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Curiosidades: algunas viejas ordenanzas municipales: la limpieza del portal

El pasado año el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Pamplona actualizaba y agrupaba, en un solo texto, seis ordenanzas sanitarias que estaban en vigor desde 1976 y aun antes. Había más de 130 artículos totalmente en desuso  como el que prohibía varear lana en la entrada o en las escaleras de las viviendas. ¿quien tiene hoy un colchón de lana?. Yo si recuerdo un tiempo en que el colchón era de lana y había que varearla varias veces al año, pero lo hacíamos en casa, en una de las habitaciones. También había artículos referidos a la Policía Sanitaria Mortuoria, sustituida por la ordenanza del cementerio del año 2000, la limpieza viaria y de residuos que hoy dependen de Mancomunidad, referencias a taxis y villavesas, también hoy competencia de la Mancomunidad, normas de régimen interior de las comunidades de vecinos antes reguladas por el Ayuntamiento y hoy por normas de ámbito superior como la ley de propiedad horizontal, etc. 

Así, por ejemplo, el 27 de agosto de 1964 fue aprobada por el gobernador civil el artículo 27 de las ordenanzas de Higiene y Sanidad Municipales que se refería a la limpieza de los portales y escaleras de los edificios. Creo que era la Ordenanza nº 2, centrada casi exclusivamente en las viviendas. Según ese artículo de la ordenanza nº 2, todos los vecinos debían limpiar diariamente los tramos de la escalera de piso a piso que les correspondiese, además la entrada de cada casa la harían los usuarios de la misma  en turnos mensuales, los inquilinos establecerían asimismo el turno mensual de rotación para la limpieza del portal y si no hubiese acuerdo se haría siguiendo el orden de numeración de los pisos y las manos (izquierda y derecha) en que estuviese dividida la casa. Hoy la mayoría de las comunidades de vecinos han encargado esta tarea a empresas de limpieza. Sin embargo este asunto me trae a la memoria un recuerdo personal: aun recuerdo el cabreo monumental de mi madre, durante años, porque siempre había una vecina que nunca “hacía la escalera” y le tocaba hacerla a ella, en su lugar. Cosas del pasado. Cosas de otro tiempo. Resulta chocante, por otra parte, viéndolo con los ojos de nuestros días, que el Ayuntamiento indicase en uno de los capítulos de la ordenanza las horas de apertura y cierre de los portales según las estaciones, horarios vigentes, etc.

Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Velate (1973)

Nueva sección del blog que va ampliando su temática para reflejar, desde el recuerdo de un pamplonés nacido en los 60, los hechos, historias y sucesos más destacables que han ido aconteciendo en estos últimos cincuenta años y que causaron un gran impacto en la opinión pública de la capital navarra, sin querer caer, por supuesto, nunca en el morbo ni en el sensacionalismo. El suceso que inicia la sección no acaeció en Pamplona pero recuerdo que, aquellos días, este luctuoso hecho hizo correr ríos de tinta en los periódicos de nuestra ciudad, por lo truculento del caso.
Inicialmente disfrazado bajo un presunto ataque por parte de unos asaltantes en el puerto de Velate, el hecho ocultaba el asesinato de María Pilar Cano Peralta, perteneciente a una adinerada familia de Zaragoza, por encargo de su marido, el industrial y exconcejal del ayuntamiento maño, Jaime Balet Herrero. El crimen se produjo en la madrugada del 30 de abril de 1973. El matrimonio venía del casino de Biarritz donde, al parecer, y en esta ocasión,  les había sonreído la suerte. Como Balet se sentía cansado decidieron detenerse en un camino del puerto de Velate para dormir. Allí, según el testimonio de Balet alguien desconocido les golpeó. Balet perdió el conocimiento. Cuando despertó se encontraba en otro lugar del monte. Su mujer estaba muerta, al parecer había sido golpeada por un instrumento de hierro. El dinero que llevaban había desaparecido. Asi pues, sucedidos los hechos, Balet dio una versión de los hechos en que tanto el como su mujer aparecían como víctimas de un asalto. En realidad, tal y como demostraron enseguida los investigadores, él había sido el organizador del asesinato, un asesinato absolutamente planificado y premeditado,  contra su esposa. Parece ser que Balet se había enamorado de otra mujer, Ana Alava, con la que se quería casar, a la que había enviado a Alemania y a la que visitaba con cierta frecuencia. Quiso separarse de su mujer, incluso pidió la nulidad, pero ante la negativa de esta a la separación empezó a urdir el crimen.
Balet contactó con su amigo Juan Midón Leyva en febrero de 1973 y le ofreció 7.000 dolares por el trabajo. Un mes después volvió a darle a Midon 10.000 dolares para que entre él y el alemán Hans Helmut Bacht fuesen preparando el crimen. Midon contactó, a su vez, con el alemán Peter Simeth, un personaje de muy baja catadura moral, que fue quien ejecutó finalmente el crimen. El asesinato se preparó entre febrero y abril de 1973. Parece probado que en los dos primeros fines de semana de abril de 1973, Balet y su mujer acudieron al casino de Biarritz y que ese mismo viaje lo realizaron Midon y los dos alemanes. Bacht parece que empezó a arrepentirse de su participación en la preparación del crimen y comenzó a alejarse de la trama dejándolo todo en manos de Midon y Simeth, quienes acordaron que el asesinato se realizase el día 29 de abril, domingo, a la vuelta de Balet y de su mujer de uno de sus rutinarios viajes al casino de Biarritz.

Ese día, Simeth, con un Morris propiedad de Midon, se dirigió desde Zaragoza hasta la zona del puerto de Velate en donde había de asesinar a la mujer de Balet, un lugar cercano a las Ventas de Arraiz. Parece ser que después de haberse tomado varias copas en un hostal cercano acudió al lugar de crimen con el fin de comprobar si había llegado Balet y se topó con un Seat 600 en cuyo interior se encontraba una pareja de novios que, al ser enfocados por su linterna, optaron por abandonar rápidamente el lugar. Sobre las 10.30 de la noche, Simeth volvió al lugar y se encontró con Balet y su, mujer, Pilar Cano, paseando junto a su coche. Con una barra de hierro le asestó varios golpes a Pilar, «contando con la pasividad de Jaime», que le ocasionaron la muerte en unos treinta minutos. Entre Balet y Simeth colocaron a la asesinada en el coche, descendieron dos kilómetros, en dirección a Pamplona, y volvieron a aparcarlo en un lugar apartado. Allí Simeth propinó unos leves golpes a Balet, como ya habían convenido, con un tubo de plomo forrado con gamuza, que le produjeron heridas de escasa importancia, y Balet simuló la pérdida de conocimiento. Cometido el crimen, Simeth huyó a Zaragoza llevándose el bolso de Pilar Cano, que contenía unas 180.000 pesetas. Tras la declaración inicial de Balet y comenzadas las investigaciones y comprobadas las incoherencias del relato, el Balet era detenido y el día 12 de mayo entraba en prisión.

Así se narraba el crimen en las conclusiones del tribunal que dictó sentencia cuatro años más tarde, el 1 de octubre de 1977. La Audiencia Territorial de Pamplona condenaba entonces a muerte a Jaime Balet a Juan Midón Leyva, así como al pago, conjunto y solidario, de un millón de pesetas a cada uno de los cuatro hijos de la asesinada y 250.000 pesetas, por el «pretium doloris», al padre y madre de Pilar Cano. Igualmente, Balet debía ampliar su fianza de 850.000 pesetas a cinco millones de pesetas para asegurar sus responsabilidades civiles. La pena capital no se pudo aplicar ya que los inculpados se beneficiaron de los indultos del 25 de noviembre de 1975 (que conmutaba la pena de muerte y les condenaba a 30 años de cárcel) y el 14 de marzo de 1977 que reducía en una cuarta parte la condena. La sentencia fue recurrida ante el Tribunal Supremo, pero éste la confirmó íntegramente el 17 de mayo de 1979. A comienzos de los años ochenta se conoció la noticia de que Jaime Balet gozaba del régimen de prisión abierta en un centro psiquiátrico penitenciario de Madrid. En 1980, precisamente, se supo también que en Alemania -país que había abierto un proceso penal por el mismo crimen de Velate- el Tribunal Superior de Munich condenó al principal acusado, el mecánico Peter Simeth, a la pena de cadena perpetua efectiva, como autor de un delito de asesinato, y al conserje Helmut Pacht, cómplice del primero, a seis años de prisión.
En 1985 Pedro Costa se basaba en el crimen de Velate para el capítulo “El caso del procurador enamorado” dentro de la serie “La Huella del Crimen”. Para evitar las quejas de personas que pudieran sentirse aludidas por el argumento, Costa había cambiado el guión inicial, eliminando cualquier alusión a nombres reales y modificando otros aspectos de la trama y de los protagonistas. El capítulo fue interpretado por Carlos Larrañaga, Ana Marzoa, Angela Torres, José Rubio y Alfredo Mayo.

Curiosidades: La recogida de basuras en el Viejo Pamplona (1960-2000)

Comienzo con esta entrada una nueva sección, de las tres que tengo previstas y que anuncié en la página de Facebook. En esta sección, que será un pequeño cajón de sastre, trataré diferentes cuestiones de nuestra vida cotidiana, (como ciudad y como pamploneses), bajo el nombre de “Curiosidades”. En este caso hablaré de como se recogía la basura hace 50 años y aprovecharé para dar una breves pinceladas históricas al respecto.

Hace 50 años, en 1965, el alcalde, Juan Miguel Arrieta, recordaba la prohibición de sacar los cubos o cajones de basura la noche anterior, como parecían hacerlo muchos vecinos, por comodidad o simplemente para quitarse los olores de la basura del domicilio. Recordaba que la basura debía sacarse dos horas antes de la recogida,  esta se hacía, entonces, por las mañanas. Cada cubo o cajón debía  indicar el número  y el piso de la casa advirtiendo que se retirarían todos los cubos o cajas que estuviesen sin identificar. La basura iba directamente del cubo al camión. En 1967 se comentaba en la prensa el comportamiento incívico de algunos pamploneses que tenían coche y que tiraban la basura en las afueras de la ciudad. Posteriormente recuerdo que la basura se sacaba en unas grandes bolsas de papel gruesas, tipo papel de embalaje marrón  con algún lema impreso en el exterior relacionado con Pamplona y la limpieza. Al parecer las bolsas  estaban subvencionadas por el consistorio. En la foto de una ciudad española de aquellos años 60 (desgraciadamente no he podido encontrar una foto de Pamplona que reflejase este hecho) podemos ver a los vecinos con el cubo de metal acercando la basura al camión de la recogida.Entre 1960 y 1977 la basura se transportaba a la empresa Aborgan (Abonos Orgánicos Fermentados S.A) de Landaben donde se realizaba una separación manual de la basura, separando los elementos inertes y produciendo compost con el resto. La planta, que había sido creada por iniciativa de Félix Huarte y que fue pionera en España en la producción de compost,  cerró por dificultades de diferente tipo: técnicas, económicas y urbanísticas  en 1977. Luego de aquellas bolsas de papel llegarían las bolsas de plástico. La basura se depositaba junto al portal. Pasaba el camión de la basura cerca e iba recogiendo todas las bolsas de basura amontonadas junto a los portales. Ahora nos parecería una autentica “guarrada”, con todos los lixiviados y los olores de las basuras en las aceras de las calles, pero era lo normal entonces. Ante el problema creado por el cierre de Aborgan la Diputación autorizó el vertido de las basuras en el término de Arguiñariz, situado a 23 km de Pamplona.  Inicialmente iba  a durar un mes pero la basura en aquel vertedero duró 16 años. En los años 80 hubo una experiencia de recogida selectiva en el barrio de Ermitagaña que no duró demasiado tiempo. Las basuras pasarían a principios de los 90 de Arguiñariz a Gongora (1992), situado a 10-12 km de Pamplona que es donde se llevan en la actualidad y donde está previsto  se mantengan hasta el año 2022.

