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2020: un año para olvidar. Reflexiones personales e históricas sobre el año de la pandemia

El 30 de marzo de este año, hace exactamente nueve meses, escribía una entrada en la que recordaba la gripe de 1918 y la comparaba con la pandemia que empezábamos a sufrir entonces,  apenas incipiente:  hablaba entonces de un millón de afectados y 50.000 muertos en todo el mundo. Hoy, en el día de Nochevieja, una fecha que no celebraremos como otros años, como no hemos celebrado tantas otras cosas en este 2020, -sin ir más lejos los tradicionales sanfermines-, podemos hablar de más de 80 millones de afectados y camino de los 2 millones de muertos en todo el mundo, esto si nos quedamos con las cifras oficiales, porque cuando esto pase, conoceremos, de verdad,  el exceso de mortalidad que ha habido en el mundo y probablemente las cifras se multipliquen al menos por dos, de eso estoy casi seguro. Cuando son más las dudas que las certezas, cuando tímidamente se empiezan a inocular las primeras vacunas entre la población más vulnerable y la pandemia lejos de remitir se expande con inusitada velocidad por el Reino Unido y otros países de Europa, algunos de los cuales sufren un estricto confinamiento, miro hacia atrás y también hacia adelante y creo que solo la capacidad de resiliencia, -esa extraña palabreja que tan de moda se ha puesto en los últimos tiempos-, nos permitirá seguir adelante,  como personas y sociedades, sin demasiados traumas o efectos secundarios.

Para la historia de la humanidad quedará el confinamiento, en un determinado momento, de más de 3.000 millones de personas, los efectos devastadores sobre las economías de los países y en última instancia sobre la vida de las personas. Recordaremos,  de Pamplona,  en los momentos más duros, sus calles extrañamente vacías y  desiertas,   casi todos sus establecimientos cerrados y ello durante casi dos meses, los que van del 15 de marzo al 11 de mayo; la hostelería el doble de tiempo (de marzo a mayo y de octubre a diciembre) y el resto del año, con severas restricciones; los centros sanitarios al borde del colapso en determinados momentos, sobre todo en la primera ola; los entierros rápidos sin haber tenido la oportunidad, en muchos casos de despedir, en el postrer aliento, a esa persona tan querida; los ancianos más débiles falleciendo en las residencias, a veces sin auxilio, porque había que priorizar los escasos recursos de las UCIS en la salvación de otras personas con más posibilidades de supervivencia,  así de duro pero así de cierto. Que se lo pregunten, sino a algunos familiares que padecieron esta experiencia.

Son muchos los amigos y conocidos que han pasado la enfermedad, con mayor o menor fortuna, con mayor o menor virulencia. La segunda ola que tocó techo en octubre en Navarra,  con casi 700 infectados diarios,  elevó la cifra de contagiados de forma vertiginosa. Navarra, durante algunas semanas, tuvo el dudoso honor de convertirse, por desgracia, en una de las regiones con más incidencia del virus, por número de habitantes de Europa. Hoy en día ha habido más de 40.000 infectados y cerca de un millar de muertos en nuestra comunidad, aunque según las pruebas de seroprevalencia casi 100.000 navarros, uno de cada seis, ha podido estar en contacto, en algún momento con el virus, incluso pasarlo sin síntomas aparentes. Nos ha tocado incorporar como prenda permanente a nuestro vestuario la mascarilla, -a poder ser FFP2-, tanto en la calle como en interiores, el gel hidroalcohólico, las rutinas de limpieza y autocuidados que, en otras circunstancias nos habrían parecido estrambóticas o exageradas. Ya no nos besamos, ni nos damos un apretón de manos. La prevención, la necesidad del distanciamiento social para contener la propagación del virus ha dejado atrás elementales normas de cortesía o educación largamente asentadas. En nuestra vida laboral, incluso social,  se ha incorporado de forma natural la videoconferencia.

Ha habido también en estos meses espacio para el justo reconocimiento de algunos colectivos profesionales que han dado el do de pecho pero también habría que recordar las actitudes egoístas e insolidarias de algunos individuos, a los que pareciese que la pandemia no iba con ellos. Y que decir de la clase política: no han estado a la altura en muchísimas ocasiones, les ha faltado altura de miras y velar por los intereses generales de la población. Tampoco los gobernantes han estado acertados: infravaloraron el peligro de esta pandemia, nos trataron como a niños, nos mintieron con el tema de las mascarillas diciendo al principio que no eran necesarias cuando hubiera sido más honesto decir a la población la verdad, que no había existencias ni de este producto ni de otros tantos elementos de protección, repitieron, como un mantra, que no se dejaría a nadie atrás pero buena parte de los autónomos de este país corren serio peligro si esta situación se prolonga. Muchos se han quedado ya por el camino. A veces la situación que hemos vivido, que estamos viviendo, tiene una apariencia de distopía que nunca hubiéramos imaginado que fuera a suceder pues situaciones como las vividas tan solo las habíamos visto en algunas películas catastrofistas o de ciencia ficción.

En lo personal, vamos a decir que hasta el momento hemos tenido suerte, en cuanto a la salud, de todos modos vamos a tocar madera, por si acaso;  el blog  ha estado, este año,  poco activo porque su creador, un servidor, como imagino que  todos este año, ha tenido sus altibajos anímicos y escribir una entrada como las que escribía habitualmente hasta este año exigía mucho  tiempo y una adecuada disposición y, la verdad, no he andado muy sobrado de ellas, sobre todo de la segunda. Somos humanos y estas cosas nos afectan y yo no he sido un caso aparte. Confío, espero,  que este año 2021 podamos ver la luz al final del túnel y que podamos salir reforzados de esta dura experiencia. En cuatro o cinco generaciones nadie se había visto en una situación similar. Insisto lo más parecido por su carácter planetario fue la pandemia del 18 y allá queda. Tras ella vinieron los felices años 20. ¿Vendrán también ahora?. Quiero pensar que si este cataclismo no nos ha hecho  mejores, que lo dudo, si nos dará a muchos una  perspectiva diferente  en la que prioricemos verdaderamente otros principios y  valores y sobre todo seamos conscientes de la enorme fragilidad  de nuestras vidas, para no desperdiciar nuestro  tiempo en nimiedades.

Fotos: Nº 1, 2, 3, 4, 5 y 7. Fotos de diferentes zonas del Casco Antiguo a lo largo de este año de pandemia. Adoquines y Losetas. Autor: Javier Muru Fraile. Foto 6. cartel de la campaña. «Casco antiguo, comercio seguro». Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona.

Comercios del Viejo Pamplona: Perfumería Galle (1922-2020)

A finales de julio de este año cerraba otro comercio, esta vez casi centenario: perfumería Galle. Echaba el cierre a su última tienda,  situada en el nº 45 de  Carlos III. El negocio tenía su origen en el establecimiento de fotografía y perfumería fundada por José Galle Gallego en los años 20, en el nº 7 (luego 11) de la calle Mercaderes, hasta 1972,  calle Blanca de Navarra. José Galle, su fundador,  había nacido en Valladolid en 1898  y tras ejercer como fotógrafo en Madrid y San Sebastián, llegó a Pamplona en 1919. Inicialmente Galle entró a colaborar con el conocido fotógrafo Benito Rupérez. Poco después se estableció en el nº 38 de la calle Zapatería asociándose con su hermanastro Rafael Bozano, de quien se separaría en 1949. Según la familia, 1922, es la fecha en la que se iniciaron las actividades comerciales de Galle, aunque otras fuentes, la retrasan hasta 1924. Lo cierto es que en  1926 ya aparecía bajo el epígrafe catastral de «industria de la fotografía» aunque posteriormente lo hará como establecimiento de fotografía, droguería y perfumería al por menor. Compraba los productos fotográficos en Francia y aprovechaba también para traer perfumes. Por lo que yo sé no es el único caso en Pamplona en el que fotografía y perfumería (y droguería) fueron de la mano, aunque este es el más paradigmático, pues su faceta como fotógrafo nunca fue en menoscabo de la comercial de perfumería, ámbito en el que también Galle se ganó,  con todo merecimiento,  un nombre dentro del ámbito de la perfumería local.  Aun no habían llegado las grandes cadenas y franquicias de perfumes, que como en otros sectores, afectarían al comercio local.

