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La música que oíamos en nuestra juventud. 2ª parte (1984-1989)

Termino con esta entrada la música que oímos, parafraseando la serie de televisión, “aquellos maravillosos años”, aunque esto es un decir, no quiero caer en la inútil trampa de la nostalgia, pues hay que mirar siempre más hacia el futuro que hacia el pasado aunque este blog sea un pequeño recuerdo y homenaje a aquellos años y a aquellas vivencias que nos hicieron ser como somos. Esta entrada repasa la música que sonó entre 1984 y 1989. 

En el año 1984 llegaba al nº 1 Michael Jackson y su famoso “Thriller”. Tras él escuchamos  también aquella canción de Stevie Wonder tan famosa “I just call to say love you” que fue además la BSO de la película “La mujer de rojo”. De fuera de nuestras fronteras oímos también a Queen cantar “I want to break free” o “Radio Gaga”, a Paul McCartney y Michael Jackson “Say, say, say”, a Tina Turner, “What’s love got to do with it”. Mike Oldfield con la mágica voz de Maggie Reilly hizo sonar la preciosa “To France” con esas mágicas reminiscencias que te trasladaban a otros tiempos y lugares. Otros que hicieron este año dueto fueron Julio Iglesias y Diana Ross con “All of you”. “Relax” supuso el debut del grupo británico de dance Frankie goes to Hollywood mientras “Big in Japan” fue el debut de la banda alemana Alphaville.  

Alan Parsons Project no era una banda sino un concepto supervisado por el  productor e ingeniero de sonido Alan Parsons. Por el pasaron infinidad de buenos músicos, vocalistas e instrumentistas de estudio. Este año popularizó “Don´t answer me”. La cantante alemana Nena cantó “99 luft ballons”, inicialmente en alemán. Fue traducido al inglés como 99 Red Balloons (99 globos rojos). Para quien no lo sepa era una canción protesta antimilitarista en una época en la que todavía reinaba la guerra fría. Aun se escuchaba a Boney M, este año con “Kalimba de luna”. La cantante de color Evelyn  Thomas nos hizo bailar con la discotequera “High energy” mientras Cindy Lauper hacía lo propio con “Girls i wann get fun”. La banda británica new romantic/rock  Culture Club liderada por Boy George  con su estética glam y transgresora  interpretó “The war song”. Otros grupos similares fueron, aquellos años,  Duran Duran y Spandau Ballet. P. Lion, era el nombre artístico de Pietro Paolo Pelandi que con “Happy children” hizo una pieza de tecno italiano que sonó mucho en las discotecas, ese año.

En España seguíamos escuchando los nuevos grupos pop que habían ido surgiendo a lo largo de la década de los 80. La Unión cantó  “Un lobo hombre en París” o “Sildavia”, Radio Futura, la “Escuela de calor”, Los Pistones, “El pistolero”, Los elegantes sus “Mangas cortas”, Cadillac, su “Arturo”, Tino Casal con su inconfundible estilo hizo triunfar “Pánico en el Eden”. “Sabes lo que pasa cuando dices que me quieres” decía Lain en “Arriquitaun” en una canción que no pasaba de frase y media. Entre los cantautores Aute cantaba aquello de “Una de dos”, mientras Ana Belen sola con canciones como  “Solo le pido a Dios” o “España, camisa blanca de mi esperanza” o en compañía de su pareja Victor Manuel cantaba lo de “Abre la muralla”. Mocedades haría dúo con el tenor Plácido Domingo con aquella inolvidable “Maitetxu mia”, y Chiquetete cantaba “Esta cobardía”, mientras Migel Bose homenajeaba a “Sevilla”. 


Este año, España mandó a Eurovisión al grupo Bravo, liderado por la donostiarra Amaya Saizar que años antes había formado parte del grupo Trigo Limpio. Quedó en un magnífico tercer lugar, llegando al nº 1 en Alemania. En castellano, pero desde Italia, Gary Low cantaba aquello de “Colegiala, colegiala”, Toquinho hacia lo propio con “Acuarela”, el dúo de hermanos, Lucia y Joaquín Galan, más conocidos como Pimpinela, nacidos en Argentina pero de padres españoles, escenificaba la riña de dos amantes en “Olvidame y pega la vuelta”. La italiana Mariana Fiordaliso, más conocida como Fiordaliso cantaba “Yo no te pido la luna”. Vicky Larraz que lideraba entonces el grupo tecno pop Ole Ole pedía “No controles” y Objetivo Birmania cantaba “Desidia”. 

En 1985 Dire Straits llegaba al nº 1 con “Walk of Life”, al tiempo que en el panorama nacional Alaska y Dinarama hacía lo propio con “Ni tu, ni nadie” y más tarde con “Pudiste hacerme esto a mi?. Pero sigamos con lo que nos venía allende de nuestras fronteras: “We are the world” fue una canción escrita por Michael Jackson y Lionel Richie para la campaña “USA for Africa”  e interpretada por una veintena de cantantes famosos:Stevie Wonder que también triunfaría este año con “Part time lover” y “Don´t drive dunk” (si bebes no conduzcas), Bruce Springsteen, Bob Dylan, Tina  Turner (este año oiriamos su “We don´t another hero”, Diana Ross, Paul Simon hasta veintiun grandes estrellas. “Live is Life” fue otro éxito originalmente grabado por la banda austriaca Opus, aunque interpretado luego por otros artistas. Madonna empezaba a dejarse oir, este año con canciones como “Angel” y sobre todo “Material girl”, Paul Mc Cartney cantaba “No more lonely nights”. El grupo británico Duran Duran a quien todos recordamos sobre todo por sus imaginativos videoclips tuvo un gran éxito en esta época, este año con “Wild boys”. 

Otro éxito de este año fue la deliciosa “Woodpeckers from Space” (o los pajaros carpinteros del espacio) interpretada por Video Kids, un proyecto del malogrado dj holandes Peter Slaghuis que murió en 1991 en accidente de tráfico. La canción fue una de los primeros éxitos de la música dance antes de su popularización en las discotecas. Este año Christopher Hamill más conocido como Limahl, compuso una de su canciones más conocidas “The neverending story”, que fue la BSO de la película del mismo nombre “La Historia interminable”. Otra famosa  BSO de este año fue la de “Ghostbusters” (Los cazafantasmas) interpretada por Ray Parker Jr. Este año sonó también “Tarzan boy” del grupo italiano Baltimora, fue un grupo de un solo exito en el que se mezclaban diferentes estilos: new wave, sintetizador y dance. “There must be an angel” fue el primer número uno del dúo techno británico Eurythmics. Tambien en la línea del tecno o synthpop estaba “Take on Me” del grupo noruego A-ha o los alemanes de Modern Talking, con “You´re muy heart, you´re my soul”. También oímos la banda inglesa Sade (por su vocalista Sade Adu) y su “Smooth operator”, “Shout” del grupo inglés Tears for Tears. Alans Parsons volvía a la carga con “Let´s talk about me” y por último el italiano Silver Pizzoli cantaba en inglés “Around my dreams”.

