Los Sanfermines de la transición (1976-1986)

Video del Chupinazo y los Sanfermines de 1976

Cierro, de momento,  con esta publicación la serie de entradas dedicadas a repasar los sanfermines del siglo XX y aunque quedan los últimos años del siglo  los  repasaré en otra ocasión. Este año era alcalde de la ciudad Javier Erice. Hacía unos meses que acababa de morir Franco y había tomado posesión de la jefatura del Estado el rey Juan Carlos I. Sin embargo y a pesar de la muerte del dictador no habían cambiado demasiado las cosas. Hasta el 1 de julio había sido presidente del gobierno Carlos Arias Navarro. Arias había sido gobernador civil de León, Tenerife y gobernador civil y jefe provincial del Movimiento en Navarra, tras la destitución de Luis Valero Bermejo desde el 15 de julio de 1954. Era conocido entre la oposición antifranquista como “el carnicerito de Málaga” por su papel en la represión tras la guerra civil, se le atribuye la muerte de más de 4.000 republicanos. Tras su paso por Pamplona fue nombrado director general de Seguridad, alcalde de Madrid y ministro de la Gobernación hasta  la muerte en atentado de Carrero Blanco al que sustituye como presidente del Consejo de Ministros en 1973. Protagonizó un tímido intento de maquillar el rostro del régimen con el espíritu del 12 de febrero de 1974 que se encontró con la oposición de los sectores más ultras, viéndose, además,  desbordado por la creciente fuerza de la oposición antifranquista. Los sucesos de Vitoria en Marzo y de Montejurra en mayo de 1976 precipitaron su caída. Un día antes de los sanfermines tomaba posesión de la presidencia del Gobierno, Adolfo Suarez. Ese mismo día se celebraba en el Pabellón Anaitasuna en Pamplona un acto proamnistia en el que participaron personajes como Victor Manuel Arbeloa, Gabriel Urralburu o Mariano Zufia.

En este contexto se iniciaban los Sanfermines. Y lo hicieron con lluvia, entre un auténtico mar de paraguas, como se puede ver en el video que abre la entrada.  El chupinazo estuvo pasado por agua, llovía torrencialmente, me recuerda mi hermano. Y aquellos jóvenes gritaban “fuera paraguas”, porque  las ganas de fiesta  de aquella juventud podía incluso contra los elementos climatológicos por muy adversos que se presentaran. Yo comenzaba la adolescencia, tenía 12 años. La lluvia impidió la salida de los gigantes y cabezudos. Los concejales sociales se negaron a vestir de frac en los principales actos festivos como el riau riau, que este año duró cuatro horas,  lo que fue objeto de cierta polémica social y en los medios aquellos días.  El alcalde por primera vez declinaba presidir la primera corrida de feria.  La efervescencia que se vivía a nivel político se trasladaba a la calle. Las reivindicaciones políticas se trasladaban a los actos festivos como el riau riau de aquellos años. Se quemaban banderas españolas y se exhibían ikurriñas. Una manifestación celebrada el día 11 por al muerte de un manifestante en Santurce fue disuelta por la policía. Este año se habían producido los sucesos de Vitoria y de Montejurra. Todavía se mantenía la tradición de nombrar madrinas de las fiestas por parte de las peñas. La costumbre permanecería por lo menos hasta 1978.

Entre los diestros que nos visitaron estos años estaban Damaso González, Ruiz Miguel, El Viti, el Niño de la Capea, Paco Alcalde, Manzanares, Raul Aranda, Curro Rivera, Paquirri, Roberto Dominguez,  José Luis Parada, Luis Francisco Esplá, Antonio José Galán, Galloso, Frascuelo, José Luis Palomar, Palomo Linares, Julio Robles, José Antonio y Tomás  Campuzano, Emilio Muñoz, Ortega Cano, Angel Teruel, Espartaco, Morenito de Maracay, Vicente Ruiz El Soro, Pepin Jimenez, Victor Mendez, Manili, José Cubero Yiyo, Victor Mendez, Antoñete, Curro Durán, Emilio Oliva, Manolo Cortés, Lucio Sandin. A las sociedades deportivo recreativas acudían figuras de la música como Juan Pardo, Mocedades, Manolo Otero, Iva Zanichi, Patxi Andión, Lolita, Mochi, Camilo Sexto, Los Chicos, Los Puntos mientras Paco Martínez Soria visitaba por enésima vez el Gayarre. Entre las incidencias acaecidas en el encierro, donde se comenzaba a detectar la presencia de las primeras corredoras, cabe señalar el encierro del día 12 que duró más de un cuarto de hora con una treintena de heridos, dos de ellos graves. En nuestra ciudad se derribaba la popular Casa Seminario y los solares de los viejos cuarteles iniciaban su larga andadura como aparcamientos en superficie. Se derribaban las antiguas escuelas del Ave María y comenzaban las obras del complejo deportivo municipal de Aranzadi, bueno para ser más exactos de sus dos primeras piscinas, cuyas obras acabarán el año siguiente.

En 1977, el día 8 de julio, viernes, yo había acudido al encierro en la plaza de toros. Estaba situado, en la parte derecha del tendido, según se entra  desde el callejón, y a unos 80 metros de este. Nada hacía prever lo que sucedió cuando llegaba el encierro al coso taurino. Cayeron unos mozos y luego otros más y más hasta formar una impresionante montonera. Cuando llegaron los toros se encontraron con un autentico valladar de cuerpos. No hubo más heridos por asta de milagro, los toros y mansos estaban asustados y atrapados entre el montón de cuerpos y los mozos que seguían viniendo por detrás algunos toros desandaron su camino rumbo a la Estafeta. Al final hubo un muerto, por aplastamiento, el joven José Joaquín Esparza Sarasibar de 17 años y casi 40 heridos. Las barracas se comenzaban a colocar en la zona de Yanguas y Miranda donde permanecerían por largo tiempo, hasta su reciente traslado al parque de la Runa. El riau riau duró este año 4 horas, con algún incidente aislado, como la quema de alguna bandera española.

Estos fueron los primeros sanfermines,  (era alcalde Segundo Valimaña),  en que la ikurriña ondeó oficialmente junto a las banderas de Pamplona, Navarra y España en los balcones de la casa consistorial, si bien esto no sirvió para aplicar los ánimos de algunos jóvenes que siguieron protestando por la presencia de la bandera española en diferentes zonas de la ciudad. Recordemos que antiguamente se engalanaban calles y plazas principales con banderas. Continuaba la conflictividad política: un par de meses antes se había celebrado la famosa semana pro-amnistía con varios muertos por la policía en el País Vasco y Navarra. Se sucedían los atentados de ETA y grupos de ultraderecha, con agresiones indiscriminadas a jóvenes por parte de los guerrilleros de Cristo Rey.  Poco antes de las fiestas se produjo una huelga en el sector de la hostelería  que se suspendió in extremis al comenzar las fiestas. En Agosto se celebraba la Marcha de la Libertad y en diciembre dos grandes manifestaciones de diferente signo recorrerían las calles de la capital, la primera, el 3 de diciembre  convocada por la Diputación Foral presidida por  Amadeo Marco con el apoyo de la UCD y AP, a favor de una “navarra foral y española” y el 9 de diciembre otra apoyada por 13 partidos y 6 sindicatos nacionalistas y de izquierdas a favor de una “Diputación democrática y un Consejo Foral representativo” . Una de las imagenes de los cambios urbanísticos  lo marcaba el derribo del convento de las Carmelitas en la Avenida de Pio XII con su inconfundible cúpula.

En 1978, la ciudad cambiaba su fisonomía y sus espacios tradicionales al mismo tiempo que lo hacía la sociedad y la política en ese tiempo. De los sanfermines de 1978 ya hablamos en la serie “Pamplona, año a año”. Como decía en aquella entrada los sanfermines del 78 no se pueden entender sino es fruto del contexto socio político de aquella época. Como dice Mari Mar Larraza en el título del libro que repasa algunos aspectos políticos y sociales de la Pamplona franquista, la ciudad había pasado a ser de “leal a disidente”, de bastión del golpe militar de 1936 a convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para el régimen franquista a lo largo de los años 70 y aun antes. Con la transición no solo no se aplacaron los ánimos en nuestra ciudad sino que se radicalizaron las posturas políticas, encontrando las posiciones rupturistas un gran eco en nuestras calles, especialmente entre los sectores más jóvenes de nuestra sociedad. En mayo y tras el funeral por el asesinato de un policía nacional un grupo de jóvenes apuñaló al subteniente de la guardia civil Juan José Eseverri en la calle Chapitela. Fueron detenidos cinco jóvenes que ingresaron en prisión. A partir de ese momento se produjeron frecuentes manifestaciones que acababan invariablemente en fuertes enfrentamientos con la policía. El 3 de julio un grupo de personas se encerró en la casa consistorial pidiendo la libertad de los detenidos y declarándose en huelga de hambre. Esos días fueron quemadas tanto banderas españolas como alguna ikurriña colocadas  en diferentes zonas de la ciudad. El riau riau transcurrió sin incidentes. Hubo algún pequeño conato de enfrentamiento entre jóvenes de distinto signo en la noche del día 6 al 7 a propósito de esta guerra de banderas que no llegó a mayores. Por primera vez no había presencia militar en las fiestas, ni de músicos militares, ni de ningún otro tipo. Este año se había derribado la casa de Baños de la calle Calderería y el edificio de la Mutua en Carlos III, se había inaugurado el nuevo edificio de la CAN en la mencionada avenida, apuntalado el puente de Cuatro Vientos por su enorme saturación de vehículos pesados y convertida la primera parte de la Avenida de Bayona en un patinodromo, lo que hoy conocemos como Antoniutti. Un rincón con encanto, como Recoletas sufría igualmente algunas pequeñas modificaciones: perdía uno de sus dos kioskos asi como las escalerillas de salida a la Cuesta de la Estación. Aun se seguía aparcando en la plaza tanto fuera como en torno a la fuente.

El día 8 de julio, en la plaza de toros,  tras la muerte del último astado medio centenar de personas bajaron al ruedo con una pancarta en la que se leía “Amnistía total. Presoak kalera. San Fermin sin presos” que fue recibida con disparidad de opiniones, de pitos y oposición  en los tendidos de sombra y de apoyo y aplausos en los tendidos de sol, disparidad que fue a más con el lanzamiento de algunas almohadillas y objetos que provocaron algún pequeño conato de enfrentamiento entre parte del grupo de la pancarta y algunas personas de sombra. En ese momento entraron por el callejón las peñas txikis y tras de ellos unos cuarentena de antidisturbios (de los 200 que aguardaban fuera) encabezados por el comisario Miguel Rubio que cargó primero contra el grupo de manifestantes y luego ante la reacción airada de buena parte de los tendidos que arrojaron todo tipo de objetos lo hicieron con material antidisturbios y fuego real contra la multitud. Hubo siete heridos de bala en el coso taurino de los 55 que fueron atendidos en la enfermería de la plaza. Un poco más tarde entraba otro grupo de policías  por el patio de caballos utilizando también sus armas de fuego. A partir de las 9 y hasta bien entrada la madrugada los enfrentamientos se extendieron por todo el Casco Antiguo y el Ensanche, con cientos de manifestantes parapetados tras las barricadas intentando llegar hasta el Gobierno Civil.

En esta avanzadilla hasta el Gobierno Civil, la policía disparó nuevamente fuego real, disparos de metralleta según unos o más espaciados como de fusil de asalto según otros, produciéndose cuatro nuevos heridos de bala y un muerto, el joven Germán Rodríguez que caía muerto a las 22.15 horas por un tiro en la frente a la altura de la avenida de Roncesvalles. Hubo más de 200 heridos, 11 de ellos heridos de bala.  Según Martín Villa, ministro del Interior en apenas seis horas se hicieron 7.000 disparos de material antidisturbios y 150 disparos de bala. Se conservan grabaciones de las comunicaciones policiales de aquel día en las que textualmente algunos mandos (el comandante Fernando  Avila García, procedente de la Legión y que había sustituido al asesinado Imaz por voluntad propia) instaban a sus subordinados actuar con contundencia sin importarles disparar a matar. Muchos achacan a este comandante cierto deseo de venganza y de dar un escarmiento a un sector político de nuestra ciudad. Se suspendieron las fiestas. Hubo dos días de luto y el día 11, el alcalde, Jesús María Velasco declaraba oficialmente suspendidas las fiestas. Los sanfermines chiquitos de septiembre consiguieron recuperar el perdido espíritu festivo de la ciudad y  sus habitantes y para muchos siguen siendo unos sanfermines inolvidables.

1979 fue el primero año de muchas cosas, el primer año después de los trágicos sanfermines del año anterior, el primero con una corporación elegida en las urnas y que daría como alcalde al socialista Julián Balduz  (que permanecería en el puesto hasta 1991) y con la presencia de mujeres en la corporación, el primero en el que se utilizó el grito del chupinazo en castellano y en euskera, el primero en que se celebraron encierros txikis, el primero sin la presencia de la policía nacional en los principales actos, como el encierro, el primero en colocarse las barracas políticas en Taconera, el primero en no colocarse las banderas en diferentes puntos de la ciudad. En la plaza de toros al margen de las tradicionales corridas se celebraban otros muchos espectáculos: festivales, deporte rural, la que empezaba a ser tradicional corrida vasco-landesa, etc.

A pesar de los malos presagios que sobrevolaban las fiestas, fueron los terribles “años de plomo” en 1980 no hubo afortunadamente ningún incidente. Si embargo, este año, se produjeron dos muertos en el encierro del día 13: murieron los jóvenes Vicente Eladio Risco, en la plaza consistorial y José Antonio Sánchez Navascués en la plaza de Toros. Estas muertes llevarían aparejados algunas reformas en el vallado. Y es que al menos una de ellas, la de la plaza consistorial  se pudo haber evitado si el primer vallado no hubiese estado completamente invadido por espectadores y si  libre para que los corredores pudiesen encontrar refugio. Fue el primer año en que se inició el turno rotatorio entre todos los grupos políticos para lanzar el chupinazo. La mayoría de las peñas convocaron un pobre de mi alternativo en la plaza de San Francisco en protesta por la política sanferminera del nuevo ayuntamiento. El riau riau duró este año cinco horas y media. El grupo Los Pecos fue objeto de una autentica caza al hombre, teniendo que suspender su actuación en el Club Larraina tras el lanzamiento de todo tipo de objetos e improperios. Como años atrás, en 1968, con los Pop Tops buena parte de nuestra juventud podía hacer gala a veces de comportamientos bastante  cavernícolas. En cuanto al ámbito urbanístico, en Pamplona se comenzaba a hablar de construir aparcamientos subterráneos y de peatonalizar el Casco Viejo y se  inauguraba el edificio de Caja Municipal en la entonces avenida de Ejército. En 1980 continuaron cambiándose los nombres de algunas vías principales como se había hecho el año anterior con la Avenida Franco, Osasuna subía a 1ª división después de 17 años correteando por los campos de 2ª y 3ª división.

1981  fue también, como en 1979 el primero en varias cosas: fue el primer año en que el chupinazo lo tiró una mujer, más concretamente la concejala Elisa Chacartegui. El riau riau duró cuatro horas y cuarto y la ceremonia de las vísperas se celebró sin la presencia de la Corporación, seguramente por primera vez en su historia.  Fue el primer año en servirse a partir de las 7 de la mañana en la plaza del Castillo el caldico reconfortante, caliente y gratuito. Fue el primer año en que la hornacina se colocó en la muralla de la Cuesta de Santo Domingo, con el santo rodeado por los pañuelos de las peñas. Fue el primer año en que no actuó antes del encierro la banda del Maestro Bravo. En su lugar actuó la fanfarre Intxaurrondo. Con la apertura del centro territorial de TVE en Navarra se amplió la cobertura televisiva de los encierros y los sanfermines, retransmitiéndose el encierro para toda Navarra desde 1982 y desde 1993 para toda España. Si en 1971 el presupuesto de las fiestas era de unos 3 o 4 millones de pesetas diez años más tarde, su coste se había multiplicado por diez. En 1981 se cerraba el Matadero Municipal de Pamplona, desaparecía “El Pensamiento Navarro”, y las papelimpias o “pamplolimpias” que de todo se les llamó entonces inundaban la ciudad.  El riau riau de 1982 duró cuatro horas y cincuenta minutos. La ikurriña había dejado de ondear oficialmente en el ayuntamiento desde diciembre de 1981, si bien concejales de HB la sacaron a partir de ese año al balcón de forma extraoficial. El empeño de salir con la bandera por parte del grupo municipal  de danzas llevaría a la larga aparejada su disolución. Este año cambiaron los recorridos de las villavesas, se derriba un resquicio de otro tiempo: la vieja estación del Empalme de la Rochapea, los cines se convierten en multicines, nace “Navarra Hoy”, los temblores de tierra sacuden nuestra ciudad y los termómetros marcan temperaturas calurosísimas apenas recordadas en la historia.

En 1983 se suspendía por primera vez el riau riau, al retirarse a las siete de la tarde la corporación junto a la Pamplonesa, por la presencia de un grupo de medio centenar de jóvenes de la izquierda abertzale que impidieron el normal desarrollo del acto. Por contra el acto de la procesión era cada vez más concurrido. En 1983 como dije en la entrada correspondiente las atracciones de las barracas costaban 50 pesetas. Este año moría el maestro Bravo pasados los sanfermines. También lo hacía otro ilustre hijo de la ciudad, el músico Luis Morondo. Se acometían obras de reforma en la avenida de Villava y en Pio XII y se inauguraba la casa de baños de la calle Eslava. También desaparecía la vaguada de San Juan por donde en otro tiempo circulara el Plazaola y se comenzaba a hablar  de las llamadas casas de Múgica. Los olmos de la ciudad caían victima de una  letal enfermedad llamada grafiosis. La ciudad se dotaba con la nueva corporación democrática de multitud de parques, polideportivos y escuelas, aunque la contrapartida fuese la abultada deuda municipal. En 1984, el encierro del día 7 salió con siete minutos de retraso, debido a que no estaba adecuadamente limpio de corredores el recorrido. Sin embargo este año fue también el año con menos corneados, dos durante todas las fiestas. Nuevamente se suspendió el riau riau. Esta vez no se pudo salir siquiera de la propia casa consistorial, tras dos horas de infructuosos intentos. Mientras se proseguía con la guerra de las banderas. La nómina de visitantes ilustres no era muy abultada estos últimos años, algún ministro socialista, el alcalde Tierno, etc, pues bien en 1984 visitaron nuestra ciudad además de dichos ministros los embajadores de la URSS y EEUU y la nieta de Hemingway, Margaux y en 1985 los embajadores de Colombia y Canadá. Los éxitos osasunistas tenían reflejo en los cánticos sanfermineros. Así sucedió en 1985 con el cántico “Osasuna  a la UEFA va”. Empezaron los problemas con las barracas políticas.

1985 pasará a la pequeña historia de nuestra ciudad por traernos una de las peores olas de frio, llegamos  a los -17º, se heló el Arga y nevó en Mayo.  El Riau Riau llegó a San Lorenzo este año pero ya no se recuperaría nunca más,  en 1986 apenas pudo recorrer 100 metros después de 2 horas de recorrido, y así sigue, sin recuperarse hasta nuestros días. El presupuesto de las fiestas en 1985 fue de 45 millones de pesetas. Se incorporaron algunos servicios nuevos: consigna y duchas, así como una oficina de información y otra de objetos perdidos, todos ellos  en la estación de autobuses. En 1985 también los ocupas “okupaban” edificios oficiales: entonces fue el edificio de Zapatería, 40, a cargo de los colectivos Katakrak y Kokorock. Parece que desde 1978 descendió de forma notable la presencia de extranjeros, aunque en 1985 se hablaba de triplicar la población y en 1986 la prensa hablaba de la llegada de 250.000 visitantes, de forma que se estimaba que esos días había en Pamplona entre 400 y 600.000 habitantes.