Galle fue corresponsal gráfico en Navarra para la prensa nacional durante el primer tercio del siglo. En Navarra se convirtió en un reportero especializado en deporte y actualidad local, de lo que da buena muestra el amplísimo fondo de fotografías donado por la familia Galle al Archivo General de Navarra, parte de las cuales se pueden encontrar, además  en la Sección Archivo Abierto del Gobierno de Navarra. En este blog aparecen un buen número de ellas. Esta ciudad tiene una deuda impagable con fotógrafos como Galle y otros que cité en la entrada correspondiente y que han contribuido a plasmar la historia gráfica o visual de esta ciudad. A partir de 1949, la segunda generación personificada en  Fernando Galle Zumealde (1928-1982) siguiendo los pasos de su padre, continuaba con tradición familiar, en su doble faceta: fotográfica y comercial.  Con su padre  compartió estudio durante algún tiempo,  hasta el punto de que a veces es difícil atribuir muchas fotografías a uno u otro ya que todas iban con la firma  de Foto Galle. Posteriormente Fernando abrió su propia tienda  y estudio de fotos en Joaquín Larregla, 2 así como perfumerías en Bergamín, 5 y Carlos III, 45. La tienda de Carlos III la abrió en 1969. Más adelante abrieron otra tienda, en la avenida de Bayona ya desaparecida. Hasta los años 80 se mantuvo  la tienda de la calle Mercaderes, como tienda de fotografía y perfumería, bajo la figura de una sociedad limitada. En 1983 fallecía José Galle mientras su hijo Fernando, lo había hecho  también  prematuramente un año antes, en 1982, tomando las riendas del negocio la tercera generación; Patxi Galle. Junto a la competencia de los grandes formatos, el incremento de la venta  online en el sector  y finalmente la pandemia contribuyeron a su cierre final.

Fotografías: Foto nº 1: Procesión de San Saturnino a su paso por la calle Mercaderes, donde, como se puede comprobar en la foto (ver la parte izquierda) estaba radicada la droguería-perfumería Galle. 1943. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra. Fotos nº 2 y nº 3: Escaparates de la droguería-perfumería Galle en el nº 7 de la calle Mercaderes, entonces Blanca de Navarra (Años 40). CC BY-NC-ND 3.0 ES. José Galle Gallego. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra.

Crónica negra del Viejo Pamplona: Algunos crímenes acaecidos en Navarra (1884-1924)

En esta ocasión recordaré no crímenes acaecidos en el Viejo Pamplona sino  una veintena de crímenes  cometidos en Navarra desde finales del Siglo XIX hasta mediados de los años 20, algunos de los cuales se juzgarían en la capital. Un breve repaso a algunos crímenes acaecidos en cuatro décadas, las dos últimas del XIX y las dos primeras del XX. No me referiré, más que citándolos,  a los que ya han tenido una entrada propia como los de Rocaforte (1911) o Beruete (1924), pero recogeré la mayoría de los que ya cité en la entrada sobre «Crímenes y ejecuciones al filo del siglo XX», amen de otros que no señalé. Empezaré por el,  ya mencionado en dicha entrada,  doble asesinato perpetrado por Toribio Eguía en Atondo en noviembre de 1884, en las personas del cura del pueblo, Manuel Martiarena  y su ama de llaves,  Martina Babace. Toribio Eguía sería ejecutado, por garrote vil,  el 15 de octubre de  1885 en la Vuelta del Castillo, junto al Portal de la Taconera.

El 10 de febrero de 1896 Andrés Navarro, alias «Malacabeza»  mató  a su mujer y su suegra en el pueblo de Maquirriain. El 16 de abril de 1896 se producía el crimen de Sartaguda, por la que el rico propietario Juan Garralda era asesinado por Joaquín García, alias Cascarilla que fue condenado a muerte el 8 de diciembre de 1897 en Estella. El 13 de enero de 1897 fue ejecutado en Tafalla, en el garrote Luis Medrano Solabre, alias «Chorchi» por haber asesinado el 15 de junio de 1895 en una casa de Murillo El Fruto  a dos mujeres, María Ausejo e Hilaria Goñi. El motivo, una deuda que presuntamente tenía con él, el dueño de la casa donde fueron asesinadas las dos mujeres.

El 13 de mayo de 1897 se produjo el llamado crimen de Uterga. Ese día Victoriano Echarri mató en Uterga a su hermano Leandro por haber pegado a un perro cachorro con una azada. Luego huyo en compañía de un tal Joaquín Azparren. A su paso por Pamplona camino de Francia se refugiaron en las calles del Carmen y Mercado. A Victoriano le condenaron a 14 años de cárcel. Entre crimen y crimen se sucedían otros luctuosos incidentes, asaltos y agresiones sin resultado de muerte. El 22 de mayo Carlos Iribarren mataba a Pablo Semberoiz por un azadonazo en Yesa. El resultado, ocho años de prisión. El 26 de mayo en Fuente Amarga (Viana) Leonardo y Gregorio Dueñas, a la sazón padre e hijo,  asesinaron a Jacinto Arrieta. El motivo real nunca se supo, tal vez antiguos rencores. Les cayeron 15 años al padre y 12 al hijo. El 14 de junio asesinaron en Funes a Feliciano Bretón, lo curioso del caso es que aparte de robarle 100 pesetas le cortaron los dedos de las manos.

Aunque sucedió fuera de nuestra muga foral, tuvo gran repercusión un crimen acaecido ese año en la vecina provincia de la Rioja. Ese año  Catalina Muñoz, de Igea, envenenó a su marido Florencio Echave para fugarse con su amante, Lucio Alvarez El Trabas. Catalina y el Trabas fueron detenidos y juzgados en Logroño y más tarde ajusticiados a garrote vil en la plaza pública de Cervera del Río Alhama que por entonces era cabeza de partido judicial y a la que asistieron miles de personas. De todos modos, de los crímenes más famosos acaecidos a lo largo del siglo XX en España haré una entrada en el futuro. El 6 de diciembre de 1902, Felipe Ruba asesinaba en Lodosa por la espalda para robarle a Nicasio Zamora, concretamente 3500 pesetas y un reloj. Fue condenado a muerte.

