Echavacoiz: el primer barrio que absorbió Pamplona (1876-2016)

Hace tiempo que no escribía  sobre los barrios de Pamplona y aún no había hablado de dos de ellos que fueron anexionados por Pamplona en diferentes momentos de nuestra reciente historia: Echavacoiz a la cendea de Cizur  y Mendillorri a Egues. Echavacoiz fue durante mucho tiempo un lugar muy poco poblado. Parece que la zona comenzó a poblarse en el S.XIX. Adjunto una foto de Mauro Ibañez de 1876 donde se vé una sola  casa y al fondo Cizur y la sierra del Perdón. El término parece proceder claramente del euskera (etxe: casa y bakotz, único o solo) derivado de bat (uno) (bak(h)oitz); En los siglos XII y XIII  aparecen en documentos ya  términos como Essabacoiz, Etsevacoiz y Echavacoyz. Al margen de las ventas, campos y huertas existentes las primeras edificaciones e industrias se construyeron en torno a la carretera a Estella a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Otra de las zonas más antiguas fueron la casas cercanas a la vía del tren. De hecho la instalación de las primeras ventas en la zona, -la venta de Benito o la venta de los Adobes- y de las primeras casas, tienen que ver con la cercanía tanto a la carretera a Estella como al paso del tren. En 1861, un año después de la inauguración de la Estación del Norte, en Pamplona, se había construido  un apeadero en terrenos de Echavacoiz.

En 1910 se inauguró el convento de las Carmelitas Descalzas, aproximadamente por esas fechas se  había instalado también el sanatorio antituberculoso, detrás de los primeros pabellones del Hospital de Navarra. En torno a la carretera se instalaron posteriormente la Venta de Andrés,  la fábrica de harinas Urdanoz, en 1914, en el término de Cizur, que se llamaba entonces Harinera “San Andrés”,  la harinera “La Trinidad”, Argal, instalada en 1939), la fábrica de piensos de Edmundo Aznar que luego conoceríamos como Piensos Sanders, la Vinícola de Montejurra, Dulces Jarauta, la serrería de Puig y otras industrias. El 10 de octubre 1941 se instalaba la mayor de todas ellas y también la más polémica: Inquinasa (Industrias Químicas de Navarra S.A). Nicolás Ruiz de Alda fue su primer presidente y su primer director gerente, Manuel Zarranz. Inquinasa fabrica actualmente productos químicos para el sector agrícola y farmacéutico que vende  a su grupo propietario, Huntsman Advanced Materials. Tiene 60 trabajadores  y ocupa 16 hectáreas. El principal producto que fabrica ahora  es el “sequestrene”, una sustancia que se aplica a las tierras con deficiencia de hierro y combate enfermedades de los árboles frutales. Otro producto que produce  es la “higrotona”, una sustancia  diurética que  vende a compañías farmacéuticas.

El 8 de septiembre de 1953, día del Privilegio de la Unión, se produjo la anexión a Pamplona del Concejo de Echavacoiz que hasta entonces había pertenecido a la cendea de Cizur. La diputación foral había aprobado el convenio de anexión el 28 de octubre de 1950 y en 1951 se había pasado el expediente al Ministerio de Gobernación. En la fecha en que fue anexionado Echavacoiz contaba con 500 habitantes y 120 casas. A favor de la anexión estaban el Ayuntamiento de Pamplona, regido entonces por Miguel Gortari, que prometía nuevas dotaciones (agua corriente, colegio, etc) y el alcalde del concejo de Echavacoiz, Angel Urdanoz; en contra la cendea de Cizur, por razones fundamentalmente económicas,  y también en contra se posicionaron  algunas de las más importantes industrias de la zona. Sería Javier Pueyo, alcalde de Pamplona en esa fecha, el que asistiría al acto de anexión. Jesús Garatea, por su parte, fue el último alcalde de Echavacoiz.

El barrio o rincón de Larrascuntzea, situado tras la fábrica de Inquinasa, que se había  convertido en una colonia de casitas para obreros de Inquinasa  perteneció al Concejo de Cizur Menor hasta el 4 de diciembre de 1958 en que también fue  anexionada por Pamplona, siendo Miguel Javier Urmeneta alcalde de la ciudad. Miguel Zamora Diaz me hizo llegar, hace un año, estas históricas fotografías sobre este desaparecido  barrio donde nació y vivió. Hoy es una zona deshabitada,  una especie de perímetro de seguridad en torno a la fabrica. También por estas fechas se construyeron las llamadas casas de Mañeru, un poco antes en 1953-54, las primeras casas de Chocarro (según me puntualiza Rosario Tibarrola), y también las casas de Puig, -estas últimas en la avenida de Aróstegui-,  que sirvieron para dar alojamiento a los trabajadores de la serrería y otras viviendas a lo largo de la carretera de Estella, entre las industrias existentes  y sin ningún tipo de planificación, como sucedería también en San Jorge y Rochapea, pero muchísimo peor. El barrio acabaría diseminado entre varias áreas o zonas dispersas  sin una buena comunicación entre ellas, aislada del resto de la ciudad, sin equipamientos, sin ningún tipo de  ordenación y planificación urbanística  y con unas construcciones de muy baja calidad. Los 20 bloques en forma de H del Grupo Urdánoz quedaron  terminados para 1959, como atestigua la ortofoto histórica de 1956-57, donde aun no existe en ese lugar ningún tipo de construcción. Eran pisos pequeños, de apenas 50 m2, construidos junto al río Elorz en una zona considerada como inundable, con problemas de humedad.

Posteriormente, a lo largo de los años 60, se construyeron las viviendas de la Cooperativa, entre la N-111 y el Grupo Urdánoz, las casas de Barcos, cerca de la Venta de Andrés y las promociones de Vistabella, integrada por más de 300 viviendas ubicadas en la zona más cercana a Barañáin. Eran viviendas de mayor calidad que las que he citado en el párrafo anterior. Las  primeras construcciones del barrio habían acogido  a una población mayoritariamente inmigrante de Andalucía y Extremadura y de otras zonas de Navarra.  En estos años se construyeron también la parroquia de Nuestra Señora del Pilar y el Colegio Nicasio Landa (1961), este último junto al colegio religioso San José de Mongay. El puente de Echavacoiz,  fue reformado y ampliado en 1972 dada la gran circulaciòn que empezó a sufrir en la segundad mitad del siglo XX. En los años 70, al igual que en San Jorge fueron muchas las movilizaciones de los vecinos  por mejorar las condiciones del barrio: urbanización del grupo Urdánoz, centro de salud, residuos de Inquinasa, adecuación de la carretera a Estella, etc. Argal cerraría en esta década. Las piscinas del barrio se construyeron en 1976. No obstante pese al esfuerzo por mejorar las condiciones urbanísticas y sociales el barrio comenzaba a arrastrar ya desde los años 60-70 un cierto estigma social. Especialmente dura para el barrio fue la muerte en 1984 de un niño del barrio, de 8 años, Miguel Ángel Díaz,  en un colector de aguas que no tenía ninguna protección junto al grupo Urdánoz. En 1984 ya se proyectaba en el PGOU instalar en el término de Echavacoiz, la nueva estación del tren eliminando así el bucle ferroviario actual. Al filo del nuevo siglo cerraba el colegio del Sagrado Corazón y se trasladaba la ikastola Jaso, quedando también abandonado el convento de las Carmelitas.

El barrio que había ido creciendo desde su anexión, de los 500 habitantes a los 2.385 en 1960 y a 4.482 en 1970  fue perdiendo población, ya que los vecinos abandonaban la zona en cuanto podían, pasando a 3.800 habitantes en 1986 y  a 3.600 en 1996. En 1989 se aprobaba el plan de Echavacoiz Norte, con unos estándares de calidad muy  diferentes a los de la zona Sur. Sin embargo se perdió la oportunidad de unificar e integrar social y urbanísticamente el barrio creando con la nueva urbanización una mayor desigualdad y profundizando en la estigmatización de la zona sur. La tendencia al despoblamiento del barrio se invirtió cuando se construyó a finales del siglo XX la mencionada zona de Echavacoiz Norte, subiendo la población hasta 4.700 habitantes en 1999 y hasta 5.600 en 2.008.  Echavacoiz posee actualmente casi un 20% de población extranjera y a pesar de algunos  avances como la   mejora de las fachadas del grupo Urdánoz, la puesta en marcha del ascensor urbano (2013) o el adecentamiento de la ribera del río Elorz y otros logros conseguidos por la movilización vecinal sigue siendo junto a La Milagrosa actualmente uno de los barrios más olvidados por la ciudad, estando a la espera de su bien merecida revitalización.

Ya he comentado que en 1984 se hablaba de instalar en el barrio  la nueva estación del tren. En 2002 el Plan Municipal volvía a plantearlo desembocando dicho proyecto y otros equipamientos y dotaciones en el PSIS de 2006. El PSIS de la nueva estación del TAV así como el convenio firmado para el traslado de Inquinasa que permitirían mejorar el desarrollo y la planificación de este barrio de la ciudad está, de momento, paralizado y no parece  tener muchas posibilidades de salir adelante al menos en el  corto o medio plazo, debido fundamentalmente al proceso de desaceleración económica que hemos sufrido  los últimos años. Dicho plan urbanístico preveía la construcción de viviendas, más de 8.000, la mitad de protección oficial, con varias torres, una de 100 metros, oficinas, industrias y la futura estación del TAV, un área tecnológica, un área dotacional y deportiva, una zona comercial y un centro de interés regional, además de mejorar el acceso a Pamplona, con seis carriles,  en la avenida de Aróstegui. El coste de la urbanización se estimaba en torno a los 347 millones de euros, incluyendo el coste de las obras y las indemnizaciones y duraría entre 6 y 8 años.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Vista general de Echavacoiz, Mauro Ibañez. 1876 Nº 2: Anexión de Echavacoiz a Pamplona. 8 de septiembre de 1953. Foto Galle, la foto nº 1 y nº 2 extraidas del libro Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri, Las fotos Nº 3, Nº 4, Nº 7, Nº 8, Nº 11 y Nº 12: corresponden a las ortofotos de los años 1929, 1945-46, 1956-57, 1966-71, 1982 y 1999.200, Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra. Las fotos Nº 5, 6, 9 y 10 son fotos del barrio de Larrascuntzea cedidas por Miguel Zamora Diaz. Nº 13: obrasespeciales.com, Nº 14:Pamplonaactual.com

Aquellos vendedores ambulantes: barquilleros, heladeros, castañeros y churreros

Hace unos días ví una hermosa foto del archivo fotográfico de José Castells Archanco, cuyo autor es Galle que adjunto junto a este párrafo, -me atrevo a creer por la vestimenta de los hombres situados a la izquierda de la foto- que puede ser de los años 50 o primeros 60, tomada en la plaza del Castillo, frente al Iruña, que tiene a la figura del barquillero como protagonista y que ha removido en mí antiguos recuerdos infantiles que voy a intentar plasmar, amen de hablar de estos y otros vendedores ambulantes, muchos de ellos, sobre todo heladeros y churreros,  también tenían sus tiendas fijas o solo tiendas fijas, y fueron, como pocos, reflejo de nuestras viejas costumbres, de la Pamplona de antaño, esa Pamplona que con cariño y a veces, porque no,  con nostalgia, este blog intenta captar y recuperar. Vinculada al oficio de lo barquilleros nos queda la calle del mismo nombre, denominada así por acuerdo del pleno del 13 de noviembre de 1936, ratificado en el pleno del 24 de marzo de 1937 y que dió nombre a la vía comprendida entre la calle Dos de Mayo y el Portal de Francia, entre la traseras del lado derecho de la calle del Carmen, según sube del Portal, y el antiguo convento de las Adoratrices, hoy el hotel Pamplona Catedral y que vemos en la siguiente foto del fondo fotográfico de Leoncio Urabayen datada en los años 30.

Al terminar la tercera guerra carlista, en 1876 llegó a Pamplona, procedente de San Pedro del Romeral, en el valle del Pas, provincia de Santander, José Gómez López  al que se le unió más tarde su esposa Josefa Martínez. Según dice J.J. Arazuri en su libro “Pamplona, calles y barrios”, el matrimonio se asentó en el nº 17 de la calle del Carmen, en cuya trasera inició la elaboración de barquillos y helados para su venta por las calles y plazas de la ciudad,  además de en posadas y hoteles. Ambos fallecerían con un intervalo de apenas dos días en enero de 1933. En 1952 figuraba como titular de la fábrica de barquillos, Amalia Gómez, hija del matrimonio. Amalia fallecería en 1960. La vieja casa del número 17 de la calle del Carmen, la casa de los primitivos barquilleros, fue derribada y sustituida por un moderno edificio  en 1972, desapareciendo  su acceso a la calle Barquilleros. Sin embargo aun quedarían otros barquilleros como Feliciano Martínez, con domicilio en el nº 6 de la Bajada del Portal Nuevo o Salvador Sainz Revuelta primero en Tejería y luego también en la Bajada del Portal Nuevo. De hecho la citada casa, ubicada en el nº 6 de la calle, la conocimos durante mucho tiempo como Casa de los Barquilleros, una casa construida en el siglo XIX con tejado a cuatro aguas y cuatro miradores, que contaba con tres plantas de 300 m2 cada una. Desde el año 2006 ha sufrido cinco incendios estando actualmente muy deteriorada. José Revuelta, el tercer fabricante de barquillos de la ciudad estuvo primero en el nº 10 de Lindachiquia y luego en el nº 11 de San Gregorio.

Los barquillos eran unos dulces de masa de trigo horneados sin levadura y endulzados con azúcar y miel, con origen probablemente en alguna dependencia religiosa que habría pasado a la cultura popular. Su forma era plana y fina y por la forma del molde tenían un perfil acanalado similar a un barco, de donde le viene por analogía el nombre. Actualmente se presentan también en forma de canuto. Tradicionalmente los barquilleros llevaban sus cestas cilíndricas con barquillos y una ruleta en la que los compradores podían probar suerte. El juego consistía en dar vueltas a una rueda que apuntaba a diferentes números y si acertabas podías recibir algún barquillo de regalo. Desde mi infancia en que asocio su presencia a ferias, fiestas y verbenas recuerdo que pasaron décadas sin que volviese a ver un barquillero, sin embargo creo que a principios de este siglo volvió a recuperarse la tradición del barquillero, situándose en sitios céntricos, como antaño,  mayormente en el Paseo de Sarasate, en su confluencia con la  calle San Miguel. Por otra parte, recuerdo una barquillería chiquita en la esquina sureste de la plaza del Castillo justo entre el Casino Eslava y la Tropicana.

Los barquillos y los helados han estado siempre emparentados. La base del cucurucho era y es de barquillo, quien que no tenga algunos años no se ha comido un cortado de vainilla o de limón emparedado entre dos barquillos planos. De hecho aquellos pioneros barquilleros como José María Martínez que vemos en la foto que abre la entrada, también eran heladeros. A principios de siglo Mariano Pérez, de “Sucesores de Puyada”, vendía hielo y helados además de chufas y horchatas en su establecimiento de la calle Zapatería, nº 15. En los años 20, junto  a este establecimiento  encontramos ya, en el ramo,  todo un clásico, “El Buen Gusto” en el nº 14 de Chapitela. Era además de heladería, horchatería, chufería y turronería. También encontramos  “La Polar” en el nº 29 de Estafeta y a José María Vilar, “El Valenciano” en el nº 38 de San Gregorio, cerca del actual Kaixo. La heladería Nalia, situada en el nº 4 del Paseo de Sarasate se inauguró en el año 1939, y era propiedad del comerciante y empresario local Nicanor Mendiluce Martínez. Desde el primer momento, sin embargo, la heladería la gestionó  José Serrano Molina, maestro heladero y turronero con el que comenzó una saga de heladeros alicantinos de la misma familia que nos lleva hasta la Nalia de hoy en día pasando antes por su sobrino,  Vicente Serrano Más, maestro heladero que dedicó toda su vida laboral desde su juventud hasta su jubilación en el año 2010. Actualmente  al frente de la heladería está su hijo  Vicente Serrano González que continua el negocio  familiar. De aquellos primeros años ofrezco unas fotos que he encontrado en el Instagram de Nalia. Más adelante, en el nº 32 de Sarasate y desde los años 40 estaba la Heladería Italiana,  sus propietarios eran italianos de verdad, su dueño se llamaba Eugenio Bez Dal Molin, así como lo oyen. En los años 50 podíamos encontrar la “Heladería Alaska” de la plaza del castillo, “La Vital ”  en Sarasate a las que cabría añadir los ya históricos “Nalia”, “El Buen Gusto” y la familia Vilar, ahora de la mano de Modesto, en la calle Jarauta, sin olvidar a Mercedes Orquin en el nº 7 de Pozoblanco y a Andrés Martínez en Navas de Tolosa. En el nº 20 de Calceteros, hoy sería el 10 de Mercaderes,  donde desde hace más de 35 años tiene su tienda Ana García, había una heladería a nombre de Gonzalo Sola. También habría que citar a Victorino Crespo con fábrica y tienda de helados en el Ensanche.

De todos aquellos heladeros  todos o la mayoría, creo recordar,  tenían un local y muchos vendían por las calles y plazas con sus carros, el más popular, el que dejó un mayor recuerdo en la ciudad fue Eliseo Sanchiz Sanz, haciendo las delicias de varias generaciones de pamploneses. Yo aun recuerdo de niño, algunos veranos, en los que algún  flamante heladero, como Eliseo,  acarreaba aquellos curiosos carricoches por las calles de los que extraían aquellas bolas de helado que, montadas  en un  crujiente cucurucho, se derretían en nuestras bocas.   Eliseo nació en la localidad alicantina de Bañeres, en la comarca de la Hoya de Alcoy, en una familia de once hermanos en el año 1904. A los veintipico años Eliseo se trasladó a Pamplona. La falta de trabajo en su tierra  le obligó a ello. Vino a nuestra ciudad como vendedor de helado trabajando para “El Buen Gusto” de la calle Chapitela  a  finales de los los años 20, antes de la guerra civil,  y lo haría después para “La Vital” de Sarasate. Su primera tienda estuvo ubicada en la calle Lindachiquía, donde también vivía.

Cuando su amigo Juan Arbizu, de las Cafeterías Delicias, al que me he referido en otra entrada, dejó el puesto de golosinas de la estación, a principios de los años 40, se lo ofreció a él. Como no podía compartir ambas ocupaciones, -la heladería en el centro y el trabajo en la estación-,  se trasladó a la Rochapea, a la Avenida de Guipúzcoa, donde trasladó su domicilio y puso la tienda que conocimos hasta finales de los 90 (1999). Allí durante muchos años se vendía  de todo, como en un colmado, pero sobre todo helados, golosinas, pan, leche, etc. O al menos es lo que recuerdo yo pues no en vano “Dulces Eliseo” formó parte de mi pequeño universo y vivencia personal. En la estación vendía pastillas de café y leche “Las dos cafeteras”, peladillas, garrapiñadas y caramelos.  Me acuerdo también de aquel carro aunque en esos años (finales de los 60) el ya no estaba, había fallecido. De carácter afable y bonachón le agradaba contar historias a los más pequeños. Cuantas veces le habrían hecho rabiar con sus trastadas y regateos. Con su original vehículo mitad moto, mitad carro visitaba el exterior de los colegios buscando a su natural clientela: los institutos de la plaza de la Cruz, Jesuitas, Escolapios, Salesianos, etc. Eliseo fallecía el 20 de febrero de 1966 a las ocho y media de la mañana en la estación del Norte bajo las ruedas del convoy ferroviario que salía para Alsasua, con apenas 62 años. Su triste final conmocionó a muchos pamploneses. Tras su muerte la familia seguiría con el negocio y dejaron de hacer helados y se dedicaron sobre todo  a hacer  palomitas que repartían por todos los cines de Pamplona. Derribada la casa de la avenida de Guipúzcoa en 1999 se trasladaron a la vuelta, junto al antiguo bar La Cabaña, hoy un kebab, donde permanecieron desde 2001 a 2014 que la tuvieron que cerrar por motivos familiares y de salud.

También debería recordar a Juan Más Valdes, más conocido como “El Alicantino” pues así rotulaba sus carros de venta. Juan Más Valdes  vivía en el nº 2 de la Bajada de Javier. Como Eliseo, trabajó para el establecimiento “El buen gusto” de la calle Chapitela, como atestigua la fotografía de la izquierda tomada en los años 20 en el bosquecillo de la Taconera. Llegó a tener una fábrica y tienda de helados en el nº 10 de la calle San Miguel. El helado fabricado lo vendía en la tienda y lo repartía a restaurantes y hoteles, como hacían los barquilleros y heladeros de la época. Pero también y a pesar de la distancia llevaba helados a los soldados del campamento de El Carrascal y fabricaba turrones para la venta como actualmente hacen Larramendi o La Turronería de la plaza del Castillo.

A  caballo entre la tienda fija y el vendedor ambulante, situo en mi mente a los quioscos, concesión administrativa de la institución municipal. Había, antes de la proliferación de quioscos, algunas personas que vendían juguetes y golosinas a los niños de entonces por las calles, como cuentan J.J. Arazuri y Antonio José Ruiz en su documental “Rincones y nostalgias de Pamplona”. En aquellos quioscos de los años 40 y 50 se vendían pequeños juguetes y chucherías y posteriormente, en los años 60-70, en algunos de ellos también revistas y prensa. De entre aquellos quioscos de madera pintados de verde que yo recuerdo de mi niñez y primera juventud puedo citar los siguientes: el de la  plaza de San Nicolás, junto a la iglesia; el Rincón de San Nicolás, casi saliendo hacia  Sarasate; el de Calceteros, muy cerca de Mercaderes y Chapitela;  el de San Saturnino, junto a la iglesia del mismo nombre cuya fotografía adjunto;  el situado entre Mañueta, Curia y Navarrería, y los de Recoletas, no se si me dejo alguno, al menos de mi zona, pues seguro que en el Ensanche había muchos más que yo no frecuentaba. Posteriormente   en los años siguientes (años  70)  proliferaron muchos más, construidos ya en metal, con una base más estrecha que se iba ampliando hacia su zona acristalada. De estos recuerdo los de Plaza del Castillo, Plaza de Toros, Paseo de Sarasate, San Ignacio (había dos), San Francisco, Merindades, Antoniutti, ¿Príncipe de Viana?, etc).  También se instalaron en los barrios (Avenida de Zaragoza, etc) y como he dicho  junto a los productos mencionados (chucherías…) empezaron a introducir con profusión  revistas y prensa. Hoy apenas queda alguno abierto, tal vez el de San Ignacio de José Antonio Berdonces.

