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Comercios del Viejo: Pamplona: Plaza del Castillo (1908-1963)

Termino la serie, dividida en tres entregas,  que nos ha permitido recorrer el itinerario comercial de las calles Ciudadela, San Gregorio, San Nicolás y Plaza del Castillo entre los años 1908 y 1963. Nos situamos, como en el resto de calles,  en la plaza del Castillo, llamada plaza de la Constitución a  comienzos del siglo, concretamente en 1908. La plaza, calificada tradicionalmente como cuarto estar de los pamploneses, albergaba a principios de siglo, una heterogénea mezcla de negocios. Su nombre, como he dicho,  ha variado a lo largo del tiempo: plaza de la Constitución a lo largo de buena parte del siglo XIX y principios del XX alternando con el tradicional plaza del Castillo y  plaza de la República, durante el período de la 2ª República. Nos situaremos a la altura del Hotel La Perla, que tradicionalmente ha ostentado el nº 1 de la plaza. En 1908, había tres fondas en la plaza, la de Teresa Graz, viuda de Miguel Erro, (dueña de La Perla), la de Aramendía en el nº 16 y El Cisne de Balbina Vera, en el nº 24. Aquí tenían también su sede reputados fotógrafos, Agustín Zaragüeta,  un poco antes del actual bar el Kiosko, con un próspero negocio de fotografía  que seguiría su hijo Gerardo  aunque ya en el nº 31, al menos hasta los años 50 en que se traslada al nº 6 de la calle Amaya; Emilio  Pliego, primero en el nº 35 de la plaza y luego en el nº 21,  en el edificio del Crédito Navarro hasta 1934 en que  cerró el local y   José Roldán  Bidaburu,  inicialmente  en el edificio del Iruña (nº 48, actual 44 y 44 bis), primero asociado con Mena y luego con su hijo, José Roldán Zalba. Fallecido su padre será solo Hijo de Roldán,   pero ya en el nº 40 de la plaza, a donde se traslada en 1910. Posteriormente el negocio seguirá apareciendo como Fotografía Roldán. En los años 50 aparecía  Nicanor Roldán y en los 60  Ana María Roldán; A tan destacado plantel de fotógrafos  se le sumaría  en los años 30 un tal Iglesias  y en los 60 un tal Arturo Mene (en el nº 6). Dentro de poco publicaré una entrada dedicada por completo a este gremio.

Siguiendo el orden de los portales, y en la parte este y en dirección sur encontrábamos, desde la segunda década del siglo a Adolfo Navarlaz y Juana Echavarri, en el nº 1, una perfumería, con guantes y pieles, y una década más tarde una administración de lotería que continuaría durante largo tiempo, compartiendo este mismo número en los años 20  con la sastrería de Pedro Lozano que vemos en la fotografía adjunta de 1915, tenía también entrada por Chapitela, 23, entonces Héroes de Estella; en el nº 3  el bar Torino, abierto como bar, restaurante y casa de comidas por los señores Duhins y al que seguirían en la gerencia Melitón Ariz y Doroteo Cotelo, -ya después de la guerra-, que en 1973 daría paso al  actual Windsor, tras el cierre del Torino  en 1971;  en el nº 4, desde 1908,  hallábamos la tienda de licores de Jenaro Pascual y la platería de Lafuente.

En el nº 5, en los años 30,  estaba el estanco de Eulalia Perugorría; en el nº 6 el salón de peluquería y barbería de los hermanos Soravilla, uno de ellos se llamaba Arturo. Había nada menos que cinco peluquerías-barberías en la plaza en 1908.  Además de la citada de los hermanos Soravilla estaban  las de Severiano Martín (nº 14), Martín Goñi (nº 40), Ignacio del Valle (nº 24) y García (nº 35) sustituido, este último,  en los años 20,  por Antonio Razquin y más tarde por Juan García y Rafaela Zalba. Algunos de ellos como Soravilla, Razquin y Martín seguirían hasta avanzados los años 30 y aún mucho después,  aunque por los años es de prever que continuasen  sus herederos, supongo. Hasta los años 50 llegaron las peluquerías de Juan García y Severiano Martín que también eran de señoras a las que se sumaron las de José Muñoz y Pedro Suescun (en los números 6 y 29 respectivamente). Entre las peluquerías de señoras estaba la de José María Villafranca,  en el primer piso del nº 28  de la plaza, la de Martin Ayerbe, luego Josefa Ayerbe (nº 36) y la de Rosario Domeño (números 1-3, 1º) y también en los 60 Pilar Ilarregui (nº 18) y Josefina Zubeldia (nº 30). También disponía de peluquería  el Casino Principal.  En los años 20, en el nº 6 bajo estaba la mercería-quincallería de las Hermanas Eguiguren a quienes también veremos en la plaza consistorial años más tarde.

En el nº 8, cerca del actual Gure Etxea, y desde comienzos del siglo aparecía el zapatero Bruno Avalos, en el nº 9 (Bar Gure Etxea) y ya en la segunda década de siglo el bar Ideal, café  regentado por los hermanos Peralta,  Deogracias Peralta aparecía como titular en los años 30. Donde el Bar El  Kiosko, desde 1907,  García Arilla y Compañía con quincalla fina, aunque posteriormente, ya sólo como Arilla, se traslada al nº 11 con venta de pianos y otros instrumentos musicales, además de abrir una segunda tienda en el nº 55 de Mayor, esquina con Eslava, y más tarde incluso una sucursal en San Sebastián,  y Rufino Olaz, sastre con venta de género. Un poco antes, en el nº 12 y en los años 20 estaba la librería-papelería de Higinio Coronas, con imprenta y un poco más adelante,  donde hubo una barquillería,  había  otro negocio similar de papeles, postales y otros artículos  a nombre de Viuda de Roldán.

También en esta zona,  hoy llena de bares,  estuvieron José Les, (posteriormente Alfonso Les), en el nº 11, inicialmente con objetos de escritorio, aparatos de radiotelefonía, bazar y bisutería y más tarde, -en los años 50 y 60-, aparatos de radio y televisión y en el nº 13  una tienda de confección de señoras regentada por Mercedes Jimenez. En los años 20, donde el Casino Eslava, estaba el Hotel Vasco Navarro de los hermanos Larrayoz y muy cerca, en el nº 19, y en los años 30, la fonda de Wenceslao Cilveti. A la altura del antiguo Tropicana había sendas posadas a comienzos del siglo, las de José Serrano y Saturnina Urra pero al poco tiempo descubriremos en este rincón, donde anteriormente  estuviese la fonda La Manuela,  el Hotel Quintana que regentarían su viuda e Hijos. De Juanito Quintana he hablado en otras entradas del blog y seguiré hablando seguramente. Cerrando la plaza por la zona donde se abriría Carlos III, encontramos el Teatro Gayarre con su «foyer» o «ambigú». Y en el otro lado de la plaza, en la parte oeste, en el nº 32 estaba el Dena Ona abierto por el señor Blasco, que luego cogerían los señores Mazo y Zabalardo, convirtiéndolo en café-bar y restaurante.  En el nº 33, cerca de la actual Turroneria  había  otro sastre con género de apellido Horcada cuyo negocio, luego, en los años 20, continuarán sus hijos.

Donde el estanco de las Viñes,  estaba el tintorero Martínez,  que en los años 30 da paso a la tienda de calzado de Fermín Atozqui que perduró desde entonces y al menos durante los años 50,  a continuación venía  la joyería-relojería Astrain,  fundada en 1850 que continuará durante  largo tiempo hasta principios del siglo XXI (primero fue Lorenzo Astrain, luego Viuda de Lorenzo Astrain y hermano y luego sus descendientes). Un poco más adelante, donde estuvo la peletería Rome, estaba el platero de origen italiano Florenzano así como  el zapatero Gutierrez. Por cierto,  en los años 30,  había una tal Francisca Florenzano en el nº 58 con confección de señoras.  Donde el Banco de la Vasconia, en nº 39,  estaba el negocio de papel, postales y objetos de escritorio de Eusebio Rubio, y un poco más adelante, en el nº 42, cerca del pasadizo de la Jacoba,  y desde los años 20,  la librería papelería  Sucesores de Casildo Iriarte que más tarde cogería Aniceto Urmiza Gómez y sus herederos que continuarán con el negocio hasta finales de siglo, bajo el conocido nombre de El Secretariado Navarro.