En el mes de agosto de 1905 se produjo un suceso violento, que tuvo gran repercusión en la prensa. Fue conocido como el crimen de Zuza,  en el que resultó muerto Don Miguel Arbeloa y con diversas heridas  su mujer y uno de sus hijos. El autor del crimen fue Nicolás Esparza, un individuo de Riezu, de vida errante y azarosa,  que se presentó en la casa del señor Arbeloa con intención de robarle y que a la postre acabó con su vida. Entro en su casa, le intimidó con un revolver, tras lo cual hubo un intento de defensa de Arbeloa que saldó con su muerte por disparos de su atacante. Al huir se encontró con la mujer de Arbeloa, Casilda Larraya, a la que también disparó causándole varias heridas y más tarde a uno de sus hijos.  Logró escapar y permaneció huido  un mes hasta que  fue detenido en Castejón. En junio de 1906 se celebró el juicio por este suceso y Nicolás Esparza fue condenado a cadena perpetua.  Esparza había salido  de su casa a los 10  años, entró en el ejército con 15, participó en la guerra de Cuba durante 3 años y fue procesado varias veces  por diversos delitos.  Fueron célebres, además,  en aquellos años los crímenes de Andosilla (1903), Mendigorría  y Cáseda (1904) o Unciti (1907).

En 1906, Germán Maximino Barandalla Esparza, apuñaló en la pierna  al entonces alcalde de Echarri-Aranaz, Juan Garciandía, e intentó herir igualmente al  sereno del pueblo Juan Ijurra Lacunza, provocando la muerte del primero en la calle  tras un rápido desangramiento al seccionarle  la femoral. Su causa fue revisada por el supremo en 1907, siendo condenado a muerte. El 18 de noviembre  1907 Bonifacio García Martínez asesinaba en  Oteiza   al matrimonio formado por Santiago Arandigoyen y Petra Igúzquiza a los que pretendía robar. Condenado a dos penas de muerte fue ejecutado el 12 de junio de 1909 en la prisión de Pamplona. Esta fue, además, la primera pena de muerte que se ejecutaba en la nueva Prisión Provincial de Pamplona, inaugurada el otoño anterior.  En 1908 un desconocido asesinaba a Ricarda Oses en el valle de Lana. Tras el crimen estaba su marido Pablo Mendaza. Se le condenó a muerte en 1923.

En 1913 era indultado de la pena de muerte Rafael Cancio Expósito, de 22 años, recadero y natural de Pamplona, condenado a muerte un año antes por acuchillar, con resultado de muerte a Carmen Calvo. En 1913 Lorenzo Bun Expósito (conocido como Lorenzo Perurena Errocharena, dice la sentencia)  mataba con un hacha a Juan Bautista Lacunza en el caserío Estebanea de Leiza para robarle 100 pesetas. La sentencia del Tribunal Supremo de 4 de marzo de 1914 ratificaba la pena de muerte impuesta por la Audiencia Provincial. En 1924 se produjo el asesinato de una joven de 15 años embarazada en manos del practicante de la localidad de Carcar quien fue absuelto por Alfonso XIII y que desapareció de la localidad. Se decía que la joven había muerto cuando el practicante intentaba practicarle un aborto. Fue conocido como el crimen de la Cueva de la Peña Caída y sobre este crimen la escritora Estela Chocarro ficcionó su novela «El próximo funeral será el tuyo».

Fotos: Nº 1: Vista general del puente recto del ferrocarril de la línea Castejón – Alsasua sobre el río Araquil en la vertiente sur del desfiladero de Osquía, en Atondo, tomada desde la carretera (actual NA-7010) hacia el oeste. Al fondo, el monte Gaztelu. Julio Altadill (1892-1918), Nº 2: Vista de la casa consistorial de la localidad de Viana tomada desde el sureste, situada en la plaza de los Fueros, 1. En la izquierda la calle Navarro Villoslada. José Martínez Berasain (1901-1930), Nº 3: Vista general de la calzada del puente sobre el río Arga en Funes, tomada desde su extremo oriental. Rafael Bozano Gallego (1975). Nº 4: Vista general de la carretera de acceso al núcleo urbano de Leiza por el sur (actual calle Elbarren), tomada hacia el norte. Julio Altadill (1892-1915). Nº 5: Monasterio de Leyre en el término municipal de Yesa. Diputación Foral y Provincial  de Navarra (1962). Nº 6: Vista parcial del corredor de la Barranca, tomada desde el mirador del puerto de Lizarraga, en la carretera Estella – Beasáin (actual NA-120). Diputación Foral y Provincial  de Navarra (1956).  Todas las fotografías que aparecen en esta entrada pertenecen a la Sección Archivo Abierto del Gobierno de Navarra y se encuentran bajo la licencia CC BY-NC-ND 3.0 ES. Archivo Real y General de Navarra.

Comercios del Viejo Pamplona: Impermeables «El Búfalo» (1926-2007)

Voy a hablar, en esta ocasión, de un comercio singular que formó parte del paisaje urbano de Pamplona durante más de 70 años. De hecho su nombre transcendió el ámbito local  y fue una de las marcas textiles del norte de España en la postguerra, y aun después, como lo serían las boinas de Elosegui de Tolosa. Quien que no tenga cierta edad no recuerda aquel rótulo publicitario luminoso sobre uno de los tejados de los edificios de la parte este de la plaza del Castillo.  En otra entrada del blog, la de «los bares del viejo pamplona» se puede observar esa fotografía. La gabardina fue además, una prenda muy asociada en España y en el mundo  a aquellas décadas de finales de los 40, 50 y parte de los 60. En cuantas películas de aquellos años vimos a sus protagonistas enfundados en sus largas gabardinas, desde la mítica Casablanca a tantas cintas del género negro. Dice, Juan Liceras, hijo del fundador,  en una entrevista al Diario Vasco en el año 2006 que la primera fábrica de gabardinas «El Búfalo» se abrió el 1 de agosto de 1941 en la calle Misericordia de San Sebastián. Allí debieron tener durante  algún tiempo alguna  fábrica y  alguna  de sus primeras tiendas de la capital donostiarra aunque la más conocida fue siempre y hasta su cierre la de la calle Garibay, nº 6, donde ocupaban la planta baja, con tienda y taller  que se prolongaba en la primera planta del edificio y en donde trabajaban mayoritariamente mujeres aunque, como se puede ver en las fotos también trabajaban  algunos hombres.

Sin embargo tras una meticulosa  investigación realizada por mi estos últimos días puedo  situar el origen del negocio en una fecha muy anterior. Concretamente fue el 17 de julio de 1926 cuando se inauguró la primera fábrica y despacho en el nº 3 de la calle Peña y Goñí, posteriormente en 1930 se abrió una sucursal y exposición en el número 28 de la calle Avenida y más adelante en el nº 2 de la calle Oquendo donde se instaló la sede central. Se mantuvo esta primera factoría de Peña y  Goñi hasta 1968, tras un breve cierre y una reapertura posterior que tuvo lugar  el 10 de marzo de 1935. Demuestran este más temprano origen que el mencionado en el citado rotativo vasco otra valiosa documentación que he ido encontrando: un corto de animación comercial de 1934 dirigido por Josep Serra y Massana que decía «Llega el mal tiempo y unos ángeles mandan grandes cantidades de lluvia y viento, pero lo mejor para soportarlo son los impermeables El Búfalo»; una carta comercial de la fábrica a un proveedor de Molina de Aragón, fechada en abril de 1930,   protestando por la deficiente calidad de las  pieles remitidas  en su último envío, una  publicidad comercial de 1929 y un curioso sobre comercial datado en 1927 con la publicidad de la empresa. Adjunto fotos de estos dos últimos documentos.

