Los cines del viejo Pamplona (1912-2005)

Los cines de nuestra ciudad, muchos de ellos desaparecidos, constituyen una parte de nuestros recuerdos y nuestras vidas. Allá por los años 70 y 80, constituía una de nuestras principales ocupaciones el fin de semana, la única junto a las salas de juego hasta los 14 o 15 años y compartida con las salas de fiesta y discotecas, a partir de los 16. De aquellos años en los que íbamos al cine vimos desaparecer a lo largo de los años 80 y 90 uno a uno el Arrieta, el Avenida, el Guelbenzu, Chantrea, Rex, Aitor, e Iturrama hasta llegar al último cierre, el de los Príncipe de Viana en el año 2005.

El inicio del cine fue más bien un espectáculo de feria que otra cosa. Será a partir de 1912 cuando se empiecen a exhibir de forma regular películas en el Teatro Gayarre. Aun tendrán que pasar unos cuantos años hasta que en 1930, un año antes de la promulgación de la 2ª República, se emita la primera pelicula sonora en el Gayarre, “Escandalos de Broadway”. ¡Cuanto ha llovido desde entonces!: del cine mudo al sonoro, del blanco y negro al color, la aparición del cinemascope que obligó a ampliar las dimensiones de las pantalla de los cines, las pruebas de otros formatos panorámicos, la mayoría con escaso éxito,  el cine en 3D y otros experimentos como aquellas peliculas con efecto “sensorround”, el cinerama, etc.

Hablar de cine en Pamplona es hasta 1982 hablar de la SAIDE (Sociedad Anónima Inmobiliaria de Espectáculos). La Sociedad, como tal se constituye en 1942 pero sus orígenes se remontan a través de las personas que la hicieron posible a algunas décadas antes. En 1922 se crea la empresa Euskalduna que inaugura al año siguiente y en la avenida de San Ignacio el Coliseo Olimpia (en la foto adjunta), un local emblemático que además de ofrecer cine, tenía una amplia sala (con gallinero) donde ofrecería otro tipo de espectáculos: teatro, espectáculos musicales, etc. El principal impulsor de esta sociedad fue el empresario textil Alvaro Galbete que tenía un telar en la calle San Agustín. En ese local de su propiedad se inauguraría en 1931 el primer cine construido específicamente para tal fin: el Proyecciones, de corta vida, pues se cerró en 1933.

Eran socios de la sociedad Euskalduna otros prohombres de la sociedad pamplonesa de aquella época como Ramón Bajo Ulibarri, Bonifacio Gurpegui, Eugenio Jimeno, Sagaseta de Ilurnoz, Pedro María Galbete y Serapio Zozaya que sería cofundador de la SAIDE. Por cierto esta sociedad también explotaba otros espectáculos como el frontón Euskal Jai de la calle San Agustín. En 1928, la sociedad Euskalduna vendió el Coliseo Olimpia a la Sociedad Anónima General de Espectáculos (SAGE) que contaba con salas por todo el estado. La SAGE explotó el Olimpia hasta 1936 en que lo subarrienda primero y lo vende luego, en 1940, a la empresa Erroz y San Martín empresa que tenía la concesión del Teatro Gayarre desde 1932, con derecho a explotar el Teatro, como cine, al menos durante los siguientes 50 años. El Gerente de Erroz y San Martín era, a la sazón, Serapio Zozaya que fundaría la SAIDE en 1942.

En 1935 Erroz y San Martin había comprado el Proyecciones, después de dos años de permanecer cerrado y lo había reabierto con el nombre de Novedades. En 1938 la empresa compraba un solar en la calle García Castañón y construía un nuevo cine que inauguraría en junio de 1940: el Cinema Príncipe de Viana, obra del arquitecto José Yarnoz. Así pues la SAIDE nacía en 1942 con dos cines propiamente dichos: el Novedades y el Príncipe, además del Gayarre y el Olimpia. El Príncipe de Viana era un cine elegante, la pantalla más grande de todas las existentes hasta entonces, un aforo amplio, de unas 700 personas en butaca de sala, 1.200 en total, contando las butacas de palco y el gallinero o anfiteatro que vemos en la fotografía. En las paredes junto a la pantalla, había dos pinturas murales, obra del pintor Eduardo Santonja Rosales, una de las cuales representa al Príncipe de Viana de cacería y otra un palacio con músicos y sus instrumentos, tal y como vemos en la siguiente foto.

