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Historias de la radio: Radio Requeté de Navarra (1945-1995)

Prosigo en esta entrada con el repaso de la historia de la radio en nuestra ciudad, pues la radio como la televisión, la música y otros medios, de los que me he hecho eco en el blog,  han formado parte de nuestras vidas y de nuestra memoria. Esta es la cuarta entrada que dedico al tema, la primera, «La radio que oíamos entonces (1950-1990)» repasaba a través de mis recuerdos, de una manera muy sucinta,  las diferentes radios de Pamplona a lo largo de su historia; en la segunda, «Inicios de la radio en el Viejo Pamplona: 1932-1942» exploraba el origen de la primera emisora de radio  de nuestra ciudad, Radio Navarra, llamada luego Radio Requeté, en la tercera, La hora del serial (1960-1975) repasaba la historia del serial radiofónico a través de mis recuerdos y de una meticulosa investigación hemerográfica y en esta cuarta  me centro en la evolución histórica, desde 1945 hasta los años 90, de  Radio Requeté de Pamplona,  desgranando fechas, momentos, voces y programas de esta emisora, acompañadas de cuantas fotografías interesantes de la emisora y sus protagonistas he podido encontrar. En futuras entradas hablaré de «La Voz de Navarra» y de «Radio Popular», así como de sus voces y protagonistas. La foto inicial muestra el tramo inicial de la Avenida de la Baja Navarra, (números 4 y 6),  en el cruce con la calle Bergamín. Se puede ver el letrero del Hotel El Comercio, y ya en la esquina el inmueble en el que durante más de 30 años estuvo Radio Requeté. Los estudios estaban en el primer piso. En los bajos del edificio se adivina un taller de automóviles. El edificio en el momento de hacerse la fotografía estaba abandonado y la espera de ser derruido.

¿Qué se escuchaba en la radio de mediados de los 40?. Los inevitables discos dedicados:  «Para Manolita, de su novio Francisco, que está haciendo la mili, con mucho cariño», Mirando al mar de Jorge Sepúlveda… «Para  Rosa de su hijo Carlos» Madrecita de Antonio Machín…  Todas las emisoras tenían un programa de estos  y nos acompañarían durante muchas décadas, ¿Qué emociones sentirían aquellos compatriotas de entonces cuando oían su propia dedicatoria por la radio, dirigida a sus seres queridos añorados o que cumplían algún tipo de aniversario?. Además de los discos dedicados, seguramente para olvidarse de las desdichas propias de cada día,  se sumergían en los seriales y el radioteatro, (el cuadro de actores de Radio Madrid se creó en 1942), los programas de variedades y  los concursos. La programación aparecía plagada de mensajes publicitarios: de Colacao, Okal, Gallina Blanca, Flan Chino Mandarín, Fundador y es que la publicidad patrocinaba casi todos los espacios. En el ámbito local, resulta destacable mencionar en  estos años en Radio Requeté  el concurso del «cantante desconocido» donde participaban aficionados  de diferentes géneros. La entrega de premios de la 1ª edición del concurso se celebró el 21 de diciembre de 1944 en el cine Alcazar. Otro hecho destacable fue el concierto del Orfeón y la Pamplonesa retransmitido desde el quiosco de la plaza del Castillo en la noche del 30 de agosto de 1945  en homenaje a Joaquín Larregla que había fallecido hacía poco tiempo. Estas instituciones musicales junto a «Los Amigos del Arte» solían actuar con cierta regularidad ante los micrófonos de la emisora. El asesor religioso de la radio era el Padre Carmelo, impulsor de la Institución Cunas (cuya primera referencia en prensa es de 1938) quien solía organizar festivales benéficos para la Institución en el Gayarre, algunas de cuyas entradas se recogían en la emisora. La vinculación entre la radio y esta entidad benéfica se remonta a estos años 40 y en las representaciones teatrales infantiles, obra del fraile carmelita,  aparecían ya nombres como Gregorio González Moreno, «Don Goyo», Carlos Alzu Eguaras, «Caral», las hermanas Corcuera, Eva Zabalza (Tere Corcuera y Mª Eva Zabalza, primero orfeonistas y más tarde coralistas),  Pedro Martín Balda, Silvano Baztán, etc.

¿Quienes actuaban en la radio de entonces?, tenores como Francisco Casas o sopranos como Angeles Senosiain,  como Tere Corcuera y María Eva Zabalza, integrantes de la primera composición de la Coral de Cámara de Pamplona, violinistas como José Antonio de Huarte que también fue conferenciante y crítico musical en la emisora, el citado Pedro Martin Balda, el famoso cartelista de las pancartas de las peñas que era además violinista y cantante en el Orfeón o Antonio Alvira Llorente, los pianistas Puri Villar y Pedro Lasheras, el violoncello José Beunza, etc. A veces algunos de ellos se juntaban en grupos o asociaciones artístico literarias como «Atalaya» o la «Peña Domingo». Detrás de ellas encontramos, además, de alguno de los citados, otros  nombres como el tenor Cecilio Resano, el escritor  y más tarde político nacionalista Carlos Clavería, al industrial de la plaza José Les,  y otros como Agapito Urrutia, José Biurrun, María Camino, Michelena, Campos, etc. En estos años la radio no emitía durante toda la jornada sino durante unas cortas franjas horarias, de 13 a 15 horas, de 18 a 19,15 horas y de 20.30 a 24.00 horas. Su contenido variaba algo cada día pero contaba, uno u otro día,  con los siguientes ingredientes: música clásica, música de baile y ligera: valses, música de banda,  pasodobles, fragmentos de operas y zarzuelas, conexión con Radio Nacional para dar el «parte», emisiones infantiles, carteleras, el programa del oyente (discos dedicados), radio teatro y las primeras novelas,  emisiones litúrgicas desde el Seminario Conciliar (desde el 1 de febrero de 1946 se empezó a retransmitir diariamente la Misa desde la Catedral), alguna sección femenina, alguna charla religiosa o de orientación familiar, pero también había recitales, emisiones en directo, se emitían programas relacionados con el séptimo arte, los toros, los deportes, la bolsa, etc. Se cerraban las emisiones con el himno nacional. En momentos puntuales había programaciones extraordinarias bien relacionadas con la Navidad (plagada de coros de villancicos),  las Javieradas o  la semana santa y su programación religiosa, etc. Aquellas primeras novelas tenían títulos como «La vida empieza a medianoche», «Felipe Derblay», (que fue  un gran éxito), «Noches de ladrones» o «Dos horas en blanco». Estaban en antena de seis a ocho semanas,  de lunes o martes a viernes,  en horario de 21,15 a 21,45 horas. Entre las muchas firmas comerciales de la época estaban  Casa Tarpuy de la calle Comedias, Hijos de Marino Santesteban o Casa Tarsicio Ortiz que patrocinaba «Saski naski».

En 1958, Radio Requeté establecía su primer convenio de asociación con la SER que supuso un cambio sustancial en su programación y en sus contenidos. En 1963, los equipos emisores se trasladaron del centro de la ciudad, todavía estaba la emisora en la avenida de Franco, a Cizur erigiendo una antena de 68 metros con dos emisores, uno de OM y 2 kilovatios de potencia y otro de FM, de 350 vatios, que se sintonizaba en el punto 92,1 Mhz del dial. En 1964 la programación de la emisora se iniciaba a las 9 de la mañana, en 1967, lo hacia a las 7,45 y se cerraba a las 24.00 y más tarde lo hizo a la 1.20 de la madrugada. La Frecuencia Modulada contaba inicialmente con una programación musical de cuatro horas, diferente, salvo dos espacios,   a los de la Onda Media y que se amplió a diez horas en 1965-66, aunque la mayor parte del tiempo compartían programación.

Tras la apertura se anunciaban los programas de la emisora para ese día. Hasta la aparición de «Matinal Cadena Ser», el 28 de septiembre de 1964, la mañana la ocupaba la música, hasta antes de las 12.00,  en que se emitía la primera radionovela o serial, luego llegaba el «Angelus», el programa «Radio Bolsa», «Exitos de ayer y de hoy», «Discomanía», «Pamplona Flash» (un espacio de entrevistas cortas que estuvo realizando durante un tiempo Iñaki Gabilondo),  y otros espacios hasta llegar al «Diario hablado» de las dos y media de la tarde, luego, en la sobremesa «Mientras fume el cigarrillo», «Felicidades con música» y desde las 16,15 tres radionovelas de media hora de duración cada una. Tras ellas, nuevos programas musicales como «Cancionero»,  «Música en la noche», el rezo del «Santo Rosario» (aunque hablaré de este asunto en otra entrada,  en el rezo del rosario,  emitido al menos desde 1952,  y en otros programas religiosos emitidos desde esta emisora tuvo su origen la emisora Radio Popular), algún concurso y antes del diario hablado de las dos de la tarde un noticiario local, (los boletines horarios de Radio Nacional se empezaron a emitir desde 1963),  un programa de información deportiva, más música y el espacio «Ustedes son formidables» (el programa duró hasta 1977),  para finalizar con la lectura de los programas del día siguiente y el cierre de la emisora.

En  espacios  como  «Fogonazos Deportivos» los partidos de Osasuna, los resultados de la jornada y las quinielas, contaban con la característica voz del ya mencionado Carlos Alzu,  acompañando a Don Goyo. Carlos Alzu como Don Goyo con el que compartió tertulias y espacios deportivos trabajaba en el sector bancario, concretamente en el Banco de Bilbao. Formaba equipo a veces en estas lides del deporte y sobre todo del futbol con otras personas como Enrique Estremad, más conocido como «Don Blas» al que yo asocio más bien  a los espacios taurinos, Patxi Ruiz, Indalecio Diaz, José Javier Garayoa «Boliche» (vinculado sobre todo al mundo del ciclismo) o Julio Roncal. Por cierto, Garayoa como Don Goyo y Carlos Alzu hicieron radio teatro en la emisora, durante las largas décadas en que la dirigió el tío Ramón. Ese curioso equipo de nombres que he citado refiriéndome a los espacios deportivos montaba también partidos en beneficio de la Institución Cunas.

En 1969 surgía el espacio «Navarra actualidad» y en 1975, «Egunon Navarra». El primer espacio de la mañana local tuvo diferentes nombres a lo largo del tiempo como «Buenos días» o «Primera hora». «Matinal Cadena Ser» era un macroespacio que incluía a su vez programas realizados en cadena y otros por al emisora local, entre los primeros «El hombre del tiempo» con Mariano Medina, entre los segundos «Noticiario Local» y «Comentario a la ciudad», completado con más noticias, reportajes y entrevistas, deportes, música, etc. Por otra parte, el 31 de enero de 1972, se empezaba a emitir «Hora 25». Al igual que «Matinal» fue idea de Antonio Calderón pero lo conducía Manuel Martín Ferrand. El magazine de hora y media, se iniciaba con una rueda de emisoras de la cadena donde se daba la temperatura de cada ciudad  y se aludía  a la información municipal más destacable, seguía con la información deportiva (ahí surgiría la estrella de José María García) y terminaba con una mesa-debate o entrevista con temas fronterizos a la política. Supuso un pequeño soplo de aire fresco en el férreo control de la información que ejercía el Régimen a través de Radio Nacional.  Había en estos años 60 programas de servicio público como las «Necrológicas», la sección de «Pérdidas y hallazgos», información sobre la «Bolsa» o sobre la «Cartelera», programas que continuarán en la transición democrática. Por cierto entre los programas especializados en cine destacaba el «Trailer cinematográfico»,  (estaría en antena desde 1966 a 1981),  que incluía la cartelera y críticas o comentarios a los estrenos de la semana.

No obstante, el mayor tiempo de emisión lo ocupaba la música, todo tipo de música: clásica, ligera, de baile, etc. Entre los más recordados, al menos por mí estarían «Exitos de Ayer y de hoy», «Discomanía», «Mientras fume el cigarrillo», «Cancionero» y «Música en la noche». «Discomanía» era un programa en cadena conducido por el chileno Raul Matas. Estuvo en antena desde 1959 a 1984. «El Gran Musical»  se empezó a radiar en 1966 y por ese espacio desfilaron todas las figuras musicales del momento, que  podéis consultar en la entrada del blog dedicado a la música de entonces.  Se crearon en esos años  las primeras listas de éxitos: «Los 40 Principales» (1966) y «Los Superventas» (1967) que constituirían luego la base de la programación de la FM de la SER. Nombres ligados a «El Gran Musical»  fueron los de Miguel de los Santos, Pepe Domingo Castaño, Pepe Fernández o Pepe Cañaveras. Otra voz de aquellos tiempos fue la de Angel Alvarez y sus espacios «Caravana»,  «Vuelo 605» o «Cita con Angel Alvarez», este más tarde.

