Canciones infantiles de antaño (1893-1973)

ACTUALIZADA. Imagino que todos los niños, también los de ahora, tendrán sus canciones, muchas de ellas oídas o transmitidas por  la tele o en las series infantiles etc,  pero en esta entrada del blog voy a intentar recordar algunas de aquellas canciones infantiles de antaño, algunas las cantaban las chicas en sus juegos, otras están incrustados en mi memoria más lejana sin tener vinculado un recuerdo en concreto, algunas proceden de la tradición oral familiar, aunque por lo que he podido ver compartida con mucha gente, hay algunas que incluso se las oí a mis padres que las escucharon o cantaron, a su vez, de niños. En esta actualización he ido más lejos que en el artículo original, pues he revisado  las canciones infantiles de finales del siglo XIX y principios del XX, y me he dado cuenta de que al menos mis padres y mis abuelos compartieron las mismas canciones y que algunas de ellas llegaron incluso hasta los años de mi infancia (años 60 y primeros 70), no sabría decir hasta que época concretamente se cantaron pero imagino que no muchos más años; en el post señalo algunas de las que pudieron cantarse con la entrada de la televisión en nuestras casas.
Vinculado, no sé por qué,  a la escuela, seguramente esperando algún gran chaparrón, cantábamos aquello de «Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que caigan un chaparrón, con azucar y turrón, (a partir de esta estrofa la canción aceptaba diferentes variantes)». Recuerdo  a las chicas cantar «El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás, agachate y vuélvete a agachar que las agachaditas no  saben bailar, h, i, j, k, l, m, n, a», y la estrofa seguía con lo de «que si tu (vd) no me quieres (quiere) otro amante me querrá». Esta era una canción de corro en la que las chicas giraban agarradas de la mano y se agachaban cuando la canción lo decía. También de corro era «El corroncho de la patata», que terminaba con las niñas sentadas en el suelo. «El cocherito leré» era una canción que yo escuchaba  a las chicas de mi barrio cuando saltaban a la comba: «el cocherito leré, me dijo anoche leré que si quería leré montar en coche leré y yo le dije con gran salero leré, no quiero coche leré que me mareo leré». Otra era  la del burro enfermo «A mi burro,  a mi burro le duele la cabeza, el médico le ha puesto una corbata negra».
Una canción que acompañaba  a los juegos infantiles de antaño, a los que me refiero en otra entrada del blog,  era en «el burro» el de «A la una saltaba la mula, a las dos tiró la coz». El «churro, media manga, manga entera» tuvo muchas variantes y/o precedentes como «Cazuelica, cazuelón» donde el juego básicamente  era el mismo. Había canciones que se cantaban en las excursiones, como «Un elefante se balanceaba en la tela de una araña»  o «Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará, vamos a contar mentiras, por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas…»; otras que popularizaron los payasos de la tele, en el comienzo de los 70 eran «Hola Don Pepito, hola Don José, pasó usted por mi casa, por su casa yo pasé…»  el barquito chiquitito: «Había una vez un barquito chiquitito, que no sabía, que no podía navegar», «En el auto de papa» o la del señor Don Gato «Estaba el señor Don Gato sentadito en su tejado marramiau, miau, miau, sentadito en su tejado», aunque ésta era antigua. Las niñas cantaban, (era una canción de corro), también aquello de «Tengo una muñeca vestida de azul»,  que al igual que «el patio de mi casa» ya se cantaba a finales del XIX, aunque con variaciones en las letras («tengo una muñeca vestida de azul, con zapato blanco forrado de tul»).  Por cierto alguna de estas canciones infantiles como la de «la muñeca vestida de azul» y la de «la vaca lechera» iban cambiando su letra o mejor dicho, íbamos cambiándole la letra,  a medida que nos hacíamos mayores y entrabamos en la adolescencia, con letras mucho más procaces. ¡Cosas de la edad!.
Bastante más antiguas, pues creo que se las oí recitar a mi madre era la de «Al pasar la barca» (canción para saltar a la comba) y que seguía «me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero» y otra con resonancias de romance como la de la viudita del conde Laurel, también de corro, «Yo soy la viudita del conde Laurel que quiero casarme y no sé con quien..» o «Me casó mi madre chiquita y bonita…» canciones infantiles que hoy, como se puede ver, no saldrían muy bien paradas por el rol que se reservaba en aquel entonces a la mujer y que contraviene todos los principios actuales en pro de la igualdad de género. Por cierto me contaba mi madre que, en su infancia, en el pueblo, jugando a la comba cantaban una cancioncilla que comenzaba así «Puente de la Taconera, arboles junto al Castillo…», Quien la diría que pasaría más de 50 años, hasta su fallecimiento, hace más de siete años, en esa ciudad de sus juegos infantiles. También y con mucha frecuencia cantaba aquella canción de «Quisiera ser tal alta como la luna, ay, ay, como la luna…y seguía «para ver los soldados de Cataluña» y me cantaba de pequeño sobre todo aquello de «Tengo, tengo, tengo tu no tienes nada, tengo tres ovejas en una cabaña…»  así como aquello de «Donde estás, en tabletas, que has comido, castañetas, que has bebido, agua de mayo, tente tu que yo me caigo». También recuerdo una estrofa de una canción que me llamaba mucho la atención pues nos decía con sorna o ironía,  si nos mostrábamos renuentes al baño, de niños,  tu tienes que cantar aquello de «ni me lavo, ni me peino, ni me pongo la mantilla hasta que venga mi novio de la guerra de Melilla». Algún lector del blog me recuerda en los comentarios la cancioncilla de «cantinerita».
También creo recordar aquella cancioncilla que decía «Estaba una pastora, laran, laran, larito, estaba una pastora cuidando el rebañito….». Aun más antigua era la  canción de «Mambrú se fue a la guerra» que se deriva de una canción burlesca francesa del siglo XVIII dedicada a John Churchill (1650-1722), duque de Marlborough (nombre que acabó degenerando,  transformándose en Mambrú). Esta canción ya aparece en el librito de 1893 de Robustiano Montalban donde recoge 60 canciones populares infantiles para piano. En este librito también aparecían «Al pasar la barca», «Quisiera ser tan alta», «Me caso mi madre», «Cu, cu cantaba la rana», «Estaba una pastora». Había una canción que se cantaba para jugar a las prendas que se llamaba «Antón Pirulero» y decía así: «Antón, Antón pirulero, cada cual que atienda su juego y el que no lo atienda pagará una prenda, Antón…», estaba también la de la gallinita ciega. Y como olvidarse de «donde están las llaves, matarile, rile, rile».
Cuentos, dichos, rimas y retahílas como «Pinto, pinto gorgorito», «Caracol, col, col», «Cinco lobitos tiene la loba», «Cu cu cantaba la rana», «Este puso un huevo, en referencia a los dedos de la mano», «El que se fue a Sevilla, perdió su silla», «La flauta de Bartolo»,  o una muy larga que comenzaba diciendo «En la ciudad de Pamplona hay una plaza, en la plaza hay una esquina, en la esquina una casa….». No son todas las canciones que había en aquel entonces, ni muchísimo menos, pero son algunas de las que recuerdo de aquella lejana época.