En la década de los 40 se inaugurarían el Cine Alcazar (1942) en la plaza de la Argentina que lo explotaría la SAIDE desde 1950 y el Cine Avenida (1943), en la calle Estella, este último un cine pequeño, con poco más de 200 butacas pero muy bonito, diseñado, al parecer por Victor Eusa. En los años 50 la SAIDE comenzaría a abrir salas de cine en los barrios, el Amaya, en Marcelo Celayeta, en la Rochapea en 1951, el Chantrea, en la calle San Cristobal, en la Chantrea, en 1957 y en el comienzo de los 60, concretamente en 1963 el Guelbenzu, en la calle del mismo nombre, en la Milagrosa. Paralelamente no descuidaría el centro de la ciudad abriendo el Rex en 1957, en la calle Paulino Caballero, el Olite en 1961 y derribando el Olimpia a mediados de 1963 para abrir al año siguiente en su lugar el Cine Carlos III en un gran edificio de oficinas, donde tendría además su sede social la SAIDE. La SAIDE sería dirigida después de Serapio Zozaya por su hijo Félix y más tarde por su nieto Alberto. Este cine inaugurado a finales de 1964 sería a partir de este momento la joya de la corona, con la pantalla más grande, el mayor aforo, 1.500 butacas, y las mejores instalaciones de todos los cines de la ciudad. En la foto siguiente vemos la fachada del edificio tras su conversión en multicines y su nueva imagen corporativa.

A finales de los 60 comenzaría la primera gran crisis de los cines tras la aparición y extensión de la televisión y de otras formas de ocio. La SAIDE reformaría el Novedades mejorando su acústica y ampliando la pantalla, reabriendolo como Cine Arrieta en 1968, pero comenzaría a cerrar cines, el Amaya en 1970, del que ya he hablado en otra entrada del blog. Tal y como he comentado en la anterior entrada sobre los cines empecé a acudir al cine de manera regular allá por los años 74 o 75. Así algunas de mis primeras películas en la enorme pantalla de la Sala Carlos III fueron Karthum en 1975 y una entretenida versión de King Kong ( en 1976) con una jovencísima Jessica Lange, en los inicios de su carrera. También vi en esta enorme sala otras películas como “Suspiria”, “Abismo”, “Terremoto”, “El coloso en llamas”, “Tiburon”, “ET” o “Encuentros en la tercera fase”, entre otras.

En el Cine Avenida, situado frente al monumento de San Ignacio de Loyola, no ví demasiadas películas pero sí recuerdo alguna, como “La Tierra olvidada por el tiempo”, en abril de 1977, un serie B con sabor añejo, basada en las novelas del mundo prehistórico de Borroughs o la española “La guerra de papa”, un típico film de la transición que pretendía alejarnos de los oscuros fantasmas de nuestro pasado histórico. El cine se cerraría en mayo de 1985 para albergar un centro comercial, con formato de multicentro y forma hexagonal y que tendría una errática trayectoria, con espacio para unos 20 pequeños comercios y que ha tenido una gran rotación de aperturas y cierres a lo largo de los años.
En el Gayarre, tampoco vi muchas películas, recuerdo alguna como “El expreso de Chicago” o “Nueva York, año 2012”. A este espacio tengo también vinculadas otras imagenes como la ceremonia de entrega de juguetes en Reyes que organizaba la fabrica donde trabajaba mi padre para los hijos de sus empleados. Recuerdo que un año, creo que fue a finales de 1968, se quemó el Teatro Gayarre y  que los Reyes de 1969, tuvimos que celebrarlos en el Salón de los Jesuitas. A mediados de 1969 se reinauguraba, de nuevo y tras ese incendio el Teatro Gayarre.

