El Paseo de los Enamorados (1971-1999)

Del antiguo Paseo de los Enamorados ya poco queda actualmente en la nueva Rochapea, apenas algún lejano vestigio en algún tramo y el nombre con el que se denomina al parque central del barrio, en los terrenos que antiguamente llamábamos campa de la Compasión. El Paseo de los Enamorados, llamado así por acuerdo del Pleno, en marzo de 1971 y  que mantuvo más o menos su fisonomía hasta bien entrados los años 90, hunde sus raíces en el viejo camino de los Enamorados, un antiguo camino arbolado que desde el puente de Errotazar llegaba hasta el último tramo de la calle Joaquín Beunza, Su nombre de origen popular pudo, según J.J. Arazuri y cito textualmente “tener dos orígenes, el de ser un camino solitario apto para pasear las parejas enamoradas o lo más probable por existir en sus inmediaciones una casa de mujeres enamoradas que era como se llamaba desde finales del siglo XVI a las mujeres públicas”. El hecho es que sea como sea, este camino, luego paseo,  ha sido otra de esas vías históricas de la vieja Rochapea, junto al viejo Camino y luego Avenida de Villava, más tarde desde 1951 de Marcelo Celayeta, la calle Joaquín Beunza, ya referenciadas en otras entradas de este  blog y la calle Errotazar de la que hablaremos en el futuro. En la foto aérea del año 1976 de Paisajes Españoles podemos ver un buen trozo de la vieja Rochapea, la que va desde Cuatro Vientos,  a la izquierda  a la fábrica de Matesa, a la derecha,  y desde Perfil en Frio al norte a la calle Errotazar, al pie de las murallas. En el centro podemos observar en paralelo a Marcelo Celayeta el Paseo de los Enamorados justo al lado de la gran mancha verde de la campa de la Compasión, cerrada en su parte este por la calle Bernardino Tirapu que, como se puede ver hace su característica curva, siguiendo en toda su extensión la vieja vía del Plazaola  para cruzarse con la calle Joaquín Beunza y terminar al comienzo del puente sobre el río.
Iniciamos el recorrido desde el cruce del Paseo con la Calle Joaquín Beunza. Al lado derecho de este camino todavía bastante arbolado a mediados de los 70, encontramos un bloque solitario de viviendas construido a finales de los 50 y que hoy en día se ha salvado de la piqueta quedando encerrado entre las nuevas construcciones de la zona. En ese mismo lado encontramos a continuación una zona de abundante vegetación  y junto a  la extensa campa atravesada de punta a punta por algunos caminos realizados por el deambular humano algunos restos de antiguas fincas  ya derribadas. Aun recuerdo los restos de algunas escaleras y balaustradas que bajaban del camino hacia la campa, en ese primer tramo del paseo  así como los restos del Chalet de Elizari en el cruce de Paseo con Bernardino Tirapu. En este cruce había también en aquel tiempo abundante arbolado y vegetación hasta el punto de que los chavales del barrio llamábamos  esta zona la Selva del Irati, imagino que por el paso, en sus últimos años de vida, ya no solo del  Plazaola sino del Irati. Desandando el camino hasta Joaquín Beunza y mirando hacia el lado izquierdo del Paseo podíamos contemplar las traseras de la Clínica Padre Menni, de las Madres Hospitalarias, con algunos ejemplares de arboles de gran porte, alguno de los cuales se conserva hoy en día, varias casas de dos plantas derribadas en los primeros 90 y más adelante y hasta el cruce con Tirapu, salpicando el Paseo algunas pequeñas casitas unifamiliares de una o dos plantas con sus huertos, incluso alguna con sus corrales, que   lindaban con  las traseras de todas la construcciones de Marcelo Celayeta que iban desde la la Clinica Menni hasta las Casas del Salvador.

Hagamos un alto para hablar de las Hermanas Hospitalarias, que regentan esta clínica en la Rochapea desde 1950. La presencia de la citada congregación en Navarra tiene sus raíces en la presencia del Padre Menni como voluntario de la Cruz Roja en la  última guerra carlista (1874-75), no obstante la primera fundación de las Hermanas en Navarra no llegaría hasta 1904. Aquel año se encargaron de las enfermas mentales del Hospital Psiquiatrico provincial San Francisco Javier. La Clínica Padre Menni fue fundada en 1950, denominándose inicialmente “Clínica Nuestra Señora del Camino” hasta 1995. Popularmente era conocida también como Clínica de Soto, por uno de sus más celebres directores. Ocupa una superficie de 6.556 m2, con una superficie construida de 11.340 m2. El núcleo original del Centro lo constituía un chalet adquirido a la familia Ochoa de Olza al que posteriormente se fueron añadiendo diversos edificios y dependencias. La última ampliación se terminó en el primer trimestre de 2006, con el nuevo edificio del área de psiquiatría, con entrada por la nueva calle Joaquín Beunza.

