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Las primeras elecciones democráticas (1977-1979)



El 20 de noviembre de 1975 estaba estudiando 7º curso de EGB en el Cardenal Ilundain, cuando nos dijeron que había muerto Franco. Algunos se quedaron tan solo con la feliz noticia de que nos daban varios días de vacaciones. A pesar de mis 12 años recién cumplidos estaba al tanto de las cosas. Y es que la circunstancias ambientales, personales y familiares que había vivido me hacían ser consciente del tremendo cambio histórico que se avecinaba. En aquellos años que van de la muerte de Franco a 1981 vivimos unos intensos y agitados tiempos políticos y sociales en nuestras calles, en nuestra ciudad, en nuestras vidas. Nuestra sociedad se debatía entre la  reforma y  la ruptura ganando finalmente la primera fórmula. En la entrada «Conflictividad social y política en la Rochapea de los años 70» hablaba del ambiente de aquellos años. En esta entrada hablaré, sobre todo, de los procesos electorales que vivimos tras la muerte de Franco y hasta las primeras elecciones municipales forales de 1979, entre medias dos elecciones generales y dos referendums. El 15 de diciembre se votaba en referéndum la ley para la reforma política, aprobada anteriormente por las cortes franquistas que se hacían, de este modo, el «harakiri». El 94% de los votos de los ciudadanos navarros fue favorable a la ley de reforma política. 

A la vuelta del año, el 15 de junio de 1977 se celebraban las primeras elecciones democráticas tras la guerra civil, después de más de cuarenta años de Dictadura. Estaba acabando la EGB y tras el verano comenzaría el bachillerato en Irubide. Recuerdo la avenida de Marcelo Celayeta empapelada de multicolores carteles, las fachadas, las marquesinas, camionetas con megáfonos que repetían machaconamente algún eslogan electoral y una invitación al voto a este o aquel partido. En Abril había sido legalizado el Partido Comunista. En el ambiente flotaba siempre el miedo, el temor a una vuelta atrás, el eterno ruido de sables que no desaparecería hasta principios de los 80. Eran tiempos de esperanzas e ilusiones, momentos en los que la asistencia a los mítines y manifestaciones era  considerable, en contraste con la desilusión y el desapego de estos últimos años. Sorprenderá a más de uno ver, en esta entrada, algunos nombres y siglas, una miríada de siglas, la mayoría de las cuales, hoy casi cuarenta años después han desaparecido.

En aquellas primeras elecciones democráticas obtuvieron representación en el congreso, por Navarra, la UCD (con Aizpun, Astrain y Pegenaute y  75.036 votos) y el PSOE (con Gabriel Urralburu y Julio García y 54.720 votos), con 3   y 2  diputados, respectivamente. Tras ellos la tercera fuerza fue UNAI (Unión Navarra de Izquierdas) que obtuvo 24.489 votos, candidatura electoral formada por independientes, Movimiento Comunista y Euskal Sozialistak, presentada en Pamplona en mayo de 1977, a la que se sumarían más tarde gente  procedente de la ORT. Miguel Ángel Muez fue candidato al Senado y Javier Erice, exalcalde de Pamplona, al Congreso. Luego estaban AFN (Alianza Foral Navarra), coaligado con Alianza Popular en Navarra con 21.900 votos (Recasens, Saralegui y Albito Viguria), la Unión Autonomista de Navarra, coalición formada por el Partido Nacionalista Vasco (PNV), Acción Nacionalista Vasca (ANV) y Partido Socialista Vasco (ESB), con Garaicoechea y Aldecoa y 18.079 votos, la Agrupación Electoral de los Trabajadores (AET) Candidatura de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), con 13.195 votos, el Frente Navarro independiente con 10.606 votos (lo componían personas como Víctor Manuel Arbeloa al senado o Tomas Caballero, Jesús Malón o Miguel Javier Urmeneta al Congreso), el Equipo de la Democracia Cristiana (FDC-EDC) con 10.450 votos y Montejurra-Federalismo-Autogestión (MFA) con 8.451 votos. Adjunto a este párrafo aparecen panfletos de la UCD, el PSOE y La Unión Autonomista de Navarra. 

En el senado fueron elegidos tres senadores por la UCD (Del Burgo, Sarasa y Monge, con entre 58 y 76.000 votos) y uno por el Frente Autonómico (Manuel de Irujo con 55.761 votos). El Frente Autonómico fue una agrupación electoral formada por el PNV, el PSE-PSOE, en la que también participaron miembros de Euskal Sozialistak Elkartzeko Indarra (ESEI). Surgió como plataforma común de nacionalistas y socialistas vascos para defender en el proceso constituyente que se abría en España en 1977 la concesión de un estatuto de autonomía para el País Vasco y Navarra. El Frente Autonómico presentó candidaturas en Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. En 1977 el PSOE era partidario de conceder un estatuto de autonomía común al País Vasco y Navarra, estando el PSOE de Navarra integrado dentro del PSE-PSOE. En 1982 el PSOE de Navarra abandonaría el PSE-PSOE y formaría una federación independiente dentro del PSOE, el Partido Socialista de Navarra. La ORT constituye un caso curioso por la enorme influencia que tuvo en el movimiento obrero de Pamplona a través del Sindicato Unitario a pesar de ser un partido comunista de tendencia prochina y orígenes cristianos. Estuvieron entre sus máximos dirigentes Javier Iturbe y José Miguel Ibarrola, candidatos a las elecciones en 1977 y 1979. Las dos primeras fotografías de la entrada plasman, en cierto modo su presencia en los mitines (mitin en el Pabellón Anaitasuna en 1979) y en la calle, mucho mayor que la que fue posteriormente su presencia electoral.

El 6 de diciembre de 1978, se aprobaba con un 75,7 % de los votos de los navarros la Constitución y unos meses más tarde el 1 de marzo de 1979 se celebraban, de nuevo, elecciones generales. Volvía a ganar la UCD con 83.302 votos, le seguía el PSOE con 55.399 votos e irrumpían nuevas fuerzas: UPN, con 28.248 votos (nacida en enero de 1979 con personas procedentes de la UCD pero disconformes con este partido por no coincidir con el tratamiento dado a Navarra en la Transitoria Cuarta de la Constitución) y Herri Batasuna con 22.425 votos (coalición política, surgida de la Mesa de Alsasua el 27 de abril de 1978, formada por los partidos ANV, ESB, HASI y LAIA, más algunas figuras independientes). Tras ellos estaban el PNV (21.305 votos), el Partido Carlista (19.522), UNAI (10.970) sin los componentes políticos de 1977 ya con la ORT como principal protagonista que se disolvería este mismo año, el PCE-EPK (con 5.619 votos) y MC-OIC y LCR. El 3 de abril de 1979 se celebraron por primera vez elecciones al Parlamento de Navarra y también a los ayuntamientos.  Para las elecciones al Parlamento se dividió a Navarra en siete distritos electorales: uno por cada merindad (Tudela, Estella, Olite y Sangüesa), y dos por la de Pamplona (Pamplona ciudad y Pamplona resto). 

Se eligieron un número de parlamentarios directamente proporcional al de electores que reunía cada una: 10 en Estella, 9 en Olite, 18 en Pamplona ciudad, 13 en Pamplona resto, 9 en Sangüesa y 11 en Tudela. Los cinco candidatos más votados en cada distrito y los dos con mayor respaldo en Tudela serían los nuevos diputados forales y los encargados de designar al nuevo presidente de la Diputación o Gobierno de Navarra. El Gobierno de Navarra que se formó tras estas elecciones estuvo formado por 7 diputados generales (4 de UCD, 1 del PSOE, 1 de HB y 1 de Amayur), presididos por Jaime Ignacio del Burgo (UCD), quien más tarde tras el caso FASA sería sustituido por Juan Manuel Arza. En la foto del anterior párrafo vemos a la naciente Diputación democrática. De izquierda a derecha y de arriba abajo, Jesús Bueno Asin, Pedro Sánchez de Muniain, Angel Lasunción y Angel Garcia de Dios, sentados Juan Manuel Arza, Jaime Ignacio del Burgo y Jesús Malón.

La distribución de escaños y votos a ese primer Parlamento de Navarra fue la siguiente: UCD obtuvo 20 escaños (y 68.040 votos), PSOE 15 (48.289), UPN 13 (40.764), HB 9 (28.244), Agrupaciones Electorales de Merindad 7 (17.282), Nacionalistas Vascos 3 (12.845), Partido Carlista 1 (12.165), Unión Navarra de Izquierdas 1 (7.419) y Agrupación Electoral Independientes Forales Navarros 1 (3.729). Hubo otros partidos y agrupaciones electorales que no lograron representación parlamentaria y que reunieron en su conjunto otros 15.100 votos. Las Agrupaciones Electorales de Merindad (Amaiur) compuestas por la Agrupación Electoral de Tierra Estella, Orhi Mendi de Sanguesa y Agrupación Popular de Olite estaban integradas por militantes de Herri Batasuna (HB), Euskadiko Ezkerra (EE), Euskadiko Mugimendu Komunista (EMK) e independientes de cada merindad. Fueron las elecciones en las que más partidos obtuvieron representación. En Pamplona las elecciones municipales dieron el triunfo a la UCD con 18.593 votos y 8 concejales, seguido muy e cerca por Herri Batasuna con 18.072 votos  y 7 concejales, el PSOE con 13.336 votos y 5 concejales, UPN con 11.877 votos  y 5 concejales y el  PNV con 4.919 votos y 2 concejales. Les seguían por este orden otros grupos, ya sin representación como ANIZ, UNAI, PC, PCE y Euskadiko Ezquerra. La sesión del pleno inaugural, el 19 de abril  fue tumultuosa. Al parecer el acuerdo inicial por el que HB apoyaría a Victor Manuel Arbeloa como presidente del Parlamento y el PSOE a Patxi Zabaleta como Alcalde de Pamplona se truncó y Julian Balduz fue elegido con los votos de su grupo y los de HB y PNV que no querían que la alcaldía recayese en la UCD. En las fotos que acompañan a este párrafo vemos la sesión constitutiva del Parlamento de Navarra, el 23 de abril de 1979 y la retirada de carteles por personal de limpieza tras las elecciones, en las escuelas de San Francisco.