La recogida de basuras era hasta 1987, un asunto municipal, del Ayuntamiento, pero el 1 de enero de 1988  la recogida pasó a ser competencia de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, entidad que había nacido en 1982, para gestionar el ciclo integral del agua, es decir el abastecimiento de agua potable y el saneamiento de las aguas residuales que anteriormente se vertían tal cual a los ríos y más concretamente al río Arga. Comenzaría así la instalación de los diferentes contenedores en el año 1990 (salvo en el Casco Antiguio que se pusieron en 1995-96), y la recogida selectiva de basuras:  orgánica, vidrio, papel y cartón, etc. Con los años se ha mejorado en la recogida de los residuos tal y como se puede comprobar en las dos fotos de la entrada de la derecha, la primera, de Jorge Nagore, pertenece a los primeros años 90, la segunda es como quien dice de hace cuatro días, en plenos sanfermines.

Los concejales sociales del Ayuntamiento de Pamplona en los últimos años del franquismo

Faltan dos meses para que se celebren las décimas elecciones municipales democráticas, desde la muerte de Franco. Es un buen momento para echar la vista atrás y descubrir como en aquellos duros y grises años, un grupo de personas, con un alto grado de altruismo y de amor a su ciudad intentó, en unas muy difíciles condiciones, crear unos  espacios de libertad, transpariencia y participación muy diferentes  y superiores a los de la época, incluso si me apuran y en algunos casos a algunos de los momentos actuales. Tras la guerra civil y con el triunfo de Franco, el Ayuntamiento de Pamplona, como el de todos los ayuntamientos del país se pobló de personas adictas al régimen: en los primeros años sobre todo y fundamentalmente de falangistas, carlistas y afines al Movimiento Nacional, posteriormente y con el paso del tiempo, mucho tiempo después, en los años 60 llegarían los llamados concejales sociales y los concejales  independientes. 

Como hemos visto en la entrada “Orígenes católicos del movimiento obrero en la Pamplona de los años 60 y 70”, desde los años 50 surgieron en nuestra ciudad movimientos sociales críticos con el régimen, amparados por organizaciones católicas como la HOAC. La ley de bases del régimen local franquista databa del año 1945 y establecía que los concejales de los ayuntamientos debían ser designados por terceras partes del siguiente modo: por elección entre los vecinos, varones y cabezas de familia, era el llamado tercio familiar, por los organismos sindicales el tercio sindical y por diferentes entidades de entre una lista propuesta por el Gobernador Civil el tercio corporativo o de entidades. El familiar era pues el único en el que se podía votar por lo menos una pequeña parte de la población. A partir de los años 60 se empezaron a infiltrar en las estructuras del régimen, tanto en los ayuntamientos como en el sindicato vertical, personas procedentes de los movimientos obreros católicos. La HOAC impulsó una primera candidatura de concejales sociales al tercio familiar en el año 1963 con Echaniz, Eguiluz y Lebrón pero no tuvo éxito. Cayó derrotada frente a la candidatura de Huarte, Urmeneta y Sarasa. Tres años más tarde, en 1966, lo volverían a intentar con Muez, López Cristobal y Zufia que lograron salir elegidos. En 1967 era Alcalde de la ciudad, Angel Goicoechea, antes de el, entre 1964 y 1967 lo había sido Juan Miguel Arrieta y precediendo a Arrieta, Urmeneta (1958-1964). Los Alcaldes no eran elegidos entonces por los concejales sino nombrados, a dedo, por el Gobernador Civil. Urmeneta, una persona de poliédrica y, según como se vea, contradictoria trayectoria personal (militar, estuvo en la División Azul, de familia nacionalista, con una clara vocación social y de apoyo a todo tipo de causas… ) fue principal protagonista e impulsor de la Pamplona moderna, esa Pamplona que con algunas ampliaciones posteriores, fruto de un desarrollismo no siempre justificado, hemos heredado hoy en día. En la foto de familia que vemos a continuación, aparecen de izquierda a derecha y de arriba abajo, arriba, Urmeneta, Martínez Alegria, Muez, Etayo, Ibañez, Frommknecht, Morán, arruiz, San Martín, abajo, Echaniz, Saez, Velasco, Caballero, Erice, Rouzaut, Valimaña y Perez Balda.
En 1970, nueve de los 18 concejales procedían de los grupos sociales, a saber Muez, López Cristobal, Zufía, Auxilio Goñi, Echaniz, Saez, Eguiluz, Velasco y Caballero. Caballero había sido elegido por el tercio sindical, como presidente del Consejo de Trabajadores que era, cargos que mantendría hasta 1974. En 1973, la no asistencia a los funerales del Almirante Carrero Blanco, el día 22 de diciembre, en la Catedral de Pamplona les supuso a seis concejales sociales una suspensión de dos meses de su cargo por inductores de un delito  de alteración del público. Lo curioso, lo paradójico del caso es que esa alteración del orden del público no fue protagonizada en ningún caso por dichos concejales sino por un grupo de ultraderechistas que brazo en alto, cantando el Cara el Sol y con banderas españolas al viento acudieron a la plaza del Ayuntamiento, desde la Catedral, gritando “Concejales rojos, no”. Estos hechos provocarían algunos meses más tarde el cese del alcalde José Javier Viñes (1972-1974) por el entonces gobernador civil, Ruiz de Gordoa, por haberles dado una cariñosa bienvenida a los concejales represaliados. Viñes fue sustituido por José Arregi que permaneció como alcalde hasta febrero de 1976. En febrero de 1976 era elegido alcalde por sus compañeros, Francisco Javier Erice Cano. Erice fue el primer alcalde que no era elegido a dedo por el gobernador civil de turno, lo que originó una corriente de simpatía entre amplias capas de la población. Sin embargo y como se suele decir “poco duraría la alegría en casa del pobre”. En septiembre de ese año era destituido por el gobernador civil acusado de prevaricación y de coacción en la denegación de una licencia de obras, la de las Casas de Nuin, un bloque de viviendas de notable altura en la avenida de Villava, al otro lado de la Iglesia de los Capuchinos. “Erice, amigo, el pueblo está contigo” se oía en aquellos años en las espontáneas concentraciones que se formaban delante del Ayuntamiento. Eran años en los que de forma bastante frecuente se producían encierros por diferentes motivos en el ayuntamiento (laborales, políticos, etc). Eran años en los que la gente entraba con bastante libertad a los plenos y debatía en ellos. 

Tras Erice vendrían Velasco, Caballero, Frommknecht y Echániz. Nos centraremos en Tomás Caballero. Caballero fue alcalde accidental desde finales de 1976 hasta abril de 1977 en que se incorporó a la política presentándose a las elecciones generales dentro del Frente Navarro Independiente (ver entrada “Las primeras elecciones democráticas”). En su corto mandato sin embargo se produjeron simbólicas intervenciones. Siendo Caballero alcalde, Erice izó la ikurriña en el Ayuntamiento de Pamplona de manera oficial, en enero de 1977, bandera que se mantendría hasta diciembre de 1981. Delegó en él como una manera de honrarle y desagraviarle por el injusto tratamiento recibido meses atrás. En aquellos años, la ikurriña era más un símbolo o icono de lucha contra el franquismo y en favor de las libertades que la identificación con una opción nacionalista. Tras este hecho renunciaron al cargo varios concejales afectos al régimen. En la foto que acompaña este párrafo vemos a algunos concejales de la Corporación de aquellos años en un acto festivo, probablemente un acto religioso. Aquellos concejales sociales tomarían diferentes derroteros políticos: Caballero que había permitido con su gesto la colocación de la ikurriña en 1977, a pesar de no comulgar para nada con las ideas nacionalistas, sería paradójicamente asesinado por ETA, veinte años más tarde, en mayo de 1998. Erice se presentó, sin éxito, dentro de UNAI (Unión Navarra de Izquierdas) aunque finalmente recalaría en el PSOE (en su corriente más crítica), luego en Izquierda Unida (donde fue concejal del citado grupo en 1991) para volver nuevamente al PSOE. López Cristobal sería durante un tiempo concejal de HB. A Muez, infatigable critico, le veríamos años más tarde (2001) en primera línea contra las obras de la plaza del Castillo que el mismo junto a otros habían desechado construir 30 años antes. En aquellos años la ciudad seguía creciendo por su lado oeste (San Juan, Iturrama, etc), se creó una inmobiliaria municipal (1976), un loable intento de intervenir en el mercado inmobiliario pero que no acabó de despegar, por las mismas se pretendió impulsar el Plan Sur sin poder obtener resultados, se creó Mercairuña así como otras muchas cuestiones que deberían ser objeto de un estudio específico más pormenorizado.

Orígenes católicos del movimiento obrero en la Pamplona de los años 60 y 70

A pesar de que en los últimos tiempos ha habido historiadores locales que han empezado a estudiar este apasionante período de nuestra reciente historia, las nuevas generaciones probablemente desconozcan como Navarra y especialmente su capital, Pamplona, protagonistas fundamentales de la que los llamados “nacionales” llamaron “La Cruzada” se erigieron, en las  décadas de los años 60 y 70,  en vanguardia de la oposición política contra un régimen totalitario como fue el franquismo. Tanto en esta entrada como en próximas entradas repasaremos como se gestaron los principales movimientos sociales y políticos en nuestra ciudad, en los últimos años del franquismo. Esta entrada sigue la estela de otras como “Conflictividad social y política en la Rochapea de los años 70” y “Las primeras elecciones democráticas” que pretenden contribuir a la recuperación de nuestra reciente memoria histórica y es que han pasado entre 40 y 50 años desde entonces y mucha gente desconoce muchas cosas de nuestra  historia más cercana. En esta entrada hablaré del nacimiento  del movimiento obrero de Pamplona,   en los años 60 y 70, en pleno franquismo, movimiento que tendrá sus raíces iniciales en las organizaciones y grupos católicos, como veremos.

Navarra era, tras la guerra, una región fundamentalmente pobre y agrícola, con un escaso número de obreros y  en la que comenzaba a no serle  ajena al fenómeno de la inmigración que afectaba, de manera virulenta, a  muchas provincias españolas. En la foto de Zaragueta, que acompaña este párrafo, podemos ver una cola de la cartilla de racionamiento, en la calle Ciudadela, allá por los años 40. A partir del año 1952, sin embargo, la Diputación se lanzó  a una acción de promoción industrial apoyada desde los Ayuntamientos, facilitando la implantación de industrias, cediendo terrenos o bonificando impuestos y, desde comienzos de los años 60, procedió  a realizar una verdadera planificación industrial, con un plan de promoción,  que fue liderado por, el entonces vicepresidente de la Diputación, el industrial Félix Huarte. Fruto de esa planificación fueron la creación de un buen número de empresas, cerca de 300, en apenas una decena de años, que dieron  empleo a más de 20.000 trabajadores, en un acelerado proceso de industrialización que veremos con más detalle en otra entrada del blog. 

A más de uno tal vez le sorprenda, o tal vez no tanto (por la más que conocida influencia que  la Iglesia Católica ha tenido en  Navarra y en  Pamplona a lo largo del pasado siglo) que el origen de buena parte del sindicalismo navarro tuviera, desde mediados de siglo XX, profundas raíces católicas. Antes de la guerra había sindicatos católicos confesionales y libres y junto a ellos estaban algunos sindicatos históricos y   de clase:  la socialista UGT, la anarco-sindicalista CNT y la vasquista Solidaridad de Trabajadores Vascos (ELA-STV). Con el triunfo de Franco, y por la nueva Ley de Unidad Sindical (1940),  se prohibió cualquier organización sindical anterior o al margen del nuevo régimen y entre ellos, además de lo sindicatos de clase, también los sindicatos católicos libres.  En 1946 se creó en España la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC),  y poco después  las Juventudes Obreras  Católicas (JOC) sobre la base de la organización de Acción Católica (movimiento creado desde la Iglesia Católica pero formada por laicos para difundir o hacer apostolado del Evangelio y la doctrina cristiana). Uno de los principales promotores de la HOAC fue  el laico catalán Guillermo Rovirosa. No había solo razones apostólicas para esta creación sino también de oportunidad política. La Iglesia Católica era consciente de que, tras la segunda guerra mundial y la derrota de Hitler, el régimen de Franco podía correr peligro de caída por lo que a la Iglesia le interesaba tender puentes con los trabajadores y las clases más desfavorecidas y deseaba promover una acción social algo más crítica y autónoma, dentro de las escasas posibilidades de movimiento que le permitía el régimen. 


