Imagenes del Ayer. Pamplona en el último siglo (1966-1998)

Finalizo esta serie de tres entradas con una selección de fotografías del período comprendido entre mediados de los 60 y finales de los 90. Y las presento por orden cronológico, de más antigua a más moderna. Abre este reportaje una instantánea de la plaza del Castillo, con dos mujeres posando ante el fotógrafo, apoyadas sobre un Renault Gordini y un Seat 600 respectivamente. Tras de ellas un par de autobuses de línea, en la zona del antiguo Café Suizo, para entonces ya una entidad bancaria y la librería Leoz. Por la marca de los coches y la apariencia de los autobuses, la dataríamos, sin dudarlo, entre 1963 y 1968. La fotografía de la derecha pertenece a la calle Comedias.  Se percibe con claridad el rótulo del Café Roch.  Un operario, ¿será el de la camioneta?,  vacïa un recipiente  en la rejilla del desagüe de la calle, ante la vista de una viandante pamplonesa. Delante de él circulan un Seat 600 y un Renault Gordini y delante de este último el camión de la basura, dejando ver por las puertas traseras entreabiertas su fea mercancía. Nada que ver con los modernos y compactos camiones de basura actuales y la calle, desde luego, muy diferente también a la actual, ordenada, peatonalizada y tranquila. Esta  foto podría estar datada entre 1965 y 1968.

Las tres fotografías que siguen pertenecen al archivo de José Castells. Dos de ellas nos muestran la Cuesta de la Estación, plagada de coches aparcados en ambos lados, cosa que recuerdo sucedía en nuestra ciudad tan solo en los días sanfermineros con más visitantes de fuera, generalmente los primeros días de las fiestas y  los fines de semana. El paisaje urbano de estas dos  fotografías, con el lógico cambio de modelos y matrículas, lo he seguido viendo yo, bajando por esta cuesta a mi barrio, La Rocha , en las fiestas de San Fermín,  durante muchas décadas más, desde luego, por lo menos hasta los años  90. Cambiaron los coches pero no cambió el lugar donde dejar de manera apresurada el vehículo. Entre los numerosos detalles que podemos ver, especialmente en la foto de la derecha, están las escalerillas que bajaban de Recoletas  a la Cuesta, junto al Convento, desaparecidas en los primeros años 80,  las casetas de los ajos y la animación humana que se percibe en la zona más cercana a la iglesia de San Lorenzo.

Entre los vehículos aparcados en la foto de la derecha podemos distinguir alguna furgoneta Citroen, el típico y popular 600, algunos Peugeot, más o menos modernos o elegantes, algún Simca, Renault 4 (el 4 latas), Citroen 2 CV,  y entre los vehículos circulando las antiguas villavesas de color verde oscuro y alguna furgoneta Volskwagen detrás. Similar parque automovilístico observamos en la foto de la izquierda; furgonetas Citroen, DKW, Gordini, Seat 600, Citroen 2 CV, Simcas, Renaults 8, etc. Por los tipos de coches, me atrevo a determinar que estas dos fotos deben ser  de finales de los 60. De la misma época intuyo que puede ser la foto sanferminera central donde una muchedumbre, en la que abunda la chiquillería,  parece esperar el desarrollo de algún acontecimiento festivo. En el lado derecho de la foto se puede percibir el mural turístico encargado por el Ayuntamiento para el medianil de la Casa Seminario realizado en el año 1963.En la foto de la derecha,  de la calle San Nicolás, que firma M.E, vemos un motocarro de aquellos que había para llevar el carbón por las casas.  La fecha se me antoja que puede ser posterior a las anteriores, tal vez de finales de los años 70. En la parte derecha de la tradicional calle con sabor hostelero, junto a  sus estrechas aceras se  observan  los rótulos de Pescadería Cipriano, Cuchillería Tellería y La Casa del Bacalao.

En la siguiente foto, la de la izquierda,  que aparece junto a este párrafo podemos ver la construcción del Instituto Padre Moret, «Irubide» en el barrio de la Chantrea. La vecina iglesia de Santiago se había inaugurada dos años antes en 1969, y la construcción del instituto que vemos en la fotografía había comenzado en 1970 terminando la obra en 1971. En la foto de la derecha, del Archivo Municipal, tal y como aparece en las marcas de agua,  datada en  1972 vemos la avenida del ejército abierta al tráfico, el muro exterior de la Ciudadela recién reconstruido, aún quedan bloques de piedra en su interior. Recordemos que en este lugar, donde ahora vemos este lienzo de muralla, había empotrados anteriormente otros edificios militares que habían sido derruidos  entre 1969 y 1971. Al final de la Avenida del Ejército, ya en la calle Conde Oliveto,  se puede distinguir el edificio de la estación del  tren Plazaola-Irati que sería derribado un año más tarde,  en 1973, donde hoy se ubica el edificio del Insalud y de la Seguridad Social.

En las postales anteriores vemos los  exteriores de los  hoteles Maisonnave y tres Reyes a finales de los años 60 así como  la plaza de San Francisco a comienzos de los años 70. Las cúpulas neumáticas de los Encuentros de 1972, en los terrenos de los antiguos cuarteles militares, -sobre los que hice una entrada específica en este blog-,  y el desfile de las majorettes de Tafalla por la calle Mercaderes en 1973 (foto Zubieta y Retegui), dentro de la celebración de los Sanfermines son otras de las estampas que nos acompañan junto a este párrafo. Una aclaración al hilo de esta segunda. Aunque hoy seguramente este espectáculo se consideraría sexista y fuera de lugar, entre 1968 y 1973, se convirtió en un elemento fijo del programa de las fiestas y además con gran seguimiento tanto por niños como mayores. En 1968, el Ayuntamiento contrató a las majorettes de Nimes. Tras su éxito, los días 10 y 11 de julio 1969 animaron las fiestas 59 mujeres de la agrupación de majorettes de Tarbes. En 1970 fueron las majorettes de de Toulouse y en 1971, las de Soud Ouest de Burdeos para acabar en 1973 con las mencionadas de Tafalla.

Las  fotos anteriores pertenecen todas a la década de los 70, el paso de las peña Anaitasuna por la calle Chapitela, camino de la plaza de Toros. Corría el año 1979, como se señala en la pancarta de la peña. De ese año también es la foto de construcción de la nueva Casa Seminario que alberga hoy en días las oficinas de la Sanidad Municipal. El mural político antinuclear, con los proyectos de centrales nucleares en  Lemoniz, Tudela etc  objeto de las protestas,  nos sitúa dentro del convulso escenario político y social de la época. La tercera de las fotos pertenece a una muestra de artesanía en la plaza de Recoletas, en el año  1981.

En la fotografía de la izquierda, del Archivo de José Castells, tenemos uno de los últimos vestigios, -si dejamos aparte a las casas de Iturrama Nuevo-, de las construcciones existentes en el antiguo barrio de Iturrama y que veíamos en una foto de una entrada anterior de esta serie de «Pamplona en el último siglo». En este caso se trata de la popular Casa Emeterio, situada entre la avenida Sancho el Fuerte y Fuente del Hierro,  derribada en 1989 por el Ayuntamiento de Pamplona para construir debajo un parking subterráneo.  Casa Emeterio, tenía dos pisos, en el superior estaba la vivienda y  en el bajo albergó, a lo largo de su historia, un ultramarinos, además de un pequeño bar y un estanco. De ello daban muestra algunos de sus rótulos descoloridos por el paso del tiempo.  Tenía también un teléfono público. Estaba regentado por dos hermanos, ya mayores, de Lakuntza, euskaldunes, Agustina y Emeterio. Tenía un banco entrando a la derecha y la barra enfrente. El edificio pequeño de la izquierda era un almacén que conservaba un letrero que decía «Despacho de carne». Recuerdo en los primeros 80 parar a la vuelta de la «Uni» para echar unos tragos, un tinto peleón y jugar al juego de las ranas. El repique de las fichas pugnando por entrar por la estrecha abertura de la boca de la rana es uno de los sonidos e  imagenes que asociaré, siempre, a este establecimiento un poco fuera de lugar, fuera del tiempo y del espacio, un anacronismo arquitéctónico, entre esas altas torres de pisos, que nos hablaba de otros tiempos, de otra ciudad que nunca conocimos pero que tenía su encanto, por su tipismo y sabor, por su cercana familiaridad, cuando nuestra ciudad y sus barrios tenían más de pueblo que de otra cosa. Acompaña al párrafo una segunda fotografía del barrio de Iturrama, también de archivo de José Castells, con las casas de Iturrama Nuevo, en primer plano y el Edificio Singular, sobresaliendo, al fondo.

Hasta los años 90, y concretamente hasta 1996, no se comenzó a urbanizar y peatonalizar el Casco Viejo de Pamplona. Primero se peatonalizaron las calles Chapitela, Mercaderes y plaza Consistorial y posteriormente le llegó el turno a la calle Estafeta, San Saturnino y la calle Mayor. Tras ellas vendrían Comedias, Pozoblanco y Zapatería y posteriormente San Nicolás,  San Gregorio y otras. Las fotos que nos anteceden son, casi todas, menos la primera, con el paseo de los municipales por Mercaderes camino de la calle Curia, que puede ser de los años 80, del período comprendido entre 1990 y 1998. En esa primera foto de los 80  la Farmacia Garate había perdido su fachada tradicional del primer tercio de siglo que recuperaría unos años más tarde, con Sagrario al frente y que es la que se mantiene en la actualidad. En las siguientes vemos la calle Chapitela, con la farmacia Gabas y la desaparecida tienda de La Madrileña;  una calle Mayor nocturna, con la desaparecida cafetería Delicias a la derecha (la foto es de Javier Muru); la plaza Consistorial atravesada por otro camión de basura, este de voluminoso; la calle Estafeta, con el paso nuevamente de la máquina baldeadora, esta vez a  la también desaparecida pastelería Salcedo.

Por último cuatro imagenes, algunas más modernas que otras, de diferentes zonas de la ciudad: de la calle Curia, de los años 90, de la cercana calle Salsipuedes, plagada de coches, en los años 70 o primeros 80, de la calle San Nicolás, de los años 70 y de la explanada de Yanguas y Miranda con las barracas sanfermineras en los años 80, ¿Quién no se acuerde la «barca vikinga», la tradicional noria, los autos de choque o otras atracciones articuladas de esa época?

Fotos referenciadas en el texto de la entrada (siempre que ha sido posible) y aquí mismo, por orden de aparición: Archivo José Castells:  Nº 3, 4, 5, 17, 18,  20 y 25. Archivo M.E:  Nº 6 y 22. Archivo Municipal: Nº 8 y 13 (esta última de Zubieta y Retegui), Javier Muru: Nº 21. Carmelo Buttini: Nº 23. Se agradecería colaboración para señalar la autoría del resto o cualquier otra información sobre ellas.

Imagenes del Ayer. Pamplona en el último siglo (1940-1965)

Segunda entrega de fotografías de la serie «Imagenes del Ayer. Pamplona en el último siglo (1898-1998)» y que en esta ocasión abarcan desde la posguerra hasta mediados de los años 60. A la izquierda una foto procedente de la colección Arazuri del Archivo Municipal de Pamplona que nos muestra la avenida de San Ignacio desde su confluencia con la calle Estella hasta la Plaza Circular (plaza de Príncipe de Viana). Esta datada entre 1940 y 1943.  La segunda  fotografía procedente del archivo histórico de la propia parroquia pertenece a  la construcción de la iglesia de San Antonio,  en 1940. El templo se erigió en poco más de uno año y se consagró el 29 de junio de ese año, día de San Pedro y San Pablo. Fue diseñada por el arquitecto D. Modesto López Otero, director de la Escuela de Arquitectura de Madrid y arquitecto-director del proyecto de la Ciudad Universitaria de esa capital. D. Félix Huarte fue el contratista responsable de la ejecución de la obra, bajo la dirección técnica del arquitecto D. Francisco Garraus. La fachada está construida con ladrillo y cemento y tiene unas dimensiones de 36 metros de larga por 20 de ancha y 22 de altura. Las obras en su interior no terminarían, en todos sus detalles, hasta dos años más tarde, cuando el pintor pamplonés Emilio Sánchez Cayuela  concluyó los frescos que adornan el altar mayor. Una estatua de San Antonio preside la fachada.

La siguiente instantánea, la de la izquierda, es de Rafael Bozano, y pertenece al Archivo Municipal de Pamplona. En ella vemos las antiguas cocheras del Irati en la entonces Avenida de Franco, en el año 1942, situadas justo donde se encuentra actualmente el ambulatorio San Martín, antiguo General Solchaga. Faltaban pocos años, apenas tres,  para que se inaugurara la nueva estación conjunta del Plazaola en Conde Oliveto, que también albergaría al Irati y unos pocos años más, cinco o seis, para que desaparecieran las vías de estos trenes a su paso por el centro de la ciudad. Entonces se consideraba esta sustitución en los medios de locomoción como parte del progreso. Los ferrocarriles de cercanía y vía estrecha se veían superadas por el pujante autobús de línea, más rápido y más moderno. En la segunda foto, perteneciente al fondo Urabayen de la UPNA, se nos muestra un Segundo Ensanche en plena construcción, concretamente del tramo de Carlos III, lado derecho subiendo hacia los Caídos, comprendido entre Gorriti y Mártires de la Patria, actual Castillo de Maya. En este tramo la avenida estaba entonces a medio hacer y se ve que se están erigiendo, al fondo, más edificios. La fecha aproximada debe estar entre 1943 y 1949, probablemente 1947 o 1948.

En las dos siguientes fotografías, también pertenecientes al fondo Urabayen de la UPNA, vemos el exterior e interior de la fábrica de Industrias Metálicas de Navarra (IMENASA) en lo que es hoy la zona de Yamaguchi, enfrente del Iruña Park y los cines Golem. La fábrica se comenzó a construir en 1943 y contaba con poco más de un centenar de trabajadores,  conociendo sucesivas ampliaciones en los años siguientes, pues hay un proyecto de construcción de naves para talleres de Huarte y Cia a cargo del Ingeniero Carlos Fernández Casado en 1948. En 1953 Félix Huarte  transformó la empresa en una sociedad anónima: Imenasa  (Industrias Metálicas de Navarra S.A), y empezaron a fabricar de todo. Para la fabricación de motos se asoció con Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey. Así se fabricaron las motos Husor, -por Huarte-Soriano, y luego las motos Iruña, motos potentes, según decían.  También se produjo un scooter y algún otro modelo. Imenasa llegó a contar, en sus años de esplendor, con 1.500 trabajadores y protagonizó el desarrollo industrial más importante de la Cuenca de Pamplona. De Imenasa surgieron numerosas empresas pues se fue transplantando cada línea de producción a una nueva fábrica que al final acabarían siendo compradas,  por multinacionales y alguna de ellas con el tiempo, posteriormente,  desmantelada.

