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Entidades culturales del Viejo Pamplona: El Ateneo Navarro de 1932

En 1994 presentaba yo en el 3º Congreso General de Historia de Navarra una breve comunicación sobre el primer ateneo de nuestra ciudad, un ateneo que desaparecería bruscamente, como consecuencia de nuestra terrible guerra civil. Esta entrada es un resumen de aquella comunicación, con algunos datos complementarios que he podido encontrar más tarde. Este primer ateneo se presentó el día 12 de mayo de 1932, a las 7 de la tarde, en el paraninfo de Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, situado en lo que conoceríamos mucho más adelante como Escuelas de Magisterio y Empresariales de la plaza de San José. En esa primera reunión se leyeron los estatutos donde quedaba clara su vocación de ser un ateneo apolítico, al margen de cualquier orientación partidista. 

Provisionalmente su sede estuvo en la sede del Colegio Oficial de Médicos, en el nº 40 de la calle Zapatería que vemos en la foto de la derecha, perteneciente al Archivo Municipal. No en vano, su primer presidente sería el prestigioso médico y humanista donostiarra Victoriano Juaristi Sagarzazu. El Ateneo Navarro contaba, en el momento de su constitución, con un Patronato de Honor. Integraban dicho Patronato doña Mariana Sanz, don Arturo Campión, don Serapio Huici y don Julio Altadill. La primera Junta Directiva la componían, don Victoriano Juaristi, como presidente, Rafael Aizpún como vicepresidente, José María de Huarte como secretario, Ramón Bajo Ulibarri como tesorero y como vocales Francisco Javier Arvizu, Don Jaime Orbe (que causó baja enseguida), Don Santiago Cunchillos, Don Eduardo Aya, Don Alfonso Gaztelu y Don Vicente Vilumbrales. Fueron no obstante los mayores impulsores de la institución el doctor Juaristi, el joven Eduardo Aya y Alfonso Gaztelu. 

A pesar de su apoliticismo o precisamente por eso mismo las juntas del Ateneo contaron con personas de diferente signo o procedencia política. Así, Rafael Aizpún fue fundador del partido Unión Navarra que se integró luego en la CEDA de Gil Robles y fue ministro de Justicia, entre octubre de 1934 y abril de 1935, y de Industria y Comercio, entre mayo y septiembre del 35, Ramón Bajo era director de la Caja de Ahorros de Navarra (lo fue desde los años 20 hasta los años 50), Arvizu había sido el último alcalde de Pamplona hasta el advenimiento de la República, diputado liberal demócrata y director del diario monárquico “El Pueblo Navarro”, Santiago Cunchillos era un reputado abogado de militancia peneuvista, además de haber sido ex-secretario de la diputación y concejal del Ayuntamiento de Pamplona durante varios mandatos, Vicente Vilumbrales era presidente del partido Acción Republicana (el partido de Azaña). Entre las personalidades que se ocuparon de las diferentes secciones de la entidad (Literatura, Artes Plásticas, Música, Ciencias Económicas, Etnografía) estaban gente como Eladio Esparza (subdirector, entonces, del Diario de Navarra), Víctor Eusa (arquitecto de conocida filiación carlista) y Angel María Pascual (que luego fue director del periódico “Arriba España”), José Antonio Huarte, Julio Senador, Jesús Etayo (exdirector del periódico carlista “El Pensamiento Navarro” y luego del nacionalista “La Voz de Navarra”) y Leoncio Urabayen ( geografo y director de la Escuela Normal de Pamplona, que fue concejal del PNV en 1920 aunque para 1926 se había distanciado del partido). 

Incluso la composición del Patronato de Honor, con un precursor del nacionalismo vasco como Campión y un industrial, fundador del Diario, entre otras personalidades, deja bien a las claras la pluralidad de aquel primer ateneo navarro. Ese equilibrio de procedencias y sensibilidades políticas se seguiría manteniendo en las siguientes juntas. Así en la nueva junta surgida en diciembre de 1934 y presidida por Alfonso Gaztelu estaban junto al citado Pascual, de orientación falangista, el presidente del Napar Buru Batzar y director de “La Voz de Navarra” José Aguerre Santesteban o el abogado republicano Santiago Cayuela. En la última junta de enero de 1936, presidida por José Antonio Huarte, estaban el joven periodista y poeta, colaborador de Pascual e igualmente falangista Jose María Perez Salazar y elementos republicanos como García Fresca. Según Pablo Roch,  desde 1934, había dos grupos teatrales bien diferenciados ideológicamente: uno denominado “El Lebrel Blanco”, catalogado de derechas, al que pertenecían José María Pérez  y otros, y un grupo de talante más progresista, “La Farandula”, al que pertenecían, Joaquín Roncal, el mismo Roch y otros. En el seno del Ateneo coexistieron, pues a lo largo de toda su historia, toda clase de corrientes. La primera y única mujer que entró en una junta directiva del Ateneo fue Blanca Bejarano que se incorporo a la junta en enero del 36.


