Hace 50 años se plantearon suprimir el encierrillo (1967)

El 15 de junio de 1967, en la sesión del pleno del Ayuntamiento de Pamplona de aquel día, se debatió una curiosa propuesta que, afortunadamente, no prosperó. El concejal Agustín Latorre defendió una propuesta para suprimir el encierrillo de los toros, que conduce a los toros desde los Corrales del Gas hasta los de Santo Domingo. En la votación posterior votaron a favor de la supresión del acto cinco concejales, a saber, además del mencionado Latorre, Huici, Ezponda, Muez y López Cristobal. Se hacían, así,  eco de las protestas de los vecinos de la Rochapea quienes argumentaban que se les impedía el paso y por lo tanto el acceso a la ciudad durante más de hora y media, además de aludir a los consiguientes problemas de tráfico, la seguridad de los vallados, el riesgo que corrían los toros en la carrera nocturna y el que, en definitiva,  no era un espectáculo. El asunto fue tema de corrillos y tertulias ese día y el siguiente y en esta ocasión triunfó la fuerza de la tradición sobre otro tipo de consideraciones.

El encierrillo forma parte fundamental de lo que para mí es uno de los ejes centrales de nuestras  fiestas, el toro y el Encierro, el gran acto por el que nuestras fiestas son  mundialmente conocidas y realmente diferentes a cualquier otra, -al margen de celebraciones religiosas tradicionales cada vez más masivas y populares como es el caso de  la procesión de San Fermín-. Es además, una de las última reliquias  históricas taurinas que nos habla de la forma en que se conducían, siglos atrás, los toros bravos a la plazas. Hasta el siglo XIX las reses que llegaban a los festejos taurinos de Pamplona lo hacían por la zona sur y pastaban en terrenos de los sotos del Sadar y Esquiroz. Al amanecer eran guiados hasta el prado de San Roque por la zona de Fuente del Hierro y la Vuelta del Castillo y desde allí hasta la zona del recorrido del Encierro. Es a partir de 1887 cuando la manada se empieza a guardar en el pequeño baluarte de la muralla, junto al desaparecido Portal de Rochapea, en el lugar hoy conocido como los corrales de Santo Domingo. Será un suceso acaecido el 10 de julio de 1898, que provocó la desbandada de toda la manada de los toros de Concha y Sierra, el hecho que haría al Ayuntamiento tomar la decisión de sustituir el Soto del Sadar por la antigua  fábrica de gas, regentada por una firma holandesa, que había cerrado  en 1888 por la llegada de la luz eléctrica a la ciudad. A partir de 1899 se comenzó a celebrar el encierrillo tal y como lo conocemos en la actualidad. Los corrales del Gas conocieron dos reformas importantes a lo largo de su historia, la primera en 1918, en la que se construyeron todas la infraestructuras necesarias para hacerles merecedores de ser considerados unos verdaderos corrales y en 1943,  fecha en que se derribaron los restos de la antigua fábrica de gas. Los pamploneses pudimos tener la posibilidad de ver un espectáculo inédito: unos  encierrillos bastante más largos en duración y extensión y de ver a los toros  corriendo sobre el río, sobre el puente del Plazaola, ya que en 1994 el Ayuntamiento decidió habilitar unos nuevos corrales junto a la antigua fabrica de levaduras,   cerca del túnel del antiguo ferrocarril de vía estrecha, pero esos corrales nunca entrarían en funcionamiento, por lo que ese curioso espectáculo nunca lo pudimos ver. A los viejos corrales les quedaba, todavía, una década de vida.

El encierrillo no tiene hora fija, se ha estado celebrando a lo largo del tiempo  entre las 22.00 y las 22.30 horas (Balduz llegó a retrasarlos, en 1989, a las 23.00 aunque de hecho tampoco se celebraron ese año a esa hora por coincidir con los cohetes). Se hace sin corredores y en silencio, sólo les acompañan los cabestros, mientras los pastores, posicionados a lo largo del recorrido, van detrás. El recorrido del encierrillo, desde los corrales del Gas hasta los de Santo Domingo ha tenido  durante la mayor de su historia 440 metros de distancia, si bien desde 2004, con el derribo de los antiguos corrales y la construcción de los nuevos se ha quedado en poco más de 300.   Cuenta, como en el Encierro,  con su correspondiente vallado en todo el recorrido. Es evidente que, con el cambio de corrales, aparte de perder metros también se perdió parte de su encanto ya que  la carrera comienza ahora en la antigua plaza del Arriasko,  al no existir  la antigua y estrecha Calleja de los Toros.  El acto, pese a todo,  mantiene todavía cierta mística, seguramente por ese oscuro silencio y la bella estampa de los toros corriendo bajo la luz de la luna y las farolas de la Cuesta, junto a las murallas del Paseo de Ronda. Dos toques de cornetín indican, el primero, que el corral de Santo Domingo está libre, el segundo, a cargo de un guardia en el puente de la Rochapea, que la subida a los corrales está despejada. El acto termina cuando un agente confirma que las reses han entrado en los corrales. Se facilitan pases para verlo por parte del Ayuntamiento aunque son muy escasos y difícil de conseguir. Está prohibido tomar fotos con flash o hacer ruido y su duración suele estar en torno al minuto. Según el historiador de las fiestas, Luis del Campo, hubo toros que se escaparon en el acto del encierrillo en los años 1917, 1922 y 1951. En los dos primeros casos (1917 y 1922) los toros saltaron el pretil de piedra y huyeron hacia la zona del Molino Viejo, siendo recuperados a las 6 de la mañana, a la hora del encierro, entonces, en el primer caso,  y a la 1 de la madrugada en el segundo. El tercero rompió un tramo del vallado de la antigua plaza del Matadero o Arriasko, sembrando el pánico entre el público asistente.

Fotos: Nº 2: @Eltresjuncos.instagram, Nº3: sanfermin.espaciohemnigway.com

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Primera Parte.

Retomo una serie muy bien acogida por los lectores de este blog que es la de los “Comercios del Viejo Pamplona”. En esta ocasión me acerco a nuestra calle más internacional, la calle de la Estafeta que, dada su extensión, dividiré en dos partes, la primera parte llegará hasta el cruce con la bajada de Javier, una zona que siempre tuvo mayor  peso comercial que la segunda. En la segunda entrada, partiré de este cruce para llegar hasta su confluencia con Duque de Ahumada, donde encontramos un significativo número de establecimientos hosteleros, salpicados entre algunas pequeñas tiendas, aunque quizás no había entonces tantos bares  como  ahora.  La Estafeta es la tercera calle más larga del Casco, después de Nueva y Mayor, con  algo más de 300 metros de longitud, en los que encontraremos en torno a 89 establecimientos de diferente tipo. Como en entradas anteriores haremos retroceder la imaginaria moviola del tiempo y nos situaremos en las postrimerías del siglo XX, al principio de la calle. Si mirásemos a la izquierda de la calle, veríamos la fábrica y tienda de chocolate de Tiburcio Guerendiáin, que como el resto de este tipo de tiendas también hacían pailas  y blanqueaban la cera (de hecho  ahí tenía su sede la Sociedad de Cereros), si, ahí donde lo oyen, para mí ha sido una sorpresa, pues he identificado siempre el apellido Guerendiáin con otro tipo de actividades, si bien es cierto que ya para entonces también se dedicaba a la venta de materiales de construcción (cal, yeso, ladrillo, asfaltos, baldosas, azulejos, etc). El negocio de los chocolates no se prolongaría demasiado en el tiempo ya que para los años 20 Guerendiáin ya se había centrado única y exclusivamente en el negocio de los materiales para la construcción incorporando a su catálogo de productos aparatos sanitarios, venta de piedra artificial, tubería de gres, etc.

Es, al menos desde los primeros años 50, cuando aparece como titular Pio Guerendiáin Vitoria que se especializa, sobre todo, en la venta e instalación de material sanitario, aunque sin dejar la venta e instalación de materiales para la construcción, a continuación de Tiburcio  Guerendiáin había en los años 20 una tienda de frutas y verduras y, luego, desde finales de los 40, la tienda de Alimentación de Elía Hermanos, -yo la recuerdo por lo menos hasta los años 8-0, hasta que se hizo cargo de la tienda, -la cogió en traspaso-, Sulpicia Delgado que la convertiría en Alimentación Sulpi, hasta hace unos cuantos años, en que se jubiló. Hoy este y el anterior negocio se han convertido en un supermercado  Carrefour. A continuación estaba, a primeros de siglo, la barbería Mendivil que se mantendría en el lugar hasta  los años 40. Posteriormente se ubicaría aquí una tienda de frutas y verduras de Eustaquio Elizalde y tras la guerra la relojería de Jesús Redín Ladrón de Guevara y posteriormente de su hijo José Javier, bueno, sobre todo era un taller de relojería.  En 1965 coge el negocio Ignacio Ancín que lo convierte en Relojería Ancín, negocio que se mantendría en el lugar, regentada durante la última década y media por la segunda generación, encarnada por Sara Ancín que estaría en este lugar hasta diciembre de 2014 en que se traslada al nº 4 de la calle Zapatería. Es probable que la  numeración de entonces no coincida exactamente con la actual porque según mis fuentes en estos primeros números impares de la calle debió estar la mercería de Angeles Salcedo  durante los años 50 y 60 y la carnicería Arrastia.

Pero prosigamos, a continuación, en el nº 5, donde hoy está el Churrero de Lerín estaría, en los años 20, una tienda de frutas y verduras regentada por Josefa Ladrón de Guevara, ¿sería familia de Redín, el relojero antes citado, dada la coincidencia de apellidos?, que tras la guerra regenta  Evaristo Osteriz como tienda de alimentación. En los años 60 en este local estaba la zapatería (venta de calzado fino) de Jenara Companius,   yo ahí he conocido  Calzados Galdeano. Luego había, a primeros de siglo, una taberna regentada por Josefa Zabalza que, en los años 20, se convertiría, de la mano de Agustín Idoate,  en una tienda de venta de vinos y licores al por menor.   Más tarde en los  años 50  la carnicería de Narciso Iriguibel, donde hoy esta  Zaika y a su lado, a partir de 1938, Juan Zarranz Bermejo instalaría una mercería, más tarde  tienda de ropa mujer, que regentaría luego su hijo Miguel y hoy la tercera generación encarnada por Irene Zarranz, la foto de su local que acompaño, (la mayoría de las fotos son de encierros sanfermineros) es de finales de los 50 o primeros 60;  posteriormente a comienzos del siglo estaba la platería de Gregorio Carrasquilla, que también tenía taller de joyería, -en los años 50 todavía estaba en activo, con Jesús Carrasquilla de titular- y que también aparece en la foto. Posteriormente, en el nº 13 había a primeros de siglo un herrero y cerrajero de apellido Juango. Desde al menos los años 20, en los  nº 15-17, donde hoy esta Cuchillería Gomez y un chino estaba la tintorería de José Ferrer que permanece en el lugar hasta finales de los años 50 que la coge Gomez para poner ahí su tienda de souvenirs y regalos. Luego en los años 60 en el 17 estuvo la tienda textil de José Orte. En el nº 19, donde hoy está Foto Leache,  estaba en 1908 la abacería de Manuel Añezcar, al que seguiría en el negocio Segunda Landa, hasta que, a finales de los 20, se instaló  el establecimiento de cámaras frigoríficas “La Polar”, que dió paso a finales de los 40 a la lechería de Atanasio Ezcurra Oscoz.

A continuación, en el nº 21,  donde hoy se encuentra  Gurgur y en tiempos La casa del Bacalao estaba la tienda de coloniales de los Garayoa, primero de Luciano y luego de Esteban. Esta tienda sería una tienda de alimentación desde los años 30 a los 60, por lo menos. Posteriormente, donde hoy está Sabai y anteriormente Lanas Kuska, en 1908 había un vendedor de vinos por decalitros (Silvestre Sánchez), un par de décadas después la carpintería mecánica de Valentín Goicoechea y más tarde Leoncio y Cía que pintaba muebles y automoviles (antes estuvo en el nº 9). Donde hoy está Tejidos Rodrigo que ocupa los números 25, 27 y 29, a principios de siglo estaban el hojalatero Goicoechea, luego Sucesores de Goicoechea, -representante de Isaac Urzay-, que se dedicaba a la instalación de calefacciones  aunque también lo he visto como lampistería en el nº 11, antes de que llegase Juan Zarranz a la zona; en el 27 aparecía una platería a nombre de Aquilino Garcia Dean. Resulta sorprendente este hecho porque este personaje, del que hemos recogido alguna fotografía en este blog, era un fotógrafo no profesional, un autodidacta, que trabajaba en el Ayuntamiento, llegó a ser concejal y buena parte de su producción, (que va de 1885 a 1940), sobre las calles, rincones y barrios de la ciudad,  permanece extraviada o no documentada. Y en el nº 29, en lo años 20, estaba la barbería de Saturnino Aventino. Ya desde los años 30 está documentada la presencia en este lugar de la fabrica de hielo de Pilar Apart. Posteriormente aparece como titular Julio Soto Perez con la misma actividad, fabrica de hielo y también de cerveza, creo que era “Cervezas El León”, la actividad se mantendría con el y/o sus herederos hasta finales de los años 60. Junto a ella estaba la droguería Huarte. En 1971, se instala en estos números, como ya he señalado,  Tejidos Rodrigo.

