Mostrando entradas con la etiqueta Mes: enero 2021. Mostrar todas las entradas

Qué leían los niños durante el franquismo. Publicaciones infantiles (1939-1975)

Aunque en alguna entrada del blog ya me he referido, en cierta forma,  a estas publicaciones, si bien desde una visión personal y de recuerdo, -cuando murió Franco tenía tan solo 12 años-,  en esta ocasión lo hago con un criterio mucho más historicista y profusamente ilustrada. Los cuentos e historias infantiles tienen una larga tradición en la literatura. De niños ¿a quienes,  en casa, no le han contado un sucedido, una historia, un cuento  o una fábula?. También es verdad que el dibujo, la viñeta,  se revela casi siempre como el mejor vehículo  para llegar hasta los más pequeños y retener su atención, es mucho más fácil  que obligarle a leer  un libro. Los dibujos animados de la tele han tenido siempre un voraz y fiel público menudo. El nuevo régimen surgido tras la guerra no perdió la ocasión de intentar influir y adoctrinar a los más pequeños a través de sus publicaciones infantiles  absolutamente dogmáticas e  ideologizadas:  la falangista «Flechas» (1937) y la carlista «Pelayos» (1936) que se fusionarían  luego bajo el nombre del semanario «Flechas y Pelayos» (1938). Durante la guerra, en la zona republicana nació «Pionero rojo» y en 1938 nacía la revista «Chicos» que cerró en 1955.

Hasta la guerra civil había dos grandes publicaciones de historietas, en primer lugar, el TBO, nacido el 17 de marzo de  1917, creado por el impresor Arturo Suarez en Barcelona y editado, desde el nº 10  por Buigas Garriga y más tarde también por  Estivill y Viña que lo editaron hasta 1983, si bien con algún titubeo o irregularidad desde la guerra hasta 1951, desde 1986 por Bruguera y tras la desaparición de ésta, desde 1988 y hasta 1998 por Ediciones B. Esta publicación,  emblemática como pocas,  daría nombre popular (el tebeo) a la publicación con que en otros países se conoce la historieta gráfica o el comic. Muchas de sus historias y viñetas no resistirían seguramente el actual espíritu de corrección política y social. En 1936 llegó a tirar un cuarto de millón de ejemplares.  La segunda publicación importante fue la revista Pulgarcito, editada semanalmente desde 1921 por la editorial Gato Negro que desde 1940 se convertiría en Editorial Bruguera. Fue retomada por Ediciones B en 1987. En ella y a finales de los 40 se publicaron las primeras historias de Carpanta, Doña Urraca, Zipi y Zape, el reportero Tribulete, la familia Cebolleta, las hermanas Gilda o Mortadelo y Filemón, estos últimos aparecidos en 1958, de la mano de Francisco Ibañez. Eran en la mayoría de los casos antihéroes, personajes sin suerte, que hacían reir o sonreir pero que escondían tras sus diálogos la realidad de una España atribulada por la escasez en una inesperada muestra de realismo social. En 1949 salía «Superpulgarcito» y en 1969 «Gran Pulgarcito». Habría otras publicaciones infantiles pero ninguna de ellas llegaría ni de lejos a la fama ni a la duración de las mencionadas: «Chiquilín» (1924), Pinocho (1925) de Saturnino Calleja, «Macaco» (1928). Y en los años 30, «Yumbo» (1934) de Hispano Americana de Ediciones, resucitado en 1952, «Mickey» (1935) de Molino que publicaría los éxitos de Walt Disney, «Aventurero» (1935), resucitado en 1953,  también de Hispano Americana. En 1943 tenemos el semanario «Jaimito» muy parecido, en forma y contenidos, al TBO o Pulgarcito.