Los comienzos de aquel primer Ateneo no fueron fáciles: carecían de local propio y de medios económicos. Pese a todo comenzaron sus actividades, la primera de ellas, el 15 de noviembre de 1932 con una conferencia sobre esmaltes y orfebrería a cargo del doctor Juaristi, también en el paraninfo del Instituto de Segunda Enseñanza a la que siguió algunos meses más tarde un acto sobre “el humorismo en la música” presentado por el Padre Donostia en el Teatro Gayarre. A pesar del creciente número de adhesiones, -a finales de 1933 el Ateneo contaba con 150 socios-, las cuotas mensuales no permitían el desarrollo regular de las actividades. La cuota general era de 5 pesetas aunque había algunos socios, -unos 16-, que pagaban  una cuota reducida de 2 y se les eximía de pagar la cuota de entrada de 25 pesetas. ¿La razón?. Se pretendía facilitar el acceso al Ateneo a todas las clases sociales. El Ateneo recibió un importante apoyo por parte de algunas instituciones y no tanto por otras, como el Ayuntamiento de Pamplona. El Consejo de Cultura de Navarra, creado el 10 de diciembre de 1931, subvencionó al Ateneo, le cedió las páginas de su órgano, la publicación “Cultura Navarra” y patrocinó  una exposición de artes decorativas que se instaló en la escuela de Artes y Oficios en julio de 1933.

Tras arduas gestiones el Ateneo logró inaugurar sus locales el 30 de septiembre de 1933. El local estaba situado en la segunda planta del nº 37 de la plaza de la República (actual plaza del Castillo). La planta baja la ocupaba el Café Suizo, propietaria del inmueble y la primera el partido “Acción Republicana”, tal y como vemos en la foto de 1934 que encabeza la entrada (extraída del libro de J.J. Arazuri “Pamplona, calles y barrios”). Los locales del Ateneo disponían de biblioteca, diferentes salas y despachos así como de servicio de bar. La biblioteca ocupaba una de las salas principales y contaba, en el momento de la inauguración, con cerca de 2.000 obras, donadas, la mayor parte, por el Presidente de Honor, don Serapio Huici. Esta biblioteca desapareció cuando fue requisado el Ateneo en la Guerra Civil. El Ateneo disponía, también, de un piano de cola, cedido por el presidente de la Sociedad Filarmónica, el doctor Canalejo. La mayor de las salas estaba destinada a conferencias y exposiciones. Había departamentos para las reuniones de la Junta Directiva (que se reunían, como mínimo, una vez al mes) y para conversación de los socios. Las dependencias sanitarias, secretaría y habitación del conserje completaban la planta social, cuyo bar estaba servido por personal y cocina del Café Suizo. Además del conserje, un botones y una mujer de la limpieza completaban el personal asalariado del Ateneo.

Entre el 15 de noviembre de 1932 y el 16 de junio de 1936, esto es, durante poco más de tres años y medio, el Ateneo Navarro desarrolló una fecunda actividad, organizando un mínimo de 140 actos culturales, la mayoría a partir de 1934 (es decir desde que se empezó a contar con local) y de ellas,  más de un 70% fueron conferencias, la mayoría de carácter magistral, a cargo de diferentes autoridades en las materias, un 14% actividades musicales (conciertos de violín, piano y canto), un 7% recitales de poesía y un 4% de exposiciones (de carácter pictórico) además alguna representación teatral (a cargo de grupos locales aficionados como el grupo “SALDO”) y cursos de lengua francesa a cargo  de Monsieur Lalanne y de lengua y literatura vasca a cargo de José Aguerre. Entre las actividades destacan el ciclo de conferencias en la primavera de 1935 sobre “Los problemas forales de Navarra” con la participación de Pedro Uranga, Santiago Cunchillos, Javier Arvizu, Francisco Rebota, Jesús Etayo, Eladio Esparza, Angel Lezcano, Joaquín Beunza y otros, interviniendo con absoluta libertad personalidades de todas las tendencias: nacionalistas, republicanos, foralistas. Otros ciclos giraron en torno a Pamplona, el Centenario del Romanticismo, homenajes a músicos y escritores  o en torno a la 1ª Feria del Libro y que habría de celebrarse entre el 28 de mayo y el 16 de junio. 

Por temas la mayoría se relacionaba con la literatura seguida de la música, artes plásticas e historia, temas de Navarra y Pamplona. Desde enero de 1935, los domingos y días festivos,  a la hora del café se celebraban tertulias. También hubo otras actividades sociales como fiestas y reuniones de las que no sabemos demasiado. El orador más famoso que pasó por el Ateneo fue el doctor Gregorio Marañón que disertó sobre Huarte de San Juan. El conferenciante más asiduo fue el doctor Juaristi,  con nada menos que 14 intervenciones,  seguido por Joaquín Roncal, José Maria Huarte, Urabayen, Romeo, Esparza, Etayo, etc.

El Ateneo Navarro desapareció el 18 de julio de 1936. Fue requisado, según Pablo Roch, por Falange y Requetés. La última actividad registrada data del 16 de junio de ese año: fue una conferencia de José María de Huarte cuyo título era «Libros y Bibliófilos navarros». Fue la última del curso escolar y cerraba, además, citado ciclo de actividades organizado, con motivo de la celebración de la 1ª Feria del Libro, por parte del Ateneo. En la foto que cierra la entrada podemos ver el asalto de los falangistas a la sede de Acción Republicana, en la plaza del Castillo, el 19 de julio de 1936. En la planta superior estaba el Ateneo.

