Comercios del Viejo Pamplona: Impermeables «El Búfalo» (1926-2007)

Voy a hablar, en esta ocasión, de un comercio singular que formó parte del paisaje urbano de Pamplona durante más de 70 años. De hecho su nombre transcendió el ámbito local  y fue una de las marcas textiles del norte de España en la postguerra, y aun después, como lo serían las boinas de Elosegui de Tolosa. Quien que no tenga cierta edad no recuerda aquel rótulo publicitario luminoso sobre uno de los tejados de los edificios de la parte este de la plaza del Castillo.  En otra entrada del blog, la de «los bares del viejo pamplona» se puede observar esa fotografía. La gabardina fue además, una prenda muy asociada en España y en el mundo  a aquellas décadas de finales de los 40, 50 y parte de los 60. En cuantas películas de aquellos años vimos a sus protagonistas enfundados en sus largas gabardinas, desde la mítica Casablanca a tantas cintas del género negro. Dice, Juan Liceras, hijo del fundador,  en una entrevista al Diario Vasco en el año 2006 que la primera fábrica de gabardinas «El Búfalo» se abrió el 1 de agosto de 1941 en la calle Misericordia de San Sebastián. Allí debieron tener durante  algún tiempo alguna  fábrica y  alguna  de sus primeras tiendas de la capital donostiarra aunque la más conocida fue siempre y hasta su cierre la de la calle Garibay, nº 6, donde ocupaban la planta baja, con tienda y taller  que se prolongaba en la primera planta del edificio y en donde trabajaban mayoritariamente mujeres aunque, como se puede ver en las fotos también trabajaban  algunos hombres.

Sin embargo tras una meticulosa  investigación realizada por mi estos últimos días puedo  situar el origen del negocio en una fecha muy anterior. Concretamente fue el 17 de julio de 1926 cuando se inauguró la primera fábrica y despacho en el nº 3 de la calle Peña y Goñí, posteriormente en 1930 se abrió una sucursal y exposición en el número 28 de la calle Avenida y más adelante en el nº 2 de la calle Oquendo donde se instaló la sede central. Se mantuvo esta primera factoría de Peña y  Goñi hasta 1968, tras un breve cierre y una reapertura posterior que tuvo lugar  el 10 de marzo de 1935. Demuestran este más temprano origen que el mencionado en el citado rotativo vasco otra valiosa documentación que he ido encontrando: un corto de animación comercial de 1934 dirigido por Josep Serra y Massana que decía «Llega el mal tiempo y unos ángeles mandan grandes cantidades de lluvia y viento, pero lo mejor para soportarlo son los impermeables El Búfalo»; una carta comercial de la fábrica a un proveedor de Molina de Aragón, fechada en abril de 1930,   protestando por la deficiente calidad de las  pieles remitidas  en su último envío, una  publicidad comercial de 1929 y un curioso sobre comercial datado en 1927 con la publicidad de la empresa. Adjunto fotos de estos dos últimos documentos.

Eran propietarios de «Impermeables el Búfalo», Simón Liceras, natural de  Riaza (Segovia)  y su socio el señor Gómez que pocos años después abriría «Impermeables El Gamo» en el cruce de las calles Bergara y la Avenida de la Libertadde la que también adjunto una fotografía. Tras la fábrica y  tiendas de Donosti se abrieron sucursales en los años 30 en Bilbao (Gran Vía, 6 y posteriormente en Correo, 15) y en Pamplona (General Moriones, 6), tal y como aparece en la publicidad adjunta de la izquierda. Recordemos que esta calle cambió su denominación en 1937, pasando, a partir de ese año a llamarse calle Pozoblanco. Para 1941, fecha de otra de otra de las publicidades de esta entrada, la de la derecha, ya se había abierto la tienda de Vitoria (Postas, 25) y contaba, según esa misma información,  con una fábrica de tejidos impermeabilizados en Cornella de Llobregat (Barcelona). En los años 50 se abrió otra tienda en la calle Vitoria (nº 5) de Burgos (de la que también adjunto una fotografía, al final de la entrada)  y poco más tarde la de Irún (Paseo de Colón, 10-12). La  fábrica de gabardinas e impermeables El Búfalo no surtía al exterior, fabricaba y vendía  tan solo en sus propias  tiendas. ¿Qué fabricaba y vendía El Bufalo?:  gabardinas, trincheras, gabanes de cuero, capas, chaquetas para motoristas y ciclistas, canadienses, chaquetas de gamuza, impermeables de fantasía y de todo tipo y para todo tipo de oficios: militares, ferroviarios, carteros, cobradores de banco, serenos y guardias municipales, etc, todas ellas prendas  impermeables. Suyos eran el patronaje, el corte, la confección, pero  muchas prendas se realizaban  fuera de las instalaciones de  la  fábrica. Las telas se transportaban en grandes cestas, repartiéndose luego, en furgonetas. Tenían, por aquel entonces,  un montón de  talleres subcontratados, porque estaban en plena expansión y no daban abasto.

Tras la muerte de Simón Liceras el negocio pasó a manos de su viuda y posteriormente de su hijo Juan.  Con el paso de los años y los cambios  en  las modas, usos y costumbres, las prendas largas y contra la lluvia (gabardinas, gabanes, etc) fueron  desapareciendo, y hubo que especializarse en ropa contra el frio. Se fueron cerrando progresivamente sus diferentes  tiendas hasta el año 2007 año en que se jubiló Juan Liceras y se se cerraron las dos últimas tiendas existentes, la de Pamplona en la calle Pozoblanco (de la cual ofrezco dos  instantáneas, una del exterior y otra del interior de la tienda,  junto a este párrafo)  y la de San Sebastián de la calle Garibay. Así se cerraba un negocio que seguramente perdura en la memoria de muchos y que había durado nada menos que 81 años.

Fotos, por orden de aparición: Foto nº1: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 2: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1949) CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Colección Fotocar, Vicente Martín.  Foto nº 3: carta publicitaria de «Impermeables El Búfalo» datada el 23 de abril de 1927, Foto nº 4: publicidad comercial de la fábrica de impermeables y trincheras «El Búfalo» (1929) , Foto nº 5: publicidad comercial de la Casa de Impermeables «El Búfalo». (Años 30), Foto nº 6:  publicidad comercial de «El Búfalo» con ocasión de la feria de Muestras de Zaragoza (Mayo de 1941), Fotos nº 7 y 8: exterior e interior de la  tienda de «El Búfalo» en el nº 6 de la calle Pozoblanco. (2005). Javier Muru. Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona, Foto nº 9:  fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1946). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.  Foto nº 10: tienda de «El Búfalo» en la calle Vitoria de Burgos (años 50). Foursquare . Burgos en el recuerdo, Foto nº 11: fábrica y tienda de impermeables «El Gamo» en San Sebastián, (1944). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 12.  Grupo de empleadas en el interior de la tienda de El Búfalo (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 13: interior de la fábrica de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. , Foto nº 14: empleados en el interior del taller o fábrica de impermeables El Búfalo (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.

