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El Paseo de Valencia (1956-2006)

El Paseo de Valencia, pues asi lo conocimos durante muchas décadas y todavía sigue vivo el nombre en la mente de muchos pamploneses, es otro de esos lugares vinculados a nuestra propia historia personal. No ha cambiado tanto como otras zonas de la ciudad en estos últimos 50 años pero si buceamos en las procelosas aguas de los recuerdos veremos que tampoco esta zona ha sido ajena a los avatares del tiempo y a los cambios y transformaciones que ha sufrido la ciudad en estos años.

Recuerdo haber visto, allá, a mediados de los 60, una pequeña construcción, una especie de casetilla en la zona más cercana a la vieja Audiencia Provincial. Por aquel entonces dicha zona estaba ocupada, además por un jardín y unos grandes y frondosos  arboles, de los que desgraciadamente en la década de los 80 no quedaría ni uno, sólo una fría, larga y embaldosada parada de villavesas.De aquellos años recuerdo, también al barquillero con su cilindro de metal de color granate y su tapa giratoria, tan bonita que me parecía una corona, y que se situaba casi siempre cerca del kiosko de prensa que había  a la altura  del paso de peatones del Paseo de Valencia  a la calle San Miguel. Recuerdo igualmente el trajín del Paseo en las fiestas de San Fermín: los vendedores ambulantes, los improvisados fotógrafos con sus cámaras de cortinilla y sus caballos de madera o de verdad, que de todo había. Y como no recordar, también asociado a las fiestas Donan Pher, el singular personaje vestido como el explorador Livingstone que nos vendía (desde 1944) con su inconfundible voz y letanía (y si no fuera suficiente…además) un juego completo de boligrafos, también cerca del citado kiosko de prensa hoy desaparecido.

También asociada al Paseo tengo que citar a  la Tómbola de Caritas, casi siempre tocaba algo  y  que se viene instalando de manera ininterrumpida en el lugar desde el año 1945. También asocio al Paseo las ferias del libro antiguo que se comenzaron a instalar en este lugar desde el comienzo de los 80 hasta finales de la pasada década, osea durante casi 30 años. El Paseo ha sido escenario de grandes concentraciones y manifestaciones, espacio para el descanso o la lectura, lugar de encuentro improvisado de chicos y chicas como lo fuera en tiempos más pretéritos el «tontodromo» de Carlos III.

Como en todas las calles y plazas de nuestra ciudad no podemos hablar de un sitio sin hablar de los establecimientos y servicios ubicados en él. Así y recorriendo el Paseo desde Navas de Tolosa a Plaza del Castillo, y empezando por el lado del Casco teníamos la tienda de Chile, la Heladería Italiana, Viajes Marsans, Foto Mena, Radio Frias, la academia y copistería Politécnica, una tíenda de máquinas de coser, la Optica Javier Alforja y más allá de la iglesia de San Nicolás, un kiosko de chuches en la entrada al Rincón de san Nicolas, junto a la pared de la iglesia,  donde estuvo el Bankinter una heladería, una tienda de antiguedades, el famoso restaurante las Pocholas regentado por las hermanas Guerendiain,  viajes Iberia, una herboristería, la Heladería Nalia (1939), y la Pastelería Zucitola, entre otras. Por el otro lado del Paseo y empezando por la zona más cercana a Diputación cabría señalar el edificio del Banco de España obra de los arquitectos Astiz y Yarnoz, inaugurado en 1927, el edificio del Banco Hispano Americano y la Caja Municipal del año 1934, el edificio de Correos (de los años 20), la antigua Casa de Baños (en la fotografía siguiente de finales del 69, de Zubieta y Retegui), sustituida  a finales de los 60 por un moderno edificio de ocho o nueve plantas y para terminar una serie de edificios en la última manzana, de los cuales se conservan de la primera parte del pasado siglo tan solo el primero y el último, pues los otros son claramente posteriores en el tiempo.

