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Recordando la última pandemia que vivimos: la gripe de 1918

Hace mucho tiempo que no he escrito en el blog. Son días inciertos de miedo y congoja, días extraños  en los que nos vemos obligados a recluirnos en nuestras casas para evitar la propagación de una peligrosa epidemia que creíamos más propia de siglos pasados o de una terrorífica película de ciencia ficción: La «pandemia del coronavirus», la pandemia que con más rapidez se ha extendido probablemente  en la historia de la humanidad, en este mundo globalizado en el que vivimos. Caminaremos  hacia el  millón de afectados, a mediados de esta semana,   y en unos días llegaremos a los  50.000 muertos, cuando la epidemia apenas lleva un mes fuera de China.  Su rapidez en la propagación es 20 veces superior a la de la gripe común y otro tanto podría decirse de su  letalidad que  parece   muchísimo mayor de que lo que nos habían hecho creer. «Bah!, se muere mucha más gente de la gripe cada invierno» oí decir a bastantes personas apenas hace un mes.  A la hora de escribir estas líneas, una tercera parte de la humanidad, más de 2.500 millones de personas,  estamos confinados en nuestras casas, en todo el mundo,  viviendo, en nuestras propias carnes, la más aterradora de las ficciones que hubiéramos podido imaginar sobre este tipo de sucesos, con la diferencia de que esto no es ficción, es realidad. Tenemos que volver  nuestra mirada  102 años atrás para recordar una pandemia similar, que sin embargo, según los expertos,  y a pesar de su contagiosidad no se transmitía tan fácilmente como ésta, pero que afectó a muchos jóvenes de una manera rápida y brutal,  dejando millones de muertos a su paso. Además la medicina era más mucho más precaria y atrasada que en la actualidad, como veremos a lo largo de esta entrada. Recupero parte de las  notas históricas sobre la epidemia de gripe de 1918 y como se vivió en Pamplona y  que escribí en aquella entrada de hace justamente un año, ¡qué maldita casualidad! dentro de la sección «Pamplona año a año: 1918. El año de la gripe y del derribo de la muralla de Tejería», completadas con otras notas sobre aquel evento que he recogido después. Aquella fue una epidemia que asoló, como ahora el mundo, aunque entonces el número de víctimas fue infinitamente superior, al menos hasta el momento. Es considerada una de las pandemias más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 25 y 40 millones de personas, a lo largo de sus tres oleadas,  -la segunda fue la peor-, para una población de poco más de 1,800 millones de habitantes que había, en ese momento, en el planeta.

1918 fue el año de la llamada gripe española, que de española tuvo poco, aunque con la mala fama nos quedamos pues la gripe se originó en  los Estados Unidos. La epidemia de gripe de 1918  fue una pandemia de inusitada gravedad. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables. ​En Estados Unidos la enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley (Kansas)  el 4 de marzo de 1918, aunque ya en el otoño de 1917 se había producido una primera oleada  en al menos catorce campamentos militares. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell (Kansas), en abril de 1918. En verano de 1918 este virus sufrió una mutación o grupo de mutaciones, -era un virus recombinado de origen mixto: aviar y humano-, que lo transformó en un agente infeccioso letal, con una gran contagiosidad. El virus, en esta segunda ola,  tuvo un desarrollo brutal: provocaba, en muchos casos, una hemorragia pulmonar invasiva, de forma que,  en apenas 12 o 24 horas,  uno pasaba de tener los primeros síntomas a fallecer. Se cree que llegó a infectarse el 55% de la población mundial, -un 50% en Europa-,  aunque no todos, como pasa también ahora-,  llegaron a desarrollar la enfermedad en esos términos.

El primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses aliadas en la Primera Guerra Mundial.​ Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que ese país no se involucró en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad. Para evitar la propagación de la epidemia en Pamplona, ya desde finales de mayo, el alcalde comunicó a todos los establecimientos públicos lo que debían hacer para prevenir la propagación, tras los primeros casos: fumigar los locales con estoraque, beuqui, fenol o tomillo espliego procurando que los locales quedasen herméticamente cerrados. A la mañana, al abrirlos debían lavarse con serrín, creolina o zotal al 7%. Además ordenó regar las calles, adelantar una hora la recogida de basura y organizar brigadas de obreros para echar lechadas de cal por los tubos de las letrinas, desde los pisos más altos. Al no haber vacuna o medio preventivo alguno cada uno debía procurar defenderse con una buena limpieza de la boca y fosas nasales, la metódica organización de las comidas, el uso prudente de las bebidas, aireación y ventilación de las habitaciones y en general las normas de higiene y profilaxis adecuadas, al menos eso era lo que recomendaban las autoridades.

El 1 de junio el Diario de Navarra daba a conocer los primeros casos de la epidemia de gripe en Pamplona. Los 15 primeros fallecimientos se produjeron entre el 10 de mayo y el 3 de julio. La ciudad tenía en torno a 32.000 habitantes. Se habían producido en  la guarnición militar y sobre todo en la Ciudadela, donde se alojaba el batallón de Artillería. Se habían efectuado desinfecciones en los cuarteles, en la cárcel correccional y en la Casa de Misericordia. En principio los casos conocidos revistieron naturaleza benigna con unos indices de mortalidad muy reducidos. El obispo, José López Mendoza,  suprimía tres  fiestas de precepto, el día de Santiago, el de San Fermín y el de San Saturnino. Esos días se podía trabajar y no era obligatorio oir misa. También se suprimió como festivo el día de San Juan. Y también antes, como ahora, las autoridades inicialmente quisieron quitarle importancia al asunto.

En la segunda mitad de septiembre se recrudecía la epidemia de gripe en Navarra, así lo reconocía el gobernador civil. Daba comienzo así la segunda oleada, la más mortífera de las tres. El inspector provincial de Sanidad recomendaba como medidas de prevención «llevar una vida ordenada sin trasnochar, al aire libre, evitar locales cerrados y frecuentados y abstenerse de vicios y abusos, en especial de alcohol y sexo, limpieza de basuras y cuadras, establos, pocilgas y letrinas y desinfección de manos y boca antes de comer. En caso de enfermar meterse en la cama y llamar al medico, desinfectar habitaciones, ropa, etc y blanquear y pintar las habitaciones si se estimaba pertinente». Sobran los  comentarios. Se achacaba la propagación de la gripe al entonces acelerado avance en los transportes. Hoy diríamos igualmente que la globalización en los transportes ha contribuido a la expansión acelerada de la pandemia. Y estaríamos en lo cierto. El ministro de la Gobernación prohibía, el 27 de septiembre,  en los pueblos contagiados toda clase de fiestas, espectáculos y reuniones así como las ferias y mercados que favoreciesen la propagación de la enfermedad. Se anunciaba un control sanitario riguroso a los forasteros. El alcalde de Pamplona suspendía el ferial y concurso de ganados y se retrasaban el comienzo del curso en  algunos colegios, así como en la Escuela Normal y en  el Instituto de Segunda Enseñanza. El día 21 de septiembre se entregaban 2.000 kilos de pan entre la gente más desfavorecida de Pamplona. Al día siguiente se inauguraba con todo el boato, comitiva oficial y masiva presencia popular incluidas, el monumento a Sarasate en la Taconera. Pocos días después se hacía lo propio con el de Navarro Villoslada. Al finalizar el mes de septiembre  la gripe se había extendido por multitud de pueblos de la geografía foral. Antes, como ahora, se limpiaron las vías públicas, desinfectaron locales,  se cerraron fronteras, se animó a la reclusión en las propias casas, se procedió a aislar a los enfermos y  también a ciertas colectividades vulnerables, se controló a colectivos sospechosos,  y a los muertos se les trasladaba, de inmediato, al cementerio.

Curiosa y contradictoria información la que daban los periódicos sobre la epidemia de gripe. El Diario decía que el numero de afectados era grande pero el de fallecidos pequeño, uno o dos por día, pero o la suerte iba por barrios o difícilmente se podía entender el hecho de que en los últimos 8 días de la primera semana de octubre cuatro miembros de  una familia afincada en la calle Mayor hubiesen fallecido, quedando tan sólo un bebe de pocos meses que también se encontraba enfermo. Unos achacaban  a los periódicos que trataban el tema muy superficialmente o bien que directamente ocultaban la realidad, los datos, los hechos y otros les tildaban de alarmistas. Algunos incluso decían que la mayoría de los casos habían llegado de San Sebastián. En fin como siempre, nunca llovía a gusto de todos pero el hecho es que había  en la ciudad, esos días, un  clima de preocupación y desconcierto. En los primeros cinco días de octubre fallecieron en la ciudad cerca de 60 personas, más de la mitad  de ellas por la gripe y hubo 8 o 9 nacimientos. La gripe se recrudeció con los fríos propios de la temporada. Se comenzaron a  hacer rogativas, por mediación de San Fermín, o en la Catedral, para el cese de la epidemia. Como consecuencia de esta crisis sanitaria se decretó la suspensión de todos los juicios por jurado de los meses de octubre y noviembre.

El pueblo más afectado por la gripe el 6 de octubre fue Los Arcos donde casi toda la población estuvo  afectada por la gripe. El obispo de Pamplona, José López Mendoza se encontraba en gravísimo estado, en Zaragoza a consecuencia de la gripe. El número de muertes en Pamplona se estabilizó en la media docena diaria. El día 7 de octubre  había 840 enfermos en Pamplona, de los que estaban graves unos 64 y habían muerto desde el día 17 de septiembre 89 personas, según la Inspección Provincial de Sanidad. En Miranda de Arga se produjo un enfrentamiento entre vecinos del pueblo  y la guardia civil con el resultado de 4 muertos y 2 heridos. Al parecer el origen fue el cierre, por razones sanitarias, de los bares. El Diario pedía el cierre temporal de las escuelas municipales ante la enfermedad de cada vez mayor número de maestros y la extensión de la epidemia. Entre los pueblos más afectados por muertes a consecuencia de la gripe, a primeros de octubre estaban, Mendigorría, con 20 muertos, Lerín, 25, donde había más de 1000 afectados, Los Arcos, 29 que luego serían 64, con 800 afectados sobre un total de 2.000 habitantes; Olazagutia,20  y más de 400 afectados, Mendavia, 50  y 700 afectados, Cascante, 31 muertos y 819 afectados, Fitero, 50 muertos. Ablitas 700 enfermos y  35 fallecidos; Cabanillas, de 500 a 600 enfermos y  12 fallecidos;  Monteagudo, 600 enfermos y  35 fallecidos; Murillo el Fruto, de 700 a 800 enfermos, 12 fallecidos; Tudela, 500 enfermos, 26 fallecidos. Otros: Cáseda 12 fallecidos; Elorz, 17 fallecidos; Sada, 400 enfermos el 60% de la población, 10 fallecidos; Villava 7 fallecidos. Artajona, con 2.541 habitantes, 52 defunciones, en Goizueta  que fue el primer pueblo afectado en la segunda oleada que entró desde Francia el 3 de septiembre  hubo 200 afectados e inicialmente media docena de muertos.

Entre el 11 y el 12 de octubre fallecieron en Pamplona por la gripe 17 personas. El Alcalde dictó un bando que disponía que los cadáveres debían ser conducidos al cementerio en el plazo de dos horas desde el fallecimiento, quedaba prohibido el acompañamiento de los cadáveres al cementerio así como entrar en él y se obligaba  a los vecinos informar directamente al Negociado de Higiene Municipal de las defunciones producidas a fin de proceder a la desinfección de los domicilios. No se podían celebrar funerales de cuerpo presente. También se ordenó desinfectar todos los portales y cajas de escalera de los edificios de la ciudad y la correspondencia que llegaba a la ciudad. Se estableció en la conserjería-carpintería de la plaza de toros un servicio fúnebre a precios económicos por parte del Ayuntamiento para los más vecinos pobres.  También se suspendieron los toques de campana por los muertos por evitar el continuo y tétrico recordatorio de cada fallecimiento.

El 16 de octubre la Comisión de Abastos había establecido entregar  a los médicos de la ciudad unos bonos canjeables por medicamentos en las farmacias para los enfermos pobres. Días después se ampliaron esos bonos a productos como la leche, huevos, pescado, carne y útiles de loza y más adelante al arroz, patatas y alubias. En los bonos aparecía el establecimiento donde debían retirar esos productos. Y es que en aquellos días de fuerte demanda de ciertos productos, como la leche, los  limones y los huevos,  asistimos a un encarecimiento especulativo de los precios obligando a las autoridades a tomar medidas  para su contención y aprovisionamiento. Posteriormente la Tesorería Municipal pagaría los productos a los comerciantes. Esos días se produjo una enorme escasez de leche fresca por incremento en el consumo. El problema se fue resolviendo gracias a la llegada de leche condensada, si bien este tipo de leche causaba recelo en su consumo por parte de las clases bajas, recelo que se fue disipando con los días. El Ayuntamiento se gastó casi 20.000 pesetas de las de entonces en gastos relacionados con la epidemia y las ayudas  impulsadas. ¿Qué medicamentos utilizaban entonces?: aspirina, quinina, antipirina, caramelos de heroína,  benzoatos, alimentos y bebidas como la leche, el te o el alcohol, sustancias como el sulfato de sosa, tintura de yodo, suero a base de formol, etc.

A finales de mes, y pese a cierta mejoría, la epidemia no se podía dar por controlada. Habían fallecido 42 personas en septiembre y 111 en octubre. En Noviembre, hasta el día 20, hubo 62 defunciones. La gripe se extendió los últimos días de mes al Manicomio, con más  de 200 afectados, sobre un total de 500 internos y cerca  de 50  muertes en tan solo 19 días. Fue el principal foco epidémico en Pamplona. Contrasta con el caso de la Casa Misericordia que tenía 300 asilados, entre ancianos, adultos y niños y en donde no se produjo ningún fallecimiento. La explicación puede estar en que la Meca no dejó entrar ni salir a nadie que pudiera contagiar o contagiarse. En total hubo en Pamplona 215 defunciones, 243 si contamos el resto de oleadas del año, aunque según otras fuentes la cifra real pudo ser mucho mayor, de cerca del doble, casi 500,  y recordemos que la ciudad tenía solo 32.000 habitantes, osea pudo fallecer algo más de 1% de la población. Murieron más hombres que mujeres, y la enfermedad se cebó en las personas de de 21-30 años esto es en los jóvenes adultos, al igual que en el resto de España. Solo el 12,5% de los fallecidos murió en los hospitales.

En Pamplona dos de los grupos más castigados por la epidemia fueron los soldados de la guarnición y lo internos del manicomio provincial. Por clases sociales afectó más a las calles del Casco donde habitaban los segmentos sociales más vulnerables como la  Jarauta o  Descalzos, etc. Si en la primavera del 1918 el ratio de fallecimientos fue de 0,45  por mil, entre septiembre y noviembre ascendió al 6,6 por mil habitantes, siendo en 1919 de 0,36. En Navarra murieron  entre enero de 1918 y  junio de 1919 a consecuencia de esta epidemia de gripe algo menos de 3.000 personas, según las estadísticas oficiales,  sin embargo el exceso de mortalidad observado nos permitiría elevar esa cifra a cerca de 4.000 personas, concretamente 3.991 muertos. En España fallecieron oficialmente  por la gripe 143.930 personas aunque igualmente el exceso de mortalidad observado nos llevaría a un número sensiblemente mayor, 260.000,  (12 muertos  por mil habitantes). España tenía entonces casi 21 millones de habitantes.  En el resto del mundo los datos fueron estos: Más de 600.000 muertos en Estados Unidos (5,3 por mil), de 750 a 950.000 muertos en América Latina (8´4 a 10´6 por mil), 2,3 millones de fallecimientos en Europa (4,8 por mil), entre 1.9 y 2,3 millones en Africa (14,2 a 17 por mil) y entre 19 y 33 millones en Asia (19,7 a 34 por mil). La media mundial quedó entre  los 13,6 y 21,7 fallecimientos por mil.

Afortunadamente ha pasado un siglo y el sistema sanitario parece  muy superior al de entonces. De eso no cabe duda. Pamplona y España  tenían entonces muy escasos recursos sanitarios. Pese a las dramáticas cifras mucho peor lo pasaron otros pueblos y ciudades del resto de Navarra  y de España. El mayor riesgo que corremos, en estos momentos de la pandemia actual,  es el riesgo de que el virus mute y se convierta en mucho más agresivo de lo que ya es o que colapse el sistema sanitario y  por lo tanto se  incremente el número de fallecimientos por falta de atención, o por una priorización médica,  como ya está  sucediendo en algunas ciudades y zonas. Al tratarse de un virus respiratorio tanto en aquel caso de 1918 como en éste el mayor riesgo médico,  la causa del fallecimiento general se produce por  la neumonía que lleva aparejada la enfermedad. A diferencia de la gripe de entonces, este virus parece afectar mucho más a personas de edad avanzada que  a jóvenes y  a personas con algún tipo de patologías que a sanas, aunque los datos no mienten: también muere gente joven y sana. ¿Puede depender, además,  de la mayor o menor carga viral que reciba el infectado?. Probablemente también. Este virus se propaga más rápidamente y aparece emboscado, oculto, sin síntomas, durante muchos días extendiendo su mortal carga viral. Para hacernos una idea de lo que supuso aquella epidemia y teniendo en cuenta que la ciudad y sus inmediaciones apenas superaban los 30.000 habitantes, ese número de fallecimientos oficiales de 1918 hubiera equivalido a unos 2.500 fallecimientos actuales (en la menor de la estimaciones)  en nuestra área metropolitana, el doble si utilizáramos las cifras más pesimistas.  Desconocemos, no obstante, verdaderamente el número de personas afectadas por la gripe en Pamplona aquel año, en todo el período.

De como pudo cambiar la apariencia de la plaza consistorial a mediados del S. XX

Es conocido que en septiembre de  1953 el Ayuntamiento de Pamplona reinauguraba, tras casi dos años de obras,  su casa consistorial. Lo que ya no es tan conocido es que antes de acometer el proyecto de reforma y ampliación que ha llegado hasta nuestros días hubo otros proyectos de reforma que no se llevaron a cabo. El primero de ellos, de Víctor Eusa, planteado en 1940,  planteaba el derribo de la manzana del Banesto, en la calle Mercaderes y contemplaba un nuevo edificio de oficinas municipales, más allá de las escaleras de San Saturnino, a partir del nº 13 de la Cuesta de Santo Domingo. En 1944 se retomó el asunto de la ampliación de la Casa y algunos concejales plantearon trasladar el Ayuntamiento a la plaza del Vínculo, ocupando la antigua Casa de Baños y parte o toda la plaza del Vínculo, si fuese necesario, pero esta idea se topó con la oposición de otra parte de concejales que preferían mantener la tradicional ubicación, en el corazón del Casco Antiguo.

En 1945,  el concejal y arquitecto Eugenio Arraiza planteó un curioso y original proyecto que convertía nuestra plaza consistorial en una plaza mayor,  al estilo de las plazas mayores de otras ciudades españolas, donde lo que más llamaba la atención era su apariencia clásica y sus grandes arcadas por encima de la calle  Santo Domingo, la Bajada de Carnicerías y la conexión de la plaza con la calle San Saturnino. Nada que ver, desde luego,  la apariencia de nuestra hasta cierto punto anodina plaza actual  con el aspecto que podría haber tenido de haberse llevado a  cabo este proyecto, más cercano al estilo de las plazas  de algunas ciudades centroeuropeas. Dichas arcadas permitían comunicar el actual edificio, que se dejaba para los usos más nobles, con las nuevas dependencias administrativas que se construían, anexas, a ambos lados del edificio, en la zona donde estaba la Casa Seminario y demás casas adyacentes  y en el edificio contiguo a los antiguos Almacenes Unzu y que hoy alberga en su bajos a locales comerciales  como los de «El Vallado» o «María Sagrario Navarro» (antigua Casa Olaso).

