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Comercios del Viejo Pamplona: Perfumería Galle (1922-2020)

A finales de julio de este año cerraba otro comercio, esta vez casi centenario: perfumería Galle. Echaba el cierre a su última tienda,  situada en el nº 45 de  Carlos III. El negocio tenía su origen en el establecimiento de fotografía y perfumería fundada por José Galle Gallego en los años 20, en el nº 7 (luego 11) de la calle Mercaderes, hasta 1972,  calle Blanca de Navarra. José Galle, su fundador,  había nacido en Valladolid en 1898  y tras ejercer como fotógrafo en Madrid y San Sebastián, llegó a Pamplona en 1919. Inicialmente Galle entró a colaborar con el conocido fotógrafo Benito Rupérez. Poco después se estableció en el nº 38 de la calle Zapatería asociándose con su hermanastro Rafael Bozano, de quien se separaría en 1949. Según la familia, 1922, es la fecha en la que se iniciaron las actividades comerciales de Galle, aunque otras fuentes, la retrasan hasta 1924. Lo cierto es que en  1926 ya aparecía bajo el epígrafe catastral de «industria de la fotografía» aunque posteriormente lo hará como establecimiento de fotografía, droguería y perfumería al por menor. Compraba los productos fotográficos en Francia y aprovechaba también para traer perfumes. Por lo que yo sé no es el único caso en Pamplona en el que fotografía y perfumería (y droguería) fueron de la mano, aunque este es el más paradigmático, pues su faceta como fotógrafo nunca fue en menoscabo de la comercial de perfumería, ámbito en el que también Galle se ganó,  con todo merecimiento,  un nombre dentro del ámbito de la perfumería local.  Aun no habían llegado las grandes cadenas y franquicias de perfumes, que como en otros sectores, afectarían al comercio local.

Galle fue corresponsal gráfico en Navarra para la prensa nacional durante el primer tercio del siglo. En Navarra se convirtió en un reportero especializado en deporte y actualidad local, de lo que da buena muestra el amplísimo fondo de fotografías donado por la familia Galle al Archivo General de Navarra, parte de las cuales se pueden encontrar, además  en la Sección Archivo Abierto del Gobierno de Navarra. En este blog aparecen un buen número de ellas. Esta ciudad tiene una deuda impagable con fotógrafos como Galle y otros que cité en la entrada correspondiente y que han contribuido a plasmar la historia gráfica o visual de esta ciudad. A partir de 1949, la segunda generación personificada en  Fernando Galle Zumealde (1928-1982) siguiendo los pasos de su padre, continuaba con tradición familiar, en su doble faceta: fotográfica y comercial.  Con su padre  compartió estudio durante algún tiempo,  hasta el punto de que a veces es difícil atribuir muchas fotografías a uno u otro ya que todas iban con la firma  de Foto Galle. Posteriormente Fernando abrió su propia tienda  y estudio de fotos en Joaquín Larregla, 2 así como perfumerías en Bergamín, 5 y Carlos III, 45. La tienda de Carlos III la abrió en 1969. Más adelante abrieron otra tienda, en la avenida de Bayona ya desaparecida. Hasta los años 80 se mantuvo  la tienda de la calle Mercaderes, como tienda de fotografía y perfumería, bajo la figura de una sociedad limitada. En 1983 fallecía José Galle mientras su hijo Fernando, lo había hecho  también  prematuramente un año antes, en 1982, tomando las riendas del negocio la tercera generación; Patxi Galle. Junto a la competencia de los grandes formatos, el incremento de la venta  online en el sector  y finalmente la pandemia contribuyeron a su cierre final.

Fotografías: Foto nº 1: Procesión de San Saturnino a su paso por la calle Mercaderes, donde, como se puede comprobar en la foto (ver la parte izquierda) estaba radicada la droguería-perfumería Galle. 1943. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra. Fotos nº 2 y nº 3: Escaparates de la droguería-perfumería Galle en el nº 7 de la calle Mercaderes, entonces Blanca de Navarra (Años 40). CC BY-NC-ND 3.0 ES. José Galle Gallego. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra.

Comercios del Viejo Pamplona: Impermeables «El Búfalo» (1926-2007)

Voy a hablar, en esta ocasión, de un comercio singular que formó parte del paisaje urbano de Pamplona durante más de 70 años. De hecho su nombre transcendió el ámbito local  y fue una de las marcas textiles del norte de España en la postguerra, y aun después, como lo serían las boinas de Elosegui de Tolosa. Quien que no tenga cierta edad no recuerda aquel rótulo publicitario luminoso sobre uno de los tejados de los edificios de la parte este de la plaza del Castillo.  En otra entrada del blog, la de «los bares del viejo pamplona» se puede observar esa fotografía. La gabardina fue además, una prenda muy asociada en España y en el mundo  a aquellas décadas de finales de los 40, 50 y parte de los 60. En cuantas películas de aquellos años vimos a sus protagonistas enfundados en sus largas gabardinas, desde la mítica Casablanca a tantas cintas del género negro. Dice, Juan Liceras, hijo del fundador,  en una entrevista al Diario Vasco en el año 2006 que la primera fábrica de gabardinas «El Búfalo» se abrió el 1 de agosto de 1941 en la calle Misericordia de San Sebastián. Allí debieron tener durante  algún tiempo alguna  fábrica y  alguna  de sus primeras tiendas de la capital donostiarra aunque la más conocida fue siempre y hasta su cierre la de la calle Garibay, nº 6, donde ocupaban la planta baja, con tienda y taller  que se prolongaba en la primera planta del edificio y en donde trabajaban mayoritariamente mujeres aunque, como se puede ver en las fotos también trabajaban  algunos hombres.

Sin embargo tras una meticulosa  investigación realizada por mi estos últimos días puedo  situar el origen del negocio en una fecha muy anterior. Concretamente fue el 17 de julio de 1926 cuando se inauguró la primera fábrica y despacho en el nº 3 de la calle Peña y Goñí, posteriormente en 1930 se abrió una sucursal y exposición en el número 28 de la calle Avenida y más adelante en el nº 2 de la calle Oquendo donde se instaló la sede central. Se mantuvo esta primera factoría de Peña y  Goñi hasta 1968, tras un breve cierre y una reapertura posterior que tuvo lugar  el 10 de marzo de 1935. Demuestran este más temprano origen que el mencionado en el citado rotativo vasco otra valiosa documentación que he ido encontrando: un corto de animación comercial de 1934 dirigido por Josep Serra y Massana que decía «Llega el mal tiempo y unos ángeles mandan grandes cantidades de lluvia y viento, pero lo mejor para soportarlo son los impermeables El Búfalo»; una carta comercial de la fábrica a un proveedor de Molina de Aragón, fechada en abril de 1930,   protestando por la deficiente calidad de las  pieles remitidas  en su último envío, una  publicidad comercial de 1929 y un curioso sobre comercial datado en 1927 con la publicidad de la empresa. Adjunto fotos de estos dos últimos documentos.

Eran propietarios de «Impermeables el Búfalo», Simón Liceras, natural de  Riaza (Segovia)  y su socio el señor Gómez que pocos años después abriría «Impermeables El Gamo» en el cruce de las calles Bergara y la Avenida de la Libertadde la que también adjunto una fotografía. Tras la fábrica y  tiendas de Donosti se abrieron sucursales en los años 30 en Bilbao (Gran Vía, 6 y posteriormente en Correo, 15) y en Pamplona (General Moriones, 6), tal y como aparece en la publicidad adjunta de la izquierda. Recordemos que esta calle cambió su denominación en 1937, pasando, a partir de ese año a llamarse calle Pozoblanco. Para 1941, fecha de otra de otra de las publicidades de esta entrada, la de la derecha, ya se había abierto la tienda de Vitoria (Postas, 25) y contaba, según esa misma información,  con una fábrica de tejidos impermeabilizados en Cornella de Llobregat (Barcelona). En los años 50 se abrió otra tienda en la calle Vitoria (nº 5) de Burgos (de la que también adjunto una fotografía, al final de la entrada)  y poco más tarde la de Irún (Paseo de Colón, 10-12). La  fábrica de gabardinas e impermeables El Búfalo no surtía al exterior, fabricaba y vendía  tan solo en sus propias  tiendas. ¿Qué fabricaba y vendía El Bufalo?:  gabardinas, trincheras, gabanes de cuero, capas, chaquetas para motoristas y ciclistas, canadienses, chaquetas de gamuza, impermeables de fantasía y de todo tipo y para todo tipo de oficios: militares, ferroviarios, carteros, cobradores de banco, serenos y guardias municipales, etc, todas ellas prendas  impermeables. Suyos eran el patronaje, el corte, la confección, pero  muchas prendas se realizaban  fuera de las instalaciones de  la  fábrica. Las telas se transportaban en grandes cestas, repartiéndose luego, en furgonetas. Tenían, por aquel entonces,  un montón de  talleres subcontratados, porque estaban en plena expansión y no daban abasto.

Tras la muerte de Simón Liceras el negocio pasó a manos de su viuda y posteriormente de su hijo Juan.  Con el paso de los años y los cambios  en  las modas, usos y costumbres, las prendas largas y contra la lluvia (gabardinas, gabanes, etc) fueron  desapareciendo, y hubo que especializarse en ropa contra el frio. Se fueron cerrando progresivamente sus diferentes  tiendas hasta el año 2007 año en que se jubiló Juan Liceras y se se cerraron las dos últimas tiendas existentes, la de Pamplona en la calle Pozoblanco (de la cual ofrezco dos  instantáneas, una del exterior y otra del interior de la tienda,  junto a este párrafo)  y la de San Sebastián de la calle Garibay. Así se cerraba un negocio que seguramente perdura en la memoria de muchos y que había durado nada menos que 81 años.

Fotos, por orden de aparición: Foto nº1: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 2: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1949) CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Colección Fotocar, Vicente Martín.  Foto nº 3: carta publicitaria de «Impermeables El Búfalo» datada el 23 de abril de 1927, Foto nº 4: publicidad comercial de la fábrica de impermeables y trincheras «El Búfalo» (1929) , Foto nº 5: publicidad comercial de la Casa de Impermeables «El Búfalo». (Años 30), Foto nº 6:  publicidad comercial de «El Búfalo» con ocasión de la feria de Muestras de Zaragoza (Mayo de 1941), Fotos nº 7 y 8: exterior e interior de la  tienda de «El Búfalo» en el nº 6 de la calle Pozoblanco. (2005). Javier Muru. Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona, Foto nº 9:  fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1946). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.  Foto nº 10: tienda de «El Búfalo» en la calle Vitoria de Burgos (años 50). Foursquare . Burgos en el recuerdo, Foto nº 11: fábrica y tienda de impermeables «El Gamo» en San Sebastián, (1944). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 12.  Grupo de empleadas en el interior de la tienda de El Búfalo (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 13: interior de la fábrica de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. , Foto nº 14: empleados en el interior del taller o fábrica de impermeables El Búfalo (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.