Olas de frío y nevadas en el viejo Pamplona (1956-2021)

ACTUALIZADA. Es una frase ya hecha sobre todo en personas de cierta edad decir aquello de ya no nieva como antes o ya no hace el frio que hacía antes. De vez en cuando un temporal de frio o una ola de calor nos hace volver la vista atrás para ver en qué fecha tuvimos aquella gran nevada o aquella ola de frio que heló el rio Arga o la última ola de calor que derritió el asfalto. De alguna de ellas me acuerdo porque las he vivido, para hablar de otras echaré mano de la hemeroteca. Empezaremos por el frio y las nevadas, dejando el calor para otra entrada posterior. En febrero de 1956 se registró una de las peores olas de frio que se conocen en la historia climatológica de nuestro país, de las 25 habidas desde 1900. El día 22 de febrero el termómetro llegó en Pamplona a los 15,2 grados bajo cero. Las temperaturas bajo cero se prolongaron durante varios días. Sin duda esta es la más famosa  ola de frío de la climatología española. La ola de frío de febrero de 1956, contó en España con 25 días consecutivos de heladas, (comenzó el  día 1 y terminó el día 25). Fue el mes más frío desde 1833. Tres oleadas sucesivas de aire siberiano alcanzaron de lleno la península. Fue tal su intensidad que se formaron carámbanos de agua marina en la Costa Brava, algo absolutamente insólito. La mínima la marcó un lugar de montaña de Lleida que superó los 32º bajo cero.

Habían sido también inviernos gélidos los de enero de 1945 y enero y febrero de 1954. Tras la ola de frio de 1956 vendrían las de diciembre de 1962-enero de 1963, diciembre de 1970-enero 1971 (con cerca de medio metro de espesor) y enero de 1983 y enero de 1985. Es un hecho constatable que en las décadas de los 60 y 70 las nevadas se producían con más frecuencia y yo creo que con mayor  intensidad  que en la actualidad ¿razones de esto?, ¿el cambio climático? ¿Quién lo sabe?. Algunos dicen que esto es una impresión subjetiva: que antes nevaba igual que ahora pero que había muchos menos coches circulando en la ciudad y no se limpiaban las calles como ahora. Puede haber algo de cierto pero solo en lo del tráfico y la limpieza de los viales pero el hecho es que esas nevadas de 20, 30 o 40 centímetros de espesor no las he visto yo en ningún  parque de la ciudad desde  finales  de los 80 del pasado siglo y aún antes. Hubo temporales de nieve destacables en 1966 (el 19 de enero), 1967 (el 10 de enero), en 1973 (el 9 de abril, tras unos días inusualmente supercalurosos), en 1978 (el 18 de noviembre), en 1979 (el 16 de febrero), en 1980 (el 14 de marzo y el 1 de diciembre, esta última con 40 cm de nieve en la capital) Estas últimas con desastrosas consecuencias por el deshielo de la nieve en los valles y rios del norte de Navarra, que hizo que se desbordará el Arga, como vimos en la entrada dedicada a las inundaciones.

Si por edad, no pude conocer la ola de frio de 1956 o la del 1963 si que recuerdo lejanamente las nevadas de la navidad de 1970-71 (estaba en las escuelas del Ave María, haciendo 2º de Primaria, con Don Emilio Loitegui), fue la segunda ola más importante  (se llegó a 12 grados bajo cero y también se heló el rio como en 1985) y sobre todo recuerdo  las olas de frio de 1983 y 1985. En 1983 estaba yo haciendo 2º de periodismo en la Universidad de Navarra. También fue en febrero, el día 7 de febrero, para ser más exactos. Nevó con intensidad en la ciudad cubriéndose ésta con una espesa capa de nieve de más de 20 centímetros. La temperatura descendió hasta los 12 grados bajo cero por lo que la ciudad se convirtió en una autentica pista de hielo. Sin embargo la helada no duró tanto como la siguiente, la de 1985, pues solo duró diez dias, hasta el día 17 de febrero.

En enero de 1985 estaba haciendo 4º de periodismo cuando empezó a nevar el día 4 de enero, heló  y la ola de frio se prolongó durante un par de semanas, hasta el día 17. Durante casi quince días las temperaturas permanecieron bajo cero. Iba camino de la universidad con dos compañeros que vivían en el Casco Viejo y veíamos los enormes carámbanos colgando de los edificios y de los viejos barracones y edificaciones de la Ciudadela por la que atravesábamos rumbo a Fuente del Hierro y el campus. El día 12 murió un hombre de 50 años a causa de las bajas temperaturas. Fue encontrado en el exterior de la antigua oficina de turismo de Pamplona, en la calle Duque de Ahumada. Creo recordar que en aquella ocasión llegamos a tener 15 o 17 grados bajo cero. El cauce del rio Arga apareció helado en la mañana del sábado día 12 de enero. Aun recuerdo bajando en la madrugada de ese día desde el barrio de San Juan, por el puente del Plazaola y asistir al inédito espectáculo del rio totalmente helado. Aquellos días hubo infinidad de caídas y cuantiosos daños por el hielo en aceras y calzadas de la ciudad además de algunas clases suspendidas en colegios y concentraciones escolares. Aquel mismo año vimos nevar en una fecha tan tardía como el 6 de mayo. Lo recuerdo porque así lo registré en una revista en la que colaboraba en aquel tiempo. Un par de años más tarde, el 14 de enero de 1987 Pamplona quedó colapsada por una enorme nevada que mantuvo la ciudad blanca durante varios días por las bajas temperaturas que superaron los 10º bajo cero.
Años más tarde, en 1989, la nieve llegó como en 1985 también en fechas muy tardías, nada menos que el día 4 de abril. También hubo  nevadas u olas de frio, que de todo hubo,  en Pamplona en diciembre de 1990, marzo de 1993, enero de 1994, enero de 1996, abril de 1998, febrero de 1999, febrero y diciembre de 2001, finales de enero de 2005, el invierno del 2009-10, y la última ola de frio destacable  en febrero de 2012, con temperaturas de 8 grados bajo cero aunque la sensación térmica fue de temperaturas muchísimo más frías. Desde ese año y hasta 2018 cabe señalar nevadas, por lo general de muy escasa entidad en Pamplona, una o  como mucho dos a lo largo del año, hasta el 2018 en que hubo cinco o seis entre enero y febrero, la más importante fue  la de finales de febrero con 15 cm de espesor. Las temperaturas de estos días son, no obstante, las más bajas registradas en la comunidad desde  el año 2012  con 6 grados bajo cero los días 7 y 8 de enero  y hasta los 18 o 19 grados bajo cero en algunos puntos altos de Navarra:  18,9 en Erremendía (Salazar) y 19,6 bajo cero en Urbasa. El máximo, no obstante lo ha marcado estos días la  estación meteorológica de Vega de Liordes, en León, con 35º bajo cero. En otros puntos del país, como Madrid, no se habían conocido unas nevadas tan copiosas desde hace casi 70 años, desde 1952, con más de medio metro de espesor.

