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Los primeros automóviles en el Viejo Pamplona (1921-1922)



En esta entrada voy a dar una breves pinceladas sobre los primeros coches que circularon por nuestras calles, a comienzos del siglo XX. En 1921 había matriculados en Navarra 428 vehículos. De ellos, 278 eran automóviles de turismo, 40 automóviles de línea, 50 autocamiones para carga y 60 motocicletas. Estaban autorizados para conducir los mencionados vehículos 515 chóferes que habían pasado los correspondientes exámenes. El reconocimiento de los vehículos y la expedición de los carnets corría a cargo, entonces, del inspector de trabajo D. Félix Salinas, encargado del reconocimiento de los autos, camiones y motos y de examinar y expedir los carnets  a los conductores de los mismos. Un año más tarde, en 1922, el número de vehículos se había elevado a 523, 95 más, 45 de turismo, 12 de línea, 32 camiones y 6 motos. Y el número de chóferes subió hasta los 701. Había ese año, en 1922, en España, unos 40.000 vehículos. En la foto que encabeza la entrada de José Ayala de principios del siglo podemos ver a un grupo de parroquianos, en la Plaza del Castillo,  arremolinados en torno a uno de aquellos primeros vehículos.

Dispongo del listado completo de esos 523 primeros propietarios de vehículos en Navarra. Pero tranquilos no les voy a aburrir con semejante listado aunque si  les daré algunos datos interesantes. Como que el vehículo matriculado con el nº 1, esto es PA-1, pues el primer centenar de vehículos matriculados tuvieron la matricula PA de Pamplona, antes de cambiar a NA,  estaba a nombre de Cayetano Lapoya Rubio, industrial maderero, y responsable de algunas construcciones del naciente barrio de San Jorge. De hecho hasta un pasaje llevaba su nombre, en dicho barrio: el pasaje Lapoya. Don Cayetano tenía más de un coche, pero el primero que matriculó, el coche nº 1 de Navarra era un vehículo Peugeot de 12 caballos. La sociedad Laurak-bat disponía, por su parte, de cuatro vehículos matriculados con los números 5 a 8. 

También estaban entre los primeros propietarios de vehículos, personas y empresas como  Guibert y Murillo, la Compañía General de Automóviles, Martín Sancena, la sociedad El Irati, Daniel Múgica, Pedro Ciga, la Diputación Provincial, Toribio López, Martín Estremera, el conde de Guendulain, Fermín Subiza, Pedro Mayo, Múgica y Arellano, Pio Espluga,  José María Seminario (del que vemos un anuncio publicitario junto a este párrafo), Doria y Compañía, Carbonell hermanos,  (estos últimos tenían garaje y servicio de alquiler de vehículos, en los años 20 había unos 15 garajes de vehículos en la ciudad), Carlos Eugui, Erroz y San Martín, Patricio Taberna, Vda de José Taberna, Aldaz Hermanos, José Yarnoz, Rufino Martinicorena, la Sociedad Navarra de Abonos Químicos, Joaquín Iñarra, por citar unos pocos nombres sin contar los vehículos de las compañías de automóviles de línea que hacían los itinerarios entre los pueblos y la capital. Como ven, entre los primeros propietarios de vehículos estaban algunos de los empresarios y empresas más destacadas, entonces, en la ciudad, propietarios de garajes y otros ilustres nombres del Viejo Pamplona. Y es que por aquel entonces tener un vehículo no estaba al alcance de cualquiera.

¡A la Chipi!. Origen e historia del reformatorio de Olaz-Chipi (1923-1980)

De niño, recuerdo que,  en el barrio,  cuando algún chaval hacía algo que no estaba bien, que podía estar en el límite de la gamberrada, enseguida el resto le advertían: ¡A la Chipi!. ¡Vas a ir a la Chipi!. La Chipi era entonces una suerte de “hombre del saco” algo que atemorizaba y nadie había visto. La Chipi se nos antojaba como una feroz cárcel para menores, aunque la realidad seguramente no fuese  como la imaginábamos. Voy a bucear en esta entrada en el origen de esta singular institución,  que tanta prevención nos daba  cuando eramos pequeños y, aunque no estaba en Pamplona, para el caso como si estuviera. Forma parte de nuestros recuerdos. Fue en el año 1923 cuando el presidente de la Audiencia Territorial de Pamplona, Luis Ibarguen secundado por otras personalidades de la ciudad impulsaron el Tribunal Tutelar de Menores  así como la puesta en marcha del Reformatorio de Menores de Navarra. Se creó un Patronato formado por las siguientes personalidades: además de D. Luis Ibarguen, D. Pedro Uranga, D. Marcelo Celayeta (el parroco de San Lorenzo y fundador de las escuelas del Ave María), D. Francisco Javier Arraiza, D. Melchor Lacabe, D. Joaquin Viñas, D. Daniel Irujo (que había sido alcalde a principios de siglo), D. Domingo Elizondo y D. Toribio López (el dueño de Calzados López).  