Comercios del Viejo Pamplona: Elizburu (1900-2020)

Hace un par de meses cerraba por jubilación otro comercio centenario, fundado hace  120 años. Se trata de la tienda Elizburu, la mayor parte de su historia en el número 7 de la Calle Chapitela. Inicialmente la tienda taller no estaba en la calle Chapitela sino a la vuelta, en el nº 10 de la calle Mercaderes, donde posteriormente estuvo la heladería de Gonzalo Sola y hasta hace muy  poco tiempo  la bisutería de Ana García. En cualquier caso, la fecha que se marca como de inicio del negocio es la de 1900 y ya para 1905 podíamos encontrar a José María Elizburu en su actual ubicación,  con el oficio de grabador de rótulos. En los años 20 incorporaba  a su trabajo de grabador la venta de otro tipo de  artículos, recogidos bajo el nombre de objetos artísticos. El caso es que, casi siempre, han  tenido la misma ocupación: elaboración de sellos de caucho y rótulos, grabación de todo tipo de placas, artículos de escritura (plumas estilográficas, etc) y más tardíamente artículos de fumador.

En los registros catastrales aparece, no obstante, en 1888 un tal Fermín Elizburu, éste parece ser que era un hermano de José María Elizburu, fundador de la tienda de Chapitela  y abuelo de los actuales regidores, que tuvo, durante un breve período de tiempo, un taller de grabación de metales en el nº 18 de la calle Mayor. Fermín, junto con su hermano José María,  parece que, en aquellos años  de finales del siglo XIX, emigraron a  América, volviendo, al poco tiempo, José María,  mientras se quedaba en las Américas su hermano Fermín. Tres generaciones consecutivas de la misma familia han regido los destinos de este centenario establecimiento: al fundador, José María Elizburu, le seguirían, posteriormente sus hijos José María y Román Elizburu Mendióroz. Román tomaría otro camino comercial fuera del negocio familiar. José María Elizburu, hijo, se incorporaría a la tienda en torno  a los primeros años 40. A este le seguirían sus hijos José María y Fernando que se incorporaron a la tienda entre finales de los 60 y primeros 70 y que han continuado  hasta nuestros días, más de medio siglo continuado de dedicación a este oficio que inicialmente tenía mucho de artesanal y que nunca ha perdido ese sabor de los negocios ubicados en el Casco Antiguo. Una vez más la falta de relevo generacional  trunca el devenir de otro negocio centenario del Casco Antiguo.

Fotos: Nº 1: Foto postal de la tienda cedida por la familia Elizburu (sin datar). Nº 2: tienda y taller de grabación de  Elizburu. 1952. Jose Galle. Archivo General de Navarra

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Casla (1905-2002)

En esta entrada hablaré sobre Casa Casla, otro establecimiento icónico y emblemático donde los haya en Pamplona. ¿Quien no se acuerda de los famosos chorizos de cartón que colgaron de sus balcones durante décadas?. En 1905 José Casla inaugura su conocido ultramarinos que permanecería abierto hasta el año 2002. José Casla, originario del pueblo La Nava de Castilnovo (Segovia) era hermano de Gregorio Casla que regentaría, igualmente,  diversos establecimientos del mismo ramo en Donostia, el más famoso, la llamada Charcutería Francesa. Fue en los años 40 cuando a José Casla se le ocurrió adornar la fachada de su establecimiento y del primer piso con decenas de chorizos de El Pamplonica. Al parecer Casla era amigo de los Villanueva que por aquel entonces tenían la fábrica de chorizos en la calle Mayor y uno de cuyos hermanos fundó «Chorizos El Pamplonica». Fue una magnífica acción publicitaria que como se ve tuvo mucha más trascendencia de la que preveía su promotor. Los chorizos nunca fueron de verdad, primero fueron de madera y posteriormente de cartón, aunque más de un incauto se creyese lo contrario. En la segunda y tercera década del siglo XX aparecen numerosos anuncios del establecimiento en la prensa local: “José Casla, comestibles, vinos y licores”.  O “José Casla. Primera casa en productos alimenticios. Licores y vinos de postre. Cafés bien tostados todos los días. Chocolate Martín el mejor del mundo, reconocido por las personas de buen gusto. Servicio rápido a domicilio”. Se anunciaban como la primera tienda de Pamplona de ultramarinos finos, tal y como aparece en el rótulo de la fachada.

A José Casla le sucedió en el negocio su hija Marichu que se casó con Alejandro Zabalza, con el que tuvo nada menos que 10  hijos. Todos nacieron en el edificio. En los últimas décadas de su historia una de las caras más visibles de la tienda, además de la de su madre Marichu y de alguna de sus hermanas era la de Alejandro Zabalza Casla, «Guchin», el 5º de los hermanos, coincidiendo, así, la segunda y tercera generación del negocio. Aprovechando la rehabilitación del edificio en el año 2002, la familia decidió cerrar el comercio y Alejandro entró a trabajar en una empresa de jardinería local  que se encargaba entonces del mantenimiento de los jardines de la ciudad, y lo hizo hasta que se lo permitió la enfermedad,  falleciendo en el 26 de agosto de 2012, a los 57 años de edad, apenas una semana después que su madre Maritxu. Alejandro Zabalza Casla fue un personaje muy popular en la ciudad: sanferminero de pro, dantzari de Ortzadar y del grupo municipal de danzas, además de txistulari, atabalero, miembro de la Corte de San Fermín, de la Cofradía de la Dolorosa y la Hermandad de la Pasión del Señor, y buen amante de la montaña, la bicicleta y la pelota. Casa Casla, es otro de los emblemáticos establecimientos que perduran en nuestro recuerdo.

El Asilo del Niño Jesús, un precedente de las actuales guarderías y escuelas infantiles

Me remitió esta foto para la sección «Participa en el blog», Miguel Angel Dominguez hace un par de años, y junto a ella daba las siguientes notas sobre la citada fotografía personal: «Entre los años 50 al 58 según creo, las monjas del convento que está en la plaza de los ajos, (el convento de las Agustinas Recoletas), tuvieron abierta  una  guardería.  Estos son los niños que íbamos a ella en el año 1956 o 57, no sé exactamente  en qué año está realizada la foto, pero calculo que sería de esa época. La fotografía de la clase que está plasmada en el apartado «Recuerdos» (Nota del autor el blog: imagino que se refiere a la entrada del blog que tiene por título «Escuelas, cantinas y colonias») es parecida a la que íbamos nosotros, también teníamos un comedor muy parecido al que está fotografiado en  dicha entrada donde nos daban la comida. Salíamos al recreo a la plaza de los ajos, excepto cuando nevaba mucho que  entonces nos bajaban a la carbonera a jugar. También a la entrada de la guardería  había un mostrador donde vendían  caramelos. La foto está tomada en los jardines de la Taconera». 