Fotos: Nº 1: el rio Arga en la zona del puente de San Pedro (enero de 1971);  Nº 2: Avenida de  Carlos III (enero de 1966), a la altura del teatro Gayarre, ambas  de  Zubieta y Retegui; Nº 3:   Avenida de Roncesvalles  (febrero de 1970). Foto Gomez;  Nº 4. calle Mercaderes (febrero 1970). Foto Galle. Archivo Municipal de Pamplona.

Indice de Entradas del blog «Memorias del Viejo Pamplona»

Con el fin de facilitar la lectura de las  entradas del blog y de conocer y acceder a todo su contenido, actualizo esta entrada-resumen de todas las entradas publicadas desde diciembre de 2012 hasta la fecha, nada menos que casi 300 hasta el momento, ordenadas por años. Puedes acceder a cualquier entrada del blog desde los dispositivos móviles (teléfonos o tablets) pulsando sobre el título de cada entrada. En la versión web puedes encontrar también esta sección, en la columna de la izquierda, junto a las otras secciones del blog.

AÑO 2020

 

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AÑO 2017

2020: un año para olvidar. Reflexiones personales e históricas sobre el año de la pandemia

El 30 de marzo de este año, hace exactamente nueve meses, escribía una entrada en la que recordaba la gripe de 1918 y la comparaba con la pandemia que empezábamos a sufrir entonces,  apenas incipiente:  hablaba entonces de un millón de afectados y 50.000 muertos en todo el mundo. Hoy, en el día de Nochevieja, una fecha que no celebraremos como otros años, como no hemos celebrado tantas otras cosas en este 2020, -sin ir más lejos los tradicionales sanfermines-, podemos hablar de más de 80 millones de afectados y camino de los 2 millones de muertos en todo el mundo, esto si nos quedamos con las cifras oficiales, porque cuando esto pase, conoceremos, de verdad,  el exceso de mortalidad que ha habido en el mundo y probablemente las cifras se multipliquen al menos por dos, de eso estoy casi seguro. Cuando son más las dudas que las certezas, cuando tímidamente se empiezan a inocular las primeras vacunas entre la población más vulnerable y la pandemia lejos de remitir se expande con inusitada velocidad por el Reino Unido y otros países de Europa, algunos de los cuales sufren un estricto confinamiento, miro hacia atrás y también hacia adelante y creo que solo la capacidad de resiliencia, -esa extraña palabreja que tan de moda se ha puesto en los últimos tiempos-, nos permitirá seguir adelante,  como personas y sociedades, sin demasiados traumas o efectos secundarios.

Para la historia de la humanidad quedará el confinamiento, en un determinado momento, de más de 3.000 millones de personas, los efectos devastadores sobre las economías de los países y en última instancia sobre la vida de las personas. Recordaremos,  de Pamplona,  en los momentos más duros, sus calles extrañamente vacías y  desiertas,   casi todos sus establecimientos cerrados y ello durante casi dos meses, los que van del 15 de marzo al 11 de mayo; la hostelería el doble de tiempo (de marzo a mayo y de octubre a diciembre) y el resto del año, con severas restricciones; los centros sanitarios al borde del colapso en determinados momentos, sobre todo en la primera ola; los entierros rápidos sin haber tenido la oportunidad, en muchos casos de despedir, en el postrer aliento, a esa persona tan querida; los ancianos más débiles falleciendo en las residencias, a veces sin auxilio, porque había que priorizar los escasos recursos de las UCIS en la salvación de otras personas con más posibilidades de supervivencia,  así de duro pero así de cierto. Que se lo pregunten, sino a algunos familiares que padecieron esta experiencia.

Son muchos los amigos y conocidos que han pasado la enfermedad, con mayor o menor fortuna, con mayor o menor virulencia. La segunda ola que tocó techo en octubre en Navarra,  con casi 700 infectados diarios,  elevó la cifra de contagiados de forma vertiginosa. Navarra, durante algunas semanas, tuvo el dudoso honor de convertirse, por desgracia, en una de las regiones con más incidencia del virus, por número de habitantes de Europa. Hoy en día ha habido más de 40.000 infectados y cerca de un millar de muertos en nuestra comunidad, aunque según las pruebas de seroprevalencia casi 100.000 navarros, uno de cada seis, ha podido estar en contacto, en algún momento con el virus, incluso pasarlo sin síntomas aparentes. Nos ha tocado incorporar como prenda permanente a nuestro vestuario la mascarilla, -a poder ser FFP2-, tanto en la calle como en interiores, el gel hidroalcohólico, las rutinas de limpieza y autocuidados que, en otras circunstancias nos habrían parecido estrambóticas o exageradas. Ya no nos besamos, ni nos damos un apretón de manos. La prevención, la necesidad del distanciamiento social para contener la propagación del virus ha dejado atrás elementales normas de cortesía o educación largamente asentadas. En nuestra vida laboral, incluso social,  se ha incorporado de forma natural la videoconferencia.