En el lugar donde hasta hace un par de años estuvo Colecciones Iruña estuvo al comenzar el siglo XX, la imprenta de Erice y García. Como otras imprentas también era papelería, vendía libros y objetos de escritorio. Posteriormente la imprenta se quedaría en manos de Jesús García, mientras los Erice se centraban en una academia de enseñanza, en el 1º piso del nº 33 de la calle. Me acuerdo que mi hermano estudió tras el bachillerato en el Ximenez contabilidad en esta academia fundada por Candido Erice.  En los años 50 la imprenta García estaba a nombre de Pedro García Anoz. La actividad se mantendría, al menos, hasta finales de los 60 y primeros 70, también con la actividad de librería y venta de objetos de escritorio. En sus locales se imprimió   hasta su cierre, en 1932, el periódico,  La Tradición Navarra. En el primer piso y justo al lado,  en esos años estaba el Circulo Integrista, tal y como vemos en la foto adjunta, con unas dependencias similares a las del resto de sociedades y casinos de la época. En los años 50 estaba en el lugar la platería  de Esteban García que anteriormente, en los años 20, estuvo en el nº 27 de la calle. En el nº 35, también desde temprana fecha, final de la segunda década, encontrábamos la tintorería de Rafael Ferrer Galdeano, que permanece en el lugar hasta los años 60. A continuación venía un establecimiento muy conocido, todo un clásico, como es hoy el de las Pastas Beatriz en la calle, la pastelería y confitería de Sinforiano Salcedo, posteriormente Hijos de Salcedo, fueron muy famosas sus coronillas, cuya fachada vemos en una foto junto a este párrafo y que permaneció en el lugar hasta por lo menos finales de los 60 y primeros 70. Como quiera que a lo largo del tiempo ha habido baile de números, por segregación o anexión de locales, creo que no siempre fue el 37, yo he visto el local por dentro, cuando el propietario era el dueño de Windsor (lo utilizaba como almacén)  y se correspondía con el nº 35, al menos el obrador, donde hoy está la casa de apuestas deportivas Reta. A continuación, en el 39,   en 1908 estaba la barbería de los Moratel, por lo menos estuvo hasta los primeros años 50, primero con Benito, luego con Norberto y posteriormente desde los años 50 la bisutería y taller de joyería de José Luis Goñi, todavía en el lugar. En el 41 estaba y está, creo que data de primeros de siglo,- el Mesón Pirineo,  regentado a mediados de siglo por Antonio Zabaleta Monreal. Tras este bar y terminando este tramo de calle hubo durante buena parte del siglo diferentes tiendas de alimentación. En 1908 estaba Elias Gamazo, luego, desde los años 20, Matea Cenoz; en los años 50 aparecía como titular Leocadio Urtasun que a la sazón regentaba un establecimiento hostelero en el nº 81 de la calle donde luego estuvo  Casa Sixto,  actual Cocotte. La foto del encierro nos muestra el insólito montón formado junto a la tienda de Urtasun el 7 de julio de 1960, afortunadamente solo hubo heridos en este encierro protagonizado por los Pablo Romero.

Regresamos al principio de la calle, en su confluencia con Mercaderes. En el nº 2, donde hoy está el Come, Come estaba, a principio de siglo, la fabrica de corte y calzados, curtidos al por mayor y al por menor de Rufino Ayestarán. Al principio de los años 50 aparece como razón social Almacén de Curtidos de Alejandro Ayestarán si bien enseguida, en fotos de 1956, (vease la anterior entrada del blog), en su lugar puedo observar que estaban  Los Zamoranos y tras ellos, también en el nº 2,  estaba la relojería de José Antonio Olangua.  A continuación, en 1908,  estaba la tienda de cristal, loza y porcelana de Domingo Llorente, regentado luego por Blanca Llorente Aiciondo. También instalaban vendían y reparaban maquinaria y material eléctrico. Su  nombre comercial era, como vemos en el anuncio anexo, “El Buen Gusto” y vendía también objetos de regalo. En este primer tramo compruebo que hay una droguería, regentada por Saturnino Goñi, aparentemente en el nº 4, pero no logro ubicarla porque también aquí hay un baile de números. En 1908, en el nº 6  se ubicaba el tapicero Anastasio Martinez que, tras la guerra, reconvierte el negocio y empieza a dedicarse a la construcción y enmarcación de  cuadros, negocio que en 1960 traspasará  a Amado Mendoza, cuyos  herederos lo dirigen  en la actualidad. En el nº 8, que hoy ocupa también Amado Mendoza, había  en 1908  también un ebanista y tapicero, bajo el nombre de Herederos de Oñate, si bien, en los años 20, encontramos en ese lugar lugar a un tal Francisco Vicente que al oficio anterior de tapicero  sumaba  también  la construcción de cuadros. En los años 30  este hombre aparece en el nº 10 ya solo como constructor de cuadros, mientras que en el nº 8 hay una tienda de alimentación, siendo relevado en los años 50 por Eugenia Marco Zabaleta que continua su actividad en los años 60. Imagino que se corresponde con el negocio que conocemos como Cuadros Huici. Y seguimos con cuadros, por lo que se ve, estaban casi todos seguidos. En el nº 12 donde está actualmente Honestus y donde, desde 1979 estuvo la tienda de discos Digital figuraba el carpintero y ebanistero, más tarde constructor de cuadros,  Mauricio Arbizu Galdeano que mantuvo  la actividad desde principios de siglo hasta finales de los años 50. Lo sustituyó, en los años 60, la tienda de venta de aparatos eléctricos Ordex S.A. En los años 20, donde durante muchos años ha estado Cachito y luego una tienda de Desigual, estuvo la sillería de Manuel Ortiz que tendría una prolongada existencia,  hasta los años 60, luego venía la carnicería de Demetrio Aranguren (años 30) que en los años 60 sería la droguería de Maura Sola (Perfumería Remon). A continuación en el nº 18, donde desde 1943 y hasta 2000 estuvo la Gran Cuchillería Gomez que pasó ese año al nº 15 de la calle y que regenta actualmente la tercera generación, en el local donde hoy se encuentra una de las Heladerías Larramendi estuvo desde primeros de siglo el carpintero Angel Zabalo y posteriormente una hojalatería.

A continuación, donde hoy está Aromas y más. en 1908 estuvo la horchatería, chufería y alogeria de Victoriano Moreno. Posteriormente, después de la guerra  hubo allí una tienda de venta de loza, porcelana y cristal, Vda de L. Capitán, abierta hasta, al menos, finales de los años 60. Veamos ahora la historia del local donde está Pastas Beatriz. Desde comienzos del siglo hasta 1922 fue la carpintería de Esteban Osacar, luego desde esa fecha estuvo la fabrica y tienda de chocolate de José Larrea, también vendían velas de cera, después fue simplemente una tienda de ultramarinos, cuya propietaria se llamaba Regina González Vicente, hasta 1969,  en que  cogen el negocio Pablo Sarandi y su mujer Beatriz, convirtiéndola en una tienda de pastas. Al comenzar la década de los 90, dejan la tienda en manos de las hermanas Gómez Tellechea que son las que la regentan, y  con un enorme éxito, la tienda en la actualidad. Tras este establecimiento nos encontrábamos entonces con la pared trasera del hotel La Perla, -hoy está la entrada al restaurante La Cocina de Alex Múgica-, saltando, pues, la numeración desde el nº 22 hasta el nº 28 de la calle donde durante varias décadas, al menos desde los años 40, estuvo Bodegas Ibañez,  de Ibañez Hermanos, con venta de todo tipo de licores, almacenistas de vinos, etc. En el nº 32 donde hoy aparece Windsor Tavern estuvo el Navarro, un conocido bar de comienzos de siglo, regentado por  Nicomedes Paz. En este número también aparece, en los años 20, la dirección de Serafín Oderiz, el de Gaseosas Oderiz  que abrió su fábrica aquí antes de su traslado al Ensanche y más tarde a la avenida de Guipúzcoa, y  en los años 50 se encuentra en ese número el establecimiento Electri-Cinema de Julio Soto, el de Cervezas El León, con una tienda de aparatos de radio. A continuación en 1908, donde hoy está Elektra estaba la carnicería de Canuto Ochoa y, desde finales de los 40, la tienda de Carmelo Gortari, vendía aparatos de radio, y luego de televisión y otros electrodomésticos. Posteriormente, desde los años cincuenta, en el nº 36 encontrábamos  la relojería de José Antonio de Cia, seguida, desde 1943 por la librería de Benito Echarte, con compra y venta de libros usados y tras de ella, la zapatería de Alejandro Cavero Velasco.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Primer tramo de la calle Estafeta (1922). Luis Rouzaut, Foto nº 2: Encierro en la curva de la Estafeta. (años 40). Paco Mari. Fondo Marin. Kutxateka. Foto nº 3, Encierro sanferminero por la Estafeta. (1962). Sin filiar. Foto nº 4: encierro por la Estafeta. Paco Mari. 1961. Fondo Marin. Kutxateka, Foto nº 5: Pastelería Salcedo (1919). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 6: Paseo por la calle Estafeta (1917), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 7: Montón el 7 de julio de 1960 cerca del cruce con la bajada de Javier. Sin filiar , Foto nº 8: encierro sanferminero años 50 , Foto nº 9: Edificio que corresponde al nº 12 de la calle Estafeta. (1932). Galle. AMP, Foto nº 10: encierro sanferminero años 50.

Los sanfermines de la postguerra (1940-1959)

Continuo con la serie de entradas dedicadas a repasar los sanfermines del pasado siglo, si bien aderezada por algunas notas historiográficas, si no políticas pues poca política podía haber en aquellos tiempos grises del franquismo,   si urbanísticas. Ilustro la entrada con abundante material gráfico, si bien 17 de las 26 fotografías pertenecen al fotógrafo tudelano afincado en San Sebastián, Pascual Marin, tal y como sucediera en la anterior entrada de la serie sanferminera. Tras la guerra civil, el nuevo régimen trajo a la ya de por sí muy conservadora Pamplona, un férreo control de la moral y “de las buenas costumbres” y a este nuevo orden y moral no fueron ajenos los sanfermines. En el bando de las fiestas de  1940, al igual que había sucedido en décadas anteriores se prohibía y cito textualmente “el uso de trajes o prendas que convirtiesen las fiestas en mascarada, …dar gritos o tocar instrumentos…. desde la una a las cinco y media de la madrugada o…circular abrazados por las calles y paseos personas de ambos sexos o hacerlo, en todo caso, en forma descompuesta”. En 1952 se añadía en el bando la prohibición del “acompañamiento o la incorporación del elemento femenino a las cuadrillas de mozos durante su recorrido por las calles”. Encabezan este párrafo sendas fotografías, la primera con el concejal de Fomento, Joaquín Ilundain prendiendo la mecha del chupinazo de 1943 y la segunda con los mozos en la plaza consistorial, en los sanfermines de 1946.