En Navarra la primera HOAC se formó en la parroquia de San Agustín, bajo la dirección de Isidro Campistegui y Alejandro Maisterrena. En 1950 la HOAC contaba en Navarra con un consiliario diocesano, Victor Manuel Elizondo, que desarrolló su actividad con los hoacistas hasta 1963. Se impartían cursillos de formación pero poco a poco aquellas reuniones se fueron convirtiendo en foros sindicales, y ya en 1951 era un movimiento de concienciación obrera con una faceta claramente reivindicativa, desde 1956. La HOAC sería testigo de las primeras huelgas generales que conoció Navarra, tras la guerra civil y sus militantes formaron parte decisiva en la creación de los primeros sindicatos socialistas y de clase de la época: USO, CCOO, etc. El protagonismo de la HOAC fue mayor, aquí. en Pamplona que en el resto de España. En 1960, se produjo un requerimiento desde el  Ministerio de la Gobernación al arzobispo de Pamplona, (entre 1946 y 1968), Enrique Delgado Gómez por reuniones de la HOAC en la que se les acusaba de realizar criticas al régimen. La USO (Unión Sindical Obrera)  se fundó en 1961 (aunque se gestó a finales de la década anterior) sobre la base de jocistas, hoacistas y disidentes de la UGT y se proclamaban socialistas, autogestionarios y aconfesionales. 


Nos hemos referido a las primeras huelgas que conoció Navarra y en efecto, en 1951, se produce en Pamplona la primera huelga general de la postguerra. Tuvo lugar entre el 7 y el 11 de mayo de 1951. El origen del conflicto estuvo en el alza de los precios de los huevos en el Mercado Nuevo, del Segundo Ensanche. Pretendían subir el precio de los huevos de 12  a 16 pesetas la docena, en un momento de grandes estrecheces para la mayoría de la población. Parece ser que se produjo una manifestación espontánea de mujeres que desfilaron hasta el Gobierno Civil así como enfrentamientos con la policía y la  guardia civil. Se sumaron a la huelga, los obreros, incluso se cerraron algunos comercios. El 10 de mayo, la huelga se extendió  a otros pueblos,  fuera de la capital. Finalmente y a instancias del gobernador civil de la provincia se aceptaron todas las reivindicaciones de los huelguistas. La siguiente huelga en importancia se produciría en abril de 1955, en solidaridad con los trabajadores de Calzados López y duró una semana.

Hacia  1960, y desde el entorno de los jesuitas, nacían la Vanguardia Obrera Social (VOS) y la Vanguardia Obrera Juvenil (VOJ), similares  a las HOAC y JOC, respectivamente.  Sin embargo hubo  discrepancias, desde el primer momento,   entre los miembros de ambos movimientos, HOAC y VOS, que rivalizaban por liderar el movimiento obrero, y que quedaron  de manifiesto en la preparación de los actos de aquellos Primeros de Mayo. Las Vanguardias Obreras, de inspiración jesuítica, crearon en 1962 la AST (Acción Sindical de Trabajadores) que se autodefinía como aconfesional, unitaria y revolucionaria. Intentaron entrar consecutivamente en la Internacional Cristiana, la Internacional Socialista, la Internacional Comunista pero no tuvieron suerte, porque en cada una de ellas ya había un sindicato afín y acabaron relacionándose con el comunismo chino. Proyectaron convertirse en un partido político y operar sindicalmente desde CCOO y así lo hicieron inicialmente  creando en 1970  la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT) de inspiración maoista y promoviendo luego, en 1977,  la formación del  SU (Sindicato Unitario). En mi barrio, en la Rochapea, había muchos jéovenes que pertenecían a la UJM (Unión de Juventudes Maoistas), las juventudes de la ORT, y que popularmente, por razones obvias, les llamábamos “los chinos”.


Los sindicatos obreros aprovecharon los escasos resquicios que permitía el régimen para infiltrarse en el sindicato vertical. Esto fue posible sólo desde finales de los años 50,  tras la aparición de la figura de los jurados de empresa (en 1947), del  reglamento que desarrolló dicha figura en 1953 y, especialmente, desde la  ley de convenios colectivos sindicales publicada en  1958. De hecho las primeras elecciones sindicales que tuvieron cierta importancia en Pamplona fueron las de 1963, en las que, por primera vez,  ocuparon cargos gentes, mayoritariamente procedentes de la HOAC, que no procedían o pertenecían al sindicato vertical. Hasta entonces nadie dudaba que las elecciones estaban más o menos amañadas. Los hoacistas se infiltraron en el sindicato vertical, sobre todo en el período 1960-1963, y desde el puesto de los jurados de empresa organizaron  verdaderas células sindicales con cobertura legal, desde donde se organizaban colectas, acciones de solidaridad, etc. A partir de 1966, a la acción sindical de la HOAC se le unió la oposición política municipal, a través de los llamados “concejales sociales”, que veremos,  también, con detalle, en una entrada posterior. 

No obstante, parece claro que,  desde mediados de los 60, la HOAC empezó a  ser desbordada  por la acción sindical y política   que había contribuido a iniciar, siendo además, por otro lado, objeto de  duras críticas, incluso de cierta persecución, por parte de la jerarquía eclesiástica. En las elecciones sindicales de 1966 se presentaron candidatos de CCOO (en el que había desde cristianos  a gente procedente del Partido Comunista), USO y  gente procedente de la AST y de otras organizaciones que se encontraban  a la izquierda del PCE. En 1965 se creó  el Consejo Sindical Provincial de Empresarios y Trabajadores, formado,  a su vez, por el Consejo de Empresarios y el Consejo de Trabajadores en el que había representantes de los  empresarios y de las llamadas “unidades de técnicos y trabajadores”.  En 1967 la mayoría de los vocales de los trabajadores eran independientes, salvo algunos, de USO, CCOO HOAC y algún carlista, y  eligieron   como presidente del Consejo de Trabajadores a Tomás Caballero, trabajador de FENSA (Fuerzas Eléctricas de Navarra) y cercano a la HOAC. Caballero intentó desde la estructuras del régimen mejorar las condiciones de los trabajadores. En 1969 se abrió  una sima cada vez más profunda entre los miembros del Consejo reformistas,  partidarios de utilizar los resortes del sindicato vertical para mejorar las condiciones de los trabajadores, y los rupturistas que buscaban un cambio radical del régimen político así como de las relaciones sociales y sindicales.


Se considera, habitualmente, que el movimiento obrero navarro de aquellos años comenzó,   con la huelga de Frenos Iruña, allá por el año 1966 (fue la más importante después de la última huelga general de 1955, (si bien hubo  otra huelga anterior  en Embutidos Mina, en 1965). Otras huelgas destacables en los años 60 y 70 fueron la huelga de 10 días en Imenasa, en el año 1968; la huelga de Super Ser, en mayo de 1969 y en Eaton; la huelga de Industrias Esteban, en 1970; la huelga de mes y medio en Eaton Ibérica, en 1971; la huelga, también de mes y medio, en Imenasa, en 1971; la huelga de Torfinasa, del 30 de noviembre de 1972 al 17 de enero de 1973, que fianlizó al producirse el secuestro por ETA , del director de la fábrica, Felipe Huarte; la huelga de un mes, en Potasas de Navarra, en 1973; la huelga general de junio de 1973 (de diez días), en solidaridad con los trabajadores de Motor-Ibérica, que llevaban un mes de paro; las dos semanas de huelga, en febrero de 1974, en Potasas de Navarra, con cuatro días de encierro en la mina, de 300 trabajadores; la huelga general de diciembre de 1974, preparada por los paros de varios miles de trabajadores que venían realizando huelgas, en sus propias empresas; y  la huelga general de seis días en enero de 1975, en solidaridad con los trabajadores de Potasas de Navarra (que llevaban casi dos meses de los tres y medio que duraría su huelga) y con el encierro de 47 mineros en el pozo de Esparza, en el que permanecieron durante tres semanas. En 1970, Navarra era la 8º provincia más conflictiva de España, seis años más tarde, en 1976 había ascendido al 2º o 3º puesto en el ranking de la conflictividad a nivel nacional. De ser un baluarte del Régimen, tras la Guerra Civil, en los últimos años del franquismo, Navarra y especialmente Pamplona se convirtieron en un aunténtico quebradero para el régimen.

En todas esas huelgas que he citado tuvo una intervención destacada el naciente y pujante movimiento de las Comisiones Obreras. Las primeras Comisiones Obreras aparecieron y desaparecieron en el Estado  como consecuencia de la huelga minera de Asturias del año 1962 y se organizaron definitivamente, y muy especialmente, en Vizcaya y Cataluña a partir de 1964, con gente de procedencia muy diversa; desde antiguos hoacistas a miembros del Partido Comunista o de militantes situados a  la izquierda del PCE, procedencia que se reproduciría también en Pamplona.  Las Comisiones Obreras de Navarra nacieron oficialmente en una reunión, celebrada el 31 de enero de 1966, en el Centro Mariano de Pamplona. En ella se aprobó y dio a conocer una declaración de principios titulada “Ante el futuro del Sindicalismo” que hablaba del pleno desarrollo y promoción de la clase obrera y de las libertades democráticas y sindicales. En los primeros momentos participaron de forma estable en las Comisiones Obreras la Acción Sindical de Trabajadores (AST) y la Unión Sindical Obrera (USO).  Quien no participó finalmente de forma estable fue el PCE, pese a que, como he dicho, fue uno de los grupos promotores de las Comisiones. Hay que señalar que USO participó en las CC.OO. de Navarra debido al carácter unitario que éstas tenían, mientras que en el conjunto estatal sólo estuvo dentro de ellas hasta 1967. Fueron conocidos dirigentes sindicales de CCOO: Beunza, Arbizu, Erice, Ibarrola, Sanchez Garro, Iturbe, Labayen, Larrea y otros en comités de empresa como los de Potasas, Eaton, Super Ser, Frenos Iruña, Perfil en Frio, etc. CCOO  tendría su primera asamblea nacional en junio de 1967 y aunque se definía  “movimiento obrero abierto, unitario, democrático, independiente y reivindicativo” acabaría más adelante como un sindicato muy vinculado al Partido Comunista mientras USO acabaría diluyéndose en la UGT en los años 80. En aquellos años tanto los partidos, que estaban todos prohibidos, como los movimientos sindicales echaban mano para su proselitismo y “agitación” de las  octavillas y panfletos  que eran editados en rudimentarias multicopistas, la llamada ciclostil conocida también como “la vietnamita” pues recuerdo que así también la llamaban entonces, con mensajes  absolutamente propagandísticos, triunfalistas y revolucionarios.

En 1976 se comenzó a hablar de crear un sindicato unitario de los trabajadores, de corte asambleario. El asamblearismo había marcado el modo de funcionamiento de los sindicatos en las empresas desde el principio. En el seno de CCOO surgieron diferencias entre los que querían ese sindicato unitario o consolidar Comisiones.  El 30 de marzo de 1975 las Cortes  aprobaron la Ley de Asociación Sindical, que desembocaría en el desmantelamiento del sindicato Vertical. En  abril de 1977 se creó el Registro de Entidades Sindicales y enseguida  los diversos sindicatos fueron legalizados, entre ellos CCOO que se constituirá como sindicato diferenciado  obteniendo en las elecciones de diciembre de 1977 el 2º puesto tras el SU (Sindicato Unitario nacido tras la escisión producida) y más tarde,  en las sucesivas elecciones, también el 2º puesto, tras la UGT. También recuerdo que estaba la CSUT (Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores), políticamente cercana al PTE (Partido de los Trabajadores de España), escisión a su vez de los sindicatos unitarios. Es curioso pero cabe señalar que ambos sindicatos  CSUT y SU se constituyeron en Pamplona, como tales, el mismo día, el 27 de marzo de 1977, el primero en un local situado en la calle Compañía, el segundo en una reunión en el Seminario de Pamplona. El Sindicato Unitario tenía detrás a la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT). Eran sus principales dirigentes Ibarrola, Urroz, San Martin, etc. Tanto la CSUT como el SU desaparecieron, la primera en los 80, el segundo a finales de los 90, ocupando ese espacio de sindicalismo revolucionario la CUI y/o CUIS, apoyado desde el EMK (Movimiento Comunista de Euskadi).