En España Miguel Bose cantaba aquello “Seré tu amante bandido”, Objetivo Birmania “Baila para mi”, Mecano “Hawai Bombay”, Hombres G “Venecia”, Ivan “Baila”, Gabinete Caligari “Cuatro rosas”, Serrat, “El sur también existe”, Sergio y Estibaliz “Cantinero de cuba”, Juan Pardo “Dios mio, Que peligro tiene María”, Bertin Osborne “Te deseo buena suerte…” Rosendo “Agradecido”, Ramoncín “Estamos desesperados” y el dúo de música tecno-pop Azul y negro sus “Números rojos”. Anteriormente habían sido nº 1 con “Me estoy volviendo loco” y “No tengo tiempo”, sintonías de la Vuelta ciclista  a España en las ediciones de 1982 y 1983.  En una línea más liviana y desenfadada el  incombustible Georgie Dann popularizaba este año “El africano”  y “su mami que será lo que quiere el negro”, Los Inhumanos su “Manuel, no te arrime a la paré…”, La Trinca su “Guerra verdulera” y  la Orquesta Mondragón, “Lola”.
En 1986,  nos llegaban desde fuera los éxitos de Bruce Springsteen (Born in the USA), Jennifer Rush (Si tu eres mi hombre), la italiana Ivana Spagna  (Easy Lady), Madonna (Papa don´t breach), los germanos de Modern Talking con “Atlantic is calling” y “Geronimo´s cadillac”. La cantante alemana Angel (Angelica Fischer) que luego se casaría con el compositor Luis Cobos cantaba “Dancing in Paris”.Tuvo una efímera carrera. Hubo varios grupos anglo-estadounidenses: Katrina and the waves cantó este año “Que te quiero, mi vida”, eso si,  el resto, salvo el título,  todo era en inglés y Wax “Right betweet the eyes”. Este año Tina Turner cantaba “Typical male” y se oía a los Talking Head con “Wild Wild life”. Queen con Freddy Mercury al frente cantó una de sus más bellas melodías, “A kind of magic”. La banda inglesa Talk Talk cantó “It´s my life” y la suiza Double conocíó el éxito con “The captain of her heart”. Chris de Burg, cantante argentino de origen irlandés nos ofrecía  “The lady in red”.  La princesa Estefanía de Monaco iniciaba su estrellato con el éxito de su “Irresistible”. Oimos también la imponente voz de Eartha Mae Kitt en “This is my life” al dúo británico Wham! con “Last Christmas”, al cantante austriaco Falco con “Rock me Amadeus”, a la germana Sandra y “María Magdalena” y la “Conga” de Gloria Estefan y la Miami Soun Machine.
En 1986, en España, Ana Belén y Víctor Manuel llegaban al nº 1 con “La puerta de Alcala”. Le seguían en el Hit Parade, Mecano y su “Cruz de Navajas”, los Hombres G y “Devuelveme a mi chica” y “Marta tiene un marcapasos”. Alaska y Dinarama estrenaría uno de sus mayores éxitos: “A quien le importa”, Gabinete Caligari estrenó otra de sus canciones más recordadas: “Al calor del amor en un bar”, Radio Futura, “Semilla negra”, Ole, Ole “Lili Marlene”; en otro estilo Miguel Bose cantaba “Nena”, Joaquín Sabina su inolvidable “Princesa”, Luz Casal, “Rufino”, Perales “Que canten los niños…”, La Pantoja “Marinero de luces”. Paolo Salvatore emulando a George Dann nos daría la tabarra con “El tomavistas”. La Década prodigiosa nos invitaba a bailar ritmos antiguos como el twist y otros. En 1986 España llevaba a Eurovisión al grupo Cadillac con “Valentino” que quedó en un muy discreto puesto, el décimo. 

En 1987 llegaba al nº 1 la banda irlandesa U2 con “With o without you” y “The communards” con su “Multimix”. The Communards era un grupo que se movía a caballo entre el synthpop y el new wave. El dúo compuesto por Jimmy Somerville y Richard Coles se mantuvo activo desde 1985 hasta 1988. Al nº 1 de las listas en nada menos que 25 paises  llegó  el grupo de rock sueco Europe y su “final de la cuenta atrás” (The final countdown), con un inicio con resonancias épicas o de fantasía heroica. Bruce Springsteen cantaba “Brillant disguise”. También al nº 1 llegó la  canción “Voyage, Voyage” de la cantante francesa Desireless y “Bad” de Michael Jackson. Este año el grupo femenino de rock de Los Angeles, The Bangles tocaba “Walk like an egyptian” y Samantha Fox, en la más pura onda discotequera cantaba “Nothing´s gonna stop me now”, mientras otra chica, esta italiana, con grandes atributos,  y no precisamente musicales deleitaba al personal masculino con su “Boys, Boys, Boys”. 

Bon Jovi con su banda de rock cantaba “Living on a prayer”, Los Lobos, “La bamba”. El ángel rubio, Madonna, hacía doblete con las famosas “Who is that girl” y “La isla bonita”. También oímos a Whitney Houston y su “I wanna dance with somebody”, a U2 y su famosa “When I still haven´t foun what i´m looking for” al igual que a Satus Quo y su celebre “In the Army now”. “Never Gonna Give You Up” en español: “Nunca te voy a dejar” fue  una canción dance-pop  interpretada por Rick Astley.  Este año escucharíamos el primer gran éxito del italiano Franco Battiato (Yo quiero verte danzar) con reminiscencias etnicas muy hermosas y pegadizas y The Comunnards, con la voz en falsete de Sommerville llegó a los primeros puestos con “Disenchanted”. Duran Duran cantaba “Notorius”,  Genesis, “Invisible touch” y Spagna, “Call me”. También escuchamos canciones de Pink Floyd, Alan Parsons y los Pet Shops Boys con “Suburbia”.



En España oíamos a Duncan Dhu con  sus “Cien Gaviotas” y su “Jardin de rosas”, a Joaquín Sabina con sus “Besos de Judas”y “Así estoy yo”,  a Julio Iglesias con “Lo mejor de tu vida…te lo he dado yo”. Entre los grupos Mecano cantaba “Me cuesta tanto olvidarte”, Hombres G, “No,No, No”, Ole, Ole ahora con Marta Sanchez “Sola”, a los que habría que sumar  Radio Futura, Nacha Pop, El último de la Fila, Los toreros muertos y  Ramoncín (Como un susurro), y en plan más jocoso Puturru de Fua con “No te olvides la toalla cuando vayas a la playa” y a la Orquesta Mondragón, “Ellas las prefieren gordas”. La cantante griega Nana Mouskuri cantaba “Libertad” con la música del Nabucco de Verdi.


