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El comercio del «bebercio» en el Viejo Pamplona a lo largo del siglo XX (1900-2000)

Prosigo con esta subserie de los comercios del «Viejo Pamplona» que revisa determinados gremios. En esta ocasión repasaré aquellos establecimientos que vendían o fabricaban con carácter específico o principal bebidas, ya fuesen alcohólicas o espirituosas. Como dije al hablar de las librerías esta no es una entrada cerrada, probablemente me haya olvidado de  algunos nombres. No están todos los que eran pero si los más importantes.  Por esta entrada desfilan un buen número de bodegas de vinos y licores, tiendas de bebidas, fábricas de gaseosas,  cervezas y refrescos, entre otras actividades relacionadas. En muchos casos los establecimientos desarrollaban diferentes actividades asociadas como veremos: bares o tabernas que fabricaban sus propias gaseosas, fabricas y depósitos de cervezas que fabricaban y vendían hielo, fábricas de alcoholes, almacenes de vinos, tiendas de ultramarinos o chocolates, almacenistas, distribuidores varios. Adéntrese conmigo en el recuerdo de nombres y marcas asociadas a otra época, a otro Pamplona. Seguro que muchos de ustedes tendrán más de un recuerdo vinculados a ellas.

Fábricas de gaseosas

No podemos citar las gaseosas sin hablar también del agua de Seltz que hemos conocido habitualmente con el nombre de sifón.  El topónimo de Seltz aludía  al manantial de una ciudad francesa con ese nombre donde afloraba un tipo de agua mineral carbónica, acidulada, alcalina y con alto componente en hierro. Desde mediados del siglo XIX comenzaron a fabricarse artificialmente aguas de Seltz o aguas carbónicas, carbonatando el agua con ácido tártrico y bicarbonato sódico. El procedimiento se simplificaría más adelante con la invención del gas carbónico. Junto al agua de Seltz o sifón aparecerían las primeras gaseosas que inicialmente se llamó limonada gaseosa por la presencia de limón y ácido cítrico.

Al parecer el primer fabricante de gaseosas en Navarra fue Gaspar Merkel que abrió una fábrica de cervezas y gaseosas en 1857, en el nº 24 de la calle Mercaderes, y que seguiría su hijo Valentín. En los primeros años del siglo XX había en torno a una decena de fabricantes de gaseosas en toda Navarra y de ellos cuatro en Pamplona. Siguiendo un orden cronológico nos encontramos en primer lugar con  Esteban San Román quien, en 1874, era titular de un café en el nº 5 de la plaza del Castillo,  y en el mismo local tenía ya una fabrica de bebidas carbónicas, gaseosas y agua de seltz, actividades que trasladó en 1899 al nº 7 de la calle Espoz y Mina y 66 de la Estafeta, las gaseosas comercializadas  bajo el nombre de «La sin rival». Esteban muere en 1907 haciéndose cargo del café  su hijo Sixto  y de la fábrica su yerno Pedro Fernández. En 1909 muere éste y el negocio lo hereda la viuda, hija de Esteban y hermana de Sixto. Al poco tiempo, en 1910 Sixto  se hace cargo también de la  fábrica. Posteriormente hay sucesivos traspasos del negocio hasta 1920 en que la asume de nuevo y definitivamente Sixto que continuará  fabricando bebidas carbónicas hasta los años 50.

En los albores del siglo, entre fines del XIX  y 1904,  nos encontramos también con Miguel Goñi, en el nº 81 de la Estafeta. En ese lugar además de la fábrica de gaseosas nos encontramos con una bodega de vinos y un bodegón o figón en el que se servía vino y platos sueltos. Imaginamos por lo tanto que tanto los vinos como  las gaseosas fabricadas serían mayoritariamente para el autoconsumo en el figón o para llevársela comprada de la bodega. La fábrica funcionó poco tiempo, hasta 1909, en que traspasó el negocio, tanto la fábrica como el figón, a Fernando Lusarreta quien forma junto a Martín Echegaray, Domingo Sierra y Félix Odériz la sociedad Lusarreta y Cia creadora de la fábrica de gaseosas «Los tres amigos».  Convierten el figón en café bar y comienzan a elaborar gaseosas y sifones que, con esa marca, funcionan hasta 1922. En 1918, Félix Odériz abandona la compañía y funda junto a su padre Serafín y su hermano Gregorio, la empresa Gaseosas Odériz, con fábrica en la calle Estafeta. Disuelta la sociedad, Lusarreta se queda como único titular y crea Gaseosas Lusarreta, con domicilio en el nº 49 de la Estafeta, allí donde también estaba el bar Lusarreta que luego, en los años 30,   se trasladaría al nº 71 y que ya hemos visto en la entrada dedicada a la calle Estafeta. En 1944 muere su titular y la fábrica pasa  a su viuda y posteriormente a sus hijos. Continua la actividad hasta 1971 en que cierran el negocio después de más de 70 años de vida.

Por su parte Gaseosas Odériz se instaló en el nº 32-34 de la Estafeta. Fallecido Serafín en 1922, la sociedad conoció diferentes denominaciones (Viuda de Odériz, Odériz Hermanos, Viuda e Hijos de Odériz, etc). En los años 30 fallece la viuda, Úrsula Belascoain  y también su hijo Felix, quedándose al cargo Gregorio Odériz que traslada en los años 40 la fábrica del Casco Viejo hasta el nº 10 de la calle Sangüesa, esquina con Navarro Villoslada. A mediados de los 50 crea la marca de refrescos Kyns, que llega a competir con la  vitoriana Kas. En octubre de 1958 traslada la fábrica a González Tablas. En 1963 fallecía Gregorio Odériz y se iniciaba la construcción de la fábrica de la avenida de Guipúzcoa donde trasladaron la producción en 1965. En esa época la lucha y la competencia con La Casera por controlar el mercado es muy fuerte. En 1968 ambas empresas llegan  a un acuerdo por el cual Odériz fabricaría los productos de La Casera en la planta de la avenida de Guipúzcoa, si bien Odériz  continuó  fabricando refrescos y sifones bajo sus propias marcas.  Gaseosas Odériz S.A se convierte a lo largo de estos años en CANASA (Carbónicas Navarras S.A.). La planta cerró sus puertas en enero de 2005.  Con su cierre ponía punto y final  a  una dilatada historia empresarial de casi un siglo.

También entre finales del siglo XIX y 1904 debió abrir la fábrica de gaseosas de  Miguel Aldaz, en el número 10 de la calle Navarrería, que también regentaba una taberna y vendía vino por decalitros en la misma calle, concretamente en el nº 6. A partir de 1918 aparece el negocio a nombre de Aldaz Hermanos (los de la calle Ciudadela) para luego, a partir de 1920, pasar a manos de Aniceto Goñi. Aniceto también adquirió la taberna y el almacén de vinos, si bien en 1929 trasladó su producción al nº 15 de la misma calle  continuando su actividad hasta 1938 años en que le sucede su hija Josefa Goñi Belzunce. En los años 40, Josefa  traslada la fábrica al nº 18 de la calle San Nicolás, donde permanecería hasta 1969, año en que cierra definitivamente.

Al hablar de Odériz en la Estafeta algunos lectores del blog me rogaban que no me olvidase, por favor,  de esta entrañable gaseosa pamplonesa. El negocio de Gaseosas Lafaja se debió fundar o al menos tener su origen familiar en 1895 pero no tengo constancia cierta de ello. Sin embargo hay algún rastro en los anuarios comerciales de aquellos años.  En 1908 aparece Manuel Lafaja como vendedor de vino por decalitros,  con domicilio en el nº 9 de  la calle General Moriones (actual Pozoblanco).  En 1921 se  traslada la  actividad al nº 4 de la calle San Agustín bajo el  nombre de Herederos de Manuel Lafaja.   En  1925 José Lafaja Izu instalaba su fábrica de gaseosas en el nº 4 de la calle San Agustín, donde también había un almacén de vinos.  En 1932 aparecía en ese mismo lugar una taberna a su nombre.  José continuó con la fabrica en esta calle hasta 1943 en que se trasladó al nº 16 de la calle Merced. En esta ubicación se mantuvo hasta 1969 año en que José dejó la actividad tras 44 años de funcionamiento. Debió tener alguna disputa con la marca madrileña La Casera ya que, a finales de los  años 40,  comercializó, durante poco tiempo, una gaseosa con ese nombre y tuvo que registrar   su propia marca, Gaseosas Lafaja, en mayo de 1945 si bien, lo que es el destino,  en 1965 formaría con La Casera la sociedad Carbónica Pamplonesa S.A construyendo una planta en la avenida de Villava que fabricaría con esa marca, La Casera, y en ese emplazamiento hasta 1968, año en que La Casera se fusiona con (o absorbe a) Gaseosas Odériz y la producción se traslada a la planta que esta firma tenía en la avenida de Guipúzcoa, quedando tan solo la producción de Schweppe´s en la planta de la Avenida de Villava.

En 1900 Luis Ros, dueño de un almacén de coloniales y una bodega de vino establecía en la calle San Gregorio una fabrica de cervezas y  de hielo, si bien he de decir que en el Anuario Comercial de 1908 el domicilio fiscal de la actividad aparecía radicado en el nº 32 de la calle Zapatería. Ese año Luis pidió permiso al Ayuntamiento para construir una fábrica de cervezas, también fabricaría gaseosas, hielo y sifones, en el nº 3 de la calle General Chinchilla donde hoy está la Jefatura Superior de Policía de Pamplona que se inauguró bajo el nombre de «La Moderna». Luis murió en 1908 pasando el negocio a su viuda, fallecida en 1937 e hijos. En 1915 desaparecía   la inicial marca de cervezas «La Moderna» y a partir de 1929  aparece la marca Cruz Azul. En 1966, bajo la dirección de los hijos de Manuel Ros la fábrica se trasladó a Landaben, cesando la actividad siete años más tarde, en 1973. El  edificio de la antigua fábrica de la calle General Chinchilla se derribaría en 1980.

Como he dicho al comenzar la entrada y hemos visto la fabricación de gaseosas aparecía vinculada en muchas ocasiones a otro tipo de actividades como la fabricación de hielo o de cervezas, la distribución de bebidas, bodegas, almacenes de vino, chocolaterías-confiterías, tiendas de alimentación y establecimientos hosteleros. Hay así  otras personas vinculadas al negocio de la fabricación de gaseosas y la hostelería:  por ejemplo, Matías Anoz, con su casa Marceliano. En 1919 Matías Anoz Etulain, dueño fundaba junto a su padre Marceliano Anoz una fábrica de gaseosas en el nº 16 de la calle San Lorenzo, en el mismo lugar donde este  tenía una tienda de venta de vinos. El negocio perviviría hasta 1931 con diferentes titulares pero siempre dentro de la familia. Otros negocios de hostelería como el Café Iruña o el Café Suizo también elaboraban sus propias gaseosas en los sótanos del local para el consumo en sus establecimientos. El Iruña lo hizo desde principios de siglo hasta 1969. El Café Suizo de Matossi y Cia lo hizo desde 1908 y hasta 1952, año en que cierra sus puertas  y contaba además con un almacén de vinos generosos y champagnes así como una pequeña fabrica de anisados y licores. Recordemos que de su fábrica de licores en la Rocha (Marcelo Celayeta, nº 18)  surgiría a partir de los años 50  Baines, de la mano de Daniel Baines. Desde los años 30 aparece en el nº 29 de la calle Estafeta la fabrica de hielo de Pilar Apat. Posteriormente aparece como titular Julio Soto Perez con la misma actividad, fabrica de hielo y también depósito de  cerveza,  la de la guipuzcoana “Cervezas El León”. La actividad se mantendría con él y/o sus herederos hasta finales de los años 60.  En 1971, se instalaba en estos números, como ya he señalado en otras entradas del blog,  Tejidos Rodrigo.

Entre 1925 y 1927 aparecía también como fabricante de gaseosas y sifones Aurelio Tubía que tenía su fábrica en la avenida de Villava, actual avenida de Marcelo Celayeta y que trasladó posteriormente su actividad a la avenida de Carlos III. En 1928, Martín Uzcarré era titular de un almacén de vinos en el nº 21 de la calle Navarrería. Comercializó la marca  Gaseosas Uzcarré hasta 1939. A Martín le sucedió su hijo Marcelino. Distribuía bebidas y producía espumosos   y sidra achampañada con el nombre de «San Martín». En 1946 abrió un café en el nº 16 de la calle del Carmen. Desde 1963 pasó a pertenecer al grupo de gaseosas Sanitex que desde 1968 comercializaría la marca Konga si bien todavía en 1967 seguía fabricando sus propias gaseosas.

En 1929 Elías Echechipia instalaba una máquina para elaborar bebidas carbónicas en su taberna del  nº 18 de la calle San Nicolás, conocida como Vinos El Cosechero, pues anteriormente hubo allí una bodega de vinos.  Elaboraron gaseosas y sifones para el autoconsumo hasta 1933. No obstante revisando los anuarios comerciales de esta época en 1932 aparecen en el nº 16 Vicente Echechipia y Javier Sanz, este último  cosechero y fabricante de chacolí. En esta ubicación se encuentra actualmente el bar El Marrano. Elías Echechipia también aparecía como titular de una taberna en el nº 28 de la calle Calderería. Durante unos pocos años, en los 40, debió fabricas gaseosas Marcelino Llorente en la calle San Lorenzo. En 1951, Francisco Blanco Soraluce instalaba su fabrica de gaseosas en el nº 65 de la avenida de Carlos III bajo el nombre de Espumosos Arancha. A finales de la década se trasladaba a Mártires de la Patria, actual Castillo de Maya cesando su actividad en torno a 1963. En el inicio de los años 60 se instalaba en el nº 10 de la travesía del Ave María la Sociedad Anónima de Bebidas Carbónicas, que yo conocí en mi niñez como los depósitos del Kas.

Fabricas y bodegas de vino, licores y otras bebidas alcohólicas

Puede decirse al igual que he dicho con la fabricación de gaseosas,  que al comenzar el siglo, existía  una abigarrada mezcla de actividades en el sector del vino y los licores: había tabernas o  tiendas de alimentación que  vendían vinos, y de entre estos algunos tenían bodega e incluso los fabricaban. Así, a primeros de siglo (1904-1908),   tenemos conocimiento de la taberna de Miguel Muniain en el nº 16-18 de la calle San Miguel. Fundada en 1886 por Miguel Muniain, si bien desde 1879 tenemos a Mateo Muniain Reta vendiendo vino en el citado lugar. Enseguida el establecimiento se especializará en la venta de vinos al por mayor y menor y no solo de vinos, pues en los años 30 también aparecía  como almacén de vinos y  depósito de champan,  vendiendo además licores y ampliando el local hasta  el nº 20 de la citada calle. Hoy en dia sigue a cargo del negocio la tercera generación familiar, formada por José Ignacio y José Antonio Murillo. Cerca del cruce de Cuatro Vientos, había una especie de posada regentada por Domingo Eugui, la casa se conocía popularmente como la de Domingo Chiqui. Domingo era el padre del industrial Carlos Eugui y Barriola, fundador en 1927 de la famosa Azucarera de Eugui que fallecerá en 1956 y que continuarán sus hijos. Pues bien, a principios de siglo Domingo Eugui también aparecía en el epígrafe de vendedor de vinos y al poco tiempo aparecerá su hijo como  vendedor al por mayor de vinos y fabricante de alcoholes y licores.

Junto a él aparecían como fabricantes y vendedores de vino al por mayor y menor Antonio Erice (C/Dos de Febrero, 3, hoy Comedias), Gabriel Sarasa (C/Mártires de Cirauqui, 5, hoy San Antón) y Agapito Peralta (Sarasate, 26 y San Miguel, 22) que también vendía aceites al por mayor, de los cuales tan solo Muniain, Eugui y Peralta continúan a lo largo del tiempo. Vendían vino por decalitros además de los que cité cuando hablaba de las gaseosas otros comerciantes como Miguel Anocibar (Mayor, 55), Daniel Apesteguía (Zapatería, 36), Esteban Arraiza (Ciudadela, 11), Hermanos Catalá (Sarasate, 14), Modesto Elizondo (Mayor, 37), Marcos Gil (Navarrería, 21), Dámaso Martínez (Jarauta, 69), Francisco Navarlaz (Martires, 48), Silvestre Sanchez (Estafeta, 23)  José Tejada (Estafeta, 41) y Lázaro Urmeneta (Jarauta, 19) y licores al por menor Jenaro Pascual (Constitución, 4) y Herederos de Elías Osinaga (Navarrería, 3).

En los años 20  descubrimos en los anuarios comerciales muy conocidos nombres relacionados con la venta y almacén de vinos como el Taberna Hermanos, con tienda en el nº 3 de la C/San Antón (vendiendo al por mayor) y el nº 1 de San Lorenzo (venta por decalitros) que, más adelante, contó con una nave en San Jorge, muy cerca de la Estación del Norte o la Sociedad Mercantil Vinícola Navarra conocida por su vino Las Campanas, primero en el nº 19 de Paseo Sarasate y en los años 30 en el nº 4 de la Avenida de Roncesvalles. La Sociedad Mercantil Vinícola de Campanas fue fundada en 1864 por los hermanos labortanos Mihura y  fue la primera gran sociedad productora y comercializadora de vinos y licores de Navarra. También cabría recordar el establecimiento de Aldaz Hermanos, en el nº 11 de la calle Ciudadela que también fue taberna y que tras la guerra dirigió  Miguel Aldaz hasta finales de los años 60. De hecho hasta  hace bien poco estuvo allí el Bar Espejo, abierto a comienzos de los años 80 tras  16 años de inactividad económica en el local. También encontramos  a Patricio Taberna en el nº 10 de la calle Mayor con taberna en Santo Andía, que abriría más adelante un gran almacén en la Rochapea. En la Rochapea, desde los años 30 nos aparece el nombre de Ozcoz y Compañía,de hecho  hasta nosotros ha llegado el topónimo del Grupo Oscoz o Casas de Oscoz, como un lugar emblemático de la Vieja Rochapea, y que estaba muy cerca de donde se hallaba la Bodega de Oscoz. En los años 60 encontraremos también en la Rochapea (Grupo El Salvador) a Pedro Asurmendi. Fabricantes de chacolí eran  Vicente Echechipia y Javier Sanz, Manuel Izu, Manuel Iribarren y Javier Subiza.