Olas de calor en el viejo Pamplona (1950-2012)

No son demasiadas las olas de calor que he conocido a lo largo de mi vida y la mayoría parecen haberse concentrado en la última década. Antes de esta primera década del siglo XXI en la que encontramos tres olas de calor importantes: 2003, 2009 y 2012, la única ola de calor que recuerdo es la de los sanfermines de 1982. Antes de esa fecha recuerdo que los veranos de mi infancia eran calurosos, pero con una temperatura aceptable no más de 30 o 32º y además, por las noches, en general, solía refrescar. En Pamplona es proverbial y a veces puede resultar hasta objeto de cachondeo para quien, de fuera, no conozca nuestro cambiante clima, «lo de llevar la chaquetica por si refresca»,  porque te puedes levantar un día, pongamos de junio, con 8º o 10º por la mañana, subir hasta los 30º al mediodía y volver a bajar a los 12 o 13º a la noche y todo en el mínimo intervalo de unas pocas horas. La primera ola de calor del período estudiado data de los primeros días  de agosto de 1957. Curioso que después de la ola de frío del 56 nos llegase esta tórrida ola de calor que elevó los termómetros hasta los 40,3º, que es la temperatura a la que se llegó concretamente el día 1 de agosto de 1957. El 6 de julio de 1982, las temperaturas en Pamplona llegaron a los 41,2º, 42º según otras fuentes, nunca había visto yo que se derritiese la brea, el asfalto de las calles como en esa fecha. La ola de calor,  corta pero intensa,  nos pilló en plenos sanfermines. No hay constancia de ese registro por parte del observatorio de Noain pero los periódicos de entonces (tanto locales como nacionales) señalaron esas máximas históricas. También hubo temperaturas elevadas el 30 de julio de 1983 y el 15 de agosto de 1987 con 40,2º, en ambos casos. Y una ola de calor, aunque sin temperaturas tan exageradas,  se produjo en el año 1991.
En el año 2003 no se llegaron a esos extremos, la máxima, el 13 de agosto fue de 38,4º pero fue la mayor ola de calor de toda la historia, por su prolongada persistencia a lo largo del tiempo. El buen tiempo empezó a primeros de junio y con algunos días de descanso no nos abandonó hasta finales de agosto, osea dos meses y medios de un calor infernal, sin embargo lo peor no fue eso. Entre el 30 de julio  y el 14 de agosto llegamos a superar día si y día también los 38º de máxima. Las temperaturas por la noche no bajaban por debajo de los 22º. A la una de la madrugada era habitual que el termómetro marcase 29 o 30º. Vamos, un auténtico infierno. El 18 de agosto de 2009 llegamos a los 39,7º. Ese mismo verano tuvimos temperaturas record desde el 2003, concretamente el 21 de julio se llegó a los 38,3º y el 5 de agosto a los 38,4º. Por las noches afortunadamente resfrescaba un poco. 

En 2012 tuvimos la última gran ola de calor solo comparable a la del 2003.Tuvimos unas temperaturas anormalmente altas en junio y agosto. No fue una ola prolongada sino tres olas de varios días de duración, unos cinco o seis días con pequeños descansos que se encadenaban una con otra. La primera ola se produjo entre el 24 y el 29 de junio que no sentimos con tanta fuerza como en otras comunidades, la segunda entre el 8 y el 11 de agosto y la tercera y más larga entre el 17 y el 22 de agosto, estas dos últimas sí que las sentimos con toda crudeza. Las temperaturas máximas se produjeron  en agosto, el 10 de agosto con 40,3º y el 18 de agosto con 40,6º. Recuerdo este verano muy bien porque mi ya fallecida madre tuvo tres ingresos hospitalarios ese verano, a mediados de julio, a finales de julio y primeros de agosto y a mediados de agosto. La temperatura en las habitaciones de Medicina Interna del Hospital  de Navarra no bajaba de los 32º. A veces era difícil saber si los enfermos tenían fiebre por alguna de sus patologías o por el insufrible calor reinante. Ese año salió, en plena ola de calor, la Vuelta Ciclista desde Pamplona, de la que adjunto una fotografía, entrando a la meta, en la Plaza de Toros.  Este verano de 2014 está siendo, sin embargo,  anormalmente más benevolo, desde el punto de vista de la temperatura, que la media hasta el punto de que hemos tenido los sanfermines más frios nada menos que en 80 años, (desde 1932) con nueve grados por debajo de la media, para estas fechas. 

Olas de frio y nevadas en el viejo Pamplona (1950-2013)

Es una frase ya hecha sobre todo en personas de cierta edad decir aquello de ya no nieva como antes o ya no hace el frio que hacía antes. De vez en cuando un temporal de frio o una ola de calor nos hace volver la vista atrás para ver en qué fecha tuvimos aquella gran nevada o aquella ola de frio que heló el rio Arga o la última ola de calor que derritió el asfalto. De alguna de ellas me acuerdo porque las he vivido, para hablar de otras echaré mano de la hemeroteca. Empezaremos por el frio y las nevadas, dejando el calor para otra entrada posterior. En febrero de 1956 se registró una de las peores olas de frio que se conocen en la historia climatológica de nuestro país, de las 25 habidas desde 1900. El día 22 de febrero el termómetro llegó en Pamplona a los 15,2 grados bajo cero. Las temperaturas bajo cero se prolongaron durante varios días. Sin duda esta es la más famosa  ola de frío de la climatología española. La ola de frío de febrero de 1956, contó en España con 25 días consecutivos de heladas, (comenzó el  día 1 y terminó el día 25). Fue el mes más frío desde 1833. Tres oleadas sucesivas de aire siberiano alcanzaron de lleno la península. Fue tal su intensidad que se formaron carámbanos de agua marina en la Costa Brava, algo absolutamente insólito. La mínima la marcó un lugar de montaña de Lleida que superó los 32º bajo cero. 

Habían sido también inviernos gélidos los de enero de 1945 y enero y febrero de 1954. Tras la ola de frio de 1956 vendrían las de diciembre de 1962-enero de 1963, diciembre de 1970-enero 1971 y enero de 1983 y enero de 1985. Es un hecho constatable que en las décadas de los 60 y 70 las nevadas se producían con más frecuencia y yo creo que con mayor  intensidad  que en la actualidad ¿razones de esto?, ¿el cambio climático? ¿Quién lo sabe?. Algunos dicen que esto es una impresión subjetiva: que antes nevaba igual que ahora pero que había muchos menos coches circulando en la ciudad y no se limpiaban las calles como ahora. Puede haber algo de cierto pero solo en lo del tráfico y la limpieza de los viales pero el hecho es que esas nevadas de 20, 30 o 40 centímetros de espesor no las he visto yo en ningún  parque de la ciudad desde  finales  de los 80 del pasado siglo y aún antes. Hubo temporales de nieve destacables en 1966 (el 19 de enero), 1967 (el 10 de enero), en 1973 (el 9 de abril), en 1978 (el 18 de noviembre), en 1979 (el 16 de febrero), en 1980 (el 14 de marzo y el 1 de diciembre) Estas últimas con desastrosas consecuencias por el deshielo de la nieve en los valles y rios del norte de Navarra, que hizo que se desbordará el Arga, como vimos en la entrada dedicada a las inundaciones.

Si por edad, no pude conocer la ola de frio de 1956 o la del 1963 si que recuerdo lejanamente las nevadas de la navidad de 1970-71 (estaba en las escuelas del Ave María, haciendo 2º de Primaria, con Don Emilio Loitegui), fue la segunda ola más importante  (se llegó a 12 grados bajo cero y también se heló el rio como en 1985) y sobre todo recuerdo  las olas de frio de 1983 y 1985. En 1983 estaba yo haciendo 2º de periodismo en la Universidad de Navarra. También fue en febrero, el día 7 de febrero, para ser más exactos. Nevó con intensidad en la ciudad cubriéndose ésta con una espesa capa de nieve de más de 20 centímetros. La temperatura descendió hasta los 12 grados bajo cero por lo que la ciudad se convirtió en una autentica pista de hielo. Sin embargo la helada no duró tanto como la siguiente, la de 1985, pues solo duró diez dias, hasta el día 17 de febrero.


En enero de 1985 estaba haciendo 4º de periodismo cuando empezó a nevar el día 4 de enero, heló  y la ola de frio se prolongó durante un par de semanas, hasta el día 17. Durante casi quince días las temperaturas permanecieron bajo cero. Iba camino de la universidad con dos compañeros que vivían en el Casco Viejo y veíamos los enormes carámbanos colgando de los edificios y de los viejos barracones y edificaciones de la Ciudadela por la que atravesábamos rumbo a Fuente del Hierro y el campus. El día 12 murió un hombre de 50 años a causa de las bajas temperaturas. Fue encontrado en el exterior de la antigua oficina de turismo de Pamplona, en la calle Duque de Ahumada. Creo recordar que en aquella ocasión llegamos a tener 15 o 17 grados bajo cero. El cauce del rio Arga apareció helado en la mañana del sábado día 12 de enero. Aun recuerdo bajando en la madrugada de ese día desde el barrio de San Juan, por el puente del Plazaola y asistir al inédito espectáculo del rio totalmente helado. Aquellos días hubo infinidad de caídas y cuantiosos daños por el hielo en aceras y calzadas de la ciudad además de algunas clases suspendidas en colegios y concentraciones escolares.

