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La Avenida de Guipúzcoa. De Cuatro Vientos a Berriozar (1963-2013)

En su momento hablamos de  de Cuatro Vientos, de San Jorge, de la avenida de Guipúzcoa. Hoy nos toca seguir con esta avenida, desde el puente sobre las vías del tren hasta el fin del término municipal, en la actual confluencia entre la avenida y la variante norte. De aquella entrada o salida de la ciudad, llena de viejas casas, talleres e industrias pegadas a una estrecha carretera de Guipuzcoa  no queda prácticamente nada. Por ello intentaré hacer una reconstrucción memorística lo más fiel posible ya que apenas quedan testimonios gráficos. Antes de subir por el viejo puente de la estación que vemos en la segunda  foto de la entrada procedente del Archivo Municipal, datada a principios de siglo, (el  actual puente de hormigón data de 1970) dejábamos, a mano izquierda, la antigua calle del Muelle (allá donde hasta los primeros 70 estaban las viejas fábricas de Eugui, Múgica y Arellano y Taberna Hermanos) y a la derecha la calle Carriquiri, unos depósitos de la Azucarera, y las traseras y cobertizos de algunas casas de la calleja de los Cutos, de la que seguramente hablaré en otra entrada.
Atravesando el puente sobre las vías nos encontrábamos, al lado izquierdo, con la calle Ferrocarril y a la derecha con el llamado barrio de Santa Engracia. La calle Ferrocarril (hoy barrio de Euntzetxiki) discurría y discurre paralela a las vías del tren y llegaba hasta la colina de Santa Lucia. En el lado izquierdo de la calle estaban parte de los muelles de los trenes de mercancías de la Estación de Renfe así como sus depósitos de máquinas y, un poco más adelante, los enormes depósitos de la Campsa. En su lado derecho había una gran hilera de casas baratas (por el material de construcción utilizado) de los años 40 y 50 de la que solo queda hoy en día un par de bloques, dos o tres portales, (recuerdo, cerca de la avenida, el Bar Villegas y alguna huerta y un frontón) y al final de estas casas la fábrica de Abonos Químicos o Inabonos que se instaló en el barrio a principios de siglo, concretamente en agosto de 1908. Cerca estaba también la serrería de Isturiz, la Gran Tejeria Mecánica, textiles Maser, etc. Detrás de estas casas, estaban las antiguas Escuelas de Unzutxiki, construidas en la postguerra.
El barrio de Santa Engracia, cuya foto encabeza esta entrada siempre ha estado en una especie de tierra de nadie, hoy a caballo de la naciente Buztintxuri, el vecino San Jorge y la vieja Rocha. Históricamente, parte de la Rochapea, sin embargo la vía del tren la ha separado del resto del barrio. El pequeño enclave esta compuesto por apenas cinco manzanas con cinco calles, de las que dos comparten denominación: la calle de Santa Engracia, que comenzaba en la avenida de Guipuzcoa y terminaba en la puerta principal de Perfil en Frío, a la izquierda,  las dos travesías de Santa Engracia y a la derecha las calles de las Viñas y la de los Campos que llegaban y llegan hasta las vías del tren. El nombre del lugar tiene su origen en el nombre del convento de las Clarisas, que existió en el lugar entre los siglos XIII a XVIII y ocupaba, según Arazuri,  la parte derecha de Cuatro Vientos, desde la orilla de Arga hasta la calle Carriquiri, comprendiendo la actual calle Provincias, el arranque de la avenida Marcelo Celayeta y el tramo final de la antigua Joaquín Beunza en su zona más cercana a Celayeta y el rio. Entonces no existía el puente de Cuatro Vientas y la única salida de la ciudad hacia el norte era la del puente de Santa Engracia, junto al antiguo molino de Mazón. El barrio de Santa Engracia ha estado condicionado, como he dicho,  además de por la cercanía de la estación del tren y la separación que suponía la presencia de  las vías,  por la presencia de diferentes empresas como Perfil en Frío, de la que ya hablé en otra entrada, hace meses, o de Talleres Iruña. En sus calles persisten aun unos pocos pequeños comercios con décadas de historia a sus espaldas: una lechería-panadería, una tienda de alimentación o la carnicería de Ochotorena, cerca del puente de Cuatro Vientos, además de dos o tres bares; el bar la Hiedra, el Manolo, etc. Aun recuerdo cuando se construyó el último edificio del barrio, el más alto, junto al puente de la estación allá por los inicios de los años 70.
En la avenida de Guipúzcoa, desde Santa Engracia y hasta el límite del término municipal, en su parte izquierda, encontrábamos un montón de casas, algunas de planta baja, otras de dos plantas y entresuelo con una escalera lateral para subir a los pisos superiores, a veces con sus pequeños huertos, la acera de la avenida era estrechísima. Más adelante nos encontrábamos con la residencia de las Hermanitas de los Pobres, la fábrica de Gaseosas Odériz, que  luego fue la Casera y la fábrica de Bendibérica, en su última epoca Robert Bosch y detrás de estas edificaciones, entre la avenida y el antiguo camino del Plazaola, algunos senderos y campos. Concretamente, detrás de Bendibérica recuerdo un sinuoso camino que desembocaba en un paso sin barrera junto a la pared norte de Perfil en Frío. En su primer tramo se podía encontrar  una solitaria casa de dos plantas y una antigua serrería, luego un tramo estrecho cerrado entre tapias, el cerro donde está hoy el Parque de los Aromas a la izquierda y por último  las vías del tren, frente a lo que es hoy la calle Juan de Ursua.De todo eso nada queda ahora, salvo el nuevo edificio de las Hermanitas de los Pobres construido hace unos pocos años. En su lugar decenas de nuevos  bloques de viviendas, cientos de viviendas: Buztintxuri, Nuevo Artica (o Artiberri),  y unos cuantos supermercados: BM, Caprabo, Mercadona (en el lugar donde estuviera la fábrica de Bendibérica). Las Hermanitas llegaron a Pamplona en 1878  y se instalaron en la plaza de Recoletas. En 1887 se colocó la primera piedra del edificio. En 1898 se terminaron las alas laterales del asilo. La residencia, reconocible por el color rojo del ladrillo con que se construyó, se derribó en julio de 2007, inaugurandose el nuevo edificio en el año 2010. La mayor parte de las edificaciones de viviendas que he comentado en el párrafo anterior se derribaron en los primeros años de este siglo. En el año 2004 practicamente no quedaba casi ninguna y la avenida de Guipuzcoa había pasado de ser una estrecha y densa vía de tráfico en su entrada a Pamplona a una amplia avenida de cuatro carriles. En su parte derecha, desde la calle Ferrocarril hasta el límite del término municipal había también una larga hilera de viejas casas, edificios  y algunos talleres en su planta baja, entre campos y huertos y frente a la antigua Bendibérica  se instaló la división  de grúas de Imenasa que en 1990 adquirió el grupo alemán Liebherr. La fábrica se trasladó de este lugar al polígono de Agustinos en el año 1997, siendo reconvertidas sus instalaciones en el año 2010 en lo que es hoy el Recinto Ferial de Navarra (Refena).

Entrada en homenaje a mi padre, Antonino, fallecido hace poco más de un mes que tantas veces hizo este recorrido, por la Avenida de Guipúzcoa del trabajo a casa y de casa al trabajo en Bendibérica.

Incendios en el monte San Cristobal (1985-2010)

El primer incendio que recuerde asoló el monte San Cristobal data del verano de 1985 y se inició en la zona de monte más cercana al polígono de tiro de los militares, cerca de los pueblos de Aizoain, Berriosuso y Berrioplano. Fue bastante aparatoso, se inició a primera hora de la tarde y se prolongó hasta bien avanzada la madrugada, quemando una amplia zona de arbolado  situada sobre todo en su vertiente sur, en el tramo existente entre su vértice oeste y la vertical del cuartel de los militares en Aizoain. Me acuerdo de que aquella noche mi hermano se acercó a verlo junto a  unos amigos. Era la primera vez  en nuestra vida, que recordásemos, que nuestro querido monte era pasto de las llamas, de forma tan virulenta. Yo por mi parte, recuerdo de forma especial el olor a quemado que llegaba hasta el centro de la ciudad. Aquella tarde bajaba yo por la Cuesta de Santo Domingo, desde el Casco Viejo  a mi casa y una enorme tristeza se apoderaba de mi por lo que estaba sucediendo.
El segundo incendio que recuerdo se produjo el 25 de agosto del 2000. Es probablemente el segundo incendio más importante que ha sufrido el monte en el último siglo, el primero en afectación de masa forestal. Afectó a cerca de 100 hectáreas de bosque. El incendio que comenzó a las 17.45 horas, nuevamente en su ladera sur, cerca del polígono de tiro de los militares (se achaca su origen a un bote de humo)  se extendió con rapidez hacia la cima y la ladera norte y eso a pesar del gran número de efectivos que se desplegó en aquel operativo. Hasta cerca de las diez de la noche no lograron controlarse los dos frentes del incendio que avanzaban hacia Aizoain y Berriosuso. 