Pamplona era en aquellos años, al finalizar la guerra civil, una ciudad provinciana, que  continuaba creciendo hacia el sur con el desarrollo de la segunda fase del ensanche, la mayor parte de la zona existente más allá de la carretera de Francia estaba sin urbanizar, aunque los edificios que se construírían, salvo contadas excepciones, no tendrían ya el empaque y la calidad arquitectónica de antes de la guerra y es que la contienda civil trajo consigo una enorme carencia de recursos y materiales en todos los ordenes, también en el ámbito de la construcción. Eran los  años de la escasez y las  cartillas de racionamiento. Las manifestaciones religiosas que habían tenido cierta contención en la calle, al menos durante la República,  por el laicismo del régimen,  llenaban ahora un día si y otro también, por cualquier motivo, las calles, (misas de campaña, procesiones, homenajes y otros actos religiosos: en 1946 se celebraba un gran congreso eucarístico y se coronaba a Santa María La Real) e igualmente se sucedían con cierta frecuencia actividades de las diferentes secciones del régimen (del frente de juventudes o de la sección femenina) o incluso se producían algunos  acontecimientos  como la visita de Franco a Pamplona en 1952 para proceder a las inauguraciones  del Monumento a los Caidos (empezado a construir en 1948), la parroquia de San Francisco Javier (se conmemoraba ese año el IV centenario de la muerte de San Francisco Javier, recibiendo la ciudad las presuntas reliquias del santo) o  las nuevas construcciones del patronato que llevaba su nombre en el barrio de la Chantrea (iniciado en 1950). La presencia de los militares, que eran parte del paisaje de la ciudad como plaza fuerte, llegaba incluso a las fiestas con sus bandas de música, en el chupinazo y en otros momentos de la fiesta, yo recuerdo haberlos visto en la calle cuando era niño. El 6 de julio de 1954 se llegaron a concentrar  ocho bandas militares  que desfilaron por las calles y se concentraron luego, a las 10 de la noche, en la plaza del Castillo. Salvo la insólita huelga de 1951,  la Pamplona  de estos años poco tiene que ver con la que Pamplona conflictiva y reivindicativa que conoceríamos en los años 60 y 70. En estos casi 20 años, que van desde el fin de la guerra hasta 1960, fueron muchos los cambios que experimentó la ciudad y que modificaron radicalmente su fisonomía. El plan de industrialización promovido por el Ayuntamiento y la Diputación desde mediados de los años 50 trajeron consigo un aumento de la población, procedente tanto del agro navarro como desde otras comunidades,  y un irrefrenable  desarrollo urbanístico: se terminó la construcción del segundo ensanche,  nacieron o se desarrollaron nuevos núcleos poblacionales en la Chantrea o la Rochapea y se comenzó a diseñar el llamado tercer ensanche de Pamplona que incluía los nuevos barrios de San Juan e Iturrama. Acompañan a este párrafos sendas fotografías de los años 40, la primera de 1946, con el fotografo Paco Marí Blanco y otros compañeros en la plaza del Ayuntamiento, subidos a un vehículo y la segunda, de esta misma década, con los gigantes desfilando por la Cuesta de Labrit.

Pero empecemos a recordar algunas cosas de aquellos sanfermines de la postguerra. En el año 1940, el concejal Joaquín Ilundain lanzaba, por segundo año consecutivo,  el chupinazo en la plaza del castillo, aunque no tenía carácter de acto oficial y ni siquiera aparecía en el programa de fiestas. Generalmente el chupinazo lo lanzaba el primer teniente de alcalde, presidente de la Comisión de Fomento, luego de Festejos, salvo en un algún caso excepcional como cuando lo lanzó  el ministro de Información y Turismo Manuel Fraga, en el año 1964.  Las fiestas daban inicio con el repique de campanas y el disparo de cohetes desde distintos puntos de la ciudad. Será a partir de 1941 cuando Joaquín Ilundain, al grito de Viva San Fermin tire el chupinazo desde el balcón de la plaza consistorial,  una plaza consistorial que sufriría la primera de sus modificaciones al derribarse  ese año un edificio en el paso hacia la calle Nueva, una plaza que comenzaba a llenarse de público aunque desde luego no tan llena como lo estaría luego y desde luego muy lejos del abarrotamiento actual.  En 1943, año que plasma, la primera de las fotos que encabeza la entrada, se quiso incorporar al chupinazo la lectura de un pregón  pero esta costumbre duró apenas dos años pues ya en 1945 dejó de hacerse. Tras la lectura del pregón y  los vivas de rigor  a Pamplona y a San Fermin, se lanzaba el chupinazo, al que le seguía el  repique de campanas y el disparo de más cohetes tanto desde la plaza consistorial como desde la cercana plaza del castillo. La moda de descorchar botellas, sobre todo de champan, se iniciaría  a finales de los 50 y primeros 60  y fue  a partir de esta segunda fecha cuando se empezó a masificar de verdad el acto. Acompañan a este párrafo, a la izquierda, sendas fotografías de un encierro de 1946, obra de Pascual Marín y a la derecha una foto de la subida de los toros por el tramo final de Cuesta de Santo Domingo, en su desembocadura en la plaza consistorial, y datada entre 1945 y 1949.

La primera retransmisión radiofónica en directo del chupinazo  se produjo en el año  1947, de la mano de Radio Requeté, que era la única emisora que existía en la ciudad, -lo sería hasta la aparición de La Voz de Navarra en 1956-. Un año antes, en 1946 se había derribado el segundo edificio que cerraba la plaza consistorial hacia la calle Nueva y se habían desmontado las últimas vías del Irati que atravesaban el núcleo urbano. El Irati se trasladaría a comienzos de los 50 a la nueva estación de Conde Oliveto cambiando,  además, su recorrido desde Villava, por la vía del Plazaola,  hasta El Empalme. Tras el chupinazo salían diferentes bandas de música, los gaiteros y txistularis (la banda municipal de gaiteros y txistularis se inauguró en 1942), la Pamplonesa, bandas militares y la banda del maestro Bravo. Por la tarde el Riau Riau proseguía con su tradicional naturaleza, los mozos seguían haciendo lo posible para entorpecer el paso de la corporación, a pesar de las recriminaciones de la prensa de la época.  En este período Pamplona conocería lo siguientes  alcaldes: José Garrán (abril 1940-agosto 1941), Juan Echandi (agosto 1941-Octubre 1942), Antonio Archanco (octubre 1942-diciembre 1944), Daniel Nagore (diciembre 1944-noviembre 1946) y José Iruretagoyena (noviembre 1946-octubre 1947). Acompañan al párrafo fotos de 1946 (los gigantes enfrente de la iglesia de San Lorenzo) y del montón del 7 de julio de 1945.

Las actividades sanfermineras no habían variado demasiado, si las compramos con las que se celebraban antes de la guerra: el encierro se iniciaba a las 7 de la mañana  si bien en 1943 se modificó su horario retrasándose a las 8.   Y lo mismo paso con el horario de las corridas que pasaron de las  5,30  a las 6.30 en el año 1942. Aunque en 1947 parece que se volvió al horario anterior. Como antes de la guerra se seguían proyectando películas al aire libre en la plaza del Vinculo, (luego de la Argentina), se hizo desde 1936 a 1949, antes, hasta 1934  se proyectaban en la plaza del castillo. Tras la plaza del Vinculo el cine recorrería las plazas de Compañía (1950), Santo Domingo (1951) y San Francisco (1952-1959).  Las barracas seguían colocándose en las inmediaciones de la calle Madre Moret, en el Primer Ensanche de Pamplona y lo haría hasta 1945, año en que el inicio de la remodelación urbanística de esa zona (se empezaron a construir las casas de los militares y el estadio Mola) y que les obligó a trasladarse a la parte alta de Carlos III; en 1947 las barracas se instalarían en el Rincón de la Aduana; A pesar del cambio socio-político las fiestas seguían manteniendo su idiosincrasia: los gigantes y kilikis seguían atrayendo, como siempre, la atención de los más txikis, la música y la fiesta se vivía en la calle gracias a las diferentes bandas de música y a las emergentes peñas que poco a poco iban naciendo en la ciudad: Entre las peñas que salían a la calle durante los primeros años 40  estaban el Muthiko Alaiak (con locales  en la calle Mayor aunque luego se trasladarían a la calle San Francisco), La Unica, El Bullicio, La Jarana (nacía en 1940), Oberena (surgió en 1941, inicialmente con sede en el nº 40 de la calle Zapatería y más tarde en el nº 3 de San Antón, aunque en los sanfermines desde los años 50 utilizarían el frontón Labrit como sede social),  y otras menos conocidas como Los Iruñako (con sede en el nº 58 de la calle San Gregorio),  Amaikak bat, La chabola, El huevo (algunos dicen que fue el precedente de la Jarana) o El caldico. Se cantaban en aquellos años canciones como “Uno de enero”, “Nos han dejau solos” además del eterno sonsonete del Riau Riau. las fotos del encierro que acompañan  a este párrafo (de Mercaderes y Estafeta) son de la década de los 50.

Los fuegos artificiales en la plaza del Castillo a las 10.30 de la noche, conciertos en la Taconera, obras de teatro en el Gayarre y en el Olimpia, fiestas privadas de sociedad en el Nuevo Casino, Casino Eslava, Larraina y Tenis, el ferial del ganado, competiciones deportivas como la Travesía del Arga (prueba de natación organizada por el SEU), pruebas hípicas, tiro al pichón  o la pelota en el Euskal Jai, algún festival folklórico, certámenes de pintura, fotografía o escaparates sanfermineros, exposiciones, marionetas en la plaza de San José  y la procesión de San Fermín completaban las actividades sanfermineras de esos años. Lejos quedaba todavía el boom turístico de los años 60 pero a tenor de las crónicas de la época, el turismo iba cada año en aumento, sobre todo procedente de las comunidades más próximas. A finales de la década de los 40 comenzaron a hacerse más visibles los turistas extranjeros. Fueron muchos los jerarcas del régimen (militares, ministros, subsecretarios, etc)  que visitaron las fiestas estos años, entre los que cabe destacar al teniente general Queipo de Llano en el año 1946, además de embajadores, sobre todo de países sudamericanos. Quisiera referirme a  un acto del que hasta ahora no había hablado: el Pobre de Mi. El origen del Pobre de mí   se remonta a los años 20 , cuando el pintor pamplonés Julian Valencia y unos amigos, haciendo una broma, aparecieron en la calle San Nicolás con velas encendidas en las manos y formando una comitiva procesional, recorrieron  las calles de la parte vieja entonando: “Pobre de mí, pobre de mí, que se han pasado las fiestas sin divertir”.  Durante la República  muchos mozos modificaron la letra y cantaban: “Pobre San Fermín, Pobre San Fermín hoy a media noche será tu fin” que dado el ambiente anticlerical de aquellos años daba lugar a diferentes lecturas o interpretaciones. En 1942 la prensa hacia un llamamiento para eliminar este acto que consideraban irreverente. Parece ser que la peña “Los de siempre”, algunos de cuyos integrantes vemos en la fotografía que acompaña este párrafo,  una peña formada por navarros residentes en San Sebastián,  habían mantenido durante los últimos años dicha tradición. Contrariamente a lo que se pueda pensar hoy en día en esta época y sobre todo a finales de los 50 y 60 pocos eran los que vestían de blanco, los miembros de las peñas y poco más.

En 1943 se recuperaba la tradición del toro de fuego,  orientado a un público infantil, que podía estar entre los 8 y los 12 años,  y que recorría el tradicional itinerario que conocí en mi niñez, empezaba en la Plaza Consistorial, recorría Blanca de Navarra, Estafeta, Espoz y Mina y terminaba en la Plaza del Castillo.También ese año, y más concretamente el 6 de julio, se inauguraba el nuevo kiosko de la plaza del Castillo que es el que conocemos hoy en día. Lo hemos visto en alguna foto de la plaza del Castillo, enfrente del Café Iruña se colocaba,  una semana antes  de las fiestas, una caseta donde se vendía el programa de fiestas y a partir del día 5 de julio las entradas de las corridas de la Feria. En 1945, promovida por el Secretariado Diocesano de la Caridad,  se instalaba por primera vez la Tómbola de Caritas, como ya señalé en la entrada monográfica dedicada a esta venerable institución. Entre los premios más importantes de aquellos años estuvo el sorteo de un  chalet en la Media Luna en el año 1948. En 1948  se inauguraban también el nuevo Mercado del Ensanche y los  baños públicos de la calle Tafalla. La Estación del Plazaola se trasladaba desde la carretera Zaragoza a la nueva estación de Conde Oliveto, construida en 1945. Durante el resto del año, los jóvenes pamploneses se divertían acudiendo al cine, a la media docena de salas de cine que había a finales de los 40 (Gayarre, Olimpia, Príncipe, Avenida, Novedades, y Alcazar…) o yendo ver al Osasuna en el campo de San Juan. A lo largo de los 50 y 60 se irían construyendo nuevos cines en los crecientes y populosos barrios del norte de la ciudad (Amaya (1951), Chantrea (1956), etc). Las fotos que acompañan a este párrafo son de 1942, la de la izquierda (en la plaza del Castillo) y de 1943, la de la derecha (encierro a su paso por la calle Mercaderes)

