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Conflictividad social y politica en la Rochapea de los años 70 (1970-1980)

La Rochapea, barrio emblemático de la ciudad de Pamplona, el primer enclave extramuros, el barrio, después del centro histórico, con más antigüedad e historia, fue protagonista importante de los avatares políticos y sociales de nuestra comunidad en  los últimos años del franquismo y los primeros años de la transición. Como señalo en alguna entrada, ya desde finales del siglo XIX y primeros años  del XX en el barrio comienzan a instalarse empresas y talleres, cuyo crecimiento se convertirá en exponencial desde mediados del pasado siglo. La instalación del la estación del ferrocarril será un elemento fundamental en el proceso de industrialización del barrio. Junto con la instalación de decenas de industrias se construirán miles de viviendas para los nuevos trabajadores, -procedentes del resto de Navarra y otras partes de España-, en una abigarrada y anárquica disposición sobre y en torno al meandro del Arga y teniendo a la avenida de Marcelo Celayeta como eje central del barrio. A los rochapeanos de toda la vida, vinculados a las huertas y los antiguos talleres artesanales,  se unía esta nueva y mayoritaria vecindad que daba una clara fisonomía obrera al barrio. No es extraño por lo tanto que algunas de las primeras huelgas y manifestaciones de reivindicación laboral o social y políticas de la ciudad de Pamplona tuvieran su escenario en las calles de este barrio. La iglesia del Salvador, el cruce de Cuatro Vientos o el Porrón son lugares indisolublemente vinculados a los conflictos sociales y políticos que se desarrollaron en Pamplona a  lo largo de la década de los 70. 

Los primeros conflictos laborales que recuerdo tuvieron algún tipo de muestra de solidaridad en el barrio, con manifestaciones e intervención de las entonces llamadas FOP (Fuerzas del Orden Público), fueron los de Industrias Esteban y Chalmeta. Corría el año 1970. Tenía apenas siete años. Era la vez que veía algo parecido: un numeroso grupo de obreros que desfilaba por Marcelo Celayeta, desde Cuatro Vientos al Porrón, de repente unos gritos  surgían de la multitud y al poco tiempo un grupo igualmente numeroso de policías, que marchaba por detrás, la Policía Armada, los «grises», tal y como se les llamaba entonces, comenzaban a perseguir y a golpear con sus porras a la muchedumbre. Eran tiempos en las que los «grises» iban en sus  land-rovers grises con los cristales protegidos con una especie de rejillas. De vez en cuando se veía algún autobús con más efectivos policiales y  más tarde veríamos las famosas camionetas o «lecheras» que se pueden observar en la foto que encabeza la entrada, al fondo, tras los policías recorriendo Marcelo Celayeta con el quitanieves retirando las barricadas de la avenida, a la altura de Matesa. Nuestra inicial y natural curiosidad infantil, por la manifestación que por primera vez habíamos visto en nuestra vida, se tornaba en un miedo atroz por la presencia y la actuación de la policía, que nos empujaba a meternos rápidamente en un portal, el primero que encontrásemos, y correr como alma que lleva el diablo hasta el 4º piso. Aun estábamos lejos de entender el alcance y verdadero significado de lo que veíamos, pero aprenderíamos pronto y rápido, vaya si aprenderíamos.


En el año siguiente, 1971,  fueron célebres los conflictos laborales de Imenasa y Eaton, con huelgas de un mes y dos meses respectivamente, tras ellos vendrían los conflictos de Potasas y El Pamplonica, con duraciones algo más cortas. 1972 se inició con el conflicto de A.P Ibérica que duró 26 días y más tarde le tocaría el turno a Torfinasa, del grupo Huarte. Tras 48 días de huelga, los trabajadores de esta empresa se encerraron en la iglesia del Salvador, encierro que finalizó tras el secuestro de Felipe Huarte y la aceptación de sus reivindicaciones laborales. Hubo huelgas importantes también en Motor Ibérica, Imenasa (por solidaridad), Authi y Super Ser. Eran muy frecuentes, en aquellos años, aparte de las huelgas por motivos laborales, las huelgas por solidaridad con otras empresas, hasta el punto de que en los últimos años del franquismo estas superaron en número a las primeras.  1973 será  el  año más importante desde el punto de vista de la conflictividad social del tardofranquismo  por conocer la primera huelga general, el primer caso de todo el Estado,  de huelga general desde la guerra civil. Se produjo entre el 14 y el 22 de junio de 1973  y tuvo su origen en el conflicto laboral de Motor Ibérica. La huelga de esta fábrica comenzó el 8 de mayo y se inició por la negativa de la empresa a anular los expedientes y sanciones iniciados contra los trabajadores que habían hecho huelga algunos días antes. Posteriormente la empresa intentó llevarse piezas y maquinaria de la fábrica a otras factorías, lo que dio lugar a una corriente de solidaridad entre las principales industrias de la ciudad, con paros parciales, cortes de tráfico,  manifestaciones, en las que se lanzaron balas de goma y gases lacrimógenos, concretamente el día 8 de junio en Landaben.

El día 12 de junio, ante la salida de 14 camiones con máquinas y piezas, los trabajadores temieron por el desmantelamiento de la fábrica y decidieron encerrarse en la Iglesia del Salvador. Nuevamente la iglesia de nuestro barrio se convertía en el epicentro de la movilización obrera. La policía rodeó la iglesia, cortó la luz y el agua e impidió que les llegase comida o bebida. En la noche del día 13, los trabajadores hicieron un llamamiento a la solidaridad del resto de trabajadores que fue respondido al día siguiente,  día 14, con paros inmediatos, primero en Super Ser y Eaton y de ahí al resto de fábricas. La huelga se extendió como un reguero de pólvora. Los trabajadores de Super Ser pararon a sus compañeros más cercanos, los de Papelera Navarra y de ahi todos juntos fueron al polígono de Landaben donde ya habían cerrado Eaton, Torfinasa y Esteban. Cuatro mil trabajadores se dirigieron entonces a la Authi que consiguieron se sumase a la huelga. Miles de trabajadores fueron luego a Bendibérica, en la Avenida de Guipúzcoa, que también paró, y de ahí acudieron a Perfil en Frío y a Frenos Iruña que también secundaron la huelga y se sumaron a los huelguistas. Aun recuerdo ver desde mi ventana, el paso de miles de trabajadores en una interminable hilera desfilando por la parte trasera de Perfil en Frío y atravesar las vías del tren en dirección a los polígonos industriales de Artica y Ansoain. Posteriormente y a lo largo del día se cortó la avenida Villava y otros puntos de la capital, fundamentalmente de su cinturón obrero (Cuatro Vientos, Marcelo Celayeta, Avenida de San Jorge, etc) con barricadas y fuertes choques con la policía que utilizó abundante material antidisturbios.

A lo largo del día se fueron sumando más empresas a los paros: Potasas, Inquinasa y un sinfín, las más importantes de la comunidad  hasta el punto de que ese día se sumaron a la huelga más de 20.000 trabajadores. La huelga se extendió a otros sectores: comercio, servicios y al resto de Navarra durante la jornada siguiente alcanzándose los 40.000 trabajadores en paro. Los trabajadores de Motor Ibérica abandonaron su encierro en la iglesia del Salvador el día 15 de junio entre encendidas  muestras de apoyo y solidaridad de los vecinos del barrio, imagen que también conservo en mi retina. La huelga se extendió hasta el día 22 con una tensión creciente y cierres masivos que afectaron ya a todos los sectores ciudadanos. Hasta el arzobispo Jose Mendez Asensio llamó a la concordia y  a la justicia social en una homilía  en la que reconoció la ineficacia de los cauces legales. Llegaron «banderas» de refuerzos de la policía armada desde otros emplazamientos (fundamentalmente de Logroño y Zaragoza), controlando totalmente la ciudad, los polígonos, las fábricas, obligando a abrir los comercios. El día 16 los trabajadores de Navarra hicieron una llamamiento de solidaridad a los trabajadores del resto del Estado. Navarra se convertía, así,  en un problema de primer orden para el régimen franquista. Los empresarios, a través del Consejo de Empresarios, hicieron una propuesta conciliadora para la vuelta al trabajo. Tras varias rondas de negociaciones se llegó a un acuerdo finalizando la huelga el día 23.


La conflictividad se extendió, los meses siguientes a otros sectores: agricultores (pimiento), leche (Copeleche), pan (en 1974),  etc. Al margen de la huelga general citada los conflictos más importantes se produjeron este año, 1973,  en Torfinasa, Micromecanic, Potasas; Papelera Navarra, Onena. A finales de diciembre hubo una jornada de lucha y un paro los días 12 y 20 de diciembre con desigual respuesta. En 1974 se produjeron conflictos laborales en decenas de empresas entre las que destaca por su extensión Authi (un mes) o  Villanueva (que duró más de 3 meses). Más de 1.500 trabajadores de una docena de empresas importantes habían sido suspendidos de empleo y sueldo a finales de 1974, mientras en Potasas  tras dos meses de huelga, el día 7 de enero decidieron encerrarse en la mina, donde permanecieron hasta el día 21. Al finalizar 1974, se celebró otra jornada de lucha el 11 de diciembre, con 18.000 trabajadores en paro y una huelga general el 15 de enero de 1975, esta  en solidaridad con Potasas en la que participaron cerca de 20.000 trabajadores de las principales empresas de Pamplona. La conflictividad social ya creciente en 1974 fue en aumento durante el año 1975.  En los años 1973-74, Navarra ocupaba uno de los primeros puestos de España en conflictividad laboral, junto con Madrid, Barcelona, Vizcaya y Guipúzcoa.