La histórica UGT comenzó  a reactivarse en Navarra tras la guerra, en 1974, de la mano de Julián Rezola, en otro tiempo militante del PCE. En la primera asamblea provincial, en 1977, salió elegido como secretario provincial José Antonio Carpintero. El sindicato  vivió hasta 1983 un período convulso de tensiones internas, convirtiéndose, posteriormente, en el primer sindicato de la Comunidad. En 1974 nació LAB,  vinculada a la llamada izquierda abertzale; por su parte el sindicato nacionalista moderado ELA se reactivaría a partir de 1976.  En 1978, tras cinco meses de elecciones se eligieron 2.837 delegados que correspondían a 867 empresas. El triunfo fue para los independientes o no afiliados, con 752 delegados; seguidos por las centrales sindicales de clase: CCOO, 488; SU, 432; UGT, 410; CSUT, 305; USO, 173; ELA, 120; LAB, 95; CGCM, 27; y otros sindicatos, 35.


Y como quiera que en esta entrada estamos analizando, sobre todo, la influencia de los movimientos católicos en la génesis del movimiento obrero, no podemos olvidar la figura de lo que se dio en llamar, en aquella época,  de los curas  obreros,  y que  eran sacerdotes que se acercaron, entonces, al movimiento obrero o fueron especialmente sensibles a las cuestiones sociales, en unos años en los que no había ningún tipo de libertad: ni sindical, ni política, etc. A finales de 1972, como decía en la entrada de la conflictividad social y política en la Rochapea de los 70, la iglesia de mi barrio, la Iglesia del Salvador  fue objeto de un encierro de los trabajadores de Torfinasa. Los trabajadores llevaban más de un mes de huelga y se encerraron en la iglesia. El día 16 de enero de 1973 ETA secuestraba a Felipe Huarte, hijo de Felix Huarte y dueño de la empresa.  Eran años de huelgas, como hemos visto anteriormente, y de incendiarias homilías donde los sacerdotes de las iglesias, de los barrios obreros de Pamplona, denunciaban la falta de libertades políticas y sindicales. Recuerdo, -yo apenas tenía 9 o 10 años-,  que a mi parroquia bajaban muchas personas de otros barrios de Pamplona a escuchar la homilía del domingo. La más celebre,  de todas ellas,  era la homilía del domingo a la una. “El cura de la una”, decían mis parroquianos. Con esta denominación se referían sobre todo a Jesús Lezaun, que venía de vez en cuando a dar misas a la parroquia. Junto a él estaban los curas de la Iglesia, Patxi Larrainzar, sobrino de D. Marcelo Larrainzar,  que aunque nacido en Riezu había venido  a vivir en el  barrio a los ocho años y José María Jimenez, natural de Olite que permanecería en la parroquia cerca de 30 años, hasta finales de la década de los 90. Jimenez pasaría tres meses en la cárcel de Carabanchel,  precisamente por una   homilía sobre el secuestro de Huarte. 
Algo más de suerte que Jimenez tuvo Jesús Lezaun que huyó tras la homilía del 26 de enero de 1973, tal y como atestigua la foto sobre aquel hecho y que fue publicada en el Diario de Noticias el 5 de abril de 1998. En la otro foto también publicada en el Diario de Noticias vemos a Patxi Larrainzar junto a otros sacerdotes en una reunión de sacerdotes de aquella época. El 4 de Febrero de aquel año tuvo lugar la lectura de una misma homilía en nueve parroquias de la periferia obrera de la ciudad, tras la que se le llamó a declarar a más de una veintena de sacerdotes. No fueron juzgados ni a parar a prisión gracias a la intermediación del arzobispo de Pamplona, José Mendez  pero muchos acabaron condenados  a pasar largas temporadas recluidos en los Monasterios (sobre todo el de la Oliva, donde recalaron más de 40 sacerdotes a lo largo de aquellos años  y más tarde el de Leyre). En aquellos años por acciones como la de estos curas podían ser condenados a 12 años de prisión. Junto al arzobispo José Mendez ejercía en estos años de obispo auxiliar José María Larrauri que se atrevió a denunciar en la semana santa de 1973 la práctica de malos tratos generalizados  a los detenidos por las llamadas fuerzas de orden público. La homilia de las nueve parroquias llevo aparejada una corriente de solidaridad entre el clero navarro, pues nada menos que 222 sacerdotes se solidarizaron con lo expuesto en aquella homilía. Hubo un precedente anterior digno de destacar como fue el manifiesto de los 336 sacerdotes vascos del 30 de mayo de 1960, en el que se criticaba la situación social y política por la que pasaba el País Vasco. El miedo a ser detenidos tras las homilías no desapareció hasta la muerte de Franco en noviembre de 1975. Se da la anécdota de que algún sacerdote se permitió el lujo de excomulgar al entonces gobernador civil de Navarra, Ruiz de Gordoa y siete parroquias de Pamplona decidieron no celebrar misa el 24 de enero de 1975, en protesta por la entrada de la policía en la Catedral, tres días antes, en una concentración informativa de trabajadores de Potasas y otras empresas.

El dinero en el viejo Pamplona y cuanto costaban las cosas en aquel entonces (1958-2008)



En este ir y venir del presente al pasado, y del pasado al presente, no podemos olvidarnos de algo tan prosaico y al mismo tiempo tan sustancial e inevitable en nuestras vidas cotidianas como el dinero, ese dinero que en pequeñas cantidades constituía nuestra paga, ese primer dinero que ganamos en nuestro primer trabajo, ese dinero con el que nuestros padres pagaron el piso en el que pasamos una buena parte de nuestras vidas, ese dinero con el que compraron aquellos primeros electrodomésticos, el coche, y tantas y tantas cosas. Haré un repaso desde aquellos lejanos años de los últimos 50 y primeros 60 hasta el año 2008, por acotar un periodo redondo de medio siglo. No quisiera saturarles con demasiadas cifras pero es inevitable darlas. Junto al artículo repasaré todas las monedas y billetes que conocimos en aquellos años, rescatando sus formas, diseños y colores. Si, veremos los colores de aquellas monedas y billetes rompiendo el tradicional blanco y negro de las fotografías de este blog de recuerdos.

A nuestras manos  de niños llegaban viejas monedas acuñadas en otros tiempos: monedas de 5, 10, 25 y 50 céntimos de peseta, céntimos que apenas tenían valor en aquellos años, pero el suficiente para la compra de nuestros pequeños juguetes y chuches en la Patxi, en Marcelo Celayeta.  Las monedas de menos valor apenas pesaban, como si su ligera aleación fuese pareja al valor de la moneda. Recuerdo sobre todo la moneda de 50 céntimos con aquel agujerico en medio, la eterna y rubia peseta, la moneda de dos pesetas, la moneda de 2,50, el duro, las 25 pesetas o las 50 pesetas, estas parecían toda una fortuna y se guardaban para compras mayores, más sustanciosas, algún libro, por ejemplo. El primer billete que recuerdo de aquel entonces era el de 100 pesetas, cuyos cuatro diseños que recuerdo (el de Goya (1946), Julio Romero de Torres (1953), Becquer (1965) y Falla (1970)  reflejo en esta entrada por orden cronológico (del de Goya alguno vi, aunque no demasiados). También había entonces una voluminosa moneda de 100 pesetas. 
Las primeras pagas de nuestra infancia, casi adolescencia, se nutrían de ese escueto billete de 100 pesetas. Posteriormente la paga subiría a 500 pts y en torno a 1980 ya llevábamos un billete de  1.000 pts en el bolsillo (225 pts nos costaba la entrada del Club Natación). De todos estos valores   dejo  también aquí los billetes correspondientes, con sus imagenes más conocidas:  en los billetes de 500 la del pintor Ignacio Zuloaga, (1954) y la de Jacinto Verdaguer, (1971) y en los de 1.000 pts, la de los Reyes Católicos (1957), San Isidoro (1965) y José de Echegaray (1971). En 1975 el billete de más valor era el de 1.000 pesetas, luego un año más tarde, en 1976  saldría el de 5.000 pesetas (cuyo billete también incluyo, con la imagen del rey Carlos III). Tras el franquismo, los billetes mayores (de 1.000 y 5.000 pts, con las imagenes, en el primer caso de Galdos y Pizarro y en el segundo del rey Juan Carlos y Cristobal Colón) se hicieron algo más pequeños que sus homólogos del pasado, probablemente para ir ajustando el  tamaño al valor facial, al aparecer algún otro de mayor cuantía como el billete de 10.000 pts (con la imagen del Juan Carlos). 

También en esa época apareció otro billete nuevo, este de 2.000 pts, rojo, con la imagen de Juan Ramón Jimenez y más tarde  con la imagen de Jose Celestino Mutis,  mientras nuevas monedas iban conviviendo y luego  sustituyendo a los billetes de menor valor: de 100 y 500 pts. Por cierto, recuerdo que a finales de los 70 había en circulación un billete de 500 pts, con la imagen de Rosalía de Castro. Hacia tiempo que habían desaparecido los céntimos, pero surgían nuevas monedas como la de 10 pesetas o la de 200, por cierto también recuerdo que hubo un billete de 200 pts de color rojo, con la imagen de Leopoldo Alas Clarin. Con el euro, surgieron los billetes de 100 euros (16.638 pts) y de 500 euros (83.193 pts) que se sumarían a los más pequeños de 5, 10, 20 y 50 euros que no reproduzco por su nulo interés, los tenemos todos en el bolsillo…aunque, dados los tiempos que corren, en pequeñas cantidades. 


Y después de repasar los diferentes billetes y monedas veamos que podíamos hacer con ellos analizando, en primer lugar, los salarios de aquellos años. Tras la guerra civil el país atravesó un largo y penoso proceso de empobrecimiento. No fue hasta los primeros años 60 en que se produjo el relanzamiento de la economía, tras un periodo de dura postguerra, cartillas de racionamiento, ostracismo en la política internacional y autarquía en lo económico. La renta per capita, entendida como capacidad adquisitiva, no recuperó, al menos en las ciudades, el nivel del año  1934 hasta 1960. En la década que va de 1936 a 1946 hubo una reducción  de los salarios reales de al menos el 25%, mientras la inflación en el período 1936-1942 llegaba al 274%. Por supuesto que los salarios crecieron en ese periodo (un 150%) pero fue mucho mayor el crecimiento de los precios. Para ponderar el peso de los salarios habría  que compararlo con el de los precios en ese período. 

En 1934, antes de la guerra, el sueldo medio estaba entre las 300 y las  500 pesetas al mes y los alimentos más necesarios costaban entonces: 1 kilo de pan, 0,65 pesetas; 1 kg de carbón, 0.25 pesetas; 1 kg de azúcar, 1,65 pesetas; 1 kg de patatas, 0,25 pesetas; 1 kg de arroz, 1 peseta; 1 litro de leche, 0,70 pesetas; 1 litro de aceite, 1,60 pesetas. En cuanto a la ropa: una camisa, 7,50 pesetas; un traje bueno, 150 pesetas aunque también se podía encontrar por menos, por unas 80 o 100 pts; un par de zapatos, 22 pesetas; un corte de pelo, 0,25 pesetas; un periódico, 0,10 pesetas, un reloj de pulsera 125 pts, un menú en un buen restaurante o una entrada al Teatro unas 2 pts, una bicicleta, unas 200 pts y un coche 4.500 pts.