Otros títulos destacados eran, en aquellos años  «Roberto Alcazar y Pedrín», creada en 1940 por el guionista y editor Juan Bautista Puerto Belda, propietario de la Editorial Valenciana y el dibujante Eduardo Vaño Pastor que se editó hasta 1976; «El guerrero del antifaz» creado por Manuel Gago García en 1944 para la Editorial Valenciana  que se editó hasta 1966, llegó a tirar más de 200.000 ejemplares  y «Hazañas Bélicas» aparecido en 1948 de la mano de Editorial Toray. En algún caso,  alguna de  estas publicaciones, como Roberto Alcazar y Pedrín fue acusada por su deplorable maniqueismo, la glorificación de la violencia o fuerza bruta y buena parte de sus mensajes.  como el  mejor exponente de tebeo del «Régimen». Otras historias fueron las de Juan Centella, el inspector Dan o «El Cachorro» (1951). Había otras como «Las aventuras de Jorge y Fernando» (1944)  o libritos de aventuras como  «Aventuras de Dick Turpin, el audaz enmascarado» editado por Gato Negro o  «Bill Barnes, aventurero del aire» de Editorial Molino, sin olvidar  «El coyote» de Jose Mallorquí (1943) o Doc Savage, que conocieron  versiones de novela popular, pulp, y de comic o tebeo. La mexicana Editorial Novaro traería por su parte a «El llanero solitario» así como otros títulos importados de Estados Unidos, entre ellos «Superman». Y no podemos olvidar las novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía, cuya primera novelita, editada en 1943, -escribió unas 1.600 a lo largo de su vida-, se llamaba- «La mascota de la pradera» y fue editada por Ediciones Maisal.

En los años 50 proliferan los títulos de tebeos, (con más de 500 series), pero sin lugar a dudas el tebeo más icónico de nuestra historia es el del Capitán Trueno. Fue creado en 1956 por Victor Mora que firmaba los guiones mientras los dibujos corrían  a cargo de Miguel Ambrosio Zaragoza, Ambros. El primer número se llamaba «A sangre y fuego» y costaba 1,25 pesetas. El capitán Trueno era un caballero español de la Edad Media en tiempos de la 3ª cruzada (finales del siglo XII) que acompañado de sus amigos Goliath y Crispín, y a veces también por Sigrid, novia de Trueno y reina de la isla de Thule se dedicaba a recorrer el mundo en busca de aventuras en las que ejerce de defensor de la justicia y liberador de los oprimidos. El propio Mora estuvo algún tiempo en prisión por actividades «subversivas», era miembro del PSUC. En 1958, Mora retomó la exitosa fórmula del Capitán Trueno (llegó a tirar más de 350.000 ejemplares) y creo una nueva serie: el Jabato, ambientada esta vez en la época romana y dibujada por Francisco Darnís. Al Jabato, campesino ibero reconvertido en héroe contra la opresión romana le acompañaba el fortachón también íbero Taurus, la dama, Claudia, patricia romana convertida al cristianismo y Fideus de Mileto un bardo griego. De Mora y el dibujante Fernando Costa era El Cosaco verde (1960), ambientada en Rusia, que cambió de color para evitar la censura, -eran tiempos en los que la Caperucita no era roja sino encarnada-, y también de Mora fue «El corsario de hierro» (1970), teniendo como protagonista a un bucanero. Tanto el Capitán Trueno como Jabato conocerían en los años 70 nuevas aventuras y mejores presentaciones bajo el añadido de Color, Trueno Color y Jabato Color. Otros títulos de esta década fueron el DDT de Bruguera, la reconversión del serial radiofónico en tebeo, de Diego Valor (1954), impresa por Ediciones Cid que también resucitó, aunque por poco tiempo, la mencionada y una de las más populares revistas  infantiles de la postguerra «Chicos».

En los años 60  nacen «Tío vivo»,  «Tele Color» (1963) donde los personajes de los dibujos animados de la tele encuentran acomodo, «Topo gigio» (1965), «Tintín» (1967), «Bravo», «Gaceta Junior» y «Delta 99» (1968), «Piñón» (1969), curiosa revista editada por Magisterio Español y la Confederación de Cajas y que nos llegaba hasta las escuelas. Me acuerdo perfectamente de ella. Se empiezan a importar, en estos años,  con mucha más asiduidad,  personajes y materiales desde el extranjero que en las décadas anteriores, todo hay que decirlo,  era un hecho bastante excepcional.  Todas estas novelas y tebeos eran objeto de alquiler, en algunos de las librerías existentes entonces en el Casco Antiguo y por supuesto del resto de la ciudad. Recuerdo que en la librería de la Pachi, de la avenida de Marcelo Celayeta, (que no se llamaba Pachi, sino Saturnina, Pachi se llamaba su marido), se  cambiaban por un módico precio estas novelitas y tebeos. ¡Ay de aquellas veces que alguno  que alquiló la novela o el tebeo antes que tu arrancó  alguna página de la publicación provocando el natural  berrinche y frustración por la interrupción seguramente en el mejor de la aventura!. Seguro que a más de uno le sucedió esto. Los años 70 trajeron alguna publicación de gran calidad como la quincenal «Trinca» si bien apenas duró tres años. Editada por Doncel, contaba con series aventureras más maduras y adultas como un especial sobre la historia del Cid  que recuerdo haber visto en mi casa y otras historietas de temática diversa, como «Manos Kelly», «Los Guerrilleros»  y «Haxtur». En esta década se reeditaron series históricas como el Guerrero del antifaz (1972), Chicos y Hazañas Bélicas (1973).

