Indice de Entradas del blog “Memorias del Viejo Pamplona”

Con el fin de facilitar la lectura de las  entradas del blog y de conocer y acceder a todo su contenido, actualizo esta entrada-resumen de todas las entradas publicadas desde diciembre de 2012 hasta la fecha, nada menos que cerca de 240 hasta el momento, ordenadas por años. Puedes acceder a cualquier entrada del blog desde los dispositivos móviles (teléfonos o tablets) pulsando sobre el título de cada entrada. En la versión web puedes encontrar también esta sección, en la columna de la izquierda, junto a las otras secciones del blog.

AÑO 2017

La Pamplona actual: Jardin de Eugui-Puente de Miluce (2015)

Recupero una serie que inicié hace dos años, de la que no había publicado más que cuatro entregas y que se centra en algunos paseos o itinerarios urbanos que cualquiera puede realizar cualquier día del año, preferiblemente y, para disfrutar del paseo y el contraste en la paleta de colores, con buen tiempo. En esta ocasión, vuelvo a un tramo del parque fluvial, el que se inicia cerca del puente de Cuatro Vientos y que recorre la antigua finca de recreo de Carlos Eugui y la finalizo unos metros más allá del puente de Miluce. Inicio mi paseo dejando  atrás el cruce de  Cuatro Vientos y descendiendo por unas largas escaleras hasta el antiguo jardín de Eugui ( una amplia finca de recreo que tiene en torno a 10.000 m2, hoy totalmente recuperados para uso y disfrute de la ciudadanía). Esta zona sufrió importantes modificaciones desde finales del pasado siglo cuando se ensanchó algo la avenida de san Jorge, al igual que el primer tramo de Marcelo Celayeta, con la incorporación de un imponente muro de contención sobre la orilla del río.

Antiguamente las escaleras de acceso al jardín de Eugui se encontraban más cerca del frontón y eran bastante más sinuosas que las actuales, hoy en una nueva ubicación y con la habilitación de las correspondientes rampas de acceso. Recuerdo haber jugado, no pocas veces, a la pelota, en este frontón, en los años 1977 o 78. En aquel tiempo esta zona estaba abandonada y tenía ese aspecto  asilvestrado que tiene, los parajes por los que deja de pasar durante mucho tiempo la gente. Hoy en día podemos disfrutar de un paseo adoquinado, sin riesgo de resbalar y caer al río como en aquel entonces. Y es que el  cauce del río se estrecha en este tramo, es más profundo y el agua adquiere mayor velocidad. El jardín se ha rehabilitado y a los caminos adoquinados se suma la recuperación del estanque existente y la consolidación del frontón que va cumpliendo nuevas décadas, para solaz de las nuevas generaciones. Junto a él muy cerca, permanece sin demasiados cambios, desde aquellos lejanos, años una vieja escuela reconvertida que alberga hoy creo una instalación educativa de la empresa  Tasubinsa.

Continuamos circulando junto al río, en un paisaje tranquilo y silencioso, bajo una tupida arboleda. Seguimos avanzando y encontramos la nueva y accesible  pasarela peatonal de los tubos. Esta pasarela-tubo fue construida en los años 40 y estaba atravesada por un conducto de gran capacidad, que canalizaba aguas de abastecimiento.  Más adelante hallamos, para mi gusto, un paisaje de gran belleza:  la presa y molino de la Biurdana. La presa tiene una longitud de 42 metros de anchura y 2´5 de altura. Su construcción se remonta a la época medieval. Durante muchos años sirvió al molino harinero cercano y hoy creo que genera energía hidroeléctrica. En el momento de tomar estas fotografías, el lecho del río aparecía lleno de aves acuáticas. Al otro lado del río, desde hace casi una década, podemos disfrutar del nuevo parque de Trinitarios, donde antes había algunas huertas y se encontraban los invernaderos de Villamiranda. Más al fondo podemos divisar  el barrio de San Juan.

El siguiente hito que encontramos en el paseo  es la nueva pasarela peatonal de San Jorge, muy cerca del antiguo patinódromo, construida hace unos meses (este paseo se hizo unos seis u ocho meses después de colocada esta  pasarela). Al otro lado encontramos el parque de la Biurdana, uno de los primeros parques exteriores que se construyeron en la ciudad,  en los primeros años 80 (1984),  donde antes había tan solo campos de cultivo. Tiene una amplia diversidad forestal: arces, fresnos, castaño de indias, almez, etc. La nueva pasarela viene a suplir la que se construyó hace ya mucho tiempo (data de los años 80) y que no cumplía con las debidas condiciones de accesibilidad y eliminación de barreras arquitectónicas. Junto a ambas pasarelas peatonales se erige el puente de San Jorge, construido en torno al año 1973 y que permitió comunicar los emergentes barrios de San Juan y San Jorge, a través de  la llamada entonces Variante Oeste, actual Avenida de Navarra. Posteriormente la variante oeste sería otra mucho más periférica.

Pasado el puente de San Jorge y siguiendo el curso del río nos encontramos con una nueva pasarela peatonal (construida en el año 2009) y enfrente,  en la margen izquierda, el cementerio de San José. Más allá encontramos el puente más occidental y alejado del casco urbano, el puente de Miluce, de origen medieval, aunque algunos dicen que podría remontarse  a la época romana. Fue objeto de una profunda reconstrucción en el siglo XIX. El origen de su denominación que con más insistencia ha llegado a nuestros días   se refiere al ahorcamiento, en abril de 1351,  de unos caballeros por el rey Carlos II el Malo, por haberle hecho frente, y que fueron colgados en los ojos del puente, dando, de este modo,  sus lenguas largas de ahorcados (mihi luze en euskera) nombre al puente. Otras explicaciones aluden, sin embargo, al topónimo vasco “amil luze” ( precipicio largo). En 2006 se sustituyó el asfalto de la calzada del puente  por adoquín, restringiéndose su uso al meramente  peatonal.

Plazas y calles de ayer y hoy: la plaza de Recoletas (1900-2015)

Retorno a una serie clásica de este blog, la de las “plazas y calles”, deteniéndome esta vez  en la plaza de Recoletas, la primera plaza que encontramos en la ciudad histórica, subiendo desde la Rochapea por el Portal Nuevo. Su origen se remonta al siglo XVII, cuando se terminaron de derribar las viejas murallas medievales, y se ultimaba el nuevo recinto fortificado, unido a la imponente Ciudadela.  El rey Felipe IV donó el 16 de julio de 1624 los terrenos donde se encuentra la plaza y el convento de Recoletas a D. Juan de Ciriza, marqués de Montejaso, a la sazón, secretario de estado del rey, quien  junto a su mujer Doña Catalina Alvarado decidieron levantar un monasterio de clausura de  monjas de la orden de las Agustinas Recoletas. El Monasterio fue inaugurado el 4 de junio de 1634. El propio Juan de Ciriza ordenó posteriormente construir alguna de las casas de la plaza como la Casa de los Capellanes, donde se asentaría posteriormente el Asilo del Niño Jesús, que vemos en la penúltima foto de esta entrada, obra de José Luis Zuñiga, de enero de 1977. En el siglo XIX  el convento se utilizó como cárcel, incluso llegó a estar aquí encerrada, en la primera guerra carlista, la familia de Zumalacarregui.
A finales del siglo XVIII, se encargaron a Luis Paret varias fuentes monumentales con motivo de la traída de aguas de Subiza. La fuente existente hoy en la plaza de Recoletas estaba proyectada inicialmente para la Plaza Consistorial, conocida entonces como Plaza de la Fruta. Inicialmente estuvo localizada en el extremo sudoeste de la plaza hasta octubre de 1884 en que se coloca en el centro. También a finales del XIX se plantaron diversos arboles, cuyos ejemplares jóvenes vemos en la foto adjunta de primeros del siglo XX. Durante más de 30 años, los que van del 12 de septiembre de 1940 al 29 de febrero de 1972 la plaza fue oficialmente la plaza del Cardenal Ilundain, si bien ese nombre nunca cuajó entre los pamploneses que siguieron llamando a la plaza, plaza de las Recoletas. En 1974 el Ayuntamiento compró la plaza a las monjas  por la cantidad de dos millones de pesetas. La plaza también fue conocida popularmente,  a lo largo del siglo XX,  como plaza de los ajos,  por realizarse  aquí la mayor concentración de vendedores de ajos, principalmente en las fechas sanfermineras y  cuya actividad  ha decaído  tanto hasta el punto de casi desaparecer. Adjunto una foto típica con la plazuela llena de casetas de ajos. Un siglo antes, en  el siglo XIX se encontraba en este lugar, no una concentración de vendedores de ajos sino  el mayor mercado de carbón vegetal de la ciudad.

La plaza ha sufrido diversos cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Como dije en la entrada “La avenida de Guipúzcoa: de Recoletas a Cuatro Vientos:1950-2012” hasta el inicio de los 80 había un par de kioskos en el lado de la plaza más cercano a la calle Mayor, tal y como podemos ver en la fotopostal en color de Ediciones Complex, de unos años antes, (principios de los 70),  que encabeza la entrada, asi como en la foto de Galle que cierra la entrada. Además y en el ángulo noroeste, cercano a la pared del convento y a la llamada cuesta de la Estación hubo, hasta primeros de los 80,   un tramo de escalones de piedra que comunicaban esa zona de la plaza con la acera de la avenida de Guipúzcoa. Se puede comprobar, hoy en día,  si  observamos con atención el nuevo lienzo de piedra que se diferencia claramente del resto del murete. En la foto aérea  de Gomez,  de 1964-65,  que encabeza la entrada,  puede percibirse en la bajada al Portal Nuevo como  la balaustrada, que separa la plaza de la Cuesta de la Estación,  finaliza abruptamente antes de llegar al muro del convento. A lo largo de buena parte del siglo XX la plaza estuvo  llena de coches y se podía aparcar y circular por ella, como atestiguan las fotos. Posteriormente se limitaría el acceso a la circulación a la calle  Recoletas así como el aparcamiento siendo reurbanizada como lo ha sido la mayor parte de las calles y plaza del Casco Antiguo a lo largo de la última década.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Iglesia de San Lorenzo y plaza de Recoletas, en primer término. Años 70. Ediciones Complex. Nº 2. Panorámica de la iglesia de San Lorenzo y la plaza de Recoletas. 1964-65. Gómez. Nº 3. Plaza de Recoletas. Principios del siglo XX. Archivo Municipal de Pamplona. Nº 4. Plaza de Recoletas. Sin filiar. Nº 5: Asilo del Niño Jesús. José Luis Zuñiga. Enero 1977. AMP. Nº 6. Plaza de Recoletas. Años 70. Jose Galle. AMP

Los sanfermines del desarrollismo y el tardofranquismo (1960-1975)

Continuo con la serie dedicada a los sanfermines del pasado siglo, completada con algunas notas historiográficas, urbanísticas y de costumbres. Incorporo fotografías de muy diversa procedencia, algunas de ellas pertenecen, como en anteriores entregas de esta serie, al Fondo Marin de la Kutxateka. Comencemos sin más dilación. En 1960 era alcalde de Pamplona el carismático Miguel Javier Urmeneta. Los sanfermines concitaban cada año la llegada de un mayor número de extranjeros. A ello contribuyó tras el inicial impulso de Ernest Hemingway, fallecido poco antes de los sanfermines de 1961, la irrupción  de medios de comunicación audiovisuales  cada vez más globalizados: la radio, el cine y sobre todo  la televisión. La prensa europea se iba haciendo eco de la celebración de nuestras fiestas y cada año, actos como los del Chupinazo y otros eventos festivos se iban masificando cada vez más. Aquel año se habilitó un camping en el estadio Ruiz de Alda. Se hablaba  de unos 100.000 visitantes, casi tantos como pamploneses había en esa época. Empezaban a acudir primeras grandes estrellas del mundo del celuloide: Orson Welles y Deborah Kerr lo harían en 1961, el primero también en 1965 y 1966 para rodar una película, y la segunda también lo hizo en 1962, Charlton Heston  acudió en 1962 mientras Nicholas Ray y Darryl F. Zanuck lo hicieron en 1963.  Además recalaron en nuestra ciudad otros personajes famosos de la época, como gente de la realeza (los Borbon-Parma, Fabiola, etc) o de la farándula (Marisol, Torrebruno, Sara Montiel, Conchita Bautista, etc). Por lo demás, las fiestas se basaban en sus tradicionales actos: los encierros, las corridas, la comparsa de gigantes y cabezudos, las barracas, la tómbola, el ferial, las verbenas, la procesión, el riau-riau, etc. Este año, hubo un montón impresionante en la calle de la Estafeta, cerca del cruce con la bajada de Javier, (tal y como señalé en la primera parte de la entrada dedicada a los comercios de la Estafeta), aunque afortunadamente no hubo ningún muerto, no se puede decir lo mismo de 1961 en que falleció un corredor, Vicente Urrizola, por una cornada en la plaza Consistorial. En lo urbanístico los hechos más destacables del inicio de la década fueron la inauguración de la  Cuesta de la Chantrea y el nuevo puente sobre el rio Arga, el cierre del Cafe Kutz, la construcción del Hotel de los Tres Reyes y la colocación de la primera piedra del edificio central de la Universidad de Navarra.

Los encierros se seguían celebrando a las 7 de la mañana, lo harían hasta 1974, año  en que se retrasaron a las 8.  Las corridas se celebraban a las cinco y media de la tarde pero en 1974 se retrasaron  a las seis y media. Toreaban en la primera mitad de esta década diestros como Paco Camino, Antonio Ordoñez, Jaime Ostos, Curro Romero, El Viti, Diego Puerta, Curro Girón, Antonio Bienvenida, Palmeño, Andres Vazquez, Miguel Baez Litri   o Mondeño. También se estrenaría en estos años un novillero de enorme fama como El Cordobes, y aquí comenzaría su declive, fue sonada la bronca que le tributó el respetable pamplonés en el  año 1965. En 1961 salía por primera vez El Estruendo de Iruña, quienes hacían constar su falta de subvención, a diferencia de otras peñas. En 1962, por primera vez en la historia de las fiestas,  las corridas fueron retransmitidas por Televisión Española. En 1964  se retransmitió el encierro, por primera vez, en directo, por Eurovisión, siendo redifundido posteriormente en Estados Unidos. Fruto del hermanamiento con Baiona, firmado en 1960,  se instaurarían, en los sanfermines, diferentes actos festivos  de hermandad con la vecina ciudad lapurtarra. En 1963 se procedía a inaugurar, de forma simbólica, la avenida de Bayona. Las barracas se ubicaban al comienzo del barrio de San Juan y el ferial del ganado, ese año,  en el margen derecho del rio Arga, cerca de la Biurdana. Y hablando de las barracas cabría recordar que  estas se habían instalado, desde el año 1951 hasta 1966, en las proximidades de la avenida de Bayona, entre Antoniutti y la Cuesta de La Reina. A partir de 1966 y hasta 1971 lo harían en la zona de los glacis de la Vuelta del Castillo que daban a Pio XII.  En 1962 se cantó por primera vez el canto “A san Fermin pedimos”, inicialmente ante una figura del santo colocada en una ventana del Hospital Militar.  En 1963, en vísperas de las fiestas,  se ultimaba la nueva decoración del muro medianil de Casa Seminario, una autentica guía visual de los principales monumentos turísticos de la ciudad, obra de Pedro Lozano de Sotes que costó 42.000 pesetas pagadas, a partes iguales, por el Ayuntamiento y la Caja Municipal. Se cerraba el Coliseo Olimpia y comenzaba a construirse el nuevo Hotel Maisonnave en la calle Nueva. Tras 22 años desaparecía la clásica prueba deportiva sanferminera iniciada en 1941 por el SEU, Travesía del Arga.

