Sobre las fiestas de San Fermín Chiquito y otros eventos festivos (1947-1967)

Si en una entrada anterior hablaba de las fiestas de San Fermín en los años de la postguerra, me voy a detener en esta ocasión en la celebración de las fiestas de San Fermín Chiquito, el 25 de septiembre. Para empezar conviene aclarar que San Fermín es el patrón de la diócesis de Pamplona y copatrón de Navarra junto a San Francisco Javier pero no lo es de la ciudad, patronato que recae en San Saturnino. La del 25 de septiembre es una de las tres fechas dedicadas en el calendario litúrgico local  a San Fermín, junto al 7 de julio y un domingo variable de enero en que se celebra la función de las Reliquias del Santo.  Por aclarar más aspectos relacionados con San Fermín: hasta el año 1590, las fiestas grandes de San Fermín tenían lugar el 10 de octubre, fecha en que se conmemoraba  la entrada del Santo en su sede de Amiens, hasta que un buen día el obispo de la Diócesis, Bernardo Rojas Sandoval, a instancia del Ayuntamiento, acordó trasladar las celebraciones a unas fechas climatológicamente más propicias aprovechando la coincidencia con la feria franca que se celebraba a finales de junio en Pamplona desde 1381,   y desde entonces, desde 1591, las fiestas vienen celebrándose en torno al día 7 de julio. El 25 de septiembre es, en cambio,  la fecha en la que se conmemora el Martirio, por decapitación,  de San Fermín, en Amiens, en el año 303, sin embargo la celebración de las fiestas de San Fermín Chiquito se trasladan normalmente al  fin de semana más próximo a esa fecha para facilitar la participación de la gente.

Se tienen noticias de que, ya en el siglo XVI, existía una basílica dedicada a San Fermín en la calle Aldapa, donde se cree, según la tradición, que estaba la casa de Firmus, padre de San Fermín. El templo que es el más antiguo y el único erigido en su honor, en Navarra, tiene no obstante reminiscencias románicas con sus tres puertas, sus serie de ventanales y sus modillones. En cierto tiempo lo ocuparon tres monjas mercedarias y en ese edificio se alojaron también los Trinitarios, cuando en 1608, vinieron a Pamplona para hacer una fundación. En el año 1883 se entregó este histórico templo, con el edificio contiguo, a los Padres Misioneros del Corazón de María para que atendieran su culto. Lo restauraron pues estaba casi en ruinas y emplearon en las obras casi 50.000 pesetas. En 1941 llegaron a Pamplona las últimas reliquias del santo mártir y dichas reliquias se guardan en una arqueta gótica dentro de la citada basílica.

Como quiera que a finales del siglo XVIII abundaba la celebración de las fiestas de los barrios, -eran considerados barrios muchas calles del Casco Antiguo y algún núcleo de población  extramuros-,  que  llegaban  a más de 20, el Ayuntamiento tuvo a bien regular su celebración mediante una  autorización previa. Ya en el siglo XVI  se habían publicado  las Ordenanzas de la ciudad y sus diferentes oficios en el que se hacían las siguientes consideraciones sobre los bailes y danzas: “teniendo en cuenta que en los bailes y danzas de los mozos y mozas de servicio se hacen con mucha descompostura y señales deshonestas como son abrazarse las manos con las mozas con ademanes de besarse y otras cosas de atrevimiento se ordenaba que los bailes debían de terminar cuatro horas antes de la cena y que de ninguna manera se practicasen en los zaguanes y entradas de casas aunque lloviera y advertían al juglar que apenas observase alguna deshonestidad dejase de tañer la música”. Las más animadas  mecetas o fiestas de los barrios eran las que celebraban los mozos de la Rochapea y San Juan.

Durante siglos la conmemoración del Martirio tuvo un gran seguimiento en la ciudad, de hecho es la más castiza y antigua festividad dedicada al santo moreno, y se celebró al menos hasta 1836, año en que los concejales dejaron oficialmente de participar en el acto (bueno volvieron a hacerlo en 1839, pero solo ese año). Poco a poco se fue olvidando la fecha del 25 de septiembre, de modo que  a principios del siglo XX las celebraciones tenían fundamentalmente un carácter religioso y consistían básicamente en funciones solemnes que se celebraban  en la basílica de San Fermín de Aldapa,   complementadas con algún festejo organizado por el Ayuntamiento, al estilo de las fiestas chiquitas que organizaban otros barrios del Casco y de la ciudad, que fueron creciendo en variedad con música, danza, toros, cohetes y comidas populares. En los años 20 las fiestas volvieron a decaer y se suspendieron durante 24 años, desde 1923 a 1947. En 1944, dice José María Pérez Salazar que se organizaron en la ciudad, con motivo de la conmemoración de San Fermín de Aldapa, tres corridas con sus correspondientes encierros, de las cuales tuvieron que suspenderse dos de ellas por intensas lluvias. Pero es en 1947 cuando de verdad se volvieron a recuperar las fiestas, tuvieron mucho que ver en ese propósito personajes del barrio como Castejón, Aristu o Pio Jimenez.  Resumo el programa de fiestas de los sanfermines chiquitos de 1948 que supusieron una nueva etapa en la recuperación de las fiestas de San Fermín Chiquito.

En 1948, las fiestas comenzaron el día 24, a las 12 del mediodía, con volteo de campanas y cohetes, y salida de Gigantes y Cabezudos. A las 7 de la tarde se celebraron las solemnes vísperas en la capilla de San Fermín de los Padres Corazonistas, que se vestían de gala, y a continuación se realizó la Novena (el novenario comenzaba una semana antes), mientras que  una charanga recorría las calles del barrio con alegres pasacalles. A las  10 de la noche, en la plazoleta de la Cuesta del Palacio, hubo música de baile y verbena. Al día siguiente a las 10 de la mañana salieron unos originales Gigantes y Cabezudos de su Palacio de la calle del Carmen, como aquellos antiguos Gigantes del Churrero, con sus originales collares de huevos  cocidos colgando, amen de otras extraordinarias delicias gastronómicas, (posteriormente saldrían los de Tafalla), por la tarde la charanga, en el local del Bullicio Pamplonés se entregaron los premios del Campeonato Navarro de Natación y terminó la jornada nuevamente con música de baile y verbena. El día 26, domingo, a las 10.30 se celebró por primera vez la procesión con la efigie del Santo que recorrió las calles Mañueta, Curia, Navarrería, Carmen y Dos de Mayo hasta la Basílica de San Fermín de Aldapa. La procesión  no tuvo demasiado éxito ya que en 1949 ya no salió. A continuación se ofició una misa solemne con la participación de una masa coral en la que destacó, este año, el tenor Julián Olaz y a las 13.30 se celebró una carrera pedestre infantil. Por la tarde  se anunciaba una gira a la arboleda del Portal de Francia actuando la charanga de 4 a 7, tocando luego pasacalles por el barrio hasta la Cuesta del Palacio donde seguiría hasta las 9 de la noche con música de baile. A las 10 se quemó un toro de fuego que salió de la plaza de San José por Navarrería, Carmen para terminar en Mercaderes, frente al Restaurante Blanca de Navarra. Luego, de nuevo música de baile. Durante estos tres días y hasta el día 30 de septiembre se instaló en la plazuela de la Cuesta del Palacio un carrusel infantil. También y además de la charanga amenizaban los festejos por la calle gaiteros y txistularis. Hablando del Bullicio, en 1948, esta sociedad anunció con motivo de las fiestas de San Fermín de Aldapa la celebración de sesiones de baile, de 11 a 2,30 de la madrugada, el día 25, de 6 a 10 y de 11 a 2,30 el día 26 y de 8 a 11.30 el día 27 de septiembre.

Damos un salto de una docena de años y revisamos el programa de fiestas del año 1961. Este año las fiestas se extendieron desde el sábado 23 al martes, 26 de septiembre. El chupinazo, desde la plazuela de los Padres Corazonistas, abrió la fiestas junto a un repique general de campanas. A las 7 de la tarde se celebraron las solemnes vísperas en la basílica de San Fermín de Aldapa. A las 8.30 recorrió las calles del barrio la comparsa de Gigantes y Cabezudos y la agrupación vasco-navarra de txistularis y de 10.30 a 1,30 hubo una gran verbena popular en la plaza de Santa Cecilia así como una actuación de la Rondalla de los Amigos del Arte. El día 24 hubo dianas a las 8 de la mañana, misa solemne a las 10, luego salió la comparsa de gigantes y cabezudos, se celebró la gran prueba atlética que organizaba  el C.D Aldapa desde el año 1950 y reparto de premios, juegos infantiles con premios (de carreras de sacos, rotura de pucheros, carreras de cintas en bicicleta, etc), festival folklórico organizado por la Real Sociedad de Amigos del País, txistularis, bailes regionales y verbena popular, como el día anterior, en la plazuela de Santa Cecilia. El C.D Aldapa se había encargado de organizar las fiestas desde el año 1956 en colaboración con algunos vecinos del barrio, como los antes mencionados. El día 25 se celebró la Fiesta de la Poesía 1961 y hubo comparsa de gigantes y cabezudos, toro de fuego y verbena para acabar el 26 con una misa y responso en sufragio de los difuntos del barrio. En 1962 hubo pregón el día 23 a las 11 de la noche por las emisoras locales y a las actividades anteriores se añadió un concurso de chocolatada y la participación del cuadro de danzaris del Muthiko. En  1963 las fiestas se extendieron del 27 al 29 de septiembre, con misa cantada el 25 y pregón anunciado por las emisoras locales el 26. A las actividades típicas de años anteriores (dianas, comparsa, verbenas, misa, prueba atlética, juegos infantiles, chocolatada, danzas,  toro de fuego, etc.)  habría que añadir una  competición de carreras sobre patines. En 1964  tuvo especial importancia en el programa un destacado espectáculo pirotécnico con bombas y cohetes en la explanada del Redín, el día 27 y estuvo presente el gargantúa de Bilbao. En los años siguientes se continuó con un programa de actividades similar.

En 1967 se anunciaba, en el programa de fiestas, que el día 16 de septiembre recorrerían las calles del barrio los componentes de la sociedad Euzko Basterra con los txistularis y vestidos a la usanza del País para hacer una colecta, hubo también novenario, del 17 al 25 de septiembre, y pregón por las radios locales el día 22. El día 23, a las 12, se lanzó el tradicional chupinazo y hubo repique de campanas y a la misma hora recorrido por las calles de una banda militar así como de un grupo de txistularis. A las 8 de la tarde desfile de cabalgata con txistularis, grupo de danzas, gigantes y cabezudos, acordeonistas por las calles del barrio hasta la basílica de San Fermín de Aldapa donde se celebró una para-liturgia. Tras el acto religioso los danzaris y un doble cuarteto vocal actuaron en la plaza de San José, para acabar la jornada con la tradicional verbena en la plaza de Santa Cecilia. En el día grande hubo dianas, misa cantada por el doble cuarteto vocal con ofrenda al santo a cargo de  la sociedad Euzko Basterra, gigantes y cabezudos, campeonato de sokatira y juegos populares en la plazuela de San José, por la tarde, a las 5, juegos infantiles y bailables regionales y de 7 a 10, música popular por una banda militar en la plaza de los Corazonistas, además de la tradicional verbena. Euzko Basterra era una asociación nacida del seno de la Real Sociedad de Amigos del País y se fundó a principios de esta década, como veremos, próximamente, en alguna  entrada de este blog.

En el año 1976 se hizo cargó de la organización de las fiestas de San Fermín de Aldapa   la comisión de fiestas de la Navarrería que recuperó nuevamente los festejos y paseó de nuevo al santo por las calles del barrio. Hubo además un gran alarde de txistularis txikis. Actualmente el comienzo de las fiestas tiene lugar el viernes con el lanzamiento del txupinazo. Previamente se ha  elegido al alcalde txiki que preside los actos festivos. Se mantienen actos tradicionales como el chupinazo, la procesión, el toro de fuego, las dianas, las verbenas,  charangas, danzas, etc. El Cross de los Carrozas es una de las actividades más veteranas:  va a cumplir 37 años. Su 1ª edición se celebró en 1980. También se hacen concursos de calderetes, chistorradas y chocolatadas, cenas y comidas populares, actuaciones de dantzaris,  desfile de los gigantes y kilikis del barrio, exhibiciones de deporte rural, campeonatos de mus y de pelota, encierros txikis y otras actividades infantiles, feria de artesanía y numerosos conciertos, etc. Entre todo este montón de actos la procesión que se celebra el domingo en honor de San Fermín de Aldapa es uno de los actos centrales de las fiestas y uno de los más multitudinarios. La comitiva suele estar acompañada por la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de la ciudad, la banda municipal (La Pamplonesa) y el grupo de danzas municipal Duguna. Entre el año 2008 y el año 2014 existió un programa de actos festivos que organizaba la Comisión de Fiestas del Casco Viejo y, otro, que promovía el Ayuntamiento de Pamplona. Ya no se celebran ni encierros en septiembre ni corridas, pero sí hubo un intento con cinco encierros en 1991 (día 22 de septiembre), 1992 (19 y 20 de septiembre) y 1993 (25 y 26 de septiembre).

