la profesionalización de la Orquesta  y a la junta directiva se  incorporó un delegado de la Institución Príncipe de Viana. También ese año fue contratado como director Jacques Bodmer que profesionalizó la orquesta,  compuesta por 67 músicos, y que accederían al puesto  por concurso oposición. En 1993 cesó Bodmer y se contrató a Miquel Ortega. En 1995 la Orquesta Santa Cecilia cambió su nombre para convertirse  en  la Orquesta Pablo Sarasate, Orquesta Sinfónica de Navarra. Ese mismo año, Ortega cesó a petición propia y fue sustituido por Luis Aguirre. Dos años más tarde, en diciembre de 1997,  la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia y el Gobierno de Navarra constituyeron la Fundación Pablo Sarasate. Ese año se hizo  cargo de la dirección Ernest Martínez Izquierdo y se contrato una gerencia. Martínez Izquierdo estuvo en la dirección hasta el año 2103 que le sustituyó Antoni Wit. En 2016, la Orquesta Sinfónica de Navarra pasó  a depender de la Fundación Baluarte, contando con 52 músicos en plantilla. A Wit le sustituirá en la titularidad de la Orquesta  Manuel Hernández Silva, a partir de este mes de septiembre.

La primera Sociedad Filarmónica de Pamplona se constituyó el 20 de febrero de 1906, con el objeto de “cultivar y fomentar la música clásica mediante la celebración de conciertos instrumentales y vocales”. Al constituirse tenía 146 socios que eligieron una junta directiva compuesta por Arturo Campión, presidente; Florencio de Ansoleaga, vicepresidente; tesorero, Alberto Huarte; contador, Antonio Ochoa de Retana; vocales, Eugenio Lizarraga, Remigio Múgica y Santiago Bengoechea; vicesecretario-archivero, Ángel Lazcano; secretario, Luis García-Landa. Pablo Sarasate figuró como socio honorario. Tras un primer momento de cierta actividad decayó. En los años 20 la Sociedad Filarmónica renació de nuevo y organizó numerosos conciertos a cargo de figuras de primer orden a nivel mundial y que se extinguió, según algunas fuentes, por la abundancia de cuartetos excelentes en la programación.  Estaba presidida en esos años por D. Joaquín Canalejo y tenía  su sede también, como la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia,  en el Colegio Huarte. Contaba con más de medio millar de socios que celebraban sus conciertos en el Teatro Gayarre. Tenía una cuota de ingreso de 5 pesetas y una cuota mensual de 3 pesetas, “pagaderas por mensualidades adelantadas”.  La actual Sociedad Filarmónica se fundó en el otoño de 1960, siendo su primer presidente desde su fundación y hasta 1989, Jesús Aizpún  año en que le sustituyó José María de Andrés Soraluce, vicepresidente y fundador. Ofreció su primer concierto el 6 de diciembre con  la Orquesta del Palazzo Pitti de Florencia, el  violinista Aldo Ferreressi y el director Aldo Faldi. En octubre de 1989 tenía 1.346 socios. Hoy tiene apenas 700. Entre sus conciertos destacan los de Andrés Segovia (17.6.1961), el recital de Montserrat Caballé (23.5.1964), la presentación de la Orquesta Sinfónica de RTVE (1966), la de Robert Casadesus (15.3.1967) que estrenó el primer piano propiedad de la Filarmónica, un “Stenway”, destruido en el incendio del teatro Gayarre (noviembre 1968), local de los conciertos de la Sociedad, el de Arthur Rubinstein (7.12.1971) y Yehudi Menuhin (18.1.1975);  la de la Orquesta Nacional de la URSS (18.10.1973); la de Jesús López Cobos con la Royal Philarmonic londinense (12.5.1980). En 1989 la cuota anual que se pagaba era de 20.000 pesetas.

La Agrupación “Los amigos del Arte”,  asociación musical dirigida en los años 20 por Paulino Otamendi estaba domiciliada  en el nº 15 de la plaza del Castillo, luego lo estuvo en el nº 3, 2º de la citada plaza y posteriormente, desde los años 30  y durante muchísimos  años,  hasta finales de siglo, por lo menos, en el nº 14 (que luego sería el nº 2) de la calle Mayor, (Palacio del Condestable). Estaba  constituida por una veintena de  jóvenes entusiastas  aficionados a la música. Contaba con más de 100 socios músicos y protectores que  llegaría posteriormente a los dos centenares. En 1927  presidía la Agrupación el impresor Ramón Bengaray. La Agrupación había sido fundada  el 1 de junio de 1918, por los hermanos Paulino y Santiago Otamendi. Con sus rondallas y pasacalles y su participación en diferentes actividades y eventos se convirtieron en una de las agrupaciones musicales más castizas y populares de la ciudad. El local del Condestable era un local grande, con bar, donde los músicos no solo ensayaban sino donde se reunían  como si fuese una sociedad.  Además de salir de  ronda por las calles de Pamplona y organizar fiestas y bailes, también nutrió de instrumentistas a la primera Pamplonesa. En los años 50 la Agrupación se componía de 80 músicos. Entre su actividad, además de las mencionadas rondallas y de participar en diferentes festivales y actos culturales, estaban las San Pedradas,  antesala de los Sanfermines, que surgieron en la década de los 20. Las San Pedradas eran largas noches de música. Salían a las 12 de la noche a tocar y a menudo terminaban  a las 7 de la mañana… Y  cantaban jotas y pasacalles alusivos incluso al momento político y social.  En 1983  la Agrupación  “Los Amigos del Arte” dio un gran giro y, bajo la dirección de Koldo Pastor, se creó la Orquesta de Cámara Paulino Otamendi. Actualmente, forman parte de la Orquesta de Cámara Paulino Otamendi una veintena de personas. La Agrupación reúne a bandurrias, laudes, bajo, contrabajo, guitarras, fagot, flautas y teclado… Desde entonces y hasta hoy día, la principal actividad de la sociedad es la difusión de los instrumentos de púa a través de la mencionada orquesta de cámara. Entre los nombres propios de la agrupación a lo largo de su historia están los de Juanjo Sarasibar,  Joaquín Rodríguez, Javier Carricas, Zapatero ‘El Zapa’, Julián Pérez Oliva, Patxi Antunez, Saturnino Sorbet y otros.

A finales de la segunda década del siglo XX nacía en nuestra ciudad  la banda de música La Pamplonesa.  Fue fundada por Vicente Sádaba,  junto a Silvano Cervantes y Manuel Zugarrondo, en septiembre  de  1919, con sede, -tras un intento de que estuviese en la escuela de música de la plaza del Vinculo-,  en las escuelas municipales de Compañía. Fue su primer director Silvano Cervantes. Hasta entonces habían existido tres bandas de música militares, la de los regimientos Almansa, América y Constitución que animaban las fiestas. El director de la banda del regimiento América Silvanio Cervantes había formado unos años una banda de música: la  Banda de Música de los Exploradores, formada por músicos muy jóvenes. Esta banda desapareció en torno a 1917. La Pamplonesa estuvo  formada inicialmente por 37 músicos aunque poco después llegarían a los 40. La primera actuación se produjo el 11 de octubre de 1919. La banda recorrió las calles de la ciudad tocando un pasodoble y una jota. Los socios de la Asociación  promotora de la banda pagaban 25 céntimos mensuales para fondos de la Sociedad. La nueva Junta de la Asociación  la constituyeron, aparte del presidente Vicente Sádaba, otros miembros de la banda como Zugarrondo, Marín, Mendaza, etc. En cuanto se puso en marcha la banda, Vicente Sádaba, presentó la dimisión. A partir de entonces el nuevo presidente de la Asociación  sería D. Manuel Zugarrondo y lo sería hasta 1942, año en que el Ayuntamiento se hizo cargo de “La Pamplonesa” entrando a formar parte de un patronato del que dependerían también los dantzaris del Ayuntamiento y la banda de  gaiteros y txistularis. En sus primeros sanfermines (1920) la banda participó en todos los actos organizados en la calle:  el cohete, el riau riau, las dianas que eran a las 5 de la madrugada, la procesión… incluso se ofrecieron algunos conciertos en el bosquecillo de La Taconera.  La banda estaba subvencionada por el Ayuntamiento (10.000 pts en 1927; en 1920 habían sido tan solo mil) al que acompañaba  en todos los actos y  solemnidades oficiales y contaba con numerosos socios protectores, siendo su presidente honorario el maestro Joaquín Maya que fallecería en 1926.  Fueron directores de la banda Silvano Cervantes, su hermano José Cervantes en dos ocasiones, Juan Berruezo, Saturnino Sorbet, José Luis Gómez, Manuel Gómez (1968-1979), Ricardo García Cerdá y Josep Vicent Egea.   En 1987  “La Pamplonesa” se convirtió en Asociación Cultural, pues en origen era  una Asociación Civil. Como Asociación Cultural la banda firmó un convenio con el Ayuntamiento de Pamplona con una duración de 30 años que regulaba las relaciones entre ambas partes. Por  ese convenio el Ayuntamiento se comprometía  a convocar, con carácter exclusivo, a “La Pamplonesa” para acompañar musicalmente a la corporación en cuantos actos solemnes y  oficiales de carácter corporativo se celebrasen:  procesiones, acompañamientos a la Corporación Municipal en todas sus salidas, conciertos dominicales tanto en la Taconera en verano como en la Ciudadela en invierno y con una actividad prácticamente ininterrumpida en las Fiestas de Julio, habiendo ampliado su ámbito con salidas a la Provincia en la promoción de cultura de la Institución Príncipe de Viana.  En 1988, la banda contaba con 48 componentes.

En 1946 se fundaba otra de las instituciones musicales más importantes de nuestra ciudad que hace unos meses, este año 2018,  fue reconocida con el Premio Príncipe de Viana de la Cultura: la Coral de Cámara de Pamplona. Hace más de 20 años tuve el honor  de poder colaborar, como profesional de la comunicación y  organización de eventos,  en las actividades de conmemoración de su 50º aniversario. Rescato algunas pinceladas de las notas de mi archivo que me sirvieron entonces, en aquel verano del 96, para publicar un pequeño libro sobre la historia de la Coral de Cámara de Pamplona que editó el Ayuntamiento de Pamplona, el único libro que recoge, hasta el momento,  la historia íntegra de esta entidad. El debut de la Coral, así lo recogió la prensa local, tuvo lugar el 11 de diciembre de 1946 en el Coliseo Olimpia, dentro de un concierto organizado por la Sociedad Santa Cecilia. La Coral había sido fundada por el puentesino Luis Morondo Urra, en el mes de noviembre. Morondo había sido subdirector del Orfeón antes de fundar la Coral  y sería director de la Orquesta Santa Cecilia entre 1942 y 1961. Siendo Morondo subdirector del Orfeón había comenzado a ensayar con un grupo de solistas canciones y madrigales de los siglos XV, XVI y XVII. De hecho el objetivo inicial al formar la Coral era estudiar, trabajar y cultivar precisamente la música de esos siglos, aunque conforme pasaron los años la Coral amplió su repertorio a todo el género de música vocal. Morondo habría querido que el Orfeón tuviera su propio Coro de Cámara sin embargo aquel proyecto de Morondo no prosperó. Este deseo y algunas diferencias personales hicieron que Morondo se fuese del Orfeón así como  algunos de los mejores solistas que tenía el Orfeón en ese momento.  Entre ellos estaba María Angeles Senosian, Tere Corcuera, Conchita Goñi, Dionisio Inza, Cecilio Resano. Animado por alguno de esos ex-orfeonistas y junto con  otros siete integrantes: Dolores Senosiain, Josefina Greño, María Ester Oses, Francisco Javier Casas, Pedro Turullols, Francisco Sorozabal y Valeriano Zabalza, constituyeron, como he dicho en noviembre de 1946 el grupo inicial a los que se sumarían luego, en los años siguientes,  otros grandes nombres como María Eva Zabalza, las hermanas Carmen y María Asunción Asurmendi, Conchita Artaiz, Julián Olaz, José Luis Ochoa de Olza y un largo etcétera.  Ensayaban en casa de Morondo, que vivía  en el nº 43 de la calle Zapatería todos los días de la semana.

El ambiente previo a su primer concierto fue especial. Había temor a la reacción del público dadas las circunstancias en que se había producido la salida del Orfeón y el peso de esta institución musical en la ciudad, sin embargo ninguno de esos negros augurios que revoloteaban por las cabezas de aquellos coralistas se cumplieron  y el concierto resultó todo un éxito de crítica y público. Los ensayos además de en la casa de Morondo donde se realizaron durante 37 largos años se realizaron alguna vez en casa de Pedro Turullols en la plaza de Castillo y en el local de “La conciliación” en la calle Zapatería donde ensayaba habitualmente la Orquesta Santa Cecilia.  Tras su concierto inaugural, la Coral cantó en 1947 en el cine Diana de Logroño, en San Sebastian (dentro de la Quincena Musical), nuevamente en Pamplona y en enero de 1948 hicieron su primera salida al extranjero,  una gira por Portugal que se saldó con un clamoroso éxito hasta el punto de que a su vuelta de la gira fueron recibidos en el Ayuntamiento. Posteriormente la Coral participó en el Certamen Internacional coral de Llangollen (Gales), en junio de 1948,  ante 18.000 espectadores donde obtuvo el 2º premio y luego en Amiens, y en la sala Pleyel de París. Cada regreso de la Coral se convertía en un acontecimiento social de la mayor importancia, como décadas más tarde lo podrían ser los éxitos de Osasuna: recibimientos multitudinarios, recepción en el Ayuntamiento, etc. A este mismo concurso de Llangollen se presentaron un año después (1949) y ganaron el Tercer Premio.  En 1950 llegaba la consolidación definitiva de la Agrupación, con la consecución del Gran Premio en el Concurso Internacional de Coros de Lille. Además, recibía  también  la Medalla de Oro de la Ciudad. A su vuelta el recibimiento por la ciudad fue apoteósico. Ese mismo año realizó su primera aparición en las Semanas Musicales Internacionales de la Abadía de Royaumont, festival al que regresarían sucesivamente en años posteriores.

Tras el triunfo en Lille, la Coral arrasó también en Alemania: (Solingen, Viersen y Rheydt) y Bélgica (Tirlemon y Amberes). Posteriormente realizarían una gira por Argentina (cantaron en el Teatro Colón y en otras 16 ciudades), Chile, Brasil y Uruguay (Teatro Sodre de Montevideo), que volverían a repetir dos años después. En total dieron más de 50 conciertos. Recibieron  el Diploma del Colegio de Críticos Musicales de Argentina al mejor conjunto que había visitado dicho país así como la Medalla de Oro de la ciudad argentina de San Nicolás (Argentina).  En 1953 recibieron  la Encomienda de Alfonso X el sabio (Morondo) y en 1955  la Coral, la Encomienda del Mérito Civil. Tras Sudamérica actuaron en Burdeos, Royaumont y Estrasburgo entre otros lugares. La Coral fue invitada, además,  a visitar  Marruecos y Argelia, donde en 1957 fue  premiada con la Gran Copa de Plata del Festival de Música de Argel. Luego hicieron una larga gira de más de 40 conciertos por Estados Unidos y Canada actuando, entre otros lugares, en el Metropolitan House y el Town Hall de Nueva York y grabando dos discos para la discográfica Columbia. Uno de sus conciertos fue retransmitido por la NBC. Volverían a Norteamérica dos años más tarde pero antes acudirían a Holanda e Italia. En la segundad mitad de los 50 se comenzaría a renovar el coro con la entrada de nuevos cantantes que sustituirían a algunos de los históricos. Presidieron la entidad a lo largo de su historia, primero Valeriano Zabalza (hasta principios de los 50) y luego Estanislao de Aranzadi,  Antonio Aznarez (durante los años 60 y primera mitad de los 70), Alberto Munárriz (desde mediados de los 70) y finalmente Luis Felipe Sarasa (desde 1983 y hasta 2008),   Jesús Hernández Aristu, Elisabet Azkarate (2014) y Anne Miren Troyas (2016). A finales de 1955 la Agrupación tenía 300 socios que pagaban entre 3 y 5 pesetas. En sus primeros 7 años de existencia habían dado más de 300 conciertos, la mitad de ellos en el extranjero, y si nos referimos a sus primeros 13 años, serían más de 1.500 conciertos.  En  ese mismo período habían grabado más de 20 discos con los mejores sellos musicales del mundo Lumen, Telefunken,  Philips, Wernminster, Movieplay, ARSIS o RTVE. En total, a lo largo de su historia ha grabado más de 100.

Inicialmente el coro estaba compuesto por 13 voces. En 1954 llegaría a las 18. La Coral  frecuentaba, como ningún otro coro hasta entonces,  los principales escenarios europeos actuando  en las principales salas de conciertos de Francia (Abadía de Royaumont, Sainte Chapelle, Sala Gaveau), Italia (Sala  Pérgola de Florencia), Portugal, Inglaterra, Alemania (Sala Volksbühne de Hannover), Bélgica, Suiza, Holanda (Konzertgebow de Amsterdan), Austria (Kontzerhaus de Viena),  y relevantes escenarios españoles como el Palau de la Música Catalana o el Teatro Real de Madrid. Durante esos años, la Coral fue  invitada a participar en festivales como el  de Nantes, o los Festivales Internacionales de Segovia,  Alsacia,  Divonne, el Festival de Música de Gijón,  Mayo Musical de Burdeos, Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Festival Internacional de Estrasburgo, Festival Internacional de Vincennes (1955) donde recibieron la medalla de oro de la ciudad, Festival de las Noches de Borgoña, Festival Internacional de la Aubernia, Festival Internacional de Viena, Festival Internacional de Bruselas, Festival Internacional de Graz o Festival Internacional de Santander. En 1965 Austria y Alemania serían los destinos de sus giras. Durante los años siguientes  la Coral no emprendió ninguna gran gira. En 1967 se produjo una pequeña crisis por falta de voces que afortunadamente se solventó. Francia fue el único lugar fuera de España en esos años donde cantó regularmente la Coral. En 1976 la Coral hacía su tercera gira por Sudamérica.  En 1977 actuaba en Suecia y Finlandia. En 1979 participaba en la Semana Internacional de Masas Corales de Jerusalén, siendo la encargada del concierto de clausura.  Las posibilidades de crecimiento artístico de la Coral se veían condicionadas esos años por circunstancias económicas. De hecho tuvieron que renunciar a multitud de invitaciones y ofrecimientos por razones estrictamente presupuestarias.

En enero de 1983, fallecía su fundador Luis Morondo y le sucedía en la dirección José Luis Eslava. Bajo su batuta, la Coral actuó en el Musikaste, en el Festival de Granada, inauguró la Quincena Musical Donostiarra y clausuró el Festival de Música Española del siglo XX de León.  En 1986 hacía una gira por las universidades norteamericanas. A finales de ese año, la Agrupación tenía cerca de 300 socios que pagaban una cuota de 1000 pts al año que en 1992 se incrementaría a 3.000. En 1987 la Coral regresaba a Finlandia. En 1989 participaba en el IV Ciclo de Música Coral Hispanoamericano celebrado en el Gran Teatro de La Habana (Cuba) y en 1990 en el Festival de Música Coral de Georgia y en el Palacio del Cine y la Televisión Soviéticos en Moscú (URSS).  En marzo de 1991  realizaba una nueva gira, la cuarta,  por Estados Unidos y en 1992 regresaban al Festival Internacional de Coros de Israel. En 1993 volverían a Estados Unidos por quinta vez. En 1994 asumió la dirección Máximo Olóriz, que había sido director adjunto de la Orquesta Santa Cecilia y dirigido el Conservatorio Pablo Sarasate. Realizó una profunda renovación incorporando al grupo jóvenes voces, lo que supuso un cambio en el estilo interpretativo del coro, tan propio de Morondo. Cabe destacar, en el período de Olóriz,  la participación  en diversos Festivales Internacionales como Biarritz, Nantua, Primavera Musical de Venecia, Festival de Arte Sacro de Madrid, además de una nueva gira, en 1995, por Argentina, la quinta de la historia de la Coral.

En 1998, bajo la dirección  de Koldo Pastor, la Coral convertía  la interpretación de la música más vanguardista en el eje fundamental de su repertorio y participaba en el 14º Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante y en el 13º  Encuentro Coral “Ciudad de Torrevieja”. Actuó en el Auditorio de Zaragoza con motivo de la IV Semana de Música Contemporánea, en la Capilla del Palacio Real de Aranjuez y realizó una gira por Marruecos. En septiembre de 2001, fue nombrado director de la Coral Pello Ruiz que permaneció en su puesto hasta  2004 en que  la dirección recae en  David Guindano, quien profundizó en el repertorio de la música antigua, creando un coro profesional especializado dentro de la Coral, el Nova Lux Ensemble, que ofrecía  su primer concierto en 2006, si bien posteriormente en 2008 Guindano protagonizó la mayor crisis de la institución en toda su historia al ser cesado por la junta directiva y abandonar el coro 12 de sus 16 componentes, formando luego la Coral de Cámara de Navarra. Posteriormente le sucedieron en la dirección artística de la Coral Jesús María Echeverría (apenas cinco meses), Sergi Moreno-Lasalle o Josep Cabré. Desde 2012 su director es David Gálvez Pintado.  Más de 200 socios y cerca de una veintena de patrocinadores constituyen la base social de la entidad.

En aquellas primeras décadas del siglo cabría, además citar, la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra, un antecedente de lo que vendría a ser luego, en los años 40, la Institución Príncipe de Viana, con sede en la Cámara de Comptos Reales de la Calle Ansoleaga.  Estaban en la Comisión personalidades tan destacadas como los académicos Arturo Campión, Julio Altadill, el conde Guendulain, Eduardo Carceller, Carlos de Marichalar, Joaquín Maya, etc. Eran vocales natos el alcalde de Pamplona, el vicepresidente de la diputación foral, el director del Instituto y el arquitecto municipal, Serapio Esparza, entre otros. La Comisión se fundó en 1844 y desapareció con la guerra civil. El Instituto de Estudios Históricos de Navarra era hija de la Sociedad de Estudios Vascos y la presidía el mencionado Arturo Campión, con Ignacio Baleztena en la vicepresidencia, contando como miembros de la junta con personas como Joaquín San Julián, secretario, Fernando Arvizu, contador, Leoncio Urabayen, tesorero, y los vocales Joaquín Beunza, Padre Gorrostarazu, Julio Altadill, Jesús Etayo, etc.

La Sociedad de Estudios Vascos, Eusko Ikaskuntza, fue creada en 1918 por las Diputaciones forales de Alava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra en el transcurso del I Congreso de Estudios Vascos celebrado en Oñate. Desarrolló sus actividades hasta el estallido de la guerra civil, reanudandolas en septiembre de 1978. Se definía  como “una entidad constituida por todos los amantes de la tierra vasca que buscaba el renacer de su cultura”. El presidente de honor era el rey de España. En la subcomisión navarra estaban, en 1931, personas como Rafael Aizpún, Joaquin Beunza, Santiago Cunchillos, Luis Oroz o Miguel Gortari, este último en representación de  la Diputación como la había estado Ignacio Baleztena unos años antes. A mediados de los años 20 (en 1925) nacía la Asociación Euskeraren Adiskideak (Los amigos del euskera), subvencionada por la Diputación Foral, el Ayuntamiento y la Caja de Ahorros de Navarra.  Agrupó a  navarros sin distinción de tendencias políticas pero amantes de sus tradiciones. Su objetivo, según su Reglamento, era el de “enseñar, sostener, fomentar y extender el euskara” y también el resurgimiento de las costumbres, diversiones y deportes tradicionales, especialmente la música, canto, bailes y juego de pelota. Debía estar exenta de todo matiz político. El Reglamento lo firmaron Jenaro Larrache, el padre Dámaso de Inza, Gerardo Valcarlos, Miguel Inchaurrondo, Miguel Esparza, José M.ª de Huarte y Domingo Beunza. Tenía su sede en el nº 18 de la avenida de San Ignacio. Los certámenes literarios convocados solían tener dos partes, una para estudios o disertaciones sobre un tema vasco y la otra un concurso para los niños de los pueblos. En el año 1927 la Junta Directiva estaba integrada por las  siguientes personas: presidente, Jenaro Larrache; vicepresidente, Miguel Inchaurrondo; Tesorero: Bernardino Tirapu; vocales: Pablo Roch, Joaquín Ezquieta,  Remigio Mújica, los padres Dámaso de Inza y  Buenaventura Recalde, José María Huarte, Joaquín Garjón, su secretario era Pablo Archanco. En 1931 salieron de su junta algunos vocales y entran otros como Ignacio Baleztena, Wenceslao Goizueta y Leandro Olivier.