En 1958, teníamos una inflación del 40% y un sueldo mensual era de unas 1000 pesetas al mes. Cinco años más tarde, en 1963 el salario mínimo era de 1.800 pesetas al mes. La inflación fue bajando y en 1965 era ya del 14% y el salario mínimo mensual de 2.500 pts mensuales. En 1969 el salario mensual era de 3.060 pts, en 1974 de 6.750 pts y en 1975-76 de  10.200 pts, aunque el salario medio era sensiblemente superior,   unas 20.000 pts, en 1978, el salario mínimo era de 18.000 pts y un sueldo medio llegaba casi a las 30.000, pts mientras que en 2008 el salario mínimo rondaba las 82.460 pts (unos 496 €) y el sueldo medio estaba en torno a los  1.500 euros al mes. Veamos, a continuación,  la evolución de los precios a lo largo de estos últimos 50 años, agrupando los capítulos de gasto en diferentes apartados. Comenzaremos  por 1958 y veremos algunas variaciones posteriores, con indicación del año o años:




Entretenimiento:
  • Una revista ilustrada como “La Actualidad Española”, costaba en 1958, 5 pts si bien en  1963-65 el precio de las revistas oscilaba entre las 8 pts de “Sábado Gráfico” y las 10 de “Triunfo”.
  • Un periódico costaba en 1958, 1,50 pts, en 1965,  2 pts, en 1971, 4  pts y  en 1974, 8 pts. (“El Caso” costaba algo menos, 6), en 1976, “El País” costaba 10 pts, en el año 2001: 150 pts y en 2008: 1 euro (166,36 pesetas).
  • Un tebeo  costaba 2,50 pts en 1958, en 1975, 5 pts y en 2008, 4 euros (664 pts).
  • Un libro de tapas duras y sobrecubierta costaba en 1975 en torno a las 500 pts, mientras que en  el  año 2000 ese mismo libro costaba 2.500 pesetas.
  • Una entrada de cine costaba en 1958, 2,50 pesetas, en 1971, entre 12 y 17, aunque en las grandes capitales podía llegar a 22 pts las salas de estreno y bajar a 11 las más baratas, en 1975-76, el precio de la entrada oscilaba entre las 60 y 100 pts, según capitales y en el año 2000 entre 700 y 900 pts, mientras que en el 2008 se situaba entre los 7 y los 9 euros (1.200-1.500 pts).


Viajar:
  • Un billete de tren a Madrid, costaba unas 400 pesetas en 1958, y unos 60 euros (10.000 pts) en 2008.


Comida:

  • Un litro de leche costaba en 1958: 4 pts, en 1975: 20,95 pts, en 2000: 98 pts y en 2008: 0,96 € (159,73 pts)
  • Un litro de aceite costaba en 1958: 16 pesetas, en 1975: 72 pts, en 2000: 375 pesetas, y en 2008: 3,29 € (547,40 pts)
  • Un kilo de patatas costaba en 1958, 2,20 pts,  en 1975, 7 pts, en 2000: 115 pts,  y en 2008: 0,80 € (133,10 pts)
  • La barra de pan costaba en 1958, 2,50 pts., en diciembre de 1971: 3,5 pts, en 1975:   9 pts,   en 2000: 50 pts y  en 2008: 0,88 €,146,41 pts
  • Un kilo de azúcar costaba en 1958: 11 pts,  en 1967, 10 pts, en 1975, 36,95 pts, en 2000, 145 pts y en 2008, 0,93 € (154,73 pts)
  • Un kilo de arroz costaba en 1958, 11 pts y en 2008, 1,10 € (183,02 pts)
  • En 1968, el lomo embuchado estaba a 300 pts el kilo, un precio absolutamente prohibitivo pero la merluza congelada estaba, sin embargo,  a 11 pesetas. En febrero de 1976, un estudio de la revista ‘Ciudadano’ calculaba que el presupuesto mínimo de una familia con dos hijos era de 634 pesetas al día (en 2008 era de casi 7.000), de las que 295 pts se dedicaban a alimentación, lo que suponía cerca de 108.000 pts al año. En el año 2008 superaba las 600.000 pts al año. El gasto medio anual en vivienda en este período ha pasado de 26.000 pts al año a casi 800.000 pts


Ropa:

  • Una camisa costaba en 1958, 150 pts, en 2008, 40 euros (6.655,44pts)
  • Unos vaqueros de hombre costaba en 1975, 3.500 pts, en 2000, 7.500 pts
  • Un par de zapatos costaba en 1958, 140 pts, en 2008, 60 euros (10.000 pts)
  • Un traje costaba en 1958 1.500 pts, en 2008, 250 euros (41.596 pts)





Otros servicios:
  • Un corte de pelo costaba en 1958, 8 pts, en 2008: entre 15 y 20 euros (2.500-3.500 pts)
  • Quince días de vacaciones en Marbella costaban en 1965 4.500 pts. Por poco más de 100.000 pts uno se daba la vuelta al mundo en 1975, en 2008 necesitaba un millón.
  • Una comida en un restaurante de postín costaba en 1975, 2.000 pts, en el año 2000, entre 12 y 14.000 pts
  • En 1958, la lotería daba un premio gordo de 3 millones de pesetas, en 1975 de 120 millones de pesetas, en 2008 de 3 millones de euros (casi 500 millones de pesetas)
  • La bajada de bandera de un taxi en 1975 era de 20 pesetas mientras que en el año  2001 estaba entre 150 y 180 pesetas


Electrodomésticos:

  • Una lavadora (de turbina) costaba, en 1958, entre 4 y 6.000 pts
  • Una nevera Philips de 2 puertas  costaba en 1965, 40.000 pts y la de una puerta entre 10 y 18.000 pts. A medida que crecía la demanda fueron bajando los precios: en 1976, un frigorífico costaba en torno a las 12.000 pesetas y una lavadora automática económica unas 15.000 pesetas
  • Un lavavajillas que en 1975 costaba unas 45.000 pts cuesta en el año 2000 unas 65.000 pts
  • Un televisor Marconi de 20 pulgadas  en 1963 costaba unas 20.000 pts,  (a mil pesetas la pulgada), en 1973, unas 25.000 pts, en 1975, un televisor de 12-14 pulgadas, 10.750 pts, en 2000, entre 25 y 27.000 pesetas
  • En 1973 una cámara de fotos costaba unas 3.500 pts y un tocadiscos, 6.388 pts.

Vehículos:

  • Una moto vespa costaba en 1958 entre 17 y 19.000 pesetas mientras que una moto similar  estaría en 2008 por encima de los 3.000 euros, (unas 500.000 pts)
  • Un coche, por ejemplo, un Seat 600, costaba en 1958 unas 65.000 pts (unos 15.000 euros al cambio actual). Luego, los coches bajaron de precio. En 1971 el precio de los coches oscilaba entre las 65 y las 120.000 pts: un Seat 600 costaba 65.000 pts, un Seat 850 75.900 pts y un Seat 124D, unas 115.000 pts, en 1972, un Renault 5 costaba unas 131.810 pts. En 1975 el precio de los coches había subido, situándose entre las 200 y las 300.000 pts: el automóvil más vendido ese año fue el Seat 127. Costaba más de 300.000 pts. el coche más barato del mercado en los años 70 era el Citroen 2 caballos que costaba 216.000 pts seguido del “Cuatro Latas, el Renault 4” que costaba 234.296 pts. Hoy un coche de gama media está entre el millón y medio y los dos millones de pesetas.

Vivienda:
  • No es  una percepción subjetiva sino un hecho constatable el enorme incremento del precio de la vivienda. En los últimos 27 años, esto es, de 1985 a 2012 el precio de la vivienda creció en España  una media de un 578,5%, osea se multiplicó por siete, tres veces el índice de inflación acumulado en ese período. Esa subida sería mayor si solo contamos hasta el año 2007, año de inicio de la crisis, pues el incremento fue casi de un 800% en ese período, más de cinco veces el índice de inflación acumulado en ese periodo. En 1998 era bastante común encontrarse un piso de 60 o 70 metros por apenas 10 millones de pesetas. Años más tarde ese piso valía el doble e incluso el triple. El periodo de mayor especulación inmobiliaria fue el comprendido entre los años 2002 a 2006. En Pamplona, en los últimos 25 años ha crecido el precio de la vivienda más de un 700%. 
  • Si nos vamos hacia atrás en el tiempo, un piso de 70-80 metros cuadrados en la Rochapea, podía costar en 1968 poco más de 200.000 pts, en 1978, ese piso costaba en torno a un millón, aunque también podían encontrarse en esa época pisos por algo menos 600 o 700.000 pesetas, en 1988, el piso costaba 4 millones, en 1998, 12 y en 2008, conozco algún caso de un piso en esa misma zona que se llegó a pagar 36. Hoy, seis años más tarde nadie te da más de 20 y eso si tienes suerte. En la calle Iturrama, en 1973-74 podía comprarse uno un piso de más de 100 metros cuadrados por apenas 3 millones de pesetas, 30 años más tarde ese mismo piso lo podías vender por 60. Fueron los años felices del pelotazo inmobiliario.

Pero hagamos un balance ¿Cuánto ha subido la vida en los últimos cuarenta años, exactamente desde que murió Franco?. Los precios se han multiplicado en este período por 15 de media en productos como el pan, el cine o los coches, mientras que la renta per capita disponible lo ha hecho solo por cinco. Es verdad que el salario mínimo es 30 veces mayor pero la percepción generalizada es que, tras la subida del euro, se han incrementado muchísimo los precios de las cosas mientras no han subido en igual medida nuestros salarios. 
Sobre este asunto del incremento del coste de la vida puede haber diferentes opiniones y sesudos debates. ¿Era más facil ahorrar antes que ahora?. Pues si tenías la fortuna de tener un buen sueldo tal vez si. Se vivía de forma, por lo general, mucho más austera (¿filosofía de vida o necesidad?), como he dicho en alguna entrada. ¿Está la vida más cara ahora que antes?. Pues depende.

Es evidente que por lo que se refiere a la vivienda, antes se podía pagar el piso en un plazo más o menos razonable de años de tu vida. Hoy en día necesitas vida y media para pagar la hipoteca. Es verdad que algunos bienes de consumo, fundamentalmente pequeños electrodomésticos, son relativamente accesibles si los comparamos con el pasado, pero esto se debe fundamentalmente al exponecial crecimiento de la demanda de los productos que facilita la bajada de precios de estos. La incorporación de nuevas partidas de gasto, sobre todo en el ámbito del entretenimiento (telefonía movil, internet, otros servicios de pago, etc,) que antes no existían, no contribuyen a llegar fácilmente a final de mes. No obstante, creo que el nivel de vida medio de la población ha mejorado (siempre y cuando no hayas tenido la desgracia de caer victima de la actual crisis). Repasando las partidas de gasto que aparecen en esta entrada, hay algunos gastos que se han abararatado comparativamente hablando y otras que son, por contra, mucho más gravosas. El debate, siempre polémico y multifacético está abierto. Que cada uno saque sus particulares conclusiones.



Nuevas publicaciones periódicas en Pamplona en la epoca de la transición (1976-1982)


Segunda y última entrega sobre las publicaciones periódicas que podíamos ver en Pamplona en aquellos años, en esta entrada de la época de la transición democrática, con referencias también  a publicaciones aparecidas fuera de este período. En aquellos convulsos años desaparecieron, como hemos visto en la entrada anterior, algunas cabeceras en nuestra ciudad como “Arriba España” (1975) y “El Pensamiento Navarro” (1981), pero, por contra, aparecieron otras. Periódicos editados en el País Vasco como “Deia” y “Egin” abrieron delegaciones en la capital navarra con información local, provincial, cultural y deportiva de nuestra ciudad y nuestra comunidad. “Deia” tenía su delegación en el nº 57 de la calle Estafeta y “Egin” en el nº 2 de la calle Amaya. Habría que esperar algún año más, hasta 1982  para ver una nueva cabecera editada en Pamplona: “Navarra Hoy”. Adjunto alguna de sus primeras portadas.

“Deia” (en euskera “llamada”) junto con su empresa Editorial Iparraguirre fue impulsado por el PNV siendo el primer diario nacionalista vasco surgido tras la dictadura franquista. Su primer número salió el 8 de junio de 1977. Poco después, el 29 de septiembre de 1977  aparecía el rotativo “Egin” (en euskera “hacer”) de la mano de la sociedad Orain S.A vinculado a la izquierda abertzale y a Herri Batasuna, clausurado en 1998 por orden judicial, por presunta vinculación con ETA,  y aunque 11 años después las autoridades judiciales levantaron la suspensión ya no volvió a salir más, pues su espacio había sido ocupado por el periódico “Gara”, también con delegaciones en el Pais Vasco y Navarra.

