El teatro en el Viejo Pamplona (1930-1985)

El teatro nunca ha sido, en las últimas décadas, un espectáculo de masas en Pamplona sino más bien todo lo contrario, fue por lo general, salvo géneros menores,  un espectáculo  de élites o  minorías cultivadas,  acomodadas y más bien conservadoras en el último tramo del XIX  o de jóvenes inquietos culturalmente y progresistas, en el último tercio del siglo XX. Y es que la cultura, en su más amplia acepción,  y sus diferentes manifestaciones: cine,   literatura,  teatro…, han sido, con frecuencia, medios no solo de entretenimiento o diversión sino herramientas para remover las conciencias y cambiar el mundo o al menos para intentarlo. Desgraciadamente el mundo  no ha cambiado demasiado, en muchos aspectos, en los últimos tiempos, y  no lo ha hecho necesariamente siempre a mejor. De ahí que no sea casualidad que  la edad dorada y más fructífera del teatro en Pamplona se inicie precisamente en una época de falta de libertades: a caballo entre las postrimerías del franquismo y de nuestra agitada transición. Pero bueno, vayamos hacia atrás en el tiempo, hablando, siquiera brevemente, del origen del teatro en nuestra ciudad, representaciones que, en sus orígenes, se confundían, como lo hacían en el resto de España, con el teatro religioso, los conocidos autos sacramentales, que se celebraban en fechas como las del Corpus o en las festividades locales, con autores vinculados a las iglesias y actores aficionados procedentes del pueblo llano o de los Estudios de Gramática de la época. A partir del siglo XVI el teatro adquiere un carácter más comercial, con compañías profesionales que empiezan a hacer giras por pueblos y ciudades. Las representaciones comienzan a celebrarse en espacios destinados especialmente para ello, relevando parcialmente a las iglesias. En Pamplona, tenemos que referirnos necesariamente a la Casa y Patio de las Comedias de la que tenemos referencia al menos desde 1608, ubicada en la confluencia de las calles Lindachiquia y Comedias, en los actuales números, 12, 14 y 16 de la calle Comedias, y propiedad de la Institución de los Niños de la Doctrina Cristiana precedente, en su actividad benéfica, de la Casa de Misericordia. (La citada casa estaría situada aproximadamente donde el viejo caserón que aparece en la foto de la calle Comedias del año 1925).

En este teatro, como en todos los patios y corrales de comedias de la época, había una clara segregación social, incluso por sexos, cada clase ocupaba un espacio diferente y separado del resto, en función de su ubicación en el escalafón social. Había, además, rigurosas ordenanzas o directrices para mantener la moral y las buenas costumbres. Durante 9 años, los que van de 1720 a 1729 no se hicieron representaciones teatrales en Pamplona por un voto que hizo la ciudad para librarse de una epidemia de cólera, del cual el tuvo que eximir el mismo Papa. A lo largo del tiempo se fueron representando comedias, entremeses, sainetes, títeres y espectáculos de danza y desde finales del XVIII opera italiana y otros espectáculos musicales. Cada espectáculo solía atraer un determinado tipo de público. Este teatro seguiría en funcionamiento hasta 1840 fecha en la que se construye, en la plaza del Castillo, en uno de los solares de las Carmelitas Descalzas, el antiguo Teatro Principal, luego Gayarre (desde 1903), cuya imponente  fachada vemos en una de las fotos, de 1860,  que encabeza esta entrada. Se inauguró el teatro en 1841 con la comedia “Un vaso de agua” y permaneció en pie en su ubicación hasta el año 1931 en  que se trasladó a la naciente avenida Carlos III aunque manteniendo su fachada. Se inauguró con la misma función que lo cerró. El teatro sufrió una reforma importante en 1949 y una segunda en 1969 tras un pavoroso incendio que empeoró, dicen los expertos, su acústica. En las fotos que aparecen junto a este párrafo vemos el escenario y el patio de butacas original del Gayarre antes de la reforma del 49. Actualmente y tras 50 años de ser explotado por la SAIDE es un teatro totalmente municipalizado.

Ha habido otros espacios, al margen del Teatro Gayarre, que han servido para albergar representaciones teatrales. A finales del siglo XIX se instaló cerca de la antigua Audiencia el Teatro Circo Labarta, luego en 1891, el teatro se trasladó detrás de la plaza de toros vieja y más tarde se ubicó en el solar donde se construyó posteriormente  el edificio de Telefónica en Cortes de Navarra. Ofrecía funciones de teatro, circo y zarzuela. Contaba con 500 localidades y varios palcos. Fue alquilado, posteriormente, a un valenciano de apellido Belloch y desapareció en 1915 a causa de un incendio. El segundo gran teatro pamplonés fue el Coliseo Olimpia, situado en la esquina de San Ignacio con Cortes de Navarra. Como ya señalé en la entrada dedicada a los cines, el Coliseo Olimpia se inauguró el 6 de julio de 1923   por la compañía lírica “Zuffoli-Peña”, con la opereta vienesa “La noche azul”. En su escenario actuó la cantante de varietés Josefina Baker que protagonizó un sonoro escándalo para la época. El hecho se produjo, concretamente, el 8 de abril de 1930. Los periódicos conservadores de Pamplona calificaron el espectáculo de pornográfico con frases como las que siguen “ejecuta danzas lúbricas de salvajismo primitivo que excita los groseros instintos…haciendo ostentación de impudor cínico y desvergonzado…”.Hubo una misa de desagravio en la vecina iglesia de San Ignacio y el teatro recibió diversas amenazas. El Olimpia albergó espectáculos de revista, variedades y actuaciones folklóricas (como vemos en el programa de mano, a la izquierda del párrafo), ya que las cláusulas del contrato de arrendamiento del Gayarre, no permitían este tipo de espectáculos. El grupo de teatro “El Lebrel Blanco”, del que hablaré más adelante también tuvo un local teatral, fue el Pequeño Teatro de la calle Amaya, con capacidad para unos 300 espectadores, construido en 1976. La cesión del propietario, el constructor Huesa, terminó tras la colocación de una bomba en 1978 durante las representaciones de “Navarra sola o con leche” que destrozó la entrada y parte de la sala de butacas.

Otros locales pamploneses donde se representaron obras de teatro fueron los salones de Salesianos, Maristas, -cuya sala de butacas vemos en la foto de la izquierda-, Sagrado Corazón y por lo general muchos cines y locales parroquiales o de centros educativos. El cine Chantrea, desde 1982, y el Guelbenzu, reconvertido en una fallida aventura empresarial en el Teatro Mira albergaron actos teatrales. Me referiré brevemente a este último intento de crear un nuevo teatro en Pamplona. En julio del 2000, el antiguo Guelbenzu se reconvirtió en una sala de teatro de gestión privada con capacidad para 435 espectadores, aunque su actividad duró un mes. En noviembre de 2001 sus gestores realizaron un segundo intento que duró dos años. La falta de subvenciones públicas puso fin a la aventura, pese a que su director, como forma de protesta, hiciera una huelga de hambre durante 26 días. Actualmente el Zentral, aunque especializado sobre todo en música, ofrece de vez en cuando espectáculos de café teatro. Anteriormente tan solo se hicieron estos espectáculos de café teatro, de forma esporádica, en algunos bares o salas de fiestas,  con una clara vocación de contacto directo con el público. Hasta los años 20 y 30 del pasado siglo no podemos hablar propiamente de grupos de teatro navarros. Al margen de la comercial, había representaciones privadas en gente con alto poder económico o en colegios y entidades culturales. El Ateneo de 1932 formó el grupo teatral SALDO que en 1934 representó “El coloquio de las edades”. El Ateneo trajo este mismo año al teatro universitario “La barraca” con obras de los clásicos. En 1933 se formó en Pamplona un grupo de teatro, dentro de la Asociación de Estudiantes de Magisterio. El Circulo Carlista  montó su grupo de teatro de la mano de Ignacio Baleztena con obras de Benavente y otras  suyas propias, labor que seguiría impulsando el citado Baleztena dentro de la peña Muthiko Alaiak. Baleztena trabajó también mucho el teatro de títeres o “curriños de guiñol” con obras suyas, también de contenido político pro-carlista y representaciones por los pueblos. También hizo sus pinitos teatrales el sindicato UGT en los años anteriores a la guerra, los nacionalistas y diferentes instituciones católicas: Centro Mariano, Hijas de María, Servicio Doméstico, Salesianos, etc. Respecto a estos últimos, se trataba en la mayoría de los casos de dramas religiosos o clásicos, interpretados  por cuadros de actores formados por integrantes de un solo sexo.

Tras la guerra las actividades teatrales se extendieron a algunas parroquias y otros colegios religiosos como los Maristas con temas religiosos, clásicos, zarzuelas  o autores del régimen  como Pemán y Vallejos. Estos cuadros de actores ya mixtos comenzaron a menguar y desaparecer mediados los años 50 con la explosión del cine y la irrupción de la televisión, los últimos en hacerlo fueron los del Servicio Doméstico y Salesianos. En esta época merece destacarse la obra del padre Carmelo, (cuya foto vemos junto al anterior párrafo), fundador de la Institución Cunas,  que en 1949 creó la agrupación teatral “Tirso de Molina”. El grupo duró hasta la muerte de su fundador en 1959, habiendo representado, en este período ,más de una treintena de obras. El padre Carmelo solía hacer durante las navidades representaciones teatrales basadas en cuentos de Andersen o de los hermanos Grimm a beneficio de la institución Cunas. En las funciones, celebradas en el Teatro Gayarre y en el Coliseo Olimpia, se realizaba el reparto de las cunas que la Institución daba a los niños de familias necesitadas. En 1959 se constituyó el “Teatro Universitario” de Navarra perteneciente al SEU.  Más tarde, a principios de los años sesenta, se constituyó el “Club de Teatro del Estudio General de Navarra”. Con este grupo y otros  que fueron surgiendo posteriormente, se fundó en 1970 el “Grupo de Teatro” de la Universidad de Navarra.

En 1964 nacía el primer cuadro teatral independiente, al amparo de los Salesianos. Provenían muchos de sus integrantes de la agrupación “Tirso de Molina” y comenzaron llamándose “Amadís de Gaula”, para finalmente llamarse simplemente “Amadís”, tras su fusión con el grupo de teatro de Salesianos. Obtuvieron diversos premios. En 1976 parte del grupo se unió al naciente Lebrel Blanco. Representaron más de una treintena de obras entre ellas “El bardo de Izalzu”, con adaptación de Patxi Larrainzar. Vinculados a este grupo estaban Manuel Monje, Javier Escribano, Javier y José Garín entre otros. En 1967 nace el grupo “Valle Inclán” vinculado a Salesianos que empieza a estrenar obras de vanguardia, de autores como Camus, Becket, Bretch, Arrabal. Desapareció en 1969. Durante el franquismo, al margen de estas experiencias locales,  de vez en cuando arribaba a la ciudad alguna compañía nacional de repertorio, en el mejor de los casos, alguna obra seria, por ejemplo de Buero Vallejo,  en el peor zarzuelas, revistas o la clásica representación sanferminera de Pedro Osinaga o  Paco Martínez Soria, estas las recuerdo yo al menos en los años 70.

En 1971 nacía un grupo que hará historia en la ciudad. Me refiero a “El Lebrel Blanco”. En el había actores procedentes del grupo “Amadís”. Inicialmente hicieron obras infantiles y sus actuaciones se celebraban en el Gayarre los domingos por la mañana. Posteriormente se enfrentaron a obras más complejas como “Yerma”, “1789”, de la que ofrezco una foto junto a este párrafo  y otras representaciones recibiendo diferentes premios nacionales. Entre 1976 y 1978 El Lebrel Blanco acometió varias obras polémicas vinculadas a cuestiones políticas de candente actualidad, me refiero a “Carlismo y Música Celestial”, “Navarra sola o con leche” y “Utrimque Roditur”, todas ellas escritas por Patxi Larrainzar (el conocido sacerdote de la Iglesia del Salvador que vemos junto a este párrafo), con numerosas representaciones, abundante  público (nunca el teatro atrajo a tanta gente como entonces) y algunos premios en festivales nacionales. Dirigió el cuadro de actores de El Lebrel Blanco  en este período Valentín Redin,  realizando más de 40 montajes a lo largo de su historia. Del Lebrel Blanco, a finales de los 70 surgió la iniciativa de crear un Teatro Estable de Navarra, con tres partes, una escuela de teatro, cuya génesis inicial se remonta a 1979,  el grupo de teatro El Lebrel y una asociación de espectadores que nunca llegó a funcionar. La escuela se instalaría finalmente en el antiguo cine Arrieta de la calle San Agustín y  nació como tal en el curso académico 1985-86 a instancias de la Institución Príncipe de Viana y a partir de la demanda de los grupos de teatro y diversas personas vinculadas al ámbito teatral de Pamplona. Durante esta década y la siguiente se celebraron Semanas de Teatro a las que acudieron grupos como “Akelarre”, “Els Joglars” o “Dagoll Dagom”. Fue importante aunque no exenta de polémica la muestra teatral de 1984 en la Ciudadela, dentro de los Festivales de Navarra, con 14 grupos de teatro entre los que cabe citar “La fura dels baus”. En 1980  el TEN (Teatro Estable de Navarra) se escinde, El lebrel blanco siguió un camino y la Escuela de Teatro, transformada en grupo teatral, otro.

En los años 80, comenzaron a nacer grupos de teatro en los institutos. De Navarro Villoslada saldría “Esperpento”, nutrido por actores salidos de las experiencias teatrales de Ignacio Aranguren. De su teatro escolar, surgido en 1978,  surgirán en el futuro numerosos actores y gente del teatro. A la derecha vemos una foto de una representación del teatro del Instituto Navarro Villoslada, con la actriz Amaia Lasa en escena. Aranguren, recientemente galardonado con el premio Príncipe de Viana,  se atrevió con grandes textos y autores como Moliere, Bretch, Alarcón, Valle-Inclán o Buero Vallejo. La experiencia se reproduciría en los Institutos de la Plaza de la Cruz, de la mano de Mª Jose Goyache y en Irubide de la mano de Germán González. También ha habido grupos de teatro escolar en Salesianos, Maristas, Sagrado Corazón, Santo Angel y Jesuitas. Algunos grupos de esos años fueron Acuario, Xauli, Joko,  Pinpilipauxa y su teatro de calle, Txingurritegui, etc,  la mayoría de ellos especializados en montajes infantiles. En 1984 había 30 grupos teatrales en Navarra, la mayoría de corta e incierta andadura debido a la dependencia casi absoluta de subvenciones y contrataciones públicas. El teatro local de Pamplona no puede entenderse sin nombres como los de Valentín Redín, Ignacio Aranaz, Miguel Munarriz, Marta Juaniz, Jose Mari Asín, Ignacio Aranguren, Ana Goya, Aurora Moneo, Kollins, Grego Navarro, Angel Sagües   y tantos otros de los que aunque no los cite no me quisiera olvidar.