Aquel mismo año vimos nevar en una fecha tan tardía como el 6 de mayo. Lo recuerdo porque asi lo registré en una revista en la que colaboraba en aquel tiempo. Un par de años más tarde, el 14 de enero de 1987 Pamplona quedó colapsada por una enorme nevada que mantuvo la ciudad blanca durante varios días por las bajas temperaturas. Años más tarde, en 1989, la nieve llegó como en 1985 también en fechas muy tardías, nada menos que el día 4 de abril. También hubo  nevadas u olas de frio, que de todo hubo,  en Pamplona en diciembre de 1990, marzo de 1993, enero de 1994, enero de 1996, abril de 1998, febrero de 1999, febrero y diciembre de 2001, finales de enero de 2005, el invierno del 2009-10, y la última ola de frio destacable  en febrero de 2012, con temperaturas de 8 grados bajo cero aunque sensación térmica de temperaturas muchísimo más frías.

Fotos del rio Arga en la zona del puente de San Pedro (enero de 1971) y de Carlos III (enero de 1966), a la altura del teatro Gayarre de  Zubieta y Retegui  y de la avenida de Roncesvalles de Gómez (febrero de 1970)

Conflictividad social y politica en la Rochapea de los años 70 (1970-1980)

La Rochapea, barrio emblemático de la ciudad de Pamplona, el primer enclave extramuros, el barrio, después del centro histórico, con más antigüedad e historia, fue protagonista importante de los avatares políticos y sociales de nuestra comunidad en  los últimos años del franquismo y los primeros años de la transición. Como señalo en alguna entrada, ya desde finales del siglo XIX y primeros años  del XX en el barrio comienzan a instalarse empresas y talleres, cuyo crecimiento se convertirá en exponencial desde mediados del pasado siglo. La instalación del la estación del ferrocarril será un elemento fundamental en el proceso de industrialización del barrio. Junto con la instalación de decenas de industrias se construirán miles de viviendas para los nuevos trabajadores, -procedentes del resto de Navarra y otras partes de España-, en una abigarrada y anárquica disposición sobre y en torno al meandro del Arga y teniendo a la avenida de Marcelo Celayeta como eje central del barrio. A los rochapeanos de toda la vida, vinculados a las huertas y los antiguos talleres artesanales,  se unía esta nueva y mayoritaria vecindad que daba una clara fisonomía obrera al barrio. No es extraño por lo tanto que algunas de las primeras huelgas y manifestaciones de reivindicación laboral o social y políticas de la ciudad de Pamplona tuvieran su escenario en las calles de este barrio. La iglesia del Salvador, el cruce de Cuatro Vientos o el Porrón son lugares indisolublemente vinculados a los conflictos sociales y políticos que se desarrollaron en Pamplona a  lo largo de la década de los 70. 

Los primeros conflictos laborales que recuerdo tuvieron algún tipo de muestra de solidaridad en el barrio, con manifestaciones e intervención de las entonces llamadas FOP (Fuerzas del Orden Público), fueron los de Industrias Esteban y Chalmeta. Corría el año 1970. Tenía apenas siete años. Era la vez que veía algo parecido: un numeroso grupo de obreros que desfilaba por Marcelo Celayeta, desde Cuatro Vientos al Porrón, de repente unos gritos  surgían de la multitud y al poco tiempo un grupo igualmente numeroso de policías, que marchaba por detrás, la Policía Armada, los «grises», tal y como se les llamaba entonces, comenzaban a perseguir y a golpear con sus porras a la muchedumbre. Eran tiempos en las que los «grises» iban en sus  land-rovers grises con los cristales protegidos con una especie de rejillas. De vez en cuando se veía algún autobús con más efectivos policiales y  más tarde veríamos las famosas camionetas o «lecheras» que se pueden observar en la foto que encabeza la entrada, al fondo, tras los policías recorriendo Marcelo Celayeta con el quitanieves retirando las barricadas de la avenida, a la altura de Matesa. Nuestra inicial y natural curiosidad infantil, por la manifestación que por primera vez habíamos visto en nuestra vida, se tornaba en un miedo atroz por la presencia y la actuación de la policía, que nos empujaba a meternos rápidamente en un portal, el primero que encontrásemos, y correr como alma que lleva el diablo hasta el 4º piso. Aun estábamos lejos de entender el alcance y verdadero significado de lo que veíamos, pero aprenderíamos pronto y rápido, vaya si aprenderíamos.


En el año siguiente, 1971,  fueron célebres los conflictos laborales de Imenasa y Eaton, con huelgas de un mes y dos meses respectivamente, tras ellos vendrían los conflictos de Potasas y El Pamplonica, con duraciones algo más cortas. 1972 se inició con el conflicto de A.P Ibérica que duró 26 días y más tarde le tocaría el turno a Torfinasa, del grupo Huarte. Tras 48 días de huelga, los trabajadores de esta empresa se encerraron en la iglesia del Salvador, encierro que finalizó tras el secuestro de Felipe Huarte y la aceptación de sus reivindicaciones laborales. Hubo huelgas importantes también en Motor Ibérica, Imenasa (por solidaridad), Authi y Super Ser. Eran muy frecuentes, en aquellos años, aparte de las huelgas por motivos laborales, las huelgas por solidaridad con otras empresas, hasta el punto de que en los últimos años del franquismo estas superaron en número a las primeras.  1973 será  el  año más importante desde el punto de vista de la conflictividad social del tardofranquismo  por conocer la primera huelga general, el primer caso de todo el Estado,  de huelga general desde la guerra civil. Se produjo entre el 14 y el 22 de junio de 1973  y tuvo su origen en el conflicto laboral de Motor Ibérica. La huelga de esta fábrica comenzó el 8 de mayo y se inició por la negativa de la empresa a anular los expedientes y sanciones iniciados contra los trabajadores que habían hecho huelga algunos días antes. Posteriormente la empresa intentó llevarse piezas y maquinaria de la fábrica a otras factorías, lo que dio lugar a una corriente de solidaridad entre las principales industrias de la ciudad, con paros parciales, cortes de tráfico,  manifestaciones, en las que se lanzaron balas de goma y gases lacrimógenos, concretamente el día 8 de junio en Landaben.

El día 12 de junio, ante la salida de 14 camiones con máquinas y piezas, los trabajadores temieron por el desmantelamiento de la fábrica y decidieron encerrarse en la Iglesia del Salvador. Nuevamente la iglesia de nuestro barrio se convertía en el epicentro de la movilización obrera. La policía rodeó la iglesia, cortó la luz y el agua e impidió que les llegase comida o bebida. En la noche del día 13, los trabajadores hicieron un llamamiento a la solidaridad del resto de trabajadores que fue respondido al día siguiente,  día 14, con paros inmediatos, primero en Super Ser y Eaton y de ahí al resto de fábricas. La huelga se extendió como un reguero de pólvora. Los trabajadores de Super Ser pararon a sus compañeros más cercanos, los de Papelera Navarra y de ahi todos juntos fueron al polígono de Landaben donde ya habían cerrado Eaton, Torfinasa y Esteban. Cuatro mil trabajadores se dirigieron entonces a la Authi que consiguieron se sumase a la huelga. Miles de trabajadores fueron luego a Bendibérica, en la Avenida de Guipúzcoa, que también paró, y de ahí acudieron a Perfil en Frío y a Frenos Iruña que también secundaron la huelga y se sumaron a los huelguistas. Aun recuerdo ver desde mi ventana, el paso de miles de trabajadores en una interminable hilera desfilando por la parte trasera de Perfil en Frío y atravesar las vías del tren en dirección a los polígonos industriales de Artica y Ansoain. Posteriormente y a lo largo del día se cortó la avenida Villava y otros puntos de la capital, fundamentalmente de su cinturón obrero (Cuatro Vientos, Marcelo Celayeta, Avenida de San Jorge, etc) con barricadas y fuertes choques con la policía que utilizó abundante material antidisturbios.

A lo largo del día se fueron sumando más empresas a los paros: Potasas, Inquinasa y un sinfín, las más importantes de la comunidad  hasta el punto de que ese día se sumaron a la huelga más de 20.000 trabajadores. La huelga se extendió a otros sectores: comercio, servicios y al resto de Navarra durante la jornada siguiente alcanzándose los 40.000 trabajadores en paro. Los trabajadores de Motor Ibérica abandonaron su encierro en la iglesia del Salvador el día 15 de junio entre encendidas  muestras de apoyo y solidaridad de los vecinos del barrio, imagen que también conservo en mi retina. La huelga se extendió hasta el día 22 con una tensión creciente y cierres masivos que afectaron ya a todos los sectores ciudadanos. Hasta el arzobispo Jose Mendez Asensio llamó a la concordia y  a la justicia social en una homilía  en la que reconoció la ineficacia de los cauces legales. Llegaron «banderas» de refuerzos de la policía armada desde otros emplazamientos (fundamentalmente de Logroño y Zaragoza), controlando totalmente la ciudad, los polígonos, las fábricas, obligando a abrir los comercios. El día 16 los trabajadores de Navarra hicieron una llamamiento de solidaridad a los trabajadores del resto del Estado. Navarra se convertía, así,  en un problema de primer orden para el régimen franquista. Los empresarios, a través del Consejo de Empresarios, hicieron una propuesta conciliadora para la vuelta al trabajo. Tras varias rondas de negociaciones se llegó a un acuerdo finalizando la huelga el día 23.


