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Comercios del Viejo Pamplona: La Perla Vascongada (1898-2021)

Corría el año 2019 cuando este comercio tradicional del Casco Antiguo cerró temporalmente  sus puertas. Parece ser que no era un cierre definitivo sino que estaba justificado en motivos familiares de salud. No obstante,  hace un par de meses y, seguramente influido por los efectos de la pandemia sobre el comercio,  el cierre del establecimiento se convirtió en definitivo y salió al mercado del alquiler. Afortunadamente y por su situación estratégica no ha tardado en encontrar un nuevo inquilino. Me congratulo de ello. Aprovecho, sin embargo,  este cierre para dar unas breves pinceladas de un comercio que conoció mejores tiempos a lo largo de su dilatada historia y que fue un referente en su sector. La primera  referencia que podemos encontrar sobre sobre la Perla Vascongada en las fichas catastrales del  Archivo Municipal la hallamos en el año 1902,  donde aparece la sociedad Echarren y Saralegui como comercio de tejidos o hilados de lana y algodón ubicado en el nº 17 de la calle Zapatería. No obstante según fuentes familiares el origen se remonta a unos años antes, concretamente al año 1898. El sector textil no le era desconocido a su fundador Rufino Saralegui pues estaba emparentado familiarmente con otros comerciantes textiles de la ciudad como los hermanos Goñi que tuvieron taller y tienda en la misma calle o a Agustín Trias, fundador del Comercio San Fermín.

En 1903 a la venta de tejidos al por menor se unía la industria de sastrería y un año más tarde hay una referencia a un segundo establecimiento, aunque no se indica donde. Investigando, he descubierto que en San Sebastián a primeros de siglo  hubo unos  grandes almacenes con el mismo nombre pero hasta donde yo sé nada tiene que ver con nuestro establecimiento local. En aquellos primeros años el establecimiento contaba con, al menos, dos operarios. Inicialmente aparece en sociedad Rufino Saralegui con Echarren, pero desde 1907 será Rufino Saralegui Goñi quien aparezca como único propietario. Durante muchas décadas este establecimiento fue, como he dicho,  un referente en la ciudad en el ámbito de la venta de telas y sobre todo en la sastrería a la  medida como atestiguan los cientos de anuncios aparecidos en la prensa a lo largo de casi un siglo. A lo largo de su historia el establecimiento sufrió varias reformas, especialmente de su fachada, como atestiguan las fotos de esta entrada, siendo la última de los primeros años 60, que es la que ha llegado hasta nuestros días. Tras fallecer Rufino se hicieron cargo de la tienda sus hijas  Carmen y María Pilar Saralegui Maiza que ostentaron la titularidad, concretamente Maria Pilar hasta mediados de los años 90. Desde 1995 y hasta  enero de este año dirigió el negocio su hijo Elías Razquin Saralegui, acompañado durante algún tiempo  en las labores de atención al público  de su prima Pilar Escala.

Fotos: Nº 1: Procesión de Nuestra Señora del Rosario a su paso por la calle Zapatería, 1937. Julio Cía Uriz. Archivo Municipal de Pamplona. Nº 2: Fachada del establecimiento «La Perla Vascongada» en los años 40. José Galle Gallego. Archivo General de Navarra. 

Comercios del Viejo Pamplona: Librería Leoz (1930-2021)

Ayer participaba en una rueda de prensa donde se alertaba de la posibilidad del cierre de casi 1.000 comercios en Navarra, de aquí a lo que falta de año por culpa de la pandemia y de otros factores colaterales. En el último año se nos han ido yendo, poco a poco, diversos establecimientos en el Casco Antiguo como Casa Ataun, Casa Torrens, La Algodonera, La Perla Vascongada, Elizburu, la droguería de Pedro Pomares, la tienda de Aceitunas Valero de la calle Mañueta, la joyería Xuan y un largo etcétera. Por las paginas de este blog han desfilado cientos de nombres de comercios que han escrito la pequeña historia de esta ciudad, esa historia a ras de suelo que  es  tan importante para mi como la historia de los grandes hechos porque constituye parte de la memoria personal de muchos de nosotros. Pues bien, es en este contexto que conocemos el  cierre de la famosa Librería Leoz de la plaza del Castillo. Hace unos días, el día 22,  fallecía Antonia Gil Segura, madre del actual titular y verdadera alma mater del negocio durante muchos años. Su fallecimiento y la falta de relevo generacional  ha precipitado, seguramente, los acontecimientos. Vaya esta entrada como homenaje a este emblemático establecimiento que ha sido testigo de los numerosos cambios que ha vivido la plaza, «el cuarto de estar» de los pamploneses, a lo largo de su reciente historia. Investigando hace algún tiempo en el Archivo Municipal sobre los negocios centenarios de la ciudad pude descubrir  que Antonio Leoz Goñi, abuelo del actual titular y fundador de la librería,  era  empleado, a primeros de siglo, de la sociedad Abonos Químicos de Navarra, sociedad que tenía su domicilio social  en el nº 20 de la calle Nueva. Como empleado de dicha sociedad aparece en las hojas de la riqueza industrial municipal, en base a los ingresos obtenidos por dicha condición esos años y aparece entre los años 1918 y 1926. Antonio Leoz figura, igualmente, como uno de los fundadores de Club Atlético Osasuna allá por 1920. En 1927 y 1928 contribuía a los impuestos municipales, además,  también por la venta de periódicos, si bien completándolo con los capitales antes indicados. A partir de 1930 ya sólo contribuía a las arcas municipales por la venta de periódicos y posteriormente de libros y objetos de escritorio. La venta de periódicos la realizó  inicialmente  en el nº 34 de la calle Mayor, hoy nº 10, donde hoy se encuentra la tienda de moda Skaner Shop y posteriormente, a partir de 1931, también  en su kiosko de madera de la plaza del Castillo.

En 1942, las obras de remodelación de la plaza del Castillo obligaron a Antonio Leoz a cerrar su quiosco de prensa de madera para trasladarse a un bajo de un edificio cercano, concretamente al nº 38 de la plaza, donde se ha mantenido hasta hoy día 28 de febrero, casi 80 años vendiendo en el mismo sitio, prensa  local, nacional e internacional así como libros y revistas especializadas. A partir de la década de los años 50, cogió las riendas del negocio familiar Agustín Leoz Santesteban, «Tintxo», hijo de Antonio y   padre del actual regidor. Por la librería pasaron durante los años 50 y 60 muchos de aquellos ilustres personajes que llegaron a nuestra ciudad por las fiestas y que recojo en otra entrada del blog: Orson Welles, Anthony Quinn, Charlton Heston, Deborah Kerr, Ernest Hemingway, etc. A su visita contribuía el hecho de que podían encontrar en la librería algunas de las cabeceras internacionales más importantes, algunas de sus propios países: el International Herald Tribune,  The Times, The New York Times, The Sun, Le Monde y muchas más,  hasta una veintena de cabeceras diferentes. A comienzos de los  año 80 entró la tercera y última generación a trabajar, representada por Antonio Leoz Gil, si bien fue en los años 90 cuando Antonio, el nieto del fundador, asumió mayores cotas de responsabilidad, aunque no totalmente. Y es que yo recuerde, durante muchos años,  Antonio ha compartido el trabajo en  la tienda (la recepción de cientos de publicaciones diferentes,  así como de la atención al público) con su madre,  Antonia Gil. En un mundo como el actual en el que empieza a predominar lo digital y tecnológico Leoz  ha representado hasta hoy un verdadero   templo  a las publicaciones impresas en papel. La librería Leoz conoció la época dorada de las revistas y los periódicos de la transición así como la época dorada de los coleccionables que tanto espacio ocupaban en las tiendas y kioskos de prensa. Con su cierre se apaga otra luz de nuestras calles.