Comercios del Viejo Pamplona: Elizburu (1900-2020)

Hace un par de meses cerraba por jubilación otro comercio centenario, fundado hace  120 años. Se trata de la tienda Elizburu, la mayor parte de su historia en el número 7 de la Calle Chapitela. Inicialmente la tienda taller no estaba en la calle Chapitela sino a la vuelta, en el nº 10 de la calle Mercaderes, donde posteriormente estuvo la heladería de Gonzalo Sola y hasta hace muy  poco tiempo  la bisutería de Ana García. En cualquier caso, la fecha que se marca como de inicio del negocio es la de 1900 y ya para 1905 podíamos encontrar a José María Elizburu en su actual ubicación,  con el oficio de grabador de rótulos. En los años 20 incorporaba  a su trabajo de grabador la venta de otro tipo de  artículos, recogidos bajo el nombre de objetos artísticos. El caso es que, casi siempre, han  tenido la misma ocupación: elaboración de sellos de caucho y rótulos, grabación de todo tipo de placas, artículos de escritura (plumas estilográficas, etc) y más tardíamente artículos de fumador.

En los registros catastrales aparece, no obstante, en 1888 un tal Fermín Elizburu, éste parece ser que era un hermano de José María Elizburu, fundador de la tienda de Chapitela  y abuelo de los actuales regidores, que tuvo, durante un breve período de tiempo, un taller de grabación de metales en el nº 18 de la calle Mayor. Fermín, junto con su hermano José María,  parece que, en aquellos años  de finales del siglo XIX, emigraron a  América, volviendo, al poco tiempo, José María,  mientras se quedaba en las Américas su hermano Fermín. Tres generaciones consecutivas de la misma familia han regido los destinos de este centenario establecimiento: al fundador, José María Elizburu, le seguirían, posteriormente sus hijos José María y Román Elizburu Mendióroz. Román tomaría otro camino comercial fuera del negocio familiar. José María Elizburu, hijo, se incorporaría a la tienda en torno  a los primeros años 40, a quien vemos a la entrada de su tienda en la década de los años 50. A este le seguirían sus hijos José María y Fernando que se incorporaron a la tienda entre finales de los 60 y primeros 70 y que han continuado  hasta nuestros días, más de medio siglo continuado de dedicación a este oficio que inicialmente tenía mucho de artesanal y que nunca ha perdido ese sabor de los negocios ubicados en el Casco Antiguo. Una vez más la falta de relevo generacional  trunca el devenir de otro negocio centenario del Casco Antiguo.

Fotos: Nº 1: Foto postal de la tienda cedida por la familia Elizburu (sin datar). Nº 2: tienda y taller de grabación de  Elizburu. Fondo Galle. José Galle, 1952. Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-Sin ObraDerivada 3.0 España.

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Casla (1905-2002)

En esta entrada hablaré sobre Casa Casla, otro establecimiento icónico y emblemático donde los haya en Pamplona. ¿Quien no se acuerda de los famosos chorizos de cartón que colgaron de sus balcones durante décadas?. En 1905 José Casla inaugura su conocido ultramarinos que permanecería abierto hasta el año 2002. José Casla, originario del pueblo La Nava de Castilnovo (Segovia) era hermano de Gregorio Casla que regentaría, igualmente,  diversos establecimientos del mismo ramo en Donostia, el más famoso, la llamada Charcutería Francesa. Fue en los años 40 cuando a José Casla se le ocurrió adornar la fachada de su establecimiento y del primer piso con decenas de chorizos de El Pamplonica. Al parecer Casla era amigo de los Villanueva que por aquel entonces tenían la fábrica de chorizos en la calle Mayor y uno de cuyos hermanos fundó «Chorizos El Pamplonica». Fue una magnífica acción publicitaria que como se ve tuvo mucha más trascendencia de la que preveía su promotor. Los chorizos nunca fueron de verdad, primero fueron de madera y posteriormente de cartón, aunque más de un incauto se creyese lo contrario. En la segunda y tercera década del siglo XX aparecen numerosos anuncios del establecimiento en la prensa local: “José Casla, comestibles, vinos y licores”.  O “José Casla. Primera casa en productos alimenticios. Licores y vinos de postre. Cafés bien tostados todos los días. Chocolate Martín el mejor del mundo, reconocido por las personas de buen gusto. Servicio rápido a domicilio”. Se anunciaban como la primera tienda de Pamplona de ultramarinos finos, tal y como aparece en el rótulo de la fachada.

A José Casla le sucedió en el negocio su hija Marichu que se casó con Alejandro Zabalza, con el que tuvo nada menos que 10  hijos. Todos nacieron en el edificio. En los últimas décadas de su historia una de las caras más visibles de la tienda, además de la de su madre Marichu y de alguna de sus hermanas era la de Alejandro Zabalza Casla, «Guchin», el 5º de los hermanos, coincidiendo, así, la segunda y tercera generación del negocio. Aprovechando la rehabilitación del edificio en el año 2002, la familia decidió cerrar el comercio y Alejandro entró a trabajar en una empresa de jardinería local  que se encargaba entonces del mantenimiento de los jardines de la ciudad, y lo hizo hasta que se lo permitió la enfermedad,  falleciendo en el 26 de agosto de 2012, a los 57 años de edad, apenas una semana después que su madre Maritxu. Alejandro Zabalza Casla fue un personaje muy popular en la ciudad: sanferminero de pro, dantzari de Ortzadar y del grupo municipal de danzas, además de txistulari, atabalero, miembro de la Corte de San Fermín, de la Cofradía de la Dolorosa y la Hermandad de la Pasión del Señor, y buen amante de la montaña, la bicicleta y la pelota. Casa Casla, es otro de los emblemáticos establecimientos que perduran en nuestro recuerdo.

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Torrens (1919-2020)

A finales de junio de este año cerraba otro establecimiento centenario: Casa Torrens, un establecimiento que se había hecho, con todo merecimiento, un nombre en el mundo de las tiendas delicatessen de la ciudad. Nicasio Torrens, abuelo de la última generación de la familia, en regentar la tienda compró el local a Doroteo Barceló al filo de los años 20, quien había inaugurado a primeros del siglo en el lugar  una abacería, esto es,  una tienda o almacén donde se vendía,  al por menor, aceite, vinagre, aguardiente, bacalao, legumbres secas, etc. Además vendía otros alimentos y productos: jabón, vino, alpargatas, clavos o medias etc. El suelo era de tierra y en la puerta había unas argollas para atar a los burros que se cargaban con los fardos de la compra. En 1930 ya aparece bajo la clasificación más popular de  ultramarinos. Salvo un breve período durante la guerra, la tienda siempre estuvo en activo y en manos de la familia.

Torrens disponía en los años 20 de una propiedad en la Magdalena: una finca, con casa, huerta y terreno de cereal, además de algún ganado vacuno, de los que, en parte,  se nutría  la tienda. Otra parte la vendía en el Mercado.  A Nicasio Torrens le sucedió su hijo Jesús que fue quien reformó totalmente la tienda   y amplió la gama de productos, sobre todo productos locales y regionales. Fue además uno de primeros en traer a Pamplona una cámara frigorífica. Tras Jesús, que falleció a los 95 años, se hizo cargo del negocio su hijo Jesús Mari Torrens Alzu quien junto a su esposa, Trinidad Ancizu,  dirigió la tienda durante más de 40 años, desde 1967 hasta el año 2012, fecha en la que Jesús Mari se jubiló.

Planeó, entonces, el cierre de la casi centenaria tienda pero se dió la circunstancia de que cogieron en traspaso el negocio Iranzu Iriarte y Carmela Catalán, dos trabajadoras de comercio, habían trabajado en el Taberna de enfrente,  y que tenían una amplia trayectoria y experiencia en el trato al público y además se encontraban, entonces, en el paro. Trini Ancizu les guió y acompañó durante el primer año hasta que se hicieron plenamente con las riendas del negocio. Durante todos estos años Casa Torrens ha ofrecido una amplia selección de los mejores productos de alimentación: verdura y frutas de la huerta navarra, legumbres, quesos de pastor, ibéricos, arroces, patés, hongos y setas, conservas, etc, vinos, licores etc convirtiéndose en un referente en el ámbito de los productos gourmet y delicatesen. Hasta este año de pandemia en que lo ha trastocado todo y Carmela e Iranzu decidieron cerrar la persiana. Una pena.

Comercios del Viejo Pamplona: Librería y papelería de Casildo Iriarte (1886-1932)

Hace tres meses, en pleno confinamiento,  Marisol García, de Tafalla, me escribió un correo porque obraba en su poder la parte superior de un calendario de pared del establecimiento «Casildo Iriarte» de Pamplona. Ignoraba de que año podía ser aunque creía que podía ser de la primera mitad del siglo XX. Reproducía la imagen de una niña con un perro. A mediados de mayo  lo recibía en mi casa. Tal y como me había adelantado estaba un poco deteriorado, pero al margen de algunos pequeños desperfectos,  llamaba poderosamente la atención la calidad de la impresión. La imagen que aparecía en el calendario estaba enmarcada dentro de una orla con rosas y mariposas, toda la orla impresa con una encomiable técnica en relieve. En primer lugar, le agradezco a Marisol,  de todo corazón, que nos  haya enviado este objeto casi centenario  que preservaremos, no lo dude,  con todo mimo. Como es lógico lo primero que he intentado hacer es datar dicho objeto, saber de que obra pictórica se trataba, y dar unas pinceladas del establecimiento comercial que lo editó.  Empezaré por esto último.

La primera referencia que encontramos de Casildo Iriarte es como librero en 1886, a través de una factura emitida para Juan Iturralde y Suit por parte de «La joya literaria». Librería, encuadernación y centro general de suscripciones Casildo Iriarte», en el nº 4 de la calle San Nicolás, numeración que se ampliaría al nº 6 algunos años más tarde, el  nº 4 destinado a librería y el nº 6 a papelería y objetos de escritorio.  Estos números finalmente serían, con los cambios en las calles,  el nº 6 y nº 8 de la calle San Nicolás,   que se correspondería, actualmente con el bar «La Escalerica de San Nicolás» y anteriormente con la tienda de pequeños electrodomésticos de Antonio Zapatería Amorena, que cesó su actividad hace escasas fechas en el nº 42 de la calle Zapatería.

En 1904 Casildo Iriarte también editaba y vendía postales de Pamplona. Algunas de las postales que publicó  reflejaban la plaza del Ayuntamiento o la plaza de la Constitución, como la que adjunto. La casa alemana que hizo las postales para Casildo Iriarte era la de Julius Nagelschmidt, de Berlín. Eran postales en color, también llamadas cromolitografías. Desde 1908  encontramos  a Casildo Iriarte, en las guías comerciales, en la calle General Moriones, 24-26 (hoy calle Pozoblanco). Se trataba de la misma finca urbana pero imaginamos que la entrada se haría a partir de entonces desde esta calle. El establecimiento también vendía quincalla fina, lo que hoy conocemos como bisutería. En 1915, fallecido Casildo,  aparecen en el nº 42 de la plaza de la Constitución, actual plaza del Castillo, junto al Pasadizo de la Jacoba, los Sucesores de Casildo Iriarte, donde permanecen hasta 1932, año en que dejan el negocio   y coge el relevo, en el mismo local y con parecida actividad,  Aniceto Urniza Gómez. En este lugar Aniceto y, posteriormente sus herederos regentarían, el célebre establecimiento «El secretariado navarro» que permanecería hasta finales del siglo. Según obra en el documento adjunto de 1924 Sucesores de Casildo Iriarte además de papelería y objetos de escritorio desempeñaba otras tareas: agencia de negocios y de minas así como administración de fincas, incluso funcionaba como una especie de gestoría pues hablaba de la representación de ayuntamientos, sociedades y particulares. Además vendía material de papelería impreso para ayuntamientos, concejos, juzgados y escuelas.

