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Las antiguas escuelas del Ave Maria (1916-1977)

Las antiguas escuelas del Ave-Maria son una parte importante de la memoria personal de varias generaciones de pamploneses del barrio de la Rochapea. Se empezaron a construir el 21 de marzo de 1915, terminándose, junto a la cercana iglesia del Salvador el 2 de abril de 1916. Su fundador fue D. Marcelo Celayeta, párroco de San Lorenzo, que se inspiró en las escuelas del mismo nombre que impulsó en Granada el pedagogo Andres Manjón. Fue dirigida por D. Marcelo Celayeta hasta su muerte el primero de mayo de 1931. Fueron sus primeros maestros, formados en el metodo manjoniano, Don Gervasio Villanueva y Doña Maria Marillarena. Los niños aprendían jugando con piedras, cintas de colores, piezas metálicas, etc. También se cuidaba la formación musical llegando a formarse una banda de 28 músicos.

La escuela de planta baja y con grandes ventanales que se ve en la fotografía anexa a la iglesia del Salvador (popularmente conocida como la iglesia del Ave-Maria) y que inicialmente apenas contaba con unas 2-3  aulas se fue ampliando en sucesivas fases,  hasta contar con 3 más siguiendo la línea de las escuela de la foto superior y otras 4 aulas más, (las que se ven en la fotografía inferior)  y que popularmente conoceríamos (no se porque) como las escuelas de las chicas, pues en los años en que yo conocí la escuela las clases eran ya mixtas, eso, si, los chicos separadas de las chicas. En la foto superior se puede observar a la izquierda de la foto, la entrada a la sacristía de la iglesia del Salvador, enfrente una de las entradas a la escuela. Al fondo de esta entrada se vislumbra (por el tejadizo superior) otra construcción que era lo que conocíamos como el salón de actos. La escuela contaba con un campo de fútbol de tierra, bastante amplio, separado por una tapia de las calle Carriquiri (es un decir lo de calle porque como hemos visto hasta bien entrados los años 80 era un camino de tierra) y de la Travesía del Ave María. En este campo que era utilizado no solo por los alumnos de la escuela sino por muchos jóvenes del barrio para jugar al fútbol se instalaba en las fiestas de la Rochapea que tenían lugar a mediados de agosto, coincidiendo con la festividad de San Lorenzo, una animada verbena y otras atracciones que concitaban el interés de muchos vecinos no solo del barrio sino de otros barrios de la ciudad.De aquellos años, (1968-1973), recuerdo a maestros y maestras  como la Ramonita, Doña Conchita Zaldo, Don Emilio Loitegui, Doña  Isabel Ancil y Don Germán Tabar. También al portero, al señor Francisco. Era director de las escuelas en aquellos años Don Daniel Pascual. En aquellos años ya se habían abandonado casi por completo los métodos manjonianos pero era perfectamente visibles las huellas, los restos de aquellos métodos que sacaban la escuela del aula para dar la formación al aire libre: el mapa de España a gran escala en el suelo, la genealogía de los reyes hispánicos en la pared de la sacristía de la iglesia, las pizarras negras  a lo largo de las fachadas de la escuela. Y de vez en cuando nos sacaban al patio con las mesas para darnos alguna lección de matemáticas o de ciencias de la naturaleza.

Recuerdo de aquellos años en las escuelas, la botellita de leche que nos daban en los primeros cursos, después de comer, antes del tiempo de la siesta, algunos expeditivos métodos de la “vieja escuela”, la bata grisácea o negra del maestro, las clases grandes, muy grandes, como para 40 alumnos, los grandes ventanales, el negro encerado que cubría todas las paredes, el crucifijo entre los retratos de Franco y José Antonio, las mesas de pizarra verdinegras, con un agujero para los tinteros de otras épocas, una antigua estufa de carbón y leña, situada en una de las esquinas de la clase que sin embargo lograba atenuar el frío de ciertas mañanas y tardes invernales, el recreo de las 11.00, las clases de gimnasia en el campo de futbol, el serrín en el suelo cuando nevaba o llovía (aún me acuerdo del olor del serrín mojado), las vacunaciones en el Instituto de Higiene de la calle Leyre o las revisiones médicas anuales que nos hacían en las escuelas de San Francisco. Alguna vez me traía mi madre el almuerzo al recreo a la entrada de las escuelas, junto a las puertas rojas. Las clases eran de 9 a 12 y de 3 a 5. Luego en casa, la tarea, la merienda y a la calle a jugar. Tras sus grandes ventanales vimos pasar las estaciones y los primeros años de nuestras vidas.