Los sanfermines de 1964 pasaron a la historia porque el chupinazo lo disparó el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne. A Urmeneta le relevó en la alcaldía, en febrero de 1964,  Juan Miguel Arrieta, que conservó el cargo hasta enero de 1967 en que fue sustituido por Angel Goicoechea. El chupinazo de 1964 fue  el primero en que alguien ajeno al ayuntamiento inauguraba las fiestas. Las peñas le hicieron imposición a Fraga del pañuelo rojo. En 1971, el Ministerio de Información y Turismo les dió, no sabemos si por agradecimiento,  la placa de plata al Merito Turístico. ¡Quien  diría que las relaciones de las peñas con los jerarcas del régimen o sus representantes en la “provincia” iban a ser tan diferentes tan solo unos años después!.  Además de la concesión de la placa las fiestas fueron declaradas poco después  fiestas de interés turístico. La policía municipal estrenaba en 1964 nuevos uniformes blancos, rematados  por  un singular casco, lo que haría que muchos pamploneses empezasen a llamar a los agentes “calimeros”. La Ciudadela pasaba de la administración militar a la municipal, la entrega se haría en julio de 1966, casi al mismo tiempo que se inauguraba simbólicamente la avenida del Ejército.  En 1964 se ponía en marcha el Plan de Promoción Industrial, de la mano de Huarte y Urmeneta. En esos años, 1965-66, se  derribaba la Escuela de Artes y Oficios y la plaza de la Argentina se convertiría  en la estación central de las villavesas. En 1966 entraba en funcionamiento la fábrica de automóviles Authi. En 1965 hubo desavenencias entre el consistorio y la Meca y estuvo a punto de no haber corrida y encierro el último día pero al final no llegó la sangre al rio y hubo encierro también en la última jornada.

Desde 1966 y hasta 1971, el Ayuntamiento hizo imposición del galardón “Pañuelo de Honor” con el fin de distinguir a aquellas personas que se habían destacado por su labor durante las fiestas. Entre los premiados, a  lo largo de su corta historia,  cabe señalar, -algunos lo fueron a título póstumo-,  los nombres de Rafael García Serrano, Basilio Zoroquiáin, Ernest Hemingway, Manuel Turrillas, Gurmensindo Bravo, Carlos Juaristi, Ignacio Baleztena, El chico de Olite, los cuerpos médicos de los Hospitales Civil y Militar, José María Iribarren, José María Latorre, entre otros.  La verbena, la única que había entonces, se celebraba en la plaza del Castillo, entre las 10.30 y la 1.30 de la madrugada. Los autos de choque costaban 4 pesetas y 20 pesetas el abono de 6 viajes, los caballitos 3 pesetas. En octubre de 1965 la Comparsa había viajado a Estados Unidos en donde participaron en la clausura de la Feria Mundial de Nueva York. Antes y durante las fiestas de 1966 hubo conflictos con algunos medios de comunicación (TVE y ABC) a propósito de la contribución económica de Navarra al estado y de algunas  manifestaciones sobre la comunidad que molestaron a pamploneses y navarros y que transcendieron al entorno festivo, de hecho se produjo  una quema pública de ejemplares del rotativo madrileño en la plaza de toros, el día 12 de julio. Cada vez era más frecuente el rodaje de películas españolas durante los sanfermines. Las canciones que más se tararearon en los  sanfermines de 1966 fueron “Esperanza”, “El chachacha”, “Juanita Banana” y “Mustafá”.

En 1967, se estrenaba la ampliación de la plaza de toros, obra del arquitecto Rafael Moneo, pasando de tener el coso de 12.500  a 19.500 localidades, la segunda con mayor aforo de España.  “La manguera” fue la canción más oída durante estos  sanfermines, que duraron 10 días. Las peñas elegían por primera vez una madrina de honor para representarles en diferentes actos de las fiestas, cuatro años más tarde elegirían cada una de ellas, presidentas de honor. Constituidas en Comisión las peñas se comprometían en 1967 a salvaguardar el acto del riau-riau y a colaborar en la agilización de su recorrido para lo cual hicieron un llamamiento a asistir a la Marcha a Vísperas al mismo tiempo que pedían no se entorpeciese la marcha de la corporación. Tres años más tarde, en 1970, volvían a la carga sugiriendo la incorporación de la Comparsa, el grupo de danzas y los timbaleros, rogando al público  no  tirase agua a los mozos desde los balcones. En 1971, el acto duraba ya algo más de tres horas, tocando la banda de música más de 60 veces el vals de Astrain. En 1967 se celebró el primer Cross del Encierro, organizado por El Pensamiento Navarro en el que participaban la mayoría de las Peñas y algunos clubs deportivos y también el 1º Festival de las Peñas. También ese año se instauró la costumbre de la ofrenda floral al santo a su paso por el pozo de San Cernin. El 2 de septiembre de  1967, Osasuna estrenaba el nuevo estadio de El Sadar en sustitución del viejo campo de San Juan.  Continuaban  las obras del pantano de Eugui. Los taxis de Pamplona comenzaban a llevar en sus puertas una franja verde. Se inició la construcción de los cuarteles  de Aizoain, donde se trasladarían los militares asentados en los cuarteles del centro, mientras se empezaba a reformar la Ciudadela. El 6 de julio de 1968 se inauguraba el monumento  a Hemingway, con la presencia de su viuda, un busto de bronce sobre un bloque de granito de 8.000 kilos de peso y ese mismo día se inauguraba un Monumento al Encierro frente al también inaugurado Parador El Toro. A Angel Goicoechea le sustituyó en mayo de 1969, en la Alcaldía, D. Manuel Agreda que duró menos de un año en el cargo siendo relevado en diciembre por Joaquín Sagües que permaneció en el cargo hasta 1972, año en que fue alcalde accidental Javier Rouzaut. Entre 1973 y 1975 dos alcaldes ostentarán la vara de mando, José Javier Viñes (1973-1974) y José Arregui Gil (1974-75). En 1968 nacía la COTUP y en diciembre la ciudad se despedía de los cuarteles militares en el centro.

En 1969,  se produjo  un nuevo muerto en el encierro, un Guardiola mató a Hilario Pardo en la cuesta de Santo Domingo. Al Gayarre acudía regularmente la compañía de Paco Martinez Soria mientras que al Club Natación llegaban las estrellas pop del momento: Karina, Albano, Raphael, Julio Iglesias, Rumba Tres, Tony Landa, Patxi Andión, Juan Pardo, Formula V, Basilio, entre otros. Llegó ese año a Pamplona el Circo Ruso de Moscu y Urtain protagonizó un escándalo al ser vencido por K.O ante el holandés Van Duivenbode. Tras el incendió en el Gayarre, acaecido en Noviembre del año anterior,  se había reformado el teatro, -la reforma costó cerca de 15 millones de pesetas-,  se cambiaron las butacas y  el gallinero se sustituyó por un anfiteatro además de introducirse otras mejoras en sus instalaciones. A finales de 1969 comenzaba a derribarse el edificio de la Casa de Baños, en el Paseo de Sarasate. En Febrero de 1970 se inauguraba el Young Play  y en octubre la Biblioteca General se trasladaba al edificio de “La Agrícola”. Hasta entonces se encontraba en dependencias de la Diputación, en la avenida Carlos III.  Resulta cuando menos curiosa la recomendación de las peñas en 1970 pidiendo a las mozas no se incorporasen a la salida de las Peñas. La peña Anaitasuna organizaba el llamado Dimasu, el día del marido suelto, se dice que impulsado por Miguel Angel Falces, al que  conocí, era comerciante, a mediados de los 80. Hubo un día, ese año,  en que se retrasaron toro de fuego y fuegos artificiales ante la ruidosa protesta del público de Pamplona. En el Riau Riau de 1970 se acordó que no estuviera presente la Policía Armada en el recorrido, como era habitual hasta entonces, solo la Policía Municipal. En 1971 comenzaron a aparecer las matrículas de los coches con letras. Se comenzó a construir la  Avenida del Ejército, derribándose,  la muralla que conectaba la Taconera con la Ciudadela. Se trasladó la Casa de Socorro de Pamplona de la calle Alhóndiga, en donde estaba desde el año 1930,   al edificio de la antigua estación de Autobuses. Desaparecía el Cafe Torino de la plaza del Castillo que dos años más tarde se transformaría en  el Windsor.

El 7 de julio de 1972 se producía el primer encierro al revés de toda su historia llegando a recorrer los toros, de nuevo, toda la Estafeta hasta la calle Mercaderes, al encontrarse con un gran tapón en la plaza de toros. En 1972 las barracas se instalaron  en el solar  de los cuarteles de Infantería, en vez de en su tradicional ubicación en la Vuelta del Castillo. El 16 de mayo se abría al tráfico la avenida del Ejército. Se celebraron los Encuentros de 1972,  de los que hablé extensamente en otra entrada. En julio de 1972 se produjo una polémica por parte del cantante de origen cubano Luis Aguilé con la ciudad de Pamplona a propósito de unas declaraciones suyas sobre los sanfermines.  Los taxis comenzaron a cambiar de color, en vez de negros, blancos con una raya verde. Se iniciaron los vuelos regulares a Madrid con el aeropuerto de Noain recién inaugurado. Entre los toreros que acudieron a Pamplona, a partir de 1967 y hasta 1975 destacan además de los ya señalados Miguel Baez Litri, Antonio Ordoñez, Curro Girón, Diego Puerta, Mondeño, Paco Camino,  Curro Romero, Antoñete, Paquirri, Palomo Linares, Angel Teruel, Limeño, José Luis Parada, Miguel Marquez,  Miguelín, José Fuentes, Manolo Cortés, Marismeño, El Niño de la Capea, Manolo Rubio, Manolo de Los Reyes, Dámaso González, Curro Rivera, Raúl Aranda, Francisco Ruiz Miguel, José Mari Manzanares, José Luis Galloso, José Antonio Campuzano, Antonio José Galán, Julio Robles, Rafael de Paula, etc.

En los cinco últimos años del franquismo se hizo especialmente patente, durante las fiestas, la crispación social fruto de la conflictividad social, laboral y política de la época. El riau-riau duró en 1973 más  tres horas y el vals se interpretó 93 veces, duración que se mantendría al año siguiente y que se superaría en 1975, con tres horas y media. Estos últimos años hubo polémica entre los concejales sociales y el resto por el atuendo a lucir en el riau-riau y en otros actos sanfermineros. La mayor parte de la corporación participó vestida de frac, con chistera incluida, mientras los concejales sociales lo hacían de calle. En 1973 se cerró al tráfico, por primera vez, la plaza del Castillo, se abrió al tráfico la avenida de Bayona y  fue derribado el edificio del Plazaola-Irati en Conde Oliveto. Con este edificio desaparecía uno de los principales vestigios de los ferrocarriles Irati y Plazaola dentro de la ciudad. El 18 de enero de 1973  se producía el secuestro de Felipe Huarte, hijo de Don Félix Huarte, propietario de Imenasa. Unos días más tarde estallaba una bomba en el restaurante Iruñazarra, en la calle Blanca de Navarra, actual calle Mercaderes, propiedad de Ricardo Aparicio. Los daños ascendieron a un millón de pesetas de los de la época. Con la gran primera gran huelga general del franquismo reciente, con motivo del conflicto de Motor Ibérica, sus consecuencias se dejaron sentir en las fiestas de ese año: el  9 de julio de 1973, al acabar la corrida,  las peñas no bajaron al ruedo para iniciar el tradicional  desfile. Se quedaron sentados entonando canciones protesta y lanzando  consignas a favor de los detenidos y de apoyo a los despedidos de Motor Ibérica. La Policía Armada forzó el desalojo y las peñas salieron de la plaza en silencio por el callejón. Aquella Pamplona  conservadora, principal bastión de apoyo  al golpe militar del 36 empezaba a resquebrajarse y a quedar atrás. A finales de este año se acabaron de restaurar los  edificios de la Ciudadela que no habían sido derribados:  el Polvorín, el Almacén de Mixtos y la Sala de Armas.  Fueron  elegidos, este año,  como concejales, Erice, Martínez Alegría, Muez y Pérez Balda.  La muerte en atentado de Carrero y la postura de algunos de estos concejales de no acudir al funeral en la catedral provocó la suspensión cautelar en sus cargos por parte del Gobernador Civil, Ruiz de Gordoa.

En 1974 comenzó a construirse el Edificio Singular.  Empezamos a ver en las calles las primeras mujeres guardias de tráfico. La villavesa costaba 4 pesetas. El 28 de mayo, la plaza de la Argentina volvía a denominarse Plaza del Vínculo. Desde Junio de 1974 y tras la destitución de Viñes por las  palabras de recibimiento a los concejales represaliados se hizo cargo de la alcaldía, José Arregui Gil que permanecería en el cargo hasta 1976. Este año se quiso adelantar el encierro a las 7 de la mañana.  A mediados del año se comenzaba  a construir la plaza de los Fueros, finalizándose a primeros de 1975. Fue  definitivamente abandonado por los militares  el Palacio de Capitanía que hasta 1971 había albergado la Capitanía General, el Gobierno Militar. Aumentaron los conflictos laborales y la agitación estudiantil, social y política en Pamplona, con asambleas en Magistratura, huelgas en las fábricas (Authi, Super Ser), reuniones en los institutos (especialmente Irubide), homilías  en las iglesias, etc.  Ese año, 1974, se quemaba la factoría de Authi. El incendio se produjo en un momento delicado para la empresa. La fábrica tenía entonces 1.700 trabajadores. En septiembre se derribaba la casa de las Hiedras, en la plaza del General Mola, hoy plaza de las Merindades. Se hacía cada vez más patente la llegada del turismo mochilero y de otras gentes no siempre deseadas,  cuya llegada era propiciada por la enorme aglomeración humana y festiva. Cada año se ponía de moda un extraño cachivache que intentaban venderte por cualquier esquina. Comenzaba a verse de forma absolutamente excepcional alguna chica corriendo o más bien intentando correr en el encierro aunque entonces lo más habitual era su retirada por la fuerza pública. Eran otros tiempos. Los dos últimos años del período analizado fueron trágicos en los encierros. El día 12 de julio de 1974 moría Ignacio Eraso, en el tramo de Telefónica. El día 9 de julio de 1975 se producía uno de los encierros más trágicos de la historia con un muerto (Gregorio Gorriz) y más de 40 heridos, 14 de ellos de gravedad, a causa de un montón a la entrada de la plaza de toros. Corrian los toros de la ganadería Osborne.