Por contra, en 1986 fue bastante notable la presencia de punkis y otras tribus urbanas, circunstancia que recogió la prensa de aquellos años con frecuentes altercados en la vía pública. A excepción del riau riau los sanfermines habían entrado en una dinámica de cierta normalidad: seguía celebrándose el encierro txiki, la procesión y la comparsa atraía cada vez a más gente así como los fuegos artificiales. Las barracas seguían ubicándose en la explanada de Yanguas y Miranda. El encierro era como siempre el acto estrella de las fiestas, con sus endémicos problemas de saturación de gente y el riesgo que entraña una carrera de estas características con seis toros bravos sueltos por las calles. Pero también había otros actos menores que empezaban a tener su público: el encierrillo, el apartado, la corrida vasco landesa, los festivales matutinos en la plaza de toros, las jotas en la Taconera, las dianas, etc. La canción de este año fue Calderete del grupo Gamberros Unidos. El Ayuntamiento impulso una campaña cívica durante estos días bajo el lema de “No te cortes la fiesta”. El día 8 se escapó una vaquilla por la puerta del callejón circulando por el ensanche hasta la avenida del ejército y de allí por Antoniutti y Cuesta de la Reina hasta la Rochapea. El último Riau-Riau que consiguió este objetivo fue el de 1985, con una duración de tres horas y media, durante las cuales se interpretó, cantó y bailó el “Vals de Astrain” unas 180 veces. En la ciudad se acometía una profunda reforma del Mercado de Santo Domingo, cuyos comerciantes pasarían todo un año en los pasillos de la plaza de Toros, se reformaba y reforzaba el puente de Curtidores y se compraban para rehabilitar, por parte de las administraciones foral y municipal,  diversos edificios nobles del Casco Viejo de nuestra ciudad. Termino esta entrada con un amplio reportaje fotográfico sobre los sanfermines de 1978, con mucho más material gráfico y de mejor calidad que en la entrada “Pamplona, 1977-1978”.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Postal del encierro en el tramo de Santo Domingo. 1976-77. Ed. Dominguez, Nº 2: Noticiario Cinematográfico (NODO) Julio 1976. NOT N 1747 B. Filmoteca Española. RTVE, Nº 3: Postal del encierro en el  tramo de Telefónica. 1977. Ed. Dominguez, Nº 4: Programa de fiestas San Fermín 1976, Nº 5: Gigantes a la salida de la calle Mayor. 1976, Nº 6: Calendario de bolsillo. San Fermín 1977. Grafinasa, Nº 7: Montón del 8 de julio de 1977. Archivo Diario de Navarra, Nº 8: portada de la revista “Triunfo”. Septiembre 1977, Nº 9: portada de la Gaceta del Norte (Ed. Navarra). 27 de noviembre de 1977, Nº 10: El Ayuntamiento de Pamplona, el 4 de julio de 1978. Foto Joxe Lacalle, Nº 11: Dossier confeccionado y editado por la Comisión Investigadora de las Peñas de Mozos de Pamplona. Julio 1978. Nº 12. Portada de ABC. 11 julio 1978, Nº 13: Portada de El Correo Español. 12 de julio 1978, Nº 14: Hoja de Lunes de Barcelona. 10 de julio 1978, Nº 15: postal del encierro en el tramo de Mercaderes. Ediciones Vaquero. 1979, Nº 16. La Comparsa frente a la Casa Consistorial. 1979. Archivo Santi Urra, Nº 17: Foto Mena. Cogida mortal de Vicente Risco en la plaza de Toros. 13 de julio de 1980, Nº 18: Elisa Chacartegui, primera mujer en lanzar el chupinazo. Julio 1981, Nº 19: Ambiente en la calle. 1981. José Luis Nobel. Colección Arazuri. AMP, Nº 20: Encierro televisado, tramo de Telefónica. 1981, Nº 21: Cogida de Peter Townsend. Foto Agencia EFE. 10 de julio de 1984, Nº 22: Ambiente en la calle. 1984. José Luis Nobel. Colección Arazuri. AMP,  Nº 23: Imagen captada de documental sobre los Sanfermines de ETB. 1984, Nº 24: Balcón de la plaza consistorial, con la ikurriña junto al resto de banderas. 1980. ABC. Foto Europa Press, Nº 25: Ambiente en la calle, Foto de Lluis Maimi Casanovas. 1979. Nº 26: portada de la revista taurina Aplausos. Julio 1986, Nº 27 y Nº 28: Pancarta pro-aministia en la arena de la plaza de toros. La Policia Armada entrando en el coso. Fotos Jorge Nagore, Nº 29:  carga de la policía armada tomada desde otro ángulo. Foto José Ramón Belzunce, Nº 30, 31 y 32: Foto Dossier de las Peñas, 1978. Nº 33: mozos intentando razonar con un antidisturbio cerca de Telefónica. Foto Jorge Nagore. Nº 34: Carga policial en la avenida de Carlos III. Foto Xabier Santiago,  Nº 36: Foto Dossier de las peñas, 1978. Nº 35, Nº 37, Nº 38: Fotos extraidas de la prensa de aquellos años. 

Pamplona año a año: 1918. El año de la gripe y del derribo de la muralla de Tejería

El invierno de 1918 fue especialmente duro en Pamplona. Para más inri, a estas adversas condiciones metereológicas  se unió la falta de carbón. De su adquisición se encargaba la Junta Municipal de Abastos que había  adquirido estos días un par de vagones a la compañía El Irati. A primeros de enero el carbón se vendía en la antigua plaza de toros a 55 céntimos los dos kilos, con un tope máximo de 10 kilos por comprador.  Desde Soria llegaron a la ciudad tres mil docenas de huevos que se venderían en el Mercado Viejo a 2,50 pesetas el kilo. El día de Reyes, domingo,  las calles estaban hechas un autentico barrizal, de forma que el alcalde, Francisco Javier Arraiza Baleztena, había conseguido una autorización del obispo para que las brigadas de obreros municipales pudiesen trabajar en  festivo. A las 11 de la mañana se realizó en un Frontón Euskal Jai abarrotado de público el reparto de juguetes entre los niños más pobres de la ciudad recogidos por los llamados “exploradores”, una especie de “boy scouts” y a las 16.30 en el salón de actos de las Escuelas de San Francisco, la Asociación “Unión de Damas del Sagrado Corazón de Jesús” realizó un reparto de ropa a numerosas familias necesitadas de la ciudad. Se sometía, por otra parte, a estudio el proyecto de tren de Estella a Vitoria también llamado ferrocarril vasco navarro que, recordamos en otra entrada, haría su último viaje el 31 de diciembre de 1967. La necesidad acuciaba en nuestra ciudad. Una comisión benéfica liderada por Juanito el de la Rochapea, que había hecho una campaña junto al Diario de Navarra, iba a destinar 2.500 pesetas a desempeñar  ropas de abrigo y de cama depositadas en el Monte de Piedad. Fruto de esta misma campaña benéfica se repartieron 143 lotes a vecinos necesitados de la calle Jarauta. La iglesia de San Saturnino repartía entre la familias pobres de su parroquia 465 bonos de pan y carbón. La Escuela Normal de Maestras también celebraba sus fiestas de caridad, en esos días distribuyó 112 lotes de ropa de niño a las madres que habían asistido a la conferencias instructivas sobre lactancia, dentición, ejercicio, higiene, primeros auxilios, etc.

Pamplona amanecía a 9 grados bajo cero y no llegaba  a los 0 en todo el día. El temporal había comenzado el 26 de diciembre y lo termometros habían llegado a marcar hasta 20º bajo cero en algunos lugares. Dada la importancia del artículo y los precios desmesurados que estaba alcanzando la Junta Provincial de subsistencias fijaba el precio del carbón y la obligación de venderlo exacto de peso. El precio sería de 15 o 16 céntimos el kilo  según fuese a granel o en sacos de 25 o 50 kilos. Se preparaba el primer centenario del nacimiento de Navarro Villoslada. Los Amigos del Arte recorrieron las calles haciendo una colecta  a favor de la cantinas escolares. La gente era denunciada por motivo muy diversos: una vecina de Descalzos por escándalo público,  un borracho que en Mercaderes gritaba, lloraba y daba vivas a la República, otro que le dió por cortar lo cables de la luz de una casa de la Mañueta, una mujer por pedir, faltas a la moral, blasfemia, embriaguez y escándalos varios. La Junta Directiva del Círculo Jaimista acordaba establecer en Pamplona la institución de las “Margaritas”, rama femenina del carlismo. Más de 600 vecinos de la ciudad habían sido denunciados por tener la salida de las chimeneas de sus estufas a la vía pública. Los domingos al mediodía se celebraban conciertos en la plaza del castillo. Otros preferían la zarzuela o los cines. A finales de enero se informaba que se estaban buscando recursos para erigir un monumento al violinista Pablo Sarasate. Ante la falta de combustible diferentes pueblos y entidades pedían a Correos sustituyesen los vehículos de reparto por la tracción animal en sus servicios.

A primeros de febrero se hablaba sobre la prolongación del mirador de la Taconera hasta la misma muralla. Era un proyecto deseado por la ciudad. Se iba a  quitar la barandilla situada a lo largo de la orilla izquierda del Arga, por el camino de la carbonilla que conducía a la Estación del Norte. Esa barandilla se iba a colocar en el extremo saliente de dicha prolongación. Este fue el año de la gripe que mató a más de 50 millones de personas en todo el mundo, pero la oleada fuerte empezaría en la segunda mitad del año. En enero había habido más muertes que nacimientos en la ciudad, 122 frente a 57, la mayoría de ellas por enfermedades respiratorias. El día 2 de febrero se celebraba la fiesta de la Candelaria, antiguamente era fiesta de precepto, pero en estos años tan solo se guardaba fiesta en oficinas y centros oficiales durante media jornada. El día 3 se conmemoraba la fiesta de San Blas y los pamploneses acudían a la iglesia de San Nicolás con cestas de alimentos para que se los bendijeran. Este año hubo menos puestos o tenderetes que otros años. El Centro de Sindicatos Libres de Obreros Católicos pedía al Ayuntamiento que suprimiese el Carnaval en aquello que del consistorio dependiera. El alcalde les contestó que no era de su competencia sino del gobernador. Con motivo de estas fiestas no hubo clases los días 11, 12 y 13 de febrero. Hubo baile en el Gayarre organizado por el Casino Eslava que terminó de madrugada. Se notaba la animación en las calles si bien no hubo demasiada gente disfrazada. En otras ciudades se había suspendido por orden gubernativa, como en Santander y Bilbao y es que las autoridades religiosas no eran muy dadas a fastos de origen pagano y las políticas no eran muy proclives a que la gente disfrutase sin control y lo hiciese además disfrazado por aquello del anonimato en las riñas o agresiones que dificultaba extraordinariamente la identificación de las personas. En varios centros (Orfeón, Nuevo Casino, círculos jaimistas e integristas) hubo también bailes. En las iglesias (Salesas, San saturnino, Carmelitas Descalzos, San Agustín, Corazonistas y Redentoristas), por contra, triduos de desagravio por los “excesos y desordenes” cometidos en carnaval. Se rompía la alianza política electoral entre jaimistas, integristas y mauristas. La crisis de los transportes por ferrocarril seguía sin resolverse. El alcalde publicaba un decreto prohibiendo  la mendicidad. Para los mendigos pobres de Pamplona se ofrecían tres plazas en la Casa de Misericordia,  a los mendigos de fuera se les mandaría a sus respectivos pueblos.

El director general de Comunicaciones del Estado solicitaba al Ayuntamiento certificación de la propiedad del solar de 850 m2, ubicado en los terrenos del Vinculo, que pretendía comprar  para construir la nueva Casa de Correos y Telégrafos. Las escrituras se formalizarían en mayo, sin embargo había miedo a incumplir el plazo de 80 días para el derribo. Los panaderos de la ciudad solicitaban al Gobernador autorización para subir el precio del pan ante la subida de las materias primas. En la segunda quincena de febrero mejoró la crisis de subsistencias aunque los precios seguían siendo altos, pero bastante menos que a primeros de año: la docena de huevos estaba a 1,50 cuando un mes antes estaba a 3,50 pts. El 17 de febrero se proclamaban los diputados electos a cortes por Pamplona al no haber más candidatos para los puestos a cubrir y por lo tanto el día 24 no hubo elecciones. La Junta Provincial del Censo proclamó diputados electos a Victor Pradera y Larumbe, Manuel de Aranzadi e Irujo y Celedonio Leyún Villanueva. En el resto de circunscripciones se presentaron candidatos como Gabino Martínez e Ignacio Mencos Conde del Vado por Tafalla, Tomás Dominguez Arévalo, conde de Rodezno y  Santiago Cunchillos por Aoiz,  el  marques de Castejón y José María Méndez Vigo por Tudela y    Joaquín Llorens, José María Gastón e Isidoro de la Pedraza por Estella. En Tudela se habían producido incidentes entre seguidores de los dos candidatos, el marqués de Castejón y José María Mendez Vigo. El día 19 llegaba otro  vagón de carbón vegetal al establecimiento de venta municipal instalado en la plaza de Toros y se esperaba un segundo en los siguientes días, como el mes anterior, destinados, fundamentalmente, a las personas más necesitadas y que sólo podían adquirir el combustible en pequeñas cantidades. Se aproximaba el final del contrato de arrendamiento del Teatro Gayarre y el Ayuntamiento pretendía renegociarlo, con mejoras, ya que argumentaba que el teatro tenía “verdaderos destrozos que no tenía porque pagarlos el Ayuntamiento”. En 1888 por estas fechas, recordaban las crónicas locales, estuvo nevando durante seis días llegando a haber dos metros de nieve por las calles, con los lobos al acecho y los cuervos entrando en las casas”. Un poco fabulado me parece el relato a mí.

El Sindicato Libre de Pamplona pedía al Gobierno la prohibición de exportar productos de primera necesidad así como la persecución de los acaparadores, la nacionalización de los transportes y demás servicios públicos, el incremento del empleo público para reducir el paro, el control de los precios de los alquileres de los cuartos viviendas y la determinación de un salario mínimo para los trabajadores con el fin de atender adecuadamente las necesidades familiares. Las elecciones a Cortes por los distritos con más de un candidato dio como ganadores al Conde de Rodezno, por el distrito de Aoiz, a Mendez Vigo, por Tudela, a Joaquin Llorens, por Estella y al conde del Vado, por Tafalla. No obstante hubo denuncias por coacciones y compra de votos que finalmente no prosperaron. El día 24 de febrero se producía un incendio a las 9 de la noche en los muelles de la estación del Empalme en Pamplona. Ardieron unas 540 pacas de paja. El suceso se produjo por el disparo de un cohete lanzado por unos jóvenes que habían pasado la tarde en Irurzun y que cayó sobre la paja almacenada. El 1 de marzo de 1918, Pamplona amanecía nevando, formándose una capa de 10 a 12 cm en la ciudad y en la Cuenca. A lo largo del día se fueron alternando la nieve con los claros, de forma que al final de la jornada el suelo seguía cubierto de nieve. Esta misma tónica se mantuvo por la noche y a lo largo de los días siguientes. El día 2 dimitía el gobernador civil de Navarra, Buenaventura María Plaja. El día 4 se inauguraba el servicio de transporte de detenidos en coche celular. El coche estaba pintado de azul. Tenía un par de ventanas cerradas en forma de persianas y lucía un rótulo que decía “Servicio Penitenciario”, con dos amplias banquetas con capacidad para seis personas. Con este avance se evitaba el traslado a pié, por las calles,  de presos y agentes de la autoridad, desde la cárcel provincial al Palacio de Justicia. En la Casa de Misericordia había acogidas más de 300 personas, de las cuales casi 100 eran ancianos, más de medio centenar ancianas, 4 adultos, 16 adultas, 90 niños y 36 niñas. Por su parte en el Asilo de la Sagrada Familia había 24 niños, en el de San José, 85 adultas, en el de las Oblatas, 35 adultas, en total 445 personas, 216 varones y 229 hembras. En el Hospital Provincial había ingresados en marzo de 1918, 220 enfermos (113 hombres y 197 mujeres) y en el Hospital Militar 64 soldados, en el Manicomio 525 pacientes, (281 hombres y 244 mujeres).

La Asociación de Patronos de Pamplona  planteaba al Ayuntamiento la necesidad de reactivar algunos proyectos de obras. Los representantes municipales informaron que en breve se iba a remitir el expediente de expropiación de 119 fincas para llevar a cabo el proyecto urbanístico del Ensanche, se iba a trabajar en obras de saneamiento del Arga, en  el desagüe de aguas fecales más allá del cementerio así como en la futura demolición del lienzo de muralla y desmonte de tierras en la zona de Tejería. Esos días se siguió con interés el juicio por la falsificación de billetes en Nagore que fue suspendido por no estar acreditado si uno de los procesados tenía las facultades mentales intactas. El día 10 de marzo eran elegidos senadores y por el sistema de compromisarios los cesantes Cesáreo Sanz (carlista), Valentín Gayarre (liberal-albista) y Luis Elio (maurista). En la plaza del Castillo, entonces de la Constitución, tenía lugar todo tipo de eventos, entre ellos las juras de bandera, con misa de campaña y desfile posterior por la plaza y el paseo de Sarasate. El 11 de marzo salían premiados diez décimos del primer premio de la Lotería Nacional, con un reparto de unas 150.000 pesetas. Los vendio la Administración de Lotería, Nº 1, de la calle Zapatería. El 14 de marzo el Estado incautaba todas las oficinas de Telégrafos de España, siendo ocupadas por números de la guardia civil. Con la militarización del servicio de correos se pretendía cortar la indisciplina reinante y restablecer el principio de autoridad. Se hablaba incluso de disolver el Cuerpo de Telégrafos. En Pamplona el servicio permaneció paralizado un par de días. Había soldados ocupando posiciones en la muralla día y noche. Componían la plantilla de Telégrafos de Pamplona tres ordenanzas y cuatro repartidores que se mostraban dispuestos a incorporarse al servicio en cuanto se les ordenase. No obstante se les obligaba a firmar un documento comprometiéndose a no pertenecer a ninguna Junta de Defensa en el futuro, documento que firmaron los trabajadores de Correos, no así los de Telégrafos. El día 18 de marzo el personal de correos de hasta 35 años fue militarizado. Todos fueron obligados a vestir el uniforme militar. Solo hubo correo provincial. De fuera no llegó ni una carta, ni un periódico ese día. En Telégrafos el servicio quedó interrumpido al igual que en  Correos. Ante el cese del personal civil tanto el servicio postal como telegráfico fue prestado por personal militar. El día 23 los servicios de correos y telégrafos quedaban desmilitarizados, volviendo a depender del Ministerio de Gobernación y de la Dirección de Comunicaciones.

Llegaban noticias de la guerra mundial que se libraba al otro lado de la frontera, ahora cerrada, y que acaba de entrar en su cuarto año. Mientras, en Pamplona, el Ayuntamiento decidía alquitranar las calles San Ignacio, Ciudadela, Navas de Tolosa y Paseo de Sarasate, adoquinar la mitad de la plaza del Castillo y la calle Zapatería y con los adoquines levantados de algunas calles urbanizar el barrio de la Rochapea, desde el antiguo Matadero, junto al puente de Curtidores, hasta Cuatro Vientos. El Domingo de Ramos inauguraba la Semana Santa. Se iba a establecer un nuevo destacamento militar de Artillería en Pamplona. La noticia sobre el posible traslado a otros lugares de la ciudad de militares alemanes huidos de la guerra, procedentes del Camerún, que estaban internados en la Ciudadela, por la llegada de un nuevo grupo de Artillería había causado malestar en la ciudad y entre los propios afectados. El alcalde ofreció locales municipales a los alemanes en el Vinculo o en el edificio de la Compañía si se les cedían las camas y utensilios que tenían en la Ciudadela. El alcalde, Javier Arraiza, publicaba un bando instando al orden en la procesión de Viernes Santo. En el patio de la antigua fábrica de gas de la Rocha habían comenzado a construirse los corrales para los toros de las corridas de San Fermín. Los corrales construidos en cemento permitirían que el público pudiese ver cómodamente los desencajonamientos.  El jueves santo se celebraba el recorrido de los sagrarios. Desde primera hora de la mañana y hasta las 3 de la tarde el obispo lavó los pies a 12 pobres, que había sentado a su mesa como hizo Jesucristo con los apóstoles, a las 4 se celebró la función o Voto  de las Cinco Llagas que se celebraba desde hacía cuatro siglos, en acción de gracias por el fin de la peste. El viernes santo se calculaba que unos 9.000 forasteros habían llegado a la ciudad. Pamplona tenía 32.000 habitantes. La procesión transcurrió sin incidentes. El segundo día de Pascua fue festivo por la tarde con concierto en la plaza de la Constitución y espectaculo taurino en la plaza de toros. El Diario de Navarra alertaba en sus páginas sobre el riesgo de los fuegos artificiales en la plaza del Castillo tanto para las personas como las cosas y en especial para las viviendas de la plaza.