El calendario que ha servido de inspiración para elaborar esta entrada sobre Casildo Iriarte reproducía un oleo sobre lienzo del pintor francés Guillaume Seignac. Seignac nació en Rennes en 1870 y murió en París en 1924,  a los 54 años de edad.  Empezó su formación y preparación en la Academia Julian en París, donde estuvo entre 1889 y 1895 y donde  tuvo la oportunidad de conocer a  maestros  como Gabriel Ferrier, Tony Robert Fluery  y  William Bouguereau. Toda su formación se dirigió siempre  a adquirir ese estilo académico que le caracteriza, siendo  sus temas preferentemente clásicos o neoclásicos, ocupando el cuerpo de la mujer un papel primordial de sus obras que le emparentan, en cuanto a las formas, con los clásicos griegos.  En 1897 expuso regularmente en el Salón de París, ganando varios premios, una mención honorífica en 1900 y una medalla en 1903. La obra que refleja el calendario data de 1912 y fue expuesta en el Salón de Artistas Franceses de ese año, apareciendo en los catálogos con su nombre en francés o en inglés como  «Filette au chien» o «Girl with a dog». El calendario fue, seguramente impreso a lo largo de  la década de los 20, por lo que el objeto cuenta  ya con casi un siglo de antigüedad. Solo me quedaría saber en que año concreto se imprimió, en qué casa familiar sirvió de guía diaria en aquella  lejana época o  como llegó hasta Tafalla, a la casa de Silvia Berruezo, pero no me cabe más que elucubrar. Parte de el  recorrido  lo conozco por boca de Marisol García que lo ha conservado durante los últimos  36 años.

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Ataun (1898-2020)

Hace unos pocos días, el pasado  30 de junio,  cerró uno de los establecimientos centenarios más conocidos de la ciudad: Casa Ataun, tras más de 120 años de trayectoria. El Ayuntamiento rescató este establecimiento del cierre en 1983, pero 37 años más tarde esta tienda no ha podido encontrar relevo. Pamplona va perdiendo buena parte de su patrimonio comercial y por lo tanto de la historia de sus calles, esa historia a ras de suelo que podemos ir viendo cambiar a lo largo del tiempo, esa historia que forma parte de nuestros recuerdos personales y de nuestra propia vida. Dentro de poco,  a medida que vayan cerrando más comercios centenarios,   ¿Qué nos quedará de la historia de esa Vieja Pamplona de la que este humilde blog es tan solo un modesto divulgador?

El origen de Casa Ataun, -conocida por sus pastas y tortas de txantxigorri, chocolates y regalices-,  se remonta a 1898, aunque según otras fuentes, -no hay constancia documental de ello-, podría datar de 1886. Y es que hay  en el Ayuntamiento una hoja de registro de las fincas urbanas fechada el 14 de diciembre de 1898  en la que figura,  como propietario del nº 14 de la calle Eslava,  el señor  Ubaldo Ataun Legarreta.  En la hoja catastral de riqueza industrial del Ayuntamiento de Pamplona se indica que el comercio  se iba dedicar a la fabricación de velas de cera así como a la  venta de chocolate y otros artículos. Si bien, en este caso, la producción de velas cesaría a los pocos años, concretamente en 1905. La mayoría de los chocolateros eran también cereros. Hay una razón histórica para ello. Cuando en el siglo XVI llegó el cacao de América  a España, el cerero,  -que trabajaba la cera para hacer cirios, velas, antorchas para el culto y para el alumbrado de los hogares-,  ya hacía confitería con la miel de los panales. No hay que olvidar que  de los panales se extraían la miel y la cera, y con la llegada del cacao, el cerero se hizo chocolatero y las cererías se convirtieron también en chocolaterías.

Como en otros muchos comercios, Ubaldo vivía en el mismo edificio en que tenía la tienda. Allí vivía con su mujer, Rosa Roncal, y habían nacido alguno de sus cinco hijos: Fortunato, Dolores, Jesús, Guadalupe y Joaquín, de los cuales Joaquín fallecería pronto, al igual que su esposa de la que quedaría viudo en 1915. Ubaldo fallecería en 1931 heredando el negocio el resto de sus hijos, si bien serán los varones, Fortunato y Jesús, los que lleven la tienda  a  partir de ese momento. Ninguno de ellos tuvieron descendencia. Dolores murió en 1948 y Guadalupe vendió su parte a sus dos hermanos en 1962. Fortunato fallecía en 1974, quedándose a cargo del negocio,  Jesús Ataun. En 1983, el Ayuntamiento compraba el edificio de Casa Ataun por tres millones de pesetas, con el objeto de preservar o mantener este comercio tradicional. Jesús se jubilaba el 3 de julio de ese año, ya tenía 82 años.  Durante el  tiempo que duró la rehabilitación del edificio Jesús Ataun residió en una habitación del hotel La Perla, a costa del Consistorio.  El Ayuntamiento le ofrecía residir y trabajar en el mismo edificio, pero Jesús decidió seguir alojado en el hotel y rechazó la propuesta municipal. Jesús  cobraría una renta vitalicia del Ayuntamiento  de 100.000 pesetas a cambio de ayudar al nuevo arrendatario Félix Inda Garralda,  a aprender las viejas recetas originales de Casa Ataun. Jesús fallecería en la Casa de Misericordia en 1991. Durante los últimos 35 años, desde el 1 de julio de 1985,  Félix ha vendido, con la inestimable ayuda de su hermana Nekane todo tipo de productos de confitería, merengues, regaliz, chocolate y sobre todo sus conocidas pastas y tortas de txantxigorri, fabricadas de forma artesanal.

Foto: Nº 1: Jesús Ataun en su tienda de la calle Mayor. Años 70-80. Archivo de José Castells Archanco. Fotos Nº 3 y 4. Javier Muru. Adoquines y Losetas

Fotógrafos del Viejo Pamplona (1860-1960)

Alternando con el repaso de los comercios por calles continuo con el trabajo de recoger también el comercio por sectores: a la hostelería, bebidas, pastelerías, librerías, vendedores ambulantes, boticarios se le suma, en esta ocasión, la del gremio de los fotógrafos. En próximas entradas seguirán apareciendo el resto de sectores comerciales de nuestra ciudad: alimentación, ropa, calzado, perfumerías, joyerías, mercerías y un largo etcétera. Era un trabajo que estaba sin hacer. Creo  que es una buena ocasión, además, para rendir un merecido homenaje a la labor de muchos  profesionales y aficionados a la fotografía, algunos de cuyos trabajos han servido para ilustrar las diferentes entradas de este blog.   El origen de la fotografía en Pamplona se remonta a mediados del siglo XIX, concretamente a partir de 1843, donde se empiezan a anunciarse en la prensa artistas ambulantes   que utilizan la técnica del daguerrotipo y que recalan en la ciudad durante varios o semanas hasta que el negocio mengua y se trasladan a otro sitio. En esta técnica del daguerrotipo la imagen se formaba sobre una superficie de plata pulida como un espejo. La imagen revelada estaba formada por partículas microscópicas de aleación de mercurio y plata  ya que el revelado con vapores de mercurio producía amalgamas en la cara plateada de la placa. Previamente la placa era expuesta a vapores de yodo para que fuese fotosensible.  El problema de este sistema eran los largos tiempos de exposición que en sus inicios, el sistema nació en 1839, podía ser de hasta 10 minutos. Después se redujeron hasta menos de un minuto. Entre aquellos primeros daguerrotipistas estaban personas francesas o de ascendencia francesa como Pedro Alliet que alternó el daguerrotipo con la construcción de zapatos con suela de madera en los años 40 del XIX, en el nº 25 de la calle Comedias, o Monsieur Constant, en 1843,   en el nº 4 de la calle Pozoblanco o el suizo  Schmidt, en 1847,  en el nº 22 de la plaza del Castillo.

El primer fotógrafo o retratista que conocemos en Pamplona es el fotógrafo de origen francés  Leandro Desages que debió estar en nuestra ciudad al menos desde los primeros años 60 del siglo XIX, -en 1864 se traslada a Santander-, aunque después volvió, -en 1876 le vemos asociado con Domingo Dublán Elicechi-,  y que tenía su estudio cerca del palacio de Capitanía, bajo el nombre de Leandro Desages y Compañía. Con Dublán  tuvo el estudio en la Cuesta de Santo Domingo. A Dublán, tras su separación de Desages, le vemos en 1879, en el nº 5 de la plaza del Castillo asociado con Valentín Mª Aizpurbe. Parece ser que en 1865 Desages hizo diversas fotos del salón del Trono del Palacio de Navarra todavía en construcción. En los primeros años de los estudios fotográficos era muy habitual que estos se encontrasen en las plazas más céntricas de las ciudades, en  los últimos pisos, en espacios con lucernarios o claraboyas bien iluminadas para la adecuada realización de las fotografías. No es casualidad, pues, que en los orígenes del sector en nuestra ciudad, la mayor parte de los principales estudios se ubicasen precisamente en la plaza del Castillo, tanto por su centralidad como por las especiales condiciones de iluminación que eran necesarias.  El trabajo que realizaban estos primeros fotógrafos era el retrato de estudio. Se trabajaba con cámaras de objetivos múltiples y luego se revelaba sobre placas negativas al colodión que luego se positivaban en papel a la albumina, montada sobre un cartón más o menos decorado con el nombre del estudio. Posteriormente en los años 80 se utilizarán placas de gelatina de revelado químico que acortaron la duración de las tomas.

El segundo estudio profesional, después del Desages y Compañía fue el de Fotografía Pamplonesa situado en 1867 en el último piso del nº 39 de la plaza del Castillo. Tras ese nombre estaba  el fotógrafo también  de origen francés Anselmo María  Coyne y Barreras, que a mediados de los años 70, se había asociado con un tal Marín del que no se sabe demasiado. La sociedad pervivió hasta finales de los 70. En 1878 Coyne se marchó a Zaragoza mientras en Pamplona se quedaba durante algún tiempo Marín (las fotos aparecen bajo la denominación de Marín y Coyne) que más tarde abrió una sucursal en San Sebastián. Podemos ver en las fotografías adjuntas de estos primeros profesionales la técnica, el modo de posar, los fondos, telones y escenografía que se utilizaban.