Fotos: Nº 1: Plaza del Castillo, con el kiosko de madera de Antonio Leoz en el ángulo noroeste de la plaza. 1937 o 38. CC BY-NC-ND 3.0 ES. José Galle Gallego. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra. Nº 2. Libreria Leoz. 2016. Ernesto López Espelta para verpueblos.com

Comercios del Viejo Pamplona: Perfumería Galle (1922-2020)

A finales de julio de este año cerraba otro comercio, esta vez casi centenario: perfumería Galle. Echaba el cierre a su última tienda,  situada en el nº 45 de  Carlos III. El negocio tenía su origen en el establecimiento de fotografía y perfumería fundada por José Galle Gallego en los años 20, en el nº 7 (luego 11) de la calle Mercaderes, hasta 1972,  calle Blanca de Navarra. José Galle, su fundador,  había nacido en Valladolid en 1898  y tras ejercer como fotógrafo en Madrid y San Sebastián, llegó a Pamplona en 1919. Inicialmente Galle entró a colaborar con el conocido fotógrafo Benito Rupérez. Poco después se estableció en el nº 38 de la calle Zapatería asociándose con su hermanastro Rafael Bozano, de quien se separaría en 1949. Según la familia, 1922, es la fecha en la que se iniciaron las actividades comerciales de Galle, aunque otras fuentes, la retrasan hasta 1924. Lo cierto es que en  1926 ya aparecía bajo el epígrafe catastral de «industria de la fotografía» aunque posteriormente lo hará como establecimiento de fotografía, droguería y perfumería al por menor. Compraba los productos fotográficos en Francia y aprovechaba también para traer perfumes. Por lo que yo sé no es el único caso en Pamplona en el que fotografía y perfumería (y droguería) fueron de la mano, aunque este es el más paradigmático, pues su faceta como fotógrafo nunca fue en menoscabo de la comercial de perfumería, ámbito en el que también Galle se ganó,  con todo merecimiento,  un nombre dentro del ámbito de la perfumería local.  Aun no habían llegado las grandes cadenas y franquicias de perfumes, que como en otros sectores, afectarían al comercio local.

Galle fue corresponsal gráfico en Navarra para la prensa nacional durante el primer tercio del siglo. En Navarra se convirtió en un reportero especializado en deporte y actualidad local, de lo que da buena muestra el amplísimo fondo de fotografías donado por la familia Galle al Archivo General de Navarra, parte de las cuales se pueden encontrar, además  en la Sección Archivo Abierto del Gobierno de Navarra. En este blog aparecen un buen número de ellas. Esta ciudad tiene una deuda impagable con fotógrafos como Galle y otros que cité en la entrada correspondiente y que han contribuido a plasmar la historia gráfica o visual de esta ciudad. A partir de 1949, la segunda generación personificada en  Fernando Galle Zumealde (1928-1982) siguiendo los pasos de su padre, continuaba con tradición familiar, en su doble faceta: fotográfica y comercial.  Con su padre  compartió estudio durante algún tiempo,  hasta el punto de que a veces es difícil atribuir muchas fotografías a uno u otro ya que todas iban con la firma  de Foto Galle. Posteriormente Fernando abrió su propia tienda  y estudio de fotos en Joaquín Larregla, 2 así como perfumerías en Bergamín, 5 y Carlos III, 45. La tienda de Carlos III la abrió en 1969. Más adelante abrieron otra tienda, en la avenida de Bayona ya desaparecida. Hasta los años 80 se mantuvo  la tienda de la calle Mercaderes, como tienda de fotografía y perfumería, bajo la figura de una sociedad limitada. En 1983 fallecía José Galle mientras su hijo Fernando, lo había hecho  también  prematuramente un año antes, en 1982, tomando las riendas del negocio la tercera generación; Patxi Galle. Junto a la competencia de los grandes formatos, el incremento de la venta  online en el sector  y finalmente la pandemia contribuyeron a su cierre final.

Fotografías: Foto nº 1: Procesión de San Saturnino a su paso por la calle Mercaderes, donde, como se puede comprobar en la foto (ver la parte izquierda) estaba radicada la droguería-perfumería Galle. 1943. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra. Fotos nº 2 y nº 3: Escaparates de la droguería-perfumería Galle en el nº 7 de la calle Mercaderes, entonces Blanca de Navarra (Años 40). CC BY-NC-ND 3.0 ES. José Galle Gallego. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra.

Comercios del Viejo Pamplona: Impermeables «El Búfalo» (1926-2007)

Voy a hablar, en esta ocasión, de un comercio singular que formó parte del paisaje urbano de Pamplona durante más de 70 años. De hecho su nombre transcendió el ámbito local  y fue una de las marcas textiles del norte de España en la postguerra, y aun después, como lo serían las boinas de Elosegui de Tolosa. Quien que no tenga cierta edad no recuerda aquel rótulo publicitario luminoso sobre uno de los tejados de los edificios de la parte este de la plaza del Castillo.  En otra entrada del blog, la de «los bares del viejo pamplona» se puede observar esa fotografía. La gabardina fue además, una prenda muy asociada en España y en el mundo  a aquellas décadas de finales de los 40, 50 y parte de los 60. En cuantas películas de aquellos años vimos a sus protagonistas enfundados en sus largas gabardinas, desde la mítica Casablanca a tantas cintas del género negro. Dice, Juan Liceras, hijo del fundador,  en una entrevista al Diario Vasco en el año 2006 que la primera fábrica de gabardinas «El Búfalo» se abrió el 1 de agosto de 1941 en la calle Misericordia de San Sebastián. Allí debieron tener durante  algún tiempo alguna  fábrica y  alguna  de sus primeras tiendas de la capital donostiarra aunque la más conocida fue siempre y hasta su cierre la de la calle Garibay, nº 6, donde ocupaban la planta baja, con tienda y taller  que se prolongaba en la primera planta del edificio y en donde trabajaban mayoritariamente mujeres aunque, como se puede ver en las fotos también trabajaban  algunos hombres.

Sin embargo tras una meticulosa  investigación realizada por mi estos últimos días puedo  situar el origen del negocio en una fecha muy anterior. Concretamente fue el 17 de julio de 1926 cuando se inauguró la primera fábrica y despacho en el nº 3 de la calle Peña y Goñí, posteriormente en 1930 se abrió una sucursal y exposición en el número 28 de la calle Avenida y más adelante en el nº 2 de la calle Oquendo donde se instaló la sede central. Se mantuvo esta primera factoría de Peña y  Goñi hasta 1968, tras un breve cierre y una reapertura posterior que tuvo lugar  el 10 de marzo de 1935. Demuestran este más temprano origen que el mencionado en el citado rotativo vasco otra valiosa documentación que he ido encontrando: un corto de animación comercial de 1934 dirigido por Josep Serra y Massana que decía «Llega el mal tiempo y unos ángeles mandan grandes cantidades de lluvia y viento, pero lo mejor para soportarlo son los impermeables El Búfalo»; una carta comercial de la fábrica a un proveedor de Molina de Aragón, fechada en abril de 1930,   protestando por la deficiente calidad de las  pieles remitidas  en su último envío, una  publicidad comercial de 1929 y un curioso sobre comercial datado en 1927 con la publicidad de la empresa. Adjunto fotos de estos dos últimos documentos.