En el Salón Novedades se proyectaban varias cintas de la guerra europea y de la vida en Alemania. Los fondos recogidos en esta sesión especial a la que se accedía por invitación fueron destinados a vestir exploradores (o boy scouts) pobres de Pamplona y a la Cruz Roja de los imperios centrales. Recordemos no obstante que España se había declarado neutral en este conflicto. La Diputación Foral de Navarra designaba al diputado Juan José de Juanmartiñena representante en la comisión gestora de la naciente Sociedad de Estudios Vascos que tenía como fin estudiar, purificar, robustecer, unificar y difundir el euskera y sus variedades dialectales. De este modo se unía al apoyo de las diputaciones de Vizcaya, Guipúzcoa, Alava y los vascos del otro lado de los Pirineos. La sociedad nacería como tal en el mes de septiembre, tras el 1º congreso de estudios vascos celebrado en Oñate que fue presidido por el rey Alfonso XIII y al que acudió la Diputación Foral de Navarra en pleno.  El 8 de abril la ciudad recibía con tiempo invernal al ángel de Aralar. El ángel era recibido con volteo de campanas en San Lorenzo y el gentío esperaba en la zona del Bosquecillo junto al portal de la Taconera. En el Bosquecillo se cantó el tradicional responso por los ladrones del Santuario ejecutados en este lugar. De allí la imagen recorrió las calles Ciudadela y San Gregorio hasta la iglesia de San Nicolás. Por la noche fue llevada la imagen  a la vigilia de la Adoración Nocturna de San Lorenzo. La documentación del expediente del Ensanche de Pamplona remitido al Ministerio de la Gobernación pesaba 48 kilos  entre planos, actas, reclamaciones, etc. Se preparaba en Pamplona un concurso de bandas para San Fermín que a la postre daría lugar al nacimiento de la Pamplonesa.

Un tren del Irati formado por el automotor y 10 vagones cargados de leños (9 de ellos) y de  trigo descarrilaba el día 11 de abril, cayendo cuatro de su vagones al río, tras romper el puente en Huarte. Hubo un muerto, el guardafrenos, Antonio Aróstegui, de 44 años y varios heridos de diversa consideración, unos de ellos muy grave que como el fallecido fueron aplastados por los leños. Se iniciaba en la ciudad una campaña  de vacunación gratuita contra la viruela y los ríos experimentaban una gran crecida por las lluvias continuas  caídas en los últimos 13 días; como siempre las zonas más afectadas de la ciudad eran la Magdalena y la Rochapea. Murieron tres personas arrastradas por las aguas en Urraul bajo y Zizur Mayor. El día 19 cayó una copiosa y larga nevada como en lo más frío del invierno. El día 14 se bendecía el nuevo pabellón quirúrgico del Hospital Provincial. Destacaban su sala de esterilización y las dos salas de quirófanos. Como ahora también se cambiaba la hora. A las 11 de la noche, los relojes se adelantaban una hora. A falta de otra cosa los pamploneses se concentraban en las plazas para ver cambiar los relojes de los edificios públicos. Menudo choteo debieron tener al comprobar que el del Ayuntamiento no se cambiaba o el del Gayarre al que movieron las agujas hacia atrás y se quedó atrancado. Solo acertaron con el cambio los relojes de la Catedral, San Nicolás y San Agustín. Ante la posible subida del precio de los huevos, el Ayuntamiento compró 15.000 docenas para garantizar el suministro en los meses venideros. El precio del pan subió 8 cts el kilo y aun decían los panaderos que perdían dinero al venderlo a 52 cts el kilo. Desde 1914 el pan se había encarecido en un 58%. El  Vinculo Municipal había decidido elaborar panes de 2ª clase de medio kilo para que fuese más accesible a las familias modestas. También se habían disparado los precios de la carne. Había escasez de carne de vacuno por los elevados precios que hacía que los carniceros no se animasen a realizar compras.

A finales de mes, la Diputación se planteaba eliminar los impuestos de cadenas o portazgos sobre la circulación por las carreteras. Para compensar se pensó en aplicar temporalmente un impuesto de carreteras mediante expedición de  patentes en función de las características de los vehículos: 25 pts anuales por coche de dos ruedas, 50 por coche de cuatro, 18 por volquete y carro de dos ruedas, 45 por el de cuatro dedicado a labranza, 7 por caballería de silla y arriería y 750 pts por el de cuatro ruedas destinado a transporte, entre otras. El Sindicato Católico de Obreras de Pamplona denunciaba las largas jornadas de las mujeres en los costureros así como el trabajo en festivos y por la noche. A iniciativa de la Escuela de Artes y Oficios se preparaba un viaje a Bilbao para conocer su tejido industrial. Se producía una manifestación pública de duelo con acompañamiento de tropas por la muerte del gobernador militar de la plaza, general Enrique Brualla. El diputado Joaquín Llores pedía ayuda al Estado para sufragar el monumento a Navarro Villoslada. El día 28 de abril se celebraban actos religiosos por la fiesta de la Virgen del Camino que como buena fiesta tuvo su octava siete días más tarde. La capilla de la virgen estaba en la iglesia de San Saturnino. La procesión recorría las calles Mayor, San Francisco y su plaza, Nueva y San Saturnino. Otra festividad religiosa muy seguida era la del Corpus Christi, con presencia militar e institucional incluida. Por la tarde, ese día,  hubo novillada y se inauguraron los conciertos de tarde en la Taconera. En el 1º de mayo solo hubo un mitín, con escasa concurrencia,  en las escuelas de San Francisco. No estaba prevista ni manifestación ni la tradicional cita festiva en Lezkairu.

Cada vez llegaba menos agua a Pamplona. Tras una inspección ocular se comprobó que había grandes filtraciones y deterioros en el acueducto de Noain que traía el agua de Subiza. La dirección de Obras propuso al Ayuntamiento arreglar el acueducto por el riesgo de derrumbamiento y sustituir las tuberías por canales. Por otro lado la Dirección de Obras Municipales había terminado el plano de reforma de la Taconera, desde el paseo central, en línea recta, hasta el Mirador, con la ampliación iniciada en su parte izquierda. Se preveía la colocación de una caseta artística destinada a la instalación de un puesto de refrescos y otros usos. El proyecto debía ser visado por el Ministerio de la Guerra. Iba a comenzar enseguida el derribo de la muralla de Tejería. Se derribaría todo el frente de muralla levantado a lo largo de las casas de la calle Tejería y con la rasante que resultase abrir a las calles San Agustín y Merced nuevos pasos de comunicación con el nuevo camino construido en Tejería. El alcalde amenazaba con imponer un severo correctivo a los muchachos que molestaban  al ganado vacuno que pastaba en los fosos. Se anunciaba cambios en los horarios de algunos festejos sanfermineros, el encierro sería a las 7.00, una hora más tarde y las corridas a las 5.30. En la subasta de las casetas para el Real de la Feria se habían concedido terrenos para dos circos, un teatro de guiñol, dos carruseles, cinco casetas de tiro pichón y tiro al blanco y uno de paraguas. Además se adjudicaron los puestos interiores de las casetas de baratijas del paseo de Sarasate y la mayoría de los exteriores así como todos los puestos de casetas de ajos y pucheros de la plazuela de Recoletas.

Este fue el año de la llamada gripe española, que de española tuvo poco aunque con la mala fama nos quedamos pues la gripe se originó en  los Estados Unidos. La epidemia de gripe de 1918  fue una pandemia de inusitada gravedad. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos. ​Es considerada una de las pandemias más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 30 y 60 millones de personas. En Estados Unidos la enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley (Kansas)  el 4 de marzo de 1918, aunque ya en el otoño de 1917 se había producido una primera oleada  en al menos catorce campamentos militares. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell (Kansas), en abril de 1918. En verano de 1918 este virus sufrió una mutación o grupo de mutaciones que lo transformó en un agente infeccioso letal; el primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses aliadas en la Primera Guerra Mundial.​ Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que ese país no se involucró en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad. Para evitar la propagación de la epidemia en Pamplona, el alcalde comunicó a todos los establecimientos públicos que debían hacer: fumigar los locales con estoraque, beuqui, fenol o tomillo espliego procurando que los locales quedasen herméticamente cerrados. A la mañana, al abrirlos debían lavarse con serrín, creolina o zotal al 7%. Además ordenó regar las calles, adelantar una hora la recogida de basura y organizar brigadas de obreros para echar lechadas de cal por los tubos de las letrinas, desde los pisos más altos. Al no haber vacuna o medio preventivo alguno cada uno debía procurar defenderse con una buena limpieza de la boca y fosas nasales, la metódica organización de las comidas, el uso prudente de las bebidas, aireación y ventilación de las habitaciones y en general las normas de higiene y profilaxis adecuadas.

El 1 de junio el Diario de Navarra daba a conocer los primeros casos de la epidemia de gripe en Pamplona. Se habían producido en en la guarnición militar y sobre todo en la Ciudadela, donde se alojaba el batallón de Artillería. Se habían efectuado desinfecciones en los cuarteles, en la cárcel correccional y en la Casa de Misericordia. En principio los casos conocidos revistieron naturaleza benigna con unos indices de mortalidad muy reducidos. El obispo, José López Mendoza,  suprimía tres  fiestas de precepto, el día de Santiago, el de San Fermín y el de San Saturnino. Esos días se podía trabajar y no era obligatorio oir misa. También se suprimió como festivo el día de San Juan. El 8 de junio comenzaba el desmonte de la muralla de Tejería para construir la rasante que debía unir dicha calle con el nuevo camino que iba al puente de la Magdalena. Con las tierras extraídas de la muralla se iba a taponar el llamado río de los leños. Para derribar la muralla se  utilizó en algunas ocasiones cartuchos de dinamita. El día 12 de junio el pleno municipal aprobaba las solicitudes de Alberto Quintana y de Valentín Idoate, este último en representación de la sociedad Zaldi Onak para instalar sendos servicios públicos de coches de punto, precedentes del servicio de taxis, en la plaza de la Constitución o del Castillo. El horario del servicio sería de 6 de la mañana a 10 de la noche. Ambas empresas prestarían servicios en la citada plaza, la de Quintana entre los números 6 y 16 y Zaldi Onak del 25 al 55.

A mediados de junio se tenía conocimiento de que las fábricas  de harina habían dejado de molturar, por la carestía en el precio del trigo  y que en las panaderías solo había harina para hacer pan 8 o 10 días como máximo. Por orden del gobernador se procedería a incautar el trigo de los acaparadores, nada menos que 320.000 kilos de trigo se incautaron a precio de tasa, prohibiéndose la salida de trigo y harina de Navarra. Curiosidad meteorológica, el 16 de junio algunos montes cercanos a Pamplona aparecían nevados, cayendo bruscamente las temperaturas, cuando algunos días antes se había producido un calor sofocante. Cosas del tiempo. Un perro rabioso mordía al lacero municipal Aniceto Petit, hombre singular y popular en Pamplona. Aniceto, estellés de nacimiento, vivía en la Rocha. Arazuri dice que era  rechoncho, mofletudo y hablador muy comunicativo. Amigo de frecuentar los bares de San Nicolás y san Gregorio. Intentó presentarse a concejal tres años antes en 1915. Entre sus propuestas electorales estaba la de construir un canal de 100 kilómetros para hacer llegar el mar Cantábrico desde Pasajes a la Rotxapea donde se construiría un puerto marítimo, traer pescado desde el citado mar directamente por una tubería para conservar su frescura, y allanar el monte San Cristóbal con pico y pala para solucionar el paro.

Se aprobaban las bases de un acuerdo con la sociedad “Aguas de Arteta” para garantizar el suministro de agua a Pamplona. La sociedad incrementaría el suministro de 1000 a 1.500 m3 de agua el consumo diario, cobrando la misma cantidad de 40.000 pts al año; Si superaban los 1.500 m3 se cobraría 15 cts por m3 excedido, pudiéndose colocar contadores. Por otra parte el Ayuntamiento pedía dos créditos de 22.000 y 65.000 euros para acometer obras en el antiguo Matadero de carnes, Casa de los Pastores y fábrica de Gas para alojar provisionalmente a cerca de 300 soldados de caballería del regimiento Almansa y el segundo para continuar con las obras de saneamiento del Arga hasta el desagüe de fecales, aguas abajo del molino de la Biurdana. El día 22 de junio se fundaba la Sociedad del Tenis en un piso de la plaza del Castillo. La primera junta estaba formada por Jesús Jaurrieta (Presidente), Pedro Mª Galbete (secretario), Manuel Mañeru (Tesorero) y los vocales Joaquín Elio, Pablo Eltester, Julio Maset y Anton Mueller. El día 23 de junio abrieron parte de las barracas en el recinto del Ferial, en el 1º Ensanche,  con olor a churros, a aceite frito y gran animación especialmente en el Bosquecillo de la Taconera. Los guardias municipales estrenaron uniformes de verano con polainas de cuero y casco de fieltro, como los guardias del Cuerpo de Seguridad. A finales de junio habían terminado las obras del mirador de la Taconera, si bien faltaba la barandilla de protección por lo que había riesgo de caídas desde la muralla al foso o a la carretera del Portal Nuevo. Se criticaba la existencia de una charca inmunda que se alargaba como un canal a derecha e izquierda del portal de la Taconera. La pestilencia, decían, se percibía desde el paseo de Sarasate.

En vísperas de los sanfermines comenzó a circular el bulo en algún periódico foráneo de que en Pamplona había tifus, noticia falsa, fake news que diríamos ahora, hecho que sentó muy mal entre los pamploneses y sus medios de comunicación. El Alcalde de Pamplona, Francisco Javier Arraiza preparó el bando con normas de comportamiento para las fiestas. Respecto del Riau Riau decía que el recorrido debiera estar libre de gente,  no se tolerarán ni corros, ni gritos que desmerezcan la seriedad que el acto merece. Prohibía también recorrer las calles en grupos dando gritos descompuestos o iniciando canciones que pudieran dar lugar al desorden, ni tocar instrumentos estridentes, ni realizar acto alguno carnavalesco o tumultuoso. Prohibía, asimismo, entrar en los paseos atropelladamente y alborotar de 12 de la noche a 6 de la mañana, perturbando el reposo público al que todo vecino tiene derecho. En estos primeros años del siglo surgen las llamadas colonias escolares. A primeros de julio se informaba de la salida desde Pamplona de un grupo de niños y niñas en dirección a Ventas de Arraiz en la Ulzama. En vísperas de las fiestas estalló un pequeño conflicto entre el Ayuntamiento y el Gobierno Civil a raíz de la imposición de un asesor técnico taurino al que además debían de pagarle 40 pesetas por corrida. El Ayuntamiento, propietario del coso, decidió reservar el palco presidencial para la corporación por lo que el delegado del gobierno y su asesor tendría que presidir las corridas desde otro palco, uno cualquiera de los no abonados. Al final el gobernador civil reculó y y dejó sin efecto el nombramiento del asesor taurino.

Las fiestas arrancaron con mucha animación y como era habitual entonces, desde la plaza del Castillo, con disparo de chupinazos y estallido de bombas japonesas entre un ensordecedor volteo de campanas y la música de los txistus y las gaitas. Tras el acto de las Vísperas se colocó en la Taconera  la primera piedra del monumento a Sarasate. Por la noche de 22 a 0.30 horas hubo fuegos artificiales y baile. Este año el ayuntamiento notificó a 15 jóvenes la imposición de una multa de 50 pesetas por corear a grito pelado la música  con gritos de riau riau en la marcha a las Vísperas.  Decían las crónicas periodísticas que corría en el encierro un gentio inmenso, ja, ¿Que pensarían entonces de la muchedumbre que corre ahora?. Les recuerdo que entonces y al llegar al final de la Estafeta, el encierro giraba hacia la derecha, a la altura de la actual calle Duque de Ahumada, en vez de a la izquierda a la curva de Telefónica y el  actual callejón de los toros. La procesión de San Fermín duro tres cuartos de hora. Los visitantes llegaban entonces en trenes, coches, -poquitos había-, autos y caballerías. Se celebró durante las fiestas la prueba del concurso municipal de bandas de música que agrupó a un número importantes de bandas de Navarra y comunidades vecinas y que recuerdo que el centenario de su celebración se conmemoró el año pasado porque sirvió para iniciar al poco tiempo la andadura de la Pamplonesa. El 16 de julio se celebró, con el entusiasmo religioso de los pamploneses de entonces, la procesión de la Virgen del Carmen. Tras las fiestas el Negociado Municipal de Higiene emprendió una campaña de saneamiento de las traperías de la ciudad a fin de comprobar que los trapos eran desinfectados. También se instaba a desinfectar cuadras y bajeras a fin de combatir el aluvión de moscas que habían quedado en la ciudad tras la celebración de la feria del ganado sanferminera. También se procedió a sanear el cauce del molino de Alzugaray y otros tramos del Arga.

¿Que hacía la gente el fin de semana en Pamplona tras las fiestas?. Paseaba por la Taconera y Bosquecillo, donde, a la atardecida o noche, siempre había un concierto,  se marchaban al campo, -el campo estaba a las puertas de las murallas de la ciudad-, al río, al frontón, a la función de circo en la plaza de toros, al Paseo del Ensanche, junto a las casetas de feria que aun permanecían en el lugar. Se celebraron prácticas militares aerostáticas que suscitaron gran interés entre la ciudadanía. El día 24 se celebraron festejos en Pamplona con motivo al día siguiente de la fiesta de Santiago: juegos, globos, cohetes, baile en la Taconera por el santo de la reina Maria Cristina, etc. Se cambiaba de gobernador como de camisa. En los últimos seis años se habían tenido nueve gobernadores diferentes, y en estos días tomaba posesión el cuarto en el último año. Ya entonces había peticiones para que se fotografiase aquella ciudad que iba cambiando, transformándose como se había hecho con el paseo de Valencia antes de construir la Audiencia o la antigua Belena de Calceteros y Mercaderes, o la antigua fachada de la iglesia de San Lorenzo. En la visita municipal que se cursó al Teatro Gayarre, el alcalde y los concejales comprobaron la imperiosa necesidad de acometer reformas en dicho edificio: decorado, telón, vestíbulo, camerinos, etc en general en todo el teatro que, a tenor de las manifestaciones de los munícipes, presentaba un estado bastante lamentable. El derribo de la muralla de Tejería dejó al descubierto un trozo de puerta o ventana de más de tres metros cerca de la calle de la Merced de posible origen romano que no se conservó.

En la plaza de toros, el Ayuntamiento concedió autorización para dar algunas funciones nocturnas de cine. El precio del alquiler sería el 20% del ingreso líquido en taquilla, descontados impuestos. Ante la escasez de precipitaciones, el obispo dispuso el rezo en las misas para pedir la lluvia. A los pocos días caían algunas borrascas insuficientes para la “prolongada y pertinaz sequía” que diría luego el que todos sabemos. Las centrales hidroeléctricas paraban por la falta de agua. La Asociación de la Prensa pedía el establecimiento del descanso dominical para los periodistas, enseguida lo harían otros gremios: peluqueros, alpargateros, cordeleros etc. En Tulebras la guardia civil mató a un vecino e hirió de bala a otros dos lo que ocasionó versiones contradictorias sobre lo sucedido y mucha tensión en el pueblo ante la presencia durante algunos días de cerca de una treintena de efectivos. Como quiera que los conciertos en el Bosquecillo se oían malamente por la presencia de público alrededor, el Alcalde ordenó construir una plataforma de setenta centímetros  para los músicos y sillas alrededor para que la música pudiese ser escuchada sin problemas. Como ya hemos visto en otra entrada del blog, con motivo de las fiestas de la Rocha se quemaba,  estos primeros días de agosto la tradicional hoguera, por ser fiestas de San Lorenzo y se degustaban los famosos rellenos con piperropiles, instalándose, además, una iluminación con farolillos a la veneciana. Las gaitas amenizaban los bailes en el patio de la antigua fábrica de gas aunque también había música y actividades en el barrio de la Estación. Este año un joven del barrio murió electrocutado cuando enseñaba a sus amigos los transformadores de la sociedad “Aguas de Arteta”.