Fotos por orden de aparición: Nº1: Primera fotografía que se conserva del Orfeón. 1894. Publicación especial con motivo del centenario del Orfeón, Nº 2: Remigio Múgica Múgica. Director fundador del Orfeón Pamplonés (1891-1948). Publicación especial con motivo del centenario del Orfeón, Nº 3: Voces femeninas en el Orfeón. 1906-1910. Publicación especial con motivo del centenario del Orfeón, Nº 4: Concierto del Orfeón en el Monumental Cinema. 1927, Nº 5: Martín Lipúzcoa con el Orfeón en Valladolid. 1953, Nº 6: Pedro Pírfano con Lorin Maazel. 1962 , Nº 7: El orfeón en el Festival de Villancicos de 1974, (Las fotos 5, 6 y 7 están extraidas de la página web del Orfeón www.orfeonpamplones.com) Nº 8: Pablo Sarasate con la Orquesta Santa Cecilia. 1906. Victor Pliego www.navarra.es, Nº9: Concierto de la Orquesta Santa Cecilia. Octubre 1968,  Nº10: Programa de mano de la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia, sin datar. Nº11: Carnet socio profesional Sociedad Filarmónica de Pamplona. Años 10 , Nº 12: Los Amigos del arte. 1922, Nº 13: Los Amigos del arte. Años 60, Nº 14 : Los Amigos del arte. 1971, Nº 15: Los Amigos del arte. Años 70, Nº 16, Nº 17 y Nº 18: Fotos históricas de la banda La Pamplonesa, www.bandapamplonesa.com, Nº19: Luis Morondo Urra, fundador de la Coral de Cámara de Pamplona (1909-1983).  Nº 20: Una de las primeras fotos de la Coral tras su fundación,1947.  Nº21: La Coral de Cámara en El Certamen Internacional de Llangollen. Junio 1948. Nº 22: La Coral de Cámara en el Concurso Internacional de canto de Lille. Mayo 1950.  Nº 23, La Coral. Años 50 Nº 24: La Coral de Cámara junto al compositor Salvador Bacarisse en la abadía de Royaumont,  Nº25: La Coral de Cámara junto al compositor francés Henry Sauguet en el Festival de Dos Mundos en Spoletto (Italia). Julio 1963, Nº26: La Coral de Camara en Estados Unidos (1957) (fotos 19 a 26. Archivo fotográfico Familia Morondo para el libro “Historia de la Coral de Cámara de Pamplona”. Ayuntamiento de Pamplona. Colección Breve Temas Pamploneses. Nº 34). Nº 27: La Coral junto a su nuevo director, José Luis Eslava, tras el fallecimiento de Morondo. Archivo Chonin Asurmendi. Nº 28. Portada del Pensamiento Navarro con motivo de la celebración del 2º Congreso de Estudios Vascos en Pamplona (1920), Nº 29: 2º Congreso de Estudios Vascos en Pamplona (1920). De izquierda a derecha: Mateo Múgica Urrestarazu, obispo de Osma; José López Mendoza, obispo de Pamplona; Leopoldo Ejio y Garay, obispo de Vitoria; Julio Altadill; el Rey Alfonso XIII; Francisco Javier Arraiza y  Lorenzo Oroz y Umiza, presidente de la Diputación, Colección Bernardo Estornes Lasa. Auñamendi Eusko Entziklopedia. Nº 30. Cartel 2º Congreso de Estudios Vascos en Pamplona (1920), Nº 31: Boletín de la Comisión de monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. (1896)

Inicios de la radio en el Viejo Pamplona: 1932-1942

Hace cinco años publiqué en este blog una primera entrada sobre la radio en Pamplona con el título “La radio que oíamos entonces (1950-1990)”. Fue una entrada un tanto genérica que no agotaba ni muchísimo menos el tema. De hecho, hace más de 20 años escribí un libro sobre la “Historia de la radio en Navarra” que contaba la historia de las emisoras de radio en Navarra desde sus inicios hasta 1995. De aquella publicación y de algunas correcciones e informaciones que he recabado posteriormente surge esta primera entrega sobre el origen y primeros pasos de la radio en nuestra ciudad,  que ocupó un espacio preferencial  en nuestras vidas y hogares durante muchas décadas del siglo XX, hasta la aparición y extensión de la televisión y que aún ahora, pese a la gran revolución tecnológica experimentada en los últimos años,  sigue vivita y coleando, adaptándose a los nuevos tiempos que nos ha tocado vivir.

Los primeros intentos de instalar una emisora en Pamplona parece ser que se remontan al año 1925. Ese año, Unión Radio,  que acababa de inaugurar su emisora en Madrid proyectaba instalar, entre otras, una estación en Pamplona, con una potencia de 0,5 a 2 Kw. aunque sus proyectos no pudieron cumplirse.  Hubo que esperar algunos años más para contar con una emisora de radio. La iniciativa de montar la pionera Radio Navarra partió de un fotógrafo alicantino afincado en Zaragoza, llamado Ismael Palacio Bolufer, que al parecer había solicitado, además,  autorización a las autoridades nacionales del ramo para la instalación de otras emisoras en La Rioja, Huesca, Santander, y parece que también Castellón y Baleares. La primera noticia sobre la instalación de una emisora en Pamplona data de septiembre de 1932. Decían sus promotores, entre los que aparecía un tal Jesús Rotellar, que se podría escuchar en un radio de 30 kilómetros a la redonda con un aparato de galena y con un aparato de lamparas en toda Navarra, incluso en parte de Aragón y La Rioja. Su principal objetivo, decían, era el de difundir la cultura a través de todas sus manifestaciones: conciertos, conferencias, etc.  Acompañaban a Rotellar como director artístico de la emisora, Giordano Pérez, copropietario y director técnico y Jose Les en la parte comercial y administrativa.

En estos años  ya  había en la ciudad algunos aficionados a la llamada telegrafía sin hilos. Se contaba con algún aparato receptor en los casinos, Eslava y Principal o en el Centro Vasco de Pamplona, desde mediados de los años 20. La noticia de creación de la nueva emisora en Pamplona fue recibida con cierta prevención dada la mala calidad de las transmisiones radiofónicas en aquel entonces y se aseguraba también que no perturbaría la recepción de otras emisoras que se captaban en ese momento. El 30 de diciembre la emisora recibía los plácemes del Ayuntamiento para su instalación. Se situaría en el primer piso del n.° 43 de la Calle Mayor, en un edificio propiedad de D. Enrique Sanz, abuelo del actual ferretero, Javier Sanz,  y que ahora correspondería al nº 35 de la calle, en un local que han ocupado sucesivamente en el tiempo y desde 1953 la Sociedad Anaitasuna, la Sociedad Gastronómica Napardi y la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo. La emisora contaría, para su sostenimiento, con los ingresos de los anuncios radiados que pretendían promocionar el comercio y la industria de la ciudad y con la aportación del centenar de socios protectores con que contaba en mayo de 1933 la emisora. Posteriormente el número se situaría entre 300 y 400, quienes  pagaban entre dos y cinco pesetas al mes.

Con la autorización estatal concedida en febrero y la instalación técnica finalizada en abril se comenzó a emitir en pruebas siendo inaugurada la emisora el 27 de mayo de 1933, a las 7 de la tarde, con el indicativo Radio Navarra EAJ 6, heredera de la desaparecida Radio Ibérica, emitiendo en una frecuencia de 1.456 kilociclos y con una potencia de 200 watios. Los postes de las antenas estaban colocados en el tejado del nº 43 de la calle Mayor y en el cuartel de la guardia civil de la calle Ansoleaga. Asistieron a la inauguración el director general de telecomunicaciones del gobierno de la nación, Miguel Sastre, el gobernador civil y el concesionario de la emisora, además de un representante municipal. Actuaron la Orquesta Santa Cecilia, un coro vasco dirigido por Juan Lizarazu, Los Amigos del Arte, La Pamplonesa y el Orfeón Pamplonés en cuyos locales de la calle Ansoleaga se desarrollaron estos actos inaugurales. Inicialmente la programación fue corta, apenas de 2 horas, de una a dos de la tarde y de diez a once de la noche. Los espacios casi siempre en directo consistían en retransmisiones deportivas y religiosas, música con interpretes en el estudio, charlas divulgativas y culturales, audiciones musicales, información servicio y noticias. Las noticias nacionales se hacían en conexión con un estudio de Madrid propiedad de la Federación Nacional de Emisoras Locales y las locales se extraían de los servicios de El Pensamiento Navarro que las cedía a la emisora.

Además de los nombres citados anteriormente, Pérez, Rotellar y Les, colaboraron con Palacios otras personas como   Miguel Frías, Comas, Víctor Nuin y  diversos colaboradores literarios como Ignacio Baleztena o Ramiro Aramburu, entre otros. El primer locutor fue el polifacético periodista  José María Pérez Salazar, al que vemos en la primera fotografía que encabeza esta entrada,  y que realizó  la primeras retransmisiones fuera de los estudios: un acto político en el frontón Euskal-Jai, el 16 de noviembre,  y posteriormente la primera retransmisión deportiva: un  partido de Osasuna contra el Sevilla. La programación de “Radio Navarra”  se divulgaba a través de la revista “Micrófono” editada inicialmente por la propia emisora y  que pretendía responder  a la necesidad de incrementar  los ingresos para la radio con la publicidad que se insertaba en sus páginas. Posteriormente en 1935  la editaría Elso Publicidad con carácter quincenal. Al no permitirse entonces más que una emisora en cada capital de provincia, no se crearon otras todavía, aunque sí surgió en 1933 una “Estación Microfónica” que estuvo funcionando en la plaza del Castillo durante unos meses,  con un altavoz en el quiosco de la música para difundir noticias y algunos discos, Funcionaba poco más de una hora al día, media hora al mediodía y media hora a la noche. Duró muy poco tiempo porque carecían de la licencia técnica y en realidad tenía muy poco que hacer al lado de iniciativa de Radio Navarra.

Había en estos primeros años treinta  en Pamplona 690 aparatos de radio que costaban entre 500 y 1.000 pesetas, toda una fortuna para aquellos años. La posesión de un receptor de radio se consideraba todo un lujo. Pagaban un canon de 5 pesetas los aparatos instalados en los domicilios particulares y de 50 pesetas los ubicados en lugares públicos. Había dos tipos de aparatos de radio, los de galena, de fabricación más bien artesanal que funcionaba con acumuladores y cuyo radio de recepción no superaban los 10 kilómetros y los de válvulas o lamparas, más potentes y con mayor radio de captación que pagaban diferente canon en función del número de válvulas o lamparas que tuvieran. De ambos tipos de radios podemos ver diversas fotografías junto a este párrafo y párrafos anteriores.

Radio Navarra contó con un trío musical propio y posteriormente  con un cuarteto, “Los cuatro” . Ante sus micrófonos se pronunciaron numerosas  charlas y conferencias por personas relevantes del mundo cultural y artístico de la ciudad. Personas como Victoriano Juaristi, José María Huarte, Ignacio Baleztena, etc., le prestaron su apoyo con sus intervenciones. Es un hecho cierto, a tenor del número y amplitud de los artistas invitados, el buen entendimiento que existió siempre entre Radio Navarra y los grupos culturales y artísticos de la ciudad. La primera emisión de teatro radiofónico  se produjo  el 15 de julio de 1933, la segunda fue el 3 de octubre, ambas realizadas en los propios estudios.   Poco a poco se fue ampliando el número de  horas de emisión y haciéndose la programación mucho más variada si bien seguía predominando  la música, sobre todo la ópera, zarzuela, música clásica, bailables… Se procuró, como he dicho,  que pasaran ante sus micrófonos  todos los conjuntos, orquestas y artistas locales. Entre los artistas que pasaron estos primeros meses de andadura por la radio estuvieron: los tenores Julián Olaz, Egaña o Esteban Garcia, la soprano Rita Aguinaga o la profesora de la Escuela Municipal de música Petra Carrasquilla entre otros.

Eran, asimismo, componente  diario de su programación los servicios meteorológicos, los boletines de bolsa y los boletines de noticias. También la emisora se ocupó de lo literario y/o  poético, de los programas infantiles, las crónicas deportivas y las clases de francés, sin olvidar el clásico programa del oyente, con los típicos discos dedicados, o los espacios patrocinados por alguna firma comercial local. La emisora estaba presente en los momentos culminantes del calendario festivo pamplonés: en la Navidad, Semana Santa y los Sanfermines. Igualmente programó  emisiones extraordinarias con motivo del 25º aniversario de la muerte de Pablo Sarasate y se sumó, a través de emisiones especiales,  al homenaje tributado a Arturo Campión, así como el que se dedicó a la memoria del insigne médico Huarte de San Juan. Ofreció incluso una emisión extraordinaria organizada por la Agrupación de Estudiantes Vascos en 1935. Progresivamente se fue hacia una menor comparecencia de orquestas y grupos en directo, siendo sustituidos por música grabada en discos. Estos iban alcanzando ya una mayor calidad de reproducción. A finales de 1934 la emisora contaba ya con una discoteca de 350 horas de radiación y se proponían alcanzar en aquel año las 500. Durante este período de 1933-1936 no tuvo una adscripción política definida. Por ella y a semejanza del Ateneo Navarro de aquellos años fueron desfilando e interviniendo personas de la más variada o diversa ideología.

Sin embargo esta situación cambió radicalmente con el estallido de la Guerra Civil. El pronunciamiento militar llevó aparejado el inmediato control de la emisora. El día 19 de julio, un grupo de militares sublevados ocupaban la emisora y a las 10 de la mañana de ese día el general Mola, al que vemos en una foto junto al párrafo anterior,  leía su bando militar declarando el estado de guerra y prohibiendo cualquier actividad política. La radio se convertía  así en un órgano de guerra y propaganda de los golpistas.  El día 24 de julio, Radio Navarra aumentaba su potencia para que sus mensajes llegasen mucho más lejos. Serán una constante a lo largo de toda la guerra las conexiones especiales con otras emisoras, con el fin de retransmitir las alocuciones de Queipo de Llano, desde Sevilla,  o de Franco, desde Radio Castilla de Burgos primero y luego desde Radio Salamanca, más tarde Radio Nacional. Nada había al margen de la guerra: noticias, música, conferencias, alocuciones y proclamas. Con la guerra se estableció   una dura lucha  por el control de la emisora. Falangistas y carlistas quisieron orientar sus programaciones. Giordano Pérez, director y arrendatario, no estaba cómodo con la situación y decidió vender la emisora. La emisora le había sido arrendada a Giordano Pérez, por Ismael Palacio como contrapartida a las deudas que con él tenía  por haberle ayudado a montar varias emisoras de las que había sido declarado concesionario. Mediante un documento de arrendamiento firmado el 29 de junio de 1935 le había cedido la emisora de Pamplona por 350 pts. mensuales, dándole una opción de compra.

Falange creyó que el precio propuesto por Giordano Pérez para la venta de la emisora era demasiado  alto y desistió, fracasando en su intento de montar su propia emisora. El intento de poner en marcha Radio Falange duró apenas cinco o seis meses. Los carlistas aceptaron la tasación establecida por Giordano Perez y se hicieron con su propiedad, cambiando su nombre por el de “Radio Requeté de Navarra”. La Junta Carlista de Guerra de Vizcaya compró la emisora, como un obsequio en agradecimiento a la de Navarra, por 100.000 pesetas. Este hecho se produjo el 8 de marzo de 1937. El día 10, en la emisión de mediodía se dio publicidad al cambio de titularidad a través de Luis Arellano, en nombre de la Junta Central  de Guerra, carlista,  de Navarra. Con este nombre de Radio Requeté y el distintivo EAJ-6, que había recibido al inaugurarse en 1933 de la desaparecida Radio Ibérica, continuaría hasta el 1 de mayo de 1984 en que cambiaría su nombre por Radio Pamplona. En su nueva etapa, bajo la Junta de Guerra Carlista, la mayor parte de los programas informativos se limitaban a difundir información relativa a la situación del frente de guerra. Himnos, recitados, conciertos, diarios hablados desde Radio Nacional de Salamanca, más conocidos por el nombre de “parte”, y periódicas conexiones con el cuartel general y con otras emisoras nacionales llenaban la mayor parte de la programación. Los recitales en directo fueron sustituidos mayoritariamente por grabaciones. Fueron años de emisiones muy ideologizadas.

Al terminar la Guerra Civil, Radio Requeté pasó de nuevo a manos particulares. Concretamente, desde el 16 de enero de 1940, será Ramón Urrizalqui, hasta entonces director de la emisora, -había sido nombrado director en 1937-,   su nuevo titular o propietario. Ramón Urrizalqui nació en Betelu en 1910. Fue jugador de Osasuna entre 1928 y 1934 y entrenó al equipo entre 1940 y 1946 con algunos paréntesis. Colaboró en el semanario deportivo “Hoy” que se editaba los lunes en Pamplona. Su sobrenombre de “tio Ramón” cuya autoría parece se debe al obispo Olaechea,  le viene de la popularidad que tuvieron en la emisora los programas infantiles y su participación en ellos. Fue promotor de numerosas ideas y programas de naturaleza benéfica o dirigidos a los enfermos como “La hora blanca”, “Con el teléfono en la mano”, “Continúe usted”, “Para ellas”. En 1941 se trasladaban los estudios de la emisora del nº 43 de la  calle Mayor  al nº 4 (piso 1º) de  la Avda.  Franco. Su  antena estuvo, inicialmente, parte en el tejado  del inmueble de la emisora y el otro extremo en el Instituto Provincial de Sanidad. Más tarde ambos soportes se ubicarían en el Instituto. La programación recuperó su estilo habitual, de antes de la guerra: actuaciones en directo, charlas, programas religiosos, emisiones-homenaje, etc. Entre los grupos que actuaron, esos años,  destacan algunas formaciones musicales tan conocidas y afamadas como el Orfeón Pamplonés y Los Amigos del Arte. Es en los años 40 cuando nacen los primeros seriales radiofónicos, seriales que sin embargo alcanzarían su máximo auge y audiencia en las décadas siguientes. Cabría además señalar en este período, como notas singulares, las siguientes: la formación de un cuadro artístico de la emisora que ofrecía durante las noches de los sábados, seleccionadas obras teatrales de los mejores autores españoles, el predominio de programas musicales grabados sobre las actuaciones en directo, a pesar de que la emisora contaba con un guitarrista y un pianista propios, la obligación de conectar, desde 1937, con Radio Nacional de España para ofrecer el  “parte” o “Diario hablado” (a las 14,00 y 22,00 horas) y el inicio, al comenzar los años 50, del rosario radiado que posteriormente, en 1959, daría lugar a la emisora Radio Popular de Pamplona.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: José Mari Pérez Salazar. Primer locutor de Radio Navarra. Archivo Familia Pérez Salazar. Nº 2: Radio de galena. Años 20. Nº 3: Equipos de la emisora EAJ-22. Años 30. Nº 4: Exterior de una radio de lámparas o válvulas. Años 30-40 Nº 5: Interior de una radio de lámparas o válvulas. Años 30-40. Nº 6. Emilio Mola. Fotoseimagenes.net. Nº 7: Foto de tropas sublevadas en la plaza del Castillo. 28 de agosto de 1936. Central Press/Getty Images. Nº 8: Rincón de La Perla en la plaza del Castillo. 1938. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Nº 9: Publicación. Emisiones de Radio Requeté de Navarra durante la Novena de Gracia de 1945 N º10: Foto de Ramón Urrizalqui Soravilla. Director de Radio Requeté de Navarra. Años 40. Nº 11: Banderín publicitario de Radio Requeté de Navarra. (Sin datar).

Como se vestía en el Viejo Pamplona a lo largo de la 1ª mitad del siglo XX (1900-1950)

En una entrada anterior del blog hablaba de los cambios en la moda y en el vestir entre los años 60 y 80, una época de profundos cambios que penetraron en la sociedad a través de sus elementos más jóvenes. En esta entrada, daré unas pinceladas de como vestían los pamploneses y pamplonesas entre 1900 y 1960. Dejaré a un lado la indumentaria tradicional de valles o comarcas y también las propias de oficios,  señalando las prendas más comunes que utilizaba tanto la gente común como la burguesía de la ciudad. Es obvio decirlo pero vaya por delante que durante la mayor parte del período analizado, la moda en el vestir solo la podrán seguir las clases más pudientes. El resto de la población vestía con austeridad, incluso con pobreza, la mayor parte de los días de la semana, y solo el domingo y fiestas de guardar se permitían utilizar una prenda un poco más nueva o lucida. Aun recuerdo en mi niñez, muchos años después, aquella expresión hecha de “ir mudado” o “de domingo”.

Los pamploneses vestían, a principios de siglo, los días de labor, y en invierno, pantalones de paño, pana  o lanilla, generalmente de colores oscuros, y en verano pantalones de “Vergara” de color azul. Los pantalones más viejos, frecuentemente remendados, se utilizaban entre semana, mientras se dejaba para el domingo el más nuevo. Lo mismo sucedía con la camisa. La camisa blanca de lino, con cuellos vueltos o de tirilla se dejaba para los domingos mientras entre semana la camisa era, generalmente, de color. En el campo se acostumbraba a llevar para sujetar el pantalón una faja de tela negra  con la que deban varias vueltas a la cintura; en la ciudad en cambio se fue impusiendo el cinturón de cuero. Otra prenda bastante habitual era el chaleco, de paño, con varios bolsillos y sobre él, especialmente en invierno,  la blusa bastante extendida  durante las primeras décadas del siglo y hasta los años 40. Era una prenda holgada con aberturas laterales, manga larga y cerradas por delante, con cuello de tirilla, abierto hasta el pecho y canesú. El complemento más extendido solía ser la boina, generalmente negra, ¿Cuántas habrá fabricado la empresa Elosegui de Tolosa a lo largo del pasado siglo?. Evidentemente había diferencias en el vestir por edades, sexo y clases sociales, como veremos, por lo que podrían variar la cantidad y calidad de prendas utilizadas tanto interiores como exteriores. Una prenda antigua que  tuvo bastante predicamento a principios de siglo, especialmente entre las clases más pudientes y algunos cargos y profesiones,  fue la capa. Las capas eran generalmente de paño negro con esclavinas y guardas de terciopelo negro, azul o rojo. En el invierno se utilizaba, con frecuencia, el rebocillo o tapabocas y en el campo se llevaba a menudo una manta.

Una mujer a finales del siglo XIX llevaba, entre semana, falda larga y ancha, generalmente de colores oscuros, toquilla de lana, pañuelo  para la cabeza, un cuerpo de algodón y alpargatas para calzarse. Para los días festivos, además de lo dicho, en vez de alpargatas se llevaban zapatos y  mantilla  o mantón (de Manila) de colores con bordados. Se usaba como ropa interior una camisa larga o jubón de algodón o lino que al igual que la blusa, blanca, de lino o algodón, a veces con puntilla,  podía servir de camisón. Para la parte inferior del cuerpo se utilizaba una falda interior, encima el refajo y una saya atada a la cintura con trencilla. Con el tiempo sería sustituida por las enaguas. Sobre la camisa se colocaba el justillo o corsé que llegaba hasta la cintura con sus cuerdecillas o perezosas para ajustarlo al talle de cada mujer. El corsé se utilizó hasta el final de  la primera década del siglo. Otros complementos en el vestido de la mujer eran la faltriquera, (bolsillo de tela que se ataba a la cintura con una trencilla bajo la falda), pequeñas toquillas, pañuelos, etc. Como ropa de abrigo se utilizaba en casa la toquilla o el chal de ganchillo y para la calle el manto o medio manto de lanilla, aunque estos eran más propios de personas pudientes y su papel era muy similar al de las capas masculinas. Con el tiempo los colores oscuros se irán quedando para las personas de más edad, incluso cuando la moda imponía otras normas, gustos y estilos. Entre las mujeres más pudientes, especialmente en el siglo XIX, se utilizaba el miriñaque y posteriormente el polisón mientras  los hombres más ricos utilizaban la levita y pantalón con complementos como guantes, sombreros y bastones, esto en el caso de los caballeros y la sombrilla, guantes, mitones, manguitos, estolas, en el caso de las damas, casi siempre tocadas con espectaculares sombreros.

Los niños más pequeños llevaban peleles con gateras, más crecidos pantalón hasta la rodilla o aun más corto, hasta media pierna, aunque también podían llevarlos largo y pasar del pantalón corto al largo, a partir de los 12 años. Yo, que nací, en el 63 llevaba pantalón corto de tergal hasta media pierna, a las 8 o 9 años como se puede comprobar en una foto familiar que aparece en la entrada de recuerdos de “Las Navidades del viejo Pamplona (1965-1972)”. También los niños podían llevar bata de percal con canesú  que se ataba por detrás, o blusa, como los mayores, con alpargatas o abarcas en los pies,  y tocados  con  boina en la cabeza. Las niñas llevaban falda larga o hasta media pierna y en ocasiones un delantal sobre la camisa. La ropa interior que conocemos, tanto en hombres como en mujeres y que se ha ido modernizando con los años,  se empezó  a introducir a mediados de la segunda década del siglo aunque se popularizó  a partir de la década de los 30.