La conflictividad se extendió, los meses siguientes a otros sectores: agricultores (pimiento), leche (Copeleche), pan (en 1974),  etc. Al margen de la huelga general citada los conflictos más importantes se produjeron este año, 1973,  en Torfinasa, Micromecanic, Potasas; Papelera Navarra, Onena. A finales de diciembre hubo una jornada de lucha y un paro los días 12 y 20 de diciembre con desigual respuesta. En 1974 se produjeron conflictos laborales en decenas de empresas entre las que destaca por su extensión Authi (un mes) o  Villanueva (que duró más de 3 meses). Más de 1.500 trabajadores de una docena de empresas importantes habían sido suspendidos de empleo y sueldo a finales de 1974, mientras en Potasas  tras dos meses de huelga, el día 7 de enero decidieron encerrarse en la mina, donde permanecieron hasta el día 21. Al finalizar 1974, se celebró otra jornada de lucha el 11 de diciembre, con 18.000 trabajadores en paro y una huelga general el 15 de enero de 1975, esta  en solidaridad con Potasas en la que participaron cerca de 20.000 trabajadores de las principales empresas de Pamplona. La conflictividad social ya creciente en 1974 fue en aumento durante el año 1975.  En los años 1973-74, Navarra ocupaba uno de los primeros puestos de España en conflictividad laboral, junto con Madrid, Barcelona, Vizcaya y Guipúzcoa.


Con el paso del tiempo, las huelgas adquirieron, al margen de su carácter laboral, cada vez más un carácter político de lucha contra el régimen franquista o como forma de protesta ante muertes producidas por la policía  en los primeros años de la Transición. Así se realizaron jornadas de lucha con motivo de los últimos fusilamientos del franquismo (en septiembre de 1975) o con motivo de  muertes producidas en los convulsos años de la transición, como los cinco  obreros muertos por disparos de la policía al salir de la iglesia de San Francisco de Asis, en el barrio vitoriano obrero de Zaramaga (el 3 marzo de 1976), o el joven pamplonés, José Luis Cano,  muerto por disparos de la policía en la semana pro-amnistía, en la calle Calderería (en mayo de 1977, a los que se refieren dos de las fotografías de la entrada), o la  ecologista, Gladys del Estal muerta en Tudela, igualmente por disparos de la Guardia Civil (en junio de 1979, cuyos incidentes quedan reflejados en la 1ª foto de la entrada), etc.

Recuerdo con nitidez, como en mayo de 1977 estaba yo en 8º de EGB en el Cardenal Ilundain y nos mandaron  a casa. Era imposible volver por la avenida de Marcelo Celayeta pues estaba llena de barricadas y eran frecuentes los choques entre manifestantes y policías y tuvimos que volver, corriendo por los campos cercanos al monte San Cristobal y los polígonos de Ansoain y Artica, entre disparos de fuego real de la Guardia Civil, mientras nuestras madres corrían nerviosas y presurosas al viejo camino del Plazaola para salvaguardar a sus retoños. Aquel fue uno de los conflictos más tensos y violentos que recuerdo. Tal fue el grado de enfrentamiento  que aquellos días se realizó en el barrio   un amplio  operativo policial denominado Operación Arga,  con centenares de efectivos policiales, uniformados y de paisano, procedentes de  destacamentos de otras provincias para sofocar los disturbios. Imagenes similares se volvieron a vivir en junio de 1979, con la muerte de una joven ecologista en Tudela,  en 1979, de forma que  la avenida de Marcelo Celayeta y otras muchas calles del barrio aparecieron nuevamente sembradas de barricadas, en esta ocasión,  la huelga me pilló terminando 2º de BUP en Irubide. Sirvan las fotos de aquellos años de Marcelo Celayeta, datada el 6 de junio de 1979 y la zona del Porrón, tomadas desde diferentes angulos en mayo de 1977 o de Cuatro Vientos (esta última, de Manolo Hernandez) de años posteriores,  publicadas, todas ellas en la revista Ezkaba hace más de una década, amen de alguna otra meramente ilustrativa de los lugares que se citan,  como una pequeña muestra de la Rochapea  que vivimos en  los años 70 del pasado siglo.

Incendios en el monte San Cristobal (1985-2010)

El primer incendio que recuerde asoló el monte San Cristobal data del verano de 1985 y se inició en la zona de monte más cercana al polígono de tiro de los militares, cerca de los pueblos de Aizoain, Berriosuso y Berrioplano. Fue bastante aparatoso, se inició a primera hora de la tarde y se prolongó hasta bien avanzada la madrugada, quemando una amplia zona de arbolado  situada sobre todo en su vertiente sur, en el tramo existente entre su vértice oeste y la vertical del cuartel de los militares en Aizoain. Me acuerdo de que aquella noche mi hermano se acercó a verlo junto a  unos amigos. Era la primera vez  en nuestra vida, que recordásemos, que nuestro querido monte era pasto de las llamas, de forma tan virulenta. Yo por mi parte, recuerdo de forma especial el olor a quemado que llegaba hasta el centro de la ciudad. Aquella tarde bajaba yo por la Cuesta de Santo Domingo, desde el Casco Viejo  a mi casa y una enorme tristeza se apoderaba de mi por lo que estaba sucediendo.
El segundo incendio que recuerdo se produjo el 25 de agosto del 2000. Es probablemente el segundo incendio más importante que ha sufrido el monte en el último siglo, el primero en afectación de masa forestal. Afectó a cerca de 100 hectáreas de bosque. El incendio que comenzó a las 17.45 horas, nuevamente en su ladera sur, cerca del polígono de tiro de los militares (se achaca su origen a un bote de humo)  se extendió con rapidez hacia la cima y la ladera norte y eso a pesar del gran número de efectivos que se desplegó en aquel operativo. Hasta cerca de las diez de la noche no lograron controlarse los dos frentes del incendio que avanzaban hacia Aizoain y Berriosuso. 

El tercer incendio se inició el 10 de septiembre de 2001, a las 11.30 de la mañana, en la ladera este y afectó a nueve hectáreas, apenas una de ellas de bosque. Fue causado de forma involuntaria por un vecino de Pamplona que rápidamente avisó a SOS Navarra de la propagación del fuego. El incendió se sofocó dos horas mas tarde, sin mayores problemas. Pero esta primera década del siglo fue pródiga en muchos más incendios, como veremos. En 2005, concretamente al mediodía del 4 de agosto, se produciría el incendio más importante en extensión total,  con una afectación de 145 hectáreas, 95 de ellas de masa forestal, asi pues también, el segundo más importante en afectación de bosque. El incendio se inició en una cuneta de la carretera de Unzu y rápidamente alcanzó amplias masas boscosas de la ladera norte, un área formada por encinares y pinares de gran valor ecológico Al margen de la foto de inicio de la entrada, el resto de fotos pertenecen todas a este gran incendio de 2005. El incendio no logró controlarse hasta las tres de la madrugada, quince horas más tarde y afectó a terrenos de Unzu, Cildoz, Orrio, Berriosuso, Aizoain y Berriozar y requirieron apoyo de medios y recursos de otras comunidades.

El 4 de agosto de 2007 se produjo un pequeño incendio que afectó al perímetro del Fuerte de San Cristobal. Se inició a las tres y media de la tarde y quedó extinguido por completo cerca de las siete de la tarde. Parece que el incendió se inició en el interior del Fuerte, y fue provocado (había nada menos que  tres focos de inicio del fuego) y se extendió a su cubierta vegetal que quedó completamente arrasada además de otras tres hectáreas de las inmediaciones. No llegó a afectar a la arboleda. El 5 de septiembre de 2008 se declaró otro incendio, esta vez en la carretera de acceso al Fuerte. Se inició a las seis y media de la tarde, afectó sobre todo a matorral y fue controlado enseguida. Por último el 30 de agosto de 2009, a las cuatro y veinte de la tarde,  un pirómano prendía fuego al monte, en la zona más cerca al pueblo de Arre, apenas una hectárea, siendo sofocado casi una hora más tarde. En resumen los mayores incendios de que tengo constancia y que han afectado al monte San Cristobal (Ezkaba) en los últimos 30 años son el de 1985, 2000 y 2005, y especialmente estos dos últimos que afectaron de forma muy importante a las laderas norte y oeste del monte. Esperemos que algún día no muy lejano, alguien se tome en serio que este monte es el gran parque y pulmón natural de Pamplona y que hay que poner todos los medios para protegerlo para que pueda seguir siendo disfrutado no solo por las actuales sino también por las futuras generaciones.

La radio que oíamos entonces (1950-1990)

Antes de la televisión reinaba la radio. La recuerdo de niño en casa de los abuelos. Aquellas enormes radios de válvulas  ocupaban un lugar central en los hogares. Eran radios con varias frecuencias y ondas: Corta, Larga, Media, como la que se ve en la fotografía. La Frecuencia Modulada llegaría después, en los años 60. A menudo y durante muchos años la radio, con sus diferentes ondas,  era la única conexión con el exterior para conocer lo que pasaba en el interior y romper el silencio informativo  que durante demasiadas décadas del siglo XX sufrió este país. En los años 60 la radio se hizo personal y móvil, surgieron los transistores. Durante buena parte de mi infancia recuerdo a mi madre escuchando el radio transistor, desde primera hora de la mañana, a la hora del desayuno, durante la mañana, haciendo las tareas del hogar, a la hora de comer con el parte (diario hablado de Radio Nacional de España), o después de comer, escuchando los seriales. Con la transición la radio aplacaría nuestra ansia por saber lo que sucedía de verdad en la calle. Hubo una noche en especial que paso a la historia como la noche de los transistores. Fue la del fallido golpe del estado de 1981. Como la televisión, la radio forma parte de nuestra historia personal, además de en este caso, también formar parte intrínseca de la historia de esta ciudad. Hablaré de las tres emisoras que ocuparon el dial durante buena parte del período señalado y de los que tengo abundantes recuerdos y vivencias personales.