El pan seguía subiendo, costando ya 70 céntimos el kilo y se barajaba la municipalización de la venta de carne de cordero a fin de regularizar su precio y garantizar su abastecimiento. Hasta entonces estaba municipalizada la venta de carbón, leña, huevos y pan. El 16 de agosto se producía un nuevo accidente ferroviario del Irati  en Huarte, con el balance de un muerto que intentó saltar del tren siendo arrollado por otro vagón y un herido, el cual había resultado herido también en el descarrilamiento de abril. El accidente se produjo en el mismo punto que la vez anterior, al enfilar un puente a la salida de una curva. Dos de los seis vagones descarrilaron y volcaron antes del puente y otros dos cayeron en pleno puente arrancando completamente la barandilla. Los vecinos del pueblo pidieron un nuevo trazado del tren que evitase el paso por el centro de la población. El gobierno de la nación decretaba que sólo se fabricase un único tipo de pan, al precio único de 64 pesetas kilo, de mejor calidad que el de 1ª. Antes había tres tipos de pan: de 1ª, 2ª y 3ª clase. Se suprimían los bolos, el pan de Viena y los bollos de leche. El 23 de agosto, la temperatura a la sombra era de 35-38º, que fue aliviada por la descarga de una tormenta. La falta de lluvias y las altas temperaturas provocaron varios incendios en los montes de la provincia: Roncal, Zuriain, Olave, Olaiz, Sorauren, Aritzu, Saldías y Navascués. Se anunciaban los actos de San Fermín Chiquito de ese año:  baile público, toro de fuego, fuegos artificiales, comparsa e inauguración del monumento a Sarasate además de  encierro y corrida.

El 1 de septiembre el rey Alfonso XIII inauguraba, en Oñate, el Congreso de Estudios Vascos que contaba con el apoyo de las diputaciones vasca y navarra. Al acto acudieron el vicepresidente de la Diputación Antonio Baztán y los diputados Javier Sanz, Francisco Usechi, José María Badarán y Martin María Guelbenzu. Estuvieron en la inauguración pero no en la clausura que se produjo el día 8. Asistieron también el obispo de Pamplona, José López Mendoza y los alcaldes de Pamplona, Vitoria y San Sebastián. Subían los precios de forma escandalosa, de forma que por ejemplo el cuarto de cordero se había multiplicado en 2 o 3 años por cinco o por seis. Se controlaba la leche que entraba a Pamplona, para detectar posibles fraudes o adulteraciones. Por otra parte el día 10 se restablecía el servicio de tranvía a la estación del tren, interrumpido por un desprendimiento en las obras de saneamiento del Arga, cerca del Portal Nuevo. A primeros de septiembre se empieza a dejar notar los efectos de la gripe, en Goizueta estaba afectada la décima parte de la población del pueblo, aunque parece que la gripe más mortal se extendía por los pueblos del sur de Francia. En Pamplona la Alcaldía anunciaba un bando para mejorar la higiene pública y prevenir el desarrollo de la epidemia. El derribo de la muralla de Tejería provocaba temores en los vecinos de la zona por la posible afectación a la cimentación de las viviendas. El concejal Martínez de Azagra llamaba la atención sin embargo en los beneficios: decía que con la demolición las casas venían a ganar un piso. Preocupaba el desnivel que quedaría entre el piso de la muralla y el de la calle (entre 0,90 y 1,60 metros).  La parroquia de san Saturnino encargaba un nuevo órgano a  la firma pamplonesa Roqués e Hijos. Se producían varios incendios forestales en Belzunegui (Esteribar), Naguiz (Ezcabarte) y el valle de Goñi. El Orfeón recibía un entusiasta recibimiento tras el éxito cosechado en Oviedo. El teatro Gayarre anunciaba el debut de la bailora y tonadillera Pastora Imperio.

En la segunda mitad de septiembre se recrudecía la epidemia de gripe en Navarra, así lo reconocía el gobernador civil. El inspector provincial de Sanidad recomendaba como medidas de prevención “llevar una vida ordenada sin trasnochar, al aire libre, evitar locales cerrados y abstenerse de vicios y abusos, en especial de alcohol y sexo, limpieza de basuras y cuadras, establos, pocilgas y letrinas y desinfección de manos y boca antes de comer. En caso de enfermar meterse en la cama y llamar al medico, desinfectar habitaciones, ropa, etc y blanquear y pintar las habitaciones si se estimaba pertinente”. Se achacaba la propagación de la gripe al avance en los transportes. El ministro de la Gobernación prohibía en los pueblos contagiados toda clase de fiestas, espectáculos y reuniones así como las ferias y mercados. Se anunciaba un control sanitario riguroso a los forasteros. El alcalde de Pamplona suspendía el ferial y concurso de ganados y se retrasaban el comienzo del curso en algunos colegios. El día 21 de septiembre se entregaban 2.000 kilos de pan entre la gente más desfavorecida de Pamplona. Al día siguiente se inauguraba con todo el boato, comitiva oficial y masiva presencia popular el monumento a Sarasate en la Taconera. Pocos días después se hacía lo propio con el de Navarro Villoslada. Al finalizar el mes la gripe se había extendido por multitud de pueblos de la geografía foral.

Curiosa y contradictoria información la que daban los periódicos sobre la epidemia de gripe. El Diario decía que el numero de afectados era grande pero el de fallecidos pequeño, uno o dos por día, pero o la suerte iba por barrios o difícilmente se podía entender el hecho de que en los últimos 8 días cuatro miembros de  una familia afincada en la calle Mayor habían fallecido quedando tan sólo un bebe de pocos meses que también se encontraba enfermo. Unos achacaban  a los periódicos que trataban el tema muy superficialmente o bien que directamente ocultaban la realidad y otros les tildaban de alarmistas. Algunos incluso decían que la mayoría de los casos habían llegado de San Sebastián. En fin como siempre, nunca llovía a gusto de todos. En los primeros cinco días de octubre fallecieron en la ciudad cerca de 60 personas, más de la mitad  de ellas por la gripe y hubo 8 o 9 nacimientos. La gripe se recrudeció con los fríos propios de la temporada. Se comenzaron a  hacer rogativas, por mediación de San Fermín, o en la Catedral, para el cese de la epidemia. Como consecuencia de esta crisis sanitaria se decretó la suspensión de todos los juicios por jurado de octubre y noviembre. El pueblo más afectado por la gripe el 6 de octubre era Los Arcos donde casi toda la población estaba afectada por la gripe. El obispo de Pamplona, José López Mendoza se encontraba en gravísimo estado, en Zaragoza a consecuencia de la gripe. El número de muertes en Pamplona se estabilizó en la media docena diaria. El día 7 había 840 enfermos, de los que estaban graves unos 64 y habían muerto desde el día 17 de septiembre 89 personas. En Miranda de Arga se produjo un enfrentamiento entre vecinos del pueblo  y la guardia civil con el resultado de 4 muertos y 2 heridos. Al parecer el origen fue el cierre por razones sanitarias de los bares. El Diario pedía el cierre temporal de las escuelas municipales ante la enfermedad de maestros y la extensión de la epidemia. Entre los pueblos más afectados por muertes a consecuencia de la gripe a primeros de octubre estaban Mendigorría, con 20 muertos, Lerín, 25, donde había más de 1000 afectados, Los Arcos, 29 que luego serían 64; Olazagutia,20  y más de 400 afectados, Mendavia, 50  y 700 afectados, Cascante, 31 muertos y 819 afectados, Fitero, 50 muertos. Ablitas 700 enfermos y  35 fallecidos; Cabanillas, de 500 a 600 enfermos y  12 fallecidos;  Monteagudo, 600 enfermos y  35 fallecidos; Murillo el Fruto, de 700 a 800 enfermos, 12 fallecidos; Tudela, 500 enfermos, 26 fallecidos. Otros: Cáseda 12 fallecidos; Elorz, 17 fallecidos; Sada, 400 enfermos el 60% de la población, 10 fallecidos; Villaba 7 fallecidos. Artajona, con 2.541 habitantes, 52 defunciones.

Entre el 11 y el 12 de octubre fallecieron en Pamplona por la gripe 17 personas. El Alcalde dictó un bando que disponía que los cadáveres debían ser conducidos al cementerio en el plazo de dos horas desde el fallecimiento, quedaba prohibido el acompañamiento de los cadáveres al cementerio así como entrar en él y se obligaba  a los vecinos informar directamente al Negociado de Higiene Municipal de las defunciones producidas a fin de proceder a la desinfección de los domicilios. No se podían celebrar funerales de cuerpo presente. También se ordenó desinfectar todos los portales y cajas de escalera de los edificios de la ciudad y la correspondencia que llegaba a la ciudad. Se estableció en la conserjería-carpintería de la plaza de toros un servicio fúnebre a precios económicos. El 16 de octubre la Comisión de Abastos había establecido entregar  a los médicos de la ciudad unos bonos canjeables por medicamentos en las farmacias para los enfermos pobres. Días después se ampliaron esos bonos a productos como la leche, huevos, pescado, carne y útiles de loza y más adelante al arroz, patatas y alubias. En los bonos aparecería el establecimiento donde debían retirar esos productos. Posteriormente la Tesorería Municipal pagaría los productos a los comerciantes. Esos días se produjo escasez de leche fresca por incremento en el consumo. El problema se fue resolviendo gracias a la llegada de leche condensada, si bien este tipo de leche causaba recelo en su consumo por parte de las clases bajas, recelo que se fue disipando con los días.

A finales de mes y pese a cierta mejoría la epidemia no se podía dar por controlada. Habían fallecido 42 personas en septiembre y 111 en octubre. En Noviembre, hasta el día 20, hubo 62 defunciones. La gripe se extendió los últimos días de mes al Manicomio Provincial, con más  de 200 afectados, sobre un total de 500 internos y cerca  de una cincuentena  de defunciones en tan solo 19 días. Fue el principal foco epidémico en Pamplona. Contrasta con el caso de la Casa Misericordia que tenía 300 asilados, entre ancianos, adultos y niños y en donde no se produjo ningún fallecimiento. La explicación puede estar en que la Meca no dejó entrar ni salir a nadie que pudiera contagiar o contagiarse. En total hubo en Pamplona 215 defunciones, 243 si contamos el resto de oleadas del año. Fallecieron más hombres que mujeres, y la enfermedad se cebó en las personas de de 21-30 años y las de 31-40, esto es en los jóvenes adultos, al igual que en el resto de España. En Navarra murieron  entre enero de 1918 y  junio de 1919 a consecuencia de esta epidemia de gripe algo menos de 3000 personas sin embargo el exceso de mortalidad observado nos permitiría elevar esa cifra a cerca de 4.000 personas. En España murieron oficialmente  por la gripe 143.930 personas aunque igualmente el exceso de mortalidad observado nos llevaría a un número sensiblemente mayor, unos 260.000 muertos.

La Junta de Reformas Sociales acordó el día 31 que la jornada laboral en los comercios fuese de 8 de la mañana a 8 de la tarde, con 2 horas (de 1 a 3) para comer. Durante las horas de la comida se cerrarían los comercios, salvo los de joyería en los que habría turnos para no cerrar y así evitar el trabajo de recoger los objetos.  Posteriormente el Alcalde fijo estos horarios mediante un bando. Eximía de su cumplimiento a farmacias y tiendas de artículos sanitarios, servicios fúnebres, bares, tiendas de alimentación, peluquerías y gremios similares, puestos de venta de prensa, estanco y cajas de ahorro. Hasta primeros de noviembre continuaban cerrados, por razones obvias, las escuelas de primera y segunda enseñanza e Instituto. Su reapertura se produjo a mediados de noviembre. La del Instituto a finales del mes, con más de un mes y medio de retraso. El día 11 de noviembre a las 5.20 de la madrugada se firmaba en la localidad francesa de Compiegne el armisticio que daba por finalizada la 1ª guerra mundial. Las hostilidades acabaron a las 11 de la mañana. La guerra había comenzado el 28 de julio de 1914 y provocado 16 millones de muertos (9 millones de soldados y 7 millones de civiles). La firma definitiva de la paz se produjo con el Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919. El ayuntamiento pedía al Papa que el día 29, fiesta de San Saturnino fuese día de precepto, o sea con obligación de ir a misa y de no trabajar, sin embargo este año no lo fue aunque se guardó  fiesta por la tarde. El día de San Francisco Javier si lo era. El 14 de noviembre con la presencia de las principales autoridades de la ciudad se inauguraba la temporada de las cantinas escolares, en esta ocasión para 200 niños de ambos sexos en las escuelas de San Francisco y Compañía.

El día 17 de noviembre se celebró un mitín en el Euskal Jai  y posterior manifestación hasta el Gobierno Civil a favor del proyecto de Ensanche de la Ciudad donde participaron Ayuntamiento, Diputación Foral, diputados a Cortes (Dominguez de Arévalo, Aranzadi y Vizconde Val de Erro), empresarios, etc. El 20 de noviembre de 1918 el Ayuntamiento de Pamplona acordaba pedir la reintegración foral plena para Navarra y la derogación de la ley de 1839 para recuperar todos los organismos y fueros navarros. El 18 de diciembre se creaba un comité foral municipal formado por representantes de todos los grupos (jaimista, maurista, conservador, nacionalista, integrista, demócrata, liberal, republicano y socialista). Esos días fue objeto de chirigota la poca exigencia para la plaza de secretario municipal: se pedía entre los requisitos que fuese mayor de 25 años, español, que supiese leer y escribir y estar en plenitud de sus derechos civiles y políticos. Imaginense cuantos curiosos y estrafalarios personajes de aquel tiempo podrían cumplir con tan leves exigencias. El acuerdo municipal fue revocado días después. En este año ya se hablaba de un terreno en Noain como propicio para un aeródromo militar. Unas 300 personas celebraban el día 23 de noviembre una cena y fiesta aliadófila para conmemorar la victoria en la 1ª guerra mundial. Las denuncias cursadas por el Ayuntamiento iban desde tirar cohetes, ir borracho, dar vivas a la República, mofarse de una anciana, limpiar un caballo en la vía pública o jugar a las chapas. El día 1 de diciembre se celebró un tedeum de acción de gracias en la Catedral por la finalización de la gripe. Este año se agotaron los billetes de lotería en Pamplona, nos gastamos 275.000 pts,  pero no nos tocó ningún premio gordo. Se hablaba de la creación de la banda municipal. Estaría constituida por 38 músicos más el director. Sus sueldos supondrían al año unas 34.000 pesetas. La prensa local dudaba de que con ese presupuesto y semejante número de músicos se pudiese contar con una banda de categoría. Las atenciones a los más pobres durante la reciente gripe había supuesto al Ayuntamiento un coste extraordinario de unas 19.985 pesetas. Los militares de la plaza celebraban el día de su patrona con teatro en el cuartel, festival de música y cine en el Euskal y fuegos y música hasta las 10 de la noche. La población se quejaba del estado en que se encontraban las calles y plazas de la ciudad  tras los temporales, convertidas en  auténticos lodazales, incluso en las más transitadas como plaza del Castillo o Sarasate. La solución que se proponía era regar con más frecuencia las pavimentadas  o enarenar  los paseos y calles que estuviesen sin adoquinar. También se quejaban  del estado de las calles los vecinos de la Rochapea, especialmente entre el puente de Curtidores y la casa de la Estremera, donde la calzada estaba más alta que la acera. Los conciertos dominicales a cargo de una banda de música militar en la plaza de la constitución era una imagen típica de estos años.

Al concurso para el arriendo del Teatro Gayarre para los próximos 4 años se habían presentado cuatro ofertas que iban de las 10 a las 14.000 pts al año y de 120 representaciones teatrales y otras de varietés a las 150 teatrales al margen del cine y varietés. Al final se adjudicó el teatro a Pablo de la Fuente que ofrecía la proposición económicamente más ventajosa. Proliferaban las actividades benéficas: se recogían juguetes para los niños de la Inclusa, por iniciativa del Nuevo Casino, también hacían lo propio el consejo de exploradores de España (una especie de boy-scout) en comercios y domicilios, las alumnas de la Escuela Normal de Maestras preparaban para estas navidades una fiesta destinada a los niños enfermos del hospital. Entre los miembros de la Cámara de Comercio, cuya junta acababa de renovarse ese año, estaban Pedro Esparza, Toribio López, Antonio Doria, Lucio Arrieta, Fermin Goñi, Justo Gortari, Ramón Unzu, Juan Pedro Arraiza, Alvaro Galbete, Angel Lazcano, Cleofé Sarasa, Román Oteiza,  etc, como se ve muchos conocidos comerciantes y empresarios de la ciudad. La magna asamblea convocada por Diputación y constituida por los representantes en las Cortes, el Consejo Administrativo de Navarra y los ayuntamientos de la provincia acordaban, por aclamación, pedir la reintegración foral plena. Se acordaba que Diputación designase una comisión para estudiar y proponer las bases del nuevo régimen. Al día siguiente la Diputación trasladaba al Conde de Romanones las conclusiones de la asamblea. Acabó este año marcado por la epidemia de gripe y el derribo de la muralla de Tejería con un tiempo muy desapacible y lluvioso.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Plaza del Castillo, entonces de la Constitución (1918) Colección Arazuri, Pamplona, calles y barrios, Nº 2: Antigua plaza de toros (1918). Aquilino García Dean. AMP, Nº 3. Francisco Javier Arraiza Baleztena. Nº 4: Margaritas o enfermeras carlistas atendiendo a requetés, www.enfeps.blogspot.com Nº 5: Antiguo edificio del Vinculo Municipal en el Paseo de Sarasate, (1918). Julio Cia. AMP. Nº 6: Jura de bandera en la plaza de la Constitución, www.pitillas-navarra.blogspot.com. Nº 7: Corralillos del gas recién remodelados, Luis Rouzaut (1924). Nº 8: soldados de la primera guerra mundial afectados por la gripe, Nº9: Portada del periódico “El sol” del 24 de mayo de 1918,con noticias de la todavía incipiente gripe Nº 10: Derribo de la muralla de Tejería con la antigua plaza de toros al fondo, Colección Arazuri. 1918 (AMP). Historia, fotos y Joyas de Pamplona. Nº11: Derribos en la muralla de Tejería, (1918) de J. J Arazuri, Pamplona Antaño Nº 12: Baluarte del Labrit fotografiado desde el Baluarte de San Bartolomé, Nº 13: Aniceto Petit, Nº 14: cartel de los Sanfermines 1918, Nº 15: encierro llegando a la plaza de toros en los sanfermines de 1918, Nº16: Barracas ubicadas en el primer ensanche, Luis Rouzaut. 1925. Nº 17. La caseta de venta de las entradas de las corridas en la plaza de la Constitución durante los sanfermines, Nº 18: encierro enfilando la antigua plaza de toros, Nº 19: encierro en su  tramo final  enfilando la plaza de toros vieja. Nº 20,  21 y 22: Actos en el 1º congreso vasco de Oñate. Kutxateca. Foto Car. Nº 23: Portada del programa del Congreso de Estudios Vascos, Nº 24 y  Nº 25: Portadas de El Pueblo Navarro y el Pensamiento Navarro con noticias sobre la epidemia de gripe, Nº 26 y 27. La Hormiga de Oro. Noticias de la inauguración del Monumento a Pablo Sarasate y  del Monumento a Navarro Villoslada, N º 28: Foto del comercio Martin Ostiz en la calle Pozoblanco (donde luego se instaló Zapatería Amorena). Vicente Galbete. 1918, Nº 29: Portada de El Pueblo Navarro con al noticia del armisticio que ponía fin a la 1ª guerra mundial, Nº 30: Postal del claustro de la Catedral (1918), Nº31: Plaza del Castillo con el Teatro Gayarre (antiguo principal) cerrando la plaza por lo que hoy es la avenida de Carlos III

Participa en el blog: Imagenes familiares en el Viejo Pamplona (1910-1970)

Hace unos días que un seguidor de este blog, Santi Urra, me hizo llegar esta bonita colección de fotos de su archivo familiar que me complace compartir con ustedes, pues  recordarán que he dicho en más de una ocasión que este blog tiene vocación de ser un espacio de recuerdos compartidos y la historia de cada uno de nosotros, de cada uno de ustedes, es importante, no solo de grandes acontecimientos se nutre la historia de nuestra ciudad. La historia gráfica de estas familias pamplonesas, de esos, en muchos casos, anónimos pamploneses  nos ayuda a conocer mejor la historia de nuestra ciudad, como vivían, como vivíamos, como vestíamos, el entorno social, político y religioso, etc. Esta historia gráfica nos ayuda a conocer nuestra propia intrahistoria, esa historia que para mi y para este blog tiene tanta importancia como la de los grandes hechos pues constituye la razón de ser de este cuaderno de bitácora que es el blog “Memorias del Viejo Pamplona”.  Esta colección de seis fotos de Santi Urra recorre buena parte  del siglo XX, desde su primera década hasta finales de los años 60. La primera foto es la típica foto de estudio de  boda o matrimonio, obra del reputado fotógrafo local Roldán,  y está datada en  1910-1915. Llamo la atención, como ya  señalé en la entrada dedicada al vestido,  que las mujeres utilizaban con frecuencia en  estas ocasiones  y en aquella época vestidos de  color  negro. La segunda fotografía familiar está ambientada en la calle en pleno sanfermines y está datada, un poco más tarde que la primera, en los años 20. Desconocemos en que calle del Casco Antiguo está tomada la foto.