“Navarra Hoy” salió a la calle, por primera vez,  el 23 de mayo de 1982 y pretendía tener un ideario  progresista y abierto  al vasquismo  frente a su competidor, el “Diario de Navarra”, conservador y de corte navarrista. Fue su primer director Alfonso Ventura que había dirigido anteriormente la “Hoja de Lunes de Bilbao” y “Deia”. Desde el comienzo su trayectoria estuvo plagada de problemas económicos. Su rotativa procedía del “Diario de Asturias” que había desaparecido poco antes. A Ventura le sustituyó un año más tarde José Antonio Montón y a éste, en 1986, Xabier Zabaleta que procedía de la primera época de “Egin”, antes de que en este rotativo se realizasen los primeros cambios de periodistas  por motivos ideológicos. Zabaleta  modernizaría el periódico y lo dirigiría  hasta 1990, año en que lo dirige, durante un breve período, Jose Arrieta al que sustituiría Juan Pedro Bator. En ese año la empresa se constituyó en una sociedad anónima laboral pero la situación económica no mejoró. En julio de 1993, Zeroa Multimedia se hacía con los activos de “Navarra Hoy” y ponía en marcha un nuevo proyecto que saldría a la luz el 8 de abril de 1994: “Diario de Noticias”, con la rotativa y la mayor parte de la plantilla del antiguo periódico, si bien en sus inicios contó, además, con el apoyo de algún conocido empresario de la construcción como Miguel Rico.  El rotativo cumple este año  su vigésimo aniversario. El periódico mantiene el carácter progresista y vasquista  de su predecesor, siendo su primer director Fernando Múgica al que sustituiría luego Manuel Bear y Pablo Muñoz. Mientras tanto “Deia” dejó de editarse en Navarra para convertirse en “Deia, Noticias de Bizkaia” y pasar a formar parte del Grupo Noticias del que forma parte “Diario de Noticias de Navarra” así como “Noticias de Guipuzcoa” y “Noticias de Alava”. En 2004 surgiría una nueva cabecera que apenas duró un año, “La Estafeta de Navarra”, del grupo del empresario burgalés Mendez Pozo, propietario entonces de algunas televisiones locales como Canal 6.

Además de estos periódicos surgieron, en esta época, otras publicaciones locales, algunas revistas, entre las que merece destacarse la revista “Punto y Hora de Euskal Herria”. “Punto y Hora” fue una revista semanal de temática política y orientación nacionalista. Nació como una sociedad de redactores (así reza en su primer editorial) y fue publicada por primera vez en Pamplona en abril de 1976, bajo la dirección de Mirentxu Purroy. Tenía su sede en la calle Cortes de Navarra. La revista sufrió algunos secuestros a  lo largo de su historia (que recuerde, al menos en 1981 y 1983)   y fue objeto de un atentado en octubre de 1977 reivindicado por la Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista) que destruyó por completó la redacción de Pamplona. La editorial del siguiente número era toda una critica contra todo tipo de violencia, tanto contra el atentado recibido como censurando la actividad de ETA. Junto a este parrafo, adjunto la portada del número dedicado a los sucesos de Montejurra, donde murieron asesinados dos jovenes carlistas. En enero de 1979 se cancelaba temporalmente su publicación para reanudarse en abril de ese año esta vez editándose desde  San Sebastian, con una dirección mucho más cercana a los postulados de Herri Batasuna. La revista desapareció en  1990.

A lo largo de estos años se editaron algunas otras revistas aunque la mayoría  tuvo una efímera existencia.  En octubre de 1980 salió el semanario de información general “Chapitel”, editado por una sociedad cooperativa de periodistas y dirigida por Antonio Elizondo que más adelante, en 1990, impulsaría otro proyecto de revista que aun pervive: la revista mensual “Negocios en Navarra”, que hace cuatro años cumplió su vigésimo aniversario. Entre 1981 y 1982 la editorial Plazaola  editó la revista “Cuatro Vientos”, una de las primeras publicaciones gratuitas que pronto se especializó en moda y comenzó a cobrarse. Hubo alguna revista de marcada orientación navarrista que tuvo una corta vida, incluso algún intento de sacar una revista de cotilleos local, sin demasiado éxito. En el ámbito cultural destacan la edición de la revista de poesia “Rio Arga” (1976) y sobre todo de la revista “Pamiela”. La revista literaria “Pamiela” aparecía por primera vez en 1983. Surge en la librería Hauzolan de la calle San Gregorio, abierta al público en 1977. Con la cuarta revista se quiso hacer un homenaje a Pablo Antoñana y se publicó su libro “Pequeña Crónica”. Estaban tras la revista los escritores Txema Aranaz, Javier Eder, Victor Moreno, Santiago Echandi, Pello Lizarralde y Miguel Sánchez Ostiz. Se publicaron 15 números entre 1983 y 1993. De ahí surgiría el proyecto de la editorial del mismo nombre que ha editado cientos de títulos tanto en castellano como en euskera en los últimos 20 años. 

A finales de los 90 y primera decada del siglo surgirían diferentes gratuitos, primero independientes como “Barrios de Iruña” que luego serían absorbidos por grupos empresariales locales y estos a su vez por grupos nacionales: el grupo EGN que editaba “Barrios” por La Información S.A, “Vivir Pamplona” del mismo grupo (2004), se convertiría en 2006 en “ADN”, del grupo Planeta (desaparecido en 2011) y en 2009 en “Que Navarra” del grupo Recoletos. A los gratuitos se los llevaría por delante la terrible crisis económica que aun padecemos. Asimismo surgieron a finales del pasado siglo y principios de éste, en los barrios,  diferentes revistas como “Auzolan” (Txantrea), “Ezkaba “(Rochapea) o “Aldapa” (Casco Viejo). Está por hacer una historia exhaustiva de las publicaciones locales surgidas desde la transición hasta la fecha, por lo que esta entrada supone apenas una pincelada de la rica y heterogénea oferta editorial de esos años.

En el ámbito nacional cabe señalar la aparición en la época de la transición de rotativos como “El País” y el vespertino “Diario 16” (1976-2001) que se convertiría en matutino en 1980 de la mano de Pedro J. Ramirez, fundador posteriormente de “El Mundo” (1989): También cabe citar  revistas como “Interviu” (1976) que tuvo una gran repercusión por la mezcla de política y desnudos. Tras una larga represión, también por lo que se refiere al sexo, una oleada de revistas eróticas poblaban en aquellos primeros años de la transición los kioskos de nuestra ciudad. Aunque escasa la presencia de la prensa nacional en Pamplona fue significativamente mayor su difusión durante la transición que en el franquismo. En 1977 nacía la revista de humor  “El jueves” y en 1982 la revista “Tiempo”. Otros proyectos posteriores de nuevos periódicos salvo “La Razón” (1998) no tuvieron demasiada suerte: “El Sol” (1990-92), “El Independiente” (1989-91), o el sensacionalista “Claro” (1991). En aquellos años junto a “Triunfo” se editaban otras revistas políticas como las ácratas “Ajoblanco” (1974-80) y “El viejo Topo” (1976-1982) o la comunista “La calle”. En 1981 se publicaba el primer número de la revista de divulgación “Muy interesante”.  La prensa asistirá en las últimas décadas a una creciente concentración en potentes grupos multimedia como Vocento, Prisa, Unedisa, Zeta, etc, reduciendo sus tiradas que en décadas pasadas fueron enormes a causa de la creciente competencia de los nuevos medios digitales (con el nacimiento y auge de internet).

La prensa en Pamplona en los últimos años del franquismo (1960-1975)

Los periódicos forman parte también de nuestra memoria histórica, aquellos periódicos asabanados, grandes, inmensos,  que además de informarnos el domingo, -el periódico se compraba sobre todo los domingos-, tenía otras muchas utilidades. Servían para envolver el bocata del almuerzo, forrar cajones o para ponerlos, como base, en las baldas de la despensa, tapar la cocina económica (antes del aironfix) o para pisar y no resbalarse cuando se fregaba el suelo de la casa o del portal. Eran periódicos grises, con una maquetación amazacotada y unas fotografías de poca calidad. En aquellos años, en que, aparentemente, en este país, no pasaba nada, -nos ocultaban muchas cosas-, el periódico nos informaba de la muerte de Robert Kennedy, Martin Luther King, la llegada del hombre a la luna, las guerras de Oriente Medio, la crisis del petroleo o el Watergate. En casa, casi todo el interés se centraba en los cambios urbanísticos locales y el   deambular de Osasuna por los campos de segunda y tercera división (casi, casi como ahora). En aquellos años, no se leía tanta prensa como ahora y de los periódicos locales era el “Diario” el que se leía en casi todos los hogares, hasta el punto de que formaba parte indisoluble de aquella compra dominical, junto a las barras de pan y las bolsas de Copeleche. Los periódicos se convertían, a veces, en testigo mudo del paso del tiempo y de la historia, hasta el punto de que, alguna vez, haciendo alguna limpieza profunda en casa, en algún rincón escondido descubrías la hoja de un periódico fechado  quince o veinte años atrás. Tempus fugit.


En mi niñez, en los últimos años de franquismo, se editaban en la ciudad tres periódicos, cuatro cabeceras, si contamos la “Hoja de Lunes”. Estos  eran “El Pensamiento Navarro”, “Diario de Navarra” y “Arriba España”. Comencemos por “El Pensamiento”. “El Pensamiento Navarro” se fundó a finales del siglo XIX, concretamente el 17 de octubre de 1897, siendo su primer director Eustaquio Echave Sustaeta, ocupando el hueco dejado por el periódico carlista “La Lealtad Navarra”. Hasta 1911 se definía como carlista, pasando luego a titularse “diario tradicionalista”. La fundación del periódico se hizo por medio de acciones de 25 pesetas y con un capital inicial de 13.000 pesetas, pasando a ser propiedad de la Junta Regional Carlista en 1910, hasta que en 1933 se trasvasó la propiedad a una sociedad mercantil la Editorial Tradicionalista S.L, que se convirtió en 1938 en Editorial Navarra S.A, consiguiendo eludir el decreto de unificación (de los medios de comunicación) promulgado por Franco. Entre los accionistas y consejeros de la empresa estaban el Conde de Rodezno, Joaquín Baleztena, Blas Morte y otros como Induráin, Martinicorena, Barbarin, Martínez Berasáin, Mata, Beunza, Errea, Pérez Tafalla y Laborra. El periódico comenzó a editarse en la imprenta Viuda de Idoate, pasando luego a la imprenta de La Acción Social. También se imprimió en Lizaso Hermanos -en la calle José Alonso, en el primer Ensanche-; en un edificio al comienzo de la calle Jarauta, concretamente en el nº 2, que vemos en la fotografía de la izquierda, en casa Foronda, calle Estafeta, junto al Hotel “La Perla”, y desde el 30 de abril de 1938 hasta su cierre, en los locales de la calle Leyre 18-20, que hoy vemos ocupados por una sucursal bancaria tal y como se observa en la fotografía de la derecha. 


En 1936 el rotativo  tiraba 2.000 ejemplares y se adhirió de inmediato   al golpe militar de Franco, estando  muy vinculado a los requetés. Este año el periódico renovó su maquinaria gracias a la incautación de linotipias y rotativas de los periódicos vascos “La Noticia” y “El Liberal”. Francisco Lopez Sanz dirigió el diario durante más de 30 años, de 1933 a 1966. Hubo momentos de fricción entre los miembros del Consejo, muy conservadores, y el partido carlista como cuando, en los años 60, el carlismo derivó hacia posiciones más progresistas de la mano de Carlos Hugo de Borbon. De hecho, en esta década,  de la mano de Javier Maria Pascual, el periódico cambió su línea editorial hacia posiciones más abiertas y plurales siendo cesado su director por el consejo de administración, por publicar una carta del Movimiento Obrero Apostólico y volviendo enseguida a su linea tradicional ultraconservadora. El periódico fue objeto de un atentado en agosto de 1970 reivindicado por los Grupos de Acción Carlista. El periódico desapareció el 13 de enero de 1981, cuya última portada adjunto en la foto de la derecha, siendo su director, durante sus últimos días, José Luis Larrión Arguiñano. El periódico no había sabido adaptarse a la evolución política del país y de la sociedad, quedándose anclado en posiciones ideológicas absolutamente trasnochadas y ultramontanas.

