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Los Sanfermines de la transición (1976-1986)

Video del Chupinazo y los Sanfermines de 1976

Cierro, de momento,  con esta publicación la serie de entradas dedicadas a repasar los sanfermines del siglo XX y aunque quedan los últimos años del siglo  los  repasaré en otra ocasión. Este año era alcalde de la ciudad Javier Erice. Hacía unos meses que acababa de morir Franco y había tomado posesión de la jefatura del Estado el rey Juan Carlos I. Sin embargo y a pesar de la muerte del dictador no habían cambiado demasiado las cosas. Hasta el 1 de julio había sido presidente del gobierno Carlos Arias Navarro. Arias había sido gobernador civil de León, Tenerife y gobernador civil y jefe provincial del Movimiento en Navarra, tras la destitución de Luis Valero Bermejo desde el 15 de julio de 1954. Era conocido entre la oposición antifranquista como “el carnicerito de Málaga” por su papel en la represión tras la guerra civil, se le atribuye la muerte de más de 4.000 republicanos. Tras su paso por Pamplona fue nombrado director general de Seguridad, alcalde de Madrid y ministro de la Gobernación hasta  la muerte en atentado de Carrero Blanco al que sustituye como presidente del Consejo de Ministros en 1973. Protagonizó un tímido intento de maquillar el rostro del régimen con el espíritu del 12 de febrero de 1974 que se encontró con la oposición de los sectores más ultras, viéndose, además,  desbordado por la creciente fuerza de la oposición antifranquista. Los sucesos de Vitoria en Marzo y de Montejurra en mayo de 1976 precipitaron su caída. Un día antes de los sanfermines tomaba posesión de la presidencia del Gobierno, Adolfo Suarez. Ese mismo día se celebraba en el Pabellón Anaitasuna en Pamplona un acto proamnistia en el que participaron personajes como Victor Manuel Arbeloa, Gabriel Urralburu o Mariano Zufia.

En este contexto se iniciaban los Sanfermines. Y lo hicieron con lluvia, entre un auténtico mar de paraguas, como se puede ver en el video que abre la entrada.  El chupinazo estuvo pasado por agua, llovía torrencialmente, me recuerda mi hermano. Y aquellos jóvenes gritaban “fuera paraguas”, porque  las ganas de fiesta  de aquella juventud podía incluso contra los elementos climatológicos por muy adversos que se presentaran. Yo comenzaba la adolescencia, tenía 12 años. La lluvia impidió la salida de los gigantes y cabezudos. Los concejales sociales se negaron a vestir de frac en los principales actos festivos como el riau riau, que este año duró cuatro horas,  lo que fue objeto de cierta polémica social y en los medios aquellos días.  El alcalde por primera vez declinaba presidir la primera corrida de feria.  La efervescencia que se vivía a nivel político se trasladaba a la calle. Las reivindicaciones políticas se trasladaban a los actos festivos como el riau riau de aquellos años. Se quemaban banderas españolas y se exhibían ikurriñas. Una manifestación celebrada el día 11 por al muerte de un manifestante en Santurce fue disuelta por la policía. Este año se habían producido los sucesos de Vitoria y de Montejurra. Todavía se mantenía la tradición de nombrar madrinas de las fiestas por parte de las peñas. La costumbre permanecería por lo menos hasta 1978.

Entre los diestros que nos visitaron estos años estaban Damaso González, Ruiz Miguel, El Viti, el Niño de la Capea, Paco Alcalde, Manzanares, Raul Aranda, Curro Rivera, Paquirri, Roberto Dominguez,  José Luis Parada, Luis Francisco Esplá, Antonio José Galán, Galloso, Frascuelo, José Luis Palomar, Palomo Linares, Julio Robles, José Antonio y Tomás  Campuzano, Emilio Muñoz, Ortega Cano, Angel Teruel, Espartaco, Morenito de Maracay, Vicente Ruiz El Soro, Pepin Jimenez, Victor Mendez, Manili, José Cubero Yiyo, Victor Mendez, Antoñete, Curro Durán, Emilio Oliva, Manolo Cortés, Lucio Sandin. A las sociedades deportivo recreativas acudían figuras de la música como Juan Pardo, Mocedades, Manolo Otero, Iva Zanichi, Patxi Andión, Lolita, Mochi, Camilo Sexto, Los Chicos, Los Puntos mientras Paco Martínez Soria visitaba por enésima vez el Gayarre. Entre las incidencias acaecidas en el encierro, donde se comenzaba a detectar la presencia de las primeras corredoras, cabe señalar el encierro del día 12 que duró más de un cuarto de hora con una treintena de heridos, dos de ellos graves. En nuestra ciudad se derribaba la popular Casa Seminario y los solares de los viejos cuarteles iniciaban su larga andadura como aparcamientos en superficie. Se derribaban las antiguas escuelas del Ave María y comenzaban las obras del complejo deportivo municipal de Aranzadi, bueno para ser más exactos de sus dos primeras piscinas, cuyas obras acabarán el año siguiente.

En 1977, el día 8 de julio, viernes, yo había acudido al encierro en la plaza de toros. Estaba situado, en la parte derecha del tendido, según se entra  desde el callejón, y a unos 80 metros de este. Nada hacía prever lo que sucedió cuando llegaba el encierro al coso taurino. Cayeron unos mozos y luego otros más y más hasta formar una impresionante montonera. Cuando llegaron los toros se encontraron con un autentico valladar de cuerpos. No hubo más heridos por asta de milagro, los toros y mansos estaban asustados y atrapados entre el montón de cuerpos y los mozos que seguían viniendo por detrás algunos toros desandaron su camino rumbo a la Estafeta. Al final hubo un muerto, por aplastamiento, el joven José Joaquín Esparza Sarasibar de 17 años y casi 40 heridos. Las barracas se comenzaban a colocar en la zona de Yanguas y Miranda donde permanecerían por largo tiempo, hasta su reciente traslado al parque de la Runa. El riau riau duró este año 4 horas, con algún incidente aislado, como la quema de alguna bandera española.

Estos fueron los primeros sanfermines,  (era alcalde Segundo Valimaña),  en que la ikurriña ondeó oficialmente junto a las banderas de Pamplona, Navarra y España en los balcones de la casa consistorial, si bien esto no sirvió para aplicar los ánimos de algunos jóvenes que siguieron protestando por la presencia de la bandera española en diferentes zonas de la ciudad. Recordemos que antiguamente se engalanaban calles y plazas principales con banderas. Continuaba la conflictividad política: un par de meses antes se había celebrado la famosa semana pro-amnistía con varios muertos por la policía en el País Vasco y Navarra. Se sucedían los atentados de ETA y grupos de ultraderecha, con agresiones indiscriminadas a jóvenes por parte de los guerrilleros de Cristo Rey.  Poco antes de las fiestas se produjo una huelga en el sector de la hostelería  que se suspendió in extremis al comenzar las fiestas. En Agosto se celebraba la Marcha de la Libertad y en diciembre dos grandes manifestaciones de diferente signo recorrerían las calles de la capital, la primera, el 3 de diciembre  convocada por la Diputación Foral presidida por  Amadeo Marco con el apoyo de la UCD y AP, a favor de una “navarra foral y española” y el 9 de diciembre otra apoyada por 13 partidos y 6 sindicatos nacionalistas y de izquierdas a favor de una “Diputación democrática y un Consejo Foral representativo” . Una de las imagenes de los cambios urbanísticos  lo marcaba el derribo del convento de las Carmelitas en la Avenida de Pio XII con su inconfundible cúpula.

En 1978, la ciudad cambiaba su fisonomía y sus espacios tradicionales al mismo tiempo que lo hacía la sociedad y la política en ese tiempo. De los sanfermines de 1978 ya hablamos en la serie “Pamplona, año a año”. Como decía en aquella entrada los sanfermines del 78 no se pueden entender sino es fruto del contexto socio político de aquella época. Como dice Mari Mar Larraza en el título del libro que repasa algunos aspectos políticos y sociales de la Pamplona franquista, la ciudad había pasado a ser de “leal a disidente”, de bastión del golpe militar de 1936 a convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para el régimen franquista a lo largo de los años 70 y aun antes. Con la transición no solo no se aplacaron los ánimos en nuestra ciudad sino que se radicalizaron las posturas políticas, encontrando las posiciones rupturistas un gran eco en nuestras calles, especialmente entre los sectores más jóvenes de nuestra sociedad. En mayo y tras el funeral por el asesinato de un policía nacional un grupo de jóvenes apuñaló al subteniente de la guardia civil Juan José Eseverri en la calle Chapitela. Fueron detenidos cinco jóvenes que ingresaron en prisión. A partir de ese momento se produjeron frecuentes manifestaciones que acababan invariablemente en fuertes enfrentamientos con la policía. El 3 de julio un grupo de personas se encerró en la casa consistorial pidiendo la libertad de los detenidos y declarándose en huelga de hambre. Esos días fueron quemadas tanto banderas españolas como alguna ikurriña colocadas  en diferentes zonas de la ciudad. El riau riau transcurrió sin incidentes. Hubo algún pequeño conato de enfrentamiento entre jóvenes de distinto signo en la noche del día 6 al 7 a propósito de esta guerra de banderas que no llegó a mayores. Por primera vez no había presencia militar en las fiestas, ni de músicos militares, ni de ningún otro tipo. Este año se había derribado la casa de Baños de la calle Calderería y el edificio de la Mutua en Carlos III, se había inaugurado el nuevo edificio de la CAN en la mencionada avenida, apuntalado el puente de Cuatro Vientos por su enorme saturación de vehículos pesados y convertida la primera parte de la Avenida de Bayona en un patinodromo, lo que hoy conocemos como Antoniutti. Un rincón con encanto, como Recoletas sufría igualmente algunas pequeñas modificaciones: perdía uno de sus dos kioskos asi como las escalerillas de salida a la Cuesta de la Estación. Aun se seguía aparcando en la plaza tanto fuera como en torno a la fuente.