En los años 60 nacería la Frecuencia Modulada, con mejor calidad de sonido que la Onda Media e inicialmente especializada en contenidos musicales. Radio Requeté la introdujo en 1963 y aunque inicialmente ofrecía programación musical autónoma, como hemos visto,  luego ofreció desde 1973-74 salvo el programa «Tardes Musicales» la misma parrilla. Habría que esperar a 1977-78 para contar con una programación solamente musical y autónoma. No será, sin embargo, hasta los años 80 cuando verdaderamente despegue la Frecuencia Modulada en la radiodifusión española. En él ámbito local, Radio Requeté comenzaría a emitir en esos años 60 espacios memorables como «Requeterritmo» (1964-66), «Discofilia» (1965) o «Disco boom». En algunos de ellos colaboró Enrique de Cía, Amestoy, «William» y en alguno de ellos como «Discofilia» y «Requeterritmo» el inolvidable Joaquín Luqui (en «Requeterritmo» junto a Jesús Iragui). Luqui marcharía en 1969 a Madrid, recalando antes en Barcelona,  formando parte de los programas musicales más importantes de la cadena.   Luqui forma parte de la historia de la música y de la radio musical de este país. Luqui había estado antes en la Radio Popular de los inicios y escribía una sección de música en «El Pensamiento Navarro» que se llamaba «Ritmorama». Eran los tiempos en que explotaron los grupos de música pop de nuestra ciudad, algunos de los cuales he recordado recientemente en otra entrada del blog. Además de los espacios citados no debemos olvidar «Ritmorama» (1964), «Musical 13.30» (1966), «Al compás», «Musical fin de semana» y especializados como «Felicidades con música» (discos dedicados), «Ronda de Hispanoamérica», «Pista de baile» o la música vasca en «Abesti berriak».

Los domingos por la tarde era la hora de «Carrusel Deportivo». Surgió en 1953 bajo la dirección de Vicente Marco que lo conduciría hasta 1978. En el ámbito local destaca sobre todo «Gran deportivo» nacido en 1973 de la mano del  fallecido (lo hizo el pasado año 2020) Javier Martínez de Zuñiga, la voz de los deportes en Radio Requeté (luego Radio Pamplona). A los seriales  que forman parte de nuestros recuerdos radiofónicos  les dediqué una entrada independiente en el blog con el nombre de La hora del serial (1960-1975). Caso aparte de los seriales aunque con sus mismas voces fue el programa semanal, se emitía los jueves,  de «Matilde, Perico y Periquín», en antena desde 1955 a 1971. Como los seriales y los programas musicales había en esos años infinidad de concursos y espacios patrocinados. Recuerdo sobre todo «La casa por la ventana» (1967), «Avecrem y vuelta al mundo», «El auto de la fortuna», «Un piso para usted», «Siga la pista», «Dinero a domicilio», etc.  A los concursos en estudio de los años 40 y 50 les siguieron los concursos por teléfono de los 60 y 70. Joaquín Prat, José Luis Pecker o Juan de Toro son nombres vinculados a algunos de esos espacios. Patrocinaban programas o  promocionaban sus productos con espacios propios  marcas como Colacao, Avecrem, Nocilla, Zahor, Potax, Stralux, Ponds, Nivea, Norit o Gior por citar unas pocas. Entre los programas de variedades (con humor, concursos, música, entrevistas…) de esta época,  estaban el fin de semana «Tarde de Sábado» o  «Hoy es domingo», «Fin de Semana» o «Fin de fiesta». A fines de 1966 nacía «Mediodía Cadena Ser» que incluía un conocido concurso «El pototeo» de Juan del Toro. Gila, Pepe Iglesias (El Zorro) o Tip y Coll eran algunos de los humoristas que se asomaban a las ondas.

Entre las emisiones religiosas estaban la retransmisión de la Santa Misa,  desde alguna iglesia del centro de Pamplona, el rezo del Santo Rosario y la transmisión del Angelus. En Navidad y Semana Santa, toda la programación sufría un vuelco y las ondas se llenaban de música sacra o villancicos, sermones, escenificaciones y retransmisiones religiosas. La historia se teatralizaba en algunas ocasiones,  con la colaboración del cuadro de actores de Radio Madrid pero el hecho es que la radio también era un vehículo de divulgación de la salud, la cultura, el arte, la historia, los grandes sucesos y los grandes personajes de esta o  la educación, en general,  con el «Bachillerato Radiofónico», los premios «Holanda» con Joaquín Pelaez. Había hasta un método de lengua vasca en las ondas de Radio Requete en 1965. El espacio «salvavidas» o de solidaridad más famoso fue «Ustedes son formidables» en antena desde octubre de 1960 a junio de 1977, conducido por Alberto Oliveras. Por último y antes de hablar de dos espacios históricos locales me referiré a los programas femeninos, muy variados en sus contenidos, desde una receta a un consejo sentimental, pasando por temas como la moda en el vestir o la belleza: Entre sus título: «Para tí, mujer», «La cesta de la compra», «Confidencias SER», «Tiempo de belleza», «Cosas de casa», etc. En 1971 dejaba la dirección de la emisora Ramón Urrizalqui y la asumía Enrique Huarte Salvatierra. El 12 de enero de 1972 Radio Requeté trasladaba sus estudios del nº 4 de la avenida de Franco, donde estaba desde 1941, ( esto es durante 31 años), al nº 17 de la calle Yanguas y Miranda. Finalmente, por lo que se refiere a su titularidad, el 14 de enero de 1974 se creaba la sociedad familiar “Radiodifusión Navarra, SA”, propiedad de la viuda de Ramón Urrizalqui y de los hermanos Huarte. En el año 2003, la emisora abandonaba sus estudios en el centro de Pamplona, donde había permanecido también durante otros 31 años, y se trasladaba al polígono de Aizoain, donde continua en la actualidad. Un año más tarde, en 2004,  la emisora era vendida a la SER.

Desde el origen de la emisora, allá por 1933, siempre se emitieron programas infantiles; en los años 60, Joaquín Pelaez conducía en las mañanas de los domingos  «Todo para los chicos» y el jueves se emitía en el circuito local «Micrófono infantil», un espacio creado por Don Goyo. El programa pronto pasaría a la mañana del domingo sustituyendo al espacio de Peláez. Por este espacio y los estudios de Radio Requeté pasaron a lo largo de sus casi 30 años de vida,  cientos de niños pamploneses que pretendían demostrar  sus cualidades artísticas y musicales. El estudio de la radio tenía unas cincuenta butacas y estaba esas mañanas abarrotado. Asistían al estudio decenas de chavales, desde 4 a 17 años, aunque actuaban en torno a una quincena. En sucesivas actuaciones y eliminatorias se otorgaban diferentes premios y regalos a los participantes y ganadores.

Gregorio González «Don Goyo» había comenzado a hacer teatro radiofónico en Radio Requeté antes de ir a la mili. Corría el año 1942. tenía 17 años. Con 14 había entrado a trabajar de botones en el Banesto, donde permanecería más de 20 años,  trabajo que complementaba con la emisora, por las tardes. Uno de sus primeros espacios fue «El consultorio romántico del profesor Don Goyo» y empezaba a las tres de la tarde, (el nombre de Don Goyo se lo puso el tío Ramón); en dicho espacio aconsejaba a muchachas con problemas amorosos, vamos como el «Consultorio de Doña Elena Francis» pero sin tomárselo tan en serio. Al comenzar los años 60, Don Goyo se dedicaría ya solo a la radio,  creando  infinidad de espacios como «Discofilia» (aunque parece ser, según Don Goyo,  que fue idea de un tal Aurelio Vecino, si bien fue el realizador), «Gran Deportivo», «Iruñerías» o el citado «Micrófono Infantil y juvenil» (bieeenn), uno de los programas de más audiencia de la emisora  y de la radio navarra. En torno a 1967, inventó el espacio presanferminero «Ya falta menos». Un espacio histórico y pionero en su género,  (el de la participación ciudadana),   fue el mencionado espacio de participación ciudadana «Iruñerías». Nació en 1970 y estaba conducido por Valen Esparza y Pilar Martínez. Inicialmente se emitía el sábado,  a las 14,15, tras el informativo nacional. En 1971 pasó a las 16.00 horas. La gente llamaba a la emisora, en directo, para mostrar su opinión o protesta sobre cualquier tema, sólo estaba vetado hablar del Gobierno, Franco,  el Príncipe o el Ejército. Aparte de eso, se podía hablar casi de cualquier cosa: temas sociales, laborales, etc.,  lo que le ocasionó algún que otro problema, alguna llamada  de atención, incluso, insultos y amenazas. Como «Hora 25» fue uno de esos programas por entre los que se filtraba alguna brizna de libertad en aquellos tiempos. Don Goyo hizo todo tipo de espacios: concursos, publicidad (quien no se acuerda de sus ocurrentes pareados publicitarios), etc. Además fue actor aficionado en el cine y en el teatro local, este último con «El Lebrel Blanco». Tras su jubilación,  al comenzar los 90, colaboraría,  primero en Radio Nacional y posteriormente en Radio Popular. Falleció el 1 de noviembre de 2010.

No sé porque pero me viene a la mente junto a «Micrófono infantil y Juvenil» otro espacio que se llamaba «Conoce niño Navarra», creo que era un espacio divulgativo sobre nuestra comunidad que contaba con un concurso. Era un espacio vinculado a la figura de Amparo Toro. Amparo fue directora de las Escuelas de San Francisco y  promotora de los espacios infantiles de Radio Requeté. El citado espacio  que se empezó a radiar en 1967 estaba patrocinado por la Caja de Ahorros Municipal, cuyo director era entonces José Javier Urmeneta. El  programa se iniciaba al son de la «Ezpatadantza de Amaya» de Jesús Guridi  y contaba de dos partes: la primera era una exposición de un tema relacionado con Navarra, su historia, costumbres, tradiciones, etc. y la segunda parte era el concurso,  en el que se realizaban varias preguntas relacionadas con la exposición anterior que los niños tenían que contestar enviando las respuestas a la emisora. Entre los acertantes había varios premios y,  al finalizar el curso,  se realizaba con los ganadores una excursión de dos días conociendo alguno de los lugares de los que se había hablado en los programas. Para concursar había que tener una cartilla escolar en la Caja Municipal. El concurso fue premiado por el Ministerio de Información y Turismo en dos ocasiones:  1968 y 1972. Amparo falleció el 26 de noviembre de 1987 cuando estaba preparando el programa del domingo siguiente.

Muchas son las sintonías que yo recuerdo de esta radio pero entre ellas destacaría, además de la mencionada «Ezpatadantza» de Guridi,  la «Biribilketa» de Gainza asociada a  espacios publicitarios locales y a programas sanfermineros o el «En Forma» de Glen Miller asociada a programas deportivos, como «Fogonazos». No la recuerdo porque era muy crio, pero la cabecera de «Discofilia» era la famosa música de los «Cuatro Muleros» que popularizaban en esos años «Los pekenikes». Hay un antes y un después en la pequeña historia de la radio en España. En octubre de 1977, un decreto eliminaba la censura previa sobre los programas radiofónicos, censura que había durado 40 años. El decreto tiene fecha de 6 de octubre pero tres días antes la SER, cadena a la que estaba asociada Radio Requeté,  fue la primera en desconectar de Radio Nacional y en ofrecer el primer informativo propio de las 14.30. Más tarde se añadiría el de las 20.00 horas, inaugurando un horario que imitarían el resto de cadenas radiofónicas. Estos Informativos SER tomarían el nombre luego de «Hora 14» y «Hora 20». El informativo de las 22.00 horas era más corto. La estrella de la noche era sin embargo «Hora 25» que empezaba a las 23,30 si bien en 1984 pasó a las 23.00 horas. Además incorporó una de las primeras tertulias «La trastienda» en antena hasta 1986. Muchos son los nombres vinculados a este programa: tras Martín Ferrand vinieron Basilio Rogado, José Joaquín Iriarte, Angel de la Vega, Rafael de la Torre e Iñaki Gabilondo, Gerardo González, Fermín Bocos, Javier González Ferrari y Manuel Campo Vidal. «Matinal SER» ampliaba su horario en 1989 en una hora, de 6 a  9 de la mañana pero desde 1984 ya incorporaba desconexiones locales. La radio había ganado credibilidad. Sintonizaban la radio más de 16 millones de personas, recuperando parte del terreno que le había arrebatado la televisión. La noche del 23 de febrero de 1981 fue la noche de los transistores, como recordamos más de uno de aquella fatídica jornada. Surgen las grandes estrellas de la comunicación: Gabilondo, García, Del Olmo, etc. La radio de ámbito nacional desplaza los contenidos locales, la música se traslada a la radio-formula de la FM, la radio se tecnifica, pero va perdiendo poco a poco esa cercanía a su entorno más próximo.

En julio de 1976 Radio Requeté adquirió un equipo emisor de Onda Media de 2 Kw transistorizado y más tarde, en octubre de 1978,  se instaló una emisora estereofónica de 1 Kw. Finalmente, en noviembre de 1979 se montó una emisora de FM de 5 Kw de potencia que se ampliaría más tarde a 6 kw. El 23 de noviembre de 1978, como consecuencia de la aplicación del Convenio Internacional de Frecuencia de Ginebra de 22 de noviembre de 1975, pasó a emitir en 1584 Kilociclos. El 1 de mayo de 1984 Radio Requeté cambiaba de nombre para llamarse Radio Pamplona. No pudo recuperar el nombre original porque otra emisora ya había registrado el nombre un año antes. En 1989 pasaba a ser la SER en Navarra, manteniendo su autonomía administrativo-económica. En 1991 a las tres horas de «Matinal» se sumaban las dos de «Hora 14» y las cinco de «Hora 25» que comenzaba a las 19.00 horas. Era una programación dominada por la información de todo tipo. En el ámbito local las desconexiones informativas corrían a cargo de nuevas y veteranas voces, entre las primeras Elvira Obanos, Fernando Nieto, entre los segundos Javier Pagola, Valen Esparza y Javier Martínez de Zuñiga. A partir de septiembre de 1992 «Matinal SER» se reducía de 6 a 8 de la mañana mientras el programa «Hoy por Hoy» de Iñaki Gabilondo ganaba esa hora. En futuras entradas hablaré también de otras voces que aunque empezaron en otras emisoras también recalaron en Radio Requeté-Radio Pamplona como Carlos Pérez Conde o Teodoro González, entre otros.