El “Diario de Navarra” salió a la calle el 25 de febrero de 1903 impulsado por un grupo de 56 personas, muchos de ellos relevantes empresarios y personas destacadas como Silvestre Goicoechea Atáun, Mauro Ibáñez Arlegui, Fermín Iñarra Echenique, Cecilio Azcárate Lana, Pedro Irurzun Arregui, Pedro Arraiza Baleztena, Serapio Huici Lazcano, Daniel Ciga Mayo, Francisco Galbete, Fidel y Zacarías Astiz, Jose Glaria, Francisco Iraizoz, Félix Amorena, Manuel Ubillos, Daniel Irujo Armendariz, Fermin Goñi Eseverri, y familias notables  de la comunidad como los Arraiza Baleztena,  Garjon Marco,  Irurzun Arregui,  Maldonado Sagues, Jaurrieta Jimenez, Uranga Esnaola,  Sagues Muguiro y un largo etecetera, siendo los siete primeros los que inscribieron, el 3 de enero, en el registro, la sociedad La Información S.A. De ellos surgió también el primer consejo de administración (lo componían Goicoechea, Iñarra, Jose Irurzun, Virgilio Sagues y Serapio Huici) Ninguno de los actuales 600 accionistas, la mayoría descendientes de aquellos 56 socios iniciales, posee, por limitación estatutaria, más de 180 votos en las juntas que se celebren, independientemente del número de acciones que posean.


La primera sede del periódico estuvo en el nº 40 de la calle Zapatería, (donde hoy se encuentran unas oficinas municipales) y los talleres en el nº 41 de la calle Nueva. Fue su primer director Vicente Berazaluce. El primer ejemplar tuvo cuatro páginas y se tiraron 2.000 ejemplares. Su orientación política era conservadora o más bien liberal conservadora, por diferenciarla de la ultraconservadora  de “El Pensamiento”. Tras Berazaluce dirigió el periódico Eustaquio Echauri, Fradue, antiguo sacerdote, que tuvo que abandonar la dirección tras ser condenado a destierro, asumiendo la dirección Mariano Ozcoidi que también se vió envuelto en otro proceso judicial. A Ozcoidi le sustituyó Raimundo Garcia, más conocido como Garcilaso, que dirigió el periódico durante 50 años, hasta 1962. Garcilaso tuvo una intervención importante en la preparación del golpe militar de 1936 pues en mayo de ese año intervino, como mediador, entre los carlistas navarros y Mola en la trama navarra del golpe, manteniendo, asímismo, reuniones conspiratorias con el general Sanjurjo. En 1921, el periódico unificó sus instalaciones en Zapatería, 49, donde permanece actualmente su razón social,  si bien trasladó sus talleres a Cordovilla en 1966. Entre 1962 y 1990 dirigió el periódico José Javier Uranga Santesteban, que fue objeto de un atentado a manos de ETA del que salvó milagrosamente la vida y al que sustituyó Julio Martinez Torres. En 1984 el diario cambió de formato, pasando del tradicional asabanado al más moderno tabloide. Junto al “Diario” convivieron durante más o menos años “El Eco de Navarra” (hasta 1913) “El Demócrata Navarro” (1904-1913), de orientación canalejista; “El Pueblo Navarro” (1916-1931), liberal, “La Voz de Navarra” (1923-1936), vasquista y “Democracia” (1932), que los republicanos mantuvieron durante un breve período.

En julio de 1936, con el pronunciamiento militar, miembros de la Falange asaltaron la sede del Partido Nacionalista Vasco, en el nº 50 de la calle Zapatería que vemos en la fotografía de la izquierda (de Euskomedia) y requisaron la rotativa del periódico nacionalista  “La Voz de Navarra” apresando a su director José Aguerre. El 1 de agosto de 1936 se editaba, por primera vez, en los talleres de “La Voz de Navarra”, “Arriba España”,   como órgano de Falange Española. La dirección del  periódico recayó en el clérigo navarro Fermín Izurdiaga, que sería nombrado más tarde Jefe Nacional de Prensa y Propaganda, y en el periodista y escritor pamplonés Ángel María Pascual. Posteriormente el “Arriba España” de Pamplona se quedaría en  1940, en España,  en “Arriba” (la cabecera española había surgido en 1935 de la mano de Primo de Rivera), si bien la cabecera “Arriba España” se seguiría editando en Pamplona hasta el 29 de junio de 1975, fecha en que se publicó su último número. El franquismo estaba dando sus últimos estertores, si bien la cabecera “Arriba” de Madrid aguantaría algún año más, hasta 1979.

Los lunes durante la época que relato, no había periódico. Salía la “Hoja de Lunes”. El primer número de la “Hoja de Lunes de Pamplona”  apareció el 7 de diciembre de 1936, cinco meses después de iniciada la guerra civil. Las “Hojas de los Lunes” surgieron como consecuencia de la legislación sobre descanso dominical surgida en 1925. La Asociación de la Prensa de Pamplona, fundada en 1911, había decidido publicar la “Hoja” y para ello se la había alquilado a Juan Miquelez agente de publicidad de San Sebastian. Cuatro años más tarde la editaba directamente, sin intermediarios.  Hasta los años 60, la “Hoja” adolecía de cierta pobreza técnica y de contenidos, mejorando algo en sus dos últimas décadas de existencia. Dedicaba buena parte de sus páginas a los deportes, no en vano aparecía al día siguiente de la jornada deportiva por excelencia. La “Hoja” se imprimió primero en los talleres de “Arriba España” (hasta 1955 y durante algunos años de los 60) y posteriormente (desde 1955 y hasta su cierre) en los talleres del “Pensamiento”, lo que hizo que, en los últimos años,  los problemas del rotativo carlista repercutiesen también en la calidad de impresión de la Hoja. La “Hoja de Lunes” salió por última vez el lunes, 20 de septiembre de 1982, al decidir publicar ese día el periódico los dos rotativos navarros existentes entonces: “Diario de Navarra” y “Navarra Hoy”.

Al margen de estos periódicos merece la pena destacar la presencia de “La Gaceta del Norte”, diario bilbaino fundado en 1901, de orientación conservadora, monárquica y católica militante. Fue el diario de referencia de Bilbao durante muchos años. Tras la guerra inició un periodo de expansión por Alava, La Rioja, Santander y Navarra. En Pamplona se instaló el 25 de junio de 1964, con una redacción y administración propias, en la plaza Príncipe de Viana. Recogía en su edición navarra información local, regional y deportiva de nuestra ciudad y comunidad. Contaba con colaboradores locales y diversos  corresponsales en la provincia. Dejó de publicarse el 6 de mayo de 1984, cuando era director de la edición navarra Pedro Lozano Bartolozzi, al afectarle la crisis económica que llevó a la desaparición de la empresa editora. Conoció diversos dueños  y profundos cambios de imagen y línea editorial sin demasiado éxito, todo hay que decirlo. En su última etapa fue comprado por el PNV que adquirió la mitad de las acciones cerrando definitivamente en 1987. Otros periódicos nacionales como el ultraderechista “El Alcazar”, el católico “Ya”, “Pueblo”, “Abc”… tenían en Pamplona una escasísima difusión.


Entre las revistas navarras de esta época destaca sobre todo la revista  gráfica y literaria  “Pregón”, fundada en 1943 por Faustino Corella  y que dió lugar a tertulias literarias como la que se reunía en el bar Cinema y más tarde  en el Bearin, Yoldi y Nuevo Casino. Tenía una periodicidad trimestral y una tirada de entre 3.000 y 5.000 ejemplares.  En la foto adjunta vemos a su consejo de redacción en el año 1962 o 63.   Suspendió su edición  tras la salida de su nº 128, en los sanfermines de 1977.  Aun saldrían dos números más, el último en la semana santa de 1979 y como “Pregón” no volvió a salir más. La revista difundió la vida cultural navarra de la posguerra. Se editaba en La Acción Social, en la calle Mayor. En su seno se gestó el nacimiento del ballet “Duguna” y de la peña literaria Pregón, que ha sobrevivido a la revista. Esta revista tendría una continuación a partir de 1993 con la revista “Pregon Siglo XXI” que lleva ya cerca de 50 números publicados y que recoge, en cierto sentido, el testigo de aquella revista pamplonesa.

Dejando a un lado las publicaciones locales habría que recordar (yo recuerdo haber visto algunos números en mi casa) que en el ámbito estatal, en la última fase del franquismo,  surgieron algunas publicaciones como “Cambio 16”, fundada en 1971 de orientación liberal y considerada la publicación más progresista del tardofranquismo o “Posible” fundada el 16 de noviembre de 1974. Aparte de estas estaban las revistas “Triunfo”, semanario e espectáculos, fundado en 1946, que en 1962 se transforma en un semanario de información general y  que se convirtió en todo un referente para la intelectualidad de la época o “Cuadernos para el dialogo”,  revista cultural, también de reconocido prestigio fundada por Joaquín Ruiz Gimenez en 1963. La primera desaparecería en 1982, la segunda en 1978. La crítica solapada o no tan solapada al régimen encontraba un rendija por la que colarse también en las revistas de humor como “La Codorniz” (1941) “Hermano Lobo” (1972) “El Papus” (1973) o “Por Favor”, (1974). Un caso parte valga la redundancia fue el de “El Caso”, semanario especializado en sucesos, cuyo primer ejemplar apareció en 1952 y se cerró en 1997. Se regodeaba en los sucesos más trágicos, sórdidos y escandalosos de la sociedad española de la posguerra. Llegó a tirar 100.000 ejemplares. La prensa del corazón, protagonista casi absoluta de las mesas de los consultorios médicos y las peluquerías tenía en el “Hola” (1944) y en el “Diez minutos” (1951) sus ejemplos más señeros, sin olvidar también “Semana” (1940) y “Lecturas” (1921). Yentre la prensa deportiva destacaba Marca (1938) y As (1967). De todas estas publicaciones, la mayor parte del tardofranquismo, dejo una pequeña muestra gráfica bajo este párrafo. Sin que sirva de precedente en esta entrada he dejado entrar el color porque el color también forma parte del recuerdo y las sensaciones, los periódicos eran grises como la realidad de aquellos años, a los sumo un filete rojo rompia el monocromatismo reinante. Algunas de aquellas nuevas publicaciones del tardofranquismo introducían una pequeña rendija de luz y de color, (o de libertad), que dejo aquí patentes.

 

Las primeras elecciones democráticas (1977-1979)



El 20 de noviembre de 1975 estaba estudiando 7º curso de EGB en el Cardenal Ilundain, cuando nos dijeron que había muerto Franco. Algunos se quedaron tan solo con la feliz noticia de que nos daban varios días de vacaciones. A pesar de mis 12 años recién cumplidos estaba al tanto de las cosas. Y es que la circunstancias ambientales, personales y familiares que había vivido me hacían ser consciente del tremendo cambio histórico que se avecinaba. En aquellos años que van de la muerte de Franco a 1981 vivimos unos intensos y agitados tiempos políticos y sociales en nuestras calles, en nuestra ciudad, en nuestras vidas. Nuestra sociedad se debatía entre la  reforma y  la ruptura ganando finalmente la primera fórmula. En la entrada “Conflictividad social y política en la Rochapea de los años 70” hablaba del ambiente de aquellos años. En esta entrada hablaré, sobre todo, de los procesos electorales que vivimos tras la muerte de Franco y hasta las primeras elecciones municipales forales de 1979, entre medias dos elecciones generales y dos referendums. El 15 de diciembre se votaba en referéndum la ley para la reforma política, aprobada anteriormente por las cortes franquistas que se hacían, de este modo, el “harakiri”. El 94% de los votos de los ciudadanos navarros fue favorable a la ley de reforma política. 

A la vuelta del año, el 15 de junio de 1977 se celebraban las primeras elecciones democráticas tras la guerra civil, después de más de cuarenta años de Dictadura. Estaba acabando la EGB y tras el verano comenzaría el bachillerato en Irubide. Recuerdo la avenida de Marcelo Celayeta empapelada de multicolores carteles, las fachadas, las marquesinas, camionetas con megáfonos que repetían machaconamente algún eslogan electoral y una invitación al voto a este o aquel partido. En Abril había sido legalizado el Partido Comunista. En el ambiente flotaba siempre el miedo, el temor a una vuelta atrás, el eterno ruido de sables que no desaparecería hasta principios de los 80. Eran tiempos de esperanzas e ilusiones, momentos en los que la asistencia a los mítines y manifestaciones era  considerable, en contraste con la desilusión y el desapego de estos últimos años. Sorprenderá a más de uno ver, en esta entrada, algunos nombres y siglas, una miríada de siglas, la mayoría de las cuales, hoy casi cuarenta años después han desaparecido.