Había determinados acontecimientos vitales que tenían reflejo en la ropa. Por ejemplo, en la primera comunión, los niños se vestían de marinero o almirante y las niñas de pequeñas novias, con su  traje blanco. Aunque tanto en la comunión como en las bodas no siempre las niñas y mujeres iban de blanco. Hasta bien entrado el siglo XX también  se solían casar de negro muchas mujeres:  con mantilla de blonda y vestido o traje de chaqueta y también era frecuente que muchas niñas que hacían la primera comunión fuesen de negro. Con el tiempo el blanco desplazó casi por completo al negro tanto en bodas como en comuniones. Durante muchas décadas el negro estuvo asociado al luto por la muerte de un ser querido, práctica, la de mantener el luto en el vestir, que prácticamente ha desaparecido hoy en día. La duración e intensidad del luto variaba en función del parentesco. Como norma general por la muerte del esposo-a o padres se guardaba luto de de dos a tres años y por abuelos medio año, aunque esta norma fue variando con el tiempo y acortándose los plazos. Yo recuerdo que mi madre en los años70 y 80 guardó luto por sus padres un año. Pasado ese período se suavizaba el “luto riguroso” con “medio luto” o “alivio luto”, en que se podían usar con  el negro y el blanco los colores morado o lila. En los hombres el luto no era tan largo ni tan visible. Llevaba un brazalete negro cosido a la manga o  una tirilla de tela negra en la blusa o en la solapa de la chaqueta del traje, o un botón negro en la misma solapa.

Pero volvamos atrás en el tiempo para revisar brevemente la evolución de la moda masculina y femenina en nuestro país, entre  1900 y 1950. Esto no quiere decir, y no me cansaré de repetirlo,  que la mayoría de la población siguiese los dictados de la moda que describo. Bastante hacían los pamploneses y españoles de aquellos años con sobrevivir como podían pero aquí pretendo, al margen de las generalidades sobre el vestir que he comentado, ofrecer otro tipo de pinceladas sobre el vestir y la moda en esos años. Muchos  hombres usaban, en las primeras décadas del siglo, sombreros de paja redondos como los que vemos en la foto adjunta de la calle Estafeta, pajarita y vestían pantalones amplios  estilo  oxford. También se estilaban trajes de tweed y esmoquin o frac, pero estos solo y exclusivamente para los grandes eventos sociales. Las chaquetas de noche se combinaban con pajarita y fajín sustituyendo a los ajustados chalecos. Los trajes eran predominantemente de color azul marino o gris, sin olvidar los de la tradicional raya diplomática. Las chaquetas, de hombros cuadrados y estrechas en la cintura y las caderas. Las solapas estrechas, más puntiagudas y los pantalones más estrechos y no demasiado holgados.  De todos modos para la población en general, el traje se reservaba casi en exclusiva para los grandes eventos: bautizos, bodas y funerales. En la década de los 30 los trajes masculinos estaban compuestos de tres piezas: chaqueta, chaleco y pantalón. Con el paso del tiempo se combinarán pantalón y americana de tejidos diferentes ya que esta combinación permitirá múltiples variantes. Los pantalones serán anchos de piernas y tiro alto. A partir de 1930 también se imponen la trinchera y los gabanes.

Al filo de los 40 el hombre vestía traje con camisa blanca y corbata estrecha, tocado con sombrero, si bien esta vez de fieltro, como los que vemos en la foto adjunta de la calle Mayor. Junto al algodón hace acto de presencia el nylon en otro tipo de prendas, una fibra sintética que hasta entonces parecía estar solo asociado a las medias. Los trajes se llevan anchos, con camisas blancas y corbatas sencillas. El hombre elegante debía vestir siempre con chaqueta. Con el paso de los años los tonos y estilos se vuelven más frívolos y desenfadados tanto en la moda como en la estética de hombres y mujeres. Con los años 50 y el desarrollo económico la moda se democratiza y se extiende entre  todas las clases sociales. Se impone la venta de ropa confeccionadas en serie, estandarizándose y popularizándose la moda entre la población en general. Como ya he dicho hasta entonces la moda era mayormente seguida por  la gente acomodada.  Con los años 50, llegarán los colores y las prendas funcionales.  Los jóvenes vestían en los años 50 chalecos abotonados de colores con bolsillos, lazos brillantes, pajaritas y pantalones ligeros. Los jóvenes más avanzados seguían el estilo de James Dean o Marlon Brando con cazadoras de cuero, vaqueros y camisetas blancas de algodón y gomina en el pelo, además de zapatos con nuevas formas. Los jóvenes ya no solían usar sombreros, manteniendo un  estilo sencillo, con pocos o ningún accesorio, salvo, en todo caso, un reloj de pulsera.  Llegarán las camisas estampadas  y  nuevos tejidos artificiales que se suman al nylon y al rayon, como el tergal, la terlenka, etc para desembocar en la explosión vital tanto en la moda como en la estética de los 60 que ya traté en otra entrada similar de este blog.

Por su parte la evolución en la moda femenina va unida indisolublemente a su proceso de liberación y conquista de espacios en la sociedad y en la vida, a todos los niveles: cines, teatro, clubes sociales y deportivos a lo largo de estas primeras décadas del siglo. La mujer se libera del corsé en torno a 1908-1910, lo que le da una mayor libertad de movimiento al cuerpo femenino. Se recorta el largo de la falda, exponiendo parte de las piernas. Se comienza a llevar el cabello más corto y se introduce el maquillaje (colorete, rimel, etc) , pero en una sociedad conservadora como la nuestra, estos procesos se producen con cierto retraso respecto al ámbito europeo. A principios de siglo no estaba bien visto lucir la piel morena. Se imponían las pieles blancas y si no lo estaban se blanqueaban artificialmente. Y es que eran los trabajadores y trabajadoras del campo o que laboraban al aire libre las que lucían precisamente ese color dorado.  El blanco en la piel era signo, entonces,  de elegancia y distinción. Se comenzaron a introducir los cabellos ondulados, como los que vemos en la foto adjunta. Posteriormente el blanco de la piel deja paso a un tipo de maquillaje de color rosáceo que daba un aspecto más saludable a la piel. El cabello que hasta entonces lucía ondulado comienza a peinarse con raya al estilo Lillian Gish. Se utiliza con profusión el lápiz labial, rojo intenso y se destacan también con lápiz los ojos. Los tocados y sombreros son elegantes.

En los felices años 20, comienza a imponerse un  corte más a lo chico, adornado a veces con una cinta en la frente, los vestidos se aligeran y se acortan. Es la época del charleston. El maquillaje se usaba recargado, sin embargo ya no se llevaba la palidez extrema de principios de siglo que se consideraba ahora signo de salud quebradiza. En los años 30 y 40 imperaba el modelo  delgado y femenino, de piel morena, con aspecto atlético y cuidado. Sin embargo el maquillaje tan recargado que veíamos anteriormente se consideraba vulgar. Cada vez más se considera que hay que destacar la individualidad de cada mujer  a lo que contribuyen los crecientes productos de cosmética y belleza de la época. El cabello se llevaba con una media melena, peinada con ondas desde la frente. El rubio era el color de moda como lo lucían, entonces,  las actrices de Hollywood. Las estrellas de cine y las revistas de moda y de sociedad tendrán una gran influencia sobre las mujeres de la época y su forma de vestir. La 2ª República Española, supone una gran oportunidad para conseguir la igualdad de género, si bien, con la victoria  de Franco en la guerra civil  la mujer   retrocederá en la conquista de sus derechos y libertades, imponiéndose una moral pacata y castrante que reduce la misión de  la mujer española al cuidado del  hogar y  de los hijos. El  modelo femenino que encajaba con esta misión será presentado por la iglesia de la siguiente forma: la mujer deberá ir convenientemente vestida, es decir, con mangas largas o al codo, si escotes, con faldas holgadas, para no concentrar atenciones indebidas. La ropa no podía ser corta ni tampoco se debía transparentar. El cabello ya no se usaba corto. Por el contrario se recogían las melenas con moños altos o se usaban pañuelos a modo de turbante

Hacia mediados de la década de los 50, debido al creciente desarrollo económico y tras la ruptura del aislamiento y la autarquía en que estaba sumido el país se crea un marco  más favorable a la entrada de las modas internacionales (francesas y norteamericanas), gracias sobre todo al cine, la incipiente  llegada del turismo, las revistas femeninas y la televisión, que aparece en España en 1956. Gracias a las fotografías de las modelos y actrices de esos años así  como de los patrones que aparecen en  las revistas, la españolas de clase media podrán vestirse peinarse y maquillarse como ellas y  según las últimas tendencias del momento. El pelo se llevaba liso, ondulado, largo o corto. Se cambiaba el color del pelo aunque las jóvenes también utilizaban el look de la cola de caballo. Y como complementos los pendientes, (las orejas a la vista), combinados con collares de perlas de una a dos vueltas,   pañuelos para el pelo,  guantes y cinturones anchos en la cintura.

Fotos por orden de aparición: Nº1: Muchedumbre a la entrada de la Catedral. Principios de siglo. Roldan e Hijo, Nº 2: Mujeres en la plaza del Castillo (1900-1908), Nº 3: aldeanos de la cuenca acudiendo a los sanfermines. Plaza del Castillo. (1900-1910), Nº 4: Muchedumbre en la calle Mayor. 1926, Nº 5: Público presenciado una prueba deportiva en las instalaciones del Club de Tenis. Años 30. Foto Galle, Nº 6: Fotopostal. Calzados Lorente. 1922, Nº 7: Moda escolar. Años 50, Nº 8: Jardines de la Taconera. 1915, Nº 9: Grupo Primera Comunión. Hermanos Maristas. Años 40. Foto Galle.  Nº 10: Niña vestida con el traje de Primera Comunión. Principios de siglo. Foto Roldan y Mena, Nº 11: Paseo de la calle Estafeta. Foto Luis Lorda. 1917, Nº 12: Hombres delante del Monumento a los Fueros. 1930. Foto Vell i Vell, Nº13: Hombres paseando por la calle Mayor. Años 50. Foto Galle, Nº 14: James Dean y Marlon Brando, estrellas de los años 50 que tuvieron una gran influencia sobre los jóvenes de entonces, Nº 15: Foto de estudio. Foto Ruperez. Años 20, Nº 16: mujer vistiendo mantón de manila. Principios del siglo XX, Nº 17: Foto de mi madre. 1948-49. Archivo familiar, Nº18: Mujeres. Años 30-40, Nº19: Modelo. Tendencias años 40, Nº20: Niños años 60, Nº21: estilo Mujeres años 50-60. Archivo de RTVE, Nº22: Boda Años 50-60, Nº23, Nº24 y  Nº 25: Pascual Marin. 1927-1933. CC BY-NC 4.0 2015. Kutxateca.Fondo Marin.

Biografías: Gurmensindo Bravo (1892-1983)

Hace varios meses que hablé de él a propósito de la banda de música del Ave María, pero en esta ocasión le voy a dedicar una entrada completa en la sección de Biografías. Me refiero al conocido popularmente como el Maestro Bravo, un hombre que forma parte de los recuerdos de muchos pamploneses, entre los que me incluyo. Gurmensindo Bravo Sánchez nació en el nº 9 de la calle del Carmen, el 13 de enero de 1892, hijo de músico militar, vocación musical que él también seguiría, desde edad temprana, como veremos. Tras sus primeros estudios, primero la primaría en Pamplona, en La Casita del nº 1 de la calle Dormitalería y luego la enseñanza media en el colegio apostólico de los Jesuitas de  Javier, ingresó a los 14 años (1906)  en el ejército, como músico en prácticas, concretamente como clarinetista en la banda del Regimiento de Infantería nº 29 de Pamplona. Estudió Armonía y Composición en la Academia  Municipal de Música. Durante los años 1917 y 1918 estudió en el Conservatorio de Música de Madrid. En 1921, con 29 años,   fundó la banda de música del Ave María contando con la colaboración de Gregorio Alegría y de Casimiro Sendra. Esta banda   tendría una destacada presencia en la ciudad hasta comienzos de los años 40. Fue nombrado subayudante de músico mayor en 1930 con destinos en Barcelona, Valladolid y Pamplona. Estando en Valladolid fue condecorado con  la Cruz Roja de Plata por su labores de salvamento en unas inundaciones que tuvieron lugar en la ciudad castellana. Igualmente fue condecorado años más tarde en 1933, en Pamplona por un nuevo salvamento, esta vez en el Arga, con la Cruz de la Beneficiencia. Se retiró del ejército en 1940. Obtuvo, a partir de esta fecha,  la cátedra de profesor de solfeo e instrumentos en la Academia Municipal de Música de Pamplona e impartió clases en diferentes colegios y en la Casa de Misericordia. Desde entonces comenzó a crear  y dirigir diversas bandas de música como la de Educación y Descanso, Cruz Roja Española y sobre todo su conocida sanferminera Banda Popular.

Participó en los sanfermines como músico desde 1907 hasta su fallecimiento en los años 80, si bien fue especialmente en el período 1960-1980 cuando se convirtió en un elemento popular imprescindible en la fiesta, participando en las dianas y haciéndonos pasar ratos inolvidables en los prolegómenos de los encierros, entre las 7  y  las 8 de la mañana, de vez en cuando animando al personal con aquella frase inolvidable que nos dirigía de  “vamos, que estáis dormidos”. En 1976 no pudo participar con su banda por razones de salud. Años antes, en los años 50, la banda popular animaba las calles y barrios recorriendo la ciudad encima de un camión. Fue también un elemento fijo en las fiestas de San Fermín Chiquito. A finales de los años 40 su banda respondía al nombre de “Amaya” y estaba compuesta por unos 30 músicos “decentemente uniformados que tocaban muy bien y tenían un bonito repertorio” decía el Diario de Navarra. El Ayuntamiento de Pamplona le reconoció con el pañuelo rojo de honor en 1967 por su labor como compositor y músico durante más de medio siglo en las fiestas de San Fermín, recibiendo posteriormente otros reconocimientos por su aportación a las fiestas y a las javieradas. Entre sus composiciones cabe señalar pasacalles y jotas como “El encierro”, “Biribilketa del Arga”, “Pamplona canta”, “Torero navarro”, “Aupa”, “Alegría de San Fermín”, etc, sin olvidar el ”Capricho de Cantos Regionales dedicado a Joaquín Larregla”, “Así se baila en chotís”, la diana “Levántate”, la “Marcha militar navarra”, el “Vals, sol,de primavera”, el himno  “Marcha a Javier”,  la jota “La javierada” (peregrinación que hizo  en 19 ocasiones) y que interpretaron Los Iruñako y los himnos al “Oberena”  y a “San Juan de Dios”. Hombre de profundas convicciones religiosas, también colaboró con la hermandad de la Pasión del Señor en las procesiones de Semana Santa, fundando y dirigiendo  el Coro Infantil Hebreo (o Coro de Niños de la Providencia),  caracterizados con sus túnicas, primero con niños del Colegio de la Providencia y más tarde del Colegio San Francisco y de Martín Azpilicueta. Casado con María Lizarrondo, falleció poco después de los sanfermines de 1983, el día 25 de julio, a los 91 años de edad.

Crónica gráfica del Viejo Pamplona a través de las pancartas de las peñas (1959-1969)

Continuo con la segunda entrega de la crónica gráfica del viejo Pamplona a través de las pancartas de las peñas. Nos habíamos quedado en 1959. Como en los años anteriores, salía a relucir con frecuencia la actualidad municipal y otros temas de la ciudad, pero también se reflejaban acontecimientos nacionales o lo que pasaba en el mundo. Pero la evolución de los temas de las pancartas es sobre todo fruto de la evolución de nuestra comunidad y de sus usos y costumbres sociales. Este año el Irrintzi se refería a la motorización de la ronda volante, “Ahora les ponen motos y a todos nos tienen locos”, esa ronda volante en bicicleta que veíamos en la pancarta del Bullicio de 1948 se había modernizado diez años más tarde y ahora corría de manera apresurada con sus motos,  persiguiendo a unos mozos vestidos de pamplonica, un poco “cocidos”. Un toro se subía a uno de aquellos primeros semáforos, mientras otro arreaba al agente desde la parte de atrás de la moto y un asustado edil ascendía  por el tronco de un árbol. El tema de la brigada volante también era objeto de atención por parte del Anaitasuna que detenía a un par de astados subidos en una vespa de aquel entonces mientras se vislumbraba una cierta critica a la creciente costumbre de arrojar  objetos al ruedo. La pancarta de Aldapa hablaba de la apertura de los primeros supermercados que coincidieron, casualidad, con el aumento de la contribución municipal. ¿Se acuerda alguno de aquellos supermercados Spar o Vegé que yo recuerdo de los primeros 60?. En la pancarta un recaudador municipal le pedía una contribución de 1.000 pesetas a una sufrida tendera bovina rodeada de “havas” (así con V),  cortas a 15 pts y largas a 45, “huevos rusos” y alpiste para cotorras, mientras, detrás, un par de ediles se carcajeaban subidos a un cofre lleno de monedas. Como era habitual en las pancartas el acertado o desacertado pareado, esta vez decía, “recauda el ayuntamiento y pal tendero el sufrimiento”.

Oberena se tomaba a broma la idea municipal de sacar una “cartilla ciudadana” en la que se daban normas a peatones, automovilistas, amas de casa, etc. Un estudioso astado sentado sobre unos libros de contabilidad leía un manual de impuestos y contribuciones mientras un edil montado sobre un carro tirado por un burro en una suerte de “biblioteca ambulante” iba repartiendo a un paisano ejemplares de la mentada “cartilla ciudadana”, que perplejo preguntaba “cartilla de ciudadanía pa ke?. En Alegría de Iruña se hablaba del problema de la vivienda, el precio de los pisos estaba no por las nubes sino en la luna que era a donde se dirigían, propulsados por un  cohete, un edil tras de la que estaba una novia que alertaba “que nos alcanza” . Se alquilaba por horas una caseta de perro. El Bullicio aludía en su dibujo a la necesidad de piscinas municipales. Unos ediles observaban tras de una tapia a unos sufridos pamploneses que se bañaban en unas modestas bañeras caseras aludiendo con humor al “baño (de) María” y al precio y condiciones de los baños domésticos. Armonía Chantreana criticaba el hacinamiento de los pamploneses en las villavesas. Ibamos como “sardinas en lata” recuerdo se decía a menudo en mi casa, hablando de las villavesas. Los del Bronce “saludaban a los fenómenos” mientras mandaban al cuerno a los malos toreros.

En 1960, la pancarta del Irrintzi criticaba la desaparición del estanque de los patos a causa de la construcción del Hotel Tres Reyes. Se podía ver un edil empuñando una cachiporra detrás de un muro en el que había una pintada que decía “fuera gansos”, mientras un astado sorprendido veía como una grúa de las obras del hotel enganchaba por la levita al concejal de turno. Completaba el cuadro un turista cargado de maletas que decía “Pampeline, nuevo hotel habitación nº 100”. Oberena  hacía también alusión a la desaparición de los patos del estanque de la Taconera: “los patos de los jardines venimos a Sanfermines”. Un cuenquero venía con su camioneta cargada de patos con el pañuelo rojo anudado al cuello, mientras uno de ellos afirmaba que venía de Arazuri. Un guardia conminaba a un toro con los cuernos enfundados a que circulase por la acera. Alegría de Iruña era mucho más duro en este tema: un grupo de concejales daba cumplida cuenta en un terreno vallado (el espacio donde se construía el hotel), de una barbacoa de patos  bajo un cartel que decía “nuevo hotel, platos exkisitos”. El Bullicio ponía de manifiesto la mala cosecha del año. “Poco trigo, poca paja, año de grandes rebajas”. Una pobre vaca soportaba el peso de un ciclista sobre el que a su vez cabalgaba un turista haciendo fotos. De la cola del bovino colgaba un cartel que decía “tour Pamplona Bayona”, imagino que haciendo alusión al hermanamiento de ambas ciudades. Aldapa se refería al reciente descenso de Osasuna a 2ª división, con un grupo de jugadores jugándose los dineros a las tabas, ante   un toro que hacía equilibrios con la pelota: “Ni a tavas”. En una tribuna un cartel rezaba “likidación por falta de medios”. Era muy habitual utilizar la k en vez de la q en muchas pancartas. Anaitasuna hacía referencia en su pancarta al plan de estabilización aprobado aquellos años. Un mozo daba una patada a un ricachón al que se le caían los billetes mientras un gráfico marcaba un record de beneficios.

Del minizoo que había en la zona del Redín desapareció este año 1961 un gamo lo que dió lugar a algunas malpensadas especulaciones. La pancarta del Aldapa se refería con fina ironía a este hecho: un par de concejales sentados en una mesa del Mesón del Penko Blanco  pedía gamo para comer. De los cañones colocados en la reciente urbanización del lugar salía un toro que decía “yo carne de cañón”. Parecido argumento ofrecía la pancarta del Irrintzi. Dos concejales avivaban el fuego de un calderete del que sobresalían un gamo y un jabalí. “Antes comimos los patos, ahora gamo y jabalí”. La acusación de que tanto los patos de la Taconera como el gamo ahora habían ido al estomago agradecido de algún concejal no tiene desperdicio. Un toro de pega bajo el que sobresalían dos mozos con la leyenda “todo tergal menos las patas” completaba el cuadro. Oberena salía al paso de la polémica municipal a propósito de la instalación de los cañones del Redín. “Los cañones del Redín arman guerra concejil”. Alegría de Iruña se centraba en los viajes tripulados a la Luna, con un toque muy español. El Anaitasuna dudaba de la utilidad de la flamante nueva Universidad de Navarra, si después no había trabajo. Un esforzado pamplonica pretendía mover una gigantesca calabaza mientras decía “pa septiembre me la como”, al tiempo que el tribunal académico amenazaba al pobre e ilustrado astado con “tenga cuidau que repite”. El Bullicio jugaba también con la ironía al tratar la campaña municipal “Por una Pamplona más limpia”. Fue entonces, creo recordar, cuando el consistorio sacó aquellas bolsas de papel marrón rotuladas con el lema de la campaña. Una ama de casa subida a lomos de un simpático astado miraba como limpiaban las calles los concejales mientras otra que estaba barriendo afirmaba “así da gusto limpiar, una a una con la autoridad”.  La Jarana saludaba a Burlandongo. En la tela aparecía un mozo a lomos de un toro con las astas enfundadas o manipuladas mientras un municipal dice “Kuliki cacu” ante unos sorprendidos hombres de color, uno de los cuales acompañaba a una señorita.

1962, El Bullicio se reía de una campaña institucional que provlamaba “Pamplona, ciudad de verano” y que pretendía vender la ciudad y atraer turismo a nuestras calles y piscinas. Un grupo de pamploneses en traje de baño no apartaba la mirada al paso de una estupenda turista que pasaba por el lugar. Todo muy tipical spanish. Mientras el imprescindible astado, -el toro es siempre el gran protagonista de la fiesta-, se bañaba feliz en la piscina. La Unica saludaba a la Unesco. Un mozo azuzaba a un toro con los cuernos afeitados que perseguía a un heterogéneo grupo de personas que entraba en un lugar donde había una leyenda que decía “duchas, barbería y decencia” y un cartel apoyado sobre una pared en la que se decía “se afeita por arriba y por abajo”. Lo que parecía el bonete de un cura sobrevolaba sobre el grupo de fugados. Oberena también hacía una cierta crítica social cuando mostraba a unos operarios que enterraban un cofre, el cofre de “las arcas municipales” en una zanja de “las obras de Tejería”. Un pamplonés repasaba la lista de precios de los alimentos de 1920 mientras comentaba socarrón “poco menos que ahora”. Un par de concejales aparecía buscando algún tesoro. Por ahí aparecía también un pedrusco que titulaban como la “la primera piedra” imagino que aludiendo a la fiebre de inauguraciones. Cambio de horarios, critica social, señalizaciones y circulación eran los temas de los que se ocupaba el Muthiko Alaiak. Armonía Chantreana criticaba a los jugadores de Osasuna que huían perseguidos por una manada de toros. “A españa” señala un cartel mientras un jugador corría, presuroso,  cargado con una bolsa de dinero. Un espectador comentaba “no dan una”, mientras el único jugador que no corría y que iba en dirección contraria al de los otros jugadores y a la manada comentaba que “a el no le dejaban correr en este encierro”. Aldapa, por último, presentaba a un toro leyendo un libraco, “el reglamento taurino”, mientras comentaba “caracoles, como pica”,  y es que en la pancarta aparecían además un gran televisor y un picador que picaba con denuedo a un caracol.