En 1988 Rick Astley volvía a sorprendernos con otra canción sumamente bailable, “Together forever”. También en este año escucharíamos las siguientes melodías famosas: “Desire” de U2, “Always on my mind” y “Heart”  de la banda de pop electrónico británico Pet Shop Boys, “Gimme hope Johanna” de Eddy Grant, una canción reggae anti-apartheid, “Wonderful life”, una bonita canción de la banda británica Black, “The time of my live” canción grabada por Bill Medley y Jennifer Warnes para la película “Dirty Dancing”, y que sería la pieza central de su BSO, también de esta BSO era  “Hungry Eyes” de Eric Carmen, y seguimos con la enumeración de melodías de este año:  “Englishman in New York” de Sting, “First we take Manhattan” de Leonard Cohen, “Nothing gonna change my love to you”, una bellísima canción interpretada por Glenn Medeiros, “Live unchain my heart” de Joe Cocker, “Never can say goodbye” de The Communards, “Perfect” del grupo escocés Fairground Attraction, “Cross my heart” del grupo británico Eighth Wonder (La octava Maravilla), “Islands” de Mike Oldfield con la cascada voz de Bonnie Tyler, “Sing your name” de Terence Tren D´Arby, “My babe just cares for me” de la inolvidable Nina Simone, el famoso “Don´t worry, be happy” de Bobby McFerrin,  Francesco Napoli con su “Balla, balla” nos traía un versionado tecno de algunas de las canciones italianas más celebres de las últimas décadas y Julio Iglesias hacía dueto con Stevie Wonder en “My love”. Eran años en los que nos llegaban ritmos también de países o latitudes más exóticas: de Guinea “Ye ke ye ke” por el cantante Mory Kante y de Israel “Im nin alu” por la cantante judia Ofra Aza. Diversas canciones de Sting, Michael Jackson, George Michael y Bruce Sprinsteen cierran el repaso de melodías extranjeras de este año.


En España Mecano cantaba “No hay marcha en Nueva York” y “Los amantes”, Duncan Dhu, “En algún lugar” y “Una calle de París”, Tino Casal hacía su magnífica versión de la celebre canción de Barry Ryan “Eloise”, Hombre G cantaba  “Sueltate el pelo”, Ole, Ole, “Supernatural”, Gabinete Caligari, “Camino Soria”,  Joaquín Sabina “Una de romanos”, Loquillo y los trogloditas, “El rompeolas”, Alex y Christina, con Christina Rosenvinge al frente “Hago chass y aparezco a tu lado”, Victor Manuel nos sorprendía con una emotiva canción dedicada a “La Madre” de un drogadicto,  La Década Prodigiosa “nos invitaba  a una fiesta especial”, recordando los éxitos de los años 70, mientras los Cantores de Hispalis nos invitaban “A bailar”. De Italia llegaba Eros Ramazzotti con su “Fantastico amor”

Llegamos a 1989. Madonna triunfaba con “Like a prayer”. Sonaba un sensual ritmo “La lambada” interpretado por el grupo Kaoma. El grupo británico femenino Bananarama versionaba la canción de Los Beatles, “Help” y cantaba también “I want you back”. Roy Orbison, toda una leyenda en el mundo de la música, cantaba “You got  it”, una canción con un inolvidable sabor sesentero y ex-beatle y el duo sueco Roxette, “The look”. Jive Bunny & The Master Mixers, dúo de DJ’s inglés,  mezclaron  canciones de los años 40, 50 y 60; con ritmos como el Twist, el Swing, el Rock and Roll, y autores como Bill Halley, Elvis Presley, Little Richard, Glenn Miller, Chubby Checker, “Swing The Mood” y “That’s What I Like”  fueron sus mixes más famosos, ambas de 1989. La banda belga de música house Confetti´s popularizó “The sound of C”. La banda escocesa Deacon Blue cantaba “Real gone kid” y la cantante irlandesa Enya grababa su primer gran éxito “Orinoco flow”, una música en la que se mezclaban melodías folk con  fondos de sintetizador, pura música “new age”. Queen nos ofrecía otro de su melodías más famosas: “I want it all” mientras que Dire straits nos dejaba su inolvidable “Money for nothing”. The Bangles, un grupo femenino de lo que se llamaba “garage rock”  nos  sorprendió con la  bellísima balada “Eternal flame” y la banda escocesa Simple Minds cantaban “Mandela day” en homenaje al citado heroe surafricano, lider contra el apartheid. Liza Minnelli hacia duo con Pet Shop Boys cantando “Losing my mind” y Tina Turner nos ofrecia una de sus canciones más recordadas. “The best”. Rick Astley cantaba con su inconfundible estilo “Take me to your heart” Sonaron también canciones de Prince, Tracy Chapman, The Cure, Rolling Stones,  Paul Mc Cartney (My brave face), Simply Red (If you don´t know me by now) y Madonna (Cherish).


En España Mecano llegaba otra vez hasta lo más alto del hit parade con aquella canción de “Mujer contra mujer”, Ana Belen decía aquello de “Arde París”, Maria del Monte “Cantame” , Julio Iglesias “Bamboleo”, Eros Ramazzotti “Nada sin ti”, Los Ronaldos “Adios, papa”, Objetivo Birmania, “Los amigos de mis amigas son mis amigos”, el grupo glam Locomia con la canción del mismo nombre, La Unión “Mas y más”. La Decada Prodigiosa versionaba recientes éxitos de los primeros años 80. Sin olvidar otros grupos pop co canciones que sonaron como el grupo El Norte con “Entre tu y yo”, los Heroes del silencio, “Flor venenosa”, La Guardia “Mil calles llevan hacia tí”, Los rebeldes “Bajo la luz de la luna” mientras en clave festiva Los Refrescos nos recordaban que (en Madrid) (Aqui) no hay playa, No me pises que llevo chanclas “¿Y tu de quien eres? y Los Inhumanos “Qué dificil es hacer el amor en un Simca mil”. Sonaban canciones de Danza Invisible “Sabor de amor”, Loquillo (Cadillac solitario), Miguel Rios, la Orquesta Mondragón, los Hombres G, Luz Casal (Loca), Alaska y Dinarama “Mi novio es un zombi”. Y hasta aquí llega mi repaso de 27 años de música, los que van desde 1962 a 1989.

Vivencias, usos y costumbres en el viejo Pamplona: electrodomésticos y otros recuerdos de aquellos antiguos hogares (1960-1975)

En aquellos primeros años 60, se vivía como he comentado en la anterior entrada de esta serie, con cierta austeridad. Lo primero que se hacía era pagar el piso. Y al contado. El piso de mis padres les costó en el año 1968 unas 216.000 pesetas. Pagado el piso podías empezar a comprarte el resto de electrodomésticos del hogar, pero poco a poco, no todo a la vez como ahora. La primera lavadora que recuerdo haber visto en mi casa era una lavadora Bru de carga superior, esto es, se metía la ropa por arriba. Se llamaban lavadoras de turbina y la que había en mi casa era como la que aparece en la fotografía de la izquierda. Consistía en una cuba o caldero metálico metido en una carcasa, (la nuestra era blanca),  que lo contenía, con una turbina en el fondo de la cuba y un tubo de goma de desagüe. La turbina era de goma de color blanco (también las  había de baquelita). Se llenaba la lavadora con baldes de agua, se metía la ropa, se le echaba jabón, Chimbo en escamas, y se le daba a un mando que había en la zona frontal, que activaba la turbina, produciendo unos remolinos de agua que, junto al jabón, limpiaban la ropa.  Creo recordar además haber visto un calefactor de color negro (me imagino que equipado con unas resistencias) que se metía en el agua de la lavadora para calentarla.