El tercer incendio se inició el 10 de septiembre de 2001, a las 11.30 de la mañana, en la ladera este y afectó a nueve hectáreas, apenas una de ellas de bosque. Fue causado de forma involuntaria por un vecino de Pamplona que rápidamente avisó a SOS Navarra de la propagación del fuego. El incendió se sofocó dos horas mas tarde, sin mayores problemas. Pero esta primera década del siglo fue pródiga en muchos más incendios, como veremos. En 2005, concretamente al mediodía del 4 de agosto, se produciría el incendio más importante en extensión total,  con una afectación de 145 hectáreas, 95 de ellas de masa forestal, asi pues también, el segundo más importante en afectación de bosque. El incendio se inició en una cuneta de la carretera de Unzu y rápidamente alcanzó amplias masas boscosas de la ladera norte, un área formada por encinares y pinares de gran valor ecológico Al margen de la foto de inicio de la entrada, el resto de fotos pertenecen todas a este gran incendio de 2005. El incendio no logró controlarse hasta las tres de la madrugada, quince horas más tarde y afectó a terrenos de Unzu, Cildoz, Orrio, Berriosuso, Aizoain y Berriozar y requirieron apoyo de medios y recursos de otras comunidades.

El 4 de agosto de 2007 se produjo un pequeño incendio que afectó al perímetro del Fuerte de San Cristobal. Se inició a las tres y media de la tarde y quedó extinguido por completo cerca de las siete de la tarde. Parece que el incendió se inició en el interior del Fuerte, y fue provocado (había nada menos que  tres focos de inicio del fuego) y se extendió a su cubierta vegetal que quedó completamente arrasada además de otras tres hectáreas de las inmediaciones. No llegó a afectar a la arboleda. El 5 de septiembre de 2008 se declaró otro incendio, esta vez en la carretera de acceso al Fuerte. Se inició a las seis y media de la tarde, afectó sobre todo a matorral y fue controlado enseguida. Por último el 30 de agosto de 2009, a las cuatro y veinte de la tarde,  un pirómano prendía fuego al monte, en la zona más cerca al pueblo de Arre, apenas una hectárea, siendo sofocado casi una hora más tarde. En resumen los mayores incendios de que tengo constancia y que han afectado al monte San Cristobal (Ezkaba) en los últimos 30 años son el de 1985, 2000 y 2005, y especialmente estos dos últimos que afectaron de forma muy importante a las laderas norte y oeste del monte. Esperemos que algún día no muy lejano, alguien se tome en serio que este monte es el gran parque y pulmón natural de Pamplona y que hay que poner todos los medios para protegerlo para que pueda seguir siendo disfrutado no solo por las actuales sino también por las futuras generaciones.

El monte San Cristobal (1965-2005)

El monte San Cristobal o Ezkaba, que por ambos nombres se le conoce ocupa un lugar especial en mi memoria. Durante más de 30 años podía contemplarlo sin obstáculos desde mi ventana, recortado en el cercano, muy cercano horizonte, pues en minutos me podía situar en la antigua vía del Plazaola, camino del monte. Lo veía desde mi ventana, oculto parcialmente en su extremo izquierdo, (la zona más cercana a Berriozar y Aizoain), por la antigua fábrica de Perfil en Frío. Ha sido testigo mudo, escenario de muchos años y estaciones de mi vida. Recuerdo muchos días neblinosos de otoño o de primavera, con las nubes agarradas al monte, o esos fríos días invernales de la infancia con su cima (el Fuerte) y laderas nevadas. Mi más lejano recuerdo lo tengo asociado, sin embargo, a alguna excursión familiar dominguera, con la comida preparada desde casa, (que ricas aquellas tortillas de patatas o aquellas ensaladillas rusas de la madre), subiendo por el camino más empinado, aquel que seguía los postes de la luz, desde el lado derecho del pinar cercano a Berriozar, directamente hasta el Fuerte, para luego bajar a trompicones, urgidos por una repentina tormenta veraniega hasta la fuente y lavadero de Berriozar.

 

Para muchos rochapeanos, San Cristobal era nuestro monte, al que tenemos asociados infinidad de paseos a lo largo de nuestras vidas, como, en mi caso,  el de ese recuerdo infantil citado, y otros en diferentes momentos de la vida. El paseo por el monte, en solitario o en compañía, te permitía a la vez que oxigenarte y hacer ejercicio, relajarte, ensimismarte en tus pensamientos, desconectar como si por un momento pudieses alejarte de tus preocupaciones cotidianas, cada vez más grandes y pesadas a medida que ibas atravesando las diferentes edades de la vida. En aquellos años, finales de los 60 y primeros 70, los pueblos que yacían en las laderas del monte, Berriozar, Artica y Ansoain eran mucho más pequeños que en la actualidad, sobre todo Artica que conocería un desmesurado desarrollado, con multitud de adosados y unifamiliares, ya desde los años 80. No existía todavía la variante norte. Esta se construiría mucho más tarde, bien entrados  los años 90, época a la que pertenece la foto que abre la entrada.

 

El Monte San Cristobal no es solo mudo testigo del devenir de nuestras vidas, lo es también de la ciudad, del Viejo Pamplona que es el objeto de este blog. Del San Cristobal de hace muchas décadas he ofrecido un par de fotografías, en el párrafo anterior. En la primera de ellas, de Julio Altadill y que data de 1895 se puede observar en toda su plenitud y desnudez el monte; en la parte inferior de la foto se pueden vislumbrar los caminos de los Enamorados y de Villava flanqueados por una larga hilera de arboles. La segunda foto es de 1932 y está tomada desde la Cuesta de la Estación, en el momento en que se derriba parte del antiguo Convento de Recoletas para ampliar la Cuesta. En ambas fotos se observan   las  canteras del monte,  canteras que se explotaron desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX. De ellas se extrajeron materiales de construcción para edificios como el Palacio de la Diputación de Navarra y el antiguo Archivo General de Navarra.

Había varios itinerarios o paseos que frecuentábamos, uno de los más recorridos eran el que partiendo del cruce del viejo camino del Plazaola con el camino a Artica, por debajo y un poco más adelante de la actual variante norte,  desde una fuente hoy abandonada, cogíamos un pedregoso camino que nos llevaba hasta un pinar, cercano al viejo pueblo de Berriozar. En tiempos había otro camino inferior entre grandes piedras, hoy desaparecido, bordeando un viñedo antes del citado pinar. Tras este pinar que vemos en la fotografía de la derecha, había un camino que conducía a Berriozar pueblo, que  vemos en una foto posterior de esta entrada y otra senda que conducía al cementerio del citado pueblo, que vemos también en una instantánea del siguiente párrafo. Los cementerios y sobre todo los cementerios de los pueblos, con aquellos oscuros y silenciosos cipreses nos provocaban en nuestra infancia una contradictoria sensación de interés y de reverencial temor.La fuente y lavadero de Berriozar que vemos en la foto izquierda del siguiente párrafo   era otro de esos lugares que nos atraía, seguramente por su imponente apariencia, su enorme vasija de piedra cubierta, donde se lavaba la ropa, cubierta por un gran tejado rojo  y aquellas viejas  inscripciones o grafías sobre el muro de  piedra del que salía el caño.  En la cima el Fuerte estuvo  controlado por los militares hasta 1985, siendo abandonado totalmente en 1991. El Fuerte aparece vinculado a uno e los episodios más tristes de la guerra española: la huida de más de 800 presos políticos en el año 1938 que fueron abatidos  o capturados en su mayor parte en el monte y valles próximos.

Otro itinerario que utilizábamos empezaba en la carretera de Artica, pasado el polígono industrial y ascendiendo por un promontorio y dejando a un lado la estatua del Corazón de Jesús subía junto a otro pinar de repoblación hasta un amplio camino interior  en el bosque. Siguiendo este camino en dirección este y atravesando el bosque en dirección norte llegábamos «al otro lado», así tal y como lo escribo. Cruzar al otro lado suponía casi siempre recibir una profunda bocanada de aire fresco. Abajo podíamos descubrir de izquierda a derecha los pueblos de Cildoz, Orrio,  Eusa, Maquirriain, Garrués, Arre, Oricáin y Sorauren, los cuales componen junto a otros lugares y señoríos el valle de Ezcabarte. Enfrente se encontraban unos cuantos montes: Desde la Peña de Añezcar o monte del Toro que es como lo llamábamos de pequeños, por el toro de Osborne que había en su cima, pasando por Eltxumendi, Mendurro, Landakoa, Illarraga, Makirriamendi, Ortxikasko o Ostiasko, Txaraka, Iruntzu y más alla de Sorauren las Peñas de Antxoriz para acabar en la parte más al oeste con el Ezkaba Txiki y el Miravalles. Desde el lado norte del monte cogíamos un camino que nos conducía  a la cima, al Fuerte, y en su lado norte, cerca del Fuerte había una fuente con agua muy fresquita que nos reconfortaba de la caminata. En la foto de la izquierda del siguiente párrafo vemos el Monte San Cristobal, visto desde el Valle de Ezcabarte.

Había otros itinerarios menos frecuentados, como el que seguía la carretera del camino al Fuerte, excesivamente larga para mi gusto y otros muchos caminos y atajos que no describo por no cansar. Desde lo alto del monte  contemplaba la ciudad de Pamplona en toda su extensión y  su progresivo e irrefrenable crecimiento con el paso de los años. He citado una estatua del Corazón de Jesús. En efecto, esta enorme estatua, similar a la que hay que en otras ciudades de España y del mundo se colocó en el monte en 1982, por iniciativa del sacerdote Ambrosio Eransus. La estatua es  obra del escultor navarro Aureo Rebolé, autor de muchas obras de imaginería religiosa en diferentes parroquias de la ciudad y de Navarra, entre ellas la estatua del Salvador de la iglesia del mismo nombre, en la Rochapea barrio en el que vivió durante una parte de su vida.