Nota sobre las fotos de las diferentes personalidades: En esta entrada sobre el Ateneo de 1932 podemos descubrir por orden de aparición, de arriba abajo y de izquierda a derecha, los miembros del Patronato de Honor, Serapio Huici y Arturo Campión, así como los celebres ateneistas Victoriano Juaristi, Rafael Aizpún, Ramón Bajo, Francisco Javier Arvizu, Santiago Cunchillos, Alfonso Gaztelu, Eladio Esparza, Angel María Pascual, Leoncio Urabayen, José Aguerre, José María Pérez Salazar, Julio Senador y uno de los conferenciantes más célebres del primer Ateneo Navarro, el doctor Gregorio Marañón.  

Los taxis de Pamplona (1923-2013)

Al igual que sucedió con las villavesas, los taxis de Pamplona han sufrido grandes cambios a lo largo de los últimos 50 años. Desde el año 2005, esto es,  desde hace una década, el servicio de  taxis depende de la Mancomunidad. Los aproximadamente 313 taxis, actualmente en servicio, prestan sus servicios en un área que se corresponde con el Area de Pamplona y la Comarca. Los vehículos además de incorporar, relativamente no hace mucho tiempo, publicidad llevan, como los autobuses urbanos, las tres bandas de color corporativo de la Mancomunidad. Pero no siempre fue así. Antes de 2005, la concesión de licencias dependía de los ayuntamientos y en nuestro caso del Ayuntamiento de Pamplona. Los coches llevaban una banda verde  sobre las puertas que correspondía al color de la bandera de la ciudad. El resto de taxis de la comarca y de Navarra llevaban una banda roja. 

Así como hoy existe una mezcla diversa de marcas y vehículos, con diferentes capacidades y potencias, hubo un tiempo en que los coches estaban, en este aspecto,  más uniformados. En los años 60 y 70, los vehículos eran, la mayoría, casi todos, Seat 1500 de color negro, con una franja verde pintada bajo las ventanillas y el escudo de Pamplona en las puertas delanteras junto al número de licencia. Antes del Seat 1500, el modelo mayoritario de taxi lo constituía el Seat 1400. Con anterioridad a esta  uniformización, los vehículos lucían modelos diversos en un abigarramiento similar al actual, con la diferencia de que los modelos de coches eran entonces  aquellos  antiguos vehículos de los  años 40 y 50, Peugeots, Renaults y similares. 

El primer coche de gasolina que prestó el servicio de taxis en Pamplona parece ser que lo hizo en el año 1923. Era un coche, de la casa francesa Clement Bayard, propiedad de Alfredo Urra  y conducido por un tal Felipe Liras. En 1929  había 24 taxis en Pamplona. Una de las primeras paradas de taxis estaba en la acera, donde hoy está el Banco Santander de la Plaza del Castillo (antiguo Crédito Navarro), enfrente de donde, durante muchos años, estuvo la parada de taxis de la Plaza del Castillo. A esa parada le seguiría,  más tarde, en los años 40,  otra en la calle Tudela, junto a la antigua estación de autobuses y en 1954 otra en Carlos III, 35, que se trasladaría luego a Teobaldos. Más tarde vendrían las paradas de la calle Ciudadela, Plaza de la Cruz, Conde de Rodezno y Blanca de Navarra, Chantrea y la Estación, algunas se mantienen, otras no. Entonces no había emisoras. En las paradas había un poste con una señal de parada de taxis y un teléfono encerrado en una especie de armario a través del cual los taxistas atendían las llamadas. ¡Que lejos estaba todavía el servicio de radio-taxi, con las llamadas de las operadoras de la centralita cantando los servicios!. 

En 1984 nacía Tele Taxi. Durante bastantes años hubo también una asociación más pequeña de taxistas llamada Radio Taxi que acabaría disolviéndose y fusionándose con la anterior. Hace ya unos cuantos años que se implantó un moderno sistema basado en la tecnología informática y el GPS que permitió reducir los tiempos de espera de los taxis.

Plazas y calles de ayer y de hoy: la Avenida Marcelo Celayeta (1895-2005)