 Las viejas escuelas del Ave María comenzarían a derribarse en el verano de 1977, siendo sustituidas por un moderno edificio sin personalidad pero acorde a las necesidades de la época y que aun pervive. Posteriormente se fue  ampliando la escuela con barracones, anexos y nuevos edificios, compartiendo años después patio e infraestructuras con una escuela en euskera, el Patxi Larrainzar. Hace poco más de 2 años, después de 94 años de servicio al barrio y a la ciudad desaparecían definitivamente las Escuelas del Ave María, tras el traslado de su alumnado a otro edificio en el mismo barrio, en el nº 32 del Paseo de los Enamorados.
Fotos: Nº 1. J. Cia (1950). AMP. Nº 2. AMP (Archivo Municipal de Pamplona)

La calle Nazario Carriquiri en el año 1984

En esta foto de la calle Nazario Carriquiri de 1984 se comprueba, si se observa detenidamente, cuanto ha cambiado esta parte del barrio de la Rochapea en estas últimas décadas. La calle que recibió su nombre del celebre ganadero navarro, por un acuerdo del pleno del Ayuntamiento, el 25 de mayo de 1971, comenzaba en la Avenida de Guipúzcoa y terminaba en el Grupo de Viviendas El Salvador (2ª Fase),  en el punto en el que se iniciaba la Travesía de las Provincias, luego llamada Ciudad de Sueca. 
La calle Karrikirri estaba en 1984 todavía sin urbanizar. (Comenzaría su urbanización dos o tres años más tarde). A la izquierda, la fábrica de piensos Caceco, levantada  en el lugar casi 20 años antes, en 1966, sobre el antiguo campo del Gure Txokoa, detrás de ella un pequeño descampado, resto del antiguo campo, que seguíamos llamando el “Gure” y la tapia de lo que llamábamos el campo de la Diputación (solía estar lleno de gravilla y otros materiales para la reparación de las carreteras), cercado por una tapia, al final del cual había un barracón del Departamento de Obras. Este barracón sirvió durante algunos años (segunda mitad de los años 70) como local de actividades para la juventud. Tras de él hasta un par de años antes estuvo el viejo edificio de la Estación del Empalme. De dicha estación y siguiendo la línea de las casas de la derecha salía un ramal del Irati que enlazaba con la Estación del Norte. Pero eso fue treinta años antes.
A la derecha, en primer plano, la tapia de la carbonera de las antiguas escuelas,  tras el edificio de las aulas (de las chicas) del Ave María y más alla las nuevas escuelas construidas en el año 1977, después de derribar las viejas escuelas de principios de siglo. Pasadas estas, los números 7, 9 y 13 de la travesía del Ave María y al final, las casas de la 2ª fase del Salvador. Uno de los escasos viandantes que pasea por la calle, con un paraguas parece mirar, de soslayo, en este gris y lluvioso día de invierno,  al fotógrafo que está tomando la instantánea desde la tapia de la antigua Azucarera de Eugui.

Foto: Imagenes Rotxapea. (Revista Ezkaba)

Presentación

Bienvenido a este cuaderno de apuntes personal sobre el Pamplona del último medio siglo. A través de las diferentes entradas iré rememorando lugares y personas y también experiencias y recuerdos seguramente compartidos con algunos de mis convecinos. No se trata de una mirada nostálgica hacia esa Pamplona que iniciaba de forma acelerada su crecimiento y transformación,  aunque lo pudiera parecer. Soy de los que piensan que no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor y que hay que mirar hacia delante. Pero la memoria histórica nos enseña lo que fuimos y eso nunca hay que olvidarlo. Adéntrense conmigo en este viaje hacia la Pamplona de los últimos 50 años.