 

En el Olite vi un buen número de películas, tanto cuando era una sola y espaciosa sala con unas butacas de color tostado, como cuando se convirtió en multicines: así ví en esta sala películas de terror como “Kung fu contra los siete vampiros de oro” de la fenecida Hammer, películas bélicas como “Alerta roja, neptuno hundido” o “Apocalipsis Now” o películas de ciencia ficción como “La guerra de las galaxias” o “Alien, el octavo pasajero.
En el Príncipe, todo un clásico, vi películas tanto cuando era una única sala como cuando se convirtió en multicines: allí ví “La piel dura” de Truffaut, “La naranja mecánica”, “Flash Gordon”, “El imperio contraataca”, “La mosca”, “El cartero siempre llama dos veces” o “En busca del fuego”, por citar algunas. Alguna vez acudíamos al gallinero o anfiteatro, algo más cómodo y de mejor vista que el del Gayarre. En el cine Arrieta de la calle San Agustín tan solo recuerdo haber visto en 1980 “El resplandor” de Stanley Kubrick. La sala se cerraría al año siguiente, en 1981. Hoy alberga la sede de la Escuela Navarra de Teatro. También en 1981 se cerraría el cine Guelbenzu, en la Milagrosa al que creo recordar haber acudido unas pocas veces, allá por los años 77 o 78, para ver alguna peli de Luis de Funes o algun serie B de aventuras.

De los cines que me quedan por comentar, al cine Rex, apenas acudí un par de veces. Se cerró en 1987. Era un cine amplio y me consta que en los años 60 y 70 se daban proyecciones matinales por parte del cine club universitario. Tras su cierre albergó las oficinas de una empresa inmobiliaria. Al Chantrea creo que acudí una sola vez. Era el típico cine de barrio, bastante austero en su decoración. Se cerró en 1988.

A pesar del cuasi monopolio en la distribución cinematográfica de la SAIDE hubo alguna otra iniciativa de menor éxito pero igualmente destacable que debo mencionar: Se trata de Carmelo Echavarren que gestionaría el cine parroquial de la iglesia de San Miguel, el Salón Mikael entre 1969 y 1986, en la calle Bergamín, a la altura de la plaza de la Cruz. De aquella sala tengo además de recuerdos vinculados al cine,  otro tipo de recuerdos muy antiguos, vinculados a las actividades extra-excolares de las escuelas del Ave María y de la Carbonilla. Recuerdo que en 1970 nos llevaron a ver un documental relacionado con las Olimpiadas Invernales de Sapporo, tras el cual sufrí un pequeño extravío al coger la villavesa en la plaza de la Argentina, -y es que tenía apenas 6 años y había subido muy pocas veces a Pamplona-,  y en 1973 o 74 nos llevaron a ver el documental de Caro Baroja, “Navarra, cuatro estaciones” que me causó una grata impresión.
En aquella sala, en el Salón Mikael recuerdo que vi, y las cito por orden cronológico, películas de aventuras como la versión de 1974 de “Los 3 mosqueteros”, clásicas como “¿Arde París?” o “Doce del patíbulo”, musicales como “Grease”, ciencia ficción como “Galáctica, estrella de combate”, polémicas películas, por la dureza de alguna de sus imagenes como “Soldado azul”, etc. Echavarren también impulsaría el cine Aitor en la calle Sangüesa, en la Milagrosa que se inauguró en mayo de 1964 y se cerraría en el año 1985. Echavarren también gestionaba en aquellos años el Juventud y el cine Eslava de Burlada. Resulta curioso, porque después no he encontrado más información al respecto, pero a mediados de 1975 apareció una noticia en la prensa: en 1976 se iba a construir un cine en una zona cercana a donde estaban las Madres Reparadoras, entre la Avenida del Ejercito-Hermanos Imaz y Sandoval, con unas 1.300 localidades de aforo. Lo promovía Carmelo Echavarren y su nombre iba a ser “Sandoval” o “Ciudadela”. De aquel proyecto nunca más se supo. Algunos años antes, en 1971, se instalaba durante algunas semanas un espectáculo cinematográfico, con el  espectacular sistema del “cinerama” en los terrenos anexos a los antiguos cuarteles que se derribarían por completo este mismo año. El cine volvía por unos días a su origen de atracción de barraca de feria. En 1972 triunfaba una película que se había convertida en aquel año en todo un fenómeno sociológico: “No desearas al vecino del 5º”, la película española más vista hasta entonces en las salas de cine y que no sería superada hasta 30 años más tarde con el estreno de “Torrente, Misión en Marbella”.