Ha habido también en estos meses espacio para el justo reconocimiento de algunos colectivos profesionales que han dado el do de pecho pero también habría que recordar las actitudes egoístas e insolidarias de algunos individuos, a los que pareciese que la pandemia no iba con ellos. Y que decir de la clase política: no han estado a la altura en muchísimas ocasiones, les ha faltado altura de miras y velar por los intereses generales de la población. Tampoco los gobernantes han estado acertados: infravaloraron el peligro de esta pandemia, nos trataron como a niños, nos mintieron con el tema de las mascarillas diciendo al principio que no eran necesarias cuando hubiera sido más honesto decir a la población la verdad, que no había existencias ni de este producto ni de otros tantos elementos de protección, repitieron, como un mantra, que no se dejaría a nadie atrás pero buena parte de los autónomos de este país corren serio peligro si esta situación se prolonga. Muchos se han quedado ya por el camino. A veces la situación que hemos vivido, que estamos viviendo, tiene una apariencia de distopía que nunca hubiéramos imaginado que fuera a suceder pues situaciones como las vividas tan solo las habíamos visto en algunas películas catastrofistas o de ciencia ficción.

En lo personal, vamos a decir que hasta el momento hemos tenido suerte, en cuanto a la salud, de todos modos vamos a tocar madera, por si acaso;  el blog  ha estado, este año,  poco activo porque su creador, un servidor, como imagino que  todos este año, ha tenido sus altibajos anímicos y escribir una entrada como las que escribía habitualmente hasta este año exigía mucho  tiempo y una adecuada disposición y, la verdad, no he andado muy sobrado de ellas, sobre todo de la segunda. Somos humanos y estas cosas nos afectan y yo no he sido un caso aparte. Confío, espero,  que este año 2021 podamos ver la luz al final del túnel y que podamos salir reforzados de esta dura experiencia. En cuatro o cinco generaciones nadie se había visto en una situación similar. Insisto lo más parecido por su carácter planetario fue la pandemia del 18 y allá queda. Tras ella vinieron los felices años 20. ¿Vendrán también ahora?. Quiero pensar que si este cataclismo no nos ha hecho  mejores, que lo dudo, si nos dará a muchos una  perspectiva diferente  en la que prioricemos verdaderamente otros principios y  valores y sobre todo seamos conscientes de la enorme fragilidad  de nuestras vidas, para no desperdiciar nuestro  tiempo en nimiedades.

Fotos: Nº 1, 2, 3, 4, 5 y 7. Fotos de diferentes zonas del Casco Antiguo a lo largo de este año de pandemia. Adoquines y Losetas. Autor: Javier Muru Fraile. Foto 6. cartel de la campaña. «Casco antiguo, comercio seguro». Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona.

Comercios del Viejo Pamplona: Perfumería Galle (1922-2020)

A finales de julio de este año cerraba otro comercio, esta vez casi centenario: perfumería Galle. Echaba el cierre a su última tienda,  situada en el nº 45 de  Carlos III. El negocio tenía su origen en el establecimiento de fotografía y perfumería fundada por José Galle Gallego en los años 20, en el nº 7 (luego 11) de la calle Mercaderes, hasta 1972,  calle Blanca de Navarra. José Galle, su fundador,  había nacido en Valladolid en 1898  y tras ejercer como fotógrafo en Madrid y San Sebastián, llegó a Pamplona en 1919. Inicialmente Galle entró a colaborar con el conocido fotógrafo Benito Rupérez. Poco después se estableció en el nº 38 de la calle Zapatería asociándose con su hermanastro Rafael Bozano, de quien se separaría en 1949. Según la familia, 1922, es la fecha en la que se iniciaron las actividades comerciales de Galle, aunque otras fuentes, la retrasan hasta 1924. Lo cierto es que en  1926 ya aparecía bajo el epígrafe catastral de «industria de la fotografía» aunque posteriormente lo hará como establecimiento de fotografía, droguería y perfumería al por menor. Compraba los productos fotográficos en Francia y aprovechaba también para traer perfumes. Por lo que yo sé no es el único caso en Pamplona en el que fotografía y perfumería (y droguería) fueron de la mano, aunque este es el más paradigmático, pues su faceta como fotógrafo nunca fue en menoscabo de la comercial de perfumería, ámbito en el que también Galle se ganó,  con todo merecimiento,  un nombre dentro del ámbito de la perfumería local.  Aun no habían llegado las grandes cadenas y franquicias de perfumes, que como en otros sectores, afectarían al comercio local.

Galle fue corresponsal gráfico en Navarra para la prensa nacional durante el primer tercio del siglo. En Navarra se convirtió en un reportero especializado en deporte y actualidad local, de lo que da buena muestra el amplísimo fondo de fotografías donado por la familia Galle al Archivo General de Navarra, parte de las cuales se pueden encontrar, además  en la Sección Archivo Abierto del Gobierno de Navarra. En este blog aparecen un buen número de ellas. Esta ciudad tiene una deuda impagable con fotógrafos como Galle y otros que cité en la entrada correspondiente y que han contribuido a plasmar la historia gráfica o visual de esta ciudad. A partir de 1949, la segunda generación personificada en  Fernando Galle Zumealde (1928-1982) siguiendo los pasos de su padre, continuaba con tradición familiar, en su doble faceta: fotográfica y comercial.  Con su padre  compartió estudio durante algún tiempo,  hasta el punto de que a veces es difícil atribuir muchas fotografías a uno u otro ya que todas iban con la firma  de Foto Galle. Posteriormente Fernando abrió su propia tienda  y estudio de fotos en Joaquín Larregla, 2 así como perfumerías en Bergamín, 5 y Carlos III, 45. La tienda de Carlos III la abrió en 1969. Más adelante abrieron otra tienda, en la avenida de Bayona ya desaparecida. Hasta los años 80 se mantuvo  la tienda de la calle Mercaderes, como tienda de fotografía y perfumería, bajo la figura de una sociedad limitada. En 1983 fallecía José Galle mientras su hijo Fernando, lo había hecho  también  prematuramente un año antes, en 1982, tomando las riendas del negocio la tercera generación; Patxi Galle. Junto a la competencia de los grandes formatos, el incremento de la venta  online en el sector  y finalmente la pandemia contribuyeron a su cierre final.