También había revistas  e historietas para chicas. Todas o casi todas promovían un rol de la mujer que postulaba aquel régimen surgido de la guerra: el único papel de la mujer, en aquel tiempo y en aquella sociedad,   era el de madre y  esposa, sufrida y abnegada, el descanso del guerrero, como se decía entonces. Entre estas publicaciones se encontraban la revista «Mis chicas» (1941-1950), la primera revista de historietas femenina de la postguerra (con secciones variadas de cine, moral, literatura, consejos, etc) y gran éxito popular, «Chicas» (dirigida a las adolescentes),  «Sissi» (1958-1963) con fotos de las estrellas de cine y la canción en portada,  «Azucena», «Ardillita» que siguió su estela, «Florita», «Mariló» (1950), Margarita, etc. «Azucena» fue una colección de cuadernos de historietas, representativo del llamado tebeo de hadas, publicado por Editorial Toray entre 1946 y 1971. Como la mayoría de los cuadernos de historietas gráficas del momento tenía un formato apaisado con portada en color e interior en blanco y negro.  «Florita» fue, por su parte,  una revista juvenil femenina, de las de más éxito de entonces, con más de 100.000 ejemplares de tirada,  publicada a partir de 1949,  sucesivamente por Ediciones Cliper y desde 1958 por Ediciones Hispano Americana. Incluía historietas y secciones orientadas a la mejor formación de las niñas (pequeños defectos que debes corregir, decoración, vidas ejemplares, consejos, etc) vamos todo un ejemplo de la época del nacional-catolicismo de entonces. Supuso un cambio del tebeo de hadas que representaba «Azucena» y «Ardillita» a la nueva historieta romántica.

Dejando a un lado los tebeos y revistas, debería citar también todos aquellos libros que estaban específicamente orientados, en aquellos años, al público infantil y juvenil. En 1956, Editorial Bruguera lanzaba su colección «Historias Selección», eran libros que contenían versiones más reducidas que las obras originales con  páginas, con viñetas, que resumían parte del contenido de la historia. Costaban 25 pesetas. Una bonita manera de introducir a la infancia en la literatura de todos los tiempos. Esta biblioteca juvenil contaba,  a su vez,  con un buen número de series que agrupaban las diferentes obras publicadas: Clásicos Juveniles (La isla del tesoro, Robinson Crusoe, La pequeña Dorritt, David Copperfield, Oliver Twist, Tartarín de Tarascón, Cuento de Navidad, Los Viajes de Gulliver, etc), Grandes Aventuras, Mujercitas, Cuentos y Leyendas, Julio Verne (La vuelta al mundo en 80 días, Los hijos del capitán Grant, las tribulaciones de un chino en China), Historia y Biografía, Sissi, Pueblos y Países, Pollyana, Karl May, Emilio Salgari (Sandokan), Ciencia Ficción, Nancy, Héroes, Heidi, obras de Mark Twain (El príncipe y el Mendigo, Un yanqui en la corte del rey Arturo, etc), de Alejando Dumas (El conde de Montecristo, Los tres mosqueteros, etc). Durante aquellos años  no se perdía la ocasión para,  al calor del nacional-catolicismo imperante,  obsequiarnos con vidas ejemplares de santas y heroínas como Bernadette o Juana de Arco. En mi surtida biblioteca guardo no menos de una docena de estos libros que conseguí en diversas ediciones de la  feria del libro de antiguo y de ocasión de Pamplona.

