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Callejeando por el Viejo Pamplona de los 50: Un recorrido por los bares de la época. (1954)

En 1954, Pamplona tenía 80.000 habitantes. Aun no se había culminado por completo lo que hoy conocemos por Segundo Ensanche y faltaba una década para que se empezase a desarrollar el tercer ensanche, San Juan e Iturrama, este último ya en la década de los 70. Pamplona tenía toda la apariencia de una ciudad provinciana de la postguerra, con algún incipiente intento de industrialización, proceso que este año comenzaría, de verdad, a dar sus primeros pasos, con el Plan de Promoción Industrial impulsado desde Diputación, con Huarte,  y desde el Ayuntamiento con Urmeneta. Habían pasado apenas quince años desde el final de la guerra civil, el abastecimiento de los productos básicos  comenzaba a mejorar  pero ni en lo político, ni en lo social todo era tan tranquilo, en nuestra comunidad, como parecía. El carlismo o al menos algunos de sus integrantes tenían algún encontronazo que otro  con el régimen,  y especialmente con el sector falangista, como demuestran los hechos del 3 de diciembre de 1945, en la plaza del castillo y calles aledañas, donde se produjeron varios heridos de bala y que se saldó con el cierre del Cículo Carlista de Pamplona.  En lo social, en mayo de 1951 se había celebrado  la primera huelga general en Pamplona, tras la guerra civil, tras la que fueron detenidos varios cientos de personas en Pamplona. Los choques y  tensiones entre la Diputación Foral y el Gobernador Civil, Luis Valero Bermejo acabarían con el cese, este año, de este último   que se había destacado por su actitud radicalmente centralizadora.

Aun no se había incorporado la televisión al ocio familiar,  -solo había una radio, Radio Requeté-, la televisión llegaría pasada la mitad de la década, y el pamplonés medio, y según su mayor o menor capacidad adquisitiva pasaba el tiempo como podía: paseando arriba y abajo de Carlos III o por los porches de la plaza del Castillo,  como a principios de siglo lo hiciese por la Estafeta; acudiendo a la poco más de media docena de cines y teatros existentes en la ciudad: el Gayarre,  el Olimpia, el Novedades, el Príncipe de Viana, el Alcazar, el Avenida y el Amaya, este último recién abierto en el barrio extramural de la Rochapea. Con un público mayoritariamente masculino estaban los deportes,  el fútbol de Osasuna en el campo de San Juan o los partidos de pelota en el Euskal Jai de la calle San Agustín o en el recientemente construido Frontón Labrit. Los que disponían de algo más poder adquisitivo eran socios de alguno de los dos casinos de la ciudad, el Eslava o el Principal o de algunas de las sociedades recreativas existentes: el Tenis, el Larraina o el Club Natación (este último con un perfil más popular). Los que no podían contar con demasiados recursos económicos, desgraciadamente la mayoría,  se tenían que conformar con acudir, de vez en cuando, a algún acto social o baile en  alguno de los locales de alguna peña o sociedad, mayoritariamente instaladas en el Casco Viejo. La iglesia destinaba algunos de sus «centros marianos» también como espacio de ocio para los jóvenes, donde se exhibían algunas de aquellas películas de la época. En las calles, plazas y paseos (Bosquecillo, Media Luna, Plaza del Castillo, Taconera…) se organizaban, de vez en cuando, en fechas destacadas, conciertos a cargo de la banda de musica municipal.