En la misma ubicación estaba Agustín Trías  con tienda de guantes y mercería, mientras que Federico Trias regentaba una camisería en el nº 39. En el nº 43 estaba, desde 1912, el Café Kutz donde antes estuviesen El Español, regido en 1875 por los señores Monegatti que lo convirtieron en el Café La Marina.  El Kutz  duró hasta 1961.  En el nº 44 bis, un poco después del Café Iruña, estaba la pastelería de Ariz   y en la esquina de la Plaza del Castillo con Chapitela, Luis Leache, (Sucesores de Mosso y Francisca Osiniri), que entonces correspondía al nº 49 de la plaza de la  Constitución y al 26 de Héroes de Estella. Leache se trasladaría luego al nº 34 de la calle Mayor. En este lugar, 49 de la plaza y 26 de Chapitela,  encontramos años más tarde a Antonio Archanco con artículos de viaje, guantes, mercería,  quincallería, con tienda abierta, como he dicho,  también hacia Chapitela. En cercana posición se debía encontrar la heladería Alaska. También en estos años estaba en la plaza la conocida Casa López, joyería, platería y relojería, junto a las escalerillas.

¿Qué quedaba de todos estos negocios después de la guerra?. Continuaban el Iruña, el Suizo de Matossi, el Dena Ona que era ahora el Bearin, el Kutz (con Elvira Muñagorri a la cabeza), el Torino de Doroteo Cotelo, El Cisne (de Lucia Agorreta Orio) y  La Perla (con Rafael Moreno Erro, desde el año 1936). En la vecina Espoz y Mina, los Alemán había comprado el Maisonnave  en el año 1945 y desde los años 30 estaba en funcionamiento el Hotel Europa de Espoz y Mina, si bien bajo la dirección de Isidora Valencia Alcoz primero y de Francisca Ibarrola después. Fuera del Casco estaban ante otros, los siguientes hoteles: el Valerio de la avenida de Zaragoza, el Yoldi  en la avenida de San Ignacio o  el Comercio de la avenida de Franco. En la década de los 30 había nacido el popular Choko de la mano de la sociedad Alcaine y Beaumont, donde antes estuviera el Bar España. Beaumont  también tenía en estos años un taller de confitería o fábrica de caramelos en el nº 10 de la plaza. Pero pronto comenzarían a proliferar los bancos, desalojando a los antiguos cafés: al Crédito Navarro y La Vasconia se sumarían  el Banco de Bilbao, emigrando del nº 19 de  Chapitela, donde antes estuviese el Banco Vasco y en los 70 el Banco Exterior,  hoy General Optica,  a la plaza y ocupando lo que fuera el histórico y centenario Café Suizo (cerrado en 1952),   mientras  el Banco de Vizcaya  ocuparía el lugar del antiguo Café Kutz  en 1961. ¡Qué pena!

En 1942 se había instalado en el nº 28 Felipe Gómez Alonso con su popular y hoy desaparecida,  desde hace unos pocos años Librería Gómez. Tenía, además su propia empresa editorial, su imprenta y su academia de enseñanza de la que ya hablé extensamente  en la entrada que dediqué al sector. En los años 40, las obras de remodelación de la plaza del Castillo obligaron a Antonio Leoz a  cerrar su quiosco de prensa de madera para trasladarse a un bajo de un edificio cercano, concretamente al nº 38 de la plaza, donde  mantiene actualmente el negocio su nieto. En los años 60 Antonio Leoz Goñi se hará cargo también del kiosko de prensa de la plaza,  cercano al edificio del Crédito Navarro. Después de la guerra, en el nº 12  encontramos la tienda de Pablo Esparza, el popular fabricante de licores, y sobre todo de Anis Las Cadenas. También vendía bebidas el establecimiento Solera, en el nº 35 de la plaza. En el nº 4 estaba la librería con objetos de escritura de Aramendía que continúa en la siguiente década. Revisando el tramo existente entre la bajada hacia Estafeta y el Choko encontrábamos en aquellos años 50 y 60, el bar Rhin de Julia Alcayaga, en el nº 8, el bar Guría de Ricardo Zalba Martínez en el nº 10, en el nº 12 el bar-restaurante Maitena, de Jerónimo Ibarrola, en el nº 13 y 14 el Bar Sevilla de Julián Ramírez Alvarez y en el nº 18,  Miguel Yoldi y Jesús Rada con el bar Brasil que en los 60 asumiría Juan Gazpio que después sería el Tropicana. Había por último, una administración de Lotería en el nº 35 a nombre de María José Beunza y Aquilino García de la Peña vendía y reparaba máquinas de escribir, las populares Underwood,  en el nº 31 de la plaza.

En los años 60,  comenzando por el lado más cercano al Paseo de  Sarasate teníamos, entre otros negocios, en el nº 27  la tienda  de antigüedades de José Garisoain , en el nº 33 la confitería de Pilar Onsalo, (donde la actual Turronería),  un poco antes la tienda de venta de material de escritorio y estilográficas de Jesús Antón, que yo conocí abierta hasta finales de siglo XX. En el primer piso del nº 35, estaba la agencia de viajes de Eusebio Cafranga y en el bajo María Patrocinio Viñes ya llevaba un negocio de venta de libros rayados, asi tal cual suena,  antes de convertirse en un estanco o establecimiento dirigido al fumador.  Aun estaba el Muthiko Alaiak en el nº 38 de la plaza del Castillo antes de su paso a Comedias. Abajo, en el local comercial, había una tienda de confección a nombre de José Rosano, donde luego encontraríamos Peletería Rome. El Club Taurino tenía sus sede en el 1º piso del nº 40, aunque antes estuvo en el otro extremo de la plaza, donde el hotel Quintana, de hecho Juanito Quintana fue presidente del primer Club Taurino en los años 30. Muy cerca, del Taurino, tan cerca como en el local de abajo Juan Arbizu abría una de sus primeras cafeterías Delicias que marcaron toda una época en Pamplona,  mientras que en  el otro lado de la plaza, en el nº 5 María Pilar Legaz vendía artículos de marfil.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: fotopostal Viuda de Rubio. Plaza de la Constitución y Hotel La Perla. 1910-1925 ,Nº 2: Plaza de la Constitución, delante de los soportales del Hotel La Perla. 1915.Sin filiar , Nº 3: Foto postal de la plaza de la República o plaza del Castillo. 1935. Luis Roisin. Nº 4: Plaza de la Constitución. 1910-1925. Foto postal de Viuda de Rubio, Nº 5: fotopostal de la plaza de la Constitución 1915-1920, Nº 6: Plaza del Castillo. 1953. Fondo Galle. Archivo General de Navarra , Nº 7:. Bar Choko. Plaza del Castillo, 1962. Colección Arazuri. Nº 8: fotopostal del Cafe Kutz, Nº 9: Club Taurino en el nº 18  de la plaza del Castillo. Clubtaurino.es, Nº 10: Foto postal de la plaza de la República o plaza del Castillo. Años 30, Nº 11: Plaza de la Constitución en las primeras décadas del siglo XX. Sin filiar, Nº 12: De izquierda a derecha, Paco Cano, «Canito», Ernest Hemingway y Juanito Quintana. Años 50. En los años cincuenta, tras una larga ausencia de España, Hemingway regresó y reanudó su relación con Juanito Quintana.  Quintana se ocupó de buscarle alojamiento en sus visitas a Pamplona en 1953 y 1959, y le acompañó en sus viajes por diversas ciudades unidos por su afición a los toros. 