Sobre la arcada que comunicaba la plaza con la calle San Saturnino se erigía la llamada Torre del Reloj. El proyecto contemplaba aprovechar la belena de Pintamonas, que está junto al Café Iruña,  para prolongarla hasta la plaza consistorial, previo derribo de la guarnicionería de Nagore, convirtiéndola en un insólito pasaje comercial cubierto, también al estilo de los pasajes comerciales de algunas ciudades europeas. El proyecto fue del agrado de la corporación pero los costes de las expropiaciones se disparaban por las exigencias de los propietarios afectados por los derribos,  y por diversas circunstancias  no demasiado aclaradas,  el proyecto se quedó en nada. Posteriormente, en 1947, el arquitecto municipal Francisco Garraus presentaba un nuevo proyecto, con importantes novedades como la apertura de una calle de doce metros de anchura que comunicaba la bajada de Carnicerías y la calle Mañueta o la desaparición, nuevamente de la manzana del Banesto. Este proyecto tampoco salió adelante.

En 1948 se planteó convocar un «concurso para la reforma de la Casa Consistorial y las nuevas oficinas municipales». En  las bases se  contemplaba, además de la reforma del viejo edificio, un nuevo edificio de oficinas en terrenos de la actual plaza de los Burgos. En el concurso resultó  ganador el proyecto de los hermanos Yarnoz. Pero tampoco salió adelante porque se disparaban los costes, por lo que se volvió a recuperar  el proyecto de Arraiza, que tanto había gustado a los munícipes,  tres años antes,   combinado con algunos aspectos del proyecto de los Yarnoz, que seguía fielmente  las directrices del concurso municipal. En este año, 1948, Eugenio Arraiza volvió a presentar un nuevo proyecto, con algunos elementos del antiguo proyecto de 1945, con arcadas menos altas sobre las calles Santo Domingo y la bajada de Carnicerías y la torre del Reloj rematando, esta vez,  el nuevo edificio de oficinas, situado a la derecha de Carnicerías.

En 1949 diversos  arquitectos pamploneses proponían nuevas ubicaciones para la nueva casa consistorial, tan dispares como la calle Bosquecillo, el solar de  la antigua Estación del Irati en la avenida de Franco, el edificio de la Escuela de Artes y Oficios, Casa de Socorro y Alhóndiga Municipal, en la plaza del Vinculo. Garraus, arquitecto municipal,  planteaba en el caso de sacar el edificio municipal fuera del Casco, que estuviese en la esquina de las calles  Taconera y Navas de Tolosa. Se abría un nuevo debate sobre que era mejor, construir un nuevo edificio fuera de su emplazamiento tradicional, en el Casco,  o ampliarlo en los edificios contiguos, con las dificultades económicas que habían surgido en los diferentes proyectos arquitectónicos que se habían planteado hasta la fecha,  ganando finalmente terreno la idea de ampliar el edificio hacia la plaza de Santo Domingo, pues  parecía ser la opción más económica para un consistorio más bien escaso de recursos económicos. En marzo  de 1951 se acordaba ampliar el edificio de la Casa Consistorial ganando nueve metros a la plaza de Santo Domingo y elevando una nueva planta al edificio, sobre su altura anterior.

La reforma y ampliación del edificio se pensaba que serviría para los próximos 100 años,  o al menos eso se decía,  sin embargo no pasaron, apenas ni 25 años desde que se terminase la ampliación para que el edificio comenzase a quedarse pequeño  para las crecientes necesidades municipales. Y  los servicios del Ayuntamiento comenzaron a dispersarse, en las siguientes décadas,  por diferentes edificios del Casco y la ciudad. Y así se trasladaron,  desde finales de los 70 algunas dependencias, como por ejemplo, Sanidad Municipal,  al nuevo edificio obtenido tras el derribo de la antigua  Casa Seminario (1979),  el área de Promoción Ciudadana al viejo y «okupado» Palacio de los  Mutiloa de la calle Zapatería que sería objeto de una restauración previa (1989), la  Oficina de Rehabilitación Municipal al antiguo local de Casa Luna en la calle Eslava (1985), el área de Cultura  aparte del antiguo Convento de los Descalzos, en la calle del mismo nombre (1995), el archivo Municipal, Catastro y otras dependencias, al antiguo Seminario de San Juan, en la calle Mercado, rehabilitado a partir de  1982; dependencias de atención al Ciudadano y Depositaria Municipal a  Casa Marceliano, en la misma calle Mercado (2001), desde finales de los 90 también se trasladarían desde el edificio de la Casa Consistorial otras áreas como Urbanismo y más tarde Conservación Urbana  a varias plantas del edificio central de Caja Municipal, etc. En los albores del nuevo siglo se habló de  erigir un gran edificio de oficinas, centralizando todos los servicios dispersos,  en el solar municipal del Paseo Anelier,  en el barrio de la Rochapea, pero no llegó ni siquiera a haber un proyecto. Hoy en día no hay ningún debate abierto al respecto pero quien sabe lo que el futuro nos puede deparar. En próximas entradas hablaré de otros proyectos urbanísticos municipales o arquitectónicos que quedaron en nada.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Proyecto de nuevo Ayuntamiento y Plaza Consistorial para Pamplona. Eugenio Arraiza. 1945. Archivo Municipal de Pamplona. Nº 2. Antigua Casa Consistorial derribada. Sólo se mantiene en pie la fachada. Foto Julio Cía. 1952. Archivo Municipal de Pamplona

Rincones desaparecidos del Viejo Pamplona (1850-2000). 1ª parte.

La ciudad histórica, el Casco Antiguo que hasta finales del siglo XIX, con la construcción del primer ensanche, fue toda la ciudad ha sufrido, como es lógico, bastantes cambios a lo largo de su reciente historia, si bien buena parte de sus calles, belenas y callejuelas conserva, no obstante, su trama y estructura de origen medieval. Sin embargo, las reformas o renovación del parcelario, -excepto algunos palacios y edificios aislados-, data del siglo XIX, de mediados y sobre todo de finales del siglo XIX.

En esta entrada repasaré algunos de esos rincones que hemos visto cambiar en el Viejo Pamplona a lo largo de los últimos 150 o 170 años. Como siempre, esta entrada no tiene carácter exhaustivo, apenas repaso en esta entrada una docena de sitios, y por supuesto habrá  una segunda y tal vez una tercera entrega sobre este mismo asunto, pues los rincones desaparecidos en esos 150 años son  muchísimos  más de los que aquí se citan, en otras plazas y calles como Compañía,  Calderería, Dormitalería, Merced, Tejería, etc, incluso en la propia plaza del Castillo.

Partiré, para hacer este primer  itinerario, de la plaza Consistorial. Si nos situamos frente al Ayuntamiento, algunos de los más viejos de la ciudad recordarán que hubo, a la derecha del Consistorio, una calle que era la Bajada de Carnicerías, cuyo origen se remonta al siglo XVI. No he logrado encontrar ninguna fotografía tomada desde el interior de esta estrecha callejuela que hoy es la Bajada al Mercado junto a la actual plaza de los Burgos. Y no será por la insistencia en que siga buscando  de mi buena amiga Marcela Abarzuza,  que me recuerda que el origen de la popular saga de libreros pamploneses tuvo su origen en esta calle. Allí tuvieron su sede otros célebres negocios como el de Felipe Layana,  varias alpargaterías y otros comercios un tanto variopintos.

De momento les dejo con una instantánea de un fotógrafo alemán que data probablemente de los años 20 del pasado siglo y en el que aparecen, todavía en pie, los dos edificios del lado derecho de la calle. Para la década siguiente, entre 1934 y 1936 se había derribado el primer bloque, el más cercano al Mercado. Como ya he señalado en otras entradas, en 1954 se derribaba el segundo edificio, el que quedaba y en cuyo espacio se ubicaría luego la plaza de los Burgos. Durante la primera mitad del pasado siglo esta calle sin circulación ofrecía dos imagenes muy diferentes según fuese la hora del día, la mañana o la tarde, pues estaba  totalmente condicionada a la actividad del Mercado, de forma que las mañanas era un trasiego continuo y bullanguero de vendedor@s y clientas, mientras que las tardes eran, por lo general,  solitarias y tranquilas.

Muy cerca hemos conocido como los dos edificios que hacía más estrecha la salida de la plaza consistorial hacia la calle Nueva, los números 2 y 4 de San Saturnino  fueron derribados en 1941 y 1946 o como la vieja Casa Seminario que estrechaba la calle Santo Domingo se derribó en 1976, siendo sustituidos por un moderno edificio de oficinas municipales en el año 1979. Anteriormente y muy cerca de ahí,  21 de agosto de  1890 el Ayuntamiento había concedido permiso para derribar las casas números 1, 3, 5 y 7 de la calle Tecenderías y 1, 3, y 5 de la calle Bolserías. Sobre el solar resultante, propiedad de D. Francisco Seminario,  se erigieron dos elegantes edificios, obra de Julián Arteaga, que son los actuales números 2 de la calle Nueva y 1 de san Saturnino. Bajo la casa nº 2 se abrió el pasaje que lleva, en su honor,  el nombre del promotor de este profundo cambio urbanístico.

Las escalerillas de San Saturnino no han tenido siempre su configuración actual Hasta los años 40 las escaleras eran mucho más angostas, como se puede comprobar en la fotografía, tenían dos tramos separados por una barandilla. El Ayuntamiento adquirió los viejos inmuebles de la izquierda para derribarlos y al poco tiempo construyó unos baños públicos con una pequeña terraza en la cubierta. El tramo de las escalerillas se estrechó aun más. Estos baños se clausuraron a mediados de los 80 utilizando sus instalaciones a partir de entonces como almacén municipal. En el año 1999, el Ayuntamiento derribó los baños y triplicó la anchura de la escaleras. Hoy existe una entrada para el mantenimiento de los servicios de la galería subterránea en el extremo izquierdo de la escalinata.

También hemos visto en la entrada correspondiente como hasta 1914, la calle Mercaderes tenía otra apariencia,  con una manzana más en el tramo ancho hasta el cruce con Estafeta, de forma que tanto las calles Calceteros como Mercaderes tenía otra numeración. Y es que en 1913 el Ayuntamiento compró los números 12 y 14 de Mercaderes para derribarlas en los primeros meses de 1914. Se estuvo a punto de llamar al espacio liberado Plaza del Comercio pero dicha iniciativa no prosperó. También he señalado en una entrada del blog como en 1966 se colocó una isleta en la calle Mercaderes para dividir las vías de circulación, de cuyo  hecho se hicieron eco, ese año, alguna pancarta de las peñas.

Al construirse en el siglo XIX la casa del Hotel La Perla, desaparecía el llamado Callejón de la Sal que hoy se conserva parcialmente en forma de patio, en la parte alta de la calle Chapitela, correspondiendo  al patio del edificio del nº 21 de la calle Chapitela y de los números 16, 18, 20 y 22 de  la calle Estafeta. Yo estuve trabajando en una oficina, junto a ella, entre junio de 1999 y enero de 2001, hasta mi traslado a la calle Mayor y hasta mi ventana, llegaban los aromas del obrador de Pastas Beatriz, situado en el nº 22 de Estafeta, haciendo sus célebres garroticos.

Al hablar de la Pamplona de la segunda mitad del Siglo XIX mostré una foto muy poco conocida de como era entonces lo que hoy conocemos como plaza de San Francisco, con la antigua cárcel y Audiencia, anteriormente Consejo Real ocupando buena parte de lo hoy es este espacio público y al otro lado, donde desde 1905 están las Escuelas de san Francisco,  el antiguo Convento de San Francisco. Aquí hubo una belena o calleja que enlazaba con la de San Miguel, que aun se conserva y con las que pasaban por la actual calle Eslava. En 1849 se derribó la iglesia del convento y se ensanchó la belena hasta los muros del recinto conventual que coincidirían con los de la fachada de las actuales escuelas.

Y ya que las he citado,  hablemos de las  belenas precedentes de la actual calle de D. Hilarión Eslava. En 1877 se trasladaba a Descalzos la fuente que había en la plaza de Santo Domingo, hoy de Santiago. En 1879 se procedía a ensanchar las  belenas de la calle Carnicerías (desde el siglo XVIII calle de Descalzos), la de Pellejerías (hoy Jarauta), calle Mayor y San Francisco, derribando las casas del lado izquierdo según vamos a la calle Descalzos. De ahí que la fuente de Descalzos se halle descentrada respecto al eje de Eslava. La única belena de la zona que se conserva como entonces es la Belena de San Miguel, entre Nueva y San Antón, la propia calle San Miguel en toda su extensión tiene todas las características de una belena (era la Belena de la Población). Y del resto del Casco, que yo recuerde, siguen estando actualmente las de Pintamonas (Plaza del Castillo) y Santo Domingo (Portalapea). Quisieron los vecinos de la calle Eslava darle el nombre de la calle al año del ensanchamiento (1879), pero finalmente el consistorio le dió en 1883 el nombre del músico Hilarión Eslava, quitando los nombres de las antiguas belenas.

A finales de 1909 se comenzaron a derribar los edificios de la antigua cárcel y de la Audiencia Territorial. Pero antes de su derribo, de lo que da testimonio la fotografía adjunta, bajo la Audiencia había un largo pasadizo que llegaba hasta la calle  Tecenderías (actual Ansoleaga), de ahí que el nombre se conociese como Pasadizo del Consejo o de la Audiencia o Pasaje de Tecenderías. En su interior había algún comercio como la platería de Juan Florenzano o algún zapatero remendón y, en el otro extremo, en la calle Tecenderías el cuerpo de guardia de la prisión. Otro pasadizo famoso fue el Pasadizo del Hospital entre las calles Descalzos y Santo Domingo y que más concretamente conectaba con el Hospital Provincial. Este pasadizo se derribó en 1928. Era un largo túnel sucio y maloliente, dicen,  que se cerraba por la noche.

En otro punto del Casco, en la calle del Carmen, fueron dos los espacios en este período  desaparecidos, el Convento de Carmen Calzado que ocupaba un enorme espacio entre las calles del Carmen y Redín y la antigua Maternidad en donde hoy se abre la calle Aldapa. El primero de ellos fue objeto de la desamortización eclesiástica en 1837 y destinado a cuartel y hospital hasta su abandono y posterior ruina. En 1898 pasó a ser propiedad municipal instalándose, durante un breve período,  la perrera municipal. Posteriormente el Ayuntamiento vendió el solar por lotes a diferentes empresarios, una parte a Lorenzo Martinicorena que construyó unas naves para almacén de madera, otra a Andrés Miqueleiz para fábrica de alpargatas que luego sería garage y en los 70 se construyó un edificio en cuyos bajos estaba la discoteca Xuberoa y por último en la parte más cercana al Laboratorio Agrícola se instaló la fabrica de Tejidos Goñi hasta su traslado a San Juan, dejando su espacio industrial a la fábrica de chocolates de Pedro Mayo. La calle Aldapa nació en 1944 tras el derribo del caserón de la antigua maternidad, tras casi un siglo de servicio a la ciudad. El edificio que tenía su entrada principal por la Cuesta del Palacio había entrado en funcionamiento en 1846  y estuvo en funcionamiento hasta 1934 en que se trasladó a las instalaciones hospitalarias de Barañain.

Fotos por orden de aparición: Nº 1, Bajada de Carnicerías, vista desde la zona del Mercado. J. Cía. 1933. Nº 2: Bajada de Carnicerías vista desde la plaza consistorial. 1920-25. Sin Filiar, Nº 3: calle de las Bolserías. 1892. Antes del derribo de las casas de D. Francisco Seminario. Al fondo el inicio de la calle Nueva.  Nº 4: Número 2 y 4 de la calle San Saturnino antes de su derribo. J. Cía. 1933, Nº 5: Las mismas casas de antes pero vistas desde la plaza consistorial, Colección Arazuri. Nº 6: Escalerillas de San Saturnino. 1940. Zubieta y Retegui, Nº 7: manzana desaparecida de las calles Calceteros y Mercaderes. 1912. Aquilino García Dean, Nº 8. Belena o calleja de la plaza de San Francisco antes del derribo de la cárcel y Audiencia Provincial. Colección Arazuri. Finales del siglo XIX o principios del XX. Pamplona Belle epoque , Nº 9: Plaza del Consejo y pasaje del Consejo, la Audiencia o Tecenderías. 1890-1895. AMP, Nº 10: Pasadizo del Hospital, Primeros de siglo XX. Miguel Goicoechea, Nº 11: Pasadizo del Hospital. Rafael Bozano. 1925, Nº12: Convento de Carmen Calzado. Roldán y Mena. 1880, Nº 13: calle del Carmen, tras el derribo del convento de Carmen Calzado, Almacenes de Lorenzo  Mariezcurrena, 1933. Julio Cía. Nº 14: Antigua Maternidad en la calle del Carmen. 1936, Julio Cía. Las fotos 1, 3, 4, 5, 6, 7, 10, 11, 12, 13 y 14 pertenecen a la Colección Arazuri, publicadas en los libros de Pamplona, calles y barrios, Archivo Municipal de Pamplona. Las fotos 2, 8 y 9 pertenecen al Archivo Municipal.

Biografías: Nazario Carriquiri (1805-1884)

Comenzaba este blog hace siete años, con una breve entrada de la calle Nazario Carriquiri, una calle que pasa por delante de mi casa desde que tengo recuerdos, antiguamente un camino de grava,  siguiendo el antiguo ramal del Irati que conectaba la estación del Empalme y la del Norte, atravesando el paraje denominado como playa de Santa Engracia. En esta entrada descubriremos que se esconde bajo el  nombre  de esa calle y que la mayoría de la gente asociará seguramente tan solo con el mundo del toreo, por aquello del trofeo Carriquiri. Nazario Carriquiri Ibarnegaray nació en Pamplona el 28 de julio de 1805. Era hijo del calderero y comerciante establecido en  Pamplona Pedro Carriquiry Etchecopar y de Dominga Ibarnegaray y Landutch, naturales de los pueblos vasco franceses de Idaux y San Juan de Pie de Port. Su nombre aparece vinculado  a los más variados e importantes acontecimientos de Navarra y nacionales bajo el reinado de Isabel II (1833-1868). Su participación en política se inició en 1834 en el Ayuntamiento de Pamplona y como oficial de las milicias nacionales en la ciudad. En la 1ª Guerra Carlista, (1833-1840), colaboró suministrando armas a  las fuerzas isabelinas. A partir de finales de la década de los 30 del siglo XIX ya está asentado en Madrid. Apoyó el pronunciamiento, tanto política como económicamente,    de 1841 contra el general regente  Baldomero Espartero, apoyado por la ex-regente en el exilio María Cristina de Borbón,  que tuvo uno de sus principales focos en Pamplona con la sublevación el 27 de septiembre del general O´Donnell. El general no consiguió el apoyo de la ciudad a pesar de que ordenó bombardearla, desde su Ciudadela. Junto con O´Donnell, Narvaez y Alcala Galiano fueron algunos de los principales generales implicados en la revuelta que contó con el apoyo de elementos carlistas y en los que se llegó a prometer la restauración de los antiguos fueros a los territorios vasco-navarros.

Fracasado el golpe de estado Nazario se vió obligado a exiliarse hasta la caída de Espartero en 1843. No obstante desde el exilio tomó parte en la Orden Militar Española, orden secreta creada en París por el general Narváez para defender la monarquía isabelina y con el mismo fin  financió el periódico «El Heraldo».  Fue diputado a Cortes por Navarra por el Partido Moderado, entre 1843 y 1854, y entre 1856 y 1864, senador vitalicio desde 1864 y en las Cortes de 1871-1873, para acabar volviendo a ser diputado entre 1876 y 1881.  Políticamente basculó desde un liberalismo moderado pasando, progresivamente,  a posiciones más conservadoras en las  filas del Partido Moderado, Dinástico o Isabelino para unirse, al final de sus días, a  las filas de Canovas durante  la Restauración. Aparte de su vertiente política destaca también por su intensa actividad económica y empresarial. No hay constancia de que cursara estudios superiores preparándose para las actividades comerciales y empresariales dentro del ámbito familiar. De hecho comenzó su andadura formando sociedad con su padre Pedro que tradicionalmente se le ha considerado calderero pero cuya ocupación no cuadra demasiado  por la enorme cantidad de  propiedades que legó a sus nietos: casi un centenar de terrenos rústicos en la Cuenca de Pamplona, varios de ellas en la zona de Capuchinos y de  las Esclavas del Sagrado Corazón (las famosas Casa Blanca y Casa Colorada),  además de los nº 8 y 10 de la calle Estafeta (actual números 16 y 18).

