Recuerdos sanfermineros: “Los Gigantes de Pamplona” de Fiacro Iraizoz

Hace ya algunos años, cuando hablaba de los gigantes, cité aquel poema popular que recordaba yo de mi niñez y que recordarán seguramente  los más viejos del lugar, “Los Gigantes de Pamplona”, un poema que era enfáticamente recitado año tras año, por  Don Goyo, desde los microfonos de Radio Requeté, en los programas especiales que se radiaban antes y durante las fiestas. Vista la letra hoy en día, cuarenta años después, en la época de lo politícamente correcto, algunas estrofas nos chocarían pues responden a prejuicios y visiones anticuadas  solo entendibles en su propio contexto y época, no en vano su autor, Fiacro Iraizoz Espinal, nació en Pamplona a mediados del siglo XIX, concretamente el 20 de marzo de 1860 y falleció en Madrid el 30 de enero de 1929. También choca, aunque en la dirección opuesta,  la precoz crítica política y social que se desprende de algunas de  sus estrofas, en relación a la monarquía u otros perfiles sociales y que ha ayudado en parte a que se mantenga, en cierto sentido,  a través de la tradición oral. El poemilla no tiene  gran valor literario y sólo por su raigambre en el imaginario colectivo y personal de muchos de mis convecinos, lo saco aquí a colación, en estas fechas presanfermineras.

Iraizoz vivió pocos años en su ciudad natal pasando la mayor parte de su vida en Madrid, donde destacó como autor teatral, si bien del llamado género chico pues escribió más de 40 libretos de zarzuela. De sus obras cabe recordar Cuestión de cuartos, Diente por diente (1886); Las propinas, Los molineros y La tertulia de Mateo (1887); Los callejeros y La beneficiada (1888); La corista, Madrid-Club y Los langostinos (1889); Selilla (1890); La boda del cojo (1891); La madre del cordero, El cascabel al gato, Los impresionistas y Pobres forasteros, estas dos en colaboración con Navarro Gonzalvo (1892); La mujer del molinero y Los voluntarios (1893); Viento en popa (1894); El señor corregidor, Los de Ubeda y La vuelta del vivero (1895); El barbero de Sevilla (1896); El mantón de Manila (1898); José Martín el tamborillero, La noche de la tempestad y Polvorilla (1900); Chispita o el barrio de Maravillas (1901); Patria nueva y El ramo de azahar (1903). Como libretista de zarzuela, destacan Luz verde (1899) y Lola Montes (1902), Patria nueva (1903) y Al cantar de la jota (1912), con música de Amadeo Vives, y La roncalesa, que firmó con el maestro Larregla* (1897). En 1885 fue premiado en el Certamen científico, literario y artístico de Pamplona por su poesía Un recuerdo para mi tierra. Sin embargo, su composición poética más conocida es la mencionado Los gigantes de Pamplona, dedicada a su hijo,  que publicó en Pamplona La Avalancha, en su nº 224, el 8 de julio de 1904, si bien fue firmada por primera vez el 6 de julio de 1896 y publicada en Madrid por la revista semanal de Artes y Letras “Instantaneas” en 1898. Fiacro Iraizoz fue también promotor del Monumento a los Fueros levantado en Pamplona (1903) como consecuencia de la Gamazada. De aquellos primeros años del siglo XX reproduzco, junto a este párrafo,  una bonita foto de Roldán e Hijo que data de 1912, donde vemos a nuestros veteranos gigantes bailando, como dice el poema, al son que les tocan,  acompañados del gentío.

Fotos: Nº 1: Fiacro Iraizoz Espinal. Fundación Juan March. Archivo de Carlos Fernández Shaw; Fotografía personal dedicada a Carlos Fernández Shaw. Fotos Nº 2 y 3: Reproducción del poema “Los gigantes de Pamplona” en el suplemento especial de la revista “Instantaneas”.  Revista Semanal de Artes y Letras (1898-1900). Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid. Foto nº 4. Los gigantes a su paso por la calle San Saturnino (1912). Roldán e Hijo.

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