Eran propietarios de «Impermeables el Búfalo», Simón Liceras, natural de  Riaza (Segovia)  y su socio el señor Gómez que pocos años después abriría «Impermeables El Gamo» en el cruce de las calles Bergara y la Avenida de la Libertadde la que también adjunto una fotografía. Tras la fábrica y  tiendas de Donosti se abrieron sucursales en los años 30 en Bilbao (Gran Vía, 6 y posteriormente en Correo, 15) y en Pamplona (General Moriones, 6), tal y como aparece en la publicidad adjunta de la izquierda. Recordemos que esta calle cambió su denominación en 1937, pasando, a partir de ese año a llamarse calle Pozoblanco. Para 1941, fecha de otra de otra de las publicidades de esta entrada, la de la derecha, ya se había abierto la tienda de Vitoria (Postas, 25) y contaba, según esa misma información,  con una fábrica de tejidos impermeabilizados en Cornella de Llobregat (Barcelona). En los años 50 se abrió otra tienda en la calle Vitoria (nº 5) de Burgos (de la que también adjunto una fotografía, al final de la entrada)  y poco más tarde la de Irún (Paseo de Colón, 10-12). La  fábrica de gabardinas e impermeables El Búfalo no surtía al exterior, fabricaba y vendía  tan solo en sus propias  tiendas. ¿Qué fabricaba y vendía El Bufalo?:  gabardinas, trincheras, gabanes de cuero, capas, chaquetas para motoristas y ciclistas, canadienses, chaquetas de gamuza, impermeables de fantasía y de todo tipo y para todo tipo de oficios: militares, ferroviarios, carteros, cobradores de banco, serenos y guardias municipales, etc, todas ellas prendas  impermeables. Suyos eran el patronaje, el corte, la confección, pero  muchas prendas se realizaban  fuera de las instalaciones de  la  fábrica. Las telas se transportaban en grandes cestas, repartiéndose luego, en furgonetas. Tenían, por aquel entonces,  un montón de  talleres subcontratados, porque estaban en plena expansión y no daban abasto.

Tras la muerte de Simón Liceras el negocio pasó a manos de su viuda y posteriormente de su hijo Juan.  Con el paso de los años y los cambios  en  las modas, usos y costumbres, las prendas largas y contra la lluvia (gabardinas, gabanes, etc) fueron  desapareciendo, y hubo que especializarse en ropa contra el frio. Se fueron cerrando progresivamente sus diferentes  tiendas hasta el año 2007 año en que se jubiló Juan Liceras y se se cerraron las dos últimas tiendas existentes, la de Pamplona en la calle Pozoblanco (de la cual ofrezco dos  instantáneas, una del exterior y otra del interior de la tienda,  junto a este párrafo)  y la de San Sebastián de la calle Garibay. Así se cerraba un negocio que seguramente perdura en la memoria de muchos y que había durado nada menos que 81 años.

Fotos, por orden de aparición: Foto nº1: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 2: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1949) CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Colección Fotocar, Vicente Martín.  Foto nº 3: carta publicitaria de «Impermeables El Búfalo» datada el 23 de abril de 1927, Foto nº 4: publicidad comercial de la fábrica de impermeables y trincheras «El Búfalo» (1929) , Foto nº 5: publicidad comercial de la Casa de Impermeables «El Búfalo». (Años 30), Foto nº 6:  publicidad comercial de «El Búfalo» con ocasión de la feria de Muestras de Zaragoza (Mayo de 1941), Fotos nº 7 y 8: exterior e interior de la  tienda de «El Búfalo» en el nº 6 de la calle Pozoblanco. (2005). Javier Muru. Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona, Foto nº 9:  fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1946). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.  Foto nº 10: tienda de «El Búfalo» en la calle Vitoria de Burgos (años 50). Foursquare . Burgos en el recuerdo, Foto nº 11: fábrica y tienda de impermeables «El Gamo» en San Sebastián, (1944). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 12.  Grupo de empleadas en el interior de la tienda de El Búfalo (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 13: interior de la fábrica de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. , Foto nº 14: empleados en el interior del taller o fábrica de impermeables El Búfalo (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.

Comercios del Viejo Pamplona: Elizburu (1900-2020)

Hace un par de meses cerraba por jubilación otro comercio centenario, fundado hace  120 años. Se trata de la tienda Elizburu, la mayor parte de su historia en el número 7 de la Calle Chapitela. Inicialmente la tienda taller no estaba en la calle Chapitela sino a la vuelta, en el nº 10 de la calle Mercaderes, donde posteriormente estuvo la heladería de Gonzalo Sola y hasta hace muy  poco tiempo  la bisutería de Ana García. En cualquier caso, la fecha que se marca como de inicio del negocio es la de 1900 y ya para 1905 podíamos encontrar a José María Elizburu en su actual ubicación,  con el oficio de grabador de rótulos. En los años 20 incorporaba  a su trabajo de grabador la venta de otro tipo de  artículos, recogidos bajo el nombre de objetos artísticos. El caso es que, casi siempre, han  tenido la misma ocupación: elaboración de sellos de caucho y rótulos, grabación de todo tipo de placas, artículos de escritura (plumas estilográficas, etc) y más tardíamente artículos de fumador.

En los registros catastrales aparece, no obstante, en 1888 un tal Fermín Elizburu, éste parece ser que era un hermano de José María Elizburu, fundador de la tienda de Chapitela  y abuelo de los actuales regidores, que tuvo, durante un breve período de tiempo, un taller de grabación de metales en el nº 18 de la calle Mayor. Fermín, junto con su hermano José María,  parece que, en aquellos años  de finales del siglo XIX, emigraron a  América, volviendo, al poco tiempo, José María,  mientras se quedaba en las Américas su hermano Fermín. Tres generaciones consecutivas de la misma familia han regido los destinos de este centenario establecimiento: al fundador, José María Elizburu, le seguirían, posteriormente sus hijos José María y Román Elizburu Mendióroz. Román tomaría otro camino comercial fuera del negocio familiar. José María Elizburu, hijo, se incorporaría a la tienda en torno  a los primeros años 40, a quien vemos a la entrada de su tienda en la década de los años 50. A este le seguirían sus hijos José María y Fernando que se incorporaron a la tienda entre finales de los 60 y primeros 70 y que han continuado  hasta nuestros días, más de medio siglo continuado de dedicación a este oficio que inicialmente tenía mucho de artesanal y que nunca ha perdido ese sabor de los negocios ubicados en el Casco Antiguo. Una vez más la falta de relevo generacional  trunca el devenir de otro negocio centenario del Casco Antiguo.

Fotos: Nº 1: Foto postal de la tienda cedida por la familia Elizburu (sin datar). Nº 2: tienda y taller de grabación de  Elizburu. Fondo Galle. José Galle, 1952. Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-Sin ObraDerivada 3.0 España.