Eran propietarios de «Impermeables el Búfalo», Simón Liceras, natural de  Riaza (Segovia)  y su socio el señor Gómez que pocos años después abriría «Impermeables El Gamo» en el cruce de las calles Bergara y la Avenida de la Libertadde la que también adjunto una fotografía. Tras la fábrica y  tiendas de Donosti se abrieron sucursales en los años 30 en Bilbao (Gran Vía, 6 y posteriormente en Correo, 15) y en Pamplona (General Moriones, 6), tal y como aparece en la publicidad adjunta de la izquierda. Recordemos que esta calle cambió su denominación en 1937, pasando, a partir de ese año a llamarse calle Pozoblanco. Para 1941, fecha de otra de otra de las publicidades de esta entrada, la de la derecha, ya se había abierto la tienda de Vitoria (Postas, 25) y contaba, según esa misma información,  con una fábrica de tejidos impermeabilizados en Cornella de Llobregat (Barcelona). En los años 50 se abrió otra tienda en la calle Vitoria (nº 5) de Burgos (de la que también adjunto una fotografía, al final de la entrada)  y poco más tarde la de Irún (Paseo de Colón, 10-12). La  fábrica de gabardinas e impermeables El Búfalo no surtía al exterior, fabricaba y vendía  tan solo en sus propias  tiendas. ¿Qué fabricaba y vendía El Bufalo?:  gabardinas, trincheras, gabanes de cuero, capas, chaquetas para motoristas y ciclistas, canadienses, chaquetas de gamuza, impermeables de fantasía y de todo tipo y para todo tipo de oficios: militares, ferroviarios, carteros, cobradores de banco, serenos y guardias municipales, etc, todas ellas prendas  impermeables. Suyos eran el patronaje, el corte, la confección, pero  muchas prendas se realizaban  fuera de las instalaciones de  la  fábrica. Las telas se transportaban en grandes cestas, repartiéndose luego, en furgonetas. Tenían, por aquel entonces,  un montón de  talleres subcontratados, porque estaban en plena expansión y no daban abasto.

Tras la muerte de Simón Liceras el negocio pasó a manos de su viuda y posteriormente de su hijo Juan.  Con el paso de los años y los cambios  en  las modas, usos y costumbres, las prendas largas y contra la lluvia (gabardinas, gabanes, etc) fueron  desapareciendo, y hubo que especializarse en ropa contra el frio. Se fueron cerrando progresivamente sus diferentes  tiendas hasta el año 2007 año en que se jubiló Juan Liceras y se se cerraron las dos últimas tiendas existentes, la de Pamplona en la calle Pozoblanco (de la cual ofrezco dos  instantáneas, una del exterior y otra del interior de la tienda,  junto a este párrafo)  y la de San Sebastián de la calle Garibay. Así se cerraba un negocio que seguramente perdura en la memoria de muchos y que había durado nada menos que 81 años.

Fotos, por orden de aparición: Foto nº1: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 2: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1949) CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Colección Fotocar, Vicente Martín.  Foto nº 3: carta publicitaria de «Impermeables El Búfalo» datada el 23 de abril de 1927, Foto nº 4: publicidad comercial de la fábrica de impermeables y trincheras «El Búfalo» (1929) , Foto nº 5: publicidad comercial de la Casa de Impermeables «El Búfalo». (Años 30), Foto nº 6:  publicidad comercial de «El Búfalo» con ocasión de la feria de Muestras de Zaragoza (Mayo de 1941), Fotos nº 7 y 8: exterior e interior de la  tienda de «El Búfalo» en el nº 6 de la calle Pozoblanco. (2005). Javier Muru. Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona, Foto nº 9:  fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1946). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.  Foto nº 10: tienda de «El Búfalo» en la calle Vitoria de Burgos (años 50). Foursquare . Burgos en el recuerdo, Foto nº 11: fábrica y tienda de impermeables «El Gamo» en San Sebastián, (1944). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 12.  Grupo de empleadas en el interior de la tienda de El Búfalo (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 13: interior de la fábrica de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. , Foto nº 14: empleados en el interior del taller o fábrica de impermeables El Búfalo (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.

Comercios del Viejo Pamplona: Elizburu (1900-2020)

Hace un par de meses cerraba por jubilación otro comercio centenario, fundado hace  120 años. Se trata de la tienda Elizburu, la mayor parte de su historia en el número 7 de la Calle Chapitela. Inicialmente la tienda taller no estaba en la calle Chapitela sino a la vuelta, en el nº 10 de la calle Mercaderes, donde posteriormente estuvo la heladería de Gonzalo Sola y hasta hace muy  poco tiempo  la bisutería de Ana García. En cualquier caso, la fecha que se marca como de inicio del negocio es la de 1900 y ya para 1905 podíamos encontrar a José María Elizburu en su actual ubicación,  con el oficio de grabador de rótulos. En los años 20 incorporaba  a su trabajo de grabador la venta de otro tipo de  artículos, recogidos bajo el nombre de objetos artísticos. El caso es que, casi siempre, han  tenido la misma ocupación: elaboración de sellos de caucho y rótulos, grabación de todo tipo de placas, artículos de escritura (plumas estilográficas, etc) y más tardíamente artículos de fumador.

En los registros catastrales aparece, no obstante, en 1888 un tal Fermín Elizburu, éste parece ser que era un hermano de José María Elizburu, fundador de la tienda de Chapitela  y abuelo de los actuales regidores, que tuvo, durante un breve período de tiempo, un taller de grabación de metales en el nº 18 de la calle Mayor. Fermín, junto con su hermano José María,  parece que, en aquellos años  de finales del siglo XIX, emigraron a  América, volviendo, al poco tiempo, José María,  mientras se quedaba en las Américas su hermano Fermín. Tres generaciones consecutivas de la misma familia han regido los destinos de este centenario establecimiento: al fundador, José María Elizburu, le seguirían, posteriormente sus hijos José María y Román Elizburu Mendióroz. Román tomaría otro camino comercial fuera del negocio familiar. José María Elizburu, hijo, se incorporaría a la tienda en torno  a los primeros años 40, a quien vemos a la entrada de su tienda en la década de los años 50. A este le seguirían sus hijos José María y Fernando que se incorporaron a la tienda entre finales de los 60 y primeros 70 y que han continuado  hasta nuestros días, más de medio siglo continuado de dedicación a este oficio que inicialmente tenía mucho de artesanal y que nunca ha perdido ese sabor de los negocios ubicados en el Casco Antiguo. Una vez más la falta de relevo generacional  trunca el devenir de otro negocio centenario del Casco Antiguo.

Fotos: Nº 1: Foto postal de la tienda cedida por la familia Elizburu (sin datar). Nº 2: tienda y taller de grabación de  Elizburu. Fondo Galle. José Galle, 1952. Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-Sin ObraDerivada 3.0 España.