Las fiestas de San Fermin Txikito más recordadas fueron, no obstante, las de 1978, cuando se trasladaron a septiembre los encierros y corridas que habían quedado en Pamplona, tras la suspensión de la fiesta en julio. Ese año, después de varias reuniones de las peñas con el Ayuntamiento y la Casa de Misericordia, Pamplona recuperó parte de los sanfermines perdidos en julio los días 23, 24 y 25 de este mes, fechas que fueron declaradas por el Ayuntamiento de Pamplona, ese año, como fiestas menores. La Casa de Misericordia se comprometió a organizar las tres corridas, con sus correspondientes encierros, a pesar de que no se cumplieron las condiciones económicas que había impuesto en un principio. La Casa de Misericordia había pedido que le entregarán 13 millones de pesetas, con los que se comprometía a organizar el apartado taurino de las fiestas. A pesar de que con la venta de abonos sólo se obtuvieron poco más de  de 6 millones de pesetas el Ayuntamiento de Pamplona se comprometió  a avalar otros cuatro millones para que las fiestas se celebrasen con encierros. Por su parte las peñas llevaron a cabo una intensa campaña de venta de abonos para las corridas, apoyada por un cartel con el siguiente lema: San Fermín txikito, si tú quieres. Igualmente, el Ayuntamiento de Pamplona recuperó parte de los espectáculos populares que estaban previstos para los sanfermines de julio y que se tuvieron que suspender como consecuencia de los sucesos acaecidos el día 8. Se  confeccionó  un programa de fiestas para los días 23, 24 y 25 de este mes, similar al de los sanfermines de otros años, con un montón de actividades: verbenas, encierros, corridas, barracas, etc. Muchos recordamos aquellas fiestas como unos sanfermines grandes pero para los de casa, sin el agobio y los problemas derivados de la masificación que sigue atenazando nuestras fiestas mayores.

En 1966 y a semejanza del barrio de la Navarrería, en el burgo de San Cernin celebraron unos festejos en honor a San Saturnino, promovidos por la Sociedad Cultural Deportivo Recreativa Anaitasuna que a la sazón tenía su sede en el 1º piso del nº 35 de la calle Mayor. Lo hicieron con la colaboración de todas las sociedades y grupos deportivos del barrio: Napardi, Los Amigos del arte, Auroros, peñas como los Irunshemes, La Saeta, clubs deportivos como Aldapa, Venecia,  C.D Iruña, Judo Club de Pamplona, Federación Navarra de Pelota, el Centro Mariano, etc. Se celebraron entre el 26 y el 29 de noviembre. El cohete anunciador de las fiestas se disparó desde el balcón de la emisora Radio Popular situada en el convento de los Dominicos, seguido de repique de campanas de la Iglesia de San Saturnino y los conventos del barrio. Luego txistularis y acordeonistas recorrieron las calles. Por la tarde hubo visita a la guarderia infantil del barrio, música regional en la plaza de Santa Ana, el primer trofeo de Judo en el pabellón deportivo (¿Anaitasuna?) y de 22.30 a 1 horas, música bailable en la plaza de Santa Ana. Al día siguiente dianas con txistularis, visitas a los enfermos del barrio y Hospital Militar, exhibición motorista y exhibición de danzas en la plaza del Mercado, juegos infantiles en la plaza de Santa Ana, festival deportivo-folklórico en la plaza del Mercado y música bailable de 19 a 21.30 y de 23 a 1.00 horas, el lunes, 28 primer trofeo de Natación, música regional y bailable así como rondalla, por las calles, a cargo de Los Amigos del Arte. Y por último el día grande, el día 29, auroras, dianas, misa, partidos de pelota en el Labrit, procesión y misa solemne con la asistencia de las autoridades, exhibición del aizkolari Patxi Astibia y cuadro de danzas, almuerzo, festival deportivo-folklórico, música bailable y a las 22.00 retreta floreada por la banda militar del Regimiento de Infanterial en la plaza Consistorial, toro de fuego y música bailable. Además hubo baile de sociedad en la Asociación Los Amigos del Arte, los días 27 y 29  a las 7.30 y funciones cinematográficas en el Salón del Centro Mariano. Al año siguiente, en el programa de fiestas de 1967, el párroco de San Cernin criticaba la escasa participación de la juventud en los actos religiosos y la  excesiva prolongación de los bailables, concretamente hasta la una de la madrugada. El programa fue similar al del año anterior. El día grande tuvo como novedad una exhibición de lucha por los famosos carneros de Leiza. El resto de actividades fueron muy parecidas.

Fotos por orden de aparición (sin contar los programas festivos): Foto nº 1: Procesión de San Fermín Chiquito a su paso por la calle Mañueta (1948), Julio Cia. AMP;  Foto nº 2: Mercado de Santo Domingo. (1924). Foto postal de A. de León. Foto nº 3: Panorámica de la Cuesta del Palacio, Plazuela de los Padres Corazonistas, Capitanía General. Foto postal Vda de Rubio (Años 20-30). Foto nº 4: Portal de Francia. Años 20-30. Postal de Librería Aramburu.  Foto nº 5: Calle Navarrería. (1945). L. Roisin.  Foto nº 6: Plazuela de Santa Cecilia. Años 60-70. Ediciones Iruña. Foto nº 7: Ronda Obispo Barbazan. Finales de los años 50. Ediciones Garcia Garrabella. Foto nº 8: calle Blanca de Navarra, en su tramo final. Años 20-30. L. Roisin.  Foto nº 9: Casa de la Maternidad, tras su traslado al Hospital Provincial. (1935). Julio Cia. Foto nº 10: Fuente de Santa Cecilia antes de su traslado a la actual plaza (1903). Aquilino García Dean. Foto nº 11: Entrada principal del Palacio de Capitanía. (1933). Foto nº 12: Abside de la Catedral y Ronda del Obispo Barbazan. Años 30. L. Roisin

     

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Segunda parte.

Retomo la serie de los “comercios del Viejo Pamplona” con  la segunda parte de la calle Estafeta, recordando todos  los establecimientos que podíamos encontrar, en la primera mitad del siglo XX, en este segundo tramo de la calle, que comienza en el cruce con  la bajada de Javier y termina  en su cruce con las calles Juan de Labrit, a su izquierda, y Duque de Ahumada, a su derecha. Empezando por su lado izquierdo, donde sigue estando Casa Lange, había en torno a 1905 una tienda de chocolate que también  fabricaba, como era habitual en este tipo de establecimientos, pailas para velas de cera, y que figuraba a nombre de Herederos de Estanislao Larrosa. Más tarde en el nº 45 aparecía la firma Hidalgo y Ayestarán, con exposición y venta de automoviles, aunque ya pronto aparece por ahí Casa Lange. Tengo datada la ubicación de Casa Lange en este lugar al menos desde 1925.

Casa Lange fue fundada por Federico o Fritz Lange e inicialmente formó sociedad con Federico Standfuss al que ya nos hemos referido cuando hemos repasado los comercios de la calle Mayor (Y es que Standfuss, tras su separación de Lange, pondría un negocio  similar (de loza, porcelana y cristal y otros productos similares) en el nº 37 de la calle Mayor bajo el nombre de La Alemana. Casa Lange que ha vendido siempre un poco de todo (objetos de regalo, juguetería, bisutería, quincallería, etc), como si fuese una especie de bazar,  mantiene actualmente  buena parte de su fisonomía inicial de comercio de principios del pasado siglo, siendo regentado a partir de los años 40 por Margarita Zabala Uribe. Tanto Lange como Standfuss pertenecían al grupo de alemanes (de mas de 200) que llegó a Pamplona, procedente del Camerún en mayo de 1916. En los años 30, no obstante, en ese mismo número 45, aparece, también, una tienda de confección de señora,  la de Encarnación Alonso.

En el nº 47, donde  ha estado siempre  el centro de jubilados de la CAN estaba la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal. Esta fue su primera sede antes de que se trasladara a la esquina de Mercaderes con Chapitela en los años 20. En los años 50, en ese primer tramo, junto a Casa Lange, estaban la tienda de máquinas de coser de Ruperto Andueza, también era zapatero y la mercería de María Urriza que   vendía también géneros de punto. En los números 49 y 51 donde hoy está  el bar-restaurante-sidrería Chez Belagua estaba en los años 20, el bar y la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Fernando Lusarreta, socio en aquellos años de Serafín Oderiz, si bien en los años 30 se traslada al nº 61 de la calle donde hoy está la tienda de ropa Motufashion, ya bajo la dirección de su viuda y luego de sus hijos. El negocio perviviría hasta bien entrados los años 60. En ese lugar encontraremos a partir de esos años (años 30)  la casa de comida de Julián Indabere y desde los 40-50 la panadería-pastelería-confitería de D. Francisco Irujo Gonzalez Tablas, luego Irujo y Gascon, vamos, la Cafetería Belagua de toda la vida, aunque la propiedad de esa cafetería pastelería cambió en el año 1984, convirtiéndose en un establecimiento de hostelería. En el nº 51 estaba, en  los años 30, el pintor Sinforiano Goñi  y en los años 40 más adelante, donde está el asador Erretegia, nº 53,  estaba la churrería de Miguel Fernández Jimenez y la lechería de Pedro Ancizu Eguaras,  donde hoy está la tienda Globe Trotter (nº 55)  estaba en los años 20 la carpintería de madera para construcción de Remigio Zalba y en los 30,  en este mismo número se encontraba la cubería de  Hijos de Pezonaga y  la casa de huéspedes de Francisco Marquínez, mientras que  en los años 50 hacía lo propio el restaurante de Carlos Pascualena Gembero, regentado luego por los hermanos Elizalde.

En el nº 59 donde hoy esta la sala de juegos Estafeta teníamos en 1905 al vendedor de cal, yeso y ladrillo, Pedro Fernández, que sería relevado en los años 30 por el tonelero Isidro Pezonaga. En el nº 61, pero en un primer piso, hallábamos el celebre colegio de Gabina Ezquerro, luego de las hermanas Ezquerro, que permanecería en el lugar durante cerca de 50 años. Posteriormente, en el nº 63, donde se encuentra la carnicería Arbi  había en los años 30 una carpintería mecánica, posteriormente donde hoy hay una de las tiendas de Atanasio Echarri, estaba el tonelero Pedro Garbayo y décadas después la fontanería, hojalatería  y cristalería de Maria Cruz Archanco Udobro que vendía e instalaba además material sanitario y de calefacción.

En el nº 67, donde durante muchas décadas, al menos desde los años 60 y hasta bien entrado el siglo XXI, estuvo la tienda de Orbaiceta luego Millar Estafeta, estuvo en la primera década de siglo, la fábrica de electricidad Hidroeléctrica Franco-Española, sustituida en los años 30 por la fábrica de cupriol o sulfato básico de cobre, Sociedad Anonima de Cupriol. Desaparecida ésta, en este número encontramos, después de la guerra, la sede de Fuerzas Electricas de Navarra que producía electricidad, alquilaba los contadores de luz e instalaba, vendía y reparaba maquinaria y material eléctrico. En el nº 69, donde hoy está Chez Evaristo hallábamos, a primeros de siglo,  el bar El Moderno, regentado por Venancio Sánchez. Posteriormente aquí encontraríamos un café público con mesas de billar regentado por Macario Arguiñano Echeverría, “Los billares” hasta que el bueno de Evaristo Salinas abrió su bar Casa Evaristo a primeros de los años 60, que hace ya unos cuantos años compró José Luis Biurrun Olave cambiándole el nombre por Chez Evaristo.

En los años 20, donde se encuentra hoy el bar La Granja estaba la tienda de José Les, “La Oficina Americana” que vendía máquinas de escribir, aparatos multicopistas y accesorios; en el primer piso tenía una agencia o gestoría que se dedicaba a diversos negocios. También en este número, en los años 20,  tenía la razón social Alfredo Urra, industrial local, herrero, cerrajero, dueño de garajes, taller mecánico,  autobuses y taxis conocido porque uno de sus coches, un Clement  Bayard, es considerado como el primer coche que ejerció de taxi, como tal, en Pamplona. Fundó junto a Manuel Ros, en los años 50,  la fábrica de frenos Urra en la Rochapea. Posteriormente desde los años 30 lo podíamos encontrar en el nº 73. En los años 50 en este local del nº 71 encontrábamos ya un negocio hostelero, un café público, con mesas de billar, su dueño, Luis Desojo Sanz que lo regentó hasta finales de siglo.