En 1950 Pamplona contaba con 71.000 habitantes. Los sanfermines de 1950 comenzaron con la inauguración del Monumento a Gayarre el día 5. Serían los primeros sanfermines que no contarían la presencia del gran charlatán y vendedor León Salvador, todo un personaje que había acudido ininterrumpidamente a las fiestas de Pamplona durante 60 años, concretamente desde 1891. Había fallecido a los 78 años cuando preparaba la feria de Bilbao. Este año el Ayuntamiento editó miles de tarjetas postales como la que vemos a la derecha de este párrafo y que el consistorio ofreció al comercio local para que lo utilizasen como reclamo  publicitario. Sin ir más lejos yo he visto esta misma tarjeta postal en algún archivo personal con la publicidad de Ayestarán. Los gigantes estrenaban trajes y a las peñas citadas anteriormente se habían sumado en  1948 la peña Anaitasuna y en 1949 la peña   Los del Bronce, que nada tenía con la que con el mismo nombre animó las calles durante algunos años (1900-1904)  al comienzo del siglo y en 1950 el Irrintzi. Así pues a mediados de la  década de los 50 eran diez las principales peñas sanfermineras: Oberena, Irrintzi, El Bullicio, La Jarana, Muthiko Alaiak, Anaitasuna, Los de Bronce, La Unica, Alegría de Iruña (1953) y La Saeta. En 1956 se uniría a estas peñas  la Armonía Chantreana y dos años más tarde la peña Aldapa.   En 1950 Pamplona inauguraba su Portal Nuevo, obra de Victor Eusa. Se construía el monumento a San Ignacio de Loyola y se realizaba la primera ordenación del transporte urbano de Pamplona. En 1951 se hacían obras en la fachada de la Diputación Foral,  incorporándose  el escudo de Navarra con la laureada entre dos figuras de apariencia clásica que hace poco tiempo que se han suprimido. Se derribaba el famoso olmo de la Taconera, el árbol del cuco,  junto a la iglesia de San Lorenzo.  En Mayo, se produjeron las famosas manifestaciones contra el alza de los precios. Protestaron un gran número de mujeres en la plaza del Mercado del Ensanche y les apoyaron sus maridos e hijos trabajadores. En noviembre de 1951 se comenzaba a derribar el viejo edificio de la Casa Consistorial.

1952 sería por ello  un año especial para las fiestas de Pamplona. El chupinazo se tuvo que realizar desde el edificio de la Escuela de Artes y Oficios, situada en la plaza de la Argentina pues en la plaza consistorial, del edificio del Ayuntamiento, salvo la fachada, ya nada quedaba, se había derribado todo lo demás. A falta de otra referencia para lanzar el cohete,  se utilizaron como referencia las campanadas de la Iglesia de San Nicolás. Ese año el Riau Riau recorrió las calles Vinculo, atravesó el Paseo de Sarasate y se adentró por la calle San Miguel y Eslava hasta la calle Mayor. El recorrido duró 45 minutos, ¡que diferencia con las 4 horas que yo llegué a conocer 30 años más tarde!. Se terminaba de construir el Frontón Labrit iniciado dos años antes y comenzaban los primeros estudios universitarios ne la sede de la Cámara de Comptos con el Estudio General de Navarra. En 1953, el chupinazo se realizaría desde la plaza consistorial, tal y como lo podemos comprobar en la foto de la izquierda que acompaña al párrafo anterior,  si bien la corporación no se trasladaría al nuevo edificio hasta el 9 de septiembre. Se retirarían ese año las bonitas farolas de época que estaban situadas junto a la puerta de entrada. Este año, en julio, se celebró en terrenos de Fuerte Príncipe  la I Feria de Muestras de Navarra organizada por la Cámara de Comercio y sobre todo, ya en plenos sanfermines, el 6º Congreso Internacional de Folklore y 2º Festival de Cantos y Danzas, que se celebró en la plaza de toros con presencia de los grupos en las calles como lo atestiguan tres de las cuatro fotos  que acompañan esta entrada. En la cuarta vemos la barrera de la guardia urbana en la Estafeta,  a la altura de la Bajada de Javier, frenando el empuje de los mozos,  en un encierro de este año. También en este año, 1953, regresaba Hemingway a Pamplona, después de 22 años de ausencia. Entre 1953 y 1955 desaparecerían de nuestra ciudad los románticos ferrocarriles de vía estrecha que he recordado hace un par de entradas en este mismo blog: el Plazaola y el Irati. En la década de los 50 Pamplona conocería los siguientes alcaldes: Miguel Gortari (mayo 1949-abril 1952), Javier Pueyo (abril 1952-febrero 1958) y Miguel Javier Urmeneta (febrero 1958- febrero 1964).

Desde 1951 y hasta 1964, las barracas se colocarían en la zona situada al principio de la avenida de Bayona, en el espacio que hay entre esta avenida, Antoniutti y la cuesta de la Reina  y el ferial de ganado en la arboleda  de Tejería, cerca del Portal de Zumalacarregui. 1954 fue famoso por tener la nevada más tardía, (en mayo), y por el número y celebridad de los personajes que acudieron a  nuestras fiestas atraídos por la cada vez mayor popularidad del encierro: Orson Welles, Anthony Quinn o Sadriddin Khan, hijo del entonces hombre más rico del mundo, Aga Khan. Ya empezaba a hablarse, entonces, de temas como la la masificación y la seguridad en el encierro y la presencia de los inevitables patas o gamberros,  etc.  En septiembre de 1954 se inauguraba el Monumento a la Inmaculada en el Rincón de la Aduana. A finales de 1954 y comienzos de 1955 se derribaban varias casas situadas entre la plaza consistorial y el Mercado de Santo Domingo, en la llamada Bajada de las Carnicerías para abrir la nueva plaza de los Burgos. En 1956 acudía a nuestra ciudad un equipo de la FOX, para tomar imagenes, dicen que para un documental sobre las fiestas, pero en realidad fueron utilizadas como insertos para la película de Henry King “Fiesta”. Las fotos que acompañan este párrafo corresponden a encierros de este año, la primera plasma la entrada de los toros a la calle de la Estafeta y la segunda, tomada desde la curva, recoge la entrada de los toros por Mercaderes. Ese mismo año se reformaba el Paseo de Sarasate tal y como comenté en una entrada anterior. En 1957 la ciudad estrenaba semáforos, se reformaba la plaza del Castillo (se instalaron bancos modernos, se pavimentó la plaza y se crearon nuevas plazas de aparcamiento) y se comenzaba a construir el nuevo parque de Bomberos en la calle Aralar, junto a la Media Luna. La plaza Conde de Rodezno todavía estaba sin terminar y había comenzado la construcción de la llamada Casa Periodistas. Salía, por primera vez el Olentzero a las calles de la ciudad, organizado por la Juventud de San Antonio. En 1959 regresaba a las fiestas Ernest Hemingway. Se homenajeaba a Sarasate en la Taconera, inaugurando un monumento en su honor el 26 de abril. Este monumento se trasladaría posteriormente, en 1963, al parque de la Media Luna, siendo ocupado el espacio de la Taconera por el monumento a otro músico: Hilarión Eslava. Moría este año el padre Carmelo, promotor de la institución Cunas, en plenos sanfermines, cuando estaba preparando un festival benéfico en la plaza de toros.

Entre los toreros que visitaron las corridas de toros de  Pamplona en este período 1940-1959, por cierto la feria era sensiblemente más corta, apenas cinco festejos, estuvieron el mítico Manolete fallecido el 28 de agosto de 1947 en la plaza de Linares a manos del toro Islero, Pepe Bienvenida, el diestro navarro Julián Marin que tomo la alternativa en 1943 y se cortó la coleta diez años más tarde en 1953, Marcial Lalanda, Pepe Luis Vazquez, Juan Belmonte hijo, Rafael Ortega Gallito, Francisco Martin Vazquez, Luis Miguel Dominguin, Manuel Alvarez, Agustín Parra, Rafael Albaicin, Gitanillo de Triana, Raul Ochoa, Miguel Baez Litri, Antonio Ordoñez, Isidro Marín, Julio Aparicio, Manolo Gonzalez, Paco Muñoz, Manolo Vazquez, Antonio Chenel Antoñete, Jaime Ostos, Angel Peralta, Paco Mendes, Joselito Huerta, Chicuelo, Curro Girón, Pepe Luis Vazquez, Chamaco, Diego Puerta, Miguelín, Solanito. Al termino de las fiestas, el 18 de julio solía realizarse la corrida de la Asociación de la Prensa con la presencia igualmente de grandes diestros. En  1957 se celebraron 7 corridas y una novillada. La Feria del Toro tal y como la conocemos comenzó en 1959. En cuanto a incidencias en el encierro cabe señalar que el 10 de julio de 1947 el toro Semillero mataba  a dos corredores, a Casimiro Heredia en la Estafeta y a Julián Zabalza cerca de la plaza de Toros. Tendrían que pasar 33 años para que se produjese una tragedia similar, sucedió el 13 de julio de 1980, cuando también se produjeron dos muertos en el encierro. También es destacable el montón, a la entrada de la plaza de toros, en el encierro del 7 de julio de 1945 que vemos en una foto de esta entrada. Las fotos que acompañan a este último párrafo son de los gigantes en la calle de la Estafeta y a la puerta de la iglesia de San Lorenzo (1959) y de la salida de la corporación en 1957, con Javier Pueyo como Alcalde de Pamplona.

Fotografías: Las fotografías recogen el ambiente de los sanfermines entre los años 1940  y 1959 y pertenecen buena parte, de ellas, 17 sobre 26  al Fondo de Fotografías Marín de la Kutxateca.  Fotografías por orden de aparición: Nº2: Mozos de peña ante la Casa Consistorial (1946), 3 Paco Marí Blanco y unos amigos en la plaza consistorial (1946) 5 y 7: encierros de 1946, 8: Gigantes cerca de San Lorenzo (1946), 12: Kilikis y cabezudos con los niños (Años 50), 13: Peña Los de Siempre (Años 40), 14: Visitantes en las terrazas de la plaza del Castillo (1942), 15: encierro por la calle Mercaceres (1943), 16: Chupinazo (1953), 18, 19 y  21: Festival internacional de Folkore (1953), 22: encierro por la calle Estafeta (1956) 23: encierro por la calle Mercaderes (1956), 24: Gigantes en la calle de la Estafeta (1959) y 26: la corporación saliendo del Ayuntamiento (1957): Su autor es en todos los casos, salvo la nº 22 y 23 que son de Paco Marí Blanco, del fotógrafo Pascual Marin: CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013. KUTXATEKA. Fondo Marin. Pascual Marin. Nº 1: chupinazo de los sanfermines de 1943 (Galle). Nº 4: gigantes desfilando por la calle Juan de Labrit, cerca de la plaza de Toros (Años 40), Nº 6: encierro por la calle Santo Domingo (1945-1949) (Ruperez),  Nº 9: Montón en el encierro del 7 de julio (1945), Nº 10: encierro en la calle Mercaderes (años 50), Nº 11: encierro en la calle Estafeta (años 50), Nº 17: postal municipal sanferminera circulada en 1950, Nº 20: barrera del encierro (1953) de sanfermin.espaciohemingway.com, Nº 25: la comparsa a la entrada de la iglesia de San Lorenzo (1959).

“Memorias del Viejo Pamplona” llega al medio millón de visitas

Hoy, hace un rato, el contador de visitas del blog ha llegado al medio millón de visitas, una cifra redonda, mágica que hace apenas un par de años me parecía inalcanzable. Baste con decir que en el primer año apenas superé las 15.000 visitas y que me costó un año más llegar a las 50.000, llegando a las 100.000 hace poco más de dos años y acumulando nada menos que  400.000  más en estos últimos 24 meses. Muchísimas gracias, en primer lugar, por esta creciente y fabulosa acogida. Este blog empezó siendo un cuaderno de apuntes personal sobre el Pamplona del último medio siglo, sobre el Pamplona que había conocido a lo largo de mi vida si bien con el tiempo se ha ido convirtiendo en algo más, un blog un tanto inclasificable que humildemente y poco a poco  intenta ir recuperando  los recuerdos, la memoria de unas cuantas generaciones de pamploneses, la mía y las de aquellos que nos antecedieron  a lo largo del siglo XX. Magna pero apasionante tarea.