La tercera foto pertenece a la procesión de Santa Teresita del Niño Jesús o Santa Teresa de Lisieux a su paso por la calle Nueva,  a la altura de la plaza de San Francisco. La foto donada al Archivo Municipal de Pamplona es de los años 20, probablemente del período comprendido entre 1923 y 1925, fechas en las que  Teresa de Lisieux fue respectivamente beatificada y canonizada por las autoridades eclesiásticas. Llama poderosamente la atención la foto por lo insólito de la estampa, pues aparecen en primer plano  niñas muy pequeñas ataviadas como religiosas junto a otros  niños y niñas, protagonistas de esta singular procesión o marcha religiosa.

La cuarta fotografía, de estudio, como la primera,  es la típica foto escolar que hemos conocido muchos en nuestras infancias, si bien con una presencia religiosa mucho más evidente, no en vano, está datada en los años 40 y junto al joven aparecen una  religiosa  y una imagen de la virgen detrás. La quinta fotografía es de los sanfermines de  1957, con nuestro querido Santi, con apenas cuatro años, ataviado de pamplonica, en la plaza del Castillo. Tras de él puede verse la caseta para la venta de las entradas a las corridas de la plaza de toros que estuvo en ese lugar, más o menos enfrente del Café Iruña, a lo largo de los años 50. Por último, en la sexta fotografía, podemos ver a Santi  con apenas 14 años, tocando el txistu bajo la sombra de la reina asiática en plenos Sanfermines del año 1969 o 70, acompañado, a su derecha, por Pilar Ibañez y Perico Diez de Ulzurrun. Gracias, Santi, por esta magnífica aportación al blog.

Biografías: Bernardino Tirapu (1884-1964) y la sociedad Euskeraren Adiskideak

Regreso a la sección de Biografías con un nuevo personaje local que da nombre a una de las principales calles de la Rochapea que se asienta, en buen parte de su recorrido sobre la antigua caja del tren Plazaola, que en el final de sus días compartiría con el Irati. Me estoy refiriendo a D. Bernardino Tirapu Muñagorri. Bernardino, hijo de médico,  nació en Leiza el 20 de mayo de 1884. Cursó la carrera de medicina en Valladolid. Al término de su carrera, en 1908 ejerció como médico en Ezkurra, de donde era su esposa Maria Santos Retegui,  residiendo en la vecina localidad de Eratsun, ambas de la zona de Alto Bidasoa o Malerreka. En 1917 se afincó en la capital pero al año siguiente regresó de nuevo a su comarca de Malerreka hasta donde se había extendido la famosa gripe española, la gripe del 18. Se destacó por su gran humanidad y su desinteresada entrega a su profesión, sin retribución económica en numerosas ocasiones. Fue  uno de esos médicos especialmente queridos por miles de pamploneses.

Fue reconocido con diversas distinciones a lo largo de su vida: la primera, la Cruz de Primera Clase de la Orden de Beneficencia, con distintivo morado y negro  en 1922.  Al final de su trayectoria profesional, la Diputación Foral de Navarra le otorgó un donativo (50.000 pesetas) y pidió al Colegio de Médicos que solicitase la medalla al Mérito del Trabajo, que le fue concedida en 1962.  Por último fue nombrado  Miembro de Honor de la Sección Provincial de Médicos del Seguro Obligatorio de Enfermedad  Poco antes de morir el 2 de noviembre de  1964 se le  puso su nombre a la mencionada calle de la Rochapea. Desgraciadamente, por más que he buscado, no he logrado encontrar una foto de este insigne personaje, por lo que reproduzco nuevamente dos fotografías de la citada calle, la primera en color y aérea de Paisajes Españoles de 1976, la segunda del cruce de Bernardino Tirapu con Marcelo Celayeta, a la altura del antiguo Bar Porrón y de la plaza del Salvador a finales de los 70 o primeros 80.

Además de por su labor profesional Bernardino Tirapu fue reconocido en su tiempo por la labor que realizó en favor del euskera su lengua materna. Fue miembro de la sociedad Euskeraren Adiskideak (Los amigos del euskera), fundada en 1925 y vicepresidente de la misma a partir de 1931. La sociedad Euskeraren Adiskideak (Los amigos del euskera) fue heredera, en cierto sentido, del trabajo iniciado por Arturo Campión y la Sociedad Euskara de Navarra, de finales del siglo XIX (1877-1897), nacida para “conservar y propagar la lengua, literatura e historia vasco-navarras“. La sociedad Euskeraren Adiskideak agrupó a navarros de distinta extracción política pero amantes de las tradiciones y la cultura navarra. Su objeto, según su  Reglamento fundacional, habría  de ser el de “enseñar, sostener, fomentar y extender el euskara” procurando además el resurgimiento de las costumbres, diversiones y deportes tradicionales, especialmente la música, canto, bailes y juego de pelota. Debería estar exenta de todo matiz político. Dirigía la sociedad una junta de siete miembros que era además la encargada de elegir de entre sus socios al presidente, secretario y tesorero. Podían formar parte de la sociedad todos los navarros o residentes en Navarra que lo desearan, debiendo pagar una cuota anual mínima de seis pesetas. Quedaban exentos de pagar esta cuota los socios colaboradores que se comprometían a trabajar en las labores que la junta les asignara, como la organización de las fiestas anuales que la sociedad realizaba en diferentes localidades. Había además socios honorarios y socios protectores, como los ayuntamientos de Urdazubi o de Tudela.

El  Reglamento  o Estatutos fundacionales lo firmaron el industrial Genaro Larrache que había sido concejal (1923-1927) y alcalde de Pamplona (Diciembre 1927-Septiembre 1928) además de presidente del consejo de Administración del “Diario de Navarra”, el padre capuchino y escritor  Dámaso de Inza, Gerardo Valcarlos, el sacerdote y profesor de euskara del seminario de Pamplona  Miguel Inchaurrondo, el director del periódico  “El Pensamiento Navarro”, Miguel Esparza, el director del Archivo de Navarra, José M.ª de Huarte y Domingo Beunza. Entre sus miembros podrían citarse a Arturo Campión, al pintor luzaidarra Enrique Zubiri, al obispo de Pamplona Mateo Múgica, al canónigo Luis Goñi, a los médicos Fermin y Aingeru Irigaray, al periodista que sería luego director del periódico “La voz de Navarra” José Agerre, al profesor de la escuela agrícola Pablo Archanco, al abogado tudelano José Joaquín Montoro, a los industriales Carlos Eugui y Pedro Ezcurdia, al prior de Roncesvalles Fermín Goicoechea, al archivero Jesús Etayo, al director del Orfeón Pamplonés Remigio Mugica, al ex presidente de la Diputación Lorenzo Oroz, al párroco de San Lorenzo Marcelo Celayeta, entre otros.

En 1931 la nueva Junta Directiva estaba integrada por las siguientes personas: como presidente, Genaro Larache; como vicepresidente, Bernardino Tirapu; vocales: Joaquín Ezquieta, el padre  Buenaventura Recalde, Remigio Múgica,  el padre Dámaso de Inza, Ignacio Baleztena, Wenceslao Goizueta y Leandro Olivier, archivero del Ayuntamiento de Pamplona; como secretario, Pablo Archanco, todos era hombres salvo  alguna mujer, como Paz de Ciganda, quienes consiguieron que sus iniciativas fueran muy influyentes en la sociedad de aquellos años. Su actividad cesó bruscamente con el inicio de la guerra civil en 1936. Antes, en el año 1931 la sociedad había puesto en marcha, en un piso de la calle Carlos III, la primera escuela dedicada a la enseñanza del idioma euskaro en adultos.  La Sociedad convocaba  certámenes literarios en los que había  estudios o disertaciones sobre  temas vascos y  concursos para los niños de los pueblos. Así, en el segundo  Certamen, en el de 1926, participaron  56 niños de 12 pueblos de Navarra y 40 enviaron trabajos al concurso. El Certamen de 1928 convocaba a los autores de obras dramáticas en euskara. Las fiestas vascas o euskéricas en los pueblos fueron otras de las promociones de la entidad como las de Burguete (1926), Ochagavía (1926), Berroeta (1927), Leiza (1927),  Oroz Betelu, Eugui y Yabar (1930); los Días del Euskara, como el celebrado en Pamplona, en 1930; o los concursos de poesías  populares en vasco (1932).  Francisco Tirapu Retegui, hijo de D. Bernardino Tirapu fue uno de los primeros profesores  que ayudaron a  impulsar el conocimiento de la lengua vasca, a finales de los años 40, por mandato de la Diputación Foral de la época que alumbraría al final de la década la denominada Sección de Vascuence de la Institución Príncipe de Viana.

Participa en el blog: Calle Santo Domingo (1963)

Me hace llegar Mikel Aoiz Iriarte este par de fotografías de la calle Santo Domingo en 1963. Tanto en la primera como en la segunda aparece la tienda de su padre Angel Aoiz (Ultramarinos Aoiz) que estaba en el nº 17 de la calle junto a la peluquería de Andrés Arbea. En la primera foto, nos dice Mikel, aparece además, él junto a su hermana, delante de la tienda de su padre. Gracias, en primer lugar, a Mikel  por las fotos, que vienen a engrosar, espero se anime más gente,  la sección “Participa en el blog” y como lo prometido es deuda, amigo Mikel, voy a hacer un breve resumen de lo que sucedía aquel año en nuestra ciudad y en el mundo y por supuesto lo que podíamos ver en tu querida, nuestra querida calle Santo Domingo. En 1963, año en que casualmente vine  a este mundo, Pamplona era regida todavía por Miguel Javier Urmeneta que había accedido al cargo cinco años antes. Con él y con Félix Huarte Pamplona y Navarra iniciaron el camino del desarrollismo económico, industrial y urbano que algunos empezamos a conocer en nuestra más tierna infancia. Fruto del desarrollo económico y del aumento en el nivel de vida de los navarros se incrementó el número de comercios hasta el punto de que para 1968 había más de 8.000 comercios en nuestra comunidad, de los cuales el 30% se radicaban en Pamplona, el mismo porcentaje que  de población representaba la capital respecto al resto de la Navarra. Y dentro de los comercios el sector que más creció durante esta década fue el de la alimentación. Empezarían a desaparecer, sin embargo, a lo largo de los años 60,  multitud de oficios artesanales, como ya comenté en otra entrada del blog: yugueros (curiosamente en esta calle encontramos en este año de 1963 todavía uno), cesteros, alfareros, caleros, carreros, cordeleros, cereros, y un largo etcétera.

En febrero de 1963 se habían iniciado las obras de ensanchamiento de la antigua carretera a Estella, que se llamaría luego avenida de Pio XII. El 3 de marzo se cerraba el Coliseo Olimpia. En su  lugar se construiría el nuevo edificio que albergó hasta hace poco a los multicines Carlos III. El 16 de abril se inauguraba el Hotel de los Tres Reyes, en los terrenos del Bosquecillo, y, a finales de ese año,  se comenzaba a construir el Hotel Maisonnave, que se acabaría en 1965. Este año comenzaba también  a urbanizarse el primer tramo de la avenida de Bayona. El  21 de mayo se aprobaba el proyecto de ordenación de la primera zona de Tercer Ensanche, área que se extendía  entre la zona de Abejeras y el margen izquierdo del Arga. Más de un millar de chicos navarros iban, en el comienzo de la década, para seminaristas. En el medianil de la antigua Casa Seminario se pintaba un mural turístico con los edificios más significativos de la ciudad. El 14 de mayo, se celebraba,  en San Sebastián, el día de las Provincias Hermanas  al que asistieron las primeras autoridades de la Comunidad y,  en septiembre,  se celebraba una fiesta de hermandad entre la Navarra peninsular y la Baja Navarra. El 3 de septiembre el viejo puente  de la Magdalena se quedaba como simple puente  ornamental  al pasar todo el tráfico por el nuevo puente de la Chantrea. Los alumnos de la Universidad de Navarra se trasladaban en octubre desde el Museo de Navarra y la Cámara de Comptos al nuevo Edificio Central,  todavía en obras. Se hablaba de la pronta construcción del pantano de Eugui. La televisión hacía apenas dos  años que se había empezado a ver en Pamplona, con la colocación de una antena en el Monte San Cristobal. Comenzaban a circular los primeros Seat 1500 que fueron seña distintiva de los taxis durante una larga época. Eran los tiempos en que muchas cosas empezaron a cambiar, sobre todo  en  la cultura, la música y la moda, de la mano de los jóvenes. Pero el régimen político estaba lejos de cambiar  a pesar del desarrollismo económico y de cierta aparente política de apertura hacia el exterior.  Este año era ejecutado  Julián Grimau, dirigente del Partido Comunista, por delito continuado de rebelión, “sarcástica definición”, 24 años después de acabada la guerra, y cuando los que se rebelaron contra eel poder legalmente constituido fueron ellos  y también fueron  ejecutados en el garrote vil los anarquistas Granado y Delgado, tras un atentado en la dirección general de Seguridad. Pero este es el año también en que mueren algunos grandes personajes como el Papa Juan XXIII o John F. Kennedy, este último víctima de un atentado  en Dallas. En 1963 se calculaba que Pamplona recibía durante los Sanfermines a unos 100.000 visitantes extranjeros.

A comienzo de los años 60, según señala el Censo Comercial e Industrial de Pamplona, había,  donde se ubicaría durante muchos el Bar Orbela, en los años 60 una frutería, la de José Luis Ibarrola. Comenzando por el edificio que había tras la antigua Casa Seminario, en el lugar donde hoy se encuentra la Carnicería Jorge Fernández, estaba, en 1963,  la zapatería de María Teresa Carasa, que yo conocí por lo menos hasta finales del pasado siglo, bajo el nombre de Calzados Carasa. En el lugar donde durante décadas estuvo Bazar Jimenez estaba el negocio de loza y porcelana de María Velaz. La familia tuvo un negocio similar décadas atrás algunos números más abajo, como veremos más adelante. A continuación venía la mencionada tienda de alimentación de Angel Aoiz, que vemos en las dos fotografías de su hijo Mikel. Antes de Angel Aoiz  y, a tenor de lo que dice el Anuario Comercial de aquellos años  regentó  la tienda Blanca Murillo Lorente. Tras la tienda de Angel Aoiz venía la famosa peluquería de caballeros y señoras de Andrés Arbea, donde luego estarían la tienda del Portu y el actual negocio de arreglos Descosidos. Luego, en el nº 21  venía la alpargatería  de Sebastián García. Reproduzco, con afán completista,  lo que decía en la entrada anterior de la calle Santo Domingo,  respecto del período 1908-1953.

“En el nº 23-25 donde hasta hace poco estaba la inmobiliaria Casco Viejo, y la agencia de viajes Libre Destino, desde primeros de siglo encontrábamos al ebanista y tapicero Esteban Osacar al que siguió durante los años 40 y 50 el también tapicero Sebastián Osta. Algunos años atrás, a comienzos de siglo, por allí estaban, también, la alpargatería de Valentín Erice que en los años 20 cogió Sebastian García (sic) y tras él, la barbería de Claudio García que, en los años 20, regentaba Emilio Caballero que continuó con el negocio en los años 30 e incluso pasados los 50 si bien, desde los años 30, en el nº 25. Luego estaba, en el nº 27, Vda de Martín Jauregui con un negocio de lana en rama y pieles del país sin curtir que, en los años 20, aparecerá como Herederos de Jauregui, y que continua en los años 40 bajo la razón social de Juan Casanave y Cia, con el mismo objeto social y a la que sigue, en esos mismos años, un negocio de loza y porcelana, otro más de cacharrería, dirigido, esta vez, por Martin Velaz”. También en el nº 27 figura, en 1963 la hojalatería de Juan León Ulibarri. Donde hoy se encuentra la Librería Abarzuza estaba desde los años 40   la tienda alimentación de Miguel Huarte Aldaz. A continuación, donde hoy se encuentra la tienda de disfraces y petardos Halloween,  estaba la tienda de venta de periódicos y revistas de María Los Arcos.  En 1908 encontramos en los números 33-35 una taberna regentada por Vicente Ardanaz,  precisamente donde hoy está Alimentación Gloría, si bien en los años 20 aquí, en este local,  se radicó   Calzados Gembero que permaneció  en este lugar  hasta la guerra, como bastero, antes de abrir la zapatería de la calle Eslava. En  el nº 37, en 1963, donde hoy se encuentra Informática San Fermín estaba la zapatería de Martin Esain. Como en otras muchas calles la numeración actual no se corresponde con la de entonces. En el 37 había otro negocio, la frutería de Parra y las Heras; en el 39, uno de los últimos constructores de yugos hechos a mano, José Arcelus y en el nº 41, ya la citaba como existente, al menos desde los años 40 en el anterior post, la frutería de Cecilio González. Ilustran esta entrada, además de las dos fotos cedidas por Mikel Aoiz (de 1963), otro par de fotografías de la época, la última de Juan Gómez para la Agencia Cifra (1969).

Oficios y tipos de comercios desaparecidos en el Nuevo Pamplona (2000-2015)

Esta entrada es continuación de otra que escribí hace casi tres años. En aquella hablaba de infinidad de oficios y tipos de comercios desaparecidos a lo largo de los primeros 60 años de siglo. Algunos de aquellos oficios y tipos de comercios eran desconocidos incluso para mi generación. En esta entrada hablaré de oficios y tipologías de comercios desaparecidos o casi desaparecidos y algunos otros que, con enorme heroicidad,  resisten el embate de los nuevos tiempos, las nuevas tecnologías y la competencia de los nuevos formatos comerciales periféricos que son la némesis de la ciudad viva y dinámica que conocimos y que el autor de este blog lucha por preservar día a día y no solo en la memoria. Sin comercios, la vida  urbana  se centrará tan solo  en la actividad hostelera, actividad fundamental y necesaria, complemento perfecto de la comercial,  pero insuficiente en un equilibrado mix pues ya sabemos lo que sucede cuando se rompe el equilibrio y queda solo la actividad hostelera en los centros de las ciudades. Comienzo el repaso. En las últimas décadas ha sido notoria la desaparición de los videoclubs que surgieron, a decenas, en nuestras ciudades entre los años 80 y  90. La apertura de videocajeros, que flexibilizaba el horario de entrega y recogida de aquellas cintas VHS y luego DVDs, -recuerdo que Video Club Cinema llegó a abrir media docena de puntos en la Comarca-, no fue suficiente para hacer frente al todo gratis de la piratería digital y a la cada vez mayor extensión y abaratamiento de las plataformas digitales. El Policarpo de la Avenida de Bayona fue seguramente uno de aquellos videoclubs míticos de los que creo que queda poco más o menos de  media docena de establecimientos en nuestra comunidad.