En Enero de 1975 comenzaba a desaparecer la manzana de la Mutua, en el Segundo Ensanche, después de 50 años. En Febrero se demolía el viejo puente de San Juan, llamado  popularmente “el puente de los suicidas”.  En Marzo se demolían las casas del lado izquierdo de Cuatro Vientos. Dos  años antes, en 1973,  junto a estas casas se había terminado de desmontar la azucarera de Carlos Eugui y en años posteriores los almacenes de Múgica y Arellano, si bien parte de sus dependencias se aprovecharían para albergar el Instituto Politécnico Cuatro Vientos.  Este año se producía un largo conflicto en Potasas de Navarra. Desaparecía Authi, cuya planta de Landaben la compraría SEAT.  Desaparecían  aquellas locomotoras negras de vapor que nos habían acompañado durante tantos años.  El 15 de junio de 1975  se inauguraba la plaza de los Fueros, después de dos años y medio de obras. Ese año, en los sanfermines, hubo en esa plaza un multitudinario baile de la Era y actuaron también los “bolantes” de Valcarlos. Una “crecidita” Pippi Calzaslargas (Inger Nilsson) actuaba en la plaza de toros. A finales de este año y comienzos del siguiente se comenzaba a desalojar el Hospital Militar y se terminaba el Edificio Singular. En el chupinazo de 1975 se dieron gritos de Libertad, Libertad y empezaron a aparecer banderas rojas, con la hoz y el martillo,  símbolos duramente perseguidos  por el régimen.

Fotos por orden de aparición. descripción, fecha y en caso de conocerse, autoría: Nº 1: Orson Welles rodando en la plaza de la Navarrería, en plano Casco Antiguo Pamplonés. Foto Dalmas. 1966 ; Nº 2: El maestro Bravo, con su banda de música dando su tradicional paseillo, en los prolegómenos  del  encierro. Foto extraida del blog “Desolvidar” de Patxi Mendiburu, probablmente años 60-70; Nº 3: Los mozos cantando al santo cuando la figura estaba en un ventanal del Hospital Militar. 1963 ; Nº 4: Montón en el encierro del 7 de julio de 1960. ; Nº 5: fotopostal de los fuegos artificiales en la plaza del Castillo. 1963; Nº 6: la comparsa de gigantes en Nueva York. 12 de octubre de 1965 ; Nº 7: público durante los sanfermines en la bajada de la escalerillas de San Nicolás. Años 60 ; Nº 8,  Nº 9 y  Nº 10: fotos de los sanfermines de 1967, la nº 10, plasma el paseo del grupo de danzas Goizaldi de San Sebastián por la plaza del Castillo. CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA /Fondo Estudio Marin. Paco Marí ; Nº 11: Mozos bailando delante de un autobús en la calle Chapitela, un curioso precedente del encierro de la villavesa. Filmoteca Española. 1962; Nº 12: paisanos leyendo la prensa en la calle San Saturnino ; Nº 13: Fotopostal. Procesión de San Fermín. 1969; Nº 14: Fotopostal. Encierro en el tramo de Santo Domingo. finales de la década de los 60 ; Nº 15 : Fotopostal. Riau Riau. 1969 ; Nº 16: Riau Riau. Años 70. Los concejales sociales en traje de calle ; Nº 17: las barracas en la vuelta del castillo. 1971. ; Nº 18: Fotopostal. Público a la salida de las peñas. Años 60-70 ; Nº 19: Encierro, en el tramo de Telefónica. Foto Gómez. Agencia Cifra. 1967; Nº 20: Montón del trágico encierro del 9 de julio de 1975. Foto Gómez. Agencia Cifra.

Comercios del Viejo Pamplona: San Miguel (1908-1963)

Vuelvo con la serie “Comercios del viejo Pamplona”. En esta ocasión con una calle cortita, la calle San Miguel. Cualquier intento de casar la numeración antigua con la moderna parece imposible, como veremos, pues no hay apenas coincidencias, hay saltos de números en la actualidad, por ejemplo en el lado izquierdo pasamos del nº 7 al 13, probablemente imagino que por fusión o anexión de edificios de viviendas y en el lado derecho hay desajustes entre la numeración antigua y la moderna. Empezaremos por la belena de San Miguel donde aun permanece la Mercería Carmen que aun conserva el nº 2 de la calle como recuerdo de la antigua numeración, la tuvo hasta los años 20 y  donde está su única puerta de entrada aunque el comercio también ostenta el 75 de la calle Nueva, por lo que cabe pensar que pudo tener también entrada por esa otra calle. Antes de la mercería, a principios del siglo,  estuvo en su lugar la alpargatería de Esteban Erro que en los años 30 se trasladó al nº 13 de la calle. Posteriormente encontramos a Droguería López si bien,  a primeros de siglo, estaba enfrente, en el nº 3 de la calle bajo la dirección  de Alvaro López Gómez. La droguería se fundó en 1904 como botica y luego se convirtió en droguería, vendía, además,  aparatos fotográficos. Fue a mediados de los años 20 cuando pasó a su actual ubicación en el lado derecho de la calle, en el nº 2, numeración que compartía con la tienda de Ramón Yarnoz que vendía chocolates, azucares y ceras. En esos años 20  a Alvaro le sustituyó su hermano Emilio que estuvo al frente del negocio hasta su fallecimiento, y al que luego le seguiría su hijo Joaquín hasta 1985. En el nº 4 en donde después se puso López estuvo, a principios de siglo, la carnicería de Antonio Orus vendiendo tocinos, jamones y embutidos, a este le seguiría en los años 20 Pascasio Yoldi, con el mismo género, y en los años 50 Miguel Yoldi. A continuación  en el nº 6, donde hoy hay una agencia de viajes, estaba la abacería de Doroteo Barcelo que luego se trasladaría al nº 12.

Como he dicho en los años 20 se recupera la numeración actual, de tal forma que donde hoy está Cool en tiempos estuvo la mercería de las Hermanas Agurruza, negocio que permanecerá dentro de la familia Agurruza hasta al menos los años 60, primero bajo la titularidad de María (Años 30) y luego de Emiliana (Años 50), casi siempre con el mismo género: quincalla (lo que hoy se llamaría bisutería), mercería y paquetería, introduciendo perfumería desde los tiempos de María. En los años 30, en el nº 8, estaba la casa de la familia Arrieta, uno de sus miembros, Juan Manuel fue alcalde Pamplona; aquí,  en este edificio, tenía su sede social la fundición de Apolinar Arrieta. Aparece en las guías comerciales y licencias municipales como fabricante de bombas, fundiciones de hierro y otros metales, construcción de maquinaria industrial y venta de  maquinaria agrícola e industrial. En 1905, en el nº 10, encontrábamos la carnicería de Julio Rodríguez que mantiene el negocio hasta los años 50.  A continuación venía el negocio de venta de cereales al por mayor y por menor de Juana Gallego  que luego  sería ocupada por  la abacería de los Sucesores de Barceló y más tarde por la carnicería de Manuela Erdozain, que hoy es Carnicería Vizcay, con más de 60 años de historia pasando de padres a hijos, posteriormente  la ferretería de Marcelina Irigaray y, atravesando el cruce con San Gregorio,  la taberna y tienda de venta de vinos de Miguel Muniain, al que sustituye Aniceto Muniain ocupando los números 16 y 18, la tienda de venta de aceites al por mayor de Agapito Peralta  (luego Comercial Belo) en el nº 22,  donde hoy está  la pizzería Pulcinella,   y durante mucho tiempo, al menos desde los años 60 estuvo la tienda de bolsos de Manuel  Nagore.

Antes, donde yo recuerdo estuvo la tintorería La Elegante estuvo la zapatería de calzado fino de  Genadia Pascual Hermoso. La tienda de comestibles de Jesús Torrens que permanece todavía abierta en el nº 12 permanece en el lugar al menos desde los años 40. El último tramo de la calle San Miguel acababa en la bonita Casa Navasal, aunque no he detectado ningún número mas allá del 22, bueno, no es así, sorprendentemente en los años 60, solo en los años 60 descubro los números 36, 40 y 46, en los dos primeros había una churrería (de Margarita Eguillor) y  sendos bares de Damian Elizalde y José Guerra y una droguería de José Luis Casimiro y una tienda de ultramarinos de Juan María Zabalza. Me choca el salto e ignoro si esta numeración correspondía a la mencionada Casa Navasal derribada a finales de la década de los 60 o correspondían a algún número de la plazuela. ¿Alguien puede arrojar un poco de luz sobre esos establecimientos?.

Si empezamos la calle San Miguel por el lado izquierdo, del mismo modo y sorprendentemente,  a primeros de siglo,  encontramos la zapatería de Eusebio Aragón en el nº 1 de la calle San Miguel, sin embargo, por fotografías, que incluso han aparecido en este blog, sabemos que la zapatería de Eusebio Aragón estaba en la plazuela de San Nicolás, donde desde hace más de tres décadas se encuentra Ortopedia Aquiles.  En el nº 3 estaba como he dicho la droguería López así como la hojalatería de los hermanos Soria que vendían también material de electricidad. En el nº 1 desde la postguerra se encuentra el conocido comercio Colchonería Purroy que inicialmente fue una tienda de tejidos ampliando más tarde su negocio al de los colchones que es en el que finalmente se especializó. A continuación estaba el  ultramarinos de Manuel Lecumberri que en los años 20 se trocaría en venta de vinos y licores a cargo de Elías Goñi, y en los años 30 en la camisería y tienda de confecciones de Manuel Batllori, luego Viuda de Batllori (anteriormente había estado en la calle Zapatería) que a finales de los 40 pasa al otro lado, al nº 8, como Herederos de Manuel Batllori y en los 60 se transforma en Galerías Navarra S.A (bajo el epígrafe de bazar y tienda de venta de confección), en su anterior localización, en el nº 5,   se ubicó desde finales de los 40 la conocida Casa del Maestro (anteriormente ubicada en la calle Nueva), fundada por Nolasco Pérez Ilzarbe  al que sucedió en la titularidad su viuda y luego el matrimonio formado por su hijo Francisco Pérez  Ilzarbe y su esposa Julia Ruiz,  y en los números 7 y 9  estaba, a primeros de siglo, la fábrica de pastas para sopa de Antonio Gayarre, junto a su tienda de coloniales, que en los años 30 regenta Maravillas González y que en los años 50 se dedica  a la droguería al por mayor.

En los años 50 se ubica en el nº 11 con bazar, relojería, bisutería y quincallería José Mendivil Fernández, ahí he llegado a conocer en los años 80, Joyería Lyon, regentada por su hija Maria José, y es que José Mendivil fue el padre de una conocida familia de joyeros y relojeros pamploneses, como Francisco Mendivil (Berna) y Mari Jose Mendivil (Alexander y Mendihur). En los años 30, en el nº 13 hallamos la alpargatería de Esteban Erro y posteriormente la fábrica de chorizos de Mariano Goñi. En la calle han tenido su sede otros conocidos negocios como el de los Gallo (con peluquería, barbería), y sobre todo en las últimas décadas conocidos por el negocio de los callistas, peluquerías como las de Josefa Flor, Mari Carmen Luri, mercerías como la de Carmen Labiano, en el nº 13, sastrerías, perfumerías como la de Angel Santesteban (en los años 30) o tienda de calzado como la de Francisco Elvira, incluso la firma de perfumería Colomer tuvo representación aquí en los años 60.

Fotos por orden de aparición: C/San Miguel. Colección fotográfica de la Fundación Telefónica (1924-1934). C/San Miguel (1968). J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Calzados Aragón. (1934). Galle.

    

Imagenes del ayer y hoy: A las orillas del Arga (1900-1950)

Continuo con la serie fotográfica “Imagenes del ayer y hoy”, recorriendo, en esta ocasión, las orillas del Arga, a través de diferentes fotopostales antiguas y alguna foto moderna de mi archivo y dando algunas notas históricas de los diferentes elementos que descubriremos en su recorrido. Es la entrada del blog más documentada gráficamente: cerca de 50 fotopostales, -todo un record-, pero creo que el tema lo merece. Comienzo sin más dilación. Cinco meandros dibuja el Arga a su paso por Pamplona: en la Magdalena, Aranzadi, Rochapea, Trinitarios  y Landaben con diferentes usos y actividades, a lo largo de la historia: huertas, viveros, industrias y talleres. A lo largo de su recorrido descubriremos canales, molinos, batanes, lavaderos, presas, fábricas, harineras, centrales eléctricas, etc. Comenzaremos nuestro paseo por las orillas del Arga, y lo haremos en la zona de Beloso. Si dejamos atrás el puente de Beloso, en las inmediaciones de Burlada, y nos adentramos, por su orilla derecha, encontraremos una amplia zona de regadío, las famosas Huertas de la Magdalena y  enfrente el impresionante talud sobre el Arga.

Las primeras foto postales de la entrada que nos muestran el río, en ese primer tramo, son fotopostales de las primeras décadas del siglo, en las que no hay todavía ni rastro de las instalaciones deportivas del Club Natación, -se fundó en los años 30-, y en las que destaca la silueta del molino de Caparroso, con su inconfundible chimenea de ladrillo. En el horizonte de estas estampas se distinguen, a  la derecha de las fotos, los edificios del convento de las Josefinas y algunas otras construcciones dispersas. En buena parte de esas primeras fotos podemos contemplar también el talud de Beloso y más adelante y con más detalle el talud cercano al parque de la Media Luna. En las últimas tres postales, de los años 50,  ya están presentes las instalaciones del Club Natación, en ambas orillas del río,  así como las conocidas pasarelas de piedra que se comentan en el texto de la entrada.

En tiempos, en este primer tramo, estuvieron las tejerías de Beloso y Caparroso, al inicio de la ripa de la Media Luna, la primera y aguas más abajo la segunda,  y en ese tramo, cerca del futuro club Natación, desaguaba igualmente la llamada Fuente Vieja, al menos hasta mediados del siglo XIX. A continuación venía una de las  tradicionales zona de baños para los pamploneses, la llamada playa de Caparroso. En esta zona, en los años 30,  se ubicaría el mencionado Club Natación, tal y como expliqué, con detalle, en la entrada dedicada a las sociedades recreativas de Pamplona. Hasta 1917, en la zona cercana al Molino de Caparroso, comenzaba su curso el llamado Río de los Leños, un canal de derivación al que llegaban los troncos que se bajaban por los ríos Ulzama y Arga, desde la zona de la Montaña y que conoció sus mejores tiempos en los siglos XVI y XVII. Este canal se prolongaba hasta unos metros más abajo del puente de la Magdalena.

El Molino de Caparroso, -se le conoce así desde el siglo XV-, conocido anteriormente como Molino de San Miguel (S.XI) o Molino de García Marra (S.XII), es el molino más antiguo de la ciudad. Entre los años 1848 a 1895, en el edificio del Molino, se había ubicado la fundición de Salvador Pinaquy, origen de Casa Sancena. En 1899 la presa, que también data del siglo XI, y la energía derivada del salto de agua era explotada por Electra Pamplona, si bien pasó a Electra Aoiz unos años más tarde,  (desde 1930, Sociedad El Irati) que incorporó una central eléctrica, con su turbina de vapor y su alta chimenea de fabrica de ladrillo. Junto al Molino podía hallarse, entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, el lavadero del Conde de la Rosa. El siguiente hito que encontramos en el río son las antiguas pasarelas que inmortalizase Montxo Armendariz en su película “Secretos del Corazón” y que fueron sustituidas por la actual en el año 2000. Las pasarelas se montaron a primeros del siglo XX y consistían en unos bloques de hormigón de 40 x 100 cm anclados en el lecho del río, sobre la que se apoyaba una calzada de madera desmontable; estas tablas desaparecían frecuentemente con las crecidas por lo que la imagen que tenemos es la de los bloques de piedra y la gente saltando.