Fotografías: Foto nº 1: Procesión de San Saturnino a su paso por la calle Mercaderes, donde, como se puede comprobar en la foto (ver la parte izquierda) estaba radicada la droguería-perfumería Galle. 1943. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra. Fotos nº 2 y nº 3: Escaparates de la droguería-perfumería Galle en el nº 7 de la calle Mercaderes, entonces Blanca de Navarra (Años 40). CC BY-NC-ND 3.0 ES. José Galle Gallego. Fondo Galle. Archivo Real y General de Navarra.

Crónica negra del Viejo Pamplona: Algunos crímenes acaecidos en Navarra (1884-1924)

En esta ocasión recordaré no crímenes acaecidos en el Viejo Pamplona sino  una veintena de crímenes  cometidos en Navarra desde finales del Siglo XIX hasta mediados de los años 20, algunos de los cuales se juzgarían en la capital. Un breve repaso a algunos crímenes acaecidos en cuatro décadas, las dos últimas del XIX y las dos primeras del XX. No me referiré, más que citándolos,  a los que ya han tenido una entrada propia como los de Rocaforte (1911) o Beruete (1924), pero recogeré la mayoría de los que ya cité en la entrada sobre «Crímenes y ejecuciones al filo del siglo XX», amen de otros que no señalé. Empezaré por el,  ya mencionado en dicha entrada,  doble asesinato perpetrado por Toribio Eguía en Atondo en noviembre de 1884, en las personas del cura del pueblo, Manuel Martiarena  y su ama de llaves,  Martina Babace. Toribio Eguía sería ejecutado, por garrote vil,  el 15 de octubre de  1885 en la Vuelta del Castillo, junto al Portal de la Taconera.

El 10 de febrero de 1896 Andrés Navarro, alias «Malacabeza»  mató  a su mujer y su suegra en el pueblo de Maquirriain. El 16 de abril de 1896 se producía el crimen de Sartaguda, por la que el rico propietario Juan Garralda era asesinado por Joaquín García, alias Cascarilla que fue condenado a muerte el 8 de diciembre de 1897 en Estella. El 13 de enero de 1897 fue ejecutado en Tafalla, en el garrote Luis Medrano Solabre, alias «Chorchi» por haber asesinado el 15 de junio de 1895 en una casa de Murillo El Fruto  a dos mujeres, María Ausejo e Hilaria Goñi. El motivo, una deuda que presuntamente tenía con él, el dueño de la casa donde fueron asesinadas las dos mujeres.

El 13 de mayo de 1897 se produjo el llamado crimen de Uterga. Ese día Victoriano Echarri mató en Uterga a su hermano Leandro por haber pegado a un perro cachorro con una azada. Luego huyo en compañía de un tal Joaquín Azparren. A su paso por Pamplona camino de Francia se refugiaron en las calles del Carmen y Mercado. A Victoriano le condenaron a 14 años de cárcel. Entre crimen y crimen se sucedían otros luctuosos incidentes, asaltos y agresiones sin resultado de muerte. El 22 de mayo Carlos Iribarren mataba a Pablo Semberoiz por un azadonazo en Yesa. El resultado, ocho años de prisión. El 26 de mayo en Fuente Amarga (Viana) Leonardo y Gregorio Dueñas, a la sazón padre e hijo,  asesinaron a Jacinto Arrieta. El motivo real nunca se supo, tal vez antiguos rencores. Les cayeron 15 años al padre y 12 al hijo. El 14 de junio asesinaron en Funes a Feliciano Bretón, lo curioso del caso es que aparte de robarle 100 pesetas le cortaron los dedos de las manos.

Aunque sucedió fuera de nuestra muga foral, tuvo gran repercusión un crimen acaecido ese año en la vecina provincia de la Rioja. Ese año  Catalina Muñoz, de Igea, envenenó a su marido Florencio Echave para fugarse con su amante, Lucio Alvarez El Trabas. Catalina y el Trabas fueron detenidos y juzgados en Logroño y más tarde ajusticiados a garrote vil en la plaza pública de Cervera del Río Alhama que por entonces era cabeza de partido judicial y a la que asistieron miles de personas. De todos modos, de los crímenes más famosos acaecidos a lo largo del siglo XX en España haré una entrada en el futuro. El 6 de diciembre de 1902, Felipe Ruba asesinaba en Lodosa por la espalda para robarle a Nicasio Zamora, concretamente 3500 pesetas y un reloj. Fue condenado a muerte.

En el mes de agosto de 1905 se produjo un suceso violento, que tuvo gran repercusión en la prensa. Fue conocido como el crimen de Zuza,  en el que resultó muerto Don Miguel Arbeloa y con diversas heridas  su mujer y uno de sus hijos. El autor del crimen fue Nicolás Esparza, un individuo de Riezu, de vida errante y azarosa,  que se presentó en la casa del señor Arbeloa con intención de robarle y que a la postre acabó con su vida. Entro en su casa, le intimidó con un revolver, tras lo cual hubo un intento de defensa de Arbeloa que saldó con su muerte por disparos de su atacante. Al huir se encontró con la mujer de Arbeloa, Casilda Larraya, a la que también disparó causándole varias heridas y más tarde a uno de sus hijos.  Logró escapar y permaneció huido  un mes hasta que  fue detenido en Castejón. En junio de 1906 se celebró el juicio por este suceso y Nicolás Esparza fue condenado a cadena perpetua.  Esparza había salido  de su casa a los 10  años, entró en el ejército con 15, participó en la guerra de Cuba durante 3 años y fue procesado varias veces  por diversos delitos.  Fueron célebres, además,  en aquellos años los crímenes de Andosilla (1903), Mendigorría  y Cáseda (1904) o Unciti (1907).

En 1906, Germán Maximino Barandalla Esparza, apuñaló en la pierna  al entonces alcalde de Echarri-Aranaz, Juan Garciandía, e intentó herir igualmente al  sereno del pueblo Juan Ijurra Lacunza, provocando la muerte del primero en la calle  tras un rápido desangramiento al seccionarle  la femoral. Su causa fue revisada por el supremo en 1907, siendo condenado a muerte. El 18 de noviembre  1907 Bonifacio García Martínez asesinaba en  Oteiza   al matrimonio formado por Santiago Arandigoyen y Petra Igúzquiza a los que pretendía robar. Condenado a dos penas de muerte fue ejecutado el 12 de junio de 1909 en la prisión de Pamplona. Esta fue, además, la primera pena de muerte que se ejecutaba en la nueva Prisión Provincial de Pamplona, inaugurada el otoño anterior.  En 1908 un desconocido asesinaba a Ricarda Oses en el valle de Lana. Tras el crimen estaba su marido Pablo Mendaza. Se le condenó a muerte en 1923.