En la época de la transición, la emisora se caracterizó por los espacios informativos y los de participación del público, además de demostrar una especial sensibilidad para incorporar espacios en euskera. En 1983, la Onda Media de Radio Requeté emitía durante las 24 horas, si bien el 60% del tiempo estaba en cadena. Desde 1978, antes del «Informativo SER» de las 14.30 se emitía un informativo local de media hora de duración y de 15,15 a 16,00 el programa «Batzarre», patrocinado por la CAN y compuesto por noticias, entrevistas, reportajes, parte de ellos en euskera. Estuvo en antena una década hasta 1988. Lo conducían Javier Pagola y Mikel Bujanda. Pagola, recientemente fallecido, había entrado en la emisora en 1969, con 20 años. A Bujanda le recordamos, sobre todo,  por todos aquellos espacios y microespacios en euskera que  que se encargó de dirigir y conducir, con el objetivo de hacer del euskera un medio de comunicación normalizado e integrado, conociendo su época de máxima expansión de 1979 a 1989 («Jokoak», «Ordu Erdi», «Emanaldi», «Solas Jolas», etc). Ellos dos,  junto a Esperanza Soroa constituían parte del equipo de informativos. A Soroa le recordamos por sus entrevistas y cafés-tertulias de sobremesa. De 1982 a 1988 los informativos locales cambiaron de nombre y se concentraban en tres grandes espacios: «El día por delante», a las 8,45, «Batzarre» a las 15.00 horas y «El día fue así» a las 22.10 horas. Posteriormente los espacios informativos locales de mañana se intercalarían en sucesivas desconexiones entre las noticias nacionales e internacionales de «Matinal Cadena SER». En 1983 se incorporó tras el Angelus «Ahora mismo en Navarra» que en 1985 pasaría alas 13,15 horas.

Los antiguos programas de servicio público se agruparon bajo el nombre genérico de «Area de servicios»,  a partir de 1988,  y se incorporaron nuevos espacios como  «El mercadillo» o  la retransmisión del «Sorteo del cupón pro-ciegos» o relacionados con el mundo inmobiliario. Surgieron espacios dedicados al agro («El hombre del campo»), el mundo del motor («Contacto»), la pesca («Onda pesquera») u otros que recogían la tradición de la radio del automóvil («Caravana de amigos)». Continuaron los deportivos «Carrusel…» con el partido de la jornada y «Gran Deportivo» (este hasta 1992),  y surgieron «Extragarcia» y más tarde en ese mismo horario «El larguero» (1989) con José Ramón de la Morena. En el circuito local a Martínez de Zuñiga se uniría Chus Luengo que luego recalaría en Onda Cero. Como en la información general, la deportiva se iría diluyendo dentro de los grandes bloques de información en cadena. Surgieron lo magazines matinales,   en 1983  «Onda media: Aquí la Ser» sustituido en 1987 por «Hoy por Hoy», seguido de su extensión local, el «Hoy por Hoy Pamplona», pero en esta década también hubo otros magazines locales y en cadena: reportajes, concursos, entrevistas y presencia en la calle en ¿Qué pasa aquí», entrevistas en «El café de las 4» de Esperanza Soroa, «Pamplona de mi querer», «La tarde es nuestra», en 1988, «A la tarde SER» (hasta 1989), aun se seguía emitiendo «Iruñerías». Y el fin de semana, desde 1988, «A vivir que son dos días», con Concha García Campoy.

Mientras la información dominaba la programación ya desde el comienzo de los 80 la  música se fue trasladando a la Frecuencia Modulada, sobre todo desde 1978,  y los seriales y programas religiosos desaparecieron por completo. Cabe citar durante algún tiempo el revival de la llamada canción española en «Coplas de mi SER», a cargo de Carlos Herrera o el resurgimiento del humor en la radio si bien con otra orientación, más política, «La Verbena de la Moncloa», el equipo de «Lo que yo te diga» o personajes como «Doña María» de Luis Figuerola Ferreti, «el señor Casamatjo» de Xavier Sarda, las imitaciones de los políticos por Pedro Ruiz («Que se ponga») o Javier Capitán, etc. Cambiaban también las fórmulas publicitarias, patrocinando una o varias firmas programas o bloques programáticos. El cine, la salud, la ciencia, la tercera edad («Ilusión 60», «Club Edad de Oro») también contaron con sus programas. Y aparecieron también en los 80 los espacios de madrugada: «Medianoche», «De la Noche a la mañana» o «El loco de la Colina». Como ya he dicho, desde 1977-78 la FM contó con una programación autónoma que se extendía desde 9.30 a la 1 de la madrugada, ampliada luego (1984) de 7 de la mañana  a 3 de la madrugada. Junto a las listas de éxito tenían cabida la música clásica, el jazz y otros ritmos. Era voces de este canal musical, «Boby» Roberto Gómara y María José Ciordia. A finales de los 80 las listas musicales de la Ser y un par de espacios más copaban toda la programación. En 1988, las emisoras FM de la cadena pasaban a denominarse «Cadena 40 Principales» y casi toda la programación se realizaba y emitía en cadena. Este año comenzaron a emitir sus programas vía satélite. En 1989 la FM emitía en frecuencia 92.2 y con potencia concedida de 6 Kw. El 1 de Febrero de 2019, la antena que daba servicio a Radio Pamplona, en la frecuencia de 1575 Khz, se apagó para siempre en OM.  El  7 de Febrero de 2020, desmontaban la antena, tardaron  5 o 6 horas.

Fotos por orden de aparición: Nº 1. Cruce de la entonces Avenida de Franco (hoy de la Baja Navarra) con la calle Bergamín. 1975. Idoia Zabaleta, Nº 2: El Tío Ramón junto al Padre Carmelo en algún acto benéfico en favor de la Institución Cunas. Aprox. mediados de los años 50, Nº 3. Representantes de los medios de comunicación junto con el presidente de Osasuna. De izquierda a derecha: Arturo Gracia, Gregorio González «Don Goyo», Mario Echeverria «Conde Calixto», Emilio G. Ganuza (presidente de Osasuna), Carlos Alzu «Caral» y José A. Barber «Fido», 1970. www.futnavarra.es. Federación Navarra de Futbol. Nº 4: Sorteo de una cesta gigante para el programa «La hora blanca» con un propósito benéfico. 1968, Nº 5: Alberto Oliveras. Conductor del programa «Ustedes son formidables», de https://parecequefueayer.espaciolatino.com/. Nº 6: Soporte conmemorativo del 40º aniversario del espacio «Hora 25» de https://historico.prnoticias.com/ Nº 7: Joaquín Luqui, de https://www.efeeme.com/ Nº 8: Angel Alvarez en una tienda de discos de Nueva York, Cortesía de Adela Gutierrez. Sin datar. Nº 9: Enrique de Cía Amestoy, más conocido como «William», Nº 10: Portada de la revista musical «Disco Expres» editada en Pamplona por José Luis Turrillas y  Joaquín Luqui. el 1º número salió el 15 de diciembre de 1968. Nº 11, 14 y 15: Javier Martínez de Zuñiga, Don Goyo y Valen Esparza. Archivo Diario de Noticias, Nº 12: Donde estaban los estudios de Radio Requeté, desde 1972 a 2003,  hay actualmente una farmacia con servicio de 24 horas, Nº 13: Espacio infantil de Radio Requeté de Pamplona, probablemente de principios de los años 40, Nº 16: Emisión del programa de radio «Conoce Niño Navarra» en los micrófonos de Radio Requeté de Pamplona. Años 60, «Mujeres que la Historia no nombró». Ayuntamiento de Pamplona. 2005.  Nº 17. Amparo Toro de Alvarez, educadora, directora de las Escuelas de San Francisco y creadora del programa «Conoce, niño Navarra». Archivo familiar Alvarez Garde. Mª Rosario Garriz Yague En «Mujeres que la Historia no nombró». Ayuntamiento de Pamplona. 2005.  Nº 18: Iñaki Gabilondo en los inicios del programa «Hoy por Hoy», Nº 19: Invitación a los estudios de la SER para asistir al espacio El Larguero. 1996, Nº 20: Antena de Radio Requeté, Nº 21: Mikel Bujanda ante los micrófonos de «Euskalherria Irratia», Nº 22: Javier Pagola recibiendo un galardón. Años 80. Diario de Navarra, Nº 23: Esperanza Soroa, Nº 24: José María García, Nº 25: Concha García Campoy en su programa «A vivir que son dos días», Archivo ABC. Nº 26: Javier Capitán y Luis Figuerola Ferretti. Archivo Cadena SER y Nº 27. Jesús Quintero, «El loco de la colina». 1983. Agencia Efe.

Qué leían los niños durante el franquismo. Publicaciones infantiles (1939-1975)

Aunque en alguna entrada del blog ya me he referido, en cierta forma,  a estas publicaciones, si bien desde una visión personal y de recuerdo, -cuando murió Franco tenía tan solo 12 años-,  en esta ocasión lo hago con un criterio mucho más historicista y profusamente ilustrada. Los cuentos e historias infantiles tienen una larga tradición en la literatura. De niños ¿a quienes,  en casa, no le han contado un sucedido, una historia, un cuento  o una fábula?. También es verdad que el dibujo, la viñeta,  se revela casi siempre como el mejor vehículo  para llegar hasta los más pequeños y retener su atención, es mucho más fácil  que obligarle a leer  un libro. Los dibujos animados de la tele han tenido siempre un voraz y fiel público menudo. El nuevo régimen surgido tras la guerra no perdió la ocasión de intentar influir y adoctrinar a los más pequeños a través de sus publicaciones infantiles  absolutamente dogmáticas e  ideologizadas:  la falangista «Flechas» (1937) y la carlista «Pelayos» (1936) que se fusionarían  luego bajo el nombre del semanario «Flechas y Pelayos» (1938). Durante la guerra, en la zona republicana nació «Pionero rojo» y en 1938 nacía la revista «Chicos» que cerró en 1955.

Hasta la guerra civil había dos grandes publicaciones de historietas, en primer lugar, el TBO, nacido el 17 de marzo de  1917, creado por el impresor Arturo Suarez en Barcelona y editado, desde el nº 10  por Buigas Garriga y más tarde también por  Estivill y Viña que lo editaron hasta 1983, si bien con algún titubeo o irregularidad desde la guerra hasta 1951, desde 1986 por Bruguera y tras la desaparición de ésta, desde 1988 y hasta 1998 por Ediciones B. Esta publicación,  emblemática como pocas,  daría nombre popular (el tebeo) a la publicación con que en otros países se conoce la historieta gráfica o el comic. Muchas de sus historias y viñetas no resistirían seguramente el actual espíritu de corrección política y social. En 1936 llegó a tirar un cuarto de millón de ejemplares.  La segunda publicación importante fue la revista Pulgarcito, editada semanalmente desde 1921 por la editorial Gato Negro que desde 1940 se convertiría en Editorial Bruguera. Fue retomada por Ediciones B en 1987. En ella y a finales de los 40 se publicaron las primeras historias de Carpanta, Doña Urraca, Zipi y Zape, el reportero Tribulete, la familia Cebolleta, las hermanas Gilda o Mortadelo y Filemón, estos últimos aparecidos en 1958, de la mano de Francisco Ibañez. Eran en la mayoría de los casos antihéroes, personajes sin suerte, que hacían reir o sonreir pero que escondían tras sus diálogos la realidad de una España atribulada por la escasez en una inesperada muestra de realismo social. En 1949 salía «Superpulgarcito» y en 1969 «Gran Pulgarcito». Habría otras publicaciones infantiles pero ninguna de ellas llegaría ni de lejos a la fama ni a la duración de las mencionadas: «Chiquilín» (1924), Pinocho (1925) de Saturnino Calleja, «Macaco» (1928). Y en los años 30, «Yumbo» (1934) de Hispano Americana de Ediciones, resucitado en 1952, «Mickey» (1935) de Molino que publicaría los éxitos de Walt Disney, «Aventurero» (1935), resucitado en 1953,  también de Hispano Americana. En 1943 tenemos el semanario «Jaimito» muy parecido, en forma y contenidos, al TBO o Pulgarcito.

Otros títulos destacados eran, en aquellos años  «Roberto Alcazar y Pedrín», creada en 1940 por el guionista y editor Juan Bautista Puerto Belda, propietario de la Editorial Valenciana y el dibujante Eduardo Vaño Pastor que se editó hasta 1976; «El guerrero del antifaz» creado por Manuel Gago García en 1944 para la Editorial Valenciana  que se editó hasta 1966, llegó a tirar más de 200.000 ejemplares  y «Hazañas Bélicas» aparecido en 1948 de la mano de Editorial Toray. En algún caso,  alguna de  estas publicaciones, como Roberto Alcazar y Pedrín fue acusada por su deplorable maniqueismo, la glorificación de la violencia o fuerza bruta y buena parte de sus mensajes.  como el  mejor exponente de tebeo del «Régimen». Otras historias fueron las de Juan Centella, el inspector Dan o «El Cachorro» (1951). Había otras como «Las aventuras de Jorge y Fernando» (1944)  o libritos de aventuras como  «Aventuras de Dick Turpin, el audaz enmascarado» editado por Gato Negro o  «Bill Barnes, aventurero del aire» de Editorial Molino, sin olvidar  «El coyote» de Jose Mallorquí (1943) o Doc Savage, que conocieron  versiones de novela popular, pulp, y de comic o tebeo. La mexicana Editorial Novaro traería por su parte a «El llanero solitario» así como otros títulos importados de Estados Unidos, entre ellos «Superman». Y no podemos olvidar las novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía, cuya primera novelita, editada en 1943, -escribió unas 1.600 a lo largo de su vida-, se llamaba- «La mascota de la pradera» y fue editada por Ediciones Maisal.

