Barrios de Pamplona: La Rochapea a lo largo del siglo XX. 1ª parte. (1900-1950)

Vuelvo al barrio que me vió nacer y aunque he hablado de mi barrio en infinidad de entradas, no he hecho una que haga una breve pero completa síntesis de su reciente historia, de sus cambios urbanísticos y de sus fiestas.  Sobre estas últimas hice alusión   en alguna de las primeras entradas de este blog, en aquellas de contenido más personal o autobiográfico, pero aquí las retomo con un criterio y orientación más historicista. Creo recordar que también hice alusión a estas fiestas, de pasada, cuando hablando de las fiestas de San Fermin Txikito me referí a las fiestas de algunos de los barrios extramuros. En esta entrada me centraré, además de citar algunos hitos urbanísticos destacados, en enumerar industrias, fechas y lugares destacables y por lo que se refiere a las fiestas, sobre todo en qué lugares del barrio se concentraban sus actos y cuales eran las principales actividades de estas a lo largo de la historia. Para ello he hecho un seguimiento de sus actividades a través de la prensa local. Este tema de las fiestas me es especialmente querido, no en vano, durante muchos años,  el corazón de las fiestas del barrio se ubicaba a escasos metros de mi casa, junto a las escuelas, en la Travesía del Ave María. Intentaré incorporar material gráfico nuevo aunque no es fácil, y   reconstruiré el paisaje urbano del barrio desde los años 20 hasta finales de siglo, como si de una máquina del tiempo se tratase. Me serviré especialmente  para ello de las ortofotos existentes de los años 1929, 1945-46, 1956-57, 1966-71 y 1982. Dada la extensión de la entrada la dividiré en dos partes. Intentaré seguir este mismo procedimiento de investigación y análisis con el resto de barrios de Pamplona, aunque no les puedo asegurar cuando.

Empecemos con unas notas historiográficas sobre el barrio. Entre los siglos XIII al XV se llamó al barrio Ius o Jus La Rocha que en occitano, hablado por los francos del burgo de San Cernin venía a significar “debajo de la rocha”. La Rocha era una de las  torres de defensa de este burgo que  debía estar  en la esquina de las murallas situadas cerca del actual Museo de Navarra y que probablemente tomaría su nombre por estar situada esta torre de defensa sobre alguna roca o promontorio. Posteriormente  el nombre se vasconizó y la zona de abajo pasó a conocerse como Rochapea (en euskera, bajo la Roca o Rocha). Hasta mediados del siglo XX, la Rochapea se extendía desde el Puente de Miluce a la zona del Convento de Capuchinos, incluyendo al barrio de San Jorge. Como ya he señalado en otras entradas hasta primeros de este siglo había una taxativa prohibición de construir más allá de las murallas y, de hacerse,  tenía que hacerse con determinados elementos y sin sobrepasar determinada altura. El Camino Viejo de la Rochapea, luego Joaquín Beunza, y la calle Errotazar eran sus principales vías. Como veremos más adelante en una fotografía, con indicaciones de lugares, de Julio Altadill, de 1895, al fondo de la foto podíamos descubrir dos caminos sembrados de arboles, el Camino, luego Carretera a Villava y el Camino de los Enamorados. Entre la ciudad  amurallada y estos caminos había  una vasta extensión de campos y huertas. La estructura y vertebración del  barrio ha estado condicionada por el paso del río y las diferentes vías de comunicación, tanto de carreteras como ferroviarias. De ambas vías y calles y de algunas otras hablé extensamente a lo largo de las más de 20 entradas que dediqué al barrio de la Rochapea por lo que me referiré más sucintamente a ellas en ésta.