También vendían vinos al por mayor en los años 20, la Vda de Yarnoz e Hijos en la calle Comedias, 5, entonces Dos de Febrero y de vino por decalitros, José de la Fuente, donde décadas después se ubicaría la Farmacia Castellot. Al por menor vendían también Demetrio Cebrian y Vda de Consyaga en San Lorenzo, Silvestra Ramírez en San Gregorio, 32, Mariano Barón en Nueva, 87, Bernardo Arroyo, en Descalzos, 61, Simona Echeverría en San Agustín, 20, Agustín Idoate en Estafeta, 7, Elías Goñi en San Miguel, 5, Herederos de Gregorio Fuentes en Comedías, 15 y Vda de Eraso en Eslava, 7. Uno de los más importantes almacenistas de vinos y champán fue  José María Ibañez  ubicado en el nº 73 de la calle Nueva, en los anuarios comerciales consultados aparece al menos durante cerca de 30 años, los que van desde mediados de los años 20  a mediados de los  50 (1953). Ese mismo lugar aparecía, asimismo, como domicilio de  Bodegas Navarras S.A. Antonio Ibañez me confirma que en efecto José María Ibañez  era su abuelo, el tafallés José María Ibañez Alcalde y que él recordaba,  de chaval,  que tenía  una  preciosa  tienda en la esquina de la plaza de San Francisco con  Eslava que debió estar abierta por lo menos hasta 1953, yo por las indicaciones de los anuarios comerciales que hablan del nº 73, supongo que estaría en el local que ocupa actualmente Textiles Blanco, pudiéndose entenderse esta zona como prolongación de la calle Eslava o como principio del Pasaje a la calle San Miguel. Parece ser que el primer champagne elaborado en Navarra lo hizo su abuelo José María en Tafalla, en el año 1907, embotellando su producto con la marca Ezcaba ya en Pamplona, y en sociedad con otras personas, imagino que  a través de Bodegas Navarras S.A. Por cierto y hablando de champán de la tierra recuerdo que en los Sanfermines de mi infancia  se ponía en el Paseo de Sarasate, junto a la Audiencia, una caseta del champán Karry, de Bodega Carricas de Olite. Por otra parte, desde los años 50 y hasta finales del siglo XX creo recordar había una tienda de bebidas en el nº 35 de la plaza del Castillo, que se llamaba «Solera»

Aunque afincada en Villava, no podemos olvidar, de hecho tenía una tienda en plena plaza del Castillo, en el nº 12, a Hijos de Pablo Esparza, fabricantes del conocido anis Las Cadenas. Parece que su actividad se inicia en 1872 de la mano del matrimonio formado por Pablo Esparza y Eufemia Bornás que se trasladaron de Falces a Villava en 1885. A estos les sucedieron, tras la muerte de Pablo, en 1918, sus hijos Teófilo y Pedro, este último murió en 1939 y le sucedió su hijo Pablo Esparza Lacunza que falleció en 1968 y al que sucedió su hijo Pablo Esparza Apat fallecido, a su vez, en 1986. En 1919 nacía Anis Las Cadenas. Además de anis vendían licores, vino, aceite, coñac, ron, moscatel y vermut. En 1940 se fusionaron con Bodegas Navarras S.A que en los años 30 fabricaba vino y champan. De hecho en los años 40 y 50 era muy popular su champán Ezcaba, la última botella salió de fábrica en 1966.  En 1972 lanzaron su pacharan Basarana y en los años 90 los licores de frutas y más tarde los orujos de hierbas y el whisky peché. Hoy dirige la empresa la quinta generación que vende sus productos a quince países. Es uno de los pocos casos en los que una industria local no ha sucumbido a las fusiones con grupos nacionales o internacionales

En torno al año 1940 o 1941  el tafallés Antonio Ibañez Alegría fundaba en el nº 28 de la calle Estafeta, Bodegas Ibañez. Las notas y  valiosas fotografías que incorporo en esta parte de la entrada proceden de su hijo Antonio Ibañez Basterrika que estuvo en el negocio familiar desde 1960 hasta los años 90. De aquellos años en los que estuvo en la tienda recuerda Antonio el ultramarinos de Leocadio Urtasun, cerca de la bajada de Javier, el zapatero remendón que había cerca de donde está La Casa del Libro o la fonda La Barranquesa. Los Ibañez eran almacenistas de vinos, vendían y producían licores, vinos, gaseosas, gasificaban vinos, etc. En la gasificación de vinos además de los Ibañez no debiéramos olvidar a Juan Roig en la Milagrosa, Benedicto Barandiarán en Navarrería y Jerónima Sorbet en la Taconera.  Los nombres de las marcas de los productos que comercializaba Bodegas Ibañez hablaban bien a las claras de su origen familiar: la sidra Mirentxu, se le dió tal denominación por el nombre de su hermana Miren Uxue;  las cuatro primeras letras de KRAMS se correspondían con las iniciales de los nombres de los hermanos de su padre (Karmen, Rufino, Aurea, María..), Gares o  Puente la Reina, era el nombre del pueblo de su madre Sagrario.  Otros productos eran  el vino quinado San Fermín, el   cava Imperial Sillery, la sidra achampañada Bidasoa, del que les muestro una rara etiqueta, anterior a la sidra Mirentxu y que fue fabricada aproximadamente entre 1942 y 1958, según señala Antonio Ibañez Basterrika. Agradezco a Antonio su generosa aportación gráfica a  este blog y le animo a compartir mucho más recuerdos e historias sobre el negocio familiar.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Trabajadores de Odériz junto a su camioneta de reparto. Archivo Angel Odériz. (1957) , Nº 3: Anuario General del Comercio, de la Industria y de las Profesiones, 1862. Nº 4: Lau-buru, diario de Pamplona 29/05/1884. Nª 9: Anuario Industrial y Comercial de Navarra. 1908. Nº 11. Café Suizo. Foto sin datar ni filiar. Nº 12: Calendario de bolsillo de Cervezas El León. 1966. Nº 20: Anuario Industrial y Comercial de Navarra. 1908. Nº 21. Certificado de Oscoz y Cia. 1946. Nº 22: publicidad de Vino Taberna Hnos (1945-1950).  Nº 24: Sucursal de Aldaz Hermanos (1912). Colección Arazuri. AMP, Nº 25: Publicidad revista de champán Ezcaba 6-10-1946. Nº 26: Publicidad de Anis Las Cadenas inserta en una Hoja suelta publicada en «Madrid en la mano». Guia Ilustrada de Información general e interesante de la Corte. 1925. Fotos nº 28 a 33 cedidas por Antonio Ibañez Basterrika: Nº 28: Exterior de Bodegas Ibañez, en el nº 28 de la Calle Estafeta, Nº 29: Interior de Bodegas Ibañez, Nº 30: Etiqueta de Sidra Champagne Bidasoa de Bodegas Ibañez, Nº 31: Etiqueta del Vino Gasificado «Valdizarbe» de Bodegas Ibañez,  Nº 32: Etiqueta del vino tinto «Garés» de Bodegas Ibañez, Nº 33: Etiqueta del vino quinado San Fermín de Bodegas Ibañez

Participa en el blog: Calle Santo Domingo (1963)

Me hace llegar Mikel Aoiz Iriarte este par de fotografías de la calle Santo Domingo en 1963. Tanto en la primera como en la segunda aparece la tienda de su padre Angel Aoiz (Ultramarinos Aoiz) que estaba en el nº 17 de la calle junto a la peluquería de Andrés Arbea. En la primera foto, nos dice Mikel, aparece además, él junto a su hermana, delante de la tienda de su padre. Gracias, en primer lugar, a Mikel  por las fotos, que vienen a engrosar, espero se anime más gente,  la sección «Participa en el blog» y como lo prometido es deuda, amigo Mikel, voy a hacer un breve resumen de lo que sucedía aquel año en nuestra ciudad y en el mundo y por supuesto lo que podíamos ver en tu querida, nuestra querida calle Santo Domingo. En 1963, año en que casualmente vine  a este mundo, Pamplona era regida todavía por Miguel Javier Urmeneta que había accedido al cargo cinco años antes. Con él y con Félix Huarte Pamplona y Navarra iniciaron el camino del desarrollismo económico, industrial y urbano que algunos empezamos a conocer en nuestra más tierna infancia. Fruto del desarrollo económico y del aumento en el nivel de vida de los navarros se incrementó el número de comercios hasta el punto de que para 1968 había más de 8.000 comercios en nuestra comunidad, de los cuales el 30% se radicaban en Pamplona, el mismo porcentaje que  de población representaba la capital respecto al resto de la Navarra. Y dentro de los comercios el sector que más creció durante esta década fue el de la alimentación. Empezarían a desaparecer, sin embargo, a lo largo de los años 60,  multitud de oficios artesanales, como ya comenté en otra entrada del blog: yugueros (curiosamente en esta calle encontramos en este año de 1963 todavía uno), cesteros, alfareros, caleros, carreros, cordeleros, cereros, y un largo etcétera.

En febrero de 1963 se habían iniciado las obras de ensanchamiento de la antigua carretera a Estella, que se llamaría luego avenida de Pio XII. El 3 de marzo se cerraba el Coliseo Olimpia. En su  lugar se construiría el nuevo edificio que albergó hasta hace poco a los multicines Carlos III. El 16 de abril se inauguraba el Hotel de los Tres Reyes, en los terrenos del Bosquecillo, y, a finales de ese año,  se comenzaba a construir el Hotel Maisonnave, que se acabaría en 1965. Este año comenzaba también  a urbanizarse el primer tramo de la avenida de Bayona. El  21 de mayo se aprobaba el proyecto de ordenación de la primera zona de Tercer Ensanche, área que se extendía  entre la zona de Abejeras y el margen izquierdo del Arga. Más de un millar de chicos navarros iban, en el comienzo de la década, para seminaristas. En el medianil de la antigua Casa Seminario se pintaba un mural turístico con los edificios más significativos de la ciudad. El 14 de mayo, se celebraba,  en San Sebastián, el día de las Provincias Hermanas  al que asistieron las primeras autoridades de la Comunidad y,  en septiembre,  se celebraba una fiesta de hermandad entre la Navarra peninsular y la Baja Navarra. El 3 de septiembre el viejo puente  de la Magdalena se quedaba como simple puente  ornamental  al pasar todo el tráfico por el nuevo puente de la Chantrea. Los alumnos de la Universidad de Navarra se trasladaban en octubre desde el Museo de Navarra y la Cámara de Comptos al nuevo Edificio Central,  todavía en obras. Se hablaba de la pronta construcción del pantano de Eugui. La televisión hacía apenas dos  años que se había empezado a ver en Pamplona, con la colocación de una antena en el Monte San Cristobal. Comenzaban a circular los primeros Seat 1500 que fueron seña distintiva de los taxis durante una larga época. Eran los tiempos en que muchas cosas empezaron a cambiar, sobre todo  en  la cultura, la música y la moda, de la mano de los jóvenes. Pero el régimen político estaba lejos de cambiar  a pesar del desarrollismo económico y de cierta aparente política de apertura hacia el exterior.  Este año era ejecutado  Julián Grimau, dirigente del Partido Comunista, por delito continuado de rebelión, «sarcástica definición», 24 años después de acabada la guerra, y cuando los que se rebelaron contra eel poder legalmente constituido fueron ellos  y también fueron  ejecutados en el garrote vil los anarquistas Granado y Delgado, tras un atentado en la dirección general de Seguridad. Pero este es el año también en que mueren algunos grandes personajes como el Papa Juan XXIII o John F. Kennedy, este último víctima de un atentado  en Dallas. En 1963 se calculaba que Pamplona recibía durante los Sanfermines a unos 100.000 visitantes extranjeros.

A comienzo de los años 60, según señala el Censo Comercial e Industrial de Pamplona, había,  donde se ubicaría durante muchos el Bar Orbela, en los años 60 una frutería, la de José Luis Ibarrola. Comenzando por el edificio que había tras la antigua Casa Seminario, en el lugar donde hoy se encuentra la Carnicería Jorge Fernández, estaba, en 1963,  la zapatería de María Teresa Carasa, que yo conocí por lo menos hasta finales del pasado siglo, bajo el nombre de Calzados Carasa. En el lugar donde durante décadas estuvo Bazar Jimenez estaba el negocio de loza y porcelana de María Velaz. La familia tuvo un negocio similar décadas atrás algunos números más abajo, como veremos más adelante. A continuación venía la mencionada tienda de alimentación de Angel Aoiz, que vemos en las dos fotografías de su hijo Mikel. Antes de Angel Aoiz  y, a tenor de lo que dice el Anuario Comercial de aquellos años  regentó  la tienda Blanca Murillo Lorente. Tras la tienda de Angel Aoiz venía la famosa peluquería de caballeros y señoras de Andrés Arbea, donde luego estarían la tienda del Portu y el actual negocio de arreglos Descosidos. Luego, en el nº 21  venía la alpargatería  de Sebastián García. Reproduzco, con afán completista,  lo que decía en la entrada anterior de la calle Santo Domingo,  respecto del período 1908-1953.

«En el nº 23-25 donde hasta hace poco estaba la inmobiliaria Casco Viejo, y la agencia de viajes Libre Destino, desde primeros de siglo encontrábamos al ebanista y tapicero Esteban Osacar al que siguió durante los años 40 y 50 el también tapicero Sebastián Osta. Algunos años atrás, a comienzos de siglo, por allí estaban, también, la alpargatería de Valentín Erice que en los años 20 cogió Sebastian García (sic) y tras él, la barbería de Claudio García que, en los años 20, regentaba Emilio Caballero que continuó con el negocio en los años 30 e incluso pasados los 50 si bien, desde los años 30, en el nº 25. Luego estaba, en el nº 27, Vda de Martín Jauregui con un negocio de lana en rama y pieles del país sin curtir que, en los años 20, aparecerá como Herederos de Jauregui, y que continua en los años 40 bajo la razón social de Juan Casanave y Cia, con el mismo objeto social y a la que sigue, en esos mismos años, un negocio de loza y porcelana, otro más de cacharrería, dirigido, esta vez, por Martin Velaz». También en el nº 27 figura, en 1963 la hojalatería de Juan León Ulibarri. Donde hoy se encuentra la Librería Abarzuza estaba desde los años 40   la tienda alimentación de Miguel Huarte Aldaz. A continuación, donde hoy se encuentra la tienda de disfraces y petardos Halloween,  estaba la tienda de venta de periódicos y revistas de María Los Arcos.  En 1908 encontramos en los números 33-35 una taberna regentada por Vicente Ardanaz,  precisamente donde hoy está Alimentación Gloría, si bien en los años 20 aquí, en este local,  se radicó   Calzados Gembero que permaneció  en este lugar  hasta la guerra, como bastero, antes de abrir la zapatería de la calle Eslava. En  el nº 37, en 1963, donde hoy se encuentra Informática San Fermín estaba la zapatería de Martin Esain. Como en otras muchas calles la numeración actual no se corresponde con la de entonces. En el 37 había otro negocio, la frutería de Parra y las Heras; en el 39, uno de los últimos constructores de yugos hechos a mano, José Arcelus y en el nº 41, ya la citaba como existente, al menos desde los años 40 en el anterior post, la frutería de Cecilio González. Ilustran esta entrada, además de las dos fotos cedidas por Mikel Aoiz (de 1963), otro par de fotografías de la época, la última de Juan Gómez para la Agencia Cifra (1969).

Algunos tipos de comercios casi en vías de extinción en el Nuevo Pamplona (2000-2015)

Esta entrada es continuación de otra que escribí hace casi tres años. En aquella hablaba de infinidad de oficios y tipos de comercios desaparecidos a lo largo de los primeros 60 años de siglo. Algunos de aquellos oficios y tipos de comercios eran desconocidos incluso para mi generación. En esta entrada hablaré de oficios y tipologías de comercios desaparecidos o casi desaparecidos y algunos otros que, con enorme heroicidad,  resisten el embate de los nuevos tiempos, las nuevas tecnologías y la competencia de los nuevos formatos comerciales periféricos que son la némesis de la ciudad viva y dinámica que conocimos y que el autor de este blog lucha por preservar día a día y no solo en la memoria. Sin comercios, la vida  urbana  se centrará tan solo  en la actividad hostelera, actividad fundamental y necesaria, complemento perfecto de la comercial,  pero insuficiente en un equilibrado mix pues ya sabemos lo que sucede cuando se rompe el equilibrio y queda solo la actividad hostelera en los centros de las ciudades. Comienzo el repaso. En las últimas décadas ha sido notoria la desaparición de los videoclubs que surgieron, a decenas, en nuestras ciudades entre los años 80 y  90. La apertura de videocajeros, que flexibilizaba el horario de entrega y recogida de aquellas cintas VHS y luego DVDs, -recuerdo que Video Club Cinema llegó a abrir media docena de puntos en la Comarca-, no fue suficiente para hacer frente al todo gratis de la piratería digital y a la cada vez mayor extensión y abaratamiento de las plataformas digitales. El Policarpo de la Avenida de Bayona fue seguramente uno de aquellos videoclubs míticos de los que creo que queda poco más o menos de  media docena de establecimientos en nuestra comunidad.

Casi antes o al mismo tiempo que cerraban los videoclubs en Pamplona lo hacían las tiendas de música. En el Casco Antiguo la última lo hizo en el año 2015, se llamaba Digital y estaba en la calle Estafeta, si bien sobreviven aún algunas tiendas de discos de vinilo como Dientes Largos en la calle Jarauta y Barracuda en la calle Nueva, además de la correspondiente sección de Elkar en la calle Comedias. Antes habían cerrado las dos tiendas del Supermercado del Casette de la calle Estafeta, -hubo recuerdo otra de la misma empresa en el nº 15 de la calle Mayor, Liverpool en Mercaderes y Frudisk en la calle San Miguel.  En su momento llegó a haber más de 40 tiendas de  música en la ciudad. Como a los videoclubs, las descargas por Internet les afectaron terriblemente. En 2006 ya solo sobrevivían una docena de tiendas de música contando las de los centros comerciales. Por el camino se fueron quedando junto a las citadas nombres como Chaston, Fonos,  Radio Far y un largo etcétera. Las librerías resisten,  todavía, con  increíble heroicidad, entusiasmo y buen hacer  esta incontenible avalancha digital. Han desaparecido, en los últimos años, grandes nombres: El Parnasillo, Librería Gómez, Auzolan aunque afortunadamente gente joven con ilusión, como las chicas de la librería Menades,  se han atrevido a abrir hace escasas fechas en el mismo local de Auzolan un  nuevo espacio para la lectura.  Otro tipo de comercio que ha ido desapareciendo ha sido la tienda de fotografía basada única y exclusivamente en el revelado. La aparición de la tecnología digital dejó sin negocio a quien se dedicaba a hacer tan solo una labor mecánica de revelado químico. Solo las pequeñas  tiendas de fotografía profesionales especializadas en el retrato,  la fotografía artística, industrial, publicitaria, etc, o con otros de servicios de valor añadido, con estudio, medios y conocimientos han podido ir sobreviviendo hasta el momento.