El día 8 de julio, en la plaza de toros,  tras la muerte del último astado medio centenar de personas bajaron al ruedo con una pancarta en la que se leía “Amnistía total. Presoak kalera. San Fermin sin presos” que fue recibida con disparidad de opiniones, de pitos y oposición  en los tendidos de sombra y de apoyo y aplausos en los tendidos de sol, disparidad que fue a más con el lanzamiento de algunas almohadillas y objetos que provocaron algún pequeño conato de enfrentamiento entre parte del grupo de la pancarta y algunas personas de sombra. En ese momento entraron por el callejón las peñas txikis y tras de ellos unos cuarentena de antidisturbios (de los 200 que aguardaban fuera) encabezados por el comisario Miguel Rubio que cargó primero contra el grupo de manifestantes y luego ante la reacción airada de buena parte de los tendidos que arrojaron todo tipo de objetos lo hicieron con material antidisturbios y fuego real contra la multitud. Hubo siete heridos de bala en el coso taurino de los 55 que fueron atendidos en la enfermería de la plaza. Un poco más tarde entraba otro grupo de policías  por el patio de caballos utilizando también sus armas de fuego. A partir de las 9 y hasta bien entrada la madrugada los enfrentamientos se extendieron por todo el Casco Antiguo y el Ensanche, con cientos de manifestantes parapetados tras las barricadas intentando llegar hasta el Gobierno Civil.

En esta avanzadilla hasta el Gobierno Civil, la policía disparó nuevamente fuego real, disparos de metralleta según unos o más espaciados como de fusil de asalto según otros, produciéndose cuatro nuevos heridos de bala y un muerto, el joven Germán Rodríguez que caía muerto a las 22.15 horas por un tiro en la frente a la altura de la avenida de Roncesvalles. Hubo más de 200 heridos, 11 de ellos heridos de bala.  Según Martín Villa, ministro del Interior en apenas seis horas se hicieron 7.000 disparos de material antidisturbios y 150 disparos de bala. Se conservan grabaciones de las comunicaciones policiales de aquel día en las que textualmente algunos mandos (el comandante Fernando  Avila García, procedente de la Legión y que había sustituido al asesinado Imaz por voluntad propia) instaban a sus subordinados actuar con contundencia sin importarles disparar a matar. Muchos achacan a este comandante cierto deseo de venganza y de dar un escarmiento a un sector político de nuestra ciudad. Se suspendieron las fiestas. Hubo dos días de luto y el día 11, el alcalde, Jesús María Velasco declaraba oficialmente suspendidas las fiestas. Los sanfermines chiquitos de septiembre consiguieron recuperar el perdido espíritu festivo de la ciudad y  sus habitantes y para muchos siguen siendo unos sanfermines inolvidables.

1979 fue el primero año de muchas cosas, el primer año después de los trágicos sanfermines del año anterior, el primero con una corporación elegida en las urnas y que daría como alcalde al socialista Julián Balduz  (que permanecería en el puesto hasta 1991) y con la presencia de mujeres en la corporación, el primero en el que se utilizó el grito del chupinazo en castellano y en euskera, el primero en que se celebraron encierros txikis, el primero sin la presencia de la policía nacional en los principales actos, como el encierro, el primero en colocarse las barracas políticas en Taconera, el primero en no colocarse las banderas en diferentes puntos de la ciudad. En la plaza de toros al margen de las tradicionales corridas se celebraban otros muchos espectáculos: festivales, deporte rural, la que empezaba a ser tradicional corrida vasco-landesa, etc.

A pesar de los malos presagios que sobrevolaban las fiestas, fueron los terribles “años de plomo” en 1980 no hubo afortunadamente ningún incidente. Si embargo, este año, se produjeron dos muertos en el encierro del día 13: murieron los jóvenes Vicente Eladio Risco, en la plaza consistorial y José Antonio Sánchez Navascués en la plaza de Toros. Estas muertes llevarían aparejados algunas reformas en el vallado. Y es que al menos una de ellas, la de la plaza consistorial  se pudo haber evitado si el primer vallado no hubiese estado completamente invadido por espectadores y si  libre para que los corredores pudiesen encontrar refugio. Fue el primer año en que se inició el turno rotatorio entre todos los grupos políticos para lanzar el chupinazo. La mayoría de las peñas convocaron un pobre de mi alternativo en la plaza de San Francisco en protesta por la política sanferminera del nuevo ayuntamiento. El riau riau duró este año cinco horas y media. El grupo Los Pecos fue objeto de una autentica caza al hombre, teniendo que suspender su actuación en el Club Larraina tras el lanzamiento de todo tipo de objetos e improperios. Como años atrás, en 1968, con los Pop Tops buena parte de nuestra juventud podía hacer gala a veces de comportamientos bastante  cavernícolas. En cuanto al ámbito urbanístico, en Pamplona se comenzaba a hablar de construir aparcamientos subterráneos y de peatonalizar el Casco Viejo y se  inauguraba el edificio de Caja Municipal en la entonces avenida de Ejército. En 1980 continuaron cambiándose los nombres de algunas vías principales como se había hecho el año anterior con la Avenida Franco, Osasuna subía a 1ª división después de 17 años correteando por los campos de 2ª y 3ª división.

1981  fue también, como en 1979 el primero en varias cosas: fue el primer año en que el chupinazo lo tiró una mujer, más concretamente la concejala Elisa Chacartegui. El riau riau duró cuatro horas y cuarto y la ceremonia de las vísperas se celebró sin la presencia de la Corporación, seguramente por primera vez en su historia.  Fue el primer año en servirse a partir de las 7 de la mañana en la plaza del Castillo el caldico reconfortante, caliente y gratuito. Fue el primer año en que la hornacina se colocó en la muralla de la Cuesta de Santo Domingo, con el santo rodeado por los pañuelos de las peñas. Fue el primer año en que no actuó antes del encierro la banda del Maestro Bravo. En su lugar actuó la fanfarre Intxaurrondo. Con la apertura del centro territorial de TVE en Navarra se amplió la cobertura televisiva de los encierros y los sanfermines, retransmitiéndose el encierro para toda Navarra desde 1982 y desde 1993 para toda España. Si en 1971 el presupuesto de las fiestas era de unos 3 o 4 millones de pesetas diez años más tarde, su coste se había multiplicado por diez. En 1981 se cerraba el Matadero Municipal de Pamplona, desaparecía “El Pensamiento Navarro”, y las papelimpias o “pamplolimpias” que de todo se les llamó entonces inundaban la ciudad.  El riau riau de 1982 duró cuatro horas y cincuenta minutos. La ikurriña había dejado de ondear oficialmente en el ayuntamiento desde diciembre de 1981, si bien concejales de HB la sacaron a partir de ese año al balcón de forma extraoficial. El empeño de salir con la bandera por parte del grupo municipal  de danzas llevaría a la larga aparejada su disolución. Este año cambiaron los recorridos de las villavesas, se derriba un resquicio de otro tiempo: la vieja estación del Empalme de la Rochapea, los cines se convierten en multicines, nace “Navarra Hoy”, los temblores de tierra sacuden nuestra ciudad y los termómetros marcan temperaturas calurosísimas apenas recordadas en la historia.

En 1983 se suspendía por primera vez el riau riau, al retirarse a las siete de la tarde la corporación junto a la Pamplonesa, por la presencia de un grupo de medio centenar de jóvenes de la izquierda abertzale que impidieron el normal desarrollo del acto. Por contra el acto de la procesión era cada vez más concurrido. En 1983 como dije en la entrada correspondiente las atracciones de las barracas costaban 50 pesetas. Este año moría el maestro Bravo pasados los sanfermines. También lo hacía otro ilustre hijo de la ciudad, el músico Luis Morondo. Se acometían obras de reforma en la avenida de Villava y en Pio XII y se inauguraba la casa de baños de la calle Eslava. También desaparecía la vaguada de San Juan por donde en otro tiempo circulara el Plazaola y se comenzaba a hablar  de las llamadas casas de Múgica. Los olmos de la ciudad caían victima de una  letal enfermedad llamada grafiosis. La ciudad se dotaba con la nueva corporación democrática de multitud de parques, polideportivos y escuelas, aunque la contrapartida fuese la abultada deuda municipal. En 1984, el encierro del día 7 salió con siete minutos de retraso, debido a que no estaba adecuadamente limpio de corredores el recorrido. Sin embargo este año fue también el año con menos corneados, dos durante todas las fiestas. Nuevamente se suspendió el riau riau. Esta vez no se pudo salir siquiera de la propia casa consistorial, tras dos horas de infructuosos intentos. Mientras se proseguía con la guerra de las banderas. La nómina de visitantes ilustres no era muy abultada estos últimos años, algún ministro socialista, el alcalde Tierno, etc, pues bien en 1984 visitaron nuestra ciudad además de dichos ministros los embajadores de la URSS y EEUU y la nieta de Hemingway, Margaux y en 1985 los embajadores de Colombia y Canadá. Los éxitos osasunistas tenían reflejo en los cánticos sanfermineros. Así sucedió en 1985 con el cántico “Osasuna  a la UEFA va”. Empezaron los problemas con las barracas políticas.

1985 pasará a la pequeña historia de nuestra ciudad por traernos una de las peores olas de frio, llegamos  a los -17º, se heló el Arga y nevó en Mayo.  El Riau Riau llegó a San Lorenzo este año pero ya no se recuperaría nunca más,  en 1986 apenas pudo recorrer 100 metros después de 2 horas de recorrido, y así sigue, sin recuperarse hasta nuestros días. El presupuesto de las fiestas en 1985 fue de 45 millones de pesetas. Se incorporaron algunos servicios nuevos: consigna y duchas, así como una oficina de información y otra de objetos perdidos, todos ellos  en la estación de autobuses. En 1985 también los ocupas “okupaban” edificios oficiales: entonces fue el edificio de Zapatería, 40, a cargo de los colectivos Katakrak y Kokorock. Parece que desde 1978 descendió de forma notable la presencia de extranjeros, aunque en 1985 se hablaba de triplicar la población y en 1986 la prensa hablaba de la llegada de 250.000 visitantes, de forma que se estimaba que esos días había en Pamplona entre 400 y 600.000 habitantes.