Con el paso del tiempo, las huelgas adquirieron, al margen de su carácter laboral, cada vez más un carácter político de lucha contra el régimen franquista o como forma de protesta ante muertes producidas por la policía  en los primeros años de la Transición. Así se realizaron jornadas de lucha con motivo de los últimos fusilamientos del franquismo (en septiembre de 1975) o con motivo de  muertes producidas en los convulsos años de la transición, como los cinco  obreros muertos por disparos de la policía al salir de la iglesia de San Francisco de Asis, en el barrio vitoriano obrero de Zaramaga (el 3 marzo de 1976), o el joven pamplonés, José Luis Cano,  muerto por disparos de la policía en la semana pro-amnistía, en la calle Calderería (en mayo de 1977, a los que se refieren dos de las fotografías de la entrada), o la  ecologista, Gladys del Estal muerta en Tudela, igualmente por disparos de la Guardia Civil (en junio de 1979, cuyos incidentes quedan reflejados en la 1ª foto de la entrada), etc.

Recuerdo con nitidez, como en mayo de 1977 estaba yo en 8º de EGB en el Cardenal Ilundain y nos mandaron  a casa. Era imposible volver por la avenida de Marcelo Celayeta pues estaba llena de barricadas y eran frecuentes los choques entre manifestantes y policías y tuvimos que volver, corriendo por los campos cercanos al monte San Cristobal y los polígonos de Ansoain y Artica, entre disparos de fuego real de la Guardia Civil, mientras nuestras madres corrían nerviosas y presurosas al viejo camino del Plazaola para salvaguardar a sus retoños. Aquel fue uno de los conflictos más tensos y violentos que recuerdo. Tal fue el grado de enfrentamiento  que aquellos días se realizó en el barrio   un amplio  operativo policial denominado Operación Arga,  con centenares de efectivos policiales, uniformados y de paisano, procedentes de  destacamentos de otras provincias para sofocar los disturbios. Imagenes similares se volvieron a vivir en junio de 1979, con la muerte de una joven ecologista en Tudela,  en 1979, de forma que  la avenida de Marcelo Celayeta y otras muchas calles del barrio aparecieron nuevamente sembradas de barricadas, en esta ocasión,  la huelga me pilló terminando 2º de BUP en Irubide. Sirvan las fotos de aquellos años de Marcelo Celayeta, datada el 6 de junio de 1979 y la zona del Porrón, tomadas desde diferentes angulos en mayo de 1977 o de Cuatro Vientos (esta última, de Manolo Hernandez) de años posteriores,  publicadas, todas ellas en la revista Ezkaba hace más de una década, amen de alguna otra meramente ilustrativa de los lugares que se citan,  como una pequeña muestra de la Rochapea  que vivimos en  los años 70 del pasado siglo.

La Calleja de los Cutos (1950-1990)

La Calleja de los Cutos, conocida oficialmente como «Calle Provincias» es otra de las calles con historia de la antigua Rochapea. Debe su nombre a la cochiquera que había al principio de la calle, donde posteriormente se construyó, a finales de los 50, un  edificio de factura moderna en cuyos bajos estuvo durante varias décadas una sucursal del Banco Popular. Así lo recordaba el poeta, escritor e historiador Ricardo Ollaquindia que vivió en la Calleja durante dos períodos, entre 1935 y 1942 y entre 1955 y 1962. Decía «que la cochiquera estaba en el sótano de un barracón de madera, al principio de la calle.  Junto a la cochiquera estaba la trasera de la carrería de Guerrero con un barracón alargado que servía de almacén y un solar donde hacían los antiguos carros, con sus ruedas de madera y  llantas de hierro; En el lado derecho de la calle estaba la casa donde vivía Ricardo y dos casas más, de planta baja y tres pisos; después la huerta de Pedro Diez, ferroviario  y su casa; Y al fondo de la Calleja, en el centro, había una casa, colorada, y dos salidas a los lados,- por las que se iba a la vía del Irati,  y al puente sobre la vía del tren, al campo de fútbol del Rochapeano, ¿sería el que conocíamos como del Gure Txokoa? y al campo con hierba de Úriz». 

Esa casa que vemos en el extremo derecho de la  fotografía que encabeza la entrada, muy cerca de la avenida de Guipúzcoa también la recuerdo yo hasta prácticamente su derribo, a finales del pasado siglo, allá por el año 1999, fecha en la que está datada la fotografía de Manolo Hernandez, publicada en la Revista «Ezkaba» en julio de ese mismo año. Algunos años antes, en el año 1989, se habían comenzado  a derribar las casas del lado derecho de la calle, las más cercanas al parque y el barracón del que llamábamos «Centro» parroquial, por cierto, iniciativa de otro vecino de la calleja, el popular Txano y que vemos en la foto adjunta. También recuerdo que junto a Carriquirri, junto  a ese bloque de casas que encabeza la entrada, había algunos corrales, en tiempos con cutos y posteriormente creo recordar que con algunas gallinas. En esta calle vivían, cuando yo estudiaba en las escuelas del Ave María y aun después (Carbonilla, Cardenal Ilundain, Irubide), la familia Ceniceros que se dedicaba al secular negocio que había dado nombre popular a la calle. 


Detrás de la casa de Ricardo, entre su casa y la escuela del Ave María, también había gallineros, donde se criaban igualmente gallinas, pollos, conejos… Yo recuerdo perfectamente todos esos corrales tras la tapia del llamado patio de las chicas de las escuelas del Ave María, tal y como se puede ver en la fotografía adjunta. El campo de Uriz, fue, en cierta época, campo de batalla entre los chicos del barrio recordaba Ricardo hace algunos años. Había guerras a pedradas entre los chicos del Ave María y los de la Carbonilla. Si había heridos, les dejaban pasar a la farmacia Azqueta, para que les curaran. Yo no recuerdo el citado campo de Uriz pero si recuerdo que en aquellos lejanos años 60 aun se mantenían las peleas a pedradas entre los chicos de nuestra calle, del Ave María pero no con la Calleja de los Cutos sino con los de Santa Engracia, con las vías del tren como mudo testigo de aquellas vespertinas peleas. En este mismo blog, hemos podido ver una foto de aquella tapia y corrales en la entrada dedicada a las escuelas del Ave María de 1977, que vuelvo a reproducir. Ollaquindia recuerda personajes famosos de esta calle como los futbolistas Iparraguirre, Antonio (Sánchez), Santamaría… o artistas, como el escultor Rebolé … y otros peculiares personajes y tipos menos conocidos pero que ofrecían un cuadro entre pintoresco y costumbrista. En aquellos lejanos años 60 y primeros 70, en la Calleja de los Cutos como en el Ave María, los críos jugaban, como dice Ricardo Ollaquindia, y como yo lo viví, en medio de la calle, a la luz de una farola colgante.

Fotos: Manolo Hernandez (1999), Foto cedida (1986) y Foto Imagenes Rochapea (1984) publicadas, todas ellas, en la revista «Ezkaba».

Estampas de antaño: Recuerdo de mi Colegio (1967)