Muchas imprentas tradicionales también han ido desapareciendo superadas por la impresión digital y los cambios en los hábitos y prácticas personales y empresariales. Pareciera que ya no se hicieran ni sobres, ni cartas, ni tarjetas de visita… La última crisis económica provocó una enorme criba de  las agencias inmobiliarias que, en los últimos años, parece que han empezado  nuevamente a resurgir, señal de que la actividad edificatoria e inmobiliaria comienza a moverse de nuevo. En estos mismos años de crisis proliferaron como setas las tiendas de Compro Oro que tan pronto como aparecieron desaparecieron, y es que no siempre era oro todo lo que relucía. Lo mismo puede decirse de las tiendas de cigarrillos electrónicos. Conocieron un boom hace un par de años pero hoy no pasan por su mejor momento. La irrupción de internet, la facilidad para contratar viaje y estancia han afectado a muchas agencias de viajes que se esfuerzan hoy en día por darle un valor añadido a su negocio. Han desaparecido también muchas tiendas de informática  independientes a causa de la enorme competencia de los centros comerciales e internet. Solo se mantienen las que ofrecen un adecuado servicio técnico. En tiempos, nuestras calles principales y plazas estaban sembradas de kioskos de prensa y chucherías. Hoy realmente  y repasando mentalmente los que había en la zona centro no sí si queda ya alguno, si el de la Avenida de San Ignacio.

En los años 70 comenzaron a cerrar los cines de los barrios. Hace un par de años cerraba, en un rosario de clausuras sucesivas, desde principios de siglo,  el último cine del centro de Pamplona, el Cine Carlos III. Quien quiera ver una película en pantalla grande no tiene más remedio que acudir a los Golem o a los centros comerciales. Hace años surgieron los cibercafés, cuando las conexiones de internet eran lentas y caras. En pocos años desaparecieron. De dicho rastro comercial solo queda el ciberlocutorio con un marcado carácter étnico y de comunicación allende los mares.  Quedan pocas tiendas de electrodomésticos dentro de la ciudad, ninguna de gama blanca en el Casco Antiguo, tras el cierre de Milar Estafeta y Electrodomésticos Thomas. Quien quiera comprarse un frigorífico si no lo encuentra en la tienda de su barrio tendrá que comprarlo en uno de los grandes establecimientos de las afueras. Quedan pocos talleres de reparación de televisión y sonido y es que a menudo cuestan tan baratos algunos de estos productos que no sale a cuenta su arreglo. En el baul de los recuerdos quedan las imagenes de los vendedores de enciclopedias, -hoy la mayor enciclopedia está en Internet y se llama Wikipedia (aunque no es lo mismo en ninguno de los sentidos)-, los afiladores, barberos,  limpiabotas, deshollinadores, carboneros, y otros muchos.

Tres de cada cuatro tiendas de alimentación han desaparecido en los últimos 30 años, ni que decir tiene de las que conocíamos como ultramarinos y a las que dediqué una entrada en el blog. Hoy nuestros barrios están literalmente colonizados por los supermercados  de las grandes cadenas de alimentación: Eroski, BM, Caprabo, Mercadona, etc que junto a los grandes o pequeños bazares regentados por ciudadanos chinos o paquistaníes constituyen el nuevo paisaje comercial urbano, en  aquellas calles y  locales donde antes estuviese el comercio local de barrio. Han desaparecido casi por completo los zapateros artesanales y lo que conocíamos como zapatero remendón, se impone el compre barato y cambielo pronto, nada de echarle una suelas a los zapatos como se hacía antiguamente para que fuese tirando. Desaparecieron casi por completo las sombrererías y las antiguas sastrerías. Quedan escasos talleres de relojería.  Menguan carpinterías, ferreterías y cristalerías. Se ven ya pocas academias de mecanografía y ninguna sala recreativa que yo recuerde. Se mantiene como he dicho la alimentación y la restauración, la hostelería que es el único sector en la ciudad, capaz de momento,  de hacer frente a la oferta de periferia. Al resto de actividades les cuesta salir adelante frente  a la competencia de internet,  las grandes marcas de distribución y los centros comerciales periféricos. Aunque como todo parece ser cíclico en esta vida, algunos auguran un retorno residencial a la ciudad y del comercio, de todo tipo, al centro. Veremos.  Frente a este enfebrecido cambio que tantos oficios, actividades y tipos de comercios  han dejado por el camino parece que los oficios relacionados con la salud, el cuidado de las personas y la economía digital acapararán buena parte de los empleos y las actividades los próximos años. Y permítanme que acabe la entrada  con un  pequeño detalle de humor negro. Parece que lo único que no tiene visos de sufrir una súbita crisis en nuestro tiempo  son los servicios funerarios ya que  desgraciadamente la gente sigue teniendo  la mala costumbre de morirse cada día. 100.000 millones de personas que nos antecedieron en el mundo y que hoy están «criando malvas» lo certifican.

Fotos por orden de aparición: Nº 5 y Nº 6. Adoquines y Losetas. Javier Muru.

Comercios del Viejo Pamplona: San Miguel (1908-1963)

Vuelvo con la serie «Comercios del viejo Pamplona». En esta ocasión con una calle cortita, la calle San Miguel. Cualquier intento de casar la numeración antigua con la moderna parece imposible, como veremos, pues no hay apenas coincidencias, hay saltos de números en la actualidad, por ejemplo en el lado izquierdo pasamos del nº 7 al 13, probablemente imagino que por fusión o anexión de edificios de viviendas y en el lado derecho hay desajustes entre la numeración antigua y la moderna. Empezaremos por la belena de San Miguel donde aun permanece la Mercería Carmen que aun conserva el nº 2 de la calle como recuerdo de la antigua numeración, la tuvo hasta los años 20 y  donde está su única puerta de entrada aunque el comercio también ostenta el 75 de la calle Nueva, por lo que cabe pensar que pudo tener también entrada por esa otra calle. Antes de la mercería, a principios del siglo,  estuvo en su lugar la alpargatería de Esteban Erro que en los años 30 se trasladó al nº 13 de la calle. Posteriormente encontramos a Droguería López si bien,  a primeros de siglo, estaba enfrente, en el nº 3 de la calle bajo la dirección  de Alvaro López Gómez. La droguería se fundó en 1904 como botica y luego se convirtió en droguería, vendía, además,  aparatos fotográficos. Fue a mediados de los años 20 cuando pasó a su actual ubicación en el lado derecho de la calle, en el nº 2, numeración que compartía con la tienda de Ramón Yarnoz que vendía chocolates, azucares y ceras. En esos años 20  a Alvaro le sustituyó su hermano Emilio que estuvo al frente del negocio hasta su fallecimiento, y al que luego le seguiría su hijo Joaquín hasta 1985. En el nº 4 en donde después se puso López estuvo, a principios de siglo, la carnicería de Antonio Orus vendiendo tocinos, jamones y embutidos, a este le seguiría en los años 20 Pascasio Yoldi, con el mismo género, y en los años 50 Miguel Yoldi y más tarde en los 60 y 70 Regino Setas. A continuación  en el nº 6, donde hoy hay una agencia de viajes, estaba la abacería de Doroteo Barcelo que luego se trasladaría al nº 12.

Como he dicho en los años 20 se recupera la numeración actual, de tal forma que donde hoy está Cool en tiempos estuvo la mercería de las Hermanas Agurruza, negocio que permanecerá dentro de la familia Agurruza hasta al menos los años 60, primero bajo la titularidad de María (Años 30) y luego de Emiliana (Años 50), casi siempre con el mismo género: quincalla (lo que hoy se llamaría bisutería), mercería y paquetería, introduciendo perfumería desde los tiempos de María. En los años 30, en el nº 8, estaba la casa de la familia Arrieta, uno de sus miembros, Juan Manuel fue alcalde Pamplona; aquí,  en este edificio, tenía su sede social la fundición de Apolinar Arrieta. Aparece en las guías comerciales y licencias municipales como fabricante de bombas, fundiciones de hierro y otros metales, construcción de maquinaria industrial y venta de  maquinaria agrícola e industrial. En 1905, en el nº 10, encontrábamos la carnicería de Julio Rodríguez que mantiene el negocio hasta los años 50.  A continuación venía el negocio de venta de cereales al por mayor y por menor de Juana Gallego  que luego  sería ocupada por  la abacería de los Sucesores de Barceló y más tarde por la carnicería de Manuela Erdozain, que hoy es Carnicería Vizcay, con más de 60 años de historia pasando de padres a hijos, posteriormente  la ferretería de Marcelina Irigaray y, atravesando el cruce con San Gregorio,  la taberna y tienda de venta de vinos de Miguel Muniain, al que sustituye Aniceto Muniain ocupando los números 16 y 18, la tienda de venta de aceites al por mayor de Agapito Peralta  (luego Comercial Belo) en el nº 22,  donde hoy está  la pizzería Pulcinella,   y durante mucho tiempo, al menos desde los años 60 estuvo la tienda de bolsos de Manuel  Nagore.

Antes, donde yo recuerdo estuvo la tintorería La Elegante estuvo la zapatería de calzado fino de  Genadia Pascual Hermoso. La tienda de comestibles de Jesús Torrens que permanece todavía abierta en el nº 12 permanece en este lugar al menos desde los años 40, según los anuarios comerciales. El último tramo de la calle San Miguel acababa en la bonita Casa Navasal, aunque no he detectado ningún número mas allá del 22, bueno, no es así, sorprendentemente en los años 60, solo en los años 60 descubro los números 36, 40 y 46, en los dos primeros había una churrería (de Margarita Eguillor) y  sendos bares de Damian Elizalde y José Guerra y una droguería de José Luis Casimiro y una tienda de ultramarinos de Juan María Zabalza. Me choca el salto e ignoro si esta numeración correspondía a la mencionada Casa Navasal derribada a finales de la década de los 60 o correspondían a algún número de la plazuela. ¿Alguien puede arrojar un poco de luz sobre esos establecimientos?.

Si empezamos la calle San Miguel por el lado izquierdo, del mismo modo y sorprendentemente,  a primeros de siglo,  encontramos la zapatería de Eusebio Aragón en el nº 1 de la calle San Miguel, sin embargo, por fotografías, que incluso han aparecido en este blog, sabemos que la zapatería de Eusebio Aragón estaba en la plazuela de San Nicolás, donde desde hace más de tres décadas se encuentra Ortopedia Aquiles.  En el nº 3 estaba como he dicho la droguería López así como la hojalatería de los hermanos Soria que vendían también material de electricidad. En el nº 1 desde la postguerra se encuentra el conocido comercio Colchonería Purroy que inicialmente fue una tienda de tejidos ampliando más tarde su negocio al de los colchones que es en el que finalmente se especializó. A continuación estaba el  ultramarinos de Manuel Lecumberri que en los años 20 se trocaría en venta de vinos y licores a cargo de Elías Goñi, y en los años 30 en la camisería y tienda de confecciones de Manuel Batllori, luego Viuda de Batllori (anteriormente había estado en la calle Zapatería) que a finales de los 40 pasa al otro lado, al nº 8, como Herederos de Manuel Batllori y en los 60 se transforma en Galerías Navarra S.A (bajo el epígrafe de bazar y tienda de venta de confección), en su anterior localización, en el nº 5,   se ubicó desde finales de los 40 la conocida Casa del Maestro (anteriormente ubicada en la calle Nueva), fundada por Nolasco Pérez Ilzarbe  al que sucedió en la titularidad su viuda y luego el matrimonio formado por su hijo Francisco Pérez  Ilzarbe y su esposa Julia Ruiz,  y en los números 7 y 9  estaba, a primeros de siglo, la fábrica de pastas para sopa de Antonio Gayarre, junto a su tienda de coloniales, que en los años 30 regenta Maravillas González y que en los años 50 se dedica  a la droguería al por mayor.

En los años 50 se ubica en el nº 11 con bazar, relojería, bisutería y quincallería José Mendivil Fernández, ahí he llegado a conocer en los años 80, Joyería Lyon, regentada por su hija Maria José, y es que José Mendivil fue el padre de una conocida familia de joyeros y relojeros pamploneses, como Francisco Mendivil (Berna) y Mari Jose Mendivil (Alexander y Mendihur). En los años 30, en el nº 13 hallamos la alpargatería de Esteban Erro y posteriormente la fábrica de chorizos de Mariano Goñi. En la calle han tenido su sede otros conocidos negocios como el de los Gallo (con peluquería, barbería), y sobre todo en las últimas décadas conocidos por el negocio de los callistas, peluquerías como las de Josefa Flor, Mari Carmen Luri, mercerías como la de Carmen Labiano, en el nº 13, sastrerías, perfumerías como la de Angel Santesteban (en los años 30) o tienda de calzado como la de Francisco Elvira, incluso la firma de perfumería Colomer tuvo representación aquí en los años 60.

Fotos por orden de aparición: C/San Miguel. Colección fotográfica de la Fundación Telefónica (1924-1934). C/San Miguel (1968). J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Calzados Aragón. (1934). Galle.

    

Comercios del Viejo Pamplona: Aquellas librerías de antaño (1905-1985)

Inicio una nueva serie de artículos dentro de la sección «Comercios del Viejo Pamplona» y es que además de repasar los comercios que podríamos encontrar en las calles del Pamplona antiguo también voy a ir revisando en varias entradas el devenir de diferentes gremios  y que mejor que empezar con un gremio como el de los libreros que tantos sueños, historias, ilusiones, emociones y conocimientos  nos han transmitido a los pamploneses a lo largo de la historia. Me es particularmente grato comenzar la serie de entradas con este gremio, porque mi temprana afición por los libros se la debo a estos establecimientos, de los que fuí  visitante asiduo durante muchos años y a los que guardo un especial cariño. A comienzos del siglo buena parte de las librerías existentes aparecían vinculadas a negocios como las imprentas, completando, además su oferta con la venta de productos de papelería y objetos de escritorio.

Imprentas, librerías y papelerías (1905-1935)

Este tipo de establecimientos imprimían diversos tipos de publicaciones: folletos, postales, libros,  vendían objetos de escritorio y material de papelería, (por ejemplo dietarios como el que vemos en la foto adjunta), y  también  algunos libros. Pero ojo, no todos ofrecían los mismos servicios, como veremos.  Entre aquellas primeras imprentas-librerías de primeros de siglo estaban la de Nemesio Aramburu ubicada en el nº 14 de la calle San Saturnino que luego, en los años 30,  se trasladaría al nº 16 de Carlos III, ya como Vda. de Aramburu, aunque aun continuaría con la librería de libros nuevos en San Saturnino, (en los años 20 había incorporado la papelería y una de sus imprentas aparecía domiciliada en Nueva, 10); Aramendía y Ónsalo, en el nº 2 de Héroes de Estella con papelería y objetos de escritorio, -donde luego en los años 20 se puso el Banesto- y que luego se trasladaría a San Saturnino, 4; T. Bescansa (luego Vda. de Bescansa)  en el nº 25 de Mercaderes también con papelería y venta de libros nuevos; Erice y García (luego Jesús García), con imprenta y librería, en el nº 31 de Estafeta; Goyeneche, en el nº 37 de Zapatería, con imprenta y librería de libros nuevos, antes de que se derribara el viejo  edificio y se erigiera el actual, donde hasta hace poco estuvo Euskal Piel y durante mucho tiempo Guibert; Hermanos Lizaso en el nº 19 de Mercaderes que, enseguida, desde los años 20, sería la  Imprenta-Papelería Castiella, también conocida como «Papelería Española» que no vendía libros sino únicamente papelería y objetos de escritorio. Otras imprentas que vendían papel y objetos de escritorio, -que no libros-, eran la de Nicolás Marcelino en Zapatería, 31; la de Patrocinio Remirez de Esparza en Mayor, 15 y Juan Sanz en Sarasate, 14 (que luego ocuparía Generoso Huarte y, tras la guerra, Blanca Huarte Zulaica,) y   de Vda. de Velandia,  en San Nicolás, 15. A principios de siglo aparece en el nº 5 de la calle Calceteros   Hijos de Montorio como imprenta, librería y papelería. Como Rubio y otros editó un gran número de postales. Anteriormente había estado en los números 30 y 32 de la plaza del castillo, a la altura del actual Bearin.

En el nº 17 de la plaza del Castillo, donde hasta hace algunas décadas había una barquillería aparecía la librería científica de Roldan Pérez y Cía, luego a partir de los años 30, Vda. de Roldán.  Aparecía con el rótulo de «Suscripciones. Libros y Revistas». Pese a la similitud en el apellido nada tenía que ver con el fotógrafo José Roldán (que se asoció durante algún tiempo  con Félix Mena y que posteriormente lo haría con su hijo bajo la firma Roldán e Hijo). En esta misma plaza, pero en el nº 39, donde está el Banco de la Vasconia, estaba la papelería de Eusebio Rubio, luego Vda. de Rubio,  que les sonará a muchos de ustedes porque en este mismo blog habrán visto algunas de su postales. Fue una de las casas que más postales editó en su tiempo. En realidad el negocio que tenía Rubio a primeros de siglo era el de estanco,  aunque en el padrón industrial aparecía en la sección de papelería y objetos de escritorio. Había estancos y librerías que editaban postales como el mencionado Rubio, el de Faustino Urdaniz, el de Baldomero Zulategui, o el de Estanislao Espelosin o las editaban para ellos otras casas. Y es que había casas que hacían postales para establecimientos del ramo, yo he visto postales de la casa alemana Julius Nagelschmidt para Nemesio Aramburu o  Casildo Iriarte (librería-papelería con sede en General Moriones, 24 y luego, en los años 20, en Plaza del Castillo, 42 al que siguió luego Aniceto Urmiza que continuó  con imprenta-librería-papelería  bajo el nombre de El Secretariado Navarro). También editaba postales la Papelería Moderna del Paseo de Valencia, propiedad de Venancia Ciaurriz que figuraba como librería, papelería y objetos de escritorio. Se encontraba en el nº 8, donde hasta hace 17 años estuvo el restaurante Las  Pocholas. También en el Paseo Sarasate había otra papelería, en el nº 24, a nombre de Modesto Toledo.