La primera radio de nuestra ciudad fue Radio Navarra. Comenzó a emitir el 27 de mayo de 1933 y estaba localizada en el primer piso del nº 41 de la calle Mayor, en el edificio propiedad de Enrique Sanz, abuelo del actual propietario de la Ferretería, Javier Sanz. En la foto adjunta vemos a uno de los pioneros de la radio, José María Perez Salazar, ante los micrófonos de Radio Navarra-EAJ 6. Con el estallido de la guerra la emisora pasaría a llamarse Radio Requeté, trasladándose en 1941 a la entonces Avenida de Franco (actual Avenida de la Baja Navarra). Desde 1940 y hasta 1971 sería dirigida por Ramón Urrizalqui, conocido popularmente por «el tío Ramón». A partir de ese año la dirección recaería en Enrique Huarte, hijo de la segunda mujer del tío Ramón que dirigiría la emisora hasta el año 2004. En 1972 la emisora se trasladaría a la calle Yanguas y Miranda donde permaneció hasta 2003 en que se traslada a su actual ubicación en Aizoain. Algunas décadas antes, concretamente en 1984 la emisora había cambiado de nombre pasando a llamarse Radio Pamplona. En 1974 la propiedad había pasado a la sociedad Radiodifusora Navarra propiedad de la viuda de Ramón Urrizalqui y de los hermanos Huarte situación que se mantendría hasta el año 2004 en que la emisora  fue adquirida por la SER. 

Pero la radio son sobre todo sus voces y sus programas. Así que como no recordar en la antigua Radio Requeté la voz de Don Goyo (que vemos en la foto adjunta) en tantos y tantos programas: concursos, anuncios (o como entonces se llamaban comerciales) o multitud de espacios entre los que destaca «Micrófono infantil y juvenil», los domingos por la mañana, o el programa «Iruñerías» en compañía de las entrañables Valen y Pili. Por el primero pasarían cientos de «jóvenes promesas» de esta ciudad a hacer un recitado o a tocar un instrumento musical. Por el segundo y desde el año 70 hasta finales de lo 80 se colaron, nunca mejor dicho,  burlando la censura del régimen, multitud de quejas y protestas sobre todo tipo de temas: urbanísticos, laborales, sociales, etc convirtiéndose en uno de los programas más populares de la época. Los deportes iban indisolublemente unidos a la voz de Javier Martínez de Zuñiga y las excursiones por nuestra tierra a la voz inconfundible de Javier Pagola. También a Javier Pagola y Mikel Bujanda se asocia otro programa de la época de la transición (estuvo en antena desde 1978 a 1988), el magazine informativo «Batzarre». Y como no olvidar la voz de Teodoro González vinculada sobre todo a espacios de carácter cultural.

Junto a estas voces y programas locales no debemos olvidar otras voces y programas de ámbito nacional como «Hora 25», nacido en 1972, de la mano de Manuel Martín Ferrand, la aparición de los primeros informativos libres en 1977 pues se acabó con la obligación de conectar con el famoso «parte» de Radio Nacional,   los programas deportivos, como el «Carrusel Deportivo» el domingo por la tarde, con los goles de los diferentes partidos de fútbol, en antena desde 1953, los programas deportivos de la noche, primero con Jose María García y con José Miguel de la Morena después, los magazines matinales diarios como «Matinal Cadena Ser» y «Hoy por Hoy» con Iñaki Gabilondo, los del fin de semana, como «A vivir que son dos días» con la recientemente fallecida Concha García Campoy, los musicales como «El gran musical» de la mañana de los domingos, las listas de éxitos: «los Superventas» y «los 40 Principales» sobre todo en la FM, los programas musicales locales de los 60 como «Discofilia» y «Requeterritmo» con Joaquín Luqui (en la foto) que después se marcharía a Madrid a encargarse de otros espacios musicales para toda la cadena, etc.

Mención aparte merecen los seriales radiofónicos que tendrían su época dorada entre mediados de los 50 y mediados de los 70, o sea durante algo más de 20 años. Seguramente muchos de los que andan entre los 45 y 50 años recuerden en su infancia haber visto a sus madres escuchar por la radio algún serial. Yo al menos recuerdo vagamente alguno de ellos, lógicamente de mediados y finales de los 60 en  adelante. De todos los emitidos que fueron muchos destacan el «Ama Rosa» y «La segunda esposa» de finales de los 50, «La intrusa» en 1965, «El derecho de los hijos» en 1966, «Santa Isabela» o «El profesor particular» en 1968, con las voces inconfundibles del cuadro de actores de Radio Madrid: Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Teofilo Martinez, Matilde Vilariño, Julio Varela, Maribel Alonso, Juana Ginzo, Luis Duran, Alfonso Gallardo, Pablo Sanz, etc. En La voz de Navarra de la que hablaré a continuación se emitiría a partir de septiembre de 1971 uno de las más famosos seriales: «Simplemente María», el serial más largo de la historia de la radio. Estuvo en antena durante 400 capítulos, hasta septiembre de 1973. Tras él llegaría algún otro tambien bastante famoso como «Soledad».


La segunda emisora en emitir en Pamplona fue La Voz de Navarra, concretamente a partir del 7 de abril de 1957. Estaba ubicada en un chalet de la calle Navarro Villoslada. El primer director de la emisora fue José María Pérez Salazar, siendo sustituido en 1981 por Serafín Ramirez (en la foto de la izquierda). La emisora pertenecía a la REM (Red de Emisoras del Movimiento), luego desde 1974 REMCAR y desde 1978, Radio Cadena Española. Radio Cadena tendría una breve existencia, en enero de 1989 se fusionaría con Radio Nacional. Ya en 1984 había abandonado el viejo chalet de Navarro Villoslada y se había trasladado al centro regional de RTVE en la calle Aoiz. Al igual que con Radio Pamplona-Cadena SER recordaré algunas voces y programas de esta emisora: entre las más destacadas figura la del director de la emisora durante muchos años, el tudelano Serafín Ramírez, o también las de sus dos locutoras más celebres: María Socorro Pemán y Celia Enbum. Entre los espacios más populares de la emisora figuraban «Navarrerías», «Nosotras», «Nuestros consejos», o los programas de discos dedicados.

Por último, la tercera emisora en emitir en aquellos años fue Radio Popular de Pamplona. Se inauguró el 4 de agosto de 1959. Inicialmente tenían parte de los estudios en el Seminario y otra parte en el Convento de Santo Domingo en el Casco Viejo, trasladándose en 1962 a unos nuevos estudios y oficinas en la calle Mercado, en el citado convento de los domínicos. En 1967 se trasladó la emisora a la calle Amaya, donde permanece en la actualidad. Programas veteranos fueron «Crónica Popular», dirigido y presentado por Carlos Perez Conde que se empezó a emitir en 1974, «Tiempo de Juego» y otros espacios deportivos presentados por Pepe Trujillo, primero y por Jose Javier Iso después, los programas locales «Estudio Amaya» (1973) e «Iruña Hora 12» (1971) este último presentado por Rafael Escalada. María Jesús Artaiz podría ser considerada la voz femenina de Radio Popular. En 1968 Radio Popular recibió el Premio Ondas por el Primer Festival de Villancicos, festival de renombre incluso nacional que concitaría la atención de numerosos grupos y artistas y que desaparecería en 1981. Otro espacio famoso, aunque este del circuito nacional fue el consultorio sentimental de la señora Helena Francis. El consultorio se escuchó en las cadenas de las emisoras de la iglesia desde 1968 pasando luego a las emisoras de la REMCAR, más tarde Radio Cadena. Otros espacios nacionales de la COPE celebres fueron «Protagonistas» con Luis del Olmo (1981-1991) y «Directamente Encarna» (desde 1984). En la foto que cierra esta entrada vemos a Carlos Pérez Conde, en la 3ª edición del Festival de Villancicos Nuevos que ganó el cantante Víctor Manuel, junto a Segundo Valimaña. Corría el año 1969.