Si entrasemos al barrio por la Avenida de Guipúzcoa, pasada la mitad del siglo XIX, allá por finales de la década de los 60, y al lado derecho de un puente de madera que permaneció hasta 1970 descubriríamos la solitaria y recién inaugurada Estación del Norte (14-9-1860); La instalación de la estación del Norte provocó que junto a la tradicional actividad fabril de la histórica calle Errotazar surgiera posteriormente un núcleo de actividad potente en torno a la Estación, sobre todo, al norte con la Gran Tejería Mecánica e Inabonos y al sur con la azucarera de  Eugui (1926-1971) que fabricaba azucar y licores y la fábrica de Calzados López (1910-1926) que luego ocuparía el taller de fabricación de material agrícola Mugica y Arellano (1926-1974). Pasado el puente sobre el ferrocarril y también a la derecha, justo antes de llegar al cruce de Cuatro Vientos descubrimos, en torno a 1865, la casa de Domingo Chiqui, o sea la casa de D. Domingo Eugui, padre del  industrial  Carlos Eugui y Barriola.  Al otro lado de las vías del tren, en lo que sería la actual zona de Euntzetxiki (calle Ferrocarril),  se ubicaba, como he dicho, a finales de siglo Abonos Químicos de Navarra (1893),   la mencionada Tejería Mecánica, la serrería de Isturiz y la de sacos y telas de textiles Maser, entre otras empresas. Detrás de la calle Ferrocarril, tras la postguerra, se construyeron las escuelas de Unzutxiki que yo recuerdo haber visto hasta finales del pasado siglo.

En el lado izquierdo de la avenida de Guipúzcoa  no hacía mucho tiempo,  -al filo del siglo XIX-,   que había desaparecido el Viejo Monasterio de Santa Engracia. Ocupaba el principio  de la actual calle Carriquiri, la Calle Provincias, la zona de Marcelo Celayeta más cercana a Cuatro Vientos  y el principio de Joaquín Beunza; Había permanecido en el lugar durante más de 500 años, hasta que las monjas clarisas se tuvieron que trasladar  a Olite, tras  la guerra de la convención de 1794. Y es que el monasterio que había sobrevivido a tantos siglos no pudo con la orden de derribo de todas aquellas construcciones fuerapuertas que estuviesen situadas a determinada distancia de la ciudad  y con determinadas condiciones constructivas, distancias y condiciones que evidentemente el Monasterio no cumplía.  En la esquina de Cuatro Vientos había una casa con bajo más dos alturas que permaneció, apenas sin cambios, prácticamente durante todo el siglo XX. En esa casa cuentan que estaba la famosa taberna, “La Gloria Navarra” regentada por Doña Eulogia, conocida por sus famosos callos. Pasando el puente de Cuatro Vientos  llamado entonces Nuevo de Santa Engracia, para diferenciarlo del Viejo, y que era bastante más estrecho que el actual, -se ensanchó en 1932-, al lado izquierdo hallábamos el molino municipal  que surtía de harina a los hornos del Vinculo. En 1888, el molino se transformó en una central eléctrica también municipal, -la Electra Municipal- que funcionó hasta 1939 en que fue subastada y comprada por Bernardo Echamendi que la transformaría posteriormente  en Industrias del Caucho. La primitiva fábrica de cueros y charoles de Echamendi estaba en el camino de los Enamorados y sufrió un pavoroso incendio en el año 1930. Casi enfrente, en la parte derecha de la avenida, estaba Villamiranda.

Si entrasemos al barrio por el puente de la Rochapea, dejaríamos a la izquierda las Casas de Curtidores. Allí estaban las fábricas de curtidos de Yoldi y Zarranz.  A principios del siglo hubo también en este lugar una sociedad llamada “La Veneciana” que alquilaba barcas para pasear;  Enseguida llegaríamos a la plaza del Arriasko, que en euskera significa “muchas piedras”, dejando a la izquierda al Matadero de Carnes, (en el lugar desde el siglo XVI hasta finales del XIX), el nuevo se construiría en San Juan, junto a la cárcel, al despuntar el siglo; a la derecha y junto al río se encontraba el mayor lavadero de la ciudad, donde las lavanderas bajaban a lavar la ropa a la orilla del Arga y colgaban las prendas en largos tendederos;  En ese lugar,  el Ayuntamiento, en 1899,  plantaría un montón de arboles plataneros para dar sombra a las sufridas lavanderas. El antiguo matadero de la ciudad, el más antiguo, estuvo situado hasta el siglo XVI pasado el puente Viejo de Santa Engracia, a mano derecha, en una casa que se derribó parcialmente poco después. En los años 80 del pasado siglo, no obstante, una parte de la vieja construcción original todavía estaba en pié.  En la plaza del Arriasko destacaba el edificio de la Casa de los Pastores. Hasta 1813 la mayoría de las casas de la plaza eran propiedad de las Agustinas Recoletas, luego fueron compradas por el Ramo de las Carnicerías  que construyó en el lugar unas corralizas para encerrar el ganado destinado al Matadero. En 1920 se instaló en la plaza la Guardia Civil, ubicación que no abandonaría hasta 1975. En esa parte del edificio del viejo matadero que se mantuvo en pie yo recuerdo de niño que estaba habitado por familias  gitanas, y creo que aun queda hoy en día algún resto edificatorio que sirve de sede al Club de Remo.