En 1872  se había instalado en el nº 31 de la plaza del Castillo el estudio  del fotógrafo de origen francés  Leopold Ducloux que se asocia con el madrileño Emilio Pliego en 1876, si bien la sociedad de estos dos fotógrafos duró poco tiempo ya que tres años después, en 1879, aparece en el nº 35 de la plaza (donde el estanco de las Viñes) y con entrada por el nº 2 de San Nicolás el estudio de Emilio Pliego. En 1887 Pliego  se traslada a un local en planta baja, es el primero en hacerlo, al nº 22 de la plaza, en la casa del Crédito Navarro, de la cual creo recordar que hay alguna fotografía, siendo durante muchos años uno de los estudios de referencia de la ciudad donde aprendieron el oficio otros insignes fotógrafos. La actividad fotográfica del estudio de  Pliego duró hasta 1934 en que se cerró el local, aunque ya en 1922 había dejado de estar al frente del negocio Emilio continuando sus hijas. Con el avance de las técnicas fotográficas ya no se hacía tan necesario ubicar los estudios en las azoteas de los edificios. Los fondos se simplifican y los que posan ya no parecen tan envarados.

 

 

 

 

 

 

En 1879, Agustín Zaragüeta Colmenares se instalaba en el nº 35 de la plaza del Castillo, justo cuando Pliego la abandona, luego aparece en el nº 13 o 14 de la plaza aunque hasta 1886  parece que trabajó junto a Ducloux en el estudio del nº 31.  Fue un fotógrafo muy popular al que se deben muchos retratos de gente de  la época y que hemos visto en la serie de «Imagenes del siglo XX» hace unas pocas entradas. Con Pliego y Zaragüeta se utilizan fondos en las fotos mucho más  elaborados, verdaderos telones escenográficos, como el del ciclista que vemos en la fotografía. A Agustín Zaragüeta, que se retira en 1920 y fallece en 1929  le siguió en el oficio, a lo largo del siglo XX,  su hijo, Gerardo Zaragüeta Zabalo, que empezó muy joven, con 13 años, en 1908 a trabajar con su padre  y fue además uno de los primeros fotógrafos de prensa en La Voz de Navarra, la Gaceta Sportiva de Barcelona y reportero gráfico de Osasuna. Continuó en el nº 31 de la plaza del Castillo hasta los años 50 en que traslada el estudio al nº 6 de la calle Amaya, jubilándose a comienzo de  los años 60. junto  a este párrafo tenemos imagenes de ambos, de Agustín, a la izquierda y de Gerardo, a la derecha.

En 1882  José Roldán Bidaburu se instalaba en el último piso del nº 48 de la plaza del castillo, donde permanecerá hasta el derribo del edificio en 1887, para pasar, en el nuevo, al último piso del nº 44. Poco tiempo después, en 1888,  se asoció con Félix Mena Martín creando la sociedad Foto Roldán y Mena, rompiéndose dicha  sociedad en en 1899, quedándose con el estudio Roldan formando sociedad con su hijo José Roldan Zalba bajo la razón social de Fotografía Roldán e Hijo en 1900. Al poco tiempo montaron un escaparate y luego, en 1904,  una librería en el nº 17 de la plaza, (que veremos más tarde  a nombre de su viuda) donde expusieron sus trabajos, -los fondos de los retratos se simplifican-,  y vendían sus postales, novedad que se extendió con fuerza a primeros de siglo. Como Pliego también vendía en su establecimiento productos y equipamientos fotográficos, incluso en 1909 abre una tienda de enmarcación de cuadros en la misma plaza. En 1910 se trasladaban del edificio del Iruña al nº 40 de la plaza con el nombre de Fotografía Roldán. Roldán Zalba fue colaborador habitual del Diario de Navarra, especializándose en reporterismo gráfico y fotografía taurina, llegando a ser fundador y presidente del Club Taurino de Pamplona.  En los años 50 aparecía  su hermano  Nicanor Roldán Zalba y en los 60  Ana María Roldán, como titulares del estudio. El estudio perduró hasta 1950.

Felix Mena, tras separarse de Roldan,  se instaló, según Arazuri en el nº 44 de la calle Mayor aunque según su bisnieto, Pablo, me dice que el estudio estaba a pie de calle en el último tramo de la calle Mayor, el más cercano a San Lorenzo. Investigando he descubierto que tras su separación de Roldán se trasladó en 1903 al nº 86 de la calle Mayor. En defensa del dato de Arazuri podría tratarse  más que de una confusión de una traslación de la actual numeración con la antigua.  En la publicidad del negocio en prensa destacaban entonces «que ya no hacía falta subir escaleras. Venga a hacerse fotografías que en planta baja le atenderemos». Mena, natural de Burgos había llegado a Pamplona procedente de Burgos en 1882 y había completado sus conocimientos de retoque fotográfico con Emilio Pliego, ejerciendo de ayudante de éste. Tras quedar viudo, Félix dejó Pamplona y se asentó en Elizondo con su segunda mujer. De ahí que haya dos ramas de la familia, la de Elizondo y la de Pamplona. Su hijo Javier Mena Zuasti  volvió a Pamplona en los años 20 mientras su hermanastro Victorio se quedaba en Elizondo. Javier ubicó su estudio en el nº 12 de la avenida de San Ignacio (hoy 14 de García Castañón)  pero, al acabar la guerra civil, en 1939, cogió en alquiler el local del nº 32 del Paseo de Sarasate que al final acabó comprando.  Allí estuvo el negocio familiar durante 75 años, primero con el abuelo Javier, luego con su hijo Victorio, y sus hermanos  José María y Santos y, desde 1988, el nieto Pablo hasta que el 26 de diciembre de 2013 Pablo se trasladó a  su actual ubicación en la calle Mayor, toda  una vuelta a los orígenes.

En el nº 16 de la calle Tecenderías (actual Ansoleaga) encontramos en 1899  el estudio de Fermín Aduain, que, por lo que sabemos,  había estado asociado con Eugenio Segura en la calle Eslava unos años antes. El estudio de Aduain en Ansoleaga es sustituido poco tiempo después, en 1902,  por Muñoz, Buitrago e Irigoyen.   En el nº 18 estaba el estudio de Basilio Montes. A la vuelta, en el nº 1 de  la calle Eslava había estado, desde mediados de los años 90  Eugenio Segura, asociado como he dicho algún tiempo con Aduain,  a quien le siguió en 1907 Tomás Segura (¿tal vez su hijo?) que continuó hasta 1913 pero ya en el nº 31 de la calle Mayor. Benito Rupérez Herrero  abrió estudio en Pamplona, en 1905. También, al igual que Mena,  aprendió con Pliego. En los años 20 se  abría su conocido estudio en el nº 12 de la calle Calceteros donde empezó a trabajar también su hijo Luis Rupérez Pérez y que continuaron sus herederos  durante muchos años, hasta los añso 80, al menos. Un bisnieto de Benito Rupérez, abrió Foto Koldo en el nº 30 de la avenida de Bayona.

Francisco Zubieta Vidaurre aprendió el oficio en el estudio de Rupérez donde trabajó desde 1922 hasta 1940 que se estableció con Javier Retegui Gastearena creando la sociedad Zubieta y Retegui en el nº 17 la calle de Espoz y Mina.  Zubieta también ejerció de fotógrafo de prensa en «El Pensamiento Navarro», durante 26 años  y en el «Diario de Navarra», durante 15. En los años 20 descubrimos a Valentín Ruiz en el nº 25 de la plaza de la Constitución  y que será sustituido en los años 30 por  Iglesias y Compañía, no se si tuvo alguna relación con el Ruiz de Sarasate.  También en los años 20  estaba  la Fotorrápida en el nº 18 de Mañueta y  Alejandro Tapia en el nº 32 de la calle Mayor que luego, en los años 30,  se traslada al nº 16 de Carlos III. En los años de la 2ª República se instaló en el nº 16 de San Ignacio un fotógrafo de origen alemán llamado Carlos Skogler. Luego se trasladaría al número 4 de la misma avenida, donde luego se ubicaría Foto Esteban, regentada por Jesús Esteban Blasco. En el nº 33 de la calle Jarauta había un fotografo de apellido Manrique.

  

José Galle Gallego había nacido en Valladolid en 1898  y tras ejercer como fotógrafo en Madrid y San Sebastián, llegó a Pamplona en 1919. Inicialmente Galle entró a colaborar con Benito Rupérez. Poco después se estableció en la entreplanta del nº 38 de la calle Zapatería asociándose con su hermanastro Rafael Bozano, de quien se separaría en 1949. Según fuentes familiares sus actividades económicas se iniciaron en 1922, aunque la primera referencia en los registros municipales son de 1926 en que aparece Galle  bajo el epígrafe de  “industria de la fotografía”. En 1934 ya aparece su tienda de fotografía y droguería-perfumería del nº 7 de Mercaderes, entonces Blanca de Navarra. Galle fue corresponsal gráfico en Navarra para la prensa nacional durante el primer tercio del siglo. En Navarra se convirtió en un reportero especializado en deporte y actualidad local, de lo que da buena muestra el amplísimo fondo de fotografías donado por la familia Galle al Archivo General de Navarra. A partir de 1949 la segunda generación, Fernando Galle Zumealde  siguiendo los pasos de su padre, continuó con la tradición familiar, en su doble faceta: fotográfica y comercial.  Con su padre  compartió  estudio durante algún tiempo,  hasta el punto de que a veces es difícil atribuir muchas fotografías a uno u otro ya que todas llevaban la firma  de Foto Galle. Fue uno de los pocos fotógrafos profesionales que impulsó la Agrupación fotográfica y Cinematográfica de Navarra. Trabajó a para varios medios entre ellos el Diario de Navarra y el NODO. Posteriormente abrió su propia tienda  y estudio de fotos en el nº 2 de Joaquín Larregla  así como perfumerías en el nº 5 de Bergamín y  en el 45 de  Carlos III. Hasta los años 80 se mantuvo abierta  la tienda de la calle Mercaderes, como tienda de fotografía y perfumería, bajo la figura de una sociedad limitada. En 1983 fallecía José Galle mientras su hijo Fernando, lo había hecho   prematuramente un año antes, en 1982. Regenta la perfumería Galle de Carlos III la tercera generación de la familia en la persona de Pachi Galle. Galle no es el único fotógrafo vinculado al negocio de la droguería: tenemos también el ejemplo de Ardanaz. También hay droguerías que vendían aparatos y material fotográfico como fueron López y Negrillos, que yo recuerde. El origen químico de algunos de sus materiales para revelado lo justifica.

Rafael Bozano Gallego que también trabajó en galería y como fotógrafo de prensa, fue corresponsal de la agencia Efe,  se estableció en 1970 en la calle Estella, abriendo posteriormente  otras sucursales en la calle San Antón, que cerró hace algunos años, -cerca de ahí estaba en San Miguel Foto Ama-, Serafín Olave, Tudela y Estella. Con Bozano se formaron algunos profesionales entre los que destaca José Luis Zuñiga que murió prematuramente a los 59 años de edad. En 1949 se fundaba Foto Gómez, fundada por Juan Gómez Quintano, hijo a su vez de un reputado fotógrafo de la primera mitad del siglo, Javier Gómez Cerdán. Pasó por el nº 34 de la calle Mayor, luego el 25 de la misma calle, San Nicolás, 39, San Miguel 8, travesía Espoz y Mina, 6 y plaza Príncipe de Viana.