Ilustres personajes que vivieron los Sanfermines del viejo Pamplona (1950-2010)

Terminadas las fiestas de San Fermin, me he acercado a la exposición que hay estos días en el palacio del Condestable, del fotógrafo alicantino, Francisco Cano, «Canito», donde se recogen algunas  instantáneas de estrellas de Hollywood y los toros, así como fotos de algunos famosos a su paso por Pamplona. Me ha parecido interesante hacer un recorrido desde los años 50 hasta el filo del nuevo siglo y repasar que personajes de fama internacional han visitado la ciudad a lo largo de  este más de medio siglo durante nuestras fiestas, espero no dejarme ninguno. Si hay un nombre destacable por encima de todos que promueve el conocimiento internacional de nuestra ciudad y nuestras fiestas es el del premio nobel americano Ernest Hemingway. Vino por primera vez a Pamplona, a las fiestas, el 6 de julio de 1923 y lo volvería a hacer en otras ocho  ocasiones: de 1924  a 1927, en 1929, 1931, 1953 y 1959. La primera foto de esta entrada, con Hemingway en la plaza del Castillo, rodeado de paisanos y amigos es precisamente de este año, 1959, obra de Julio Ubiña para Paris Match. En 1956 y con el Premio Nobel en su poder (1954) estuvo unas horas en Pamplona, concretamente el 21 de septiembre y en el restaurante «Las Pocholas» en compañía de unos amigos de la capital. Cuatro días antes del comienzo de las fiestas de 1961, se pegaría un tiro con su escopeta en su casa de Ketchum (Idaho). La ciudad le tributaría un merecido homenaje con la inauguración el 6 de julio de 1968 de un monumento en su memoria en el paseo que lleva su nombre, junto a la plaza de toros. En 1984 visitaría las fiestas su nieta, la actriz Margaux Hemingway que tras una corta carrera cinematográfica seguiría la tradición familiar, el 1 de julio de 1996 se suicidaba ingiriendo  altas dosis de tranquilizantes.
Se dice en un blog del hotel La Perla que en el año 1956 vinieron a Pamplona Ava Gardner, Errol Flynn y Tyrone Power a rodar la película «Fiesta», dirigida por Henry King basada en la novela homónima de Hemingway, sin embargo fuentes bien informadas señalan con rotundidad que ninguno de los citados actores recaló aquí. Lo cierto es que ese año sí que vino a los sanfermines un equipo de la Fox formado por unas 30 personas, dirigidas por Charles Clarke teóricamente para hacer un documental sobre los sanfermines aunque en realidad buscaron localizaciones y material de rodaje para la citada película, rodaje que no permitió el régimen imperante en aquellos años en España. Según otras fuentes el motivo de no rodar íntegramente la película aquí era otra: fue la propia Twenty Century Fox la que desistió de rodar en Pamplona por los altísimos costes que suponía rodar una película en el extranjero. Al margen de los breves insertos rodados en Pamplona, la película se rodó en Paris (unas pocas imagenes) y sobre todo en diferentes localizaciones de Mexico, concretamente de la ciudad de Morelia, además de en los estudios de Hollywood. En la fotografía adjunta vemos un fotograma de la película, con el elenco al completo.

Aunque no he encontrado ninguna foto de Ava Gardner en los Sanfermines ni ninguna información fehaciente sobre su estancia en nuestra ciudad, cabría pensar que en esos años en que la diva vivió de forma estable en España (1955-1967), o incluso antes (conoció España en 1951, con motivo del rodaje de «Pandora y el holandes errante») se hubiese desplazado hasta nuestra ciudad tanto por su afición a los toros, su temperamento extremadamente vital y hedonista, su amistad con algunos  toreros como el diestro Luis Miguel Dominguin, (el diestro toreó en Pamplona en el año 1952 ) así como como por su conocida amistad con «papa» Hemingway, como familiarmente le llamaba, tan enamorado y proselitista de nuestras fiestas (varias de sus novelas se llevaron al cine, con Ava de protagonista y la actriz pertenecía a su circulo  de amistades: sabemos que Ava  recaló en más de una ocasión en la finca «La Vigía» que el premio nobel tenía en Cuba). En las fotos que acompaño aparecen, en la foto de la izquierda, Hemingway, de espaldas, y frente a el Luis Miguel Dominguin y Ava Gardner. En la foto de la derecha la Gardner con Hemingway y su mujer, ambas fotos sin filiar y sin datar, aunque cabe pensar que sean del año 1953 o 54.

En 1954 tres personajes recalaron en los sanfermines, el hijo del entonces hombre más rico del mundo, Sadruddin Han, hijo del Aga Khan, el actor Anthony Quinn y el actor y director Orson Welles. Welles al que vemos, en la foto adjunta, con un gran puro habano contemplando una corrida en la plaza de toros de Pamplona visitaría nuestras fiestas al menos en otras dos ocasiones, en 1961 y en 1966. En 1961 aprovecharía las fiestas para rodar algunas escenas de su Quijote junto al actor Akim Tamiroff. Ese mismo año, visitaría también nuestras fiestas la actriz Deborah Kerr junto a su marido Peter Vertel quienes volverían a  repetir visita a Pamplona en 1965. En 1962 sería Charlton Heston el que se acercaría  a nuestras fiestas, aprovechando el rodaje de la película «El Cid»  dirigida por Anthony Mann y producida por Samuel Bronston en España. Heston hizo lo mismo que otros famosos visitantes: ver el encierro, acudir a alguna corrida (en la foto de abajo, de Canito, le vemos saludando al diestro Paco Camino en la plaza de toros), incluso fue recibido en el Ayuntamiento. En 1963 nos visitó uno de los productores más conocidos de la edad de oro de Hollywood, el gran Darryl F. Zanuck, fundador de la Twenty Century Fox. Zanuck repitiría la visita el año siguiente acompañado de la actriz Irina Demick, protagonista femenina de «El día más largo», enorme superproducción que narra el desembarco de Normandía. También ese año acudió a las fiestas el director de cine, Nicholas Ray, director de películas como «Jonny Guitar», «Rebelde sin causa», «Amarga victoria», «Rey de Reyes» o «55 días en Pekín».
En 1966 se rodaba en Pamplona, «Carnaval de ladrones» (cuyo cartel promocional original incluyo en este artículo) con Stephen Boyd (el Massala de «Ben Hur») de protagonista, con una trama de cine negro sobre el fondo de las fiestas. Boyd corrió de verdad delante de los toros junto a otros miembros del equipo en la que algunos consideran una de las mejores películas sanfermineras. Nueve años más tarde, en 1975, se rodaría en Pamplona la película española «La trastienda» con el primer desnudo integral femenino del cine español a cargo de María José Cantudo y en el que se recogió el trágico encierro del 9 de julio, al que aludo en otra entrada de este blog. En 1990, vino  a nuestra ciudad el hijo de Charlton Heston, Fraser Heston como director de segunda unidad de la película «Cowboys de Ciudad», una comedia de Billy Cristal en la que apenas aparecen unas imagenes de nuestras fiestas al principio de la película y que la verdad es como para olvidar. Dos años más tarde, en 1992, el director de color Spike Lee (director de «Malcom X», «Fiebre Salvaje» o «Haz lo que debas») rodaba durante las fiestas un anuncio para Levis.

Ya en este siglo, Hollywood volvería a rodar en Pamplona durante las fiestas. Concretamente, en el año 2003 se rodaría la película «Americano» del director Kevin Noland, protagonizada por el actor Joshua Jackson (famoso, sobre todo, por sus papeles protagonistas en series de televisión como «Dawson crece» o «Fringe» y que vemos en la foto adjunta) y que fue acompañado en el elenco por actores como Leonor Varela (Blade) y en papeles secundarios por estrellas de la talla de Dennis Hooper o Faye Dunaway. A diferencia de la película de Henry King «Fiesta», esta película se rodó, en vivo,  durante las fiestas de San Fermín de 2003 y Jackson tuvo, incluso, los arrestos de correr delante de los astados en el encierro (y sin especialistas que le doblasen).
Pero no solo Hollywood fue atraída por las fiestas. Varios premios nobeles de literatura visitaron nuestra ciudad a  lo largo de las últimas décadas. En 1968 recalaba en los Sanfermines el escritor guatemalteco Miguel Angel Asturias que definía el encierro como «un relámpago de cornamentas que define la vida y la muerte». Otros famosos escritores que visitarían Pamplona serían el peruano Alfredo Bryce Echenique, el dramaturgo norteamericano Arthur Miller acompañado de su mujer, la fotógrafa Inge Morath que fotografió magistralmente los sanfermines de 1954 y que en 1987 vinieron acompañados por el nobel antillano Derek Walcott, y en el año 2005 vendría a Pamplona el  nobel  Mario Vargas Llosa ( en la foto de la izquierda, degustando unos churros con chocolate).
No fueron ajenos a la atracción de las fiestas artistas nacionales como Marisol (1963) o Sara Montiel (1964) o muchos cantantes nacionales e internacionales, la mayoría de los cuales eran invitados a actuar en las galas sanfermineras de los diferentes Clubs Deportivos de la ciudad: Adamo (1969), Albano, Rafael, Julio Iglesias y Rita Pavone (1973), la entonces famosa Pippi Calzaslargas (Inger Nilsson) que cuando acudió a Pamplona en 1975 ya no era la niña coletuda y desgarbada que veíamos en la televisión,  así como otros muchos más artistas de todo tipo  y condición en años sucesivos.
El mundo de la política y los negocios norteamericanos no ha sido ajeno tampoco a la atracción de los sanfermines: así hay constancia  de las visitas de Edward Kennedy en 1962 (según foto privada de Carmentxu Ocariz publicada hace escasas fechas en un periódico local y que se adjunta) y de Caroline Kennedy (hija de John F. Kennedy) en 1972.  Se rumorea que hasta el ex-presidente Clinton se dejo caer en sus años jóvenes por los sanfermines, tal y como sucediera con otros muchos jóvenes americanos y cuyas experiencias tan bien describe el escritor James A Michener en «The drifters», traducida al castellano como «Hijos de Torremolinos». El magnate de la industria del automovil Henry Ford II, nieto del fundador de la compañía acudió a Pamplona en 1987, procedente de Houston  en su avión privado, nada menos que un Boeing 727.
Por último cabe recordar que hace apenas tres años, en el año 2010, la superproducción india «Solo se vive una vez», convirtió en improvisado plato el recorrido del encierro. La película protagonizada por todas unas megaestrellas en su país, totalmente desconocidas para nosotros, fue todo un éxito en su país con más de 70 millones de espectadores.

Act: En los sanfermines del año 2014 ha visitado los sanfermines el actor norteamericano Charliee Sheen que llegó acompañado de su novia y se hospedó en el Hotel La Perla.

Fotos: Hemingway en los Sanfermines (1959) de Julio Ubiña para Paris Match, Charlton Heston saludando a Paco Camino (1962) de Francisco Cano, (más conocido como Canito) y Ted Kennedy (1962) de Carmentxu Ocariz.