 

Comercios del Viejo Pamplona: San Nicolás (1908-1963)

Me desplazo, esta vez, al comienzo de las escalerillas de la plaza del Castillo con la calle San Nicolás, una de las calles con más vitalidad comercial y hostelera, casi a partes iguales, de todo el Casco Antiguo, a principios de siglo. Comienzo por su lado derecho.  Bajando las escalerillas, en el nº 4, en lo que es ahora El Tinglado estaba, en 1908, los guarnicioneros Nagore y Arteta y, en los años 20, Galo Osacar con el mismo negocio de guarnicionería, junto a la librería-papelería de Viuda e Hijos de Alonso. En el nº 4, que  luego será el nº 2, aparecía también  la  armería de Salustiano  Arana, Sucesor de Gorostiza.  En el nº 10 estaba la carpintería de Javier Laquidain que, luego, en los años 30, será una tienda de coloniales a nombre de Emilio Martinez, que en los 50 la regentará  Angel Celador Ruano. En el nº 12 donde hoy está el bar Ulzama en los años 20 estaba el botero Babil Landivar que a la postre montaría allí una fonda y casa de comidas, si bien, a principios de siglo, estuvo  en el nº 7, osea al otro lado de la calle. Luego lo explotaría la familia  Miqueleiz Ballent (León, Sebastián, etc) y, posteriormente, sus herederos hasta un reciente cambio de titularidad. También, en esa época, Eusebio Gazpio instalaba una zapatería en el nº 14 y Elías Hernaez una pescadería que pasaría luego  a manos de Camino Elio  Senosiain. En los años 60 Francisco Mendivil tuvo una relojería en ese lugar. Creo que en esa ubicación estuvo a finales de siglo  el local de  Lanas Begoña, que más tarde fue incorporado, como almacén,  al bar Ulzama.

Donde hoy está  El Marrano había, en 1908, una corsetería con obrador,  a nombre de Estefanía Amenábar. Sin embargo, al final de los años 20, en este mismo lugar  aparecen Vicente Echechipia y y Javier Sanz como titulares de la actividad económica. Este último  era cosechero y fabricante de chacolí. De ahí que también se conociese el local, durante mucho tiempo, como el Bodegón de Sanz y que, a la entrada del establecimiento,  luciese un rótulo que decía  “Vinos El Cosechero”.  Ese rótulo y el local, -con su castizo sabor de tasca antigua, su olor a fritanga de sardinas, y sus porrones de vino tinto-, se mantuvo así,  hasta las últimas décadas del pasado siglo. En 1935 la titular del despacho de vinos y  de la  fábrica de gaseosas ubicada en el nº 16 pasó  a   ser  Josefa Goñi Belzunce. Posteriormente los dos locales, el del 16 y el del 18,  se fusionaron en uno solo apareciendo como titular de ambos  la misma titular, al menos hasta comienzos de los años 80. Un poco más adelante, donde ahora hay un Kikos, a principios de siglo, estaba la taberna de José María Munarriz que en los años 20 dió paso a la librería  y papelería de Eusebio Osteriz  que se mantuvo a  lo largo de los años 30 y posteriormente fue llevada por Serrano, Sucesores de Osteriz. A continuación desde los años 20,  en el nº 24, donde hoy se encuentra Merinos y en tiempos Garralda, estuvo el hojalatero Juan de Diego. Antes, en 1908, lo encontramos en el nº 26 que luego ocupará el carpintero Cruz Biurrun.  Hoy ambos números aparecen fusionados como 24-26.  En los años 20 consta   fabricando e instalando  sanitarios, así como  vendiendo porcelana y loza y artículos de regalo. En los años 50 y 60 continuaba con  el negocio familiar Tomas de Diego con el mismo objeto comercial y también venta de objetos de regalo. En la foto en color que encabeza la entrada, probablemente de los años 70, aparece un rótulo en banderola que dice «Almacenes de Diego». Junto a él había una tienda de venta de tejidos a nombre de Félix Larraz y Jesús Juangarica.

En los números 28 y nº 30, donde estuvieron no hace mucho la tienda de regalos Kardhu y  la Botica de los Perfumes había en 1908 una barbería, la de Nagore, que luego pasó a Mariano Torres en los años 30 y a su lado estaba la farmacia de José Martialay.  Antes de ella, en los años 20,  encontramos la alpargatería de Santiago Cruz Jimenez  que, en los años 50, sigue apareciendo  como taller de alpargatas y venta de calzado ordinario, junto con Marcelino Ilarregui, aunque en los años 60 aparece a nombre de Alfredo Pardos,  y Marcelino Ilarregui lleva su propia zapatería en el nº 38 . Donde hoy está el Baserri Berri, en 1908,  hallamos la carnicería de Felipe Ardanaz y otra barbería en los años 20 y, a principios de los años 30, se instala en el local  el bar Irañeta, de Juan Irañeta, el único bar que, según me cuenta su hijo, fue el primer establecimiento,  en aquellos años,  que no era, ni fonda, ni casa, ni café,  ni restaurante, ni vendía vinos o licores al por menor como otros… era sencillamente el Bar Irañeta, bueno era bar pero además restaurante y daban espectáculos musicales como he contado en alguna otra ocasión. Fue toda una institución en la época.

Tras éste, donde hoy está La Vieja Iruña y antes La Chistera,  estuvo Martin Baquedano con su fábrica y tienda  de chocolate y demás negocios anexos:  cera, pailas para velas de cera, fabrica de bujias de esperma, pupilage para caballerías. Era, además, almacenista y vendía cereales, abonos minerales, aceites al por mayor, coloniales, cafés al por menor etc. Ocupaba, como muestra el anuncio varios números. Del 40 al 46. En los años 30 parte del local, el nº 40,  lo arrendaría Maximino Arrasate para montar su confitería y pastelería con obrador. Se mantuvo, algunos años en este lugar,  al menos hasta la guerra, luego se trasladaría al nº 34-36,  aunque en los años 60 aquí encontramos el taller y tienda de confitería y pastelería de Luis Ros Piñeiro que junto con su hermano Manuel  fabricaban  galletas y dulces. Manuel tenía además una agencia de publicidad. En el nº 42 hallamos en los años 50 y 60 a Tomás Baquedano Sarasate, hijo de Martín  Baquedano con coloniales. Su hermano Pedro Baquedano había trasladado la fábrica de chocolate al nº 20 de la calle San Antón. Un poco más adelante, en el nº 46 había un taller y tienda de confitería,  con panadería,  regida por Cira García.

En 1908, en el nº 44,  Luis Iribarren tenía una alpargatería-cordelería  que posteriormente, en los años 30 trasladará al nº 60-62 y que  cerró hace unos pocos años (2015 o 16) tras la jubilación de su tercera generación (Ana Iribarren) y detrás del 44, donde hoy hay una tienda de bebidas y revistas,   había un negocio de venta y alquiler de muebles usados,  a nombre de Tomasa Gorricho y Camino Urriza (que tuvieron una segunda sucursal, durante algún tiempo,  en el nº 74 donde posteriormente se instaló la farmacia Castiella y hoy se encuentra la  farmacia Iragui). En los años 20 el negocio de Gorricho y Urriza dió paso a la pescadería de Carmela Riezu. En los años 50 y 60   en el nº 48,  estaba la guarnicionería de Miguel Larrea Vizcay con venta de artículos de viaje. Donde está el hotel Castillo de Javier y en tiempos el bar San Miguel y antes el  bar restaurante Valero, (que por cierto empezó de la mano de Valero Iribarren Labiano como ultramarinos),  en las primeras décadas del siglo hubo diferentes negocios pero el más destacable fue la tienda de ropa de niños que regentó María Seminario, desde el inicio de los años 20. Casi enfrente se instalaría su hermana Victoria,  con la mercería La Victoria, hoy mercería Beatriz. Por ahí, a principios de siglo y aun más tarde  hubo alguna herrería, carbonería, etc.