Repasamos en esta ocasión la evolución histórica de esta famosa avenida, principal eje del barrio de la Rochapea durante buena parte del siglo XX, a través de sus fotografías más representativas, al tiempo que vemos la evolución del barrio. En una de las fotos más antiguas que tenemos sobre el lugar, una foto de Julio Altadill de 1895, y que aparece junto al siguiente párrafo,  podemos ver lo que debió ser la avenida a finales de siglo XIX, tan solo un camino, el llamado Camino y luego Carretera a Villava, flanqueado por una larga hilera de arboles, al igual que vemos casi en paralelo el camino de los Enamorados. Por cierto acabo de ver hace unos días una de las fotos más antiguas que se conservan, del año 1860, tomada desde los corrales de Santo Domingo y en el que se puede ver parte de la vieja Rochapea. Tal y como nos recuerdan algunos historiadores locales la instalación de la estación del Norte en Pamplona, allá por el año 1860, provocó que junto a la tradicional actividad fábril de la histórica calle Errotazar surgiera un nucleo de actividad en torno a la Estación, sobre todo, al norte con la Tejería Mecánica y al sur con la azucarera de Carlos Eugui y otras industrias, de forma que esa Rochapea naciente de primeros del siglo XX empezó a crecer en torno al nucleo de Cuatro Vientos y de la Estación en convivencia con la vieja Rochapea más cercana al Arga. Ambas zonas, la de Errotazar y la de Cuatro vientos estaban comunicadas por otro eje fabril y poblacional importante como era la calle Joaquín Beunza. 
Las ortofotos de 1929 que he consultado y unas pocas fotografías de 1916 y  los años 20 nos permiten reconstruir como era la avenida de Marcelo Celayeta entonces. En los años 20, además de la iglesia del Salvador y de las cercanas escuelas del Ave María podíamos contemplar un nucleo de casas en el cruce de Cuatro Vientos, junto a él, la vieja calle de las Provincias, la calleja de casas junto a las escuelas del Ave María, enfrente, al otro lado de la avenida, algunas viejas construcciones de una sola planta, y algunos caserones sueltos tanto a un lado como a otro de la avenida ( casa de la Marichu, las Bodegas de Pacharan Baines, etc), luego las casas de la carbonilla, la vaquería de Larrayoz. En tiempos, la carretera estaba flanqueada por grandes arboles que irían desapareciendo a medida que el camino se convertía en avenida y se fue urbanizando con nuevas construcciones. Las fotos que encabezan la entrada muestran la iglesia del Salvador recien contruida (la foto de la izquierda, es de Aquilino Garcia Dean, data de 1916 y se conserva en el Archivo Municipal de Pamplona), con una calle, la carretera  a Villava, semiescondida entre arboles y postes de luz. Esa casa de piedra, que se observa un poco más adelante de la iglesia, se derribó a finales del siglo XX, tal vez un poco antes de la ola de derribos de 1996. La siguiente foto, de los años 20, que reproduje en la página de Facebook está tomada desde la torre de la iglesia y permite atisbar una inusual perspectiva de la carretera a Villava, el Paseo de los Enamorados y la calle Joaquín Beunza.

Entre las primeras construcciones, poco tiempo después  de la guerra, debieron estar algunos bloques de  las casas de Oscoz (hay un bloque interno bastante antiguo, que data de 1915 y  está hoy fuera de ordenación); en 1951 se inauguró junto a ellas el cine Amaya; un año antes, en 1950 se abría un poco más hacia atrás, hacia Cuatro Vientos, la clínica del Padre Menni; en 1959 se terminaban de construir los nuevos nuevos bloques del Ave Maria alineados con el viejo ramal del Irati que salía de la Estación del Empalme hacia la avenida Guipuzcoa y la Estación del Norte; en esos años también se construyeron las casas de la primera y segunda fase de la Cooperativa de Viviendas El Salvador (hubo una tercera fase más tardía de construcción de viviendas, en aquella zona, ya en los años 70, creo que no eran de la Cooperativa, cerca de las piscinas de la UDC Rochapea). La Avenida recibe el actual nombre de Marcelo Celayeta, por acuerdo de pleno,  desde el año 1951. Las fotos que acompañan este párrafo son del cruce de Bernardino Tirapu y Celayeta (el famoso cruce del Porrón) mirando hacia Pamplona, con las casas de la 1ª fase del Salvador a la derecha y el Colegio de la Compasión al fondo, a la izquierda de la foto. La segunda del mismo lugar (y de Manolo Hernández, está tomada desde Bernardino Tirapu pero en dirección opuesta hacia las casas de la Carbonilla y el viejo camino del Plazaola, en un frio día de invierno).

En la zona del Porrón estaban, desde los años 30, las escuelas y el barrio de la Carbonilla, y un poco más adelante la vaquería de Larrayoz. Luego algunas casas unifamiliares dispersas, algún viejo bloque de viviendas y naves con talleres, aproximadamente desde los años 50. Sería a finales de esta década y principios de los años 60 cuando el barrio empezó a dejar de ser un nucleo eminentemente rural, con una población y edificación dispersa a convertirse en el abigarrado barrio obrero-industrial que conocimos los que nacimos en el lugar. Matesa se construyó a finales de los 50, el nuevo colegio del Cardenal Ilundain lo hizo en 1964, fruto del desarrollo del barrio aquellos años, La mayor parte de los edificios de la Avenida Marcelo Celayeta se construyeron, insisto, a finales de los 50 y primeros años 60. A finales de los 60 y primeros 70 se derribarían algunas de aquellas viejas construcciones más cercanas al tramo de Cuatro Vientos (que vemos en la fotografía adjunta de Arazuri, de 1967, cómparese con la foto moderna adjunta en donde solo se mantiene, como única referencia, la nave de la iglesia de la clínica de las Hermanas Hospitalarias) y algunas, en otras, en diferentes tramos de la avenida (sobre todo en los años 70 y  cerca del Cardenal Ilundain y de las casas del Bar Karpy) y en 1996 se produce la gran transformación de la avenida, desapareciendo buena parte de las construcciones más antiguas de aquellos primeros núcleos de la avenida de primeros de siglo, víctimas del progreso y la renovación urbanística y que vemos en las siguientes fotos (alguna foto de antes de los derribos, de los años 80 y primeros 90 (Casa Parroquial, cruce de Cuatro Vientos (foto de Manolo Hernández)) y otras de después, ya en pleno proceso de derribo y que ya han sido publicadas en diferentes entradas de este blog).