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Casla (1905-2002)

En esta entrada hablaré sobre Casa Casla, otro establecimiento icónico y emblemático donde los haya en Pamplona. ¿Quien no se acuerda de los famosos chorizos de cartón que colgaron de sus balcones durante décadas?. En 1905 José Casla inaugura su conocido ultramarinos que permanecería abierto hasta el año 2002. José Casla, originario del pueblo La Nava de Castilnovo (Segovia) era hermano de Gregorio Casla que regentaría, igualmente,  diversos establecimientos del mismo ramo en Donostia, el más famoso, la llamada Charcutería Francesa. Fue en los años 40 cuando a José Casla se le ocurrió adornar la fachada de su establecimiento y del primer piso con decenas de chorizos de El Pamplonica. Al parecer Casla era amigo de los Villanueva que por aquel entonces tenían la fábrica de chorizos en la calle Mayor y uno de cuyos hermanos fundó «Chorizos El Pamplonica». Fue una magnífica acción publicitaria que como se ve tuvo mucha más trascendencia de la que preveía su promotor. Los chorizos nunca fueron de verdad, primero fueron de madera y posteriormente de cartón, aunque más de un incauto se creyese lo contrario. En la segunda y tercera década del siglo XX aparecen numerosos anuncios del establecimiento en la prensa local: “José Casla, comestibles, vinos y licores”.  O “José Casla. Primera casa en productos alimenticios. Licores y vinos de postre. Cafés bien tostados todos los días. Chocolate Martín el mejor del mundo, reconocido por las personas de buen gusto. Servicio rápido a domicilio”. Se anunciaban como la primera tienda de Pamplona de ultramarinos finos, tal y como aparece en el rótulo de la fachada.

A José Casla le sucedió en el negocio su hija Marichu que se casó con Alejandro Zabalza, con el que tuvo nada menos que 10  hijos. Todos nacieron en el edificio. En los últimas décadas de su historia una de las caras más visibles de la tienda, además de la de su madre Marichu y de alguna de sus hermanas era la de Alejandro Zabalza Casla, «Guchin», el 5º de los hermanos, coincidiendo, así, la segunda y tercera generación del negocio. Aprovechando la rehabilitación del edificio en el año 2002, la familia decidió cerrar el comercio y Alejandro entró a trabajar en una empresa de jardinería local  que se encargaba entonces del mantenimiento de los jardines de la ciudad, y lo hizo hasta que se lo permitió la enfermedad,  falleciendo en el 26 de agosto de 2012, a los 57 años de edad, apenas una semana después que su madre Maritxu. Alejandro Zabalza Casla fue un personaje muy popular en la ciudad: sanferminero de pro, dantzari de Ortzadar y del grupo municipal de danzas, además de txistulari, atabalero, miembro de la Corte de San Fermín, de la Cofradía de la Dolorosa y la Hermandad de la Pasión del Señor, y buen amante de la montaña, la bicicleta y la pelota. Casa Casla, es otro de los emblemáticos establecimientos que perduran en nuestro recuerdo.

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Torrens (1919-2020)

A finales de junio de este año cerraba otro establecimiento centenario: Casa Torrens, un establecimiento que se había hecho, con todo merecimiento, un nombre en el mundo de las tiendas delicatessen de la ciudad. Nicasio Torrens, abuelo de la última generación de la familia, en regentar la tienda compró el local a Doroteo Barceló al filo de los años 20, quien había inaugurado a primeros del siglo en el lugar  una abacería, esto es,  una tienda o almacén donde se vendía,  al por menor, aceite, vinagre, aguardiente, bacalao, legumbres secas, etc. Además vendía otros alimentos y productos: jabón, vino, alpargatas, clavos o medias etc. El suelo era de tierra y en la puerta había unas argollas para atar a los burros que se cargaban con los fardos de la compra. En 1930 ya aparece bajo la clasificación más popular de  ultramarinos. Salvo un breve período durante la guerra, la tienda siempre estuvo en activo y en manos de la familia.

Torrens disponía en los años 20 de una propiedad en la Magdalena: una finca, con casa, huerta y terreno de cereal, además de algún ganado vacuno, de los que, en parte,  se nutría  la tienda. Otra parte la vendía en el Mercado.  A Nicasio Torrens le sucedió su hijo Jesús que fue quien reformó totalmente la tienda   y amplió la gama de productos, sobre todo productos locales y regionales. Fue además uno de primeros en traer a Pamplona una cámara frigorífica. Tras Jesús, que falleció a los 95 años, se hizo cargo del negocio su hijo Jesús Mari Torrens Alzu quien junto a su esposa, Trinidad Ancizu,  dirigió la tienda durante más de 40 años, desde 1967 hasta el año 2012, fecha en la que Jesús Mari se jubiló.

Planeó, entonces, el cierre de la casi centenaria tienda pero se dió la circunstancia de que cogieron en traspaso el negocio Iranzu Iriarte y Carmela Catalán, dos trabajadoras de comercio, habían trabajado en el Taberna de enfrente,  y que tenían una amplia trayectoria y experiencia en el trato al público y además se encontraban, entonces, en el paro. Trini Ancizu les guió y acompañó durante el primer año hasta que se hicieron plenamente con las riendas del negocio. Durante todos estos años Casa Torrens ha ofrecido una amplia selección de los mejores productos de alimentación: verdura y frutas de la huerta navarra, legumbres, quesos de pastor, ibéricos, arroces, patés, hongos y setas, conservas, etc, vinos, licores etc convirtiéndose en un referente en el ámbito de los productos gourmet y delicatesen. Hasta este año de pandemia en que lo ha trastocado todo y Carmela e Iranzu decidieron cerrar la persiana. Una pena.

Comercios del Viejo Pamplona: Librería y papelería de Casildo Iriarte (1886-1932)

Hace tres meses, en pleno confinamiento,  Marisol García, de Tafalla, me escribió un correo porque obraba en su poder la parte superior de un calendario de pared del establecimiento «Casildo Iriarte» de Pamplona. Ignoraba de que año podía ser aunque creía que podía ser de la primera mitad del siglo XX. Reproducía la imagen de una niña con un perro. A mediados de mayo  lo recibía en mi casa. Tal y como me había adelantado estaba un poco deteriorado, pero al margen de algunos pequeños desperfectos,  llamaba poderosamente la atención la calidad de la impresión. La imagen que aparecía en el calendario estaba enmarcada dentro de una orla con rosas y mariposas, toda la orla impresa con una encomiable técnica en relieve. En primer lugar, le agradezco a Marisol,  de todo corazón, que nos  haya enviado este objeto casi centenario  que preservaremos, no lo dude,  con todo mimo. Como es lógico lo primero que he intentado hacer es datar dicho objeto, saber de que obra pictórica se trataba, y dar unas pinceladas del establecimiento comercial que lo editó.  Empezaré por esto último.

La primera referencia que encontramos de Casildo Iriarte es como librero en 1886, a través de una factura emitida para Juan Iturralde y Suit por parte de «La joya literaria». Librería, encuadernación y centro general de suscripciones Casildo Iriarte», en el nº 4 de la calle San Nicolás, numeración que se ampliaría al nº 6 algunos años más tarde, el  nº 4 destinado a librería y el nº 6 a papelería y objetos de escritorio.  Estos números finalmente serían, con los cambios en las calles,  el nº 6 y nº 8 de la calle San Nicolás,   que se correspondería, actualmente con el bar «La Escalerica de San Nicolás» y anteriormente con la tienda de pequeños electrodomésticos de Antonio Zapatería Amorena, que cesó su actividad hace escasas fechas en el nº 42 de la calle Zapatería.