Mención aparte merece el teatro de títeres o guiñol, que solían formar parte de los espectáculos festivos de las fiestas de San Fermin, desde épocas tempranas y que atraía a gran cantidad de público y no solo infantil.  Además de Ignacio Baleztena,  en el cultivo o promoción de los títeres cabe señalar a Alejandro Martínez Erro que tenía una tienda de objetos religiosos en la bajada de Javier, el madrileño Maese Villarejo que colocaba su teatrillo en la plaza de San José o el Retablo de Figurillas de Juan Faro y Ana Bueno, el alemán Kurt Rahier o el grupo La Buena Estrella, etc. Teatro popular y representaciones religiosas aparecen diseminadas por la geografía foral, “El Misterio de Reyes” en Sangüesa o “El Misterio de Obanos” son buen ejemplo de ello. La radio ha servido también de vehículo para el teatro, Radio Pamplona, anteriormente Radio Requeté emitió desde 1945 a 1957 semanalmente obras de teatro, todos los sábados, a partir de las 22.30 con obras de Pemán, Benavente, Muñoz Seca, Quintero, etc. El cuadro de actores procedía del grupo de teatro de los Salesianos. Las emisiones acabarían cuando se impuso la programación en cadena en la radio.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Calle Comedias (1925) con el lugar aproximado donde se ubicó el primer teatro de la ciudad. Pamplona, calles y barrios. José Joaquín Arazuri. Nº 2: Plaza del Castillo, con el Teatro Principal cerrando la plaza por su actual salida hacia Carlos III (1860). AMP. Nº 3 y Nº 4: Sala de Butacas (1927) y escenario del Teatro Gayarre. Archivo SAIDE y Navarra.es. Nº 5: Programa de mano de una revista musical  en el Coliseo Olimpia (1944). Nº 6: Josephine Baker. Nº 7: Postal del Salón de actos de Maristas. Nº: 8: José Uranga Iraola conocido popularmente como el  Padre Carmelo. Nº9: Representación del Teatro Estable de Navarra. Nº 10. Representación de la obra “Utrimque Roditur”. Nº 11. representación de “1789” en el Pequeño teatro de la calle Amaya por el grupo Amadís. Nº 12: Francisco Javier Larrainzar. Escritor y dramaturgo. Nº 13. Cartel del Teatro Estable de Navarra. Nº 14. Ignacio Aranguren. Nº 15: Representación del teatro del Instituto Navarro Villoslada. Nº 16. Escuela Navarra de Teatro. (Años 90). Archivo Escuela Navarra de Teatro. Cartel de una representación de la Escuela Navarra de Teatro (1990).

Los Sanfermines de principios del siglo XX (1900-1930)

Comienzo cronológicamente esta serie de los sanfermines del siglo XX, con la apertura del nuevo siglo. Hemingway no la había dado a conocer internacionalmente pero la fama de sus fiestas y encierros se extendía a las provincias limítrofes, incluso al sudoeste francés. Ya entonces acudía al calor de la muchedumbre festiva una buena hornada de rateros y carteristas así como de mendigos procedentes de otros lares. También formaban parte de la fauna local de esos días charlatanes, vendedores ambulantes, organilleros, limpiabotas y un sinfín de curiosos personajes, Se acababa de inaugurar la nueva Audiencia Provincial y ese primer año del siglo se ponía la primera piedra de la nueva cárcel de Pamplona. La anterior prisión estaba situada en la actual plaza de San Francisco. Se iniciaban las fiestas de San Fermín con disparos de cohetes y repique de campanas. Los encierros se corrían a la temprana hora de las 6 de la mañana y las corridas se celebraban a la no menos temprana hora de las cuatro y media de la tarde. Recordemos que los encierros se corrían hasta 1843 por la Calle Chapitela y que desde 1856 comenzaron  a recorrer la Estafeta.

Los actos más destacados de las festividades eran la Procesión y el acto de las Vísperas, recordemos que aun no se había instaurado el famoso Riau Riau, sin olvidarnos de  los tradicionales fuegos artificiales, con todo tipo de aparataje pirotécnico en la plaza del Castillo, entonces de la Constitución, donde destacaban las bombas japonesas que lanzaban caramelos a los crios. También en la plaza se celebraban cucañas, el baile popular al son y acordes de los famosos chunchuneros. Las barracas se colocaban entonces en el primer ensanche con atracciones, todo hay que decirlo, bastante rudimentarias, detrás de la Calle Navas de Tolosa aunque también se colocaban casetas de feria en el lado izquierdo del Paseo de Sarasate, según se mira la Audiencia, mientras el ferial de Ganado se ubicaba junto al Portal de San Nicolás, en los glacis del lado izquierdo, saliendo de la ciudad. También solían organizarse kermeses o tómbolas benéficas, alguna de ellas en la zona de los jardines de la Taconera. Y lo que mayormente se bebía estos días era vino y cerveza. Las corridas de toros no se celebraban durante nueve días, como ahora, sino cinco, el programa oficial de las fiestas llegaba como mucho  hasta el día 11, luego se amplió al 12, si bien era tradicional que se prolongasen buena parte de actividades hasta el día 14, por ejemplo las barracas o el Ferial de Ganado y otras. No hacía demasiados años, concretamente en 1888, había llegado la luz eléctrica a la ciudad y en este primer año de siglo se colocaron unos focos eléctricos en la entonces llamada plaza de la Constitución, actual plaza del Castillo, que estaba engalanada, a la sazón, con abundancia de banderas y gallardetes.

Visitaba durante estos primeros años del siglo, la ciudad,  el insigne violinista pamplonés Pablo Sarasate que se solía hospedar, desde 1888, en el Hotel La Perla, ofreciendo sus célebres conciertos matinales.   En 1900 fue declarado  hijo predilecto de la villa. Don Pablo no faltaría a su tradicional cita festiva durante muchos años, concretamente hasta 1909. Y es que en septiembre de 1908 fallecía en su residencia de Biarritz. En aquellos primeros años del siglo el gentío acostumbraba a pasear por la calle Mayor y sobre todo por la calle Estafeta, verdadero escaparate social de la ciudad, en estos primeros años del siglo. En 1901, el encierro del día 7 se retrasaba media hora por la lluvia. Fueron alcaldes de Pamplona en esta primera década los señores Agustín Lazcano (1900), Javier Arvizu y Górriz (1901), Joaquín Viñas (1902-1903-1905-1906), Salvador Ferrer y Galbete (1904), Daniel Irujo (1904-1907-1908) y Juan Pedro Arraiza (1909). El 7 de julio de 1902 se tiene constancia de los dos primeros heridos por asta de toro. Los caballos en las corridas no tenían protección por lo que morían a mansalva. En 1903 se erigía el Monumento a los Fueros. El Teatro Principal pasaba a llamarse Gayarre y el Paseo de Valencia, Paseo de Sarasate. La iglesia de San Lorenzo estrenaba una nueva fachada muy diferente a la pétrea y con apariencia amurallada de la anterior. Tres años más tarde tapiaban la puerta de acceso al templo existente en la fachada de la calle Mayor, si bien en 1908 el párroco D. Marcelo Celayeta abría otra puerta por la calle San Francisco. En 1903 se colocaba en la plaza del Castillo, cerca del Iruña, un túnel luminoso que estuvo muy animado durante todas las fiestas. A mediados de la década de los 20 se comenzó a colocar una iluminación a base de bombillas perfilando el edificio de la Casa Consistorial, y se seguía iluminando con bombillas la plaza del Castillo.

El 10 de julio de 1904 se formó el primer montón a la entrada del coso, al parecer el último tramo estaba muy masificado por el entendible deseo de los mozos de entrar en la plaza de toros delante de los toros ante el gentío. Ese año, el día 8, hubo que hacer un segundo encierro con un solo toro que se había quedado rezagado en Santo Domingo. Recordemos que antes de la construcción de la actual plaza de toros, en el último tramo de la Estafeta se giraba hacia la derecha en vez de hacia la izquierda, por lo que hoy sería la calle Duque de Ahumada hasta la antigua plaza situada al comienzo de Carlos III, en las traseras del antiguo Gayarre. Dos notas extraordinarias de ese año fueron el terremoto que se sintió el día 13, de cierta  intensidad (hubo otro también en los sanfermines de 1923) y la calorina reinante que supero los 40 grados aunque en 1909 pasó todo lo contrario. Tuvimos unos de los sanfermines más desapacibles que se recuerdan. En 1905 se tiene noticia del primer paseo de autoridades previo al encierro. En 1906, la calle Pellejerías pasaba  a llamarse de Jarauta. La fama de las fiestas iba traspasando fronteras siendo cada vez más frecuente la presencia de extranjeros en nuestras fiestas, sobre todo franceses aunque también ingleses y de otras latitudes. Nuestras fiestas comenzaban a tener fama nacional. El 9 de julio de 1908 hubo dos encierros de tres toros cada uno. El motivo,  el de siempre, los toros se habían quedado en el corral. En la plaza del Castillo se habilitaba una caseta para la venta de billetes de las corridas que hasta entonces se dispensaban en diferentes lugares aunque no será hasta 1914 cuando realmente se centralice la venta de los diferentes tipos de billetes. Entre los diestros de esta primera década del siglo destacan nombres como los de Mazzantini, Lagartijillo, Machaquito, Lagartijo, Fuentes, Bombita, Quinito, etc.

Comenzamos la segunda década con otro montón en el encierro, justo en la puerta del plaza, el 7 de julio. Fueron  alcaldes de Pamplona, esta década, Joaquín Viñas (1910-1913), Alfonso Gaztelu (1914-1915), Manuel Negrillos (1916), Demetrio Martínez de Azagra (1917) y Francisco Javier Arraiza (1918-1919). Los actos festivos venían a ser prácticamente los mismos que durante la primera década: chupinazos y repique de campanas, vísperas, procesión, paseos, bailes, barracas con sus churrerías cercanas, cohetes artificiales (a cargo de Oroquieta y más tarde también de Caballer, entre otras pirotécnicas), bandas de música, teatro, toro de fuego, feria del ganado que luego se trasladaría a la zona de la Media Luna y desde 1922 a las cercanías del antiguo hipódromo y campo de deportes (donde hoy esta el Larrabide), teatro en el Gayarre, cine al aire libre en la plaza de la Constitución, conciertos matinales con el Orfeón y la Sociedad Santa Cecilia  en el Gayarre o los conciertos al aire libre en la Taconera, eventos deportivos (fútbol en el campo del hipódromo, pelota en el Euskal Jai, ciclismo, tenis en el Law Tennis Club, tiro al pichón, etc), paseo social por la Estafeta que luego se trasladaría al Bosquecillo, la comparsa de gigantes y cabezudos, en 1910 acompañadas por el celebre gargantúa vizcaino,  “varietés” criticadas por la moral bienpensante de la pacata y provinciana Pamplona de aquellos años y las casetas de venta de ajos en la plaza de Recoletas. También había cine en el Salón Novedades (también he oído hablar del Cinema Actualidades, Belloch (situado junto a la plaza de toros) y del cine de Rocamora y Montero)  así como el circo Feijoo.

En 1911 fallecía el célebre chunchunero Javier Echeverría, gitano para más señas,  que acompañó a la comparsa durante más de 60 años, prácticamente desde mediados del siglo XIX. Este año el encierro del día 8 duró más de una hora, al negarse un toro a entrar en el corral. Hago un inciso para referirme al Riau Riau. Es tradicional referirse a este año como el primero en el que Ignacio Baleztena junto a unos amigos  instauró el famoso riau-riau acompañando al vals de Astrain. El Vals que tiene por título “La alegria de San Fermin”  parece que ya se interpretaba en 1909 y según dicen las crónicas de la época probablemente tuviese bastantes años de antigüedad. De hecho Miguel Astrain lo compuso a finales del siglo XIX y con toda seguridad se interpretó al menos desde 1883. La letra es posterior, de 1928, y había sido escrita por María Isabel Hualde Redín. Y como muchas costumbres empezó de la manera más espontanea posible. Un grito festivo de aprobación por parte de Baleztena por lo bien que había tocado el vals el maestro Cervantes, (era costumbre en la montaña navarra acabar las canciones festivas con este grito),  tuvo su continuación en la repetición del grito al término de cada estrofa. Este comportamiento no fue bien visto por buena parte de la sociedad respetable pamplonesa y el propio ayuntamiento, durante unos cuantos años, como veremos.

Leon Salvador fue unos de los personajes más conocidos de aquellas primeras décadas, no solo en Pamplona sino en buena parte del norte de España. Su presencia en la ciudad se hacía notar. Era el rey de los charlatanes, capaz de vender lo que se propusiese. No había otro como él con tanta elocuencia y perseverancia. Formaría parte del paisaje festivo de nuestra ciudad hasta los años 50. En estas primeras décadas además puede considerársele un generoso benefactor pues  se prodigaba en regalos para la ciudad: música, cohetes  y otros actos festivos que pagaba de su bolsillo, y que posteriormente reemplazaría por generosos donativos a entidades benéficas locales. No obstante era un personaje que provocaba la ira de los comerciantes locales pues en sus deslenguados discursos de venta se metía con frecuencia con los comerciantes de la ciudad, hecho que llegó a provocar la advertencia municipal de retirarle su permiso de venta. En 1912 coincidieron en julio diferentes eventos junto a las fiestas: una semana social, otra relacionada con la aviación, el congreso de viticultura y el 7º centenario de la batalla de las Navas de Tolosa, con la presencia el 16 de julio del rey Alfonso XIII. Se incorporaron a la comparsa los kilikis Napoleón y Patata así como dos nuevos zaldikos. Se inauguraba la plaza de San Francisco, presidida por la Mari Blanca, hoy semiescondida en los jardines de la Taconera. En 1913 hubo que celebrar, otra vez,  dos encierros por un toro que se negó a salir de los corrales. A partir de 1911 y de 1914 llegaron a la ciudad, respectivamente los ferrocarriles Irati y Plazaola.

Con la masificación de las fiestas se incrementaron los hurtos hasta el punto de que en 1914 se enviaron refuerzos policiales desde Madrid, deteniendo a más de una treintena de carteristas procedentes de toda la geografía española. La 1ª guerra mundial se dejó sentir con la ausencia casi total de extranjeros. Pero busquemos notas de color y sabor de aquellos sanfermines de antaño. Ya hemos dicho que el recinto ferial estaba ubicado en el 1º ensanche: en 1915 encontrábamos un cine, dos circos (Feijoo y el Reina Victoria), columpios, toboganes, tiovivos y otros carruseles (las olas), barcas colgantes, fieras y animales domesticados, casetas de tiro, varias churrerías, photocalls, puestos de dulces  y casetas de bebidas. Chunchuneros en la plaza del Castillo, orquestas callejeras, vendedores ambulantes y un ejército de limpiabotas en alegre algarabía. Algún periódico local se quejaba del creciente gamberrismo y el cada vez mayor consumo del alcohol en las fiestas lo que provocaba la huida durante estos días  de algunos vecinos, ¿les suena? El 9 de julio de 1915 un toro caía a la orilla del río en el acto del encierrillo aunque sin mayores consecuencias. De vez en cuando se celebraba algún espectáculo diferente como la lucha grecorromana en el Euskal Jai,   con el conocido luchador navarro Javier Ochoa o funambulistas en la plaza del Castillo, eso sucedía en los sanfermines de 1916. Ese año nacían “Los amigos del Arte”.