Por contra, en 1986 fue bastante notable la presencia de punkis y otras tribus urbanas, circunstancia que recogió la prensa de aquellos años con frecuentes altercados en la vía pública. A excepción del riau riau los sanfermines habían entrado en una dinámica de cierta normalidad: seguía celebrándose el encierro txiki, la procesión y la comparsa atraía cada vez a más gente así como los fuegos artificiales. Las barracas seguían ubicándose en la explanada de Yanguas y Miranda. El encierro era como siempre el acto estrella de las fiestas, con sus endémicos problemas de saturación de gente y el riesgo que entraña una carrera de estas características con seis toros bravos sueltos por las calles. Pero también había otros actos menores que empezaban a tener su público: el encierrillo, el apartado, la corrida vasco landesa, los festivales matutinos en la plaza de toros, las jotas en la Taconera, las dianas, etc. La canción de este año fue Calderete del grupo Gamberros Unidos. El Ayuntamiento impulso una campaña cívica durante estos días bajo el lema de “No te cortes la fiesta”. El día 8 se escapó una vaquilla por la puerta del callejón circulando por el ensanche hasta la avenida del ejército y de allí por Antoniutti y Cuesta de la Reina hasta la Rochapea. El último Riau-Riau que consiguió este objetivo fue el de 1985, con una duración de tres horas y media, durante las cuales se interpretó, cantó y bailó el “Vals de Astrain” unas 180 veces. En la ciudad se acometía una profunda reforma del Mercado de Santo Domingo, cuyos comerciantes pasarían todo un año en los pasillos de la plaza de Toros, se reformaba y reforzaba el puente de Curtidores y se compraban para rehabilitar, por parte de las administraciones foral y municipal,  diversos edificios nobles del Casco Viejo de nuestra ciudad. Termino esta entrada con un amplio reportaje fotográfico sobre los sanfermines de 1978, con mucho más material gráfico y de mejor calidad que en la entrada “Pamplona, 1977-1978”.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Postal del encierro en el tramo de Santo Domingo. 1976-77. Ed. Dominguez, Nº 2: Noticiario Cinematográfico (NODO) Julio 1976. NOT N 1747 B. Filmoteca Española. RTVE, Nº 3: Postal del encierro en el  tramo de Telefónica. 1977. Ed. Dominguez, Nº 4: Programa de fiestas San Fermín 1976, Nº 5: Gigantes a la salida de la calle Mayor. 1976, Nº 6: Calendario de bolsillo. San Fermín 1977. Grafinasa, Nº 7: Montón del 8 de julio de 1977. Archivo Diario de Navarra, Nº 8: portada de la revista “Triunfo”. Septiembre 1977, Nº 9: portada de la Gaceta del Norte (Ed. Navarra). 27 de noviembre de 1977, Nº 10: El Ayuntamiento de Pamplona, el 4 de julio de 1978. Foto Joxe Lacalle, Nº 11: Dossier confeccionado y editado por la Comisión Investigadora de las Peñas de Mozos de Pamplona. Julio 1978. Nº 12. Portada de ABC. 11 julio 1978, Nº 13: Portada de El Correo Español. 12 de julio 1978, Nº 14: Hoja de Lunes de Barcelona. 10 de julio 1978, Nº 15: postal del encierro en el tramo de Mercaderes. Ediciones Vaquero. 1979, Nº 16. La Comparsa frente a la Casa Consistorial. 1979. Archivo Santi Urra, Nº 17: Foto Mena. Cogida mortal de Vicente Risco en la plaza de Toros. 13 de julio de 1980, Nº 18: Elisa Chacartegui, primera mujer en lanzar el chupinazo. Julio 1981, Nº 19: Ambiente en la calle. 1981. José Luis Nobel. Colección Arazuri. AMP, Nº 20: Encierro televisado, tramo de Telefónica. 1981, Nº 21: Cogida de Peter Townsend. Foto Agencia EFE. 10 de julio de 1984, Nº 22: Ambiente en la calle. 1984. José Luis Nobel. Colección Arazuri. AMP,  Nº 23: Imagen captada de documental sobre los Sanfermines de ETB. 1984, Nº 24: Balcón de la plaza consistorial, con la ikurriña junto al resto de banderas. 1980. ABC. Foto Europa Press, Nº 25: Ambiente en la calle, Foto de Lluis Maimi Casanovas. 1979. Nº 26: portada de la revista taurina Aplausos. Julio 1986, Nº 27 y Nº 28: Pancarta pro-aministia en la arena de la plaza de toros. La Policia Armada entrando en el coso. Fotos Jorge Nagore, Nº 29:  carga de la policía armada tomada desde otro ángulo. Foto José Ramón Belzunce, Nº 30, 31 y 32: Foto Dossier de las Peñas, 1978. Nº 33: mozos intentando razonar con un antidisturbio cerca de Telefónica. Foto Jorge Nagore. Nº 34: Carga policial en la avenida de Carlos III. Foto Xabier Santiago,  Nº 36: Foto Dossier de las peñas, 1978. Nº 35, Nº 37, Nº 38: Fotos extraidas de la prensa de aquellos años. 

Pamplona año a año: 1918. El año de la gripe y del derribo de la muralla de Tejería

El invierno de 1918 fue especialmente duro en Pamplona. Para más inri, a estas adversas condiciones metereológicas  se unió la falta de carbón. De su adquisición se encargaba la Junta Municipal de Abastos que había  adquirido estos días un par de vagones a la compañía El Irati. A primeros de enero el carbón se vendía en la antigua plaza de toros a 55 céntimos los dos kilos, con un tope máximo de 10 kilos por comprador.  Desde Soria llegaron a la ciudad tres mil docenas de huevos que se venderían en el Mercado Viejo a 2,50 pesetas el kilo. El día de Reyes, domingo,  las calles estaban hechas un autentico barrizal, de forma que el alcalde, Francisco Javier Arraiza Baleztena, había conseguido una autorización del obispo para que las brigadas de obreros municipales pudiesen trabajar en  festivo. A las 11 de la mañana se realizó en un Frontón Euskal Jai abarrotado de público el reparto de juguetes entre los niños más pobres de la ciudad recogidos por los llamados “exploradores”, una especie de “boy scouts” y a las 16.30 en el salón de actos de las Escuelas de San Francisco, la Asociación “Unión de Damas del Sagrado Corazón de Jesús” realizó un reparto de ropa a numerosas familias necesitadas de la ciudad. Se sometía, por otra parte, a estudio el proyecto de tren de Estella a Vitoria también llamado ferrocarril vasco navarro que, recordamos en otra entrada, haría su último viaje el 31 de diciembre de 1967. La necesidad acuciaba en nuestra ciudad. Una comisión benéfica liderada por Juanito el de la Rochapea, que había hecho una campaña junto al Diario de Navarra, iba a destinar 2.500 pesetas a desempeñar  ropas de abrigo y de cama depositadas en el Monte de Piedad. Fruto de esta misma campaña benéfica se repartieron 143 lotes a vecinos necesitados de la calle Jarauta. La iglesia de San Saturnino repartía entre la familias pobres de su parroquia 465 bonos de pan y carbón. La Escuela Normal de Maestras también celebraba sus fiestas de caridad, en esos días distribuyó 112 lotes de ropa de niño a las madres que habían asistido a la conferencias instructivas sobre lactancia, dentición, ejercicio, higiene, primeros auxilios, etc.

Pamplona amanecía a 9 grados bajo cero y no llegaba  a los 0 en todo el día. El temporal había comenzado el 26 de diciembre y lo termometros habían llegado a marcar hasta 20º bajo cero en algunos lugares. Dada la importancia del artículo y los precios desmesurados que estaba alcanzando la Junta Provincial de subsistencias fijaba el precio del carbón y la obligación de venderlo exacto de peso. El precio sería de 15 o 16 céntimos el kilo  según fuese a granel o en sacos de 25 o 50 kilos. Se preparaba el primer centenario del nacimiento de Navarro Villoslada. Los Amigos del Arte recorrieron las calles haciendo una colecta  a favor de la cantinas escolares. La gente era denunciada por motivo muy diversos: una vecina de Descalzos por escándalo público,  un borracho que en Mercaderes gritaba, lloraba y daba vivas a la República, otro que le dió por cortar lo cables de la luz de una casa de la Mañueta, una mujer por pedir, faltas a la moral, blasfemia, embriaguez y escándalos varios. La Junta Directiva del Círculo Jaimista acordaba establecer en Pamplona la institución de las “Margaritas”, rama femenina del carlismo. Más de 600 vecinos de la ciudad habían sido denunciados por tener la salida de las chimeneas de sus estufas a la vía pública. Los domingos al mediodía se celebraban conciertos en la plaza del castillo. Otros preferían la zarzuela o los cines. A finales de enero se informaba que se estaban buscando recursos para erigir un monumento al violinista Pablo Sarasate. Ante la falta de combustible diferentes pueblos y entidades pedían a Correos sustituyesen los vehículos de reparto por la tracción animal en sus servicios.

A primeros de febrero se hablaba sobre la prolongación del mirador de la Taconera hasta la misma muralla. Era un proyecto deseado por la ciudad. Se iba a  quitar la barandilla situada a lo largo de la orilla izquierda del Arga, por el camino de la carbonilla que conducía a la Estación del Norte. Esa barandilla se iba a colocar en el extremo saliente de dicha prolongación. Este fue el año de la gripe que mató a más de 50 millones de personas en todo el mundo, pero la oleada fuerte empezaría en la segunda mitad del año. En enero había habido más muertes que nacimientos en la ciudad, 122 frente a 57, la mayoría de ellas por enfermedades respiratorias. El día 2 de febrero se celebraba la fiesta de la Candelaria, antiguamente era fiesta de precepto, pero en estos años tan solo se guardaba fiesta en oficinas y centros oficiales durante media jornada. El día 3 se conmemoraba la fiesta de San Blas y los pamploneses acudían a la iglesia de San Nicolás con cestas de alimentos para que se los bendijeran. Este año hubo menos puestos o tenderetes que otros años. El Centro de Sindicatos Libres de Obreros Católicos pedía al Ayuntamiento que suprimiese el Carnaval en aquello que del consistorio dependiera. El alcalde les contestó que no era de su competencia sino del gobernador. Con motivo de estas fiestas no hubo clases los días 11, 12 y 13 de febrero. Hubo baile en el Gayarre organizado por el Casino Eslava que terminó de madrugada. Se notaba la animación en las calles si bien no hubo demasiada gente disfrazada. En otras ciudades se había suspendido por orden gubernativa, como en Santander y Bilbao y es que las autoridades religiosas no eran muy dadas a fastos de origen pagano y las políticas no eran muy proclives a que la gente disfrutase sin control y lo hiciese además disfrazado por aquello del anonimato en las riñas o agresiones que dificultaba extraordinariamente la identificación de las personas. En varios centros (Orfeón, Nuevo Casino, círculos jaimistas e integristas) hubo también bailes. En las iglesias (Salesas, San saturnino, Carmelitas Descalzos, San Agustín, Corazonistas y Redentoristas), por contra, triduos de desagravio por los “excesos y desordenes” cometidos en carnaval. Se rompía la alianza política electoral entre jaimistas, integristas y mauristas. La crisis de los transportes por ferrocarril seguía sin resolverse. El alcalde publicaba un decreto prohibiendo  la mendicidad. Para los mendigos pobres de Pamplona se ofrecían tres plazas en la Casa de Misericordia,  a los mendigos de fuera se les mandaría a sus respectivos pueblos.