En el nº 73 donde se encuentra la tienda de camisetas “Eh toro, eh” y en tiempos estuvo una de las dos tiendas del Supermercado del Cassette había en 1905 una herrería,  la de Joaquín Urricelqui, en los años 40, sin embargo encontramos aquí una tienda de alimentación, también vendía café al por mayor regentada por Joaquín Goicoechea Ichaso que permanece al menos hasta los años 60. En 1958, en el primer piso Alejando Elizari y Felisa Garcia fundaban el restaurante Josetxo que en 1985 se trasladaría a la plaza Principe de Viana. A continuación, donde hoy esta un Totos, en 1908 estaba la posada de Matilde Lazaro que en los años 20 regentó Librada Lopez. En los años 30 había una tienda de coloniales, con especialidad en jamones y chorizos dirigida por Julian Muniain que en los años 50 estaba a nombre de Eloy Ciganda Goñi, negocio familiar que continuaría años más tarde con Esteban Ciganda. En este mismo nº tuvo su razón social también en los años 30 el negocio de venta y alquiler de bicicletas de Vicente Gracia que vemos en la foto que acompaña al siguiente párrafo.

En el nº 77 donde estuvo durante los últimos años Moda Hogar Casal hubo, a primeros de siglo, una tienda que vendía aceite, vinagre y jabón al por menor, además de cereales y pupilages para caballerías, a nombre de Josefa Uriz. Posteriormente en este local ha habido un negocio de blanqueamiento de cera, en el primer piso, el taller de sastrería de Demetrio Baztán, y antes de Casal creo recordar que hubo una tienda de moda que se llamaba London. Luego venía la carbonería de Abdon Maestu Alustiza y la carnicería de Gregorio López. Yo en ese lugar he conocido la Pastelería Salcedo, en la última fase Pastelería Andueza. Para acabar este lado, antes de llegar al cruce con Tejería,  encontramos donde estuvo Casa Sixto, en el nº 81,  a lo largo de la historia, diferentes usos: a comienzos del siglo había lo que se llamaba un  bodegón, también era fábrica de gaseosa y vino, se vendía vino por decalitros, lo dirigía Miguel Goñi, luego en los años 30, Leocadio Urtasun montó un bar y casa de comidas. Recordemos que este hombre también tenía una tienda de alimentación al final del primer tramo de la calle. En los años 40-50 será Juan Artazcoz quien regente el negocio hostelero así  como  Apolonio Aquerreta lo hará en los 60.

A continuación, en el nº 83, encontramos  el reformado Casa Juanito, que en tiempos dirigía Juan Barberena y luego otro local que tanto la planta baja como la primera casi siempre tuvieron uso hostelero: y es que en el nº 85 hallamos en 1908, la posada de Cesareo Lezaun, que luego en los años 20 aparecía como La Roncalesa (Sucesor de Lezaun) con fonda y casa de huespedes. Felix Tirapu dirigíría posteriormente la fonda restaurante San Fermin en los años 40 y en los 50 lo haría Pablo Berastegui. En la primera planta en los años 60 y 70  estaba aquí el restaurante Ibarra regentado por Antonio Ibarra. Será en esos años cuando se hagan cargo del bar de la planta baja Miguel Flores y Joaquín Corral  que lo convertirán en el conocido Casa Flores, hoy El chupinazo. Posteriormente, a primeros de siglo, en el nº 87, estaban los constructores de carros y coches: Hijos de Bonifacio Labarta y Jose Bon, algunas décadas más tarde aquí aparecía Juan Sagües con venta de abonos minerales, harinas y cereales, para acabar este lado de la calle con la farmacia (también era óptica, droguería y perfumería) de Javier Navascués, en el lugar al menos desde los años 30 y posteriormente la peluquería y barbería de David Zoco.

Regresamos al cruce con la bajada de Javier, esta vez recorriendo la calle por su lado derecho. Hasta bien avanzado este lado del segundo tramo, no encontramos locales comerciales. En primer lugar se hallaba y se halla el Palacio de Goyeneche y más tarde una serie de locales desocupados, muchos de ellos almacenes de locales que daban a la plaza del Castillo y que se encontraban bajo la cota de la calle. En el nº 42, donde hoy se encuentra Regalos Olentzero, tenía su razón social, en 1905 Francisco Lorente, almacenista de carbón vegetal, en los años 50 y 60 en ese lugar estaba la carbonería de Abdón Echauri;  a continuación en un local hoy sin uso comercial encontrábamos a Rafael Zugarrondo, constructor de baules, si bien a partir de los años 20 se traslada al nº 38, donde durante mucho tiempo estuvo el Bar Las Vegas, hoy un kebab. En los  años 30, en el nº 46 estaba la sede del Pensamiento Navarro. En esos mismos años, en el nº 48, donde hoy está el Zanpa estaba la tienda de coloniales, tocinos y jamones de Jacinto Chocarro. Había que llegar hasta el nº 52, en los años 30, donde hoy está el Bodegón Sarria para encontrar otra carbonería, la de Manuel Eraso al que sucedió Eusebio Echarri. En el año 1959 se instalaría allí el bar Señorio de Sarria. En la actual Cervecería La Estafeta había en los años 50 y 60  otra carbonería, la de Vicente Goldaraz;  Donde hoy está el Hilarión  encontramos a  comienzos del siglo otro almacen de carbón, este de  Vda de Astrain si bien en los años 30 hallamos en este lugar la carpintería de Aurelio Biurrun, constructor de baúles. El actual Fitero, sito en el nº 58, ha tenido un uso hostelero desde por lo menos comienzos del siglo sino antes. En la primera década del siglo XX se encontraba allí la taberna de Felipe Oderiz, regentada posteriormente por Jacinto Chocarro, citado anteriormente, la misma taberna que años más tarde, al menos desde los años 40, regentaría Candido Ardanaz Imizcoz, bajo el nombre de Bar Prados hasta que en el año 1956 lo coge el matrimonio formado por Cesareo de Luis Diaz y Elvira Beorlegui Lacunza y lo convierten en el Bar Fitero

Acabamos este tramo y nos encontramos con la travesía Espoz y Mina. Donde hoy hay una tienda de Deportes Atanasio, en un edificio renovado de los años 60, estaba a primeros de siglo, la fonda de Carlos Maisonnave, ya Vda de Maisonnave que, posteriormente, desde los años 20 se convertiría en hotel, el Hotel Maisonnave, con entrada también por Espoz y Mina 1. Más adelante en los números 62 y 64, donde hoy está el hotel Europa hallábamos las fondas de Candido Múgica y Javier Esparza, respectivamente, si bien en los años 30 en el 64 había una tienda de alimentación, la de Francisco Alvarez que en los años 50 y 60 aparece a nombre de Carmen Saenz y más tarde la tienda de maquinas de escribir de A. Torio;  en el 66, donde hoy hay una pizzería, estaba la abacería de Silveria Larman, sustituida en los años 30 por la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Sixto San Román, que también vemos en una foto del encierro de aquellos primeros años del siglo, junto al siguiente párrafo.  De Sixto San Román  ya hablé en la entrada dedicada a los bares y tabernas de antaño. En el nº 68, donde hoy está Tecnogalery, desde finales de los 40 estaba Victor Irisarri con su tienda de confección que yo llegué a conocer hasta al menos los años 80. En el nº 70, donde hoy está LG complementos estaba desde los años 50 al menos la pescadería de Fermina Villanueva, también un establecimiento bastante longevo.

En el nº 72, donde hoy esta Friking y durante muchos años la tienda de venta de  máquinas de coser de Casimiro Santiago, estaba, desde los años 20,  la tienda de alpargatas de Juan Pérez, luego desde mediados o finales de los años 60 aparece en este lugar la tocinería de Carmelo Moreno. En el nº 74, donde  desde hace décadas se encuentra un Taberna había un barbero, Avelino se llamaba, para acabar con el último local de la calle, que hace esquina con Duque de Ahumada, el nº 76, donde desde hace ya bastantes años se encuentra la primera tienda que abrió Kukuxumusu. A primeros de siglo aquí estaba la ferretería de Angel Artola, luego Artola y Cía, con almacén de lana en los años 20, aros para cedazos y venta de herramientas, almacenista de madera y materiales para la construcción, desde los años 30. Y desde los años 40 se instaló aquí la Mercería Feli, de Felicisimo Echeverría Gomez que también recuerdo hasta finales de siglo. Un poco antes, también en el 76 aparecía la droguería-perfumería de Maura Sola.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Segundo tramo de la calle Estafeta (1927). Luis Rouzaut; Foto nº 2. Encierro del 12 de julio de 1941. Diario de Navarra;  Foto nº 3: Encierro en el segundo tramo de Estafeta. (años 30). Foto Ruperez; Foto nº 4:  Fotopostal del encierro por el 2º tramo de la Estafeta (1965). Ediciones Vaquero;  Foto nº 5:  Foto último tramo de la calle Estafeta (sin filiar);  Foto nº 6: Alpargatería de Juan Pérez, en el nº 72 de la calle Estafeta. (1954). J. Cia. AMP;  Foto nº 7: Foto postal del encierro del 8 de julio de 1914;   Foto nº 8: Foto de la peluquería Garralda. (Años 30). L. Roisin

Recuerdos sanfermineros: “Los Gigantes de Pamplona” de Fiacro Iraizoz

Hace ya algunos años, cuando hablaba de los gigantes, cité aquel poema popular que recordaba yo de mi niñez y que recordarán seguramente  los más viejos del lugar, “Los Gigantes de Pamplona”, un poema que era enfáticamente recitado año tras año, por  Don Goyo, desde los microfonos de Radio Requeté, en los programas especiales que se radiaban antes y durante las fiestas. Vista la letra hoy en día, cuarenta años después, en la época de lo politícamente correcto, algunas estrofas nos chocarían pues responden a prejuicios y visiones anticuadas  solo entendibles en su propio contexto y época, no en vano su autor, Fiacro Iraizoz Espinal, nació en Pamplona a mediados del siglo XIX, concretamente el 20 de marzo de 1860 y falleció en Madrid el 30 de enero de 1929. También choca, aunque en la dirección opuesta,  la precoz crítica política y social que se desprende de algunas de  sus estrofas, en relación a la monarquía u otros perfiles sociales y que ha ayudado en parte a que se mantenga, en cierto sentido,  a través de la tradición oral. El poemilla no tiene  gran valor literario y sólo por su raigambre en el imaginario colectivo y personal de muchos de mis convecinos, lo saco aquí a colación, en estas fechas presanfermineras.

Iraizoz vivió pocos años en su ciudad natal pasando la mayor parte de su vida en Madrid, donde destacó como autor teatral, si bien del llamado género chico pues escribió más de 40 libretos de zarzuela. De sus obras cabe recordar Cuestión de cuartos, Diente por diente (1886); Las propinas, Los molineros y La tertulia de Mateo (1887); Los callejeros y La beneficiada (1888); La corista, Madrid-Club y Los langostinos (1889); Selilla (1890); La boda del cojo (1891); La madre del cordero, El cascabel al gato, Los impresionistas y Pobres forasteros, estas dos en colaboración con Navarro Gonzalvo (1892); La mujer del molinero y Los voluntarios (1893); Viento en popa (1894); El señor corregidor, Los de Ubeda y La vuelta del vivero (1895); El barbero de Sevilla (1896); El mantón de Manila (1898); José Martín el tamborillero, La noche de la tempestad y Polvorilla (1900); Chispita o el barrio de Maravillas (1901); Patria nueva y El ramo de azahar (1903). Como libretista de zarzuela, destacan Luz verde (1899) y Lola Montes (1902), Patria nueva (1903) y Al cantar de la jota (1912), con música de Amadeo Vives, y La roncalesa, que firmó con el maestro Larregla* (1897). En 1885 fue premiado en el Certamen científico, literario y artístico de Pamplona por su poesía Un recuerdo para mi tierra. Sin embargo, su composición poética más conocida es la mencionado Los gigantes de Pamplona, dedicada a su hijo,  que publicó en Pamplona La Avalancha, en su nº 224, el 8 de julio de 1904, si bien fue firmada por primera vez el 6 de julio de 1896 y publicada en Madrid por la revista semanal de Artes y Letras “Instantaneas” en 1898. Fiacro Iraizoz fue también promotor del Monumento a los Fueros levantado en Pamplona (1903) como consecuencia de la Gamazada. De aquellos primeros años del siglo XX reproduzco, junto a este párrafo,  una bonita foto de Roldán e Hijo que data de 1912, donde vemos a nuestros veteranos gigantes bailando, como dice el poema, al son que les tocan,  acompañados del gentío.

Fotos: Nº 1: Fiacro Iraizoz Espinal. Fundación Juan March. Archivo de Carlos Fernández Shaw; Fotografía personal dedicada a Carlos Fernández Shaw. Fotos Nº 2 y 3: Reproducción del poema “Los gigantes de Pamplona” en el suplemento especial de la revista “Instantaneas”.  Revista Semanal de Artes y Letras (1898-1900). Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid. Foto nº 4. Los gigantes a su paso por la calle San Saturnino (1912). Roldán e Hijo.