A continuación tenemos dos nuevas fotografías del fondo Urabayen de la UPNA, en la que vemos el exterior e interior del nuevo mercado del Ensanche. Con la construcción del Ensanche la zona necesitaba, entre otros servicios, de  un nuevo mercado de abastos. El edificio se empezó a construir en 1947 y fue terminado en 1948. En la actualidad, el edificio acoge 72 viviendas, 71 de propiedad municipal, además del mercado propiamente dicho, con 64 puestos. En 1984 se realizó una pequeña reforma del mercado y en 2004 se acometieron obras en el tejado de las viviendas. Por último, en 2008, el espacio ocupado inicialmente por los baños públicos y, posteriormente, por un supermercado pasó a ser el  restaurante, «El Merca´o» explotado por la familia Idoate (la del Hotel Restaurante Europa). Está prevista una nueva reforma del mercado por parte del Ayuntamiento que lleva bastante retraso, tras diferentes licitaciones.

En las tres imagenes que anteceden podemos observar un acto religioso durante la apertura del Año Mariano en 1946, a su paso por la calle Mercaderes, -entonces Blanca de Navarra-, una foto de la plaza del Castillo que bien podría estar datada entre 1948 y 1956 y por último una foto del Convento de las Oblatas en 1948, recién construido, con su estilo neoherreriano, tan utilizado  en muchos edificios del régimen, de la época.  En las fotos que acompañan a este párrafo, vemos en la de la izquierda,  a un par de mujeres de espaldas paseando  por la calle Tudela, con los cuarteles de Intendencia donde actualmente se encuentra el Corte Inglés y  al fondo la plaza de la Argentina, hoy del Vínculo. La fotografía es de J.J. Arazuri, concretamente de diciembre de 1952. La otra corresponde al paso del Irati por el puente del Plazaola en la Rochapea, probablemente fechada entre 1949 y 1954, ya que hasta 1949 el Irati no empezó a compartir parte del recorrido urbano de su homóloga.

Los pamploneses de aquellos años, como he dicho en alguna entrada del blog, solían acudir al cine, al fútbol de Osasuna, -en el campo de San Juan-,  o a ver algún partido de pelota en el Euskal o en el recién inaugurado Frontón Labrit. El Labrit, también conocido como La Bombonera, se inauguró el 24 de junio de 1952, con el fin de dar respuesta a la creciente demanda tanto por parte de los practicantes de este deporte como de los aficionados de la ciudad. Fue sede del Campeonato del Mundo de Pelota Vasca en 1962 y reformado en 1986. Albergó también las ceremonias de inauguración y clausura del Campeonato del Mundo de Pelota Vasca en 2002. Es gestionado por la Federación Navarra de Pelota. También se desarrollan en el mismo algunos programas deportivos municipales y, en determinadas fechas, algunas actividades culturales.

De esta misma década de los 50, (1952), son estas dos fotografías de las obras de demolición del antiguo edificio de la Casa Consistorial. En el de la izquierda,  tomada desde la plaza de Santiago, está en pie únicamente la fachada neoclásica que da  a la plaza consistorial. En primera línea vemos la tradicional  fuente de hierro que estaba en la citada plaza y que luego se trasladaría a la plaza de San José.  En primer plano vemos también el forjado del sotano y semisotano del nuevo edificio. A la izquierda de la foto vemos que aun queda en pie uno de los dos edificios de la bajada de Carnicerías. En la foto de la derecha, de J. J. Arazuri y tomada desde cierta altura,  desde algún punto de lo que quedaba de fachada neoclásica.  Se observa todo el solar derruido donde estaba el viejo edificio, el mercado de Santo Domingo a la derecha y al fondo, la calle Mercado con la iglesia de Santo Domingo enfrente y oculta por el edificio del Mercado  la mítica Casa Marceliano. Un año y medio más tarde la corporación que había trasladado su sede al edificio de la Escuela de Artes y Oficios, en la plaza del Vinculo, volvería al remozado edificio.

En la siguiente fotografía, de la segunda mitad de los 50, probablemente del año 1955, vemos  el tramo final de Carlos III todavía sin edificar. Aún no se habían terminado de construir los últimos edificios de la calle Amaya, de la plaza del Alcazar, -hoy Blanca de Navarra-, Iturralde Suit, final de las calles Olite y Aralar,   plaza Conde Rodezno, así como de la manzana entre González Tablas, Bergamín y Paulino Caballero. Tampoco  se había  inaugurado la Iglesia de la Inmaculada de los Jesuitas, -lo haría en 1959-, el salón de actos con su famoso cine se inauguraría  en 1962.   La primera fase del Colegio se había abierto en 1951, tras su paso por el nº 31 de la calle Mayor, en 1946,  y de la calle Media Luna, en 1949. La foto de la derecha es del ascenso de Osasuna a 1ª división en el campo de San Juan, en el año 1956.

En la foto de la izquierda podemos ver una vista de la Rochapea, a finales de los años 50, de Luis García Garrabella, y en la de la derecha,  del archivo de José Castells, vemos una panorámica del barrio de Iturrama, en la primera mitad de los años 60. Destaca, en el centro de la foto, el Frontón de López, al fondo se observa que ya está construído el edificio Central de la Universidad de Navarra y, más al fondo y a la derecha, se divisa la enorme chimenea de Industrias Químicas de Navarra (INQUINASA), en el barrio de Echavacoiz. El desarrollo de Iturrama tendría lugar fundamentalmente a lo largo de la década de los 70 y los 80, así como el barrio de San Juan, lo había hecho en su mayor parte a lo largo de los 60 y 70. Siempre quedarían, en ambos casos,  parcelas aisladas que tuvieron un desarrollo posterior.

Fotos referenciadas en el texto de la entrada.

Imagenes del ayer. Pamplona en el último siglo (1898-1939)

Inicio en esta entrada una breve serie de tres entregas fotográficas, con sus correspondientes notas y comentarios, sobre la Pamplona del último siglo, desde la guerra de Cuba, en 1898 hasta finales del siglo XX, en 1998. En esta primera entrega de fotografías, muchas de las cuales no son demasiado conocidas o divulgadas, abarcaré el período comprendido entre la guerra de Cuba (1898) y el final de la guerra civil (1939). Inicio la entrada con esta curiosa postal fotográfica, toda una rareza, con unas anotaciones caligráficas al margen,   del Paseo de Sarasate, que también aparece en el fondo de postales de Javier Soria en la que observamos el desfile de tropas que parten de Pamplona con destino a la guerra de Cuba. A la derecha tenemos una instantánea de la plaza del Ayuntamiento de esta misma época o tal vez un poco posterior (1898-1902) de Julio Altadill. Se observan, con bastante detalle,  todas las construcciones presentes en ese momento en la plaza, a la izquierda los edificios que estrechaban el acceso a la calle Nueva hasta 1890; también se observan los edificios de la bajada de Carnicerías, a la derecha de la casa Consistorial. En el primer plano de la foto un carro arrastrado por una mula.

La  fotografía de la izquierda que acompaña a este párrafo  nos muestra la fuente de Santa Cecilia,  en su primitiva ubicación,  en el cruce entre  las calles Navarrería, Curia, Mañueta y Calderería, la foto, de Aquilino García Dean, nos muestra una estampa tipicamente costumbrista con unas mujeres llenando y acarreando sus pozales de agua desde la fuente y que data, probablemente, del período comprendido entre 1902 y 1906. A la derecha una curiosa instantánea,  no demasiado conocida,  de los toros saliendo de los corrales de Santo Domingo, pasando bajo el antiguo Portal de la Rochapea. No hacía demasiados años que se había instaurado el encierrillo, concretamente se inició en el año  1899. Hasta entonces se traían los toros hasta los corralillos de Santo Domingo, desde las campas del Sario. La foto está datada en 1911. Faltaban muy pocos años para que se derribara el Portal, hoy se hubiera conservado, sin duda, porque la sensibilidad por la conservación del patrimonio es otra y hubiera contribuido a completar la imagen tradicional del frente norte de murallas, hasta entonces. El portal se empezó a derribar a finales de 1914 y se terminó su derribo  en marzo de 1915, derribo que ilustra la siguiente fotografía, ya en el siguiente párrafo, de Aquilino García Dean, perteneciente al Archivo Municipal de Pamplona. El escudo exterior que franqueaba el  Portal se trasladó, tras el derribo,  al murete contiguo a los corralillos hasta la inauguración del Portal Nuevo en el año 1950, año en que se trasladó a este lugar.

En la foto pequeña de la derecha vemos una preciosa imagen de la plaza del Castillo en el año 1917. (Pinchar para agrandar). En la visión aérea de la ciudad que la acompaña, perteneciente al  archivo fotográfico  de José Castells,   vemos una interesante panorámica de la Pamplona de primeros de siglo. La foto puede datarse en torno al año 1919 o 1920  y argumentaré el por qué.  El estado de las obras en el solar de Correos es igual al de la foto aeronáutica militar de la entrada «Imagenes del Ayer: Pamplona a vista de pájaro (1919-1932)» y ya allí la daté en 1919 o 20, ya ha empezado el desmonte del talud de Tejería, lo vimos y lo narré en la entrada  «Pamplona año a año (1918)». Se conserva todavía el Portal de San Nicolás, reformado su acceso en la primera década del siglo,  y se conservan también las construcciones cercanas a la vieja plaza de Toros,  que se quemó en agosto de 1921. Aun no se había empezado a construir la nueva plaza de toros. Delante del antiguo coso taurino se encuentra el  Teatro Gayarre, hasta 1903, Teatro Principal.

Y siguiendo el orden cronológico les dejo, ahora que se aproxima el centenario de nuestro primer club de fútbol,  con una foto de los primeros tiempos osasunistas. El club se fundó en noviembre de 1920, con la fusión de los clubs Sportiva y New Club. El equipo titular lo formaban Rasero; Aizpún, Néstor; Azagra, Lusarreta, Meaurio; Gorráiz, Echarren, Moreno, Idoate y Gortari a quienes vemos en la foto de la izquierda. En la de la derecha una bonita fotografía  de la terraza del Café Iruña. No he podido encontrar la fecha, pero por  los sombreros de los caballeros y  señoras sentados en la terraza del Café la fotografía parece de  los años 20.

Y seguimos con escenas cotidianas de la Pamplona de antaño. En la siguiente fotografía de Gerardo Zaragüeta, perteneciente al fondo de la Institución Príncipe de Viana, aparecen unas jóvenes pamplonesas en la plaza del Castillo.  A sus espaldas, de izquierda a derecha,  el Café Suizo y el Café Kutz. Las chicas vestidas  a la usanza de la época,  en un lluvioso día de 1926. También de estos años o quizás un poco antes es la foto de los automóviles pasando por la plaza del Castillo en plenos sanfermines, con dos mujeres ataviadas con peinetas y mantillas.

La postal siguiente, de Estanislao Espelosín,  forma parte de una bonita panorámica que ya incluí en la entrada «La Rochapea a lo largo del siglo XX», si bien en esta aparece tan solo su parte izquierda, la ciudad al fondo, en primer plano el camino o carretera a Villava, con algunas construcciones bajas, en un segundo plano y casi paralela a la anterior el camino de los Enamorados. La fecha, entre 1919 y 1923. En la foto de la derecha podemos contemplar, en primer lugar,  el edificio de la Vasco Navarra, a punto de ser inaugurado y  al que se trasladó en 1925 la firma aseguradora desde su anterior ubicación en Navas de Tolosa. Detrás de él se divisa el edificio de dos plantas del Teatro Olimpia, inaugurado en 1923. Al fondo tenemos la iglesia de san Ignacio,  de los Padres Redentoristas,  todavía en construcción;  se acabaría en 1927, por lo que podemos concluir que la foto debe ser  de finales del año 1925.

Gerardo Zaragüeta, como antes su padre Agustín,  es uno de los fotógrafos que mejor reflejaron la vida cotidiana de la Pamplona del primer tercio de siglo. Haré una entrada sobre los fotógrafos más destacados de Pamplona en el siglo XX. Un buen ejemplo de ese buen hacer es  esta fotografía de un grupo de jóvenes pamploneses, ante un carrusel de las barracas,  en uno de los sanfermines de aquellos primeros años 30. A la derecha otra hermosa fotografía, ésta de la zona del Rincón de la Aduana,  también de los primeros años 30, donde se mantiene la estación de pasajeros y mercancías del Irati y además la zona se ha convertido en una improvisada estación de autobuses. En 1934 se inauguraría la nueva estación situada entre Conde Oliveto y Yanguas y Miranda.

En la foto de la izquierda,  del año 1931, podemos ver desfilando una compañía de soldados por la Bajada de Javier. La foto pertenece a la colección Arazuri y aparece en uno de los tomos de «Pamplona, calles y barrios».  En la de la derecha vemos el colegio de los Escolapios, en la calle Olite, recién construido en 1931. Anteriormente los Escolapios estaban localizados, desde 1892, en la casa del Paseo de Valencia que albergó anteriormente la Fonda Europa, con chicos de primera y segunda enseñanza así como de  preparación para la rama de Comercio y contaba, además,  con escuela gratuita para  niños.

En esta ocasión el párrafo se acompaña de dos escenas de contenido plenamente urbanístico. A la izquierda el rincón de la plaza del Castillo donde estaba y está el Casino Eslava, tras la compra del edificio en 1930  y su reforma a lo largo de los años 1931 y 32 bajo proyecto y supervisión técnica de  Víctor Eusa.  El  proyecto arquitectónico tenía  claras influencias del «art decó», en infinidad de de detalles decorativos, destacando su escalera de disposición helicoidal y  la fachada del bajo, cubierta con chapas de cobre con remaches. A la derecha, una imagen del Paseo de Sarasate del año 1933, también de la colección Arazuri, tomada desde la calle García Castañón. En primer plano podemos ver que están construyéndose los dos edificios que desde esta calle dan al Paseo, el de la derecha es el edificio que albergará la sede de la Caja Municipal de Pamplona, y cuya construcción finalizará en 1935, hasta entonces la central estaba en la esquina de las calles Chapitela y Mercaderes, donde hoy hay una tienda de FNAC y anteriormente una sucursal de la Rural.

El clima político se comenzaba a crispar, en los primeros años 30, en Pamplona, tras el advenimiento de la 2ª República, con algunos enfrentamientos entre grupos políticos de distinto signo. En la foto de la izquierda, de «El Pensamiento Navarro» vemos a grupos de izquierda intentando asaltar la famosa Casa Baleztena. Fue el 18 de abril de 1932 y se produjo un conato de incendio en el edificio.  En aquellos días hubo dos muertos en enfrentamientos a tiros entre socialistas y tradicionalistas, uno por cada bando. En la foto de la derecha, voluntarios navarros, entre los que estaba Ignacio Baleztena,  que formaron el Tercio «María de las Nieves» desfilan por la plaza del Castillo, cerca de la Casa Baleztena, el 23 de julio de 1936, pocos días después del pronunciamiento militar.