En los años 20 y 30, a las anteriores imprentas cabría añadir la de Eduardo Albeniz (también era librería y papelería), con sede primero en el nº 27 de la calle Mayor que se trasladó en los años 30 al Ensanche; la de Higinio Coronas (también librería y papelería), localizada en el nº 12 de la plaza del Castillo; la de Serafín Argaiz en Mayor, 55 (imprenta y papelería); diversas imprentas en Curia (Miguel Mestre), Cuesta del Palacio (Sebastián Esparcia), Nueva (Sánchez Bueno) y Espoz y Mina (Torrent y Santa Cruz) a las que se sumaría posteriormente Ramón Bengaray (Mayor, 86) (tras la guerra Gráficas Iruña); Francisco Indave (Padre Moret, 8) y Unzue, Cristobal y cía (Santo Andía)  además de las librerías papelerías Vda. de Hijos de Alonso, en San Nicolás, 4; Hijas de Díaz en el nº 6 de la plaza del Castillo; Osteriz y Cía en San Nicolás, 20-22 y sobre todo la de Emilio García Enciso, ubicada inicialmente en el nº 1 de Mártires de Cirauqui (actual San Antón), que en los años 30 aparece con varias ubicaciones, como imprenta, Vda. de García Enciso  en el nº 15 de Sarasate y  Emilio García Enciso en San Ignacio 12 y  como librería, Emilio García Enciso en San Ignacio, 14. Algunos periódicos y entidades hacían también otros trabajos de impresión para terceros, al margen de sus propias publicaciones, como La Tradición Navarra (Estafeta, 33), El Pueblo Navarro (Curía, 17-19),  Diario de Navarra (Zapatería, 49) o la imprenta de la Federación Católico Social Navarra, germen de las cajas rurales en José Alonso, 2 que luego se trasladó a las calles San Antón y Ciudadela, la imprenta se llamaría luego La Acción Social; en la calle  José Alonso, 2, también se imprimía el Pensamiento Navarro.

La Casa del Maestro (1932-1998)

En 1932 se fundaba La Casa de Maestro, establecimiento histórico referencial del panorama librero pamplonés. Se abrió inicialmente en el nº 79 de la calle Capitán Mangado (actual calle Nueva) antes de su traslado a su tradicional ubicación en la calle San Miguel, nº 5. Fue fundada por Nolasco Pérez Ilzarbe  al que sucedió en la titularidad su viuda y luego el matrimonio formado por su hijo Francisco Pérez  Ilzarbe y su esposa Julia Ruiz. Cerró a finales de los 90, creo que en 1998. Se dedicó fundamentalmente a los libros de texto, yo recuerdo que buena parte de mis libros de texto los compraba mi madre en esta tienda, al igual que mi hermano que estudiaba en el Ximenez los compraba en la Librería Sánchez «Escudero», de la plaza de la Cruz. Según me dicen los Pérez Ilzarbe abrieron también una librería en el barrio de San Juan, en la calle Martín Azpilicueta. También en los años 30 Antonio Leoz abrió sus primeras tiendas de Mayor 34 (que luego sería Mayor, 10)  y Espoz y Mina, 11; esta última se trasladaría, en los años los 50,  al nº 21 de  la plaza del Castillo. Desde hace décadas se encuentra en el nº 38.

Algunas  librerías  de  los años 40

El Bibliófilo

Si antes de la guerra asistimos al nacimiento de La Casa del Maestro, al término de ésta, en los años 40, echa a andar una de las mayores sagas de libreros que ha dado Pamplona, los Abarzuza, hoy 70  años más tarde y en su tercera generación al frente de diferentes librerías en la ciudad: Iratxe en la calle del Carmen, Abarzuza en Santo Domingo, Elkar (la antigua Xalbador) en la calle Comedias, etc. Y es que el amor por los libros, más allá del simple negocio ha sido una constante en este apellido que se ha ido transmitiendo a través de sus diferentes generaciones. Todo empieza con el abuelo, Andrés Abarzuza, a la sazón, conserje del Ayuntamiento (vivía en la última planta del viejo ayuntamiento) a quien vemos, al principio de esta entrada, en una feria del libro, de finales de los años 40 o primeros 50 en la plaza del Castillo. Al principio de los años 40, Andrés Abarzuza había abierto junto a su hijo Manuel la primera tienda de libros. La tienda estaba situada en el nº 3 de la Bajada de Carnicerías y se llamaba Librería Abarzuza-La Feria del Libro. Se dedicaba fundamentalmente a novelas de cambio. Posteriormente, a finales de la década de los 40,  Manuel y su esposa, Narcisa Apezarena abrirían su propia  librería en la avenida de Carlos III, enfrente de la iglesia de San Antonio, de los PP. Capuchinos. Se llamaba El Bibliófilo. Era una librería que funcionaba en parte como una biblioteca, con funciones de préstamo o alquiler de libros. Posteriormente se trasladaría justo al lado de la iglesia, donde hoy hay una tienda de chuches, Kiko´s.

Además de esta librería montaron la Distribuidora Pamplonesa de Publicaciones, con sede en la calle Amaya, donde luego se instalaría la Librería Andrómeda, con libros, revistas, periódicos, tebeos, etc. También llegaron a abrir en los años 50 otra librería en la calle Mayor, donde luego se pondría la Cafetería Delicias, aunque tuvo un corto recorrido. Se llamaba BibilioPamplona Apezarena y la regentaba doña Narcisa. En los años 60 alquilaron una bajera en la calle Monasterio de Irache, primero como almacén en sustitución del de la calle Amaya y donde trasladaron los libros antiguos. Hasta 1981-82,  El Bibliófilo contaba con dos locales, uno en Carlos III y otro en Monasterio de Irache. En esa fecha se vendió el local de Carlos III y el nombre, quedando la librería de San Juan como Librería Iratxe, especializada en el libro antiguo, que pasó a regentar uno de sus  hijos,  Kike. Iratxe llegó a tener durante algún tiempo, a finales de los 80, dos librerías abiertas, la de San Juan y otra en el nº 44 de Paulino Caballero, aunque esta segunda no  perduró mucho tiempo. Iratxe se trasladaría, posteriormente, en el año 2000 de San Juan al Casco Antiguo, a la Bajada de Javier y desde hace poco tiempo a la calle del Carmen, mientras que el nombre de El Bibliófilo lo recuperó su hermana, María, que abrió una tienda con ese nombre en la calle Mayor en los años 1995-1996. Posteriormente María se ha centrado en recorrer las ferias de libro antiguo, manteniendo el viejo nombre familiar.

Librería Abarzuza

Por su parte, tras el derribo del viejo caserón municipal que se produjo en 1952, el abuelo Andrés Abarzuza, junto a su hijo Víctor y su esposa Ceferina Fontellas (con la que se casa en 1957) y a quienes vemos en las fotos adjuntas (del año 1959, la de la izquierda y del año 1955-56, la de la derecha),   se trasladaron al nº 81 de la calle Nueva, con el mismo nombre comercial de la primera librería, Abarzuza-La Feria del Libro. Fueron años de censura, en el que estos libreros se arriesgaban vendiendo, a hurtadillas, libros entonces prohibidos por el régimen, ya fuera por razones políticas o morales, que ejercía un férreo control administrativo y policial.  Esos libros llegaban camuflados en las facturas, bajo otras inocentes denominaciones. Y se guardaban en trastiendas o sótanos, a espaldas de miradas inquisitivas o indiscretas.  En los escaparates, anaqueles y estanterías se amontonaban  libros de contenido religioso, añejas publicaciones, como la Enciclopedia Alvarez, o  los libros de la colección Austral, Espasa Calpe, Destino o la Editora Nacional. Más adelante la tienda de la calle Nueva se expandiría al contiguo nº 79 de la misma calle. Ceferina Fontellas quedó viuda muy joven, en el año 1967, teniendo que sacar adelante la librería en solitario y a sus cinco hijos de corta edad (la mayor tenía 8 años y el menor 6 meses). Abarzuza fue una de las primeras librerías en introducir publicaciones en euskera, no en vano, Ceferina, nacida en Pamplona aunque criada en Beuntza hablaba habitualmente en euskera. Además de librería tenían papelería y otros objetos de escritorio. La librería se mantendría abierta, con la ayuda de sus hijos,  hasta 1989 o 1990.

Marcela, uno de los cinco hijos de Ceferina había comenzado  a trabajar en la librería Xalbador que había abierto sus puertas en 1984. Allí trabajaba también su pareja, Rafa, y sus primo   Patxo, (también lo harían Pablo y María). Marcela permanecería en Xalbador hasta 1990 y posteriormente en Xalem (abierta por Xalbador y los cines Golem), dos años más.   El 23 de abril de 1993, inauguraba junto a su marido,  su propia librería, recuperando el nombre de Librería Abarzuza para este establecimiento que abría sus puertas en el nº 29 de la calle Santo Domingo. En el año 1997, Marcela y Rafa abrieron en la calle Mercaderes una librería de libros de ocasión pero la aventura  duró poco tiempo ya que el precio del alquiler la hizo inviable. Abarzuza sigue abierta, casi 25 años más tarde, especializada, como entonces, en temas de Navarra, euskera y Euskal Herria. El 23 de abril de 1947 algunos de estos libreros se atrevieron a sacar sus libros a la calle por primera vez en muchos años. Posteriormente la imagen se iría repitiendo año tras año, como vemos en las fotografías que les dejo a continuación, tras este párrafo, de la feria del libro de los años 1955 y 1958, en los que aparecen Victor Abarzuza y Ceferina Fontellas.  A la izquierda del párrafo vemos, por otro lado,  una foto de la tercera generación de la familia Abarzuza ( rama Abarzuza-Fontellas) en la  Feria del Libro de 1980. En 2007 el colectivo de libreros realizó un sentido homenaje a aquellos pioneros de los libros, a los cuales me estoy refiriendo en esta entrada.

    

Librería Gómez (1942-2017)

Iba a cumplir este año su 75º aniversario, sin embargo, el cierre de sus cuatro establecimientos ha supuesto un duro golpe en el panorama librero local. Acaba de desaparecer una de las librerías históricas de la ciudad: la librería Gómez fundada por Felipe Gómez Alonso en 1942. Felipe Gómez, nació en 1903 en la localidad salmantina de Armenteros. LLegó a Pamplona en 1932 y entró a trabajar en el Diario de Navarra como redactor y taquígrafo. El Diario estaba dirigido entonces por Raimundo García, «Garcilaso», con Eladio Esparza en la subdirección y Galo María Mangado, Testaut, Ozcoidi y Goicoechea en la redacción. Fue corresponsal de la agencia Logos entre 1934 y 1940 y colaboraba en la edición de la Hoja de Lunes que editaba la Asociación de la Prensa. En el Diario permaneció hasta 1940, año en que abrió su Academia, inicialmente, de Mecanografía y Taquigrafía, amén de que fue academia preparatoria de otras y muy variadas disciplinas. Al poco tiempo montó su propia imprenta  en el nº 32 de la calle Gorriti que más tarde trasladaría a la calle Larrabide y creó su propia editorial. Entre 1942 y 1983 editó cerca de 200 títulos de los más variados temas y  especialidades. La librería fue la lógica y temprana culminación  a una carrera meteórica que convirtió a Gómez en uno de los referentes culturales de la ciudad. Y es que Gómez fue durante algunas décadas, todo en uno,  autor, editor, impresor, distribuidor, encuadernador y librero, en su tradicional ubicación de la plaza del Castillo. Confió en su hijo Felipe la apertura de nuevas tiendas pero su prematura muerte, así como la de su esposa truncó el futuro de una posible saga familiar. Además de la librería de la plaza del Castillo, abrió una librería médico-técnica en Castillo de Maya, una infantil, también en la misma zona, donde luego se pondría El Parnasillo y otra de Humanidades en San Juan. Hasta hace un mes la librería mantenía abiertas sus librerías de Plaza del Castillo, una en Castillo de Maya y  las dos de Pio XII. Adjunto fotografía de la librería de finales de los años 90.

La Casa del Libro (1943-…)

Recordamos algunas notas históricas de este emblemático establecimiento que hoy regenta la tercera generación personificada en los hermanos Carmelo y Fermín Buttini. Antes de la guerra, el abuelo, Benito Echarte Elia  tenía una tienda en la calle Eslava, donde vendía y alquilaba libros.  Tras la Guerra se trasladó a su actual ubicación, en el nº 36 de la calle Estafeta. En esta calle  llegó a tener dos tiendas, la actual, si bien era mucho más pequeña (se fue ampliando a lo largo de las últimas décadas, a costa de los locales contiguos)  y  otra al principio de la calle, a la altura de la actual tienda de Amado Mendoza. Vendían sobre todo novelas y tebeos. Éstos eran,  en buena medida,  una de las pocas posibilidades de evasión que ofrecía la España de aquellos años. Como Abarzuza y El Bibliófilo compraban, alquilaban  y vendían libros usados. Se alquilaban por 8 o 15 días. También se cambiaban tebeos. Resulta curioso pero había establecimientos que vendían lo que se llamaban libros rayados, por ejemplo María Azcarate, en la Estación de Autobuses, Teresa Marzo en San Miguel o María Patrocinio Viñes en el nº 35 de la plaza del Castillo. Al abuelo, Benito,  le sucedió en el negocio familiar su hija  Maribel, y a esta, sus hijos Carmelo y Fermín. Adjunto, junto a este párrafo sendas fotografías de la librería, la de la izquierda es de los años 50, la derecha del pasado año.

Imprentas, librerías y papelerías (1950-1965)

Al comenzar los años 50 encontramos algunas de las imprentas-papelerías y librerías históricas ya mencionadas (Albeniz, Aramburu, Bescansa (con Esperanza Bescansa, yo conocí la imprenta, mucho más tarde, en los años 80 cuando la regentaban Agustín de Carlos y Patxi Berrade), Castiella (con D. Hilario), García, Iruña (José Unanua) (en los 80 y 90 se llamaba Grafos 4 y era una papelería), Generoso Huarte, El Secretariado Navarro) y junto a ellas muchos nuevos nombres, entre las que cabe destacar sobre todo  Aranzadi (Tafalla, 19), o Castuera (con imprenta en Paulino Caballero, 15 y librería-papelería en Sangüesa, 10) junto a otras  en el Casco Antiguo y el Ensanche: Francisco Gurrea (Ansoleaga, 18), David Pérez Ilzarbe (con imprenta en Curía 7 y 9 que luego se traslada al Ensanche y librería-papelería en el nº 4 de Zapatería), Jesús Rodríguez Alonso (con imprenta en Avda. Franco, 13 y librería-papelería en el número siguiente, su hermano Carlos tenía otra librería en Carlos III, 57, a donde se trasladaría Gráficas Rodriguez años más tarde).

Respecto a las imprentas propiamente dichas cabe citar en estos años 50 y 60, en el Casco Antiguo,   Gráficas Irujo (Merced, 29 aunque luego se traslada al Ensanche), Inocencio Madoz (San Agustín, 30),  Pérez Ugalde (Compañía, 13), José Azurza (S. Agustín, 38, donde hoy está La Guillotine que conserva buena parte de su ambientación tipográfica), Areta (Campana, 16) que nada tenía que ver con los Aretas libreros, en la calle Mayor había también una libreria-imprenta-papeleria, la de Areta-Amondarain, Muguerza (Dormitalería, 30) y en el Ensanche, Fermín Garayoa (Paulino Caballero, 14), Sergio Lipúzcoa (Olite, 2), Luis Gutiérrez (Avda. Franco, 8), Joaquín Navarro (Amaya, 4), Máximo Bandrés, (Roncesvalles, 3), Juan García y Luis Muro (San Fermín)  y Zubillaga (en Conde Oliveto).

A las mencionadas librerías  históricas de La Casa del Maestro, La Casa del Libro, Abarzuza, El Bibliofilo o  Gómez habría que sumar   en esta época las librerías-papelerías, con venta de objetos de escritorio, en el Casco Antiguo   de José Aramendía (Plaza del Castillo, 4), Antonia Egozcue (San Nicolás, 31), Petra Serrano (San Nicolás, 20, antigua Osteriz), Mariano Sagaseta de Ilurdoz (Zapatería, 15), Julián Echeverría (Paseo Sarasate, 11) y en el Ensanche de Gerardo Armendariz (Navarro Villoslada, 4), la Librería de Sánchez Escudero en el chaflán de San Fermín ( nº 49) con Bergamín,  Gervasio Laínez (Leyre, 1), Tarsicio Ortiz (García Castañón, 19), Ramón Martínez (Carlos III, 11); Benigno Vaquero, con compraventa de libros usados y algunas de  cuyas postales han sido divulgadas en este blog, situado en el nº 16 de la calle San Fermín, ; Elías Beramendi (Bergamín, 26) y Valentín Sánchez (Amaya, 17). Cabe destacar el caso de  las Librerías del Norte de España (Amaya, 12) que abriría  la primera Librería Universitaria; fue a primeros de la década de los 60 cuando se instaló la primera Librería Universitaria en esa calle, luego se abrió la de la Avda. de Franco, 9 (hoy Baja Navarra) (a finales de los 80 se abriría la de Sancho El Fuerte y en 1997 la del campus universitario, hoy todas Librerías Troa); Jesús López (Hispania) en Paulino Caballero, 48, precedente de la Librería Antares, José Manuel Idoy en Olite, 22, Jesús María López Sanz en Arrieta, 29, José Antonio Sánchez en Avda. Franco, 1 y María Esperanza Sangalo en Sancho el Mayor, 11 (la conocida Librería Manantial).

Compraban y vendían libros usados establecimientos como los ya señalados: la Casa del Libro, El Bibliófilo, Abarzuza,  también Cecilia Aldaz en Tejería,  16, Fernando Areta en el nº 26 de la calle Calderería, su padre Gregorio Areta en la calle San Francisco, 34-36, María Ascensión Cerezo en Javier, 10, Javier Echarte (San Saturnino, 18) de esta rama de la familia vemos una foto de los años 50 en una Feria del libro de la plaza del castillo junto al párrafo anterior, Ángel Delgado en Carmen, 29 o José María Idoate en San Agustín, 14 y en el Ensanche Francisco García (Estella, 3), Avelina Larrea (Paulino Caballero, 16), Juan Mauleón (Gorriti, 2) o Rosa Mª Montaño (Amaya, 15).  En los años 60 comenzarían a instalarse nuevas librerías en los barrios: Chantrea, Rochapea, Echavacoiz, etc. Los centros religiosos contaban también con sus propias librerías, así sucedía, por ejemplo,  con los Jesuitas, las Ursulinas, El Sagrado Corazón, etc.