La pancarta de Oberena de 1963 tocaba, de nuevo, el tema de la construcción del nuevo hotel de los Tres Reyes. En el lienzo aparecía  tres reyes de la baraja de cartas española; el de copas, beodo, el de bastos y el de espadas subido a lomos del inevitable toro, de cuyo rabo tiraba un aldeano que con el naipe del rey de oros en la otra mano exclamaba: “ya tengo “dubles””. La construcción del hotel se ve que fue bastante polémica aunque dados los tiempos que corrían no llegó la sangre al rio. Anaitasuna mostraba a un vecino de la Cuenca montado en un “biscuter” de la época buscando aparcamiento. En aquellos años, a tenor de lo contestado por el edil al guardia vestido de gala, se podía aparcar en la plaza del Castillo. Aldapa reclamaba en su pancarta nuevamente piscinas municipales cubiertas. Por lo que se ve no existían en la ciudad muchas piscinas como sí existen hoy en día. La pancarta mostraba a tres concejales jugando y nadando en una improvisada piscina circular, mientras un mozo resbalaba sobre un toro, bajo el lema “agua pal vino”. Alegría de Iruña se hacía eco del viaje del capitán Etayo con su barco Niña II, mientras el Bullicio hacia lo propio con la política internacional en un tema como el desarme, en un dibujo de marcado carácter local: un negro, un chino, un indio y un pamplonica manteaban a un toro sobre una bandera de Pamplona que exhibía el lema “viva el desarme”. En la pancarta del Irrintzi aparecía, este año, un novillero de cierta fama entonces apodado “El bala” exclamando “misericordia, ke mieo tengo” al tiempo que un astado salía del cajón y saludaba a un mozo con el euskérico saludo de “ser modú” (zer moduz).

En 1964 parece que ya existía el problema de las multas impagadas. Un enfurecido edil asegura a un par de mozos que cargan  conun saco de multas que las van a pagar, multas “por malos aires”, “por silvar por detrás”, “por faltar al conde Coro” mientras un toro pedía en la taquilla de la plaza de toros entradas de “general” recibiendo una contrariada respuesta del taquillero de que “tiene de comandante”. La película de Paco Martínez Soria “La ciudad no es para mí” aparecía  reflejada en la pancarta del Bullicio: un aldeano veía como se le escapaban las gallinas ante el acelerado paso de un motocarro que acarreaba un par de astados y que era conducido de manera imprudente,  a una velocidad excesiva,  por un concejal de la Comisión Municipal de Transportes. El guardia municipal tocaba el silbato de manera reiterada sin demasiado éxito. La Armonía Chantreana volvía a sacar a colación el problema del transporte público, esta vez agravado por la presencia de socavones, un problema endémico en aquellos tiempos en la ciudad. Una atestada villavesa, “aun cave una pulga” vociferaba un pasajero,  estaba a punto de caer por un precipicio tras sortear baches de diferente naturaleza. Como siempre la ironía presente en la mayor parte de las pancartas. En la pancarta de Aldapa aparecía la consigna de la estación de autobuses. En tiempos pasados muchos productos de la cuenca pasaban por ella. La tela mostraba varias maletas abiertas por los que se escapaban patos y gallinas o dejaban a la vista docenas de huevos.  Algún cuenquero  acarreaba una desvencijada maleta por la que  sobresalían igualmente  algún pato o algunas gallinas.

Oberena se refería en su pancarta a la proliferación de carteles indicadores que se colocaron este año en la ciudad para orientar a los turistas y visitantes. Dos toros bastante cabreados preguntaban a un guardia “A la calle Estafeta, ¿por donde?” Los carteles indicativos hacían referencia a direcciones tan conocidas como “el chirrión”  o vertedero municipal, el Gas, Francia (sin portugueses, señalaban), o a la ciudad medieval (murallas, urinarios, etc), sin olvidar uno que marcaba el itinerario de los pobres toros: Plaza, Matadero, Supermercau. En la pancarta del Anaitasuna se criticaba la tasa o impuesto de uso y tenencia de televisores, una tasa foral, de unas 500 pts, impopular como todas las tasas e impuestos, y que casi nadie pagaba. En el dibujo el toro salía del televisor con cara de pocos amigos embistiendo a un concejal que gritaba  a otro  “enchufa mientras cobra”. El poste repetidor debía fallar entonces más que una escopeta de feria. Y creo que el Ayuntamiento también debía cobrar lo suyo, por lo menos y por lo que dice la pancarta 50 pesetas. La pancarta de Alegría de Iruña nos mostraba que ya entonces empezaba a ser problemático aparcar en la plaza del Castillo. Un concejal consiguió que se prohibiera aparcar frente al Iruña. Como recuerda el municipal en el dibujo a un aldeano que se está tomando algo en la terraza del Iruña, acompañado de su vaca “suiza”, “criada en Funes”: “ya lo dijo el concejal, si aparcas en el Iruña, denuncia municipal”.  Por lo que se ve hubo más de una discusión entre guardias y automovilistas a propósito de ello. Por último en la pancarta de la Peña San Fermín se hablaba de la subida del precio del pan y de sus presuntas manipulaciones, con un panadero echando agua al pan, un saco de harina del cupo del año anterior y un agricultor con un saco con la cosecha del 65 y en la otra mano un fajo de billetes verdes. Y es que las pancartas de las peñas no dejaban títere con cabeza.

En 1965, los temas tratados en las pancartas fueron igualmente muy variados. El Irrintzi trataba del futuro proyecto de pantano en Eugui pues era insuficiente el agua que nos llegaba de Arteta, ¡que fría estaba!. Entonces nadie se creía demasiado su construcción tal y como se deja ver en el dibujo: un concejal trae un mulo cargado de cantaros de agua procedentes del susodicho pantano, mientras proclama “a peseta el sorbete”. Un mozo da de beber a otro concejal montado en un toro de juguete que dice “hagan pantano o no hagan, sea en Eugui o Arteta, a mi los tragos de bota, todos me saben a teta”. La peña San Fermin hablaba del problema de la escasez de viviendas y su promoción de las más diversas formas, no siempre muy claras. Ya se criticaba entonces la especulación inmobiliaria, conchabada a veces con intereses concejiles. En el dibujo, un promotor inmobiliario huía con una bolsa de millones en una mano y el proyecto en la otra, donde decía “Polígono, compra y…revienta”. El famélico toro se erigía en verdadero símbolo del sufrido pamplonica “progreso municipal…con kiebra del animal” mientras los diversos barriles y macetas, estas  de diverso tamaño (“los grandes para los ricos, los pequeños para los pobres”), se constituían en  símbolos de los diferentes desarrollos urbanísticos (“polígono sin arte ni oficios: 900 millones”) (“polígono muguetajarrra, una robada y muchas manguadas”. Armonía Chantreana se cebaba en la campaña municipal de recogida de basuras. El pareado de la pancarta tan común en aquellos años decía: “No solo basta “figura” para ser buen concejal, hay que bajar la “basura” agarrándose al pozal”. Cada uno puede  buscar los dobles sentidos que quiera. La censura obligaba a hacer grandes esfuerzos imaginativos para decir mucho sin decir aparentemente nada  o jugar con los dobles sentidos. En este caso y acompañándose del dibujo, también se podía entender que había que dar ejemplo como hacía el concejal bajando la basura en los cubos de hierro identificados con el nº del piso  que había en aquel entonces. En la pancarta, un fotógrafo inmortalizaba la embestida del morlaco contra otro concejal que llevaba un cubo lleno de mierda (con el indicativo de Comisión de Higiene) del que sobresalía, nada más apropiado para la ocasión,  un rollo de papel higiénico.

El Bullicio trataba monográficamente el tema del turismo, bajo el lema de “turismo con curvas peligrosas”, con una óptica muy de aquellos años que hoy sería calificada, tanto en esta pancarta como en otras muchas de trasnochada,   machista o sexista. Una despampanante turista que llevaba un letrero que decía “turista de alta tensión” suscitaba miradas tanto en la torada como en unos fotógrafos  bañados en una cuba de vino (turistas de cuba, je, je), como en  un mozo que exclamaba como si de un Alfredo Landa se tratase en una de sus películas, viendo a la moza: “vaya plan…en desarrollo”. Aldapa criticaba la subida de los precios de las  localidades para las corridas de los toros, precios a los que no se llegaba ni con la ayuda de las horas extras, como mostraba el dibujo de la pancarta: a los mozos no les llegaba con las horas extras mientras que al concejal le daba igual: “que suben las entradas que suban…yo voy gratis”. Un tipo con pinta de tejano acaparaba todo tipo de entradas mientras se les escapaban los billetes de color verde, los dolares por todos lados. Oberena hacía alusión, este año, 1965, a cierto incidente que se produjo entre el Cordobés y otro compañero de terna, al tiempo que se criticaba su  melena, poco común aquellos años. Anaitasuna mostraba las proezas televisadas del aizkolari navarro Astibia y Alegría de Iruña se hacía eco del popular ritmo de la yenka. En su pancarta bailaban este ritmo un par de  concejales, un guardia en traje de gala (“alante, atrás, 1-2-3”) mientras el músico de la Pamplonesa marcaba el ritmo con un trombón subido a lomos del morlaco. El  pareado del dibujo decía esta vez: “Mientras la contribución aumenta, los del Ayunta bailan la yenka”

En 1966, colocaron en la calle Mercaderes una isleta para dividir las vías de circulación. En la pancarta del Irrintzi aparecía esa isleta como si fuese una especie de  piragua en la que remaban un par de astados, mientras el guardia les tocaba el silbato y un par de ancianos se reían de la escena. La frase o pareado decía: “Nos han plantao un jardín que parece una piragua, llegará otro San Fermín, y en Eugui no habrá agua”. La pancarta del Oberena hacía referencia a su 25º aniversario. Un mozo daba de beber de la bota al toro que sostenía con sus pezuñas un cartel con la siguiente coplilla: “Nació la peña Oberena con gaseosa y con sifón, la verdad es que no nos pena, pero lo bueno es el mol”, mientras una vaca nodriza daba de beber a un “baby “con la gaseosa de bolo mientras en la mesilla de noche, tal y como decía el pareado había una botella de sifón. La ciudad se llenó este año de señales de circulación: Stop, Ceda el Paso, Prohibido girar, Prohibido aparcar, etc. En la pancarta de Anaitasuna una pobre señora parecía perdida en este mar de señales: “Ulojia, en menudo lio tas metido con eso de la señalización”, le gritaban mientras el guardia le ponía una multa y un paisano circulaba en un descapotable acompañado de dos toretes. También la Jarana se centraba en este tema. Toros, mozos y otros personajes eran amonestados por el silbato del guardía entre un mar de señales.  Casi casi como ahora con la amabilización, que por cierto también ha sido objeto de numerosas menciones en las pancartas de las peñas de este año. Alegría de Iruña criticaba el proyecto del Plan Sur, una especie de gran globo, como aparecía en la pancarta que al final se pinchó y se quedó en nada. Junto a un espantapajaros había un cartel que decía: “Para ahuyentar a los pájaros que quieren comerse el grano”. En la pancarta de la peña San Fermín un mozo realizaba su paseo especial y espacial en su particular cohete con forma de cuba “Gemini X”, de la que sobresalía la cabeza de un toraco, la faja roja anudada al asta le servía de amarre al sorprendido pamplonica. La proliferación de viajes de rusos y americanos aparecía reflejada en la distribución de aparcamientos en la luna,  a través de la correspondiente señalización de tráfico.

Armonía Chantreana criticaba las numerosas obras y zanjas en la ciudad a las que se habían acostumbrado los pamploneses de entonces. El Bullicio hacía alusión a la entrega de los pañuelos de honor que se otorgaron esos años. En la pancarta el alcalde otorgaba el pañuelo de honor al toro manso, “por sus años de servicio”, al sereno, “por mártir de la serenidad” (para entonces ya había desaparecido de la ciudad) y a una vaca embolada (“por fura y revolvedora”). Aldapa ponía de manifiesto bajo el lema de “Año Iberduérico” como en los últimos años Pamplona había visto crecer de forma exponencial el número de farolas. Y parecía que nunca lloviese a gusto de todos. Un mozo beodo se agarraba a una farola mientras en un cartel se leía: “Mil farolas nos han puesto y más nos van a poner. Los chisporros y los perros que felices van a ser”. Y así parecía ser, al menos en el lienzo: un chucho orinaba sobre una farola mientras un guardia y un turista huían despavoridos ante la presencia de un toro con la “fuerza de 10.000 voltios”. “A”pagar” los bomberos”, decía el texto, mientras el bombero resbalaba sobre el lomo del astado. Los del Bronce hacían de la bomba nuclear  y el baño de Palomares el centro de su mofa, con el “tio Sam” y un jovencísimo Fraga pescando la citada bomba nuclear mientras un cartel prohibía bañarse. Un mozo les decía “están ustedes frescos”. Incluso aun había  tiempo para homenajear en la pancarta  a un ciclista de entonces, Patxi Gabicagogueascoa. La Unica hacía referencia en la pancarta a su traslado de la calle Amaya a Jarauta, tras años de multas y denuncias por ruidos y escándalo público. No en vano el lema que aparecía era “A la rue (a la calle), largo, por malos!. La pancarta mostraba a un sufrido miembro de la peña que musitaba  “con la música a otra parte” mientras sudaba la gota gorda porque   empujaba con gran esfuerzo un carro cargado con diversas pertenencias de la peña (la tele, la bombona de butano, etc). El mozo llevaba   el bombo a su espalda  que a su vez  era empujado  por un toro, mientras  un guardia le indicaba que debía ir en dirección contraria a la que iba. Unas vecinas de la calle comentaban desde su ventana: “Por fin los echan, ¡ya era hora!.

1967, Irrintzi se ocupaba de la instauración de la zona azul, con su correspondiente control horario y de la subida de los precios, un tema, por lo que se ve de preocupación permanente. El Bullicio criticaba la moda de las melenas masculinas. El dibujo no tenía desperdicio. Una peluquera minifaldera cortaba el pelo a un melenudo, mientras que otro mozo aparecía abrazado en simpática camaradería a un toro que mostraba un cartel con la leyenda “abajo la democracia piojeril”. Este mozo  se dirigía a otro melenudo que está esperando su turno preguntándole con un expeditivo “te corto arriba o abajo” mientras empuñaba  una navaja de afeitar. Alegría de Iruña trataba de nuevo el tema de las señales de tráfico. Un agente municipal  llamaba la atención con su silbato a un aldeano por amarrar su vaca a una señal de tráfico, mientras un guardia motorizado  expedía la consiguiente multa al incauto baserritarra, procedente, a tenor del letrero que exhibía la vaca, de la Ulzama. ¿Alguien se acuerda de los uniformes que llevaban entonces los distintos tipos de policías?. Anaitasuna volvía a sacar a colación el Plan Sur, criticando la indecisión municipal mientras los propietarios de los terrenos se negaban a facilitar dicho plan. En la pancarta de Armonía Chantreana se reían de los difíciles exámenes de una convocatoria para guardias urbanos y sus escasos emolumentos. Un guardia escribía en una pizarra: “Por muchas cuentas que “agamos” todas nos salen muy mal. Con el pan y la lejía se nos acaba el jornal”.

En la pancarta de Aldapa un par de toros que doblaban sus patas delanteras “babean” ante unas espectaculares señoritas, mientras el toro manso reflexionaba certeramente: “estos se caen o se echan con buena vista”. Tras el burladero de la plaza dos miembros de la cuadrilla torera exclamaban “vaya par…” “ole, que chicuelinas”. Oberena se refería en su pancarta a un tema de actualidad en ese año, el del Peñón de Gibraltar. En esta también aparecía el elemento femenino como objeto de atención del sector masculino. Y es que el cambio en la moda femenina, la creciente liberalización de la moda en el vestir (minifalda, etc) y otros cambios y evolución en los hábitos y costumbres sociales habían provocado un resurgir del asunto sexual, impensable hacía  unos pocos años. También aparecía el tema del peñón de Gibraltar en la pancarta del Bronce, junto al de la calidad en la leche. La Jarana transmutaba la Feria del Toro en Feria del Gato. La pancarta de La Unica parecía querer decir más de lo que realmente decía. En la tela aparecían diversos personajes que representaban al poder político y económico mientras el lema de la peña afirmaba “a las marionetas les desea felices fiestas”. Un guardia enfurecido farfullaba a un ricachón que iba  a  meter dinero en la Caja ¿grrr…es que no ve los semáforos?, mientras un toro embolado comentaba al ver a otro bien armado de pitones, “mucha presencia y poca resistencia, je, je”. La Peña San Fermín se quejaba de la subida del precio del tabaco y  finalmente el Muthiko Alaiak criticaba la proliferación de impuestos (circulación, radicación, plusvalía), la subida de las localidades para la corrida, el plan sur y los problemas en el suministro municipal de las aguas.

Anaitasuna hablaba en 1968, en su pancarta, de la subida del precio del vino y hacia una referencia al siempre polémico periodista Alfredo Amestoy (que yo recuerde tuvo algún contencioso aquellos años con nuestra ciudad o comunidad). Había terminado la venta al granel. Todo o casi todo se embotellaba. De este asunto trataba la pancarta del Bullicio. Entre los embotellamientos varios aparecía una corrida, un ensueño, una señora…enfajada y el embotellamiento corriente de tráfico, mientras un mozo iba  desembotellando su cargamento de botellas de vino. Alegría de Iruña se refería al torero Miguelín a quien contraponía con otros diestros de más tronío (El Cordobés, Palomo Linares etc). La frase del dibujo lo decía todo: “Pa torero, Miguelín, yo pa billetes de mil”, puesto en boca del popular diestro Manuel Benitez, que aparecía semienterrado entre un mar de almohadillas, jugando con toritos de juguete, mientras Miguelín se recostaba sobre un miura. Armonía Chantreana se mofaba del mal negocio que había hecho el Ayuntamiento al comprar un coche oficial, un dodge dart: “600.000 nos costó. Se vendió en 200.000. Con la ganancia que dió que se compren un patín”. Y, en efecto,  así aparecía el edil, montado sobre un patín mientras el dodge se quedaba sobre un pedestal en exposición. Asistía a la escena un mozo acompañado de su vaquita de la que el mozo decía : “tardonaaa pero segura”.

Aldapa ponía de manifiesto el déficit de las cuentas municipales que el chiste estimaba en unos 60 millones: la caja fuerte vacía, aunque de ella salía una rata, parece que ese año había una plaga de roedores en la ciudad, “ratas a montones, faltan los millones”. Irrintzi  criticaba el sistema de distribución de subvenciones entre las peñas, lo decían bien claro en la viñeta, “al repartir el dinero, justicia piden los mozos. Pa los de fuera lo mucho, pa los de casa lo poco”. Oberena aprovechaba el recurso de las bolsas de basura municipales marrones dentro de la campaña “Por una Pamplona más limpia”, -yo he conocido esas bolsas, enormes y gruesas como de papel de estraza- y las utilizaba para tirar a la basura algunas cosas: a los jugadores de Osasuna, por malos jugadores,  y a los melenudos de los conjuntos musicales de aquellos años, porque esas apariencias  no encajaban entonces en nuestra conservadora ciudad. Por lo que podemos ver con los ojos de hoy, de liberalismo na de na en algunas peñas. No hacía muchos años que las peñas habían colocado al Ministro Fraga el Pañuelo Rojo. Y no olvidemos  que hasta la transición, la mayoría de las peñas aun nombraban sus correspondientes madrinas.¡ Cuanto ha cambiado Pamplona, desde entonces!. La peña San Fermín hacía sangre en la nefasta trayectoria de Osasuna. Un mozo perseguía con un garrote a un grupo de jugadores de Osasuna que huían con los dineros. El pareado de la pancarta decía así: “El sufrido aficionado y el chico de la portera les desean felices fiestas y después, a la tercera”. un cartel prohibía la mendicidad, mientras un tipo a lo Groucho, parecía un concejal,  pasaba la bandeja pidiendo 18 millones, ¿sería un aval para el club, como en otro tiempo?. Recordemos que el año anterior Osasuna había inaugurado su nuevo estadio del Sadar.

Acabo esta segunda entrega con las pancartas de 1969. Alegría de Iruña se hacía eco de la desaparición de la isleta-jardín-piragua de la calle Mercaderes colocada seis años antes. El pareado no tiene desperdicio “Nos han “kitau” el jardín que era feo y solitario. Cuanto lo van a sentir todos los perros del barrio”. El Bullicio hablaba de nuevo de los viajes espaciales. No nos olvidemos que estamos en la época de los “apolos”.  Los trompicones de los toros a los mozos harían ver a más de uno las estrellas. Anaitasuna plasmaba la creciente popularidad de nuestros deportes rurales. Un levantador de piedras levantaba una de 1.000 kilos, “de mechero”, mientras pensaba  “si se pudiera levantar así la fiesta”. Una ama de casa preguntaba a un mozo cargado con unos carneros si iba a la plaza (el mercado municipal), a lo que respondía éste, “Si, a Sevilla”. Parece que ambos carneros tenían un claro destinatario pues en cada uno de ellos aparecía una etiqueta:  “Pa Manolo”, “Pa Palomo”, haciendo referencia a los diestros Manuel Benítez el Cordobés y a Palomo Linares. Irrintzi reflejaba en su pancarta algunos de los programas de televisión de aquellos años: “La casa de los Martínez”, “Un millón para el mejor”, “Galas del sábado”, etc. Aldapa reflejaba en su tela la negativa de algunas figuras del toreo a venir a la Feria de Pamplona. La escena dibujada en la pancarta no tiene desperdicio. Palomo Linares y El Cordobés aparecían sentados en el sillón de un barbero. Un peluquero pamplonica amenazaba al Cordobés. “Manolo, que te la corto”. La frase de la escena decía asï: “No se atreven a venir, por los toros, por las peñas y por algo que nos sobra aquí”. En el suelo un comedero con un rótulo que decía “pa pollos y gallinas” Oberena recordaba en su tela la reciente implantación de la grúa municipal. Un niño de papa era izado por la grúa municipal al tiempo que arrastraba su cochecito de juguete, un edil montaba una vaca “exenta de multas” al tiempo que jugaba al yo-yo y un mozo enarbolaba una pancarta que decía “Los que no pagan las multas por ser hijos de papa que los cuelguen de la grúa, pa que aprendan a pagar”. En la pancarta de Armonía Chantreana, los chantreanos habían ocupado la luna ante la sorpresa de astronauta americano a punto de alunizar. La Jarana emulando otros tiempos en que era muy común esta frase “saludaba a los superfenómenos”. La pancarta era una dura critica a algunas figuras del toreo, entre ellos a Manuel Benitez, El Cordobés. Un mozo pamplonés jugando con el nombre del popular programa de televisión, hablaba de “un millón para el peor”.

Fotos: pancartas de las peñas, aparecidas en el libro “Las pancartas de las Peñas” editado por la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona en 1981 y de que fueron autores José Luis Larrión Arguiñano y José María Rodrigo Jimenez. Para las fotos 10, 28  y 32 “Peñas de Pamplona, una historia viva”. Federación de Peñas de Pamplona. 2014.

Pamplona año a año: 1942

Pamplona estrenó 1942 con temperaturas de -8º. La cabalgata contó con escasa asistencia, ya que ese día nevaba con intensidad y la ciudad estaba cubierta por una nieve espesa y helada. Tanto frío hizo que el Ayuntamiento ofreció a los agentes de vigilancia nocturna café y copa para aliviar algo la crudeza del frío de la noche. El día 9, por la tarde, se recrudeció  el temporal de nieve obligando  a suspender el partido de Osasuna. En estas primeras semanas de enero los ciudadanos demandaban  una mayor frecuencia de los servicios de El Irati que conectaban Pamplona y Villava, ya que La Villavesa había suprimido algunos de los suyos. La empresa alegaba que era una suspensión temporal por averías en el gasógeno de uno de sus vehículos y que incluso pretendía reforzar el servicio. En la foto adjunta vemos un automotor del Plazaola equipado con gasógeno. Por otro lado, continuaba el racionamiento especial de productos. Los precios en el Mercado Municipal, del que vemos una foto de estos años, estaban por las nubes, la docena de huevos a 17 pesetas, la merluza a 10 pts y el cordero a 12 pts el kilo. Navarra había crecido en 10 años (1930-1940) en 23.200 habitantes, pasando de 345.883 a 369.102 habitantes. Pamplona lo había hecho en 20.132 personas, pasando de 42.259 a 62.391 personas. En el ámbito de las obras se hablaba, en estos primeros días del año, sobre todo, de pavimentar la zona exterior de la plaza de toros o de acometer  algunas pequeñas reformas en el cementerio, como veremos más adelante.