En realidad, la historia sobre esa presunta guardería es mucho más compleja. La citada guardería era el Asilo Cuna del Niño Jesús.  El nombre de Asilo del Niño Jesús puede confundir a más de uno pues, en realidad,  no era un asilo donde hubiese niños abandonados sino que  era más una guardería o escuela de párvulos que otra cosa. El origen de esta institución tiene que ver en las necesidades de las primeras mujeres trabajadoras de la ciudad que tenían la necesidad de dejar durante algún tiempo del día sus hijos bajo la vigilancia y protección  de cuidadoras. El elevado número  de lavanderas  existente a finales del siglo XIX en Pamplona fue  uno de los motivos para que se crease  el Asilo-Cuna del Niño Jesús.   El «Asilo del Niño Jesús»,  fue inaugurado el 16 de julio de 1886. Dependía de la caridad privada aunque contaba con  ayuda municipal que había cedido un local en la Rochapea. En 1909 en la Junta de Administración  del Asilo figuraban el Obispo, el Alcalde, los Párrocos de San Lorenzo, San Saturnino y San Nicolás, dos vecinos por cada parroquia además de los seis componentes de la primera Junta de la institución. Dada la enorme demanda se empezó a buscar un local más grande.  Los  Marqueses de Cubas cedieron una casa  en la Plaza de las Recoletas a donde se trasladó el Asilo el 19 de julio de 1889. Este edificio fue vendido en 1905 por los citados Marqueses   a don Eustaquio Olaso  quien lo cedió en 1908 al Obispado.   Inicialmente el centro estuvo regido por las Siervas de María y, posteriormente, por  las Hijas de San Vicente de Paúl. En 1903 había 320 niños a cargo de cuatro o cinco Siervas de María. En  1940  se alimentaba a   150 niños «y recibían educación gratuita unos 500». Poco a poco se fue convirtiendo en una escuela de párvulos. Así pues, este Asilo Cuna constituye, como he dicho  un  precedente histórico de las actuales guarderías o escuelas infantiles.

Fotos: Nº 1: foto cedida por Miguel Angel Domínguez Arbeloa (1957). Nº 2: Asilo del Niño Jesús. José Luis Zuñiga. Enero 1977. AMP.

Tembló Pamplona. Repaso a los principales movimientos sísmicos de la capital. (1903-2020)

Actualizo esta entrada que escribí hace 5 años, dada la cercanía de lo que se ha dado en llamar un «enjambre sísmico» esta semana, es decir la ocurrencia de un conjunto de eventos sísmicos en un área específica durante un periodo de tiempo relativamente corto; concretamente desde el 19 de agosto de este año hasta hoy se han producido más de  300 movimientos sísmicos de diferente intensidad en la zona de Lizoáin, Arriasgoiti y el valle de Egüés. Esta misma semana,  en la noche del 30 de septiembre al 1 de octubre,  se produjeron 40 seismos,  dos de  ellos superiores a 4 grados en la Escala de Ritcher. El de las 00.02 con una intensidad de 4,6 y el de la 2,22 con una intensidad de 4,4. En el primero estaba levantado frente al ordenador, duro unos cinco segundos y fue claramente perceptible el meneo de la casa y el tintineo de armarios y vajillas. El segundo me pilló durmiendo y me despertó de improviso, dejándome, todo hay que decirlo, muy mal cuerpo.  Y es que los despertares repentinos no son nada buenos. Este artículo completa la información del escrito en 2015 con muchos más datos y recoge, además,  lo publicado en 2017 con motivo de otro terremoto cercano acaecido en la localidad de Olave, en el que recordaba el terremoto de Arette, fusionando, las dos entradas en esta  monográfica.

Así pues, en este post,   repaso los principales movimientos sísmicos que hemos vivido en Pamplona  en los últimos 117 años. Ya he mencionado el último de hace tres días. Empezaré echando mano de mis recuerdos personales. El primer terremoto del que tengo recuerdo en mi vida se produjo el del 22 de mayo de 1982. Fue de noche, a eso de las 6,30 de la mañana. Estábamos durmiendo y se sintió primero un ruido fuerte y enseguida la casa empezó a temblar, la cama, el piso… duró mucho tiempo, tal vez 10 o 15 segundos, el tiempo suficiente para saltar del catre y aun sentir el temblor. Sabíamos que había habido algún temblor fuerte antes, el 13 de agosto de 1967, como consecuencia del terremoto acaecido en Arette, en el sur de Francia. Dicen que tuvo una intensidad de  5,7 en la escala de Ritcher. Se sintió a las 23 horas 8 minutos y 30 segundos. Fue muy largo, de 20 a 30 segundos,  y su epicentro bastante profundo. El terremoto de Arette tuvo un amplio radio de acción, más de 150.000 km2, llegándose a sentir con mayor o menor intensidad en  todo el sur de Francia y en el norte de España. En España se propagó desde  Asturias por el oeste  hasta Cataluña por el este, y hacia el sur llegó a sentirse  hasta Valencia. Sólo hubo un muerto, una anciana de 80 años que se encontraba durmiendo, pero hubo centenares de heridos y 62 municipios fueron declarados zona catastrófica, con 2.300 edificios seriamente dañados, 350 de los cuales quedaron irreparables y hubieron de ser derribados. Arette quedó afectada en un 95%. Pero no lo sentimos porque no estábamos en Pamplona esos días sino de vacaciones en casa de los abuelos, a 300 km de distancia; Así es que el de mayo de 1982 fue mi primer gran terremoto, con  4,5 en la escala de Ritcher. Dice el mayor experto en estos temas, Antonio Aretxabaleta,  que por la duración del seismo  y la perpetuación en la memoria colectiva el terremoto de mayo de 1982 tiene puntos de contacto con el histórico de 1903 aunque el de los años 80 fuese de menor intensidad.

Como es habitual, tras el gran seismo,  se sintieron algunas otras réplicas ese día (a las 6,38 y 8,00 de la mañana) y durante los siguientes días. El epicentro de este primer gran terremoto que vivía en mi vida estaba en Legarda. Dicen que en Barañain las torres más altas se balancearon siete centímetros. Fue aquella una sensación realmente nueva y angustiosa, esa de que te tiemble la cama, parece que te falle el firme del piso, tintineando las copas del mueble del cuarto de estar. Vamos, que en esas circunstancias te sientes absolutamente a merced de los elementos. Reproduzco al inicio de la entrada la primera página del rotativo «Navarra Hoy» que recogía, al día siguiente, el hecho. Justo un mes más tarde, el 22 de junio, sentimos el segundo gran terremoto de nuestras vidas. La hora: las 9 de la noche. Estábamos en la cocina. Fue una sacudida seca y brusca pero muy potente, hasta el punto de que, por primera vez, algunos vecinos bajamos a la calle, asustados, a comentar el hecho. Según fuentes oficiales la intensidad fue de 4,4, aunque la prensa nacional (El País) y los sismólogos franceses hablaban de 5, con epicentro en Ollo). Hubo caída de algunos cascotes en algunos pueblos y cundió el miedo, casi la histeria, entre algunos vecinos de los pisos altos de la capital. Los datos sobre la intensidad de los seismos no son siempre coincidentes: varía a menudo lo aparecido en prensa con los datos de los sismólogos españoles que a veces, insisto, tampoco coinciden con los de los franceses. La crisis sísmica del 82 fue una de las más importantes de nuestra reciente historia aunque no la única.  Los movimientos se dejaron sentir además de Ollo y Legarda, que fueron  los más potentes, en otras localidades como Erice, Huarte Araquil, Arbizu, Gazolaz, Echarren de Guirguillano y Salinas.