Algunas librerías en el tardofranquismo y la transición (1973-1985)

El Parnasillo (1973-2014)

Hace tres años, en el año 2014, cerró por jubilación de sus principales promotores otra de las librerías referenciales de la ciudad: El Parnasillo. La librería se abrió en un local de Paulino Caballero en 1973, cerca del antiguo Bar Oslo. Cinco años más tarde, en octubre de 1978, se trasladaron a su conocida ubicación del nº 45 de  Castillo de Maya, donde antes estuviera la librería infantil de Gómez. Fueron sus fundadores Javier López de Muniain (que había trabajado anteriormente (en 1970) en la librería Andrómeda de la calle Amaya), Lola Aldave (que antes había regentado con su cuñado la librería Elur de la calle Chapitela), Antonio Sanz (que había tenido antes una  pequeña distribuidora de libros que estaba ubicada  en un cuarto del mismo local de la citada librería Elur); Santi Fresán y Patxi Irigoyen, si bien, estos dos últimos se desligaron al poco tiempo de esta ilusionante aventura empresarial. El Parnasillo fue objeto de diversas agresiones y atentados por parte de la extrema derecha en los años del tardofranquismo y la transición, el más grave se produjo el 12 de febrero de 1978, reivindicado por un autodenominado comando Adolf Hitler. El Parnasillo fue objeto de una especial persecución por la ultraderecha local (a la que no fueron ajenos otras librerías) probablemente porque en los convulsos estertores del franquismo y de la conflictiva transición política en nuestra tierra esta librería  fue una valiente atalaya de libertad, a través de los libros,  en una zona que entendían los ultras era «suya». Adjunto marcapáginas de la librería del año 1978, justo en el momento en que abrían su nueva tienda en Castillo de Maya, entonces, Mártires de la Patria.

Auzolan (1977-…)

Auzolan abrió sus puertas el 27 de octubre de 1977, en el nº 3 de la calle San Gregorio donde antes estuviera la frutería Casa Goñi, fruto de la entusiasta iniciativa de cinco personas, cinco amigos (dos vizcainos, dos guipuzcoanos y un navarro) que habían estudiado en Barcelona, entre ellos Josu Múgica o Txema Aranaz (que luego fundaría la Editorial Pamiela, dejando el grupo fundador). Su nacimiento se enmarca en aquella efervescente época de la transición, en la que los libros en euskera o sobre el País Vasco tendrían un protagonismo destacado. En 1984 crearon su propia distribuidora, Yoar. En 1997 abrirían una tienda más grande en la calle Tudela, dejando la de San Gregorio como librería de libros de saldo y ocasión,  si bien hace unos años y fruto de los enormes cambios que sufre el mundo de las librerías volvieron  de nuevo, con todo el fondo editorial, al local que les vio nacer. Adjunto logotipo o imagen gráfica que aparecía en  los marcapáginas amarillos con que  obsequiaba la librería a quienes compraban sus libros.

Xalbador (Elkar ) (1984-…)

En 1984 donde antes estuviera la tienda de baños Salinas (Comedias, 14) un importante grupo cultural empresarial que tenía librerías en San Sebastián (Bilintx, germen del grupo) y otras localidades vascas, abría Xalbador. El inicio del grupo se remonta a 1976 que enseguida creó su propia distribuidora:  Zabaltzen al tiempo que la editorial Elkar comenzaba  a dar sus primeros pasos tanto en la producción bibliográfica como discográfica en torno a la cultura vasca. Hoy en día la cadena de librerías Elkar está formada por 18 librerías físicas además de la tienda on-line. Al principio trabajaban en Xalbador 4 personas aunque yo he llegado a ver trabajar más de 9. Como ya he señalado anteriormente en el blog en esta librería trabajaron durante algún tiempo diferentes miembros de la familia Abarzuza y donde actualmente trabajan Patxo y Pablo Abarzuza. Durante mucho tiempo cada librería del grupo mantenía su independencia, gestión e identidad pero desde hace ya bastantes años la tienda responde al nombre de Elkar Megadenda. Adjunto fotografía de la librería con la vieja denominación «Xalbador» a finales de los años 90.

Esta entrada, como todas las del blog, está abierta a poder ser comentada, ampliada, matizada o completada por los lectores, conocedores o interesados en este tema. Soy consciente de que en este artículo no están todas las librerías y papelerías del período indicado (Sin ir más lejos en los años 80 y 90 me estoy acordando, ahora, de alguna otra librería como Askobereta o TBO (especializada en tebeos), en el Casco Antiguo,  por ejemplo). Es evidente que faltan datos o informaciones más detalladas de algunos libreros y seguramente se echará en falta alguna librería importante, especialmente del período 1965-1985, por lo que será bienvenida cualquier aportación o colaboración en este sentido que complete esta entrada. Les recuerdo que este blog tiene vocación de ser un espacio compartido de recuerdos y experiencias. Agradezco de forma muy especial, en la elaboración de esta entrada, la colaboración de Marcela Abarzuza, de Librería Abarzuza, que ha tenido la enorme generosidad de facilitarme algunas fotos del archivo familiar para la ilustración de la entrada. Muchas Gracias, Marcela, Eskerrik Asko.

Act 21-04-2018: Esta semana he tenido conocimiento de otro triste cierre que se suma a los recientes cierres de Gómez y El Parnasillo. Me refiero a la Librería Auzolan. El día 26 de abril pondrán fin a 41 años de existencia. Con el cierre de estas librerías no se pierden  solamente  unos comercios. Estos establecimientos eran unos entrañables reductos donde se acumulaban, en sus anaqueles y estanterías, miles  de  historias, que hicieron volar, durante años,  nuestra imaginación, siempre con el consejo sabio, detrás,  de nuestro librero de cabecera, que a fuerza de comentar con ellos títulos, autores e historias se convertía casi en un confidente, en un amigo. Hasta siempre Merche y compañía.

Fotos por orden de aparición: Nº1, Nº 3, Nº 4, Nº 5, Nº 6, Nº 7, Nº 8, Archivo familiar Abarzuza-Fontellas, datadas en el texto de la entrada. Nº 2 y Nº 12.  Todocolección.net. Nº 9, Nº 11 y Nº 13: Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona. La autora de la nº 11 es Laura Blázquez. Anuncios publicados en diferentes revistas, anuarios y publicaciones entre 1916 y 1986.

Anuncios comerciales en el Pamplona de los años 60 (1961-1967). El valor de la marca local

En estos tiempos de la omnímoda globalización miro hacía atrás en el tiempo y descubro aquella ciudad, hoy desaparecida, en la que los pamploneses consumíamos mayoritariamente en nuestras tiendas de toda la vida y comprábamos muchos productos alimenticios que sabíamos se estaban elaborando en el obrador de al lado o, a lo sumo, en la moderna fábrica que se había construido, recientemente, en los barrios o pueblos periféricos cercanos, vamos que era, como se dice hoy en día, muy fácil fijar su trazabilidad. Hoy han desaparecido el 97% de las pequeñas tiendas de alimentación y se compra, mayoritariamente, en cuatro o cinco grandes grupos de distribución nacionales o multinacionales y las producciones no son ya no locales, ni siquiera a veces nacionales, sino internacionales. Por supuesto que seguimos teniendo productos y productores locales pero entonces el producto local era el rey y al citar aquí estos nombres, no lo hago porque fueran los únicos, -había muchísimos más-, o los mejores, solo lo hago porque la mayoría de ellos están vinculados a mis recuerdos personales y les recuerdo que este blog, en el fondo, sigue teniendo una importante faceta autobiográfica. Para empezar una jornada cualquiera desayunábamos con leche de la Copeleche-Kaiku,  -la tomábamos tanto en casa como en la escuela-, ¿quien no recuerda aquellas botellas y bolsas de leche de la Copeleche o aquellas botellitas de Kaiku que salían de la factoría del barrio de San Pedro?; almorzábamos y merendábamos pan, de Taberna, con chocolate Orbea, -estaba ahí al lado, junto a la avenida Guipúzcoa-,  o el chorizo Pamplonica, que tenía su fabrica en La Milagrosa. Había una gran variedad de chorizos, como el Argal y otros chorizos locales, pero el Pamplonica era el más extendido, el  fuagrás o foie gras más conocido era el de Mina, con fábrica en Huarte y la mejor mortadela de Larrasoaña, que había nacido en la calle Mayor; los domingos, degustábamos un chocolate a la taza Pedro Mayo o Subiza, con pan del día anterior cortado en rebanadas longitudinales, no todos los domingos se podían comer churros, ese exquisito manjar se dejaba para días señalados, o cuando a la madre en un magnánimo gesto se le ocurría. Las frutas y verduras procedían de las huertas de la Rochapea o la Magdalena y las carnes y pescados los comprábamos en la plaza, en el Mercado Viejo, el Mercado de Santo Domingo, que  bullía de actividad con la algarabía  de gentes que venía de los pueblos tanto a vender como a comprar.

En mi barrio, en el camino de los Enamorados, tenía su sede la factoría de Industrias Grasas de Navarra (Ingranasa) que producía el aceite Aitor y la margarina Natacha, y más adelante  la margarina Artua. Teníamos, además, la cerveza Cruz Azul, en la calle General Chinchilla,  y de gaseosas: Lusarreta, en la Estafeta, y sobre todo Odériz, que tras su primer local en la calle Estafeta se trasladaría al Ensanche para abrir en los años 60 la moderna planta de  la avenida de Guipuzcoa, vinos de Taberna Hermanos, o licores como el Anís Las Cadenas o el pacharán Baines, con sede en la Rochapea. Limpiábamos las manchas más rebeldes con lejía El Tigre, de la Droguería Ardanaz, sito en la calle Mayor. Nuestros electrodomésticos eran Superser, fundada por Ignacio Orbaiceta, las estufas  Agni de Estella y los frenos o servofenos de los coches, Urra, con fábrica en la Rocha, en la calle  Joaquín Beunza y luego en la avenida de Guipuzcoa, guardábamos nuestros dineros en la Caja, la Municipal, pero sobre todo en la de Navarra, y teníamos un par de bancos: el Crédito Navarro y la Vasconia, por citar algunos ejemplos de muestra, y aunque la cultura aseguradora no estaba muy extendida, si había que asegurar algo las opciones eran la Vasco Navarra o la Mutúa. En el ámbito comercial y hablaré mayormente de los desaparecidos, comprábamos la cubertería de casa en Sagarra o Bidasoa, el traje de primera comunión en el Comercio San Fermín, las zapatillas en la Mañueta o en la Zapatillera; en verano, los helados en el centro, en la Italiana o en Nalia y en el barrio, en Eliseo, los churros en la Mañueta o en la churrería de la Rocha, -la de la avenida de Guipúzcoa-, las pastas en Layana o en Marisol (en el Mercado), los libros y demás artículos de educación en la Casa del Maestro, las fotos en Ruíz y Mena, los relojes y joyas en Rubio o Alforja, los zapatos en Jauja y Gembero, los muebles en Rubio o Amat, las máquinas de escribir en Julián Echeverría, la radio en Radio Frías y la ropa en Ortega, las tres BBB, Viana, Casa Félix, El Barato, Las Madrileñas, Marpa, Unzu, Chile o Nuevas Galerías.

Al margen de esos recuerdos y reminiscencias más o menos autobiográficas, con las que he salpicado esta entrada, continuo, en este artículo, con el análisis de la publicidad local que inicié hace año y medio, allá por febrero de 2016, con los anuncios de principios del siglo. En esta entrada ofrezco nada menos que una cuarentena de anuncios, de marcas locales la mayoría, solo he metido algún anuncio de alguna marca nacional para mostrar cual era el estilo de la publicidad  que aparecía en aquellos años en la prensa y publicaciones locales. A pesar de los avances tipográficos, la calidad de las fotografías seguía siendo bastante deficiente y lo seguiría siendo hasta finales de los años 70. De ahí que aún  era mayoritaria en la prensa local  la presencia  de  anuncios basados únicamente  en ilustraciones o dibujos, otra cosa eran las revistas ilustradas nacionales, donde ahí sí, desde los años 40-50,  era mayoritaria la presencia de fotografías. La publicidad ya no se limitaba solamente a informar, como a comienzos del siglo; el eslogan se convertía en un elemento de casi obligada presencia en cualquier anuncio. He comenzado la entrada con dos anuncios, el primero de Gaseosas Odériz, con su botella inconfundible y su cierre mecánico de porcelana, cierre que, aunque se inventó a finales del XIX, se generalizó a partir de los años 50, para las botellas de gaseosa de un litro, cuando se implantó el consumo de esta bebida en el ámbito familiar. El eslogan es sencillo y, como he dicho, se pretendía que fuera una bebida de uso para toda la familia, «para el hogar gaseosas Odériz, la mejor».

Junto al anterior párrafo vemos un anuncio de Kyns, marca de refrescos de Odériz y que tendría una feroz competencia en los años 60 y 70 con la vitoriana Kas, -yo tenía el depósito de esta marca en mi calle, muy cerca de casa-. La verdad, no es que sobrase imaginación en  estos anuncios, pues el lema o eslogan se parecía mucho al anterior: «Para nosotros es lo mejor…y los mismo para ustedes». En esta ocasión, la ilustración sigue poniendo de manifiesto ese marcado carácter familiar, con la imagen de ese matrimonio y el niño, vamos que pretendían transmitir que el refresco Kyns era una bebida para todos. Lo que ya nos choca un poco más, con la perspectiva actual sobre la bebidas alcohólicas de alta graduación, es esa idílica imagen familiar, combinada con el segundo lema del anuncio que dice «Beba Kyns con ginebra». Y es que por aquella época comenzaba la moda de los combinados a gran escala que popularizarían los establecimientos de hostelería. Odériz se fusionaría en 1968 con La Casera. De esta marca acompaño un anuncio, escueto, sin ilustraciones, tan solo la marca perfectamente reconocible y el lema «Sola o con vino, es única». Por cierto, al redactar esta entrada me he acordado de otra marca de gaseosas nacional que no sé si les sonará, la gaseosa «Konga», probablemente porque era de otras latitudes. Eran estos años 60, años pródigos en coñacs, desde el famosísimo «Soberano» conocido por aquel lema un tanto machista de «…es cosa de hombres» y del que  adjunto un anuncio al comienzo de esta entrada, un verdadero prodigio de dibujo a plumilla, donde no podía faltar, junto a la copa,  el cigarro o purito, a otros como Decano, Veterano, Fundador, etc.

En los párrafos anteriores he incluido también dos anuncios, uno de Ingranasa que dice que «servía a los hogares españoles» con sus marcas de aceite, Aitor y de margarina Natacha así como de los batidos Kaiku, a los que me he referido anteriormente que, refiriéndose a sus batidos, recuerda que se vendían en toda España pero se fabricaban en Pamplona. Queda pues de manifiesto ese prurito de orgullo de estas empresas netamente locales que eran capaces de vender también sus productos fuera de nuestra tierra, por todo el país. Kaiku fue una marca, primero de Industrial Lechera Navarra S.A (INLENA) y luego de Copeleche, aunque hoy es la marca de un gran grupo alimentario multinacional. Kaiku, además, fue la marca del grupo formado por la fusión de las diferentes cooperativas del País Vasco y Navarra, Copeleche, Gurelesa y Beyena, a finales de los años 80.  Hace poco Maite Ilundáin me recordaba que otra marca de productos lácteos, Goshua, tuvo su origen en la lechería-mantequería Baserri, en el nº 21 de la calle San Antón. Junto a este párrafo adjunto sendos anuncios de cervezas, a la izquierda, un  escueto y austero anuncio de la cerveza pamplonica Cruz Azul, de Luis Ros, que tuvo su última sede en la calle General Chinchilla, donde hoy está la comisaria del Cuerpo Nacional de Policía y que cerró sus puertas en el año 1973. A la derecha, un anuncio también sencillo, sin ningún tipo de florituras,  de Cervezas El León que,  aunque era guipuzcoana, tenía un depósito en el nº 29 de la calle Estafeta, donde actualmente se encuentra el comercio Tejidos Rodrigo. En ese mismo lugar, su titular, Mariano Soto, tenía una fabrica de hielo. El lema del anuncio  se refiere a  las bondades del rubio elemento líquido: «La mejor bebida, la cerveza, la mejor cerveza, El león».

A continuación analizo una serie de anuncios de diferentes establecimientos comerciales de la ciudad. En primer lugar, a la izquierda, un anuncio de Sagarra, con unas ilustraciones y tipografía perfectamente identificables, que aparecerían en buena parte de su publicidad, a lo largo del tiempo. Se resalta la fecha de su nacimiento,  el origen de Sagarra se remonta nada menos que a 1878, destacando el valor de la experiencia. El anuncio definía muy bien el tipo de productos que ofrecía: regalos, vajilla, lamparas, antigüedades, bisutería y por último  incorpora el obligado lema o eslogan: «Vende mucho, ganando poco», un lema que resulta llamativo pues supone toda una declaración de política comercial contenida en apenas una sola frase:  el reducido margen comercial como política de la empresa que repercute en el precio y por lo tanto en el incremento de las ventas. El segundo anuncio, el de la derecha, soporta su mensaje fundamentalmente sobre la marca «cafés costa fría» y  el nombre el fundador, Carlos Moreno, probablemente como garantía de una sólida marca, un nombre que, según el propósito del anunciante, ofrecería al público garantía y credibilidad, la ilustración refleja una escena en la que una señorita degusta un exquisito café, como recuerda el lema que ocupa un espacio menor en la composición del anuncio, mientras el camarero aparece erguido con la bandeja, lo que denota la tradicional  imagen de servicio. No obstante la estética del anuncio parece un tanto anticuada incluso para la época. Entre los anuncios inferiores, el primer  anuncio se basa única y exclusivamente en los textos, con dos tipos de lemas, el que hace referencia a la marca: «El Barato, la casa de confianza» y al producto: «mantas mejores a precios mucho mejores», vamos, calidad, confianza y precio. El segundo anuncia la próxima apertura de un nuevo establecimiento de Comercial Escudero, «El palacio del niño», con ropa infantil y sección especial de señora. Los monigotes, de apariencia infantil, refuerzan el mensaje y centran el público objetivo al que va dirigido  este nuevo establecimiento comercial. El tercer anuncio, de  Caja Municipal,  utiliza una garita o cuerpo de guardia de la muralla pamplonesa como refuerzo gráfico a su lema central «El ahorro, vigila, defiende tu porvenir». El cuarto anuncio, de Bodegas Ibañez,  es estrictamente informativo, destacando algunas marcas propias que yo desconocía: sidra Mirentxu, champán Valdizarbe, Kina San Fermín y su servicio a domicilio, lo mismo que el de Hotel Maisonnave que nos informa sobre las características de las nuevas dotaciones hoteleras inauguradas, hacía poco, en el nº 20 de la calle Nueva: 164 habitaciones, todas con baño o ducha y servicios y grandes salones para banquetes.