Luego llegarían las primeras lavadoras automáticas de carga frontal con su típico ojo de buey y diversos programas: prelavado, lavado, aclarado y centrifugado. Al jabón Chimbo le sustituiría el detergente en polvo de Ariel o Colón (recuerdo aquellos tambores de detergentes, redondos). Creo que la siguiente lavadora que compramos  fue también una Bru (como la de la segunda fotografía) y posteriormente una Balay, pero entre medias recuerdo haber visto otro electrodoméstico en casa, una secadora Balay redonda (como la de la fotografía de la derecha)   que escurría el agua de la ropa. Había que introducir a presión las prendas, sin tapar el fondo del tambor, colocar un balde junto a su zona de desagüe, dar al botón que había en la parte superior y esperar a que diese unas cuantas vueltas, escurriendo el agua y secando la ropa. Alguna vez si  no se metían suficientes  prendas dentro del tambor se producía  un fuerte meneo  que hacía tambalear el aparato. Terminado el centrifugado cogíamos la ropa  y la colgábamos en  el  tendedero. Había manchas en la ropa que no se quitaban fácilmente y había que lavarlas, a mano, en la fregadera, con el jabón Lagarto. Las prendas delicadas se lavaban a mano  con Norit, el del borreguito. Para que no amarillease  la ropa se utilizaba el azulete (recuerdo el de la marca Cisne que aparece en la fotografía) al que sustituiría años más tarde el llamado “blanco nuclear”, que venía en una especie de pastillas. 


Para limpiar los metales teníamos el Netol y para fregar los cacharros (platos, cazuelas y cubiertos)  también Chimbo en escamas y luego posteriormente el Mistol. Fue un gran avance cuando se popularizaron los platos de duralex. Hasta entonces los platos eran de porcelana,  con el riesgo que tenían de sufrir frecuentes desconchamientos. Para quitar  los coscorrones de aquellas cazuelas de hierro,  esmaltadas en rojo, se utilizaban unos estropajos como de esparto duro con una especie como de arena. La lejía que utilizábamos con cierta frecuencia, se llamaba “El Tigre”.  La producía la fábrica de Los Hermanos Ardanaz,  ubicada en la carretera de Esquiroz y que tenía tiendas o despachos en los números 16, 18 y 19 de la calle Mayor y en el número 28 de la calle Mercaderes.   Venía en unas botellas de plástico de color verde, amarillo o rosa, creo recordar.  En los años 30 los hermanos Ardanaz comercializaban también otras dos marcas de lejía: La Cruz y La Esmeralda. En aquellos años, la mayoría de las mujeres, como mi madre,  no estaban incorporadas al mercado del trabajo.   A pesar de que mi padre fue un pionero, un adelantado a su tiempo,  y ya desde muy temprana época colaboraba con mi madre en las labores del hogar era muy habitual ver entonces a muchas mujeres entregadas en cuerpo y alma- y sin ningún tipo de ayuda- al hogar y al cuidado  de su familia: comprando, haciendo la comida, limpiando la casa,  etc. 

Recuerdo a mi madre, arrodillada, fregando el suelo de la cocina, o  encerando el pasillo y las habitaciones para que la casa  brillase como los chorros del oro, y por las tardes cuando no había otra cosa que hacer,  tejiendo un jersey, (que cansino era tener el ovillo de lana entre los brazos para que no se enredara), o remendando unos calcetines,  o poniéndole coderas a un jersey o rodilleras a un pantalón,  o bordando alguna de aquellas sábanas blancas y gruesas de algodón que en el verano resultaban tan fresquitas. Había en casa una máquina de coser Sigma como la que aparece en la fotografía de la izquierda. Con ella hizo mi madre infinidad de juegos de sabanas y otras muchas labores a lo largo de su vida. El domingo la gente vestía con sus mejores galas. Había que ir mudado, como se decía entonces. En tiempos,  la muda se asimilaba también a la ropa interior. La mayoría de la gente acudía, entonces,  a la misa de su parroquia, el domingo por la mañana. Por la tarde la  madre te daba la paga para que dieses una pequeña vuelta por el barrio y te gastabas todo el dinero:  generalmente en  chucherias, posteriormente subiríamos a Pamplona al cine y más tarde a otro tipo de actividades y aficiones que ya hemos revisado en diversas entradas de este mismo blog.

El frigorífico o nevera, gran invento, llegaría a mi casa al principio de la década de los 70. Fue un frigorífico Super Ser, como el de la fotografía,  que prestó largas décadas de servicio a la casa. Entonces no existía eso de la obsolescencia programada y había máquinas que duraban y duraban, vaya que si duraban. En mi casa, recuerdo, muy de niño, que se pintaban  las paredes, luego desde 1970 se comenzaron a empapelar, la primera, el cuarto de estar, con papeles como el de la fotografía  que para bien o para mal marcaron una época. Posteriormente vendría la moda de la pintura al gotelé, más tarde la pintura lisa y posteriormente, hoy en día,   hay algunos que todavía empapelan alguna habitación, eso si,  nada que ver con el papel de aquellos años, los papeles  de hoy pueden ser, si se quiere,  de absoluto diseño e increíblemente caros. Junto a este  reinaba en aquellos años el sofa tapizado en cuero, bueno imitación a cuero, pues era lo que se llamaba entonces eskay.  Hubo otros muchos detalles que caracterizaron la estética de  los hogares de aquellos años, además del papel pintado. ¿Quien no ha tenido en casa, en el cuarto de estar, un cuadro con una escena de caza como el de la fotografía, un tapiz, unas figuras de porcelana o unos cuadros decorativos en el pasillo, con recargadas escenas bucólico-pastoriles o  un taquillón y su correspondiente espejo a la entrada de la casa?. Los adornos y tapetes de encaje lo ocupaban todo: mesas, televisores y taquillones. Aquí he citado algunos productos (tanto de limpieza como de electrodomésticos) que se utilizaban en aquellos años en los hogares pamploneses, pero había muchísimos más. La radio y la televisión, también la prensa y las vallas publicitarias estaban llenos de mensajes que invitaban a comprar esto o aquello. Aunque se seguía viviendo  con cierta austeridad, tras el baby boom de principios de los 60 y el desarrollismo económico promovido por el régimen, la población  empezó  a consumir. En una próxima entrada me ocuparé de la publicidad, los mensajes, marcas y formas de aquellos anuncios de los años 60 y 70.

