Los bares del Viejo Pamplona (1960-1990)

En nuestra tierra los bares se constituyen en los más importantes centros de encuentro y relación social. Imagino que todos tenemos asociados estos lugares a nuestra memoria, tan diferentes ellos a lo largo del tiempo como diferentes han sido las etapas de nuestras vidas. Mis recuerdos más tempranos, de la infancia, asociada a los bares, están vinculados a algunos establecimientos de lo Viejo (de la plaza del Castillo o de la calle Ciudadela) o de mi barrio, la Rochapea. Del Casco, tengo fugaces recuerdos, acompañando a mis padres allá por el año 1966 o 1967 y siguientes, de algunos establecimientos de la plaza del Castillo, como el Txoko, el Tropicana, el Casino o el Cafe Iruña, seguramente en algún encuentro con amigos y familiares, alguna bulliciosa y soleada tarde de domingo. En aquellos finales 60, recuerdo la presencia de abundantes rótulos luminosos sobre los tejados de los edificios como los que aparecen en la fotografía que encabeza esta entrada. También tengo un claro recuerdo del Anaitasuna, en la esquina de San Gregorio con Ciudadela y del Espejo, ya en esta última calle. En aquel tiempo,  y por lo que recuerdo también mucho más tarde,  el Anaita tenía un aspecto más de cafetín que de simple bar, con sus juegos y partidas de cartas en las mesas de marmol blanco sobre pies de hierro colado de color negro. En este lugar tuvo la Sociedad del mismo nombre algunas de sus primeras reuniones tras una fugaz etapa en Paulino Caballero. En cuanto a El Espejo nació como Sucursal de Aldaz Hermanos en las primeras décadas del pasado siglo.
Aunque citados en otras entradas vuelvo a referirme a ellos en esta su entrada natural. Me refiero a los bares de mi barrio: el bar Cuatro Vientos, La Cabaña,   Casa Feliciano, La Senda, El Rodriguez y sobre todo El Bar Porrón, de los cuales el único que sobrevive actualmente es Casa Feliciano, que vemos en la fotografía, viejo testigo de los muchos cambios que ha sufrido el barrio y la avenida de Marcelo Celayeta. Fueron muchos de aquellos bares de nuestra infancia, bares de flipper, futbolín y sinfonola, sinfonola como la que aparece en una de las fotografías siguientes. Más tarde aparecerían  también en algunos bares algunas recreativas que llamábamos de “matamarcianos”. Las sinfonolas comenzaron a proliferar desde finales de los 60 en muchos establecimientos hosteleros. Metías una o varias monedas y seleccionabas la canción o canciones de tu gusto. Así escuchábamos los éxitos de aquellos años y, según los bares podías encontrar un tipo de música más convencional o no. En aquellos bares, convivíamos pequeños, jóvenes y mayores, estos últimos generalmente jugando a la típica partida de cartas o de dominó. Y en aquellos bares de barrio  no podía faltar tampoco  la omnipresente televisión, primero en blanco y negro y desde finales de los 70, en color. Cada uno de aquellos bares del barrio tenía su propio ambiente y su personalidad: El Porrón y Feliciano eran más de mayores,  chiquiteo y comidas. Probablemente los que más frecuentábamos eran La Cabaña y el Cuatro Vientos, además del “Centro” (por el bar del centro parroquial de la iglesia El Salvador), sobre todo los domingos. 
Entrados en la adolescencia comenzábamos a subir a Pamplona, una Pamplona  de una época, la de los años 70 y primeros 80, de una desbordante agitación política y social. El Casco Viejo era y sigue siendo la zona de bares más importante de la ciudad. En lo Viejo (y en el resto de Pamplona), tanto antes como ahora,  había zonas y bares para diferentes y heterogéneos públicos, a menudo segmentados por edad, gustos musicales, ideología, u otro tipo de caracterización. Hasta una edad más avanzada no consumíamos alcohol. A lo sumo algún refresco para acompañar los juegos. Como dije en alguna otra entrada el cine ocupaba, entonces, la mayor parte de  nuestro tiempo de ocio. Más adelante, en el tiempo, vendrían los bares, las discotecas y “ennovietados” los pubs de los que hablaré en la siguiente entrada. En esta intentaré repasar algunos de los bares que frecuentábamos en aquellos años, muchos de ellos ya desaparecidos. 