Para terminar, dos imagenes de nuestras calles en plena contienda civil, a la izquierda un desfile de mujeres falangistas por una calle del Ensanche de Pamplona, el 25 de agosto de 1936. La foto es del fondo documental de Central Press/ Getty Images. A la derecha podemos ver los efectos el bombardeo por la aviación republicana a la estación de autobuses de Pamplona el 11 de noviembre de 1937. Ese día,  12 aviones republicanos procedentes de Reus lanzaron 35 bombas contra diferentes objetivos de la capital: el Palacio de Diputación, la Estación de Autobuses, el Banco de España, etc, provocando 7 muertos. (La foto es de Sebastián Taberna).

Fotos referenciadas en el texto de la entrada.

Nazario Carriquiri (1805-1884)

Comenzaba este blog hace siete años, con una breve entrada de la calle Nazario Carriquiri, una calle que pasa por delante de mi casa desde que tengo recuerdos, antiguamente un camino de grava,  siguiendo el antiguo ramal del Irati que conectaba la estación del Empalme y la del Norte, atravesando el paraje denominado como playa de Santa Engracia. En esta entrada descubriremos que se esconde bajo el  nombre  de esa calle y que la mayoría de la gente asociará seguramente tan solo con el mundo del toreo, por aquello del trofeo Carriquiri. Nazario Carriquiri Ibarnegaray nació en Pamplona el 28 de julio de 1805. Era hijo del calderero y comerciante establecido en  Pamplona Pedro Carriquiry Etchecopar y de Dominga Ibarnegaray y Landutch, naturales de los pueblos vasco franceses de Idaux y San Juan de Pie de Port. Su nombre aparece vinculado  a los más variados e importantes acontecimientos de Navarra y nacionales bajo el reinado de Isabel II (1833-1868). Su participación en política se inició en 1834 en el Ayuntamiento de Pamplona y como oficial de las milicias nacionales en la ciudad. En la 1ª Guerra Carlista, (1833-1840), colaboró suministrando armas a  las fuerzas isabelinas. A partir de finales de la década de los 30 del siglo XIX ya está asentado en Madrid. Apoyó el pronunciamiento, tanto política como económicamente,    de 1841 contra el general regente  Baldomero Espartero, apoyado por la ex-regente en el exilio María Cristina de Borbón,  que tuvo uno de sus principales focos en Pamplona con la sublevación el 27 de septiembre del general O´Donnell. El general no consiguió el apoyo de la ciudad a pesar de que ordenó bombardearla, desde su Ciudadela. Junto con O´Donnell, Narvaez y Alcala Galiano fueron algunos de los principales generales implicados en la revuelta que contó con el apoyo de elementos carlistas y en los que se llegó a prometer la restauración de los antiguos fueros a los territorios vasco-navarros.

Fracasado el golpe de estado Nazario se vió obligado a exiliarse hasta la caída de Espartero en 1843. No obstante desde el exilio tomó parte en la Orden Militar Española, orden secreta creada en París por el general Narváez para defender la monarquía isabelina y con el mismo fin  financió el periódico «El Heraldo».  Fue diputado a Cortes por Navarra por el Partido Moderado, entre 1843 y 1854, y entre 1856 y 1864, senador vitalicio desde 1864 y en las Cortes de 1871-1873, para acabar volviendo a ser diputado entre 1876 y 1881.  Políticamente basculó desde un liberalismo moderado pasando, progresivamente,  a posiciones más conservadoras en las  filas del Partido Moderado, Dinástico o Isabelino para unirse, al final de sus días, a  las filas de Canovas durante  la Restauración. Aparte de su vertiente política destaca también por su intensa actividad económica y empresarial. No hay constancia de que cursara estudios superiores preparándose para las actividades comerciales y empresariales dentro del ámbito familiar. De hecho comenzó su andadura formando sociedad con su padre Pedro que tradicionalmente se le ha considerado calderero pero cuya ocupación no cuadra demasiado  por la enorme cantidad de  propiedades que legó a sus nietos: casi un centenar de terrenos rústicos en la Cuenca de Pamplona, varios de ellas en la zona de Capuchinos y de  las Esclavas del Sagrado Corazón (las famosas Casa Blanca y Casa Colorada),  además de los nº 8 y 10 de la calle Estafeta (actual números 16 y 18).

Por su parte Nazario y su familia  tenían  su casa de la plaza del Castillo, la que hoy se conoce como Casa Baleztena, que vendieron a los Baleztena en 1852. La casa había sido construida entre 1832 y 1840 por Martin Monaco, de Saldías y por Modesto Jaime, de Pamplona,  propietarios a partes iguales del inmueble que en 1840, recién acabado, vendieron a los Carriquiri. Formando sociedad con su padre,  Nazario comenzó a realizar suministros de todo tipo para el ejército cristino desde 1836 y se benefició de la compra de los bienes, producto de la desamortización eclesiástica de los años 40 y 50, de Mendizabal, Espartero y Madoz. De ahí podemos concluir en que surge buena parte  del origen de su fortuna. En 1846 se asoció con el ganadero tudelano Tadeo  Guendulain Masterrena  creando la sociedad Guendulain y Carriquiri. Sus toros, conocidos por su especial bravura, se lidiaron, por primera vez, en los sanfermines de 1852 y en Madrid, el 10 de julio de 1864. Abundaban en su casta los toros rojizos de movimientos poderosos, rápidos e imprevisibles, que saltaban con frecuencia la barrera en la plaza y mataban a decenas de caballos durante la faena, por lo que algunos diestros de la época se negaban a torearlos. En 1863, un toro de la ganadería recibió 53 varas y en 1878, otro astado 114. En 1883 Juan Mosso compró la parte de su tio Nazario en el negocio y  vendió  la ganadería a Bernabé Cobaleda que trasladó la camada de Navarra a Salamanca, perdiéndose progresivamente la casta navarra de Carriquiri al sustituir en 1925 los toros navarros por los del Conde de la Corte.

Carriquiri formó parte de numerosas sociedades anónimas de la época,  pertenecientes a los más variados sectores. Entre ellas cabe citar las sociedades de desarrollo agrícola la «Ceres» y «La Prosperidad», la del mundo editorial «La Ilustración», la de seguros «El Ancora», sociedades relacionadas con el transporte y los correos, la «Compañía de Minas de Cobre y Plomo de Linares», etc.  Fue accionista del Crédito Navarro, fundado en 1863, directivo del Banco de Isabel II, desde 1844 a 1847,  hasta su fusión con el Banco Español de San Fernando del que fue síndico en 1848, siendo también tesorero del Palacio Real. En 1830 se había casado  en Tafalla con Saturnina Mosso y Villanueva, cuyo hermano, Juan, había contraído nupcias con la Condesa de Espoz y Mina. Su cuñado Juan de Dios Mosso fue socio y apoderado de muchos de los  negocios que tuvo en Navarra,  como minas, ferrerías, como la de Artikutza,  y explotaciones forestales y madereras. También compartiría sociedades con el que fuera luego su suegro, en su segundo matrimonio,  Jaime Ceriola. Promovió, en 1847, con la Diputación Foral la carretera de Pamplona a Francia a su paso por Roncesvalles, que ayudó a financiar en un 54%. Participó en la creación de la redes ferroviarias  de España (Asturias, Madrid-Aranjuez, etc) e intervino en la construcción del muelle del Grao en Valencia. Nazario no tuvo hijos con Saturnina Mosso que falleció en París en 1859. Si tuvo, en cambio, una hija, Raimunda, en 1862, con Raimunda Ceriola, con la que se había casado al enviudar, ella como él, también viuda que tenía, además, dos hijos a su cargo. Nazario Carriquiri,  que constituye uno de los mejores ejemplos del surgimiento de la nueva burguesía decimonónica,  falleció el 12 de enero de 1884 dejando toda su herencia a su única hija así como su colección pictórica de más de 200 lienzos entre ellos algún Murillo.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Retrato de Nazario Carriquiri de  Antonio Mª Esquivel y Suarez de Urbina. Europeana Collections. Nº 2: Casa Baleztena. premindeiruna.blogspot.com Nº 3: Calle Nazario Carriquiri (1984). Imagenes Rotxapea. revista Ezkaba. Nº 4:  calle Nazario Carriquiri (2017). Nº 5: Toros Carriquiri, pastando en el Sario en el año 1909. Facebook.com/ganaderiacarriquiri. Nº 6: Escritura de Venta de la ganadería de los herederos de Don Nazario Carriquiri a Don Bernabé Cobaleda (1908).  Edición facsímil. Pamplona, Talleres Gráficos Estudiovaca, 2010. 

Aquellas boticas de antaño (1863-1963)

La palabra farmacia se deriva del griego «pharmakon» (remedio). La palabra botica viene del griego «apotheka» que significa bodega, almacén, tienda (tienda donde se expenden y comercializan  productos medicinales y también el lugar donde se producen remedios o medicamentos). Curiosamente, del mismo término, se derivan las palabras «boutique» y «botiquín». Desde los orígenes de la humanidad siempre ha existido el natural deseo de curar las enfermedades y de evitar o retrasar la llegada de la muerte. Antes de la aparición de los actuales medicamentos, fruto de avanzados procesos industriales, se utilizaban los remedios que la naturaleza ofrecía; en los tiempos más primitivos combinados con ritos religiosos y mágicos. Posteriormente, en las civilizaciones antiguas, como la egipcia, se utilizaban con todo tipo de aplicaciones  y sistemas de administración (oral, colirio, rectal, etc). Galeno, un griego que vivió en la época romana hablaba de la importancia de la posología (cantidad), de la forma de administración y de la duración del tratamiento pues ningún fármaco o remedio, ya sea natural o sintético, es inocuo.

En el siglo XV, con la imprenta,  se editaron los primeros libros impresos, con todas las fórmulas curativas conocidas hasta entonces.  En el siglo XVII y XVIII se estudió  de forma especial y minuciosa la botánica, base de la farmacopea. En el siglo XIX se avanzó en el conocimiento de la química y se profundizó en el conocimiento de los principios activos de las plantas. Con el siglo XX se comenzaron a producir fármacos de origen sintético en un proceso de fabricación industrial. Y cuento todo esto para explicar cuan  diferente era el papel de los farmacéuticos a mediados o finales del siglo XIX y en la actualidad. Antaño casi todos elaboraban sus fórmulas magistrales y sus preparados en las farmacias, hoy la mayoría son, en este ámbito, únicamente dispensadores de medicamentos en la cadena de distribución farmacéutica, además, por supuesto de tocar otros muchos campos: dermoestética, higiene personal, etc. Eso, si, antes como ahora, sus valiosos consejos y el conocimiento de los productos que venden se me antoja fundamental para todos nosotros, potenciales clientes que somos  de las farmacias en muchos momentos de nuestra existencia diaria. Y es que quien, en un momento dado, no ha pedido consejo a su farmacéutico, por ejemplo, con algún catarro o una afección menor.

A lo largo de esta entrada podemos encontrar una amplísima selección de fotografías, donde vemos desde  algunos productos fabricados por nuestros antiguos boticarios, pasando por una vasta selección de antiguos medicamentos, casi todos pertenecientes  al período 1913-1953,  aunque también hay algunos de años anteriores, y que proceden, la mayoría, del banco de imagenes de la Real Academia Nacional de Medicina de España. Si analizamos detenidamente uno por uno los componentes de buena parte de muchos de esos antiguos medicamentos de la primera mitad del siglo XX,  nos llaman la atención dos aspectos:  que muchos de sus componentes eran extractos de plantas y que había un gran número de laboratorios locales o provinciales, frente a la casi exclusiva existencia actual de compuestos sintéticos y al monopolio de las grandes corporaciones farmacéuticas nacionales e internacionales. Hoy parece que desde la medicina oficial  se mira con desconfianza todo lo que aparece bajo la denominación de medicina natural. Sin embargo la historia farmacéutica nos enseña como no hace tanto tiempo,  la farmacopea  se basaba, en buena medida, en las plantas y la galénica era una disciplina  estudiada en la carrera farmacéutica y cultivada  por muchos de nuestros sabios y habilidosos boticarios. Ah, pero los tiempos cambian. De ello dan fé también las páginas de revistas y periódicos y los anuncios sobre aquellos antiguos remedios y medicamentos, algunos de los cuales vemos aquí, tan diferentes de los actuales.

En el año 1863, había en la ciudad de Pamplona media docena de boticas, algunas de ellas también eran droguerías. Entre esas primer boticas podíamos encontrar la de Javier Blasco, en el nº 22 de la calle Zapatería; la de Teodoro Inda en Estafeta, 18; la de Fernando Borra Tarazona, en Nueva, 2 (actual farmacia Maeztu); la de Manuel Esparza en Zapatería, 35; la señora Viuda de Jadraque en Bolserías, 18, (luego San Saturnino), donde hoy está la farmacia Sánchez Ostiz y  la de la señora Viuda de Landa en Chapitela, 15. La que sería posteriormente farmacia  Sánchez Azcona pasa no obstante por ser la más antigua de la ciudad, pues un rótulo en su interior indica que fue el año 1845 la fecha de su fundación. Además de farmacias  también eran droguerías las citadas de Viuda de Landa  y la de Manuel Esparza.

Era muy común, a principios del siglo XX,  ver juntas, en muchos establecimientos,  las actividades de Farmacia y Droguería.  Aquellas boticas de entonces eran una especie de colmados donde se vendía de todo y donde convivían, la parte vinculada a la elaboración artesanal  de fórmulas magistrales que curaban todo tipo de dolores y afecciones y la parte de droguería, que como su mismo nombre indica, aludía a la expedición o venta de drogas y de determinadas sustancias y productos químicos. Con el tiempo las boticas se especializaron en los preparados medicinales, mientras que las droguerías se especializaron en vender productos químicos, pinturas, cosmética y posteriormente productos de limpieza y perfumería.

En 1879 a Javier Blasco le había sustituido su hijo Agustín y continuaban Fernando Borra, -que ese año solicitaba al Ayuntamiento permiso para erigir la fachada actual- y Manuel Esparza, además de Ramón Aramburu, Juan Mª Cordoba, Rodrigo Erice, Manuel Lizarraga y Urrutia, (de los que intentaré descubrir donde tuvieron  sus despachos de farmacia; puede que en Chapitela y/o Estafeta). En Bolserías, 7 estaba Matías Colmenares, luego Valencia y Colmenares (hoy ahí está el establecimiento «10.000 pasos»); Manuel Mercader había abierto una farmacia en Mercaderes, 18, en 1873, antes de abrir la de la calle Curia (actual Farmacia Garate),  y en 1880 a las citadas se sumaba la de Negrillos en el nº 59 de la calle Mayor. En 1883, donde estaba la Viuda de Jadraque, en las escalerillas de San Saturnino,  estaba Nicasio Iribarren  y en 1888 se instalaron  Miguel Martínez de la Peña, en el nº 10 de Chapitela y Felipe Irurita,  en el nº 28 de la calle San Nicolás.