En los años 50 proliferan los títulos de tebeos, (con más de 500 series), pero sin lugar a dudas el tebeo más icónico de nuestra historia es el del Capitán Trueno. Fue creado en 1956 por Victor Mora que firmaba los guiones mientras los dibujos corrían  a cargo de Miguel Ambrosio Zaragoza, Ambros. El primer número se llamaba «A sangre y fuego» y costaba 1,25 pesetas. El capitán Trueno era un caballero español de la Edad Media en tiempos de la 3ª cruzada (finales del siglo XII) que acompañado de sus amigos Goliath y Crispín, y a veces también por Sigrid, novia de Trueno y reina de la isla de Thule se dedicaba a recorrer el mundo en busca de aventuras en las que ejerce de defensor de la justicia y liberador de los oprimidos. El propio Mora estuvo algún tiempo en prisión por actividades «subversivas», era miembro del PSUC. En 1958, Mora retomó la exitosa fórmula del Capitán Trueno (llegó a tirar más de 350.000 ejemplares) y creo una nueva serie: el Jabato, ambientada esta vez en la época romana y dibujada por Francisco Darnís. Al Jabato, campesino ibero reconvertido en héroe contra la opresión romana le acompañaba el fortachón también íbero Taurus, la dama, Claudia, patricia romana convertida al cristianismo y Fideus de Mileto un bardo griego. De Mora y el dibujante Fernando Costa era El Cosaco verde (1960), ambientada en Rusia, que cambió de color para evitar la censura, -eran tiempos en los que la Caperucita no era roja sino encarnada-, y también de Mora fue «El corsario de hierro» (1970), teniendo como protagonista a un bucanero. Tanto el Capitán Trueno como Jabato conocerían en los años 70 nuevas aventuras y mejores presentaciones bajo el añadido de Color, Trueno Color y Jabato Color. Otros títulos de esta década fueron el DDT de Bruguera, la reconversión del serial radiofónico en tebeo, de Diego Valor (1954), impresa por Ediciones Cid que también resucitó, aunque por poco tiempo, la mencionada y una de las más populares revistas  infantiles de la postguerra «Chicos».

En los años 60  nacen «Tío vivo»,  «Tele Color» (1963) donde los personajes de los dibujos animados de la tele encuentran acomodo, «Topo gigio» (1965), «Tintín» (1967), «Bravo», «Gaceta Junior» y «Delta 99» (1968), «Piñón» (1969), curiosa revista editada por Magisterio Español y la Confederación de Cajas y que nos llegaba hasta las escuelas. Me acuerdo perfectamente de ella. Se empiezan a importar, en estos años,  con mucha más asiduidad,  personajes y materiales desde el extranjero que en las décadas anteriores, todo hay que decirlo,  era un hecho bastante excepcional.  Todas estas novelas y tebeos eran objeto de alquiler, en algunos de las librerías existentes entonces en el Casco Antiguo y por supuesto del resto de la ciudad. Recuerdo que en la librería de la Pachi, de la avenida de Marcelo Celayeta, (que no se llamaba Pachi, sino Saturnina, Pachi se llamaba su marido), se  cambiaban por un módico precio estas novelitas y tebeos. ¡Ay de aquellas veces que alguno  que alquiló la novela o el tebeo antes que tu arrancó  alguna página de la publicación provocando el natural  berrinche y frustración por la interrupción seguramente en el mejor de la aventura!. Seguro que a más de uno le sucedió esto. Los años 70 trajeron alguna publicación de gran calidad como la quincenal «Trinca» si bien apenas duró tres años. Editada por Doncel, contaba con series aventureras más maduras y adultas como un especial sobre la historia del Cid  que recuerdo haber visto en mi casa y otras historietas de temática diversa, como «Manos Kelly», «Los Guerrilleros»  y «Haxtur». En esta década se reeditaron series históricas como el Guerrero del antifaz (1972), Chicos y Hazañas Bélicas (1973).

También había revistas  e historietas para chicas. Todas o casi todas promovían un rol de la mujer que postulaba aquel régimen surgido de la guerra: el único papel de la mujer, en aquel tiempo y en aquella sociedad,   era el de madre y  esposa, sufrida y abnegada, el descanso del guerrero, como se decía entonces. Entre estas publicaciones se encontraban la revista «Mis chicas» (1941-1950), la primera revista de historietas femenina de la postguerra (con secciones variadas de cine, moral, literatura, consejos, etc) y gran éxito popular, «Chicas» (dirigida a las adolescentes),  «Sissi» (1958-1963) con fotos de las estrellas de cine y la canción en portada,  «Azucena», «Ardillita» que siguió su estela, «Florita», «Mariló» (1950), Margarita, etc. «Azucena» fue una colección de cuadernos de historietas, representativo del llamado tebeo de hadas, publicado por Editorial Toray entre 1946 y 1971. Como la mayoría de los cuadernos de historietas gráficas del momento tenía un formato apaisado con portada en color e interior en blanco y negro.  «Florita» fue, por su parte,  una revista juvenil femenina, de las de más éxito de entonces, con más de 100.000 ejemplares de tirada,  publicada a partir de 1949,  sucesivamente por Ediciones Cliper y desde 1958 por Ediciones Hispano Americana. Incluía historietas y secciones orientadas a la mejor formación de las niñas (pequeños defectos que debes corregir, decoración, vidas ejemplares, consejos, etc) vamos todo un ejemplo de la época del nacional-catolicismo de entonces. Supuso un cambio del tebeo de hadas que representaba «Azucena» y «Ardillita» a la nueva historieta romántica.

Dejando a un lado los tebeos y revistas, debería citar también todos aquellos libros que estaban específicamente orientados, en aquellos años, al público infantil y juvenil. En 1956, Editorial Bruguera lanzaba su colección «Historias Selección», eran libros que contenían versiones más reducidas que las obras originales con  páginas, con viñetas, que resumían parte del contenido de la historia. Costaban 25 pesetas. Una bonita manera de introducir a la infancia en la literatura de todos los tiempos. Esta biblioteca juvenil contaba,  a su vez,  con un buen número de series que agrupaban las diferentes obras publicadas: Clásicos Juveniles (La isla del tesoro, Robinson Crusoe, La pequeña Dorritt, David Copperfield, Oliver Twist, Tartarín de Tarascón, Cuento de Navidad, Los Viajes de Gulliver, etc), Grandes Aventuras, Mujercitas, Cuentos y Leyendas, Julio Verne (La vuelta al mundo en 80 días, Los hijos del capitán Grant, las tribulaciones de un chino en China), Historia y Biografía, Sissi, Pueblos y Países, Pollyana, Karl May, Emilio Salgari (Sandokan), Ciencia Ficción, Nancy, Héroes, Heidi, obras de Mark Twain (El príncipe y el Mendigo, Un yanqui en la corte del rey Arturo, etc), de Alejando Dumas (El conde de Montecristo, Los tres mosqueteros, etc). Durante aquellos años  no se perdía la ocasión para,  al calor del nacional-catolicismo imperante,  obsequiarnos con vidas ejemplares de santas y heroínas como Bernadette o Juana de Arco. En mi surtida biblioteca guardo no menos de una docena de estos libros que conseguí en diversas ediciones de la  feria del libro de antiguo y de ocasión de Pamplona.

Editorial Molino fue junto a Bruguera, aunque a gran distancia de ésta,  la editorial que más obras publicó destinadas al publico infantil y juvenil. Entre algunas de sus series más famosas estarían las obras de Enid Mary Blyton. Ahí estaban las series de «Los Cinco», «Secreto», «El club de Los Siete Secretos», «Misterio» y «Torres de Malory». Tampoco habría que olvidar las «Aventuras de Guillermo»,  y sus inolvidables travesuras,  de Richmal Crompton. Y aunque ya los cité, al menos una buena parte en la otra entrada del blog, recordaré los cuentos de Perrault, los hermanos Grimm y el danés Hans Christian Andersen, basadas,  muchos de ellos, en relatos y leyendas preexistentes, las fabulas de Esopo, Iriarte y Samaniego,  los cuentos  de «las mil y una noches» (Aladino, Ali Baba, Simbad, etc); el Corazón de Edmundo D´Amicis (quien no se acuerda de Marco), Pinocho, Peter Pan, El libro de la Selva, Tarzan, Alicia en el país de las maravillas, El principito  y un largo etcétera.  Fruto de la pluma de un sacerdote francés, Michel Quoist, fueron las celebres «El Diario de Daniel», que leí, cuando estab aen el Cardenal ilundain y «El diario de Ana María» dirigidas a adolescentes de uno y otro sexo. Las narraciones de la condesa de Segur; las series de Antoñita la Fantástica de Borita Casas;  las aventuras de Mari Pepa,  de Emilia Costarelo o las de  Celia,  de Elena Fortún son algunos de los  otros títulos de series de literatura infantil que no quisiera dejar de mencionar en este post. Mención aparte, aunque quede fuera del tiempo de análisis  merece la obra editorial de Saturnino Calleja, que publicó casi toda la literatura infantil que se había escrito hasta entonces,  (finales del XIX y principios del nuevo siglo), ¿quien no recuerda esa expresión hecha de «tienes más cuento que Calleja»?. Seguro que se me quedarán en el tintero infinidad de títulos y autores. Espero que los lectores sean benevolentes y vayan completando esta modesta entrada que no pretende más que echar una mirada a lo que leímos nosotros, nuestros padres o dependiendo de la edad de quien lea este artículo incluso nuestros abuelos.

Fotos: Archivo propio y de la familia Abarzuza-Fontellas

Olas de frío y nevadas en el viejo Pamplona (1956-2021)

ACTUALIZADA. Es una frase ya hecha sobre todo en personas de cierta edad decir aquello de ya no nieva como antes o ya no hace el frio que hacía antes. De vez en cuando un temporal de frio o una ola de calor nos hace volver la vista atrás para ver en qué fecha tuvimos aquella gran nevada o aquella ola de frio que heló el rio Arga o la última ola de calor que derritió el asfalto. De alguna de ellas me acuerdo porque las he vivido, para hablar de otras echaré mano de la hemeroteca. Empezaremos por el frio y las nevadas, dejando el calor para otra entrada posterior. En febrero de 1956 se registró una de las peores olas de frio que se conocen en la historia climatológica de nuestro país, de las 25 habidas desde 1900. El día 22 de febrero el termómetro llegó en Pamplona a los 15,2 grados bajo cero. Las temperaturas bajo cero se prolongaron durante varios días. Sin duda esta es la más famosa  ola de frío de la climatología española. La ola de frío de febrero de 1956, contó en España con 25 días consecutivos de heladas, (comenzó el  día 1 y terminó el día 25). Fue el mes más frío desde 1833. Tres oleadas sucesivas de aire siberiano alcanzaron de lleno la península. Fue tal su intensidad que se formaron carámbanos de agua marina en la Costa Brava, algo absolutamente insólito. La mínima la marcó un lugar de montaña de Lleida que superó los 32º bajo cero.

Habían sido también inviernos gélidos los de enero de 1945 y enero y febrero de 1954. Tras la ola de frio de 1956 vendrían las de diciembre de 1962-enero de 1963, diciembre de 1970-enero 1971 (con cerca de medio metro de espesor) y enero de 1983 y enero de 1985. Es un hecho constatable que en las décadas de los 60 y 70 las nevadas se producían con más frecuencia y yo creo que con mayor  intensidad  que en la actualidad ¿razones de esto?, ¿el cambio climático? ¿Quién lo sabe?. Algunos dicen que esto es una impresión subjetiva: que antes nevaba igual que ahora pero que había muchos menos coches circulando en la ciudad y no se limpiaban las calles como ahora. Puede haber algo de cierto pero solo en lo del tráfico y la limpieza de los viales pero el hecho es que esas nevadas de 20, 30 o 40 centímetros de espesor no las he visto yo en ningún  parque de la ciudad desde  finales  de los 80 del pasado siglo y aún antes. Hubo temporales de nieve destacables en 1966 (el 19 de enero), 1967 (el 10 de enero), en 1973 (el 9 de abril, tras unos días inusualmente supercalurosos), en 1978 (el 18 de noviembre), en 1979 (el 16 de febrero), en 1980 (el 14 de marzo y el 1 de diciembre, esta última con 40 cm de nieve en la capital) Estas últimas con desastrosas consecuencias por el deshielo de la nieve en los valles y rios del norte de Navarra, que hizo que se desbordará el Arga, como vimos en la entrada dedicada a las inundaciones.