A los gastos debían contribuir la Diputación Foral y los ayuntamientos en la forma y cuantía que se determinase posteriormente. La granja de Olaz Chipi situada en el término municipal de Huarte sería cedida por la Diputación. De la dirección del reformatorio se encargaría una congregación religiosa, la de  los Padres Terciarios Capuchinos   que,  por diversos medios educativos,  y utilizando trabajos de cultivos, artes y oficios  pretendían reconvertir a los,  y cito textualmente “pequeños delincuentes de hoy en hombres útiles y trabajadores de mañana”. Con el fin de constituir el capital inicial para el Tribunal y el Reformatorio, la mencionada Junta del Patronato abrió una suscripción, mediante la emisión de acciones de 100 pesetas cada una, que serían amortizadas a medida que las corporaciones encargadas de sus sostenimiento fuesen contribuyendo en la parte proporcional que les correspondiera a los gastos de las mismas. 

El reformatorio se llamaría Nuestra Señora del Camino y abrió sus puertas en 1923. Atendía a jóvenes carentes de asistencia benéfica, cariño y  protección familiar. La tarea era difícil ya que había interés por desligar a esta institución de las tradicionales de carácter punitivo y por integrarla dentro de la red de protección a la infancia. Predominaban los jóvenes de 13 a 15 años y de un total de 83 jóvenes, tan solo 18 presentaron un perfil mental normal, según el criterio de los religiosos encargados de la dirección del centro. Se disponía de un severo régimen basado en el trabajo, sobre todo en tareas agrícolas. Había, decían entonces, serias carencias para emprender escuelas talleres que formasen a los chicos en oficios tales como zapatería y carpintería. También se echaba en falta más colaboración económica de la sociedad, así como en la inserción posterior de los jóvenes, a tenor de lo manifestado por los miembros del Patronato. 
El Tribunal Tutelar de Menores se instalaría, en 1924, en  locales cedidos por el Ayuntamiento de Pamplona, en las escuelas de San Francisco, pero se trasladaría, en 1925, a otros locales, en el edificio de la panadería municipal El Vinculo. El Tribunal estaba formado por Pedro Uranga en la presidencia, Daniel Irujo en la Vicepresidencia y como vocales Mariana Sanz, Javier Arraiza, Toribio Lopez y Eladio García, entre otros. Hasta 1927 el Tribunal había incoado casi un millar de expedientes y le auxiliaban en su cometido además del Reformatorio Nuestra Señora del Camino, la Casa de Misericordia, el Asilo de la Sagrada Familia y las Madres Josefinas, Adoratrices, Oblatas y la Casa Maternidad. En ese año, 1927, se había creado una Junta Provincial de Protección a la Infancia presidida por el Gobernador Civil y entre los que figuraban el Obispo de la Diócesis, el Presidente de la Audiencia, el Vicepresidente de la Diputación, el Alcalde de Pamplona, el Subdelegado de Medicina, el Presidente de la Cámara de Comercio y otras personalidades de la ciudad. Adjunto plano de anteproyecto de reforma del centro del año 1949 en el que se pueden distinguir los diferentes pabellones destinados a niños, adolescentes y jóvenes.
A partir de 1954 serán los hermanos de la Salle los que se encarguen del reformatorio, hasta prácticamente junio del pasado año en que por decisión de la congregación se desvincularon del centro educativo. Entre 1954 y 1980 llegaban al reformatorio (que era totalmente masculino), jóvenes con penas privativas de libertad, sin embargo los hermanos La Salle hablaban siempre de “muchachos”. Había jóvenes acusados de hurtos o en riesgo de caer en la delincuencia. A veces se les internaba más como medida de prevención y protección que de corrección. La edad de los jóvenes estaba entre los 8 y los 16 años. Por orden ministerial del 19 de enero de 1963, se reconvirtió el reformatorio en centro no oficial de formación profesional industrial en el grado de iniciación profesional o pre-aprendizaje, dependiente de entidad privada. En el último período (1970-1980) durante la semana los chicos estaban internos y los sábados y domingos volvían con sus familias. En 1975 todavía no se había levantado ni el primer piso de los talleres ni el actual frontón. Los más pequeños hacían pequeños trabajos manuales y de jardinería y los mayores trabajo en talleres y huerta y cada día, antes de cenar,   hacían una evaluación personal y grupal. Adjunto foto en la que aparece el capellán de Olaz Chipi, D. Toribio acompañado por Alfredo Saéz y Moisés Arana. 