Mirando hacia atrás en el tiempo, hubo en Pamplona otros  terremotos, tal vez igual o más importantes, aunque no existían los sistemas de medición tan exactos que hay actualmente. Uno de los  mayores seismos que se recuerdan, como he dicho,   fue probablemente el de 1903 (vemos una foto de la ciudad de aquella época), con una intensidad V-VI, en la escala de Mercalli, 5,5 en la escala de Ritcher. quizás fuese el más importante desde 1755. Tuvo epicentro en el oeste de  Badostain y Pamplona tembló durante un período de casi tres horas de manera intermitente con picos de 4,7-5,5 grados. El hecho fue recogido por la prensa local de aquel tiempo. También hubo seísmos de cierta intensidad en 1918 (con epicentro en Garralda, 4,5) y en 1934, 1952,  (con epicentro en Elizondo y una intensidad de 4) y  1956 (Aoiz, intensidad de 4,1). Tras la crisis sísmica de 1982 el siguiente gran terremoto se sintió el 25 de febrero de 1996, con epicentro en Gazolaz  (tuvo 4,0 de intensidad). Luego vino, uno de los más fuertes. Fue el 27 de octubre de 1998, aquel temblor fue  muy corto pero muy intenso, con 5,2 en la escala de Ritcher y epicentro en Lizarraga. Se produjo por la noche, a eso de las 9 o  10 de la noche. Nos pilló viendo la televisión en una de las estancias interiores de la casa. Más tarde vendría otro, de 4,5 el 18 de septiembre de 2004, con epicentro en Lizoain y unos días más tarde, y con intensidad menor (4,0), el día 30 de septiembre  en Nagore. Ambos seismos los franceses los catalogaron como de 5,3 y 5,2 aunque en Pamplona desde luego, puedo dar fe que no se percibieron con esa intensidad. Por el contrario el SISNA español no cataloga ninguno de los seismos acaecidos en Navarra en los últimos 50 años por encima de 5. En los años 2008 y 2009 hubo una serie de pequeños seismos en las cercanías del pantano de Itoiz, que se achacaron, según algunos sectores, al llenado del embalse y los consiguientes fenómenos de asentamiento del terreno. En el año 2013 hubo una serie sísmica muy prolongada. A 28 de abril se contabilizaban más de 300 seismos, la mayoría de poca intensidad y cercanos a la zona del Perdón,  (que vemos en la foto de la izquierda, junto a este párrafo),  salvo dos que superaron los 4,0 el 23 de marzo (ese lo sentí, fue a media tarde, mi madre aun vivía,  aunque le faltaban apenas dos semanas para morir, su epicentro en estaba en Echauri) y el 20 de abril de 4,1 con epicentro en Salinas. De ese ciclo de seismos adjunto la foto del geólogo, Antonio Aretxabaleta,  sobre los desprendimientos del Monte Ezkidi o Peña de Añezcar, en esos días,  y que aparecía en su blog.

El 10 de marzo de 2017 a las 8 menos cuarto de la mañana sufrimos un fuerte terremoto de 4,2 en la escala de Ritcher con epicentro en Oricain, uno de los más fuertes que se había vivido desde 2004; me acababa de levantar y estaba preparándome el desayuno antes de irme  a trabajar. Fue un movimiento corto pero muy intenso, la cristalería del mueble del cuarto de estar tintineaba;  en las horas y días siguientes se sucedieron las réplicas, aunque con menor intensidad. Desde entonces vivíamos una temporada de  tranquilidad hasta finales de agosto de este año en que comenzaron los terremotos en Lizoain y el valle de Egues con cinco seismos por encima de 3. Se pueden contabilizar más de 70 seismos por encima de los 3 grados desde 1903 hasta nuestros días. Salvo el temblor sentido por el terremoto de Arette, en el valle de Baretous, la mayoría de los terremotos que hemos sentido en Pamplona tienen como origen una falla local que atraviesa toda la cuenca. La otra falla importante, además de la de la Cuenca, es la norpirenaica.

Fotos de Arette: Centre Pyrénéen des Risques Majeurs. 1967

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Torrens (1919-2020)

A finales de junio de este año cerraba otro establecimiento centenario: Casa Torrens, un establecimiento que se había hecho, con todo merecimiento, un nombre en el mundo de las tiendas delicatessen de la ciudad. Nicasio Torrens, abuelo de la última generación de la familia, en regentar la tienda compró el local a Doroteo Barceló al filo de los años 20, quien había inaugurado a primeros del siglo en el lugar  una abacería, esto es,  una tienda o almacén donde se vendía,  al por menor, aceite, vinagre, aguardiente, bacalao, legumbres secas, etc. Además vendía otros alimentos y productos: jabón, vino, alpargatas, clavos o medias etc. El suelo era de tierra y en la puerta había unas argollas para atar a los burros que se cargaban con los fardos de la compra. En 1930 ya aparece bajo la clasificación más popular de  ultramarinos. Salvo un breve período durante la guerra, la tienda siempre estuvo en activo y en manos de la familia.

Torrens disponía en los años 20 de una propiedad en la Magdalena: una finca, con casa, huerta y terreno de cereal, además de algún ganado vacuno, de los que, en parte,  se nutría  la tienda. Otra parte la vendía en el Mercado.  A Nicasio Torrens le sucedió su hijo Jesús que fue quien reformó totalmente la tienda   y amplió la gama de productos, sobre todo productos locales y regionales. Fue además uno de primeros en traer a Pamplona una cámara frigorífica. Tras Jesús, que falleció a los 95 años, se hizo cargo del negocio su hijo Jesús Mari Torrens Alzu quien junto a su esposa, Trinidad Ancizu,  dirigió la tienda durante más de 40 años, desde 1967 hasta el año 2012, fecha en la que Jesús Mari se jubiló.

Planeó, entonces, el cierre de la casi centenaria tienda pero se dió la circunstancia de que cogieron en traspaso el negocio Iranzu Iriarte y Carmela Catalán, dos trabajadoras de comercio, habían trabajado en el Taberna de enfrente,  y que tenían una amplia trayectoria y experiencia en el trato al público y además se encontraban, entonces, en el paro. Trini Ancizu les guió y acompañó durante el primer año hasta que se hicieron plenamente con las riendas del negocio. Durante todos estos años Casa Torrens ha ofrecido una amplia selección de los mejores productos de alimentación: verdura y frutas de la huerta navarra, legumbres, quesos de pastor, ibéricos, arroces, patés, hongos y setas, conservas, etc, vinos, licores etc convirtiéndose en un referente en el ámbito de los productos gourmet y delicatesen. Hasta este año de pandemia en que lo ha trastocado todo y Carmela e Iranzu decidieron cerrar la persiana. Una pena.

Las salas de fiesta y discotecas del viejo Pamplona (1960-1985)

Actualizo esta entrada del blog que publiqué en el año 2013, con más datos que me han ido llegando y material gráfico que me han prestado recientemente. «Fue en los fines de los 60 y primeros 70  cuando comenzaron a proliferar las llamadas «boites» y «discotheques» en nuestra, hasta entonces, provinciana y hasta cierto punto mogijata ciudad. Hasta el final de la década de los 60 se celebraban festivales de música para jóvenes con conjuntos locales en lugares como los cines Aitor y Guelbenzu de Carmelo Echavarren, o el Teatro Gayarre, y en algunos otros espacios de la ciudad, como el Frontón Labrit, con sus fiestas de juventud (alguna acabó en pelea), además de en los salones de los colegios e institutos masculinos: Ximenez, Maristas, Jesuitas, Capuchinos o femeninos: Dominicas, Ursulinas, Santo Angel, Sagrado Corazón, también en otros lugares como el Casino Eslava, los bajos del Olimpia (hasta que lo derribaron en 1963) o el Carlos III luego, etc. Locales  más pequeños que las discotecas donde se iba escuchar música y a bailar fueron, en aquellos tiempos, el Bearin de la plaza del Castillo que ya funcionaba como «boite» allá por los años 60, la minidiscoteca «Disco Club 29» en la calle Navarrería con lo último en música moderna, impulsada por Fernando Saez y Javier Oses, la cava de Portales en la calle Recoletas, el subterráneo Viana Club de Jarauta, el antiguo Catachú o Tkikia en aquellos tiempos  en la calle  Lindachiquia, nº 16 que de la mano de Josetxo Iturralde y sobre todo de Abel y María Jesús, lo harían funcionar como una sala de fiestas, entre 1965 y principios de los 70, el Yellow Club en San Francisco, 24, etc. De aquella época poco puedo hablar si no es por referencia de otras personas que la conocieron y por algunos testimonios de seguidores de este blog que me han  ido señalado las lagunas de la entrada original.