Popularmente conocido como Paseo de Valencia, el origen de su nombre no hay que buscarlo en algún tipo de relación con la ciudad levantina sino que debe su nombre a un famoso procurador de la ciudad llamado Don Prudencio Valencia, natural de Bargota que vivió en el lugar allá a mediados del siglo XIX. Como sabemos por otras entradas, algunos lugares de la ciudad deben su nombre a la persona o personas renombradas que habitaron en ellos. Y este es un caso paradigmático. Es a partir de 1853, cuando el Paseo deja de ser una parte de la Taconera y adquiere personalidad urbanística propia,  cuando oficialmente se le empieza a conocer como Paseo de Valencia. Si bien no hubo en aquellos años una decisión oficial, si que existía un informe municipal que avalaba la denominación popular y así se mantuvo tal denominación como «oficial»  hasta mayo de 1903, fecha en que se  cambia la denominación de la zona y se le conoce como  Boulevard de Sarasate hasta que en el año 1925 pasa a denominarse, por fin,  Paseo de Sarasate. Posteriormente, en 1974,   y durante apenas 5 meses, de mayo a  octubre, vuelve a llamarse Paseo de Valencia para volver a ser Paseo de Sarasate hasta nuestros días. Por cierto en la temprana fecha de 1885 se compraron seis estatuas sobrantes del Palacio Real de Madrid y se instalaron en el Paseo, siendo sustituidas algunas de ellas en diciembre de 1972 por figuras de reyes navarros.

Los hitos urbanísticos más importantes del Paseo los podemos encontrar en la construcción de la Audiencia Provincial, terminada en el año 1898, obra de Julián Arteaga que la pasada década se convirtió en la sede del Parlamento de Navarra (en la foto vemos las obras de reforma), la construcción del Monumento a los Fueros, terminado  en 1903, sin inaugurar todavía y erigido después de la Gamazada del año 1893,  con fondos procedentes de una suscripción popular, la instalación de la estación de pasajeros del Irati en 1911, su supresión en 1930 (se trasladaría a la Zona de Taconera-Rincón de la Aduana), asi como de sus vías en 1946. Junto a estos hitos señalaríamos también la farola ornamental a la que aludíamos en la anterior entrada de la Plaza de la Argentina y que había estado antes en la zona más cercana a Diputación entre 1929 y 1958 asi como la reforma del Paseo de 1956, en la que se reubican las estatuas y se coloca el embaldosado que ha caracterizado al Paseo durante las últimas décadas. El Paseo ha sido, posteriormente,  objeto de diversas reparaciones, sustituciones del mobiliario y nuevas urbanizaciones y reurbanizaciones a lo largo de todas estas décadas, la última de ellas hace escasamente un par de años. La muerte de los viejos olmos centenarios del Paseo, en la década de los 80, (se talaron la mayoría en 1988), supuso una sensible pérdida para su imagen, si bien el tiempo ha ido curando esa imagen despoblada a medida que han ido creciendo las nuevas especies vegetales implantadas.

Otro aspecto que ha dibujado la historia del Paseo a lo largo del tiempo han sido sus edificios civiles. Entre los edificios que se derribaron en el período que abarca de manera preferente este blog (a partir de los años 50 y 60), destacamos el de la Casa Alzugaray,  que albergó a primeros de siglo el Gobierno Civil de Navarra. (Ver fotografía adjunta de Jose Gallo de 1965). Esta casa, situada al final del Paseo,  en la zona más cercana  a la Audiencia sería derribada y sustituida por el moderno edificio donde durante años estuvo el Banco Atlántico y ahora el Banco Sabadell. En 1968 se derribaba la casa de Navasal, (vease la fotografía posterior de Martin Sarobe de 1968) siendo sustituida por el moderno edificio en cuyos bajos comerciales está desde hace tiempo  la optica de Javier Alforja y hasta hace no demasiado tiempo la zapatería Venecia de la familia Erviti.Y en octubre de 1969 se ponía fin a un siglo largo de servicio a la ciudad de  la Vieja Casa de Baños, de la que hablaba en la última entrada del blog. En estos tres casos y sobre todo y especialmente en los de las casas de Navasal y Alzugaray resulta incomprensible, con los ojos de ahora, ver semejantes edificios, autenticas aberraciones urbanísticas,  que atentan contra el patrimonio visual y arquitectónico de la ciudad  pues nada tenían que ver con el estilo del conjunto histórico edificado. En los últimos 30 años se han sustituido algunos otros bloques de viviendas de la zona que linda con el Casco por otras nuevas construcciones, pero estas si que se han hecho con unos mínimos criterios de integración y coherencia con el entorno.

Fotos:Casa de Baños de Zubieta y Retegui (1969), Casa Alzugaray de Jose Gallo (1965) y derribo de la Casa  Navasal de Martin Sarobe (1968), del libro Pamplona, Calles y Barrios, de J.J. Arazuri