Así, a lo largo de los cientos y cientos  de páginas que hay tras las más de 200 entradas he rememorado infinidad de lugares, hechos, personas y también experiencias,  seguramente muchas de ellas compartidas con algunos de mis convecinos. He recordado como vivíamos, qué música escuchábamos, qué programas de televisión  contemplábamos, a qué bares  y comercios acudíamos,  qué sucedía en aquel entonces en la ciudad, y cientos de otros aspectos,  intentando hacer a través de dichas entradas una disección lo más completa posible de la vida en nuestra ciudad. Crecimos, cambiamos y evolucionamos al tiempo que lo hacía la ciudad. No he querido ofrecer una mirada nostálgica de una ciudad que ya no existe porque la nostalgia y la añoranza melancólica es todo lo que nos queda cuando  nuestra vida es sobre todo  pasado y es corto nuestro futuro, pero no puedo ocultar que  muchas entradas, a pesar de los fríos datos o las fechas,  tienen un tono inevitable de crónica sentimental porque al fin al cabo pretenden reflejar no los grandes sucesos de nuestra  historia sino lo que fue el pulso de nuestra vida cotidiana. Sigo pensando, como dije en la presentación del blog, que cualquier tiempo pasado no fue siempre mejor pero es necesario  conocer el pasado y aprender de nuestra propia historia para evitar cometer, a veces,  los mismos o parecidos errores en el futuro, como ciudad, como sociedad y como individuos.

Imagenes del ayer: Paseo de Sarasate (1910-1976)

Esta es la quinta vez que hablo del Paseo de Sarasate en este blog, que popularmente conocimos durante mucho tiempo como Paseo de Valencia. He hablado de sus comercios en dos entradas del blog, del paso del Irati por su boulevard, de los cambios urbanísticos producidos a lo largo de su historia y en esta entrada pretendo mostrar nuevas imagenes de este emblemático lugar, donde veremos el Paseo desde diferentes lugares y perspectivas. Y lo haré con  una pequeña selección de postales antiguas, de las cerca de ochenta que he tenido la ocasión de ver estos últimos días. Seguiré un orden cronológico, empezando por las más antiguas y alternando las diferentes perspectivas del Paseo. En la fotopostal de la izquierda, de Papelería Moderna, podemos ver el Monumento a los Fueros y a su derecha el viejo edificio del Banco de España, antes de que se construyese el nuevo edificio en 1927, por lo que la foto sea posiblemente del período comprendido entre 1910 y 1915. En la fotopostal de la derecha, de Eusebio Rubio, se advierte,  a la derecha de la instantánea el gran edificio del Vinculo Municipal y el  Caserón de la Casa de Misericordia, por lo que la foto tiene que ser forzosamente anterior a 1918, ya que es en este año cuando se comenzó  a derribar el viejo edificio de los hornos municipales de pan.

En la  foto de la derecha, tomada desde el Palacio de Diputación, vemos, en un primer plano, a la derecha, la farola ornamental que hoy está en el centro de la plaza del Vinculo y que estuvo ubicada en este lugar del Paseo durante 30 años, entre 1928 y 1958, año en que se trasladó a la plaza de la Argentina donde permanecería durante siete años, hasta 1965. Si nos fijamos en el lado izquierdo de la fotografía vemos que ya está construido el nuevo edificio del Banco de España (se acabó en 1927), pero aún no el edificio central de la Caja Municipal (se comenzó  a construir en 1931), por lo que el margen para su datación puede estar bastante ajustado, probablemente sea de 1929 o 1930. La  postal de la izquierda, de Vda de Rubio,  nos muestra el paso del ferrocarril eléctrico del Irati por el lado del Paseo más cercano al Casco. Recordemos que éste desapareció del Paseo de Sarasate en 1930 y como quiera que la mayoría de las postales existentes sobre el Irati son de finales de la segunda década y comienzos de la tercera  la fotopostal  bien podría estar datada entre 1917 y 1925. La segunda postal de la izquierda no he podido datarla con seguridad. Aparentemente se observan aún las catenarias y railes junto a la acera más próxima al Casco, en el tramo cercano a la iglesia de San Nicolás, pero también circulan coches y camionetas, pocos, pero circulan, por lo que la fotografía debiera ser de finales de los años 20 (1928-30). De esa misma época, de finales de los años 20 probablemente sea la segunda fotopostal de la derecha donde observamos, esta vez si, con toda su magnificiencia decimonónica la farola ornamental a la que nos hemos referido anteriormente.

En las tres postales que anteceden a este párrafo podemos contemplar el Paseo de Sarasate desde el extremo más cercano a la Audiencia Provincial. En la primera de ellas, vemos el Paseo de Sarasate culminado, en este punto, por una fuente surtidor acotada por una pequeña valla. Es una de las dos  fuentes  que se habían inaugurado en 1894 y 1895, la otra  estaba situada  frente al Palacio de Diputación, se había colocado un año antes y sería sustituida por el Monumento a los Fueros en 1903. La foto postal, de A. de León,  es de los años 20. La segunda postal lleva el rastro de un matasellos, observamos  la fecha, 1932, y en ella comprobamos  que han cambiado tanto las luminarias, que parecen más bajitas, así como la fuente. La tercera postal, de Ediciones Arribas,  es mucho más reciente, del año 1960, sin la fuente-surtidor de antaño, con esas farolas  que hemos conocido durante largo tiempo, hasta finales del pasado siglo y que pudiera decirse constituían una seña de identidad más de nuestro mobiliario urbano, junto a unos bancos blancos de formas alabeadas.

      

En las cuatro fotos anteriores observamos el Monumento a los Fueros y su entorno más cercano en diferentes épocas de nuestra historia urbana. En la primera vemos un grupo de estatuas reales arremolinadas cerca del Monumento, por delante de los baños públicos, con una de ellas mirando hacia el Palacio de la Audiencia y delante de ella un pequeño jardincillo. En la siguiente foto ha desaparecido el jardincillo pero continua en este lugar ese grupo de estatuas que, como recordamos, en otra entrada del blog, procedían del Palacio Real de Madrid y que serían trasladadas al otro lado del Paseo en el año 1956. Estas dos primeras fotos necesariamente tienen que ser anteriores al año 1951, pues aún se conserva el óculo original en la fachada principal del Palacio que ha sido recuperado hace unos pocos meses por el actual Gobierno de Navarra. En 1951  el escultor Fructuoso Orduna incorporó un grupo escultórico que representaba el escudo oficial de Navarra durante el franquismo con la Cruz Laureada de San Fernando entre dos personajes masculinos con apariencia clásica, ocultando el óculo original.  En 1972, las mencionadas estatuas reales fueron objeto de una curiosa transacción: se permutaron  las estatuas de Fernando VI y de Barbara de Braganza por las de Felipe III de Navarra y García Ramírez. En 1956 cuando se reubicaron las estatuas, se colocaron las nuevas luminarias y bancos a los que me he referido en el párrafo anterior, además del tradicional embaldosado que conocemos. Completan la serie de fotos, una hermosa postal en blanco y negro de los primeros años 60, atentos a los coches aparcados,  y una postal en color, de Ediciones Dominguez Escudo de Oro, de los primeros años 70.

 

Y para finalizar, tres fotografías,  dos de ellas en blanco y negro pertenecientes a los primeros años 50, la primera tomada desde el Palacio de Diputación, atención a la primitiva villavesa  circulando por la calzada más cercana al Casco Antiguo y a los escasos coches que atraviesan las dos calzadas del Paseo y la segunda tomada desde la acerca del edificio del Banco de España, con Casa Baleztena en el centro de la foto, entre la plaza del castillo y la calle Comedias. Parece pasar inadvertida, pero ahí está todavía la farola ornamental, casi a la entrada de Comedias, confundiéndose con el edificio de la citada Casa Baleztena. La última fotopostal, en color, de los años 70, de Ediciones Dominguez, nos muestran el Rincón de San Nicolás con el kiosko de chucherías que conocimos hasta no hace demasiados años en el lugar,  la fachada sur de la Iglesia de San Nicolás con su casa parroquial y al fondo de la foto el desproporcionado y fuera de lugar edificio que sustituyo a la hermosa Casa Navasal. Se hace patente la presencia de muchos más vehículos en el Paseo, coches que nos sumergen por completo en aquella época (un Seat 124, varios Renault 4, un Renault 6, entre otros modelos)

Fotos: Autores y obras referenciadas en el texto de la entrada. Cuando no se cita se desconoce el autor.

Curiosidades: Pamplona estudiaba instalar un servicio de trolebús en los años 40

En 1942, cuando faltaban apenas cuatro años para que desapareciese el servicio de tranvía que ofrecía el Irati por algunas calles de Pamplona y se levantasen las vías a su paso por el núcleo urbano (del Rincón de la Aduana a la Estación del Norte y por la entonces carretera de Francia o Avenida de Franco, hasta sus cocheras), ya que por las más céntricas lo había hecho entre 1926 (por la plaza del Castillo) y 1930 (Paseo de Sarasate), el alcalde, entonces en funciones, Segundo Peralta,  informaba de que el Ministerio de Obras Públicas estaba estudiando el proyecto de instalación de trolebuses en Pamplona que se le había remitido desde la capital. Probablemente en la mente de aquellos gobernantes y de los pamploneses de aquella época pesaba aun la imagen y los  servicios prestados por el viejo tranvía del Irati,  en un momento en que todavía no se había desarrollado adecuadamente el servicio de transporte urbano en la ciudad. La Villavesa hacia unos pocos servicios, concretamente   a la estación del Norte, Villava, Capuchinos, Manicomio, Echavacoiz y Cizur Mayor. El trolebús era un omnibús eléctrico, alimentado por una catenaria de dos cables superiores de donde tomaba la energía eléctrica mediante dos astas o pértigas metálicas. El trolebús, a diferencia del tranvía eléctrico, no hacía uso de vías o carriles por lo que era un sistema más flexible y económico en su puesta en marcha y no hipotecaba tanto el espacio público. Contaba como cualquier autobús con ruedas de caucho, en vez de ruedas de acero encajadas en carriles, como los tranvías.

En aquellos años  unas cuantas ciudades españolas se plantearon también contar con este servicio, con la diferencia de que ellas sí lo llevaron a buen término. El primer trolebús que circuló por España lo hizo en Bilbao,  en 1940.  Un año más tarde lo haría en Barcelona. En esta década contaron con trolebús, además,  Pontevedra (1943), San Sebastián (en 1948, de cuya inauguración adjunto una fotografía) y La Coruña (1949). En los años 50 lo tendrían Madrid (1950), con 8 líneas (en la foto vemos la nº 1, en la Puerta del Sol), Cádiz, Santander, Valencia, Zaragoza (1951) y Reus-Tarragona (1952). En los 60 el trolebús  llegaría a Castellón (1962) y Mieres (1965), dejando, por contra, de funcionar, en esta década,  en Madrid. Lo dejó de hacer el 30 de abril de 1966. Tres años antes, en 1963 este modo de transporte había trasladado nada menos que a casi 45 milllones de pasajeros en la capital de España. La última ciudad que abandonó el trolebús fue Pontevedra, en 1989. No fue casualidad que el “trole” comenzase a desaparecer en los años 60, precisamente con el desarrollismo económico, en unos momentos en que el vehículo privado comenzaba a estar al alcance de buena parte de la población, con sus claras ventajas de libertad individual e independencia. El “trole” sigue teniendo sus defensores y detractores: es, desde luego, menos flexible que un autobús convencional aunque, por contra,  es más eficiente energéticamente, exige menos mantenimiento y su contaminación es nula. Desde entonces, tras más de 20 años, desde su desaparición en España, se  ha comenzado  a recuperar, concretamente hace 9 años  en Castellón. Hoy en día 40.000 trolebuses circulan por unas 370 ciudades del mundo, de todo tipo, en cerca de 50 países.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Inauguración de la línea de trolebuses de San Sebastián, el 18 de julio de 1948. CC BY-NC-ND-3.0-ES 2013 / Fototeka Kutxa. Nº 2: Trolebús nº1 en la Puerta del Sol de Madrid. 1951. Del blog “Historias Matritenses”. CC BY-NC-ND-3.0 ES. 