Mantienen, sin embargo su poder de atracción los viejos puestos de castañas asadas, tan asociados a los fríos días de invierno. Yo recuerdo desde hace muchos años sobre todo los de Comedias, Plaza de San Nicolás y Estafeta si bien el número de puestos concedidos por el consistorio ha superado, en ocasiones, la decena  (San Francisco, Merindades, Plaza de la Cruz, Antoniutti, San Saturnino, San Ignacio, etc). Los citaré por orden cronológico, de mayor a menor antigüedad los más conocidos. El puesto más antiguo lo ostenta Andoni Martínez, situado al final de la calle Comedias. Su locomotora humea en el lugar desde 1925. La puso en marcha su abuelo y en 1962 cogió el relevo su padre, Miguel Martínez, que estuvo con el puesto en Comedias durante 50 años hasta el año 2012. Andoni lleva solo cinco años en este lugar si bien atesora 20 años de experiencia con otra locomotora en la Taconera. Trabaja solo el fin de semana. Josemi López García lleva desde 1980 en el final de la Estafeta y durante un tiempo compaginó este trabajo otoñal con la venta de barquillos el resto del año  en el paseo de Sarasate. Hace mucho tiempo, en los años 50-60 en el lugar estuvo el Sr. Amado y su señora Paca, me comenta Antonio Ibañez Basterrica, la fotografía que se adjunta a la derecha es del año 1962. Miguel Martínez Chocarro ocupa desde 1991 su esquina de Merindades y parece claro que este oficio, como los anteriores, tiene cierta tradición familiar: su abuelo, su hermano y  su padre, trabajaron o trabajan en  este  sector. Joseba Echarri lleva desde 1992 en la esquina de San Ignacio con Cortes de Navarra, junto a la iglesia de San Ignacio. Joseba cuenta, además, cuentos  a los niños relacionados con el medio ambiente.  Mikel, el castañero, estuvo en la plaza de San Nicolás. En el siguiente párrafo hay una foto extraída de un calendario promocional suyo de 1999.  Desde 2003 Txumari Borda coloca su puesto en Conde Oliveto el último en llegar, pues lleva solo cinco años es Harold Nuin Gurbindo en la esquina de Mercaderes con Chapitela aunque atesora 33 años de oficio.

Termino este recorrido por esos viejos oficios que tenían mucho de ambulantes con las “olorosas” churrerías. De hecho aunque no sean los casos que nos ocupan en esta revisión, pues todas eran churrerías fijas, ¿quien no se acuerda de esas churrerías barraqueras de Sanfermines o de las fiestas de los barrios con ese entrañable olor a fritanga?. Y es que como decía el industrial local y procurador Lucio Arrieta el churro fue en Pamplona durante muchos años  “el pastel del pobre”. A comienzos del siglo había en Pamplona tres churrerías fijas:  la centenaria churrería de la Mañueta de los Fernández, de la que hablaré con amplitud en el siguiente párrafo, otra en la calle Eslava, a nombre de Inés García,  y una tercera, al final de la calle Zapatería, en el nº 60, cuyo titular era la Vda. de Aguilar. Posteriormente en 1924 se instaló una nueva churrería en San Gregorio, de corta vida, y también hubo otra en Jarauta, 10, la Churrería “San Fermín” de Bernarda Abaurrea,  que tuvo una fugaz existencia. En los años 30 se instaló otra churrería en el nº 80 de la calle  Eslava, “La Estrella” dirigida por  José Roa. A finales de los 40  se abrieron nuevas churrerías: en San Gregorio, por Victorino Ganuza, el del Bar Ganuza, y en la calle Compañía   por Angel Velloso y Julio Suescun, mientras Elías  Fernández Olague sumaba a la veterana churrería de la Mañueta otras dos, la del puesto del Mercado que regentaba su esposa y otra en el nº 7 de la calle Amaya. Los Fernández Jimenez tenían, por su parte, sendas churrerías en el nº 3 de Mañueta y 53 de la Estafeta. Jose Roa continuaba con su churrería de Eslava, que regentaría luego su hija Aurora. En Paulino Caballero encontrábamos la churrería de Julio Esparza.

El 13 de diciembre de 1872, Juan Fernández Calero, natural de Cientruénigo abría la churrería en el nº 13 de la calle Curia. En 1890 la churrería se trasladaba al nº 8 de la calle Mañueta. Célebres fueron sus gigantes, que hizo en colaboración con Pedro Trinidad y que desfilaron por las calles de la vieja ciudad de la Navarrería en contadas y celebradas ocasiones, en 1905,  en las fiestas de San Fermín Chiquito y en otras extraordinarias circunstancias y de las que hablé extensamente en el nº de septiembre de 2018 de la revista “Conocer Navarra”. El habilidoso Elías hizo otras curiosas construcciones para fiestas y carnavales como  un barco en tierra firmen o un paraguas gigante que apenas podía pasar por la calle San Miguel. A Juan le siguió en el oficio, desde joven, su hijo Elías Fernández junto a su mujer Faustina Martínez. Inicialmente la churrería funcionaba condicionada por el horario del Mercado. Abrían también domingos y festivos. Y participaban en el Real de La Feria, instalada en aquel entonces, cerca de Padre Moret, en la parte trasera del actual Gobierno Militar, donde estuvo el Estadio General Mola. Allí  trasladaban sus bártulos y demás parafernalia churrera,   con 40 empleados, utilizando más de 10.000 kilos de harina y 5.000 de litros de aceite para hacer unos 180 kilómetros  de churros cada sanfermin. La posguerra afectó duramente a la churrería, por la escasez de materias primas y el racionamiento. Durante 6 o 7 años sólo se podían hacer churros los días que había encierros. Poco después les dieron permiso para trabajar los domingos y, más tarde, los sábados. Doña Faustina llevaba también el puesto de churros del Mercado. En 1953 se retira Elías Fernández, después de casi 60 años en el oficio continuando su mujer  Faustina con el negocio. Elías   fallece  en agosto de 1960. En los año 40  abrieron una churrería en el nº 7 de la calle Amaya, en las casas baratas de Andrés Gorricho,  que cerraron  en 1963. En 1972 conmemoraron el centenario con multitud de actos festivos y la salida de sus gigantes  que no lo habían hecho desde 1948. En 1936 la docena de churros costaba 40 céntimos, en 1972, 12 pesetas. En 1969-70 dejaron de trabajar los días laborables pues ya no era rentable, abriendo a finales de los 80  tan solo 15 o 16 días : en San Fermín y  unos pocos días al año, antes de las fiestas de julio y los domingos de octubre. En 1986 moría doña Faustina, quedando al mando del negocio su hija Paulina Fernández y su marido Josetxo Elizalde, la tercera generación que colabora actualmente con la cuarta generación en esos escasos días  en que abren para su  público. La docena de churros costaba en 1986, 180 pesetas, once años más tarde, en 1997, costaban 550.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Foto del barquillero José María Martínez, sin filiar y sin datar. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 2: Plaza del Castillo. Años 50¿?. Foto Galle. Archivo José Castells Archanco, Nº 3: Calle Barquilleros. Años 30,  Leoncio Urabayen (1952). Biografía de Pamplona, fig. 86. http://fotografiasurabayen.unavarra.es/ Universidad Pública de Navarra. Biblioteca. Fondo Leoncio Urabayen. Licencia CC BY-NC-ND 4.0.  Nº 4: Casa de los barquilleros. 2006. http://ketari.nirudia.com (licencia CC BY-SA) , Nº 5:  Barquillero. Sin datar, Foto José Castells Archanco, Nº 7 y Nº 8: Archivo Heladería Nalia, Nº 9: Calle Chapitela. Años 20. Archivo Municipal de Pamplona, Nº 10. Dulces Eliseo enla Avenida Guipúzcoa. Años 90. Foto Alberto Crespo. Revista Ezkaba, Nº 11. Motocarro de Eliseo. Foto Calleja y Lafuente, Sin datar. Nº 12: Eliseo en el centro de Pamplona con su bicicarro de helado. Sin datar ni filiar, Nº 13: Juan Mas con su carro de “El Buen gusto”. Años 20, en el Bosquecillo. Nº 14: Kiosko de San Saturnino. Archivo José Castells Archanco, Nº 15: castañera de la Estafeta. 1962. Archivo Antonio Ibañez Basterika, Nº 16: Foto del castañero Miguel Martínez  https://turismonavarra.wordpress.com/2014/11/01/castanas-asadas-y-los-castaneros/, Nº 18: Miguel Martínez Chocarro  con su locomotora en la plaza de Merindades. https://cuatrogatosfcom.wordpress.com/tag/castanero/ Nº 19: Churrería de la Mañueta. Sin datar ni filiar. Probablemente años 50 y de José Galle, Nº 20: Josetxo Elizalde, marido de Paulina en la churrera con sus nietos Elas y Ohiana en 1983. Foto Mena. Archivo Diario de Navarra

La Iglesia de Santiago de la Chantrea (1969)

En este blog me había referido únicamente de forma monográfica a una iglesia extramuros, la iglesia de El Salvador, en mi barrio. En esta ocasión me referiré a una iglesia de la que, de niño, yendo a casa de mis tíos paternos siempre me sorprendía su extraña geometría tan vanguardista (como una gran tienda de campaña trapezoidal), años más tarde la vería a menudo todos los días cuando estudiaba el bachillerato en el cercano instituto Irubide, construido un tiempo después de la iglesia. Me estoy refiriendo a la Iglesia de Santiago de la Chantrea. La iglesia había sido proyectada en 1966 por Javier Guibert, -tras su separación profesional de Fernando Redón con quien había compartido años atrás la firma de muchas obras destacables en la ciudad-, y fue inaugurada en 1969. Colaboró en el cálculo de estructuras del edificio el ingeniero Javier Manterola. Con un coste de 11 millones de las antiguas pesetas la obra sufrió algunos parones, contribuyendo muchos parroquianos con sus aportaciones que iban desde las 25 a las 400 pesetas. Cuando se inauguró el templo, a finales de los años 60, la zona contaba con 4.000 feligreses de los que el 22 por ciento eran niños menores de siete años. Inicialmente junto al centro se iba a levantar un monumento al Sagrado Corazón promovido por los Jesuitas, aunque finalmente esta obra  no se llegó a realizar. En dicha parroquia  nació la Coral de Santiago que actuó por primera vez en 1977 durante la procesión de San Fermín. Rescato algunos datos sobre esta iglesia de la revista “Informes de la Construcción” de la que he tomado prestadas algunas fotografías, las que aparecen junto a siguiente párrafo y trás el  final del artículo, las tres primeras son de la construcción.

La impresionante cubierta de la iglesia se apoya en cuatro pórticos metálicos, (uno es plano y los otros tres no), y sobre cuatro muros de hormigón armado, (dos son verticales y los otros dos inclinados). La luz que atraviesan los amplios ventanales se dirige o concentra en el altar donde hay un sagrario de bloques de madera poligonales, sencillos, presididos por una única imagen del Cristo Crucificado. Se buscaba que la liturgia se celebrase ante una asamblea de fieles próximos al  altar sin obstáculos de por medio, por lo que se dio mucha importancia al altar y al presbiterio. La estructura es mixta, de hormigón armado en muros y contrafuertes y metálica en pórticos atirantados y en techos; cubierta a base de aluminio anodizado; techo de placas de hormigón blanco aligerado; cerramientos modulados con tubos metálicos, hormigón y doble vidrio; madera de Elondo en carpinterías y confesionarios y pavimento de terrazo blanco. Y concluye el informe: “Toda una serie de aciertos constructivos, formales y técnicos —iluminación artificial y natural, disposición del coro, configuración y situación del baptisterio y de los confesionarios, condiciones acústicas, etc.,— hacen de esta iglesia un edificio notable y un verdadero logro arquitectónico, en el que se aúnan la sencillez, el funcionalismo, el  simbolismo, el alarde estructural y el respeto a las normas litúrgicas vigentes.

     

Fuente y fotografías: Informes de la Construcción Vol. 23, nº 229. Abril de 1971. CSIC.  Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc)

Pamplona en la 2ª mitad del siglo XIX (1863-1893)

En vísperas de abrir una nueva sección con todo tipo de artículos  en el blog (comercios, prensa, política, etc) en los que se disertará sobre la Pamplona de la segunda mitad del siglo XIX, inauguró con esta entrada un tanto general la citada sección dando unas pinceladas de la ciudad que podíamos encontrar nada menos que un siglo y medio atrás. Me baso para ello en la prensa local de la época, la guía de la ciudad de 1863 de Pedro de Alejandría, algunas notas escritas por Modesto Utray en 1936 que recogió J.J Arazuri en su publicación de 1962, “Pamplona hace 90 años” y las guías comerciales que he encontrado en la Biblioteca Nacional de 1879 a 1888. Abro la entrada con una foto panorámica general de la parte sur de la Plaza del Castillo, realizada a partir de tres placas expuestas el mismo día y con la misma máquina fotográfica, probablemente del año 1862 o 63, fecha en que doy comienzo a este breve repaso de la Pamplona de la segunda mitad del siglo XIX, una Pamplona que comenzó este período todavía sin luz eléctrica (llegaría a la ciudad en 1888), con coches de caballos por las calles, con una población hacinada dentro de las murallas, con graves problemas de higiene y  de pobreza.

Una Pamplona, que había vivido de cerca, a lo largo del siglo, dos guerras y que viviría, en este período, una tercera  entre los ejércitos carlistas y liberales. Una guerra que, bajo la disputa del trono, representaba, en realidad, el choque de unas  ideologías  absolutamente opuestas  en la época: el liberalismo reinante y el carlismo, un carlismo  que bajo el lema “Dios, Patria, Rey” defendía una monarquía con un marcado carácter absolutista, un catolicismo conservador  y un pretendido foralismo. Y digo pretendido porque sería simplista identificar el carlismo y la defensa de los fueros a pesar de que evidentemente el carlismo instrumentalizó la defensa de los fueros en nuestra tierra. De ello, del carlismo, de las corrientes foralistas y del surgimiento del nacionalismo vasco en Navarra, precisamente en estas fechas, hablaré, con amplitud,  en otra entrada del blog.

En 1863 era gobernador civil de la provincia el Vizconde del Cerro. Tenía su sede el Gobierno Civil en el nº 12 de la calle Taconera, donde encontramos ahora el Rincón de la Aduana, con una segunda  puerta accesible desde el nº 15 de la calle San Francisco, frente a la que después sería la Estación del Irati en Taconera. Presidía el Gobernador el llamado Consejo Provincial y los Comités de Estadística, Fomento, Instrucción Pública y Comisaría y Celaduría de Vigilancia Pública, también la Junta de Gobierno de la Beneficiencia Provincial que incluía el Hospital y la Casa Inclusa y Maternidad, el primero situado en el edificio del actual Museo de Navarra y las segundas en la calle del Carmen. En el Gobierno Civil se encontraba la Aduana y la Administración y Tesorería de la Hacienda Pública así como la administración de propiedades y derechos del Estado. En el Gobierno Civil se encargaban, pues, del cobro de algunas tasas e impuestos, aduanas, contribuciones, pasaportes y un largo etcétera entre las que cabe recordar los sellos de franqueo y recibo y los pagos para la redención del servicio militar.  Y es que en aquel entonces las clases más pudientes pagaban a personas de extracción más humilde para que sus hijos no fueran al servicio militar. Acompañan a este párrafo una foto  del final de la calle de Merced, con la muralla de Tejería al fondo, algunos años antes de su derribo (la foto es de la primera década del siglo XX) y otra foto de la calle de la Taconera, al fondo el hoy llamado Rincón de la Aduana, donde estaba la Aduana, las traseras del Palacio de Armendariz y el Palacio de Vesolla antes de su restauración. Esta foto es de 1894-96.

La Audiencia Territorial de Pamplona estaba situada en la plaza del Consejo y junto a ella, en el nº 41 de la calle Tecenderías se encontraba  la cárcel provincial, antes de su traslado a San Juan. En una de las dependencias de la cárcel estaba instalada la Prevención, depósito municipal o perrera. Cuando se trasladó la cárcel a San Juan en el año 1907, la prevención o perrera se trasladó a la plaza de Santa Ana y en 1923 a la calle Aralar. La Audiencia se trasladó en 1898 al extremo noroeste del Paseo de Valencia. Y la Casa de Correos la encontrábamos en la plaza de la Constitución. El Almudí o mercado de granos estaba situado en la plaza San Francisco, la Alhóndiga o Descargue,  donde se descargaban todos los  líquidos que llegaban a Pamplona, en la calle San Ignacio nº 4, donde en 1885 se instalaría el Banco de España, el pósito de granos y los hornos del Vinculo en el Paseo de Valencia, el peso municipal en la Casa Consistorial, el Mercado de cerdos en el nº 39 de Pellejerías, las carnes, pescados, verduras, leche, volatería y huevos en la plaza de Carnicerías y los frutos secos y del tiempo en la plaza de la Fruta, donde también estaba el Consistorio, actual plaza del Ayuntamiento, (en 1866 el Ayuntamiento acordó cambiar el nombre de plaza de la Fruta por el de plaza Consistorial), el matadero de cerdos en el nº 44 de Santo Andía. Las ferias de ganado caballar y vacuno se celebraban extramuros de la puerta de san Nicolás y la Casa de Baños se encontraba en el nº 28 del Paseo de  Valencia.  La foto de la derecha de la  plaza de la Fruta es anterior a 1864. La de la izquierda, bastante desconocida, está tomada desde el comienzo de la calle San Francisco y en ella vemos el viejo caserón de la cárcel, y lo que entonces era la plaza de San Francisco. Al fondo se divisa una casa de la calle Nueva.

La Diputación Foral estaba, como ahora, en la entonces calle de San Ignacio, siendo secretario de ella, D. José Yanguas y Miranda,   la capitanía y comandancia general de la Plaza en la calle, -hoy Cuesta-,  del Palacio, siendo capitán general en 1863 D. Antonio Mª Blanco y comandante general D. Francisco Ortigosa. La primera foto que acompaña a este párrafo es una foto de un cuadro de Petit de Meurville, cortesía de José Luis Los Arcos,  que representa la calle de San Ignacio en las tempranas fechas de 1847-1855. En la Ciudadela se encontraban los cuerpos de Ingenieros y Artillería, con su correspondiente dotación de Infantería, y las oficinas de Intendencia Militar las hallábamos en el nº 61 de la calle de Estafeta. Había además de las dotaciones de la Ciudadela dos cuarteles militares más en la ciudad: el de Caballería en la calle San Ignacio, junto a la puerta de San Nicolás, y el de Infantería en la calle de la Merced. Los carabineros tenían su sede en la calle Salsipuedes, junto a la plazuela de San José, y el de la Guardia Civil en el nº 88 de la calle Mayor. Había por último un cuartel provincial o reserva en el antiguo convento de Carmen junto al portal de Francia, donde se acumulaba la paja y cebada para la caballería del ejército. La foto de Roldán y Mena de la derecha,  que muestra el enorme edificio del convento de Carmen Calzado a la derecha de la silueta de la Catedral,  data de 1880.  Y el Hospital Militar, por último, algunos todavía recordamos sus últimos días,  estaba en la calle de Santo Domingo. Ocupaba por aquel entonces  el Obispado el ilustrísimo señor D. Pedro Cirilo Uriz y Labairu y las oficinas de clero se localizaban en las calles Navarrería, (nº 37) y Dormitalería (5 y 46). Cuatro eran las parroquias en las que se dividía la ciudad: San Saturnino, San Nicolás, San Juan Bautista y San Lorenzo. Había otras iglesias como las de San Agustín, Santo Domingo, la del Hospital Provincial, las Beatas de la enseñanza pública de niñas, las Recoletas, Descalzas, Maternidad y capillas como las de San Fermín de Aldapa, Monasterio de San Pedro, y las más pequeñas de San Martín, Santa Ana, Virgen de la O, San Ignacio y Misericordia.

Seis eran las puertas de salida de la ciudad: la de San Nicolás a la cual se llegaba desde la calle San Ignacio y desde la cual partían dos carreteras: una conducía a Francia y la otra a Zaragoza, pasando antes por Tafalla, Olite y Tudela; la de Taconera, cuya carretera llevaba a Logroño, pasando antes por Estella y Viana y a la cual se llegaba desde la calle Mayor atravesando el Bosquecillo de la Taconera; la Puerta o Portal Nuevo que conducía a la carretera a Vitoria y San Sebastián, a un kilómetro de su salida así como a la estación del tren inaugurada tres años antes y al barrio extramural de la Rochapea; la de Rochapea conducía al barrio o arrabal del mismo nombre, donde se encontraba el rastro de Carnicerías, la fábrica de harinas del señor Alzugaray, la fábrica de Gas, que producía gas y que era conducido por un sistema de tuberías a la ciudad y era utilizado para el alumbrado e imaginamos que para uso culinario, la fábrica vendía además alquitrán, carbón de cok y agua amoniacal obtenidos como residuos de la destilación del carbón de hulla.  Adjunto a este párrafo dos fotografías, una de 1895, de la parte interior del Portal de San Nicolás, obra de Mauro Ibañez y la otra del Portal de la Rochapea de José Ayala, de comienzos del siglo XX.

En la Rochapea había fábricas para el blanqueo de la cera, lavado de lanas, fábricas de curtidos, velas, cerveza, almidón y fideos, fundición de hierro, huertas, posadas, estancos y tabernas; la puerta o Portal de Francia conducía al barrio de la Magdalena, y la zona de Aranzadi, -alrededor del meandro se encontraba el convento de monjas de San Pedro, un tejar, una fábrica de fósforos, tejidos de lino y depósito de leña-,  y por último la Puerta de de Tejería, cerca de la cual se encontraban la fábrica de fundición y maquinaria  de Pinaqui y Sarvy así como fábricas de curtidos y azulejos. Las puertas eran cerradas al anochecer, previo aviso de tres toques de corneta y se levantaban los puentes levadizos. En 1876 los portales de San Nicolás y de Taconera quedaban abiertas una hora más durante los días de faena de la trilla y durante las fiestas de Villava y Huarte. De noche solo quedaba abierto el de Rochapea pero el 15 de diciembre de ese año se ordenó dejar abierto el Portal Nuevo en vez del de Rochapea. En cada puerta había un cuerpo de guardia y de noche, en cada hora, el jefe de guardia gritaba desde el retén “centinela, alerta…” que era respondido  por los demás centinelas hasta llegar al último que gritaba, “alerta está…”. Las fotos que adjunto a este párrafo son la 1ª de Julio Altadill de 1895 y muestra la Rochapea más cercana al puente de Curtidores, además de muchísimos detalles interesantes:  de izquierda a derecha, el baluarte de Gonzaga, la Cuesta de la Reina, el puente de Curtidores, la plaza del Arriasko, las lavanderas y al fondo la chimenea de la antigua fábrica de gas y la 2ª de 1890 del puente de Cuatro Vientos con la casa de Domingo Chiqui y la Estación del Norte al fondo.