Hace 50 años se plantearon suprimir el encierrillo (1967)

El 15 de junio de 1967, en la sesión del pleno del Ayuntamiento de Pamplona de aquel día, se debatió una curiosa propuesta que, afortunadamente, no prosperó. El concejal Agustín Latorre defendió una propuesta para suprimir el encierrillo de los toros, que conduce a los toros desde los Corrales del Gas hasta los de Santo Domingo. En la votación posterior votaron a favor de la supresión del acto cinco concejales, a saber, además del mencionado Latorre, Huici, Ezponda, Muez y López Cristobal. Se hacían, así,  eco de las protestas de los vecinos de la Rochapea quienes argumentaban que se les impedía el paso y por lo tanto el acceso a la ciudad durante más de hora y media, además de aludir a los consiguientes problemas de tráfico, la seguridad de los vallados, el riesgo que corrían los toros en la carrera nocturna y el que, en definitiva,  no era un espectáculo. El asunto fue tema de corrillos y tertulias ese día y el siguiente y en esta ocasión triunfó la fuerza de la tradición sobre otro tipo de consideraciones.

El encierrillo forma parte fundamental de lo que para mí es uno de los ejes centrales de nuestras  fiestas, el toro y el Encierro, el gran acto por el que nuestras fiestas son  mundialmente conocidas y realmente diferentes a cualquier otra, -al margen de celebraciones religiosas tradicionales cada vez más masivas y populares como es el caso de  la procesión de San Fermín-. Es además, una de las última reliquias  históricas taurinas que nos habla de la forma en que se conducían, siglos atrás, los toros bravos a la plazas. Hasta el siglo XIX las reses que llegaban a los festejos taurinos de Pamplona lo hacían por la zona sur y pastaban en terrenos de los sotos del Sadar y Esquiroz. Al amanecer eran guiados hasta el prado de San Roque por la zona de Fuente del Hierro y la Vuelta del Castillo y desde allí hasta la zona del recorrido del Encierro. Es a partir de 1887 cuando la manada se empieza a guardar en el pequeño baluarte de la muralla, junto al desaparecido Portal de Rochapea, en el lugar hoy conocido como los corrales de Santo Domingo. Será un suceso acaecido el 10 de julio de 1898, que provocó la desbandada de toda la manada de los toros de Concha y Sierra, el hecho que haría al Ayuntamiento tomar la decisión de sustituir el Soto del Sadar por la antigua  fábrica de gas, regentada por una firma holandesa, que había cerrado  en 1888 por la llegada de la luz eléctrica a la ciudad. A partir de 1899 se comenzó a celebrar el encierrillo tal y como lo conocemos en la actualidad. Los corrales del Gas conocieron dos reformas importantes a lo largo de su historia, la primera en 1918, en la que se construyeron todas la infraestructuras necesarias para hacerles merecedores de ser considerados unos verdaderos corrales y en 1943,  fecha en que se derribaron los restos de la antigua fábrica de gas. Los pamploneses pudimos tener la posibilidad de ver un espectáculo inédito: unos  encierrillos bastante más largos en duración y extensión y de ver a los toros  corriendo sobre el río, sobre el puente del Plazaola, ya que en 1994 el Ayuntamiento decidió habilitar unos nuevos corrales junto a la antigua fabrica de levaduras,   cerca del túnel del antiguo ferrocarril de vía estrecha, pero esos corrales nunca entrarían en funcionamiento, por lo que ese curioso espectáculo nunca lo pudimos ver. A los viejos corrales les quedaba, todavía, una década de vida.

El encierrillo no tiene hora fija, se ha estado celebrando a lo largo del tiempo  entre las 22.00 y las 22.30 horas (Balduz llegó a retrasarlos, en 1989, a las 23.00 aunque de hecho tampoco se celebraron ese año a esa hora por coincidir con los cohetes). Se hace sin corredores y en silencio, sólo les acompañan los cabestros, mientras los pastores, posicionados a lo largo del recorrido, van detrás. El recorrido del encierrillo, desde los corrales del Gas hasta los de Santo Domingo ha tenido  durante la mayor de su historia 440 metros de distancia, si bien desde 2004, con el derribo de los antiguos corrales y la construcción de los nuevos se ha quedado en poco más de 300.   Cuenta, como en el Encierro,  con su correspondiente vallado en todo el recorrido. Es evidente que, con el cambio de corrales, aparte de perder metros también se perdió parte de su encanto ya que  la carrera comienza ahora en la antigua plaza del Arriasko,  al no existir  la antigua y estrecha Calleja de los Toros.  El acto, pese a todo,  mantiene todavía cierta mística, seguramente por ese oscuro silencio y la bella estampa de los toros corriendo bajo la luz de la luna y las farolas de la Cuesta, junto a las murallas del Paseo de Ronda. Dos toques de cornetín indican, el primero, que el corral de Santo Domingo está libre, el segundo, a cargo de un guardia en el puente de la Rochapea, que la subida a los corrales está despejada. El acto termina cuando un agente confirma que las reses han entrado en los corrales. Se facilitan pases para verlo por parte del Ayuntamiento aunque son muy escasos y difícil de conseguir. Está prohibido tomar fotos con flash o hacer ruido y su duración suele estar en torno al minuto. Según el historiador de las fiestas, Luis del Campo, hubo toros que se escaparon en el acto del encierrillo en los años 1917, 1922 y 1951. En los dos primeros casos (1917 y 1922) los toros saltaron el pretil de piedra y huyeron hacia la zona del Molino Viejo, siendo recuperados a las 6 de la mañana, a la hora del encierro, entonces, en el primer caso,  y a la 1 de la madrugada en el segundo. El tercero rompió un tramo del vallado de la antigua plaza del Matadero o Arriasko, sembrando el pánico entre el público asistente.

Fotos: Nº 2: @Eltresjuncos.instagram, Nº3: sanfermin.espaciohemnigway.com

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Primera Parte.

Retomo una serie muy bien acogida por los lectores de este blog que es la de los “Comercios del Viejo Pamplona”. En esta ocasión me acerco a nuestra calle más internacional, la calle de la Estafeta que, dada su extensión, dividiré en dos partes, la primera parte llegará hasta el cruce con la bajada de Javier, una zona que siempre tuvo mayor  peso comercial que la segunda. En la segunda entrada, partiré de este cruce para llegar hasta su confluencia con Duque de Ahumada, donde encontramos un significativo número de establecimientos hosteleros, salpicados entre algunas pequeñas tiendas, aunque quizás no había entonces tantos bares  como  ahora.  La Estafeta es la tercera calle más larga del Casco, después de Nueva y Mayor, con  algo más de 300 metros de longitud, en los que encontraremos en torno a 89 establecimientos de diferente tipo. Como en entradas anteriores haremos retroceder la imaginaria moviola del tiempo y nos situaremos en las postrimerías del siglo XX, al principio de la calle. Si mirásemos a la izquierda de la calle, veríamos la fábrica y tienda de chocolate de Tiburcio Guerendiáin, que como el resto de este tipo de tiendas también hacían pailas  y blanqueaban la cera (de hecho  ahí tenía su sede la Sociedad de Cereros), si, ahí donde lo oyen, para mí ha sido una sorpresa, pues he identificado siempre el apellido Guerendiáin con otro tipo de actividades, si bien es cierto que ya para entonces también se dedicaba a la venta de materiales de construcción (cal, yeso, ladrillo, asfaltos, baldosas, azulejos, etc). El negocio de los chocolates no se prolongaría demasiado en el tiempo ya que para los años 20 Guerendiáin ya se había centrado única y exclusivamente en el negocio de los materiales para la construcción incorporando a su catálogo de productos aparatos sanitarios, venta de piedra artificial, tubería de gres, etc.

Es, al menos desde los primeros años 50, cuando aparece como titular Pio Guerendiáin Vitoria que se especializa, sobre todo, en la venta e instalación de material sanitario, aunque sin dejar la venta e instalación de materiales para la construcción, a continuación de Tiburcio  Guerendiáin había en los años 20 una tienda de frutas y verduras y, luego, desde finales de los 40, la tienda de Alimentación de Elía Hermanos, -yo la recuerdo por lo menos hasta los años 8-0, hasta que se hizo cargo de la tienda, -la cogió en traspaso-, Sulpicia Delgado que la convertiría en Alimentación Sulpi, hasta hace unos cuantos años, en que se jubiló. Hoy este y el anterior negocio se han convertido en un supermercado  Carrefour. A continuación estaba, a primeros de siglo, la barbería Mendivil que se mantendría en el lugar hasta  los años 40. Posteriormente se ubicaría aquí una tienda de frutas y verduras de Eustaquio Elizalde y tras la guerra la relojería de Jesús Redín Ladrón de Guevara y posteriormente de su hijo José Javier, bueno, sobre todo era un taller de relojería.  En 1965 coge el negocio Ignacio Ancín que lo convierte en Relojería Ancín, negocio que se mantendría en el lugar, regentada durante la última década y media por la segunda generación, encarnada por Sara Ancín que estaría en este lugar hasta diciembre de 2014 en que se traslada al nº 4 de la calle Zapatería. Es probable que la  numeración de entonces no coincida exactamente con la actual porque según mis fuentes en estos primeros números impares de la calle debió estar la mercería de Angeles Salcedo  durante los años 50 y 60 y la carnicería Arrastia.

Pero prosigamos, a continuación, en el nº 5, donde hoy está el Churrero de Lerín estaría, en los años 20, una tienda de frutas y verduras regentada por Josefa Ladrón de Guevara, ¿sería familia de Redín, el relojero antes citado, dada la coincidencia de apellidos?, que tras la guerra regenta  Evaristo Osteriz como tienda de alimentación. En los años 60 en este local estaba la zapatería (venta de calzado fino) de Jenara Companius,   yo ahí he conocido  Calzados Galdeano. Luego había, a primeros de siglo, una taberna regentada por Josefa Zabalza que, en los años 20, se convertiría, de la mano de Agustín Idoate,  en una tienda de venta de vinos y licores al por menor.   Más tarde en los  años 50  la carnicería de Narciso Iriguibel, donde hoy esta  Zaika y a su lado, a partir de 1938, Juan Zarranz Bermejo instalaría una mercería, más tarde  tienda de ropa mujer, que regentaría luego su hijo Miguel y hoy la tercera generación encarnada por Irene Zarranz, la foto de su local que acompaño, (la mayoría de las fotos son de encierros sanfermineros) es de finales de los 50 o primeros 60;  posteriormente a comienzos del siglo estaba la platería de Gregorio Carrasquilla, que también tenía taller de joyería, -en los años 50 todavía estaba en activo, con Jesús Carrasquilla de titular- y que también aparece en la foto. Posteriormente, en el nº 13 había a primeros de siglo un herrero y cerrajero de apellido Juango. Desde al menos los años 20, en los  nº 15-17, donde hoy esta Cuchillería Gomez y un chino estaba la tintorería de José Ferrer que permanece en el lugar hasta finales de los años 50 que la coge Gomez para poner ahí su tienda de souvenirs y regalos. Luego en los años 60 en el 17 estuvo la tienda textil de José Orte. En el nº 19, donde hoy está Foto Leache,  estaba en 1908 la abacería de Manuel Añezcar, al que seguiría en el negocio Segunda Landa, hasta que, a finales de los 20, se instaló  el establecimiento de cámaras frigoríficas “La Polar”, que dió paso a finales de los 40 a la lechería de Atanasio Ezcurra Oscoz.

A continuación, en el nº 21,  donde hoy se encuentra  Gurgur y en tiempos La casa del Bacalao estaba la tienda de coloniales de los Garayoa, primero de Luciano y luego de Esteban. Esta tienda sería una tienda de alimentación desde los años 30 a los 60, por lo menos. Posteriormente, donde hoy está Sabai y anteriormente Lanas Kuska, en 1908 había un vendedor de vinos por decalitros (Silvestre Sánchez), un par de décadas después la carpintería mecánica de Valentín Goicoechea y más tarde Leoncio y Cía que pintaba muebles y automoviles (antes estuvo en el nº 9). Donde hoy está Tejidos Rodrigo que ocupa los números 25, 27 y 29, a principios de siglo estaban el hojalatero Goicoechea, luego Sucesores de Goicoechea, -representante de Isaac Urzay-, que se dedicaba a la instalación de calefacciones  aunque también lo he visto como lampistería en el nº 11, antes de que llegase Juan Zarranz a la zona; en el 27 aparecía una platería a nombre de Aquilino Garcia Dean. Resulta sorprendente este hecho porque este personaje, del que hemos recogido alguna fotografía en este blog, era un fotógrafo no profesional, un autodidacta, que trabajaba en el Ayuntamiento, llegó a ser concejal y buena parte de su producción, (que va de 1885 a 1940), sobre las calles, rincones y barrios de la ciudad,  permanece extraviada o no documentada. Y en el nº 29, en lo años 20, estaba la barbería de Saturnino Aventino. Ya desde los años 30 está documentada la presencia en este lugar de la fabrica de hielo de Pilar Apart. Posteriormente aparece como titular Julio Soto Perez con la misma actividad, fabrica de hielo y también de cerveza, creo que era “Cervezas El León”, la actividad se mantendría con el y/o sus herederos hasta finales de los años 60. Junto a ella estaba la droguería Huarte. En 1971, se instala en estos números, como ya he señalado,  Tejidos Rodrigo.