Por su parte Nazario y su familia  tenían  su casa de la plaza del Castillo, la que hoy se conoce como Casa Baleztena, que vendieron a los Baleztena en 1852. La casa había sido construida entre 1832 y 1840 por Martin Monaco, de Saldías y por Modesto Jaime, de Pamplona,  propietarios a partes iguales del inmueble que en 1840, recién acabado, vendieron a los Carriquiri. Formando sociedad con su padre,  Nazario comenzó a realizar suministros de todo tipo para el ejército cristino desde 1836 y se benefició de la compra de los bienes, producto de la desamortización eclesiástica de los años 40 y 50, de Mendizabal, Espartero y Madoz. De ahí podemos concluir en que surge buena parte  del origen de su fortuna. En 1846 se asoció con el ganadero tudelano Tadeo  Guendulain Masterrena  creando la sociedad Guendulain y Carriquiri. Sus toros, conocidos por su especial bravura, se lidiaron, por primera vez, en los sanfermines de 1852 y en Madrid, el 10 de julio de 1864. Abundaban en su casta los toros rojizos de movimientos poderosos, rápidos e imprevisibles, que saltaban con frecuencia la barrera en la plaza y mataban a decenas de caballos durante la faena, por lo que algunos diestros de la época se negaban a torearlos. En 1863, un toro de la ganadería recibió 53 varas y en 1878, otro astado 114. En 1883 Juan Mosso compró la parte de su tio Nazario en el negocio y  vendió  la ganadería a Bernabé Cobaleda que trasladó la camada de Navarra a Salamanca, perdiéndose progresivamente la casta navarra de Carriquiri al sustituir en 1925 los toros navarros por los del Conde de la Corte.

Carriquiri formó parte de numerosas sociedades anónimas de la época,  pertenecientes a los más variados sectores. Entre ellas cabe citar las sociedades de desarrollo agrícola la «Ceres» y «La Prosperidad», la del mundo editorial «La Ilustración», la de seguros «El Ancora», sociedades relacionadas con el transporte y los correos, la «Compañía de Minas de Cobre y Plomo de Linares», etc.  Fue accionista del Crédito Navarro, fundado en 1863, directivo del Banco de Isabel II, desde 1844 a 1847,  hasta su fusión con el Banco Español de San Fernando del que fue síndico en 1848, siendo también tesorero del Palacio Real. En 1830 se había casado  en Tafalla con Saturnina Mosso y Villanueva, cuyo hermano, Juan de Dios, había contraído nupcias con Clementa Irure Espoz, sobrina  del general D. Francisco Espoz y Mina. Su cuñado Juan de Dios Mosso Villanueva fue socio y apoderado de muchos de los  negocios que tuvo en Navarra,  como minas, ferrerías, como la de Artikutza,  y explotaciones forestales y madereras. También compartiría sociedades con el que fuera luego su suegro, en su segundo matrimonio,  Jaime Ceriola. Promovió, en 1847, con la Diputación Foral la carretera de Pamplona a Francia a su paso por Roncesvalles, que ayudó a financiar en un 54%. Participó en la creación de la redes ferroviarias  de España (Asturias, Madrid-Aranjuez, etc) e intervino en la construcción del muelle del Grao en Valencia. Nazario no tuvo hijos con Saturnina Mosso que falleció en París en 1859. Si tuvo, en cambio, una hija, Raimunda, en 1862, con Raimunda Ceriola, con la que se había casado al enviudar, ella como él, también viuda que tenía, además, dos hijos a su cargo. Nazario Carriquiri,  que constituye uno de los mejores ejemplos del surgimiento de la nueva burguesía decimonónica,  falleció el 12 de enero de 1884 dejando toda su herencia a su única hija así como su colección pictórica de más de 200 lienzos entre ellos algún Murillo.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Retrato de Nazario Carriquiri de  Antonio Mª Esquivel y Suarez de Urbina. Europeana Collections. Nº 2: Casa Baleztena. premindeiruna.blogspot.com Nº 3: Calle Nazario Carriquiri (1984). Imagenes Rotxapea. revista Ezkaba. Nº 4:  calle Nazario Carriquiri (2017). Nº 5: Toros Carriquiri, pastando en el Sario en el año 1909. Facebook.com/ganaderiacarriquiri. Nº 6: Escritura de Venta de la ganadería de los herederos de Don Nazario Carriquiri a Don Bernabé Cobaleda (1908).  Edición facsímil. Pamplona, Talleres Gráficos Estudiovaca, 2010. 

Inicio y auge de los clubs de montaña en Pamplona (1926-1990)

Aunque yo no he sido muy montañero que digamos, mi hermano sí lo fue durante más de una década, y recuerdo, a la hora de ponerme a escribir esta entrada que, especialmente entre los años 60 y 80 del pasado siglo, hubo un gran boom de clubs de montaña en nuestra ciudad y en nuestra comunidad. La afición al montañismo ha contado con gran predicamento en nuestra tierra, pero fue especialmente intensa en esos años. Posteriormente la extensión del vehículo privado hizo, probablemente, menos necesaria la existencia de muchos clubs que facilitaban el transporte a los «mendigoizales» de aquella época. En los inicios, las excursiones montañeras por afición  eran más bien solitarias y el modo de transporte era el tren. El origen de este deporte en nuestra ciudad podemos situarlo en los años  20. En 1926 había cinco asociaciones en Pamplona que practicaban este deporte de forma colectiva: el Indarra, Lagun-Artea, Osasuna, Aurora y  Euzkotarra. Entre los nombres vinculados a esta práctica estaban Carmelo de Olazarán, Antonio San Juan y otros. A finales de 1929, el Club Deportivo Euzkotarra fue clausurado temporalmente por orden gubernativa ya que alternaba las actividades montañeras con otras políticas de orientación nacionalista. Este  club se convertiría en 1930 en el Club Alpino Euzkotarra y en 1936 de este grupo saldría el Eusko Gaztedi Kirolzalea.

La Federación Deportiva en aquellos años era la Federación Vasca de Alpinismo, que tenía una delegación navarra si bien, después de la guerra, se convierte en la Federación Vasco-Navarra de Montañismo. En 1934 se iniciaron las actividades del Club Montañeros de Navarra, presidido por Gerardo Ramón de Ciganda y luego por López Selles, con sede en los bajos del Niza que desapareció en 1940 por problemas gubernativos. La guerra civil afectó, como en otros campos, a la actividad montañera. En 1941 se crearon la sección de montaña del Club Oberena, club creado por iniciativa de Acción Católica, con sede en el Frontón Labrit, y el Club Deportivo Menditari. También ese año  aparecía el Club Deportivo Navarra, que tuvo sede en el nº 5 de la calle Mercaderes y luego en Estafeta y Jarauta. En 1942 se fusionaban el Club Deportivo Navarra y el C.D. Menditari, manteniendo el nombre del primero. Hasta  los años 50, década en que se constituyen el  Anaitasuna y el Irrintzi, estos dos clubs, el Oberena y el Club  Deportivo Navarra,  fueron  los únicos clubs con actividades montañeras en Pamplona. En 1958 surgía la Alegría de Iruña (en Calderería y luego en Jarauta), también con una sección montañera. En esos años 40 y 50 sobresalen, en el mundo de la montaña y de los clubs,  nombres como los de Patxi Ripa, Marcos Feliú, Daniel Vidaurreta, entre otros.

En 1962 el Club de Montaña Ori-Mendi que tenía su sede en el edificio del Centro Mariano de la calle Mayor, (Palacio de Redín Cruzat), y que tuvo también  su origen en los círculos obreros y juveniles católicos  celebraba su primera finalista en la cumbre de Orhi, finalista de la que adjunto una fotografía, aunque la foto  creo que tal vez sea  de una finalista un poco posterior. Los primeros animadores de este Club fueron Patiño, Olave, Ibarrola, Valencia Eguaras y Usetxi, que aparece en buena parte  de  las fotografías de esta entrada. En pocos años, el número de clubs en Pamplona se multiplicó por tres, al aparecer, a partir de 1965, el  Kirol (creo que tuvo su sede en San Francisco), Errotazar, Donibane (en el barrio de San Juan), Chantrea, Club de Tenis,  Gaztedi, Boscos, Iruñako Beti Gazte (según  Antonio Ibañez estaba en los Caídos) y Euzko Bazterra. En esos años 60 cabría destacar nombres como los de Juan Mari Feliú, Carlos Santaquiteria o los hermanos Gregorio y José Ignacio Ariz.

A finales de 1965 se reunieron más de 1000 montañeros en San Miguel de Aralar para celebrar el Primer gran día de los Montañeros. En 1971 nacía el Club Alpino Navarro como consecuencia de una escisión de la Sección Juvenil del Club Deportivo Navarra, con Carlos Garamendi en la presidencia. Casualidades de la vida pero mi primer trabajo periodístico, -estaba estudiando todavía la carrera-, en 1982 o 1983, fue encargarme de la revista del Club Alpino Navarro, creo que se llamaba Noa,  junto con otros dos compañeros de estudios. Y en los años siguientes, frecuenté, de vez en cuando, el Club que tenía su sede en el nº 22 de la calle del Carmen.  A finales de los 70 y primeros 80 el número de clubs empezó  a menguar,  a pesar de la creciente práctica del montañismo en Navarra, y de los éxitos en las grandes expediciones, probablemente, como he dicho, al desaparecer poco a poco  las salidas organizadas de los clubs y aumentar las salidas en los coches particulares. En esta época llegarían, como acabo de afirmar,  los grandes éxitos en las expediciones a cumbres míticas como el Noshaq, Dhaulagiri, Janu, Makalu, etc de los Abrego, Eguillor, Plaza, Garayoa, Casimiro, Aldaya, De Pablos y otros.

Fotos de esta entrada, por orden de aparición: (referenciadas por  Antonio Ibañez):  Archivo familia Usetxi-Sarasa, cedidas para esta entrada por Antonio Ibañez Basterrika. Fotografías realizadas por Miguel Usetxi Belzunegui. Recuperación de negativos: Ion Usetxi. Descripción: Foto nº 1: De izquierda a derecha y  arriba, y en un lugar cercano al Petretxema y a la Mesa de los Tres Reyes, entre Belagua y el valle de Ansó, en la parte de arriba y de izquierda a derecha,  el 2º,  el carnicero de la calle Curia, Eguaras, el 4º Miguel Usetxi, el 5º Rufino, hortelano de la Magdalena y el 6º Javier Auzmendi que murió escalando las Agujas de Ansabere. Foto nº 2. Orhi, desde Izalzu y Otxagabía  y el Otxogorrigañe, entre otros. Foto nº 4. Misa en el Pico del Orhi. Foto nº 6. De izquierda a derecha y arriba,  Miguel Usetxi, Antonio Ibañez, Xabier Sádaba, desconocido; debajo de izquierda a derecha:  Sagrario Ibañez y Mari Carmen Sarasa, esposa de Miguel.  Foto nº 7: de izquierda a derecha, el primero sin determinar, Miguel Usetxi y Antonio Ibañez en la zona de Larra-Belagua.

Callejeando por el Viejo Pamplona de los 50: Un recorrido por los bares de la época. (1954)

En 1954, Pamplona tenía 80.000 habitantes. Aun no se había culminado por completo lo que hoy conocemos por Segundo Ensanche y faltaba una década para que se empezase a desarrollar el tercer ensanche, San Juan e Iturrama, este último ya en la década de los 70. Pamplona tenía toda la apariencia de una ciudad provinciana de la postguerra, con algún incipiente intento de industrialización, proceso que este año comenzaría, de verdad, a dar sus primeros pasos, con el Plan de Promoción Industrial impulsado desde Diputación, con Huarte,  y desde el Ayuntamiento con Urmeneta. Habían pasado apenas quince años desde el final de la guerra civil, el abastecimiento de los productos básicos  comenzaba a mejorar  pero ni en lo político, ni en lo social todo era tan tranquilo, en nuestra comunidad, como parecía. El carlismo o al menos algunos de sus integrantes tenían algún encontronazo que otro  con el régimen,  y especialmente con el sector falangista, como demuestran los hechos del 3 de diciembre de 1945, en la plaza del castillo y calles aledañas, donde se produjeron varios heridos de bala y que se saldó con el cierre del Cículo Carlista de Pamplona.  En lo social, en mayo de 1951 se había celebrado  la primera huelga general en Pamplona, tras la guerra civil, tras la que fueron detenidos varios cientos de personas en Pamplona. Los choques y  tensiones entre la Diputación Foral y el Gobernador Civil, Luis Valero Bermejo acabarían con el cese, este año, de este último   que se había destacado por su actitud radicalmente centralizadora.

Aun no se había incorporado la televisión al ocio familiar,  -solo había una radio, Radio Requeté-, la televisión llegaría pasada la mitad de la década, y el pamplonés medio, y según su mayor o menor capacidad adquisitiva pasaba el tiempo como podía: paseando arriba y abajo de Carlos III o por los porches de la plaza del Castillo,  como a principios de siglo lo hiciese por la Estafeta; acudiendo a la poco más de media docena de cines y teatros existentes en la ciudad: el Gayarre,  el Olimpia, el Novedades, el Príncipe de Viana, el Alcazar, el Avenida y el Amaya, este último recién abierto en el barrio extramural de la Rochapea. Con un público mayoritariamente masculino estaban los deportes,  el fútbol de Osasuna en el campo de San Juan o los partidos de pelota en el Euskal Jai de la calle San Agustín o en el recientemente construido Frontón Labrit. Los que disponían de algo más poder adquisitivo eran socios de alguno de los dos casinos de la ciudad, el Eslava o el Principal o de algunas de las sociedades recreativas existentes: el Tenis, el Larraina o el Club Natación (este último con un perfil más popular). Los que no podían contar con demasiados recursos económicos, desgraciadamente la mayoría,  se tenían que conformar con acudir, de vez en cuando, a algún acto social o baile en  alguno de los locales de alguna peña o sociedad, mayoritariamente instaladas en el Casco Viejo. La iglesia destinaba algunos de sus «centros marianos» también como espacio de ocio para los jóvenes, donde se exhibían algunas de aquellas películas de la época. En las calles, plazas y paseos (Bosquecillo, Media Luna, Plaza del Castillo, Taconera…) se organizaban, de vez en cuando, en fechas destacadas, conciertos a cargo de la banda de musica municipal.

Las calles del Casco Viejo bullían de comercios,  un comercio de clara raigambre local, -muchos de los cuales hundían sus raíces en el siglo anterior-, que se iba acomodando a las modas y a los gustos de las nuevas generaciones de pamploneses, un comercio que se extendía como una mancha de aceite por las nuevas calles del Ensanche. Y entre tanto comercio, y también de forma mayoritaria en el Casco Viejo, los pamploneses podían encontrarse con un abigarrado y variado tipo de hostelería. Será en este aspecto, los bares y restaurantes de la época,  en el que voy a centrar especialmente la entrada, citando el nombre antiguo del establecimiento  y la referencia actual para que ustedes, amables lectores, sepan exactamente donde se encontraban. En la calle Ciudadela encontrábamos el Bar El Espejo,  antigua taberna propiedad de Miguel Aldaz, y el Anaitasuna (antiguo Ginés), ambos hoy desaparecidos, al menos de momento. Adentrándonos en la calle San Gregorio teníamos el bar restaurante Orbaiceta, (donde hoy está el Museo), un poco mas adelante La Concha (en los años 80 y siguientes aun estaba abierto, hoy es el Kaixo), y enfrente el bar Euskalduna, regentado por Juan Pedro Urbeltz, donde luego estaría el Arizona y hoy el San Gregorio.

En esta calle teníamos, en el lado derecho, según se va a la calle San Nicolás, el Ganuza, abierto hasta hace no demasiados años, donde después se puso el Entretantos y el Champi, regentado por Victorino Ganuza,  El Caserio regentado por Rafael Erice, hoy sustituido por un edificio nuevo, (donde está el Ñam) y el Sanguesa. En el lado izquierdo Casa Garcia, bar, fonda y pensión,  y casi al final de la calle el Bar Kaiku y la Fonda La Montañesa, de donde más tarde tomaría el bar el mismo nombre sustituyendo al anterior. En el Rincón de San Nicolás encontrábamos Casa Paco, regentado por Francisco Pueyo Sanz, en manos de la familia desde principios de siglo y en Lindachiquia el Catachú, otro negocio familiar, también en manos de la familia, en este caso de los Iturralde desde comienzos del siglo. Hoy se mantienen estos dos últimos aunque bajo otra dirección y propiedad.

En la calle San Nicolás hallábamos en su lado izquierdo, Casa Bearan en el mismo lugar que en la actualidad; la fonda Larrayoz donde hoy está el Rio, propietaria la familia Larrayoz  desde décadas atrás  de todo el inmueble;  el bar de Vicente Saralegui, (no he logrado descubrir como se llamaba, en estos años, lo que hoy es el Bar San Nicolás-La Cocina Vasca y antaño, durante las primeras décadas del siglo, era Casa Marcela, (de Marcela Elía, Viuda de Iriarte); el Otano, desde 1929 en manos de la familia Juanco, que sigue manteniendo actualmente la propiedad. En el lado izquierdo destacaban el Café Irañeta, antes de que se convirtiera en el Baserri, -hoy Baserri berri-, dirigido por Juan Irañeta; Vinos el Cosechero, conocido popularmente como El Marrano, a cargo de Josefa Goñi Belzunce y el bar Ulzama en manos de la familia Miqueleiz, antiguamente la fonda y casa de comidas  de Babil Landívar y sobre este l a Hostería Aralar. Como se puede comprobar, la hostelería de entonces era un negocio fundamentalmente familiar. Un lector del blog, Luis Iribarren me indicó, hace algún tiempo, que en el nº 50, donde hoy está el Hotel Castillo de Javier y antes el bar San Miguel estuvo, aproximadamente desde 1952 a 1966, el Bar Restaurante Valero (antes tienda de ultramarinos), fundado por sus abuelos Valero Iribarren y María Elizondo. Era conocido en su época por la celebración tanto de  bodas como de comuniones,  muy frecuentado por los chóferes de la Estación de Autobuses y cita obligada de numerosas cuadrillas antes de ir a los partidos de Osasuna en el campo de San Juan. Animo a los lectores a completar esta entrada con más nombres de establecimientos de esta época que recuerden.

A la vuelta de San Nicolás, en el lado derecho, esto es, en la calle Comedias, descubríamos el  Café Roch, el Burgalés, (anteriormente Gau Txori), con Gerardo Arce y el Noé, además del restaurante Casa Cuevas, (en el nº 20 de la calle), bajo la dirección de Pablo Arce. En el lado izquierdo, esto es en la calle Pozoblanco, teníamos Casa Amostegui y más adelante Casa Yaben, ambos conocidos restaurantes en aquel entonces. En la plaza del Castillo, en 1952 cerraría tristemente sus puertas el Café Suizo que se había abierto más de un siglo atrás, en 1961 lo haría el Cafe Kutz. Donde anteriormente estaba el Dena Ona estaba, en esta época, el Bearin, (actual Napargar); el Torino de Doroteo Cotelo era en estos años el Nuevo Torino, (donde hoy está el Windsor). Continuaba imperturbable, viendo el paso de los años y la historia de la ciudad, el viejo Café Iruña y, partiendo desde las escalerillas hacia la Estafeta, el panorama hostelero de los soportales era algo distinto al actual. Donde hoy está el Gure Etxea estaba el Rhin, donde hoy está el Baviera estaba el Guría, (no confundir con el de Espoz y Mina), y a continuación venían el bar restaurante Maitena, con comedor en la primera planta (donde luego estuvo el Gazteluleku) y después el Sevilla, el primero de ellos impulsado por parte de los hermanos Alemán y más tarde regentado por Jerónimo Ibarrola y el segundo por Julián Ramírez, al término de la guerra, que en 2015 finalizaría su andadura con la tercera generación.