Tembló Pamplona. Repaso a los principales movimientos sísmicos de la capital. (1903-2013)

Siguiendo con la línea de artículos que hablaban de algunos fenómenos naturales como las olas de frío o de calor en Pamplona, trato de repasar, en esta entrada, los principales movimientos sísmicos que hemos vivido en la capital en los últimos 100 años. El primer terremoto que recuerdo fue el del 22 de mayo de 1982. Fue de noche, a eso de las 6,30 de la mañana. Estábamos durmiendo y se sintió primero un ruido fuerte y enseguida la casa empezó a temblar, la cama, el piso… duró mucho tiempo, tal vez 10 o 15 segundos, el tiempo suficiente para saltar del catre y aun sentir el temblor. Sabíamos que había habido algún temblor  fuerte antes, el 13 de agosto de 1967, como consecuencia del terremoto de Arette (en el sur de Francia, según dicen se sintió con un 5,7, fue a las 22.07 horas y duró 45,7 segundos) pero no estábamos en Pamplona esos días sino en casa de los abuelos, así es que el de mayo de 1982 fue mi primer gran terremoto, con  4,5 en la escala de Ritcher. Como es habitual se sintieron algunas algunas otras réplicas ese día (a las 6,38 y 8,00) y los siguientes. El epicentro de este primer gran terremoto que vivía en mi vida estaba en Legarda. Dicen que en Barañain las torres más altas se balancearon siete centímetros. Fue aquella una sensación realmente nueva y angustiosa, esa de que te tiemble la cama, parece que te falle el firme del piso, tintineando las copas del mueble del cuarto de estar. Vamos, que en esas circunstancias te sientes absolutamente a merced de los elementos. Reproduzco la primera página del rotativo “Navarra Hoy” que recogía, al día siguiente, el hecho.Justo un mes más tarde, el 22 de junio, sentimos el segundo gran terremoto de nuestras vidas. La hora: las 9 de la noche. Estábamos en la cocina. Fue una sacudida seca y brusca pero muy potente, hasta el punto de que, por primera vez, algunos vecinos bajamos a la calle, asustados, a comentar el hecho. Según fuentes oficiales la intensidad fue de 4,4, aunque la prensa nacional (El País) y los sismologos franceses hablaban de 5, con epicentro en Ollo). Hubo caída de algunos cascotes en algunos pueblos y cundió el miedo, casi la histeria, entre algunos vecinos de los pisos altos de la capital.

Mirando hacia atrás en el teimpo, hubo en Pamplona algunos terremotos, tal vez igual o más importantes, aunque no existían los sistemas de medición tan exactos que hay actualmente. Uno de los  mayores seismos que se recuerdan  fue probablemente el de 1903 (vemos una foto de la ciudad de aquella época), con una intensidad V-VI, en la escala de Mercalli, quizás fuese el más importante desde 1755. Tuvo epicentro en el oeste de  Badostain y Pamplona tembló durante un período de casi tres horas de manera intermitente con picos de 4,7-5,0 grados. El hecho fue recogido por la prensa local de aquel tiempo. También hubo seísmos de cierta intensidad en 1918 (con epicentro en Garralda) y en 1934, 1952, 1956 (con epicentro en Elizondo), 1964 y 1980. Tras la crisis sísmica de 1982 el siguiente gran terremoto se sintió el 25 de febrero de 1996, con epicentro en Gazolaz  (tuvo 4,0 de intensidad). Luego vino, uno de los más fuertes. Fue el 27 de octubre de 1998, aquel temblor fue  muy corto pero muy intenso, con 5,2 en la escala de Ritcher y epicentro en Lizarraga. Se produjo por la noche, a eso de las 9 o  10 de la noche. Nos pilló viendo la televisión.Más tarde vendría otro, de 4,5 el 18 de septiembre de 2004, con epicentro en Lizoain y unos días más tarde, y con intensidad menor (4,0), el día 30 de septiembre  en Nagore. En los años 2008 y 2009 hubo una serie de pequeños sismos en las cercanías del pantano de Itoiz, que se achacaron, según algunos sectores, al llenado del embalse y los consiguientes fenómenos de asentamiento del terreno. En el año 2013 hubo una serie sísmica muy prolongada. A 28 de abril se contabilizaban más de 300 seismos, la mayoría de poca intensidad y cercanos a la zona del Perdón (que vemos en la foto de la izquierda) salvo dos que superaron los 4,0 el 23 de marzo (ese lo sentí, fue a media tarde, mi madre aun vivía aunque le faltaban apenas dos semanas para morir, su epicentro en estaba en Echauri) y el 20 de abril de 4,1 con epicentro en Salinas. De ese ciclo de seismos adjunto la foto del geólogo, Antonio Aretxabaleta,  sobre los desprendimientos del Monte Ezkidi o Peña de Añezcar y que aparece en su blog. Salvo el temblor sentido por el terremoto de Arette, la mayoría  de los terremotos que hemos sentido en Pamplona tienen como origen una falla local que atraviesa toda la cuenca. La otra falla importante, además de la de la Cuenca, es la norpirenaica.