Olas de calor en el viejo Pamplona (1950-2012)

No son demasiadas las olas de calor que he conocido a lo largo de mi vida y la mayoría parecen haberse concentrado en la última década. Antes de esta primera década del siglo XXI en la que encontramos tres olas de calor importantes: 2003, 2009 y 2012, la única ola de calor que recuerdo es la de los sanfermines de 1982. Antes de esa fecha recuerdo que los veranos de mi infancia eran calurosos, pero con una temperatura aceptable no más de 30 o 32º y además, por las noches, en general, solía refrescar. En Pamplona es proverbial y a veces puede resultar hasta objeto de cachondeo para quien, de fuera, no conozca nuestro cambiante clima, “lo de llevar la chaquetica por si refresca”,  porque te puedes levantar un día, pongamos de junio, con 8º o 10º por la mañana, subir hasta los 30º al mediodía y volver a bajar a los 12 o 13º a la noche y todo en el mínimo intervalo de unas pocas horas. La primera ola de calor del período estudiado data de los primeros días  de agosto de 1957. Curioso que después de la ola de frío del 56 nos llegase esta tórrida ola de calor que elevó los termómetros hasta los 40,3º, que es la temperatura a la que se llegó concretamente el día 1 de agosto de 1957. El 6 de julio de 1982, las temperaturas en Pamplona llegaron a los 41,2º, 42º según otras fuentes, nunca había visto yo que se derritiese la brea, el asfalto de las calles como en esa fecha. La ola de calor,  corta pero intensa,  nos pilló en plenos sanfermines. No hay constancia de ese registro por parte del observatorio de Noain pero los periódicos de entonces (tanto locales como nacionales) señalaron esas máximas históricas. También hubo temperaturas elevadas el 30 de julio de 1983 y el 15 de agosto de 1987 con 40,2º, en ambos casos. Y una ola de calor, aunque sin temperaturas tan exageradas,  se produjo en el año 1991.
En el año 2003 no se llegaron a esos extremos, la máxima, el 13 de agosto fue de 38,4º pero fue la mayor ola de calor de toda la historia, por su prolongada persistencia a lo largo del tiempo. El buen tiempo empezó a primeros de junio y con algunos días de descanso no nos abandonó hasta finales de agosto, osea dos meses y medios de un calor infernal, sin embargo lo peor no fue eso. Entre el 30 de julio  y el 14 de agosto llegamos a superar día si y día también los 38º de máxima. Las temperaturas por la noche no bajaban por debajo de los 22º. A la una de la madrugada era habitual que el termómetro marcase 29 o 30º. Vamos, un auténtico infierno. El 18 de agosto de 2009 llegamos a los 39,7º. Ese mismo verano tuvimos temperaturas record desde el 2003, concretamente el 21 de julio se llegó a los 38,3º y el 5 de agosto a los 38,4º. Por las noches afortunadamente resfrescaba un poco. 

En 2012 tuvimos la última gran ola de calor solo comparable a la del 2003.Tuvimos unas temperaturas anormalmente altas en junio y agosto. No fue una ola prolongada sino tres olas de varios días de duración, unos cinco o seis días con pequeños descansos que se encadenaban una con otra. La primera ola se produjo entre el 24 y el 29 de junio que no sentimos con tanta fuerza como en otras comunidades, la segunda entre el 8 y el 11 de agosto y la tercera y más larga entre el 17 y el 22 de agosto, estas dos últimas sí que las sentimos con toda crudeza. Las temperaturas máximas se produjeron  en agosto, el 10 de agosto con 40,3º y el 18 de agosto con 40,6º. Recuerdo este verano muy bien porque mi ya fallecida madre tuvo tres ingresos hospitalarios ese verano, a mediados de julio, a finales de julio y primeros de agosto y a mediados de agosto. La temperatura en las habitaciones de Medicina Interna del Hospital  de Navarra no bajaba de los 32º. A veces era difícil saber si los enfermos tenían fiebre por alguna de sus patologías o por el insufrible calor reinante. Ese año salió, en plena ola de calor, la Vuelta Ciclista desde Pamplona, de la que adjunto una fotografía, entrando a la meta, en la Plaza de Toros.  Este verano de 2014 está siendo, sin embargo,  anormalmente más benevolo, desde el punto de vista de la temperatura, que la media hasta el punto de que hemos tenido los sanfermines más frios nada menos que en 80 años, (desde 1932) con nueve grados por debajo de la media, para estas fechas. 

Vivencias, usos y costumbres en el viejo Pamplona: la cocina económica (1960-1975)

Hoy parecería inaudito, acostumbrados como estamos a vivir con todas las comodidades: ordenador, teléfonos, electrodomésticos, calefacción, etc pero hubo un tiempo, no tan lejano,  en que la mayoría de los habitantes de Pamplona de clase trabajadora vivían, por decirlo suavemente, de una forma bastante austera, sin  buena parte de las comodidades de las que hemos disfrutado años más tarde. Para empezar, la mayoría de las casas carecía de calefacción. La mayoría contaban en la cocina con lo que se llamaba la “cocina económica”, donde además de servir para calentarnos (el resto de la casa estaba en invierno fría como un hielo) también  cocinábamos. Generalmente venían ya  encastradas en las cocinas de las viviendas de aquellos años (de finales de los años 50 y primeros 60).  La cocina económica que había en mi casa la alimentábamos con carbón y leña. Estaba, como he dicho,  encastrada en la propia estructura de la cocina junto al fregadero y junto a ella, en su lado derecho había otro habitáculo que llamábamos la carbonera donde se guardaba, como su nombre indica, el carbón y la leña para alimentar aquel armatoste. Había, entre medias,   un depósito de agua caliente o calderin integrado que nos permitía contar con agua caliente. Aun no había llegado el calentador de gas.

La cocina económica tenía una cubierta de hierro forjado y varios compartimentos, uno para la combustión y otro inferior donde caían las cenizas. En la cubierta había una serie de anillos de fundición que se podían levantar con un gancho y que servían de tapadera. Quitando uno o más anillos, según el tamaño de la cazuela o sartén, se podía obtener fuego vivo para, por ejemplo, freír. La boca de acceso al compartimento para las cenizas y para la entrada del aire de combustión estaba en la parte frontal y al lado del horno. El conjunto se completaba con la chimenea, que evacuaba los humos hacia el tejado, en la cual, en su primer tramo, había una chapa metálica, con un cortatiro para regular la salida de humos, perpendicular al eje del conducto de evacuación;  Y debajo del horno había un compartimento donde caían las cenizas, que se retiraban con un hierro terminado en una plaquita rectangular. Había, además, una barra cilíndrica, de la que se colgaban los paños de cocina. La cocina económica que había en mi casa era de Esteban Orbegozo, y en su enchapado blanco venia además del logo E.O, una dirección: Zumarraga. Recuerdo que la cubierta de la cocina la limpiaba mi madre con una mezcla de arena y vinagre hasta que le sacaba de nuevo el brillo, dejándola como nueva. Más adelante me acuerdo de que se le aplicaba una especie de purpurina de color gris o plateado para dejar la cubierta en inmejorables condiciones.