Dejando atrás al Casino Eslava, en lo que después fue la Tropicana estaba el Bar Brasil, a cargo Miguel Yoldi  y Jesús Rada, y junto a él, el histórico Choko (entonces lo escribían así), de Alcaine y Beaumont, bajo su dirección desde 1931. A la vuelta, en la travesía Espoz y Mina estaba el hotel Maisonnave, comprado por la familia Alemán en 1945 y en la trasera de esta manzana, en la calle Espoz Y Mina, ya estaban el Hotel y Restaurante Europa, regido por Isidora Valencia  y el Monasterio, abierto una década antes, en 1944, por Federico Monasterio. Al citar los hoteles no quisiera olvidarme de El Cisne y La Perla, en la plaza del Castillo. En la misma esquina  de Espoz y Mina con Estafeta estaba el Bar Prados, luego Fitero. En  la Estafeta, empezando por el final, y terminando en Mercaderes teníamos, en el lado izquierdo de la calle, a Pablo Berástegui regentando la Fonda San Fermín, donde luego estaría el hostal y  restaurante Ibarra, más tarde  Casa Flores y actualmente El chupinazo;  en el segundo piso del nº 73 estaba el restaurante Roncesvalles, entonces era mucho más habitual que ahora encontrarse los restaurantes en las segundas plantas de los edificios, en el mismo lugar donde cuatro años más tarde, en 1958, Alejando Elizari y Felisa García fundarían el restaurante Josetxo.

Donde hoy está Chez Evaristo estaba el Bar Los Billares, antiguamente creo que fue El Moderno, a cargo de él Macario Arguiñano; en el nº 55 se hallaba la Fonda de Carlos Pascualena. El local de la Granja ya tenía un uso hostelero en aquella época, por parte  de Luis Desojo Sanz. El Señorio de Sarria se inauguraría  a final de la década de los 50 y desde 1900 ya estaba abierto, en el siguiente tramo de la calle, el  Mesón Pirineo por parte de José Tejada, si bien desde 1949 la dirección estaba a cargo de los hermanos Zabaleta Monreal que lo mantendrían  a lo largo de las siguientes décadas. Otros afamados restaurantes de la época eran las Pocholas en el Paseo de Sarasate, que conducían las hermanas Guerendiain;  el Blanca de Navarra, en Mercaderes, 24, cuyo titular era Blanca Villanueva;  el Iruña en el nº 7 de Mercaderes,  dirigido, en este tiempo,  por  Ana María Echechipia, sin olvidar el tipismo de  Casa Marceliano en la calle  Mercado;  a La Viña,en Jarauta;  La Vasca en San Agustín, etc. En Ansoleaga, donde hoy está la Librería Acuario, estaba el Bar Bilbao. Entre las fondas y pensiones estaban La Barranquesa, en la bajada de Javier;  el Irure en Comedias, la Hispano-Francesa de la plaza del Castillo, el Redín del Mercado, la Fonda Valerio de la avenida de Zaragoza o la Bilbaína de San Antón. Para estos años ya se habían abierto no pocos bares y restaurantes en el Ensanche aunque a gran distancia del Casco, entre los que cabe citar el Alhambra, en Bergamín; el Amaya en la calle del mismo nombre; el  Avenida (en Conde Oliveto), el Baztán y el Candanchú (en Paulino Caballero), el Cinema y el Ginés  (en la calle Estella), El Sol (en la Avenida de Zaragoza), el Tudela (en la calle del mismo nombre), el Restaurante Bidasoa (en García Ximenez), además de las fondas Algarra y  La Tomasa,  y los hoteles Yoldi (en la avenida de San Ignacio) y El Comercio (en Avenida de Franco).

No quisiera terminar la entrada sin ofrecer nuevos  detalles o algunas pinceladas más de la ciudad en esta época, sin perjuicio de que para ampliar la información de lo sucedido en esos años en Pamplona puedan consultar otras entradas de este mismo blog. El Gobierno Militar estaba en la calle Dos de Mayo, junto al actual edificio del Archivo General, no como ahora que está junto a Baluarte, (desde 1971);  la oficina de Turismo estaba en Duque de Ahumada,  la Casa de Socorro, en el nº 2 de la calle Alhóndiga, (aun no se ha derribado el viejo edificio de dos plantas), la Cámara de Comercio en el nº 1 de Príncipe de Viana; la Cruz Roja en el nº 8 de la calle Leyre; los autobuses paraban en la vieja estación de Conde Oliveto, inaugurada 20 años atrás; el Plazaola acababa de hacer su último viaje a finales del año anterior y al Irati le faltaba poco más de un año para dejar de circular por nuestras calles. La villavesa recorría las principales calles de la ciudad con servicios exteriores, además, a Villava, Arre, Oricáin, Huarte, Cizur, Gazolaz y Venta de Ollacarizqueta. Para llamar al taxi había que llamar a diferentes teléfonos, según las zonas de parada. Los taxis paraban en la plaza del Castillo, en la calle Tudela, junto a la estación de autobuses y en la avenida de Carlos III frente a la iglesia de San Antonio. El taxista que estaba en la parada atendía la llamada del cliente, descolgando el teléfono de su zona y acudía a prestar el servicio.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 y Nº 2. Sanfermines de los años 60.  BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA /Fondo Estudio Marin. Paco Marí. Nº 3 a  8: Colección de posavasos de diferentes establecimientos hosteleros de Pamplona: Hotel El Cisne, Hotel Restaurante Valerio, Hotel Yoldi, Hotel Restaurante Europa, Hotel Maisonnave, Grand Hotel La Perla. Años 50. Biblioteca Nacional de España. Nº 9: Campo de San Juan (años 50), Nº 10: Euskal Jai, (1977)  pamplonahistorica.wordpress.com. Nº11 Bar Irañeta. Años 50. Archivo antiguo Bar Baserri, Nº 12: Mozos por la calle San Nicolás, Archivo antiguo Bar Baserri. Nº 13: Coche de los 50 atravesando la calle Comedias delante del Café Roch, Nº 14: Cine Novedades en la calle San Agustín. Colección Arazuri, AMP. Nº 15: La Dolorosa regresando, desde San Lorenzo a la Catedral por la calle Mayor, frente al centro Mariano, Nº 16: Calle Pozoblanco. Años 50, Ediciones Arribas, Nº 17: antigua villavesa serigrafiada con la publicidad local de la época. Años 50, Nº 18: taxi de los años 50, Nº 19: espectáculo musical en el antiguo café Irañeta. Años 50. Archivo antiguo Bar Baserri Nº 20: Feria del libro en la plaza del Castillo. Años 50, Nº 21: Comedor del Restaurante Iruña en el nº 7 de la calle Blanca de Navarra (actual Mercaderes)

 

 

 

Pamplona año a año: 2012

El año 2012 empezó con dos agresiones por botellas tras la nochevieja del 2011. La exconcejal Carmen Alba fue designada como nueva delegada del Gobierno en Navarra. Las arcas forales andaban con bastantes problemas, no en vano estábamos en plena crisis económica. Buena muestra de ello es que el gobierno foral, buscaba liquidez como fuese y ponía a la venta 21 inmuebles con el fin de obtener 16 millones de euros. Se suspendían el Festival de Olite y el concurso internacional de canto Julián Gayarre que pasarían a celebrarse cada 2 años. Las villavesas incorporaron de nuevo revisores para evitar fraudes de los viajeros. Navarra se enfrentaba a primeros de febrero a una ola de frío siberiano con máximas de cero grados y mínimas de entre 6 y 8º bajo cero, las más frías en los últimos tres años, se helaron ríos y en la carretera se produjeron muchos accidentes por el hielo, algunos de ellos mortales. Los parados superaban por primera vez en Navarra, los 50.000. Se hablaba sin tapujos de crisis en Banca Cívica, con posible cierre de oficinas y despido de empleados y todo la encaminaba hacia la fusión. Se hablaba ya a comienzos de año de la Caixa. Y en efecto en marzo, el 23 de marzo se llegaba a un principio de acuerdo para la fusión. Los ciudadanos cambiaban sus modelos de consumo mirando mucho más el gasto. Osasuna pedía al Gobierno un plan de rescate financiero con aplazamiento de sus deudas a Hacienda. Aumentaban los robos de materiales: cobre, hierro, etc. Crecían los  desahucios entre los ciudadanos que no podían pagar sus hipotecas. El Gobierno Foral recortaba gastos a diestro y siniestro con el fin de cuadrar sus cuentas. Canal 4 dejaba de emitir tras 18 años de existencia.

Las multas por dejar mal la basura podían llegar hasta los 3.000 euros, si bien todavía la Mancomunidad no había tramitado ninguna sanción. Los ERES ya afectaban en los dos meses y medio de 2012 a más 9.000 trabajadores en Navarra, casi la misma cantidad de trabajadores que durante el año anterior. La ventas del comercio habían caído un 24% en Navarra desde 2008. Se agudizaba la crisis en Nafarroa Bai. EA y Aralar se unían a Batasuna en el Aberri Eguna celebrado en Pamplona. La huelga general el 29 de marzo que paró a buena parte de  la industria degeneró en violencia con piquetes que destrozaron mobiliario y los escaparates de algunos comercios del centro. Se fusionaban Canal 6 y Popular TV. Se dió a conocer que más de 300 comercios habían sufrido daños por la actuación de grupos violentos en la huelga general del día 29. En abril se cortaba la avenida de Zaragoza durante un mes por las obras de urbanización de Arrosadía-Lezkairu. Con 24 días seguidos de lluvia se igualaba el registro habido  en 1922. El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba avalaba en Pamplona el gobierno de UPN-PSN formado tras las elecciones de 2011. El Casco Antiguo renacía a pesar de la crisis con la apertura de 44 nuevos comercios.

Se plantearon nuevos ajustes presupuestarios en abril, más de 50 millones de euros, y se estudiaba subir algunos impuestos, recortar servicios incluso  cobrarlos. Los jubilados pagarían el 10% del coste de las recetas. Pamplona vivía el mes de abril más lluvioso desde 1989. Prosiguieron las tensiones en el seno del gobierno entre UPN y el PSN. Navarra evitaba un desplome de ingresos de IVA a consecuencia de un cambio contable en VW Navarra que le habría costado 260 millones de euros al año. En la primera mitad de 2012 comenzaban a construirse los parques de Aranzadi y Trinitarios, ambos subvencionados por la UE al 80%. Las obras de Arrosadia-Lezkairu obligaron a mantener cerrada la avenida de Zaragoza durante casi todo el año. El nuevo barrio acogía a sus primeros vecinos este año. El colegio de las jesuitinas cumplía 50 años en el barrio de la Chantrea. Con la exposición «Occidens», la Catedral enseñaba sus increíbles tesoros artísticos de una forma nunca vista. Osasuna acababa la liga 2011-2012, en séptima posición.

Pamplona diseñaba un plan financiero con 25 millones de euros de inversión en un año que no podría llevarse a cabo ante la falta de apoyo del resto de grupos. Navarra asumía no pasar del limite de gasto hasta 2014 pero se endeudaba en 1.275 millones más entre 2011 y 2014. Tromba de agua el 19 de mayo, con 40 litros por m2 en Pamplona, 18 en 20 minutos. Se iniciaba la campaña institucional seguida por las empresas «Queremos darle la vuelta». El 22 de mayo por 22 votos a favor y 2 en contra se aprobaba la integración de CAN en Caixabank. Se producía un incendio en la factoría de Kybe en Ororbia. Pamplona limitaba a 30 km/hora casi todas las calles de una dirección. La exigencia de nuevos recortes abría  una nueva crisis entre PSN y UPN a primeros de junio. Miranda anunciaba un recorte de otros 132 millones por la caída de ingresos. Se intentaba llegar a un acuerdo  pero el día 14 Barcina destituía fulminantemente por «presunta» deslealtad al vicepresidente, Roberto Jimenez. Se la comunicó con un motorista pasadas las 12.30 de la madrugada. La gota que desbordó la crisis fue la denuncia de Jimenez de otro agujero en las cuentas forales. UPN intentaría gobernar en solitario. El parlamento instaba a Barcina a una cuestión de confianza. La Universidad de Navarra no podría hacer su plan de centros de investigación en Donapea, ante la oposición de buena parte de los grupos políticos municipales. El Riau Riau que quería recuperar este año Enrique Maya acabaría nuevamente reventado, no pudiendo salir del zaguán. El anterior intento lo protagonizó Javier Chourraut en 1996.

Mercadona recibía licencia para abrir en la cuenca de Pamplona el primero de sus locales. Seguía  creciendo el número de parados: en verano llegaban a los 51.000. Los funcionarios se quedaban sin la extra de Navidad que suponía cerca de 60 millones de euros. Cierres parciales en VW. Barcina reducía el nº de altos cargos de la administración y algunos organismos autónomos. En Agosto se planteó por el Gobierno Central la subida del IVA de la mayor parte de los productos, del 18 al 21%.  Solo el verano de la gran ola de calor de 2003 y el de 2009 fueron más calurosos que este año en Pamplona desde 1975. Hubo tres olas de calor este año, la primera entre el 24 y el 29 de junio, con temperaturas de 36-39º y las dos siguientes en agosto, entre el 9 y el 11 con temperaturas de 41,4-42º, 41,4º en Pamplona, el 10 de agosto el día con más calor en Navarra desde 1975. En la segunda ola la sensación de calor fue mayor porque las altas temperaturas duraron más días. Comenzaban a bajar los alquileres de las viviendas. Se recortaban los presupuestos de las fiestas de los pueblos. El 18 de agosto arrancaba en Pamplona la Vuelta Ciclista a España, con una contrarreloj que pasó por el Recorrido del Encierro.

El 4 de septiembre comenzaban las tareas de derribo de la antigua cárcel de Pamplona que continuó a lo largo de los siguientes 35 días. La cárcel se había inaugurado en junio de 1907. Multitudinaria celebración en Pamplona del Privilegio de la Unión con salida de los gigantes y más actividades que nunca. Los concejales de Aralar abandonaban el grupo municipal de Nafarroa Bai en el Ayuntamiento de Pamplona. El día 26 de septiembre se producían nuevos  altercados en la huelga general convocada por ELA y LAB. Bajaba el precio de la vivienda, casi un 14% el último año. Comenzaban a marcharse los inmigrantes, de enero a septiembre, más de 3.000, al final del año se perdieron 2.000 respecto al año anterior, 69.623 frente a 71.600 del 2011. Las ventas del comercio cayeron un 10,5% tras la entrada en vigor de la subida del IVA el 1 de septiembre. Aumentaron las faltas y los delitos, el robo de materiales, incluso de alcantarillas y se incrementaban las bajas temporales de coches, los ERES y despidos en las empresas así como el uso de los comedores sociales. La telefonía móvil perdía 25.000 líneas en Navarra. Se producía, por contra,  un descenso notable en las bajas laborales. Comenzaron a proliferar, desde finales de este año, las inspecciones por aforo en los locales de hostelería. En Noviembre se había producido la tragedia del Madrid Arena. Crecía exponencialmente la educación en inglés en los colegios. El vandalismo costaba  a Pamplona un millón de euros al año solo para eliminar pintadas y reponer el mobiliario destruido. Se producían nuevas protestas sindicales el 14 de noviembre:  la huelga general, la tercera este año no logró, sin embargo  paralizar el tejido productivo como las anteriores. Estalla el caso ASFI en Pamplona, con numerosas comunidades de vecinos afectadas. En diciembre se anunciaba que VW invertiría 785 millones  de euros en Landaben para el nuevo Polo. El día 9 de diciembre el presidente de la CAN, José Antonio Asiain denunciaba a la guardia civil un intento de chantaje económico en el que resultaba implicado el diputado del PP, Santiago Cervera, quien abandonaba todos  sus cargos y decía que todo había sido una trampa. Fue a recoger un sobre en las murallas del Baluarte de san Bartolomé, sin saber que estaba siendo espiado por agentes de la guardia civil. El año se cerraba con casi 52.000 parados. Tras la crisis política Navarra contó con presupuestos prorrogados, al igual que el Alcalde Enrique Maya en el Ayuntamiento de Pamplona.

La Iglesia de Santiago de la Chantrea (1969)

En este blog me había referido únicamente de forma monográfica a una iglesia extramuros, la iglesia de El Salvador, en mi barrio. En esta ocasión me referiré a una iglesia de la que, de niño, yendo a casa de mis tíos paternos siempre me sorprendía su extraña geometría tan vanguardista (como una gran tienda de campaña trapezoidal), años más tarde la vería a menudo todos los días cuando estudiaba el bachillerato en el cercano instituto Irubide, construido un tiempo después de la iglesia. Me estoy refiriendo a la Iglesia de Santiago de la Chantrea. La iglesia había sido proyectada en 1966 por Javier Guibert, -tras su separación profesional de Fernando Redón con quien había compartido años atrás la firma de muchas obras destacables en la ciudad-, y fue inaugurada en 1969. Colaboró en el cálculo de estructuras del edificio el ingeniero Javier Manterola. Con un coste de 11 millones de las antiguas pesetas la obra sufrió algunos parones, contribuyendo muchos parroquianos con sus aportaciones que iban desde las 25 a las 400 pesetas. Cuando se inauguró el templo, a finales de los años 60, la zona contaba con 4.000 feligreses de los que el 22 por ciento eran niños menores de siete años. Inicialmente junto al centro se iba a levantar un monumento al Sagrado Corazón promovido por los Jesuitas, aunque finalmente esta obra  no se llegó a realizar. En dicha parroquia  nació la Coral de Santiago que actuó por primera vez en 1977 durante la procesión de San Fermín. Rescato algunos datos sobre esta iglesia de la revista «Informes de la Construcción» de la que he tomado prestadas algunas fotografías, las que aparecen junto a siguiente párrafo y trás el  final del artículo, las tres primeras son de la construcción.

La impresionante cubierta de la iglesia se apoya en cuatro pórticos metálicos, (uno es plano y los otros tres no), y sobre cuatro muros de hormigón armado, (dos son verticales y los otros dos inclinados). La luz que atraviesan los amplios ventanales se dirige o concentra en el altar donde hay un sagrario de bloques de madera poligonales, sencillos, presididos por una única imagen del Cristo Crucificado. Se buscaba que la liturgia se celebrase ante una asamblea de fieles próximos al  altar sin obstáculos de por medio, por lo que se dio mucha importancia al altar y al presbiterio. La estructura es mixta, de hormigón armado en muros y contrafuertes y metálica en pórticos atirantados y en techos; cubierta a base de aluminio anodizado; techo de placas de hormigón blanco aligerado; cerramientos modulados con tubos metálicos, hormigón y doble vidrio; madera de Elondo en carpinterías y confesionarios y pavimento de terrazo blanco. Y concluye el informe: «Toda una serie de aciertos constructivos, formales y técnicos —iluminación artificial y natural, disposición del coro, configuración y situación del baptisterio y de los confesionarios, condiciones acústicas, etc.,— hacen de esta iglesia un edificio notable y un verdadero logro arquitectónico, en el que se aúnan la sencillez, el funcionalismo, el  simbolismo, el alarde estructural y el respeto a las normas litúrgicas vigentes.

     

Fuente y fotografías: Informes de la Construcción Vol. 23, nº 229. Abril de 1971. CSIC.  Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc)

Pamplona en la 2ª mitad del siglo XIX (1863-1893)

En vísperas de abrir una nueva sección con todo tipo de artículos  en el blog (comercios, prensa, política, etc) en los que se disertará sobre la Pamplona de la segunda mitad del siglo XIX, inauguró con esta entrada un tanto general la citada sección dando unas pinceladas de la ciudad que podíamos encontrar nada menos que un siglo y medio atrás. Me baso para ello en la prensa local de la época, la guía de la ciudad de 1863 de Pedro de Alejandría, algunas notas escritas por Modesto Utray en 1936 que recogió J.J Arazuri en su publicación de 1962, «Pamplona hace 90 años» y las guías comerciales que he encontrado en la Biblioteca Nacional de 1879 a 1888. Abro la entrada con una foto panorámica general de la parte sur de la Plaza del Castillo, realizada a partir de tres placas expuestas el mismo día y con la misma máquina fotográfica, probablemente del año 1862 o 63, fecha en que doy comienzo a este breve repaso de la Pamplona de la segunda mitad del siglo XIX, una Pamplona que comenzó este período todavía sin luz eléctrica (llegaría a la ciudad en 1888), con coches de caballos por las calles, con una población hacinada dentro de las murallas, con graves problemas de higiene y  de pobreza.