Con Martínez de Azagra (1917) en la alcaldía comenzaron los bandos restrictivos de las conductas incívicas  lo que provocó cierto malestar fundamentalmente entre la gente joven. De esta oleada represiva no se libró ni el Riau Riau de este año ni del siguiente. Por su interés reproduzco algunos párrafos de dicho bando que se aplicó durante los años 1917 y 1918: 1º.- Que cuando el Excmo. Ayuntamiento se dirija a la iglesia de San Lorenzo la víspera de San Fermín, deberá el público, tanto a la ida como a la vuelta de la comitiva, dejar desembarazadas las calles del tránsito, absteniéndose de formar grupos que vayan tumultuosamente delante de la comitiva, así como corear la música. 2º.- Queda prohibido interrumpir los paseos públicos molestando a los paseantes con gritos, canciones y ademanes impropios de personas bien educadas. 3º.- Se prohíbe circular por las calles, sea aisladamente o en grupos, profiriendo gritos o tocando instrumentos que produzcan ruidos estrepitosos, llevando objetos sucios o extraños, o vestidos de un modo extravagante y carnavalesco. 4º.- Queda prohibido, desde las doce de la noche hasta las cinco de la mañana, cantar, gritar, tocar instrumentos músicos, y producir por las calles todo ruido de cualquier clase que sea, que pueda molestar al vecindario turbando su reposo. 5º.- Se prohíbe implorar la caridad pública en cualquier forma que sea. De la cordura, sensatez e ilustración de este vecindario espero que no dará lugar ni motivo de represión, pues de lo contrario me veré obligado, bien a mi pesar, a imponer el correctivo que corresponda, sin contemplaciones ni miramientos, quedando los agentes de mi autoridad encargados de que se cumplan puntualmente las disposiciones contenidas en este bando. En 1919 dejó de publicarse dicho bando.

En 1918, Pamplona homenajeaba a Sarasate con la colocación de la primera piedra de su monumento en los jardines de la Taconera. El encierro se retrasaba este año y el siguiente una hora, pasando a celebrarse a las 7 de la mañana y la corrida a las cinco y media, aunque en 1920 se volvería al horario habitual de las 6 y de las 4.30 las corridas y luego en 1924 se volverían retrasar a las 7 y cinco y media, para volver a adelantarlas en 1925 y retrasarlas en 1926 manteniéndose así durante los años siguientes. Ese año, 1918 hubo un montón en el encierro del día 10. En 1919 se hablaba de unos 7.000 turistas en fiestas, una cifra respetable si tenemos en cuenta que la ciudad tenía poco más de 30.000 habitantes. Seguramente la finalización de la 1ª guerra mundial que había sacudido a toda Europa había contribuido a ello. Entre los diestros que destacaron en esta segunda década se encontraban alguno de los años anteriores como Bombita y Machaquito y otros como Cocherito de Bilbao, Pepete, Vicente Pastor,  Rafael Gómez Gallo, Gallito, Chiquito de Begoña, Bienvenida, Vazquez, Rodolfo Gaona, Salieri,  Posada, Ballesteros,  Fuentes, Belmonte, Joselito y  Fortuna.

Llegaban los felices años 20 y con ellos quedaban atrás las prohibiciones municipales. El riau riau volvia a celebrarse sin cortapisas. En 1920 actuaba por primera vez, por encargo del Ayuntamiento  la banda de música “La Pamplonesa”, fundada el año anterior. Hasta entonces había tres bandas de música militares, la de lo regimientos Almansa, América y Constitución que animaban las fiestas. El director de la banda del regimiento América Silvanio Cervantes había formado en la década anterior una banda de música: la  Banda de Música de los Exploradores. Esta banda desapareció en torno a 1917 porque los ciudadanos de Pamplona no querían una banda dirigida por militares. En 1919 Silvanio  Cervantes junto a D. Manuel Zugarrondo y D. Vicente Sádaba creaban “La Pamplonesa”  formada inicialmente por 37 músicos. La primera actuación se produjo el once de octubre. La banda recorrió Pamplona con un pasodoble y una jota. Puesta en marcha la banda, el primer presidente de la Asociación promotora  D. Vicente Sádaba, presentó la dimisión. A partir de entonces el nuevo presidente de la Asociación  hasta 1942, año en que el Ayuntamiento se hizo cargo de “La Pamplonesa”, fue D. Manuel Zugarrondo. En sus primeros sanfermines de 1920 la banda participó en todos los actos organizados en la calle; el cohete, el Riau Riau, las dianas que eran a las 5 de la madrugada, la procesión… incluso se ofrecieron algunos conciertos en el bosquecillo de La Taconera. En 1987  “La Pamplonesa” se convirtió en Asociación Cultural, pues en origen fue  una Asociación Civil. Como Asociación Cultural la banda firmó un convenio con el Ayuntamiento de Pamplona con una duración de 30 años que regulaba las relaciones entre ambas partes. Por  ese convenio el Ayuntamiento se comprometía  a convocar, con carácter exclusivo, a “La Pamplonesa” para acompañar musicalmente a la corporación en cuantos actos oficiales de carácter corporativo se celebrasen. En esta tercera década del siglo fueron alcaldes de Pamplona, José María Landa (1920-1921), Tomas Mata (1922), Joaquín Iñarra (1923), Leandro Nagore (1924-1926), Joaquín Canalejo (1927), Jenaro Larache (1928), José Sagardia (1929) y Francisco Javier Arvizu (1930).

Como ya he señalado en otra entrada en estos años se plantea la construcción de una nueva plaza de toros, la construida en 1852 detrás del Teatro Principal, luego Gayarre, se había quedado pequeña. Se comenzó a construir la nueva a principios de 1921 quedando terminada para junio de 1922. El 10 de agosto de 1921 un incendio arrasaba el viejo coso taurino, incendio que todo el mundo entonces consideró que fue intencionado. En 1920, al término de los sanfermines se celebró el II Congreso de Estudios Vascos, cuya clausura corrió a cargo del propio rey Alfonso XIII. La nueva plaza se estrenó el día 7 de julio de 1922 con un montón  sin mayores consecuencias. En el encierrillo del día 10 se volvió a escapar un toro que fue localizado horas más tarde en el barrio de la Magdalena. Este año volvieron los bandos prohibitivos, orientados al Riau Riau, se prohibía corear la música y obstruir el paso de la corporación así como “circular abrazados por calles y paseos”. Incluso el alcalde Tomas Mata estuvo a punto de prohibir a la Pamplonesa que tocase en 1922 el vals de Astrain si bien en este toma y daca el consistorio cedió un poco en los años siguientes. Eso si, se prohibía enmascararse o disfrazarse  en fiestas y se intentó poner coto a la invasión de mendigos y limpiabotas. Las fiestas oficiales  recordemos acababan en la media noche del día 11, luego del 12 aunque muchas actividades se prolongaban hasta el día 14, incluso hasta el día 18.

Sería en 1922 cuando Ignacio Baleztena publicaría en el Pensamiento Navarro la famosa canción sanferminera de “Levantate Pamplonica” que hacía referencia al encierro y al horario de su celebración y que se  convertiría en un clásico de nuestras fiestas. En 1923 se inauguraba el Teatro Olimpia y el periodista americano Ernest Hemingway visitaba por primera vez nuestras fiestas. Se quedó prendado de nuestras fiestas  y se convertiría en su mayor divulgador mundial. Lo volvería a hacer en otras ocho  ocasiones: de 1924  a 1927, en 1929, 1931, 1953 y 1959. La lluvia suspendió la mayor parte de los actos del día 11 de julio. El 13 de julio de 1924 se producía la primera cogida mortal del encierro, la víctima el joven de Sanguesa, Estebán Domeño, lo que provocó un encendido debate sobre la celebración del encierro. También este año se quedó algún toro en los corrales que obligó a realizar un segundo encierro. La segunda cogida mortal se producía el 8 de julio de 1927, la víctima, el mozo pamplonés Santiago Martínez; este año hubo también algún pequeño montón y algún otro herido por asta de toro.   Desde este año se lanzan cuatro cohetes en el encierro para señalar la apertura de los corrales, la presencia de los toros en la calle, la llegada a la plaza de toros y la entrada en los corrales de la plaza. En 1924 las barracas se trasladaron junto a la plaza de toros, en los terrenos que ocupan hoy las calles Amaya, Roncesvalles y principios de Carlos III, aunque al año siguiente volvieron a su ubicación tradicional en Padre Moret y en 1928 el ferial del ganado a los glacis de la cuesta de la Reina. Las autoridades reconvenían a los hosteleros sobre los precios en estas fechas. La llegada de turistas iba en aumento. En 1925 a la corporación le costó 45 minutos llegar a San Lorenzo. Aun quedaban lejos las más de tres y  cuatro horas de los años 70 y 80.

En 1929 se inauguraban los actuales retretes subterráneos de la plaza del Castillo y se inauguraba el Monumento al general Sanjurjo. Al margen de las peñas que señalé en la entrada correspondiente (La Unica, La Veleta, etc), en estas primeras décadas del siglo había otras peñas y cuadrillas menos conocidas que conviene destacar como La Cuatrena, La Olada, La Marea, La Navarra, La Polar, La Ochena, La Cometa, Unión Pamplonés, Gente del Bronce (desde 1902), Los de ahora, Los de siempre; Peña Indarra, Peña San Fermin (nada que ver con la actual), La peña “La Benéfica”, Peña Aurrera, etc. Entre los diestros que destacaron en esta tercera década se encontraban Ignacio Sánchez Mejias, Manuel Varé Varelito, Rafael Gómez, Gallo, Domingo Gonzalez “Dominguin”, Diego Mazquiaran Fortuna, Juan Belmonte, Granero, Saleri, La Rosa, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Joselito Martin, Francisco Vega “Gitanillo de Triana”, Olmos, Antonio Marquez; José García “Algabeño”, Chicuelo, Manuel García, “El Maera”, Luis Fuentes Bejarano, Nacional, Cayetano Ordoñez “El niño de la Palma”, Martín Aguero, Rayito, Vicente Barrera, Armillita chico, Francisco Tamarit, Joaquín Rodríguez “Cagancho”,  Manolo Mejias Bienvenida, Victoriano Roger Valencia, Antonio Posada, Felix Rodríguez, Antonio de la Haba Zurito y el navarro Saturio Torón, que tomó la alternativa de manos de Marcial Lalanda.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 (1927),6 (1923),11 (1921),15,16 (Años 20) y 26 (1924). Luis Rouzaut. Nº 2 (1920. Ricardo Martin), 8 (años 20),17 (1925. Pascual Marin),23 (1930),24 (años 20) y 25 (1927. Pascual Marin). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marín. Nº 10 y 12 (1ª década del siglo XX), 18  y 20 (1918). Fotos extraídas de “Eternos Sanfermines” de José María Baroga. Nº 13 (13-7-1913), 22 (1930) y 28 (9-7-1923). Fotos extraídas de “Sanfermines” de José María Iribarren. Nº 3, 4, 9 y 14. Postales de primeros de siglo (1900-1930). Foto nº 5: Foto extraída de “Pamplona estrena siglo” de José Joaquín Arazuri (1900-1908). Foto nº 7. (1909-1920) Cesareo Castillo Moleda. Foto nº 19. Encierro de San Fermin de 1927. Foto nº 21. Revista “Blanco y Negro” (1923).

Indice de Entradas del blog “Memorias del Viejo Pamplona”

Con el fin de facilitar la lectura de las  entradas del blog y de conocer y acceder a todo su contenido, actualizo esta entrada-resumen de todas las entradas publicadas desde diciembre de 2012 hasta la fecha, nada menos que más  de 240 hasta el momento, ordenadas por años. Puedes acceder a cualquier entrada del blog desde los dispositivos móviles (teléfonos o tablets) pulsando sobre el título de cada entrada. En la versión web puedes encontrar también esta sección, en la columna de la izquierda, junto a las otras secciones del blog.

 

AÑO 2018

AÑO 2017

Curiosidades: A finales de los años 60 ya se hablaba de construir parkings subterráneos

Aunque el primer parking subterráneo de rotación de Pamplona se inauguró el 11 de diciembre de 1990, con bastante  retraso respecto a las  ciudades de su entorno, 23 años atrás, en noviembre de 1967 ya se hablaba de la construcción de parkings subterráneos en nuestra ciudad. El día 14 de noviembre de 1967 aparecía en la prensa una noticia que hablaba de asunto. Por acuerdo del Ayuntamiento de Pamplona salía a concurso público las obras de construcción y explotación de los parkings subterráneos de la plaza del Castillo, Paseo de Sarasate, Plaza de la Cruz y zona de la plaza de Toros situada entre las calles Arrieta y Amaya. El Ayuntamiento establecía un plazo de dos meses para la entrega de las propuestas técnicas y económicas, estando prevista la apertura de los pliegos para mediados el 14 de enero de  1968. El ayuntamiento cedía los terrenos y recibiría un canon por la explotación. El coste de la construcción del parking corría a cargo de la empresa concesionaria que explotase  el parking y que lo haría  por un período de 50 años.  Finalizado el plazo para presentar proposiciones  no se había presentado ninguna propuesta. La falta de interés de la constructoras fue un jarro de agua fría para aquella corporación. No obstante, algunos años más tarde serían los propios concejales los que no solo no los impulsaron sino que frenaron iniciativas para promoverlos. En unas declaraciones ofrecidas a la prensa  hace algunos años  por uno de los concejales sociales de aquella época, éste tenía a gala haber paralizado aquellos proyectos de parkings  subterráneos de aquel entonces. Y es que parecer que los parkings subterráneos han tenido históricamente unos furibundos opositores en unos sectores sociales y políticos muy concretos.

Tendrían que pasar nada menos que 14 años, hasta junio de 1981, cuando el Ayuntamiento aprobaba, en pleno, la construcción de los parkings de  la plaza de Toros, Plaza de San Francisco, Conde de Rodezno (bajo el estanque) e Iturrama (bulevar)  pero  todos ellos no dejarían de ser proyectos y aun se dejarían esperar un puñado de años más. El de Plaza de Toros se volvería  a plantear a finales de 1988 y en marzo de 1989 salia el concurso junto a los de Blanca de Navarra, Conde de Rodezno, inaugurado en 1991 y Hermanos Imaz. Hubo un proyecto de construcción de parking en altura  en diciembre de 1988 en la esquina de Leyre y Sanguesa que nunca llegó a  realizarse. En agosto de 1989  se sacaban adelante varios parkings vecinales en San Juan, Iturrama, Orvina y Casco Antiguo (el de la Plaza San Francisco). Los vecinos de Blanca de Navarra protestaron contra la construcción del parking aludiendo a los posibles riesgos que iban a sufrir sus casas, protestas que continuaron a lo largo de 1990. El 12 de febrero de 1992  comenzaban las obras del parking de la plaza de San Francisco, con algunos incidentes. Resulta paradójico comprobar como algunos  conocidos opositores tanto  a estos proyectos de parking (Blanca de Navarra, Plaza de San Francisco) como al de la plaza del Castillo, a la vuelta de poco tiempo, se harían con una plaza en estos mismos equipamientos que con tanto ardor denostaban. Curiosa y contradictoria incoherencia  En diciembre de este año  se aprobaba  el parking vecinal de la plaza del Vinculo que se adjudicaría en abril del año siguiente y se terminaría en junio de 1995.