Casi antes o al mismo tiempo que cerraban los videoclubs en Pamplona lo hacían las tiendas de música. En el Casco Antiguo la última lo hizo en el año 2015, se llamaba Digital y estaba en la calle Estafeta, si bien sobreviven aún algunas tiendas de discos de vinilo como Dientes Largos en la calle Jarauta y Barracuda en la calle Nueva, además de la correspondiente sección de Elkar en la calle Comedias. Antes habían cerrado las dos tiendas del Supermercado del Casette de la calle Estafeta, -hubo recuerdo otra de la misma empresa en el nº 15 de la calle Mayor, Liverpool en Mercaderes y Frudisk en la calle San Miguel.  En su momento llegó a haber más de 40 tiendas de  música en la ciudad. Como a los videoclubs, las descargas por Internet les afectaron terriblemente. En 2006 ya solo sobrevivían una docena de tiendas de música contando las de los centros comerciales. Por el camino se fueron quedando junto a las citadas nombres como Chaston, Fonos,  Radio Far y un largo etcétera. Las librerías resisten,  todavía, con  increíble heroicidad, entusiasmo y buen hacer  esta incontenible avalancha digital. Han desaparecido, en los últimos años, grandes nombres: El Parnasillo, Librería Gómez, Auzolan aunque afortunadamente gente joven con ilusión, como las chicas de la librería Menades,  se han atrevido a abrir hace escasas fechas en el mismo local de Auzolan un  nuevo espacio para la lectura.  Otro tipo de comercio que ha ido desapareciendo ha sido la tienda de fotografía basada única y exclusivamente en el revelado. La aparición de la tecnología digital dejó sin negocio a quien se dedicaba a hacer tan solo una labor mecánica de revelado químico. Solo las pequeñas  tiendas de fotografía profesionales especializadas en el retrato,  la fotografía artística, industrial, publicitaria, etc, con estudio, medios y conocimientos han podido ir sobreviviendo hasta el momento.

Las imprentas tradicionales también han ido desapareciendo superadas por la impresión digital y los cambios en los hábitos y prácticas personales y empresariales. Pareciera que ya no se hicieran ni sobres, ni cartas, ni tarjetas de visita… La última crisis económica provocó una enorme criba de  las agencias inmobiliarias que, en los últimos años, parece que han empezado  nuevamente a resurgir, señal de que la actividad edificatoria e inmobiliaria comienza a moverse de nuevo. En estos mismos años de crisis proliferaron como setas las tiendas de Compro Oro que tan pronto como aparecieron desaparecieron, y es que no siempre era oro todo lo que relucía. Lo mismo puede decirse de las tiendas de cigarrillos electrónicos. Conocieron un boom hace un par de años pero hoy no pasan por su mejor momento. La irrupción de internet, la facilidad para contratar viaje y estancia han afectado a muchas agencias de viajes que se esfuerzan hoy en día por darle un valor añadido a su negocio. Han desaparecido también muchas tiendas de informática  independientes a causa de la enorme competencia de los centros comerciales e internet. Solo se mantienen las que ofrecen un adecuado servicio técnico. En tiempos, nuestras calles principales y plazas estaban sembradas de kioskos de prensa y chucherías. Hoy realmente  y repasando mentalmente los que había en la zona centro no sí si queda ya alguno.

En los años 70 comenzaron a cerrar los cines de los barrios. Hace un par de años cerraba, en un rosario de clausuras sucesivas, desde principios de siglo,  el último cine del centro de Pamplona, el Cine Carlos III. Quien quiera ver una película en pantalla grande no tiene más remedio que acudir a los Golem o a los centros comerciales. Hace años surgieron los cibercafés, cuando las conexiones de internet eran lentas y caras. En pocos años desaparecieron. De dicho rastro comercial solo queda el ciberlocutorio con un marcado carácter étnico y de comunicación allende los mares.  Quedan pocas tiendas de electrodomésticos, ninguna de gama blanca, en el Casco Antiguo, tras el cierre de Milar Estafeta y Electrodomésticos Thomas. Quien quiera comprarse un frigorífico si no lo encuentra en su barrio tendrá que comprarlo en uno de los grandes establecimientos de las afueras. Quedan pocos talleres de reparación de televisión y sonido y es que a menudo cuestan tan baratos algunos de estos productos que no sale a cuenta su arreglo. En el baul de los recuerdos quedan las imagenes de los vendedores de enciclopedias, -hoy la mayor enciclopedia está en Internet y se llama Wikipedia (aunque no es lo mismo en ninguno de los sentidos)-, los afiladores, barberos,  limpiabotas, deshollinadores, carboneros, y otros muchos.

Tres de cada cuatro tiendas de alimentación han desaparecido en los últimos 30 años, ni que decir tiene de las que conocíamos como ultramarinos y a las que dediqué una entrada en el blog. Hoy nuestros barrios están literalmente colonizados por los supermercados  de las grandes cadenas de alimentación: Eroski, BM, Caprabo, Mercadona, etc que junto a los grandes o pequeños bazares regentados por ciudadanos chinos o paquistaníes constituyen el nuevo paisaje comercial urbano, en  aquellas calles y  locales donde antes estuviese el comercio local de barrio. Han desaparecido casi por completo los zapateros artesanales y lo que conocíamos como zapatero remendón, se impone el compre barato y cambielo pronto, nada de echarle una suelas a los zapatos como se hacía antiguamente para que fuese tirando. Desaparecieron casi por completo las sombrererías y las antiguas sastrerías. Quedan escasos talleres de relojería.  Menguan carpinterías, ferreterías y cristalerías. Se ven ya pocas academias de mecanografía y ninguna sala recreativa que yo recuerde. Se mantiene como he dicho la alimentación y la restauración, la hostelería que es el único sector en la ciudad, capaz de momento,  de hacer frente a la oferta de periferia. Al resto de actividades les cuesta salir adelante frente  a la competencia de internet,  las grandes marcas de distribución y los centros comerciales periféricos. Aunque como todo parece ser cíclico en esta vida, se augura un retorno residencial a la ciudad y del comercio, de todo tipo, al centro. Veremos.  Frente a este enfebrecido cambio que tantos oficios, actividades y tipos de comercios  han dejado por el camino parece que los oficios relacionados con la salud, el cuidado de las personas y la economía digital acapararán buena parte de los empleos y las actividades los próximos años. Y permítanme que acabe la entrada  con un  pequeño detalle de humor negro. Parece que lo único que no tiene visos de sufrir una súbita crisis en nuestro tiempo  son los servicios funerarios ya que  desgraciadamente la gente sigue teniendo  la mala costumbre de morirse cada día. 100.000 millones de personas que nos antecedieron en el mundo y que hoy están “criando malvas” lo certifican.

Fotos por orden de aparición: Nº 5 y Nº 6. Adoquines y Losetas. Javier Muru.

Crónica negra del Viejo Pamplona: crímenes y ejecuciones, a principios de siglo (1902-1925)

En la serie “Crónica negra del Viejo Pamplona”  he narrado  crímenes que acabaron con sus responsables en el garrote vil, me refiero al crimen de Beruete (1924) y al crimen de Miranda de Arga (1955), que fue la última causa en la que se ejecutó a un reo en nuestra ciudad. En esta entrada voy a hablar sucintamente de algunos otros crímenes y ejecuciones que tuvieron lugar en nuestra comunidad en los primeros años del siglo XX y que fueron juzgados en Pamplona. Entre 1870 y 1951 hubo  nada menos  que 33 recursos de casación sobre otras tantas sentencias de penas de muerte impuestas en Navarra,  bien por haber cometido robo con homicidio o por haber perpetrado  asesinatos dolosos, lo cual no quiere decir que todas esas sentencias de muerte  se concretasen  finalmente. De hecho y paradójicamente hubo muchos crímenes cometidos en las calles de nuestra ciudad entre finales del XIX y principios del XX que tras el correspondiente juicio no fueron castigados con la pena capital sino que se saldaron con diferentes penas de cárcel y de los que hablaré con más detalle en una segunda entrada. Comenzaremos nuestra entrada a finales del XIX. A finales de este  siglo adquirió una gran notoriedad el doble asesinato perpetrado por Toribio Eguía y que sería ejecutado, por garrote vil,  el 15 de octubre de  1885 en la Vuelta del Castillo, junto al Portal de la Taconera. Como bien recuerda Patxi Mendiburu en su blog “Desolvidar”, el 22 de noviembre de 1884, Toribio Eguía mató al cura de Atondo, Manuel Martiarena y a su ama de llaves, Martina Babace, de varias puñaladas, robandoles 690 pesetas en monedas de oro y plata, tras lo cual se fue a pasar la noche, durmiendo a pierna suelta, en la Fonda La Perla de la plaza del Castillo, donde sería detenido a la mañana siguiente. El crimen tuvo  una gran repercusión  por aquel entonces, incluso años después se recordaba el crimen y,  como en otros sangrientos hechos, pronto saldrían las correspondientes coplillas o romances de ciego para inmortalizar el truculento suceso. Si saco a colación este crimen y ejecución es porque fue, probablemente,  una de las últimas ejecuciones públicas multitudinarias y al aire libre que se celebró en Pamplona, que no la última ya que en octubre de 1890 sería ajusticiado Domingo Ortega también cerca del Portal de  la Taconera. A partir de ese momento las ejecuciones se celebrarían dentro de los muros de la cárcel.

Como he dicho, hasta entonces las ejecuciones eran públicas y se celebraban en lugares como la plaza del Ayuntamiento (llamada  también plaza de la fruta) y más tarde en  las  inmediaciones de la Taconera y de la Vuelta del Castillo. Parece ser que fue el rey Fernando VII quien implantó como forma definitiva de ejecución en España la del garrote vil, en 1832,  dejando el fusilamiento para la jurisdicción militar, y aboliendo la pena de muerte por horca. Aunque no siempre  funcionaba el garrote vil adecuadamente. Lo vimos en el caso de los hermanos Celaya, en lo que conocimos como “el crimen de Miranda de Arga” pero aun peor debió ser el caso de Juan Baquedano, “Juanillo”, sometido a consejo de guerra y sentenciado el 30 de agosto de 1822 a morir en el garrote por conspiración contra el orden constitucional. Después de media hora de innecesario sufrimiento y de múltiples intentos por atornillar la nuca del sujeto, el verdugo desistió de su tarea y  fue finalmente tiroteado. Algunos años antes, en 1818 se había producido una  ejemplarizante  ejecución de unos   bandidos, conocidos como los bandidos de Lanz,  cuyas cabezas y cuartos fueron expuestas en algunos caminos para que sirviese de escarmiento a otros salteadores de caminos. Este tipo de castigos añadidos a la muerte como amputaciones o desmembramientos fue, no obstante,  más frecuente en siglos anteriores. Durante el siglo XIX hubo en España más de un centenar de  reos condenados a muerte, con una media de casi 14 casos por año, bajando en el período 1870-1961 a 5,6 por año.  Solían acompañar a los condenados a muerte, camino del patíbulo,   los hermanos de la Caridad y también los de la Vera Cruz, esta última con varios siglos de existencia.

Entre 1900 y 1923 se fallaron en la Audiencia de Pamplona 6 sentencias de muerte que,  tras el oportuno recurso de casación,  fueron en su mayor parte, salvo en uno de los casos, ratificadas y ejecutadas. Entre ellas se encontraba, y por orden cronológico, las penas de muerte contra Felipe Ruba, alias Pepín,  que muy cerca de Lodosa, el 6 de diciembre de 1902, asesinó por la espalda a Nicasio Zamora, tras golpearle en la cabeza, robandole posteriormente 3.500 peseta y un reloj;  la de Germán Maximino Barandalla Esparza, cuya sentencia fue revisada por el Supremo en 1907 que apuñaló en la pierna  al entonces alcalde de Echarri-Aranaz, Juan Garciandía, e intentó herir igualmente al  sereno del pueblo Juan Ijurra Lacunza, provocando la muerte del primero en la calle  tras un rápido desangramiento al seccionarle  la femoral.

El 12 de junio de 1909 se ejecutaba al reo Bonifacio García Martínez que había sido condenado por la Audiencia de Pamplona a dos penas de muerte por robo y doble homicidio y cuyo recurso de casación se había desestimado en agosto de 1908. Esta fue, además, la primera pena de muerte que se ejecutaba en la nueva Prisión Provincial de Pamplona, inaugurada en otoño de 1908. Bonifacio había asesinado en la noche del 17 al 18 de noviembre de 1907,  en su domicilio del pueblo de Oteiza, y con especial ensañamiento  al matrimonio formado por Santiago Arandigoyen y Petra Igúzquiza a los que pretendía robar. En 1913 era indultado de la pena de muerte Rafael Cancio Expósito, de 22 años, recadero y natural de Pamplona, condenado a muerte un año antes por acuchillar, con resultado de muerte a Carmen Calvo. En 1913 Lorenzo Expósito mataba con un hacha a Juan Bautista Lacunza en el caserio Estebanea de Leiza para robarle 100 pesetas. La sentencia del Tribunal Supremo de 4 de marzo de 1914 ratificaba la pena de muerte impuesta por la Audiencia Provincial.

Me detendré en un caso especialmente truculento pues el crimen tardó en ser castigado no menos de 15 años. El 21 de febrero de 1908 un desconocido disparaba a bocajarro a Ricarda Oses y García de Acilu en el monte Gallambiso, cerca de Galbarra, valle de Lana. En 1909 era detenido en Francia y extraditado a España el presunto autor de los disparos que ingresó en prisión. El caso se reabriría en 1923 al fallecer el supuesto asesino de Ricarda quien confesó la verdad antes de morir. El asesinato lo había organizado el marido Pablo Mendaza y Gómez de Segura quien le había pagado casi 600 pesetas por cometer el crimen, 98 pesetas antes del asesinato y 500 después. Para más inri, el día de autos, cuando la esposa malherida por el disparo corría hacia su marido para pedirle ayuda éste le golpeó con una piedra y con la culata de su escopeta dejándola morir. El marido se casaba un año más tarde con una joven de 19 años. Pablo había pagado,  además,  1000 pesetas al autor de los disparos para que  declarase que él era el único culpable. El recurso de casación por la pena de muerte fue rechazado por el Tribunal Supremo en Noviembre de 1923.

Dentro de este período ya me he referido, en otra entrada del blog al mencionado “crimen de Beruete” acaecido el 10 de septiembre de 1924 por el que fue robado y asesinado a hachazos en el monte de Santa Engracia, próximo a Huici, el leñador Martín Aizcorbe. Los asesinos fueron  los hermanos Bernardo, Juan Martín y José Goñi que serían ejecutados el 1 de febrero de 1925 en la prisión de Pamplona.  También en 1924 sería utilizado el garrote vil, si bien, no para una causa común sino para una causa seguida por la jurisdicción militar, y que tuvo un juicio breve y sumarísimo.  Se juzgaron los sucesos revolucionarios de Vera de Bidasoa que  se produjeron el 7 de noviembre y en los que murieron dos guardias civiles y cuatro sindicalistas. El 6 de diciembre ajusticiaban con el garrote a dos de los tres reos encausados en dichos sucesos, Enrique Gil Galar y Julián Santillán, ya que el tercero, Pablo Martín Sánchez,  se suicidó, tirándose desde una galería de la prisión antes de ser llevado al patíbulo. La pena capital por asesinato fue abolida en el código penal  en 1932, otra cosa era la jurisdicción militar, restablecida en 1934 y definitivamente con el triunfo desde 1938 a 1978. Las últimas ejecuciones con el garrote vil se produjeron el 2 de marzo de 1974 en las personas del anarquista Salvador Puig Antich y del alemán Georg Michael Welzel.

Fotos por orden de aparición: Nº1: Grabado de Goya. Desastres de la Guerra Nº 36, Nº 2: «Exécution d’un assassin a Barcelone» (ejecución de un asesino en Barcelona), de Gustave Doré, publicado en L’Espagne, 1874. , Nº 3: Audiencia Provincial de Pamplona, sin datar, probablemente a principios del siglo XX , Nº 4: Archivo del Patrimonio Inmaterial de Navarra www.navarchivo.com, Nº 5:  Iglesia y pueblo de Beruete. Xavier Cañas. CC BY-SA 4.0. , Nº 6: Juicio a los encausados por lo sucesos revolucionarios de Vera de Bidasoa (1924). Mundo Gráfico. Biblioteca Nacional de España. Nº 7: Prisión provincial de Pamplona recién inaugurada. 1908. Aquilino García Dean. AMP.

La presa de Santa Engracia (12…-2018)

En  la primavera de este año, concretamente en el mes de marzo, se acabó de romper la presa de Santa Engracia, que ya había dado señales de deterioro en los últimos meses, por el tiempo transcurrido desde su último arreglo y por las cada vez más frecuentes avenidas. A raíz de esta rotura,  la imagen que ofrece actualmente  el río en este tramo y  la imposibilidad de practicar el piragüismo  ha surgido una polémica no sé si un tanto estéril sobre la conveniencia o no de dejar el río como está, incluso se habla de lo deseable que sería que se suprimiesen todas las presas existentes en su curso para dejar que el río fluyese de forma natural, como lo hiciese hace muchos siglos. No es mi intención entrar en semejantes  “barros”, pero me preguntó si los en otro tiempo tan activos defensores del patrimonio material e inmaterial tienen algo que decir respecto de esa posible supresión de molinos, batanes y edificios industriales varios que forman parte de la historia de nuestro río y de nuestra historia, por mucho que la evolución de nuestra sociedad haya dejado esos elementos orillados en el tiempo, sin ningún tipo de uso y utilidad, más allá del monumental o turístico. Las presas son fruto, por supuesto, de la intervención humana como los  diques, canales  puentes y pasarelas que a lo largo de los siglos y especialmente en las últimas décadas se han erigido sobre el lecho de nuestro rio. ¿pero debemos volver acaso a los tiempos en lo que el Arga era llamado Runa y un campamento romano acababa de asentarse sobre el poblado vascón situado en  lo  más alto del cerro que domina la Cuenca y sobre el que serpenteaba el río?

La presa de Santa Engracia data del siglo XIII. Ya se tiene constancia a principios de ese siglo de la existencia de la presa, una presa de piedra de sillería, de 65 metros de largo por dos de altura que servía para alimentar, con un caudal de 5.000 metros por segundo,  el molino llamado entonces de Macon y que sirvió posteriormente, a partir del siglo XVI,   como molino harinero municipal para los hornos del Vinculo.  Pocos años después, tanto la presa como el molino y el puente serían conocidos como de Santa Engracia al asentarse en las cercanías unas religiosas de la Orden de las Clarisas que fundaron el convento de Santa Engracia. El convento seguiría en pie hasta finales del XVIII en que, a causa de la guerra de la Convención, fueron conminadas a abandonar el convento que fue posteriormente  derribado. El molino harinero se transformó a finales del siglo XIX en la Electra Municipal, hidroeléctrica que permitiría alimentar las primeras luces eléctricas de Pamplona, tras un corto período en que el alumbrado se hizo con luminarias de gas. Tras la guerra la vieja Electra  Municipal dió paso a Industrias del Caucho, cuyo edificio   se mantuvo en el lugar hasta el año 2009. El edificio lo había adquirido en 1938 el rochapeano Bernardo Echamendi. Parece que en los siglos XVII y XVIII hubo reconstrucciones parciales de la presa por lo que no es ésta la primera vez que se deteriora la presa y se arregla. La última obra en la presa parece que data de 1725. Hoy,  tras los derribos de 2009,  de todas las construcciones existentes quedan la presa, la rejilla de acceso al molino y el antiguo canal de retorno de las aguas. El corto tramo de río remansado que posibilitaba la presa, existente entre el puente de a Rochapea y el de Santa Engracia ha sido protagonista de diferentes pruebas deportivas de piragüismo y de natación como la famosa Travesía del Arga, así como de la pesca. El Club Náutico, que tiene su sede en un edificio cercano al puente de la Rochapea, ha recogido en los últimos meses,  varios miles de firmas para pedir al Ayuntamiento que reconstruya la presa.

Participa en el blog: Guardería de las monjas del Convento de las Agustinas Recoletas (1956-57)

Me remite esta foto para la sección “Participa en el blog”, Miguel Angel Dominguez Arbeloa, que da las siguientes notas sobre la citada fotografía personal: “Entre los años 50 al 58 según creo, las monjas del convento que está en la plaza de los ajos, (el convento de las Agustinas Recoletas), tuvieron abierta  una  guardería.  Estos son los niños que íbamos a ella en el año 1956 o 57, no sé exactamente  en qué año está realizada la foto, pero calculo que es de esa época. La fotografía de la clase que está plasmada en el apartado “Recuerdos” (Nota del autor el blog: imagino que se refiere a la entrada que tiene por título “Escuelas, cantinas y colonias”) es parecida a la que íbamos nosotros, también teníamos un comedor muy parecido al que está fotografiado en  dicha entrada donde nos daban la comida. Salíamos al recreo a la plaza de los ajos, excepto cuando nevaba mucho que  entonces nos bajaban a la carbonera a jugar. También a la entrada de la guardería  había un mostrador donde vendían  caramelos. La foto está tomada en los jardines de la Taconera”. Imaginamos que nuestro estimado colaborador Miguel Angel es el niño señalado con una aspa en la foto.