En el lugar donde hasta hace un par de años estuvo Colecciones Iruña estuvo al comenzar el siglo XX, la imprenta de Erice y García. Como otras imprentas también era papelería, vendía libros y objetos de escritorio. Posteriormente la imprenta se quedaría en manos de Jesús García, mientras los Erice se centraban en una academia de enseñanza, en el 1º piso del nº 33 de la calle. Me acuerdo que mi hermano estudió tras el bachillerato en el Ximenez contabilidad en esta academia fundada por Candido Erice.  En los años 50 la imprenta García estaba a nombre de Pedro García Anoz. La actividad se mantendría, al menos, hasta finales de los 60 y primeros 70, también con la actividad de librería y venta de objetos de escritorio. En sus locales se imprimió   hasta su cierre, en 1932, el periódico,  La Tradición Navarra. En el primer piso y justo al lado,  en esos años estaba el Circulo Integrista, tal y como vemos en la foto adjunta, con unas dependencias similares a las del resto de sociedades y casinos de la época. En los años 50 estaba en el lugar la platería  de Esteban García que anteriormente, en los años 20, estuvo en el nº 27 de la calle. En el nº 35, también desde temprana fecha, final de la segunda década, encontrábamos la tintorería de Rafael Ferrer Galdeano, que permanece en el lugar hasta los años 60. A continuación venía un establecimiento muy conocido, todo un clásico, como es hoy el de las Pastas Beatriz en la calle, la pastelería y confitería de Sinforiano Salcedo, posteriormente Hijos de Salcedo, fueron muy famosas sus coronillas, cuya fachada vemos en una foto junto a este párrafo y que permaneció en el lugar hasta por lo menos finales de los 60 y primeros 70. Como quiera que a lo largo del tiempo ha habido baile de números, por segregación o anexión de locales, creo que no siempre fue el 37, yo he visto el local por dentro, cuando el propietario era el dueño de Windsor (lo utilizaba como almacén)  y se correspondía con el nº 35, al menos el obrador, donde hoy está la casa de apuestas deportivas Reta. A continuación, en el 39,   en 1908 estaba la barbería de los Moratel, por lo menos estuvo hasta los primeros años 50, primero con Benito, luego con Norberto y posteriormente desde los años 50 la bisutería y taller de joyería de José Luis Goñi, todavía en el lugar. En el 41 estaba y está, creo que data de primeros de siglo,- el Mesón Pirineo,  regentado a mediados de siglo por Antonio Zabaleta Monreal. Tras este bar y terminando este tramo de calle hubo durante buena parte del siglo diferentes tiendas de alimentación. En 1908 estaba Elias Gamazo, luego, desde los años 20, Matea Cenoz; en los años 50 aparecía como titular Leocadio Urtasun que a la sazón regentaba un establecimiento hostelero en el nº 81 de la calle donde luego estuvo  Casa Sixto,  actual Cocotte. La foto del encierro nos muestra el insólito montón formado junto a la tienda de Urtasun el 7 de julio de 1960, afortunadamente solo hubo heridos en este encierro protagonizado por los Pablo Romero.

Regresamos al principio de la calle, en su confluencia con Mercaderes. En el nº 2, donde hoy está el Come, Come estaba, a principio de siglo, la fabrica de corte y calzados, curtidos al por mayor y al por menor de Rufino Ayestarán. Al principio de los años 50 aparece como razón social Almacén de Curtidos de Alejandro Ayestarán si bien enseguida, en fotos de 1956, (vease la anterior entrada del blog), en su lugar puedo observar que estaban  Los Zamoranos y tras ellos, también en el nº 2,  estaba la relojería de José Antonio Olangua.  A continuación, en 1908,  estaba la tienda de cristal, loza y porcelana de Domingo Llorente, regentado luego por Blanca Llorente Aiciondo. También instalaban vendían y reparaban maquinaria y material eléctrico. Su  nombre comercial era, como vemos en el anuncio anexo, “El Buen Gusto” y vendía también objetos de regalo. En este primer tramo compruebo que hay una droguería, regentada por Saturnino Goñi, aparentemente en el nº 4, pero no logro ubicarla porque también aquí hay un baile de números. En 1908, en el nº 6  se ubicaba el tapicero Anastasio Martinez que, tras la guerra, reconvierte el negocio y empieza a dedicarse a la construcción y enmarcación de  cuadros, negocio que en 1960 traspasará  a Amado Mendoza, cuyos  herederos lo dirigen  en la actualidad. En el nº 8, que hoy ocupa también Amado Mendoza, había  en 1908  también un ebanista y tapicero, bajo el nombre de Herederos de Oñate, si bien, en los años 20, encontramos en ese lugar lugar a un tal Francisco Vicente que al oficio anterior de tapicero  sumaba  también  la construcción de cuadros. En los años 30  este hombre aparece en el nº 10 ya solo como constructor de cuadros, mientras que en el nº 8 hay una tienda de alimentación, siendo relevado en los años 50 por Eugenia Marco Zabaleta que continua su actividad en los años 60. Imagino que se corresponde con el negocio que conocemos como Cuadros Huici. Y seguimos con cuadros, por lo que se ve, estaban casi todos seguidos. En el nº 12 donde está actualmente Honestus y donde, desde 1979 estuvo la tienda de discos Digital figuraba el carpintero y ebanistero, más tarde constructor de cuadros,  Mauricio Arbizu Galdeano que mantuvo  la actividad desde principios de siglo hasta finales de los años 50. Lo sustituyó, en los años 60, la tienda de venta de aparatos eléctricos Ordex S.A. En los años 20, donde durante muchos años ha estado Cachito y luego una tienda de Desigual, estuvo la sillería de Manuel Ortiz que tendría una prolongada existencia,  hasta los años 60, luego venía la carnicería de Demetrio Aranguren (años 30) que en los años 60 sería la droguería de Maura Sola (Perfumería Remon). A continuación en el nº 18, donde desde 1943 y hasta 2000 estuvo la Gran Cuchillería Gomez que pasó ese año al nº 15 de la calle y que regenta actualmente la tercera generación, en el local donde hoy se encuentra una de las Heladerías Larramendi estuvo desde primeros de siglo el carpintero Angel Zabalo y posteriormente una hojalatería.

A continuación, donde hoy está Aromas y más. en 1908 estuvo la horchatería, chufería y alogeria de Victoriano Moreno. Posteriormente, después de la guerra  hubo allí una tienda de venta de loza, porcelana y cristal, Vda de L. Capitán, abierta hasta, al menos, finales de los años 60. Veamos ahora la historia del local donde está Pastas Beatriz. Desde comienzos del siglo hasta 1922 fue la carpintería de Esteban Osacar, luego desde esa fecha estuvo la fabrica y tienda de chocolate de José Larrea, también vendían velas de cera, después fue simplemente una tienda de ultramarinos, cuya propietaria se llamaba Regina González Vicente, hasta 1969,  en que  cogen el negocio Pablo Sarandi y su mujer Beatriz, convirtiéndola en una tienda de pastas. Al comenzar la década de los 90, dejan la tienda en manos de las hermanas Gómez Tellechea que son las que la regentan, y  con un enorme éxito, la tienda en la actualidad. Tras este establecimiento nos encontrábamos entonces con la pared trasera del hotel La Perla, -hoy está la entrada al restaurante La Cocina de Alex Múgica-, saltando, pues, la numeración desde el nº 22 hasta el nº 28 de la calle donde durante varias décadas, al menos desde los años 40, estuvo Bodegas Ibañez,  de Ibañez Hermanos, con venta de todo tipo de licores, almacenistas de vinos, etc. En el nº 32 donde hoy aparece Windsor Tavern estuvo el Navarro, un conocido bar de comienzos de siglo, regentado por  Nicomedes Paz. En este número también aparece, en los años 20, la dirección de Serafín Oderiz, el de Gaseosas Oderiz  que abrió su fábrica aquí antes de su traslado al Ensanche y más tarde a la avenida de Guipúzcoa, y  en los años 50 se encuentra en ese número el establecimiento Electri-Cinema de Julio Soto, el de Cervezas El León, con una tienda de aparatos de radio. A continuación en 1908, donde hoy está Elektra estaba la carnicería de Canuto Ochoa y, desde finales de los 40, la tienda de Carmelo Gortari, vendía aparatos de radio, y luego de televisión y otros electrodomésticos. Posteriormente, desde los años cincuenta, en el nº 36 encontrábamos  la relojería de José Antonio de Cia, seguida, desde 1943 por la librería de Benito Echarte, con compra y venta de libros usados y tras de ella, la zapatería de Alejandro Cavero Velasco.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Primer tramo de la calle Estafeta (1922). Luis Rouzaut, Foto nº 2: Encierro en la curva de la Estafeta. (años 40). Paco Mari. Fondo Marin. Kutxateka. Foto nº 3, Encierro sanferminero por la Estafeta. (1962). Sin filiar. Foto nº 4: encierro por la Estafeta. Paco Mari. 1961. Fondo Marin. Kutxateka, Foto nº 5: Pastelería Salcedo (1919). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 6: Paseo por la calle Estafeta (1917), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 7: Montón el 7 de julio de 1960 cerca del cruce con la bajada de Javier. Sin filiar , Foto nº 8: encierro sanferminero años 50 , Foto nº 9: Edificio que corresponde al nº 12 de la calle Estafeta. (1932). Galle. AMP, Foto nº 10: encierro sanferminero años 50.

Los sanfermines de la postguerra (1940-1959)

Continuo con la serie de entradas dedicadas a repasar los sanfermines del pasado siglo, si bien aderezada por algunas notas historiográficas, si no políticas pues poca política podía haber en aquellos tiempos grises del franquismo,   si urbanísticas. Ilustro la entrada con abundante material gráfico, si bien 17 de las 26 fotografías pertenecen al fotógrafo tudelano afincado en San Sebastián, Pascual Marin, tal y como sucediera en la anterior entrada de la serie sanferminera. Tras la guerra civil, el nuevo régimen trajo a la ya de por sí muy conservadora Pamplona, un férreo control de la moral y “de las buenas costumbres” y a este nuevo orden y moral no fueron ajenos los sanfermines. En el bando de las fiestas de  1940, al igual que había sucedido en décadas anteriores se prohibía y cito textualmente “el uso de trajes o prendas que convirtiesen las fiestas en mascarada, …dar gritos o tocar instrumentos…. desde la una a las cinco y media de la madrugada o…circular abrazados por las calles y paseos personas de ambos sexos o hacerlo, en todo caso, en forma descompuesta”. En 1952 se añadía en el bando la prohibición del “acompañamiento o la incorporación del elemento femenino a las cuadrillas de mozos durante su recorrido por las calles”. Encabezan este párrafo sendas fotografías, la primera con el concejal de Fomento, Joaquín Ilundain prendiendo la mecha del chupinazo de 1943 y la segunda con los mozos en la plaza consistorial, en los sanfermines de 1946.

Pamplona era en aquellos años, al finalizar la guerra civil, una ciudad provinciana, que  continuaba creciendo hacia el sur con el desarrollo de la segunda fase del ensanche, la mayor parte de la zona existente más allá de la carretera de Francia estaba sin urbanizar, aunque los edificios que se construírían, salvo contadas excepciones, no tendrían ya el empaque y la calidad arquitectónica de antes de la guerra y es que la contienda civil trajo consigo una enorme carencia de recursos y materiales en todos los ordenes, también en el ámbito de la construcción. Eran los  años de la escasez y las  cartillas de racionamiento. Las manifestaciones religiosas que habían tenido cierta contención en la calle, al menos durante la República,  por el laicismo del régimen,  llenaban ahora un día si y otro también, por cualquier motivo, las calles, (misas de campaña, procesiones, homenajes y otros actos religiosos: en 1946 se celebraba un gran congreso eucarístico y se coronaba a Santa María La Real) e igualmente se sucedían con cierta frecuencia actividades de las diferentes secciones del régimen (del frente de juventudes o de la sección femenina) o incluso se producían algunos  acontecimientos  como la visita de Franco a Pamplona en 1952 para proceder a las inauguraciones  del Monumento a los Caidos (empezado a construir en 1948), la parroquia de San Francisco Javier (se conmemoraba ese año el IV centenario de la muerte de San Francisco Javier, recibiendo la ciudad las presuntas reliquias del santo) o  las nuevas construcciones del patronato que llevaba su nombre en el barrio de la Chantrea (iniciado en 1950). La presencia de los militares, que eran parte del paisaje de la ciudad como plaza fuerte, llegaba incluso a las fiestas con sus bandas de música, en el chupinazo y en otros momentos de la fiesta, yo recuerdo haberlos visto en la calle cuando era niño. El 6 de julio de 1954 se llegaron a concentrar  ocho bandas militares  que desfilaron por las calles y se concentraron luego, a las 10 de la noche, en la plaza del Castillo. Salvo la insólita huelga de 1951,  la Pamplona  de estos años poco tiene que ver con la que Pamplona conflictiva y reivindicativa que conoceríamos en los años 60 y 70. En estos casi 20 años, que van desde el fin de la guerra hasta 1960, fueron muchos los cambios que experimentó la ciudad y que modificaron radicalmente su fisonomía. El plan de industrialización promovido por el Ayuntamiento y la Diputación desde mediados de los años 50 trajeron consigo un aumento de la población, procedente tanto del agro navarro como desde otras comunidades,  y un irrefrenable  desarrollo urbanístico: se terminó la construcción del segundo ensanche,  nacieron o se desarrollaron nuevos núcleos poblacionales en la Chantrea o la Rochapea y se comenzó a diseñar el llamado tercer ensanche de Pamplona que incluía los nuevos barrios de San Juan e Iturrama. Acompañan a este párrafos sendas fotografías de los años 40, la primera de 1946, con el fotografo Paco Marí Blanco y otros compañeros en la plaza del Ayuntamiento, subidos a un vehículo y la segunda, de esta misma década, con los gigantes desfilando por la Cuesta de Labrit.