En 1913 era indultado de la pena de muerte Rafael Cancio Expósito, de 22 años, recadero y natural de Pamplona, condenado a muerte un año antes por acuchillar, con resultado de muerte a Carmen Calvo. En 1913 Lorenzo Bun Expósito (conocido como Lorenzo Perurena Errocharena, dice la sentencia)  mataba con un hacha a Juan Bautista Lacunza en el caserío Estebanea de Leiza para robarle 100 pesetas. La sentencia del Tribunal Supremo de 4 de marzo de 1914 ratificaba la pena de muerte impuesta por la Audiencia Provincial. En 1924 se produjo el asesinato de una joven de 15 años embarazada en manos del practicante de la localidad de Carcar quien fue absuelto por Alfonso XIII y que desapareció de la localidad. Se decía que la joven había muerto cuando el practicante intentaba practicarle un aborto. Fue conocido como el crimen de la Cueva de la Peña Caída y sobre este crimen la escritora Estela Chocarro ficcionó su novela «El próximo funeral será el tuyo».

Fotos: Nº 1: Vista general del puente recto del ferrocarril de la línea Castejón – Alsasua sobre el río Araquil en la vertiente sur del desfiladero de Osquía, en Atondo, tomada desde la carretera (actual NA-7010) hacia el oeste. Al fondo, el monte Gaztelu. Julio Altadill (1892-1918), Nº 2: Vista de la casa consistorial de la localidad de Viana tomada desde el sureste, situada en la plaza de los Fueros, 1. En la izquierda la calle Navarro Villoslada. José Martínez Berasain (1901-1930), Nº 3: Vista general de la calzada del puente sobre el río Arga en Funes, tomada desde su extremo oriental. Rafael Bozano Gallego (1975). Nº 4: Vista general de la carretera de acceso al núcleo urbano de Leiza por el sur (actual calle Elbarren), tomada hacia el norte. Julio Altadill (1892-1915). Nº 5: Monasterio de Leyre en el término municipal de Yesa. Diputación Foral y Provincial  de Navarra (1962). Nº 6: Vista parcial del corredor de la Barranca, tomada desde el mirador del puerto de Lizarraga, en la carretera Estella – Beasáin (actual NA-120). Diputación Foral y Provincial  de Navarra (1956).  Todas las fotografías que aparecen en esta entrada pertenecen a la Sección Archivo Abierto del Gobierno de Navarra y se encuentran bajo la licencia CC BY-NC-ND 3.0 ES. Archivo Real y General de Navarra.

Comercios del Viejo Pamplona: Impermeables «El Búfalo» (1926-2007)

Voy a hablar, en esta ocasión, de un comercio singular que formó parte del paisaje urbano de Pamplona durante más de 70 años. De hecho su nombre transcendió el ámbito local  y fue una de las marcas textiles del norte de España en la postguerra, y aun después, como lo serían las boinas de Elosegui de Tolosa. Quien que no tenga cierta edad no recuerda aquel rótulo publicitario luminoso sobre uno de los tejados de los edificios de la parte este de la plaza del Castillo.  En otra entrada del blog, la de «los bares del viejo pamplona» se puede observar esa fotografía. La gabardina fue además, una prenda muy asociada en España y en el mundo  a aquellas décadas de finales de los 40, 50 y parte de los 60. En cuantas películas de aquellos años vimos a sus protagonistas enfundados en sus largas gabardinas, desde la mítica Casablanca a tantas cintas del género negro. Dice, Juan Liceras, hijo del fundador,  en una entrevista al Diario Vasco en el año 2006 que la primera fábrica de gabardinas «El Búfalo» se abrió el 1 de agosto de 1941 en la calle Misericordia de San Sebastián. Allí debieron tener durante  algún tiempo alguna  fábrica y  alguna  de sus primeras tiendas de la capital donostiarra aunque la más conocida fue siempre y hasta su cierre la de la calle Garibay, nº 6, donde ocupaban la planta baja, con tienda y taller  que se prolongaba en la primera planta del edificio y en donde trabajaban mayoritariamente mujeres aunque, como se puede ver en las fotos también trabajaban  algunos hombres.

Sin embargo tras una meticulosa  investigación realizada por mi estos últimos días puedo  situar el origen del negocio en una fecha muy anterior. Concretamente fue el 17 de julio de 1926 cuando se inauguró la primera fábrica y despacho en el nº 3 de la calle Peña y Goñí, posteriormente en 1930 se abrió una sucursal y exposición en el número 28 de la calle Avenida y más adelante en el nº 2 de la calle Oquendo donde se instaló la sede central. Se mantuvo esta primera factoría de Peña y  Goñi hasta 1968, tras un breve cierre y una reapertura posterior que tuvo lugar  el 10 de marzo de 1935. Demuestran este más temprano origen que el mencionado en el citado rotativo vasco otra valiosa documentación que he ido encontrando: un corto de animación comercial de 1934 dirigido por Josep Serra y Massana que decía «Llega el mal tiempo y unos ángeles mandan grandes cantidades de lluvia y viento, pero lo mejor para soportarlo son los impermeables El Búfalo»; una carta comercial de la fábrica a un proveedor de Molina de Aragón, fechada en abril de 1930,   protestando por la deficiente calidad de las  pieles remitidas  en su último envío, una  publicidad comercial de 1929 y un curioso sobre comercial datado en 1927 con la publicidad de la empresa. Adjunto fotos de estos dos últimos documentos.