En la segunda entrada de este blog hablaba de las escuelas del Ave-María, apenas unas pinceladas sobre aquella temprana  etapa de mi vida. Vuelvo la vista atrás para recordar otros muchos detalles de aquellos años escolares. Y recuerdo como en el primer año que acudía  a la escuela, sería en el curso 1967-68, una lluviosa tarde de otoño o invierno, estando en la clase de la Ramonita me llamaron pues tenían que hacerme una fotografía. Nos llamaron a mi hermano y a mí, pues mi hermano estaba entonces en cuarto de primaria, con Don Germán Tabar. ¡Vete con tu hermano, que te van a hacer una foto!, me dijeron. Aquello era todo un acontecimiento. Aquella era una especie de foto-recuerdo del colegio, tradicional por otra parte en aquellos años de la escuela en el franquismo. Mi hermano tenía 9 o 10 años y yo cuatro cumplidos. Nos pusieron detrás una especie de lona impresa como escenario de fondo, arcaico photocall que diría uno ahora, donde aparecía una foto del papa Pablo VI, el mapa de España y otros motivos escolares alusivos, nuestras manos sobre un libro. Yo llevaba una bata de rayas, como era tradicional en aquellos años, el pelo cortado y peinado a lo romano, como se llevaba entonces y una mirada, la verdad, un poco asustadiza. ¿Quien iba  decir, entonces, lo que te depararía la vida, cuando apenas estabas descubriendo este mundo?.
Nuestro equipamiento escolar se componía, aparte de la bata, (debajo llevaba un jersey de lana tejido por mi madre y unos pantalones cortos), la cartera, la mía creo haberla vista hasta hace unos pocos años en casa, era de color verde y asas blancas con una ilustración escolar alusiva y colorista, los cuadernos de caligrafía de Rubio, con las tablas de sumar, restar, multiplicar y dividir en la contracubierta, los cuadernos de caligrafía donde modelar la letra, aquella letra redondeada que nos obligaban  a perfilar decenas de veces (¿donde quedaría aquella redondeada letra tras los apuntes de mi época en la  universidad?), el plumier con sus rotuladores Carioca, la goma de borrar Milan (algunas olían a nata) y el eterno sacapuntas para afilar el lápiz con rayas amarillas y negras de Cedro o las pinturas Alpino. Más tarde llegaría el boli Bic, «bic naranja, bic cristal, dos escrituras a elegir…bic naranja escribe fino, bic cristal escribe normal, bic, bic…» decía el anuncio que a partir de 1970 veríamos en casa, en aquella primera televisión en blanco y negro. Había otros momentos en la escuela en los que surgía, de pronto,  la ilusión en nuestros pequeños mundos infantiles. Era aquellas veces en los que un señor muy serio venía a la clase para regalar unos albumes de cromos que el maestro  sorteaba entre los alumnos. Por desgracia nunca me tocó uno de aquellos. A mi hermano sí, y aun lo recuerdo: era uno sobre el Antiguo Testamento. La verdad es que, como son las cosas, recuerdo más y aprendí más de la Historia Sagrada a través de aquellas coloristas ilustraciones del álbum de mi hermano que de la clase de Religión que nos daba el cura de turno.
De entre los libros de texto recuerdo especialmente la enciclopedia Alvarez, obra de Antonio Alvarez Pérez, un texto clásico, con abundantes ilustraciones y explicaciones sencillas, un compendio de temas y asignaturas: religión, historia, geografía, literatura, matemáticas, lengua. Era una especie de libro todo en uno, con dictados y problemas. De aquel libro y aquellos años recuerdo el típico dictado-lectura de Platero, la canción del Pirata de Espronceda o la del sabio que recogía lo que otros tiraban de Calderón pero sobre todo un poema muy gracioso que decía asi: «Un andaluz muy guasón hablando de ortografía, quiso dar una lección y dijo que se escribía con h melocotón. Dispense usted que le tache replicó un hombre de seso, para que pueda ser eso, ¿Donde se pone la h?. Que donde?. En er mismo hueso». Dictados, lecturas (cuanto se reían algunos de los más torpes leyendo), problemas de matemáticas y algunas lecciones de Geografía, con el mapa de España colgado junto al encerado negro, aun recuerdo los nombres de los ríos,  (la enseñanza era entonces toda memorística), constituían el grueso de nuestra enseñanza en aquellos lejanos cursos de Primaria en las escuelas del Ave María. Los castigos en la escuela que se alargaron hasta el final de la EGB básicamente se resumían en copiar 100 veces una frase alusiva a no hacer la presunta falta cometida, esto en las edades más tempranas, quitarte el recreo y pasar este tiempo dentro del aula, ponerte contra la pared, el típico reglazo en las yemas de los dedos o en la palma de la mano, el estirón de orejas o el bofetón en la cara. No recuerdo aunque se que en otros colegios se realizaban el castigo de sujetar pesados libros con los brazos en cruz. En casa, los castigos más socorridos eran el de «castigado sin salir a la calle», o el más habitual, el del zapatillazo en las nalgas o en el culo, cuan veloz se quitaba mi madre la zapatilla.

Más tarde llegaría la Carbonilla y los tres últimos cursos de la EGB en el Cardenal Ilundain. En el último curso en el Ave María y siguientes, a las asignaturas tradicionales: Lengua, Historia, Matemáticas etc se le sumaban entonces aquellas clases de Pretecnología también llamada en otros tiempos de Trabajos Manuales: plastilina, dibujos geométricos (utilizando compases, reglas y cartabones),  dibujos figurativos al carboncillo o paisajes con acuarelas temperas, trabajos de marquetería con aquella sierra de hilo (aun recuerdo aquel belen que estuvo un tiempo encima del armario de la cocina y que  hice cerca de unas navidades, no se si  de 1973 o 1974, con la ayuda de mi padre, siempre dispuesto a echarme una mano y que bien quedó). Recuerdo, una tarde como a un compañero, creo que estábamos en clase de Don Germán Tabar se le soltó bruscamente la sierra de hilo con tan mala fortuna que le atravesó la mano con gran susto para todos.

La antigua calle Errotazar (1950-2003)

La calle Errotazar, algunos de cuyos tramos vemos en las fotos adjuntas de J. Cia del año 1953, y que hoy han desaparecido, precisamente los correspondientes a su primera parte, sustituidos, desde comienzos de este siglo,  por la prolongación de la calle Rio Arga, es probablemente la más antigua de las calles de la Rochapea. La calle, antiguamente Camino de Errotazar, arrancaba en la Casa Gamarra, junto  al  puente de la Rochapea y llegaba hasta el convento de Capuchinos, en el cruce con la avenida de Marcelo Celayeta, donde está pasaba a llamarse avenida de Villava. El nombre de la calle esta documentado al menos desde el siglo XVII donde aparece como Errotachar. Durante muchos años y en su largo trayecto solo tenía un rótulo que decía Erota-zar. De cualquiera de las maneras parece claro su origen vasco: errota (molino), zar (viejo). Probablemente hiciera referencia a la casa de Errotachar o del molino viejo, en la zona de las posteriormente Casas de Mina cuyos restos (del molino) se debían de encontrar en la orilla  del antiguo canal que nacía en la presa de San Pedro, cerca del pequeño puente de Errotazar, junto a las antiguas piscinas infantiles de San Pedro, canal que corría paralelo al río y terminaba en el Arga, bajo el puente de la Rochapea.
Si recorríamos la calle justo desde el puente de la Rochapea, dejábamos a la izquierda los restos del antiguo Matadero Municipal de Carnes, hoy en su lugar  hay una construcción del Club de Remo,  la plaza del Arriasko, luego de Errotazar y hoy  aparcamiento en superficie de Corralillos, la casa de Gamarra (que vimos en la entrada de Joaquín Beunza). Pasado el inicio de esta calle había una casa de dos plantas y junto a ella un taller de coches, en donde antes  estuvo la antigua lavandería de Tabar. Más adelante había un solitario bloque de viviendas construidas a finales de los 50 o primeros 60 (Errotazar, 3) y que fue derribado en el inicio de este siglo (2003) para construir la actual calle Río Arga paralela al río. En esa zona estuvo desde hacía muchísimo tiempo el llamado patio de Navascues que vemos en la foto de la izquierda de J.Cia datada en 1955 y en donde, en tiempos, hubo fábricas de curtidos, velas y cerveza. Más adelante, conservada hasta el último tercio del pasado siglo, estaba la casa de la Cenona, junto a una serrería y más adelante una serie de huertas y fincas, más adelante de las cuales estaba el llamado Prado de la Cera que llegaba hasta la esquina de Errotazar con el camino de los Enamorados. En ese último tramo, se construirían en  los primeros años 60 numerosos edificios de viviendas, como se puede comprobar en la fotografía de Echegaray, precisamente de esa época, donde vemos tanto a la derecha como al fondo los nuevos bloques de viviendas. Pasado el camino de los Enamorados nos encontrábamos con la escuela de Errotazar también llamada de Lavaderos, hoy unidad de barrio del Ayuntamiento. En ese lugar hubo hasta 1961 una fuente con un abrevadero, al igual que también  hubo otra cerca del puente de Santa Engracia, en el comienzo de la antigua Joaquín Beunza y otras muchas desperdigadas por los diferentes barrios de la ciudad. 

Siguiendo el cauce del rio, atravesando la actual rotonda de Errotazar, en ese lado de la calle lo único destacable que encontrábamos hasta la construcción de las llamadas casas de Virgen del Río era el Monasterio Viejo de San Pedro, antiguamente Convento de San Pedro (el primer y más antiguo convento medieval de la ciudad, construido en el siglo XIII, habitado primero por los padres franciscanos y luego por unas monjas, las Petras, que estuvieron en él hasta 1969, año  en que el edificio quedó abandonado. El edificio en rápido proceso de deterioro  sirvió de albergue durante algunos años a  algunas familias gitanas, hasta que fue recuperado y rehabilitado por el Ayuntamiento). En la foto de la izquierda, de Arazuri, de 1967, vemos el Convento sin las viviendas nuevas que se construirían en la zona poco más tarde. Luego venían las casas municipales de San Pedro (construidas en el año 1949 por el consistorio) y que vemos en la foto de la derecha, de J.Cia,  datada en  1950. En esa zona hubo anteriormente  un lavadero, una fuente y un abrevadero.  Muy cerca de aquí estuvo, entre 1958 y 1993, la antigua fábrica de Copeleche, entre las calles Garde y Ansoain que vemos en la foto de Goñi, del parrafo siguiente. En sus terrenos se construiría años más tarde la nueva plaza circular  de viviendas de Iturriotzeaga. Un poco más hacia la izquierda,  entre la calle Cruz de Barcacio y la carretera de Artica hubo  desde 1959 hasta finales de los 80 otra fábrica,  la fábrica de pretensados Aedium que vemos en la foto de 1984 publicada en la revista Ezcaba en el año 2004. Yo creo haberla vista hasta el año 1989.