Sin embargo no será hasta 1980 cuando el centro deje de tener el carácter de reformatorio y se convierta, de verdad, en un centro de Formación Profesional, el IFP Huarte, en el último período especializado, en atención a la diversidad. Y es que llegaron otros tiempos, la escuela obligatoria finalizaba a los 14 años pero no se podía trabajar hasta los 16 y era necesario escolarizar a los jóvenes de esa edad. En 1980 se hicieron obras para ampliar los talleres y las clases, se quitaron las habitaciones y se preparó el edificio para albergar a 200 alumnos, con la apariencia que vemos en alguna de las fotografías de la entrada. A los chicos del Tribunal se les mandó a pisos en grupos más pequeños y con personal dedicado a ello. Así acababa, después de 57 años la historia de la Chipi, un centro que forma parte de nuestro imaginario colectivo. Hoy lo más parecido que existe a la Chipi puede ser el centro de cumplimiento de medidas judiciales para menores de Ilundain.


Fotos del Boletín Informativo del IES Huarte (diciembre 2004) y plano de remodelación de reformatorio (febrero 1949).

Servicios municipales en la Pamplona de los años 20 (1921-1930)

Voy a dar unas pinceladas, en esta entrada, de como era el Ayuntamiento de Pamplona en los años 20 y que servicios municipales había entonces en la ciudad. En 1921, era Alcalde de Pamplona, el  jaimista José María Landa. Había en el Ayuntamiento nada menos que cinco grupos municipales, a saber 11 concejales jaimistas, que era una de las dos ramas entonces del carlismo, 8 nacionalistas (entonces solo existía en este ámbito el PNV), 2 mauristas, 1 republicano y 1 integrista (la otra rama del carlismo). Entre los jaimistas estaban nombres como el de Tomas Mata que también sería alcalde de Pamplona, muy poco tiempo después, y entre los nacionalistas estaban nombres como el del comerciante Ramón Unzu, el pintor Javier Ciga, el catedrático Leoncio Urabayen o  el abogado Santiago Cunchillos. Junto a estas líneas podemos ver  a la corporación municipal vestida de gala al comienzo de la década de los 30. El presupuesto municipal de 1922 se elevaba a 1.879.076 pesetas de las cuales 304.000 pesetas se destinaban al pago de sueldos de los empleados municipales, 213.000 a instrucción pública, 141.000 a beneficencia, 225.000 a obras públicas, 124.000 a policía de seguridad y 291.000 a policías urbana y rural. 

En 1922 el Ayuntamiento, cuyo edificio vemos  a la derecha de este párrafo en una foto de Roldán de aquellos años, tenía un déficit de 100.000 pesetas pues la Diputación no había aprobado algunos impuestos o arbitrios necesarios para el sostenimiento municipal. Se proyectaba cubrir el déficit estableciendo un arbitrio a los casinos de recreo y aumentando del 15 al 25% el del billetaje de los espectáculos públicos. Se calculaba ese año en 1.600.000 pesetas lo recaudado por arbitrios e impuestos. En 1928 los presupuestos estaban más equilibrados: eran ya de 2.182.316 pesetas y los ingresos por impuestos ascendían a 2.080.000 pesetas. Entre 1929 y 1932 se preveía un amplio plan de reformas y mejoras locales con un presupuesto de más de 9 millones de pesetas que contemplaba la pavimentación del nuevo ensanche y de varias calles de la ciudad antigua, el saneamiento de los barrios extramurales, la edificación de algunos grupos escolares y del teatro municipal, mejoras y ampliaciones en el alumbrado público, construcción de caminos, lavaderos y hornos crematorios, etc.