Al ser la única habitación en la que había calor, la cocina era la estancia más utilizada de la casa, -el cuarto de estar estaba, entonces,  para las visitas y las ocasiones especiales-. En la cocina se desayunaba (¡ay, aquellos tazones de Colacao!, sin o con galletas, siempre Fontaneda), se comía (un día a la semana no podía faltar el cocido), se merendaba (chocolate Orbea o Elgorriaga o bocadillo de chorizo, más adelante llegaría la Nocilla (leche, cacao, avellanas y azucar)) y se cenaba (generalmente tortillas, huevos fritos o revueltos). En ella hacíamos los deberes de la escuela, escuchábamos junto a los padres, -sobre todo la madre-, (pues el padre comía en la fábrica), el diario hablado del mediodía y la noche (el parte de Radio Nacional) o los seriales de la SER, en la sobremesa. En ella se colgaba, también, de una cuerda de nylon la ropa recién lavada para secarla. Y por la noche, en los fríos días de invierno, también nos desnudábamos en la cocina y corríamos rápidamente por el pasillo a la habitación a guarecernos en la cama, bajo una impresionante cobertura de mantas.

La cocina fue, durante la mayor parte de mi infancia, el centro de la casa. A ella tengo asociada infinidad de recuerdos,  los más tempranos, con los pies colgando de la silla y la barbilla apenas sobresaliendo de una mesa de madera pintada de blanco, cubierta con un hule de cuadros o florecitas, junto al resto de mi familia (luego vendría la mesa extensible de formica). El fin de semana  comíamos todos juntos, y el domingo era costumbre hacer una comida especial, generalmente paella o sopa de pescado, (en verano ensaladilla rusa) y pollo (en Navidad besugo o cordero)  en la que no faltaba nunca el postre y unos dulces: unas natillas espolvoreadas con canela y decoradas con unas galletas María o un riquísimo flan hecho con aquellos sobres de flan Chino Mandarín, o unas pastas variadas de Cuetara, o nevados de Reglero, y más adelante pastas artesanales de la Plaza (el Mercado de Santo Domingo) (lazos de hojaldre, cocos y otras ricas especialidades), una copita de coñac Soberano para el padre y un vino dulce,  una kina San Clemente para los chavales. Los domingos por la mañana, mi madre nos hacia un delicioso chocolate con el chocolate de hacer Subiza, que tomábamos con unas rebanadas de pan del día anterior, ¡y que rico estaba! (los churros se dejaban para fechas especiales como San Fermín). Cuando no teníamos frigorífico el postre se sacaba a la ventana para que se enfriara, y doy fe de que en aquellos lejanos y fríos días de invierno, el postre se enfriaba como si estuviese en un frigorífico. Poco a poco, en los primeros años 70,  la cocina económica daría paso a la cocina de gas butano (con 3 fuegos y su compartimento para la bombona), el enfriamiento artesanal de la ventana al frigorífico Super Ser y algo más tarde el calderín de “la económica” al calentador de gas.

Olas de frio y nevadas en el viejo Pamplona (1950-2013)

Es una frase ya hecha sobre todo en personas de cierta edad decir aquello de ya no nieva como antes o ya no hace el frio que hacía antes. De vez en cuando un temporal de frio o una ola de calor nos hace volver la vista atrás para ver en qué fecha tuvimos aquella gran nevada o aquella ola de frio que heló el rio Arga o la última ola de calor que derritió el asfalto. De alguna de ellas me acuerdo porque las he vivido, para hablar de otras echaré mano de la hemeroteca. Empezaremos por el frio y las nevadas, dejando el calor para otra entrada posterior. En febrero de 1956 se registró una de las peores olas de frio que se conocen en la historia climatológica de nuestro país, de las 25 habidas desde 1900. El día 22 de febrero el termómetro llegó en Pamplona a los 15,2 grados bajo cero. Las temperaturas bajo cero se prolongaron durante varios días. Sin duda esta es la más famosa  ola de frío de la climatología española. La ola de frío de febrero de 1956, contó en España con 25 días consecutivos de heladas, (comenzó el  día 1 y terminó el día 25). Fue el mes más frío desde 1833. Tres oleadas sucesivas de aire siberiano alcanzaron de lleno la península. Fue tal su intensidad que se formaron carámbanos de agua marina en la Costa Brava, algo absolutamente insólito. La mínima la marcó un lugar de montaña de Lleida que superó los 32º bajo cero. 

Habían sido también inviernos gélidos los de enero de 1945 y enero y febrero de 1954. Tras la ola de frio de 1956 vendrían las de diciembre de 1962-enero de 1963, diciembre de 1970-enero 1971 y enero de 1983 y enero de 1985. Es un hecho constatable que en las décadas de los 60 y 70 las nevadas se producían con más frecuencia y yo creo que con mayor  intensidad  que en la actualidad ¿razones de esto?, ¿el cambio climático? ¿Quién lo sabe?. Algunos dicen que esto es una impresión subjetiva: que antes nevaba igual que ahora pero que había muchos menos coches circulando en la ciudad y no se limpiaban las calles como ahora. Puede haber algo de cierto pero solo en lo del tráfico y la limpieza de los viales pero el hecho es que esas nevadas de 20, 30 o 40 centímetros de espesor no las he visto yo en ningún  parque de la ciudad desde  finales  de los 80 del pasado siglo y aún antes. Hubo temporales de nieve destacables en 1966 (el 19 de enero), 1967 (el 10 de enero), en 1973 (el 9 de abril), en 1978 (el 18 de noviembre), en 1979 (el 16 de febrero), en 1980 (el 14 de marzo y el 1 de diciembre) Estas últimas con desastrosas consecuencias por el deshielo de la nieve en los valles y rios del norte de Navarra, que hizo que se desbordará el Arga, como vimos en la entrada dedicada a las inundaciones.

Si por edad, no pude conocer la ola de frio de 1956 o la del 1963 si que recuerdo lejanamente las nevadas de la navidad de 1970-71 (estaba en las escuelas del Ave María, haciendo 2º de Primaria, con Don Emilio Loitegui), fue la segunda ola más importante  (se llegó a 12 grados bajo cero y también se heló el rio como en 1985) y sobre todo recuerdo  las olas de frio de 1983 y 1985. En 1983 estaba yo haciendo 2º de periodismo en la Universidad de Navarra. También fue en febrero, el día 7 de febrero, para ser más exactos. Nevó con intensidad en la ciudad cubriéndose ésta con una espesa capa de nieve de más de 20 centímetros. La temperatura descendió hasta los 12 grados bajo cero por lo que la ciudad se convirtió en una autentica pista de hielo. Sin embargo la helada no duró tanto como la siguiente, la de 1985, pues solo duró diez dias, hasta el día 17 de febrero.


En enero de 1985 estaba haciendo 4º de periodismo cuando empezó a nevar el día 4 de enero, heló  y la ola de frio se prolongó durante un par de semanas, hasta el día 17. Durante casi quince días las temperaturas permanecieron bajo cero. Iba camino de la universidad con dos compañeros que vivían en el Casco Viejo y veíamos los enormes carámbanos colgando de los edificios y de los viejos barracones y edificaciones de la Ciudadela por la que atravesábamos rumbo a Fuente del Hierro y el campus. El día 12 murió un hombre de 50 años a causa de las bajas temperaturas. Fue encontrado en el exterior de la antigua oficina de turismo de Pamplona, en la calle Duque de Ahumada. Creo recordar que en aquella ocasión llegamos a tener 15 o 17 grados bajo cero. El cauce del rio Arga apareció helado en la mañana del sábado día 12 de enero. Aun recuerdo bajando en la madrugada de ese día desde el barrio de San Juan, por el puente del Plazaola y asistir al inédito espectáculo del rio totalmente helado. Aquellos días hubo infinidad de caídas y cuantiosos daños por el hielo en aceras y calzadas de la ciudad además de algunas clases suspendidas en colegios y concentraciones escolares.