El director general de Comunicaciones del Estado solicitaba al Ayuntamiento certificación de la propiedad del solar de 850 m2, ubicado en los terrenos del Vinculo, que pretendía comprar  para construir la nueva Casa de Correos y Telégrafos. Las escrituras se formalizarían en mayo, sin embargo había miedo a incumplir el plazo de 80 días para el derribo. Los panaderos de la ciudad solicitaban al Gobernador autorización para subir el precio del pan ante la subida de las materias primas. En la segunda quincena de febrero mejoró la crisis de subsistencias aunque los precios seguían siendo altos, pero bastante menos que a primeros de año: la docena de huevos estaba a 1,50 cuando un mes antes estaba a 3,50 pts. El 17 de febrero se proclamaban los diputados electos a cortes por Pamplona al no haber más candidatos para los puestos a cubrir y por lo tanto el día 24 no hubo elecciones. La Junta Provincial del Censo proclamó diputados electos a Victor Pradera y Larumbe, Manuel de Aranzadi e Irujo y Celedonio Leyún Villanueva. En el resto de circunscripciones se presentaron candidatos como Gabino Martínez e Ignacio Mencos Conde del Vado por Tafalla, Tomás Dominguez Arévalo, conde de Rodezno y  Santiago Cunchillos por Aoiz,  el  marques de Castejón y José María Méndez Vigo por Tudela y    Joaquín Llorens, José María Gastón e Isidoro de la Pedraza por Estella. En Tudela se habían producido incidentes entre seguidores de los dos candidatos, el marqués de Castejón y José María Mendez Vigo. El día 19 llegaba otro  vagón de carbón vegetal al establecimiento de venta municipal instalado en la plaza de Toros y se esperaba un segundo en los siguientes días, como el mes anterior, destinados, fundamentalmente, a las personas más necesitadas y que sólo podían adquirir el combustible en pequeñas cantidades. Se aproximaba el final del contrato de arrendamiento del Teatro Gayarre y el Ayuntamiento pretendía renegociarlo, con mejoras, ya que argumentaba que el teatro tenía “verdaderos destrozos que no tenía porque pagarlos el Ayuntamiento”. En 1888 por estas fechas, recordaban las crónicas locales, estuvo nevando durante seis días llegando a haber dos metros de nieve por las calles, con los lobos al acecho y los cuervos entrando en las casas”. Un poco fabulado me parece el relato a mí.

El Sindicato Libre de Pamplona pedía al Gobierno la prohibición de exportar productos de primera necesidad así como la persecución de los acaparadores, la nacionalización de los transportes y demás servicios públicos, el incremento del empleo público para reducir el paro, el control de los precios de los alquileres de los cuartos viviendas y la determinación de un salario mínimo para los trabajadores con el fin de atender adecuadamente las necesidades familiares. Las elecciones a Cortes por los distritos con más de un candidato dio como ganadores al Conde de Rodezno, por el distrito de Aoiz, a Mendez Vigo, por Tudela, a Joaquin Llorens, por Estella y al conde del Vado, por Tafalla. No obstante hubo denuncias por coacciones y compra de votos que finalmente no prosperaron. El día 24 de febrero se producía un incendio a las 9 de la noche en los muelles de la estación del Empalme en Pamplona. Ardieron unas 540 pacas de paja. El suceso se produjo por el disparo de un cohete lanzado por unos jóvenes que habían pasado la tarde en Irurzun y que cayó sobre la paja almacenada. El 1 de marzo de 1918, Pamplona amanecía nevando, formándose una capa de 10 a 12 cm en la ciudad y en la Cuenca. A lo largo del día se fueron alternando la nieve con los claros, de forma que al final de la jornada el suelo seguía cubierto de nieve. Esta misma tónica se mantuvo por la noche y a lo largo de los días siguientes. El día 2 dimitía el gobernador civil de Navarra, Buenaventura María Plaja. El día 4 se inauguraba el servicio de transporte de detenidos en coche celular. El coche estaba pintado de azul. Tenía un par de ventanas cerradas en forma de persianas y lucía un rótulo que decía “Servicio Penitenciario”, con dos amplias banquetas con capacidad para seis personas. Con este avance se evitaba el traslado a pié, por las calles,  de presos y agentes de la autoridad, desde la cárcel provincial al Palacio de Justicia. En la Casa de Misericordia había acogidas más de 300 personas, de las cuales casi 100 eran ancianos, más de medio centenar ancianas, 4 adultos, 16 adultas, 90 niños y 36 niñas. Por su parte en el Asilo de la Sagrada Familia había 24 niños, en el de San José, 85 adultas, en el de las Oblatas, 35 adultas, en total 445 personas, 216 varones y 229 hembras. En el Hospital Provincial había ingresados en marzo de 1918, 220 enfermos (113 hombres y 197 mujeres) y en el Hospital Militar 64 soldados, en el Manicomio 525 pacientes, (281 hombres y 244 mujeres).

La Asociación de Patronos de Pamplona  planteaba al Ayuntamiento la necesidad de reactivar algunos proyectos de obras. Los representantes municipales informaron que en breve se iba a remitir el expediente de expropiación de 119 fincas para llevar a cabo el proyecto urbanístico del Ensanche, se iba a trabajar en obras de saneamiento del Arga, en  el desagüe de aguas fecales más allá del cementerio así como en la futura demolición del lienzo de muralla y desmonte de tierras en la zona de Tejería. Esos días se siguió con interés el juicio por la falsificación de billetes en Nagore que fue suspendido por no estar acreditado si uno de los procesados tenía las facultades mentales intactas. El día 10 de marzo eran elegidos senadores y por el sistema de compromisarios los cesantes Cesáreo Sanz (carlista), Valentín Gayarre (liberal-albista) y Luis Elio (maurista). En la plaza del Castillo, entonces de la Constitución, tenía lugar todo tipo de eventos, entre ellos las juras de bandera, con misa de campaña y desfile posterior por la plaza y el paseo de Sarasate. El 11 de marzo salían premiados diez décimos del primer premio de la Lotería Nacional, con un reparto de unas 150.000 pesetas. Los vendio la Administración de Lotería, Nº 1, de la calle Zapatería. El 14 de marzo el Estado incautaba todas las oficinas de Telégrafos de España, siendo ocupadas por números de la guardia civil. Con la militarización del servicio de correos se pretendía cortar la indisciplina reinante y restablecer el principio de autoridad. Se hablaba incluso de disolver el Cuerpo de Telégrafos. En Pamplona el servicio permaneció paralizado un par de días. Había soldados ocupando posiciones en la muralla día y noche. Componían la plantilla de Telégrafos de Pamplona tres ordenanzas y cuatro repartidores que se mostraban dispuestos a incorporarse al servicio en cuanto se les ordenase. No obstante se les obligaba a firmar un documento comprometiéndose a no pertenecer a ninguna Junta de Defensa en el futuro, documento que firmaron los trabajadores de Correos, no así los de Telégrafos. El día 18 de marzo el personal de correos de hasta 35 años fue militarizado. Todos fueron obligados a vestir el uniforme militar. Solo hubo correo provincial. De fuera no llegó ni una carta, ni un periódico ese día. En Telégrafos el servicio quedó interrumpido al igual que en  Correos. Ante el cese del personal civil tanto el servicio postal como telegráfico fue prestado por personal militar. El día 23 los servicios de correos y telégrafos quedaban desmilitarizados, volviendo a depender del Ministerio de Gobernación y de la Dirección de Comunicaciones.

Llegaban noticias de la guerra mundial que se libraba al otro lado de la frontera, ahora cerrada, y que acaba de entrar en su cuarto año. Mientras, en Pamplona, el Ayuntamiento decidía alquitranar las calles San Ignacio, Ciudadela, Navas de Tolosa y Paseo de Sarasate, adoquinar la mitad de la plaza del Castillo y la calle Zapatería y con los adoquines levantados de algunas calles urbanizar el barrio de la Rochapea, desde el antiguo Matadero, junto al puente de Curtidores, hasta Cuatro Vientos. El Domingo de Ramos inauguraba la Semana Santa. Se iba a establecer un nuevo destacamento militar de Artillería en Pamplona. La noticia sobre el posible traslado a otros lugares de la ciudad de militares alemanes huidos de la guerra, procedentes del Camerún, que estaban internados en la Ciudadela, por la llegada de un nuevo grupo de Artillería había causado malestar en la ciudad y entre los propios afectados. El alcalde ofreció locales municipales a los alemanes en el Vinculo o en el edificio de la Compañía si se les cedían las camas y utensilios que tenían en la Ciudadela. El alcalde, Javier Arraiza, publicaba un bando instando al orden en la procesión de Viernes Santo. En el patio de la antigua fábrica de gas de la Rocha habían comenzado a construirse los corrales para los toros de las corridas de San Fermín. Los corrales construidos en cemento permitirían que el público pudiese ver cómodamente los desencajonamientos.  El jueves santo se celebraba el recorrido de los sagrarios. Desde primera hora de la mañana y hasta las 3 de la tarde el obispo lavó los pies a 12 pobres, que había sentado a su mesa como hizo Jesucristo con los apóstoles, a las 4 se celebró la función o Voto  de las Cinco Llagas que se celebraba desde hacía cuatro siglos, en acción de gracias por el fin de la peste. El viernes santo se calculaba que unos 9.000 forasteros habían llegado a la ciudad. Pamplona tenía 32.000 habitantes. La procesión transcurrió sin incidentes. El segundo día de Pascua fue festivo por la tarde con concierto en la plaza de la Constitución y espectaculo taurino en la plaza de toros. El Diario de Navarra alertaba en sus páginas sobre el riesgo de los fuegos artificiales en la plaza del Castillo tanto para las personas como las cosas y en especial para las viviendas de la plaza.

