“Comercios del Casco Antiguo, comercios que dejan huella”: Calzados Pablo Goñi

Quinta entrega de la serie “Comercios del Casco Antiguo, comercios que dejan huella” que gira esta vez en torno a la zapatería más antigua y con más solera  de la ciudad, la de Calzados Pablo Goñi. Cuatro generaciones de la familia Goñi  y  casi un siglo y medio ha pasado desde que Gil Pedro Goñi Reparaz, con poco más de 20 años,  comenzase a fabricar y vender zapatos a los pamploneses en su tienda del nº 12 de la calle Pozoblanco. Corría el año 1878. Tan solo hacía dos años que había acabado la tercera guerra carlista. Junto a Gil, aprendía el arte de fabricar zapatos su hermano Pablo, diez años más joven que él, quien al filo del nuevo siglo tomaba su propio camino y montaba su propio negocio de fabricación y venta de calzado en la calle Eslava. En el nº 1 de la calle tenía la tienda, -donde ha estado siempre  Calzados Reparaz, hoy unificadas todas las tiendas, incluida ésta,  bajo el nombre de Calzados Pablo Goñi-,  y en el nº 10 disponía de  un pequeño  taller artesanal donde se realizaban parte de los trabajos de fabricación, entonces una fabricación puramente artesanal.

En las hojas catastrales de 1903 Pablo Goñi Reparaz aparecía como “zapatero, cañista, cortador y vendedor de pieles preparadas para el calzado”, es decir fabricaba tanto  zapatos para su propia venta como cortaba y preparaba las pieles para otros zapateros. Por otra parte, en la publicidad de la época,  que podemos encontrar en los anuarios comerciales de primeros de siglo (1908),  se autocalificaba la zapatería  como  “La Buena”, haciendo hincapié  en la calidad del producto que ofrecían al cliente. Pablo se hizo  en 1918 con la propiedad del taller de Eladio Barado y Baigorri que tenía su sede en el nº 15 de la calle Compañía. La producción artesanal dió, entonces,  paso  a una fase de producción más industrial ya que incorporó una moderna maquinaria alquilada a la compañía americana United Shoe Machinery Company. La compañía suministradora no permitía la compra de las máquinas y cobraba por su uso, para lo que disponían de un contador que controlaba los pares de zapatos producidos.

A pesar de la limitada demanda de zapatos de la época el negocio de la fabricación  iba creciendo. Buena prueba de ello es que, en 1921,  el  taller contaba con seis empleados, plantilla que  se  duplicaba al año siguiente, siempre según fuentes municipales. En 1925 Pablo  trasladaba la producción de la calle Compañía a una nave situada en la parte trasera de su tienda de Eslava, 1, desapareciendo el primitivo taller existente en el nº 10. La fábrica  contaba  con un novedoso  sistema de cosido con cerco o sistema Goodyear. Buena parte de la producción se vendía por el norte de España. No obstante, en estos años,  el negocio de la fabricación acusaba cierta inestabilidad  ya que cada vez estaba más condicionado por la fuerte competencia  local  y cierta estacionalidad en las ventas.

Tras el fallecimiento, en 1927, de Pablo Goñi Reparaz, quedan en el negocio cuatro de su doce hijos, Pablo, Carlos, Enrique y Pepe, si bien será Pablo Goñi Gainza en el que recaiga la gerencia, estando la razón social del negocio de la venta de calzado  a nombre de Hijo de Pablo Goñi (Reparaz) mientras  la titularidad de la fábrica recaía sobre su viuda.  En 1935 la propiedad de la fábrica, -Vda de Pablo Goñi-, que contaba entonces con 27 trabajadores, subarrienda a estos la factoría por 45.000 pesetas pagaderas en 10 anualidades. Las condiciones eran muy favorables para los trabajadores quienes se agruparon  bajo la razón social de “Amezqueta y Compañía”, ya que  la mitad del dinero se pagaría en metálico y la otra mitad en zapatos que se suministrarían a la tienda de la calle Eslava. Estalla la guerra civil y la sociedad laboral se encuentra con dificultades de cobro, recuperando de nuevo la propiedad de la fábrica, el 20 de noviembre de 1936,  Vda de Pablo Goñi que la subarrienda otra vez,  si bien por un período limitado,  -hasta la finalización de la guerra-,  al empresario catalán Gonzalo Calabuig Lavalle (Calzados Benacet S.L).  Después de la guerra, el 20 de febrero de 1942, la fábrica es traspasada a Ildefonso Bezunartea, quien a su vez, más tarde la subarrienda a un tal Lezaun  finalizando su actividad fabril en 1948.

La guerra y la postguerra habían contribuido, entre otros factores,  a que fuese más rentable la venta de calzado que su  fabricación, dedicándose la familia Goñi Reparaz, como hemos visto, desde 1935   exclusivamente a la venta de calzado y abriendo una segunda tienda, en octubre de 1939, en el nº 15 de la calle Zapatería, poco después de acabada la guerra. La facturación de las ventas en las tiendas se había multiplicado por cinco en apenas un lustro, el que va de 1936 a 1941. En 1949  tuvieron, durante casi una década,  en traspaso, un establecimiento en Zaragoza que operaba bajo el nombre de Calzados Condor y del que se encargó  Enrique Goñi Gainza  hasta el fallecimiento de la viuda de Pablo Goñi Reparaz en  1959, tras cuya desaparición la razón social queda como “Hijos de Pablo Goñi (Reparaz)”.

La tercera generación, personificada en Pablo Goñi Labiano, entró a trabajar muy joven en la tienda, con su padre, concretamente en 1945, y asumió la gestión del negocio a  mediados de los años 60. La evolución del negocio, a partir de este momento  es estable, sin muchos altibajos, hasta los años 70, en que se incrementan notablemente  las ventas, fruto del desarrollo urbanístico de la ciudad  y del aumento de  la capacidad adquisitiva de la población. Pablo Goñi Gainza fallece en 1974. De la mano de Pablo Goñi Labiano se abría, en 1981,  un nuevo punto de venta en la calle Paulino Caballero. Actualmente dirige  la empresa la  cuarta generación,  en las personas de  Pablo y de su hermana Susana  Goñi Berruezo, con cuatro tiendas abiertas, las dos del Casco Antiguo (Eslava y Zapatería) y otras dos en el Ensanche, la última abierta  también en Paulino Caballero en el año 2016.

Fotos cedidas por la familia Goñi-Berruezo

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