Los eventos religiosos seguían protagonizando la vida social de la ciudad: la celebración  de la llegada de las reliquias de San Fermín, la Candelaria, San Blas, etc. Tras la guerra se habían prohibido las fiestas de carnaval así como la utilización de cualquier mascara o traje, típicos de estas fiestas. Desde el 1 de febrero se implantó un impuesto del 20% sobre el servicio telefónico. Acción Católica, el brazo seglar de la iglesia católica, tendría cada vez más influencia y presencia en la vida de la ciudad. El presupuesto para las obras del depósito de Mendillorri que se proyectaba acometer este año superaba el millón de pesetas y se preveía estuviesen concluidas para el mes de septiembre. A finales de febrero la policía urbana descubría, gracias al trabajo de los agentes municipales,  una casa clandestina, hoy diríamos que “ocupada”, con gente en situación de exclusión, entonces la prensa de la época los despachaban con calificativos como “maleantes”, “rateros” e “indocumentados”. El día 26 de febrero se presentaba  en el Gayarre la película “Raza”, basada en un argumento de Jaime de Andrade, seudónimo bajo el que se ocultaba  Franco, que reunió a todas las autoridades políticas, civiles y militares del Régimen, con profusión de banderas,  himnos, plantas y reposteros. En cumplimiento de la ley creadora del Frente de Juventudes de 1940 y de una orden de 1941 todos los españoles de 7 a 21 años debían formar parte de la organización, excepto los universitarios y estudiantes de enseñanza superior que serían encuadrados en las milicias universitarias. Se distinguía entre  las  “falanges voluntarias” (los afiliados a las organizaciones del régimen) y las “falanges obligatorias”.

En marzo de 1942 se apuntaba ya la próxima desaparición del viejo kiosko de madera de la plaza del Castillo. El 4 de marzo salía de Pamplona la primera javierada femenina, si bien fue un más un gesto de un grupo de señoritas que una javierada masiva como la que se vería bastantes años más tarde. Este año el día 7 siguió marchando a Javier el grupo de Caballeros Voluntarios de la Cruz con sus banderas y crucifijos a los que seguían las banderas de Acción Católica de Navarra y posteriormente el grueso de los peregrinos que, este año, fue mayor que el anterior. Esos días se dió a conocer la detención, con las manos en la masa,  de un conocido delincuente que había robado en Erro y Cuadrado, cuando estaba intentando robar en los Almacenes Arrizabalaga. Se reconocía el derecho de cobro de todos los haberes de los maestros rehabilitados que no tuvieran ningún tipo de sanción. A los funcionarios con sanción, pero readmitidos al servicio, solo se les reconocerían el 50% de los haberes no percibidos desde la fecha en que se les admitió la última revisión del expediente. En aquellos años había muchos maestros titulados sin colocación, por unas razones o por otras. El Gobierno Civil ponía multas a trote y moche: por viajar sin salvoconducto (14 personas con 25 pts), por actos contra las buenas costumbres y la moralidad (20 personas con multas de entre 10 y 2000 pts), por tasas y abastecimientos (44 personas con multas entre 15 y 250 pts), por espectáculos (una con 500 pts). A mediados de mes se anunciaban nuevos productos (arroz, azúcar, jabón)  y cantidades (a razón de 250 gramos por persona) que podían ser adquiridos con la cartilla correspondiente (a 0,45,0,70 y 0,80 pts respectivamente. Proliferaron en este mes los incendios forestales en un mes extrañamente poco propicio a ellos y cito por cercanía los que se produjeron más cerca de Pamplona: en el Perdón se habían quemado 180.000 pinos, 150 robadas en  San Cristobal (con 4.000 plantas quemadas entre pinos y chaparral), 9.000 pinos  en el monte Ague de Oteiza de Berrioplano, 12 robadas en las peñas de Anondo de Marcalain, 100 robadas en el monte Eztimalda de Olague,  etc.

A finales de marzo el gobernador anunciaba la retirada de las viejas monedas de 5 y 10  céntimos que serían sustituidas por las nuevas acuñadas en aluminio. Desde el 1 de abril y hasta nueva orden se prohibía pescar en el Arga, en el tramo comprendido entre el puente de Burlada y de San Pedro, salvo que se hiciese con caña. Se hacía, eso decían, para preservar la riqueza piscícola existente. El gobernador civil, siguiendo, la política del régimen de fomentar la natalidad daba premios a los más prolíficos cabezas de familia de la comunidad. Este año premió a Bernardo Larraza de Olazagutia que había tenido 17 hijos y a Lorenzo Lazcano de Arantza que había tenido 15. Como el año anterior se suspendía la circulación y el estacionamiento el jueves y viernes santo a excepción de los vehículos de urgencia y abastecimiento.  Ignacio Orbaiceta se proclamaba vencedor al sprint del 12º Circuito de Pamplona o Circuito de Pascuas  en el que participaron 24 corredores y del que vemos junto a este párrafo una foto datada unos años más adelante. El circuito al que dieron 8 vueltas a una media de 34 km/hora discurrió por Vuelta del Castillo, avenida de Zaragoza, Cuesta de Beloso, Burlada, Villava, Capuchinos, Rochapea, Subida de la Estación, Cuesta de la Reina y Vuelta del Castillo.

En la frontera se incrementaban los decomisos al contrabando y en estos años de la 2ª guerra mundial no era infrecuente la interceptación de personas que huían de la Francia ocupada por los nazis pero que eran devueltos por España a aquellos. El régimen homenajeaba y garantizaba la pensión a carlistas veteranos de la guerra de 1872. Los años eran casi todos iguales. Un año igual al otro: viáticos generales a los enfermos, procesiones, desfiles, celebraciones de corte patriótico, fiesta de la victoria, 18 de julio, fiesta del caudillo, etc, por lo que no repetiré lo que dije de 1941. El Ayuntamiento participaba en todos los actos religiosos y políticos  que tenían lugar en la ciudad. En este año el coadjutor de San Nicolás, Antonio Añoveros, que vemos en la foto adjunta, sería destinado a la parroquia de Santa María de Tafalla, donde permanecería hasta 1950, y los jóvenes de Acción Católica le dedicaron una velada literario teatral musical de despedida en el Centro Mariano. Añoveros, obispo de Bilbao desde 1971 estuvo a punto de ser desterrado por el régimen de Franco en 1974, por unas declaraciones que hizo sobre los derechos del pueblo vasco. A finales de abril se celebraron en el Gayarre cuatro funciones de opera italiana. La restricción de gasolina afectaba hasta los sequitos fúnebres. Anunciaban que desde el 1 de mayo no iban a poder circular los coches particulares y la restricción de combustible llegaría hasta a los taxis. Ante la carencia de papel se instituyó, el último jueves de cada mes, el “día del papel” con el fin de que la población colaborase, entregando todo tipo de papeles que tuviese y no  aprovechasen para su reutilización. El Ayuntamiento gestionaba en Oviedo la compra de hierro a Duro Felguera para gestionar el rápido envío de chapas de hierro para las obras de ampliación del servicio de aguas de la ciudad. También acudieron a Madrid con ese mismo propósito. Con las obras se pretendía incrementar el caudal de agua en un 20-25% permitiendo que el agua llegase al nuevo Ensanche y de forma especial a los pisos más altos, al aumentar  su presión. El 1 de mayo entró en vigor la prohibición de circulación de vehículos de motor particulares o públicos que no fuesen provistos de gasógeno. La escasez de material obligaba a recauchutar las cubiertas de las ruedas de los vehículos.

Por otra parte el Ayuntamiento aprobaba el saneamiento urgente de los barrios del Mochuelo y las Blancas. En la noche del 1 de mayo se cambió la hora, a las 11.00 se adelantaron los relojes una hora, pasando a las 12.00. El 1 de septiembre se hizo lo contrario, se retrasaba  una hora. El 3 de mayo  se inauguraron los locales que la Obra Sindical de Educación y Descanso había abierto en la calle Mayor de Pamplona, en los que se iban a ofrecer actividades dirigidas a los trabajadores. Navarra hacía valer su derecho de nombrar maestros. Como ya dije en otra entrada el Ayuntamiento estudiaba  este año la implantación del servicio de trolebuses en la capital navarra. Por otro lado se decía que el quiosco de la música de la plaza del castillo no sería derribado hasta después de las fiestas de San Fermín.  Se preveía levantar un obelisco en homenaje a los caídos. Se preveía una nueva oficina de correos en el barrio de la estación. A mediados de Mayo se representaba en el Gayarre una obra de Oscar Wilde a cargo de la compañía de comedias de Lola Membrives. En la madrugada del día 13 de mayo se quemaba un vagón de viajeros en la estación del Plazaola sin que afortunadamente el siniestro fuese a mayores. Este año se homenajeó al Papa Pio XII en el 25 aniversario de su consagración episcopal. El Orfeón Pamplonés que vemos en una foto de estos años, junto a este párrafo cumplía su 50º aniversario que  celebró con un gran número de actividades. Los precios de los alimentos seguían muy altos. Durante unos días se pudo acceder al pescado ya que llegaron estos días a la ciudad más de 11.000 kilos de sardina y anchoa y 1.200 de merluza. Regresaban a España más de un millar de voluntarios de la División Azul pero partieron de San Sebastián otros tantos rumbo al frente soviético. En noviembre hicieron un homenaje a más de 70 exdivisionarios navarros. Fueron 18.000 los españoles que participaron en la División azul.

A finales de mayo comenzaron las obras de reforma del acceso a la plaza de toros, con el fin de suavizar la bajada, desde el comienzo del callejón de Telefónica hasta la plaza, evitando así el peligro de caídas y la formación de montones en el encierro. Los críticos taurinos consideraban, sin embargo,   que más que la pendiente el peligro lo ocasionaban el incremento de corredores, ojo, y de esto hace casi 80 años. En estas fechas se planteaba hacer más ágil el Riau Riau y para eso proponían que La Pamplonesa desfilase detrás de la corporación en vez de precederla. Y es que  el año anterior la Marcha a Vísperas había tardado nada menos que 2 horas. Nadie imaginaba que algún día se sobrepasarían las cinco horas de duración.  Al igual que el año anterior la Caja Nacional de subsidios familiares anunciaba la convocatoria de concursos para la concesión de préstamos a la nupcialidad entre los trabajadores que fueran a casarse en el mes de agosto. Eran préstamos sin interés con una amortización de 25  a 50 pts mensuales y bonificación del 25% del saldo pendiente por cada hijo del nuevo matrimonio. Los préstamos eran de 2.500 pts par ellos y de 5.000 para ellas siempre y cuando ellas dejasen de trabajar. Esta Caja convocaba también premios a la natalidad. El nombre del cine Alcazar ubicado en el lugar donde antes estuviera el frontón Percain, fue elegido por votación popular. Algunos, muchos menos, eligieron el nombre de Sarasate. A finales de junio comenzaba y así lo anunciaba el Ayuntamiento, la apertura de baños públicos en el río Arga, eso, si, con la debida vigilancia gubernativa. El 13 de junio de 1942 descarrilaba el Irati en la cuesta de subida a Huarte, falleciendo la vecina de Idoi (Esteribar), Anastasia Itoiz, de 62 años de edad de cuyo accidente ofrezco un pequeño album fotográfico. También ese sábado descarriló en Leiza un vagón de viajeros y un furgón del Plazaola, afortunadamente sin desgracias personales. Un mes más tarde un incendio en una cochera de Sangüesa destruyó un automotor del Irati, varios vagones y la vieja locomotora de vapor “Patarrieta” que quedó para el desguace. Las pérdidas fueron enormes, más de un millón y medio de pesetas.

En el ferial de las barracas este año habría un circo, carruseles y otras atracciones de movimiento, cuatro churrerías, cuatro bares, una docena de puestos de caramelos, dulces y frutas y una de tiros a diana. En sanfermines el comercio en general y el de alimentación permanecían abiertos de 9 a 13.30. El día de la banderita de la Cruz Roja se celebraba el día 24 de junio, festividad de San Juan Bautista. También se celebraba el día de las Misiones con mesas petitorias en las calles y el cepillo en las iglesias (este año se recaudaron 25.000 pts, 8.000 más que el anterior). A pesar de la represión política y social de los hábitos y costumbres, la iglesia, en sus sermones, previos a las fiestas,  seguía fustigando a “quienes confundían el sano y viril regocijo del pueblo con la carnavalada y el libertinaje”. Sin comentarios. El Consejo Foral Administrativo de Navarra, presidido por el Conde de Rodezno, vicepresidente de la corporación provincial aprobaba la propuesta de la Diputación de que la construcción del Monumento a los Caídos fuese realizada con la aportación de todos los navarros, en vez de recurrir a un crédito. El pago se haría mediante un recargo transitorio del 10% de la cuota de la contribución provincial, incluyendo la territorial (agrícola, urbana y pecuaria) industrial y de comercio y de utilidades. Así pretendían obtener 1.700.000 pts anuales que supondrían 10.200.000 en 6 años, plazo en el que podrían estar acabadas las obras. El coste de la obra se calculaba en unos 9 o 10 millones de pesetas.

El día 4 de julio se publicaba el bando con normas sobre los encierros. Les resumo algunas de las prohibiciones: se prohibía el paso de vehículos y caballerías por el recorrido del encierro desde las 6 de la mañana hasta que los toros estuviesen en los corrales, se prohibía la presencia de ancianos, mujeres y niños en el recorrido desde las 6.30 (el encierro era a las 7). Desde las 6.30 quedaba prohibido detenerse o permanecer en las calles del recorrido. Se prohibía subirse a los vallados ya que estos debían quedar libres para los corredores que lo necesitasen. En el tramo de Estafeta no se permitía el tránsito ni estancia de personas desde las 6 de la mañana bajo ningún concepto. Este año se tiró el segundo Chupinazo de la historia de los sanfermines desde la Casa Consistorial, tras él, hubo repique de campanas, cohetes y música por las calles. El Riau Riau duró este año media hora. Por la noche hubo bailables en Sarasate con gaitas y en Plaza del Castillo con banda de música. Las dianas comenzaban a las 5.40 de la mañana. A la hora del encierro y aun antes, a las 6.30, la plaza de toros aparecía completamente llena de público, a pesar de que acababa, como quien dice, de amanecer. El Diario de Navarra alertaba sobre el riesgo de convertir los sanfermines en una carnavalada, pues decían que resultaba contradictorio conceder permisos a tenderetes que vendían artículos de carnaval a base de gorros de papel que ridiculizaban o parodiaban incluso con cubrecabezas de carácter militar, obstruyendo además el paso del público por las escalerillas de San Nicolás. Pese a la falta de combustibles el fin de semana, acudió muchísima gente a los sanfermines tanto en trenes, autobuses de línea, taxis y desde los pueblos de la Cuenca a pie, en bici y en caballerías. Muy poca gente se vestía de blanco entonces. Eso sí, muchos iban cargados con sus horcas de ajos al cuello. Los vecinos de la plaza del Castillo se quejaban del ruido “horrísono, permanente y molestísimo” del altavoz del conocido vendedor León Salvador que utilizaba para sus arengas.

En 1942 el gobierno aprobaba un decreto que refundía las disposiciones vigentes sobre el himno nacional, cantos nacionales y saludos oficiales. Así declaraba himno nacional la “Marcha granadera” que lo había sido hasta la proclamación de la República. Eran cantos nacionales el himno de la Falange (el Cara al sol) , el Oriamendi (por Dios, por la Patria y el Rey…) y el de la Legión, debiendo ser escuchados de pie en los actos oficiales en que se tocasen; se establecía como saludo nacional el del brazo extendido en dirección al frente, con la mano derecha en prolongación del mismo, abierta, sus dedos unidos y algo más altos que la cabeza. Al paso de la bandera de España y al entonarse el himno y los cantos nacionales se permanecería en posición de saludo. Reaparecía en el Gayarre la bailaora de flamenco Pastora Imperio que vemos en la foto adjunta. El inspector provincial de primera enseñanza  recordaba a los ayuntamientos la obligación de reparar, blanquear y pintar las escuelas. Entre agosto y septiembre  quedaba solucionado provisionalmente el problema de abastecimiento de agua en algunas zonas de la ciudad. En estos primeros días de agosto el reporter del Diario se quejaba  de la desaparición de las antiguas fiestas de la Rochapea y de las más recientes del barrio de la Estación. Actualmente la fiesta de san Lorenzo se reducía a unos cuantos actos religiosos. La Casa de Socorro había atendido en julio a 603 personas, la mayoría casos leves. ¿En qué consistían las asistencias? Había de todo:  alcoholismo agudo, peritonitis, cuerpos extraños, contusiones y erosiones, distensiones, hemorragias nasales, fractura de cráneo, de brazos o piernas, heridas contusas e incisas, intoxicaciones, luxaciones y esguinces, quemaduras, etc. El día 15 de agosto, a las 12 del mediodía,  tenía lugar la bendición, por parte del obispo Marcelino Olaechea, del terreno  donde se iba a levantar el Monumento a los Caídos, al final de la avenida de Carlos III. Por decisión de la Diputación Foral no hubo discursos ni manifestaciones de carácter político. Continuaban, por otra parte, las obras del cementerio, en concreto el asfaltado de las calles internas así como las de la nueva capilla de depósito de cadáveres. Llegaba a Pamplona la IV edición de la prueba ciclista Circuito del Norte.

El 1 de septiembre y, coincidiendo con el cambio horario, el horario de cierre de las tabernas se adelantaba a las 10 de la noche, hasta entonces era hasta las 11.00. El Ayuntamiento iba a denunciar a todos los ciclistas que circulasen por la ciudad a marcha excesiva así como los que no llevasen el timbre y el farol correspondiente para andar de noche. Dicho y hecho, a los 2 o 3 días 15 ciclistas eran denunciados por circular a una velocidad excesiva. Se reclamaban  arreglos en el 2º ensanche antes de que comenzasen las lluvias para que no se formase el lodazal de años anteriores en sus calles así como el arreglo de la popular fuente de Santa Engracia. En apenas 10 días había tocado a Pamplona dos veces el tercer premio de la Lotería Nacional, esta vez fueron más de 300.000 pts en premios. Para los días 25 y  27 de septiembre, con motivo de las fiestas de San Fermín Chiquito, estaban programadas dos corridas con  encierros incluidos, el primero con cinco toros, y el segundo con 7. El Ayuntamiento pidió a las empresas de la ciudad que el día 25 fuese fiesta laboral recuperable e invitaba al comercio a cerrar ese día. Hubo algunas barracas en la explanada de la Estación de Autobuses. Los hoteles se llenaron y se celebró sesión de baile en la plaza del Castillo y toro de fuego. No obstante la lluvia amargó el comienzo de las fiestas,  medio suspendió la corrida de uno de los días así como los fuegos, los bailes y el cine al aire libre. A finales de mes se organizaba en Pamplona la feria de ganados de San Miguel, concretamente tenía lugar en los glacis de la Vuelta del Castillo. En octubre llegaron a Pamplona dirigentes nacional socialistas alemanes, concretamente el jefe del partido nacional socialista en España así como el de las juventudes hitlerianas. En 1940 ya habían acudido altos mandos militares nazis a Pamplona, concretamente el día 7 de julio, asistieron a la corrida de ese día, momento que recoge la foto noticia del Diario de Navarra , donde el diestro Curro Caro departe con un alto jefe militar alemán (se habla de que 300 soldados alemanes recalaron en la ciudad en esos sanfermines). En octubre de 1940, las autoridades navarras recibieron al que fuese jefe de SS y de la Gestapo, en Alsasua. El día 4 de octubre se inauguraba el nuevo colegio del Sagrado Corazón que se había instalado en el barrio de San Juan. Ese mismo día se producía un incendio  en el depósito de carbón vegetal de la empresa USA  para los servicios de los gasógenos en la carretera que iba a la Estación del Norte (creo que era la Avenida de Guipúzcoa, cerca de donde años más tarde se erigió el convento de Oblatas). El fuego destruyó todo el carbón y la techumbre del depósito pero no afectó a los camiones de la empresa.

El día 9 de octubre tomaba posesión de su cargo el nuevo alcalde de la ciudad, D. Antonio Archanco, que vemos en la foto de la izquierda. Entraban además, como nuevos concejales Jaime del Burgo, Joaquín Mª Sagües, Antonio Aznarez, Luis Gravalos, Luis Antonio Agurruza, Jose Millaruelo, Mario Ozcoidi, Juan Ciganda, Julio Luis Añoveros. Cesaban el alcalde Juan Echandi, los tenientes de alcalde Segundo Peralta y Auxilio Goñi y los concejales Francisco López Sanz, Antonio Ayestarán, Gabino Udobro, Juan José Irisarri, Luis Mª Irurita, Casimiro Reparaz y Manuel Martínez. Casi todos ellos carlistas y a consecuencia de los sucesos de agosto en Begoña. Continuaban Joaquín Ilundain, Luis Ortega, Joaquín Mª Canalejo, Alfonso Casanova, Tadeo Albero y Ángel Mª Pascual. Los inspectores de primera enseñanza pedían a los niños de 10 a 13 años que, con permiso de los padres,  fuesen  a vendimiar o hacer otros trabajos agrícolas un día y que dedicasen 5 pts de su salario a las Misiones o al Seminario. En Osasuna seguía la crisis: dimitía su entrenador, Ramón Urzainqui que reconocía la escasez de jugadores. Cualquier acto público que se celebrase entonces en Navarra (conferencias, conciertos, etc…) debía contar con la autorización previa de la Delegación Nacional de Propaganda, de FET y de las JONS y debía solicitarse por lo menos con ocho días de antelación a su celebración. Quedaban excluidos de esta solicitud los actos de propaganda del Movimiento, castrenses, y académicos o religiosos que se realizasen en sus lugares naturales. También había una censura previa de todo lo que se fuese  a imprimir, fuese del tipo que fuese:  carteles, pasquines, folletos, programas, octavillas, anuncios, los cuales debían contar con la autorización previa de la Delegación Provincial de Educación Popular, so pena  de importantes sanciones. El día 17 de octubre se inauguraba el nuevo Cinema Alcazar, con una sesión privada a la que asistieron invitados y autoridades y una pública a las 10.30 de la noche, cuyo programa de mano reproduzco. La nueva sala debidamente calefactada  contaba con 747 localidades, sin numerar, y pertenecía a la empresa Canuzas y Ascacibar (Rogelio Canuzas y Amadeo Ascacibar), empresa que monopolizaba el cine en Logroño. A finales de octubre llegaba a Pamplona la compañía lírica del Teatro de la Zarzuela que interpretó la zarzuela Luisa Fernanda de Federico Moreno Torroba. La escasez de productos llegaba hasta la cera en el día de los difuntos. Se aconsejaba colocar en vez de velas  un paño negro en los lugares donde se acostumbrase a rezar responsos por los difuntos. Del 31 de octubre al 2 de noviembre se permitió que los coches pudiesen acceder libremente hasta las cercanías del camposanto. Recordemos la prohibición previa que había de circulación de vehículos.

Entre los procuradores navarros de aquel entonces cabe citar a Rafael Aizpun, por el colegio de Abogados, a José Moreno por el Sindicato Nacional de Hostelería, fueron nombrados por la Delegación Nacional de Sindicatos Lucio Arrieta, Julio Masset, Miguel Gortari, Francisco Javier Martinez de Morentín  y procurador nato el alcalde, Antonio Archanco, además de Fermin Sanz Orrio. A principios de noviembre el Ayuntamiento acordaba construir un nuevo quiosco en la plaza del Castillo en vez del obelisco proyectado. El pleno municipal acordaba este mes de noviembre que  los funcionarios municipales de oficinas tuviesen un horario  de mañana, de 9 a 2, quedándoles las tardes libres. También entre noviembre y diciembre se terminarían de ejecutar las obras del nuevo abastecimiento de aguas.  Se había colocado una nueva tubería de aguas en los 12 km de ampliación. El servicio se daría desde el nuevo depósito de Mendillorri. Se anunciaban cortes y menor presión del agua a causa de los trabajos y obras de empalmes correspondientes. Los dos primeros depósitos de Mendillorri se habían construido  en 1895 para almacenar  el agua procedente del manantial de Arteta. Posteriormente entre  1942 y 1975 se construyeron nuevos depósitos para hacer frente al aumento  de población. Entre todos, almacenan 68 millones de litros de agua procedente de los manantiales de Arteta y Subiza y posteriormente de los embalses de Eugi e Itoiz. Se inauguraban estos días la temporada de cantinas escolares, acudiendo las autoridades a las escuelas de San Francisco, Ave María y Asilo del Niño Jesús. La temporada duraba seis meses (de noviembre a abril), todos los días de escuela, y en todas las escuelas de la ciudad y extramuros. Se beneficiaban de esta comida de dos platos (tres días a la semana se servía carne y dos pescado fresco o en lata) 1.200 niños pobres. La guerra mundial provocó que el régimen autorizase la movilización parcial de nuevos contingentes militares, concretamente de los reemplazos de 1941 a 1938, ambos incluidos, asi como de los licenciados de reemplazos más modernos. El Obispo Olaechea pedía a ciertos fieles adinerados que donasen sus pianos al Seminario para que sirviesen de instrumentos en sus interpretaciones a los numerosos curas amantes de la música. El Irati, Electra y Conducción de Aguas de Arteta anunciaron unas normas sobre consumo de energía eléctrica en motores debido a la dificultad de adquirir material eléctrico y para prever posibles averías irreparables.