El parking de Santo Domingo del que recientemente se ha vuelto a hablar al querer promoverlo nuevamente el actual cuatripartito municipal  es un proyecto antiguo con una complicada historia. En agosto de 1993  el Ayuntamiento encargaba el proyecto del parking de Santo Domingo a los arquitectos Redón y Tena, si bien en el año 1995  ninguna empresa se presentó al concurso para su construcción. El 29 de marzo de 1996  se aprobaba la convocatoria de un nuevo concurso para la construcción y concesión de este parking  al que solo se presentó una empresa pero que quedó desierto a finales de junio, pues dicha empresa no ofrecía ninguna plaza de rotación.  El concejal Pascal, del PSN hablaba, en aquellos tiempos,  de un pacto entre los constructores para no presentarse a los concursos de parkings hasta que no se impulsase el de la plaza del Castillo.

Tengo conocimiento de que en  la primera mitad de la década de los 90 hubo un proyecto de parking para Sarasate que contaba con el apoyo de los comerciantes de lo Viejo  y  el aval de Fernando Redón que también colaboraría en el proyecto de reurbanización del Casco pocos años más tarde, pero este proyecto nunca vió la luz. Entre 1991 y 1995 se habían construido en Pamplona 17 parkings subterráneos con 4.251 plazas. El 10 de mayo de 1996 se aprobaba promover un parking en el Rincón de la Aduana con 750 plazas, inaugurado en diciembre de 1998 con tan solo 432 plazas y un año más tarde, en 1997, se intentaba sacar adelante nuevamente el parking de Santo Domingo y el de Carlos III, aprobado en marzo de 1998. También este segundo vendría con polémica. Tras la construcción del parking se llegó a decir que había que peatonalizar la zona porque el parking no resistía el paso de vehículos. Hubo oposición de los comerciantes por las obras del parking y las dificultades en el acceso. Se plantearon nuevos parkings en Compañía (cuyas obras comenzaron en noviembre de 1999) y de Labrit si bien este último se desestimó, entre otras razones, porque según un informe de un arquitecto municipal su construcción podría dañar la estructura y cimentación de la plaza de Toros. En 1998 fracasaba nuevamente el concurso para el parking  de Santo Domingo.

A finales de diciembre de 2000 la alcaldesa Yolanda Barcina anunciaba la construcción de un parking subterráneo en la plaza del Castillo con 600 plazas y una inversión de 2.500 millones de pts. Fue el proyecto de parking más polémico que ha existido en la ciudad. Enseguida  se creó  se creó una plataforma para recoger firmas y detener su construcción. Se consiguieron, en poco más de un mes, más de 25.000 firmas. Al concurso  se presentaron siete ofertas, resultando ser la empresa EYSSA  la concesionaria con un presupuesto de 1.921 millones y 802 plazas de parking (aunque finalmente serían 939 plazas). En septiembre se celebró un referéndum popular con una participación de casi 20.000 personas. A lo largo de 2001 y 2002, la obra duró tres años,  aparecieron murallas, restos de termas romanas, enterramientos musulmanes, restos medievales, de castillos y de la época contemporánea. En Noviembre de 2002 se declaraba nula la adjudicación a EYSSA al haber adjudicado el Ayuntamiento las plazas por 75 años en vez de por 50, vulnerando la ley por lo que se tendría que volver a adjudicar. A lo largo de los primeros meses  de 2003 continuaron los fallos y recursos. En marzo se volvía a adjudicar el parking de la plaza del Castillo y también se volvieron a adjudicar de nuevo las plazas de parking. Al margen de los parkings citados a lo largo de todos estos años y los siguientes se construyeron también otros parkings bajo importantes equipamientos de la ciudad: con rotación en Baluarte, la nueva estación de Autobuses, la nueva Audiencia, el parking del Corte Inglés y solo para vecinos, en Roncesvalles o en calle Olite.

La Pamplona actual: Jardin de Eugui-Puente de Miluce (2015)

Recupero una serie que inicié hace dos años, de la que no había publicado más que cuatro entregas y que se centra en algunos paseos o itinerarios urbanos que cualquiera puede realizar cualquier día del año, preferiblemente y, para disfrutar del paseo y el contraste en la paleta de colores, con buen tiempo. En esta ocasión, vuelvo a un tramo del parque fluvial, el que se inicia cerca del puente de Cuatro Vientos y que recorre la antigua finca de recreo de Carlos Eugui y la finalizo unos metros más allá del puente de Miluce. Inicio mi paseo dejando  atrás el cruce de  Cuatro Vientos y descendiendo por unas largas escaleras hasta el antiguo jardín de Eugui ( una amplia finca de recreo que tiene en torno a 10.000 m2, hoy totalmente recuperados para uso y disfrute de la ciudadanía). Esta zona sufrió importantes modificaciones desde finales del pasado siglo cuando se ensanchó algo la avenida de san Jorge, al igual que el primer tramo de Marcelo Celayeta, con la incorporación de un imponente muro de contención sobre la orilla del río.

Antiguamente las escaleras de acceso al jardín de Eugui se encontraban más cerca del frontón y eran bastante más sinuosas que las actuales, hoy en una nueva ubicación y con la habilitación de las correspondientes rampas de acceso. Recuerdo haber jugado, no pocas veces, a la pelota, en este frontón, en los años 1977 o 78. En aquel tiempo esta zona estaba abandonada y tenía ese aspecto  asilvestrado que tiene, los parajes por los que deja de pasar durante mucho tiempo la gente. Hoy en día podemos disfrutar de un paseo adoquinado, sin riesgo de resbalar y caer al río como en aquel entonces. Y es que el  cauce del río se estrecha en este tramo, es más profundo y el agua adquiere mayor velocidad. El jardín se ha rehabilitado y a los caminos adoquinados se suma la recuperación del estanque existente y la consolidación del frontón que va cumpliendo nuevas décadas, para solaz de las nuevas generaciones. Junto a él muy cerca, permanece sin demasiados cambios, desde aquellos lejanos, años una vieja escuela reconvertida que alberga hoy creo una instalación educativa de la empresa  Tasubinsa.

Continuamos circulando junto al río, en un paisaje tranquilo y silencioso, bajo una tupida arboleda. Seguimos avanzando y encontramos la nueva y accesible  pasarela peatonal de los tubos. Esta pasarela-tubo fue construida en los años 40 y estaba atravesada por un conducto de gran capacidad, que canalizaba aguas de abastecimiento.  Más adelante hallamos, para mi gusto, un paisaje de gran belleza:  la presa y molino de la Biurdana. La presa tiene una longitud de 42 metros de anchura y 2´5 de altura. Su construcción se remonta a la época medieval. Durante muchos años sirvió al molino harinero cercano y hoy creo que genera energía hidroeléctrica. En el momento de tomar estas fotografías, el lecho del río aparecía lleno de aves acuáticas. Al otro lado del río, desde hace casi una década, podemos disfrutar del nuevo parque de Trinitarios, donde antes había algunas huertas y se encontraban los invernaderos de Villamiranda. Más al fondo podemos divisar  el barrio de San Juan.

El siguiente hito que encontramos en el paseo  es la nueva pasarela peatonal de San Jorge, muy cerca del antiguo patinódromo, construida hace unos meses (este paseo se hizo unos seis u ocho meses después de colocada esta  pasarela). Al otro lado encontramos el parque de la Biurdana, uno de los primeros parques exteriores que se construyeron en la ciudad,  en los primeros años 80 (1984),  donde antes había tan solo campos de cultivo. Tiene una amplia diversidad forestal: arces, fresnos, castaño de indias, almez, etc. La nueva pasarela viene a suplir la que se construyó hace ya mucho tiempo (data de los años 80) y que no cumplía con las debidas condiciones de accesibilidad y eliminación de barreras arquitectónicas. Junto a ambas pasarelas peatonales se erige el puente de San Jorge, construido en torno al año 1973 y que permitió comunicar los emergentes barrios de San Juan y San Jorge, a través de  la llamada entonces Variante Oeste, actual Avenida de Navarra. Posteriormente la variante oeste sería otra mucho más periférica.

Pasado el puente de San Jorge y siguiendo el curso del río nos encontramos con una nueva pasarela peatonal (construida en el año 2009) y enfrente,  en la margen izquierda, el cementerio de San José. Más allá encontramos el puente más occidental y alejado del casco urbano, el puente de Miluce, de origen medieval, aunque algunos dicen que podría remontarse  a la época romana. Fue objeto de una profunda reconstrucción en el siglo XIX. El origen de su denominación que con más insistencia ha llegado a nuestros días   se refiere al ahorcamiento, en abril de 1351,  de unos caballeros por el rey Carlos II el Malo, por haberle hecho frente, y que fueron colgados en los ojos del puente, dando, de este modo,  sus lenguas largas de ahorcados (mihi luze en euskera) nombre al puente. Otras explicaciones aluden, sin embargo, al topónimo vasco “amil luze” ( precipicio largo). En 2006 se sustituyó el asfalto de la calzada del puente  por adoquín, restringiéndose su uso al meramente  peatonal.

Plazas y calles de ayer y hoy: la plaza de Recoletas (1900-2015)

Retorno a una serie clásica de este blog, la de las “plazas y calles”, deteniéndome esta vez  en la plaza de Recoletas, la primera plaza que encontramos en la ciudad histórica, subiendo desde la Rochapea por el Portal Nuevo. Su origen se remonta al siglo XVII, cuando se terminaron de derribar las viejas murallas medievales, y se ultimaba el nuevo recinto fortificado, unido a la imponente Ciudadela.  El rey Felipe IV donó el 16 de julio de 1624 los terrenos donde se encuentra la plaza y el convento de Recoletas a D. Juan de Ciriza, marqués de Montejaso, a la sazón, secretario de estado del rey, quien  junto a su mujer Doña Catalina Alvarado decidieron levantar un monasterio de clausura de  monjas de la orden de las Agustinas Recoletas. El Monasterio fue inaugurado el 4 de junio de 1634. El propio Juan de Ciriza ordenó posteriormente construir alguna de las casas de la plaza como la Casa de los Capellanes, donde se asentaría posteriormente el Asilo del Niño Jesús, que vemos en la penúltima foto de esta entrada, obra de José Luis Zuñiga, de enero de 1977. En el siglo XIX  el convento se utilizó como cárcel, incluso llegó a estar aquí encerrada, en la primera guerra carlista, la familia de Zumalacarregui.
A finales del siglo XVIII, se encargaron a Luis Paret varias fuentes monumentales con motivo de la traída de aguas de Subiza. La fuente existente hoy en la plaza de Recoletas estaba proyectada inicialmente para la Plaza Consistorial, conocida entonces como Plaza de la Fruta. Inicialmente estuvo localizada en el extremo sudoeste de la plaza hasta octubre de 1884 en que se coloca en el centro. También a finales del XIX se plantaron diversos arboles, cuyos ejemplares jóvenes vemos en la foto adjunta de primeros del siglo XX. Durante más de 30 años, los que van del 12 de septiembre de 1940 al 29 de febrero de 1972 la plaza fue oficialmente la plaza del Cardenal Ilundain, si bien ese nombre nunca cuajó entre los pamploneses que siguieron llamando a la plaza, plaza de las Recoletas. En 1974 el Ayuntamiento compró la plaza a las monjas  por la cantidad de dos millones de pesetas. La plaza también fue conocida popularmente,  a lo largo del siglo XX,  como plaza de los ajos,  por realizarse  aquí la mayor concentración de vendedores de ajos, principalmente en las fechas sanfermineras y  cuya actividad  ha decaído  tanto hasta el punto de casi desaparecer. Adjunto una foto típica con la plazuela llena de casetas de ajos. Un siglo antes, en  el siglo XIX se encontraba en este lugar, no una concentración de vendedores de ajos sino  el mayor mercado de carbón vegetal de la ciudad.

La plaza ha sufrido diversos cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Como dije en la entrada “La avenida de Guipúzcoa: de Recoletas a Cuatro Vientos:1950-2012” hasta el inicio de los 80 había un par de kioskos en el lado de la plaza más cercano a la calle Mayor, tal y como podemos ver en la fotopostal en color de Ediciones Complex, de unos años antes, (principios de los 70),  que encabeza la entrada, asi como en la foto de Galle que cierra la entrada. Además y en el ángulo noroeste, cercano a la pared del convento y a la llamada cuesta de la Estación hubo, hasta primeros de los 80,   un tramo de escalones de piedra que comunicaban esa zona de la plaza con la acera de la avenida de Guipúzcoa. Se puede comprobar, hoy en día,  si  observamos con atención el nuevo lienzo de piedra que se diferencia claramente del resto del murete. En la foto aérea  de Gomez,  de 1964-65,  que encabeza la entrada,  puede percibirse en la bajada al Portal Nuevo como  la balaustrada, que separa la plaza de la Cuesta de la Estación,  finaliza abruptamente antes de llegar al muro del convento. A lo largo de buena parte del siglo XX la plaza estuvo  llena de coches y se podía aparcar y circular por ella, como atestiguan las fotos. Posteriormente se limitaría el acceso a la circulación a la calle  Recoletas así como el aparcamiento siendo reurbanizada como lo ha sido la mayor parte de las calles y plaza del Casco Antiguo a lo largo de la última década.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Iglesia de San Lorenzo y plaza de Recoletas, en primer término. Años 70. Ediciones Complex. Nº 2. Panorámica de la iglesia de San Lorenzo y la plaza de Recoletas. 1964-65. Gómez. Nº 3. Plaza de Recoletas. Principios del siglo XX. Archivo Municipal de Pamplona. Nº 4. Plaza de Recoletas. Sin filiar. Nº 5: Asilo del Niño Jesús. José Luis Zuñiga. Enero 1977. AMP. Nº 6. Plaza de Recoletas. Años 70. Jose Galle. AMP

Los sanfermines del tardofranquismo (1960-1975)

Continuo con la serie dedicada a los sanfermines del pasado siglo, completada con algunas notas historiográficas, urbanísticas y de costumbres. Incorporo fotografías de muy diversa procedencia, algunas de ellas pertenecen, como en anteriores entregas de esta serie, al Fondo Marin de la Kutxateka. Comencemos sin más dilación. En 1960 era alcalde de Pamplona el carismático Miguel Javier Urmeneta. Los sanfermines concitaban cada año la llegada de un mayor número de extranjeros. A ello contribuyó tras el inicial impulso de Ernest Hemingway, fallecido poco antes de los sanfermines de 1961, la irrupción  de medios de comunicación audiovisuales  cada vez más globalizados: la radio, el cine y sobre todo  la televisión. La prensa europea se iba haciendo eco de la celebración de nuestras fiestas y cada año, actos como los del Chupinazo y otros eventos festivos se iban masificando cada vez más. Aquel año se habilitó un camping en el estadio Ruiz de Alda. Se hablaba  de unos 100.000 visitantes, casi tantos como pamploneses había en esa época. Empezaban a acudir primeras grandes estrellas del mundo del celuloide: Orson Welles y Deborah Kerr lo harían en 1961, el primero también en 1965 y 1966 para rodar una película, y la segunda también lo hizo en 1962, Charlton Heston  acudió en 1962 mientras Nicholas Ray y Darryl F. Zanuck lo hicieron en 1963.  Además recalaron en nuestra ciudad otros personajes famosos de la época, como gente de la realeza (los Borbon-Parma, Fabiola, etc) o de la farándula (Marisol, Torrebruno, Sara Montiel, Conchita Bautista, etc). Por lo demás, las fiestas se basaban en sus tradicionales actos: los encierros, las corridas, la comparsa de gigantes y cabezudos, las barracas, la tómbola, el ferial, las verbenas, la procesión, el riau-riau, etc. Este año, hubo un montón impresionante en la calle de la Estafeta, cerca del cruce con la bajada de Javier, (tal y como señalé en la primera parte de la entrada dedicada a los comercios de la Estafeta), aunque afortunadamente no hubo ningún muerto, no se puede decir lo mismo de 1961 en que falleció un corredor, Vicente Urrizola, por una cornada en la plaza Consistorial. En lo urbanístico los hechos más destacables del inicio de la década fueron la inauguración de la  Cuesta de la Chantrea y el nuevo puente sobre el rio Arga, el cierre del Cafe Kutz, la construcción del Hotel de los Tres Reyes y la colocación de la primera piedra del edificio central de la Universidad de Navarra.