En 1894,  Abundio Irisarri abría una botica en Chapitela, 22 (actual Farmacia Gabas), al que seguiría, por largos años, desde 1913,  Manuel González Boza (esta farmacia ha estado, durante muchas décadas, vinculada a la misma familia); Joaquín Aguinaga, en 1888, abría su farmacia en el nº 25 de la calle Zapatería (también y salvo algún período de regencia, siempre, desde su fundación, ha estado en manos de la familia Aguinaga, desde el bisabuelo Joaquín al bisnieto Roberto pasando por Justo y Joaquín aunque inicialmente apareciera como Sucesores de Esparza); continuaban Nicasio Iribarren, Felipe Irurita,  Miguel Martínez de la Peña, Manuel Mercader, Manuel Negrillos y Javier Valencia. A Borra le había sustituido, a partir de 1888, Valentín Marquina que conduciría la farmacia hasta 1920. Eran también droguerías la de Agustín Blasco que, luego a partir de 1900, será Viuda de Blasco, Negrillos, Marquina  y Valencia y Colmenares, luego sólo Valencia. Como en otros muchos establecimientos comerciales del casco viejo, era muy común que el propio farmacéutico o boticario viviese encima de la tienda, generalmente en el primer piso, teniendo acceso directo a ella. Estos  fueron los casos de  Aguinaga, Mercader, Sánchez Azcona, que yo sepa, al menos. Cuatro han sido fundamentalmente los locales de farmacias que han mantenido su apariencia original: la antigua farmacia Borra (actual Maeztu), la antigua farmacia Blasco (actual pastelería Tentacelia), la farmacia Aguinaga, y la farmacia Sánchez Azcona (actual «10.000 pasos» que  fue farmacia hasta finales de los años 90 (1997)).

En el siglo XIX se había comenzado a regular la profesión, concretamente, en el año 1898 se obligó a la colegiación para la práctica de la medicina y la farmacia. Sin embargo, en 1904  la Instrucción General de Sanidad estableció que la colegiación fuera voluntaria y no fue hasta 1917 cuando se volvió a establecer la obligatoriedad de colegiarse. Anteriormente en Navarra había funcionado el Real Colegio de Medicina, Cirugía y Farmacia, creado por las Cortes de Navarra en 1828, que dejó de funcionar en 1840.  En 1845 se creaban las primeras facultades de Farmacia en España. El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Navarra se fundó el 8 de agosto de 1899, constituyéndose la primera junta directiva compuesta por Jacinto Baranguan Castejón en la presidencia, Nicasio Iribarren como tesorero, Fernando Palacios como secretario-contador y Luis Ferrandiz y Eduardo Labeaga como vocales. En esos primeros años y hasta 1926 aparecía vinculado al Colegio de Médicos, y tenía su sede en el 3º piso del nº 22 de la calle Chapitela. En 1971 el Colegio se trasladó a la calle Navas de Tolosa.

El primer colegiado fue D. Celedonio Oficialdegui, de Villava. Perteneció a la Junta de la Asociación en 1915, junto a Ángel Mocoroa y Joaquín Lambea, de Mañeru;  y la primera mujer colegiada  fue Dª Marina Cuevas, concretamente en los años 20. Hasta el siglo XIX no había título oficial de farmacéutico, el boticario, como en otros gremios,  adquiría sus conocimientos, como aprendiz, al lado de un profesional que llevase muchos años en el oficio. En 1915, el colegio de farmacéuticos estaba presidido por Manuel Negrillos, en la tesorería, Antonio Corti y en la secretaría González Boza. En 1921, el Colegio lo presidía Gonzalez Boza con Antonio Corti y Joaquín Arteaga como tesorero y secretario y un año más tarde Miguel Lino Ezcurra,   con Joaquín Blasco y Sebastián Iribarren en los principales puestos de la Junta, mientras que en 1924 la presidencia la ostentó Justo Aguinaga y en 1925 Gonzalez Boza.

A principios de siglo, en 1900, se instalaba Marcos Sola en el nº 4 de la plaza de la Constitución, y en 1901, Vicente Udobro en Chapitela, 15 y Froilán Landa en Zapatería, 22. A Nicasio Iribarren le sustituía en la farmacia de las escalerillas de San Saturnino, durante un corto período de tiempo, Elías Martínez para, posteriormente, volver a recuperar la titularidad. En el nº 32 del  paseo de Valencia se instalaba Santiago Arteaga, donde creo que, en la segunda mitad del siglo XX,  se instaló la Farmacia Cabiró y en el nº 42 de la plaza de la Constitución, desde 1902, Alberto Garbalena y más tarde Julio Villanueva. En 1903 Irurita intercambiaba su licencia de farmacia con José Martialay que desde ese año pasará  a ocupar su lugar en la farmacia de la calle San Nicolás.  Este dirigirá la farmacia hasta 1915 en que se hace cargo Gabriel Castiella y que regirá el negocio hasta mediados del siglo. A mediados de 1906 se inauguraba la farmacia modernista de los hermanos Ondarra en el nº 21 de Mercaderes, (más conocida como Farmacia Blasco), y en el nº 9 de Navas de Tolosa se  instalaba la farmacia de Félix García Larrache. En 1911 a Landa le sustituía Bautista Altolaguirre a quien en 1915 le encontramos en el nº 2 de la calle Santo Domingo.

Se cuenta  que, a principios del siglo XX, siendo propietario de la antigua farmacia Borra, Valentín Marquina, que debía ser por aquel entonces concejal del Ayuntamiento, y dado que el sistema de calefacción de la casa consistorial no siempre funcionaba bien, se llegaron a reunir los concejales, en  alguno de los días más fríos del año, en  la trastienda de la farmacia. En noviembre de 1920 Valentín Marquina comunicaba al Ayuntamiento el traspaso de su farmacia a los hermanos Ezcurra. Estos estuvieron al frente de la farmacia desde 1926 a 1931. Entre 1931 y 1956 estuvo regentada por Pío Ezcurra. La farmacia del nº 1 de la calle Nueva, tiene una imponente fachada exterior de color verde, con una figura religiosa, de la Virgen del Camino, en una vitrina situada  en la esquina de la fachada con la calle Nueva. Destaca su estrecha escalera de caracol de hierro que conduce a un sobrepiso lleno de botecillos y destilados, cuando la farmacia tenía mucho de alquimia; Su decoración tiene un estilo neomudéjar, con los arquillos de las estanterías policromados en rojo, ocre y azul y  su techo artesonado. Y dentro se puede contemplar  una bella estancia llena de azulejados y columnillas. Similar estilo, aunque menos refinado, presenta la antigua farmacia Sánchez Azcona, con su techo artesonado y sus muebles hoy pintados de blanco. Resultan igualmente destacables el magnífico estilo modernista de la farmacia Ondarra o Blasco, tanto en el interior como en el exterior, y los detalles neogóticos y de art decó de la farmacia Aguinaga.

A mediados de la segunda década del siglo se produjeron muchos cambios en el panorama de las boticas pamplonesas. Gabriel Castiella ya estaba instalado en 1915 en su nueva oficina de farmacia del nº 74 de la plaza de San Nicolás, donde hoy se encuentra la Farmacia Iragui. Antonio Corti había tomado el relevo de Mercader en su farmacia de Curia 2 (la actual Garate y Beltrán), en 1911. De la antigua farmacia de Abundio Irisarri en Chapitela se había hecho cargo en 1913 Manuel González Boza y de la botica de Javier Valencia en San Saturnino, 4, a partir de 1909, Julián Sánchez Azcona. Sánchez Azcona fue  el padre de Miguel Sánchez Ostiz, que regentaría la farmacia de las escalerillas de San Saturnino hasta mediados de los 80. A Joaquín Aguinaga le había sucedido su hijo Justo. Muchos de los citados farmacéuticos tendrán largas trayectorias en sus despachos de farmacia. En algunas farmacias de transmisión familiar, en tanto en cuanto los descendientes no pudiesen hacerse cargo del negocio, por no tener ni la edad ni la carrera, se permitía la existencia de un regente o encargado ajeno a la familia que llevase, mientras tanto,  las riendas de la farmacia.

En 1920 los hermanos Ondarra habían dejado la farmacia en manos de Don Joaquín Blasco, en cuya familia seguirá el despacho de farmacia hasta finales del siglo,  y como novedades encontrábamos la farmacia de Félix Velasco en la Rochapea y la de Juan Bornas en Sarasate. Tras el fallecimiento de Nicasio Iribarren,  la titularidad de la farmacia pasará a su hijo Sebastián que la mantendrá hasta mediados de los 50 en que se hace cargo Miguel Sánchez Ostiz, padre de la que hasta hace cuatro meses fue su  titular, María José Sánchez Ostiz,  que  ciertamente, ha sido una de las pocas farmacéuticas que ha mantenido, hasta hoy, la vieja tradición galénica de las fórmulas magistrales de las antiguas boticas.

A mediados de los años 20 se incorporan nuevos farmacéuticos y oficinas de farmacia: Miguel Ángel Martínez en el nº 110 de la calle Mayor (actual farmacia Planas). Poco después, desde 1931,  esta farmacia estará regida por José Gabriel Beunza y Mina que  permanecerá a cargo del establecimiento hasta 1933. Tras la guerra, y durante las décadas siguientes, el titular será Jesús Sagredo hasta que en 1963, se hace cargo del establecimiento Antonio Rodríguez Arbeloa que permanecerá igualmente durante varias décadas. La otra farmacia que aparece a mediados de los años 20 es la de Navascués y Sayans en el nº 89 de Estafeta y 1 de Juan de Labrit. Esta farmacia fue fundada curiosamente bajo el epígrafe municipal de «comercio de venta de artículos de cirugía, química, óptica y droguería». Posteriormente continuará como despacho de farmacia y droguería al por menor y finalmente solamente  como farmacia. Tras Javier Navascués la titularidad de la farmacia la heredará su hija Concepción.

Los problemas de los farmacéuticos de aquellas primeras décadas del siglo tenían su origen en el intrusismo de las droguerías en su ámbito, el precio de los medicamentos, los horarios de apertura, la limitación en las concesiones administrativas, el proceso de adaptación a la comercialización de los medicamentos industriales, -en oposición a los que se elaboraban en la oficina de farmacia-, los acuerdos con la beneficiencia municipal  para atender farmacéuticamente a las clases más desfavorecidas.  Los farmacéuticos vendían, además,  sus productos de forma muy variada, en primer lugar, libremente, de acuerdo a la tarifa; en segundo lugar, casi gratis, pues se pagaba una pequeña cantidad, a cambio de una asignación municipal que recibía el farmacéutico, pero previa presentación de las recetas de los médicos titulares; en tercer lugar a los pobres, a través de la beneficiencia municipal. También había servicios de igualas a través de un acuerdo   con las familias a través del cual se les servía medicamentos por una cantidad  anual pactada.

En 1931 se hizo cargo de la farmacia  Negrillos,  Marino Díaz Santesteban que la regentó  durante un largo período de tiempo, por lo menos hasta los años 60. Entre sus especialidades más famosas estaba «el agua milagrosa de los carmelitas» o el «vino tónico fosfatado». Su última titular, fue hasta hace unos meses,  Ana Díaz Fernández Gil. Surgieron nuevas farmacias en 1931 en el Ensanche y Rochapea: Ruiz Prados en la avenida de San Ignacio y Ramón Aldaz  en Rochapea, cuya farmacia,   al año siguiente cogerá Juan Azqueta. Los hermanos Ezcurra abrieron una segunda farmacia en la avenida de Carlos III. En el nº 4 de la calle Chapitela se inauguraba una nueva farmacia, la de Sabino Castellot que hoy continúa en el mismo lugar. Casi al final de la guerra, en 1938, se hacía cargo de la antigua Farmacia Corti, antes Mercader, Santiago Beltrán, suegro de la actual titular, Sagrario Garate.  Beltrán  elaboraba también específicos, bajo el nombre de Laboratorios Rono,  que  se distribuían incluso  por toda España. Aquellas producciones farmacéuticas  estaban muy alejadas de los actuales procesos industriales y tenían mucho de elaboración artesanal en la rebotica. En 1943, Joaquín Aguinaga recibía la titularidad de la farmacia de su padre Justo.

La guerra civil afectó a las farmacias, pues la mayoría de los medicamentos y productos de cura se desviaron a los frentes de guerra, con la consiguiente escasez entre la población. En 1944 entraba en vigor el Seguro Obligatorio de Enfermedad y aparecieron los inspectores farmacéuticos. Se establecieron conciertos en los que quedaban fijados qué medicamentos y a qué precios y con qué descuentos se ofertaban así como el pago de ellos por el Estado (Instituto Nacional de Previsión). Los primeros intentos por crear sociedades farmacéuticas de distribución de medicamentos para no depender de los drogueros son de finales del XIX y principios del XX. En 1959 se fundaba la cooperativa farmacéutica de Navarra NAFARCO,   en 1964 la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra y en 1969, uno de los mayores laboratorios farmacéuticos actuales del país, que tiene su sede en Navarra: CINFA.

Tras la guerra,  con  la culminación  del Ensanche y la expansión urbanística en el resto de  barrios, el número de farmacias se incrementará progresivamente. Al filo de los años 50,  había una treintena de farmacias en Pamplona y más de un centenar de farmacéuticos en otros tantos pueblos de Navarra, que se redujo  a 80  en 1963, mientras que en la capital, casi se duplicaba su número incrementándose hasta las 50. En Pamplona, al margen de los históricos boticarios mencionados en la entrada habría que señalar en 1953 a los hermanos Azqueta en la calle Ciudadela (Félix) y Rochapea (Juan), a Félix Aliaga, en Fernández Arenas que luego en los años 60 cogerá la farmacia de Pio Ezcurra en la plaza Consistorial, Jesús Basarte en Carlos III, María Cabodevilla en Conde Oliveto, María Jesús Ezquieta en la calle Tafalla, Esteban Indurain en la calle Gorriti, Leonardo Oficialdegui en la calle Sangüesa, Martín Oteiza  en la calle San Fermín, Melchor Ruiz en la avenida de Franco, José María San Juan en el Barrio de la Milagrosa y Félix Zorrilla  en la calle Dr. Huarte, entre otros.

En los años 60 (1963), y sin ánimo de ser exhaustivo a los ya citados cabría añadir a Cabiró en Paseo de Sarasate, Felisa Razquin en la bajada de Javier, -donde hoy está la farmacia Villanueva-, Ezequiel Lorca en la plaza del Castillo, -donde ahora está la farmacia Ruiz Bacaicoa-, Valerio Castiella sucedía a su padre en San Nicolás, 74, María Teresa Astiz en la avenida de Zaragoza, Francisco Garde en Echavacoiz, José María González, Francisco Bayona y Maria Victoria Santesteban  en el barrio de la Chantrea, Miguel Bengoechea y Mari Carmen Borda en el barrio de La Milagrosa, Manuel Goyena en Abejeras,  Maria Luisa Lorente en la Rocha, Antonio Liso en el barrio de San Pedro, Luis Martínez Barrio en San Juan, además de otra decena de farmacias en el Ensanche como las de Alcalde, Alfonso, Sagardía, Chocarro, Estebanez, Huarte, Lacalle, Vives, Yarnoz, Lorca, San Juan, etc.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: foto de frascos de farmacia extraída de medicablogs.diariomedico.com/. Números 2, 14, 16, 20, 21, 24 a 38, 43 a 45, 47 a 56: Medicamentos antiguos: 1913-1953. Banco de Imagenes de la Medicina Española. Real Academia Nacional de Medicina de España.