Plazas y calles de ayer y hoy: la plazuela de San Nicolás (1900-1962)

La conocida hoy como Plazuela de San Nicolás es el espacio urbano situado entre las calles San Nicolás y San Gregorio, junto a la iglesia de San Nicolás. La plaza carece de numeración propia, correspondiendo los números de sus casas a las vecinas calles de San Nicolás y San Miguel. Hasta 1808, año en que se inaugura el cementerio de San José en Berichitos, los pamploneses se enterraban en dos cementerios, el situado en el atrio de la Catedral y final de la calle Navarrería y el situado en el subsuelo de esta plaza. De la existencia de estos dos camposantos tuvimos muchos pamploneses plena constancia, ya no solo documental sino también visual, cuando se descubrieron decenas de restos, al excavarse  ambos espacios dentro del proceso de peatonalización del Casco Antiguo (1996-2011). En Junio de 1912 se instaló, en mitad de la plaza, una farola de arco voltaico, que se había trasladado desde la vecina plaza de San Francisco  para colocar la estatua de la Mari Blanca. La iglesia fortaleza de San Nicolás  data, nada menos, que del siglo XII. Ya existía en el año 1177. La creación de la Población de San Nicolás tiene su origen en una reacción episcopal para poner coto  a la creación y expansión del nuevo Burgo de San Cernin, fundado en 1129 por el rey Alfonso el Batallador, con población de origen franco. La Población de San Nicolás se construyó, probablemente, entre los años 1130 y 1170. Las  guerras entre  los diferentes  burgos escondían la secular lucha entre el poder real y el episcopal existente, en aquella época, en nuestra ciudad. La iglesia de San Nicolás  fue, en aquel tiempo, una autentica fortaleza que serviría de  bastión de defensa y ataque al enemigo burgo de San Cernin.

En el año 1222 la Población de San Nicolás fue arrasada y su iglesia-fortaleza incendiada. Las guerras entre los diferentes burgos  terminarían, finalmente,  cuando el rey Carlos III el Noble decretó el 8 de septiembre de 1423 el Privilegio de la Unión que dió lugar a la Pamplona unificada que conocemos. A finales del siglo XIX se realizaron diversas reformas en la iglesia que continuaron a lo largo de las primeras décadas del siglo XX. El nuevo atrio y la casa parroquial se comenzaron a construir en enero de 1884, terminándose en el año 1888. La nueva puerta al Paseo de Sarasate se inauguró en 1891. En los años 20 del pasado siglo se realizaron reformas en la base de de la antigua torre, adornándose ésta con dos almenas con matacanes. Hoy en día, la plazuela, que se halla a camino de dos calles con gran presencia hostelera, sigue teniendo el atractivo que le da fundamentalmente la orgullosa silueta de su imponente torre-fortaleza, la presencia de algunos comercios centenarios como la Vinoteca Murillo o la Ferretería Irigaray y de algún edificio y detalle como el del nº 72, de  estilo modernista, construido en 1899 por el arquitecto Manuel Martínez de Ubago, o el reloj  de sol, de 1779, que aparece en la fachada del nº 76. La plazuela, carece, sin embargo, de algún elemento o mobiliario, -que pena la retirada de aquella vieja farola decimonónica, que le hubiera seguido dando ese sabor, que podemos percibir en alguna de las fotopostales del lugar datadas entre los años 1900 y 1960. La plazuela es actualmente conocida, sobre todo, por ser la sede del popular mercadillo anual de pastas y roscos de San Blas, el día 3 de Febrero.

Fotopostales, por orden de aparición: Nº 1: A.de León (1900-1920), Nº2: Luis García Garrabella (Años 50), Nº 3: A. de León (1900-1920), Nº 4: Luis Roisin: 1914. Nº 5: Ediciones Sicilia (Años 40), Nº 6: Eusebio Rubio (1900-1910), Nº 7: Ediciones Arribas (Años 50), Nº 8: Ediciones Vaquero (Años 60).

      

Coches de línea y de punto. Los primeros taxis (1900-1950)

Como señalé en la primera de las entradas sobre los viajes de los pamploneses de hace un siglo, en aquellos lejanos años de principios del siglo XX, la gente viajaba, sobre todo en las medias distancias, en líneas regulares de diligencias. A primeros de siglo  había líneas regulares de diligencias a Burguete, Irún, Ulzama, Lecumberri, Estella, Sangüesa, Roncal, y Jaca, entre otros destinos. El desarrollo técnico del automóvil abrió una nueva fase en la historia del transporte. Las líneas regulares de diligencias  fueron sustituidas por los primeros autobuses de línea.  Prestaban servicios de autobús, en los años 20, las siguientes compañías, La Estellesa  (con salidas y llegadas  a y desde Estella y Logroño), -también la empresa “Urra” hacía viajes a Estella y Logroño-, La Baztanesa (a Elizondo y Errazu), La Unión (a Monreal e Idocin), La Montañesa (a Erro y Burguete que luego se extendería a la merindad de Ultrapuertos o Baja Navarra), El Arga (de Pamplona-Noáin a Artajona), germen de la futura CONDA, La Aurrera (Garraus y compañía) (de Pamplona por Villava a Santesteban), la empresa Pamplona-Lerín (antes El Ega) a Lerín, la Ulzamarra (A Ulzama y Ventas de Arraiz) y Denak Bat (a Olagüe y Lanz). Tenían sus oficinas en la plaza del Castillo casi todas las citadas compañías excepto la de Pamplona-Lerin con oficinas en Navas de Tolosa, La Ulzamarra con la administración en la calle Santo Domingo y Denak Bat con oficinas en la calle del Carmen. En 1923 se unían a las anteriores empresas, la compañía Kaiku con salidas a Elizondo y los señores Seminario e Irisarri, concesionarios de Ford en Navarra que establecieron dos servicios diarios al Balneario de Belascoáin.

Entre 1924 y 1928 surgieron La Tafallesa (Pamplona-Tafalla), Florentino Murillo (con viajes a San Sebastian), Pedro Izco (Pamplona-Lanz), Candido Catalán (Pamplona-Artajona), Santos Labiano (Pamplona-Arteta),  Andrés Carbonell (La Euguiarra) (Pamplona-Eugui), Izarra (Pamplona-Baztán-Bayona), La Unión Casedana (Pamplona-Caseda), La Protectora Navarra (con salidas a Estella y Logroño), La Veloz Sanguesina (Pamplona-Sanguesa), La Larraguesa (Andrés Pérez) (Pamplona-Larraga), La Burundesa (Pamplona-Alsasua), La Nueva Barranquesa (Pamplona-Alsasua), La Villavesa (con servicios de Pamplona a la estación del Norte, Villava, Capuchinos, Manicomio, Echavacoiz y Cizur Mayor), y otras muchas, -más de 40-,  con otros pueblos. Las nuevas empresas de transporte se seguían ubicando preferentemente en la plaza de la Constitución o plaza del Castillo, en el Casco Antiguo (calles San Nicolás, Carmen y Santo Domingo) o en las inmediaciones del Casco (en las calles San Ignacio yNavas de Tolosa). En los primeros años 30 surgieron nuevas líneas como La Nueva Roncalesa (de Pamplona a Roncal y San Sebastián) o La Tudelana (Pamplona-Tafalla-Tudela). En 1934 se inauguraba la Estación de Autobuses de Conde Oliveto, -donde se centralizarían las oficinas de expedición de las diferentes compañías, que vemos tanto por dentro como por fuera en las fotos que acompañan a este párrafo. A partir de los años 40, con la generalización del transporte por carretera el número de compañías se incrementó considerablemente: a las anteriores se sumaban La Berianesa, La Pamplonesa, Río Alhama, El Flecha, El Bidasoa, La Lumbierina, La Salacenca, La Izagaondarra, La Bidasotarra y hasta 40 destinos diferentes, todos ellos con sus respectivos autobuses de línea.

En los primeros años del siglo XX prestaban el servicio de carruajes de alquiler, con carruajes de lujo, ómnibus y coches de punto las casas Maisonnave y Frauca (con salida en el nº 13 del paseo de Sarasate y despacho central en el nº 1 de la plaza del Castillo) y Zaldi Onak (domiciliada en Espoz y Mina, 4) y más tarde también la compañía de Delfin y Estanislao. También realizaban servicios para bautizos, bodas y entierros y de coches de punto, con parada en la plaza del Castillo, entre el Café Suizo y la peña Dena Ona y los Hoteles La Perla y Vasco Navarro. Las tarifas para los coches de punto oscilaban entre 1,50 pesetas para un servicio para dos personas dentro de la población y 2,50 pesetas para cuatro personas. La carrera a la estación del Norte, oscilaba entre las 2 y las 3 pesetas dependiendo del nº de viajeros y el servicio de noche oscilaba entre las 3 y las 4 pesetas igualmente en función del nº de viajeros. Con los años, fueron desapareciendo los coches de tracción animal siendo sustituidos por los automóviles de alquiler. El nombre de “coche de punto” respondía a que sus servicios eran contratados en el lugar donde se encontraban situados los vehículos, que era el “punto” de referencia para establecer el precio de los desplazamientos contratados. Entre las primeras empresas que prestaron servicios de automóviles de alquiler o, como hoy los llamaríamos,  taxis estaban las del industrial Alfredo Urra (Estafeta, 73) a quien se le atribuye el disponer del primer coche con gasolina que hizo este servicio de taxi (fue en 1923, con un Clement Bayard conducido por Felipe Liras) y La Iruñesa (Plaza de San Francisco, 24, luego Espoz y Mina, 23), esta última, propiedad de Arratibel e Iragui con servicio de auto-ómnibus entre las estaciones ferroviarias y las casas particulares. La mayoría de los garajes también alquilaban automóviles: Doria, García y otros, pero sin conductor. En 1926 se hablaba de establecer taxímetros para los servicios con chofer. Iban a nacer, de verdad los primeros taxis de la ciudad.

En 1927 el punto de parada de los automoviles de punto estaba en la plaza de la Constitución (Plaza del Castillo), frente a los edificios de Diputación, Teatro Gayarre y Crédito Navarro. Había en torno a una veintena de taxis con matricula de Navarra en 1927, 24 en 1929, y media docena con matrícula de San Sebastián. Uno de los primeros servicios de taxis fue el de Jesús Martínez Gorraiz (con coches de punto y alquiler). Eran coches antiguos, modelos Peugeot, Renault y mucho más tarde Fiat (Seat). En esos años el servicio de taxis tenía diferentes tarifas en función si se prestaba dentro del Casco de la Población, incluido el Nuevo Ensanche, los barrios extramurales,  con precios entre 1,50 y 2 pesetas para una carrera con regreso y con un máximo de 4 personas; la estación del Norte y el Cementerio (entre 2,50 y 4 pesetas) o fuera del Casco de la ciudad, en un radio de 5 km (15 pesetas por hora y 0,60 pts el km, contándose el regreso). A la parada de la plaza del Castillo  le seguiría,  en los años 40,  otra en la calle Tudela, junto a la antigua estación de autobuses y en 1954 otra en Carlos III, 35, que se trasladaría luego a Teobaldos. Podemos ver las paradas de taxis de la plaza del Castillo y de la calle Tudela en sendas fotografías que aparecían junto a los párrafos anteriores. Más tarde vendrían las paradas de la calle Ciudadela, Plaza de la Cruz, Conde de Rodezno y Blanca de Navarra, Chantrea y la Estación. No había emisoras de radio ni servicio GPS como ahora. En las paradas había un poste con una señal de parada de taxis y un teléfono encerrado en una especie de armario a través del cual los taxistas atendían las llamadas. Y como conocimos hasta finales del siglo,  los automóviles eran negros, primero Peugeots y Renaults y luego en los años 60 y 70 Seat 1500. ¿Cuántos os acordáis de estos últimos?. También de dichos modelos podemos ver dos ejemplos en las fotografías.

Y para terminar una breve referencia al transporte aéreo aunque su verdadero arranque se produce fuera del período que estoy analizando. Fue en el año 1930 cuando surgió  la primera iniciativa, por parte del Ayuntamiento, para construir un aeropuerto. En febrero de ese año se aprobaba el proyecto de construcción de un aeródromo en unos terrenos situados a 6 kilómetros al sur de la ciudad, junto al pueblo de Noáin, en la carretera de Madrid a Pamplona. Durante la guerra civil, el aeródromo fue  utilizado esporádicamente por las tropas franquistas. Una vez concluida la guerra, las instalaciones fueron abandonadas. El proyecto de aeródromo se retomó  en 1968 cuando el Ministerio del Aire aprobó la construcción de una pista de vuelo de 500 metros de longitud. Las obras se iniciaron en 1969, inaugurándose el aeródromo ese mismo año. El 5 de julio de 1972 se abrió al tráfico aéreo civil nacional de pasajeros  quedando clasificado el aeropuerto como de tercera categoría. Al día siguiente, la compañía Aviaco inauguró una línea regular con Madrid que alcanzó los tres vuelos semanales en 1975. Las obras más importantes se realizarían en las décadas posteriores.

Fotos, por orden de aparición, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Nº1.Postal comercial. Carruajes ante la Estación del Norte. 1905. Nº 2: Autobús de La Roncalesa. Archivo La Roncalesa. Años 40. Nº 3. Estación de Autobuses de Pamplona y taxis en la calle Tudela. Años 50. Nº 4: Interior de la Estación de Autobuses de Pamplona. Años 50. Nº 5: Postal comercial de la plaza del Castillo con la parada de taxis. Años 50. Nº 6. Taxi años 50. Nº 7: Taxi años 70.