Regresamos al puente de la Rochapea y recorremos la calle, esta vez por su lado derecho. Junto al puente de la Rochapea había una zona verde en suave descenso hacia el río, poblada de arboles (con enormes plataneros de más de un siglo de vida pues fueron plantados por el consistorio en 1899) y que fue durante muchísimo tiempo el mayor lavadero de la Rochapea y uno de los mayores de la ciudad, aunque no el único. Hay  innumerables fotografías en las que podemos ver a las sufridas lavanderas afanándose con su labor junto a la orilla del rio. Tras esta zona estuvo durante muchos años, practicamente hasta el derribo de estas construcciones, a finales de siglo, una casa que albergó la antigua casa de fideos y pastas «La Navarra», tras esta la casa de la Parra, luego de la familia Lorda, más adelante la casa de Vergara,  casa del Obispo y más adelante las Casas de Mina, en la zona donde estaba el antiguo molino de Alzugaray (y antes el molino de la Polvora y fábrica de papel), detrás de la cual estaba el antiguo Prado de la Lana. Tras la casas de Mina estaba la huerta del Mochorro (del euskera «mozorro») que en tiempos albergó una de las primeras zonas de baños públicos de la ciudad. Tras las construcciones del lado derecho de la calle Errotazar hubo, hasta la nueva reordenación de la Rochapea, a finales del pasado siglo,  infinidad de huertas que suministraban al cercano Mercado de Santo Domingo, que recibían la denominación de sus dueños o inquilinos y que se extendían desde esta zona hasta las cercanías del Puente de Santa Engracia, desde 1999 todas desaparecidas, al ser sustituidas por el nuevo Parque Fluvial. Siguiendo la calle Errotazar más allá de su primer y más denso tramo, nos topábamos con el viejo puentecillo de Errotazar, la presa de San Pedro y bordeando el rio llegábamos hasta la iglesia de San Pedro, junto al convento de los Capuchinos. El convento data del siglo XVII y la iglesia del convento,  debidamente rehabilitada,  se abrió al culto de los feligreses en el año 1952. 

La Avenida de Guipúzcoa. De Cuatro Vientos a Berriozar (1963-2013)

En su momento hablamos de  de Cuatro Vientos, de San Jorge, de la avenida de Guipúzcoa. Hoy nos toca seguir con esta avenida, desde el puente sobre las vías del tren hasta el fin del término municipal, en la actual confluencia entre la avenida y la variante norte. De aquella entrada o salida de la ciudad, llena de viejas casas, talleres e industrias pegadas a una estrecha carretera de Guipuzcoa  no queda prácticamente nada. Por ello intentaré hacer una reconstrucción memorística lo más fiel posible ya que apenas quedan testimonios gráficos. Antes de subir por el viejo puente de la estación que vemos en la segunda  foto de la entrada procedente del Archivo Municipal, datada a principios de siglo, (el  actual puente de hormigón data de 1970) dejábamos, a mano izquierda, la antigua calle del Muelle (allá donde hasta los primeros 70 estaban las viejas fábricas de Eugui, Múgica y Arellano y Taberna Hermanos) y a la derecha la calle Carriquiri, unos depósitos de la Azucarera, y las traseras y cobertizos de algunas casas de la calleja de los Cutos, de la que seguramente hablaré en otra entrada.
Atravesando el puente sobre las vías nos encontrábamos, al lado izquierdo, con la calle Ferrocarril y a la derecha con el llamado barrio de Santa Engracia. La calle Ferrocarril (hoy barrio de Euntzetxiki) discurría y discurre paralela a las vías del tren y llegaba hasta la colina de Santa Lucia. En el lado izquierdo de la calle estaban parte de los muelles de los trenes de mercancías de la Estación de Renfe así como sus depósitos de máquinas y, un poco más adelante, los enormes depósitos de la Campsa. En su lado derecho había una gran hilera de casas baratas (por el material de construcción utilizado) de los años 40 y 50 de la que solo queda hoy en día un par de bloques, dos o tres portales, (recuerdo, cerca de la avenida, el Bar Villegas y alguna huerta y un frontón) y al final de estas casas la fábrica de Abonos Químicos o Inabonos que se instaló en el barrio a principios de siglo, concretamente en agosto de 1908. Cerca estaba también la serrería de Isturiz, la Gran Tejeria Mecánica, textiles Maser, etc. Detrás de estas casas, estaban las antiguas Escuelas de Unzutxiki, construidas en la postguerra.
El barrio de Santa Engracia, cuya foto encabeza esta entrada siempre ha estado en una especie de tierra de nadie, hoy a caballo de la naciente Buztintxuri, el vecino San Jorge y la vieja Rocha. Históricamente, parte de la Rochapea, sin embargo la vía del tren la ha separado del resto del barrio. El pequeño enclave esta compuesto por apenas cinco manzanas con cinco calles, de las que dos comparten denominación: la calle de Santa Engracia, que comenzaba en la avenida de Guipuzcoa y terminaba en la puerta principal de Perfil en Frío, a la izquierda,  las dos travesías de Santa Engracia y a la derecha las calles de las Viñas y la de los Campos que llegaban y llegan hasta las vías del tren. El nombre del lugar tiene su origen en el nombre del convento de las Clarisas, que existió en el lugar entre los siglos XIII a XVIII y ocupaba, según Arazuri,  la parte derecha de Cuatro Vientos, desde la orilla de Arga hasta la calle Carriquiri, comprendiendo la actual calle Provincias, el arranque de la avenida Marcelo Celayeta y el tramo final de la antigua Joaquín Beunza en su zona más cercana a Celayeta y el rio. Entonces no existía el puente de Cuatro Vientas y la única salida de la ciudad hacia el norte era la del puente de Santa Engracia, junto al antiguo molino de Mazón. El barrio de Santa Engracia ha estado condicionado, como he dicho,  además de por la cercanía de la estación del tren y la separación que suponía la presencia de  las vías,  por la presencia de diferentes empresas como Perfil en Frío, de la que ya hablé en otra entrada, hace meses, o de Talleres Iruña. En sus calles persisten aun unos pocos pequeños comercios con décadas de historia a sus espaldas: una lechería-panadería, una tienda de alimentación o la carnicería de Ochotorena, cerca del puente de Cuatro Vientos, además de dos o tres bares; el bar la Hiedra, el Manolo, etc. Aun recuerdo cuando se construyó el último edificio del barrio, el más alto, junto al puente de la estación allá por los inicios de los años 70.
En la avenida de Guipúzcoa, desde Santa Engracia y hasta el límite del término municipal, en su parte izquierda, encontrábamos un montón de casas, algunas de planta baja, otras de dos plantas y entresuelo con una escalera lateral para subir a los pisos superiores, a veces con sus pequeños huertos, la acera de la avenida era estrechísima. Más adelante nos encontrábamos con la residencia de las Hermanitas de los Pobres, la fábrica de Gaseosas Odériz, que  luego fue la Casera y la fábrica de Bendibérica, en su última epoca Robert Bosch y detrás de estas edificaciones, entre la avenida y el antiguo camino del Plazaola, algunos senderos y campos. Concretamente, detrás de Bendibérica recuerdo un sinuoso camino que desembocaba en un paso sin barrera junto a la pared norte de Perfil en Frío. En su primer tramo se podía encontrar  una solitaria casa de dos plantas y una antigua serrería, luego un tramo estrecho cerrado entre tapias, el cerro donde está hoy el Parque de los Aromas a la izquierda y por último  las vías del tren, frente a lo que es hoy la calle Juan de Ursua.