En 1904 Casildo Iriarte también editaba y vendía postales de Pamplona. Algunas de las postales que publicó  reflejaban la plaza del Ayuntamiento o la plaza de la Constitución, como la que adjunto. La casa alemana que hizo las postales para Casildo Iriarte era la de Julius Nagelschmidt, de Berlín. Eran postales en color, también llamadas cromolitografías. Desde 1908  encontramos  a Casildo Iriarte, en las guías comerciales, en la calle General Moriones, 24-26 (hoy calle Pozoblanco). Se trataba de la misma finca urbana pero imaginamos que la entrada se haría a partir de entonces desde esta calle. El establecimiento también vendía quincalla fina, lo que hoy conocemos como bisutería. En 1915, fallecido Casildo,  aparecen en el nº 42 de la plaza de la Constitución, actual plaza del Castillo, junto al Pasadizo de la Jacoba, los Sucesores de Casildo Iriarte, donde permanecen hasta 1932, año en que dejan el negocio   y coge el relevo, en el mismo local y con parecida actividad,  Aniceto Urniza Gómez. En este lugar Aniceto y, posteriormente sus herederos regentarían, el célebre establecimiento «El secretariado navarro» que permanecería hasta finales del siglo. Según obra en el documento adjunto de 1924 Sucesores de Casildo Iriarte además de papelería y objetos de escritorio desempeñaba otras tareas: agencia de negocios y de minas así como administración de fincas, incluso funcionaba como una especie de gestoría pues hablaba de la representación de ayuntamientos, sociedades y particulares. Además vendía material de papelería impreso para ayuntamientos, concejos, juzgados y escuelas.

El calendario que ha servido de inspiración para elaborar esta entrada sobre Casildo Iriarte reproducía un oleo sobre lienzo del pintor francés Guillaume Seignac. Seignac nació en Rennes en 1870 y murió en París en 1924,  a los 54 años de edad.  Empezó su formación y preparación en la Academia Julian en París, donde estuvo entre 1889 y 1895 y donde  tuvo la oportunidad de conocer a  maestros  como Gabriel Ferrier, Tony Robert Fluery  y  William Bouguereau. Toda su formación se dirigió siempre  a adquirir ese estilo académico que le caracteriza, siendo  sus temas preferentemente clásicos o neoclásicos, ocupando el cuerpo de la mujer un papel primordial de sus obras que le emparentan, en cuanto a las formas, con los clásicos griegos.  En 1897 expuso regularmente en el Salón de París, ganando varios premios, una mención honorífica en 1900 y una medalla en 1903. La obra que refleja el calendario data de 1912 y fue expuesta en el Salón de Artistas Franceses de ese año, apareciendo en los catálogos con su nombre en francés o en inglés como  «Filette au chien» o «Girl with a dog». El calendario fue, seguramente impreso a lo largo de  la década de los 20, por lo que el objeto cuenta  ya con casi un siglo de antigüedad. Solo me quedaría saber en que año concreto se imprimió, en qué casa familiar sirvió de guía diaria en aquella  lejana época o  como llegó hasta Tafalla, a la casa de Silvia Berruezo, pero no me cabe más que elucubrar. Parte de el  recorrido  lo conozco por boca de Marisol García que lo ha conservado durante los últimos  36 años.

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Ataun (1898-2020)

Hace unos pocos días, el pasado  30 de junio,  cerró uno de los establecimientos centenarios más conocidos de la ciudad: Casa Ataun, tras más de 120 años de trayectoria. El Ayuntamiento rescató este establecimiento del cierre en 1983, pero 37 años más tarde esta tienda no ha podido encontrar relevo. Pamplona va perdiendo buena parte de su patrimonio comercial y por lo tanto de la historia de sus calles, esa historia a ras de suelo que podemos ir viendo cambiar a lo largo del tiempo, esa historia que forma parte de nuestros recuerdos personales y de nuestra propia vida. Dentro de poco,  a medida que vayan cerrando más comercios centenarios,   ¿Qué nos quedará de la historia de esa Vieja Pamplona de la que este humilde blog es tan solo un modesto divulgador?

El origen de Casa Ataun, -conocida por sus pastas y tortas de txantxigorri, chocolates y regalices-,  se remonta a 1898, aunque según otras fuentes, -no hay constancia documental de ello-, podría datar de 1886. Y es que hay  en el Ayuntamiento una hoja de registro de las fincas urbanas fechada el 14 de diciembre de 1898  en la que figura,  como propietario del nº 14 de la calle Eslava,  el señor  Ubaldo Ataun Legarreta.  En la hoja catastral de riqueza industrial del Ayuntamiento de Pamplona se indica que el comercio  se iba dedicar a la fabricación de velas de cera así como a la  venta de chocolate y otros artículos. Si bien, en este caso, la producción de velas cesaría a los pocos años, concretamente en 1905. La mayoría de los chocolateros eran también cereros. Hay una razón histórica para ello. Cuando en el siglo XVI llegó el cacao de América  a España, el cerero,  -que trabajaba la cera para hacer cirios, velas, antorchas para el culto y para el alumbrado de los hogares-,  ya hacía confitería con la miel de los panales. No hay que olvidar que  de los panales se extraían la miel y la cera, y con la llegada del cacao, el cerero se hizo chocolatero y las cererías se convirtieron también en chocolaterías.

Como en otros muchos comercios, Ubaldo vivía en el mismo edificio en que tenía la tienda. Allí vivía con su mujer, Rosa Roncal, y habían nacido alguno de sus cinco hijos: Fortunato, Dolores, Jesús, Guadalupe y Joaquín, de los cuales Joaquín fallecería pronto, al igual que su esposa de la que quedaría viudo en 1915. Ubaldo fallecería en 1931 heredando el negocio el resto de sus hijos, si bien serán los varones, Fortunato y Jesús, los que lleven la tienda  a  partir de ese momento. Ninguno de ellos tuvieron descendencia. Dolores murió en 1948 y Guadalupe vendió su parte a sus dos hermanos en 1962. Fortunato fallecía en 1974, quedándose a cargo del negocio,  Jesús Ataun. En 1983, el Ayuntamiento compraba el edificio de Casa Ataun por tres millones de pesetas, con el objeto de preservar o mantener este comercio tradicional. Jesús se jubilaba el 3 de julio de ese año, ya tenía 82 años.  Durante el  tiempo que duró la rehabilitación del edificio Jesús Ataun residió en una habitación del hotel La Perla, a costa del Consistorio.  El Ayuntamiento le ofrecía residir y trabajar en el mismo edificio, pero Jesús decidió seguir alojado en el hotel y rechazó la propuesta municipal. Jesús  cobraría una renta vitalicia del Ayuntamiento  de 100.000 pesetas a cambio de ayudar al nuevo arrendatario Félix Inda Garralda,  a aprender las viejas recetas originales de Casa Ataun. Jesús fallecería en la Casa de Misericordia en 1991. Durante los últimos 35 años, desde el 1 de julio de 1985,  Félix ha vendido, con la inestimable ayuda de su hermana Nekane todo tipo de productos de confitería, merengues, regaliz, chocolate y sobre todo sus conocidas pastas y tortas de txantxigorri, fabricadas de forma artesanal.