Fue a partir de los 16 años, cuando comenzamos a frecuentar con cierta regularidad las salas de fiestas y discotecas de nuestra ciudad. Algún año antes, allá por el año 1978 o 79, creo recordar, que hicimos alguna incursión en lo que se llamaba el Guacatxiki, una sala anexa al Guacamayo pero para público bastante más joven. Las sesiones eran de tarde en vez de noche. El Guacamayo, situado en la calle Abejeras, se inauguró en torno al año 1969. Fue una de las primeras discotecas de la ciudad. Además de la música comercial típica de las discotecas se destacaba por albergar de vez en cuando actuaciones en directo de grupos locales y nacionales. Fue la primera discoteca que puso go-gos y sus djs  tenían muchas horas de vuelo. Posteriormente el antiguo Guacamayo y locales anexos se conocerían con el nombre de Sector, ONB y By Bye. Posteriormente, en torno al año 1980,  acudimos al Gure Kayola, en la cercana localidad de Sarasa. Creo que se había abierto dos o tres años antes. Ponían autobuses a partir de media tarde, a las seis o seis y media tarde; se cogían, creo, que en las paradas de autobuses de los Tres Reyes y te llevaban directamente a la discoteca. Volvías, igualmente, en autobús a Pamplona, y llegabas a casa no más tarde de las las diez. El limite razonable en aquellos años y para nuestras edades estaba en la última villavesa. Por supuesto había excepciones como las fiestas del barrio o los sanfermines en los que el horario se alargaba hasta las 2 o 3 de la mañana. En el Gure Kayola había un ambiente más rockero que en otras discotecas, mucha chupa de cuero, con música muy cañera, que era la que sonaba por aquel entonces en las radios. Te cobraban la entrada a la salida. Curioso procedimiento este el de cobrar a la salida, antes de regresar en el autobús.

Alguna vez fuimos a la Casa de la Juventud pero aquel ambiente no nos satisfizo en absoluto. Cansados un tanto de los viajes al Gure y tal vez de su ambiente, pues íbamos dejando atrás la  adolescencia y nos íbamos haciendo jóvenes «más maduros» empezamos a frecuentar alguna sala de fiesta con un ambiente más relajado y tranquilo como era la del Club Natación. Por lo general íbamos al cine los sábados y a la sala de fiesta o discoteca, los domingos. Íbamos sobre las 7 de la tarde. Recuerdo que en el «Club» había tres espacios de baile, dos espacios flanqueando la zona de actuación de la orquesta y una sala amplia de forma rectangular al final de la cual se encontraba una de las barras. Se iniciaba la sesión con música disco del momento para dar paso luego a la orquesta titular de la sala, la Orquesta Nueva Etapa y su cantante Adelaida y posteriormente acabar nuevamente con música disco. Otros componentes de la orquesta en aquel tiempo eran Jesús Ustariz, al teclado, Jose Miguel Marín «Chivino», batería, Pedro Tres, voz y guitarra, Jesús Mari Navarro «Pulmones» a la trompeta, Angel Urdaniz «Basiano», etc. La orquesta Nueva Etapa se había formado de una escisión de la orquesta Amanecer en 1972 y la sustituyeron como orquesta titular del «Club». Inicialmente la integraron los cinco componentes de aquella  orquesta junto a Jesús Ustariz y Xabier Elizalde que procedían de la orquesta Noche y Día. En 1973 entró Adelaida Arostegui. En 1981 costaba la entrada al Club unas 225 pesetas (lejos de las 35 pts de 1965 o de las 80 de 1968, bueno eso para los caballeros, las «señoritas» pagaban la mitad, 40 pesetas). Creo que la paga en mi caso era entonces de unas 1.000 pesetas. Similar ambiente aunque menos acogedor tenía el Club Deportivo Amaya, que yo no frecuenté. Tenía una sala cubierta enorme al final de la cual estaba el escenario y en el lado opuesto la zona de la barra. Había villavesas desde la plaza del General Mola. Creo que estuve una sola vez cuando celebramos la fiesta del instituto en marzo de 1981. La orquesta titular de la Ciudad Deportiva Amaya eran Los Clan. Algunos años antes los Clan (José Miguel Huarte «Pacha», al teclado, Miguel Angel Echeverría «Bolo» al trombón, Ramón García, a la trompeta, etc) tocaban jazz en el Cavas Club, inaugurada en junio de 1967 como sala de fiestas-discoteca, con música por la tarde y sala de fiestas por la noche en la Bajada de Labrit.
También acudíamos en aquellos primeros años 80 al Young Play, en la calle Monasterio de Velate, una de las discotecas más famosas de la ciudad y que vemos, por dentro y por fuera en alguna de las fotografías adjuntas. Recuerdo su fachada verde brillante y su interior también de tonos verdes, la pista circular en el centro, las sillas de madera, el suelo enmoquetado, sus columnas y sus espejos, tal y como vemos en la fotografía inferior. Se había inaugurado en febrero de 1970 y se cerraría con ese nombre en 1985 para dejar paso al Reverendos. Actualmente la discoteca se la conoce con el nombre de Ozone. Esporádicamente visitamos el Amazonas de la avenida de Bayona, luego conocida como Mas y Mas,  Vaiven y actualmente Enter. Otra discoteca de la ciudad era el Xuberoa en el calle del Redín, nº 2, una discoteca de dos plantas que se inauguró en los años 70 y se cerró en 1980, tras un pavoroso incendio y que yo no llegué a frecuentar.

En aquellos finales 60 y años 70 y primeros 80, también eran famosas las discotecas y salas de fiestas de algunos pueblos de Navarra como la Amanecer de Zubiri (que luego sería en los 80   el Gau Txori de los hermanos Arrieta), Bordatxo de Santesteban;  Oasis, Naxos, Aster   y  Trovador de Estella;  Geminis de Sanguesa;  La Guesera (hoy Kube),  Maitagarri  y Beratxa de Tafalla;  Malloak en los altos de Azpiroz; el Sonhar de Irurzun (antiguo Lennos);  Ilargi de Lakuntza, la Paraiso de Alsasua;  el Gares de Puente la Reina, etc. Muchas de ellas ofrecían música disco con actuaciones en directo. De todas las citadas, situadas fuera de Pamplona,  acudí alguna vez al Sonhar de Irurzun, una discoteca sobre un pequeño alto o promontorio, con dos plantas, diferentes espacios y estilos de baile en cada planta o espacio: lento, disco. Las discotecas en general ponían mayoritariamente música disco y las salas de fiesta combinaban la música disco, las actuaciones en directo y la música romántica o lenta para bailar en pareja. ¿Qué música sonaba en aquellos años?: pues sin ánimo de ser exhaustivo y tratándose de salas de fiestas y discotecas:  Status Quo, David Bowie, Boney M, Tequila, Abba, Gloria Gaynor, Donna Summer, Bee Gees, los acordes inconfundibles de la guitarra de Carlos Alberto Santana y su Europa, Roberto Carlos, Jeanette, Mari Trini, Bonny Tyler, Baccara, Village Peope, Police, La Olivia y la ELO, Pink Floyd, OMD, The Comunnards, Alan Parsons, Mecano, Ricchi e Povere y tantos y tantos otros artistas y grupos que nos ayudaron a ser un poco más felices en aquellos días ya lejanos.