   

Inicio y auge de los clubs de montaña en Pamplona (1926-1990)

Aunque yo no he sido muy montañero que digamos, mi hermano sí lo fue durante más de una década, y recuerdo, a la hora de ponerme a escribir esta entrada que, especialmente entre los años 60 y 80 del pasado siglo, hubo un gran boom de clubs de montaña en nuestra ciudad y en nuestra comunidad. La afición al montañismo ha contado con gran predicamento en nuestra tierra, pero fue especialmente intensa en esos años. Posteriormente la extensión del vehículo privado hizo, probablemente, menos necesaria la existencia de muchos clubs que facilitaban el transporte a los «mendigoizales» de aquella época. En los inicios, las excursiones montañeras por afición  eran más bien solitarias y el modo de transporte era el tren. El origen de este deporte en nuestra ciudad podemos situarlo en los años  20. En 1926 había cinco asociaciones en Pamplona que practicaban este deporte de forma colectiva: el Indarra, Lagun-Artea, Osasuna, Aurora y  Euzkotarra. Entre los nombres vinculados a esta práctica estaban Carmelo de Olazarán, Antonio San Juan y otros. A finales de 1929, el Club Deportivo Euzkotarra fue clausurado temporalmente por orden gubernativa ya que alternaba las actividades montañeras con otras políticas de orientación nacionalista. Este  club se convertiría en 1930 en el Club Alpino Euzkotarra y en 1936 de este grupo saldría el Eusko Gaztedi Kirolzalea.

La Federación Deportiva en aquellos años era la Federación Vasca de Alpinismo, que tenía una delegación navarra si bien, después de la guerra, se convierte en la Federación Vasco-Navarra de Montañismo. En 1934 se iniciaron las actividades del Club Montañeros de Navarra, presidido por Gerardo Ramón de Ciganda y luego por López Selles, con sede en los bajos del Niza que desapareció en 1940 por problemas gubernativos. La guerra civil afectó, como en otros campos, a la actividad montañera. En 1941 se crearon la sección de montaña del Club Oberena, club creado por iniciativa de Acción Católica, con sede en el Frontón Labrit, y el Club Deportivo Menditari. También ese año  aparecía el Club Deportivo Navarra, que tuvo sede en el nº 5 de la calle Mercaderes y luego en Estafeta y Jarauta. En 1942 se fusionaban el Club Deportivo Navarra y el C.D. Menditari, manteniendo el nombre del primero. Hasta  los años 50, década en que se constituyen el  Anaitasuna y el Irrintzi, estos dos clubs, el Oberena y el Club  Deportivo Navarra,  fueron  los únicos clubs con actividades montañeras en Pamplona. En 1958 surgía la Alegría de Iruña (en Calderería y luego en Jarauta), también con una sección montañera. En esos años 40 y 50 sobresalen, en el mundo de la montaña y de los clubs,  nombres como los de Patxi Ripa, Marcos Feliú, Daniel Vidaurreta, entre otros.

En 1962 el Club de Montaña Ori-Mendi que tenía su sede en el edificio del Centro Mariano de la calle Mayor, (Palacio de Redín Cruzat), y que tuvo también  su origen en los círculos obreros y juveniles católicos  celebraba su primera finalista en la cumbre de Orhi, finalista de la que adjunto una fotografía, aunque la foto  creo que tal vez sea  de una finalista un poco posterior. Los primeros animadores de este Club fueron Patiño, Olave, Ibarrola, Valencia Eguaras y Usetxi, que aparece en buena parte  de  las fotografías de esta entrada. En pocos años, el número de clubs en Pamplona se multiplicó por tres, al aparecer, a partir de 1965, el  Kirol (creo que tuvo su sede en San Francisco), Errotazar, Donibane (en el barrio de San Juan), Chantrea, Club de Tenis,  Gaztedi, Boscos, Iruñako Beti Gazte (según  Antonio Ibañez estaba en los Caídos) y Euzko Bazterra. En esos años 60 cabría destacar nombres como los de Juan Mari Feliú, Carlos Santaquiteria o los hermanos Gregorio y José Ignacio Ariz.

A finales de 1965 se reunieron más de 1000 montañeros en San Miguel de Aralar para celebrar el Primer gran día de los Montañeros. En 1971 nacía el Club Alpino Navarro como consecuencia de una escisión de la Sección Juvenil del Club Deportivo Navarra, con Carlos Garamendi en la presidencia. Casualidades de la vida pero mi primer trabajo periodístico, -estaba estudiando todavía la carrera-, en 1982 o 1983, fue encargarme de la revista del Club Alpino Navarro, creo que se llamaba Noa,  junto con otros dos compañeros de estudios. Y en los años siguientes, frecuenté, de vez en cuando, el Club que tenía su sede en el nº 22 de la calle del Carmen.  A finales de los 70 y primeros 80 el número de clubs empezó  a menguar,  a pesar de la creciente práctica del montañismo en Navarra, y de los éxitos en las grandes expediciones, probablemente, como he dicho, al desaparecer poco a poco  las salidas organizadas de los clubs y aumentar las salidas en los coches particulares. En esta época llegarían, como acabo de afirmar,  los grandes éxitos en las expediciones a cumbres míticas como el Noshaq, Dhaulagiri, Janu, Makalu, etc de los Abrego, Eguillor, Plaza, Garayoa, Casimiro, Aldaya, De Pablos y otros.

Fotos de esta entrada, por orden de aparición: (referenciadas por  Antonio Ibañez):  Archivo familia Usetxi-Sarasa, cedidas para esta entrada por Antonio Ibañez Basterrika. Fotografías realizadas por Miguel Usetxi Belzunegui. Recuperación de negativos: Ion Usetxi. Descripción: Foto nº 1: De izquierda a derecha y  arriba, y en un lugar cercano al Petretxema y a la Mesa de los Tres Reyes, entre Belagua y el valle de Ansó, en la parte de arriba y de izquierda a derecha,  el 2º,  el carnicero de la calle Curia, Eguaras, el 4º Miguel Usetxi, el 5º Rufino, hortelano de la Magdalena y el 6º Javier Auzmendi que murió escalando las Agujas de Ansabere. Foto nº 2. Orhi, desde Izalzu y Otxagabía  y el Otxogorrigañe, entre otros. Foto nº 4. Misa en el Pico del Orhi. Foto nº 6. De izquierda a derecha y arriba,  Miguel Usetxi, Antonio Ibañez, Xabier Sádaba, desconocido; debajo de izquierda a derecha:  Sagrario Ibañez y Mari Carmen Sarasa, esposa de Miguel.  Foto nº 7: de izquierda a derecha, el primero sin determinar, Miguel Usetxi y Antonio Ibañez en la zona de Larra-Belagua.

Callejeando por el Viejo Pamplona de los 50: Un recorrido por los bares de la época. (1954)

En 1954, Pamplona tenía 80.000 habitantes. Aun no se había culminado por completo lo que hoy conocemos por Segundo Ensanche y faltaba una década para que se empezase a desarrollar el tercer ensanche, San Juan e Iturrama, este último ya en la década de los 70. Pamplona tenía toda la apariencia de una ciudad provinciana de la postguerra, con algún incipiente intento de industrialización, proceso que este año comenzaría, de verdad, a dar sus primeros pasos, con el Plan de Promoción Industrial impulsado desde Diputación, con Huarte,  y desde el Ayuntamiento con Urmeneta. Habían pasado apenas quince años desde el final de la guerra civil, el abastecimiento de los productos básicos  comenzaba a mejorar  pero ni en lo político, ni en lo social todo era tan tranquilo, en nuestra comunidad, como parecía. El carlismo o al menos algunos de sus integrantes tenían algún encontronazo que otro  con el régimen,  y especialmente con el sector falangista, como demuestran los hechos del 3 de diciembre de 1945, en la plaza del castillo y calles aledañas, donde se produjeron varios heridos de bala y que se saldó con el cierre del Cículo Carlista de Pamplona.  En lo social, en mayo de 1951 se había celebrado  la primera huelga general en Pamplona, tras la guerra civil, tras la que fueron detenidos varios cientos de personas en Pamplona. Los choques y  tensiones entre la Diputación Foral y el Gobernador Civil, Luis Valero Bermejo acabarían con el cese, este año, de este último   que se había destacado por su actitud radicalmente centralizadora.

Aun no se había incorporado la televisión al ocio familiar,  -solo había una radio, Radio Requeté-, la televisión llegaría pasada la mitad de la década, y el pamplonés medio, y según su mayor o menor capacidad adquisitiva pasaba el tiempo como podía: paseando arriba y abajo de Carlos III o por los porches de la plaza del Castillo,  como a principios de siglo lo hiciese por la Estafeta; acudiendo a la poco más de media docena de cines y teatros existentes en la ciudad: el Gayarre,  el Olimpia, el Novedades, el Príncipe de Viana, el Alcazar, el Avenida y el Amaya, este último recién abierto en el barrio extramural de la Rochapea. Con un público mayoritariamente masculino estaban los deportes,  el fútbol de Osasuna en el campo de San Juan o los partidos de pelota en el Euskal Jai de la calle San Agustín o en el recientemente construido Frontón Labrit. Los que disponían de algo más poder adquisitivo eran socios de alguno de los dos casinos de la ciudad, el Eslava o el Principal o de algunas de las sociedades recreativas existentes: el Tenis, el Larraina o el Club Natación (este último con un perfil más popular). Los que no podían contar con demasiados recursos económicos, desgraciadamente la mayoría,  se tenían que conformar con acudir, de vez en cuando, a algún acto social o baile en  alguno de los locales de alguna peña o sociedad, mayoritariamente instaladas en el Casco Viejo. La iglesia destinaba algunos de sus «centros marianos» también como espacio de ocio para los jóvenes, donde se exhibían algunas de aquellas películas de la época. En las calles, plazas y paseos (Bosquecillo, Media Luna, Plaza del Castillo, Taconera…) se organizaban, de vez en cuando, en fechas destacadas, conciertos a cargo de la banda de musica municipal.

Las calles del Casco Viejo bullían de comercios,  un comercio de clara raigambre local, -muchos de los cuales hundían sus raíces en el siglo anterior-, que se iba acomodando a las modas y a los gustos de las nuevas generaciones de pamploneses, un comercio que se extendía como una mancha de aceite por las nuevas calles del Ensanche. Y entre tanto comercio, y también de forma mayoritaria en el Casco Viejo, los pamploneses podían encontrarse con un abigarrado y variado tipo de hostelería. Será en este aspecto, los bares y restaurantes de la época,  en el que voy a centrar especialmente la entrada, citando el nombre antiguo del establecimiento  y la referencia actual para que ustedes, amables lectores, sepan exactamente donde se encontraban. En la calle Ciudadela encontrábamos el Bar El Espejo,  antigua taberna propiedad de Miguel Aldaz, y el Anaitasuna (antiguo Ginés), ambos hoy desaparecidos, al menos de momento. Adentrándonos en la calle San Gregorio teníamos el bar restaurante Orbaiceta, (donde hoy está el Museo), un poco mas adelante La Concha (en los años 80 y siguientes aun estaba abierto, hoy es el Kaixo), y enfrente el bar Euskalduna, regentado por Juan Pedro Urbeltz, donde luego estaría el Arizona y hoy el San Gregorio.

En esta calle teníamos, en el lado derecho, según se va a la calle San Nicolás, el Ganuza, abierto hasta hace no demasiados años, donde después se puso el Entretantos y el Champi, regentado por Victorino Ganuza,  El Caserio regentado por Rafael Erice, hoy sustituido por un edificio nuevo, (donde está el Ñam) y el Sanguesa. En el lado izquierdo Casa Garcia, bar, fonda y pensión,  y casi al final de la calle el Bar Kaiku y la Fonda La Montañesa, de donde más tarde tomaría el bar el mismo nombre sustituyendo al anterior. En el Rincón de San Nicolás encontrábamos Casa Paco, regentado por Francisco Pueyo Sanz, en manos de la familia desde principios de siglo y en Lindachiquia el Catachú, otro negocio familiar, también en manos de la familia, en este caso de los Iturralde desde comienzos del siglo. Hoy se mantienen estos dos últimos aunque bajo otra dirección y propiedad.

En la calle San Nicolás hallábamos en su lado izquierdo, Casa Bearan en el mismo lugar que en la actualidad; la fonda Larrayoz donde hoy está el Rio, propietaria la familia Larrayoz  desde décadas atrás  de todo el inmueble;  el bar de Vicente Saralegui, (no he logrado descubrir como se llamaba, en estos años, lo que hoy es el Bar San Nicolás-La Cocina Vasca y antaño, durante las primeras décadas del siglo, era Casa Marcela, (de Marcela Elía, Viuda de Iriarte); el Otano, desde 1929 en manos de la familia Juanco, que sigue manteniendo actualmente la propiedad. En el lado izquierdo destacaban el Café Irañeta, antes de que se convirtiera en el Baserri, -hoy Baserri berri-, dirigido por Juan Irañeta; Vinos el Cosechero, conocido popularmente como El Marrano, a cargo de Josefa Goñi Belzunce y el bar Ulzama en manos de la familia Miqueleiz, antiguamente la fonda y casa de comidas  de Babil Landívar y sobre este l a Hostería Aralar. Como se puede comprobar, la hostelería de entonces era un negocio fundamentalmente familiar. Un lector del blog, Luis Iribarren me indicó, hace algún tiempo, que en el nº 50, donde hoy está el Hotel Castillo de Javier y antes el bar San Miguel estuvo, aproximadamente desde 1952 a 1966, el Bar Restaurante Valero (antes tienda de ultramarinos), fundado por sus abuelos Valero Iribarren y María Elizondo. Era conocido en su época por la celebración tanto de  bodas como de comuniones,  muy frecuentado por los chóferes de la Estación de Autobuses y cita obligada de numerosas cuadrillas antes de ir a los partidos de Osasuna en el campo de San Juan. Animo a los lectores a completar esta entrada con más nombres de establecimientos de esta época que recuerden.

A la vuelta de San Nicolás, en el lado derecho, esto es, en la calle Comedias, descubríamos el  Café Roch, el Burgalés, (anteriormente Gau Txori), con Gerardo Arce y el Noé, además del restaurante Casa Cuevas, (en el nº 20 de la calle), bajo la dirección de Pablo Arce. En el lado izquierdo, esto es en la calle Pozoblanco, teníamos Casa Amostegui y más adelante Casa Yaben, ambos conocidos restaurantes en aquel entonces. En la plaza del Castillo, en 1952 cerraría tristemente sus puertas el Café Suizo que se había abierto más de un siglo atrás, en 1961 lo haría el Cafe Kutz. Donde anteriormente estaba el Dena Ona estaba, en esta época, el Bearin, (actual Napargar); el Torino de Doroteo Cotelo era en estos años el Nuevo Torino, (donde hoy está el Windsor). Continuaba imperturbable, viendo el paso de los años y la historia de la ciudad, el viejo Café Iruña y, partiendo desde las escalerillas hacia la Estafeta, el panorama hostelero de los soportales era algo distinto al actual. Donde hoy está el Gure Etxea estaba el Rhin, donde hoy está el Baviera estaba el Guría, (no confundir con el de Espoz y Mina), y a continuación venían el bar restaurante Maitena, con comedor en la primera planta (donde luego estuvo el Gazteluleku) y después el Sevilla, el primero de ellos impulsado por parte de los hermanos Alemán y más tarde regentado por Jerónimo Ibarrola y el segundo por Julián Ramírez, al término de la guerra, que en 2015 finalizaría su andadura con la tercera generación.