Gómez fue, además, fotógrafo de prensa y  corresponsal de la agencia Cifra. En 1950 se instaló en Pamplona Julio Ruíz Sánchez, que había aprendido el oficio en Zaragoza y que se dedicó, casi exclusivamente, al retrato de estudio. Imagino que fue el de foto Ruiz del Paseo de Sarasate que muchos conocimos durante varias décadas.  En 1962 se instaló en el nº 34 de la avenida Carlos III Fotografía Turgel, fundada por Ángel Turrillas. En 1963 se instalaron en el nº 13 de la calle Sancho El Mayor, los fotógrafos Carlos Calleja y José Luis Lafuente, que habían aprendido el oficio con Rupérez, y que firmaban con la denominación de Foto Prince. También trabajaron como fotógrafos de prensa. En el nº 22 de Sarasate estaba  en los años 50 José María Usillos Avendaño y en los años 60 a los citados debemos añadir Santiago Jordán en el 21 de Padre Calatayud, Arturo Mene en el 6 de la plaza del Castillo, Florentino Suescun y Herce en la Chantrea y Félix Ventura en el nº 16 de Sarasate.

Fotógrafos aficionados  del período que estoy analizando  fueron Mauro Ibañez que nos legó algunas de las fotografías más antiguas que podemos encontrar en los archivos, sobre todo las del bloqueo carlista  a la ciudad y otras de la plaza del Castillo; Aquilino García Deán, fotógrafo de la revista «La Avalancha» y que fue  empleado municipal y concejal en 1898 y que legó toda su obra al Archivo Municipal, su producción resulta indispensable para conocer la Pamplona a caballo entre los dos siglos. Fue un verdadero documentalista: José Ayala, también era funcionario del Ayuntamiento de Pamplona  y como Aquilino fue otro destacable documentalista urbano; Luis Rouzaut, el óptico, al que le debemos una valiosa colección de hermosas fotografías de la Pamplona de primeros de siglo;   Miguel Goicoechea de Jorge vinculado al pictorialismo;  el médico y jefe de la Beneficiencia Municipal Anselmo Goñi Nagore;   el comerciante de Chapitela, Miguel Azpiroz;  el industrial Fidel Veramendi, etc

También, en este listado debemos incluir  al director del Banco de España, Vicente Istúriz;  al militar, geógrafo e historiador Julio Altadill, -muchas de cuyas fotografías aparecen en los libros de Arazuri-; a Roberto Greuling, de origen alemán, con alguna famosa instantánea aislada de la plaza del Castillo nevada: a Julio Cia Uriz que ayudo a documentar muchos de los cambios de la vieja Pamplona a mediados de siglo y que acabaría profesionalizándose;  a José Martínez Berasain que colaboró con la revista «La Avalancha» y «El Pensamiento Navarro»; a Pedro María Irurzun y su esposa Lydia Anoz; a Nicolás Ardanaz Piqué, droguero de profesión;  a Félix Aliaga, farmacéutico, a Jesús Martínez Gorraiz, uno de los primeros taxistas, desde 1923 y que tuviera  una flota importante de vehiculos, automoviles de punto y alquiler que se llamaban en aquellos años;  al archivero municipal durante muchos años Vicente Galbete, el farmacéutico Antonio Yarnoz y a otros muchos, aunque quizás sean estos algunos de los más importantes en nuestro ámbito local. Con el paso del tiempo la fotografía se fue popularizando  y dejará de ser feudo de unos pocos. En agosto de 1955, un grupo de aficionados a la fotografía  fundaba la Agrupación Fotográfica y Cinematográfica de Navarra. De los fotógrafos que han sobresalido en los últimos 60 años (1960-2020) me permitirán que hable en otra ocasión.

Fotos, por orden de aparición: Nº 1: foto de estudio de Leopold Ducloux. San Sebastián. S.XIX, Nº 2: Reverso fotográfico del estudio de Ducloux y Zaragüeta. Siglo XIX, Nº3: foto sin filiar. Fotógrafos trabajando. Principios del siglo XX, Nº4, Nº5 y Nº6: Fotos, -anversos y reverso-,  de Leandro Desages y Domingo Dublán. S.XIX, Nº7, Nº8, Nº9 y Nº 10: fotos de Marin y Coyne. S.XIX Nº 11, Nº 12 y  Nº 13: fotos de  Emilio Pliego. 1887-1900 , Nº 14, Nº 15 y  Nº 16: fotos de Gerardo Zaragüeta de los años 30, 1900 y 1920, Nº 17: Agustín Zaragüeta Colmenares, Nº 18: Foto de Zaragüeta Fotógrafos (1920-30). Nº 19: Gerardo Zaragüeta Zabalo (1925), Nº 20, Nº 21 y  Nº 22: fotos de José Roldán Bidaburu y José Roldán Zalba, Nº 23 y  Nº 24: Fotos de Javier Mena. Archivo familiar de Santi Urra, Nº 25, Nº 26, Nº 27 y  Nº 28: Fotos de Benito y Luis Rupérez Nº 29: reverso fotográfico de Segura y Aduain Nº 30: Foto Rupérez, Nº 31: foto del establecimiento Zubieta y Retegui en la calle Espoz y Mina, Nº 32: Foto Skogler. Archivo familiar de Santi Urra, Nº 33, Nº 34, Nº 35, Nº 36 y  Nº 37: Fotos de Galle, Nº 38: Foto Bozano, Nº 39: Foto del establecimiento de Foto Gómez en la  Travesía Espoz y Mina , Nº 40. felicitación de Foto Gómez cuando estaba en San Miguel 8, imagino que donde después estuvo Foto Ama, Nº 41: foto de Vicente Istúriz, Nº 42: foto de Julio Altadill, Nº 43: Foto de Roberto Greuling, Nº 44 y Nº 45: Fotos de Julio Cía, Nº 46: Foto de Nicolás Ardanaz

Comercios del Viejo: Pamplona: Plaza del Castillo (1908-1963)

Termino la serie, dividida en tres entregas,  que nos ha permitido recorrer el itinerario comercial de las calles Ciudadela, San Gregorio, San Nicolás y Plaza del Castillo entre los años 1908 y 1963. Nos situamos, como en el resto de calles,  en la plaza del Castillo, llamada plaza de la Constitución a  comienzos del siglo, concretamente en 1908. La plaza, calificada tradicionalmente como cuarto estar de los pamploneses, albergaba a principios de siglo, una heterogénea mezcla de negocios. Su nombre, como he dicho,  ha variado a lo largo del tiempo: plaza de la Constitución a lo largo de buena parte del siglo XIX y principios del XX alternando con el tradicional plaza del Castillo y  plaza de la República, durante el período de la 2ª República. Nos situaremos a la altura del Hotel La Perla, que tradicionalmente ha ostentado el nº 1 de la plaza. En 1908, había tres fondas en la plaza, la de Teresa Graz, viuda de Miguel Erro, (dueña de La Perla), la de Aramendía en el nº 16 y El Cisne de Balbina Vera, en el nº 24. Aquí tenían también su sede reputados fotógrafos, Agustín Zaragüeta,  un poco antes del actual bar el Kiosko, con un próspero negocio de fotografía  que seguiría su hijo Gerardo  aunque ya en el nº 31, al menos hasta los años 50 en que se traslada al nº 6 de la calle Amaya; Emilio  Pliego, primero en el nº 35 de la plaza y luego en el nº 21,  en el edificio del Crédito Navarro hasta 1934 en que  cerró el local y   José Roldán  Bidaburu,  inicialmente  en el edificio del Iruña (nº 48, actual 44 y 44 bis), primero asociado con Mena y luego con su hijo, José Roldán Zalba. Fallecido su padre será solo Hijo de Roldán,   pero ya en el nº 40 de la plaza, a donde se traslada en 1910. Posteriormente el negocio seguirá apareciendo como Fotografía Roldán. En los años 50 aparecía  Nicanor Roldán y en los 60  Ana María Roldán; A tan destacado plantel de fotógrafos  se le sumaría  en los años 30 un tal Iglesias  y en los 60 un tal Arturo Mene (en el nº 6). Dentro de poco publicaré una entrada dedicada por completo a este gremio.

Siguiendo el orden de los portales, y en la parte este y en dirección sur encontrábamos, desde la segunda década del siglo a Adolfo Navarlaz y Juana Echavarri, en el nº 1, una perfumería, con guantes y pieles, y una década más tarde una administración de lotería que continuaría durante largo tiempo, compartiendo este mismo número en los años 20  con la sastrería de Pedro Lozano que vemos en la fotografía adjunta de 1915, tenía también entrada por Chapitela, 23, entonces Héroes de Estella; en el nº 3  el bar Torino, abierto como bar, restaurante y casa de comidas por los señores Duhins y al que seguirían en la gerencia Melitón Ariz y Doroteo Cotelo, -ya después de la guerra-, que en 1973 daría paso al  actual Windsor, tras el cierre del Torino  en 1971;  en el nº 4, desde 1908,  hallábamos la tienda de licores de Jenaro Pascual y la platería de Lafuente.

En el nº 5, en los años 30,  estaba el estanco de Eulalia Perugorría; en el nº 6 el salón de peluquería y barbería de los hermanos Soravilla, uno de ellos se llamaba Arturo. Había nada menos que cinco peluquerías-barberías en la plaza en 1908.  Además de la citada de los hermanos Soravilla estaban  las de Severiano Martín (nº 14), Martín Goñi (nº 40), Ignacio del Valle (nº 24) y García (nº 35) sustituido, este último,  en los años 20,  por Antonio Razquin y más tarde por Juan García y Rafaela Zalba. Algunos de ellos como Soravilla, Razquin y Martín seguirían hasta avanzados los años 30 y aún mucho después,  aunque por los años es de prever que continuasen  sus herederos, supongo. Hasta los años 50 llegaron las peluquerías de Juan García y Severiano Martín que también eran de señoras a las que se sumaron las de José Muñoz y Pedro Suescun (en los números 6 y 29 respectivamente). Entre las peluquerías de señoras estaba la de José María Villafranca,  en el primer piso del nº 28  de la plaza, la de Martin Ayerbe, luego Josefa Ayerbe (nº 36) y la de Rosario Domeño (números 1-3, 1º) y también en los 60 Pilar Ilarregui (nº 18) y Josefina Zubeldia (nº 30). También disponía de peluquería  el Casino Principal.  En los años 20, en el nº 6 bajo estaba la mercería-quincallería de las Hermanas Eguiguren a quienes también veremos en la plaza consistorial años más tarde.

En el nº 8, cerca del actual Gure Etxea, y desde comienzos del siglo aparecía el zapatero Bruno Avalos, en el nº 9 (Bar Gure Etxea) y ya en la segunda década de siglo el bar Ideal, café  regentado por los hermanos Peralta,  Deogracias Peralta aparecía como titular en los años 30. Donde el Bar El  Kiosko, desde 1907,  García Arilla y Compañía con quincalla fina, aunque posteriormente, ya sólo como Arilla, se traslada al nº 11 con venta de pianos y otros instrumentos musicales, además de abrir una segunda tienda en el nº 55 de Mayor, esquina con Eslava, y más tarde incluso una sucursal en San Sebastián,  y Rufino Olaz, sastre con venta de género. Un poco antes, en el nº 12 y en los años 20 estaba la librería-papelería de Higinio Coronas, con imprenta y un poco más adelante,  donde hubo una barquillería,  había  otro negocio similar de papeles, postales y otros artículos  a nombre de Viuda de Roldán.