De todo eso nada queda ahora, salvo el nuevo edificio de las Hermanitas de los Pobres construido hace unos pocos años. En su lugar decenas de nuevos  bloques de viviendas, cientos de viviendas: Buztintxuri, Nuevo Artica (o Artiberri),  y unos cuantos supermercados: BM, Caprabo, Mercadona (en el lugar donde estuviera la fábrica de Bendibérica). Las Hermanitas llegaron a Pamplona en 1878  y se instalaron en la plaza de Recoletas. En 1887 se colocó la primera piedra del edificio. En 1898 se terminaron las alas laterales del asilo. La residencia, reconocible por el color rojo del ladrillo con que se construyó, se derribó en julio de 2007, inaugurandose el nuevo edificio en el año 2010. La mayor parte de las edificaciones de viviendas que he comentado en el párrafo anterior se derribaron en los primeros años de este siglo. En el año 2004 practicamente no quedaba casi ninguna y la avenida de Guipuzcoa había pasado de ser una estrecha y densa vía de tráfico en su entrada a Pamplona a una amplia avenida de cuatro carriles. En su parte derecha, desde la calle Ferrocarril hasta el límite del término municipal había también una larga hilera de viejas casas, edificios  y algunos talleres en su planta baja, entre campos y huertos y frente a la antigua Bendibérica  se instaló la división  de grúas de Imenasa que en 1990 adquirió el grupo alemán Liebherr. La fábrica se trasladó de este lugar al polígono de Agustinos en el año 1997, siendo reconvertidas sus instalaciones en el año 2010 en lo que es hoy el Recinto Ferial de Navarra (Refena).

Entrada en homenaje a mi padre, Antonino, fallecido hace poco más de un mes que tantas veces hizo este recorrido, por la Avenida de Guipúzcoa del trabajo a casa y de casa al trabajo en Bendibérica.

Incendios en el monte San Cristobal (1985-2010)

El primer incendio que recuerde asoló el monte San Cristobal data del verano de 1985 y se inició en la zona de monte más cercana al polígono de tiro de los militares, cerca de los pueblos de Aizoain, Berriosuso y Berrioplano. Fue bastante aparatoso, se inició a primera hora de la tarde y se prolongó hasta bien avanzada la madrugada, quemando una amplia zona de arbolado  situada sobre todo en su vertiente sur, en el tramo existente entre su vértice oeste y la vertical del cuartel de los militares en Aizoain. Me acuerdo de que aquella noche mi hermano se acercó a verlo junto a  unos amigos. Era la primera vez  en nuestra vida, que recordásemos, que nuestro querido monte era pasto de las llamas, de forma tan virulenta. Yo por mi parte, recuerdo de forma especial el olor a quemado que llegaba hasta el centro de la ciudad. Aquella tarde bajaba yo por la Cuesta de Santo Domingo, desde el Casco Viejo  a mi casa y una enorme tristeza se apoderaba de mi por lo que estaba sucediendo.
El segundo incendio que recuerdo se produjo el 25 de agosto del 2000. Es probablemente el segundo incendio más importante que ha sufrido el monte en el último siglo, el primero en afectación de masa forestal. Afectó a cerca de 100 hectáreas de bosque. El incendio que comenzó a las 17.45 horas, nuevamente en su ladera sur, cerca del polígono de tiro de los militares (se achaca su origen a un bote de humo)  se extendió con rapidez hacia la cima y la ladera norte y eso a pesar del gran número de efectivos que se desplegó en aquel operativo. Hasta cerca de las diez de la noche no lograron controlarse los dos frentes del incendio que avanzaban hacia Aizoain y Berriosuso. 

El tercer incendio se inició el 10 de septiembre de 2001, a las 11.30 de la mañana, en la ladera este y afectó a nueve hectáreas, apenas una de ellas de bosque. Fue causado de forma involuntaria por un vecino de Pamplona que rápidamente avisó a SOS Navarra de la propagación del fuego. El incendió se sofocó dos horas mas tarde, sin mayores problemas. Pero esta primera década del siglo fue pródiga en muchos más incendios, como veremos. En 2005, concretamente al mediodía del 4 de agosto, se produciría el incendio más importante en extensión total,  con una afectación de 145 hectáreas, 95 de ellas de masa forestal, asi pues también, el segundo más importante en afectación de bosque. El incendio se inició en una cuneta de la carretera de Unzu y rápidamente alcanzó amplias masas boscosas de la ladera norte, un área formada por encinares y pinares de gran valor ecológico Al margen de la foto de inicio de la entrada, el resto de fotos pertenecen todas a este gran incendio de 2005. El incendio no logró controlarse hasta las tres de la madrugada, quince horas más tarde y afectó a terrenos de Unzu, Cildoz, Orrio, Berriosuso, Aizoain y Berriozar y requirieron apoyo de medios y recursos de otras comunidades.

El 4 de agosto de 2007 se produjo un pequeño incendio que afectó al perímetro del Fuerte de San Cristobal. Se inició a las tres y media de la tarde y quedó extinguido por completo cerca de las siete de la tarde. Parece que el incendió se inició en el interior del Fuerte, y fue provocado (había nada menos que  tres focos de inicio del fuego) y se extendió a su cubierta vegetal que quedó completamente arrasada además de otras tres hectáreas de las inmediaciones. No llegó a afectar a la arboleda. El 5 de septiembre de 2008 se declaró otro incendio, esta vez en la carretera de acceso al Fuerte. Se inició a las seis y media de la tarde, afectó sobre todo a matorral y fue controlado enseguida. Por último el 30 de agosto de 2009, a las cuatro y veinte de la tarde,  un pirómano prendía fuego al monte, en la zona más cerca al pueblo de Arre, apenas una hectárea, siendo sofocado casi una hora más tarde. En resumen los mayores incendios de que tengo constancia y que han afectado al monte San Cristobal (Ezkaba) en los últimos 30 años son el de 1985, 2000 y 2005, y especialmente estos dos últimos que afectaron de forma muy importante a las laderas norte y oeste del monte. Esperemos que algún día no muy lejano, alguien se tome en serio que este monte es el gran parque y pulmón natural de Pamplona y que hay que poner todos los medios para protegerlo para que pueda seguir siendo disfrutado no solo por las actuales sino también por las futuras generaciones.

El monte San Cristobal (1965-2005)

El monte San Cristobal o Ezkaba, que por ambos nombres se le conoce ocupa un lugar especial en mi memoria. Durante más de 30 años podía contemplarlo sin obstáculos desde mi ventana, recortado en el cercano, muy cercano horizonte, pues en minutos me podía situar en la antigua vía del Plazaola, camino del monte. Lo veía desde mi ventana, oculto parcialmente en su extremo izquierdo, (la zona más cercana a Berriozar y Aizoain), por la antigua fábrica de Perfil en Frío. Ha sido testigo mudo, escenario de muchos años y estaciones de mi vida. Recuerdo muchos días neblinosos de otoño o de primavera, con las nubes agarradas al monte, o esos fríos días invernales de la infancia con su cima (el Fuerte) y laderas nevadas. Mi más lejano recuerdo lo tengo asociado, sin embargo, a alguna excursión familiar dominguera, con la comida preparada desde casa, (que ricas aquellas tortillas de patatas o aquellas ensaladillas rusas de la madre), subiendo por el camino más empinado, aquel que seguía los postes de la luz, desde el lado derecho del pinar cercano a Berriozar, directamente hasta el Fuerte, para luego bajar a trompicones, urgidos por una repentina tormenta veraniega hasta la fuente y lavadero de Berriozar.

 

Para muchos rochapeanos, San Cristobal era nuestro monte, al que tenemos asociados infinidad de paseos a lo largo de nuestras vidas, como, en mi caso,  el de ese recuerdo infantil citado, y otros en diferentes momentos de la vida. El paseo por el monte, en solitario o en compañía, te permitía a la vez que oxigenarte y hacer ejercicio, relajarte, ensimismarte en tus pensamientos, desconectar como si por un momento pudieses alejarte de tus preocupaciones cotidianas, cada vez más grandes y pesadas a medida que ibas atravesando las diferentes edades de la vida. En aquellos años, finales de los 60 y primeros 70, los pueblos que yacían en las laderas del monte, Berriozar, Artica y Ansoain eran mucho más pequeños que en la actualidad, sobre todo Artica que conocería un desmesurado desarrollado, con multitud de adosados y unifamiliares, ya desde los años 80. No existía todavía la variante norte. Esta se construiría mucho más tarde, bien entrados  los años 90, época a la que pertenece la foto que abre la entrada.

 

El Monte San Cristobal no es solo mudo testigo del devenir de nuestras vidas, lo es también de la ciudad, del Viejo Pamplona que es el objeto de este blog. Del San Cristobal de hace muchas décadas he ofrecido un par de fotografías, en el párrafo anterior. En la primera de ellas, de Julio Altadill y que data de 1895 se puede observar en toda su plenitud y desnudez el monte; en la parte inferior de la foto se pueden vislumbrar los caminos de los Enamorados y de Villava flanqueados por una larga hilera de arboles. La segunda foto es de 1932 y está tomada desde la Cuesta de la Estación, en el momento en que se derriba parte del antiguo Convento de Recoletas para ampliar la Cuesta. En ambas fotos se observan   las  canteras del monte,  canteras que se explotaron desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX. De ellas se extrajeron materiales de construcción para edificios como el Palacio de la Diputación de Navarra y el antiguo Archivo General de Navarra.