Principales entidades musicales del Viejo Pamplona (1865-1946): El Orfeón, la Coral de Cámara, la Orquesta Santa Cecilia, Los Amigos del Arte, La Filarmónica y La Pamplonesa

Esta entrada viene a completar otras entradas del blog que han ido tratando el arte y la cultura en nuestra ciudad, centrándome, en esta ocasión,  sobre todo,  en las entidades musicales más destacadas de nuestra ciudad para terminar haciendo referencia a otro tipo de entidades públicas y privadas relacionadas, en este período, con la cultura. Y repasaré su historia empezando por las entidades más antiguas para acabar con las más recientes. A principios de siglo la sociedad artística más importante de la ciudad  era el Orfeón Pamplonés. El actual Orfeón nacido en 1892 tiene varios antecedentes. En 1865 se creó un primer orfeón por parte de once personas entre las que se encontraba D. Conrado García que tenía una tienda de pianos en el Paseo de Valencia, con el objetivo de “enseñar música gratuitamente a los artesanos que lo solicitasen y fuesen admitidos”. De este primer orfeón fue director D. Joaquín Maya y subdirector D. Mariano García y en él  llegó a participar un joven Julián Gayarre. Fueron nombrados socios honorarios de este primer orfeón personajes tan célebres en el ámbito musical como Joaquín Gaztambide, Emilio Arrieta, Hilarión Eslava, Juan Guelbenzu o Dámaso Zabalza. Este primer orfeón desapareció en 1873 por causas fundamentalmente económicas. El pequeño número de socios que tenía no permitía hacer frente a los gastos de una gran masa coral. El segundo orfeón nació el 6 de noviembre de 1881, bajo los auspicios de la élite cultural pamplonesa, -en él participaron personalidades como Julio Altadill, Juan Iturralde y Suit, Antonio Irazoqui, Serafín Mata y Oneca, Florencio Ansoleaga…-,   y seguía el modelo ateneista de otras ciudades. De hecho se llamaba  Ateneo Orfeón Pamplonés y combinaba las actividades musicales con las literarias y de otro tipo. Su director musical fue Fidel Maya y el literario Serafín Mata. En 1885 se suspendió por  falta de asistencia de los coralistas a los ensayos disolviéndose en 1887. Aun hubo un tercer intento más de crear un orfeón en 1890 que no llegó a fructificar. El actual Orfeón nació en 1892, si bien sus primeros pasos se habían dado en 1891. Fue su primer director Don Remigio Múgica que lo sería durante 56 años, desde 1891 hasta 1947. De su brillantez, como director, da la medida el hecho de que en los primeros 28 años del Orfeón, bajo su dirección,  conquistó nada menos que 24 primeros premios en concursos nacionales e internacionales.

Inicialmente el coro lo componían solo voces masculinas. En 1903  se creó el coro femenino, convirtiendo al Orfeón Pamplonés en uno de los primeros en incorporar a la mujer a las masas corales en España, de hecho en 1906 el coro se abrió a mujeres y niños, pudiendo acometer, de este modo, y con todos los timbres y voces unos repertorios musicales mucho más amplios y variados. El Orfeón participaba asiduamente en los conciertos matinales de San Fermín en los que se contaba con la presencia  de Pablo Sarasate. Ese año el Orfeón se iba a encargar de la parte musical en la boda del rey Alfonso XIII que se vio deslucida por el atentado que se produjo al término de la ceremonia. En 1908 presidía la sociedad, D. Antonio Millor. Hasta esa fecha habían presidido la entidad Miguel Echarri, Joaquín Zubiría, Jorge Fernández, Santiago Benito, Feliciano Ariz, Teodoro Navaz y Arturo Saravilla.   Tras Millor ocuparían la presidencia Nemesio Aramburu que lo había sido también en el momento de la fundación, Baldomero Zulategui, Javier Arraiza,  Mariano Arteaga, Jesús de Aranzadi, Hilario Etayo, Mariano Carlón, Joaquín del Olmo, Felix Huarte, Jesús Huarte, Javier Donezar, José Luis Zufia, Luis Morales, Fernando Benito, José Juan Noguera, Juan José Pérez Alfaro, Mercedes Irujo, Javier Orella, Joaquín Jabat  y Daniel Sánchez. En los años 20, se dice en el anuario de Saiz Calderón, que “el Orfeón fomentaba la cultura, sosteniendo clases de solfeo y de canto gratuitas y poseía una buena biblioteca para la instrucción y recreo de sus socios”. Tenía su sede en el nº 33 de la calle Ansoleaga, en el antiguo Palacio de Aguerre donde hoy está la trasera del Hotel Maisonnave. Tanto tiempo estuvo en esta ubicación el coro que al edificio se le conocía  por el nombre de La Casa del Orfeón. Posteriormente se trasladaría a su actual sede de Pozoblanco. Dirigía el coro D. Remigio Múgica, siendo subdirector Mariano Beunza. En 1920 el Orfeón contaba con 150 orfeonistas, más de 70 voces masculinas, 40 femeninas y una treintena de niños así como 200 socios protectores. En 1925, el número ascendía a 180 orfeonistas, 100 masculinas, 45 femeninas y 35 de niños. Fueron memorables sus éxitos en 1927 en Madrid con  el Orfeón y la Orquesta Sinfónica de Madrid de Arbós en el Monumental Cinema de Madrid,  participando en el Centenario de la Muerte de Beethoven o en 1928, en Pamplona, dirigidos por Maurice Ravel.

En 1942, con motivo de su 50º aniversario, el Orfeón recibió la Cruz de Alfonso X el Sabio. A Remigio Múgica, con un impresionante legado artístico a sus espaldas, le seguirían en la dirección  el sacerdote Martín Lipúzcoa (1948-1956), Juan Eraso (1956-1960) con el que el Orfeón se abrió a los auditorios franceses, llegando hasta París. Pedro Pírfano dirigió al Orfeón en el período 1960-1967. Durante su dirección el Orfeón acudió a los grandes festivales musicales, nacionales e internacionales: Portugal, Francia, Granada, Holanda, etc. Con él,  el coro se abrió a la vanguardia, sin olvidarse tampoco  el folklore popular. A Pirfano le siguieron Carmelo Llorente (1968-1973) y José Antonio Huarte (1973-1992), con el que el  Orfeón participó en multitud de  festivales de verano europeos y en los más importantes auditorios de la península. Con motivo de su centenario en 1992 el Orfeón recibió  la Medalla de Plata al mérito en las Bellas Artes y  el Premio Príncipe de Viana de la Cultura. Tras José Antonio Huarte el Orfeón entró en un   proceso de redefinición, con varios directores musicales, algunos de ellos, con escasa duración en el cargo, como Juan Carlos Múgica (1992-1996), Koldo Pastor (1996-1997) o  Pascual Aldave (1997-1998). Alfonso Huarte,  director entre 1998 y 2005, fue el primer director en contar  con un equipo profesional de gerencia. Se produjo una renovación total de la entidad, tanto en su estructura como en el coro. El coro volvió  a los escenarios nacionales y europeos más importantes. Igor Ijurra es su  director desde el año 2005. Con él continua su excelente trayectoria histórica cantando junto a  orquestas sinfónicas tanto nacionales  como  extranjeras. Destacan entre  sus actuaciones la del Carnegie Hall en el año 2010, año en que recibe, además,  la Medalla de Oro de Navarra o la del Lincoln Center en el año 2012. Actualmente la Sociedad tiene 400 socios.

Junto al Orfeón estaba, a principios de siglo, la Sociedad Musical  y Orquesta Santa Cecilia, presidida por Alberto Huarte,   de hecho la sociedad tenía su sede en el colegio Huarte de la calle Mayor, con Santos Laspiur en la vicepresidencia, y con una cuarentena de afamados profesores en la plantilla  que acompañaban siempre a Sarasate en sus conciertos de San Fermín. No en vano, la iniciativa de fundar la orquesta se había llevado a cabo gracias al impulso de Sarasate y con la colaboración del mencionado Huarte y del director de la Academia Municipal de Música D. Baldomero Navascués. La Sociedad y la Orquesta habían sido promovidas en 1878  por el insigne violinista pamplonés con el fin, y cito textualmente,  “de elevar el nivel musical de la sociedad navarra”.  La orquesta se convierte así en la más antigua de las orquestas españolas.  Su primer concierto lo dio  en los primeros meses de 1879. La Orquesta acompañó  a  Sarasate en el concierto que dio en Pamplona en los Sanfermines de 1879. Tenía inicialmente  70 miembros si bien en 1882 se fijó su número en 65, cifra que permaneció estable hasta 1933. La Sociedad y el Orfeón Pamplonés dieron conciertos juntos en la década de los ochenta del siglo XIX, bajo la dirección de Joaquín Maya, director, entonces,  de ambas instituciones. Sarasate seguiría siendo su principal impulsor  asesorándoles, financiando la compra de las partituras e interviniendo, junto a ella, en sus  conciertos anuales sanfermineros hasta su muerte en 1908.  La Orquesta participaba en los principales actos festivos e institucionales de la ciudad. Gracias a Sarasate vinieron  a Pamplona figuras  de la música tan importantes  como Maurice Ravel, Camilo Saint Saéns (que la dirigió en alguna ocasión), Berta Marx o  Otto Neitzel. Maya fue sustituido en sus ausencias  por   Ricardo Villa, director de la Banda Municipal de Madrid. En esta primera época  dirigieron la orquesta también ocasionalmente Larregla y Saco del Valle.

A la muerte de Sarasate  la orquesta Santa Cecilia entró en una profunda crisis hasta prácticamente  casi desaparecer. En 1932 volvió  a resurgir con motivo del homenaje que se le tributó al profesor de la Academia Municipal de Música Felipe Aramendia.  Ese año se reunieron buena parte de los músicos de la ciudad para formar un conjunto que actuase en el  citado homenaje. Dirigió la orquesta Ricardo Villa.  A la vista del resultado algunos músicos como Alfredo Lumbreras, José María Ruiz, Julio Masset o Cristiano Medina proyectaron relanzar la orquesta “Santa Cecilia”. Se pensó como director estable en Joaquín Gasca, joven director músico militar que residía en Logroño. La plantilla  de la orquesta  incluía profesores como el mencionado Lumbreras, del Hoyo, Robustiano Setuáin, César Zaro, Arizcuren. El primer concierto lo dieron el 2 de febrero de 1933, posteriormente  darían otros  16 conciertos. La orquesta ofrecía un concierto mensual para “socios protectores”, a 2,50 pesetas la butaca de sala, y 1,50 pesetas el palco. La guerra interrumpió la vida de la orquesta, ya que Gasca quedó retenido en Madrid. Se hizo cargo del puesto el pamplonés Fermín Muruzábal, que pertenecía a la plantilla del Conservatorio de Vitoria. En 1942 asumió la dirección de la Orquesta, Luis Morondo, pero pese a sus esfuerzos no logró que la Orquesta remontase el vuelo.  La causa: el carácter no profesionalizado de los músicos que se veían obligados a dedicarse a otras tareas para sobrevivir. Al cesar Morondo, se inició otro período difícil,  con Bruno Muñoz en la dirección, que había sido también subdirector de la Orquesta Municipal de Bilbao, y que permaneció en su puesto hasta 1962.

En enero de 1962 se hizo cargo de la dirección Javier Bello Portu, que se mantendría en su puesto  hasta 1983. No fue una época fácil. A diferencia de los años 40 y 50 en los que los pamploneses acudían asiduamente a los conciertos, incluso se contaba  con  la presencia, de vez en cuando, de algún artista extranjero, la recepción, en los años 60, de los pamploneses a la orquesta y  a los conciertos fue bastante fría, en general,  hasta el punto de que en 1969, estuvieron a punto de autodisolverse. Fueron, en última instancia,  el  Ayuntamiento de Pamplona, la Diputación y las Cajas de Ahorros de Navarra y Municipal de Pamplona, quienes se encargaron de salvarla, subvencionándola. La orquesta volvió a su actividad, tanto de conciertos mensuales como participando en los actos más importantes de la Ciudad (festividad de Santa Cecilia, misas de San Saturnino y San Francisco Javier, vísperas de San fermín, responso a Sarasate el día de Todos los Santos en San Nicolás, etc.). En 1983 cesó Bello Portu y se hizo cargo de la dirección, Miguel Roa. Su primer concierto fue el del día 28 de octubre de 1983. Las autoridades navarras, en 1984, otorgaron  a la orquesta una subvención de 25 millones anuales. Roa se marchó  en enero de 1985. Este año el Parlamento de Navarra  aprobó la profesionalización de la Orquesta  y a la junta directiva se  incorporó un delegado de la Institución Príncipe de Viana. También ese año fue contratado como director Jacques Bodmer que profesionalizó la orquesta,  compuesta por 67 músicos, y que accederían al puesto  por concurso oposición. En 1993 cesó Bodmer y se contrató a Miquel Ortega. En 1995 la Orquesta Santa Cecilia cambió su nombre para convertirse  en  la Orquesta Pablo Sarasate, Orquesta Sinfónica de Navarra. Ese mismo año, Ortega cesó a petición propia y fue sustituido por Luis Aguirre. Dos años más tarde, en diciembre de 1997,  la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia y el Gobierno de Navarra constituyeron la Fundación Pablo Sarasate. Ese año se hizo  cargo de la dirección Ernest Martínez Izquierdo y se contrato una gerencia. Martínez Izquierdo estuvo en la dirección hasta el año 2103 que le sustituyó Antoni Wit. En 2016, la Orquesta Sinfónica de Navarra pasó  a depender de la Fundación Baluarte, contando con 52 músicos en plantilla. A Wit le sustituirá en la titularidad de la Orquesta  Manuel Hernández Silva, a partir de este mes de septiembre.

La primera Sociedad Filarmónica de Pamplona se constituyó el 20 de febrero de 1906, con el objeto de “cultivar y fomentar la música clásica mediante la celebración de conciertos instrumentales y vocales”. Al constituirse tenía 146 socios que eligieron una junta directiva compuesta por Arturo Campión, presidente; Florencio de Ansoleaga, vicepresidente; tesorero, Alberto Huarte; contador, Antonio Ochoa de Retana; vocales, Eugenio Lizarraga, Remigio Múgica y Santiago Bengoechea; vicesecretario-archivero, Ángel Lazcano; secretario, Luis García-Landa. Pablo Sarasate figuró como socio honorario. Tras un primer momento de cierta actividad decayó. En los años 20 la Sociedad Filarmónica renació de nuevo y organizó numerosos conciertos a cargo de figuras de primer orden a nivel mundial y que se extinguió, según algunas fuentes, por la abundancia de cuartetos excelentes en la programación.  Estaba presidida en esos años por D. Joaquín Canalejo y tenía  su sede también, como la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia,  en el Colegio Huarte. Contaba con más de medio millar de socios que celebraban sus conciertos en el Teatro Gayarre. Tenía una cuota de ingreso de 5 pesetas y una cuota mensual de 3 pesetas, “pagaderas por mensualidades adelantadas”.  La actual Sociedad Filarmónica se fundó en el otoño de 1960, siendo su primer presidente desde su fundación y hasta 1989, Jesús Aizpún  año en que le sustituyó José María de Andrés Soraluce, vicepresidente y fundador. Ofreció su primer concierto el 6 de diciembre con  la Orquesta del Palazzo Pitti de Florencia, el  violinista Aldo Ferreressi y el director Aldo Faldi. En octubre de 1989 tenía 1.346 socios. Hoy tiene apenas 700. Entre sus conciertos destacan los de Andrés Segovia (17.6.1961), el recital de Montserrat Caballé (23.5.1964), la presentación de la Orquesta Sinfónica de RTVE (1966), la de Robert Casadesus (15.3.1967) que estrenó el primer piano propiedad de la Filarmónica, un “Stenway”, destruido en el incendio del teatro Gayarre (noviembre 1968), local de los conciertos de la Sociedad, el de Arthur Rubinstein (7.12.1971) y Yehudi Menuhin (18.1.1975);  la de la Orquesta Nacional de la URSS (18.10.1973); la de Jesús López Cobos con la Royal Philarmonic londinense (12.5.1980). En 1989 la cuota anual que se pagaba era de 20.000 pesetas.

La Agrupación “Los amigos del Arte”,  asociación musical dirigida en los años 20 por Paulino Otamendi estaba domiciliada  en el nº 15 de la plaza del Castillo, luego lo estuvo en el nº 3, 2º de la citada plaza y posteriormente, desde los años 30  y durante muchísimos  años,  hasta finales de siglo, por lo menos, en el nº 14 (que luego sería el nº 2) de la calle Mayor, (Palacio del Condestable). Estaba  constituida por una veintena de  jóvenes entusiastas  aficionados a la música. Contaba con más de 100 socios músicos y protectores que  llegaría posteriormente a los dos centenares. En 1927  presidía la Agrupación el impresor Ramón Bengaray. La Agrupación había sido fundada  el 1 de junio de 1918, por los hermanos Paulino y Santiago Otamendi. Con sus rondallas y pasacalles y su participación en diferentes actividades y eventos se convirtieron en una de las agrupaciones musicales más castizas y populares de la ciudad. El local del Condestable era un local grande, con bar, donde los músicos no solo ensayaban sino donde se reunían  como si fuese una sociedad.  Además de salir de  ronda por las calles de Pamplona y organizar fiestas y bailes, también nutrió de instrumentistas a la primera Pamplonesa. En los años 50 la Agrupación se componía de 80 músicos. Entre su actividad, además de las mencionadas rondallas y de participar en diferentes festivales y actos culturales, estaban las San Pedradas,  antesala de los Sanfermines, que surgieron en la década de los 20. Las San Pedradas eran largas noches de música. Salían a las 12 de la noche a tocar y a menudo terminaban  a las 7 de la mañana… Y  cantaban jotas y pasacalles alusivos incluso al momento político y social.  En 1983  la Agrupación  “Los Amigos del Arte” dio un gran giro y, bajo la dirección de Koldo Pastor, se creó la Orquesta de Cámara Paulino Otamendi. Actualmente, forman parte de la Orquesta de Cámara Paulino Otamendi una veintena de personas. La Agrupación reúne a bandurrias, laudes, bajo, contrabajo, guitarras, fagot, flautas y teclado… Desde entonces y hasta hoy día, la principal actividad de la sociedad es la difusión de los instrumentos de púa a través de la mencionada orquesta de cámara. Entre los nombres propios de la agrupación a lo largo de su historia están los de Juanjo Sarasibar,  Joaquín Rodríguez, Javier Carricas, Zapatero ‘El Zapa’, Julián Pérez Oliva, Patxi Antunez, Saturnino Sorbet y otros.