Foto: Nº 1: Jesús Ataun en su tienda de la calle Mayor. Años 70-80. Archivo de José Castells Archanco. Fotos Nº 3 y 4. Javier Muru. Adoquines y Losetas

Fotógrafos del Viejo Pamplona (1860-1960)

Alternando con el repaso de los comercios por calles continuo con el trabajo de recoger también el comercio por sectores: a la hostelería, bebidas, pastelerías, librerías, vendedores ambulantes, boticarios se le suma, en esta ocasión, la del gremio de los fotógrafos. En próximas entradas seguirán apareciendo el resto de sectores comerciales de nuestra ciudad: alimentación, ropa, calzado, perfumerías, joyerías, mercerías y un largo etcétera. Era un trabajo que estaba sin hacer. Creo  que es una buena ocasión, además, para rendir un merecido homenaje a la labor de muchos  profesionales y aficionados a la fotografía, algunos de cuyos trabajos han servido para ilustrar las diferentes entradas de este blog.   El origen de la fotografía en Pamplona se remonta a mediados del siglo XIX, concretamente a partir de 1843, donde se empiezan a anunciarse en la prensa artistas ambulantes   que utilizan la técnica del daguerrotipo y que recalan en la ciudad durante varios o semanas hasta que el negocio mengua y se trasladan a otro sitio. En esta técnica del daguerrotipo la imagen se formaba sobre una superficie de plata pulida como un espejo. La imagen revelada estaba formada por partículas microscópicas de aleación de mercurio y plata  ya que el revelado con vapores de mercurio producía amalgamas en la cara plateada de la placa. Previamente la placa era expuesta a vapores de yodo para que fuese fotosensible.  El problema de este sistema eran los largos tiempos de exposición que en sus inicios, el sistema nació en 1839, podía ser de hasta 10 minutos. Después se redujeron hasta menos de un minuto. Entre aquellos primeros daguerrotipistas estaban personas francesas o de ascendencia francesa como Pedro Alliet que alternó el daguerrotipo con la construcción de zapatos con suela de madera en los años 40 del XIX, en el nº 25 de la calle Comedias, o Monsieur Constant, en 1843,   en el nº 4 de la calle Pozoblanco o el suizo  Schmidt, en 1847,  en el nº 22 de la plaza del Castillo.

El primer fotógrafo o retratista que conocemos en Pamplona es el fotógrafo de origen francés  Leandro Desages que debió estar en nuestra ciudad al menos desde los primeros años 60 del siglo XIX, -en 1864 se traslada a Santander-, aunque después volvió, -en 1876 le vemos asociado con Domingo Dublán Elicechi-,  y que tenía su estudio cerca del palacio de Capitanía, bajo el nombre de Leandro Desages y Compañía. Con Dublán  tuvo el estudio en la Cuesta de Santo Domingo. A Dublán, tras su separación de Desages, le vemos en 1879, en el nº 5 de la plaza del Castillo asociado con Valentín Mª Aizpurbe. Parece ser que en 1865 Desages hizo diversas fotos del salón del Trono del Palacio de Navarra todavía en construcción. En los primeros años de los estudios fotográficos era muy habitual que estos se encontrasen en las plazas más céntricas de las ciudades, en  los últimos pisos, en espacios con lucernarios o claraboyas bien iluminadas para la adecuada realización de las fotografías. No es casualidad, pues, que en los orígenes del sector en nuestra ciudad, la mayor parte de los principales estudios se ubicasen precisamente en la plaza del Castillo, tanto por su centralidad como por las especiales condiciones de iluminación que eran necesarias.  El trabajo que realizaban estos primeros fotógrafos era el retrato de estudio. Se trabajaba con cámaras de objetivos múltiples y luego se revelaba sobre placas negativas al colodión que luego se positivaban en papel a la albumina, montada sobre un cartón más o menos decorado con el nombre del estudio. Posteriormente en los años 80 se utilizarán placas de gelatina de revelado químico que acortaron la duración de las tomas.

El segundo estudio profesional, después del Desages y Compañía fue el de Fotografía Pamplonesa situado en 1867 en el último piso del nº 39 de la plaza del Castillo. Tras ese nombre estaba  el fotógrafo también  de origen francés Anselmo María  Coyne y Barreras, que a mediados de los años 70, se había asociado con un tal Marín del que no se sabe demasiado. La sociedad pervivió hasta finales de los 70. En 1878 Coyne se marchó a Zaragoza mientras en Pamplona se quedaba durante algún tiempo Marín (las fotos aparecen bajo la denominación de Marín y Coyne) que más tarde abrió una sucursal en San Sebastián. Podemos ver en las fotografías adjuntas de estos primeros profesionales la técnica, el modo de posar, los fondos, telones y escenografía que se utilizaban.

En 1872  se había instalado en el nº 31 de la plaza del Castillo el estudio  del fotógrafo de origen francés  Leopold Ducloux que se asocia con el madrileño Emilio Pliego en 1876, si bien la sociedad de estos dos fotógrafos duró poco tiempo ya que tres años después, en 1879, aparece en el nº 35 de la plaza (donde el estanco de las Viñes) y con entrada por el nº 2 de San Nicolás el estudio de Emilio Pliego. En 1887 Pliego  se traslada a un local en planta baja, es el primero en hacerlo, al nº 22 de la plaza, en la casa del Crédito Navarro, de la cual creo recordar que hay alguna fotografía, siendo durante muchos años uno de los estudios de referencia de la ciudad donde aprendieron el oficio otros insignes fotógrafos. La actividad fotográfica del estudio de  Pliego duró hasta 1934 en que se cerró el local, aunque ya en 1922 había dejado de estar al frente del negocio Emilio continuando sus hijas. Con el avance de las técnicas fotográficas ya no se hacía tan necesario ubicar los estudios en las azoteas de los edificios. Los fondos se simplifican y los que posan ya no parecen tan envarados.

 

 

 

 

 

 

En 1879, Agustín Zaragüeta Colmenares se instalaba en el nº 35 de la plaza del Castillo, justo cuando Pliego la abandona, luego aparece en el nº 13 o 14 de la plaza aunque hasta 1886  parece que trabajó junto a Ducloux en el estudio del nº 31.  Fue un fotógrafo muy popular al que se deben muchos retratos de gente de  la época y que hemos visto en la serie de «Imagenes del siglo XX» hace unas pocas entradas. Con Pliego y Zaragüeta se utilizan fondos en las fotos mucho más  elaborados, verdaderos telones escenográficos, como el del ciclista que vemos en la fotografía. A Agustín Zaragüeta, que se retira en 1920 y fallece en 1929  le siguió en el oficio, a lo largo del siglo XX,  su hijo, Gerardo Zaragüeta Zabalo, que empezó muy joven, con 13 años, en 1908 a trabajar con su padre  y fue además uno de los primeros fotógrafos de prensa en La Voz de Navarra, la Gaceta Sportiva de Barcelona y reportero gráfico de Osasuna. Continuó en el nº 31 de la plaza del Castillo hasta los años 50 en que traslada el estudio al nº 6 de la calle Amaya, jubilándose a comienzo de  los años 60. junto  a este párrafo tenemos imagenes de ambos, de Agustín, a la izquierda y de Gerardo, a la derecha.