Pero empecemos a recordar algunas cosas de aquellos sanfermines de la postguerra. En el año 1940, el concejal Joaquín Ilundain lanzaba, por segundo año consecutivo,  el chupinazo en la plaza del castillo, aunque no tenía carácter de acto oficial y ni siquiera aparecía en el programa de fiestas. Generalmente el chupinazo lo lanzaba el primer teniente de alcalde, presidente de la Comisión de Fomento, luego de Festejos, salvo en un algún caso excepcional como cuando lo lanzó  el ministro de Información y Turismo Manuel Fraga, en el año 1964.  Las fiestas daban inicio con el repique de campanas y el disparo de cohetes desde distintos puntos de la ciudad. Será a partir de 1941 cuando Joaquín Ilundain, al grito de Viva San Fermin tire el chupinazo desde el balcón de la plaza consistorial,  una plaza consistorial que sufriría la primera de sus modificaciones al derribarse  ese año un edificio en el paso hacia la calle Nueva, una plaza que comenzaba a llenarse de público aunque desde luego no tan llena como lo estaría luego y desde luego muy lejos del abarrotamiento actual.  En 1943, año que plasma, la primera de las fotos que encabeza la entrada, se quiso incorporar al chupinazo la lectura de un pregón  pero esta costumbre duró apenas dos años pues ya en 1945 dejó de hacerse. Tras la lectura del pregón y  los vivas de rigor  a Pamplona y a San Fermin, se lanzaba el chupinazo, al que le seguía el  repique de campanas y el disparo de más cohetes tanto desde la plaza consistorial como desde la cercana plaza del castillo. La moda de descorchar botellas, sobre todo de champan, se iniciaría  a finales de los 50 y primeros 60  y fue  a partir de esta segunda fecha cuando se empezó a masificar de verdad el acto. Acompañan a este párrafo, a la izquierda, sendas fotografías de un encierro de 1946, obra de Pascual Marín y a la derecha una foto de la subida de los toros por el tramo final de Cuesta de Santo Domingo, en su desembocadura en la plaza consistorial, y datada entre 1945 y 1949.

La primera retransmisión radiofónica en directo del chupinazo  se produjo en el año  1947, de la mano de Radio Requeté, que era la única emisora que existía en la ciudad, -lo sería hasta la aparición de La Voz de Navarra en 1956-. Un año antes, en 1946 se había derribado el segundo edificio que cerraba la plaza consistorial hacia la calle Nueva y se habían desmontado las últimas vías del Irati que atravesaban el núcleo urbano. El Irati se trasladaría a comienzos de los 50 a la nueva estación de Conde Oliveto cambiando,  además, su recorrido desde Villava, por la vía del Plazaola,  hasta El Empalme. Tras el chupinazo salían diferentes bandas de música, los gaiteros y txistularis (la banda municipal de gaiteros y txistularis se inauguró en 1942), la Pamplonesa, bandas militares y la banda del maestro Bravo. Por la tarde el Riau Riau proseguía con su tradicional naturaleza, los mozos seguían haciendo lo posible para entorpecer el paso de la corporación, a pesar de las recriminaciones de la prensa de la época.  En este período Pamplona conocería lo siguientes  alcaldes: José Garrán (abril 1940-agosto 1941), Juan Echandi (agosto 1941-Octubre 1942), Antonio Archanco (octubre 1942-diciembre 1944), Daniel Nagore (diciembre 1944-noviembre 1946) y José Iruretagoyena (noviembre 1946-octubre 1947). Acompañan al párrafo fotos de 1946 (los gigantes enfrente de la iglesia de San Lorenzo) y del montón del 7 de julio de 1945.

Las actividades sanfermineras no habían variado demasiado, si las compramos con las que se celebraban antes de la guerra: el encierro se iniciaba a las 7 de la mañana  si bien en 1943 se modificó su horario retrasándose a las 8.   Y lo mismo paso con el horario de las corridas que pasaron de las  5,30  a las 6.30 en el año 1942. Aunque en 1947 parece que se volvió al horario anterior. Como antes de la guerra se seguían proyectando películas al aire libre en la plaza del Vinculo, (luego de la Argentina), se hizo desde 1936 a 1949, antes, hasta 1934  se proyectaban en la plaza del castillo. Tras la plaza del Vinculo el cine recorrería las plazas de Compañía (1950), Santo Domingo (1951) y San Francisco (1952-1959).  Las barracas seguían colocándose en las inmediaciones de la calle Madre Moret, en el Primer Ensanche de Pamplona y lo haría hasta 1945, año en que el inicio de la remodelación urbanística de esa zona (se empezaron a construir las casas de los militares y el estadio Mola) y que les obligó a trasladarse a la parte alta de Carlos III; en 1947 las barracas se instalarían en el Rincón de la Aduana; A pesar del cambio socio-político las fiestas seguían manteniendo su idiosincrasia: los gigantes y kilikis seguían atrayendo, como siempre, la atención de los más txikis, la música y la fiesta se vivía en la calle gracias a las diferentes bandas de música y a las emergentes peñas que poco a poco iban naciendo en la ciudad: Entre las peñas que salían a la calle durante los primeros años 40  estaban el Muthiko Alaiak (con locales  en la calle Mayor aunque luego se trasladarían a la calle San Francisco), La Unica, El Bullicio, La Jarana (nacía en 1940), Oberena (surgió en 1941, inicialmente con sede en el nº 40 de la calle Zapatería y más tarde en el nº 3 de San Antón, aunque en los sanfermines desde los años 50 utilizarían el frontón Labrit como sede social),  y otras menos conocidas como Los Iruñako (con sede en el nº 58 de la calle San Gregorio),  Amaikak bat, La chabola, El huevo (algunos dicen que fue el precedente de la Jarana) o El caldico. Se cantaban en aquellos años canciones como “Uno de enero”, “Nos han dejau solos” además del eterno sonsonete del Riau Riau. las fotos del encierro que acompañan  a este párrafo (de Mercaderes y Estafeta) son de la década de los 50.

Los fuegos artificiales en la plaza del Castillo a las 10.30 de la noche, conciertos en la Taconera, obras de teatro en el Gayarre y en el Olimpia, fiestas privadas de sociedad en el Nuevo Casino, Casino Eslava, Larraina y Tenis, el ferial del ganado, competiciones deportivas como la Travesía del Arga (prueba de natación organizada por el SEU), pruebas hípicas, tiro al pichón  o la pelota en el Euskal Jai, algún festival folklórico, certámenes de pintura, fotografía o escaparates sanfermineros, exposiciones, marionetas en la plaza de San José  y la procesión de San Fermín completaban las actividades sanfermineras de esos años. Lejos quedaba todavía el boom turístico de los años 60 pero a tenor de las crónicas de la época, el turismo iba cada año en aumento, sobre todo procedente de las comunidades más próximas. A finales de la década de los 40 comenzaron a hacerse más visibles los turistas extranjeros. Fueron muchos los jerarcas del régimen (militares, ministros, subsecretarios, etc)  que visitaron las fiestas estos años, entre los que cabe destacar al teniente general Queipo de Llano en el año 1946, además de embajadores, sobre todo de países sudamericanos. Quisiera referirme a  un acto del que hasta ahora no había hablado: el Pobre de Mi. El origen del Pobre de mí   se remonta a los años 20 , cuando el pintor pamplonés Julian Valencia y unos amigos, haciendo una broma, aparecieron en la calle San Nicolás con velas encendidas en las manos y formando una comitiva procesional, recorrieron  las calles de la parte vieja entonando: “Pobre de mí, pobre de mí, que se han pasado las fiestas sin divertir”.  Durante la República  muchos mozos modificaron la letra y cantaban: “Pobre San Fermín, Pobre San Fermín hoy a media noche será tu fin” que dado el ambiente anticlerical de aquellos años daba lugar a diferentes lecturas o interpretaciones. En 1942 la prensa hacia un llamamiento para eliminar este acto que consideraban irreverente. Parece ser que la peña “Los de siempre”, algunos de cuyos integrantes vemos en la fotografía que acompaña este párrafo,  una peña formada por navarros residentes en San Sebastián,  habían mantenido durante los últimos años dicha tradición. Contrariamente a lo que se pueda pensar hoy en día en esta época y sobre todo a finales de los 50 y 60 pocos eran los que vestían de blanco, los miembros de las peñas y poco más.

En 1943 se recuperaba la tradición del toro de fuego,  orientado a un público infantil, que podía estar entre los 8 y los 12 años,  y que recorría el tradicional itinerario que conocí en mi niñez, empezaba en la Plaza Consistorial, recorría Blanca de Navarra, Estafeta, Espoz y Mina y terminaba en la Plaza del Castillo.También ese año, y más concretamente el 6 de julio, se inauguraba el nuevo kiosko de la plaza del Castillo que es el que conocemos hoy en día. Lo hemos visto en alguna foto de la plaza del Castillo, enfrente del Café Iruña se colocaba,  una semana antes  de las fiestas, una caseta donde se vendía el programa de fiestas y a partir del día 5 de julio las entradas de las corridas de la Feria. En 1945, promovida por el Secretariado Diocesano de la Caridad,  se instalaba por primera vez la Tómbola de Caritas, como ya señalé en la entrada monográfica dedicada a esta venerable institución. Entre los premios más importantes de aquellos años estuvo el sorteo de un  chalet en la Media Luna en el año 1948. En 1948  se inauguraban también el nuevo Mercado del Ensanche y los  baños públicos de la calle Tafalla. La Estación del Plazaola se trasladaba desde la carretera Zaragoza a la nueva estación de Conde Oliveto, construida en 1945. Durante el resto del año, los jóvenes pamploneses se divertían acudiendo al cine, a la media docena de salas de cine que había a finales de los 40 (Gayarre, Olimpia, Príncipe, Avenida, Novedades, y Alcazar…) o yendo ver al Osasuna en el campo de San Juan. A lo largo de los 50 y 60 se irían construyendo nuevos cines en los crecientes y populosos barrios del norte de la ciudad (Amaya (1951), Chantrea (1956), etc). Las fotos que acompañan a este párrafo son de 1942, la de la izquierda (en la plaza del Castillo) y de 1943, la de la derecha (encierro a su paso por la calle Mercaderes)

En 1950 Pamplona contaba con 71.000 habitantes. Los sanfermines de 1950 comenzaron con la inauguración del Monumento a Gayarre el día 5. Serían los primeros sanfermines que no contarían la presencia del gran charlatán y vendedor León Salvador, todo un personaje que había acudido ininterrumpidamente a las fiestas de Pamplona durante 60 años, concretamente desde 1891. Había fallecido a los 78 años cuando preparaba la feria de Bilbao. Este año el Ayuntamiento editó miles de tarjetas postales como la que vemos a la derecha de este párrafo y que el consistorio ofreció al comercio local para que lo utilizasen como reclamo  publicitario. Sin ir más lejos yo he visto esta misma tarjeta postal en algún archivo personal con la publicidad de Ayestarán. Los gigantes estrenaban trajes y a las peñas citadas anteriormente se habían sumado en  1948 la peña Anaitasuna y en 1949 la peña   Los del Bronce, que nada tenía con la que con el mismo nombre animó las calles durante algunos años (1900-1904)  al comienzo del siglo y en 1950 el Irrintzi. Así pues a mediados de la  década de los 50 eran diez las principales peñas sanfermineras: Oberena, Irrintzi, El Bullicio, La Jarana, Muthiko Alaiak, Anaitasuna, Los de Bronce, La Unica, Alegría de Iruña (1953) y La Saeta. En 1956 se uniría a estas peñas  la Armonía Chantreana y dos años más tarde la peña Aldapa.   En 1950 Pamplona inauguraba su Portal Nuevo, obra de Victor Eusa. Se construía el monumento a San Ignacio de Loyola y se realizaba la primera ordenación del transporte urbano de Pamplona. En 1951 se hacían obras en la fachada de la Diputación Foral,  incorporándose  el escudo de Navarra con la laureada entre dos figuras de apariencia clásica que hace poco tiempo que se han suprimido. Se derribaba el famoso olmo de la Taconera, el árbol del cuco,  junto a la iglesia de San Lorenzo.  En Mayo, se produjeron las famosas manifestaciones contra el alza de los precios. Protestaron un gran número de mujeres en la plaza del Mercado del Ensanche y les apoyaron sus maridos e hijos trabajadores. En noviembre de 1951 se comenzaba a derribar el viejo edificio de la Casa Consistorial.