Entre las calles que había entonces y que hoy no existen, al menos en su actual configuración y/o nombre, estaban las de Bolserías, (actual San Saturnino), Bajada de Carnicerías, hoy correspondería a la bajada junto a la plaza de los Burgos, la de Pellejerías,  (hoy Jarauta) y Tecenderías,  (actual Ansoleaga). La plaza del Castillo era la plaza de la Constitución y como he dicho antes,  la Consistorial, plaza de la Fruta y el Paseo de Sarasate, el Paseo de Valencia. Había cuatro belenas: en San Antón, Mayor, Pellejería y Descalzos; seis fuentes públicas: la de la Abundancia con la estatua de la Mariblanca en la plaza de la Constitución, la de Neptuno Niño en la plaza del Consejo, la de Santo Domingo en la calle del mismo nombre, la de Santa Cecilia en la confluencia de de Mercaderes, con Curia, Navarrería y Mañueta, la de San Lorenzo junto a la parroquia del mismo nombre y la del León junto a los jardines de la Taconera. Dichas fuentes se surtían del depósito existente cerca del Portal de San Nicolás y junto a la basílica de San Ignacio, procedentes de Subiza que llegaban a Pamplona a través del Acueducto de Noain. Abrevaderos públicos los había en la calle Santo Domingo, junto al portal de Tejería, en Santo Andía y Taconera junto a la mencionada fuente del León. En las calles, adoquinadas las principales,  durante la noche,  los serenos las recorrían una y otra vez  anunciando a viva voz la hora y el estado del tiempo: Las cuatro y lloviendo!. Por debajo de ellas había un alcantarillado del siglo anterior, la famosa mineta, en el que se recibían las aguas sucias de los vertederos de las casas y urinarios con los sumideros que tenían de trecho en trecho para recibir las pluviales y el sobrante de las fuentes y bocas de riego.

Entre las zonas de esparcimiento podríamos señalar el Teatro Principal, teatro municipal situado en la plaza de la Constitución, inaugurado en 1841 sobre uno de los solares del antiguo convento de las Carmelitas Descalzas, convertido en Teatro Gayarre en 1903. Sobre el telón aparecían los retratos de Tirso, Lope y Calderón y  del techo colgaba una enorme y elegante araña de luz de gas, hasta que que llegó el alumbrado eléctrico, disponía de butacas de color rojo, unos soberbios palcos principales, con palcos segundos y gradas o anfiteatros sin olvidarnos  del económico gallinero. Detrás de él,  en la calle Espoz y Mina, y también de propiedad municipal estaba la vieja  plaza de Toros, el Juego Nuevo de Pelota lo encontrábamos en el nº 12 de la calle San Ignacio, el trinquete de la calle San Agustín,  y otros frontones en la calle de la Pellejería. La Taconera y el Paseo de Sarasate se constituían en agradables zonas de paseo especialmente cuando el tiempo meteorológico era benevolente, que dado el clima de Pamplona no era muy frecuente. A finales de siglo podemos destacar la aparición de un circo-teatro en el nº 67 de la calle Estafeta donde más tarde se instalaría la central de la Sociedad Electra de Pamplona. Después el circo-teatro se hizo temporal y un tanto ambulante, instalándose durante los sanfermines, primero en una carpa en los glacis de la Ciudadela, cerca de donde hoy está el Parlamento de Navarra,  luego, en 1891, se trasladó  frente a la antigua plaza de toros,  en un barracón de madera. El teatro Circo Labarta, que vemos en la fotografía de la derecha,  fue arrendado más tarde por el empresario Belloch que organizó los primeros espectáculos de cine. En 1915 se quemó por completo desapareciendo.

La Junta de Beneficiencia Provincial que presidía el Gobernador tenía en la vicepresidencia al Obispo de la diócesis y a canónigos, diputados y consejeros provinciales, doctores y propietarios como integrantes. Al margen de los médicos, curas, nodrizas  servían en los centros dependientes de la Junta, -el Hospital y la Maternidad-,  las Hijas de la Caridad. Dependía de la Beneficiencia Municipal la Casa de Misericordia. Otras sociedades benéficas eran la Sociedad de San Vicente de Paul que celebraban sus juntas en San Fermín de Aldapa, capilla de Nuestra Señora del Camino y Basílica de San Ignacio y la de la Santa Familia formada por señoras caritativas y piadosas que acogían provisionalmente a las sirvientas que no tenían casa donde servir. La población, en general, vivía miserablemente y lo hacía, en muchos casos,  en pisos en alforja, con estancias a ambos lados del descansillo de la escalera, el retrete en el patio exterior y muchas habitaciones ciegas, poco iluminadas, con bombillas de filamento de carbón, frías habitaciones que se calentaban con braseros. El nivel de vida no mejoró un poco hasta pasada la primera guerra mundial, momento en que se produjo un ligero aumento de salarios. La construcción del Segundo Ensanche contribuiría de forma notable a reducir el hacinamiento de la población que vivía entre murallas, generando además un  aumento del empleo en la ciudad y en consecuencia  contribuyendo a elevar algo el nivel de vida de sus habitantes. En 1887 se había presentado el proyecto de ampliación del primer Ensanche  iniciándose el derribo de dos baluartes (el de la Victoria y el de San Antón)  y  la urbanización entre 1888 y 1889.

Había cocinas gratuitas en las parroquias de San Lorenzo en la que se daba de comer diariamente a más de 600 personas. Estaban en la última casa de la calle Mayor, esquina con Recoletas,  y en la parroquia de San Juan Bautista (esta última desde comienzo del siglo). La Meca daba también de comer por un real y  las parroquias de San Nicolás, San Saturnino y San Agustín repartían bonos de carbón, leña, alubias y pan. No había, en aquel momento, ningún tipo de protección social. Si te quedabas sin trabajo o padecías una larga enfermedad el recurso más socorrido al que se veía abocada la gente era la mendicidad. Ante las condiciones de higiene y hacinamiento   abundaban los parásitos en las casas y entre la población. La primera foto, de 1873, de Mauro Ibañez, muestra el lado oeste de la plaza con detalle de los establecimientos que allí estaban asentados. La segunda foto, de 1883-84, perteneciente al Archivo Municipal, muestra a una joven con una herrada en la fuente de la Beneficiencia de la plaza del Castillo

Entre las farmacias existentes en aquellos años en la ciudad tenemos la de Javier Blasco en el nº 22 de la calle Zapatería (donde luego se instaló Aguinaga), la de Teodoro Inda en el nº 18 de Estafeta, la de Fernando Borra, en el nº 2 de Nueva,  (actual farmacia Maeztu), Manuel Esparza (Zapatería, 35), Viuda de Jadraque (Bolserías, 18) y Viuda de Landa, en Chapitela, 15. Cuatro eran las sociedades de recreo existentes, las cuatro en la plaza de la Constitución, el “Casino” encima del café de Matossi (Constitución, 37), el “Nuevo Casino” encima del Lardeli (Constitución, 37 y Espoz y Mina, situado este en la esquina de frente al Bar Txoko actual), “La Constancia” encima del Español (Constitución, 43), donde se abrió después “La Marina” y el “Kutz”, y “Los Amigos” en el nº 11 de la plaza. No existía en aquel entonces el Pasadizo de la Jacoba. Los porches del “Café Español”  eran parecidos a los  que existen ahora  cerca de la antigua paraguería de Archanco (hoy cafetería “Delcastillo”), entonces no se había construido la Casa Garbalena y la del Iruña. Aunque se consignaban las sociedades en los cafés mencionados, sus salones eran independientes con sus porterías y dotación de sirvientes. Los cafés públicos de la plaza que existían, al margen de los mencionados Matossi, Lardeli (fundado en 1843) y “El Español” eran “El Larequi” en el nº 16 de Espoz y Mina, “El Amistad” en el nº 5 de la misma calle, “El Macías” en Estafeta, 45, “El Urrutia” en Estafeta, 49, “El Almudí” en Nueva, 69 y “La Aduana” en Taconera, 18. De estos cafés y casinos dimos cumplida  cuenta tanto Arazuri en “Historia, fotos y joyas de Pamplona” como yo en las entradas de este blog que dediqué a “los bares y tabernas de antaño”. En la foto de la derecha de José Ayala, de la primera década del siglo XX,  vemos a unos chicos de clase acomodada jugando al diávolo en la plaza del Castillo.

Entre los periódicos de Madrid que se vendían en Pamplona estaban “La Igualdad”, “La Correspondencia de España” y el carlista “La Reconquista”. Entre los periódicos de Pamplona estaban “El Arga” de vida efímera, “El Eco de Pamplona” (llamado luego “El Eco de Navarra”), “El Lauburu y  “El Liberal Navarro”, entre otros. El Juzgado de Paz estaba situado en el nº 6 de la calle (sic) de Valencia. En la instrucción pública podíamos encontrar  tres  seminarios:  el conciliar situado en las calles Dormitalería y Merced donde se enseñaba Latín, Humanidades, Filosofía y Teología; el Episcopal situado en la calle Tejería y el Colegio de San Juan de la calle Santo Domingo. Las escuelas municipales  se encontraban en el antiguo convento de la calle San Francisco donde además también estaban las academias de música, dibujo y escuelas de párvulos. Había otra escuela de niños en la calle Calderería. Las niñas tenían su enseñanza en la calle Pellejerías a cargo del Beaterio. Todas ellas dependían del municipio.

Entre los oficios y tiendas  existentes en la ciudad, empezaré por los oficios y aquí si haré gala de cierta exhaustividad, estaban: los albañiles, alpargateros, cordeleros, armeros,  alfareros, albeitares-herradores,  basteros, bauleros, boteros de odres, caldereros y fundidores de metales, canteros, picapedreros, carpinteros, carreteros, cerrajeros, cedaceros, constructores de tamices y cribas para limpia de granos, comporteros-toneleros, cordoneros y pasamaneros, curtidores, diamantistas joyeros y plateros, estuquistas, constructores de cielos rasos a todo lujo, ebanistas tapiceros, empedradores, estereros, esquiladores, fuelleros, gaiteros, guarnicioneros que hacían y componían atalages o arreos o guarniciones para coches y caballos, grabadores, hormeros, charolistas y constructores de coches, chocolateros-cereros, impresores, litografos, fábricas de naipes, hojalateros, organeros, pasteleros-confiteros, peluqueros-barberos, pintores-doradores y de edificios, plateros, peloteros, rosquilleros y buñoleros, relojeros de bolsillo y salón, relojeros de torres, fotógrafo retratista, sastres, silleros-torneros, sombrereros, tintoreros-quitamanchas, tejedores de lienzos, vaciadores de instrumentos cortantes, zapateros, zapatilleros de orillos de paños. Las tiendas abrían de sol a sol, no se cerraba al mediodía.

Había alogerias que eran tiendas donde se vendían aloja (bebida de agua, miel y especias), almacenes de quincalla fina, porcelana y cristalería, bazares de ropas hechas a la medida,  fábricas de guantes, almacenes y tiendas de moda, camiserías, cordonerías, sederías y quincallas, perfumerías e instrumentos ópticos, droguerías, almacenes de curtidos y al pelo, tiendas de ropas hechas, tiendas de ropas  baratas, prenderías de ropas y muebles, almacenes de frutos coloniales, comercios de lanas en rama, comercios de hierro, jabón, aceite y bacalao, aceite y jamón al por mayor y menor, almacenes de géneros de tejidos por mayor, depósitos de lienzos e hilazas, comercios de paños, telas de seda, merinos y tapices,  comercios de telas de lienzo, algodón y lana, tienda de lienzos y mantelería, ferreterías, dentro de las cuales se incluían almacenes de herramientas de las artes y oficios,  almacenes de papeles blancos y pintados (de la fábrica de Villava), vasija de media porcelana de la fábrica de Yanci, fábrica de espejos y cuadros dorados, fábrica de cuadros para retratos en fotografía, cuadros y estampería, fábricas y tejidos de lino, fábricas y depósitos de harinas, fideos, almidón y otras pastas, depósito de cristales de la Louisiana, fábricas y almacenes de velas esteáricas y de sebo, depósito de aceite de linaza, depósito de sanguijuelas, compra de trapos y hierro viejo; panderos, pelotas, cucharas y vajilla ordinaria; fábrica de cajas de cartón, comercios de libros, encuadernaciones, etc; vasija ordinaria, linos en rama, cestas escobas y útiles de madera para la recolección de granos. En la foto de la derecha, un anuncio de las primitivas maquinillas de afeitar, la Safety-Razor que se vendía en la Ferretería de los hermanos Campión.

También había fábricas de rosarios y engarces de cadenillas de plata; efectos para la limpieza de equipos y armamentos militares; claveterías; armeros y constructores de cajas de escopeta y fusil; composturas de paraguas y abanicos; almacenes de camas de hierro, muebles de ebanistería, depósito de marmoles, cocinas económicas y azulejos; cal hidráulica, almacen de yeso, carbón de piedra, despachos de vino generosos, despachos de nieve, fabricantes de cervezas, casas de vacas de leche, panaderías, fondas y posadas públicas, casas de huéspedes, abacerías, especuladores y comerciantes en granos, casas de préstamo, tiendas de vinos, aguardientes y aceite al por menor, almacenes de cubas, toneles y comportas, fondas económicas de alimentos guisados, escuelas privadas, colegios o enseñanzas de niñas y señoritas, escuelas de dibujo, maestros de lengua francesa, costureras en blanco y colores, lavado de encajes, comadres, comisionistas, alquileres de coches y caballos (con paradas en la casa fonda de Pascual Marcelino, en la plaza de la Constitución y de la de Otermin en la calle de Valencia) donde se encontraban además los ómnibus a la estación. En la foto de la derecha, de José Ayala,  dos chicos pasean con sus bicicletas por entre los ómnibus del Despacho Central de la Plaza del Castillo.

Pero ¿qué pasaba entonces en la ciudad?. En 1873 había abdicado Amadeo de Saboya y se había proclamado la I República en España. Por acuerdo municipal la Plaza del Castillo pasaba a llamarse plaza de la República y comenzó a imponerse cierto laicismo, suprimiéndose la educación de las niñas en  algunos colegios religiosos como el de las Dominicas. Los carlistas hicieron un nuevo pronunciamiento militar el 21 de abril de 1872 que dió comienzo a la tercera carlista (1872-1876). Los carlistas tratarían de conquistar Bilbao y Pamplona iniciando sendos bloqueos a estas ciudades. El bloqueo a Pamplona se inició el 27 de agosto de 1874, el 14 de septiembre cortaban el suministro de agua de la ciudad procedente de Subiza y el bloqueo se mantuvo hasta el 3 de febrero de 1875. La ciudad se vió afectada por la necesidad, el hambre y la falta de salubridad, por las calles no se veía ni un gato ni ningún  otro animal doméstico, el asedio llegó  a afectar hasta los entierros. El industrial local Salvador Pinaqui ideó un sistema de subida de aguas a través de un sistema  instalado en su fábrica.  Este logro que contrarrestó el corte de las canalizaciones por parte de los carlistas  fue celebrado en la plaza del Castillo como se muestra en  la foto adjunta del 6 de noviembre de 1874, con los gigantes de Tadeo Amorena, con apenas 14 años de vida,  junto a la Fuente de la Beneficiencia. Pinaqui fue reconocida con la medalla de oro municipal.  La cima del San Cristobal fue tomada durante los primeros días del bloqueo. Cesó el bloqueo en febrero pero sin embargo  los carlistas bombardearon la ciudad  en mayo y noviembre de 1875 a cuyos bombardeos   respondían las baterías de los cañones instalados en el Redín, de la que vemos una pequeña muestra en la foto de Mauro Ibañez de 1873, con un cañón de gran alcance rodeado por soldados.  Al día siguiente de la salida de Carlos VII por Valcarlos, entraba por el portal de Taconera el Rey Alfonso XII, “el Pacificador de España” como reza el arco de triunfo  erigido en su honor en la calle Chapitela, en febrero de 1876,   que vemos en una foto del siguiente párrafo de Mauro Ibañez. Desde 1876 a 1893 las negociaciones entre la Diputación y el Estado a propósito de la autonomía tributaria de la comunidad serán muy duras, culminando en la famosa Gamazada (1893-94).

Al calor del fuerismo de la época, algunos vascófilos notables crearon en enero de 1878  la “Asociación Euskara de Navarra”. Inicialmente se definía como una asociación cultural y  apolítica,  centrada, sobre todo, en la preservación del euskera pero pronto desarrollará una marcada actuación política aunque   a través de algunos de sus más insignes representantes.  y de los periódicos “El Arga” y “Lauburu”. La primera Junta Directiva de la Asociación estuvo formada por el sacerdote don Esteban Obanos como presidente; Fermín Iñarra como secretario, (lo fueron también Arturo  Campión e Iturralde y Suit que fue a la sazón uno de sus principales impulsores), Florencio de Ansoleaga, Estanislao de Aranzadi que también fue presidente, el abogado Salvador Echaide y Ramón Irurozqui. Estuvieron convocados a la reunión de creación de la Asociación  otras  personas como Nicasio Landa,  Aniceto Lagarde, Juan José y Joaquín Herrán, el marqués de Guirior, Nicanor Espoz, Antero Irazoqui,  Hermilio de Olóriz, Serafín Olave, etc que mantuvieron  diferente grado de vinculación con la entidad a lo largo de sus existencia. Se reunían en el nº 19 de la calle Pozoblanco. En el plano social la ciudad presentaba grandes desigualdades y las condiciones en que vivían una buena parte de la población eran miserables. Las primeras reivindicaciones obreras en Pamplona datan de 1855. En 1858 se creó una Sociedad de Socorros Mutuos de Artesanos. Sin embargo, es, paradójicamente, la burguesía de la ciudad la que se adelantó a crear sociedades obreras confesionales, con el fin de que los trabajadores no se afiliasen a sindicatos revolucionarios. El caso más llamativo fue el del Centro Escolar Dominical Obrero, creado en 1881, y cuya alma mater fue don Eustaquio Olaso. Otro caso parecido de sindicato confesional fue “La Conciliación” de la que hablaré en otra entrada del blog. Las fotos que acompañan al párrafo son una bellísima estampa de la plaza del Castillo, con la Estatua de la Mariblanca presidiendo la plaza, la embocadura del Paseo Valencia al fondo, con el edicio del Descargue, donde hasta hace unos años se encontraba la sede del Banco de España.

En 1875 un incendio destruía la antigua plaza de Abastos o Mercado, abierta 11 años antes en el edificio del antiguo Pósito o Almudí, así como los locales del Orfeón que estaban en la segunda planta del edificio, el Monte de Piedad, la Caja de Ahorros Municipal (fundada en 1872) y unos antiguos graneros que se utilizaban como salones de baile. Entonces no existía la plaza de Santiago. Entre la fachada posterior del Ayuntamiento y la iglesia de Santo Domingo había una casas viejas, (por ahí estaba la taberna de la Cancha),  y frente a la iglesia existía una  fuente con abrevadero. Esta fuente, obra del maestro de obras municipal José Mª Villanueva, del año 1856,  puede verse  hoy en la calle Descalzos, adonde se trasladó en 1877. En su lugar  se colocó una fuente de hierro que posteriormente se llevaría  a la plaza de San José, donde permanece actualmente. Al parecer había también un tunel que atravesaba la Casa Consistorial, desde Santo Domingo al Mercado y que aun podemos ver, parcialmente, en la fotografía de la derecha y que es bastante posterior al período estudiado, probablemente  de los años 40. En este año, los vecinos de Bolserías y Santo Domingo solicitaron al Ayuntamiento construyese una escalera en el antiguo túnel de la Casa Consistorial para facilitar el acceso al Mercado. Frente a las escalerillas de Jadraque había un pasaje con diversas tiendas. La plazuela de Recoletas era el punto del mercado de carbón y leña, si bien depósitos de ambos productos había en Taconera, 16 y  de carbón y de leña en la Magdalena. También en 1875 hubo un incendio en el Café Suizo de la plaza del Castillo. Por cierto, la primera de las fotos que acompañan a este párrafo, de Julio Altadill, anterior a 1894 nos muestra la antigua fachada pétrea y amurallada de la iglesia de San Lorenzo. Además de en los sitios mencionados vendían al por menor carbón en varias casas del barrio de la Pellejería. El centro de comunicaciones telegráficas estaban situadas en el nº 18 de la calle Taconera. Las oficinas para sacar los billetes de la estación del tren en el nº 50 de la calle Zapatería. En 1878  comenzaron las obras de construcción del fuerte de San Cristobal que se prolongaron hasta 1910.