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Casla (1905-2002)

En esta entrada hablaré sobre Casa Casla, otro establecimiento icónico y emblemático donde los haya en Pamplona. ¿Quien no se acuerda de los famosos chorizos de cartón que colgaron de sus balcones durante décadas?. En 1905 José Casla inaugura su conocido ultramarinos que permanecería abierto hasta el año 2002. José Casla, originario del pueblo La Nava de Castilnovo (Segovia) era hermano de Gregorio Casla que regentaría, igualmente,  diversos establecimientos del mismo ramo en Donostia, el más famoso, la llamada Charcutería Francesa. Fue en los años 40 cuando a José Casla se le ocurrió adornar la fachada de su establecimiento y del primer piso con decenas de chorizos de El Pamplonica. Al parecer Casla era amigo de los Villanueva que por aquel entonces tenían la fábrica de chorizos en la calle Mayor y uno de cuyos hermanos fundó «Chorizos El Pamplonica». Fue una magnífica acción publicitaria que como se ve tuvo mucha más trascendencia de la que preveía su promotor. Los chorizos nunca fueron de verdad, primero fueron de madera y posteriormente de cartón, aunque más de un incauto se creyese lo contrario. En la segunda y tercera década del siglo XX aparecen numerosos anuncios del establecimiento en la prensa local: “José Casla, comestibles, vinos y licores”.  O “José Casla. Primera casa en productos alimenticios. Licores y vinos de postre. Cafés bien tostados todos los días. Chocolate Martín el mejor del mundo, reconocido por las personas de buen gusto. Servicio rápido a domicilio”. Se anunciaban como la primera tienda de Pamplona de ultramarinos finos, tal y como aparece en el rótulo de la fachada.

A José Casla le sucedió en el negocio su hija Marichu que se casó con Alejandro Zabalza, con el que tuvo nada menos que 10  hijos. Todos nacieron en el edificio. En los últimas décadas de su historia una de las caras más visibles de la tienda, además de la de su madre Marichu y de alguna de sus hermanas era la de Alejandro Zabalza Casla, «Guchin», el 5º de los hermanos, coincidiendo, así, la segunda y tercera generación del negocio. Aprovechando la rehabilitación del edificio en el año 2002, la familia decidió cerrar el comercio y Alejandro entró a trabajar en una empresa de jardinería local  que se encargaba entonces del mantenimiento de los jardines de la ciudad, y lo hizo hasta que se lo permitió la enfermedad,  falleciendo en el 26 de agosto de 2012, a los 57 años de edad, apenas una semana después que su madre Maritxu. Alejandro Zabalza Casla fue un personaje muy popular en la ciudad: sanferminero de pro, dantzari de Ortzadar y del grupo municipal de danzas, además de txistulari, atabalero, miembro de la Corte de San Fermín, de la Cofradía de la Dolorosa y la Hermandad de la Pasión del Señor, y buen amante de la montaña, la bicicleta y la pelota. Casa Casla, es otro de los emblemáticos establecimientos que perduran en nuestro recuerdo.

El Asilo del Niño Jesús, un precedente de las actuales guarderías y escuelas infantiles

Me remitió esta foto para la sección «Participa en el blog», Miguel Angel Dominguez hace un par de años, y junto a ella daba las siguientes notas sobre la citada fotografía personal: «Entre los años 50 al 58 según creo, las monjas del convento que está en la plaza de los ajos, (el convento de las Agustinas Recoletas), tuvieron abierta  una  guardería.  Estos son los niños que íbamos a ella en el año 1956 o 57, no sé exactamente  en qué año está realizada la foto, pero calculo que sería de esa época. La fotografía de la clase que está plasmada en el apartado «Recuerdos» (Nota del autor el blog: imagino que se refiere a la entrada del blog que tiene por título «Escuelas, cantinas y colonias») es parecida a la que íbamos nosotros, también teníamos un comedor muy parecido al que está fotografiado en  dicha entrada donde nos daban la comida. Salíamos al recreo a la plaza de los ajos, excepto cuando nevaba mucho que  entonces nos bajaban a la carbonera a jugar. También a la entrada de la guardería  había un mostrador donde vendían  caramelos. La foto está tomada en los jardines de la Taconera». 

En realidad, la historia sobre esa presunta guardería es mucho más compleja. La citada guardería era el Asilo Cuna del Niño Jesús.  El nombre de Asilo del Niño Jesús puede confundir a más de uno pues, en realidad,  no era un asilo donde hubiese niños abandonados sino que  era más una guardería o escuela de párvulos que otra cosa. El origen de esta institución tiene que ver en las necesidades de las primeras mujeres trabajadoras de la ciudad que tenían la necesidad de dejar durante algún tiempo del día sus hijos bajo la vigilancia y protección  de cuidadoras. El elevado número  de lavanderas  existente a finales del siglo XIX en Pamplona fue  uno de los motivos para que se crease  el Asilo-Cuna del Niño Jesús.   El «Asilo del Niño Jesús»,  fue inaugurado el 16 de julio de 1886. Dependía de la caridad privada aunque contaba con  ayuda municipal que había cedido un local en la Rochapea. En 1909 en la Junta de Administración  del Asilo figuraban el Obispo, el Alcalde, los Párrocos de San Lorenzo, San Saturnino y San Nicolás, dos vecinos por cada parroquia además de los seis componentes de la primera Junta de la institución. Dada la enorme demanda se empezó a buscar un local más grande.  Los  Marqueses de Cubas cedieron una casa  en la Plaza de las Recoletas a donde se trasladó el Asilo el 19 de julio de 1889. Este edificio fue vendido en 1905 por los citados Marqueses   a don Eustaquio Olaso  quien lo cedió en 1908 al Obispado.   Inicialmente el centro estuvo regido por las Siervas de María y, posteriormente, por  las Hijas de San Vicente de Paúl. En 1903 había 320 niños a cargo de cuatro o cinco Siervas de María. En  1940  se alimentaba a   150 niños «y recibían educación gratuita unos 500». Poco a poco se fue convirtiendo en una escuela de párvulos. Así pues, este Asilo Cuna constituye, como he dicho  un  precedente histórico de las actuales guarderías o escuelas infantiles.

Fotos: Nº 1: foto cedida por Miguel Angel Domínguez Arbeloa (1957). Nº 2: Asilo del Niño Jesús. José Luis Zuñiga. Enero 1977. AMP.

Tembló Pamplona. Repaso a los principales movimientos sísmicos de la capital. (1903-2020)

ACTUALIZADA. Actualizo esta entrada que escribí hace 5 años, dada la cercanía de lo que se ha dado en llamar un «enjambre sísmico» esta semana, es decir la ocurrencia de un conjunto de eventos sísmicos en un área específica durante un periodo de tiempo relativamente corto; concretamente desde el 19 de agosto de este año hasta hoy se han producido más de  300 movimientos sísmicos de diferente intensidad en la zona de Lizoáin, Arriasgoiti y el valle de Egüés. Esta misma semana,  en la noche del 30 de septiembre al 1 de octubre,  se produjeron 40 seismos,  dos de  ellos superiores a 4 grados en la Escala de Ritcher. El de las 00.02 con una intensidad de 4,6 y el de la 2,22 con una intensidad de 4,4. En el primero estaba levantado frente al ordenador, duro unos cinco segundos y fue claramente perceptible el meneo de la casa y el tintineo de armarios y vajillas. El segundo me pilló durmiendo y me despertó de improviso, dejándome, todo hay que decirlo, muy mal cuerpo.  Y es que los despertares repentinos no son nada buenos. Este artículo completa la información del escrito en 2015 con muchos más datos y recoge, además,  lo publicado en 2017 con motivo de otro terremoto cercano acaecido en la localidad de Olave, en el que recordaba el terremoto de Arette, fusionando, las dos entradas en esta  monográfica.