Algunas de aquellas excursiones al monte San Cristobal se prolongaron en ocasiones mucho más de lo esperado, como una vez que después de subir al Fuerte bajamos por la vertiente noroeste hasta los pueblos de Unzu y Ollacarizqueta, atravesando el rio Juslapeña, en una improvisada aventura con amenazantes perros que nos flanqueaban a cada paso puentes y caminos y que nos hizo llegar a eso de las cuatro de la tarde  ante la preocupación de nuestros padres. Otra vez nos acercamos a las Peñas de Antxoriz pero equivocamos el camino e igualmente llegamos bastante tarde después de hacer una buena caminata de regreso por la carretera de Sorauren-Arre, camino a Pamplona. Cerca estaba la famosa playa de Oricain. Desde el valle de Ezcabarte, el monte San Cristobal se observaba como una imponente y tupida masa de arboles, arbolado que desgraciadamente quedaría bastante maltrecho en los periódicos incendios producidos entre 1985 y el año 2010 y de los que doy cumplida cuenta en la siguiente entrada del blog. Las  fotos de la iglesia de Artica y del pueblo viejo de Ansoain cierran esta entrada.

Fotos: Julio Altadill (1895), en el libro de José Javier Arazuri, «Pamplona, calles y barrios» y del Archivo Municipal de Pamplona en el libro «Pamplona antaño»  del mismo autor, José Javier Arazuri.

Las escuelas del Ave Maria (1977-1985)

En la foto que ilustra esta entrada y que está tomada desde la torre de la iglesia del Salvador pueden observarse las nuevas escuelas del Ave María que sustituyeron a las viejas escuelas de planta baja que conocí  y a las que aludí en una de las primeras entradas de este blog. La fotografía tiene más de 20 años, pues calculo que esta está datada en torno a 1983. Esta imagen de la zona se mantuvo así hasta 1986. Después cambiaría bastante. Podemos observar en un primer plano el edificio de nueva planta y su amplio patio totalmente libre de las construcciones que se añadirían años más tarde en sucesivas fases, la travesía del Ave María, con todos sus edificios íntegros antes del derribo de parte de ellos una década más tarde, a la izquierda de la foto y pegada a las escuelas la fabrica de piensos Caceco y la calle Carriquiri sin urbanizar  y sobre ella en el ángulo superior izquierdo asoma la fábrica de Perfil en Frio. Frente a estas industrias se pueden observar campos hoy sustituidos por bloques de viviendas, el primero de ellos rodeado por una tapia corresponde a lo que llamábamos campo de la Diputación (de los camineros de Diputación). 

Al fondo de la foto y junto  a este campo se divisan un par de aulas prefabricadas (las escuelas del Ave María no daban abasto, tenían más de 600 alumnos, y durante algunos años, desde 1981, los niños de párvulos tuvieron que ir y venir de las aulas al patio de la escuela para hacer Gimnasia). También al fondo se divisa el almacén de la Compañía General de Carbones que vimos en la entrada dedicada al viejo camino del Plazaola y en el extremo derecho de la foto las casas de la Segunda Fase del Salvador. Como he dicho anteriormente tendrían que pasar al menos dos o  tres años para que esta imagen empezase a cambiar: la canalización de las aguas por los campos que cuando llovía se inundaban, la construcción del polideportivo y los frontones durante bastantes años descubiertos y de las primeras viviendas en torno a lo que hoy es el campo de fútbol del Irati, etc.

En la segunda foto que ilustra esta entrada  podemos ver el antiguo patio de las chicas, tomada antes de 1989 (probablemente desde las escaleras exteriores de emergencia del nuevo edifico). Ocupando la mayor parte de la foto y tras una tapia se observan  las viejas casas de la Calle de las Provincias (o la Calleja de los Cutos la llamábamos nosotros) y un viejo transformador que recuerdo allí desde siempre y a la derecha de la foto, el viejo edificio de las aulas de las chicas. En primer plano, una valla delimitaba el patio de las nuevas escuelas y del patio de las chicas.

Foto: 2ª foto: Foto Imagenes Rochapea publicada en la Revista Ezkaba.

Estampas de antaño: Las Navidades del Viejo Pamplona (1965-1972)

Dicen que la infancia es la patria de los hombres. De ahí venimos, y la vida, a veces tan dura y gris, a menudo nos hace perder la inocencia y la capacidad de sorprendernos. Y es que en aquellos tempranos años descubríamos con sorpresa y con la ingenuidad de un niño el mundo que nos rodeaba. De nuevo intento bucear en los recuerdos de aquel niño que hace décadas dejé atrás y me sumerjo en el entrañable recuerdo de mis navidades infantiles. Eran aquellas navidades unas fechas que esperaba con ilusión: llegaban las vacaciones a la escuela a la que hacía muy poco había acudido por primera vez. Hacía frío. Nevaba con frecuencia. ¡Qué grandes nevadas las de aquellos años, cuando salíamos del patio del Ave María a nuestra cercana casa donde estaba encendida la llamada cocina económica!. Parece un lugar común decir que ahora no hay nevadas como las de antes pero es verdad, en aquellos años era habitual que cayera una gran nevada, que cuajara y que en el suelo hubiera durante unos días una capa de 20 o 30 centímetros.  En la foto de Nicolás Ardanaz, de principios de los años 60, vemos lo que podía ser una típica estampa navideña de aquellos años, el cruce de Cuatro Vientos nevado, con la Azucarera de Eugui, que se derribaría en 1972, al fondo. 

Comenzaban a sonar los villancicos tradicionales en la radio. Recuerdo que mi madre nos cantaba aquellos días un villancico un poco triste que decía: «Madre, a la puerta hay un niño, más hermoso que un sol bello, parece que tiene frio, el pobrecito está en cueros…». En la radio se escuchaba el día 22 el sonsonete del canto de la Lotería de los niños de San Ildefonso que se convertía en el obligado preludio de unos días especiales, de fiesta, donde esperaban unas comidas diferentes, no podía faltar el día de Navidad, el cordero o el besugo y los días señalados los turrones, de jijona, de royo, los mazapanes, el guirlache aunque a mi el que me gustaba era el blando. En aquel entonces el besugo era un pescado al alcance de las economías más modestas y no tenía el precio prohibitivo de hoy en día. Mi madre solía bajar el día de la Lotería cargada de compra de la Plaza (Mercado de Santo Domingo) para la comida y/o cena para esos días.

Las calles del Casco Viejo aparecían engalanadas por recargados arcos navideños, como los que aparecen en la fotografía, de aquellos años, de Zubieta y Retegui, de la calle Chapitela. Los jardines de algunas fábricas del barrio, recuerdo la del Perfil en Frío o la de Ingranasa, se decoraban con motivos navideños: la típica estrella de Navidad o algún belén, incluso llegué a ver, un año, un belén viviente en el patio de las escuelas del Ave María,  junto a la sacristía de la iglesia de El Salvador…En la radio durante algunos años se podía escuchar el Festival de Villancicos Nuevos, de fama nacional y que he mencionado en la entrada dedicada a la radio local. Los días señalados, tanto el día de Nochebuena como sobre todo el día de Nochevieja (con las campanadas y las uvas) eran de los pocos días en que se te permitía trasnochar. Comidas y cenas especiales y tras ellas alguna partida de cartas, en familia,  a la brisca. Cuando compramos la televisión, ya hacía algunos años que era tradicional la emisión del programa de variedades de fin de año, que se prolongaba hasta altas horas de la madrugada. 

Pero si había un día especial, mágico, ese era el día de Reyes. Recuerdo que en la fabrica donde trabajaba mi padre organizaban para los hijos de los trabajadores un emocionante acto de entrega de juguetes a los niños, en la mañana del día de Reyes. En aquellos inocentes años  nos  decían, sencillamente, que llegaban los Reyes. El día 6, nos levantamos nerviosos, vestidos de domingo, (como se decía entonces) y subíamos en la villavesa hasta el Teatro Gayarre. ¡Qué grande y magnifico me parecía entonces el Teatro! y aquel telón rojo que cubría la pantalla o el techo del teatro con un mural en el que había alguna especie de escena celestial; nos echaban algún documental o una sesión de dibujos animados con Pixie y Dixie y el Gato Jim (¡malditos roedores!) y a su término y tras una espera que parecía infinita, el telón  se levantaba y los tres Reyes Magos con sus correspondientes pajes  comparecían en el escenario mientras el presentador del acto llamaba por su nombre a los numerosos niños que junto a sus padres llenaban el patio de butacas. Nervioso, acompañado los primeros años por mi madre y luego por mi hermano subía al escenario a recoger los juguetes, uno o dos cada año asi como una bolsa de caramelos, tenías que darle un beso del rey (¿A quien quieres más: al rey o a los juguetes? me preguntaron un año, no hace falta recordar lo que le dije, se lo pueden imaginar) y te sacaban la  fotografía de rigor (en blanco y negro) que llenaría las paginas del álbum familiar.  Recuerdo que un año la entrega de juguetes se hizo en el Salón Loyola de los Jesuitas pues se acababa de quemar el Gayarre. Fueron, creo, los Reyes de 1969, pues el teatro se quemó en noviembre de 1968.
Hasta donde me llega la memoria recuerdo algunos de aquellos juguetes: la escopeta (de color negro y plateado) que tiraba bolas amarillas de plástico que regalaron a mi hermano, ¡Qué poco le duraban los juguetes, siempre con su insaciable curiosidad por desarmar los juguetes y saber como funcionaban las cosas!, un camión enorme de cabina roja y volquete anaranjado, tan grande que cabía yo dentro y que arrastraba mi hermano, cinco años mayor que yo, con una cuerda, el típico triciclo, un coche eléctrico de color azul claro, un juguete de cuyo nombre no logro acordarme y que constaba de una pista de aterrizaje y un mando con el que se hacia girar un pequeño avión  que no debía derribar una alta columna de coloristas cubos de cartón que había sobre la pista a modo de original torre de control. 