En 1974 todavía había una clasificación moral de las películas de cine que iba del 1 al 4 en el que el 1 significaba que la película era para todos los públicos, incluso niños hasta los 14 años, el 2, para jóvenes de 14 años cumplidos hasta los 21, el 3 para mayores de 21 años cumplidos en adelante, el 3-R: para mayores de 21 años aunque con reparos., pues se exigía una solida formación moral y la 4, por último,  estaba reservada para las películas que se consideraban gravemente peligrosas. Esta clasificación desaparecería en 1978. A partir de entonces aparecería aquello de “Mayores de 18 o menores acompañados”. Con la transición democrática llegaría un aluvión de cine erótico a las pantallas pamplonesas, al igual que sucedería en otras ciudades españolas. En 1978, de un total de 11 o 12 películas, más de una tercera parte eran, el fin de semana eróticas o incluso clasificadas S, concentradas en unas cuantas salas y en las que aparecía  aquella coletilla de “Se advierte al público que esta película puede herir la sensibilidad del espectador”, clasificación que también se aplicaba a aquellas películas de extrema violencia, como “Holocausto caníbal”.

Ir al cine tenía su ritual: comprabas la entrada en la taquilla, -había sesiones numeradas, generalmente cuando eran estrenos y sin numerar-, comprabas palomitas o chucherías, -en otros tiempos se estilaban las chufas,- en la tienda del cine, sonaban las llamadas para entrar, las luces se medio apagaban, soportabas el aburrido NODO en blanco y negro, que duraba unos 10 minutos, con su sintonía  tan reconocible que marco toda una época, -afortunadamente los de mi generación lo sufrimos durante pocos años-, y luego venían los comerciales, inconfundibles, realizados con un estilo especial y también los anuncios de Movierecord…hasta que se apagaban las luces por completo y comenzaba la película.
Por mucho que haya avanzado la tecnología del “home cinema”, ver algunas películas en pantalla grande sigue siendo una experiencia incomparable. La entrada al cine costaba en 1976 unas 24 pesetas, muy lejos de las 2 o 3 pesetas que costaba la entrada en el cine de mi barrio, el cine Amaya, en sus primeros años de existencia. Además de las taquilleras otro personal indispensable de las salas eran los acomodadores. Ellos te guiaban con su linterna hasta el sitio indicado cuando entrabas, apagadas las luces y empezada la película, o te llamaban la atención cuando metías demasiada bulla. Las sesiones de cine eran a las 17.00, 19.00 y 22.30. En tiempos pretéritos los cines de sesión continua, -como el Arrieta o el Alcazar, por poner tan solo dos casos,- contaban con otra sesión, las de las 15.30.
 

Tras la primera gran crisis de finales de los 60 y sobre todo de los 70 llegaría otro gran bajón en los años 80, con la aparición del vídeo doméstico. Las salas únicas dieron paso a los multicines. A finales de 1982, el histórico cine Príncipe de Viana daba paso a tres salas, una grande en el piso de arriba, de 500 butacas, que vemos en la foto adjunta,  y dos abajo, con casi 200, cada una. Con esta obra de reforma se suprimía el gallinero o anfiteatro, al que accedía, en otros tiempos, la gente con menos recursos. En tiempos contaban con gallinero casi todos los cines: el Gayarre, el Olimpia, el Príncipe, el Alcazar. ¡Que incómodos eran aquellos gallineros, sin apenas espacio para estirar las piernas y con aquellos ángulos de visión imposibles!. En aquellos dorados tiempos de la exhibición cinematográfica era también moneda común la entrega del llamado programa de mano, con información sobre la película, que yo, la verdad, no los conocí. En los años 40 y 50 había salas que estrenaban películas y otras que no, que se nutrían de reposiciones, entre las primeras se encontraban el Príncipe, el Gayarre, el Rex y el Olimpia que luego se convertiría en el Carlos III, entre las segundas el Avenida y el Alcazar, además de las de los barrios.