Entre los servicios municipales más destacados de aquellos años podríamos señalar los siguientes: la Academia Municipal de Música que estaba instalada en el edificio de la Alhóndiga, junto a la actual plaza del Vinculo, a la que asistían medio millar de alumnos y alumnas y que contaba con profesores como Santos Laspiur, Remigio Múgica o Emiliana Zubeldía. La foto de la Academia Municipal de Música que se adjunta corresponde al chupinazo de 1952, cuando el edificio de la Casa Consistorial se encontraba en obras y se lanzó el cohete festivo desde esta plaza; La central eléctrica municipal, con 100 caballos de potencia, que estaba junto al puente de Cuatro Vientos, en el barrio de la Rochapea, tal y como vemos en la fotopostal de los años 20, del inicio de la entrada, donde posteriormente y durante décadas estaría ubicada Industrias del Caucho. La central suministraba fluido para el alumbrado público de la ciudad y las dependencias municipales;   La Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal, fundada en 1872, cuya primera sede estuvo en el Mercado  de Santo Domingo y que, tras el incendio que sufrió el Mercado Municipal,  pasó, en 1875, al  nº 47 de la calle Estafeta y más tarde de 1927 a 1935 a la esquina de Mercaderes y Chapitela, donde hoy esta una sucursal de Caja Rural, tal y como vemos en la foto de Bozano que aparece junto a este párrafo. Entre 1935 y 1979 su sede central estuvo en el nº 5 del Paseo de Sarasate, ese enorme edificio,  obra del arquitecto Joaquín Zarranz que hace esquina con Garcia Castañón. En 1921 la Caja tenía  unos depósitos de cuentacorrentistas estimados en unos 3.564.391 de pesetas que se convertirían en casi seis millones un par de años más tarde. Como curiosidad, cabe señalar que en 1927 se sortearon 5.000 pesetas en premios entre los impositores de la Caja para propagar, según manifestaban en la publicidad de aquellos años,  la virtud del ahorro.  

El Laboratorio Químico Municipal que estaba en la calle Calderería, junto a la Casa de Baños,  tal y como vemos en la foto adjunta de 1952 de J.J Arazuri,  y se dedicaba al análisis de líquidos y productos alimentarios;  La central de la red telefónica urbana municipal que estaba en las Escuelas de San Francisco, donde prestaban servicio siete telefonistas, un telefonista nocturno y seis obreros. (vemos una foto de dicha central de 1924-34 párrafos atrás). Había entonces 800 abonados al servicio telefónico en Pamplona. Había locutorios públicos en dicha central, la Electra y Alhóndiga Municipal, el Mercado de Santo Domingo, los almacenes de tránsito y fielato de la Estación del Norte, San Lorenzo, Portal Nuevo y San Nicolás así como en las subcentrales de la red militar y de Burlada, El Mochuelo, Huarte y Ororbia; la antiquísima panadería municipal “El Vinculo”, que vemos en la fotografía adjunta de Julio Cia de 1918, cuyo edificio se construyó en 1862 en la calle de su nombre y que era una tahona reguladora de este servicio básico, -la fabricación del pan-, administrada por D. Miguel Villanueva, con diferentes despachos en la ciudad. Contaba con diez operarios. 

Las oficinas del Cuerpo de Arbitrios Municipales que estaban en un  edificio cercano a la iglesia de San Lorenzo, tal y como vemos en la invernal foto del Rincón de la Aduana de 1900, que aparece publicada en los libros de “Calles y barrios” de J.J Arazuri y que contaba con 34 recaudadores y 5 matronas (sic). Había dos cuerpos de guardias, el Cuerpo de Guardas Rurales, compuesto por 18 guardas (39 en 1938) que prestaba servicio en los barrios extramurales de la capital, que desaparecerían como tales en torno a 1965 pero cuyo semblante y apariencia veríamos reflejada en los guardias de los parques que conocimos en nuestra niñez allá por los años 60 y 70 (que vemos en la foto de la derecha de Galle de 1938) y la Guardia Urbana  formada entonces por 40 agentes. La fusión de estos  dos cuerpos daría lugar en los años sesenta (1964) a la Policía Municipal en el último tramo de la alcaldía de  Miguel Javier Urmeneta. Había igualmente un Cuerpo de limpieza pública, formada por treinta barrenderos y un pequeño servicio municipal que se ocupaba del arreglo de calles y jardines; El depósito municipal que estaba ubicado en la calle Jarauta aunque luego se trasladaría al Ensanche, en las cercanías de la plaza de toros. Había tres alcaldes de barrio, uno en San Juan, otro en la Rochapea y otro en la Magdalena que en 1922 eran D. Pedro Gastiga, D. Manuel Martínez y D. Elías Soto respectivamente. El Ayuntamiento contaba, además, con veterinarios municipales e inspectores de sanidad pecuaria así como médicos de la beneficencia municipal.


Fotos referenciadas en el texto de la entrada

Historia y evolución del Cuerpo de Bomberos de Pamplona (1846-2010)

A primeros del siglo XX, los ayuntamientos de todos los pueblos, con más de 2.000 habitantes, tenían la obligación de disponer de un Cuerpo de Bomberos debidamente organizado. El origen del Cuerpo de Bomberos de Pamplona es un tanto especial. En 1846 se había fundado la Sociedad Mutua contra Incendios de Edificios de Pamplona. Aun no existía un Cuerpo de Bomberos organizado, por lo que poco tiempo después esta Sociedad propuso al Ayuntamiento la formación de un Cuerpo de Bomberos que estaría a su cargo, comprometiéndose, eso sí, el Ayuntamiento a su sostenimiento mediante una subvención de 6.000 pesetas anuales que, para gastos de jornales y adquisición y reposición de material, debería pagar la corporación municipal a la Sociedad Mutua. Desde entonces la subvención se pagó religiosamente, sin embargo a finales de 1920 la Sociedad denunció el contrato ya que la subvención de 6.000 pesetas resultaba a todas luces insuficiente para sostener un Cuerpo de Bomberos compuesto por 114 hombres que cobraban, por otra parte, un salario de miseria. 