En el Salón Novedades se proyectaban varias cintas de la guerra europea y de la vida en Alemania. Los fondos recogidos en esta sesión especial a la que se accedía por invitación fueron destinados a vestir exploradores (o boy scouts) pobres de Pamplona y a la Cruz Roja de los imperios centrales. Recordemos no obstante que España se había declarado neutral en este conflicto. La Diputación Foral de Navarra designaba al diputado Juan José de Juanmartiñena representante en la comisión gestora de la naciente Sociedad de Estudios Vascos que tenía como fin estudiar, purificar, robustecer, unificar y difundir el euskera y sus variedades dialectales. De este modo se unía al apoyo de las diputaciones de Vizcaya, Guipúzcoa, Alava y los vascos del otro lado de los Pirineos. La sociedad nacería como tal en el mes de septiembre, tras el 1º congreso de estudios vascos celebrado en Oñate que fue presidido por el rey Alfonso XIII y al que acudió la Diputación Foral de Navarra en pleno.  El 8 de abril la ciudad recibía con tiempo invernal al ángel de Aralar. El ángel era recibido con volteo de campanas en San Lorenzo y el gentío esperaba en la zona del Bosquecillo junto al portal de la Taconera. En el Bosquecillo se cantó el tradicional responso por los ladrones del Santuario ejecutados en este lugar. De allí la imagen recorrió las calles Ciudadela y San Gregorio hasta la iglesia de San Nicolás. Por la noche fue llevada la imagen  a la vigilia de la Adoración Nocturna de San Lorenzo. La documentación del expediente del Ensanche de Pamplona remitido al Ministerio de la Gobernación pesaba 48 kilos  entre planos, actas, reclamaciones, etc. Se preparaba en Pamplona un concurso de bandas para San Fermín que a la postre daría lugar al nacimiento de la Pamplonesa.

Un tren del Irati formado por el automotor y 10 vagones cargados de leños (9 de ellos) y de  trigo descarrilaba el día 11 de abril, cayendo cuatro de su vagones al río, tras romper el puente en Huarte. Hubo un muerto, el guardafrenos, Antonio Aróstegui, de 44 años y varios heridos de diversa consideración, unos de ellos muy grave que como el fallecido fueron aplastados por los leños. Se iniciaba en la ciudad una campaña  de vacunación gratuita contra la viruela y los ríos experimentaban una gran crecida por las lluvias continuas  caídas en los últimos 13 días; como siempre las zonas más afectadas de la ciudad eran la Magdalena y la Rochapea. Murieron tres personas arrastradas por las aguas en Urraul bajo y Zizur Mayor. El día 19 cayó una copiosa y larga nevada como en lo más frío del invierno. El día 14 se bendecía el nuevo pabellón quirúrgico del Hospital Provincial. Destacaban su sala de esterilización y las dos salas de quirófanos. Como ahora también se cambiaba la hora. A las 11 de la noche, los relojes se adelantaban una hora. A falta de otra cosa los pamploneses se concentraban en las plazas para ver cambiar los relojes de los edificios públicos. Menudo choteo debieron tener al comprobar que el del Ayuntamiento no se cambiaba o el del Gayarre al que movieron las agujas hacia atrás y se quedó atrancado. Solo acertaron con el cambio los relojes de la Catedral, San Nicolás y San Agustín. Ante la posible subida del precio de los huevos, el Ayuntamiento compró 15.000 docenas para garantizar el suministro en los meses venideros. El precio del pan subió 8 cts el kilo y aun decían los panaderos que perdían dinero al venderlo a 52 cts el kilo. Desde 1914 el pan se había encarecido en un 58%. El  Vinculo Municipal había decidido elaborar panes de 2ª clase de medio kilo para que fuese más accesible a las familias modestas. También se habían disparado los precios de la carne. Había escasez de carne de vacuno por los elevados precios que hacía que los carniceros no se animasen a realizar compras.

A finales de mes, la Diputación se planteaba eliminar los impuestos de cadenas o portazgos sobre la circulación por las carreteras. Para compensar se pensó en aplicar temporalmente un impuesto de carreteras mediante expedición de  patentes en función de las características de los vehículos: 25 pts anuales por coche de dos ruedas, 50 por coche de cuatro, 18 por volquete y carro de dos ruedas, 45 por el de cuatro dedicado a labranza, 7 por caballería de silla y arriería y 750 pts por el de cuatro ruedas destinado a transporte, entre otras. El Sindicato Católico de Obreras de Pamplona denunciaba las largas jornadas de las mujeres en los costureros así como el trabajo en festivos y por la noche. A iniciativa de la Escuela de Artes y Oficios se preparaba un viaje a Bilbao para conocer su tejido industrial. Se producía una manifestación pública de duelo con acompañamiento de tropas por la muerte del gobernador militar de la plaza, general Enrique Brualla. El diputado Joaquín Llores pedía ayuda al Estado para sufragar el monumento a Navarro Villoslada. El día 28 de abril se celebraban actos religiosos por la fiesta de la Virgen del Camino que como buena fiesta tuvo su octava siete días más tarde. La capilla de la virgen estaba en la iglesia de San Saturnino. La procesión recorría las calles Mayor, San Francisco y su plaza, Nueva y San Saturnino. Otra festividad religiosa muy seguida era la del Corpus Christi, con presencia militar e institucional incluida. Por la tarde, ese día,  hubo novillada y se inauguraron los conciertos de tarde en la Taconera. En el 1º de mayo solo hubo un mitín, con escasa concurrencia,  en las escuelas de San Francisco. No estaba prevista ni manifestación ni la tradicional cita festiva en Lezkairu.

Cada vez llegaba menos agua a Pamplona. Tras una inspección ocular se comprobó que había grandes filtraciones y deterioros en el acueducto de Noain que traía el agua de Subiza. La dirección de Obras propuso al Ayuntamiento arreglar el acueducto por el riesgo de derrumbamiento y sustituir las tuberías por canales. Por otro lado la Dirección de Obras Municipales había terminado el plano de reforma de la Taconera, desde el paseo central, en línea recta, hasta el Mirador, con la ampliación iniciada en su parte izquierda. Se preveía la colocación de una caseta artística destinada a la instalación de un puesto de refrescos y otros usos. El proyecto debía ser visado por el Ministerio de la Guerra. Iba a comenzar enseguida el derribo de la muralla de Tejería. Se derribaría todo el frente de muralla levantado a lo largo de las casas de la calle Tejería y con la rasante que resultase abrir a las calles San Agustín y Merced nuevos pasos de comunicación con el nuevo camino construido en Tejería. El alcalde amenazaba con imponer un severo correctivo a los muchachos que molestaban  al ganado vacuno que pastaba en los fosos. Se anunciaba cambios en los horarios de algunos festejos sanfermineros, el encierro sería a las 7.00, una hora más tarde y las corridas a las 5.30. En la subasta de las casetas para el Real de la Feria se habían concedido terrenos para dos circos, un teatro de guiñol, dos carruseles, cinco casetas de tiro pichón y tiro al blanco y uno de paraguas. Además se adjudicaron los puestos interiores de las casetas de baratijas del paseo de Sarasate y la mayoría de los exteriores así como todos los puestos de casetas de ajos y pucheros de la plazuela de Recoletas.

Este fue el año de la llamada gripe española, que de española tuvo poco aunque con la mala fama nos quedamos pues la gripe se originó en  los Estados Unidos. La epidemia de gripe de 1918  fue una pandemia de inusitada gravedad. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos. ​Es considerada una de las pandemias más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 30 y 60 millones de personas. En Estados Unidos la enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley (Kansas)  el 4 de marzo de 1918, aunque ya en el otoño de 1917 se había producido una primera oleada  en al menos catorce campamentos militares. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell (Kansas), en abril de 1918. En verano de 1918 este virus sufrió una mutación o grupo de mutaciones que lo transformó en un agente infeccioso letal; el primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses aliadas en la Primera Guerra Mundial.​ Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que ese país no se involucró en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad. Para evitar la propagación de la epidemia en Pamplona, el alcalde comunicó a todos los establecimientos públicos que debían hacer: fumigar los locales con estoraque, beuqui, fenol o tomillo espliego procurando que los locales quedasen herméticamente cerrados. A la mañana, al abrirlos debían lavarse con serrín, creolina o zotal al 7%. Además ordenó regar las calles, adelantar una hora la recogida de basura y organizar brigadas de obreros para echar lechadas de cal por los tubos de las letrinas, desde los pisos más altos. Al no haber vacuna o medio preventivo alguno cada uno debía procurar defenderse con una buena limpieza de la boca y fosas nasales, la metódica organización de las comidas, el uso prudente de las bebidas, aireación y ventilación de las habitaciones y en general las normas de higiene y profilaxis adecuadas.

El 1 de junio el Diario de Navarra daba a conocer los primeros casos de la epidemia de gripe en Pamplona. Se habían producido en en la guarnición militar y sobre todo en la Ciudadela, donde se alojaba el batallón de Artillería. Se habían efectuado desinfecciones en los cuarteles, en la cárcel correccional y en la Casa de Misericordia. En principio los casos conocidos revistieron naturaleza benigna con unos indices de mortalidad muy reducidos. El obispo, José López Mendoza,  suprimía tres  fiestas de precepto, el día de Santiago, el de San Fermín y el de San Saturnino. Esos días se podía trabajar y no era obligatorio oir misa. También se suprimió como festivo el día de San Juan. El 8 de junio comenzaba el desmonte de la muralla de Tejería para construir la rasante que debía unir dicha calle con el nuevo camino que iba al puente de la Magdalena. Con las tierras extraídas de la muralla se iba a taponar el llamado río de los leños. Para derribar la muralla se  utilizó en algunas ocasiones cartuchos de dinamita. El día 12 de junio el pleno municipal aprobaba las solicitudes de Alberto Quintana y de Valentín Idoate, este último en representación de la sociedad Zaldi Onak para instalar sendos servicios públicos de coches de punto, precedentes del servicio de taxis, en la plaza de la Constitución o del Castillo. El horario del servicio sería de 6 de la mañana a 10 de la noche. Ambas empresas prestarían servicios en la citada plaza, la de Quintana entre los números 6 y 16 y Zaldi Onak del 25 al 55.