Si que recuerdo los juguetes del último año de Reyes cuya entrega (me acompañaba mi hermano, ya no mi madre)  aparece reflejada en la vieja fotografía familiar adjunta. Sería el 6 de enero de 1971. Tendría entonces siete  años y fueron dos los juguetes: el Mago Electrónico y el juego espacial de Congost (muchos juguetes de entonces eran de este fabricante), Lem 200, de los cuales también  adjunto algunas fotografías. Al abrir la caja del Mago Electrónico nos encontrábamos con un tablero o mejor dicho  varios tableros, con dos circunferencias con múltiples colores y variables temáticas. Una con las preguntas y otra con las respuestas. Recuerdo que girabas el muñeco de plástico que empuñaba una especie de estilete en medio de la circunferencia de la izquierda, señalaba una pregunta y luego la colocabas sobre un espejo en la circunferencia de la derecha, (bajo el cual descubrí había un imán, al igual que en la base del muñeco) y te señalaba la respuesta correcta. El Lem 200 era un juguete que simulaba el encuentro de una nave espacial con su modulo lunar. Eran juguetes sencillos, mecánicos, muy alejados de los sofisticados juguetes que conocerían los niños de décadas posteriores, pero que nos ilusionaban sobremanera en aquel tiempo al menos los primeros días.

Fotos: Foto de Nicolás Ardanaz de Cuatro Vientos (1960), Foto de Zubieta y Retegui (Navidad de 1972) 

Inundaciones en la Rochapea (1952-2013)

El pasado 9 de junio se producía uno de los grandes desbordamientos del río Arga a su paso por Pamplona. No fue como dijo el Alcalde, Enrique Maya,  la mayor riada de la historia de Pamplona, pero si fue, como veremos una de las más importantes. Dejando a un lado la riada del 27 de noviembre de  1930 que se llevó por delante, en apenas dos horas, el puente del Plazaola, la primera riada de la que tengo conocimiento desde mediado el siglo pasado fue la de enero de 1952, que queda ilustrada por la  primera foto de este artículo. Se trata del puente de la Rochapea, con un grupo de paisanos y de guardias civiles al fondo de la imagen, el puente a punto de ser rebasado por las aguas y el resto del entorno (Plaza del Arriasko, calle Errotazar, etc) totalmente inundado. En diciembre de 1958 y 1959  también hubo inundaciones si bien menores.

Será a finales de 1959, concretamente en los días 30 y 31 de diciembre,  y primeros días de 1960 cuando se produzca una de las mayores inundaciones que ha conocido Pamplona a lo largo del siglo XX. Buena parte de la vieja Rochapea quedo anegada por las aguas. En la segunda fotografía, de Galle, que plasma esta inundación podemos ver  la zona de las huertas totalmente anegada, pero parece que el agua cubrió también buena parte de  la calle Joaquin Beunza en su larga extensión. Me cuentan que algunos vecinos tuvieron que trasladarse en barcas. No sé si será cierto pues yo todavía no había nacido pero he oído decir que el agua llegó casi hasta el comienzo de Marcelo Celayeta. Siempre he oido decir que «El agua llegó hasta el primer escalón de la vieja librería de la Pachi». Me parece difícil que esto pudiera suceder teniendo en cuenta  el enorme desnivel que, hasta la construcción de la nueva Rochapea a finales del pasado siglo y comienzos de éste, había entre Marcelo Celayeta y el Camino de los Enamorados con el inicio de la antigua Joaquín Beunza. Que el agua llegase hasta Cuatro Vientos, cosa harto improbable,  sólo hubiese sido posible en el caso de que el puente de Santa Engracia y/o el de Cuatro Vientos hubiese quedado cegado por arboles y ramas  y por lo tanto se hubiese producido un efecto circunstancial de presa en aquella zona. En esa vieja foto de Galle  se observan a la izquierda algunas casas de Joaquin Beunza construidas en esos años, entre medias una nave de Frenos Urra, de la que desconocía su existencia y al fondo de la imagen, las otras naves de Urra junto al río y el puente de Santa Engracia de las que hablamos en la entrada de la antigua calle de Joaquín Beunza.

Tras estas históricas inundaciones vendrían otras menores en  enero de 1965, octubre de 1974 (esta como consecuencia de una gota fría), diciembre de 1978, octubre de 1979 y del 20 de diciembre de 1980. Recuerdo especialmente esta última, también las anteriores, porque en aquellos años yo acudía a estudiar el bachilletaro en el Irubide y literalmente, el grupo que ibamos juntos por  la zona del puente de San Pedro-Vergel «alucinabamos» con el tremendo poder y desparrame de la madre naturaleza. Las inundaciones de finales de 1980 y principios de 1981 (16 de enero) se produjeron como consecuencia del paso de un sistema frontal y del rápido  deshielo tras  unas importantes nevadas. Las fotografías de esta también histórica inundación, tan importante como la de junio de 2013, a tenor del m3 por segundo de una y otra corresponden nuevamente a la plaza del Arriasko o plaza de Errotazar y  a las casas y naves de la calle Joaquín Beunza más próximas al puente de Santa Engracia. Tras esta inundación vinieron otras menores en octubre de 1982, octubre de 1987, abril de 1988 y noviembre de 1991.
1992 fue pródigo en inundaciones. Ese año el río se desbordó en  varias ocasiones: en junio así como en octubre y  diciembre. En octubre las riadas se llevaron por delante, en dos ocasiones, el día 7 y el día 23, los pilares del futuro puente de las Oblatas como lo atestiguan la foto de Xabi Ventura. Al año siguiente, en diciembre de 1993, el río Arga volvería a salirse de madre, como se puede comprobar en la foto de Sesma, donde vemos inundado el último tramo de la antigua calle Joaquín Beunza. Una muy bonita foto con las viejas  casas de la calle reflejadas sobre las aguas. En este siglo, cabe destacar las inundaciones de febrero de  2003, de  2009 y sobre todo y especialmente las de este año 2013, en enero, sin mayor transcendencia y las históricas de junio de 2013, hace apenas tres semanas que llevaron las aguas como se puede ver hasta las nuevas calles de la  Rochapea, en la foto la calle Ochagavia, en su intersección con la nueva calle Joaquín Beunza.
En resumen, de las múltiples inundaciones acaecidas en la Rochapea podemos distinguir  tres tipos por su impacto: el nivel más bajo que corresponde cuando las aguas apenas inundan las huertas sin afectar a calles ni viviendas. Ha sido la inundación más frecuente. El segundo nivel o nivel intermedio  ha sido cuando las aguas han inundado las calles más próximas al cauce del río y el tercer nivel o nivel máximo ha sido  cuando el nivel de las aguas ha alcanzado calles interiores del barrio hasta cotas seguramente no alcanzadas más que en dos o tres ocasiones a lo largo de los últimos 100 años. Así pues, y según este breve estudio, las mayores inundaciones acaecidas en la Rochapea serían las de 1959-60, 1980-81 y 2013. También serían destacables las del 1992-93 y 2003. Las zonas habitualmente inundadas en La Rocha han sido  la zona de las antiguas piscinas de San Pedro, (ahora parque de la Runa), las del 80-81 no llegaron en este punto al nivel alcanzado en 2013 en esta misma zona, la zona de la plaza de Errotazar (hoy zona de los Corralillos), las huertas situadas entre el puente del Plazaola y Santa Engracia, hoy parque fluvial. Calles inundables eran el último tramo de Joaquín Beunza, y esta misma calle en general en un par de ocasiones aunque pocas veces se ha llegado al nivel de 2013 en esta calle, tal vez en 1959, pues creo que la inundación de 1980-81 fue más corta y menos importante.Fotos: 2ª foto: Galle (1960), 5ª foto: Sesma (1993), 6ª foto: Xabi Ventura (1992)

Subiendo a Pamplona por Santo Domingo (1966-1996)

Conexión peatonal natural de mi barrio con el Casco Antiguo, ¿Cuantas veces habré hecho este viaje desde mi casa a lo Viejo?. Este itinerario continua, en cierto sentido, el iniciado en la entrada dedicada a la antigua calle Joaquín Beunza. Nos situamos, en esta entrada, a la salida de la antigua calle Joaquín Beunza. Ante nuestra vista tenemos la calle Errotazar que comienza a nuestra derecha, justo en la  entonces plaza de Errotazar,  y desemboca en el cruce de Capuchinos. A nuestra derecha estaba la Casa de Gamarra y más a la derecha la mencionada plaza de Errotazar. Esta plaza   tiene bastante historia. Desde el siglo XVI hasta finales del XVIII o principios del XIX se llamó plaza del Matadero de las Carnes, posteriormente se le empezó a conocer popularmente  como plaza del Arriasko. En dicha plaza podíamos encontrar la famosa Casa de los Pastores que entre 1920 y 1975 albergaría el cuartelillo de la Guardia Civil de la Rochapea. Esta emblemática casa sería derribada en febrero de 1985.