Posteriormente nos encontramos con el puente de la Magdalena, erigido entre los siglos XI y XII, el más antiguo de la ciudad, tras el de san Pedro, del que hablaré más tarde. El nombre del puente le viene de una leprosería o lazareto que, con ese nombre, se ubicó en la margen derecha, desde finales del siglo XII, donde hoy está el convento e iglesia de las Josefinas. El puente conoció tres reformas a lo largo del siglo XX, en 1901 se había sustituido el pretil de piedra por un anden dotado de una barandilla de hierro. En 1955 se realizaron algunas obras de reforma especialmente en los accesos y en 1963, la más importante, se recobró  su antigua fisonomía y que es la que actualmente conocemos. Con la apertura tres años antes del nuevo puente de la Chantrea (5-7-1960), el viejo puente románico vería descansar sus cansadas piedrajs centenarias del paso de vehículos quedándose como puente peatonal. De este puente ofrezco, líneas atrás,  un par de fotopostales, la primera de Eusebio Rubio de comienzos del siglo XX  y la segunda de los años 50 de Luis García Garrabella.

Tras el nuevo puente de la Chantrea descubrimos el Molino y presa de Ciganda, también llamado del Vergel y de la Magdalena, de origen medieval. La presa alimentaba un antiguo molino harinero y posteriormente  una harinera y una central eléctrica. En el siglo XVII pertenecía a un tal Joaquín Aguirre. Desde 1932 pertenece a la fundación Ciganda Ferrer. A primeros de siglo, al igual que el de Caparroso, la central eléctrica era explotada por Electra Aoiz, posteriormente Sociedad El Irati. Aguas abajo de la presa y el molino de Ciganda se pueden distinguir algunos restos de una antigua presa y unos muros, especialmente visibles en la orilla izquierda. Aquí, en esta zona, estaba la zona de baño del río de los Quintos y más adelante la zona de baño del río de los Alemanes, de la que hablé en otra entrada del blog. Ofrezco de esta zona cinco bonitas estampas, una  del Molino de Ciganda y el resto  del Río de los Quintos y los Alemanes (de Eusebio Rubio), de los años 20, 30 y 50, alguna de ellas, con la imagen de la Catedral al fondo.

El río Arga describe posteriormente  un meandro bastante cerrado que riega unas 24 hectáreas de cultivos, de los que hay noticias desde, al menos, el siglo XIII y que conocemos como Aranzadi (también se le conoció a la zona como el Vergel). A escasos metros de la ciudad la vuelta de Aranzadi era un autentico remanso de paz, un bonito paseo entre huertas, casas de labranza y fincas de recreo. Eran conocidas la casa y huertas de Lorea, Machiñena, casa Cholo, fincas de Irujo, Zabalza, Larrondo, etc. Existe un hórreo, el único que hay en toda la Comarca. El Arga se encamina más tarde hacia la presa medieval de San Pedro. Desde la presa y, al menos desde el siglo XIII, abastecía un largo canal, de unos 350  metros que llegaba un poco antes del puente de Curtidores, canal hoy semioculto al haber sido canalizado en algunos tramos en hormigón. El canal alimentaba  el antiguo molino de San Pedro de la Ribas así como otras industrias, aguas abajo. El viejo molino, medio en ruinas ya en 1987,  desapareció con la urbanización de esta zona, una pena,  y en sus últimos años sirvió como almacén de materiales de construcción. El antiguo pontarrón, que se conoció desde 1882 como puente de Errotazar, fue trasladado a un lugar intermedio del nuevo parque de la Runa y que podemos ver en una de las entregas de “Imagenes de Hoy” que hice ya hace un par de años. El puente de San Pedro es probablemente el más antiguo de la ciudad, se habla de que puede ser de la época romana, con una ampliación posterior, del siglo XII. Yo he conocido este puente con un tráfico intenso, en los tiempos en que estudiaba el bachillerato en Irubide, posteriormente, con la construcción del puente del Vergel, a principios de los años 90,  quedó únicamente como puente peatonal. A la mitad del recorrido el canal de Errotazar se encontraba con el antiguo molino de Alzugaray que ha sido a lo largo del tiempo molino de la pólvora, molino de papel del Hospital, harinera, central eléctrica y alimentaba a la fabrica de porcelana “La Talavera”. Hoy apenas quedan restos de aquellas construcciones, lo que pone de manifiesto, a tenor de lo comentado en ésta y otras entradas la poca sensibilidad por la conservación del patrimonio que han tenido en muchos casos algunos de los gobernantes que nos han regido en tiempos pasados. Cuatro fotografías ofrezco del puente de San Pedro, tomadas desde diferentes ángulos y pertenecientes a diferentes épocas, mirando hacia Pamplona, hacia el Monte San Cristobal, de los años 20, de finales de los años 50, con lo críos bañándose en el río,  incluso una foto del puente, de los años 60, con el Arga crecido, tomado desde la orilla derecha, donde se puede divisar la famosa casa Lore Etxea.

Cerca de esta zona, pero en la otra orilla, en la vertical del viejo Palacio de los Virreyes, la muralla cae hasta el Arga. Un poco más adelante, al pie del talud del baluarte de Parma, se hallaba el Molino Viejo de la Rochapea, hoy un caserón de propiedad particular. Posteriormente, pero en la otra orilla,  cerca del puente de Curtidores, estaba la zona de los tendederos o  lavadero de la Rochapea. Las lavanderas aprovechaban las aguas del canal de San Pedro o Errotazar. El puente de Curtidores, que encontramos a continuación, data de la época medieval, probablemente del siglo XIII aunque su aspecto actual le viene del siglo XVII y de las reformas de 1986 que le añadieron sendos vuelos de hormigón y otros elementos: la barandilla, las farolas, el adoquinado de la acerca y el asfalto de la calzada. El puente se llamaba así por los curtidos que se colgaban a secar en la zona. Desde el puente y en la margen izquierda se levantaba el barrio de Curtidores o Tenerías. Yo recuerdo tres o cuatro casas, al   borde del río, en una bellísima estampa, con la Casa de Barquilleros en lugar preeminente, de la que hoy solo queda un edificio semiderruído. A comienzos del siglo XX había dos fábricas de curtidos a ambos lados del puente. Enfrente tiene su sede el Club de Remo de Navarra, el club tiene su origen en el primitivo Club Naútico de Navarra que surgió por iniciativa de un grupo de profesores y alumnos de la Universidad de Navarra que querían emular a los  equipos de remo británicos. A finales de los años 70 recogió el testigo la Federación Navarra de Remo. Nada menos que diez fotografías ilustran las cercanías de este puente, tres antes de llegar al puente, la primera mostrando el talud bajo el palacio de Capitanía y el Baluarte de Parma, las dos siguientes tomadas desde la orilla izquierda del río, con diferentes ángulos de aproximación al puente (en la segunda de estas se observa el paso por Curtidores de un largo carruaje con tracción animal. A continuación dos fotografías, tomadas desde el mismo puente, nos muestran el mencionado barrio de Curtidores o Tenerías, la pequeña Venecia de Pamplona, donde puede distinguirse la casa de Barquilleros, que aun existe, eso sí, semiderruida, desde hace tiempo, por un incendio. Las siguientes cinco postales  tomadas desde diferentes posiciones  de la Cuesta de la estación o Subida al Portal Nuevo, nos ofrecen una panorámica general del puente y de la evolución de esa zona de la Rochapea, la que se agrupaba en torno a la antigua plaza del Arriasko.

El siguiente puente que encontramos en nuestro recorrido por el río es el del Plazaola. Construido en 1914 dentro de las obras de la línea ferrea Pamplona-San Sebastián, se reconstruyó en 1931, después de que el inicial de madera fuese destruido por una riada. A continuación vemos el puente de Oblatas, construido en 1993, que toma como modelo el conocido puente de la Barqueta de Sevilla. Muy cerca de este puente llama la atención el tramo de muro con arcos ciegos de medio punto existentes en la orilla izquierda, a la altura del convento de Oblatas. En la margen derecha y hasta la creación del parque fluvial había en esta zona un montón de huertas así como los viveros de Flores y Semillas Huici. Tras el reportaje fotográfico del puente de Curtidores muestro una pequeña selección de fotopostales tomadas desde el mirador de Vistabella y el Paseo de Ronda, con el río Arga  y la Rochapea a sus pies. Las postales son de diferentes épocas: de los años 20, 30, y 40 y muestran una Rochapea muy diferente a la que conoceríamos a partir de los años 50. Aunque debiera haber estado junto al grupo de fotos del puente de Curtidores, por razones de maquetación, -era una foto vertical-,  y por eso está ahí, muestro una poco conocida foto de 1919, tomada desde la ribera del Arga, bajo el Portal Nuevo. A continuación encontrábamos la presa y el molino central eléctrica de Santa Engracia que datan del siglo XIII. El nombre alude al antiguo convento de las Clarisas que tuvieron su sede en las inmediaciones hasta el siglo XVIII, fecha en que se trasladaron a Olite. El molino era conocido como Molino de Mazón. Fue utilizado por el Ayuntamiento para proveer de harina a los hornos del Vinculo. A finales del siglo XIX se reconvirtió en central eléctrica municipal. La Electra Municipal se subastó en 1937. Tras la guerra se convirtió en Industrias del Caucho (1942), cuyos edificios se derribaron en el año 2009. El puente de Santa Engracia data de los siglos XI-XII. Diez fotopostales ilustran este viejo puente, tomado desde diferentes perspectivas así como de la presa de Santa Engracia. Las postales están datadas entre 1905 y 1935. En dos de ellas, una de Eusebio Rubio y otra de Papelería Moderna no vemos todavía la inconfundible torre de la Iglesia del Salvador, que se inauguró en abril de 1916, tras de  dos años de obras y que ha sido mudo testigo de la evolución urbanística de la Rochapea a lo largo del último siglo.

Muy cerca de este puente, en el año 1789, se construyó el nuevo puente de Santa Engracia, que cambiaría posteriormente su nombre por el de puente de Cuatro Vientos. Se amplió a principios del siglo XX para soportar todo el tráfico que salía o entraba de la ciudad por este punto. Pasado el puente, al otro lado, ya en terrenos de San Jorge o del Barrio de la Estación, en la orilla derecha del río hallamos el jardín de Carlos Eugui, una bonita finca con sus fuentes, paseos y hasta un frontón había y hay en la zona. En la margen izquierda, en la zona de Trinitarios, había huertas, cultivos y viveros, los de Villamiranda. Hasta 1908 allí estuvo la llamada Casa de los Pinos. Siguiendo la orilla derecha del rio encontramos la Pasarela de los Tubos, construida en torno a los años 30  con el fin de pasar por encima del río una gran tubería de agua potable. Había dos pasillos a ambos lados por donde también podían pasar los peatones. Se rehabilitó como pasarela peatonal en las obras del parque fluvial (1998-2009).

Seguimos con nuestro paseo por la margen derecha del río y encontramos la presa y el  molino-central eléctrica de la Biurdana, levantados en el siglo XIV, del que les ofrezco una fotografía reciente de hace apenas 2 o 3 años tomada por mí. El molino estuvo funcionando hasta principios del siglo XX. Después hallamos el vado de Berichitos varias pasarelas y el puente de San Jorge, tras él hallamos el puente de Miluce, de comienzos del siglo XIII, con una intervención en el siglo XIX. No quedan restos del molino-batán de Miluce si bien se conservan restos de muros fluviales en la margen derecha. Su origen etimológico es confuso, aunque la opinión más extendida lo relacionan con los términos “mihi luze” (lengua larga) en alusión a las ejecuciones, por ahorcamiento,  que tuvieron lugar aquí, en tiempos del rey Carlos II El Malo.  En la margen izquierda, desde el puente de Miluce al limite con Barañain, hallamos la presa-azud y antiguo molino-batan-harinera de Ilundain, también llamado Molino Nuevo, con una zona cercana que podríamos considerar como  playa de aluvión. Fue llamado Molino Nuevo desde 1828 a 1890. En 1899 lo compró José Ilundain Esteban y pasó a  alimentar la fabrica de pastas de harina  de la Harinera de Ilundain. En 1966 la harinera abrió las secciones de panadería, pastelería y fábrica de pastas para sopas y galletas. El negocio cerró en 1996. Hoy en día se  conserva buena parte de las edificaciones, tal y como podemos ver en la foto adjunta del archivo de la Familia Ilundain.

Fotos por orden de aparición: Nº1. Pamplona, vista general. Nº2. Rio Arga. 1946. L. Roisin Nº3. Talud de la Media Luna y el rio Arga a sus pies. (años 20-30). Ediciones Arribas, Nº 4. Zona del Molino de Caparroso, la Magdalena al fondo. Años 20-30. Fondo Marín. Kutxateca Nº 5. Barrio de la Magdalena. Molino de Caparroso en primer plano. 1909. Ed. Viuda de Rubio Nº 6. Piscinas del Club Natación. Años 50. Ed. García Carrabella  Nº7. Rio Arga en las próximidades del Club Natación. Años 40. Postales Vaquero, Nº8. Pasarelas sobre el Arga. Años 50. Ed. Garcia Garrabella. Nº9. Puente de la Magdalena. 1909. Eusebio Rubio. Nº10. Puente de la Magdalena. Año 1956. Ed. Garcia Garrabella. Nº11. Molino de Ciganda. Catedral y Baluarte del Redin. 1901-1903. Hijos de Montorio, Cliché de Julio Altadill; Nº 12. Rio Arga y la Catedral al fondo. 1905.  Eusebio Rubio. Nº13. Molino de Ciganda. Foto sin filiar ni datar Nº 14. Rio Arga y la catedral al fondo. 1905. Eusebio Rubio. Nº 15. Rio Arga en el tramo de los Alemanes. 1939. L. Roisin Nº16. Puente de San Pedro. 1912. Papelería Moderna. Nº17. Puente de San Pedro. 1905. Eusebio Rubio. Nº18. Niños bañándose junto al puente de San Pedro. Años 50. Ediciones Arribas. Nº19. Puente de San Pedro, con el rio crecido. Años 30-40. Ed. L. Roisin. Nº20. Postal fotográfica sin filiar de aproximadamente 1915, con el Palacio de Capitanía en lo alto. Nº21. Rio Arga, cerca del puente de Curtidores. Años 30. L. Roisin. Nº 22. Puente de Curtidores. Foto Joaquín Castells. Sin datar.  Nº 23. Rio Arga desde el puente de Curtidores, barrio de curtidores en primer plano, murallas al fondo. 1905. Eusebio Rubio Nº 24. Rio Arga desde el puente de Curtidores, barrio de curtidores en primer plano. 1909. Vda. de Rubio. Nº25. Puente de la Rochapea tomada desde la subida al Portal Nuevo. 1909. Viuda de Rubio. Nº26. Alrededores del Puente de la Rochapea o Curtidores. Viuda de Rubio. Nº27. Puente de Curtidores. 1956. Ed. García Garrabella. Nº28. Puente de la Rochapea. 1909. Eusebio Rubio. Nº29. Puente de la Rochapea. 1912. Papelería Moderna, Nº30. Bajada de la Cuesta de la Estación y rio Arga. Años 30 .L. Roisin. Nº31. Bajada de la Cuesta de la Estación y rio Arga. Años 30 .L. Roisin.  Nº 32. Panorámica de la Rochapea y el rio. 1917. Viuda de Rubio. Nº33. Panorámica de la Rochapea y el rio. Años 30. L. Roisin.  Nº 34. Vista general de la Rochapea y barrio de la Estación. Años 20, 30. Nº35. Desde la orilla del Arga, bajo el Portal Nuevo. 1919. Sin filiar.  Nº36. Puente de Santa Engracia visto desde el puente de Cuatro Vientos. 1909. Eusebio Rubio.  Nº37. Presa de Santa Engracia. Años 30-40. L. Roisin. Nº38. Presa de Santa Engracia. Años 40-50. Sin filiar, probablemente Ed. García Garabella, Nº 39. Puente de Santa Engracia. Pamplona. Vista parcial. 1890. hijos de Montorio. Nº 40.  Paisaje del Rio Arga. 1909. Eusebio Rubio;  Nº 41. Pamplona. Afueras (1900-1910). Papelería Moderna;Nº 42. Cercanías del Puente de San Engracia. 1917. Ed. Cosgaya;   Nº 43: Inmediaciones del puente de Santa Engracia. Años 20-30.  L. Roisin; Nº 44: Inmediaciones del puente de Santa Engracia. 1902. Ed. Hijos de Montorio, Nº 45. Camino de la Estación y nuevo puente de Santa Engracia o Cuatro Vientos. Ediciones Nemesio Aramburu. Julius Nagelschmidt. Nº46. Foto Molino de la Biurdana (foto actual). Archivo propio Nº 47. Foto Harinera Ilundáin (sin datar). Archivo Familia Ilundáin