Los encierros se seguían celebrando a las 7 de la mañana, lo harían hasta 1974, año  en que se retrasaron a las 8.  Las corridas se celebraban a las cinco y media de la tarde pero en 1974 se retrasaron  a las seis y media. Toreaban en la primera mitad de esta década diestros como Paco Camino, Antonio Ordoñez, Jaime Ostos, Curro Romero, El Viti, Diego Puerta, Curro Girón, Antonio Bienvenida, Palmeño, Andres Vazquez, Miguel Baez Litri   o Mondeño. También se estrenaría en estos años un novillero de enorme fama como El Cordobes, y aquí comenzaría su declive, fue sonada la bronca que le tributó el respetable pamplonés en el  año 1965. En 1961 salía por primera vez El Estruendo de Iruña, quienes hacían constar su falta de subvención, a diferencia de otras peñas. En 1962, por primera vez en la historia de las fiestas,  las corridas fueron retransmitidas por Televisión Española. En 1964  se retransmitió el encierro, por primera vez, en directo, por Eurovisión, siendo redifundido posteriormente en Estados Unidos. Fruto del hermanamiento con Baiona, firmado en 1960,  se instaurarían, en los sanfermines, diferentes actos festivos  de hermandad con la vecina ciudad lapurtarra. En 1963 se procedía a inaugurar, de forma simbólica, la avenida de Bayona. Las barracas se ubicaban al comienzo del barrio de San Juan y el ferial del ganado, ese año,  en el margen derecho del rio Arga, cerca de la Biurdana. Y hablando de las barracas cabría recordar que  estas se habían instalado, desde el año 1951 hasta 1966, en las proximidades de la avenida de Bayona, entre Antoniutti y la Cuesta de La Reina. A partir de 1966 y hasta 1971 lo harían en la zona de los glacis de la Vuelta del Castillo que daban a Pio XII.  En 1962 se cantó por primera vez el canto “A san Fermin pedimos”, inicialmente ante una figura del santo colocada en una ventana del Hospital Militar.  En 1963, en vísperas de las fiestas,  se ultimaba la nueva decoración del muro medianil de Casa Seminario, una autentica guía visual de los principales monumentos turísticos de la ciudad, obra de Pedro Lozano de Sotes que costó 42.000 pesetas pagadas, a partes iguales, por el Ayuntamiento y la Caja Municipal. Se cerraba el Coliseo Olimpia y comenzaba a construirse el nuevo Hotel Maisonnave en la calle Nueva. Tras 22 años desaparecía la clásica prueba deportiva sanferminera iniciada en 1941 por el SEU, Travesía del Arga.

Los sanfermines de 1964 pasaron a la historia porque el chupinazo lo disparó el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne. A Urmeneta le relevó en la alcaldía, en febrero de 1964,  Juan Miguel Arrieta, que conservó el cargo hasta enero de 1967 en que fue sustituido por Angel Goicoechea. El chupinazo de 1964 fue  el primero en que alguien ajeno al ayuntamiento inauguraba las fiestas. Las peñas le hicieron imposición a Fraga del pañuelo rojo. En 1971, el Ministerio de Información y Turismo les dió, no sabemos si por agradecimiento,  la placa de plata al Merito Turístico. ¡Quien  diría que las relaciones de las peñas con los jerarcas del régimen o sus representantes en la “provincia” iban a ser tan diferentes tan solo unos años después!.  Además de la concesión de la placa las fiestas fueron declaradas poco después  fiestas de interés turístico. La policía municipal estrenaba en 1964 nuevos uniformes blancos, rematados  por  un singular casco, lo que haría que muchos pamploneses empezasen a llamar a los agentes “calimeros”. La Ciudadela pasaba de la administración militar a la municipal, la entrega se haría en julio de 1966, casi al mismo tiempo que se inauguraba simbólicamente la avenida del Ejército.  En 1964 se ponía en marcha el Plan de Promoción Industrial, de la mano de Huarte y Urmeneta. En esos años, 1965-66, se  derribaba la Escuela de Artes y Oficios y la plaza de la Argentina se convertiría  en la estación central de las villavesas. En 1966 entraba en funcionamiento la fábrica de automóviles Authi. En 1965 hubo desavenencias entre el consistorio y la Meca y estuvo a punto de no haber corrida y encierro el último día pero al final no llegó la sangre al rio y hubo encierro también en la última jornada.

Desde 1966 y hasta 1971, el Ayuntamiento hizo imposición del galardón “Pañuelo de Honor” con el fin de distinguir a aquellas personas que se habían destacado por su labor durante las fiestas. Entre los premiados, a  lo largo de su corta historia,  cabe señalar, -algunos lo fueron a título póstumo-,  los nombres de Rafael García Serrano, Basilio Zoroquiáin, Ernest Hemingway, Manuel Turrillas, Gurmensindo Bravo, Carlos Juaristi, Ignacio Baleztena, El chico de Olite, los cuerpos médicos de los Hospitales Civil y Militar, José María Iribarren, José María Latorre, entre otros.  La verbena, la única que había entonces, se celebraba en la plaza del Castillo, entre las 10.30 y la 1.30 de la madrugada. Los autos de choque costaban 4 pesetas y 20 pesetas el abono de 6 viajes, los caballitos 3 pesetas. En octubre de 1965 la Comparsa había viajado a Estados Unidos en donde participaron en la clausura de la Feria Mundial de Nueva York. Antes y durante las fiestas de 1966 hubo conflictos con algunos medios de comunicación (TVE y ABC) a propósito de la contribución económica de Navarra al estado y de algunas  manifestaciones sobre la comunidad que molestaron a pamploneses y navarros y que transcendieron al entorno festivo, de hecho se produjo  una quema pública de ejemplares del rotativo madrileño en la plaza de toros, el día 12 de julio. Cada vez era más frecuente el rodaje de películas españolas durante los sanfermines. Las canciones que más se tararearon en los  sanfermines de 1966 fueron “Esperanza”, “El chachacha”, “Juanita Banana” y “Mustafá”.

En 1967, se estrenaba la ampliación de la plaza de toros, obra del arquitecto Rafael Moneo, pasando de tener el coso de 12.500  a 19.500 localidades, la segunda con mayor aforo de España.  “La manguera” fue la canción más oída durante estos  sanfermines, que duraron 10 días. Las peñas elegían por primera vez una madrina de honor para representarles en diferentes actos de las fiestas, cuatro años más tarde elegirían cada una de ellas, presidentas de honor. Constituidas en Comisión las peñas se comprometían en 1967 a salvaguardar el acto del riau-riau y a colaborar en la agilización de su recorrido para lo cual hicieron un llamamiento a asistir a la Marcha a Vísperas al mismo tiempo que pedían no se entorpeciese la marcha de la corporación. Tres años más tarde, en 1970, volvían a la carga sugiriendo la incorporación de la Comparsa, el grupo de danzas y los timbaleros, rogando al público  no  tirase agua a los mozos desde los balcones. En 1971, el acto duraba ya algo más de tres horas, tocando la banda de música más de 60 veces el vals de Astrain. En 1967 se celebró el primer Cross del Encierro, organizado por El Pensamiento Navarro en el que participaban la mayoría de las Peñas y algunos clubs deportivos y también el 1º Festival de las Peñas. También ese año se instauró la costumbre de la ofrenda floral al santo a su paso por el pozo de San Cernin. El 2 de septiembre de  1967, Osasuna estrenaba el nuevo estadio de El Sadar en sustitución del viejo campo de San Juan.  Continuaban  las obras del pantano de Eugui. Los taxis de Pamplona comenzaban a llevar en sus puertas una franja verde. Se inició la construcción de los cuarteles  de Aizoain, donde se trasladarían los militares asentados en los cuarteles del centro, mientras se empezaba a reformar la Ciudadela. El 6 de julio de 1968 se inauguraba el monumento  a Hemingway, con la presencia de su viuda, un busto de bronce sobre un bloque de granito de 8.000 kilos de peso y ese mismo día se inauguraba un Monumento al Encierro frente al también inaugurado Parador El Toro. A Angel Goicoechea le sustituyó en mayo de 1969, en la Alcaldía, D. Manuel Agreda que duró menos de un año en el cargo siendo relevado en diciembre por Joaquín Sagües que permaneció en el cargo hasta 1972, año en que fue alcalde accidental Javier Rouzaut. Entre 1973 y 1975 dos alcaldes ostentarán la vara de mando, José Javier Viñes (1973-1974) y José Arregui Gil (1974-75). En 1968 nacía la COTUP y en diciembre la ciudad se despedía de los cuarteles militares en el centro.

En 1969,  se produjo  un nuevo muerto en el encierro, un Guardiola mató a Hilario Pardo en la cuesta de Santo Domingo. Al Gayarre acudía regularmente la compañía de Paco Martinez Soria mientras que al Club Natación llegaban las estrellas pop del momento: Karina, Albano, Raphael, Julio Iglesias, Rumba Tres, Tony Landa, Patxi Andión, Juan Pardo, Formula V, Basilio, entre otros. Llegó ese año a Pamplona el Circo Ruso de Moscu y Urtain protagonizó un escándalo al ser vencido por K.O ante el holandés Van Duivenbode. Tras el incendió en el Gayarre, acaecido en Noviembre del año anterior,  se había reformado el teatro, -la reforma costó cerca de 15 millones de pesetas-,  se cambiaron las butacas y  el gallinero se sustituyó por un anfiteatro además de introducirse otras mejoras en sus instalaciones. A finales de 1969 comenzaba a derribarse el edificio de la Casa de Baños, en el Paseo de Sarasate. En Febrero de 1970 se inauguraba el Young Play  y en octubre la Biblioteca General se trasladaba al edificio de “La Agrícola”. Hasta entonces se encontraba en dependencias de la Diputación, en la avenida Carlos III.  Resulta cuando menos curiosa la recomendación de las peñas en 1970 pidiendo a las mozas no se incorporasen a la salida de las Peñas. La peña Anaitasuna organizaba el llamado Dimasu, el día del marido suelto, se dice que impulsado por Miguel Angel Falces, al que  conocí, era comerciante, a mediados de los 80. Hubo un día, ese año,  en que se retrasaron toro de fuego y fuegos artificiales ante la ruidosa protesta del público de Pamplona. En el Riau Riau de 1970 se acordó que no estuviera presente la Policía Armada en el recorrido, como era habitual hasta entonces, solo la Policía Municipal. En 1971 comenzaron a aparecer las matrículas de los coches con letras. Se comenzó a construir la  Avenida del Ejército, derribándose,  la muralla que conectaba la Taconera con la Ciudadela. Se trasladó la Casa de Socorro de Pamplona de la calle Alhóndiga, en donde estaba desde el año 1930,   al edificio de la antigua estación de Autobuses. Desaparecía el Cafe Torino de la plaza del Castillo que dos años más tarde se transformaría en  el Windsor.

El 7 de julio de 1972 se producía el primer encierro al revés de toda su historia llegando a recorrer los toros, de nuevo, toda la Estafeta hasta la calle Mercaderes, al encontrarse con un gran tapón en la plaza de toros. En 1972 las barracas se instalaron  en el solar  de los cuarteles de Infantería, en vez de en su tradicional ubicación en la Vuelta del Castillo. El 16 de mayo se abría al tráfico la avenida del Ejército. Se celebraron los Encuentros de 1972,  de los que hablé extensamente en otra entrada. En julio de 1972 se produjo una polémica por parte del cantante de origen cubano Luis Aguilé con la ciudad de Pamplona a propósito de unas declaraciones suyas sobre los sanfermines.  Los taxis comenzaron a cambiar de color, en vez de negros, blancos con una raya verde. Se iniciaron los vuelos regulares a Madrid con el aeropuerto de Noain recién inaugurado. Entre los toreros que acudieron a Pamplona, a partir de 1967 y hasta 1975 destacan además de los ya señalados Miguel Baez Litri, Antonio Ordoñez, Curro Girón, Diego Puerta, Mondeño, Paco Camino,  Curro Romero, Antoñete, Paquirri, Palomo Linares, Angel Teruel, Limeño, José Luis Parada, Miguel Marquez,  Miguelín, José Fuentes, Manolo Cortés, Marismeño, El Niño de la Capea, Manolo Rubio, Manolo de Los Reyes, Dámaso González, Curro Rivera, Raúl Aranda, Francisco Ruiz Miguel, José Mari Manzanares, José Luis Galloso, José Antonio Campuzano, Antonio José Galán, Julio Robles, Rafael de Paula, etc.