Había varios itinerarios o paseos que frecuentábamos, uno de los más recorridos eran el que partiendo del cruce del viejo camino del Plazaola con el camino a Artica, por debajo y un poco más adelante de la actual variante norte,  desde una fuente hoy abandonada, cogíamos un pedregoso camino que nos llevaba hasta un pinar, cercano al viejo pueblo de Berriozar. En tiempos había otro camino inferior entre grandes piedras, hoy desaparecido, bordeando un viñedo antes del citado pinar. Tras este pinar que vemos en la fotografía de la derecha, había un camino que conducía a Berriozar pueblo, que  vemos en una foto posterior de esta entrada y otra senda que conducía al cementerio del citado pueblo, que vemos también en una instantánea del siguiente párrafo. Los cementerios y sobre todo los cementerios de los pueblos, con aquellos oscuros y silenciosos cipreses nos provocaban en nuestra infancia una contradictoria sensación de interés y de reverencial temor.La fuente y lavadero de Berriozar que vemos en la foto izquierda del siguiente párrafo   era otro de esos lugares que nos atraía, seguramente por su imponente apariencia, su enorme vasija de piedra cubierta, donde se lavaba la ropa, cubierta por un gran tejado rojo  y aquellas viejas  inscripciones o grafías sobre el muro de  piedra del que salía el caño.  En la cima el Fuerte estuvo  controlado por los militares hasta 1985, siendo abandonado totalmente en 1991. El Fuerte aparece vinculado a uno e los episodios más tristes de la guerra española: la huida de más de 800 presos políticos en el año 1938 que fueron abatidos  o capturados en su mayor parte en el monte y valles próximos.

Otro itinerario que utilizábamos empezaba en la carretera de Artica, pasado el polígono industrial y ascendiendo por un promontorio y dejando a un lado la estatua del Corazón de Jesús subía junto a otro pinar de repoblación hasta un amplio camino interior  en el bosque. Siguiendo este camino en dirección este y atravesando el bosque en dirección norte llegábamos «al otro lado», así tal y como lo escribo. Cruzar al otro lado suponía casi siempre recibir una profunda bocanada de aire fresco. Abajo podíamos descubrir de izquierda a derecha los pueblos de Cildoz, Orrio,  Eusa, Maquirriain, Garrués, Arre, Oricáin y Sorauren, los cuales componen junto a otros lugares y señoríos el valle de Ezcabarte. Enfrente se encontraban unos cuantos montes: Desde la Peña de Añezcar o monte del Toro que es como lo llamábamos de pequeños, por el toro de Osborne que había en su cima, pasando por Eltxumendi, Mendurro, Landakoa, Illarraga, Makirriamendi, Ortxikasko o Ostiasko, Txaraka, Iruntzu y más alla de Sorauren las Peñas de Antxoriz para acabar en la parte más al oeste con el Ezkaba Txiki y el Miravalles. Desde el lado norte del monte cogíamos un camino que nos conducía  a la cima, al Fuerte, y en su lado norte, cerca del Fuerte había una fuente con agua muy fresquita que nos reconfortaba de la caminata. En la foto de la izquierda del siguiente párrafo vemos el Monte San Cristobal, visto desde el Valle de Ezcabarte.

Había otros itinerarios menos frecuentados, como el que seguía la carretera del camino al Fuerte, excesivamente larga para mi gusto y otros muchos caminos y atajos que no describo por no cansar. Desde lo alto del monte  contemplaba la ciudad de Pamplona en toda su extensión y  su progresivo e irrefrenable crecimiento con el paso de los años. He citado una estatua del Corazón de Jesús. En efecto, esta enorme estatua, similar a la que hay que en otras ciudades de España y del mundo se colocó en el monte en 1982, por iniciativa del sacerdote Ambrosio Eransus. La estatua es  obra del escultor navarro Aureo Rebolé, autor de muchas obras de imaginería religiosa en diferentes parroquias de la ciudad y de Navarra, entre ellas la estatua del Salvador de la iglesia del mismo nombre, en la Rochapea barrio en el que vivió durante una parte de su vida.

Algunas de aquellas excursiones al monte San Cristobal se prolongaron en ocasiones mucho más de lo esperado, como una vez que después de subir al Fuerte bajamos por la vertiente noroeste hasta los pueblos de Unzu y Ollacarizqueta, atravesando el rio Juslapeña, en una improvisada aventura con amenazantes perros que nos flanqueaban a cada paso puentes y caminos y que nos hizo llegar a eso de las cuatro de la tarde  ante la preocupación de nuestros padres. Otra vez nos acercamos a las Peñas de Antxoriz pero equivocamos el camino e igualmente llegamos bastante tarde después de hacer una buena caminata de regreso por la carretera de Sorauren-Arre, camino a Pamplona. Cerca estaba la famosa playa de Oricain. Desde el valle de Ezcabarte, el monte San Cristobal se observaba como una imponente y tupida masa de arboles, arbolado que desgraciadamente quedaría bastante maltrecho en los periódicos incendios producidos entre 1985 y el año 2010 y de los que doy cumplida cuenta en la siguiente entrada del blog. Las  fotos de la iglesia de Artica y del pueblo viejo de Ansoain cierran esta entrada.

Fotos: Julio Altadill (1895), en el libro de José Javier Arazuri, «Pamplona, calles y barrios» y del Archivo Municipal de Pamplona en el libro «Pamplona antaño»  del mismo autor, José Javier Arazuri.

Las escuelas del Ave Maria (1977-1985)

En la foto que ilustra esta entrada y que está tomada desde la torre de la iglesia del Salvador pueden observarse las nuevas escuelas del Ave María que sustituyeron a las viejas escuelas de planta baja que conocí  y a las que aludí en una de las primeras entradas de este blog. La fotografía tiene más de 20 años, pues calculo que esta está datada en torno a 1983. Esta imagen de la zona se mantuvo así hasta 1986. Después cambiaría bastante. Podemos observar en un primer plano el edificio de nueva planta y su amplio patio totalmente libre de las construcciones que se añadirían años más tarde en sucesivas fases, la travesía del Ave María, con todos sus edificios íntegros antes del derribo de parte de ellos una década más tarde, a la izquierda de la foto y pegada a las escuelas la fabrica de piensos Caceco y la calle Carriquiri sin urbanizar  y sobre ella en el ángulo superior izquierdo asoma la fábrica de Perfil en Frio. Frente a estas industrias se pueden observar campos hoy sustituidos por bloques de viviendas, el primero de ellos rodeado por una tapia corresponde a lo que llamábamos campo de la Diputación (de los camineros de Diputación). 

Al fondo de la foto y junto  a este campo se divisan un par de aulas prefabricadas (las escuelas del Ave María no daban abasto, tenían más de 600 alumnos, y durante algunos años, desde 1981, los niños de párvulos tuvieron que ir y venir de las aulas al patio de la escuela para hacer Gimnasia). También al fondo se divisa el almacén de la Compañía General de Carbones que vimos en la entrada dedicada al viejo camino del Plazaola y en el extremo derecho de la foto las casas de la Segunda Fase del Salvador. Como he dicho anteriormente tendrían que pasar al menos dos o  tres años para que esta imagen empezase a cambiar: la canalización de las aguas por los campos que cuando llovía se inundaban, la construcción del polideportivo y los frontones durante bastantes años descubiertos y de las primeras viviendas en torno a lo que hoy es el campo de fútbol del Irati, etc.

En la segunda foto que ilustra esta entrada  podemos ver el antiguo patio de las chicas, tomada antes de 1989 (probablemente desde las escaleras exteriores de emergencia del nuevo edifico). Ocupando la mayor parte de la foto y tras una tapia se observan  las viejas casas de la Calle de las Provincias (o la Calleja de los Cutos la llamábamos nosotros) y un viejo transformador que recuerdo allí desde siempre y a la derecha de la foto, el viejo edificio de las aulas de las chicas. En primer plano, una valla delimitaba el patio de las nuevas escuelas y del patio de las chicas.

Foto: 2ª foto: Foto Imagenes Rochapea publicada en la Revista Ezkaba.

Inundaciones en la Rochapea (1952-2013)

El pasado 9 de junio se producía uno de los grandes desbordamientos del río Arga a su paso por Pamplona. No fue como dijo el Alcalde, Enrique Maya,  la mayor riada de la historia de Pamplona, pero si fue, como veremos una de las más importantes. Dejando a un lado la riada del 27 de noviembre de  1930 que se llevó por delante, en apenas dos horas, el puente del Plazaola, la primera riada de la que tengo conocimiento desde mediado el siglo pasado fue la de enero de 1952, que queda ilustrada por la  primera foto de este artículo. Se trata del puente de la Rochapea, con un grupo de paisanos y de guardias civiles al fondo de la imagen, el puente a punto de ser rebasado por las aguas y el resto del entorno (Plaza del Arriasko, calle Errotazar, etc) totalmente inundado. En diciembre de 1958 y 1959  también hubo inundaciones si bien menores.