Las calles del Casco Viejo bullían de comercios,  un comercio de clara raigambre local, -muchos de los cuales hundían sus raíces en el siglo anterior-, que se iba acomodando a las modas y a los gustos de las nuevas generaciones de pamploneses, un comercio que se extendía como una mancha de aceite por las nuevas calles del Ensanche. Y entre tanto comercio, y también de forma mayoritaria en el Casco Viejo, los pamploneses podían encontrarse con un abigarrado y variado tipo de hostelería. Será en este aspecto, los bares y restaurantes de la época,  en el que voy a centrar especialmente la entrada, citando el nombre antiguo del establecimiento  y la referencia actual para que ustedes, amables lectores, sepan exactamente donde se encontraban. En la calle Ciudadela encontrábamos el Bar El Espejo,  antigua taberna propiedad de Miguel Aldaz, y el Anaitasuna (antiguo Ginés), ambos hoy desaparecidos, al menos de momento. Adentrándonos en la calle San Gregorio teníamos el bar restaurante Orbaiceta, (donde hoy está el Museo), un poco mas adelante La Concha (en los años 80 y siguientes aun estaba abierto, hoy es el Kaixo), y enfrente el bar Euskalduna, regentado por Juan Pedro Urbeltz, donde luego estaría el Arizona y hoy el San Gregorio.

En esta calle teníamos, en el lado derecho, según se va a la calle San Nicolás, el Ganuza, abierto hasta hace no demasiados años, donde después se puso el Entretantos y el Champi, regentado por Victorino Ganuza,  El Caserio regentado por Rafael Erice, hoy sustituido por un edificio nuevo, (donde está el Ñam) y el Sanguesa. En el lado izquierdo Casa Garcia, bar, fonda y pensión,  y casi al final de la calle el Bar Kaiku y la Fonda La Montañesa, de donde más tarde tomaría el bar el mismo nombre sustituyendo al anterior. En el Rincón de San Nicolás encontrábamos Casa Paco, regentado por Francisco Pueyo Sanz, en manos de la familia desde principios de siglo y en Lindachiquia el Catachú, otro negocio familiar, también en manos de la familia, en este caso de los Iturralde desde comienzos del siglo. Hoy se mantienen estos dos últimos aunque bajo otra dirección y propiedad.

En la calle San Nicolás hallábamos en su lado izquierdo, Casa Bearan en el mismo lugar que en la actualidad; la fonda Larrayoz donde hoy está el Rio, propietaria la familia Larrayoz  desde décadas atrás  de todo el inmueble;  el bar de Vicente Saralegui, (no he logrado descubrir como se llamaba, en estos años, lo que hoy es el Bar San Nicolás-La Cocina Vasca y antaño, durante las primeras décadas del siglo, era Casa Marcela, (de Marcela Elía, Viuda de Iriarte); el Otano, desde 1929 en manos de la familia Juanco, que sigue manteniendo actualmente la propiedad. En el lado izquierdo destacaban el Café Irañeta, antes de que se convirtiera en el Baserri, -hoy Baserri berri-, dirigido por Juan Irañeta; Vinos el Cosechero, conocido popularmente como El Marrano, a cargo de Josefa Goñi Belzunce y el bar Ulzama en manos de la familia Miqueleiz, antiguamente la fonda y casa de comidas  de Babil Landívar y sobre este l a Hostería Aralar. Como se puede comprobar, la hostelería de entonces era un negocio fundamentalmente familiar. Un lector del blog, Luis Iribarren me indicó, hace algún tiempo, que en el nº 50, donde hoy está el Hotel Castillo de Javier y antes el bar San Miguel estuvo, aproximadamente desde 1952 a 1966, el Bar Restaurante Valero (antes tienda de ultramarinos), fundado por sus abuelos Valero Iribarren y María Elizondo. Era conocido en su época por la celebración tanto de  bodas como de comuniones,  muy frecuentado por los chóferes de la Estación de Autobuses y cita obligada de numerosas cuadrillas antes de ir a los partidos de Osasuna en el campo de San Juan. Animo a los lectores a completar esta entrada con más nombres de establecimientos de esta época que recuerden.