También en esta zona,  hoy llena de bares,  estuvieron José Les, (posteriormente Alfonso Les), en el nº 11, inicialmente con objetos de escritorio, aparatos de radiotelefonía, bazar y bisutería y más tarde, -en los años 50 y 60-, aparatos de radio y televisión y en el nº 13  una tienda de confección de señoras regentada por Mercedes Jimenez. En los años 20, donde el Casino Eslava, estaba el Hotel Vasco Navarro de los hermanos Larrayoz y muy cerca, en el nº 19, y en los años 30, la fonda de Wenceslao Cilveti. A la altura del antiguo Tropicana había sendas posadas a comienzos del siglo, las de José Serrano y Saturnina Urra pero al poco tiempo descubriremos en este rincón, donde anteriormente  estuviese la fonda La Manuela,  el Hotel Quintana que regentarían su viuda e Hijos. De Juanito Quintana he hablado en otras entradas del blog y seguiré hablando seguramente. Cerrando la plaza por la zona donde se abriría Carlos III, encontramos el Teatro Gayarre con su «foyer» o «ambigú». Y en el otro lado de la plaza, en la parte oeste, en el nº 32 estaba el Dena Ona abierto por el señor Blasco, que luego cogerían los señores Mazo y Zabalardo, convirtiéndolo en café-bar y restaurante.  En el nº 33, cerca de la actual Turroneria  había  otro sastre con género de apellido Horcada cuyo negocio, luego, en los años 20, continuarán sus hijos.

Donde el estanco de las Viñes,  estaba el tintorero Martínez,  que en los años 30 da paso a la tienda de calzado de Fermín Atozqui que perduró desde entonces y al menos durante los años 50,  a continuación venía  la joyería-relojería Astrain,  fundada en 1850 que continuará durante  largo tiempo hasta principios del siglo XXI (primero fue Lorenzo Astrain, luego Viuda de Lorenzo Astrain y hermano y luego sus descendientes). Un poco más adelante, donde estuvo la peletería Rome, estaba el platero de origen italiano Florenzano así como  el zapatero Gutierrez. Por cierto,  en los años 30,  había una tal Francisca Florenzano en el nº 58 con confección de señoras.  Donde el Banco de la Vasconia, en nº 39,  estaba el negocio de papel, postales y objetos de escritorio de Eusebio Rubio, y un poco más adelante, en el nº 42, cerca del pasadizo de la Jacoba,  y desde los años 20,  la librería papelería  Sucesores de Casildo Iriarte que más tarde cogería Aniceto Urmiza Gómez y sus herederos que continuarán con el negocio hasta finales de siglo, bajo el conocido nombre de El Secretariado Navarro.

En la misma ubicación estaba Agustín Trías  con tienda de guantes y mercería, mientras que Federico Trias regentaba una camisería en el nº 39. En el nº 43 estaba, desde 1912, el Café Kutz donde antes estuviesen El Español, regido en 1875 por los señores Monegatti que lo convirtieron en el Café La Marina.  El Kutz  duró hasta 1961.  En el nº 44 bis, un poco después del Café Iruña, estaba la pastelería de Ariz   y en la esquina de la Plaza del Castillo con Chapitela, Luis Leache, (Sucesores de Mosso y Francisca Osiniri), que entonces correspondía al nº 49 de la plaza de la  Constitución y al 26 de Héroes de Estella. Leache se trasladaría luego al nº 34 de la calle Mayor. En este lugar, 49 de la plaza y 26 de Chapitela,  encontramos años más tarde a Antonio Archanco con artículos de viaje, guantes, mercería,  quincallería, con tienda abierta, como he dicho,  también hacia Chapitela. En cercana posición se debía encontrar la heladería Alaska. También en estos años estaba en la plaza la conocida Casa López, joyería, platería y relojería, junto a las escalerillas.

¿Qué quedaba de todos estos negocios después de la guerra?. Continuaban el Iruña, el Suizo de Matossi, el Dena Ona que era ahora el Bearin, el Kutz (con Elvira Muñagorri a la cabeza), el Torino de Doroteo Cotelo, El Cisne (de Lucia Agorreta Orio) y  La Perla (con Rafael Moreno Erro, desde el año 1936). En la vecina Espoz y Mina, los Alemán había comprado el Maisonnave  en el año 1945 y desde los años 30 estaba en funcionamiento el Hotel Europa de Espoz y Mina, si bien bajo la dirección de Isidora Valencia Alcoz primero y de Francisca Ibarrola después. Fuera del Casco estaban ante otros, los siguientes hoteles: el Valerio de la avenida de Zaragoza, el Yoldi  en la avenida de San Ignacio o  el Comercio de la avenida de Franco. En la década de los 30 había nacido el popular Choko de la mano de la sociedad Alcaine y Beaumont, donde antes estuviera el Bar España. Beaumont  también tenía en estos años un taller de confitería o fábrica de caramelos en el nº 10 de la plaza. Pero pronto comenzarían a proliferar los bancos, desalojando a los antiguos cafés: al Crédito Navarro y La Vasconia se sumarían  el Banco de Bilbao, emigrando del nº 19 de  Chapitela, donde antes estuviese el Banco Vasco y en los 70 el Banco Exterior,  hoy General Optica,  a la plaza y ocupando lo que fuera el histórico y centenario Café Suizo (cerrado en 1952),   mientras  el Banco de Vizcaya  ocuparía el lugar del antiguo Café Kutz  en 1961. ¡Qué pena!

En 1942 se había instalado en el nº 28 Felipe Gómez Alonso con su popular y hoy desaparecida,  desde hace unos pocos años Librería Gómez. Tenía, además su propia empresa editorial, su imprenta y su academia de enseñanza de la que ya hablé extensamente  en la entrada que dediqué al sector. En los años 40, las obras de remodelación de la plaza del Castillo obligaron a Antonio Leoz a  cerrar su quiosco de prensa de madera para trasladarse a un bajo de un edificio cercano, concretamente al nº 38 de la plaza, donde  mantiene actualmente el negocio su nieto. En los años 60 Antonio Leoz Goñi se hará cargo también del kiosko de prensa de la plaza,  cercano al edificio del Crédito Navarro. Después de la guerra, en el nº 12  encontramos la tienda de Pablo Esparza, el popular fabricante de licores, y sobre todo de Anis Las Cadenas. También vendía bebidas el establecimiento Solera, en el nº 35 de la plaza. En el nº 4 estaba la librería con objetos de escritura de Aramendía que continúa en la siguiente década. Revisando el tramo existente entre la bajada hacia Estafeta y el Choko encontrábamos en aquellos años 50 y 60, el bar Rhin de Julia Alcayaga, en el nº 8, el bar Guría de Ricardo Zalba Martínez en el nº 10, en el nº 12 el bar-restaurante Maitena, de Jerónimo Ibarrola, en el nº 13 y 14 el Bar Sevilla de Julián Ramírez Alvarez y en el nº 18,  Miguel Yoldi y Jesús Rada con el bar Brasil que en los 60 asumiría Juan Gazpio que después sería el Tropicana. Había por último, una administración de Lotería en el nº 35 a nombre de María José Beunza y Aquilino García de la Peña vendía y reparaba máquinas de escribir, las populares Underwood,  en el nº 31 de la plaza.

En los años 60,  comenzando por el lado más cercano al Paseo de  Sarasate teníamos, entre otros negocios, en el nº 27  la tienda  de antigüedades de José Garisoain , en el nº 33 la confitería de Pilar Onsalo, (donde la actual Turronería),  un poco antes la tienda de venta de material de escritorio y estilográficas de Jesús Antón, que yo conocí abierta hasta finales de siglo XX. En el primer piso del nº 35, estaba la agencia de viajes de Eusebio Cafranga y en el bajo María Patrocinio Viñes ya llevaba un negocio de venta de libros rayados, asi tal cual suena,  antes de convertirse en un estanco o establecimiento dirigido al fumador.  Aun estaba el Muthiko Alaiak en el nº 38 de la plaza del Castillo antes de su paso a Comedias. Abajo, en el local comercial, había una tienda de confección a nombre de José Rosano, donde luego encontraríamos Peletería Rome. El Club Taurino tenía sus sede en el 1º piso del nº 40, aunque antes estuvo en el otro extremo de la plaza, donde el hotel Quintana, de hecho Juanito Quintana fue presidente del primer Club Taurino en los años 30. Muy cerca, del Taurino, tan cerca como en el local de abajo Juan Arbizu abría una de sus primeras cafeterías Delicias que marcaron toda una época en Pamplona,  mientras que en  el otro lado de la plaza, en el nº 5 María Pilar Legaz vendía artículos de marfil.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: fotopostal Viuda de Rubio. Plaza de la Constitución y Hotel La Perla. 1910-1925 ,Nº 2: Plaza de la Constitución, delante de los soportales del Hotel La Perla. 1915.Sin filiar , Nº 3: Foto postal de la plaza de la República o plaza del Castillo. 1935. Luis Roisin. Nº 4: Plaza de la Constitución. 1910-1925. Foto postal de Viuda de Rubio, Nº 5: fotopostal de la plaza de la Constitución 1915-1920, Nº 6: Plaza del Castillo. 1953. Fondo Galle. Archivo General de Navarra , Nº 7:. Bar Choko. Plaza del Castillo, 1962. Colección Arazuri. Nº 8: fotopostal del Cafe Kutz, Nº 9: Club Taurino en el nº 18  de la plaza del Castillo. Clubtaurino.es, Nº 10: Foto postal de la plaza de la República o plaza del Castillo. Años 30, Nº 11: Plaza de la Constitución en las primeras décadas del siglo XX. Sin filiar, Nº 12: De izquierda a derecha, Paco Cano, «Canito», Ernest Hemingway y Juanito Quintana. Años 50. En los años cincuenta, tras una larga ausencia de España, Hemingway regresó y reanudó su relación con Juanito Quintana.  Quintana se ocupó de buscarle alojamiento en sus visitas a Pamplona en 1953 y 1959, y le acompañó en sus viajes por diversas ciudades unidos por su afición a los toros. 