Será a finales de 1959, concretamente en los días 30 y 31 de diciembre,  y primeros días de 1960 cuando se produzca una de las mayores inundaciones que ha conocido Pamplona a lo largo del siglo XX. Buena parte de la vieja Rochapea quedo anegada por las aguas. En la segunda fotografía, de Galle, que plasma esta inundación podemos ver  la zona de las huertas totalmente anegada, pero parece que el agua cubrió también buena parte de  la calle Joaquin Beunza en su larga extensión. Me cuentan que algunos vecinos tuvieron que trasladarse en barcas. No sé si será cierto pues yo todavía no había nacido pero he oído decir que el agua llegó casi hasta el comienzo de Marcelo Celayeta. Siempre he oido decir que «El agua llegó hasta el primer escalón de la vieja librería de la Pachi». Me parece difícil que esto pudiera suceder teniendo en cuenta  el enorme desnivel que, hasta la construcción de la nueva Rochapea a finales del pasado siglo y comienzos de éste, había entre Marcelo Celayeta y el Camino de los Enamorados con el inicio de la antigua Joaquín Beunza. Que el agua llegase hasta Cuatro Vientos, cosa harto improbable,  sólo hubiese sido posible en el caso de que el puente de Santa Engracia y/o el de Cuatro Vientos hubiese quedado cegado por arboles y ramas  y por lo tanto se hubiese producido un efecto circunstancial de presa en aquella zona. En esa vieja foto de Galle  se observan a la izquierda algunas casas de Joaquin Beunza construidas en esos años, entre medias una nave de Frenos Urra, de la que desconocía su existencia y al fondo de la imagen, las otras naves de Urra junto al río y el puente de Santa Engracia de las que hablamos en la entrada de la antigua calle de Joaquín Beunza.

Tras estas históricas inundaciones vendrían otras menores en  enero de 1965, octubre de 1974 (esta como consecuencia de una gota fría), diciembre de 1978, octubre de 1979 y del 20 de diciembre de 1980. Recuerdo especialmente esta última, también las anteriores, porque en aquellos años yo acudía a estudiar el bachilletaro en el Irubide y literalmente, el grupo que ibamos juntos por  la zona del puente de San Pedro-Vergel «alucinabamos» con el tremendo poder y desparrame de la madre naturaleza. Las inundaciones de finales de 1980 y principios de 1981 (16 de enero) se produjeron como consecuencia del paso de un sistema frontal y del rápido  deshielo tras  unas importantes nevadas. Las fotografías de esta también histórica inundación, tan importante como la de junio de 2013, a tenor del m3 por segundo de una y otra corresponden nuevamente a la plaza del Arriasko o plaza de Errotazar y  a las casas y naves de la calle Joaquín Beunza más próximas al puente de Santa Engracia. Tras esta inundación vinieron otras menores en octubre de 1982, octubre de 1987, abril de 1988 y noviembre de 1991.
1992 fue pródigo en inundaciones. Ese año el río se desbordó en  varias ocasiones: en junio así como en octubre y  diciembre. En octubre las riadas se llevaron por delante, en dos ocasiones, el día 7 y el día 23, los pilares del futuro puente de las Oblatas como lo atestiguan la foto de Xabi Ventura. Al año siguiente, en diciembre de 1993, el río Arga volvería a salirse de madre, como se puede comprobar en la foto de Sesma, donde vemos inundado el último tramo de la antigua calle Joaquín Beunza. Una muy bonita foto con las viejas  casas de la calle reflejadas sobre las aguas. En este siglo, cabe destacar las inundaciones de febrero de  2003, de  2009 y sobre todo y especialmente las de este año 2013, en enero, sin mayor transcendencia y las históricas de junio de 2013, hace apenas tres semanas que llevaron las aguas como se puede ver hasta las nuevas calles de la  Rochapea, en la foto la calle Ochagavia, en su intersección con la nueva calle Joaquín Beunza.
En resumen, de las múltiples inundaciones acaecidas en la Rochapea podemos distinguir  tres tipos por su impacto: el nivel más bajo que corresponde cuando las aguas apenas inundan las huertas sin afectar a calles ni viviendas. Ha sido la inundación más frecuente. El segundo nivel o nivel intermedio  ha sido cuando las aguas han inundado las calles más próximas al cauce del río y el tercer nivel o nivel máximo ha sido  cuando el nivel de las aguas ha alcanzado calles interiores del barrio hasta cotas seguramente no alcanzadas más que en dos o tres ocasiones a lo largo de los últimos 100 años. Así pues, y según este breve estudio, las mayores inundaciones acaecidas en la Rochapea serían las de 1959-60, 1980-81 y 2013. También serían destacables las del 1992-93 y 2003. Las zonas habitualmente inundadas en La Rocha han sido  la zona de las antiguas piscinas de San Pedro, (ahora parque de la Runa), las del 80-81 no llegaron en este punto al nivel alcanzado en 2013 en esta misma zona, la zona de la plaza de Errotazar (hoy zona de los Corralillos), las huertas situadas entre el puente del Plazaola y Santa Engracia, hoy parque fluvial. Calles inundables eran el último tramo de Joaquín Beunza, y esta misma calle en general en un par de ocasiones aunque pocas veces se ha llegado al nivel de 2013 en esta calle, tal vez en 1959, pues creo que la inundación de 1980-81 fue más corta y menos importante.Fotos: 2ª foto: Galle (1960), 5ª foto: Sesma (1993), 6ª foto: Xabi Ventura (1992)

La Avenida de Guipúzcoa. De Recoletas a Cuatro Vientos (1950-2012)

Si hay una vía que puede considerarse la conexión natural con el Casco Antiguo  desde el barrio de la Rochapea esa es la Avenida de Guipúzcoa. La calle Joaquín Beunza la dejábamos para cuando, con el buen tiempo, subíamos andando a Pamplona por la Cuesta de Santo Domingo. Es por ello que hoy me apetece revisitar esta vía cargada de historia y de historias, y lo haré bajando del Casco Antiguo a Cuatro Vientos. Iniciamos el recorrido en la plaza de Recoletas, popularmente conocida durante muchos años como la Plaza de los Ajos, por instalarse en esta plaza, durante decenas de sanfermines, la feria más importante de ajos de la ciudad, tal y como vemos en la foto inferior de Arazuri de 1962,  una feria que ha ido declinando, con el paso del tiempo, hasta quedar apenas un par de casetas en los últimos años. La plaza data del siglo XVII si bien la fuente que preside el centro de la plaza, (foto 3ª), obra de Luis Paret, como otras tantas del Casco, es de finales del XVIII. Todas ellas se inauguraron poco después de la traída de aguas a Pamplona desde Subiza. Hasta finales del XIX la fuente estuvo en la zona sudeste de la plaza. Quizás muchos ignoren que durante más de 30 años, concretamente entre los años 1940 y 1972, la plaza se llamó oficialmente Plaza del Cardenal Ilundain, si bien la gente, con buen criterio, siguió denominando a la plaza con el nombre de las monjas del cercano convento.

La plaza ha sufrido diversos cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Hasta el inicio de los 80 había un par de kioskos en el lado de la plaza más cercano a la calle Mayor. Además y en el ángulo noroeste, cercano a la pared del convento y a la llamada cuesta de la Estación hubo, hasta esos años, un tramo de escalones de piedra que comunicaban esa zona de la plaza con la acera de la avenida de Guipúzcoa. En tiempos ese tramo de la avenida se llamaba popularmente como Cuesta de la Estación. Se denominaba popularmente Cuesta de la Estación (las razones del nombre parecen obvias), un término hoy en desuso y nunca oficializado, al tramo comprendido entre la zona cercana a la iglesia de san Lorenzo y el cruce de la bajada con la cuesta de La Reina. El nombre de Avenida de Guipúzcoa se aprobó por el pleno municipal en el año 1931 y según dicha resolución se denominaba así al tramo comprendido entre el antiguo transformador del Irati, situado sobre el tunel del  Plazaola, que discurría bajo la Avenida, y el final del término municipal, más allá de las Hermanitas de los Pobres.

Por cierto, el Irati, ferrocarril eléctrico que se inauguró en 1911, tenía inicialmente una estación de mercancías y pasajeros en el Rincón de la Aduana y una  de pasajeros en Sarasate, que se suprimió en 1930 y circuló durante varias décadas por un lado de la Cuesta de la estación y de la Avenida de Guipuzcoa para conectar con los ferrocarriles nacionales de la Estación del Norte. El Irati tenía sus cocheras donde está actualmente el Ambulatorio San Martín, en la  avenida de la Baja Navarra. A partir de 1946 el Irati suprimió su trazado urbano y se creo un ramal que iba por detrás del Manicomio para conectar con la estación del Empalme de la Rochapea. Dicho desvio se hizo, al parecer, para descongestionar tanto la carretera de Beloso como la avenida de Guipuzcoa.