Parece mentira que esta plaza,  que era el centro   de las  antiguas fiestas de la Rochapea, (la fiesta de los mayordomos) y paso obligado desde la Calleja de los Toros para el Encierrillo, no tuviera nunca un nombre oficial y siempre fuese conocida por denominaciones más o menos populares pero nunca oficiales. A finales de los 70 y primeros 80 aun podíamos ver restos de los antiguos edificios del Matadero de Carnes, derruido en 1931, con su  puerta roja muy cerca del río, y en donde hoy apenas queda un pequeño vestigio de aquellos antiguos edificios  y que sirve de sede al Club de Remo. Antes de atravesar el puente de Curtidores dejábamos  a un lado la zona donde durante finales del siglo XIX y primeros años del XX lavaban y tendían las lavanderas. Allí se podía distinguir el final del canal que comenzaba en el llamado puente de Errotazar en las inmediaciones de la presa y antiguas piscinas de San Pedro.

El puente de la Rochapea que vemos en la foto adjunta, también conocido como puente de Curtidores, por los pellejos que en tiempos se colgaban  a secar del mismo, es un puente medieval, probablemente del siglo XIII,  aunque no hay constancia documental de obras relacionada con él hasta el siglo XVII. En 1986 se realizaron unas importantes obras de ampliación: se añadieron los vuelos de hormigón, el asfaltado de la calzada, las aceras adoquinadas, la barandilla tubular metálica y la farolas a la antigua. Desde el puente de la Rocha y mirando hacia el río y sus orillas tanto en una dirección (río arriba) como en otra (rio abajo) se podían y aun se pueden  contemplar algunas de las más bellas e idílicas postales pamplonesas con una frondosidad, en las orillas exuberante, unos contrastes de colores, según estaciones,  magníficos y unas pintorescas casas junto al río, me acuerdo  tanto de  la que estaba bajo el talud de la cuesta de Santo Domingo como especialmente de la casa o  casas más allá del puente, río bajo, especialmente la  llamada Casa de Barquilleros, que vemos en la siguiente foto,  conocida por ese nombre  porque en un local anexo a la casa se fabricaban los barquillos que hemos  visto se vendían en el Paseo de Valencia.


Pasado el puente de la Rochapea nos encontrábamos con dos cuestas: a  la derecha la llamada Cuesta del Portal Nuevo, bajo el lienzo de muralla del Paseo de Ronda desde hace unos cuantos años cortada al tráfico pero que antes desviaba parte del tráfico de la Cuesta de la Estación-Avenida Guipúzcoa hacia la Rochapea Vieja y Errotazar. A la izquierda la llamada Cuesta de Santo Domingo, una larga y empinada cuesta, único camino para acceder al Casco antes de la construcción de los ascensores de Descalzos en el año 2008. En los años que describe esta entrada no había acera en el lado más cercano a la muralla, solo un pequeño aliviadero de las aguas que emanaban del talud y muralla de Descalzos. Llegábamos hasta la zona de los Corralillos, esa zona de las Murallas que se habilita para recoger los toros, tras el Encierrillo, antes del Encierro de cada mañana en las fiestas de San Fermín. Pasado este punto podíamos ver lo siguiente: a la izquierda el paseo de Ronda cerrado con un murete alto, igual que  estaba cerrado el Paseo en la zona más cercana  a la plaza de la Virgen de la O, a la derecha el único Cuerpo  de Guardia que había sobrevivido del derribo de las murallas. Junto  a este punto estuvo el antiguo Portal de la Rochapea, derruido en el año 1915.  Detrás del Cuerpo de Guardia hubo hasta principios  de los 80, una zona bastante asilvestrada y de huertas, semioculta por una casa y una tapia que llegaba hasta el Hospital Militar tal y como vemos en la primera fotografía de la entrada. La zona de las Huertas fue urbanizada en época del alcalde Julián Balduz, tal y como vemos en las siguientes  fotografías, una urbanización poco exitosa a tenor de los resultados prácticos de uso de dicha plaza y que lleva cerca de 20 años utilizándose como aparcamiento de vehículos.

Desde este punto y en dirección noreste podíamos divisar la silueta del abandonado Palacio de Capitanía que vemos en la siguiente foto. El Palacio de Capitanía, antiguo Palacio Real de San Pedro, data del siglo XII y fue erigido por iniciativa de Sancho VI el Sabio. Posteriormente Sancho VII el Fuerte cedió el palacio al Obispo de Pamplona. El rey Teobaldo I quiso recuperarlo pero la curia romana se opuso a su devolución a manos reales. El Palacio fue objeto de disputas entre el poder real y el religioso durante varios  siglos  hasta que en el siglo XV se construye el nuevo palacio episcopal y la reina Blanca de Navarra vuelve a solicitar se le devuelva el Palacio, esta vez con éxito.  Tras la anexión  de Navarra en el año 1512 el Palacio se transformará en Palacio de los Virreyes durante algo más de tres siglos hasta que en 1841 se convirtió en Capitanía General, uso que se extenderá hasta 1893 y luego en Gobierno Militar hasta 1972, año en que que el Gobierno Militar se traslada a  la calle General Chinchilla ,  quedando el viejo palacio abandonado durante casi 30 años. Los militares entregaron el edificio a la ciudad en 1976. Recuerdo haber accedido el palacio abandonado allá por el año 1978 o 1979. Su estado era bastante deprimente.  Al edificio accedían, a menudo, personas para pasar la noche, algunos de los cuales hacían fogatas en su interior. Con el paso de los años  desaparecieron la mayoría de elementos de valor: tarimas, artesonados, etc. A primeros de los 90 se planteó destinarlo como sede del Parlamento, pero  finalmente se desechó este uso y se destinó a sede del Archivo General de Navarra. Tras la demolición de buena parte del edificio en el año 1994, las obras de construcción del Archivo comenzaron en 1998 y se extenderían hasta marzo de  2003, fecha en que el Archivo fue finalmente inaugurado.

Subiendo por la Cuesta-Calle de Santo Domingo que se llama así desde el siglo XVII nos encontrábamos, a la derecha la hornacina donde se coloca antes del Encierro, y desde 1981,  una reproducción de San Fermín a la que se encomiendan los mozos  antes de empezar la carrera. La tradición de rogar al santo antes de la carrera es relativamente reciente, data de julio de 1962 y la hornacina se colocaba entonces en un ventanal del Hospital Militar.  De 1971 datan, por otra parte,  las obras del nuevo muro de contención de ese lado de la calle así como la barandilla de subida al Museo. A la izquierda nos topábamos con  el enorme edificio del Hospital Militar que vemos en la siguiente fotografía, bastante antigua, por cierto, pero que sirve para ilustrar perfectamente como era el edificio, pues mantuvo esa apariencia hasta su abandono por parte de los militares.

El viejo Hospital Militar  dejó de usarse como tal en la década de los 70 y  conocería como el Palacio de Capitanía  varias décadas de abandono hasta su reforma para ser destinado a sede del Departamento de Educación del Gobierno de Navarra. El edificio, inicialmente Convento de Santiago se construyó entre los años 1571 a 1574. Fue cuna de la Universidad Pontificia y Real de Santiago entre 1630 y 1771. Desde 1835 el convento se dedicó a cuartel de infantería y posteriormente a Hospital Militar. El actual edificio destinado al departamento de Educación conserva el claustro renacentista. 

Si al finalizar la pared del hospital militar  mirábamos hacia atrás divisábamos la subida al Museo, anteriormente conocida como subida al Hospital, pues allí mismo, al final de la subida, se encontraba desde el siglo XVI y hasta 1932,  el Hospital General de Nuestra Señora de la Misericordia. El hospital fue promovido por Ramiro de Goñi que también construyó una pequeña iglesia anexa, la que conocemos como capilla del Museo. En 1932, se trasladaría este equipamiento a los pabellones sanitarios del soto de Barañain, lo que hoy conocemos como pabellones del Hospital de Navarra, pabellones construidos varias décadas antes, en torno a 1900 gracias a la generosa filantropía de Dª Concepción Benitez.  Cabe señalar que toda aquella zona cercana al hospital de Nuestra Señora de la Misericordia se conoció desde tiempos antiguos como la Rocha (allá estaban las murallas, la torre y el portal de la Rocha)  y en torno a esta zona se formó  con el tiempo el llamado barrio de las Carpinterías.

El Museo de Navarra se instaló en su actual emplazamiento, en el edificio del antiguo hospital civil de Nuestra Señora de la Misericordia, en junio de 1956; Antes el Museo estaba emplazado en el edificio de la Cámara de Comptos, al menos lo estuvo desde 1910. Del antiguo hospital civil sólo se conservó su portada, única muestra de arquitectura civil renacentista (plateresca) de la ciudad y el interior de la capilla, gótico-renacentista que se usó tras su adecuación, primero  como pequeño auditorio y ahora como sala de arte sacro renacentista y barroco.  Su portada barroca  (1733) procede de la Iglesia de la Soledad, de Puente la Reina, y fue colocada aquí en 1934. En 1986, el Museo sufrió una profunda reforma interior y exterior que concluyó en 1990, con una reinauguración. La capilla se reformó en 1997. Entre las obras más destacadas del Museo están el Mosaico de Teseo, la Arqueta de Leire y el retrato del Marqués de San Adrián, de Goya.   