En los cinco últimos años del franquismo se hizo especialmente patente, durante las fiestas, la crispación social fruto de la conflictividad social, laboral y política de la época. El riau-riau duró en 1973 más  tres horas y el vals se interpretó 93 veces, duración que se mantendría al año siguiente y que se superaría en 1975, con tres horas y media. Estos últimos años hubo polémica entre los concejales sociales y el resto por el atuendo a lucir en el riau-riau y en otros actos sanfermineros. La mayor parte de la corporación participó vestida de frac, con chistera incluida, mientras los concejales sociales lo hacían de calle. En 1973 se cerró al tráfico, por primera vez, la plaza del Castillo, se abrió al tráfico la avenida de Bayona y  fue derribado el edificio del Plazaola-Irati en Conde Oliveto. Con este edificio desaparecía uno de los principales vestigios de los ferrocarriles Irati y Plazaola dentro de la ciudad. El 18 de enero de 1973  se producía el secuestro de Felipe Huarte, hijo de Don Félix Huarte, propietario de Imenasa. Unos días más tarde estallaba una bomba en el restaurante Iruñazarra, en la calle Blanca de Navarra, actual calle Mercaderes, propiedad de Ricardo Aparicio. Los daños ascendieron a un millón de pesetas de los de la época. Con la gran primera gran huelga general del franquismo reciente, con motivo del conflicto de Motor Ibérica, sus consecuencias se dejaron sentir en las fiestas de ese año: el  9 de julio de 1973, al acabar la corrida,  las peñas no bajaron al ruedo para iniciar el tradicional  desfile. Se quedaron sentados entonando canciones protesta y lanzando  consignas a favor de los detenidos y de apoyo a los despedidos de Motor Ibérica. La Policía Armada forzó el desalojo y las peñas salieron de la plaza en silencio por el callejón. Aquella Pamplona  conservadora, principal bastión de apoyo  al golpe militar del 36 empezaba a resquebrajarse y a quedar atrás. A finales de este año se acabaron de restaurar los  edificios de la Ciudadela que no habían sido derribados:  el Polvorín, el Almacén de Mixtos y la Sala de Armas.  Fueron  elegidos, este año,  como concejales, Erice, Martínez Alegría, Muez y Pérez Balda.  La muerte en atentado de Carrero y la postura de algunos de estos concejales de no acudir al funeral en la catedral provocó la suspensión cautelar en sus cargos por parte del Gobernador Civil, Ruiz de Gordoa.

En 1974 comenzó a construirse el Edificio Singular.  Empezamos a ver en las calles las primeras mujeres guardias de tráfico. La villavesa costaba 4 pesetas. El 28 de mayo, la plaza de la Argentina volvía a denominarse Plaza del Vínculo. Desde Junio de 1974 y tras la destitución de Viñes por las  palabras de recibimiento a los concejales represaliados se hizo cargo de la alcaldía, José Arregui Gil que permanecería en el cargo hasta 1976. Este año se quiso adelantar el encierro a las 7 de la mañana.  A mediados del año se comenzaba  a construir la plaza de los Fueros, finalizándose a primeros de 1975. Fue  definitivamente abandonado por los militares  el Palacio de Capitanía que hasta 1971 había albergado la Capitanía General, el Gobierno Militar. Aumentaron los conflictos laborales y la agitación estudiantil, social y política en Pamplona, con asambleas en Magistratura, huelgas en las fábricas (Authi, Super Ser), reuniones en los institutos (especialmente Irubide), homilías  en las iglesias, etc.  Ese año, 1974, se quemaba la factoría de Authi. El incendio se produjo en un momento delicado para la empresa. La fábrica tenía entonces 1.700 trabajadores. En septiembre se derribaba la casa de las Hiedras, en la plaza del General Mola, hoy plaza de las Merindades. Se hacía cada vez más patente la llegada del turismo mochilero y de otras gentes no siempre deseadas,  cuya llegada era propiciada por la enorme aglomeración humana y festiva. Cada año se ponía de moda un extraño cachivache que intentaban venderte por cualquier esquina. Comenzaba a verse de forma absolutamente excepcional alguna chica corriendo o más bien intentando correr en el encierro aunque entonces lo más habitual era su retirada por la fuerza pública. Eran otros tiempos. Los dos últimos años del período analizado fueron trágicos en los encierros. El día 12 de julio de 1974 moría Ignacio Eraso, en el tramo de Telefónica. El día 9 de julio de 1975 se producía uno de los encierros más trágicos de la historia con un muerto (Gregorio Gorriz) y más de 40 heridos, 14 de ellos de gravedad, a causa de un montón a la entrada de la plaza de toros. Corrian los toros de la ganadería Osborne.

En Enero de 1975 comenzaba a desaparecer la manzana de la Mutua, en el Segundo Ensanche, después de 50 años. En Febrero se demolía el viejo puente de San Juan, llamado  popularmente “el puente de los suicidas”.  En Marzo se demolían las casas del lado izquierdo de Cuatro Vientos. Dos  años antes, en 1973,  junto a estas casas se había terminado de desmontar la azucarera de Carlos Eugui y en años posteriores los almacenes de Múgica y Arellano, si bien parte de sus dependencias se aprovecharían para albergar el Instituto Politécnico Cuatro Vientos.  Este año se producía un largo conflicto en Potasas de Navarra. Desaparecía Authi, cuya planta de Landaben la compraría SEAT.  Desaparecían  aquellas locomotoras negras de vapor que nos habían acompañado durante tantos años.  El 15 de junio de 1975  se inauguraba la plaza de los Fueros, después de dos años y medio de obras. Ese año, en los sanfermines, hubo en esa plaza un multitudinario baile de la Era y actuaron también los “bolantes” de Valcarlos. Una “crecidita” Pippi Calzaslargas (Inger Nilsson) actuaba en la plaza de toros. A finales de este año y comienzos del siguiente se comenzaba a desalojar el Hospital Militar y se terminaba el Edificio Singular. En el chupinazo de 1975 se dieron gritos de Libertad, Libertad y empezaron a aparecer banderas rojas, con la hoz y el martillo,  símbolos duramente perseguidos  por el régimen.

Fotos por orden de aparición. descripción, fecha y en caso de conocerse, autoría: Nº 1: Orson Welles rodando en la plaza de la Navarrería, en plano Casco Antiguo Pamplonés. Foto Dalmas. 1966 ; Nº 2: El maestro Bravo, con su banda de música dando su tradicional paseillo, en los prolegómenos  del  encierro. Foto extraida del blog “Desolvidar” de Patxi Mendiburu, probablmente años 60-70; Nº 3: Los mozos cantando al santo cuando la figura estaba en un ventanal del Hospital Militar. 1963 ; Nº 4: Montón en el encierro del 7 de julio de 1960. ; Nº 5: fotopostal de los fuegos artificiales en la plaza del Castillo. 1963; Nº 6: la comparsa de gigantes en Nueva York. 12 de octubre de 1965 ; Nº 7: público durante los sanfermines en la bajada de la escalerillas de San Nicolás. Años 60 ; Nº 8,  Nº 9 y  Nº 10: fotos de los sanfermines de 1967, la nº 10, plasma el paseo del grupo de danzas Goizaldi de San Sebastián por la plaza del Castillo. CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA /Fondo Estudio Marin. Paco Marí ; Nº 11: Mozos bailando delante de un autobús en la calle Chapitela, un curioso precedente del encierro de la villavesa. Filmoteca Española. 1962; Nº 12: paisanos leyendo la prensa en la calle San Saturnino ; Nº 13: Fotopostal. Procesión de San Fermín. 1969; Nº 14: Fotopostal. Encierro en el tramo de Santo Domingo. finales de la década de los 60 ; Nº 15 : Fotopostal. Riau Riau. 1969 ; Nº 16: Riau Riau. Años 70. Los concejales sociales en traje de calle ; Nº 17: las barracas en la vuelta del castillo. 1971. ; Nº 18: Fotopostal. Público a la salida de las peñas. Años 60-70 ; Nº 19: Encierro, en el tramo de Telefónica. Foto Gómez. Agencia Cifra. 1967; Nº 20: Montón del trágico encierro del 9 de julio de 1975. Foto Gómez. Agencia Cifra.

Comercios del Viejo Pamplona: San Miguel (1908-1963)

Vuelvo con la serie “Comercios del viejo Pamplona”. En esta ocasión con una calle cortita, la calle San Miguel. Cualquier intento de casar la numeración antigua con la moderna parece imposible, como veremos, pues no hay apenas coincidencias, hay saltos de números en la actualidad, por ejemplo en el lado izquierdo pasamos del nº 7 al 13, probablemente imagino que por fusión o anexión de edificios de viviendas y en el lado derecho hay desajustes entre la numeración antigua y la moderna. Empezaremos por la belena de San Miguel donde aun permanece la Mercería Carmen que aun conserva el nº 2 de la calle como recuerdo de la antigua numeración, la tuvo hasta los años 20 y  donde está su única puerta de entrada aunque el comercio también ostenta el 75 de la calle Nueva, por lo que cabe pensar que pudo tener también entrada por esa otra calle. Antes de la mercería, a principios del siglo,  estuvo en su lugar la alpargatería de Esteban Erro que en los años 30 se trasladó al nº 13 de la calle. Posteriormente encontramos a Droguería López si bien,  a primeros de siglo, estaba enfrente, en el nº 3 de la calle bajo la dirección  de Alvaro López Gómez. La droguería se fundó en 1904 como botica y luego se convirtió en droguería, vendía, además,  aparatos fotográficos. Fue a mediados de los años 20 cuando pasó a su actual ubicación en el lado derecho de la calle, en el nº 2, numeración que compartía con la tienda de Ramón Yarnoz que vendía chocolates, azucares y ceras. En esos años 20  a Alvaro le sustituyó su hermano Emilio que estuvo al frente del negocio hasta su fallecimiento, y al que luego le seguiría su hijo Joaquín hasta 1985. En el nº 4 en donde después se puso López estuvo, a principios de siglo, la carnicería de Antonio Orus vendiendo tocinos, jamones y embutidos, a este le seguiría en los años 20 Pascasio Yoldi, con el mismo género, y en los años 50 Miguel Yoldi. A continuación  en el nº 6, donde hoy hay una agencia de viajes, estaba la abacería de Doroteo Barcelo que luego se trasladaría al nº 12.

Como he dicho en los años 20 se recupera la numeración actual, de tal forma que donde hoy está Cool en tiempos estuvo la mercería de las Hermanas Agurruza, negocio que permanecerá dentro de la familia Agurruza hasta al menos los años 60, primero bajo la titularidad de María (Años 30) y luego de Emiliana (Años 50), casi siempre con el mismo género: quincalla (lo que hoy se llamaría bisutería), mercería y paquetería, introduciendo perfumería desde los tiempos de María. En los años 30, en el nº 8, estaba la casa de la familia Arrieta, uno de sus miembros, Juan Manuel fue alcalde Pamplona; aquí,  en este edificio, tenía su sede social la fundición de Apolinar Arrieta. Aparece en las guías comerciales y licencias municipales como fabricante de bombas, fundiciones de hierro y otros metales, construcción de maquinaria industrial y venta de  maquinaria agrícola e industrial. En 1905, en el nº 10, encontrábamos la carnicería de Julio Rodríguez que mantiene el negocio hasta los años 50.  A continuación venía el negocio de venta de cereales al por mayor y por menor de Juana Gallego  que luego  sería ocupada por  la abacería de los Sucesores de Barceló y más tarde por la carnicería de Manuela Erdozain, que hoy es Carnicería Vizcay, con más de 60 años de historia pasando de padres a hijos, posteriormente  la ferretería de Marcelina Irigaray y, atravesando el cruce con San Gregorio,  la taberna y tienda de venta de vinos de Miguel Muniain, al que sustituye Aniceto Muniain ocupando los números 16 y 18, la tienda de venta de aceites al por mayor de Agapito Peralta  (luego Comercial Belo) en el nº 22,  donde hoy está  la pizzería Pulcinella,   y durante mucho tiempo, al menos desde los años 60 estuvo la tienda de bolsos de Manuel  Nagore.

Antes, donde yo recuerdo estuvo la tintorería La Elegante estuvo la zapatería de calzado fino de  Genadia Pascual Hermoso. La tienda de comestibles de Jesús Torrens que permanece todavía abierta en el nº 12 permanece en el lugar al menos desde los años 40. El último tramo de la calle San Miguel acababa en la bonita Casa Navasal, aunque no he detectado ningún número mas allá del 22, bueno, no es así, sorprendentemente en los años 60, solo en los años 60 descubro los números 36, 40 y 46, en los dos primeros había una churrería (de Margarita Eguillor) y  sendos bares de Damian Elizalde y José Guerra y una droguería de José Luis Casimiro y una tienda de ultramarinos de Juan María Zabalza. Me choca el salto e ignoro si esta numeración correspondía a la mencionada Casa Navasal derribada a finales de la década de los 60 o correspondían a algún número de la plazuela. ¿Alguien puede arrojar un poco de luz sobre esos establecimientos?.

Si empezamos la calle San Miguel por el lado izquierdo, del mismo modo y sorprendentemente,  a primeros de siglo,  encontramos la zapatería de Eusebio Aragón en el nº 1 de la calle San Miguel, sin embargo, por fotografías, que incluso han aparecido en este blog, sabemos que la zapatería de Eusebio Aragón estaba en la plazuela de San Nicolás, donde desde hace más de tres décadas se encuentra Ortopedia Aquiles.  En el nº 3 estaba como he dicho la droguería López así como la hojalatería de los hermanos Soria que vendían también material de electricidad. En el nº 1 desde la postguerra se encuentra el conocido comercio Colchonería Purroy que inicialmente fue una tienda de tejidos ampliando más tarde su negocio al de los colchones que es en el que finalmente se especializó. A continuación estaba el  ultramarinos de Manuel Lecumberri que en los años 20 se trocaría en venta de vinos y licores a cargo de Elías Goñi, y en los años 30 en la camisería y tienda de confecciones de Manuel Batllori, luego Viuda de Batllori (anteriormente había estado en la calle Zapatería) que a finales de los 40 pasa al otro lado, al nº 8, como Herederos de Manuel Batllori y en los 60 se transforma en Galerías Navarra S.A (bajo el epígrafe de bazar y tienda de venta de confección), en su anterior localización, en el nº 5,   se ubicó desde finales de los 40 la conocida Casa del Maestro (anteriormente ubicada en la calle Nueva), fundada por Nolasco Pérez Ilzarbe  al que sucedió en la titularidad su viuda y luego el matrimonio formado por su hijo Francisco Pérez  Ilzarbe y su esposa Julia Ruiz,  y en los números 7 y 9  estaba, a primeros de siglo, la fábrica de pastas para sopa de Antonio Gayarre, junto a su tienda de coloniales, que en los años 30 regenta Maravillas González y que en los años 50 se dedica  a la droguería al por mayor.

En los años 50 se ubica en el nº 11 con bazar, relojería, bisutería y quincallería José Mendivil Fernández, ahí he llegado a conocer en los años 80, Joyería Lyon, regentada por su hija Maria José, y es que José Mendivil fue el padre de una conocida familia de joyeros y relojeros pamploneses, como Francisco Mendivil (Berna) y Mari Jose Mendivil (Alexander y Mendihur). En los años 30, en el nº 13 hallamos la alpargatería de Esteban Erro y posteriormente la fábrica de chorizos de Mariano Goñi. En la calle han tenido su sede otros conocidos negocios como el de los Gallo (con peluquería, barbería), y sobre todo en las últimas décadas conocidos por el negocio de los callistas, peluquerías como las de Josefa Flor, Mari Carmen Luri, mercerías como la de Carmen Labiano, en el nº 13, sastrerías, perfumerías como la de Angel Santesteban (en los años 30) o tienda de calzado como la de Francisco Elvira, incluso la firma de perfumería Colomer tuvo representación aquí en los años 60.

Fotos por orden de aparición: C/San Miguel. Colección fotográfica de la Fundación Telefónica (1924-1934). C/San Miguel (1968). J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Calzados Aragón. (1934). Galle.