En 1879, Pamplona tenía 22.856 habitantes, si bien en su partido judicial, que englobaba otros 82 ayuntamientos, vivían más de 100.000 personas y Navarra contaba con casi 300.000 almas. Treinta años antes, en 1848, la ciudad tenía apenas 14.000 almas, apenas un pueblo grande, donde transitaban con frecuencia rebaños de cabras y ovejas. En este año, 1879,  el presidente de la Diputación Provincial era D. Luis Iñarra y el alcalde D. Francisco Asparren. Entre los casinos, además de “La Constancia”, estaban “El Casino de la Nueva Unión”, “El casino de Artesanos”, “El Casino Extranjero” y “El Liceo de Pamplona”. Entre los comerciantes más conocidos de la época ya figuraban como cereros chocolateros los siguientes: Pio y Tiburcio Guerendiain, Pedro Mayo, Pio Iraizoz, Pedro Nagore, José Ochoa, Ramón Pomares, Ramón Yarnoz,  Julian Ros; como comerciantes aparecían Julián Arbizu, Pedro Batllori, Antonio y José Ayestarán (curtidos y guarnicionería respectivamente), Agustín Azcarate,  los hermanos Jacinto y Rodrigo Campión Olave, los hermanos Olaso Salinas, Joaquín Ciga Sarasa (1859), Mariano Zufiaurre, Joaquín Got, Domingo Saez Mur, Gervasio Udobro Sanz, Ignacio Navasal, Blas Lipúzcoa, Hijos de Seminario, Eduardo Ferreira (primer titular de la Joyería Idoate), los impresores  y libreros Regino Bescansa, Joaquín Lorda y José Montorio, Román Velandia, Fortunato Istúriz, Conrado García,  José Labastida,   Martín Irigaray (ferretero), los pasteleros  Tomas Udobro y Sanz y de Estanislao de la Rosa, el tintorero Ramón Coyne, los relojeros José Arrillaga y los hermanos Onsalo, el sastre Antonio Cabases, Antonio Aznárez, Casa Unzu (1830), Casa Manterola (1810), el bodeguero Mateo Muniain, el cervecero Gaspar Merkel,  Carlos Maisonave, Fermín Elizburu  ya grababa metales en 1888 en el nº 18 de la calle Mayor, la fábrica de fideos y pastas de Marcelino Gayarre, el ultramarinos de  Aniceto Beloso, entre otros muchos, de los que daré cumplida cuenta en una entrada específica. Acompañan a este párrafo dos fotos del establecimiento de Castor Archanco de la plaza Consistorial, de primeros del siglo, la primera del exterior de la tienda con los géneros expuestos en el exterior, la segunda con los dueños del local, Don Castor Archanco y su esposa Doña Paz, el maca subido a la escalera, a la derecha de la foto los dependientes Francisco Pérez y Tomás Larramendi y  delante dos clientas posando sentadas.

En 1881, la ciudad contaba con 6.000 habitantes más, unos 28.000 habitantes. El presidente de la Diputación seguía siendo el mismo, D. Luis Iñarra pero el alcalde se llamaba  D. Esteban Galdeano que había sido director del Banco de Pamplona, fusionado con el de España en 1874. A este le seguiría D. José Javier Colmenares (1882), Joaquín García Echarri (1884), Miguel García Tuñón (1886), Joaquin García Echarri (1887) y José Obanos Isturiz (1888). En 1881 la familia de Pio Baroja vino a vivir a Pamplona.  Entre los cafés encontrábamos el “Centro Navarro” de  E. de San Román, “El Español” que regentó primero Justo Ibañez,  era además restaurante y luego Enrique Castilla,  y que posteriormente se convertiría en el “Café de La Marina” de Munigatti, Lardeli y compañía (y más tarde en el “Café Kutz”). Ibañez regentaría, además,  “El Colmado” también en la plaza del Castillo.  Otros cafés eran  “El Suizo” (de Matossi y compañía). Encima de éste  estuvo, durante un tiempo, como ya he dicho, el “Casino Principal” que luego se denominó “Nuevo Casino”, “El Café Nuevo” de Esteban San Román y  “El Siglo” de Juan José Azparren en Sarasate, entre otros. Entre los nuevos casinos, “El Circulo pamplonés”, el “Nuevo Casino”, el “Casino Eslava”, el “Veloz Club Pamplonés”  y el “Casino Militar”. Entre las fondas y también con cafe-restaurante, además de “El Colmado”, estaban “El Europa” en Paseo de Sarasate de Niceto Lafuente y Astrain, “La Perla” de la plaza del Castillo, fundada por Miguel Erro y Teresa Graz o “El Cisne” de Silvestre Ripalda (1884),  además de los establecimientos de Fermín Goicoechea  y de  Casildo Sotil (la antigua “Fonda Ciganda”). La primera de las fotos del párrafo es de 1873-74 y en ella , en la esquina de la plaza con Espoz y Mina,  se puede divisar el cartel del “Café Lardeli”. Tras él,  en ese lugar estuvieron algunos de los nombres citados: el “Nuevo Casino”, el “Circulo Militar”, el “Circulo Carlista”, “Correos y Telegrafos”, la tienda de fotografía de Emilio Pliego y de 1909 a 1972 el “Crédito Navarro”. La 2ª foto nos muestra la iglesia de San Nicolás en 1883, antes de comenzar las obras de remodelación que dieron lugar a los porches que conocemos. Las obras terminarían en 1902, si bien la puerta a Sarasate se inauguraría en 1891.

En este lado de la plaza (donde hoy está el “Café Iruña” y tras “El español”  estaban el  comercio textil del Sr. Verdaguer y las sastrerías de Saraldi y de Dimas Fernández (donde luego se puso la paraguería de Archanco). En las fotos que acompañan a este párrafo, de 1872 y 1875 respectivamente,  vemos el lado norte de la plaza del Castillo con ese antiguo sabor de entonces. De aquellos viejos edificios del siglo XIX  tan solo queda en pie hoy en día el más cercano a la calle Chapitela. La Casa Garbalena se construyó en 1882 y la del Iruña en 1884. El Iruña se inuaguró en 1888. Las fotos ilustrativas de este párrafo, como muchas de esta entrada, son de Mauro Ibañez. Entre las farmacias figuraban las de Ramón Aramburu, Agustín Blasco en Zapatería, 22, hasta que en 1888 se hace cargo de la farmacia Justo Aguinaga, Fernando Borra, Colmenares, Juan Manuel Cordoba, Rodrigo Erice, Manuel Esparza, Manuel Lizarraga, Manuel Mercader, Manuel Negrillos y Urrutia.  Entre los comerciantes que empezaban a descollar estaban Julián Pomares, Gabino Udobro y sus famosas coronillas de “Casa Gabino”, Esteban Rouzaut y su óptica (1864), o Odon Rouzaut y su camisería, Cecilio Oyarzun, Garicano y su conocida pastelería “La Perla”. Los fotógrafos más conocidos eran José Roldan y Emilio Pliego. entre las compañías de seguros “El Sol”, “La Catalana”, la compañía francesa “El Fénix”  o “La Unión y el Fénix Español”. En una próxima entrada les mostraré, siguiendo el mismo esquema que en esta  como era la Pamplona al filo del nuevo siglo,  o sea el Viejo Pamplona entre 1894 y 1905.

Fotos por orden de aparición: La descripción de las fotografías en el interior del texto. Nº 1. Autor desconocido. 1862-63. J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 2: 1911. Sin filiar. J. J. Arazuri. Pamplona, Belle epoque, Nº 3: 1893-94. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 4. J.J. Arazuri. Pamplona. belle epoque. Sin filiar y sin datar, Nº 5: anterior a 1864. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 6: 1847-1855. J.J Arazuri. Pamplona Antaño, Nº 7: Roldán y Mena. 1880. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 8: 1895-1898. Mauro Ibañez, J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 9: sin datar, probablemente 1900-1910. José Ayala.  Nº 10: 1895. Julio Altadill. J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 11. 1890. J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 12, Nº 13: 1933. Julio Cía. J.J Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 14, Nº 15: 1905. Sin filiar. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo,  Nº 16: 1873. Mauro Ibañez. J.J Arazuri. Pamplona Antaño, Nº 17: 1883-84. AMP. J.J Arazuri. Pamplona Antaño, Nº 18: 1895. Julio Altadill. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 19: 1908. José Ayala. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo, Nº 20: 1912. Sin filiar. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 21: Estación del Norte de Pamplona. 1867. José Martínez Sánchez. Fondo Ruiz Vernacci. Biblioteca Nacional de España (BNE). Nº 22: Sin filiar. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo, nº 23: Sin datar. José Ayala. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo, Nº 24: 1873. Mauro Ibañez, J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 25: 1874.J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 26: 1895-1900. Mauro Ibañez , J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 27: 1876. Mauro Ibañez  J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 28: Ant. a 1895. Julio Altadill, J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 29, Sin filiar y sin datar. Ant. 1950. Nº 30. Sin filiar y sin datar.  J.J. Arazuri. Pamplona. belle epoque , Nº 31: 1914. Sin filiar. J.J. Arazuri. Pamplona. belle epoque, Nº 32: 1873-74, sin filiar. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 33: 1883, J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 34: 1872. Mauro Ibañez, J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 35: 1875. J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona

Comercios del Viejo Pamplona: Udobro, en plena plaza Consistorial (1860-1980)

Inicio hoy una nueva serie sobre comercios individuales del Viejo Pamplona, serie con nombres e historias  de comercios rescatados de la memoria  de nuestras calles, de la memoria de nuestra ciudad y que será más o menos larga y  fructífera en función de la mayor o menor colaboración que vaya recibiendo de las personas vinculadas a dichos comercios.  Hoy empiezo por un establecimiento que estuvo situado en plena plaza consistorial. Se trata de Udobro. Hoy, para mi satisfacción, he podido conseguir dos  fotografías de Casa Udobro, gracias a la generosidad de las Hermanas Alforja,  dueñas de la popular óptica  Joaquín Alforja, ubicado en el mismo local donde anteriormente estuvo Udobro. ¡Gracias, amigas!. Antes de la instalación de  Joaquín Alforja en el nº 1 de la plaza del Ayuntamiento estuvo en ese lugar la mítica Mercería o Casa Udobro. Según José Castells Archanco la mercería Udobro fue fundada en 1860 por Gervasio Udobro Sanz y su mujer Angela Saez Mur. A raíz de la publicación inicial de esta entrada José Castells, nieto, a la sazón, de Angelita Udobro y Antonio Archanco, me ha ampliado algunos aspectos del artículo, matizando o corrigiendo algún dato y me ha facilitado nuevas informaciones y nuevas fotos, pertenecientes, estas,  a su archivo familiar. ¡Muchas gracias igualmente, José!.  En la foto de la izquierda del siguiente párrafo del año 1895 podemos ver a Gervasio Udobro con sus hijos y nietos en su finca de Aranzadi, una de sus nietas era precisamente la abuela de José Castells,  Angelita. En la foto, aparecen, además,  arriba, a la derecha, con bombín su hijo  Antonio y al lado su hijo Claudio. En  la segunda foto, en sepia, de la misma época aparece Gervasio en el centro y tras él Claudio.

Revisando las diversas guías comerciales que obran en mi poder desde más o menos esa fecha podemos reconstruir  con bastante exactitud el desarrollo del negocio hasta su cierre a finales de los años 70 del pasado siglo. La numeración del local ha ido variando a lo largo de los años, sin que cambiase el local pasando de plaza consistorial, 9 a plaza consistorial, 1 y  a Calceteros, 1, o incluso utilizando ambas direcciones como en la publicidad adjunta para volver finalmente a plaza consistorial, 1, que es la dirección que  mantiene actualmente el local. Tras el fundador, Gervasio Udobro, en torno a 1882 aparece durante algunos años como titular del negocio Domingo Saez Mur, que imagino, por el apellido, sería el hermano de su esposa,  si bien a partir de 1894 la razón social es la de Udobro e Hijo, con sedería y quincalla. No hay que olvidar que inicialmente el negocio, a pesar de ser el titular Gervasio,  lo llevaba  sobre todo su esposa  ya que él  se dedicó sobre todo  a las finanzas, según me comenta José Castells, fue consejero del Crédito Navarro y propietario de pisos y tierras, también tenía una fábrica de harinas en Cáseda y un salto eléctrico en Aibar, era uno de los prósperos hombres de negocios de finales de siglo, aunque en lo personal tuvo la desgracia de enviudar pronto. Posteriormente su hijo Claudio se hizo cargo de la harinera y la central eléctrica.  La razón social de la mercería en los principios del siglo era la de Hijos de Gervasio Udobro para en los años 10-20  estar regentada por Antonio Udobro, -casado con  Amalia Lusarreta, a quienes vemos en un retrato familiar en la última de las fotografías de la entrada-, y posteriormente a partir  de los años años 30-40 por Andrés Udobro Lusarreta que murió joven y a quien le siguió, en la tienda, hasta su cierre su viuda Margarita Sarobe.

Como he dicho, a lo largo de sus primeras décadas de vida la tienda vendía lo que, en aquellos años, se llamaba productos de quincalla (bisutería) y de mercería,  etc. Luego más adelante introdujo  también perfumes y género de punto. En la foto de la izquierda que abre esta entrada y que puede datarse en torno a los años 30, teniendo como titular a Andrés Udobro, que por las observaciones de José Castells podría ser el hombre que aparece en la fotografía,  vemos que el negocio se anuncia en los rótulos como mercería-perfumería paquetería y bajo la primera planta que, como hoy, estaba vinculada al local comercial se anunciaba la venta de “hules ingleses para camas, mesas y suelos”. Era un establecimiento bastante  más surtido que la típica mercería de la época pues si además de atender a los rótulos del local donde se hace alusión a los perfumes, atendemos  a esta curiosa  publicidad que he encontrado y digo curiosa porque llama poderosamente la atención de estar escrita además de en castellano en francés e inglés,  se informa  que vendía corbatas, medias, bolsos, guantes, paño para labores así como lanas del país y extranjeras. La segunda foto, es de los años 40, (seguramente de la segunda mitad de los años 40),  con la típica fachada amarmolada que proliferó en muchos locales comerciales en la época de la postguerra,  (a lo largo de los años 40 y 50),  y que se mantuvo hasta su cierre al filo de los años 80. En sus rótulos y escaparates anunciaba “Novedades” además de “Guantería”, “Mercería” y “Lanas”. Recordemos que Optica Joaquín Alforja se trasladó a este local en 1981, tras cerca de 30 años en la calle Zapatería.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 y 2º: fotografías de la fachada de la mercería Udobro cedidas por las Hermanas Alforja, la primera de ellas puede ser de los primeros años 30, la segunda de la primera mitad de los años 40, las fotografías nº 3, 5, y 6 pertenecen al archivo personal de José Castells Archanco.

Imagenes del ayer: Pamplona a vista de pájaro (1919-1932)

Traigo a esta sección de Imagenes del Ayer una serie de cuatro fotografías, la mayoría, salvo la primera, áereas, y extraídas de la exposición virtual “Postales y fotos de Pamplona” que ha presentado hace pocos días  la Universidad Pública de Navarra y que pueden consultarse en la web que aparece al final de la entrada. Las fotografías, pertenecientes al Fondo Documental de Leoncio Urabayen Guindo, donado a la UPNA está compuesto por 190  postales y originales  que  fueron utilizados, en una una buena parte, en su obra “Biografía de Pamplona” publicada en 1952. Las fotos de este fondo, proceden, a su vez, de diferentes fuentes originales y en  algunos casos, por lo que he podido comprobar necesitan de una  datación más ajustada, que, en la medida de lo posible, he procurado precisar a lo largo de esta entrada. La mayoría de las fotos que traigo a esta sección son, salvo la última, no demasiado conocidas.

La primera de las fotos que encabeza la entrada, está tomada desde el monte San Cristobal y está datada en torno a los años 1925-1930. En esta foto podemos observar, de izquierda derecha, la carretera a Ansoáin, la carretera a Artica, situada en mitad de la imagen,  con algunas de las vueltas y revueltas que ésta daba y sigue dando hasta la cima; a la derecha de la mencionada carretera el pueblo de Artica, situado en la parte inferior de la foto y  por último,  en el lado derecho de la instantánea, las dos cajas de vías de los ferrocarriles del Plazaola, cortada, ésta última,  por un paso a nivel de un camino que  llevaba también a Artica (y que hoy se encuentra bajo un puente de la variante norte) y el del Ferrocarril del Norte dando su familiar, al menos para mi, vuelta sobre uno de los Mogotes, donde hoy se asienta una parte de Buztintxuri y de Nuevo Artica. En la foto se hace bastante evidente, -les sugiero que cojan una lupa-,  la existencia de diferentes núcleos poblacionales dispersos en una Pamplona con poco más de 30.000 habitantes: en torno a Joaquín Beunza, en la zona de Cuatro Vientos, desde este cruce y  hasta el cruce de la carretera a Villava con la vía del Plazaola, y por otro desde Cuatro Vientos  hasta  la zona de la Estación del Norte y  a lo largo del primer tramo de la avenida de Guipúzcoa,  hasta el asilo de las Hermanitas de los Pobres. No había nada construido a lo largo de la carretera a Villava (actual Marcelo Celayeta) desde la zona de la Carbonilla y la vaquería de Larrayoz hasta la carretera a Ansoain. Desde este punto se podían divisar otras cuantas construcciones hasta la zona del Manicomio Provincial, más allá de las actuales Orvinas. Tras la Rochapea, la ciudad histórica  sobre el cerro o meseta y al fondo, tras de ella se adivinan algunas de las nuevas construcciones del Segundo Ensanche, que para 1929 ya había llegado hasta la actual avenida de la Baja Navarra. En la zona de Trinitarios se divisa una nave ubicada cerca del posterior, en el tiempo,  convento de las Oblatas, que yo recuerdo haber visto en pie hasta entrado este siglo.

La segunda de las fotos, esta aérea y obra de José Galle Gallego, capta la zona norte de la capital, la Rochapea Vieja y buena parte del Casco Antiguo, incluyendo la zona del Portal Nuevo, la Taconera y más allá de ellos el primer y parte del 2º Ensanche. Aparece datada entre 1920 y 1950, cierto, pero a tenor de los detalles que nos da la fotografía podríamos afinar mucho más. Creo que la foto debe ser de los años 1931 o 1932 y lo digo porque en la fotografía se observa muy claramente la ampliación del parque de la Taconera tras el relleno de los fosos del Baluarte de Gonzaga adelantándose  el Mirador de los Jardines  una veintena de metros hasta el borde de la muralla de la Cuesta La Reina, dando lugar a su configuración actual. Al nuevo mirador se le llamaba entonces Mirador de Vistabella. Por otro lado es visible el feo portal o pasarela de hierro que sustituyó al antiguo Portal Nuevo o de Santa Engracia en 1907 y que desaparecería con el actual portal de carácter historicista proyectado por Víctor Eusa  en 1950. Si observamos con atención se divisa igualmente la nueva torre de San Lorenzo, con su pináculo,   que sustituyó a la torre de apariencia pétrea existente hasta 1901 e inaugurada en 1903 y que desaparecería en la década de los 40. En la Rochapea podemos ver al pie de al muralla del Casco, el puente de Curtidores, el barrio del mismo nombre, (nuestra pequeña Venecia), la plaza del Arriasko o  Errotazar  con la Casa de los Pastores y los restos del antiguo matadero de carnes, y al principio de la calle Joaquín Beunza, la Casa Gamarra y Casa Placido, entre otras. También se divisan los Corrales del Gas, habilitados para tal fín sobre la antigua fábrica del Gas en 1918; en esta foto aún quedan restos de la antigua factoría que desaparecerían en 1943.

La tercera de las fotos, está centrada sobre todo en la zona de la Navarrería aunque nos da abundante información sobre la ciudad en su conjunto. En el extremo superior derecho de la foto se observa el ala de la avioneta que debió ayudar  a José Galle Gallego a tomar esta instantánea, al igual que hizo con la anterior de la Rochapea y zona norte del Casco Antiguo. En primer plano tenemos la zona del Baluarte del Redín, donde se encuentra actualmente el Mesón del Caballo Blanco, en aquella época tan solo había unas modestas construcciones,  como vimos en la entrada dedicada a este Rincón. A continuación,  y en dirección a la calle del Carmen  vemos los imponentes muros del convento de las Siervas de María,  el antiguo Laboratorio Provincial con su famosa secuoya y las traseras del convento de las Carmelitas Descalzas. En la parte superior de la foto  se divisa una plaza del Castillo aun cerrada por el Teatro Principal, lo que nos hace pensar que la imagen es de antes de 1932 pero de ningún modo de 1922 como aparece en la página web de la exposición virtual de la UPNA sobre los fondos gráficos de Leoncio Urabayen. Dos hechos lo corroboran, la avanzada construcción del 2º Ensanche (se divisa la Casa Doria y otras muchas del período 1922-1930) y la aparición de la torre de la iglesia de San Ignacio, inaugurada en 1927. Por lo tanto la fotografía debiera ser posterior a ese año, probablemente entre 1928 y 1931.

La cuarta de las fotos es una foto aeronáutica militar datada genéricamente entre 1920 y 1930, pero que yo dato algunos años antes, en torno a  1919 o 1920. Dos son los elementos que me ayudan a situar temporalmente la fotografía, el jardincillo que rodeaba a la Mariblanca en la plaza de San Francisco. Hasta 1920  la estatua de la Mariblanca estuvo sobre un jardincillo que se suprimió y se lució con cemento la base de su pedestal, por lo que no puede ser posterior a esa fecha. Por otro lado, junto a la Casa de Baños del Paseo de Sarasate podemos divisar el solar donde a partir de octubre de 1923 se construiría la nueva Casa de Correos y Telégrafos. En esta imagen se puede observar la presencia de la Estación de mercancías del  Irati en el Rincón de la Aduana. La de pasajeros se encontraba en Paseo de Sarasate.

Fotos por orden de aparición (entre paréntesis y en negrita la fecha real de la foto según el análisis histórico urbanístico) : Todas las fotos proceden de http://fotografiasurabayen.unavarra.es/. Universidad Pública de Navarra. Biblioteca. Fondo Leoncio Urabayen. CC BY-NC-ND 4.0. Nº 1. Pamplona desde el monte San Cristobal (1925-1930). Biografía de Pamplona. Fig. 31. Leoncio Urabayen. 1952. Nº 2. Pamplona. Vista aérea del lado norte (1920-1950) (1931-1932). José Galle Gallego. Biografía de Pamplona. Fig. 37. Leoncio Urabayen. 1952. Nº 3: Pamplona. vista aérea de la Navarrería (1922) (1928-1931) . José Galle Gallego. Biografía de Pamplona. Fig. 42. Leoncio Urabayen. 1952. Nº 4. Pamplona, vista aérea. (1920-30) (1919-1920).Biografía de Pamplona. Fig. 40. Leoncio Urabayen. 1952.

Nota del Autor del blog: Y como de bien nacidos es ser agradecidos, quiero agradecer la alusión frecuente que se hace en esta exposición virtual  de la UPNA, en las referencias de alguna de las instantáneas, a este modesto blog.