Imagenes del ayer y hoy: A las puertas de Pamplona (1870-1915)

Les traigo, esta vez, una curiosa colección de fotografías, algunas de ellas bastante desconocidas, que tienen en común, la mayoría de ellas, el mostrarnos la ciudad de Pamplona, “fuerapuertas”, osea desde más allá de las murallas, en el período comprendido entre 1870 y 1915. Destacan las fotografías de la agencia Circa del año 1903, (hay algunas anteriores a esa fecha como las dos primeras), el resto son postales de Eusebio Rubio, Vda. de Rubio o Papelería Moderna de la primera década y media de siglo. Seguiré un orden cronológico: la primera foto, la de la izquierda es de 1870, y está tomada desde la subida de la Cuesta de la Estación. En ella podemos contemplar, con todo lujo de detalles, una bonita estampa que se ha repetido cientos de veces en postales y fotografías posteriores. De un análisis más detallado de la estampa sacamos las siguientes conclusiones: las casas que había junto al margen derecho del río constituían todo un barrio, el barrio de Curtidores, era nuestra particular Venecia. De aquellas construcciones apenas queda hoy en día una casa en ruinas que hace algún tiempo sufrió un pavoroso incendio. Se observa con nitidez la familiar cuesta de Santo Domingo, al final de la cual podemos ver el portal de la Rochapea que fue derribado en 1915. Llama la atención como parece que en el talud de la Muralla de Ronda se han plantado recientemente algunos árboles, cuando lo habitual era dejar los taludes libres de vegetación, por razones defensivas, como podemos comprobar cerca del baluarte de Parma y de la muralla cercana al Portal de Francia y al Redín, así como en otras muchas fotografías de la época. Seguimos con la vista la línea de la muralla y las casas de Descalzos hasta su conclusión en el enorme caserón del viejo hospital provincial, el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia. Enfrente, al otro lado de la cuesta, que se introduce en el Casco por el antiguo Portal,  se erige la familiar silueta del Palacio de Capitanía, hasta no hacía demasiado tiempo Palacio de los Virreyes de Navarra y hoy Archivo General de Navarra. Al revisar estas viejas instantáneas no puedo por menos que compadecerme como ciudadano de Pamplona al ver como, durante largas décadas edificios emblemáticos, que tanto supusieron en la historia de nuestro viejo reyno, fueron inexplicablemente abandonados por quienes tenían el deber de conservarlos y rehabilitarlos.

La segunda foto, la de la derecha del párrafo anterior, es de 1875 y nos muestra una panorámica de Pamplona desde la zona de la Cuesta de Beloso. A la izquierda de la foto puede descubrirse el viejo coso taurino, la vieja plaza de toros se había terminado de construir en 1852, a su derecha vemos el núcleo de casas del Casco Antiguo, entre las que descollan las torres de San Cernin, un núcleo de casas que entonces era prácticamente toda la ciudad,  encorsetada por esas  murallas; en esta instantánea, por la muralla del frente sur, la muralla de Tejería,  que la rodeaba  y cercaba  también la imponente silueta del conjunto catedralicio que sobresalía claramente sobre el entorno. Llama la atención como cerca del Baluarte de San Bartolome, en la Media Luna, había un gran desnivel, que poco tiene que ver con su configuración actual. Como sabemos, por otras entradas, esta zona fue rellenada y urbanizada a partir de la tercera década del siglo XX. Abajo discurre el cauce del río Arga y a la altura de la vertical de la catedral, junto al río, el viejo Molino de Caparroso.

En las fotos que preceden a este párrafo vemos la Pamplona de 1903 desde la Rochapea, concretamente desde distintos ángulos del citado barrio. La foto de la izquierda puede estar tomada desde las inmediaciones del camino de Errotazar, (se observa un murete de piedra justo en el borde izquierdo de la foto). Contemplamos buena parte del “skyline” del Casco Antiguo, las casas de descalzos y, en tono más oscuro, el caserón del Convento de los Carmelitas Descalzos, más allá, no se acaba de distinguir, estaba el antiguo portal de Santa Engracia o Portal Nuevo y a continuación la zona del parque de la Taconera conocida como Vistabella, antes del relleno del baluarte de Gonzaga. En primer término vemos, además, vastas extensiones cultivadas en la Rochapea y al final, al filo del horizonte, algunas construcciones en el Camino Viejo de Santa Engracia. En la foto de la derecha, tomada desde lo que podría ser el inicio del actual Paseo Anelier de la Rochapea, podemos contemplar la silueta de la Pamplona amurallada desde el baluarte del Redín hasta el convento de los Carmelitas, con algunas construcciones dispersas tanto en la zona de Errotazar como en la zona final de Camino Viejo de Santa Engracia. En las fotografías que acompañan este párrafo, preciosas, en mi opinión, vemos a la derecha el cauce del río Arga, a la altura de la muralla, bajo el Palacio de Capitanía. Desde esta difícil localización, lo digo porque esta zona del río no es muy accesible, hoy en día, que digamos, podemos ver enfrente el caserón del Hospital Provincial que a partir de los años 30 se convertiría en el Museo de Navarra. Bajo la muralla del Baluarte de Parma parece intuirse incluso una especie de desagüe de aguas que van a parar al río. La foto de la izquierda inmortaliza  la zona de la Muralla cercana al Portal de Francia y Baluarte del Redín en esa temprana fecha del pasado siglo. A lo lejos, en lontananza, se vislumbran las casitas dispersas del camino viejo de Santa Engracia antes de que se convirtiese, en 1937, en  la calle Joaquín Beunza.

Acabo esta bellísima colección de fotos de Circa del año 1903, con una última fotografía, (la de la izquierda), donde se puede observar la zona donde hoy se encuentra  el comienzo de la Ronda del Obispo Barbazan y el Mesón del Caballo Blanco. En la foto, en su lugar y en ese momento había una especie de cobertizo y otras construcciones. Si no fuera por la inconfundible silueta de la Catedral que nos ayuda a situar la escena, diría que en algunos aspectos me parece un tanto desconocida. Desde luego queda muy lejos de la idílica y romántica  imagen que adquirió la zona con las reformas de los años 50 y principios de los 60. La foto de la derecha corresponde al año 1914 o principios de 1915, justo un poco antes de que comiencen a derribarse las Murallas y creo que corresponde al antiguo Baluarte de la Reina. A la izquierda de la foto se divisa la trasera del Teatro Principal y a continuación ese gran caserón blanco, que hemos visto en otras fotos del blog y  que desaparecería en las primeras décadas de nuestro siglo. Quedaba al final de la calle Estafeta.

Las siguientes fotos son de postales y corresponden a algunos de los portales de la ciudad, a principios de siglo. En primer lugar me detendré en el Portal de San Nicolás de la que ofrezco un par de postales, la primera, la de la izquierda,  nos muestra el Portal antes de la reforma de 1906-1907 (la foto posiblemente sea de 1902-1905) reforma en la que se desmontó la fachada del Portal y se guardó hasta 1929, fecha en que se reconstruyó en los Jardines de la Taconera. Según dice J.J Arazuri las barandillas del puente que vemos en esta foto son las mismas que están actualmente en la calle de Labrit. Al fondo, a la derecha, se ven las ruedas de los cordeleros que hacían en este lugar su trabajo. En la postal de la derecha vemos la zona, con el Portal de San Nicolás ya desmontado, aunque se mantuvo el puente si bien dotándole de mayor amplitud. Una anécdota. Como podrán observar, la postal se positivó incorrectamente y he tenido que darle la vuelta (pueden ver que las letras están invertidas) para que la imagen se corresponda con la realidad. En el año 1921 desapareció todo vestigio de aquel Portal, del puente y de las murallas en la zona.

Por último en las dos últimas fotos que cierran la entrada podemos ver, a la izquierda el Portal de La Taconera  tras la reforma de  1905. Ese año se desmontó el portal, se ensanchó el puente sobre el foso y se instaron las torretas metálicas de adorno que vemos en la fotopostal de Eusebio Rubio. Y a la derecha podemos ver el baluarte de San Bartolome en el año 1911. Detrás de él, el Casco Antiguo, con las torres de las iglesias descollando sobre el resto de casas de vecindad: San Cernin, San Agustín y la Catedral de Pamplona, entre medias creo reconocer el enorme caserón de Seminario Episcopal.

Fotos por orden de aparición: Nº 1. Puente y barrio de Curtidores (1870), Nº 2: Panorámica de Pamplona desde Beloso (1875), Nº 3 y Nº 4: Pamplona vista desde La Rochapea (1903), Nº 5: Rio Arga y Baluarte de Parma (1903), Nº 6: Portal de Francia (1903) y Nº 7: Traseras de la Catedral, Ronda Obispo Barbazan y Redín (1903), todas ellas de Circa. Nº 8: Baluarte de la Reina (1914), Nº 9: Portal de San Nicolás. Fotopostal de Eusebio Rubio (1902-1905), Nº 10: Portal de San Nicolás. Fotopostal Vda. de Eusebio Rubio (1910-1915) , Nº 11. Portal de Taconera. Fotopostal de Eusebio Rubio (1907-1915), Nº 12. Baluarte de San Bartolome y Vista parcial de Pamplona (1911). Fotopostal de Papelería Moderna.

Comercios del Viejo Pamplona: Aquellas librerías de antaño (1905-1985)

Inicio una nueva serie de artículos dentro de la sección “Comercios del Viejo Pamplona” y es que además de repasar los comercios que podríamos encontrar en las calles del Pamplona antiguo también voy a ir revisando en varias entradas el devenir de diferentes gremios  y que mejor que empezar con un gremio como el de los libreros que tantos sueños, historias, ilusiones, emociones y conocimientos  nos han transmitido a los pamploneses a lo largo de la historia. Me es particularmente grato comenzar la serie de entradas con este gremio, porque mi temprana afición por los libros se la debo a estos establecimientos, de los que fuí  visitante asiduo durante muchos años y a los que guardo un especial cariño. A comienzos del siglo buena parte de las librerías existentes aparecían vinculadas a negocios como las imprentas, completando, además su oferta con la venta de productos de papelería y objetos de escritorio.

Imprentas, librerías y papelerías (1905-1935)

Este tipo de establecimientos imprimían diversos tipos de publicaciones: folletos, postales, libros,  vendían objetos de escritorio y material de papelería, (por ejemplo dietarios como el que vemos en la foto adjunta), y  también  algunos libros. Pero ojo, no todos ofrecían los mismos servicios, como veremos.  Entre aquellas primeras imprentas-librerías de primeros de siglo estaban la de Nemesio Aramburu ubicada en el nº 14 de la calle San Saturnino que luego, en los años 30,  se trasladaría al nº 16 de Carlos III, ya como Vda. de Aramburu, aunque aun continuaría con la librería de libros nuevos en San Saturnino, (en los años 20 había incorporado la papelería y una de sus imprentas aparecía domiciliada en Nueva, 10); Aramendía y Ónsalo, en el nº 2 de Héroes de Estella con papelería y objetos de escritorio, -donde luego en los años 20 se puso el Banesto- y que luego se trasladaría a San Saturnino, 4; T. Bescansa (luego Vda. de Bescansa)  en el nº 25 de Mercaderes también con papelería y venta de libros nuevos; Erice y García (luego Jesús García), con imprenta y librería, en el nº 31 de Estafeta; Goyeneche, en el nº 37 de Zapatería, con imprenta y librería de libros nuevos, antes de que se derribara el viejo  edificio y se erigiera el actual, donde hasta hace poco estuvo Euskal Piel y durante mucho tiempo Guibert; Hermanos Lizaso en el nº 19 de Mercaderes que, enseguida, desde los años 20, sería la  Imprenta-Papelería Castiella, también conocida como “Papelería Española” que no vendía libros sino únicamente papelería y objetos de escritorio. Otras imprentas que vendían papel y objetos de escritorio, -que no libros-, eran la de Nicolás Marcelino en Zapatería, 31; la de Patrocinio Remirez de Esparza en Mayor, 15 y Juan Sanz en Sarasate, 14 (que luego ocuparía Generoso Huarte y, tras la guerra, Blanca Huarte Zulaica,) y   de Vda. de Velandia,  en San Nicolás, 15. A principios de siglo aparece en el nº 5 de la calle Calceteros   Hijos de Montorio como imprenta, librería y papelería. Como Rubio y otros editó un gran número de postales. Anteriormente había estado en los números 30 y 32 de la plaza del castillo, a la altura del actual Bearin.

En el nº 17 de la plaza del Castillo, donde hasta hace algunas décadas había una barquillería aparecía la librería científica de Roldan Pérez y Cía, luego a partir de los años 30, Vda. de Roldán.  Aparecía con el rótulo de “Suscripciones. Libros y Revistas”. Pese a la similitud en el apellido nada tenía que ver con el fotógrafo José Roldán (que se asoció durante algún tiempo  con Félix Mena y que posteriormente lo haría con su hijo bajo la firma Roldán e Hijo). En esta misma plaza, pero en el nº 39, donde está el Banco de la Vasconia, estaba la papelería de Eusebio Rubio, luego Vda. de Rubio,  que les sonará a muchos de ustedes porque en este mismo blog habrán visto algunas de su postales. Fue una de las casas que más postales editó en su tiempo. En realidad el negocio que tenía Rubio a primeros de siglo era el de estanco,  aunque en el padrón industrial aparecía en la sección de papelería y objetos de escritorio. Había estancos y librerías que editaban postales como el mencionado Rubio, el de Faustino Urdaniz, el de Baldomero Zulategui, o el de Estanislao Espelosin o las editaban para ellos otras casas. Y es que había casas que hacían postales para establecimientos del ramo, yo he visto postales de la casa alemana Julius Nagelschmidt para Nemesio Aramburu o  Casildo Iriarte (librería-papelería con sede en General Moriones, 24 y luego, en los años 20, en Plaza del Castillo, 42 al que siguió luego Aniceto Urmiza que continuó  con imprenta-librería-papelería  bajo el nombre de El Secretariado Navarro). También editaba postales la Papelería Moderna del Paseo de Valencia, propiedad de Venancia Ciaurriz que figuraba como librería, papelería y objetos de escritorio. Se encontraba en el nº 8, donde hasta hace 17 años estuvo el restaurante Las  Pocholas. También en el Paseo Sarasate había otra papelería, en el nº 24, a nombre de Modesto Toledo.