Dejando atrás al Casino Eslava, en lo que después fue la Tropicana estaba el Bar Brasil, a cargo Miguel Yoldi  y Jesús Rada, y junto a él, el histórico Choko (entonces lo escribían así), de Alcaine y Beaumont, bajo su dirección desde 1931. A la vuelta, en la travesía Espoz y Mina estaba el hotel Maisonnave, comprado por la familia Alemán en 1945 y en la trasera de esta manzana, en la calle Espoz Y Mina, ya estaban el Hotel y Restaurante Europa, regido por Isidora Valencia  y el Monasterio, abierto una década antes, en 1944, por Federico Monasterio. Al citar los hoteles no quisiera olvidarme de El Cisne y La Perla, en la plaza del Castillo. En la misma esquina  de Espoz y Mina con Estafeta estaba el Bar Prados, luego Fitero. En  la Estafeta, empezando por el final, y terminando en Mercaderes teníamos, en el lado izquierdo de la calle, a Pablo Berástegui regentando la Fonda San Fermín, donde luego estaría el hostal y  restaurante Ibarra, más tarde  Casa Flores y actualmente El chupinazo;  en el segundo piso del nº 73 estaba el restaurante Roncesvalles, entonces era mucho más habitual que ahora encontrarse los restaurantes en las segundas plantas de los edificios, en el mismo lugar donde cuatro años más tarde, en 1958, Alejando Elizari y Felisa García fundarían el restaurante Josetxo.

Donde hoy está Chez Evaristo estaba el Bar Los Billares, antiguamente creo que fue El Moderno, a cargo de él Macario Arguiñano; en el nº 55 se hallaba la Fonda de Carlos Pascualena. El local de la Granja ya tenía un uso hostelero en aquella época, por parte  de Luis Desojo Sanz. El Señorio de Sarria se inauguraría  a final de la década de los 50 y desde 1900 ya estaba abierto, en el siguiente tramo de la calle, el  Mesón Pirineo por parte de José Tejada, si bien desde 1949 la dirección estaba a cargo de los hermanos Zabaleta Monreal que lo mantendrían  a lo largo de las siguientes décadas. Otros afamados restaurantes de la época eran las Pocholas en el Paseo de Sarasate, que conducían las hermanas Guerendiain;  el Blanca de Navarra, en Mercaderes, 24, cuyo titular era Blanca Villanueva;  el Iruña en el nº 7 de Mercaderes,  dirigido, en este tiempo,  por  Ana María Echechipia, sin olvidar el tipismo de  Casa Marceliano en la calle  Mercado;  a La Viña,en Jarauta;  La Vasca en San Agustín, etc. En Ansoleaga, donde hoy está la Librería Acuario, estaba el Bar Bilbao. Entre las fondas y pensiones estaban La Barranquesa, en la bajada de Javier;  el Irure en Comedias, la Hispano-Francesa de la plaza del Castillo, el Redín del Mercado, la Fonda Valerio de la avenida de Zaragoza o la Bilbaína de San Antón. Para estos años ya se habían abierto no pocos bares y restaurantes en el Ensanche aunque a gran distancia del Casco, entre los que cabe citar el Alhambra, en Bergamín; el Amaya en la calle del mismo nombre; el  Avenida (en Conde Oliveto), el Baztán y el Candanchú (en Paulino Caballero), el Cinema y el Ginés  (en la calle Estella), El Sol (en la Avenida de Zaragoza), el Tudela (en la calle del mismo nombre), el Restaurante Bidasoa (en García Ximenez), además de las fondas Algarra y  La Tomasa,  y los hoteles Yoldi (en la avenida de San Ignacio) y El Comercio (en Avenida de Franco).

No quisiera terminar la entrada sin ofrecer nuevos  detalles o algunas pinceladas más de la ciudad en esta época, sin perjuicio de que para ampliar la información de lo sucedido en esos años en Pamplona puedan consultar otras entradas de este mismo blog. El Gobierno Militar estaba en la calle Dos de Mayo, junto al actual edificio del Archivo General, no como ahora que está junto a Baluarte, (desde 1971);  la oficina de Turismo estaba en Duque de Ahumada,  la Casa de Socorro, en el nº 2 de la calle Alhóndiga, (aun no se ha derribado el viejo edificio de dos plantas), la Cámara de Comercio en el nº 1 de Príncipe de Viana; la Cruz Roja en el nº 8 de la calle Leyre; los autobuses paraban en la vieja estación de Conde Oliveto, inaugurada 20 años atrás; el Plazaola acababa de hacer su último viaje a finales del año anterior y al Irati le faltaba poco más de un año para dejar de circular por nuestras calles. La villavesa recorría las principales calles de la ciudad con servicios exteriores, además, a Villava, Arre, Oricáin, Huarte, Cizur, Gazolaz y Venta de Ollacarizqueta. Para llamar al taxi había que llamar a diferentes teléfonos, según las zonas de parada. Los taxis paraban en la plaza del Castillo, en la calle Tudela, junto a la estación de autobuses y en la avenida de Carlos III frente a la iglesia de San Antonio. El taxista que estaba en la parada atendía la llamada del cliente, descolgando el teléfono de su zona y acudía a prestar el servicio.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 y Nº 2. Sanfermines de los años 60.  BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA /Fondo Estudio Marin. Paco Marí. Nº 3 a  8: Colección de posavasos de diferentes establecimientos hosteleros de Pamplona: Hotel El Cisne, Hotel Restaurante Valerio, Hotel Yoldi, Hotel Restaurante Europa, Hotel Maisonnave, Grand Hotel La Perla. Años 50. Biblioteca Nacional de España. Nº 9: Campo de San Juan (años 50), Nº 10: Euskal Jai, (1977)  pamplonahistorica.wordpress.com. Nº11 Bar Irañeta. Años 50. Archivo antiguo Bar Baserri, Nº 12: Mozos por la calle San Nicolás, Archivo antiguo Bar Baserri. Nº 13: Coche de los 50 atravesando la calle Comedias delante del Café Roch, Nº 14: Cine Novedades en la calle San Agustín. Colección Arazuri, AMP. Nº 15: La Dolorosa regresando, desde San Lorenzo a la Catedral por la calle Mayor, frente al centro Mariano, Nº 16: Calle Pozoblanco. Años 50, Ediciones Arribas, Nº 17: antigua villavesa serigrafiada con la publicidad local de la época. Años 50, Nº 18: taxi de los años 50, Nº 19: espectáculo musical en el antiguo café Irañeta. Años 50. Archivo antiguo Bar Baserri Nº 20: Feria del libro en la plaza del Castillo. Años 50, Nº 21: Comedor del Restaurante Iruña en el nº 7 de la calle Blanca de Navarra (actual Mercaderes)

 

 

 

Recuerdos de aquellas viejas escuelas (1968-1977)

Decía el poeta Rilke que la infancia es la verdadera patria del hombre (y la mujer).  Los recuerdos de la  infancia no sólo forman parte intrínseca de nuestras vidas, sino que articulan, en buena medida, nuestra personalidad. Los recuerdos infantiles son, además,  recuerdos recurrentes, vuelven una y otra vez, son lejanos, envueltos en la gasa del pasado y de la nostalgia, y a la vez cercanos e íntimos, casi siempre edulcorados por el paso del tiempo. Y entre los recuerdos infantiles la escuela ocupa un lugar importante, no en vano entre sus paredes pasamos buena parte de nuestros primeros años de vida. En este blog he hablado en repetidas ocasiones de la escuela y de otros centros educativos. Creo que lo he hecho en no menos de cuatro o cinco entradas. En  la presente entrada hablaré sobre recuerdos de  la escuela que no se reflejaron en las otras  entradas aunque seguro que volveré a repetir algunas fechas y nombres. En esta entrada incorporo, además, abundante material gráfico (libros, cuadernos, fotografías de las escuelas, dibujos de mi temprana infancia, libros de calificaciones, títulos y reconocimientos varios, entre otros) que ayudará a recordar aquellos lejanos tiempos de nuestro pasado.

En alguna otra entrada ya conté como fue mi primer día de clase en las escuelas del Ave María, allá por septiembre de 1968, aquella escapada al hogar que tenía muy cerca de las escuelas y que había sido el cálido refugio de mis primeros y tiernos tres o cuatro años de vida. Fue una fuga muy rápida con obligado viaje de vuelta, de la mano de la autoridad «maternal». En aquella clase de párvulos, recuerdo que la maestra se llamaba Ramonita, nos enseñaron las  primeras letras, con el viejo método de repetir las vocales y demás letras del abecedario. Las escribían en el encerado o pizarra y los infantes teníamos que repetir las vocales y consonantes. Luego había que escribirlas en el cuaderno. Así aprendimos a leer y a escribir nuestras primeras palabras y frases.  Del mismo modo, cantarín y repetitivo,  nos enseñaban las tablas de sumar y de restar.

En el siguiente curso, en el primer curso de Primaria con la maestra Conchita Zaldo aprendimos las tablas de multiplicar y dividir y nos enseñaron nuestras primeras nociones de Geografía, con un mapa de España que desplegaban en el lado izquierdo del encerado y que nos hablaba de montañas y del origen y recorrido de los ríos. De estas dos primeras maestras, Ramonita y Conchita,  tengo un buen recuerdo, pero  es un recuerdo un tanto vago y difuso. Creo recordar que la primera tenía el pelo muy negro mientras que la segunda tenía el pelo más largo, vestía maxifalda  y creo recordar que murió a los pocos años, a consecuencia de un cáncer. Me acordó de una anécdota que no he contado en este blog: Estando yo en los primeros cursos de Primaria, (tal vez en 1º) me recuerdo leyendo en casa algún libro de cuentos o fábulas de la Editorial Doncel, que nos había dejado la Escuela, -ese día no fuimos por la tarde a clase-, pues anunciaron por la radio la llegada de un huracán y el consejo de que cerrasen los ciudadanos ventanas y puertas. Posteriormente descubriríamos que en realidad Franco había expulsado a la familia Borbón-Parma de España y  que se temía que Carlos Hugo retornase al país. Se hablaba de que su avión había sobrevolado esos días la nación.

De los dos siguientes maestros, del primero  don Emilio Loitegui, con su bata negra, casi gris, de tantas lavadas,   guardo un recuerdo menos positivo, por su excesivo apego a las técnicas punitivas de la vieja escuela, tortazo en la cara, estirón de orejas y demás castigos físicos típicos de aquellos años:  de rodillas contra la pared, reglazo en las yemas de los dedos, o la prohibición de  salir al recreo copiando 100 veces «no volveré a hablar en clase». Para entrar en su clase  de segundo de Primaria  lo hacíamos por una puerta más chiquita que el resto,  que estaba muy cerca a lo que llamábamos las «puertas rojas», junto  a la Travesía del Ave María. De la segunda, Doña Isabel Ancil, que nos dió tercero de Primaria,  recuerdo que era ya muy viejecita, bastante enjuta y arrugada cuando nos daba clase o así al menos nos parecía. No aprendimos  mucho, ese año,  la verdad. Lo único que recuerdo destacable fue el hecho de ser el primer año en que la clase era mixta, eso sí, las chicas separadas de nosotros (así sería hasta el bachillerato), y que alguna tarde sacamos los pupitres y las sillas al patio, emulando el viejo método «manjoniano»  del  origen de las escuelas.

El aula de Doña Isabel estaba en el bloque de las escuelas de las chicas que aparecen en la fotografía adjunta de Julio Cía. Cuarto de Primaria nos dió Germán Tabar que fue posteriormente director de la Escuela, era alto, iba siempre muy erguido, casi echado para atrás, y era un impenitente fumador. Entonces los maestros fumaban en clase. Su clase estaba situada cerca de la Iglesia y el salón de actos y se entraba por la puerta que aparece en la foto del principio de la entrada, fotografía también de Julio Cía perteneciente como la mayoría de las fotos de esta entrada al Archivo Municipal de Pamplona. En la época en que estuve en las Escuelas el director era Daniel Pascual pero no me dió nunca clase ni tampoco Don Joaquín que creo que era hermano de Don Gabino que fue  maestro en 5º de Primaria, cuando estaba en la Carbonilla. El portero de las escuelas era el señor Francisco y  tenía muy malas pulgas. Todos los niños le teníamos bastante miedo. Por lo que me han dicho debió  ser antes de portero, guardia civil pero estaba retirado del servicio. Se encargaba de abrir las puertas exteriores de las aulas y de otros asuntos de intendencia, como traer el carbón y  leña que estaba apilada en una leñera junto a unos baños «infectos» (había que contener la respiración cuando entrabas)  cerca de las «puertas rojas» de entrada al recinto escolar. Estando todavía estudiando en las escuelas construyeron una columna de baños adosada al pasillo de comunicación entre las diferentes aulas, justo en la parte posterior de las aulas, en la zona que daba al viejo campo de fútbol.

Hasta hace muy pocos años  creo recordar que estaba por  casa aquella primera cartera escolar de párvulos, lo que daría por sacarle ahora una fotografía. Como ya he comentado en alguna otra ocasión dentro de la cartera escolar en aquellos primeros años de la escuela llevábamos los  cuadernos de Rubio, creo recordar que el de caligrafía era verde y los de matemáticas amarillos. Además llevábamos más de un cuaderno, uno para sucio, es decir podía estar lleno de tachones o borraduras  y otro para pasar  a limpio la tarea ya fuesen dictados, dibujos  o problemas matemáticos que de todo había. No podía faltar la Enciclopedia Alvarez, un compendio de materias en las que se daban nociones de la historia de España, la Historia Sagrada, Lengua Española, Matemáticas. Geometría, Geografía, Ciencias de la Naturaleza, etc. Se editó entre 1954 y 1966 aunque yo recuerdo que se utilizó algunos años más, pues seguíamos utilizando al filo de los  70, que es cuando empecé a  ir a la escuela. Mi hermano, cinco años mayor que yo  sí   la utilizó con profusión en buena parte  de su  época de  enseñanza primaria. Había enciclopedias Alvarez de primer, segundo y tercer grado. Editada por la editorial vallisoletana Miñon llegó a copar el 80% del mercado del libro de texto en aquellos años, vendiendo más de 22 millones de ejemplares en toda España, 34 millones si contamos otro material educativo (había un libro del maestro con sugerencias y ejercicios). Reproduzco a lo largo de esta entrada algunas páginas de aquella enciclopedia. Al ver algunos de sus dibujos se activan algunos de mis recuerdos más remotos:  dibujos que ilustraban diversos pasajes de  la historia sagrada o textos literarios, generalmente poesía. Más adelante, tanto en la primaria como en la EGB  tuvimos los primeros libros por materias que venían con sus fichas de trabajo, luego editaron los libros de  materias, por un lado, y por otro  los  libros delas  fichas de trabajo. Completaba nuestro equipamiento un plumier, el lapicero del 2, de marca Cedro, la goma Milán de nata, las pinturas Alpino y el catecismo escolar  (que había, como en la enciclopedia Alvarez,   de varios grados). Sin olvidar los rotuladores Carioca, las pinturas de cera Mancey, los bolis Bic, etc.