En Sanfermines eran famosas las galas en los Clubs Deportivos. A los citados Natación y Amaya, habría que sumar, en estas fechas, las verbenas y galas de la Agrupación Deportiva San Juan, Anaitasuna, el Tenis, etc. Al Natación acudían las estrellas nacionales del momento y contaba con pista y barra al aire libre. También tenía actuaciones estelares en las fiestas el Larraina. Fueron famosos el lanzamiento a la piscina del Larraina de los Pop Tops en los Sanfermines del año 1968 o el acoso o más bien «caza» a  los Pecos por más de 300 jovenes en 1980 que provocó la suspensión de su actuación. En los barrios, celebraba bailes y verbenas el fin de semana, durante todo el año,  la Unión Deportiva Chantrea. También en otras sociedades deportivo recreativas: A.D San Juan, Larraina, Tenis se celebraban verbenas. En aquella época, de los 60 a los 80, había muchas y buenas orquestas y grupos musicales en Pamplona y Navarra. De aquellos grupos y al margen de las dos orquestas míticas referenciadas que perduran en mi memoria, La Nueva Etapa y Los Clan había otras como la mencionada Noche y Día, Amanecer, Maravella, Xamba (titular de los Tres Reyes). Recuerdo haber escuchado en los años 70,  allá por agosto, en las fiestas de mi barrio, en el antiguo campo de futbol del Ave María, a grupos musicales locales como Los Jaguars (¿o eran Los nuevos Jaguars? porque el conjunto tuvo distintas composiciones a lo largo de su historia). Otros grupos de aquellos años 60 y 70, sin ánimo de exhaustividad, eran Los Juniors, Los Condes, Los Anakos, Los Breks, Los Rebeldes, Los Huesos, Los Jafans y un largo etcétera. Alguno de aquellos grupos se convirtieron en orquestas profesionales o al menos las nutrieron, otros muchos desaparecieron con los años y  los menos se mantuvieron y perduran en el tiempo o al menos en el recuerdo. Eran tiempos en los que sonaban en la radio y durante aquellos cálidos veranos los últimos éxitos de Formula V: Cuentame, Tengo tu amor, o los Diablos: Oh, Oh, July o Roxana o todas aquellas famosas canciones pop de nuestra infancia y juventud, la música de los 60 y 70 y en mi caso, también de parte de los 80″.

Fotos: Young Play, extraidos de la web www.tocataeventos.com. Logos de Catachú, Disco Club 29 y Guacamayo: Archivo Juan del Barrio

Actualizada el 23-8-2020

Comercios del Viejo Pamplona: Librería y papelería de Casildo Iriarte (1886-1932)

Hace tres meses, en pleno confinamiento,  Marisol García, de Tafalla, me escribió un correo porque obraba en su poder la parte superior de un calendario de pared del establecimiento «Casildo Iriarte» de Pamplona. Ignoraba de que año podía ser aunque creía que podía ser de la primera mitad del siglo XX. Reproducía la imagen de una niña con un perro. A mediados de mayo  lo recibía en mi casa. Tal y como me había adelantado estaba un poco deteriorado, pero al margen de algunos pequeños desperfectos,  llamaba poderosamente la atención la calidad de la impresión. La imagen que aparecía en el calendario estaba enmarcada dentro de una orla con rosas y mariposas, toda la orla impresa con una encomiable técnica en relieve. En primer lugar, le agradezco a Marisol,  de todo corazón, que nos  haya enviado este objeto casi centenario  que preservaremos, no lo dude,  con todo mimo. Como es lógico lo primero que he intentado hacer es datar dicho objeto, saber de que obra pictórica se trataba, y dar unas pinceladas del establecimiento comercial que lo editó.  Empezaré por esto último.

La primera referencia que encontramos de Casildo Iriarte es como librero en 1886, a través de una factura emitida para Juan Iturralde y Suit por parte de «La joya literaria». Librería, encuadernación y centro general de suscripciones Casildo Iriarte», en el nº 4 de la calle San Nicolás, numeración que se ampliaría al nº 6 algunos años más tarde, el  nº 4 destinado a librería y el nº 6 a papelería y objetos de escritorio.  Estos números finalmente serían, con los cambios en las calles,  el nº 6 y nº 8 de la calle San Nicolás,   que se correspondería, actualmente con el bar «La Escalerica de San Nicolás» y anteriormente con la tienda de pequeños electrodomésticos de Antonio Zapatería Amorena, que cesó su actividad hace escasas fechas en el nº 42 de la calle Zapatería.

En 1904 Casildo Iriarte también editaba y vendía postales de Pamplona. Algunas de las postales que publicó  reflejaban la plaza del Ayuntamiento o la plaza de la Constitución, como la que adjunto. La casa alemana que hizo las postales para Casildo Iriarte era la de Julius Nagelschmidt, de Berlín. Eran postales en color, también llamadas cromolitografías. Desde 1908  encontramos  a Casildo Iriarte, en las guías comerciales, en la calle General Moriones, 24-26 (hoy calle Pozoblanco). Se trataba de la misma finca urbana pero imaginamos que la entrada se haría a partir de entonces desde esta calle. El establecimiento también vendía quincalla fina, lo que hoy conocemos como bisutería. En 1915, fallecido Casildo,  aparecen en el nº 42 de la plaza de la Constitución, actual plaza del Castillo, junto al Pasadizo de la Jacoba, los Sucesores de Casildo Iriarte, donde permanecen hasta 1932, año en que dejan el negocio   y coge el relevo, en el mismo local y con parecida actividad,  Aniceto Urniza Gómez. En este lugar Aniceto y, posteriormente sus herederos regentarían, el célebre establecimiento «El secretariado navarro» que permanecería hasta finales del siglo. Según obra en el documento adjunto de 1924 Sucesores de Casildo Iriarte además de papelería y objetos de escritorio desempeñaba otras tareas: agencia de negocios y de minas así como administración de fincas, incluso funcionaba como una especie de gestoría pues hablaba de la representación de ayuntamientos, sociedades y particulares. Además vendía material de papelería impreso para ayuntamientos, concejos, juzgados y escuelas.

El calendario que ha servido de inspiración para elaborar esta entrada sobre Casildo Iriarte reproducía un oleo sobre lienzo del pintor francés Guillaume Seignac. Seignac nació en Rennes en 1870 y murió en París en 1924,  a los 54 años de edad.  Empezó su formación y preparación en la Academia Julian en París, donde estuvo entre 1889 y 1895 y donde  tuvo la oportunidad de conocer a  maestros  como Gabriel Ferrier, Tony Robert Fluery  y  William Bouguereau. Toda su formación se dirigió siempre  a adquirir ese estilo académico que le caracteriza, siendo  sus temas preferentemente clásicos o neoclásicos, ocupando el cuerpo de la mujer un papel primordial de sus obras que le emparentan, en cuanto a las formas, con los clásicos griegos.  En 1897 expuso regularmente en el Salón de París, ganando varios premios, una mención honorífica en 1900 y una medalla en 1903. La obra que refleja el calendario data de 1912 y fue expuesta en el Salón de Artistas Franceses de ese año, apareciendo en los catálogos con su nombre en francés o en inglés como  «Filette au chien» o «Girl with a dog». El calendario fue, seguramente impreso a lo largo de  la década de los 20, por lo que el objeto cuenta  ya con casi un siglo de antigüedad. Solo me quedaría saber en que año concreto se imprimió, en qué casa familiar sirvió de guía diaria en aquella  lejana época o  como llegó hasta Tafalla, a la casa de Silvia Berruezo, pero no me cabe más que elucubrar. Parte de el  recorrido  lo conozco por boca de Marisol García que lo ha conservado durante los últimos  36 años.