Seguimos por la calle Santo Domingo y llegamos a la plaza de Santiago. Volvemos la vista nuevamente hacia atrás y en lo que se llama hoy calle del mercado vemos la iglesia de Santo Domingo que tiene el suelo a 5 metros de profundidad bajo el nivel de la calle y que formaba parte de la antigua Universidad Pontificia y Real de Santiago, la Casa Marceliano, lugar de peregrinaje para Ernest Hemingway y uno de los lugares míticos en la historia de  nuestras  fiestas, hoy convertido en oficinas municipales y el Seminario Viejo de San Juan que alberga actualmente el Archivo Municipal y otras dependencias municipales.

Enfrente nuestra observamos la trasera del edificio de la Casa Consistorial y a nuestra izquierda la entrada principal al Mercado de Santo Domingo. La Casa consistorial actual, salvo la fachada, que data del siglo XVIII, fue derribada en 1951 y reconstruida por completo en el año 1953, tal y como mencionábamos en la entrada de la plaza de la Argentina. Señalabámos, entonces, que en el año 1952, el chupinazo se lanzó desde aquella plaza. El Mercado de Santo Domingo tiene su origen en el siglo XVI, fecha en la que, a excepción de la fruta que se vendía en la actual plaza consistorial, el resto de alimentos se vendían en la plaza de abajo o también llamada de las Carnicerías. En 1769 se construyó el edificio del Pósito, donde quedaría instalado, en su planta baja,  el Mercado. En 1862, el Pósito se trasladaría a la plaza del Vínculo. Dos años más tarde el Ayuntamiento obligó a unificar todos los puestos (de fruta y carnes) en una sola plaza, quedando la plaza de arriba como plaza consistorial y la de abajo como Plazsa de Abastos. En 1875 un incendio destruyó el viejo Mercado de Santo Domingo, comenzando las obras del nuevo mercado un año más tarde. El nuevo mercado se inauguraría el 22 de mayo de 1877, bajo la supervisión del arquitecto  Martin de Sarasibar. En la plaza de Santiago se instalaría ese año  una fuente de hierro con unos delfines que permanecería en el lugar hasta 1952, fecha en que se traslada a la plaza de San José. El mercado fue remodelado en el año 1986, trasladandose durante un año los puestos a la galería interior de la plaza de toros.

Recuerdo la vieja plaza, que era asi como la llamábamos, bulliciosa, llena de voces y gritos de las vendedoras que venían a ofrecer su género, a menudo desde los pueblos o las huertas de la Rocha y la Magdalena, las paredes de azulejos blancos, el olor de las pescaderías. Mi madre acudía a comprar a la plaza los sábados, por la mañana, día de la compra semanal por antonomasia y la plaza estaba  llena de gente  a rebosar. Recuerdo a mis padres cargados hasta los topes con los bolsos de la compra: el pescado, la carne en el puesto de  los Fernández, donde estaban Doña Asun y su marido D. Manuel, la huevería Ruesta, las pastas Marisol.  Son imagenes que recuerdo con cariño, estampas de una época pasada que ya no volverá y del que la fotografía adjunta es un nostálgico recuerdo.

De los comercios existentes en la calle en aquella época recuerdo, bajando desde las escalerillas de San Saturnino, los siguientes comercios: una tienda de máquinas de coser, otra de telas (El Peso) Bazar Jimenez, con sus perolas y cacharros que empezó décadas atrás en la Mañueta, la tienda de periódicos y revistas del Portu, Casa Garcia, Muebles Indurain, Droguería Joaquin Sucunza, Ultramarinos Huarte (en su local se ubicaría en 1992 la Libreria Abarzuza que, con ese mismo nombre, había estado anteriormente en la calle Nueva y mucho antes en la bajada de las Carnicerías), Joyería Peinado, Ultramarinos Gloria Rivas (desde los años 40, ahora regentada por la segunda generación), Alimentación Parra. Volviendo hacia atrás, a la altura de Casa Seminario estaba Calzados Carasa. Y desde la calle del Mercado bajando hacia la Rocha, en la esquina, Electrodomésticos Lafer y a continuación el Café Bar Orbela.

Hasta 1976, la Calle Santo Domingo se estrechaba bastante justo al desembocar en la plaza Consitorial. Allí, hasta ese año  estuvo la Casa Seminario, tal y como podemos comprobar en estas dos últimas  fotos, tomadas desde diferentes ángulos. Me acordaba vagamente de un mural alusivo a los sitios principales o de interés turístico de Pamplona en la desnuda pared de Casa Seminario y que esta fotografía de los años 70 me ha ayudado  a recordar. El mural databa del año 1963. Derribada Casa Seminario en su lugar se erigiría un nuevo edificio  de oficinas municipales  que albergan actualmente al área de  Sanidad y Medio Ambiente. Por otro lado recuerdo también la bajada de las escalerillas de San Saturnino a Santo Domingo, mucho más estrecha que la actual puesto que allí mismo, junto a las escalerillas había unos baños públicos. Estos baños se construyeron en torno a los años 50, tras el derribo de dos pequeños edificios existentes. Se cerraron al público a mediados de los 80  y  se derribaron en la primavera  del  año 1999.

(Entrada en homenaje a mi madre, Cecilia, fallecida hace exactamente una semana, que tantas veces hizo este recorrido, subiendo a Pamplona, desde su  Rochapea para comprar en el Mercado de Santo Domingo o, como ella decía, «la plaza».)

Las salas de juegos del viejo Pamplona (1974-1980)

En aquellos años fronterizos entre la niñez y la adolescencia pasábamos las tardes de los domingos a caballo entre las salas de juegos y los cines, los abundantes cines que había entonces, en la ciudad. Más adelante, cuando dejamos atrás la adolescencia, frecuentaríamos otros ambientes más adultos como las salas de fiesta y discotecas. De todos esos ambientes de la vieja Pamplona hablaré tanto en esta como en las siguientes entradas. Seguiré un criterio cronológico y empezaré por rememorar  aquellas salas de juego que había o al menos que recuerdo, -porque haber había creo que muchísimas más, seguro-, en la vieja Pamplona de los años 70.
Dos de las salas que con más frecuencia visitábamos en aquellos años fueron por este orden, la sala de juegos de la Estafeta y posteriormente la sala de juegos Carlos III en la calle Cortes de Navarra. La sala de juegos de la Estafeta que posteriormente se reconvertiría en un salón de máquinas tragaperras tenía, creo recordar, forma de L invertida. En su primer tramo y a ambos lados había infinidad de máquinas flipper que posteriormente irían dejando espacio a  las máquinas recreativas más modernas para aquel entonces: ping pong, mata marcianos, plataformas, etc. Al final de este tramo un juego de ping pong y  en el segundo tramo de la L un  billar y algunos futbolines. Solíamos acudir invariablemente a la sala de juegos  antes o después del cine, dependiendo de si acudíamos a la sesión del cine de las 17.00 o las 19.30. Allí pasábamos un par de horas, alternando los flippers con algún billar y futbolín, hasta que volvíamos a  casa al filo de las 10 de la noche.
La sala de juegos Carlos III estaba en un sótano, situado entre la iglesia de San Ignacio y la tienda del Salón del Visillo, frente al cine Carlos III. Se accedía  a la sala bajando un largo tramo de   escaleras que conducían a un primer tramo estrecho, donde estaban los flippers y recreativas y que giraba luego hacia la derecha para desembocar en una amplia sala de billares, con algunos recovecos. En esta sala había, al menos, media docena de billares y algún futbolín, su punto fuerte eran sin embargo los billares y en aquel tiempo era a lo que mayoritariamente solíamos jugar. Te cobraban por tiempo de juego. Solíamos jugar al billar francés o de carambolas. Había 3 bolas y el propósito del juego era impulsar tu bola con el taco, para tocar con ella las otras dos y hacer una carambola. Había un marcador manual, como un ábaco, que te permitía indicar la cantidad de carambolas que ibas realizando. Alguna vez jugábamos también al billar americano en el que había que meter las bolas en las troneras. Las recreativas, con el paso del tiempo, empezaron a compartir su espacio también con algunos simuladores, sobre todo de coches, con su volante y su embrague.
Otras dos salas de juego que recuerdo mucho más vagamente porque apenas fuimos un par de veces son dos que había en el Casco Antiguo,  una en la zona de Jarauta-Descalzos y otra en la Navarrería, creo que una de ellas se llamaba «El Trebol». Fuera del Casco Antiguo recuerdo vagamente algunas otras salas a las que también fuimos muy esporádicamente y en época muy temprana, había una en la Plaza de la Cruz, otra cerca de ésta,  a caballo entre el Salón Champagnat y el Salón Loyola que se llamaba Caleidoscopio y otra, subterránea como la Carlos III en la zona de la plaza Príncipe de Viana más cercana a la avenida de  San Ignacio.
No era propiamente una sala de juegos sino una bolera, en efecto recuerdo a finales de los 70 la existencia de una bolera en la calle del Carmen, en el lado derecho de la calle, en el tramo comprendido entre el cruce con Dos de Mayo y el Portal de Francia. No fuimos muchas veces, pero alguna vez estuvimos y ahora me sorprendo al recordar la existencia de aquella dotación en pleno casco viejo. Creo que se llamaba Simon´s. Mucho ha cambiado el ocio de los jóvenes desde entonces, no en vano muchos de aquellos juegos de las recreativas, simuladores y demás alcanzarían un alto grado de desarrollo en los juegos de ordenador y consolas posteriores, dejando sin razón de ser aquel tipo de entretenimiento y  algunos espacios de ocio como los cines y las boleras se irían implantando con el paso de los años ya no en el centro de la ciudad sino en la periferia de esta, pero de los cines y otros espacios de ocio hablaré en otra ocasión.