¡Al rico chocolate! Aquellas pastelerías, confiterías y chocolaterías (1900-2000)

Tras “el comercio del bebercio”, paso a rememorar, en esta ocasión, el amplio universo de tiendas que se dedicaban a los placeres azucarados: chocolates, pastas y pasteles, dulces, caramelos y turrones en la Pamplona del siglo XX. De los churros y helados ya hablé cuando me refería a la hostelería y otras actividades aledañas. Como ocurría con la anterior entrada, se entremezcla la fabricación con  el comercio al por menor del producto y, en ocasiones,  con actividades tipo cafetería. Advierto nuevamente que es una entrada abierta a ampliaciones y correcciones, como lo son casi todas las entradas del blog, pues seguro que los lectores recordaran otros negocios similares que no he citado u otros muchos detalles más allá de los aquí inicialmente referidos. Antes de entrar en materia he de comentar que, a la hora de indagar sobre aquellos comerciantes que se dedicaron a estos menesteres,   a un profano del sector como lo soy yo, le sorprendió la vinculación existente entre dos oficios aparentemente tan diferentes como el de cerero y el de confitero o chocolatero. Sin embargo investigando averigüé como cuando en el siglo XVI llegó el cacao de América  a España, el cerero,  -que trabajaba la cera para hacer cirios, velas, antorchas para el culto y para el alumbrado de los hogares,  ya hacía confitería con la miel de los panales, de los panales se extraían la miel y la cera-, y con la llegada del cacao, el cerero se hizo chocolatero y las cererías se convirtieron también en chocolaterías.

A primeros del siglo XX encontrábamos las siguientes tiendas de chocolate que fabricaban su propio producto, el chocolate, en ocasiones vendían también dulces y pastas o pasteles (osea eran confiterías y pastelerías), y muchas, además, se dedicaban al negocio de la cerería: Marcelino Andueza en el nº 64 de la calle San Nicolás, que también fabricaba y vendía pastillas de café con leche, (en los años 50 la regentaba Trinidad Arizala con pastelería también en Navarro Villoslada); Julián Arbizu,  en el nº 31 de la calle Mercaderes.  Por el apellido presumo que debe tratarse del fundador de las famosas, en otro tiempo,  “cafeterías-pastelerías Delicias” al que le siguieron al menos dos generaciones en el negocio. Tuvo el obrador de pastelería en los años 50-60  en el nº 2 de Fernández Arenas y fabricaba pastillas de café con leche como otras muchas firmas del sector. En la calle Mercaderes  sustituiría a Arbizu, en los años 30, Constancio Jarauta  y tras la guerra,  Carmen Torrente Azparren.  Allí he conocido yo “La Dulce Venecia”, donde hoy se encuentra “La Juana Gastrobar”. Carmen Torrente fabricaba también dulces en el obrador que tenía en el nº 15 del Paseo de Sarasate; Martín Baquedano tenía tienda en San Nicolás, 24 y obrador en el nº 40 o 42 de la citada calle. Le sustituiría Maximino Arrasate en los años 30 que continuó en las décadas posteriores, si bien en el nº 34-36.  Mediado el siglo hay un Pedro Baquedano, ¿sería su hijo?.  Viuda de Seminario, (luego Hijos de Seminario o Hijos de Vda de Seminario), en el nº 6 de la calle San Saturnino que aun continuaba su actividad de venta en los años 50 y 60 con el nombre de Sucesores de Hijos de Vda de Seminario. Este  negocio se remonta al año 1820 si bien será Francisco Seminario Izu (1840-1895) uno de sus principales impulsores, un hombre poseedor de varios inmuebles en la zona que posibilitó con su derribo la reconstrucción urbanística de lo que hoy conocemos como último tramo de la calle Nueva e inicio de San Saturnino. La zona correspondería hoy al nº 2 de Nueva y 1 de San Saturnino, a la zona de la antigua calle Bolserías y su conexión con la calle Ansoleaga (entonces,  Tecenderías). Continuo con la enumeración, la tienda de Mariano Labairu en el nº 1 de la calle Dos de Febrero o Comedias, Herederos de Tomasa López (1810), posteriormente conocida como Hijos de Manterola o simplemente Casa Manterola, en el nº 20 de Zapatería.

Hace casi tres años que cerró Casa Manterola en la calle Zapatería, si bien se mantiene en la calle Tudela. Lo hizo silenciosamente, después de más de dos siglos en el lugar. Vamos a hablar un poco de su historia. A principios del siglo XIX (1810), Polonia Albar recibió en herencia la casa nº 20 de la citada calle. Es entonces cuando se inicia la actividad confitera y cerera en el local. Polonia se casa con Candido López (1782-1862), cerero y confitero sangüesino. Entonces no se llamaba aún Casa Manterola. Candido y Polonia tuvieron dos hijas: Tomasa y Trinidad. Tomasa se casó con Gregorio Manterola, natural de Aoiz, que pasó a vivir con su esposa y sus suegros donde comenzó a aprender el oficio de cerero y confitero, asumiendo la gestión en el año 1845. A comienzos del siglo XX, en 1907, tras la muerte de Tomasa,  el establecimiento pasó a  sus hijas Carmen y Victoria, aunque era Carmen (1875-1958), que estaba soltera, la que regentaba verdaderamente el negocio. Vendían ceras y velas, pastas de almendra, dulce de membrillo, almendras y su famoso chocolate. Posteriormente sería uno de sus sobrinos, Antonio Manterola, al que había criado como un hijo, el principal responsable de la expansión de la empresa. Antonio  asumió la dirección en 1938 y en 1945 trasladaba la fábrica de chocolate de la calle Zapatería  a la calle Tudela. Pero la competencia hizo que el negocio se viera obligado a perder su carácter industrial y a orientarse hacia la artesanía pastelera. Ya desde los años 30 aparecía la tienda de Zapatería como confitería pastelería. Tras Antonio recogió el testigo y la dirección su hijo mayor José Antonio hasta su fallecimiento en 1985, tras el cual lo asumió  su viuda Rosa Aldaz con quien tuvo siete hijos, dos de los cuales, Mikel y Eduardo, que constituyen la sexta generación, asumieron en 2010 la gestión: Eduardo el obrador artesanal y Mikel la Gerencia, al cumplirse 200 años desde su fundación.

En el nº 10 de la misma calle Zapatería teníamos a Pedro Mayo. Como en el caso anterior daré alguna pincelada histórica. En 1860,  1847, según otras fuentes, el joven de Ochagavía, Pedro Mayo Etulain que había aprendido el oficio con su pariente y amigo Pedro Seminario, inicia la aventura de montar una fábrica de chocolate. En los pisos superiores del nº 10 de Zapatería se producían dulces y velas de cera, en la planta baja tenía una tienda de coloniales y en el sótano la maquinaría para preparar el chocolate. En 1888 dió entrada en el negocio  a su hijo Ponciano, hijo de su matrimonio con Valentina Izu, con la sociedad Pedro Mayo e Hijo, sin embargo su hijo falleció 11 años más tarde, en 1899. Junto a la chocolatería de Viuda de Seminario Pedro Mayo era una de las más importantes y prósperas fábricas de chocolate de la ciudad y había ampliado su plantilla, de 3 a 9 personas. Más tarde volvería a formar sociedad con su hijo Pedro Mayo Biardeau, hijo de su segundo matrimonio con Elisa Biardeau Cortés.

En 1913 moría Pedro Mayo que había sido, a la sazón, entre finales del XIX y principios del XX, uno de los principales contribuyentes de la ciudad, y durante un tiempo la empresa continuó en manos de la familia, hasta que en 1923 la empresa pasó a ser regentada por   la sociedad colectiva Ruiz de Galarreta y Vidal, Sucesores de Mayo, encabezada por Luis Ruiz de Galarreta Maeztu, marido de Martina Mayo Zubizarreta, nieta del fundador con el 50%, el otro 50% lo tenía el industrial Mariano Vidal.  Sus herederos tomaron el relevo y mantuvieron el prestigio de la marca trasladándose, a finales de los años 20,  al nº 4-6 de la calle Nueva y, tras la guerra civil,  a la calle del Redín, ampliando su producción a las pastas variadas y   turrones. No fue fácil sobrevivir a los difíciles años de la autarquía y del racionamiento del franquismo, debiendo parar algunas veces la producción por la falta de materia prima. Será en 1974, cuando se trasladen a Artica y se centren exclusivamente en la fabricación de chocolate. La empresa comenzó  a atravesar dificultades, debido a la crisis económica y al incremento en los precios del cacao y los Sucesores de Pedro Mayo firmaron un acuerdo de fusión con la sociedad propietaria de Chocolates Orbea, la  Compañía Navarra de Alimentación, S.A. en  el año 1977. A través de dicho acuerdo se le cedía el uso  en exclusiva de la marca Chocolates Pedro Mayo a la Compañía Navarra de Alimentación a cambio de una comisión en las ventas y la absorción de la plantilla. El acuerdo  se mantuvo hasta 1990 año en que Orbea fue adquirida por Chocolates Asturianos. La empresa  quedó descapitalizada por una mala gestión,  desmantelándose poco tiempo después, en 1992 y derribándose más tarde sus instalaciones  de la Avenida Guipúzcoa. En julio de 1994, antiguos trabajadores de la empresa impulsaron el proyecto Chocolates de Navarra S.A. L que agrupa las marcas Pedro Mayo (Sucesores de Pedro Mayo firmaron un nuevo acuerdo similar al anterior con la Compañía Navarra de Alimentación), Orbea y Leyre, con sede de Aizoain. Chocolates Orbea, al que me he referido líneas atrás,  había nacido en el barrio de la Rochapea en el año 1952. Pertenecía al empresario guipuzcoano Santiago Otegui Campos. Otegui había montado en Pamplona una fabrica moderna para lo que era habitual entonces, con un amplia producción de distribución nacional. Se fabricaban 7.000 kilos diarios de chocolate que se distribuían por toda España y del que muestro algunas promociones de albumes y cuentos de los años 60, junto a estas líneas.

Continuemos con las tiendas-fábricas de chocolate y cererías que en la mayoría de los casos  eran además pastelerías-confiterías: Pedro Nagore, luego Hijos de Nagore, en el nº 46 de la calle Mayor, Ubaldo Ataun Legarreta, en el nº 58 de la misma calle y 14 de Eslava.  Me detendré unos momentos para hablar de esta singular casa pamplonesa, Casa Ataun, conocida sobre todo por sus pastas y tortas de txantxigorri, regalices y chocolates. Su origen se remonta al menos a 1898, aunque hay opiniones de que su antigüedad pueda ser mayor, de ocho o diez años más. Ubaldo fallecería en 1931. Heredaron el negocio sus cuatro hij@s vivos si bien serán los varones, Fortunato y Jesús, los que lleven el negocio a  partir de ese momento. Fortunato muere en 1974, quedándose a cargo de Casa Ataun,  Jesús. En 1983, el Ayuntamiento compraba el edificio de Casa Ataun por tres millones de pesetas. Jesús se jubilaba y cobraría una renta del consistorio a cambio de asesorar al nuevo arrendatario, Félix Inda. Jesús fallecería en la Casa de Misericordia en 1991. Actualmente el negocio está dirigido por Nekane Inda.

A principios de siglo tenemos a Juan Iraizoz en el nº 4 de la calle Navarrería, luego  a Ulpiano Iraizoz, con su confitería-cerería-chocolatería, en el nº 2 de la calle Mercaderes,  que luego llevaría  Joaquina; a Justo Donezar en el nº 47 de la calle Zapatería, haremos otro alto en el camino. Confitería y Cerería Donezar está regida actualmente por su cuarta generación. Es una de las pocas cererías que aún se conserva en el Casco Antiguo. Fue fundada en 1853 por José Ochoa que se la dejó en herencia a su hijo. Posteriormente el negocio (cerería, confitería, chocolatería, pastelería, etc)  pasó a manos de Justo Joaquín Donezar y de él a los posteriores “joaquines donezar”, curioso pero que yo sepa toda la línea, de padre a hijo, ha tenido por nombre Joaquín. Entre medias creo recordar que durante algún tiempo fue titular Vicenta Sarasibar, viuda de Donezar. Se cuenta que en este  establecimiento trabajó el célebre tenor Julián Gayarre y que un día, de joven,  abandonó el trabajo para seguir a una banda de música que iba tocando por la calle Zapatería.

Otro nombre clásico en el mundo del chocolate es el de Subiza, si bien no tiene un origen pamplonés. Su origen se remonta a 1841 cuando  Manuel Subiza Azcárate comienza a elaborar el chocolate en Erro, en la actual “casa del alpargatero”, según las técnicas aprendidas unas décadas antes,  en 1820, en  Arnegui, en la popular “Casa Polit”. Tras Manuel se hizo cargo del negocio su hijo y abuelo del actual responsable de la empresa, Fermín Subiza, y, posteriormente, su hijo Manuel. Con su padre Manuel, y con tan sólo 13 años, Jesús Subiza Errea, el actual propietario de la empresa, hoy a punto de cumplir 100 años de edad, empezó a introducirse en el negocio familiar. Los años de la guerra y postguerra fueron, como para otras fábricas de chocolate, complicados debido a las restricciones y racionamientos, teniendo que discontinuar la producción durante algún tiempo.  En 1958 Jesús Subiza, junto a su hermano Gerardo,  trasladaban Chocolates Subiza a Pamplona, a su actual ubicación en el nº 30 de la  calle Amaya.  En total y desde 1841, cinco generaciones se han sucedido al frente de la firma, manteniendo  su espíritu familiar y su carácter artesanal. Hoy de aquellos catorce chocolateros artesanos que conoció Jesús cuando llegó a Pamplona en los años 50, que se redujeron a la mitad en los años 70, apenas queda hoy  ninguno. ¿Cuántas tabletas de chocolate a la taza de Pedro Mayo y Subiza habremos comido en nuestras casas a lo largo de nuestras vidas?. Desde luego en la mía muchísimas.

Otros nombres de fábricas-tiendas de chocolate y cererías eran las de Herederos de Estanislao Larrosa en el nº 45 de Estafeta, de Diego Miquelez, en el nº 76 de San Nicolás, luego Viuda de Miquelez, Herederos de José Jimenez en el nº 1 de Navarrería, Basilio Oteiza en el nº 1 de Jarauta, H. Arribas en el nº 16 de Eslava, Prudencia Unciti en el nº 1 de Mercaderes, Ramón Yarnoz en el nº 13 de Martires de Cirauqui (actual San Antón), Vda de Etulain, en el nº 2 de la calle Mayor, (su lugar lo ocupará en las décadas siguientes Lucas Zabalza en el nº 16 de San Saturnino). Tiburcio Guerendain y Luis Ros, antes de dedicarse a los materiales de construcción y cervezas respectivamente también tuvieron algún contacto con este ámbito de la fabricación y venta de chocolate. No me consta que se dedicasen a la cerería pero si fabricaban y vendían chocolate, Lorenzo Erice, (posteriormente Herederos de Lorenzo Erice y Juan Erice), en Carmen, 7 y luego 12, Tomas García, en Zapatería, 28 e  Inocencio Tapia, en Navarrería, 3, (luego Vda de Tapia y en los años 50-60, Ignacio Tapia en el nº 11 de Navarrería).

Sólo vendían José María Diaz en el nº 114 de la calle Mayor, donde durante muchos años estuvo la “Mercería La Fama”, pues como ya he señalado en otra entrada inicialmente y hasta los años 40 el negocio familiar fue una tienda de chocolate, pastelería y confitería; Miguel Echarri en Zapatería, 47, Gabino Ilarregui en Calderería, 44;  Petra Zozaya en Navarrería, 2;  M.Senosiain en San Nicolás, 5 y en los años 20,  además,  Herederos de Jauregui,  en el nº 27 de Santo Domingo y Carlos Pérez en el nº 64 de Jarauta. En los años 30,  a buena parte de los anteriores habría que sumar Pedro Hernaiz en el nº 24 del Paseo Sarasate, y fabricando y vendiendo chocolate y la cera Silvano Martínez en Dormitalería, 14, los Hermanos Yarnoz, (luego Hijos de Yarnoz), en el nº 72-74 de San Nicolás, que continuarían en las décadas posteriores, como Herederos de Ramón Yarnoz, por lo menos hasta los años 60 y José Larrea en el nº 22 de Estafeta, donde hoy se encuentra Pastas Beatriz. Antes el local de Larrea había sido una carpintería,  (concretamente de Esteban Osacar) y posteriormente fue una tienda de ultramarinos cuya propietaria se llamaba Regina González Vicente, hasta que en 1969 cogieron  el negocio Pablo Sarandi y su mujer Beatriz, convirtiéndola en una tienda de pastas. En 1991, Pablo y su mujer  dejaron la tienda en manos de las hermanas Gómez Tellechea que son las que la regentan actualmente, y  con un enorme éxito,  hasta convertirla en una de las tiendas más  típicas y míticas de la ciudad. ¿quien no conoce sus famosos garroticos de chocolate, además de otras muchísimas delicias?.

En el campo de la confiterías destacan, especialmente,  varios nombres algunos de ellos que se entrelazaran, como veremos,  con el tiempo. En 1886, Claudio Lozano comenzó a elaborar, en   su propia casa, su famosos caramelos de café con leche  que más tarde decidió comercializar. Fue en 1912 cuando le puso el nombre de   pastillas de café con  leche “Las Dos Cafeteras” y decidió abrir el local comercial que conocimos en el nº 11 de la calle Zapatería. Desde los años 30 este local sería,  además,  confitería y pastelería y la razón social la de Lozano Hermanas. Por su parte  y siguiendo la tradición de Lozano, cuya receta de caramelo de café con leche es la más antigua del mundo,  otros maestros confiteros siguieron su estela. Así lo hizo Ruperto Unzué, en 1893, bajo el nombre de “La Cafetera”, al que en los sucesivos anuarios comerciales localizamos en las calles San Agustín, (nº 36), Merced y Tejería, (nº25), en este último caso bajo la razón social de Unzué y Cía  e Hijos de Unzué, (luego Vda de Unzué) y fabricando también chocolate. El caramelo de Unzué tenía menos leche que el de Lozano y algunos aromas añadidos. Ruperto tenía un obrador en el nº 16 de Recoletas, aunque anteriormente en los años 20 el obrador estaba radicado en Santo Andia. En invierno fabricaba en este obrador turrón y en verano servía helado. En los años 40-50 abrieron una pastelería en el nº 2 de  la plaza del Vínculo que muchos recordarán.

Mientras el caramelo de las Dos Cafeteras solo se vendía en la tienda de la calle Zapatería, la segunda generación de los Unzué vendía sus caramelos por toda la ciudad. En 1930 “La Cafetera” tenía cinco tiendas en Pamplona y distribuían su dulce por toda España. En los años 50 se constituyó la sociedad anónima Dulces Unzue que conoció su máxima expansión de mano del hijo de Ruperto,  Pedro Unzué. Se introdujeron nuevos caramelos y el formato de grageas (HIT). En 1981, Nutrexpa compraba la mitad de las acciones de Dulces Unzué, siendo mayoritaria su participación en la empresa en 1985  y en 1993, la tercera generación de los Lozano,  vendía “Las dos Cafeteras” al mismo grupo Nutrexpa integrando ésta ambas firmas, bajo el nombre de Dulsa. Desde el año 2008, Dulsa, sita en el polígono de Landaben,  opera de nuevo como una empresa independiente recuperando su origen local, con más de 20 trabajadores y una amplia capacidad exportadora. Los caramelos de “Las Dos Cafeteras” se conservan,  desde 1996, en bodega, durante tres meses, a una temperatura y humedad controlada para conseguir el  sabor y textura deseados. También fabricaban caramelos, bombones, grageas y turrones, Labairu e Indave, desde los años 20,  en la calle Padre Moret, no hace mucho alguien me preguntaba por los caramelos Ley, pues lo hacía Labairu e Indave;  En los años 50 regentaba el negocio José María del Valle, luego lo hizo  su Viuda y la empresa era conocida popularmente como Casa Indave.  Deogracias Garicano, -alguién me preguntó hace poco por esta empresa-,  tenía, al menos desde los años 30,  una fabrica de caramelos  en el nº 34 de la calle del Carmen, si bien posteriormente, después de la guerra,  se trasladaría al nº 17-19 de la calle Curia. En los años 60 la citada empresa todavía estaba en activo.

En 1871 Felipe Layana abría su fábrica-tienda de chocolates, ceras y otros artículos en el nº 4 de  la Bajada de Carnicerías, (en la zona donde hoy está la plaza de los Burgos), si bien en tiempos de la segunda generación, de sus hijas Mª Camino y María Eugenia,  (de ahí la posterior razón social de Hijas de Felipe Layana),  se abandonó la fabricación y venta de chocolates evolucionando el negocio hacia  las pastas y la confitería,  trasladándose en 1953 el negocio  a su actual ubicación en el nº 12 de  la calle Calceteros. Actualmente es la tercera generación la que dirige el negocio encabezada  por Jesús Barbería Layana. Su producto estrella, por el que se les conoce, es otra de las tiendas míticas de Pamplona,  es el de las pastas de té, con toda su enorme variedad: de chocolate, mermelada, coco, frutas, etc, bizcocho, hojaldre, ummm ¡que ricas…!

En el nº 3 de la calle General Moriones, (actual Pozoblanco),  estaba la pastelería y confitería de los Hermanos Arrasate que también fabricaba, en su obrador, como todas las de su gremio, chocolate. Fundada en 1888 por Esteban Arrasate y Francisca Ciganda, pasó a llamarse Viuda de Arrasate al fallecer Esteban, en 1924,  y quedar al frente del negocio su viuda. En los años 20 ocupaba los números 3 y 5 de la calle. La tienda cerró en los primeros años del 2000, creo que fue en torno al año 2003 o 2004.   No muy lejos de allí se encuentra la panadería- pastelería Arrasate de la calle San Antón, creo que eran primos de los anteriores. Conchita Ruiz de Galarreta e Irene Arrasate, constituyen hoy la tercera y cuarta generación de un  negocio que se abrió en el año 1920.  Fabrican palmeras, tejas, mantecados y hojaldres y otras delicias que venden en la tienda. Inicialmente en el nº 75 de la calle Nueva, trasladándose luego, en los años 20, al nº 11 de Pozoblanco estaba la pastelería de Feliciano Goñi,  luego Vda de Feliciano Goñi  y más tarde Vda de Goñi e Hijos, conocida con el nombre de “La Madrileña” (no confundir con al tienda de tejidos de Pedro Turullols),  que se mantendría en Pozoblanco,  al menos hasta los años 60. Entre Vda de Arrasate y “La Madrileña” estaba la pastelería, confitería y heladería de Mercedes Orquín, aproximadamente donde está actualmente la tienda Equivalenza.