En los años 50, en el nº 54 estaba la droguería perfumería de Isidoro Elcano Urrutia y en los 60 de su sobrina Juana Urrutia, que posteriormente llevaría la familia Flor,  bajo el nombre de Larvier. Donde encontramos en la actualidad a Natural Dippner, hallamos en los años 20 la mercería y paquetería además de una zapatería a nombre de Adolfo Mauré y un negocio de venta de máquinas de coser de Cipriano Nagore   que continuará en la siguiente década, incorporando juguetes, perviviendo hasta los años 60 bajo la denominación de herederos de Cipriano Nagore, ya sin juguetes pero con mercería. En esta zona también hubo  una carnicería, la de Epifanio Itoiz. A continuación de donde estuvo hasta hace poco Calzados Iribarren, estaba la fábrica y tienda de chocolate, azucares y ceras, pastillas de café con leche  de Marcelino Andueza que vimos en la entrada de las pastelerías. Este local lo seguiría explotando en los años 50 Trinidad Arizala,  con el mismo tipo de negocio. En los años 50, en el nº 66, donde hoy tenemos la cafetería-heladería Elizalde  ya estaba instalado Mariano Rubio Arbizu, con artículos de bazar, bisutería, relojería y quincallería. Durante un tiempo tuvo una sucursal en el nº 9 de la misma calle.

El local que actualmente alberga la tienda «La objetería de los días felices», en el nº 70 de la calle,   fue  inaugurado en el año 1903 por Baldomero Zulategui,  como una tienda de venta de periódicos. Allí se vendían los periódicos de la época, «El Eco de Navarra», «El Pensamiento Navarro», el «Diario de Navarra», entre otros,  y vendía también sobres y papelería. En 1932 Baldomero se hizo con una administración de lotería y un estanco que ubicó en el citado local. Tras la guerra le quitaron la concesión del estanco ya que este tipo de negocios se solía adjudicar a las viudas de guerra y, por ello, en el año 1952 les puso  a sus hijas en el local una lencería-mercería que ha estado abierta desde entonces y   hasta principios del año  2018. En el nº 74,  en la hoy farmacia Iragui estaba la farmacia Castiella. El origen de esta farmacia se remonta a 1903 cuando Felipe Irurita traspasaba su farmacia, que regentaba desde 1888, y situada entonces  en el nº 28 de la misma calle  a  José Martialay. Este dirigió la farmacia hasta 1915 en que la titularidad pasó a   Gabriel Castiella que permanecería,  al frente del establecimiento,  hasta  los años 60, en que pasó el testigo a su hijo Valerio Castiella Zalba. Acabando la calle, en el nº 76,  encontrábamos en 1908  a Diego Miquelez, luego,  desde los años 20,  viuda de Miquelez  con fabrica y venta de chocolate, azucares y ceras. En los años 50,  en esta ubicación,  encontramos a Maria Camino Sarasa Muzquiz, con una mercería que recogía, además,  puntos a las medias. Este local estuvo en manos de la familia Sarasa, comercialmente hablando,  hasta la jubilación de Bakartxo con su tienda boutique Sagardia hace unos pocos años. En los años 30, en el edificio que diseñase, en 1899, Manuel  Martínez de Ubago, en el nº 72, había otra fabrica de chocolate, bujias de esperma, velas y blanqueo de cera a nombre de los hermanos Yarnoz. En los años 50 y 60 aparece como pastelería, confitería y fabricante de velas bajo la razón social  de Herederos de Ramón Yarnoz. Por último,  para acabar el repaso de este lado de la calle no dejaré de mencionar  las fondas u hostales de María Maisterrena en el nº 24, la Bidasotarra (que también explotó Francisco Aguerralde), de  José Echeverría en el nº 34-36, la popular Fonda Aragonesa, y de Rafaela Amostegui en el nº 72.

Nos pasamos al otro lado de la calle, al lado de los impares,  y empezamos,  igualmente, por el comienzo, muy cerca de la plaza del Castillo, plaza que dejaré para la última de las tres entregas de esta serie de Comercios del Viejo Pamplona. Me permitirán una aclaración previa. En el plano de Manuel Ronchel de 1927 el nº 1 de San Nicolás comienza con la calle propiamente dicha y no con las escalerillas, sin embargo en lo años 50 el nº 1 empieza antes, en la esquina de Comedias. Pues bien, en 1908 los dos primeros negocios de los que tenemos referencia son la tienda de chocolate de Manuela Senosiain (con pupilage de caballerías)  y la fonda del botero Babil Landivar en el 5 y en el 7 respectivamente, donde el Otano y el Covirán actual. También en el 7 había un establecimiento de jamones y embutidos. En los años 20, sin embargo en el nº donde hoy está la Heladería Larramendi (ahora es el 3,  antes era el 1) se encontraban la mercería y corsetería con obrador, paquetería y quincalla de Estefanía Amenabar,  (luego Hermanas Amenabar) que hemos conocido en 1908 en el nº 16, al otro lado de la calle, donde El Marrano, además de la zapatería de Carlos Artundo Chavarri que en los 50 se trasladará al nº 9 siendo su titular Josefa Viana, viuda de Artundo.

En los años 30 la mercería de Estefanía Amenábar, ubicada en el nº 1,  vendía confección de señora y tras el matrimonio de una de las hermanas con Guillermo Rothe,  en los años 30,  -que introduce además de confecciones, corbatería y  perfumería-, continuarán,  tras la guerra,  con la corsetería ampliando el negocio al nº 3, de la mano de Estefanía Amenábar y de  Maria del Carmen Rothe Amenábar que continúa, al menos hasta los años 60. Así  aparecen en las guías comerciales de los primeros años 50. En esos años, 50 y 60, en el nº 1 y 3 de la calle aparecía la colchonería de Gabriel Larreta, también vendía tejidos. También en esta época pero en el nº 1 de la escalerillas, donde hoy está el bar Dom Lluis, estaba la sastrería de los Hermanos Palomeque que luego derivó en venta de confecciones. Más adelante abrirían una segunda tienda en Comedias bajo el nombre Marpa (por Martín Palomeque). La familia Martín se introduciría luego en el mundo de la hostelería con la apertura del Dom Lluis, a comienzos de los años 80.

Pero volvamos a los años 30. En estos años  en el nº 3 estaba la barbería de Jesús Gabasi y en los números 7, 13,   27 y 29 (en los años 90 creo que estuvo en el 27 Piccola Moda y en el 29 está desde hace varias décadas Zintos) diversos negocios de cafés tostados al por mayor y menor, a nombre de Zapata y Puy (que se mantiene en los 50), Cafés Iceta y José Alcorta respectivamente, además de otra tienda de frutas y verduras a nombre de Victoria Sagaseta. En los años 50, en el 27 había una tienda de venta de tejidos a nombre de Aurelia García Jimenez. En los años 50, donde hoy está Zintos estaba el ultramarinos  de Severino Azcarate Ansorena y un poco más adelante, en el 31, al lado de la antigua joyería Mateo, -hoy un curioso guardarropía-,  estaba la librería con objetos de escritorio de Antonia Egozcue Urbeltz y en el espacio de la joyería, en el nº 33,  Radio Frías, con Miguel Frías, vendiendo aparatos de radio y luego de televisión al menos en los 50 y 60, y que más tarde encontraremos en Paseo de Sarasate.