Si por edad, no pude conocer la ola de frio de 1956 o la del 1963 si que recuerdo lejanamente las nevadas de la navidad de 1970-71 (estaba en las escuelas del Ave María, haciendo 2º de Primaria, con Don Emilio Loitegui), fue la segunda ola más importante  (se llegó a 12 grados bajo cero y también se heló el rio como en 1985) y sobre todo recuerdo  las olas de frio de 1983 y 1985. En 1983 estaba yo haciendo 2º de periodismo en la Universidad de Navarra. También fue en febrero, el día 7 de febrero, para ser más exactos. Nevó con intensidad en la ciudad cubriéndose ésta con una espesa capa de nieve de más de 20 centímetros. La temperatura descendió hasta los 12 grados bajo cero por lo que la ciudad se convirtió en una autentica pista de hielo. Sin embargo la helada no duró tanto como la siguiente, la de 1985, pues solo duró diez dias, hasta el día 17 de febrero.

En enero de 1985 estaba haciendo 4º de periodismo cuando empezó a nevar el día 4 de enero, heló  y la ola de frio se prolongó durante un par de semanas, hasta el día 17. Durante casi quince días las temperaturas permanecieron bajo cero. Iba camino de la universidad con dos compañeros que vivían en el Casco Viejo y veíamos los enormes carámbanos colgando de los edificios y de los viejos barracones y edificaciones de la Ciudadela por la que atravesábamos rumbo a Fuente del Hierro y el campus. El día 12 murió un hombre de 50 años a causa de las bajas temperaturas. Fue encontrado en el exterior de la antigua oficina de turismo de Pamplona, en la calle Duque de Ahumada. Creo recordar que en aquella ocasión llegamos a tener 15 o 17 grados bajo cero. El cauce del rio Arga apareció helado en la mañana del sábado día 12 de enero. Aun recuerdo bajando en la madrugada de ese día desde el barrio de San Juan, por el puente del Plazaola y asistir al inédito espectáculo del rio totalmente helado. Aquellos días hubo infinidad de caídas y cuantiosos daños por el hielo en aceras y calzadas de la ciudad además de algunas clases suspendidas en colegios y concentraciones escolares. Aquel mismo año vimos nevar en una fecha tan tardía como el 6 de mayo. Lo recuerdo porque así lo registré en una revista en la que colaboraba en aquel tiempo. Un par de años más tarde, el 14 de enero de 1987 Pamplona quedó colapsada por una enorme nevada que mantuvo la ciudad blanca durante varios días por las bajas temperaturas que superaron los 10º bajo cero.
Años más tarde, en 1989, la nieve llegó como en 1985 también en fechas muy tardías, nada menos que el día 4 de abril. También hubo  nevadas u olas de frio, que de todo hubo,  en Pamplona en diciembre de 1990, marzo de 1993, enero de 1994, enero de 1996, abril de 1998, febrero de 1999, febrero y diciembre de 2001, finales de enero de 2005, el invierno del 2009-10, y la última ola de frio destacable  en febrero de 2012, con temperaturas de 8 grados bajo cero aunque la sensación térmica fue de temperaturas muchísimo más frías. Desde ese año y hasta 2018 cabe señalar nevadas, por lo general de muy escasa entidad en Pamplona, una o  como mucho dos a lo largo del año, hasta el 2018 en que hubo cinco o seis entre enero y febrero, la más importante fue  la de finales de febrero con 15 cm de espesor. Las temperaturas de estos días son, no obstante, las más bajas registradas en la comunidad desde  el año 2012  con 6 grados bajo cero los días 7 y 8 de enero  y hasta los 18 o 19 grados bajo cero en algunos puntos altos de Navarra:  18,9 en Erremendía (Salazar) y 19,6 bajo cero en Urbasa. El máximo, no obstante lo ha marcado estos días la  estación meteorológica de Vega de Liordes, en León, con 35º bajo cero. En otros puntos del país, como Madrid, no se habían conocido unas nevadas tan copiosas desde hace casi 70 años, desde 1952, con más de medio metro de espesor.

Fotos: Nº 1: el rio Arga en la zona del puente de San Pedro (enero de 1971);  Nº 2: Avenida de  Carlos III (enero de 1966), a la altura del teatro Gayarre, ambas  de  Zubieta y Retegui; Nº 3:   Avenida de Roncesvalles  (febrero de 1970). Foto Gomez;  Nº 4. calle Mercaderes (febrero 1970). Foto Galle. Archivo Municipal de Pamplona.

2020: un año para olvidar. Reflexiones personales e históricas sobre el año de la pandemia

El 30 de marzo de este año, hace exactamente nueve meses, escribía una entrada en la que recordaba la gripe de 1918 y la comparaba con la pandemia que empezábamos a sufrir entonces,  apenas incipiente:  hablaba entonces de un millón de afectados y 50.000 muertos en todo el mundo. Hoy, en el día de Nochevieja, una fecha que no celebraremos como otros años, como no hemos celebrado tantas otras cosas en este 2020, -sin ir más lejos los tradicionales sanfermines-, podemos hablar de más de 80 millones de afectados y camino de los 2 millones de muertos en todo el mundo, esto si nos quedamos con las cifras oficiales, porque cuando esto pase, conoceremos, de verdad,  el exceso de mortalidad que ha habido en el mundo y probablemente las cifras se multipliquen al menos por dos, de eso estoy casi seguro. Cuando son más las dudas que las certezas, cuando tímidamente se empiezan a inocular las primeras vacunas entre la población más vulnerable y la pandemia lejos de remitir se expande con inusitada velocidad por el Reino Unido y otros países de Europa, algunos de los cuales sufren un estricto confinamiento, miro hacia atrás y también hacia adelante y creo que solo la capacidad de resiliencia, -esa extraña palabreja que tan de moda se ha puesto en los últimos tiempos-, nos permitirá seguir adelante,  como personas y sociedades, sin demasiados traumas o efectos secundarios.

Para la historia de la humanidad quedará el confinamiento, en un determinado momento, de más de 3.000 millones de personas, los efectos devastadores sobre las economías de los países y en última instancia sobre la vida de las personas. Recordaremos,  de Pamplona,  en los momentos más duros, sus calles extrañamente vacías y  desiertas,   casi todos sus establecimientos cerrados y ello durante casi dos meses, los que van del 15 de marzo al 11 de mayo; la hostelería el doble de tiempo (de marzo a mayo y de octubre a diciembre) y el resto del año, con severas restricciones; los centros sanitarios al borde del colapso en determinados momentos, sobre todo en la primera ola; los entierros rápidos sin haber tenido la oportunidad, en muchos casos de despedir, en el postrer aliento, a esa persona tan querida; los ancianos más débiles falleciendo en las residencias, a veces sin auxilio, porque había que priorizar los escasos recursos de las UCIS en la salvación de otras personas con más posibilidades de supervivencia,  así de duro pero así de cierto. Que se lo pregunten, sino a algunos familiares que padecieron esta experiencia.

Son muchos los amigos y conocidos que han pasado la enfermedad, con mayor o menor fortuna, con mayor o menor virulencia. La segunda ola que tocó techo en octubre en Navarra,  con casi 700 infectados diarios,  elevó la cifra de contagiados de forma vertiginosa. Navarra, durante algunas semanas, tuvo el dudoso honor de convertirse, por desgracia, en una de las regiones con más incidencia del virus, por número de habitantes de Europa. Hoy en día ha habido más de 40.000 infectados y cerca de un millar de muertos en nuestra comunidad, aunque según las pruebas de seroprevalencia casi 100.000 navarros, uno de cada seis, ha podido estar en contacto, en algún momento con el virus, incluso pasarlo sin síntomas aparentes. Nos ha tocado incorporar como prenda permanente a nuestro vestuario la mascarilla, -a poder ser FFP2-, tanto en la calle como en interiores, el gel hidroalcohólico, las rutinas de limpieza y autocuidados que, en otras circunstancias nos habrían parecido estrambóticas o exageradas. Ya no nos besamos, ni nos damos un apretón de manos. La prevención, la necesidad del distanciamiento social para contener la propagación del virus ha dejado atrás elementales normas de cortesía o educación largamente asentadas. En nuestra vida laboral, incluso social,  se ha incorporado de forma natural la videoconferencia.

Ha habido también en estos meses espacio para el justo reconocimiento de algunos colectivos profesionales que han dado el do de pecho pero también habría que recordar las actitudes egoístas e insolidarias de algunos individuos, a los que pareciese que la pandemia no iba con ellos. Y que decir de la clase política: no han estado a la altura en muchísimas ocasiones, les ha faltado altura de miras y velar por los intereses generales de la población. Tampoco los gobernantes han estado acertados: infravaloraron el peligro de esta pandemia, nos trataron como a niños, nos mintieron con el tema de las mascarillas diciendo al principio que no eran necesarias cuando hubiera sido más honesto decir a la población la verdad, que no había existencias ni de este producto ni de otros tantos elementos de protección, repitieron, como un mantra, que no se dejaría a nadie atrás pero buena parte de los autónomos de este país corren serio peligro si esta situación se prolonga. Muchos se han quedado ya por el camino. A veces la situación que hemos vivido, que estamos viviendo, tiene una apariencia de distopía que nunca hubiéramos imaginado que fuera a suceder pues situaciones como las vividas tan solo las habíamos visto en algunas películas catastrofistas o de ciencia ficción.

En lo personal, vamos a decir que hasta el momento hemos tenido suerte, en cuanto a la salud, de todos modos vamos a tocar madera, por si acaso;  el blog  ha estado, este año,  poco activo porque su creador, un servidor, como imagino que  todos este año, ha tenido sus altibajos anímicos y escribir una entrada como las que escribía habitualmente hasta este año exigía mucho  tiempo y una adecuada disposición y, la verdad, no he andado muy sobrado de ellas, sobre todo de la segunda. Somos humanos y estas cosas nos afectan y yo no he sido un caso aparte. Confío, espero,  que este año 2021 podamos ver la luz al final del túnel y que podamos salir reforzados de esta dura experiencia. En cuatro o cinco generaciones nadie se había visto en una situación similar. Insisto lo más parecido por su carácter planetario fue la pandemia del 18 y allá queda. Tras ella vinieron los felices años 20. ¿Vendrán también ahora?. Quiero pensar que si este cataclismo no nos ha hecho  mejores, que lo dudo, si nos dará a muchos una  perspectiva diferente  en la que prioricemos verdaderamente otros principios y  valores y sobre todo seamos conscientes de la enorme fragilidad  de nuestras vidas, para no desperdiciar nuestro  tiempo en nimiedades.

Fotos: Nº 1, 2, 3, 4, 5 y 7. Fotos de diferentes zonas del Casco Antiguo a lo largo de este año de pandemia. Adoquines y Losetas. Autor: Javier Muru Fraile. Foto 6. cartel de la campaña. «Casco antiguo, comercio seguro». Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona.

El Asilo del Niño Jesús, un precedente de las actuales guarderías y escuelas infantiles

Me remitió esta foto para la sección «Participa en el blog», Miguel Angel Dominguez hace un par de años, y junto a ella daba las siguientes notas sobre la citada fotografía personal: «Entre los años 50 al 58 según creo, las monjas del convento que está en la plaza de los ajos, (el convento de las Agustinas Recoletas), tuvieron abierta  una  guardería.  Estos son los niños que íbamos a ella en el año 1956 o 57, no sé exactamente  en qué año está realizada la foto, pero calculo que sería de esa época. La fotografía de la clase que está plasmada en el apartado «Recuerdos» (Nota del autor el blog: imagino que se refiere a la entrada del blog que tiene por título «Escuelas, cantinas y colonias») es parecida a la que íbamos nosotros, también teníamos un comedor muy parecido al que está fotografiado en  dicha entrada donde nos daban la comida. Salíamos al recreo a la plaza de los ajos, excepto cuando nevaba mucho que  entonces nos bajaban a la carbonera a jugar. También a la entrada de la guardería  había un mostrador donde vendían  caramelos. La foto está tomada en los jardines de la Taconera». 

En realidad, la historia sobre esa presunta guardería es mucho más compleja. La citada guardería era el Asilo Cuna del Niño Jesús.  El nombre de Asilo del Niño Jesús puede confundir a más de uno pues, en realidad,  no era un asilo donde hubiese niños abandonados sino que  era más una guardería o escuela de párvulos que otra cosa. El origen de esta institución tiene que ver en las necesidades de las primeras mujeres trabajadoras de la ciudad que tenían la necesidad de dejar durante algún tiempo del día sus hijos bajo la vigilancia y protección  de cuidadoras. El elevado número  de lavanderas  existente a finales del siglo XIX en Pamplona fue  uno de los motivos para que se crease  el Asilo-Cuna del Niño Jesús.   El «Asilo del Niño Jesús»,  fue inaugurado el 16 de julio de 1886. Dependía de la caridad privada aunque contaba con  ayuda municipal que había cedido un local en la Rochapea. En 1909 en la Junta de Administración  del Asilo figuraban el Obispo, el Alcalde, los Párrocos de San Lorenzo, San Saturnino y San Nicolás, dos vecinos por cada parroquia además de los seis componentes de la primera Junta de la institución. Dada la enorme demanda se empezó a buscar un local más grande.  Los  Marqueses de Cubas cedieron una casa  en la Plaza de las Recoletas a donde se trasladó el Asilo el 19 de julio de 1889. Este edificio fue vendido en 1905 por los citados Marqueses   a don Eustaquio Olaso  quien lo cedió en 1908 al Obispado.   Inicialmente el centro estuvo regido por las Siervas de María y, posteriormente, por  las Hijas de San Vicente de Paúl. En 1903 había 320 niños a cargo de cuatro o cinco Siervas de María. En  1940  se alimentaba a   150 niños «y recibían educación gratuita unos 500». Poco a poco se fue convirtiendo en una escuela de párvulos. Así pues, este Asilo Cuna constituye, como he dicho  un  precedente histórico de las actuales guarderías o escuelas infantiles.