Los siguientes anuncios se refieren tanto a establecimientos, en el caso de Radio Frias, verdadero referente comercial  en el campo de los electrodomésticos de aquellos años, como de producto, en el caso de Lejía El Tigre. En el tercer caso lo destacable es la marca Superser, con una escueta enumeración de los productos que ofrecía (estufas, lavadoras, frigoríficos, cocinas), el primer frigorífico que hubo en mi casa era Superser y duró varias décadas. Y es que todavía no había llegado la era de la obsolescencia programada. Respecto a la lejía El Tigre yo  la recuerdo haber visto en mi casa, bajo la fregadera, junto al jabón Lagarto, envasada en unas botellas de plástico duro de color rosaceo y/o amarillo, con el tigre saltando grabado en el cuerpo de la botella. El anuncio respondía al viejo estilo informativo de los anuncios, aunque también incorpora un escueto eslogan: «Lo mejor para la ropa blanca». La fabrica de lejías El Tigre creo que estuvo primero en la calle Mayor y luego se trasladó a la carretera de Esquiroz.

 

A continuación adjunto una serie de anuncios meramente informativos, aunque en algunos pocos casos   también incorporen lemas o esloganes de los siguientes establecimientos comerciales locales: Viajes Vincit, Muebles Elósegui, Restaurante Basaburua, Leder, Muebles Doel, Victor Bregaña, Casa Les, Tejidos Górriz, Teofilo Iriarte, Muebles Sagaseta, Sastrería Artazcoz y Bar Bilbao, muchos de los cuales nos recuerdan la clásica tarjeta de visita.

No eran marcas locales pero tuvieron una importante presencia en aquellos años, la Coca Cola, que basaba su mensaje en su reconocible logotipo y un lema bien claro «Refresca mejor»  o el Colchón Sema, con su inolvidable eslogan de «Dijo Sema y se durmió y como nuevo despertó» que algunos recordarán. Si no recuerdo mal,  la tienda de referencia de Colchones Sema, en aquellos años, en Pamplona, estaba en la calle Amaya. El anuncio de Almacenes Aldapa es el arquetipo de la austeridad gráfica, con un sentido estrictamente informativo, recordando la ubicación de  sus diferentes establecimientos y citando,  de un modo absolutamente detallado,  todos los productos que ofrecía.

Por último les ofrezco una última  tanda de anuncios de establecimientos locales donde se mezclan ilustraciones, -es el elemento fundamental del anuncio del Mesón del Caballo Blanco-,  que logra transmitir, con ese detallado dibujo,  el  aspecto medieval que ha  caracterizado este edificio a lo largo de su historia, aspecto medieval que ha confundido  a muchos, propios y extraños, pues la gente cree que el edificio es mucho más antiguo de lo que en realidad es (es del año 1961)-, logotipos  más o menos reconocibles, como en los casos de Thomas, Rocamador o Apesteguía  e información servicio útil: información sobre marcas, productos, servicios, si bien con escasez de recursos gráficos en algunos casos, como los de bar Montón y Agustín Beunza, que nos recuerdan, igualmente, en su economía de medios o recursos gráficos,  a la típica tarjeta de visita.

 

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Segunda parte.

Retomo la serie de los «comercios del Viejo Pamplona» con  la segunda parte de la calle Estafeta, recordando todos  los establecimientos que podíamos encontrar, en la primera mitad del siglo XX, en este segundo tramo de la calle, que comienza en el cruce con  la bajada de Javier y termina  en su cruce con las calles Juan de Labrit, a su izquierda, y Duque de Ahumada, a su derecha. Empezando por su lado izquierdo, donde sigue estando Casa Lange, había en torno a 1905 una tienda de chocolate que también  fabricaba, como era habitual en este tipo de establecimientos, pailas para velas de cera, y que figuraba a nombre de Herederos de Estanislao Larrosa. Más tarde en el nº 45 aparecía la firma Hidalgo y Ayestarán, con exposición y venta de automoviles, aunque ya pronto aparece por ahí Casa Lange. Tengo datada la ubicación de Casa Lange en este lugar al menos desde 1925.

Casa Lange fue fundada por Federico o Fritz Lange e inicialmente formó sociedad con Federico Standfuss al que ya nos hemos referido cuando hemos repasado los comercios de la calle Mayor (Y es que Standfuss, tras su separación de Lange, pondría un negocio  similar (de loza, porcelana y cristal y otros productos similares) en el nº 37 de la calle Mayor bajo el nombre de La Alemana. Casa Lange que ha vendido siempre un poco de todo (objetos de regalo, juguetería, bisutería, quincallería, etc), como si fuese una especie de bazar,  mantiene actualmente  buena parte de su fisonomía inicial de comercio de principios del pasado siglo, siendo regentado a partir de los años 40 por Margarita Zabala Uribe. Tanto Lange como Standfuss pertenecían al grupo de alemanes (de mas de 200) que llegó a Pamplona, procedente del Camerún en mayo de 1916. En los años 30, no obstante, en ese mismo número 45, aparece, también, una tienda de confección de señora,  la de Encarnación Alonso.

En el nº 47, donde  ha estado siempre  el centro de jubilados de la CAN estaba la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal. Esta fue su primera sede antes de que se trasladara a la esquina de Mercaderes con Chapitela en los años 20. En los años 50, en ese primer tramo, junto a Casa Lange, estaban la tienda de máquinas de coser de Ruperto Andueza, también era zapatero y la mercería de María Urriza que   vendía también géneros de punto. En los números 49 y 51 donde hoy está  el bar-restaurante-sidrería Chez Belagua estaba en los años 20, el bar y la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Fernando Lusarreta, socio en aquellos años de Serafín Oderiz, si bien en los años 30 se traslada al nº 61 de la calle donde hoy está la tienda de ropa Motufashion, ya bajo la dirección de su viuda y luego de sus hijos. El negocio perviviría hasta bien entrados los años 60. En ese lugar encontraremos a partir de esos años (años 30)  la casa de comida de Julián Indabere y desde los 40-50 la panadería-pastelería-confitería de D. Francisco Irujo Gonzalez Tablas, luego Irujo y Gascon, vamos, la Cafetería Belagua de toda la vida, aunque la propiedad de esa cafetería pastelería cambió en el año 1984, convirtiéndose en un establecimiento de hostelería. En el nº 51 estaba, en  los años 30, el pintor Sinforiano Goñi  y en los años 40 más adelante, donde está el asador Erretegia, nº 53,  estaba la churrería de Miguel Fernández Jimenez y la lechería de Pedro Ancizu Eguaras,  donde hoy está la tienda Globe Trotter (nº 55)  estaba en los años 20 la carpintería de madera para construcción de Remigio Zalba y en los 30,  en este mismo número se encontraba la cubería de  Hijos de Pezonaga y  la casa de huéspedes de Francisco Marquínez, mientras que  en los años 50 hacía lo propio el restaurante de Carlos Pascualena Gembero, regentado luego por los hermanos Elizalde.

En el nº 59 donde hoy esta la sala de juegos Estafeta teníamos en 1905 al vendedor de cal, yeso y ladrillo, Pedro Fernández, que sería relevado en los años 30 por el tonelero Isidro Pezonaga. En el nº 61, pero en un primer piso, hallábamos el celebre colegio de Gabina Ezquerro, luego de las hermanas Ezquerro, que permanecería en el lugar durante cerca de 50 años. Posteriormente, en el nº 63, donde se encuentra la carnicería Arbi  había en los años 30 una carpintería mecánica, posteriormente donde hoy hay una de las tiendas de Atanasio Echarri, estaba el tonelero Pedro Garbayo y décadas después la fontanería, hojalatería  y cristalería de Maria Cruz Archanco Udobro que vendía e instalaba además material sanitario y de calefacción.

En el nº 67, donde durante muchas décadas, al menos desde los años 60 y hasta bien entrado el siglo XXI, estuvo la tienda de Orbaiceta luego Millar Estafeta, estuvo en la primera década de siglo, la fábrica de electricidad Hidroeléctrica Franco-Española, sustituida en los años 30 por la fábrica de cupriol o sulfato básico de cobre, Sociedad Anonima de Cupriol. Desaparecida ésta, en este número encontramos, después de la guerra, la sede de Fuerzas Electricas de Navarra que producía electricidad, alquilaba los contadores de luz e instalaba, vendía y reparaba maquinaria y material eléctrico. En el nº 69, donde hoy está Chez Evaristo hallábamos, a primeros de siglo,  el bar El Moderno, regentado por Venancio Sánchez. Posteriormente aquí encontraríamos un café público con mesas de billar regentado por Macario Arguiñano Echeverría, «Los billares» hasta que el bueno de Evaristo Salinas abrió su bar Casa Evaristo a primeros de los años 60, que hace ya unos cuantos años compró José Luis Biurrun Olave cambiándole el nombre por Chez Evaristo.

En los años 20, donde se encuentra hoy el bar La Granja estaba la tienda de José Les, «La Oficina Americana» que vendía máquinas de escribir, aparatos multicopistas y accesorios; en el primer piso tenía una agencia o gestoría que se dedicaba a diversos negocios. También en este número, en los años 20,  tenía la razón social Alfredo Urra, industrial local, herrero, cerrajero, dueño de garajes, taller mecánico,  autobuses y taxis conocido porque uno de sus coches, un Clement  Bayard, es considerado como el primer coche que ejerció de taxi, como tal, en Pamplona. Fundó junto a Manuel Ros, en los años 50,  la fábrica de frenos Urra en la Rochapea. Posteriormente desde los años 30 lo podíamos encontrar en el nº 73. En los años 50 en este local del nº 71 encontrábamos ya un negocio hostelero, un café público, con mesas de billar, su dueño, Luis Desojo Sanz que lo regentó hasta finales de siglo.

En el nº 73 donde se encuentra la tienda de camisetas «Eh toro, eh» y en tiempos estuvo una de las dos tiendas del Supermercado del Cassette había en 1905 una herrería,  la de Joaquín Urricelqui, en los años 40, sin embargo encontramos aquí una tienda de alimentación, también vendía café al por mayor regentada por Joaquín Goicoechea Ichaso que permanece al menos hasta los años 60. En 1958, en el primer piso Alejando Elizari y Felisa Garcia fundaban el restaurante Josetxo que en 1985 se trasladaría a la plaza Principe de Viana. A continuación, donde hoy esta un Totos, en 1908 estaba la posada de Matilde Lazaro que en los años 20 regentó Librada Lopez. En los años 30 había una tienda de coloniales, con especialidad en jamones y chorizos dirigida por Julian Muniain que en los años 50 estaba a nombre de Eloy Ciganda Goñi, negocio familiar que continuaría años más tarde con Esteban Ciganda. En este mismo nº tuvo su razón social también en los años 30 el negocio de venta y alquiler de bicicletas de Vicente Gracia que vemos en la foto que acompaña al siguiente párrafo.

En el nº 77 donde estuvo durante los últimos años Moda Hogar Casal hubo, a primeros de siglo, una tienda que vendía aceite, vinagre y jabón al por menor, además de cereales y pupilages para caballerías, a nombre de Josefa Uriz. Posteriormente en este local ha habido un negocio de blanqueamiento de cera, en el primer piso, el taller de sastrería de Demetrio Baztán, y antes de Casal creo recordar que hubo una tienda de moda que se llamaba London. Luego venía la carbonería de Abdon Maestu Alustiza y la carnicería de Gregorio López. Yo en ese lugar he conocido la Pastelería Salcedo, en la última fase Pastelería Andueza. Para acabar este lado, antes de llegar al cruce con Tejería,  encontramos donde estuvo Casa Sixto, en el nº 81,  a lo largo de la historia, diferentes usos: a comienzos del siglo había lo que se llamaba un  bodegón, también era fábrica de gaseosa y vino, se vendía vino por decalitros, lo dirigía Miguel Goñi, luego en los años 30, Leocadio Urtasun montó un bar y casa de comidas. Recordemos que este hombre también tenía una tienda de alimentación al final del primer tramo de la calle. En los años 40-50 será Juan Artazcoz quien regente el negocio hostelero así  como  Apolonio Aquerreta lo hará en los 60.

A continuación, en el nº 83, encontramos  el reformado Casa Juanito, que en tiempos dirigía Juan Barberena y luego otro local que tanto la planta baja como la primera casi siempre tuvieron uso hostelero: y es que en el nº 85 hallamos en 1908, la posada de Cesareo Lezaun, que luego en los años 20 aparecía como La Roncalesa (Sucesor de Lezaun) con fonda y casa de huespedes. Felix Tirapu dirigíría posteriormente la fonda restaurante San Fermin en los años 40 y en los 50 lo haría Pablo Berastegui. En la primera planta en los años 60 y 70  estaba aquí el restaurante Ibarra regentado por Antonio Ibarra. Será en esos años cuando se hagan cargo del bar de la planta baja Miguel Flores y Joaquín Corral  que lo convertirán en el conocido Casa Flores, hoy El chupinazo. Posteriormente, a primeros de siglo, en el nº 87, estaban los constructores de carros y coches: Hijos de Bonifacio Labarta y Jose Bon, algunas décadas más tarde aquí aparecía Juan Sagües con venta de abonos minerales, harinas y cereales, para acabar este lado de la calle con la farmacia (también era óptica, droguería y perfumería) de Javier Navascués, en el lugar al menos desde los años 30 y posteriormente la peluquería y barbería de David Zoco.

Regresamos al cruce con la bajada de Javier, esta vez recorriendo la calle por su lado derecho. Hasta bien avanzado este lado del segundo tramo, no encontramos locales comerciales. En primer lugar se hallaba y se halla el Palacio de Goyeneche y más tarde una serie de locales desocupados, muchos de ellos almacenes de locales que daban a la plaza del Castillo y que se encontraban bajo la cota de la calle. En el nº 42, donde hoy se encuentra Regalos Olentzero, tenía su razón social, en 1905 Francisco Lorente, almacenista de carbón vegetal, en los años 50 y 60 en ese lugar estaba la carbonería de Abdón Echauri;  a continuación en un local hoy sin uso comercial encontrábamos a Rafael Zugarrondo, constructor de baules, si bien a partir de los años 20 se traslada al nº 38, donde durante mucho tiempo estuvo el Bar Las Vegas, hoy un kebab. En los  años 30, en el nº 46 estaba la sede del Pensamiento Navarro. En esos mismos años, en el nº 48, donde hoy está el Zanpa estaba la tienda de coloniales, tocinos y jamones de Jacinto Chocarro. Había que llegar hasta el nº 52, en los años 30, donde hoy está el Bodegón Sarria para encontrar otra carbonería, la de Manuel Eraso al que sucedió Eusebio Echarri. En el año 1959 se instalaría allí el bar Señorio de Sarria. En la actual Cervecería La Estafeta había en los años 50 y 60  otra carbonería, la de Vicente Goldaraz;  Donde hoy está el Hilarión  encontramos a  comienzos del siglo otro almacen de carbón, este de  Vda de Astrain si bien en los años 30 hallamos en este lugar la carpintería de Aurelio Biurrun, constructor de baúles. El actual Fitero, sito en el nº 58, ha tenido un uso hostelero desde por lo menos comienzos del siglo sino antes. En la primera década del siglo XX se encontraba allí la taberna de Felipe Oderiz, regentada posteriormente por Jacinto Chocarro, citado anteriormente, la misma taberna que años más tarde, al menos desde los años 40, regentaría Candido Ardanaz Imizcoz, bajo el nombre de Bar Prados hasta que en el año 1956 lo coge el matrimonio formado por Cesareo de Luis Diaz y Elvira Beorlegui Lacunza y lo convierten en el Bar Fitero

Acabamos este tramo y nos encontramos con la travesía Espoz y Mina. Donde hoy hay una tienda de Deportes Atanasio, en un edificio renovado de los años 60, estaba a primeros de siglo, la fonda de Carlos Maisonnave, ya Vda de Maisonnave que, posteriormente, desde los años 20 se convertiría en hotel, el Hotel Maisonnave, con entrada también por Espoz y Mina 1. Más adelante en los números 62 y 64, donde hoy está el hotel Europa hallábamos las fondas de Candido Múgica y Javier Esparza, respectivamente, si bien en los años 30 en el 64 había una tienda de alimentación, la de Francisco Alvarez que en los años 50 y 60 aparece a nombre de Carmen Saenz y más tarde la tienda de maquinas de escribir de A. Torio;  en el 66, donde hoy hay una pizzería, estaba la abacería de Silveria Larman, sustituida en los años 30 por la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Sixto San Román, que también vemos en una foto del encierro de aquellos primeros años del siglo, junto al siguiente párrafo.  De Sixto San Román  ya hablé en la entrada dedicada a los bares y tabernas de antaño. En el nº 68, donde hoy está Tecnogalery, desde finales de los 40 estaba Victor Irisarri con su tienda de confección que yo llegué a conocer hasta al menos los años 80. En el nº 70, donde hoy está LG complementos estaba desde los años 50 al menos la pescadería de Fermina Villanueva, también un establecimiento bastante longevo.