La Avenida de Guipúzcoa. De Recoletas a Cuatro Vientos (1950-2012)

 

Si hay una vía que puede considerarse la conexión natural con el Casco Antiguo  desde el barrio de la Rochapea esa es la Avenida de Guipúzcoa. La calle Joaquín Beunza la dejábamos para cuando, con el buen tiempo, subíamos andando a Pamplona por la Cuesta de Santo Domingo. Es por ello que hoy me apetece revisitar esta vía cargada de historia y de historias, y lo haré bajando del Casco Antiguo a Cuatro Vientos. Iniciamos el recorrido en la plaza de Recoletas, popularmente conocida durante muchos años como la Plaza de los Ajos, por instalarse en esta plaza, durante decenas de sanfermines, la feria más importante de ajos de la ciudad, tal y como vemos en la foto inferior de Arazuri de 1962,  una feria que ha ido declinando, con el paso del tiempo, hasta quedar apenas un par de casetas en los últimos años. La plaza data del siglo XVII si bien la fuente que preside el centro de la plaza, (foto 3ª), obra de Luis Paret, como otras tantas del Casco, es de finales del XVIII. Todas ellas se inauguraron poco después de la traída de aguas a Pamplona desde Subiza. Hasta finales del XIX la fuente estuvo en la zona sudeste de la plaza. Quizás muchos ignoren que durante más de 30 años, concretamente entre los años 1940 y 1972, la plaza se llamó oficialmente Plaza del Cardenal Ilundain, si bien la gente, con buen criterio, siguió denominando a la plaza con el nombre de las monjas del cercano convento.

La plaza ha sufrido diversos cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Hasta el inicio de los 80 había un par de kioskos en el lado de la plaza más cercano a la calle Mayor. Además y en el ángulo noroeste, cercano a la pared del convento y a la llamada cuesta de la Estación hubo, hasta esos años, un tramo de escalones de piedra que comunicaban esa zona de la plaza con la acera de la avenida de Guipúzcoa. En tiempos ese tramo de la avenida se llamaba popularmente como Cuesta de la Estación. Se denominaba popularmente Cuesta de la Estación (las razones del nombre parecen obvias), un término hoy en desuso y nunca oficializado, al tramo comprendido entre la zona cercana a la iglesia de san Lorenzo y el cruce de la bajada con la cuesta de La Reina. El nombre de Avenida de Guipúzcoa se aprobó por el pleno municipal en el año 1931 y según dicha resolución se denominaba así al tramo comprendido entre el antiguo transformador del Irati, situado sobre el tunel del  Plazaola, que discurría bajo la Avenida, y el final del término municipal, más allá de las Hermanitas de los Pobres.

Por cierto, el Irati, ferrocarril eléctrico que se inauguró en 1911, tenía inicialmente una estación de mercancías y pasajeros en el Rincón de la Aduana y una  de pasajeros en Sarasate, que se suprimió en 1930 y circuló durante varias décadas por un lado de la Cuesta de la estación y de la Avenida de Guipuzcoa para conectar con los ferrocarriles nacionales de la Estación del Norte. El Irati tenía sus cocheras donde está actualmente el Ambulatorio San Martín, en la  avenida de la Baja Navarra. A partir de 1946 el Irati suprimió su trazado urbano y se creo un ramal que iba por detrás del Manicomio para conectar con la estación del Empalme de la Rochapea. Dicho desvio se hizo, al parecer, para descongestionar tanto la carretera de Beloso como la avenida de Guipuzcoa.


Pues bien bajando por la Avenida de Guipuzcoa, dejamos a la derecha el muro del convento de las Recoletas y a la izquierda el parque de la Taconera. Cerca del Portal Nuevo hay una fuente y una larga escalinata, muy poco transitada, que vemos en la  fotografía de la derecha, que conduce a la plaza de la Virgen de la O y al Paseo de Ronda, paseo que estuvo hasta los años 90 cerrado al público en varios de sus tramos. Durante décadas tuvimos que sortear una estrechísima acera bajo el Portal hasta que  a finales de los 90 se habilitó el portón cercano a la acera como pasadizo. Hay muchos que creen que el Portal es muy antiguo y se sorprende cuando descubren que el Portal data de 1950. El portal que vemos, en la fotografía que abre esta entrada, es obra de Victor Eusa, que utilizó un estilo historicista en su diseño y culminó el gran arco del Portal con  dos torres almenadas.


Justo, donde acababa la cuesta de la Estación nos encontramos a la derecha el puente del Plazaola sobre el Arga, el primer puente se lo llevó una riada en 1930, bajo nuestros pies el tunel del Plazaola, y a la izquierda, saliendo del tunel continuaba la vieja vía hoy camino de la Biurdana, hasta la zona de la A.D San Juan, como recordaba en la entrada sobre este viejo tren. Junto a ella y cerca de la gasolinera de Discosa hubo durante años una fábrica  de harinas, cuyas instalaciones abandonadas y su gran chimenea vemos en la fotografía adjunta de 1987. Muy cerca, en esta misma zona, a mediados de los 90, se construyeron unos corralillos que nunca se utilizaron y que solo sirvieron durante una pequeña temporada para almacenar algunos coches de la grua. Con la aprobación del nuevo plan urbanístico de la Rochapea (en el año 1999) se decidió mantener los Corralillos cerca de su ubicación habitual (los antiguos se derribaron en 2003) y estos corralillos pasaron a mejor vida.


Recuerdo la gasolinera de Discosa desde que tengo uso de razón y sobre todo recuerdo el curioso mural que había bajo el arco del primitivo edificio de la gasolinera, un mural en el que aparecían las distancias a diferentes ciudades españolas, ilustradas con motivos alegóricos de dichas ciudades. Hace pocos meses que ha sido derribado dicho edificio, como lo será en breve el resto de las instalaciones para ser trasladada la gasolinera cerca del nuevo parque de bomberos. El mural, que vemos en la siguiente fotografía, fue pintado en los años 50 y que parece ser que pudiera ser obra de Leocadio Muro Urriza, autor también de otros murales en la ciudad como el del hall de acceso a la vieja estación de autobuses o los murales del antiguo cine Alcazar. Después de Discosa y hasta la Residencia de las Oblatas, hoy una residencia geriatrica, había unas cuantas naves industriales, las primeras de las cuales, las más cercanas a la gasolinera correspondían a la antigua fabrica de chocolates Orbea.

Orbea nació en el barrio de la Rochapea en el año 1952. Pertenecía al empresario guipuzcoano Santiago Otegui Campos. Otegui montó en Pamplona una fabrica moderna para lo que era habitual entonces, con un amplia producción de distribución nacional. Se fabricaban 7.000 kilos diarios de chocolate y se distribuían por toda España.  En la anterior entrada del blog ya he señalado como la Compañia Navarra de Alimentación, propietaria de Orbea llegó a un acuerdo con la otra empresa navarra Pedro Mayo, especializada en chocolates a la taza, concretamente en 1977, de forma que Pedro Mayo cedió su marca a CNA y pasó a fabricarse en esta planta junto a la marca Orbea. En 1990 la compañía navarra fue comprada por Chocolates Asturianos que en poco tiempo y por una mala gestión la descapitalizó, cerrándose en el año 1992. Poco tiempo después  se derribarían las instalaciones de Orbea en la Avenida Guipúzcoa.

Más adelante de la planta de Orbea y separada de esta por un camino hacia Trinitarios podíamos encontrar varias naves industriales, por lo menos cinco naves, dos de ellas, las primeras, retranqueadas, más alejadas de la avenida, y luego dos o tres seguidas lindantes con esta. Todas estas naves fueron derribadas a lo largo del año 2009 para abrir la nueva vía de tráfico de la Biurdana. Algunas de ellas  si mi memoria no me falla albergaron  diferentes concesionarios de automoviles entre los que creo recordar el de Irusa Ford. En los últimos tiempos alguna de esas naves,  sirvió de deposito municipal de material de obras y también de almacenamiento para la sal, en época de nevadas. Finalizadas estas naves, había otro camino que se adentraba igualmente hacia Trinitarios.

Junto a este camino se erigía y erige la Residencia de las Oblatas (del Santísimo Redentor) que  vemos en la fotografía adjunta. La Residencia de las Oblatas recogía muchachas con problemas, antes estuvieron en la calle Mayor (1912), más allá de Capuchinos (1912) y en Tejería (1928-1933), tras el que se trasladaron a su emplazamiento actual. El edificio de la actual residencia  fue construido por el arquitecto Eugenio Arraiza e inaugurado el 12 de junio de 1948, y posteriormente ampliada por el mismo arquitecto en 1953. Pertenece al mismo estilo monumental un tanto grandilocuente de los Caídos y la Delegación del Gobierno, propia de la época franquista. Sugiere formas palaciegas propias del siglo XVII, con sus grandes ventanales y donde se combinan el ladrillo rojo de las fachadas con la piedra y los tejados con formas redondeadas de pizarra. Pasada la residencia de Oblatas otro camino, este más urbanizado que los anteriores se adentraba en el ignoto y extenso espacio de Trinitarios. Junto a la avenida, en el nº 7,  un edificio de viviendas de baja más dos plantas abría el largo espacio ocupado hasta el río por los viveros de Villa Miranda. La empresa Viveros Villa Miranda se en 1916, siendo su actividad la del comercio al por mayor de cereales, tabaco en rama, simientes y alimentos para los animales. Los viveros fueron derruidos en el año 2009 y el edificio de viviendas y otras instalaciones algo más tarde.