A finales de noviembre se dejó sentir una ola de frío en todo el país. El 30 de noviembre, el Ayuntamiento aprobaba el presupuesto municipal para 1943. era de 8.547.979 pts y suponía un incremento de 1.208.153,5 pts sobre el del año anterior. Entre las partidas aumentadas más destacadas figuraban 95.000 pts para La Pamplonesa, 10.000 pts para becas para superdotados, 350.000 pts para reformas y mejoras en caminos vecinales, 12.000 para construir una pequeña piscina infantil en la zona de San Pedro, 35.000  para la Escuela de Artes y Oficios, la ampliación de cuatro agentes en el cuerpo de Guardias Rurales y el incremento de la subvención de 6.000 a 30.000 pts a las escuelas del Ave María a condición de que se formase un Patronato con intervención municipal y de que se abriesen otras escuelas no inauguradas en extramuros. El consejo foral aprobaba, por su parte los suyos, que ascendían a 57.140.372,08 pts frente a 56.583.299,33 de ingresos. El presupuesto presentaba un déficit de 557.072,70 pts. El 2 de diciembre morían dos militares y otros cinco resultaban heridos en unas prácticas de tiro realizadas cerca de Artica, al explotar accidentalmente un mortero. Pamplona y su término municipal era declarados por el alcalde zona infecta de rabia en animales domésticos. Osasuna logró con dificultades mantenerse este año en 2ª división. Y el año se cerró como comenzó, con una intensa helada. En Nochevieja el gobernador civil autorizó el cierre de la jornada festiva hasta las 2 de la madrugada, tanto en espectáculos como en círculos de todas clases.

Fotos por orden de aparición: Nº1: Automotor del ferrocarril Plazaola equipado con gasógeno. Años 40. Juan Bautista Cabrera. Historias del tren.blogspot.com, Nº 2: Mercado de Santo Domingo, Años 50. www.mercadosantodomingo.com Nº 3: Vales de ayuda de Acción Católica. Años 50. Nº 4:  Urbasa. Órgano de la Juventud de Acción Católica de Navarra. 1940,  Nº 5. Tarjeta postal del campo del Frente de Juventudes “Sancho El Fuerte”. 1940, Nº 6: Foto campamento del Frente de Juventudes. Años 40-50 Blog Desolvidar. www.patximendiburu.blogspot.com, Nº7: Cartel de la película “Raza”. 1941, Nº 8: Circuito de Pascuas. Años 50, Nº 9: Moneda de 10 céntimos. 1941, Nº 10: Vehículo equipado con gasógeno, Años 40, Nº 11: Antonio Añoveros Ataun, párroco coadjutor  de San Nicolás que en los años 70 sería obispo de Bilbao, Nº 12: Viaje del Orfeón Pamplonés a Madrid (1927). Foto Zaragueta e hijos. Archivo Orfeón Pamplonés , Nº 13: Festividad de San Blas. Años 40-50. Galle. AMP, N 14: Cine Alcazar, (1952). J. J Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Nº 15, Descarrilamiento del Irati en Huarte. 1942. Archivo C. Butini. Nº 16: construcción del Monumento a los Caídos, 1948. J. J Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Nº 17: Grupo de turistas en una terraza de la plaza del Castillo en los sanfermines de 1942, CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marín. Pascual Marin. Nº 18: gigantes desfilando por la calle Juan de Labrit, cerca de la plaza de Toros (Años 40), Nº 19: Encierro sanfermines 1942. J. Galle, Nº 20: Niños a la entrada de una escuela de Madrid. Años 40. Sin filiar. Nº 21: Pastora Imperio. Años 20, Nº 22: Procesión del martirio de San Fermín (Chiquito) a su paso por la calle Mañueta. 1948. J. Cia. AMP. Nº 23: Visita de militares nazis a Pamplona. Diario de Navarra, 9 de julio 1940, Foto Galle. Nº 24: Antonio Archanco, alcalde de Pamplona (1942-1944), Nº 25: Programa de mano de la inauguración del Cinema Alcazar. 1942, Nº 26: Depósitos de aguas de Mendillorri, www.mcp.es. Nº 27: Cantinas escolares. Años 40-50. Universidad de Navarra. Archivo General, Nº 28: Avenida de Franco, Años 30-40. Nº 29: jóvenes del Instituto Príncipe de Viana, haciendo ejercicios gimnásticos. Años 40-50.

Biografías: Joaquín Beunza (1872-1936)

Tras la biografía de Marcelo Celayeta, sigo repasando las de otros ilustres personajes que han dado nombres a diferentes calles de la ciudad. Y esta vez les hablaré de un personaje como Joaquín Beunza,  que como otros muchos personajes públicos pamploneses  del primer tercio de siglo fue  un personaje poliédrico que descolocará a más de un lector acostumbrado, como seguramente estará, dada la situación política actual, en separar en dos ámbitos absolutamente opuestos e irreconciliables  a nacionalistas vascos y navarristas y es que hasta la guerra civil fue bastante común, como veremos en otras entradas del blog, la alianza  de las diferentes derechas navarras, unidas por la defensa de la religión y los fueros, y cuando digo esto me refiero a la alianza, al menos temporal,  del nacionalismo vasco tradicional en Navarra con los sectores  carlista, integrista y tradicionalista.

Joaquín Beunza nació en la calle de su mismo nombre, llamada popularmente entonces, cuando nació,  como Camino Viejo de la Rochapea,  el 4 de agosto de 1872.  Era hijo de una familia de hortelanos, los Beunza,  sin recursos económicos, que  consiguió hacer el bachillerato con extraordinarias calificaciones para ganar posteriormente una beca en la Universidad de Salamanca que le permitiría estudiar la carrera de derecho, en la que obtuvo también excelentes calificaciones finalizando sus estudios en el año  1895. Hizo el doctorado en Madrid y amplió sus estudios en París. Al regresar a Pamplona ejerció como abogado, adquiriendo un gran prestigio en la ciudad y especializándose en derecho foral. Se alistó en las filas del carlismo, siendo concejal del Ayuntamiento de Pamplona por la Comunión Tradicionalista entre 1901 a 1906, del que fue segundo teniente de alcalde los dos últimos años(1905-06) y posteriormente fue diputado foral jaimista, entre 1909 y 1917. Se declaró partidario de la reintegración foral plena, petición que  dirigió al gobierno, junto a varios diputados en el año 1918 y que hizo pública en un memorable discurso. Defendió la unión de Navarra al resto de las diputaciones forales en el Mensaje de las Diputaciones Vascongadas al Gobierno de Su Majestad  solicitando al Gobierno  de la Nación un mayor grado de autonomía para los territorios forales. No pudo conseguirlo debido al temor de muchos  a que se viese afectado el régimen especial que disfrutaba Navarra desde 1841. Fue uno de los fundadores de la Sociedad de Estudios Vascos en Navarra en 1918, participando en el II Congreso de Estudios Vascos con un trabajo sobre la “Enseñanza Primaria en Navarra”.

Fue asesor de numerosos ayuntamientos de Navarra, entre ellos el de Pamplona, del Consejo de Navarra, del Banco de España, de numerosas empresas privadas y de la Diputación Foral que, en 1927, por sus  aportaciones al Convenio Económico que se negoció ese año con Primo de Rivera, le nombró Hijo Predilecto de Navarra. Perteneció  a los consejos de administración de la Azucarera del Ebro, La Vasconia, El Irati S.A., Sociedad Navarra de Industrias, Aguas de Belascoáin, entre otras. En 1929 tomó parte en un Curso de Verano en el que disertó  sobre el papel de los vascos en el proyecto regional elaborado por la Asamblea de Primo de Rivera. Formó parte de la Comisión Autonómica de la Sociedad de Estudios Vasco Eusko Ikaskuntza por Navarra desde el 15 de diciembre de 1930. Como miembro  destacado de esta entidad colaboró en la redacción del Anteproyecto de Estatuto General del Estado Vasco aprobado por la Sociedad  el 31 de mayo de 1931, manifestando una posición foralista   pragmática. Abogó por sustituir en el texto de dicho estatuto el término de “estado vasco” por el de “estado vasco-navarro” con el fin de  que todos los territorios se sintieran reflejados. Defendió  la posibilidad de contar con  un derecho penal propio, sin embargo, al tratarse de una competencia estatal, y a pesar de su oposición a la postura del Estado se dio por satisfecho con que sólo constara su voto negativo.

Se  manifestó en contra de  la política religiosa y la libertad de cultos de la 2ª República. Participó el 15 de junio de 1931 en el Acto de Afirmación Católica de Pamplona, en el que fue uno de los principales oradores. Fue nombrado miembro de la Junta Permanente de Eusko Ikaskuntza en sustitución de Serapio Huici, entre 1931 y 1934.  Fue elegido diputado por Navarra el 28 de junio de 1931 por la Coalición Católico-Fuerista, formando parte de la Minoría Vasco-Navarra, de la que fue presidente,  teniendo entre sus filas también al nacionalista vasco José Antonio Aguirre. Participó en el debate del proyecto de Constitución, siendo un ardiente defensor de la concesión del voto a la mujer frente a la posición contraria y beligerante de los republicanos de izquierdas, de los radicales y de de los radicales-socialistas. Defendió el Estatuto Vasco aprobado en Estella y proclamado en Gernika el 12 de julio de 1931 y entregó el Estatuto al Presidente Alcalá Zamora para su tramitación en las Cortes Españolas, que sería rechazado por estas, por inconstitucional, en lo relativo a la cuestión religiosa ya que la nueva autonomía se reservaba el derecho de concordar directamente con la Iglesia. El siguiente borrador de estatuto vasco-navarro, el llamado “estatuto de las gestoras”, debatido a lo largo de 1932, provocó enormes diferencias en el seno de la coalición católico fuerista, por diferentes motivos,  siendo finalmente  rechazado por la mayor parte de los ayuntamientos navarros. Beunza publicó a lo largo de su vida  numerosos artículos en La AvalanchaEl Eco de NavarraEl Pensamiento NavarroDiario de NavarraEuzkadiEl Día, etc.

Resulta sorprendente, dado   su papel  entre las fuerzas tradicionalistas, que le sorprendiese el Alzamiento Militar de 1936 en el balneario de Cestona, sin que fuera advertido por sus correligionarios. Allí fue detenido el 23 de julio, ingresando en la cárcel de San Sebastián. Su amigo Manuel de Irujo evitó que fuera asesinado en un primer momento. Luego fue trasladado al fuerte de Guadalupe, en Hondarribia. Finalmente moría fusilado el día 4 de septiembre de 1936 por elementos incontrolados de las milicias republicanas en los fosos de Guadalupe, justo cuando los requetés se aprestaban  a tomar Irún. La noticia de su asesinato fue recibida en Navarra como una traición del nacionalismo vasco a sus elementos ideológicamente más próximos provocando junto con otros factores como el pleno alineamiento del nacionalismo con el régimen  republicano un total enfrentamiento entre las en otro tiempo fuerzas políticas aliadas.

Pamplona año a año: (1940-1941)

Al comenzar los años 40, encontramos una ciudad que había salido muy recientemente de la guerra civil y en donde se percibía tanto en las calles como en el ambiente social  claramente el triunfo de los vencedores, una sociedad donde la práctica religiosa y la política del nuevo régimen  se hacían presente, a cada momento, en las  calles, hasta el punto de resultar axfisiante para quien no comulgara con sus ideas; una época gris llena  de miedo y silencios que se extendería durante casi cuatro décadas. Para empezar daré unas breves pinceladas de 1940 y revisaré en profundidad que sucedió en nuestra ciudad a lo largo de 1941. En febrero de 1940 se celebró en Pamplona una gran Misión Cuaresmal que culminó con la eucaristía,  el día 18,  de más de 10.000 varones. Este año se reanudó la práctica del viático general, de llevar la comunión a los enfermos. El 8 de marzo de 1940 se producía un accidente ferroviario en la estación del Norte de Pamplona, afortunadamente sin víctimas. El accidente fue fruto de un error humano. Al parecer cuando llegaba el rápido Irún-Zaragoza se le dió entrada por error en una vía muerta en la que se hallaban varios vagones de mercancías. La locomotora quedó empotrada en el primero de los vagones estacionados.

Este año, el día 3 de marzo,  se iniciaron las Javieradas,  organizadas  en su primera edición por la Asociación de Caballeros Voluntarios de la  Cruz. En abril de 1940 los establecimientos hosteleros tenían una hora más bien temprana de cierre. La hora de cierre de los cafés era la una de la madrugada, la de los bares,  las 12 de la noche y las tabernas cerraban  a las 10 de la noche. Por su parte los comercios  abrían a las 9 de la mañana  y cerraban a las 13.30 y por la tarde abrían a las 15.30 y cerraban a las 19.00 horas. En Junio de 1940, Erroz y San Martín inauguraba el Cine Príncipe de Viana. En junio se abría al culto, en Carlos III, muy cerca de la plaza de Mola, la iglesia de San Antonio de los Padres Capuchinos. El 6 de diciembre de 1940  una orden de alcaldía dictaba que los portales de las casas debían estar cerrados entre las 11 de la noche y las 7 de la mañana. Los propietarios debían facilitar a los inquilinos llaves del portal, a razón de una por piso. Se obligaba a cerrar la puerta de la calle  bajo pena de graves sanciones tanto a inquilinos como a propietarios que no cumpliesen con la norma. En ese año se cambiaron las matrículas de los vehículos, y se empezó a controlar mucho más la realización de obras sin licencia. Fueron estos años del 40,  años de penurias, de desabastecimiento y de racionamientos. Se racionaba todo: pan, aceite, tabaco, azúcar, legumbres, carne, gasolina, jabón, etc… y artículos como el pescado eran por su escasez casi considerados de autentico lujo. Se podía comprar carne solo cuatro días a la semana y tan solo 100 gramos por persona. A  finales de 1941 el cupo de carne pasaría a ser de 300 gramos por persona.

Las navidades y nochevieja del 40 fueron bastante tristes y austeras. Se decía textualmente en aquellas fechas que  “las fiestas autorizadas en casinos y Círculos de recreo no podían incluir comidas o cenas, que los actos deberían concluir para la una de la madrugada, y  debería evitarse todo tipo de ruidosas expansiones que transcendiesen a la vía pública, persiguiéndose y sancionándose la embriaguez de manera singular, la que se buscaba  a propósito”; A la hora del cierre, una de la madrugada,  no podía quedar público dentro de los locales. La embriaguez era uno de los principales vicios aquellos años. De hecho sería muy popular la camioneta municipal de los borrachos que recorría las calles recogiendo a cuanto beodo  viesen por el lugar. La despedida del año se realizó este año 1940 en la intimidad del hogar. Los menores de 14 años no podían asistir a las sesiones ordinarias de cine, solo podían acudir a las sesiones diurnas de domingos, festivos y días de vacación escolar en los que se emitiesen películas apropiadas y aprobadas para ellos. Los menores de cuatro años podrían ir al cine si les acompañaban sus padres aunque era preferible que no lo hiciesen. Desde el año 1939 se prohibía a los hombres “andar por la calle sin chaqueta salvo si eran obreros o trabajadores manuales, no se podía cantar por la calle y mucho menos si eran canciones procaces, ni poner los pies encima de una silla en un bar o café, ir en tropel, hacer ademanes violentos que entorpecieran la circulación de los demás o palabras o ademanes dirigidos a una mujer que ofendieran al pudor y las buenas costumbres, ni protestar en público, fuese el motivo que fuese”. Los carnavales habían sido prohibidos al final de la guerra y los bailes y la mayoría de espectáculos en la semana santa. A las mujeres se les exigía recato en el vestir,  que llevasen medias y que no vistiesen corto ni ceñido.

El Auxilio Social, organismo de socorro humanitario que había surgido durante la guerra se convirtió  luego en un organismo de asistencia pública dependiente de las FET y de las JONS y más concretamente de la Sección Femenina de la Falange. El Auxilio Social  daba de comer diariamente en Navarra a más de 3.000 personas, 1.100 de ellas en Pamplona   y organizaba también algunas colonias escolares, labor que se unía  a la desarrollada por el municipio y las cajas con las cantinas (que atendían a más de 1.200 niños) y las tradicionales colonias escolares de Zudaire y Fuenterrabía. La Junta de Caridad repartía alimentos y ropa entre la población más necesitada. Llegaban de la Argentina a España toneladas de carne, trigo y balas de algodón. Este año creaba una nueva asociación de periodistas, “profesionales”, presidida por Mario Ozcoidi, de corta existencia. La Cabalgata de Reyes que en tiempos fue organizada por la Asociación de la Prensa pasaría a ser organizada por la Organización Juvenil Española,  las juventudes del Movimiento. Pamplona proyectaba un Conservatorio Elemental de Música, aunque no tuvo la aprobación del Consejo de Ministros. Y es que en aquellos tiempos menesterosos  la cultura y la música se consideraba algo superfluo. El ciclista Ignacio Orbaiceta ganaba diversas pruebas regionales en el País Vasco. En Mayo se establecía la calle Doctor Huarte la delegación provincial de la ONCE que luego se trasladaría a la Media Luna. En Sanfermines se celebraba por primera vez la Travesía del Arga. La empresa Erroz y San Martín adquiría a la SAGE el Coliseo Olimpia.  El 13 de octubre de 1940 se producía un robo e intento de fuga de los ladrones en la tienda y sastrería, “La Inglesa” situada en el nº 3-5 de la calle Calceteros, donde, posteriormente, en los años 50, se ubicaría Confecciones Gallego. El atraco se frustró gracias a los buenos oficios del agente municipal Urbano Leceaga que realizaba su ronda nocturna por la zona y escuchó unos ruidos sospechosos procedentes del citado comercio. Pistola en mano logró detener a dos de los ladrones que portaban parte de la mercancía robada, el tercero tiró los paquetes y huyó escaleras arriba, por el edificio, hasta el tejado, siendo finalmente detenido por el agente que había solicitado refuerzos. El 20 de octubre se creaba la Institución Príncipe de Viana, sobre el germen de la antigua Comisión Provincial de Monumentos.

Con el inicio de 1941, el 2 de enero, Pamplona amanecía con una densa capa de nieve helada, a causa de las bajas temperaturas y de la ventisca. Quedó interrumpida la circulación por carretera e interrumpieron sus servicios los trenes. En la ciudad no circularon los taxis ni hubo reparto del pan  a domicilio (con carros). Solo llegaron los carros de leche desde algunos puntos cercanos. A lo largo de estos primeros días continuó nevando alcanzando en algunos puntos un espesor de más de 40 centímetros de nieve, llegando a alcanzar los termómetros los seis grados bajo cero de temperatura. Se demandaba al ayuntamiento un mayor esfuerzo para retirar la nieve de las calles. Pese al mal tiempo se celebró la cabalgata de Reyes. Entonces la Cabalgata que partía de la plaza Príncipe de Viana recorría alguna calle del Ensanche para adentrarse luego en el Casco y recorrer buena parte de sus callejuelas para acabar en el frontón Euskal Jai donde tuvo lugar la fiesta de recepción oficial. La ola de frío se recrudeció a partir del día 9 de enero con temperaturas cercanas a los -10º, subiendo las temperaturas en torno al día 20 y provocando las correspondientes riadas e inundaciones. Fue un invierno duro, pues en febrero hubo otro temporal de nieve que duró casi una semana. Había varios proyectos de obras en la ciudad en  diferentes fases de ejecución. Era inminente el derribo de Casa Iraizoz  que daría un mejor acceso a la plaza consistorial desde la calle San Saturnino. Se decía que para antes de las fiestas de San Fermín estaría en el suelo y se comenzaba a hablar de la unificación de las estaciones del Plazaola e Irati en una sola a construir frente a la estación de Autobuses. También, en breve, se anunciaba que la constructora Erroz y San Martín erigiría un bonito edificio en el solar que albergase la Comandancia de Ingenieros, frente a la iglesia de San Ignacio. El edificio de seis plantas estaría diseñado por Víctor Eusa. En la planta baja se hablaba de la instalación de “comercios de rango” y un cine de 500 localidades que se llamaría “Actualidades” dedicado a proyectar películas documentales, noticiarios y musicales en sesión continua. El cine se llamaría, sin embargo, finalmente, Avenida.

Son tiempos en los que resurge con fuerza  la practica religiosa que lo inunda prácticamente  todo:  la vida social y la ciudad entera que con frecuencia aparecía engalanada para este tipo de eventos: navidades, belenes, reyes, cuaresma (días de ayuno y abstinencia de carne, que remedio), novenas, procesiones, viáticos, fiestas, rosarios, romerías, cofradías, tiempos en los que resurgían viejas tradiciones como la publicación de la Santa Bula, (con una procesión desde San Lorenzo hasta la Catedral de acuerdo al antiguo rito). Se celebraban el  miércoles de ceniza, el domingo de ramos, la virgen del camino, la del pilar,  el corpus christi, cristo rey, la llegada del Ángel de Aralar y otros muchos eventos.   Eran tiempos de continuos homenajes a los caídos del bando vencedor y se celebraban las fechas señaladas de su victoria en lo que llamaban Cruzada, con misas, desfiles  y paradas cívico militares  así como discursos en la entonces única radio de la ciudad, Radio Requeté.  Osasuna jugaba en su campo de San Juan y perdía 0-4 con el Deportivo de la Coruña, su mala situación deportiva iba a la par de su situación económica. El club tenía, entonces, menos de 900 socios, (al comienzo de la temporada disponía del doble) y hacía falta contar con cuotas de al menos 2000 o 2500 socios para cubrir los gastos.  Al final de la temporada dimitía su presidente Vicente Jauregui que sería sustituido por Antonio Lizarza. La gente ante la dura realidad circundante,   acudía a distraerse, a evadirse, si podía,  en los espectáculos de la época: cine, teatro,  frontón, boxeo, etc. En la plaza de toros se organizaban muchos más eventos taurinos que en la actualidad que se limitan prácticamente a las corridas de San Fermín.

El obispo de la diócesis, D. Marcelino Olaechea,  arremetía contra el baile agarrado y anunciaba que en el plazo de 3-4 meses, cuando fueran provistas en propiedad las parroquias,  se reemprendería una activa campaña contra los bailes agarrados, vicio, que le había obligado  a imponer alguna sanción canónica a determinada parroquia de la Montaña. El obispo alababa el baile suelto de los pueblos, “ágil, bello y decoroso a los sones del chistu y el tamboril, celebrados en la plaza pública,  a la sombra del campanario secular, ante los ojos y el cariño de los padres, los viejos y el cura, presididos por la grácil varita del alcalde, rematada con crucecita de plata” y lo contraponía al baile agarrado “en el que se sorben los alientos, se enlazan, se soban, se estrechan y se oprimen los cuerpos, con palabras y miradas de pasión a los acordes de una música arteramente dispuesta para el estallido de la mas baja de todas ellas….” Sin embargo y a pesar de todo se abrirían peñas y sociedades en las que este baile era uno de sus principales reclamos y atractivos.

El día 15 de febrero se anunciaba que se suprimía el salvoconducto dentro de la provincia, bastando con la cédula personal. El salvoconducto sería necesario, a partir de entonces, para viajar fuera de la provincia, quedando en vigor los salvoconductos de seis meses para circular por todo el territorio nacional. Los carnés profesionales tendrían validez de salvoconducto para circular por todo el país siempre que llevasen la fotografía de los interesados y hubiesen sido expedidos por los correspondientes colegios. Decenas de profesionales habían sido depurados por el nuevo régimen: abogados, maestros nacionales, médicos, notarios, farmacéuticos, practicantes. arquitectos, periodistas. Había un rígido control político en los concursos oficiales siendo necesario  disponer de un certificado político y de actuación emitido por FET y de las JONS.  El 15 de febrero un incendio, alentado por un violento temporal,  destruía el casco antiguo de Santander donde se concentraban la mayoría de sus comercios, más de 400 edificios, dejando en la calle y sin casa a unas 30.000 personas. El Gobierno declaró el estado de guerra en la ciudad y en la provincia. El temporal se dejó sentir también en Vizcaya y Navarra. Hubo una considerable campaña de apoyo a los damnificados. El 28 de febrero fallecía el rey Alfonso XIII declarando el gobierno duelo nacional durante una jornada.