Curiosidades: algunas viejas ordenanzas municipales: la limpieza del portal

El pasado año el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Pamplona actualizaba y agrupaba, en un solo texto, seis ordenanzas sanitarias que estaban en vigor desde 1976 y aun antes. Había más de 130 artículos totalmente en desuso  como el que prohibía varear lana en la entrada o en las escaleras de las viviendas. ¿quien tiene hoy un colchón de lana?. Yo si recuerdo un tiempo en que el colchón era de lana y había que varearla varias veces al año, pero lo hacíamos en casa, en una de las habitaciones. También había artículos referidos a la Policía Sanitaria Mortuoria, sustituida por la ordenanza del cementerio del año 2000, la limpieza viaria y de residuos que hoy dependen de Mancomunidad, referencias a taxis y villavesas, también hoy competencia de la Mancomunidad, normas de régimen interior de las comunidades de vecinos antes reguladas por el Ayuntamiento y hoy por normas de ámbito superior como la ley de propiedad horizontal, etc. 

Así, por ejemplo, el 27 de agosto de 1964 fue aprobada por el gobernador civil el artículo 27 de las ordenanzas de Higiene y Sanidad Municipales que se refería a la limpieza de los portales y escaleras de los edificios. Creo que era la Ordenanza nº 2, centrada casi exclusivamente en las viviendas. Según ese artículo de la ordenanza nº 2, todos los vecinos debían limpiar diariamente los tramos de la escalera de piso a piso que les correspondiese, además la entrada de cada casa la harían los usuarios de la misma  en turnos mensuales, los inquilinos establecerían asimismo el turno mensual de rotación para la limpieza del portal y si no hubiese acuerdo se haría siguiendo el orden de numeración de los pisos y las manos (izquierda y derecha) en que estuviese dividida la casa. Hoy la mayoría de las comunidades de vecinos han encargado esta tarea a empresas de limpieza. Sin embargo este asunto me trae a la memoria un recuerdo personal: aun recuerdo el cabreo monumental de mi madre, durante años, porque siempre había una vecina que nunca “hacía la escalera” y le tocaba hacerla a ella, en su lugar. Cosas del pasado. Cosas de otro tiempo. Resulta chocante, por otra parte, viéndolo con los ojos de nuestros días, que el Ayuntamiento indicase en uno de los capítulos de la ordenanza las horas de apertura y cierre de los portales según las estaciones, horarios vigentes, etc.

Pamplona año a año: 1997-1998

En Enero de 1997, el Ayuntamiento aprobaba por unanimidad un plan de recuperación del río Arga y sus orillas. Se daban, así, los primeros pasos para la creación del parque fluvial del Arga, a su paso por Pamplona, cuyas obras comenzarían en agosto de 1998. Seguían las tensiones entre Ayuntamiento y el Gobierno por la exigencia del primero de una carta de capitalidad para Pamplona, que le compensase por los cuantiosos gastos que le suponía dar servicios, como capital, a toda Navarra . En esta ocasión la espoleta del conflicto fue la demarcación única de la televisión por cable y la escasez de recursos económicos y de proyectos para Pamplona,  en el Plan Trienal de Infraestructuras del Gobierno de Navarra. Mientras tanto continuaban las obras de la 1ª fase de peatonalización del Casco Viejo (en julio comenzarían las obras en la Estafeta), y se intentaba sacar adelante los parkings de Santo Domingo y Carlos III. El 7 de abril el tripartito quiso hacer definitivo el cierre de la plaza del Castillo a pesar de la oposición de la hostelería de la zona. Pamplona perdió más 13.000 habitantes entre 1995 y 1996 que parece deberían haber ganado los pueblos de la Comarca, pero las cifras no cuadraban. El 25 de abril el pleno municipal aprobaba el avance del Plan Municipal, que sería aprobado, de forma definitiva, en febrero de 1999 y que contemplaba las enormes transformaciones de los barrios del norte: la nueva Rochapea, el nuevo San Jorge, … la creación del nuevo ensanche de Lezkairu y la habilitación de nuevos parques en Ezkaba, Santa Lucia y Donapea. Se aprobaba crear la Agencia Municipal de la Energía. El Gobierno de Navarra convocaba un concurso de ideas para el futuro el Palacio de Congresos y pedía al Ayuntamiento que le cediese el solar. 
El 30 de mayo, Sanz y Chourraut llegaban a un acuerdo, tras un año de enfrentamientos por el que se firmaría la carta de capitalidad, a través de la cual Pamplona recibiría 1.800 millones anuales como compensación a los gastos  que generaban los servicios que prestaba la capital a toda Navarra, se acordaba la anexión de Mendillorri, si los vecinos del barrio se mostraban de acuerdo (los vecinos votarían a favor de la anexión en junio y el pleno aprobaría, la incorporación, en octubre), se cederían los solares de Padre Moret para edificar el Palacio de Congresos, se llegaba a un acuerdo en el tema de la demarcación única para el cable y se concedía un crédito por el Gobierno al consistorio de 1.544 millones, para costear la peatonalización del Casco Antiguo y otras obras. Acudieron a las fiestas de San Fermín, este año, el dramaturgo, Arthur Miller y su esposa, la fotógrafa Inge Morath. Las fiestas se enrarecieron por el secuestro y  posterior asesinato del concejal de Ermua, Miguel Angel Blanco. Se encontraron restos de las murallas del Burgo de San Cernin al empezar a construirse el parking del Rincón de la Aduana. Se conservaría una parte del lienzo en la obra del parking. 