A finales de la segunda década del siglo XX nacía en nuestra ciudad  la banda de música La Pamplonesa.  Fue fundada por Vicente Sádaba,  junto a Silvano Cervantes y Manuel Zugarrondo, en septiembre  de  1919, con sede, -tras un intento de que estuviese en la escuela de música de la plaza del Vinculo-,  en las escuelas municipales de Compañía. Fue su primer director Silvano Cervantes. Hasta entonces habían existido tres bandas de música militares, la de los regimientos Almansa, América y Constitución que animaban las fiestas. El director de la banda del regimiento América Silvanio Cervantes había formado unos años una banda de música: la  Banda de Música de los Exploradores, formada por músicos muy jóvenes. Esta banda desapareció en torno a 1917. La Pamplonesa estuvo  formada inicialmente por 37 músicos aunque poco después llegarían a los 40. La primera actuación se produjo el 11 de octubre de 1919. La banda recorrió las calles de la ciudad tocando un pasodoble y una jota. Los socios de la Asociación  promotora de la banda pagaban 25 céntimos mensuales para fondos de la Sociedad. La nueva Junta de la Asociación  la constituyeron, aparte del presidente Vicente Sádaba, otros miembros de la banda como Zugarrondo, Marín, Mendaza, etc. En cuanto se puso en marcha la banda, Vicente Sádaba, presentó la dimisión. A partir de entonces el nuevo presidente de la Asociación  sería D. Manuel Zugarrondo y lo sería hasta 1942, año en que el Ayuntamiento se hizo cargo de “La Pamplonesa” entrando a formar parte de un patronato del que dependerían también los dantzaris del Ayuntamiento y la banda de  gaiteros y txistularis. En sus primeros sanfermines (1920) la banda participó en todos los actos organizados en la calle:  el cohete, el riau riau, las dianas que eran a las 5 de la madrugada, la procesión… incluso se ofrecieron algunos conciertos en el bosquecillo de La Taconera.  La banda estaba subvencionada por el Ayuntamiento (10.000 pts en 1927; en 1920 habían sido tan solo mil) al que acompañaba  en todos los actos y  solemnidades oficiales y contaba con numerosos socios protectores, siendo su presidente honorario el maestro Joaquín Maya que fallecería en 1926.  Fueron directores de la banda Silvano Cervantes, su hermano José Cervantes en dos ocasiones, Juan Berruezo, Saturnino Sorbet, José Luis Gómez, Manuel Gómez (1968-1979), Ricardo García Cerdá y Josep Vicent Egea.   En 1987  “La Pamplonesa” se convirtió en Asociación Cultural, pues en origen era  una Asociación Civil. Como Asociación Cultural la banda firmó un convenio con el Ayuntamiento de Pamplona con una duración de 30 años que regulaba las relaciones entre ambas partes. Por  ese convenio el Ayuntamiento se comprometía  a convocar, con carácter exclusivo, a “La Pamplonesa” para acompañar musicalmente a la corporación en cuantos actos solemnes y  oficiales de carácter corporativo se celebrasen:  procesiones, acompañamientos a la Corporación Municipal en todas sus salidas, conciertos dominicales tanto en la Taconera en verano como en la Ciudadela en invierno y con una actividad prácticamente ininterrumpida en las Fiestas de Julio, habiendo ampliado su ámbito con salidas a la Provincia en la promoción de cultura de la Institución Príncipe de Viana.  En 1988, la banda contaba con 48 componentes.

En 1946 se fundaba otra de las instituciones musicales más importantes de nuestra ciudad que hace unos meses, este año 2018,  fue reconocida con el Premio Príncipe de Viana de la Cultura: la Coral de Cámara de Pamplona. Hace más de 20 años tuve el honor  de poder colaborar, como profesional de la comunicación y  organización de eventos,  en las actividades de conmemoración de su 50º aniversario. Rescato algunas pinceladas de las notas de mi archivo que me sirvieron entonces, en aquel verano del 96, para publicar un pequeño libro sobre la historia de la Coral de Cámara de Pamplona que editó el Ayuntamiento de Pamplona, el único libro que recoge, hasta el momento,  la historia íntegra de esta entidad. El debut de la Coral, así lo recogió la prensa local, tuvo lugar el 11 de diciembre de 1946 en el Coliseo Olimpia, dentro de un concierto organizado por la Sociedad Santa Cecilia. La Coral había sido fundada por el puentesino Luis Morondo Urra, en el mes de noviembre. Morondo había sido subdirector del Orfeón antes de fundar la Coral  y sería director de la Orquesta Santa Cecilia entre 1942 y 1961. Siendo Morondo subdirector del Orfeón había comenzado a ensayar con un grupo de solistas canciones y madrigales de los siglos XV, XVI y XVII. De hecho el objetivo inicial al formar la Coral era estudiar, trabajar y cultivar precisamente la música de esos siglos, aunque conforme pasaron los años la Coral amplió su repertorio a todo el género de música vocal. Morondo habría querido que el Orfeón tuviera su propio Coro de Cámara sin embargo aquel proyecto de Morondo no prosperó. Este deseo y algunas diferencias personales hicieron que Morondo se fuese del Orfeón así como  algunos de los mejores solistas que tenía el Orfeón en ese momento.  Entre ellos estaba María Angeles Senosian, Tere Corcuera, Conchita Goñi, Dionisio Inza, Cecilio Resano. Animado por alguno de esos ex-orfeonistas y junto con  otros siete integrantes: Dolores Senosiain, Josefina Greño, María Ester Oses, Francisco Javier Casas, Pedro Turullols, Francisco Sorozabal y Valeriano Zabalza, constituyeron, como he dicho en noviembre de 1946 el grupo inicial a los que se sumarían luego, en los años siguientes,  otros grandes nombres como María Eva Zabalza, las hermanas Carmen y María Asunción Asurmendi, Conchita Artaiz, Julián Olaz, José Luis Ochoa de Olza y un largo etcétera.  Ensayaban en casa de Morondo, que vivía  en el nº 43 de la calle Zapatería todos los días de la semana.

El ambiente previo a su primer concierto fue especial. Había temor a la reacción del público dadas las circunstancias en que se había producido la salida del Orfeón y el peso de esta institución musical en la ciudad, sin embargo ninguno de esos negros augurios que revoloteaban por las cabezas de aquellos coralistas se cumplieron  y el concierto resultó todo un éxito de crítica y público. Los ensayos además de en la casa de Morondo donde se realizaron durante 37 largos años se realizaron alguna vez en casa de Pedro Turullols en la plaza de Castillo y en el local de “La conciliación” en la calle Zapatería donde ensayaba habitualmente la Orquesta Santa Cecilia.  Tras su concierto inaugural, la Coral cantó en 1947 en el cine Diana de Logroño, en San Sebastian (dentro de la Quincena Musical), nuevamente en Pamplona y en enero de 1948 hicieron su primera salida al extranjero,  una gira por Portugal que se saldó con un clamoroso éxito hasta el punto de que a su vuelta de la gira fueron recibidos en el Ayuntamiento. Posteriormente la Coral participó en el Certamen Internacional coral de Llangollen (Gales), en junio de 1948,  ante 18.000 espectadores donde obtuvo el 2º premio y luego en Amiens, y en la sala Pleyel de París. Cada regreso de la Coral se convertía en un acontecimiento social de la mayor importancia, como décadas más tarde lo podrían ser los éxitos de Osasuna: recibimientos multitudinarios, recepción en el Ayuntamiento, etc. A este mismo concurso de Llangollen se presentaron un año después (1949) y ganaron el Tercer Premio.  En 1950 llegaba la consolidación definitiva de la Agrupación, con la consecución del Gran Premio en el Concurso Internacional de Coros de Lille. Además, recibía  también  la Medalla de Oro de la Ciudad. A su vuelta el recibimiento por la ciudad fue apoteósico. Ese mismo año realizó su primera aparición en las Semanas Musicales Internacionales de la Abadía de Royaumont, festival al que regresarían sucesivamente en años posteriores.

Tras el triunfo en Lille, la Coral arrasó también en Alemania: (Solingen, Viersen y Rheydt) y Bélgica (Tirlemon y Amberes). Posteriormente realizarían una gira por Argentina (cantaron en el Teatro Colón y en otras 16 ciudades), Chile, Brasil y Uruguay (Teatro Sodre de Montevideo), que volverían a repetir dos años después. En total dieron más de 50 conciertos. Recibieron  el Diploma del Colegio de Críticos Musicales de Argentina al mejor conjunto que había visitado dicho país así como la Medalla de Oro de la ciudad argentina de San Nicolás (Argentina).  En 1953 recibieron  la Encomienda de Alfonso X el sabio (Morondo) y en 1955  la Coral, la Encomienda del Mérito Civil. Tras Sudamérica actuaron en Burdeos, Royaumont y Estrasburgo entre otros lugares. La Coral fue invitada, además,  a visitar  Marruecos y Argelia, donde en 1957 fue  premiada con la Gran Copa de Plata del Festival de Música de Argel. Luego hicieron una larga gira de más de 40 conciertos por Estados Unidos y Canada actuando, entre otros lugares, en el Metropolitan House y el Town Hall de Nueva York y grabando dos discos para la discográfica Columbia. Uno de sus conciertos fue retransmitido por la NBC. Volverían a Norteamérica dos años más tarde pero antes acudirían a Holanda e Italia. En la segundad mitad de los 50 se comenzaría a renovar el coro con la entrada de nuevos cantantes que sustituirían a algunos de los históricos. Presidieron la entidad a lo largo de su historia, primero Valeriano Zabalza (hasta principios de los 50) y luego Estanislao de Aranzadi,  Antonio Aznarez (durante los años 60 y primera mitad de los 70), Alberto Munárriz (desde mediados de los 70) y finalmente Luis Felipe Sarasa (desde 1983 y hasta 2008),   Jesús Hernández Aristu, Elisabet Azkarate (2014) y Anne Miren Troyas (2016). A finales de 1955 la Agrupación tenía 300 socios que pagaban entre 3 y 5 pesetas. En sus primeros 7 años de existencia habían dado más de 300 conciertos, la mitad de ellos en el extranjero, y si nos referimos a sus primeros 13 años, serían más de 1.500 conciertos.  En  ese mismo período habían grabado más de 20 discos con los mejores sellos musicales del mundo Lumen, Telefunken,  Philips, Wernminster, Movieplay, ARSIS o RTVE. En total, a lo largo de su historia ha grabado más de 100.

Inicialmente el coro estaba compuesto por 13 voces. En 1954 llegaría a las 18. La Coral  frecuentaba, como ningún otro coro hasta entonces,  los principales escenarios europeos actuando  en las principales salas de conciertos de Francia (Abadía de Royaumont, Sainte Chapelle, Sala Gaveau), Italia (Sala  Pérgola de Florencia), Portugal, Inglaterra, Alemania (Sala Volksbühne de Hannover), Bélgica, Suiza, Holanda (Konzertgebow de Amsterdan), Austria (Kontzerhaus de Viena),  y relevantes escenarios españoles como el Palau de la Música Catalana o el Teatro Real de Madrid. Durante esos años, la Coral fue  invitada a participar en festivales como el  de Nantes, o los Festivales Internacionales de Segovia,  Alsacia,  Divonne, el Festival de Música de Gijón,  Mayo Musical de Burdeos, Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Festival Internacional de Estrasburgo, Festival Internacional de Vincennes (1955) donde recibieron la medalla de oro de la ciudad, Festival de las Noches de Borgoña, Festival Internacional de la Aubernia, Festival Internacional de Viena, Festival Internacional de Bruselas, Festival Internacional de Graz o Festival Internacional de Santander. En 1965 Austria y Alemania serían los destinos de sus giras. Durante los años siguientes  la Coral no emprendió ninguna gran gira. En 1967 se produjo una pequeña crisis por falta de voces que afortunadamente se solventó. Francia fue el único lugar fuera de España en esos años donde cantó regularmente la Coral. En 1976 la Coral hacía su tercera gira por Sudamérica.  En 1977 actuaba en Suecia y Finlandia. En 1979 participaba en la Semana Internacional de Masas Corales de Jerusalén, siendo la encargada del concierto de clausura.  Las posibilidades de crecimiento artístico de la Coral se veían condicionadas esos años por circunstancias económicas. De hecho tuvieron que renunciar a multitud de invitaciones y ofrecimientos por razones estrictamente presupuestarias.

En enero de 1983, fallecía su fundador Luis Morondo y le sucedía en la dirección José Luis Eslava. Bajo su batuta, la Coral actuó en el Musikaste, en el Festival de Granada, inauguró la Quincena Musical Donostiarra y clausuró el Festival de Música Española del siglo XX de León.  En 1986 hacía una gira por las universidades norteamericanas. A finales de ese año, la Agrupación tenía cerca de 300 socios que pagaban una cuota de 1000 pts al año que en 1992 se incrementaría a 3.000. En 1987 la Coral regresaba a Finlandia. En 1989 participaba en el IV Ciclo de Música Coral Hispanoamericano celebrado en el Gran Teatro de La Habana (Cuba) y en 1990 en el Festival de Música Coral de Georgia y en el Palacio del Cine y la Televisión Soviéticos en Moscú (URSS).  En marzo de 1991  realizaba una nueva gira, la cuarta,  por Estados Unidos y en 1992 regresaban al Festival Internacional de Coros de Israel. En 1993 volverían a Estados Unidos por quinta vez. En 1994 asumió la dirección Máximo Olóriz, que había sido director adjunto de la Orquesta Santa Cecilia y dirigido el Conservatorio Pablo Sarasate. Realizó una profunda renovación incorporando al grupo jóvenes voces, lo que supuso un cambio en el estilo interpretativo del coro, tan propio de Morondo. Cabe destacar, en el período de Olóriz,  la participación  en diversos Festivales Internacionales como Biarritz, Nantua, Primavera Musical de Venecia, Festival de Arte Sacro de Madrid, además de una nueva gira, en 1995, por Argentina, la quinta de la historia de la Coral.

En 1998, bajo la dirección  de Koldo Pastor, la Coral convertía  la interpretación de la música más vanguardista en el eje fundamental de su repertorio y participaba en el 14º Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante y en el 13º  Encuentro Coral “Ciudad de Torrevieja”. Actuó en el Auditorio de Zaragoza con motivo de la IV Semana de Música Contemporánea, en la Capilla del Palacio Real de Aranjuez y realizó una gira por Marruecos. En septiembre de 2001, fue nombrado director de la Coral Pello Ruiz que permaneció en su puesto hasta  2004 en que  la dirección recae en  David Guindano, quien profundizó en el repertorio de la música antigua, creando un coro profesional especializado dentro de la Coral, el Nova Lux Ensemble, que ofrecía  su primer concierto en 2006, si bien posteriormente en 2008 Guindano protagonizó la mayor crisis de la institución en toda su historia al ser cesado por la junta directiva y abandonar el coro 12 de sus 16 componentes, formando luego la Coral de Cámara de Navarra. Posteriormente le sucedieron en la dirección artística de la Coral Jesús María Echeverría (apenas cinco meses), Sergi Moreno-Lasalle o Josep Cabré. Desde 2012 su director es David Gálvez Pintado.  Más de 200 socios y cerca de una veintena de patrocinadores constituyen la base social de la entidad.

En aquellas primeras décadas del siglo cabría, además citar, la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra, un antecedente de lo que vendría a ser luego, en los años 40, la Institución Príncipe de Viana, con sede en la Cámara de Comptos Reales de la Calle Ansoleaga.  Estaban en la Comisión personalidades tan destacadas como los académicos Arturo Campión, Julio Altadill, el conde Guendulain, Eduardo Carceller, Carlos de Marichalar, Joaquín Maya, etc. Eran vocales natos el alcalde de Pamplona, el vicepresidente de la diputación foral, el director del Instituto y el arquitecto municipal, Serapio Esparza, entre otros. La Comisión se fundó en 1844 y desapareció con la guerra civil. El Instituto de Estudios Históricos de Navarra era hija de la Sociedad de Estudios Vascos y la presidía el mencionado Arturo Campión, con Ignacio Baleztena en la vicepresidencia, contando como miembros de la junta con personas como Joaquín San Julián, secretario, Fernando Arvizu, contador, Leoncio Urabayen, tesorero, y los vocales Joaquín Beunza, Padre Gorrostarazu, Julio Altadill, Jesús Etayo, etc.

La Sociedad de Estudios Vascos, Eusko Ikaskuntza, fue creada en 1918 por las Diputaciones forales de Alava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra en el transcurso del I Congreso de Estudios Vascos celebrado en Oñate. Desarrolló sus actividades hasta el estallido de la guerra civil, reanudandolas en septiembre de 1978. Se definía  como “una entidad constituida por todos los amantes de la tierra vasca que buscaba el renacer de su cultura”. El presidente de honor era el rey de España. En la subcomisión navarra estaban, en 1931, personas como Rafael Aizpún, Joaquin Beunza, Santiago Cunchillos, Luis Oroz o Miguel Gortari, este último en representación de  la Diputación como la había estado Ignacio Baleztena unos años antes. A mediados de los años 20 (en 1925) nacía la Asociación Euskeraren Adiskideak (Los amigos del euskera), subvencionada por la Diputación Foral, el Ayuntamiento y la Caja de Ahorros de Navarra.  Agrupó a  navarros sin distinción de tendencias políticas pero amantes de sus tradiciones. Su objetivo, según su Reglamento, era el de “enseñar, sostener, fomentar y extender el euskara” y también el resurgimiento de las costumbres, diversiones y deportes tradicionales, especialmente la música, canto, bailes y juego de pelota. Debía estar exenta de todo matiz político. El Reglamento lo firmaron Jenaro Larrache, el padre Dámaso de Inza, Gerardo Valcarlos, Miguel Inchaurrondo, Miguel Esparza, José M.ª de Huarte y Domingo Beunza. Tenía su sede en el nº 18 de la avenida de San Ignacio. Los certámenes literarios convocados solían tener dos partes, una para estudios o disertaciones sobre un tema vasco y la otra un concurso para los niños de los pueblos. En el año 1927 la Junta Directiva estaba integrada por las  siguientes personas: presidente, Jenaro Larrache; vicepresidente, Miguel Inchaurrondo; Tesorero: Bernardino Tirapu; vocales: Pablo Roch, Joaquín Ezquieta,  Remigio Mújica, los padres Dámaso de Inza y  Buenaventura Recalde, José María Huarte, Joaquín Garjón, su secretario era Pablo Archanco. En 1931 salieron de su junta algunos vocales y entran otros como Ignacio Baleztena, Wenceslao Goizueta y Leandro Olivier.

Fotos por orden de aparición: Nº1: Primera fotografía que se conserva del Orfeón. 1894. Publicación especial con motivo del centenario del Orfeón, Nº 2: Remigio Múgica Múgica. Director fundador del Orfeón Pamplonés (1891-1948). Publicación especial con motivo del centenario del Orfeón, Nº 3: Voces femeninas en el Orfeón. 1906-1910. Publicación especial con motivo del centenario del Orfeón, Nº 4: Concierto del Orfeón en el Monumental Cinema. 1927, Nº 5: Martín Lipúzcoa con el Orfeón en Valladolid. 1953, Nº 6: Pedro Pírfano con Lorin Maazel. 1962 , Nº 7: El orfeón en el Festival de Villancicos de 1974, (Las fotos 5, 6 y 7 están extraidas de la página web del Orfeón www.orfeonpamplones.com) Nº 8: Pablo Sarasate con la Orquesta Santa Cecilia. 1906. Victor Pliego www.navarra.es, Nº9: Concierto de la Orquesta Santa Cecilia. Octubre 1968,  Nº10: Programa de mano de la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia, sin datar. Nº11: Carnet socio profesional Sociedad Filarmónica de Pamplona. Años 10 , Nº 12: Los Amigos del arte. 1922, Nº 13: Los Amigos del arte. Años 60, Nº 14 : Los Amigos del arte. 1971, Nº 15: Los Amigos del arte. Años 70, Nº 16, Nº 17 y Nº 18: Fotos históricas de la banda La Pamplonesa, www.bandapamplonesa.com, Nº19: Luis Morondo Urra, fundador de la Coral de Cámara de Pamplona (1909-1983).  Nº 20: Una de las primeras fotos de la Coral tras su fundación,1947.  Nº21: La Coral de Cámara en El Certamen Internacional de Llangollen. Junio 1948. Nº 22: La Coral de Cámara en el Concurso Internacional de canto de Lille. Mayo 1950.  Nº 23, La Coral. Años 50 Nº 24: La Coral de Cámara junto al compositor Salvador Bacarisse en la abadía de Royaumont,  Nº25: La Coral de Cámara junto al compositor francés Henry Sauguet en el Festival de Dos Mundos en Spoletto (Italia). Julio 1963, Nº26: La Coral de Camara en Estados Unidos (1957) (fotos 19 a 26. Archivo fotográfico Familia Morondo para el libro “Historia de la Coral de Cámara de Pamplona”. Ayuntamiento de Pamplona. Colección Breve Temas Pamploneses. Nº 34). Nº 27: La Coral junto a su nuevo director, José Luis Eslava, tras el fallecimiento de Morondo. Archivo Chonin Asurmendi. Nº 28. Portada del Pensamiento Navarro con motivo de la celebración del 2º Congreso de Estudios Vascos en Pamplona (1920), Nº 29: 2º Congreso de Estudios Vascos en Pamplona (1920). De izquierda a derecha: Mateo Múgica Urrestarazu, obispo de Osma; José López Mendoza, obispo de Pamplona; Leopoldo Ejio y Garay, obispo de Vitoria; Julio Altadill; el Rey Alfonso XIII; Francisco Javier Arraiza y  Lorenzo Oroz y Umiza, presidente de la Diputación, Colección Bernardo Estornes Lasa. Auñamendi Eusko Entziklopedia. Nº 30. Cartel 2º Congreso de Estudios Vascos en Pamplona (1920), Nº 31: Boletín de la Comisión de monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. (1896)