A finales de febrero de 1941 el Ayuntamiento aprobaba un presupuesto extraordinario de más de un millón de pesetas para diversas obras entre las que destacaba la reforma de la plaza del Castillo, con más de medio millón de pesetas. En este presupuesto no se incluía la fuente o  el obelisco, estaba por decidir, que se proyectaba para el centro de la plaza. Entre otras modificaciones se ampliarían las aceras hasta 10 metros de ancho, colocando, en sus bordes, una fila de plataneros, se reduciría el sector central para dejar en los cuatro laterales, un espacio de aparcamiento para los coches, dejando la calzada con la amplitud que tenía y se pavimentaría el centro de la plaza con enlosado de piedra, evitando al máximo cualquier superficie de tierra que hiciera barro con la lluvia. El día 12 de marzo actuó en el Teatro Gayarre, la conocida artista y cantante Conchita Piquer. El día 16 de marzo llegaba a Pamplona, desde Amiens, una  reliquia de San Fermín. La Javierada fue  convocada este año por el obispo Marcelino Olaechea que fue quien le dió el nombre de “javierada”, siendo en adelante organizada por Acción Católica.   Mientras que la antigua romería a la cumbre de Montejurra, reemprendida tras la guerra,  tomaba un carácter  de acto político de carácter nacional. Se anunciaban importantes sanciones por el uso fraudulento de energía eléctrica. Llegada la Cuaresma y la Semana Santa, el Gobernador Civil ordenaba la suspensión de las autorizaciones concedidas para celebrar bailes en sitios públicos y en locales cerrados, este año la prohibición regía desde el 23 de marzo hasta el 12 de abril. Se suspendían durante la semana santa todo tipo de espectáculos (el cine no religioso entre otros), con la única excepción de algún concierto de música sacra o similares. Se cortaba el tráfico rodado en el centro  y no se radiaba música ligera en la radio. Los bares y tabernas debían de cerrar al paso de la procesión.

Orbaiceta ganaba la clásica Eibar-San Sebastián. El Ayuntamiento proyectaba ampliar la traída de aguas de Arteta a Pamplona  a través de una nueva cañería. A primeros de abril, el alcalde Pamplona, José Garran advertía que los cubos de la basura no se podían dejar abandonados en los portales. Debían ser bajados de los pisos cuando anunciase la corneta la llegada de los colectores y una vez vaciados dichos recipientes debían ser subidos nuevamente a los domicilios. Los infractores de la norma serían sancionados, la primera vez, con 50 pesetas de multa. Estaban bastante avanzadas las obras de reforma en la catedral e iglesia de San Saturnino. En el Convento de las Agustinas de San Pedro se celebraba la tradicional función de las Lagrimas de San Pedro y en la Semana Santa el día 8 se celebraba el traslado de Nuestra Señora de la Soledad Dolorosa de la Iglesia de San Lorenzo a la Catedral, con la participación de 2.000 hombres, empuñando  hachas encendidas. A partir del mes de mayo sería obligatorio celebrar en las escuelas el Mes de María.

En torno al 23 de abril se celebró la Semana del Libro organizada por el Patronato Provincial de Bibliotecas, Archivos y Museos con la cooperación de las delegaciones provinciales de Educación y Descanso, Frente de Juventudes, Sección Femenina y SEU. El Orfeón se planteaba recuperar los tradicionales conciertos de San Fermín. A principios de mayo el BOE creaba una serie de escuelas nacionales, en algunos casos como Errotazar y San Francisco en sustitución de las municipales existentes, el resto  en el Ensanche y San Juan. Se creaba una comisión para la reforma tributaria en Alava y Navarra teniendo en cuenta sus peculiaridades forales. Vizcaya y Guipúzcoa eran consideradas por el régimen provincias traidoras. El día 23 de mayo caía en Pamplona el tercer premio de la Lotería dotado con 80.000 pesetas. Los décimos fueron vendidos por la administración nº 6 ubicada en la calle Chapitela. El 1 de  Julio tocaría parte del 2º premio dotado con 70.000 pts vendida en la administración de la plaza del Castillo regentada por Adolfo Navarlaz y el 22 de noviembre un décimo del 1º premio dotado con 200.000 pesetas vendido por la administración nº 1 de la calle Zapatería. A finales de mayo la Dirección General de Seguridad del Estado cursaba una circular advirtiendo de un “relajamiento censurable de nuestras costumbres, oyéndose frases obscenas y viéndose pareja de jóvenes que sin recato alguno mantienen actitudes más que incorrectas desvergonzadas”. Recomendaba el mayor rigor en la imposición de multas y la publicación en prensa de los nombres de los corregidos. además pedía control en el cumplimiento del horario de cierre de los lugares que cultivan el genero frívolo imponiendo fuertes sanciones a los infractores. Se inauguraba la Clínica San Fermín del doctor Arrondo. La Junta de la Casa de Misericordia estaba integrada este año por las siguientes personas: por parte del ayuntamiento, el alcalde José Garrán que era el presidente de la Junta y el teniente alcalde Auxilio Goñi además de los concejales Manuel Martínez y Gabino Udobro, Jacinto Sola, como párroco de San Miguel y vocales vecinos: Juan Sagues, Pedro Mayo (Vicepresidente), Valentín Ciga, José Félix Cabases, Victor Eusa, Julián Garriz, Marcelino Jimenez, Manuel Mañeru, Leandro Nagore, Félix Echeverría, Pedro Martín, Anselmo Goñi, Juan Pedro Arraiza, Andres José Aldaba y Ambrosio Izu.

El 1 de junio se derrumbaba completamente, por la noche, un edificio en construcción de cinco plantas en el nº 35 de la calle San Fermín. Unas horas antes se había colocado el tejado. No hubo, por la hora en que se produjo, desgracias personales. De haberse producido en otro momento podía haber afectado a los más de 40 trabajadores de la obra. El 7 de junio se reabría al culto la iglesia de San Saturnino, después de casi un año de reforma. Otra de las celebraciones importantes en la ciudad era la del Corpus, en Junio, con su célebre procesión, con la tropa rindiendo armas y el público arrodillándose al paso de la custodia. Participaban las principales autoridades políticas, religiosas y militares.  En Junio se celebraba también la procesión del Corazón de Jesús. El intervencionismo del nuevo estado en todos los ámbitos de la vida era total. A mediados de Junio quedaban intervenidos todos los camiones, camionetas y furgonetas particulares. Sus propietarios debían hacerse con un carnet y una tarjeta de circulación que debían solicitar en el Gobierno Civil. Debían rellenar antes de cada servicio, una hoja de ruta  que necesitaba el visado de las autoridades competentes. En Pamplona se pasó estos días de un prolongado invierno al verano. También se controlaba la publicación de las notas oficiales de prensa. ¿Cuánto costaba una comida en un establecimiento de hostelería?. Los precios eran muy variados dependiendo del establecimiento. Iban desde las 20 pesetas de Las Pocholas a las 3 pesetas de la taberna de Marcelino Llorente. Otros locales de hotelería y restauración de aquellos años, sin animo de ser exhaustivo, eran La Perla, El Maisonnave, El Quintana, El Cisne, El Yoldi, El Europa, El Comercio, Casa Marceliano, Fonda Oyaga, Pensión Cebrián, Casa Catachu, La Bella Easo, Casa Pascualena, La Bodega, Florentina Goñi, Fonda Autobuses, Bar Tudela, Fonda de la Estación, La Bilbaina, La Barranquesa, Bar España, La Sanmartineja, El Universo, Nueva Roncalesa, Hermanos Amostegui, Fonda Percacen, etc.

La extensión del frente de guerra a Rusia provocó en España la creación de una División de apoyo, formada por voluntarios,  por parte de las nuevas autoridades del régimen, la conocida División Azul, a la cual se incorporaron un significativo  número de pamploneses y navarros. Diferentes convoyes ferroviarios con tropas pasaron por Pamplona, en concreto el día 16 y 17 de julio lo hicieron 3.000 expedicionarios. Por iniciativa del Muthiko Alaiak salía a finales de junio la tradicional sampedrada, con canto de coplas y rasgueo de guitarras, acompañados tambièn por Los amigos del Arte. En torno a la festividad de San Pedro se celebraba el anual homenaje a la Vejez, organizada por la Diputación y la Caja de Ahorros de Navarra. Y el día 28 se inauguraba en la Catedral la Gran Exposición Misional organizada para conmemorar el IV Centenario de la salida de San Francisco Javier para evangelizar las Indias Orientales que se prolongaría hasta finales de agosto y que sería clausurada por el Nuncio del Papa Gaetano Cicognati. En vísperas de los sanfermines debutaban una compañía lírica en el Olimpia y un circo en el Ensanche.

El día 6 de julio, a las 12 del mediodía, se tiraba, por primera vez,   el Chupinazo desde el balcón de la Casa Consistorial. Lo tiró el primer teniente de alcalde, Joaquín Ilundain. La plaza estaba ocupada por un gentío inmenso, dicen las crónicas. Allí estaban también la Peña La Unica con su charanga, las tres bandas de música de la ciudad, banda de trompetas militar, gaiteros y txistularis. A las cuatro y media salió el riau riau que duró nada menos que…hora y media. A las 10 hubo fuegos artificiales en la plaza del Castillo y posteriormente bailables hasta medianoche. La procesión de San Fermín que se inició el día 7 a las 10.30 duró tres cuartos de hora y los encierros que comenzaban  a las 7 empezaban a ser cada vez más masivos. Este año, los encierros de los primeros días se vieron afectados por la lluvia que los hizo mucho más peligrosos, suspendiendose algún acto como alguna corrida o una colección de fuegos artificiales. Ya en esta época se celebraban charlotadas como las del “bombero torero” y la banda de “El empastre”. No voy a dar muchos más datos sobre las fiestas pues ya me explayé suficientemente en la entrada correspondiente a los sanfermines de estos años. El día 12 de julio falleció una mujer al caer desde una azotea de Estafeta, en el nº 81, por asomarse demasiado para ver el encierro, venciéndole el peso y cayendo de cabeza a la calle. El 20 de julio terminaron  las ferias de San Fermín, bailables y barracas incluidas.

El 21 de julio comenzaba la 1ª Vuelta Ciclista a Navarra, con una participación de 42 corredores entre los que se encontraban ciclistas como Trueba, Delio Rodríguez, el olitense Mariano Cañardo, Lahoz, Vidaurreta e Ignacio  Orbaiceta que sería proclamado este año campeón navarro de ciclismo. Berrendero fue el que ganó esta prueba. El Ayuntamiento anunciaba que ponía una serie de carteleras para la colocación de anuncios en diferentes puntos de la ciudad. Fuera de esos puntos serían severamente castigadas las entidades que incumpliesen lo dispuesto por el consistorio. El Ayuntamiento organizaba para julio y agosto diversos conciertos de verano ofrecidos por la Pamplonesa, con música de baile, los martes y sábados de 9.30 a 11.30  y música de concierto, los jueves, de 8.30 a 10.00, todos ellos en la plaza del Castillo y los domingos por la mañana en el Bosquecillo de la Taconera, de 12 a 13.15. En el Paseo de Sarasate baile suelto a cargo de gaiteros y txistularis. Y en la plaza del Vinculo, sesiones públicas de cine, de 10 a 12 de la noche. La Dirección General de Seguridad prohibía bañarse en playas y piscinas sin usar prendas adecuadas así como que los bañistas estuvieran fuera del agua sin albornoz u otra prenda análoga.  Se prohibía igualmente organizar bailes en traje de baño en piscinas y baños públicos.  La separación de sexos en el baño era estricta al menos en la capital, lo que no obstaba para que la gente se buscase sitios más recónditos o alejados para bañarse en libertad. La separación de sexos también se practicaba en las aulas y en las iglesias.

Se aprobó el anteproyecto del monumento a los Caídos, que tenía  un presupuesto de 10 millones de pesetas,  tras haberse desechado el proyecto de obelisco en la plaza del Castillo. Se retomó la construcción del Gobierno Civil, paralizada desde hacía tiempo por falta de recursos económicos. El 7 de agosto tomaba posesión el nuevo alcalde Pamplona, Juan Echandi que sustituía a José Garrán, nombrado gobernador civil de Vizcaya. El 17 de agosto se producía un incendio en los garajes de la Villavesa en la avenida de Franco, quemándose uno de los autobuses de la flota. El día 26 de agosto recalaba en nuestra ciudad la compañía teatral de María Fernanda Ladrón de Guevara, en la cual también actuaba su hija Amparito Rivelles y el día 27 se celebraba la carrera ciclista “Circuito del Norte”, en su tercera edición.

El 4 de septiembre se presentaba en el Gayarre ante el público pamplonés el conjunto donostiarra, “Los Xey”, con estampas populares donostiarras, al estilo de “Los bocheros” de Bilbao. A primeros de septiembre la Comisaría de Abastecimientos anunciaba que a partir del 11 de septiembre  se ponía a la venta en las tiendas de Pamplona, aceite, garbanzos y patatas, racionados y a un precio estipulado, contra el cupón correspondiente de la cartilla de racionamiento. El aceite estaba limitado a medio litro por habitante y a 4.45 pesetas el litro, los garbanzos a 250 gramos y 2,40 pts el kilo y las patatas a un kilo y a 0,95 pts el kilo. De vez en cuando aparecía en la prensa alguna noticia sobre la detención de algún estraperlista o contrabandista. Se acometieron obras de ampliación en los jardines de la Taconera. El 13 de septiembre el gobernador civil  hacía pública una relación de establecimientos multados por no colaborar con el Movimiento Nacional, al parecer se habían negado  a recoger los emblemas de Auxilio Social para una cuestación celebrada el 24 de agosto. Se multó con 500 pesetas al Café iruña, con 300 al Bar Flor, con 200 al Café Roch y con 150 pesetas a los bares Pájaro de Noche (Gau Txori), Urdanoz, Aldaz, Bosquecillo, Cerdan Hermanos y Ginés. A las 7 de la tarde del 20 de septiembre se inauguraba la iglesia parroquial de San Miguel. La parroquia había tenido un primer hogar en la Iglesia de los Paules de la Milagrosa. Hasta  el 13 de marzo de 1954, fecha en que se abre al culto su actual templo, la parroquia tuvo su domicilio en una bajera de los números 2 y 4 de la calle Navarro Villoslada, que había sido adaptada por el arquitecto Víctor Eusa.

En 1941, las fiestas de San Fermín Chiquito no pasaban por su mejor momento. Pese a todo el día 25 se celebró la procesión de San Fermín chiquito, con el acompañamiento de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos por las calles del Casco. Por la tarde hubo bailes de sociedad, fuegos artificiales en la plaza del Castillo, bailes públicos en la citada plaza y en Sarasate y cine al aire libre en la plaza del Vinculo. En Octubre la Diputación seguía negociando en Madrid con el Ministerio de Hacienda sobre la aplicación en Navarra de la reforma tributaria. Las negociaciones culminarían en noviembre, fijándose el cupo a pagar por Navarra al Estado en 21 millones de pesetas e introduciéndose la contribución sobre la renta, aunque según dispusiese la propia Diputación. No obstante en realidad se pagarían 178 millones de pesetas en virtud de la   participación de la Hacienda del Estado en el rendimiento de la contribución de usos y consumos. En realidad, el Estado recaudaba en Navarra bastante más que la Diputación con lo que la capacidad de actuación de ésta era muy reducida. El  Alcalde iniciaba una campaña contra el absentismo infantil escolar, recordando a los padres o tutores de la ineludible obligación de asistencia a los centros docentes. La policía municipal se encargaría de velar por el cumplimiento de esta obligación. Podía haber sanciones y retirada de beneficios sociales, debiendo comunicar los maestros diariamente la falta de asistencia a clase. En apenas  8 días, los que van del 14 al 21 de octubre fueron denunciados más de 40 niños que deambulaban por las calles  sin acudir a clase. También inició el primer edil  una campaña contra la embriaguez habitual, imponiendo varias multas a los habituales alborotadores y bebedores incorregibles de los sábados y domingos.

El Ayuntamiento iba a acometer la construcción de un nuevo depósito de agua en Mendillorri que tendría una capacidad de 13.000 metros cúbicos. Cada vez eran más frecuentes los establecimientos hosteleros que contaban con orquestinas para amenizar la estancia de sus clientes y se citaban entre otros el Irañeta, el Prados, La Bella Easo o el Poza. En el tercer domingo de octubre se celebraba el Rosario de la Aurora, con salida desde la parroquia de San Nicolás, a las 5,30 de la madrugada y llegada a la iglesia de Santo Domingo. Se renovaba el contrato con el Teatro Gayarre. La empresa Erroz y San Martín la explotaría durante 20 años, abonando al municipio 35.000 pesetas al año, posteriormente la propiedad del edificio revertiría al Ayuntamiento. Los horarios escolares eran en noviembre de 1941, de 9 a 12 por la mañana y  de 2.20, en vez de las 3.00 a 5.00 por la tarde. La deslealtad, la embriaguez habitual o la falta de aseo podían ser causas justificadas de despido según la nueva Ley Nacional de Contratos de Trabajo.

Criticaba el “reporter” del Diario de Navarra los abusos de algún desaprensivo comerciante del Mercado Público, como pedir 21 pesetas por una gallina o un conejo exigiendo además la compra de tres unidades. Urbanísticamente el Ayuntamiento hablaba de construir 72 viviendas detrás de la antigua estación del Irati, en la avenida de Franco, donde hoy está el Ambulatorio San Martín, y se hablaba de la construcción de un nuevo mercado con 166 puestos fijos y 150 eventuales así como con 48 tiendas al exterior. El 26 de noviembre la Guardia Municipal recogió dos niños abandonados en un banco del Paseo de Sarasate, un niño de dos años y medio y una niña de tres, procedentes, al parecer de León. Fueron entregados en la Maternidad. El 27 de noviembre el pleno municipal aprobaba unos presupuestos de  7,3 millones de pesetas con un incremento de más de un cuarto de  millón sobre los del año anterior. Esos días se detectaron algunos fraudes alimentarios como echar agua a la leche, fraudes que la Inspección revelaba en sus frecuentes revisiones. El 2 de diciembre se anunciaba que la Jefatura de la Guardia Municipal iba a abrir un fichero especial de antecedentes en el que serian incluidos los alcohólicos, blasfemos, vagos y taberneros o dueños de cafés o bares que hubieran servido la última consumición a los que fueran recogidos en estado de embriaguez. Los reincidentes serían castigados con la máxima dureza. Los insolventes sufrirían el arresto sustitutivo, los que tuviesen trabajo sufrirían el arresto en días festivos. Además estarían excluidos del disfrute de cualquier beneficio municipal. Y a los hosteleros más adelante se les amenazó con el cierre de sus establecimientos. La autoridad educativa obligaba, mediante la correspondiente circular, a preparar nacimientos y cantar villancicos en todas las escuelas de primera enseñanza de Navarra.

El Ayuntamiento proyectaba impulsar la edificación de viviendas protegidas en el Nuevo Ensanche. Por otra parte se señalaba en estas fechas, primeros de diciembre, el aumento en un 50% en la distribución de carne, incrementándose además la importación de alimentos pese a las dificultades de la contienda mundial. Estados Unidos entraba, tras el ataque a Pearl Harbor oficialmente en la guerra, movilizando a sus reservistas. En Francia aumentaba la persecución de la resistencia contra los nazis, cerca de 13.000 detenidos en el último mes, con las consiguientes represalias y ejecuciones. Se celebraban los patronos de los oficios, como  Santa Lucia, que era la patrona de las modistas y los invidentes. No era infrecuente que algún ciudadano acabase en la comisaría por haber haber hablado de más, seguramente, por el influjo del alcohol, en contra del movimiento nacional, especialmente en algunas tascas y tabernas. El régimen apoyaba a las familias numerosas y la caridad tanto de las organizaciones del régimen como sobre todo de la Iglesia pretendían cubrir las necesidades básicas de los más necesitados. Seguía vigente la circular de noviembre de 1940 sobre bailes y celebraciones navideñas que debían cesar inexcusablemente a la una de la madrugada. Otro año más y  las navidades se quedaban sin besugos y en general sin pescado que se cotizaba a precio de oro. Comenzaba a extenderse la entrega de pagas extraordinarias a los trabajadores. La Institución Cunas impulsada en 1938 por el Padre Carmelo iba a entregar el día de Reyes un lote de cunas con sus ajuares a niños pobres de la ciudad. La entrega de donativos se haría en el convento de Carmelitas o en las oficinas de Radio Requeté. El colegio de Médicos comunicaba que desde el 1 de enero serían los médicos los encargados de dar los vales para adquirir la leche destinada a los niños y a los enfermos.

Políticamente se dan ciertas paradojas en estos años de postguerra en los que Navarra no podía ocultar su decisivo apoyo a los alzados en armas en el año 1936. Se pretendían salvaguardar ciertos derechos forales frente al creciente centralismo uniformizador  del nuevo estado, encarnado por los sucesivos “poncios” gobernadores civiles. Los carlistas que habían tenido un destacado protagonismo en la contienda se veían obligados a disolverse en el nuevo aparato del régimen por el decreto de Unificación del 1937. Las tensiones desembocarían, como veremos, en los sucesos de la plaza del Castillo de diciembre de 1945 que culminarían con el cierre del Circulo Carlista. En cuanto a la economía, en 1941 Manuel Zarranz fundaba Inquinasa (Industrias Químicas de Navarra S.A) con la participación de las familias Eugui y Ruiz de Alda. En sucesivas entradas hablaré de Imenasa y de Félix Huarte así como de otras industrias que se fundaron en esos años. En 1941 se había creado la RENFE que asumía la explotación de las antiguas compañías de ancho normal, como la del Norte. El 30 de septiembre entraba en servicio la línea férrea de Castejón a Soria, integrada en la red nacional. Urbanísticamente se proseguía con la construcción del II Ensanche que aumentaba la densidad de la edificación aunque a costa de  la calidad en los materiales de la construcción empleados.