    

Imagenes del ayer y hoy: A las orillas del Arga (1900-1950)

Continuo con la serie fotográfica “Imagenes del ayer y hoy”, recorriendo, en esta ocasión, las orillas del Arga, a través de diferentes fotopostales antiguas y alguna foto moderna de mi archivo y dando algunas notas históricas de los diferentes elementos que descubriremos en su recorrido. Es la entrada del blog más documentada gráficamente: cerca de 50 fotopostales, -todo un record-, pero creo que el tema lo merece. Comienzo sin más dilación. Cinco meandros dibuja el Arga a su paso por Pamplona: en la Magdalena, Aranzadi, Rochapea, Trinitarios  y Landaben con diferentes usos y actividades, a lo largo de la historia: huertas, viveros, industrias y talleres. A lo largo de su recorrido descubriremos canales, molinos, batanes, lavaderos, presas, fábricas, harineras, centrales eléctricas, etc. Comenzaremos nuestro paseo por las orillas del Arga, y lo haremos en la zona de Beloso. Si dejamos atrás el puente de Beloso, en las inmediaciones de Burlada, y nos adentramos, por su orilla derecha, encontraremos una amplia zona de regadío, las famosas Huertas de la Magdalena y  enfrente el impresionante talud sobre el Arga.

Las primeras foto postales de la entrada que nos muestran el río, en ese primer tramo, son fotopostales de las primeras décadas del siglo, en las que no hay todavía ni rastro de las instalaciones deportivas del Club Natación, -se fundó en los años 30-, y en las que destaca la silueta del molino de Caparroso, con su inconfundible chimenea de ladrillo. En el horizonte de estas estampas se distinguen, a  la derecha de las fotos, los edificios del convento de las Josefinas y algunas otras construcciones dispersas. En buena parte de esas primeras fotos podemos contemplar también el talud de Beloso y más adelante y con más detalle el talud cercano al parque de la Media Luna. En las últimas tres postales, de los años 50,  ya están presentes las instalaciones del Club Natación, en ambas orillas del río,  así como las conocidas pasarelas de piedra que se comentan en el texto de la entrada.

En tiempos, en este primer tramo, estuvieron las tejerías de Beloso y Caparroso, al inicio de la ripa de la Media Luna, la primera y aguas más abajo la segunda,  y en ese tramo, cerca del futuro club Natación, desaguaba igualmente la llamada Fuente Vieja, al menos hasta mediados del siglo XIX. A continuación venía una de las  tradicionales zona de baños para los pamploneses, la llamada playa de Caparroso. En esta zona, en los años 30,  se ubicaría el mencionado Club Natación, tal y como expliqué, con detalle, en la entrada dedicada a las sociedades recreativas de Pamplona. Hasta 1917, en la zona cercana al Molino de Caparroso, comenzaba su curso el llamado Río de los Leños, un canal de derivación al que llegaban los troncos que se bajaban por los ríos Ulzama y Arga, desde la zona de la Montaña y que conoció sus mejores tiempos en los siglos XVI y XVII. Este canal se prolongaba hasta unos metros más abajo del puente de la Magdalena.

El Molino de Caparroso, -se le conoce así desde el siglo XV-, conocido anteriormente como Molino de San Miguel (S.XI) o Molino de García Marra (S.XII), es el molino más antiguo de la ciudad. Entre los años 1848 a 1895, en el edificio del Molino, se había ubicado la fundición de Salvador Pinaquy, origen de Casa Sancena. En 1899 la presa, que también data del siglo XI, y la energía derivada del salto de agua era explotada por Electra Pamplona, si bien pasó a Electra Aoiz unos años más tarde,  (desde 1930, Sociedad El Irati) que incorporó una central eléctrica, con su turbina de vapor y su alta chimenea de fabrica de ladrillo. Junto al Molino podía hallarse, entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, el lavadero del Conde de la Rosa. El siguiente hito que encontramos en el río son las antiguas pasarelas que inmortalizase Montxo Armendariz en su película “Secretos del Corazón” y que fueron sustituidas por la actual en el año 2000. Las pasarelas se montaron a primeros del siglo XX y consistían en unos bloques de hormigón de 40 x 100 cm anclados en el lecho del río, sobre la que se apoyaba una calzada de madera desmontable; estas tablas desaparecían frecuentemente con las crecidas por lo que la imagen que tenemos es la de los bloques de piedra y la gente saltando.

Posteriormente nos encontramos con el puente de la Magdalena, erigido entre los siglos XI y XII, el más antiguo de la ciudad, tras el de san Pedro, del que hablaré más tarde. El nombre del puente le viene de una leprosería o lazareto que, con ese nombre, se ubicó en la margen derecha, desde finales del siglo XII, donde hoy está el convento e iglesia de las Josefinas. El puente conoció tres reformas a lo largo del siglo XX, en 1901 se había sustituido el pretil de piedra por un anden dotado de una barandilla de hierro. En 1955 se realizaron algunas obras de reforma especialmente en los accesos y en 1963, la más importante, se recobró  su antigua fisonomía y que es la que actualmente conocemos. Con la apertura tres años antes del nuevo puente de la Chantrea (5-7-1960), el viejo puente románico vería descansar sus cansadas piedrajs centenarias del paso de vehículos quedándose como puente peatonal. De este puente ofrezco, líneas atrás,  un par de fotopostales, la primera de Eusebio Rubio de comienzos del siglo XX  y la segunda de los años 50 de Luis García Garrabella.

Tras el nuevo puente de la Chantrea descubrimos el Molino y presa de Ciganda, también llamado del Vergel y de la Magdalena, de origen medieval. La presa alimentaba un antiguo molino harinero y posteriormente  una harinera y una central eléctrica. En el siglo XVII pertenecía a un tal Joaquín Aguirre. Desde 1932 pertenece a la fundación Ciganda Ferrer. A primeros de siglo, al igual que el de Caparroso, la central eléctrica era explotada por Electra Aoiz, posteriormente Sociedad El Irati. Aguas abajo de la presa y el molino de Ciganda se pueden distinguir algunos restos de una antigua presa y unos muros, especialmente visibles en la orilla izquierda. Aquí, en esta zona, estaba la zona de baño del río de los Quintos y más adelante la zona de baño del río de los Alemanes, de la que hablé en otra entrada del blog. Ofrezco de esta zona cinco bonitas estampas, una  del Molino de Ciganda y el resto  del Río de los Quintos y los Alemanes (de Eusebio Rubio), de los años 20, 30 y 50, alguna de ellas, con la imagen de la Catedral al fondo.

El río Arga describe posteriormente  un meandro bastante cerrado que riega unas 24 hectáreas de cultivos, de los que hay noticias desde, al menos, el siglo XIII y que conocemos como Aranzadi (también se le conoció a la zona como el Vergel). A escasos metros de la ciudad la vuelta de Aranzadi era un autentico remanso de paz, un bonito paseo entre huertas, casas de labranza y fincas de recreo. Eran conocidas la casa y huertas de Lorea, Machiñena, casa Cholo, fincas de Irujo, Zabalza, Larrondo, etc. Existe un hórreo, el único que hay en toda la Comarca. El Arga se encamina más tarde hacia la presa medieval de San Pedro. Desde la presa y, al menos desde el siglo XIII, abastecía un largo canal, de unos 350  metros que llegaba un poco antes del puente de Curtidores, canal hoy semioculto al haber sido canalizado en algunos tramos en hormigón. El canal alimentaba  el antiguo molino de San Pedro de la Ribas así como otras industrias, aguas abajo. El viejo molino, medio en ruinas ya en 1987,  desapareció con la urbanización de esta zona, una pena,  y en sus últimos años sirvió como almacén de materiales de construcción. El antiguo pontarrón, que se conoció desde 1882 como puente de Errotazar, fue trasladado a un lugar intermedio del nuevo parque de la Runa y que podemos ver en una de las entregas de “Imagenes de Hoy” que hice ya hace un par de años. El puente de San Pedro es probablemente el más antiguo de la ciudad, se habla de que puede ser de la época romana, con una ampliación posterior, del siglo XII. Yo he conocido este puente con un tráfico intenso, en los tiempos en que estudiaba el bachillerato en Irubide, posteriormente, con la construcción del puente del Vergel, a principios de los años 90,  quedó únicamente como puente peatonal. A la mitad del recorrido el canal de Errotazar se encontraba con el antiguo molino de Alzugaray que ha sido a lo largo del tiempo molino de la pólvora, molino de papel del Hospital, harinera, central eléctrica y alimentaba a la fabrica de porcelana “La Talavera”. Hoy apenas quedan restos de aquellas construcciones, lo que pone de manifiesto, a tenor de lo comentado en ésta y otras entradas la poca sensibilidad por la conservación del patrimonio que han tenido en muchos casos algunos de los gobernantes que nos han regido en tiempos pasados. Cuatro fotografías ofrezco del puente de San Pedro, tomadas desde diferentes ángulos y pertenecientes a diferentes épocas, mirando hacia Pamplona, hacia el Monte San Cristobal, de los años 20, de finales de los años 50, con lo críos bañándose en el río,  incluso una foto del puente, de los años 60, con el Arga crecido, tomado desde la orilla derecha, donde se puede divisar la famosa casa Lore Etxea.

Cerca de esta zona, pero en la otra orilla, en la vertical del viejo Palacio de los Virreyes, la muralla cae hasta el Arga. Un poco más adelante, al pie del talud del baluarte de Parma, se hallaba el Molino Viejo de la Rochapea, hoy un caserón de propiedad particular. Posteriormente, pero en la otra orilla,  cerca del puente de Curtidores, estaba la zona de los tendederos o  lavadero de la Rochapea. Las lavanderas aprovechaban las aguas del canal de San Pedro o Errotazar. El puente de Curtidores, que encontramos a continuación, data de la época medieval, probablemente del siglo XIII aunque su aspecto actual le viene del siglo XVII y de las reformas de 1986 que le añadieron sendos vuelos de hormigón y otros elementos: la barandilla, las farolas, el adoquinado de la acerca y el asfalto de la calzada. El puente se llamaba así por los curtidos que se colgaban a secar en la zona. Desde el puente y en la margen izquierda se levantaba el barrio de Curtidores o Tenerías. Yo recuerdo tres o cuatro casas, al   borde del río, en una bellísima estampa, con la Casa de Barquilleros en lugar preeminente, de la que hoy solo queda un edificio semiderruído. A comienzos del siglo XX había dos fábricas de curtidos a ambos lados del puente. Enfrente tiene su sede el Club de Remo de Navarra, el club tiene su origen en el primitivo Club Naútico de Navarra que surgió por iniciativa de un grupo de profesores y alumnos de la Universidad de Navarra que querían emular a los  equipos de remo británicos. A finales de los años 70 recogió el testigo la Federación Navarra de Remo. Nada menos que diez fotografías ilustran las cercanías de este puente, tres antes de llegar al puente, la primera mostrando el talud bajo el palacio de Capitanía y el Baluarte de Parma, las dos siguientes tomadas desde la orilla izquierda del río, con diferentes ángulos de aproximación al puente (en la segunda de estas se observa el paso por Curtidores de un largo carruaje con tracción animal. A continuación dos fotografías, tomadas desde el mismo puente, nos muestran el mencionado barrio de Curtidores o Tenerías, la pequeña Venecia de Pamplona, donde puede distinguirse la casa de Barquilleros, que aun existe, eso sí, semiderruida, desde hace tiempo, por un incendio. Las siguientes cinco postales  tomadas desde diferentes posiciones  de la Cuesta de la estación o Subida al Portal Nuevo, nos ofrecen una panorámica general del puente y de la evolución de esa zona de la Rochapea, la que se agrupaba en torno a la antigua plaza del Arriasko.

El siguiente puente que encontramos en nuestro recorrido por el río es el del Plazaola. Construido en 1914 dentro de las obras de la línea ferrea Pamplona-San Sebastián, se reconstruyó en 1931, después de que el inicial de madera fuese destruido por una riada. A continuación vemos el puente de Oblatas, construido en 1993, que toma como modelo el conocido puente de la Barqueta de Sevilla. Muy cerca de este puente llama la atención el tramo de muro con arcos ciegos de medio punto existentes en la orilla izquierda, a la altura del convento de Oblatas. En la margen derecha y hasta la creación del parque fluvial había en esta zona un montón de huertas así como los viveros de Flores y Semillas Huici. Tras el reportaje fotográfico del puente de Curtidores muestro una pequeña selección de fotopostales tomadas desde el mirador de Vistabella y el Paseo de Ronda, con el río Arga  y la Rochapea a sus pies. Las postales son de diferentes épocas: de los años 20, 30, y 40 y muestran una Rochapea muy diferente a la que conoceríamos a partir de los años 50. Aunque debiera haber estado junto al grupo de fotos del puente de Curtidores, por razones de maquetación, -era una foto vertical-,  y por eso está ahí, muestro una poco conocida foto de 1919, tomada desde la ribera del Arga, bajo el Portal Nuevo. A continuación encontrábamos la presa y el molino central eléctrica de Santa Engracia que datan del siglo XIII. El nombre alude al antiguo convento de las Clarisas que tuvieron su sede en las inmediaciones hasta el siglo XVIII, fecha en que se trasladaron a Olite. El molino era conocido como Molino de Mazón. Fue utilizado por el Ayuntamiento para proveer de harina a los hornos del Vinculo. A finales del siglo XIX se reconvirtió en central eléctrica municipal. La Electra Municipal se subastó en 1937. Tras la guerra se convirtió en Industrias del Caucho (1942), cuyos edificios se derribaron en el año 2009. El puente de Santa Engracia data de los siglos XI-XII. Diez fotopostales ilustran este viejo puente, tomado desde diferentes perspectivas así como de la presa de Santa Engracia. Las postales están datadas entre 1905 y 1935. En dos de ellas, una de Eusebio Rubio y otra de Papelería Moderna no vemos todavía la inconfundible torre de la Iglesia del Salvador, que se inauguró en abril de 1916, tras de  dos años de obras y que ha sido mudo testigo de la evolución urbanística de la Rochapea a lo largo del último siglo.

Muy cerca de este puente, en el año 1789, se construyó el nuevo puente de Santa Engracia, que cambiaría posteriormente su nombre por el de puente de Cuatro Vientos. Se amplió a principios del siglo XX para soportar todo el tráfico que salía o entraba de la ciudad por este punto. Pasado el puente, al otro lado, ya en terrenos de San Jorge o del Barrio de la Estación, en la orilla derecha del río hallamos el jardín de Carlos Eugui, una bonita finca con sus fuentes, paseos y hasta un frontón había y hay en la zona. En la margen izquierda, en la zona de Trinitarios, había huertas, cultivos y viveros, los de Villamiranda. Hasta 1908 allí estuvo la llamada Casa de los Pinos. Siguiendo la orilla derecha del rio encontramos la Pasarela de los Tubos, construida en torno a los años 30  con el fin de pasar por encima del río una gran tubería de agua potable. Había dos pasillos a ambos lados por donde también podían pasar los peatones. Se rehabilitó como pasarela peatonal en las obras del parque fluvial (1998-2009).