Así pues, en este post,   repaso los principales movimientos sísmicos que hemos vivido en Pamplona  en los últimos 117 años. Ya he mencionado el último de hace tres días. Empezaré echando mano de mis recuerdos personales. El primer terremoto del que tengo recuerdo en mi vida se produjo el del 22 de mayo de 1982. Fue de noche, a eso de las 6,30 de la mañana. Estábamos durmiendo y se sintió primero un ruido fuerte y enseguida la casa empezó a temblar, la cama, el piso… duró mucho tiempo, tal vez 10 o 15 segundos, el tiempo suficiente para saltar del catre y aun sentir el temblor. Sabíamos que había habido algún temblor fuerte antes, el 13 de agosto de 1967, como consecuencia del terremoto acaecido en Arette, en el sur de Francia. Dicen que tuvo una intensidad de  5,7 en la escala de Ritcher. Se sintió a las 23 horas 8 minutos y 30 segundos. Fue muy largo, de 20 a 30 segundos,  y su epicentro bastante profundo. El terremoto de Arette tuvo un amplio radio de acción, más de 150.000 km2, llegándose a sentir con mayor o menor intensidad en  todo el sur de Francia y en el norte de España. En España se propagó desde  Asturias por el oeste  hasta Cataluña por el este, y hacia el sur llegó a sentirse  hasta Valencia. Sólo hubo un muerto, una anciana de 80 años que se encontraba durmiendo, pero hubo centenares de heridos y 62 municipios fueron declarados zona catastrófica, con 2.300 edificios seriamente dañados, 350 de los cuales quedaron irreparables y hubieron de ser derribados. Arette quedó afectada en un 95%. Pero no lo sentimos porque no estábamos en Pamplona esos días sino de vacaciones en casa de los abuelos, a 300 km de distancia; Así es que el de mayo de 1982 fue mi primer gran terremoto, con  4,5 en la escala de Ritcher. Dice el mayor experto en estos temas, Antonio Aretxabaleta,  que por la duración del seismo  y la perpetuación en la memoria colectiva el terremoto de mayo de 1982 tiene puntos de contacto con el histórico de 1903 aunque el de los años 80 fuese de menor intensidad.

Como es habitual, tras el gran seismo,  se sintieron algunas otras réplicas ese día (a las 6,38 y 8,00 de la mañana) y durante los siguientes días. El epicentro de este primer gran terremoto que vivía en mi vida estaba en Legarda. Dicen que en Barañain las torres más altas se balancearon siete centímetros. Fue aquella una sensación realmente nueva y angustiosa, esa de que te tiemble la cama, parece que te falle el firme del piso, tintineando las copas del mueble del cuarto de estar. Vamos, que en esas circunstancias te sientes absolutamente a merced de los elementos. Reproduzco al inicio de la entrada la primera página del rotativo «Navarra Hoy» que recogía, al día siguiente, el hecho. Justo un mes más tarde, el 22 de junio, sentimos el segundo gran terremoto de nuestras vidas. La hora: las 9 de la noche. Estábamos en la cocina. Fue una sacudida seca y brusca pero muy potente, hasta el punto de que, por primera vez, algunos vecinos bajamos a la calle, asustados, a comentar el hecho. Según fuentes oficiales la intensidad fue de 4,4, aunque la prensa nacional (El País) y los sismólogos franceses hablaban de 5, con epicentro en Ollo). Hubo caída de algunos cascotes en algunos pueblos y cundió el miedo, casi la histeria, entre algunos vecinos de los pisos altos de la capital. Los datos sobre la intensidad de los seismos no son siempre coincidentes: varía a menudo lo aparecido en prensa con los datos de los sismólogos españoles que a veces, insisto, tampoco coinciden con los de los franceses. La crisis sísmica del 82 fue una de las más importantes de nuestra reciente historia aunque no la única.  Los movimientos se dejaron sentir además de Ollo y Legarda, que fueron  los más potentes, en otras localidades como Erice, Huarte Araquil, Arbizu, Gazolaz, Echarren de Guirguillano y Salinas.

Mirando hacia atrás en el tiempo, hubo en Pamplona otros  terremotos, tal vez igual o más importantes, aunque no existían los sistemas de medición tan exactos que hay actualmente. Uno de los  mayores seismos que se recuerdan, como he dicho,   fue probablemente el de 1903 (vemos una foto de la ciudad de aquella época), con una intensidad V-VI, en la escala de Mercalli, 5,5 en la escala de Ritcher. quizás fuese el más importante desde 1755. Tuvo epicentro en el oeste de  Badostain y Pamplona tembló durante un período de casi tres horas de manera intermitente con picos de 4,7-5,5 grados. El hecho fue recogido por la prensa local de aquel tiempo. También hubo seísmos de cierta intensidad en 1918 (con epicentro en Garralda, 4,5) y en 1934, 1952,  (con epicentro en Elizondo y una intensidad de 4) y  1956 (Aoiz, intensidad de 4,1). Tras la crisis sísmica de 1982 el siguiente gran terremoto se sintió el 25 de febrero de 1996, con epicentro en Gazolaz  (tuvo 4,0 de intensidad). Luego vino, uno de los más fuertes. Fue el 27 de octubre de 1998, aquel temblor fue  muy corto pero muy intenso, con 5,2 en la escala de Ritcher y epicentro en Lizarraga. Se produjo por la noche, a eso de las 9 o  10 de la noche. Nos pilló viendo la televisión en una de las estancias interiores de la casa. Más tarde vendría otro, de 4,5 el 18 de septiembre de 2004, con epicentro en Lizoain y unos días más tarde, y con intensidad menor (4,0), el día 30 de septiembre  en Nagore. Ambos seismos los franceses los catalogaron como de 5,3 y 5,2 aunque en Pamplona desde luego, puedo dar fe que no se percibieron con esa intensidad. Por el contrario el SISNA español no cataloga ninguno de los seismos acaecidos en Navarra en los últimos 50 años por encima de 5. En los años 2008 y 2009 hubo una serie de pequeños seismos en las cercanías del pantano de Itoiz, que se achacaron, según algunos sectores, al llenado del embalse y los consiguientes fenómenos de asentamiento del terreno. En el año 2013 hubo una serie sísmica muy prolongada. A 28 de abril se contabilizaban más de 300 seismos, la mayoría de poca intensidad y cercanos a la zona del Perdón,  (que vemos en la foto de la izquierda, junto a este párrafo),  salvo dos que superaron los 4,0 el 23 de marzo (ese lo sentí, fue a media tarde, mi madre aun vivía,  aunque le faltaban apenas dos semanas para morir, su epicentro en estaba en Echauri) y el 20 de abril de 4,1 con epicentro en Salinas. De ese ciclo de seismos adjunto la foto del geólogo, Antonio Aretxabaleta,  sobre los desprendimientos del Monte Ezkidi o Peña de Añezcar, en esos días,  y que aparecía en su blog.

El 10 de marzo de 2017 a las 8 menos cuarto de la mañana sufrimos un fuerte terremoto de 4,2 en la escala de Ritcher con epicentro en Oricain, uno de los más fuertes que se había vivido desde 2004; me acababa de levantar y estaba preparándome el desayuno antes de irme  a trabajar. Fue un movimiento corto pero muy intenso, la cristalería del mueble del cuarto de estar tintineaba;  en las horas y días siguientes se sucedieron las réplicas, aunque con menor intensidad. Desde entonces vivíamos una temporada de  tranquilidad hasta finales de agosto de este año en que comenzaron los terremotos en Lizoain y el valle de Egues con cinco seismos por encima de 3. Se pueden contabilizar más de 70 seismos por encima de los 3 grados desde 1903 hasta nuestros días. Salvo el temblor sentido por el terremoto de Arette, en el valle de Baretous, la mayoría de los terremotos que hemos sentido en Pamplona tienen como origen una falla local que atraviesa toda la cuenca. La otra falla importante, además de la de la Cuenca, es la norpirenaica.