A mediados de junio se tenía conocimiento de que las fábricas  de harina habían dejado de molturar, por la carestía en el precio del trigo  y que en las panaderías solo había harina para hacer pan 8 o 10 días como máximo. Por orden del gobernador se procedería a incautar el trigo de los acaparadores, nada menos que 320.000 kilos de trigo se incautaron a precio de tasa, prohibiéndose la salida de trigo y harina de Navarra. Curiosidad meteorológica, el 16 de junio algunos montes cercanos a Pamplona aparecían nevados, cayendo bruscamente las temperaturas, cuando algunos días antes se había producido un calor sofocante. Cosas del tiempo. Un perro rabioso mordía al lacero municipal Aniceto Petit, hombre singular y popular en Pamplona. Aniceto, estellés de nacimiento, vivía en la Rocha. Arazuri dice que era  rechoncho, mofletudo y hablador muy comunicativo. Amigo de frecuentar los bares de San Nicolás y san Gregorio. Intentó presentarse a concejal tres años antes en 1915. Entre sus propuestas electorales estaba la de construir un canal de 100 kilómetros para hacer llegar el mar Cantábrico desde Pasajes a la Rotxapea donde se construiría un puerto marítimo, traer pescado desde el citado mar directamente por una tubería para conservar su frescura, y allanar el monte San Cristóbal con pico y pala para solucionar el paro.

Se aprobaban las bases de un acuerdo con la sociedad “Aguas de Arteta” para garantizar el suministro de agua a Pamplona. La sociedad incrementaría el suministro de 1000 a 1.500 m3 de agua el consumo diario, cobrando la misma cantidad de 40.000 pts al año; Si superaban los 1.500 m3 se cobraría 15 cts por m3 excedido, pudiéndose colocar contadores. Por otra parte el Ayuntamiento pedía dos créditos de 22.000 y 65.000 euros para acometer obras en el antiguo Matadero de carnes, Casa de los Pastores y fábrica de Gas para alojar provisionalmente a cerca de 300 soldados de caballería del regimiento Almansa y el segundo para continuar con las obras de saneamiento del Arga hasta el desagüe de fecales, aguas abajo del molino de la Biurdana. El día 22 de junio se fundaba la Sociedad del Tenis en un piso de la plaza del Castillo. La primera junta estaba formada por Jesús Jaurrieta (Presidente), Pedro Mª Galbete (secretario), Manuel Mañeru (Tesorero) y los vocales Joaquín Elio, Pablo Eltester, Julio Maset y Anton Mueller. El día 23 de junio abrieron parte de las barracas en el recinto del Ferial, en el 1º Ensanche,  con olor a churros, a aceite frito y gran animación especialmente en el Bosquecillo de la Taconera. Los guardias municipales estrenaron uniformes de verano con polainas de cuero y casco de fieltro, como los guardias del Cuerpo de Seguridad. A finales de junio habían terminado las obras del mirador de la Taconera, si bien faltaba la barandilla de protección por lo que había riesgo de caídas desde la muralla al foso o a la carretera del Portal Nuevo. Se criticaba la existencia de una charca inmunda que se alargaba como un canal a derecha e izquierda del portal de la Taconera. La pestilencia, decían, se percibía desde el paseo de Sarasate.

En vísperas de los sanfermines comenzó a circular el bulo en algún periódico foráneo de que en Pamplona había tifus, noticia falsa, fake news que diríamos ahora, hecho que sentó muy mal entre los pamploneses y sus medios de comunicación. El Alcalde de Pamplona, Francisco Javier Arraiza preparó el bando con normas de comportamiento para las fiestas. Respecto del Riau Riau decía que el recorrido debiera estar libre de gente,  no se tolerarán ni corros, ni gritos que desmerezcan la seriedad que el acto merece. Prohibía también recorrer las calles en grupos dando gritos descompuestos o iniciando canciones que pudieran dar lugar al desorden, ni tocar instrumentos estridentes, ni realizar acto alguno carnavalesco o tumultuoso. Prohibía, asimismo, entrar en los paseos atropelladamente y alborotar de 12 de la noche a 6 de la mañana, perturbando el reposo público al que todo vecino tiene derecho. En estos primeros años del siglo surgen las llamadas colonias escolares. A primeros de julio se informaba de la salida desde Pamplona de un grupo de niños y niñas en dirección a Ventas de Arraiz en la Ulzama. En vísperas de las fiestas estalló un pequeño conflicto entre el Ayuntamiento y el Gobierno Civil a raíz de la imposición de un asesor técnico taurino al que además debían de pagarle 40 pesetas por corrida. El Ayuntamiento, propietario del coso, decidió reservar el palco presidencial para la corporación por lo que el delegado del gobierno y su asesor tendría que presidir las corridas desde otro palco, uno cualquiera de los no abonados. Al final el gobernador civil reculó y y dejó sin efecto el nombramiento del asesor taurino.

Las fiestas arrancaron con mucha animación y como era habitual entonces, desde la plaza del Castillo, con disparo de chupinazos y estallido de bombas japonesas entre un ensordecedor volteo de campanas y la música de los txistus y las gaitas. Tras el acto de las Vísperas se colocó en la Taconera  la primera piedra del monumento a Sarasate. Por la noche de 22 a 0.30 horas hubo fuegos artificiales y baile. Este año el ayuntamiento notificó a 15 jóvenes la imposición de una multa de 50 pesetas por corear a grito pelado la música  con gritos de riau riau en la marcha a las Vísperas.  Decían las crónicas periodísticas que corría en el encierro un gentio inmenso, ja, ¿Que pensarían entonces de la muchedumbre que corre ahora?. Les recuerdo que entonces y al llegar al final de la Estafeta, el encierro giraba hacia la derecha, a la altura de la actual calle Duque de Ahumada, en vez de a la izquierda a la curva de Telefónica y el  actual callejón de los toros. La procesión de San Fermín duro tres cuartos de hora. Los visitantes llegaban entonces en trenes, coches, -poquitos había-, autos y caballerías. Se celebró durante las fiestas la prueba del concurso municipal de bandas de música que agrupó a un número importantes de bandas de Navarra y comunidades vecinas y que recuerdo que el centenario de su celebración se conmemoró el año pasado porque sirvió para iniciar al poco tiempo la andadura de la Pamplonesa. El 16 de julio se celebró, con el entusiasmo religioso de los pamploneses de entonces, la procesión de la Virgen del Carmen. Tras las fiestas el Negociado Municipal de Higiene emprendió una campaña de saneamiento de las traperías de la ciudad a fin de comprobar que los trapos eran desinfectados. También se instaba a desinfectar cuadras y bajeras a fin de combatir el aluvión de moscas que habían quedado en la ciudad tras la celebración de la feria del ganado sanferminera. También se procedió a sanear el cauce del molino de Alzugaray y otros tramos del Arga.

¿Que hacía la gente el fin de semana en Pamplona tras las fiestas?. Paseaba por la Taconera y Bosquecillo, donde, a la atardecida o noche, siempre había un concierto,  se marchaban al campo, -el campo estaba a las puertas de las murallas de la ciudad-, al río, al frontón, a la función de circo en la plaza de toros, al Paseo del Ensanche, junto a las casetas de feria que aun permanecían en el lugar. Se celebraron prácticas militares aerostáticas que suscitaron gran interés entre la ciudadanía. El día 24 se celebraron festejos en Pamplona con motivo al día siguiente de la fiesta de Santiago: juegos, globos, cohetes, baile en la Taconera por el santo de la reina Maria Cristina, etc. Se cambiaba de gobernador como de camisa. En los últimos seis años se habían tenido nueve gobernadores diferentes, y en estos días tomaba posesión el cuarto en el último año. Ya entonces había peticiones para que se fotografiase aquella ciudad que iba cambiando, transformándose como se había hecho con el paseo de Valencia antes de construir la Audiencia o la antigua Belena de Calceteros y Mercaderes, o la antigua fachada de la iglesia de San Lorenzo. En la visita municipal que se cursó al Teatro Gayarre, el alcalde y los concejales comprobaron la imperiosa necesidad de acometer reformas en dicho edificio: decorado, telón, vestíbulo, camerinos, etc en general en todo el teatro que, a tenor de las manifestaciones de los munícipes, presentaba un estado bastante lamentable. El derribo de la muralla de Tejería dejó al descubierto un trozo de puerta o ventana de más de tres metros cerca de la calle de la Merced de posible origen romano que no se conservó.

En la plaza de toros, el Ayuntamiento concedió autorización para dar algunas funciones nocturnas de cine. El precio del alquiler sería el 20% del ingreso líquido en taquilla, descontados impuestos. Ante la escasez de precipitaciones, el obispo dispuso el rezo en las misas para pedir la lluvia. A los pocos días caían algunas borrascas insuficientes para la “prolongada y pertinaz sequía” que diría luego el que todos sabemos. Las centrales hidroeléctricas paraban por la falta de agua. La Asociación de la Prensa pedía el establecimiento del descanso dominical para los periodistas, enseguida lo harían otros gremios: peluqueros, alpargateros, cordeleros etc. En Tulebras la guardia civil mató a un vecino e hirió de bala a otros dos lo que ocasionó versiones contradictorias sobre lo sucedido y mucha tensión en el pueblo ante la presencia durante algunos días de cerca de una treintena de efectivos. Como quiera que los conciertos en el Bosquecillo se oían malamente por la presencia de público alrededor, el Alcalde ordenó construir una plataforma de setenta centímetros  para los músicos y sillas alrededor para que la música pudiese ser escuchada sin problemas. Como ya hemos visto en otra entrada del blog, con motivo de las fiestas de la Rocha se quemaba,  estos primeros días de agosto la tradicional hoguera, por ser fiestas de San Lorenzo y se degustaban los famosos rellenos con piperropiles, instalándose, además, una iluminación con farolillos a la veneciana. Las gaitas amenizaban los bailes en el patio de la antigua fábrica de gas aunque también había música y actividades en el barrio de la Estación. Este año un joven del barrio murió electrocutado cuando enseñaba a sus amigos los transformadores de la sociedad “Aguas de Arteta”.