Una Pamplona, que había vivido de cerca, a lo largo del siglo, dos guerras y que viviría, en este período, una tercera  entre los ejércitos carlistas y liberales. Una guerra que, bajo la disputa del trono, representaba, en realidad, el choque de unas  ideologías  absolutamente opuestas  en la época: el liberalismo reinante y el carlismo, un carlismo  que bajo el lema «Dios, Patria, Rey» defendía una monarquía con un marcado carácter absolutista, un catolicismo conservador  y un pretendido foralismo. Y digo pretendido porque sería simplista identificar el carlismo y la defensa de los fueros a pesar de que evidentemente el carlismo instrumentalizó la defensa de los fueros en nuestra tierra. De ello, del carlismo, de las corrientes foralistas y del surgimiento del nacionalismo vasco en Navarra, precisamente en estas fechas, hablaré, con amplitud,  en otra entrada del blog.

En 1863 era gobernador civil de la provincia el Vizconde del Cerro. Tenía su sede el Gobierno Civil en el nº 12 de la calle Taconera, donde encontramos ahora el Rincón de la Aduana, con una segunda  puerta accesible desde el nº 15 de la calle San Francisco, frente a la que después sería la Estación del Irati en Taconera. Presidía el Gobernador el llamado Consejo Provincial y los Comités de Estadística, Fomento, Instrucción Pública y Comisaría y Celaduría de Vigilancia Pública, también la Junta de Gobierno de la Beneficiencia Provincial que incluía el Hospital y la Casa Inclusa y Maternidad, el primero situado en el edificio del actual Museo de Navarra y las segundas en la calle del Carmen. En el Gobierno Civil se encontraba la Aduana y la Administración y Tesorería de la Hacienda Pública así como la administración de propiedades y derechos del Estado. En el Gobierno Civil se encargaban, pues, del cobro de algunas tasas e impuestos, aduanas, contribuciones, pasaportes y un largo etcétera entre las que cabe recordar los sellos de franqueo y recibo y los pagos para la redención del servicio militar.  Y es que en aquel entonces las clases más pudientes pagaban a personas de extracción más humilde para que sus hijos no fueran al servicio militar. Acompañan a este párrafo una foto  del final de la calle de Merced, con la muralla de Tejería al fondo, algunos años antes de su derribo (la foto es de la primera década del siglo XX) y otra foto de la calle de la Taconera, al fondo el hoy llamado Rincón de la Aduana, donde estaba la Aduana, las traseras del Palacio de Armendariz y el Palacio de Vesolla antes de su restauración. Esta foto es de 1894-96.

La Audiencia Territorial de Pamplona estaba situada en la plaza del Consejo y junto a ella, en el nº 41 de la calle Tecenderías se encontraba  la cárcel provincial, antes de su traslado a San Juan. En una de las dependencias de la cárcel estaba instalada la Prevención, depósito municipal o perrera. Cuando se trasladó la cárcel a San Juan en el año 1907, la prevención o perrera se trasladó a la plaza de Santa Ana y en 1923 a la calle Aralar. La Audiencia se trasladó en 1898 al extremo noroeste del Paseo de Valencia. Y la Casa de Correos la encontrábamos en la plaza de la Constitución. El Almudí o mercado de granos estaba situado en la plaza San Francisco, la Alhóndiga o Descargue,  donde se descargaban todos los  líquidos que llegaban a Pamplona, en la calle San Ignacio nº 4, donde en 1885 se instalaría el Banco de España, el pósito de granos y los hornos del Vinculo en el Paseo de Valencia, el peso municipal en la Casa Consistorial, el Mercado de cerdos en el nº 39 de Pellejerías, las carnes, pescados, verduras, leche, volatería y huevos en la plaza de Carnicerías y los frutos secos y del tiempo en la plaza de la Fruta, donde también estaba el Consistorio, actual plaza del Ayuntamiento, (en 1866 el Ayuntamiento acordó cambiar el nombre de plaza de la Fruta por el de plaza Consistorial), el matadero de cerdos en el nº 44 de Santo Andía. Las ferias de ganado caballar y vacuno se celebraban extramuros de la puerta de san Nicolás y la Casa de Baños se encontraba en el nº 28 del Paseo de  Valencia.  La foto de la derecha de la  plaza de la Fruta es anterior a 1864. La de la izquierda, bastante desconocida, está tomada desde el comienzo de la calle San Francisco y en ella vemos el viejo caserón de la cárcel, y lo que entonces era la plaza de San Francisco. Al fondo se divisa una casa de la calle Nueva.

La Diputación Foral estaba, como ahora, en la entonces calle de San Ignacio, siendo secretario de ella, D. José Yanguas y Miranda,   la capitanía y comandancia general de la Plaza en la calle, -hoy Cuesta-,  del Palacio, siendo capitán general en 1863 D. Antonio Mª Blanco y comandante general D. Francisco Ortigosa. La primera foto que acompaña a este párrafo es una foto de un cuadro de Petit de Meurville, cortesía de José Luis Los Arcos,  que representa la calle de San Ignacio en las tempranas fechas de 1847-1855. En la Ciudadela se encontraban los cuerpos de Ingenieros y Artillería, con su correspondiente dotación de Infantería, y las oficinas de Intendencia Militar las hallábamos en el nº 61 de la calle de Estafeta. Había además de las dotaciones de la Ciudadela dos cuarteles militares más en la ciudad: el de Caballería en la calle San Ignacio, junto a la puerta de San Nicolás, y el de Infantería en la calle de la Merced. Los carabineros tenían su sede en la calle Salsipuedes, junto a la plazuela de San José, y el de la Guardia Civil en el nº 88 de la calle Mayor. Había por último un cuartel provincial o reserva en el antiguo convento de Carmen junto al portal de Francia, donde se acumulaba la paja y cebada para la caballería del ejército. La foto de Roldán y Mena de la derecha,  que muestra el enorme edificio del convento de Carmen Calzado a la derecha de la silueta de la Catedral,  data de 1880.  Y el Hospital Militar, por último, algunos todavía recordamos sus últimos días,  estaba en la calle de Santo Domingo. Ocupaba por aquel entonces  el Obispado el ilustrísimo señor D. Pedro Cirilo Uriz y Labairu y las oficinas de clero se localizaban en las calles Navarrería, (nº 37) y Dormitalería (5 y 46). Cuatro eran las parroquias en las que se dividía la ciudad: San Saturnino, San Nicolás, San Juan Bautista y San Lorenzo. Había otras iglesias como las de San Agustín, Santo Domingo, la del Hospital Provincial, las Beatas de la enseñanza pública de niñas, las Recoletas, Descalzas, Maternidad y capillas como las de San Fermín de Aldapa, Monasterio de San Pedro, y las más pequeñas de San Martín, Santa Ana, Virgen de la O, San Ignacio y Misericordia.

Seis eran las puertas de salida de la ciudad: la de San Nicolás a la cual se llegaba desde la calle San Ignacio y desde la cual partían dos carreteras: una conducía a Francia y la otra a Zaragoza, pasando antes por Tafalla, Olite y Tudela; la de Taconera, cuya carretera llevaba a Logroño, pasando antes por Estella y Viana y a la cual se llegaba desde la calle Mayor atravesando el Bosquecillo de la Taconera; la Puerta o Portal Nuevo que conducía a la carretera a Vitoria y San Sebastián, a un kilómetro de su salida así como a la estación del tren inaugurada tres años antes y al barrio extramural de la Rochapea; la de Rochapea conducía al barrio o arrabal del mismo nombre, donde se encontraba el rastro de Carnicerías, la fábrica de harinas del señor Alzugaray, la fábrica de Gas, que producía gas y que era conducido por un sistema de tuberías a la ciudad y era utilizado para el alumbrado e imaginamos que para uso culinario, la fábrica vendía además alquitrán, carbón de cok y agua amoniacal obtenidos como residuos de la destilación del carbón de hulla.  Adjunto a este párrafo dos fotografías, una de 1895, de la parte interior del Portal de San Nicolás, obra de Mauro Ibañez y la otra del Portal de la Rochapea de José Ayala, de comienzos del siglo XX.

En la Rochapea había fábricas para el blanqueo de la cera, lavado de lanas, fábricas de curtidos, velas, cerveza, almidón y fideos, fundición de hierro, huertas, posadas, estancos y tabernas; la puerta o Portal de Francia conducía al barrio de la Magdalena, y la zona de Aranzadi, -alrededor del meandro se encontraba el convento de monjas de San Pedro, un tejar, una fábrica de fósforos, tejidos de lino y depósito de leña-,  y por último la Puerta de de Tejería, cerca de la cual se encontraban la fábrica de fundición y maquinaria  de Pinaqui y Sarvy así como fábricas de curtidos y azulejos. Las puertas eran cerradas al anochecer, previo aviso de tres toques de corneta y se levantaban los puentes levadizos. En 1876 los portales de San Nicolás y de Taconera quedaban abiertas una hora más durante los días de faena de la trilla y durante las fiestas de Villava y Huarte. De noche solo quedaba abierto el de Rochapea pero el 15 de diciembre de ese año se ordenó dejar abierto el Portal Nuevo en vez del de Rochapea. En cada puerta había un cuerpo de guardia y de noche, en cada hora, el jefe de guardia gritaba desde el retén «centinela, alerta…» que era respondido  por los demás centinelas hasta llegar al último que gritaba, «alerta está…». Las fotos que adjunto a este párrafo son la 1ª de Julio Altadill de 1895 y muestra la Rochapea más cercana al puente de Curtidores, además de muchísimos detalles interesantes:  de izquierda a derecha, el baluarte de Gonzaga, la Cuesta de la Reina, el puente de Curtidores, la plaza del Arriasko, las lavanderas y al fondo la chimenea de la antigua fábrica de gas y la 2ª de 1890 del puente de Cuatro Vientos con la casa de Domingo Chiqui y la Estación del Norte al fondo.

Entre las calles que había entonces y que hoy no existen, al menos en su actual configuración y/o nombre, estaban las de Bolserías, (actual San Saturnino), Bajada de Carnicerías, hoy correspondería a la bajada junto a la plaza de los Burgos, la de Pellejerías,  (hoy Jarauta) y Tecenderías,  (actual Ansoleaga). La plaza del Castillo era la plaza de la Constitución y como he dicho antes,  la Consistorial, plaza de la Fruta y el Paseo de Sarasate, el Paseo de Valencia. Había cuatro belenas: en San Antón, Mayor, Pellejería y Descalzos; seis fuentes públicas: la de la Abundancia con la estatua de la Mariblanca en la plaza de la Constitución, la de Neptuno Niño en la plaza del Consejo, la de Santo Domingo en la calle del mismo nombre, la de Santa Cecilia en la confluencia de de Mercaderes, con Curia, Navarrería y Mañueta, la de San Lorenzo junto a la parroquia del mismo nombre y la del León junto a los jardines de la Taconera. Dichas fuentes se surtían del depósito existente cerca del Portal de San Nicolás y junto a la basílica de San Ignacio, procedentes de Subiza que llegaban a Pamplona a través del Acueducto de Noain. Abrevaderos públicos los había en la calle Santo Domingo, junto al portal de Tejería, en Santo Andía y Taconera junto a la mencionada fuente del León. En las calles, adoquinadas las principales,  durante la noche,  los serenos las recorrían una y otra vez  anunciando a viva voz la hora y el estado del tiempo: Las cuatro y lloviendo!. Por debajo de ellas había un alcantarillado del siglo anterior, la famosa mineta, en el que se recibían las aguas sucias de los vertederos de las casas y urinarios con los sumideros que tenían de trecho en trecho para recibir las pluviales y el sobrante de las fuentes y bocas de riego.

Entre las zonas de esparcimiento podríamos señalar el Teatro Principal, teatro municipal situado en la plaza de la Constitución, inaugurado en 1841 sobre uno de los solares del antiguo convento de las Carmelitas Descalzas, convertido en Teatro Gayarre en 1903. Sobre el telón aparecían los retratos de Tirso, Lope y Calderón y  del techo colgaba una enorme y elegante araña de luz de gas, hasta que que llegó el alumbrado eléctrico, disponía de butacas de color rojo, unos soberbios palcos principales, con palcos segundos y gradas o anfiteatros sin olvidarnos  del económico gallinero. Detrás de él,  en la calle Espoz y Mina, y también de propiedad municipal estaba la vieja  plaza de Toros, el Juego Nuevo de Pelota lo encontrábamos en el nº 12 de la calle San Ignacio, el trinquete de la calle San Agustín,  y otros frontones en la calle de la Pellejería. La Taconera y el Paseo de Sarasate se constituían en agradables zonas de paseo especialmente cuando el tiempo meteorológico era benevolente, que dado el clima de Pamplona no era muy frecuente. A finales de siglo podemos destacar la aparición de un circo-teatro en el nº 67 de la calle Estafeta donde más tarde se instalaría la central de la Sociedad Electra de Pamplona. Después el circo-teatro se hizo temporal y un tanto ambulante, instalándose durante los sanfermines, primero en una carpa en los glacis de la Ciudadela, cerca de donde hoy está el Parlamento de Navarra,  luego, en 1891, se trasladó  frente a la antigua plaza de toros,  en un barracón de madera. El teatro Circo Labarta, que vemos en la fotografía de la derecha,  fue arrendado más tarde por el empresario Belloch que organizó los primeros espectáculos de cine. En 1915 se quemó por completo desapareciendo.

La Junta de Beneficiencia Provincial que presidía el Gobernador tenía en la vicepresidencia al Obispo de la diócesis y a canónigos, diputados y consejeros provinciales, doctores y propietarios como integrantes. Al margen de los médicos, curas, nodrizas  servían en los centros dependientes de la Junta, -el Hospital y la Maternidad-,  las Hijas de la Caridad. Dependía de la Beneficiencia Municipal la Casa de Misericordia. Otras sociedades benéficas eran la Sociedad de San Vicente de Paul que celebraban sus juntas en San Fermín de Aldapa, capilla de Nuestra Señora del Camino y Basílica de San Ignacio y la de la Santa Familia formada por señoras caritativas y piadosas que acogían provisionalmente a las sirvientas que no tenían casa donde servir. La población, en general, vivía miserablemente y lo hacía, en muchos casos,  en pisos en alforja, con estancias a ambos lados del descansillo de la escalera, el retrete en el patio exterior y muchas habitaciones ciegas, poco iluminadas, con bombillas de filamento de carbón, frías habitaciones que se calentaban con braseros. El nivel de vida no mejoró un poco hasta pasada la primera guerra mundial, momento en que se produjo un ligero aumento de salarios. La construcción del Segundo Ensanche contribuiría de forma notable a reducir el hacinamiento de la población que vivía entre murallas, generando además un  aumento del empleo en la ciudad y en consecuencia  contribuyendo a elevar algo el nivel de vida de sus habitantes. En 1887 se había presentado el proyecto de ampliación del primer Ensanche  iniciándose el derribo de dos baluartes (el de la Victoria y el de San Antón)  y  la urbanización entre 1888 y 1889.

Había cocinas gratuitas en las parroquias de San Lorenzo en la que se daba de comer diariamente a más de 600 personas. Estaban en la última casa de la calle Mayor, esquina con Recoletas,  y en la parroquia de San Juan Bautista (esta última desde comienzo del siglo). La Meca daba también de comer por un real y  las parroquias de San Nicolás, San Saturnino y San Agustín repartían bonos de carbón, leña, alubias y pan. No había, en aquel momento, ningún tipo de protección social. Si te quedabas sin trabajo o padecías una larga enfermedad el recurso más socorrido al que se veía abocada la gente era la mendicidad. Ante las condiciones de higiene y hacinamiento   abundaban los parásitos en las casas y entre la población. La primera foto, de 1873, de Mauro Ibañez, muestra el lado oeste de la plaza con detalle de los establecimientos que allí estaban asentados. La segunda foto, de 1883-84, perteneciente al Archivo Municipal, muestra a una joven con una herrada en la fuente de la Beneficiencia de la plaza del Castillo

Entre las farmacias existentes en aquellos años en la ciudad tenemos la de Javier Blasco en el nº 22 de la calle Zapatería, la de Teodoro Inda en el nº 18 de Estafeta, la de Fernando Borra, en el nº 2 de Nueva,  (actual farmacia Maeztu), Manuel Esparza (Zapatería, 35), Viuda de Jadraque (Bolserías, 18) y Viuda de Landa, en Chapitela, 15. Cuatro eran las sociedades de recreo existentes, las cuatro en la plaza de la Constitución, el «Casino» encima del café de Matossi (Constitución, 37), el «Nuevo Casino» encima del Lardeli (Constitución, 37 y Espoz y Mina, situado este en la esquina de frente al Bar Txoko actual), «La Constancia» encima del Español (Constitución, 43), donde se abrió después «La Marina» y el «Kutz», y «Los Amigos» en el nº 11 de la plaza. No existía en aquel entonces el Pasadizo de la Jacoba. Los porches del «Café Español»  eran parecidos a los  que existen ahora  cerca de la antigua paraguería de Archanco (hoy cafetería «Delcastillo»), entonces no se había construido la Casa Garbalena y la del Iruña. Aunque se consignaban las sociedades en los cafés mencionados, sus salones eran independientes con sus porterías y dotación de sirvientes. Los cafés públicos de la plaza que existían, al margen de los mencionados Matossi, Lardeli (fundado en 1843) y «El Español» eran «El Larequi» en el nº 16 de Espoz y Mina, «El Amistad» en el nº 5 de la misma calle, «El Macías» en Estafeta, 45, «El Urrutia» en Estafeta, 49, «El Almudí» en Nueva, 69 y «La Aduana» en Taconera, 18. De estos cafés y casinos dimos cumplida  cuenta tanto Arazuri en «Historia, fotos y joyas de Pamplona» como yo en las entradas de este blog que dediqué a «los bares y tabernas de antaño». En la foto de la derecha de José Ayala, de la primera década del siglo XX,  vemos a unos chicos de clase acomodada jugando al diávolo en la plaza del Castillo.

Entre los periódicos de Madrid que se vendían en Pamplona estaban «La Igualdad», «La Correspondencia de España» y el carlista «La Reconquista». Entre los periódicos de Pamplona estaban «El Arga» de vida efímera, «El Eco de Pamplona» (llamado luego «El Eco de Navarra»), «El Lauburu y  «El Liberal Navarro», entre otros. El Juzgado de Paz estaba situado en el nº 6 de la calle (sic) de Valencia. En la instrucción pública podíamos encontrar  tres  seminarios:  el conciliar situado en las calles Dormitalería y Merced donde se enseñaba Latín, Humanidades, Filosofía y Teología; el Episcopal situado en la calle Tejería y el Colegio de San Juan de la calle Santo Domingo. Las escuelas municipales  se encontraban en el antiguo convento de la calle San Francisco donde además también estaban las academias de música, dibujo y escuelas de párvulos. Había otra escuela de niños en la calle Calderería. Las niñas tenían su enseñanza en la calle Pellejerías a cargo del Beaterio. Todas ellas dependían del municipio.

Entre los oficios y tiendas  existentes en la ciudad, empezaré por los oficios y aquí si haré gala de cierta exhaustividad, estaban: los albañiles, alpargateros, cordeleros, armeros,  alfareros, albeitares-herradores,  basteros, bauleros, boteros de odres, caldereros y fundidores de metales, canteros, picapedreros, carpinteros, carreteros, cerrajeros, cedaceros, constructores de tamices y cribas para limpia de granos, comporteros-toneleros, cordoneros y pasamaneros, curtidores, diamantistas joyeros y plateros, estuquistas, constructores de cielos rasos a todo lujo, ebanistas tapiceros, empedradores, estereros, esquiladores, fuelleros, gaiteros, guarnicioneros que hacían y componían atalages o arreos o guarniciones para coches y caballos, grabadores, hormeros, charolistas y constructores de coches, chocolateros-cereros, impresores, litografos, fábricas de naipes, hojalateros, organeros, pasteleros-confiteros, peluqueros-barberos, pintores-doradores y de edificios, plateros, peloteros, rosquilleros y buñoleros, relojeros de bolsillo y salón, relojeros de torres, fotógrafo retratista, sastres, silleros-torneros, sombrereros, tintoreros-quitamanchas, tejedores de lienzos, vaciadores de instrumentos cortantes, zapateros, zapatilleros de orillos de paños. Las tiendas abrían de sol a sol, no se cerraba al mediodía.