A la vuelta de San Nicolás, en el lado derecho, esto es, en la calle Comedias, descubríamos el  Café Roch, el Burgalés, (anteriormente Gau Txori), con Gerardo Arce y el Noé, además del restaurante Casa Cuevas, (en el nº 20 de la calle), bajo la dirección de Pablo Arce. En el lado izquierdo, esto es en la calle Pozoblanco, teníamos Casa Amostegui y más adelante Casa Yaben, ambos conocidos restaurantes en aquel entonces. En la plaza del Castillo, en 1952 cerraría tristemente sus puertas el Café Suizo que se había abierto más de un siglo atrás, en 1961 lo haría el Cafe Kutz. Donde anteriormente estaba el Dena Ona estaba, en esta época, el Bearin, (actual Napargar); el Torino de Doroteo Cotelo era en estos años el Nuevo Torino, (donde hoy está el Windsor). Continuaba imperturbable, viendo el paso de los años y la historia de la ciudad, el viejo Café Iruña y, partiendo desde las escalerillas hacia la Estafeta, el panorama hostelero de los soportales era algo distinto al actual. Donde hoy está el Gure Etxea estaba el Rhin, donde hoy está el Baviera estaba el Guría, (no confundir con el de Espoz y Mina), y a continuación venían el bar restaurante Maitena, con comedor en la primera planta (donde luego estuvo el Gazteluleku) y después el Sevilla, el primero de ellos impulsado por parte de los hermanos Alemán y más tarde regentado por Jerónimo Ibarrola y el segundo por Julián Ramírez, al término de la guerra, que en 2015 finalizaría su andadura con la tercera generación.

Dejando atrás al Casino Eslava, en lo que después fue la Tropicana estaba el Bar Brasil, a cargo Miguel Yoldi  y Jesús Rada, y junto a él, el histórico Choko (entonces lo escribían así), de Alcaine y Beaumont, bajo su dirección desde 1931. A la vuelta, en la travesía Espoz y Mina estaba el hotel Maisonnave, comprado por la familia Alemán en 1945 y en la trasera de esta manzana, en la calle Espoz Y Mina, ya estaban el Hotel y Restaurante Europa, regido por Isidora Valencia  y el Monasterio, abierto una década antes, en 1944, por Federico Monasterio. Al citar los hoteles no quisiera olvidarme de El Cisne y La Perla, en la plaza del Castillo. En la misma esquina  de Espoz y Mina con Estafeta estaba el Bar Prados, luego Fitero. En  la Estafeta, empezando por el final, y terminando en Mercaderes teníamos, en el lado izquierdo de la calle, a Pablo Berástegui regentando la Fonda San Fermín, donde luego estaría el hostal y  restaurante Ibarra, más tarde  Casa Flores y actualmente El chupinazo;  en el segundo piso del nº 73 estaba el restaurante Roncesvalles, entonces era mucho más habitual que ahora encontrarse los restaurantes en las segundas plantas de los edificios, en el mismo lugar donde cuatro años más tarde, en 1958, Alejando Elizari y Felisa García fundarían el restaurante Josetxo.

Donde hoy está Chez Evaristo estaba el Bar Los Billares, antiguamente creo que fue El Moderno, a cargo de él Macario Arguiñano; en el nº 55 se hallaba la Fonda de Carlos Pascualena. El local de la Granja ya tenía un uso hostelero en aquella época, por parte  de Luis Desojo Sanz. El Señorio de Sarria se inauguraría  a final de la década de los 50 y desde 1900 ya estaba abierto, en el siguiente tramo de la calle, el  Mesón Pirineo por parte de José Tejada, si bien desde 1949 la dirección estaba a cargo de los hermanos Zabaleta Monreal que lo mantendrían  a lo largo de las siguientes décadas. Otros afamados restaurantes de la época eran las Pocholas en el Paseo de Sarasate, que conducían las hermanas Guerendiain;  el Blanca de Navarra, en Mercaderes, 24, cuyo titular era Blanca Villanueva;  el Iruña en el nº 7 de Mercaderes,  dirigido, en este tiempo,  por  Ana María Echechipia, sin olvidar el tipismo de  Casa Marceliano en la calle  Mercado;  a La Viña,en Jarauta;  La Vasca en San Agustín, etc. En Ansoleaga, donde hoy está la Librería Acuario, estaba el Bar Bilbao. Entre las fondas y pensiones estaban La Barranquesa, en la bajada de Javier;  el Irure en Comedias, la Hispano-Francesa de la plaza del Castillo, el Redín del Mercado, la Fonda Valerio de la avenida de Zaragoza o la Bilbaína de San Antón. Para estos años ya se habían abierto no pocos bares y restaurantes en el Ensanche aunque a gran distancia del Casco, entre los que cabe citar el Alhambra, en Bergamín; el Amaya en la calle del mismo nombre; el  Avenida (en Conde Oliveto), el Baztán y el Candanchú (en Paulino Caballero), el Cinema y el Ginés  (en la calle Estella), El Sol (en la Avenida de Zaragoza), el Tudela (en la calle del mismo nombre), el Restaurante Bidasoa (en García Ximenez), además de las fondas Algarra y  La Tomasa,  y los hoteles Yoldi (en la avenida de San Ignacio) y El Comercio (en Avenida de Franco).