Fotos de Arette: Centre Pyrénéen des Risques Majeurs. 1967

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Torrens (1919-2020)

A finales de junio de este año cerraba otro establecimiento centenario: Casa Torrens, un establecimiento que se había hecho, con todo merecimiento, un nombre en el mundo de las tiendas delicatessen de la ciudad. Nicasio Torrens, abuelo de la última generación de la familia, en regentar la tienda compró el local a Doroteo Barceló al filo de los años 20, quien había inaugurado a primeros del siglo en el lugar  una abacería, esto es,  una tienda o almacén donde se vendía,  al por menor, aceite, vinagre, aguardiente, bacalao, legumbres secas, etc. Además vendía otros alimentos y productos: jabón, vino, alpargatas, clavos o medias etc. El suelo era de tierra y en la puerta había unas argollas para atar a los burros que se cargaban con los fardos de la compra. En 1930 ya aparece bajo la clasificación más popular de  ultramarinos. Salvo un breve período durante la guerra, la tienda siempre estuvo en activo y en manos de la familia.

Torrens disponía en los años 20 de una propiedad en la Magdalena: una finca, con casa, huerta y terreno de cereal, además de algún ganado vacuno, de los que, en parte,  se nutría  la tienda. Otra parte la vendía en el Mercado.  A Nicasio Torrens le sucedió su hijo Jesús que fue quien reformó totalmente la tienda   y amplió la gama de productos, sobre todo productos locales y regionales. Fue además uno de primeros en traer a Pamplona una cámara frigorífica. Tras Jesús, que falleció a los 95 años, se hizo cargo del negocio su hijo Jesús Mari Torrens Alzu quien junto a su esposa, Trinidad Ancizu,  dirigió la tienda durante más de 40 años, desde 1967 hasta el año 2012, fecha en la que Jesús Mari se jubiló.

Planeó, entonces, el cierre de la casi centenaria tienda pero se dió la circunstancia de que cogieron en traspaso el negocio Iranzu Iriarte y Carmela Catalán, dos trabajadoras de comercio, habían trabajado en el Taberna de enfrente,  y que tenían una amplia trayectoria y experiencia en el trato al público y además se encontraban, entonces, en el paro. Trini Ancizu les guió y acompañó durante el primer año hasta que se hicieron plenamente con las riendas del negocio. Durante todos estos años Casa Torrens ha ofrecido una amplia selección de los mejores productos de alimentación: verdura y frutas de la huerta navarra, legumbres, quesos de pastor, ibéricos, arroces, patés, hongos y setas, conservas, etc, vinos, licores etc convirtiéndose en un referente en el ámbito de los productos gourmet y delicatesen. Hasta este año de pandemia en que lo ha trastocado todo y Carmela e Iranzu decidieron cerrar la persiana. Una pena.

Las salas de fiesta y discotecas del viejo Pamplona (1960-1985)

ACTUALIZADA. Completo esta entrada del blog que publiqué en el año 2013, con más datos que me han ido llegando y material gráfico que me han prestado recientemente. «Fue en los fines de los 60 y primeros 70  cuando comenzaron a proliferar las llamadas «boites» y «discotheques» en nuestra, hasta entonces, provinciana y hasta cierto punto mogijata ciudad. Hasta el final de la década de los 60 se celebraban festivales de música para jóvenes con conjuntos locales en lugares como los cines Aitor y Guelbenzu de Carmelo Echavarren, o el Teatro Gayarre, y en algunos otros espacios de la ciudad, como el Frontón Labrit, con sus fiestas de juventud (alguna acabó en pelea), además de en los salones de los colegios e institutos masculinos: Ximenez, Maristas, Jesuitas, Capuchinos o femeninos: Dominicas, Ursulinas, Santo Angel, Sagrado Corazón, también en otros lugares como el Casino Eslava, los bajos del Olimpia (hasta que lo derribaron en 1963) o el Carlos III luego, etc. Locales  más pequeños que las discotecas donde se iba escuchar música y a bailar fueron, en aquellos tiempos, el Bearin de la plaza del Castillo que ya funcionaba como «boite» allá por los años 60, la minidiscoteca «Disco Club 29» en la calle Navarrería con lo último en música moderna, impulsada por Fernando Saez y Javier Oses, la cava de Portales en la calle Recoletas, el subterráneo Viana Club de Jarauta, el antiguo Catachú o Tkikia en aquellos tiempos  en la calle  Lindachiquia, nº 16 que de la mano de Josetxo Iturralde y sobre todo de Abel y María Jesús, lo harían funcionar como una sala de fiestas, entre 1965 y principios de los 70, el Yellow Club en San Francisco, 24, etc. De aquella época poco puedo hablar si no es por referencia de otras personas que la conocieron y por algunos testimonios de seguidores de este blog que me han  ido señalado las lagunas de la entrada original.

Fue a partir de los 16 años, cuando comenzamos a frecuentar con cierta regularidad las salas de fiestas y discotecas de nuestra ciudad. Algún año antes, allá por el año 1978 o 79, creo recordar, que hicimos alguna incursión en lo que se llamaba el Guacatxiki, una sala anexa al Guacamayo pero para público bastante más joven. Las sesiones eran de tarde en vez de noche. El Guacamayo, situado en la calle Abejeras, se inauguró en torno al año 1969. Fue una de las primeras discotecas de la ciudad. Además de la música comercial típica de las discotecas se destacaba por albergar de vez en cuando actuaciones en directo de grupos locales y nacionales. Fue la primera discoteca que puso go-gos y sus djs  tenían muchas horas de vuelo. Posteriormente el antiguo Guacamayo y locales anexos se conocerían con el nombre de Sector, ONB y By Bye. Posteriormente, en torno al año 1980,  acudimos al Gure Kayola, en la cercana localidad de Sarasa. Creo que se había abierto dos o tres años antes. Ponían autobuses a partir de media tarde, a las seis o seis y media tarde; se cogían, creo, que en las paradas de autobuses de los Tres Reyes y te llevaban directamente a la discoteca. Volvías, igualmente, en autobús a Pamplona, y llegabas a casa no más tarde de las las diez. El limite razonable en aquellos años y para nuestras edades estaba en la última villavesa. Por supuesto había excepciones como las fiestas del barrio o los sanfermines en los que el horario se alargaba hasta las 2 o 3 de la mañana. En el Gure Kayola había un ambiente más rockero que en otras discotecas, mucha chupa de cuero, con música muy cañera, que era la que sonaba por aquel entonces en las radios. Te cobraban la entrada a la salida. Curioso procedimiento este el de cobrar a la salida, antes de regresar en el autobús.