A partir de tercero de Primaria  la estructura de las clases era la siguiente. Por las mañanas Calculo y Dictado, más tarde se incorporarían otras asignaturas. El maestro copiaba en la pizarra los ejercicios o problemas. En  el dictado, el maestro entonaba con voz cansina la lectura,  (recuerdo una de libro » Platero y yo» de Juan Ramón Jimenez que empezaba así:  «Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos…»). El dictado lo copiábamos en el cuaderno y más tarde nos tocaba leerlo en voz alta. La lectura de los más torpes a veces era objeto de mofa o burla. Y es que la escuela y la infancia puede ser muy cruel. La educación era fundamentalmente memorística. Por la tarde se programaban la gimnasia y los trabajos manuales, la gimnasia muy básica, no había polideportivo ni gimnasio, la hacíamos en el campo de fútbol, de tierra,  de las escuelas: alineamientos, estiramientos, ejercicios gimnásticos, carreras, etc. De los trabajos manuales recuerdo sobre todo los de marquetería que ya he comentado en otra entrada hace no hace  mucho. En las escuelas del Ave María, un único maestro en cada curso daba todas o casi todas  las asignaturas. La religión en las Escuelas si que en ocasiones nos la daban a veces  los curas de la cercana iglesia del Ave María  y  por supuesto, ellos se encargaban de  prepararnos para la primera comunión que celebré  a los 7 u 8 años.  En el EGB, en Cardenal Ilundain, y creo que también en la Carbonilla aunque menos, pasaríamos del maestro para todo a profesores para  cada materia, si bien en cada curso de la EGB teníamos un tutor, el de 6º  se llamaba Javier Gracia, el de 7º Javier Donezar y el de 8º Javier Navallas Rebolé, el que fuera posteriormente un alto cargo de Educación hasta hace unos años. La primera maestra en prácticas la vimos en 5º de Primaria en las Escuelas de la Carbonilla. Se llamaba Mari Carmen. Era joven y muy guapa o al menos a nosotros nos lo parecía y estaba, en su primer día, nerviosa, temblorosa,  como un flan. Tanto en la escuelas del Ave María como en las del Cardenal Ilundain  pasaba, al menos una vez al año por la clase el Inspector, un funcionario de Educación  que controlaba o revisaba la forma en que nos daban clases nuestros maestros.

La jornada lectiva comenzaba a las 9 de la mañana, los chicos nos arremolinábamos a  la entrada antes de esa hora, el recreo era a las once y por la tarde las clases eran de 3 a 5.  En los primeros cursos, (Párvulos, 1º y 2º)  llevábamos batas, una bata a rayas  como la que llevo en la foto de la entrada «Recuerdo de mi Colegio» de este mismo blog. Entrabamos a la clase, dejábamos nuestros abrigos colgados en el perchero y la metíamos la cartera escolar en el cajón o la dejabamos pegada junto al pupitre, pupitres que en el Ave María eran de material pizarroso ligeramente inclinados, con un agujero, imagino que para dejar, en otro tiempo, el tintero, y de color verde oscuro.  Había un registro de alumnos que llevaba el profesor cuya mesa y silla estaba ubicada sobre una tarima por encima del nivel del resto de la clase. Detrás de la tarima, estaba el encerado,  una larga pizarra negra que ocupaba casi toda la pared frontal. Sobre el encerado un crucifijo en el medio y a ambos lados las fotos de Franco y José Antonio, sin embargo y a pesar de este imagino que obligado elemento no recuerdo que, a diferencia de otras escuelas o colegios públicos y privados,  nos diesen lo que se llamaba entonces  formación patriótica o formación del espíritu nacional. Tampoco a diferencia de otras escuelas, al menos en los años en que estuve allí,   nunca se cantó el «cara al sol» ni  ningún otro himno o  acto parecido. El maestro pasaba lista. Algunas veces, se colocaba a los alumnos por orden alfabético, pero creo que en el Ave María no. Eso sí, era frecuente que te cambiasen de puesto, te separasen de tu compañero de pupitre si veían que hablabas mucho con él. A primera hora de la mañana se encendía la estufa, una estufa de carbón y leña de forma circular con un tubo que sacaba el humo, la combustión al tejado. Las escuelas del Ave María eran escuelas de una sola planta, con unos enormes ventanales, como se puede ver en las primeras fotografías de esta entrada. A lo largo del año recuerdo con bastante nitidez que había una serie de acontecimientos, los más notorios en el mes de Mayo, el «mes de María» y de las flores y  la fiesta del Domund (Domingo Mundial de las Misiones) con   sus huchas  para los «chinitos» en octubre. Visto ahora con más de 50 años de distancia y China como segunda casi primera potencia mundial parece increíble. A veces nos llevaban al cine a Pamplona, concretamente al Salón Mikael, donde vimos un documental de las Olimpiadas de Invierno de Sapporo o el documental «Navarra, cuatro estaciones».

Los sábados por la mañana también teníamos que ir a la escuela pero creo que eran actividades extraescolares. En 5º de primaria, en las escuelas de la Carbonilla por ejemplo, empezamos a jugar al ajedrez. Estas escuelas se habían construido en los años 30 por parte de la República con el fin de hacer frente, con una oferta laica, a la educación religiosa del Ave María. Se inauguraron sin embargo oficialmente el 22 de febrero de 1944 y en los años 70 acogía alumnado del Cardenal Ilundáin como fue mi caso. Si, porque acabado cuarto de Primaria, se nos trasladó del Ave María al colegio Cardenal Ilundáin. Lo he dicho en alguna entrada, en el tiempo que estuve en las escuelas de mi calle, entre 1968 y 1973, por la tarde, después de comer,  nos daban unos botellines de leche de 1/4 de Kaiku-Copeleche. El servicio, vinculado a la mejora de la alimentación de la infancia,  comenzó aplicarse en Pamplona en el año 1963. También he mencionado en otras entradas la existencia del Servicio de Medicina e Higiene Escolar, que entre los años 50 y 70 estuvo centralizado en las escuelas de San Francisco. El Servicio pesaba y tallaba a los niños, nos revisaba los dientes, controlaba nuestras  vacunaciones. Creo recordar que alguno de estas inspecciones se realizaban en el Instituto de Higiene de la calle Leyre. Adjunto alguno de aquellos certificados de vacunación.

Al término de la Primaria te daban  la cartilla de escolaridad, luego se llamaría libro de escolaridad de enseñanza primaria, con las notas de cada uno de los cursos y el certificado de estudios primarios. Antes de que apareciese la EGB, en el plan antiguo,  con motivo de la ley general de educación de 1970 tras los cursos de Primaria, eran 4 o 5,  además de párvulos venía el Bachiller Elemental (cuatro cursos que correspondería luego a algunos de la EGB), luego la Reválida y el Bachiller Superior (5º y 6º) y otra Reválida, además del PREU que luego se llamaría COU. Con la Ley de Educación de 1975, los colegios de Primaria pasaron a denominarse de EGB. Al acabar la EGB te daban el Graduado  Escolar. A mi me tocó estudiar Primaria y EGB, a mi hermano Primaria y el antiguo  plan de Bachillerato. En mi libro de escolaridad de enseñanza primaria aparecían tanto mis primeros cursos de Primaria como los de la EGB, Terminada ésta, a diferencia de mi hermano yo cursé el BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) que equivalía a algún curso final del bachiller elemental y a todos los del Superior más el COU y la Selectividad. Adjunto ejemplares de aquellas cartillas y libros de calificaciones. En la escuela, si sacabas buenas notas, el Ayuntamiento te hacía un reconocimiento público con la entrega de diplomas y matrículas de honor. Además del oportuno diploma, adjunto tan solo un par de ejemplos de las escuelas del Ave María y del Cardenal Ilundáin, te entregaban algún libro, caramelos y otros obsequios. El acto se celebraba un sábado del final del curso, a finales de junio, generalmente en el salón de actos, con la presencia de los responsables del colegio, algún representante municipal y por supuesto los padres de los alumnos reconocidos.

De mi estancia en el Cardenal Ilundáin, al margen de lo dicho, puedo destacar que evidentemente esta escuela o colegio nacional tenía muchas más dotaciones y equipamientos que la escuela de Primaria de mi calle. Disponía de un amplio campo de fútbol de tierra en la parte trasera, sendos campos de baloncesto y balonmano en la parte delantera y en un lateral, unas entradas a cubierto que utilizamos como improvisados frontones, laboratorio, proyectores de  diapositivas o filminas, -que decíamos entonces-, y un montón de aulas. Creo que en la época de más auge del baby boom, el colegio llegó a tener más de 1.000 alumnos. Estando yo en él (entre 1974 y 1977) se construyeron  más aulas en la parte trasera, imagino que por esa  demanda incesante de plazas.   A pesar de que en noviembre de 1975 moría Franco, estaba yo en 7º de EGB, aun continuaban, en ocasiones, los métodos de la vieja escuela, con algún que otro castigo corporal.  Durante el tiempo en que estuve en el colegio el  director del Cardenal Ilundáin, fue Luciano Lazaro Calvo.

Fotos por orden de aparición: Fotos 1, 13 y 19: Escuelas del Ave María y de la Carbonilla: J. Cia (1950), AMP. Fotos 3 y  4: Escuelas del Ave María (años 20). Foto Roldán e Hijo. AMP.  Fotos 2, 9, 10, 11, 15, 16, 17, 18, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 33, 34 y 35: Archivo Familiar

   

   

Pamplona año a año: 2012

El año 2012 empezó con dos agresiones por botellas tras la nochevieja del 2011. La exconcejal Carmen Alba fue designada como nueva delegada del Gobierno en Navarra. Las arcas forales andaban con bastantes problemas, no en vano estábamos en plena crisis económica. Buena muestra de ello es que el gobierno foral, buscaba liquidez como fuese y ponía a la venta 21 inmuebles con el fin de obtener 16 millones de euros. Se suspendían el Festival de Olite y el concurso internacional de canto Julián Gayarre que pasarían a celebrarse cada 2 años. Las villavesas incorporaron de nuevo revisores para evitar fraudes de los viajeros. Navarra se enfrentaba a primeros de febrero a una ola de frío siberiano con máximas de cero grados y mínimas de entre 6 y 8º bajo cero, las más frías en los últimos tres años, se helaron ríos y en la carretera se produjeron muchos accidentes por el hielo, algunos de ellos mortales. Los parados superaban por primera vez en Navarra, los 50.000. Se hablaba sin tapujos de crisis en Banca Cívica, con posible cierre de oficinas y despido de empleados y todo la encaminaba hacia la fusión. Se hablaba ya a comienzos de año de la Caixa. Y en efecto en marzo, el 23 de marzo se llegaba a un principio de acuerdo para la fusión. Los ciudadanos cambiaban sus modelos de consumo mirando mucho más el gasto. Osasuna pedía al Gobierno un plan de rescate financiero con aplazamiento de sus deudas a Hacienda. Aumentaban los robos de materiales: cobre, hierro, etc. Crecían los  desahucios entre los ciudadanos que no podían pagar sus hipotecas. El Gobierno Foral recortaba gastos a diestro y siniestro con el fin de cuadrar sus cuentas. Canal 4 dejaba de emitir tras 18 años de existencia.

Las multas por dejar mal la basura podían llegar hasta los 3.000 euros, si bien todavía la Mancomunidad no había tramitado ninguna sanción. Los ERES ya afectaban en los dos meses y medio de 2012 a más 9.000 trabajadores en Navarra, casi la misma cantidad de trabajadores que durante el año anterior. La ventas del comercio habían caído un 24% en Navarra desde 2008. Se agudizaba la crisis en Nafarroa Bai. EA y Aralar se unían a Batasuna en el Aberri Eguna celebrado en Pamplona. La huelga general el 29 de marzo que paró a buena parte de  la industria degeneró en violencia con piquetes que destrozaron mobiliario y los escaparates de algunos comercios del centro. Se fusionaban Canal 6 y Popular TV. Se dió a conocer que más de 300 comercios habían sufrido daños por la actuación de grupos violentos en la huelga general del día 29. En abril se cortaba la avenida de Zaragoza durante un mes por las obras de urbanización de Arrosadía-Lezkairu. Con 24 días seguidos de lluvia se igualaba el registro habido  en 1922. El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba avalaba en Pamplona el gobierno de UPN-PSN formado tras las elecciones de 2011. El Casco Antiguo renacía a pesar de la crisis con la apertura de 44 nuevos comercios.

Se plantearon nuevos ajustes presupuestarios en abril, más de 50 millones de euros, y se estudiaba subir algunos impuestos, recortar servicios incluso  cobrarlos. Los jubilados pagarían el 10% del coste de las recetas. Pamplona vivía el mes de abril más lluvioso desde 1989. Prosiguieron las tensiones en el seno del gobierno entre UPN y el PSN. Navarra evitaba un desplome de ingresos de IVA a consecuencia de un cambio contable en VW Navarra que le habría costado 260 millones de euros al año. En la primera mitad de 2012 comenzaban a construirse los parques de Aranzadi y Trinitarios, ambos subvencionados por la UE al 80%. Las obras de Arrosadia-Lezkairu obligaron a mantener cerrada la avenida de Zaragoza durante casi todo el año. El nuevo barrio acogía a sus primeros vecinos este año. El colegio de las jesuitinas cumplía 50 años en el barrio de la Chantrea. Con la exposición «Occidens», la Catedral enseñaba sus increíbles tesoros artísticos de una forma nunca vista. Osasuna acababa la liga 2011-2012, en séptima posición.