En los años 20 y 30, a las anteriores imprentas cabría añadir la de Eduardo Albeniz (también era librería y papelería), con sede primero en el nº 27 de la calle Mayor que se trasladó en los años 30 al Ensanche; la de Higinio Coronas (también librería y papelería), localizada en el nº 12 de la plaza del Castillo; la de Serafín Argaiz en Mayor, 55 (imprenta y papelería); diversas imprentas en Curia (Miguel Mestre), Cuesta del Palacio (Sebastián Esparcia), Nueva (Sánchez Bueno) y Espoz y Mina (Torrent y Santa Cruz) a las que se sumaría posteriormente Ramón Bengaray (Mayor, 86) (tras la guerra Gráficas Iruña); Francisco Indave (Padre Moret, 8) y Unzue, Cristobal y cía (Santo Andía)  además de las librerías papelerías Vda. de Hijos de Alonso, en San Nicolás, 4; Hijas de Díaz en el nº 6 de la plaza del Castillo; Osteriz y Cía en San Nicolás, 20-22 y sobre todo la de Emilio García Enciso, ubicada inicialmente en el nº 1 de Mártires de Cirauqui (actual San Antón), que en los años 30 aparece con varias ubicaciones, como imprenta, Vda. de García Enciso  en el nº 15 de Sarasate y  Emilio García Enciso en San Ignacio 12 y  como librería, Emilio García Enciso en San Ignacio, 14. Algunos periódicos y entidades hacían también otros trabajos de impresión para terceros, al margen de sus propias publicaciones, como La Tradición Navarra (Estafeta, 33), El Pueblo Navarro (Curía, 17-19),  Diario de Navarra (Zapatería, 49) o la imprenta de la Federación Católico Social Navarra, germen de las cajas rurales en José Alonso, 2 que luego se trasladó a las calles San Antón y Ciudadela, la imprenta se llamaría luego La Acción Social; en la calle  José Alonso, 2, también se imprimía el Pensamiento Navarro.

La Casa del Maestro (1932-1998)

En 1932 se fundaba La Casa de Maestro, establecimiento histórico referencial del panorama librero pamplonés. Se abrió inicialmente en el nº 79 de la calle Capitán Mangado (actual calle Nueva) antes de su traslado a su tradicional ubicación en la calle San Miguel, nº 5. Fue fundada por Nolasco Pérez Ilzarbe  al que sucedió en la titularidad su viuda y luego el matrimonio formado por su hijo Francisco Pérez  Ilzarbe y su esposa Julia Ruiz. Cerró a finales de los 90, creo que en 1998. Se dedicó fundamentalmente a los libros de texto, yo recuerdo que buena parte de mis libros de texto los compraba mi madre en esta tienda, al igual que mi hermano que estudiaba en el Ximenez los compraba en la Librería Sánchez “Escudero”, de la plaza de la Cruz. Según me dicen los Pérez Ilzarbe abrieron también una librería en el barrio de San Juan, en la calle Martín Azpilicueta. También en los años 30 Antonio Leoz abrió sus primeras tiendas de Mayor 34 (que luego sería Mayor, 10)  y Espoz y Mina, 11; esta última se trasladaría, en los años los 50,  al nº 21 de  la plaza del Castillo. Desde hace décadas se encuentra en el nº 38.

Algunas  librerías  de  los años 40

El Bibliófilo

Si antes de la guerra asistimos al nacimiento de La Casa del Maestro, al término de ésta, en los años 40, echa a andar una de las mayores sagas de libreros que ha dado Pamplona, los Abarzuza, hoy 70  años más tarde y en su tercera generación al frente de diferentes librerías en la ciudad: Iratxe en la calle del Carmen, Abarzuza en Santo Domingo, Elkar (la antigua Xalbador) en la calle Comedias, etc. Y es que el amor por los libros, más allá del simple negocio ha sido una constante en este apellido que se ha ido transmitiendo a través de sus diferentes generaciones. Todo empieza con el abuelo, Andrés Abarzuza, a la sazón, conserje del Ayuntamiento (vivía en la última planta del viejo ayuntamiento) a quien vemos, al principio de esta entrada, en una feria del libro, de finales de los años 40 o primeros 50 en la plaza del Castillo. Al principio de los años 40, Andrés Abarzuza había abierto junto a su hijo Manuel la primera tienda de libros. La tienda estaba situada en el nº 3 de la Bajada de Carnicerías y se llamaba Librería Abarzuza-La Feria del Libro. Se dedicaba fundamentalmente a novelas de cambio. Posteriormente, a finales de la década de los 40,  Manuel y su esposa, Narcisa Apezarena abrirían su propia  librería en la avenida de Carlos III, enfrente de la iglesia de San Antonio, de los PP. Capuchinos. Se llamaba El Bibliófilo. Era una librería que funcionaba en parte como una biblioteca, con funciones de préstamo o alquiler de libros. Posteriormente se trasladaría justo al lado de la iglesia, donde hoy hay una tienda de chuches, Kiko´s.

Además de esta librería montaron la Distribuidora Pamplonesa de Publicaciones, con sede en la calle Amaya, donde luego se instalaría la Librería Andrómeda, con libros, revistas, periódicos, tebeos, etc. También llegaron a abrir en los años 50 otra librería en la calle Mayor, donde luego se pondría la Cafetería Delicias, aunque tuvo un corto recorrido. Se llamaba BibilioPamplona Apezarena y la regentaba doña Narcisa. En los años 60 alquilaron una bajera en la calle Monasterio de Irache, primero como almacén en sustitución del de la calle Amaya y donde trasladaron los libros antiguos. Hasta 1981-82,  El Bibliófilo contaba con dos locales, uno en Carlos III y otro en Monasterio de Irache. En esa fecha se vendió el local de Carlos III y el nombre, quedando la librería de San Juan como Librería Iratxe, especializada en el libro antiguo, que pasó a regentar uno de sus  hijos,  Kike. Iratxe llegó a tener durante algún tiempo, a finales de los 80, dos librerías abiertas, la de San Juan y otra en el nº 44 de Paulino Caballero, aunque esta segunda no  perduró mucho tiempo. Iratxe se trasladaría, posteriormente, en el año 2000 de San Juan al Casco Antiguo, a la Bajada de Javier y desde hace poco tiempo a la calle del Carmen, mientras que el nombre de El Bibliófilo lo recuperó su hermana, María, que abrió una tienda con ese nombre en la calle Mayor en los años 1995-1996. Posteriormente María se ha centrado en recorrer las ferias de libro antiguo, manteniendo el viejo nombre familiar.

Librería Abarzuza

Por su parte, tras el derribo del viejo caserón municipal que se produjo en 1952, el abuelo Andrés Abarzuza, junto a su hijo Víctor y su esposa Ceferina Fontellas (con la que se casa en 1957) y a quienes vemos en las fotos adjuntas (del año 1959, la de la izquierda y del año 1955-56, la de la derecha),   se trasladaron al nº 81 de la calle Nueva, con el mismo nombre comercial de la primera librería, Abarzuza-La Feria del Libro. Fueron años de censura, en el que estos libreros se arriesgaban vendiendo, a hurtadillas, libros entonces prohibidos por el régimen, ya fuera por razones políticas o morales, que ejercía un férreo control administrativo y policial.  Esos libros llegaban camuflados en las facturas, bajo otras inocentes denominaciones. Y se guardaban en trastiendas o sótanos, a espaldas de miradas inquisitivas o indiscretas.  En los escaparates, anaqueles y estanterías se amontonaban  libros de contenido religioso, añejas publicaciones, como la Enciclopedia Alvarez, o  los libros de la colección Austral, Espasa Calpe, Destino o la Editora Nacional. Más adelante la tienda de la calle Nueva se expandiría al contiguo nº 79 de la misma calle. Ceferina Fontellas quedó viuda muy joven, en el año 1967, teniendo que sacar adelante la librería en solitario y a sus cinco hijos de corta edad (la mayor tenía 8 años y el menor 6 meses). Abarzuza fue una de las primeras librerías en introducir publicaciones en euskera, no en vano, Ceferina, nacida en Pamplona aunque criada en Beuntza hablaba habitualmente en euskera. Además de librería tenían papelería y otros objetos de escritorio. La librería se mantendría abierta, con la ayuda de sus hijos,  hasta 1989 o 1990.

Marcela, uno de los cinco hijos de Ceferina había comenzado  a trabajar en la librería Xalbador que había abierto sus puertas en 1984. Allí trabajaba también su pareja, Rafa, y sus primo   Patxo, (también lo harían Pablo y María). Marcela permanecería en Xalbador hasta 1990 y posteriormente en Xalem (abierta por Xalbador y los cines Golem), dos años más.   El 23 de abril de 1993, inauguraba junto a su marido,  su propia librería, recuperando el nombre de Librería Abarzuza para este establecimiento que abría sus puertas en el nº 29 de la calle Santo Domingo. En el año 1997, Marcela y Rafa abrieron en la calle Mercaderes una librería de libros de ocasión pero la aventura  duró poco tiempo ya que el precio del alquiler la hizo inviable. Abarzuza sigue abierta, casi 25 años más tarde, especializada, como entonces, en temas de Navarra, euskera y Euskal Herria. El 23 de abril de 1947 algunos de estos libreros se atrevieron a sacar sus libros a la calle por primera vez en muchos años. Posteriormente la imagen se iría repitiendo año tras año, como vemos en las fotografías que les dejo a continuación, tras este párrafo, de la feria del libro de los años 1955 y 1958, en los que aparecen Victor Abarzuza y Ceferina Fontellas.  A la izquierda del párrafo vemos, por otro lado,  una foto de la tercera generación de la familia Abarzuza ( rama Abarzuza-Fontellas) en la  Feria del Libro de 1980. En 2007 el colectivo de libreros realizó un sentido homenaje a aquellos pioneros de los libros, a los cuales me estoy refiriendo en esta entrada.

    

Librería Gómez (1942-2017)

Iba a cumplir este año su 75º aniversario, sin embargo, el cierre de sus cuatro establecimientos ha supuesto un duro golpe en el panorama librero local. Acaba de desaparecer una de las librerías históricas de la ciudad: la librería Gómez fundada por Felipe Gómez Alonso en 1942. Felipe Gómez, nació en 1903 en la localidad salmantina de Armenteros. LLegó a Pamplona en 1932 y entró a trabajar en el Diario de Navarra como redactor y taquígrafo. El Diario estaba dirigido entonces por Raimundo García, “Garcilaso”, con Eladio Esparza en la subdirección y Galo María Mangado, Testaut, Ozcoidi y Goicoechea en la redacción. Fue corresponsal de la agencia Logos entre 1934 y 1940 y colaboraba en la edición de la Hoja de Lunes que editaba la Asociación de la Prensa. En el Diario permaneció hasta 1940, año en que abrió su Academia, inicialmente, de Mecanografía y Taquigrafía, amén de que fue academia preparatoria de otras y muy variadas disciplinas. Al poco tiempo montó su propia imprenta  en el nº 32 de la calle Gorriti que más tarde trasladaría a la calle Larrabide y creó su propia editorial. Entre 1942 y 1983 editó cerca de 200 títulos de los más variados temas y  especialidades. La librería fue la lógica y temprana culminación  a una carrera meteórica que convirtió a Gómez en uno de los referentes culturales de la ciudad. Y es que Gómez fue durante algunas décadas, todo en uno,  autor, editor, impresor, distribuidor, encuadernador y librero, en su tradicional ubicación de la plaza del Castillo. Confió en su hijo Felipe la apertura de nuevas tiendas pero su prematura muerte, así como la de su esposa truncó el futuro de una posible saga familiar. Además de la librería de la plaza del Castillo, abrió una librería médico-técnica en Castillo de Maya, una infantil, también en la misma zona, donde luego se pondría El Parnasillo y otra de Humanidades en San Juan. Hasta hace un mes la librería mantenía abiertas sus librerías de Plaza del Castillo, una en Castillo de Maya y  las dos de Pio XII. Adjunto fotografía de la librería de finales de los años 90.

La Casa del Libro (1943-…)

Recordamos algunas notas históricas de este emblemático establecimiento que hoy regenta la tercera generación personificada en los hermanos Carmelo y Fermín Buttini. Antes de la guerra, el abuelo, Benito Echarte Elia  tenía una tienda en la calle Eslava, donde vendía y alquilaba libros.  Tras la Guerra se trasladó a su actual ubicación, en el nº 36 de la calle Estafeta. En esta calle  llegó a tener dos tiendas, la actual, si bien era mucho más pequeña (se fue ampliando a lo largo de las últimas décadas, a costa de los locales contiguos)  y  otra al principio de la calle, a la altura de la actual tienda de Amado Mendoza. Vendían sobre todo novelas y tebeos. Éstos eran,  en buena medida,  una de las pocas posibilidades de evasión que ofrecía la España de aquellos años. Como Abarzuza y El Bibliófilo compraban, alquilaban  y vendían libros usados. Se alquilaban por 8 o 15 días. También se cambiaban tebeos. Resulta curioso pero había establecimientos que vendían lo que se llamaban libros rayados, por ejemplo María Azcarate, en la Estación de Autobuses, Teresa Marzo en San Miguel o María Patrocinio Viñes en el nº 35 de la plaza del Castillo. Al abuelo, Benito,  le sucedió en el negocio familiar su hija  Maribel, y a esta, sus hijos Carmelo y Fermín. Adjunto, junto a este párrafo sendas fotografías de la librería, la de la izquierda es de los años 50, la derecha del pasado año.

Imprentas, librerías y papelerías (1950-1965)

Al comenzar los años 50 encontramos algunas de las imprentas-papelerías y librerías históricas ya mencionadas (Albeniz, Aramburu, Bescansa (con Esperanza Bescansa, yo conocí la imprenta, mucho más tarde, en los años 80 cuando la regentaban Agustín de Carlos y Patxi Berrade), Castiella (con D. Hilario), García, Iruña (José Unanua) (en los 80 y 90 se llamaba Grafos 4 y era una papelería), Generoso Huarte, El Secretariado Navarro) y junto a ellas muchos nuevos nombres, entre las que cabe destacar sobre todo  Aranzadi (Tafalla, 19), o Castuera (con imprenta en Paulino Caballero, 15 y librería-papelería en Sangüesa, 10) junto a otras  en el Casco Antiguo y el Ensanche: Francisco Gurrea (Ansoleaga, 18), David Pérez Ilzarbe (con imprenta en Curía 7 y 9 que luego se traslada al Ensanche y librería-papelería en el nº 4 de Zapatería), Jesús Rodríguez Alonso (con imprenta en Avda. Franco, 13 y librería-papelería en el número siguiente, su hermano Carlos tenía otra librería en Carlos III, 57, a donde se trasladaría Gráficas Rodriguez años más tarde).