Editorial Molino fue junto a Bruguera, aunque a gran distancia de ésta,  la editorial que más obras publicó destinadas al publico infantil y juvenil. Entre algunas de sus series más famosas estarían las obras de Enid Mary Blyton. Ahí estaban las series de «Los Cinco», «Secreto», «El club de Los Siete Secretos», «Misterio» y «Torres de Malory». Tampoco habría que olvidar las «Aventuras de Guillermo»,  y sus inolvidables travesuras,  de Richmal Crompton. Y aunque ya los cité, al menos una buena parte en la otra entrada del blog, recordaré los cuentos de Perrault, los hermanos Grimm y el danés Hans Christian Andersen, basadas,  muchos de ellos, en relatos y leyendas preexistentes, las fabulas de Esopo, Iriarte y Samaniego,  los cuentos  de «las mil y una noches» (Aladino, Ali Baba, Simbad, etc); el Corazón de Edmundo D´Amicis (quien no se acuerda de Marco), Pinocho, Peter Pan, El libro de la Selva, Tarzan, Alicia en el país de las maravillas, El principito  y un largo etcétera.  Fruto de la pluma de un sacerdote francés, Michel Quoist, fueron las celebres «El Diario de Daniel», que leí, cuando estab aen el Cardenal ilundain y «El diario de Ana María» dirigidas a adolescentes de uno y otro sexo. Las narraciones de la condesa de Segur; las series de Antoñita la Fantástica de Borita Casas;  las aventuras de Mari Pepa,  de Emilia Costarelo o las de  Celia,  de Elena Fortún son algunos de los  otros títulos de series de literatura infantil que no quisiera dejar de mencionar en este post. Mención aparte, aunque quede fuera del tiempo de análisis  merece la obra editorial de Saturnino Calleja, que publicó casi toda la literatura infantil que se había escrito hasta entonces,  (finales del XIX y principios del nuevo siglo), ¿quien no recuerda esa expresión hecha de «tienes más cuento que Calleja»?. Seguro que se me quedarán en el tintero infinidad de títulos y autores. Espero que los lectores sean benevolentes y vayan completando esta modesta entrada que no pretende más que echar una mirada a lo que leímos nosotros, nuestros padres o dependiendo de la edad de quien lea este artículo incluso nuestros abuelos.

Fotos: Archivo propio y de la familia Abarzuza-Fontellas

Canciones infantiles de antaño (1893-1973)