Pues bien bajando por la Avenida de Guipuzcoa, dejamos a la derecha el muro del convento de las Recoletas y a la izquierda el parque de la Taconera. Cerca del Portal Nuevo hay una fuente y una larga escalinata, muy poco transitada, que vemos en la  fotografía de la derecha, que conduce a la plaza de la Virgen de la O y al Paseo de Ronda, paseo que estuvo hasta los años 90 cerrado al público en varios de sus tramos. Durante décadas tuvimos que sortear una estrechísima acera bajo el Portal hasta que  a finales de los 90 se habilitó el portón cercano a la acera como pasadizo. Hay muchos que creen que el Portal es muy antiguo y se sorprende cuando descubren que el Portal data de 1950. El portal que vemos, en la fotografía que abre esta entrada, es obra de Victor Eusa, que utilizó un estilo historicista en su diseño y culminó el gran arco del Portal con  dos torres almenadas.


Justo, donde acababa la cuesta de la Estación nos encontramos a la derecha el puente del Plazaola sobre el Arga, el primer puente se lo llevó una riada en 1930, bajo nuestros pies el tunel del Plazaola, y a la izquierda, saliendo del tunel continuaba la vieja vía hoy camino de la Biurdana, hasta la zona de la A.D San Juan, como recordaba en la entrada sobre este viejo tren. Junto a ella y cerca de la gasolinera de Discosa hubo durante años una fábrica  de harinas, cuyas instalaciones abandonadas y su gran chimenea vemos en la fotografía adjunta de 1987. Muy cerca, en esta misma zona, a mediados de los 90, se construyeron unos corralillos que nunca se utilizaron y que solo sirvieron durante una pequeña temporada para almacenar algunos coches de la grua. Con la aprobación del nuevo plan urbanístico de la Rochapea (en el año 1999) se decidió mantener los Corralillos cerca de su ubicación habitual (los antiguos se derribaron en 2003) y estos corralillos pasaron a mejor vida.


Recuerdo la gasolinera de Discosa desde que tengo uso de razón y sobre todo recuerdo el curioso mural que había bajo el arco del primitivo edificio de la gasolinera, un mural en el que aparecían las distancias a diferentes ciudades españolas, ilustradas con motivos alegóricos de dichas ciudades. Hace pocos meses que ha sido derribado dicho edificio, como lo será en breve el resto de las instalaciones para ser trasladada la gasolinera cerca del nuevo parque de bomberos. El mural, que vemos en la siguiente fotografía, fue pintado en los años 50 y que parece ser que pudiera ser obra de Leocadio Muro Urriza, autor también de otros murales en la ciudad como el del hall de acceso a la vieja estación de autobuses o los murales del antiguo cine Alcazar. Después de Discosa y hasta la Residencia de las Oblatas, hoy una residencia geriatrica, había unas cuantas naves industriales, las primeras de las cuales, las más cercanas a la gasolinera correspondían a la antigua fabrica de chocolates Orbea.

Orbea nació en el barrio de la Rochapea en el año 1952. Pertenecía al empresario guipuzcoano Santiago Otegui Campos. Otegui montó en Pamplona una fabrica moderna para lo que era habitual entonces, con un amplia producción de distribución nacional. Se fabricaban 7.000 kilos diarios de chocolate y se distribuían por toda España.  En la anterior entrada del blog ya he señalado como la Compañia Navarra de Alimentación, propietaria de Orbea llegó a un acuerdo con la otra empresa navarra Pedro Mayo, especializada en chocolates a la taza, concretamente en 1977, de forma que Pedro Mayo cedió su marca a CNA y pasó a fabricarse en esta planta junto a la marca Orbea. En 1990 la compañía navarra fue comprada por Chocolates Asturianos que en poco tiempo y por una mala gestión la descapitalizó, cerrándose en el año 1992. Poco tiempo después  se derribarían las instalaciones de Orbea en la Avenida Guipúzcoa.

Más adelante de la planta de Orbea y separada de esta por un camino hacia Trinitarios podíamos encontrar varias naves industriales, por lo menos cinco naves, dos de ellas, las primeras, retranqueadas, más alejadas de la avenida, y luego dos o tres seguidas lindantes con esta. Todas estas naves fueron derribadas a lo largo del año 2009 para abrir la nueva vía de tráfico de la Biurdana. Algunas de ellas  si mi memoria no me falla albergaron  diferentes concesionarios de automoviles entre los que creo recordar el de Irusa Ford. En los últimos tiempos alguna de esas naves,  sirvió de deposito municipal de material de obras y también de almacenamiento para la sal, en época de nevadas. Finalizadas estas naves, había otro camino que se adentraba igualmente hacia Trinitarios. 

Junto a este camino se erigía y erige la Residencia de las Oblatas (del Santísimo Redentor) que  vemos en la fotografía adjunta. La Residencia de las Oblatas recogía muchachas con problemas, antes estuvieron en la calle Mayor (1912), más allá de Capuchinos (1912) y en Tejería (1928-1933), tras el que se trasladaron a su emplazamiento actual. El edificio de la actual residencia  fue construido por el arquitecto Eugenio Arraiza e inaugurado el 12 de junio de 1948, y posteriormente ampliada por el mismo arquitecto en 1953. Pertenece al mismo estilo monumental un tanto grandilocuente de los Caídos y la Delegación del Gobierno, propia de la época franquista. Sugiere formas palaciegas propias del siglo XVII, con sus grandes ventanales y donde se combinan el ladrillo rojo de las fachadas con la piedra y los tejados con formas redondeadas de pizarra. Pasada la residencia de Oblatas otro camino, este más urbanizado que los anteriores se adentraba en el ignoto y extenso espacio de Trinitarios. Junto a la avenida, en el nº 7,  un edificio de viviendas de baja más dos plantas abría el largo espacio ocupado hasta el río por los viveros de Villa Miranda. La empresa Viveros Villa Miranda se en 1916, siendo su actividad la del comercio al por mayor de cereales, tabaco en rama, simientes y alimentos para los animales. Los viveros fueron derruidos en el año 2009 y el edificio de viviendas y otras instalaciones algo más tarde.

Si pasamos al otro lado de la Avenida el primero de los hitos más importantes los tendríamos en el nuevo puente de Oblatas (en  la fotografía de la derecha). El proyecto de los arquitectos Luis Tabuenca y Manuel Blasco se presentó en 1991. Estaba inspirado en el puente de la Barqueta de Sevilla y tenía una altura de 16 metros en su punto más alto. su construcción no estuvo exenta de dificultades. Las riadas se llevaron sus pilares en octubre y nuevamente en diciembre de 1992. Por fin, en agosto de 1993 se logró alzar la estructura y en marzo de 1994 se hizó la correspondiente prueba de carga para comprobar sus resistencia. Tendrían que pasar tres años hasta que finalmente fue abierto al tráfico, concretamente en julio de 1997 si bien para derivar los coches hacia la avenida de Guipuzcoa, puesto que aun tendrían que pasar 12 años más, hasta diciembre de 2009, para que el vial de las Oblatas tuviese su continuación natural a través de Biurdana.

Posteriormente tendríamos que hacer alusión al viejo puente de Santa Engracia. El puente de Santa Engracia que conectaba la avenida de Guipuzcoa y la calle Joaquín Beunza (hoy la calle discurre unos metros más allá y con quien conecta es con la calle Rio Arga) es el segundo más antiguo de la ciudad, después del de San Pedro, anterior al siglo XIII. Hasta la construcción del puente de Cuatro Vientos fue el que facilitaba la comunicación de la ciudad con el norte de Navarra. Al igual que en el puente de San Pedro, en la zona de la avenida existe una cruz de piedra. La presa que hay junto al puente se construyó en piedra también en torno al siglo XIII, con el fin de servir al molino harinero municipal. En 1888 el molino se transformó en una central eléctrica propiedad del Ayuntamiento, la llamada Electra Municipal, que fue subastada en junio de 1939.


Poco después se instalaría en el lugar, Industrias del Caucho, fundada oficialmente en el año 1942  por Bernardo Echamendi. La fábrica, que vemos en una fotografía de aquellos primeros años, se quemó en 1953 reconstruyéndose ese mismo año. En este lugar ha permanecido casi 70 años hasta su derribo en julio de 2009. Inicio su actividad con la producción de planchas para el calzado y piezas moldeadas de caucho. A partir de 1975 la empresa se especializa en la producción de mezclas y laminados del caucho. Actualmente está situada entre los lideres del mercado europeo en el sector de laminados y planchas de caucho de uso industrial. A finales del pasado año y como consecuencia de las obras de ampliación del parque fluvial del Arga se descubrieron bajo los pilares de Industrias del Caucho los cimientos y un canal del antiguo molino harinero municipal que se conservarán e integrarán en el entorno. Acabamos nuestro paseo en el nuevo puente de santa Engracia, conocido popularmente como puente de Cuatro Vientos. Construido en 1789, por Angel Ochadategui, ha sido objeto de varios ensanchamientos, el primero de ellos en 1932. Hace unos pocos meses, con el derribo de los cimientos de Industrias del Caucho se ha liberado uno de los ojos del puente parcialmente cegado durante décadas así como una isleta formada en el lado del río más cercano a los viveros de Villa Miranda.