El Irati y el Plazaola (1911-1955)

Además del Ferrocarril del Norte, que hemos visto en la anterior entrada,  llegaban a Pamplona desde 1911 y 1914, respectivamente, el Ferrocarril Eléctrico del Irati y el Ferrocarril del Plazaola. En 1907 se había creado la Sociedad El Irati para explotar la riqueza forestal del monte del mismo nombre. La había creado el navarro, de Arive, emigrado a Argentina, Domingo Elizondo. En 1908 se le otorgó al Irati una concesión por 99 años para crear un ferrocarril de vía estrecha (con 1 m. de separación entre carriles), que uniría Pamplona con Sanguesa y Aoiz. El presupuesto para su puesta en marcha superó los 4,5 millones de pesetas. Fue uno de los proyectos pioneros en la tracción eléctrica en España. El Irati funcionaba con corriente alterna monofásica de 600 watios en los recorridos urbanos y 6.000 watios fuera de la poblaciones. Contaba con seis automotores grandes de cuatro ejes y cuatro más pequeños, de dos ejes, dos locomotoras de vapor,  una de ellas llamada “La Vascongada” además de material de remolque para pasajeros (15 coches) y mercancías (34 vagones cerrados y 38 vagones abiertos). Inició sus servicios el 22 de abril de 1911. El Irati salía diariamente del nº 30 del Paseo de Sarasate, donde estaba la estación de pasajeros,  a Sanguesa,  con dos servicios de salida y llegada,  en sus modalidades de mixto y correo. El viaje a Sanguesa costaba dos horas y cuarto. El Irati hacía además otros servicios: del Paseo de Sarasate a Huarte, con ocho servicios, prácticamente cada dos horas, también había servicios desde Villava y Burlada, por Beloso, carretera de Francia y falda de Miravalles  asi como del Paseo de Sarasate a la Estación del Norte, por la carretera de Guipuzcoa y Cuatro Vientos y viceversa con 13 servicios. En estos tramos y hasta 1946, en realidad hacía servicio de tren-tranvia, más de que de tren de media distancia. Recorría 59 km dentro de Navarra desde la estación del Norte a Sanguesa. En 1920  contaba con 177 trabajadores

En Pamplona El Irati disponía de la estaciones del Norte, Taconera  y Sarasate  y fuera de ella las estaciones de Burlada, Villava, Huarte, Egües, Ibiricu, Mendióroz, Lizoáin, Urroz, Liberri, Empalme de Aoiz, Aos, Murillo de Lónguida, Artajo, Artieda, Rípodas,  Lumbier, Liédena y Sangüesa. Además contaba con un ramal de Sangüesa a Aoiz, con 3 km de recorrido que atravesaban terrenos donde se hallaban instaladas otras propiedades de la Compañía. El billete  costaba 8,25 y el viaje duraba 2 horas 15 minutos. En 1922, El Irati transportó 804.837 viajeros y 45.513 toneladas de mercancías, en 1924, 869.840 viajeros y 52.580 toneladas. En 1926, el Irati dejaba de pasar por la plaza del Castillo, dicen que por su frecuentes salidas de vía en la curvas de sus vértices. Para  1930 ya había desaparecido  la estación de pasajeros del Paseo de Sarasate trasladándose esta a la estación del  Rincón de la Aduana o Taconera, donde estarían, además, de las taquillas el muelle de carga y el almacén de mercancías.  Entre 1941 y 1945 el Irati transportó una media anual de 243.154 viajeros  y 46.144 toneladas de mercancías. Era, pues,  evidente el enorme daño que le estaba haciendo las líneas regulares de autobús. En 1946 se desmantelaron sus vías y estaciones urbanas y su servicio de tranvía, quedando ubicada su estación y cocheras,  en enero de 1950, en el nº 1 de la calle Conde Oliveto, donde tenía su sede el ferrocarril del Plazaola que unía Pamplona con San Sebastián. Hasta entonces las cocheras del Irati estaban situadas en la carretera de Francia, hoy avenida de la Baja Navarra, donde poco después se construiría, proyectado por el arquitecto Eduardo de Garay, en 1951, el ambulatorio General Solchaga (hoy Ambulatorio San Martín).  Para liberar Beloso y la avenida de Franco del tráfico  ferroviario y también la avenida de Guipúzcoa fue preciso habilitar, a finales de los 40, un nuevo ramal desde Villava hasta la estación del Empalme  de la Rochapea, por detrás del Manicomio y el término municipal de Ansoáin. Pero el Irati, al igual que les sucedería a otros ferrocarriles de media distancia y vía estrecha,  no pudo hacer frente a la competencia del transporte por carretera, tanto urbano como interurbano, y el 31 de diciembre de 1955 cesaba sus servicios iniciándose poco después los trabajos de levantamiento de las vías.


El Plazaola, tren de vía estrecha con tracción de vapor, primero y luego a partir de 1929, con tracción  diesel, se inauguró el 19 de enero de 1914, abriéndose el servicio al público el 25 de enero.  Hacía el trayecto diario de Pamplona a San Sebastián, con dos salidas y llegadas al día  y una tercera con extensión a Bilbao, también salida y llegada. El cambio para la línea de Bilbao (Ferrocarriles Vascongados) se realizaba en Lasarte. Fue construido por la Sociedad Minero Guipuzcoana, domiciliada en Bilbao y de la que era consejero general en primero D. José María Ortiz y Muriel y más tarde D. Ruperto Ortiz  y Muriel, aunque luego, en 1926, tras la fusión de esta con las que explotaban el ferrocarril de San Sebastián a Irún y los tranvías de San Sebastián  a Hernani y de Irún a Fuenterrabía  se creo la Sociedad Explotadora de Ferrocarriles y Tranvías con sede en San Sebastián, que fue la concesionaria del servicio.  Era una línea estrecha, accidentada y montañosa con muchos puentes, túneles, viaductos y otras obras, atravesando parajes de una gran belleza. Cruzaba en todo su recorrido 67 túneles, 37 puentes y 3 viaductos además de abismos profundos, rampas, curvas y pendientes muy acentuadas. Tenía un recorrido de 93 km, de ellos 55 en Navarra atravesando las siguientes estaciones y lugares: partía de la modesta estación Pamplona-Ciudad, en la avenida de Zaragoza, demolida en 1948 y en cuyas cercanías,  se construyó en 1953 el edificio de Sindicatos, pasaba por la vuelta del Castillo, los actuales barrios de Iturrama y San Juan por el recorrido de la avenida Sancho El Fuerte, de hecho la avenida sigue la caja de la vía, hasta la actual avenida de Navarra, continuaba por el camino de la Biurdana, pasaba bajo el túnel de la avenida de Guipúzcoa y sobre el puente del Plazaola (de hecho estos hitos se conservan aunque el primer puente del Plazaola sobre el Arga se lo llevó la corriente en una crecida en 1930), continuaba por la actual calle Bernardino Tirapu y llegaba hasta la estación Pamplona-Empalme con el Ferrocarril del Norte (y desde 1931 también con el Irati, situada  en el cruce de las actuales calles de Nazario Carriquiri y Bernardino Tirapu, derribada en 1982), pasaba ante los pueblos de Artica y Berriozar, estación de Aizoáin, túneles de Berriosuso y Añezcar, estación de  Sarasa, viaducto y apeadero de Gulina (el viaducto tenía 190 m de longitud y 13 de altura), túnel de Aizcorbe (630 m), estación de Irurzun, túnel de Dos Hermanas, estación de Latasa, sobre varios puentes metálicos sobre el rio Larráun, túnel bajo la carretera de Basaburúa, puerto de San Migueltxo, estación de Lecumberri, nuevamente varios túneles, estación de Huici, túnel de la Divisoria,  de 2.650 m, en su momento el más largo de la vía estrecha española, nuevos túneles y curvas hasta la estación de Leitza.   Desde Leitza el paisaje se hacía todavía más agreste, entre barrancos, túneles y viaductos, pasando por los  apeaderos de Areso, Plazaola y  Ameraun, más puentes y túneles, barrancos y peñascos hasta el apeadero de Olloki y la estación de Andoáin. La siguiente estación, Lasarte enlazaba con la línea Bilbao-San Sebastián de los Ferrocarriles Vascongados que iba hasta Añorga y terminaba en la estación de Amara-San Sebastián. Todas las obras del recorrido, y como se puede comprobar había un montón,  se realizaron en apenas tres años,  entre finales de 1910 y finales de 1913.

El Plazaola contaba inicialmente con 7 locomotoras alemanas, Krauss y Maffei, 14 coches de pasajeros y 75 vagones de mercancías, abiertos y cerrados. Los convoyes solían llevar además de locomotora, un furgón mixto y entre dos y cuatro coches. Los coches de pasajeros disponían de aparatos de alarma, calefacción, retretes, lavabos y luz eléctrica. Los coches de 1ª estaban muy decorados, con suelo alfombrado en verde y tapicería del mismo color, cortinas y adornos. Disponían de butacas y mesitas plegables. Los de 2ª clase eran iguales pero con decoración más sencilla, mientras que
los de 3ª tenían asientos de madera, dispuestos unos frente a otros, de uno en uno a un lado del pasillo y de dos en dos al otro. El viaje de ida y vuelta costaba en 1914, 14,30 pts en 1ª, 10,75 en 2ª  y 7,10 en 3ª. El viaje duraba tres horas y media. En 1922 el Plazaola transportó 129.261 viajeros y más de 35.000 toneladas de mercancías. Contaba con 120 empleados fijos. En 1929 se compraron tres automotores diesel pero no fue suficiente para hacer de él un tren confortable y realmente competitivo. La lucha de precios, la dura competencia con el transporte de pasajeros por carretera y de mercancías por camión  así como la escasez de recursos económicos necesarios para renovar o mantener el material hizo que su trayectoria no fuese precisamente fácil. Y eso que entre 1944 y 1946 se construyó una nueva estación en Pamplona, inaugurada en 1948, que a partir de 1950 compartiría con el Irati (y que sería derribada en 1973, donde hoy está el edificio de Osasunbidea).En los primeros años 50 la compañía se encontraba en una complicada situación económica. Pese  a todo proyectaba modernizar sus equipos e infraestructuras, comprando nuevos automotores diesel, mejorando las vías y arreglando sus vagones de viajeros y mercancías. En los años 50 el Plazaola contaba con 8 locomotoras de vapor, 3 automores diesel, 16 coches de viajeros  y 90 vagones de mercancías. Se planteó su posible fusión con el Irati, pero dicho empeño  no llegó a ningún buen término. Las fuertes lluvias caídas entre el 14 y el 15 de octubre de 1953 destruyeron puentes, terraplenes y muros de contención quedando el trazado del Plazaola muy dañado, paralizándose  el servicio  al no contar con apoyo de ningún tipo para reparar los destrozos de las inundaciones. La estación del Plazaola-Irati aun prestaría sus servicios un par de años más, hasta el 31 de diciembre de 1955. En 1958 la compañía obtuvo permiso para levantar las vías y cerrar definitivamente la línea, labores de desmontaje que se prolongarían hasta 1959. La estación se mantuvo en pie década y media más. Entre 1967 y 1970 se comenzaron a edificar viviendas en los terrenos de las vías, cocheras y talleres y en junio de 1973 se derribaba el edificio de la estación.