1952 sería por ello  un año especial para las fiestas de Pamplona. El chupinazo se tuvo que realizar desde el edificio de la Escuela de Artes y Oficios, situada en la plaza de la Argentina pues en la plaza consistorial, del edificio del Ayuntamiento, salvo la fachada, ya nada quedaba, se había derribado todo lo demás. A falta de otra referencia para lanzar el cohete,  se utilizaron como referencia las campanadas de la Iglesia de San Nicolás. Ese año el Riau Riau recorrió las calles Vinculo, atravesó el Paseo de Sarasate y se adentró por la calle San Miguel y Eslava hasta la calle Mayor. El recorrido duró 45 minutos, ¡que diferencia con las 4 horas que yo llegué a conocer 30 años más tarde!. Se terminaba de construir el Frontón Labrit iniciado dos años antes y comenzaban los primeros estudios universitarios ne la sede de la Cámara de Comptos con el Estudio General de Navarra. En 1953, el chupinazo se realizaría desde la plaza consistorial, tal y como lo podemos comprobar en la foto de la izquierda que acompaña al párrafo anterior,  si bien la corporación no se trasladaría al nuevo edificio hasta el 9 de septiembre. Se retirarían ese año las bonitas farolas de época que estaban situadas junto a la puerta de entrada. Este año, en julio, se celebró en terrenos de Fuerte Príncipe  la I Feria de Muestras de Navarra organizada por la Cámara de Comercio y sobre todo, ya en plenos sanfermines, el 6º Congreso Internacional de Folklore y 2º Festival de Cantos y Danzas, que se celebró en la plaza de toros con presencia de los grupos en las calles como lo atestiguan tres de las cuatro fotos  que acompañan esta entrada. En la cuarta vemos la barrera de la guardia urbana en la Estafeta,  a la altura de la Bajada de Javier, frenando el empuje de los mozos,  en un encierro de este año. También en este año, 1953, regresaba Hemingway a Pamplona, después de 22 años de ausencia. Entre 1953 y 1955 desaparecerían de nuestra ciudad los románticos ferrocarriles de vía estrecha que he recordado hace un par de entradas en este mismo blog: el Plazaola y el Irati. En la década de los 50 Pamplona conocería los siguientes alcaldes: Miguel Gortari (mayo 1949-abril 1952), Javier Pueyo (abril 1952-febrero 1958) y Miguel Javier Urmeneta (febrero 1958- febrero 1964).

Desde 1951 y hasta 1964, las barracas se colocarían en la zona situada al principio de la avenida de Bayona, en el espacio que hay entre esta avenida, Antoniutti y la cuesta de la Reina  y el ferial de ganado en la arboleda  de Tejería, cerca del Portal de Zumalacarregui. 1954 fue famoso por tener la nevada más tardía, (en mayo), y por el número y celebridad de los personajes que acudieron a  nuestras fiestas atraídos por la cada vez mayor popularidad del encierro: Orson Welles, Anthony Quinn o Sadriddin Khan, hijo del entonces hombre más rico del mundo, Aga Khan. Ya empezaba a hablarse, entonces, de temas como la la masificación y la seguridad en el encierro y la presencia de los inevitables patas o gamberros,  etc.  En septiembre de 1954 se inauguraba el Monumento a la Inmaculada en el Rincón de la Aduana. A finales de 1954 y comienzos de 1955 se derribaban varias casas situadas entre la plaza consistorial y el Mercado de Santo Domingo, en la llamada Bajada de las Carnicerías para abrir la nueva plaza de los Burgos. En 1956 acudía a nuestra ciudad un equipo de la FOX, para tomar imagenes, dicen que para un documental sobre las fiestas, pero en realidad fueron utilizadas como insertos para la película de Henry King “Fiesta”. Las fotos que acompañan este párrafo corresponden a encierros de este año, la primera plasma la entrada de los toros a la calle de la Estafeta y la segunda, tomada desde la curva, recoge la entrada de los toros por Mercaderes. Ese mismo año se reformaba el Paseo de Sarasate tal y como comenté en una entrada anterior. En 1957 la ciudad estrenaba semáforos, se reformaba la plaza del Castillo (se instalaron bancos modernos, se pavimentó la plaza y se crearon nuevas plazas de aparcamiento) y se comenzaba a construir el nuevo parque de Bomberos en la calle Aralar, junto a la Media Luna. La plaza Conde de Rodezno todavía estaba sin terminar y había comenzado la construcción de la llamada Casa Periodistas. Salía, por primera vez el Olentzero a las calles de la ciudad, organizado por la Juventud de San Antonio. En 1959 regresaba a las fiestas Ernest Hemingway. Se homenajeaba a Sarasate en la Taconera, inaugurando un monumento en su honor el 26 de abril. Este monumento se trasladaría posteriormente, en 1963, al parque de la Media Luna, siendo ocupado el espacio de la Taconera por el monumento a otro músico: Hilarión Eslava. Moría este año el padre Carmelo, promotor de la institución Cunas, en plenos sanfermines, cuando estaba preparando un festival benéfico en la plaza de toros.

Entre los toreros que visitaron las corridas de toros de  Pamplona en este período 1940-1959, por cierto la feria era sensiblemente más corta, apenas cinco festejos, estuvieron el mítico Manolete fallecido el 28 de agosto de 1947 en la plaza de Linares a manos del toro Islero, Pepe Bienvenida, el diestro navarro Julián Marin que tomo la alternativa en 1943 y se cortó la coleta diez años más tarde en 1953, Marcial Lalanda, Pepe Luis Vazquez, Juan Belmonte hijo, Rafael Ortega Gallito, Francisco Martin Vazquez, Luis Miguel Dominguin, Manuel Alvarez, Agustín Parra, Rafael Albaicin, Gitanillo de Triana, Raul Ochoa, Miguel Baez Litri, Antonio Ordoñez, Isidro Marín, Julio Aparicio, Manolo Gonzalez, Paco Muñoz, Manolo Vazquez, Antonio Chenel Antoñete, Jaime Ostos, Angel Peralta, Paco Mendes, Joselito Huerta, Chicuelo, Curro Girón, Pepe Luis Vazquez, Chamaco, Diego Puerta, Miguelín, Solanito. Al termino de las fiestas, el 18 de julio solía realizarse la corrida de la Asociación de la Prensa con la presencia igualmente de grandes diestros. En  1957 se celebraron 7 corridas y una novillada. La Feria del Toro tal y como la conocemos comenzó en 1959. En cuanto a incidencias en el encierro cabe señalar que el 10 de julio de 1947 el toro Semillero mataba  a dos corredores, a Casimiro Heredia en la Estafeta y a Julián Zabalza cerca de la plaza de Toros. Tendrían que pasar 33 años para que se produjese una tragedia similar, sucedió el 13 de julio de 1980, cuando también se produjeron dos muertos en el encierro. También es destacable el montón, a la entrada de la plaza de toros, en el encierro del 7 de julio de 1945 que vemos en una foto de esta entrada. Las fotos que acompañan a este último párrafo son de los gigantes en la calle de la Estafeta y a la puerta de la iglesia de San Lorenzo (1959) y de la salida de la corporación en 1957, con Javier Pueyo como Alcalde de Pamplona.

Fotografías: Las fotografías recogen el ambiente de los sanfermines entre los años 1940  y 1959 y pertenecen buena parte, de ellas, 17 sobre 26  al Fondo de Fotografías Marín de la Kutxateca.  Fotografías por orden de aparición: Nº2: Mozos de peña ante la Casa Consistorial (1946), 3 Paco Marí Blanco y unos amigos en la plaza consistorial (1946) 5 y 7: encierros de 1946, 8: Gigantes cerca de San Lorenzo (1946), 12: Kilikis y cabezudos con los niños (Años 50), 13: Peña Los de Siempre (Años 40), 14: Visitantes en las terrazas de la plaza del Castillo (1942), 15: encierro por la calle Mercaceres (1943), 16: Chupinazo (1953), 18, 19 y  21: Festival internacional de Folkore (1953), 22: encierro por la calle Estafeta (1956) 23: encierro por la calle Mercaderes (1956), 24: Gigantes en la calle de la Estafeta (1959) y 26: la corporación saliendo del Ayuntamiento (1957): Su autor es en todos los casos, salvo la nº 22 y 23 que son de Paco Marí Blanco, del fotógrafo Pascual Marin: CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marin. Pascual Marin. Nº 1: chupinazo de los sanfermines de 1943 (Galle). Nº 4: gigantes desfilando por la calle Juan de Labrit, cerca de la plaza de Toros (Años 40), Nº 6: encierro por la calle Santo Domingo (1945-1949) (Ruperez),  Nº 9: Montón en el encierro del 7 de julio (1945), Nº 10: encierro en la calle Mercaderes (años 50), Nº 11: encierro en la calle Estafeta (años 50), Nº 17: postal municipal sanferminera circulada en 1950, Nº 20: barrera del encierro (1953) de sanfermin.espaciohemingway.com, Nº 25: la comparsa a la entrada de la iglesia de San Lorenzo (1959).

“Memorias del Viejo Pamplona” llega al medio millón de visitas

Hoy, hace un rato, el contador de visitas del blog ha llegado al medio millón de visitas, una cifra redonda, mágica que hace apenas un par de años me parecía inalcanzable. Baste con decir que en el primer año apenas superé las 15.000 visitas y que me costó un año más llegar a las 50.000, llegando a las 100.000 hace poco más de dos años y acumulando nada menos que  400.000  más en estos últimos 24 meses. Muchísimas gracias, en primer lugar, por esta creciente y fabulosa acogida. Este blog empezó siendo un cuaderno de apuntes personal sobre el Pamplona del último medio siglo, sobre el Pamplona que había conocido a lo largo de mi vida si bien con el tiempo se ha ido convirtiendo en algo más, un blog un tanto inclasificable que humildemente y poco a poco  intenta ir recuperando  los recuerdos, la memoria de unas cuantas generaciones de pamploneses, la mía y las de aquellos que nos antecedieron  a lo largo del siglo XX. Magna pero apasionante tarea.

Así, a lo largo de los cientos y cientos  de páginas que hay tras las más de 200 entradas he rememorado infinidad de lugares, hechos, personas y también experiencias,  seguramente muchas de ellas compartidas con algunos de mis convecinos. He recordado como vivíamos, qué música escuchábamos, qué programas de televisión  contemplábamos, a qué bares  y comercios acudíamos,  qué sucedía en aquel entonces en la ciudad, y cientos de otros aspectos,  intentando hacer a través de dichas entradas una disección lo más completa posible de la vida en nuestra ciudad. Crecimos, cambiamos y evolucionamos al tiempo que lo hacía la ciudad. No he querido ofrecer una mirada nostálgica de una ciudad que ya no existe porque la nostalgia y la añoranza melancólica es todo lo que nos queda cuando  nuestra vida es sobre todo  pasado y es corto nuestro futuro, pero no puedo ocultar que  muchas entradas, a pesar de los fríos datos o las fechas,  tienen un tono inevitable de crónica sentimental porque al fin al cabo pretenden reflejar no los grandes sucesos de nuestra  historia sino lo que fue el pulso de nuestra vida cotidiana. Sigo pensando, como dije en la presentación del blog, que cualquier tiempo pasado no fue siempre mejor pero es necesario  conocer el pasado y aprender de nuestra propia historia para evitar cometer, a veces,  los mismos o parecidos errores en el futuro, como ciudad, como sociedad y como individuos.

Imagenes del ayer: Paseo de Sarasate (1910-1976)

Esta es la quinta vez que hablo del Paseo de Sarasate en este blog, que popularmente conocimos durante mucho tiempo como Paseo de Valencia. He hablado de sus comercios en dos entradas del blog, del paso del Irati por su boulevard, de los cambios urbanísticos producidos a lo largo de su historia y en esta entrada pretendo mostrar nuevas imagenes de este emblemático lugar, donde veremos el Paseo desde diferentes lugares y perspectivas. Y lo haré con  una pequeña selección de postales antiguas, de las cerca de ochenta que he tenido la ocasión de ver estos últimos días. Seguiré un orden cronológico, empezando por las más antiguas y alternando las diferentes perspectivas del Paseo. En la fotopostal de la izquierda, de Papelería Moderna, podemos ver el Monumento a los Fueros y a su derecha el viejo edificio del Banco de España, antes de que se construyese el nuevo edificio en 1927, por lo que la foto sea posiblemente del período comprendido entre 1910 y 1915. En la fotopostal de la derecha, de Eusebio Rubio, se advierte,  a la derecha de la instantánea el gran edificio del Vinculo Municipal y el  Caserón de la Casa de Misericordia, por lo que la foto tiene que ser forzosamente anterior a 1918, ya que es en este año cuando se comenzó  a derribar el viejo edificio de los hornos municipales de pan.