Otras pastelerías y confiterías eran, en estos años, la del Café Suizo, en Pozoblanco, 15 ¿quien no se acuerda del famoso bollo suizo típico de estos cafés y que introducirían otras muchas pastelerías, como las de Taberna?, lástima que cerrase a comienzos de los años 50; la de Julián Pomares en Héroes de Estella, (actual Chapitela), 16-18;  allí mismo se instalaría, luego, Pastelería Alfaro, donde hoy está Kikos, (Javier Alfaro también tenía otra tienda en el nº 8 de la avenida de San Ignacio);    la pastelería y confitería de Sinforiano Salcedo, posteriormente Hijos de Salcedo, en Estafeta, 37,  y su famosas coronillas,  que permaneció en el lugar hasta, por lo menos, finales de los 60 y primeros 70. Donde hoy se encuentra la cafetería El Mentidero (Mercaderes, 13) estaba la pastelería de Jesusa Udobro, negocio que sería traspasado a Eusebio Garicano con la misma actividad, (confitería, pastelería y fabricación de chocolate), al que sucedería hasta bien entrados los años 50, su hijo Román Garicano. Fue la famosa Casa Garicano, especializada en coronillas, tartas, mil hojas y toda clase de encargos para bodas y bautizos, que en mi juventud ocupó la cafetería-pastelería de Juan Bardi. El  hermano de Román Garicano, Julián,  tenía otra pastelería y el obrador en el nº 7 de Carlos III.

Mención aparte habría que hacer de la figura de Lázaro Taberna San Martín. Su primer local  lo abrió en 1897, en  la calle Nueva, cuando cogió  en traspaso una panadería y el segundo en el nº 40 de la calle Mayor. Fue en 1905 cuando se hizo con dos locales más seguidos en esta calle y los acondicionó como obrador y despacho de atención al público. Por aquel entonces no sólo  se dedicaba a la fabricación y venta de pan sino también a la producción de dulces, chocolates e incluso embutidos. Se anunciaba como Ultramarinos y Panadería. En 1946 fallecía Lázaro pasando la dirección de la empresa a su viuda, Trinidad Arregui y sus hijos y produciéndose su progresiva expansión a diferentes barrios de la capital, primero al Ensanche con un nuevo establecimiento en la Avenida de Franco, hoy de la Baja Navarra,  y un nuevo obrador y posteriormente,  en las décadas posteriores al resto de barrios, aunque a principios de los 60 aún mantenía su tienda (panadería-pastelería)  en la calle Mayor. En 1966 se crea una sociedad anónima, Lázaro Taberna S.A y posteriormente a partir de los años 90 inicia sus acuerdos con grupos internacionales convirtiéndose en empresa lider en el sector. En 1948 Del panadero Félix Arrasate de la calle Mayor de  Villava surge la actual Arrasate S.L y sus más de 12 tiendas por la ciudad.

En 1937 abría sus puertas en Pamplona un obrador con el fin de elaborar turrones y dulces tradicionales de la mano de varios confiteros alicantinos, si bien será algunos años más tarde, cuando cuatro familias de Pamplona apuestan por el obrador y fundan Zucitola, bajo la razón social de José María Vilar y Compañía S.L., luego Comercial e Industrial Zucitola con tiendas en Paseo Sarasate 2 y 4 y Estella, 3. Fabricaban y vendían dulces, pasteles y turrón. Hoy continua Zucitola, como Hijas de Javier Arrasate, con varias tiendas en la ciudad. En 1954 abría sus puertas Dulces Torrano, en el nº 36 de Mártires de la Patria, actual Castillo de Maya, con una oferta de pasteles y caramelos de café con leche. Posteriormente, con la segunda generación creció el interés por sus coronillas que llegaron a igualar e incluso superar en fama a las de Salcedo. Otras pastelerías en los años 60 eran las Benigno Ibarrola, en la calle Tafalla, Equiza en Paulino Caballero,17 o Andueza en San Saturnino. En los años 50 había no menos de media docena de fabricantes de dulces en el Ensanche: Francisco Amoros con pastelería, confitería y fabrica de turrón, García Yoldi, Liarte, Vázquez Prieto  (pastillas de café con leche “San Fermin”),  y algunos otros en el Casco como Beaumont en la plaza del Castillo, Belloso en la calle del Carmen, Egües en Calderería o Meoqui en Comedias, también con pastelería aparte de los clásicos de toda la vida.  En total no había menos de 60 pastelerías y confiterías, entre el Casco y el Ensanche. Entre las nuevas pastelerías de los años 50 cabe citar la de Irujo Gonzalez Tablas, luego Irujo y Gascón S.L (Cafetería Belagua) o la de Francisco Irujo en el nº 65-67 de la calle San Fermín, la Pastelería Florida. Tiendas que vendían dulces, confitería, aparte de los cada vez más numerosos kioskos urbanos eran las de Gambra o Ilundain en la calle Mayor o de Josefa Zuñiga en diversos puntos de la ciudad.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 y 34: Fotos de Laura Blazquez (Blumun) para www.cascoantiguopamplona.com; Nº 2: Foto de la sección de historia de www.zucitola.com. Nº 6: Foto de la sección de historia de www.casamanterola.com; Nº 12: Casa Iraizoz. Archivo Municipal de Pamplona. Nº 15: Jesús Subiza y sus hermanos en una foto de 1925, sección de historia de www.chocolatesubiza.com; Nº 16 y 17: Fotos de www.cascoantiguopamplona.com; Nº 25 y 27: Fotos Archivo Asociación Casco Antiguo. 

Recuerdos personales: Aquellos hogares de entonces (1960-1992)

Tercera entrada del blog  en el que hablo de los recuerdos que conservo de aquellos antiguos hogares en los que vivimos en los años 60 y 70 y digo vivimos porque con las lógicas diferencias seguro que habrá más de un recuerdo compartido. Cuando mis padres vinieron a vivir a Pamplona, en junio de 1961, trajeron consigo, como imagino que harían otros muchas personas que vinieron del campo a la ciudad, sus  muebles del pueblo, un dormitorio de matrimonio, con una recia cama; el dormitorio tenía un interruptor de pera junto a la cama, y un pesado armario  con un espejo en la puerta; la mesa, sillas y  armario de la cocina (todas ellas  de madera, el armario pintado de blanco y verde) y poquito más. Al poco tiempo comprarían un dormitorio para mi hermano, con cama, armario, comodín y mesita,  que posteriormente compartiría conmigo, y los muebles del cuarto de estar: Recuerdo que componían los muebles del cuarto de estar lo que se llamaba entonces un trinchante o trinchero  de tres cuerpos, cubriendo toda la pared, -años más tarde le añadirían un enorme espejo, de pared a pared, una mesa enorme, extensible por ambos lados, con patas ligeramente curvadas o alambeadas,  y media docena de sillas de madera, tapizadas en granate,  con el asiento abombado, pues tenían unos muelles por debajo, que las hacían bastante mulliditas.

Ese primer equipamiento de muebles sería sustituido algunos años más tarde, el dormitorio de matrimonio por una cama de 1,15 con armario, comodín con  espejo y dos mesitas, como los que podemos ver en las fotografías,-creo que lo compraron en el año 1966, en Muebles Rubio que estaba al principio de la calle Jarauta-,  el sencillo dormitorio de los chicos de cama de 1.15 armario y comodín, lo sustituirían en 1974 por dos camas de 0.90, armario y mesita de acabado mucho más moderno comprado en Muebles Amat, también en el Casco Antiguo. Un poco antes le había llegado  la hora a los muebles de la cocina, que serían sustituidos por unos muebles de formica (armario de cuatro puertas y dos cajoneras como el de la fotografía, mesa extensible y sillas), no teníamos entonces  ni vitro, ni microondas, ni lavavajillas, tan solo el frigorífico (1974) y  la cocina alimentada por una bombona de gas butano y más adelante el calentador con su eterna llama azulada con el tubo para sacar los gases al patio. También llegué a ver, de muy pequeño,  alguna vez, un hornillo eléctrico  con una resistencia  que debía consumir lo suyo. En la cocina no podían faltar el/los calendarios de la Caja de Ahorros, de los que ya he hablado en otra entrada del blog.

En 1976 le llegó el turno de la renovación al cuarto de estar, comprado en Muebles Jakar, que tenía tiendas en San Gregorio y Marcelo Celayeta,  con su inevitable mueble-bar librería, como el de la fotografía, su mesa hidráulica en el centro y su tresillo de eskay, formado por un sofá y dos butacas, donde te hundías, -que calientes y pegajosas se ponían en verano, no había manera de despegarte, y que frías y resbaladizas resultaban en invierno-. En la pared del cuarto de estar tuvimos primero un tapiz con una escena de ciervos, como el de la foto y posteriormente un cuadro con una escena de caza, como el que apareció en otra entrada del blog que hablaba, como ésta,  de aquellos antiguos hogares. En el mueble librería las inevitables enciclopedias, -entonces el conocimiento no estaba en internet sino en los diccionarios y enciclopedias-,  y los libros del Círculo de Lectores al que estuvimos adheridos entre 1977 y 1980, las fotos de la primera comunión y unas figuras de porcelana, podría haber sido un perro pero en esta ocasión eran un gato y un cisne sobre una de las baldas del mueble y un caballo también de porcelana sobre la mesa hidraúlica. Dentro del mueble, bebidas caras, vajillas y cristalerías para  ocasiones señaladas que casi nunca llegarían. Ah y se me olvidaba, en aquellos años no podía faltar un cenicero de botón de pie o de mesa que casi nunca se utilizaba, salvo por las visitas.

En aquellos años 60 y 70 una casa se parecía a otra como una gota de agua. Entrabas por la puerta de la calle y lo primero que te encontrabas junto a ella era un paragüero de latón o metal,  ilustrado, como en casi todos lo lugares, con los mismos motivos pictóricos de inspiración dieciochesca, en una de las paredes el perchero de pared, que pintamos a juego con el color del taquillón y un termómetro con forma de guitarra, que tenía todas las pintas del típico souvenir, entre dos cuadros de bucólica apariencia. Estos a su vez sustituirían en el pasillo a otros cuadros mas antiguos. Enseguida y enfrente, en esta primera parte del pasillo que podríamos  llamar  vestíbulo o recibidor, había un taquillón y sobre él un espejo de forma más o menos ovalada, el  taquillón era de color hueso, con una placa de mármol en la parte superior,  con adornos pictóricos de escenas bucólico pastoriles en las puertas y en los tiradores de las puertas y cajones e inicialmente en las zonas talladas de la madera había algunas líneas pintadas con purpurina dorada. Inicialmente sobre el mármol había un tapete de encaje de color granate sobre el que reposaban,  en el medio un pequeño florero donde se apretujaban un manojo de vistosas  flores artificiales y a ambos lados un cenicero y una campanilla, todos ellos de color dorado,  y que  con el tiempo desaparecerían siendo sustituidos por el caballo del cuarto de estar.

Y es que en aquella época,  los adornos y tapetes de encaje, blancos o de color lo ocupaban  todo: mesas, reposacabezas, televisores y, como hemos visto,  taquillones. El espejo del taquillón también estaba adornado, en su marco de madera,  por finas líneas de purpurina dorada. Antes del mencionado taquillón recuerdo haber visto un sencillo mueble de escasa anchura, junto a otro espejo más pequeño. En la parte superior del mueble creo recordar que había algún florero, y en la superficie inferior un toro negro de plástico, que en otras casas habría estado seguramente sobre el televisor del salón. En 1977 habilitarían en la habitación del patio un cuarto para el estudio con un mueble de pared a pared, de melanina, en blanco, con listones y tiradores asemejando  madera. La pintura en las paredes de los años 60 dejó paso al papel pintado de los  70, y al gotelé en los años posteriores. En la monótona repetición de aquellos papeles pintados, todos eran muy parecidos,  creíamos ver a veces extrañas cabezas o figuras. Con el tiempo los papeles se fueron diversificando con colores y tonos,  planos, jaspeados, simulando el gotelé u otras técnicas de pintura.

En los baños de entonces había un inodoro o taza del water con cisterna, su rollo de papel el Elefante (se compraban por unidades); entonces la expresión “tirar de la cadena” no era figurada como podría serlo hoy en día sino absolutamente literal y cotidiana, contaban mayoritariamente con bañera más que con ducha,  un sencillo  lavabo con pie o sin él,  su reposa jabones junto a los grifos y sobre él lavabo un  mueble con espejos donde se guardaban los muchos elementos de higiene y cuidado personal de uso diario: Citaré, con cierto detalle, algunos de los nuestros, pues los de mi madre en su caja de aseo era para nosotros, en general,    bastante desconocidos, aunque  imagino que lo componían cremas, barras de labios, lapiz de ojos, rulos, peines, pintauñas y ese sinfín de artículos de cosmética y belleza femenina. En nuestro territorio podían encontrarse la maquinilla de afeitar con las  cuchillas acanaladas Palmera o MSA, como las de la fotografía, sustituidas luego por las Gillete, la brocha y el jabón de la Toja para el afeitado, entre las colonias: Vetiver de Puig, Brummel, o el Floid para el cuidado de la cara después del afeitado, el pulverizador de plástico rosa recargado con agua de ducha S-3, aparte del  jabón de pastilla Lux, Heno de Pravia o la Toja, estos de uso  general por todos los miembros de la  familia.

Muchas casas contaban en aquellos años  con la corriente eléctrica a 125 voltios.  Progresiva y mayoritariamente  se fueron pasando a  220, los electrodomésticos que se comercializaban funcionaban casi  todos a 220 voltios, de forma que las casas que aun manteníamos la vieja tensión de 125 nos veíamos obligados a poblar la casa de pesados transformadores,  cada vez que  un nuevo aparato entraba  en casa. Cambio de tercio, para hablar ahora  de la evolución en la tecnología. Al pequeño transistor japones con que mi madre escuchaba los seriales radiofónicos le sustituiría en junio de 1976 una radio multibanda de color crema, marca Sanyo, que nos prestó servicio hasta noviembre de 1988. Ahí es nada. Con ella, más que con la televisión  vivimos los convulsos años de la transición política. En esa época me compraron mi calculadora electrónica, una Casio, como Casio sería mi primer reloj digital de muñeca. Era la moda de aquellos años. En 1976 también me habían comprado mi primera máquina de escribir, no, no era una Olivetti, sino una máquina búlgara, la Maritsa 22, como la de la fotografía, con la que hice mis primeros pinitos como estudiante, escritor y periodista, hasta que a finales de los 80 arrinconé la vieja máquina de escribir y empecé a manejar aquellos primeros ordenadores Macintosh con pantalla monocromo de 9 pulgadas. Mi primer ordenador fue, concretamente,  un Macintosh SE  como el que vemos en el siguiente párrafo. Tenía  40 megas de disco duro, poco que ver, como se ve, con los actuales discos de 1 0 2 terabytes (1 terabyte equivale a 1 millón de megas o Megabytes). En otras casas, probablemente antes que en la mía,  entrarían aquellos primeros ordenadores personales Spectrum, Amstrad o Commodore.

Ya he comentado en otra entrada que el teléfono, entonces de ruleta, entró en mi casa en el año 1980. Anteriormente y para la escasas ocasiones en que debíamos utilizar el teléfono bajabamos a la cabina  de la calle. Antes no teníamos teléfono en casa y podíamos vivir. Hoy se imagina alguien vivir sin teléfono. Nos hemos convertido en esclavos de la tecnología.   Por aquel entonces o tal vez un poco antes  tuve mi primer radio casette, lo trajo mi hermano de Algeciras, al terminar la mili, era un Sanyo de color grisáceo y negro con varias bandas en un dial de forma un tanto insólita, circular, como el de la foto.  ¿Quien se acuerda ahora de aquellos radiocasettes  en el que había que darle la vuelta a la cara a la cinta  para seguir escuchando la música?. Había cintas de 45 minutos, de 60 y de 90, normal, de cromo o de metal. Más adelante saldrían los radio casettes de doble pletina. Cuantas veces se habrá enganchado una cinta y teníamos que rebobinarla trabajosamente con un boli bic cristal,   pasándolo por entre el agujero del carrete. Hacíamos nuestra propia discoteca musical, diseñando de forma artesanal nuestras caratulas,  rompíamos las pestañas inferiores para evitar un borrado accidental o las tapabamos para volver a grabar la música, aquella música de la transición, increiblemente variada, tan pronto escuchabas a  Victor Manuel, Urko o  Victor Jara como los éxitos de Los superventas o Los 40 Principales de aquellos años, música disco o romántica que de todo había y había un momento para cada música. Podemos recordar la música que oíamos en otra entrada del blog. Los casettes comenzarían a declinar a principios de los 90 con la irrupción del compact disc y más adelante con la aparición de los formatos de compresión musicales, el mp3 y los artilugios tecnológicos que, como el Ipod,  iban apareciendo con el nuevo siglo. Tras aquella primera radio y radio casette llegarían otros “loros” de fugaz recuerdo porque no es una leyenda urbana, las cosas ya no duraban como antes,  la obsolescencia programada está, desde hace ya unos cuantos años a la orden del día.

En cuanto a la imagen, el video grabador se introdujo en el mercado a principios de los 80, si bien en mi casa entró, creo que una década más tarde, “Ghost” fue la  primera película que compré en noviembre del 92. En aquellos años había tres formatos de video y por lo tanto de cintas de video el VHS de JVC, el Betamax de Sony y el 2000 de Philips. Tras unos titubeantes comienzos, sería el VHS el  que se llevaría el gato al agua, convirtiéndose en estandar del sector. El video sería desplazado por el DVD a comienzos del presente siglo y por otros sistemas de mayor capacidad, como el Bluray, si bien, la irrupción y popularización de los nuevos soportes y formatos digitales de video, como ocurrió con el sonido (aparición de tabletas, smartphones, etc) y sobre todo la expansión de las  plataformas de streaming con acceso inmediato a miles de títulos han afectado al soporte videográfico, con un consumo ascendente del canal online y un descenso del soporte físico. A comienzos del siglo pasé toda mi videoteca  de VHS a DVD, gracias  a una videograbadora Sony de dvd.  Fue una tarea larga y  titánica, teniendo en cuenta la cantidad de videos que atesoraba en casa, comprados y grabados de la televisión.  Ahora que se habla de 3D, Realidad Virtual o Realidad Aumentada quien se acuerda de aquellas gafas de celofán azul y rojo que nos vendían como  de 3D o aquellas postales que variaban su contenido, pueden imaginarse a menudo de que tipo,  dependiendo del angulo con que se enseñaban al interesado público.

Mi primera cámara de video, una Panasonic,  la compré en 1998, pero me la robaron tres años más tarde, siendo sustituida por una Sony mucho más pequeña. Mi primera cámara de fotos, dicen que se puede hacer fotografías casi con una caja de zapatos, fue una modesta Werlisa, de cuando se revelaban los carretes en las tiendas de fotografía. Posteriormente, iniciado el  nuevo siglo, la fotografía química declinaba de forma acelerada  por la irrupción avasalladora de la fotografía digital. En 1996 compraba mi primer teléfono móvil: era un Motorola,  que se parecía más a un inalámbrico actual que a un móvil y que  pesaba como un ladrillo; desde entonces por mis manos han pasado muchos modelos de  nokias y de  samsungs hasta los actuales y sofisticados terminales, los smartphones, mezcla de teléfono, cámara (de fotos y video) y ordenador con muchas más posibilidades de comunicación que las viejas computadoras,  además de poseer muchas más utilidades,  tan poco explotadas como desconocidas.

Recuerdos escolares del Viejo Pamplona: clases de pretecnología y gimnasia (1968-1981)

Recupero esta sección de recuerdos personales, algunos de los cuales englobé en el pasado bajo el ´titulo genérico de “Estampas de Antaño”. Voy  a recordar en esta ocasión las clases de pretecnología y de gimnasia en los años 70 del pasado siglo. Durante mis años escolares, hasta comenzado el BUP,  no  se hacía demasiado hincapié, entonces, en los primeros cursos escolares  ni en la música ni en los idiomas, creo que el francés lo comenzamos a estudiar en los últimos años de la  EGB, pero recuerdo que desde  temprana edad ya teníamos clases de dibujo y pretecnología, o lo que también llamamos “trabajos manuales”. Y por supuesto no faltaban las clases de gimnasia. Recuerdo los trabajos de marquetería, por lo menos desde las escuelas del Ave María. Comprabamos, por un lado, una chapa ocumen, bueno nos la solía comprar, como todo, (libros, pinturas, y otros utensilios escolares), nuestra madre,  y por otro, y esto era básico, debíamos hacernos con un cuaderno de marquetería donde venía el modelo, en piezas, de la obra que había que trabajar. Recortábamos las piezas del cuaderno y las pegábamos con cola blanca sobre la chapa ocumen, por la parte de atrás. A continuación, cogíamos la sierra, -¡qué peligro tenían!-, y a menudo teníamos que sudar la gota gorda para acabar el trabajo porque el pelo de la sierra, los había de diferente grosor, ¿quien no recuerda de aquellos años haber pedido un pelo del 2?, se rompía con más frecuencia de lo deseable. Recuerdo un año, no sé tal vez sería el año 1973 o 1974, estaba creo que en las Escuelas de la Carbonilla, en el que con la inestimable ayuda de mi padre, -el pobre tuvo que sudar también la gota gorda-, acabamos un precioso “portal de Belen” que estuvo un montón de tiempo encima del armario de formica de la cocina. Tras serrar las piezas, encajarlas y pegarlas con cola blanca, creo que le dábamos un barniz  a la madera y el resultado final, si no te habías equivocado demasiado era bastante aparente. Adjunto a este párrafo fotografía del cuaderno de marquetería que utilicé entonces y que me ha dado una gran alegría encontrar y rescatar ahora, 45 años después.

En casa recuerdo y aquí los recuerdos se me mezclan y se confunden, pues no sé si son mios,  -de la EGB en el Cardenal Ilundain y del BUP en Irubide-, o de mi hermano Luis Angel, -en el Ximenez de Rada-, hicimos también trabajos con plastilina, -de colores-, ¡qué gusto daba crear de la nada formas y volúmenes, con arcilla, -también recuerdo haber hecho algún vaso de arcilla y me sentía como un alfarero-, dibujos al carboncillo, -me acuerdo de haber visto un precioso dibujo de una vasija al carboncillo hecho por mi hermano o un paisaje del monte Ezkaba con el pueblo de Artika en primer término-, acuarelas, -que malo era yo en lo que se llamaba el dibujo artístico-, cuadros hechos con legumbres o  con hilos de colores, mapas de conexiones con rudimentarios interruptores y bombillitas, pirograbados, etc. En bachillerato recuerdo el dibujo técnico,  tenías que tener mucho cuidado con el famoso rotring, pues  de pronto tus magníficas líneas podían verse bruscamente interrumpidas por el temblor de tu mano o por un empujón inadvertido y el dibujo quedaba  inutilizado, emborronado por un inesperado manchón de tinta, de aquella tinta Pelikan negra con la que se rellenaban los rotrings. Completaban el equipo de dibujo técnico, el cuaderno de laminas,  de papel blanco Guarro,  los compases, -al que también podía incorporarse el rotring-,  las escuadras y cartabones de diferentes tamaños, las plantillas, los semicírculos  y transportadores de ángulos, el papel cebolla o vegetal. Respecto al dibujo artístico utilizabamos las mencionadas acuarelas,  al agua o gouache, como la que aparece al comienzo de esta entrada, y las ceras Manley fundamentalmente. Atrás, en el tiempo, casi olvidadas en la enseñanza primaria quedaban las pinturas Alpino, las gomas Milan, -alguna olía a nata-, o los rotuladores Carioca, dentro de aquellos plumieres que llevábamos entonces.