Había alogerias que eran tiendas donde se vendían aloja (bebida de agua, miel y especias), almacenes de quincalla fina, porcelana y cristalería, bazares de ropas hechas a la medida,  fábricas de guantes, almacenes y tiendas de moda, camiserías, cordonerías, sederías y quincallas, perfumerías e instrumentos ópticos, droguerías, almacenes de curtidos y al pelo, tiendas de ropas hechas, tiendas de ropas  baratas, prenderías de ropas y muebles, almacenes de frutos coloniales, comercios de lanas en rama, comercios de hierro, jabón, aceite y bacalao, aceite y jamón al por mayor y menor, almacenes de géneros de tejidos por mayor, depósitos de lienzos e hilazas, comercios de paños, telas de seda, merinos y tapices,  comercios de telas de lienzo, algodón y lana, tienda de lienzos y mantelería, ferreterías, dentro de las cuales se incluían almacenes de herramientas de las artes y oficios,  almacenes de papeles blancos y pintados (de la fábrica de Villava), vasija de media porcelana de la fábrica de Yanci, fábrica de espejos y cuadros dorados, fábrica de cuadros para retratos en fotografía, cuadros y estampería, fábricas y tejidos de lino, fábricas y depósitos de harinas, fideos, almidón y otras pastas, depósito de cristales de la Louisiana, fábricas y almacenes de velas esteáricas y de sebo, depósito de aceite de linaza, depósito de sanguijuelas, compra de trapos y hierro viejo; panderos, pelotas, cucharas y vajilla ordinaria; fábrica de cajas de cartón, comercios de libros, encuadernaciones, etc; vasija ordinaria, linos en rama, cestas escobas y útiles de madera para la recolección de granos. En la foto de la derecha, un anuncio de las primitivas maquinillas de afeitar, la Safety-Razor que se vendía en la Ferretería de los hermanos Campión.

También había fábricas de rosarios y engarces de cadenillas de plata; efectos para la limpieza de equipos y armamentos militares; claveterías; armeros y constructores de cajas de escopeta y fusil; composturas de paraguas y abanicos; almacenes de camas de hierro, muebles de ebanistería, depósito de marmoles, cocinas económicas y azulejos; cal hidráulica, almacen de yeso, carbón de piedra, despachos de vino generosos, despachos de nieve, fabricantes de cervezas, casas de vacas de leche, panaderías, fondas y posadas públicas, casas de huéspedes, abacerías, especuladores y comerciantes en granos, casas de préstamo, tiendas de vinos, aguardientes y aceite al por menor, almacenes de cubas, toneles y comportas, fondas económicas de alimentos guisados, escuelas privadas, colegios o enseñanzas de niñas y señoritas, escuelas de dibujo, maestros de lengua francesa, costureras en blanco y colores, lavado de encajes, comadres, comisionistas, alquileres de coches y caballos (con paradas en la casa fonda de Pascual Marcelino, en la plaza de la Constitución y de la de Otermin en la calle de Valencia) donde se encontraban además los ómnibus a la estación. En la foto de la derecha, de José Ayala,  dos chicos pasean con sus bicicletas por entre los ómnibus del Despacho Central de la Plaza del Castillo.

Pero ¿qué pasaba entonces en la ciudad?. En 1873 había abdicado Amadeo de Saboya y se había proclamado la I República en España. Por acuerdo municipal la Plaza del Castillo pasaba a llamarse plaza de la República y comenzó a imponerse cierto laicismo, suprimiéndose la educación de las niñas en  algunos colegios religiosos como el de las Dominicas. Los carlistas hicieron un nuevo pronunciamiento militar el 21 de abril de 1872 que dió comienzo a la tercera carlista (1872-1876). Los carlistas tratarían de conquistar Bilbao y Pamplona iniciando sendos bloqueos a estas ciudades. El bloqueo a Pamplona se inició el 27 de agosto de 1874, el 14 de septiembre cortaban el suministro de agua de la ciudad procedente de Subiza y el bloqueo se mantuvo hasta el 3 de febrero de 1875. La ciudad se vió afectada por la necesidad, el hambre y la falta de salubridad, por las calles no se veía ni un gato ni ningún  otro animal doméstico, el asedio llegó  a afectar hasta los entierros. El industrial local Salvador Pinaqui ideó un sistema de subida de aguas a través de un sistema  instalado en su fábrica.  Este logro que contrarrestó el corte de las canalizaciones por parte de los carlistas  fue celebrado en la plaza del Castillo como se muestra en  la foto adjunta del 6 de noviembre de 1874, con los gigantes de Tadeo Amorena, con apenas 14 años de vida,  junto a la Fuente de la Beneficiencia. Pinaqui fue reconocida con la medalla de oro municipal.  La cima del San Cristobal fue tomada durante los primeros días del bloqueo. Cesó el bloqueo en febrero pero sin embargo  los carlistas bombardearon la ciudad  en mayo y noviembre de 1875 a cuyos bombardeos   respondían las baterías de los cañones instalados en el Redín, de la que vemos una pequeña muestra en la foto de Mauro Ibañez de 1873, con un cañón de gran alcance rodeado por soldados.  Al día siguiente de la salida de Carlos VII por Valcarlos, entraba por el portal de Taconera el Rey Alfonso XII, «el Pacificador de España» como reza el arco de triunfo  erigido en su honor en la calle Chapitela, en febrero de 1876,   que vemos en una foto del siguiente párrafo de Mauro Ibañez. Desde 1876 a 1893 las negociaciones entre la Diputación y el Estado a propósito de la autonomía tributaria de la comunidad serán muy duras, culminando en la famosa Gamazada (1893-94).

Al calor del fuerismo de la época, algunos vascófilos notables crearon en enero de 1878  la «Asociación Euskara de Navarra». Inicialmente se definía como una asociación cultural y  apolítica,  centrada, sobre todo, en la preservación del euskera pero pronto desarrollará una marcada actuación política aunque   a través de algunos de sus más insignes representantes.  y de los periódicos «El Arga» y «Lauburu». La primera Junta Directiva de la Asociación estuvo formada por el sacerdote don Esteban Obanos como presidente; Fermín Iñarra como secretario, (lo fueron también Arturo  Campión e Iturralde y Suit que fue a la sazón uno de sus principales impulsores), Florencio de Ansoleaga, Estanislao de Aranzadi que también fue presidente, el abogado Salvador Echaide y Ramón Irurozqui. Estuvieron convocados a la reunión de creación de la Asociación  otras  personas como Nicasio Landa,  Aniceto Lagarde, Juan José y Joaquín Herrán, el marqués de Guirior, Nicanor Espoz, Antero Irazoqui,  Hermilio de Olóriz, Serafín Olave, etc que mantuvieron  diferente grado de vinculación con la entidad a lo largo de sus existencia. Se reunían en el nº 19 de la calle Pozoblanco. En el plano social la ciudad presentaba grandes desigualdades y las condiciones en que vivían una buena parte de la población eran miserables. Las primeras reivindicaciones obreras en Pamplona datan de 1855. En 1858 se creó una Sociedad de Socorros Mutuos de Artesanos. Sin embargo, es, paradójicamente, la burguesía de la ciudad la que se adelantó a crear sociedades obreras confesionales, con el fin de que los trabajadores no se afiliasen a sindicatos revolucionarios. El caso más llamativo fue el del Centro Escolar Dominical Obrero, creado en 1881, y cuya alma mater fue don Eustaquio Olaso. Otro caso parecido de sindicato confesional fue «La Conciliación» de la que hablaré en otra entrada del blog. Las fotos que acompañan al párrafo son una bellísima estampa de la plaza del Castillo, con la Estatua de la Mariblanca presidiendo la plaza, la embocadura del Paseo Valencia al fondo, con el edicio del Descargue, donde hasta hace unos años se encontraba la sede del Banco de España.

En 1875 un incendio destruía la antigua plaza de Abastos o Mercado, abierta 11 años antes en el edificio del antiguo Pósito o Almudí, así como los locales del Orfeón que estaban en la segunda planta del edificio, el Monte de Piedad, la Caja de Ahorros Municipal (fundada en 1872) y unos antiguos graneros que se utilizaban como salones de baile. Entonces no existía la plaza de Santiago. Entre la fachada posterior del Ayuntamiento y la iglesia de Santo Domingo había una casas viejas, (por ahí estaba la taberna de la Cancha),  y frente a la iglesia existía una  fuente con abrevadero. Esta fuente, obra del maestro de obras municipal José Mª Villanueva, del año 1856,  puede verse  hoy en la calle Descalzos, adonde se trasladó en 1877. En su lugar  se colocó una fuente de hierro que posteriormente se llevaría  a la plaza de San José, donde permanece actualmente. Al parecer había también un tunel que atravesaba la Casa Consistorial, desde Santo Domingo al Mercado y que aun podemos ver, parcialmente, en la fotografía de la derecha y que es bastante posterior al período estudiado, probablemente  de los años 40. En este año, los vecinos de Bolserías y Santo Domingo solicitaron al Ayuntamiento construyese una escalera en el antiguo túnel de la Casa Consistorial para facilitar el acceso al Mercado. Frente a las escalerillas de Jadraque había un pasaje con diversas tiendas. La plazuela de Recoletas era el punto del mercado de carbón y leña, si bien depósitos de ambos productos había en Taconera, 16 y  de carbón y de leña en la Magdalena. También en 1875 hubo un incendio en el Café Suizo de la plaza del Castillo. Por cierto, la primera de las fotos que acompañan a este párrafo, de Julio Altadill, anterior a 1894 nos muestra la antigua fachada pétrea y amurallada de la iglesia de San Lorenzo. Además de en los sitios mencionados vendían al por menor carbón en varias casas del barrio de la Pellejería. El centro de comunicaciones telegráficas estaban situadas en el nº 18 de la calle Taconera. Las oficinas para sacar los billetes de la estación del tren en el nº 50 de la calle Zapatería. En 1878  comenzaron las obras de construcción del fuerte de San Cristobal que se prolongaron hasta 1910.

En 1879, Pamplona tenía 22.856 habitantes, si bien en su partido judicial, que englobaba otros 82 ayuntamientos, vivían más de 100.000 personas y Navarra contaba con casi 300.000 almas. Treinta años antes, en 1848, la ciudad tenía apenas 14.000 almas, apenas un pueblo grande, donde transitaban con frecuencia rebaños de cabras y ovejas. En este año, 1879,  el presidente de la Diputación Provincial era D. Luis Iñarra y el alcalde D. Francisco Asparren. Entre los casinos, además de «La Constancia», estaban «El Casino de la Nueva Unión», «El casino de Artesanos», «El Casino Extranjero» y «El Liceo de Pamplona». Entre los comerciantes más conocidos de la época ya figuraban como cereros chocolateros los siguientes: Pio y Tiburcio Guerendiain, Pedro Mayo, Pio Iraizoz, Pedro Nagore, José Ochoa, Ramón Pomares, Ramón Yarnoz,  Julian Ros; como comerciantes aparecían Julián Arbizu, Pedro Batllori, Antonio y José Ayestarán (curtidos y guarnicionería respectivamente), Agustín Azcarate,  los hermanos Jacinto y Rodrigo Campión Olave, los hermanos Olaso Salinas, Joaquín Ciga Sarasa (1859), Mariano Zufiaurre, Joaquín Got, Domingo Saez Mur, Gervasio Udobro Sanz, Ignacio Navasal, Blas Lipúzcoa, Hijos de Seminario, Eduardo Ferreira (primer titular de la Joyería Idoate), los impresores  y libreros Regino Bescansa, Joaquín Lorda y José Montorio, Román Velandia, Fortunato Istúriz, Conrado García,  José Labastida,   Martín Irigaray (ferretero), los pasteleros  Tomas Udobro y Sanz y de Estanislao de la Rosa, el tintorero Ramón Coyne, los relojeros José Arrillaga y los hermanos Onsalo, el sastre Antonio Cabases, Antonio Aznárez, Casa Unzu (1830), Casa Manterola (1810), el bodeguero Mateo Muniain, el cervecero Gaspar Merkel,  Carlos Maisonave, Fermín Elizburu  ya grababa metales en 1888 en el nº 18 de la calle Mayor, la fábrica de fideos y pastas de Marcelino Gayarre, el ultramarinos de  Aniceto Beloso, entre otros muchos, de los que daré cumplida cuenta en una entrada específica. Acompañan a este párrafo dos fotos del establecimiento de Castor Archanco de la plaza Consistorial, de primeros del siglo, la primera del exterior de la tienda con los géneros expuestos en el exterior, la segunda con los dueños del local, Don Castor Archanco y su esposa Doña Paz, el maca subido a la escalera, a la derecha de la foto los dependientes Francisco Pérez y Tomás Larramendi y  delante dos clientas posando sentadas.

En 1881, la ciudad contaba con 6.000 habitantes más, unos 28.000 habitantes. El presidente de la Diputación seguía siendo el mismo, D. Luis Iñarra pero el alcalde se llamaba  D. Esteban Galdeano que había sido director del Banco de Pamplona, fusionado con el de España en 1874. A este le seguiría D. José Javier Colmenares (1882), Joaquín García Echarri (1884), Miguel García Tuñón (1886), Joaquin García Echarri (1887) y José Obanos Isturiz (1888). En 1881 la familia de Pio Baroja vino a vivir a Pamplona.  Entre los cafés encontrábamos el «Centro Navarro» de  E. de San Román, «El Español» que regentó primero Justo Ibañez,  era además restaurante y luego Enrique Castilla,  y que posteriormente se convertiría en el «Café de La Marina» de Munigatti, Lardeli y compañía (y más tarde en el «Café Kutz»). Ibañez regentaría, además,  «El Colmado» también en la plaza del Castillo.  Otros cafés eran  «El Suizo» (de Matossi y compañía). Encima de éste  estuvo, durante un tiempo, como ya he dicho, el «Casino Principal» que luego se denominó «Nuevo Casino», «El Café Nuevo» de Esteban San Román y  «El Siglo» de Juan José Azparren en Sarasate, entre otros. Entre los nuevos casinos, «El Circulo pamplonés», el «Nuevo Casino», el «Casino Eslava», el «Veloz Club Pamplonés»  y el «Casino Militar». Entre las fondas y también con cafe-restaurante, además de «El Colmado», estaban «El Europa» en Paseo de Sarasate de Niceto Lafuente y Astrain, «La Perla» de la plaza del Castillo, fundada por Miguel Erro y Teresa Graz o «El Cisne» de Silvestre Ripalda (1884),  además de los establecimientos de Fermín Goicoechea  y de  Casildo Sotil (la antigua «Fonda Ciganda»). La primera de las fotos del párrafo es de 1873-74 y en ella , en la esquina de la plaza con Espoz y Mina,  se puede divisar el cartel del «Café Lardeli». Tras él,  en ese lugar estuvieron algunos de los nombres citados: el «Nuevo Casino», el «Circulo Militar», el «Circulo Carlista», «Correos y Telegrafos», la tienda de fotografía de Emilio Pliego y de 1909 a 1972 el «Crédito Navarro». La 2ª foto nos muestra la iglesia de San Nicolás en 1883, antes de comenzar las obras de remodelación que dieron lugar a los porches que conocemos. Las obras terminarían en 1902, si bien la puerta a Sarasate se inauguraría en 1891.

En este lado de la plaza (donde hoy está el «Café Iruña» y tras «El español»  estaban el  comercio textil del Sr. Verdaguer y las sastrerías de Saraldi y de Dimas Fernández (donde luego se puso la paraguería de Archanco). En las fotos que acompañan a este párrafo, de 1872 y 1875 respectivamente,  vemos el lado norte de la plaza del Castillo con ese antiguo sabor de entonces. De aquellos viejos edificios del siglo XIX  tan solo queda en pie hoy en día el más cercano a la calle Chapitela. La Casa Garbalena se construyó en 1882 y la del Iruña en 1884. El Iruña se inauguró en 1888. Las fotos ilustrativas de este párrafo, como muchas de esta entrada, son de Mauro Ibañez. Entre las farmacias figuraban las de Ramón Aramburu, Agustín Blasco, Justo Aguinaga, Fernando Borra, Colmenares, Juan Manuel Cordoba, Rodrigo Erice, Manuel Esparza, Manuel Lizarraga, Manuel Mercader, Manuel Negrillos y Urrutia.  Entre los comerciantes que empezaban a descollar estaban Julián Pomares, Gabino Udobro y sus famosas coronillas de «Casa Gabino», Esteban Rouzaut y su óptica (1864), o Odon Rouzaut y su camisería, Cecilio Oyarzun, Garicano y su conocida pastelería «La Perla». Los fotógrafos más conocidos eran José Roldan y Emilio Pliego. entre las compañías de seguros «El Sol», «La Catalana», la compañía francesa «El Fénix»  o «La Unión y el Fénix Español». En una próxima entrada les mostraré, siguiendo el mismo esquema que en esta  como era la Pamplona al filo del nuevo siglo,  o sea el Viejo Pamplona entre 1894 y 1905.

Fotos por orden de aparición: La descripción de las fotografías en el interior del texto. Nº 1. Autor desconocido. 1862-63. J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 2: 1911. Sin filiar. J. J. Arazuri. Pamplona, Belle epoque, Nº 3: 1893-94. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 4. J.J. Arazuri. Pamplona. belle epoque. Sin filiar y sin datar, Nº 5: anterior a 1864. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 6: 1847-1855. J.J Arazuri. Pamplona Antaño, Nº 7: Roldán y Mena. 1880. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 8: 1895-1898. Mauro Ibañez, J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 9: sin datar, probablemente 1900-1910. José Ayala.  Nº 10: 1895. Julio Altadill. J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 11. 1890. J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 12, Nº 13: 1933. Julio Cía. J.J Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 14, Nº 15: 1905. Sin filiar. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo,  Nº 16: 1873. Mauro Ibañez. J.J Arazuri. Pamplona Antaño, Nº 17: 1883-84. AMP. J.J Arazuri. Pamplona Antaño, Nº 18: 1895. Julio Altadill. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 19: 1908. José Ayala. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo, Nº 20: 1912. Sin filiar. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 21: Estación del Norte de Pamplona. 1867. José Martínez Sánchez. Fondo Ruiz Vernacci. Biblioteca Nacional de España (BNE). Nº 22: Sin filiar. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo, nº 23: Sin datar. José Ayala. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo, Nº 24: 1873. Mauro Ibañez, J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 25: 1874.J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 26: 1895-1900. Mauro Ibañez , J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 27: 1876. Mauro Ibañez  J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 28: Ant. a 1895. Julio Altadill, J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 29, Sin filiar y sin datar. Ant. 1950. Nº 30. Sin filiar y sin datar.  J.J. Arazuri. Pamplona. belle epoque , Nº 31: 1914. Sin filiar. J.J. Arazuri. Pamplona. belle epoque, Nº 32: 1873-74, sin filiar. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 33: 1883, J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 34: 1872. Mauro Ibañez, J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 35: 1875. J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona

Pamplona año a año: 1943, el año en que se inauguró el quiosco de la plaza del Castillo

El año 1943 se abría con la difusión del articulado de la ley de creación del seguro obligatorio de enfermedad aprobado unos días antes y que daba cobertura a los productores, -así llamaba el régimen a los trabajadores-, económicamente más débiles, esto es, a aquellos cuyas rentas no excediesen los limites reglamentarios fijados. Se facilitaría asistencia médica completa, farmacéutica, hospitalización e indemnización económica por los sueldos o jornales perdidos por fallecimiento. Las primas serían proporcionales a los ingresos del trabajador y pagados a medias entre él y la empresa, todo ello dentro de lo que ellos llamaban la generosidad de su revolución nacional sindicalista. El nacionalsindicalismo o  falangismo, se inspiraba   en el fascismo italiano. Era antiparlamentario y  defendía  un corporativismo basado en la idea del Estado totalitario adoptando una idea de sindicalismo  aglutinador de empresarios y trabajadores al servicio de la nación. La función celebrada el día 2 de enero en el Gayarre en beneficio de la Institución Cunas, del Padre Carmelo,  resultó todo un éxito. (Junto a este párrafo vemos una foto de prensa de las cunas de esta institución). Para el día de Reyes se anunciaba otro festival en el que se harían entrega de 24 cunas a familias pobres. La necesidad de buena parte de la población era cubierta en parte cubierta con la caridad de la iglesia o de algunas secciones del Régimen. A primeros de este año la delegación provincial de FET y de las JONS hacía un balance de su actividad el año anterior. Contaba con 9 comedores infantiles que habían asistido diariamente a 642 niños, ocho cocinas de hermandad que habían asistido diariamente a 1.133 personas, 40 localidades en las que habían repartido 1.366 «auxilios en frío» diariamente. Además estaban la Policlínica con 18 enfermos diarios atendidos y el comedor de refugiados con 9.000 asistencias anuales.