En el nº 72, donde hoy esta Friking y durante muchos años la tienda de venta de  máquinas de coser de Casimiro Santiago, estaba, desde los años 20,  la tienda de alpargatas de Juan Pérez, luego desde mediados o finales de los años 60 aparece en este lugar la tocinería de Carmelo Moreno. En el nº 74, donde  desde hace décadas se encuentra un Taberna había un barbero, Avelino se llamaba, para acabar con el último local de la calle, que hace esquina con Duque de Ahumada, el nº 76, donde desde hace ya bastantes años se encuentra la primera tienda que abrió Kukuxumusu. A primeros de siglo aquí estaba la ferretería de Angel Artola, luego Artola y Cía, con almacén de lana en los años 20, aros para cedazos y venta de herramientas, almacenista de madera y materiales para la construcción, desde los años 30. Y desde los años 40 se instaló aquí la Mercería Feli, de Felicisimo Echeverría Gomez que también recuerdo hasta finales de siglo. Un poco antes, también en el 76 aparecía la droguería-perfumería de Maura Sola.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Segundo tramo de la calle Estafeta (1927). Luis Rouzaut; Foto nº 2. Encierro del 12 de julio de 1941. Diario de Navarra;  Foto nº 3: Encierro en el segundo tramo de Estafeta. (años 30). Foto Ruperez; Foto nº 4:  Fotopostal del encierro por el 2º tramo de la Estafeta (1965). Ediciones Vaquero;  Foto nº 5:  Foto último tramo de la calle Estafeta (sin filiar);  Foto nº 6: Alpargatería de Juan Pérez, en el nº 72 de la calle Estafeta. (1954). J. Cia. AMP;  Foto nº 7: Foto postal del encierro del 8 de julio de 1914;   Foto nº 8: Foto de la peluquería Garralda. (Años 30). L. Roisin

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Primera Parte.

Retomo una serie muy bien acogida por los lectores de este blog que es la de los «Comercios del Viejo Pamplona». En esta ocasión me acerco a nuestra calle más internacional, la calle de la Estafeta que, dada su extensión, dividiré en dos partes, la primera parte llegará hasta el cruce con la bajada de Javier, una zona que siempre tuvo mayor  peso comercial que la segunda. En la segunda entrada, partiré de este cruce para llegar hasta su confluencia con Duque de Ahumada, donde encontramos un significativo número de establecimientos hosteleros, salpicados entre algunas pequeñas tiendas, aunque quizás no había entonces tantos bares  como  ahora.  La Estafeta es la tercera calle más larga del Casco, después de Nueva y Mayor, con  algo más de 300 metros de longitud, en los que encontraremos en torno a 89 establecimientos de diferente tipo. Como en entradas anteriores haremos retroceder la imaginaria moviola del tiempo y nos situaremos en las postrimerías del siglo XX, al principio de la calle. Si mirásemos a la izquierda de la calle, veríamos la fábrica y tienda de chocolate de Tiburcio Guerendiáin, que como el resto de este tipo de tiendas también hacían pailas  y blanqueaban la cera (de hecho  ahí tenía su sede la Sociedad de Cereros), si, ahí donde lo oyen, para mí ha sido una sorpresa, pues he identificado siempre el apellido Guerendiáin con otro tipo de actividades, si bien es cierto que ya para entonces también se dedicaba a la venta de materiales de construcción (cal, yeso, ladrillo, asfaltos, baldosas, azulejos, etc). El negocio de los chocolates no se prolongaría demasiado en el tiempo ya que para los años 20 Guerendiáin ya se había centrado única y exclusivamente en el negocio de los materiales para la construcción incorporando a su catálogo de productos aparatos sanitarios, venta de piedra artificial, tubería de gres, etc.

Es, al menos desde los primeros años 50, cuando aparece como titular Pio Guerendiáin Vitoria que se especializa, sobre todo, en la venta e instalación de material sanitario, aunque sin dejar la venta e instalación de materiales para la construcción, a continuación de Tiburcio  Guerendiáin había en los años 20 una tienda de frutas y verduras y, luego, desde finales de los 40, la tienda de Alimentación de Elía Hermanos, -yo la recuerdo por lo menos hasta los años 8-0, hasta que se hizo cargo de la tienda, -la cogió en traspaso-, Sulpicia Delgado que la convertiría en Alimentación Sulpi, hasta hace unos cuantos años, en que se jubiló. Hoy este y el anterior negocio se han convertido en un supermercado  Carrefour. A continuación estaba, a primeros de siglo, la barbería Mendivil que se mantendría en el lugar hasta  los años 40. Posteriormente se ubicaría aquí una tienda de frutas y verduras de Eustaquio Elizalde y tras la guerra la relojería de Jesús Redín Ladrón de Guevara y posteriormente de su hijo José Javier, bueno, sobre todo era un taller de relojería.  En 1965 coge el negocio Ignacio Ancín que lo convierte en Relojería Ancín, negocio que se mantendría en el lugar, regentada durante la última década y media por la segunda generación, encarnada por Sara Ancín que estaría en este lugar hasta diciembre de 2014 en que se traslada al nº 4 de la calle Zapatería. Es probable que la  numeración de entonces no coincida exactamente con la actual porque según mis fuentes en estos primeros números impares de la calle debió estar la mercería de Angeles Salcedo  durante los años 50 y 60 y la carnicería Arrastia.

Pero prosigamos, a continuación, en el nº 5, donde hoy está el Churrero de Lerín estaría, en los años 20, una tienda de frutas y verduras regentada por Josefa Ladrón de Guevara, ¿sería familia de Redín, el relojero antes citado, dada la coincidencia de apellidos?, que tras la guerra regenta  Evaristo Osteriz como tienda de alimentación. En los años 60 en este local estaba la zapatería (venta de calzado fino) de Jenara Companius,   yo ahí he conocido  Calzados Galdeano. Luego había, a primeros de siglo, una taberna regentada por Josefa Zabalza que, en los años 20, se convertiría, de la mano de Agustín Idoate,  en una tienda de venta de vinos y licores al por menor.   Más tarde en los  años 50  la carnicería de Narciso Iriguibel, donde hoy esta  Zaika y a su lado, a partir de 1938, Juan Zarranz Bermejo instalaría una mercería, más tarde  tienda de ropa mujer, que regentaría luego su hijo Miguel y hoy la tercera generación encarnada por Irene Zarranz, la foto de su local que acompaño, (la mayoría de las fotos son de encierros sanfermineros) es de finales de los 50 o primeros 60;  posteriormente a comienzos del siglo estaba la platería de Gregorio Carrasquilla, que también tenía taller de joyería, -en los años 50 todavía estaba en activo, con Jesús Carrasquilla de titular- y que también aparece en la foto. Posteriormente, en el nº 13 había a primeros de siglo un herrero y cerrajero de apellido Juango. Desde al menos los años 20, en los  nº 15-17, donde hoy esta Cuchillería Gomez y un chino estaba la tintorería de José Ferrer que permanece en el lugar hasta finales de los años 50 que la coge Gomez para poner ahí su tienda de souvenirs y regalos. Luego en los años 60 en el 17 estuvo la tienda textil de José Orte. En el nº 19, donde hoy está Foto Leache,  estaba en 1908 la abacería de Manuel Añezcar, al que seguiría en el negocio Segunda Landa, hasta que, a finales de los 20, se instaló  el establecimiento de cámaras frigoríficas «La Polar», que dió paso a finales de los 40 a la lechería de Atanasio Ezcurra Oscoz.

A continuación, en el nº 21,  donde hoy se encuentra  Gurgur y en tiempos La casa del Bacalao estaba la tienda de coloniales de los Garayoa, primero de Luciano y luego de Esteban. Esta tienda sería una tienda de alimentación desde los años 30 a los 60, por lo menos. Posteriormente, donde hoy está Sabai y anteriormente Lanas Kuska, en 1908 había un vendedor de vinos por decalitros (Silvestre Sánchez), un par de décadas después la carpintería mecánica de Valentín Goicoechea y más tarde Leoncio y Cía que pintaba muebles y automoviles (antes estuvo en el nº 9). Donde hoy está Tejidos Rodrigo que ocupa los números 25, 27 y 29, a principios de siglo estaban el hojalatero Goicoechea, luego Sucesores de Goicoechea, -representante de Isaac Urzay-, que se dedicaba a la instalación de calefacciones  aunque también lo he visto como lampistería en el nº 11, antes de que llegase Juan Zarranz a la zona; en el 27 aparecía una platería a nombre de Aquilino Garcia Dean. Resulta sorprendente este hecho porque este personaje, del que hemos recogido alguna fotografía en este blog, era un fotógrafo no profesional, un autodidacta, que trabajaba en el Ayuntamiento, llegó a ser concejal y buena parte de su producción, (que va de 1885 a 1940), sobre las calles, rincones y barrios de la ciudad,  permanece extraviada o no documentada. Y en el nº 29, en lo años 20, estaba la barbería de Saturnino Aventino. Ya desde los años 30 está documentada la presencia en este lugar de la fabrica de hielo de Pilar Apart. Posteriormente aparece como titular Julio Soto Perez con la misma actividad, fabrica de hielo y también de cerveza, creo que era «Cervezas El León», la actividad se mantendría con el y/o sus herederos hasta finales de los años 60. Junto a ella estaba la droguería Huarte. En 1971, se instala en estos números, como ya he señalado,  Tejidos Rodrigo.

En el lugar donde hasta hace un par de años estuvo Colecciones Iruña estuvo al comenzar el siglo XX, la imprenta de Erice y García. Como otras imprentas también era papelería, vendía libros y objetos de escritorio. Posteriormente la imprenta se quedaría en manos de Jesús García, mientras los Erice se centraban en una academia de enseñanza, en el 1º piso del nº 33 de la calle. Me acuerdo que mi hermano estudió tras el bachillerato en el Ximenez contabilidad en esta academia fundada por Candido Erice.  En los años 50 la imprenta García estaba a nombre de Pedro García Anoz. La actividad se mantendría, al menos, hasta finales de los 60 y primeros 70, también con la actividad de librería y venta de objetos de escritorio. En sus locales se imprimió   hasta su cierre, en 1932, el periódico,  La Tradición Navarra. En el primer piso y justo al lado,  en esos años estaba el Circulo Integrista, tal y como vemos en la foto adjunta, con unas dependencias similares a las del resto de sociedades y casinos de la época. En los años 50 estaba en el lugar la platería  de Esteban García que anteriormente, en los años 20, estuvo en el nº 27 de la calle. En el nº 35, también desde temprana fecha, final de la segunda década, encontrábamos la tintorería de Rafael Ferrer Galdeano, que permanece en el lugar hasta los años 60. A continuación venía un establecimiento muy conocido, todo un clásico, como es hoy el de las Pastas Beatriz en la calle, la pastelería y confitería de Sinforiano Salcedo, posteriormente Hijos de Salcedo, fueron muy famosas sus coronillas, cuya fachada vemos en una foto junto a este párrafo y que permaneció en el lugar hasta por lo menos finales de los 60 y primeros 70. Como quiera que a lo largo del tiempo ha habido baile de números, por segregación o anexión de locales, creo que no siempre fue el 37, yo he visto el local por dentro, cuando el propietario era el dueño de Windsor (lo utilizaba como almacén)  y se correspondía con el nº 35, al menos el obrador, donde hoy está la casa de apuestas deportivas Reta. A continuación, en el 39,   en 1908 estaba la barbería de los Moratel, por lo menos estuvo hasta los primeros años 50, primero con Benito, luego con Norberto y posteriormente desde los años 50 la bisutería y taller de joyería de José Luis Goñi, todavía en el lugar. En el 41 estaba y está, creo que data de primeros de siglo,- el Mesón Pirineo,  regentado a mediados de siglo por Antonio Zabaleta Monreal. Tras este bar y terminando este tramo de calle hubo durante buena parte del siglo diferentes tiendas de alimentación. En 1908 estaba Elias Gamazo, luego, desde los años 20, Matea Cenoz; en los años 50 aparecía como titular Leocadio Urtasun que a la sazón regentaba un establecimiento hostelero en el nº 81 de la calle donde luego estuvo  Casa Sixto,  actual Cocotte. La foto del encierro nos muestra el insólito montón formado junto a la tienda de Urtasun el 7 de julio de 1960, afortunadamente solo hubo heridos en este encierro protagonizado por los Pablo Romero.

Regresamos al principio de la calle, en su confluencia con Mercaderes. En el nº 2, donde hoy está el Come, Come estaba, a principio de siglo, la fabrica de corte y calzados, curtidos al por mayor y al por menor de Rufino Ayestarán. Al principio de los años 50 aparece como razón social Almacén de Curtidos de Alejandro Ayestarán si bien enseguida, en fotos de 1956, (vease la anterior entrada del blog), en su lugar puedo observar que estaban  Los Zamoranos y tras ellos, también en el nº 2,  estaba la relojería de José Antonio Olangua.  A continuación, en 1908,  estaba la tienda de cristal, loza y porcelana de Domingo Llorente, regentado luego por Blanca Llorente Aiciondo. También instalaban vendían y reparaban maquinaria y material eléctrico. Su  nombre comercial era, como vemos en el anuncio anexo, «El Buen Gusto» y vendía también objetos de regalo. En este primer tramo compruebo que hay una droguería, regentada por Saturnino Goñi, aparentemente en el nº 4, pero no logro ubicarla porque también aquí hay un baile de números. En 1908, en el nº 6  se ubicaba el tapicero Anastasio Martinez que, tras la guerra, reconvierte el negocio y empieza a dedicarse a la construcción y enmarcación de  cuadros, negocio que en 1960 traspasará  a Amado Mendoza, cuyos  herederos lo dirigen  en la actualidad. En el nº 8, que hoy ocupa también Amado Mendoza, había  en 1908  también un ebanista y tapicero, bajo el nombre de Herederos de Oñate, si bien, en los años 20, encontramos en ese lugar lugar a un tal Francisco Vicente que al oficio anterior de tapicero  sumaba  también  la construcción de cuadros. En los años 30  este hombre aparece en el nº 10 ya solo como constructor de cuadros, mientras que en el nº 8 hay una tienda de alimentación, siendo relevado en los años 50 por Eugenia Marco Zabaleta que continua su actividad en los años 60. Imagino que se corresponde con el negocio que conocemos como Cuadros Huici. Y seguimos con cuadros, por lo que se ve, estaban casi todos seguidos. En el nº 12 donde está actualmente Honestus y donde, desde 1979 estuvo la tienda de discos Digital figuraba el carpintero y ebanistero, más tarde constructor de cuadros,  Mauricio Arbizu Galdeano que mantuvo  la actividad desde principios de siglo hasta finales de los años 50. Lo sustituyó, en los años 60, la tienda de venta de aparatos eléctricos Ordex S.A. En los años 20, donde durante muchos años ha estado Cachito y luego una tienda de Desigual, estuvo la sillería de Manuel Ortiz que tendría una prolongada existencia,  hasta los años 60, luego venía la carnicería de Demetrio Aranguren (años 30) que en los años 60 sería la droguería de Maura Sola (Perfumería Remon). A continuación en el nº 18, donde desde 1943 y hasta 2000 estuvo la Gran Cuchillería Gomez que pasó ese año al nº 15 de la calle y que regenta actualmente la tercera generación, en el local donde hoy se encuentra una de las Heladerías Larramendi estuvo desde primeros de siglo el carpintero Angel Zabalo y posteriormente una hojalatería.

A continuación, donde hoy está Aromas y más. en 1908 estuvo la horchatería, chufería y alogeria de Victoriano Moreno. Posteriormente, después de la guerra  hubo allí una tienda de venta de loza, porcelana y cristal, Vda de L. Capitán, abierta hasta, al menos, finales de los años 60. Veamos ahora la historia del local donde está Pastas Beatriz. Desde comienzos del siglo hasta 1922 fue la carpintería de Esteban Osacar, luego desde esa fecha estuvo la fabrica y tienda de chocolate de José Larrea, también vendían velas de cera, después fue simplemente una tienda de ultramarinos, cuya propietaria se llamaba Regina González Vicente, hasta 1969,  en que  cogen el negocio Pablo Sarandi y su mujer Beatriz, convirtiéndola en una tienda de pastas. Al comenzar la década de los 90, dejan la tienda en manos de las hermanas Gómez Tellechea que son las que la regentan, y  con un enorme éxito, la tienda en la actualidad. Tras este establecimiento nos encontrábamos entonces con la pared trasera del hotel La Perla, -hoy está la entrada al restaurante La Cocina de Alex Múgica-, saltando, pues, la numeración desde el nº 22 hasta el nº 28 de la calle donde durante varias décadas, al menos desde los años 40, estuvo Bodegas Ibañez,  de Ibañez Hermanos, con venta de todo tipo de licores, almacenistas de vinos, etc. En el nº 32 donde hoy aparece Windsor Tavern estuvo el Navarro, un conocido bar de comienzos de siglo, regentado por  Nicomedes Paz. En este número también aparece, en los años 20, la dirección de Serafín Oderiz, el de Gaseosas Oderiz  que abrió su fábrica aquí antes de su traslado al Ensanche y más tarde a la avenida de Guipúzcoa, y  en los años 50 se encuentra en ese número el establecimiento Electri-Cinema de Julio Soto, el de Cervezas El León, con una tienda de aparatos de radio. A continuación en 1908, donde hoy está Elektra estaba la carnicería de Canuto Ochoa y, desde finales de los 40, la tienda de Carmelo Gortari, vendía aparatos de radio, y luego de televisión y otros electrodomésticos. Posteriormente, desde los años cincuenta, en el nº 36 encontrábamos  la relojería de José Antonio de Cia, seguida, desde 1943 por la librería de Benito Echarte, con compra y venta de libros usados y tras de ella, la zapatería de Alejandro Cavero Velasco.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Primer tramo de la calle Estafeta (1922). Luis Rouzaut, Foto nº 2: Encierro en la curva de la Estafeta. (años 40). Paco Mari. Fondo Marin. Kutxateka. Foto nº 3, Encierro sanferminero por la Estafeta. (1962). Sin filiar. Foto nº 4: encierro por la Estafeta. Paco Mari. 1961. Fondo Marin. Kutxateka, Foto nº 5: Pastelería Salcedo (1919). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 6: Paseo por la calle Estafeta (1917), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 7: Montón el 7 de julio de 1960 cerca del cruce con la bajada de Javier. Sin filiar , Foto nº 8: encierro sanferminero años 50 , Foto nº 9: Edificio que corresponde al nº 12 de la calle Estafeta. (1932). Galle. AMP, Foto nº 10: encierro sanferminero años 50.