ACTUALIZADA. Imagino que todos los niños, también los de ahora, tendrán sus canciones, muchas de ellas oídas o transmitidas por  la tele o en las series infantiles etc,  pero en esta entrada del blog voy a intentar recordar algunas de aquellas canciones infantiles de antaño, algunas las cantaban las chicas en sus juegos, otras están incrustados en mi memoria más lejana sin tener vinculado un recuerdo en concreto, algunas proceden de la tradición oral familiar, aunque por lo que he podido ver compartida con mucha gente, hay algunas que incluso se las oí a mis padres que las escucharon o cantaron, a su vez, de niños. En esta actualización he ido más lejos que en el artículo original, pues he revisado  las canciones infantiles de finales del siglo XIX y principios del XX, y me he dado cuenta de que al menos mis padres y mis abuelos compartieron las mismas canciones y que algunas de ellas llegaron incluso hasta los años de mi infancia (años 60 y primeros 70), no sabría decir hasta que época concretamente se cantaron pero imagino que no muchos más años; en el post señalo algunas de las que pudieron cantarse con la entrada de la televisión en nuestras casas.
Vinculado, no sé por qué,  a la escuela, seguramente esperando algún gran chaparrón, cantábamos aquello de «Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que caigan un chaparrón, con azucar y turrón, (a partir de esta estrofa la canción aceptaba diferentes variantes)». Recuerdo  a las chicas cantar «El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás, agachate y vuélvete a agachar que las agachaditas no  saben bailar, h, i, j, k, l, m, n, a», y la estrofa seguía con lo de «que si tu (vd) no me quieres (quiere) otro amante me querrá». Esta era una canción de corro en la que las chicas giraban agarradas de la mano y se agachaban cuando la canción lo decía. También de corro era «El corroncho de la patata», que terminaba con las niñas sentadas en el suelo. «El cocherito leré» era una canción que yo escuchaba  a las chicas de mi barrio cuando saltaban a la comba: «el cocherito leré, me dijo anoche leré que si quería leré montar en coche leré y yo le dije con gran salero leré, no quiero coche leré que me mareo leré». Otra era  la del burro enfermo «A mi burro,  a mi burro le duele la cabeza, el médico le ha puesto una corbata negra».
Una canción que acompañaba  a los juegos infantiles de antaño, a los que me refiero en otra entrada del blog,  era en «el burro» el de «A la una saltaba la mula, a las dos tiró la coz». El «churro, media manga, manga entera» tuvo muchas variantes y/o precedentes como «Cazuelica, cazuelón» donde el juego básicamente  era el mismo. Había canciones que se cantaban en las excursiones, como «Un elefante se balanceaba en la tela de una araña»  o «Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará, vamos a contar mentiras, por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas…»; otras que popularizaron los payasos de la tele, en el comienzo de los 70 eran «Hola Don Pepito, hola Don José, pasó usted por mi casa, por su casa yo pasé…»  el barquito chiquitito: «Había una vez un barquito chiquitito, que no sabía, que no podía navegar», «En el auto de papa» o la del señor Don Gato «Estaba el señor Don Gato sentadito en su tejado marramiau, miau, miau, sentadito en su tejado», aunque ésta era antigua. Las niñas cantaban, (era una canción de corro), también aquello de «Tengo una muñeca vestida de azul»,  que al igual que «el patio de mi casa» ya se cantaba a finales del XIX, aunque con variaciones en las letras («tengo una muñeca vestida de azul, con zapato blanco forrado de tul»).  Por cierto alguna de estas canciones infantiles como la de «la muñeca vestida de azul» y la de «la vaca lechera» iban cambiando su letra o mejor dicho, íbamos cambiándole la letra,  a medida que nos hacíamos mayores y entrabamos en la adolescencia, con letras mucho más procaces. ¡Cosas de la edad!.
Bastante más antiguas, pues creo que se las oí recitar a mi madre era la de «Al pasar la barca» (canción para saltar a la comba) y que seguía «me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero» y otra con resonancias de romance como la de la viudita del conde Laurel, también de corro, «Yo soy la viudita del conde Laurel que quiero casarme y no sé con quien..» o «Me casó mi madre chiquita y bonita…» canciones infantiles que hoy, como se puede ver, no saldrían muy bien paradas por el rol que se reservaba en aquel entonces a la mujer y que contraviene todos los principios actuales en pro de la igualdad de género. Por cierto me contaba mi madre que, en su infancia, en el pueblo, jugando a la comba cantaban una cancioncilla que comenzaba así «Puente de la Taconera, arboles junto al Castillo…», Quien la diría que pasaría más de 50 años, hasta su fallecimiento, hace más de siete años, en esa ciudad de sus juegos infantiles. También y con mucha frecuencia cantaba aquella canción de «Quisiera ser tal alta como la luna, ay, ay, como la luna…y seguía «para ver los soldados de Cataluña» y me cantaba de pequeño sobre todo aquello de «Tengo, tengo, tengo tu no tienes nada, tengo tres ovejas en una cabaña…»  así como aquello de «Donde estás, en tabletas, que has comido, castañetas, que has bebido, agua de mayo, tente tu que yo me caigo». También recuerdo una estrofa de una canción que me llamaba mucho la atención pues nos decía con sorna o ironía,  si nos mostrábamos renuentes al baño, de niños,  tu tienes que cantar aquello de «ni me lavo, ni me peino, ni me pongo la mantilla hasta que venga mi novio de la guerra de Melilla». Algún lector del blog me recuerda en los comentarios la cancioncilla de «cantinerita».
También creo recordar aquella cancioncilla que decía «Estaba una pastora, laran, laran, larito, estaba una pastora cuidando el rebañito….». Aun más antigua era la  canción de «Mambrú se fue a la guerra» que se deriva de una canción burlesca francesa del siglo XVIII dedicada a John Churchill (1650-1722), duque de Marlborough (nombre que acabó degenerando,  transformándose en Mambrú). Esta canción ya aparece en el librito de 1893 de Robustiano Montalban donde recoge 60 canciones populares infantiles para piano. En este librito también aparecían «Al pasar la barca», «Quisiera ser tan alta», «Me caso mi madre», «Cu, cu cantaba la rana», «Estaba una pastora». Había una canción que se cantaba para jugar a las prendas que se llamaba «Antón Pirulero» y decía así: «Antón, Antón pirulero, cada cual que atienda su juego y el que no lo atienda pagará una prenda, Antón…», estaba también la de la gallinita ciega. Y como olvidarse de «donde están las llaves, matarile, rile, rile».
Cuentos, dichos, rimas y retahílas como «Pinto, pinto gorgorito», «Caracol, col, col», «Cinco lobitos tiene la loba», «Cu cu cantaba la rana», «Este puso un huevo, en referencia a los dedos de la mano», «El que se fue a Sevilla, perdió su silla», «La flauta de Bartolo»,  o una muy larga que comenzaba diciendo «En la ciudad de Pamplona hay una plaza, en la plaza hay una esquina, en la esquina una casa….». No son todas las canciones que había en aquel entonces, ni muchísimo menos, pero son algunas de las que recuerdo de aquella lejana época.