Para los años 20 en el nº 5 ya estaba Casa Otano. Este popular establecimiento  fue fundado, en el año 1912 por un vendedor de vinos de Larraga, llamado  Tomás Lino Otano. Lino Otano, empezó en el nº 17 de la Mañueta, con una casa de huéspedes para pasar luego a San Nicolás, con una tasca o casa de comidas complementada con el servicio de fonda, posada o casa de huéspedes. Tras su fallecimiento,  el negocio pasaría  por varias manos, entre ellas las de Severino Larrayoz,  (Sucesor de Otano) y Santiago Echechipia  (Fonda Santiago) su hermano Elías llevaba la casa de comidas,  hasta que en 1929 comenzaron a trabajar en el negocio  Isaac Juanco y su esposa Felisa Galar. Durante un breve intervalo de tiempo, entre 1931 y 1934,   Isaac Juanco debió coger también  un ultramarinos en el nº 3 de la misma calle San Nicolás, quedándose, finalmente, desde 1935, con el servicio de bar (vinos y licores al por menor) y el servicio de restaurante y posada. A Isaac Juanco y su esposa  les seguirían,  en la gestión del negocio,  sus hijos, entre los que destacaría Andrés Juanco, quien,  en los años 50,  conoció a Tere Goñi con la que contrajo matrimonio. Tere será la protagonista del verdadero impulso del negocio. Quedó viuda muy joven, en 1975, a los 38 años, logrando sacar a sus seis hijos adelante, parte de los cuales, Amadeo, Ana y Cristina siguen trabajando en la empresa familiar. En los años 60, en el nº 7 hay constancia en las guías comerciales  de un bar a nombre de Manuel Ochandorena, con futbolines, el Otano no podía ser y el Rio  quedaba muy lejos. ¿Cual podría ser?. Y también en el 7, a la altura del actual Coviran había otra zapatería, ésta de  Tomás Marín.

Volvemos a  comienzos de siglo, en el nº 13 donde hoy está el bar San Nicolás había una tienda de loza entrefina que llevaba Blasa Marqueta,  y al lado estaba  la taberna de Aramendia  que enseguida, pues ya estaba a comienzos de los años 20,   dió lugar a Casa Marcela, por Marcela Elía, Viuda de Iriarte,  con restaurante o casa de comidas y de huéspedes. El negocio con dicha titularidad se mantiene hasta los años 50 en que se hace cargo del negocio  Vicente Saralegui Goicoechea y en los años 60 Anso Eguinoa.  En los años 20, en vez de la tienda de Marqueta había un ultramarinos al detalle, en los 60 una zapatería de Florentina García y en  el nº 15, en donde está el actual bar Río, en los años 20 había una zapatería de Anaut y Compañía (creo que Anaut también tuvo tienda en las calles Comedias y Zapatería) y junto a ella, en el nº 17, había  otra zapatería, a nombre de Antonio Maltrás que continuará en los años 30 bajo la dirección  de Fermín Echarri y que pervivirá hasta los años 50 y 60, por lo menos. Junto a este negocio los propietarios del edificio, los Larrayoz  y más concretamente Fermín Larrayoz Munárriz  regentaba un bar, «El 84» que al menos en los  años 50 y 60 todavía estaba abierto, información  que  Miguel Angel Larrayoz me confirmó hace algún tiempo en un encuentro con él en la calle. En los años 50 ya encontramos en el nº 19 aunque el negocio es muy anterior, por lo menos desde finales de los  30,  a Pescadería  Cipriano de la mano de Cipriano López y luego de su viuda,  y en el primer piso ya estaba en los años 50 el restaurante Vegetariano, de la mano de Julio Jaca Lacunza y que desde hace muchos años regentan con su buen hacer Roberto Monreal y Coro Ciaurriz. En la foto que adjunto al párrafo,  cedida por José Castells Archanco, y que es de 1944 sale el alcalde de Pamplona, entonces, D. Antonio Archanco delante de la pescadería Cipriano, redescubriendo una placa que se colocó en la casa donde nació Sarasate,  con motivo del centenario de su nacimiento. Donde estuvo inicialmente el Rio, en el nº 11 y actualmente se encuentra el Basoko Taberna, estaba la tienda de calzado de Leandro Osta,  que se mantiene en los años 50. El bar Rio se fundó en 1963. Recordamos su origen: hemos visto en al anterior entrada que en  la calle San Gregorio estaba el Bar Orbaiceta, propiedad de la familia Barberena. Había dos hermanos que trabajaban para el padre, uno de ellos se quedó allí en San Gregorio y abrió el Museo y el otro hermano, Joaquín, se vino a la calle San Nicolás y fundó el Río. Joaquín fue el primero en hacer el frito de huevo, luego se lo pasó a su hermano y los dos trabajan el frito del huevo. Así es que el huevo del Rio y del Museo tienen un origen en común. A continuación, a comienzos de siglo, había un par de tabernas, la de Wenceslao Valencia en el nº 23, donde la Casa del Bacalao y la de Narciso Bearan en el 25, negocio hostelero que  continua en la actualidad y que regenta desde hace años la familia Azanza. En el nº 21 estaba la cuchillería de Marcelino Tellería, curiosamente, entonces, con venta de productos al por menor de perfumería.

El origen de Casa Bearan se remonta a 1902, empezando, como otros muchos hosteleros de la época vendiendo vino y aguardiente, osea la típica taberna que derivó en figón con servicio de comidas e incorporó más tarde la fonda para el servicio de huéspedes. En 1921,  Bearan traspasó el  negocio a Agapito Viscarret que mantuvo los usos tradicionales del local: la venta de licores al por menor y el de restaurante para el servicio de comidas. En 1934, cambiaba la titularidad del local, cogiendo las riendas del negocio  Pablo Vallano y en 1935 lo hacía Marcelino Huarte que continuará hasta finales de los años 40. Durante los años 50 y   60 regenta el Bearan Marcos Sanz Zubiría. En el 37 donde después, desde 1922 y hasta 1927, Victoria Seminario abriría la mercería «La Victoria», a primeros de siglo había una tienda de frutas y verduras, la regentaba Isaac Sánchez que luego se trasladó al nº 10 de la calle y justo antes, en el nº 35,  en los años 30, estaba  la carnicería de Borda y Cía y más tarde de Pascual Iriarte Ezcurra que en los años 50  regentará Julio Yoldi Huarte. Tras Victoria Seminario la mercería del nº  37 fue arrendada por Juan Guiu y posteriormente por su viuda hasta 1970 en que se hizo cargo de la tienda  Beatriz Sarasibar Mendive, conociéndose, desde entonces como Mercería Beatriz. En la plaza de San Nicolás había en los años 20, como hoy y en el mismo lugar, una barbería que entonces se llamaba «Barbería Moderna» tal y como aparece en una fotografía de la época. La llevaron en épocas consecutivas Lucio San Martín y Cándido Pemán. En los años 50 y 60 no había menos de media docena de peluquerías en esta calle (Lanas, Arriazu, Echarri, Torres, fueron algunos de sus apellidos). A  lado de la barbería de Pemán, estaba la zapatería de Eusebio Aragón (luego Herederos de Eusebio Aragón) que permaneció hasta bien avanzados los años 60.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: calle San Nicolás. Años 70. Sin filiar, Nº 2 y Nº 8: Bar Irañeta y calle San Nicolás. Años 50. Archivo del antiguo bar restaurante Baserri. Nº 3: Fotopostal de A.de León (1900-1920),   Nº 4: Cruce de San Nicolás con Comedias y Pozoblanco. Foto Inge Morath. 1955; Nº 5: Calle San Nicolás. Jesús Martínez Gorraiz. Mediados de los años 40. AMP, Nº 6: Escalerillas de San Nicolás. 1957-60. Ramón Massats, Nº 7: El alcalde de Pamplona, Antonio Archanco,  descubriendo una placa en el centenario de su nacimiento, en la casa que le vió nacer, en el nº 19 de la calle San Nicolás. 1944. Archivo de José Castells Archanco. Nº 9: Fotopostal de Luis García Garrabella (Años 50)

Comercios del Viejo Pamplona: Ciudadela-San Gregorio (1908-1963)

Continuo con esta serie que tantos recuerdos provoca en muchos de los seguidores de este blog. Incluso es frecuente que descendientes de aquellos antiguos comerciantes de entonces reconozcan a su abuelo o bisabuelo en una de las menciones que realizo, al repasar sucintamente el paisaje comercial de las calles del Viejo Pamplona de aquellos años. En esta ocasión, y continuando con el itinerario que hice hace años, repaso los establecimientos que podíamos encontrar en las calles San Gregorio-San Nicolás y Plaza del Castillo entre 1908 y 1963, sin olvidar, como también hiciera en la anterior entrada, mencionar los establecimientos de alguna calle próxima como la calle Ciudadela. No obstante para hacer este itinerario mucho  más digerible, pues es muy extenso, lo dividiré en tres entregas: Ciudadela-San Gregorio, San Nicolás y plaza del Castillo. Aquí va la primera entrega. Una pequeña observación antes de entrar en harina. Al margen de algunos anuncios publicitarios no he podido encontrar  ninguna fotografía antigua de las calle  aquellos años, por lo que les  agradecería cualquier aportación gráfica, en este sentido. Gracias.