Seguimos con nuestro paseo por la margen derecha del río y encontramos la presa y el  molino-central eléctrica de la Biurdana, levantados en el siglo XIV, del que les ofrezco una fotografía reciente de hace apenas 2 o 3 años tomada por mí. El molino estuvo funcionando hasta principios del siglo XX. Después hallamos el vado de Berichitos varias pasarelas y el puente de San Jorge, tras él hallamos el puente de Miluce, de comienzos del siglo XIII, con una intervención en el siglo XIX. No quedan restos del molino-batán de Miluce si bien se conservan restos de muros fluviales en la margen derecha. Su origen etimológico es confuso, aunque la opinión más extendida lo relacionan con los términos “mihi luze” (lengua larga) en alusión a las ejecuciones, por ahorcamiento,  que tuvieron lugar aquí, en tiempos del rey Carlos II El Malo.  En la margen izquierda, desde el puente de Miluce al limite con Barañain, hallamos la presa-azud y antiguo molino-batan-harinera de Ilundain, también llamado Molino Nuevo, con una zona cercana que podríamos considerar como  playa de aluvión. Fue llamado Molino Nuevo desde 1828 a 1890. En 1899 lo compró José Ilundain Esteban y pasó a  alimentar la fabrica de pastas de harina  de la Harinera de Ilundain. En 1966 la harinera abrió las secciones de panadería, pastelería y fábrica de pastas para sopas y galletas. El negocio cerró en 1996. Hoy en día se  conserva buena parte de las edificaciones, tal y como podemos ver en la foto adjunta del archivo de la Familia Ilundain.

Fotos por orden de aparición: Nº1. Pamplona, vista general. Nº2. Rio Arga. 1946. L. Roisin Nº3. Talud de la Media Luna y el rio Arga a sus pies. (años 20-30). Ediciones Arribas, Nº 4. Zona del Molino de Caparroso, la Magdalena al fondo. Años 20-30. Fondo Marín. Kutxateca Nº 5. Barrio de la Magdalena. Molino de Caparroso en primer plano. 1909. Ed. Viuda de Rubio Nº 6. Piscinas del Club Natación. Años 50. Ed. García Carrabella  Nº7. Rio Arga en las próximidades del Club Natación. Años 40. Postales Vaquero, Nº8. Pasarelas sobre el Arga. Años 50. Ed. Garcia Garrabella. Nº9. Puente de la Magdalena. 1909. Eusebio Rubio. Nº10. Puente de la Magdalena. Año 1956. Ed. Garcia Garrabella. Nº11. Molino de Ciganda. Catedral y Baluarte del Redin. 1901-1903. Hijos de Montorio, Cliché de Julio Altadill; Nº 12. Rio Arga y la Catedral al fondo. 1905.  Eusebio Rubio. Nº13. Molino de Ciganda. Foto sin filiar ni datar Nº 14. Rio Arga y la catedral al fondo. 1905. Eusebio Rubio. Nº 15. Rio Arga en el tramo de los Alemanes. 1939. L. Roisin Nº16. Puente de San Pedro. 1912. Papelería Moderna. Nº17. Puente de San Pedro. 1905. Eusebio Rubio. Nº18. Niños bañándose junto al puente de San Pedro. Años 50. Ediciones Arribas. Nº19. Puente de San Pedro, con el rio crecido. Años 30-40. Ed. L. Roisin. Nº20. Postal fotográfica sin filiar de aproximadamente 1915, con el Palacio de Capitanía en lo alto. Nº21. Rio Arga, cerca del puente de Curtidores. Años 30. L. Roisin. Nº 22. Puente de Curtidores. Foto Joaquín Castells. Sin datar.  Nº 23. Rio Arga desde el puente de Curtidores, barrio de curtidores en primer plano, murallas al fondo. 1905. Eusebio Rubio Nº 24. Rio Arga desde el puente de Curtidores, barrio de curtidores en primer plano. 1909. Vda. de Rubio. Nº25. Puente de la Rochapea tomada desde la subida al Portal Nuevo. 1909. Viuda de Rubio. Nº26. Alrededores del Puente de la Rochapea o Curtidores. Viuda de Rubio. Nº27. Puente de Curtidores. 1956. Ed. García Garrabella. Nº28. Puente de la Rochapea. 1909. Eusebio Rubio. Nº29. Puente de la Rochapea. 1912. Papelería Moderna, Nº30. Bajada de la Cuesta de la Estación y rio Arga. Años 30 .L. Roisin. Nº31. Bajada de la Cuesta de la Estación y rio Arga. Años 30 .L. Roisin.  Nº 32. Panorámica de la Rochapea y el rio. 1917. Viuda de Rubio. Nº33. Panorámica de la Rochapea y el rio. Años 30. L. Roisin.  Nº 34. Vista general de la Rochapea y barrio de la Estación. Años 20, 30. Nº35. Desde la orilla del Arga, bajo el Portal Nuevo. 1919. Sin filiar.  Nº36. Puente de Santa Engracia visto desde el puente de Cuatro Vientos. 1909. Eusebio Rubio.  Nº37. Presa de Santa Engracia. Años 30-40. L. Roisin. Nº38. Presa de Santa Engracia. Años 40-50. Sin filiar, probablemente Ed. García Garabella, Nº 39. Puente de Santa Engracia. Pamplona. Vista parcial. 1890. hijos de Montorio. Nº 40.  Paisaje del Rio Arga. 1909. Eusebio Rubio;  Nº 41. Pamplona. Afueras (1900-1910). Papelería Moderna;Nº 42. Cercanías del Puente de San Engracia. 1917. Ed. Cosgaya;   Nº 43: Inmediaciones del puente de Santa Engracia. Años 20-30.  L. Roisin; Nº 44: Inmediaciones del puente de Santa Engracia. 1902. Ed. Hijos de Montorio, Nº 45. Camino de la Estación y nuevo puente de Santa Engracia o Cuatro Vientos. Ediciones Nemesio Aramburu. Julius Nagelschmidt. Nº46. Foto Molino de la Biurdana (foto actual). Archivo propio Nº 47. Foto Harinera Ilundáin (sin datar). Archivo Familia Ilundáin

Imagenes del ayer y hoy: A las puertas de Pamplona (1870-1915)

Les traigo, esta vez, una curiosa colección de fotografías, algunas de ellas bastante desconocidas, que tienen en común, la mayoría de ellas, el mostrarnos la ciudad de Pamplona, “fuerapuertas”, osea desde más allá de las murallas, en el período comprendido entre 1870 y 1915. Destacan las fotografías de la agencia Circa del año 1903, (hay algunas anteriores a esa fecha como las dos primeras), el resto son postales de Eusebio Rubio, Vda. de Rubio o Papelería Moderna de la primera década y media de siglo. Seguiré un orden cronológico: la primera foto, la de la izquierda es de 1870, y está tomada desde la subida de la Cuesta de la Estación. En ella podemos contemplar, con todo lujo de detalles, una bonita estampa que se ha repetido cientos de veces en postales y fotografías posteriores. De un análisis más detallado de la estampa sacamos las siguientes conclusiones: las casas que había junto al margen derecho del río constituían todo un barrio, el barrio de Curtidores, era nuestra particular Venecia. De aquellas construcciones apenas queda hoy en día una casa en ruinas que hace algún tiempo sufrió un pavoroso incendio. Se observa con nitidez la familiar cuesta de Santo Domingo, al final de la cual podemos ver el portal de la Rochapea que fue derribado en 1915. Llama la atención como parece que en el talud de la Muralla de Ronda se han plantado recientemente algunos árboles, cuando lo habitual era dejar los taludes libres de vegetación, por razones defensivas, como podemos comprobar cerca del baluarte de Parma y de la muralla cercana al Portal de Francia y al Redín, así como en otras muchas fotografías de la época. Seguimos con la vista la línea de la muralla y las casas de Descalzos hasta su conclusión en el enorme caserón del viejo hospital provincial, el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia. Enfrente, al otro lado de la cuesta, que se introduce en el Casco por el antiguo Portal,  se erige la familiar silueta del Palacio de Capitanía, hasta no hacía demasiado tiempo Palacio de los Virreyes de Navarra y hoy Archivo General de Navarra. Al revisar estas viejas instantáneas no puedo por menos que compadecerme como ciudadano de Pamplona al ver como, durante largas décadas edificios emblemáticos, que tanto supusieron en la historia de nuestro viejo reyno, fueron inexplicablemente abandonados por quienes tenían el deber de conservarlos y rehabilitarlos.

La segunda foto, la de la derecha del párrafo anterior, es de 1875 y nos muestra una panorámica de Pamplona desde la zona de la Cuesta de Beloso. A la izquierda de la foto puede descubrirse el viejo coso taurino, la vieja plaza de toros se había terminado de construir en 1852, a su derecha vemos el núcleo de casas del Casco Antiguo, entre las que descollan las torres de San Cernin, un núcleo de casas que entonces era prácticamente toda la ciudad,  encorsetada por esas  murallas; en esta instantánea, por la muralla del frente sur, la muralla de Tejería,  que la rodeaba  y cercaba  también la imponente silueta del conjunto catedralicio que sobresalía claramente sobre el entorno. Llama la atención como cerca del Baluarte de San Bartolome, en la Media Luna, había un gran desnivel, que poco tiene que ver con su configuración actual. Como sabemos, por otras entradas, esta zona fue rellenada y urbanizada a partir de la tercera década del siglo XX. Abajo discurre el cauce del río Arga y a la altura de la vertical de la catedral, junto al río, el viejo Molino de Caparroso.

En las fotos que preceden a este párrafo vemos la Pamplona de 1903 desde la Rochapea, concretamente desde distintos ángulos del citado barrio. La foto de la izquierda puede estar tomada desde las inmediaciones del camino de Errotazar, (se observa un murete de piedra justo en el borde izquierdo de la foto). Contemplamos buena parte del “skyline” del Casco Antiguo, las casas de descalzos y, en tono más oscuro, el caserón del Convento de los Carmelitas Descalzos, más allá, no se acaba de distinguir, estaba el antiguo portal de Santa Engracia o Portal Nuevo y a continuación la zona del parque de la Taconera conocida como Vistabella, antes del relleno del baluarte de Gonzaga. En primer término vemos, además, vastas extensiones cultivadas en la Rochapea y al final, al filo del horizonte, algunas construcciones en el Camino Viejo de Santa Engracia. En la foto de la derecha, tomada desde lo que podría ser el inicio del actual Paseo Anelier de la Rochapea, podemos contemplar la silueta de la Pamplona amurallada desde el baluarte del Redín hasta el convento de los Carmelitas, con algunas construcciones dispersas tanto en la zona de Errotazar como en la zona final de Camino Viejo de Santa Engracia. En las fotografías que acompañan este párrafo, preciosas, en mi opinión, vemos a la derecha el cauce del río Arga, a la altura de la muralla, bajo el Palacio de Capitanía. Desde esta difícil localización, lo digo porque esta zona del río no es muy accesible, hoy en día, que digamos, podemos ver enfrente el caserón del Hospital Provincial que a partir de los años 30 se convertiría en el Museo de Navarra. Bajo la muralla del Baluarte de Parma parece intuirse incluso una especie de desagüe de aguas que van a parar al río. La foto de la izquierda inmortaliza  la zona de la Muralla cercana al Portal de Francia y Baluarte del Redín en esa temprana fecha del pasado siglo. A lo lejos, en lontananza, se vislumbran las casitas dispersas del camino viejo de Santa Engracia antes de que se convirtiese, en 1937, en  la calle Joaquín Beunza.

Acabo esta bellísima colección de fotos de Circa del año 1903, con una última fotografía, (la de la izquierda), donde se puede observar la zona donde hoy se encuentra  el comienzo de la Ronda del Obispo Barbazan y el Mesón del Caballo Blanco. En la foto, en su lugar y en ese momento había una especie de cobertizo y otras construcciones. Si no fuera por la inconfundible silueta de la Catedral que nos ayuda a situar la escena, diría que en algunos aspectos me parece un tanto desconocida. Desde luego queda muy lejos de la idílica y romántica  imagen que adquirió la zona con las reformas de los años 50 y principios de los 60. La foto de la derecha corresponde al año 1914 o principios de 1915, justo un poco antes de que comiencen a derribarse las Murallas y creo que corresponde al antiguo Baluarte de la Reina. A la izquierda de la foto se divisa la trasera del Teatro Principal y a continuación ese gran caserón blanco, que hemos visto en otras fotos del blog y  que desaparecería en las primeras décadas de nuestro siglo. Quedaba al final de la calle Estafeta.

Las siguientes fotos son de postales y corresponden a algunos de los portales de la ciudad, a principios de siglo. En primer lugar me detendré en el Portal de San Nicolás de la que ofrezco un par de postales, la primera, la de la izquierda,  nos muestra el Portal antes de la reforma de 1906-1907 (la foto posiblemente sea de 1902-1905) reforma en la que se desmontó la fachada del Portal y se guardó hasta 1929, fecha en que se reconstruyó en los Jardines de la Taconera. Según dice J.J Arazuri las barandillas del puente que vemos en esta foto son las mismas que están actualmente en la calle de Labrit. Al fondo, a la derecha, se ven las ruedas de los cordeleros que hacían en este lugar su trabajo. En la postal de la derecha vemos la zona, con el Portal de San Nicolás ya desmontado, aunque se mantuvo el puente si bien dotándole de mayor amplitud. Una anécdota. Como podrán observar, la postal se positivó incorrectamente y he tenido que darle la vuelta (pueden ver que las letras están invertidas) para que la imagen se corresponda con la realidad. En el año 1921 desapareció todo vestigio de aquel Portal, del puente y de las murallas en la zona.

Por último en las dos últimas fotos que cierran la entrada podemos ver, a la izquierda el Portal de La Taconera  tras la reforma de  1905. Ese año se desmontó el portal, se ensanchó el puente sobre el foso y se instaron las torretas metálicas de adorno que vemos en la fotopostal de Eusebio Rubio. Y a la derecha podemos ver el baluarte de San Bartolome en el año 1911. Detrás de él, el Casco Antiguo, con las torres de las iglesias descollando sobre el resto de casas de vecindad: San Cernin, San Agustín y la Catedral de Pamplona, entre medias creo reconocer el enorme caserón de Seminario Episcopal.

Fotos por orden de aparición: Nº 1. Puente y barrio de Curtidores (1870), Nº 2: Panorámica de Pamplona desde Beloso (1875), Nº 3 y Nº 4: Pamplona vista desde La Rochapea (1903), Nº 5: Rio Arga y Baluarte de Parma (1903), Nº 6: Portal de Francia (1903) y Nº 7: Traseras de la Catedral, Ronda Obispo Barbazan y Redín (1903), todas ellas de Circa. Nº 8: Baluarte de la Reina (1914), Nº 9: Portal de San Nicolás. Fotopostal de Eusebio Rubio (1902-1905), Nº 10: Portal de San Nicolás. Fotopostal Vda. de Eusebio Rubio (1910-1915) , Nº 11. Portal de Taconera. Fotopostal de Eusebio Rubio (1907-1915), Nº 12. Baluarte de San Bartolome y Vista parcial de Pamplona (1911). Fotopostal de Papelería Moderna.