Saliendo de la plaza  hacia Errotazar,  pasada  la  fundición  de Gamarra, podríamos meternos por el Camino Viejo de la Rochapea hasta desembocar en  los caminos de Enamorados y Villava.  Los núcleos más densos de población de la Rochapea se instalaron a principios del siglo XX, al igual que las industrias,  junto al puente de la Rochapea, Errotazar, Joaquín Beunza (llamada así desde 1937 pues antes se llamó  de García Castañón (1931), Ramón y Cajal (1935) y Camino de la Rochapea de nuevo (en 1936)); Camino de los Enamorados, Avenida de Guipúzcoa y Marcelo Celayeta, avenida que,  a la postre y desde mediados del siglo XX se convertiría en la arteria principal del barrio. Al lado izquierdo del Camino de la Rochapea, luego calle de Joaquín Beunza,  nos toparíamos, desde 1936, con la fundición de Sancena, el vivero municipal  y  los restos de la fábrica de gas  inaugurada en 1861, con su alta chimenea, que había producido  gas para el alumbrado de la ciudad y en donde se ubicarían durante más de un siglo, desde finales del XIX hasta principios del XXI,  los corralillos de los toros.

La fábrica subía el gas por tuberías a la ciudad y  vendía también alquitrán, carbón de cok y agua amoniacal. La fábrica dejó de funcionar durante algunos años por el encarecimiento del carbón de hulla, debido al bloqueo de la ciudad por los carlistas (1872-76) y pocos años después (1888), con la instalación de la luz eléctrica en la ciudad, dejó de tener sentido su existencia. En 1898 la compró el Ayuntamiento dedicándola primero en albergue para pobres y más tarde, desde 1899,  para desencajonar los toros para San Fermín. En 1918 se adecentaron definitivamente para este fin. En 1943 se derribaron las viejas construcciones, habilitando los corrales tal y como los conocimos hasta el año 2004, año en que se derribaron por completo y se ubicaron en un lugar cercano. Yo creo recordar que por esta zona también había una perrera municipal. En esta calle encontrábamos, además, un  lugar de referencia como Casa Placido, con su taberna y su patio, tan frecuentados durante los sanfermines, al comienzo de la calle y Casa Típula en su tramo final. Otras industrias que estuvieron asentadas en esta calle, a lo largo del siglo XX,  fueron la fábrica de botones de Castells (donde  se ubicó luego el colegio de las Mercedarias, la fábrica de hielo y espumosos Arancha, la de palillos de Antuñano, la de cohetes “El Cohetero”, la de palos de escoba de Seminario, herramientas de corte de Isturiz, frenos de Alfredo Urra y Manuel Ros (en los años 50), la trapería de Estremera ya al final de la calle cerca de la confluencia con el Camino de los Enamorados. Aquí, en el camino de los Enamorados estuvo además de la fábrica de Bernardo Echamendi y también  la de órganos Roques que funcionó durante 10 años y se quemó en 1923, tal y como recoge la prensa de la época y en el término de Santa Engracia, enfrente de la Iglesia del Salvador,  la fundición de Apolinar Arrieta.

En la calle Errotazar se agrupaban, también a finales del siglo XIX y principios del XX, muchas casas e hitos urbanísticos  e industrias  del barrio, y las cito por orden de aparición, la lavandería o colandería de Tabar (donde se cocía la ropa con ceniza), la casa y fábrica de curtidos de Baldomero Navascués, que daría lugar al nombre del lugar, conocido como patio de Navascués, y que, además, era primo carnal de Pablo Sarasate);  En esta zona había también fábricas de cerveza, curtidos, de velas y sebo y una herrería, más adelante estaba la fábrica de fideos del señor Armendariz que se llamaba “La Navarra” y que poseía una tienda en la calle Mayor, enfrente una serrería y la casa de la Cenona, más adelante la Casa de la Parra (luego de la familia Lorda), la Casa de Vergara, la casa del Obispo y las casas de Mina y trás estas el Prado de la Lana (1736), donde se lavaba la lana, y el Molino de Alzugaray y muy cerca de allí, aprovechando el agua de la presa de San Pedro, el huertano Redin  organizó los primeros baños públicos de la ciudad,  a principios del siglo XX, por 0,10 pts el servicio, a Redin le llamaban “el mochorro”, de ahí que se conociese el paraje como “la huerta del Mochorro”.