Me situaré en la esquina de la calle San Gregorio con San Miguel, un día de diciembre como el día de hoy de 1908,  seguiré por el lado derecho de la calle, los números pares  y luego recorreré  los impares. En aquel tiempo no era una calle nutrida de muchas actividades comerciales como si lo era su vecina San Nicolás. Tras la ferretería de Martín Irigaray, fundada en 1877,  donde estuvo, durante muchos años La Montañesa, venía la guarnicionería de Isaac Escribano que aparecía entonces como Herederos o Sucesores de  Antonio Piqué.  Angel Garatea cogería este negocio, en traspaso, en el año 1910 y vendió,  a partir de 1922,  también alpargatas, trasladándose  más tarde,   al  actual nº 10, donde antaño guardaban las caballerías de los clientes. Todavía  en los años 50 y 60 seguían vendiendo alpargatas y similares lo que en la jerga comercial técnica de entonces llamaban calzado ordinario.  Había varias carbonerías en la calle, en el 22,  a la altura del bar Ona y en el 44, un poco antes del Museo,  a nombre de Bonifacio Aznar y de Arizabala respectivamente. Arizabala tenía, además, una taberna en esa misma ubicación y entre medias estaba el latonero Fernández, en el nº 38, cerca del actual Kaixo. Casi al final de la calle, en este mismo lado, en el nº 48, donde está el Museo  había entonces una  taberna a nombre de un tal Echalecu que posteriormente se ampliaría  con una posada dirigida por Francisco Alzueta. En los años 50 el negocio lo regentaba Lucio Arizcuren, y posteriormente  Francisco Barberena, aunque entonces no se llamaba Museo sino bar Orbaiceta. Luego venía,  en los años 60,  la carnicería de Joaquina Redín, donde luego estuviese años más tarde, hasta finales de siglo por lo menos,  la carnicería Abinzano. A principios de siglo, en el nº 58 estaba la posada de Evaristo Archanco y en el nº 60, había otra taberna que, sin embargo, en los años 30, trocará en tienda de coloniales con abacería de la mano de Casimiro Armendáriz hasta su relevo en los 50 por  Inés Iriarte. Como en todas las calles del Casco la numeración variaría con los años. En los años 20, tras la guarnicionería de Garatea estaba la churrería de Angela Arribas y en el nº 26, donde hoy está Gloria Bendita,  se encontraba Isaac Fuentes, representante de Casa Zubiaur, representante en Pamplona de Bilbao Calefacciones. De Garatea e Isaac Fuentes les dejo un par de anuncios.

En los números 30 y  32, un poco antes del bar Kaixo, estaban el bar o taberna de Silvestra Ramirez y a continuación la tienda de vinos y licores propiamente dicha. Esto era muy frecuente, la venta al detalle y la venta para el consumo en el local. En los años 50, en esa ubicación, estaba la lechería de Javier Elso Tartas que luego cogerían  José Luis y Jesús Martínez, y en el actual Kaixo, estaba el bar La Concha que llevaba entonces  Antonio Gil Igea y en los años 60 José Betelu. Ya desde  aquellos años el bar  contaba con futbolines. Otro Betelu, Dionisio,  regentaba en los años 60 la fonda La Montañesa, al principio de la calle, en el nº 2, antes de él,  el bar, creo que se llamaba Kaiku y  lo dirigía  José Santesteban y la fonda,  Mercedes Ferreras. En el nº 42, estaba el fontanero, hojalatero y vidriero José Cestau Lizasoain con negocio de venta e instalación de sanitarios,  y junto a él, había  un negocio de alquiler de bicicletas. En los años 30, donde hoy estaba y está,  desde los años 50 o 60,  la peluquería Garciandía ya había una barbería, la de Galo García. En los años 50, en el nº 12 encontramos ya a Casa García de García e  Ibañez con taberna o figón y fonda o posada. A José  Ibañez le encontramos, años más tarde, al  cargo del bar donde está el actual Ona. En los años 30, en el nº 4, encontramos la funeraria de Joaquín Ortigosa, una de las familias fundadoras del Tanatorio Irache, empresa a la que ya me referí en la entrada anterior de San Antón,  que estuvo en este lugar durante más de 40 años. Algún negocio de venta de carbón y leña (el de Gregorio Arruiz Otermin), en el nº 26,  y algún ultramarinos (el de Clemente Ibero), en el nº 50,  completan este rápido repaso de este lado derecho de la calle San Gregorio.

Pasamos de este lado de la calle San Gregorio a la calle Ciudadela, pero comenzamos casi en su cruce con San Antón, pues la numeración empieza allí. Allá donde hasta hace unos años estaba la farmacia Roitegui había en 1908 una herrería, la de José Monje,  donde el bar Ciudadela estaba la  abacería de Agustín Torres que en los años 20, pasa a manos de Dionisio García y posteriormente a su hija Petra. A continuación, en los bajos de lo que después sería sede la Caja Rural, el negocio de papeles pintados de Isaac y Macías y la  barbería de Julio Martínez y al final de la calle, donde el antiguo bar Anaitasuna, un negocio  de sobres y papelería (el de Miguel Apesteguía) y la guarnicionería de Antonio Salavera. En la segunda década del siglo,  se asentaría en el nº 5 la Federación Católico Social, germen del actual grupo Caja Rural, con entrada-salida también por San Antón como vimos en la anterior entrada. Allí también estaba la imprenta La Acción Social. En los años 30, en el nº 7 de Ciudadela,  ya estaba,  como ahora, el  estanco, entonces de Encarnación Arostegui que pasaría luego a Jesusa Arostegui.  En el nº 9-11 estaba, desde comienzos del siglo, Miguel Aldaz Orquín con su negocio de venta de vinos y licores, luego desde los años 30 sería también bar o  taberna. En los años 30 en esta calle se encontraban la Industrial Sanguesina, en el nº 11, la Hidráulica Moncayo, en el nº 13, y  también en el 13, pero en el bajo,  el bar Ginés donde posteriormente se instalaría el Bar Anaitasuna (en los años 50 regentaba  este negocio  José Ancizu Eguaras)  y en el nº 15 tenía sus oficinas la conocida empresa Múgica y  Arellano, las tuvo allí, al menos,  hasta los años 60. En los años 50, en el nº 1  aparece la farmacia de Juan Azqueta y a continuación la droguería-perfumería de Emiliano Blasco. En una de las fotos, de Gerardo Zaragüeta (IPV) que encabeza la entrada aparece esta calle, en los años 40, con una cola de personas,  era la época del racionamiento, antes las puertas de la Industrial Sanguesina. En la foto se observa también tanto el estanco citado como la primitiva sede de Caja Rural.