 

Comercios del Viejo Pamplona: San Nicolás (1908-1963)

Me desplazo, esta vez, al comienzo de las escalerillas de la plaza del Castillo con la calle San Nicolás, una de las calles con más vitalidad comercial y hostelera, casi a partes iguales, de todo el Casco Antiguo, a principios de siglo. Comienzo por su lado derecho.  Bajando las escalerillas, en el nº 4, en lo que es ahora El Tinglado estaba, en 1908, los guarnicioneros Nagore y Arteta y, en los años 20, Galo Osacar con el mismo negocio de guarnicionería, junto a la librería-papelería de Viuda e Hijos de Alonso. En el nº 4, que  luego será el nº 2, aparecía también  la  armería de Salustiano  Arana, Sucesor de Gorostiza.  En el nº 10 estaba la carpintería de Javier Laquidain que, luego, en los años 30, será una tienda de coloniales a nombre de Emilio Martinez, que en los 50 la regentará  Angel Celador Ruano. En el nº 12 donde hoy está el bar Ulzama en los años 20 estaba el botero Babil Landivar que a la postre montaría allí una fonda y casa de comidas, si bien, a principios de siglo, estuvo  en el nº 7, osea al otro lado de la calle. Luego lo explotaría la familia  Miqueleiz Ballent (León, Sebastián, etc) y, posteriormente, sus herederos hasta un reciente cambio de titularidad. También, en esa época, Eusebio Gazpio instalaba una zapatería en el nº 14 y Elías Hernaez una pescadería que pasaría luego  a manos de Camino Elio  Senosiain. En los años 60 Francisco Mendivil tuvo una relojería en ese lugar. Creo que en esa ubicación estuvo a finales de siglo  el local de  Lanas Begoña, que más tarde fue incorporado, como almacén,  al bar Ulzama.

Donde hoy está  El Marrano había, en 1908, una corsetería con obrador,  a nombre de Estefanía Amenábar. Sin embargo, al final de los años 20, en este mismo lugar  aparecen Vicente Echechipia y y Javier Sanz como titulares de la actividad económica. Este último  era cosechero y fabricante de chacolí. De ahí que también se conociese el local, durante mucho tiempo, como el Bodegón de Sanz y que, a la entrada del establecimiento,  luciese un rótulo que decía  “Vinos El Cosechero”.  Ese rótulo y el local, -con su castizo sabor de tasca antigua, su olor a fritanga de sardinas, y sus porrones de vino tinto-, se mantuvo así,  hasta las últimas décadas del pasado siglo. En 1935 la titular del despacho de vinos y  de la  fábrica de gaseosas ubicada en el nº 16 pasó  a   ser  Josefa Goñi Belzunce. Posteriormente los dos locales, el del 16 y el del 18,  se fusionaron en uno solo apareciendo como titular de ambos  la misma titular, al menos hasta comienzos de los años 80. Un poco más adelante, donde ahora hay un Kikos, a principios de siglo, estaba la taberna de José María Munarriz que en los años 20 dió paso a la librería  y papelería de Eusebio Osteriz  que se mantuvo a  lo largo de los años 30 y posteriormente fue llevada por Serrano, Sucesores de Osteriz. A continuación desde los años 20,  en el nº 24, donde hoy se encuentra Merinos y en tiempos Garralda, estuvo el hojalatero Juan de Diego. Antes, en 1908, lo encontramos en el nº 26 que luego ocupará el carpintero Cruz Biurrun.  Hoy ambos números aparecen fusionados como 24-26.  En los años 20 consta   fabricando e instalando  sanitarios, así como  vendiendo porcelana y loza y artículos de regalo. En los años 50 y 60 continuaba con  el negocio familiar Tomas de Diego con el mismo objeto comercial y también venta de objetos de regalo. En la foto en color que encabeza la entrada, probablemente de los años 70, aparece un rótulo en banderola que dice «Almacenes de Diego». Junto a él había una tienda de venta de tejidos a nombre de Félix Larraz y Jesús Juangarica.

En los números 28 y nº 30, donde estuvieron no hace mucho la tienda de regalos Kardhu y  la Botica de los Perfumes había en 1908 una barbería, la de Nagore, que luego pasó a Mariano Torres en los años 30 y a su lado estaba la farmacia de José Martialay.  Antes de ella, en los años 20,  encontramos la alpargatería de Santiago Cruz Jimenez  que, en los años 50, sigue apareciendo  como taller de alpargatas y venta de calzado ordinario, junto con Marcelino Ilarregui, aunque en los años 60 aparece a nombre de Alfredo Pardos,  y Marcelino Ilarregui lleva su propia zapatería en el nº 38 . Donde hoy está el Baserri Berri, en 1908,  hallamos la carnicería de Felipe Ardanaz y otra barbería en los años 20 y, a principios de los años 30, se instala en el local  el bar Irañeta, de Juan Irañeta, el único bar que, según me cuenta su hijo, fue el primer establecimiento,  en aquellos años,  que no era, ni fonda, ni casa, ni café,  ni restaurante, ni vendía vinos o licores al por menor como otros… era sencillamente el Bar Irañeta, bueno era bar pero además restaurante y daban espectáculos musicales como he contado en alguna otra ocasión. Fue toda una institución en la época.

Tras éste, donde hoy está La Vieja Iruña y antes La Chistera,  estuvo Martin Baquedano con su fábrica y tienda  de chocolate y demás negocios anexos:  cera, pailas para velas de cera, fabrica de bujias de esperma, pupilage para caballerías. Era, además, almacenista y vendía cereales, abonos minerales, aceites al por mayor, coloniales, cafés al por menor etc. Ocupaba, como muestra el anuncio varios números. Del 40 al 46. En los años 30 parte del local, el nº 40,  lo arrendaría Maximino Arrasate para montar su confitería y pastelería con obrador. Se mantuvo, algunos años en este lugar,  al menos hasta la guerra, luego se trasladaría al nº 34-36,  aunque en los años 60 aquí encontramos el taller y tienda de confitería y pastelería de Luis Ros Piñeiro que junto con su hermano Manuel  fabricaban  galletas y dulces. Manuel tenía además una agencia de publicidad. En el nº 42 hallamos en los años 50 y 60 a Tomás Baquedano Sarasate, hijo de Martín  Baquedano con coloniales. Su hermano Pedro Baquedano había trasladado la fábrica de chocolate al nº 20 de la calle San Antón. Un poco más adelante, en el nº 46 había un taller y tienda de confitería,  con panadería,  regida por Cira García.

En 1908, en el nº 44,  Luis Iribarren tenía una alpargatería-cordelería  que posteriormente, en los años 30 trasladará al nº 60-62 y que  cerró hace unos pocos años (2015 o 16) tras la jubilación de su tercera generación (Ana Iribarren) y detrás del 44, donde hoy hay una tienda de bebidas y revistas,   había un negocio de venta y alquiler de muebles usados,  a nombre de Tomasa Gorricho y Camino Urriza (que tuvieron una segunda sucursal, durante algún tiempo,  en el nº 74 donde posteriormente se instaló la farmacia Castiella y hoy se encuentra la  farmacia Iragui). En los años 20 el negocio de Gorricho y Urriza dió paso a la pescadería de Carmela Riezu. En los años 50 y 60   en el nº 48,  estaba la guarnicionería de Miguel Larrea Vizcay con venta de artículos de viaje. Donde está el hotel Castillo de Javier y en tiempos el bar San Miguel y antes el  bar restaurante Valero, (que por cierto empezó de la mano de Valero Iribarren Labiano como ultramarinos),  en las primeras décadas del siglo hubo diferentes negocios pero el más destacable fue la tienda de ropa de niños que regentó María Seminario, desde el inicio de los años 20. Casi enfrente se instalaría su hermana Victoria,  con la mercería La Victoria, hoy mercería Beatriz. Por ahí, a principios de siglo y aun más tarde  hubo alguna herrería, carbonería, etc.

En los años 50, en el nº 54 estaba la droguería perfumería de Isidoro Elcano Urrutia y en los 60 de su sobrina Juana Urrutia, que posteriormente llevaría la familia Flor,  bajo el nombre de Larvier. Donde encontramos en la actualidad a Natural Dippner, hallamos en los años 20 la mercería y paquetería además de una zapatería a nombre de Adolfo Mauré y un negocio de venta de máquinas de coser de Cipriano Nagore   que continuará en la siguiente década, incorporando juguetes, perviviendo hasta los años 60 bajo la denominación de herederos de Cipriano Nagore, ya sin juguetes pero con mercería. En esta zona también hubo  una carnicería, la de Epifanio Itoiz. A continuación de donde estuvo hasta hace poco Calzados Iribarren, estaba la fábrica y tienda de chocolate, azucares y ceras, pastillas de café con leche  de Marcelino Andueza que vimos en la entrada de las pastelerías. Este local lo seguiría explotando en los años 50 Trinidad Arizala,  con el mismo tipo de negocio. En los años 50, en el nº 66, donde hoy tenemos la cafetería-heladería Elizalde  ya estaba instalado Mariano Rubio Arbizu, con artículos de bazar, bisutería, relojería y quincallería. Durante un tiempo tuvo una sucursal en el nº 9 de la misma calle.

El local que actualmente alberga la tienda «La objetería de los días felices», en el nº 70 de la calle,   fue  inaugurado en el año 1903 por Baldomero Zulategui,  como una tienda de venta de periódicos. Allí se vendían los periódicos de la época, «El Eco de Navarra», «El Pensamiento Navarro», el «Diario de Navarra», entre otros,  y vendía también sobres y papelería. En 1932 Baldomero se hizo con una administración de lotería y un estanco que ubicó en el citado local. Tras la guerra le quitaron la concesión del estanco ya que este tipo de negocios se solía adjudicar a las viudas de guerra y, por ello, en el año 1952 les puso  a sus hijas en el local una lencería-mercería que ha estado abierta desde entonces y   hasta principios del año  2018. En el nº 74,  en la hoy farmacia Iragui estaba la farmacia Castiella. El origen de esta farmacia se remonta a 1903 cuando Felipe Irurita traspasaba su farmacia, que regentaba desde 1888, y situada entonces  en el nº 28 de la misma calle  a  José Martialay. Este dirigió la farmacia hasta 1915 en que la titularidad pasó a   Gabriel Castiella que permanecería,  al frente del establecimiento,  hasta  los años 60, en que pasó el testigo a su hijo Valerio Castiella Zalba. Acabando la calle, en el nº 76,  encontrábamos en 1908  a Diego Miquelez, luego,  desde los años 20,  viuda de Miquelez  con fabrica y venta de chocolate, azucares y ceras. En los años 50,  en esta ubicación,  encontramos a Maria Camino Sarasa Muzquiz, con una mercería que recogía, además,  puntos a las medias. Este local estuvo en manos de la familia Sarasa, comercialmente hablando,  hasta la jubilación de Bakartxo con su tienda boutique Sagardia hace unos pocos años. En los años 30, en el edificio que diseñase, en 1899, Manuel  Martínez de Ubago, en el nº 72, había otra fabrica de chocolate, bujias de esperma, velas y blanqueo de cera a nombre de los hermanos Yarnoz. En los años 50 y 60 aparece como pastelería, confitería y fabricante de velas bajo la razón social  de Herederos de Ramón Yarnoz. Por último,  para acabar el repaso de este lado de la calle no dejaré de mencionar  las fondas u hostales de María Maisterrena en el nº 24, la Bidasotarra (que también explotó Francisco Aguerralde), de  José Echeverría en el nº 34-36, la popular Fonda Aragonesa, y de Rafaela Amostegui en el nº 72.