He de reconocer que nunca fui mal estudiante, más bien todo lo contrario, pero ni el dibujo o la pretecnología eran mi fuerte, ni mucho menos la clase de gimnasia. En el Ave María (1968-1972), la verdad,  las clases de gimnasia se reducían  a algunas carreras, individuales o por relevos, algún partido de fútbol y algunos rudimentarios ejercicios gimnásticos en el campo de las escuelas. En el Cardenal Ilundain (1974-1977) ya había campos de baloncesto y balonmano, con suelo de cemento, por lo que se ampliaron un poco las opciones deportivas pero cuando de verdad supe lo que era la Gimnasia fue en el Instituto Irubide (1977-1981). El instituto contaba con unas completas instalaciones para aquellos años. ¡Qué envidia daban las chicas con aquellos cuerpos flexibles!, ¡Cómo subían las cuerdas más rápidas que ninguno!. Saltaban los aparatos mejor que nadie y hacían mil piruetas en la colchoneta. Los chicos suplían la flexibilidad con la fuerza en algunos ejercicios pero a mí,  la verdad los aparatos de gimnasia me daban pavor, tan altos e infranqueables que parecían y que pensaba que te ibas a dejar allí toda tu hombría, física y literalmente: el potro, el caballo y el plinto, enumerados de menor a mayor dificultad, tan es así que en mayo de 1980 me dejaron para una especie de repesca. Aun me acuerdo lo que le dije a mi madre antes de salir de casa, en aquel día de la repesca, en un arranque de amor propio: “esta tarde los voy a saltar aunque me mate”. Y dicho y hecho. En aquella infausta tarde me encontraba ante el profesor y los aparatos, el potro lo salté sin mayor dificultad, ¡fuerza y valor!, el caballo lo salté una y otra vez y otra hasta que con  la emoción y mis manos sudorosas por los nervios resbalé en el enésimo ejercicio y dí con mis huesos en el suelo, resultado final: salida total del cubito y radio del brazo derecho con intervención inmediata en San Juan de Dios a cargo del doctor Valencia, aquel año tuve que hacer todos los exámenes finales de 3º de BUP orales: Literatura, Matemáticas, Química, etc, lo que son las cosas,  fue el último año de clase de Gimnasia de mi vida.

   

Pamplona año a año: 1943, el año en que se inauguró el quiosco de la plaza del Castillo

El año 1943 se abría con la difusión del articulado de la ley de creación del seguro obligatorio de enfermedad aprobado unos días antes y que daba cobertura a los productores, -así llamaba el régimen a los trabajadores-, económicamente más débiles, esto es, a aquellos cuyas rentas no excediesen los limites reglamentarios fijados. Se facilitaría asistencia médica completa, farmacéutica, hospitalización e indemnización económica por los sueldos o jornales perdidos por fallecimiento. Las primas serían proporcionales a los ingresos del trabajador y pagados a medias entre él y la empresa, todo ello dentro de lo que ellos llamaban la generosidad de su revolución nacional sindicalista. El nacionalsindicalismo o  falangismo, se inspiraba   en el fascismo italiano. Era antiparlamentario y  defendía  un corporativismo basado en la idea del Estado totalitario adoptando una idea de sindicalismo  aglutinador de empresarios y trabajadores al servicio de la nación. La función celebrada el día 2 de enero en el Gayarre en beneficio de la Institución Cunas, del Padre Carmelo,  resultó todo un éxito. (Junto a este párrafo vemos una foto de prensa de las cunas de esta institución). Para el día de Reyes se anunciaba otro festival en el que se harían entrega de 24 cunas a familias pobres. La necesidad de buena parte de la población era cubierta en parte cubierta con la caridad de la iglesia o de algunas secciones del Régimen. A primeros de este año la delegación provincial de FET y de las JONS hacía un balance de su actividad el año anterior. Contaba con 9 comedores infantiles que habían asistido diariamente a 642 niños, ocho cocinas de hermandad que habían asistido diariamente a 1.133 personas, 40 localidades en las que habían repartido 1.366 “auxilios en frío” diariamente. Además estaban la Policlínica con 18 enfermos diarios atendidos y el comedor de refugiados con 9.000 asistencias anuales.

Aunque ya lo he comentado en otra entrada del blog, he de recordar, en este momento, que a principios de este año, el alcalde de Pamplona, Antonio Archanco, informaba de las gestiones que estaba manteniendo el Ayuntamiento con RENFE para trasladar de lugar la Estación del Norte, construyendo una nueva. Aún no se había elegido el lugar idóneo pero se estaban mirando varios terrenos. La estación sería costeada tanto por la Compañía Nacional de Ferrocarriles Españolas como por el Ayuntamiento de Pamplona. El río Arga amenazaba con desbordarse por las fuertes lluvias caídas el día 8 de enero. El llamado Patronato de Cultura Popular había distribuido 1.546 bibliotecas a otras tantas escuelas nacionales de país, después de haber realizado el correspondiente expurgo de obras. Continuaba el alistamiento de voluntarios para la División Azul. en estos primeros días del año se presentaron a la prensa los planos del kiosko para la música que se iba a construir en la plaza del Castillo, obra del arquitecto Gaztelu, en sustitución del existente de madera que se encontraba en un estado lamentable. A mediados de enero se embreaba la plaza  del Castillo con el fin de eliminar las incomodidades de la abundante  gravilla que conformaba el pavimento. Continuaba el racionamiento de alimentos, la cantidad de tocino y chorizo estaban limitados a 500 gramos, al precio de 4,05 pts, y a 700 gramos de chorizo, a 10.95 pts, y hasta el tabaco se racionaba. La situación de Osasuna era en esos momentos crítica. Acababa de salvarse de descender a tercera división pero traspasar a los seis mejores jugadores suponía “de facto” liquidar el equipo. Se planteaba la necesidad de pasar de los 1.200 socios a los 3.000 si se quería disminuir el déficit del club. Se iniciaron las obras de adecentamiento del Redín, cuyos fosos eran, según la prensa verdaderos vertederos de basura. El Alcalde ordenó la recogida de pobres que pedían por los comercios para someterlos a una “escrupulosa limpieza”. El día 25 de enero la prensa daba cuenta de la detención del comandante del ejército republicano, Julián Benito Ramírez,  en la estación del Norte de Pamplona, cuando pretendía cerrar una operación de compra-venta de chatarra. La asociación de periodistas de Pamplona se integraba en el Sindicato Provincial de Papel, Prensa y Artes Gráficas.

El 1 de febrero una avería a causa de un vendaval dejaba sin radio a la ciudad, durante 3 días. Desde finales del año anterior, en Pamplona un poco más tarde, desde el mes de enero, se comenzó  a proyectar obligatoriamente  en los cines Novedades, Gayarre, Príncipe de Viana, Olimpia y Alcazar,  el famoso NODO,  “Noticiario y Documentales cinematográficos”.  Se seguiría emitiendo obligatoriamente en los cines, antes de las películas, hasta el año 1976 y con carácter voluntario hasta 1981. El día 6 los periódicos locales hablaban de la aparición de una bomba lanzada por la aviación republicana en terrenos del Vínculo, en el bombardeo de la ciudad llevado a cabo el 11 de noviembre de 1938. Se inauguraba en el nº 33 de la plaza del Castillo una sucursal de la agencia de viajes Camarga. El día 9 de febrero se celebraba el día del estudiante caído, sin clases en colegios y escuelas y con las consabidas misas organizadas por el SEU y el Frente de Juventudes a las que asistían las autoridades, los jerarcas del Movimiento, los sindicatos y la Sección Femenina. Se comenzaron a utilizar en espacios como el Hospital Militar, el Parque de Desinfección y el Depósito Municipal, las estufas de desinfección por aire seco.  Todavía seguía funcionando el Irati por las calles de la ciudad, aunque en apenas tres años dejaría de pasar por el centro.

Los precios de algunos artículos a comienzos de este año  estaban limitados en su origen, así los sucedáneos del café (malta o achicoria) no podían venderse a más de 7 o  7,50 pesetas el kilo, el sucedáneo del garrofín (de algarroba) a un máximo de 9,95 pts kilo. Las telas de algodón en cuyo orillo no figurase la indicación “tipo único” debían venderse a la mitad del precio marcado en dicho orillo. Este producto solo se podía vender a través del Monte de Piedad ya que no había ninguna casa que pudiera tener durante estos años este tipo de tela. El día 16 de febrero la cupletista Raquel Meyer llenaba el Gayarre. Le acompañaron otros artistas: un humorista y ventrilocuo, bailarines, contorsionistas, etc.   Se estudiaba reformar la Casa de Socorro. El día 20 de febrero el pleno del Ayuntamiento de Pamplona aprobaba los planos del proyecto de monumento a los caídos. El Ayuntamiento formulaba el ruego de que se estudiase la posibilidad de construir un monumento menos suntuoso. El obispado publicaba la relación de limosnas aprobadas por la Santa Sede para poder beneficiarse de determinados privilegios durante  la Cuaresma en lo tocante al ayuno y la abstinencia de determinados alimentos. Se establecía el precio de 1 peseta para quienes no superasen las 5000 pts de ingresos y de 25 pts para quienes ganasen más de 25.000 pesetas. La mujer casada tenía que tomar la bula del mismo tipo que su marido y los hijos de familias sin ingresos propios tomarían los de las clases más bajas. Por otra parte el vicario general de la diócesis comunicaba que los enlaces matrimoniales se debían celebrar por la mañana y en iglesia parroquial. Estaban prohibidas las bodas por la tarde o en iglesias de conventos. El estipendio mínimo de las misas rezadas pasaba a ser de 9 pesetas en Pamplona y de 7 en el resto de la diócesis.

El Ayuntamiento sacaba, a primeros de marzo, el concurso para la construcción del kiosko de la música de la plaza del Castillo. En esas mismas fechas comenzaban las obras de reforma del Pasadizo de la Jacoba que era propiedad de los hermanos Machiñena. Se colocarían nuevas baldosas y balaustradas y una “espléndida” vidriera con el escudo de Pamplona y otros elementos ornamentales, quedando durante las obras cerrado el paso al público. El gobernador civil recordaba que continuaba en vigor la Orden del 3 de febrero de 1937 que suspendía las fiestas del carnaval, por lo que quedaba prohibido, entre el  6 y el 15 de marzo, la utilización de caretas en calles y lugares públicos, incluso en los cafés, casinos y círculos de todo tipo e igualmente los bailes que se organizaban con este motivo. Se iban a acometer obras en el pueblo de Javier, cercano al castillo. Fueron años de fervorosas peregrinaciones a Javier, en el que se daban casos como el de Aibar que este año, acudió casi en masa al Castillo. El día 7 de marzo seis niños, de entre 10 y 11 años  resultaban heridos por la explosión de un bote de hojalata cargado de pólvora y metralla en el término de Cordovilla. En Burgos tenía lugar el consejo de guerra por la fuga de presos ocurrida en abril de 1938 en el fuerte de San Cristobal. Fueron procesados el jefe de la prisión, el teniente que mandaba la fuerza de custodia, dos vigilantes y otras tres personas. Finalmente  todos fueron absueltos salvo el administrador de la prisión que fue condenado. Fueron estos años 40,  años de penurias económicas, religiosidad obligatoria y cuasi asfixiante, plagada de actos, rezos, cuaresmas, cantos, homenajes, procesiones, colectas,  sermones y vía crucis, como vía crucis era la vida de buena parte de los pamploneses de entonces en su diaria lucha por la supervivencia. Más adelante veremos una foto de una procesión de los años 40, cerca del Rincón de la Aduana.

El día 15 de marzo salía el Orfeón Pamplonés hacia Barcelona en gira artística, cantando en el Liceo y cosechando un gran éxito. A su llegada serían recibidos por el Ayuntamiento. El gobernador entregaba los premios a la natalidad, de 1000 pesetas cada uno, en categoría de no vivos a Bonifacio Sainz Martínez de 83 años que tuvo en su matrimonio 17 hijos y en vivos al matrimonio formado por Augusto Alvarez Gastón y María Gastón Sainz de 45 años que habían tenido 14 hijos de los que sobrevivían 13. El premio Nacional de Natalidad lo ganaron este año el matrimonio formado por Miguel Unzú Got y Teresa Lapeira Gurruchaga, de Pamplona,  con 17 hijos vivos (cuya noticia se recoge junto a este texto) y una viuda de Sevilla con 23 hijos habidos. Las Hermanitas de los Pobres celebraron la fiesta de San José a la que asistieron diversas autoridades y benefactores que sirvieron la comida a 140 ancianos y ancianas asilados. El 22 de marzo la empresa Hijos de Erroz iniciaba las obras del nuevo quiosco de la plaza del Castillo que estaba previsto se terminase para antes de la fiestas de San Fermín. Diputación gratificaba a 800 maestros con cantidades anuales que oscilaban entre las 500 y las 2.000 pesetas anuales. Quedaban fuera los sancionados en expedientes de depuración política por el Movimiento Nacional. El 24 de marzo el Gobernador prohibía la mendicidad en Navarra, obligándoles a recogerse en albergues y destruyendo o cerrando los refugios habituales que utilizasen. En la prisión del fuerte de San Cristobal había más de un centenar de enfermos aquejados de tuberculosis. El día 27 de marzo llegaba a Pamplona el Nuncio de su Santidad, Caetano Cicognani que consagró obispo al navarro Emeterio Echeverría. El día 29 se inauguraba la sede del Instituto Nacional de Previsión en la avenida de Franco.

Rescato una noticia en la prensa  de finales de marzo de 1943. Decía la nota del reporter que el gobernador civil de Navarra, D. José López Sanz, había firmado una orden de supresión total de los bailes durante la cuaresma, desde el 17 de marzo hasta el 24 de abril, sábado santo. Decía en su escrito que teniendo en cuenta los principios inspiradores del nuevo estado, identificados con el espíritu católico, la celebración de bailes no concordaba con la vida de sacrificio, oración y penitencia de la cuaresma. También se suspendían las proyecciones de cine. Marcaba el inicio de los actos de la Semana Santa el traslado de la Dolorosa, desde la iglesia de San Lorenzo, por la calle Mayor, San Saturnino, plaza Consistorial, Mercaderes y Curia hasta la Catedral, en un ambiente de silencio y devoción, casi 14 días antes del inicio de la Semana Santa. La Dolorosa es el paso más antiguo de los que recorren las calles del Casco en la Semana Santa y es además de propiedad municipal, tallada en 1883 por el escultor catalán Rosendo Nobas i Ballbé, tiene tan solo 166 cm de altura si bien el paso, con la imagen y plataforma, pesa casi 1.200 kilos que obliga a ser acarreada por más de medio centenar de  porteadores distribuidos en dos grupos vestidos con túnicas  verdes y caperuzas amarillas pertenecientes a la Hermandad de la Paz y la Caridad, encargadas de portar la imagen desde finales del siglo XIX, que se alternan aproximadamente cada 30 metros. El paso es flanqueado por decenas de personas que conforman dos columnas de cirios. Se mantenía la tradición de la función de “las lagrimas de San Pedro” en el convento de las Agustinas de San Pedro en los que habitualmente y siguiendo la tradición llovía durante toda la jornada. Se prohibía circular y estacionar en las calles de la ciudad, solo vehículos de abastecimiento y urgencia, los de fuera de la ciudad aparcaban en la explanada de Autobuses y cerca también los puntos de servicio público de viajeros, los servicios a la estación del Norte y la villavesa tomarían y dejarían a sus viajeros en el Bosquecillo. En atención a estas jornadas el alcalde puso en libertad a todos los detenidos por faltas leves, perdonando también las multas por este mismo tipo de infracción, salvo a los blasfemos. El día de pascua de este año hubo de todo: novillada, carrera ciclista, partidos de fútbol y pelota, fuegos artificiales, bailables con banda y gaita y también los casinos Principal y Eslava. La policía detuvo estos días a 15 personas, 9 hombres y 6 mujeres considerados delincuentes habituales: mercheros, carteristas, timadores y topistas. Otra estampa religiosa desaparecida y presente en esos años era el de los viáticos generales a los enfermos de las parroquias de la ciudad, con itinerarios que se anunciaban el día anterior  a toque de campanilla. Se celebraban los patronos de los oficios con conferencias, misas, comidas o cenas y actos musicales.

Continuaban las manifestaciones políticas de la victoria en la guerra, celebrándose el día 1 de abril el día de la Victoria con misa de campaña en la explanada exterior de la Ciudadela, desfile militar por Navas de Tolosa, banderas y colgaduras en calles y edificios, fiesta laboral completa o al menos de media jornada así como escolares por las calles cantando melodías del folklore español. Se comenzó  a instalar nuevo alumbrado en la parte de los jardines de la Taconera que daba a la carretera de la Estación del Norte (Avda. Guipúzcoa) que embellecerían la entrada a la ciudad. Los obispos nombrados juraban fidelidad a Franco en un acto del Palacio del Pardo, entre ellos el nuevo obispo de Ciudad Real, el navarro Emeterio Echeverría. La Caja de Ahorros de Navarra ampliaba su obra social con su aportación para un equipo de rayos ultravioleta en el Instituto de Higiene, y otorgaba donativos a centros de cultura y beneficiencia, aguinaldos para la División Azul y la atención a niños y ancianos  a través de las Colonias Escolares y los Homenajes a la Vejez. Se extremaban las medidas de vigilancia de la Guardia Municipal en torno al nuevo parque del fuerte de San Bartolomé (Media Luna) por presuntos desmanes, actos de gamberrismo y/o vandalismo, en la zona. Componían la Junta Superior de Educación de Navarra personajes como Santiago Ferrer, Sanz Orrio (que vemos en una fotografía junto a este párrafo), Santos Beguiristáin, Julio Medrano, Mariano Lampreabe, Tomas Mata, Jose Mª Iribarren, Pérez Salazar, Daniel Nagore, Justo Martínez, Dimas Asensio, J.Mª García Mina y Ramiro Aramburo. El Mercado Viejo con frecuencia no estaba bien surtido y los precios estaban por las nubes.

El alcalde de Pamplona, Antonio Archanco, pretendía limitar la venta ambulante en sanfermines en los paseos principales y calles céntricas, derivándolos al Real de la Feria porque impedían el libre tránsito de la gente. Además prohibiría la venta de gorros de papel y artículos carnavalescos por “vulnerar” el “clasicismo” de los sanfermines. La Diputación Foral iniciaba una suscripción popular para comprarle una camioneta a las Hermanitas de los Pobres que sustituyera al viejo y cansado borriquillo y al destartalado carromato que utilizaban para proveerse de alimentos en la ciudad. La camioneta llegaría a finales de septiembre. El alcalde amenazaba con multas para aquellos que tirasen en la calle cortezas de plátano y naranja por provocar frecuentes caídas en los convecinos. Un grupo de estudiantes universitarios pedía un horario más amplio en la Biblioteca de Navarra (tenía sólo 5 horas de servicio) así como el servicio de préstamo de libros. El 5 de mayo llegaba a la estación del tren de Pamplona medio millar de voluntarios de la División azul repatriados del frente ruso, procedentes de San Sebastián y con destino a Zaragoza y otra ciudades. Les recibieron con música de la 62 División y La Pamplonesa obsequiándolos con una comida en el mismo anden. El día 7 de mayo  el Ayuntamiento dirigía una instancia al ministro de Obras Públicas solicitando la aprobación de un proyecto de instalación de una linea de trolebuses en Pamplona con ramales para Villava, Burlada, el Hospital Provincial y la Estación del Norte. Estampa de estos años era la de los macas, muchachos que hacían de recadistas en comercios o eran aprendices de un oficio o criados de corta edad. El trabajo de los menores estaba sujeto a ciertas condiciones. Los menores de 16 años necesitaban autorización de la Jefatura Superior de Policía o Comisaría de Vigilancia, condicionada al permiso de la Delegación de Trabajo. El trabajo de menores de 14 años sólo podía darse en actuaciones no lucrativas y con autorizaciones específicas. Los mayores de 14 y menores de 16 podían actuar previa autorización solo las tardes de los jueves y días festivos en espectáculos de absoluta moralidad y sin peligro. A las mujeres mayores de 16 y menores de 18 la Delegación de Trabajo podía autorizar a trabajar en espectáculos públicos cuando su actuación no implicase riesgos físicos ni morales.

Seguía vigente la obligatoriedad de salvoconductos para viajar por el territorio nacional. Se solicitaban en la Comisaría del Cuerpo General de Policía en Pamplona o al alcalde de los pueblos. Se necesitaba un salvoconducto especial para circular por la zona fronteriza. Para circular por el resto de Navarra sin salir de ella bastaba con la cédula personal (DNI). Visitaba la ciudad a mediados de mayo el delegado nacional de Prensa, Juan Aparicio López. El crítico taurino del Diario mostraba su oposición a un posible retraso del horario del encierro, a las 8 de la mañana aludiendo a su creciente masificación: hablaba de que en 1925 corrían poco más de 300 corredores, frente a los 3.000 de esta década. No le hicieron mucho caso pues el ayuntamiento aprobó este cambio de horario así como la lectura de un pregón en el acto del chupinazo. Comenzaba la campaña de las colonias escolares organizadas por la caja de Ahorros de Navarra, con destino a Fuenterrabía y Zudaire. Las cartillas de racionamiento acompañarían a los pamploneses aun durante bastantes años. Los Amigos del Arte celebraba su 25º aniversario. De vez en cuando se daba noticia de detenciones por estraperlismo. Estaba prohibida la circulación de coches en domingo, concretamente lo prohibía la Comisaria de Carburantes, salvo aquellos que tuviesen una causa justificada. los médicos solo podían realizar viajes relacionados con su profesión. El 8 de junio eran detenidos diez personas implicadas en un robo de más de 30.000 kilos de nitrato de cal en una fábrica de Pamplona. El día 10, el Alcalde informaba que se iba a derribar la caseta del transformador del Irati situada en el nuevo Ensanche y que en su lugar se levantaría un edificio para dedicarlo a los servicios de la casa de socorro. El club de Tenis ampliaba sus instalaciones con un campo de tiro de pichón y al plato y 10 máquinas para una de estas especialidades. También se preveía la construcción de un trinquete, un casino y dos piscinas. La Confederación Hidrográfica del Ebro aprobaba la ampliación del abastecimiento de agua para Pamplona. En la sesión plenaria del Ayuntamiento se aprobaba la reserva de terrenos para la construcción de un estadio en el Ensanche y diversas instalaciones de servicios, me refiero a lo que sería luego el Estadio Ruiz de Alda, hoy Larrabide, que dependería de Falange Española. Asimismo se reservaba una manzana, a petición de la Diputación Foral, para el nuevo instituto de segunda enseñanza, lo que conoceríamos luego como Institutos de Navarra (Ximenez de rada y Príncipe de Viana). Por último se anunciaba un concurso de anteproyectos para construir la nueva Alhóndiga Municipal, levantando sobre su piso principal, tres pisos más para viviendas.