Y al otro lado de la calle y hasta la esquina de Errotazar con el camino de Enamorados estaba  el Prado de la Cera donde se blanqueaba la cera y se extendía al sol cuya existencia parece que data del siglo XIV. Entre las huertas más conocidas que suministraban sus frescos productos al Mercado de Santo Domingo estaban las de Udobro, Beunza (el diputado), (luego Turrillas), Huici, Caparroso, Chancharrana, Zabalza, Elizalde, Berasain, el mencionado Vergara, Gervasio, etc. La zona de huertas llegaba desde Errotazar al puente de Santa Engracia y fueron eliminadas al filo del siglo XXI, por la construcción del nuevo parque fluvial.

En tiempos llegó a haber en la Rochapea viñedos al igual que los hubo en la falda del San Cristobal, para hacer txakolí y también cinco fuentes, tres de las cuales las tengo localizadas,   una de ellas pasado el viejo puente de Santa Engracia, a mano izquierda, que fue tapada en los años 60,  la otra estaba al final del camino de los Enamorados junto a las Escuelas de Lavaderos y la tercera en el margen izquierdo de la calle Errotazar, después de pasar el puente y la presa de San Pedro.  Siguiendo la calle Errotazar,  más allá de este primer y  denso tramo, nos topábamos con el viejo puentecillo de Errotazar, la presa de San Pedro y bordeando el rio, a mano izquierda dejábamos el Monasterio Viejo de San Pedro antiguamente Convento de San Pedro, el primer y más antiguo convento medieval de la ciudad, construido en el siglo XIII, habitado primero por los padres franciscanos y luego por  las Petras, religiosas que estuvieron en él hasta 1969, año  en que el edificio quedó abandonado. El edificio en rápido proceso de deterioro  sirvió de albergue durante algunos años a  algunas familias gitanas, hasta que fue recuperado y rehabilitado por el Ayuntamiento. Luego llegábamos hasta la iglesia de San Pedro, junto al convento de los Capuchinos. El convento data del siglo XVII y la iglesia del convento rehabilitada,  se abrió al culto de los feligreses en el año 1952.

Pero cambiemos de tercio y recordemos como vivían los rochapeanos sus fiestas a mediados del XIX, incluso antes. Se tienen noticias de que las fiestas de la Rochapea se celebraban en la plaza del Arriasko o de los Pastores, junto al Matadero Nuevo, al menos desde el siglo  XVI. En aquellos lejanos siglos y posteriores preocupaba a los poderes políticos y religiosos sobre todo  la llamada moral pública, siempre ha habido la natural tendencia de los poderes públicos por controlar a la población en sus comportamientos; los bailes  posibilitaban el contacto siquiera fugaz entre hombres y mujeres y  el alcohol desinhibía al personal. Lo demás se lo pueden imaginar. Según dichos poderes públicos este tipo de acontecimientos festivos  incitaba a las peleas o riñas  y al desenfreno carnal. Así que era relativamente frecuente la publicación de edictos decretando la contención o incluso la prohibición de determinados actos festivos. En cualquier caso era preceptiva la previa autorización para su celebración. Y esto sucede al menos en los siglos XVI, XVII y XVIII, incluso en el siglo XIX. Las primeras fiestas debieron estar bajo la advocación de Santa Engracia. A partir del XIX las fiestas estarían bajo el patronazgo de San Lorenzo, de cuya parroquia dependía el barrio, celebrándose los días 10 y 11 de agosto. En aquellas fiestas las actividades se reducían a comer, beber y danzar, al son de los  juglares y sus antiguos instrumentos. Entre las danzas de las que se tiene conocimiento se encuentra la llamada  karrikadantza o correcalles y más tarde el baile de la Era y entre los instrumentos musicales más frecuentes la txirula o la gaita, flauta y el tamboril; más adelante llegarían las charangas. La figura de los mayordomos se hace presente sobre todo desde el siglo XIX. También había cohetes, hogueras y se degustaba el tradicional relleno y los piperropiles.