Si entrabamos al Casco por el portal de Francia y seguíamos por la calle del Carmen encontrábamos en los finales de los 60, 70 y primeros 80 a la izquierda algunos bares como el Simon´s y su inolvidable bolera de competición, el Club Alpino Navarro, el Hauzokoa, y entre medias varias peñas (El Bullicio, el Irrintzi) para acabar en la esquina de la plaza de la Navarrería con el Barbacoa; por la otra acera nos topábamos con  el Corners (uno de los primeros pubs),que  luego sería el Pazo Monterrey, un bar estrecho, largo y profundo donde degustábamos a mediados y finales de los 80 buenas raciones de pulpo bien regadas de albariño y ribeiro.  A la vuelta, en la calle Aldapa estaba la Bodega San Martín, hoy La Bodeguita, con sus cazuelicas caseras, y enfrente pero en la esquina con la plaza, el Bar Aldapa, donde hicimos la cena de fin de curso de bachillerato y ya en la plaza de la Navarrería un buen puñado de bares, clásicos algunos de ellos, desaparecidos otros como el Mesón de La Ribera, cerrado desde hace mucho  tiempo, siguiendo la acera  el siempre bullicioso Mesón de la Navarrería, y enfrente, en la cuesta hacia la Catedral, en la acera derecha, y de arriba hacia abajo, El Aleman, con sus salchichas de Frankfurt, hoy Los Burgos de Iruña,  el Mesón de la Tortilla, La Mejillonera (ah, sus cachis de cerveza y sus  famosas patatas a la brava), el Tilo, el Cordovilla (con sus tigres y sus fritos de pimientos) o el Bar Vicente. A esos viejos nombres les sucedieron en el tiempo otros como el Oiat o el Ezkia. Subiendo por Curia nos encontrábamos y lo seguimos haciendo, a la izquierda con un clásico entre los clásicos, el Temple y sus famosos moscovitas (sin olvidar una de las mejores tortillas de patatas que se pueden degustar en un bar), y más arriba el Lancelot, el Tut y el 69. 

No cito, por no repetirme, algunas calles revisadas ya en el blog como Mercaderes, Estafeta o Comedias y dando un salto me situo en la calle San Gregorio, calle en tiempos de poteo, muy frecuentada. En la calle San Gregorio teníamos además del mencionado Anaita, el Museo con su famosos fritos de huevo (primos hermanos de los del Rio, no en vano lo regentaba el padre de Joaquin Barberena, fundador del Rio, y luego su hermano Cefereino, si bien el local se llamaba anteriormente Orbaiceta), La Kontxa, (desde el 2001, Kaixo), con su futbolín al fondo, el Arizona, siempre lleno hasta la bandera (con Josefina al frente y su inconfundible blusón negro) el Ganuza con sus patatas a la brava (hoy Entretantos), y los desaparecidos  Sanguesa (hace pocos días derribaron el edificio que compartía con la trasera del Spada), El Caserio (también sustituido por una nueva construcción), La Montañesa o el Garcia (luego reconvertido en un irlandés, El Harp),  también cerrado. Aun sobreviven, en esta calle,  El Norte, Ona y Gorriti. Dicen que a finales de los 60 había al final de la calle San Gregorio un café cantante, el  Euskalduna, como hasta el año 1963 lo hubo también en la calle San Nicolás en el lugar donde está hoy el Baserri, concretamente el Café Irañeta, con música en directo en el salón que estaba situado en el fondo del bar donde hoy esta el restaurante, del cual vemos una fotografía. 
La calle San Nicolás ha mantenido mejor su tejido hostelero que su calle hermana, a lo largo del tiempo. Salvo La Mandarra, de reciente creación, el resto, casi todos llevan muchas décadas de servicio a la ciudad y sus habitantes. Donde hoy esta el Iru estaba el Bearan, y cerca de él, el 84, como no acordarse de los huevos del Rio, (fundado por Joaquin Barberena en 1963 y que desde 1997 regentan los “Robertos”), del vino en porrón bien acompañado de una fritada de sardinas en el antiguo   Marrano que respondía entonces al nombre de Vinos El Cosechero. Otros históricos eran el Ulzama y sobre todo Casa Otano. Casa Otano fue fundado en 1912 por un vendedor de vinos de Larraga, un tal Lino Otano. El local cambió de dueños varias veces hasta que fue adquirido en 1929 por Felisa Galar e Isaac Juanco a quienes seguirían en la gestión del negocio sus hijos,  entre los que destacaría Andrés Juanco, quien en los años 50 conoce a Tere Goñi con la que se casa. En 1975 fallece Andrés y se hace cargo del negocio Tere, que es quien le da el gran impulso al negocio que incluye además del bar, el restaurante en el primer piso y la pensión. En los años 80 recuerdo que había un bar que se llamaba el san Miguel, más o menos donde hoy está el Hostal y cafetería Castillo de javier. Y desde la calle San Nicolás nos adentramos en la plaza del Castillo.