Fotos: Nº 1: foto cedida por Miguel Angel Domínguez Arbeloa (1957). Nº 2: Asilo del Niño Jesús. José Luis Zuñiga. Enero 1977. AMP.

Tembló Pamplona. Repaso a los principales movimientos sísmicos de la capital. (1903-2020)

ACTUALIZADA. Actualizo esta entrada que escribí hace 5 años, dada la cercanía de lo que se ha dado en llamar un «enjambre sísmico» esta semana, es decir la ocurrencia de un conjunto de eventos sísmicos en un área específica durante un periodo de tiempo relativamente corto; concretamente desde el 19 de agosto de este año hasta hoy se han producido más de  300 movimientos sísmicos de diferente intensidad en la zona de Lizoáin, Arriasgoiti y el valle de Egüés. Esta misma semana,  en la noche del 30 de septiembre al 1 de octubre,  se produjeron 40 seismos,  dos de  ellos superiores a 4 grados en la Escala de Ritcher. El de las 00.02 con una intensidad de 4,6 y el de la 2,22 con una intensidad de 4,4. En el primero estaba levantado frente al ordenador, duro unos cinco segundos y fue claramente perceptible el meneo de la casa y el tintineo de armarios y vajillas. El segundo me pilló durmiendo y me despertó de improviso, dejándome, todo hay que decirlo, muy mal cuerpo.  Y es que los despertares repentinos no son nada buenos. Este artículo completa la información del escrito en 2015 con muchos más datos y recoge, además,  lo publicado en 2017 con motivo de otro terremoto cercano acaecido en la localidad de Olave, en el que recordaba el terremoto de Arette, fusionando, las dos entradas en esta  monográfica.

Así pues, en este post,   repaso los principales movimientos sísmicos que hemos vivido en Pamplona  en los últimos 117 años. Ya he mencionado el último de hace tres días. Empezaré echando mano de mis recuerdos personales. El primer terremoto del que tengo recuerdo en mi vida se produjo el del 22 de mayo de 1982. Fue de noche, a eso de las 6,30 de la mañana. Estábamos durmiendo y se sintió primero un ruido fuerte y enseguida la casa empezó a temblar, la cama, el piso… duró mucho tiempo, tal vez 10 o 15 segundos, el tiempo suficiente para saltar del catre y aun sentir el temblor. Sabíamos que había habido algún temblor fuerte antes, el 13 de agosto de 1967, como consecuencia del terremoto acaecido en Arette, en el sur de Francia. Dicen que tuvo una intensidad de  5,7 en la escala de Ritcher. Se sintió a las 23 horas 8 minutos y 30 segundos. Fue muy largo, de 20 a 30 segundos,  y su epicentro bastante profundo. El terremoto de Arette tuvo un amplio radio de acción, más de 150.000 km2, llegándose a sentir con mayor o menor intensidad en  todo el sur de Francia y en el norte de España. En España se propagó desde  Asturias por el oeste  hasta Cataluña por el este, y hacia el sur llegó a sentirse  hasta Valencia. Sólo hubo un muerto, una anciana de 80 años que se encontraba durmiendo, pero hubo centenares de heridos y 62 municipios fueron declarados zona catastrófica, con 2.300 edificios seriamente dañados, 350 de los cuales quedaron irreparables y hubieron de ser derribados. Arette quedó afectada en un 95%. Pero no lo sentimos porque no estábamos en Pamplona esos días sino de vacaciones en casa de los abuelos, a 300 km de distancia; Así es que el de mayo de 1982 fue mi primer gran terremoto, con  4,5 en la escala de Ritcher. Dice el mayor experto en estos temas, Antonio Aretxabaleta,  que por la duración del seismo  y la perpetuación en la memoria colectiva el terremoto de mayo de 1982 tiene puntos de contacto con el histórico de 1903 aunque el de los años 80 fuese de menor intensidad.

Como es habitual, tras el gran seismo,  se sintieron algunas otras réplicas ese día (a las 6,38 y 8,00 de la mañana) y durante los siguientes días. El epicentro de este primer gran terremoto que vivía en mi vida estaba en Legarda. Dicen que en Barañain las torres más altas se balancearon siete centímetros. Fue aquella una sensación realmente nueva y angustiosa, esa de que te tiemble la cama, parece que te falle el firme del piso, tintineando las copas del mueble del cuarto de estar. Vamos, que en esas circunstancias te sientes absolutamente a merced de los elementos. Reproduzco al inicio de la entrada la primera página del rotativo «Navarra Hoy» que recogía, al día siguiente, el hecho. Justo un mes más tarde, el 22 de junio, sentimos el segundo gran terremoto de nuestras vidas. La hora: las 9 de la noche. Estábamos en la cocina. Fue una sacudida seca y brusca pero muy potente, hasta el punto de que, por primera vez, algunos vecinos bajamos a la calle, asustados, a comentar el hecho. Según fuentes oficiales la intensidad fue de 4,4, aunque la prensa nacional (El País) y los sismólogos franceses hablaban de 5, con epicentro en Ollo). Hubo caída de algunos cascotes en algunos pueblos y cundió el miedo, casi la histeria, entre algunos vecinos de los pisos altos de la capital. Los datos sobre la intensidad de los seismos no son siempre coincidentes: varía a menudo lo aparecido en prensa con los datos de los sismólogos españoles que a veces, insisto, tampoco coinciden con los de los franceses. La crisis sísmica del 82 fue una de las más importantes de nuestra reciente historia aunque no la única.  Los movimientos se dejaron sentir además de Ollo y Legarda, que fueron  los más potentes, en otras localidades como Erice, Huarte Araquil, Arbizu, Gazolaz, Echarren de Guirguillano y Salinas.

Mirando hacia atrás en el tiempo, hubo en Pamplona otros  terremotos, tal vez igual o más importantes, aunque no existían los sistemas de medición tan exactos que hay actualmente. Uno de los  mayores seismos que se recuerdan, como he dicho,   fue probablemente el de 1903 (vemos una foto de la ciudad de aquella época), con una intensidad V-VI, en la escala de Mercalli, 5,5 en la escala de Ritcher. quizás fuese el más importante desde 1755. Tuvo epicentro en el oeste de  Badostain y Pamplona tembló durante un período de casi tres horas de manera intermitente con picos de 4,7-5,5 grados. El hecho fue recogido por la prensa local de aquel tiempo. También hubo seísmos de cierta intensidad en 1918 (con epicentro en Garralda, 4,5) y en 1934, 1952,  (con epicentro en Elizondo y una intensidad de 4) y  1956 (Aoiz, intensidad de 4,1). Tras la crisis sísmica de 1982 el siguiente gran terremoto se sintió el 25 de febrero de 1996, con epicentro en Gazolaz  (tuvo 4,0 de intensidad). Luego vino, uno de los más fuertes. Fue el 27 de octubre de 1998, aquel temblor fue  muy corto pero muy intenso, con 5,2 en la escala de Ritcher y epicentro en Lizarraga. Se produjo por la noche, a eso de las 9 o  10 de la noche. Nos pilló viendo la televisión en una de las estancias interiores de la casa. Más tarde vendría otro, de 4,5 el 18 de septiembre de 2004, con epicentro en Lizoain y unos días más tarde, y con intensidad menor (4,0), el día 30 de septiembre  en Nagore. Ambos seismos los franceses los catalogaron como de 5,3 y 5,2 aunque en Pamplona desde luego, puedo dar fe que no se percibieron con esa intensidad. Por el contrario el SISNA español no cataloga ninguno de los seismos acaecidos en Navarra en los últimos 50 años por encima de 5. En los años 2008 y 2009 hubo una serie de pequeños seismos en las cercanías del pantano de Itoiz, que se achacaron, según algunos sectores, al llenado del embalse y los consiguientes fenómenos de asentamiento del terreno. En el año 2013 hubo una serie sísmica muy prolongada. A 28 de abril se contabilizaban más de 300 seismos, la mayoría de poca intensidad y cercanos a la zona del Perdón,  (que vemos en la foto de la izquierda, junto a este párrafo),  salvo dos que superaron los 4,0 el 23 de marzo (ese lo sentí, fue a media tarde, mi madre aun vivía,  aunque le faltaban apenas dos semanas para morir, su epicentro en estaba en Echauri) y el 20 de abril de 4,1 con epicentro en Salinas. De ese ciclo de seismos adjunto la foto del geólogo, Antonio Aretxabaleta,  sobre los desprendimientos del Monte Ezkidi o Peña de Añezcar, en esos días,  y que aparecía en su blog.

El 10 de marzo de 2017 a las 8 menos cuarto de la mañana sufrimos un fuerte terremoto de 4,2 en la escala de Ritcher con epicentro en Oricain, uno de los más fuertes que se había vivido desde 2004; me acababa de levantar y estaba preparándome el desayuno antes de irme  a trabajar. Fue un movimiento corto pero muy intenso, la cristalería del mueble del cuarto de estar tintineaba;  en las horas y días siguientes se sucedieron las réplicas, aunque con menor intensidad. Desde entonces vivíamos una temporada de  tranquilidad hasta finales de agosto de este año en que comenzaron los terremotos en Lizoain y el valle de Egues con cinco seismos por encima de 3. Se pueden contabilizar más de 70 seismos por encima de los 3 grados desde 1903 hasta nuestros días. Salvo el temblor sentido por el terremoto de Arette, en el valle de Baretous, la mayoría de los terremotos que hemos sentido en Pamplona tienen como origen una falla local que atraviesa toda la cuenca. La otra falla importante, además de la de la Cuenca, es la norpirenaica.

Fotos de Arette: Centre Pyrénéen des Risques Majeurs. 1967

Olas de calor en el viejo Pamplona (1957-2020)

ACTUALIZADA. No son demasiadas las olas de calor que he conocido a lo largo de mi vida y la mayoría parecen haberse concentrado en las dos  últimas décadas de este nuevo siglo. Antes de estas dos primeras décadas del siglo XXI en la que encontramos 8 olas de calor importantes, la mitad en los últimos 4 años: 2003, 2009,  2012, 2015, 2017, 2018, 2019 y 2020,  la única ola de calor importante que recuerdo es la de los sanfermines de 1982. Antes de esa fecha me acuerdo que los veranos de mi infancia eran calurosos, pero con una temperatura bastante aceptable,  no más de 30 o 32º y además, por las noches, en general, solía refrescar. En Pamplona es proverbial y a veces puede resultar hasta objeto de cachondeo para quien, de fuera, no conozca nuestro cambiante clima, «lo de llevar la chaquetica por si refresca»,  porque te puedes levantar un día, pongamos de junio, con 8º o 10º por la mañana, subir hasta los 30º al mediodía y volver a bajar a los 12 o 13º a la noche y todo en el mínimo intervalo de unas pocas horas. La primera ola de calor del período estudiado data de los primeros días  de agosto de 1957. Curioso que después de la ola de frío del 56 nos llegase esta tórrida ola de calor que elevó los termómetros hasta los 40,3º, que es la temperatura a la que se llegó concretamente el día 1 de agosto de 1957. El 6 de julio de 1982, las temperaturas en Pamplona llegaron a los 41,2º, 42º según otras fuentes, nunca había visto yo que se derritiese la brea, el asfalto de las calles como en esa fecha. La ola de calor,  corta pero intensa,  nos pilló en plenos sanfermines. No hay constancia de ese registro por parte del observatorio de Noain pero los periódicos de entonces (tanto locales como nacionales) señalaron esas máximas históricas. También hubo temperaturas elevadas el 30 de julio de 1983 y el 15 de agosto de 1987 con 40,2º, en ambos casos. Y olas de calor hubo   al menos en   1991 y  1995.

En el año 2003 no se llegaron a esos extremos de 1982, la máxima, el 13 de agosto fue de 38,4º pero fue la mayor ola de calor de toda la historia, por su prolongada persistencia a lo largo del tiempo. La de 2003 fue por su extensión geográfica y su duración en el tiempo una de las más importantes desde 1540. Murieron varias decenas de miles de personas en Europa, 15.000 solo en Francia. El buen tiempo empezó a primeros de junio y con algunos días de descanso no nos abandonó hasta finales de agosto, o sea dos meses y medios de un calor infernal, sin embargo lo peor no fue eso. Entre el 30 de julio  y el 14 de agosto llegamos a superar día si y día también los 38º de máxima. Las temperaturas por la noche no bajaban por debajo de los 22º. A la una de la madrugada era habitual que el termómetro marcase 29 o 30º. Vamos, un auténtico infierno. El 18 de agosto de 2009 llegamos a los 39,7º. Ese mismo verano tuvimos temperaturas record desde el 2003, concretamente el 21 de julio se llegó a los 38,3º y el 5 de agosto a los 38,4º. Por las noches afortunadamente resfrescaba un poco. En 2010 hubo una muy corta entre los días 9 y 11 de julio. En 2012 tuvimos la última gran ola de calor solo comparable a la del 2003. Fue también la que a más provincias de España afectó, nada menos que 40, frente a las 38 de 2003. Tuvimos unas temperaturas anormalmente altas en junio y agosto. No fue una ola prolongada sino tres olas de varios días de duración, unos cinco o seis días con pequeños descansos que se encadenaban una con otra. La primera ola se produjo entre el 24 y el 29 de junio que no sentimos con tanta fuerza como en otras comunidades, la segunda entre el 8 y el 11 de agosto y la tercera y más larga entre el 17 y el 22 de agosto, estas dos últimas sí que las sentimos con toda crudeza. Las temperaturas máximas se produjeron  en agosto, el 10 de agosto con 40,3º y el 18 de agosto con 40,6º.