No quisiera terminar la entrada sin ofrecer nuevos  detalles o algunas pinceladas más de la ciudad en esta época, sin perjuicio de que para ampliar la información de lo sucedido en esos años en Pamplona puedan consultar otras entradas de este mismo blog. El Gobierno Militar estaba en la calle Dos de Mayo, junto al actual edificio del Archivo General, no como ahora que está junto a Baluarte, (desde 1971);  la oficina de Turismo estaba en Duque de Ahumada,  la Casa de Socorro, en el nº 2 de la calle Alhóndiga, (aun no se ha derribado el viejo edificio de dos plantas), la Cámara de Comercio en el nº 1 de Príncipe de Viana; la Cruz Roja en el nº 8 de la calle Leyre; los autobuses paraban en la vieja estación de Conde Oliveto, inaugurada 20 años atrás; el Plazaola acababa de hacer su último viaje a finales del año anterior y al Irati le faltaba poco más de un año para dejar de circular por nuestras calles. La villavesa recorría las principales calles de la ciudad con servicios exteriores, además, a Villava, Arre, Oricáin, Huarte, Cizur, Gazolaz y Venta de Ollacarizqueta. Para llamar al taxi había que llamar a diferentes teléfonos, según las zonas de parada. Los taxis paraban en la plaza del Castillo, en la calle Tudela, junto a la estación de autobuses y en la avenida de Carlos III frente a la iglesia de San Antonio. El taxista que estaba en la parada atendía la llamada del cliente, descolgando el teléfono de su zona y acudía a prestar el servicio.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 y Nº 2. Sanfermines de los años 60.  BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA /Fondo Estudio Marin. Paco Marí. Nº 3 a  8: Colección de posavasos de diferentes establecimientos hosteleros de Pamplona: Hotel El Cisne, Hotel Restaurante Valerio, Hotel Yoldi, Hotel Restaurante Europa, Hotel Maisonnave, Grand Hotel La Perla. Años 50. Biblioteca Nacional de España. Nº 9: Campo de San Juan (años 50), Nº 10: Euskal Jai, (1977)  pamplonahistorica.wordpress.com. Nº11 Bar Irañeta. Años 50. Archivo antiguo Bar Baserri, Nº 12: Mozos por la calle San Nicolás, Archivo antiguo Bar Baserri. Nº 13: Coche de los 50 atravesando la calle Comedias delante del Café Roch, Nº 14: Cine Novedades en la calle San Agustín. Colección Arazuri, AMP. Nº 15: La Dolorosa regresando, desde San Lorenzo a la Catedral por la calle Mayor, frente al centro Mariano, Nº 16: Calle Pozoblanco. Años 50, Ediciones Arribas, Nº 17: antigua villavesa serigrafiada con la publicidad local de la época. Años 50, Nº 18: taxi de los años 50, Nº 19: espectáculo musical en el antiguo café Irañeta. Años 50. Archivo antiguo Bar Baserri Nº 20: Feria del libro en la plaza del Castillo. Años 50, Nº 21: Comedor del Restaurante Iruña en el nº 7 de la calle Blanca de Navarra (actual Mercaderes)