Inundaciones en la Rochapea (1952-2013)

El pasado 9 de junio se producía uno de los grandes desbordamientos del río Arga a su paso por Pamplona. No fue como dijo el Alcalde, Enrique Maya,  la mayor riada de la historia de Pamplona, pero si fue, como veremos una de las más importantes. Dejando a un lado la riada del 27 de noviembre de  1930 que se llevó por delante, en apenas dos horas, el puente del Plazaola, la primera riada de la que tengo conocimiento desde mediado el siglo pasado fue la de enero de 1952, que queda ilustrada por la  primera foto de este artículo. Se trata del puente de la Rochapea, con un grupo de paisanos y de guardias civiles al fondo de la imagen, el puente a punto de ser rebasado por las aguas y el resto del entorno (Plaza del Arriasko, calle Errotazar, etc) totalmente inundado. En diciembre de 1958 y 1959  también hubo inundaciones si bien menores.

Será a finales de 1959, concretamente en los días 30 y 31 de diciembre,  y primeros días de 1960 cuando se produzca una de las mayores inundaciones que ha conocido Pamplona a lo largo del siglo XX. Buena parte de la vieja Rochapea quedo anegada por las aguas. En la segunda fotografía, de Galle, que plasma esta inundación podemos ver  la zona de las huertas totalmente anegada, pero parece que el agua cubrió también buena parte de  la calle Joaquin Beunza en su larga extensión. Me cuentan que algunos vecinos tuvieron que trasladarse en barcas. No sé si será cierto pues yo todavía no había nacido pero he oído decir que el agua llegó casi hasta el comienzo de Marcelo Celayeta. Siempre he oido decir que «El agua llegó hasta el primer escalón de la vieja librería de la Pachi». Me parece difícil que esto pudiera suceder teniendo en cuenta  el enorme desnivel que, hasta la construcción de la nueva Rochapea a finales del pasado siglo y comienzos de éste, había entre Marcelo Celayeta y el Camino de los Enamorados con el inicio de la antigua Joaquín Beunza. Que el agua llegase hasta Cuatro Vientos, cosa harto improbable,  sólo hubiese sido posible en el caso de que el puente de Santa Engracia y/o el de Cuatro Vientos hubiese quedado cegado por arboles y ramas  y por lo tanto se hubiese producido un efecto circunstancial de presa en aquella zona. En esa vieja foto de Galle  se observan a la izquierda algunas casas de Joaquin Beunza construidas en esos años, entre medias una nave de Frenos Urra, de la que desconocía su existencia y al fondo de la imagen, las otras naves de Urra junto al río y el puente de Santa Engracia de las que hablamos en la entrada de la antigua calle de Joaquín Beunza.

Tras estas históricas inundaciones vendrían otras menores en  enero de 1965, octubre de 1974 (esta como consecuencia de una gota fría), diciembre de 1978, octubre de 1979 y del 20 de diciembre de 1980. Recuerdo especialmente esta última, también las anteriores, porque en aquellos años yo acudía a estudiar el bachilletaro en el Irubide y literalmente, el grupo que ibamos juntos por  la zona del puente de San Pedro-Vergel «alucinabamos» con el tremendo poder y desparrame de la madre naturaleza. Las inundaciones de finales de 1980 y principios de 1981 (16 de enero) se produjeron como consecuencia del paso de un sistema frontal y del rápido  deshielo tras  unas importantes nevadas. Las fotografías de esta también histórica inundación, tan importante como la de junio de 2013, a tenor del m3 por segundo de una y otra corresponden nuevamente a la plaza del Arriasko o plaza de Errotazar y  a las casas y naves de la calle Joaquín Beunza más próximas al puente de Santa Engracia. Tras esta inundación vinieron otras menores en octubre de 1982, octubre de 1987, abril de 1988 y noviembre de 1991.
1992 fue pródigo en inundaciones. Ese año el río se desbordó en  varias ocasiones: en junio así como en octubre y  diciembre. En octubre las riadas se llevaron por delante, en dos ocasiones, el día 7 y el día 23, los pilares del futuro puente de las Oblatas como lo atestiguan la foto de Xabi Ventura. Al año siguiente, en diciembre de 1993, el río Arga volvería a salirse de madre, como se puede comprobar en la foto de Sesma, donde vemos inundado el último tramo de la antigua calle Joaquín Beunza. Una muy bonita foto con las viejas  casas de la calle reflejadas sobre las aguas. En este siglo, cabe destacar las inundaciones de febrero de  2003, de  2009 y sobre todo y especialmente las de este año 2013, en enero, sin mayor transcendencia y las históricas de junio de 2013, hace apenas tres semanas que llevaron las aguas como se puede ver hasta las nuevas calles de la  Rochapea, en la foto la calle Ochagavia, en su intersección con la nueva calle Joaquín Beunza.
En resumen, de las múltiples inundaciones acaecidas en la Rochapea podemos distinguir  tres tipos por su impacto: el nivel más bajo que corresponde cuando las aguas apenas inundan las huertas sin afectar a calles ni viviendas. Ha sido la inundación más frecuente. El segundo nivel o nivel intermedio  ha sido cuando las aguas han inundado las calles más próximas al cauce del río y el tercer nivel o nivel máximo ha sido  cuando el nivel de las aguas ha alcanzado calles interiores del barrio hasta cotas seguramente no alcanzadas más que en dos o tres ocasiones a lo largo de los últimos 100 años. Así pues, y según este breve estudio, las mayores inundaciones acaecidas en la Rochapea serían las de 1959-60, 1980-81 y 2013. También serían destacables las del 1992-93 y 2003. Las zonas habitualmente inundadas en La Rocha han sido  la zona de las antiguas piscinas de San Pedro, (ahora parque de la Runa), las del 80-81 no llegaron en este punto al nivel alcanzado en 2013 en esta misma zona, la zona de la plaza de Errotazar (hoy zona de los Corralillos), las huertas situadas entre el puente del Plazaola y Santa Engracia, hoy parque fluvial. Calles inundables eran el último tramo de Joaquín Beunza, y esta misma calle en general en un par de ocasiones aunque pocas veces se ha llegado al nivel de 2013 en esta calle, tal vez en 1959, pues creo que la inundación de 1980-81 fue más corta y menos importante.Fotos: 2ª foto: Galle (1960), 5ª foto: Sesma (1993), 6ª foto: Xabi Ventura (1992)

Los Sanfermines del viejo Pamplona: gigantes, música, fuegos y otros actos (1965-1985)

Otra de las imagenes que con más fuerza asocio a las fiestas desde la niñez o especialmente en la niñez eran los gigantes y cabezudos, aquellos gigantes tan altos, tan señoriales, algunos tan pintorescos como los reyes asiáticos o africanos y como no acordarme de los cabezudos, o más apropiadamente de los llamdos kilikis tan rematadamente feos algunos como Caravinagre o Verrugón, dando vergazos a diestro y siniestro tanto a niños como no tan chicos. ¡Qué miedo nos daban en aquellos tempranos años infantiles, sin embargo eran una parte esencial de la fiesta. Recuerdo el baile de los gigantes al son del tambor y de la gaita y con que gracia y armonía los bailaban en aquellas azules y calurosas mañanas de julio por Mercaderes, Mayor o la Plaza Consistorial. Y cuando recuerdo, en estos momentos, a los gigantes y cabezudos no puedo, por menos, que acordarme también de aquella celebre poesía de Fiacro Iraizoz que escuché recitar a Don Goyo hace un montón de años en los micrófonos de Radio Requeté de Pamplona y que tenía por título «Los gigantes de Pamplona». Iraizoz nació en marzo de 1860 en Pamplona, si bien solo vivió en nuestra ciudad los primeros años de su vida, trasladándose pronto a Madrid donde destacó como autor teatral. La poesía que no estaba exenta de cierta crítica política y social, bastante llamativa para la época, comenzaba así: ¿Oyes las notas vibrantes de esa gaita tan chillona?. Pues espera unos instantes, que vas a ver los gigantes…, los gigantes de Pamplona. Y hablaba de reyes y de vanas apariencias humanas, entre otras cosas. Parecer ser que en 1962 los Gigantes de Pamplona atravesaron «el charco» y desfilaron por la Quinta Avenida de Nueva York en un desfile de la Hispanidad.

Otro de los momentos que recuerdo, grato recuerdo, este en diferentes etapas de mi vida,  tanto de niño como de joven era el de la salida de las peñas. De muy chico con los padres, bailando detrás de las pancartas y la música, por diferentes calles de la ciudad y a medida que nos hicimos mayores solos, con los amigos,   yendo ya a su encuentro a la salida de la plaza de Toros. ¡Qué bonitos recuerdos, aquellas salidas de las Peñas, comienzo de tardes anochecidas y de noches sin fin!. Quisiera el destino que una discusión en la cuadrilla que formábamos en aquel tiempo, cuando tenía 14 años, nos librase de llegar a tiempo a la salida de las peñas y de entrar por el callejón de la plaza de toros con los txikis, como hacíamos todos los días, aquel día 8 de julio de 1978, fecha de infausta memoria para todos los pamploneses.

