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Tembló Pamplona. Repaso a los principales movimientos sísmicos de la capital. (1903-2020)

Actualizo esta entrada que escribí hace 5 años, dada la cercanía de lo que se ha dado en llamar un «enjambre sísmico» esta semana, es decir la ocurrencia de un conjunto de eventos sísmicos en un área específica durante un periodo de tiempo relativamente corto; concretamente desde el 19 de agosto de este año hasta hoy se han producido más de  300 movimientos sísmicos de diferente intensidad en la zona de Lizoáin, Arriasgoiti y el valle de Egüés. Esta misma semana,  en la noche del 30 de septiembre al 1 de octubre,  se produjeron 40 seismos,  dos de  ellos superiores a 4 grados en la Escala de Ritcher. El de las 00.02 con una intensidad de 4,6 y el de la 2,22 con una intensidad de 4,4. En el primero estaba levantado frente al ordenador, duro unos cinco segundos y fue claramente perceptible el meneo de la casa y el tintineo de armarios y vajillas. El segundo me pilló durmiendo y me despertó de improviso, dejándome, todo hay que decirlo, muy mal cuerpo.  Y es que los despertares repentinos no son nada buenos. Este artículo completa la información del escrito en 2015 con muchos más datos y recoge, además,  lo publicado en 2017 con motivo de otro terremoto cercano acaecido en la localidad de Olave, en el que recordaba el terremoto de Arette, fusionando, las dos entradas en esta  monográfica.

Así pues, en este post,   repaso los principales movimientos sísmicos que hemos vivido en Pamplona  en los últimos 117 años. Ya he mencionado el último de hace tres días. Empezaré echando mano de mis recuerdos personales. El primer terremoto del que tengo recuerdo en mi vida se produjo el del 22 de mayo de 1982. Fue de noche, a eso de las 6,30 de la mañana. Estábamos durmiendo y se sintió primero un ruido fuerte y enseguida la casa empezó a temblar, la cama, el piso… duró mucho tiempo, tal vez 10 o 15 segundos, el tiempo suficiente para saltar del catre y aun sentir el temblor. Sabíamos que había habido algún temblor fuerte antes, el 13 de agosto de 1967, como consecuencia del terremoto acaecido en Arette, en el sur de Francia. Dicen que tuvo una intensidad de  5,7 en la escala de Ritcher. Se sintió a las 23 horas 8 minutos y 30 segundos. Fue muy largo, de 20 a 30 segundos,  y su epicentro bastante profundo. El terremoto de Arette tuvo un amplio radio de acción, más de 150.000 km2, llegándose a sentir con mayor o menor intensidad en  todo el sur de Francia y en el norte de España. En España se propagó desde  Asturias por el oeste  hasta Cataluña por el este, y hacia el sur llegó a sentirse  hasta Valencia. Sólo hubo un muerto, una anciana de 80 años que se encontraba durmiendo, pero hubo centenares de heridos y 62 municipios fueron declarados zona catastrófica, con 2.300 edificios seriamente dañados, 350 de los cuales quedaron irreparables y hubieron de ser derribados. Arette quedó afectada en un 95%. Pero no lo sentimos porque no estábamos en Pamplona esos días sino de vacaciones en casa de los abuelos, a 300 km de distancia; Así es que el de mayo de 1982 fue mi primer gran terremoto, con  4,5 en la escala de Ritcher. Dice el mayor experto en estos temas, Antonio Aretxabaleta,  que por la duración del seismo  y la perpetuación en la memoria colectiva el terremoto de mayo de 1982 tiene puntos de contacto con el histórico de 1903 aunque el de los años 80 fuese de menor intensidad.

Como es habitual, tras el gran seismo,  se sintieron algunas otras réplicas ese día (a las 6,38 y 8,00 de la mañana) y durante los siguientes días. El epicentro de este primer gran terremoto que vivía en mi vida estaba en Legarda. Dicen que en Barañain las torres más altas se balancearon siete centímetros. Fue aquella una sensación realmente nueva y angustiosa, esa de que te tiemble la cama, parece que te falle el firme del piso, tintineando las copas del mueble del cuarto de estar. Vamos, que en esas circunstancias te sientes absolutamente a merced de los elementos. Reproduzco al inicio de la entrada la primera página del rotativo «Navarra Hoy» que recogía, al día siguiente, el hecho. Justo un mes más tarde, el 22 de junio, sentimos el segundo gran terremoto de nuestras vidas. La hora: las 9 de la noche. Estábamos en la cocina. Fue una sacudida seca y brusca pero muy potente, hasta el punto de que, por primera vez, algunos vecinos bajamos a la calle, asustados, a comentar el hecho. Según fuentes oficiales la intensidad fue de 4,4, aunque la prensa nacional (El País) y los sismólogos franceses hablaban de 5, con epicentro en Ollo). Hubo caída de algunos cascotes en algunos pueblos y cundió el miedo, casi la histeria, entre algunos vecinos de los pisos altos de la capital. Los datos sobre la intensidad de los seismos no son siempre coincidentes: varía a menudo lo aparecido en prensa con los datos de los sismólogos españoles que a veces, insisto, tampoco coinciden con los de los franceses. La crisis sísmica del 82 fue una de las más importantes de nuestra reciente historia aunque no la única.  Los movimientos se dejaron sentir además de Ollo y Legarda, que fueron  los más potentes, en otras localidades como Erice, Huarte Araquil, Arbizu, Gazolaz, Echarren de Guirguillano y Salinas.