En Enero de 1921 se formalizó un nuevo contrato con el Ayuntamiento por el cual, y por una subvención de 12.000 pesetas anuales,  se comprometía a sostener un Cuerpo de Bomberos compuesto por un Jefe, un Inspector de bombas, un practicante, un fontanero, cuatro jefes de brigada, seis cabos de brigada, dos cornetas y sesenta zapadores bomberos. Con la firma del convenio se acometieron importantes reformas en el Cuerpo, entre ellas la confección de nuevos uniformes que serían estrenados en los ejercicios generales de otoño de ese año (1921). En 1928, la Sociedad cuyo presidente era Serafín Huder, tenía una responsabilidad mutua social que ascendía a la muy respetable suma de 50 millones de las antiguas pesetas. Tenía asegurados unos 1.000 edificios y este número aumentaría con motivo de las edificaciones en el nuevo Ensanche y barrios extramurales de la ciudad.

El parque y las oficinas del Cuerpo de Bomberos estaban, entonces, en el nº 9 de la calle Eslava, tal y como vemos en las fotografías que ilustran la entrada, tanto la primera datada probablemente después de la guerra, entre 1940 y 1952,  como la segunda que,  por la antigüedad del vehículo, bien podría pertenecer a los años 20. Para 1928, el Cuerpo recibía ya una subvención de 15.000 pesetas anuales del Ayuntamiento. Según se decía en la prensa “el parque estaba admirablemente montado y recientemente había adquirido un magnífico autocamión para tranpsortar la motobomba, el material y el personal”. Contaba con cuatro jefes, ocho cabos, cinco cornetas, setenta bomberos y un avisador. El Cuerpo tenía, además un Montepio al que prestaban apoyo económico tanto el Ayuntamiento como la Sociedad de Socorros Mutuos. En 1958, el  Cuerpo de Bomberos dejaba de depender de la Sociedad Mutua pasando a depender del Ayuntamiento y se construía el Parque Municipal de Bomberos en la calle Aralar, detrás de la plaza de toros, dejando las viejas instalaciones del Casco Antiguo. 

En 1962 la Diputación Foral de Navarra, con el fin de suplir la falta de servicios municipales contra incendios en la comunidad, encomendaba un estudio para crear e implantar el Servicio Provincial de Incendios, dado que Pamplona era el único municipio que tenía un cuerpo de bomberos.  El parque municipal de Pamplona vería renovadas y completadas  sus instalaciones en los años 1978 y 1979. En 1985 el Servicio  Provincial de Incendios pasaría  a depender orgánicamente de la Dirección General de Protección y Seguridad Ciudadana, adscrita al Departamento de Interior y Administración Local. En 1990 se acometía la unificación de los dos servicios existentes entonces en la Comunidad Foral, el Servicio Provincial de Incendios y el Parque Municipal de Bomberos de  Pamplona,  aprobándose, el 20 de Diciembre de 1990, los Estatutos del Consorcio para el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento de Navarra. En julio de 2009 se iniciaban las obras de construcción del Parque Urbano de Bomberos en Trinitarios, y junto a él,  el Deposito de Sal y el nuevo Parque de Desinfección, con una inversión de más de 2 millones de euros. El nuevo edificio que sustituiría al de la calle Aralar, donde teóricamente se iba a construir el Centro Temático de los Sanfermines,  tenía como cometido garantizar la seguridad de los ciudadanos de Pamplona y de su entorno más próximo y  se acabaría en el año 2010. La sede del Parque Central de Bomberos de Navarra se encuentra en Cordovilla, junto  a la Avenida de Zaragoza.

Fotos: Archivo Fotográfico Cuerpo de Bomberos de Pamplona. 