En la  foto de la derecha, tomada desde el Palacio de Diputación, vemos, en un primer plano, a la derecha, la farola ornamental que hoy está en el centro de la plaza del Vinculo y que estuvo ubicada en este lugar del Paseo durante 30 años, entre 1928 y 1958, año en que se trasladó a la plaza de la Argentina donde permanecería durante siete años, hasta 1965. Si nos fijamos en el lado izquierdo de la fotografía vemos que ya está construido el nuevo edificio del Banco de España (se acabó en 1927), pero aún no el edificio central de la Caja Municipal (se comenzó  a construir en 1931), por lo que el margen para su datación puede estar bastante ajustado, probablemente sea de 1929 o 1930. La  postal de la izquierda, de Vda de Rubio,  nos muestra el paso del ferrocarril eléctrico del Irati por el lado del Paseo más cercano al Casco. Recordemos que éste desapareció del Paseo de Sarasate en 1930 y como quiera que la mayoría de las postales existentes sobre el Irati son de finales de la segunda década y comienzos de la tercera  la fotopostal  bien podría estar datada entre 1917 y 1925. La segunda postal de la izquierda no he podido datarla con seguridad. Aparentemente se observan aún las catenarias y railes junto a la acera más próxima al Casco, en el tramo cercano a la iglesia de San Nicolás, pero también circulan coches y camionetas, pocos, pero circulan, por lo que la fotografía debiera ser de finales de los años 20 (1928-30). De esa misma época, de finales de los años 20 probablemente sea la segunda fotopostal de la derecha donde observamos, esta vez si, con toda su magnificiencia decimonónica la farola ornamental a la que nos hemos referido anteriormente.

En las tres postales que anteceden a este párrafo podemos contemplar el Paseo de Sarasate desde el extremo más cercano a la Audiencia Provincial. En la primera de ellas, vemos el Paseo de Sarasate culminado, en este punto, por una fuente surtidor acotada por una pequeña valla. Es una de las dos  fuentes  que se habían inaugurado en 1894 y 1895, la otra  estaba situada  frente al Palacio de Diputación, se había colocado un año antes y sería sustituida por el Monumento a los Fueros en 1903. La foto postal, de A. de León,  es de los años 20. La segunda postal lleva el rastro de un matasellos, observamos  la fecha, 1932, y en ella comprobamos  que han cambiado tanto las luminarias, que parecen más bajitas, así como la fuente. La tercera postal, de Ediciones Arribas,  es mucho más reciente, del año 1960, sin la fuente-surtidor de antaño, con esas farolas  que hemos conocido durante largo tiempo, hasta finales del pasado siglo y que pudiera decirse constituían una seña de identidad más de nuestro mobiliario urbano, junto a unos bancos blancos de formas alabeadas.

      

En las cuatro fotos anteriores observamos el Monumento a los Fueros y su entorno más cercano en diferentes épocas de nuestra historia urbana. En la primera vemos un grupo de estatuas reales arremolinadas cerca del Monumento, por delante de los baños públicos, con una de ellas mirando hacia el Palacio de la Audiencia y delante de ella un pequeño jardincillo. En la siguiente foto ha desaparecido el jardincillo pero continua en este lugar ese grupo de estatuas que, como recordamos, en otra entrada del blog, procedían del Palacio Real de Madrid y que serían trasladadas al otro lado del Paseo en el año 1956. Estas dos primeras fotos necesariamente tienen que ser anteriores al año 1951, pues aún se conserva el óculo original en la fachada principal del Palacio que ha sido recuperado hace unos pocos meses por el actual Gobierno de Navarra. En 1951  el escultor Fructuoso Orduna incorporó un grupo escultórico que representaba el escudo oficial de Navarra durante el franquismo con la Cruz Laureada de San Fernando entre dos personajes masculinos con apariencia clásica, ocultando el óculo original.  En 1972, las mencionadas estatuas reales fueron objeto de una curiosa transacción: se permutaron  las estatuas de Fernando VI y de Barbara de Braganza por las de Felipe III de Navarra y García Ramírez. En 1956 cuando se reubicaron las estatuas, se colocaron las nuevas luminarias y bancos a los que me he referido en el párrafo anterior, además del tradicional embaldosado que conocemos. Completan la serie de fotos, una hermosa postal en blanco y negro de los primeros años 60, atentos a los coches aparcados,  y una postal en color, de Ediciones Dominguez Escudo de Oro, de los primeros años 70.

 

Y para finalizar, tres fotografías,  dos de ellas en blanco y negro pertenecientes a los primeros años 50, la primera tomada desde el Palacio de Diputación, atención a la primitiva villavesa  circulando por la calzada más cercana al Casco Antiguo y a los escasos coches que atraviesan las dos calzadas del Paseo y la segunda tomada desde la acerca del edificio del Banco de España, con Casa Baleztena en el centro de la foto, entre la plaza del castillo y la calle Comedias. Parece pasar inadvertida, pero ahí está todavía la farola ornamental, casi a la entrada de Comedias, confundiéndose con el edificio de la citada Casa Baleztena. La última fotopostal, en color, de los años 70, de Ediciones Dominguez, nos muestran el Rincón de San Nicolás con el kiosko de chucherías que conocimos hasta no hace demasiados años en el lugar,  la fachada sur de la Iglesia de San Nicolás con su casa parroquial y al fondo de la foto el desproporcionado y fuera de lugar edificio que sustituyo a la hermosa Casa Navasal. Se hace patente la presencia de muchos más vehículos en el Paseo, coches que nos sumergen por completo en aquella época (un Seat 124, varios Renault 4, un Renault 6, entre otros modelos)

Fotos: Autores y obras referenciadas en el texto de la entrada. Cuando no se cita se desconoce el autor.

Curiosidades: Pamplona estudiaba instalar un servicio de trolebús en los años 40

En 1942, cuando faltaban apenas cuatro años para que desapareciese el servicio de tranvía que ofrecía el Irati por algunas calles de Pamplona y se levantasen las vías a su paso por el núcleo urbano (del Rincón de la Aduana a la Estación del Norte y por la entonces carretera de Francia o Avenida de Franco, hasta sus cocheras), ya que por las más céntricas lo había hecho entre 1926 (por la plaza del Castillo) y 1930 (Paseo de Sarasate), el alcalde, entonces en funciones, Segundo Peralta,  informaba de que el Ministerio de Obras Públicas estaba estudiando el proyecto de instalación de trolebuses en Pamplona que se le había remitido desde la capital. Probablemente en la mente de aquellos gobernantes y de los pamploneses de aquella época pesaba aun la imagen y los  servicios prestados por el viejo tranvía del Irati,  en un momento en que todavía no se había desarrollado adecuadamente el servicio de transporte urbano en la ciudad. La Villavesa hacia unos pocos servicios, concretamente   a la estación del Norte, Villava, Capuchinos, Manicomio, Echavacoiz y Cizur Mayor. El trolebús era un omnibús eléctrico, alimentado por una catenaria de dos cables superiores de donde tomaba la energía eléctrica mediante dos astas o pértigas metálicas. El trolebús, a diferencia del tranvía eléctrico, no hacía uso de vías o carriles por lo que era un sistema más flexible y económico en su puesta en marcha y no hipotecaba tanto el espacio público. Contaba como cualquier autobús con ruedas de caucho, en vez de ruedas de acero encajadas en carriles, como los tranvías.

En aquellos años  unas cuantas ciudades españolas se plantearon también contar con este servicio, con la diferencia de que ellas sí lo llevaron a buen término. El primer trolebús que circuló por España lo hizo en Bilbao,  en 1940.  Un año más tarde lo haría en Barcelona. En esta década contaron con trolebús, además,  Pontevedra (1943), San Sebastián (en 1948, de cuya inauguración adjunto una fotografía) y La Coruña (1949). En los años 50 lo tendrían Madrid (1950), con 8 líneas (en la foto vemos la nº 1, en la Puerta del Sol), Cádiz, Santander, Valencia, Zaragoza (1951) y Reus-Tarragona (1952). En los 60 el trolebús  llegaría a Castellón (1962) y Mieres (1965), dejando, por contra, de funcionar, en esta década,  en Madrid. Lo dejó de hacer el 30 de abril de 1966. Tres años antes, en 1963 este modo de transporte había trasladado nada menos que a casi 45 milllones de pasajeros en la capital de España. La última ciudad que abandonó el trolebús fue Pontevedra, en 1989. No fue casualidad que el “trole” comenzase a desaparecer en los años 60, precisamente con el desarrollismo económico, en unos momentos en que el vehículo privado comenzaba a estar al alcance de buena parte de la población, con sus claras ventajas de libertad individual e independencia. El “trole” sigue teniendo sus defensores y detractores: es, desde luego, menos flexible que un autobús convencional aunque, por contra,  es más eficiente energéticamente, exige menos mantenimiento y su contaminación es nula. Desde entonces, tras más de 20 años, desde su desaparición en España, se  ha comenzado  a recuperar, concretamente hace 9 años  en Castellón. Hoy en día 40.000 trolebuses circulan por unas 370 ciudades del mundo, de todo tipo, en cerca de 50 países.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Inauguración de la línea de trolebuses de San Sebastián, el 18 de julio de 1948. CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013 / Fototeka Kutxa. Nº 2: Trolebús nº1 en la Puerta del Sol de Madrid. 1951. Del blog “Historias Matritenses”. CC BY-NC-ND-3.0 ES. 

Plazas y calles de ayer y hoy: la plazuela de San Nicolás (1900-1962)

La conocida hoy como Plazuela de San Nicolás es el espacio urbano situado entre las calles San Nicolás y San Gregorio, junto a la iglesia de San Nicolás. La plaza carece de numeración propia, correspondiendo los números de sus casas a las vecinas calles de San Nicolás y San Miguel. Hasta 1808, año en que se inaugura el cementerio de San José en Berichitos, los pamploneses se enterraban en dos cementerios, el situado en el atrio de la Catedral y final de la calle Navarrería y el situado en el subsuelo de esta plaza. De la existencia de estos dos camposantos tuvimos muchos pamploneses plena constancia, ya no solo documental sino también visual, cuando se descubrieron decenas de restos, al excavarse  ambos espacios dentro del proceso de peatonalización del Casco Antiguo (1996-2011). En Junio de 1912 se instaló, en mitad de la plaza, una farola de arco voltaico, que se había trasladado desde la vecina plaza de San Francisco  para colocar la estatua de la Mari Blanca. La iglesia fortaleza de San Nicolás  data, nada menos, que del siglo XII. Ya existía en el año 1177. La creación de la Población de San Nicolás tiene su origen en una reacción episcopal para poner coto  a la creación y expansión del nuevo Burgo de San Cernin, fundado en 1129 por el rey Alfonso el Batallador, con población de origen franco. La Población de San Nicolás se construyó, probablemente, entre los años 1130 y 1170. Las  guerras entre  los diferentes  burgos escondían la secular lucha entre el poder real y el episcopal existente, en aquella época, en nuestra ciudad. La iglesia de San Nicolás  fue, en aquel tiempo, una autentica fortaleza que serviría de  bastión de defensa y ataque al enemigo burgo de San Cernin.

En el año 1222 la Población de San Nicolás fue arrasada y su iglesia-fortaleza incendiada. Las guerras entre los diferentes burgos  terminarían, finalmente,  cuando el rey Carlos III el Noble decretó el 8 de septiembre de 1423 el Privilegio de la Unión que dió lugar a la Pamplona unificada que conocemos. A finales del siglo XIX se realizaron diversas reformas en la iglesia que continuaron a lo largo de las primeras décadas del siglo XX. El nuevo atrio y la casa parroquial se comenzaron a construir en enero de 1884, terminándose en el año 1888. La nueva puerta al Paseo de Sarasate se inauguró en 1891. En los años 20 del pasado siglo se realizaron reformas en la base de de la antigua torre, adornándose ésta con dos almenas con matacanes. Hoy en día, la plazuela, que se halla a camino de dos calles con gran presencia hostelera, sigue teniendo el atractivo que le da fundamentalmente la orgullosa silueta de su imponente torre-fortaleza, la presencia de algunos comercios centenarios como la Vinoteca Murillo o la Ferretería Irigaray y de algún edificio y detalle como el del nº 72, de  estilo modernista, construido en 1899 por el arquitecto Manuel Martínez de Ubago, o el reloj  de sol, de 1779, que aparece en la fachada del nº 76. La plazuela, carece, sin embargo, de algún elemento o mobiliario, -que pena la retirada de aquella vieja farola decimonónica, que le hubiera seguido dando ese sabor, que podemos percibir en alguna de las fotopostales del lugar datadas entre los años 1900 y 1960. La plazuela es actualmente conocida, sobre todo, por ser la sede del popular mercadillo anual de pastas y roscos de San Blas, el día 3 de Febrero.

Fotopostales, por orden de aparición: Nº 1: A.de León (1900-1920), Nº2: Luis García Garrabella (Años 50), Nº 3: A. de León (1900-1920), Nº 4: Luis Roisin: 1914. Nº 5: Ediciones Sicilia (Años 40), Nº 6: Eusebio Rubio (1900-1910), Nº 7: Ediciones Arribas (Años 50), Nº 8: Ediciones Vaquero (Años 60).