En 1882  José Roldán Bidaburu se instalaba en el último piso del nº 48 de la plaza del castillo, donde permanecerá hasta el derribo del edificio en 1887, para pasar, en el nuevo, al último piso del nº 44. Poco tiempo después, en 1888,  se asoció con Félix Mena Martín creando la sociedad Foto Roldán y Mena, rompiéndose dicha  sociedad en en 1899, quedándose con el estudio Roldan formando sociedad con su hijo José Roldan Zalba bajo la razón social de Fotografía Roldán e Hijo en 1900. Al poco tiempo montaron un escaparate y luego, en 1904,  una librería en el nº 17 de la plaza, (que veremos más tarde  a nombre de su viuda) donde expusieron sus trabajos, -los fondos de los retratos se simplifican-,  y vendían sus postales, novedad que se extendió con fuerza a primeros de siglo. Como Pliego también vendía en su establecimiento productos y equipamientos fotográficos, incluso en 1909 abre una tienda de enmarcación de cuadros en la misma plaza. En 1910 se trasladaban del edificio del Iruña al nº 40 de la plaza con el nombre de Fotografía Roldán. Roldán Zalba fue colaborador habitual del Diario de Navarra, especializándose en reporterismo gráfico y fotografía taurina, llegando a ser fundador y presidente del Club Taurino de Pamplona.  En los años 50 aparecía  su hermano  Nicanor Roldán Zalba y en los 60  Ana María Roldán, como titulares del estudio. El estudio perduró hasta 1950.

Felix Mena, tras separarse de Roldan,  se instaló, según Arazuri en el nº 44 de la calle Mayor aunque según su bisnieto, Pablo, me dice que el estudio estaba a pie de calle en el último tramo de la calle Mayor, el más cercano a San Lorenzo. Investigando he descubierto que tras su separación de Roldán se trasladó en 1903 al nº 86 de la calle Mayor. En defensa del dato de Arazuri podría tratarse  más que de una confusión de una traslación de la actual numeración con la antigua.  En la publicidad del negocio en prensa destacaban entonces «que ya no hacía falta subir escaleras. Venga a hacerse fotografías que en planta baja le atenderemos». Mena, natural de Burgos había llegado a Pamplona procedente de Burgos en 1882 y había completado sus conocimientos de retoque fotográfico con Emilio Pliego, ejerciendo de ayudante de éste. Tras quedar viudo, Félix dejó Pamplona y se asentó en Elizondo con su segunda mujer. De ahí que haya dos ramas de la familia, la de Elizondo y la de Pamplona. Su hijo Javier Mena Zuasti  volvió a Pamplona en los años 20 mientras su hermanastro Victorio se quedaba en Elizondo. Javier ubicó su estudio en el nº 12 de la avenida de San Ignacio (hoy 14 de García Castañón)  pero, al acabar la guerra civil, en 1939, cogió en alquiler el local del nº 32 del Paseo de Sarasate que al final acabó comprando.  Allí estuvo el negocio familiar durante 75 años, primero con el abuelo Javier, luego con su hijo Victorio, y sus hermanos  José María y Santos y, desde 1988, el nieto Pablo hasta que el 26 de diciembre de 2013 Pablo se trasladó a  su actual ubicación en la calle Mayor, toda  una vuelta a los orígenes.

En el nº 16 de la calle Tecenderías (actual Ansoleaga) encontramos en 1899  el estudio de Fermín Aduain, que, por lo que sabemos,  había estado asociado con Eugenio Segura en la calle Eslava unos años antes. El estudio de Aduain en Ansoleaga es sustituido poco tiempo después, en 1902,  por Muñoz, Buitrago e Irigoyen.   En el nº 18 estaba el estudio de Basilio Montes. A la vuelta, en el nº 1 de  la calle Eslava había estado, desde mediados de los años 90  Eugenio Segura, asociado como he dicho algún tiempo con Aduain,  a quien le siguió en 1907 Tomás Segura (¿tal vez su hijo?) que continuó hasta 1913 pero ya en el nº 31 de la calle Mayor. Benito Rupérez Herrero  abrió estudio en Pamplona, en 1905. También, al igual que Mena,  aprendió con Pliego. En los años 20 se  abría su conocido estudio en el nº 12 de la calle Calceteros donde empezó a trabajar también su hijo Luis Rupérez Pérez y que continuaron sus herederos  durante muchos años, hasta los añso 80, al menos. Un bisnieto de Benito Rupérez, abrió Foto Koldo en el nº 30 de la avenida de Bayona.

Francisco Zubieta Vidaurre aprendió el oficio en el estudio de Rupérez donde trabajó desde 1922 hasta 1940 que se estableció con Javier Retegui Gastearena creando la sociedad Zubieta y Retegui en el nº 17 la calle de Espoz y Mina.  Zubieta también ejerció de fotógrafo de prensa en «El Pensamiento Navarro», durante 26 años  y en el «Diario de Navarra», durante 15. En los años 20 descubrimos a Valentín Ruiz en el nº 25 de la plaza de la Constitución  y que será sustituido en los años 30 por  Iglesias y Compañía, no se si tuvo alguna relación con el Ruiz de Sarasate.  También en los años 20  estaba  la Fotorrápida en el nº 18 de Mañueta y  Alejandro Tapia en el nº 32 de la calle Mayor que luego, en los años 30,  se traslada al nº 16 de Carlos III. En los años de la 2ª República se instaló en el nº 16 de San Ignacio un fotógrafo de origen alemán llamado Carlos Skogler. Luego se trasladaría al número 4 de la misma avenida, donde luego se ubicaría Foto Esteban, regentada por Jesús Esteban Blasco. En el nº 33 de la calle Jarauta había un fotografo de apellido Manrique.

  

José Galle Gallego había nacido en Valladolid en 1898  y tras ejercer como fotógrafo en Madrid y San Sebastián, llegó a Pamplona en 1919. Inicialmente Galle entró a colaborar con Benito Rupérez. Poco después se estableció en la entreplanta del nº 38 de la calle Zapatería asociándose con su hermanastro Rafael Bozano, de quien se separaría en 1949. Según fuentes familiares sus actividades económicas se iniciaron en 1922, aunque la primera referencia en los registros municipales son de 1926 en que aparece Galle  bajo el epígrafe de  “industria de la fotografía”. En 1934 ya aparece su tienda de fotografía y droguería-perfumería del nº 7 de Mercaderes, entonces Blanca de Navarra. Galle fue corresponsal gráfico en Navarra para la prensa nacional durante el primer tercio del siglo. En Navarra se convirtió en un reportero especializado en deporte y actualidad local, de lo que da buena muestra el amplísimo fondo de fotografías donado por la familia Galle al Archivo General de Navarra. A partir de 1949 la segunda generación, Fernando Galle Zumealde  siguiendo los pasos de su padre, continuó con la tradición familiar, en su doble faceta: fotográfica y comercial.  Con su padre  compartió  estudio durante algún tiempo,  hasta el punto de que a veces es difícil atribuir muchas fotografías a uno u otro ya que todas llevaban la firma  de Foto Galle. Fue uno de los pocos fotógrafos profesionales que impulsó la Agrupación fotográfica y Cinematográfica de Navarra. Trabajó a para varios medios entre ellos el Diario de Navarra y el NODO. Posteriormente abrió su propia tienda  y estudio de fotos en el nº 2 de Joaquín Larregla  así como perfumerías en el nº 5 de Bergamín y  en el 45 de  Carlos III. Hasta los años 80 se mantuvo abierta  la tienda de la calle Mercaderes, como tienda de fotografía y perfumería, bajo la figura de una sociedad limitada. En 1983 fallecía José Galle mientras su hijo Fernando, lo había hecho   prematuramente un año antes, en 1982. Regenta la perfumería Galle de Carlos III la tercera generación de la familia en la persona de Pachi Galle. Galle no es el único fotógrafo vinculado al negocio de la droguería: tenemos también el ejemplo de Ardanaz. También hay droguerías que vendían aparatos y material fotográfico como fueron López y Negrillos, que yo recuerde. El origen químico de algunos de sus materiales para revelado lo justifica.