El pan seguía subiendo, costando ya 70 céntimos el kilo y se barajaba la municipalización de la venta de carne de cordero a fin de regularizar su precio y garantizar su abastecimiento. Hasta entonces estaba municipalizada la venta de carbón, leña, huevos y pan. El 16 de agosto se producía un nuevo accidente ferroviario del Irati  en Huarte, con el balance de un muerto que intentó saltar del tren siendo arrollado por otro vagón y un herido, el cual había resultado herido también en el descarrilamiento de abril. El accidente se produjo en el mismo punto que la vez anterior, al enfilar un puente a la salida de una curva. Dos de los seis vagones descarrilaron y volcaron antes del puente y otros dos cayeron en pleno puente arrancando completamente la barandilla. Los vecinos del pueblo pidieron un nuevo trazado del tren que evitase el paso por el centro de la población. El gobierno de la nación decretaba que sólo se fabricase un único tipo de pan, al precio único de 64 pesetas kilo, de mejor calidad que el de 1ª. Antes había tres tipos de pan: de 1ª, 2ª y 3ª clase. Se suprimían los bolos, el pan de Viena y los bollos de leche. El 23 de agosto, la temperatura a la sombra era de 35-38º, que fue aliviada por la descarga de una tormenta. La falta de lluvias y las altas temperaturas provocaron varios incendios en los montes de la provincia: Roncal, Zuriain, Olave, Olaiz, Sorauren, Aritzu, Saldías y Navascués. Se anunciaban los actos de San Fermín Chiquito de ese año:  baile público, toro de fuego, fuegos artificiales, comparsa e inauguración del monumento a Sarasate además de  encierro y corrida.

El 1 de septiembre el rey Alfonso XIII inauguraba, en Oñate, el Congreso de Estudios Vascos que contaba con el apoyo de las diputaciones vasca y navarra. Al acto acudieron el vicepresidente de la Diputación Antonio Baztán y los diputados Javier Sanz, Francisco Usechi, José María Badarán y Martin María Guelbenzu. Estuvieron en la inauguración pero no en la clausura que se produjo el día 8. Asistieron también el obispo de Pamplona, José López Mendoza y los alcaldes de Pamplona, Vitoria y San Sebastián. Subían los precios de forma escandalosa, de forma que por ejemplo el cuarto de cordero se había multiplicado en 2 o 3 años por cinco o por seis. Se controlaba la leche que entraba a Pamplona, para detectar posibles fraudes o adulteraciones. Por otra parte el día 10 se restablecía el servicio de tranvía a la estación del tren, interrumpido por un desprendimiento en las obras de saneamiento del Arga, cerca del Portal Nuevo. A primeros de septiembre se empieza a dejar notar los efectos de la gripe, en Goizueta estaba afectada la décima parte de la población del pueblo, aunque parece que la gripe más mortal se extendía por los pueblos del sur de Francia. En Pamplona la Alcaldía anunciaba un bando para mejorar la higiene pública y prevenir el desarrollo de la epidemia. El derribo de la muralla de Tejería provocaba temores en los vecinos de la zona por la posible afectación a la cimentación de las viviendas. El concejal Martínez de Azagra llamaba la atención sin embargo en los beneficios: decía que con la demolición las casas venían a ganar un piso. Preocupaba el desnivel que quedaría entre el piso de la muralla y el de la calle (entre 0,90 y 1,60 metros).  La parroquia de san Saturnino encargaba un nuevo órgano a  la firma pamplonesa Roqués e Hijos. Se producían varios incendios forestales en Belzunegui (Esteribar), Naguiz (Ezcabarte) y el valle de Goñi. El Orfeón recibía un entusiasta recibimiento tras el éxito cosechado en Oviedo. El teatro Gayarre anunciaba el debut de la bailora y tonadillera Pastora Imperio.

En la segunda mitad de septiembre se recrudecía la epidemia de gripe en Navarra, así lo reconocía el gobernador civil. El inspector provincial de Sanidad recomendaba como medidas de prevención “llevar una vida ordenada sin trasnochar, al aire libre, evitar locales cerrados y abstenerse de vicios y abusos, en especial de alcohol y sexo, limpieza de basuras y cuadras, establos, pocilgas y letrinas y desinfección de manos y boca antes de comer. En caso de enfermar meterse en la cama y llamar al medico, desinfectar habitaciones, ropa, etc y blanquear y pintar las habitaciones si se estimaba pertinente”. Se achacaba la propagación de la gripe al avance en los transportes. El ministro de la Gobernación prohibía en los pueblos contagiados toda clase de fiestas, espectáculos y reuniones así como las ferias y mercados. Se anunciaba un control sanitario riguroso a los forasteros. El alcalde de Pamplona suspendía el ferial y concurso de ganados y se retrasaban el comienzo del curso en algunos colegios. El día 21 de septiembre se entregaban 2.000 kilos de pan entre la gente más desfavorecida de Pamplona. Al día siguiente se inauguraba con todo el boato, comitiva oficial y masiva presencia popular el monumento a Sarasate en la Taconera. Pocos días después se hacía lo propio con el de Navarro Villoslada. Al finalizar el mes la gripe se había extendido por multitud de pueblos de la geografía foral.

Curiosa y contradictoria información la que daban los periódicos sobre la epidemia de gripe. El Diario decía que el numero de afectados era grande pero el de fallecidos pequeño, uno o dos por día, pero o la suerte iba por barrios o difícilmente se podía entender el hecho de que en los últimos 8 días cuatro miembros de  una familia afincada en la calle Mayor habían fallecido quedando tan sólo un bebe de pocos meses que también se encontraba enfermo. Unos achacaban  a los periódicos que trataban el tema muy superficialmente o bien que directamente ocultaban la realidad y otros les tildaban de alarmistas. Algunos incluso decían que la mayoría de los casos habían llegado de San Sebastián. En fin como siempre, nunca llovía a gusto de todos. En los primeros cinco días de octubre fallecieron en la ciudad cerca de 60 personas, más de la mitad  de ellas por la gripe y hubo 8 o 9 nacimientos. La gripe se recrudeció con los fríos propios de la temporada. Se comenzaron a  hacer rogativas, por mediación de San Fermín, o en la Catedral, para el cese de la epidemia. Como consecuencia de esta crisis sanitaria se decretó la suspensión de todos los juicios por jurado de octubre y noviembre. El pueblo más afectado por la gripe el 6 de octubre era Los Arcos donde casi toda la población estaba afectada por la gripe. El obispo de Pamplona, José López Mendoza se encontraba en gravísimo estado, en Zaragoza a consecuencia de la gripe. El número de muertes en Pamplona se estabilizó en la media docena diaria. El día 7 había 840 enfermos, de los que estaban graves unos 64 y habían muerto desde el día 17 de septiembre 89 personas. En Miranda de Arga se produjo un enfrentamiento entre vecinos del pueblo  y la guardia civil con el resultado de 4 muertos y 2 heridos. Al parecer el origen fue el cierre por razones sanitarias de los bares. El Diario pedía el cierre temporal de las escuelas municipales ante la enfermedad de maestros y la extensión de la epidemia. Entre los pueblos más afectados por muertes a consecuencia de la gripe a primeros de octubre estaban Mendigorría, con 20 muertos, Lerín, 25, donde había más de 1000 afectados, Los Arcos, 29 que luego serían 64; Olazagutia,20  y más de 400 afectados, Mendavia, 50  y 700 afectados, Cascante, 31 muertos y 819 afectados, Fitero, 50 muertos. Ablitas 700 enfermos y  35 fallecidos; Cabanillas, de 500 a 600 enfermos y  12 fallecidos;  Monteagudo, 600 enfermos y  35 fallecidos; Murillo el Fruto, de 700 a 800 enfermos, 12 fallecidos; Tudela, 500 enfermos, 26 fallecidos. Otros: Cáseda 12 fallecidos; Elorz, 17 fallecidos; Sada, 400 enfermos el 60% de la población, 10 fallecidos; Villaba 7 fallecidos. Artajona, con 2.541 habitantes, 52 defunciones.

Entre el 11 y el 12 de octubre fallecieron en Pamplona por la gripe 17 personas. El Alcalde dictó un bando que disponía que los cadáveres debían ser conducidos al cementerio en el plazo de dos horas desde el fallecimiento, quedaba prohibido el acompañamiento de los cadáveres al cementerio así como entrar en él y se obligaba  a los vecinos informar directamente al Negociado de Higiene Municipal de las defunciones producidas a fin de proceder a la desinfección de los domicilios. No se podían celebrar funerales de cuerpo presente. También se ordenó desinfectar todos los portales y cajas de escalera de los edificios de la ciudad y la correspondencia que llegaba a la ciudad. Se estableció en la conserjería-carpintería de la plaza de toros un servicio fúnebre a precios económicos. El 16 de octubre la Comisión de Abastos había establecido entregar  a los médicos de la ciudad unos bonos canjeables por medicamentos en las farmacias para los enfermos pobres. Días después se ampliaron esos bonos a productos como la leche, huevos, pescado, carne y útiles de loza y más adelante al arroz, patatas y alubias. En los bonos aparecería el establecimiento donde debían retirar esos productos. Posteriormente la Tesorería Municipal pagaría los productos a los comerciantes. Esos días se produjo escasez de leche fresca por incremento en el consumo. El problema se fue resolviendo gracias a la llegada de leche condensada, si bien este tipo de leche causaba recelo en su consumo por parte de las clases bajas, recelo que se fue disipando con los días.