Es desde mediados del siglo XIX hasta la época de la guerra civil cuando experimentaron mayor auge las fiestas para ir posteriormente decayendo y resurgir más tarde, siendo muy habitual que los habitantes de intramuros acudiesen también a las fiestas extrabarriales como las de la Rochapea. Además de en la plaza del Arriasko,  a finales de siglo,  comienzan también a celebrarse algunos actos festivos en la explanada existente frente a la recientemente construida estación del ferrocarril del Norte, al hilo de la pujanza industrial y poblacional de este segundo enclave, si bien el grueso de los actos se seguiría celebrando en la plaza del Arriasko o en el Gas hasta décadas más tarde. El baile solía durar,  al filo del nuevo siglo,  hasta las 12 de la noche. Durante los primeros años del siglo XX y hasta 1918, las fiestas de San Lorenzo se celebraron por duplicado, o mejor dicho en dos escenarios diferentes, abajo, en la Rocha, en la plaza del Arriasko y arriba, en la ciudad, en la plaza de Recoletas, si bien el baile se solía celebrar en los jardines de la Taconera o en el Rincón de la Aduana.

En los primeros años de la segunda década del siglo XX el  baile se celebró en el patio y salas de la antigua fabrica del Gas. Al final de la segunda década del siglo se empiezan  a producir grandes cambios, los actos religiosos se celebran en la vecina parroquia del Salvador, inaugurada el 2 de abril de 1916, la 1ª piedra de la iglesia se había puesto  el 12 de abril de 1914.  En esta segunda década del siglo  comienzan a coger más auge las actividades festivas en el barrio de la Estación, perdiendo fuerza las del barrio hortelano, sin embargo durante un par de años hubo  dos bailes, uno frente a la Estación y otros en la zona del Gas, desapareciendo  durante una década  las actividades festivas de San Lorenzo en el Casco que se retomaron con fuerza mediados los años 20, con verbena en la Taconera y becerrada incluida. El motivo de la suspensión estuvo, al parecer, originada en las tasas que el ayuntamiento quería cobrarles por organizar las fiestas, Aunque dicha recuperación duraría poco tiempo ya que no hay actividades festivas en el Casco a  partir de 1927.

A finales de los años 20 se pensó en enlazar Madrid con Paris por Alduides y hubo un proyecto de  tirar una vía por Marcelo Celayeta. Se trajeron  materiales y vinieron ferroviarios de otras comunidades pero la idea se desechó y nuestra vieja estación se quedó en lo que es actualmente, en una estación de segunda categoría con escasas comunicaciones y servicios. En 1911 se había inaugurado el Irati, un ramal bajaba por el Portal Nuevo y la Cuesta de la Estación hasta la Estación del Norte, otro ramal iría desde 1914 por la actual calle Carriquiri, justo donde sigo viviendo desde mi infancia, para conectar con la Estación del Empalme del Plazaola. Y es que a partir de 1914 por el barrio comenzó a atravesar  otro ferrocarril de vía estrecha, el Plazaola, que tenía la estación del Empalme en la confluencia de las actuales calles  Carriquiri y de Bernardino Tirapu. Pero la relación del barrio con el tren no acaba aquí. Con la carbonilla del tren del Norte se hicieron en 1920 las casas 55 y 55 bis de Marcelo Celayeta, junto a las escuelas del mismo nombre, que fueron derruidas a partir del año 1996.  Las escuelas de la Carbonilla fueron impulsadas por el régimen republicano en los años 30  para hacer frente a la oferta educativa confesional de las escuelas del Ave María.

Las antiguas escuelas del Ave-Maria son una parte importante de la memoria personal de varias generaciones de pamploneses del barrio de la Rochapea. Se empezaron a construir el 21 de marzo de 1915, terminándose, junto a la  iglesia del Salvador,  el 2 de abril de 1916. Su fundador fue D. Marcelo Celayeta, párroco de San Lorenzo, que se inspiró en las escuelas del mismo nombre que impulsó en Granada el pedagogo Andrés Manjón. Fue dirigida por D. Marcelo Celayeta hasta su muerte el primero de mayo de 1931. Fueron sus primeros maestros, formados en el método manjoniano, Don Gervasio Villanueva y Doña Maria Marillarena. Los niños aprendían jugando con piedras, cintas de colores, piezas metálicas, etc. También se cuidaba la formación musical llegando a formarse una banda de 28 músicos. De dicha escuela y sus métodos hablé con más detenimiento en la entrada dedicada a las “escuelas, cantinas y colonias”, por lo que no me extenderé más aquí.