Olas de frío y nevadas en el viejo Pamplona (1956-2021)

ACTUALIZADA. Es una frase ya hecha sobre todo en personas de cierta edad decir aquello de ya no nieva como antes o ya no hace el frio que hacía antes. De vez en cuando un temporal de frio o una ola de calor nos hace volver la vista atrás para ver en qué fecha tuvimos aquella gran nevada o aquella ola de frio que heló el rio Arga o la última ola de calor que derritió el asfalto. De alguna de ellas me acuerdo porque las he vivido, para hablar de otras echaré mano de la hemeroteca. Empezaremos por el frio y las nevadas, dejando el calor para otra entrada posterior. En febrero de 1956 se registró una de las peores olas de frio que se conocen en la historia climatológica de nuestro país, de las 25 habidas desde 1900. El día 22 de febrero el termómetro llegó en Pamplona a los 15,2 grados bajo cero. Las temperaturas bajo cero se prolongaron durante varios días. Sin duda esta es la más famosa  ola de frío de la climatología española. La ola de frío de febrero de 1956, contó en España con 25 días consecutivos de heladas, (comenzó el  día 1 y terminó el día 25). Fue el mes más frío desde 1833. Tres oleadas sucesivas de aire siberiano alcanzaron de lleno la península. Fue tal su intensidad que se formaron carámbanos de agua marina en la Costa Brava, algo absolutamente insólito. La mínima la marcó un lugar de montaña de Lleida que superó los 32º bajo cero.

Habían sido también inviernos gélidos los de enero de 1945 y enero y febrero de 1954. Tras la ola de frio de 1956 vendrían las de diciembre de 1962-enero de 1963, diciembre de 1970-enero 1971 (con cerca de medio metro de espesor) y enero de 1983 y enero de 1985. Es un hecho constatable que en las décadas de los 60 y 70 las nevadas se producían con más frecuencia y yo creo que con mayor  intensidad  que en la actualidad ¿razones de esto?, ¿el cambio climático? ¿Quién lo sabe?. Algunos dicen que esto es una impresión subjetiva: que antes nevaba igual que ahora pero que había muchos menos coches circulando en la ciudad y no se limpiaban las calles como ahora. Puede haber algo de cierto pero solo en lo del tráfico y la limpieza de los viales pero el hecho es que esas nevadas de 20, 30 o 40 centímetros de espesor no las he visto yo en ningún  parque de la ciudad desde  finales  de los 80 del pasado siglo y aún antes. Hubo temporales de nieve destacables en 1966 (el 19 de enero), 1967 (el 10 de enero), en 1973 (el 9 de abril, tras unos días inusualmente supercalurosos), en 1978 (el 18 de noviembre), en 1979 (el 16 de febrero), en 1980 (el 14 de marzo y el 1 de diciembre, esta última con 40 cm de nieve en la capital) Estas últimas con desastrosas consecuencias por el deshielo de la nieve en los valles y rios del norte de Navarra, que hizo que se desbordará el Arga, como vimos en la entrada dedicada a las inundaciones.

Si por edad, no pude conocer la ola de frio de 1956 o la del 1963 si que recuerdo lejanamente las nevadas de la navidad de 1970-71 (estaba en las escuelas del Ave María, haciendo 2º de Primaria, con Don Emilio Loitegui), fue la segunda ola más importante  (se llegó a 12 grados bajo cero y también se heló el rio como en 1985) y sobre todo recuerdo  las olas de frio de 1983 y 1985. En 1983 estaba yo haciendo 2º de periodismo en la Universidad de Navarra. También fue en febrero, el día 7 de febrero, para ser más exactos. Nevó con intensidad en la ciudad cubriéndose ésta con una espesa capa de nieve de más de 20 centímetros. La temperatura descendió hasta los 12 grados bajo cero por lo que la ciudad se convirtió en una autentica pista de hielo. Sin embargo la helada no duró tanto como la siguiente, la de 1985, pues solo duró diez dias, hasta el día 17 de febrero.