Recuerdo ese verano muy bien porque mi ya fallecida madre tuvo tres ingresos hospitalarios ese verano, a mediados de julio, a finales de julio y primeros de agosto y a mediados de agosto. La temperatura en las habitaciones de Medicina Interna del Hospital  de Navarra no bajaba de los 32º. A veces era difícil saber si los enfermos tenían fiebre por alguna de sus patologías o por el insufrible calor reinante. Ese año salió, en plena ola de calor, la Vuelta Ciclista desde Pamplona, de la que adjunto una fotografía, entrando a la meta, en la Plaza de Toros.  El verano de 2014 fue, sin embargo,  anormalmente más benévolo, desde el punto de vista de la temperatura, que la media hasta el punto de que hemos tenido los sanfermines más fríos nada menos que en 80 años, (desde 1932) con nueve grados por debajo de la media, para estas fechas. En 2015, España sufrió otra de sus olas de calor más prolongadas, fue la más larga, 26 días, del 27 de junio al 22 de julio, más larga que la del 2003 y afectó a 30 provincias, aunque yo no recuerdo que,  ni de lejos llegase en nuestra ciudad a las de 2003 o 2012. En 2016 se vivieron varias olas de calor en España, cuatro y en 2017, cinco. En 2018 vivimos una ola de 8 días con temperaturas de más de 38 grados a finales de julio-primeros de agosto. Se superaron los 40 grados en Pamplona en 2019, con dos olas, a finales de junio y a finales de julio, en la primera se registró el 27 de junio una temperatura de  40´5 º en Pamplona, 41,3 en el observatorio del aeropuerto de Noain y 42 en las Bardenas y en  2020,  donde a finales de julio, las temperaturas superaron los 38 grados.

Fotos: Escaparate de la bombonería y heladería Alaska en el nº 47 de la plaza del Castillo (Años 40). CC BY-NC-ND 3.0 ES. José Galle Gallego. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra

Otros proyectos de Ensanche anteriores al actual (1901-1914)

Continuo en esta segunda entrega con los proyectos de Ensanche de Pamplona anteriores al actual que conocemos. La Real Orden de Octubre de 1901 en la que se autorizaba el derribo de las murallas y la extensión de la ciudad hacia el Sur fue, pese a constituir un innegable avance teórico,  un espejismo en el largo proceso y anhelo  de la ciudad por liberarse del cinturón amurallado que le constreñía. Y es que el Ramo de Guerra impuso unas condiciones que el Ayuntamiento de Pamplona no estaba en condiciones de admitir. Fueron razones fundamentalmente económicas las que provocaron el retraso en el derribo de las murallas de Pamplona. Los militares obligaban al Ayuntamiento de Pamplona a erigir otro recinto fortificado por el sur, a entregar solares para la construcción de nuevos cuarteles militares, a correr con los gastos de explanación de los terrenos situados entre el Fuerte de San Bartolomé y la Ciudadela, además de facilitar a los militares un campo de instrucción y otro de tiro cerca de la ciudad donde pudiesen hacer maniobras los diferentes regimientos acuartelados. De esta época, 1904, es el plano del proyecto de Ensanche hacia el Sur y el Oeste  realizado por el topógrafo  Dionisio Casañal y Zapatero, con la delimitación del nuevo recinto fortificado o de seguridad,  que con algún pequeño sería reutilizado en 1909. Adjunto a la izquierda detalle del plano del mencionado Casañal donde se observan los frentes sur y oeste de la Muralla de Pamplona y a la derecha, sobre un plano del mismo autor (el original es de 1882),  dibujados los dos ensanches propuestos tanto en 1904 como 1909. En él  se perciben claramente las secciones de muralla que se verían afectadas. Adjunto, a continuación, plano de detalle de ambos ensanches. Posteriormente en 1910 el Ayuntamiento hizo una nueva propuesta con el mismo planteamiento cuyo plano también adjunto a continuación. Ambos planos, los de 1909 y 1910 son bastante parecidos. Varían tan solo el tamaño y forma de las manzanas y su orientación, especialmente en el ensanche sur.

Pero volvamos unos años atrás. En 1904 Pamplona  lograba un pequeño avance en el empeño de sacudirse su  corsé amurallado  al poder ampliar algunos de sus estrechos portales como los  de Taconera, San Nicolás y el Portal Nuevo. A partir de 1908 se volvieron a retomar las negociaciones con el Ramo de Guerra y en febrero de 1909 el Ayuntamiento planteaba al Ministerio un nuevo proyecto de Ensanche que redactó el arquitecto municipal Julián Arteaga y que adjunto más adelante. En esta ocasión y como respuesta a la propuesta ministerial de 1901 el Ayuntamiento estaba  dispuesto a pagar más dinero al Ramo de Guerra por el terreno pero a cambio de no acometer el nuevo recinto de seguridad a que le obligaba el estamento castrense. En dicho proyecto se sentarían las bases de lo que a la postre será el proyecto definitivo de Ensanche. No obstante tenía importantes diferencias con el proyecto final que se encargó a Serapio Esparza y que fue aprobado en julio de 1917. El proyecto de Esparza estaba basado claramente en el ensanche de Barcelona, con la retícula de manzanas cuadradas cortada por una diagonal como aquel. En el proyecto de Arteaga la orientación de las calles  era de norte a sur y  sus manzanas eran rectangulares para resguardar las calles del viento del norte. En el de Esparza las manzanas eran cuadradas, alineadas con el Casco Antiguo,  para lo cual se modificó  la orientación de la retícula  unos 45 grados. El proyecto de Arteaga de 1909 fracasó,  al igual que los anteriores, fundamentalmente por razones económicas ya que era mucho el dinero que seguía teniendo que pagar el consistorio a los militares.

Una parte del Ayuntamiento, sin renunciar al Ensanche,  abogaba por avanzar en la derogación del reglamento de las zonas polémicas y que se permitiese la libre edificación fuera de la murallas. En 1910 se presentaba, como ya he mencionado anteriormente,  otro nuevo proyecto hacia el sur y el oeste de la ciudad que fue rechazado por las autoridades militares. Y es que se oponían al derribo del recinto amurallado existente entre la Ciudadela y la Cuesta de la Reina. Les parecía  mucho  mejor técnicamente el proyecto de Julián Arteaga, presentado por el consistorio en 1909, que se centraba únicamente en el sudeste. Los militares insistían en pedir a la ciudad la construcción de un recinto de seguridad, condición que permanecía inalterable desde 1901. Finalmente una Real Orden de mayo de 1911 autorizaba el Ensanche por el Sudeste y desestimaba el Ensanche por el Oeste. La ley que regulaba su derribo se aprobaría por las Cortes en julio de 1912. Se permitía el derribo de las murallas desde la Ciudadela hasta la ripa de Beloso, quedando en pie el baluarte de Labrit el fortín de San Bartolomé pero aún se mantenían las diferencias entre el Ayuntamiento de Pamplona y los militares por el pago por los terrenos y el recinto de seguridad mencionado.

Sería, a la postre, la 1ª guerra mundial la que haría cambiar el criterio de las autoridades militares estatales, pues este conflicto bélico demostró la inutilidad de las murallas defensivas y que fácil estaban cayendo  las principales ciudades amuralladas europeas ante el imparable crecimiento de las nuevas maquinarias bélicas y el auge de la aviación. El 17 de diciembre de 1914 se aprobaba el proyecto de ley de derribo de las murallas de Pamplona, publicado en la Gaceta de Madrid, (lo que sería el actual BOE), el 8 de enero de 1915. El pago de la ciudad a los militares sería, finalmente,  de 1 millón de pesetas y no se exigía habilitar al Consistorio el mencionado recinto de seguridad. Finalmente el 25 de julio de 1915 tendría lugar el acto oficial de inicio del derribo de las murallas, en la zona cercana al baluarte de la Reina y el portal de Tejería. Aun pasarían tres años más hasta el derribo de esa parte del recinto fortificado y más de un lustro hasta ver erigidas las primeras nuevas construcciones del Nuevo Ensanche que abarcaría 890.000 m2 de los cuales 202.400 fueron cedidos por el Ramo de Guerra al municipio. El resto era propiedad del Ayuntamiento y de particulares. Algunas décadas después la ciudad o al menos algunos próceres  se darían cuenta de lo que se había perdido con el derribo de sus murallas. En aquellos momentos  el debate se planteaba en otros términos: de modernidad, desarrollo y progreso, poder contar viviendas más amplias frente al hacinamiento del Casco o nuevos espacios para la industria y el comercio. No se plantearon en serio ninguna alternativa como hubiera sido crecer fuera puertas manteniendo el núcleo amurallado. El mismo destino siguieron otros recintos amurallados de la península. Hoy lo que queda de nuestras murallas, que es bastante,  constituye  uno de nuestros más importantes signos identificativos como ciudad y uno de nuestros mayores atractivos en cuyo mantenimiento se han invertido  bastantes millones en los últimos años

Planos: Archivo Municipal de Pamplona (AMP). 1º plano: Plano de detalle de Dionisio Casañal y Zapatero del recinto fortificado en sus frentes Oeste y Sur (1882-1904). 2º Plano. Plano general con los ensanches Oeste y Sur. 1904 y 1909 sobre el plano de Dionisio Casañal. 3º plano: Plano de detalle de los ensanches Oeste y Sur. 4º plano. Proyecto de Ensanche hacia el sur y el oeste de 1910. 5º plano. Proyecto de Ensanche de Julián Arteaga de 1909. 6º plano: Proyecto de Ensanche de Serapio Esparza de 1917.

Crónica negra del Viejo Pamplona: Crimen junto a la muralla de Descalzos (1897)

Continuo recordando crímenes del pasado siglo XX y en esta ocasión también de finales del siglo XIX con  una serie que continuaré durante las próximas semanas. Utilizaré para recuperar las crónicas de los diferentes sucesos  la prensa local de aquellos años, especialmente «El Eco de Navarra» y «La Tradición Navarra». Antes de entrar en materia, daré unas pinceladas sobre la criminalidad en nuestra ciudad en las postrimerías del siglo XIX y principios del XX. Aunque pueda sorprender a más de uno a mediados del S.XIX Pamplona y Navarra presentaban uno de los más altos índices de criminalidad en todo el estado. En 1853 y de acuerdo con Pascual Madoz, en su «Diccionario Geográfico, estadístico  histórico de España 1845-1850» Navarra arrojaba un índice de un  delito   por cada 196 habitantes, la media en España en este período era de un delito por cada 430 habitantes. Numéricamente, por hechos delictivos en esos años, ocupaba el tercer lugar tan solo por detrás de Madrid y Guadalajara. En la década siguiente (1853-1863) mejoramos  la situación pasando del 3º al 39º lugar, con un delito por cada 345 habitantes mientras Madrid  subía a un delito por cada 187 habitantes. Probablemente las guerras que asolaron nuestro solar a lo largo de la primera mitad del S.XIX ayudaron a exacerbar las más bajas pasiones, pero simplificaríamos mucho la cuestión si esa fuese la razón.

Ramírez Arcas en su «Itinerario descriptivo y geográfico estadístico» y también Madoz añaden a este factor, la cercanía a la frontera que facilitaba el contrabando y la comisión de otros delitos  asi como la baja instrucción de las clases populares.  Desde antiguo, en nuestra tierra, había habido un abuso en la utilización de armas blancas, que habían denunciado las diferentes «pragmáticas» del Consejo del Reino y que denunciaba de vez en cuando la prensa local, hasta el punto de que en 1906 el alcalde de Pamplona, D. Joaquín Viñas  adoptaba medidas para reducir el uso y abuso de armas. De todos modos y aunque abundaban las navajas y cuchillos, se utilizaban todo de tipo de armas a la hora de matar: navajas, cuchillos, botellas, hachas, azadones, palos o revólveres. Y es que las navajas las llevaban desde infantes hasta hombres talluditos. Muchos de los crímenes se desarrollaron en tabernas, por un quítame allá esas pajas, por lo que podemos concluir que el alcohol fue, en muchos casos, un factor determinante que contribuía a  nublar la mente y a desencadenar la tragedia. En otras ocasiones, no había un motivo real, nunca hay un motivo para matar, ni siquiera una afrenta y eran más bien fruto de la violencia gratuita, la estupidez o la obcecación. Estaba por otra parte el capítulo de los llamados crímenes llamados pasionales que no por ostentar dicho calificativo los hacían menos odiosos, «aquello de la maté porque era mía» sigue desgraciadamente en vigor en nuestros días bajo la conocida etiqueta de «violencia de género». Empezaré, precisamente, por uno de ellos, recogiendo casi literalmente  la crónica que del  crimen hacía  el periódico «El Eco de Navarra». Fue un crimen atroz, cruel, horrendo. Ilustran la entrada tres fotografías de esos años de Fidel Astiz Iriarte, pertenecientes a la Fototeca del Archivo Abierto del Gobierno de Navarra que detallo, con minuciosidad al final del artículo.