Pamplona diseñaba un plan financiero con 25 millones de euros de inversión en un año que no podría llevarse a cabo ante la falta de apoyo del resto de grupos. Navarra asumía no pasar del limite de gasto hasta 2014 pero se endeudaba en 1.275 millones más entre 2011 y 2014. Tromba de agua el 19 de mayo, con 40 litros por m2 en Pamplona, 18 en 20 minutos. Se iniciaba la campaña institucional seguida por las empresas «Queremos darle la vuelta». El 22 de mayo por 22 votos a favor y 2 en contra se aprobaba la integración de CAN en Caixabank. Se producía un incendio en la factoría de Kybe en Ororbia. Pamplona limitaba a 30 km/hora casi todas las calles de una dirección. La exigencia de nuevos recortes abría  una nueva crisis entre PSN y UPN a primeros de junio. Miranda anunciaba un recorte de otros 132 millones por la caída de ingresos. Se intentaba llegar a un acuerdo  pero el día 14 Barcina destituía fulminantemente por «presunta» deslealtad al vicepresidente, Roberto Jimenez. Se la comunicó con un motorista pasadas las 12.30 de la madrugada. La gota que desbordó la crisis fue la denuncia de Jimenez de otro agujero en las cuentas forales. UPN intentaría gobernar en solitario. El parlamento instaba a Barcina a una cuestión de confianza. La Universidad de Navarra no podría hacer su plan de centros de investigación en Donapea, ante la oposición de buena parte de los grupos políticos municipales. El Riau Riau que quería recuperar este año Enrique Maya acabaría nuevamente reventado, no pudiendo salir del zaguán. El anterior intento lo protagonizó Javier Chourraut en 1996.

Mercadona recibía licencia para abrir en la cuenca de Pamplona el primero de sus locales. Seguía  creciendo el número de parados: en verano llegaban a los 51.000. Los funcionarios se quedaban sin la extra de Navidad que suponía cerca de 60 millones de euros. Cierres parciales en VW. Barcina reducía el nº de altos cargos de la administración y algunos organismos autónomos. En Agosto se planteó por el Gobierno Central la subida del IVA de la mayor parte de los productos, del 18 al 21%.  Solo el verano de la gran ola de calor de 2003 y el de 2009 fueron más calurosos que este año en Pamplona desde 1975. Hubo tres olas de calor este año, la primera entre el 24 y el 29 de junio, con temperaturas de 36-39º y las dos siguientes en agosto, entre el 9 y el 11 con temperaturas de 41,4-42º, 41,4º en Pamplona, el 10 de agosto el día con más calor en Navarra desde 1975. En la segunda ola la sensación de calor fue mayor porque las altas temperaturas duraron más días. Comenzaban a bajar los alquileres de las viviendas. Se recortaban los presupuestos de las fiestas de los pueblos. El 18 de agosto arrancaba en Pamplona la Vuelta Ciclista a España, con una contrarreloj que pasó por el Recorrido del Encierro.

El 4 de septiembre comenzaban las tareas de derribo de la antigua cárcel de Pamplona que continuó a lo largo de los siguientes 35 días. La cárcel se había inaugurado en junio de 1907. Multitudinaria celebración en Pamplona del Privilegio de la Unión con salida de los gigantes y más actividades que nunca. Los concejales de Aralar abandonaban el grupo municipal de Nafarroa Bai en el Ayuntamiento de Pamplona. El día 26 de septiembre se producían nuevos  altercados en la huelga general convocada por ELA y LAB. Bajaba el precio de la vivienda, casi un 14% el último año. Comenzaban a marcharse los inmigrantes, de enero a septiembre, más de 3.000, al final del año se perdieron 2.000 respecto al año anterior, 69.623 frente a 71.600 del 2011. Las ventas del comercio cayeron un 10,5% tras la entrada en vigor de la subida del IVA el 1 de septiembre. Aumentaron las faltas y los delitos, el robo de materiales, incluso de alcantarillas y se incrementaban las bajas temporales de coches, los ERES y despidos en las empresas así como el uso de los comedores sociales. La telefonía móvil perdía 25.000 líneas en Navarra. Se producía, por contra,  un descenso notable en las bajas laborales. Comenzaron a proliferar, desde finales de este año, las inspecciones por aforo en los locales de hostelería. En Noviembre se había producido la tragedia del Madrid Arena. Crecía exponencialmente la educación en inglés en los colegios. El vandalismo costaba  a Pamplona un millón de euros al año solo para eliminar pintadas y reponer el mobiliario destruido. Se producían nuevas protestas sindicales el 14 de noviembre:  la huelga general, la tercera este año no logró, sin embargo  paralizar el tejido productivo como las anteriores. Estalla el caso ASFI en Pamplona, con numerosas comunidades de vecinos afectadas. En diciembre se anunciaba que VW invertiría 785 millones  de euros en Landaben para el nuevo Polo. El día 9 de diciembre el presidente de la CAN, José Antonio Asiain denunciaba a la guardia civil un intento de chantaje económico en el que resultaba implicado el diputado del PP, Santiago Cervera, quien abandonaba todos  sus cargos y decía que todo había sido una trampa. Fue a recoger un sobre en las murallas del Baluarte de san Bartolomé, sin saber que estaba siendo espiado por agentes de la guardia civil. El año se cerraba con casi 52.000 parados. Tras la crisis política Navarra contó con presupuestos prorrogados, al igual que el Alcalde Enrique Maya en el Ayuntamiento de Pamplona.

Echavacoiz: el primer barrio que absorbió Pamplona (1876-2016)

Hace tiempo que no escribía  sobre los barrios de Pamplona y aún no había hablado de dos de ellos que fueron anexionados por Pamplona en diferentes momentos de nuestra reciente historia: Echavacoiz a la cendea de Cizur  y Mendillorri a Egues. Echavacoiz fue durante mucho tiempo un lugar muy poco poblado. Parece que la zona comenzó a poblarse en el S.XIX. Adjunto una foto de Mauro Ibañez de 1876 donde se vé una sola  casa y al fondo Cizur y la sierra del Perdón. El término parece proceder claramente del euskera (etxe: casa y bakotz, único o solo) derivado de bat (uno) (bak(h)oitz); En los siglos XII y XIII  aparecen en documentos ya  términos como Essabacoiz, Etsevacoiz y Echavacoyz. Al margen de las ventas, campos y huertas existentes las primeras edificaciones e industrias se construyeron en torno a la carretera a Estella a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Otra de las zonas más antiguas fueron la casas cercanas a la vía del tren. De hecho la instalación de las primeras ventas en la zona, -la venta de Benito o la venta de los Adobes- y de las primeras casas, tienen que ver con la cercanía tanto a la carretera a Estella como al paso del tren. En 1861, un año después de la inauguración de la Estación del Norte, en Pamplona, se había construido  un apeadero en terrenos de Echavacoiz.

En 1910 se inauguró el convento de las Carmelitas Descalzas, aproximadamente por esas fechas se  había instalado también el sanatorio antituberculoso, detrás de los primeros pabellones del Hospital de Navarra. En torno a la carretera se instalaron posteriormente la Venta de Andrés,  la fábrica de harinas Urdanoz, en 1914, en el término de Cizur, que se llamaba entonces Harinera «San Andrés»,  la harinera «La Trinidad», Argal, instalada en 1939), la fábrica de piensos de Edmundo Aznar que luego conoceríamos como Piensos Sanders, la Vinícola de Montejurra, Dulces Jarauta, la serrería de Puig y otras industrias. El 10 de octubre 1941 se instalaba la mayor de todas ellas y también la más polémica: Inquinasa (Industrias Químicas de Navarra S.A). Nicolás Ruiz de Alda fue su primer presidente y su primer director gerente, Manuel Zarranz. Inquinasa fabrica actualmente productos químicos para el sector agrícola y farmacéutico que vende  a su grupo propietario, Huntsman Advanced Materials. Tiene 60 trabajadores  y ocupa 16 hectáreas. El principal producto que fabrica ahora  es el «sequestrene», una sustancia que se aplica a las tierras con deficiencia de hierro y combate enfermedades de los árboles frutales. Otro producto que produce  es la «higrotona», una sustancia  diurética que  vende a compañías farmacéuticas.

El 8 de septiembre de 1953, día del Privilegio de la Unión, se produjo la anexión a Pamplona del Concejo de Echavacoiz que hasta entonces había pertenecido a la cendea de Cizur. La diputación foral había aprobado el convenio de anexión el 28 de octubre de 1950 y en 1951 se había pasado el expediente al Ministerio de Gobernación. En la fecha en que fue anexionado Echavacoiz contaba con 500 habitantes y 120 casas. A favor de la anexión estaban el Ayuntamiento de Pamplona, regido entonces por Miguel Gortari, que prometía nuevas dotaciones (agua corriente, colegio, etc) y el alcalde del concejo de Echavacoiz, Angel Urdanoz; en contra la cendea de Cizur, por razones fundamentalmente económicas,  y también en contra se posicionaron  algunas de las más importantes industrias de la zona. Sería Javier Pueyo, alcalde de Pamplona en esa fecha, el que asistiría al acto de anexión. Jesús Garatea, por su parte, fue el último alcalde de Echavacoiz.

El barrio o rincón de Larrascuntzea, situado tras la fábrica de Inquinasa, que se había  convertido en una colonia de casitas para obreros de Inquinasa  perteneció al Concejo de Cizur Menor hasta el 4 de diciembre de 1958 en que también fue  anexionada por Pamplona, siendo Miguel Javier Urmeneta alcalde de la ciudad. Miguel Zamora Diaz me hizo llegar, hace un año, estas históricas fotografías sobre este desaparecido  barrio donde nació y vivió. Hoy es una zona deshabitada,  una especie de perímetro de seguridad en torno a la fabrica. También por estas fechas se construyeron las llamadas casas de Mañeru, un poco antes en 1953-54, las primeras casas de Chocarro (según me puntualiza Rosario Tibarrola), y también las casas de Puig, -estas últimas en la avenida de Aróstegui-,  que sirvieron para dar alojamiento a los trabajadores de la serrería y otras viviendas a lo largo de la carretera de Estella, entre las industrias existentes  y sin ningún tipo de planificación, como sucedería también en San Jorge y Rochapea, pero muchísimo peor. El barrio acabaría diseminado entre varias áreas o zonas dispersas  sin una buena comunicación entre ellas, aislada del resto de la ciudad, sin equipamientos, sin ningún tipo de  ordenación y planificación urbanística  y con unas construcciones de muy baja calidad. Los 20 bloques en forma de H del Grupo Urdánoz quedaron  terminados para 1959, como atestigua la ortofoto histórica de 1956-57, donde aun no existe en ese lugar ningún tipo de construcción. Eran pisos pequeños, de apenas 50 m2, construidos junto al río Elorz en una zona considerada como inundable, con problemas de humedad.

Posteriormente, a lo largo de los años 60, se construyeron las viviendas de la Cooperativa, entre la N-111 y el Grupo Urdánoz, las casas de Barcos, cerca de la Venta de Andrés y las promociones de Vistabella, integrada por más de 300 viviendas ubicadas en la zona más cercana a Barañáin. Eran viviendas de mayor calidad que las que he citado en el párrafo anterior. Las  primeras construcciones del barrio habían acogido  a una población mayoritariamente inmigrante de Andalucía y Extremadura y de otras zonas de Navarra.  En estos años se construyeron también la parroquia de Nuestra Señora del Pilar y el Colegio Nicasio Landa (1961), este último junto al colegio religioso San José de Mongay. El puente de Echavacoiz,  fue reformado y ampliado en 1972 dada la gran circulaciòn que empezó a sufrir en la segundad mitad del siglo XX. En los años 70, al igual que en San Jorge fueron muchas las movilizaciones de los vecinos  por mejorar las condiciones del barrio: urbanización del grupo Urdánoz, centro de salud, residuos de Inquinasa, adecuación de la carretera a Estella, etc. Argal cerraría en esta década. Las piscinas del barrio se construyeron en 1976. No obstante pese al esfuerzo por mejorar las condiciones urbanísticas y sociales el barrio comenzaba a arrastrar ya desde los años 60-70 un cierto estigma social. Especialmente dura para el barrio fue la muerte en 1984 de un niño del barrio, de 8 años, Miguel Ángel Díaz,  en un colector de aguas que no tenía ninguna protección junto al grupo Urdánoz. En 1984 ya se proyectaba en el PGOU instalar en el término de Echavacoiz, la nueva estación del tren eliminando así el bucle ferroviario actual. Al filo del nuevo siglo cerraba el colegio del Sagrado Corazón y se trasladaba la ikastola Jaso, quedando también abandonado el convento de las Carmelitas.

El barrio que había ido creciendo desde su anexión, de los 500 habitantes a los 2.385 en 1960 y a 4.482 en 1970  fue perdiendo población, ya que los vecinos abandonaban la zona en cuanto podían, pasando a 3.800 habitantes en 1986 y  a 3.600 en 1996. En 1989 se aprobaba el plan de Echavacoiz Norte, con unos estándares de calidad muy  diferentes a los de la zona Sur. Sin embargo se perdió la oportunidad de unificar e integrar social y urbanísticamente el barrio creando con la nueva urbanización una mayor desigualdad y profundizando en la estigmatización de la zona sur. La tendencia al despoblamiento del barrio se invirtió cuando se construyó a finales del siglo XX la mencionada zona de Echavacoiz Norte, subiendo la población hasta 4.700 habitantes en 1999 y hasta 5.600 en 2.008.  Echavacoiz posee actualmente casi un 20% de población extranjera y a pesar de algunos  avances como la   mejora de las fachadas del grupo Urdánoz, la puesta en marcha del ascensor urbano (2013) o el adecentamiento de la ribera del río Elorz y otros logros conseguidos por la movilización vecinal sigue siendo junto a La Milagrosa actualmente uno de los barrios más olvidados por la ciudad, estando a la espera de su bien merecida revitalización.

Ya he comentado que en 1984 se hablaba de instalar en el barrio  la nueva estación del tren. En 2002 el Plan Municipal volvía a plantearlo desembocando dicho proyecto y otros equipamientos y dotaciones en el PSIS de 2006. El PSIS de la nueva estación del TAV así como el convenio firmado para el traslado de Inquinasa que permitirían mejorar el desarrollo y la planificación de este barrio de la ciudad está, de momento, paralizado y no parece  tener muchas posibilidades de salir adelante al menos en el  corto o medio plazo, debido fundamentalmente al proceso de desaceleración económica que hemos sufrido  los últimos años. Dicho plan urbanístico preveía la construcción de viviendas, más de 8.000, la mitad de protección oficial, con varias torres, una de 100 metros, oficinas, industrias y la futura estación del TAV, un área tecnológica, un área dotacional y deportiva, una zona comercial y un centro de interés regional, además de mejorar el acceso a Pamplona, con seis carriles,  en la avenida de Aróstegui. El coste de la urbanización se estimaba en torno a los 347 millones de euros, incluyendo el coste de las obras y las indemnizaciones y duraría entre 6 y 8 años.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Vista general de Echavacoiz, Mauro Ibañez. 1876 Nº 2: Anexión de Echavacoiz a Pamplona. 8 de septiembre de 1953. Foto Galle, la foto nº 1 y nº 2 extraidas del libro Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri, Las fotos Nº 3, Nº 4, Nº 7, Nº 8, Nº 11 y Nº 12: corresponden a las ortofotos de los años 1929, 1945-46, 1956-57, 1966-71, 1982 y 1999.200, Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra. Las fotos Nº 5, 6, 9 y 10 son fotos del barrio de Larrascuntzea cedidas por Miguel Zamora Diaz. Nº 13: obrasespeciales.com, Nº 14:Pamplonaactual.com