Comercios del Viejo Pamplona: la calle Santo Domingo (1908-1953)

La calle Santo Domingo es conocida, sobre todo, por protagonizar uno de los tramos más emocionantes de nuestros encierros sanfermineros, aquel en el que los toros, espoleados por el estallido del cohete mañanero, salen del corral y enfilan como una exhalación la cuesta, atropellando y superando a los mozos, en desigual carrera. Pero la calle ha estado muy vinculada, además, a la presencia en sus inmediaciones del Mercado Viejo, el Mercado de Santo Domingo, con sus hortelanos de la Rocha y la Magdalena que traían sus frutas y verduras a vender, o los aldeanos de la Cuenca que hacían lo propio con sus animales de granja. Puerta de entrada de los rochapeanos a la ciudad, a su Casco Viejo, -«subíamos a Pamplona» decíamos y seguimos diciendo los de la Rocha-. Calle con tipismo y con sabor, donde se entremezclaban viejos oficios (basteros, alpargateros, boteros, etc), tiendas de cacharros, pucheros de barro, barberías, tiendas de alimentación. Acompañenme, como en otras ocasiones, esta vez por la calle Santo Domingo, a lo largo y ancho de la primera parte del siglo XX. 

Lo primero que nos llama la atención, al revisar las distintas actividades existentes en la calle, es que casi todas están en su lado izquierdo, según se baja, esto es, en el lado de los impares; por otra parte es lógico, dada la presencia en el lado derecho del edificio de la Casa Consistorial y de la plaza de Santiago, así es que en este lado apenas encontrábamos dos números,  pues el tercero corresponde al establecimiento que hace esquina con la calle del Mercado y aparece como Mercado, 1. A primeros de siglo tras esta esquina donde hasta no hace muchos años estaba la tienda de electrodomésticos Lafer, y tras la que se encontraba el café bar Orbela había una abacería, que recuerdo era una tienda que vendía aceite y vinagre, entre otros productos, regentada por un tal Urdaniz. El negocio, posteriormente lo cogería Esteban Borea y junto a él estaba la carbonería de Modesto Utray, que en los años 20 daría paso a la vasijería de Benito San Martín, negocio de larga trayectoria pues aun continuaba abierta pasados los años 50. A su lado, en los años 30, se instalaría la alpargatería de Juan Eseverri que, en los años 50, regentaría Marcela Elorz, con lo que entonces se llamaba calzado ordinario.

En el lado izquierdo de la calle, el primer número era y es el 15, donde hasta hace unos años estaba la tienda El Bolso, y el último número el 39, donde hoy está el Asador Zaldiko, aunque durante algún tiempo hubo comercios también en la cuesta del Museo. A principios de siglo, bajando la escalerillas de San Saturnino, a la vuelta se hallaba la tienda de loza entrefina de Bernabé Rivero, que posteriormente, en los años 20 regentó Eugenio Indurain, con cristal, loza, porcelana y cestería tal y como se observa en las fotos adjuntas de los años 40 y 50 que encabezan tanto la entrada como este párrafo y a continuación estaba la vasijería y hojalatería de Julio Salanueva. Yo he conocido allí, desde hace muchos años, Bazar Jimenez que, con el mismo negocio de cacharrería, venía de la calle Mañueta. En los años 30 también había en este primer tramo de la calle una mercería-paquetería, la de Nemesia Erviti y en los 50 una tienda de alimentación, la de Blanca Murillo Lorente. A continuación de Bernabé Rivero, en los primeros años de siglo estaba la barbería de Martín Ollo, negocio que desaparecería al poco tiempo para ampliar el negocio de los cacharros, aunque una década más tarde tras la tienda de cacharros, seguía habiendo una barbería, la de Pedro Biurrun que continua al menos hasta 1936.Tras la guerra en este lugar y durante bastante tiempo estuvo la peluquería de Andrés Arbea Echeverría, en el mismo lugar donde luego estaría la tienda de revistas del Portu. En los años 40, en el nº 21, donde hoy se encuentra la tienda de arreglos de ropa Descosidos se hallaba la zapatería de calzado ordinario de Sebastian García. 

Y en el nº 23-25 donde hasta hace poco estaba la inmobiliaria Casco Viejo, y la agencia de viajes Libre Destino, desde primeros de siglo encontrábamos al ebanista y tapicero Esteban Osacar al que siguió durante los años 40 y 50 el también tapicero Sebastián Osta. Algunos años atrás, a comienzos de siglo por allí estaban también la alpargatería de Valentín Erice que en los años 20 cogió Sebastian García y tras él, la barbería de Claudio García que en los años 20 regentaba Emilio Caballero que continuó con el negocio en los años 30 e incluso pasados los 50 si bien, desde los años 30, en el nº 25. Luego estaba en el nº 27 Vda de Martin Jauregui con un negocio de lana en rama y pieles del país sin curtir que en los años 20 aparecerá como Herederos de Jauregui, y que continua en los años 40-50 bajo la razón social de Juan Casanave y Cia, con el mismo objeto social y a la que sigue, en esos mismos años, un negocio de loza y porcelana, otro más de cacharrería dirigido esta vez por Martin Velaz. Cerca de aquí había una posada regentada por José Mauleón, hoy estos locales, de los números 27 y 27 bis, están cerrados, desde hace mucho tiempo.

Donde hoy se encuentra la Librería Abarzuza estuvieron la tienda de embutidos, tocinos y jamones de Antonio Oscoz al que siguió Florentino Velasco, en los años 30,  con el mismo  negocio  y la zapatería de Aniceto Yoldi. A partir de los años 40 allí estaba la tienda alimentación de Miguel Huarte Aldaz. A principios de siglo, donde hoy se encuentra la tienda de disfraces y petardos Halloween estaba el bastero  Juan Oderiz, que era fabricante o vendedor de bastos, género de aparejo o albarda que llevaban las caballerías de carga. El tal Oderiz regentaría unos años más tarde una posada en el mismo lugar, si bien en los años 30 en ese lugar descubrimos la botería de Valeriano San Martín. Esta zona tuvo más posadas y tabernas. Así, en 1908 encontramos una taberna regentada por Vicente Ardanaz, en el nº 35 de la calle, donde hoy está Alimentación Gloría, si bien en los años 20 aquí, en este local se radicó  Bernabé Gembero,  el de Calzados Gembero, y estuvo en este lugar al menos hasta la guerra, como bastero, antes de abrir la zapatería de la calle Eslava y en el nº 37, donde hoy se encuentra Informática San Fermín,  hubo una posada, la de Juan Leranoz que estuvo abierta al menos  en los años 30. Antes en ese local o en el de al lado, estuvo la abacería Herederos de Irurzun. La calle no acababa comercialmente como ahora, en el nº 39, pues desde los años 40 en ese último tramo de la subida al Museo hubo un par de fruterias, la de Cecilio González en el 41 y la de Juan Pérez en el 45, pero retrodezcamos a primeros de siglo: donde hoy se encuentra el Asador Zaldiko estaba Demetrio Cebrian, el  emprendedor bisabuelo de los actuales regidores de Bolsos Cebrian, de la calle San Lorenzo. También como otros tantos comerciantes de la calle era bastero, fabricaba y vendía aparejos para caballerías. Y en los años 40, en este lugar, encontramos al zapatero Serapio Vizcar Zubillaga. Termino esta entrada con sendas fotos de encierros de los años 60, donde podemos contemplar además de unas bellas estampas sanfermineras de esta parte del recorrido, sendas panorámicas generales de la calle, con algunos establecimientos como la barbería de Arbea, la alpargatería de Sebastián Garcia o la  zapatería de Esain.

Fotos, por orden de aparición: Santo Domingo (1950). J. Cia. AMP. Santo Domingo (1940). Zubieta y Retegui. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri.  Encierro de San Fermin en Santo Domingo (1967). Ediciones Galgo. Encierro de San Fermín en Santo Domingo (1969). Foto Gomez. Agencia Cifra.

Comercios del Viejo Pamplona: el Paseo de Valencia (1908-1953)

Y saliendo de la calle Comedias, entonces, a primeros de siglo, llamada Dos de Febrero, desembocábamos en 1903 en el llamado Bulevard de Sarasate, llamado popularmente por los pamploneses durante buena parte del pasado siglo, también, como Paseo de Valencia. Hoy un buen número de los viejos edificios de su parte más antigua, la lindante con el Casco, han sido derribados y sustituidos por otros y por lo tanto, de buena parte de aquellos viejos locales, nada queda. A la vuelta de Comedias, donde hoy se encuentran las tiendas de Kikos y Zucitola estaba la tienda de alimentación de Román Oteiza, que vemos en la fotografía que encabeza la entrada. Fabricaba y vendía pastas alimenticias,  pastas para sopa y también cafés tostados al por mayor y al por menor, velas de cera y un largo etcétera, convirtiéndose en los años siguientes ya como Oteiza e Iribas en una tienda de coloniales al por mayor y al por menor. Ocupaba los números 2 y 4 del Paseo; Contaba, además, con otra tienda en el nº 60 de la calle Jarauta. Después de la guerra Oteiza se trasladaría, como tantos otros comerciantes del Casco, al Nuevo Ensanche, aunque en esta época hubo de todo, comerciantes que mantuvieron la tienda en el Casco y abrieron un segundo punto de venta y comerciantes que trasladaron su actividad a las calles de esta expansión urbanística de la ciudad. En los años 40-50, en esa esquina de Sarasate con Comedias teníamos la zapatería de calzado fino de Justo Azcona y donde estaba Oteiza e Iribas encontrábamos la tienda de alimentación de Sandalio Urrutia. Junto a ellas podíamos hallar las pastelerías-confiterías de María Trasobares y la de Jose María Vilar así como la agencia de viajes Vincit. Zucitola permanece en este lugar, al menos, desde 1936. A continuación, también en el nº 4, en la segunda década del siglo XX hallábamos la centenaria armería Casa Puntos, fundada por Juan Martinez de Goñi, que también vemos en una de las fotografías que encabezan la entrada. Se especializaría en artículos de caza y pesca aunque también vendía artículos de viaje. En los años 50 la veríamos en el nº 10 del paseo y posteriormente en la calle Lindachiquia. También en esta zona había una tienda de venta de material de electricidad, la de Rafael Rodríguez y Compañía aunque posteriormente en los años 30  había allí una administración de lotería, la de Joaquín Solorzano. En 1939, Nicanor Mendiluce inauguraba la Heladería Nalia aunque desde el primer momento el negocio lo gestionaría el maestro heladero y turronero José Serrano, al que seguirían luego su hijo Vicente y actualmente, desde hace unos pocos años su nieto, la tercera generación, también llamado Vicente.

Posteriormente, en el nº 6,  tenía su local un marmolista, Ramón Carmona, donde posteriormente, en 1919  se instalaría la sede del Banco Hispano Americano, que desde los años 30 conoceríamos en el otro lado del Paseo, en el nº 3. Tras la guerra y hasta el año 2000 en ese lugar se ubicaría el conocido restaurante Las Pocholas de las hermanas Guerendiain, algunas de las cuales vemos en su cocina, en la fotografía adjunta.  A continuación, en el nº 8, estaba la papelería, que vendía, también objetos de escritorio, de Venancia Ciaurriz. Hoy en día, a Kikos y Zucitola habría que sumar en este largo tramo, donde hemos señalado los negocios indicados y por este orden  la yogurtería Baobab, la heladería Nalia, la tienda de ropa infantil Nanas y la chocolatería Valor. Posteriormente donde hoy hay un local vacío, desde tiempos inmemoriales y luego una tienda o almacén de antiguedades no tengo constancia de actividad alguna, en el período analizado lo cual no quiere decir que no la hubiera en algún momento a lo largo de la historia. En el nº 14 donde hoy existe una agencia de viajes The Travel Band y en tiempos  creo que estuvo Viajes Iberia, en los inicios del siglo XX había una tienda que vendía vino por decalitros, la de los hermanos Catalá, de corta duración ya que en los años 20, en su lugar encontramos la imprenta y papelería de Generoso Huarte. En los años 50 en el 1º piso había una peluquería, la de Miguel Gabari y Juana Lucia que atendía tanto a  señoras como a caballeros, imagino que  separados pues no habían llegado todavía a nuestra ciudad las peluquerías unisex; había otra peluquería al final del paseo, en el nº 34, regentada por Julio Martínez. Tras la guerra, en el nº 16, donde hoy está el establecimiento «Zapatos a lo bestia» estaba la droguería al por mayor Centro Farmacéutico Vizcaino, que también eran almacenistas de productos farmacéuticos. Donde hoy está el Bankinter, me dice mi hermano que había una heladería y en efecto, rebuscando en mis archivos descubro que en esta zona desde los años 40-50, al menos, estaba la heladería La Vital.

Tras la heladería y el kiosko de chucherías, situado a la entrada del llamado Rincón de San Nicolás venía la casa parroquial e iglesia de San Nicolás y pasada ésta, la llamada Casa Navasal derribada por desgracia a finales de los 60, -no hay más que ver el hermoso edificio que había y el engendro arquitectónico que lo sustituyó posteriormente, donde hoy esta la óptica de Javier Alforja-. La afamada casa, Sucesores de Navasal vendía tejidos al por mayor y al por menor además de ser una sastrería con venta de género. Junto a Navasal, en los años 30, estaba el estanco de Modesto Toledo y donde hoy se encuentra el restaurante Ñam, en el nº 24, estuvo la pastelería de Pedro Hernaiz  y en el nº 26, la tienda de máquinas de coser Singer, -yo la he llegado a conocer en esa ubicación hasta finales del pasado siglo-, si bien no en el nº 26 sino en el nº 28. Por aquí cerca, en el nº 26 estuvo también hace unos años una tienda de Beunza Luz. También en el 26 estaba la fábrica de vino de Agapito Peralta y  la tienda de Arizti Yaben. Como Guibert,  Arizti Yaben era una fumistería, osea vendía cocinas y estufas, chimeneas, balanzas, basculas, pero era además una ferretería y un almacén de hierros. Estuvo radicada en este lugar al menos, desde comienzos del siglo, sino antes, y hasta los años 30.   En esos años aparece también en este lugar, en el nº 26 la mercería, paquetería y quincallería de Pio Espluga, luego Sucesores de Pio Espluga,  que hemos conocido anteriormente, a principios de siglo, en la calle  Zapatería. Más tarde el negocio  se trasladaría cerca,  al nº 30. En este nº y lugar, tenía su sede y estación desde 1911,  la sociedad El Irati, tal y como vemos en la foto adjunta a este párrafo. De las principales sociedades industriales navarras de la primera mitad del siglo hablaré en otra ocasión. En estos locales donde hoy está la tienda Partyland o un nuevo edificio recién terminado hace escasas fechas estaba, no hace mucho, la cafetería Spada y anteriormente estuvo Radio Frías que, antes de recalar en el bulevard, estuvo en el nº 33 de la calle San Nicolás, además de, en el primer piso, la copistería Politécnica. ¡Cuantas copias habremos hecho tanto en esta copistería como en el de Copia de la plaza del castillo, eso sí,  hace ya un porrón de años! 


Ya casi en el ultimo tramo de este lado del Paseo, el comercial, el otro nunca lo fue teníamos, a primeros de siglo, la colandería de Angeles y Mercedes Tuero, en el nº 32. En ese mismo lugar, en los años 30, se instalaría la farmacia de Joaquín Arteaga, la delegación de la Unión y El Fénix Español  y tras la guerra, a estos locales,  donde ahora están Inmobiliaria San Fermín y una tienda de ropa de bebe se habían trasladado Arizti Yaben, con el nombre de Vda de Arizti Yaben e hijos, la droguería y perfumería de Ciriaco Ibañez y Javier Mena, el fotógrafo. A continuación, desde los años 40 y hasta finales del siglo, estuvo la famosa Heladería Italiana, sus propietarios eran italianos de verdad, su dueño se llamaba Eugenio Bez Dal Molin. Más adelante, en 1905, estaba la carnicería de Diego Mina, fundada por éste en 1864, luego Vda de Mina que fabricaba embutidos (chorizo, jamón, tocino, etc), la fabrica se trasladaría luego a Huarte; Aquí, en los años 40, se instalaría Victoriano Arburua aunque con un negocio de venta de periódicos y revistas, si bien en los años 70 creo haber visto una fotografía en la que aparecía como Papelería Blasco y vendía también productos de filatelia.  A continuación, en los años 20, se instaló, donde luego estaría Confecciones Chile, Joaquín Martínez, como sastrería con surtido de géneros que se mantuvo en el lugar al menos hasta los años 50 y junto a él, el almacén de muebles de Arrieta y compañía.

Ya en el último tramo del Paseo estaba, hasta 1971, la Casa Alzugaray, derribada para construir el actual edificio del Banco Atlántico (hoy Banco Sabadell). En los bajos de este edificio, que fue sede durante un tiempo del gobierno civil, encontrábamos, en los años 30, las oficinas de Múgica y Arellano y la sede social de la fábrica de harinas de Vda de Alzugaray, que daba nombre a la casa. En el otro lado del paseo, tal y como he comentado en otras entradas del blog teníamos y tenemos varias entidades bancarias y otros edificios oficiales o institucionales. En los últimos años las entidades bancarias también invadieron el lado más cercano al casco. Donde estuvo la antigua Alhóndiga Municipal se instalaría luego  el Banco de España, donde estuvo la Fonda de Otermin, el caserón de la Meca y luego los Escolapios, se construiría el nuevo edificio de Caja Municipal y del Banco Hispano Americano,  donde estuvo la panadería municipal del Vinculo, se erigiría el nuevo edificio de Correos, acabando ese tramo con la antigua Casa de Baños. De negocios en planta baja tan solo caben destacar en los años 30, un negocio de coches de alquiler a nombre de Sucesores de Maisonnave, en el nº 13, la imprenta de García Enciso y Cafés Maya, en el nº 15; y en los años 40-50, en el nº 7, la mercería de Gloria Burgos y las máquinas de coser Alfa y hasta hace algunas décadas en el nº 11 el negocio de venta y reparación de máquinas de escribir de Julián Echevarría.

Fotos por orden de aparición: Casa Puntos (Años 20). Luis Rouzaut del libro «Luis Rouzaut, óptico de profesión y cronista de la vida navarra a principios del siglo XX». Ultramarinos de Ramón Oteiza (Años 10). Cocina del restaurante Las Pocholas. (Años 40-50). Archivo familiar familia Guerendiain. Casa Navasal.  (1967). AMP. Estación del Irati. (Años 20). A. de León. Casa Alzugaray (1965). Javier Gallo.