En las fiestas del barrio de la Estación se incorporaron dianas al programa, además de los clásicos bailables, con banda de música incluida y conciertos en la arboleda junto al río, también enfrente de la Estación, cerca de las antiguas escuelas, junto a la finca de Eugui. La banda del Ave María y Gurmensindo Bravo se convertirían en protagonistas fijos de algunas de las actividades durante algunos años. Las fiestas se celebraban inicialmente por cuestación popular entre los jóvenes del barrio, implicándose más tarde al tejido económico y comercial. Las actividades festivas en la zona del Gas desaparecerían  a finales de los años 20 al tiempo que cogían auge las de la zona de la estación. Atrás quedaba el chunchunero con la gaita y el tamboril, los piperropiles, los mayordomos y los bailes en el Gas. Bandas de música, charangas, guitarras, violines y bandurrias amenizaban las veladas musicales. En los años 30 se comenzó a organizar alguna prueba deportiva, como el Circuito de la Estación (1934), una carrera ciclista de aficionados. La guerra civil provocó la suspensión de las fiestas entre 1936 y 1938.  No fueron pocos los vecinos de este barrio represaliados por el movimiento golpista que acabó con el régimen republicano.

Pero ¿cómo era la Avenida de Marcelo Celayeta, entonces carretera de Villava en estas primeras décadas del siglo XX y en general el barrio?. Intentaré trazar una descripción lo más completa posible como si hubiera estado alli. La carretera a Villava estaba semiescondida entre arboles  y postes de luz que irían desapareciendo a medida que el camino se convertía en avenida y se fue urbanizando con nuevas construcciones y equipamientos.  Hasta 1916 no veremos la referencial silueta de la torre de la iglesia del Salvador.  En los años 29-30, además de la iglesia del Salvador y de las cercanas escuelas del Ave María, todavía sin la ampliación que conocí de niño, podemos contemplar en las fotos aéreas de la que se dispone un abigarrado núcleo de casas e industrias en torno al cruce de Cuatro Vientos que se haría más denso cuanto más avanzase el siglo; junto a él, la vieja calle de las Provincias, todavía no se había construido nada en su lado derecho, al margen de alguna construcción  a su izquierda. Como dice Ricardo Ollaquindía,  al fondo de la Calleja, en el centro, había una casa colorada, y dos salidas a los lados,- por las que se iba a la vía del Irati,  y al puente sobre la vía del tren, al que sería luego el campo de fútbol del Rochapeano (a la derecha) y al campo con hierba de Úriz (a la izquierda). Lo pueden observar en la ortofoto correspondiente.

En cuanto a las escuelas que estaban tal y como se inauguraron 14 años antes, una tapia cerraba la trasera dejando un campo de fútbol más reducido en su interior que el conociese 40 años más tarde y lo que parecía un frontón. La iglesia era más pequeña, no llegaba como luego hasta el  camino o carretera a Villava. Había, como he dicho arboles flanqueando ambos lados del camino y junto a la iglesia y escuelas había otras construcciones, situadas igualmente cerca de la carretera, me refiero a las casas que luego serían el nº 1, 2, 3, 4 y 5 del Ave María, estas casas construidas con piedra y  sin demasiado artificio, probablemente fueran de la primera o segunda década del siglo;   Enfrente, al otro lado había algunas viejas construcciones bajas de una o a lo sumo dos plantas, en muchas ocasiones con corraliza, un viejo bloque de viviendas de 1917 que aun se conserva, (es actualmente el edificio de viviendas más antiguo del barrio,  aunque está fuera de ordenación y se prevé su inminente derribo, encajonado entre las casas de Oscoz que se construirían por Severino Oscoz Barbería en 1955), y algunos caserones sueltos tanto a un lado como a otro de la carretera (probablemente de aquella época fuese la que llamábamos casa de la Marichu o  las Bodegas de los Matossi, que  fabricaba los licores del Café Suizo,  los Matossi, unos emprendedores suizo-italianos se habían instalado en la Rochapea en 1844 y eran   dueños del conocido “Café Suizo” de la plaza del Castillo dedicándose inicialmente a la fabricación de aguardientes y licores. Era famoso su “Licor de Chardon” a base de frambuesa.