«Desde las primeras horas de la mañana del día 13 de mayo de 1897 corrió la noticia por la capital de que, en la muralla de Descalzos, entre el Portal Nuevo y el de la Rochapea, había una joven asesinada, siendo el primero que vió el cadáver un cabo del Regimiento de Cantabria que marchaba por aquel punto a repartir el café a los soldados que se encontraban de guardia. Comunicado el hecho a las autoridades, inmediatamente se personó en el lugar del suceso el juez de instrucción y los jefes de la policía judicial y agentes municipales  que empezaron a practicar las primeras diligencias para descubrir al autor del crimen que, en principio, parecía envuelto en el misterio. Conducido el cadáver al Hospital Provincial, el juez de instrucción ordenó que quedará expuesto al público con el fin de que fuera identificada por alguna persona que conociera a la interfecta.

Esta se llamaba  Manuela Goñi Echeverría de 18 años de edad, natural de Yesa y con domicilio en el nº 1, 5º piso de la calle Tejería, en donde se hallaba desde hace unos días en que salió de la casa de un empleado de Diputación, en donde había estado trabajando  en calidad de sirvienta. Los agentes Guerra, del Ayuntamiento, y Fernández, de Vigilancia,  pudieron conseguir que una mujer que se encontraba viendo el cadáver declarara que conocía a la muerta, añadiendo también que creían que  tenía una relación sentimental con un cajista de una imprenta de la ciudad. Con estos datos los agentes empezaron a buscar  el nombre de dicho joven consiguiendo que al poco tiempo éste fuera detenido por el policía municipal Dionisio Pérez  que le condujo al Depósito, quedando inmediatamente incomunicado. El autor del crimen se llamaba Balbino Arrastia, pues, según dicen ha declarado que cometió el crimen. El cadáver fue hallado en la muralla que hay detrás de la basílica de Nuestra Señora de  la O, en un paraje similar al que vemos en la tecera de las fotografías. Dícese que el crimen se había cometido con un cuchillo de grandes dimensiones que apareció roto en dos pedazos desiguales, quedando la parte menor y ensangrentada adherida al mango.

Al parecer el motivo que arguyó el asesino para perpetrar su crimen es que al mismo tiempo que mantenía relaciones con él la chica se dejaba acompañar por otro joven. Este proceder desagradaba al tal Arrastia, carcomido por lo celos y así se lo manifestó en alguna ocasión a la joven a quien pidió nuevamente explicaciones en el día  del crimen, a las 8 de la tarde el miércoles, 12 de mayo. Cuando Manuela y Arrastia se despidieron este siguió sigilosamente a aquella y observó que al poco rato Manuela se detuvo con el joven que le acompañaba; los dos seguidos del Arrastia marcharon por la Calle estafeta y traseras de la Plaza de toros, Casa de Misericordia, Palacio de Justicia y demás casas del Ensanche y se dirigieron a la Taconera. Parece que Arrastia sin que le observara Manuela y su acompañante permaneció en acecho esperando la ocasión en que Manuela estuviera sola, sin que se diga en el relato de que medios se sirvió para llevarla al sitio donde se cometió el crimen. Cuando llegó el momento parece que increpó a Manuela por su comportamiento. Cuando ya estaban detrás del convento de las Descalzas, dícese que Arrastia le exigió a Manuela  el nombre del joven con quien había estado hablando y es de creer que al negarse aquella a satisfacer la pregunta Arrastia le dió una cuchillada. Entonces Manuela dijo al agresor: ¡Por Dios, Balbino, no me mates!, ¡Yo te diré quien era el que me acompañaba». Esto es lo que dicen que contó Arrastia a alguna persona que le interrogó antes de intervenir el juez. Se supone que el crimen se cometió a las nueve y media de la noche y no por la madrugada, como se dijo.

El cadáver presentaba una extensa herida en la frente, otra en el lado derecho del pecho y otra de grandísima consideración en el cuello, cortando por completo su parte anterior. También se ha dicho que la interfecta tenía algunas pequeñas heridas en las manos, haciendo suponer que trató de defender infructuosa y desesperadamente su vida. Pero aparte de la declaración del asesino hay otras versiones. Parece ser, según otras fuentes testimoniales que declararon en el caso, que en la tarde del miércoles, Manuela  había ido a lavar al rio, regresando a la cinco y media de la tarde a la casa nº 6 de la calle Pellejerías donde estuvo trabajando  repasando ropa y planchándola después. Salió de dicha casa a las ocho y media para ir a la suya  y en la esquina de la calle Mayor le esperaba Balbino Arrastia. En aquel momento llegó la mujer  que la tenía alojada  en la casa de la calle Tejería  y al invitarla para que fuese con ella a casa el Arrastia le contestó: para las nueve ya irá». Por lo tanto el testimonio de este testigo contradice la versión  del asesino. Manuela parece ser que quería mejorar su situación y deseaba  trabajar en Madrid en el servicio doméstico. Otros comentarios que circularon esos días hablaban de que Arrastia volvió al lugar del crimen a las 2 de la madrugada tal vez al objeto de examinar si Manuela estaba muerta. El asesinato de la joven, a tenor de lo dicho por la prensa, supuso una gran conmoción entre la población y provocó una corriente de solidaridad hacia la víctima esos días. Buena muestra de ello es que tan pronto como las vendedoras del Mercado tuvieron noticia del crimen, por iniciativa de doña Presentación Yoldi,  hicieron una colecta para pagar el toque de agonía y poder celebrar algunos sufragios por el alma de la infortunada Manuela Goñi. Lo recaudado hasta la hora en la que se escribía esta crónica  ascendía a 21 pesetas.

Y continuaba narrando las crónicas periodísticas de «El Eco»: Ayer por la mañana, un numeroso público de curiosos esperaba en la calle Tecenderías  a conocer  al Arrastia en el momento de ser trasladado  del Depósito a la cárcel. Se dice que Arrastia aparentaba una completa tranquilidad como la tuvo en el momento en que fue detenido en la imprenta de Don Juan Sanz, a pesar de tener las ropas manchadas de sangre y el cuello herido por las uñas de su víctima. Ayer a las cinco de la tarde después de comer el rancho se encontraba en el patio, entre sus compañeros de prisión, sorprendiendo por su gran serenidad». Por su enclenque constitución física parecía increíble que dicho hombrecillo hubiese cometido el crimen con la saña que apuntaban los hechos. De nada le sirvió a Arrastia su testimonio de novio pretendidamente engañado. A Arrastia le juzgaron el 8 de mayo de 1897 y le condenaron a 20 años de prisión. Desgraciadamente muchos de los crímenes llamados pasionales cometidos en aquel tiempo recibirían en los años siguientes condenas ridículas, mucho menores a la mencionada. Por asociación de ideas me viene a la cabeza, de forma un tanto vaga y confusa, otro crimen que se cometió en la bajada del Portal Nuevo y que recuerdo haber oído de pequeño, tal vez se cometió en los primeros años 60 del siglo XX. La víctima a puñaladas fue una mujer joven que bajaba hacia la Rochapea, de anochecida,  el asesino debía de ser de «buena familia», pues se corrió un tupido velo sobre el asunto y el criminal, que al parecer tenía sus facultades mentales perturbadas no ingresó jamás en prisión. No sé si alguien se acordará de este hecho y podría dar más detalles.

Fotos: Las tres fotos se utilizan bajo la licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España. (CC BY-NC-ND 3.0 ES). Foto nº 1: La calle Mayor de Pamplona tomada desde la Taconera. Fidel Astiz Iriarte. 1896. En primer término, en la izquierda la plaza de recoletas y, en la derecha, la iglesia de San Lorenzo. Foto nº 2: Frente sur de la plaza del Castillo de Pamplona con el Teatro Principal, posteriormente Teatro Gayarre. Fidel Astiz Iriarte. 1897. Vista de la plaza tomada desde el edificio del Casino Principal. En primer término, el monumento a la Beneficencia. En segundo plano, la fachada del Teatro Principal, posteriormente Teatro Gayarre, y el edificio del actual palacio de Navarra. En la fachada de la izquierda se lee: GRAN FOTOGRAFÍA DE PLIEGO. Al fondo, la Higa de Monreal. Foto nº 3: Fidel Astiz Iriarte. 1908. Vista de las inmediaciones del Portal nuevo y el Paseo de Ronda de Pamplona. Vista de la actual plaza de la Virgen de la O de Pamplona tomada desde el este, en los jardines de la Taconera. En la derecha el muro del convento de la Madres Recoletas y las escaleras de acceso. En segundo plano, el convento de los Carmelitas Descalzos y las casas que ocupaban la actual plaza. En la izquierda, el Paseo de Ronda. La plaza de la Virgen de la O se comenzó a construir en 1908.

Proyectos de ensanches en el norte de Pamplona (1885-1901)

A finales del XIX y principios del XX, el Ayuntamiento barajó diversos proyectos que contemplaban la creación de ensanches por el norte de la ciudad en vez de por el sur. El Ayuntamiento deseaba extender la ciudad por el sur que era la prolongación más lógica pero era consciente de la dificultad que entrañaba el derribo de las murallas, con abierta oposición del estamento castrense. De ahí que retomará su lucha por acabar con la prohibición de construir en las llamadas «zonas polémicas». El Ministerio de la Guerra tras muchos tiras y aflojas accedió a estudiar el Ensanche de Pamplona  por el norte. De hecho el primer proyecto de Ensanche por el norte fue elaborado  por los propios militares. Se presentó el 15 de agosto de 1885 y fue obra del coronel de ingenieros  José Luna y  Orfila. Ocupaba los terrenos de la Rochapea más cercanos al meandro del río y que coincidía con la Rochapea Vieja así como los de la zona más cercana a la Estación del Norte, lo que hoy sería el barrio de San Jorge, tanto en el lado norte de la actual avenida de San Jorge como en la zona sur. Ambos núcleos poblaciones tenían una curiosa disposición radial, como se puede observar en el plano adjunto. Las casas no podían tener más de 2 pisos y un máximo de 10 metros de altura y debían de carecer de sótanos o cualquier otro escondrijo que sirviese para ocultar tropas o explosivos. Las calles debían tener una anchura de 12 a 16 metros. Se reservaban solares para la iglesia, mercado, escuela y «si sobraba» para jardín público. Sin embargo la propia Memoria ponía de hecho, a las claras, las deficiencias de este proyecto. Algunos estaban muy a la vista. Los núcleos poblacionales estaban demasiado cercanos al rio lo que redundaba en un alto grado de humedad de los terrenos, que hacía muy poco salubre la zona y apenas había pendiente para el saneamiento, esto es, para los desagües. Poco tiempo  después, el arquitecto municipal, Julián Arteaga y la Comisión de Fomento desaconsejaban acometer este proyecto de Ensanche. Este plan se vería paralizado, no obstante, por la Real Orden de 1896 que proponía replantear las zonas polémicas en toda España.

El segundo proyecto de Ensanche en el norte, ocupaba terrenos de Rochapea, Magdalena y el barrio de la Estación. Este proyecto a diferencia del anterior de origen militar, se presentó por iniciativa municipal que sin renunciar al Ensanche por el sur consideró que era una buena oportunidad impulsar la construcción en esta zona de la ciudad,  para «llevar las innumerables viviendas pobres, cuadras y vaquerizas situadas en el centro de la ciudad». Por Real Orden del 21 de diciembre de 1899 se concedió el Ensanche de Extramuros por el que se permitía construir en las llamadas «zonas polémicas».  El proyecto se parecía más a la típica construcción reticular  de los Ensanches y ocupaba todo el meandro del Arga, desde Cuatro Vientos hasta Capuchinos, y por arriba de Marcelo Celayeta y hasta el puente de Curtidores, con una gran plaza central, tal y como se puede observar en el plano adjunto. No obstante, los militares propusieron diferentes limitaciones,  reduciendo la zona edificada y recordando, como en el proyecto anterior, que todo el barrio debía ser fácilmente derruido en caso de conflicto bélico. Con las correcciones el  Ayuntamiento redactó un nuevo proyecto bajo la dirección de los arquitectos Angel Goicoechea y Manuel Martínez Ubago. El proyecto se presentó en 1901 y no prosperó fundamentalmente por dos motivos: el problema que plantearía a la ciudad la división  de la ciudad en dos núcleos y porque finalmente el 19 de octubre de 1901 llegó una Real Orden que autorizaba el deseado derribo de las murallas y la deseada extensión de la ciudad hacia el sur.  No obstante aun habrían de pasar 14 años hasta el inicio del derribo de las murallas en 1915 y algunos años más hasta la construcción de los primeros edificios en el Ensanche. Y es que entre otras condiciones que el Ramo de la Guerra imponía al  Ayuntamiento de Pamplona estaba el de erigir un nuevo recinto amurallado (desde la Ciudadela pasando por el Fuerte del Príncipe hasta la ripa de Beloso) como veremos en una próxima entrada en las que seguiré hablando de los sucesivos proyectos del Segundo  Ensanche anteriores al definitivo de Serapio Esparza y de la constante  pugna con las autoridades militares.

Planos: Archivo Municipal de Pamplona. (AMP). 1º plano. Proyecto del ensanche de Rochapea-Estación (1885). 2º plano. Proyecto del ensanche de Rochapea-Magdalena-Estación (1899).