Si pasamos al otro lado de la Avenida el primero de los hitos más importantes los tendríamos en el nuevo puente de Oblatas (en  la fotografía de la derecha). El proyecto de los arquitectos Luis Tabuenca y Manuel Blasco se presentó en 1991. Estaba inspirado en el puente de la Barqueta de Sevilla y tenía una altura de 16 metros en su punto más alto. su construcción no estuvo exenta de dificultades. Las riadas se llevaron sus pilares en octubre y nuevamente en diciembre de 1992. Por fin, en agosto de 1993 se logró alzar la estructura y en marzo de 1994 se hizó la correspondiente prueba de carga para comprobar sus resistencia. Tendrían que pasar tres años hasta que finalmente fue abierto al tráfico, concretamente en julio de 1997 si bien para derivar los coches hacia la avenida de Guipuzcoa, puesto que aun tendrían que pasar 12 años más, hasta diciembre de 2009, para que el vial de las Oblatas tuviese su continuación natural a través de Biurdana.

Posteriormente tendríamos que hacer alusión al viejo puente de Santa Engracia. El puente de Santa Engracia que conectaba la avenida de Guipuzcoa y la calle Joaquín Beunza (hoy la calle discurre unos metros más allá y con quien conecta es con la calle Rio Arga) es el segundo más antiguo de la ciudad, después del de San Pedro, anterior al siglo XIII. Hasta la construcción del puente de Cuatro Vientos fue el que facilitaba la comunicación de la ciudad con el norte de Navarra. Al igual que en el puente de San Pedro, en la zona de la avenida existe una cruz de piedra. La presa que hay junto al puente se construyó en piedra también en torno al siglo XIII, con el fin de servir al molino harinero municipal. En 1888 el molino se transformó en una central eléctrica propiedad del Ayuntamiento, la llamada Electra Municipal, que fue subastada en junio de 1939.


Poco después se instalaría en el lugar, Industrias del Caucho, fundada oficialmente en el año 1942  por Bernardo Echamendi. La fábrica, que vemos en una fotografía de aquellos primeros años, se quemó en 1953 reconstruyéndose ese mismo año. En este lugar ha permanecido casi 70 años hasta su derribo en julio de 2009. Inicio su actividad con la producción de planchas para el calzado y piezas moldeadas de caucho. A partir de 1975 la empresa se especializa en la producción de mezclas y laminados del caucho. Actualmente está situada entre los lideres del mercado europeo en el sector de laminados y planchas de caucho de uso industrial. A finales del pasado año y como consecuencia de las obras de ampliación del parque fluvial del Arga se descubrieron bajo los pilares de Industrias del Caucho los cimientos y un canal del antiguo molino harinero municipal que se conservarán e integrarán en el entorno. Acabamos nuestro paseo en el nuevo puente de santa Engracia, conocido popularmente como puente de Cuatro Vientos. Construido en 1789, por Angel Ochadategui, ha sido objeto de varios ensanchamientos, el primero de ellos en 1932. Hace unos pocos meses, con el derribo de los cimientos de Industrias del Caucho se ha liberado uno de los ojos del puente parcialmente cegado durante décadas así como una isleta formada en el lado del río más cercano a los viveros de Villa Miranda.

El Instituto Irubide (1977-1981)

Tras terminar la EGB en junio del año  1977 y la obtención del Graduado Escolar, tocaba elegir. Los chavales (trece años), o en muchos casos los padres, elegían por nosotros: Bachillerato o Formación Profesional. Comenzaba la primera división de los viejos amigos de la infancia que más o menos te habían acompañado a lo largo de la educación primaría, luego llamada EGB. Inicié el Bachillerato, entonces llamado BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) en septiembre de 1977 en el Irubide, Instituto Nacional de Bachillerato Padre Moret, situado en el comienzo del barrio de la Chantrea, muy cerca del paraje donde el viejo Camino de la Magdalena se bifurcaba hacia el interior del barrio de la Chantrea por un lado y hacia Capuchinos, a través del Camino de los Alemanes, por otro. Nuevos compañeros y compañeras, nuevas amistades. Se abría una nueva etapa de la vida. El viaje al instituto, desde casa, lo hacíamos o compartíamos, generalmente, varios compañeros-as, desde Marcelo Celayeta, luego bajabamos por Cruz de Barcacio, atravesábamos el Puente de San Pedro y enfilábamos la larga calle del Vergel hasta la Magdalena. De aquellos cuatro años (1977-1981) que pasé en el Irubide he de decir que guardo un gratísimo recuerdo, especialmente de los dos últimos.
El instituto se había construido entre 1970 y 1971 e inició su andadura en 1972. De su construcción adjunto esta vieja fotografía que ha llegado a mis manos, junto a la parroquia de Santiago. De aquella época recuerdo, con agrado,  algunos profesores como Belen Osacar y Carmen Beperet que nos dieron Francés, Germán Gonzalez y Jose María Romera que nos dieron Lengua Española, Santiago Arellano que impartía Literatura, Carmen Olascoaga, Matematicas, Felipe Val, Latín, Merche Manero, María Antonia del Burgo y Mutiloa, Geografía e Historia, Juan Mari Guasch, Filosofia, Vicente Galbete, Dibujo, Ana Pueyo, Griego, y tantos otros que se pierden en la bruma de los recuerdos, recuerdos  de hace más de 30 años. Ahí es nada. Recuerdo las primeras excursiones en el primer curso: a Roncesvalles, Sanguesa, Zumaya, etc, las fiestas del instituto, sobre todo las de los últimos años con actividades culturales en el salón de actos: recuerdo un ciclo de cine clásico con películas como  «El acorazado Potemkin» o «Un perro andaluz.»o una conferencia de mi admirado J.J. Arazuri, a quien conocería muchos años más tarde, por motivos profesionales, recuerdo también actividades musicales o de teatro en dicho salón, algunos calderetes  en las inmediaciones de la  UDC Chantrea y en la campa detrás del instituto, conciertos de rock en los primeros 80, etc. Fueron años un tanto  convulsos pero apasionantes tanto en nuestras vidas como en la historia de nuestro país. Sin ir más lejos, la tarde del  golpe de estado del 23-F nos sorprendió en plena clase de Latín del profesor Val.
Entrabamos al instituto bien por la puerta trasera, después de atravesar la campa de Irubide (en aquellos años estaba muy lejos de ser el parque que es hoy) o bien por la delantera que daba a la zona de la Magdalena, entrando desde la calle Lumbier.El instituto contaba además de con un salón de actos, con un gimnasio, canchas de futbito y baloncesto, laboratorios, una pequeña cafetería, etc.  El frontón se empezó a construir a primeros de los 80 y se cubrió algo más tarde, como podemos comprobar en la foto. Recuerdo los largos pasillos, las diferentes aulas, los grandes ventanales. En aquellos años podía haber 8 aulas por cada curso. El instituto, de baja más dos alturas se había construido en 1972 (con la misma apariencia se construyó el  Ermitagaña, osea el Navarro Villoslada) y aunque estaba concebido para unos 850 alumnos, en los años en que estuve, llegó a contar con unos 1.200 alumnos, y excepto en COU,  en que estábamos unos 22 alumnos, en el resto de cursos estaríamos unos 30 alumnos por aula. A diferencia de los tiempos actuales la jornada en la mayoría de los cursos era de  jornada partida, por la mañana y por la tarde. Los tres primeros años componían el BUP, con el que obtenías el titulo de Bachiller, luego el último año era el COU (Curso de Orientación Universitaria) como anteriormente había sido el PREU. Tras el COU hacíamos las Pruebas de acceso a la Universidad, la entonces temida Selectividad que hicimos en los Institutos de la plaza de la Cruz. Anteriormente había lo que se llamaban las reválidas (cuarto y revalida y sexto y revalida). En el Plan anterior tras la enseñanza primaria venía el bachiller elemental (cuatro cursos) y el bachiller superior (dos cursos) además del PREU.Además del Instituto, donde pasamos la mayor parte del tiempo nuestro radio de acción en los recreos llegaba hasta algunos bares como el Abuelo y el Luis en la plaza de la Chantrea o el Irubide, un viejo bar en la confluencia de Magdalena y el Camino de los Alemanes. Recuerdo que en el lado izquierdo de la calle de la Magdalena subiendo hacia la calle San Cristobal había una especie de guardería u hogar infantil, y un poco más adelante el centro de formación profesional Virgen del Camino. En el lado derecho había un denso núcleo de viviendas, todas ellas del llamado Patronato Francisco Franco, y más adelante el colegio Mariana Sanz. Cerca de éste, allá por el año 1972 recuerdo que se abrió el primer supermercado Eroski en Navarra alrededor de la llamada plaza de las Pirámides.