La plaza del Castillo, escenario de los principales acontecimientos de la vida de la ciudad a lo largo del pasado siglo, conoció hasta los años 60 y aun después algunos celebres cafés ya desaparecidos cuyos nombres nada dirán a las nuevas generaciones pero que estarán cargados de imagenes, recuerdos y resonancias para los más viejos del lugar. Entrando por el Pasadizo de la Jacoba, donde hoy está una sucursal del BBVA, estaba el Cafe Kutz que vemos en la fotografía (de la izquierda) de 1952,  de José Joaquín Arazuri. El Café fue fundado por el donostiarra Luis Kutz en el año 1912 donde antes estuviese el Café La Marina. Kutz  regentaba en San Sebastián  otro café Bar y una fabrica de cerveza, además de un cine. Tras el fallecimiento de Luis, en 1942, el Café pasó a manos de su esposa,  Elvira Muñagorri quien con la ayuda de sus hijos José Luis y María Luisa mantendría el Café abierto hasta el año 1961. Por cierto José Luis fundaría en 1947 la Cooperativa de Hosteleros de Navarra siendo su primer presidente y la única que funciona aun en el norte de España. 

El Cafe Torino, fundado en la primera década del siglo XX, estaba situado junto al Hotel La Perla, tal y como vemos en la fotografía superior derecha que precede este párrafo, obra   de Zubieta y Retegui de 1971, tomada en los días de su cierre Sus primeros propietarios fueron los señores Dihins, luego D. Melitón Ariz y más tarde D. Doroteo Cotelo, cuyos herederos fueron los últimos propietarios del bar. Hemingway lo definía en su libro Fiesta como “un local medio bar, medio cervecería, donde se podía comer algo y bailar en una habitación trasera”. El Torino ocupaba la sucursal de Caja Navarra de la plaza del Castillo y el actual Windsor Pub. El Café, como he dicho, cerró sus puertas en 1971, siendo sustituido por el Windsor Pub dos años más tarde,  en 1973. Del Cafe Suizo, fundado por los suizos Mattosi  en 1844 ya hablé en la entrada dedicada a la calle Pozoblanco. El mítico Cafe Iruña, cuyo interior reformado vemos en la fotografía de la izquierda, toda un institución en la ciudad, fue fundado el 6 de julio de 1888. Dicen que su apertura sirvió para inaugurar oficialmente la llegada de la luz eléctrica a la ciudad. En marzo de ese año se había creado, por iniciativa de Serafín Mata, la sociedad Iruña, impulsora del citado Café, con una amplia base de accionistas. Hoy en día sigue manteniendo, tras su desacertada etapa como bingo, de 1977 a 1998,  su aire y decoración estilo “belle epoque”, con sus mesas de mármol, sus abigarradas columnas, sus artesonados y sus grandes espejos. Lugar de obligada visita para los turistas, por él han desfilado las más importantes celebridades que nos han visitado y ha servido de escenario de todo tipo de reuniones. En este mismo edificio, en el primer piso, se instalaba en aquellos años  el actual Nuevo Casino Principal llamado anteriormente Casino Principal, Nuevo Casino (1856) e inicialmente Sociedad de los Doce Pares (1851). La decisión de fundarla nace de personas como Juan Jose Egozcue, Tadeo Gandiaga, Florencio Sagaseta, Patricio Sarasa y Mariano Martinez. De él recuerdo su trasnochada elegancia, sus grandes lamparas y sus artesonados decimonónicos, tal y como aparecen en la fotografía de la derecha.