Los fuegos artificiales, uno de los últimos espectáculos festivos que veíamos de niños antes de bajar a casa, no se siempre se dispararon en Sanfermines desde la Ciudadela. Hasta el año 1967 y desde tiempos inmemoriales  se disparaban desde la plaza del Castillo. Se celebraban a las diez y media de la noche en vez de a las once. Ese año, 1967, también se lanzaron fuegos desde el Fortín de San Bartolome en la Media Luna, en el baluarte de Labrit y en el revellín de san Roque en la Taconera. El día 14, teóricamente el último día de las fiestas, teóricamente, porque ese año hubo 2 días más de fiesta, se lanzaron simultaneamente cohetes desde el baluarte del Labrit y el baluarte de San Bartolome. En el año 1970, al menos durante algún día de las fiestas los cohetes se lanzaron desde el barrio de San Juan y desde 1973 y hasta el día de hoy se lanzan desde el baluarte de Santa María en la Ciudadela, solo que ahora orientados hacia Yanguas y Miranda. Junto a los cohetes, había otros espectáculos pirotécnicos en los sanfermines como los toros de fuego, los recuerdo siempre en la calle Mercaderes, enfilando hacia la Estafeta, la traca de cohetes del Pobre de mi, desde la plaza de los Burgos, y como no el chupinazo que abría las fiestas aunque este lógicamente lo empezamos a vivir en vivo y en directo cuando ya eramos más mayores.
Y es que hasta los 14 o 15 años no vivímos a tope los sanfermines desde el primer día,  desde el momento del Chupinazo. Como mucho ibamos a las barracas por la tarde, bajábamos a cenar a casa y a eso de las 10, subíamos a la verbena de la plaza del Castillo donde nos quedábamos hasta las 3 de la madrugada y poco más. Probablemente fueron los del año 78 los primeros sanfermines en que vivímos, desde dentro, el Chupinazo. Recuerdo que fue en 1979 cuando se comenzó a utilizar por primera vez el euskera en el viva que da comienzo a las fiestas. Algunos piensan que todos los actos de los sanfermines son tradicionales cuando en la mayoría de los casos la tradición no tiene más de unas pocas décadas. Cantar al santo antes de la carrera del encierro que parecería un gesto atávico se remonta nada menos que al año 1962. El mismo acto del chupinazo como acto institucionalizado data tan solo del año 1941. De los chupinazos de aquellos años recuerdo especialmente el de 1982. En aquel año hacía tanto calor que se derretía hasta el asfalto. Creo que llegamos a los 41 o 42 grados de calor. Entonces en el chupinazo se echaba bastante agua desde los balcones, y entre la mocina como mucho vino o cava barato a las chicas pero estábamos muy lejos del desparrame de huevos, harina y colacao en el que degeneraría este acto algunos años después. No hizo falto echar agua en el chupinazo del 76, pues según me cuenta mi hermano ese año llovió bastante durante este concurrido acto. En aquellos años no existía la tradición de ir al chupinazo sin el pañuelo para anudarselo después del cohete. Esta tradición es relativamente reciente, probablemente sea a finales de los años 80 cuando se empieza a popularizar esa costumbre de agitar los pañuelos al cielo y ponerselo después del chupinazo. Algunas costumbres de dudoso gusto como el tirarse desde la fuente de Navarrería son también bastante recientes, data igualmente de mediados de los 80, al igual que el llamado encierro de la villavesa.
Del Pobre de mí curiosamente tengo más recuerdos de niño que de mayor ya que a ciertas edades y después de tantas jornadas de despendole, pocas reservas quedaban para ese triste día. Tengo un vago recuerdo  de encontrarme entre la zona de Mercaderes y plaza Consistorial y desde allí sentía como se mezclaban la cantinela de la canción con el olor de las velas quemándose y la  oscuridad que oscilaba al vaivén de las velas, para terminar sintiendo el olor de la traca de cohetes que se quemaba en la cercana plaza de los burgos para acabar el acto y todo ello bañado en una tristeza nostálgica porque todo había llegado  a su fin. Entre 1968 y 1974 el Pobre de Mí se celebraba a las 9 de la noche. Entre 1975 y 1979, a las 10 y solo desde 1980 se celebra a las 12 de la noche. Antes de 1980 incluso acudían las Peñas con pancartas y charangas. En aquellos años, la fiesta seguía incluso después del Pobre de mí con las verbenas de plaza del Castillo y Antoniutti. Luego el Pobre de mí se convertiría en el último acto festivo y a mediados o finales de los 80 nacería la tradición de quitarse el pañuelo y dejarlo colgado junto a la iglesia de San Lorenzo. Otro acto de gran importancia, desgraciadamente desaparecido, y que cumpliría el año que viene su siglo de existencia era el del Riau-Riau en el que apenas pude participar media docena de veces. Tenía su encanto y su razón de ser: hacer la puñeta por un día a la la corporación alargando todo lo posible su llegada a la Misa de Vísperas. Desgraciadamente y a pesar de vanos intentos y algunos sucedáneos no ha podido continuar.
De las verbenas que empezamos a frecuentar en nuestra adolescencia y juventud recuerdo con especial cariño la tradicional de la plaza del Castillo, que solía acabar a las 3 de la madrugada y luego la de Antoniutti con sus dos escenarios que finalizaba en torno a las 5, cercana la hora de la amanecida. No estaban urbanizados, como jardines o parque  todavía en aquellos primeros 80 ni la Vuelta del Castillo ni otros parajes próximos situados a ambos lados de Antoniutti. Otros ambientes nocturnos que frecuentábamos en los finales de los años 70 y primeros 80 eran los de las barracas políticas (comenzaron en 1979)  pues tenían precios de bocatas y bebidas muy populares. Estas barracas conocieron diferentes emplazamientos (Taconera, en las inmediaciones de Antoniutti, etc). También y en aquellos años recorrimos las diferentes zonas festivas del Casco, cada una con su particular ambiente  como las sedes de las peñas en la calle Jarauta, la zona de la Navarrería o los bares de San Gregorio y San Nicolás, la noche del Estruendo (nació en los sanfermines de 1961, de manera informal por parte de un grupo de amigos entre los que estaba Javier Echarte), los conciertos en la plaza de los fueros, etc. Y es que en aquel entonces, cada edad y cada sanfermín  se vivía de una manera diferente en función de las circunstancias personales que vivías en  cada momento. 

Los Sanfermines del viejo Pamplona: el encierro (1965-1985)

La llegada de los sanfermines era en nuestra infancia todo un gran acontecimiento. Algo especial sucedía o estaba a punto de suceder. Como un rito que inevitablemente se repitiera, unas semanas antes de las fiestas , se colocaba el vallado del encierro en el Recorrido y la tómbola de Caritas en el Paseo de Sarasate. La calle olía y se veía diferente. La gente inquieta llenaba las calles de lo viejo comprando para las fiestas, ya fuese indumentaria para las fiestas o comida para esos días tan especiales. El cielo parecía más azul que de costumbre y el calor apretaba en esos primeros días de julio. La ciudad se preparaba  para las fiestas. Subíamos por la cuesta de Santo Domingo, sobre la que hollarían las pezuñas de los toros  días más tarde en el silencioso y nocturno encierrillo desde los Corrales del Gas, hasta los corralillos de Santo Domingo. Allí comenzaba cada mañana, a las 7 de la mañana (hasta 1974), el Encierro, el acto más importante de las fiestas. Hasta 1924 el encierro empezaba a las 6 (acuerdense de aquel canto que decia: «levantate pamplonica, levantate y da un brinco, levanta que son las 5 y el encierro es  a las 6»), luego empezó a las 7 y desde 1974 a las 8. Por cierto el vestido de pamplonica (camisa y pantalón blanco con faja y pañuelo rojo) fue popularizada por la peña La Veleta en el año 1931, y su uso se generalizó entre la población en la década de los 60.

Si había un acto especial, diferente, numinoso, mágico, iniciatico en las fiestas ese algo era el encierro. No tengo un recuerdo temprano de este evento sanferminero. Se que mis padres solían levantarse temprano para ver la llegada del encierro a la plaza pero el primer recuerdo que tengo es de una fecha tan tardia como julio de 1975. Aun estaban muy lejos las retransmisiones televisivas que empezarían, creo en 1981 u 82. Solíamos levantarnos muy temprano, a eso de las 5 y aun era de noche cuando subíamos con una vecina y sus hijos de nuestra misma edad desde nuestra casa en la Rochapea hasta la plaza de Toros. Recuerdo que llegabamos temprano para coger un buen sitio y aun soñolientos escuchabamos al Maestro Bravo animarnos, ¡Venga que estáis dormidos!. Su banda  amenizó durante muchos años, por lo menos hasta 1981, aquellos amaneceres sanfermineros de la plaza de toros.  

El 9 de julio de 1975 yo estaba allí, en la parte derecha de los tendidos, entrando por el callejón. Fue un día trágico. Aquel día se formó un terrible montón, como consecuencia del cual hubo un muerto, Gregorio Gorriz y decenas de heridos (casi 100), un buen número de ellos por asta de toro. Pero no habían pasado ni dos años cuando fui testigo y esta vez mucho más cerca, pues estaba justo al lado del callejón, de otro trágico montón que provocaría igualmente un muerto por aplastamiento y decenas de heridos. La visión tan cercana de aquellos dos trágicos encierros me dejaron una profunda huella. Tras el montón de 1975  se construyeron en el callejón las famosas gateras que salvarían en años posteriores la vida de más de un corredor. Aquellos años fueron años de muchos fallecidos en el encierro y de records: a los muertos de 1975 y 1977 habría que añadir otro en 1974 y 2 más en 1980, en un sólo encierro, el del 13 de julio. En cuanto a  records, el más corto, de apenas un minuto y cincuenta segundos, el 7 de julio de 1975, el más largo, de 16 minutos, el 12 de julio de 1976.  La plaza de toros se había ampliado algunos años atrás, en  1967, pasando de tener un aforo de 12.500 localidades a uno de 19.500. En 1979 se iniciaría un acto de corta existencia, la de los encierros txikis ya que desaparecerían de las fiestas en el año 1988. Se corría despues del encierro grande desde el final de la bajada de Javier hasta la plaza de toros.