En enero de 1985 estaba haciendo 4º de periodismo cuando empezó a nevar el día 4 de enero, heló  y la ola de frio se prolongó durante un par de semanas, hasta el día 17. Durante casi quince días las temperaturas permanecieron bajo cero. Iba camino de la universidad con dos compañeros que vivían en el Casco Viejo y veíamos los enormes carámbanos colgando de los edificios y de los viejos barracones y edificaciones de la Ciudadela por la que atravesábamos rumbo a Fuente del Hierro y el campus. El día 12 murió un hombre de 50 años a causa de las bajas temperaturas. Fue encontrado en el exterior de la antigua oficina de turismo de Pamplona, en la calle Duque de Ahumada. Creo recordar que en aquella ocasión llegamos a tener 15 o 17 grados bajo cero. El cauce del rio Arga apareció helado en la mañana del sábado día 12 de enero. Aun recuerdo bajando en la madrugada de ese día desde el barrio de San Juan, por el puente del Plazaola y asistir al inédito espectáculo del rio totalmente helado. Aquellos días hubo infinidad de caídas y cuantiosos daños por el hielo en aceras y calzadas de la ciudad además de algunas clases suspendidas en colegios y concentraciones escolares. Aquel mismo año vimos nevar en una fecha tan tardía como el 6 de mayo. Lo recuerdo porque así lo registré en una revista en la que colaboraba en aquel tiempo. Un par de años más tarde, el 14 de enero de 1987 Pamplona quedó colapsada por una enorme nevada que mantuvo la ciudad blanca durante varios días por las bajas temperaturas que superaron los 10º bajo cero.
Años más tarde, en 1989, la nieve llegó como en 1985 también en fechas muy tardías, nada menos que el día 4 de abril. También hubo  nevadas u olas de frio, que de todo hubo,  en Pamplona en diciembre de 1990, marzo de 1993, enero de 1994, enero de 1996, abril de 1998, febrero de 1999, febrero y diciembre de 2001, finales de enero de 2005, el invierno del 2009-10, y la última ola de frio destacable  en febrero de 2012, con temperaturas de 8 grados bajo cero aunque la sensación térmica fue de temperaturas muchísimo más frías. Desde ese año y hasta 2018 cabe señalar nevadas, por lo general de muy escasa entidad en Pamplona, una o  como mucho dos a lo largo del año, hasta el 2018 en que hubo cinco o seis entre enero y febrero, la más importante fue  la de finales de febrero con 15 cm de espesor. Las temperaturas de estos días son, no obstante, las más bajas registradas en la comunidad desde  el año 2012  con 6 grados bajo cero los días 7 y 8 de enero  y hasta los 18 o 19 grados bajo cero en algunos puntos altos de Navarra:  18,9 en Erremendía (Salazar) y 19,6 bajo cero en Urbasa. El máximo, no obstante lo ha marcado estos días la  estación meteorológica de Vega de Liordes, en León, con 35º bajo cero. En otros puntos del país, como Madrid, no se habían conocido unas nevadas tan copiosas desde hace casi 70 años, desde 1952, con más de medio metro de espesor.

Fotos: Nº 1: el rio Arga en la zona del puente de San Pedro (enero de 1971);  Nº 2: Avenida de  Carlos III (enero de 1966), a la altura del teatro Gayarre, ambas  de  Zubieta y Retegui; Nº 3:   Avenida de Roncesvalles  (febrero de 1970). Foto Gomez;  Nº 4. calle Mercaderes (febrero 1970). Foto Galle. Archivo Municipal de Pamplona.

Indice de Entradas del blog «Memorias del Viejo Pamplona»

ACTUALIZADA. Con el fin de facilitar la lectura de las  entradas del blog y de conocer y acceder a todo su contenido, actualizo esta entrada-resumen de todas las entradas publicadas desde diciembre de 2012 hasta la fecha, nada menos que más de 300 hasta el momento, ordenadas por años. Puedes acceder a cualquier entrada del blog desde los dispositivos móviles (teléfonos o tabletas) pulsando sobre el título de cada entrada. En la versión web puedes encontrar también esta sección, en la columna de la izquierda, junto a las otras secciones del blog.

AÑO 2020

 

AÑO 2019

AÑO 2018

AÑO 2017