Eran propietarios de «Impermeables el Búfalo», Simón Liceras, natural de  Riaza (Segovia)  y su socio el señor Gómez que pocos años después abriría «Impermeables El Gamo» en el cruce de las calles Bergara y la Avenida de la Libertadde la que también adjunto una fotografía. Tras la fábrica y  tiendas de Donosti se abrieron sucursales en los años 30 en Bilbao (Gran Vía, 6 y posteriormente en Correo, 15) y en Pamplona (General Moriones, 6), tal y como aparece en la publicidad adjunta de la izquierda. Recordemos que esta calle cambió su denominación en 1937, pasando, a partir de ese año a llamarse calle Pozoblanco. Para 1941, fecha de otra de otra de las publicidades de esta entrada, la de la derecha, ya se había abierto la tienda de Vitoria (Postas, 25) y contaba, según esa misma información,  con una fábrica de tejidos impermeabilizados en Cornella de Llobregat (Barcelona). En los años 50 se abrió otra tienda en la calle Vitoria (nº 5) de Burgos (de la que también adjunto una fotografía, al final de la entrada)  y poco más tarde la de Irún (Paseo de Colón, 10-12). La  fábrica de gabardinas e impermeables El Búfalo no surtía al exterior, fabricaba y vendía  tan solo en sus propias  tiendas. ¿Qué fabricaba y vendía El Bufalo?:  gabardinas, trincheras, gabanes de cuero, capas, chaquetas para motoristas y ciclistas, canadienses, chaquetas de gamuza, impermeables de fantasía y de todo tipo y para todo tipo de oficios: militares, ferroviarios, carteros, cobradores de banco, serenos y guardias municipales, etc, todas ellas prendas  impermeables. Suyos eran el patronaje, el corte, la confección, pero  muchas prendas se realizaban  fuera de las instalaciones de  la  fábrica. Las telas se transportaban en grandes cestas, repartiéndose luego, en furgonetas. Tenían, por aquel entonces,  un montón de  talleres subcontratados, porque estaban en plena expansión y no daban abasto.

Tras la muerte de Simón Liceras el negocio pasó a manos de su viuda y posteriormente de su hijo Juan.  Con el paso de los años y los cambios  en  las modas, usos y costumbres, las prendas largas y contra la lluvia (gabardinas, gabanes, etc) fueron  desapareciendo, y hubo que especializarse en ropa contra el frio. Se fueron cerrando progresivamente sus diferentes  tiendas hasta el año 2007 año en que se jubiló Juan Liceras y se se cerraron las dos últimas tiendas existentes, la de Pamplona en la calle Pozoblanco (de la cual ofrezco dos  instantáneas, una del exterior y otra del interior de la tienda,  junto a este párrafo)  y la de San Sebastián de la calle Garibay. Así se cerraba un negocio que seguramente perdura en la memoria de muchos y que había durado nada menos que 81 años.

Fotos, por orden de aparición: Foto nº1: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 2: fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1949) CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Colección Fotocar, Vicente Martín.  Foto nº 3: carta publicitaria de «Impermeables El Búfalo» datada el 23 de abril de 1927, Foto nº 4: publicidad comercial de la fábrica de impermeables y trincheras «El Búfalo» (1929) , Foto nº 5: publicidad comercial de la Casa de Impermeables «El Búfalo». (Años 30), Foto nº 6:  publicidad comercial de «El Búfalo» con ocasión de la feria de Muestras de Zaragoza (Mayo de 1941), Fotos nº 7 y 8: exterior e interior de la  tienda de «El Búfalo» en el nº 6 de la calle Pozoblanco. (2005). Javier Muru. Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona, Foto nº 9:  fábrica y tienda de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1946). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.  Foto nº 10: tienda de «El Búfalo» en la calle Vitoria de Burgos (años 50). Foursquare . Burgos en el recuerdo, Foto nº 11: fábrica y tienda de impermeables «El Gamo» en San Sebastián, (1944). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 12.  Grupo de empleadas en el interior de la tienda de El Búfalo (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. Foto nº 13: interior de la fábrica de «El Búfalo» en la calle Garibay de San Sebastián (1950). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí. , Foto nº 14: empleados en el interior del taller o fábrica de impermeables El Búfalo (1947). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marin, Paco Marí.

Comercios del Viejo Pamplona: Elizburu (1900-2020)

Hace un par de meses cerraba por jubilación otro comercio centenario, fundado hace  120 años. Se trata de la tienda Elizburu, la mayor parte de su historia en el número 7 de la Calle Chapitela. Inicialmente la tienda taller no estaba en la calle Chapitela sino a la vuelta, en el nº 10 de la calle Mercaderes, donde posteriormente estuvo la heladería de Gonzalo Sola y hasta hace muy  poco tiempo  la bisutería de Ana García. En cualquier caso, la fecha que se marca como de inicio del negocio es la de 1900 y ya para 1905 podíamos encontrar a José María Elizburu en su actual ubicación,  con el oficio de grabador de rótulos. En los años 20 incorporaba  a su trabajo de grabador la venta de otro tipo de  artículos, recogidos bajo el nombre de objetos artísticos. El caso es que, casi siempre, han  tenido la misma ocupación: elaboración de sellos de caucho y rótulos, grabación de todo tipo de placas, artículos de escritura (plumas estilográficas, etc) y más tardíamente artículos de fumador.

En los registros catastrales aparece, no obstante, en 1888 un tal Fermín Elizburu, éste parece ser que era un hermano de José María Elizburu, fundador de la tienda de Chapitela  y abuelo de los actuales regidores, que tuvo, durante un breve período de tiempo, un taller de grabación de metales en el nº 18 de la calle Mayor. Fermín, junto con su hermano José María,  parece que, en aquellos años  de finales del siglo XIX, emigraron a  América, volviendo, al poco tiempo, José María,  mientras se quedaba en las Américas su hermano Fermín. Tres generaciones consecutivas de la misma familia han regido los destinos de este centenario establecimiento: al fundador, José María Elizburu, le seguirían, posteriormente sus hijos José María y Román Elizburu Mendióroz. Román tomaría otro camino comercial fuera del negocio familiar. José María Elizburu, hijo, se incorporaría a la tienda en torno  a los primeros años 40, a quien vemos a la entrada de su tienda en la década de los años 50. A este le seguirían sus hijos José María y Fernando que se incorporaron a la tienda entre finales de los 60 y primeros 70 y que han continuado  hasta nuestros días, más de medio siglo continuado de dedicación a este oficio que inicialmente tenía mucho de artesanal y que nunca ha perdido ese sabor de los negocios ubicados en el Casco Antiguo. Una vez más la falta de relevo generacional  trunca el devenir de otro negocio centenario del Casco Antiguo.

Fotos: Nº 1: Foto postal de la tienda cedida por la familia Elizburu (sin datar). Nº 2: tienda y taller de grabación de  Elizburu. Fondo Galle. José Galle, 1952. Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-Sin ObraDerivada 3.0 España.