En la otra esquina de la plaza te encontrabas con el Casino Eslava. Fundado por un centenar de pamploneses en julio de 1884, con sede en el nº 18 del Paseo de Sarasate, tuvo una fugaz existencia hasta que en 1898 se volvió a fundar, bajo el nombre de Nuevo Casino Eslava. El actual edificio del Casino Eslava, obra del arquitecto Victor Eusa,   se inauguró en 1932. Junto a él estuvo hasta 1936 el Hotel Quintana y en sus bajos,  durante los años 50 el Bar Brasil,  hasta que a finales de los 60 daría paso a la entonces moderna cervecería Tropicana y junto a  esta otro referente de la ciudad, el Txoko. Cuantas veces habremos escuchado aquello de “quedamos donde el Txoko”. De aquellos lejanos tiempos aun sobrevive en uno de los laterales de la plaza, el más cercano al Paseo de Sarasate, un viejo rótulo de un hotel desaparecido, quien sabe cuando, el Hotel El Cisne. Parece ser que este hotel se abrió a finales del siglo XIX. 
Y no podemos irnos de la plaza sin referirnos al hotel más antiguo de la ciudad, el tercero más antiguo de España: el Hotel La Perla que fue fundado por Miguel Erro y Teresa Graz en 1881, como Fonda La Perla y que fue objeto de una renovación total en el año  2007, convirtiéndose en el único hotel de cinco estrellas de la ciudad. En el se ha alojado reyes, artistas y todo tipo de celebridades. La Fonda contaba con su propio servicio de carruajes para recoger los viajeros desde la Estación. Tras la muerte de Miguel Erro dirigió el negocio su esposa Teresa que falleció en 1921. Tras ella se encargaría de dirigir el hotel su  hija Ignacia  junto a su marido Jose Moreno.  Actualmente lo hace Rafael Moreno, de la cuarta generación.  Hablando de hoteles, no podemos olvidarnos tampoco de otro de los hoteles históricos de la ciudad: el Hotel  Maisonnave  situado a principios de los años 20 en la calle Espoz y Mina, junto a la plaza del Castillo. Sus fundadores fueron Carlos Maisonnave y su esposa Francisca Echeverría que comenzaron con una fonda y coches de caballos en el año 1883. Para 1900 la fonda tenía calificación de 1ª categoría y hasta fines de los 20 vivió su epoca de mayor esplendor. En 1945 el hotel pasó a manos de su actuales propietarios, la familia Alemán,  que construyen, en 1966, el actual edificio del hotel en la calle Nueva que experimenta en los últimos años diferentes reformas y ampliaciones. Con la última remodelación del pasado año  se ha convertido en un hotel de cuatro estrellas. Y en cuanto a la faceta gastronómica no podemos olvidarnos tampoco de dos referencias culinarias del máximo nivel: la del restaurante Hostal del Rey Noble más conocido por Las Pocholas, fundado el 15 de abril de 1938 y que cerró en el año 2000, regentado por las hermanas Guerendiain y el   Hotel Restaurante Europa, cuyo origen  se remonta a la década de los 30 si bien es a partir de 1973, cuando se hacen cargo del negocio los hermanos Idoate y lo convierten en una de las principales referencias gastronómicas de la ciudad.
  