Crónica negra del Viejo Pamplona: Crimen en la calle Mercaderes (1901)

En esta ocasión les traigo un truculento fracticidio que tuvo lugar el 30 de junio de 1901, en el nº 18 de la calle Mercaderes. Como en el caso anterior, rescato la crónica que del suceso hizo «El eco de Navarra». La crónica no ahorra, como verán, ningún detalle, por  tremebundo que sea. Luego de las 7 de la mañana, la señora Doña Vicenta Senosiain, viuda de Don Andres Huarte, comerciante en curtidos,  que tiene su establecimiento en la planta baja de la casa nº 18 de la calle de Mercaderes y habita en el entresuelo de la misma, se presentó al guardia municipal Félix Goñi que estaba de servicio en la plazuela Consistorial, rogándole fuese a su casa, pues a un hijo suyo le había ocurrido algo grave que por el momento no manifestó dicha señora. El guardia antes de acudir a dicha casa dió noticia al celador del cuerpo señor Cilveti quien marchó al momento a la mencionada casa en compañía del guardia, y una vez recibidos por la señora Senosiain entraron guiados por ella a un dormitorio, en el que encontraron un horroroso espectáculo

En una de las  dos camas que en la pieza había yacía el cadáver de un joven con la cabeza materialmente destrozada a hachazos, sin que en las ropas de la cama se notará el menor desarreglo, pero sí grandes manchas de sangre de la que estaban salpicadas las paredes y la otra cama, viéndose además en derredor partes de la masa encefálica que, al golpe de los hachazos, había saltado en todas las direcciones. En la casa se hallaban la referida viuda y sus hijos Manuel, José e Irene de 23, 21 y 19 años, respectivamente, hallándose Manuel durmiendo en otra habitación y faltando otro hijo de la señora  Senosiain llamado Carmelo de 17 años. El muerto tenía 26 años y se llamaba Vicente. El mencionado señor  Cilveti después de haber interrogado a dicha señora e hijos y de practicar en la casa algunas pesquisas, envió aviso de lo que ocurría al juez de instrucción, al médico forense, y al inspector municipal. 

Se incoaron las primeras diligencias. El asesinato se había cometido, según el calculo pericial, entre la una y las dos de la madrugada y el instrumento había sido, de acuerdo a  las heridas encontradas, un hacha con la cual el autor había dado a la víctima tres golpes mortales, dos en el parietal derecho y otro en la sien y mejilla del mismo lado. Desde luego se sospechó que el asesino debía ser persona que habitaba la misma casa o que , por lo menos, conocía bien su distribución interior, que es bastante irregular y la presunción sobre cual había sido el instrumento del crimen se confirmó desde el primer instante pues habiendo preguntado el celador municipal señor  Cilveti si en la casa existía algún hacha y habiendo encargado a la familia, después de contestar ésta afirmativamente que la buscasen, no fue encontrada en ninguna parte. Tanto la madre  como los hermanos del interfecto, dice la crónica, se mostraron relativamente serenos e ignorantes de cómo, cuando y por quien  se había cometido el delito, pero cuando se estaban instruyendo las primeras diligencias sumariales, de fuera de casa llegó una noticia que arrojó abundante luz para esclarecer el suceso.

El oficial de la estación telefónica interurbana  Aurelio Rey se presentó en la casa del crimen manifestando el celador de la línea telefónica Estanislao Homebone, residente en Tafalla, le acababa de participar que en el tren procedente  de Pamplona había sido detenido, por sospechas, un viajero que llevaba una hacha ensangrentada y las ropas también manchadas de sangre. Con nuevos informes del mismo celador de la red telefónica y por noticias oficiales  recibidas de Tafalla se supo que el viajero detenido en el tren era Carmelo Huarte, hermano del interfecto y que estaba convicto y confeso de fracticidio. La captura se debió a que el interventor de ruta del tren mencionado, al llegar este a Tafalla denunció a la pareja de la guardia civil que en el mismo iba un viajero que no llevaba billete. La pareja de la Benemérita  al reconocerle observó en su ropa machas de sangre y le encontró un  un destral, un hacha  pequeña también ensangrentada, con la cual confesó haber matado a su hermano Vicente. La Benemérita custodió al criminal hasta Castejón y desde allí le trajo en el tren correo del mediodía a Pamplona, conduciéndole inmediatamente al Juzgado de primera instancia que ya entendía  en el asunto pues a media mañana habían acudido a la casa del crimen el juez señor Alvarez, el fiscal y el escribano, señor Itúrbide.

El preso ratificó su declaración pareciendo bastante sereno y después fue conducido a la cárcel. Entretanto los miembros de la familia estaban incomunicados, cada uno en distinta pieza de la casa, prestando servicio varios agentes municipales hasta las cinco de la tarde, hora, en que la autoridad judicial ordenó que cesara. El cadáver fue conducido al Hospital poco antes del mediodía habiéndose visto hasta entonces durante toda la mañana las inmediaciones de la casa llenas de gente. Como antecedente del crimen, se decía ayer, entre los muchos comentarios que motivó en la ciudad que su autor había sido maltratado todo el sábado a la noche por su hermano Vicente y que también lo había sido en otras ocasiones . A esto añadía la voz pública hechos y circunstancias que omitimos porque se refieren a cualidades personales y a la vida íntima de la familia. El muerto era escribiente del procurador señor  Velasco y el fractícida pasaba la vida en la tienda de su madre o familia. El juicio a Carmelo Huarte se celebró el 4 de octubre de 1901. Le condenaron a 12 años y un día de prisión mayor.

Fotos: Las dos fotos de esta entrada se utilizan bajo la licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España. (CC BY-NC-ND 3.0 ES). Foto nº 1: Procesión en la calle Mercaderes. (1901). José Martínez Berasáin. Tras la comitiva religiosa, los números pares de la calle. El nº 18 de la calle de entonces se correspondería con el nº 12 actual, donde se encuentra actualmente Alimentación Iruña y hasta finales de los años 90 del siglo XX la tienda de calzado barato Calzados Fernández. Foto nº 2: Centro histórico de Pamplona desde la torre norte de la fachada occidental de la catedral de Santa María. José Martínez Berasáin. (1901-1930). En primer término las calles Curia y Navarrería, en segundo plano la fachada del palacio del marqués de Rozalejo, al fondo  las torres de la iglesia de San Cernin.