Volvemos al cruce de la calle San Gregorio y San Miguel y recorremos el lado izquierdo. Tras el negocio de venta de vinos y licores regentado por Miguel y luego Aniceto Muniain estaban, en 1908, en el nº 3 las abacerías de Francisco Nuin, que tenía también una posada,  y la de Herederos o Hijos de Larrayoz,  que también fabricaba velas de sebo. A Nuin le sustituirá en los años 30 Indalecio Goñi, con ultramarinos y coloniales que se mantuvo hasta los años 60. En  ese local  se instalaría, a finales de los años 70,  la librería Auzolan.   En el nº 21 de la calle, donde estuvo el bar Ganuza ya había, en los años 30, una taberna que regentaba Domingo Ugalde. En este lado de la calle tenemos serios problemas para recordar y ubicar los antiguos negocios y lo haré muy parcialmente ya que se han derribado a lo largo de las últimas décadas,  bastantes edificios que tenían  su fachada principal en el Paseo de Sarasate. En los años 50, en el nº 7 había una taberna  a nombre de Andrés Izal Tanco, que luego llevaría Manuel Ochandorena ¿sería el Bar Norte?. Tenía también  futbolines.  En el nº 9, cerca del desaparecido bar El Caserío que regentaba por aquel entonces Modesto Arrasate y luego Rafael Erice Zabalza, por cierto que  tenía otro bar en el nº 47 de la calle Nueva, estaba la armería de Felipe Leoz y antes de llegar al Bar Sangüesa de Luis Goñi y al bar  Ganuza de Victorino Ganuza Azanza (que también explotaba una churrería)  estaban la tienda de coloniales y encurtidos de Pedro Uruñuela, en el nº 13, la droguería-perfumería de Julio Aliaga, en el nº 15  y  el ultramarinos de Felisa Cía Lacunza. Parece que antes de hacerse cargo del Baserri, José Luis Flor, padre de Chelo Flor,  dueña de las perfumerías Larvier, de San Nicolás,  y Aladinos, de Chapitela,  llevó durante algún tiempo el bar El Caserío.  Entre el bar Ganuza  y el Euskalduna de Juan Pedro Urbeltz, luego Arizona y hoy San Gregorio, estaba la lechería de Luis Ancizu y Juliana Iraizoz y la pescadería de Angel Sarasa. A Juan Pedro Urbeltz le sustituyó en la dirección de lo que había sido el Euskalduna, Brigida Erro. Corrían los años 60. Poco tiempo después se derribaría el último edificio de la calle, la casa Alzugaray, que vemos en una foto de de esta entrada de José Gallo de 1965.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Plaza de San Nicolás. Julio Cia. 1948. AMP; Nº 2: Calle Ciudadela, antigua sede de la Caja Rural de Navarra. Nº 3: Calle Navas de Tolosa y Casa Alzugaray, Javier Gallo. 1965. Nº 4: Sucursal de Aldaz Hermanos, antiguo Bar El Espejo. Colección Arazuri. AMP. 

Por las calles de lo Viejo: desde San Gregorio a la Plaza del Castillo (1988-2008)

Comenzamos este nuevo recorrido por las calles San Gregorio y San Nicolás hasta desembocar en la plaza del Castillo. En la entrada dedicada a los bares ya revisamos algunos de ellos por lo que en esta entrada solo me centraré en los comercios que había en estas calles a finales de los 80 y comienzos de los 90. La calle San Gregorio pertenece a la antigua Población de San Nicolás y comienza en el cruce con la calle San Miguel para finalizar en la calle Ciudadela (antiguamente Chiquita de la parte de San Antón). En la época medieval se correspondía con la calle Torredondas o también Torre Redonda, por ubicarse aquí la única torre redonda de la muralla. Esta calle junto a la actual Ciudadela y San Miguel constituían el barrio de las Torredondas. El patrón del barrio era San Gregorio Magno. En el Siglo XVIII se cambio el nombre de la calle por el de San Gregorio. A finales de los 80 y dejando al margen a los establecimientos hosteleros que ya vimos en otra entrada, los escasos establecimientos comerciales que había en esta calle (que vemos en la foto de la derecha) eran los siguientes: en el lado izquierdo y tras la Vinoteca Murillo que hace esquina con San Miguel, la librería Auzolan abierta desde el año 1977, la Armería Leoz un poco más adelante y en el último tramo de la calle la Pescadería Ines. En su lado derecho estaba y está todavía Casa Garatea, la lechería Ulzama, la Carnicería Ameztoi, la Frutería Sotero, Muebles Jakar (que también contaba con un gran almacén y exposición en Marcelo Celayeta, frente a Matesa) y Carnicería Abinzano. Por cierto en el edificio donde estaba esta carnicería estuvo a primeros del siglo XX la primera fábrica de embutidos Mina. También en esta calle creo recordar que en los años 80 estaba Encurtidos Uruñuela aunque no me acuerdo exactamente del número en que se hallaba.
La calle San Nicolás comienza en la plaza del Castillo, desciende por las escalericas de San Nicolás (cuya antigüedad data de finales del XIX) hasta el cruce de Comedias y Pozoblanco para continuar hasta la calle San Miguel confundiéndose en el último tramo con la plaza de San Nicolás. Su primitivo nombre, en el siglo XV y aun antes, desde el siglo XII o XIII era el de Tecenderías de la Población y poco después el de Tornerías. En el siglo XVIII se le empieza a llamar San Nicolás si bien conviviendo hasta las primeras décadas del XIX con el de Tornerías. La plazuela de San Nicolás fue durante muchos siglos cementerio de la Población. Hasta 1808 en que comienzan las inhumaciones en el cementerio de San José en Berichitos los enterramientos se hacían dentro de la ciudad. La historia de la calle y la Población van unidas indisolublemente a la iglesia fortaleza de San Nicolás que data del siglo XII y que conoció crueles enfrentamientos con sus vecinos del Burgo de San Cernin. A finales de los 80 y comenzando por el inicio de la calle teníamos frente al bar restaurante Dom Lluis, a la derecha de la escalericas, la tienda de Deportes Arana. No hace demasiados años que se tiró el viejo edificio y se rehizo de nuevo. Al poco cerró Arana y su espacio fue ocupado durante algunos años por la tienda de moda joven Pavana. Dentro de poco albergará, al parecer, una cafetería restaurante de tres plantas. Acompañando esta entrada vemos dos fotografías de la calle, una reciente y otra de hace más de cincuenta años.

Siguiendo, a la izquierda de la calle estaba en aquellos años Tejidos Carreta, donde hoy está Heladería Larramendi, más adelante Calzados Marin que luego fue un Todo a 100 y hoy una tienda de alimentación regentada por una chica oriental, a continuación Foto Beta, que luego fue Foto Gold y hoy la Mandarra de la Ramos, la tienda de ropa Piccola, Bazar San Nicolás, una juguetería que hace unos años fue la tienda de ropa Konpota y próximamente albergará el nuevo bar Río, le seguía Pescadería Cipriano (que aun permanece), la cuchillería Tellería, fundada en 1947 y que hoy se encuentra en la calle San Miguel, la Ferretería Marce, La Casa del Bacalao, Zintos (1989), Bazar Irigoyen, La Administración de Lotería nº 4, Joyería Mateo, Calzados Iribarren, que luego fue Van Dos y hoy Choice Plata, Carnicería Iriarte ocupada luego por Natural Fashion y hoy por Los ibéricos de San Nicolás y cerrando este primer tramo de la calle antes de llegar a la plazuela que vemos en la foto, Mercería Beatriz, anteriormente estuvo aquí un establecimiento que se llamaba La Victoria. A la vuelta, en la plaza, permanece  desde hace cerca de 30 años Ortopedia Aquiles, donde en otros tiempos estuvo el establecimiento Calzados Aragón que vemos en la fotografía de la derecha.