Respecto a las imprentas propiamente dichas cabe citar en estos años 50 y 60, en el Casco Antiguo,   Gráficas Irujo (Merced, 29 aunque luego se traslada al Ensanche), Inocencio Madoz (San Agustín, 30),  Pérez Ugalde (Compañía, 13), José Azurza (S. Agustín, 38, donde hoy está La Guillotine que conserva buena parte de su ambientación tipográfica), Areta (Campana, 16) que nada tenía que ver con los Aretas libreros, en la calle Mayor había también una libreria-imprenta-papeleria, la de Areta-Amondarain, Muguerza (Dormitalería, 30) y en el Ensanche, Fermín Garayoa (Paulino Caballero, 14), Sergio Lipúzcoa (Olite, 2), Luis Gutiérrez (Avda. Franco, 8), Joaquín Navarro (Amaya, 4), Máximo Bandrés, (Roncesvalles, 3), Juan García y Luis Muro (San Fermín)  y Zubillaga (en Conde Oliveto).

A las mencionadas librerías  históricas de La Casa del Maestro, La Casa del Libro, Abarzuza, El Bibliofilo o  Gómez habría que sumar   en esta época las librerías-papelerías, con venta de objetos de escritorio, en el Casco Antiguo   de José Aramendía (Plaza del Castillo, 4), Antonia Egozcue (San Nicolás, 31), Petra Serrano (San Nicolás, 20, antigua Osteriz), Mariano Sagaseta de Ilurdoz (Zapatería, 15), Julián Echeverría (Paseo Sarasate, 11) y en el Ensanche de Gerardo Armendariz (Navarro Villoslada, 4), la Librería de Sánchez Escudero en el chaflán de San Fermín ( nº 49) con Bergamín,  Gervasio Laínez (Leyre, 1), Tarsicio Ortiz (García Castañón, 19), Ramón Martínez (Carlos III, 11); Benigno Vaquero, con compraventa de libros usados y algunas de  cuyas postales han sido divulgadas en este blog, situado en el nº 16 de la calle San Fermín, ; Elías Beramendi (Bergamín, 26) y Valentín Sánchez (Amaya, 17). Cabe destacar el caso de  las Librerías del Norte de España (Amaya, 12) que abriría  la primera Librería Universitaria; fue a primeros de la década de los 60 cuando se instaló la primera Librería Universitaria en esa calle, luego se abrió la de la Avda. de Franco, 9 (hoy Baja Navarra) (a finales de los 80 se abriría la de Sancho El Fuerte y en 1997 la del campus universitario, hoy todas Librerías Troa); Jesús López (Hispania) en Paulino Caballero, 48, precedente de la Librería Antares, José Manuel Idoy en Olite, 22, Jesús María López Sanz en Arrieta, 29, José Antonio Sánchez en Avda. Franco, 1 y María Esperanza Sangalo en Sancho el Mayor, 11 (la conocida Librería Manantial).

Compraban y vendían libros usados establecimientos como los ya señalados: la Casa del Libro, El Bibliófilo, Abarzuza,  también Cecilia Aldaz en Tejería,  16, Fernando Areta en el nº 26 de la calle Calderería, su padre Gregorio Areta en la calle San Francisco, 34-36, María Ascensión Cerezo en Javier, 10, Javier Echarte (San Saturnino, 18), Ángel Delgado en Carmen, 29 o José María Idoate en San Agustín, 14 y en el Ensanche Francisco García (Estella, 3), Avelina Larrea (Paulino Caballero, 16), Juan Mauleón (Gorriti, 2) o Rosa Mª Montaño (Amaya, 15).  En los años 60 comenzarían a instalarse nuevas librerías en los barrios: Chantrea, Rochapea, Echavacoiz, etc. Los centros religiosos contaban también con sus propias librerías, así sucedía, por ejemplo,  con los Jesuitas, las Ursulinas, El Sagrado Corazón, etc.

Algunas librerías en el tardofranquismo y la transición (1973-1985)

El Parnasillo (1973-2014)

Hace tres años, en el año 2014, cerró por jubilación de sus principales promotores otra de las librerías referenciales de la ciudad: El Parnasillo. La librería se abrió en un local de Paulino Caballero en 1973, cerca del antiguo Bar Oslo. Cinco años más tarde, en octubre de 1978, se trasladaron a su conocida ubicación del nº 45 de  Castillo de Maya, donde antes estuviera la librería infantil de Gómez. Fueron sus fundadores Javier López de Muniain (que había trabajado anteriormente (en 1970) en la librería Andrómeda de la calle Amaya), Lola Aldave (que antes había regentado con su cuñado la librería Elur de la calle Chapitela), Antonio Sanz (que había tenido antes una  pequeña distribuidora de libros que estaba ubicada  en un cuarto del mismo local de la citada librería Elur); Santi Fresán y Patxi Irigoyen, si bien, estos dos últimos se desligaron al poco tiempo de esta ilusionante aventura empresarial. El Parnasillo fue objeto de diversas agresiones y atentados por parte de la extrema derecha en los años del tardofranquismo y la transición, el más grave se produjo el 12 de febrero de 1978, reivindicado por un autodenominado comando Adolf Hitler. El Parnasillo fue objeto de una especial persecución por la ultraderecha local (a la que no fueron ajenos otras librerías) probablemente porque en los convulsos estertores del franquismo y de la conflictiva transición política en nuestra tierra esta librería  fue una valiente atalaya de libertad, a través de los libros,  en una zona que entendían los ultras era “suya”. Adjunto marcapáginas de la librería del año 1978, justo en el momento en que abrían su nueva tienda en Castillo de Maya, entonces, Mártires de la Patria.

Auzolan (1977-…)

Auzolan abrió sus puertas el 27 de octubre de 1977, en el nº 3 de la calle San Gregorio donde antes estuviera la frutería Casa Goñi, fruto de la entusiasta iniciativa de cinco personas, cinco amigos (dos vizcainos, dos guipuzcoanos y un navarro) que habían estudiado en Barcelona, entre ellos Josu Múgica o Txema Aranaz (que luego fundaría la Editorial Pamiela, dejando el grupo fundador). Su nacimiento se enmarca en aquella efervescente época de la transición, en la que los libros en euskera o sobre el País Vasco tendrían un protagonismo destacado. En 1984 crearon su propia distribuidora, Yoar. En 1997 abrirían una tienda más grande en la calle Tudela, dejando la de San Gregorio como librería de libros de saldo y ocasión,  si bien hace unos años y fruto de los enormes cambios que sufre el mundo de las librerías volvieron  de nuevo, con todo el fondo editorial, al local que les vio nacer. Adjunto logotipo o imagen gráfica que aparecía en  los marcapáginas amarillos con que  obsequiaba la librería a quienes compraban sus libros.

Xalbador (Elkar ) (1984-…)

En 1984 donde antes estuviera la tienda de baños Salinas (Comedias, 14) un importante grupo cultural empresarial que tenía librerías en San Sebastián (Bilintx, germen del grupo) y otras localidades vascas, abría Xalbador. El inicio del grupo se remonta a 1976 que enseguida creó su propia distribuidora:  Zabaltzen al tiempo que la editorial Elkar comenzaba  a dar sus primeros pasos tanto en la producción bibliográfica como discográfica en torno a la cultura vasca. Hoy en día la cadena de librerías Elkar está formada por 18 librerías físicas además de la tienda on-line. Al principio trabajaban en Xalbador 4 personas aunque yo he llegado a ver trabajar más de 9. Como ya he señalado anteriormente en el blog en esta librería trabajaron durante algún tiempo diferentes miembros de la familia Abarzuza y donde actualmente trabajan Patxo y Pablo Abarzuza. Durante mucho tiempo cada librería del grupo mantenía su independencia, gestión e identidad pero desde hace ya bastantes años la tienda responde al nombre de Elkar Megadenda. Adjunto fotografía de la librería con la vieja denominación “Xalbador” a finales de los años 90.

Esta entrada, como todas las del blog, está abierta a poder ser comentada, ampliada, matizada o completada por los lectores, conocedores o interesados en este tema. Soy consciente de que en este artículo no están todas las librerías y papelerías del período indicado (Sin ir más lejos en los años 80 y 90 me estoy acordando, ahora, de alguna otra librería como Askobereta o TBO (especializada en tebeos), en el Casco Antiguo,  por ejemplo). Es evidente que faltan datos o informaciones más detalladas de algunos libreros y seguramente se echará en falta alguna librería importante, especialmente del período 1965-1985, por lo que será bienvenida cualquier aportación o colaboración en este sentido que complete esta entrada. Les recuerdo que este blog tiene vocación de ser un espacio compartido de recuerdos y experiencias. Agradezco de forma muy especial, en la elaboración de esta entrada, la colaboración de Marcela Abarzuza, de Librería Abarzuza, que ha tenido la enorme generosidad de facilitarme algunas fotos del archivo familiar para la ilustración de la entrada. Muchas Gracias, Marcela, Eskerrik Asko.

Fotos por orden de aparición: Nº1, Nº 3, Nº 4, Nº 5, Nº 6, Nº 7, Nº 8, Archivo familiar Abarzuza-Fontellas, datadas en el texto de la entrada. Nº 2 y Nº 12.  Todocolección.net. Nº 9, Nº 11 y Nº 13: Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona. La autora de la nº 11 es Laura Blázquez. Anuncios publicados en diferentes revistas, anuarios y publicaciones entre 1916 y 1986.

Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Beruete (1924)

A este crimen me referí brevemente cuando estaba repasando la pequeña historia local de la Pamplona de 1924 y también, por alusiones, cuando hice la entrada del crimen de Miranda de Arga. Con esta entrada que engrosa la serie “Crónica Negra del Viejo Pamplona” doy cumplida información de otro célebre crimen que suscitó un gran interés en aquellas primeras décadas del siglo XX. Utilizó para la reconstrucción del crimen y posterior proceso las actas del juicio sumarísimo así como diversas reseñas periodísticas recogidas por la prensa de la época. La presente crónica relata el asesinato en el monte de Santa Engracia, próxima a Huici del leñador Martín Aizcorbe a hachazos y robado por los hermanos y compañeros de trabajo Bernardo, Juan Martín y José Goñi. El cadáver tardó varios días en aparecer. Las actas describen con detalle los hechos: “El día 10 de septiembre de 1924, Bernardo Goñi que era capataz del tajo en que trabajaban sus hermanos Juan Martín y José y otro leñador llamado Martín Aizcorbe Fía, hizo con este liquidación del producto del trabajo, en virtud del cual debía pagarle a Martín 1.260 pesetas de las que solamente le entregó 600. Bernardo indujo, luego, a sus hermanos a que acompañaran a Martín y le dieran muerte para robarle las 600 pesetas entregadas, ofreciéndoles entregarles 100 pesetas más a cada uno de las que les correspondían por los beneficios del trabajo, haciéndole entrega a José de un hacha. Al día siguiente, 11, a las 4.30 de la mañana, salieron al monte, marchando en primer lugar, Juan, luego Martín y finalmente José, provisto del hacha y a una seña de su hermano, José descargo varios hachazos en la cabeza de Martín, provocándole la muerte. Tras robarle las 600 pesetas, ambos hermanos cargaron con el cadáver de Martín, arrojándolo a una sima situada a dos kilómetros de distancia del lugar del suceso”.

El día 21 de septiembre una bandada de cuervos se arremolinaba en torno a una profunda sima, lo que alertó a un pastor que pasaba por el lugar y que fue quien descubrió el cadáver de Martín. Como quiera que este había salido en compañía de Juan Martín y José Goñi, estos fueron inmediatamente detenidos. Sometidos los procesados al fuero de Guerra se constituyó el Consejo de Guerra en Pamplona el día 27 de septiembre, pidiendo el fiscal la pena de muerte para los tres procesados, para Bernardo como inductor y para Juan Martín  y José Goñi como autores materiales de los hechos. Los reos declararon por medio de un interprete, ya que no conocían el castellano, utilizando solo el euskera. El tribunal condenó en primera instancia a los encausados a cadena perpetua, no obstante, de este fallo disintieron el capitán general de la región y el auditor general, derivando, por ello la causa en el Supremo de Guerra y Marina, que celebró la vista el día 19 de enero de 1925, donde se volvió a pedir la pena de muerte para los tres encausados que se confirmaría al día siguiente. El día 31 de enero se recibían las correspondientes ordenes para levantar el patíbulo y ejecutar a los reos del crimen de Beruete en la cárcel de Pamplona. A la una de la tarde del día 1 de febrero entraron los reos en capilla, después de leérseles la sentencia. A tenor de lo que decían las crónicas, los tres reos se mostraron muy abatidos tras la lectura de la sentencia, dando pruebas de arrepentimiento por los hechos cometidos. El mayor, Bernardo, se confesó con el canónigo D. Alejo Fleta, el mediano, Juan Martín, con el párroco de San Lorenzo, D. Marcelo Celayeta y el menor, José, con el capellán de la cárcel, D. Alejandro Maistarrena. Como montañeses que eran se les facilitó un sacerdote vasco carmelita, el Padre Juan Tomás, que en  euskera les reconcilió y animó a confiar en la misericordia divina. En las primeras horas de la noche se acercó a la prisión el obispo de Pamplona, Mateo Múgica y Urrestarazu que les prodigó en euskera frases de cristiano consuelo. También les visitó el Alcalde de Pamplona, D. Leandro Nagore.

Los reos pasaron la noche llorando y rezando. A las cuatro de la madrugada oyeron misa y comulgaron, acompañándoles las monjas y hermanos de la Paz y la Caridad. Después oyeron otra misa, siendo este el único momento en que los reos estuvieron juntos. A las siete menos dos minutos fueron sacados al patio por orden de edades y a las siete comenzó la ejecución. Se habían levantado varios patíbulos pero no se utilizó más que uno, actuando solamente el verdugo de Burgos pues el de Madrid se limitó a ayudar a subir y colocar a los reos. Fueron ejecutados por orden de edad, primero Bernardo, segundo Juan Martín y tercero José. Al terminar la ejecución del primero se izó la bandera negra. A las ocho de la mañana se presentó en la cárcel el cabildo parroquial de San Lorenzo con cruz alzada el cual rezó un responso. Luego los cadáveres fueron trasladados al cementerio de San José. Ese día se suspendieron los espectáculos en la ciudad.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Iglesia y pueblo de Beruete. Xavier Cañas. CC BY-SA 4.0. Nº 2: Caserio en Beruete. Santi Usabiaga  Nº 3:Casas de Beruete. Pampluno.