Fotografías por orden de aparición: Nº 1: Plaza del Castillo 1939-40, Nº 2: Cola de racionamiento. Años 40. Gerardo Zaragueta, Nº 3: programa de la primera cinta proyectada en el Príncipe de Viana, Nº 4: Primera Javierada. Voluntarios de la Santa Cruz. 9 de Marzo 1940. Blog Premin de Iruña. Javier Baleztena, Nº 5: Camioneta de los borrachos de la Guardia Municipal. 1938. Foto Ruperez. AMP, Nº 6: Vales de comida de Auxilio Social de Pamplona. 1943, Nº 7: Escalerillas de San Saturnino. 1940. Zubieta y Retegui. Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri, Nº 8: Casa Iraizoz en Plaza Consistorial que sería derribada en 1941 (1933). Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri, Nº 9: Octava de la Virgen del Camino. 1950. Julio Cía, Nº 10: Arzobispo de Pamplona, D. Marcelino Olaechea, Nº 11: certificado político expedido por FET y de las JONS en los años 50, Nº 12: Incendio de Santander. 16 de febrero de 1941, CDIS. Centro de documentación de la imagen de Santander. Ayuntamiento de Santander. Nº 13: Llegada de la reliquia de San Fermín (1941). Galle. AMP, Nº 14: Ignacio Orbaiceta. Años 40-50 Sitio de ciclismo.net, Nº 15: Escuela española. Años 40-50, Nº 16: Domingo de Ramos. Años 40-50. AMP, Nº 17: Diploma de socia protectora de la Gran Exposición Misional de 1941, Nº 18: Voluntarios de la División Azul, rumbo al frente. 1941, La verdad.es. Nº 19: tarjeta publicitaria de la banda cómica “El empastre”, Nº 20: 1ª Vuelta ciclista a Navarra organizada por El Pensamiento Navarro, Los ciclistas ante la sede del rotativo en la calle Leyre. Nº 21: Amparo Rivelles, IMDB.es. Nº 22: Cartilla individual de racionamiento. Años 40 , Nº 23: Los Xey. Años 40. Vintage Music FM, Nº 24: Lanzamiento del primer chupinazo desde la casa consistorial por parte de Joaquín Ilundain, en presencia de Pérez Salazar.  6 de julio de 1941, Colección Arazuri. AMP. Nº 25: Primera iglesia de San Miguel en la calle Navarro Villoslada (1940-1954), Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri. Nº 26: Gobierno Civil en construcción y arranque de la calle Navarro Villoslada en su confluencia con Mola. 1940-45. Foto Zubieta y Retegui, Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri. Nº 27: La avenida de Zaragoza en 1940. Foto Zubieta y Retegui, Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri. Nº 28: La futura calle Tafalla en los años 40, con las cocheras de Irati en el espacio que luego ocuparía el ambulatorio General Solchaga, Foto Rafael Bozano. Pamplona, calles y barrios. J.J. Arazuri. Nº 29: Fábrica de Inquinasa

Biografías: Marcelo Celayeta (1867-1931)

Regreso a la  sección de biografías del blog en la que recupero algunos perfiles o semblanzas de personajes que protagonizaron la historia del Viejo Pamplona. Y en esta ocasión descubro la biografía de Marcelo Celayeta que da nombre a una de las vías principales del barrio de la Rochapea. Don Marcelo Celayeta y Esparza nació en el año 1867 en la localidad navarra de Riezu. Se doctoró  en Teología en Toledo y se licenció, además,  en Derecho Canónico. Fue párroco de Aoiz antes de que fuese designado  de la Iglesia de San Lorenzo. Tomó posesión de su cargo parroquial el 30 de abril de 1905 con 38 años de edad. Siendo párroco de San Lorenzo fundó las escuelas del Ave María en La Rochapea, barrio que dependía de la iglesia de San Lorenzo y que iba protagonizando, en aquellos años,  una incipiente expansión e  industrialización pero que  carecía de cualquier tipo de dotación educativa. La primera piedra de las escuelas se colocó el 21 de marzo de 1915 inaugurándose el 2 de abril de 1916.  Marcelo Celayeta trasladaba, así,  a Pamplona el original modelo de escuela que pusiera en marcha, en Granada, el sacerdote Andrés Manjón y del que había tenido  conocimiento  a través de su amigo de Aoiz, Vicente Diaz. Don Marcelo  levantaría junto a ellas, inaugurándose también en abril de 1916, la iglesia de El Salvador, cuya primera piedra se había colocado dos años antes, el 12 de abril de 1914. Durante su largo mandato como párroco de San Lorenzo, de exactamente 26 años (1905-1931),  tuvo lugar la profunda reforma  tanto interior como exterior del templo.  Fue el primer párroco de Pamplona que instaló en su templo calefacción central. Mantuvo un contencioso con el Ayuntamiento a propósito de la titularidad de la capilla de San Fermín, pero ganó el pleito judicial por el cual se declaraba que el Ayuntamiento era patrono pero no propietario de la Capilla de San Fermín. Organizó durante casi 20 años  peregrinaciones a Lourdes, a las que en alguna ocasión llevó a la banda de música del Ave María que también fundó y equipó como vimos en una entrada reciente del blog. Perteneció, además, al Patronato del Reformatorio Provincial de Menores creado en 1923 y a numerosas instituciones educativas y benéficas de la ciudad.

Falleció el 1 de mayo de 1931 y su funeral se celebró en olor de multitudes. Y es que, no en vano, no había sido un sacerdote más, dejando una importante huella en la ciudad. Veinte años más tarde, el 27 de julio de 1951, la ciudad se lo reconocía: el Ayuntamiento de Pamplona  daba su nombre a la vía más importante del barrio, concretamente al tramo de la avenida de Villava situada entre Cuatro Vientos y Capuchinos. ¡Qué mejor homenaje que éste a quien había contribuido de manera tan decisiva a educar, gratuitamente, a cientos de rochapeanos de aquellas primeras décadas del siglo y a erigir la primera gran parroquia extramuros, en este barrio, más allá de las centenarias existentes del Casco Antiguo!. En 1933, dos años después de su muerte, recibían enseñanza primaria gratuita en las escuelas -y en aquellos años de la República, sin apoyo municipal, al tratarse de una escuela confesional-,  635 niños de ambos sexos por parte de ocho maestros y dos ayudantes. Además 111 jóvenes de ambos sexos recibían clases especiales de Dibujo, Solfeo, Banda, Corte por parte de cuatro profesores  y 75 instrucción elemental completa y clases de Corte, Música y Cocina. Resulta curioso, y lo cito como simple anécdota comprobar la estrecha relación de Marcelo Celayeta y algunos de sus descendientes con su legado, con la Iglesia que ayudó a fundar y con las escuelas del Ave María. D. Marcelo Celayeta era tío de Marcelo Larrainzar, sacerdote  que vendría a sustituir al finado tanto en la dirección de la iglesia como de las escuelas y era tío abuelo, osea hermano de la abuela, del conocido escritor y sacerdote de la Iglesia del Salvador, Patxi Larrainzar, que a su vez era sobrino del mencionado Marcelo Larrainzar.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Marcelo Celayeta. Archivo DN. Nº 2. Iglesia del Salvador (1916). Aquilino García Dean. AMP

Crónica gráfica del Viejo Pamplona a través de las pancartas de las peñas (1940-1958)

Como decía en la última entrada del blog las pancartas de las peñas pueden constituir una pequeña crónica gráfica, en clave de humor, de la Pamplona de la postguerra, el franquismo y la transición. En este primer post revisaré que tipo de hechos trataban las pancartas de las peñas entre 1948 y 1958. Pero antes daré unas breves pinceladas de lo que podía verse en estas telas sanfermineras, en la época de la postguerra. Lejos de la feroz crítica de los años de la democracia, las primeras pancartas de las peñas, las que se realizaban en los  años 30 y 40, eran bastante blancas, en realidad no dejaban de ser un simpático saludo de los mozos a los forasteros, con el encierro de los toros y el mozo pamplonica con la bota de vino como principal reclamo y protagonista. En algunas pancartas se criticaba abiertamente el gamberrismo de algún pata agarrando del rabo  al toro (en la de “La Unica” de  1940);  aparecían, asimismo, en varias pancartas algunos fotógrafos con sus viejos cachivaches,  aquellas cámaras de fuelle sobre trípode, o camarógrafos,  con sus cámaras de cine inmortalizando el encierro,  alertando sobre  uno de los grandes riesgos  con el que nos encontraríamos  claramente  años más tarde: la excesiva difusión de este acto puede llegar a ser contraproducente ya que hay mucha   gente que corre por aparecer en la foto, más por afán de protagonismo y de quedar inmortalizado para la posteridad que por  sentir la llamada de una hermosa tradición. Buena parte de las pancartas las comenzaba a hacer Balda, ya por estos años, y las seguiría pintando hasta bien entrada la transición democrática. En alguna de sus pancartas vemos algunos mozos beodos agarrándose a una monumental botella (Oberena 1943) mientras huyen de los toros o huyendo de una vaca escondiéndose en un barril de vino (Iruñako 43). Toros y personajes del mundo del toreo aparecían caricaturizados en las pancartas del Muthiko y Oberena, en 1945, obra esta última de Nicolás Ardanaz. En 1947, un mozo acompañaba a una vaca cantando aquello de “tengo una vaca lechera y una hermosa filosera. Yo temo tanto a los toros como a una vaca cualquiera” (La Jarana 1947), mientras Oberena hablaba de “intento y descamello” jugando con el doble sentido y aludiendo, imagino, al mal papel de algunos diestros o tal vez al fatal  destino de los caballos de la lidia, la verdad, no lo se.

En 1948, El Bullicio  hacía referencia a una cuestión municipal o local, la ronda volante; unos mozos corrían valientemente ante los agentes en bicicleta que componían la brigada “anti vicio”, mientras a otro mozo se le escapa o  deja escapar, a propósito,  de su bota un buen chorrete de vino mientras el  texto del cartel  rezaba así:  “Pamplonés, los de la ronda volante llevan todo por delante”. Ese año, la pancarta de Iruñako estaba protagonizada por su famoso caldico, que preparaban en su sede social de la calle San Gregorio, y una espectacular Gilda. Los mozos confraternizaban amigablemente con los toros, compartiendo el caldico o utilizándoles de montura como si de un  ordinario jumento se tratase. En la pancarta de La Unica se criticaba la reventa de las entradas de los toros, con los precios literalmente por las nubes, mientras un picador clavaba literalmente al suelo con la puya al pobre astado.  En 1949, un mozo tocado con una boina roja (¿sería carlista?) avisaba a una mujer que corría perseguida por un singular zezenzusko o zezenzuska (rotulado con un inentendible para hoy en día expresión de “autentica de Azcarate”)  tras el que se ocultaban unos mozos,    al grito de “Corre Romualda, que viene la pasma” (Anaitasuna 1949), mientras que el Muthiko Alaiak volvía  a cargar contra los picadores. Estas primeras pancartas eran fundamentalmente gráficas, con escasos textos, seguramente porque poco se podía decir o criticar en aquellos tiempos y en buena medida se ejercía  una cierta  autocensura, dados los tiempos que corrían. Esta tendencia irá cambiando con el paso de los años.

En 1950 La pancarta de La Jarana hacía referencia a los últimos avances en el ferrocarril. Un usuario del tren se refería a los “polvos de talgo”;  mientras volvía a aparecer el tema del bebercio y la cada vez mayor presencia de cámaras en la fiesta.  En la del Anaitasuna un fotógrafo disparaba unas fotos a unos mozos disfrazados, con una cámara fotográfica  de fuelle; uno de ellos  parecía querer torear al toro de fuego con un capote mientras un astado enfurecido miraba las posaderas del despistado fotógrafo. La pancarta un lema muy poco correcto pues  “saludaba a las feas y a las que comían poco”. La pancarta de Oberena tenía abundante texto. Los  textos  se referían al ascenso de Osasuna a 1ª división, al deseo de construir un auditorio en la ciudad y realizaban una dura crítica al estado de la estación de autobuses “mucha kaka y pocas luces”. Un toro aparecía  del bracete con  una moza, ¿vestida de roncalesa? y con la vara de la ciudad en la mano,  sin embargo aun tendría que pasar decenios para ver una concejala en el Ayuntamiento.

La pancarta del Anaitasuna de 1951 hacía referencia al afeitado de los toros, así como lo oyen, un toro  aparece sentado en el sillón del barbero leyendo una publicacion que tiene como título El Ruedo. En la del Bullicio se hacía referencia nuevamente al afeitado de los toros y en la tela aparecía un rótulo de Espumosos Arancha de Bodegas Ibañez. El Irrintzi mezclaba en su cartel el encierro y la prueba motociclista de los sanfermines y la de Iruñako, bajo el lema “El colmo del olmo”  tenía al olmo de la Taconera como protagonista. La actuación fue polémica. Se decía que se trataba de una puñalada en el corazón de la ciudad y así aparecía reflejada en la pancarta así como el hecho de que la leña sirviera para que se calentasen los pobres. El mismo tema lo trataba el Muthiko que presentaba al olmo huyendo del alcalde que le persigue hacha en ristre y a quien le grita “olmícida”. La pancarta de Oberena hacía alusión a las casetas de arbitrios municipales y a un par de motos de aquellos años,  la Soriano de corta vida y la Iruña, fabricada en Pamplona. En la tela de la Jarana otra vez el afeitado de los toros, el torero llamaba la atención al astado gritándole “Chisss, la barbería”. Las firmas comerciales locales debían patrocinar las pancartas porque en esta aparece la siguiente leyenda ” Desde Londres y Bilbao, vienen para San Fermín y se quedan asombrados ante Tejidos Martín”. La pancarta de La Unica aparecía plagada de paraguas y centrándose  en la climatología, hablaba de España como de un país de sol y pantanos.

La peña Anaitasuna criticaba en 1952 el bando de alcaldía de ese año que prohibía circular entrelazados a mozos y mozas. Un mozo arrastraba un toro de ruedas con ánimo de atropellar a la audaz pareja que estaba incumpliendo la citada norma, mientras otro mozo asistía risueño a la escena. El Bullicio  plasmaba en su pancarta la obligación de que las bicicletas llevasen una matricula verde colgada del sillín, algo que parece que no fue muy bien acogido entonces  y el dibujante  encasquetaba graciosamente  la matrícula en el “ipurdi” de la vaca, ante la atenta mirada del municipal. Un paisano huía sobre un pollino mientras decía, “A mi no me la ponen”. La pancarta de Iruñako hablaba de la glosopeda, una enfermedad que afectaba a las pezuñas de los toros, mientras Oberena aludía a un hongo que se presentaba como el remedio para  todo tipo de enfermedades. En la pancarta de La Jarana aparecían juntos varios temas, el hongo, la matrícula de las bicicletas, pero como rasgo diferencial se centraban, además,  en la polémica sobre el cartel de las fiestas de ese año. Un mozo sobre un toro se dirige a un enorme cucurucho de churros  a toda velocidad, y es que como dice toro y montura van con “propulsión  a churro”. Junto a Balda otros habituales de los dibujos de las peñas eran Labayen, Urrutia, etc. Toros y toreros solían ser frecuentes protagonistas de las pancartas como, este año, la del Muthiko.

En 1953, Osasuna bajaba de nuevo a 2ª división y además se producía un incendio que destruía su Tribuna Lateral, que era de madera. La pancarta del Irrintzi trataba de forma monográfica estos temas. Bajo el lema “Osasuna no a una y le queman la tribuna”, un bombero se aprestaba a sofocar el incendio de la tribuna del campo de San Juan mientras un jugador osasunista saltaba por los aires impulsado por un chorro de agua de la manguera y otro jugador pretendía sofocar el incendio del estadio con un fuelle. La Peña Alegría plasmaba las recientes prospecciones petrolíferas en Navarra, concretamente en Marcilla (Marcilla City), con una graciosa referencia al oeste americano, sheriff incluido. El  espatarrado astado murmuraba “Si se esto me marcho a Corea”, aludiendo a la reciente guerra en esa zona de Asia. También hacían referencia a las prospecciones petrolíferas en Navarra las pancartas del Muthiko que compartían protagonismo con la situación del Osasuna  y la del  Anaitasuna que no se olvidaba además  de reirse de la especial valentía de algunos diestros. Merece atención especial la pancarta de Oberena que después de dibujada y pasada la censura oficial fue autocensurada y repitieron la del año anterior. ¿Qué contenía?. Pues nada del otro jueves, unos miembros de la escolta de gala de la policía municipal montados sobre caballitos de madera  decían “o nos dan caballos o nos quitan las espuelas” ante la irritada mirada del primer edil municipal.

En 1954 se instaló la actual fuente luminosa en la plaza Príncipe de Viana. Su coste fue objeto de críticas en varias pancartas como la del Anaitasuna, donde unos mozos llenaban la fuente de vino, mientras un agente municipal haciendo de cicerone señalaba “Voila le fontaine lumineuse”. También se criticaba el gasto  de la fuente  en la pancarta de Alegría de Iruña, “Nos levantan una fuente y así el gasto es permanente”, rezaba el lema de la pancarta mientra un sufrido contribuyente pamplonés montado en un burro acarreaba 2 millones de pesetas, un toro a los pies de la fuente, -“fuente de ingresos” señalaba el dibujante-, llevaba otra saca con medio millón de “cucas” y un mozo pamplonica descargaba un tercer saco lleno de billetes sobre la citada fuente. Sobre una pared de la fuente se indicaba una cifra: 36 millones de pesetas, no se si esta cifra sería cierta, mucho me parece a mí, incluso para aquellos años. En la pancarta de Oberena que tenía por lema ¡A lo loco! se ponía en solfa la fiebre municipal de obras, zanjas y alquitranados que asolaban la ciudad, incluida la mencionada obra de la plaza circular; en la pancarta aparecía una apisonadora, un martillo neumático, mientras un operario armado con un pico miraba a un turista,  con una cámara de fuelle, que sorteaba una enorme zanja; Al fondo una vieja caldera humeante a base de leña exclamaba ¡A mis años, que vere!. “A lo loco, a lo loco”, la canción de aquellos años, aparecía también en la pancarta de La Unica donde unas mulillas arrastraban al torero, en vez de al toro. En la pancarta del Irrintzi un cuenqueño se  confundía de “plaza” e instalaba su género y  bartulos en el coso taurino, mientras un mozo jugaba al mus con un toro y la  cuadrilla taurina se escondía del astado tras el burladero.  Parece ser que las actuales campañas de las asociaciones de comerciantes, con sus premios e incentivos, ya existían en Pamplona en los años 50. Así lo reflejaba la pancarta del Bullicio bajo el lema “el comercio a lo loco”. Premios, sellos y cupones expedidos por “agrupaciones comerciales” o “uniones mercantiles” mientras una sufrida compradora acarreaba un saco de cupones o un charlatán, al estilo de León Salvador, arengaba a un imaginario auditorio.

El ciclismo encontraba acomodo en la pancarta de Alegría de Iruña de 1955. Parece, por la viñeta, que no le debió ir muy bien, ese año, la Vuelta Ciclista  a los españoles, pues un mozo ofrece la bota de vino a un derrengado ciclista hispano sentado en el suelo, mientras un  turista, subido a los lomos de un toro, fotografía a un ciclista vestido con los colores del equipo galo. La pancarta del Irrintzi reflejaba la preocupación del Ayuntamiento por la calidad de la leche que se repartía a domicilio así como por los frecuentes reventones de tuberías en la vía pública. Una barquichuela con la vela indicando que pertenecía al Servicio Municipal de Aguas, ejercía labores de inspección surcando las aguas provocadas por los reventones, mientras un mozo, cargado de lecheras, se aprestaba a llevar la leche recién ordeñada  de la enfurruñada vaca al mencionado inspector. Parece, en realidad, que en más de una ocasión la leche de los cantaros acabó vertida en la vía pública. La mecanización del campo aparecía reflejada en la pancarta de Oberena: unas vacas contemplaban la llegada de un gran tractor y exclamaban “Reclamamos al sindicato”. En la pancarta del Anaitasuna curiosamente observamos a unos mozos bailando otra pancarta (pancarta dentro de pancarta) y donde se aludía nuevamente al manido tema de los toros y toreros. Un torero yacía inconsciente en el suelo mientras un mozo se apresuraba  a reanimarle con un buen trago de la bota de vino.

En 1956, se realizaban obras en el Paseo de Sarasate. Las estatuas del Paseo fueron sometidas a una minuciosa labor de limpieza, “Al Paseo de Valencia lo acikalan con Klemencia” decía la pancarta del Oberena. Un peluquero peinaba la cabellera y barba de una estatua mientras un mozo subido a un pedestal vacío ensuciaba con su bota de vino a la citada estatua  y otro se subía a una de las nuevas farolas del Paseo perseguido por una simpática vaca. La carestía de la vida preocupaba especialmente este año: “Todo sube” los impuestos, la contribución, el fútbol, la carne de vacuno. Así lo reflejaba la pancarta de Alegría de Iruña, con un jugador de Osasuna subido a un pedestal de las estatuas del Paseo, donde  un cartel  indicaba “general: 30 pts”, un funcionario de Arbitrios aparecía  subido a otro pedestal bajo el que se amontonaban sacas de dinero, con la recaudación de los impuestos y la contribución,  y  una vaca aparecía también subida a un tercer pedestal  con un cartel que señalaba “90 pts kilo”. Completaban la estampa una casita sobre  otro pedestal, bajo el que rezaba la indicación de “1000 pts” y un mozo surgía de un registro subterráneo del servicio telefónico, en plena expansión en la ciudad. Otro motivo de debate fue la construcción y traslado del Monumento a Sarasate. Así lo reflejaba la pancarta del Bullicio, bajo el lema de “Menos cuento y más monumento”. Osasuna y toros eran, por su parte, los temas tratados por la pancarta de Anaitasuna.

En 1957 fue la recogida de basuras y la obligación municipal de pintar  en los cubos, la identificación del piso al que pertenecían, uno de los temas estrellas de las pancartas de las peñas. Así lo hicieron la pancarta de Alegría de Iruña  y la del Bullicio. En la primera una corpulenta “etxekoandre” recriminaba, enarbolando un garrote, a un agente municipal vestido con el traje de gala que acarreaba dos cubos de basura, con un expeditivo “tienes que dar ejemplo”, mientras otra mujer se compadecía del sufrido servidor público. En la del Bullicio el alcalde hacía sonar un cornetín asustando a una sufrida ama de casa que caía aparatosamente  sobre un astado volcando el contenido del cubo sobre el animal que huía despavorido igualmente asustado por el ruido del cornetín.

Irrintzi indicaba en la pancarta “1957: año de mucha agua…leche de poca nata”, aludiendo al año especialmente lluvioso, la desaparición del reparto a domicilio de la leche y  la aparición de la leche embolsada y/o embotellada. Se criticaba la nueva calidad de la leche dejando caer que se echaba agua a la leche. Así vemos a una lozana vaca con una manguera enchufada al registro de las aguas vertiendo agua en las lecheras mientras un paisano decía “esta ya sabe lo que hace”. Entre sus cuernos había un cartel que decía “Se cogen puntos a los medias”, aludiendo al hábito de reparar las medias en aquellos años y que aparecían en numerosos escaparates de los comercios del viejo Pamplona. Oberena se hacía eco de la epidemia de gripe de ese año, con el lema “A falta de pan buena es la gripe”. Un esmirriado mozo yacía en la cama acompañado por un igualmente toro enfermizo y además embolado, el porrón en la mesita y  la bota en el orinal mientras el galeno hacía alusión a la epidemia de los precios: la carne en la luna, patatas con escarabajo a 3 duros el kilo, garbanzo siamés a 12 al duro, huevos “fritos” a 10 pts. La nueva peña Armonía Chantreana aludía en su pancarta, reflejada en otra pancarta (pancarta sobre pancarta nuevamente), al creciente tráfico que atravesaba el viejo puente de La Magdalena y a la duda sobre si harían o no el nuevo puente sobre el rio Arga para aliviar los padecimientos del medieval, pancarta bajo que  la que huían despavoridos una cuadrilla de mozos de los temibles astados. En la pancarta también se aludía a la cesta de la compra y a la gripe (¿jalea real?). Por último la del Anaitasuna equiparaba al mol con la jalea real, mientras un mozo se subía a una farola huyendo de un astado que había tropezado con la nueva farola  y otro mozo ordeñaba a una vaca con imperioso “quieta Ufemia”.

Por último, en 1958, ya había comenzado la carrera espacial con el lanzamiento del Sputnik tripulado por la perra Laika, hecho que recogía la pancarta del Irrintzi además de hacer alusión al vino bautizado. La campaña municipal de desratización de este año dió que hablar en varias pancartas. 1958 “año raticidico” decía la pancarta de Oberena. En ella se veía a un toro armado con una manguera desratizadora subido a un queso gigante del que salían huyendo decenas de roedores que seguían a un edil municipal, cual flautista de Hamelin. No faltaba la velada crítica en el texto que decía refiriéndose al mencionado edil “Alto y flaco con una pluma en la chistera y los impuestos al saco”. La campaña desratizadora también fue objeto de atención por parte de la pancarta de la peña Aldapa donde nuevamente aparecían nuestros guardias municipales, con su uniforme de gala, sus botas altas y espuelas, sobre un caballito infantil de madera persiguiendo a los temibles roedores, mientras uno de ellos gritaba, “Ratas, ratas, si provare con la flauta”. Y en la del Bullicio afirmaban en su lema “Reventones, ratas y pavimento divierten al Ayuntamiento”, con toros de improvisados trabajadores de las obras municipales, un edil viéndose sorprendido por un inoportuno reventón,  las famosas calderas para el asfaltado de las calles que provocaban una infernal  humareda  y los roedores buscando algo que  llevarse a la boca, digo al hocico. En muchas ocasiones habría que leer, tal vez, entre líneas. En Alegría de Iruña un roedor decía  a otro “Corre abuelita, que nos “votan” mientras que un toro, vestido con un saco, se detenía ante uno de los primeros semáforos de la ciudad y un municipal recriminaba a un turista, cada vez, con mayor presencia en nuestra ciudad. El turismo, los reventones y las nuevas conducciones de aguas eran objeto de atención en la pancarta de Anaitasuna mientras que la de la Armonía Chantreana se centraba sobre todo en el cambio en la distribución de la leche, con la aparición de la leche embotellada de Kaiku-Copeleche. Y concluyo con este año esta primera entrega de repaso de las pancartas de las peñas, en unos tiempos difíciles, donde no tenía cabida la crítica política y solo cabía una pequeña crítica a la gestión administrativa municipal.

Fotos: pancartas de las peñas, aparecidas en el libro “Las pancartas de las Peñas” editado por la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona en 1981 y de que fueron autores José Luis Larrión Arguiñano y José María Rodrigo Jimenez. Para las fotos 2, 5, 6, 8, 9 y 23, “Peñas de Pamplona, una historia viva”. Federación de Peñas de Pamplona. 2014.