Aunque ya lo he comentado en otra entrada del blog, he de recordar, en este momento, que a principios de este año, el alcalde de Pamplona, Antonio Archanco, informaba de las gestiones que estaba manteniendo el Ayuntamiento con RENFE para trasladar de lugar la Estación del Norte, construyendo una nueva. Aún no se había elegido el lugar idóneo pero se estaban mirando varios terrenos. La estación sería costeada tanto por la Compañía Nacional de Ferrocarriles Españolas como por el Ayuntamiento de Pamplona. El río Arga amenazaba con desbordarse por las fuertes lluvias caídas el día 8 de enero. El llamado Patronato de Cultura Popular había distribuido 1.546 bibliotecas a otras tantas escuelas nacionales de país, después de haber realizado el correspondiente expurgo de obras. Continuaba el alistamiento de voluntarios para la División Azul. en estos primeros días del año se presentaron a la prensa los planos del kiosko para la música que se iba a construir en la plaza del Castillo, obra del arquitecto Gaztelu, en sustitución del existente de madera que se encontraba en un estado lamentable. A mediados de enero se embreaba la plaza  del Castillo con el fin de eliminar las incomodidades de la abundante  gravilla que conformaba el pavimento. Continuaba el racionamiento de alimentos, la cantidad de tocino y chorizo estaban limitados a 500 gramos, al precio de 4,05 pts, y a 700 gramos de chorizo, a 10.95 pts, y hasta el tabaco se racionaba. La situación de Osasuna era en esos momentos crítica. Acababa de salvarse de descender a tercera división pero traspasar a los seis mejores jugadores suponía «de facto» liquidar el equipo. Se planteaba la necesidad de pasar de los 1.200 socios a los 3.000 si se quería disminuir el déficit del club. Se iniciaron las obras de adecentamiento del Redín, cuyos fosos eran, según la prensa verdaderos vertederos de basura. El Alcalde ordenó la recogida de pobres que pedían por los comercios para someterlos a una «escrupulosa limpieza». El día 25 de enero la prensa daba cuenta de la detención del comandante del ejército republicano, Julián Benito Ramírez,  en la estación del Norte de Pamplona, cuando pretendía cerrar una operación de compra-venta de chatarra. La asociación de periodistas de Pamplona se integraba en el Sindicato Provincial de Papel, Prensa y Artes Gráficas.

El 1 de febrero una avería a causa de un vendaval dejaba sin radio a la ciudad, durante 3 días. Desde finales del año anterior, en Pamplona un poco más tarde, desde el mes de enero, se comenzó  a proyectar obligatoriamente  en los cines Novedades, Gayarre, Príncipe de Viana, Olimpia y Alcazar,  el famoso NODO,  «Noticiario y Documentales cinematográficos».  Se seguiría emitiendo obligatoriamente en los cines, antes de las películas, hasta el año 1976 y con carácter voluntario hasta 1981. El día 6 los periódicos locales hablaban de la aparición de una bomba lanzada por la aviación republicana en terrenos del Vínculo, en el bombardeo de la ciudad llevado a cabo el 11 de noviembre de 1938. Se inauguraba en el nº 33 de la plaza del Castillo una sucursal de la agencia de viajes Camarga. El día 9 de febrero se celebraba el día del estudiante caído, sin clases en colegios y escuelas y con las consabidas misas organizadas por el SEU y el Frente de Juventudes a las que asistían las autoridades, los jerarcas del Movimiento, los sindicatos y la Sección Femenina. Se comenzaron a utilizar en espacios como el Hospital Militar, el Parque de Desinfección y el Depósito Municipal, las estufas de desinfección por aire seco.  Todavía seguía funcionando el Irati por las calles de la ciudad, aunque en apenas tres años dejaría de pasar por el centro.

Los precios de algunos artículos a comienzos de este año  estaban limitados en su origen, así los sucedáneos del café (malta o achicoria) no podían venderse a más de 7 o  7,50 pesetas el kilo, el sucedáneo del garrofín (de algarroba) a un máximo de 9,95 pts kilo. Las telas de algodón en cuyo orillo no figurase la indicación «tipo único» debían venderse a la mitad del precio marcado en dicho orillo. Este producto solo se podía vender a través del Monte de Piedad ya que no había ninguna casa que pudiera tener durante estos años este tipo de tela. El día 16 de febrero la cupletista Raquel Meyer llenaba el Gayarre. Le acompañaron otros artistas: un humorista y ventrilocuo, bailarines, contorsionistas, etc.   Se estudiaba reformar la Casa de Socorro. El día 20 de febrero el pleno del Ayuntamiento de Pamplona aprobaba los planos del proyecto de monumento a los caídos. El Ayuntamiento formulaba el ruego de que se estudiase la posibilidad de construir un monumento menos suntuoso. El obispado publicaba la relación de limosnas aprobadas por la Santa Sede para poder beneficiarse de determinados privilegios durante  la Cuaresma en lo tocante al ayuno y la abstinencia de determinados alimentos. Se establecía el precio de 1 peseta para quienes no superasen las 5000 pts de ingresos y de 25 pts para quienes ganasen más de 25.000 pesetas. La mujer casada tenía que tomar la bula del mismo tipo que su marido y los hijos de familias sin ingresos propios tomarían los de las clases más bajas. Por otra parte el vicario general de la diócesis comunicaba que los enlaces matrimoniales se debían celebrar por la mañana y en iglesia parroquial. Estaban prohibidas las bodas por la tarde o en iglesias de conventos. El estipendio mínimo de las misas rezadas pasaba a ser de 9 pesetas en Pamplona y de 7 en el resto de la diócesis.

El Ayuntamiento sacaba, a primeros de marzo, el concurso para la construcción del kiosko de la música de la plaza del Castillo. En esas mismas fechas comenzaban las obras de reforma del Pasadizo de la Jacoba que era propiedad de los hermanos Machiñena. Se colocarían nuevas baldosas y balaustradas y una «espléndida» vidriera con el escudo de Pamplona y otros elementos ornamentales, quedando durante las obras cerrado el paso al público. El gobernador civil recordaba que continuaba en vigor la Orden del 3 de febrero de 1937 que suspendía las fiestas del carnaval, por lo que quedaba prohibido, entre el  6 y el 15 de marzo, la utilización de caretas en calles y lugares públicos, incluso en los cafés, casinos y círculos de todo tipo e igualmente los bailes que se organizaban con este motivo. Se iban a acometer obras en el pueblo de Javier, cercano al castillo. Fueron años de fervorosas peregrinaciones a Javier, en el que se daban casos como el de Aibar que este año, acudió casi en masa al Castillo. El día 7 de marzo seis niños, de entre 10 y 11 años  resultaban heridos por la explosión de un bote de hojalata cargado de pólvora y metralla en el término de Cordovilla. En Burgos tenía lugar el consejo de guerra por la fuga de presos ocurrida en abril de 1938 en el fuerte de San Cristobal. Fueron procesados el jefe de la prisión, el teniente que mandaba la fuerza de custodia, dos vigilantes y otras tres personas. Finalmente  todos fueron absueltos salvo el administrador de la prisión que fue condenado. Fueron estos años 40,  años de penurias económicas, religiosidad obligatoria y cuasi asfixiante, plagada de actos, rezos, cuaresmas, cantos, homenajes, procesiones, colectas,  sermones y vía crucis, como vía crucis era la vida de buena parte de los pamploneses de entonces en su diaria lucha por la supervivencia. Más adelante veremos una foto de una procesión de los años 40, cerca del Rincón de la Aduana.

El día 15 de marzo salía el Orfeón Pamplonés hacia Barcelona en gira artística, cantando en el Liceo y cosechando un gran éxito. A su llegada serían recibidos por el Ayuntamiento. El gobernador entregaba los premios a la natalidad, de 1000 pesetas cada uno, en categoría de no vivos a Bonifacio Sainz Martínez de 83 años que tuvo en su matrimonio 17 hijos y en vivos al matrimonio formado por Augusto Alvarez Gastón y María Gastón Sainz de 45 años que habían tenido 14 hijos de los que sobrevivían 13. El premio Nacional de Natalidad lo ganaron este año el matrimonio formado por Miguel Unzú Got y Teresa Lapeira Gurruchaga, de Pamplona,  con 17 hijos vivos (cuya noticia se recoge junto a este texto) y una viuda de Sevilla con 23 hijos habidos. Las Hermanitas de los Pobres celebraron la fiesta de San José a la que asistieron diversas autoridades y benefactores que sirvieron la comida a 140 ancianos y ancianas asilados. El 22 de marzo la empresa Hijos de Erroz iniciaba las obras del nuevo quiosco de la plaza del Castillo que estaba previsto se terminase para antes de la fiestas de San Fermín. Diputación gratificaba a 800 maestros con cantidades anuales que oscilaban entre las 500 y las 2.000 pesetas anuales. Quedaban fuera los sancionados en expedientes de depuración política por el Movimiento Nacional. El 24 de marzo el Gobernador prohibía la mendicidad en Navarra, obligándoles a recogerse en albergues y destruyendo o cerrando los refugios habituales que utilizasen. En la prisión del fuerte de San Cristobal había más de un centenar de enfermos aquejados de tuberculosis. El día 27 de marzo llegaba a Pamplona el Nuncio de su Santidad, Caetano Cicognani que consagró obispo al navarro Emeterio Echeverría. El día 29 se inauguraba la sede del Instituto Nacional de Previsión en la avenida de Franco.

Rescato una noticia en la prensa  de finales de marzo de 1943. Decía la nota del reporter que el gobernador civil de Navarra, D. José López Sanz, había firmado una orden de supresión total de los bailes durante la cuaresma, desde el 17 de marzo hasta el 24 de abril, sábado santo. Decía en su escrito que teniendo en cuenta los principios inspiradores del nuevo estado, identificados con el espíritu católico, la celebración de bailes no concordaba con la vida de sacrificio, oración y penitencia de la cuaresma. También se suspendían las proyecciones de cine. Marcaba el inicio de los actos de la Semana Santa el traslado de la Dolorosa, desde la iglesia de San Lorenzo, por la calle Mayor, San Saturnino, plaza Consistorial, Mercaderes y Curia hasta la Catedral, en un ambiente de silencio y devoción, casi 14 días antes del inicio de la Semana Santa. La Dolorosa es el paso más antiguo de los que recorren las calles del Casco en la Semana Santa y es además de propiedad municipal, tallada en 1883 por el escultor catalán Rosendo Nobas i Ballbé, tiene tan solo 166 cm de altura si bien el paso, con la imagen y plataforma, pesa casi 1.200 kilos que obliga a ser acarreada por más de medio centenar de  porteadores distribuidos en dos grupos vestidos con túnicas  verdes y caperuzas amarillas pertenecientes a la Hermandad de la Paz y la Caridad, encargadas de portar la imagen desde finales del siglo XIX, que se alternan aproximadamente cada 30 metros. El paso es flanqueado por decenas de personas que conforman dos columnas de cirios. Se mantenía la tradición de la función de «las lagrimas de San Pedro» en el convento de las Agustinas de San Pedro en los que habitualmente y siguiendo la tradición llovía durante toda la jornada. Se prohibía circular y estacionar en las calles de la ciudad, solo vehículos de abastecimiento y urgencia, los de fuera de la ciudad aparcaban en la explanada de Autobuses y cerca también los puntos de servicio público de viajeros, los servicios a la estación del Norte y la villavesa tomarían y dejarían a sus viajeros en el Bosquecillo. En atención a estas jornadas el alcalde puso en libertad a todos los detenidos por faltas leves, perdonando también las multas por este mismo tipo de infracción, salvo a los blasfemos. El día de pascua de este año hubo de todo: novillada, carrera ciclista, partidos de fútbol y pelota, fuegos artificiales, bailables con banda y gaita y también los casinos Principal y Eslava. La policía detuvo estos días a 15 personas, 9 hombres y 6 mujeres considerados delincuentes habituales: mercheros, carteristas, timadores y topistas. Otra estampa religiosa desaparecida y presente en esos años era el de los viáticos generales a los enfermos de las parroquias de la ciudad, con itinerarios que se anunciaban el día anterior  a toque de campanilla. Se celebraban los patronos de los oficios con conferencias, misas, comidas o cenas y actos musicales.

Continuaban las manifestaciones políticas de la victoria en la guerra, celebrándose el día 1 de abril el día de la Victoria con misa de campaña en la explanada exterior de la Ciudadela, desfile militar por Navas de Tolosa, banderas y colgaduras en calles y edificios, fiesta laboral completa o al menos de media jornada así como escolares por las calles cantando melodías del folklore español. Se comenzó  a instalar nuevo alumbrado en la parte de los jardines de la Taconera que daba a la carretera de la Estación del Norte (Avda. Guipúzcoa) que embellecerían la entrada a la ciudad. Los obispos nombrados juraban fidelidad a Franco en un acto del Palacio del Pardo, entre ellos el nuevo obispo de Ciudad Real, el navarro Emeterio Echeverría. La Caja de Ahorros de Navarra ampliaba su obra social con su aportación para un equipo de rayos ultravioleta en el Instituto de Higiene, y otorgaba donativos a centros de cultura y beneficiencia, aguinaldos para la División Azul y la atención a niños y ancianos  a través de las Colonias Escolares y los Homenajes a la Vejez. Se extremaban las medidas de vigilancia de la Guardia Municipal en torno al nuevo parque del fuerte de San Bartolomé (Media Luna) por presuntos desmanes, actos de gamberrismo y/o vandalismo, en la zona. Componían la Junta Superior de Educación de Navarra personajes como Santiago Ferrer, Sanz Orrio (que vemos en una fotografía junto a este párrafo), Santos Beguiristáin, Julio Medrano, Mariano Lampreabe, Tomas Mata, Jose Mª Iribarren, Pérez Salazar, Daniel Nagore, Justo Martínez, Dimas Asensio, J.Mª García Mina y Ramiro Aramburo. El Mercado Viejo con frecuencia no estaba bien surtido y los precios estaban por las nubes.

El alcalde de Pamplona, Antonio Archanco, pretendía limitar la venta ambulante en sanfermines en los paseos principales y calles céntricas, derivándolos al Real de la Feria porque impedían el libre tránsito de la gente. Además prohibiría la venta de gorros de papel y artículos carnavalescos por «vulnerar» el «clasicismo» de los sanfermines. La Diputación Foral iniciaba una suscripción popular para comprarle una camioneta a las Hermanitas de los Pobres que sustituyera al viejo y cansado borriquillo y al destartalado carromato que utilizaban para proveerse de alimentos en la ciudad. La camioneta llegaría a finales de septiembre. El alcalde amenazaba con multas para aquellos que tirasen en la calle cortezas de plátano y naranja por provocar frecuentes caídas en los convecinos. Un grupo de estudiantes universitarios pedía un horario más amplio en la Biblioteca de Navarra (tenía sólo 5 horas de servicio) así como el servicio de préstamo de libros. El 5 de mayo llegaba a la estación del tren de Pamplona medio millar de voluntarios de la División azul repatriados del frente ruso, procedentes de San Sebastián y con destino a Zaragoza y otra ciudades. Les recibieron con música de la 62 División y La Pamplonesa obsequiándolos con una comida en el mismo anden. El día 7 de mayo  el Ayuntamiento dirigía una instancia al ministro de Obras Públicas solicitando la aprobación de un proyecto de instalación de una linea de trolebuses en Pamplona con ramales para Villava, Burlada, el Hospital Provincial y la Estación del Norte. Estampa de estos años era la de los macas, muchachos que hacían de recadistas en comercios o eran aprendices de un oficio o criados de corta edad. El trabajo de los menores estaba sujeto a ciertas condiciones. Los menores de 16 años necesitaban autorización de la Jefatura Superior de Policía o Comisaría de Vigilancia, condicionada al permiso de la Delegación de Trabajo. El trabajo de menores de 14 años sólo podía darse en actuaciones no lucrativas y con autorizaciones específicas. Los mayores de 14 y menores de 16 podían actuar previa autorización solo las tardes de los jueves y días festivos en espectáculos de absoluta moralidad y sin peligro. A las mujeres mayores de 16 y menores de 18 la Delegación de Trabajo podía autorizar a trabajar en espectáculos públicos cuando su actuación no implicase riesgos físicos ni morales.

Seguía vigente la obligatoriedad de salvoconductos para viajar por el territorio nacional. Se solicitaban en la Comisaría del Cuerpo General de Policía en Pamplona o al alcalde de los pueblos. Se necesitaba un salvoconducto especial para circular por la zona fronteriza. Para circular por el resto de Navarra sin salir de ella bastaba con la cédula personal (DNI). Visitaba la ciudad a mediados de mayo el delegado nacional de Prensa, Juan Aparicio López. El crítico taurino del Diario mostraba su oposición a un posible retraso del horario del encierro, a las 8 de la mañana aludiendo a su creciente masificación: hablaba de que en 1925 corrían poco más de 300 corredores, frente a los 3.000 de esta década. No le hicieron mucho caso pues el ayuntamiento aprobó este cambio de horario así como la lectura de un pregón en el acto del chupinazo. Comenzaba la campaña de las colonias escolares organizadas por la caja de Ahorros de Navarra, con destino a Fuenterrabía y Zudaire. Las cartillas de racionamiento acompañarían a los pamploneses aun durante bastantes años. Los Amigos del Arte celebraba su 25º aniversario. De vez en cuando se daba noticia de detenciones por estraperlismo. Estaba prohibida la circulación de coches en domingo, concretamente lo prohibía la Comisaria de Carburantes, salvo aquellos que tuviesen una causa justificada. los médicos solo podían realizar viajes relacionados con su profesión. El 8 de junio eran detenidos diez personas implicadas en un robo de más de 30.000 kilos de nitrato de cal en una fábrica de Pamplona. El día 10, el Alcalde informaba que se iba a derribar la caseta del transformador del Irati situada en el nuevo Ensanche y que en su lugar se levantaría un edificio para dedicarlo a los servicios de la casa de socorro. El club de Tenis ampliaba sus instalaciones con un campo de tiro de pichón y al plato y 10 máquinas para una de estas especialidades. También se preveía la construcción de un trinquete, un casino y dos piscinas. La Confederación Hidrográfica del Ebro aprobaba la ampliación del abastecimiento de agua para Pamplona. En la sesión plenaria del Ayuntamiento se aprobaba la reserva de terrenos para la construcción de un estadio en el Ensanche y diversas instalaciones de servicios, me refiero a lo que sería luego el Estadio Ruiz de Alda, hoy Larrabide, que dependería de Falange Española. Asimismo se reservaba una manzana, a petición de la Diputación Foral, para el nuevo instituto de segunda enseñanza, lo que conoceríamos luego como Institutos de Navarra (Ximenez de rada y Príncipe de Viana). Por último se anunciaba un concurso de anteproyectos para construir la nueva Alhóndiga Municipal, levantando sobre su piso principal, tres pisos más para viviendas.