Aquel mismo año vimos nevar en una fecha tan tardía como el 6 de mayo. Lo recuerdo porque asi lo registré en una revista en la que colaboraba en aquel tiempo. Un par de años más tarde, el 14 de enero de 1987 Pamplona quedó colapsada por una enorme nevada que mantuvo la ciudad blanca durante varios días por las bajas temperaturas. Años más tarde, en 1989, la nieve llegó como en 1985 también en fechas muy tardías, nada menos que el día 4 de abril. También hubo  nevadas u olas de frio, que de todo hubo,  en Pamplona en diciembre de 1990, marzo de 1993, enero de 1994, enero de 1996, abril de 1998, febrero de 1999, febrero y diciembre de 2001, finales de enero de 2005, el invierno del 2009-10, y la última ola de frio destacable  en febrero de 2012, con temperaturas de 8 grados bajo cero aunque sensación térmica de temperaturas muchísimo más frías.

Fotos del rio Arga en la zona del puente de San Pedro (enero de 1971) y de Carlos III (enero de 1966), a la altura del teatro Gayarre de  Zubieta y Retegui  y de la avenida de Roncesvalles de Gómez (febrero de 1970)

Conflictividad social y politica en la Rochapea de los años 70 (1970-1980)

La Rochapea, barrio emblemático de la ciudad de Pamplona, el primer enclave extramuros, el barrio, después del centro histórico, con más antigüedad e historia, fue protagonista importante de los avatares políticos y sociales de nuestra comunidad en  los últimos años del franquismo y los primeros años de la transición. Como señalo en alguna entrada, ya desde finales del siglo XIX y primeros años  del XX en el barrio comienzan a instalarse empresas y talleres, cuyo crecimiento se convertirá en exponencial desde mediados del pasado siglo. La instalación del la estación del ferrocarril será un elemento fundamental en el proceso de industrialización del barrio. Junto con la instalación de decenas de industrias se construirán miles de viviendas para los nuevos trabajadores, -procedentes del resto de Navarra y otras partes de España-, en una abigarrada y anárquica disposición sobre y en torno al meandro del Arga y teniendo a la avenida de Marcelo Celayeta como eje central del barrio. A los rochapeanos de toda la vida, vinculados a las huertas y los antiguos talleres artesanales,  se unía esta nueva y mayoritaria vecindad que daba una clara fisonomía obrera al barrio. No es extraño por lo tanto que algunas de las primeras huelgas y manifestaciones de reivindicación laboral o social y políticas de la ciudad de Pamplona tuvieran su escenario en las calles de este barrio. La iglesia del Salvador, el cruce de Cuatro Vientos o el Porrón son lugares indisolublemente vinculados a los conflictos sociales y políticos que se desarrollaron en Pamplona a  lo largo de la década de los 70. 

Los primeros conflictos laborales que recuerdo tuvieron algún tipo de muestra de solidaridad en el barrio, con manifestaciones e intervención de las entonces llamadas FOP (Fuerzas del Orden Público), fueron los de Industrias Esteban y Chalmeta. Corría el año 1970. Tenía apenas siete años. Era la vez que veía algo parecido: un numeroso grupo de obreros que desfilaba por Marcelo Celayeta, desde Cuatro Vientos al Porrón, de repente unos gritos  surgían de la multitud y al poco tiempo un grupo igualmente numeroso de policías, que marchaba por detrás, la Policía Armada, los “grises”, tal y como se les llamaba entonces, comenzaban a perseguir y a golpear con sus porras a la muchedumbre. Eran tiempos en las que los “grises” iban en sus  land-rovers grises con los cristales protegidos con una especie de rejillas. De vez en cuando se veía algún autobús con más efectivos policiales y  más tarde veríamos las famosas camionetas o “lecheras” que se pueden observar en la foto que encabeza la entrada, al fondo, tras los policías recorriendo Marcelo Celayeta con el quitanieves retirando las barricadas de la avenida, a la altura de Matesa. Nuestra inicial y natural curiosidad infantil, por la manifestación que por primera vez habíamos visto en nuestra vida, se tornaba en un miedo atroz por la presencia y la actuación de la policía, que nos empujaba a meternos rápidamente en un portal, el primero que encontrásemos, y correr como alma que lleva el diablo hasta el 4º piso. Aun estábamos lejos de entender el alcance y verdadero significado de lo que veíamos, pero aprenderíamos pronto y rápido, vaya si aprenderíamos.


En el año siguiente, 1971,  fueron célebres los conflictos laborales de Imenasa y Eaton, con huelgas de un mes y dos meses respectivamente, tras ellos vendrían los conflictos de Potasas y El Pamplonica, con duraciones algo más cortas. 1972 se inició con el conflicto de A.P Ibérica que duró 26 días y más tarde le tocaría el turno a Torfinasa, del grupo Huarte. Tras 48 días de huelga, los trabajadores de esta empresa se encerraron en la iglesia del Salvador, encierro que finalizó tras el secuestro de Felipe Huarte y la aceptación de sus reivindicaciones laborales. Hubo huelgas importantes también en Motor Ibérica, Imenasa (por solidaridad), Authi y Super Ser. Eran muy frecuentes, en aquellos años, aparte de las huelgas por motivos laborales, las huelgas por solidaridad con otras empresas, hasta el punto de que en los últimos años del franquismo estas superaron en número a las primeras.  1973 será  el  año más importante desde el punto de vista de la conflictividad social del tardofranquismo  por conocer la primera huelga general, el primer caso de todo el Estado,  de huelga general desde la guerra civil. Se produjo entre el 14 y el 22 de junio de 1973  y tuvo su origen en el conflicto laboral de Motor Ibérica. La huelga de esta fábrica comenzó el 8 de mayo y se inició por la negativa de la empresa a anular los expedientes y sanciones iniciados contra los trabajadores que habían hecho huelga algunos días antes. Posteriormente la empresa intentó llevarse piezas y maquinaria de la fábrica a otras factorías, lo que dio lugar a una corriente de solidaridad entre las principales industrias de la ciudad, con paros parciales, cortes de tráfico,  manifestaciones, en las que se lanzaron balas de goma y gases lacrimógenos, concretamente el día 8 de junio en Landaben.