Comercios del Viejo Pamplona: Casa Casla (1905-2002)

En esta entrada hablaré sobre Casa Casla, otro establecimiento icónico y emblemático donde los haya en Pamplona. ¿Quien no se acuerda de los famosos chorizos de cartón que colgaron de sus balcones durante décadas?. En 1905 José Casla inaugura su conocido ultramarinos que permanecería abierto hasta el año 2002. José Casla, originario del pueblo La Nava de Castilnovo (Segovia) era hermano de Gregorio Casla que regentaría, igualmente,  diversos establecimientos del mismo ramo en Donostia, el más famoso, la llamada Charcutería Francesa. Fue en los años 40 cuando a José Casla se le ocurrió adornar la fachada de su establecimiento y del primer piso con decenas de chorizos de El Pamplonica. Al parecer Casla era amigo de los Villanueva que por aquel entonces tenían la fábrica de chorizos en la calle Mayor y uno de cuyos hermanos fundó «Chorizos El Pamplonica». Fue una magnífica acción publicitaria que como se ve tuvo mucha más trascendencia de la que preveía su promotor. Los chorizos nunca fueron de verdad, primero fueron de madera y posteriormente de cartón, aunque más de un incauto se creyese lo contrario. En la segunda y tercera década del siglo XX aparecen numerosos anuncios del establecimiento en la prensa local: “José Casla, comestibles, vinos y licores”.  O “José Casla. Primera casa en productos alimenticios. Licores y vinos de postre. Cafés bien tostados todos los días. Chocolate Martín el mejor del mundo, reconocido por las personas de buen gusto. Servicio rápido a domicilio”. Se anunciaban como la primera tienda de Pamplona de ultramarinos finos, tal y como aparece en el rótulo de la fachada.

A José Casla le sucedió en el negocio su hija Marichu que se casó con Alejandro Zabalza, con el que tuvo nada menos que 10  hijos. Todos nacieron en el edificio. En los últimas décadas de su historia una de las caras más visibles de la tienda, además de la de su madre Marichu y de alguna de sus hermanas era la de Alejandro Zabalza Casla, «Guchin», el 5º de los hermanos, coincidiendo, así, la segunda y tercera generación del negocio. Aprovechando la rehabilitación del edificio en el año 2002, la familia decidió cerrar el comercio y Alejandro entró a trabajar en una empresa de jardinería local  que se encargaba entonces del mantenimiento de los jardines de la ciudad, y lo hizo hasta que se lo permitió la enfermedad,  falleciendo en el 26 de agosto de 2012, a los 57 años de edad, apenas una semana después que su madre Maritxu. Alejandro Zabalza Casla fue un personaje muy popular en la ciudad: sanferminero de pro, dantzari de Ortzadar y del grupo municipal de danzas, además de txistulari, atabalero, miembro de la Corte de San Fermín, de la Cofradía de la Dolorosa y la Hermandad de la Pasión del Señor, y buen amante de la montaña, la bicicleta y la pelota. Casa Casla, es otro de los emblemáticos establecimientos que perduran en nuestro recuerdo.

El Asilo del Niño Jesús, un precedente de las actuales guarderías y escuelas infantiles

Me remitió esta foto para la sección «Participa en el blog», Miguel Angel Dominguez hace un par de años, y junto a ella daba las siguientes notas sobre la citada fotografía personal: «Entre los años 50 al 58 según creo, las monjas del convento que está en la plaza de los ajos, (el convento de las Agustinas Recoletas), tuvieron abierta  una  guardería.  Estos son los niños que íbamos a ella en el año 1956 o 57, no sé exactamente  en qué año está realizada la foto, pero calculo que sería de esa época. La fotografía de la clase que está plasmada en el apartado «Recuerdos» (Nota del autor el blog: imagino que se refiere a la entrada del blog que tiene por título «Escuelas, cantinas y colonias») es parecida a la que íbamos nosotros, también teníamos un comedor muy parecido al que está fotografiado en  dicha entrada donde nos daban la comida. Salíamos al recreo a la plaza de los ajos, excepto cuando nevaba mucho que  entonces nos bajaban a la carbonera a jugar. También a la entrada de la guardería  había un mostrador donde vendían  caramelos. La foto está tomada en los jardines de la Taconera». 

En realidad, la historia sobre esa presunta guardería es mucho más compleja. La citada guardería era el Asilo Cuna del Niño Jesús.  El nombre de Asilo del Niño Jesús puede confundir a más de uno pues, en realidad,  no era un asilo donde hubiese niños abandonados sino que  era más una guardería o escuela de párvulos que otra cosa. El origen de esta institución tiene que ver en las necesidades de las primeras mujeres trabajadoras de la ciudad que tenían la necesidad de dejar durante algún tiempo del día sus hijos bajo la vigilancia y protección  de cuidadoras. El elevado número  de lavanderas  existente a finales del siglo XIX en Pamplona fue  uno de los motivos para que se crease  el Asilo-Cuna del Niño Jesús.   El «Asilo del Niño Jesús»,  fue inaugurado el 16 de julio de 1886. Dependía de la caridad privada aunque contaba con  ayuda municipal que había cedido un local en la Rochapea. En 1909 en la Junta de Administración  del Asilo figuraban el Obispo, el Alcalde, los Párrocos de San Lorenzo, San Saturnino y San Nicolás, dos vecinos por cada parroquia además de los seis componentes de la primera Junta de la institución. Dada la enorme demanda se empezó a buscar un local más grande.  Los  Marqueses de Cubas cedieron una casa  en la Plaza de las Recoletas a donde se trasladó el Asilo el 19 de julio de 1889. Este edificio fue vendido en 1905 por los citados Marqueses   a don Eustaquio Olaso  quien lo cedió en 1908 al Obispado.   Inicialmente el centro estuvo regido por las Siervas de María y, posteriormente, por  las Hijas de San Vicente de Paúl. En 1903 había 320 niños a cargo de cuatro o cinco Siervas de María. En  1940  se alimentaba a   150 niños «y recibían educación gratuita unos 500». Poco a poco se fue convirtiendo en una escuela de párvulos. Así pues, este Asilo Cuna constituye, como he dicho  un  precedente histórico de las actuales guarderías o escuelas infantiles.

Fotos: Nº 1: foto cedida por Miguel Angel Domínguez Arbeloa (1957). Nº 2: Asilo del Niño Jesús. José Luis Zuñiga. Enero 1977. AMP.