En la subasta de las barracas de este año se preveía contar con un circo, dos barracas de espectáculos, media docena de carruseles, dos pistas de coches eléctricos y una del látigo, cuatro churrerías, varias casetas de tiro al blanco, diversos puestos de dulces y chucherías, columpios y otras atracciones. Los programas de fiestas se vendían en un quiosco instalado en la plaza del Castillo frente al Iruña. El día 25 de junio pasaría por Pamplona la imagen de la Virgen del Perdón en procesión de rogativa para pedir que lloviese. La última vez que salió esta imagen con tal propósito fue en el año 1887. La Diputación Foral recomendaba este año la quema de rastrojeras. El 23 de junio se inauguraba el nuevo depósito de aguas para el abastecimiento de la ciudad en Mendillorri. El nuevo depósito tenía una capacidad de 13.000 m3 de agua.  La procesión del Corpus estaba revestida de una  pompa y solemnidad hoy desconocidos: 21 cohetes, en la zona de taconera, en recuerdo de los cañonazos de otros tiempos del arma de Artillería, clarineros y timbaleros, corporación en cuerpo de ciudad, bandas de música,  militar incluida y autoridades eclesiales, civiles y militares así como numeroso público. Este año cumplía 50 años la sociedad «Aguas de Arteta». A finales del siglo pasado el aumento de la población de la ciudad hizo que fuese insuficiente la conducción de agua desde Subiza.  En 1886 el arquitecto municipal D. Blas Iranzo hizo un proyecto de traída de aguas desde el manantial de Arteta. El 13 de junio de 1893 después de laboriosas gestiones, tras anular un contrato con una compañía extranjera que se había comprometido y no había cumplido a realizar las obras necesarias se creó la sociedad «Conducción de Aguas de Arteta», que ejecutó  el proyecto de traída de las aguas. Las obras, dirigidas por el ingeniero lesakarra don Ramón Aguinaga y Errechea, se realizaron en menos de dos años. La traída de aguas fue inaugurada el 6 de julio de 1895. Algunos años más tarde, el 18 de julio de 1950 la sociedad Conducción de Aguas de Arteta sería municipalizada. El 28 de junio quedaba al descubierto, completamente terminado,  el nuevo quiosco para la música de la plaza del castillo que sustituía al viejo y destartalado anterior que sirvió a la ciudad en las grandes y pequeñas solemnidades durante más de medio siglo. Este año se realizó una profunda reforma de los corrales del Gas.

Video de los Sanfermines de 1943

León Salvador entregaba, como en años anteriores, 500 pesetas al Ayuntamiento para que las repartiese entre los pobres más necesitados de la ciudad. Los bandos de alcaldía tenían un claro componente moralizante: prohibía la utilización de trajes o prendas carnavalescos, dar gritos o tocar instrumentos de 2 a 7 de la mañana, circular abrazados por las calles y paseos personas de ambos sexos así como la incorporación de mujeres a las cuadrillas de mozos durante su recorrido por las calles, dificultar el paso de la Corporación al ir o volver a Vísperas, el tránsito por las calles de lesionados, ciegos, impedidos o similares implorando la caridad pública con instrumentos musicales o sin ellos y todo acto que de directa o indirectamente, de palabra u obra ofenda a la moral cristiana, el decoro y la cultura. El 3 de julio la constructora Erroz Hermanos entregaba la obra del quiosco de la plaza del Castillo. Se había construido en 79 días y habían trabajado en él medio centenar de canteros. La Saide inauguraba este día el Cine Avenida, diseñado, al igual que el edificio por el arquitecto Víctor Eusa. El cine se cerró en mayo de 1985. En el chupinazo que comenzaba a ser un acto masivo se leyó un breve pregón de un minuto, antes se interpretaba la Marcha de la Ciudad, y luego Joaquín Ilundain lanzó el cohete. El riau riau duró media hora. Pamplona celebraba el 18 de julio con discursos de autoridades en el cine Alcazar, actos religiosos en la Catedral, recepciones, bailes públicos en plaza del Castillo y Sarasate, cine en la plaza del Vinculo y fuegos desde el fuerte de San Bartolomé. El día 20 de julio morían cinco personas en diferentes ahogamientos y accidentes de trabajo. el pleno municipal solicitaba la ampliación de la Estación del Norte.

A comienzos de agosto Pamplona acogió la competición nacional de bandas del frente de juventudes que pasarían un mes en el campamento «Sancho el Fuerte» de Burlada, que vemos a la derecha de este párrafo, mientras Amadeo Marco recibía autorización para incorporarse a la División Azul. El 6 de agosto la Comisión Permanente del Ayuntamiento aprobaba el proyecto del arquitecto municipal para construir una piscina infantil en la denominada «playa de San Pedro» para que pudieran bañarse los niños menores de 8 años. La piscina estaría terminada en 1944. Si en 1918 se colocaron sillas para oir los conciertos en el Bosquecillo el reporter del Diario se quejaba de la retirada de las sillas este año y del deambular de la gente por delante de los músicos. La guardia civil decomisaba con frecuencia productos de contrabando en la frontera con Francia. En Pamplona se hacían rogativas por la guerra europea. Y el Ayuntamiento hacía grandes esfuerzos para perseguir el fraude en la venta de la leche que con cierta frecuencia era «bautizada». Se produjo una oleada de incendios en Navarra: Asiain, Cirauqui, Cáseda, Huarte Araquil, Ochagavía, Garde, Urriza, etc. El 25 de agosto eran robadas algunas piezas de la hornacina de la Virgen del Pilar en la iglesia de San Nicolás.

A partir del 1 de octubre se iba a exigir a todos los nuevos matrimonios disponer del Libro de Familia. Se creó por ley el 15 de noviembre de 1915 pero no había sido efectivo. El libro contaba de dos partes, la primera destinada a las relaciones familiares y la segunda contenía el régimen de subsidios familiares con sus incidencias. El 8 de septiembre Franco visitaba la colonia escolar de Fuenterrabia. Se preveían dos corridas de toros con sus encierros correspondientes en los sanfermines chiquitos de este año, concretamente para los días 25 y 26. Habría, además dianas, fuegos artificiales y bailes públicos como en las fiestas grandes, sin embargo las fiestas acabaron pasadas por agua. Hechos curiosos: la alcaldía de Pamplona alertaba sobre la gran cantidad de niños que se dedicaban a recoger colillas arrojadas por los clientes. Osasuna se encontraba en 2ª división. Con motivo del llamado día del Caudillo, el 1 de octubre se realizaron donativos a 400 familias pobres, 50, por cada parroquia,  con 25 pesetas en metálico y un vale de suministro gratuito. El donativo ascendía, en total, a 40.000 pesetas. El 1 de octubre se entregaron carnés de subsidios y pensiones a ancianos de distintas zonas de Navarra, y aunque teóricamente los beneficiarios eran dos millares, tan sólo 1000 recibieron los carnés y 400 las pensiones. El tercer premio de la Lotería caía en Pamplona, en la Administración de Lotería nº 1 de la calle Zapatería, quince días después tocaba parte del 3º y del 6º con 325.000 pesetas. La Sección Femenina entregaba en un acto en el Cine Novedades presidido por el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento José López Sanz 20 canastillas y 18 hatillos de ropa infantil a otras tantas madres.

El día 6 de octubre detenían al autor del robo perpetrado hacía una semana en el Bar Sevilla de la plaza del Castillo. El ladrón intentó huir pero fue arrestado por la policía tras los correspondientes disparos al aire. Llevaba un reloj valorado en unas 700 pesetas, una pluma estilográfica Pelikan, 3.500 pts en metálico, varios décimos de la Lotería Nacional, prendas de vestir de señora y caballero y otros objetos.  El conocido falangista José Moreno Diaz, más conocido como Pepe Perla, fundador de la Falange en Navarra y consejero nacional antes de la guerra, era nombrado gobernador civil de Badajoz. Con el cambio de hora oficial, cambiaban también los horarios de cierre de los establecimientos: los teatros y cines cerraban a las 0,45, si bien en los días de debut o función benéfica los teatros podían cerrar a la 1.15, en cuanto a los cines podían terminar a la 1 y restaurantes, cafés, bares y salas de fiestas a la 1.15 de la madrugada. El 11 de octubre se inauguraba el seminario Hispano Americano de los Dominicos de Villava con la presencia del nuncio apostólico Gaetano Cicognati y el capitán general de la 6ª región militar, José Los Arcos. El control de los abastecimientos también afectaba a la hostelería que debían justificar las comidas sueltas con los correspondientes cupones. La educación era frecuente objeto de indicaciones y consignas, este mes, el día 23 se instituía la fiesta de la Propagación de la Fé, en el día de las Misiones. Para evitar fraudes o perjuicios en el ramo asegurador se suprimían los descuentos en las pólizas de seguros. Llamativa fue la multa que se impuso a Osasuna el 22 de octubre: el comité de competición le multaba con 750 pts por haber arrojado piedras contra el árbitro, en el partido contra el Hércules en el campo de San Juan, suspendiéndose temporalmente el juego. Se animaba a los agricultores a incrementar la superficie de cultivo destinada al trigo con el fin de contar con mayor excedente y poder atender las necesidades de la población. El 25 de octubre se inauguraba en Pamplona la Asamblea Nacional de Turismo durante la cual se comentó la declaración de Javier como pueblo de importancia turística o el deseo de enlazar el Irati con el ferrocarril de Canfranc. La Asamblea se clausuró tres días más tarde. El 27 de octubre se inauguraba la Clínica de San Juan de Dios, de la que ofrezco un amplio reportaje fotográfico junto a estas líneas.

El día de todos los Santos, como se hacía desde décadas atrás, la Corporación asistió al tradicional responso ante el mausoleo de Pablo Sarasate con un tiempo bastante desapacible. Subió el precio del pan, estableciéndose un precio único de 35 céntimos para las raciones de 1ª, 2ª y 3ª categoría correspondientes a los 100, 150 y 200 gramos de peso. El día 3 de noviembre se desarticulaba en la ciudad una grupo de corrupción de chicas menores de edad formada por un hombre y dos mujeres. La red había habilitado un lujoso piso en el Ensanche donde traían a las chicas. En el momento de la detención trataban de engañar a dos chicas de 16 años. El trío ingresó en la cárcel, las dos jóvenes en una residencia para su reeducación. El tabaco rubio se vendía sin cortapisas ni racionamientos, imagino que por su altísimo coste. El Ayuntamiento, como todos los años, procedía a realizar su censo de ganado, carruajes de tracción animal, bicicletas  y vehículos a motor. Con tal objeto daba un mes de plazo a los propietarios para facilitar los datos. Se anunciaba la relación de productos racionados a distribuir este mes y las cantidades por cartilla individual: 500 gramos de arroz y  250 de tocino, a los niños  un kilo de azucar blanca, 100 de arroz, 400 de jabón, 260 de chocolate, pan o harina y leche condensada según disponibilidad. También había cupos para los enfermos, para lactancia artificial y madres lactantes, dispensarios de higiene municipal y zonas rurales. Pero los problemas de abastecimiento continuaban. Hoy era el pan y mañana las legumbres.  Se conmemoró el cincuentenario de las Madres Concepcionistas. La Junta Superior de Educación indicaba qué libros debían utilizarse por los maestros en las escuelas. El régimen tenía un toque a menudo paternalista y de protección. Así por ejemplo, el día 11 se entregaban en las escuelas de San Francisco 125.000 pesetas a 123 trabajadores incapacitados para su profesión por accidentes laborales en la misma, de ellos 11 eran navarros y el resto de Guipúzcoa, Alava y Logroño. A falta de otra cosa los diarios hablaban por ejemplo de las 118 palomas que un cazador guipuzcoano había abatido en un solo día en Ibañeta.

De acuerdo al censo de 1940 Navarra tenía 369.618 habitantes, alguno menos de derecho mientras que Pamplona acogía a 61.188 personas. En la calle Mayor, Educación y Descanso tenía un local donde se exponían obras de pintura y  fotografía tanto de profesionales (algunas de Maeztu, Basiano, etc) como de aficionados así como obras de artesanía y de la Obra del Hogar. El sacerdote Cipriano Olaso fallecido en 1930 era objeto de homenaje y veneración pública. Su tumba estaba en la capilla del Seminario Mayor. El  periódico «Arriba España» criticaba el estreno el espectaculo  «Noches  de Paris» por razones morales, calificandola de «tentación turística de gentes procaces y bobaliconas» y calificando la obra de mediocre, vulgar y de mal gusto. El 16 de noviembre se inauguraba la campaña de Cantinas Escolares, acto al que acudieron el obispo, gobernador civil, alcalde y presidente y miembros del Patronato de las Cantinas entre otras personas. Las cantinas distribuían comidas a 1.200 niños de noviembre a mayo. Un labrador entregaba una emisora de radio que había caído de un paracaídas, seguramente de procedencia militar al Alcalde de Pamplona que la depositó en el Gobierno Militar. La primera nevada cubría la falda del Monte San Cristobal. Se conmemoraba la muerte de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange el día 20 de noviembre con actos religiosos y en las escuelas.

El día 22 los músicos conmemoraban el día de su patrona Santa Cecilia, con actos religiosos y musicales, concierto del Orfeón y la Orquesta Santa Cecilia en San Saturnino y fiestas en los locales de Los Amigos del Arte. La gente se quejaba por el retraso de Tabacalera en la venta del tabaco racionado, con los precios de las cajetillas de estraperlo, el Kamel y el Lucky que habían pasado de 3,80 a 8,10 pts. El obispo pedía donativos para la restauración del Santuario de Javier criticando sobre todo a las familias más acomodadas por su falta de colaboración. Por primera vez las escuelas celebraban la fiesta de San José de Calasanz como patrón, con actos sociales, religiosos para niños y maestros acabando la jornada con una película gratuita en el Olimpia para niños asistidos por Auxilio Social y Cantinas Escolares. Osasuna en segunda división estaba sumida en una profunda crisis económica y deportiva. Pamplona celebraba la festividad de San Saturnino: era fiesta laboral en Pamplona.  El Ayuntamiento y otros edificios públicos estaban engalanados con banderas, tapices y colgaduras. La corporación desfilaba en cuerpo de ciudad, con mazas, banda de música y txistularis hasta la catedral para recoger al cabildo, salir en procesión con la imagen del Santo y regresar al templo para celebrar la misa solemne cantada por el Orfeón, tras de la cual la corporación acompañaba nuevamente al Cabildo hasta la Catedral. Unos días más tardes con similares boato y ceremonias  se conmemoraba la festividad de San Francisco Javier.

El 2 de diciembre la Cortes fijaban la mayoría de edad de los españoles en los 21 años. El día 6 de diciembre se inauguraba la campaña de ahorro escolar con la distribución de cartillas a los alumnos de las Escuelas de San Francisco. Organizaba el acto la Caja Municipal, y contó con la presencia del alcalde y el obispo Marcelino Olaechea. Con el apoyo del Gobierno Civil, Diputación Foral y Ayuntamiento se recogían fondos para la distribución de obsequios de obreros en paro y de juguetes para los niños de las escuelas municipales, Auxilio Social y centros benéficos. El día 8, el regimiento de Infantería celebraba el día de su patrona, la Inmaculada Concepción con diferentes actos, religiosos y lúdicos. Al día siguiente en los locales de Educación y Descanso se procedía al reparto de ropa por la Junta de Protección de Menores de Navarra: 500 pares de zapatos, 110 abrigos, 300 pantalones, 160 cazadoras, 800 interiores y 220 jerseis para los niños de las escuelas gratuitas, asilos y parroquias. El delegado provincial de Sindicatos, Laudelino León solicitaba a los empresarios navarros la concesión de una paga extraordinaria a los obreros, no como la legítima concesión de un derecho sindical o social sino envuelto en  un  almibarado  discurso paternalista y protector y alusiones a la cercana Navidad Religiosa. El día 12 se celebró la 6ª Asamblea de la Juventud de Acción Católica de Navarra. El gobernador civil recordaba la prohibición de circular a los coches de turismo desde las 22.00 horas del sábado a las 0,00 horas del martes. Ciegos y modistillas celebraban el día 13 la fiesta de Santa Lucia. La Caja Municipal en atención a las circunstancias económicas decidía ayudar a las familias humildes con la devolución gratuita de las prendas empeñadas en el Monte de Piedad hasta el día 9. La devolución se realizaría en los próximos ocho días.

El Servicio Cinematográfico de Educación y Descanso anunciaba la puesta en marcha  de un nuevo cine, en sus instalaciones, en el piso principal de los números 12-14 de la calle Mayor. Se llamaría Salón Victoria y tendría capacidad para 300 espectadores. Se inauguraría oficialmente el 23 de diciembre y abierto al público el 25, con cuatro sesiones. Un incendio destruía una casa almacén de los Padres Paules y mataba ganado porcino alojado en su finca así como diferente material. Se solicitaba ropa para los presos enfermos del sanatorio de la prisión del Fuerte de San Cristobal que pasaban por unas condiciones inhumanas. Serían festivos no recuperables para 1944 el 1 de enero, jueves santo, la Ascensión, el Corpus, San Fermin, Santiago, la Inmaculada y la Natividad. Eran recuperables, el día de Reyes, Viernes Santo, San Pedro, la Hispanidad, todos los Santos y San Saturnino. El 1 y 19 de abril, 2 de mayo, 1 de octubre y 20 de noviembre solo en establecimientos oficiales. Este año el 19 de marzo y el 3 de diciembre caían en domingo. El día 18, sábado, robaban tabaco en el estanco de la Estación de Autobuses por valor de 11.000 pesetas. Debido a la crisis por la que atravesaba, ocupaba el último puesto de segunda y estaba en situación económica crítica,  la Federación Navarra de Fútbol se hacía cargo de Osasuna, si bien el día 21 le ofrecía la presidencia del club al alcalde Antonio Archanco y días después se elegía a una nueva junta directiva. La plaza del Mercado Viejo conocía estos días una gran animación. En la sede de Cruz Roja se repartían prendas y juguetes a un numeroso grupo de niños necesitados. El grupo «Los pastores de Nazaret» visitaban el Hospital y la Maternidad repartiendo golosinas a los niños, además de ofrecer lo mejor de su repertorio. La Diputación Foral se hacía cargo de los servicios  de Higiene Infantil en Navarra. El Gobierno Civil se trasladaba desde el nº 1 de Paulino Caballero a su nueva sede en la plaza de Mola. Barañain mostraba su deseo de integrarse en Pamplona como una parte más de la ciudad. La central nacional sindicalista preparaba una fiesta de reyes para los hijos de parados menores de 12 años en sus locales de Educación y Descanso. El alcalde autorizaba a un grupo de cantores cantar villancicos en las calles de la ciudad en Navidad y promovía la instalación de anuncios luminosos por parte de los comerciantes y hosteleros de la ciudad.

Fotos por orden de aparición: alguna de las fotos aparecen referenciadas dentro del texto. Además,  Nº 1: Publicación informativa sobre el Seguro de Enfermedad. 1943, Nº 2: Exposición Casa Ajuria, cunas y ajuares, Años 40. «Desolvidar» Patximendiburu.blogspot.com Nº 3: Antonio Archanco, alcalde de Pamplona, Nº 4: Noticiario Cinematográfico. NODO Filmoteca Española, Nº 5: la cupletista Raquel Meyer, Nº 6: Boletín Informativo Ministerial. 1943 , Nº 7: ¨Lámina en huecograbado. Procesión en Pamplona. Años 40. Todocolección.net , Nº 8: Fermín Sanz Orrio , Nº 9: Salvoconducto de 1943, Nº 10: Estadio Ruiz de Alda. V Torneo Juvenil. 1952, Nº 11: Plaza de la Cruz con los institutos recién inaugurados. J. Cia. 1944. AMP, Nº 12: Foto de un encierro de los sanfermines de 1943. Foto J. Galle, Nº 13: Corrida del 7 de julio de 1943 con Manolete a la izquierda. Foto Zubieta y Retegui, Nº 14: Video del NODO de los sanfermines y encierros de 1943. Filmoteca Española, Nº 15: Campamento del Frente de Juventudes «Sancho el Fuerte» de Burlada. 1943, Nº 16: piscinas de San Pedro. Años 90. Revista Ezkaba,  Nº 18: Cine Novedades, Nº 19: Arriba España. 26 de octubre de 1943., Nº 20,  21, 22 y  23: Archivo Fotográfico Hospital San Juan de Dios. Marcelino Olaechea, Obispo de Pamplona, bendiciendo las nuevas instalaciones (1943); Clínica, Iglesia y Comunidad acabadas de inaugurar. Octubre 1943. Sala de partos. 1943. Fachada principal de la clínica. 1943. Nº 24: Seminario Hispanoamericano de Misioneros Dominicos de Villava, Nº 25: edificio del Beste Jira recién inaugurado. 1912, Nº 26 y Nº 27: Programa de mano del espectáculo «Noches de Paris». 1943. Nº 2828: Ediciones Juventud de acción Católica. Catálogo. 1943, Nº 29: Carnet de asociada de Juventud de acción Católica. 1943, Nº 30: Gobierno Civil en construcción. 1940-1945. Foto Zubieta y Retegui. Colección Arazuri, Nº 31: Fotografía de familia.  Foto Fernando Diaz. 1941.