Otro salto y nos colocamos en la calle San Francisco. De esta calle recuerdo el bar Montón, antes de que se convirtiese en la sede de la Peña Anaitasuna, el Centro Riojano y a continuación el Monterrojo, y tras esta calle nos adentramos en la vecina calle de San Lorenzo, en otros tiempos, otra de las rutas típicas, con la Cepa, todo un referente, refugio de trasnochadores y amantes del Dios Baco, abriendo la calle y los restaurantes Erburu, Lanzale y Askartza, además de algún bar como el Piskolabis, alguno de ellos cerrado, como el Erburu (en la foto vemos el interior de su comedor, donde por cierto se comía bastante bien) y otros reconvertidos en sedes de peña o en otro tipo de bar o negocio, como el Lanzale y el Piskolabis, una lastima. En más de una ocasión cenamos en alguno de estos lugares. Enfilando la Jarauta, plagada de sedes de peñas, que visitábamos sobre todo en sanfermines destacaban, en aquellos años 70 y 80 el Urricelqui con su higados y riñones a la plancha, el Oreja con sus raciones de pulpo y otras exquisitices gallegas, el Montón y la Viña. 
Del resto de bares del Casco habría que que señalar alguno de Calderería como el Garazi o  del final de la Tejería como las Bodegas Riojanas, el Primi o el Malkoa, muy en boga a finales de los 80 y primeros 90, o los de la bajada del Labrit, algunos de ellos en otros tiempos disco-bares, y como establecimientos singulares fuera de rutas, Casa Paco, en el Rincón de San Nicolás y sus famosas albondigas, el bar Bilbao (en franco declive cuando lo conoci) o Casa Marceliano. Casa Marceliano era la típica tasca o bar de antaño, que popularizó Hemingway en sus escritos, hasta el punto de convertirla en un lugar de visita obligada para los muchos turistas que siguieron sus pasos (En la foto  vemos a Hemingway en una de sus visitas a Casa Marceliano). Una tasca donde se podía degustar acompañado de un vino recio de la tierra tan pronto una fritada de sardinas,  como en sanfermines  un estofado de toro, un buen ajoarriero o un cordero al chilindrón, con los dichos siempre singulares y a menudo cortantes, de fondo, del amigo Juantxo. Casa Marceliano cerró sus puertas hace 20 años, en 1993, cuando los hermanos Arraztoa vendieron el edificio, que reabrió el Ayuntamiento en el año 2001 como oficinas municipales. Una pena.
Fuera del Casco cabría recordar el bar de la Servicial Vinicola en la calle Navarro Villoslada. Cuantos estudiantes del cercano Instituto Ximenez de Rada  habrán recalado de forma habitual en este bar. Hay muchos otros bares y restaurantes en el Ensanche pero destacaría un clásico, el Niza, fundado en torno al año 1936, poco después de la construcción del Teatro, lugar de reuniones de escritores, artistas y demás gente de la farándula, El California (más conocido como El Cali), el Reta, el Candilejas, y en la zona más cercana  al Casco el Cinema, con un decorado que homenajeaba el séptimo arte,  no en vano, tenía cerca cuatro o cinco salas de cine,  el Palace, propiedad del empresario hostelero Javier Miranda. Y en San Juan el Agoizko, el Hip-Hop, el Trebol  o el Zapata, aunque en mi memoria personal este barrio sea para mi más de pubs que de bares. Para recenar había algún abierto allá por las cinco de la mañana como el Alesves de San Jorge.

Fotos: Foto Plaza del Castillo de Galle (sin datar, aprox. años 60), Archivo Bar Restaurante Baserri, Foto Cafe Kutz de J.J. Arazuri (1952), Cafe Torino de Zubieta y Retegui (1971) y Casa Marceliano, de Julio Ubiña (sin datar).

2 opiniones en “Los bares del Viejo Pamplona (1960-1990)”

  1. He llegado a este artículo porque busco fotos del café Kutz. Mi abuela tenía un espejo de grandes dimensiones del interior de este mítico café, testigo entre otras historias del nacimiento de Osasuna. ¿¿Tiene alguien fotos de su interior?? Agradecería alguna información al respecto dado que estoy interesado en vender dicho espejo.

  2. Antes del Bar San Miguel en la calle San Nicolas numero 50 donde hoy se ubica el Hotel Javier,estaba el Bar Valero fundado aproximadamente en 1952(antes fue tienda de ultramarinos) por mis abuelos Valero Iribarren y María Elizondo. Estuvo activo hasta el año 1966 o 67 y fue un Bar muy conocido en Pamplona en su época. Desde comuniones y bodas hasta comidas de números chóferes del viejo autobuses y preparación de meriendas para ver a Osasuna en el viejo San Juan.

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