Historia y evolución del servicio telefónico en el Viejo Pamplona (1908-1998)

El teléfono nace en España en 1877 cuando comienzan a realizarse las primeras pruebas y surgen las primeras instalaciones aisladas, por ejemplo en la provincia entonces española de Cuba y en la ciudad de Barcelona. A partir de 1882 comienzan a desplegarse las primeras redes urbanas y se empieza a prestar el servicio en algunos municipios pero de forma poco uniforme y organizada. En 1897 se adjudica la primera linea interurbana de larga distancia y en 1912 la primera línea internacional con Francia. En 1908 existían en España 60 redes urbanas explotadas por particulares y empresas, 11 redes explotadas por el estado y una red interurbana, la del noreste, junto a líneas interurbanas en manos del estado. En Pamplona, la Red Interurbana del Noreste de España tenía su estación y locutorio en aquellos años (primera década del siglo) en el nº 21 de la plaza de la Constitución, actual plaza del Castillo. En 1915 la Compañía Peninsular de Teléfonos se hizo cargo de buena parte de las instalaciones interurbanas instaladas hasta el momento y algunas urbanas. Técnicamente surgieron las primeras estaciones automáticas y los teléfonos con discos giratorios que permitían marcar, directamente, al usuario, el número de teléfono con el que deseaba contactar. En la foto que encabeza la entrada vemos la típica centralita telefónica manual, con la operadora, siempre era una señorita, de las primeras décadas del siglo.

En 1921 había en Navarra poco más de un millar de abonados en el servicio telefónico, concretamente 1.062 lineas.  En 1923, la empresa estadounidense ITT adquiría la Compañía Peninsular de Teléfonos y se constituía la Compañía Telefónica Nacional de España, la famosa Telefónica que pasaría a lo largo de su historia por diferentes vicisitudes, nacionalizándose en los años 40, desarrollando y extendiendo el servicio desde 1950 a 1974, automatizando las redes y centrales, primero las urbanas y posteriormente las interurbanas y por último las comunicaciones internacionales. Al mundo rural la automatización le llegaría más tarde estando terminado el proceso de automatización en los años 80.  ¿Quien no recuerda haber tenido que pasar la comunicación telfónica por la centralita para “llamar al pueblo” a lo largo de los años 60 y 70?. Cuando no teníamos teléfono en nuestra cosa o bien llamábamos desde la casa de la vecina o acudíamos a alguna de las múltiples cabinas telefónicas que llenaban nuestras calles y plazas, como las que vemos en el último párrafo, ubicadas en el Paseo de Sarasate (la foto es del año 1972).

El 17 de diciembre de 1927 se inauguraba en Pamplona el teléfono automático que sustituía al antiguo urbano municipal, siendo la cuarta población española en que lo instaló la Compañía Telefónica Nacional. La central y oficinas para ese servicio y el interurbano se situaría en el edificio de Amaya, 2, en la manzana 12 del nuevo Ensanche, que se había empezado a construir dos años antes, y cuyas obras de construcción vemos en la segunda fotografía que encabeza la entrada. En la cuarta fotografía, podemos contemplar la central ya construida. En las fotos que acompañan este párrafo vemos sendas obras para la extensión de la red telefónica en los años 1924-34 en las calles San Miguel (a la izquierda) y Eslava (a la derecha, se puede descubrir la esquina de las calles Eslava y Mayor que es fácilmente reconocible). Hasta entonces las instalaciones telefónicas eran mayormente aéreas, tal y como vemos en la tercera foto, con unos operarios subidos a un tejado para retirarlas en las proximidades de la iglesia de San Agustín. Al comenzar 1928 el número de abonados al teléfono  en Pamplona ascendía a 1.100. Como curiosidad, cabe señalar que hasta  1920 los números telefónicos de la ciudad no tenían más que tres cifras. Con cuatro cifras  estaríamos desde el año 1920, hasta mediados de los años  50, fecha en la que se produjo un espectacular despegue y es que entre 1950 y 1955 se instalaron tantos teléfonos en España como entre 1936 y 1950. En 1955 se instalaba en España el teléfono un millón, duplicándose dicha cifra en el año 1963. En 1966, todos los teléfonos de Pamplona comenzarían a funcionar con 6 cifras pues a las cinco cifras que existían hasta entonces se les añadiría un 2.  En aquellos años 60 y primeros 70 eran muchísimas las solicitudes de teléfono llegando a tardar hasta dos años, período que en 1985 bajaría ya a seis meses. El número de teléfonos continuaba en aumento, pasando de poco más de 4 millones de líneas en 1970 a 14 millones en 1985. En mi casa reconozco que entró un poco tardíamente, en abril de 1980 tras algunos meses de espera. En la foto de la derecha del siguiente párrafo vemos un teléfono de baquelita negra. ¿Cuantos como estos habremos visto en nuestra infancia, en la casa de algún vecino o en casa de los abuelos?.