El día 12 de junio, ante la salida de 14 camiones con máquinas y piezas, los trabajadores temieron por el desmantelamiento de la fábrica y decidieron encerrarse en la Iglesia del Salvador. Nuevamente la iglesia de nuestro barrio se convertía en el epicentro de la movilización obrera. La policía rodeó la iglesia, cortó la luz y el agua e impidió que les llegase comida o bebida. En la noche del día 13, los trabajadores hicieron un llamamiento a la solidaridad del resto de trabajadores que fue respondido al día siguiente,  día 14, con paros inmediatos, primero en Super Ser y Eaton y de ahí al resto de fábricas. La huelga se extendió como un reguero de pólvora. Los trabajadores de Super Ser pararon a sus compañeros más cercanos, los de Papelera Navarra y de ahi todos juntos fueron al polígono de Landaben donde ya habían cerrado Eaton, Torfinasa y Esteban. Cuatro mil trabajadores se dirigieron entonces a la Authi que consiguieron se sumase a la huelga. Miles de trabajadores fueron luego a Bendibérica, en la Avenida de Guipúzcoa, que también paró, y de ahí acudieron a Perfil en Frío y a Frenos Iruña que también secundaron la huelga y se sumaron a los huelguistas. Aun recuerdo ver desde mi ventana, el paso de miles de trabajadores en una interminable hilera desfilando por la parte trasera de Perfil en Frío y atravesar las vías del tren en dirección a los polígonos industriales de Artica y Ansoain. Posteriormente y a lo largo del día se cortó la avenida Villava y otros puntos de la capital, fundamentalmente de su cinturón obrero (Cuatro Vientos, Marcelo Celayeta, Avenida de San Jorge, etc) con barricadas y fuertes choques con la policía que utilizó abundante material antidisturbios.

A lo largo del día se fueron sumando más empresas a los paros: Potasas, Inquinasa y un sinfín, las más importantes de la comunidad  hasta el punto de que ese día se sumaron a la huelga más de 20.000 trabajadores. La huelga se extendió a otros sectores: comercio, servicios y al resto de Navarra durante la jornada siguiente alcanzándose los 40.000 trabajadores en paro. Los trabajadores de Motor Ibérica abandonaron su encierro en la iglesia del Salvador el día 15 de junio entre encendidas  muestras de apoyo y solidaridad de los vecinos del barrio, imagen que también conservo en mi retina. La huelga se extendió hasta el día 22 con una tensión creciente y cierres masivos que afectaron ya a todos los sectores ciudadanos. Hasta el arzobispo Jose Mendez Asensio llamó a la concordia y  a la justicia social en una homilía  en la que reconoció la ineficacia de los cauces legales. Llegaron “banderas” de refuerzos de la policía armada desde otros emplazamientos (fundamentalmente de Logroño y Zaragoza), controlando totalmente la ciudad, los polígonos, las fábricas, obligando a abrir los comercios. El día 16 los trabajadores de Navarra hicieron una llamamiento de solidaridad a los trabajadores del resto del Estado. Navarra se convertía, así,  en un problema de primer orden para el régimen franquista. Los empresarios, a través del Consejo de Empresarios, hicieron una propuesta conciliadora para la vuelta al trabajo. Tras varias rondas de negociaciones se llegó a un acuerdo finalizando la huelga el día 23.


La conflictividad se extendió, los meses siguientes a otros sectores: agricultores (pimiento), leche (Copeleche), pan (en 1974),  etc. Al margen de la huelga general citada los conflictos más importantes se produjeron este año, 1973,  en Torfinasa, Micromecanic, Potasas; Papelera Navarra, Onena. A finales de diciembre hubo una jornada de lucha y un paro los días 12 y 20 de diciembre con desigual respuesta. En 1974 se produjeron conflictos laborales en decenas de empresas entre las que destaca por su extensión Authi (un mes) o  Villanueva (que duró más de 3 meses). Más de 1.500 trabajadores de una docena de empresas importantes habían sido suspendidos de empleo y sueldo a finales de 1974, mientras en Potasas  tras dos meses de huelga, el día 7 de enero decidieron encerrarse en la mina, donde permanecieron hasta el día 21. Al finalizar 1974, se celebró otra jornada de lucha el 11 de diciembre, con 18.000 trabajadores en paro y una huelga general el 15 de enero de 1975, esta  en solidaridad con Potasas en la que participaron cerca de 20.000 trabajadores de las principales empresas de Pamplona. La conflictividad social ya creciente en 1974 fue en aumento durante el año 1975.  En los años 1973-74, Navarra ocupaba uno de los primeros puestos de España en conflictividad laboral, junto con Madrid, Barcelona, Vizcaya y Guipúzcoa.


Con el paso del tiempo, las huelgas adquirieron, al margen de su carácter laboral, cada vez más un carácter político de lucha contra el régimen franquista o como forma de protesta ante muertes producidas por la policía  en los primeros años de la Transición. Así se realizaron jornadas de lucha con motivo de los últimos fusilamientos del franquismo (en septiembre de 1975) o con motivo de  muertes producidas en los convulsos años de la transición, como los cinco  obreros muertos por disparos de la policía al salir de la iglesia de San Francisco de Asis, en el barrio vitoriano obrero de Zaramaga (el 3 marzo de 1976), o el joven pamplonés, José Luis Cano,  muerto por disparos de la policía en la semana pro-amnistía, en la calle Calderería (en mayo de 1977, a los que se refieren dos de las fotografías de la entrada), o la  ecologista, Gladys del Estal muerta en Tudela, igualmente por disparos de la Guardia Civil (en junio de 1979, cuyos incidentes quedan reflejados en la 1ª foto de la entrada), etc.

Recuerdo con nitidez, como en mayo de 1977 estaba yo en 8º de EGB en el Cardenal Ilundain y nos mandaron  a casa. Era imposible volver por la avenida de Marcelo Celayeta pues estaba llena de barricadas y eran frecuentes los choques entre manifestantes y policías y tuvimos que volver, corriendo por los campos cercanos al monte San Cristobal y los polígonos de Ansoain y Artica, entre disparos de fuego real de la Guardia Civil, mientras nuestras madres corrían nerviosas y presurosas al viejo camino del Plazaola para salvaguardar a sus retoños. Aquel fue uno de los conflictos más tensos y violentos que recuerdo. Tal fue el grado de enfrentamiento  que aquellos días se realizó en el barrio   un amplio  operativo policial denominado Operación Arga,  con centenares de efectivos policiales, uniformados y de paisano, procedentes de  destacamentos de otras provincias para sofocar los disturbios. Imagenes similares se volvieron a vivir en junio de 1979, con la muerte de una joven ecologista en Tudela,  en 1979, de forma que  la avenida de Marcelo Celayeta y otras muchas calles del barrio aparecieron nuevamente sembradas de barricadas, en esta ocasión,  la huelga me pilló terminando 2º de BUP en Irubide. Sirvan las fotos de aquellos años de Marcelo Celayeta, datada el 6 de junio de 1979 y la zona del Porrón, tomadas desde diferentes angulos en mayo de 1977 o de Cuatro Vientos (esta última, de Manolo Hernandez) de años posteriores,  publicadas, todas ellas en la revista Ezkaba hace más de una década, amen de alguna otra meramente ilustrativa de los lugares que se citan,  como una pequeña muestra de la Rochapea  que vivimos en  los años 70 del pasado siglo.