Por cercanía a mi hogar recordaré que por la actual calle Carriquiri discurría el ramal que conectaba la Estación del Norte, el Irati y el Plazaola. Este ramal marcaba un pequeño arco en la zona más cercana a la actual calle Bernardino Tirapu, cerca de las Casas del Salvador, y conectaba con el Plazaola a través de ese arco. Atrás se podían ver la Estación del empalme y otras construcciones y muelles de descarga. La Rochapea era un inmenso paraje lleno de campos de labranza allí donde posteriormente 25 o 30 años se erigirían cientos de pisos y pisos. Pasado el cruce del Plazaola con la carretera a Villava encontrábamos el mencionado barrio de la Carbonilla. En esta época ya eran perceptibles los diferentes senderos y caminos del barrio que se convertirían años más tarde en carreteras y ejes principales: Cruz de Barcacio, camino  a Artica, camino a  Ansoain. Hasta los años 50, las calles Joaquín Beunza y Errotazar se componían de las casas y lugares mencionados anteriormente y algunos pocos más. Si revisáramos la entrada dedicada a la calle Joaquín Beunza veríamos que la mayor parte de los edificios señalados en ella, salvo  los bloques construidos en los años 50 a 70  ya aparecían a primeros de siglo, más cuanto más avanzase la centuria. Casas aisladas, campos y huertas que pueden verse en multitud de postales de la época. Resulta chocante ver, en cambio en la ortofoto, algunas construcciones en el tramo final de la calle Errotazar muy cerca de Capuchinos, que desaparecieron hace muchos años, Alli había un lavadero, una fuente y un abrevadero. El camino de los Enamorados estaba repleto de árboles a ambos lados. En la zona de Trinitarios no estaba construido el convento de las Oblatas pero si había una nave que yo recuerdo sobrevivió hasta hace pocos años, creo que fue en el 2009 si mal no recuerdo.

Finalizada la guerra, la Rochapea contaba con 4.300 vecinos. La Iglesia del Salvador se había independizado  de la de San Lorenzo.  Y comenzaron  a instalarse de forma progresiva más talleres e industrias.  En cuanto  a las fiestas se recuperarían las fiestas, adelantándolas algunos días, del 10 de agosto pasaron al 6 y de depender de la parroquia de San Lorenzo pasaron a hacerlo de la Iglesia del Salvador y a celebrarlas bajo su patronazgo. Se organizaron nuevamente competiciones deportivas; ciclistas y de partidos de pelota fundamentalmente, en el frontón de Ayerra, además que va teniendo un creciente peso  en el barrio el C.D Rochapeano fundado en tiempos de la República, si bien pasa por enormes dificultades hasta que se hace con un campo propio en 1955, en lo que yo conocí como el campo del Gure. Pero la recuperación sería fugaz. Las estrecheces económicas y la axfisiante rigidez moral harían que las fiestas, a excepción de los actos religiosos desapareciesen durante la mayor parte de la década de los 40. En cuanto al barrio, las escuelas del Ave María habían duplicado desde 1935 su oferta con 11 aulas,  5 de niños y 5 de niñas y una mixta, la del párvulos. En la ortofoto de 1945 se puede observar la existencia en la parte más cercana a Carriquiri de las que llamábamos escuelas de las chicas, aunque aun no se había ampliado la parte de los chicos que yo conocí de niño, las aulas que luego se dedicarían a párvulos, 1º y 2º.