Otros proyectos de Ensanche anteriores al actual (1901-1914)

Continuo en esta segunda entrega con los proyectos de Ensanche de Pamplona anteriores al actual que conocemos. La Real Orden de Octubre de 1901 en la que se autorizaba el derribo de las murallas y la extensión de la ciudad hacia el Sur fue, pese a constituir un innegable avance teórico,  un espejismo en el largo proceso y anhelo  de la ciudad por liberarse del cinturón amurallado que le constreñía. Y es que el Ramo de Guerra impuso unas condiciones que el Ayuntamiento de Pamplona no estaba en condiciones de admitir. Fueron razones fundamentalmente económicas las que provocaron el retraso en el derribo de las murallas de Pamplona. Los militares obligaban al Ayuntamiento de Pamplona a erigir otro recinto fortificado por el sur, a entregar solares para la construcción de nuevos cuarteles militares, a correr con los gastos de explanación de los terrenos situados entre el Fuerte de San Bartolomé y la Ciudadela, además de facilitar a los militares un campo de instrucción y otro de tiro cerca de la ciudad donde pudiesen hacer maniobras los diferentes regimientos acuartelados. De esta época, 1904, es el plano del proyecto de Ensanche hacia el Sur y el Oeste  realizado por el topógrafo  Dionisio Casañal y Zapatero, con la delimitación del nuevo recinto fortificado o de seguridad,  que con algún pequeño sería reutilizado en 1909. Adjunto a la izquierda detalle del plano del mencionado Casañal donde se observan los frentes sur y oeste de la Muralla de Pamplona y a la derecha, sobre un plano del mismo autor (el original es de 1882),  dibujados los dos ensanches propuestos tanto en 1904 como 1909. En él  se perciben claramente las secciones de muralla que se verían afectadas. Adjunto, a continuación, plano de detalle de ambos ensanches. Posteriormente en 1910 el Ayuntamiento hizo una nueva propuesta con el mismo planteamiento cuyo plano también adjunto a continuación. Ambos planos, los de 1909 y 1910 son bastante parecidos. Varían tan solo el tamaño y forma de las manzanas y su orientación, especialmente en el ensanche sur.

Pero volvamos unos años atrás. En 1904 Pamplona  lograba un pequeño avance en el empeño de sacudirse su  corsé amurallado  al poder ampliar algunos de sus estrechos portales como los  de Taconera, San Nicolás y el Portal Nuevo. A partir de 1908 se volvieron a retomar las negociaciones con el Ramo de Guerra y en febrero de 1909 el Ayuntamiento planteaba al Ministerio un nuevo proyecto de Ensanche que redactó el arquitecto municipal Julián Arteaga y que adjunto más adelante. En esta ocasión y como respuesta a la propuesta ministerial de 1901 el Ayuntamiento estaba  dispuesto a pagar más dinero al Ramo de Guerra por el terreno pero a cambio de no acometer el nuevo recinto de seguridad a que le obligaba el estamento castrense. En dicho proyecto se sentarían las bases de lo que a la postre será el proyecto definitivo de Ensanche. No obstante tenía importantes diferencias con el proyecto final que se encargó a Serapio Esparza y que fue aprobado en julio de 1917. El proyecto de Esparza estaba basado claramente en el ensanche de Barcelona, con la retícula de manzanas cuadradas cortada por una diagonal como aquel. En el proyecto de Arteaga la orientación de las calles  era de norte a sur y  sus manzanas eran rectangulares para resguardar las calles del viento del norte. En el de Esparza las manzanas eran cuadradas, alineadas con el Casco Antiguo,  para lo cual se modificó  la orientación de la retícula  unos 45 grados. El proyecto de Arteaga de 1909 fracasó,  al igual que los anteriores, fundamentalmente por razones económicas ya que era mucho el dinero que seguía teniendo que pagar el consistorio a los militares.

Una parte del Ayuntamiento, sin renunciar al Ensanche,  abogaba por avanzar en la derogación del reglamento de las zonas polémicas y que se permitiese la libre edificación fuera de la murallas. En 1910 se presentaba, como ya he mencionado anteriormente,  otro nuevo proyecto hacia el sur y el oeste de la ciudad que fue rechazado por las autoridades militares. Y es que se oponían al derribo del recinto amurallado existente entre la Ciudadela y la Cuesta de la Reina. Les parecía  mucho  mejor técnicamente el proyecto de Julián Arteaga, presentado por el consistorio en 1909, que se centraba únicamente en el sudeste. Los militares insistían en pedir a la ciudad la construcción de un recinto de seguridad, condición que permanecía inalterable desde 1901. Finalmente una Real Orden de mayo de 1911 autorizaba el Ensanche por el Sudeste y desestimaba el Ensanche por el Oeste. La ley que regulaba su derribo se aprobaría por las Cortes en julio de 1912. Se permitía el derribo de las murallas desde la Ciudadela hasta la ripa de Beloso, quedando en pie el baluarte de Labrit el fortín de San Bartolomé pero aún se mantenían las diferencias entre el Ayuntamiento de Pamplona y los militares por el pago por los terrenos y el recinto de seguridad mencionado.

Sería, a la postre, la 1ª guerra mundial la que haría cambiar el criterio de las autoridades militares estatales, pues este conflicto bélico demostró la inutilidad de las murallas defensivas y que fácil estaban cayendo  las principales ciudades amuralladas europeas ante el imparable crecimiento de las nuevas maquinarias bélicas y el auge de la aviación. El 17 de diciembre de 1914 se aprobaba el proyecto de ley de derribo de las murallas de Pamplona, publicado en la Gaceta de Madrid, (lo que sería el actual BOE), el 8 de enero de 1915. El pago de la ciudad a los militares sería, finalmente,  de 1 millón de pesetas y no se exigía habilitar al Consistorio el mencionado recinto de seguridad. Finalmente el 25 de julio de 1915 tendría lugar el acto oficial de inicio del derribo de las murallas, en la zona cercana al baluarte de la Reina y el portal de Tejería. Aun pasarían tres años más hasta el derribo de esa parte del recinto fortificado y más de un lustro hasta ver erigidas las primeras nuevas construcciones del Nuevo Ensanche que abarcaría 890.000 m2 de los cuales 202.400 fueron cedidos por el Ramo de Guerra al municipio. El resto era propiedad del Ayuntamiento y de particulares. Algunas décadas después la ciudad o al menos algunos próceres  se darían cuenta de lo que se había perdido con el derribo de sus murallas. En aquellos momentos  el debate se planteaba en otros términos: de modernidad, desarrollo y progreso, poder contar viviendas más amplias frente al hacinamiento del Casco o nuevos espacios para la industria y el comercio. No se plantearon en serio ninguna alternativa como hubiera sido crecer fuera puertas manteniendo el núcleo amurallado. El mismo destino siguieron otros recintos amurallados de la península. Hoy lo que queda de nuestras murallas, que es bastante,  constituye  uno de nuestros más importantes signos identificativos como ciudad y uno de nuestros mayores atractivos en cuyo mantenimiento se han invertido  bastantes millones en los últimos años

Planos: Archivo Municipal de Pamplona (AMP). 1º plano: Plano de detalle de Dionisio Casañal y Zapatero del recinto fortificado en sus frentes Oeste y Sur (1882-1904). 2º Plano. Plano general con los ensanches Oeste y Sur. 1904 y 1909 sobre el plano de Dionisio Casañal. 3º plano: Plano de detalle de los ensanches Oeste y Sur. 4º plano. Proyecto de Ensanche hacia el sur y el oeste de 1910. 5º plano. Proyecto de Ensanche de Julián Arteaga de 1909. 6º plano: Proyecto de Ensanche de Serapio Esparza de 1917.