Mirando hacia atrás en el tiempo, hubo en Pamplona otros  terremotos, tal vez igual o más importantes, aunque no existían los sistemas de medición tan exactos que hay actualmente. Uno de los  mayores seismos que se recuerdan, como he dicho,   fue probablemente el de 1903 (vemos una foto de la ciudad de aquella época), con una intensidad V-VI, en la escala de Mercalli, 5,5 en la escala de Ritcher. quizás fuese el más importante desde 1755. Tuvo epicentro en el oeste de  Badostain y Pamplona tembló durante un período de casi tres horas de manera intermitente con picos de 4,7-5,5 grados. El hecho fue recogido por la prensa local de aquel tiempo. También hubo seísmos de cierta intensidad en 1918 (con epicentro en Garralda, 4,5) y en 1934, 1952,  (con epicentro en Elizondo y una intensidad de 4) y  1956 (Aoiz, intensidad de 4,1). Tras la crisis sísmica de 1982 el siguiente gran terremoto se sintió el 25 de febrero de 1996, con epicentro en Gazolaz  (tuvo 4,0 de intensidad). Luego vino, uno de los más fuertes. Fue el 27 de octubre de 1998, aquel temblor fue  muy corto pero muy intenso, con 5,2 en la escala de Ritcher y epicentro en Lizarraga. Se produjo por la noche, a eso de las 9 o  10 de la noche. Nos pilló viendo la televisión en una de las estancias interiores de la casa. Más tarde vendría otro, de 4,5 el 18 de septiembre de 2004, con epicentro en Lizoain y unos días más tarde, y con intensidad menor (4,0), el día 30 de septiembre  en Nagore. Ambos seismos los franceses los catalogaron como de 5,3 y 5,2 aunque en Pamplona desde luego, puedo dar fe que no se percibieron con esa intensidad. Por el contrario el SISNA español no cataloga ninguno de los seismos acaecidos en Navarra en los últimos 50 años por encima de 5. En los años 2008 y 2009 hubo una serie de pequeños seismos en las cercanías del pantano de Itoiz, que se achacaron, según algunos sectores, al llenado del embalse y los consiguientes fenómenos de asentamiento del terreno. En el año 2013 hubo una serie sísmica muy prolongada. A 28 de abril se contabilizaban más de 300 seismos, la mayoría de poca intensidad y cercanos a la zona del Perdón,  (que vemos en la foto de la izquierda, junto a este párrafo),  salvo dos que superaron los 4,0 el 23 de marzo (ese lo sentí, fue a media tarde, mi madre aun vivía,  aunque le faltaban apenas dos semanas para morir, su epicentro en estaba en Echauri) y el 20 de abril de 4,1 con epicentro en Salinas. De ese ciclo de seismos adjunto la foto del geólogo, Antonio Aretxabaleta,  sobre los desprendimientos del Monte Ezkidi o Peña de Añezcar, en esos días,  y que aparecía en su blog.

El 10 de marzo de 2017 a las 8 menos cuarto de la mañana sufrimos un fuerte terremoto de 4,2 en la escala de Ritcher con epicentro en Oricain, uno de los más fuertes que se había vivido desde 2004; me acababa de levantar y estaba preparándome el desayuno antes de irme  a trabajar. Fue un movimiento corto pero muy intenso, la cristalería del mueble del cuarto de estar tintineaba;  en las horas y días siguientes se sucedieron las réplicas, aunque con menor intensidad. Desde entonces vivíamos una temporada de  tranquilidad hasta finales de agosto de este año en que comenzaron los terremotos en Lizoain y el valle de Egues con cinco seismos por encima de 3. Se pueden contabilizar más de 70 seismos por encima de los 3 grados desde 1903 hasta nuestros días. Salvo el temblor sentido por el terremoto de Arette, en el valle de Baretous, la mayoría de los terremotos que hemos sentido en Pamplona tienen como origen una falla local que atraviesa toda la cuenca. La otra falla importante, además de la de la Cuenca, es la norpirenaica.

Fotos de Arette: Centre Pyrénéen des Risques Majeurs. 1967