Nos pasamos al otro lado de la calle, al lado de los impares,  y empezamos,  igualmente, por el comienzo, muy cerca de la plaza del Castillo, plaza que dejaré para la última de las tres entregas de esta serie de Comercios del Viejo Pamplona. Me permitirán una aclaración previa. En el plano de Manuel Ronchel de 1927 el nº 1 de San Nicolás comienza con la calle propiamente dicha y no con las escalerillas, sin embargo en lo años 50 el nº 1 empieza antes, en la esquina de Comedias. Pues bien, en 1908 los dos primeros negocios de los que tenemos referencia son la tienda de chocolate de Manuela Senosiain (con pupilage de caballerías)  y la fonda del botero Babil Landivar en el 5 y en el 7 respectivamente, donde el Otano y el Covirán actual. También en el 7 había un establecimiento de jamones y embutidos. En los años 20, sin embargo en el nº donde hoy está la Heladería Larramendi (ahora es el 3,  antes era el 1) se encontraban la mercería y corsetería con obrador, paquetería y quincalla de Estefanía Amenabar,  (luego Hermanas Amenabar) que hemos conocido en 1908 en el nº 16, al otro lado de la calle, donde El Marrano, además de la zapatería de Carlos Artundo Chavarri que en los 50 se trasladará al nº 9 siendo su titular Josefa Viana, viuda de Artundo.

En los años 30 la mercería de Estefanía Amenábar, ubicada en el nº 1,  vendía confección de señora y tras el matrimonio de una de las hermanas con Guillermo Rothe,  en los años 30,  -que introduce además de confecciones, corbatería y  perfumería-, continuarán,  tras la guerra,  con la corsetería ampliando el negocio al nº 3, de la mano de Estefanía Amenábar y de  Maria del Carmen Rothe Amenábar que continúa, al menos hasta los años 60. Así  aparecen en las guías comerciales de los primeros años 50. En esos años, 50 y 60, en el nº 1 y 3 de la calle aparecía la colchonería de Gabriel Larreta, también vendía tejidos. También en esta época pero en el nº 1 de la escalerillas, donde hoy está el bar Dom Lluis, estaba la sastrería de los Hermanos Palomeque que luego derivó en venta de confecciones. Más adelante abrirían una segunda tienda en Comedias bajo el nombre Marpa (por Martín Palomeque). La familia Martín se introduciría luego en el mundo de la hostelería con la apertura del Dom Lluis, a comienzos de los años 80.

Pero volvamos a los años 30. En estos años  en el nº 3 estaba la barbería de Jesús Gabasi y en los números 7, 13,   27 y 29 (en los años 90 creo que estuvo en el 27 Piccola Moda y en el 29 está desde hace varias décadas Zintos) diversos negocios de cafés tostados al por mayor y menor, a nombre de Zapata y Puy (que se mantiene en los 50), Cafés Iceta y José Alcorta respectivamente, además de otra tienda de frutas y verduras a nombre de Victoria Sagaseta. En los años 50, en el 27 había una tienda de venta de tejidos a nombre de Aurelia García Jimenez. En los años 50, donde hoy está Zintos estaba el ultramarinos  de Severino Azcarate Ansorena y un poco más adelante, en el 31, al lado de la antigua joyería Mateo, -hoy un curioso guardarropía-,  estaba la librería con objetos de escritorio de Antonia Egozcue Urbeltz y en el espacio de la joyería, en el nº 33,  Radio Frías, con Miguel Frías, vendiendo aparatos de radio y luego de televisión al menos en los 50 y 60, y que más tarde encontraremos en Paseo de Sarasate.

Para los años 20 en el nº 5 ya estaba Casa Otano. Este popular establecimiento  fue fundado, en el año 1912 por un vendedor de vinos de Larraga, llamado  Tomás Lino Otano. Lino Otano, empezó en el nº 17 de la Mañueta, con una casa de huéspedes para pasar luego a San Nicolás, con una tasca o casa de comidas complementada con el servicio de fonda, posada o casa de huéspedes. Tras su fallecimiento,  el negocio pasaría  por varias manos, entre ellas las de Severino Larrayoz,  (Sucesor de Otano) y Santiago Echechipia  (Fonda Santiago) su hermano Elías llevaba la casa de comidas,  hasta que en 1929 comenzaron a trabajar en el negocio  Isaac Juanco y su esposa Felisa Galar. Durante un breve intervalo de tiempo, entre 1931 y 1934,   Isaac Juanco debió coger también  un ultramarinos en el nº 3 de la misma calle San Nicolás, quedándose, finalmente, desde 1935, con el servicio de bar (vinos y licores al por menor) y el servicio de restaurante y posada. A Isaac Juanco y su esposa  les seguirían,  en la gestión del negocio,  sus hijos, entre los que destacaría Andrés Juanco, quien,  en los años 50,  conoció a Tere Goñi con la que contrajo matrimonio. Tere será la protagonista del verdadero impulso del negocio. Quedó viuda muy joven, en 1975, a los 38 años, logrando sacar a sus seis hijos adelante, parte de los cuales, Amadeo, Ana y Cristina siguen trabajando en la empresa familiar. En los años 60, en el nº 7 hay constancia en las guías comerciales  de un bar a nombre de Manuel Ochandorena, con futbolines, el Otano no podía ser y el Rio  quedaba muy lejos. ¿Cual podría ser?. Y también en el 7, a la altura del actual Coviran había otra zapatería, ésta de  Tomás Marín.

Volvemos a  comienzos de siglo, en el nº 13 donde hoy está el bar San Nicolás había una tienda de loza entrefina que llevaba Blasa Marqueta,  y al lado estaba  la taberna de Aramendia  que enseguida, pues ya estaba a comienzos de los años 20,   dió lugar a Casa Marcela, por Marcela Elía, Viuda de Iriarte,  con restaurante o casa de comidas y de huéspedes. El negocio con dicha titularidad se mantiene hasta los años 50 en que se hace cargo del negocio  Vicente Saralegui Goicoechea y en los años 60 Anso Eguinoa.  En los años 20, en vez de la tienda de Marqueta había un ultramarinos al detalle, en los 60 una zapatería de Florentina García y en  el nº 15, en donde está el actual bar Río, en los años 20 había una zapatería de Anaut y Compañía (creo que Anaut también tuvo tienda en las calles Comedias y Zapatería) y junto a ella, en el nº 17, había  otra zapatería, a nombre de Antonio Maltrás que continuará en los años 30 bajo la dirección  de Fermín Echarri y que pervivirá hasta los años 50 y 60, por lo menos. Junto a este negocio los propietarios del edificio, los Larrayoz  y más concretamente Fermín Larrayoz Munárriz  regentaba un bar, «El 84» que al menos en los  años 50 y 60 todavía estaba abierto, información  que  Miguel Angel Larrayoz me confirmó hace algún tiempo en un encuentro con él en la calle. En los años 50 ya encontramos en el nº 19 aunque el negocio es muy anterior, por lo menos desde finales de los  30,  a Pescadería  Cipriano de la mano de Cipriano López y luego de su viuda,  y en el primer piso ya estaba en los años 50 el restaurante Vegetariano, de la mano de Julio Jaca Lacunza y que desde hace muchos años regentan con su buen hacer Roberto Monreal y Coro Ciaurriz. En la foto que adjunto al párrafo,  cedida por José Castells Archanco, y que es de 1944 sale el alcalde de Pamplona, entonces, D. Antonio Archanco delante de la pescadería Cipriano, redescubriendo una placa que se colocó en la casa donde nació Sarasate,  con motivo del centenario de su nacimiento. Donde estuvo inicialmente el Rio, en el nº 11 y actualmente se encuentra el Basoko Taberna, estaba la tienda de calzado de Leandro Osta,  que se mantiene en los años 50. El bar Rio se fundó en 1963. Recordamos su origen: hemos visto en al anterior entrada que en  la calle San Gregorio estaba el Bar Orbaiceta, propiedad de la familia Barberena. Había dos hermanos que trabajaban para el padre, uno de ellos se quedó allí en San Gregorio y abrió el Museo y el otro hermano, Joaquín, se vino a la calle San Nicolás y fundó el Río. Joaquín fue el primero en hacer el frito de huevo, luego se lo pasó a su hermano y los dos trabajan el frito del huevo. Así es que el huevo del Rio y del Museo tienen un origen en común. A continuación, a comienzos de siglo, había un par de tabernas, la de Wenceslao Valencia en el nº 23, donde la Casa del Bacalao y la de Narciso Bearan en el 25, negocio hostelero que  continua en la actualidad y que regenta desde hace años la familia Azanza. En el nº 21 estaba la cuchillería de Marcelino Tellería, curiosamente, entonces, con venta de productos al por menor de perfumería.

El origen de Casa Bearan se remonta a 1902, empezando, como otros muchos hosteleros de la época vendiendo vino y aguardiente, osea la típica taberna que derivó en figón con servicio de comidas e incorporó más tarde la fonda para el servicio de huéspedes. En 1921,  Bearan traspasó el  negocio a Agapito Viscarret que mantuvo los usos tradicionales del local: la venta de licores al por menor y el de restaurante para el servicio de comidas. En 1934, cambiaba la titularidad del local, cogiendo las riendas del negocio  Pablo Vallano y en 1935 lo hacía Marcelino Huarte que continuará hasta finales de los años 40. Durante los años 50 y   60 regenta el Bearan Marcos Sanz Zubiría. En el 37 donde después, desde 1922 y hasta 1927, Victoria Seminario abriría la mercería «La Victoria», a primeros de siglo había una tienda de frutas y verduras, la regentaba Isaac Sánchez que luego se trasladó al nº 10 de la calle y justo antes, en el nº 35,  en los años 30, estaba  la carnicería de Borda y Cía y más tarde de Pascual Iriarte Ezcurra que en los años 50  regentará Julio Yoldi Huarte. Tras Victoria Seminario la mercería del nº  37 fue arrendada por Juan Guiu y posteriormente por su viuda hasta 1970 en que se hizo cargo de la tienda  Beatriz Sarasibar Mendive, conociéndose, desde entonces como Mercería Beatriz. En la plaza de San Nicolás había en los años 20, como hoy y en el mismo lugar, una barbería que entonces se llamaba «Barbería Moderna» tal y como aparece en una fotografía de la época. La llevaron en épocas consecutivas Lucio San Martín y Cándido Pemán. En los años 50 y 60 no había menos de media docena de peluquerías en esta calle (Lanas, Arriazu, Echarri, Torres, fueron algunos de sus apellidos). A  lado de la barbería de Pemán, estaba la zapatería de Eusebio Aragón (luego Herederos de Eusebio Aragón) que permaneció hasta bien avanzados los años 60.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: calle San Nicolás. Años 70. Sin filiar, Nº 2 y Nº 8: Bar Irañeta y calle San Nicolás. Años 50. Archivo del antiguo bar restaurante Baserri. Nº 3: Fotopostal de A.de León (1900-1920),   Nº 4: Cruce de San Nicolás con Comedias y Pozoblanco. Foto Inge Morath. 1955; Nº 5: Calle San Nicolás. Jesús Martínez Gorraiz. Mediados de los años 40. AMP, Nº 6: Escalerillas de San Nicolás. 1957-60. Ramón Massats, Nº 7: El alcalde de Pamplona, Antonio Archanco,  descubriendo una placa en el centenario de su nacimiento, en la casa que le vió nacer, en el nº 19 de la calle San Nicolás. 1944. Archivo de José Castells Archanco. Nº 9: Fotopostal de Luis García Garrabella (Años 50)