Anuncios comerciales en el Pamplona de los años 60 (1961-1967). El valor de la marca local

En estos tiempos de la omnímoda globalización miro hacía atrás en el tiempo y descubro aquella ciudad, hoy desaparecida, en la que los pamploneses consumíamos mayoritariamente en nuestras tiendas de toda la vida y comprábamos muchos productos alimenticios que sabíamos se estaban elaborando en el obrador de al lado o, a lo sumo, en la moderna fábrica que se había construido, recientemente, en los barrios o pueblos periféricos cercanos, vamos que era, como se dice hoy en día, muy fácil fijar su trazabilidad. Hoy han desaparecido el 97% de las pequeñas tiendas de alimentación y se compra, mayoritariamente, en cuatro o cinco grandes grupos de distribución nacionales o multinacionales y las producciones no son ya no locales, ni siquiera a veces nacionales, sino internacionales. Por supuesto que seguimos teniendo productos y productores locales pero entonces el producto local era el rey y al citar aquí estos nombres, no lo hago porque fueran los únicos, -había muchísimos más-, o los mejores, solo lo hago porque la mayoría de ellos están vinculados a mis recuerdos personales y les recuerdo que este blog, en el fondo, sigue teniendo una importante faceta autobiográfica. Para empezar una jornada cualquiera desayunábamos con leche de la Copeleche-Kaiku,  -la tomábamos tanto en casa como en la escuela-, ¿quien no recuerda aquellas botellas y bolsas de leche de la Copeleche o aquellas botellitas de Kaiku que salían de la factoría del barrio de San Pedro?; almorzábamos y merendábamos pan, de Taberna, con chocolate Orbea, -estaba ahí al lado, junto a la avenida Guipúzcoa-,  o el chorizo Pamplonica, que tenía su fabrica en La Milagrosa. Había una gran variedad de chorizos, como el Argal y otros chorizos locales, pero el Pamplonica era el más extendido, el  fuagrás o foie gras más conocido era el de Mina, con fábrica en Huarte y la mejor mortadela de Larrasoaña, que había nacido en la calle Mayor; los domingos, degustábamos un chocolate a la taza Pedro Mayo o Subiza, con pan del día anterior cortado en rebanadas longitudinales, no todos los domingos se podían comer churros, ese exquisito manjar se dejaba para días señalados, o cuando a la madre en un magnánimo gesto se le ocurría. Las frutas y verduras procedían de las huertas de la Rochapea o la Magdalena y las carnes y pescados los comprábamos en la plaza, en el Mercado Viejo, el Mercado de Santo Domingo, que  bullía de actividad con la algarabía  de gentes que venía de los pueblos tanto a vender como a comprar.

En mi barrio, en el camino de los Enamorados, tenía su sede la factoría de Industrias Grasas de Navarra (Ingranasa) que producía el aceite Aitor y la margarina Natacha, y más adelante  la margarina Artua. Teníamos, además, la cerveza Cruz Azul, en la calle General Chinchilla,  y de gaseosas: Lusarreta, en la Estafeta, y sobre todo Odériz, que tras su primer local en la calle Estafeta se trasladaría al Ensanche para abrir en los años 60 la moderna planta de  la avenida de Guipuzcoa, vinos de Taberna Hermanos, o licores como el Anís Las Cadenas o el pacharán Baines, con sede en la Rochapea. Limpiábamos las manchas más rebeldes con lejía El Tigre, de la Droguería Ardanaz, sito en la calle Mayor. Nuestros electrodomésticos eran Superser, fundada por Ignacio Orbaiceta, las estufas  Agni de Estella y los frenos o servofenos de los coches, Urra, con fábrica en la Rocha, en la calle  Joaquín Beunza y luego en la avenida de Guipuzcoa, guardábamos nuestros dineros en la Caja, la Municipal, pero sobre todo en la de Navarra, y teníamos un par de bancos: el Crédito Navarro y la Vasconia, por citar algunos ejemplos de muestra, y aunque la cultura aseguradora no estaba muy extendida, si había que asegurar algo las opciones eran la Vasco Navarra o la Mutúa. En el ámbito comercial y hablaré mayormente de los desaparecidos, comprábamos la cubertería de casa en Sagarra o Bidasoa, el traje de primera comunión en el Comercio San Fermín, las zapatillas en la Mañueta o en la Zapatillera; en verano, los helados en el centro, en la Italiana o en Nalia y en el barrio, en Eliseo, los churros en la Mañueta o en la churrería de la Rocha, -la de la avenida de Guipúzcoa-, las pastas en Layana o en Marisol (en el Mercado), los libros y demás artículos de educación en la Casa del Maestro, las fotos en Ruíz y Mena, los relojes y joyas en Rubio o Alforja, los zapatos en Jauja y Gembero, los muebles en Rubio o Amat, las máquinas de escribir en Julián Echeverría, la radio en Radio Frías y la ropa en Ortega, las tres BBB, Viana, Casa Félix, El Barato, Las Madrileñas, Marpa, Unzu, Chile o Nuevas Galerías.

Al margen de esos recuerdos y reminiscencias más o menos autobiográficas, con las que he salpicado esta entrada, continuo, en este artículo, con el análisis de la publicidad local que inicié hace año y medio, allá por febrero de 2016, con los anuncios de principios del siglo. En esta entrada ofrezco nada menos que una cuarentena de anuncios, de marcas locales la mayoría, solo he metido algún anuncio de alguna marca nacional para mostrar cual era el estilo de la publicidad  que aparecía en aquellos años en la prensa y publicaciones locales. A pesar de los avances tipográficos, la calidad de las fotografías seguía siendo bastante deficiente y lo seguiría siendo hasta finales de los años 70. De ahí que aún  era mayoritaria en la prensa local  la presencia  de  anuncios basados únicamente  en ilustraciones o dibujos, otra cosa eran las revistas ilustradas nacionales, donde ahí sí, desde los años 40-50,  era mayoritaria la presencia de fotografías. La publicidad ya no se limitaba solamente a informar, como a comienzos del siglo; el eslogan se convertía en un elemento de casi obligada presencia en cualquier anuncio. He comenzado la entrada con dos anuncios, el primero de Gaseosas Odériz, con su botella inconfundible y su cierre mecánico de porcelana, cierre que, aunque se inventó a finales del XIX, se generalizó a partir de los años 50, para las botellas de gaseosa de un litro, cuando se implantó el consumo de esta bebida en el ámbito familiar. El eslogan es sencillo y, como he dicho, se pretendía que fuera una bebida de uso para toda la familia, “para el hogar gaseosas Odériz, la mejor”.

Junto al anterior párrafo vemos un anuncio de Kyns, marca de refrescos de Odériz y que tendría una feroz competencia en los años 60 y 70 con la vitoriana Kas, -yo tenía el depósito de esta marca en mi calle, muy cerca de casa-. La verdad, no es que sobrase imaginación en  estos anuncios, pues el lema o eslogan se parecía mucho al anterior: “Para nosotros es lo mejor…y los mismo para ustedes”. En esta ocasión, la ilustración sigue poniendo de manifiesto ese marcado carácter familiar, con la imagen de ese matrimonio y el niño, vamos que pretendían transmitir que el refresco Kyns era una bebida para todos. Lo que ya nos choca un poco más, con la perspectiva actual sobre la bebidas alcohólicas de alta graduación, es esa idílica imagen familiar, combinada con el segundo lema del anuncio que dice “Beba Kyns con ginebra”. Y es que por aquella época comenzaba la moda de los combinados a gran escala que popularizarían los establecimientos de hostelería. Odériz se fusionaría en 1968 con La Casera. De esta marca acompaño un anuncio, escueto, sin ilustraciones, tan solo la marca perfectamente reconocible y el lema “Sola o con vino, es única”. Por cierto, al redactar esta entrada me he acordado de otra marca de gaseosas nacional que no sé si les sonará, la gaseosa “Konga”, probablemente porque era de otras latitudes. Eran estos años 60, años pródigos en coñacs, desde el famosísimo “Soberano” conocido por aquel lema un tanto machista de “…es cosa de hombres” y del que  adjunto un anuncio al comienzo de esta entrada, un verdadero prodigio de dibujo a plumilla, donde no podía faltar, junto a la copa,  el cigarro o purito, a otros como Decano, Veterano, Fundador, etc.

En los párrafos anteriores he incluido también dos anuncios, uno de Ingranasa que dice que “servía a los hogares españoles” con sus marcas de aceite, Aitor y de margarina Natacha así como de los batidos Kaiku, a los que me he referido anteriormente que, refiriéndose a sus batidos, recuerda que se vendían en toda España pero se fabricaban en Pamplona. Queda pues de manifiesto ese prurito de orgullo de estas empresas netamente locales que eran capaces de vender también sus productos fuera de nuestra tierra, por todo el país. Kaiku fue una marca, primero de Industrial Lechera Navarra S.A (INLENA) y luego de Copeleche, aunque hoy es la marca de un gran grupo alimentario multinacional. Kaiku, además, fue la marca del grupo formado por la fusión de las diferentes cooperativas del País Vasco y Navarra, Copeleche, Gurelesa y Beyena, a finales de los años 80.  Hace poco Maite Ilundáin me recordaba que otra marca de productos lácteos, Goshua, tuvo su origen en la lechería-mantequería Baserri, en el nº 21 de la calle San Antón. Junto a este párrafo adjunto sendos anuncios de cervezas, a la izquierda, un  escueto y austero anuncio de la cerveza pamplonica Cruz Azul, de Luis Ros, que tuvo su última sede en la calle General Chinchilla, donde hoy está la comisaria del Cuerpo Nacional de Policía y que cerró sus puertas en el año 1973. A la derecha, un anuncio también sencillo, sin ningún tipo de florituras,  de Cervezas El León que,  aunque era guipuzcoana, tenía un depósito en el nº 29 de la calle Estafeta, donde actualmente se encuentra el comercio Tejidos Rodrigo. En ese mismo lugar, su titular, Mariano Soto, tenía una fabrica de hielo. El lema del anuncio  se refiere a  las bondades del rubio elemento líquido: “La mejor bebida, la cerveza, la mejor cerveza, El león”.

A continuación analizo una serie de anuncios de diferentes establecimientos comerciales de la ciudad. En primer lugar, a la izquierda, un anuncio de Sagarra, con unas ilustraciones y tipografía perfectamente identificables, que aparecerían en buena parte de su publicidad, a lo largo del tiempo. Se resalta la fecha de su nacimiento,  el origen de Sagarra se remonta nada menos que a 1878, destacando el valor de la experiencia. El anuncio definía muy bien el tipo de productos que ofrecía: regalos, vajilla, lamparas, antigüedades, bisutería y por último  incorpora el obligado lema o eslogan: “Vende mucho, ganando poco”, un lema que resulta llamativo pues supone toda una declaración de política comercial contenida en apenas una sola frase:  el reducido margen comercial como política de la empresa que repercute en el precio y por lo tanto en el incremento de las ventas. El segundo anuncio, el de la derecha, soporta su mensaje fundamentalmente sobre la marca “cafés costa fría” y  el nombre el fundador, Carlos Moreno, probablemente como garantía de una sólida marca, un nombre que, según el propósito del anunciante, ofrecería al público garantía y credibilidad, la ilustración refleja una escena en la que una señorita degusta un exquisito café, como recuerda el lema que ocupa un espacio menor en la composición del anuncio, mientras el camarero aparece erguido con la bandeja, lo que denota la tradicional  imagen de servicio. No obstante la estética del anuncio parece un tanto anticuada incluso para la época. Entre los anuncios inferiores, el primer  anuncio se basa única y exclusivamente en los textos, con dos tipos de lemas, el que hace referencia a la marca: “El Barato, la casa de confianza” y al producto: “mantas mejores a precios mucho mejores”, vamos, calidad, confianza y precio. El segundo anuncia la próxima apertura de un nuevo establecimiento de Comercial Escudero, “El palacio del niño”, con ropa infantil y sección especial de señora. Los monigotes, de apariencia infantil, refuerzan el mensaje y centran el público objetivo al que va dirigido  este nuevo establecimiento comercial. El tercer anuncio, de  Caja Municipal,  utiliza una garita o cuerpo de guardia de la muralla pamplonesa como refuerzo gráfico a su lema central “El ahorro, vigila, defiende tu porvenir”. El cuarto anuncio, de Bodegas Ibañez,  es estrictamente informativo, destacando algunas marcas propias que yo desconocía: sidra Mirentxu, champán Valdizarbe, Kina San Fermín y su servicio a domicilio, lo mismo que el de Hotel Maisonnave que nos informa sobre las características de las nuevas dotaciones hoteleras inauguradas, hacía poco, en el nº 20 de la calle Nueva: 164 habitaciones, todas con baño o ducha y servicios y grandes salones para banquetes.

Los siguientes anuncios se refieren tanto a establecimientos, en el caso de Radio Frias, verdadero referente comercial  en el campo de los electrodomésticos de aquellos años, como de producto, en el caso de Lejía El Tigre. En el tercer caso lo destacable es la marca Superser, con una escueta enumeración de los productos que ofrecía (estufas, lavadoras, frigoríficos, cocinas), el primer frigorífico que hubo en mi casa era Superser y duró varias décadas. Y es que todavía no había llegado la era de la obsolescencia programada. Respecto a la lejía El Tigre yo  la recuerdo haber visto en mi casa, bajo la fregadera, junto al jabón Lagarto, envasada en unas botellas de plástico duro de color rosaceo y/o amarillo, con el tigre saltando grabado en el cuerpo de la botella. El anuncio respondía al viejo estilo informativo de los anuncios, aunque también incorpora un escueto eslogan: “Lo mejor para la ropa blanca”. La fabrica de lejías El Tigre creo que estuvo primero en la calle Mayor y luego se trasladó a la carretera de Esquiroz.

 

A continuación adjunto una serie de anuncios meramente informativos, aunque en algunos pocos casos   también incorporen lemas o esloganes de los siguientes establecimientos comerciales locales: Viajes Vincit, Muebles Elósegui, Restaurante Basaburua, Leder, Muebles Doel, Victor Bregaña, Casa Les, Tejidos Górriz, Teofilo Iriarte, Muebles Sagaseta, Sastrería Artazcoz y Bar Bilbao, muchos de los cuales nos recuerdan la clásica tarjeta de visita.

No eran marcas locales pero tuvieron una importante presencia en aquellos años, la Coca Cola, que basaba su mensaje en su reconocible logotipo y un lema bien claro “Refresca mejor”  o el Colchón Sema, con su inolvidable eslogan de “Dijo Sema y se durmió y como nuevo despertó” que algunos recordarán. Si no recuerdo mal,  la tienda de referencia de Colchones Sema, en aquellos años, en Pamplona, estaba en la calle Amaya. El anuncio de Almacenes Aldapa es el arquetipo de la austeridad gráfica, con un sentido estrictamente informativo, recordando la ubicación de  sus diferentes establecimientos y citando,  de un modo absolutamente detallado,  todos los productos que ofrecía.

Por último les ofrezco una última  tanda de anuncios de establecimientos locales donde se mezclan ilustraciones, -es el elemento fundamental del anuncio del Mesón del Caballo Blanco-,  que logra transmitir, con ese detallado dibujo,  el  aspecto medieval que ha  caracterizado este edificio a lo largo de su historia, aspecto medieval que ha confundido  a muchos, propios y extraños, pues la gente cree que el edificio es mucho más antiguo de lo que en realidad es (es del año 1961)-, logotipos  más o menos reconocibles, como en los casos de Thomas, Rocamador o Apesteguía  e información servicio útil: información sobre marcas, productos, servicios, si bien con escasez de recursos gráficos en algunos casos, como los de bar Montón y Agustín Beunza, que nos recuerdan, igualmente, en su economía de medios o recursos gráficos,  a la típica tarjeta de visita.