En la subasta de las barracas de este año se preveía contar con un circo, dos barracas de espectáculos, media docena de carruseles, dos pistas de coches eléctricos y una del látigo, cuatro churrerías, varias casetas de tiro al blanco, diversos puestos de dulces y chucherías, columpios y otras atracciones. Los programas de fiestas se vendían en un quiosco instalado en la plaza del Castillo frente al Iruña. El día 25 de junio pasaría por Pamplona la imagen de la Virgen del Perdón en procesión de rogativa para pedir que lloviese. La última vez que salió esta imagen con tal propósito fue en el año 1887. La Diputación Foral recomendaba este año la quema de rastrojeras. El 23 de junio se inauguraba el nuevo depósito de aguas para el abastecimiento de la ciudad en Mendillorri. El nuevo depósito tenía una capacidad de 13.000 m3 de agua.  La procesión del Corpus estaba revestida de una  pompa y solemnidad hoy desconocidos: 21 cohetes, en la zona de taconera, en recuerdo de los cañonazos de otros tiempos del arma de Artillería, clarineros y timbaleros, corporación en cuerpo de ciudad, bandas de música,  militar incluida y autoridades eclesiales, civiles y militares así como numeroso público. Este año cumplía 50 años la sociedad “Aguas de Arteta”. A finales del siglo pasado el aumento de la población de la ciudad hizo que fuese insuficiente la conducción de agua desde Subiza.  En 1886 el arquitecto municipal D. Blas Iranzo hizo un proyecto de traída de aguas desde el manantial de Arteta. El 13 de junio de 1893 después de laboriosas gestiones, tras anular un contrato con una compañía extranjera que se había comprometido y no había cumplido a realizar las obras necesarias se creó la sociedad “Conducción de Aguas de Arteta”, que ejecutó  el proyecto de traída de las aguas. Las obras, dirigidas por el ingeniero lesakarra don Ramón Aguinaga y Errechea, se realizaron en menos de dos años. La traída de aguas fue inaugurada el 6 de julio de 1895. Algunos años más tarde, el 18 de julio de 1950 la sociedad Conducción de Aguas de Arteta sería municipalizada. El 28 de junio quedaba al descubierto, completamente terminado,  el nuevo quiosco para la música de la plaza del castillo que sustituía al viejo y destartalado anterior que sirvió a la ciudad en las grandes y pequeñas solemnidades durante más de medio siglo. Este año se realizó una profunda reforma de los corrales del Gas.

Video de los Sanfermines de 1943

León Salvador entregaba, como en años anteriores, 500 pesetas al Ayuntamiento para que las repartiese entre los pobres más necesitados de la ciudad. Los bandos de alcaldía tenían un claro componente moralizante: prohibía la utilización de trajes o prendas carnavalescos, dar gritos o tocar instrumentos de 2 a 7 de la mañana, circular abrazados por las calles y paseos personas de ambos sexos así como la incorporación de mujeres a las cuadrillas de mozos durante su recorrido por las calles, dificultar el paso de la Corporación al ir o volver a Vísperas, el tránsito por las calles de lesionados, ciegos, impedidos o similares implorando la caridad pública con instrumentos musicales o sin ellos y todo acto que de directa o indirectamente, de palabra u obra ofenda a la moral cristiana, el decoro y la cultura. El 3 de julio la constructora Erroz Hermanos entregaba la obra del quiosco de la plaza del Castillo. Se había construido en 79 días y habían trabajado en él medio centenar de canteros. La Saide inauguraba este día el Cine Avenida, diseñado, al igual que el edificio por el arquitecto Víctor Eusa. El cine se cerró en mayo de 1985. En el chupinazo que comenzaba a ser un acto masivo se leyó un breve pregón de un minuto, antes se interpretaba la Marcha de la Ciudad, y luego Joaquín Ilundain lanzó el cohete. El riau riau duró media hora. Pamplona celebraba el 18 de julio con discursos de autoridades en el cine Alcazar, actos religiosos en la Catedral, recepciones, bailes públicos en plaza del Castillo y Sarasate, cine en la plaza del Vinculo y fuegos desde el fuerte de San Bartolomé. El día 20 de julio morían cinco personas en diferentes ahogamientos y accidentes de trabajo. el pleno municipal solicitaba la ampliación de la Estación del Norte.

A comienzos de agosto Pamplona acogió la competición nacional de bandas del frente de juventudes que pasarían un mes en el campamento “Sancho el Fuerte” de Burlada, que vemos a la derecha de este párrafo, mientras Amadeo Marco recibía autorización para incorporarse a la División Azul. El 6 de agosto la Comisión Permanente del Ayuntamiento aprobaba el proyecto del arquitecto municipal para construir una piscina infantil en la denominada “playa de San Pedro” para que pudieran bañarse los niños menores de 8 años. La piscina estaría terminada en 1944. Si en 1918 se colocaron sillas para oir los conciertos en el Bosquecillo el reporter del Diario se quejaba de la retirada de las sillas este año y del deambular de la gente por delante de los músicos. La guardia civil decomisaba con frecuencia productos de contrabando en la frontera con Francia. En Pamplona se hacían rogativas por la guerra europea. Y el Ayuntamiento hacía grandes esfuerzos para perseguir el fraude en la venta de la leche que con cierta frecuencia era “bautizada”. Se produjo una oleada de incendios en Navarra: Asiain, Cirauqui, Cáseda, Huarte Araquil, Ochagavía, Garde, Urriza, etc. El 25 de agosto eran robadas algunas piezas de la hornacina de la Virgen del Pilar en la iglesia de San Nicolás.

A partir del 1 de octubre se iba a exigir a todos los nuevos matrimonios disponer del Libro de Familia. Se creó por ley el 15 de noviembre de 1915 pero no había sido efectivo. El libro contaba de dos partes, la primera destinada a las relaciones familiares y la segunda contenía el régimen de subsidios familiares con sus incidencias. El 8 de septiembre Franco visitaba la colonia escolar de Fuenterrabia. Se preveían dos corridas de toros con sus encierros correspondientes en los sanfermines chiquitos de este año, concretamente para los días 25 y 26. Habría, además dianas, fuegos artificiales y bailes públicos como en las fiestas grandes, sin embargo las fiestas acabaron pasadas por agua. Hechos curiosos: la alcaldía de Pamplona alertaba sobre la gran cantidad de niños que se dedicaban a recoger colillas arrojadas por los clientes. Osasuna se encontraba en 2ª división. Con motivo del llamado día del Caudillo, el 1 de octubre se realizaron donativos a 400 familias pobres, 50, por cada parroquia,  con 25 pesetas en metálico y un vale de suministro gratuito. El donativo ascendía, en total, a 40.000 pesetas. El 1 de octubre se entregaron carnés de subsidios y pensiones a ancianos de distintas zonas de Navarra, y aunque teóricamente los beneficiarios eran dos millares, tan sólo 1000 recibieron los carnés y 400 las pensiones. El tercer premio de la Lotería caía en Pamplona, en la Administración de Lotería nº 1 de la calle Zapatería, quince días después tocaba parte del 3º y del 6º con 325.000 pesetas. La Sección Femenina entregaba en un acto en el Cine Novedades presidido por el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento José López Sanz 20 canastillas y 18 hatillos de ropa infantil a otras tantas madres.

El día 6 de octubre detenían al autor del robo perpetrado hacía una semana en el Bar Sevilla de la plaza del Castillo. El ladrón intentó huir pero fue arrestado por la policía tras los correspondientes disparos al aire. Llevaba un reloj valorado en unas 700 pesetas, una pluma estilográfica Pelikan, 3.500 pts en metálico, varios décimos de la Lotería Nacional, prendas de vestir de señora y caballero y otros objetos.  El conocido falangista José Moreno Diaz, más conocido como Pepe Perla, fundador de la Falange en Navarra y consejero nacional antes de la guerra, era nombrado gobernador civil de Badajoz. Con el cambio de hora oficial, cambiaban también los horarios de cierre de los establecimientos: los teatros y cines cerraban a las 0,45, si bien en los días de debut o función benéfica los teatros podían cerrar a la 1.15, en cuanto a los cines podían terminar a la 1 y restaurantes, cafés, bares y salas de fiestas a la 1.15 de la madrugada. El 11 de octubre se inauguraba el seminario Hispano Americano de los Dominicos de Villava con la presencia del nuncio apostólico Gaetano Cicognati y el capitán general de la 6ª región militar, José Los Arcos. El control de los abastecimientos también afectaba a la hostelería que debían justificar las comidas sueltas con los correspondientes cupones. La educación era frecuente objeto de indicaciones y consignas, este mes, el día 23 se instituía la fiesta de la Propagación de la Fé, en el día de las Misiones. Para evitar fraudes o perjuicios en el ramo asegurador se suprimían los descuentos en las pólizas de seguros. Llamativa fue la multa que se impuso a Osasuna el 22 de octubre: el comité de competición le multaba con 750 pts por haber arrojado piedras contra el árbitro, en el partido contra el Hércules en el campo de San Juan, suspendiéndose temporalmente el juego. Se animaba a los agricultores a incrementar la superficie de cultivo destinada al trigo con el fin de contar con mayor excedente y poder atender las necesidades de la población. El 25 de octubre se inauguraba en Pamplona la Asamblea Nacional de Turismo durante la cual se comentó la declaración de Javier como pueblo de importancia turística o el deseo de enlazar el Irati con el ferrocarril de Canfranc. La Asamblea se clausuró tres días más tarde. El 27 de octubre se inauguraba la Clínica de San Juan de Dios, de la que ofrezco un amplio reportaje fotográfico junto a estas líneas.

El día de todos los Santos, como se hacía desde décadas atrás, la Corporación asistió al tradicional responso ante el mausoleo de Pablo Sarasate con un tiempo bastante desapacible. Subió el precio del pan, estableciéndose un precio único de 35 céntimos para las raciones de 1ª, 2ª y 3ª categoría correspondientes a los 100, 150 y 200 gramos de peso. El día 3 de noviembre se desarticulaba en la ciudad una grupo de corrupción de chicas menores de edad formada por un hombre y dos mujeres. La red había habilitado un lujoso piso en el Ensanche donde traían a las chicas. En el momento de la detención trataban de engañar a dos chicas de 16 años. El trío ingresó en la cárcel, las dos jóvenes en una residencia para su reeducación. El tabaco rubio se vendía sin cortapisas ni racionamientos, imagino que por su altísimo coste. El Ayuntamiento, como todos los años, procedía a realizar su censo de ganado, carruajes de tracción animal, bicicletas  y vehículos a motor. Con tal objeto daba un mes de plazo a los propietarios para facilitar los datos. Se anunciaba la relación de productos racionados a distribuir este mes y las cantidades por cartilla individual: 500 gramos de arroz y  250 de tocino, a los niños  un kilo de azucar blanca, 100 de arroz, 400 de jabón, 260 de chocolate, pan o harina y leche condensada según disponibilidad. También había cupos para los enfermos, para lactancia artificial y madres lactantes, dispensarios de higiene municipal y zonas rurales. Pero los problemas de abastecimiento continuaban. Hoy era el pan y mañana las legumbres.  Se conmemoró el cincuentenario de las Madres Concepcionistas. La Junta Superior de Educación indicaba qué libros debían utilizarse por los maestros en las escuelas. El régimen tenía un toque a menudo paternalista y de protección. Así por ejemplo, el día 11 se entregaban en las escuelas de San Francisco 125.000 pesetas a 123 trabajadores incapacitados para su profesión por accidentes laborales en la misma, de ellos 11 eran navarros y el resto de Guipúzcoa, Alava y Logroño. A falta de otra cosa los diarios hablaban por ejemplo de las 118 palomas que un cazador guipuzcoano había abatido en un solo día en Ibañeta.

De acuerdo al censo de 1940 Navarra tenía 369.618 habitantes, alguno menos de derecho mientras que Pamplona acogía a 61.188 personas. En la calle Mayor, Educación y Descanso tenía un local donde se exponían obras de pintura y  fotografía tanto de profesionales (algunas de Maeztu, Basiano, etc) como de aficionados así como obras de artesanía y de la Obra del Hogar. El sacerdote Cipriano Olaso fallecido en 1930 era objeto de homenaje y veneración pública. Su tumba estaba en la capilla del Seminario Mayor. El  periódico “Arriba España” criticaba el estreno el espectaculo  “Noches  de Paris” por razones morales, calificandola de “tentación turística de gentes procaces y bobaliconas” y calificando la obra de mediocre, vulgar y de mal gusto. El 16 de noviembre se inauguraba la campaña de Cantinas Escolares, acto al que acudieron el obispo, gobernador civil, alcalde y presidente y miembros del Patronato de las Cantinas entre otras personas. Las cantinas distribuían comidas a 1.200 niños de noviembre a mayo. Un labrador entregaba una emisora de radio que había caído de un paracaídas, seguramente de procedencia militar al Alcalde de Pamplona que la depositó en el Gobierno Militar. La primera nevada cubría la falda del Monte San Cristobal. Se conmemoraba la muerte de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange el día 20 de noviembre con actos religiosos y en las escuelas.

El día 22 los músicos conmemoraban el día de su patrona Santa Cecilia, con actos religiosos y musicales, concierto del Orfeón y la Orquesta Santa Cecilia en San Saturnino y fiestas en los locales de Los Amigos del Arte. La gente se quejaba por el retraso de Tabacalera en la venta del tabaco racionado, con los precios de las cajetillas de estraperlo, el Kamel y el Lucky que habían pasado de 3,80 a 8,10 pts. El obispo pedía donativos para la restauración del Santuario de Javier criticando sobre todo a las familias más acomodadas por su falta de colaboración. Por primera vez las escuelas celebraban la fiesta de San José de Calasanz como patrón, con actos sociales, religiosos para niños y maestros acabando la jornada con una película gratuita en el Olimpia para niños asistidos por Auxilio Social y Cantinas Escolares. Osasuna en segunda división estaba sumida en una profunda crisis económica y deportiva. Pamplona celebraba la festividad de San Saturnino: era fiesta laboral en Pamplona.  El Ayuntamiento y otros edificios públicos estaban engalanados con banderas, tapices y colgaduras. La corporación desfilaba en cuerpo de ciudad, con mazas, banda de música y txistularis hasta la catedral para recoger al cabildo, salir en procesión con la imagen del Santo y regresar al templo para celebrar la misa solemne cantada por el Orfeón, tras de la cual la corporación acompañaba nuevamente al Cabildo hasta la Catedral. Unos días más tardes con similares boato y ceremonias  se conmemoraba la festividad de San Francisco Javier.

El 2 de diciembre la Cortes fijaban la mayoría de edad de los españoles en los 21 años. El día 6 de diciembre se inauguraba la campaña de ahorro escolar con la distribución de cartillas a los alumnos de las Escuelas de San Francisco. Organizaba el acto la Caja Municipal, y contó con la presencia del alcalde y el obispo Marcelino Olaechea. Con el apoyo del Gobierno Civil, Diputación Foral y Ayuntamiento se recogían fondos para la distribución de obsequios de obreros en paro y de juguetes para los niños de las escuelas municipales, Auxilio Social y centros benéficos. El día 8, el regimiento de Infantería celebraba el día de su patrona, la Inmaculada Concepción con diferentes actos, religiosos y lúdicos. Al día siguiente en los locales de Educación y Descanso se procedía al reparto de ropa por la Junta de Protección de Menores de Navarra: 500 pares de zapatos, 110 abrigos, 300 pantalones, 160 cazadoras, 800 interiores y 220 jerseis para los niños de las escuelas gratuitas, asilos y parroquias. El delegado provincial de Sindicatos, Laudelino León solicitaba a los empresarios navarros la concesión de una paga extraordinaria a los obreros, no como la legítima concesión de un derecho sindical o social sino envuelto en  un  almibarado  discurso paternalista y protector y alusiones a la cercana Navidad Religiosa. El día 12 se celebró la 6ª Asamblea de la Juventud de Acción Católica de Navarra. El gobernador civil recordaba la prohibición de circular a los coches de turismo desde las 22.00 horas del sábado a las 0,00 horas del martes. Ciegos y modistillas celebraban el día 13 la fiesta de Santa Lucia. La Caja Municipal en atención a las circunstancias económicas decidía ayudar a las familias humildes con la devolución gratuita de las prendas empeñadas en el Monte de Piedad hasta el día 9. La devolución se realizaría en los próximos ocho días.

El Servicio Cinematográfico de Educación y Descanso anunciaba la puesta en marcha  de un nuevo cine, en sus instalaciones, en el piso principal de los números 12-14 de la calle Mayor. Se llamaría Salón Victoria y tendría capacidad para 300 espectadores. Se inauguraría oficialmente el 23 de diciembre y abierto al público el 25, con cuatro sesiones. Un incendio destruía una casa almacén de los Padres Paules y mataba ganado porcino alojado en su finca así como diferente material. Se solicitaba ropa para los presos enfermos del sanatorio de la prisión del Fuerte de San Cristobal que pasaban por unas condiciones inhumanas. Serían festivos no recuperables para 1944 el 1 de enero, jueves santo, la Ascensión, el Corpus, San Fermin, Santiago, la Inmaculada y la Natividad. Eran recuperables, el día de Reyes, Viernes Santo, San Pedro, la Hispanidad, todos los Santos y San Saturnino. El 1 y 19 de abril, 2 de mayo, 1 de octubre y 20 de noviembre solo en establecimientos oficiales. Este año el 19 de marzo y el 3 de diciembre caían en domingo. El día 18, sábado, robaban tabaco en el estanco de la Estación de Autobuses por valor de 11.000 pesetas. Debido a la crisis por la que atravesaba, ocupaba el último puesto de segunda y estaba en situación económica crítica,  la Federación Navarra de Fútbol se hacía cargo de Osasuna, si bien el día 21 le ofrecía la presidencia del club al alcalde Antonio Archanco y días después se elegía a una nueva junta directiva. La plaza del Mercado Viejo conocía estos días una gran animación. En la sede de Cruz Roja se repartían prendas y juguetes a un numeroso grupo de niños necesitados. El grupo “Los pastores de Nazaret” visitaban el Hospital y la Maternidad repartiendo golosinas a los niños, además de ofrecer lo mejor de su repertorio. La Diputación Foral se hacía cargo de los servicios  de Higiene Infantil en Navarra. El Gobierno Civil se trasladaba desde el nº 1 de Paulino Caballero a su nueva sede en la plaza de Mola. Barañain mostraba su deseo de integrarse en Pamplona como una parte más de la ciudad. La central nacional sindicalista preparaba una fiesta de reyes para los hijos de parados menores de 12 años en sus locales de Educación y Descanso. El alcalde autorizaba a un grupo de cantores cantar villancicos en las calles de la ciudad en Navidad y promovía la instalación de anuncios luminosos por parte de los comerciantes y hosteleros de la ciudad.

Fotos por orden de aparición: alguna de las fotos aparecen referenciadas dentro del texto. Además,  Nº 1: Publicación informativa sobre el Seguro de Enfermedad. 1943, Nº 2: Exposición Casa Ajuria, cunas y ajuares, Años 40. “Desolvidar” Patximendiburu.blogspot.com Nº 3: Antonio Archanco, alcalde de Pamplona, Nº 4: Noticiario Cinematográfico. NODO Filmoteca Española, Nº 5: la cupletista Raquel Meyer, Nº 6: Boletín Informativo Ministerial. 1943 , Nº 7: ¨Lámina en huecograbado. Procesión en Pamplona. Años 40. Todocolección.net , Nº 8: Fermín Sanz Orrio , Nº 9: Salvoconducto de 1943, Nº 10: Estadio Ruiz de Alda. V Torneo Juvenil. 1952, Nº 11: Plaza de la Cruz con los institutos recién inaugurados. J. Cia. 1944. AMP, Nº 12: Foto de un encierro de los sanfermines de 1943. Foto J. Galle, Nº 13: Corrida del 7 de julio de 1943 con Manolete a la izquierda. Foto Zubieta y Retegui, Nº 14: Video del NODO de los sanfermines y encierros de 1943. Filmoteca Española, Nº 15: Campamento del Frente de Juventudes “Sancho el Fuerte” de Burlada. 1943, Nº 16: piscinas de San Pedro. Años 90. Revista Ezkaba,  Nº 18: Cine Novedades, Nº 19: Arriba España. 26 de octubre de 1943., Nº 20,  21, 22 y  23: Archivo Fotográfico Hospital San Juan de Dios. Marcelino Olaechea, Obispo de Pamplona, bendiciendo las nuevas instalaciones (1943); Clínica, Iglesia y Comunidad acabadas de inaugurar. Octubre 1943. Sala de partos. 1943. Fachada principal de la clínica. 1943. Nº 24: Seminario Hispanoamericano de Misioneros Dominicos de Villava, Nº 25: edificio del Beste Jira recién inaugurado. 1912, Nº 26 y Nº 27: Programa de mano del espectáculo “Noches de Paris”. 1943. Nº 2828: Ediciones Juventud de acción Católica. Catálogo. 1943, Nº 29: Carnet de asociada de Juventud de acción Católica. 1943, Nº 30: Gobierno Civil en construcción. 1940-1945. Foto Zubieta y Retegui. Colección Arazuri, Nº 31: Fotografía de familia.  Foto Fernando Diaz. 1941.