Rafael Bozano Gallego que también trabajó en galería y como fotógrafo de prensa, fue corresponsal de la agencia Efe,  se estableció en 1970 en la calle Estella, abriendo posteriormente  otras sucursales en la calle San Antón, que cerró hace algunos años, -cerca de ahí estaba en San Miguel Foto Ama-, Serafín Olave, Tudela y Estella. Con Bozano se formaron algunos profesionales entre los que destaca José Luis Zuñiga que murió prematuramente a los 59 años de edad. En 1949 se fundaba Foto Gómez, fundada por Juan Gómez Quintano, hijo a su vez de un reputado fotógrafo de la primera mitad del siglo, Javier Gómez Cerdán. Pasó por el nº 34 de la calle Mayor, luego el 25 de la misma calle, San Nicolás, 39, San Miguel 8, travesía Espoz y Mina, 6 y plaza Príncipe de Viana.

Gómez fue, además, fotógrafo de prensa y  corresponsal de la agencia Cifra. En 1950 se instaló en Pamplona Julio Ruíz Sánchez, que había aprendido el oficio en Zaragoza y que se dedicó, casi exclusivamente, al retrato de estudio. Imagino que fue el de foto Ruiz del Paseo de Sarasate que muchos conocimos durante varias décadas.  En 1962 se instaló en el nº 34 de la avenida Carlos III Fotografía Turgel, fundada por Ángel Turrillas. En 1963 se instalaron en el nº 13 de la calle Sancho El Mayor, los fotógrafos Carlos Calleja y José Luis Lafuente, que habían aprendido el oficio con Rupérez, y que firmaban con la denominación de Foto Prince. También trabajaron como fotógrafos de prensa. En el nº 22 de Sarasate estaba  en los años 50 José María Usillos Avendaño y en los años 60 a los citados debemos añadir Santiago Jordán en el 21 de Padre Calatayud, Arturo Mene en el 6 de la plaza del Castillo, Florentino Suescun y Herce en la Chantrea y Félix Ventura en el nº 16 de Sarasate.

Fotógrafos aficionados  del período que estoy analizando  fueron Mauro Ibañez que nos legó algunas de las fotografías más antiguas que podemos encontrar en los archivos, sobre todo las del bloqueo carlista  a la ciudad y otras de la plaza del Castillo; Aquilino García Deán, fotógrafo de la revista «La Avalancha» y que fue  empleado municipal y concejal en 1898 y que legó toda su obra al Archivo Municipal, su producción resulta indispensable para conocer la Pamplona a caballo entre los dos siglos. Fue un verdadero documentalista: José Ayala, también era funcionario del Ayuntamiento de Pamplona  y como Aquilino fue otro destacable documentalista urbano; Luis Rouzaut, el óptico, al que le debemos una valiosa colección de hermosas fotografías de la Pamplona de primeros de siglo;   Miguel Goicoechea de Jorge vinculado al pictorialismo;  el médico y jefe de la Beneficiencia Municipal Anselmo Goñi Nagore;   el comerciante de Chapitela, Miguel Azpiroz;  el industrial Fidel Veramendi, etc

También, en este listado debemos incluir  al director del Banco de España, Vicente Istúriz;  al militar, geógrafo e historiador Julio Altadill, -muchas de cuyas fotografías aparecen en los libros de Arazuri-; a Roberto Greuling, de origen alemán, con alguna famosa instantánea aislada de la plaza del Castillo nevada: a Julio Cia Uriz que ayudo a documentar muchos de los cambios de la vieja Pamplona a mediados de siglo y que acabaría profesionalizándose;  a José Martínez Berasain que colaboró con la revista «La Avalancha» y «El Pensamiento Navarro»; a Pedro María Irurzun y su esposa Lydia Anoz; a Nicolás Ardanaz Piqué, droguero de profesión;  a Félix Aliaga, farmacéutico, a Jesús Martínez Gorraiz, uno de los primeros taxistas, desde 1923 y que tuviera  una flota importante de vehiculos, automoviles de punto y alquiler que se llamaban en aquellos años;  al archivero municipal durante muchos años Vicente Galbete, el farmacéutico Antonio Yarnoz y a otros muchos, aunque quizás sean estos algunos de los más importantes en nuestro ámbito local. Con el paso del tiempo la fotografía se fue popularizando  y dejará de ser feudo de unos pocos. En agosto de 1955, un grupo de aficionados a la fotografía  fundaba la Agrupación Fotográfica y Cinematográfica de Navarra. De los fotógrafos que han sobresalido en los últimos 60 años (1960-2020) me permitirán que hable en otra ocasión.

Fotos, por orden de aparición: Nº 1: foto de estudio de Leopold Ducloux. San Sebastián. S.XIX, Nº 2: Reverso fotográfico del estudio de Ducloux y Zaragüeta. Siglo XIX, Nº3: foto sin filiar. Fotógrafos trabajando. Principios del siglo XX, Nº4, Nº5 y Nº6: Fotos, -anversos y reverso-,  de Leandro Desages y Domingo Dublán. S.XIX, Nº7, Nº8, Nº9 y Nº 10: fotos de Marin y Coyne. S.XIX Nº 11, Nº 12 y  Nº 13: fotos de  Emilio Pliego. 1887-1900 , Nº 14, Nº 15 y  Nº 16: fotos de Gerardo Zaragüeta de los años 30, 1900 y 1920, Nº 17: Agustín Zaragüeta Colmenares, Nº 18: Foto de Zaragüeta Fotógrafos (1920-30). Nº 19: Gerardo Zaragüeta Zabalo (1925), Nº 20, Nº 21 y  Nº 22: fotos de José Roldán Bidaburu y José Roldán Zalba, Nº 23 y  Nº 24: Fotos de Javier Mena. Archivo familiar de Santi Urra, Nº 25, Nº 26, Nº 27 y  Nº 28: Fotos de Benito y Luis Rupérez Nº 29: reverso fotográfico de Segura y Aduain Nº 30: Foto Rupérez, Nº 31: foto del establecimiento Zubieta y Retegui en la calle Espoz y Mina, Nº 32: Foto Skogler. Archivo familiar de Santi Urra, Nº 33, Nº 34, Nº 35, Nº 36 y  Nº 37: Fotos de Galle, Nº 38: Foto Bozano, Nº 39: Foto del establecimiento de Foto Gómez en la  Travesía Espoz y Mina , Nº 40. felicitación de Foto Gómez cuando estaba en San Miguel 8, imagino que donde después estuvo Foto Ama, Nº 41: foto de Vicente Istúriz, Nº 42: foto de Julio Altadill, Nº 43: Foto de Roberto Greuling, Nº 44 y Nº 45: Fotos de Julio Cía, Nº 46: Foto de Nicolás Ardanaz