En la ortofoto de 1946 aparecen nuevos edificios en el lado izquierdo de la carretera a Villava, en el tramo existente entre Cuatro Vientos y la Carbonilla, así como en la parte derecha de la calle de las Provincias. En el Ave María se habían construido los números 8 (1940), 14 y 15 y el chalet de las higueras que quedaría luego encajonado entre los números 9 y 13 de la calle. En 1945 se ampliaría la iglesia en un tercio de su volumen tal y como señalé en la entrada correspondiente del blog. En Joaquín Beunza a los tradicionales enclaves se había sumado alguna construcción más. Por lo demás y pese al incremento en el nº de construcciones, estas seguían estando un tanto dispersas y el parcelario mantenía unas características similares a las de décadas anteriores, casas de 2 o a lo sumo 3 alturas, fincas de ocio, como la de Elizari en el cruce de Enamorados y el Plazaola o casas de labranza con sus huertas, jardines o corralizas.  Ya no se blanqueaban las ceras en el Prado del mismo nombre, aunque seguían existiendo el lavadero, la fuente y el abrevadero de Errotazar y cerca del cruce de Enamorados y Errotazar se habían construido las escuelas de Lavaderos.

Será en 1949, año en que se acaban de terminar las casas municipales de Pedro cuando las fiestas conozcan un resurgimiento con multitud de pruebas deportivas: ciclismo, pelota, boxeo, baseball, aunque será  flor de un día, más bien de un año. Ese año hubo música, orquestina de baile,  en la llamada Rochapea Vieja (Errotazar) y música de orquestina y txistu en el barrio de la Estación. A mediados de los 50, la Rochapea contaba con 7.500 vecinos,  las actividades festivas vuelven a resurgir de mano fundamentalmente del C.D Rochapeano que promueve un pequeño campeonato de fútbol con los diferentes equipos de las diferentes zonas del barrio: Arsenal, Beunza, Celayeta, San Jorge, Salvador, etc. No olvidemos que la Rocha era y lo fue durante mucho tiempo un barrio de barrios, pero las fiestas vuelven a decaer, aparte de los actos religiosos, alguna diana, cohetes y una orquestina en el horario de tarde-noche.

Fotografías por orden de aparición: Nº1: Postal de la Rochapea. Años 20. Nº 2: Puente de Santa Engracia y molino municipal antes de convertirse en central eléctrica. Anterior a 1888. Roldán. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº3: Postal Vista General Pamplona desde la Rochapea. Posterior a 1914. Nº 4. Gran Tejería Mecánica. 1909. Aquilino García Dean.  Nº 5. Etiqueta de anisado de la fábrica de Carlos Eugui. Nº 6: Foto de Carlos Eugui Barriola. Nº 7: Puente de la estación. Anterior a 1950. AMP. Nº 8: Foto cruce de Cuatro Vientos. Principios de siglo. José Ayala. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 9: Anuncio de la fábrica de Bernardo Echamendi. Nº 10: Molino de Santa Engracia. 1903. José Ayala. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 11: Puente y Camino  de la Rochapea. 1895. Julio Altadill. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 12. Ortofoto 1929 de las calles Joaquin Beunza y Errotazar. Nº 13. Anuncio Casa Sancena. Nº 14: Casa Placido.  Nº 15: Factura Espumosos Arancha. Nº 16. Foto de la calle Errotazar anterior a 1870. Mauro Ibañez. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 17: Panorámica completa de la Rochapea. 1895. Julio Altadill. Pamplona, calles y barrios. J.J Arazuri. Nº 18: Ortofoto 1929 de la calle Errotazar. Nº 19. Prado de la Cera. 1935. Bozano. Nº 20. Fiestas de la Rochapea a principios del siglo XX. Plaza del Arriasko. Miguel Goicoechea. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 21. Fábrica de Gas. Año 1870. AMP. Nº 21: Ortofoto 1929 del barrio de la Estación. Nº 23: Factura de Calzados López. Nº 24: El Irati bajando por la Cuesta de la Estación. Años 20. Nº 25. Escuela de la Carbonilla. J. Cia. 1950. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 26. Iglesia del Salvador. 1917. Aquilino Garcia Dean. Nº 27. Ortofoto 1929 de la zona de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 28: Postal de la Rochapea. Zona de Joaquin Beunza. Años 20-30. Nº 29: Foto del Camino Viejo de la Rochapea. Años 20. Luis Rouzaut. Nº 30. Postal del Plazaola a punto de introducirse bajo el túnel. Años 20. Nº 31: Postal de la Rochapea. Años 20-30. Nº 32: Ortofoto 1945 de la zona de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 33. Ortofoto 1945 de Joaquín Beunza.  Nº 34: Ortofoto 1945 de la calle Errotazar. Nº 35. Casas de San Pedro recién construidas. 1950. J. Cía. Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra.

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