En aquellas primeras elecciones democráticas obtuvieron representación en el congreso, por Navarra, la UCD (con Aizpun, Astrain y Pegenaute y  75.036 votos) y el PSOE (con Gabriel Urralburu y Julio García y 54.720 votos), con 3   y 2  diputados, respectivamente. Tras ellos la tercera fuerza fue UNAI (Unión Navarra de Izquierdas) que obtuvo 24.489 votos, candidatura electoral formada por independientes, Movimiento Comunista y Euskal Sozialistak, presentada en Pamplona en mayo de 1977, a la que se sumarían más tarde gente  procedente de la ORT. Miguel Ángel Muez fue candidato al Senado y Javier Erice, exalcalde de Pamplona, al Congreso. Luego estaban AFN (Alianza Foral Navarra), coaligado con Alianza Popular en Navarra con 21.900 votos (Recasens, Saralegui y Albito Viguria), la Unión Autonomista de Navarra, coalición formada por el Partido Nacionalista Vasco (PNV), Acción Nacionalista Vasca (ANV) y Partido Socialista Vasco (ESB), con Garaicoechea y Aldecoa y 18.079 votos, la Agrupación Electoral de los Trabajadores (AET) Candidatura de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), con 13.195 votos, el Frente Navarro independiente con 10.606 votos (lo componían personas como Víctor Manuel Arbeloa al senado o Tomas Caballero, Jesús Malón o Miguel Javier Urmeneta al Congreso), el Equipo de la Democracia Cristiana (FDC-EDC) con 10.450 votos y Montejurra-Federalismo-Autogestión (MFA) con 8.451 votos. Adjunto a este párrafo aparecen panfletos de la UCD, el PSOE y La Unión Autonomista de Navarra. 

En el senado fueron elegidos tres senadores por la UCD (Del Burgo, Sarasa y Monge, con entre 58 y 76.000 votos) y uno por el Frente Autonómico (Manuel de Irujo con 55.761 votos). El Frente Autonómico fue una agrupación electoral formada por el PNV, el PSE-PSOE, en la que también participaron miembros de Euskal Sozialistak Elkartzeko Indarra (ESEI). Surgió como plataforma común de nacionalistas y socialistas vascos para defender en el proceso constituyente que se abría en España en 1977 la concesión de un estatuto de autonomía para el País Vasco y Navarra. El Frente Autonómico presentó candidaturas en Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. En 1977 el PSOE era partidario de conceder un estatuto de autonomía común al País Vasco y Navarra, estando el PSOE de Navarra integrado dentro del PSE-PSOE. En 1982 el PSOE de Navarra abandonaría el PSE-PSOE y formaría una federación independiente dentro del PSOE, el Partido Socialista de Navarra. La ORT constituye un caso curioso por la enorme influencia que tuvo en el movimiento obrero de Pamplona a través del Sindicato Unitario a pesar de ser un partido comunista de tendencia prochina y orígenes cristianos. Estuvieron entre sus máximos dirigentes Javier Iturbe y José Miguel Ibarrola, candidatos a las elecciones en 1977 y 1979. Las dos primeras fotografías de la entrada plasman, en cierto modo su presencia en los mitines (mitin en el Pabellón Anaitasuna en 1979) y en la calle, mucho mayor que la que fue posteriormente su presencia electoral.

El 6 de diciembre de 1978, se aprobaba con un 75,7 % de los votos de los navarros la Constitución y unos meses más tarde el 1 de marzo de 1979 se celebraban, de nuevo, elecciones generales. Volvía a ganar la UCD con 83.302 votos, le seguía el PSOE con 55.399 votos e irrumpían nuevas fuerzas: UPN, con 28.248 votos (nacida en enero de 1979 con personas procedentes de la UCD pero disconformes con este partido por no coincidir con el tratamiento dado a Navarra en la Transitoria Cuarta de la Constitución) y Herri Batasuna con 22.425 votos (coalición política, surgida de la Mesa de Alsasua el 27 de abril de 1978, formada por los partidos ANV, ESB, HASI y LAIA, más algunas figuras independientes). Tras ellos estaban el PNV (21.305 votos), el Partido Carlista (19.522), UNAI (10.970) sin los componentes políticos de 1977 ya con la ORT como principal protagonista que se disolvería este mismo año, el PCE-EPK (con 5.619 votos) y MC-OIC y LCR. El 3 de abril de 1979 se celebraron por primera vez elecciones al Parlamento de Navarra y también a los ayuntamientos.  Para las elecciones al Parlamento se dividió a Navarra en siete distritos electorales: uno por cada merindad (Tudela, Estella, Olite y Sangüesa), y dos por la de Pamplona (Pamplona ciudad y Pamplona resto). 

Se eligieron un número de parlamentarios directamente proporcional al de electores que reunía cada una: 10 en Estella, 9 en Olite, 18 en Pamplona ciudad, 13 en Pamplona resto, 9 en Sangüesa y 11 en Tudela. Los cinco candidatos más votados en cada distrito y los dos con mayor respaldo en Tudela serían los nuevos diputados forales y los encargados de designar al nuevo presidente de la Diputación o Gobierno de Navarra. El Gobierno de Navarra que se formó tras estas elecciones estuvo formado por 7 diputados generales (4 de UCD, 1 del PSOE, 1 de HB y 1 de Amayur), presididos por Jaime Ignacio del Burgo (UCD), quien más tarde tras el caso FASA sería sustituido por Juan Manuel Arza. En la foto del anterior párrafo vemos a la naciente Diputación democrática. De izquierda a derecha y de arriba abajo, Jesús Bueno Asin, Pedro Sánchez de Muniain, Angel Lasunción y Angel Garcia de Dios, sentados Juan Manuel Arza, Jaime Ignacio del Burgo y Jesús Malón.

La distribución de escaños y votos a ese primer Parlamento de Navarra fue la siguiente: UCD obtuvo 20 escaños (y 68.040 votos), PSOE 15 (48.289), UPN 13 (40.764), HB 9 (28.244), Agrupaciones Electorales de Merindad 7 (17.282), Nacionalistas Vascos 3 (12.845), Partido Carlista 1 (12.165), Unión Navarra de Izquierdas 1 (7.419) y Agrupación Electoral Independientes Forales Navarros 1 (3.729). Hubo otros partidos y agrupaciones electorales que no lograron representación parlamentaria y que reunieron en su conjunto otros 15.100 votos. Las Agrupaciones Electorales de Merindad (Amaiur) compuestas por la Agrupación Electoral de Tierra Estella, Orhi Mendi de Sanguesa y Agrupación Popular de Olite estaban integradas por militantes de Herri Batasuna (HB), Euskadiko Ezkerra (EE), Euskadiko Mugimendu Komunista (EMK) e independientes de cada merindad. Fueron las elecciones en las que más partidos obtuvieron representación. En Pamplona las elecciones municipales dieron el triunfo a la UCD con 18.593 votos y 8 concejales, seguido muy e cerca por Herri Batasuna con 18.072 votos  y 7 concejales, el PSOE con 13.336 votos y 5 concejales, UPN con 11.877 votos  y 5 concejales y el  PNV con 4.919 votos y 2 concejales. Les seguían por este orden otros grupos, ya sin representación como ANIZ, UNAI, PC, PCE y Euskadiko Ezquerra. La sesión del pleno inaugural, el 19 de abril  fue tumultuosa. Al parecer el acuerdo inicial por el que HB apoyaría a Victor Manuel Arbeloa como presidente del Parlamento y el PSOE a Patxi Zabaleta como Alcalde de Pamplona se truncó y Julian Balduz fue elegido con los votos de su grupo y los de HB y PNV que no querían que la alcaldía recayese en la UCD. En las fotos que acompañan a este párrafo vemos la sesión constitutiva del Parlamento de Navarra, el 23 de abril de 1979 y la retirada de carteles por personal de limpieza tras las elecciones, en las escuelas de San Francisco.

Olas de calor en el viejo Pamplona (1950-2012)

No son demasiadas las olas de calor que he conocido a lo largo de mi vida y la mayoría parecen haberse concentrado en la última década. Antes de esta primera década del siglo XXI en la que encontramos tres olas de calor importantes: 2003, 2009 y 2012, la única ola de calor que recuerdo es la de los sanfermines de 1982. Antes de esa fecha recuerdo que los veranos de mi infancia eran calurosos, pero con una temperatura aceptable no más de 30 o 32º y además, por las noches, en general, solía refrescar. En Pamplona es proverbial y a veces puede resultar hasta objeto de cachondeo para quien, de fuera, no conozca nuestro cambiante clima, “lo de llevar la chaquetica por si refresca”,  porque te puedes levantar un día, pongamos de junio, con 8º o 10º por la mañana, subir hasta los 30º al mediodía y volver a bajar a los 12 o 13º a la noche y todo en el mínimo intervalo de unas pocas horas. La primera ola de calor del período estudiado data de los primeros días  de agosto de 1957. Curioso que después de la ola de frío del 56 nos llegase esta tórrida ola de calor que elevó los termómetros hasta los 40,3º, que es la temperatura a la que se llegó concretamente el día 1 de agosto de 1957. El 6 de julio de 1982, las temperaturas en Pamplona llegaron a los 41,2º, 42º según otras fuentes, nunca había visto yo que se derritiese la brea, el asfalto de las calles como en esa fecha. La ola de calor,  corta pero intensa,  nos pilló en plenos sanfermines. No hay constancia de ese registro por parte del observatorio de Noain pero los periódicos de entonces (tanto locales como nacionales) señalaron esas máximas históricas. También hubo temperaturas elevadas el 30 de julio de 1983 y el 15 de agosto de 1987 con 40,2º, en ambos casos. Y una ola de calor, aunque sin temperaturas tan exageradas,  se produjo en el año 1991.
En el año 2003 no se llegaron a esos extremos, la máxima, el 13 de agosto fue de 38,4º pero fue la mayor ola de calor de toda la historia, por su prolongada persistencia a lo largo del tiempo. El buen tiempo empezó a primeros de junio y con algunos días de descanso no nos abandonó hasta finales de agosto, osea dos meses y medios de un calor infernal, sin embargo lo peor no fue eso. Entre el 30 de julio  y el 14 de agosto llegamos a superar día si y día también los 38º de máxima. Las temperaturas por la noche no bajaban por debajo de los 22º. A la una de la madrugada era habitual que el termómetro marcase 29 o 30º. Vamos, un auténtico infierno. El 18 de agosto de 2009 llegamos a los 39,7º. Ese mismo verano tuvimos temperaturas record desde el 2003, concretamente el 21 de julio se llegó a los 38,3º y el 5 de agosto a los 38,4º. Por las noches afortunadamente resfrescaba un poco. 

En 2012 tuvimos la última gran ola de calor solo comparable a la del 2003.Tuvimos unas temperaturas anormalmente altas en junio y agosto. No fue una ola prolongada sino tres olas de varios días de duración, unos cinco o seis días con pequeños descansos que se encadenaban una con otra. La primera ola se produjo entre el 24 y el 29 de junio que no sentimos con tanta fuerza como en otras comunidades, la segunda entre el 8 y el 11 de agosto y la tercera y más larga entre el 17 y el 22 de agosto, estas dos últimas sí que las sentimos con toda crudeza. Las temperaturas máximas se produjeron  en agosto, el 10 de agosto con 40,3º y el 18 de agosto con 40,6º. Recuerdo este verano muy bien porque mi ya fallecida madre tuvo tres ingresos hospitalarios ese verano, a mediados de julio, a finales de julio y primeros de agosto y a mediados de agosto. La temperatura en las habitaciones de Medicina Interna del Hospital  de Navarra no bajaba de los 32º. A veces era difícil saber si los enfermos tenían fiebre por alguna de sus patologías o por el insufrible calor reinante. Ese año salió, en plena ola de calor, la Vuelta Ciclista desde Pamplona, de la que adjunto una fotografía, entrando a la meta, en la Plaza de Toros.  Este verano de 2014 está siendo, sin embargo,  anormalmente más benevolo, desde el punto de vista de la temperatura, que la media hasta el punto de que hemos tenido los sanfermines más frios nada menos que en 80 años, (desde 1932) con nueve grados por debajo de la media, para estas fechas.