Posteriormente, a finales de los 70 y en los años 80 con la incorporación de las diferentes centrales telefónicas de barrio (San Juan, Rochapea, etc), el comienzo de las numeraciones del teléfono en Pamplona se diversificaría (11 tenían  en la Rochapea que luego se convertiría en 14, 12 en Chantrea que luego sería 13, y según la ubicación tendríamos números que empezaban no solo por 22 sino también por 23, 24, 25, 26 y 27, o por 17, 18 o 19, por poner tan solo unos ejemplos. En 1981 comenzaron  a  aparecer los primeros datáfonos para pagar con tarjetas en los comercios y el fax. En 1992 se empezaron a realizar las primeras pruebas para acceder al servicio telefónico a través de la telefonía móvil. Yo tuve mi primer móvil, un voluminoso Motorola, apenas cuatro o cinco años más tarde. En 1997, Telefónica quedaba privatizada y un año más tarde comenzaba el proceso de liberalización creándose el segundo operador de telefonía fija, Retevisión, sobre la base de las infraestructuras de RTVE, con acceso a través del código 050 y más tarde el tercer operador Lince Comunicaciones que conoceríamos como Uni2. En abril de 1998, los números del teléfono pasarían de 6 a 9 al tener que  incorporar las tres cifras del prefijo, en nuestro caso el  948, incluso para las llamadas locales o provinciales. Hasta entonces sólo cuando llamábamos a otra provincia teníamos que marcar el prefijo correspondiente. En Navarra varias miles de líneas oficiales pasarían por otra parte, a empezar por 848 en vez de 948. Tecnológicamente, a finales de los 90 se extendería, si bien muy limitadamente, sobre todo entre las pequeñas empresas y negocios,   la RDSI que sería sustituida enseguida por el popular ADSL y desde hace unos pocos años por la potente fibra óptica que pone fin  a una larguísima época dominada por el hilo de cobre telefónico. En la penúltima foto de esta entrada podemos observar las obras de instalación de la cámara y tapa de registro de una canalización subterránea en una calle o plaza del casco antiguo de  Pamplona. 


Fotos 2, 3, 5, 6 y 7: Colección fotográfica de la Fundación Telefónica (1924-1934)

Anuncios comerciales en el Viejo Pamplona de principios del siglo XX (1900-1910)

Comienzo, con esta entrada, una serie de artículos sobre la publicidad local de principios del siglo XX en Pamplona, recuperando alguno de aquellos primitivos anuncios, hoy perdidos. En aquellos primeros años del siglo XX, la publicidad tenía un carácter fundamentalmente informativo. Lejos quedaban todavía los esloganes y mensajes extraordinariamente elaborados o rebuscados del marketing o mercadotecnia actuales. Raro era el anuncio que utilizaba fotografías. Predominaba sobre todo el dibujo, la ilustración y a veces se jugaba con diferentes  tipografías. Por ejemplo en el anuncio de la derecha, de Zapatería Reparaz se utilizan nada menos que 7 tipos de letra, cada línea de texto en una tipografía diferente. Cada tipo de letra transmitía una información diferente (la dirección, la ciudad, el nombre comercial, la clase de establecimiento, el lema “la buena” y el mensaje central: “solidez, elegancia, economía..” donde se desgranaban todos los valores o características de venta de la Casa y sus productos). En cuanto al componente gráfico llama la atención ese atardecer o tal vez amanecer un tanto bucólico y las botas, de caña alta, y botines que pretendían representar el tipo de género a la venta. En el anuncio de la derecha, más simple, con sólo cinco tipografías se publicitaban los servicios de la fábrica de calzado situados cerca, en la misma calle. Estos anuncios representan bastante bien el  estilo  de anuncios publicitarios que se diseñaban  en aquellas primeras décadas del siglo XX en nuestra ciudad. No obstante y pese a lo dicho, por lo general, la mayoría de los anuncios de finales del siglo XIX y comienzos del XX que aparecían en los periódicos eran mucho más pequeños y contenían sobre todo información textual. Paulatinamente los anunciantes se esforzaron por mejorar la calidad de los anuncios aprovechando las innovaciones tipográficas, utilizando diferentes tipos de letra, marcos e ilustraciones.
Hemos hablado de los periódicos de nuestra ciudad donde aparecían algunos de esos primeros anuncios. En aquel entonces había un buen número de periódicos en la ciudad: los autoproclamados independientes “Diario de Navarra”, dirigido por Mario Ozcoidi y con domicilio en el nº 40 de la calle Zapatería, “El Eco de Navarra”, dirigido por Julián Elizondo, con sede e imprenta en el paseo de Sarasate y calle San Gregorio,  el carlista “El Pensamiento Navarro”, dirigido por Eustaquio Echave de Sustaeta, con oficinas, entonces, en la calle Mayor, el integrista “La Tradición Navarra”, cuyo director era Aquilino Garcia Dean (del que hemos visto alguna foto en este blog), con redacción y administración en la calle Estafeta y “El Demócrata Navarro” dirigido por Esteban Frauca.  Además estaban los semanarios católico “La Avalancha”, también dirigido por Garcia Dean, que duraría hasta los años 50, y el republicano “El Porvenir Navarro”, dirigido por el célebre Basilio Lacort, pionero del republicanismo en nuestra ciudad, fallecido en 1908.