Desde del cruce de Enamorados con Tirapu, en el lado izquierdo del paseo encontramos la entrada al colegio de la Compasión, inicialmente su entrada principal era  por Tirapu, y después del colegio había un taller de reparación de los Doria. Volvamos a hacer otro alto para hablar en esta ocasión, de la fundación de este colegio  regentado desde el año 2003 por los Escolapios. El colegio de la Compasión fue fundado por las Hermanas de nuestra Señora de la Compasión en el año 1959. Comenzaron inicialmente en un chalet situado en el nº 21 del Paseo de los Enamorados hasta que algunos años más tarde se construiría el primero de los edificios que en la fotografía, aparece, sin embargo, en segundo plano, posteriormente se construiría el otro edificio y mucho más tardíamente otras dependencias anexas. El colegio daba preescolar, EGB y posteriormente 1º grado de Profesional Administrativo.

Tras el taller antes mencionado de Doria había una gran campa y la calle Juslarrocha, más adelante las llamadas Casas de San Antonio, con sus inconfundibles escaleras de subida y bajada entre los bloques, la calle Santa Alodia, la antigua fábrica de Gomariz, hoy en día centro cívico Juslarrocha, un bloque de viviendas de los años 60-70, la calle Santa Nunila, la antigua escuela de Lavaderos hasta llegar al cruce de Errotazar, con la vieja presa y el pequeño puente de Errotazar.

A partir del cruce de Enamorados con Tirapu pero en el lado derecho encontramos, en primer lugar una vieja finca con su casa de dos plantas, unos hermosos huertos, arboles frutales y una tupida malla de coníferas que cerraban Tirapu desde este cruce hasta bien avanzado su curso camino de la curva de los primeros edificios de lo que dábamos en llamar Rochapea Vieja. Más adelante, nos encontrábamos con un bloque de viviendas en cuyas bajeras se amontonaba gran cantidad de serrin y enfrente la serrería propiamente dicha, la serrería de Villegas, que se cerró en 1976 y se volvió a abrir a primeros de los 80, no sin grandes problemas con el vecindario. A continuación se encontraba en primer lugar la antigua fábrica de Calzados López, que a partir de 1974 pasó a ocupar Frenelsa y posteriormente la fábrica de  Ingranasa. La fabrica de curtidos de Calzados López se construyo en 1947 sustituyendo a otra de la misma empresa que había en las inmediaciones de Cuatro Vientos, cerca de la Estación del Norte. En 1964 se trasladó la producción de la factoría de la calle Arrieta a Enamorados, cerrando la empresa, por suspensión de pagos en 1972.

Ingranasa, por su parte, fue fundada en 1956 por José Luis Sarasa Musquiz  quien logró implicar en su proyecto empresarial a almacenistas de aceite de las provincias limítrofes y aun grupo de empresarios de la ciudad entre los que estaban Felix Huarte, Alberto Munarriz o Toribio López (de Calzados López) por citar algunos de los más destacados. En los años 60, Ingranasa fue líder en el mercado nacional, empleando a 300 personas de las cuales 180 lo hacían en la planta de Enamorados. En 1976, se fusiona con Koipe. La fábrica producía en sus buenos tiempos margarinas como la famosa Natacha y mucho más tarde Artua  y aceites como Aitor y Koipesol. Posteriormente diversas multinacionales se hacen con el control del grupo, en 1987, Lesieur, en 1988, Ferruzzi (en 1989 comenzó a producir mahonesa también bajo la marca Artua) y finalmente en 1997 se vendió Unilever. En junio de 1999, después de 43 años se derribaba la factoría. Tras la fábrica de Ingranasa había una campa, un bloque de viviendas y la calle Errotazar para acabar con otro bloque de viviendas ya en las inmediaciones del viejo camino que llevaba al puente y  a las antiguas piscinas de San Pedro, de las que hablaremos en otro momento.

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