Nueva polémica en la peatonalización del Casco, esta vez por las nuevas farolas que se retirarían por completo, una década más tarde. Intervinieron en esta polémica la asociación de vecinos y la Institución Príncipe de Viana, etc.. La línea 6 dejaba de pasar por el Casco. Una pena. El 30 de junio se inauguraba el parque de Yamaguchi.  El 28 de julio se abría al tráfico el puente de las Oblatas, construido unos años antes. El palacio de Capitanía albergaría el Archivo General de Navarra. Se firmaba un protocolo para que el Gayarre volviese a ser municipal, seis años antes de lo previsto (El Gayarre sería municipal el 3 de mayo de 1998). En octubre estallaba una polémica por la construcción del parking y peatonalización de Carlos III. Dimitía un concejal del CDN, Monente, por desacuerdos con el Alcalde Chourraut. El músico Manuel Turrillas recibía la medalla de oro de la ciudad. El presupuesto municipal para 1998 era de 20.385 millones de pesetas.


En enero de 1998, se hablaba de crear una sociedad municipal mixta para construir y gestionar aparcamientos, aunque la idea, finalmente, no prosperó. Continuaban las polémicas, esta vez, a propósito de la Biblioteca General. El Gobierno consideraba inviable su ubicación en Santo Domingo, por la posible afectación a la imagen de las murallas. El Gobierno transfería al Ayuntamiento el Servicio de Atención Domiciliaria. Casa Marceliano se convertiría en sede del Servicio de Atención al Ciudadano. Y pensar que a punto estuvo de derribarse. El 13 de marzo el tripartito aprobaba el parking de Carlos III. Se produce una gran oposición al vial que se prevé atraviese el parque de Irubide. El  Ayuntamiento quería que el parking del Baluarte fuese municipal, público y de rotación pero al final nada de eso fue posible. La COTUP puso en marcha la tarjeta chip que sustituyó al bono bus de cartón. Este año se comenzaba a oír a hablar de la fusión de la COTUP y La Montañesa. 

En abril se comenzaron a preparar las zonas ZEL y ZER dentro de la ORA, que fue aprobada, finalmente en agosto y que entró en funcionamiento a partir del 1 de enero del año siguiente. El 6 de mayo era asesinado por ETA el concejal de UPN, Tomás Caballero, lo que provocó una gran conmoción en la ciudad y en el seno del consistorio. El 19 de  mayo la Iglesia entregaba al Ayuntamiento el Monumento a los Caídos para desarrollar allí actividades culturales. El 29 de mayo se derribaba la Casa Aldaz en la Rochapea, para alivio de los vecinos. Se publicaba una nueva guía turística municipal, trece años después de la anterior. Novedades en los sanfermines: se instalaba, por primera vez, una pantalla gigante en la plaza del Castillo y se retransmitieron algunos actos por internet. Se hablaba ahora de las escuelas de San Francisco para sede de la biblioteca general, con la oposición de algunos vecinos del Casco Viejo. El 18 de junio se terminó la peatonalización de la calle Estafeta. La tercera fase afectaría  a San Saturnino y a la zona de Zapatería, Pozoblanco y Comedias.

Se prevé que el proyecto de nuevo Archivo General, obra de Rafael Moneo, costaría 2.400 millones de pesetas. Nuevos parkings en perspectiva: Compañía y Labrit, si bien este último aunque se aprueba por el tripartito se desestima, entre otras razones, porque según un informe de un arquitecto municipal su construcción podría dañar la estructura y cimentación de la plaza de Toros. Nuevamente fracasa el concurso para el parking de Santo Domingo. En septiembre el Ayuntamiento anuncia que construirá un centro cívico en el solar abandonado, al comienzo de Pio XII. En octubre se conocía que el arquitecto Patxi Mangado sería el ganador del concurso para construir el Palacio de Congresos. El proyecto se decía que costaría 6.000 millones de pesetas, aunque al final, y según otras fuentes, su coste total (amueblamiento incluido) se acercaría a los 13.000 millones. El 12 de diciembre se inauguraba el parking del Rincón de la Aduana, con 432 plazas de aparcamiento. Unos días más tarde se compraba por 204,8 millones de pesetas el edificio del Palacio del Condestable que se destinaría a centro cívico del Casco Viejo.

Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Velate (1973)