También en esos años 80, al que aludo en el anterior párrafo, se reconvertiría en multicines el cine Olite con la inauguración de 4 nuevas pantallas. Aparecía en el panorama de las salas rompiendo el cuasi monopolio de la SAIDE el complejo de cines Golem Baiona, con 5 nuevas pantallas en la ciudad. Años más tarde este mismo grupo abriría las salas Golem Yamaguchi orientadas a un cine más de autor, frente a las más comerciales del Baiona. Tuvieron, de inicio, un éxito arrollador. En aquel complejo de salas vi un montón de peliculas a lo largo de los 80, estrenos y reposiciones como  “Amarcord”, “Cuerno de cabra”, “El tambor de hojalata”, “Sacco y Vancetti”, “Perros de paja”, “El jovencito Frankenstein”, “La vida de Brian”, “Bajo el fuego”, “Las bicicletas son para el verano”, “Hellraiser”, “La selva esmeralda”, “Excalibur” o “Desafio total”. Y también en esos mismos años, 1981-82, y de la mano del empresario Cayo Escudero, se abrieron los cines Iturrama, situados en la calle Iñigo Arista, de corta existencia pues cerrarían en 1997. En estos cines recuerdo haber visto allá por el año 1987,  “Blade Runner”.

La tercera y más profunda crisis llegaría en los 90, con la aparición de las plataformas digitales de televisión que te llevaban directamente el cine a la pequeña pantalla de casa. Las salas pasaron de recibir más de 3 millones de visitantes al año en los 60 a 600.000 en los 90. En la primera década del nuevo siglo y a pesar de las mejoras introducidas, las reformas y modernizaciones (se volvió a reformar el Príncipe en el año 2000, abriendo una cuarta sala y renovando la decoración con un estilo de vanguardia (como si fuese una caja negra, tal y como vemos en la fotografía) y también se reformaron, de nuevo, los Olite, en 1999, así como el Carlos III que se convirtió en multicines, con cinco nuevas salas) y sobre todo y a pesar del notable incremento de pantallas disponibles, fundamentalmente por la implantación de centros comerciales, el nº de visitantes a las salas de cine no llegó a los 2 millones. En julio de 2005 llegaría uno de los cierres más sentidos, el del Príncipe de Viana que, cerrado en julio de 2005, daría lugar pocos meses después a un bloque de apartamentos.

Actualización 30-3-2014: Hace casi dos meses, en febrero de 2014 se cerraban silenciosamente, sin anuncio previo los multicines Olite. Asi acababa la trayectoria de un cine, reconvertido en multisalas, más de medio siglo después de su  apertura. Otra triste pérdida para el cine, los cinefilos y la ciudad.

Actualización 24-2-2016: Los cines Carlos III se cerrarán el próximo 3 de marzo, más de medio siglo después de su apertura. Con este cierre desaparece el último cine del centro de Pamplona y la SAIDE cesa como empresa exhibidora. Otra gran pérdida para el cine, los cinéfilos y la ciudad. Ahora, y dejando  a un lado a los cines Golem, quien desee ver cine en pantalla grande se tenga que trasladar a los centros comerciales. Qué pena.

11 opiniones en “Los cines del viejo Pamplona (1912-2005)”

    1. No falta. No aparece en esta entrada pero si aparece en otra del blog. Consulta la entrada de los cines parroquiales y de colegio en el blog donde también aparecen el Salón Loyola y el Salón Champagnat.

  1. Alguién puede indicarme el aforo que tenia el cine Principe de Viana? Me consta que en la platea habia 700 localidades, pero tambien se citan los palcos y el anfiteatro. Pudiera ser 1700 localidades? Gracias.

    1. Como viene en el texto eran 1.200 localidades, 700 en platea y 500 en palcos y anfiteatro. El cine más grande fue el Carlos III con 1.500 localidades.

  2. Mi abuelo me contó que en lo años 50 iba al cine san isidro y en el teatro san isidro ( también era cine ); En villa Maria también había un cine llamado Vitori (No se si esta escrito correctamente pero se llamaba así.). Tienen mas informacion por favor comentar, gracias.

    1. Desde luego que en Pamplona de España, no hubo nunca ni un Teatro San Isidro ni un cine llamado Vitoria. No se si te refieres a la ciudad colombiana de Pamplona

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