 

En los anteriores anuncios podemos ver un tipo de publicidad muy común, entonces, donde se ponía de manifiesto el componente esencialmente informativo de la publicidad de aquellos años. Así podemos verlo en los  anuncios de la Pastelería Arrasate de la calle Pozoblanco, entonces General Moriones,  (que luego sería  Vda de Arrasate), de la Pastelería Vda de Garicano, de la calle Mercaderes, de la tienda de Bonifacio Ortega de la calle Mayor que hacía muy poco tiempo, en 1900, acababa de abrir sus puertas y de la óptica de Estebán Rouzaut fundada en la Chapitela en 1864. La estructura de estos anuncios era muy similar: se presentaba la marca comercial, (en algún caso, con su lema, por ejemplo, “la perla pamplonesa” en el caso de Pastelería Vda de Garicano, con su dirección bien clara y a continuación se explicaba cuales eran los productos y la especialidad de la Casa, acompañado de algún elemento gráfico, en aquel tiempo muchos de ellos con una cierta inspiración modernista (abundaban las volutas y los floripondios) y un motivo alusivo, una taza humeante (en el caso de la chocolatería), unas gafas (en el caso de la óptica) u otro tipo de figura. Si recuerdan, en el primer articulo de la reciente serie “Comercios del Viejo Pamplona”, les hablé de que, ya a partir de principios del siglo XX, muchos establecimientos remarcaban aquello de “precio fijo” porque hasta entonces,  en el siglo anterior, la práctica habitual en el comercio era el regateo.

También se anunciaban, como podemos ver  sociedades mercantiles importantes en nuestra ciudad, crediticias y de otro tipo como El Crédito Navarro, La Agrícola, la Vasco Navarra, El Irati, etc,  de las cuales, de su origen, historia y evolución hablaré en una próxima entrada. En esos anuncios absolutamente cargados de texto,  se daba cuenta del capital social con el que contaban así como de otro tipo de características y servicios, datos importantes para generar confianza en los posibles inversores, cuentacorrentistas o asegurados.

 

En esta selección final de anuncios que presento podemos encontrar un poco de todo, a la farmacia Negrillos, que aparece líneas atrás, con todo el detalle de sus especialidades farmacéuticas, y al precio que se vendían, habría que añadir establecimientos hosteleros como la fonda que daría lugar al Hotel Quintana, en la plaza del Castillo, entonces plaza de la Constitución, establecimientos emblemáticos y ya con una docena de años de vida, también de la Plaza del Castillo como el Café Iruña o comercios como el de Cleto Iriarte que ya vimos en nuestro repaso de la calle Mercaderes, Mauricio Guibert y Pío Espluga en la calle Zapatería, la guarnicionería de Nagore antes de su traslado a la plaza consistorial, la Droguería Varela de la calle Mayor y la Pastelería Salcedo de la calle Estafeta. Escuetos resultan el anuncio del Iruña, con un elemento gráfico, el dibujo de un camarero sirviendo  una botella de champán y el nombre y la dirección del establecimiento, el de Guibert, apenas su nombre y dibujos alusivos al género de venta o el de Pío Esplugas, enumerando el género a la venta. El estilo de la mayoría de estos anuncios era muy parecido, conteniendo grandes similitudes, en los marcos, en  diferentes tipos de tipografía y un estilo discursivo que trataba de informar más que de convencer. En ocasiones, este tipo de anuncios, como el de la Farmacia Ondarra o la Pastelería de Julian Pomares entronca con otros soportes como el pasquín publicitario o la tarjeta comercial y de visita que conocemos. La publicidad impresa estaba dando todavía  sus primeros pasos y aun tendrían que pasar muchos años hasta que veamos anuncios verdaderamente elaborados. La aparición de la radio en los años 30 y luego de la televisión en los 50 obligaría a los anunciantes y a los medios  impresos a adaptarse y evolucionar, condicionados por otra parte, por los limitados medios técnicos y de impresión utilizados hasta entonces. Y es que no hay que olvidar que la instalación de enormes y modernas rotativas así como la introducción del color en los periódicos son hechos relativamente recientes.

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