Alguna vez fuimos a la Casa de la Juventud pero aquel ambiente no nos satisfizo en absoluto. Cansados un tanto de los viajes al Gure y tal vez de su ambiente, pues íbamos dejando atrás la  adolescencia y nos íbamos haciendo jóvenes «más maduros» empezamos a frecuentar alguna sala de fiesta con un ambiente más relajado y tranquilo como era la del Club Natación. Por lo general íbamos al cine los sábados y a la sala de fiesta o discoteca, los domingos. Íbamos sobre las 7 de la tarde. Recuerdo que en el «Club» había tres espacios de baile, dos espacios flanqueando la zona de actuación de la orquesta y una sala amplia de forma rectangular al final de la cual se encontraba una de las barras. Se iniciaba la sesión con música disco del momento para dar paso luego a la orquesta titular de la sala, la Orquesta Nueva Etapa y su cantante Adelaida y posteriormente acabar nuevamente con música disco. Otros componentes de la orquesta en aquel tiempo eran Jesús Ustariz, al teclado, Jose Miguel Marín «Chivino», batería, Pedro Tres, voz y guitarra, Jesús Mari Navarro «Pulmones» a la trompeta, Angel Urdaniz «Basiano», etc. La orquesta Nueva Etapa se había formado de una escisión de la orquesta Amanecer en 1972 y la sustituyeron como orquesta titular del «Club». Inicialmente la integraron los cinco componentes de aquella  orquesta junto a Jesús Ustariz y Xabier Elizalde que procedían de la orquesta Noche y Día. En 1973 entró Adelaida Arostegui. En 1981 costaba la entrada al Club unas 225 pesetas (lejos de las 35 pts de 1965 o de las 80 de 1968, bueno eso para los caballeros, las «señoritas» pagaban la mitad, 40 pesetas). Creo que la paga en mi caso era entonces de unas 1.000 pesetas. Similar ambiente aunque menos acogedor tenía el Club Deportivo Amaya, que yo no frecuenté. Tenía una sala cubierta enorme al final de la cual estaba el escenario y en el lado opuesto la zona de la barra. Había villavesas desde la plaza del General Mola. Creo que estuve una sola vez cuando celebramos la fiesta del instituto en marzo de 1981. La orquesta titular de la Ciudad Deportiva Amaya eran Los Clan. Algunos años antes los Clan (José Miguel Huarte «Pacha», al teclado, Miguel Angel Echeverría «Bolo» al trombón, Ramón García, a la trompeta, etc) tocaban jazz en el Cavas Club, inaugurada en junio de 1967 como sala de fiestas-discoteca, con música por la tarde y sala de fiestas por la noche en la Bajada de Labrit.
También acudíamos en aquellos primeros años 80 al Young Play, en la calle Monasterio de Velate, una de las discotecas más famosas de la ciudad y que vemos, por dentro y por fuera en alguna de las fotografías adjuntas. Recuerdo su fachada verde brillante y su interior también de tonos verdes, la pista circular en el centro, las sillas de madera, el suelo enmoquetado, sus columnas y sus espejos, tal y como vemos en la fotografía inferior. Se había inaugurado en febrero de 1970 y se cerraría con ese nombre en 1985 para dejar paso al Reverendos. Actualmente la discoteca se la conoce con el nombre de Ozone. Esporádicamente visitamos el Amazonas de la avenida de Bayona, luego conocida como Mas y Mas,  Vaiven y actualmente Enter. Otra discoteca de la ciudad era el Xuberoa en el calle del Redín, nº 2, una discoteca de dos plantas que se inauguró en los años 70 y se cerró en 1980, tras un pavoroso incendio y que yo no llegué a frecuentar.

En aquellos finales 60 y años 70 y primeros 80, también eran famosas las discotecas y salas de fiestas de algunos pueblos de Navarra como la Amanecer de Zubiri (que luego sería en los 80   el Gau Txori de los hermanos Arrieta), Bordatxo de Santesteban;  Oasis, Naxos, Aster   y  Trovador de Estella;  Geminis de Sanguesa;  La Guesera (hoy Kube),  Maitagarri  y Beratxa de Tafalla;  Malloak en los altos de Azpiroz; el Sonhar de Irurzun (antiguo Lennos);  Ilargi de Lakuntza, la Paraiso de Alsasua;  el Gares de Puente la Reina, etc. Muchas de ellas ofrecían música disco con actuaciones en directo. De todas las citadas, situadas fuera de Pamplona,  acudí alguna vez al Sonhar de Irurzun, una discoteca sobre un pequeño alto o promontorio, con dos plantas, diferentes espacios y estilos de baile en cada planta o espacio: lento, disco. Las discotecas en general ponían mayoritariamente música disco y las salas de fiesta combinaban la música disco, las actuaciones en directo y la música romántica o lenta para bailar en pareja. ¿Qué música sonaba en aquellos años?: pues sin ánimo de ser exhaustivo y tratándose de salas de fiestas y discotecas:  Status Quo, David Bowie, Boney M, Tequila, Abba, Gloria Gaynor, Donna Summer, Bee Gees, los acordes inconfundibles de la guitarra de Carlos Alberto Santana y su Europa, Roberto Carlos, Jeanette, Mari Trini, Bonny Tyler, Baccara, Village Peope, Police, La Olivia y la ELO, Pink Floyd, OMD, The Comunnards, Alan Parsons, Mecano, Ricchi e Povere y tantos y tantos otros artistas y grupos que nos ayudaron a ser un poco más felices en aquellos días ya lejanos.

En Sanfermines eran famosas las galas en los Clubs Deportivos. A los citados Natación y Amaya, habría que sumar, en estas fechas, las verbenas y galas de la Agrupación Deportiva San Juan, Anaitasuna, el Tenis, etc. Al Natación acudían las estrellas nacionales del momento y contaba con pista y barra al aire libre. También tenía actuaciones estelares en las fiestas el Larraina. Fueron famosos el lanzamiento a la piscina del Larraina de los Pop Tops en los Sanfermines del año 1968 o el acoso o más bien «caza» a  los Pecos por más de 300 jovenes en 1980 que provocó la suspensión de su actuación. En los barrios, celebraba bailes y verbenas el fin de semana, durante todo el año,  la Unión Deportiva Chantrea. También en otras sociedades deportivo recreativas: A.D San Juan, Larraina, Tenis se celebraban verbenas. En aquella época, de los 60 a los 80, había muchas y buenas orquestas y grupos musicales en Pamplona y Navarra. De aquellos grupos y al margen de las dos orquestas míticas referenciadas que perduran en mi memoria, La Nueva Etapa y Los Clan había otras como la mencionada Noche y Día, Amanecer, Maravella, Xamba (titular de los Tres Reyes). Recuerdo haber escuchado en los años 70,  allá por agosto, en las fiestas de mi barrio, en el antiguo campo de futbol del Ave María, a grupos musicales locales como Los Jaguars (¿o eran Los nuevos Jaguars? porque el conjunto tuvo distintas composiciones a lo largo de su historia). Otros grupos de aquellos años 60 y 70, sin ánimo de exhaustividad, eran Los Juniors, Los Condes, Los Anakos, Los Breks, Los Rebeldes, Los Huesos, Los Jafans y un largo etcétera. Alguno de aquellos grupos se convirtieron en orquestas profesionales o al menos las nutrieron, otros muchos desaparecieron con los años y  los menos se mantuvieron y perduran en el tiempo o al menos en el recuerdo. Eran tiempos en los que sonaban en la radio y durante aquellos cálidos veranos los últimos éxitos de Formula V: Cuentame, Tengo tu amor, o los Diablos: Oh, Oh, July o Roxana o todas aquellas famosas canciones pop de nuestra infancia y juventud, la música de los 60 y 70 y en mi caso, también de parte de los 80″.

Fotos: Young Play, extraidos de la web www.tocataeventos.com. Logos de Catachú, Disco Club 29 y Guacamayo: Archivo Juan del Barrio

Actualizada el 23-8-2020