A finales de mes y pese a cierta mejoría la epidemia no se podía dar por controlada. Habían fallecido 42 personas en septiembre y 111 en octubre. En Noviembre, hasta el día 20, hubo 62 defunciones. La gripe se extendió los últimos días de mes al Manicomio Provincial, con más  de 200 afectados, sobre un total de 500 internos y cerca  de una cincuentena  de defunciones en tan solo 19 días. Fue el principal foco epidémico en Pamplona. Contrasta con el caso de la Casa Misericordia que tenía 300 asilados, entre ancianos, adultos y niños y en donde no se produjo ningún fallecimiento. La explicación puede estar en que la Meca no dejó entrar ni salir a nadie que pudiera contagiar o contagiarse. En total hubo en Pamplona 215 defunciones, 243 si contamos el resto de oleadas del año. Fallecieron más hombres que mujeres, y la enfermedad se cebó en las personas de de 21-30 años y las de 31-40, esto es en los jóvenes adultos, al igual que en el resto de España. En Navarra murieron  entre enero de 1918 y  junio de 1919 a consecuencia de esta epidemia de gripe algo menos de 3000 personas sin embargo el exceso de mortalidad observado nos permitiría elevar esa cifra a cerca de 4.000 personas. En España murieron oficialmente  por la gripe 143.930 personas aunque igualmente el exceso de mortalidad observado nos llevaría a un número sensiblemente mayor, unos 260.000 muertos.

La Junta de Reformas Sociales acordó el día 31 que la jornada laboral en los comercios fuese de 8 de la mañana a 8 de la tarde, con 2 horas (de 1 a 3) para comer. Durante las horas de la comida se cerrarían los comercios, salvo los de joyería en los que habría turnos para no cerrar y así evitar el trabajo de recoger los objetos.  Posteriormente el Alcalde fijo estos horarios mediante un bando. Eximía de su cumplimiento a farmacias y tiendas de artículos sanitarios, servicios fúnebres, bares, tiendas de alimentación, peluquerías y gremios similares, puestos de venta de prensa, estanco y cajas de ahorro. Hasta primeros de noviembre continuaban cerrados, por razones obvias, las escuelas de primera y segunda enseñanza e Instituto. Su reapertura se produjo a mediados de noviembre. La del Instituto a finales del mes, con más de un mes y medio de retraso. El día 11 de noviembre a las 5.20 de la madrugada se firmaba en la localidad francesa de Compiegne el armisticio que daba por finalizada la 1ª guerra mundial. Las hostilidades acabaron a las 11 de la mañana. La guerra había comenzado el 28 de julio de 1914 y provocado 16 millones de muertos (9 millones de soldados y 7 millones de civiles). La firma definitiva de la paz se produjo con el Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919. El ayuntamiento pedía al Papa que el día 29, fiesta de San Saturnino fuese día de precepto, o sea con obligación de ir a misa y de no trabajar, sin embargo este año no lo fue aunque se guardó  fiesta por la tarde. El día de San Francisco Javier si lo era. El 14 de noviembre con la presencia de las principales autoridades de la ciudad se inauguraba la temporada de las cantinas escolares, en esta ocasión para 200 niños de ambos sexos en las escuelas de San Francisco y Compañía.

El día 17 de noviembre se celebró un mitín en el Euskal Jai  y posterior manifestación hasta el Gobierno Civil a favor del proyecto de Ensanche de la Ciudad donde participaron Ayuntamiento, Diputación Foral, diputados a Cortes (Dominguez de Arévalo, Aranzadi y Vizconde Val de Erro), empresarios, etc. El 20 de noviembre de 1918 el Ayuntamiento de Pamplona acordaba pedir la reintegración foral plena para Navarra y la derogación de la ley de 1839 para recuperar todos los organismos y fueros navarros. El 18 de diciembre se creaba un comité foral municipal formado por representantes de todos los grupos (jaimista, maurista, conservador, nacionalista, integrista, demócrata, liberal, republicano y socialista). Esos días fue objeto de chirigota la poca exigencia para la plaza de secretario municipal: se pedía entre los requisitos que fuese mayor de 25 años, español, que supiese leer y escribir y estar en plenitud de sus derechos civiles y políticos. Imaginense cuantos curiosos y estrafalarios personajes de aquel tiempo podrían cumplir con tan leves exigencias. El acuerdo municipal fue revocado días después. En este año ya se hablaba de un terreno en Noain como propicio para un aeródromo militar. Unas 300 personas celebraban el día 23 de noviembre una cena y fiesta aliadófila para conmemorar la victoria en la 1ª guerra mundial. Las denuncias cursadas por el Ayuntamiento iban desde tirar cohetes, ir borracho, dar vivas a la República, mofarse de una anciana, limpiar un caballo en la vía pública o jugar a las chapas. El día 1 de diciembre se celebró un tedeum de acción de gracias en la Catedral por la finalización de la gripe. Este año se agotaron los billetes de lotería en Pamplona, nos gastamos 275.000 pts,  pero no nos tocó ningún premio gordo. Se hablaba de la creación de la banda municipal. Estaría constituida por 38 músicos más el director. Sus sueldos supondrían al año unas 34.000 pesetas. La prensa local dudaba de que con ese presupuesto y semejante número de músicos se pudiese contar con una banda de categoría. Las atenciones a los más pobres durante la reciente gripe había supuesto al Ayuntamiento un coste extraordinario de unas 19.985 pesetas. Los militares de la plaza celebraban el día de su patrona con teatro en el cuartel, festival de música y cine en el Euskal y fuegos y música hasta las 10 de la noche. La población se quejaba del estado en que se encontraban las calles y plazas de la ciudad  tras los temporales, convertidas en  auténticos lodazales, incluso en las más transitadas como plaza del Castillo o Sarasate. La solución que se proponía era regar con más frecuencia las pavimentadas  o enarenar  los paseos y calles que estuviesen sin adoquinar. También se quejaban  del estado de las calles los vecinos de la Rochapea, especialmente entre el puente de Curtidores y la casa de la Estremera, donde la calzada estaba más alta que la acera. Los conciertos dominicales a cargo de una banda de música militar en la plaza de la constitución era una imagen típica de estos años.

Al concurso para el arriendo del Teatro Gayarre para los próximos 4 años se habían presentado cuatro ofertas que iban de las 10 a las 14.000 pts al año y de 120 representaciones teatrales y otras de varietés a las 150 teatrales al margen del cine y varietés. Al final se adjudicó el teatro a Pablo de la Fuente que ofrecía la proposición económicamente más ventajosa. Proliferaban las actividades benéficas: se recogían juguetes para los niños de la Inclusa, por iniciativa del Nuevo Casino, también hacían lo propio el consejo de exploradores de España (una especie de boy-scout) en comercios y domicilios, las alumnas de la Escuela Normal de Maestras preparaban para estas navidades una fiesta destinada a los niños enfermos del hospital. Entre los miembros de la Cámara de Comercio, cuya junta acababa de renovarse ese año, estaban Pedro Esparza, Toribio López, Antonio Doria, Lucio Arrieta, Fermin Goñi, Justo Gortari, Ramón Unzu, Juan Pedro Arraiza, Alvaro Galbete, Angel Lazcano, Cleofé Sarasa, Román Oteiza,  etc, como se ve muchos conocidos comerciantes y empresarios de la ciudad. La magna asamblea convocada por Diputación y constituida por los representantes en las Cortes, el Consejo Administrativo de Navarra y los ayuntamientos de la provincia acordaban, por aclamación, pedir la reintegración foral plena. Se acordaba que Diputación designase una comisión para estudiar y proponer las bases del nuevo régimen. Al día siguiente la Diputación trasladaba al Conde de Romanones las conclusiones de la asamblea. Acabó este año marcado por la epidemia de gripe y el derribo de la muralla de Tejería con un tiempo muy desapacible y lluvioso.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Plaza del Castillo, entonces de la Constitución (1918) Colección Arazuri, Pamplona, calles y barrios, Nº 2: Antigua plaza de toros (1918). Aquilino García Dean. AMP, Nº 3. Francisco Javier Arraiza Baleztena. Nº 4: Margaritas o enfermeras carlistas atendiendo a requetés, www.enfeps.blogspot.com Nº 5: Antiguo edificio del Vinculo Municipal en el Paseo de Sarasate, (1918). Julio Cia. AMP. Nº 6: Jura de bandera en la plaza de la Constitución, www.pitillas-navarra.blogspot.com. Nº 7: Corralillos del gas recién remodelados, Luis Rouzaut (1924). Nº 8: soldados de la primera guerra mundial afectados por la gripe, Nº9: Portada del periódico “El sol” del 24 de mayo de 1918,con noticias de la todavía incipiente gripe Nº 10: Derribo de la muralla de Tejería con la antigua plaza de toros al fondo, Colección Arazuri. 1918 (AMP). Historia, fotos y Joyas de Pamplona. Nº11: Derribos en la muralla de Tejería, (1918) de J. J Arazuri, Pamplona Antaño Nº 12: Baluarte del Labrit fotografiado desde el Baluarte de San Bartolomé, Nº 13: Aniceto Petit, Nº 14: cartel de los Sanfermines 1918, Nº 15: encierro llegando a la plaza de toros en los sanfermines de 1918, Nº16: Barracas ubicadas en el primer ensanche, Luis Rouzaut. 1925. Nº 17. La caseta de venta de las entradas de las corridas en la plaza de la Constitución durante los sanfermines, Nº 18: encierro enfilando la antigua plaza de toros, Nº 19: encierro en su  tramo final  enfilando la plaza de toros vieja. Nº 20,  21 y 22: Actos en el 1º congreso vasco de Oñate. Kutxateca. Foto Car. Nº 23: Portada del programa del Congreso de Estudios Vascos, Nº 24 y  Nº 25: Portadas de El Pueblo Navarro y el Pensamiento Navarro con noticias sobre la epidemia de gripe, Nº 26 y 27. La Hormiga de Oro. Noticias de la inauguración del Monumento a Pablo Sarasate y  del Monumento a Navarro Villoslada, N º 28: Foto del comercio Martin Ostiz en la calle Pozoblanco (donde luego se instaló Zapatería Amorena). Vicente Galbete. 1918, Nº 29: Portada de El Pueblo Navarro con al noticia del armisticio que ponía fin a la 1ª guerra mundial, Nº 30: Postal del claustro de la Catedral (1918), Nº31: Plaza del Castillo con el Teatro Gayarre (antiguo principal) cerrando la plaza por lo que hoy es la avenida de Carlos III