De estos viejos ferrocarriles, guardo un puñado de recuerdos: en primer lugar  del Plazaola, ¡cuántas veces habré caminado a  lo largo de mi vida por aquella caja de su vía, prolongación de la actual Bernardino Tirapu, entre las proximidades de mi casa y Berriozar! Recuerdo la vieja estación de ladrillo del Empalme, en el cruce de Tirapu y Carriquiri, asi como esos  andenes y construcciones anexas que veáimos en la revista de 1914 y que en los años 60 y 70 sirvieron como depósito de Asfaltos Tenerife. Recuerdo la actual calle de Bernardino Tirapu, en otros tiempos un camino pedregoso durante la mayor parte de su recorrido, recuerdo de la vieja vía que atravesaba la Rochapea, haciendo un arco, en su último tramo, desde la zona del Porrón hasta la Rochapea Vieja, (el colegio de la Compasión entre medias), la caja de la vía en el hoy camino de la Biurdana, el “puente de los suicidas” sobre lo que sería luego la Avenida de Navarra, la vaguada entre las casas de San Juan y Ermitagaña, por cuya hondonada, siguiendo la actual avenida Sancho el Fuerte, circulaba, en aquellos tiempos, este ruidoso trenecillo, hasta la curva cercana a la Casa de Misericordia, en las inmediaciones de la Cruz Negra. Junto al edificio donde vivo desde que nací, pasaba el ramal que conectaba la Estación del Empalme con la del Norte y el Irati, desde 1914 y hasta finales de los 40, en que el Irati pasó a conectarse  con el Plazaola desde Villava. Cerca de Carriquiri, el campo de futbol de yerba artificial, inaugurado en los primeros años de este siglo, lleva el nombre del Irati y en las inmediaciones de la estación de Conde Oliveto hallamos la calle Plazaola, pequeña calle que comunica las calles Yanguas y Miranda y Tudela. Paralela a la calle del Muelle, en San Jorge, se encuentra la calle del Irati y algunos establecimientos cercanos de la calle Tudela recuerdan, en sus nombres,  estos antiguos ferrocarriles. Son los recuerdos de estos viejos trenes que han quedado en los nombres y en el urbanismo de esta ciudad.

Hubo otros trenes de vía estrecha en Navarra en esos años:  el Tarazonica que hacía el recorrido de Tudela a Tarazona, de 22 km, 15 de ellos en Navarra,  y el de Cortes a Borja, de 18 km, 3 de ellos en Navarra, construidos entre 1882 y 1887 y junto al Irati y el Plazaola, -entre 1910 y 1927-  también estaban  el Bidasoa, de Irún a Elizondo, con 52 km, 43 de ellos en Navarra,  y el Vasco Navarro,  que comunicaba Vergara y Estella, empezado a construir, en su tramo Vitoria-Estella, entre  1920 y  1927, con un recorrido de 72 km, 28 de ellos en nuestra comunidad. Se proyectó en esos años un ferrocarril de Pamplona a Estella y Logroño que finalmente nunca se llevó a cabo. Iba a tener 117 km y saldría de la estación del Plazaola de Pamplona. En los años 20 se debatían diferentes proyectos para conectar Madrid y París, pasando por Pamplona, pero ninguno de los tres proyectos, incluido el que apoyaba la Diputación, por Alduides, atravesando lo que hoy es la avenida de Marcelo Celayeta, del ingeniero americano Lewis, con 474 km de recorrido, 210 de nueva construcción, se llevaría a cabo. Este proyecto costaba 300 millones de pesetas y el viaje duraba, de Madrid a la frontera francesa, 5,25 horas. Fueron estos años, años de autentica fiebre ferroviaria. Se hablaba de proyectos ferroviarios como uno de Pamplona a la Regata del Bidasoa, otro de Pamplona a Elizondo, y otros de Allo a Marcilla,  de Marcilla a Mendigorría (El Arga), de Marcilla a Sanguesa (El Aragón), de Sangüesa a Jaca, de Castejón a Soría o el citado de Pamplona-Alduides, de los cuales ninguno de ellos salió adelante. Como curiosidad, cabe señalar que a finales del siglo XIX hubo en Pamplona, dos proyectos de tranvía que no llegaron a prosperar, un ferrocarril de vapor presentado por el ingeniero  Ramon Capdevila en 1876 y sobre todo el presentado por D. Esteban San Román en 1884, un curioso tranvía tirado por caballos, que recibió el visto bueno del Ayuntamiento pero que su impulsor fue incapaz de poner en marcha, a pesar de que incluso añadió, en la revisión del proyecto, en 1895,  a la tracción animal,  la tracción eléctrica. En 1897 el Ayuntamiento, ante la inoperancia del promotor, daba por caducada la concesión por cuarenta años que le había otorgado en 1885.

Fotos por orden de aparición, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Nº 1: El Plazaola en  el puente sobre el Arga en Rochapea. 1920. Fidel Veramendi. Colección Arazuri. AMP, Nº 2: El Irati a su paso por el Paseo de Sarasate. 1917. Tarjeta postal de Vda de Rubio, Nº 3, Estación del Irati en el Rincón de la Aduana. Colección Arazuri. AMP. Nº 4, El Irati en el puente sobre el Arga en Rochapea. J.Cia. AMP. Nº 5: El Irati en la estación conjunta de Conde Oliveto. 1955. Archivo Municipal de Pamplona (AMP), Nº 6, Locomotora “La vascongada” de El Irati en la estación de Conde Oliveto. Nº 7: Cocheras del Irati. 1938. J. Galle. AMP, Nº 8: Accidente del Irati, cerca de Cuatro Vientos. 1933. AMP, Nº 9: Tranvia del Irati en la Cuesta de la Estación. 1915. Filiación desconocida , Nº 10: Foto panorámica del  Plazaola en  el puente sobre el Arga en Rochapea. 1914. Fidel Veramendi. Colección Arazuri. AMP, , Nº 11: Estación de Pamplona-Ciudad. Años 20. Archivo Euskotren. Museo Vasco del Ferrocarril, Nº 12: Locomotora Maffei del Plazaola. 1920. Foto José Isard. Fondo Josep Miquel Solé, Nº 13: Estación del Empalme. 1914. Revista La Hormiga de Oro.  Nº 14: Estación del Plazaola en la avenida de Zaragoza, AMP. Nº 15: Tunel de Trinitarios. Colección Arazuri. AMP, Nº 16:Playa de vias de la estación de Conde Oliveto (1956). Colección Arazuri. AMP , Nº 17: Estación de Conde Oliveto. Colección Arazuri. AMP, Nº 18: Explanada de la estación de Conde Oliveto, ya sin las vías. Foto Galle. AMP, Nº 19: Playas de vías de la nueva estación de Conde Olveto. 1953, Nº 20. Construcción de viviendas en la explanada de vías de la estación de Conde Oliveto. 1967. Foto Eusebio Mina. Colección Arazuri. AMP.

La Estación del Norte (1867-1971)

En este propósito de ir reconstruyendo la memoria cotidiana de nuestra ciudad en el pasado siglo XX, en sus diferentes facetas, me voy a dedicar, en las próximas entradas, a recordar como viajaban nuestros  nuestros mayores en la primera mitad del siglo XX y dada la amplitud del tema lo haré en tres entradas consecutivas. Empezaré por el ferrocarril convencional y la Estación del Norte, seguiré con un repaso a los pintorescos y románticos ferrocarriles de vía estrecha: el Irati y el Plazaola y terminaré revisando la aparición de los primeros autobuses de línea y los coches de punto, antecedentes de nuestros actuales taxis.  En el primer tercio del siglo XX, la gente viajaba, si tenía suerte u oportunidad,  en líneas regulares de diligencias o en aquellos primeros coches de línea, o si pasaba cerca de su pueblo,  en ferrocarril, si bien mayoritariamente la comunicación entre los valles y los pueblos, -Navarra era una comunidad rural, agrícola-, se tenía que hacer a pie o en caballerías y si la distancia era algo más larga se efectuaba en carros o carretas. Las mercancías se trasladaban, desde luego,  en carretas hasta la aparición de los primeros camiones.

En España, como en casi toda Europa, el tendido de las líneas férreas fue promovido por empresas y capitales privados. Navarra no salió muy bien parada de ese primitivo desarrollo ferroviario que comenzó a  mediados del siglo XIX. Al desecharse la comunicación con Francia a través de Alduides y optar por Irun, Navarra se quedó en una situación un tanto marginal desde el punto de vista ferroviario, situación que aun, siglo y medio más tarde, heredamos y sufrimos. Sólo se construyó, entre 1856 y 1865, un ramal secundario que enlazaba Alsasua, Pamplona y Castejón. La estación de Pamplona se inauguró el 15 de septiembre de 1860, con la apertura del tramo Caparroso-Pamplona a cargo de la Compañía del Ferrocarril de Zaragoza a Pamplona. Esta se fusionó con la Compañía del Ferrocarril de Zaragoza a Barcelona dando lugar a la compañía de los ferrocarriles de Zaragoza a Pamplona y Barcelona. Adjunto, junto a estos primeros párrafos, una serie de  fotografías de José Martínez Sanchez, de esos primeros años de nuestra estación, concretamente de 1867, asi como una serie de postales datadas entre 1900 y 1920 de diferentes ángulos de la estación. El 1 de abril de 1878, esta línea se unía con la Compañía del Norte. De ahí le viene el nombre a nuestra estación, durante muchos años, de la Estación del Norte. Y es que hasta 1941 año en que aparece la RENFE, al nacionalizarse el servicio ferroviario, el servicio de trenes lo dará  la empresa Ferrocarriles del Norte.

En los años 20, salían de Pamplona diariamente trenes para Castejón y Zaragoza, también para Madrid, para San Sebastián, Irun y Hendaya y por último para Alsasua. Eran mixtos,  correos y mensajerías. Llegaban por su parte trenes de Barcelona, Zaragoza, Castejón, Madrid, Alsasua, también de la misma naturaleza. Durante el verano solían circular también los trenes rápidos Barcelona-Zaragoza-Irún-Hendaya y viceversa con parada en Pamplona que pasarían a finales de los años 20 a convertirse en trenes especiales diarios expresos, con la incorporación de trenes rápidos de lujo (con coches cama) tres días a la semana. También,  a finales de los 20, se instaurarían trenes tranvías diarios entre Pamplona y Tudela y Castejón Zaragoza y viceversa. A finales de los años 40, tanto en dirección a Alsasua como en dirección a Castejón, había los siguientes servicios: expreso y rápidos (tres días a la semana), mensajerías, tranvías, automotores, correos y omnibús (diarios), pasando a finales de los 50 a ser diarios también los expresos e incorporándose el entonces moderno automotor diesel TAF, al que me he referido en alguna otra entrada del blog y cuya fotografía vuelvo a reproducir junto al párrafo siguiente, entrando en nuestra estación, en los primeros años 50. No obstante bastante más tarde, en los últimos años 60 y  primeros  70 yo aun seguía viendo, de vez en cuando, alguna locomotora a vapor como la que aparece también en el siguiente párrafo de agosto de 1970 de Javier Cejuela.

La estación del Norte o de Renfe conoció diversas reformas a lo largo del tiempo pero tal vez la más importante se realizó en los años 50, época a la que pertenece la fotografía de la izquierda adjunta. En esos años  se sustituyó el viejo anden por una apariencia más moderna que es la que vemos en la foto de la derecha,  de los primeros años 70, que no se diferencia demasiado de la que conocemos hoy en día. Hasta 1955 la Estación del Norte fue estación de empalme con el Irati que accedía para combinar el transporte de viajeros y mercancías entre ambos ferrocarriles. El tramo de Pamplona a Alsasua  tenía 52 km, enlazando a partir de Alsasua con otras líneas provinciales y nacionales. Contaba con estaciones en Zuasti, Irurzun, Villanueva de Araquil, Huarte Araquil, Echarri y Bacaicoa. El tramo de Pamplona a Cortes tenía 128 km y estaciones en Cizur, Noain, Biurrun, Carrascal, Garinoain, Pueyo, Tafalla, Olite, Beire, Pitillas, Caparroso, Marcilla, Villafranca, Milagro, Castejón, Tudela, Ribaforada y Buñuel. El transporte de viajeros por tren descendió progresivamente entre los años 60 y 80 en favor del automóvil, debido a la incesante motorización de la población, si bien en los últimos años se ha convertido en uno de los medios de locomoción más utilizados, el año pasado más de 1,5 millones de viajeros, un 80% de los desplazamientos entre provincias frente al paulatino descenso del avión.

Fotos, por orden de aparición, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Nº1. Estación del Norte de Pamplona. 1900. Postal comercial. Filiación desconocida. Nº 2. Estación del Norte de Pamplona. 1867. José Martínez Sánchez. Fondo Ruiz Vernacci. Biblioteca Nacional de España (BNE). Nº 3. Estación del Norte de Pamplona. 1915. Postal comercial. Vda de Rubio. Nº 4. Depósito de locomotoras. Estación de Pamplona. 1944. Jordi Marqués. Nº 5. Estación del Norte de Pamplona. Foto panorámica. 1869. Jean Laurent. Fondo Ruiz Vernacci. Biblioteca Nacional de España (BNE). Nº 6. Estación del ten de Pamplona. 1951. J. Galle. Archivo Municipal de Pamplona (AMP). Nº 7. Automotor TAF en la Estación de Pamplona. 1952. Nº 8. Locomotora de vapor. Omnibus Alsasua-Castejón entrando en la estación de Pamplona 1970. Javier Cejuela. Ferrocarriles de España.