Nueva sección del blog que va ampliando su temática para reflejar, desde el recuerdo de un pamplonés nacido en los 60, los hechos, historias y sucesos más destacables que han ido aconteciendo en estos últimos cincuenta años y que causaron un gran impacto en la opinión pública de la capital navarra, sin querer caer, por supuesto, nunca en el morbo ni en el sensacionalismo. El suceso que inicia la sección no acaeció en Pamplona pero recuerdo que, aquellos días, este luctuoso hecho hizo correr ríos de tinta en los periódicos de nuestra ciudad, por lo truculento del caso.
Inicialmente disfrazado bajo un presunto ataque por parte de unos asaltantes en el puerto de Velate, el hecho ocultaba el asesinato de María Pilar Cano Peralta, perteneciente a una adinerada familia de Zaragoza, por encargo de su marido, el industrial y exconcejal del ayuntamiento maño, Jaime Balet Herrero. El crimen se produjo en la madrugada del 30 de abril de 1973. El matrimonio venía del casino de Biarritz donde, al parecer, y en esta ocasión,  les había sonreído la suerte. Como Balet se sentía cansado decidieron detenerse en un camino del puerto de Velate para dormir. Allí, según el testimonio de Balet alguien desconocido les golpeó. Balet perdió el conocimiento. Cuando despertó se encontraba en otro lugar del monte. Su mujer estaba muerta, al parecer había sido golpeada por un instrumento de hierro. El dinero que llevaban había desaparecido. Asi pues, sucedidos los hechos, Balet dio una versión de los hechos en que tanto el como su mujer aparecían como víctimas de un asalto. En realidad, tal y como demostraron enseguida los investigadores, él había sido el organizador del asesinato, un asesinato absolutamente planificado y premeditado,  contra su esposa. Parece ser que Balet se había enamorado de otra mujer, Ana Alava, con la que se quería casar, a la que había enviado a Alemania y a la que visitaba con cierta frecuencia. Quiso separarse de su mujer, incluso pidió la nulidad, pero ante la negativa de esta a la separación empezó a urdir el crimen.
Balet contactó con su amigo Juan Midón Leyva en febrero de 1973 y le ofreció 7.000 dolares por el trabajo. Un mes después volvió a darle a Midon 10.000 dolares para que entre él y el alemán Hans Helmut Bacht fuesen preparando el crimen. Midon contactó, a su vez, con el alemán Peter Simeth, un personaje de muy baja catadura moral, que fue quien ejecutó finalmente el crimen. El asesinato se preparó entre febrero y abril de 1973. Parece probado que en los dos primeros fines de semana de abril de 1973, Balet y su mujer acudieron al casino de Biarritz y que ese mismo viaje lo realizaron Midon y los dos alemanes. Bacht parece que empezó a arrepentirse de su participación en la preparación del crimen y comenzó a alejarse de la trama dejándolo todo en manos de Midon y Simeth, quienes acordaron que el asesinato se realizase el día 29 de abril, domingo, a la vuelta de Balet y de su mujer de uno de sus rutinarios viajes al casino de Biarritz.

Ese día, Simeth, con un Morris propiedad de Midon, se dirigió desde Zaragoza hasta la zona del puerto de Velate en donde había de asesinar a la mujer de Balet, un lugar cercano a las Ventas de Arraiz. Parece ser que después de haberse tomado varias copas en un hostal cercano acudió al lugar de crimen con el fin de comprobar si había llegado Balet y se topó con un Seat 600 en cuyo interior se encontraba una pareja de novios que, al ser enfocados por su linterna, optaron por abandonar rápidamente el lugar. Sobre las 10.30 de la noche, Simeth volvió al lugar y se encontró con Balet y su, mujer, Pilar Cano, paseando junto a su coche. Con una barra de hierro le asestó varios golpes a Pilar, «contando con la pasividad de Jaime», que le ocasionaron la muerte en unos treinta minutos. Entre Balet y Simeth colocaron a la asesinada en el coche, descendieron dos kilómetros, en dirección a Pamplona, y volvieron a aparcarlo en un lugar apartado. Allí Simeth propinó unos leves golpes a Balet, como ya habían convenido, con un tubo de plomo forrado con gamuza, que le produjeron heridas de escasa importancia, y Balet simuló la pérdida de conocimiento. Cometido el crimen, Simeth huyó a Zaragoza llevándose el bolso de Pilar Cano, que contenía unas 180.000 pesetas. Tras la declaración inicial de Balet y comenzadas las investigaciones y comprobadas las incoherencias del relato, el Balet era detenido y el día 12 de mayo entraba en prisión.

Así se narraba el crimen en las conclusiones del tribunal que dictó sentencia cuatro años más tarde, el 1 de octubre de 1977. La Audiencia Territorial de Pamplona condenaba entonces a muerte a Jaime Balet a Juan Midón Leyva, así como al pago, conjunto y solidario, de un millón de pesetas a cada uno de los cuatro hijos de la asesinada y 250.000 pesetas, por el «pretium doloris», al padre y madre de Pilar Cano. Igualmente, Balet debía ampliar su fianza de 850.000 pesetas a cinco millones de pesetas para asegurar sus responsabilidades civiles. La pena capital no se pudo aplicar ya que los inculpados se beneficiaron de los indultos del 25 de noviembre de 1975 (que conmutaba la pena de muerte y les condenaba a 30 años de cárcel) y el 14 de marzo de 1977 que reducía en una cuarta parte la condena. La sentencia fue recurrida ante el Tribunal Supremo, pero éste la confirmó íntegramente el 17 de mayo de 1979. A comienzos de los años ochenta se conoció la noticia de que Jaime Balet gozaba del régimen de prisión abierta en un centro psiquiátrico penitenciario de Madrid. En 1980, precisamente, se supo también que en Alemania -país que había abierto un proceso penal por el mismo crimen de Velate- el Tribunal Superior de Munich condenó al principal acusado, el mecánico Peter Simeth, a la pena de cadena perpetua efectiva, como autor de un delito de asesinato, y al conserje Helmut Pacht, cómplice del primero, a seis años de prisión.
En 1985 Pedro Costa se basaba en el crimen de Velate para el capítulo “El caso del procurador enamorado” dentro de la serie “La Huella del Crimen”. Para evitar las quejas de personas que pudieran sentirse aludidas por el argumento, Costa había cambiado el guión inicial, eliminando cualquier alusión a nombres reales y modificando otros aspectos de la trama y de los protagonistas. El capítulo fue interpretado por Carlos Larrañaga, Ana Marzoa, Angela Torres, José Rubio y Alfredo Mayo.