Comenzando la calle por su lado derecho tenemos en primer lugar una de las fachadas de Zapatería Amorena, hoy casi 70 años más tarde a punto de echar el cierre, más adelante la peluquería Garciandía, luego El Cafetico y hoy una tienda de aceites, Lanas Begoña, Gretel, Garralda Mimbre, Congelados Nifrio (luego fue un Todo a 100 y próximamente un asador), Tejidos Araceli, Perfumería Larvier (desde marzo de 2004 Tea Shop), Calzados Iribarren, fundado en 1907, hoy regentado por la tercera generación, Bolsos Andueza, Joyería Rubio, fundada en 1942 (hoy Cafetería Elizalde), Zulategui, fundada en 1900 por Baldomero Zulategui, primero como administración de lotería y tabaco y luego sólo como administración de lotería. A comienzos de los años 50, en 1952, tras la muerte del fundador, su hija María Josefa Zulategui quedó al frente del local y lo convirtió en la lencería regentada todavía por sus hijas María Josefa y María Teresa Ibarra que mantienen con elegancia y distinción la apariencia de la tienda, una tienda con sabor, estilo, solera e historia. Tras Zulategui estaba Farmacia Castiella (hoy Farmacia Iragui) en el lugar, como farmacia, desde 1917 y la boutique de ropa Sagardía, regentado durante muchos años por Bakartxo Sarasa, tras cuyo cierre estuvo una tienda de Napar Bideak y actualmente Idoya Sevillano. Como curiosidad, en la fachada del edificio de Sagardía hay un bello reloj de sol que data del año 1770 y a su derecha un hermoso edificio modernista construido en 1899 por el arquitecto Manuel Martínez de Ubago, donde en tiempos estuvo Bidasoa Bi y anteriormente, hasta los años 80, Yarnoz, cafés y coloniales, como vemos en una foto anterior del archivo de José Castells.
La plaza del Castillo, considerado el cuarto de estar de los pamploneses tiene una larga historia. No fue proyectado urbanísticamente lo que explica su forma irregular. Se trata del espacio que en el siglo XII se hallaba entre las murallas de la ciudad de la Navarrería y la Población de San Nicolás. En el siglo XIV se le conoció como plaza del Chapitel, luego plaza de armas del Castillo, por estar ubicado allí un castillo, cerca de las escalerillas hacia Estafeta. En el siglo XVI para diferenciarlo del castillo nuevo, construido fuera de la plaza, se le llama plaza del Castillo Viejo, aunque pronto se le llamará simplemente plaza del Castillo. Entre el siglo XIV y mediados del XIX (1843) todos los festejos taurinos se celebraron aquí. La casa de los toriles estaba en el actual nº 37. En el siglo XVII comienza la urbanización de la plaza que terminará un siglo más tarde. En la plaza se instaló en 1788 la fuente de la beneficiencia o abundancia, conocida popularmente como la Mari Blanca, trasladada en 1913 a la plaza de San Francisco y en 1927 a la Taconera y que fue obra de Paret, autor de otras famosas fuentes de la ciudad. En 1838 se derriba el convento de Carmelitas, erigido sobre el segundo castillo de la plaza, el castillo nuevo y en ese mismo solar comienzan las obras de la Casa del Crédito y del Palacio Foral. Este último obra de José de Nagusia se terminó en 1847. Hacia 1839 se abre la bajada a Estafeta. En 1840 se comienza a construir el Teatro Principal que se inaugura un año más tarde y que se derribará en 1931. En el párrafo anterior vemos una foto de la plaza con el Teatro Principal cerrando la plaza hacia Carlos III y la siguiente con el teatro derribado y la plaza abierta. En 1844 comienzan a proliferar los cafés por influencia vienesa. Hasta cinco llegó a haber en pocos años en la plaza. En 1859 se construye la casa nº 32, en donde estuvo muchos años el Dena Ona y luego el Bearin.


En 1882 se construye  la llamada Casa Garbalena que hace el nº 43 y se instalan los porches. En 1884 se edifica la casa del Café Iruña, de la que vemos una preciosa fotografía de 1888. También vemos otra foto con el kiosko de la música delante del Iruña. En 1901 se instala la Vasconia en la casa que lleva su nombre. En 1909 se inaugura el Crédito Navarro que se cierra en 1972 y que se convierte en el Banco Central, hoy BSCH. En 1929 se realizan excavaciones para instalar los retretes que se inaugurarán en los sanfermines de ese año y que son de los pocos que sobreviven en la ciudad. La plaza recibió otros nombres además de la del Castillo, de la Constitución en 1820,1836 y 1874 y de la República en 1873 y 1931, recuperando en 1936 su nombre tradicional.  En el lugar donde estaba la Fuente de la Mari Blanca se decidió colocar en 1910 un quiosco, para la música, de  madera que desde 1943 se sustituyó por el actual de piedra.  En 1957 se instalaron bancos modernos, se pavimentó la plaza y se habilitaron plazas de aparcamiento. De esa época más o menos es la foto que nos acompaña en este párrafo, con la plaza levantada  y unos  pocos años más tarde, la foto del Txoko (de 1962).  La plaza ha sido protagonista de la historia de nuestra ciudad y escenario tanto festivo como reivindicativo y político de concentraciones del mas variado signo. En el año 2001 se construyó en su subsuelo un aparcamiento que fue objeto de una fuerte oposición, peatonalizándose su superficie y renovándose por completo su urbanización. Vemos a continuación dos fotos, una de 1999 y otra de 2001 con las obras en el subsuelo que se prolongaron por cerca de 3 años.

Repasemos los establecimientos comerciales existentes en esos años comenzando por la esquina de la plaza con el Paseo de Sarasate. En esta esquina estaba la Joyería Nacor (hasta este mes ocupada por el artesano del vidrio Agustín Aguirre), Viajes San Fermín, la Farmacia Lorca (hoy Ruiz Bacaicoa), Heladerías Navarras (hoy una agencia inmobiliaria), Librería Gómez, una de las librerías históricas de la ciudad, Foto Adam, Papelería y Estilográficas Antón, Boutique Hierba y Bodegas Solera (hoy la Heladeria-Turronería Plaza del Castillo). Pasadas las escalericas el Estanco de Cristina Viñes, la Joyería Astrain, fundada en 1850 (hoy Boutique Cristina Tollar), Peletería Rome (hasta hace poco la librería Me quiero vivir), la Librería Leoz, La Cafetería Delicias (hoy La Dolce Vita), El Secretariado Navarro y Trias (hoy su espacio lo ocupan la boutique Ella´s y la peluquería Takeshi. Anteriormente estuvo donde la peluquería otra tienda de Pavana y donde Ella´s una librería y papelería regentada por Jorge Nagore Frauca. Tras el BBVA y el café Iruña nos encontrábamos la joyería Helvetia y la tienda de paraguas y marroquinería Archanco. En la cara este de la plaza destacaban sobre todo, a finales de los 80, la tienda de monedas y numismática Colecciones Iruña,  regalos San Miguel, abierto desde 1950, hoy una lavandería, Anís Las Cadenas (Hijos de Pablo Esparza) y en la esquina del Casino Eslava, una tienda de barquillos. A continuación y para terminar podemos observar cinco fotos de la plaza correspondientes a los años 20-30, 50, 60, 70 y 2000 y que muestran la evolución de la plaza a lo largo del tiempo.

Fotos por orden de aparición: Nº 3 Foto de Yarnoz, cafés y coloniales en el nº 72 de la calle San Nicolás. Años 80. Archivo de José Castells. Nº 4: Foto de la calle San Nicolás (Años 50) Jesús Martínez Gorraiz. Nº 6: Foto de Calzados Aragón (1934) Nº 7:  Teatro Principal (1931) Galle. AMP, Nº 8: Salida hacia Carlos III tras el derribo del Teatro (1932) Galle, Nº 9: Plaza del Castillo (1888) Robert Greuling, Nº 10: Plaza de Castillo (1905-1908) Vicente Isturiz, Nº 11 y 12: Plaza del Castillo (1958 y 1962) J.J. Arazuri en Pamplona, calles y barrios, El resto: Fotos Archivo Asociación Casco Antiguo y fotos panorámicas de la plaza del Castillo (Años 30 AMP y postales diversas de los años 50, 60, 70 y 2000).